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Controlar El Enojo

Este documento habla sobre cómo controlar la ira. Explica que la ira es una emoción normal pero puede volverse destructiva si no se controla. Ofrece sugerencias para controlar la ira, como expresarla de manera asertiva en lugar de suprimirla o explotar. También discute que a veces la ira está justificada cuando se siente por injusticias u ofensas, pero siempre se debe expresar de forma apropiada.

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Controlar El Enojo

Este documento habla sobre cómo controlar la ira. Explica que la ira es una emoción normal pero puede volverse destructiva si no se controla. Ofrece sugerencias para controlar la ira, como expresarla de manera asertiva en lugar de suprimirla o explotar. También discute que a veces la ira está justificada cuando se siente por injusticias u ofensas, pero siempre se debe expresar de forma apropiada.

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Controlar el enojo

Siempre podemos elegir como reaccionar


ante las diversas situaciones de la vida.

R.I.G.J. 1250 -
Derechos reservados
INTRODUCCIÓN
Todos sabemos lo que es el enojo y lo hemos
sentido alguna vez. En ocasiones puede significar
un ligero enfado, otras veces una furia profunda.
Y como somos seres vulnerables no siempre
podemos controlar apropiadamente nuestras emo-
ciones.
Existen muchos niveles y tipos de enojo. El
enojo producido por una pequeña equivocación en
un examen escolar es diferente al que produce una
estafa de un amigo. Además, cada persona mane-
ja el enojo a su manera y de acuerdo a cada
situación. A veces se lo manifiesta de una forma
que nos hace sentir bien en el momento, pero luego
nos trae más problemas. Otras veces nos guarda-
mos el enojo porque no queremos crear proble-
mas, pero luego termina carcomiéndonos.
Más allá de los tipos de enojos, sus niveles y
formas de expresión, el problema surge cuando
nos enojamos con facilidad o solemos perder los
estribos, y esto dificulta la relación con los demás.
No saber controlar el enojo produce problemas
y sufrimiento. Se siente que el enojo nos domina,
que ocupa mucho tiempo y energías de nuestra
vida, que nos lleva a herir a los demás, que
cerramos posibilidades, que nos lleva a quedarnos
solos y con culpa...

¿Qué hacer con esos fuertes sentimientos?


¿Cómo controlar el enojo? En este fascículo halla-
rá información sobre el enojo, sus causas, sus
consecuencias, sus límites. Fundamentos para
controlarlo y sugerencias prácticas para saber
cómo actuar cuando se está enojado. Hallará
también palabras de sabiduría y aliento que se
encuentran en la Biblia. Allí Dios nos alienta a
encontrar caminos para mejorar nuestra calidad
de vida: “No te enojes, porque eso empeora las
cosas” (1).

QUÉ ES EL ENOJO
El enojo es una emoción, un estado afectivo de
indignación y rabia provocadas por la amenaza, la
ofensa, el daño, o la injusticia inflingidos a nosotros
o a quienes queremos. Indignación y rabia tanto
más intensas cuanto más injustificados y gratuitos
sean el daño y la ofensa recibidos.
Es un estado emocional que varía en intensidad,
yendo de la irritación leve a la furia intensa. Está
acompañado de cambios fisiológicos y biológicos.
Cuando una persona se enfada, su ritmo cardíaco
y presión arterial aumentan, al igual que los niveles
de las hormonas adrenalina y noradrenalina.
El enojo puede ser debido a acontecimientos
externos o internos. Podemos enfadarnos con una
persona específica, como un compañero de traba-
jo o un supervisor. Por un acontecimiento, un
atasco de tráfico, un corte de energía. O bien el
enojo puede aparecer al analizar problemas
personales. Los recuerdos de acontecimientos
traumáticos o que nos hicieron enfadar pueden
también desencadenar este tipo de emociones.
El enojo es una emoción normal. Pero cuando
está fuera de control se vuelve destructivo, condu-
ce a diversos problemas en el trabajo, en las
relaciones y en la calidad de vida. En un momento
de enojo la persona siente que está a merced de
una emoción imprevisible y poderosa. Los demás
pierden la confianza en ella y la observan con
temor, ya que perciben el descontrol. Estos suce-
sos resquebrajan la confianza y las relaciones.

2
Algunas personas se enfadan más fácilmente y
de un modo más intenso que la mayoría. Hay
quienes no muestran su rabia de manera especta-
cular pero están crónicamente irritadas y resenti-
das. La gente que se enfada con facilidad no
siempre maldice o lanza objetos por el aire; a veces
se aísla, se pone muy nerviosa, se deprime o se
enferma físicamente.
Quien se enfurece fácilmente suele tener lo que
los psicólogos llaman una baja tolerancia a la
frustración. Cree que no debería sufrir frustracio-
nes, inconvenientes o molestias. Le cuesta tomar-
se las cosas tal como son y se enfurece particular-
mente si la situación parece de alguna manera
injusta: por ejemplo, cuando lo corrigen por un
error de menor importancia.
Para entender mejor la dinámica envuelta en
este sentimiento debemos reconocer algunas cues-
tiones:
1) El enojo puede servir a propósitos psicológicos.
Es una equivocación asociar siempre el enojo con
un conflicto personal. Las personas usan expre-
siones de enojo en la manera equivocada para una
variedad de necesidades emocionales cuestiona-
bles. Por ejemplo, enojarse para llamar la atención
de los demás o para ser reconocidas.
2) El enojo normalmente surge como el resultado
de otras emociones. Miedo y ansiedad pueden
transformarse rápidamente en enojo. En realidad,
una persona enojada puede ser alguien asustado.
3) El enojo es una forma de energía que puede
motivar. Muchas personas lo expresan como una
manera de calmarse. Una vez expresado, el alivio
es inmediato en la mayoría de los casos. Otras
veces puede ser una manera de tomar coraje para

3
superar una situación atemorizante, o el impulso
necesario para romper un angustiante estatismo.
Aunque es relativamente fácil reconocer que
nos enojamos, a veces no es fácil identificar las
razones por las que lo hacemos. Por ejemplo, una
reprensión de un jefe puede ser por alguna razón
superficial, pero la razón real del enojo puede tener
mucho más que ver con un sentimiento de baja
autoestima. La reprensión resulta un recordatorio
de ello.
Si bien no existen criterios tajantes y uniformes
para diferenciar el enojo saludable del patológico,
hay en la literatura científica actual un consenso
acerca de que el grado y las consecuencias del
enojo revisten especial importancia. De este modo,
es patológico cuando se experimenta en forma
elevada o cuando acarrea consecuencias negati-
vas. Veamos con más detalle estos aspectos.
Desde el punto de vista psicológico se estima el
nivel de enojo sobre la base de su frecuencia, su
intensidad y su duración. El sentimiento de enojo
es patológico cuando se presenta habitualmente
(frecuencia), se experimenta con demasiada fuer-
za (intensidad) y se prolonga por largos períodos
(duración). Contrariamente, al sentimiento de enojo
poco frecuente, leve y de corta duración se lo
considera normal y saludable.
La agresividad propia del enojo puede ir dirigida
contra la causa del conflicto y suele terminar
cuando se expresa una respuesta violenta ante el
estímulo que la provocó. Pero, en ocasiones, halla
otra cosa o persona donde manifestarse para no
enfrentarse con la causa verdadera. Es el caso de
la persona tímida o apocada en su entorno social,
que descarga su enojo al llegar a casa.

4
El enojo mal canalizado induce a la hostilidad y
genera un alto gasto energético, unido a una
enorme sensación de malestar con el entorno
social. Este tipo de actitud se suele dar en personas
que son más susceptibles, que tienden a sentirse
atacadas fácilmente y que utilizan el enojo como
una forma de defenderse ante un ataque real o
imaginario.
La mayoría de las personas susceptibles, irrita-
bles, o agresivas suelen sentirse muy mal cuando
se les pasa el enfado y comprueban que no tienen
autocontrol sobre sí mismas, que son víctimas de
su debilidad, fuerte genio o mal carácter. Termi-
nan sintiéndose culpables por no saber expresar
sus sentimientos en el momento oportuno y la
forma apropiada.
El enojo puede conllevar una amenaza para la
salud de la familia: bebés alterados, parejas mal-
tratadas, accidentes automovilísticos y cosas peo-
res. En tanto que las mujeres tienden a internalizar
su ira y deprimirse, los hombres son más propen-
sos a estallar y lastimar a alguien.

MANERAS DE EXPRESARLO
La evaluación de las consecuencias del enojo
remite indefectiblemente a su expresión. En este
sentido, se distinguen al menos tres grandes for-
mas de manifestarlo, cada una de ellas con sus
consecuencias sobre la salud, las relaciones y
bienestar de la persona:
1) Intentar suprimir el enojo. La persona puede
rumiar sobre la provocación del enojo, proferir
internamente insultos o maldiciones, mas no ex-
presar abiertamente ningún malestar. Esta moda-
lidad, identificada comúnmente con el “explotar
hacia adentro” es muy dañina para la salud física,

5
acarreando problemas cardiovasculares, gastro-
intestinales o inmunitarios, por sólo mencionar los
más comunes.
2) Explotar. Proferir insultos, gritos y agresiones
físicas. Aunque en menor medida que la supresión,
la manifestación explosiva también se asocia con
problemas de salud física. No obstante, sus conse-
cuencias más notables se traducen en problemas
interpersonales que dificultan el adecuado desa-
rrollo social de la persona. Es común que la
persona con un estilo explosivo de enojo tenga
dificultades para relacionarse con compañeros de
trabajo o estudio; ni que hablar de los problemas de
pareja, donde el impacto puede alcanzar escena-
rios tan graves como la violencia física y la sepa-
ración. Lo mismo puede ocurrir con los hijos.
3) Actuar de manera asertiva. Utilizar palabras,
gestos, tonos de voz y comportamientos que mar-
quen la molestia con claridad pero de manera
aceptable. Expresar el enojo adecuadamente
mejora la calidad de los vínculos.

EL ENOJO JUSTO
El enojo es una reacción que puede indicar
simplemente que estamos vivos y por lo tanto nos
revelamos contra injusticias, amenazas o abusos.
El enojo adecuado ayuda a resolver un desacuer-
do, a reclamar derechos o simplemente a marcar
límites. No obstante, en algunos casos, el enojo se
convierte en un problema que deriva en serias
consecuencias para la salud y la calidad de vida.
Quien se irrita por las cosas debidas, con quien
es debido, y además cómo y cuándo es debido, su
actitud se encuentra justificada y es lícita. Esto

6
significa que el enojo no es, por sí y siempre,
reacción o comportamiento vicioso o inmoral. No
sólo esto, resulta inmoral la ausencia de enojo en
aquellas ocasiones en las que es procedente ma-
nifestarlo. Cuáles son estos casos ya es más difícil
de determinar. No es fácil saber con certeza con
quién, cómo, cuándo, por cuánto tiempo y con qué
intensidad debemos enojarnos.
El enojo controlado puede ser útil; descontrolado
puede ser atroz. Cuando el enojo nos hace perder
los estribos no dominamos nuestros actos, nos
volvemos hostiles, violentos y no tenemos la míni-
ma coherencia e imparcialidad. Por comprensible
que sea, su aparición generalmente es mala con-
sejera para tomar decisiones.
Salido de sus carriles no es fácil volver a
ajustarlo, porque ni atiende razones ni necesita de
material alguno para alimentar el fuego que lo
devora y con el que devora lo que le sale al paso.
El enojo desbocado es una pasión que no conoce
límites y puede ser causa de un comportamiento
violento para con nuestros semejantes o para con
uno mismo.
Es fácil emplear el enojo incorrectamente y es
importante estar concientes de esta posibilidad.
Suele darse cuando una de las partes percibe, real
o imaginariamente, que puede perder el control de
la situación. Entonces, reacciona con fuerza au-
mentando la agresividad, los problemas y las con-
secuencias.
El enojo puede ser un motor para poner en
marcha a las personas. Puede motivar a buscar
una solución, pero debe estar acompañado por
momentos de calma que permitan pensar cómo
encontrar el camino.

7
El enojo se convierte en mal cuando no gober-
namos con la razón nuestras reacciones. O sea:
1) Si nos enojamos por algo bueno.
2) Si lo hacemos desproporcionadamente.
3) Y, por defecto, cuando no nos enojamos lo
suficiente por un mal que hay que corregir o al que
debemos oponernos.
Tenemos opciones positivas y negativas en
cada situación de la vida. Considerar a la otra
persona, aprender de nuestros errores y trabajar
para tomar decisiones positivas ayudará a que el
enojo esté a nuestro favor y no contra nosotros.

QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA


La Biblia muestra que Jesucristo, el Hijo de
Dios, se enojó en determinadas ocasiones. Una de
ellas fue la siguiente: “Jesús entró en la sinago-
ga; y había en ella un hombre que tenía una
mano tullida. Y espiaban a Jesús para ver si lo
sanaría en sábado, y así tener de qué acusarlo.
Jesús le dijo entonces al hombre que tenía la
mano tullida: Levántate y ponte ahí en medio.
Luego preguntó a los otros: ¿Qué está permi-
tido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar
una vida o destruirla? Pero ellos se quedaron
callados. Jesús miró entonces con enojo a los
que le rodeaban, y entristecido por la dureza
de su corazón le dijo a aquel hombre: Extiende
la mano. El hombre la extendió, y su mano
quedó sana. Pero en cuanto los fariseos salie-
ron, comenzaron a hacer planes con los del
partido de Herodes para matar a Jesús” (2).
El enojo es justo cuando es causado por un mal
verdadero y se expresa adecuadamente. Así es el
enojo de Jesucristo en el episodio que acabamos

8
de leer. En cambio, el enojo de sus opositores, es
injusto porque surge ante una acción correcta y se
dirige contra alguien bueno.
Jesucristo es Dios, por ende conoce la verdad y
tiene una firme adhesión al bien. Eso le hace
resistir al mal con el bien; y a no responder al mal
con otro mal.
Es inevitable molestarse o enojarse cuando, por
ejemplo, perturban mi sueño los mosquitos o los
grillos, cuando otro ensucia lo que acabo de lim-
piar, cuando me dicen una palabra injusta, cuando
el hijo del vecino rompe un vidrio con la pelota,
cuando me atienden con grosería en un negocio, o
cuando el público que tenemos que atender es
maleducado. Pero el problema ocurre cuando no
logramos dominar nuestra reacción ante esos
motivos de enojo y lo hacemos desproporciona-
damente, agregando mal al mal.
Una antigua norma sentencia: “Ojo por ojo y
diente por diente" (3). Jesucristo enseñó el per-
dón y desautorizó ese principio: “Ustedes han
oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por
diente’. Pero yo les digo: No resistas al que te
haga algún mal; al contrario, si alguien te
pega en la mejilla derecha, ofrécele también la
otra” (4). Y en esa época una bofetada en la
mejilla derecha era una ofensa muy grave.
Estas palabras de Jesucristo no se deben enten-
der como que no hay que resistir al mal, sino que
no hay que agregar “leña al fuego” reaccionando
de mala manera. Cuando a Jesucristo lo abofetea-
ron durante un arbitrario juicio, no se quedó calla-
do. Exponiéndose a un mayor castigo, respondió:
“Si he dicho algo malo, dime en qué ha consis-
tido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me
pegas?” (5).
9
La Biblia también enseña que el enojo puede
llevarnos a hacer cosas malas: “Si se enojan, no
pequen; que el enojo no les dure todo el día.
No le den oportunidad al diablo” (6). El enojo
puede llevarnos a reacciones agresivas o desme-
didas, de las cuales luego nos arrepentimos. Para
que esto no ocurra debemos controlarnos, medir
las reacciones y no seguir rumiando el enojo. Si
éste perdura en el tiempo es un caldo de cultivo
para las malas acciones, la venganza y el resenti-
miento.
Uno de los bienes que produce la confianza en
Dios es el dominio de uno mismo. “Lo que el
Espíritu produce es amor, alegría, paz, pa-
ciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humil-
dad y dominio propio” (7).
Y la Biblia enseña: “Más vale paciencia que
valentía y dominarse que conquistar una ciu-
dad” (8).
Dios pide que dominemos nuestro enojo, para
que no nos domine a nosotros. Tenemos que
aprender a analizar sus causas y expresarlo de una
manera adecuada. Examinemos detenidamente
nuestras emociones y ahondemos en nuestro co-
razón para buscar cuál es la verdadera causa de
nuestro enojo. Compartamos esos sentimientos
con Dios en oración. Busquemos un lugar y tiempo
apropiado para hablar con Él como lo hacemos con
un amigo cuando necesitamos una charla especial.
Pidámosle ayuda a Dios para superar dolores y
traumas, perdón para sepultar pecados, paciencia
para dominar el carácter, humildad para pedir
perdón y valentía para afrontar los cambios que
sean necesarios en nuestra vida.

10
Dios quiere que vivamos felices. Él puede sanar
las heridas de toda una vida. Jesucristo nos invita
a confiar en Él: “Encuentren paz en su unión
conmigo” (9).
La Biblia anima a no dejarnos vencer por el mal,
sino a vencerlo con el bien. Y esto lo podemos
hacer a través del amor de Dios actuando en
nosotros. Ese amor pacifica, perdona y ayuda a
controlar el enojo.

POR QUÉ NOS ENOJAMOS


Una de las causas del enojo puede ser
fisiológica; existen evidencias de que algunos ni-
ños son irritables, susceptibles y se enfadan fácil-
mente desde una edad muy temprana. Otra causa
puede estar en la manera en que nos enseñan a
manejar el enojo. A muchos nos enseñan que es
correcto expresar ansiedad, tristeza, u otras emo-
ciones, pero no el enojo. Consecuentemente, no
aprendemos cómo canalizarlo de un modo cons-
tructivo.
Las investigaciones también encontraron que
los antecedentes familiares desempeñan un papel
importante. Las personas que se encolerizan fá-
cilmente suelen provenir de familias que son indis-
ciplinadas, caóticas y poco hábiles en la comunica-
ción emocional.
En ocasiones el enojo es una máscara que
oculta debilidad. Resulta un mecanismo que inten-
ta compensarla, delata al individuo que, incapaz de
vencer y superar sus frustraciones, se vuelve
rabioso contra la persona, animal u objeto que las
ha generado.

11
Pero más allá de estas posibles causas, existen
circunstancias específicas que los estudios reve-
lan como fuentes de enojo:
- Frustraciones. El estado de frustración produci-
do por la no consecución de una meta provoca la
aparición de un proceso de cólera. Una mala nota;
un plantón; un ascenso no logrado, suelen ser
fuentes de enojo.
- Sucesos irritantes. Hechos de la vida cotidiana
que alteran el normal ritmo de vida. Por ejemplo,
una llave perdida; el ruido en el jardín de un vecino;
la rotura de un florero.
- Provocaciones verbales y no verbales. Podemos
citar la sarcástica observación del jefe; un coche
que nos cierra el paso; alguien que se adelanta en
la cola del supermercado.
- Sufrir u observar injusticias. Son enojos que
tienen que ver con derechos quebrantados. Un
aumento desproporcionado de impuestos; una
multa injusta.
- Amenazas. Un conductor que nos pasa muy
cerca con su auto cuando cruzamos la calle; una
intimidación de un contrincante jugando algún
deporte.
- Celos. Alguien intenta seducir a nuestra pareja;
nuestros padres atienden más a uno de nuestros
hermanos.
- Temor. Una imprudencia de un hijo que pone en
riesgo su salud; un descuido que podría favorecer
un robo.
- Fatiga. Cuando estamos agotados, física o men-
talmente, cualquier pequeño contratiempo puede
generar reacciones coléricas.
- Turbación. En los momentos de confusión sole-
mos tener reacciones coléricas. Por ejemplo, cuan-

12
do tenemos muchas cosas en mente, y alguien
opina queriendo ayudar, podemos reaccionar mal.
- Discriminación. Sea por raza, sexo, creencias,
capacidad, fuerza, edad, cuestiones culturales o
económicas, cualquier discriminación puede cau-
sar una reacción de enojo.
- Tensiones que provienen de una vida desorgani-
zada o que está sobrecargada de actividades y
responsabilidades. Dejar asuntos a medias, sin
hacer, y después sufrir presiones por las responsa-
bilidades no cumplidas.
- Culpa. Cuando uno sabe que ha hecho algo mal,
o está en falta, puede tener arrebatos de enojo para
intentar distraer. Vemos este tipo de enojo en
personas que culpan de la responsabilidad de un
acto, o una omisión, a otras personas o a las
condiciones reinantes. Culpan al jefe, a los compa-
ñeros o a la pareja cuando las cosas no van bien.
Son personas que a menudo protagonizan el papel
de “víctimas”.
- Honradez y confianza violadas. Es una fuente de
enojo bastante común entre amistades, compañe-
ros de trabajo y familiares.
- Enojo proyectado. Es trasladar el enojo por
incidentes pasados a situaciones presentes. Un
refrán popular dice “Quien se quema con leche ve
una vaca y llora”. Esto habla de una hipersensibi-
lidad ante situaciones dolorosas. Si fuimos aban-
donados por uno de nuestros padres, cualquier
plantón puede enojarnos en demasía.
- Expectativas insatisfechas. Tiene relación con
las frustraciones, pero especialmente se refiere a
las expectativas que la familia o uno tiene sobre la
vida. Hay gente malhumorada o resentida porque
no ha podido lograr las metas que quería y vive
enojándose contra todo y por todo.

13
- Crisis que están fuera de nuestro control. En
ocasiones vivimos inmersos en crisis que escapan
a nuestro arbitrio. Por ejemplo, la posible quiebra
de la fábrica donde trabajamos puede poner en
jaque nuestra economía sensibilizándonos de ma-
nera especial, llevándonos a estallar por pequeñe-
ces.
- Problemas económicos o laborales. Cuando el
dinero no alcanza, cuando no podemos darnos o
darles a nuestros hijos ciertos gustos, cuando
vemos que no avanzamos, es común la reacción de
enojo.
- Dolor físico. El dolor está clásicamente condicio-
nado para activar la agresión. Y hay una relación
directa entre la intensidad del estímulo y la de la
respuesta. ¡Cuánto nos puede enojar sufrir un
dolor!
- Factores ambientales. Con ello estamos hablan-
do del ambiente laboral, familiar, la vivienda, el
barrio, la ciudad, la sociedad, el clima y todo lo que
hace al medio ambiente donde vivimos.
Generalmente el enojo proviene de una sumato-
ria de los factores mencionados. Por ejemplo,
estamos con muchas presiones en el trabajo, el
dinero no nos alcanza y encima somos maltratados
en un comercio. Entonces estallamos y luego
sufrimos las consecuencias. Hagamos caso a lo
que dice la Biblia: “La prudencia consiste en
refrenar el enojo, y la honra, en pasar por alto
la ofensa” (10).

14
INVENTARIO DEL ENOJO
Presentamos la “Escala de Rabia de Novaco”
que se utiliza para medir el cociente de irritabilidad
de los adultos. Lo invitamos a analizar sus respues-
tas. Lea la lista de 25 situaciones potencialmente
irritantes que se describen y coloque un puntaje a
cada incidente. Calcule la medida de enojo que le
provocaría normalmente, usando esta escala: 0,
sentiría poco fastidio o ninguno. 1, se sentiría un
poco irritado. 2, se sentiría medianamente moles-
to. 3, se sentiría bastante enojado. 4, se sentiría
muy enojado. Haga el mejor cálculo posible, a
pesar de que algunos detalles hayan sido omitidos.

Situación Puntaje

1. Desempaca un artefacto que acaba


de comprar, lo enchufa y descubre que
no funciona.
2. Un técnico al que le debe, le está
cobrando más de lo que es.
3. A usted le señalan los errores mien-
tras que a otros se los dejan pasar
inadvertidos.
4. Se le encaja el auto en el barro.
5. Está hablando con alguien y no le
contesta.
6. Alguien simula ser lo que no es.
7. Cuando está haciendo malabarismos
para llevar cuatro tazas de café a su
mesa en la cafetería alguien lo empuja
y le hace derramar el café.

15
Situación Puntaje

8. Ha colgado su ropa, pero alguien la


hace caer al piso y no la levanta.
9. Un vendedor lo persigue desde que
entra al negocio.
10. Ha hecho arreglos para ir a alguna
parte, pero la otra persona se echa
atrás en el último momento y usted se
queda solo.
11. Hacen bromas sobre usted o le
toman el pelo.
12. El auto se le detiene en el semáforo
y el que está atrás no deja de tocar la
bocina.
13. Involuntariamente, hace una mala
maniobra al estacionar. Cuando baja
del vehículo, alguien le grita “¿Dónde
aprendiste a conducir?”
14. Alguien comete un error y lo culpa
a usted.
15. Está tratando de concentrarse en el
trabajo, pero una persona cercana a
usted está dando pequeños golpes en el
suelo con el pie.
16. Le presta a una persona un libro o
herramienta importante y no se la de-
vuelve.
17. Ha tenido un día atareado y su
esposa/o se queja de que usted ha
olvidado de hacer algo que había pro-
metido.

16
Situación Puntaje

18. Está tratando de discutir algo im-


portante con su compañero o socio de
trabajo, pero este no le da la oportuni-
dad de expresar lo que siente.
19. Está discutiendo con alguien que
insiste en hablar sobre un tema del que
él sabe muy poco.
20. Alguien se mete e interrumpe una
discusión entre usted y otra persona.
21. Necesita llegar pronto a un lugar,
pero el vehículo que va delante circula
a cuarenta kilómetros por hora en una
vía que es para sesenta, y usted no lo
puede pasar.
22. Pisa un chicle o caramelo en el
suelo.
23. Un pequeño grupo de personas se
burla de usted cuando va pasando.
24. En la prisa por llegar a alguna parte,
rompe unos buenos pantalones con un
objeto punzante.
25. Usa la última moneda para hacer
una llamada telefónica, pero la llamada
se corta antes que termine de discutir,
y el aparato se traga la moneda.

Total

Si terminó el “Inventario del enojo” puede cal-


cular su cociente de irritabilidad. Cerciórese de no
haber obviado ninguna de las situaciones. Sume el

17
total e interprete la puntuación obtenida de acuer-
do a la siguiente escala:
0-45 La cantidad de enojo e irritabilidad que
experimenta generalmente es notablemente baja.
Un porcentaje muy bajo de la población alcanza
una puntuación baja en esta prueba. ¡Está entre
esta minoría selecta!
46-55 Es substancialmente más pacífico que la
persona promedio.
56-75 Reacciona ante las molestias de la vida con
un enojo normal.
76-85 Reacciona frecuentemente con enojo ante
las numerosas molestias de la vida. Es substancial-
mente más irritable que la persona promedio.
86-100 Es un verdadero campeón del enojo y su
vida está llena de reacciones frecuentes, intensas,
furiosas que no desaparecen con facilidad.

QUÉ OCURRE CUANDO


NOS ENOJAMOS
Enojarnos fácil y habitualmente produce conse-
cuencias nocivas en diferentes áreas de la vida. En
el aspecto psicológico genera malhumor, nervio-
sismo, desconfianza y depresión. En lo espiritual
lleva a obrar el mal y a la culpa consecuente. Y
entre las nocivas consecuencias sobre el organis-
mo tenemos contracturas, agotamiento muscular,
úlceras, dolores de cabeza, problemas de presión
arterial y ataques al corazón.
Generalmente es una reacción repentina que
puede manifestarse en forma de sudor, palidez, o
por el contrario, enrojecimiento del rostro, temblor,

18
gestos desproporcionados, gritos y violencia. Con
el enojo surgen sentimientos apasionados que
disminuyen momentáneamente el raciocinio.
El enojo puede ocultarse bajo la superficie. A
veces no se manifiesta en portazos, golpes o tirar
objetos por el aire. Toma formas sutiles como el
silencio, el resentimiento, la amargura y el odio.
Llega a estar tan profundamente escondido que ni
siquiera se lo considera enojo. Pero veamos qué
ocurre cuando nos enojamos.

RESPUESTA DEL ORGANISMO


Existe una conexión entre las reacciones físicas
y las emociones que experimentamos. Cuando nos
enojamos el sistema nervioso se activa y prepara
al cuerpo. Piense en algo pasado que le enojó e
intente recordar cómo respondió su cuerpo a ese
enojo.
Generalmente la primera respuesta del organis-
mo al enojo es una aceleración de la respiración.
Si respiramos más rápidamente, nuestro corazón
bombea también más rápido y esto aumenta la
presión en las arterias. El enojo causa tensión en
los sistemas principales del cuerpo tales como
corazón, nervios, o vías respiratorias.
Si nos miramos ante un espejo, podremos ver
que nuestras pupilas están más grandes. La cara
probablemente se pone roja o pálida. Nuestras
manos pueden ponerse frías. Solemos sudar, algu-
nos pueden temblar. Cuando estamos enojados el
organismo utiliza mucha energía.
Janice Williams estudió durante seis años a
13.000 hombres y mujeres con edades compren-
didas entre los 45 y 65 años. Descubrió que las
personas que se irritan intensamente, con frecuen-

19
cia tienen tres veces más probabilidades de sufrir
un infarto que aquellas que encaran las adversida-
des con más serenidad.

SI NO LO EXPRESAMOS
Si contenemos el enojo una y otra vez por largos
períodos de tiempo podemos:
Perjudicarnos emocional y físicamente. A
veces, en lugar de dirigir nuestro enojo a otra
persona, lo dirigimos a nosotros mismos. Así nos
agredimos, nos desvalorizamos y terminamos tam-
bién afectando nuestro organismo. Esto intensifi-
ca el enojo y se genera un círculo vicioso.

Abstraernos de la vida. El estar enojado dificul-


ta las relaciones con otras personas. Alguien
enojado puede apartarse de los amigos o de los
miembros de la familia y comenzar a pasar mucho
tiempo solo. Estar solo no es algo malo; pero si no
se logra superar el enojo y no se puede llevar una
vida plena, hay problemas que resolver.

Correr riesgos. Cuando estamos enojados po-


demos hacer cosas alocadas y peligrosas. Iniciar
peleas peligrosas, transitar lugares inseguros, con-
ducir a alta velocidad, beber demasiado. El senti-
miento exaltado de enfado no posibilita percibir el
daño latente de situaciones peligrosas.

Comer en exceso. Muchos expertos creen que


las personas a veces comen en exceso porque
tratan de satisfacer una necesidad emocional. Si
uno contiene los sentimientos de enojo y luego
come grandes cantidades de alimentos para sen-
tirse mejor, precisa una mejor manera de hacerle
frente al enojo.

20
Usar alcohol o drogas. Muchas personas pien-
san que insensibilizar la mente con drogas o alco-
hol aquietará el enojo. Esto nunca surte efecto. El
alcohol y las drogas vienen acompañados de más
problemas y culpas que finalmente ponen a las
personas más enojadas. El uso de las drogas y el
alcohol para controlar las emociones es solamente
una manera de eludir el problema, no de afrontarlo.
Las personas que intentan ignorar su enojo, o
reprimirlo, desarrollan una actitud negativa hacia
la vida. Tienen dificultad para relacionarse con los
demás y suelen padecer dolores o enfermedades
relacionadas con el estrés. Por lo tanto, contener
el enojo no es la manera de manejarlo.

SI LO EXPRESAMOS MAL
No poder controlar el enojo causa mucho daño.
Esto ocurre cuando:
Recriminamos, despreciamos o insultamos a
las personas. Esas actitudes son un claro indicio
de alguien que ha perdido el control de su enojo.
Las agresiones no tienen que ser verbales. Algu-
nas personas escriben notas ruines cuando están
enfadadas, o hacen gestos o burlas despreciables.
Si alguna vez ofendió a alguien cuando estaba
enojado y luego se lamentó, sabe cuánto problema
puede causar este tipo de actitudes.
Dañamos a otros. Algunos permiten que sus
emociones airadas los lleven a atacar, golpear o
lastimar a otros. A veces su objetivo es alguien al
que culpan. Otras veces es alguien o algo tomado
al azar, que se encontraba en el lugar y en el
momento equivocado. Hay personas que se vuel-
ven violentas con las mascotas porque los anima-
les no son capaces de defenderse o porque sienten
que no van a tener tanto problema. Esta es una de
las peores formas de expresar el enojo.
21
Tenemos berrinches. Hay quienes se trastor-
nan completamente cuando están furiosos. Pue-
den gritar, llorar, decir palabras obscenas, pelliz-
car, morder, dar pisotones, portazos, etc. El enojo
parece estallar en todas las direcciones, apoderán-
dose de la mente y el cuerpo. Es bueno pensar en
la impresión que este tipo de expresiones genera
en el entorno. Usted, ¿confiaría en alguien así?
¿Tendría en su equipo de trabajo a una persona
con esas reacciones? ¿Saldría a tomar algo con
este tipo de gente?

Destruimos cosas. Algunas personas rompen


cosas como un intento para librarse del enojo. Esto
no resuelve nada y puede traer dificultades econó-
micas o causar problemas legales.

Pretendemos vengarnos. Ciertas personas tra-


man venganzas cuando están enojadas. Pueden
pensar que la venganza las hará sentirse mejor,
pero la verdad es que las personas tienen que
mirarse a sí mismas y a su propia vida para
manejar el enojo. Hacerle algo cruel o ruin a
alguien no es la solución.
Estas son algunas actitudes que conllevan una
explosión de enojo. Una momentánea descarga de
ira, que luego acarrea más problemas, más ver-
güenza, más culpa. Quienes no saben controlar el
enojo y explotan con facilidad terminan creando un
mecanismo que los destruye a ellos y a los demás.

UNA HISTORIA PARA MEDITAR


Había un niño que siempre estaba de mal genio
y se enojaba fácilmente. Su padre le dio una bolsa
de clavos y le dijo que cada vez que se enojara,
tenía que clavar un clavo en la parte de atrás de la
cerca de su casa. El primer día clavó 37 clavos en
la cerca.

22
En las próximas semanas, según aprendía a
controlar su mal genio, clavaba diariamente menos
clavos. Entonces descubrió que era más fácil
controlar su enojo que clavar los clavos en la
cerca. Finalmente llegó el día en que el niño no se
enojó por nada. Se lo dijo a su padre y éste le sugirió
que ahora sacara un clavo de la cerca por cada día
que no se enojase.
Pasó el tiempo y llegó el día en que el niño le
pudo decir a su padre que había sacado todos los
clavos. El padre tomó a su hijo de la mano, lo llevó
hacia la cerca y le dijo: “Hijo, haz hecho muy bien,
pero mira los huecos que han quedado en la cerca.
Ésta nunca será igual. Cuando uno hace o dice
cosas con ira deja cicatrices como estas”.
¿A cuántos herimos con nuestros enojos?
¿Cuánto mal podemos evitar controlando nuestro
enojo? ¡Continúe leyendo el fascículo! Veamos
cómo podemos controlar nuestras reacciones para
mejorar nuestra vida y la de quienes nos rodean.

CONTROLAR EL ENOJO
Dejarse llevar por el enojo y expresarlo libre-
mente desencadena más enojo, más agresión y
ello no ayuda a resolver las cosas. Para evitar
situaciones incómodas o dañinas es importante
analizar las circunstancias que nos hacen perder
los estribos. Buscar un patrón: ¿Qué condiciones
específicas hicieron brotar el enojo? ¿Pasó algo
similar anteriormente? ¿Había otros sentimientos
además del enojo? ¿Qué pasó en el momento
antes de perder el control o de tener un arranque
de cólera? ¿Quién más estaba envuelto en la
situación? Aquí ayudará cualquier elemento que
se repita y podamos identificar.

23
Cada persona tiene un patrón de enojo diferen-
te. Quizás sea presenciar una injusticia, sentir
incomprensión, minusvalía, falta de afecto o que
alguien quiera aventajarse. Éstas pueden ser si-
tuaciones disparadoras de enojo. Identificarlas
permite anticipar comportamientos diferentes para
esas circunstancias. Por ejemplo, usar el humor,
llamarse a silencio, retirarse en busca de calma,
detener y analizar los pensamientos, practicar
pequeños ejercicios de relajación.
Un error en el que suelen caer quienes se enojan
fácilmente es personalizar lo que los otros dicen o
hacen. Es decir, creer que lo hacen sólo para
molestarlos. Así sacan conclusiones apresuradas,
como por ejemplo, pensar que lo quieren despres-
tigiar cuando recibe alguna crítica. Ese tipo de
pensamientos nos enojan, y el comportamiento lo
refleja. Es muy útil analizar lo que nos enoja para
saber si es algo real, personal, o algo que nace de
cierta sensibilidad que tenemos sobre el tema.
Algunas personas creen que cada problema
tiene una solución, y su frustración aumenta al
descubrir que no siempre es así. La mejor actitud
es concentrarse no tanto en hallar la solución sino
en cómo manejar el problema. Hay que dar lo
mejor de uno y no enojarse si la solución no surge
de inmediato, o no existe. De esta manera es
menos probable perder la paciencia y enojarse ya
que damos lo mejor que podemos.
En una situación de enojo solemos sacar con-
clusiones apresuradas y algunas de ellas pueden
ser extremas. Lo mejor que podemos hacer cuan-
do estamos en una discusión acalorada es tranqui-
lizarnos y pensar nuestras respuestas. No digamos
lo primero que pase por nuestra mente. Tranquili-
cémonos y pensemos lo que queremos decir.

24
El humor puede aliviar una situación tensa. Pero
hay dos advertencias al respecto. Primero, no
“reírse” simplemente del problema, sí usar el
humor para bajar las tensiones y enfrentarlo de
manera más constructiva. Segundo, no usar el
humor cruel y sarcástico; esa es otra forma de
agresión.
A veces es el entorno, las actividades o el ritmo
de vida lo que irrita. En esos casos es importante
buscar un tiempo personal para los momentos del
día que son especialmente estresantes. Por ejem-
plo, se puede establecer una regla fija que cuando
se llega del trabajo, los primeros 15 minutos deben
ser un tiempo tranquilo. Con este breve respiro,
estaremos mejor preparados para manejar las
exigencias del hogar.
Si explicamos nuestros sentimientos de enojo
claramente y con confianza, nos liberamos de un
gran peso y ayudaremos a la resolución del con-
flicto. Ahora bien, nadie puede obligar a otro a
pensar de determinada manera. La otra persona
reaccionará como pueda. Por ello, si a pesar de
nuestros esfuerzos por contribuir a una mejor
relación no se ven cambios y la situación conflic-
tiva permanece, lo mejor es poner distancia.
Algunas personas confunden las palabras “Es-
toy enojado” con “Me caes mal”. Si intentamos
hablar con ellas mostrándoles las razones del enojo
es probable que se comporten defensivamente. Si
ese es el caso, trate de explicarles: “Mira, lo que
me tiene enojado es…, pero vos me caes bien y
quiero resolver todo para que podamos llevarnos
bien”.
Hay también ocasiones en que alguien trata de
enojarnos intencionalmente. Algunas personas
enojan a otras como una forma de controlar la
25
situación. Puede ser un truco para hacernos per-
der el control. Si sabemos que una persona trata de
enojarnos, eso ayuda a mantener el control.
La Biblia enseña que para controlar el enojo hay
que ejercitar la paciencia. “Deben estar listos
para escuchar; en cambio deben ser lentos
para hablar y para enojarse” (11). También
anima a cuidar las actitudes cuando estamos
enojados: “Si se enojan, no pequen” (12).
Dios recomienda que no nos quedemos con el
enojo: “Procuren que el enojo no les dure todo
el día” (13). No es bueno quedarse envueltos en
el enojo y las emociones dañinas que produce. Hay
que expresar el enojo, pero continuar la vida
utilizando nuestras energías y tiempo en cosas
productivas.
Analice honestamente su comportamiento. Pien-
se en las consecuencias de sus acciones para
usted y para sus seres queridos. No es cuestión de
adoptar una postura sumisa o callar los desacuer-
dos, sino mejorar las expresiones de enojo. Ello
mejora la salud, la calidad de vida, las relaciones y
el bienestar general.

SUGERENCIAS PRÁCTICAS
Los especialistas recomiendan atender las si-
guientes sugerencias para controlar el enojo:
- Apoderarse del enojo. Tome posesión de su
enojo y hágalo su responsabilidad. Hable consigo
mismo sobre lo que está sucediendo y porqué le
afecta tanto. Vea las posibles soluciones para la
situación actual y planee soluciones a largo plazo.
Tome una acción sana y positiva.
- No esconder o reprimir el enojo. Algunas perso-
nas ocultan su enojo en lo más profundo de su ser.

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Si hace eso, puede sentir dolencias físicas o sen-
tirse mal consigo mismo.
- Hablar con personas de confianza que no estén
directamente involucradas. Es conveniente expli-
car la situación y pedirles su opinión. Quizá descu-
bramos que las cosas no son tal cual las percibi-
mos. Esto puede ayudar a ordenar los sentimien-
tos. Además, cuando se habla del enojo, los senti-
mientos negativos disminuyen.
- Contar hasta diez y respirar profundamente
antes de reaccionar. Practique este conocido con-
sejo y comprobará los resultados.
- Actuar cuando estemos calmados. Si siente que
está perdiendo la paciencia, retírese hasta que se
calme. ¡Ponga distancia! Más tarde trate de co-
municarse con la persona con quien se enfadó sin
gritar y utilizando la razón. Si aún así no puede,
hable con una tercera persona para que sea su
intermediario.
- Elegir momentos oportunos para dialogar. Bus-
car un momento tranquilo para comentarle a la
persona con quien uno se ha enojado las razones
de ello sin juzgar, culpar o exagerar las cosas. Por
ejemplo, si usted y su cónyuge tienden a pelear
cuando discuten asuntos por la noche, tal vez sea
porque están cansados. Intente cambiar los mo-
mentos en que hablan, de modo que las conversa-
ciones no se conviertan en discusiones.
- Liberar el enojo a través de una actividad física.
El desahogo físico es excelente para canalizar la
energía que surge del enojo. Salir a caminar, andar
en bicicleta, ir al gimnasio, golpear sobre una
almohada o una bolsa de boxeo, quitar la maleza
del jardín o zapatear son algunas opciones. Esta
descarga de energía nos sitúa en un lugar más
calmado y más lúcido para actuar.

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- Desahogarse haciendo un gran gasto de energía
pero sin molestar a nadie. Ir al patio, al campo o a
una plaza y gritar lo más fuerte que se pueda, o
hacerlo tapándose la cara con una almohada,
empujar una pared con todas las fuerzas, bailar
alocadamente, golpear repetidamente la mesa,
etc.
- Descargarse en el papel. Escribir una carta y
tirarla si es muy agresiva. Escribir en un diario para
hacer salir los sentimientos y comprenderlos. Hacer
un dibujo sobre el enojo.
- Desahogarse por medio del llanto. El llanto es una
positiva descarga emocional, libera tensiones emo-
cionales y físicas.
- Distraerse con actividades recreativas, diverti-
das y productivas. Obviamente no olvidar o negar
el enojo, sino hacer algo divertido para mejorar el
estado de ánimo y luego poder pensar y reaccionar
mejor.
- Sólo decir no. Una técnica básica del control del
enojo es aprender a decir “no” para establecer
límites y respetarlos.
- Tranquilizarse. Escuchar música suave. Leer la
Biblia. Pensar en cosas buenas, unas vacaciones
divertidas, un regalo recibido, una fiesta, un lugar
bello.
- Relajar el cuerpo. Respirar lenta y profundamen-
te. Hacer respiraciones largas, profundas y cons-
tantes. Relajar los músculos de la cara, la expre-
sión apretando y relajando la mandíbula, luego la
frente, la boca.
- Buscar ayuda en alguna persona con autoridad
para rectificar la situación existente. Hacerlo con
la intención de ayudar a corregir la situación y con
la mente abierta para encontrar la solución al
problema.

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- Encauzar el enojo hacia cosas creativas. Utilizar
ese impulso para corregir conductas, aprender
cosas nuevas, arreglar cosas del hogar, realizar
ejercicio físico.
- Tratar los problemas comunicándonos abierta-
mente, no a la defensiva.
- Evaluar el valor de las aspiraciones. En ocasio-
nes tenemos aspiraciones demasiado elevadas,
irreales y así vivimos frustrados, malhumorados y
nos enojamos con facilidad.
- Practicar la empatía. Ponerse en la situación del
otro e intentar explicar el comportamiento desde
su punto de vista y no sólo desde el nuestro. En
lugar de pensar: “Su impuntualidad demuestra que
no piensa en mí”; pensar “pueden haber imprevis-
tos, quizá tuvo una complicación”.
- Modificar el pensamiento dicotómico. No califi-
car el comportamiento ajeno en términos extre-
mos de blanco o negro, malo o bueno, todo o nada.
Aprender a ver matices intermedios.
- Orar. Por medio de la oración confiamos nues-
tros problemas a su cuidado, y con buena voluntad
esperamos que Dios nos guíe a la solución.
- Confesar a Dios los pecados, aquellas cosas que
sabemos que hemos hecho mal y que están guar-
dadas en nuestro corazón y mente, causando
malestar, desazón y culpa. La Biblia dice: “Si
confesamos nuestros pecados, podemos con-
fiar en que Dios, que es justo, nos perdonará
nuestros pecados y nos limpiará de toda mal-
dad” (14). Creer en el perdón otorgado por Dios
y disfrutar de esa liberación interior.
- Contemplar la posibilidad de buscar ayuda profe-
sional. Hay organizaciones que pueden brindárse-
la. Piense también en buscar un sacerdote, pastor
o psicólogo. Usted puede cambiar si de veras se
propone hacerlo.
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Todas estas son buenas maneras de manejar el
enojo y todas ellas tienen una cosa en común:
ninguna implica causar daño a uno mismo, otras
personas, animales o cosas.
Aplique estas sugerencias y compruebe cuáles
le dan mejores resultados. Tenga presente que la
idea es que usted no ignore sus sentimientos sino
que los exprese en forma saludable. Con la ayuda
de Dios controlará su enojo y de ese modo vivirá
mejor usted y quienes lo rodean.

SUGERENCIAS BÍBLICAS
“El necio muestra en seguida su enojo; el
prudente pasa por alto la ofensa” (15).
“La respuesta amable calma el enojo; la res-
puesta violenta lo excita más” (16).
“La paciencia calma el enojo” (17).
“La ira es cruel, y el enojo destructivo” (18).
“El que es violento e impulsivo, provoca peleas
y comete muchos errores” (19).
“No te dejes llevar por el enojo, porque el
enojo es propio de gente necia” (20).

EJERCICIO
Consiga lápiz, un papel y haga el siguiente
ejercicio cuando esté enojado:
1) Yo me siento… (Sea específico con respecto a
sus emociones; expréselas, cuente qué siente).
2) Cuando vos/usted… (Explique qué es lo que le
ha molestado. Describa el gesto, la actitud, las
palabras que le molestaron de su pareja, amigo,
jefe o compañero).

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3) Porque… (Este es el punto más difícil, busque
el “por qué”).
Aquí tiene un ejemplo: “Me siento incómodo
cuando gritas porque no es agradable estar con
alguien que se comporta de esa manera”.

CONCLUSIÓN
Muchas veces nos enojamos, no lo podemos
controlar y entonces expresamos palabras que
hieren a los demás, que los lastiman y humillan. O
maltratamos y rompemos cosas. O agredimos
físicamente, incluso a quienes más queremos.
Estas reacciones acumulan problemas, rupturas,
separaciones, culpa.
Sin embargo Jesucristo, quien murió y resucitó
por nosotros, nos ama incondicionalmente. Por
eso ofrece perdón a nuestro enojo desmedido y los
males que hemos cometido como consecuencia de
él. Además, nos impulsa a cambiar para que
podamos disfrutar de una vida mejor en nuestro
hogar, con los amigos y en el trabajo.
Es imposible no enfadarse nunca. Pero, con la
ayuda de Dios, podemos analizar las razones de
nuestro enojo e identificar el patrón de nuestras
reacciones airadas para modificar nuestro com-
portamiento.
Siempre podemos elegir cómo reaccionar ante
las diversas situaciones de la vida. Confiemos en
Dios y elijamos caminos superadores que nos
permitan controlar el enojo y mejorar nuestra
calidad de vida.

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CITAS
1- Salmo 37:8. 11- Santiago 1:19.
2- Marcos 3:1-6. 12- Efesios 4:26.
3- Éxodo 21:24. 13- Efesios 4:26.
4- Mateo 5:38-39. 14- 1 Juan 1:9.
5- Juan 18:23. 15- Proverbios 12:16.
6- Efesios 4:26:27. 16- Proverbios 15:1.
7- Gálatas 5:22-23. 17- Proverbios 25:15.
8- Proverbios 15:1. 18- Proverbios 27:4.
9- Juan 16:33. 19- Proverbios 29:22.
10- Proverbios 19:11. 20- Eclesiastés 7:9.

BIBLIOGRAFÍA
Dios Habla Hoy. La Biblia versión popular. Socie-
dad Bíblica Americana. Nueva York. USA. 1986.
González, M. José. “El Origen de la conducta
agresiva”. www.psicocentro.com
La Haye, Tim. "Usted se enoja porque quiere".
Editorial Vida. Miami, USA 1982.
MacArthur, Jhon; Priolo, Lou. “Corazón de Eno-
jo”. Betania. 223 pág.
Storvell, Joseph. “El control de la lengua”.
Centro de literatura Cristiana. Bogota, Colombia.
1996.
Tresguerres, Alfonso Fernández. “Grandeza y
ruindad de la cólera”.

Se permite la reproducción parcial o total de


este folleto haciendo mención a la fuente.
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