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Educación: Derecho vs. Servicio

Este documento discute la reciente propuesta de declarar a la educación como un "servicio esencial". Tres expertos en educación argumentan que la educación es un derecho, no un servicio, y que declararla como servicio esencial tiene el objetivo de limitar el derecho a huelga de los docentes y abrir las puertas a la privatización de la educación. Si bien la educación es esencial, en este momento el debate debería centrarse en cómo garantizar la salud y seguridad de estudiantes y docentes al regresar a las
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Educación: Derecho vs. Servicio

Este documento discute la reciente propuesta de declarar a la educación como un "servicio esencial". Tres expertos en educación argumentan que la educación es un derecho, no un servicio, y que declararla como servicio esencial tiene el objetivo de limitar el derecho a huelga de los docentes y abrir las puertas a la privatización de la educación. Si bien la educación es esencial, en este momento el debate debería centrarse en cómo garantizar la salud y seguridad de estudiantes y docentes al regresar a las
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La educación es un derecho, no un servicio

Al debate por la presencialidad escolar en tiempos de pandemia se suma la pretensión de


declarar a la educación como un “servicio esencial”. El discurso es impulsado básicamente
por los sectores de la oposición, se expresa en las redes sociales, en declaraciones
mediáticas y hasta en proyectos en diferentes organismos gubernamentales. ¿Qué hay
detrás de esta movida? Tres especialistas en educación –consultados por El Eslabón– se
paran del lado del derecho y acuerdan que se trata de un debate que cada tanto reaparece,
siempre con la meta de cercenar conquistas del magisterio y mercantilizar la enseñanza.
Por sólo citar unos pocos ejemplos cercanos de esta movida que ya es nacional y esconde
otros fines, en Rosario la concejala de Juntos por el Cambio Renata Ghillotti presentó un
proyecto “para declarar la educación como servicio esencial y volver a las clases
presenciales”. El texto es básico, pero abona a los objetivos opositores, sumando a “padres
organizados” que claman por “aulas abiertas”. En igual sintonía se expresó el diputado
provincial Alejandro Boscarol (UCR, Juntos por el Cambio) en su cuenta de Twitter: “Desde
Juntos por el Cambio solicitamos, a través de un proyecto de ley, que el Gobierno de Santa
Fe declare a la educación como Servicio Público Esencial, garantizando a los estudiantes la
presencialidad en las aulas de todas las escuelas de Santa Fe”.

La diputada nacional (Frente de Todos) por Santa Fe, docente y dirigenta sindical del Sadop
Patricia Mounier y el secretario de Educación de Ctera y de Cultura de Amsafé, Miguel
Duhalde, explican cómo esta idea de “servicio esencial” pretende limitar el derecho a huelga
del magisterio, además de abrir las puertas al mercado educativo. Por su parte, la doctora
en educación Liliana Sanjurjo advierte sobre el uso del debate por la presencialidad en
detrimento del trabajo docente realizado en la pandemia.

Tanto Mounier como Duhalde recuerdan que la Organización Mundial del Trabajo (OIT)
establece qué trabajos pueden calificarse como “servicios esenciales”, y que en esa nómina
no figura la educación. Vale recordar que la Constitución nacional, en su artículo 14, define
a la educación como un derecho. Y que la ley de educación nacional (26.206) considera a
la educación como un derecho desde el primero de sus artículos, y en su artículo 2 define:
“La educación y el conocimiento son un bien público y un derecho personal y social,
garantizados por el Estado”.

La trampa de la palabra “servicio”


“Es histórico”, dice el dirigente de Ctera y Amsafé provincial Miguel Duhalde sobre este
debate que busca declarar a la educación como “servicio esencial” y que cataloga como
algo propio de los 90. También de una lucha que ya es bien conocida para los sindicatos
docentes. “Más que en la palabra esencial, la trampa está en la palabra servicio. Al
ponerlas juntas incluyen la idea de servicio, y la educación no lo es. Es un derecho”,
subraya.

Duhalde marca dos grandes problemas centrales en esta idea. Por un lado, que al hablar
de “esencial” se busca limitar el derecho a reclamar, a protestar y a la huelga que tienen
las trabajadoras y los trabajadores, y por eso el rechazo es categórico. “A nosotros nos
quieren correr diciendo que las huelgas perjudican a las chicas y los chicos, pero nosotros
respondemos que cuando hacemos paro seguimos enseñando, educando, porque
enseñamos a luchar por los derechos. Esto también es una enseñanza”, sostiene.

El dirigente sindical defiende la educación como un derecho que tiene que garantizar el
Estado y alerta sobre las intenciones transables que rondan estas discusiones públicas. “Al
hablar de la educación como «servicio esencial» se lo hace como cualquier otro servicio,
que se vende y se compra, como la luz, el gas. Eso le abre las puertas a otro proceso que
es el de la mercantilización y la privatización educativas”, advierte.
Duhalde dice que no se puede dudar que la educación es esencial, igual que la salud. Pero
alerta que en este momento se utiliza esa idea para dar un debate educativo que en
realidad debe ser sanitario y epidemiológico: “La vuelta a la escuela presencial la plantean
como una cuestión educativa, siendo que lo que hay que resolver de manera primordial es
la cuestión de la salud, de la enfermedad, de la vida de las personas”.

“La educación es un derecho social y humano. Cuando están en riesgo la salud y la vida
ese derecho se puede garantizar de diferentes maneras, como lo hemos hecho en el 2020,
a través de la virtualidad, las plataformas, con programas de radio, repartiendo
cuadernillos”, enumera. Y destaca la necesidad de que las escuelas estén en condiciones y
la docencia vacunada para poder ejercer ese derecho de manera cuidada y segura, sin
poner en riesgo a la población.

Duhalde analiza el uso que la oposición hace de esta disputa pública para marcar que “la
derecha históricamente utiliza un tema emergente para desgastar a los gobiernos”.
“También –alerta– hay un ataque hacia los sindicatos docentes que estamos tratando de
defender a las familias, a los estudiantes, a los docentes, la vida; a los sindicatos que nos
oponemos a una presencialidad inconsciente. Cuando se busca poner los derechos por
encima de los privilegios, se es atacado por la derecha. Y la derecha siempre va a priorizar
los privilegios por encima de los derechos”.

Garantizar el derecho
La diputada Patricia Mounier también remarca que lo de “servicio esencial” no es un tema
nuevo, y que siempre que se planteó fue fundamentalmente para restringir el derecho a
huelga. “Algunos pueden sostener y hacerle creer a la gente que nosotros decimos que la
educación no es importante. La educación no es un servicio, es un derecho. Y ahí está la
diferencia”, precisa.

Esa idea de educación como servicio –agrega Mounier– es la que planteaba Mauricio Macri
respecto de la privatización educativa. “Y la educación es un derecho que tiene que estar
garantizado por los Estados nacional y provinciales para todas y todos”, destaca la
educadora y dirigenta sindical del Sadop.

En su mirada la discusión central del momento no debiera ser presencialidad sí o no, más
bien “cómo va a ser la escuela de la pospandemia, cómo volvemos cuidándonos todas y
todos, pero fundamentalmente escuchando la voz de las trabajadoras y los trabajadores”.

Mounier asegura que lo que subyace en este debate es “una embestida de la oposición para
cercenar derechos sindicales”. “La oposición viene por la dirigencia sindical, por los
sindicatos, como lo pretendió hacer Macri durante los cuatro años de su gobierno”, dice, y
propone hacer memoria sobre los palos que recibieron las maestras y maestros cuando
instalaban frente al Congreso la Escuela Itinerante, en defensa de las paritarias.

La legisladora analiza que así como la pandemia mostró y hasta profundizó en muchos
casos las desigualdades educativas, también permitió a las familias valorar a “la educación
en general, y a la escuela en particular”. “Nos dimos cuenta que la escuela es organizadora
de la vida familiar, facilitadora de la vida social”, dice, y repasa que “en Santa Fe, en 2003,
con las inundaciones, la gente pedía que los centros de evacuados fueran las escuelas,
porque eran los mejores, porque tenían la organización escolar: alguien que daba las
indicaciones, todo el mundo cumpliendo con un trabajo”.

En su análisis rescata las políticas de Estado con las que el actual gobierno nacional planteó
el inicio de su gestión, como las de devolver las paritarias, plantear el aumento del
presupuesto educativo, recuperar la capacitación docente gratuita y en servicio, y los
programas que amplían derechos a las chicas y los chicos. “Son políticas de Estado que
están demostrando que la educación es importante”, dice.

Para esta educación que se viene, que ya está en marcha, Mounier insiste en la urgencia
de que los gobiernos escuchen la voz de la docencia. “Lo que no van a poder evitar hacer
los gobiernos es hablar con los gremios docentes, para poder tener esa mirada en las
decisiones que se tomen”, plantea la diputada.

La educadora habla de la necesidad de afianzar en esta discusión la presencia de la


“comunidad educativa”, de recuperar ese concepto para una tarea que requiere de un
esfuerzo colectivo. También pone de relieve el trabajo docente realizado en la pandemia,
el deseo siempre presente del magisterio de volver a la presencialidad, pero no de cualquier
manera.

Descree que en 2020, por la imposibilidad de las clases presenciales, se haya perdido “una
generación de chicos”, como se afirma sin reparos desde la oposición. Y vuelve a poner su
confianza en las docentes “que seguramente volverán a sacar las estrategias hasta de
donde no tengan” para salir adelante. Opina que el regreso a la escuela presencial es una
decisión sanitaria antes que educativa, y que una vez en las aulas se va a demandar
recuperar los encuentros con las chicas y los chicos, porque “en la escuela no solo se
recuperan contenidos”.

También señala como indispensable ofrecer a las familias “un plan organizado para que
sepan qué días van a ser presenciales, cuáles virtuales, porque esto tiene que ver también
con la organización familiar”. “Y por eso –dice una vez más– hay que consultar a los
gremios”.

La presión de lo económico
La doctora en educación Liliana Sanjurjo también prioriza en su análisis diferenciar de
manera categórica el derecho a la educación de la idea de “servicio”. “Un derecho y un
servicio no son lo mismo”, reafirma, para vincular este último concepto a la prevalencia de
lo económico.

Y se detiene a considerar la llamativa convergencia de tantos sectores en el reclamo


insistente de “volver a las clases” como si la docencia en 2020 no hubiese estado
enseñando. “También defiendo la presencialidad, pero la forma en que se la reclama es
también una forma de negar lo que se hizo, de desvalorizar” el trabajo docente.

Sanjurjo, quien es también profesora universitaria y una reconocida formadora de


docentes, afirma que a este debate de la presencialidad y la educación como “servicio
esencial” se unen otros aspectos que no hay que pasar por alto. Uno es la de asociar la no
presencialidad con los problemas de abandono escolar, a las desigualdades educativas:
“Nos olvidamos que la escuela no genera la desigualdad, en todo caso es la que cumple
una función compensadora en lo social y lo político. Pero al poner tanto énfasis en esto
pareciera que la escuela tuviera alguna responsabilidad en la desigualdad, cuando
realmente ha sido lo contrario”.

Considera que ese camino (de reclamarle todo a la escuela) corre de foco el
cuestionamiento sobre “qué es lo que genera la desigualdad”, “no tocar nada de lo que
genera la desigualdad y pedirle más a la escuela, que compense esa desigualdad”. Así –
profundiza– se está responsabilizando nada menos que de las injusticias sociales a la
escuela, “sin tocar el modelo de concentración de la riqueza extrema que hay”.

Otro punto que marca Sanjurjo es la relación de la pandemia con la ventaja que los grupos
más conservadores pretenden sacar. “Naomi Klein (periodista canadiense) nos muestra
muy claramente cómo el capitalismo feroz aprovecha los momentos de catástrofes, como
ha sido en general la pandemia, para sacar provechos económicos”, señala la especialista.
Y continúa: “No son cualquier personaje los que están vorazmente viendo hoy qué
ganancias pueden sacar de las cenizas del árbol caído. Esta es una situación que estos
sectores saben usar para hacer negocios”.

La educadora pide centrarse en la defensa de la educación como derecho y no como un


servicio, que es lo contrario y donde sin dudas hay que pagar para recibirlo.

La Educación es un derecho, no un servicio esencial

Nos resulta lamentable el alto grado de desconocimiento que tienen en materia de


educación la Gobernadora saliente, diputada electa Rosana Bertone y/o el Ministro
de Educación Diego Romero.

El decreto que determina asueto en la administración pública para el 10 de


diciembre, firmado por Bertone dice que “los titulares de cada una de las
jurisdicciones (*) deberán tomar los recaudos necesarios para el mantenimiento y
normal prestación de los servicios esenciales” …Y el Ministro de Educación salió en
los medios a decir que el decreto no afecta el dictado de clases.

Sin embargo, la Educación no es servicio público esencial, según los convenios 87 y


98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a los que la Argentina adhirió
y que tienen rango constitucional. Al respecto, el Comité de Libertad Sindical de la
OIT ha establecido que la educación no es un servicio esencial dado que su
interrupción no pondría en peligro la vida, la seguridad o la salud de la población.

Los docentes, porteros, administrativos y personal de limpieza son personal de la


administración pública provincial. Por ello, habrá que explicarle al Ministro y a
Bertone que, si quieren que haya clases el 10 de diciembre, deberían modificar el
texto del decreto, ya que si se aplica tal como está redactado, no debería haber
clases.

Si así no lo hicieren, quedarían como incompetentes en sus funciones por


desconocimiento o como irrespetuosos de la Constitución Nacional.
La educación es un servicio público esencial
En septiembre de 2018 publiqué en este mismo espacio una nota titulada “La educación es un
servicio público esencial,” la cual fue una de las primeras de las múltiples columnas que he
publicado a lo largo de los años, tratando de derribar uno de los tantos tabúes que enfrenta la
educación argentina: reglamentar el derecho de huelga en la actividad es la única forma de
defender el derecho a la educación de aquellos niños y jóvenes que menos tienen y, por ende, más
necesitan.

Este miércoles, una nota de Infobae adelanta el contenido de un proyecto de ley de Alejandro
Finocchiaro, el cual podría significar la posibilidad de alcanzar una vida mejor para miles de niños
y jóvenes. El mismo, en su artículo 1 explicita: “Declarar la educación como servicio estratégico
esencial en todos los niveles y modalidades comprendidos en la obligatoriedad escolar, para
garantizar la protección y promoción integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes en el
cumplimiento efectivo del ciclo lectivo completo”.

Recordemos que la Constitución Nacional reconoce el derecho a la educación. Implícitamente, por


ejemplo, en el artículo 14 al establecer que todos los habitantes de la Nación gozan de los derechos
a enseñar y aprender. Explícitamente, en su artículo 75, inciso 22, al incorporar la Convención de los
Derechos del Niño, cuyo artículo 28 asume el derecho del niño a la educación. ¿Quién puede afirmar
que en la Argentina hoy se respeta el artículo 28 de la Convención, en cuanto a que el derecho a la
educación debe poder ser ejercido en condiciones de igualdad de oportunidades?

Los sindicatos docentes obviamente rechazan esta posibilidad, fundándose en los convenios 87 y
98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a los que la Argentina adhirió y que tienen
rango constitucional. Al respecto, el Comité de Libertad Sindical de la OIT ha establecido que la
educación no es un servicio esencial, dado que su interrupción no pondría en peligro la vida, la
seguridad o la salud de la población.

¿Es dicha interpretación correcta? La vida de muchos jóvenes que han transitado su educación
obligatoria dentro de un sistema en los cuales son virtuales rehenes, ha sido irremediablemente
afectada. Por ello, los paros docentes sí involucran un riesgo de vida para nuestros niños y
jóvenes, su vida adulta sería radicalmente distinta de haber podido cursar, en igualdad de
condiciones, la escolaridad que el Estado tiene la obligación de garantizar.
Frente al proyecto de Alejandro Finochiaro recordemos que, en 2014, al enfrentar la administración
del gobernador Daniel Scioli una larga secuencia de paros docentes, el vicegobernador Gabriel
Mariotto planteó la misma idea. En sus propias palabras: “La educación, y en especial la pública, es
un servicio esencial en las sociedades democráticas porque permite la igualdad de oportunidades,
favorece la cohesión social y es la base del progreso económico que da lugar al estado del
bienestar. Por ello debe declararse a la educación un servicio público esencial y reglamentar el
ejercicio a huelga en dicho sector”. Mariotto enfatizó: “Sin educación los niños no se forman, ni
aprenden, ni se desarrollan como ciudadanos. Es por ello que, en su condición de derecho humano
esencial, es también un servicio público esencial. Y por lo tanto su suspensión, aún en virtud de
legítimos reclamos de los docentes, es en sí misma una vulneración al mismo derecho que el
reclamo dice custodiar”.

Los chicos a los que hoy se priva de educación serán los desempleados de mañana. Es
imprescindible que la sociedad tome consciencia de ello. ¿No es ello acaso un riesgo de vida? ¿No
se está destruyendo su futuro? Ojalá el oficialismo y la oposición así lo entiendan y, por primera vez,
la educación se convierta en una política de estado en nuestro país.

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