La Década Infame fue un período de la historia de la Argentina que comenzó el 6 de
septiembre de 1930 con el golpe de Estado cívico-militar que derrocó al presidente
radical Hipólito Yrigoyen, y finalizó el 4 de junio de 1943 con el golpe de Estado militar que
derrocó al presidente conservador Ramón Castillo.
El nombre le fue dado por el periodista nacionalista José Luis Torres,n. 1 y ha sido ampliamente
utilizado para denominar al período en la historiografía cercana tanto al radicalismo,1 como al
peronismo,2 y el socialismo.3 La etapa también ha sido denominada como "restauración
neoconservadora",4, período de "restauración política” o "restauración conservadora”,5
"segunda república conservadora”6 y "la República imposible" (1930-1945).7
El período comienza con una dictadura cívico-militar "provisional" de corte fascista al mando
del general José Félix Uriburu (1930-1932); su pretendida «legalidad» fue avalada por la Corte
Suprema. Lo sucedió el general –de origen radical– Agustín P. Justo (1932-1938), elegido en
unas elecciones de dudosa legitimidad por una alianza denominada la Concordancia, formada
por conservadores, radicales antipersonalistas, y socialistas independientes. En 1938, Justo
fue sucedido, tras unas elecciones claramente amañadas, por el radical Roberto Marcelino
Ortiz (1938-1942), quien falleció y fue sucedido por su vicepresidente, el conservador Ramón
S. Castillo (1942-1943). Este último fue derrocado por la llamada "Revolución del 43".
Durante este período, los gobiernos buscaron impedir que la Unión Cívica Radical pudiera
volver al gobierno mediante proscripciones y fraude electoral. Frente a la crisis del sistema
mundial de libre comercio en 1930, Argentina negoció el controvertido pacto Roca-
Runciman con el Reino Unido, que garantizó la continuidad de las exportaciones de carne a
cambio de importantes concesiones económicas de parte de la Argentina, entre las que se
destacó el cuasi-monopolio de las exportaciones para las empresas inglesas, la creación
del Banco Central de la República Argentina bajo control de los capitales y bancos británicos,
y la concesión de todos los medios de transporte público de la ciudad de Buenos Aires a una
empresa mixta denominada Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires. Por
otra parte, el aislacionismo comercial de las grandes potencias contribuyó a iniciar
el desarrollo industrial vía la sustitución de importaciones. La política económica se volvió
estatista, creándose gran cantidad de organismos estatales reguladores (Junta Nacional de
Granos, Junta Nacional de Carnes, etc.) y empresas públicas (Fabricaciones Militares, Altos
Hornos Zapla, etc.). En esas condiciones creció notablemente el sector industrial y la clase
obrera, alimentada por una migración masiva del campo a la ciudad y de las provincias hacia
Buenos Aires. En 1943 las exportaciones industriales superaron a las exportaciones
agropecuarias por primera vez en la historia argentina.
Antecedentes[editar]
La Argentina, nacida en 1810, atravesó sus primeros 70 años de vida sumida en
continuas guerras civiles,8 a través de las cuales se forjaron las bases de la Argentina
moderna: una organización política federal; un sistema económico basado en la exportación
de materias primas –primeramente lana y luego carne y granos– y la importación de productos
manufacturados;9 un sistema de servicios públicos y comercio de capitales europeos,
principalmente británicos;10 y un modelo cultural en que coexistían una Iglesia
Católica influyente y un laicismo apoyado en la influencia europea, especialmente francesa. El
sistema político se cristalizó a partir de 1880 en un régimen conservador, que presenció un
acelerado crecimiento económico y promovió quejas por el escaso desarrollo de las libertades
políticas.11
Hipólito Yrigoyen es trasladado a la isla Martín García.
El sistema conservador entró en una serie de crisis sucesivas a principios del siglo XX, que
desembocaron en la sanción de la reforma electoral, que permitía la participación de las
mayorías. Contra lo que sus promotores esperaban, la reforma llevó al gobierno a la Unión
Cívica Radical, bajo el liderazgo del presidente Hipólito Yrigoyen; este llevó adelante algunas
reformas económicas y sociales, que de todos modos no cuestionaban el modelo
agroexportador. El sector conservador y varios grupos dentro del mismo Partido Radical se
opusieron a esas reformas, frenando muchas de ellas en el Congreso de la Nación Argentina,
donde el radicalismo nunca tuvo mayoría.12
El sucesor de Yrigoyen fue Marcelo T. de Alvear, que se apartó de la conducción yrigoyenista
y se apoyó en la vertiente "antipersonalista" de la UCR; su gobierno llevó adelante varias
obras públicas y se vio favorecido por la bonanza económica mundial. En 1928 fue
nuevamente elegido presidente Yrigoyen, que se rodeó de grupos jóvenes y reformistas, que
esperaban llevar adelante una política mucho más audaz en lo económico y social. La Gran
Depresión y la feroz oposición tanto de los conservadores como de los antipersonalistas
frustraron esos intentos.13
A fines de la década aparecieron varios periódicos de inspiración fascista, aunque más ligados
ideológicamente a la dictadura de Primo de Rivera en España que a la Italia fascista.14 Grupos
de choque organizados por empresarios, tales como la Liga Patriótica, actuaron durante la
década de 1920, principalmente como fuerza de choque contra los sindicatos.15 Varios altos
oficiales organizaron Logias militares, en un principio para sustraerse a la politización a que
los sometía el radicalismo, pero posteriormente para organizar su propia agenda política.16
La crisis económica llevó, a principios de 1930, a una convergencia entre la oposición, gran
parte del Ejército y los grupos de extrema derecha en la intención de derrocar a Yrigoyen. El
presidente, visiblemente envejecido, pretendía controlar cada detalle de la administración,
pero no controlaba siquiera las decisiones políticas más generales.17 La prensa –
especialmente los diarios La Prensa y Crítica– apoyaba cualquier iniciativa en contra del
gobierno, y se hacía eco de las versiones más absurdas para desgastarlo; por su parte, los
nacionalistas tenían cada vez más difusión a través de diarios como Fronda y La Nueva
República.18
En el mes de agosto de 1930, la opinión pública ya sabía que se estaba gestando un golpe de
Estado; Yrigoyen rechazaba esa posibilidad, pero incluso estaba claro quiénes eran los jefes:
los generales José Félix Uriburu –inspector general del Ejército que había sido desplazado por
el presidente– y Agustín Pedro Justo, exministro de Guerra de la Nación. Fuera de estos dos,
el golpismo contaba con la promesa de apoyo de oficiales de bajo rango y unos
pocos coroneles. Ante el desorden imperante de los oficiales golpistas, Justo se limitó a
apoyar críticamente. En los primeros días de septiembre, estudiantes y
líderes socialistas coparon la vía pública, reclamando la renuncia de Yrigoyen para evitar el
golpe de Estado; el gobierno garantizó la libertad de prensa y de reunión, con lo que facilitó
los planes de sus enemigos. El presidente estaba de licencia, y el vicepresidente Enrique
Martínez, que conspiraba contra él, no acertaba a tomar ninguna decisión;19 el único decreto
que alcanzó a firmar fue una medida de censura contra la prensa opositora, que llegó
demasiado tarde.17
Dictadura de José Félix Uriburu (1930-1932)[editar]
Artículo principal: Revolución de 1930 en Argentina
Contexto en el cual se produce el golpe de 1930[editar]
La crisis económica mundial de 1929 llamada Gran Depresión tuvo un profundo impacto en la
Argentina. Afectó primero económicamente ya que el 80% de los ingresos fiscales en
Argentina provenían del comercio exterior. La crisis creó una situación de tensión social, con
bajas de sueldo, aumento del desempleo; es decir, una contracción de la economía. Y esto
generó también, en el plano político, un contexto en el cual se produce el golpe de 1930.
La Crisis de 1929 fue un factor que creó una situación de tensión, de malestar sobre la
economía, en términos sociales y de preocupación e incertidumbre en los sectores
económicos dominantes y esto contribuyó a crear este clima. En América Latina en general
hubo una crisis de sistemas democráticos prácticamente en toda la región.20
Por otra parte, la enseñanzas sociales de la Iglesia católica de la época estaban basadas en
la encíclica Rerum Novarum de 1891, que versaba sobre las condiciones de las clases
trabajadoras, dejaba patente su apoyo al derecho laboral de «formar uniones o sindicatos»,
reafirmaba en su apoyo al derecho de la propiedad privada y discutía sobre las relaciones
entre el gobierno, las empresas, los trabajadores y la Iglesia, proponiendo una organización
socioeconómica que más tarde se llamaría corporativismo. Recién a partir de 1931
el Papa Pío XI condenó al fascismo y propuso llevar a la práctica los principios de la recta
razón y de la filosofía socialcristiana.
Las posturas nacionalistas surgidas por imitación de lo ocurrido en Italia con Benito Mussolini,
que apoyaban la implantación de un corporativismo, provocaron la división del Partido Popular
y su disolución. Fue entonces cuando los nacionalistas católicos apoyaron al semanario La
Nueva República, opositor al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen que, en plena Gran
Depresión mundial de 1929, fue muy criticado por una serie de intervenciones a provincias por
decreto y asesinatos de opositores, entre ellos el del senador Lencinas,21 que produjeron el
debilitamiento de la democracia22 y desencadenaron el golpe militar dirigido por el
general José Félix Uriburu.
El golpe del 6 de septiembre de 1930 y el gobierno militar [editar]
El General José Félix Uriburu inició la serie de golpes de
Estado en Argentina y dictaduras militares que se extenderían hasta 1983.
Artículo principal: Golpe de Estado en Argentina de 1930
En la mañana del 6 de septiembre, Uriburu se puso al frente de las tropas y oficiales
del Colegio Militar de la Naciónn. 2 y marchó sobre el centro de Buenos Aires. Las tropas a sus
órdenes eran apenas 2000 soldados y cadetes, pero a medida que avanzaba se le fueron
reuniendo gran cantidad de civiles; no encontró resistencia hasta llegar frente al Congreso,
donde un tiroteo dispersó la columna.n. 3 Acompañado por unos pocos oficiales, siguió camino
hasta la Casa Rosada, donde forzó la renuncia del vicepresidente. Yrigoyen huyó a La Plata,
donde entregó su renuncia al comandante de un regimiento. Fue arrestado, recluido en la isla
Martín García, y su casa fue saqueada.17
Uriburu se nombró a sí mismo presidente provisional y lanzó una proclama, redactada
por Leopoldo Lugones y corregida por el coronel José María Sarobe. Decretó la disolución
del Congreso y asumió el poder legislativo junto al ejecutivo; también decretó la intervención
federal de todas las provincias, con dos excepciones: Entre Ríos y San Luis, únicas provincias
gobernadas por conservadores. Su gabinete de ministros estaba formado por miembros del
viejo Partido Conservador, la mayoría de ellos con experiencia como funcionarios, pero
alejados de la función pública desde la asunción de Yrigoyen, hacía catorce años.23
Muy pocos fueron los que se opusieron; apenas algunos estudiantes y el decano de
la Facultad de Derecho, el socialista Alfredo Palacios, que renunció a su cargo. Por su parte,
tanto el disperso Partido Conservador como el Partido Demócrata Progresista y el Partido
Socialista Independiente reconocieron de inmediato al dictador.24
El expresidente Marcelo T. de Alvear, quien residía en Francia al momento del golpe de
Estado, apoyó al mismo en un primer momento, como consecuencia también de la situación
que le pintaron sus correligionarios –en mayoría antipersonalistas– que le nublaron el juicio, al
describirle una situación mucho más caótica de lo que realmente era.25
La Corte Suprema se negó a rechazar al gobierno provisional ante el pedido de varios
dirigentes radicales; por el contrario, el 10 de septiembre firmó una acordada que
reconociendo la existencia de "un gobierno de facto, cuyo título no puede ser judicialmente
discutido con éxito por las personas en cuanto ejercita la función administrativa y política
derivada de su posesión de la fuerza como resorte de orden y seguridad social". Esta decisión
dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto.23
Félix Uriburu saludando a un oficial del crucero
"Buenos Aires" en traje de gala, que se encuentra sobre la cubierta para recibir al presidente
de facto. 4/10/1930.
Gobierno de Uriburu[editar]
Uriburu representó en aquel momento ante todo un nacionalismo católico neocorporativista. El
proyecto de constitución neocorporativa que tenía Uriburu y sus aliados era un sistema
neocorporativo mixto. Querían que hubiera una cámara corporativa, por ejemplo, con
representación de sindicatos, empresarios y otra cámara con representación política.
Ideológicamente era tributario del nacionalismo católico, que desde los años ’20 venía
creciendo en Argentina.20
Centenares de dirigentes radicales fueron arrestados, y algunos de ellos enviados a la cárcel
de Ushuaia. La dictadura prohibió todo tipo de manifestación pública y decretó la ley
marcial para cualquiera que fuera sorprendido incurriendo en cualquier delito, incluso delitos
ordinarios. También fueron prohibidas las huelgas, que pasaron a ser consideradas delitos
graves.26
El plan económico del gobierno provisional frente a la Depresión era, en realidad, continuación
del de Yrigoyen: así como éste había decretado la inconvertibilidad del peso, Uriburu decretó
el control de cambios para evitar la salida del oro que aún permanecía en las arcas del estado.
Estableció un estricto cuadro de prioridades para el gasto público, con la intención de no
entrar en cesación de pagos de la deuda externa. Además debió hacer frente a retrasos de
pagos a los empleados públicos en que había incurrido el gobierno, para lo cual se crearon
nuevos impuestos a las transacciones, a los réditos y a la nafta, y se aumentaron las tasas de
los servicios públicos prestados por el Estado.27
El Banco de la Nación Argentina otorgó créditos a los productores de maíz para que retuvieran
sus cosechas, ya que la tendencia a venderla cuanto antes deprimía los precios. Todas las
obras públicas quedaron congeladas, con la sola excepción de los elevadores de granos, que
fueron concesionados a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), que también fue
favorecida en la competencia contra las empresas exportadoras en la comercialización de
granos al exterior; estas medidas evitaron que la caída de los precios –muy importante desde
el estallido de la crisis– fuera aún más pronunciada. En cambio no logró obligar a las
empresas ferroviarias a bajar las tarifas para el transporte de granos.27
Ensayo corporativo[editar]
Uriburu juró respetar la Constitución Nacional y la Ley Sáenz Peña, y en su discurso invitó a la
población a corregir los "abusos" del yrigoyenismo a través de las urnas. Pero ese discurso se
debía al apoyo que había necesitado del sector "liberal" dirigido por Justo y Sarobe. Con el
paso de los días, volvió a sus ideales autoritarios y corporativistas en sus discursos y en el
nombramiento de autoridades. Aspiraba a reemplazar la Constitución y el sistema democrático
por otro, completamente distinto, en que no fuera el voto individual el que decidiera el rumbo
político, sino la opinión de corporaciones, en particular las corporaciones patronales y las
asociaciones profesionales, dejando al movimiento sindical como un actor menor, que además
debía ser sometido a una «limpieza ideológica».n. 4 Los discursos mencionaban continuamente
la necesidad de restaurar el orden, la propiedad y las jerarquías.28 Sin embargo, a diferencia
de los fascismos europeos, la derecha argentina consideraba que la clave del sistema político
propuesto era el Ejército, y no organizaciones paramilitares.29
El dictador propuso la fundación de un Partido Nacional, al que deberían adherirse los demás
partidos, aunque estaban excluidos el radicalismo yrigoyenista y posiblemente el Partido
Socialista. La invitación fue rechazada por todos, salvo algunos grupos conservadores.
Uriburu se había adelantado a convocar a elecciones para gobernador de Buenos Aires,
confiando en presentar una candidatura única del Partido Nacional frente a los radicales;
cuando su proyecto fracasó, no pudo retractarse.30 En el mes de abril de 1931 se celebraron
las elecciones bonaerenses, con un resultado imprevisto: aunque el gobierno consideraba al
radicalismo "fuera de la historia", y aun cuando éste no realizó campaña electoral, ni tuvo
apoyo de la prensa, el candidato radical Honorio Pueyrredón consiguió el triunfo electoral.
Pese a que en el Colegio Electoral el radicalismo no tenía mayoría propia y debía negociar
con los socialistas para alzarse con la gobernación, el gobierno entró en pánico y la mayoría
de los ministros presentó la renuncia. Uriburu reorganizó el gabinete con una mayoría de
ministros del sector "liberal". El 8 de mayo suspendió el llamado al colegio electoral provincial,
y nombró gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires a Manuel Ramón Alvarado.31
Pocas semanas más tarde estalló una revolución en la provincia de Corrientes, dirigida por el
teniente coronel Gregorio Pomar; aunque fue rápidamente reprimida, dio a Uriburu la excusa
que buscaba: clausuró todos los locales de la UCR, arrestó a docenas de dirigentes y prohibió
a los colegios electorales elegir políticos vinculados directa o indirectamente con Yrigoyen;
Pueyrredón había sido ministro de Yrigoyen, lo que significaba que no podía ser elegido, pero
además fue expulsado del país junto con Alvear. Además suspendió las elecciones de
gobernadores planeadas para las provincias de Córdoba y Santa Fe.32 En el mes de
septiembre llamó a elecciones para el mes de noviembre, y poco después anuló las
elecciones en Buenos Aires.33
El experimento corporativista había fracasado, pero aun así, horas antes de entregar el
gobierno a su sucesor, Uriburu declararía que "el voto secreto es precisamente lo que ha
permitido el desenfreno demagógico que hemos padecido."34
Agustín Justo llegando al crucero "Buenos Aires" para
acompañar al presidente (de facto) José Félix Uriburu en su visita al buque. 4/10/1930.
La Concordancia[editar]
Artículo principal: Concordancia (Argentina)
Desde la disolución del Partido Autonomista Nacional, unos 25 años antes, los conservadores
no tenían un partido nacional, sino que eran una alianza tácita entre partidos provinciales. Ya
desde los días posteriores al golpe de Estado habían comenzado reuniones entre los partidos
antiyrigoyenistas, que llevaron a la formación de una Federación Nacional Democrática, de la
que formaron parte los partidos conservadores de todas las provincias, junto con la Unión
Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente. Uriburu había tratado de
forzar la reunión de un Partido Nacional, que englobara también a los demócrata progresistas,
pero su jefe, Lisandro de la Torre ya estaba enfrentado con la dictadura, a pesar de que
inicialmente la había apoyado.35
La derrota frente al radicalismo llevó a los conservadores a la formación de un partido
unificado, que se formó finalmente con el nombre de Partido Demócrata Nacional; con
excepción de una pequeña fracción de la democracia progresista –en la que descollaba el
exgobernador de la provincia de Salta, Robustiano Patrón Costas– todos sus miembros
pertenecían a los partidos conservadores: entre ellos Julio Argentino Roca (hijo) y Guillermo
Rothe del Partido Demócrata de Córdoba, Manuel Fresco y Rodolfo Moreno del poderoso
Partido Conservador de Buenos Aires, Ricardo Videla y Gilberto Suárez Lago del Partido
Liberal de Mendoza, entre muchos otros. La UCR antipersonalista y el socialismo
independiente no aceptaron formar parte del mismo partido, pero en cambio formaron con
este una alianza llamada Concordancia.35
Todos estuvieron de acuerdo en llevar como candidato a la presidencia al general Justo; los
socialistas independientes y los antipersonalistas pretendieron nombrar un compañero de
fórmula no conservador, pero el PDN logró imponer la candidatura del hijo del general Roca.
Esta negativa de los conservadores llevó a la UCR de Entre Ríos (Antipersonalista) a llevar
como candidato a Francisco Barroetaveña. Por su parte, el Partido Demócrata Progresista y el
Partido Socialista se presentaron como "Alianza Civil", llevando como candidatos a Lisandro
de la Torre - Nicolás Repetto. El radicalismo no estaba prohibido, en sentido estricto, pero sí
tenía prohibido presentar candidatos que hubieran ejercido cualquier cargo en las
presidencias de Yrigoyen, lo que les vedaba las candidaturas conocidas; de modo que el
Comité Nacional del radicalismo anunció la abstención electoral.35
Las elecciones del 8 de noviembre de 1931 estuvieron viciadas de fraude electoral en las
provincias de Buenos Aires y Mendoza, pero en las demás provincias esto no fue necesario:
con solo dos excepciones –Entre Ríos y Santa Fe– triunfó ampliamente gracias a la
proscripción del radicalismo. Justo obtuvo 607 765 votos (237 electores); en Capital Federal y
Santa Fe, los votantes radicales apoyaron respectivamente al socialismo y la democracia
progresista, de modo que De la Torre consiguió 436 125 votos (122 electores), mientras
Barroetaveña obtenía 156 904 votos (12 electores).36
Los gobiernos provinciales quedaron en manos de los conservadores, con excepción
de Santiago del Estero, donde el radicalismo se unió e impuso a Juan Bautista Castro;37 Entre
Ríos, donde el radical antipersonalista Luis Etchevehere retuvo el gobierno provincial para su
partido;38 y Santa Fe, donde fue elegido el demoprogresista Luciano Molinas.39
Gobierno de Agustín Pedro Justo (1932-1938)[editar]
El gobierno del General Agustín P. Justo se caracterizó por el fraude
electoral, la represión, y los escándalos por los actos de corrupción en favor de las empresas
británicas.
Artículo principal: Concordancia (Argentina)
Luego del fracaso del ensayo neocorporativista nacionalista católico de José Félix
Uriburu gobernó la Argentina una alianza política que se denominó la "Concordancia", formada
entre el Partido Demócrata Nacional (también conocido simplemente como Partido
Conservador), la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente.
Esta alianza gobernó el país entre 1932 y 1943, a través de los presidentes Agustín P.
Justo (1932-1938), Roberto M. Ortiz (1938-1940) y Ramón Castillo, que debió completar el
período por muerte del presidente Ortiz (1940-1943).
Agustín P. Justo asumió como presidente el 20 de febrero de 1932. Además de la convulsión
política debida al golpe debió hacer frente a los resultados de la Gran Depresión, que había
acabado con el superávit comercial y terminado con las ventajas comparativas del intercambio
comercial por el cierre de mercados donde se colocaban los productos exportables del país.
Revoluciones radicales[editar]
Durante su mandato, la oposición radical, que había declarado la abstención electoral ante la
ilegitimidad del régimen, fue muy marcada. En 1933 se produjeron en Buenos
Aires, Corrientes, Entre Ríos y Misiones alzamientos radicales que se saldaron con más de mil
detenidos. Yrigoyen, gravemente enfermo, fue devuelto a Buenos Aires y mantenido bajo
arresto domiciliario; moriría el 3 de julio, y su entierro en el cementerio de la Recoleta sería
ocasión de una manifestación multitudinaria. En diciembre, en ocasión de la reunión de la
convención nacional de la UCR, un alzamiento conjunto de militares y políticos se desató
en Santa Fe, Rosario y Paso de los Libres. José Benjamín Ábalos, exministro de Yrigoyen, y el
coronel Roberto Bosch fueron detenidos por el alzamiento, y los convencionales y dirigentes
del partido encarcelados en Martín García. Alvear, antiguo padrino de Justo, se exiliaría,
mientras que otros serían retenidos en el penal de Ushuaia.40
La economía y el Pacto Roca-Runciman[editar]
El primer ministro de Hacienda de Justo fue Alberto Hueyo; su gestión estuvo marcada por las
restricciones a todos los gastos públicos, aunque paralelamente se llevó adelante una política
de inversión pública; el área donde las inversiones se hicieron más notables fue el de
transportes, donde se creó la Dirección Nacional de Vialidad, a cuyo frente se encontraba el
ingeniero Justiniano Allende Posse. La misma, sostenida por un impuesto de dos centavos
sobre litro de nafta, construiría la red troncal de rutas nacionales, muchas de las cuales serían
pavimentadas.41
Entre las medidas tomadas por el gobierno estuvo la unificación de impuestos entre las
distintas provincias, y la transferencia de su cobro al Estado nacional, que luego repartía el
producido entre los gobiernos provinciales. Se sancionó el primer impuesto a los réditos, como
un impuesto de emergencia que quedaría para siempre.42
En enero de 1932 había viajado a Londres una comitiva especial, presidida por el
vicepresidente Roca y con el agregado de algunos funcionarios de segunda línea,
supuestamente para retribuir la visita del Príncipe de Gales a la Argentina, que había ocurrido
algún tiempo atrás. En lugar de eso, Roca llevó adelante negociaciones para neutralizar los
resultados de la conferencia de Ottawa de 1932, en que el Reino Unido había anunciado
medidas tendientes a favorecer la importación procedente de sus colonias y dominios,
dañando seriamente a los hacendados argentinos. Roca negoció trabajosamente el Pacto
Roca-Runciman durante varias semanas, y terminó aceptando firmarlo en mayo de 1933, bajo
las siguientes condiciones: se aseguraba a la Argentina solo un cupo inferior al de sus
dominios, de 390 .000 toneladas anuales de carne, a cambio de cuantiosas concesiones para
las empresas británicas. El 85% de la exportación debía realizarse a través de frigoríficos
británicos –y el 15% restante ya estaba asignado de antemano a dos frigoríficos–, se prohibía
al Estado argentino regular las tarifas de los ferrocarriles operados por el Reino Unido, no se
fijarían derechos aduaneros sobre el carbón, se daría tratamiento especial a las empresas
británicas con inversiones en Argentina, y se reducirían los impuestos a la exportación.43 No
menos problemáticas resultaron las declaraciones del vicepresidente Roca:
La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad
de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la
Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte
integrante del Imperio Británico.n. 5
Las reacciones en la Argentina a la firma del tratado fueron diversas: desde el alborozo de los
ganaderos de la Sociedad Rural Argentina hasta las denuncias de los opositores y la renuncia
del ministro Hueyo. Éste denunció que el vicepresidente Roca estaba dispuesto a ceder en
todo frente al Reino Unido con tal de no perderlo como mercado. Se opuso, en particular, al
control del tipo de cambio, ya que este control obligaría a la Argentina a endeudarse, y
también se opuso a conceder ventajas aduaneras a Gran Bretaña sin contrapartida.44 La firma
del Pacto Roca-Runciman en mayo de 1933 empeoró las relaciones de Hueyo con el resto del
gabinete, hasta que este finalmente renunció en el mes de agosto.45
Lisandro de la Torre fue llamado el Fiscal de la Patria por
haber expuesto la corrupción y los negociados en beneficio de los intereses británicos
durante el «debate de las carnes».
El senador por Santa Fe Lisandro de la Torre, del Partido Demócrata Progresista, fue uno de
los principales opositores al tratado y denunció los delitos que, bajo su amparo, estaban
cometiendo las empresas frigoríficas inglesas y el gobierno. Logró que el Senado abriera una
investigación independiente, y ésta llegó a la conclusión de que se había ocultado
documentación acerca de embarques de carnes. De la Torre denunció maniobras fraudulentas
y evasión impositiva de los frigoríficos Anglo, Armour y Swift, y además acusó de complicidad
al gobierno y aportó pruebas que comprometían a los entonces ministros Luis Duhau, de
Agricultura y Ganadería, y Federico Pinedo, de Hacienda. Los dos ministros se vieron
obligados a defender su inocencia en el recinto del Senado durante varias semanas, mientras
De la Torre se ganaba el apodo de "Fiscal de la Patria".46 La investigación tendría un
desenlace trágico el 23 de julio de 1935, cuando el senador demócrata-progresista Enzo
Bordabehere fue asesinado de tres balazos en pleno recinto del Senado por un matón
relacionado con el oficialismo, en el intento de asesinar a de la Torre.47n. 6
El pacto Roca-Runciman fue denunciado unilateralmente en 1936 por el Reino Unido; las
tratativas para sostenerlo desembocaron en la firma de otro tratado, el Malbrán-Eden, que fijó
fuertes aranceles a la importación de carnes argentinas en Gran Bretaña.48
Política exterior[editar]
En 1933 Justo dispuso la reincorporación de la Argentina a la Sociedad de Naciones. El
canciller Carlos Saavedra Lamas propuso y logró un Tratado antibélico de no-agresión y
conciliación, con el que intentaba detener la escalada bélica que se notaba en Europa.49
Frente a la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, el gobierno de Justo a través de su
canciller Saavedra Lamas, intentó movilizar a los gobiernos de la región en contra de
la doctrina Monroe, promovida por el gobierno de los Estados Unidos. Sus iniciativas llevaron
en 1933 a la firma del llamado Pacto antibélico Saavedra Lamas. Luego de arduas y
complejas tratativas, el 7 de junio Bolivia y Paraguay suscribieron finalmente dos protocolos
dando fin a la guerra, para terminar firmando en 1938 el Tratado de Paz, Amistad y Límites.
Por sus gestiones en el conflicto, Saavedra Lamas recibió el Premio Nobel de la Paz en
1936.50
Robustiano Patrón Costas y el presidente de la
Nación Agustín Pedro Justo en el Ingenio El Tabacal, 1934.
Estos éxitos en política exterior contrastan con la actitud del propio presidente, que pareció no
dar ninguna importancia al frente externo. En cuanto a la guerra del Chaco, tenía una clara
preferencia –por intereses económicos personales– en favor del Paraguay, al que llegó a
venderle algunas armas. Pero dejó hacer al ministro Saavedra Lamas, y no se opuso a su
negociación pacifista.51 Más tarde, cuando estalló la Guerra Civil Española, ni siquiera hizo un
comentario en público.52
Política económica[editar]
El sucesor de Hueyo fue el abogado socialista independiente Federico Pinedo, quien marcaría
un cambio en la política del gobierno. La intervención gubernamental en la economía se hizo
más marcada, creándose la Junta Nacional de Granos, la de Carnes, la del Algodón, la de la
Yerba Mate, la Junta Reguladora de Vinos y la de la Industria Lechera. En todos los casos, la
política desarrollada estaba orientada a cuidar los intereses de los grandes productores en
desmedro de los pequeños.53
El gobierno de Justo se caracterizó por iniciar en Argentina la construcción de un Estado
intervencionista en la economía. En 1934 se legisló la recaudación centralizada de los
impuestos. Se crearon la Dirección Nacional de Vialidad y la Dirección Nacional de Parques
Nacionales.
También dispuso el cierre definitivo de la Caja de Conversión, que hasta 1929 había canjeado
papel moneda por oro. Para reemplazarlo como herramienta de control del tipo de cambio,
consultó por otras opciones al Banco de Inglaterra, que envió a Buenos Aires a uno de sus
directores, Otto Niemeyer. Éste redactó un proyecto para la creación del Banco Central de la
República Argentina, que fue aprobado por el Congreso por medio de las leyes 12.155 a
12.160, sancionadas sucesivamente en marzo de 1935;54 el Banco Central abrió en junio de
ese año, dirigido por Raúl Prebisch. Se sancionaron leyes regulando la actividad bancaria y
las inversiones.
Se creó la Corporación de Transportes, destinada a proteger los servicios ferroviarios y
tranviarios en manos británicas de la competencia de los colectivos.
En 1935 se realizó el primer censo industrial, que fijó en 600 000 la cantidad de trabajadores
ocupados en la actividad. Las condiciones ofrecidas para el asentamiento de capitales
extranjeros fomentaron la industrialización, sobre todo en las provincias de Buenos Aires y
Santa Fe, donde se radicaron alimentarias (Adams, Royal, Suchard, Quaker), de caucho
(Firestone), eléctricas (Eveready, Osram, Philco) y textiles (Ducilo, Sudamtex). Las primeras
grandes empresas argentinas comienzan a cobrar importancia, como Di Tella, que fabricará
electrodomésticos y automóviles.
Situación política[editar]
Alvear fue el líder del radicalismo durante la década infame,
por ello fue apresado en la isla Martín García.
En 1935 Marcelo T. de Alvear volvió de su exilio llevando al fin de la abstención electoral. La
decisión obligaría a la Concordancia a apelar nuevamente al fraude y la represión para evitar
la derrota en las urnas.
El 1 de mayo de 1936 la UCR convocó a un acto multitudinario, en el que por primera vez se
reunieron todos los partidos de la oposición y el movimiento obrero. Ese mismo año la presión
sindical obtuvo la sanción de la Ley 11.729 de contrato de trabajo para el sector servicios.
Uno de los hechos de corrupción más sonados del
período fue el escándalo de la CHADE (Compañía Hispano-Americana de Electricidad).
Ese mismo año, las divisiones en el seno del radicalismo se acentuaron por influjo
del escándalo por la concesión de la Compañía Hispano-Americana de Electricidad (CHADE),
que había sido acusada de sobornar a políticos conservadores y radicales para obtener la
concesión, incluyendo al entonces ministro de Hacienda y futuro presidente Roberto M. Ortiz.55
Alvear representaba el principal obstáculo a la continuación de la Concordancia. La
Concordancia le opuso la candidatura del radical antipersonalista Roberto M. Ortiz y el
conservador Ramón Castillo. En septiembre se realizaron las elecciones, en las que los
incidentes con muertos y heridos, así como la intervención policial contra los fiscales de la
oposición, fueron frecuentes; varias provincias estaban intervenidas, entre ellas Catamarca, al
frente de la cual Justo había colocado al ultranacionalista y filonazi Gustavo Martínez Zuviría.
Las cruciales provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza quedaron en manos de la
Concordancia, que finalmente consagró a Ortiz como presidente.
Un policía montado persigue a partidarios del radicalismo.
Alvear hablaba al respecto de los conservadores:
Yo conozco a ese radicalismo y a los conservadores de Buenos Aires, desde hace cincuenta años, y
convengamos que esos conservadores no han mejorado en nada, no han hecho nada en bien de la
provincia. Hace cincuenta años que los conozco, porque he actuado allí. Tenían a su servicio matones y
urnas de doble fondo. Yo rompí una en Morón. Hoy se preparan para usar las mismas armas.
Marcelo T. de Alvear.56
Para las elecciones de 1937, la Concordancia apeló masivamente al fraude electoral, al que
los dirigentes conservadores llamaron "fraude patriótico", ya que consideraban que violar la ley
estaba justificado si con eso evitaban el regreso del radicalismo. Algunas de las prácticas más
generalizadas consistían en aceptar votos múltiples de libretas electorales, generalmente
retenidas por los patrones a sus empleados, o por los "punteros" políticos a cambio de
favores; el rechazo sistemático de fiscales de los partidos opositores; urnas con doble fondo,
repletas de votos desde antes de iniciarse los comicios; sustitución de sobres; y rechazo de
los votos de quienes se sabía que iban a votar por la oposición.
Gobierno de Roberto M. Ortiz (1938-1940)[editar]
El presidente Roberto M. Ortiz, de la Unión Cívica Radical
Antipersonalista, se vio impedido de ejercer la presidencia desde 1940, debido a
la diabetes que sufría, muriendo en 1942, antes de finalizar su mandato.
Roberto M. Ortiz fue el primer civil en ocho años en revestir la banda presidencial. Intentó
impulsar una serie de reformas que permitieran establecer un régimen democrático, quiso
desmantelar el aparato montado por Agustín P. Justo y trató de obtener por todos los medios
elecciones limpias para el que lo sucediera. Al asumir la presidencia dedicó un largo párrafo
de su discurso de asunción a la defensa de la democracia, lo que todo el país interpretó como
censura al fraude electoral y otras prácticas antidemocráticas que habían regido durante la
presidencia de Justo.
Apenas asumido se celebraron las elecciones a diputados nacionales, y el PDN volvió a
vencer gracias a un gigantesco fraude; en defensa de Ortiz, se puede afirmar que no había
tenido tiempo de intervenir en los sistemas electorales, que eran controlados en cada
provincia por sus gobiernos y su policía. Y también que todos los partidos habían apelado al
fraude y a los vetos desde la conducción durante las elecciones internas.57
Sin embargo, durante el resto del año se celebraron las elecciones provinciales, y las buenas
intenciones de Ortiz chocaron con los métodos ya establecidos por el gobierno de Justo: en su
mayoría, fueron un escándalo de fraudes, trampas, presiones y violencias; en Santa Fe se
sabía que había fraude en los pueblos, pero esta vez se practicó abiertamente en los centros
de la capital provincial y de Rosario. En Buenos Aires no sólo el fraude y el patoterismo
brillaron en toda su expresión –y le consiguieron a Manuel Fresco una victoria de 355 000
votos sobre 62 000 de la UCR– sino que el gobierno se dio el lujo de mover los diputados
electos de sus posiciones iniciales en la lista electoral. Las únicas elecciones correctas fueron
las de Córdoba y Tucumán –gobernadas por los radicales– y la Capital Federal, donde el
fraude hubiera sido excesivamente visible. Mientras tanto, Ortiz se limitaba a seguir
prometiendo elecciones libres y justas.58
Contra el fraude, intervenciones federales[editar]
Como parte de su política de saneamiento democrático, decretó la intervención federal de
varias provincias donde su propia coalición política había triunfado por medio del fraude, entre
ellas Buenos Aires, Santiago del Estero, San Juan y Catamarca.59 En cambio, en las
provincias de Tucumán y Córdoba había triunfado la Unión Cívica Radical, por la inexistencia
del fraude o por su fracaso como estrategia. Ortiz tuvo relaciones políticas formales con esos
dos gobiernos.
El caso de Catamarca –provincia de origen del vicepresidente Castillo– fue extremo: las
elecciones del 3 de diciembre de 1939, organizadas por el gobernador Juan Gregorio Cerezo,
superaron a todas las demás de la época: las autoridades de mesa fueron manipuladas, se
agregaron votos en las urnas, se impidió el voto a centenares de ciudadanos mientras se
aceptaban los de personas trasladadas desde Salta, Tucumán y Santiago del Estero; cuando
los votantes protestaron por no permitírseles ejercer el voto, fueron reprimidos y en ocasiones
arrestados.60 Ortiz vio en esa elección la oportunidad para demostrar que estaba dispuesto a
terminar con esas prácticas: diez días después de las elecciones, el ministro del
Interior Diógenes Taboada exigió al gobernador Cerezo anular las elecciones y convocar a
nuevos comicios, amenazando con la intervención federal de la provincia. El presidente del
Partido Demócrata Nacional, Alberto Arancibia Rodríguez, respaldó al gobernador, pero Ortiz
decidió esperar a que el Colegio Electoral anunciara la victoria del candidato oficialista; en el
mes de febrero, al día siguiente del anuncio, Ortiz respondió decretando la intervención
federal.60 Para el cargo de interventor nombró al general Rodolfo Martínez Pita, presidente del
Consejo de Guerra para Jefes y Oficiales, con la orden de disolver la Legislatura y llamar a
elecciones «con todos los resguardos y garantías de libertad para los electores.»61
En Buenos Aires gobernaba el conservador Manuel Fresco, de ideas más afines a la
ultraderecha que al conservadurismo. En febrero de 1940 organizó las elecciones para elegir
a su sucesor, proponiendo la candidatura del caudillo local de Avellaneda, Alberto Barceló.
Gracias a que las elecciones fueron un modelo de todos los vicios y fraudes, Barceló fue
elegido gobernador. Ortiz hizo lo mismo que en Catamarca: esperó a la proclamación oficial y
decretó la intervención federal, cuidando de adelantarse al inicio de las sesiones ordinarias del
Congreso, que lo hubieran obligado a conseguir su aprobación.62 El oficialismo bonaerense no
intentó siquiera defenderlo: es que Fresco había llevado adelante algunas medidas en favor
de los trabajadores, como la presión sobre las empresas para que aumentaran sus salarios o
la edificación de viviendas económicas.63 En reemplazo de Fresco asumió el interventor
federal Octavio R. Amadeo, que anuló las elecciones.64
En Santiago del Estero, en cambio, Ortiz debió enfrentar una crisis dentro del oficialismo por la
sucesión en el cargo de gobernador entre el candidato del gobernador Pío Montenegro y su
antecesor en el cargo –Juan Bautista Castro, por entonces senador nacional, ambos radicales
antipersonalistas. Castro solicitó la intervención federal y utilizó su banca en el Congreso para
llenar de acusaciones de toda clase de delitos, de utilizar el fraude y la violencia para ganar
las elecciones –lo cual era cierto, pero era exactamente la misma forma en que había llegado
Castro a la gobernación, y la forma en que éste había hecho elegir a Montenegro. Los
diputados provinciales se negaron a concurrir a las sesiones y huyeron a Tucumán para no
ser obligados por la policía. En septiembre, el presidente presentó el proyecto de intervención
federal en el Senado, donde Montenegro no tuvo quien lo defendiera. Pocos días después, el
Congreso aprobó la intervención federal y el nuevo interventor asumió en octubre;65 las
elecciones se celebraron a principios del año siguiente y, por presión de Ortiz, quedaron fuera
los candidatos de Montenegro y Castro. El nuevo gobernador fue José Ignacio Cáceres,
amigo personal de Ortiz, que terminaría aplicando los mismos métodos que sus antecesores.66
Política internacional[editar]
En agosto de 1938 se reunió en Lima la octava conferencia panamericana. La delegación
argentina fue presidida por José María Cantilo, ministro de relaciones exteriores. Los Estados
Unidos propiciaban un pacto de seguridad colectiva de los Estados americanos, en previsión
de lo que podría ocurrir dado el estado explosivo del mundo, pero la Argentina se negó a
respaldar este punto de vista. Eso se debió parcialmente a la tradición de neutralidad desde
los años de la Primera Guerra Mundial, cuando Yrigoyen puso en primer plano los intereses
nacionales, pero especialmente por la actitud insólitamente complaciente y sumisa de los
directivos de la Concordancia para con el Reino Unido: no se apoyaba a Estados Unidos para
poder seguir dependiendo plenamente de Gran Bretaña. Al año siguiente, Ortiz vaticinó que
en la guerra, que ya todo el mundo consideraba inevitable, no podría haber neutrales. Pero al
llegar las noticias del pacto Ribbentrop-Mólotov y de la invasión de Polonia, Ortiz se apresuró
a declarar la neutralidad argentina; posiblemente temía la reacción del Ejército en caso de que
no lo hiciera.67
Poco después, la Argentina propuso y Estados Unidos convocó una asamblea de ministros de
Relaciones Exteriores de toda América; en esa junta, el representante argentino Leopoldo
Melo se mostró inesperadamente solícito frente a los Estados Unidos, en parte porque este
país proponía acciones comunes frente al peligro de la guerra, pero al mismo tiempo
presionaba por la neutralidad.68
En junio de 1939 viajó a Buenos Aires el mariscal José Félix Estigarribia, presidente electo del
Paraguay, con el propósito de suscribir el protocolo relativo a los límites entre ambas
naciones, fijados en el río Pilcomayo. En 1939 se recibió la visita oficial del presidente de la
República Oriental del Uruguay; general Baldomir, para renovar los acuerdos de amistad e
intercambio con la Argentina.
Una de las medidas más controvertidas de su mandato fue la circular
secreta antisemita firmada en 1938 por el canciller también radical antipersonalista José María
Cantilo, que ordenó a cónsules argentinos en Europa negar visados a «indeseables o
expulsados», en alusión a ciudadanos judíos de ese continente.69
No obstante, la Argentina era uno de los países que más judíos huidos del nazismo y de
la Shoá albergó: desde 1928 el país recibió alrededor de 45 000 judíos europeos, de los
cuales probablemente la mitad ingresó de manera ilegal; y eso no había cambiado con el
gobierno de Ortiz, aún cuando sí parece demostrado que algunos funcionarios se negaron a
emitir algunos visados.
Internamente, la opinión pública –las clases altas y medias, en realidad– estaba dividida entre
partidarios de los Aliados y partidarios del Eje; mientras la casi completa clase dirigente y los
estudiantes respaldaban a los Aliados, una clase media empobrecida y asustada, y los
descendientes de alemanes e italianos alimentaban el bando del Eje. Ese sector era,
justamente, el que predominaba en la oficialidad del Ejército, lo que obligaba al gobierno a ser
muy cauteloso. Sin embargo, los aliados realizaron manifestaciones ruidosas en favor de los
Aliados y en contra de la brutalidad nazi. El hundimiento del buque argentino Uruguay por
parte de un submarino alemán en junio de 1940 fue una ocasión brillante para que las clases
acomodadas mostrasen su indignación y exigieran al presidente la declaración de guerra
contra el Eje. Pero Ortiz, que simpatizaba con ese punto de vista, no estaba ya en condiciones
de tomar medidas como esa.70
Enfermedad y licencia de Ortiz: Castillo en ejercicio de la
presidencia[editar]
Cuando fue nombrado candidato a la presidencia, Ortiz ya sabía que sufría de diabetes;
impulsado por su optimismo, se convenció de que no sería grave, pero sufrió un desmayo en
plena campaña electoral, frente a miles de personas. El propio gobernador cordobés, Amadeo
Sabattini, diagnosticó que la enfermedad estaba avanzando con sólo verlo en su visita a
Córdoba. En marzo de 1940 comenzó a perder también el sentido de la vista, y en abril murió
su esposa, María Luisa Iribarne. El presidente se aisló durante semanas, tanto por el duelo
como por la ceguera, y el gobierno quedó a la deriva.71
En mayo estalló el Escándalo de las Tierras del Palomar, que consistía en una compra de
terrenos para el Ejército realizada a un precio sobrevaluado, para luego repartirse comisiones
entre legisladores, que rápidamente se convirtió en un problema político de primera magnitud.
En el mes de junio, la diabetes empeoró las condiciones de vida de Ortiz, dañando
especialmente su vista, de modo que solicitó licencia al cargo de presidente de la Nación, el
que fue asumido por Castillo.72
En agosto del mismo año, Ortiz –que seguía en uso de la licencia– presentó inesperadamente
su renuncia, la cual fue rechazada por el Senado. Este hecho fue considerado una derivación
del escándalo de la venta de Tierras del Palomar, y Ortiz interpretó el rechazo de la renuncia
como un voto de confianza.73
Gobierno de Ramón Castillo (1940-1943)[editar]
Ramón Castillo, último gobernante de la Década Infame.
Fue derrocado por un golpe militar el 4 de junio de 1943.
Ramón Castillo había sido Gobernador interventor de la provincia de Tucumán durante la
gestión de facto de José Félix Uriburu, y ministro del Interior durante la presidencia de Justo.
Debido a la enfermedad de Ortiz, desde junio de 1940 estuvo efectivamente a cargo del Poder
Ejecutivo.
En materia política, Castillo llevó a cabo una política autoritaria, con fuerte represión y con la
intervención federal de varias provincias gobernadas por la oposición. Pese a que sólo
estaba en ejercicio de la presidencia, cambió casi todo su gabinete de ministros y llevó
adelante una política en muchos sentidos opuesta a la de Ortiz. También disolvió el Concejo
Deliberante de Buenos Aires, desprestigiado por numerosas denuncias de corrupción.74
El regreso del fraude patriótico[editar]
Estos primeros pasos se continuaron con la intervención federal a los gobiernos provinciales
de signo político opuesto a los conservadores.75 Su objetivo era consolidar su poder a través
del Partido Demócrata Nacional como base partidaria de tinte conservador, disolviendo la
Concordancia cuya continuidad estaba en duda, en razón de la política de lucha contra el
fraude electoral llevada adelante por el presidente Ortiz. Esta última decisión política había
sido apoyada por los radicales antipersonalistas, por los socialistas y por la Unión Cívica
Radical del Comité Nacional presidido por Marcelo T. de Alvear. Ante este giro del gobierno
esos partidos comenzaron a buscar confluir para luchar contra el previsible retorno del fraude
electoral como arma política.76
Más de un año después del fallecimiento de Alvear, finalmente la UCR encontró un líder:
Amadeo Sabattini, ex gobernador de Córdoba, tomó el mando del radicalismo en sus
pulseadas contra el oficialismo. En particular, con la anuencia de Pueyrredón y de Emilio
Ravignani, se opusieron por completo a la política económica de Federico Pinedo; éste había
pretendido el apoyo de los radicales, que eran aún la mayoría en Diputados; ante la negativa
de los principales líderes radicales, se vio obligado a renunciar en marzo de 1941.77
Como muestra de que no continuaría la política moralizante de su antecesor, apenas estuvo
en el gobierno ordenó dilatar la celebración de elecciones en Buenos Aires y Catamarca; en
esta última provincia reemplazó al general Martínez Pita por el escritor
ultraderechista Gustavo Martínez Zuviría, quien organizó elecciones llenas de irregularidades,
para lograr finalmente la elección de Ernesto Andrada, el mismo cuya tramposa victoria había
sido anulada por Ortiz.60 También en Mendoza, los gobernadores demócratas se sucedían
unos a otros gracias al fraude y a la persecución de los lencinistas.78
El avance de las políticas de fraude patriótico de Castillo llevó inclusive al retirado presidente
Ortiz a difundir por la prensa una carta criticando que se hubiesen abandonado sus
pretensiones de pureza electoral. Considerando a Ortiz fuera del cuadro de poder, Castillo
respondió públicamente las acusaciones, en una actitud que no lo favoreció. Peor aún,
impulsó una investigación del Congreso sobre el propio Ortiz, para determinar
cuán manchado estaba con el asunto de las tierras del Palomar.79
La ceguera de Ortiz se agravó, impidiéndole reasumir sus funciones, de modo que presentó
su renuncia por segunda vez. Castillo asumió la presidencia en carácter de titular el 30 de
junio de 1942 para completar el mandato. Roberto Marcelino Ortiz falleció el 15 de julio de ese
año.
El Plan Pinedo[editar]
El 2 de septiembre de 1940, Castillo había renovado todo su gabinete presidencial; para el
cargo de ministro de Hacienda eligió a Federico Pinedo, que como diputado Socialista
Independiente había criticado el Pacto Roca-Runciman como «una obligación unilateral
argentina». Luego había sido ministro de hacienda de Justo, consiguiendo un ligero superávit
en las cuentas nacionales.80
Apenas asumido el cargo en 1940, presentó en público el llamado «Plan Pinedo», o «Plan de
Reactivación Económica», que consistía en el sostenimiento del precio de las cosechas por
medio de su compra selectiva por parte del Estado, en principio una idea no muy diferente
del IAPI que crearía el peronismo cinco años más tarde. También proponía estimular la
construcción pública y privada por medio de créditos a 30 años del Banco Central, y reforzar la
demanda interna de productos tradicionales que ahora no se podían exportar, estimular la
industria y exportar a países vecinos, como Brasil y los Estados Unidos. Se proponía también
fomentar la unión aduanera con Brasil y amortizar la deuda del Reino Unido con la Argentina
por la entrega al Estado nacional de los ferrocarriles de propiedad de compañías de ese
origen.81
El plan fue presentado a la Cámara de Diputados para su tratamiento, pero los radicales
adelantaron que no lo aprobarían, y el Congreso prefirió no perder su tiempo tratando un
proyecto que no lograría su aprobación sin el radicalismo. Además Pinero era abiertamente
aliadófilo, con lo cual chocaba con las negativas de Castillo a entrar en la guerra.82.
En el verano de 1941, tras un notorio fraude electoral en la provincia de Mendoza, Pinedo
viajó a Mar del Plata para mantener varias reuniones con Marcelo T. de Alvear, a quien le
propuso formar una coalición entre radicales, demócratas y parte de los socialistas, que
formarían listas de unidad para cada elección, dejando aislados a Castillo y sus aliados.
Alvear aceptó entusiasmado, y llenó de elogios a Pinedo y a su plan económico en una nota
en el diario La Nación. Sin embargo, la iniciativa fue rechazada tanto por los legisladores
conservadores como por los dirigentes radicales. Pinedo renunció ese mismo día.83
Debido a este tipo de actitudes unilaterales, el radicalismo de la línea de Alvear se sumía cada
vez más en el desprestigio, y el radicalismo era derrotado en varias elecciones que había
considerado seguras. En medio de los esfuerzos por decidir su destino, el 23 de marzo de
1942 falleció Alvear. A partir de ese momento, el radicalismo comenzó su reestructuración
completa, que no había llegado muy lejos cuando, en el mes de junio del año siguiente, estalló
el golpe de Estado.84
La industria y las empresas públicas[editar]
Sin ninguna duda, los dirigentes que ocuparon el gobierno por medio del golpe de Estado y
del fraude eran liberales, Pero la realidad los arrastró y, siguiendo los postulados de John
Maynard Keynes, las políticas del New Deal de Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos,
o por deducción propia, llegaron a la conclusión de que sólo el Estado podía sacar al país de
la crisis económica. Es por eso que, desde mediados de esa década, todos los gobiernos
nacionales y provinciales se dedicaron masivamente a llevar adelante obras públicas de gran
escala y crearon instituciones destinadas a la promoción económica y al salvataje económico
de los más pobres. Y este impulso fue aún mucho más lejos durante el gobierno de Castillo,
debido a que la Guerra Mundial obligó a suspender las relaciones económicas con los
Estados Unidos, que habían reconfigurado toda su estructura industrial para respaldar su
esfuerzo de guerra y, por consiguiente, no podían proveer de productos manufacturados
siquiera a sus aliados; ni hablar de un país como la Argentina, que era un rival diplomático
para el país del norte.85 La industria se desarrolló con gran fuerza, como sólo había ocurrido
durante la Primera Guerra Mundial y bajo la dirección de Yrigoyen.86
El gobierno de Castillo también tomó otras medidas de similar corte nacionalista, como
la revocación de la concesión del puerto de Rosario, en manos de un operador francés,
[cita requerida]
la nacionalización de la británica Compañía Primitiva de Gas[cita requerida], la creación de
la Dirección de Fabricaciones Militares y la apertura de los Altos Hornos Zapla, estas últimas
por presión de los militares, que temían quedar rezagados en la provisión de armamento,
especialmente frente al Brasil, que había declarado la guerra al Eje, y por consiguiente tenía
respaldo estadounidense.87
La neutralidad y los militares[editar]
La Segunda Guerra Mundial había dividído al Ejército –y a toda la sociedad argentina– entre
los sectores neutralistas, proaliados y progermanos. Castillo continuó la política exterior de su
predecesor consistente en declarar la neutralidad del país, lo que le permitía continuar con el
comercio marítimo, principalmente con Gran Bretaña y esta misma razón lo llevó a promover
la creación de la Flota Mercante del Estado.
La respuesta de Castillo a la noticia del ataque de Japón a la base militar estadounidense
de Pearl Harbour, ocurrido el 1 de diciembre de 1941, fue declarar el Estado de sitio para
impedir las manifestaciones y actividades públicas de los sectores "aliadófilos", que
cuestionaban la continuidad de la política de neutralidad.88 El gobierno de los Estados Unidos,
que había pasado los dos años anteriores presionando de todas las formas posibles a los
países de América Latina para que no participaran en la guerra, dio un completo giro a su
actitud: declaró la guerra a las potencias del Eje y se dedicó a presionar a toda América Latina
para que se sumasen a la guerra. El gobierno de Castillo mantuvo firme su decisión de seguir
siendo neutral, lo que exacerbó las presiones estadounidenses. Castillo fue acusado de
partidario o simpatizante de los nazis, y por el contrario, dirigentes de la oposición –incluidos
los expresidentes Alvear, Justo y el propio Ortiz– fueron contactados para que presionasen en
favor de los aliados. Pero los tres expresidentes murieron en un lapso de diez meses, sin
haber logrado ningún éxito en ese sentido.
A mediados de febrero de 1942 estuvo a punto de estallar un complot militar contra el
gobierno; su jefe inicial era el almirante Abel Renard, abiertamente simpatizante de los nazis,
y su jefe operativo el general Benjamín Menéndez. A último momento, viendo que todos los
implicados dudaban al mismo tiempo, abortó todos los planes. Entre los implicados estaba el
general Pedro Pablo Ramírez, a quien en el mes de noviembre el propio Castillo nombraría su
ministro de Guerra.89 Hubo también varios otros intentos de golpe de Estado, que no llegaron
tan lejos.
Más escándalos[editar]
El estado de conmoción social se extendió durante 1942, cuando notorios escándalos que
afectaban a instituciones estatales, fogoneadas por la prensa sensacionalista, provocaron en
la opinión pública, la percepción de un estado de corrupción generalizado y de decadencia de
la democracia liberal.90 Uno de los escándalos que generaron fuertes campañas en la prensa
fue el "escándalo de los niños cantores de la Loteria Nacional", que estalló el 4 de septiembre
de 1942, cuando un grupo de los adolescentes encargados de vocear los números premiados
en el sorteo de la Lotería Nacional habían planeado un fraude en el sorteo de esa fecha y
motivó la creación de una comisión de investigación en el Congreso de la Nación a cargo del
diputado radical santafecino, Agustín Rodríguez Araya.91
El otro caso, con mayor conmoción social y periodística, fue el «escándalo de los cadetes»,
descubierto en agosto de 1942, involucró a personalidades pertenecientes a círculos con
gravitación social de Buenos Aires, entre los cuáles se encontraba el fotógrafo aficionado
Jorge Horacio Ballvé Piñeiro, además de Rómulo Naón (h), hijo del embajador y ex-intendente
de Buenos Aires, Rómulo Naón y el arquitecto Jorge Duggan, quienes habían intimado con
jóvenes cadetes del Colegio Militar de la Nación, manteniendo relaciones sexuales
consentidas.92 Se inició una causa judicial que culminó con la expulsión de 20 cadetes del
Colegio Militar, considerado el más prestigioso del Ejército Argentino y con la detención de
varios civiles, entre ellos los antes mencionados, bajo la acusación del delito de "corrupción de
menores". La prensa encabezada por el diario "Ahora", que estaba controlado por militares
nacionalistas, siguió este suceso, con tono amarillista, realizando paralelismos entre la
"depravación moral" de la sociedad y la decadencia moral del gobierno fraudulento de Castillo,
aprovechando para atacar no solo a los conservadores sino a la democracia en sí,
identificándola con "decadencia, corrupción, contubernio, amancebamiento, prostitución,
sodomía y festichola".93 El blanco principal de las diatribas era Jorge Horacio Ballvé Piñero,
cuyas fotos de desnudos masculinos –observables en el expediente judicial conservado en el
Archivo de la Nación– no eran escenas de sexo, ni siquiera erecciones y no tenían nada de
pornográficas.93 La investigación se extendió a otros fotógrafos que registraban desnudos
artísticos masculinos. Dice Demaría que una de las consecuencias del "Escándalo" fue "una
gran cacería homosexual (que) se llevó a cabo durante un período sumamente complejo: la
transición entre el fin de la llamada Década Infame y el nacimiento del peronismo...la dictadura
del presidente Ramírez –formado en Alemania y simpatizante de Hitler– persiguió a judíos y a
homosexuales. No fue ni remotamente en la escala masiva del Tercer Reich, porque no
estaban dadas las condiciones para eso. Pero la persecución existió."93.
Todos estos sucesos aceleraron el consenso entre los sectores nacionalistas de las Fuerzas
Armadas, sobre la urgencia de un golpe de Estado para "sanear" el estado de corrupción del
Estado y la sociedad argentinas. Así, en 10 de marzo de 1943, se creó la Logia u organización
nacionalista "Grupo de Oficiales Unidos" o GOU, cuya acción será determinante para los
sucesos posteriores.
Reclamaciones antárticas y toma de posesión formal del
territorio continental antártico[editar]
En 1939, para asistir a una invitación noruega, la Argentina crea transitoriamente la Comisión
Nacional del Antártico mediante el decreto N° 35821. Por el decreto N° 61852 del 30 de abril
de 1940 pasó a ser un organismo permanente, con el objeto de intensificar las investigaciones
en la zona. Se realizaron exploraciones, tareas científicas, relevamiento de terreno y
balizamiento.
El 6 de noviembre de 1940 Chile estableció por decreto los límites de sus reclamaciones
antárticas.
Forman la Antártica Chilena o Territorio Chileno Antártico, todas las tierras, islas, islotes, arrecifes,
glaciares y demás conocidos y por conocer, y el mar territorial respectivo, existentes dentro de los
límites del casquete constituido por los meridianos 53°, longitud oeste de Greenwich, y 90°, longitud
oeste de Greenwich.
La Argentina protestó formalmente por el decreto chileno mediante nota del 12 de noviembre
de 1940, rechazando su validez y expresando una potencial reclamación a la misma área.94 A
su vez, el Reino Unido protestó el 25 de febrero de 1941.
En octubre de 1941 el Instituto Geográfico Militar argentino publicó mapas que mostraban la
extensión de la futura reclamación argentina entre los 25° O y 75° O.
En enero de 1942 la Argentina, de acuerdo con la teoría de los sectores polares, declaró sus
derechos antárticos entre los meridianos 25º y 68° 24' Oeste (el de punta Dungeness). Lo que
dio lugar a un memorándum de respuesta del Gobierno chileno del 3 de marzo de 1942,
reservando sus derechos.
La Argentina realizó en la isla Decepción su toma de posesión formal del territorio continental
antártico el 8 de noviembre de 1942, mediante la colocación de un cilindro que contenía un
acta y una bandera dejados allí por una expedición al mando del capitán de fragata Alberto J.
Oddera. En enero de 1943 personal del barco británico HMS Carnarvon Castle destruyó las
evidencias de la toma de posesión argentina, plantó la bandera británica y envió a Buenos
Aires el acta. El 5 de marzo de ese año el buque argentino ARA 1° de Mayo removió la
bandera británica.95
Artículo principal: Antártida Argentina
Véase también: Campañas antárticas argentinas
Las administraciones provinciales[editar]
Buenos Aires[editar]
Con sólo dos excepciones, Uriburu intervino todas las provincias en el momento del golpe de
Estado. La de Buenos Aires fue una de ellas, donde el gobernador Nereo Crovetto, había
intervenido los municipios donde los conservadores o los radicales antipersonalistas tuvieran
el control. También amplió el Superior Tribunal de Justicia, y colocó en los nuevos puestos –
cuatro sobre siete– a juristas directamente ligados a él mismo.96
Si bien pretendía imponer un régimen corporativo, Uriburu se había comprometido
públicamente a llamar cuanto antes a elecciones libres; las mismas tuvieron lugar en abril de
1931 y, para sorpresa de los aliados del dictador, dieron la victoria al radical
yrigoyenista Honorio Pueyrredón. El radicalismo no había desaparecido, evidentemente, pero
el gobierno había decretado su extinción, de modo que anuló las elecciones. Tras el estallido y
fracaso de una rebelión radical en la provincia de Corrientes, prohibió cualquier candidatura
yrigoyenista, gran cantidad de dirigentes de la UCR fueron prohibidos, arrestados –algunos
terminaron en la cárcel de Ushuaia– o expulsados del país.32 A continuación, Uriburu fundó
el Partido Demócrata Nacional y una alianza entre éste y los radicales antipersonalistas y los
socialistas independientes, llamada la Concordancia. Ésta logró la victoria del presidente de
la Sociedad Rural Argentina, Federico Martínez de Hoz, en una elección casi sin oposición, ya
que el radicalismo decidió abstenerse. Martínez de Hoz asumió su cargo el 18 de febrero de
1932.
Su gobierno anunció que recompondría las finanzas de la provincia por medio de reducciones
drásticas en los gastos, y toda la legislatura estaba de acuerdo en hacer intensos ajustes,
pero cada legislador proponía reducir los gastos en los demás distritos, mientras se
aumentaran en el propio. De modo que el gobierno provincial continuó acumulando déficits y
cubriéndolos con deuda pública.97 El prestigio de Martínez de Hoz decayó rápidamente y fue
quedando cada vez más aislado. A mediados de 1932 fue descubierta una conspiración para
derrocarlo, dirigida por el militar Atilio Cattáneo, pero ni siquiera eso logró mejorar su imagen;
casi los únicos que lo respaldaban eran los nacionalistas, grupo al que Martínez de Hoz no
pertenecía.98
Martínez de Hoz había iniciado varias obras públicas, entre las cuales se contaban canales de
drenaje en el este de la provincia. Uno de ellos beneficiaba casi exclusivamente a su campo,
por lo que fue acusado de malversación de fondos y se pidió su juicio político. El caudillo de
Avellaneda, Alberto Barceló, se pronunció activamente en su contra, y algunos diputados
provinciales se presentaron en la casa de gobierno para exigir la renuncia del gobernador,
amenazando con hacer intervenir la policía, que estaba bajo su control. Martínez de Hoz
presentó la renuncia, pero pocas horas después la denunció y pidió una intervención federal,
que le fue concedida: el general Pascual Pistarini lo repuso en su cargo. La Legislatura hizo
lugar al juicio político, y declaró suspendido en el cargo al gobernador, mientras el caos
aumentaba en La Plata: grupos nacionalistas ocuparon algunos lugares de la ciudad y la casa
de gobierno, dirigidos por el general Emilio Kinkelín, que organizó manifestaciones claramente
fascistas. Ese mismo día, 15 de marzo de 1935, Martínez de Hoz abandonaba La Plata,
adonde nunca volvió: moriría el día 9 de agosto, no sin antes ser depuesto de su cargo por la
Legislatura.99
Córdoba[editar]
En Córdoba fue nombrado interventor de facto Carlos Ibarguren, un conservador con cierta
simpatía por las ideas corporativas de Uriburu, que un año más tarde fue reemplazado
por Enrique Torino, un liberal más clásico. Entre ambos expulsaron a cuantos radicales
encontraron de sus cargos o empleos. Además redujeron el presupuesto provincial de 14 a
12,6 millones de pesos, pero al finalizar su gobierno ya se había acumulado un déficit de más
de 7 millones. De modo que Torino incurrió en ciertas heterodoxias políticas, creando el
Consejo Económico y la Junta económica. En las elecciones de 1931 se impuso la
fórmula Emilio Olmos-Pedro J. Frías, con casi el 90% de los votos válidos y con el radicalismo
en abstención.100
Olmos falleció en el mes de abril de 1932, setenta días después de haber asumido, sin haber
obtenido ningún logro como gobernador. Fue sucedido por Frías, que inició un gobierno
enérgico, beneficiando a los obreros con reducciones en las viviendas, a los pequeños
agricultores con impuestos diferenciales, y a los desocupados, para quienes creó una Junta
del Trabajo, encargada de llevar adelante algunas obras públicas, de las cuales la más
destacada fue la ruta de la capital a Río Cuarto.101 Durante su gobierno, la Iglesia católica
logró un nivel de influencia que había perdido hacía 50 años: se fundó la Acción Católica, se
organizó un Congreso Eucarístico Diocesano como preparación para el Congreso Eucarístico
Nacional, y la diócesis de Córdoba fue promovida a Arquidiócesis de Córdoba, con el
influyente arzobispo Fermín Lafitte a cargo.102
Para las elecciones de noviembre de 1935, el radicalismo salió de su abstención y logró la
victoria con su candidato Amadeo Sabattini, pese a la violencia desplegada en su contra por
los oficialistas, por la policía y por la Legión Cívica, una organización de corte fascista.
Algunos conservadores quisieron anular las elecciones, pero la actitud del candidato
derrotado, José Aguirre Cámara, que se mostró dispuesto desde el primer momento a aceptar
la derrota, los disuadió. Sabattini, el mejor heredero de la tradición yrigoyenista, asumió la
gobernación en mayo. Entre sus primeras acciones, despidió a numerosos conservadores de
sus puestos públicos, aunque conservó a la mayoría. Promovió el turismo como una de las
actividades más productivas en un clima de recesión, apoyó la creación de la ruta de Córdoba
a Buenos Aires, actual ruta nacional 9, y apoyó al gobierno nacional en las iniciativas que
tenía planeadas para la provincia, como con la Fábrica Nacional de Pólvora y explosivos y la
Fábrica Militar de Munición de Armas Portátiles. Se iniciaron las obras para grandes
diques: La Viña, Cruz del Eje y San Roque.103
El presidente Ortiz presionó para las siguientes elecciones: tres días antes de las mismas, fue
intervenida la provincia de Buenos Aires por el evidente uso del fraude. Las elecciones fueron
las más limpias de la década, y le dieron la victoria a Santiago del Castillo, que asumió en
mayo de 1940. Su gobierno no tuvo el brillo del de su antecesor, pero continuó sus obras
públicas y su obra política. Fue derrocado por la Revolución del 43.104
Santa Fe