¡Cuidado
con los
judaizan
tes!
U n estu d io de p a sa jes s e le cc io n a d o s
de la c a r ta a lo s G á la ta s
Julio C. B en ítez
¡Cuidado con los judaizantes!
Autor: Julio C. Benítez
Fecha: Julio de 2021
Medellín, Colombia
Este libro contiene una serie de predicaciones
que el Pastor Julio C. Benítez compartió en la
Iglesia Bautista Reformada la Gracia de Dios en
2021
Prohibida su copia o reproducción sin
autorización previa del autor
In tr o d u c c ió n
La carta de Pablo a los Gálatas sigue
siendo vigente en su contenido para la
iglesia del siglo X X I así como lo fue para
la iglesia primitiva.
Los peligros de añadir algo a la obra de
Cristo en la cruz para nuestra salvación
y reconciliación con Dios no han mer
mado.
Los peligros del movimiento judaizante
siguen siendo vigentes, incluso, es ma
yor a ahora puesto que los modernos
judaizantes se disfrazan de cristianos
evangélicos y se introducen solapada
mente en las muchas redeles sociales y
canales de comunicación para infectar
con la ponzoña de su veneno doctrinal
perverso a los cristianos incautos que se
concentran más en aprender de la Pa
labra y la doctrina a través de las redes
sociales, YouTube o las páginas webs en
vez de hacerlo en sus iglesias locales bí
blicas.
Hoy día los judaizantes se hacen llamar
“Mesiánicos”, pero no en el sentido de
judíos que están conociendo a Cristo,
sino de gentiles que se están volviendo
judíos, este movimiento sectario tam
bién es conocido como “El regreso a las
raíces hebreas”, y así como sus prede
cesores del siglo I; pervierten el evan
gelio de Cristo al pretender añadir las
obras de la Ley y sus ceremonias como
una form a de experim entar un “cristia
nism o más genuino”.
En este comentario de pasajes selectos
de Gálatas el autor expone la doctrina
bíblica con el fin de que los creyentes
se afirm en más en la exclusividad de la
salvación por la Sola Gracia a través de
la Sola Fe sin las obras de la Ley.
Contenido
El origen divino del evangelio de la gracia:
Una defensa contra los judaizantes
Gálatas 1:11-24
1. El evaneelio es de orieen divino
( 1: 11 - 12).
2. Pruebas del origen divino del evangelio
de la gracia (1:13-24).
2.1 La conducta de Pablo antes de
su conversión (13-14) prueba que este
evaneelio no lo pudo haber inventado
él.
2.2 La conducta de Pablo en la
conversión prueba el orieen divino del
evaneelio (1:15-16a)
2.3 La conducta de Pablo lueeo de la
conversión prueba el orieen divino del
evaneelio (1:16b-24)
Hechizados: La suficiencia de la cruz v la
insuficiencia de las obras
Gálatas 3:1-5
1. La suficiencia de la cruz afirmada ( v . l )
2. La insuficiencia de las obras de la lev
areumentadaCv. 2-5)
La justificación por la fe sola: su veracidad
en el testimonio de Abraham
Gálatas 3:6-18
1. Introducción al tema: la justicia le fue
imputada a Abraham solo por el creer con
fe (v. 6)
3. La maldición de la lev v la vida de la fe
en Cristo (v. 10-14)
El propósito de la lev
Gálatas 3: 19-22
AN TECEDEN TES
EL DISEÑO DE L A LEY 3: 19-20
L A LEY ES A M IG A DE G R A C IA 3: 21-22
I. N U E ST R A C O N D ICIÓ N BATO L A LEY 3:
23.24
III. N U E ST R A CO N D ICIÓ N EN CRISTO 3:
25-29
IV. CO N CLU SIÓ N
¡Abba Padre! Ya no sov esclavo
Gálatas 4:1-7
L A CO N D ICIÓ N DEL HOMBRE BATO L A
LEY 4 :1 -3
L A A C C IÓ N DE DIOS A TRAVÉS DE
CRISTO 3: 3-5
L A N U E VA R ELA CIÓ N DEL CRISTIAN O
CO N EL PADRE 4: 6-7
¡Hijos de la libre! El Evangelio ilustrado
Gálatas 4:21-31
1. Dos n acim ientos, dos hiios (v. 21-23)
2. Dos m ujeres, dos pactos, dos ciudades
(v. 24-27)
3. Dos destinos: vivir en casa, vivir en las
tinieblas de afuera (v. 28-31)
Los peligros del legalism o judaizante
Gálatas 5:2-6
2. Esclavitud a la lev (v. 3)
3. Desligado de la gracia (v. 4)
4. Excluidos de la justicia de Cristo (v.
Los privileeios de la justificación: La
verdadera libertad que se expresa en el
amor
Gálatas 5:13-15
1. Límites de la libertad (v. 13)
2. Objetivo de la libertad (v. 14)
3. Advertencia contra el mal uso de la
libertad (v. 15)
Caminos opuestos: Las obras de la carne
Gálatas 5:16-21
1. Un mandato: Andad en el Espíritu (v.
16}
2. Un conflicto: La carne contra el
Espíritu (v. 17-18)
3. las obras de la carne (v. 19-21)
Caminos opuestos: El fruto del Espíritu
Gálatas 5:22-26
1. La fuente del fruto (v. 22 a)
2. Características del fruto (v. 22-23)
3. Consecuencias del fruto (v. 23-26)
Una conclusión anti judaizante: La cruz de
Cristo: La eloria de los justificados
Gálatas 6:11-18
1. Un estilo de escritura para llamar la
atención anti judaizante (v. 11).
2. Una últim a advertencia anti
judaizante (v. 12-17)
3. Una salutación anti judaizante (v. 18)
In tro d u cc ió n a la c a r ta
La carta de Pablo a los Gálatas ha sido
llamada “La carta magna de la libertad
cristiana” algo así como la declaración
de independencia de la iglesia cristiana.
De sus páginas surgió la reforma pro
testante, porque a través del estudio de
esta carta que el corazón de Lutero fue
iluminado para comprender la gloriosa
verdad de la justificación por la sola fe.
Fecha: La mayoría de los comentaristas
cree que fue escrita entre el año 48 y 49
d.C.
Te m a: Esta carta es el manifiesto de
Pablo sobre la justificación por la fe y la
libertad que ella produce.
Pablo dirige esta carta a un pueblo que
estaba dando pasos para renunciar a la
invaluable libertad que posee en Cristo.
Algunos legalistas judíos estaban in
fluenciando a los creyentes en Gala-
cia para que cambiaran su libertad en
Cristo por la esclavitud a la Ley.
Pablo escribe esta carta para refutar el
falso evangelio de las obras y demostrar
la superioridad de la justificación por la
sola fe.
Un predicador dijo que Gálatas es una
declaración viril de las verdades centra
les del cristianismo. Si nosotros, como
pueblo, podemos hacer que estas verda
des y este vigor formen parte de nues
tro pensamiento y nuestra voluntad,
los huesos de nuestra fe serán fuertes
y no frágiles, y la fuerza emocional de
nuestra vida en Cristo no será tibia sino
ardiente, intensa y no dividida.
El origen divino del evangelio
de la gracia: Una defensa
contra los judaizantes
Gálatas 1:11-24
¿De dónde obtuvo Pablo el mensaje del
evangelio de la gracia? ¿Fue producto de
su propia mente? ¿Fue una mera tradi
ción basada en mitos y leyendas? ¿Reci
bió Pablo su mensaje de otras personas?
¿Fue producto de un lavado de cere
bro? ¿Es un evangelio confiable? ¿Quién
designó a Pablo como apóstol? ¿otros
apóstoles, él mismo?
En Gálatas 1:11-24 el apóstol Pablo de
fiende su mensaje y oficio apostólico,
afirmando que ambos tienen su origen
en Dios, no en el hombre.
Pablo defiende el origen sobrenatural
de su apostolado, mostrando que su
evangelio y su llamado le fueron dados
por Cristo mismo.
Por lo tanto, Pablo, continúa defen
diendo el verdadero evangelio de la jus
tificación por la fe sin necesidad de las
obras de la ley frente a las novedades
introducidas por los judaizantes en la
iglesia de Galacia, y ahora les mostrará
el origen divino del evangelio de la gra
cia a través de varios argumentos.
1. El evangelio de la gracia es de origen
divino (1:11-12).
2. Pruebas del origen divino del evan
gelio de la gracia en la vida de Pablo
(1:13-23).
1. El evangelio es de origen
divino (1:11-12).
“Mas os hago saber, hermanos, que el
evangelio anunciado por mí, no es según
hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí
de hombre alguno, sino por revelación de
Jesucristo
Pablo afirma dogmáticamente que el
evangelio de la gracia que predicó no
tiene ninguna fuente humana en abso
luto.
La forma, el contenido y la fuente de su
evangelio no están de ninguna manera
influenciados por los hombres. El evan
gelio de Pablo no se mide por reglas o
estándares humanos y no es humano
en su carácter. No es una doctrina cons
truida por el intelecto humano.
Ni siquiera lo aprendió de los apóstoles,
ni fue una tradición transmitida por
las generaciones anteriores, sino que le
fue entregado directamente por Cristo.
Tanto la misión como el mensaje le fue
ron dados directamente por el Señor.
Que Pablo diga que recibió el evangelio
directamente de Dios es una declara
ción maravillosa. Él está afirmando que
su evangelio es el mensaje divino, y sus
palabras son las palabras de Dios. Por
lo tanto, aquellos que lo falsifican, agre
gándole elementos del judaismo, están
cayendo en maldición, ya que no se
trata de una doctrina humana, sino di
vina.
La carga de la prueba recae directa
mente en el apóstol Pablo, él debe de
mostrar que su evangelio no lo recibió
por medios humanos, sino que fue dado
directamente por Dios. Él lo demostrará
a partir de la historia de su propia vida,
dando una autobiografía esquemática
de sus primeros catorce años de m inis
terio.
Pero es necesario tener presente que,
aunque pareciera que Pablo se defiende
a sí mismo, en realidad presenta una
defensa del evangelio que él predica, el
cual no es de hombres, sino de Dios.
2. Pruebas del origen divino del
evangelio de la gracia (1:13-24).
2.1 La conducta de Pablo antes
de su conversión (13-14) prueba
que este evangelio no lo pudo
haber inventado él.
“Porque ya habéis oído acerca de mi con
ducta en otro tiempo en el judaismo, que
perseguía sobremanera a la iglesia de
Dios, y la asolaba, y en eljudaismo aven
tajaba a muchos de mis contemporáneos
en mi nación, siendo mucho más celoso de
las tradiciones de mis padres".
Antes de ser convertido Pablo era un
fariseo, y estaba comprometido de todo
corazón con la religión judía de esa
época, que era corrupta y apóstata.
Los judíos habían agregado muchas tra
diciones hechas por el hombre en la Ha-
lajá, la cual se supone que contenía las
enseñanzas extraídas del Antiguo Tes
tamento, muchas leyes y reglas para la
vida religiosa y civil de los judíos.
La antigua religión hebrea sobrenatu
ral había degenerado, y en tiempos de
Pablo estaba corrupta y muerta debido
al ritualismo y el fariseísmo reinante.
El judaismo se había vuelto una reli
gión apóstata, pues, basaba la salvación
en las buenas obras, habiéndose per
dido el principio antiguo testamentario
de que la justicia es por la fe, por la gra
cia de Dios.
La educación que Saulo había recibido
en el judaismo le impedía creer en el
evangelio de la gracia a través de la fe en
Cristo, porque el judaismo, como él lo
creía, se oponía a la libertad del evange
lio.
Pablo tenía tal celo por el judaismo que
persiguió a los cristianos en el nombre
de Dios, pues, estaba convencido de que
esa era la voluntad divina. “Y Saulo aso
laba la iglesia, y entrando casa por casa,
arrastraba a hombres y a mujeres, y los
entregaba en la cárcel” (Hch. 8:3).
Incluso, Saulo dio su voto para que m a
taran a los judíos cristianos. “Yo encerré
en cárceles a muchos de los santos, ha
biendo recibido poderes de los principales
sacerdotes; y cuando los mataron, yo di
mi voto" (Hch. 26:10).
Pablo estaba decidido a destruir a la
iglesia, y a borrarla de la faz de la tierra.
Con este testimonio Pablo demuestra
que él no aprendió el evangelio de la
iglesia, pues, la estaba persiguiendo. Y
tampoco era amigo de los cristianos, era
su enemigo.
Incluso, Pablo, en su enfático celo por
la religión judía, desde la versión fari
saica, superó a sus contemporáneos, y
llegó a ser más avezado en el conoci
miento y la práctica de sus tradiciones.
Saulo era un hombre m uy embebido
por el falso judaismo de su tiempo.
Pablo no recibió un “lavado de cerebro”,
como para cambiar su opinión antagó
nica al cristianismo. Por el contrario, él
tenía el cerebro tan lavado por las tra
diciones farisaicas judías que ningún
reflejo condicionado u otros mecanis
mos psicológicos pudieron convertirlo
al cristianismo.
Solo Dios podía hacer eso, y ¡Dios lo
hizo!
Cuando Pablo fue convertido a Cristo y
fue nombrado apóstol, rompió comple
tamente con todo su trasfondo, tradi
ciones y religión judía. Él no trató de
conservar las supuestas raíces hebreas,
sino que rompió con ello, lo cual le costó
todo en medio del pueblo hebreo: fama,
poder, influencia, riqueza.
Cuando el Señor nos llama a la fe cris
tiana es necesario romper con nuestro
pasado pagano o religioso que no era
cristiano. Nunca es fácil hacer esta rup
tura, pero es necesaria si queremos ser
efectivos para Cristo.
2.2 La conducta de Pablo en la
conversión prueba el origen divino
del evangelio (1:15 -16 a)
“Pero cuando agradó a Dios, que me
apartó desde el vientre de mi madre, y me
llamó por su gracia, y revelar a su Hijo en
mí".
Ahora Pablo comienza a hablar de lo
que Dios hizo por él en la conversión.
Dios intervino en la vida de Pablo de
una manera sobrenatural para cambiar
todo el curso de su vida.
El trato de Dios con Pablo aquí está re
lacionado con el consejo eterno de Dios,
el cual ningún ser humano comprende
por completo.
Fue Dios, en su buena voluntad, quien
anuló el trasfondo judío, la educación,
el fanatismo y la ceguera de Pablo hacia
Cristo. Dios puede hacer, y hace lo im
posible cada vez que una persona es
convertida a Cristo, y, recordemos que
Pablo era un hueso difícil de romper.
Pablo solo pudo explicar su conversión
al rastrearla hasta los propósitos sobe
ranos de Dios.
Al nacer, o incluso, desde que estaba en
el vientre de su madre, Dios lo apartó
para la salvación y para el apostolado.
Antes de que Pablo tomara decisio
nes humanas, Dios tenía un plan para
su vida. La palabra “apartar” significa,
“poner un límite alrededor” o “marcar”.
Desde el punto de vista de Dios, toda la
vida de Pablo estuvo marcada desde el
momento de su nacimiento, y debemos
concluir que su conversión y aposto
lado fueron planeados por Dios.
Debido a esto, él fue independiente de
todos los hombres al recibir su mensaje
y oficio apostólico.
La elección prenatal de Pablo por parte
de Dios lo llevó a su llamado histórico.
Fue la pura gracia de Dios lo que llamó a
Pablo a la salvación y a su apostolado.
Pablo en su estado previo a la salvación
no merecía nada de Dios. Era enemigo
de Dios, de Cristo y de los cristianos.
No merecía la gracia ni la pidió. Sin em
bargo, la gracia lo encontró y lo salvó.
La conversión de Pablo fue sobrenatural
desde el principio y hasta el final. “M as
yendo por el camino, aconteció que al lle
gar cerca de Damasco, repentinamente le
rodeó un resplandor de luz del cielo; y ca
yendo en tierra, oyó una voz que le decía:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él
dijo; ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy
Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es
dar coces contra el aguijón. Él, temblando
y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que
yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y
entra en la ciudad, y se te dirá lo que
debes hacer” (Hch. 9:3-6).
Por estos hechos Pablo no tuvo ningún
problema en entender la Gracia de Dios.
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy;
y su gracia no ha sido en vano para con
migo, antes he trabajado más que todos
ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios
conmigo” (1 Cor. 15:10).
La conversión histórica y el llamado
de Pablo fueron sobrenaturales y de
ninguna manera dependió del hombre
para su mensaje o su oficio.
Se complació en revelar a su Hijo en mí.
Pablo vio al Cristo resucitado, y esta
fue una revelación objetiva para él, pero
también tuvo una revelación interior,
donde, en un sentido subjetivo, enten
dió el significado espiritual de Cristo, su
muerte y resurrección.
Cuando Dios le abrió los ojos, Pablo vio
a Cristo como el Hijo de Dios, y esta ver
dad le fue revelada a su corazón.
Pablo, antes de su conversión, tenía los
conceptos básicos sobre Cristo. Segura
mente conocía las verdades centrales
del Evangelio tal como las escuchó de
Esteban y otros mártires cristianos, en
cuya muerte él participó.
Pablo consideró todo el tema de la
muerte y la resurrección de Cristo como
una blasfemia y algo tonto. Él rechazó
la verdad. Él sabía que los cristianos
afirmaban que Jesús era el Hijo de Dios
y el Salvador de los pecadores, pero
estos eran solo hechos sin validez y sin
autoridad para Pablo.
Solo hasta cuando Dios intervino sobre
naturalmente Pablo realmente creyó y
pudo tener entendimiento espiritual de
Cristo.
Notemos el contraste entre los versícu-
l o s l 3 - 1 4 y l 5 - 1 6 . Pablo dijo: Perseguí a
la iglesia, avancé en el judaismo y traté
de destruir a la iglesia. Él construyó su
vida sobre sí mismo en lugar de cons
truirla sobre Dios. Pero después de su
conversión, dice él, Dios me apartó, Dios
me llamó, y Dios reveló a su Hijo en mí.
Su vida ahora estaba centrada en Dios
en lugar de centrarse en sí mismo.
Para que yo le predicase entre los gentiles.
Había un propósito para la conversión y
el llamamiento de Pablo: Que predicara
a Cristo a los gentiles. La relación perso
nal de Pablo con Cristo fue tan grande
que pudo darla a conocer a otros. Reci
bió el evangelio directamente de Cristo
y lo predicó directamente a los gentiles.
El objetivo de la conversión es el servi
cio a Cristo. Dios nos ha salvado no para
estar sentados, sino para servir.
2.3 La conducta de Pablo luego
de la conversión prueba el origen
divino del evangelio (l:16b-24)
"... no consulté en seguida con carne y
sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran
apóstoles antes que yo ; sino quef u i a Ara
bia, y volví de nuevo a Damasco” (v. 16b).
Los judaizantes podrían aun acusar a
Pablo de recibir el mensaje del evange
lio de la gracia de otros hombres, luego
de su conversión. Es decir, “si Pablo, ya
creemos que tu conversión a Cristo fue
sobrenatural, y que esta no fue pro
ducto de un lavado de cerebro, pero tu
evangelio de la gracia lo aprendiste de
los hombres, de los apóstoles o de otras
personas que te hicieron creer todo esto
de la gracia de Dios, de la salvación por
la sola fe sin necesidad de las obras de
la ley”; por lo cual Pablo se adelanta y
presenta una breve historia de sus pri
meros 14 años de ministerio luego de
su conversión, con el fin de mostrar que
esto era imposible.
Una vez Pablo fue salvo él no habló con
nadie, sino que se fue para Arabia en
búsqueda de tranquilidad y soledad.
Pablo tenía muchos pensamientos erró
neos que deshacer, así que Dios lo puso
en confinamiento solitario durante tres
años.
Arabia es, en su mayor parte, una zona
desolada. Fue en Arabia donde Dios se
reveló a Israel a través de Moisés y, tam
bién en esa región, Elias recibió su reve
lación de la gracia y del poder de Dios.
Pablo fue a esta región con el fin de de
dicarse a la meditación y la oración.
En estos tres años de soledad Pablo
estaba aprendiendo el Evangelio de la
gracia directamente de Cristo. En este
tiempo de reclusión meditó en las Es
crituras del Antiguo Testamento sobre
la vida y muerte de Cristo, y también
sobre su propia conversión.
Él estaba construyendo una nueva teo
logía, porque todo el conocimiento que
tenía sobre la salvación por las obras
de la ley había sido destrozado por su
nuevo descubrimiento de la gracia.
Pablo había estado inmerso en la ley; el
legalismo y las buenas obras para salva
ción, y fue necesario que Cristo mismo
lo instruyera para que cambiara de opi
nión.
Antes de que cualquier cristiano pueda
tener un ministerio eficaz, debe dedicar
tiempo a aprender el evangelio de la
gracia. La gracia es la clave para com
prender y apreciar realmente la salva
ción y es el gran motivador para el ser
vicio a Cristo.
Siendo que Dios tardó tres años en
enseñarle a Pablo las doctrinas de la
gracia, ¿cómo podremos ordenar como
pastores o maestros a varones con poco
tiempo en la iglesia y en el proceso de
conocer las doctrinas fundamentales
de la fe bíblica y confesional, la soterio-
logía, la teología propia, la eclesiología?
Se necesita tiempo para ser un instru
mento eficaz de la gracia.
“Después, pasados tres años, subí a Jeru-
salén para ver a Pedro, y permanecí con él
quince días; pero no vi a ningún otro de
los apóstoles, sino aJacobo el hermano del
Señor. En esto que os escribo, he aquí de
lante de Dios que no miento” (v. 18-20).
Después de tres años, Pablo finalmente
fue a Jerusalén, pero su estadía fue solo
de 15 días, y solo vio a dos de los apósto
les. Por lo tanto, era ridículo sugerir que
obtuvo su evangelio de los apóstoles de
Jerusalén.
Y para demostrar que estaba diciendo
la verdad, Pablo se puso bajo juramento.
Bíblicamente, romper un juramento
tiene serias consecuencias. Pablo tuvo
que dar este paso drástico para demos
trar que no estaba mintiendo.
Los juramentos son lícitos en el cre
yente, pero se deben hacer con mucho
cuidado, en ocasiones muy especiales, y
con la plena conciencia de que todo ju
ramento se hace en nombre de Dios, sea
que se le invoque o no. Y no cumplirlos
al no ser conforme a la verdad, traerá
consecuencias funestas, por esa razón
el Señor Jesús nos exhortó a no hacer ju
ramentos falsos.
“Después f u i a las regiones de Siria y de
Ciliciav (v. 21).
Durante los siguientes diez años, Pablo
ministró en las áreas de Siria y Silicia,
no teniendo contacto alguno con los
apóstoles en Jerusalén.
Él estaba completamente aislado de la
iglesia de Jerusalén. Por lo tanto, su
mensaje no pudo haber venido de per
sona alguna en el área de Jerusalén.
Diez años de la vida de Pablo transcu
rren en silencio. Sin embargo, fueron
años importantes en el plan de Dios
para el apóstol Pablo.
Sabemos que Bernabé fue a Silicia,
donde se puso en contacto con Pablo, y
luego lo llevó a Antioquía de Siria para
que hiciera el ministerio entre los genti
les allí.
En realidad, Bernabé estaba discipu-
lando a Pablo para que se convirtiera en
el mayor evangelista que la iglesia ha
conocido.
El ministerio de Pablo durante los pri
meros catorce años no fue muy signi
ficativo a los ojos de los hombres, pero
Dios estaba usando estos años para
entrenarlo y enseñarle muchas cosas
sobre la gracia y la vida.
El ministerio principal de Pablo llegó
cuando tenía unos cuarenta y cinco
años, y sería usado poderosamente por
que Dios le había enseñado mucho en la
escuela de los golpes duros.
“ Y no era conocido de vista a las iglesias
de Ju d ea , que eran en Cristo; solamente
oían decir: Aquel que en otro tiempo nos
p erseg uíaahora predica la f e que en otro
tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en
mí".
Ninguno de los cristianos judíos en Je-
rusalén conocía de cara a Pablo, pero
escucharon de cómo Dios lo transformó
por completo, y de cómo ahora predi
caba el evangelio de la gracia, y glo
rificaron a Dios por ello. Es imposible
calcular el poder y la influencia de una
vida cambiada.
Los cristianos judíos amaban a Pablo y
estaban totalmente de acuerdo con su
enseñanza sobre las doctrinas de la gra
cia.
Era importante que los judaizantes en
tendieran que Pablo no tenía un evan
gelio diferente al de los apóstoles, sino
que lo recibió directamente del mismo
Cristo que instruyó a los doce, pero no
lo recibió de los apóstoles.
Observemos que estos primeros cristia
nos no glorificaron a Pablo, sino a Dios,
quien hizo una gran obra espiritual en
la vida de Pablo.
Debemos tener mucho cuidado de no
estar exaltando a los hombres en los
círculos cristianos.
A p lic a c i o n e s
Dado que el evangelio de la gracia vino
de Dios y no del hombre, tiene auto
ridad, por lo tanto, debe ser creído y
obedecido por todo aquel que desee ser
salvo.
La buena noticia del evangelio es que
Jesucristo murió por los hombres y re
sucitó de entre los muertos para decla
rar justos a los que creen en él. Cuando
Cristo murió estaba sustituyendo al pe
cador escogido que creería en él para
salvación. Por lo tanto, a todo aquel que
crea en Jesucristo, por medio de la fe,
como su Señor y Salvador, se le perdo
narán los pecados, será justificado una
vez y para siempre, Dios obrará en él
para que crezca en santificación, y se les
concederá la vida eterna.
El evangelio de las doctrinas de la
gracia, predicado por Pablo, es el evan
gelio del cielo, el verdadero evangelio.
Hermanos, afiancemos nuestro conoci
miento y confianza en este evangelio
bíblico, tal y como fue enseñado por
Pablo, para que ningún viento de doc
trina errática, como el actual m ovi
miento judaizante, nos vaya a mover.
El movimiento judaizante tiene varias
aristas y se disfraza de muchas mane
ras: En algunas ocasiones usa la m ú
sica con acento y estilo judíos, en otras
ocasiones se va por el uso de los sím
bolos judaicos: la bandera de Israel, el
candelabro de siete brazos, el shofar, y
en otras ocasiones, al considerar más
apropiado usar los nombres de Cristo
y de los apóstoles en Hebreo. Aun
que estas cosas parecieran ser inocuas,
hemos visto que son herramientas para
introducir sutilmente el movimiento
judaizante, el cual, no solo predica otro
evangelio, sino que lleva a las perso
nas a alejarse de Cristo, a apostatar de
Cristo, convirtiéndose al judaismo.
Hechizados: La suficiencia
de la cruz y la insuficiencia
de las obras
Gálatas 3:1-5
En los capítulos 1 y 2 el apóstol
ha estado centrado en narrar algu
nos eventos de su vida, su conversión,
su trasfondo judío, la relación con los
apóstoles, e, incluso, la confrontación
que tuvo que hacer a Pedro, debido a su
conducta ambivalente al disimular de
lante de los judíos un apego fiel a sus
costumbres, mientras que, cuando solo
había gentiles, disfrutaba con ellos de la
libertad cristiana.
Pero, ahora, a partir, del capítulo 3, y
hasta la mitad del capítulo 5, el apóstol
se centra en explicaciones doctrinales
para sustentar su argumento: El evan
gelio de Jesucristo, que nos justifica por
medio de la sola fe, no puede mezclarse
con el judaismo, el cual confía en una
salvación por obras, por la obediencia a
la ley.
Pero, en la primera parte, 3:1-5, Pablo
acude a la experiencia de conversión de
los mismos Gálatas, para mostrarles lo
absurdo de querer agregar algo más al
Evangelio de la sola gracia.
Y, es que “la deserción y el alejamiento
son reprochables porque implican des
lealtad y traición. Pocas cosas son más
trágicas o decepcionantes que un cris
tiano que abandona la pureza del evan
gelio por una forma falsa de cristia
nismo que presume de mejorar la obra
finalizada de Cristo. Por absurdo que
suene, esto es lo que muchos creyentes
en las iglesias de Galacia habían hecho o
corrían el peligro de hacer a causa de los
judaizantes"^.
1. La suficiencia de la cruz
afir m a da (v. 1)
“ lOhgálatas insensatos! ¿quién os fascinó
para no obedecer a la verdad, a vosotros
ante cuyos ojos Jesucristo fu e y a presen
tado claramente entre vosotros como cru
cificado?”
El lenguaje de Pablo se torna un poco
brusco a partir de este momento, y no
es para menos. Las almas de muchos
están en riesgo al tergiversar el evange
lio añadiéndole las obras de la Ley.
Pero este no es un asunto exclusivo de
los gálatas, “a lo largo de la historia
algunos creyentes empezaron bien pero
más adelante se apartaron de las verda
des que creyeron y siguieron al princi
pio. Reciben el evangelio de la salvación
Y, es que “la deserción y el alejamiento
son reprochables porque implican des
lealtad y traición. Pocas cosas son más
trágicas o decepcionantes que un cris
tiano que abandona la pureza del evan
gelio por una forma falsa de cristia
nismo que presume de mejorar la obra
finalizada de Cristo. Por absurdo que
suene, esto es lo que muchos creyentes
en las iglesias de Galacia habían hecho o
corrían el peligro de hacer a causa de los
judaizantes"^.
1. La suficiencia de la cruz
afir m a da (v. 1)
“ lOhgálatas insensatos! ¿quién os fascinó
para no obedecer a la verdad, a vosotros
ante cuyos ojos Jesucristo fu e y a presen
tado claramente entre vosotros como cru
cificado?”
El lenguaje de Pablo se torna un poco
brusco a partir de este momento, y no
es para menos. Las almas de muchos
están en riesgo al tergiversar el evange
lio añadiéndole las obras de la Ley.
Pero este no es un asunto exclusivo de
los gálatas, “a lo largo de la historia
algunos creyentes empezaron bien pero
más adelante se apartaron de las verda
des que creyeron y siguieron al princi
pio. Reciben el evangelio de la salvación
por gracia y viven para el Señor con fe
humilde, pero caen presa de algún sis
tema de legalismo y justicia por obras
que promete más y produce mucho me
nos”^ .
Algunos reemplazan al evangelio puro
por ceremonias externas y ritualismos
formalistas; otros lo reemplazan por un
sistema prohibitivo, el evangelio de los
“no”. Mientras que otros lo reemplazan
por un sistema lleno de experiencias
místicas, lo cual, supuestamente, habla
de espiritualidad y comunión con Dios.
E, incluso, algunos más conservadores
y equilibrados pueden tratar de reem
plazar el evangelio de la gracia por un
sistema de doctrina perfecta.
Es por eso que Pablo empieza esta sec
ción con palabras muy fuertes, y les
dice: ¡Gálatas insensatos! Es una mezcla
entre ira y amor, pues, el término no se
refiere a una incapacidad mental sino a
pereza, a descuido.
Era increíble lo que los gálatas habían
hecho, pues, ellos fueron instruidos por
Pablo mismo en las gloriosas verdades
del evangelio. Ellos no eran ignorantes
de la doctrina bíblica.
Esta insensatez era más espiritual que
mental.
Ellos debían usar su inteligencia espiri
tual para enfrentar las falsas enseñan
zas de los judaizantes, pero, en vez de
eso, fueron lentos para revisar cuidado
samente sus enseñanzas, y se dejaron
atrapar por la apariencia de santidad,
por la apariencia de mayor apego a
las supuestas raíces hebreas del cristia
nismo, por el apego a la Torah, y una su
puesta mayor espiritualidad.
Jesús mismo usó este término para apli
carlo a la incapacidad espiritual para
comprender todo lo que el Antiguo Tes
tamento había dicho de él “Oh insensa
tos, y tardos de corazón para creer todo lo
que los profetas han dicho” (Le. 24:25).
El entendimiento falló porque la fe
también lo hizo.
La insensatez es un asunto del corazón,
y no tanto de la mente. Es un asunto de
la fe y no tanto de la razón.
La otra palabra clave en este versículo
es fasc inó , pues, literalmente significa
hechizó. Se refiere a la práctica del mal
de ojos. Los antiguos creían que las bru
jas y algunas personas relacionadas con
la hechicería tenían la capacidad de en
cantar a sus víctimas con sus miradas,
llevándolas a la ruina o a la enferme
dad. Se consideraba que era producto de
la envidia. Los médicos le llamaban/as-
cinare, de donde viene fascinar.
Pablo les pregunta, con el fin de con
frontarlos fuertemente: ¿Qué os pasó?
¿Quién os encantó o hechizó de tal m a
nera que han empezado el camino de la
apostasía abandonando a Cristo?, pues,
él no acepta ser mezclado con nada. O
solo él es tu salvador, o no lo es en abso
luto.
¿Quién os fascinó “de manera enga
ñosa, por medio de lisonjas, promesas
falsas o poderes diabólicos? ¿Quién os
alejó del fundamento sólido de la ver
dad donde antes estuvieron cimenta
dos?
No hubo un poder mágico que los vol
vió insensatos, sino que fueron vícti
mas voluntarias que sucumbieron ante
los encantos emocionales de los judai
zantes, de los que quieren poner más
normas de las establecidas por el evan
gelio.
Y esto es sorprendente porque ellos ya
habían conocido a Jesucristo, no solo a
través de la doctrina, sino de manera
práctica, a través de la fe.
Ellos habían comprendido el misterio
de la cruz. Sabían que Jesús era el Hijo
de Dios, el Salvador del mundo, el Re
dentor, el Substituto perfecto, el agente
de la expiación. Pero habían empe
zado el camino decadente de abandonar
estas preciosas verdades, para reempla
zarlas con doctrinas falsas que prome
tían mucho, pero daban poco o nada.
2. La insuficiencia de las obras
de la ley argumentada (v. 2-5)
A partir de este versículo Pablo apela a
la experiencia de los creyentes de la re
gión de Galacia, relacionada con el Espí
ritu Santo, para mostrarles cuán tonto
es tratar de mezclar la justificación por
la sola fe con las obras de la Ley.
El argumento de Pablo es este: Si uste
des fueron objeto de la obra poderosa
del Espíritu Santo al regenerarlos, con
vertirlos, transformarlos, dotarlos con
sus dones maravillosos, solo por creer
en Jesucristo por medio de la fe; enton
ces, cómo es que ahora ustedes preten
den agregar algo más a esa fe: las obras
de la Ley, si no necesitaron de ello para
ser salvos y recibir todas estas bendicio
nes.
En términos populares, si algo está fu n
cionando bien, ¿por qué repararlo?
“Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Re
cibisteis el Espíritu Santo por las obras de
la ley o por el oír con fe?". La pregunta
retórica requiere una respuesta inm e
diata: ¿Tuvieron que someterse a algún
rito judaico para recibir la bendición del
Espíritu Santo? No.
¿Tuvieron que ser circuncidados para
ser bautizados por el Espíritu Santo al
cuerpo de Cristo? No.
¿Tuvieron que cumplir con algún m an
dato de la ley mosaica para ser regene
rados por el Espíritu Santo? No.
¿Tuvieron que mencionar el nombre de
Jesús en hebreo y usar términos he
breos para recibir al Espíritu Santo? No.
Entonces, sigue argumentando Pablo, si
no necesitaron nada de eso para ser
objeto de la obra regeneradora, trans
formadora y santificadora del Espíritu
Santo, sino solo escuchar con fe el
Evangelio de las doctrinas de la gracia,
¿por qué ahora están tratando de agre
gar prácticas judaizantes al evangelio?
¿Acaso lo más importante no es la obra
del Espíritu Santo? Y si él no requirió de
las obras de la ley para salvarles, ¿Por
qué ahora pretender ser mejores cre
yentes ayudando al Espíritu Santo con
cosas inventadas por personas carnales
apegadas a las obras de la ley?
“¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado
por el Espíritu, ahora vais a acabar por
la carne? (v. 3). Es una tontería creer
que si para empezar la vida cristiana
necesitaron de la acción sobrenatural y
soberana del Espíritu, el cual les infun
dió vida espiritual y los trajo a Cristo,
santificándolos y dotándolos de dones
maravillosos, ahora, para continuar
creciendo en la vida cristiana deban
someterse a reglas y mandamientos
que no ayudan en nada a una vida es
piritual mejor, antes, por el contrario,
llevan a las personas a confiar en cosas
de la “carne”, como, por ejemplo, perte
necer a un pueblo en particular, creerse
judíos o miembros de una de las tri
bus “perdidas”, llevar una marca en su
cuerpo como la circuncisión, participar
de ritos que eran una sombra de la obra
de Cristo, entre otros.
Indudablemente, es una necedad inten
tar apartarse de las provisiones de la
gracia para recurrir a los esfuerzos de la
ley.
No obstante, esto no significa que Pablo
está en oposición a Santiago, quien
afirma que si la fe no produce obras de
obediencia a la Ley santa del Señor es
una fe muerta, no salvadora. “Hermanos
míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice
que tiene fe , y no tiene obras? ¿Podrá la f e
salvarle? (Stg. 2:14).
Pero estas obras de obediencia son el re
sultado de la obra salvadora efectuada
en nosotros por el Espíritu Santo, no
fueron necesarias para la salvación, y
no nos salvan en absoluto; pero son el
fruto automático de la presencia del Es
píritu de Dios en nuestras vidas.
Esta es la diferencia entre los judai
zantes legalistas y los verdaderos cre
yentes. Hacemos buenas obras y obe
decemos los diez mandamientos de la
Ley Santa del Señor, porque el Espíritu
está en nosotros; y lo hacemos porque
queremos agradar al Señor, quien tanto
nos amó. Mientras que el judaizante le
galista busca obedecer la Ley santa en
el poder de la carne, para la gloria de la
carne, lo cual es repugnante delante del
Señor.
“¿Tantas cosas habéis padecido en vano?
Si es que realmente fu e en vano (v. 4).
Es m uy probable que Pablo no esté ha
blando de padecimientos dolorosos por
la causa del Evangelio, pues, no tene
mos registro de esto en las iglesias de
Galacia; pero si de la experiencia cris
tiana que han tenido desde el principio.
Pablo les pregunta: ¿Acaso las experien
cias espirituales que han tenido fue
ron en vano? ¿No aprendieron nada de
cómo fue que el Señor los trajo a la fe,
al conocimiento espiritual de Cristo, a
convicciones evangélicas, a una vida de
entrega y santidad? ¿Van a abandonar
esto tan hermoso que el Espíritu Santo
ha hecho en sus vidas solo por las falsas
promesas de los judaizantes?
Pero Pablo suaviza este lenguaje usando
la expresión: Si es que fu e en vano. Es
decir, espero que las cosas que me han
contado no sean así, que ustedes hayan
recobrado la razón y se hayan dado
cuenta de que los movimientos judai
zantes solo quieren que ustedes aposta
ten poco a poco de la fe cristiana; que
ellos no tienen nada que ofrecer, sino
una obediencia legalista a la ley del
Señor, mas no una obediencia espiri
tual, bajo el poder de la gracia.
“Aquel, pues, que os suministra el Espí
ritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo
hace por las obras de la ley, o por el oír con
fe ? ” (v. 5).
En esta últim a pregunta retórica y con
frontadora, Pablo menciona a Aquel
que suministra u otorga al Espíritu.
Aunque Juan el Bautista dijo que Jesús
es quien bautiza con Espíritu Santo y
fuego, y él mismo dijo que enviaría al
Espíritu, no obstante, Dios el Padre es la
fuente de todo.
El Padre le prometió el Espíritu al Hijo y
el Hijo lo prometió a la iglesia. Así que,
en últimas, es el Padre quien lo otorga
para bendición de Su pueblo.
Por lo tanto, Pablo pregunta: Gálatas,
¿ustedes recibieron al Espíritu del Padre
porque obedecieron la Ley y se esfor
zaron por ser justos, o más bien, por
medio de la fe? Y si lo único que se
requirió fue que escucharan con fe el
Evangelio y creyeran en Jesús, sin las
obras de la ley, ¿por qué ahora preten
den mejorar lo que el Espíritu del Padre
hizo en ustedes sometiéndose a un sis
tema de creencias fundamentadas en la
obediencia carnal de la ley?
A p lic a c io n e s :
El problema de las tendencias sectarias
dentro del cristianismo, y en especial,
de las fluctuaciones doctrinales en las
que algunas personas caen, se debe, no
a tanto a que las doctrinas erráticas
sean verdaderas, sino a que sus ense
ñanzas y prácticas suenan más atracti
vas. Son persuadidos, no tanto por una
comprensión mental, sino por la m ani
pulación de las emociones.
Esto demuestra que Pablo tenía razón
cuando exhortó a Timoteo a predicar
la verdad, pues, “vendrá tiempo cuando
no sufrirán la sana doctrina, sino que te
niendo comezón de oír, se amontonarán
maestros conforme a sus propias concu
piscencias, y apartarán de la verdad el
oído y se volverán a las fá b u las" (2 Tim.
4:3).
Este apartarse de la verdad para se
guir fábulas, este comezón de oír
cosas novedosas, no se refiere sola
mente a las sectas reconocidas de los
Testigos de Jehová, los adventistas, los
mormones, entre otros. Sino también
al movimiento neocarismático con sus
modernos y ostentosos apóstoles, con
su avaricia y su idolatría hacia líde
res internacionales centrados en la apa
riencia externa, los cuales incitan a sus
seguidores a experimentar una espiri
tualidad más profunda y mística, y a
esperar una prosperidad material sin
necesidad de trabajar fuertemente, sino
solo a través de un curioso intercambio:
el incauto seguidor le entrega su dinero
al gurú de la prosperidad, y él le pro
mete que Dios le devolverá la cantidad
“sembrada” multiplicada por 10 o por
100, y a pesar de que eso nunca llega
a suceder, al igual que los viciosos de
los juegos, lo vuelven a intentar una y
otra vez, esperando ganar lo deseado,
hasta que tocan fondo, lo pierden todo,
y terminan apostatando de una fe que
nunca fue cristiana.
Pero, el peligro ahora no está tanto en el
movimiento neocarismático, el cual ha
caído en desgracia porque ya empezó a
salir a luz la estafa de sus líderes, y los
pecados de inmoralidad que necesaria
mente identifican a estos incrédulos y
mercaderes de la fe.
Ahora el peligro es más sutil, pues,
se presenta con un nuevo vestido: de
moralidad, de mayor apego a la ley di
vina y un biblicismo más marcado. Los
nuevos judaizantes están usando las si
guientes estrategias, tengamos cuidado
de no dejarnos seducir y hechizar por
sus encantos:
- Deslegitimizar a las iglesias históricas
y confesionales, como los reformados,
afirmando que la iglesia de los primeros
siglos fue influenciada por la filosofía
griega y el paganismo, pues, guardar el
domingo como el día del Señor, y otras
festividades cristianas, no aparecen en
la Biblia, según ellos. Pero ellos están
recuperando el verdadero cristianismo,
el cual era judío en sus comienzos, por
lo tanto, necesitamos volvernos judíos
para ser cristianos. Lo mimo que Pablo
y los apóstoles rechazaron en el primer
concilio de Jerusalén.
- Rechazar, poco a poco, los m anus
critos griegos del Nuevo Testamento,
pues, afirman que los apóstoles solo pu
dieron escribir en hebreo, ya que eran
judíos. Por lo tanto, según ellos, la
iglesia ha tenido siempre manuscritos
corruptos del NT, y, en consecuencia,
todas las traducciones al español y los
demás idiomas no son puros. Aun
que no existe prueba alguna de que
los apóstoles escribieron en hebreo, ni
jamás se ha encontrado un solo m anus
crito del NT en dicha lengua.
- Afirmar que cuando nosotros llama
mos a nuestro Salvador con el nombre
Jesús, lo estamos haciendo con un nom
bre griego, y, por lo tanto, no estamos
orando al verdadero Mesías, el cual,
tiene por nombre Jeshua hamashiaj,
es decir, para poder adorar realmente
a Dios tenemos que aprender hebreo,
cuando Dios mismo encargó de que
el Evangelio fuera predicado a todo el
mundo, en toda lengua y a toda na
ción. Esto no significa que los cristianos
no podemos aprender hebreo, claro que
sí, como una herramienta de estudio y
exégesis.
- Requerir que, poco a poco, los gentiles
creyentes se sometan a la Torah, a la
Ley de Moisés, no solo a los diez m an
damientos, como enseñamos los cris
tianos, sino a las reglas ceremoniales,
al séptimo día como el verdadero Sha-
bat y celebrar las fiestas religiosas esta
blecidas por Moisés. Pero Pablo enseña
lo contrario cuando, instruyendo a los
gentiles creyentes, les dice: “Por tanto,
nadie os juzgue en comida o en bebida, o
en cuanto a días de fiesta, luna nueva o
días de reposo, todo lo cual es sombra de
lo que ha de venir; pero el cuerpo es de
Cristo” (Col. 2:16-17).
Que el Señor nos ayude con su Espí
ritu para no caer de este conocimiento
tan precioso que hemos recibido de la
Gracia de Dios en Cristo, y nos libre de
querer mejorar la obra que el Espíritu
empezó a hacer en nuestras vidas desde
el día en el cual creimos, a través de una
obediencia legalista a la ley mosaica.
Amigo, oro para que Dios, por su Gracia,
te conceda la salvación, te dé su Espí
ritu, y te traiga al verdadero evangelio
de la gracia de Dios en Cristo. No tie
nes que hacer ninguna obra de justicia
alguna para ser salvo, solo debes venir
en arrepentimiento y fe a Jesucristo,
confesando delante de él tus pecados,
reconociendo que has sido rebelde con
tra él, que eres digno del infierno. Él
te perdonará, te salvará, te convertirá,
y su Espíritu te llenará de su gracia, de
tal manera que a partir de ese instante,
iniciarás un camino de obediencia a
su Santa Ley, andando en santificación
creciente.
La justificación por la fe
sola: su veracidad en el
testimonio de Abraham
Gálatas 3:6-18
El apóstol Pablo está preocupado por los
cristianos de la región de Galacia, pues,
están siendo fuertemente influencia
dos por los judaizantes, de manera tal
que se encuentran en un gran peligro:
abandonar el verdadero evangelio de la
justificación por la sola fe, para reem
plazarlo por la falacia de la justificación
a través de las obras.
Por lo tanto, en los capítulos 1 y 2 Pablo
les mostró, a través de su testimonio
personal como apóstol, que, tanto en su
conversión, como en el llamado apostó
lico, como en su formación doctrinal, el
Señor mismo le instruyó en el evangelio
de la gracia, sin necesidad de las obras;
e, incluso, los apóstoles en Jerusalén
confirmaron que ese es el mismo evan
gelio que ellos predican, pues, eso fue lo
que les enseñó Jesús.
Pero, a partir del capítulo 3 Pablo pre
senta algunas argumentaciones teoló
gicas, tomadas de la Palabra de Dios,
para mostrarles con claridad que el ver
dadero evangelio es el de la salvación
por la sola fe; sin necesidad de añadirles
las obras de la Ley.
En los primeros 5 versículos Pablo acu
dió al testimonio de conversión de ellos
para mostrarles que ellos fueron objeto
de la labor regenerativa y transforma
dora del Espíritu Santo sin que fuese
necesario ninguna obra de la Ley: no
fue necesaria la circuncisión para que
fuesen regenerados, no fue necesario
celebrar una fiesta judía para ser bau
tizados por el Espíritu Santo al cuerpo
de Cristo, no fue necesario mencionar el
nombre de Jesús en hebreo para que el
Espíritu Santo los santificara.
Y ahora, a partir del verso 6, Pablo usará
el testimonio de Abraham para conti
nuar afirmando su argumento princi
pal: El evangelio verdadero es el de la
justificación por la fe, sin necesidad de
las obras de la ley.
Y, el ejemplo de Abraham tenía tam
bién el objetivo de contrarrestar el argu
mento de los judaizantes, los cuales se
consideraban descendientes y aliados
del patriarca.
1. Introducción al tema: la justicia le fue
imputada a Abraham solo por el creer
con fe (v. 6)
2. La fe de Abraham anticipaba la fe
todos los creyentes gentiles, de manera
que serían justificados también por la
fe, sin necesidad de obras, sin necesi
dad de la circuncisión, sin necesidad de
adoptar las costumbres y reglas del ju
daismo (v. 7-9)
3. La maldición de la ley y la vida de la fe
en Cristo (v. 10-14)
4. Las promesas de la justificación
por la fe no pueden ser abrogadas (v.
15-18).
1. Introducción al tema: la justicia
le fue imputada a Abraham
solo por el creer con fe (v. 6)
“A s í Abraham creyó a Dios, y le fu e con
tado por ju stic ia ”
Pablo introduce el tema afirmando que
Abraham creyó a Dios, confió en Dios,
descansó en su Palabra, a pesar de lo
absurda que pareciera, como cuando le
pidió abandonar la tierra donde nació y
donde había construido su matrimonio
y posesiones, para ir a una tierra desco
nocida, extranjera, de la cual no tenía ni
siquiera la dirección exacta.
Abraham salió y se fue, descansando
solo en la orden y la promesa divina.
Igualmente, Abraham creyó a Dios
cuando le dice que toda la tierra de Ca-
naán sería de él, pero cuando su esposa
murió, tuvo que comprar una parcela
para sepultarla.
Igualmente creyó en la Palabra divina
cuando le dijo que tendría un hijo y una
descendencia numerosa, a pesar de que
él era un anciano y su esposa ya no
podía tener hijos.
También descansó en la Palabra divina
cuando Dios le dijo que sacrificara en
holocausto a su único Isaac. Él lo hizo
sin titubear, pues, conocía al Dios de la
gloria, y quería honrarle en todas las
cosas.
Por esa fe, Abraham fue justificado,
fue declarado justo, literalmente, le fue
imputada la justicia divina. ¿Cuándo
le fue contada la fe por justicia a
Abraham? ¿Estando circuncidado o in
circuncidado?
Romanos 4:10-11 dice: ¿Cómo, pues, le
f u e contada? ¿Estando en la circuncisión,
o en la incircuncisión? No en la circun
cisión, sino en la incircuncisión (siendo
u n gentil). Y recibió la circuncisión como
señal, como sello de la justicia de la f e
que tuvo estando aun incircunciso; para
que fuer a padre de todos los creyentes no
circuncidados (los gentiles), a fin de que
también a ellos la f e les sea contada por
justicia”
Por lo tanto, si Abraham aún no tenía
el sello o símbolo que identifica al ju
daismo, a las prácticas de la religión
judía, cuando fue justificado; esto tipifi
caba la salvación o la justificación por la
sola fe, a través de la cual los gentiles se
rían unidos al linaje de Abraham.
2. La fe de Abraham anticipaba la fe de
todos los creyentes gentiles, de manera
que serían justificados también por la
fe, sin necesidad de obras, sin necesi
dad de la circuncisión, sin necesidad de
adoptar las costumbres y reglas del ju
daismo (v. 7-9)
“Sabed, por tanto, que los que son de fe ,
éstos son hijos de Abraham. Y la Escri
tura, previendo que Dios había de ju s
tificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva a Abraham,
diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones. De modo que los de la f e son
bendecidos con el creyente Abraham”
El argumento de Pablo es bien claro:
Solo los que son como Abraham, de la
fe, de la confianza plena en el Dios que
justifica al pecador sin necesidad de
obras de la ley; estos son los únicos ver
daderos hijos de Abraham.
Jesús mismo fue claro al respecto
cuando les dijo a los orgullosos judíos,
los cuales confiaban en la carne, en la
raza y en su obediencia externa a la ley
de Moisés: “Si fueseis hijos de Abraham,
las obras de Abraham harías}}Juan 8:39.
Por lo tanto, así una persona sea hebreo
de hebreos, miembro de una de las tri
bus del Israel étnico, hebreo parlante,
circuncidado, practicante de todos los
ritos judaicos; pero, sino tiene la misma
fe de Abraham, no es hijo de Abraham;
mientras, que los gentiles que si creen
son hijos espirituales del patriarca.
Que los judaizantes estaban equivoca
dos en sus enseñanzas y en su deseo
de que los gentiles cristianos se so
metieran a las leyes ceremoniales del
AT, se deja ver en que Dios, ya desde
los tiempos de Abraham, había prome
tido el evangelio de la salvación por la
sola fe, pues, cuando Dios le dijo: En ti
serán benditas todas las fa m ilias de la
tierra (Gén. 12:3; 22:18; 28:14); estaba
anunciando que así como Abraham fue
justificado sin someterse a ninguna ce
remonia judaica, los gentiles también lo
serían.
Aunque todos los salvos del AT lo fue
ron por la justicia imputada a través de
la fe, con la venida de Jesús y la pre
dicación mundial del Evangelio se puso
de manifiesto de una forma clara y ma
ravillosa la salvación de los gentiles a
través de la sola fe; sin necesidad de las
obras de la ley.
3. La m aldición de la ley y la vida
de la fe en Cristo (v. 10-14)
“Porque todos los que dependen de las
obras de la ley están bajo maldición, pues,
escrito está: Maldito todo aquel que no
permaneciere en todas las cosas escritas
en el libro de la ley, para hacerlas. Y que
por la ley ninguno se justifica para con
Dios, es evidente, porque El justo por laf e
vivirá, y la ley no es de fe , sino que dice:
El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
Cristo nos redimió de la maldición de la
ley, hecho por nosotros maldición (porque
está escrito: Maldito todo el que es col
gado en un madero), para que en Cristo
Jesús la bendición deAbraham alcanzase
a los gentiles, afi n de que por laf e recibié
semos la promesa del Espíritu”
Habiendo demostrado, a través del tes
timonio de Abraham, que la justifica
ción se recibe solo por la fe, ahora
Pablo expresa la misma verdad, pero en
forma negativa.
Ahora Pablo ataca con más fuerza la
doctrina judaizante. Y les dice que, si
ellos tratan de confiar en Cristo y, ade
más, en la ley, lo cual es imposible, pues
a Cristo no se le puede añadir nada;
entonces, están condenados a la maldi
ción.
Y para confirmar esto, Pablo acude a
la teología bíblica, a las Escrituras, ci
tando Dt. 27:26 “Maldito el que no con
firmare las palabras de esta ley para ha
cerlas".
Esta cita nos recuerda las bendiciones
y maldiciones que fueron declaradas
desde el monte Ebal y el monte Gerizim,
a las cuales todo el pueblo debía respon
der. Amén.
A pesar de que se incluían maldicio
nes por desobedecer la Ley, maldiciones
reales, todo esto se da en un contexto de
amor, pues, Dios quiere que su pueblo
viva una vida de consagración para la
gloria de su misericordioso Redentor.
No obstante, la ley tenía como propó
sito mostrarle al pueblo de Israel, y a
todos los hombres, que todos estamos
bajo la ira de Dios debido a nuestra in
capacidad para cumplir de manera per
fecta la voluntad de Dios, debido a
nuestra naturaleza pecaminosa.
Por lo tanto, la Ley nos fue dada como
un ayo, como una nodriza o un lazarillo,
para conducir al pecador a Cristo (Gá.
3:24), a fin de que siendo salvo por gra
cia, pueda vivir una vida de gratitud,
una vida de libertad en armonía con la
ley de Dios (Gá. 5:13-14).
Pero los judaizantes estaban corrom
piendo este genuino propósito de la ley.
Ellos confiaban en las obras de la ley
como un medio de salvación.
Por lo tanto, si ellos confiaban así en la
ley, la única declaración que tenía para
ellos era: Están bajo maldición, bajo
condenación.
La ley no tiene ningún poder para sub
yugar las tendencias pecaminosas del
hombre. Ella dice lo que el hombre debe
hacer, pero no da el poder para hacerlo.
La Ley solo puede condenar, pues, no
tiene poder para salvar.
El único medio para obtener la bendi
ción de Dios es a través de la justifica
ción por la sola fe, tal y como fue anun
ciado en el A n tiguo Testamento: El justo
vivirá por la f e (Hab. 2:4). Esto aplica
tanto para el AT como para el NT.
Solo a través de la fe en Cristo el hombre
puede vivir para con Dios, es decir, ser
reconciliado con él, recibir las provisio
nes de Su gracia, gozar de la paz que so
brepasa todo entendimiento, ser trans
formado a la imagen misma del Señor,
etc.
Si los judaizantes hubiesen compren
dido este pasaje, entonces no estarían
confiando en sus propios logros o en
sus razonamientos.
El pasaje de Habacub está en el con
texto de una serie de quejas o preguntas
que el profeta le hace a Dios: ¿Por qué
permites que los impíos opriman a los
justos aquí en Judá? A lo cual Dios res
ponde: los impíos e injustos serán con
denados.
Pero el profeta no queda satisfecho y
vuelve a preguntar: ¿Por qué permi
tes que los caldeos, gente muy mala,
oprima a los de Judá, los cuales somos
un poco más justos? Entonces Dios res
ponde, todos serán castigados, caldeos
y judíos, pero el justo vivirá por la fe.
Y, siendo que es así, entonces, los
cristianos no podemos depender, para
nuestra salvación, de Cristo y de la ley,
ya que la ley no es de fe, si la persona
trata de descansar en las obras de la ley,
entonces su confianza está en la carne.
No significa que la ley santa del Señor
no sea buena para los creyentes, claro
que lo es. Dios promete a su pueblo dar
les un corazón nuevo, obediente a la ley
del Señor. La obedecemos por gratitud,
pero no descansamos en ella para nues
tra salvación.
La ley no es de fe en el sentido que, si
tratamos de depender de ella, entonces,
confiamos en nuestra carne. O depen
demos de Cristo o dependemos de noso
tros mismos, no se pueden dar las dos
cosas al mismo tiempo.
Nadie puede obedecer de manera per
fecta la Ley santa, nadie puede vivir por
ella. Es como el que trata de apagar su
sed bebiendo agua salada.
Pero Pablo tiene una buena nueva para
sus lectores: la ley nos pone bajo mal
dición, no obstante, Cristo, el Hijo de
Dios que predicamos en el Evangelio, se
hizo maldición, recibió la maldición de
la ley, para salvar a los que creen en él
por fe.
Jesús pagó el rescate que requería la ley,
sufrió la muerte eterna que demandaba
la ley. El que nunca pecó se hizo maldito
por nosotros cuando fue colgado en el
madero de la cruz.
Por lo tanto, la única forma de que
la bendición prometida a Abraham, de
que a través de su simiente serían ben
decidas todas las familias de la tierra,
solo se da través de la muerte de Jesu
cristo y la fe en él, no por cumplir la ley.
El Espíritu de gracia es dado a los que
creen, quien como un río inagotable de
aguas salutíferas inunda la vida de los
creyentes, de las iglesias.
4. Las promesas de la justificación
por la fe no pueden ser abrogadas (v.
15-18).
"Hermanos, hablo en términos humanos:
Un pacto, aunque sea de hombre, una vez
ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las
promesas, y a su simiente. No dice: Y a
las simientes, como si hablase de muchos,
sino como de uno: Y a tu simiente, la cual
es Cristo. Esto, pues, digo. El pacto previa
mente ratificado por Dios para con Cristo,
la ley que vino cuatrocientos treinta años
después, no lo abroga, para invalidar la
promesa. Porque si la herencia es por la
ley, ya no es por la promesa; pero Dios
la concedió a Abraham mediante la pro
mesa”
En esta última sección Pablo demues
tra, una vez más, a través de la teología
pactual, que la promesa de la justifica
ción por la sola fe es superior a la ley
mosaica.
Primera razón, su confirmación. Her
manos, hablo en términos humanos: Un
pacto, aunque sea de hombre, una vez ra
tificado, nadie lo invalida, ni le añade. V.
15
Pablo apela a la práctica humana, la
cual es imperfecta delante de la per
fección y veracidad de Dios. Pues, si
en el ámbito humano, los pactos no se
violan, sino que, una vez ratificados,
se cumplen, cuanto más se cumplirán
cuando es Dios quien lo ratifica.
El pacto con Abraham fue ratificado por
Dios mismo cuando él pasó en medio de
los animales cortados por la mitad. Dios
se comprometió a cumplirlo. Dios ben
deciría a las familias de la tierra a través
de la simiente de Abraham.
Segunda razón, el pacto con Abraham
es superior al mosaico debido a su en
foque centrado en Cristo. Ahora bien, a
Abraham fuero n hechas las promesas, y
a su simiente. No dice: Y a las simientes,
como si hablase de muchos, sino como de
uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
V.16
En el pacto mosaico el mediador es Moi
sés, pero en el pacto de gracia hecho con
Abraham, el centro del mismo es Cristo,
la simiente prometida a la mujer, la si
miente prometida a Abraham.
Todas las bendiciones prometidas en el
pacto a Abraham, se cumplen en Cristo,
por lo tanto, todo el que desee las ben
diciones de Abraham debe poner su fe y
confianza en Cristo, no es la ley mosaica
ni en sus ritos.
Tercera razón, su cronología. Esto, pues,
digo. El pacto previamente ratificado por
Dios para con Cristo, la ley que vino
cuatrocientos treinta años después, no lo
abroga, para invalidar la promesa, v. 17
El pacto de la promesa, de la salvación
por la fe, es más antiguo que el pacto de
la ley, de las obras, pues, se ratificó con
Abraham 430 años antes del de Moisés,
aunque en realidad fue dado por Dios
desde antes de la fundación del mundo,
de manera tal que Adán, Enoc, Noé y los
santos que precedieron a Abraham, fue
ron salvos solo por la fe.
Cuarta razón, su carácter completo. Por
que si la herencia es por la ley, y a no es
por la promesa; pero Dios la concedió a
Abraham mediante la promesa. V. 18
La ley tiene la debilidad de no dar poder
para cumplirla, pero la promesa es com
pleta porque ella se fundamenta en el
poder de la gracia de Dios.
El hombre falla muchas veces en cum
plir con las leyes santas, pero Dios
nunca falla en salvar a sus hijos que
confían en la promesa de salvación a
través de Jesucristo.
Recordemos que las herencias no se
ganan, sino que se reciben. Por lo tanto,
sería absurdo tratar de trabajar para ga
narse la herencia que ya le fue prome
tida por Dios a los que son de la fe de
Abraham.
De esta manera Pablo concluye con esta
sección dando un golpe mortal a la
teología que sustenta a los judaizantes,
exaltando la gloria del Evangelio a tra
vés de Jesucristo, la gloria de la salva
ción por la sola fe en Cristo.
A p lic a c io n e s :
Hermano, que no te engañen los mo
dernos judaizantes, los cuales ahora se
hacen llamar “el regreso a las raíces he
breas de la fe cristiana”; la cual es una
versión con nuevo ropaje de los anti
guos judaizantes que tergiversaban el
evangelio en tiempos de Pablo.
No necesitas guardar ninguna de las
fiestas religiosas judaicas para ser salvo,
es más, el acto de guardarlas, sin ser
judío de nacimiento, te pone en un pe
ligroso riesgo de desear someterte más
y más al judaismo, el cual se basa en las
obras, no en la fe.
Recuerda, a la fe en Cristo no le pode
mos añadir absolutamente nada, pues,
la corrompemos.
Esto no significa que no obedecemos los
mandatos de la Ley del Señor, en espe
cial los diez mandamientos, si, ellos son
el reflejo del carácter santo de Dios. Pero
los obedecemos como libres, no como
esclavos.
Nos gozamos en hacer la voluntad de
Dios, pero no como un medio de salva
ción, sino porque somos salvos.
Amigo, tú estás aún bajo las condicio
nes del pacto de obras, por lo tanto,
estás bajo condenación, pues, Dios re
quiere de ti la obediencia perfecta a sus
leyes, las cuales has violado una y otra
vez.
Amigo, necesitas un rescate, necesitas
de alguien que tenga el poder de cum
plir perfectamente esa ley, de sufrir la
condenación eterna de esa ley y de
imputarte o concederte esa justicia ya
ganada. De lo contrario, tendrás que su
frir los terrores eternos de la ira del Dios
santo que dio su ley.
Amigo, solo Jesús puede hacer eso. Él
vivió en perfección la ley, él la cumplió;
pero él también sufrió los terrores de la
ira divina, como si él hubiese pecado,
cuando nunca jamás pecó. Y esto lo hizo
para salvar a personas como tú, que
están condenadas. Amigo, ven a Jesús
en un acto de fe, entrega y arrepenti
miento, él te salvará y te dará la vida
eterna, y el poder de amar la ley santa
del Señor, desde la libertad cristiana.
El propósito de la ley
Gálatas 3: 19-22
INTRODUCCIÓN
¿Te has preguntado alguna vez por qué
hay tanta superficialidad en el cristia
nismo de hoy? Mucho se debe a la
superficialidad en el evangelismo. La
gente está haciendo profesiones de fe
en Cristo en gran número, pero muchos
se apartan de la verdad, y otros que se
aferran a su profesión de fe, no mues
tran evidencia real de haber nacido ver
daderamente del Espíritu y viven como
los no salvados.
Si bien hay muchos factores que con
tribuyen a la superficialidad en el evan
gelismo, hay una razón específica, que
es m uy obvia cuando comparamos gran
parte del evangelismo de hoy en día
con el evangelismo de la Biblia. El evan
gelismo moderno en su conjunto no
está enseñando la pecaminosidad del
pecado. Uno debe darse cuenta de que
es un pecador antes de venir a Cristo.
Debe haber una convicción genuina
de pecado antes de que una persona
pueda ser verdaderamente salva por la
fe en Cristo. Una persona debe verse a
sí misma como culpable ante un Dios
santo sin esperanza de salvarse, y esto
debería hacer que se vuelva de sí mismo
a Cristo para la salvación.
El problema con el evangelismo super
ficial es que las personas profesan a
Cristo porque tienen algún problema
que les gustaría ver eliminado de sus
vidas, o quieren una vida feliz, o no
quieren ir a un lugar llamado infierno,
pero nunca se han visto a sí mismos
como pecadores culpables y condena
dos ante un Dios santo, soberano y ma
ravilloso. Han venido a Cristo por razo
nes equivocadas. En consecuencia, sus
razones para venir fueron superficiales
y, a través del tiempo y la crisis de la
vida, se apartarán de sus profesiones de
fe. Solo aquellos que experimenten la
obra de convicción del Espíritu Santo y
confíen en Cristo como humildes peca
dores serán genuinamente salvos.
A N T E CE D EN T ES
En el libro de Gálatas, el apóstol Pablo
está refutando la falsa enseñanza de los
judaizantes que decían que una persona
tenía que ser salva guardando la ley
mosaica. Propagaron una salvación por
obras. El apóstol Pablo enseñó que la
salvación era por gracia mediante la fe
en Jesucristo, aparte de cualquier obra o
mérito humano.
Recordemos un poco lo que vimos al co
mienzo del capítulo 3. Los judaizantes
afirmaron que la ley mosaica sustituyó
al pacto abrahámico como la forma bá
sica de obtener la salvación.
En el Pacto Abrahámico, Dios prometió
que todas las familias de la tierra serías
bendecidas por el Mesías que vendría a
través de la simiente física de Abraham,
los judíos.
Dios hizo una promesa o pacto con
Abraham de que trataría con los hom
bres sobre la base de la gracia y todo
lo que se debe hacer para ser salvo
sería confiar en Jesucristo, quien fue
quien cumplió todas las promesas del
Pacto Abrahámico. Por lo tanto, todos
los que reciben a Jesucristo con cora
zones sinceros son simiente espiritual
de Abraham y herederos de todas las
bendiciones de salvación del Pacto de
Abraham.
Estos judaizantes creían que debido a
que Dios dio la ley mosaica muchos
años después del pacto abrahámico, la
ley mosaica sustituyó, o al menos tuvo
prioridad sobre, el pacto abrahámico
como la base de la salvación.
En Gálatas 3: 15-18, el apóstol Pablo
mostró que el Pacto de Abraham era
incondicional y estaba en funciona
miento mucho antes de que se diera la
Ley Mosaica, y que Dios no podía rom
per el pacto.
El punto de Pablo fue que los hombres
siempre han sido salvos por gracia a tra
vés de la fe en el Mesías, incluso en la
Era de la Ley. La ley mosaica no tenía
nada que ver con la salvación, sino que
era una regla de vida para la nación de
Israel. La Ley Mosaica era temporal y
transitoria, terminando como regla de
vida en la Cruz, pero el pacto de gracia
como se encuentra en el Pacto Abrahá-
mico es permanente y eterno.
EL D IS EÑ O DE L A LEY 3: 19-20
"¿Cuál era, entonces, el propósito de la
ley?"
El judío legalista naturalmente haría la
pregunta: “¿Por qué Dios daría la ley
mosaica si no fuera para salvar? Si los
hombres son salvos solo por la fe en
Cristo, ¿qué sentido tiene la ley? Ellos
razonaron que Pablo fusionó de tal m a
nera a Abraham y Cristo que eliminó
por completo a Moisés y la ley. Conclu
yeron que no había lugar para la ley en
el evangelio de Pablo. Por supuesto que
estaban equivocados, porque la ley está
m uy relacionada con el evangelio, pero
no como un medio para obtener la sal
vación, sino como un medio para traer
la convicción de pecado.
Las personas necias pero sabias en su
vanidad llegan a la conclusión: si la ley
no justifica, no sirve para nada. ¿Qué
hay sobre eso? Dado que el dinero no
justifica, ¿diría usted que el dinero no
sirve para nada? Porque los ojos no jus
tifican, ¿se los haría sacar? Porque la
Ley no justifica, no significa que la Ley
no tenga valor. Debemos encontrar y
definir el propósito apropiado de la Ley.
No estamos desechando a la Ley porque
decimos que no ella no justifica.
Decimos con Pablo que la Ley es buena
si se usa correctamente.
Dentro de su esfera propia, la Ley es
excelente. Pero si atribuimos a la Ley
funciones para las que nunca fue des
tinada, pervertimos no solo la Ley sino
también el Evangelio”. (Martín Lutero,
Comentario sobre Gálatas).
"Fue añadida a causa de las transgresio
nes".
Dios agregó la ley mosaica al pacto
abrahámico para mostrar a los hombres
que eran pecadores delante de los ojos
de un Dios santo. Dios dio la ley para
mostrar a todos los hombres que eran
transgresores contra Dios.
La ley es un reflejo del carácter santo de
Dios. La ley es la santa norma de Dios. A
través de la ley llega el conocimiento de
la pecaminosidad del pecado (Rom. 3:
19-20; 29: “Pero sabemos que todo lo que
la ley dice, lo dice a los que están bajo la
ley, para que toda boca se cierre y todo el
mundo quede bajo eljuicio de Dios; y a que
por las obras de la ley ningún ser humano
será justificado delante de él, porque por
medio de la ley es el conocimiento del pe
cado11).
Antes de que la ley fuera ley, había pe
cado, pero después que la ley fue dada,
los hombres ahora sabían que habían
transgredido la ley de Dios (Rom. 4:15
"... la ley produce ira; pero donde no hay
ley, tampoco hay transgresión11. )
El mismo Pablo dijo que nunca habría
sabido acerca del pecado si no fuera por
la ley (Rom. 7: 7 ¿Qué diremos, pues? ¿La
ley es pecado? En ninguna manera. Pero
yo no conocí el pecado sino por la ley; por
que tampoco conociera la codicia si la ley
no dijera: No codiciarás11).
La ley es “santa, justa y buena” (Rom.
7:12), y les dice a los hombres qué es lo
Dios requiere si es que desean vivir de
lante un Dios santo y justo.
La ley requiere justicia perfecta y nadie
puede guardar la ley perfectamente.
Dios dio la ley no para otorgar salvación
a los hombres, sino para mostrarles que
son pecadores y necesitan un Salvador.
La ley convierte el pecado en transgre
siones, mostrando el pecado como lo
que realmente es, una violación de la
santa ley de Dios. Ahora bien, el pecado
no son solo actos incorrectos, sino una
ofensa legal contra Dios. La ley fue di
señada para declarar la pecaminosidad
del pecado, mostrando a los hombres
que son pecadores en rebelión contra la
voluntad y la autoridad de Dios.
Si un hombre no es un asesino, adúltero
o ladrón, él juraría que es justo. ¿Cómo
va Dios a humillar a una persona así si
no es por la Ley? La Ley es el martillo de
la muerte, el trueno del infierno y el re
lámpago de la ira de Dios para derribar
a los hipócritas orgullosos y desvergon
zados. . . Mientras una persona crea que
tiene razón, será incomprensiblemente
orgullosa y presuntuosa. Odiará a Dios,
despreciará su gracia y misericordia
e ignorará las promesas en Cristo. El
evangelio del perdón gratuito de los
pecados por medio de Cristo nunca
atraerá a los que se justifican a sí m is
mos.
Este monstruo de la justicia propia, esta
bestia de cuello rígido, necesita una
gran hacha. Y eso es la Ley, una gran
hacha. En consecuencia, el uso y la fu n
ción adecuados de la ley es amenazar
hasta que la conciencia se asuste”. (Lu-
tero)
Cuando el pecado es reconocido como
pecado por la ley, cuando el pecado, la
muerte y la ira de Dios son revelados a
una persona por la ley, se irrita, se queja
contra Dios y se rebela. La ley en reali
dad suscita el pecado, por lo que uno
llega a odiar la ley y al Dios cuyo carác
ter refleja la ley. El pecado, por tanto,
aumenta y es magnificado por la ley.
Ejemplo: En el nuevo sitio de construc
ción, la gente sigue tirando basura en
el contenedor de basura ilegalmente.
Saben que está mal, pero lo hacen de
todos modos. Pusimos un letrero frente
al contenedor de basura que decía: "No
tirar basura, por favor". Ahora sabían
que era una transgresión de la ley, odia
ban la ley y derribaron la señal. Siguen
tirando basura a pesar de que han sido
advertidos por la ley.
"Hasta que viniese la simiente a quien fu e
hecha la promesa".
La Ley Mosaica fue agregada como regla
de vida para Israel hasta que Cristo vi
niera, porque Él era el cumplimiento es
piritual del Pacto Abrahámico (Gálatas
3:19). Cristo en su muerte puso fin a la
ley como un camino de justicia (Rom.
10:4 "Porque elfin de la ley es Cristo, para
justicia a todo aquel que cree").
Sin embargo, todavía existe un uso legí
timo de la ley en lo que respecta al evan
gelio. La ley debe usarse para mostrar
a los hombres su pecaminosidad ante
un Dios santo para que se vuelvan a
Cristo, quien es el único que puede per
donar sus pecados y concederles la vida
eterna (1 Tim. 1:9-10 “ Conociendo esto,
que la ley no fu e dada para el justo, sino
para los transgresores y desobedientes,
para los impíos y pecadores, para los irre
verentes y profanos, para los parricidas y
matricidas, para los homicidas, para los
fornicarios, para los sodomitas, para los
secuestradores, para los mentirosos y per
juros, y para cuanto se oponga a la sana
doctrina").
Debemos usar la ley, especialmente los
Diez Mandamientos, para mostrar a los
hombres que son culpables ante Dios y
que van rumbo a la ira eterna a menos
que se vuelvan a Cristo. La ley debe
usarse para humillar, aterrorizar, herir
y quebrantar a la persona orgullosa y
moralista.
No tendrás dioses ajenos delante de mí.
Dios exige que los hombres le adoren.
Los hombres quebrantan este manda
miento cuando ponen algo o a alguien
en sus pensamientos o afectos por en
cima o al igual que Dios. Puede ser
el dinero, el materialismo, estatus so
cial, placer, una novia, un novio, hijos,
deportes o algún pasatiempo devora-
don Todo hombre responsable es culpa
ble de quebrantar este mandamiento,
y todos los hombres son responsables
ante Dios.
Honra a tu padre y a tu madre. ¿Qué
persona ha tratado a su padre y a su
madre perfectamente? ¡Ni uno!
No tomarás el nombre del Señor tu Dios
en vano. Los hombres toman el nombre
del Señor en vano al maldecir y tra
tar Su nombre a la ligera. Este manda
miento debería condenar a la mayoría
de las personas.
No cometerás adulterio. Muchos hom
bres y mujeres son culpables de adul
terio (tener relaciones sexuales con el
cónyuge de otra persona). Si no han rea
lizado el acto físico, son culpables del
acto mental y están condenados. En los
Estados Unidos, el 75% de todos los m a
ridos y el 50% de todas las esposas co
meten adulterio.
No darás falso testimonio contra tu
prójimo. Esto es más que mentir o
perjurio. Implica toda calumnia y es
cándalo, palabrería, exageración deli
berada o distorsiones de la verdad.
¿Qué persona se atrevería a decir que
ha cumplido perfectamente este m an
dato?
No codiciarás. No desearás nada que no
sea legítimamente tuyo.
La ley nos mata y nos muestra nuestro
pecado podrido ante un Dios justo.
Nos damos cuenta de que no tenemos
justicia en nosotros mismos y estamos
condenados ante Dios. Cuando pone
mos nuestras vidas en contra de la ley,
¡el veredicto es culpable, culpable, cul
pable! No es de extrañar que Pablo diga
en Romanos 4:15: "La ley produce ira".
“ Y f u e ordenada por medio de ángeles en
mano de un mediador. Y el mediador no
lo es de uno solo; pero Dios es uno" (v.
19-20).
Este es un versículo muy difícil de en
tender y hay más de 250 interpreta
ciones de este versículo. Probablemente
signifique que cuando Dios le habló el
evangelio a Abraham, lo hizo directa
mente sin intermediarios. Pero cuando
Dios le dio la ley a Moisés, tanto Moisés
como los ángeles fueron mediadores.
Esto prueba que la ley mosaica no era
tan importante como el pacto abrahá-
mico delante de los ojos de Dios.
LA LEY ES AM IGA DE
G R A C IA 3: 21-22
“¿Luego la ley es contraria a las promesas
de Dios? En ninguna manera" (v. 21).
La ley no contradice la promesa de
gracia en el Pacto Abrahámico porque
la ley nunca tuvo la intención de traer
vida eterna a nadie. La ley fue diseñada
para convencer a los hombres de pe
cado y guiarlos a Jesucristo, quien es el
único que puede dar el perdón de los pe
cados y la vida eterna a quienes confían
en él. La ley y el evangelio no compiten
entre sí ni se contradicen. La ley es com
plementaria al evangelio. Ambos tienen
parte en la vasta economía de Dios.
"Porque si la ley dada pudiera vivificar, la
justicia fuera verdaderamente por la ley".
(v. 21)
Una vez más, la ley nunca fue dada para
justificar a las personas, sino para de
mostrar que eran pecadores y que nece
sitaban a Cristo. Los hombres violan la
ley todos los días; por lo tanto, la ley no
puede justificarlos, solo condenarlos.
"Mas la Escritura lo encerró todo bajo pe
cado, para que la promesa que es por la
f e en Jesucristo fu ese dada a los creyen
tes" (v. 22).
La ley simplemente declara que todos
los hombres son pecadores, los condena
y les muestra que se encaminan al jui
cio eterno. La ley hace que la promesa
de salvación por gracia a través de la fe
en Cristo sea m uy deseable e indispen
sable si una persona va a ser justificada
ante Dios.
El hombre en su estado natural se en
cuentra en una condición desesperada e
impotente y sin la gracia no será salvo.
(Rom. 3:9-11 “¿Qué, pues? ¿Somos noso
tros mejores que ellos? En ninguna ma
nera; pues y a hemos acusado a jud íos y
a gentiles, que todos están bajo pecado.
Como está escrito: No hay ju s to ni aun
uno; ni aun uno; no hay quien entienda,
no hay quien busque a Dios”).
La ley levanta la cubierta de la respeta
bilidad del hombre y revela cómo es él
en realidad: pecador, rebelde, culpable,
bajo el juicio de Dios e impotente para
salvarse a sí mismo. Cuando predica
mos el evangelio a otros, nunca debe
mos negociar suavemente el pecado y la
certeza del juicio eterno para todos los
que están sin Cristo. Nunca debemos
pasar por alto la ley para llegar directa
mente al evangelio. Hacerlo es contra
decir el método de Dios de traer a los
hombres bajo la convicción de pecado.
El no predicar la pecaminosidad del pe
cado a los hombres en el evangelismo
ha causado que muchos se burlen, ig
noren y ridiculicen la verdad del evan
gelio. Ningún hombre ha apreciado el
evangelio hasta que ha visto su propia
pecaminosidad ante un Dios santo.
Es solo cuando se contrasta la mancha
y la oscuridad del pecado que las glo
rias del verdadero evangelio comienzan
a brillar.
Cuando los hombres predican la peca
minosidad del pecado, es posible que
no vean como muchas personas hacen
profesiones de fe, pero verán conversio
nes genuinas porque ha habido la obra
de convicción del Espíritu Santo, mos
trando a las personas su pecaminosi-
dad y la necesidad de Cristo, quien es el
único que puede salvarlos.
Cuando la ley los lleve al punto de la
desesperación, deje que ella los lleve un
poco más lejos, que los lleve directa
mente a los brazos de Jesús, quien dice:
“ Venid a m í todos los que estáis trabaja
dos y cargados, y yo los daré descansar."
Dice el proverbio que "el hambre es el
mejor cocinero". La ley hace que las
conciencias afectadas tengan hambre
de Cristo. Cristo les sabe bien. Los co
razones hambrientos aprecian a Cristo.
Cristo quiere a las almas sedientas. Los
invita a venir a Él para descansar. Los
beneficios de Cristo son tan preciosos
que Él los dispensará solo a aquellos que
los necesiten y realmente los deseen.
(Lutero).
I. N UESTRA CONDICIÓN
BAJO LA L EY 3: 23,24
"Pero antes que viniese la fe , estábamos
confinados bajo la ley, encerrados para
aquella f e que iba a ser revelada" (v. 23).
Las palabras "esta fe" se refieren a Cristo
mismo. Cristo era el objeto de la fe de los
santos del Antiguo Testamento, ellos
esperaban con ansias la venida del Me
sías. Los santos del Nuevo Testamento
ejercen fe en el Mesías que ha venido. La
fe del Antiguo Testamento estaba en el
Cristo profético y la fe del Nuevo Testa
mento está en el Cristo histórico.
El cristiano tiene una sustancia de fe
diferente a la del creyente del Antiguo
Testamento en el sentido de que el Me
sías ha venido y ha provisto la salva
ción. La fe como tal no vino con Cristo,
pero la fe en el Cristo histórico es para
esta era presente.
" estábamos confinados bajo la ley, ence
rrados "
La ley cierra, encierra, enjaula a todos
los inconversos en una prisión espiri
tual. La ley mantiene a los hombres
en una prisión espiritual y los confina
de tal manera que no pueden escapar.
Todas las personas fuera de Cristo son
prisioneras de la ley (Gálatas 3:23), pri
sioneras del pecado (Gálatas 3:22) y
están bajo la maldición de la ley (Gála
tas 3: 10). La ley confina y encadena a
una persona espiritualmente para que
no sea libre.
La ley es una prisión para aquellos que
aún no han obtenido la gracia. Ningún
preso disfruta del encierro. Lo odia. Si
pudiera, aplastaría la prisión y busca
ría su libertad a toda costa. Mientras
permanezca en la cárcel, se abstiene
de cometer malas acciones. No porque
quiera, sino porque tiene que hacerlo.
Los barrotes y las cadenas lo detie
nen. No se arrepiente del crimen que
lo puso en la cárcel. Al contrario, está
m uy dolorido y no puede robar y matar
como antes. Si pudiera escapar, volvería
a robar y matar. La ley impone el buen
comportamiento, al menos en aparien
cia. Obedecemos la ley porque si no se
ríamos castigados. Nuestra obediencia
está inspirada por el miedo. Obedece
mos bajo coacción y lo hacemos con re
sentimiento. Ahora bien, ¿qué clase de
justicia es esta cuando nos abstenemos
del m al por temor al castigo? Por lo
tanto, la justicia de la ley no es más que
amor al pecado y odio a la justicia.
De todos modos, la ley logra tanto, que
exteriormente, al menos y en cierta m e
dida, reprimirá el vicio y el crimen.
Pero la ley también es una prisión espi
ritual, un verdadero infierno. Cuando la
ley comienza a amenazar a una persona
con la muerte y la ira eterna de Dios, el
hombre simplemente no puede encon
trar ningún consuelo. No puede librarse
a voluntad de la pesadilla de terror que
la ley despierta en su conciencia. (Mar
tín Lutero, Comentario sobre Gálatas).
Encerrados para aquella f e que iba a ser
revelada.
La ley encierra a todos los hombres in
conversos en una prisión espiritual del
pecado, pero Cristo, quien ha venido y
murió por los pecadores, puede liberar
a los hombres de la esclavitud espiri
tual de la ley. Solo Cristo puede librar
a una persona de la prisión a la que lo
ha llevado la maldición de la ley, por
que Cristo fue hecho maldición por los
pecadores.
La ley debe hacer que el hombre huya
a Cristo en busca de salvación, porque
ninguna persona dentro de sí misma
tiene una justicia que lo haga acepta
ble ante Dios. Cuanto más busca una
persona la salvación por las obras de la
ley, más frustrado se sentirá porque es
imposible ser salvo por las obras. La sal
vación es por gracia mediante la fe en
Cristo, y traerá paz interior a uno en
cuanto a su posición ante u n Dios santo.
"De manera que la ley ha sido nuestro
ayo, para llevarnos a Cristo” v. 24.
Esto dice literalmente en el griego ori
ginal: "La ley era nuestro maestro de
escuela (disciplinario, tutor, custodio)
para llevarnos a Cristo". La palabra
griega actual es pedagogo, que significa
"disciplinar". Esto se refiere a un esclavo
empleado en las familias griegas y ro
manas que tenía el cargo general sobre
un niño entre los 6 y los 16 años. Se
hacía a cargo de este niño dondequiera
que fuera, especialmente en la escuela.
El esclavo estaba básicamente a cargo
de la disciplina moral del niño. A me
nudo era duro hasta el punto de la
crueldad con el niño y generalmente se
lo representa en dibujos antiguos con
una vara o un bastón en la mano.
La ley, por lo tanto, fue diseñada como
una disciplina estricta para llevar a los
hombres a Jesucristo. La ley reprende
y castiga a los hombres por sus fecho
rías. Simplemente, no hay forma natu
ral en que una persona pueda liberarse
de la cruel tiranía de la ley. Pero gracias
a Dios, hay una manera sobrenatural de
librarse de la ley y esto es a través de
Cristo.
La ley no es un maestro más. La ley es
un especialista diseñado para llevar a
los hombres a Cristo. La ley debe produ
cir en los hombres un deseo de liberarse
de la esclavitud legalista y hacer que
busquen a Jesucristo, quien es el único
que puede liberarlos.
"Para quefuésemos justificados por la fe"
Es Jesucristo quien justificó a los hom
bres, no la ley. La palabra "justificación"
significa "declarar justo" y los hombres
son declarados justos por Dios porque
tienen la justicia de Cristo, y no porque
tengan alguna justicia en sí mismos.
Cristo puede hacer lo que la ley nunca
podría hacer: darle a un hombre una
justicia que lo haga aceptable ante Dios.
¿Cómo puede un hombre ser justifi
cado? ¡Solo por la fe en Jesucristo! Un
hombre debe creer que Cristo murió por
sus pecados y resucitó al tercer día para
ser declarado justo.
III. NUESTRA CONDICIÓN
EN CRISTO 3: 25-29
"Pero venida la f e y a no estamos bajo
ayo".
La persona que ha recibido a Jesucristo
ya no está bajo la ley con sus 613
mandamientos. Los cristianos no están
sujetos a la ley en el sentido de que sea
su juez y disciplinario; no están conde
nados ni encarcelados por ella. El verda
dero creyente está "en Cristo", unido a
Él por la fe y aceptado ante Dios por el
mérito de Cristo.
La clave para entender esta sección
está en las palabras "en Cristo". Somos
hijos de Dios en Cristo (Gálatas 3:26).
Hemos sido bautizados en Cristo (Gá-
latas 3:27). Todos los cristianos somos
uno en Cristo (Gálatas 3:28). La base de
todo el cristianismo está en la relación
"en Cristo".
"Pues todos sois hijos de Dios por la f e en
Cristo Jesús" (v. 26).
En Cristo los hombres son hijos (e hijas)
de Dios. En Cristo, Dios es el Padre del
cristiano que lo ha aceptado y perdo
nado. La palabra "hijos" se refiere a al
guien que es mayor de edad o adulto.
Los cristianos son hijos de Dios como
un adulto completo ante Dios. Los
cristianos no necesitan un maestro de
escuela o un disciplinario porque son
hijos e hijas adultos en la familia de
Dios por la fe en Jesucristo. Todo cris
tiano tiene todos los derechos y privile
gios de un hijo en la casa de su Padre
porque está relacionado con Jesucristo
por fe.
Note cuidadosamente que este ver
sículo no enseña el universalismo
(todos serán salvos), porque la palabra
"todos" debe ser calificada por las pa
labras "en Cristo Jesús". La Paternidad
de Dios (que Dios es un padre universal
para todos los hombres) no fue ense
ñada por Cristo ni por los Apóstoles.
Dios es el Creador de todo y Rey, go
bernando y sustentando todas las cosas
que ha hecho. Sin embargo, Dios es el
Padre únicamente de nuestro Señor Je
sucristo y de aquellos a quienes adopta
en Su familia por medio de Cristo. Es
por la fe que los hombres están en
Cristo, y por estar en Cristo son hijos de
Dios.
“Porque todos los que han sido bauti
zados en Cristo, de Cristo estáis revesti
dos” (v. 27).
En el verso 26, Pablo habló de la respon
sabilidad del hombre de ejercer fe para
entrar en Cristo. En el 27, explica cómo
se pone a un cristiano en Cristo. En este
versículo, está viendo el lado divino de
estar conectado a Cristo por el bau
tismo del Espíritu Santo. Obviamente,
esto no puede referirse al acto físico
del bautismo en agua, porque el agua
nunca convirtió a nadie en hijo o hija de
Dios. Si el agua trae salvación, entonces
debemos dejar de predicar el evangelio
y hacer que todos los hombres se su
merjan en un estanque bautismal o co
rran bajo una fuente bautismal.
Además, todo el argumento de Pablo en
Gálatas es que los hombres son salvos
por gracia mediante la fe únicamente
en Cristo; por lo tanto, no puede re
ferirse al bautismo en agua. El bau
tismo al que se hace referencia aquí es
el bautismo del Espíritu Santo que co
loca al creyente en una unión espiritual
mística con Cristo. Esto sucede en el
momento en que una persona recibe a
Cristo (Efesios 4: 4-6 “ Un cuerpo, y un
Espíritu, como fu isteis también llamados
en una misma esperanza de vuestra vo
cación; un Señor, una f e , un bautismo,
un Dios y Padre de todos, el cual es sobre
todos, y por todos, y en todos ” 1 Corin
tios 12: 12-13 “Porque por un solo Es
píritu fu im o s bautizados en un cuerpo,
sean ju díos o griegos, esclavos o libres, y
a todos se nos dio a beber de un mismo
Espíritu").
La palabra "bautismo" tiene como sig
nificado metafórico o secundario "iden
tificar" o "poner en unión con". Todos
aquellos que han sido colocados sobre
naturalmente en unión con Cristo por
el Espíritu Santo se han revestido de
Cristo, o se han revestido a sí mismos de
Cristo.
Vestirse de Cristo significa revestirse
de la justicia, la sabiduría, el poder, la
vida y el Espíritu de Cristo. Para ves
tirse hay que desvestirse. Nuestra vida
inconversa en Adán se cambia por
nuestra nueva vida en Cristo. En Cristo,
tenemos un nuevo nacimiento que des
pierta en nosotros la vida espiritual,
nuevos afectos en el corazón brotan
hacia Dios y nuevas determinaciones
afectan nuestra voluntad. La Biblia dice
que somos nuevas criaturas o creacio
nes en Cristo” (2 Cor. 5:17). Cuando
una persona confía en Cristo, cambia
su vida anterior por una vida nueva en
Cristo.
"Ya no hay ju d ío ni griego; no hay esclavo
ni libre; no hay varón ni mujer; porque
todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (v.
28).
Sin distinción de raza (ni judío ni
griego). Los problemas del prejuicio ra
cial en la iglesia primitiva eran entre
judíos y gentiles. Hubo amargos sen
timientos entre estas razas. El apóstol
Pablo dice que en Cristo todos los hom
bres son iguales espiritualmente. La
verdadera iglesia de Jesucristo es uni
versal e incluye a hombres y mujeres
de diferentes razas, colores e idiomas.
Todos los que han confiado en Cristo
son receptores de la gracia de Dios
en Cristo, formando la hermandad del
pueblo de Dios, una com unión de cre
yentes.
No se debe tolerar el prejuicio racial
entre los verdaderos creyentes. Sin em
bargo, los cristianos no son daltónicos,
y no queremos decir que no existan
diferentes razas de personas. Cuando
decimos que Cristo ha abolido estas dis
tinciones, no queremos decir que no
existen, sino que no importan. Toda
vía están ahí, pero ya no crean barreras
para el compañerismo.
Los hombres de todas las razas (negros,
amarillos, rojos, marrones y blancos),
si han recibido a Cristo, son hermanos
y hermanas en Cristo y deben amarse
y tener comunión unos con otros. Los
cristianos que albergan prejuicios ra
ciales ignoran las aplicaciones prácticas
del evangelio.
Sin distinción en el rango (ni esclavos
ni libres). En Cristo no hay esclavos ni
hombres libres; todos son hermanos en
Cristo. Esta lista podría ampliarse para
decir que no hay amo ni siervo, maestro
ni alumno, predicador ni oyente. No es
que las distinciones no existan, pero no
importan.
En Cristo se prohíbe el esnobismo y se
anulan las distinciones de clases.
Sin distinción de sexo (ni masculino ni
femenino). Dios declaró la igualdad de
los sexos en Cristo mucho antes de que
existiera un Movimiento Feminista. Las
mujeres casi siempre fueron desprecia
das en el mundo antiguo y, con frecuen
cia, explotadas y maltratadas. Pero en
Cristo, los hombres y las mujeres tienen
los mismos privilegios espirituales. Sin
embargo, esto no significa que no haya
distinciones en los roles masculinos y
femeninos en la vida y la sociedad. En
el orden de la creación de Dios, hay fu n
ciones definidas para hombres y muje
res, pero en Cristo los sexos compar
ten el mismo privilegio espiritual, tanto
que se dice que las parejas casadas son
herederas juntas de la gracia de la vida.
“Hay mucha imparcialidad entre los
hombres en el mundo. Y es algo bueno.
Si la mujer cambiara de lugar con el
hombre, si el hijo cambiara de lugar con
el padre, el sirviente con el amo, no re
sultaría más que confusión. En Cristo,
sin embargo, todos son iguales. Todos
tenemos un solo y mismo Evangelio,
"una sola fe, un solo bautismo, un solo
Dios y Padre de todos, un solo Cristo y
Salvador de todos". (Comentario de Lu-
tero sobre Gálatas).
Y su vosotros sois de Cristo, ciertamente
linaje deAbraham sois, y herederos según
la promesa.
En Cristo, el cristiano no solo es un
hijo de Dios que comparte una vida en
común con todos los demás creyentes,
sino que está vitalmente relacionado
con Abraham. En el Pacto Abrahámico,
Dios hizo muchas promesas maravillo
sas de gracia en la salvación. Abraham
creyó en la promesa de Dios y Dios lo de
claró justo.
El cumplimiento máximo del Pacto
Abrahámico está en Jesucristo. Por lo
tanto, todos los que tienen a Cristo tie
nen la salvación y son simiente espiri
tual de Abraham, siendo herederos de
las promesas del Pacto Abrahámico.
Estar en Cristo vincula al cristiano con
4000 años de historia espiritual. Los
cristianos tienen un lugar definido en el
programa espiritual de Dios.
La mayoría de la gente vive hoy una
vida desesperada. La vida no tiene sen
tido ni propósito y no tienen nada por
lo que vivir. Los hombres no se sien
ten pertenecientes a ninguna parte y la
vida es un círculo vicioso sin un pro
pósito real. Estos inadaptados o foraste
ros se sienten como si no pertenecieran
a ningún lado. Están sueltos sin nin
gún ancla, estabilidad o seguridad en la
vida. Pero cuando los hombres confían
en Cristo, realmente se encuentran a
sí mismos. Los desapegados se apegan.
Los vagabundos vuelven a casa. Los
perdidos se encuentran.
En Cristo, los hombres encuentran su
lugar en la eternidad, porque ahora son
hijos e hijas de Dios. En Cristo, los
hombres encuentran su lugar en la so
ciedad, porque se convierten en herma
nos y hermanas que comparten la vida
común de Cristo. En Cristo, los hombres
encuentran su lugar en la historia, por
que están relacionados con el pueblo de
Dios a lo largo de los siglos.
En Cristo los hombres comienzan a re
solver su crisis de identidad y des
cubren quiénes son realmente, porque
están relacionados con Dios, con los
hombres y con la historia.
IV. CONCLUSIÓN
La diferencia entre estar bajo la ley y
estar en Cristo es la diferencia entre
estar perdido y ser salvo. Cualquiera
que esté tratando de llegar al cielo por
sus buenas obras está bajo la ley y con
denado por la ley como un pecador. Una
persona sometida a la ley debe sopor
tar la maldición de la ley, que es el ju i
cio eterno. Sin embargo, la persona en
Cristo se ha entregado completamente
a Cristo para salvarlo, sabiendo que solo
Cristo puede darle una justicia que lo
hará aceptable a Dios.
Dios justificará o declarará justa a cual
quier persona que admita su pecado y
se entregue a la misericordia y gracia
de Dios para salvarlo a través de Cristo.
Cristo y solo Cristo es la respuesta de
Dios al problema del pecado. Confía en
Cristo y sé declarado justo ante un Dios
santo. Cristo te liberará de la esclavitud
de la ley y el pecado y te relacionará con
la eternidad, la sociedad y la historia.
Para ti que estás sin Cristo, necesitas
enfrentarte honestamente a la ley. No
has guardado ni puedes guardar la ley
de Dios y eres un pecador. Si eres un pe
cador, entonces debes ser juzgado en el
tiempo y la eternidad por un Dios santo.
Dios ha dado la ley para quebrarte, para
que admitas tu necesidad de un Salva
dor. Hasta que la ley no haya conde
nado y matado tu orgullo natural, no
invocarás a Cristo para que te libere del
pecado.
Amigos míos, la ley los condena y solo
Cristo puede salvarlos. El pecado, la ira,
el juicio y la perdición son realidades y
la ley confirma que estas cosas son ver
daderas. Sin embargo, la promesa de la
justificación es para todos los que creen
en Cristo. La promesa no es para todos
los hombres en general, sino para todos
los que creen en Cristo.
Si la ley te ha humillado, herido,
quebrantado y aterrorizado, el Espíritu
Santo está obrando en tu vida. No tra
bajes por tus pecados, sino vuélvete a
Jesucristo, quien perdona al peor de los
pecadores y les concede la vida eterna.
Recuerda las palabras del Señor Jesu
cristo que dijo: "Porque no he venido
a llamar a justos, sino a pecadores".
(Mateo 9:13).
¡Abba Padre! Ya no soy esclavo
Gálatas 4:1-7
INTRODUCCIÓN
Una de las dificultades de la exposición
versículo por versículo de las Escrituras
es que algunas porciones de la Biblia
son más interesantes y fáciles de predi
car que otras. Este no es el caso de todo
el capítulo cuarto de Gálatas. Si bien
hay una verdad profunda en este capí
tulo, no es fácil de predicarlo.
Sin embargo, estoy comprometido en
predicar todo el consejo de Dios. Si está
en la Palabra de Dios, es importante y
relevante incluso si no lo parece en ese
momento.
La mayoría de los niños al crecer odian
las espinacas, pero como buenos padres
les damos de comer espinacas porque
sabemos que es bueno para ellos. Al
principio, los niños seguramente se re
sistirán y, a veces, tendrán arcadas, pero
con el tiempo aprenden a gustarles las
espinacas.
La predicación expositiva, que a me
nudo tiene algunas secciones difíciles
de las Escrituras para predicar, puede
hacer que muchos cristianos se nie
guen y se ahoguen, pero si se apegan
a ella, en realidad obtendrán un gran
aprecio por la palabra de Dios predicada
versículo por versículo.
A modo de trasfondo, el apóstol Pablo
en el capítulo tres de Gálatas ha expli
cado cómo Dios le hizo la promesa a
Abraham de bendecir a todas las nacio
nes de la tierra a través de Su posteri
dad, los judíos.
Este pacto con Abraham contenía las
promesas de salvación por gracia a tra
vés de la fe en Jesucristo porque Cristo
mismo es quien finalmente cumple el
Pacto de Abraham.
Todos los que tienen a Cristo como Sal
vador y Señor son simiente espiritual
de Abraham. (Gálatas 3:29: "Y si voso
tros sois de Cristo, ciertamente linaje de
Abraham sois, y herederos según la pro
mesa").
El apóstol Pablo también ha señalado
que la ley mosaica no anuló la promesa
de Dios a Abraham, sino que la hizo
cumplir y la hizo más necesaria y ur
gente.
La ley mosaica nunca fue diseñada por
Dios para dar vida eterna sino para
mostrar a los hombres su pecaminosi-
dad (Rom. 3: 19-20 “Pero sabemos que
todo lo que la ley dice, lo dice a los que
están bajo la ley, para que toda boca se
cierre y todo el mundo quede bajo eljuicio
de Dios; ya que por las obras de la ley nin
gún ser humano será justificado delante
de él, porque por medio de la ley es el co
nocimiento del pecado").
La ley fue dada para mostrar a los hom
bres su total bancarrota en justicia ante
un Dios santo y para conducirlos a Jesu
cristo, quien puede darles el perdón de
los pecados y una justicia que los hará
aceptables delante del Dios santo (2 Cor.
“A l que no conoció pecado, por nosotros lo
hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él”).
L A C O N D IC IÓ N DEL H OM BR E
BAJO L A L E Y 4: 1-3
“Lo que estoy diciendo es que mientras
el heredero sea un niño, no es diferente
de un esclavo, aunque es dueño de toda
la propiedad. Está sujeto a tutores y
fideicomisarios hasta el momento esta
blecido por su padre
Pablo usa una ilustración de la vida ro
mana de ese tiempo para mostrar que
los hombres bajo la ley son como un he
redero de una herencia que no puede te
nerla porque no es mayor de edad.
Según el derecho romano, un niño o
uno en sus años menores (menos de
diecisiete años) podía ser heredero de
una gran propiedad. El padre había es
crito el testamento y la herencia segu
ramente sería suya por promesa, pero
el niño no podía tener la herencia expe-
riencialmente porque no era mayor de
edad. Aunque el niño era el dueño legí
timo de toda la propiedad por título, en
realidad no tenía más que un simple es
clavo, ya que no tenía ni un centavo de
la herencia en su poder.
En su minoría edad, el niño estaba bajo
tutores y fideicomisarios que tenían el
control total de la persona y los bienes
del niño hasta que cumplía la edad para
recibir la herencia. Estos tutores y fidei
comisarios dirigían al niño, le daban ór
denes, lo disciplinaban y para todos los
propósitos prácticos lo controlaban. El
niño estaba sujeto constantemente y no
tenía libertad.
Este era su condición hasta el momento
designado o fijado por su padre. En el
día exacto (en algún momento después
de cumplir los diecisiete años), se con
vertiría en el heredero legítimo de la he
rencia.
“Así también, cuando éramos niños, es
tábamos en esclavitud bajo los princi
pios básicos del mundo”.
La condición del cristiano antes de la
conversión se compara con la de un hijo
que es heredero por derecho, pero en
realidad es un esclavo hasta el tiempo
señalado por el Padre Celestial para
cambiar esta condición.
Como personas inconversas, estábamos
esclavizados al pecado y sometidos a la
ley. El pecado nos controló y la ley nos
condenó. Estábamos constantemente
restringidos por la ley y no teníamos
libertad.
Como no cristianos, vivíamos de
acuerdo con los principios básicos (con
ceptos elementales) de la religión. Los
"principios básicos" son los aspectos fí
sicos y externos de la religión hecha por
el hombre. Estos principios son que el
hombre de alguna manera es salvo por
las obras. Si vivimos una vida suficien
temente buena, seguramente Dios o los
dioses, si hay un Dios, nos aceptarán.
La salvación por las buenas obras es la
base de todas las religiones del mundo,
excepto el cristianismo. Antes de la
conversión a Cristo, todos los hombres
están confiando en sí mismos y en sus
buenas obras para llevarlos al cielo (si
hay cielo). Esto es todo lo que el hombre
natural sabe, y hasta que no confíe en
Cristo, nunca sabrá lo que significa ser
salvo por gracia.
LA ACCIÓ N DE D IO S A
TRAVÉS DE CRISTO 3: 3-5
"Pero cuando llegó el cumplimiento del
tiempo, Dios envió a su Hijo"
En un punto predeterminado y fijo de
la historia, Dios envió a Jesucristo a este
mundo para salvar a los hombres peca
dores de la esclavitud del pecado y la
maldición de la ley.
El tiempo predeterminado de la venida
de Cristo no solo garantizó que los hom
bres pecadores pudieran ser liberados
de la esclavitud de la ley, sino que Su
muerte en la Cruz puso fin a la era de la
ley. La esclavitud del hombre bajo la ley
continuó durante 1300 años, pero Dios
la terminó en la Cruz.
"Nacido de una mujer"
Cristo no solo era el Hijo de Dios po
seyendo la naturaleza misma de la dei
dad, sino que era la verdadera hum a
nidad, al haber "nacido de mujer". Esta
es una hermosa imagen del Dios-Hom
bre. Cristo tenía que ser Dios, porque
solo Dios podía redimir a los hombres,
y tenía que ser humano o no podría
haber sido un sacrificio perfecto por el
pecado.
"Nacido bajo la ley"
Jesucristo nació bajo la ley mosaica.
Tenía una madre judía, vivía en una na
ción judía y estaba sujeto a la ley judía.
Jesucristo cumplió todos los requisitos
de la ley a la perfección. Hizo lo que nin
guna otra persona pudo: cumplió per
fectamente la justicia de la ley. Debido a
que solo Él guardó los justos requisitos
de la ley, solo Él puede dejarla de lado
como una forma de vida.
Jesús podía guardar la ley perfecta
mente porque era verdaderamente Dios
y verdaderamente hombre. La deidad
de Cristo, la humanidad de Cristo y
la justicia de Cristo lo calificaron para
ser el Salvador, el redentor, el mediador
entre Dios y el hombre.
"Para redimir a los que están bajo la ley"
Cristo vino a redimir a las personas que
están bajo la maldición de la ley de
bido a su pecado. Nuestro pecado trae
la maldición de Dios porque la ley sim
plemente muestra que somos pecado
res (Gálatas 3:10 “ Todos los que confían
en la observancia de la ley están bajo
maldición, porque está escrito: 'Maldito
todo el que no continúa haciendo todo
lo escrito en el Libro de la ley”).
El primer propósito de enviar a Su Hijo
es que Él pueda redimir a los hombres.
La palabra "redimir" significa "comprar
en el mercado de esclavos". Todos los
hombres están bajo la maldición de
Dios porque son pecadores, pero Cristo
vino a comprar a los hombres del mer
cado de esclavos del pecado y los liberó
de la maldición y la esclavitud de la ley.
(Gálatas 3:13 “Cristo nos redimió de la
maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición”).
Si hemos recibido a Cristo como nues
tro Salvador y Señor, hemos sido redi
midos y liberados de la esclavitud del
pecado. No estamos libres del pecado,
sino de la esclavitud del pecado. Esto
no significa que ya no pecamos, pero
tenemos una nueva posición ante Dios
como redimidos a través de Cristo, y
ahora tenemos una nueva motivación
para vivir para Cristo.
Los arqueólogos descubrieron no hace
mucho tiempo algunas cartas comer
ciales y personales muy valiosas escri
tas en la época del Nuevo Testamento o
en el griego koiné. Estos descubrimien
tos se llaman los escritos de Chester-
Papyri, y una de las cartas trataba sobre
el significado de la palabra "redimir".
Habla de una mujer que era esclava y
fue puesta a la venta en el mercado de
esclavos. Aparentemente, era bastante
atractiva y habría sido una buena es
clava para cualquier amo. Un comer
ciante compró a esta mujer por un
precio m uy alto. Y cuando se hizo la
compra, sin ninguna otra razón que no
fuera el beneplácito de su voluntad, le
dijo a la mujer: “He pagado un precio
m uy alto por ti y te he sacado de la es
clavitud, y ahora te libero para siempre.
Nunca más tendrás que ser mi esclavo
ni el esclavo de nadie Luego se volvió
y se alejó. Ella se quedó allí como una
mujer libre. Unos minutos más tarde,
el traficante de esclavos escuchó pasos
detrás de él y una voz de mujer llorando
que gritaba: “¡Señor! ¡Señor!" Él dijo:
"¿Qué quieres de mí, mujer? Te he libe
rado para siempre". La mujer gritó: “Mi
Señor, por tu bondad y misericordia al
liberarme, voluntariamente seré tu es
clava para siempre. ¡Ahora eres mi amo!
Así es para el cristiano cuando llega a
comprender que era un esclavo del pe
cado y que Cristo lo compró del mer
cado de esclavos del pecado. Se hace vo
luntariamente esclavo de Cristo.
"Para que podamos recibir todos los de
rechos de los hijos".
El segundo propósito por el cual Dios
envió a Su Hijo fue el de darnos a cada
uno de nosotros un adulto de pie ante
Dios como hijos e hijas. Literalmente,
esto dice: "Para que podamos recibir la
adopción de hijos". Esto nuevamente se
refiere a una costumbre romana. Los
romanos tenían una forma especial de
adoptar a sus propios hijos. La adopción
no tiene nada que ver con tomar a un
niño huérfano y convertirlo en miem
bro de una familia.
Los romanos reconocían a todos los
niños como parte de la familia, pero
solo aquellos que pasaban por el ritual
de la colocación de hijos eran oficial
mente reconocidos como hijos.
Un padre romano nunca se refirió a los
hijos varones como hijos hasta que al
canzaron la mayoría de edad. Eran sus
hijos, pero no sus hijos. Pero cuando el
niño alcanzó la mayoría de edad (que
era de diecisiete años en el sistema ro
mano), el padre llevó a su hijo a través
de un ritual. La familia tenía un festival
(fiesta) llamado liberalia (la liberación).
En este momento el hijo se quitó la tú
nica o toga de juventud llamada toga
proetexta y se puso la toga vitilis, que
era la túnica de un hijo adulto, siendo
reconocido como hombre, un hijo
adulto en la familia del padre. Luego, el
padre llevó a su hijo al foro público y allí
anunció que su hijo era un hijo adulto,
heredero del padre y compartía los pri
vilegios y las responsabilidades de un
hijo.
Cuando recibimos a Cristo, somos con
vertidos en un hijo adulto en la fa
milia de Dios con todos los derechos,
privilegios y responsabilidades de un
hijo. Somos liberados de ser menores de
edad bajo la ley y somos convertidos en
un hijo o una hija con un adulto en la fa
milia de Dios.
La Biblia no enseña que Dios es el Padre
de todas las personas. Enseña que Él es
el Padre de Cristo y todos los que creen
en Cristo, los cuales forman la familia
de Dios. La Biblia no enseña la Pater
nidad de Dios para todos los hombres,
sino solo para aquellos que creen en
Cristo.
L A N U E V A R E L A C IÓ N DEL
C R IS T IA N O C O N EL PADRE 4: 6-7
"Porque sois hijos, Dios envió el Espíritu
de su Hijo a nuestros corazones, el Espí
ritu que llama Abba, Padre'".
Para dar una demostración positiva de
que los cristianos son verdaderos hijos
e hijas de Dios, Dios el Padre envía
el Espíritu Santo a sus corazones. Tan
pronto como el Espíritu Santo se ins
tala en nosotros, el cristiano comienza
a gritar "Abba, Padre". La palabra "Abba"
significa papá en arameo y la pala
bra "padre" es la palabra griega páter.
Son palabras de respeto y cariño. Tan
pronto como somos salvos, el Espíritu
Santo comienza a clamar en nosotros
"¡Padre, Padre!", Diciéndonos a través
de la experiencia que somos verdadera
mente miembros de la familia de Dios.
Tenemos una nueva relación con el
Padre Celestial debido a la redención
por medio de Cristo y el testimonio
del Espíritu Santo, que nos dice que
somos verdaderamente hijos e hijas de
Dios (Rom. 8: 15-16 “Porque no recibis
teis un espíritu que te vuelve esclavo
del temor, pero recibiste el Espíritu
de filiación. Y por él clamamos: 'Abba,
Padre'. El Espíritu mismo da testimonio
a nuestro espíritu de que somos hijos de
Dios”).
El propósito del Padre no era solo ase
gurarnos como hijos e hijas a través de
Jesucristo, sino también asegurarnos a
través del Espíritu Santo. Él envió a Su
Hijo para que pudiéramos tener la con
dición de filiación, y envió a Su Espí
ritu Santo para que pudiéramos tener
una experiencia de esto. A través de esta
nueva fórmula, encontramos un vital e
íntimo
El hecho de que el Espíritu de Cristo en
nuestros corazones clame a Dios e inter
ceda por nosotros con gemidos debería
tranquilizarnos mucho. Sin embargo,
hay muchos factores que impiden tal
tranquilidad total de nuestra parte. Na
cemos en pecado. Dudar de la buena vo
luntad de Dios es una sospecha innata
de Dios en todos nosotros. Además, el
diablo, nuestro adversario, anda bus
cando devorarnos rugiendo: "Dios está
enojado contigo y te va a destruir para
siempre". En todas estas dificultades te
nemos un solo soporte, el Evangelio de
Cristo. Aferrarse a él, ese es el truco.
Cristo no puede ser percibido con los
sentidos. No podemos verlo con nues
tros ojos físicos. El corazón no siente
su presencia. Especialmente en tiempos
de pruebas, un cristiano siente el poder
del pecado, la flaqueza de su carne, los
dardos aguijoneantes del diablo, las an
gustias de la muerte, el ceño fruncido
y el juicio de Dios. Todas estas cosas
claman contra nosotros. La ley nos re
gaña, el pecado nos grita, la muerte nos
truena, el diablo nos ruge. En medio
del clamor, el Espíritu de Cristo clama
en nuestros corazones: "Abba, Padre".
Y este pequeño grito del Espíritu tras
ciende el alboroto de la ley, el pecado, la
muerte y el diablo, y encuentra un oído
con Dios”. (Martín Lutero, Comentario
sobre Gálatas).
Una de las primeras evidencias de que
una persona es un hijo de Dios es que
clama por medio del Espíritu: "Padre,
Padre".
La forma en que Dios nos asegura nues
tra filiación no es mediante un don
espectacular, una señal o una experien
cia súper emocional, sino mediante el
silencioso testimonio interior del Espí
ritu Santo.
Como hijos e hijas de nuestro Padre
Celestial, no solo tenemos privilegios,
sino también la responsabilidad de lle
var una vida piadosa a fin de que
nuestro Padre Celestial sea agradado en
nosotros. Es imposible perder nuestra
posición de hijos e hijas en la fam ilia
de Dios. Sin embargo, es posible que
no agrademos a Dios en nuestra expe
riencia diaria. Podemos ser obedientes
o desobedientes, fieles o infieles, com
prometidos o no comprometidos como
hijos de Dios.
Si no agradamos a Dios en nuestra ex
periencia, entonces nuestro Padre, con
gran amor, tiene que traernos disci
plina para enseñarnos la locura de se
guir nuestro propio camino, vivir para
nosotros m ismos y depender de la
carne.
Dios nos disciplina como nuestro Padre
Celestial porque nos ama y desea que
vivamos vidas piadosas (Heb. 12:10
“Nuestros padres nos disciplinaron por
un tiempo como les pareció mejor; pero
Dios nos disciplina para nuestro bien,
para que podamos compartir su santi
dad").
“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y
como eres hijo, Dios te ha hecho tam
bién heredero".
U n cristiano ya no es un esclavo del pe
cado ni está bajo la esclavitud de la ley.
Es un hijo adulto de Dios y liberado en
Cristo. La vida cristiana no es ser escla
vos del pecado y la ley; sino hijos e hijas.
No es esclavitud sino libertad. Ya no
somos esclavos del pecado y del yo; sino
esclavos de Dios a través de Cristo.
Como cristianos, somos esclavos de
Dios, de Cristo y de los demás, pero este
tipo de esclavitud trae libertad al alma.
El cristianismo es una religión de hijos
e hijas, no esclavos del pecado y la ley, y
uno se convierte en hijo o hija por gra
cia a través de la fe en Jesucristo, sin
tener en cuenta las obras de la ley. Los
cristianos solo confían en la obra con
sumada de Cristo para salvarlos, y este
acto los convierte en hijos e hijas.
Es muy fácil confundir el cristianismo
con las buenas obras, porque hay m u
chas personas religiosas que no saben
nada de una relación personal con
Cristo.
John Wesley, el gran predicador meto
dista, fue criado en una familia cris
tiana, miembro de la Iglesia de Ingla
terra, clérigo y miembro de un devoto
grupo de hombres llamado Holy Club.
Sin embargo, no era convertido a Cristo.
Era ortodoxo en creencias y estaba
lleno de buenas obras. Iba a la igle
sia con regularidad cuando no estaba
predicando; participó de la Sagrada Co
munión; se entregó con sacrificio a la
obra del Señor, escudriñó las Escritu
ras, ayunó, oró e incluso fue al campo
misional en Estados Unidos. Pero es
taba atado a las cadenas de la salvación
por obras, porque confiaba en sí mismo
para la justicia en lugar de confiar en Je
sucristo y en Él crucificado.
Unos años más tarde, John Wesley
nació del Espíritu y confió en Cristo
como su Señor y Salvador personal. Más
tarde, mirando hacia atrás en sus días
previos a la conversión, escribió: "In
cluso entonces tenía la fe de un siervo,
aunque no la de un hijo".
El cristianismo es una religión de hijos
e hijas y no esclavos del pecado, de la
ley, de la muerte o de Satanás.
El cristianismo es para aquellos que
saben lo que significa nacer del Espíritu
por gracia mediante la fe en Jesucristo.
CONCLUSIÓN
Toda persona es criatura de Dios, pero
no toda persona es hijo o hija de Dios.
Los hijos de Dios son aquellos que están
relacionados con Jesucristo, el hijo uni
génito del Padre.
Quiero asegurarte que puedes conver
tirte en u n hijo o un a hija de Dios si
reconoces que el pecado te ha separado
de Dios y luego te vuelves a Cristo, cre
yendo que Él murió como u n sustituto
de tu pecado. En el m ism o m om ento
de entregarle tu vida a Cristo, te con
vertirás en hijo o hija de Dios, y Dios
se convertirá en tu Padre. Entonces, por
primera vez, experimentarás al Espíritu
Santo obrando en usted y clamando si
lenciosamente a través de ti: "Padre,
Padre".
¡Hijos de la libre! El
Evangelio ilustrado
Gálatas 4:21-31
El apóstol Pablo continúa, y concluye la
sección argumentativa de la epístola en
la que defiende la doctrina de la justi
ficación por la fe, frente a los que pro
movían la obediencia a la Torah como
medio de salvación.
El tercer capítulo es realmente la de
fensa argumentativa, y luego, en el
cuarto capítulo da principalmente una
ilustración con el fin de apoyar estos ar
gumentos.
Pablo utilizó la ilustración, muy cono
cida en el mundo romano, del paso de
la niñez a la adultez, para demostrar
que, así como en la cultura romana, los
niños, aunque herederos, no poseían
realmente nada de sus padres, en lo cual
no se diferenciaban de los esclavos; en
realidad llegaban a tener derechos y a
disfrutar los bienes de su padre cuando
pasaban a la edad de la adultez, bajo una
ceremonia en la cual eran adoptados
como verdaderos hijos por sus padres.
De igual manera, cuando estábamos sin
Cristo estábamos bajo el imperio de la
ley; la cual nos castigaba y nos trataba
como a esclavos, sin derechos sobre los
bienes divinos; pero al creer en Cristo
y ser justificados solo por la fe, pasa
mos a la adultez, nos quitamos la toga
de niños (el viejo hombre), y nos fue
puesta la toga virilis, de la adultez, el
nuevo hombre.
Y ahora, como hijos adultos disfruta
mos de la libertad en Cristo y de todos
los bienes espirituales de la promesa.
Esta libertad se obtuvo, no por la ley,
sino por la gracia de Dios en Cristo.
Y ahora, a partir del verso 21, el apóstol
usará otra ilustración para demostrar y
ejemplificar su argumento: Los cristia
nos no estamos bajo el imperio de la Ley
mosaica, pues, somos libres de su poder
condenatorio a través de la fe en Jesu
cristo; con el fin de que podamos vivir
conforme a la Ley divina en calidad de
hijos y no de esclavos.
Los judíos, con todo su sometimiento
ritual a la letra de la Ley, obedecen
como esclavos, por temor al castigo; los
cristianos, obedecemos gozosamente la
Ley divina, de la misma forma como
el hijo obedece al padre, al cual desea
agradar por amor.
Y todo esto nos es ilustrado a través
de la historia bíblica de Sara y Agar, de
Isaac e Ismael.
1. Dos nacimientos, dos hijos (v. 21-23)
2. Dos mujeres, dos pactos, dos ciuda
des (v. 24-27)
3. Dos destinos: vivir en casa, vivir en
las tinieblas de afuera (v. 28-31)
1. Dos nacim ientos, dos
hijos (v. 21-23)
“Decidme, los que queréis estar bajo la
ley; ¿no habéis oído la ley? Porque está es
crito que Abraham tuvo dos hijos; uno de
la esclava, el otro de la libre. Pero el de la
esclava nació según la carne; mas el de la
libre, por la promesa. Lo cual es una ale
goría” (v. 21-24a).
Pablo inicia con u n a pregunta retadora:
Díganme, los que quieren tener la Torah
como un medio de salvación, ¿no han
leído en ella? ¿Qué, Pablo? La historia de
Abraham y sus dos hijos.
¿Qué tiene que ver esta historia con
el tema que vienes desarrollando? Lo
tiene que ver todo, pues, uno de los
hijos, y su madre, representa la justifi
cación por la fe, por la sola gracia; mien
tras que el otro, y su madre, represen
tan la justificación por las obras de la
Ley.
Agar, y su hijo Ismael, representan a
la Ley de Moisés y a todos los que
desean obedecer las leyes ceremoniales
de dicha ley, es decir, la justificación por
las obras.
Sara, y su hijo Isaac, representan a los
que son justificados por la gracia de
Dios a través de la sola fe.
¿Cómo? ¿En qué sentido? Si, Dios le
había prometido a Abraham muchas
bendiciones a través de su simiente, y
todas estas promesas eran incondicio
nales, solo se requería la fe.
El hijo de la promesa vendría por el
poder Soberano de Dios, actuando en
medio de la fe del patriarca, sin obra al
guna, como realmente sucedió cuando
nació Isaac de su anciana madre Sara. Él
fue el hijo de la promesa, el hijo de la fe,
el hijo de la gracia.
Pero, antes de que naciera Isaac,
Abraham y Sara buscaron, a través de
medios carnales, hacer cumplir la pro
mesa; de manera que buscaron los ser
vicios de la esclava egipcia Agar; es
decir, Ismael, el hijo que nació de la re
lación carnal entre Abraham y Agar la
esclava, fue el producto de los esfuerzos
humanos.
Por lo tanto, Isaac nació según la pro
mesa, según la gracia y la fe; mientras
que Ismael nació según los esfuerzos
humanos.
Todo esto, dice Pablo, es una alegoría, o
una ilustración que representa al pacto
de la Ley, y al pacto de la promesa, o al
paco de la gracia.
Ambos fueron hijos de Abraham, por lo
tanto, los judaizantes que se jactan de
ser descendientes de una de las tribus
de Israel son iguales a los descendien
tes de Ismael, ya que ambos son hijos de
Abraham.
La diferencia entre Ismael e Isaac es de
índole espiritual.
Uno es de la fe en la promesa, y el otro
de las obras.
Ismael representa el nacimiento natu
ral que experimentan todos los hom
bres, pero Isaac a los que nacen según el
Espíritu, según la fe.
Igualmente, los creyentes en Jesucristo
son hijos de Abraham, espiritualmente
hablando; mientras que los judíos, los
judaizantes y los que pretenden vivir de
acuerdo a las reglas ceremoniales de la
Torah, son hijos de Ismael, de la carne,
del esfuerzo humano infructuoso, lo
cual los lleva a estar bajo la ira de Dios.
2. Dos mujeres, dos pactos,
dos c iudades (v. 24-27)
“Pues estas mujeres son los dos pactos; el
uno proviene del monte Sinaí, el cual da
hijos para esclavitud; éste esAgar. Porque
Agar es el monte Sinaí en Arabia, y co
rresponde a laJerusalén actual, pues ésta,
junto con sus hijos, está en esclavitud” (v.
24-25).
Así que, Pablo afirma que se puede ex
traer una lección gráfica para compren
der mejor el evangelio, desde las dos
madres de los dos hijos de Abraham.
Más que una alegoría es una ilustración
tomada de este hecho histórico.
Las dos mujeres representan dos pac
tos: el pacto de la promesa, con
Abraham, y el pacto Mosaico, el de la
ley, el de las obras.
Pablo empieza con el pacto Mosaico, re
lacionado aquí con el monte Sinaí, pues,
allí Dios se lo entregó a Moisés.
Este pacto, aunque bueno y santo, si
acudimos a él como un medio de salva
ción o de obtener el favor de Dios, en
tonces, lo único que produce es esclavi
tud y condenación.
Ahora, Pablo dice que este pacto es re
presentado por Agar, ya que, así como
ella era esclava y sus hijos nacían
siendo esclavos, de igual forma la Ley,
como un medio de justificación, solo
puede producir esclavitud a sus jus
tas demandas, las cuales no pueden ser
obedecidas perfectamente por ningún
ser humano.
Por lo tanto, Pablo es más específico al
afirmar que el equivalente al Sinaí (la
Ley) y a Agar (esclavitud) es la Jerusalén
terrenal, la ciudad donde estaba el tem
plo, el cual era símbolo de las leyes cere
moniales de la ley mosaica.
Es decir, los judíos que viven bajo las
leyes y ritos del templo, las fiestas ju
daicas, sus días de reposo (incluyendo
el séptimo día), y sus leyes; solo pueden
producir esclavos legalistas que nunca
podrán ser aceptados por Dios, debido a
la imperfección de su obediencia.
El monte Sinaí queda en Arabia, un
desierto, no en la tierra prometida;
igualmente la Jerusalén terrena, como
símbolo del judaismo y los judaizantes,
representa a la religión basada en obras
humanas; por el contrario, hay una Je-
rusalén celestial, la cual representa a los
hijos de la libertad en Cristo.
“Mas la Jerusalén de arriba, la cual es
madre de todos nosotros, es libre. Porque
está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que
no das a luz; prorrumpe enjúbilo y clama,
tú que no tienes dolores de parto; porque
más son los hijos de la desolada, que de la
que tiene marido” (v. 26-27).
Esta Jerusalén, que fue simbolizada por
Sara, tiene varias características: es de
arriba, es madre de los creyentes, y es
libre.
Es de arriba, contrastada con la Jerusa
lén terrenal. Al ser celestial es perfecta.
Depende en todo del cielo, de Dios, está
en el corazón del Padre.
No solo hace referencia a los santos
triunfantes, a los que ya están en gloria,
libres de toda congoja, pecado e imper
fección; sino que, en realidad, los cre
yentes que aún estamos en esta tierra,
dependemos en todo de ella.
Por eso se le llama: nuestra madre. Pues,
todas las bendiciones que recibe la igle
sia militante descienden del cielo, de lo
alto.
Siempre que alguien es unido a la igle
sia a través del nuevo nacimiento, a esto
se le llama un nacer de lo alto, de arriba.
Los creyentes anhelan las cosas de
arriba, y esto nos conduce a vivir con
forme a los estándares del cielo.
Aun esperamos la consumación de
todas las cosas, entonces, se m anifes
tará de manera plena la Jerusalén de
arriba, la cual descenderá del cielo de
Dios; pero, mientras tanto, los creyen
tes, siendo que ya somos ciudadanos de
ella, andamos en la libertad que le ca
racteriza.
Allí están asegurados nuestros dere
chos como coherederos con Cristo, allí
están nuestros pensamientos, allí lle
gan nuestras oraciones, allí tenemos
nuestro registro civil de nacimiento, allí
está nuestro Sumo sacerdote, allá están
nuestros amigos, y allá esperamos lle
gar cuando se acabe nuestra historia te
rrena.
Esta Jerusalén de arriba, que es la igle
sia, tipificada por Sara, quien no podía
tener hijos, pues era estéril; recibió la
promesa: “Sí, la bendeciré, y vendrá a ser
madre de naciones; reyes de pueblos ven
drán de ella” (Gén. 17:16).
Además, la promesa para la estéril sin
marido se encuentra en Is. 54:1, donde
Dios le dice a la desolada Israel, pues,
por su pecado Dios la castigó y la en
tregó a la diáspora: “Regocíjate, oh esté
ril, la que no daba a luz; levanta canción
y da voces de júb ilo, la que nunca estuvo
de parto; porque más son los hijos de la
desamparada que los de la casada, a
dicho Jehová ”.
Dios abandonó por un tiempo a su pue
blo, lo dejó como mujer sin marido y sin
hijos, pero a través de Jesús vendría el
tiempo de la restauración, entonces, su
pueblo, la iglesia, a través del Evangelio,
sería madre de muchos, pues, judíos y
gentiles vendrían a la fe y serían incor
porados a ella.
Grandes multitudes se han estado aña
diendo desde el primer siglo a la com
pañía de los redimidos de Sion.
La posteridad de la Jerusalén de arriba
es bastante grande. Ella debe extender
sus estacas, además de afirmarlas, pues,
ni las puertas del Hades podrán preva
lecer contra ella.
Ahora, todos estos hijos, toda esta ben
dición es presentada como la obra del
Señor, el resultado de la manifestación
de su eterno amor (Is. 54:7-8). No es
producto del esfuerzo humano, como
caracteriza a los legalistas judaizantes,
sino del amor eterno del Señor, de Su
gracia.
3. Dos destinos: vivir en casa, vivir
en las tinie blas de a fue ra (v. 28-31)
“A s í que, hermanos, nosotros, como
Isaac, somos hijos de la promesa” (v. 28).
Es interesante notar que Pablo sigue lla
mando a los miembros de esta iglesia
confundida con el gentil y cariñoso ape
lativo “hermanos”.
Y son hermanos porque todos los que
han creído con fe sincera en Jesús, son
miembros de la misma familia, hijos del
Padre.
Además, si los creyentes somos hijos de
la Jerusalén de arriba, entonces, somos
hermanos.
Adicionalmente, somos hijos de la pro
mesa, y para ello no importa si eres des
cendiente de judíos o de gentiles.
Así como Isaac nació por el poder del
Señor que obró sobrenaturalmente para
cumplir la promesa hecha a Abraham,
nosotros hemos nacido de nuevo por el
poder del Espíritu, por la gracia de Dios
que obró a través de la fe en Jesucristo.
Pero, la diferencia que existía entre Is
mael e Isaac, no solo estaba asociada
a su nacimiento (uno según la carne,
mientras que el otro según el espíritu),
sino en la relación entre ellos.
“Pero como entonces el que había nacido
según la carne perseguía al que había na
cido según el Espíritu, así también aho-
ra” (v. 29).
Esto nos recuerda a Génesis 21:8-9 “ Y
creció el niño, y f u e destetado; e hizo
Abraham gran banquete el día que fu e
destetado Isaac. Y vio Sara que el hijo de
Agar la egipcia, el cual éste le había dado
a luz a Abraham, se burlaba de su hijo
Isaac".
El hijo natural despreció al hijo sobre
natural. El hijo de la mujer joven se bur
laba del hijo de la anciana. Ismael ten
dría unos 17 años, mientras que Isaac
solo 3 años.
El hijo según el esfuerzo carnal era más
fuerte, en apariencia, y tenía más de
rechos, en apariencia; pero la gracia de
Dios dice: Diga el débil fuerte soy.
Igualmente sucede hoy: Los hombres
naturales, nacidos de la carne, despre
cian, rechazan y se burlan de los naci
dos del Espíritu.
Y estos hombres naturales incluyen a
los paganos y también a los judíos
que se jactan de ser descendientes de
Abraham, o de los judaizantes, los cua
les hacen todo lo posible e imposible
para demostrar que vienen de alguna
de las tribus de Israel, y aprender he
breo para pronunciar el nombre del
Señor en dicho idioma, como si esto tu
viera algún valor espiritual delante de
Dios.
No obstante, aunque los creyentes no
somos vengativos, el Señor hará con
estos burladores igual como hizo con Is
mael: “M as ¿qué dice la Escritura? Echa
fuera a la esclava y a su hijo, porque no
eredará el hijo de la esclava con el hijo de
la libre” (v.30).
La herencia eterna no es para los burla
dores o perseguidores sino para los cre
yentes.
La ley, tal y como era concebida o usada
por los judaizantes, no puede morar con
la gracia en un mismo lugar.
Así como Sara demandó esta expulsión,
aprobada por Dios, la verdadera iglesia
de Cristo exige la expulsión de todo
legalismo, de todo fariseísmo, de todo
movimiento judaizante; porque des
vían el evangelio de la Gracia de Dios,
y llevan a las personas a confiar en sus
propias obras, las cuales son desprecia
bles delante del Dios justo y perfecto.
Siendo así, entonces Pablo concluye
esta sección con una gloriosa afirma
ción que llevará a los hermanos que es
taban siendo confundidos por los judai
zantes a afirmarse más en el evangelio
de la Gracia: De manera, hermanos, que
no somos hijos de la esclava, sino de la
libre (v. 31).
A p lic a c i o n e s :
Apreciado amigo. La Biblia nos presenta
a este mundo habitado por dos clases de
personas. Cada ser humano está dentro
de una de estas dos categorías: Esclavos
y libres.
Los esclavos son los que están bajo la
condenación de ley y fuera de Cristo,
mientras que los libres están en Cristo y
nunca más bajo el poder opresivo de la
ley porque ellos viven por fe.
No importa si te declaras como ateo, ag
nóstico o religioso, o judío o de las raíces
hebreas; si no estás en Cristo, eres es
clavo de la Ley, y ella te condena.
O eres hijo de Sara, la libre, o eres hijo de
Agar, la esclava. O eres hijo libre, como
Isaac, o eres hijo de la esclava, como Is
mael.
Pero te tengo una buena noticia: Cristo
Jesús, el verdadero Isaac, la verdadera
simiente de Abraham; vino para liberar
de la esclavitud de la maldición de la ley
a todos los que confían en Él.
Ven hoy a Cristo, y recibirás su gracia
abundante, la cual te convertirá en hijo
de Dios, te librará de la maldición de la
ley, y te dará el poder para andar en obe
diencia a los mandatos del Evangelio.
Hermano en Cristo, no olvides tu nuevo
estatus delante de Dios: Ya no eres hijo
de la esclava, sino de la libre. Ya no estás
en esclavitud religiosa, sino en libertad
espiritual.
No permitas que ningún sistema lega
lista te haga esclavo, y no dejes que el
amor al pecado te limite la libertad es
piritual.
Eres libre para amar a Dios, eres libre
de las cadenas opresivas de la condena
de la Ley para obedecer con amor y gra
titud al Padre celestial, agradándole en
todas las cosas.
Eres libre de la opresión esclavizante
de la Ley para vivir en armonía gratifi
cante con la Ley santa del Señor.
Una aplicación para los pastores, maes
tros, predicadores e intérpretes de la Bi
blia. Es una alegoría, pero no es un sis
tema alegórico.
Tengamos cuidado con el sistema de
interpretación alegórico de la Biblia, el
cual practicaron algunos padres de la
iglesia.
Esta alegoría de Pablo es obvia, pues, la
narración histórica tenía como objetivo
“comunicar otro significado - además
del - que el estrictamente literal.
Dios nos has dado estas narraciones no
sólo con el propósito de enseñarnos lo
que aconteció en el pasado, sino para
que podamos aplicar las lecciones del
pasado a nuestra situación de hoy. Por
tanto, estas cosas son verdaderas como
acontecimientos históricos y m uy valio
sas como pedagogía gráfica”^ .
Pero la lección que Pablo saca de esta
historia es natural, no forzada.
El sistema alegórico pretende extraer
conocimientos ocultos, enigmáticos o
“profundos” de la Palabra, quitándole el
verdadero sentido a los pasajes.
Por ejemplo, Filón decía que los que
rubines puestos en la entrada del Edén
representaban la benignidad y la sobe
ranía de Dios.
La Biblia no se puede interpretar así.
Recordemos, es una alegoría, pero no se
trata de un sistema alegórico.
Los peligros del legalismo
judaizante
Gálatas 5:2-6
El apóstol empezó el capítulo 5 con una
conclusión exhortativa y consoladora
para los creyentes: Siendo que ustedes
son hijos de la libre, entonces, mantén
ganse firmes en esa libertad que nos
trajo Jesucristo a través del evangelio.
No se dejen influenciar por los judai
zantes, porque ellos aborrecen la liber
tad cristiana, con el fin de conducirlos a
la esclavitud de la ley ceremonial.
Y, ahora, en los versos que siguen, Pablo
pasa a explicarles las terribles conse
cuencias que tiene para el alma adop
tar algunas de las enseñanzas y prácti
cas de los judaizantes, pues, aunque no
tomes todo lo que ellos enseñan, sino
solo una práctica, como la circuncisión,
entonces, de acuerdo a la Ley de Moisés,
si te circuncidas, estás obligado a guar
dar toda la ley ceremonial.
Pero el evangelio no se puede mezclar
con la ley ceremonial. Esta ley cumplió
un papel importante en la preparación
para la venida de Cristo, mostrando al
pueblo, a través de símbolos, leyes y
ritos externos, la profundidad y el al
cance de la obra de Cristo al redimir a Su
pueblo de sus pecados.
Pablo enfatizará en estos pasajes que
la libertad obtenida por Cristo para su
pueblo es una ganancia incalculable.
Pero, por el contrario, cuando no se le
reconoce como el todo suficiente Salva
dor, es una horrible pérdida.
Es decir, el evangelio es ganancia, mien
tras que los movimientos de salvación
por obras, como el judaismo, son una
pérdida.
1. Cristo de nada aprovecha (v. 2)
2. Esclavitud a la ley (v. 3)
3. Desligado de la gracia (v. 4)
4. Excluidos de la justicia de Cristo (v.
5-6)
1. C risto de n ad a a p ro v e ch a (v. 2)
“He aquí, yo Pablo os digo que si os circun
cidáis, de nada os aprovechará Cristo” (v.
2).
Observemos algunos aspectos funda
mentales que encontramos en este pa
saje.
Primero, la autoridad apostólica con
la cual Pablo escribe. Cuando pone su
nombre al lado de la expresión he aquí,
está usando la autoridad recibida por
Cristo para imponer sobre las iglesias la
voluntad revelada del Salvador.
Las iglesias bíblicas son apostólicas, no
porque tengan nuevos apóstoles hoy,
sino porque estudiamos, creemos y
obedecemos la doctrina apostólica.
Segundo, creemos que Pablo usa este
lenguaje de autoridad debido a las con
secuencias terribles que traerán al alma
creer estas doctrinas judaizantes. Este
es un tema que tiene que ver con la fe
licidad eterna o la miseria perpetua de
los lectores.
Tercero, el gran principio sentado aquí
por Pablo es: La fe del creyente debe des
cansar en Cristo total y absolutamente,
o en ninguna manera. La fe en el Señor
no admite ningún aditivito.
Cuarto, los gálatas ya le habían adi
cionado a la fe cristiana algunos ritos
mosaicos como los días de fiesta judai
cos, celebrar el Sabat el séptimo día, se
guir el calendario religioso de los judíos,
etc; y, para colmo, estaban pensando en
aplicar el rito de la circuncisión, a pesar
de que ellos eran gentiles.
Ellos estaban considerando que la cir
cuncisión era necesaria para la salva
ción, o, tal vez, necesaria para una
salvación más plena. Pero Pablo les ad
vierte que si ellos, siendo gentiles con
vertidos a Cristo, practican la circunci
sión ritual, entonces Cristo no les apro
vechará de nada, porque, un “Cristo su-
plementado es un Cristo suplantado”^ .
Ahora en el 3 Pablo explica por qué
circuncidarse hará que el sacrificio de
Cristo no les aproveche en nada.
2. E sclav itu d a la ley (v. 3)
“Y otra vez testifico a todo hombre que se
circuncida, que está obligado a guardar
toda la ley” (v. 3).
Pablo continúa con su lenguaje so
lemne, pues, ahora él dice que testifica
a todo hombre. Esta expresión tiene la
connotación de anunciar a sus oyentes
la voluntad de Dios. Actuar en contra de
lo que el apóstol testifica es ir en contra
de la voluntad del Señor.
Por lo tanto, Pablo repite el mismo
principio del versículo anterior, por eso
dice: otra vez testifico. La tentación y el
atractivo del movimiento judaizante es
tan grande que Pablo debe repetir la ad
vertencia: “Debéis aceptar al Cristo en
tero (a Cristo en la plenitud de su poder
y gracia salvadora); vuelvo a repetirlo,
si rehusáis, entonces tendréis que cum
plir toda la ley”1^1.
Este es el problema, también, de los mo
dernos judaizantes. Ellos te dicen que
la vida cristiana se vive en plenitud si
practicamos algunas cosas de la ley ce
remonial: el séptimo día, algunas fies
tas, algunos ritos, etc; pero Pablo afirma
que esto no es posible, pues, si deseas
tener a la Ley ceremonial de Moisés
como un medio de justificación o de
agradar a Dios, entonces debes some
terte a todas sus leyes.
Pero, si alguien decide iniciar este ca
mino, más temprano que tarde se dará
cuenta que su fin es la maldición (3:10).
3. Desligado de la gracia (v. 4)
11
De Cristo os desligasteis, los que por la
ley os justificáis; de la gracia habéis caí
do” (v. 4).
El asunto se complica aún más para
aquellos que desean mezclar la fe en
Jesucristo con las obras de la ley como
una forma de justificación o de expe
rimentar una vida cristiana más abun
dante, pues, las dos cosas son incompa
tibles.
Si una persona se hace llamar cris
tiana, y como en Hebreos 6, ha expe
rimentado algunos beneficios de estar
en la iglesia local (el bautismo, cierta
iluminación, algunas manifestaciones
del Espíritu, como en el caso de Saúl,
sanidades, etc), de tal manera que pare
ciera ser verdadero creyente; pero, con
el paso del tiempo decide seguir alguno
de los movimientos judaizantes, y trata
de andar su vida cristiana mezclando la
fe en el Señor Jesucristo como medio de
salvación con una obediencia legalista a
la ley ceremonial con el fin de mejorar
su vida cristiana; entonces, está mos
trando que en realidad está desligada de
Cristo, no se encuentra en un estado de
gracia.
Caer de la gracia no significa que un
salvo pierda de la salvación, lo cual es
imposible. El mismo Pablo enseña en
sus muchas epístolas la doctrina de la
preservación de los santos.
Las personas que caen en este grave
pecado, en realidad, están rumbo a co
meter el pecado de la apostasía, del cual
tanto se advierte en el libro de los He
breos.
El legalismo ofende a Dios, no eleva la
vida espiritual, sino que la degrada.
Caer de la gracia es que una persona se
expone al evangelio de la gracia de Dios,
y luego le da la espalda, buscando la jus
tificación por otro medio.
4. Excluidos de la justicia
de Cristo (v. 5-6)
“Pues nosotros por el Espíritu aguarda
mos porf e la esperanza de lajusticia; por
que en Cristo Jesús ni la circuncisión vale
algo, ni la incircuncisión, sino la fe que
obra por el amor” (v. 5-6).
Los judaizantes, y los que les siguen,
actúan como algunos fariseos, los cua
les fueron acusados por Cristo de co
meter el pecado de la blasfemia contra
el Espíritu Santo, pues, aunque el Es
píritu les estaba mostrando que Jesús
era el Cristo, el Salvador, con pruebas
y señales indubitables; ellos, con plena
conciencia, rechazaron el actuar del Es
píritu; y buscaron su salvación a través
de la obediencia a la Ley.
En el caso de los judaizantes, mezclaban
a Cristo con sus obras imperfectas. Ellos
creían que la obra de Cristo en la cruz
no era perfecta, por lo tanto, se requería
añadir obras de la ley.
Por el contrario, los verdaderos creyen
tes reconocen al Espíritu Santo como la
fuente de toda gracia y bendición, y nos
sometemos a su labor, aceptando su
testimonio poderoso: Que toda nuestra
salvación depende de Jesucristo, y no de
ningún rito o ley ceremonial.
Los creyentes aguardamos por fe la es
peranza de la Justicia, por el Espíritu
Santo, porque, mientras la letra de la
Ley produce muerte en los que tratan
de usarla como medio de justicia; el Es
píritu produce vida en el creyente.
La salvación es un don del Espíritu,
pues, aunque desde el lado de la respon
sabilidad humana, la recibimos por fe,
incluso esta fe es un don del Espíritu.
Pues nosotros por el Espíritu aguardamos
por fe la esperanza de la justicia. El vere
dicto final ya ha sido declarado: absuel
tos de toda culpa. Pero aún esperamos
el glorioso día en el cual Cristo regre
sará y nos introducirá para siempre en
el Estado eterno de gloria, de justicia
y gozo perfectos. (iPues tengo por cierto
que las aflicciones del tiempo presente no
son comparables con la gloria venidera
que en nosotros ha de manifestarse...
porque también la creación misma será
libertada de la esclavitud de corrupción,
a la libertad gloriosa de los hijos de
Dios" (Ro. 8:18, 21).
Por lo tanto, la conclusión de esta sec
ción es esta: La circuncisión, aplicada
como un rito inicial de obediencia a la
Ley de Moisés, conduce a la esclavitud
de la maldición que esa misma Ley pro
mulga sobre el infractor de cualquiera
de sus mandatos, generando muerte y
condenación.
Por el contrario, el Espíritu Santo, quien
nos lleva a Cristo, nos conduce a la vida
eterna, a la libertad, a la verdadera san
tidad.
No obstante, si alguien se circuncidó,
pero viene a Cristo, es libre de esa con
dena. Él no puede jactarse de ser cris
tiano y circuncidado, pues, quitarse el
prepucio no tiene ningún valor espiri
tual.
Pero, los gentiles, quienes tal vez nunca
han sido circuncidados, tampoco pue
den jactarse de ser más cristianos, o
más espirituales, o más llenos de gracia
que los otros.
Lo único importante en el tema de la
justificación es la fe, pero esta fe ver
dadera engendra amor. De manera que
Pablo no está promoviendo el odio con
tra los judíos, ni la vanagloria contra los
hermanos que, por ignorancia, se ha
bían circuncidado.
No; si tenemos la verdadera fe que nos
lleva a ser justificados, esta fe tiene
como fruto el amor. Y el amor es hu
milde, el amor no es jactancioso; de
manera que no provoca divisiones in
necesarias en la iglesia, sino que se
complace en recibir a todo aquel que de
posita su fe entera en Jesucristo como el
único medio de salvación.
Además, Pablo quiere resaltar la obe
diencia de la fe. La obediencia de los le
galistas y judaizantes está basada en el
miedo y el terror que infunde la ley a
los que no están bajo Cristo; pero la fe
nos lleva a amar a Dios de tal manera
que le obedecemos por gratitud. Desea
mos ser como Él. La fe nos lleva a amar
al prójimo como a nosotros mismos, de
manera que, a través del amor cumpli
mos la Santa Ley. “Porque toda la ley en
esta sola palabra se cumple: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo” (5:14).
C o n clu sió n :
Pablo menciona en este pasaje tres ca
racterísticas de la vida piadosa, de la
vida de fe, la vida que resulta habar re
cibido la justificación por la sola gracia:
Primero, es una vida que se vive p o r e l
E sp íritu , y no por las obras de la carne.
Vivimos en obediencia a la Palabra y a
los mandatos de Cristo, pero todo nues
tro gozo y esperanza se encuentra en la
obra del Espíritu: él nos regeneró, nos
convirtió, nos bautizó, no santificó, nos
dotó con sus dones de gracia, y un día
nos introducirá a las moradas eternas.
Segundo, es una vida que se vive por
fe, y no por obras. Aunque los creyentes
somos llamados, y fuimos salvos, para
andar en buenas obras de obediencia la
ley del evangelio; nuestra confianza no
depende de estas cosas, sino de la obra
perfecta de Jesucristo.
Tercero, es una vida que se vive en es
pera paciente en lo que ya es seguro
para nosotros: La glorificación, la m ani
festación plena de la justicia de Dios en
Cristo, revistiéndonos de inmortalidad
y gloria perpetua. El verdadero creyente
sabe que su salvación es segura, que
nadie podrá arrebatarlo de las manos
poderosas del Salvador, y que su obe
diencia a los principios bíblicos no es
con el fin de garantizar el cielo, sino
como preparación para la vida santa ce
lestial.
Hermanos, cuidémonos de toda forma
de legalismo. El fariseo que llevamos
por dentro, de vez en cuando aflora y
trata de perfeccionar la obra de Cristo a
través de sus obras imperfectas.
Algunos confunden la vida de santidad
con el legalismo, de manera que procu
ran, no solo andar bajo los claros m an
datos del evangelio y de los diez manda
mientos, sino que, no conforme con su
supuesta obediencia, desprenden nue
vos mandatos de los que la Biblia con
tiene, y cada día “descubren” más y más
mandatos a los cuales someterse; de tal
manera que, con el tiempo, el evangelio
termina siendo una esclavitud a reglas
y mandamientos humanos.
Recordemos que el movimiento fariseo
inició como una buena iniciativa para
enfrentar la helenización y paganiza-
ción del judaismo, unos siglos antes
de Cristo. Ellos eran llamados “los se
paratistas”; pero, eso que fue bueno al
principio, siendo que no estaba funda
mentado en la sola gracia de Dios, luego
terminó siendo un movimiento lega
lista y altamente ofensivo a Cristo.
Si hubo un movimiento al cual el Señor
condenó con más fuerza, fueron a los
fariseos. Porque toda supuesta vida es
piritual que se fundamente en reglas y
leyes humanas, es un atentado contra la
salvación por la gracia, es un atentado
contra Cristo.
Quiera el Señor ayudarnos, a través de
esta carta, a mortificar el fariseo que lle
vamos por dentro. Pero, a la misma vez,
crecer en la fe, y que, creciendo en ella,
podamos abundar en obras de justicia,
en santificación, en amor a Dios y amor
al prójimo, que es el resumen de la ley.
Los privilegios de
la justificación: La
verdadera libertad que
se expresa en el amor
Gálatas 5:13-15
En la carta a los Gálatas Pablo ha estado
contrastando la esclavitud del someti
miento legalista a la ley con la libertad
que produce la gracia de Dios al justifi
carnos mediante la fe.
Pablo acaba de decir que los creyentes
debemos estar firmes en la libertad con
que Cristo nos hizo libres; por lo tanto, no
debemos estar otra vez sujetos al yugo de
esclavitud (5:1).
Es decir, los creyentes ya no debemos
andar en una obediencia legalista a las
leyes ceremoniales del Antiguo Testa
mento, ni como medio de justificación
ni como una forma de agradar a Dios;
pues, nuestra justicia fue obtenida por
Jesucristo, y Dios nos acepta solo por
medio de él.
Pablo habló fuerte en contra de los ju
daizantes, los cuales querían que los
creyentes sumaran a la fe en Cristo, la
circuncisión y los otros ritos de la ley
mosaica.
Pablo dijo que la teología judaizante era
como la levadura, era perturbar a los
creyentes, era un yugo de esclavitud,
era desligarse del Señor y caer de la gra
cia, era desviarse de la verdad. Por lo
tanto, Pablo concluyó en el verso 12 con
una terrible sentencia: ¡Ojalá se mutila
sen los que os perturban!
Pero ahora Pablo considera apropiado
profundizar más en este tema, y mati
zar el significado de la libertad, por dos
razones:
Primero, los judaizantes podían estar
acusando a Pablo de ser antinomiano,
de rechazar la ley, lo cual conduciría a
los creyentes al desorden.
Segundo, porque la mayoría de los cre
yentes de Galacia procedían del paga
nismo, los cuales tendrían residuos de
los vicios en sus vidas.
Estudiar estos pasajes es de gran con
suelo y equilibrio para los creyentes,
pues, es posible que algunos, aún incli
nados hacia los pecados, crean que, de
bido a la doctrina de la justificación por
la sola fe, podemos vivir deleitándonos
en el mal, y aun así contarnos entre los
salvos.
Pero recordemos que la fe cristiana
se “asemeja a un angosto puente que
cruza sobre un lugar donde se encuen
tran dos ríos contaminados: uno es el
legalismo y el otro el libertinaje.
El creyente no debe perder su equilibrio
para que no caiga dentro de las faltas
refinadas (¿?) del judaismo por un lado
ni en los groseros vicios del paganismo
por el otro. Debe seguir por el camino
seguro y angosto”^ .
Tanto los cristianos con trasfondo judío
como los cristianos de trasfondo pa
gado debían continuar laborando en
la santificación. Unos para abandonar
los pecados del legalismo, y otros para
mortificar los groseros pecados hereda
dos del paganismo.
1. Límites de la libertad (v. 13)
2. Objetivo de la libertad (v. 14)
3. Advertencia contra el mal uso de la li
bertad (v. 15)
1. L ímites de la liber tad (v. 13)
“Porque vosotros, hermanos, a libertad
fu is t e is llamados; solamente que no uséis
la libertad como ocasión para la carne,
sino servios por amor los unos a los
otros’9(v. 13).
Cuando una persona es atraída por el
Espíritu y sobre él se aplica el evangelio
a través de la conversión, esta persona
es llevada al reino de la libertad, donde,
en agradecimiento, los creyentes viven
para Dios, sin la esclavitud de la ley.
Pero, es posible que algunos creyen
tes de trasfondo pagano, no interpre
ten bien el concepto de libertad, usán
dolo como un trampolín o pretexto para
darle rienda suelta al pecado residual.
Como dijo Hendriksen: “Convertir la li
bertad en libertinaje es un mal impreg
nado en la naturaleza pecaminosa del
hombre. Es tan fácil interpretar la liber
tad como “derecho a pecar”, y construir
la libertad como si fuera “el privilegio
de hacer todo lo que nuestro corazón
malo quiera hacer”, en vez de concebirla
como la capacidad y el deseo impartidos
por el Espíritu Santo de acer lo que uno
debe hacer. Aún hoy en día, ¡cuán a me
nudo sucede que se defienden prácticas
dañinas como el asistir a lugares de di
versión mundana, el fumar en exceso,
la borrachera, la profanación del día de
descanso, la lectura de novelas obsce
nas (ni qué decir de muchas series te te
levisión y películas llenas de desnudos
y escenas eróticas), etc., apelando a la
' libertad cristiana' ”IZ1.
Pero, entonces, ¿qué es la libertad?
Pablo responde de m anera magistral: Es
servirse por amor los unos a los otros.
Pablo ya dijo en el versículo 6 que la f e
obra p or el amor. Esta es un a paradoja,
pues, si es por fe no es por obras; pero la
verdadera fe siempre actúa, mas no por
una obediencia legal, sino por el amor.
Igualmente, en el verso 13 encontra
mos otra paradoja. Somos libres para
servirnos en amor.
El mejor ejemplo de este servicio en
amor que procede de la libertad lo en
contramos en Jesucristo, quien, aunque
es el Hijo de Dios, “se levantó de la cena, y
se quitó su manto, y tomando una toalla,
se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo,
y comenzó a lavar los pies de los discípu
los, y a enjuagarlos con la toalla con que
estaba ceñido” (Jn. 13:4-5).
Él era el siervo que Isaías prefiguró,
totalmente consagrado, sabio y dis
puesto.
Por esa razón Dios dijo de él: “He aquí
m i siervo, yo le sostendré; mi escogido, en
quien mi alma tiene contentamiento” (Is.
42:1).
Esta es la clase de servicio que el apóstol
tiene en mente.
Los creyentes nos servimos los unos a
los otros por amor cuando expresamos
“profundo afecto, ternura abnegada,
compasión genuina, prontitud para dar
ayuda, gran esfuerzo para promover el
bienestar del hermano (y en un sen
tido amplio del prójimo), longanimidad
y perdón”^!.
Por lo tanto, el servicio amoroso es la
cura para el egocentrismo.
El amor controla el abuso de la libertad
(Crisóstomo).
La libertad se corresponde con la verda
dera virtud (Teodoreto).
Obedecemos espiritualmente la ley
cuando actuamos motivados por el
amor, no por el miedo (Agustín).
No fuimos libertados de la esclavitud
de la ley para pecar sin temor, sino que
Pablo ha rechazado lo superfluo de la
ley, y nos ordena cumplir con lo necesa
rio, en especial con el amor, lo primor
dial de la ley (Teodoreto de Ciro).
La verdadera libertad, la cual es en es
píritu y en verdad, nos lleva a desechar
las sombras de la ley ceremonial, la
letra de la ley, pero en ningún momento
esto debe ser ocasión para despreciar a
los más pequeños, a aquellos que aún
son débiles frente a algunas cosas de
la ley ceremonial, pues, aunque aún
ellos viven, en algunas cosas, como en
la carne, forman parte del cuerpo de
Cristo (Orígenes).
Los creyentes más maduros, aquellos
que viven de acuerdo a la gracia de Dios
que nos justifica por medio de la sola fe,
los que no dependen de las sombras de
la ley ceremonial, evidencian esta gra
cia superabundante, no despreciando
a los hermanos más débiles, aquellos
que desarrollan escrúpulos basados en
leyes que nada tienen que ver con la fe
cristiana; sino, amándolos de corazón
sincero, pero no meramente a través de
un amor basado en palabras, sino en el
servicio.
Cuando servimos a los hermanos más
débiles, estamos venciendo el orgullo y
la arrogancia que pueden surgir de un
conocimiento profundo de la teología
bíblica.
2. Objetivo de la libertad (v. 14)
“Porque toda la ley en esta sola palabra
se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo” (v. 14).
Este era el gran problema de los judíos y
de los judaizantes.
Ellos solo estaban interesados en obede
cer ciega y legalistamente las leyes cere
moniales del Antiguo Testamento, aun
que estaban cayendo en graves pecados
de arrogancia al despreciar a los que no
practicaban esas sombras pasadas.
Por lo tanto, Pablo lleva a estos creyen
tes confundidos a una seria confronta
ción: Si ustedes desean vivir conforme
a la ley de Moisés, entonces, no olviden
que el objetivo principal de esa ley era
expresar el amor a Dios y al prójimo.
Toda la ley puede ser resumida en
el amor. Si amamos, no mataremos,
no mentiremos, honraremos a padre y
madre, no codiciaremos, no adulterare
mos, etc.
La circuncisión y las otras leyes cere
moniales se relacionan con cosas exter
nas, pero el amor es el verdadero espí
ritu de la ley, quien ama a su próximo
como a sí mismo ha cumplido la ley.
Pablo está pensando en pasajes como:
“No te vengarás, ni guardarás rencor a
los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu
prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lv.
19:18).
“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento
en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente. Este es el
primero y grande mandamiento. Y el se
gundo es semejante. Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos m anda
mientos depende toda la ley y los profe
tas” (Mt. 22:36-40).
Así que, “el amor es tanto el resu
men (epítome interpretativo o conden
sación) como la realización práctica de
toda la ley moral dada por Dios, vista
como unidad... (1 Jn. 4:20, 21)”^1.
Como Pablo dijo en Romanos 13:8-10
“No debáis a nadie nada, sino el amaros
unos a otros; porque el que ama al pró
jimo , ha cumplido la le y... El amor no
hace mal al prójimo; a sí que el cumpli
miento de la ley es el amor”.
Es importante aclarar que, ni Moisés,
ni Jesús, ni Pablo están afirmando que
la salvación se obtiene por practicar el
principio del amor de la ley; o por hacer
las obras de la ley, ni siquiera es condi
ción previa para la salvación.
Pero lo que sí afirma Pablo es que el
salvado por gracia, “a causa de una pro
funda gratitud por (y a fuerza de) esta
salvación ama a Dios y a su prójimo...
Son muy importantes como frutos de la
obra del Espíritu Santo en el corazón del
hombreado!.
Como dijo MacArthur: “El propósito de
la libertad cristiana es que los creyentes
hagan lo mismo que el siervo hebreo
que entregó de nuevo su libertad al
señor que tanto amaba. De este modo,
los creyentes renuncian de manera vo
luntaria a la libertad de servirse a sí
mismos, que es la libertad para satis
facer los deseos de la carne, a fin de
convertirse en siervos permanentes de
Dios, porque después de haber “sido li
bertados del pecado” ahora aceptan el
privilegio glorioso de ser “hechos sier
vos de Dios” (Ro.6:22)”üll.
Si mantenemos esta verdad en perspec
tiva, entonces comprenderemos porqué
Pablo afirma que no estamos bajo la ley,
pero, por el otro lado, afirma que esta
mos “bajo la ley de Cristo” (1 Co. 9:21; y
véase Gá. 6:2).
Alguien puede decir: Esta ley del amor
es similar al amor al prójimo que profe
san los moralistas no cristianos; bueno,
es parecida en lo externo, en las apa
riencias. El moralista no creyente pro
pende por el bien de los demás y pro
cura amarlos, al igual que el cristiano,
pero la base o el fundamento de ese
amor es distinto.
El creyente ama al prójimo como a sí
mismo en respuesta al amor manifiesto
y sacrificial de Dios en Cristo Jesús;
y el poder para amar verdaderamente
emana del Espíritu de Cristo; y el cre
yente toma como ejemplo de obediencia
a Cristo Jesús.
Pero, puede que alguien pregunte:
¿Quién es mi prójimo? (Le. 10:29). La
respuesta es: “Quienquiera que por la
providencia de Dios entre en contacto
con nosotros; cualquiera que podamos
ayudar de cualquier forma, aun cuando
nos odie y en ese sentido sea nuestro
“enemigo” (Mt. 5:43-48)^21.
Pero, a la luz de las enseñanzas de Cristo
y la parábola del Buen Samaritano,
no debiéramos preguntarnos quién en
nuestro prójimo, sino que debemos ha
cernos prójimo de toda persona a la que
podamos ayudar.
3. Advertencia contra el m al
uso de la lib e rtad (v. 15)
“Pero si os mordéis y os coméis unos a
otros, mirad que también no os consu
máis unos a otros” (v. 15).
La influencia judaizante en las iglesias
de Galacia fue tan grande que se crea
ron divisiones sectarias y militantes de
gran agresividad.
Por un lado, estaban los que promovían
la obediencia a las leyes ceremoniales
de Moisés como una forma de perfec
cionar la vida cristiana; y en el otro
extremo estaban los libertinos, los que
usaban la doctrina de la gracia de Pablo
como una excusa para practicar el mal.
El conflicto era tan grande que las igle
sias locales se habían convertido en un
campo de batalla el cual arreciaba tanto
que literalmente se destruían entre
ellos mismos, se mordían, se comían y
se consumían los unos a los otros; así
como hacen los animales salvajes que
se enfrentan furiosamente en la lucha
por la supervivencia.
No les importaba que todos formaban
parte del mismo cuerpo. Se levantaban
calumnias, se avivaban sospechas, se
descalificaban unos a otros; y de con
tinuar con esa malvada influencia, ter
minarían destruyéndose los unos a los
otros.
Así que la solución impuesta por Pablo
es: Erradicar dos errores. Primero, el
m ovimiento judaizante. Segundo, erra
dicar el libertinaje.
Volver a las sendas antiguas de la sal
vación por la sola gracia, la cual nos ca
pacita para obedecer, en amor, la ley de
Cristo.
Y andar en la ley de Cristo es andar en
el amor puro y genuino que se sacrifica
por los demás. “Recibid al débil en la
f e , pero no para contender sobre opinio
nes. Porque uno cree que se ha de comer
de todo; otro, que es débil, come legum
bres. El que come no menosprecie al que
no come, y el que no come, no juz g u e al
que come; porque Dios le ha recibido” Ro.
14:1-3.
C o n c l u s io n e s
Apreciado joven, adolescente, Pablo
tiene algo que decirte: La libertad que
tanto le reclamas a tus padres, liber
tad para hacer lo que quieras, libertad
para salir a donde quieras y a la hora
que quieras, libertad para hacer con tu
cuerpo lo que quieras; esa no es liber
tad, sino esclavitud.
El Señor Jesús dijo: “De cierto, de cierto os
digo, que todo aquel que hace pecado, es
clavo es del pecado” (Jn. 8:34).
Joven, aquello que tú llamas libertad,
en realidad es esclavitud, porque está
relacionado con el pecado; pecado de re
beldía, pecado de orgullo, pecado de in
moralidad, pecado de los deseos de la
carne.
La libertad que no tiene límites en reali
dad es el desbocamiento incontrolado
de la pecaminosidad humana.
Joven, debes arrepentirte de tus peca
dos, venir a Jesús, reconocerlo como
Señor de tu vida, someterte a tus pa
dres; entonces, podrás ser realmente
libre.
Amado hermano, la buena nueva que
Pablo ha resaltado, una y otra vez, en
la carta a los Gálatas, es que ahora, en
Cristo, somos libres de la tiranía de la
Ley mosaica.
A través del evangelio hemos alcanzado
lo que la Ley nunca pudo dar: Justifi
cación, verdadera santificación, perdón
completo, limpieza espiritual, reconci
liación perfecta y eterna con Dios, gozo
sin fin, relación de hijos con Dios Padre.
Y todo esto lo hemos alcanzado sin ne
cesidad de someternos a las intermina
bles leyes y reglas judaicas, solo por gra
cia, mediante la fe en Cristo Jesús.
Pero, recordemos la enseñanza del
apóstol: Esta no es libertad para el liber
tinaje. Aunque ambas palabras parecen
iguales, nada tienen que ver la una con
la otra.
El libertinaje es actuar desbocadamente
y sin ninguna responsabilidad ante
Dios y ante los hombres, presa y esclavo
de la concupiscencia de la carne. Un
cristiano nada tiene que ver con eso.
Mientras que la libertad es vivir con
forme a la ley del amor. Amor a Dios
y amor al prójimo. Y si amamos a Dios
y al prójimo, entonces, viviremos con
forme a los principios universales de la
ley divina.
Nosotros, los cristianos, tenemos la na
turaleza de Cristo y del Espíritu, quien
viene a morar en nuestro interior; por
lo tanto, la motivación para agradar a
Dios no viene de afuera, sino de dentro.
Eso está impreso en el corazón reno
vado del creyente.
Por lo tanto, ni esclavitud a la ley, como
los judaizantes; ni esclavitud al pecado
como los paganos.
Quiera Dios concedernos la gracia para
vivir esta libertad cristiana en el amor
servicial a Dios y al prójimo.
Amigo, tú no eres libre. Aún eres es
clavo del pecado, aún vives en la m i
seria de tus propias iniquidades. Crees
que eres libre porque haces lo que tu co
razón incrédulo, egoísta, egocéntrico e
idolátrico te lleva a hacer.
Pero puedes ser libre, hoy mismo, ahora
mismo, si pones tu confianza en Jesús
como el único Salvador. Cree en él, de
posita en él tus pecados, reconócelo
como tu Señor. Entonces, serás libre de
la culpa del pecado, del poder del pe
cado, y podrás vivir siempre libre para
servir a Dios y al prójimo.
Caminos opuestos: Las
obras de la carne
Gálatas 5:16-21
En el pasaje anterior Pablo terminó su
discurso sobre la libertad cristiana con
trastada con el la esclavitud del lega-
lismo, exhortando a los dos bandos que
habían surgido en la iglesia para que
vivieran esa libertad en Cristo sirvién
dose en amor los unos a los otros; pues,
el objetivo de la Ley de Moisés es que
amemos a Dios sobre todas las cosas, y
al prójimo como a nosotros mismos.
Por lo tanto, los que deseaban vivir con
forme a la ley, si expresaban este amor
sincero, ya habían cumplido con la ley.
Y Pablo exhorta también a los herma
nos que estaban aprovechando la liber
tad cristiana para andar de manera li
bertina, que la verdadera libertad está
limitada por el amor; que somos libres
para servir al prójimo.
Por lo tanto, ni legalismo ni libertinaje,
sino el amor manifestado hacia los her
manos a través de un servicio diligente
y tierno.
Pero, al terminar la sección anterior
Pablo fue bastante duro y les advirtió
que, si ellos no seguían estos manda
tos apostólicos, se dividirían tanto que
terminarían mordiéndose, comiéndose
y consumiéndose los unos a los otros;
tal como hacen las fieras salvajes de la
selva en aras de su supervivencia.
De manera que a continuación Pablo da
algunas instrucciones con el fin de re
mediar este mal.
1. Un mandato: Andad en el Espíritu (v.
16)
2. Un conflicto: La carne contra el Espí
ritu (v. 17-18)
3. las obras de la carne (v. 19-21)
1. Un mandato: Andad en
el Espíritu (v. 16)
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no sa
tisfagáis los deseos de la carne” (v. 16). La
carne es la que los ha conducido a crear
divisiones innecesarias. El sectarismo
judaizante es carnal, el libertinaje tam
bién es carnal.
La solución se encuentra en andar por
el Espíritu. “Que vuestra conducta sea
gobernada por el Espíritu, esto es, por el
don que Dios os impartió (3:2, 5).
Si el creyente obedece la dirección y la
guía del Espíritu, entonces, no será do
minado por la naturaleza pecaminosa,
por el asiento de los deseos malvados.
Así como los árboles en el otoño no
logran expulsar todas las hojas marchi
tas, sino que cuando llega la primavera
los nuevos brotes expulsan los anti
guos; igualmente, solo la vida que el Es
píritu nos da puede expulsar lo muerto
de la carne.
En este pasaje Pablo nos deja ver que en
el creyente se desata un conflicto cons
tante entre la nueva naturaleza, la espi
ritual y santificada con el pecado resi
dual.
Ahora, es importante aclarar que
“carne” no se refiere al cuerpo humano,
como si él fuera malo per sé. El gran
padre de la iglesia, Juan Crisóstomo, lo
explica así:
“En efecto, el cuerpo no mueve sino que
es movido, no actúa, sino que es objeto
de la acción ¿cómo, entonces, puede
tener deseos? Desear es propio del alma
y no de la carne... ¿Cómo dice, enton
ces, Pablo “la carne tiene tendencias
contrarias a las del Espíritu”? Acostum
bra a llamar “carne” a la voluntad per
versa y no a la naturaleza del cuerpo...
¿Qué, entonces? ¿Es necesario eliminar
la carne? El que lo afirma ¿no se ha
revestido de carne? Llama aquí “carne” a
una actitud terrena, despreocupada y
disoluta. No se trata de una acusación
al cuerpo, sino de un reproche al alma
negligente, pues, el cuerpo es un
instrumento y nadie desprecia y odia
al instrumento, sino al que hace mal
uso de éste... Mas también podría
alegarse lo que sigue: denominar con el
nombre de “carne” a los pecados del
alma es también una acusación al cuerpo
Si Pablo dice “La carne tiene tendencias
contrarias a las del Espíritu”^ .
2. U n conflicto: La carne contra
el Esp íritu (v. 17-18)
“Porque el deseo de la carne es contra
el Espíritu, y el del Espíritu es contra la
carne; y éstos se oponen entre sí, para que
no hagáis lo que quisiereis” (v. 17).
Si nos dejamos guiar por el Espíritu, no
daremos satisfacción a los deseos de la
carne. Pero, cuando el cristiano se des
cuida en esto, siendo que el Espíritu
persiste, surge un fiero conflicto dentro
del corazón del creyente.
Pero, en relación con eta lucha interna
debemos notar lo siguiente:
Primero, los libertinos, los que están del
lado del libertinaje no la experimentan,
pues, ellos se han entregado a sus pasio
nes naturales.
Segundo, el legalista, predestinado para
la salvación, lucha constantemente
porque él desea obedecer la Ley del
Señor y alcanzar la justicia; no obs
tante, siempre fracasa; hasta que la
gracia del Señor derrumba esta vana
confianza, y se entrega sin reservas al
Señor.
Tercero, el creyente, en esta vida pre
sente siempre experimentará este ago
nizante conflicto en su corazón. Aun
que, él siempre debe recordar que la vic
toria ya ha sido ganada.
Cuarto, los creyentes en gloria están li
bres de este conflicto.
Pablo afirma que esta lucha entre la
carne y el Espíritu busca que el creyente
no haga lo que quiere. Es decir, una vez
ha sido renacido por el Espíritu de Dios,
nuevos deseos surgen en él. Ahora ama
lo que antes odiaba, y odia lo que antes
amaba.
Pero, la carne, el pecado residual, ama
lo que antes amaba y odia lo que antes
odiaba. He aquí la lucha.
Esa es la razón por la cual Pablo se queja
tan amargamente en Romanos 7:22-25:
“Porque según el hombre interior; me de
leito en la ley de Dios. Pero veo otra ley
en mis miembros, que se rebela contra la
ley de mi mente, y que me lleva cautivo a
la ley del pecado que está en mis miem
bros. ¡Miserable de m il ¿Quién me librará
de este cuerpo de muerte? Gracias doy a
Dios, por Jesucristo Señor nuestro. A sí que
y o mismo con la mente sirvo a la ley de
Dios, mas con la carne a la ley del pecado".
Esta es una batalla entre el querer y el
obrar. Pero esta batalla o conflicto solo
lo experimentan los salvos. Cuando la
conciencia de Pablo fue despertada por
la Palabra obrando por el Espíritu en su
vida, empezó en él la lucha.
Por lo tanto, una conciencia despierta
hacia la Palabra de Dios, y una lucha
diaria por querer hacer el bien según
Dios, es prueba de la regeneración.
Pues, cuando el creyente llega al punto
de exclamar: ¡Miserable de mí, ¿quién
me librará de este cuerpo de muerte!
Inmediatamente el Espíritu le lleva a
mirar la cruz del Calvario, y a afirmar
con convicción, gozo y esperanza: “Gra
cias doy a Dios, por Jesucristo Señor nues
tro" (Ro. 7:25).
“Pero si sois guiados por el Espíritu, no es
táis bajo la ley" (v. 18).
Ser guiados por el Espíritu es andar en
libertad, estar bajo la ley es estar en es
clavitud, en maldición, en derrota, en
impotencia espiritual. ¿Por qué? Porque
la Ley no tiene el poder para salvar
(3:11-13, 21-23, 25; 4:3, 24, 25; 5:1).
Ahora, ¿qué significa ser dirigidos por el
Espíritu? ¿A quiénes guía el Espíritu?
El Espíritu guía, no a un grupo selecto
de personas más “espirituales” sino a
todos aquellos que andan por el Espí
ritu (5:16), aquellos que han sido liber
tados (5:1; 4:31, 36), aquellos que le
pertenecen a Cristo (3:29), que son de la
fe (3:9). En consecuencia, todos los que
son verdaderos creyentes son guiados
por el Espíritu.
Esta poderosa guía del Espíritu no es es
porádica. Él ejerce una santa influencia
sobre los creyentes, y dentro de ellos; no
sólo en algunos momentos de especial
necesidad, sino de forma permanente y
constante.
Igualmente, en Romanos 8:14 Pablo
afirma: “Porque todos los que son guiados
por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de
Dios”. Esta es una marca del hijo de Dios,
es guiado por el Espíritu Santo, siem
pre. Y si es guiado siempre por el Espí
ritu de Dios, entonces es hijo de Dios.
Pero, ¿Qué es ser guiado por el Espíritu?
Podríamos responderlo en una sola pa
labra: Santificación.
Alguien lo definió así: “Es aquella cons
tante, efectiva y benéfica influencia que
el Espíritu Santo ejercita dentro del co
razón de los hijos de Dios, y por la cual
son dirigidos y capacitados más y más
para vencer el poder del pecado que aún
queda en ellos y para caminar por la
senda de los mandamientos de Dios, li
bremente y gozosamente”^ .
Es decir, el Espíritu no solo nos guía en
el camino del deber, sino que nos di
rige hacia la gloria de la santificación y
la glorificación final. Él es el principio
controlador en nuestras vidas.
Pero no se trata de una dirección o guía
obligada, como si nosotros no fuésemos
responsables. Cuando el ciego de Jericó
fue dirigido a Jesús, el Espíritu no lo
cargó, sino que él tuvo que caminar.
El Espíritu nos mantiene en el camino y
nos conduce hasta la meta final. Pero es
nuestra responsabilidad dar cada paso
en el camino.
Nos cansamos cuando caminamos, el
Espíritu nos da fuerzas para continuar
adelante. Nuestros corazones desma
yan, el Espíritu nos alienta. Nuestro
valor decae, el Espíritu nos da más fe
para avivar las fuerzas caídas. El Espí
ritu usa la esperanza para inyectar valor
a nuestras almas.
Ya comprendemos la declaración de
Pablo cuando dice: “Por tanto, amados
míos, como siempre habéis obedecido, no
como en mi presencia solamente, sino
mucho más ahora en mi ausencia, ocu
paos en vuestra salvación con temor y
temblor, porque Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su
buena voluntad” (Fil. 2:11-12).
Ahora, ¿cuál es el resultado de ser diri
gidos por el Espíritu? Y aquí sigo a Hen-
driksen:
a. Experimentan con gozo y frescura la
libertad moral y espiritual. Ya no están
más bajo la esclavitud de la Ley, obede
cen los preceptos divinos con gozo, de
corazón sincero (Gá. 5:1,18).
b. Detestan y se oponen vigorosamente a
"las obras de la carne" (5:17,19-21, 24)
c. Aman las Escrituras (cuyo autor es el
Espíritu Santo mismo) y al Dios trino, re
velado en ellas en todos sus maravillosos
atributos (Ro. 7:22,23)
d. En sus vidas abunda el “fruto del Espí
ritu” (Gá. 5:22,23)
e. Se aumenta la libertad de acceso al
Trono de la Gracia (Ef. 2:18)
f. El testimonio del Espíritu les asegura
con más vigor que con hijos de Dios (2. P.
1:5-11)
g. La gloria de Dios es magnificada
en ellos al abundar el fruto del Espí
ritu dando testimonio ante el mundo con
mayor eficacia (Hch. 1:8).
3. las obras de la carne (v. 19-21)
“ Y manifiestas son las obras de la carne,
que son: adulterio, fornicación, inmundi
cia, lascivia, idolatría, hechicerías, ene
mistades, pleitos, celos, iras, contiendas,
disensiones, herejías, envidias, homici
dios, borracheras, orgías, y cosas seme
jantes a estas” (19-2la).
El apóstol ya habló sobre el deseo de la
carne (v. 17), por lo tanto, ahora Pablo
describe las varias formas en que el
deseo de la carne se manifiesta.
“Las obras de la carne reflejan los deseos
pecaminosos de la condición humana
no redimida, los cuales están en gue
rra espiritual contra los deseos del Espí
ritu”^ .
Es muy probable que Pablo haya in
cluido en esta lista aquellos pecados
o vicios particulares sobre los cuales
los gálatas no habían ganado la victo
ria por completo. Aunque, es necesario
afirmar que el grado de éxito, en este as
pecto, varía de un creyente a otro.
Pablo nos da varias listas de las obras de
la carne: Ro. 1:18-32; 1 Co. 5:9-11; 2 Co.
12:20, 21; Ef. 4:19; 5:3-5, etc.
Pablo menciona 15 vicios de la carne.
Aunque es preciso afirmar que hay va
rios vicios o pecados muy relacionados
entre sí. Por ejemplo: inmoralidad, im
pureza e indecencia, aunque tienen un
significado distinto, los tres tienen algo
en común: una desviación de la volun
tad de Dios en cuanto al sexo.
Podemos clasificar estos vicios así:
1. Inmoralidad y vicios semejantes: in
moralidad, impureza, indecencia
2. Idolatría y pecados asociados: Idola
tría y brujería
3. Rivalidad: enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, envidias,
homicidios o explosiones de ira
4. Ebriedad: Borracheras, orgías
Una de las obras de la carne es
la inmoralidad, es decir, toda clase
de relaciones sexuales ilícitas: fornica
ción, adulterio, homosexualismo, les-
bianismo, bestialismo, pedofilia, necro-
filia, voyerismo, pornografía, mastur
bación, entre otros.
La impureza no solo incluye los actos in
morales en sí, sino las palabras, los pen
samientos, las intenciones del corazón.
La indecencia o libertinaje (lascivia. Ro.
13:13; 2 Co. 3:5), es la falta de dominio
propio que conduce a la libre expresión
de los impulsos de la naturaleza peca
minosa.
El siguiente grupo empieza con la idola
tría. Pero Pablo no usa esta palabra solo
para referirse a la adoración de imá
genes, sino a toda práctica pecaminosa
en relación con este culto “por ejemplo,
se refiere también al comer carne ofre
cida a los ídolos, cuando la conciencia
prohíbe, y, de hecho, se refiere a cam
biar la adoración del verdadero Dios
que se ha revelado en Cristo Jesús por
cualquier otra adoración”^ .
La avaricia también es idolatría, porque
ponemos el yo en lugar de Dios.
Y asociada a la idolatría está la brujería.
La palabra griega usada es pharmakeia
(farmacia). Los brujos generalmente
mezclaban drogas o plantas para pro
ducir un efecto en las personas. Ellos
ponían su fe en esta clase de “encanta
mientos” en vez de confiar en Dios; lo
cual es otra forma de idolatría.
El tercer grupo de vicios de la carne es la
rivalidad. Probablemente este era uno
de los pecados más reiterativos de algu
nos miembros de las iglesias de Galacia.
Enemistades o contiendas, se refiere a la
hostilidad.
Pleitos, riñas o contenciones, las cuales
se suelen dar cuando se toman parti
dos, y cada uno de los partidarios em
pieza a adorar a su líder o héroe.
Celos. Los celos y los pleitos siempre
van de la mano. Cuando seguimos a un
líder o héroe con profunda devoción,
despreciamos a otros hombres, y quere
mos conservar el apego a dicho líder, lo
cual nos lleva a los celos y a los pleitos
para defender su honor.
Las iras también son el resultado de los
pleitos y celos. Esto los lleva a ser movi
dos por la furia.
Las contiendas tienen su raíz en las am
biciones egoístas. Y estas ambiciones
incluso se pueden encontrar en los m i
nistros cristianos. Y estas ambiciones
conducen a
Las disensiones, se deben a que cada
uno busca honor para sí mismo, lo cual
se relaciona con la formación de gru
pos que luchan contra otros, en intrigas
partidarias.
Recordemos que uno de los vicios más
destructores del alma es la envidia,
pues, como la etimología de la palabra
en griego lo indica, tiende a consumir
a las personas que la experimentan. La
envidia lleva a los celos, el miedo a per
der algo que se tiene. La envidia ha sido
llamada “el primogénito del infierno”.
La envidia (lat. In-video) es mirar con
mala voluntad a otra persona por lo que
tiene o lo que es.
La envidia y los celos llevaron a Caín
a matar a Abel. La envidia y los celos
hicieron que los hermanos de José lo
echaran en el pozo. La envidia y los
celos hizo que Coré, Datán y Abiram se
revelarán en contra de Moisés y Aarón.
Hizo que Saúl persiguiera a David, etc.
Pero el amor del Espíritu jamás tiene
envidia.
El cuarto grupo empieza con las borra
cheras. Tomar alcohol llegando al punto
de perder el control de sí mismo. El al
coholismo no es una enfermedad, sino
un vicio, falta de control y de dominio
propio.
Y este grupo también incluye las orgías.
Se refiere a la práctica pagana de tener
bacanales, carnavales y fiestas popula
res donde la gente se entregaba al de
senfreno.
“acerca de las cuales os amonesto, como
ya os lo e dicho antes, que los que prac
tican talen cosas no heredarán el reino de
Dios” (v. 21).
Pablo finaliza esta sección exhortando
con una solamente advertencia a los
creyentes de Galacia: Si bien es cierto
que no podemos hacer que las puertas
del Reino se abran por nuestras buenas
obras, “sí es posible que una persona
pueda cerrarse la puerta a sí mismo por
prácticas pecaminosas. Sino desecha
mos las obras de las tinieblas, estamos
demostrando que no estamos en la luz
(IC o . 6:11; Ef. 4:20).
El que ha entrado al reino de la gracia,
solo por gracia, siempre recuerda que,
aunque aún vive en el mundo, y tiene
una misión que cumplir aquí, no es del
mundo, es un peregrino transitorio por
este mundo.
C o n c lu s io n e s
Hermanos, no se nos olvide esta verdad:
la vida cristiana es una vida de lucha
contra el pecado remanente. La salva
ción no trata solamente de hacer una
profesión inicial de fe en Jesucristo, ir
a los cultos, cumplir con ciertos ritos,
y esperar la manifestación de la glo
ria cuando partamos a la eternidad. No,
durante todo el tiempo que estemos en
esta tierra, luego de nuestra conversión
estaremos en una lucha incesante entre
nuestro pecado remanente y el Espíritu.
Si alguna persona se hace llamar cris
tiana, y cumple con todos los deberes
externos de la fe cristiana, pero lleva
su vida en una serena tranquilidad, no
experimentando una lucha intensa con
las inclinaciones malvadas de su pe
cado residual; tendríamos razón para
dudar de su vitalidad espiritual.
Acudamos a la Gracia del Señor todos
los días, oremos con más frecuencia e
intensidad, leamos la Biblia de tal ma-
ñera que las santas leyes del evangelio
aviven nuestra conciencia adormecida;
confesemos nuestros pecados, aparté
monos del mal; esta es la vida cristiana
victoriosa.
Amigo, tú aún vives en los deseos de
la carne, estás muerto espiritualmente.
Amigo, ven a Jesús. Él murió para res
catar a personas como tú, para liberarte
de la esclavitud del pecado y darte vida
eterna. Cree en él.
Caminos opuestos: El
fruto del Espíritu
Gálatas 5:22-26
En el verso 16 Pablo exhorta a los cre
yentes de Galacia, y a nosotros también,
a andar en el Espíritu, y a no satisfacer
los deseos de la carne.
Luego Pablo menciona las obras que
produce el andar conforme a nuestros
propios pensamientos o esfuerzos, es
decir, andar en la carne: “adulterio, fo r
nicación, inmundicia, lascivia, idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías,
envidias, homicidios, borracheras, orgías
y cosas semejantes a estas” (v. 19-21).
El creyente es llamado a desechar todas
estas cosas, las cuales encuentran su
raíz en la concupiscencia, en nuestra
carne. Y este andar en la carne no sólo
es característico del incrédulo, sino que,
en ocasiones, los creyentes son tenta
dos a producir estas obras malvadas.
Por lo tanto, Pablo nos dice que la ma
nera eficaz de desechar estas obras es
que andemos por el Espíritu, que viva
mos por el Espíritu, que seamos guia
dos por el Espíritu, que busquemos la
instrucción del Espíritu.
Al igual que en Efesios, Pablo nos en
seña que el verdadero crecimiento en
santificación se da, no sólo cuando de
jamos de practicar el mal, sino cuando
para cada uno de estos males abando
nados, cultivamos la virtud opuesta.
Pablo dice en Efesios 4:22 1 1En cuanto a
la pasada manera de vivir, despojaos del
viejo hombre", pero no es solo eso, “y ves
tios del nuevo hombre, creado según Dios
en lajusticia y santidad de la verdad".
Efesios 4:25: “Por lo cual desechando la
mentira", pero no sólo eso, “hablad ver
dad cada uno con su prójimo".
De igual manera en Gálatas 5 Pablo nos
enseña a no satisfacer los deseos de la
carne, pero, no solo eso, debemos ser
aliados del Espíritu para que se produz
can las virtudes opuestas a los vicios de
la carne. A esto Pablo le llama “el fruto
del Espíritu”.
“Las obras buenas requieren gra
cia, mientras que las obras malas
vienen de la libertad distorsiona
da” (Crisóstomo)M.
1. La fu e n te del fr u to (v. 22a)
2. C a r a c te r ís tic a s d el fr u t o (v. 22-23)
3. C o n s e c u e n c ia s d el fr u t o (v. 24-26)
1. La fuente del fruto (v. 22 a)
“M as el fruto del Espíritu e s ... ” (v. 22).
Es interesante notar que cuando Pablo
habla de la carne, lo pone en términos
de “obras”, son las acciones que hace
mos en contra de la voluntad de Dios.
Pero cuando habla de las virtudes, ya no
les llama “obras” sino, fruto; mostrando
así que ninguno de nosotros puede pro
ducir estas virtudes sino es por la pre
sencia de la gracia del Espíritu.
Es interesante notar que no se le llama
“los frutos” sino, “el fruto”.
Todo este conjunto viene incorporado
como parte de nuestra salvación.
Cuando somos salvos, somos regene
rados y recibimos la santificación ini
cial. El Señor implanta en nosotros un
nuevo hombre por el Espíritu y este
nuevo hombre empieza a manifestar el
fruto del Espíritu.
Pero, el creyente es responsable en ser
receptivo a la obra del Espíritu santifi
cándolo, de manera tal que puede pro
ducir “más fruto”.
Los verdaderos creyentes pueden ser
reconocidos por el fruto del Espíritu:
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se
recogen uvas de los espinos, o higos de los
abrojos? A sí, todo buen árbol da buenos
frutos, pero el árbol malo dafrutos malos.
No puede el buen árbol dar malos frutos,
ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo
árbol que no da buen fruto, es cortado y
echado en el fuego. A s í que, por sus frutos
los conoceréis” (Mt. 7:16-20).
Por lo tanto, Pablo presenta a continua
ción una lista de 9 frutos que el Espíritu
produce en conjunto en la vida de todo
verdadero creyente.
Fruto que hacemos producir más y
más, en la medida que estamos alinea
dos con la obra del Espíritu en nuestras
vidas:
2. Características del
fruto (v. 22-23)
1. Amor.
Este es el primer fruto del Espíritu, por
que de él dependen todos los demás.
Esta es la virtud suprema de la vida
cristiana. “ Y ahora permanecen la f e , la
esperanza y el amor, estos tres; pero el
mayor de ellos es el amor" (1 Cor. 13:13).
El que ama ha cumplido con toda la ley
(Gá. 5:14; Ro. 13:10).
El amor ágape, el más elevado y su
blime, el que produce el Espíritu, trata
más de una decisión personal que una
emoción. “Mas Dios muestra su amor
para con nosotros, en que siendo aun pe
cadores, Cristo murió por nosotros” (Ro.
5:8).
Jesús mismo dijo que el amor más
grande es “poner la vida por sus ami
gos” (Jn. 15:13).
Juan aplica esta verdad a nuestras vidas
y nos dice que, así como “hemos co
nocido el amor, en que él puso su vida
por nosotros; también nosotros debemos
poner nuestras vidas por los herma
nos” (1 Jn. 3:16).
Pero, siendo que casi nunca se presenta
la ocasión de poner nuestra vida por
la de nuestro hermano, Juan aclara que
este amor sacrificial se debe empezar a
manifestar en las cosas pequeñas de la
vida diaria: “Pero el que tiene bienes de
este mundo y ve a su hermano tener nece
sidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo
mora el amor de Dios en él?” (v. 17).
Por cierto, Juan, inspirado por el Espí
ritu Santo afirma que el amor práctico y
real es la evidencia principal de nuestra
salv a ción : “Nosotros sabemos que hemos
p a sa do de m uerte a vid a, en que am a m os
a los hermanos. E l que no a ma a s u her
m ano, permanece en m u e rte... A m ados ,
amémonos unos a otros; p orque el amor
es de Dios. Todo aquel que a m a , es nacido
de D io s ,y conoce a Dios" (1 Jn . 3:14; 4:7).
2. Gozo
En el Nuevo Testam ento esta palabra
se usa 70 veces y tiene la connotación
de u n “sentim iento de felicidad basado
en realidades espirituales. El gozo es u n
sentido profundo de bienestar que llena
el corazón de u n a persona que sabe que
todo está bien entre él y su Señor”d81.
Por lo tanto, el gozo, com o fruto del
Espíritu, no depende de n in g u n a cir
cu nstan cia externa. Es algo inn ato en la
nueva vid a del creyente.
El gozo del Señor es nuestra fortaleza
(Neh. 8:10).
El creyente se goza con gozo inefable
porque am am os a Cristo y creemos en
él sin haberle visto (1 P. 1:8). El que cree
en Él experim enta gozo.
El gozo en el creyente se increm enta
en m ed io de las dific ultades: “De cierto,
de cierto os digo, que vosotros lloraréis
y lamentaréis, y el mundo se alegrará;
pero aunque vosotros estéis tristes, vues
tra tristeza se convertirá en gozo1 1 (Jn.
16:20).
El gozo se incrementa en la medida
que estamos en co m unión con el Señor:
“H asta ahora nada habéis pedido en
m i nombre; pedid, y recibiréis, para que
vuestro gozo sea cumplido11(Jn. 16:24).
El gozo, aunque es un fruto del Espíritu,
también el creyente lo debe incremen
tar por la gracia de Dios, pues, se nos
m anda: “Regocijaos en el Señor siempre.
Otra vez digo: ¡Regocijaos/” (Fil. 4:4).
3. Paz
Es la tranquilidad de la mente que viene
como resultado de sabernos reconcilia
dos con Dios. Es uno de los primeros
frutos de la salvación.
La paz no depende de circunstancias
exteriores, pues, el creyente sabe que “a
los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien, esto es, a los que conforme
a su propósito son llamados1 1 (Ro. 8:28).
Por lo tanto, “No se turbe vuestro cora
zón11(Jn. 14:1).
Jesús mismo nos transmitió la paz per
fecta que lo caracterizó en toda su vida
terrena, a pesar de las adversidades: “La
paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy
como el mundo la da” (Jn. 14:27).
La paz se incrementa en la medida que
obedecemos al Señor: “Lo que aprendis
teis y recibisteis y oísteis y visteis en mí,
esto haced; y el Dios de paz estará con vo
sotros” (Fil. 4:9).
4. Paciencia (.Makrothumia)
Se trata de la disposición para aceptar
sin perturbación las situaciones difíci
les, dolorosas o irritantes.
Es tolerar longánimamente las ofensas
y heridas que otros nos causan.
Los creyentes deben im itar a Dios,
quien “es lento para la ira” (Sal. 18:15).
No solo somos llamados a no despreciar
sino a cultivar “las riquezas de su benig
nidad, paciencia y longanimidad” (Ro.
2:4).
La paciencia nos lleva a dar tiempo, a
esperar en que Dios obre con su gracia,
de manera tal que no nos apresuramos
a tom ar nuestras propias acciones.
2 P. 3:4 nos dice que muchos se bur
larán de nosotros preguntándonos por
la promesa que hizo Cristo de regresar
pronto, pero nuestra respuesta siempre
será: “El Señor no retarda su promesa,
según algunos la tienen por tardanza,
sino que es paciente para con nosotros, no
queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento”.
Los creyentes tenemos el mandato de
im itar la paciencia de nuestro Señor Je
sucristo: “ Yo pues, preso en el Señor; os
ruego que andéis como es digno de la
vocación con que fu istei s llamados, Con
toda humildad y mansedumbre, sopor
tándoos con paciencia los unos a los otros
en amor” (Ef. 4:1-2).
5. Benignidad (Chréstotés)
Es tratar a los demás con ternura. No
es debilidad o falta de convicción, sino
considerar a los demás como a uno
m ismo, por lo tanto, tratarlos con bene
volencia, así como el Señor trata a los
creyentes.
Pablo es un ejemplo de esta virtud,
pues, él tenía la autoridad apostólica
para hablar con voz fuerte a las iglesias,
pero él dice: “An tes fu im o s tiernos entre
vosotros, como la nodriza que cuida con
ternura a sus propios hijos” (1 Tes. 2:7).
Pero el mejor modelo de benignidad
lo encontramos en el Señor Jesús. Los
discípulos habían estado alejando a
los niños que trataban de acercarse al
Señor, pero él los instruye diciendo:
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo
impidáis; porque de los tales es el reino de
los cielos" (Mt. 19:14).
Y en otra ocasión el Señor dijo: “ Venid
a m í todos los que estáis trabajados y
cargados, y y o os aré descansar. Lle
vad mi yugo sobre vosotros, y aprended
de mí, que soy manso y humilde de co
razón; y hallaréis descanso para vuestras
almas" (Mt. 11:28-29).
Debemos ser como Cristo, quien era
m uy benigno, por lo tanto, se nos
manda, a los pastores, y a todos los cre
yentes, a no ser “contencioso, sino ama
ble para con todos" (2 Tim. 2:24).
6. Bondad (Agathos)
Es la compasión y dulzura que acom
paña a la excelencia moral y espiritual
de una persona.
Es posible que un cristiano manifieste
alguna rectitud moral sin que m ani
fieste la gracia de la bondad. La persona
recta que también tiene bondad tiene
amigos que están dispuestos a sacrifi
carse por él.
Un ejemplo de un hombre recto y bon
dadoso o bueno, es José. Él era recto
y justo, por eso no podía casarse con
María cuando descubrió que estaba em
barazada antes del matrimonio; pero
como era bueno o bondadoso procuró
no infamarla, por eso “quiso dejarla se
cretamente” (Mt. 1:19).
Dios es el mejor ejemplo de bondad, y
porque Dios es bueno no desmayamos:
“Hubierayo desmayado, si no creyese que
veré la bondad de Jehová en la tierra de
los vivientes” (Sal. 27:13).
El creyente es llamado también a crecer
en la práctica de la gracia de la bondad:
“A s í que, según tengamos oportunidad,
hagamos bien a todos, y mayormente a
los de laf am ilia de la f e ” (Gál. 6:10).
7. Fe (pistis)
También se puede traducir como fideli
dad. Se refiere a la lealtad y confiabili
dad.
Dios es fiel, por eso mantiene sus mise
ricordias y no nos consume (Lm. 3:22).
Jesús es fiel, por eso “se despojó a sí
mismo, tomando form a de siervo, hecho
semejante a los hombres; y estando en
la condición de hombre. Se humilló a
s í mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte de cruz” (Fil. 2:7-9).
Los pastores y servidores en la iglesia
deben ser “hallados fieles" (1 Co. 4:1-2).
Y a todos los creyentes se les dice: “Sé
f ie l hasta la muerte, y yo te daré la corona
de la vida" (Ap. 2:10).
8. Mansedumbre (Prautés)
Incluye la idea de ser amable, pero,
principalmente no se refiere a una con
ducta externa en el trato con las perso
nas, ni a una disposición natural, sino
más bien a una gracia del alma, pro
funda y vital, cuyo ejercicio se dirige
principalmente a Dios.
“Es la actitud humilde y amable que
permite la sumisión paciente en medio
de las ofensas, libre por completo de
cualquier deseo de venganza o retribu
ción”^ .
Ni la mansedumbre ni la templanza se
aplican a Dios como Dios, por su natu
raleza, por su esencia. Aunque, de Jesús,
en su condición hum anada, se dice que
“fu e manso y humilde de corazón" (Mt.
11:29).
Los creyentes somos exhortados a im i
tar a nuestro Señor cultivando la m an
sedumbre y la amabilidad: “M as tú, oh
hombre de Dios, huye de estas cosas, y
sigue la justicia, la piedad, la fe , el amor,
la paciencia, la mansedumbre” (1 Tim.
6 : 11 ).
9. Templanza (Enkrateia)
Es la capacidad de refrenar las pasiones
y los apetitos.
Esta virtud tampoco se aplica a Dios,
porque él no necesita controlarse a sí
mismo.
Pero, Cristo Jesús es el modelo perfecto
de la templanza y el dominio propio.
Él nunca jamás cayó en la tentación de
querer hacer o decir algo contrario a la
voluntad revelada de Dios y a su propia
naturaleza divina.
Por lo tanto, los creyentes, los que es
tamos en Cristo, luchamos por ganar
la carrera de la fe, y eso implica abste
nernos de todo lo que es un obstáculo
para ganar esa carrera (1 Co. 9:25).
En consecuencia, “vosotros también, po
niendo toda diligencia por esto mismo,
añadid a vuestra f e virtud; a la virtud,
conocimiento; al conocimiento, dominio
propio” (2 P. 1:5-6).
3. Consecuencias del
fruto (v. 23-26)
“Contra tales cosas no hay ley. Pero los
que son de Cristo han crucificado la carne
con sus pasiones y deseos. Si vivimos por
el Espíritu, andemos también por el Es
píritu. No nos hagamos vanagloriosos,
irritándonos unos a otros, envidiándonos
unos a otros”
Pablo extrae algunas conclusiones o
aplicaciones vitales de la doctrina del
fruto del Espíritu.
Primero, contra tales cosas no hay ley.
Es decir, las leyes divinas no tienen
ninguna condena para estas virtudes,
antes, las exalta y estimula. Y tampoco
los incrédulos más obstinados tienen
leyes en contra de estas virtudes.
Segundo, los creyentes ya no pueden
vivir practicando las obras de la carne
porque la han crucificado, es decir, en el
momento de la conversión, por el poder
del Evangelio que emana de la cruz de
Cristo, el Espíritu Santo ha quitado el
poder reinante del pecado en nosotros.
Aún tenemos que batallar contra el
mal, pero él ya no nos gobierna.
Por lo tanto, todos los días batallamos,
usando los medios de gracia (la Palabra,
la oración, la adoración congregacional,
participar de la cena, la comunión de
los santos) para vencer las obras de la
carne.
Tercero, el poder recibido del Espíritu al
vivificarnos en la conversión, también
nos lleva a andar en este mundo bajo su
poder e influencia santificadora.
Es imposible que un verdadero creyente
viva en la carne o sea carnal, a pesar de
que aún queda en él un pecado rema
nente; por lo tanto, el creyente se goza,
y es animado a crecer, en andar con
forme a la santificación que produce el
Espíritu.
¿Cómo andamos en el Espíritu? Fortale
ciendo la producción del fruto del Espí
ritu que ya hemos visto.
Por lo tanto, la aplicación final para
todos es: oremos para que superemos
el estado infantil de nuestra fe y que
crezcamos saludablemente en nuestra
vida de santificación. Oremos con Pablo
para que en nosotros también se cum
pla esto:
“Para que andéis como es digno del Señor,
agradándole en todo, llevando fruto en
toda buena obra, y creciendo en el cono
cimiento de Dios; fortalecidos con todo
poder, conforme a la potencia de su gloria
para toda paciencia y longanimidad; con
gozo dando gracias al Padre que nos izo
aptos para participar de la herencia de los
santos en luz; el cual nos ha librado de la
potestad de las tinieblas, y trasladado al
reino de su Amado hijo" (Col. 1:10-13).
U n a c o n c lu s ió n a n ti
ju d a iz a n te : L a cru z de Cristo:
La g lo ria de los ju stific a d o s
G á lata s 6:11- 1 8
En días pasados u n noticiero colom
biano presentaba un reporte sobre una
iglesia cristiana que ahora es una sina
goga judía, guardando todos los ritos de
la Ley de Moisés, y rechazan a Jesucristo
como el Hijo de Dios, y el Mesías Salva
dor.
¿Cómo sucedió esto? Paulatinamente.
No fue algo de unos pocos días.
Empezaron cambiando el lenguaje, del
español al hebreo. Iniciaron con el nom
bre de Jesús. Sus maestros judaizantes
afirmaban que Jesús es judío, por lo
tanto, su verdadero nombre debe ser
pronunciado en hebreo. Desconociendo
que los apóstoles mismos usaron como
Biblia de base para sus estudios y escri
tos el Antiguo Testamento griego (Sep-
tuaginta), donde los nombres fueron
transliterados, para su mejor pronun
ciación, del hebreo al griego.
Luego continuaron rechazando el do
mingo como nuestro día de adoración y
de reposo cristiano, con el fin de adap
tarse a la letra del cuarto mandamiento,
desconociendo que la redención efec
tuada por el Señor Jesucristo dio inicio
a una nueva humanidad, a una nueva
creación de índole espiritual, llevándo
nos a un descanso mejor que el pro
metido por Moisés, siendo nuestro día
principal de adoración y reposo ese día
en el cual Cristo descansó de toda la
obra de Redención al resucitar de entre
los muertos, el Domingo, el primer día
de la semana.
Con el fin de justificar estos cambios,
los maestros judaizantes aprovechan el
poco conocimiento de los incautos para
hacerles creer que el cristianismo origi
nal, siendo hebreo, fue helenizado por
los padres de la iglesia bajo la influencia
de los emperadores romanos.
Y siendo que algunos concilios de la
iglesia fueron convocados por estos em
peradores, y siendo que en algunos de
estos concilios se oficializaron algunas
de las doctrinas claves del cristianismo,
como la doctrina de la Trinidad y la
doble naturaleza de Cristo, o el domingo
como día de reposo; entonces, afirman
que estas doctrinas fueron inventadas
por el imperio romano.
Pero nada más lejos de la realidad, pues,
en estos concilios lo que se hizo fue re
afirmar de manera oficial y universal lo
que la iglesia ya había creído desde el
primer siglo, en obediencia a los man
datos apostólicos y la santa tradición
que las iglesias primitivas, como la de
Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Roma,
entre otras, habían traído desde el prin
cipio de la era cristiana.
Al final, estos grupos que empezaron
siendo “cristianos de las raíces he
breas”, terminan apostatando de Cristo,
rechazando el Evangelio de la gracia de
Dios y destruyendo sus almas en la con
denación eterna.
Es por esa razón que Pablo escribió esta
carta con la autoridad apostólica reci
bida del Señor Jesús, carta que tiene vi
gencia para todas las generaciones de
cristianos.
El peligro del movimiento judaizante es
algo vigente en todas las épocas.
Revisemos la conclusión final de la
carta de Pablo a los Gálatas, y seamos
advertidos una vez más por el Espíritu
de verdad.
1. Un estilo de escritura para llamar la
atención anti judaizante (v. 11).
2. Una últim a advertencia anti judai
zante (v. 12-17)
3. Una salutación anti judaizante (v. 18)
1. Un estilo de escritura para llamar
la atención anti judaizante (v. 11).
“Mirad con cuán grades letras os escribo
de mi propia mano” (v. 1).
Aunque Pablo acostumbraba a dictar
sus cartas para que las escribiera un
experto amanuense, parece que Pablo
daba más autenticidad a sus escritos al
escribir de su propia letra la salutación
final.
En el caso de la carta a los Gálatas Pablo
decidió usar letras UNCIALES, m ayús
culas, en contraste con el resto del es
crito que debió ser en minúsculas cursi
vas.
Estas mayúsculas tenían como objetivo
llamar la atención final de los Gálatas.
Estos son los últimos cartuchos que
Pablo quema para espantar a los judai
zantes y convencer a los cristianos de
Galacia.
En realidad, lo que estaba en juego
era muy grande, pues, si abandonaban
el cristianismo, la salvación por gra
cia, estaban optando por la religión del
mundo, basada en sus buenas obras, en
¡ajusticia propia.
En el mundo solo hay dos religiones: La
verdadera, la de la salvación por la gra
cia de Dios en Cristo Jesús; y la falsa, la
de la salvación por obras, por la justicia
propia.
Una conduce a la salvación eterna y
otra a la condenación.
2. Una última advertencia
anti judaizante (v. 12-17)
“ Todos los que quieren agradar en la
carne, éstos os obligan a que os circunci
déis, solamente para no padecer persecu
ción a causa de la cruz de Cristo” (v. 12).
Esta sección final contiene una de las
más hermosas afirmaciones que hizo el
apóstol, es una confesión de su propia
fe personal.
En el versículo 12 Pablo condensa todo
lo que ha dicho sobre los judaizantes.
Ellos no están interesados en el bie
nestar espiritual de los gálatas, por el
contrario, lo único que les importa es
su propio honor y su propia tranquili
dad, librándose de la persecución judía
al practicar la circuncisión y los otros
ritos de la Ley mosaica.
Estos hombres son “ecuménicos am
plios” que desean estar bien con todas
las religiones, en especial con los judíos,
por lo tanto, ellos se circuncidan para
ser aceptados por los judíos, de manera
que tengan puestos de honor entre los
cristianos y entre el judaismo.
Ellos desean tener a Cristo y la circun
cisión, pero Pablo dice: No se puede, es
imposible. Es una hipocresía pretender
estar bien con Cristo y con el sistema ju
daico de salvación. Son contradictorios:
Uno es por la gracia de Dios a través de
la fe, sin obras de la Ley; mientras que el
otro es por las obras de la ley.
“Porque ni aun los mismos que se circun
cidan guardan la ley; pero quieren que
vosotros os circuncidéis, para gloriarse en
vuestra carne” (v. 13).
Como siempre sucede con los legalistas,
se esfuerzan por vestirse, por fuera, de
santidad y rectitud, adoptando las cos
tumbres externas que serán de mayor
atractivo para los incautos religiosos;
pero, en el fondo, no cumplen con el es
píritu de la Ley, solo con la letra.
Al grupo religioso que Cristo más con
frontó fue al de los fariseos, pues, esta
es la clase de religiosidad más peligrosa,
ya que tiene la apariencia de ser la más
santa, llevando a las personas a confiar
en las obras externas, alejándose así de
la posibilidad de confiar realmente en
Cristo.
La circuncisión de la carne era algo ex
terno, pero guardar la ley, en su esen
cia, el amor a Dios por sobre todas las
cosas y el amor al prójimo como a uno
mismo, estaban lejos de sus corazones.
Cristo mismo les dijo a estos hipócri
tas de la religión legalista: “Porque atan
cargas pesadas y difíciles de llevar, y las
ponen sobre los hombros de los hombres;
pero ellos ni con un dedo quieren mover
las” (Mt. 24:4).
“Pero lejos esté de m í gloriarme, sino en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
quien el mundo me es crucificado a mí, y
y o al mundo” (v. 13).
Contrario a los legalistas judaizantes,
los cuales se glorían en lo externo, en
la circuncisión y las muchas cosas re
lacionadas con las leyes ceremoniales
judaicas; Pablo sabe que de lo único que
nos podemos gloriar es de aquello que
es efectivo para nuestra reconciliación
con Dios: La Cruz de nuestro Señor Jesu
cristo.
Miremos el contraste: Los judaizantes
buscan el reconocimiento de las perso
nas, en especial de los judíos, apelando
a la circuncisión, algo de la carne. Pero
Pablo, y todo verdadero cristiano, bus
can, en esencia, el reconocimiento de
Dios, el cual solo se puede dar a través
de un instrumento humillante: La Cruz
de Cristo.
La cruz era tropezadero para los judíos
y locura para los griegos gentiles (1 Co.
1:23).
La cruz pone de manifiesto nuestra ho
rrenda pecaminosidad y la total incapa
cidad que teníamos de agradar a Dios
por nuestra propia obediencia. Si a tra
vés de la Ley de Moisés se pudiese alcan
zar la justicia divina, entonces la cruz
sería innecesaria.
Por lo tanto, “nadie jamás puede re
conocer en esa cruz “la maravilla del
glorioso amor de Dios” a menos que
vea también “su propia indignidad” y
deseche todo su orgullo”^ ! . Por eso las
religiones de este mundo desean agre
gar a la cruz de Cristo las obras de la ley.
Ahora, cuando el creyente se gloria ver
daderamente en la Cruz de Cristo, en
su muerte y obra redentora suficiente y
eficaz para salvar al pecador; sabe que el
mundo ha sido crucificado para él.
Es decir, aquel que ha sido objeto de la
obra maravillosa de la redención, efec
tuada en la cruz, considera al mundo
y todos sus tesoros, placeres, honores y
valores mundanos como algo sin nin
gún valor para él, ya no le atraen, per
dieron todo su encanto.
Pablo expresó esta misma verdad en Fil.
3:4, 7, 8: “Aunque y o tengo también de
qué confiar en la carne. Si alguno piensa
que tiene de qué confiar en la carne, yo
m á s... pero cuántas cosas eran para m í
ganancia, las he estimado como pérdida
por amor de Cristo. Y ciertamente, aun
estimo todas las cosas como pérdida por
la excelencia del conocimiento de Cristo
Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he
perdido todo, y lo tengo por basura para
ganar a Cristo”
Pero en la cruz no solo el mundo ha
sido crucificado para mí, sino yo para el
mundo. Es decir, ahora soy despreciado
por todos aquellos que tienen puesto su
amor en las cosas de este mundo. A tra
vés de la cruz mis “ideales han llegado
a ser tan espirituales y opuestos a lo
terrenal que el mundo me puede pasar
por alto como si hubiese dejado de exis
t ir ”^ .
“Porque en Cristo Je s ú s ni la circuncisión
vale nada, ni la incircuncisión, sino una
nueva creación” (v. 15).
El “porque” es una conjunción que nos
indica una fuerte relación con lo ante
rior, es decir, La salvación es por medio
de la cruz de Cristo, y ella lo es todo para
m í, de tal manera que las cosas de la
carne (como la circuncisión), las cosas
del mundo (sus glorias, honores, favo
res y comodidades), no importan para
mí; porque lo más importante es Cristo,
su Cruz, su obra redentora, su salva
ción.
La circuncisión, y todo lo que ella im
plica (las ceremonias y ritos de la ley
mosaica), no ayudan para la salvación,
antes, son un obstáculo; ya que lo único
importante es una nueva creación, la
vida nueva, la regeneración obrada por
el Espíritu Santo en nuestros corazones.
Se le llam a nueva creación en contraste
con la vieja, con la naturaleza pecami
nosa que recibimos de nuestros padres
terrenos.
Esta nueva creación es la obra de Dios,
no la del hombre, es el resultado de
Aquel que dijo: “He aquí yo hago nue
vas todas las cosas” (Ap. 21:5). “Es una
creación que sale fresca del corazón de
Dios el Todopoderoso, y es una prenda
segura de las glorias más maravillosas
que están por venir como resultado de
su poder transformador”^ .
“ Y a todos los que anden conforme a esta
regla, paz y misericordia sea a ellos, y al
Israel de Dios ” (v. 16).
¿Cuál es esta regla? Que la salvación
solo se obtiene por el favor inmerecido
de Dios al creer en Jesucristo crucifi
cado como único y suficiente Salvador,
sin necesidad de añadir las obras de la
Ley.
Todo aquel que ordena su vida de
acuerdo a este principio vivirá una vida
de gratitud a Dios y de servicio cris
tiano, pues, estarán llenos de amor por
su maravilloso Salvador.
Y es solo sobre estos que Pablo pronun
cia las bendiciones de paz y misericor
dia.
La paz es el resultado automático de
serenidad de corazón que le pertenece
a los que han sido justificados solo por
la fe (Ro. 5:1). Nada interrumpe su paz,
pues, han encontrado el refugio seguro
en la hendidura de la peña.
Ellos saben que Dios los esconde entre
sus alas en el día de la turbación, y es
tarán seguros en el día de la ira y la
desolación que Dios traerá sobre este
mundo (Sof. l:2ss; 2:3; 3:12).
La paz y la misericordia son insepara
bles.
Dios nos trata con misericordia cuando
no nos da lo que merecemos.
Gozamos de paz porque Dios mostró
su misericordia para con nosotros, por
lo cual no nos consumió, sino que nos
trató con su gracia, es decir, nos dio lo
que no merecíamos.
Y esta bendición es para todo el Israel
de Dios, aunque la conjunción “y" pare
ciera denotar que se trata de otro grupo
de personas, en realidad no se trata de
ello, sino que, todos aquellos que han
sido así de bendecidos por la gracia
de Dios en Cristo crucificado, forman
parte del Israel de Dios.
Que no se trata del pueblo judío, como
algunos lo han interpretado, es claro
por todo el mensaje que Pablo ha dado
en la epístola previniendo contra la ju-
daización de la iglesia cristiana.
3. Una salutación anti
judaizante (v. 18)
“Hermanos, la gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con vuestro espíritu.
Am én” (v. 18).
La brevedad de esta bendición final evi
dencia que la carta a los Gálatas fue
difícil para Pablo, pues, tuvo que tra
tarlos con cierta necesaria dureza para
que ellos reflexionaran y abandonaran
el camino de la judaización, camino que
conduce a la apostasía.
No obstante, esta breve salutación está
llena de profundo significado para la
iglesia receptora.
A pesar de todas las dificultades de
esta iglesia local, Pablo los llama “her
manos”, miembros del cuerpo de Cristo,
hijos de Dios. Están en gran peligro
y Pablo los tuvo que reprender dura
mente, pero combina esta reprensión
con el cariño y afecto cristiano. De esa
manera es más efectiva la corrección.
¡Aprendamos la lección!
La gracia de nuestro Señor Jesucristo y
no la justicia propia, ni la circuncisión,
ni las ceremonias de la Ley, es la que
nos bendice. La gracia es el favor inm e
recido de Dios que nos da por su libre,
santa y buena voluntad.
Sea con vuestro espíritu. Los judaizantes
se interesaban por lo externo, pero la
gracia del Señor impacta lo interno, el
espíritu.
De esa manera los cristianos de Galacia
podrían responder al contenido de la
carta con un poderoso Amén, así sea,
estamos de acuerdo Pablo, ya entende
mos que los judaizantes son enemigos
de nuestras almas, pero ahora vemos la
gloria de la Cruz de Cristo, radiante y es
plendorosa, destellando la gracia divina
que nos salva de forma segura y nos
lleva a una vida de obediente amor para
con nuestro Redentor.
Quiera el Señor que esta sea la bendi
ción de todos nosotros. Amén
Hermanos, cuidémonos del legalismo,
del fariseísmo, del movimiento judai
zante. Es muy fácil caer en estos males.
Recordemos que debemos guardarnos
de hacer nuestra propia justicia delante
de los hombres (Mt. 6:1). Cuando demos
limosna no busquemos que otros se
den cuenta (Mt. 6:2). Cuando oremos
seamos humildes y no procuremos ser
vistos por los demás (v. 5). Cuando ayu-
nemos no lo mostremos a los demás
(v. 16). No seamos como el fariseo
que oraba con orgullo en el templo,
sino como el arrepentido publicano (Le.
18:9-14).
Hermanos, que nuestra única gloria sea
la Cruz de Cristo, y al hacer esto es
porque estamos humillando nuestros
corazones al reconocer que nuestro pe
cado era muy grande, que no pudimos
hacer nada para nuestra salvación, y
que siempre necesitaremos de la cruz
de Cristo.
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padres de la iglesia. Nuevo Testamento. Tomo 8.
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m i Edwards, Mark. La Biblia comentada por los
padres de la iglesia. Nuevo Testamento 8. Pá
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