100% encontró este documento útil (10 votos)
6K vistas443 páginas

La Dinámica de Una Iglesia Que Crece (Fred Smith)

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (10 votos)
6K vistas443 páginas

La Dinámica de Una Iglesia Que Crece (Fred Smith)

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA DINÁMICA

DE UNA IGLESIA

QUE CRECE

FRED SMITH

www.publicaciones.net

Smith, Fred
La dinámica de una iglesia que crece. – 1º ed. – Buenos Aires:
Publicaciones Alianza, 2004.
320 p. ; 20x14 cm.

ISBN 950-759-078-1

1. Educación Religiosa. I. Título


CDD 268

La dinámica de una iglesia que crece


1a edición

©Copyright 2004 por Publicaciones Alianza (Fundación Alianza)


Washington 2945
1430 Buenos Aires, Argentina

ISBN 950-759-078-1
Hecho el depósito que marca la ley 11.723.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de


este libro, sin previa autorización de la Editorial.

Impreso en Argentina - Printed in Argentina.


Impreso en noviembre de 2004 en Roberto Grancharoff e Hijos,
Tapalqué 5868, Buenos Aires, Argentina. (011) 4683-1405
A mi esposa, Marilyn,
que sin su ayuda
jamás hubiera sido escrito
este libro que viene de
las experiencias de cada uno.
LA DINÁMICA

DE UNA IGLESIA

QUE CRECE

La Iglesia de Dios es un organismo que posee, como


característica propia, el crecimiento. Una realidad
preocupante es que muchas iglesias evangélicas no están
creciendo. Este libro tiene como meta presentarle a
principios tanto bíblicos como antropológicos y
sociológicos que promocionan el crecimiento de la
iglesia. También le indicará cómo analizar y sanar las
enfermedades eclesiásticas que impiden el crecimiento
sano de la iglesia. Además, le va a señalar como medir el
crecimiento, tanto numérico como espiritual.
CONTENIDOS

Contenidos
Prólogo por Peter Wagner13

Capítulo 1. El crecimiento de la iglesia de Jesucristo15

Parte 1 - La base bíblica del desarrollo de la iglesia21


Capítulo 2. La trinidad y la cantidad25
Para Dios la cantidad es importante
Para Cristo la cantidad es importante
Para el Espíritu Santo la cantidad es importante

Capítulo 3. La trinidad y la calidad49


Para Dios la calidad es importante
Para Cristo la calidad es importante
Para el Espíritu Santo: la calidad es importante

Parte 2 - Las enfermedades eclesiásticas57

Capítulo 4. La Biblia y enfermedades de la iglesia61


Desnutrición
Síndrome de Elí
Mal testimonio

Capítulo 5. El ser humano y las enfermedades de la iglesia71


La ceguera social
Koinonitis
Etniquitis
Ociositis
El tradicionalismo
Podercitis
La curva historica
Capítulo 6. Principios sociológicos
y las enfermedades de la iglesia95
Cooperación excesiva
Comesólito
La vejez
Estrangulación social

Parte 3 - Principios del crecimiento de la iglesia103


Capítulo 7. La Biblia y el crecimiento de la iglesia107
Dios quiere el crecimiento
Una iglesia cristocéntrica
Ministrar en el Espíritu Santo
El factor hombres
Integridad
Los dones espirituales
La unidad del cuerpo
La oración de la comunidad
Un evangelismo constante
Las tres “P”s

Capítulo 8. El ser humano y el crecimiento de la iglesia125


Un pastor comprometido
Teología de cultivar
Una congregación comprometida
Un buen testimonio
Las actitudes negativas
El establecimiento de metas

Capítulo 9. Los principios sociologicos y el crecimiento155


El dinero
Un lugar estratégico
Los grupos de personas
El puente
Servicio social

Capítulo 10. Los principios sociológicos y el


crecimiento de la iglesia (continuación)177
Continúo de evangelismo/acción social
Las puertas
La iglesia grande
C+C+C=I
Una filosofía de ministerio
Filosofias contrapuestas
McDonald’s
La metodología

Parte 4 - De la teoría a la realidad203


Capítulo 11. La extension del reino205
Orar
Formar un equipo
Esperar
Considerar el costo
El respaldo de una iglesia madre
Hacer los estudios
Célula de oración
Alquiler el local
Informar al público
Controlar en ritmo de crecimiento

Capítulo 12. Conservacion de los resultados229

Parte 5 – Pautas para medir el crecimiento235

Capítulo 13. Cómo medir el crecimiento237


¿Qué debe medir?
Cómo medir el crecimiento numérico

Capítulo 14. Herramientas para medir el crecimiento249


Las gráficas
La proyección por fe
Como medir el crecimiento espiritual

Capítulo 15. Conclusión269

Apendices271
Apéndice A - De crecimiento271
Apéndice B - Encuesta de la calidad espiritual273
Apéndice C - Terminos del iglecrecimiento282
Apéndice D – Una biblioteca en la iglesia291
Apéndice E – Cómo usar este libro para estudiar con un grupo300

Bibliografía311
Resume biográfico del doctor Fred H. Smith

El doctor Fred H. Smith es nativo del estado de Kentucky en los Estados


Unidos, donde sus padres desarrollaban una tarea misionera entre los mineros de
carbón y los agricultores. Desde su niñez, Fred quería ser misionero. Luego de
graduarse de Toccoa Falls College en 1967 comenzó a trabajar en una iglesia del
estado de Oklahoma adonde se casó con Marilyn Graven, una hija de misioneros
en Camboya. En el año 1969 la Alianza Cristiana y Misionera los nombró
misioneros y se fueron al Perú a servir al reino de Dios en las ciudades de Piura,
Huancayo y Lima. Sus dos hijos, Timoteo y Cheri, nacieron en la ciudad de
Lima. Durante este tiempo, Fred participó en la formación de más de diez
iglesias.
En el año 1980 Fred se matriculó en la Facultad de Misionología en el
Seminario de Fuller en Pasadena, California. Se graduó en 1985 con un
doctorado en filosofía de Estudios Interculturales. Su tutor en dichos estudios fue
el reconocido doctor Pedro Wagner quien fue un misionero en Bolivia antes de
llegar al Seminario.
Durante el tiempo que estudió en el seminario fue pastor a tiempo completo.
Fred no sólo adquirió experiencia como misionero sino también como pastor. En
el año 1986 la familia Smith volvió al extranjero. Esta vez se fueron al Ecuador,
donde el doctor Smith trabajó de profesor en el Seminario Bíblico Alianza en
Guayaquil. A la vez trabajaba en materia de evangelismo y administración con
varias iglesias.
Entre 1991 a 2002, el doctor Smith sirvió como Director Regional para la
Alianza Cristiana y Misionera en Latinoamérica, desde México a Argentina,
incluyendo el Caribe. Participó en un programa de la Alianza para mandar laicos
a Rusia entre los años 1992 a 1996. También jugó un rol principal en la
formación de la Facultad Teológica de la Alianza (en Latinoamérica) y una
Agencia Misionera que manda latinoamericanos a la Ventana 10/40.
Actualmente es el Director del Departamento de Misiones y Profesor de
Misiones en Toccoa Falls Bible College, Toccoa, Georgia. Ha escrito varios
artículos, en español e inglés, sobre el tema de la iglesia.
PRÓLOGO

El derramamiento del poder de Dios en Latinoamérica, durante las últimas


décadas, es un fenómeno que ha sido tanto una bendición como un aliento a los
cristianos en todo el mundo. Centenares de miles de latinos están llegando a
conocer a Cristo y hay una rápida multiplicación de iglesias evangélicas.
¿Quiere decir que todo va bien?
Hable con cualquier líder evangélico en Latinoamérica e inmediatamente
notará una frustración grande. La frustración no viene de lo que está sucediendo,
sino de lo que pudiera suceder. América Latina está abierta al evangelio y el
fruto es abundante. Mas no siempre se conserva el fruto. Muchos de los nuevos
convertidos no llegan a ser miembros responsables de una iglesia evangélica y
por descuido de la iglesia se vuelven al mundo. Es cierto que existen varias
razones por las cuales esto sucede y una de las principales es que no hay
suficientes iglesias o espacio en ellas para recibir la cantidad de recién
convertidos.
La dinámica de una iglesia que crece es un libro que nos ha llegado en buena
hora. La mayor parte de los pastores saben poco o nada de los principios del
crecimiento de la iglesia. La razón es que casi todas las instituciones que
capacitan pastores, enseñan teología, estudios bíblicos e historia de la iglesia,
pero apenas hablan de la práctica del ministerio. Por otro lado, muchos
profesores que enseñan los cursos sobre el ministerio práctico lo hacen desde la
perspectiva de mantenimiento y no de crecimiento. Con razón, pocos pastores
pueden discernir y mucho menos explicar el porqué crecen algunas iglesias
mientras no crecen otras estando en igual área geográfica.
Es bien sabido que muy pocos pastores vuelven a estudiar. Y es precisamente
a ellos que este libro puede ayudar. Fred Smith ha prestado un gran servicio a los
líderes evangélicos latinos dándoles un texto que el mundo evangélico pueda
entender. Ha enfocado su vida y ministerio simultáneamente en Latinoamérica y
el crecimiento de la iglesia. Fred Smith ya ha hecho investigaciones extensas
sobre el tema del crecimiento de la iglesia. La dinámica de una iglesia que crece
es un libro que todo pastor debe tener en su biblioteca aunque ya haya estudiado
el crecimiento de la iglesia en alguna institución bíblica.
La “ciencia del iglecrecimiento”, que ya tiene 36 años de edad, ha alcanzado
un cierto nivel de madurez. Muchas de las preguntas sobre el porqué crecen unas
iglesias mientras otras no, ya han recibido repuesta. Por supuesto hay otras
inquietudes que todavía no tienen respuesta. Además, en este libro, el doctor
Fred Smith identifica en una forma clara los principios fundamentales que
pueden ayudar a que su iglesia crezca tanto espiritual como numéricamente. Y
los explica en una forma clara y práctica. Su inmersión en la vida y cultura latina
le ha dado el derecho de hablar de las necesidades evangélicas en el mundo
latino. Y por añadidura, Fred escribió el libro en el magnífico idioma de
Latinoamérica: español, que según me aseguran muchas personas, será “el
idioma del cielo”.
Mientras lea este libro notará que los principios que se presentan tienen una
base teológica y práctica. Antes de terminar de leerlo recibirá ideas que usted y
otros en su iglesia podrán poner en práctica. El libro le abrirá nuevos horizontes
permitiéndole alcanzar, con más eficacia, un mundo perdido, que para la gloria
de Jesús llevará a la familia de Dios.

C. Pedro Wagner. PhD


Profesor Fuller Theological Seminary
School of World Missions
Capítulo 1

EL CRECIMIENTO DE LA
IGLESIA DE JESUCRISTO

La iglesia El Buen Redentor tiene menos de cinco años de existencia y crece a


un ritmo de un siete por ciento cada año. Está ubicada en una avenida principal
por donde pasa, a cada rato, un ómnibus de una de las siete líneas que entran a la
ciudad. La iglesia, que hace sólo tres años estrenó su nuevo local, ya tiene 420
miembros con una asistencia promedio de 560 personas. El equipo ministerial
cuenta con dos pastores a tiempo completo y cuatro más a tiempo parcial
(porque son alumnos de un seminario ubicado en la misma ciudad). El pastor
principal ha estado con la iglesia desde el comienzo. La junta administrativa la
integran doce miembros, de los cuales seis tienen menos de tres años como
miembros de la iglesia. La iglesia está involucrada en un programa de
evangelismo continuo y discipulado de cada miembro nuevo. Todo indica que
esta iglesia está creciendo y seguirá creciendo.
En otro sector de la misma ciudad, se encuentra el templo de la iglesia
Getsemaní, de la misma denominación, que ha formado parte de su comunidad
por más de veinte años. Aunque está escondida en una calle poco transitada es
bien conocida, por lo menos en este sector. Creció hasta que tuvo 600 miembros,
pero dentro de los últimos tres años la comunidad ha cambiado y más de 250
miembros se han mudado a otras partes de la ciudad (algunos asisten a la iglesia
El Buen Redentor). Además, dos de sus cinco pastores han salido para ir a
pastorear otras iglesias, debido a que los ingresos disminuyeron
considerablemente y la iglesia no pudo seguir sosteniéndolos económicamente ni
pudieron contratar a nuevos pastores para reemplazarles. La junta administrativa
está compuesta de hombres y mujeres que tienen un promedio de trece años
como miembros de la iglesia. El plan de trabajo del equipo ministerial se enfoca
mayormente sobre las necesidades de su comunidad, aunque también incluye
dos campañas evangelísticas durante el año. A pesar de la ayuda social a la
comunidad y las campañas; todo indica que esta iglesia está declinando y seguirá
declinando.
Viendo ambos ejemplos, nos viene a la mente esta pregunta: ¿por qué tanta
diferencia? Algunas razones son bien obvias, aunque otras no son tan evidentes.
Investigando el asunto mas a fondo se daba cuenta de que hay enfermedades
eclesiásticas que impiden el crecimiento de la iglesia Getsemaní y aún están
matándola. Se puede decir que de estas dos iglesias, una decidió poner en
práctica los principios de crecimiento que van a encontrar en este libro y la otra
no.
En la década del cincuenta fue establecida una escuela de pensamiento que
pronto impactó al mundo evangélico. Esta escuela dice que hay que diagnosticar
la salud de una iglesia y receta un remedio para su recuperación espiritual y el
crecimiento dinámico. Al reconocer las enfermedades eclesiásticas y saber cómo
sanarlas, se puede descubrir por qué creció la iglesia El Buen Redentor mientras
que la Getsemaní declinó.
También nos llamó la atención los principios bíblicos por medio de los cuales
una iglesia puede crecer. Es una hipótesis que la iglesia que practica estos
principios bíblicos será una iglesia que mejora las posibilidades para crecer tanto
cuantitativamente como cualitativamente. Juan Carlos Miranda dice que el
enfoque de esta línea de pensamiento:
...[E]s la ciencia que investiga la implantación, multiplicación,
funcionamiento y salud de las iglesias cristiana. Especialmente de la Gran
Comisión “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt. 28.19). [Trata] de
combinar los principios eternos de la Palabra de Dios con los conocimientos
1
contemporáneos de las ciencias sociales y de la conducta humana.
El propósito de este libro es ayudarle a conocer tanto los principios bíblicos
como los de las ciencias sociales que también tienen base en la Palabra de Dios;
indicarle cómo analizar las enfermedades eclesiásticas que tiene su iglesia (y
cómo sanarlas); abrir iglesias nuevas; como conservar y medir el crecimiento de
la iglesia (en cantidad y calidad). Pero antes de entrar al tema veremos un poco
de su historia.
El reconocido padre de la “ciencia del Iglecrecimiento” (como él lo llamó) es
el doctor Donald McGavran. El Doctor McGavran era misionero de los
Discípulos de Cristo en la India. Durante este tiempo (1923-1954) se dio cuenta
que algunas iglesias crecían en su campo de trabajo y otras no. Además llegó a la
conclusión de que la filosofía de su misión no alcanzaba el propósito de llevar a
las personas a Dios.
Tal verdad fue descubierta el día en que Doctor McGavran dialogó con una
mujer que había vivido y trabajado por muchos años en la comunidad de
misioneros. Le preguntó: “¿Cómo se explica que después de tantos años con
nosotros ninguno de ustedes sea creyente todavía?” A lo que ella contestó:
“Quizás sea porque ustedes nunca nos preguntaron si éramos o no cristianos.”
¡Nunca se les presentó el evangelio ni a ella ni a su grupo! El evangelismo no
era una prioridad para la denominación del Doctor McGavran en aquel tiempo y
2
lugar.
Sin embargo, McGavran observaba que otros grupos de las castas bajas en la
India entraban al reino de Dios en gran número. ¿Qué marcaba la diferencia
entre los indios de su localidad y los de otros lugares? ¿Por qué veía en un lugar
multitudes convertidas mientras que en su propia “casa” ni uno llegaba a los pies
del Señor? Esto lo hizo pensar mucho y al final escribió el libro Los puentes de
Dios (1955) que, para muchos, significó el “primer tiro” en el movimiento de
“iglecrecimiento”.
Durante los años 1954 y 1960, McGavran sirvió en la Junta Misionera
Cristiana Unida, tiempo en el cual definió sus ideas sobre el crecimiento de la
iglesia y la posibilidad de enseñárselo a otros. Su sueño se hizo realidad en 1961
cuando fundó el “Instituto de crecimiento de la iglesia” (1961-1965) en Eugene,
Oregon (EE.UU.) en el campus del Instituto Bíblico, Northwest Christian
College. ¡La primera clase se inició con un solo alumno! En 1965 se trasladó el
instituto al Seminario Teológico de Fuller en Pasadena, California con el nombre
de “La Facultad de Misiones Mundiales”.
McGavran tuvo la oportunidad de hablar mucho sobre “su ciencia” a los
niveles más altos de la iglesia protestante, y aun entre las iglesias ecuménicas.
Además, en 1964, se dio cuenta que la filosofía de ellas y la suya propia, sobre el
crecimiento de la iglesia, no eran compatibles. Él creía que la misionología
ecuménica “se había apartado de la comprensión clásica de la misión (la
proclamación del evangelio, la invitación a recibir a Cristo y la incorporación a
Su iglesia) concentrándose en problemas de ayuda social y de cooperación inter-
eclesiástica y perdiendo la visión de los millones que todavía no habían sido
3
evangelizados.”
Desde aquel tiempo él recalcaba la necesidad de alcanzar con el evangelio a
todos los grupos de gente que hay en el mundo. Si otros querían dedicarse a las
necesidades sociales y las injusticias que hay en el mundo, adelante. Pero, por su
parte buscaría a los que se encontraban todavía fuera del reino del Cielo para
presentarle a Jesucristo. He aquí el énfasis sobre el crecimiento espiritual y
numérico de la iglesia de Jesucristo: “Que toda persona en el mundo tenga la
oportunidad de conocer a Cristo sin necesidad de cruzar barreras raciales,
4
lingüísticas o de clases.
Desde Los puentes de Dios (1955), mucho se ha escrito sobre el tema del
crecimiento de la iglesia en inglés. ¡Lastimosamente existe muy poco en el
idioma español! La bibliografía que se encuentra al final de este libro muestra lo
poco que hay en el español, aunque ciertamente, no aparece todo lo existente en
el mercado.
Quien ha escrito más que cualquier otro sobre el tema no es el Doctor
McGavran (que murió en 1991), sino uno de sus primeros alumnos, el Doctor C.
Pedro Wagner. El Doctor Wagner fue un misionero en Bolivia por 16 años y tuvo
las mismas inquietudes que el Doctor McGavran, razón por la cual se inscribió
en sus clases. A la mitad de la década de los 80, Wagner fue nombrado para
reemplazar al Doctor McGavran como el decano de la Facultad de Misiones
Mundiales del Seminario Teológico de Fuller. Sus libros más conocidos en
español son Su iglesia puede crecer (1980) y Sus dones espirituales (1980).
Otro autor en esta área de estudios es el argentino Juan Carlos Miranda, quien
en 1985 escribió el libro Manual de iglecrecimiento que nos ha servido mucho
en el mundo hispano. En 1987, el misiólogo norteamericano, Larry Pate, publicó
su libro Misionología (1987) que contiene mucho sobre el tema del crecimiento
de la iglesia. Y de vez en cuando salen artículos sobre el tema en las revistas
evangélicas, especialmente de la revista Misión. Y recientemente, el Doctor
Douglas Smith ha escrito Bendecidos para bendecir (1992).
Hoy en día, este tema no está tanto de moda como antes. En las décadas de los
70 y 80, la línea de pensamiento iniciado por Donald McGavran en 1955 (con la
publicación de Los Puentes de Dios) llegó a ser la moda entre las iglesias
evangélicas. Pero, en la década de los 90, el interés en esa línea de pensamiento
empezó a menguar. Los motivos por eso fueron varios pero mayormente fue por
el sentido pragmático generado por los aficionados de “Iglecrecimiento”. Su
entusiasmo a veces fue más allá de lo bíblico y por ende fue criticada por
haberse cruzado la línea. Por eso ganaron la fama de no prestar la atención
merecida a la Palabra de Dios y depender demasiado de las leyes del
“marketing”, sociología y antropología.
Es cierto que los principios bíblicos tienen validez, pero también creo que los
principios tanto antropológicos como sociológicos tienen validez porque Cristo y
los apóstoles los utilizaron en alcanzar a su mundo con el evangelio. Además,
muchos creen que el enfoque sobre el crecimiento numérico es algo pecaminoso.
El Capitulo 1, responde a este criterio con un análisis sobre la importancia de los
números. Reconozco que en un libro de este tamaño no voy a poder responder a
toda crítica, pero trato de basar todo en la Palabra de Dios para que el lector
pueda ver la urgencia de sanar la iglesia de sus enfermedades y verla crecer al
aplicar los principios bíblicos.
La primera y segunda edición de este libro fueron basadas en mis experiencias
tanto en el Perú como en Ecuador. Ahora, después de haber servido 13 años
como Director Regional de Latinoamérica para la Alianza Cristiana y Misionera
de los Estados Unidos, tengo una compresión mucha más extensa en lo que el
Señor está haciendo a través de Latinoamérica (que extiende desde la frontera de
México con los Estados Unidos hasta la punta de Chile e incluyendo el Caribe).
Con esta pequeña introducción al tema, presentamos el material que
ofrecemos a consideración de las iglesias evangélicas de habla castellana. Es mi
esperanza que de algo sirva para la extensión del Reino de Dios en el mundo
Latinoamericano.
Parte I

LA BASE BÍBLICA DEL


DESARROLLO DE LA IGLESIA

En la década de los 90, el interés en la línea de pensamiento sobre el


“iglecrecimiento” empezó a menguar por la severa crítica acerca de que esa
escuela de pensamiento no tenia base bíblica y era demasiado pragmática.
Como cualquier otra área de investigaciones, siempre habrá críticos del mismo.
Pero, no vemos como algo malo tener críticos porque ellos nos llaman la
atención sobre cosas que tenemos que corregir, otras en las que hay que ser más
cuidadosos y aquellos puntos en los que debemos darles la razón.
En el caso del asunto del crecimiento de la iglesia, la crítica sobre que esta
escuela de pensamiento carece de una base bíblica tiene que ser contestada. Aquí
hemos de averiguar si la tiene o no. Porque si los críticos tienen la razón, esta
línea de pensamiento no debe emplearse en el reino de Dios. Es por ello que
estudiaremos para saber que dice la Biblia en cuanto al crecimiento del cuerpo
de Dios en este mundo. Estudiaremos la relación existente entre la Trinidad y el
tema del crecimiento de Su Iglesia Universal y los dos temas de la cantidad y la
calidad en el crecimiento, y luego, la validez de los principios de crecimiento.
Por encima, esa escuela de pensamiento tiene mucho que decirnos si nos
abrimos para considerar su hipótesis: que si una iglesia aplica los principios
bíblicos, que promocionaba esta escuela de pensamiento, facilitará el
crecimiento tanto numérico como espiritual de la iglesia local. Y es la posición
del autor de este libro que los principios presentadas a la seguida son bíblicos.
Si es así, es cierto que muy pocos van a negar que los principios bíblicos
tienen validez, pero algunos sí discreparían en cuanto a la validez de los
principios tanto antropológicos como sociológicos. Es la tesis de este libro que
Cristo y los apóstoles los utilizaron en alcanzar a su mundo con el evangelio,
aunque no los reconocieron como principios antropológicos ni sociológicos.
Dios no desea que la Iglesia crezca sólo numéricamente, como tampoco que
crezca sólo espiritualmente sin agregar miembros nuevos. Las dos clases de
crecimiento tienen que ser simultáneas. Con la presencia de una de ellas
solamente, no tenemos un verdadero crecimiento. Puede hacer “crecimiento” en
un aspecto, ¡pero no es crecimiento sano! El término crecimiento incluye “todo
lo que está implicado en llevar a hombres y a mujeres que no tienen ninguna
relación personal con Jesucristo a la comunión con Él y a una membresía
5
responsable en la iglesia”
No es un esfuerzo para cambiar miembros de una iglesia a otra, sino para
buscar a los que “no tienen relación personal con Jesucristo” y llevarlos al reino
de Dios. Es un esfuerzo en el que se enseña a cada uno de los nuevos
convertidos las doctrinas bíblicas para que lleguen a ser miembros responsables
y productivos en una iglesia local. Estoy de acuerdo con el pastor Rick Warren
cuando él dice en su libro, Una iglesia con propósito, “Una de las preguntas que
debemos hacernos al evaluar la salud de la iglesia es la siguiente: “¿Cuánta gente
6
se está movilizando para cumplir con la Gran Comisión?” El crecimiento de una
iglesia se mide por el fruto mismo de los miembros en cuanto a calidad y
cantidad.
Por eso, solo existe crecimiento en la Iglesia de Jesucristo, en el sentido puro
de la palabra, cuando hay crecimiento cuantitativo y cualitativo. El uno sin el
otro da lugar a un crecimiento no muy sano en la iglesia. Si hay sólo crecimiento
cuantitativo, la iglesia se convertirá en nada más que un “club secular”. Si hay
sólo crecimiento cualitativo, la iglesia se convertirá en nada menos que un “club
espiritual”. Para que sea una iglesia al estilo del Nuevo Testamento ha de tener el
mismo modelo de crecimiento: un crecimiento cuantitativo y cualitativo
simultáneo y equilibrado como se ve en el libro de Hechos.
Según las estadísticas, la mayoría de iglesias están muy contentas con los
pocos miembros que tienen. No se interesan en recibir nuevas personas, ya que
eso significaría un posible cambio en cuanto a sus tradiciones y un cierto
aumenta a su círculo de miembros. La actualidad de estas iglesias es que uno
tiene que asistir por años antes que sean “aceptados” como parte de la iglesia,
sea miembro o no. Por eso no crecen; los nuevos al fin salen porque no han sido
muy bien recibidos. Además, estas iglesias se jactan de su madurez espiritual
meramente porque no había crecimiento numérico. Realmente ellas, en todo el
sentido del término, son “un club espiritual”. Lo triste es que ellos confundan el
hecho de no crecer numéricamente con ser espirituales. Y, para seguir siendo
“espirituales y no mancharse con el mundo”, no se abren a gente nueva ni a
costumbres nuevas. Nuestras ciudades en Latinoamérica están llenas de tales
iglesias.
Por el otro lado hay iglesias que se han convertida en clubes seculares. Tratan
de ser un poco de todo para todos y, de esta manera, no ser muy diferentes al
mundo. Este problema no es tan grande en Latinoamérica como es en los
Estados Unidos y Europa. Sin embargo, existen iglesias que presentan más un
evangelio de “dignidad personal o nacional o aun clasista” que de salvación.
Una iglesia sana es una iglesia que crece tanto espiritualmente como
numéricamente. Se puede ilustrar esta verdad con un avión que tiene dos alas.
¿Cuál de las dos alas es la más importante? ¡Ni una ni la otra! Las dos alas son
igualmente necesarias porque el avión no puede volar sin las dos alas.
Igualmente la Iglesia de Jesucristo necesita las dos alas de calidad y de cantidad.
No crecerá sanamente sin utilizar las dos alas.
Con el propósito de estudiar más a fondo la base bíblica de los aspectos
cuantitativo y cualitativo, hablaremos de la relación entre ellos y con la Trinidad.
Capítulo 2

LA TRINIDAD Y LA CANTIDAD

Por dos razones empezaremos con el tema de la cantidad: Primero, ¡sin


personas nunca habrá crecimiento de ninguna clase! No es que el crecimiento
cuantitativo sea más importante; simplemente es necesario que exista para que
pueda haber crecimiento cualitativo. Segundo, muchas de las iglesias de
Jesucristo no aprecian el aspecto de “contar a las personas”. Creen que Dios no
quiere que prediquemos para que otros puedan entrar en Su reino. Argumentan
que es asunto exclusivo de Dios y no del hombre.
Según ellos, Dios pide que uno sea fiel, más que fructífero. Lo que le importa
a Dios, se dicen, es la fidelidad en el trabajo para el Señor y no tanto en ganar
almas. Por lo tanto, no saben si sus iglesias están creciendo o no. Lo único que
les interesa saber es si la iglesia es más grande o más pequeña que el año anterior
(y a veces ni eso les interesa). Además, de ser más grande es posible que
tampoco puedan explicarlo. Y si es más pequeña, ¡lo mismo! Pero, ¿qué dice
Dios en cuanto a la fidelidad?
En Mateo 25.14-30 encuentra la parábola de “los talentos”. Aquí vemos dos
clases de siervos: el siervo fiel (vv. 21 y 23) y el siervo malo (v. 26). De las
varias enseñanzas que se obtienen de esta parábola aparece la lección de que la
fidelidad está estrechamente vinculada con la productividad, de ser fructífero.
Los siervos fieles fueron precisamente aquellos que produjeron. El siervo malo
fue el que no obtuvo ganancias. La fidelidad se basó en la productividad. La
productividad la demostró el siervo que le dieron cinco talentos y logró tener
diez. El que tenía dos, los duplicó a cuatro. Por lo cual ellos fueron llamados
“buenos siervos y fieles”. ¿Por qué? Porque los multiplicaron. Pudieron contar
su ganancia e inclusive presentarla al amo.
El que tenía un solo talento se quedó con ello. No pudo presentar ni siquiera
uno más. No pudo presentar al amo la muestra de su productividad porque no la
había. Es posible que muchos pastores se encuentren en la misma situación del
“siervo malo y negligente”. Estos son las iglesias que, atrás de los años, se
quedan con los mismos miembros con las cuales empezaron. Peor aún, ¡hay
muchos que ya tienen menos miembros! Es cierto que en algunas circunstancias
existe la posibilidad de que una iglesia decrezca por fuerza mayor. Pero estos son
casos raros y no deben tomarse como una norma, especialmente en la cosecha
que representa Latinoamérica hoy en la primera década del Siglo XXI. Ningún
pastor debe quedarse contento con las ovejas que ya tiene. Siempre debe estar
buscando a las ovejas perdidas para agrandar la grey de Dios.
Comparando esta parábola con las palabras de Jesús, “En esto es glorificado
mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Jn. 15.8), uno
puede ver que para ser un siervo fiel tiene que ser un siervo fructífero. Pero,
¿cómo se podrá saber que uno es fructífero si no multiplica lo que tiene?
Los cristianos que no se preocupan por dar “fruto” (ya sean almas o el fruto
del Espíritu Santo) corren el peligro enunciado por el mismo Jesús: “Todo
pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará...” (Jn. 15.2). O, “al siervo inútil
echadle en las tinieblas de afuera” (Mt. 25.30). Realmente temo que muchos
cristianos no se preocupen de esas advertencias de Cristo. ¡Qué peligro están
corriendo! También hay iglesias que se parecen a la higuera estéril (Mc. 11.12-
14) y están en peligro de correr el mismo juicio que cayó sobre ella (Mc. 11.20).
Es menester que nos interesemos por la cantidad. ¡La Trinidad se interesa por
ella!

Para Dios: La cantidad es importante


En primer lugar diremos que la cantidad es importante para Dios. Él está muy
interesado en la cantidad de personas que entran a Su reino. Dios quiere el
crecimiento de su Iglesia. Eso debe ser obvio, sin embargo ¡no es! Muchos
pastores no aprecian el hecho que el cuerpo de Cristo debe crecer, tanto
numéricamente como espiritualmente. Si Dios no quería que su Iglesia creciera,
¿porqué nos ha dado el mandato de ir por todo el mundo llevando el evangelio?
(Mt. 28.18-20; Mc 16.15, 16; Lc 24.46-49; Jn 20.21-23).
Desde el principio Dios tenía previsto que el alcance de Su reino sería para
todas las naciones (Gén. 12.3). Se preocupó tanto por una familia, la de Noé
(Gén. 6), como por la de Lot (Gén. 19). Realmente hubiera salvado toda la
ciudad de Sodoma si sólo hubiera habido diez justos dentro de ella, como lo hizo
por los 120,000 niños de Nínive (Jon. 4.11). ¡Dios no quiere que ningún impío
perezca! (Ez. 33.11). Sin embargo, muchos perecerán si “los atalayas” (los
testigos de Cristo) no les avisan del peligro (Ez. 3.16-21).
Debemos aclarar que Dios no desprecia los números. La Biblia nos da muchos
ejemplos cuando Él contaba a Sus seguidores. Para citar algunos ejemplos
diremos que en Números 1.2, Dios hizo que Moisés contara a las personas.
Cuarenta años más tarde ordenó a Moisés que volviera a contar al pueblo (Nm.
26.2). Dios hizo, después de muchos años, que una vez más se hiciera un censo
en Israel (1 Cr.5.18; 7.2,4,5,7,9, 11,40; 8.40;9.9, 13,22; 11.10; 15.5-10; 21.1-6;
23.3-5; 26.8, 9, II, 30-32; 27; 2 Cr. 2.17; 17.14-18). También sucedió lo mismo
en Esdras 2. Nuestro Dios es un Dios de orden y de exactitud. Si tiene contados
nuestros cabellos (Mt. 10.30), ¿no le parece que también tiene contada la
cantidad de personas que hay en Su Iglesia?
A pesar de todo esto hay quienes insisten en decir que Dios castiga a los que
ponen su confianza en los números. Basan mayormente su objeción, en la
historia de 2 de Samuel 24 donde David contó a los soldados de Israel y fue
castigado severamente. Entonces, los que tienen numerofobía (temor a los
números) creen que traerán el juicio de Dios sobre sus cabezas si cuentan a los
que asisten a los cultos de la iglesia o a los convertidos.
Pero Dios castigó a David no por contar a los soldados de Israel sino porque
lo hacía por vanidad. No había un mandato específico del Señor que prohibiera
contar a las personas. Lo que desagradó a Dios fue la confianza que David puso
en su ejército y no en Dios mismo. Por eso Él lo castigó y mató a más de 70,000
soldados.
Es cierto que si ponemos nuestra confianza en los números, tal como hizo
David en cuanto a sus soldados, corremos el peligro de que Dios nos castigue.
Pero lo sucedido no debe detenernos en contar para saber cuánto hemos
progresado en ganar almas para el reino de Dios y para saber cuántos todavía se
encuentran fuera de Su reino. Contar para saber es una cosa; contar para
enorgullecerse es otra. El peligro de la numerolatría (la adoración a los números,
o que los números sean el fin en ellos mismos) tiene que evitarse a toda costa.
Para Dios, el fin de todo es arrancar las personas que están en el reino de
Satanás para hacerlos miembros de Su reino. Dios amó tanto al mundo que
mandó a Su único Hijo para salvarlo (ver Jn. 3.16). El que llega a ser salvo y es
un miembro productivo, ayuda a fomentar un crecimiento verdadero en la Iglesia
de Jesucristo. Cada persona que entra al reino de Dios es una menos en el de
Satanás. Nunca debemos olvidar que los números en las iglesias representan
almas arrebatadas del reino de Satanás. Es por eso que debemos querer ver más
“números” (personas) en nuestras iglesias. Entonces, la numerología (el estudio
de las estadísticas de la iglesia) tiene mucho valor en medir el ritmo y calidad del
crecimiento dentro de la iglesia. Y el Capítulo 6 es dedicado mayormente a la
numerología.
Para Cristo: La cantidad es importante
Cristo también desea que Su Iglesia crezca. Si bien expresó que pocos
entrarían en Su reino (Mt. 7.13, 14), no quiso decir que Él no estaba interesado
en que entraran todos los que quisieran. A propósito, ¿cuánto es lo “poco” para
el Señor? ¿Diez, cien, mil o un millón? Es una medida relativa porque no nos
toca decidir qué es lo “poco”. Sólo nos queda ganar almas mientras podamos
hacerlo. Eso es lo que Jesús mandó. Él nos enseñó, por medio de Sus parábolas,
que no se complacía en que Su Iglesia permaneciera estancada. En ellas vemos
muchas imágenes del crecimiento. Algunos ejemplos son:

1. Los pescadores de hombres (Mr. 1.17). ¿Será un buen pescador el que no


pesca? A uno que le encante esta actividad pescaría sin descanso cuando los
peces estén picando. ¡Y cuánto más piquen, mejor! Igualmente debemos
pescar almas hasta que se agoten las posibilidades. ¿Está su iglesia
“pescando” las almas de su comunidad?
2. La semilla de mostaza (Mt. 13.31). ¿Es valiosa la semilla que no brota? Una
vez que brota crece hasta ser un arbusto grande. ¿Es su iglesia “un arbusto
que crece” o uno moribundo? A mi me gusta lo que dice Martyn Lloyd-
Jones, el biblicista inglés, “Una iglesia muerta es una contradicción de
7
términos.” No hay tal cosa como una iglesia muerta. ¡Es viva o no es
iglesia! Sin embargo, puede estar moribunda.
3. La red (Mt. 13.47, 48). Supongamos que esta red estuviera rota y dejara
escapar los peces. No sería una red efectiva. Asimismo, una iglesia que
siempre pierde miembros es como una red con “roturas” (enfermedades
eclesiásticas que estudiaremos a continuación). ¿Sería esta una iglesia sana?
¿Es su iglesia como “una red” sana o llena de “roturas”?
4. La planta de uvas y la rama (Jn. 15.1-8). La rama que no produce es una
rama que está condenada a perecer. ¿Es su iglesia productiva o condenada?
5. La oveja perdida (Mt. 18.11-14 ). El pastor que no se da cuenta que una de
sus ovejas se ha perdido, no es un buen pastor (Jn. 10). Un pastor
preocupado por una sola oveja muestra ser uno que se interesa en contar sus
ovejas, de tal manera que si faltara alguna, la busca de inmediato.

Vale la pena detenernos un poco en esta parábola de la oveja perdida por el


hecho que hay una lección más para aprovechar. Es la verdad que, como
pastores, debemos contar no solamente cuántos se convierten, sino también
cuántos permanecen y cuántos están saliendo. ¡Hay iglesias que ni siquiera
tienen una lista de miembros! Si un miembro o un asistente no viene durante dos
o tres domingos, ni el pastor lo nota. Esta “oveja” se puede perder sin que la
iglesia o el pastor lo sepan - ¡ni se preocupen por la pérdida! Ese no es el
ejemplo del Pastor Jesús. Él tenía cien ovejas dentro del redil (que representan
los miembros de una iglesia). Faltó una y se fue a buscarla. Pero, ¿cómo supo
que faltaba una? Porque las había contado. Pastor, ¿le están faltando “ovejas”?
¡Búsquelas! Encontramos esta misma lección en la parábola de la moneda
perdida que se encontró gracias a una búsqueda intensiva (Lc. 15.8-10).
Tal vez haya quienes duden que estas parábolas ya mencionadas de Cristo
hablen realmente del crecimiento. Aunque así fuera, parece que aún hay dos
parábolas que fácilmente pueden vincularse al tema del crecimiento de la iglesia.
La primera es la parábola del sembrador (Mt. 13.1-23). En esta parábola
vemos que el fin de todo es la cosecha. Encontramos las relaciones que existen,
con las diferentes condiciones a que se somete el terreno, como son las del
ambiente (ya sea el corazón de la persona o su cultura), la semilla (la Palabra de
Dios) y el sembrador (usted y yo). Pero más allá de estas relaciones, la parábola
destaca, sin duda alguna, que Cristo se interesa en los resultados de la semilla
que cayó en terreno bueno. De paso nótese que Cristo calculó la productividad
en porcentajes: Treinta, sesenta y ciento por ciento (versión Reina/Valera 1960).
Evidentemente, para cualquier estudiante de la Biblia, el terreno juega un
papel básico en esta parábola. En vista a ello vale la pena hablar un poco sobre la
necesidad de sembrar en terreno receptivo. En su libro, Manual de
8
iglecrecimiento, Juan Carlos Miranda reproduce una gráfica que ha sido muy
usada para explicar la importancia de distinguir entre un terreno receptivo al
evangelio y uno resistente al mismo.
Antes que veamos la gráfica, tenemos que darnos cuenta que la Biblia habla
de gente tanto receptiva como resistente, a veces dentro del mismo grupo de
oyentes (Hch. 2.13; 4.1-2). El resto de las escrituras anotadas aquí se refieren a
gente resistente: Hechos 5.17; 6.12; 7.54-8.3; 9.23; 12.1-2; 13.46; 14.2-6; 16.6-8,
31-34 (comparar con 26.18); 17.4-5, 11, 32-34 (Atenas no fue muy receptiva y
Pablo no se quedó mucho tiempo allí); 18.6-7; 19.8; 21.27. Sin embargo, hay
mucho en Los Hechos sobre la receptividad y la resistencia de los oyentes.
Una lección muy clara aquí es la validación de la parábola de Cristo acerca del
sembrador – puede que hay varias clases de tierra dentro del mismo grupo de
gente, pero el sembrador sigue siendo fiel en la siembra. Lógicamente, el
sembrador se enfoque sobre el terreno bueno; sin embargo, en la siembra, caían
semillas, en pocas cantidades, en otras tierras. También, vale la pena prestar
atención a que los Apóstoles, generalmente, dejaron a un lado la gente resistente
para llevar el evangelio a las más receptivas.
Para los que están a la izquierda, no importa cómo les llegue el mensaje ni
cuál sea la metodología, pues no cambiarán su forma de pensar (un ejemplo
puede ser los fariseos, aunque algunos de ellos llegaron a recibir a Cristo como
el Mesías, como grupo eran muy resistentes). En cambio, las personas que están
a la derecha cambiarán su manera de pensar casi independientemente al mensaje
o la metodología con que se llegue a ellos (un ejemplo, los tres mil que
recibieron a Cristo en el día de Pentecostés). Los de la derecha están listos para
cambiar, y si el musulmán llega primero con su mensaje, con poco esfuerzo se
convertirán en mahometanos. Si el cristiano les llega primero, sin dificultades
llegarán a ser cristianos. Por otro lado, los de la izquierda, si son hindúes
contentos con su fe, no llegarán a ser ni musulmanes ni cristianos hágase lo que
se haga.
Por supuesto, la iglesia no debe olvidarse de los grupos de personas que se
resisten al mensaje (los del “terreno duro”), como los saduceos en tiempo de
Jesús o los musulmanes o los hindúes. Pero si no cosechamos entre los pueblos
ya listos para cosechar, seremos culpables de perder los cultivos ya maduros que
se están recogiendo en esta época (como en casi todo Latinoamérica, mucho de
sub-Sahara África, China, Indonesia y otros lugares).
La diferencia entre estos países con grupos de personas listas para ser
cosechadas y los países y grupos duros al evangelio (Nepal, Corea del Norte, los
países musulmanes, etc.) es que en los primeros de no realizarse la cosecha la
perderemos, pues tenemos que hacerla hoy. En cuanto a los países y grupos de
gente dura debemos mandar a algunos misioneros, para que preparen el terreno.
Mientras a los demás obreros se les debe enviar donde los cultivos están
preparados y listos.
Lo que sigue es una ilustración de cómo debemos utilizar los pocos recursos
que tenemos para cosechar o preparar el “terreno duro”. No olvidando los grupos
resistentes mandamos a unos cuantos obreros para preparar el “terreno duro”. En
cuanto a las personas receptivas les enviamos todos los obreros necesarios para
cosechar el “terreno bueno” mientras haya tiempo.
En una ocasión visité una iglesia en los Estados Unidos que está ubicada en el
centro del estado de California, donde hay muchos huertos de árboles de nueces.
Estando allá tuve una experiencia que nunca se me borrará de la memoria. Era
exactamente la época de la cosecha de nueces. Un día fui a recoger unas cuantas
para mandárselas a mi esposa. Mi anfitrión me entregó una canasta y me indicó
el lugar más apropiado para recoger las mejores. Cuando llegué, me quedé
encantado al ver la cantidad de nueces que había en el suelo. Acercándome a los
árboles empecé a recogerlas. Recogí una buena cantidad antes que me empezara
a doler la espalda y para descansar un rato fui y me senté junto al tronco de uno
de los árboles que daba más sombra. ¡Qué alivio! Pero sucedió que mientras
estaba sentado miré alrededor y me quedé asombrado de que, junto al tronco
mismo, había una cantidad aún mayor de nueces que las que yo había recogido.
¡Y lo único que hubiera tenido que hacer era recogerlas sentado sin sufrir un
dolor de espalda!
¡Qué buena lección! A veces nos preocupamos mucho por la gente aislada y
difícil de evangelizar. Gastamos nuestros esfuerzos y recursos para llegar a unos
cuantos, mientras que pasamos por alto la gente más receptiva y fácil de
alcanzar.
Hay quienes temen que si no enfocan cien por ciento sobre los más resistentes
y aislados no estén obedeciendo a Dios. Dicen que Dios se encarnó y murió
tanto por ellas como por la gente receptiva. De acuerdo. Sin embargo, no
debemos olvidar que Cristo no le insistió al joven rico cuando éste se negó a
seguirlo (Lc. 18.23, 24) e instruyó a Sus discípulos a no insistirle a los que no
querían escuchar o aceptar el evangelio (Lc. 10.10-12). Pablo también dejó a un
lado a los que no querían prestar atención al evangelio (Hch. 18.6). Haciendo
esto, se dedicó a los receptivos de Corinto - y allá estableció una iglesia (Hch.
18.10, 11). Lo mismo sucedió en Éfeso (Hch. 19.8-10). Cristo y Pablo dieron a
las personas resistentes la oportunidad de escuchar el evangelio, pero cuando lo
rechazaron, se fueron a otro lado y se dedicaron a aquellos que sí estaban
interesados.
Tradicionalmente la iglesia ha actuado igual que yo actué para recoger las
nueces. Envía obreros a los lugares más lejanos y difíciles para tratar de cosechar
los pocos que hay en el campo, mientras que por siglos han despreciado los
terrenos que están listos y que cuestan menos trabajo. ¿Dónde se encuentran
tales terrenos? ¡La mayoría de las veces la cosecha de las personas receptivas
está en las ciudades! La iglesia ha vivido muchos años con el afán de alcanzar a
la gente más dura mientras que pierde la más receptiva.
Veamos un ejemplo de este desequilibrio: Hasta la década del ochenta, por lo
menos, el enfoque principal de las misiones todavía se concentraba en los
lugares más lejanos. Para citar algunos casos, en la década setenta, en toda la
cuenca del Amazonas del Brasil había 136,000 habitantes con 250 misioneros,
mientras que en los estados de Catarina y Río do Sur había nueve millones de
habitantes con 250 misioneros. En Bolivia había nueve mil universitarios con
una sola pareja misionera mientras que en la selva de Bolivia había 140
9
misioneros tratando de evangelizar a menos de nueve mil habitantes.
Existían razones para tal énfasis:

1. Hace cincuenta años, la mayoría de la población mundial era rural (hoy es


más urbana y Latinoamérica es el continente más urbanizada y el país de
Uruguay el más urbanizado en Latinoamérica).
2. Hasta hoy, la mayoría de los misioneros procedentes del norte son oriundos
de las zonas rurales. Y, por ende, hay muchos entre el cuerpo misionero que
se sienten incómodos en las zonas urbanas. Eso está cambiando porque la
población de Estados Unidos es más urbana que rural, como la de
Latinoamérica.
3. A veces los lugares rurales eran más saludables políticamente y
ambientalmente.

Los misioneros al principio de la época moderna de las misiones, se dedicaban


a evangelizar la gente del campo, porque en el siglo XIX solamente el 2.4%
10
vivía en las ciudades mientras que en el año 1950, era de un 21%. Y
actualmente en Latinoamérica el 72% de la población vive en las ciudades. Se
estima que para el año 2015 este porcentaje será de un 82%. Como ya hemos
11
dicho, ¡es el más elevado de todos los continentes! Esto demanda que las
agencias misioneras y las iglesias coordinen sus estrategias para incluir las
ciudades.
Cuando la Alianza Cristiana y Misionera entró a los países Andinos, entraron
por las ciudades capitales solo para abastecerse para ir luego, hacia los partes
más aisladas del país. No fue hasta las décadas sesenta y setenta que se dieron
cuenta que las zonas urbanas debía haber sido su blanco. Y ahora, el blanco
principal de la Alianza es realmente la gente de los niveles económicos elevados
que se encuentra en estas zonas. Veremos el porque más adelante.
Es motivo para dar gracias a Dios que hoy en día las iglesias están
reconociendo que la mayoría de las personas viven en las ciudades y merecen
nuestra atención. Sin embargo, eso no quiere decir que olvidaremos los lugares
rurales; sólo significa que debemos tomar en serio que en el año 2000, el 83.6 %
12
de la población mundial vivía en la ciudad. El mismo McGavran dijo que,
“Discipular las poblaciones urbanas es la tarea más urgente que enfrenta la
13
iglesia.”
Es más productivo trabajar con la gente que se ubica a la derecha del “0” en la
escala de Receptividad/Resistencia (página 19), y que sin lugar a dudas son los
que mayormente viven en las zonas urbanas. Desde luego, hay que seguir
enviando mensajeros a los que se ubican a la izquierda del “0” en la escala de
Receptividad/Resistencia. A pesar de que se oponen al evangelio son almas
creadas por Dios que necesitan la oportunidad de abrir sus corazones a Él. Los
misioneros que vayan a ellos deben hacer todo lo posible para que se muevan
más y más a la derecha en la escala de Receptividad/Resistencia, hasta que un
día reciban a Cristo como Salvador. La próxima parábola nos hablará de esto.
La segunda parábola de las dos que fácilmente se vinculan al tema del
crecimiento de la iglesia es la de la mies (Mt. 9.37-38). De este parecido
aprendemos que la cosecha se debe recoger a su tiempo. Hay que preparar el
terreno, sembrar y cultivar porque todo esto es muy necesario (1 Cor. 3.6-8).
Pero, ¿cuántas personas siembran y riegan? Pocos, en comparación con los que
se necesitan para cosechar. La presencia de todos urge cuando llega la hora de la
siega, para no perderla. Mas allá hablaremos de “la teología de cultivar” que se
14
relaciona mucho con nuestro tema.
Recuerdo muy bien mis días en el valle del Mantaro en los Andes del Perú
donde veía las mingas (ayudas mutuas en el trabajo) en la temporada de la
cosecha. Todo el pueblo o caserío salía en el tiempo correspondiente. Hacían una
sola fila por todo el campo de un extremo al otro. En el tiempo de la siembra
también hacían mingas, pero no tan concurridas como cuando cosechaban.
Asimismo, mientras crecían las semillas, algunos regaban los campos sembrados
y arrancaban la mala hierba; no así a la hora de la cosecha cuando todos, incluso
los niños, cooperaban en la siega. La iglesia tiene que hacer lo mismo; tiene que
hacerse presente en este tiempo de siega en Latinoamérica. Y, a la vez, tiene que
seguir sembrando para cosechas futuras.
Por otro lado se presenta el problema de ¿cómo podemos saber cuando un
pueblo está listo para ser cosechado? Reconocemos que sólo Dios puede decidir
“el tiempo” de la cosecha de un pueblo. Pero, cuando llega la hora, la iglesia
debe estar lista para aprovecharla. Una señal de que está lista la cosecha de un
pueblo es cuando una buena cantidad de personas comienzan a convertirse al
evangelio. Es allí donde la Iglesia de Cristo debe dirigir sus esfuerzos hasta que
disminuyan las posibilidades de cosechar. Otra manera de saber si un pueblo es o
15
no receptivo consiste en usar las metodologías citadas por Larry Pate.
Brevemente señalaremos tres tipos de parámetros que al aplicarlos nos
permiten medir la receptividad/resistencia de un pueblo. El primero es la ADC
(Apreciación de la Distancia Cultural) que determina la distancia entre el
misionero, o predicador del evangelio, y el grupo étnico que trata de alcanzar. A
mayor diferencia cultural, mayor resistencia tendrá el grupo étnico al mensaje
del mensajero.
El segundo es la AGC (Apreciación del Grado de Cambio) que señala el nivel
de cambios que están sucediendo dentro de la cultura autóctona. En general,
donde hay más cambios culturales, la gente es más receptiva. Una razón es que
las tradiciones ya no valen como antes y la gente está buscando otros remedios a
sus necesidades cotidianas.
El tercero es la AVR (Apreciación de la Validez de la Religión) que mide la
profundidad que una religión tiene dentro de un pueblo. Evalúa si la religión es
respetada; si responde a las necesidades del pueblo; etc. Si la religión actual está
respondiendo a las necesidades será más difícil implantar otra. Por eso la
religión islámica ha sido tan difícil de penetrar. Se puede decir lo mismo en
cuanto a las religiones animistas de las selvas y altiplanos de Latinoamérica.
Tanto ellos como los musulmanes, en su gran mayoría, consideran que su
religión responde a sus necesidades y no hay razón para cambiarla.
Combinando los resultados que se obtengan, de la aplicación de los tres
parámetros, obtendremos el índice de probabilidad que revela si un pueblo es
receptivo o no. No debemos despreciar estas investigaciones así de plano. Es
cierto que procede del mundo de la sociología, sin embargo tienen mucha razón.
Es cierto que analizar los resultados de estas investigaciones no va a salvar a
nadie. Pero sí, nos ayudará a salvar a muchos porque nos indicarán los pueblos
más receptivos.
Aunque destacamos el énfasis sobre la cosecha es de igual importancia que la
iglesia, con algunos obreros, continúe preparando el terreno y sembrando la
semilla en los lugares menos receptivos hasta que llegue su hora de la cosecha.
Tomando como un ejemplo la ya mencionada Alianza Cristiana y Misionera
veremos como funciona este principio. En el Perú, los misioneros de la Alianza
trabajaron por 50 años entre las aldeas de la sierra y la selva. Durante este
tiempo logró formar únicamente una iglesia de apenas 2,000 miembros. Pero en
el año de 1973 llegó la hora de Dios para la cosecha, justamente entre la gente
más receptiva de la ciudad de Lima. Entre los siguientes veinte años la Alianza
creció hasta tener más de 22,000 miembros. Y casi todo esto se logró en la
capital de Lima y las otras ciudades principales del Perú.
Para aprovechar la cosecha, la Alianza Cristiana y Misionera en el Perú
trasladó a Lima a casi todos sus misioneros para ayudar con el trabajo. Cuando
llegué yo al Perú en 1970, habían cinco misioneros en Lima y 16 en las
provincias. Cuando salí en 1980, habían 16 en Lima con 6 en las provincias. Y la
cosecha continuó. Volví al Perú en 1989 (después de estar ausente por diez años)
y vi que el ritmo de crecimiento se había mantenido igual al de hacía diez años.
Volví de nuevo en 1991 y no ha disminuido nada en cuanto al crecimiento. Y
entre los años 1999 a 2002, visite varias veces a Lima y la cosecha ya se ha
extendido hasta las provincias (con menos resultados pero todavía muy
notables).
Los años anteriores a 1972 fueron el tiempo de preparación en la ciudad de
Lima y había pocos misioneros. Después de 1972 fueron años de cosechar y hoy
en día la misión de la Alianza está trasladando sus misioneros hacia a otros
países porque la iglesia Alianza Peruana no requiere más misioneros. Los
mismos peruanos están haciendo la obra de abrir iglesias nuevas en todo el país.
A la vez, la iglesia Alianza del Perú no se ha olvidado del resto del Perú. Las
iglesias de Lima han mandado pastores a las diferentes provincias.
En algunos casos la misión Alianza ha mandado misioneros al Perú para
absorber la metodología y el ambiente de una iglesia creciente. Y luego los envía
a contextualizar los principios en otros países del continente. Además hay otras
misiones (OMS, Bautistas, Independientes) e iglesias que aplican el mismo
programa en su contexto en casi todo Latinoamérica. Desde luego, uno tiene que
reconocer que los principios Encuentro, cuando fueran traslados a otros
contextos no tenían el mismo resultado que había tenido en el Perú. Sin
embargo, funcionó bastante bien para producir cosechas en los otros contextos.
Y, hablando de cosecha, ¿qué podemos decir del crecimiento del evangelio en
Centroamérica en los últimos años? Usando el censo de 2000, se calcula que en
Costa Rica 12% de la población son evangélicos. En Guatemala la cifra asciende
a un 26% de evangélicos. En Nicaragua, a 16%; en El Salvador 21%; En
Panamá, 18%. En Latinoamérica del Sur el porcentaje más alto de evangélicos se
encuentra en Chile (17%) y el más bajo en Guyana Francesa (3%). En el Caribe
radica el país con el porcentaje más elevado: Barbados con 29%. El porcentaje
16
de evangélicos en todo el hemisferio desde México a Chile es 11% evangélicos.
A este ritmo de crecimiento el mundo evangélico está duplicándose cada 25
años. ¡Es por eso que hablo de un “tiempo de cosecha” en Latinoamérica!
No nos cuesta mucho recordar los días no muy lejanos cuando los evangélicos
se pudieron contar con una sola mano. ¡Ya no más! Hace 60 años la población
17
evangélica en Latino América fue solo 2% y ya es 14%.
El tiempo de la cosecha es crucial y de corta duración (Jn. 4.35). Si no se
aprovecha la cosecha en el momento propicio el fruto se perderá y no se podrá
recobrar. Como ocurre con las naranjas que caen al suelo cuando maduran, se
pudren y pierden su valor. No nos demos el lujo de permitir que eso suceda con
almas que tienen un valor eterno.
Después de la II Guerra Mundial el general MacArthur, del ejército de los
Estados Unidos que ocupó a Japón, hizo un llamado a las iglesias evangélicas
para que enviaran a mil misioneros porque la gente estaba lista para recibir el
evangelio. Sin embargo, las iglesias no le hicieron caso. Hoy día, Japón es un
18
país muy duro al evangelio y menos del 5% de su población es cristiana.
Perdimos el tiempo de cosecha y hasta ahora, casi 60 años después de la II
Guerra Mundial, ¡menos de un por ciento son evangélicos!
Dios tiene un tiempo de cosecha para cada pueblo. No decimos “nación”
porque este término lleva consigo la idea de una nación geográfica, como
Paraguay o Panamá. Pero cada nación se compone de varios grupos de personas
que se distinguen entre sí y que de una manera u otra son diferentes. Como dijo
Donado McGavran, un grupo de personas tienen las mismas características y
19
sienten que se “pertenecen” los unos a los otros. Un ejemplo de esto puede ser
las huancas (una tribu de indígenas quechuas) del Perú que no se identifican con
los quechuas de Ayacucho a pesar de vivir juntos en los Andes del Perú. Cada
uno de estos dos grupos es una nación en el sentido de Mateo 28.19.
Lo que queremos recalcar es que un pueblo tiene que ser preparado por el
Espíritu Santo antes de producirse un gran movimiento de su gente al reino de
Dios. Jesús supo esto cuando en Mateo 10.5, él instruyó a Sus apóstoles para que
fueran sólo a los judíos. Era la hora para ellos. Y aparentemente llegó a la meta,
porque en los tres años de su ministerio se convirtieron muchos, si pudieron
congregarse por lo menos 500 en una sola reunión (1 Cor. 15.6). Pero, en Hechos
2, tal vez dos meses después de la crucifixión, se ve que la iglesia se inició con
tres mil convertidos en un solo día y otro cinco mil un par de días después.
Debemos tener presente este concepto para reconocer que, en algunos casos,
hay que trabajar mucho para sembrar solamente y esperar el día cuando el Señor
dé el inicio a la cosecha para cada pueblo. Lo hizo con los samaritanos en
Hechos 8.4-25, y con los gentiles por medio del ministerio de Pablo y sus
discípulos. Pero aparentemente todavía no ha llegado el tiempo de Dios para los
musulmanes, hindúes y budistas. Sin embargo, si no sembramos, jamás les
llegará el tiempo de la cosecha (Ro. 10.14). Por eso, aunque el pueblo sea duro,
nos toca mandar a algunos sembradores (M3) que preparen el terreno para luego
cosechar. Y cuando sea la hora de la cosecha mandaremos todos los M3 que sean
posible.
En el párrafo anterior apareció un término que seguramente necesita una
explicación más profunda para algunos. El término “M3” es uno de los cuatro
términos: M1, M2, M3 y M4 que distinguen los cuatro tipos de alcance misionero.
M1 se refiere a un obrero de Dios que testifica a los de su misma cultura sin
cruzar ninguna barrera cultural ni lingüística. M2 es el obrero de Dios que
testifica a los que tienen una cultura un poco diferente a la suya. A veces tiene
que cruzar algunas barreras culturales, pero no lingüísticas, o al revés. En
cambio, un M3 es el obrero que testifica a los que tienen una cultura y un idioma
muy diferentes al suyo. Tal persona tiene que cruzar barreras tanto culturales
como lingüísticas. M4 es lo mismo de un M3 pero corre un peligro real de llegar
a ser un mártir por el hecho que está evangelizando en un contexto hostil al
evangelio.
Repetimos que no debemos dejar de mandar misioneros a la gente de corazón
duro. Dios siempre llama y prepara a hombres para esto, a los cuales debemos
enviar y apoyar en todo lo posible. Hemos escuchado de misioneros que
trabajaron por 30 años o más sin ver una iglesia establecida entre un grupo de
personas. Fueron llamados por Dios para ir a estos lugares difíciles y las
agencias misioneras les sostuvieron durante muchos años, sin ver ningún
resultado a pesar de toda la inversión de tiempo, vidas y dinero. Pero de repente,
en un momento dado, la gente empieza a volverse a Dios y muchos se dirigen al
reino de Dios. Si no fuera por ellos, jamás hubiera llegado esa hora de siega.
Tenemos que preocuparnos por los “pueblos perdidos”, o los “no alcanzados”.
Estos son los grupos que no tienen una sola iglesia evangélica capaz de llevarles
el mensaje de salvación. Y por ende, no tienen esperanza de formar una iglesia
evangélica que impacte al pueblo y los conduzca a Dios. Necesitan un misionero
(M2, M3 o M4) que les ayude a formar una iglesia entre ellos. Si la iglesia
evangélica no se preocupa por ellos, jamás se salvarán.
Normalmente un pueblo, o grupo de personas, se considera evangelizado
cuando tiene una iglesia autóctona que posee los recursos y la visión de llevar el
20
evangelio al resto de su grupo. Se llama a tal grupo de gente “alcanzado”,
porque ya tiene la posibilidad concluir el trabajo de evangelizar a su gente por sí
mismo.
Examinando todas las enseñanzas de Cristo sobre la tarea de Su Iglesia, de
extender Su reino a todas partes del mundo, advertimos que si no existieran estas
enseñanzas, todavía nos quedaría la Gran Comisión de Mateo 28.19, 20. He aquí
tres verbos que merecen nuestra atención: “ir”, “bautizar” y “enseñar”, que en el
griego se expresan por medio de lo que en la gramática española se llama
“gerundio”. Entonces deben ser traducidos así: “yendo”, “bautizando” y
“enseñando”. Son ministerios que no se acaban a pesar del tiempo, la distancia,
resistencia o cualquier otra barrera.
Ya sea que la gente muestre receptividad o resistencia tiene que ser alcanzada
por el evangelio. Enviar una cierta cantidad de obreros a un extremo u otro de la
Escala de Receptividad/Resistencia depende siempre de la filosofía de cada
denominación o agencia misionera. La filosofía expuesta aquí consiste en enviar
el mayor número de obreros, donde los campos ya están listos para la siega.
Un instrumento que puede ayudarnos a decidir adónde mandamos a los
21
obreros es la Escala de Engels.

En esta escala se nota en esta escala que hay un nivel “- 8”, que puede
representar tanto un pueblo no-alcanzado como un grupo de gente muy resistente
al evangelio. Una agencia misionera puede decidir enviar a unos cuantos
misioneros para ayudar a la gente a alcanzar el nivel “- 7”. Y este proceso podría
emplear décadas, incluso siglos. Una vez alcanzado el nivel “- 7” debe seguir
enviando obreros para enseñarles más sobre el evangelio y llevarlos hasta el
nivel “- 4”. En este momento la misión debe preparar a sus obreros para la
cosecha, porque cuando el pueblo alcance el nivel “- 3” puede haber un
movimiento de personas hacia el reino de Dios, y si faltan obreros pueden
perderse muchos de ellos (recuérdese del ejemplo de Japón a partir de la II
Guerra Mundial). Cuando el pueblo llega al nivel “+ 3”, la misión puede iniciar
el retiro de sus obreros y enviarlos a otros campos, o para empezar de nuevo
desde el nivel “- 8”, “- 7”, o “- 6” con otro grupo de personas no alcanzados.
Volviendo a la parábola del Sembrador, uno fácilmente puede ver cómo la
Escala de Engels encaja con ella. Las personas de “- 8” son los del camino.
Escuchan la Palabra de Dios, pero como no la entienden, Satanás les quita lo
poco que comprendieron (Mt. 13. 19 con 14 y 15).
Los de “- 7” a “- 5” pueden representar la semilla sembrada entre pedregales.
Hay una reacción favorable al evangelio, pero no dura mucho y la persecución
de sus amigos y parientes les desanima (Mt.13.20, 21).
Los de “- 4” a “- 1” son los que escuchan la Palabra de Dios, la aceptan y
empiezan a vivir la vida cristiana. Sin embargo, después de un tiempo y de ver
que no es tan fácil, como primeramente pensaron, dejan el camino (Mt. 13.22).
Nos hace recordar el “versículo 666” de la Biblia. “Desde entonces muchos de
sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Jn. 6.66).
Los del “- 1 “ hacia arriba pueden representar la semilla sembrada en buena
tierra que dio fruto al estilo de Juan 15.8. Pero, para llegar a este nivel es
necesaria la convicción del Espíritu Santo en el corazón del pueblo (o persona) y
el trabajo duro de los siervos de Dios. “Buena tierra” siempre indica preparación
anticipada.
Usted puede usar los instrumentos de la Apreciación de la Distancia Cultural
(ADC); la Apreciación del Grado de Cambio (AGC); la Apreciación de la
Validez de la Religión (AVR); y la Escala de Engels para ubicar a los de su
propia comunidad en cuanto a su receptividad y proximidad al reino de Dios.
Combinando los resultados de cada instrumento, puede ubicar su blanco en la
Escala de Receptividad/Resistencia. Sabrá si su blanco es terreno duro (“junto el
camino”), terreno lleno de pedregales, terreno espinoso, o terreno bueno.
Sabiendo que tipo de terreno tiene a la mano le va a ayudar a componer un plan
estratégico para alcanzar el blanco con el evangelio.
En vista que estos instrumentos son más sociológicos y antropológicos que
bíblicos, puede haber quiénes duden que nos puedan servir. Pero, ¿será una
sorpresa a usted saber que tanto Cristo como Pablo empleaban estos recursos
(sin saber llamarlos)? El encuentro con la mujer samaritana es una buena
ilustración de cómo funcionan estos aspectos tanto sociológicos como
antropológicos. Estando en Samaria, Cristo supo algo de la ADC entre él y ella;
supo de la distancia cultural aun entre la mujer y sus mismos compatriotas (la
AGC). También estaba muy al tanto de la AVR de la mujer y el valor que tenía
para ella. Reconociendo que la mujer estaba no muy lejos de la verdad, tal vez
un “- 4” o un “- 3” en la Escala de Engels; ubicó la samaritana en la categoría de
una persona receptiva. Y si analiza otros encuentros de Cristo (con Nicodemo,
con el joven rico, etc) verá que Cristo estaba al tanto de las leyes tanto
sociológicas como antropológicas. Lo mismo con Pablo si analiza sus encuentros
con los judíos y gentiles en las ciudades que visitaba.
Volvamos un momento al tema de las parábolas. Algunos críticos de los
principios de crecimiento dicen que la mayoría de las imágenes del crecimiento
en el Nuevo Testamento se refieren al reino de Dios y no específicamente a la
Iglesia en sí. El asunto es muy debatido. Sin embargo, ¿crecería el reino de Dios
si no creciera la iglesia? ¡Claro que no! Por ello, las imágenes de crecimiento
bien pueden ser aplicadas tanto a la Iglesia como al reino de Dios. Por otro lado,
si los críticos dicen que las imágenes del crecimiento cualitativo son aplicables
tanto a la Iglesia como al reino de Dios, deben permitir que las imágenes del
crecimiento cuantitativo se apliquen igualmente a ambos. Otros dicen que el
contexto de los pasajes acerca del crecimiento (fuera de Hechos) no está
enfocado a un crecimiento numérico. Aunque uno puede apreciar su punto de
vista, ¿no es posible medir el crecimiento de la iglesia contando a los miembros?
¡Claro que sí!
Cristo está interesado en los números. No tenemos ningún informe de cuando
Cristo contó gente. Pero si, tenemos mucho sobre el hecho que Cristo estaba
muy interesado en la extensión de Su reino/Iglesia. Y para hacer esto, tenía que
agregar hombres y mujeres. Aunque no puedo probarlo, creo que si él sabe los
números de cabellos que tengo (y cada día es más fácil contarlos) ciertamente él
sabe el número de gente en Su reino/Iglesia.

El Espíritu Santo: La cantidad es importante


La tercera persona de la Trinidad también se preocupa por el crecimiento
cuantitativo de Su Iglesia. Inclusive tiene un libro escrito sobre Sus acciones en
cuanto al inicio y crecimiento de la Iglesia, Los Hechos (del Espíritu Santo).
Entonces, ¿Qué hace el Espíritu Santo en la actualidad para que la Iglesia crezca
cuantitativa?
Principalmente nos hace evangelizar (Mt. 28.19, 20; Hch. 1.8; 2.19-40; 3.12-
16; 4.8-12, 30; 8.4, 25, 40; 10.34-43; 11.19-21; 13.16-44; 4.3, 7, 15, 21, 25; 14.7,
21; 15.35; 20.21; 26.19-20; Rom. 10.14, 15). McGavran dice que el
“Evangelismo es todo lo que se haga para llevar hombres y mujeres a una
relación personal con Cristo Jesús, y luego hacerlos miembros responsables de la
22
iglesia local.” La definición de David Bosch es más detallada. Él dice que el
evangelismo es:
...la dimensión y actividad de la misión de la iglesia que ofrece a cada ser
humano la oportunidad de ser desafiado por el evangelio de Jesucristo, para que
tal persona lo reconozca como su Salvador y llegue a ser un miembro de Su
comunidad y asimismo para hacer la obra de reconciliación, paz y justicia aquí
23
en la tierra.
Ambas definiciones llevan a una persona desde cualquier nivel negativo en la
Escala de Engel al “+ 1”, lo cual es el principio de “hacer discípulos” tal como lo
demanda Mateo 28.19. Todo esto es el mandato evangelístico (Jn. 17.18), el
mandato de evangelizar al mundo por medio de la predicación del evangelio de
Jesús. Juan Carlos Miranda dice que: “Si no nos ocupamos de llevar a cabo el
mandato evangelístico no podemos ser la luz de este mundo. Sin desarrollar y
24
ocupamos del mandato cultural no seremos ‘la sal de la tierra.’” Y justamente el
cristiano es llamado a cumplir con ambas clases de mandatos.
Ya hemos mencionado el mandato evangelístico, pero, ¿Qué es el mandato
cultural? Son los mandamientos Bíblicos que nos llaman a una preocupación por
las necesidades materiales de nuestro prójimo (Lu. 10.25-37; 1 Jn. 3.17, 18),
incluyendo los de la fe (Hch. 11.27 -30; 1 Cor. 16.1, 2; 2 Cor. 8.1-6; Gl. 6.10)
como los del mundo (Lc. 10.27). La misión de la Iglesia es cumplir con ambos
mandatos: el evangelístico y el cultural.
René PadiIla, Orlando Castro y otros, se inclinan por lo que llaman
“evangelismo integral”, esto es cuando el evangelismo y el servicio social tienen
igual énfasis. “Misión integral”, por el otro lado, existe cuando la evangelización
y la acción social están relacionadas integralmente, pero donde la evangelización
25
tiene la prioridad.
El Pacto de Lausana, Suiza (1974), la Consulta de Pattaya, Tailandia (1980), y
Lausana II (1989) respaldan la posición de la misión integral. Pattaya dice: “A
pesar de que el evangelismo y la acción social no son idénticos afirmamos
26
nuestro compromiso con ambos, y endosamos el Pacto de Lausana...,” que dice:
“En la misión de servicio sacrificial de la iglesia, el evangelismo tiene
27
prioridad”.
Tal vez podríamos preguntar, ¿qué importancia tiene este debate entre los
cristianos? La importancia está en el hecho de que los que enfatizan la acción
social tienden a dejar a un lado el evangelismo. La iglesia que así lo hace, deja
de crecer. Pedro Wagner dice que esa es una de las razones por las cuales las
iglesias históricas han decrecido desde la década de los años 60. En cambio, las
que están creciendo son las que ponen en primer lugar el mandato
28
evangelístico.
La escuela de crecimiento de la Iglesia cree que el mandato cultural no es
optativo y tiene que cumplirse dentro y fuera de la Iglesia de Jesucristo. Sin
embargo, nuestra prioridad es el mandato evangelístico. Tal vez, mayormente,
por la razón que Wagner expone: “sin la previa operación del mandato
evangelístico, no habría alguien para cumplir con la misión integral, el mandato
29
cultural”. Más adelante volveremos a hablar mas detalladamente de este mismo
debate cuando hablemos del principio de “la acción social”.
Es el Espíritu Santo que nos ayuda en la extensión del reino porque el quiere
ver gente rescatada del reino de Satanás. Y como el Hijo, él también está
interesado en como crece la iglesia numéricamente. El libro de los Hechos revela
cómo el Espíritu Santo estaba al día con los resultados del crecimiento de Su
iglesia. Dándo un vistazo al libro, a vuelo de pájaro, podemos darnos cuenta del
papel que jugaba medir el crecimiento de la iglesia desde el punto de vista
cuantitativo. Miremos los siguientes versículos del libro de los Hechos:

1.15120 eran miembros


2.413,000 fueron añadidos
4.45,000 hombres agregados (y, ¿qué hay de las mujeres?)
5.14Aumentaban en gran número –entre hombres y mujeres.
6.1 Crecía el número de los discípulos
6.7Los discípulos se multiplicaban grandemente
6.7Muchos sacerdotes se convertían
8.12El gran avivamiento en Samaria
9.31Las iglesias se acrecentaban en Judía
11.21, 24Gran número se convirtió en Antioquía
12.24“Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba”
13.43“Muchos de los......”
13.48“Creyeron todos.....”
14.21“...De hacer muchos discípulos...”
16.5Aumentaban en gran número cada día
17.4Gran número se convertía
17.12Creyeron muchos
18.8-11“Tengo mucho pueblo en esta ciudad...”
21.20 “Cuantos millares de judíos han creído.”

Parece que el Espíritu Santo tiene interés en saber cómo va el crecimiento


cuantitativo de Su Iglesia.
Si cumplimos con el propósito de la iglesia (Hch. 1.8), y aprovechamos el
poder prometido (Hch. 1.8), veremos a nuestras iglesias crecer en una manera
extraordinaria. Dios quiere que la iglesia salga en busca de los hombres perdidos
(Mt. 28.19-20). Podemos apreciar esto por toda la Biblia. Desde el principio
Dios quiso que su pueblo bendijera al mundo (Gén. 12.2, 3). ¡Hagámoslo! La
Trinidad quiere ver a su Iglesia crecer numéricamente hasta que se cuenta como
las estrellas del universo (Gén. 15.5). Dirijamos ahora nuestra atención al
crecimiento cualitativo.
Capítulo 3

LA TRINIDAD Y LA CALIDAD

Todos están de acuerdo en que Dios quiere que Su Iglesia crezca


espiritualmente. Por eso, no entraremos en muchos detalles sobre el tema de la
calidad. Como el asunto del crecimiento cuantitativo es uno de los puntos más
criticados de la escuela de crecimiento de la Iglesia, lo del crecimiento
cualitativo puede que sea el menos debatido. Pero, ¡allí reside un problema! El
asunto del crecimiento cualitativo es dado por sentado en todo el mundo
evangélico y por ende, no es un aspecto tomado muy en serio.
Una vez, en mi iglesia, estábamos hablando de la santidad. En la discusión, un
joven levantó su mano y preguntó, “¿En qué base Bíblica basamos nuestra
santidad?” Casi toda la clase se quedó con la boca abierta. Todos reconocieron
que la santidad era la clave para una vida cristiana pero nadie, en el momento,
citó un versículo. ¡Ni yo! Pero, después de un momento me vino a la mente que
más de dos tercios del Nuevo Testamento habla de que es la santificación. Y, si
quiere una sola cita, lea Colosenses 3.1-4.6 (y así lo dije, al final, a la clase).
´

Dios: La calidad es importante


Por todo el Antiguo Testamento vemos a Dios preocupado por la calidad de
Su pueblo. Los libros de Éxodo, Levítico y Deuteronomio hablan
específicamente sobre la calidad de la vida espiritual de los israelitas y nos
alientan a ser fieles a Dios, a Sus mandatos y a Su ley. Los libros poéticos se
enfocan sobre la forma de andar más cerca de Dios. Muchas veces en el Antiguo
Testamento Dios habla de la necesidad de honrar, respetar y temer a “Su
Nombre” y, por ende, esperaba obediencia a éste Nombre. No había términos
medios en el servicio a Él. Dejarle de servir significaba estar contra Él, y así
también es hoy en día.
Aun cuando el pueblo se creía fiel a Dios, no siempre era así. El rey Saúl, para
seguir fiel a las tradiciones y ritos, ofreció un sacrificio cuando no debía haberlo
hecho y se le quitó el reino (1 Sam. 13.1-15). A veces Israel guardó los ritos
religiosos sin un corazón puro y por tal motivo Dios lo rechazó (Is. 1.11-16). A
cada hombre Dios le exigía una obediencia completa, sin la cual una persona no
podía considerarse parte de Su pueblo. Y, por supuesto, nada cambió en el
Nuevo Testamento (Mt. 12:30 y 1 P.1.2 - hemos sido escogidos para obedecer).
En cuanto al pueblo de Dios, se puede decir que toda la Biblia, tanto el
Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, habla de una sola cosa:
obedecer a Dios con todo el corazón y con toda la vida (acción) (Ec. 12.13; Mt.
22.37-40). Tenemos que ser santos como el es santo (1 Ped 1.15-16). Y, dicho
sea de paso, el crecimiento espiritual da lugar al crecimiento numérico (Col.
2.19).
Cristo: La calidad es importante
Ya hemos visto, por medio de sus parábolas, que Cristo nos ha enseñado
mucho en cuanto a la cantidad. Pero en un sentido, también podemos usar las
parábolas como una enseñanza sobre la calidad del fruto que Él desea. El fruto
que producimos debe ser buen fruto o Cristo no lo aceptará (1 Cor. 3.13-15).
Muchas de las parábolas de Cristo tienen que ver con la calidad de sus
seguidores. La parábola de la torre y del rey que va a la guerra (Lucas 14.25-33)
nos enseña que cualquiera que piensa en ser un discípulo de Cristo tiene que
calcular el costo, antes de decidir seguirlo. La historia del joven rico en Lucas
18.18-29, ilustra la verdad que para seguir a Cristo tiene que entregar toda su
vida y posesiones a Él.
Justamente aquí es donde la Iglesia tiene un gran problema con cualquier
sistema de evangelización que no explique bien el costo de ser un discípulo de
Cristo. Muchas veces, cuando predicamos el evangelio, cosechamos almas.
Luego, les explicamos un poco acerca de la vida cristiana y los dejamos a su
suerte. Por eso hablaremos más adelante sobre el importantísimo tema del
seguimiento. Hay los que mantienen la opinión de que si un “recién convertido”
no llega a ser un miembro productivo de la Iglesia de Jesucristo, no es un
verdadero hijo de Dios (Jn. 15.1-8). Más bien es como la semilla que se sembró
entre los pedregales o entre los espinos. Es una persona que piensa ser
“cristiana” cuando en realidad no lo es (Mt. 7.21; 13.20-22).
Lo triste es que muchas veces las iglesias y sus líderes son los responsables de
esta triste situación por dejar de enseñar el costo de ser un discípulo de Cristo.
Tenemos que hablar de la cruz (Lc. 9.23-26), del arado (Lc. 9.57-62), del que va
a edificar una torre (Lc. 14.25-35), del sufrimiento (1 P. 1.6; 4.12-16) y no sólo
de las bendiciones de ser un hijo de Dios. Un buen autor para leer en cuanto a
30
este tema es A. W. Tozer.
Otro ejemplo del discipulado se encuentra en la parábola de la sal y la luz (Mt.
5.13-16). En estas dos comparaciones acerca del creyente encontramos la
enseñanza de Jesús que dice que sus “embajadores” (2 Cor. 5.20) tienen la
responsabilidad de actuar como sal que preserva, que da sabor y que cura.
Somos los que todavía preservamos al mundo de su último juicio (2 Ts. 2.7);
somos los que damos sazón (razón verdadera para vivir: 1 P. 3.15); tenemos el
remedio para las enfermedades del alma, de la mente y del cuerpo de los seres
humanos. Solo nos queda compartirlo con los necesitados.
Y, ¿qué hace la luz? La luz alumbra el camino, protege, revela lo desconocido
e incluso da calor. En el mismo sentido debemos iluminar el único camino al
cielo para los ciegos perdidos. Podemos ofrecer una luz que revele los temores
del ser humano y quite el poder del temor porque ha sido descubierto. A un
mundo que carece de amor debemos dárselo, para que vean, a través nuestro, el
amor de Dios (Jn. 13.35). Además somos un olor fragante (2 Cor. 2.15) y una
carta de Cristo al mundo (2 Cor. 3.3). Si somos tales cosas, ¡vivamos nuestra fe
en una forma visible y práctica!
Se cuenta la historia de un soldado del gran ejército de Alejandro Magno que
en medio de una batalla se atemorizó y dejó el campo de batalla. Su capitán le
llevó al general Alejandro para ser juzgado. Normalmente, la pena para tal
crimen era la muerte. Pero Alejandro, viendo la juventud y la inexperiencia del
soldado, le perdonó. Sin embargo, en la próxima batalla, el soldado volvió a huir
del campo de batalla. De nuevo lo llevaron al general Alejandro. Esta vez
Alejandro Magno decidió investigar un poco más sobre el asunto y le preguntó,
“¿Cuántos años tienes?”
“Dieciocho años, mi general,” le contestó el soldado.
Considerando que todavía el joven podría llegar a ser un buen soldado,
Alejandro pensó darle una oportunidad más. Pero advirtiendo que si huía de
nuevo ¡sería ejecutado! Antes de despedirlo le preguntó: “¿Cómo te llamas?”
Y, con un pecho sacado, el soldado respondió, “Mi general, me enorgullece
decirle que me llamo igual que usted: ¡Alejandro!” Y así el joven pensó que
ganaría más favor con el general.
Ninguno de los presentes en la carpa del general esperaba semejante reacción.
Su cara cambió junto con todo su carácter y Alejandro Magno, enfurecido, se
levantó de su asiento, agarró al joven y le dijo, “¡Cambia tu nombre o actúa
como un Alejandro!”
El valor de esta anécdota se encuentra en que usted y yo llevamos el nombre
de nuestro “General”: Cristiano. ¿Estamos actuando como Cristo? Si no,
¡cambiemos nuestro nombre o cambiemos nuestro estilo de vivir!
Otra parábola que se refiere a la calidad espiritual es la de los siervos fieles e
infieles (Lc. 12.42-48) que describe la fidelidad de un siervo y la suerte de uno
que abusa de la vida cristiana. También, la parábola del siervo vigilante (Lc.
12.35-40) revela que el hijo de Dios tiene que estar siempre esperando la venida
del Señor. Está por demás decir que el siervo infiel no lo estará esperando.
Cristo siempre estuvo muy interesado en que Sus discípulos vivieran una vida
digna de Él. Para ayudarnos a vivir tal vida, nos dio el gran Sermón del Monte
(Mt. 5.1-16). Hay los que discrepan con Martín Lutero y creen que este sermón
es aplicable para nosotros hoy en día y no solamente para el Reino que ha de
venir.

El Espíritu Santo: La calidad es importante


El Espíritu Santo también se preocupa por la calidad de la Iglesia de
Jesucristo. Es por eso que Él está con nosotros hoy en día para guiarnos a crecer
espiritualmente (Jn. 16.13), para darnos el poder necesario para ser testigos
(Hch. 1.8) y velar por la pureza de la Iglesia, tanto universal como local (Hch.
5.9, 10). Si en alguna de estas categorías hay fallas, no podemos echarle la culpa
al Espíritu Santo sino a nosotros mismos porque no lo hemos obedecido como
debíamos haberlo hecho.
Vemos que parte del trabajo del Espíritu Santo es convencer al mundo del
pecado (Jn. 16.8) y dar poder a los siervos de Dios para llevar Su Palabra (Hch.
1.8). Además dirige a Sus siervos hacia donde está la gente receptiva (Hechos
16.6-11; 17.1-4; 18.9; 19.1-20; Rom. 15.19-20). Eso puede ser vinculado con el
crecimiento numérico. Pero hay mucho sobre el trabajo del Espíritu Santo en
velar por el crecimiento espiritual de Su Iglesia.
Una vez convertido, el Espíritu Santo sigue obrando: Bautiza y llena a los
convertidos (Hch. 1.5; 2.4, 33, 38; 4.31; 8.15; 9.7; 10.44-47; 15.8; 19.6; 1 Cor.
12.13; Efesios 5.18); da a los cristianos el valor de hablar de Cristo (Hch. 2.4;
4.8; 6.10; 13.9; 18.25); guía los cristianos a lugares de servicio para que
testifiquen (Hch. 8.29, 39; 10.19; 16.6, 7; 20.23); da poder a los líderes de la
iglesia (Hch. 6.3, 5; 7.55; 11.24; 13.2, 52; 20.28) y promociona el crecimiento de
Su cuerpo (Hch. 2.47; 9.31; Ef. 4.12-16). El último pasaje mencionado se
relaciona con los dones del Espíritu Santo, los cuales se especifican para que la
iglesia crezca tanto espiritual como numéricamente. Hablaremos más a fondo de
los dones en otra oportunidad.
Como ya hice referencia, casi todas las Epístolas del Nuevo Testamento
hablan del crecimiento espiritual (la santidad) del hijo de Dios, por lo tanto no
voy a repetir lo que ya está escrito. Pero si, voy a citar un versículo: “Porque
Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena
voluntad.” (Fil. 2.13). Nuestro deber es presentar nuestros cuerpos y vidas al
Espíritu Santo para ser un sacrifico agradable a El (Rom. 12.1-2). Sin el Espíritu
Santo morando en nosotros no llegaremos a ser santos como El es santo (1 Ped
1.15-16).
Llegando al final de este capítulo, recalco que la Trinidad está interesada en el
crecimiento sano y completo de Su Iglesia (Su Cuerpo). El crecimiento en un
solo aspecto no es sano. Un teólogo de misiones, Charles Van Engen, dice que el
crecimiento de la Iglesia de Jesucristo es multi-dimensional. Hablando del libro
de Efesios, Van Engen comenta que el enfoque de Pablo en escribir el libro fue
el crecimiento.
Crecimiento es el enfoque de Pablo. Crecimiento en el catolicismo de la
Iglesia por la incorporación de otros miembros al cuerpo (crecimiento
numérico), crecimiento por el desarrollo espiritual de los miembros del cuerpo
por medio del ejercicio de los dones por el bien del mundo (crecimiento tanto
orgánico como espiritual), crecimiento por medio del impacto de la Iglesia en el
mundo a donde ha sido mandado (crecimiento en el culto diaconal), y
crecimiento por un mejor entendimiento del señorío de Cristo en la Iglesia
31
(crecimiento teológico).
De todo lo dicho en este capítulo podemos deducir que la Trinidad tiene
mucho que ver tanto con el crecimiento cuantitativo como con el cualitativo. Si
la Trinidad tiene esta preocupación de crecimiento tanto cuantitativo como
cualitativo, también nosotros debemos tenerla. Decimos con Virgilio Gerber, que
la meta fundamental de evangelizar al mundo,
...[no] termina cuando se llega hasta las personas con el Evangelio, ni con la
proclamación del Evangelio, ni con las profesiones públicas de fe en el
Evangelio, ni con relacionar a los convertidos con la iglesia por medio del
bautismo y la enseñanza. La meta del evangelismo no se logra hasta que estos
nuevos convertidos lleguen a ser cristianos reproductivos que...garanticen el
proceso continuo de evangelismo y crecimiento de la iglesia. La meta
fundamental de la evangelización en el Nuevo Testamento es, por lo tanto,
doble: I) Formar cristianos responsables y reproductivos, y 2) formar
32
congregaciones responsables y reproductivas.
He aquí la meta fundamental y principal para los que esperan ver la iglesia de
Jesucristo crecer.
Si Dios está interesado en el crecimiento de Su Iglesia; si Cristo está
interesado en el crecimiento de Su cuerpo; y si el Espíritu Santo está interesado
en el crecimiento de Su Iglesia, ¿no debemos estar nosotros también interesados
en el crecimiento cuantitativo de la Iglesia de Dios?
Parte II

LAS ENFERMEDADES
ECLESIÁSTICAS

En el año 1992, un misionero no se sentía bien. Después de un tiempo de


sentirse cansado, sin energía y deprimido se fue al doctor. Después de unas
pruebas se dio cuenta que tenía un cáncer. Le fue recetado un régimen muy
fuerte de tratamiento. Felizmente él sobrevivió pero así no siempre sucede. Una
razón para la recuperación de su salud fue un buen y temprano diagnóstico.
Todas las iglesias locales, siendo organismos (algo que viva y muera), sufren,
de vez en cuando, de enfermedades eclesiásticas que si no son curadas pueden
matar a la iglesia o por lo menos prohibir un crecimiento saludable. Es por eso
que cada iglesia debe diagnosticar su salud. Descubriendo a tiempo la
enfermedad, tendrá la oportunidad de curarse y volver a crecer sanamente.
Habiendo establecido la base bíblica de la importancia de un sano crecimiento
de la Iglesia pasamos ahora a la base fenomenológica del crecimiento o
decrecimiento de una iglesia local. En este capítulo veremos algunas razones
para que una iglesia no crezca o se estanque. En los dos capítulos siguientes a
este, analizaremos los principios bíblicos que ayuda a una iglesia crecer.
No obstante, en ocasiones a pesar del buen uso de uno u otro de los principios
bíblicos de crecimiento, muchas iglesias, como la de Getsemaní que describimos
en la Introducción, se encuentran en un estado de estancamiento o
decrecimiento. ¿Dónde está la falla? ¿En el principio bíblico o en la práctica del
principio? Es la tesis de este libro que la falla se encuentra por no utilizar los
principios bíblicos, o por la existencia de una o más enfermedades eclesiásticas
que tienen que ser curadas para volver a ver el crecimiento tanto numérico como
espiritual.
¿Qué es una enfermedad eclesiástica? Es simplemente una situación dentro de
la iglesia local que impide tanto el desarrollo espiritual como numérico.
Justamente por eso, uno tiene que aprender a diagnosticar la salud de su iglesia.
Ya que si no crece una iglesia tiene que haber razones. Si Dios quiere que Su
Iglesia progrese (como vimos en el Capítulo 1) y ésta no crece, no podemos
decir que es culpa de Dios; las razones tienen que venir “de abajo” (del hombre)
y no “de arriba” (de Dios). La culpa del por qué no crece la iglesia se encuentra
en el hombre y no en la Trinidad. Si su iglesia no está creciendo, el pastor, los
líderes, el consistorio, los miembros, o todos juntos tienen la culpa, no Dios, no
Cristo, y no el Espíritu Santo.
He aquí algunas señales que muestran que una iglesia no está creciendo:

El número de creyentes no ha aumentado en un año.


El pastor está enfocándose demasiado sobre los miembros antiguos y sus
problemas.
Los creyentes no están evangelizando a sus amigos, parientes o conocidos.
Los miembros fallan en el apoyo económico al pastor o a la iglesia.
Los miembros no toman en serio una asistencia fiel a la iglesia. Si los
miembros establecidos en una iglesia no tienen interés en asistir,
difícilmente debamos esperar que los nuevos lo hagan.
El consistorio tiene más miembros sobre la edad de 50 que los que tiene
menos de 50 años.
Los recién llegados no se quedan.
No hay un ambiente de amor y unidad entre los miembros.
La iglesia tiene mala fama en su vecindad.

Habrá muchas otras señales a los cuales podré referirme, pero esto basta para
darle la idea de la necesidad de un diagnostico de la salud de su iglesia porque la
presencia de estos fenómenos indican que algo malo está afectando la salud de la
iglesia.
Eso de diagnosticar la salud de una iglesia no es algo nuevo. En Apocalipsis 2
y 3 vemos a Cristo diagnosticando la salud de siete iglesias. En cinco de ellas
había problemas graves (Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardis y Laodicea). Nótese que
los problemas vienen del hombre y no de Dios. Las razones de ser iglesias
débiles tenían su raíz en el hombre. También, nótese que en cada caso Cristo citó
un remedio (2.5; 2.16; 2.21; 3.3; 3.19 – el arrepentimiento, entre otras medidas).
Vale la pena estudiar estas siete iglesias para comparar su iglesia con ellas.
Sobre todo, estas razones tienen que ver con las enfermedades eclesiásticas. A
continuación detallamos algunas enfermedades eclesiásticas del porqué NO
crece la iglesia. Puede haber más, pero limitamos nuestro estudio a sólo trece de
ellas.
Dividimos las trece enfermedades en tres grupos, que están en
correspondencia a las diferentes naturalezas que puedan tener. Las divisiones
son: bíblica (desnutrición, el síndrome de Elí, y el mal testimonio);
antropológica (ceguera, koinonitis, etniquitis, ociositis, tradicionalismo, y
podercitis); y sociológica (cooperación excesiva, comesólito, la vejez y
estrangulación). Si una iglesia quiere crecer tiene que eliminar cualquiera de
estas enfermedades que pudieran existir de su iglesia.
Capítulo 4

LA BIBLIA Y LAS
ENFERMEDADES DE LA IGLESIA

Hay tres enfermedades que tienen su raíz en la escasez del uso de la Palabra
de Dios. Las tres están vinculadas, pero no son iguales. Sin embargo, si una
iglesia tiene una de ellas, es muy probable que tenga las otras también.

Desnutrición
La primera enfermedad eclesiástica que vamos a analizar es la desnutrición.
Sucede cuando la enseñanza bíblica es de pobre calidad. Creo que esta fue una
de las enfermedades que tenían las iglesias de Pérgamo (Apo. 2.14), Tiatira
(Apo. 2.20) y Sardis (Apo. 4,3). También puede ser que una razón del problema
de la falta de asistencia en la iglesia de Jerusalén (Heb. 10.25) fue justamente esa
enfermedad de desnutrición. Había muchas enseñanzas de “leche” pero faltaron
enseñanzas de “carne” (Heb. 5.11-6.3).
Cada uno de nosotros, de vez en cuando, hemos escuchado sermones que no
nos han ayudado en nada (o, nos pusieron a dormir). Lo penoso es que
continuamente hay muchos cristianos, que sufren lo mismo en sus iglesias.
Después de un tiempo deciden dejar la iglesia y buscar otra. Hay un dicho que
dice lo siguiente, “¡Ovejas hambrientas buscarán su comida!” Se irán a otra
iglesia.
Muchos pastores tienen la tendencia de echar la culpa a otros pastores por
haber robado sus ovejas (miembros). ¡De repente no fue un robo! Sino un escape
de la hambruna espiritual que sufrieron en su propia iglesia. Una hambruna
porque faltó la comida espiritual (tanto la leche, como la carne). Estaban
sufriendo la desnutrición.
Antes de continuar, hago una advertencia en cuanto a las ovejas perdidas: no
se trata recuperarlas si ya están en otra iglesia. El trabajo de tratar hacer volver
un miembro a la iglesia no tiene lógica, como el pastor Rick Warren dice, “Por lo
general, se requiere cinco veces más energía para reactivar a un miembro carnal
33
o disgustado que a un inconverso receptivo.” Una vez perdida la oveja, deja que
ella vuelva por sí misma. Sin embargo, el pastor debe visitarla por lo menos una
vez , para investigar la razón de su salida – y, luego, corregirlo para que no
suceda de nuevo.
Una aclaración, esa advertencia de no buscar la oveja perdida solamente se
refiere a los que se han ido a otra iglesia. Las ovejas que habían salida de la
iglesia y no llegaron a otra iglesia, o peor, habían vuelto al mundo, a ellos tienen
que perseguir hasta que vuelvan.
Otro problema de la desnutrición es que esta condición fácilmente lleva uno a
aceptar las herejías que abundan en el mundo hoy en día. Efesios 4.14, habla de
los “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina.” Hoy en
día, estas doctrinas falsas son representadas por la doctrina de la prosperidad; la
doctrina de la Nueva Era; la doctrina relativa del postmodernismo y muchas
otras que falta espacio para mencionar. Para evitar que los miembros sean “niños
fluctuantes”, tiene que enseñar a su grey las verdades de la palabra de Dios y no
las filosofías mundanas o las doctrinas no-bíblicas o la doctrina de “sentirse bien
acerca de sí mismo”.
Aun un problema más grave, y que se debe directamente a la desnutrición es
el nominalismo que está afectando en forma grave las iglesias de Latinoamérica.
El nominalismo puede tener su propia categoría como una enfermedad, pero
como se debe a la desnutrición, lo colocamos aquí. Esa enfermedad es muy
similar al Síndrome de Elí (de lo que vamos a hablar próximamente). Sucede
cuando las doctrinas bíblicas ya no tienen cabido en la vida de un cristiano. El
cristiano no hace caso a los mandatos de ser santo como su Amo es santo. Da
por sentado su salvación pero sin reflejarlo en su vida. No impacta ni su familia,
ni sus amigos, ni su comunidad con las verdades bíblicas. Da un mal testimonio
en la comunidad. Y, naturalmente, ese nivel del cristianismo provoca el
estancamiento de la iglesia.
Una razón más por la cual algunas iglesias están estancadas o decreciendo es
que sus pastores no se están dedicando a la oración y al estudio profundo de la
Palabra de Dios y, por ende, hay falta de prepración en la comida espiritual para
su grey. Es cierto que hoy en día muchas iglesias esperan que su pastor sea un
“hacelotodo”. No es justo ni bíblico que sea así. Existen prioridades en el
ministerio y los pastores no deben inmiscuirse en asuntos fuera de su
responsabilidad de vigilar el crecimiento (numérico y espiritual) del cuerpo de
Dios. Por eso Dios dio dones para que cada miembro utilice su don para la
edificación de la iglesia.
Los pastores tienen que dar prioridad a la oración, predicación y enseñanza de
la Palabra de Dios – como hicieron los Apóstoles en Hechos 6.1-7. Vemos que
los apóstoles se les cargaba con tantas responsabilidades que amenazaban
terminar con lo imprescindible: la oración por la iglesia y la preparación de
estudios para alimentarla (Hch. 6.4). Efectivamente, estaban sufriendo un
problema grave dentro de la iglesia de Jerusalén. Pero los apóstoles supieron
muy bien que no debían desviarse de sus deberes principales para resolverlo, y
por eso fueron nombrados diáconos para aliviar a los “pastores” de los temas
administrativos de la iglesia.
Si su iglesia espera que el pastor haga todo, es una iglesia que obviamente
sufre de la desnutrición simplemente porque el pastor no le ha enseñado a
atender sus propias responsabilidades dentro de la iglesia. Estudie Efesios 4 y
verá de lo que estoy hablando. No es malo que el pastor visite a sus miembros;
no es malo que él salga a la calle para evangelizar; no es malo que sirva a su
gente como pueda, pero, ¿qué es el deber principal del pastor? ¡Hay que ser un
“pastor” para la grey, no un “hacelotodo”! Si está haciendo todo lo demás,
entonces, la iglesia debe esperar pobre calidad de comida espiritual cuando llega
el día domingo.
Es como una madre que está tan ocupada en hacer otras cosas menos preparar
comida para sus hijos. Pronto ellos se estarán buscando comida en la casa de sus
amigos o en la calle. ¡Lo mismo en la iglesia!
Otra fuente de mala o pobre enseñanza son los maestros de la escuela
dominical y de los demás estudios que la iglesia ofrece durante la semana (ya sea
la academia bíblica, los cultos de oración o cultos en los hogares, etc.). Ahora,
reconozco que la mayoría de profesores de la escuela dominical son buenos y
bien preparados; sin embargo, basta un solo maestro no preparado, o que no
tiene don de gente, para defraudar un interesado y perder un alma para la
eternidad. La iglesia debe buscar miembros que tengan el don de enseñar, para
dirigir el estudio bíblico o una clase de la escuela dominical. Si no encuentran a
tales personas, ¡no abra la clase! Recuerda que Dios da el don de ser maestro a
algunos de los miembros de la iglesia. Busque a éstos para ser sus maestros; no a
los que son sus amigos o parientes pero no tienen el don de la enseñanza.
La triste verdad es que si la iglesia no se sana de esta enfermedad de
desnutrición, no va a poder crecer espiritualmente (cualitativamente) lo cual es
una de las metas a que aspiramos. ¿Cómo puede curarse de esta enfermedad?
Tiene que mejorar el nivel del estudio bíblico dentro de la iglesia.
Lamentablemente la enfermedad tiene que ver, más que nada, con el pastor o el
encargado de la iglesia que da estudios bíblicos de pobre calidad y predicaciones
que son pura leche. Si una iglesia se encuentra en esta situación, tal vez deba
sugerirle a su pastor que vuelva al Seminario o al Instituto Bíblico para ponerse
al día.
También, la iglesia y el pastor deben analizar su horario para ver si está
haciendo demasiado que no le permite preparar una comida fuerte. Por hacer las
visitas, la administración, la limpieza, y tal vez trabajar por otro lado para ganar
la vida, ya no le resta tiempo para orar, estudiar, y preparar una enseñaza para la
iglesia. Si quiere que su iglesia crezca debe esperar de su pastor una nutrida
comida cada vez que él enseñe. Para lograr esto la iglesia tiene que proveer al
pastor ese tiempo para la oración y la preparación.

Síndrome de Elí
En el libro de 1 de Samuel encuentra la segunda enfermedad eclesiástica. Elí
era un buen líder del pueblo de Israel, pero sus hijos habían cobrado mala fama y
Dios los había rechazado como líderes en Israel (1 Sam. 2.33-34). Vemos aquí
un hombre de Dios que no controló bien a su familia (algo que también vemos
demasiado en la actualidad). ¡Sus hijos eran los hipócritas más visibles de la
nación de Israel! Ellos supieron todo el lenguaje de un hijo de Dios; practicaron
los rituales religiosos; asistieron al templo todos los días; fueron líderes
religiosos – pero no reconocieron a Dios como su Señor.
En tales casos, los hijos no muestran en sus vidas la misma fe que tenía su
padre. Puede decir que Elí puso sus hijos antes de Dios. ¡El amor de Elí fue más
para ellos que para Él! Puede decir que había pedido su “primer amor” para
servir primero a Dios y luego a los demás. Se encuentra algo similar en la iglesia
en Éfeso (Apo. 2.4).
La enfermedad del síndrome de Elí aparece cuando la segunda generación de
cristianos no ha tenido su propio encuentro con Jesús. Tiene una fe cristiana que
mantiene su forma, pero no el poder original (Apo. 2.4). Es un cristianismo que
llega a ser nominal y por ende, menor en calidad de la que Dios exige de Sus
seguidores.
Es como dice el autor Buehler en cuanto a tal persona:
...es una persona religiosamente indiferente que ejecuta por costumbre los
rituales formalistas de la fe cristiana. En su estado ambivalentemente
mental se adhiere superficialmente a un concepto diluido de Dios, que
resulta en una actuación teatral o religiosa sin poder, en unas pocas
actividades de la iglesia. Con su doble ánimo, y su lealtad desmayada, es
uno de los miembros periféricos de la iglesia, que tiene más en común con
34
el mundo que con Cristo.
Esta enfermedad en la vida de Elí, no se terminó con él. En el lugar de los
hijos de Elí, Dios puso “un sacerdote fiel, que hiciera conforme a mi corazón y a
mi alma” (1 Sam. 2.35). Tal hombre fue Samuel. Lo triste es que Samuel
contrajo también la enfermedad del síndrome de Elí. Los hijos de Samuel no
fueron mejores que los de Elí (1 Sam. 8.3), y por lo tanto la nación pidió a
Samuel un rey que los dirigiera, para que no lo hicieran sus hijos. Por la
enfermedad del síndrome de Elí, la nación de Israel pecó al pedir un rey a Dios.
Pecaron porque rechazaron a Dios como “su rey” (Num. 23.21; Dt. 33.5; 1 Sam.
12.12;) confiando más en los hombres que en Dios.
Para ilustrar cómo sucede la degeneración de la fe, de una generación a otra,
veamos a Josué 24.16, “Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal
acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses.” Así fue su respuesta
al desafío de Josué, su gran líder moribundo, en los versículos 14 y 15. Dicha
generación estaba comprometida con el Señor. Tenemos toda la razón para creer
que cumplieron lo prometido (Jos. 24.31). En Jueces 2.7, leemos casi las mismas
palabras. Sin embargo hay una pequeña diferencia. En Jueces tenemos la
impresión de que el pueblo servía a Dios como una costumbre nada más. Creían
en Dios de forma nominal, simplemente porque sus líderes “habían visto todas
las grandes obras de Jehová”, pero ellos no.
En Jueces 2.10 leemos que esta generación también “...fue reunida con sus
padres...” (murieron). En su lugar llegó al liderazgo gente “que no conocía a
Jehová” (2.10) y “Dejaron a Jehová el Dios de sus padres” (2.12). Se puede ver
cómo la segunda generación era inferior a la primera en cuanto a su fe y valor
espiritual. ¡Peor, fue la tercera generación! Dejaron todo pretexto de ser
seguidores de Dios y por ende la nación en muy poco tiempo se encontró bajo el
juicio de Él (2.14, 15).
La primera generación tenía el ardor que viene de haber visto las obras de
Jehová a primera mano. La segunda generación tenía que aceptar las palabras de
sus padres sin ver mucho de las manos de Dios; por eso, su ardor no fue igual al
de sus padres. La tercera generación, que había visto el poco entusiasmo de sus
padres para con Dios, tenía aun menos – y dejó a Dios por completo. El gran
problema del libro de los Jueces es que el pueblo de Dios no fue instruido por los
sacerdotes en los caminos de Dios y de la Ley que fue dado a Moisés, y por ende
al pueblo. Faltando esa enseñaza (la pobre nutrición), no es una gran sorpresa la
historia de la gente de Dios en este libro.
Hay otros ejemplos de este principio en la Biblia. Uno puede notar la visible
degeneración que va desde la espiritualidad de Abraham (Gén. 15.16), a la
nominalidad de Isaac (quien no es conocido por ninguna proeza espiritual y es
padre de dos hijos que no se criaron bien), a la ignorancia espiritual de Jacob
(Gén. 28.16) antes de su encuentro personal con Dios. Otros ejemplos pueden
ser respecto a la degeneración espiritual, entre David y Salomón y entre
Salomón y Roboam.
Hay un dicho que viene de Voltaire, un filosofo francés, que dice: “El abuelo
35
ora en hebreo. El padre lee las oraciones en francés. El hijo ni ora.” Así fui yo,
joven evangélico de la segunda generación. Mí testimonio no reflejaba la fe de
mis padres. No fue hasta que tenía dieciocho años que reconocí que Dios no
tiene nietos y que tenía que entregar mi vida a Cristo, yo mismo.
También hay muchos ejemplos más de este principio hoy en día. Nuestras
iglesias están llenas de hijos de evangélicos, que realmente tienen la apariencia
de ser “cristianos” pero no lo son. Siguen en la iglesia e incluso piensan son
“cristianos” y llegan a tener posiciones de liderazgo en la iglesia. Pero
lastimosamente, sus vidas no reflejan ni el poder ni el fruto del Espíritu Santo.
Los de la segunda y de las siguientes generaciones, se han olvidado que Dios no
tiene nietos. Dios sólo tiene hijos. ¡Cada generación tiene que ser evangelizada!
Cuando los hijos de la segunda generación descubran la hipocresía de sus
padres adquirirán totalmente el síndrome de Elí al abandonar por completo la
iglesia. Los hijos no ven a Dios como el Señor de sus padres. Tampoco ven el
poder espiritual que la Biblia dice que deben tener sus padres. Por ende, la
siguiente generación considera que la religiosidad del cristianismo es una
reliquia de la generación anterior y no es para ellos.
¿Cómo se puede curar esta enfermedad eclesiástica? La solución se encuentra
en Apocalipsis 3.19. “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues,
celoso, y arrepiéntete”. ¡Se cura con arrepentimiento (Apo. 3.20)! Es necesario
que cada generación tenga su propio “encuentro con Jesús”. En nuestras iglesias
debemos estar muy preocupados por evangelizar a cada generación. No debemos
dar por sentado que los hijos de nuestros miembros, automáticamente van a
encontrar a Cristo gracias a su relación familial, o por su propio estudio de la
Biblia, o simplemente porque asistan a la iglesia. Cada iglesia tiene que
preocuparse no sólo del E1 al E3 sino también del EO.
Expliquemos los términos E0, E1, E2, y E3. Son muy similares a los términos
M1, M2 y M3 que hemos explicado antes. Evangelismo-O (EO) es la conversión
de los que ya están integrados a la congregación local sin haber aceptado nunca a
Jesucristo como su Salvador. ¡Aun pueden ser miembros que jamás han tenido
su encuentro personal con Jesús! Evangelismo-1 (E1) es la evangelización de los
no cristianos cercanos. Personas cuyo lenguaje y costumbres son los mismos del
evangelista (lo mismo con M1). El Evangelismo 2 (E2) es el evangelismo que se
realiza atravesando las pequeñas diferencias en los términos de etnicidad, en el
aspecto cultural y del lenguaje. Un ejemplo de E2 es un argentino evangelizando
a un ecuatoriano (lo mismo con M2). Los dos hablan casi el mismo español pero
sus costumbres y cosmovisión son bastante distintas que requiere ajustes, por lo
menos para el evangelizador. El Evangelismo 3 (E3) es el dirigido a los de una
cultura diferente y un idioma diferente del evangelista. Un ejemplo sería un
peruano evangelizando a un ruso, ya sea en Rusia o en el Perú (lo mismo con
M3).
Entonces, es menester que hagamos todo posible para asegurarnos que los
miembros de nuestra iglesia son realmente hijos verdaderos de Dios. Porque si
no, nos va a llevar lógicamente a la próxima enfermedad eclesiástica.

Mal testimonio
Tanto los hijos de Elí, como los de Samuel y de David, tenían un mal
testimonio que perjudicaba a sus padres y a Dios. Lo mismo con los hijos no
convertidos de los miembros de la iglesia. Para evitar tal testimonio la iglesia
tiene que evangelizar a los suyos si tiene la esperanza de impactar a su
comunidad. ¿Cuántos ejemplos podemos mencionar de hijos de los pastores
quienes han traído mal testimonio sobre sí mismo, sus padres, la iglesia y Dios?
Y, los mismos miembros, muchas veces reflejan un mal testimonio delante del
mundo. Si la iglesia no da un buen testimonio por parte de sus miembros de lo
que puede hacer Cristo en las vidas de los hombres, ¿debemos esperar que el
mundo escuche nuestras palabras mientras que nuestros hechos las desmienten?
Había una iglesia que le permitió a unos “marielitos” (cubanos que se
refugiaron en los Estados Unidos en la primera parte de la década del 80)
quedarse en la casa pastoral, que en aquel tiempo estaba vacía. Al principio todo
fue bien. Cuando los refugiados se dieron cuenta de que nadie de la iglesia los
controlaba, empezaron a fumar marihuana e invitar a sus “chicas” a pasar la
noche con ellos. Un día, un miembro de la iglesia notó que una planta muy rara
se estaba cultivando en una maceta de la casa. ¡Era marihuana! Los hermanos se
alarmaron, pero ya era muy tarde, el testimonio de la iglesia estaba destruido. La
iglesia despidió a los marielitos pero no pudo recuperar la buena reputación en la
comunidad y eso fue un factor determinante para la salida de la iglesia de esa
comunidad. En todo lo que pudo, la iglesia trató de recuperar su imagen, pero la
comunidad no pudo olvidar el comportamiento de los marielitos y responsabilizó
a la iglesia de ello.
Es interesante reconocer que el mal testimonio le correspondió a la
congregación y no propiamente al templo. Cuando salió la congregación, otro
grupo religioso compró el templo y de pronto empezó a crecer tanto como el
anterior. La lección es que la comunidad no responsabilizó al grupo nuevo por el
mal comportamiento de los refugiados. Pero se da cuenta, no fue un solo cambio
de pastores, fue un cambio de congregación. Si hubiera cambiado solamente al
pastor dudo que hubiera podido recobrar su buen testimonio al menos que
pasaron varios años.
Otro caso de cómo un mal ejemplo pudo destruir una obra, de una vez y para
siempre, lo encontramos en la primera iglesia que fue formada en un país latino,
por cierta denominación. Después de un tiempo cayó en desgracia ante la
comunidad y dejo de ser una iglesia creciente y al fin cerró sus puertas. Tal vez
la misma no pensó que el “pecado” cometido era gran cosa, pero la comunidad
lo tomó como algo grave y ni nada ni nadie pudieron convencer al pueblo de
asistir a la iglesia. Finalmente desde aquel día, a pesar de estar en un lugar
estratégico, de haber tenido buena fama y de ser un “monumento histórico” de la
denominación, no pudo salvarse de la posibilidad de ser vendida como edificio.
Lo cual, lastimosamente no sucedió hasta muchos años después de haberse
cerrado. Todo ese tiempo la comunidad tuvo en medio de ella una iglesia
evangélica cerrada, un mal recuerdo que constantemente hablaba de que el
evangelio no funcionaba.
Ese es el peligro de dejar que siga funcionando una iglesia con un mal
testimonio: todo el pueblo va a recordar cada vez que se reúna la iglesia que el
cristianismo no tiene la solución para sus problemas. Si no pueden resolver sus
propios problemas, ¿cómo va a hacerlo con los de la humanidad? La queja más
escuchada por parte de los no convertidos cuando se los invita para asistir (o aun
para convertirse) es que la iglesia está llena con hipócritas y que hay poca o nada
de diferencia entre “los cristianos” y “los mundanos”. ¡Qué vergüenza!
Pero eso no es algo nuevo en la historia del pueblo de Dios. En el Antiguo
Testamento tenemos muchos ejemplos del mal testimonio de Israel. Aun Pablo
cita al profeta Isaías cuando dice que, “el nombre de Dios es blasfemado entre
los gentiles por causa de vosotros.” (Rom. 2.24).
Una buena sugerencia para superar este problema es cerrar inmediatamente
cualquier iglesia afectada por el mal testimonio. Vender la propiedad lo más
pronto posible y usar los recursos para abrir una obra en otro lugar, ya sea en la
misma ciudad o en otra. Eso fue lo que hicieron las iglesias arriba mencionadas,
aunque les fue muy difícil vender sus templos. Por supuesto, ellos también
tenían que resolver la causa del mal testimonio, no meramente trasladarlo a un
nuevo sitio.
Posiblemente alguien diga que esta enfermedad no tiene base bíblica. La
respuesta es que frecuentemente en la Palabra de Dios vemos que el Espíritu
Santo separa de la iglesia a los de mal testimonio (Hch. 5.1-11; 2 Ti. 2.17; 4.10;
y, en cuanto a una iglesia vea Ap. 3. 14-19).
Capítulo 5

EL SER HUMANO Y LAS


ENFERMEDADES DE LA IGLESIA

Entre las enfermedades eclesiásticas hay cinco que pueden ser consideradas el
fruto del corazón pecaminoso del hombre mismo. Es cierto que estas
enfermedades también pueden colocarse bajo la categoría “sociológica” pero se
colocan aquí porque tienen su raíz en la naturaleza pecaminosa del hombre y no
del ambiente sociológico.

La ceguera social
La ceguera social es una enfermedad que sufre una iglesia cuando no reconoce
el principio de los “grupos de personas”. Un “grupo de personas” (o “grupo
homogéneo”) es aquel en el cual cada persona tiene las mismas características y
36
donde cada uno comparte el sentir de pertenecer al grupo. Tienen áreas de
37
interés común, y cuando están juntos, se sienten cómodos y “en casa”.
Aunque volveremos a analizar más detalladamente el principio de grupos de
personas en el próximo capítulo, una pequeña explicación aquí nos valdría la
pena. Un ejemplo de un grupo de gente puede ser los “huancainos” del Perú. Era
yo misionero por mucho tiempo en la ciudad de Huancayo, que se ubica en el
centro del país peruano. Después de haber estado allí por seis años, fui
trasladado a Lima. Cuando llegué me daba cuenta que en la ciudad de Lima
había sectores donde los “huancaínos” se congregaban. Tenían sus propias
costumbres y comida. Y muchos vivían en la misma finca o sector de Lima. Lo
mismo en cuanto a otras ciudades del Perú – ellos también tenían sus sectores en
Lima. Habían varias razones para esto pero mayormente fue porque se sentían
mas cómodos entre gente de su mismo trasfondo y sospechaban de aquellos que
pertenecían a otros.
Y cuando visité a otros países me daba cuenta que los de Guayaquil no
apreciaban a los de Quito; los de Sao Paulo competían con los de Río; los de
Buenos Aires pensaron que eran los argentinos más cultos; los de Temuco en
Chile eran mejores que los de Concepción o de Santiago. Los rusos piensan que
son mejores que los chinos; los chinos son mejores que los ingleses quienes son
mejores que los norteamericanos. Pero, dentro de la misma sociedad hay grupos
de gente que se distinguen entre ellos mismos. Los ricos no miran bien a los de
la clase media ni ellos a la clase pobre. Los banqueros no aprecian a los mineros
ni ellos a los pescadores. Eso es un fenómeno universal y afecta a cada persona.
En cuanto a la enfermedad de la ceguera social, según el Doctor Pedro
Wagner, los que sufren esta enfermedad,

[S]on los que creen que su iglesia es bastante buena y que sus
puertas están abiertas para todos. Si otras personas no se
encuentran bien entre nosotros, y no les gusta lo que hacemos, es
porque ellos son la causa del problema, no nosotros. Los
cristianos ciegos, creen que todos los cristianos deberían hablar
igual, adorar igual, gustar de la misma clase de música, tener los
38
servicios a la misma hora y de la misma duración.

La ceguera social sucede cuando la iglesia no se da cuenta que cada grupo de


personas requiere una metodología única para alcanzarles con efectividad el
evangelio. La metodología para alcanzar a un cierto grupo de gente de repente
no daría ningún resultado entre otro. Se nota aun en la vida de Cristo, en cómo
Él cambió Su metodología de acuerdo al grupo (los pobres, los ricos, los
religiosos, etc.). Su forma de hablar y el mensaje dado a la mujer samaritana y
luego a Nicodemo eran muy distintos.
Antes de seguir, he aquí un ejemplo de cómo una metodología da buenos
resultados en un lugar y no tan buenos en otro. El programa exitoso de “Lima al
encuentro con Dios” se formó en Lima, Perú en 1972 y desde entonces ha tenido
39
mucho éxito allí. Los promotores de este programa se enamoraron de el y
quisieron exportarlo al resto de Latinoamérica. ¡Y lo hicieron! Sin embargo, en
ningún otro lugar ha tenido el mismo nivel de éxito que ha tenido, hasta hoy, en
Lima. Su traslado a los Estados Unidos fue un fracaso rotundo.
A los líderes del programa les faltó tomar en cuenta factores sociológicos y
culturales. Eso pasó en una ciudad mayor de un país vecino. El programa
“Encuentro” fue rechazado simplemente porque vino del Perú. ¡No había otra
razón! Por ser un programa peruano fue rechazado. Solamente cuando fue
cambiado su nombre (de “Encuentro” a “Impacto”) fue aceptado por algunos
pero no por la mayoría – hasta ahora hay el rechazo por parte de la mayoría de
las iglesias en esta zona.
Eso no quiere decir que no se exporten los principios del programa, porque es
cierto que éstos promueven el crecimiento de la iglesia. Una razón por la que no
han tenido el mismo éxito es que pusieron más énfasis en las metodologías que
en los principios. Exportar sólo las metodologías es siempre un gran error. Si se
hace, no va a tener el mismo éxito que se experimentó en el lugar original. El
arquitecto de este programa se enamoró tanto del éxito peruano que pensaba que
el resultado había sido tanto de las metodologías como de los principios. Por eso
no quiso “exportar” el proyecto, si no iba a seguir la metodología al pie de la
letra. Gracias a Dios, esa mentalidad no fue seguida por los líderes subsecuentes.
Volviendo al tema de la ceguera social. Hay muchas de nuestras iglesias que
no crecen porque están ciegas a la realidad de su contexto cultural. Normalmente
sus iglesias están compuestas, en su gran mayoría, por un grupo homogéneo
(grupo de personas) y ella recibe sólo a personas de su clase. Pero el liderazgo
trata de ganar a todo el mundo para Cristo sin aceptar que haya diferencias entre
los grupos de personas. El resultado es que ambas partes se quedan frustradas: el
liderazgo porque no hay adelanto y la congregación porque llega gente que no es
igual a ellos. Puede ser que estén alcanzando a algunos con el evangelio, pero no
están evangelizando efectivamente a su comunidad o su esfera de influencia.
La ceguera social les prohíbe ser efectivos en su tarea de evangelización
porque utilizan metodologías que son diseñadas para alcanzar a un grupo de
gente diferente a la de su entorno. Supongamos que el templo de la iglesia
Getsemaní estuviera ubicado dentro de un barrio de la clase media-alta, muy
formal y acostumbrada a la vida muy ordenada. Son abogados, médicos y
profesionales de alto rango. No es muy probable que crezca la iglesia si permiten
que la informalidad de las iglesias pentecostales entre a su iglesia. Estarían
introduciendo costumbres no adecuadas para estas personas y los miembros
empezarían a salir en busca de una iglesia más cómoda para ellos.
Por otro lado digamos que la iglesia de El Buen Redentor posee una tendencia
pentecostal. Si cortaran la informalidad, muchos saldrían a buscar otra o a fundar
una iglesia según sus preferencias.
El liderazgo que está ciego al principio que dice que cada grupo de personas
requiere de una metodología diferente para alcanzarlo con el evangelio
perjudicará grandemente el crecimiento de su iglesia. De repente hay quienes
quieren ser parte de la iglesia, a pesar de todo, pero por una o más costumbres
que tiene dicha iglesia ésta no podrá retenerlos por mucho tiempo.
Algo curioso es que los miembros de la iglesia no se sienten tristes cuando
ellos (los que no son de su grupo homogéneo) salen. Los líderes tal vez estén
tristes, pero los de la congregación les despiden con la actitud de “si no te gusta
lo que hacemos aquí, búscate otra iglesia. Siempre lo hemos hecho así y así será
40
siempre.” Claro, que no les dicen tales palabras de frente, pero se lo hacen
sentir con su actitud y de tal forma que los otros se van. Por cuanto es una
actitud implícita, le llamamos la enfermedad de la ceguera y por tratarse de un
principio sociológico se le llama ceguera social.
¿Cómo se sana una enfermedad mayormente desconocida por los mismos
miembros? Desde luego, el liderazgo también debe enseñar a sus miembros la
verdad de la universalidad de la Iglesia y la igualdad de todos sus miembros. Sin
embargo, los líderes tienen que reconocer que la gente quiere adorar a Dios,
dentro de su propio ambiente y no obligarles a ser algo que no lo son por
naturaleza. Creo que la historia y la realidad nos enseña la misma cosa. Negarlo
sería arriesgar el crecimiento de su iglesia. Cada iglesia debe analizar el grupo de
gente predominante (en cuanto a clase económica, social, demográfica, etc.). A
base de este estudio, el liderazgo debe programar sus metodologías, estrategias,
programas, etc., para alcanzar aún mejor a su grupo de personas (o grupo
homogéneo) utilizando las metodologías pre-evangelísticas y evangelísticas más
adecuadas para tal grupo de gente.
Por ejemplo, en el Perú (y hemos visto lo mismo en Ecuador, México,
Colombia, Bolivia, Brasil, Venezuela, la República Dominicana, Surinam,
Guatemala, Guyana Francesa, Costa Rica, Costa de Marfil y los Estados Unidos)
cuando un campesino cristiano llega a la ciudad, casi sin excepción, busca una
iglesia compuesta mayormente de personas de su provincia natal. Los quechuas
de Ecuador, Perú y Bolivia, se sienten mucho más cómodos adorando a Dios en
una iglesia con personas parecidas a ellos.
En los Estados Unidos hay un sinnúmero de iglesias que prestan sus edificios
para el uso de los diferentes grupos étnicos, que viven alrededor de la iglesia. Tal
vez, en cada caso, hacen el esfuerzo por tener cultos unidos de vez en cuando,
pero mayormente los diferentes grupos no se mezclan. ¿Por qué? Porque no se
sienten cómodos adorando al lado de personas de otras costumbres y niveles.
Es reconocido que el estado ideal del cuerpo de Cristo aquí en la tierra es estar
unidos. Pero al mismo tiempo reconociendo las realidades antropológicas y
sociológicas, por las cuales la gente de este mundo pecador no se mezcla tan
fácilmente, va a ayudarnos en comprender el porque los grupos de gente no se
mezclan fácilmente.
Tener iglesias entre cada grupo homogéneo no es algo prohibido en la Biblia.
Es cierto que Pablo llama a la iglesia a una unidad, la misma unidad que se
enseña en 1 Corintios 12. Allí se presenta el cuerpo como algo que tiene
diferentes partes. El oído no es la nariz, ni la mano el pie. No es ajeno a la esfera
de la realidad concebir que pueda haber veinte iglesias en una sola comunidad y
cada una de ellas distinta de las otras. Una puede ser “la mano” y otra “el pie”,
etc.
Hay líderes evangélicos que no están de acuerdo con la postura de acentuar las
diferencias entre las personas, diciendo que todos los hijos de Dios son una sola
familia. De acuerdo, somos una sola familia pero no todos somos “manos” ni
“pies”. Aun dentro de la familia de Dios hay diferencias. El líder que no
reconozca esto va a tener problemas muy similares a los de Hechos 6.1. El hecho
que los Apóstoles pudieron resolver el problema fue debido al reconocimiento
de las necesidades de los diferentes grupos dentro de la congregación. Éstas,
tenían que ser resueltas de manera inmediata y teniendo en cuenta el trasfondo
cultural .
Es curioso que aun los críticos de este principio de “grupo de gente” les
gustan adorar a Dios entre personas similares a ellos. Si habla español y están
visitando en un país que habla otro idioma, ellos buscan primero la iglesia que
habla español para adorar a Dios. Y si hay más que una iglesia que habla
español, buscan la iglesia que tiene la liturgia que prefieran, o tal vez la que tiene
más personas de su país natal. Por tal motivo, sus acciones y declaraciones en
contra de este principio, se ponen en tela de juicio.
Es verdad que en su totalidad, la Iglesia Universal de Jesucristo ES una sola
unidad. Pero no es imprescindible que cada iglesia local esté compuesta por
representantes de todos los “grupos homogéneos” que hay en la zona.
La ceguera social no se convierte en enfermedad cuando la iglesia dirige sus
esfuerzos a un solo grupo de personas, sino cuando piensa que es la única que
tiene valor y desprecia las metodologías que usan otras iglesias. De todas
maneras, cada iglesia debe hacer sentir “en casa” a cualquiera que les visite. Si
estos no quieren seguir asistiendo a la iglesia debe ser una decisión propia de
ellos y no de una iglesia que les haya hecho sentir aislados y no queridos.
Cuando salgan, no debemos juzgarlos como cristianos inferiores. Tal vez quieran
adorar a Dios con un estilo diferente al nuestro, lo que no quiere decir que no
sean más nuestros hermanos en la fe.

Koinonitis
La segunda enfermedad eclesiástica en esta división es la koinonitis.
“Koinonia” es una palabra griega que habla de la hermandad y compañerismo
que hay entre un grupo. La koinonitis aparece cuando la iglesia local no quiere
que otros, aunque sean de su propio grupo homogéneo, traten de entrar en su
círculo de compañerismo. La iglesia se concentra mayormente en sus miembros
de siempre y en su propio desarrollo espiritual y no se preocupa por la gente de
su comunidad. Su lema es: “Buscamos alcanzar la calidad y no la cantidad”. No
se dan cuenta que la verdadera calidad produce cantidad. También, se manifiesta
la actitud de que “somos mejores que los demás”.
A veces esa enfermedad es confundida con la ceguera social. La diferencia es
que la koinonitis cierra las puertas de la iglesia a cualquiera (aun a los de su
propio grupo de gente), mientras la ceguera social permite la entrada de los de su
propio grupo homogéneo, pero no de otros. Es decir, una iglesia que sufre de
ceguera social no quiere que otras personas de diferente clase social, por
ejemplo, ingresen a su grupo.
Muchas veces la iglesia no está consciente de lo que está haciendo. Piensa que
está abierta a todos, y efectivamente permite que los visitantes se sientan
“bienvenidos”. Pero aunque asistan regularmente, nunca se llegan a sentir
incluidos en “el círculo íntimo” de los miembros antiguos. Todo el mundo es
muy cortés frente a ellos, pero los nuevos sienten que no son “aceptados” por los
demás. No se les incluye en el proceso de hacer decisiones, ni en los programas
de la iglesia, y mucho menos, en los secretos de la iglesia. Si los nuevos logran
ser “aceptados” es solamente después de un largo tiempo de “prueba”.
Lamentablemente, la mayoría de ellos salen de la iglesia antes de terminar este
tiempo.
Durante los primeros ocho años de mi vida viví en la montaña del estado de
Kentucky. No me daba cuenta en aquel tiempo pero era una sociedad muy
cerrada. Eso me fue revelado cuando volví de visita después de haber estado
ausente por más de treinta años. Mi esposa, yo y nuestra anfitriona, una persona
que me conocía desde mis primeros días de vida y que había vivido en la zona
toda su vida, nos llevó hacia adentro. Asistimos a una reunión y nadie se nos
acercó, hasta que nuestra anfitriona me presentó a una señora. Ella le preguntó,
“¿Reconocess a este joven?” La señora me miró desde arriba hacia abajo y
respondió, “No. Pero a mí me parece que es uno de los jóvenes Smith que
siempre me molestaba el día domingo en los cultos.”
Aunque asistí a la reunión con una de las personas más reconocidas en esta
comunidad, nadie se me había acercado hasta este momento. Después, me
recibieron como si yo fuera uno de ellos. Pero, ¡mi esposa seguía siendo
excluida! Ella era una “extrajera” sin ninguna enlace con la comunidad, a pesar
de ser mi esposa. La koinonitis la había excluido del grupo.
Para sanar esta enfermedad la iglesia tiene en primer lugar que reconocer que
la tiene. La koinonitis es como un cáncer: muchas veces uno no sabe que lo tiene
hasta que es necesaria una operación riesgosa para sacarlo y sin seguridad de
poder salvar la vida. Desde el principio, los líderes tienen que enseñar la
universalidad de la iglesia a los miembros nuevos y que cualquiera que Dios
mande a sus puertas debe ser recibido con gozo y alegría. Santiago 2.1-7, debe
ser un pasaje bien entendido por todos (el cual también es apropiado para la
enfermedad de la ceguera social).
Una buena manera de evitar esta enfermedad maligna es formando “comités
de bienvenida”. Creando grupos que sean “animadores” y colocarlos por todo el
templo. Hasta pueden tener miembros ubicados en el lugar de estacionamiento
de autos, para recibir a las personas en el momento en que se bajan de su coche.
También, se puede poner un comité de bienvenida en cada sitio donde se paran
los ómnibus cerca del templo. Así pueden dar la bienvenida a los miembros y
sus amigos cuando se bajen y, a la vez, invitar a los demás para que asistan a la
iglesia. Otros miembros pueden estar ubicados a las puertas de entrada del
templo. Si uno entra siendo nuevo, un miembro de la iglesia previamente
asignado, se sienta a su lado y le da conversación, la persona jamás olvidará tal
experiencia.
Otra forma de superar la enfermedad de la koinonitis es cuando se “mira más
allá de su grupo” o sea, cuando se tiene una visión de la gente perdida en su
comunidad y se busca la mejor metodología para alcanzarla con el evangelio
(revise el remedio para la enfermedad de la ceguera social).

Etniquitis
Una enfermedad similar a la koinonitis es la etniquitis. Esta se adquiere
cuando la iglesia se encuentra en una comunidad que está sufriendo un cambio
sociológico, y ésta no cambia, ni se adapta a esa transformación. Por ejemplo, es
muy común en Latinoamérica que los barrios mejoren (al contrario en las
culturas Norteamericanos donde normalmente los barrios se deterioran). Lo
lamentable es que las iglesias evangélicas no mejoren ni en su apariencia ni en
su metodología de ganar a los perdidos.
Mientras que las casas y tiendas en la comunidad mejoran de adobe a material
noble, las iglesias siguen con adobe. Mientras que las casa y negocios consigan
agua y luz, las iglesias, no. Mientras que en las casas y otros edificios se colocan
vidrio, las iglesias se quedan con cortinas (normalmente rotas por el viento y
años de uso) o nada. Mientras que la juventud crece con una mentalidad
diferente de sus padres, la iglesia se queda con la mentalidad del pasado y es el
guardaespalda del estatus quo. Quedándose así, las iglesias que no mejoran con
su comunidad pronto van a tener que cerrar sus puertas o quedarse marginada de
la vida comunal. Y por ende, no van a impactar su comunidad con el evangelio.
Una buena ilustración de esa realidad se presenta en la forma de la
computadora y el Internet. Las iglesias que no se adapten al uso de ellas van a
retroceder más y más hasta llegar a no ser pertinentes para la sociedad del futuro.
El mundo está cambiando con más rapidez que nunca y las iglesias tienen que
estar alerta a esos cambios o pronto quedaran ajenas a la sociedad en que viven.
Cuánto más pronto la iglesia advierta tal realidad, será mejor. Greg Grafft, un
pastor de una iglesia que se transformó de una de raza blanca a una de raza
negra, dice que normalmente una iglesia va a necesitar de cinco años para
41
cambiar y adaptarse a la nueva realidad de su comunidad.
Y la “nueva realidad” puede ser que su comunidad está cambiando para lo
bueno o lo malo. Si es para lo malo y la iglesia decide mudarse, para acomodarse
en un nuevo barrio también igual va a costarle tiempo y miembros. Porque salir
de un lugar donde ha estado por mucho tiempo significará necesariamente dejar
algunos atrás. Los ancianos que no se pueden mudar y los que no quieren salir
del lugar de “toda su vida”.
La composición de gente de cualquier barrio siempre cambia. A veces mejora
y en otras empeora. En ocasiones los cambios son muy notables y en otras
ocurren sin que nadie se percate. Raymond Bakke llama a las iglesias que no
cambian junto con su comunidad, “iglesias culturalmente distantes”. Quiere
decir que los de la comunidad no quieren entrar porque se sienten marginadas
por las costumbres tradicionalistas, el lenguaje místico y la forma de adoración
42
diferente a la conocida por la comunidad. Eso es un buen ejemplo del valor del
uso de la escala de ADC que estudiamos anteriormente (en la página 24).
Antes de seguir hagamos una aclaración, en cuanto a la diferencia entre las
tres primeras enfermedades antropológicas. La ceguera social es una
enfermedad que cierra las puertas de la iglesia a cualquier otro grupo de
personas, sea quienes sean.<<<<EXPLICAR MEJOR La koinonitis es la que
pone el énfasis en todo lo que se hace adentro olvidando que hay un mundo
perdido que necesita a Cristo. Es una enfermedad a veces muy secreta y nadie se
da cuenta de lo que está sucediendo. Y la etniquitis es cuando una iglesia no
quiere abrirse a un grupo de personas que se está concentrando en la vecindad en
donde se encuentra la iglesia. La etniquitis es una enfermedad clasicista y muy
visible; los culpables saben lo que están haciendo. Es una enfermedad
premeditada e intencional, no aceptan una clase social diferente dentro de su
iglesia. Como cristianos debemos repudiar este tipo de trato. Es un pecado que
tiene que ser eliminado de la Iglesia de Cristo.
Por eso, hay quienes dicen que la etniquitis es una enfermedad mortal. Es
cierto que la iglesia original desaparecerá, pero puede cobrar nueva vida aunque
sea con remedios drásticos. Una manera será la de salir y formar otra iglesia
adonde se trasladaron los primeros miembros. Si la mayoría de ellos se mudaron
al barrio “X”, allí se puede comenzar a abrir otra iglesia, de manera que se trate
de evangelizar a dicho barrio, entre su propio grupo de personas.
A la vez se deben entregar los edificios de la iglesia original para el uso de un
grupo (como extensión de la iglesia misma o propiamente de la comunidad) que
quiere formar una nueva en el barrio antiguo. Pero deben lograr que “compren”
el edificio, aunque sea a un precio muy cómodo, ya que así se conserva la
dignidad de ambas partes.
Pastoreaba una iglesia en el sur de California que sufría, entre otras
enfermedades, la koinonitis, la etniquitis y la ceguera social. Cuando acepté la
iglesia no supe nada de las enfermedades eclesiásticas que ella padecía y un
profesor mío, Pedro Wagner, me dijo, “Fred, no debes aceptar esta iglesia. ¿No
sabes que es mejor dar a luz que levantar a los muertos?” Quiso decirme que era
más fácil abrir una iglesia nueva que tratar de curar a una de la etniquitis, la
koinonitis y la ceguera social.
Bueno, muy poco después de haber iniciado mi trabajo dentro la iglesia me di
cuenta que, por varios factores (de los cuales uno era la etniquitis), tenía que
vender el edificio y trasladarnos a otro barrio. Lo vendimos a un grupo étnico
(filipinos) de la comunidad y nos fuimos a otro barrio. Allí la iglesia cobró
nueva vida. Después de cuatro años creció de 35 asistentes a más de ciento
veinte.
Si nos hubiéramos quedado en el antiguo barrio, la iglesia se hubiera muerto.
Cambiando de lugar geográfico, cobramos una nueva vida y dimos además, una
oportunidad a otra iglesia para organizarse en el edificio antiguo. Ese grupo llegó
a ser una iglesia grande como resultado de evangelizar la gente que vivía en los
alrededores. Algo que jamás hubiéramos hecho. Y ¿sabe que? ¡La iglesia filipina
sigue existiendo después de treinta años mientras la iglesia “gringa” dejó de
existir dos años después de mi salida!
La iglesia que se encuentra en esta situación debe pensar en aplicar uno o los
dos remedios siguientes: 1) Adaptarse a la nueva realidad sin pensar en irse. 2)
Los que se marchen deben dejar los edificios para los que ahora viven en el
barrio y formar una iglesia nueva en otro sitio.

Ociositis
La próxima enfermedad eclesiástica que analizaremos es la ociositis. Esta es
la enfermedad que sufre una iglesia, donde los miembros no quieren hacer nada
o muy poco. Tienen el concepto de que sólo el pastor, o un pequeño grupo, debe
hacerlo todo. También está presente la actitud por parte de los asistentes del “qué
me importa”. Los miembros son “consumidores” y no “productores”. Consumen
todo lo que la iglesia y el pastor ofrecen, pero sin hacer algo productivo.
Esa enfermedad es universal. Si se reúne con cualquier grupo de pastores, la
gran mayoría va a quejarse de que en su iglesia existe esta enfermedad. Lo triste
es que muchas veces no son los miembros los que tienen la culpa. Son los
mismos pastores, los que no quieren que su gente los ayude. Muy pocos pastores
lo admitirán, pero con un poco de análisis podrán llegar fácilmente a esta
conclusión. Más adelante hablaremos de los temores que los pastores tienen de
compartir sus responsabilidades y autoridad con otros miembros en la iglesia.
Basta por el momento entender que es una de las razones de la ociositis.
La otra razón reside en los miembros. No sólo radica en que no saben qué
hacer ni cómo hacerlo, sino en que no quieren saber cuál es su responsabilidad,
ni aprender cómo cumplirla. En tal caso, les toca a los líderes de la iglesia crear
un programa de adiestramiento, acerca de la necesidad de poner en uso los dones
del Espíritu Santo que cada uno tiene. Muchos miembros ni saben qué dones
tienen y por ende no pueden ponerlo en práctica. (Nos toca investigar este asunto
de los dones más adelante.)
Si su iglesia es una iglesia “normal”, el 20% de su membresía estará
realizando el 80% del trabajo. Ese es el famoso “Principio de Pareto”, nombrado
así por un matemático italiano que vivió en el siglo XIX. Él dijo que el 80% de
43
los resultados viene del 20% de los eventos (personas). Es muy probable que
cada líder de una iglesia pueda identificarse con este principio. Será interesante
44
si analiza a su propia iglesia a la luz de este Principio de Pareto. ¿Quiénes son
los del 20% en su iglesia?
Para sanar la enfermedad los pastores tendrán que aprender a compartir las
responsabilidades que existen en la vida de una iglesia con los demás miembros.
También tienen que aprender a darles la autoridad que siempre acompaña a la
responsabilidad. De igual manera los miembros tienen que descubrir sus dones y
ponerlos en práctica en la iglesia.
En una ocasión tuve el privilegio abrir una iglesia nueva con un grupo de
jóvenes. Iniciamos el trabajo con quince personas. Dividí las responsabilidades
de la iglesia entre los cuatro jóvenes y dos laicos. ¡Solo predique yo una vez al
mes (el culto de la Santa Cena)! Los cuatro jóvenes hicieron la mayor parte del
trabajo utilizando los pocos miembros que había. Dentro de poco la iglesia
empezó a crecer y en un año tenía su propio pastor a tiempo completo y una
membresía de 180.
Uno de los secretos de este crecimiento fue cuando llegó a ser convertido un
nuevo creyente, los jóvenes inmediatamente hicieron todo posible para darle una
responsabilidad. Así cumplieron tres metas importantes:
1. Compartían las responsabilidades de la iglesia entre un mayor número de
personas.
2. Los jóvenes pudieron reducir sus responsabilidades en un área solo para
iniciar un esfuerzo en otra área, para luego entregarlo a otro miembro
nuevo, y así sucesivamente.
3. Los miembros nuevos se sentían “necesarios” para la buena marcha de la
iglesia y prestaron más atención a su asistencia y colaboración dentro y
fuera (en la comunidad y en sus familias) de la iglesia.

¡Así se puede sanar la enfermedad de ociositis!


El Tradicionalismo
La quinta enfermedad, el tradicionalismo, es cuando el pasado interrumpe el
presente impidiendo los cambios necesarios a fin de progresar. En todos los años
de ser pastor y misionero, esta ha sido la enfermedad que más he tenido que
curar. Para empezar quiero que sepa, que no tengo nada en contra de las
tradiciones, siempre y cuando no estorben el crecimiento de una iglesia. Mas
bien, las tradiciones son buenas, hasta que comienzan a estorbar el desarrollo de
la iglesia.
Pero normalmente, las tradiciones impiden el crecimiento de la iglesia.
Después de mucha investigación, Christian Schwarz, un investigador sobre el
crecimiento de la iglesia, dice: “Hay una relación extremadamente negativa entre
45
el tradicionalismo y el crecimiento y la calidad espiritual en una iglesia.”
Lamentablemente, la verdad es que después de un tiempo las tradiciones
llegan a ser “dogmas” en la iglesia local. Recuerdo muy bien mi primer
pastorado. Fue en una ciudad del medio-oeste de los Estados Unidos. En la
iglesia teníamos como treinta miembros, con una asistencia entre 25 y 35
personas. El primer domingo de mi ministerio me horroricé al ver un feo cuadro
de Cristo que estaba detrás del púlpito. Enseguida trasladé el cuadro de su lugar
prominente, a un aula, de la Escuela Dominical. El domingo siguiente, este
pobre recién graduado del instituto bíblico recibió una gran lección sobre el
poder de las tradiciones.
Dicho cuadro había sido pintado y donado a la iglesia por un pariente de uno
de los miembros más influyentes de la iglesia. Que un joven de apenas 22 años
lo trasladara a otro lugar sin previo aviso fue un insulto casi imperdonable. Al
domingo siguiente el cuadro fue reestablecido a su lugar habitual y yo quedé
como un ignorante que debía haberme preparado mejor para el ministerio.
Bueno, aprendí mi lección. Después de un año volví a quitar el cuadro, pero
esa vez con el debido permiso. Sin embargo, a los dos años me fui de esa iglesia
sin cambiar su actitud hacia las tradiciones. Hasta hoy esa iglesia sigue estando
aferrada a sus tradiciones y no ha crecido mucho más que cuando estuve allá.
Un ejemplo del poder de las tradiciones, que tiene aplicación palpable para
Latinoamérica, es la “mampara” o “biombo”. La mampara, es una tradición
heredada de la iglesia católica romana y tiene el mismo resultado tanto para las
iglesias evangélicas como para las católicas: impide la entrada del pueblo a la
iglesia. Cuando uno habla sobre este asunto recibe, casi sin excepción, la
respuesta de que es una tradición de la iglesia y que la junta administrativa no
permitirá que se la quite. Dichas juntas deben aprender otra lección de la iglesia
católica: ¡las iglesias católicas modernas no tienen mamparas! Han aprendido
que estas impiden la entrada de las personas a la iglesia y nosotros debemos
aprender lo mismo.
Gracias a Dios que desde que este libro fue impreso en 1993, estoy viendo la
mampara con menos frecuencia en las iglesias evangélicas. No será malo si ellas
desaparecen de todas las iglesias evangélicas. La Iglesia de Jesucristo está
abierta a todo el pueblo y no debe poner ningún estorbo en dejar que el pueblo
entre a la Casa de Dios.
En el drama, Violinista Sobre el Techo, el actor principal, Treyva, es un judío
que siempre habla de la importancia de las tradiciones tanto en la vida de una
persona como en el ámbito del pueblo. En la primera escena, él dice en un
monólogo: “¿Tu quieres saber como se inició esta tradición? ¡Te voy a decir! .....
[Una pausa larga mientras él está pensando qué decir. Finalmente, dice] ¡No sé!
Pero, ¡es una tradición!”
El drama muestra como las tradiciones están siempre chocando con la realidad
– y que tienen que ser cambiadas. Treyva mismo se dio cuenta de esto cuando
tres de sus cinco hijas se casaron contra las tradiciones. Le costó mucho pero
tenía que rendirse ante la marcha del tiempo y el cambio de la sociedad en la
cuál él se había criado. Y así es en muchas iglesias: hay tradiciones de las cuales
los miembros no puedan dar razón. Y tarde o temprano esas tradiciones tienen
que ceder a la realidad o de otra manera la iglesia morirá.
Una advertencia en cuanto al peligro de esa enfermedad viene de Myron Rush
al decir que la inflexibilidad para cambiar es una razón principal por la que
muchas iglesias no crecen. “Todas las organizaciones humanas a la larga se
extinguen. Su desaparición se debe a su incapacidad para mantenerse con la
suficiente flexibilidad para hacer frente a las necesidades de una sociedad
46
cambiante”. Las iglesias que se aferran a sus tradiciones están en peligro de
agregar su nombre a la larga lista de aquellas que han perdido su vigor y poder,
por quedarse arraigadas al pasado.
Una razón por la cual las iglesias, o cualquier otra organización, no quieren
cambiar sus costumbres es el hecho de que les han servido muy bien en el
pasado y piensan que les seguirán sirviendo. En su tomo sobre la administración,
los autores Koontz y O’Donnell culpan a “la experiencia” por la falta de
flexibilidad. Ellos dicen, “la experiencia...es una muestra peligrosa simplemente
porque lo que sucedió en el pasado es probable que no sea lo adecuado para la
47
situación futura”. Según esta mentalidad, si una cosa nos ha dado buenos
resultados en el pasado bien puede servirnos en el futuro. Koontz, O’Donnell y
la historia nos dicen que lo que nos servió en el pasado no es apto para servirnos
en el futuro. Las tradiciones tienen su etapa y deben desaparecer en la hora
debida: cuando ya no nos sirvan.
La Guerra del Afganistán (2001) es un ejemplo. Los talibanes pensaban que
con la misma estrategia y metodologías con las que habiá vencido a Rusia, ahora
podría derrotar a los ejércitos de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemán
y de otros países. Pero los talibanes fueron derrotados en poco tiempo.
Dependieron de una experiencia pasada (que le había dado éxito) y perdieron
todo dentro de pocos meses.
Igual pasa con la iglesia. Si piensa que las metodologías del siglo pasado, o
aun de la década anterior, sirven para hoy, está bien equivocada. Es notable que
en los últimos años, en el mundo latino, las formas de adorar y evangelizar
hayan experimentado muchos cambios. Y seguirá haciéndolo. La iglesia que se
queda en el pasado será una iglesia que no va a crecer mucho. Por lo tanto, si no
empieza a curarse desde ahora, sólo se agravará el asunto de las tradiciones y la
iglesia sufrirá un decrecimiento.
Aprovecho de este momento para hablar de la diferencia entre “función” y
“forma”. La “función” es lo elemental mientras que la “forma” es como cumple
con lo elemental (la “función”). Por ejemplo, el sentirse con hambre requiere que
se cumpla con una función – el comer. Pero para comer requiere una forma en
que coma. Para la mayoría de nosotros en Latinoamérica comemos con
tenedores o cucharas. Pero, conozco muchos chinos que comen con palitos. La
función (el comer) es lo mismo pero la forma (tenedor o palito) es diferente. Es
lo mismo en la iglesia. La adoración es una función (y es igual para todos), pero,
es la forma de adorar que cambia según la cultura, la generación y los gustos de
los que adoran a Dios. La predicación es una función; como hacerlo es una
forma. La oración es una función, la forma de cómo orar puede cambiar.
Las formas juegan un papel muy importante porque controlan como
cumplimos con las funciones. Desde luego, las formas son muy importantes. Lo
malo es que muchas de nuestras “formas” han llegado a ser algo sagrado y han
tomado el lugar de una “función”. En este caso, muchas veces las formas
impiden que muchos lleguen al reino. En tales casos las formas, que han llegado
a ser funciones, erigen barreras no solamente al crecimiento de la iglesia sino
también a la salvación de almas.
Unos ejemplos de formas que pueden impedir el crecimiento de la iglesia son:
tener los cultos evangelísticos solo el domingo en la mañana– cuando los
inconversos todavía están durmiendo. ¿Por qué no tener un culto evangelístico el
sábado por la noche en vez del domingo por la mañana? La forma de ser
bautizado pueda ser otra forma que no permita a los nuevos expresarse por el
bautismo. Una iglesia dice que es por inmersión, mientras que otra dice que es
por aspersión. Aunque yo practico la inmersión, no creo que un creyente
bautizado por aspersión no pueda entrar al cielo. Un ejemplo bíblico de una
forma llegando a ser una función es el de la serpiente de bronce en Números 21.
Allí sirvió como una forma para cumplir la función de proveer salvación para los
mordidos por las serpientes. Funcionó una sola vez. Luego, en 2 de Reyes 18.4,
vemos que ella ha llegado a ser una función y al fin, un dogma.
Ahora bien, el tratamiento de esta enfermedad del tradicionalismo se
encuentra en varias formas. Desde luego, tiene que cambiar las tradiciones que
impiden el crecimiento. Al pasar los años, he aprendido que hay por lo menos
tres niveles de cambio que pueden ser utilizados para cambiar una institución o
sus tradiciones. Y cada nivel de cambio tiene su función y valor. A veces sería
necesario utilizar los tres niveles para efectuar un cambio positivo dentro de una
organización.
El Nivel Uno será simplemente mejorando lo actual. Quiere decir que los
cambios no serán violentos ni que perturbarán la marcha del programa.
Simplemente uno efectúa cambios no muy drásticos para un mejor manejo de lo
que existe. Un ejemplo de esto puede ser un cambio en el material de enseñanza
en la Escuela Dominical sin cambiar la estructura de ella.
El Segundo Nivel es cuando el cambio programado es realizado en etapas. Así
no serán afectados en manera brusca los miembros de la iglesia, dando la
oportunidad para que se ajusten al cambio en forma paulatina. Viene a mi mente
el dicho que dice que uno puede comerse un elefante, pero poco a poco. Si
exigimos a una persona que se coma un elefante en una sola comida, el resultado
sería la muerte, una rebelión o un fracaso rotundo – que desalentaría, de tal
manera que no volvería a intentarlo de nuevo.
Un ejemplo del segundo nivel puede ser un cambio en el horario del culto
principal, con la idea de poner dos cultos. Digamos que la hora normal es a las
cinco los domingos. Pero se quiere agregar otro culto a las 7 de la noche (para
que no sea muy tarde). El primer paso puede ser que el primer culto empiece a
las 4:30 de la tarde en vez de a las cinco. El fin es acostumbrar a la gente a llegar
un poco antes para dar luego tener el otro culto a las 7 de la noche. Después de
unos seis meses, se inicia el segundo culto.
El Tercer Nivel es un cambio drástico. Hay ocasiones cuando no se puede ir a
paso lento para efectuar los cambios. También, puede ser que una situación
exigía la salida del pastor o de un miembro de la iglesia. Puede ser que el dueño
ha vendido la propiedad que la iglesia está alquilando, por lo que tienen que
mudarse en poco tiempo. En aquellas situaciones, ¡espero que tenga un buen
liderazgo para que no se rompa la iglesia!
Otra pista para la curación de esta enfermedad es marginar a los
“tradicionalistas” del proceso de hacer decisiones en la iglesia. Desde luego, sólo
en el caso que no quieran participar de los cambios necesarios. Jamás será este
un motivo para marginarlos de la hermandad del cuerpo de Cristo.
Aquí entra el conflicto entre los “pioneros” y los “colonos”. Los pioneros son
los que han estado en la iglesia más de diez años y los colonos son los que tienen
menos de cinco años en la iglesia. Entre los seis y diez años son cuando los
colonos poco a poco se van acoplando a las tradiciones ya establecidas o a las
que ellos mismos han iniciado. Por eso, siempre es bueno tener en el liderazgo
de la iglesia algunos miembros que tengan menos de cinco años de membresía.
Así, las antiguas tradiciones no llegarán a ser dogmas. Y además, tendrán ideas
nuevas para que la iglesia se renueve.
Otro factor que debe tomar en cuenta es la necesidad de no solamente
marginar a los tradicionalistas que impiden el crecimiento de la iglesia, sino
también a los pensadores negativos. Lo que dice Rick Warren respecto a esto es
muy pertinente: “…no se puede permitir que los “quejosos” planeen la agenda
de la iglesia. Esto sería abdicar el liderazgo. Lamentablemente, cuanto más
48
pequeña es una iglesia, más influencia tienen los miembros más negativos.” Se
da cuenta cuán fácil era para los diez espías negativos envenenar todo el pueblo
de Dios (Num. 13). Lo mismo sucede tan fácilmente dentro de una iglesia. El
gran error de Moisés fue darles la libertad de hablar delante todo el pueblo y no
solo delante de él. No cometa el mismo error en dejar a los negativos tomar la
palabra en público o podrá correr la misma suerte.
Es necesario aclarar un aspecto en cuanto a las juntas directivas de las iglesias.
Siempre es mejor tener gente abierta a los cambios tanto sociales como
económicos de la sociedad en cual viven. También es saludable tener miembros
que representan todas las edades desde los jóvenes hasta los más ancianos. Por
eso sugiero por lo menos tener un anciano (hablando de edad, no de función) en
la junta (pero no más que dos) para que él o ella sirva como una conexión al
pasado. No creo que una iglesia deba olvidarse de su historia. Solamente debe
deshacerse de las tradiciones que ya no sirvan a la iglesia.
Entonces, para cambiar las tradiciones que impiden el crecimiento deben
tomar los siguientes pasos:

1. Poner unos “colonos” en la directiva de la iglesia.


2. Limitar el tiempo de los miembros en la junta directiva. Después de un
tiempo de baja, puede ser reelegido.
3. Abrirse a los cambios culturales y sociales sin comprometer los principios
bíblicos.
4. Analizar todas las tradiciones para ver cuales de ellas deben ser jubiladas y
hacerlo. Eso va a requerir coraje y honestidad, pero es menester para la
salud de la iglesia. Si no lo hace, la iglesia va a caer víctima a la curva
histórica (ver el gráfico en la próxima página).

La más vieja, cronológicamente, es una iglesia que posiblemente no sobreviva


la “curva histórica” (vea el gráfico en la página siguiente), si no hace cambios en
su forma de ser iglesia. Esa curva histórica simplemente dibuja como una iglesia
nace, crece y muere. Si tiene duda sobre que esta teoría tenga validez, analice su
propia iglesia local, y denominación, a la luz de lo que dice el gráfico.

Podercitis
Una enfermedad que tenga su raíz en las tradiciones es la podericitis. Eso es
cuando un líder, una persona “de influencia” o el pastor mismo no quiere ceder
su autoridad ni compartirlo con otros, que sean laicos o pastores jóvenes. Ellos
no dejan que el crecimiento amenace su poder o influencia. No ceden al pastor,
especialmente a un pastor nuevo, el derecho de dirigir la iglesia.
Entrando a mis dos iglesias (en dos etapas de mi vida) tenía que afrontar los
“jefes” de cada una. En los dos casos me daba cuenta que no iba a poder
ganarlos. Entonces, hice todo posible para hacerlos mis aliados. Y, en los dos
casos, pude hacerlo por medio de la amistad. En el segundo caso le pedí que
viniera todos los martes a media mañana para hablar de los asuntos de la iglesia,
luego orar, y entonces salir para almorzar juntos. ¡Y yo pague! Pero, dentro de
poco él estaba pagando. Una vez ganado su confianza acerca que yo no iba a
desplazarlo como “el jefe de la iglesia”, se puso de mí lado y pude hacer todo lo
que quería – hasta sacar su esposa de la junta directiva (ella era una colona que
impedía varios cambios necesarios para el crecimiento de la iglesia).
49
La curva historica
Uno de los dichos más citados en cuanto al poder tiene mucha razón. “La
tendencia del poder es para corromper, y un poder absoluto corrompe
50
absolutamente.” Edmundo Burke, un inglés, dijo: “Una vez que alguien ha sido
intoxicado con poder y ha recibido reconocimiento por ello, aunque sea por solo
51
un año, jamás lo abandonará voluntariamente.” Lastimosamente, eso
aparentemente se refiere a los pastores y líderes evangélicos igual como a sus
colegas seculares.
Un temor de muchos pastores y líderes eclesiásticos es que los jóvenes lo
reemplazarán como líderes. En esto están en lo cierto al cien por cien. No hay
manera de evitarlo. No pudieron hacerlo aquellos a quienes reemplazaron y
tampoco ellos podrán evitarlo. La edad se encargará de eliminar a cada uno de
nosotros.
Pero no es fácil para los líderes actuales compartir su responsabilidad y
autoridad con las demás. Y esa enfermedad de aferrarse al poder y no dejar a los
pastores jóvenes entrar al ministerio como pastores principales es extensa en
Latinoamérica. Es una tradición de las generaciones anteriores que ha llegado a
ser una norma, y luego un dogma, dentro de las iglesias tradicionales de hoy en
día. Eso ilustra como normas, que sirvieron a una generación, llegan a ser
tradiciones en la siguiente y dogmas en la tercera. Y una vez que llega a ser un
dogma, es muy difícil deshacérse de ella.
Recuerdo cuando estuve colaborando con dos iglesias distintas. Estuve
trabajando con jóvenes y quería verlos entrar al ministerio como pastores. Pero
pudo ser tan pronto. Después de mucho tiempo, ellos llegaron a ser pastores
titulares. Lastimosamente, después de veinte años en sus puestos ellos tampoco
están abriendo puertas a los pastores jóvenes recién egresados del Seminario.
Uno de mis alumnos, ya pastor titular, reveló la mentalidad tradicionalista (y la
enfermedad de podercitis) cuando me dijo: “Don Fred, me siento sólo, no tengo
líderes que me ayuden.” ¡No es verdad! Tienen líderes jóvenes de sobra. Jóvenes
quienes están saliendo del Seminario Bíblico listos para entrar al ministerio. Pero
no están trabajando en las iglesias a su máxima capacidad y son relegados a los
ministerios menores. La razón que me dio ese ex-alumno mío para no dejarlos
entrar al ministerio es casi igual a la que le fue dado en el inicio de su ministerio.
El poder de las tradiciones no se rompe fácilmente justamente porque para
hacerlo en este caso requiere que los líderes ceden un poco de poder.
Otro aspecto del podercitis se ilustra por una sesión en lo cual me encontré
una vez en un país del Cono Sur. Fui invitado, como el Director Regional de la
misión, a asistir a una sesión mixta (entre la iglesia nacional y la misión).
Siempre a mi me gusta asistir a estas sesiones porque normalmente hablamos de
las estrategias necesarias para extender el reino de Dios. Pero esa vez, ¡fui
defraudado!
La junta nacional recién había elegido a sus compañeros y estaba tomando el
timón de la iglesia nacional. En vez de mirar hacia fuera, a los campos blancos y
listos para la siega, miraron hacia adentro. En vez de establecer estrategias
pertinentes para alcanzar gente con el evangelio, se preocuparon por un convenio
que hecho con la misión hace más de cuatro años. Quisieron revisar ese
documento para corregir algunas supuestas fallas. Por casi tres horas los escuché
debatir con los líderes de la misión el sentido de un término, de una frase, de una
puntuación. Después de dos horas pregunté al misionero que estaba a mi lado,
“Pero, ¿ese convenio no caduca en seis meses?” ¡La triste respuesta fue si!
En vez de gastar tres horas respectivamente de casi 12 personas (36 horas en
total) discutiendo los pormenores de un convenio que en seis meses no iba a
tener inherencia, bien pudiéramos estar preocupándonos de cómo íbamos
extender el reino. La razón principal de ese ejercicio fue mostrar a los líderes
anteriores que ya no tenían inherencia en el liderazgo de la iglesia nacional. El
timón ahora estaba en nuevas manos y ellos pretendían cambiar todo que
reflejaba las decisiones de la junta anterior. Cuando el poder estuvo en sus
manos, se encargaron de mandar este mensaje a la misión y a la iglesia.
Pero antes de culpar demasiado a mis compañeros de la iglesia nacional, tuve
que darme cuenta que ellos estaban haciendo sólo lo que les habían enseñados,
tanto los ancianos en la fe como los misioneros, quienes han hecho muchos
convenios con esa iglesia en igual forma.
¿Cómo sanarlo? Desde luego, los líderes tienen que reconocer que cualquier
autoridad (poder) que tengan viene de Dios – no del hombre ni de ellos mismos.
Un camino ideal para resolver esa enfermedad es que los líderes actuales
preparen a los del futuro en vez de aplastarlos o marginarlos. Compartir el poder
y la autoridad es bíblico, sano y produce un buen crecimiento. Tanto Cristo como
Pablo lo hicieron con sus discípulos; debemos hacerlo nosotros. Los hermanos
de la ilustración anterior no han sido preparados para manejar el poder. Lo triste
es que tampoco van a poder preparar a los que les van a seguir.
En mi carrera misionera siempre capacité jóvenes. Mi meta era meterlos en el
ministerio lo más pronto posible. Por lo general, me puse una meta de
entregarles la responsabilidad de la iglesia por completo dentro de un año.
Nunca, pero nunca, fui “pastor” de una iglesia en Latinoamérica por más de seis
meses. Debe ya estar capacitando a quién vaya a reempezarlo.
Capítulo 6

PRINCIPIOS SOCIOLÓGICOS
Y LAS ENFERMEDADES
DE LA IGLESIA

Dejando atrás las enfermedades antropológicas veremos las cuatro


enfermedades que tienen su raíz en factores sociológicos, sobre los cuales a
veces el hombre no tiene control.

Cooperación excesiva
La palabra clave aquí es “excesiva”. Se refiere cuando por entusiasmo, las
iglesias locales unen sus esfuerzos para presentar una campaña evangelística en
su pueblo. Podemos unirnos con otras iglesias para hacer un reclamo a la
comunidad; o resolver un problema de cualquier índole; o para ir al campo
juntos. Pero para ganar almas, la cooperación entre iglesias no sirve demasiado y
llega a ser una enfermedad que no ayuda en el crecimiento de la iglesia local.
Entonces, esa enfermedad se produce cuando la iglesia cree que su falta de
crecimiento o decrecimiento cambiará al organizar, con otras iglesias, una
campaña unida para ganar almas. Los estudios muestran que los resultados de las
campañas unidas no son muy buenos. En realidad, no contribuyen para
52
promover el crecimiento de la iglesia.
Existen los datos que comprueban que las campañas evangelísticas no
producen el mayor crecimiento en una iglesia. En la tabla que aparece a
continuación vemos que el 86% de las personas que llegan a la iglesia son por
medio de un amigo o pariente.

53
Como llegaron nuevas personas a la iglesia

Por alguna forma de publicidad 2%


Por la popularidad del pastor 6%

Por campañas evangelísticas 6%

Por amigos y parientes 86%

Siendo así, la manera más eficaz de crecer numéricamente es cuando los


miembros de nuestras iglesias invitan a sus amigos y parientes inconversos a las
reuniones apropiadas para ellos.
¿Por qué es mejor que la iglesia local desarrolle su propio programa de
evangelización y adiestramiento? Simplemente, porque cada iglesia es diferente
a las demás. Lo que funciona en una iglesia no necesariamente funcionará en
otra. El programa “Lima al encuentro con Dios” es muy diferente al “Plan
Rosario” o al de los grupos hogareños. Todas son buenas metodologías, pero son
muy diferentes y requieren de ciertos factores para funcionar. Estos factores no
siempre están presentes bajo diferentes circunstancias y por cierto no están en las
campañas unidas.
Organizar las campañas evangelísticas en su propia iglesia o al aire libre en su
barrio tiene varias ventajas:

1. Los convertidos vendrán de la comunidad y no del otro lado de la ciudad.


2. Será más fácil saber dónde viven y no tener que buscar a una dirección
desconocida para encontrar gente desconocida. ¡Uno de los problemas más
grandes de tener una campaña unida es que no se puede encontrar a los
nuevos convertidos después de la campaña!
3. Los convertidos se identificarían con la iglesia local como el lugar de la
iglesia y no con un estadio donde se juega fútbol los domingos.
4. Para los miembros es más fácil llevar gente a su propia iglesia que a un
estadio.
5. Y, por encima, todos los recursos que tenga la iglesia para desarrollar una
campaña se gasta dentro de la iglesia misma.

Aun un problema mayor existe en cuanto a las campañas unidas. Por fuerza
mayor son desarrollados en los lugares públicos o en la iglesia con el salón más
amplio. Pero, en tales ambientes los convertidos fácilmente se pierden del reino
de Dios porque no se identifican con una iglesia local. Su identificación es con
un estadio, un teatro, etc., pero no con una iglesia local (o se identifican con la
iglesia donde se desarrolla la campaña). Por encima de todo es notoria la falta de
seguimiento de los convertidos en una campaña de este tipo. El nivel de
conservación de las decisiones para Cristo, en las campañas unidas, varía entre
un dos a tres por ciento.
En cierta ocasión, algunos alumnos del seminario en Guayaquil, Ecuador
hicieron un estudio sobre una campaña unida en que estuvieron involucrados.
Descubrieron que un año después, menos del 3% de los convertidos asistían a
54
una iglesia. Eso puede que suceda también en una iglesia local, pero no ocurrirá
cuando se tenga un buen sistema de seguimiento. De esto hablaremos más
adelante.
Otro factor negativo es que, en la mayoría de los casos, la iglesia local está
cerrada cuando se reúnen en un solo lugar para tener una campaña unida. Lo
peor es que está cerrada justamente cuando debería estar abierta: en las horas de
los cultos. Si no se puede evitar que cooperar con otras iglesias, mantenga por lo
menos la iglesia local abierta durante la campaña unida.
Una aclaración: no estamos diciendo que la iglesia no debe tener contacto
social o cooperar en ciertos aspectos con un grupo de iglesias. O no tener cultos
unidos por motivos especiales. La excesividad ocurre cuando invierte sus pocos
recursos para unirse en una campaña en un lugar grande para ganar almas. Mas
bien, la posición del autor es que entre las iglesias debe haber una cooperación
única en resolver los problemas sociales, la injusticia que existe en la zona, y las
necesidades de los más carenciados. Pero, para el crecimiento dentro de la
iglesia local, eso debe centrarse en la iglesia local.
La forma de sanar la enfermedad de la cooperación excesiva es que la iglesia
local prepare su propio programa usando los principios del crecimiento.

Comesólito
Llamaremos comesólito a la segunda enfermedad sociológica. Es una
enfermedad opuesta a la cooperación excesiva. Es la enfermedad donde la iglesia
se aísla de todas las demás iglesias evangélicas. No quiere tener contacto alguno
con otras iglesias – ya sea de otras denominaciones o de su misma denominación
- por cualquier razón.
Algunas de las razones del aislamiento son:

1. La ignorancia de lo que creen o hacen las otras iglesias. El temor del efecto
que puedan tener sobre ellos.
2. La indiferencia. Como si no existiesen otras iglesias.
3. El orgullo. Piensan que son más “espirituales” que los demás.
4. La historia, por ejemplo que otras iglesias hayan hecho algo “malo” contra
ellos (supuestamente han robado sus miembros por ejemplo).
5. La doctrina. No creen igual que ellos.

Ya sea por las razones anteriores, o por otras no mencionadas aquí, la iglesia
cierra sus puertas ante la posibilidad de cualquier contacto con las demás
iglesias. Ambos extremos, el comesólito y la cooperación excesiva, deben
evitarse.
¿Cómo sana la enfermedad del comesólito? Una forma es que los pastores y
líderes de las iglesias se reúnan para conocerse. Cuando fui pastor, en el sur de
California, empecé a reunirme con los pastores de otras iglesias (había incluso
un líder de una secta entre nosotros). Casi todos eran “liberales”, según la
definición clásica del término. Sin embargo estaban haciendo planes para la
comunidad en nombre de todas las iglesias. Sentía que por lo menos una iglesia
“conservadora” debía tener algo que decir con relación a tales planes. <<<<<<
SE PODRÍA ACLARAR QUE EL ERA CONSERVADOR O QUE SU IGLESIA
ERA LA CONSERVADORA Además, me di cuenta que dichos pastores eran
hombres como yo y que tenían algunas ideas buenas para poner en práctica.
Orábamos juntos y leíamos la Palabra de Dios. De ninguna manera me
cambiaron, y dudo que yo haya cambiado a alguno de ellos, pero pudimos
entendernos mejor en vez de atacarnos los unos a los otros. Esto nos permitió
tener más tiempo para dedicarnos al trabajo de ganar almas para el reino de
Dios.
Otra forma para erradicar la enfermedad puede ser que las iglesias, por lo
menos las de la misma denominación, se reúnan de vez en cuando. O que tengan
algunas actividades juntas.

La vejez
La tercera enfermedad sociológica, la vejez, es la que se relaciona con una
congregación que se encuentra dentro de un pueblo moribundo. Por ello, la
iglesia envejece y muere pues nunca reemplaza, con nuevos miembros, a
aquellos que se han perdido. La vejez no se refiere ni a la edad de la iglesia ni a
la edad de su membresía, sino que se refiere a la edad de la comunidad. Aparece
cuando una comunidad ya está en camino de dejar de existir. Las personas salen
a otros lugares y no llegan nuevas para tomar su lugar. Esta enfermedad no tiene
solución, si el pueblo no empieza a recobrar vida. Es una enfermedad mortal y
no se puede sanar. No podemos culpar ni a la iglesia, ni al pastor, ni a los
miembros. La iglesia muere porque el pueblo muere.
Lo que debe hacer la denominación, en este caso, es mantener la iglesia
abierta hasta que se pueda. Luego deben mandar al pastor adonde se mudaron la
mayoría de los miembros, para que tal vez se inicie una obra nueva allá. Esto
sería lo más conveniente.

Estrangulación social
La estrangulación social surge cuando los edificios de la iglesia, o el lugar del
estacionamiento (en caso de tenerlo), no tienen capacidad para las personas que
recibe. La regla dice que es muy posible que la iglesia esté perdiendo miembros,
55
cuando más del 80% del santuario está lleno. ¿Por qué sucede esto? Porque la
gente asiste a una iglesia llena unas dos o tres veces, pero después no vuelve
porque no hay lugar donde sentarse cómodamente.
A primera vista encontramos aquellos que pueden pensar que esta es una
enfermedad netamente de los países desarrollados, ya que en otros lugares la
gente no se preocupaba por tal cosa. Pero es igual en todo el mundo. Conozco
iglesias en las tres Américas a las que les falta espacio para que entre todos que
quieren. ¡EI problema del espacio es mundial! Y lo malo es que si no se resuelve
el problema habrá gente que no podrá entrar y de repente ni entrarán al reino de
Dios.
Hay varias maneras de solucionar los problemas que acompañan esta
enfermedad. En primera instancia, será necesario construir un templo más
grande. Pero en Latinoamérica, no es tan fácil lograrlo por muchos factores. De
no ser posible, la segunda alternativa puede ser la duplicación de los cultos. En
lugar de tener un solo culto de adoración pueden realizar dos o tres. Hay iglesias
en Latinoamérica que tiene hasta cinco y seis cultos cada domingo.
La tercera y cuarta formas de solucionar este problema es abriendo obras de
extensión o de expansión. La diferencia entre ambas magnitudes se encuentra en
el propósito de cada una. El crecimiento de expansión ocurre cuando los
miembros de la iglesia ganan almas para Cristo y las traen a la iglesia local, es
decir, al lugar donde ellos mismos asisten. Crecimiento de extensión es cuando
56
las personas ganadas para Cristo se unen para iniciar una obra nueva.
Expansión es expandir la capacidad de la iglesia madre mientras la extensión es
extender la iglesia madre fuera de sí misma y abrir una obra nueva.
Terminando este capítulo es menester llamarles la atención a la necesidad
urgente de reconocer y sanar las enfermedades eclesiásticas como el primer paso
al crecimiento integral de su iglesia, o para reestablecer el crecimiento de su
iglesia. Sin sanar esas enfermedades la aplicación de los principios del
crecimiento que ahora investigaremos será inútil, o por lo menos, no tan
productivos.
Está bien saber cuales son las enfermedades que tiene la iglesia, pero tiene que
sanarse de cada una de ellas. En cada enfermedad se habló sobre cómo sanar a la
iglesia de lo que la aqueja. Sin hacer esto, mi estimado lector, no va a haber
mucho crecimiento. Una vez sanada, aplicando los principios de los dos
próximos capítulos, esto contribuirá al crecimiento tanto numérico como
espiritual de su iglesia.
Parte III

PRINCIPIOS DEL CRECIMIENTO


DE LA IGLESIA

Los capítulos anteriores hablaban de las enfermedades, algunas de las cuales


sufrió la iglesia Getsemaní y por eso decreció. Ahora cambiamos nuestro
enfoque a la iglesia El Buen Redentor para ver por qué creció. Esa iglesia
reconoció sus enfermedades y adoptó las medidas pertinentes para curarse de
ellas. Pero, hay algo pendiente, una vez que una iglesia se recupera de una
enfermedad eclesiástica tiene que hacer lo necesario para reiniciar su
crecimiento. No basta con solo sanarse; ahora tiene que poner en práctica los
pasos para crecer. Llamamos a tales pasos “principios del crecimiento”.
57
Una vez alguien dijo que hay 146 principios del crecimiento. Puede ser, pero
58
aquí no pretendemos enumerarlos todos y mucho menos explicarlos.
Simplemente vamos a ver algunos de los más eficaces, y bíblicos, que pueden
ayudar a su iglesia a crecer. Analizaremos brevemente algunos principios que
utilizó la iglesia El Buen Redentor y que explicará su crecimiento de más de
1,500% por década.
Transcurrí muchos años como pastor y misionero para percatarme de que la
mayoría de los principios del crecimiento de la iglesia tienen casi dos mil años
de antigüedad, porque son bíblicos. Siempre han estado en la Biblia (nótese las
citas que acompaña cada principio en este capítulo y lo siguiente). Lo que pasa
es que no los reconocemos como principios de crecimiento que también tienen
valor en la actualidad.
Un principio del crecimiento es una verdad universal que, cuando se entiende
y aplica correctamente, contribuye al crecimiento de la iglesia. Note los términos
“entiende”, “aplica correctamente” y “contribuye”. Enfatizo estos términos,
porque a veces los pastores me han asegurado que a pesar de haber aplicado
algunos principios, no han visto los resultados que se esperaban. Investigando el
asunto más de cerca pronto me di cuenta que, casi sin excepción, no habían
entendido cómo aplicar el principio correctamente.
Otra razón por lo cual de repente no funciona un principio tiene que ver con el
otro término que enfatizo, contribuye. Esto significa que no hay un solo
principio que garantice el crecimiento de su iglesia. Los principios tienen que
usarse en conjunto. Un principio ayuda a otro, dos ayudan a otros tres y así
sucesivamente. Algunas de las quejas de los pastores se debían a que habían
aplicado un principio sin su pareja. Por ejemplo, el principio de “un pastor
comprometido” requiere la compensación del que se refiere a “una iglesia
comprometida”. Otro ejemplo, el principio del factor Espíritu Santo no va rendir
los resultados esperados sin el factor contribuyente del hombre. El uno sin el
otro no dará los resultados esperados.
Desde luego, hay que entender que esos principios no son una vara mágica y
tal vez algunos no vayan a funcionar en su iglesia por varios factores. Esos
factores, entre otros, pueden ser:

Todavía hay una enfermedad eclesiástica presente en su iglesia que no ha


sido sanado.
Un aspecto cultural que no se ha tomado en cuenta.
Al principio le falta su par, como ya hemos ilustrado.
Está enfocándose más en la metodología que en el principio; más sobre la
forma y no la función.

Es necesario percatarse de que un principio es muy diferente a una


metodología. Hay muchos que confunden las dos cosas. Aplican alguna
metodología pensando que va a dar resultados por sí misma. Las metodologías
no producen nada si no se aplican sobre la base de un principio. Los principios
son universales, mientras que las metodologías son formas autóctonas de aplicar
los principios. Hay situaciones donde una metodología no va a funcionar porque
es ajena al contexto y al ambiente. En tales casos debe tener “ojos de
crecimiento” para saber qué metodologías son aplicables. La experiencia ha
confirmado que los principios dan resultados. A veces lo que falla es la
metodología pertinente a la situación y a la cultura local.
Y, ¿qué quiere decir tener “ojos de crecimiento”? Es la característica de quien
puede ver las posibilidades de crecimiento de la iglesia, y que sabe cual de los
principios es necesario aplicar para lograrlo. Tales ojos de crecimiento ayudan a
percibir las oportunidades para crecer, sabiendo cómo responder a ellas. George
Barna, un estadista evangélico, dice que, “el crecimiento de la iglesia no es tanto
un fórmula sino una serie de ajustes creativos y sensitivos a un ambiente
59
cambiante.”
De la misma forma que hicimos anteriormente, respecto a las enfermedades,
dividiremos los principios del crecimiento en tres clases: Los principios bíblicos,
los antropológicos y los sociológicos. Cada principio estará acompañado de sus
citas bíblicas, mayormente de Hechos.
Capítulo 7

LA BIBLIA Y EL CRECIMIENTO
DE LA IGLESIA

El gran pastor ingles, Martyn Lloyd-Jones, dijo que, “Una iglesia muerta es una
60
contradicción de términos.” Él tenía mucha razón en decirlo porque la iglesia
es un organismo que tiene la característica innata de crecer. Si no crezca, es un
buen candidato para dejar de existir como iglesia local y como parte de la
Iglesia de Jesucristo. Todo el enfoque de este libro es para evitar tal muerte.
Porque si muera una iglesia local afecta toda la Iglesia Universal (1 Cor.
12.26). Justamente para evitar tal suerte hemos investigado varias de las
enfermedades eclesiásticas para que se dé cuenta de la posible presencia de
esas y curarlas lo más pronto posible para evitar un decrecimiento tanto
numérico como espiritual.
La mejor seña que una iglesia se goce de salud es en el crecimiento
espiritual y numérico. Los siguientes diez principios de crecimiento provienen de
la Biblia y dan resultados si se aplican correctamente con una metodología
apropiada. Y, el crecimiento que resultara, evitará la posibilidad que su iglesia
llega a ser reconocida como “una iglesia muerta”.
Dios quiere el crecimiento
Hch. 1.8; 16.14; Mt. 16.18; 28.18-20; Mc. 16.15.,16; Lc. 24.46-49; Jn. 20.21-
23; Rom. 10.14; 15.18-21
Desde el principio tenemos que reconocer que Dios quiere que Su iglesia
crezca. Él quiere que las ovejas perdidas se busquen y se lleven al redil (Su
reino). Ya hemos hablado de este principio cuando hablamos acerca de la base
bíblica del crecimiento. Aquí sólo vamos a hacer una referencia a la Gran
Comisión.
En Mateo 28.19 encontramos la frase panta ta ethne, que literalmente
traducida significa: todas las naciones. El término no está hablando de naciones
geográficas como las conocemos hoy en día, sino de “grupos de personas”.
Muchos estudiosos de la Biblia dicen que esta frase se refiere solo a los gentiles;
que en sí es lo correcto porque este término incluye a todos los que no son
judíos. Pero en Marcos 16.15 aparece la frase te ktisei que significa, “a toda la
creación” - incluyendo a los judíos en la Gran Comisión. Luego, en Hechos 1.8,
aparece la frase es hatou tes ges: “hasta lo último de la tierra”. Estas frases nos
aclaran que la obra de la Iglesia es proclamar el evangelio a todos los seres
humanos en todas partes del mundo.
Aparentemente, Jesús había limitado su ministerio y el de sus discípulos
(Mateo 15.24; 10.5ss); pero desde su resurrección quitó todas las limitaciones.
Al principio, los apóstoles no tenían una visión que se extendiera más allá de
Jerusalén pero en Hechos 8.1-4, Dios mandó a la Iglesia al mundo. Más tarde
escogió a Pablo para que fuera su primer “misionero” M2 y M3 y le dio una
visión mundial de la obra del Señor (Rom. 1.5; 15.17-29).
La iglesia solamente crece cuando recibe miembros nuevos que vinieron del
reino de Satanás y no del redil de otra iglesia de Jesucristo. Lo triste es que
muchas iglesias piensan que están creciendo porque reciben miembros de otras
iglesias. Hay que darse cuenta que la transferencia de miembros de una iglesia a
otra no es el crecimiento que Dios espera de Su Iglesia. El crecimiento verdadero
viene cuando almas se entreguen al Señor y son rescatados del reino de Satanás.
Es cierto que de vez en cuando un miembro tiene que trasladarse de una iglesia a
otra por motivo de fuerza mayor. Pero eso es meramente un reajuste en la
membresía de ambas iglesia y no un avance verdadero en la extensión del reino
de Dios.

Una Iglesia Cristocéntrica


Hechos 2.11-26; 3.6; 4.12; Efe 1.22, 23; Col.1.18
En segundo lugar, la iglesia tiene que ser Cristocéntrica. Aunque el Espíritu
Santo es parte de la Trinidad, trabaja en el ámbito de este mundo sólo para traer
la honra y la gloria a Jesús y no para sí mismo (Jn. 16.14). En el libro de Los
Hechos esto se ve claramente cuando aparece trabajando para hacer crecer la
iglesia. Aunque el hombre es necesario para este crecimiento todo lo que hace
tiene que ser Cristocéntrico y no para él mismo (Col. 2.19; 3.23; 1 Cor. 15.58).
Cristo tiene que ser el centro de nuestro mensaje, nuestra enseñanza, nuestras
vidas.
Aunque en Los Hechos vemos el rol del hombre en la formación y expansión
de la Iglesia, siempre sigue siendo la Iglesia de Jesucristo. ¡Es su cuerpo! No
nuestro. El momento en que sacamos nuestros ojos del Señor y las enseñanzas de
su palabra, dejamos de ser una iglesia y llegamos a ser un club. O, peor, una
secta. Cristo y sus enseñanzas tienen que ser el centro o esa congregación no
será parte de la Iglesia universal de Cristo.
Si está predicando algo que no sea de la palabra de Dios en su iglesia, debe
reconsiderar y volver a la predicación de la palabra de Dios. Si esta enfocándose
sobre la ayuda social y las injusticias que se rigen en su ciudad y país mientras
que no presta atención a las necesidades espirituales de su grey, ha perdido de
vista a Cristo como el centro de la iglesia. Volveremos a hablar más
detalladamente de este asunto cuando hablemos del principio del servicio social.

Ministrar en el Espíritu Santo


Hch. 1.2 (4.8), 4-5, 8, 23; 2.47; 4.31; 5.20, 29; 7.10; 8.26, 39; 9.10-15; 10.9-
19, 14-23; 13.2, 4; 16.6-10, 14; 18.9; 20.22, 23; 21.19; 22.18-21; 23.11; 26.19;
27.23
El tercer principio bíblico es que el Espíritu Santo es imprescindible. Aunque
citamos algunos textos de Hechos para corroborar este principio, en realidad
podríamos citar todo el libro como prueba, ya que el mismo es precisamente la
historia de como el Espíritu Santo vino y estableció la Iglesia de Jesucristo por
medio del hombre. Sin Él no podemos hacer mucho y por eso tenemos que
esperar Su presencia entre nosotros y seguir Su dirección antes de continuar en
Su obra (Hch. 1.4, 23; 4.31; 8.26, 39; 10.9-19).
Una congregación receptiva a la voz del Espíritu Santo tendrá una gran
cantidad de trabajo por hacer. También tendrá todo el poder para hacerlo.
Ninguna iglesia debe hacer algo, sin antes tener la dirección del Espíritu Santo.
No sólo debemos esperar Su dirección, sino también poseer Su poder (Hch. 1.8;
2.4, 43; 3.7; 4.7, 30, 31; 8.17; 9.17; 13.4, 52; 19.6; 20.22) antes de iniciar
cualquier trabajo. Sin tal poder, el enemigo Satanás, fácilmente frustrará nuestros
esfuerzos y todo será inútil.
Desde luego tenemos que depender del poder del Espíritu Santo en nuestras
vidas y ministerio. Las razones son múltiples, por ejemplo para:
1. Predicar y ser embajadores – (2 Cor 5.11-20).
2. Hacer maravillas y señales – Hch. 2.43; 3.7 con 12, 16; 3.6; 4.31; 5.12; 6.8;
9.34.
3. Ser ayudado en los “encuentros de poder” – Hch. 3.7; 5.1-10; 8.9-24; 13.6-
12. Si Pablo hubiera perdido el encuentro de poder en el palacio de Sergio
Paulo, la historia de la Iglesia bien podría haber terminado allí. Estamos en
una batalla espiritual (Ef. 6.12) y solo podemos sobrevivir con la ayuda del
Espíritu Santo.
4. Hablar con todo denuedo – Hch. 4.7, 30,33; 7.
5. Tomar decisiones – Hch. 6.5; 13.3.
6. Dar respuestas en los momentos críticos – Hch. 6.10.
7. Morir tranquilamente – Hch. 7.55.
8. Ser guiados por El mismo– Hch. 8.29, 30; 16.6-10.

Tener y actuar en el poder del Espíritu Santo es un principio sin el cual el


hombre no podrá lograr el verdadero crecimiento de una iglesia, aunque ponga
en práctica los demás principios. Sin Él, somos autos sin motores, pozos sin
agua, iglesias sin poder.
El factor hombres
Hch.1.2, 5, 8; 2.4; 6.10; 14.27; 16.7-10; 21.19; 26.17-18; Rom.10.14
Paralelo al tercer principio encontramos al cuarto. Estos dos principios
componen una unidad y si falta alguno, el otro no dará muchos resultados. En
Hechos, el enfoque de la Biblia cambia: de centrarse en Jesús a centrarse en el
Espíritu Santo y el rol que el hombre tiene en la expansión del reino de Dios. El
cuarto principio bíblico dice: El hombre es necesario para que haya crecimiento
de la Iglesia de Jesucristo. Por dos razones decimos esto: 1) sin hombres y
mujeres no habrá una iglesia; y 2) sin hombres y mujeres no habrá mensajeros de
las Buenas Nuevas.
El principio del factor hombre es realmente fundado en Génesis 1.26-28. Dios
creó al hombre para varias razones, una de las cuales es el de la mayordomía
tanto de la tierra (Gén 1.28) como de la evangelización del mundo (2 Cor. 5.11-
20). Desde luego reconocemos que todo lo que sucede para el bien del reino de
Dios viene de Él mismo (1 Cor. 3.6-7). Sin embargo, el hombre, como elemento,
es necesario si el reino de Dios ha de extenderse en este mundo (Rom. 10.14 -
15). Es cierto que somos meramente canales por los cuales trabaja el Espíritu
Santo, pero sin estos canales, ¿cómo crecería el reino de Dios?
Hablando de canales, el mundo es como el desierto que tiene toda la costa del
Pacífico desde el norte del Perú hasta el centro de Chile. Desde un extremo al
otro esa zona es un desierto, excepto donde un río baja de la sierra. En esos
lugares la agricultura ha crecido. También, en los pocos casos que cae lluvia,
aparece una alfombra verde de hierba por unos días, y aun vi (en el norte del
Perú) la formación de lagos de unos centímetros de profundidad. Eso quiere
decir que si este desierto se pudiera regar habría grandes posibilidades de
modificar la característica de esa zona. Pero, ¡falta agua! Y si hubiese agua,
necesitaría canales para que ésta llegue a todo el desierto.
¡Igual es el mundo! Es un desierto. Hay agua (el Espíritu Santo), pero faltan
los canales necesarios: los cristianos (Mt. 9.37). A veces hay grandes cantidades
de canales en determinados países, pero lastimosamente están rotos, obstruidos,
llenos de basura o por alguna causa están inservibles. Si en el Ecuador el 6% de
61
la población es cristiana, significaría que hay como 780,000 canales.
¡Imagínese lo que podría hacer el Espíritu Santo en este país si todos los canales
estuvieran en servicio!
Hay muchos que dicen que el hombre no es muy necesario para que la Iglesia
de Cristo crezca. Pero, sin canales humanos, ¿cómo llegará el evangelio al
hombre? La Biblia no nos da otra forma para evangelizar y hacer crecer el reino
de Dios entre los pueblos. Sin los hombres ¿quién sembrará y quién regará (1
Cor. 3.6-9.)? Es cierto que Dios da los resultados, pero sin los sembradores y sin
los que atiendan los cultivos, nunca podrá llegar la hora de la cosecha. Por otro
lado, ¿a quién le fue dada la Gran Comisión? ¡A los hombres! No hay forma de
evitar nuestra responsabilidad de extender el reino de Dios hasta lo último de la
tierra (2 Cor. 5.18-20).
En resumen, sin el testimonio del hombre (Hch. 1.8; 2.32) el mensaje no será
conocido por los demás (Rom. 10.14-15; véase 1 Cor. 3.9 – somos
colaboradores de Dios). Y, sin el Espíritu Santo no habrá convicción del pecado
(Juan 16.8). Entonces, el hombre predica (Hch. 16.14) y el Espíritu Santo “abre
los corazones” (Hch. 16.14). Sin uno u otro no habrá verdadero crecimiento en la
Iglesia.
Si sólo actuara el Espíritu Santo, convenciendo a la gente, pero sin un ser
humano para explicarles (Hch. 8.29 – 35), ¿cómo llegarían los hombres al
conocimiento de Jesús? Por otro lado, si solo funcionan los hombres sin la
convicción del Espíritu Santo, el resultado sería un “club” social y no una parte
del cuerpo vivo de Jesús.
Integridad
Hch. 1.1; Jn 14.10; Prov. 4.23; 10.9; 11.1, 3; 16.11; 17.15; 20.10
A mí me parece que el Espíritu Santo colocó este principio como el primero
en el libro de Hechos. No va a haber crecimiento de ningún tipo si no hay
integridad por parte de los hombres que reclaman que son cristianos y predican
el evangelio. Antes de enseñar, tiene que tener una vida que refleja lo que
enseña. Cristo hizo y luego enseñó. La implicación aquí para cada siervo de Dios
es hacer lo que se dice antes que de enseñarlo.
Pablo pudo decir en 1 de Corintios 11.1, “Sed imitadores de mí, así como yo
de Cristo” por su “proceder en Cristo” reconocido por sus discípulos (1 Cor
4.17). En Hebreos 13.7, hay un mandato del Señor que sus hijos deben imitar la
fe de sus líderes. ¡Eso, realmente, es algo pavoroso para los líderes! Refleja un
poco sobre su fe, ¿es de tal forma que otros puedan imitarla? ¡Debe ser!
¿El estilo de su vida, le da a usted el derecho a predicar y enseñar al pueblo de
Dios? Cuándo se pone de pie delante de la gente de Dios ¿es un pastor verdadero
(Sal. 78.72) o un pastor hipócrita? ¿Tiene integridad en su vida? Imagino que
cada uno de nosotros conoce a un líder en el mundo evangélico quien nos ha
defraudado por su mal testimonio. Justamente, es eso lo que tenemos que evitar
a todo costa, porque no sólo hace quedar mal a quién falló, sino también a la
iglesia, al evangelio, pero además a nuestro Señor. Un bueno libros para leer
sobre la conducta pastoral es por el argentino, Rogelio Nonini, Conducta
Ministerial (Argentina), 1995.

Los dones espirituales


2.22, 24; 3.6-7; 5.12, 15-16; 5.19; 6.8; 8.6, 13; 9.33, 40; 12.6-10; 13.11-12;
14.3, 9-10; 15.12; 16.26; 19.11; 20.10 (las citas donde Dios se manifestó por
medio de milagros [un don], sanidades [otro don] y maravillas); Rom. 12.3-8; 1
Cor. 12.1-11; Efe. 11-16
62
El sexto principio merece todo un libro para explicarse satisfactoriamente.
Aunque el libro de Hechos no habla específicamente en cuanto a los dones, ni
usa el termino “dones” en el libro, sin embargo, vemos por todos lados el uso de
los dones. El primer lugar es en Hechos 2.14, cuando Pedro se puso de pie para
predicar. He aquí un hombre que había tenido pocas característica favorable
mientras había estado con Jesús, poniéndose de pie para ser el representante
principal de reino en sus primeros días. Los recursos de Dios son suficientes,
eficientes y pertinentes para sus hijos hoy en día (Ex 3.14) y Sus dones son una
sola parte de tales recursos.
¿Qué es un don? Es una capacidad que Dios les da a Sus hijos para el
mejoramiento y la expansión de Su Iglesia y de Su reino. Pedro Wagner dice que
es “Un atributo especial que el Espíritu Santo le da a cada miembro del cuerpo
de Cristo, según la gracia de Dios, para usarlo dentro del contexto de su
63
cuerpo”. Los dones son para cada miembro del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12.7;
Ef. 4.7) y para el bien de toda la iglesia (1 Cor. 12.7; Ef. 4.12-16). Pedro Wagner
menciona 27 dones a partir de Romanos 12.5-8; 1 de Corintios 12.8-10, 28-30; y
Efesios 4.11. Además están los dones de celibato (1 Cor. 7.7), hospitalidad (1
Ped. 4.9), misionero (Ef. 3.6-9), pobreza voluntaria (1 Cor. 13.3), y de martirio
64
(1 Cor. 13.3).
Están los que creen que el crecimiento de la iglesia es una señal de una iglesia
verdadera y que el uso de los dones es el factor clave para dicho crecimiento. Si
una iglesia es realmente parte del cuerpo universal de Cristo, tiene los dones
necesarios dentro de si mismo para el crecimiento. Si usted quiere ver su iglesia
crecer, descubra cuáles son los dones existentes en la iglesia y póngalos en uso.
Es cierto lo que dice Christian Schwarz cuando dijo, “…no hay un factor más
influyente en cuanto al contentamiento de un cristiano que el de poder usar su
65
don dentro de la iglesia.” Veremos más adelante que un deber principal del
pastor es facilitar el uso de los dones por parte de su membresía.
Les explicaré de antemano algunas cosas que vale la pena mencionar. En
primer lugar los dones no son talentos. Los talentos son habilidades naturales
que se usan sin o con la ayuda del Espíritu Santo para la honra o deshonra de
Cristo. En cambio, el uso de los dones depende del poder del Espíritu Santo
existente dentro de uno. A veces Él toma un aspecto de nuestra personalidad y lo
lleva al nivel de un don (por ejemplo: La ayuda, enseñanza, hospitalidad, etc.).
Segundo, los dones tampoco son el fruto del Espíritu Santo (GaI. 5.22, 23),
que se refieren fundamentalmente al carácter del cristiano. Los dones tienen que
ver con el ministerio del cristiano. Por ejemplo, el amor (1 Cor. 13) no es un don,
sino parte del fruto del Espíritu Santo (GI. 5.22). El amor es una característica,
permanente y consistente, no algo que se utiliza cuando se presenta la
oportunidad.
La tercera cosa, que no es un don, es la función del cristiano. Todo cristiano
tiene el deber de tener fe, de ofrendar, de ayudar, etc. Pero algunos cristianos
también tienen el “don” de ofrendar, de fe, el de ayudar, etc. El hecho de no
tener el don de ayudar no me exime de no extender la mano al necesitado (Lc.
10.30-37; GI. 6.10; 1 Jn. 3.17). Tenemos el deber de ayudar a nuestro prójimo
aunque no tengamos el don para hacerlo.
Una pregunta que casi todo cristiano tiene cuando escucha hablar acerca de
los dones es ¿cómo puedo descubrir mi don? Pedro Wagner, en el Capítulo 4 de
su libro, Sus dones espirituales pueden ayudar a crecer su iglesia, nos lo
explica. En síntesis es así:

1. Tiene que ser un cristiano;


2. Creer en los dones;
3. Estar dispuesto a trabajar en la iglesia;
4. Orar;
5. Explorar las posibilidades sobre cuáles son los dones que puede tener.
6. Experimente con tantos dones como sea posible.
7. Examine sus sentimientos para ver sí está o no cómodo, con tal don.
8. Evalúe su eficiencia con el uso del don. ¿Dios le está bendiciendo en el uso
del mismo? Sí enseña, ¿Aprenden? Sí ora por la sanidad, ¿se sanan?
9. La iglesia tiene que confirmar el don que usted tiene.

Los resultados de descubrir, desarrollar y usar, los dones de su iglesia son


múltiples. He aquí cuatro:

1. Todos los miembros sabrán qué dones tienen;


2. La actitud de la iglesia cambiará en cuanto al evangelismo y al crecimiento;
3. La iglesia empezará a crecer (cantidad) (Ef. 4.16) y será una iglesia madura
(calidad) (Ef. 4.12-16); y,
4. Dios será glorificado (1 Ped. 4.10-11).

Cuando una iglesia pone en práctica los dones que tiene, es más fácil volver a
ser saludable y creciente. Por eso creo que la mejor y más eficaz forma para
curar las enfermedades eclesiásticas es descubrir los dones de los miembros de la
iglesia y ponerlos en práctica. Los dones se han dado para que la iglesia crezca
en una forma sana (Ef. 4.12-16).
En vista a que el Espíritu Santo da los dones para el crecimiento de la iglesia
(Ef. 4.12-16), los líderes de la iglesia local deben tomarlos en serio. Es
responsabilidad del pastor, o de los encargados, saber cuáles son los dones de los
miembros de su iglesia, para luego administrarlos para el bien tanto de la iglesia
como del reino de Dios.
Lejos de administrar los dones de sus miembros, muy pocos pastores saben
cuáles son. Y generalmente, no piensan en los dones cuando buscan a un
miembro para ocuparse de un ministerio en la iglesia. Hoy en día, cuando un
pastor quiere que un miembro enseñe una clase en la Escuela Dominical, busca a
uno de sus miembros más dispuestos a ayudar y, ¡ya tiene su maestro! No
importa si la persona no sabe enseñar. No importa si no encaja con los alumnos.
No importa si la clase empieza a decrecer. Después de haber tenido que cerrar la
clase todos se “rascan la cabeza” tratando de adivinar el porqué del fracaso. La
respuesta, esencialmente, puede ser que el pastor o el superintendente de la
“academia bíblica” (un nombre nuevo que posiblemente se le dará a la Escuela
Dominical) no administró bien el don de ese “profesor”. Sencillamente, esa
persona no tenía el don de enseñar. A lo mejor tenía el don de ayudar pero no el
de enseñar. Desde luego, el pastor debe usar a dicho hermano en el ministerio de
la iglesia, pero no dentro de una clase del “Centro de crecimiento cristiano” (otro
66
posible nombre para la Escuela Dominical).
Antes de pasar al siguiente principio bíblico de crecimiento, hay un aspecto
más para pensar en cuanto a los dones. Es el problema del 9.5%. Por lo general,
en cualquier iglesia, un 10% de los miembros tienen el don del evangelismo. Lo
malo es que muy pocos lo reconocen. Pedro Wagner opina que de ese 10%, el
67
9.5% no están practicando su don de evangelismo. La razón puede ser que
ignoren que sea “un don” o que lo tengan.
Supongamos que una iglesia tiene 200 miembros. Si el 10% de ellos tienen el
don de evangelizar quiere decir que 20 de ellos deben estar usando su don de
evangelismo. Pero, si el 95% (de estos 20 miembros) no están utilizando su don,
quiere decir que sólo el 5% - una sola persona de los veinte - ¡está
evangelizando! A este ritmo las personas de la comunidad jamás serán
evangelizadas. ¿Cómo puede solucionarse este problema? Movilizando al otro
9.5% para que usen su don de evangelizar y que el resto de nosotros pongamos
en marcha nuestro “ministerio” de testificar. Cristo nos dio a todos el ministerio
de ser testigos (Hch. 1.8 y 2 Cor. 5.19, 20). Tenemos que testificar.
Es cierto que decirlo es más fácil que hacerlo. Existe un problema en la Iglesia
de Cristo. Está comprobado que cuanto más tiempo lleva una persona como
cristiano, menos son las posibilidades que tiene de ganar almas. ¿Por qué?
Porque a mayor tiempo de ser cristiano, menos contacto tiene con el mundo.

En este gráfico, ¿por qué disminuye el grupo de amigos del mundo?


Sencillamente porque el cristiano empieza una nueva vida (2 Cor. 5.17; Rom.
12.1, 2) y por lo tanto invierte más tiempo en la iglesia y las cosas del Señor. De
hecho quiere menos contacto con el mundo y la forma antigua de vida. No
quiere continuar con la vieja vida, con los viejos amigos que pueden hacerlo salir
del camino del Señor. En su nueva condición obtiene amigos de la iglesia.
A veces sus antiguos amigos se convierten en cristianos, o en otros casos los
deja para no compartir los mismos intereses que anteriormente tenía. Así es
como, poco a poco, el cristiano va perdiendo contacto con el mundo. Entonces,
cuando viene una campaña evangelística y pedimos a los miembros que inviten y
traigan a sus amigos del mundo hay pocos que traer, si el miembro tiene mucho
tiempo de ser creyente. Los nuevos cristianos en la iglesia son las mejores
fuentes capaces de conseguir invitados.
68
No obstante, cada miembro tiene un potencial evangelístico (PE). He
cambiado el concepto original en mis 36 años de observaciones como pastor y
misionero. La idea es que cada uno de nosotros nos desarrollamos como
individuos dentro de varios grupos homogéneos. Como promedio, los grupos son
siete: la propia familia, la del cónyuge, los compañeros de trabajo, los de la
escuela o de la universidad, la iglesia, sus amigos “íntimos” y los vecinos. En
cada grupo hay personas que conocemos como amigos que no son cristianos.
Ellos son nuestro potencial evangelístico. Está calculado que cada miembro de la
iglesia conoce por lo menos a 100 personas, muchos de los cuales se
convirtieron al cristianismo y por ende, no pueden ser considerados como parte
del PE. Por tal motivo, para calcular el PE pensamos en un promedio de cinco
incrédulos entre los 100 amigos.
Si su iglesia tiene 200 miembros, multiplíquelo por cinco para saber cuál es el
PE de su iglesia. En este caso el PE es de 1,000 personas. La próxima vez que
tenga una campaña evangelística enfoque todos sus esfuerzos sobre el PE de la
iglesia. Si su iglesia tiene sólo diez miembros, su PE es de 50, y si de éstos sólo
se convierten cinco, habrá crecido un 50%. Si su iglesia tiene 1,000 miembros,
su PE es de 5,000. Si de ellos se convierten 500, su iglesia habrá crecido en un
50%.
Usando su PE también le va a ahorrar mucho dinero en no tener que hacer
publicidad ni de campañas ni para la iglesia. Y, para mí al menos, el valor más
excitante es que el cristiano más nuevo es el que tiene el PE más grande. Porque
el entusiasmo que un nuevo creyente siente por sus amigos mundanos, puede
producir hermosos resultados para el Señor y Su reino.
Eso sucedió en la ciudad de Durán, Ecuador. Un joven se entregó al Señor
liberándose de una vida de drogas, alcohol y de mujeriego. La noche siguiente
trajo a su esposa a la iglesia y después comenzó atraer a sus amigos. Cada
domingo llegaba a la iglesia con más personas en su camión, que poco a poco se
fueron entregando al Señor. Por medio de su PE se fue ganando gente para el
reino de Dios.

La unidad del cuerpo


Hch. 1.14, 21; 2.1, 42-46; 2.43; 4.31; 6.4-6; 8.15; 9.11, 40; 10.9, 31; 13.1-3;
15.9.
La unidad es el séptimo principio bíblico que promueve el crecimiento de la
iglesia. Es obvio que donde no hay unidad (Amos 3.3) no habrá crecimiento. En
primer lugar tiene que haber unidad entre el pastor y la iglesia. Si el mundo no
ve en nuestras iglesias la unidad, ¿cómo vamos a mostrarles que podamos
solucionar sus problemas si no podemos solucionar los nuestros? Si el mundo ve
que la iglesia no ofrece más unidad de la que uno encuentra en el mundo, ¿para
qué entrar a ella? La gente de hoy necesita ver, en la iglesia de hoy, lo que el
mundo vio en la iglesia primitiva: unidad y amor (Hch. 2.42, 44-47; 4.32-37;
5.12).
En segundo lugar tiene que haber unidad entre los miembros de la iglesia.
Ningún grupo (por ejemplo: Los pioneros, que son los miembros más antiguos)
debe estar en pugna con otro (los colonos, que son los miembros nuevos). Si en
su iglesia hay tal fricción tiene que sanarla antes de pensar en el crecimiento. La
desunión es un cáncer que le quita a la iglesia toda la fuerza requerida para el
crecimiento. Las divisiones dentro de la iglesia tienen que ser resueltas.

La oración de la comunidad
Hch. 1.14; 2.42; 4.31; 6.4; 8.15; 9.11, 40; 10.2, 4, 9, 31; 12.5, 12; 13.3; 14.23;
16.25; 28.8.
En octavo lugar viene una acción que debe surgir de la unidad, la oración. Es
la base de toda decisión y acción. Fue uno de los principios más sobresaliente de
la iglesia primitiva. Lo triste es que sea uno de los principios menos usado hoy
en día.
Otro aspecto muy triste es que muchas veces “oramos por Ismael”. (Gén.
17.18) Eso es cuando oramos por nuestros deseos y planes, tan buenos que sean,
a pesar de lo que indica Dios. Abraham no quiso dejar de lado a Ismael como su
heredero. Y cuando Dios le prometió otro hijo, Abraham pensó que Ismael sería
tal heredero. Eso fue algo lógico (porque Abraham ya estaba viejo y no esperaba
tener otro hijo). Pero Dios tenía otros planes y no aceptó a Ismael.
Balac, un pagano en Números 22-24, también trato de manipular a Dios
(Núm. 24.10) por medio de las oraciones de Balaam. Temo que muchas veces
oramos para que Dios nos bendiga según nuestras expectativas (nuestro
“Ismael”). Tenemos que dejar todo en las manos de Dios y seguir sus directivas a
pesar de los resultados. Abraham se sometió y fue bendecido (aunque tuvo que
despedir a Ismael de su casa y vida – Gén. 21); Balac no se sometió, y al fin fue
muerto (Núm 31).
Los ejemplos del valor de este principio abundan. Empezando con la iglesia
primitiva de Jerusalén (Hch. 1.4; 2.42; 4.31; 6.4, 6). El ejemplo de Corea del Sur
es otro más recién. Se calcula que el 30% de su población y el 50% de sus
69
fuerzas armadas son cristianas. Un coreano, Young Sawa Kim, expone cuatro
razones por las cuales crece la iglesia en su país:
1. Los cristianos son sinceros en su adoración.
2. Los cristianos coreanos oran. Cada iglesia tiene un tiempo de oración todas
las mañanas, tanto como en las noches de los miércoles y los viernes.
Tienen vigilias que duran toda la noche y retiros de oración que funcionan
continuamente.
3. Los cristianos coreanos son muy generosos en sus diezmos.
70
4. La iglesia coreana es dedicada para realizar la obra misionera.
El programa Lima al encuentro con Dios empezó en 1972 con 180 personas.
Desde el principio se estableció el sistema de las células de oración (no más de
cinco personas y no menos de tres, cada una orando por 10 inconversos
diariamente y una vez cada semana corporalmente). Oraron por un año antes de
dar inicio a la primera campaña y más de cien personas se convirtieron en ese
mismo año (sin haber tenido ni una campaña evangelística). Luego, cuando
comenzaron un período de quince meses con campañas quincenales, la iglesia
empezó a crecer a un ritmo aún más acelerado. Ahora, después de 30 años, sigue
creciendo y orando. Empezó con una iglesia en la ciudad de Lima, hoy ya tienen
más de 50. La oración es un factor básico para el crecimiento de la iglesia de
Jesucristo.
Un evangelismo constante
Hch. 3.12; 4.8; 5.12-14; 6.10; 7; 8.4, 5, 26; 9.20-22; 10; 11.19-21; todo el
ministerio de Pedro, Felipe y Pablo; 28.23, 31 - ¡El último versículo del libro
habla de la predicación del evangelio!
El evangelismo no es un aspecto que debemos dar por sentado. Muchas veces
las iglesias se concentran en el desarrollo espiritual de sus miembros sin pensar
en el deber evangelístico hacia al pueblo. Con el tiempo eso producirá un trecho
entre la iglesia y la comunidad, y poco a poco la iglesia perderá su credibilidad y
efectividad hasta el punto de no lograr evangelizar jamás a la comunidad. El
resultado será contraer las enfermedades de la koinonitis y la ceguera social.
¿Por qué sucederá esto? Porque la comunidad se percatará de que la iglesia no
se preocupa por ella, ya que sólo está interesada en sus propios asuntos. La
iglesia, para mantener el contacto con la comunidad, siempre necesitará nuevos
convertidos para traer a otros y esos a su vez traerán otros más y así crecerá la
iglesia dentro de la comunidad. Pero si no se convierte gente nueva, la iglesia
paulatinamente morirá por falta de “sangre nueva”.
Es muy pertinente lo que dice un historiador de la Iglesia, Stephen Neil. “El
propósito central por lo cual la Iglesia ha sido creado es que predica el Evangelio
a toda criatura. Cualquier otra cosa – ministerio, sacramento, doctrina, adoración
71
– es sujeto a eso.” Si la iglesia no tiene como meta la predicación del evangelio,
no debe esperar un crecimiento.
Las tres “P”s
Hechos 2.4, 14ss; 3.12; 4.1,2,8,20,23,31; 5.20-21,42; 7.2ss; 8.4-5,25ss,29-37,
40; 9.20; 10.34,42; 11.19-20; 13.5,16ss; 14.1,3,7,14-17,21,25; 16.25;
17.16,18,20ss;18.5; 22.1ss; 23.1-6; 24.10-21; 26.1ss,20.
Con relación al principio del evangelismo surge el de las Tres “P”s. Son tres
términos que empiezan con la letra P: Presencia, Predicación y Persuasión. Este
principio dice que el siervo de Dios tiene que predicar, tiene que estar presente
en un lugar y tiene que persuadir a los oyentes para que se entreguen a
Jesucristo. El Pacto de Lausana dice: “Nuestra presencia cristiana en el mundo
es indispensable para la evangelización...Pero la evangelización misma es la
proclamación del Cristo histórico y bíblico como Salvador y Señor, con la mira
72
de persuadir a la gente a venir a él personalmente y reconciliarse así con Dios.”
Podemos definir los tres términos en la siguiente manera: el “evangelismo de
presencia” se cumple cuando el mensajero de Dios hace buenas obras o establece
su presencia en un lugar donde no ha llegado el evangelio, sin presentarlo
verbalmente a los oyentes. El mensajero tiene en mente solo servir al pueblo,
normalmente en obras que benefician a ellos. Si alguien le pregunta en cuanto a
su religión o acerca de Dios, solo en aquel momento será presentado el evangelio
en una forma no amenazante. En algunas partes del mundo, no se puede hacer
más que estar presente. Hacer mas será motivo para ser encarcelado o despedido
del país. En Saudia Arabia por ejemplo no es algo raro para los sauditas
cristianos sean ejecutados por su fe. Entre los hindis fanáticos, aun por estar
presente uno corre el riesgo de ser un mártir por la fe (un M4). Pero, en el caso
Latinoamericano, no hay tal peligro. Debemos presentar a nuestra comunidad
mucho más que solamente presencia.
“La proclamación del evangelio” ocurre cuando el mensajero de Dios predica
el evangelio pero no insiste a los oyentes para hacer una decisión de entregarse a
Cristo. Hay situaciones donde eso es todo lo que puede hacer el evangelista, pero
debe ser la excepción y no la regla. Normalmente, si uno puede predicar, puede
persuadir y donde no puede persuadir es muy posible que ni pueda predicar.
Proclamar el evangelio debe ser tranmitir el evangelio simple (Hch. 8.4, 12),
basado en la Palabra de Dios. No de otra fuente; no de una línea política; no de
una filosofía de un mejoramiento personal o como uno puede manipular a Dios
para llegar a ser rico, etc. ¡Predica la salvación! Luego se puede entrar a otros
temas de crecimiento espiritual. Tampoco tienen que ser largas las predicaciones;
es la enseñanza que requiere más exposición (Hch. 8.31). La proclamación es el
evangelio simple y corto.
Por último, el “evangelismo de persuasión” se logra cuando el mensajero de
73
Dios predica con el propósito de que los oyentes se entreguen a Cristo. La
palabra griega en 2 de Corintios 5.11 para “persuadir” es peitho, y quiere decir
“convencer a otro sobre un determinado punto de vista”. Pablo no dejó el
evangelio de Cristo flotando en el aire. Hizo todo lo posible para convencer a los
oyentes de su punto de vista en cuanto a Jesucristo (Hch. 18.4). Tanto para Pablo
como para Cristo, el diálogo tenía un sólo fin: convencer a los oyentes que
Cristo es el único camino al cielo (Hch. 4.12). Hoy en día esta clase de
predicación es posible en dos tercias partes del mundo, incluyendo todo el
mundo que habla español.
Ciertamente hay muchos pastores que creen que lo único que les corresponde
hacer es predicar la Palabra, sin tratar de convencer a los hombres acerca de la
necesidad de entregarse a Dios. En cierto sentido el hombre no salva a nadie.
Pues, es el trabajo del Espíritu Santo (Juan 16.8-11). Sin embargo, corresponde
al predicador hacer todo lo posible para que los hombres reconozcan su estado
de perdición y que se entreguen al Señor. ¡Lo hizo Jesús! Él hizo todo para
persuadir a los oyentes a arrepentirse y nos ha encargado hacer lo mismo (Mt
4.17, 19,22; 19.21; 28.19, 20; Hch. 1.8).
Podemos mencionar aquí el programa Evangelismo Explosivo como una
manera de implementar el programa de evangelismo en la iglesia sin necesidad
de tener muchas campañas evangelísticas. Lo loable del Evangelismo Explosivo
es su buena forma de adiestrar a los miembros de la iglesia a testificar de una
74
manera muy natural.
Si pone en práctica estos diez principios bíblicos que acabamos de presentar,
casi seguro habrá crecimiento. Pero de todos modos tiene que darse cuenta de
que el crecimiento de la iglesia es un proceso, no un evento. Es decir que tiene
que planear el crecimiento y cultivarlo. Muchos pastores han puesto en práctica
los principios esperando que de la noche a la mañana van a ver el crecimiento
deseado, pero no sucede así. Tiene que seguir el proceso que Pablo mencionó en
1 de Corintios 3.6: sembrar y regar. Dos trabajos que, según diría cualquier
agricultor, son difíciles pero necesarios para luego cosechar.
Poner en práctica los principios bíblicos de crecimiento no va a hacer daño a
la iglesia. Pero no ponerlos en práctica, si va a hacer daño, hasta tal punto que la
iglesia deje de crecer y muera.
Capítulo 8

EL SER HUMANO Y EL
CRECIMIENTO DE LA IGLESIA

Muchos de los principios que aparecen en las subdivisiones antropológica y


sociológica son también principios bíblicos y tienen sus raíces en la Palabra de
Dios. Sin embargo, están ubicados en estas dos clasificaciones porque sus
enfoques se relacionan con las consideraciones antropológicas y sociológicas.
Los seis principios que siguen se consideran “principios de crecimiento
antropológicos” porque se tratan mayormente con el pastor y los miembros de
la congregación. Es obvio que sin el factor ser humano no existiría ni la iglesia
o la Iglesia Universal. Aunque la Cabeza de la Iglesia es Jesucristo, el cuerpo es
el hombre. Y donde haya el hombre haya la buena posibilidad de un fracaso
simplemente porque el hombre tiene tendencia de irse por su propio camino. Por
eso el Señor mandó el Espíritu Santo para guiarnos “a toda verdad” (Jn. 16.13)
y no permitirnos desviar del camino recto. Lamentablemente, muchas veces no
prestamos atención a la dirección del Espíritu Santo y nos encontramos a la
deriva, sin rumbo, sin propósito, y sin resultados buenos para el reino de Dios.

En este capítulo vamos a ver principios que normalmente no son observados


en las iglesias evangélicas. La falta de compromiso hacia la obra de Dios por
parte del pastor y su congregación lleva a una iglesia a llenarse con actitudes
negativas y por ende produce un mal testimonio dentro y afuera de la iglesia. Y
la tendencia humana de no establecer metas siempre lleva consigo el peligro que
el camino que pise no le va a llevar a un destino saludable. Los principios
bíblicos de este capítulo le va a ayudar en resolver estas tendencias y ayudarle
en tener una iglesia saludable y creciente.
Un pastor comprometido
Hechos 6.2-4
El primer principio antropológico plantea la necesidad de un pastor
comprometido. El pastor es un factor clave en el crecimiento de la iglesia. Si él
no quiere que la iglesia crezca, no crecerá. Pero si lo quiere, no significa que
sucederá sin la aplicación de otros principios (mayormente lo de la congregación
comprometida, lo que veremos en seguida). Sin embargo, el crecimiento de la
iglesia depende mucho de él. El pastor tiene que ser un pensador positivista y un
líder dinámico. Tiene que ser un animador de gente para movilizar a los
miembros para hacer lo que tienen que hacer hasta lograr el crecimiento. El
pastor es un factor clave para el crecimiento porque es quien precisamente
promueve y dirige todo lo que sea necesario. Sin esta mano segura y fuerte no se
75
alcanzará mucho crecimiento.
Lo malo es que algunos pastores no quieren que sus iglesias crezcan porque el
crecimiento requiere de mucho trabajo. Tales pastores no quieren asumir la
responsabilidad del crecimiento. Viven bastante cómodos con una iglesia
tranquila y estancada, reciben su sueldo y no causan muchos problemas con los
pioneros. Están contentos con lo que tienen y no quieren más. Hay razones por
las cuales no quieren crecer, entre otras tenemos las siguientes:

1) Temen fallar. El riesgo de fallar es demasiado grande para asumirlo. ¿Qué


pasaría si implementaran los principios del crecimiento y estos no se produce?
¡Qué vergüenza sería! Sería mejor no tratar de implementarlos y quedarse
tranquilos. Piensan que así no causarán problemas dentro de la iglesia. Tratar de
hacerlo podría causar problemas. En primer lugar por los cambios necesarios y
en segundo lugar, porque si ocurriera el fracaso, todo el mundo le culparía. En su
mente, el costo de procurar el crecimiento de la iglesia es demasiado alto. Si
Dios quiere que Su iglesia crezca, tendrá que hacerlo sin su esfuerzo.
Es interesante que se note ese mismo temor en la vida de Moisés. Lea bien los
capítulos 3 y 4 de Éxodo y vera que Moisés no quiso fallar de nuevo. Ya lo había
hecho una vez y no quiso, aparentemente, ir de nuevo por este camino. Pero,
Dios en su gracia, le dijo. “Yo soy el que soy” (Ex. 3.14). Le quiso decir a
Moisés que Él iba a proveer todo lo necesario para que hiciera el trabajo que
tenía por delante. Y, Moisés, tomando esa promesa hizo lo imposible durante los
próximos 40 años. Nosotros tenemos el mismo Dios que tenía Moisés. Si
estamos en su voluntad, no vamos a fallar.
2) No quieren pagar el precio necesario para ver el crecimiento. Ese precio
incluiría por lo menos seis dimensiones:
a) ORACIÓN. Los pastores coreanos, que ya hemos mencionado, se levantan
de madrugada y cada mañana están en sus iglesias dirigiendo cultos de oración
desde las 4:30 a.m. Muchos pastores piensan que no tienen tiempo para orar por
el crecimiento de su iglesia y ésta puede ser una razón por la cual no crecen. Hay
algunos principios de lo cual puedo ser dogmático cuando digo que si no lo
implementan no va a ver crecimiento sano, y eso es uno de ellos. Si quiere ver a
su iglesia crecer tiene que pagar el precio de orar.
b) Otro precio es LA LECTURA. Leer los libros del crecimiento. En mi
biblioteca hay más de 50 libros que tratan del tema del crecimiento de la iglesia.
Algunos de ellos he leído varias veces. Lo triste es que muy pocos se encuentran
en español. Para darle una idea acerca de qué se debe incluir en una biblioteca en
materia del crecimiento de la iglesia, consulte la bibliografía que adjuntamos al
final de este libro y preste atención a los libros marcado con ** para ver los que
recomiendo.
c) Un tercer precio que el pastor tendrá que pagar es VISITAR e
INVESTIGAR las iglesias que están creciendo, para ver cómo lo hacen y si
puede poner en práctica estos mismos principios en su iglesia. Cada año, durante
el período de vacaciones, algunos pastores aprovechan el tiempo para visitar las
iglesias que están creciendo dentro de su comunidad. Observan lo bueno que
otros hacen para ver si es factible aplicarlo en su propia iglesia. Otros pastores
no lo hacen porque piensan que todo lo que ya están realizando en su iglesia es
bueno y no necesitan que otros les enseñen.
Lamentablemente, esa actitud se encuentra en todo lugar. En una asamblea de
pastores en Ecuador, se presentó una cierta metodología procedente de otro país
que estaba obteniendo buenos resultados en el crecimiento de la iglesia. Sin
embargo, a pesar de que varias iglesias ecuatorianas ya estaban logrando éxito en
el crecimiento luego de poner en marcha tal metodología, un pastor de mucha
influencia se puso de pie y dijo: “No necesitamos ideas nuevas para que nuestras
iglesias crezcan. Hace varios años que pusimos en marcha nuestra propia
metodología para el evangelismo. Utilizaremos esta metodología, a la que yo
puse el nombre, y dejaremos las ideas ajenas”. Está demás decirles que aquella
iglesia, a pesar de haber usado en forma irregular su propia metodología, es parte
de una denominación que ha dejado de crecer en su gran mayoría.
d) ASISTIR a los seminarios y/o cursos del crecimiento de la iglesia para
aprender lo que hay en cuanto al mismo. Aunque tengo mi doctorado en filosofía
en la ciencia del crecimiento de la iglesia, sigo leyendo sobre el tema y si tengo
la oportunidad asisto a talleres que tratan sobre esto. Como en cualquier otra
ciencia siempre hay cosas nuevas que se descubren para mejorarla o explicarla.
e) ESTABLECER METAS y hacer todo lo posible para lograrlas es un quinto
precio difícil de pagar. Cómo establecer metas será asunto a tratarse más
adelante, aquí basta decir que muchos pastores no las establecen porque temen
fallar. Es vergonzoso anunciar metas y luego no alcanzarlas. Mas, he aquí la
importancia del factor FE que cada pastor debe tener. Si se elaboran metas de
acuerdo a la voluntad de Dios, serán alcanzables.
f) Un precio más a pagar por el crecimiento es el del CUIDADO de una
mayor cantidad de “ovejas”. Mientras más ovejas tenga uno, el trabajo será
mayor. Hipotéticamente cada miembro nuevo que llega a la iglesia representa,
por lo menos, cinco problemas más que tarde o temprano tendrá que solucionar.
Si cuenta con 100 miembros, es posible que tenga que atender quinientos
problemas que esperan por una solución. Si la iglesia crece hasta alcanzar 150
miembros, también los problemas aumentarán en un 50%. Hay muchos libros
que tratan el tema del cuidado de los miembros. Un buen libro escrito para el
pueblo latino por un pastor costarricense es: Trabajo pastoral por Alberto
Barrientos (Editorial Caribe, Miami).
Cuando los problemas aumentan, el pastor tiene que dejar de ser un hombre
orquesta para ser un director técnico. ¿Cuál es la diferencia entre ambas clases
de pastores? El director técnico (o pastor eficiente) es uno que prepara líderes y
76
ejerce su liderazgo delegando la autoridad y responsabilidades a otros. 0bserven
que mientras unos cuidan de los miembros de la iglesia, los directores técnicos
dirigen (Hch. 6.2-4). El hombre orquesta (o pastor de ovejas) es un pastor que
hace todo en la iglesia con muy poca ayuda de los demás. Y, muchas veces, así
lo prefiere. Cuida él mismo a cada miembro de su iglesia. Eso es la enfermedad
eclesiástica del hacelotodo.
Más adelante hablaremos de las ventajas de la primera clase de pastorado (el
D.T.) cuando nos toque el tema de “El equipo”. Sin embargo, aquí vale la pena
mencionar que, con muy pocas excepciones, las iglesias grandes y crecientes
funcionan sobre el principio de un pastor director técnico. A continuación
veremos lo que dice Juan Carlos Miranda acerca de un estudio, realizado por los
Nazarenos, que puso al descubierto cuatro características del liderazgo pastoral
en iglesias que crecen que pasamos a mencionar:
1. Delega responsabilidad y autoridad en muchas personas de la iglesia.
2. Estimula a que sus miembros participen con él.
3. Es considerado como un líder fuerte.
4. Desarrolla un ministerio pastoral entre sus obreros, sean estos remunerados
77
o voluntarios.

Eso es una buena definición de un pastor al estilo director técnico.


Pero, en un país de Latinoamérica hay una iglesia grande que tiene un pastor
orquesta y que sirve como un modelo para la vasta mayoría de iglesias
evangélicas en el mundo. Es el único pastor en la iglesia (y es así como él lo
quiere). Por el duro trabajo de él mismo, la iglesia ha crecido y todavía hay
bautismos cada año. Pero después de un tiempo de crecimiento, la iglesia
empezó a perder más miembros de los que añadía. Hay varias razones para esto,
pero el factor principal es que las ovejas no están recibiendo la atención
individual que necesitan y merecen. Sencillamente porque un solo pastor no
puede atender eficazmente a más de 150 ovejas a la vez.
En otra ciudad de Latinoamérica, otra iglesia grande (de la misma
denominación y que tiene mucho más asistencia) está creciendo 500% por
década. Un factor principal de ese crecimiento es la atención que las ovejas
reciben. Hay ocho pastores, cada uno de ellos tiene su horario de conserjería, y
cualquier cantidad de laicos aconsejan también. Inclusive, la iglesia tiene en su
despacho una psiquiatra para atender casos que requieren atención a este nivel.
El director técnico no necesariamente requiere otros pastores. El puede adiestrar
a los laicos de la iglesia para ayudarle en lo que él no puede hacer por falta del
tiempo o de habilidad.
Todos estos precios requieren tiempo y a veces, dinero. El pastor fácilmente
puede convencerse de que no hay tiempo ni dinero para hacerlo. De pensar así,
su iglesia difícilmente crecerá. Para crecer hay un precio que pagar y si no lo
paga, no va a tener resultados. Dicho principio está bastante claro en 2 de
Corintios 9.6. Si da poco, poco tendrá; si da mucho, mucho tendrá. Es como en
el mundo comercial: los productos superiores cuestan más. Si quiere una iglesia
de mejor calidad, tendrá que pagar un precio más alto en cuanto al trabajo y en
cuanto a la batalla espiritual.
Antes que dejemos este asunto del pastor comprometido, hay otro factor
importante para mencionar: que el pastor eficaz tiene longevidad en su oficio.
Eugene Kelly, quien fue por muchos años el coordinador del programa
“Encuentro con Dios” al nivel de Latinoamérica, dice que de las diecinueve
iglesias más grandes del mundo no había ningún pastor con menos de diez años
en su iglesia. Diez pastores estuvieron en sus iglesias entre 10 a 19 años; seis
entre 20 a 29 años y tres estuvieron más de 30 años como pastor de la misma
78
iglesia.
Es reconocido que normalmente a un pastor le cuesta dos años de ministerio
ganar la confianza de la gente, y hasta cinco para tener el nivel de confianza
suficiente para ser apoyado en el alcance de sus metas. Es como dicen los
autores Reeves y Jenson:
Generalmente un pastor nuevo tarda de siete a doce años en
energizar una congregación establecida... Una de las principales
dificultades, para aquellos que tienen de tres a cuatro años, es que
la congregación con frecuencia sufre un cambio precisamente
cuando está a punto de empezar los años más productivos de la
vida de un pastor. En general, las permanencias pastorales largas,
incluyendo las de los asociados y ayudantes, son características
79
en extremo positivas.

En vista a que la gran mayoría de pastores se quedan menos de cinco años en


una iglesia, jamás llegan al punto más eficaz en su ministerio, los siguientes a los
primeros cinco años. Por ende, las iglesias tampoco crecen porque cada dos a
cinco años se cambian los pastores y el ciclo se inicia de nuevo. Pero, si el pastor
se queda y la iglesia le brinda su confianza, será distinto y habrá buenas
posibilidades de crecimiento. Hay mucho para decir a favor de la longevidad del
pastor en una iglesia. Rick Warren, en su libro, Una Iglesia con Propósito, dice
lo siguiente: “Las iglesias grandes y saludables están dirigidas por pastores que
han estado allí durante un largo tiempo….Un pastorado largo no garantiza que
una iglesia crecerá, pero el cambio frecuentemente de pastores garantiza que una
80
iglesia no crecerá.”
Es cierto que a veces se presentan situaciones cuando es mejor que el pastor
salga. Pero si él y la iglesia están de acuerdo, el pastor debe quedarse ¡de por
vida! Una excepción a esta regla será el caso cuando la iglesia deja de crecer y/o
el pastor no quiere que la iglesia crezca. En este caso la iglesia debe pedir su
salida lo más pronto posible.

3) Compartir el ministerio es el tercer temor que muchos pastores tienen al


comprometerse a crecer. Para atender las necesidades del crecimiento,
forzosamente tienen que incluir a los miembros de la iglesia en la obra. Hay
pastores que no quieren hacerlo porque temen que los miembros no puedan
hacer el trabajo igual que ellos. Entonces, es mejor que él lo haga desde el
principio para que no resulte un fracaso. Así jamás enseñará a sus miembros a
ocuparse en la obra del Señor.
Y tristemente, muchas veces esta actitud opaca los dones de los miembros que
nunca tendrán la oportunidad de ponerlos en práctica. En este sentido, el pastor
está dañando y no ayudando a sus ovejas. Leí una vez lo siguiente,
Mientras más atrincherado sean los líderes parecen poseer más poder y
autoridad. El sacerdocio de la elite se incrementa y el sacerdocio del laico se
incline hacia abajo. Se desarrolla una casta invisible con una distinción sutil
entre los laicos y el clérigo. El laicado aprende a dar un paso atrás
desapareciendo del cuadro y buscando un lugar cómodo para sentarse y observar
a los “profesionales” hacer todo [las enfermedades tanto de ociositis como del
81
hacelotodo].
Dicho sea de paso, esto también está afectando negativamente el crecimiento
de la Iglesia de Jesucristo.

4) La competencia de sus privilegios y su puesto de líder es otro temor por


el cual los pastores no quieren compartir el trabajo con sus miembros. En cierta
oportunidad trabajé con un pastor que tenía este temor. Después de hacerlo por
dos años, me di cuenta que no iba a aceptar a nadie como pastor asistente.
Hicimos la prueba con tres miembros de su iglesia. Miembros bien capacitados,
hábiles y dotados por el Señor. Pero, ninguno de ellos pudo satisfacer al pastor.
Siempre hallaba una falla en lsus vidas y pronto estaban fuera del círculo que
tomaba las decisiones en la iglesia. Al fin, le llamé la atención al pastor por esta
falla en su vida. Lo reconoció pero no quiso hacer mucho para corregirla. Creo
que los esfuerzos que hizo fueron por su estima a mi persona y por ende no
tuvieron valor a largo plazo.
Lo curioso es que este pastor al fin dejo la iglesia para tomarse de otra. ¿Y
quién fue pedido para ser el pastor de la iglesia? ¡Precisamente uno de los
jóvenes quien el pastor había despedido de su equipo!

5) A veces tampoco quieren compartir sus responsabilidades con otros


porque así posiblemente serían descubiertas sus debilidades. Pero, si el pastor
desde el principio hubieran reconocido que no tiene todos los dones, que no es
perfecto y que la gente usualmente ya conoce sus debilidades, no tendría tal
temor.

6) Adiestrar a sus miembros para ser líderes es otro precio a pagar por el
pastor comprometido (Hch. 6.5; 14.23). Luego hablaremos de las cinco clases de
líderes que hay en la Iglesia de Jesucristo (vea la pagina 109). Por el momento
basta con decir que sin la Clase 1, la iglesia crecerá muy poco y no habrá dicha
clase sin que el pastor tome el tiempo para buscarla, adiestrarla y darle la
oportunidad de funcionar.
Christian Schwarz dice que, “Líderes de iglesias crecientes se concentran en
82
habilitar a otros para el ministerio cristiano.” Un buen ejemplo de esto en la
Biblia es el de Moisés adiestrando a Josué para ser el próximo líder de Israel.
Otros ejemplos serán los de Elías y Eliseo; de Jesús con los 70 y los 12; y
Bernabé con Pablo y luego con Juan Marcos. Hacer todo esto significa más
trabajo para el pastor y por eso muchas veces no lo hace. Le es más fácil seguir
siendo un hombre orquesta que un director técnico. ¡Puede ser más fácil pero es
menos productivo!

7) La ultima razón que mencionaremos, en cuanto al pastor comprometido, es


la de no querer cambiar su teología de buscar por una teología de cultivar. En
vista que este punto es un principio de crecimiento en sí, lo dejamos para
investigar próximamente.
El principio de un pastor comprometido encabeza esta sección de los
principios de crecimiento, porque si el pastor no está de acuerdo con que la
iglesia crezca, muy probablemente no habrá crecimiento numérico y su
crecimiento espiritual se pone en tela de juicio si no hay crecimiento numérico.
Y eso, lógicamente, nos lleva al principio próximo.
Teología de cultivar
Hechos 1-28; Mt. 9.37, 38; 10.1-5; 28.19, 20; Lc. 10.2; 14.21-24; Jn. 4.35; 2
Cor. 5.18; 2 Ti. 2.2
Podría citar todo el libro de Hechos para apoyar este principio de crecimiento.
La razón por eso es que el libro de Los Hechos es la historia de cómo la iglesia
primitiva evangelizó, en forma agresiva, al mundo de entonces. Hoy en día no es
igual. Se da cuenta que en el tiempo de la iglesia primitiva, se requerían 120
seguidores de Cristo para ganar más de diez mil convertidos en pocos días. ¡Hoy
en día, se requieren diez mil seguidores de Cristo para ganar a 120 para el reino
de Dios!
Siendo el estadista mundial para mi denominación, hice un estudio de los
datos para el año 2001. Descubrí que requería un promedio de nueve miembros
para ganar a una sola persona en el transcurso del año. Y, el promedio de
83
convertidos por iglesia en el año fue meramente diez. Según estas cifras, la
práctica de mi denominación es la “teología de buscar” a pesar de su posición
oficial de la “teología de cultivar”.
Obviamente, hay un buen número de pastores quienes están satisfechos en
hacer lo mínimo para ganar a la gente perdida de su comunidad. Eso se muestra
en que muy pocas iglesias locales crecen de un año a otro. Los pastores,
atemorizados por las razones ya mencionados, no hacen el esfuerzo de lanzarse
el todo por todo para salvar almas. Tiene una teología de buscar y no de cultivar.
¿Cuál es la diferencia entre ambas teologías? La teología de buscar es la
forma de evangelizar que no tiene como fin el ganar almas. Su fin es predicar el
evangelio y dejarle el resto a Dios. Nuestro trabajo según este criterio sería
buscar a los perdidos, darles el evangelio y dejar el resto en las manos de Dios.
No son gente que “persuade” a otros a entrar al reino de Dios como hizo Pablo
(2 Cor. 5.11). A simple vista, uno puede decir que es bíblico. Puede citarse a
Cristo cuando dijo que había venido a “buscar y a salvar” (Lc. 19.10) y a Pablo
cuando dijo que el crecimiento es de Dios (1 Cor. 3.7). Pero, las vidas de Cristo
y Pablo muestran que la acción de “salvar” se cumple sólo cuando los
“salvados” se convierten en discípulos, a través del elaborado ministerio del
discipulado.
Las deficiencias de la teología de buscar son: 1) se salvan pocas almas; 2) La
iglesia no crece mucho, porque esa no es su preocupación. Su actitud es “Si Dios
quiere que la iglesia crezca, crecerá”. Y, 3) No honra a Dios porque son pocos
los convertidos, pocas iglesias crecen y pocos llegan a ser cristianos productivos.
Como José Reyes dice: “El evangelismo actual da demasiado énfasis a la labor
de sembrar la semilla y no la suficiente a la faena de la cosecha, la cual está lista
84
para la siega en las grandes ciudades”.
En sí, la teología de buscar no es mala, simplemente es incompleta. Es
necesaria para alcanzar al mundo con el evangelio. Pero, la Iglesia de Cristo no
debe dejar la tarea allí. Tenemos que buscar a la gente, también cultivarlas y
lograr que sean plantas productivas. Nuestra tarea es convertir a los que hemos
buscado para que ellos lleguen a ser buscadores de otros. Las enseñanzas de
Cristo y Pablo nos hablan al respecto (Mt. 28.19, 20; 2 Cor. 5.18; 2 Ti. 2.2).
Un ejemplo de esta mentalidad de “dejarlo todo a Dios” se encuentra en una
entrevista con un pastor evangélico del medio oriente. Cuando se le preguntó is
tenía un plan para alcanzar a la gente de su país, él contestó: “No tenemos un
plan específico para formar iglesias en Siria, simplemente entramos por las
puertas que el Señor nos abre”. Si es así, ¡con razón pudieron abrir solamente
seis iglesias en veintidós años! Luego, cuando habló de una ciudad de casi dos
85
millones de habitantes, dijo: “Alepo podría ser un centro de evangelismo”.
¿Podría ser? No señores, una ciudad del tamaño de Alepo debe ser, no puede ser,
un centro evangelístico. Cuando dijo tales palabras había una sola iglesia de esta
denominación recién abierta en la ciudad. Hoy en día, todavía no hay otra.
Pero más que todo, lo que distingue la mentalidad de la teología de buscar
fueron las siguientes palabras del mismo pastor: “El crecimiento espiritual de la
iglesia es nuestra primera preocupación. Después que logremos esto abriremos
86
otras iglesias. Es mejor preparar la iglesia existente que abrir una nueva”. Allí
está el inicio de la koinonitis. Debía programar las dos cosas a la vez: Madurar a
la iglesia existente con el propósito de abrir una nueva. Cuando una iglesia de
Jesucristo pierde la visión de extender el reino de Dios comenzará a estancarse y
a declinar.
Esa iglesia, como muchas otras, está manejando su coche en la noche con las
luces de adentro y no de afuera. Se preocupa por lo que está sucediendo dentro y
no tanto por donde va el auto. Hermanos, debemos prender las luces de afuera
para ver a un mundo perdido y en mucha necesidad de la luz del evangelio de
Jesucristo.
El pastor de la iglesia en Siria representa una denominación que en 1991 tenía
14 iglesias organizadas con 807 miembros bautizados después de haber estado
más de 50 años. Entre el 1991 y 2001, agregaron una iglesia más con 250
miembros. Es cierto que tenemos que reconocer que esta iglesia está ubicada en
un país resistente al evangelio. Sin embargo, la mentalidad de la iglesia no está
ayudándoles a alcanzar metas más elevadas. Tiene la mentalidad de “pequeña” y
de “presencia” (¿recuerda las 3 Ps?) y con dicha combinación no se obtiene
resultados para un crecimiento sano para la iglesia. Mientras más enfocamos
hacia adentro, menos vamos a mirar hacia afuera y mientras piense en una
iglesia “más madura” no va a tener mucho afán por una iglesia creciente.
En cambio, la teología de cultivar (Mt. 9.37, 38; 10.1-5; Lc. 10.2; Jn. 4.35)
busca activamente la manera de que la cosecha sea lo más grande posible y con
altos resultados en la reproducción. No se contenta con sólo buscar y predicar.
Su fin es “persuadir” (2 Cor. 5.11) a los alcanzados a entregarse al Señor. El
valor de esta teología se nota en que logran: 1) almas salvadas (Lc. 14.21-24); 2)
iglesias que crecen (es lógico si la gente se está convirtiendo) y 3) honra a Dios,
porque las personas están entrando a Su reino.
La teología de cultivar tiene en el libro de Proverbios una referencia que
puede ayudarnos a comprender la importancia de aprovechar la cosecha mientras
haya. Es el caso del hormiguero en Proverbios 6.6-11. Es cierto que alguien
podrá decir, ¿qué relación encuentra en este pasaje con ese principio de la
teología de cultivar? Reconocemos que este pasaje no fue escrito pensando en el
tal principio. Sin embargo, aquí tenemos un ejemplo de cómo debe ser un pastor,
un obrero o una iglesia que se preocupa de la responsabilidad que tiene ante Dios
en el cumplimiento de sus deberes como siervo fiel y fructífero.
Si uno se pone a estudiar un hormiguero va a darse cuenta que no todas las
hormigas salen a la vez del mismo. La mayoría espera hasta que les llega la grata
noticia de que una de sus espías había encontrado alimentos. Una vez que llega
esa noticia parece que todas salen para aprovechar la oportunidad. Esta
observación nos lleva a una lista de cinco lecciones aplicables a los líderes de
iglesias hoy en día.
Lección 1: El uso sabio de los recursos (el principio de la
receptividad/resistencia). Nunca derrochan esfuerzos cuando no tienen qué
cosechar. Bien sabemos que no siempre existen frutos para cosechar y que a
veces uno tiene que preparar el terreno (sembrar, regar, cuidar, antes de cosecha).
Pero, una vez llegada la hora de cosechar, todos tienen que salir a recibir las
almas perdidas que están dispuestas a convertirse.
Por otro lado, las hormigas no se quedan tranquilas e inactivas cuando no
encuentran comida. Están siempre arreglando el hormiguero para recibir la
ansiada cosecha. Una vez que descubren dónde obtener los alimentos dejan el
trabajo que hacían dentro del hormiguero para ir a cosechar. No pierden tiempo
debatiendo los pormenores de la estrategia más adecuada para salir a cosechar;
ni debaten quiénes van o no a hacerlo; ni cuántos granos hay que cosechar. No,
todo se reduce a “manos a la obra” hasta que la comida se encuentre dentro del
hormiguero. Si tuvieran que debatir los pormenores de la cosecha puede que lo
hagan durante el tiempo de descanso.
Tampoco gastan todas sus energías donde no hay comida. Siempre salen a
investigar unas pocas hormigas cuando no hay alimentos a la vista. Pero, una vez
que encuentran algo, las espías no tratan de llevarlo al hormiguero. No, se van y
llaman a las demás porque reconocen que ellas solas no pueden cosechar todo el
fruto para llevarlo al hormiguero. Por otro lado, las espías cuidan que todo el
hormiguero no desperdicie ni energía ni tiempo donde no hay para “cosechar”.

Lección 2: Nunca deje el trabajo de buscar y salvar a las almas perdidas. Las
hormigas siempre están buscando dónde encontrar comida. Sus espías están en
todas partes.
Mi señora hace todo lo posible para que las hormigas no aparezcan en la casa
- pero todo es en vano. Siempre hay hormigas. Si usted entrara ahora en nuestra
cocina vería que no hay hormigas. Pero si dejara un pedazo de dulce en la mesa,
dentro de unos pocos minutos llegarían un sinnúmero de hormigas. Cuando
desaparece el dulce, ellas también desaparecen. Como buenos mensajeros del
evangelio, y al igual que la hormiga, si no encontramos resultados en alguna
parte debemos ir a otra, hasta encontrar almas perdidas. Y tanto Cristo como
Pablo nos muestran lo mismo con sus advertencias y ejemplos. El trabajo de
buscar y salvar almas es el motivo de nuestra existencia como iglesia de
Jesucristo.
Lección 3: Nunca abandone la cosecha hasta terminarla. Debemos, como las
hormigas, seguir trabajando hasta que toda nuestra zona haya tenido la
oportunidad escuchar al evangelio y entregarse a Cristo, hasta que el Señor de la
cosecha cierre la puerta (Jn. 9.4).
Lección 4: Trabajar en equipo. Mientras unas buscan la comida las demás
trabajan dentro del hormiguero preparándolo para recibir la cosecha anticipada.
Pero, cuando encuentran comida todas realizan su parte para llevarla al
hormiguero. En ocasiones hay pedazos demasiado grandes para que una sola
hormiga la pueda cargar, entonces vienen otras e inmediatamente ayudan a llevar
el pedazo para no perderlo. En otra oportunidad hablaremos más sobre el tema
del equipo.

Lección 5: La iglesia local que se mantiene inactiva va a perder la cosecha.


Esta es la lección principal de esta comparación. Hay un tiempo de cosecha y si
la iglesia no está preparada para ella en la hora indicada, ¡la perderá! Si el
hormiguero no manda espías a nuestra cocina perdería mucha comida.
Ciertamente ya hemos matado a millares de ellas, pero siguen viniendo. ¿Por
qué? Porque saben que a pesar de los riesgos hay alimentos para llevar y
persisten en ello. ¡Oh, qué sucedería si la iglesia de hoy en día tuviera la misma
dedicación en su misión que tienen las hormigas en la suya!

La teología de cultivar funciona en base a cuatro principios (que son


reflejados en la referencia del hormiguero).

1. El principio de la cosecha: La cosecha debe estar sobre todo otro asunto


(Jn. 4.35-37).
2. El principio de sembrar: Sembramos para poder cosechar (es muy lógico
que si uno no siembra, jamás verá una cosecha). El propósito de una iglesia
dinámica y creciente es ver almas convertidas, cosa que no sucederá si la
Palabra de Dios no se siembra en terreno bueno (Mt. 13.1-23).
3. El principio de podar: Quitar las ramas que no producen para que las
ramas fructíferas produzcan aún más (Lc. 13.6-9; Jn. 15.2).
4. El principio de segar: Cuando hay una siega, concentrar allí la presencia y
87
actividad de los obreros (Mt. 9.37, 38).

Pero esta teología de cultivar cuesta más trabajo que la teología de buscar.
Cuando uno tiene como fin la conversión de almas y no solamente la predicación
del evangelio, indica que está listo para trabajar. Porque convertir almas y
discipularlas es mucho más complicado que simplemente predicar la Palabra de
Dios y dejar que Dios y el Espíritu Santo se preocupen por los que se entregan.
Pedro Wagner dice que:
[E]l obstáculo más formidable para el crecimiento es un pastor que piensa de
modo negativo y que es pesimista en cuanto a las oportunidades de crecimiento
de su comunidad. Enseña que la tarea básica de la iglesia es tener cuidado de
aquellas ovejas que ya están en el redil antes que concentrarse en buscar ovejas
88
perdidas e incorporarlas continuamente al redil.
Es muy peligroso concentrarse sólo en la iglesia misma. Normalmente esto
provoca la koinonitis (que es una muerte lenta por cuanto no llegan nuevas
personas) y la ociositis (pues no quiere hacer el esfuerzo necesario para crecer).
Son dos enfermedades que fácilmente pueden ser fatales. La teología de cultivar
nos ayuda a escapar de estos peligros.

Una congregación comprometida


Hch. 6.5; 14.23; Efesios 4.1-16
El tercer principio antropológico es una congregación comprometida. Esto
significa que los miembros, o aquellos que consideran una iglesia local como “su
iglesia”, están dispuestos a pagar el precio por el crecimiento (junta con su
pastor). Es decir, hacer lo que sea necesario para que su iglesia crezca. Entre
muchas cosas, solamente mencionaré cinco áreas de colaboración en las cuales
se necesita a los miembros para que la iglesia crezca.

1) Primero, tienen que estar dispuestos para seguir a un líder que desee
que la iglesia crezca. Si el líder está dispuesto a pagar el precio y los miembros
no, el crecimiento será muy poco. Por eso es menester que la membresía, en su
mayor parte, sea comprometida a promover el crecimiento. Pero, ¿qué pasa si el
pastor no esté dispuesto al crecimiento y la congregación sí? Si la congregación
no puede convencer a sus líderes de la necesidad de crecer, ¡comience a buscar a
otro pastor o a otra iglesia!
Mientras daba una conferencia en una iglesia los miembros me preguntaron
qué podían hacer con su pastor. Era un hombre bueno y de muy buen carácter,
pero no tenía la visión necesaria para que la iglesia creciera. ¿Qué debían hacer?
No querían hablar con él y me pidieron que yo lo hiciera. Como en esta ocasión
no tenía injerencia, les dije que el único recurso era la oración. Orar para que
Dios le diera al pastor una visión de crecimiento o lo quitara de la iglesia.
Salí de esa iglesia y seguí en mi gira de conferencias. En menos de tres
semanas me llegó la noticia de que el pastor había sufrido un ataque cardíaco y
tenía que salir del ministerio por un buen tiempo. Parece que las oraciones de los
hermanos tuvieron un resultado no esperado, pero lograron cambiar al pastor y la
iglesia empezó a crecer. (Me encontré de nuevo con el pastor después de muchos
años. Estuvo ya en otra iglesia – que tampoco estaba creciendo. A mi me parece
que este pastor no estaba comprometido con el crecimiento en su iglesia.)
Aunque haya muchos pastores que no quieren ver a sus iglesias crecer ellos
son menos numerosos que las congregaciones que quieren ver a sus iglesias
crecen más de lo que son. Hay muchos pastores frustrados porque sus
congregaciones están contentas en seguir como siempre, sin dar un paso
adelante. La koinonitis, la etniquitis, la ceguera social y el tradicionalismo son
enfermedades ubicuas entre estas congregaciones.

2) El segundo precio a pagar tiene que ver con el dinero, el tiempo, los
talentos, y los dones. En cuanto al dinero es evidente que si va a haber
crecimiento habrá más gastos que, por ende, requiere más ingresos. Tendrá que
ampliar el edificio, o construir un templo nuevo, agregar aulas para la Escuela
Dominical, comprar un terreno para abrir una iglesia hija, comprar materiales de
adiestramiento, contratar a otros pastores, etc. Si quiere que la iglesia crezca
necesitará dinero.
Puede ser que algunas iglesias del mundo subdesarrollado esperen alguna
ayuda del exterior. Pero, tarde o temprano tendrán que cubrir los gastos de su
propia iglesia. Los miembros tienen que dar fielmente sus diezmos y ofrendas
para que la iglesia crezca aún más. Eso de “esperar ayuda” no es bíblico. Lo que
es bíblico es que cuando haya una necesidad, los demás hermanos lo reconozcan
y manden ayuda sin que esta sea pedida. También, una iglesia tiene que
funcionar al nivel de la economía de su barrio y gente. Tratar de hacer más que
esto, no es lógico ni beneficio para su entorno.
Le explico. Si una iglesia en un barrio marginado construye un edificio (con
dinero de afuera) está dando testimonio a su comunidad que el edificio es más
importante que las necesidades cotidianas de la gente. Un edificio más lujoso
que las casas de sus miembros refleja una mentalidad orgullosa y peligrosa para
el evangelio. Es cierto que el templo debe ser presentable, pero no tiene que ser
ostentoso.
En cuanto a los dones y talentos, tienen que ponerlos al servicio de la iglesia.
Ya hemos hablado de los dones y talentos, sólo diremos aquí que si uno no sabe
cuál es su don, o no está dispuesto a poner sus talentos al servicio de la iglesia,
habrá muy poco crecimiento numérico; y el seguidor de Cristo no crecerá
demasiado espiritualmente. Los miembros que tienen dones y talentos deben
usarlos para la extensión y expansión del reino de Dios (Ef. 4.1-16).
Cuando establecemos una comparación entre el dinero, los dones, los talentos
y el tiempo, comprobamos que el más difícil de dar es el tiempo. Hay personas
que dan dinero extra simplemente para no involucrarse más en la obra. Otros dan
de sus dones y/o talentos, pero sólo para cubrir una necesidad y no en forma
continua.
Algo que siempre me molestó mientras estuve en uno de los países donde he
ministrado como misionero fue que los grupos musicales, que no eran de la
misma iglesia, salían después de haber presentado su parte del programa. No se
quedaban en el culto. Me daba la impresión que su tiempo era más valioso que
quedarse en “un culto más”. Al fin, dejé de invitar estos grupos que no tenían la
cultura o la buena educación de permanecer en todo el culto. Daban un mal
ejemplo a los demás. Con su acción dieron a entender que la parte principal
había terminado y que podrían también salir los demás - antes de la predicación.
En otra iglesia donde serví como coordinador de un equipo de jóvenes íbamos
a empezar quince meses de campañas. Una campaña de ocho días cada mes.
Antes de iniciar este programa hablé con los miembros (eran 15) de la necesidad
de asistir fielmente tanto a los cultos regulares como a los evangelísticos. Eso, en
realidad, era un fuerte compromiso en cuanto al tiempo. La razón era que si
invitaban a sus amigos o parientes a la iglesia debían estar para recibirlos - eso si
no iban incluso a las casas para traerlos. Sería hipócrita si los invitados hubieran
visto a los miembros de la iglesia en su casa o en la calle a la hora de un culto.
Tal conducta bien podría interpretarse como desinterés por parte de la iglesia y
de los invitados. Si los miembros no toman en serio la predicación de la Palabra
de Dios, mucho menos podríamos esperarlo de los inconversos. Pues bien, los
miembros tomaron muy a pecho el consejo del equipo ministerial y cumplieron.
Después de los quince meses más de 250 personas asistían a la iglesia y la
membresía había pasado de cien.

3) Curarse de las enfermedades eclesiásticas es otro precio que


la congregación tiene que pagar, sobre todo cuando algunas de ellas son
difíciles de curar (como la koinonitis y la ceguera social) mientras que otras son
bien reconocidas pero disculpadas (la etniquitis y la desnutrición) e incluso unas
son aceptadas y queridas (el tradicionalismo y el come solito ). Las
enfermedades de esta última índole son las más difíciles de curar justamente
porque son queridas. Pero todas las enfermedades tendrán que ser eliminadas si
quieren ver crecer su iglesia.

4) El cuarto precio del crecimiento por parte de la congregación tiene que ver
con los miembros dispuestos a adiestrarse como líderes. La iglesia tiene que
preparar a los miembros para hacer de ellos líderes de Clases 1 y 2 así como de
89
3, 4 y 5. ¿Cuál es la diferencia entre estas cinco clases de líderes? Ya se ha
hecho referencia a la Clase 1 ¿quiénes son y qué hacen?

Clase 1 son los líderes no pagados cuyo trabajo se realiza dentro de la iglesia
misma. Son los maestros de la Escuela Dominical, los consejeros, los ujieres, los
miembros de la Junta Administrativa, etc. No reciben salario y hacen este trabajo
en su tiempo disponible, según sus dones y talentos.

Clase 2 son los líderes que trabajan fuera de la iglesia haciendo visitas de
consejería o evangelismo, cumplen con obras de caridad, etc. Nadie le paga por
realizarlo, lo hacen porque les gusta. Más bien usan su propio dinero para cubrir
sus gastos.
Había un sastre cristiano que buscaba cualquier pretexto para salir de su
sastrería a evangelizar a personas nuevas o a aconsejar a los recién convertidos.
Era difícil que se encontrara en su taller. Realmente nadie sabía cómo se
mantenía económicamente ya que aparentemente no trabajaba mucho por el
ministerio que hacía a favor del reino de Dios. Tal vez hizo su trabajo muy
temprano en la mañana o muy tarde en las noches (como quizás hizo Pablo). Lo
que uno sabía era que regularmente llevaba a las personas a los pies del Señor,
sin sufrir pérdidas económicas. Su anhelo era ser un buen siervo para el Señor –
no le importaba si fuera pagado o no.

Clase 3 son los líderes que dirigen grupos pequeños de la iglesia con o sin
remuneración económica. En una iglesia de Ecuador hay un grupo de caballeros
llamados “Huestes de Paz”. Usando sus propios recursos viajan cada fin de
semana a caseríos y pueblos aledaños. Con el transcurso de los años, este grupo
ha formado varias iglesias y sigue formando otras. Cada miembro de este grupo
es un obrero o profesional en su vida privada. Al principio no recibían ninguna
remuneración económica por su esfuerzo en este trabajo pero ahora la iglesia
paga parte de sus gastos.

Clase 4 son los líderes contratados y pagados por la iglesia como, los pastores
a tiempo completo y los directores de música o de educación cristiana. Ellos son
necesarios. Muchas veces pensamos que los líderes cristianos “profesionales” no
son muy espirituales. Que están haciendo este tipo de trabajo porque es una
manera fácil de ganarse la vida.
Si fuera fácil ¿qué diríamos de Chester Bitterman? Fue un misionero
asesinado por los narcotraficantes en Colombia. ¿Qué diríamos de los pastores
en Colombia que hoy en día están siendo asesinados por los guerrilleros? Y ¿qué
hay de los pastores de China y Viet Nam que todavía están en la cárcel porque
predican un “evangelio del oeste”? ¿Qué diríamos de los pastores en
Latinoamérica que trabajan toda su vida en “la obra” y cuando se jubilan no
tienen adonde irse pues no tienen casa propia? No han podido comprar terreno
por el sueldo mínimo que han ganado durante toda su vida, y a veces ni hay
familiares para ayudarles porque sus familias los han rechazado. ¿Qué hay de los
pastores y misioneros que han dejado buenos sueldos en el mundo secular para
servir en el reino de Dios? Estos, y muchos más, han dejado la poca seguridad
que este mundo ofrece para rendir su servicio a tiempo completo en el reino de
Dios. Además, muchas veces se contentan con recibir cualquier cosa por dicho
servicio, ya que seguirían sirviendo de acuerdo a sus capacidades si no
recibiesen nada.
El sastre que mencionamos en Clase 1 no se quedó contento en servir al Señor
al nivel uno. ¡Quiso hacer más! Empezó a tomar clases en el seminario, empezó
a enseñar dando una clase en su iglesia, empezó a predicar. Y, en la iglesia donde
se convirtió (estuve presente la noche cuando él se entregó a Cristo), donde fue
criado como cristiano, fue discipulado, y fue guiado por un hermano mayor,
llegó a ser el pastor principal. ¡Empezó al nivel Clase 1 y ya es Clase 4!

Clase 5 son los líderes a nivel denominacional, nacional o internacional. Por


cierto, se les paga porque su trabajo requiere su tiempo completo sin
distracciones. Algunos ejemplos de esta clase de líderes son Billy Graham, René
Padilla, Samuel Escobar, Luis Palau, hermano Pablo, etc.
De estas cinco clases de líderes las dos primeras son imprescindibles para el
crecimiento. Si una iglesia va a crecer, el pastor va a necesitar ayuda. Si no
recibe dicha ayuda de sus miembros, la iglesia no podrá crecer en una manera
normal. Cualquiera iglesia necesita líderes de la Clase 1. Pero si la iglesia quiere
crecer entonces va a necesitar los de la Clase 2. Es menester tener laicos en los
roles de Clase 1 y 2 para que la iglesia crezca sanamente y sin interrupciones.
¿Cómo podemos formar líderes de los laicos? Bueno, se puede elegir la forma
acostumbrada de mandárselos a un Seminario, pero muy pocos van porque ese
camino normalmente es reservado para los aspirantes para Clase 3 y 4. Otro
camino es el de los Institutos Bíblicos adonde asisten unos cuantos más, pero
todavía muy pocos llegan a terminar sus estudios. A mi me parece que la forma
más eficaz para adiestrar a los laicos es por medio de las enseñanzas teológicas
por extensión. El mejor ejemplo de esto son los cursos SEAN que poseen
además muy buen material, el cual lo recomiendo.
Tal vez la mejor forma de adiestrar líderes de Clases 1 y 2 sea que el pastor
mismo se constituya en el maestro y modelo de los líderes laicos. Así hizo Cristo
con los doce apóstoles y Pablo con Timoteo, Sopater, Lucas, Aristarco, Segundo,
Gayo, Tíquico y Trófimo (Hch. 20.4). Así lo hice en mi ministerio misionero y
colaboré en la preparación de jóvenes que hoy día han llegado a ser líderes no
sólo de Clases 1 y 2, sino también de 3, 4 y 5.
Ciertamente este trabajo requiere de mucho tiempo. Todavía recuerdo las
muchas horas extras, fuera de lo normal, ayudando a los jóvenes a solucionar sus
problemas de noviazgo, sus estudios en la universidad o en los seminarios, con
sus iglesias, con las Juntas Administrativas de sus respectivas iglesias
nacionales, etc. He estado presto en gastar cualquier cantidad de tiempo
comiendo arroz chaufa, empanadas, chuzos, cuy, seco de gallina, anticuhos y
otras “cosas finas” con ellos, mientras hablábamos muchas veces hasta la una de
la mañana. Tenía que animarlos cuando estaban desanimados, tenía que hablarles
duro cuando estaban flojos y a veces tenía que amenazarlos con ser despedidos
del equipo o que yo dejara de ser su líder, si no cambiaban sus caminos.
Un día, uno de ellos comió un bistec conmigo en un restaurante. Durante la
comida le dije que si no cambiaba su manera de hacer las cosas dentro del
equipo, tendría que despedirlo. Pronto se notó un cambio en su actitud y salvó su
ministerio con el equipo y con la iglesia. Diez años más tarde, cuando ya era
pastor de una iglesia de más de 2,000 miembros, me dijo que ese día salió de
dicho encuentro con su corazón triste y con lágrimas en sus ojos por no haber
cumplido debidamente sus deberes. En ese momento decidió someterse al ritmo
de trabajo que se le exigía para ser aprobado.
Pastores, es cierto que el trabajo de formar líderes no es fácil. Incluso a veces
uno fracasa. A la par de los éxitos que he tenido en la formación de líderes están
también los jóvenes que no me hicieron caso. En algunos casos invertí tres años
sólo para ver que esos jóvenes se perdían en un momento de debilidad. Allí, con
ellos, murió una parte de mi ser. Pero decidí no desalentarme tratando de formar
a otros. Si cada uno de nosotros, de los que ya somos líderes en la Iglesia de
Jesucristo, decidiéramos formar uno, dos o tres líderes más, haríamos un gran
servicio a la iglesia y no faltarían aquellos de los cuales se carece hoy día en
Latinoamérica.
Pastores, manos a la obra. Adiestren a sus propios líderes. No esperen que un
Seminario o Instituto Bíblico lo haga por usted. Si los forma usted mismo no
tendrá que reeducar a un egresado del Seminario. Si lo hace así no tendrá que
estar buscando a otros ayudantes en la iglesia, no tendrá que traer a otros que no
conocen su manera de hacer el trabajo o las tradiciones sanas de la iglesia. Y
sobre todo, estará haciendo la obra al estilo de Jesús y de Pablo (Hch. 14.23; 2
Ti. 2.2).
5) El último precio que tiene que pagar la congregación es invitar a aquellos
que no son cristianos. Ya hemos hablado del valor que posee el PE, por la cual
ahora no volveremos a entrar en más detalles. Simplemente llamaré su atención
a una metodología que ha sido utilizada con bastante éxito en esta área. Es el
Plan Andrés. Es una tarjeta que tiene un compromiso similar al siguiente:
Me comprometo a ORAR diariamente por cada uno de los siguientes
amigos/parientes hasta que ellos lleguen a conocer a Jesús como su Salvador
personal.
A continuación aparecen espacios para cinco a diez personas. Coloque los
nombres de sus amigos y/o parientes que no conocen a Cristo y empiece a orar
por ellos hasta que se entreguen a Él.

Estos cinco precios, que tiene que pagar la congregación, son semejantes a
aquellos que los doce discípulos de Cristo tuvieron que pagar. Siendo discípulos
de Cristo tendremos que pagar el mismo precio. Hemos hablado del precio que
tiene que pagar el pastor y la congregación para alcanzar el crecimiento.
Sabiendo esto, una iglesia local puede tomar la decisión de si quiere o no crecer.
Calcular el costo es una enseñanza muy bíblica: Mateo 10.37-39; Lucas 9.23-25,
57-62; 14.28-35. También, nótese que algunos, después de haber considerado el
costo, dejaron seguir a Cristo (Jn. 6.66).
Un buen testimonio
Hch. 4.32-33; (34-37 con 2.42-47); 5.11-14, 42; 6.1 con 7 (aun de los
problemas viene un buen testimonio); 9.31; 11.19-21 Prov. 4.23; 10.9; 11.1, 3;
16.11; 17.15; 20.10
Otro principio antropológico es tener un buen testimonio por parte de la
iglesia. Entre las enfermedades eclesiásticas hablábamos del mal testimonio de
la iglesia y/o sus miembros y las consecuencias de ella. Ahora, felizmente, nos
toca hablar del buen testimonio de la iglesia y de sus miembros. Si esta no da un
buen testimonio a la comunidad, no debe esperar mucho crecimiento. Si no tiene
la confianza del pueblo o tiene mala fama, no podrá crecer. El gran comentarista
de la Biblia, G. Campbell Morgan, dijo una vez que las masas rehúsan en su
mayoría el evangelio “porque ven perfectamente bien que la iglesia no es
90
obediente a las ideas de su propio Señor y no está realizando su propósito”.
Cuando una iglesia es misionera, “realiza y manifiesta a su Señor en su
membresía, en su capacidad corporativa, por lo que entonces, y sólo entonces,
91
estará haciendo la obra de Cristo, la obra de buscar y salvar a los perdidos,”.
El tercer principio bíblico de crecimiento fue la de integridad. Vale la pena
revisarlo de nuevo porque sin la integridad no podrá presentar un buen
testimonio. Una vez, en un país caribeño, visité a una iglesia que en aquel
tiempo tenía su culto bajo una carpa en el jardín detrás de la casa. Como todo
estuvo a aire libre a mi me preocupaba un poco la molestia que se pudiera causar
a los vecinos. ¡Al contrario! Un vecino me respondió cuando le pregunté sobre
este asunto, “No señor, no se preocupe. Yo sé que cada domingo a esta hora va a
ver un concierto de muy buena música. Y a propósito, mi señora y yo sacamos
nuestras sillas para escuchar el concierto. Sigan adelante. No se preocupen.”
Bueno, no siempre es así, pero qué buen testimonio presentó esa iglesia en su
comunidad por tener música agradable y no muy fuerte que pudiera mostrar una
desatención para los vecinos. ¡Guarde su integridad!

Las actitudes negativas


Hch. 5.1-10
Otro principio de crecimiento es rechazar las actitudes negativas. Los libros
que hablan acerca de lo que hace un buen líder señalan que aquel que quiera
lograr el éxito tiene que marginar a los de una actitud negativa. No decimos que
tiene que “eliminarlos” de la vida eclesiástica, simplemente marginarlos de las
posiciones de autoridad e influencia. De no hacerlo, siempre van a presentar
barrera tras barrera contra el crecimiento. Posiblemente Pablo tenía esto en
mente cuando escribió la segunda carta a los de Tesalónica (3.13-15).
Probablemente es la razón por la que él no quiso llevar consigo en su segundo
viaje misionero al joven Juan Marcos. Tal vez lo vio como un pesimista y una
persona que siempre se quejaba de lo duro de la obra de Dios. Pablo sabía de
antemano que iba a sufrir y no necesitaba a alguien que siempre estuviera a su
lado murmurando contra él, contra Dios y contra las situaciones difíciles que
iban a encontrar.
Puede decirse que estoy especulando en cuanto a Juan Marcos. Pero la
realidad es que he tenido muchas experiencias tristes trabajando con colegas
negativos. En uno de mis pastorados tuve que esperar cuatro años, para que los
miembros negativos del consistorio se reemplazaran por otros más positivos y
realistas.
La manera en que se logró cambiar este consistorio consistió en tres pasos: a)
oración; b) exigiendo que los candidatos a cualquier puesto en la iglesia
cumpliera con los reglamentos bíblicos en 1 de Timoteo 3 y Tito 1.5-9; y c) el
uso de la comisión de nominación. Esta comisión pudo presentar sólo a los
miembros que habían cumplido con estos principios bíblicos y por haber sido
fieles en la asistencia a los cultos así como en sus diezmos y ofrendas.
Un error que su iglesia debe evitar es nombrar a cualquiera a una posición de
responsabilidad e influencia porque no hay nadie más. En tal caso es mejor no
nombrarlo - ¡deje el puesto abierto! Nombrar una persona para completar el
número requerido para la junta o para una comisión, no es una razón para
justificar todos los sufrimientos que han de venir por una persona negativa o que
no cumple con 1 de Timoteo 3 ó Tito 1.

El establecimiento de metas
Hch. 15.36; 16.10; 17.17; 18.27; 19.21; 26.15-18.
El último principio antropológico se refiere a las metas. Yo sé que el
establecimiento de metas entre el ámbito Latinoamericano no es algo de alta
prioridad. Con todas las incertidumbres de la vida la gente piensa, “¿Para qué
establecer metas si no voy a poder cumplirlas [por factores de fuerza mayor]?”
Pero, a lo largo noto que el Latinoamericano no es muy diferente que cualquier
otro ser humano. Y, que el Latinoamericano, como cualquier otro en el mundo
tiene sus sueños – y tales requieren metas para alcanzarlos.
Al ser humano le gusta saber a dónde va y qué necesita para llegar. Es cierto
que muchos no dan importancia a las metas, e inclusive no creen en la necesidad
de establecerlas. Sin embargo, cada uno de nosotros practicamos el arte de
establecer metas y cumplirlas cada día de nuestra vida, aun que sea inconsciente
de ello. No importa qué edad tenga, o qué hace para ganarse la vida, o quién sea,
cada uno de nosotros establecemos metas cada día y luego tratamos de
cumplirlas. Por ejemplo, el ama de casa que tiene sus deberes en cuanto a la
comida, tienen cumplirlos o sufrir las consecuencias. El pastor tiene que tener
listo su sermón por el domingo de la mañana. El obrero en una fábrica tiene la
meta llegar en la hora indicada para cumplir con sus deberes asignados. Es muy
probable que no quiera, pero si va a ganarse la vida tendrá que hacerlo.
Así debe ser también en la vida de una iglesia. Para algunos tener metas en la
iglesia es negar la presencia y el trabajo del Espíritu Santo. Ellos dicen que es el
Espíritu Santo quien tiene que establecer las metas y guiar a la iglesia en su
camino. ¡Eso es cierto! Pero el Espíritu Santo, una vez que ha hablado, espera
que el hombre se ponga en marcha. Si el Espíritu Santo le guía en una dirección,
debe tomar eso como una meta que alcanzar. Porque si no lo hace, algún día Él
mismo va a pedirle cuentas por lo que no hizo. Tener metas nos ayuda a saber si
estamos progresando del punto A al punto B en nuestras vidas espirituales y en
nuestras iglesias.
Sin metas no sabrá si ha logrado o no su fin. Las metas son necesarias para
establecer un Plan de Trabajo y una Filosofía de Ministerio (de lo que vamos a
hablar más adelante). Pablo tenía un plan: primero a los judíos; luego a los que
creyeran en Dios (helenistas); luego a los gentiles paganos. Y lo hizo
metódicamente en cada lugar donde iba. Pero, lo hizo según el contexto del lugar
(1Cor. 9.20-22; Timoteo y Tito).
La Iglesia que no establece metas no está siguiendo el ejemplo de Cristo (Mt.
16.18; 28.9, 20; Hch. 1.8) o de la Iglesia de Jerusalén y Pablo (Hch. 4.12; 5.20;
9.15; 14.47; 16.10; 18.27; 19.21; 21.12-14; 26.15-18). La iglesia que no
establece metas no crecerá mucho, ni sabrá si realmente ha progresado de un año
a otro en su crecimiento espiritual o numérico. Es como un barco a la deriva en
alta mar, sin timón, sin rumbo y sin un puerto a la vista. Cualquier viento que
sopla lo puede arrastrar a cualquier parte. Para evitar la misma suerte, debe
establecer algunas de las siguientes metas:

1. Crecer en un cierto porcentaje para el próximo año (más adelante


estudiaremos cómo establecer esta meta).
2. Crecer espiritualmente. Sí, se puede medir ese crecimiento. La encuesta
acerca de la “Calidad espiritual” le ayudará en esto (véase Apéndice A).
3. Tener un cierto número de campañas evangelísticas en el año y también
campañas de edificación.
4. Tener más vigilias y/o ayunos.
5. Definir las necesidades de su iglesia y luego establecer un tiempo apropiado
para solucionarlas.
6. Para poner un colono en la directiva de la iglesia.
7. Saber cuáles son las necesidades de la comunidad y cómo responder a ellas.

1. Para abrir una cafetería para los pobres del barrio.


2. Para establecer un servicio de taxi para los del barrio.

1. Construir un aula más para la Escuela Dominical.


2. Abrir un cierto número de células hogareñas.

Sus metas pueden ser éstas u otras que usted o su iglesia crean necesarias. Lo
que importa es establecer y cumplir una meta que honre y glorifique a Dios.
También, se da cuenta que las metas arriba son medibles y alcanzables.
Pedro Wagner nos da seis ventajas para establecer metas:

1. Puede hacer el trabajo más eficaz.


2. Puede medir la efectividad de su metodología.
3. Puede indicar los ajustes que tiene que hacer de vez en cuando.
4. Puede unificar aun más el equipo.
5. Puede proveer una forma de “rendir cuentas”.
92
6. Puede dirigir a los que quieran seguir nuestros pasos.

En cuanto a las metas, recuerde que una meta no medible, realmente no es una
meta. Una meta es algo que se cumplirá dentro de un límite de tiempo.
Dos ejemplos bíblicos de este principio de establecer metas son de Nehemías
y de la Torre de Babel. Leemos en el libro de Nehemías que cuando él se dio
cuenta del problema de la gente de Judá (1.3) ayunó y oró (1.4). Luego buscó la
voluntad de Dios (1.5-11). Consiguió el permiso del rey para irse y arreglar lo
malo que sabía que existía (2.1-8). Una vez en Jerusalén, Nehemías analizó el
problema y llegó a una solución (2.11-16). Estableció sus metas y animó a la
gente a trabajar (2.17-20). Trabajaron (3) a pesar de la oposición (4-7) y
alcanzaron su meta (7.15). Un libro muy interesante para leer sobre este líder es,
Nehemías: Dinámica de un líder por Cyril J. Barber (1967). En el libro de
Nehemías no solo veremos como establecer metas, sino todo el proceso de
93
hacerlas y cumplirlas.
El ejemplo de la Torre de Babel (Gen. 11.1-9) nos indica que si un grupo de
gente se pone de acuerdo con un fin en común se puede hacer cualquier cosa. Es
cierto que este ejemplo pueda ser considerado como un mal ejemplo, pero no es
así. Su fin fue malo, pero nos muestra la efectividad de las metas. La falla mayor
de ellos fue en no someter sus metas a la voluntad de Dios, como nos enseña
Santiago 4.11-16 y se fue a la deriva.
Para terminar con el tema de metas, una cita de John Maxwell nos va a
estimular para establecer metas. El dice, “La investigación nos revela que 95%
de nosotros jamás hemos establecido metas, pero, de los 5% que si lo había
94
hecho, 95% de ellos los habían llegado.” El mero hecho de establecer metas
concretas le va a colocar entre un grupo elite de gente. Dá ánimo saber que los
que establecen metas normalmente las cumplen.
Pasamos ahora al próximo capítulo para ver cuales son los principios
sociológicos del crecimiento de la iglesia.
Capítulo 9

LOS PRINCIPIOS SOCIOLÓGICOS


Y EL CRECIMIENTO

La tercera división de principios de crecimiento de la iglesia es de tipo


sociológico, principios que tienen que ver con aspectos que surgen de la cultura
humana. Como ha sido explicado en el capítulo anterior, las tendencias humanas
a veces nos lleva lejos del camino donde debamos estar. Y es justamente por eso
que el Señor ha puesto en su Palabra principios para ser aplicados si queramos
tener éxito en el crecimiento del cuerpo de Dios que representa su iglesia local.
Los doce “principios sociológicos” (el Capítulo 10 es la continuación de este
Capítulo 9) nos va a ayudar en guardar el camino derecho.
Los cinco principios de crecimiento que se encuentra en este capítulo son
principios que puedan ser controversiales pero si los estudiemos a la luz de la
Palabra de Dios no tienen que ser perjudiciales.

El dinero
Hch. 4.36-37; Rom. 15.24; Fil. 4.14-19; Ec. 10.19b
El dinero es el primer principio sociológico. En cada cultura hay formas para
comprar y vender. Hoy día, en casi todo el mundo, esas formas se facilitan por el
uso del dinero sin el cual no podrá hacer mucho en su vida personal, secular, ni
de la iglesia. En la iglesia también es necesario para hacer todo lo posible para
que esta crezca. Se necesita el dinero para pagar al pastor o a los pastores. El
dinero es necesario para comprar terreno (si no ha sido donado), construir el
templo y tal vez un edificio de educación cristiana. Sin el dinero no podríamos
comprar los avisos y pancartas para las campañas ni traer a un evangelista a la
95
iglesia. Entonces, el dinero es un principio sobreentendido y necesario.
A pesar de que el dinero es necesario para la función de la iglesia y su
extensión en el mundo jamás debemos olvidar que el mensaje del amor de Dios
y Su salvación para un mundo perdido es gratis, pero la evangelización es
costosa. Predicar el evangelio nos cuesta no sólo desde el punto de vista del
trabajo y a veces hasta sangre, sino también de dinero.
En muchas iglesias uno puede escuchar la frase “no hay dinero”. Aunque
pueda ser la verdad en algunos casos, no es la regla. Es, más que nada, una
excusa para no dar; para no mejorar el templo; para no evangelizar; para no ser
productivo en el reino. Es comprobado que, “Los cristianos forman el 32% de la
población mundial [en 1987], pero en cuanto al dinero y propiedades son dueños
del 62% de los recursos mundiales. De ahí gastan el 97% para sí y sus intereses.
96
Sólo el 5% de lo que sobra se usa para las misiones o la evangelización”. Es
verdad que estas cifras incluyen a la Iglesia Católica Romana, sin embargo nos
muestran que tanto ésta como la protestante son entidades ricas.
El problema reside en lo que Barrett nos reveló: sólo 5% del 3% de la riqueza
de la iglesia que no se consume entre los mismos cristianos se usa para el
ministerio de sus iglesias (incluyendo la evangelización y las misiones a
ultramar). Quiere decir que solamente el 0.015% de la riqueza de la iglesia se
usa para la extensión del reino de Dios en cualquier forma. Para que el ejemplo
le impacte un poco más, quiere decir de que cada dólar “cristiano”, solo un y
medio centavo se gasta dentro del reino de Dios para cualquier motivo. Y,
normalmente, solamente 10% de esta suma se usa en el área de misiones al
ultramar; o, quiere decir – ¡una décima parte de un centavo de cada dólar
evangélico va para las misiones ultramar!
Es posible que su iglesia sea pobre y no pueda hacer mucho económicamente
para que crezca. En este caso, el Señor espera que sólo utilice lo que tiene, ser
fiel a Sus mandatos de producir y Él proveerá lo necesario. Una iglesia con un
presupuesto equivalente de diez dólares mensuales no debe pensar en hacer lo
que puede hacer una iglesia con un presupuesto equivalente de $100 a $1,000
mensuales. En cambio, Dios espera más de las iglesias que tienen más (Lc.
12.48).
Las iglesias que por fe se lanzan a la obra del Señor serán bendecidas tanto en
el área económica como en las demás áreas de ministerio. Eso ha sucedido tantas
veces, que casi está llegando a ser un “principio de crecimiento”. Existe una
iglesia en Ecuador que quiso crecer pero no tenía los medios económicos para
ampliar su templo o para comprar un terreno más grande. Sin embargo, no
permitieron que la falta de dinero fuera un estorbo. Les llegó la oportunidad de
comprar un terreno de más de 12,000 m2 y sintieron que esta propiedad era para
ellos. Se fueron al banco para hipotecar el terreno que ya tenía para luego
comprar el terreno más grande, y le sucedió el milagro. El pastor José Suaso no
esperó a tener en sus manos el dinero solo creía que el Señor, a Su tiempo, se lo
daría. Y así fue, ¡EI banco les prestó el dinero para comprar el terreno! Es más,
en los seis meses siguientes construyeron un templo provisional para 300
personas con miras a edificar uno para 2,000 personas.
En otra ocasión, una iglesia construyó su templo para 300 y no les quedó
dinero para nada más. Necesitaban un equipo de sonido, pero no había dinero
para comprarlo. Sin embargo tenían fe y oraron. El pastor Gonzalo López no se
desesperó para tener un equipo de sonido. Se puso a orar junto con su iglesia y el
Señor les concedió uno que jamás hubieran podido comprar. Sucedió que de un
día para otro vino una persona no convertida quien era una madre muy
agradecida a la iglesia por el cambio tan positivo que se había operado en su hija
y les compró un buen equipo de sonido.
El dinero es necesario y lo hay. Tal vez lo que falta es la oración y la fe de los
líderes y los miembros de la iglesia que el Señor les va a proveer. Las historias
contadas aquí, se multiplicarían con aquellas que usted mismo conoce. Si es así,
y quiere ver el reino de Dios extenderse, ponga en acción su fe mediante sus
acciones y oraciones y verá cómo el Señor le contesta. Si les falta dinero ponga
su fe en marcha y sus oraciones de por medio.

Un lugar estratégico
Hch. 6.7; 13.1, 5, 6, 13-14, 52; 14.1, 6, 20; 16.6, 8; 17.1, 10, 15; 18.1, 19;
19.1; etc.
Cada negocio que vende directamente al público desea un local visible,
accesible y en una calle bien transitada. La razón es simple, si junta estos
requisitos ¡venderán más! Lo mismo con las iglesias. Si la iglesia está ubicada en
un lugar visible, y bien transitado, tendrá más posibilidades de crecer que otra
que se encuentre en uno menos visible. La iglesia en una calle principal puede
alcanzar a toda la ciudad, mientras que otra que esté dentro de un barrio va a
alcanzar solamente dicho barrio o a una clase de personas determinada. Una
iglesia escondida en una callejón sin salida va a alcanzar sólo las casas a su
alrededor. Pero la que está en un lugar visible y accesible podrá alcanzar a toda
la ciudad y a todo tipo de personas.
Podemos ver que el apóstol Pablo reconoció este principio, como lo
encontramos en Hechos, especialmente el Capítulo 13 (con las demás citas
arriba). Aun antes de Pablo, el primero escenario para la predicación del
evangelio fue las ciudades principales de Judá y de Samaria (Hch. 8.5, 40; 9.32,
36; 10.1) y luego al resto del mundo. En este proceso los evangelistas se fueron a
las ciudades principales, no a las menores (Hch. 11.20; 13.1, 6 - pasó por toda la
isla para llegar a la ciudad principal; 13.14 - aparentemente no predicó en Perge
pero se fue directamente a la capital de la provincia; 14.6; 16.6, 8, 12; 17.1, 15;
18.1, 19; 19.1).
Como decimos en el Capítulo 1, según las estadísticas de hoy en día, las
ciudades son los lugares más estratégicos. Hace 50 años, la mayoría de la
población era rural - hoy en día es urbana. En el siglo XIX solamente 2.4%
vivían en las ciudades. En 1950, 21% vivían en las ciudades. Actualmente, en
97
Latinoamérica, 72% de la población viven en una ciudad. Se estima que para el
año 2015 este porcentaje será de un 82%. ¡El más elevado de todos los
98
continentes!
Para nosotros en Latinoamérica, el lugar más estratégico es la ciudad, sin
duda. Eso demanda que las agencias misioneras y las iglesias coordinen sus
estrategias para incluir las ciudades. Es cierto que no debemos olvidarnos de los
lugares rurales y aislados. Simplemente debemos ir a donde la gente es más fácil
de alcanzar con menos recursos y tiempo, y luego dejar que ellos alcancen el
resto del su área geográfica. Aquí se presenta el concepto de Hechos 19.10:
alcanzar a los centros populares y el resto del país será alcanzado (véase 19.26).
La lógica de eso se encuentra en que la mayor parte de la población urbana
viene de las zonas rurales. Todavía tienen padres y otras familiares en los
pueblos más pequeñas del país. Y, un aspecto cultural del Latinoamericano es
que en los días feriados, todo el mundo se vuelve a las ciudades, pueblos y
caseríos donde viven sus familiares. Entonces, un familiar se convierte en la
ciudad y luego lleva el evangelio a sus familiares en el campo. ¡Eso es el
Principio de Hechos 19.10 en acción!
Una vez en la ciudad, Pablo escogía el lugar más estratégico para lanzar el
evangelio. Usualmente fue en las sinagogas (13.5, 14; 14.1; 17.10, 16; 18.19).
También se fue al mercado, a las casas de las autoridades, y lugares donde los
líderes debatían filosofía y política. Lo mismo debe ser con la iglesia urbana hoy
en día. Debe buscar un lugar para impactar mejor la zona de su blanco. Una
iglesia que aspira impactar una zona más allá que su barrio necesita ubicarse en
un lugar estratégico. Tiene que ser visible y accesible. La iglesia del barrio no
necesita tanto un lugar estratégico porque todo el barrio va a saber dónde está la
iglesia. Y, una iglesia de buena fama tampoco necesita un lugar estratégico. Pero
en todo caso tiene que ser visible y accesible.
El gráfico siguiente ilustra el efecto de la ubicación de cuatro iglesias que
están en una ciudad. Es un mero ejemplo y realmente no representa ni una
ciudad – a mi saber – en Latinoamérica. La presento para ilustrar el alcance de
una iglesia a su comunidad y/o a su blanco. La Iglesia Rojo Oscuro parece una
iglesia de la comunidad porque casi todos sus miembros viven dentro de unos
kilómetros de la iglesia. La Iglesia Azul parece que es una iglesia con toda la
ciudad como su blanco porque sus miembros vienen de todas zonas de la ciudad.
La Iglesia Verde debe estar pensando en reubicarse porque sus miembros vienen
de lejos. La Iglesia Rojo parece que es una iglesia enfocándose en su barrio pero
también tiene pretensiones de extenderse más allá de su comunidad. Viendo a la
ciudad completa uno se da cuenta que faltan iglesias en la zona Este. Mientras
que la zona Oeste norte parece más receptiva.

El Alcance de la Iglesia

Ahora, en cuanto a las iglesia del gráfico, no sabemos si están bien ubicadas o
no. Podemos suponer que la iglesia Rojo Oscuro no está bien ubicada (o es una
iglesia de clase alta, va una explicación para eso más adelante) porque solo
llegan los de la zona, quienes saben dónde se ubica la iglesia. La Iglesia Azul
puede estar bien ubicada porque es conocida en toda la ciudad.
El efecto de tener una iglesia que no esté en un lugar visible y accesible es que
las personas tendrán muchas dificultades para encontrarla o llegar a sus puertas.
Si no pueden llegar fácilmente a la iglesia, tarde o temprano dejarán de asistir.
Jamás olvidaré la ocasión en que visité un caserío en la costa de Ecuador. Fui
con un grupo de jóvenes seminaristas para dirigir un culto de promoción del
Seminario.
Nuestro guía nos llevó por la calle principal del pueblo hasta un sendero entre
dos casas abandonadas. Nos metió en un sector desértico, que estaba habitado
sólo por ratones y buitres. Al fin llegamos a una pequeña construcción de
madera de una sola planta y con menos de 30 m2 que tenía más de 40 años
sufriendo los embates de la costa ecuatoriana y jamás se había pintado. Para
entrar por la puerta principal, que ni estaba al frente del sendero, tuvimos que
pasar por donde se encontraba un perro que cuidaba el templo y por la basura
echada sobre el muro que separaba el pequeño templo de una zona de casas
vecina. Aquella noche no me sorprendió mucho ver menos de 15 personas
reunidas en el templo. ¡Todos ancianos y colonos! No habrá esperanza de un
futuro positivo para esta iglesia.
En otra oportunidad, la misión me asignó un trabajo en una iglesia que tenía
un año de fundada. En aquel tiempo celebraba sus reuniones en una casa bien
escondida, aunque quedaba sólo a una cuadra de una calle principal. El primer
paso que di fue sugerirles salir de aquel lugar. Después de un tiempo alquilaron
un local bien visible y estratégico. En menos de un año la asistencia se duplicó.
Luego, se trasladaron a una propiedad de 1,200 m2. Construyeron un templo
provisional para 300 personas y en un año se duplicó nuevamente su asistencia.
Ubicar la iglesia en un lugar visible y estratégico no garantiza el crecimiento,
pero indudablemente ayudará de forma considerable.
Dicho sea de paso, no toda iglesia tiene la meta de impactar a la ciudad, ni tal
vez a todo el barrio. Pero cada iglesia debe tener como blanco la gente que vive
a su alrededor. En tal caso, no importa donde se ubica la iglesia al menos que sea
presentable y agradable entrar por sus puertas.
Una vez, en el sur de Chile, fui a una iglesia Mapuche. Estaba bastante aislada
de todo. Estaba en el campo con muy pocas casas a la vista. Sin embargo, se
llenó a la hora del culto. Para los Mapuches no es una molestia caminar un buen
rato para llegar a la iglesia. Y, como son gente del campo, entrar a una iglesia
grande y numerosa no es algo agradable para ellos, normalmente. Prefieren
asistir a iglesias rurales, pequeñas, y aisladas que a una iglesia urbana y grande.
Y quieren estar con su gente para adorar a Dios (en su grupo de gente).
Antes de seguir adelante, una palabra más en cuanto al término “estratégico”.
Hasta aquí hablamos de lugares geográficos. Pero también es importante darse
cuenta de la importancia de gente de influencia y estratégica. Porque si puede
ganar a ellos para el Señor, ellos mismos pueden ayudarle a hacer más extensivo
el evangelio. Felipe, Pedro y Pablo lo hicieron (Hch. 8.27; 10.1; 13.6, 7; 19.10,
26). Pero, enfocándose sobre los estratos medio-alta a alta de la sociedad
requiere una iglesia no muy visible ni accesible. De nuevo, las razones son
netamente culturales: los de estos estratos no quieren estar en lugares públicos
con poca seguridad. Ellos prefieren estar más metidos en sus propias zonas y aun
dentro de sus propias casas. Aquí es un buen ámbito para utilizar la metodología
de iglesias celulares (de lo que vamos a investigar pronto). Pero, quiero
presentarle un ejemplo de abrir una iglesia entre esta clase de gente y un
resultado bastante agradable de ello.
En la capital de la República Dominicana, Santo Domingo, hay una iglesia
celular entre la clase media-alta. Una vez que tenían varias células empezaron a
tener sus cultos de celebración en un hotel de cinco estrellas. Y esta iglesia sigue
creciendo. No por estar en el hotel, aunque eso atrae gente nueva de esa misma
clase. Creció por su afán de evangelizar a su propio grupo de gente. En dos años
creció de los ocho miembros del equipo hasta tener más de 120 en el día de su
segundo aniversario.
Otra cosa curiosa de esa iglesia es que, a pesar de ser una iglesia enfocada en
“los ricos”, tenía un pastor en el equipo que vivía en un barrio de la clase media-
baja. Él estaba trayendo gente de allá a la iglesia. En si, la iglesia se componía de
dos clases de gente: los de la clase media-alta y los de la clase media-baja. Había
como 40 de la clase media-baja asistiendo. Pero, ellos no querían seguir
asistiendo A los cultos en el hotel donde se sentían un poco incómodos.
También, la liturgia de los cultos no era bastante viva para ellos. Pero, por
encima de todo, ellos quisieron duplicar el éxito de esta iglesia dentro su propio
barrio y ambiente. Entonces, con un mutuo acuerdo, ellos se separaron el
domingo siguiente, con su pastor, para iniciar una iglesia nueva entre su propio
grupo de gente.
En la ciudad de Caxias do Sul, Brasil, hay un esfuerzo evangelístico que tiene
como su blanco la clase media hacia media-alta. Pero lo bueno de la filosofía de
alcanzar a gente de esta clase (de lo que vamos a hablar próximamente), es
porque son personas de influencia. Inclusive han desarrollado un programa pre-
evangelístico para atraer gente de su blanco. El motivo es alcanzar a esta clase y
de allí lanzarse hacia los de la clase alta y los de la clase marginada. Esa última
meta no va a ser muy difícil porque una característica de la clase media-alta de
esa ciudad es justamente su servio social con la gente necesitada. Usando esa
puerta, será fácil usar los recursos de la iglesia para formar iglesias entre la gente
marginada.
Hay una denominación que está utilizando todos sus recursos para alcanzar a
las clases de influencia con dos propósitos:

1. Alcanzar al grupo de gente menos alcanzado en todo Latinoamérica: las


clases media-alta a alta. Ellos merecen igualmente el evangelio como el
más pobre del continente. Y, en vistas que la mayoría de las iglesias
evangélicas están entre las clases media hacia abajo, esa misión ha decidido
enfocarse sobre los demás.
2. Una vez que se convierten gente de esta clase pueden usar sus recursos e
influencia para extender el reino de Dios aun más allá.

El esfuerzo en Brasil es uno entre muchos. Los capitales mayores de


Latinoamérica tienen su equipo de misión haciendo todo lo posible para alcanzar
la clase de influencia.
Sé que existe la actitud en el ámbito del mundo evangélico que los pobres son
los preferidos de Dios. ¡Puede ser! Pero Dios jamás se ha olvidado de las demás
clases y estratos de gente. Mayormente, la iglesia ha dejado de preocuparse por
los de las clases media hacia alta para ponerse a favor de los pobres. Eso es ser
tan clasita como cualquier otro que enfoque netamente a un sólo grupo y que
excluye a los demás. ¡Incurren en la ceguera social! Pero los ricos necesitan a
Cristo igual que cualquier pobre.
También es verdad que ser pobre no quiere decir que automáticamente sea un
cristiano (o seguidor de Cristo). Tanto los pobres como los ricos están bajo el
juicio de Dios y tienen que reconocer a Cristo como su Salvador y Señor antes
que puedan entrar al reino de Dios. Es un fenómeno contemporáneo que los de
las clases altas estén abriéndose más y más al evangelio. ¡De repente es la hora
de la cosecha entre ellos!
Hablando de clases de gente nos lleva lógicamente al próximo principio
Bíblico de crecimiento.

Los grupos de personas


Hch. 2.6; 4.23, 32; 5.12, 20; 6.1, 7, 9; 8.27; 9.2, 29; 10.28; 11.1-3; 11.16, 17;
13.26; 14.27; 15.11; 20.21; 21.19, 21; 22.21.
El tercer principio tiene que ver con la idea sociológica del grupo homogéneo
(grupo de personas). Ese principio ha existido desde el amanecer de la raza
humana. Y en el libro de Hechos leemos de muchos grupos homogéneos:
capítulo 2 de Hechos, Hechos 6.1 (griegos y judíos), Hechos 15.5, la secta de los
fariseos que habían creído, y por supuesto los hermanos griegos que tenían sus
problemas con las tradiciones de los hermanos judíos (Hechos 15).
El principio tiene mucha lógica y refleja la realidad de 98% de las iglesias
alrededor del mundo. Casi todas las iglesias en el mundo practican este principio
sin darse cuenta. El término se refiere a un grupo que se da cuenta que es
diferente de otros. Puede ser por sus costumbres (costeños, serranos, mestizos,
indios, blancos), su nivel económico (clases alta, media, baja), sus mismos
intereses (clubes de deportes, médicos, maestros, abogados), su raza (quechuas
de Chimborazo, Ecuador, de Cajamarca o del Cuzco, Perú o argentinos de raza
inglesa, o chilenos de raza alemana), etc. Son grupos que se definen a sí mismos
como diferentes de cualquier otro.
Dicho principio de crecimiento dice que a las personas “les gusta llegar a ser
99
cristianos sin tener que cruzar barreras raciales, lingüísticas o de clase”. Este
principio es tal vez el más discutido por los críticos de la escuela del crecimiento
de la iglesia. Con este principio, la crítica tiene alguna base porque fácilmente el
racismo o el nacionalismo pueden penetrar en una iglesia por medio de este
principio. Es por eso, que uno debe tener mucho cuidado con este principio para
que no llegue a ser la base para el orgullo o clasismo. Ese principio fácilmente
puede a llevar uno a cometer la enfermedad que hemos llamado “etniquitis” o
“ceguera social”.
Pero a la vez, no pueden negar que el hombre es un ser homogéneo. Por
naturaleza le gusta estar con gente de su propio tipo. Por eso los norteamericanos
tienen sus lugares preferidos en Latinoamérica. Los latinos en los Estados
Unidos tienen sus lugares preferidos. Los cubanos en Miami, los puertorriqueños
en Nueva York, los mexicanos al sur de California y Texas (pero últimamente se
encuentra mexicanos en todos los Estados. Están los que dicen que los
mexicanos están reconquistando a los Estados Unidos, pero esta vez sin un solo
tiro), los de Centroamérica en Los Ángeles, los ecuatorianos en Nueva York, etc.
Harvie Conn, un perito en la dinámica de la iglesia, dice, “Las unidades
homogéneos existen para proveer la necesidad humana para sentirse amado y
100
tener compañerismo.”
Cuando un hispano va a los Estados Unidos busca a los que hablan español y
prefieren adorar a Dios en una iglesia de habla español. Igual, cuando un
cristiano norteamericano llega a una ciudad latina, y quiere asistir a una iglesia,
busca una iglesia de habla inglesa. De igual manera, los aficionados del club de
fútbol Coló Coló o de Alianza, cuando viajan les gusta encontrarse en compañía
de otros aficionados de sus clubes. Aunque son personas de diferente
procedencia, ocupación y estrato social, el hecho de tener el mismo interés hace
de ellos un grupo homogéneo.
Lo mismo ocurre en cuanto a la iglesia. Como la iglesia es una entidad
sociológica obedece a las reglas sociológicas. En cualquier capital de
Latinoamericana, usted va a encontrar iglesias compuestas por personas que han
emigrado a la ciudad y asisten a determinada iglesia, simplemente porque la
mayoría que va allí pertenecen a su misma zona geográfica de origen. En Quito
hay iglesias que hablan quechua netamente de Chimborazo o de Imbabura; en
Lima hay iglesias de campesinos procedentes de las provincias de Junín,
Ayacucho; en Sao Paulo hay iglesias compuestas por indígenas de la cuenca
amazónica, etc.
Está comprobado que esas iglesias homogéneas crecen más rápido que las
heterogéneas. Pedro Wagner dice:
Una década y media de investigaciones, en diferentes culturas y
prácticamente en todos los rincones del mundo, confirma que las iglesias
que tienen más probabilidades de crecer son las que se unen en un
compañerismo común con las pertenecientes a una unidad homogénea
101
[grupo de personas].
Waskom Picket tiene esta explicación del fenómeno:
En todos los continentes abundan las evidencias de que a las personas se les
facilita abrazar la fe cristiana, el propósito de esa fe y el vivir en ella cuando los
amigos, parientes y allegados comparten con ellos la experiencia. Mientras que
102
se les dificulta cuando llegan solos, separados de sus seres queridos y vecinos.
Lyle Schaller, tal vez uno de los estudiosos más sabio en cuanto al crecimiento
de la iglesia en los Estados Unidos, dice: “[C]entenarios de estudios bien
diseñados para este propósito muestra que [el principio de la unidad homogéneo]
es el segundo factor en el crecimiento de una iglesia. El primer factor es el nexo
entre parientes. Y hay los que dirían que el principio de nexos [puentes, como lo
llamamos en este libro] representa la expresión mayor del principio de la unidad
103
homogénea.”
¿Por qué es eso? Porque es un principio sociológico que va a encontrar donde
quiera que vaya. Empezando con el libro de Hechos – y aun desde el principio
de la historia. En Hechos se habla indistintamente de los problemas entre los
hermanos griegos y hebreos (6.1) y entre los hermanos ortodoxos (“la secta de
los fariseos que habían creído”) y los hermanos “liberales” (Pedro, Pablo y los
cristianos nuevos entre los griegos) (15.5). Habla también en cuanto a los
gentiles, en contraste de los judíos (11.18; 13,48; 15.14).
Aun los críticos de la escuela de crecimiento eclesiástica se sienten más
cómodos entre ellos mismos que con los que proponen el crecimiento según las
líneas de este libro. Pero de todas formas tenemos que tomar en serio la crítica
en el sentido de que este principio se usa para formar iglesias racistas o clasistas.
Estamos de acuerdo con los críticos cuando nos dicen que en el cielo no
tendremos las divisiones que tenemos aquí.
Pero no estamos de acuerdo con ellos cuando nos enseñan que aquí podemos
establecer iglesias sin ninguna división. Por más que uno quiera no podrá
establecer una iglesia que no sufra una división, falla o enfermedad. No se puede
encontrar la iglesia que no sufre por lo menos una fisura entre uno, dos o tres
grupos dentro de la iglesia. Es cierto que tenemos que eliminar eso en lo posible,
pero decir que lograremos hacerlo por completo es como meter nuestra cabeza
en la arena y así quedarnos ignorantes de la realidad.
Tenemos que enseñar a la gente la verdad del amor “ágape” y “fileo” y es
nuestra esperanza que ellos pongan en práctica estas clases de amor. Una vez en
el reino de Dios, entonces podría enseñarles el amor igualitario que debe haber
en las iglesias. Pero prohibir que sigan adorando a Dios entre su propia gente,
simplemente porque así quieren hacerlo, está de más. Y parece que hay razón
bíblica para permitirlo como un aspecto sociológico sin llegar a ser un dogma
que divida la Iglesia. En el libro de Hechos vemos varias referencias a grupos de
gente (ve las citas arriba). No sería nada raro si ellos, como hombres en todas las
épocas de la historia, prefirieran unirse con los de su propio grupo homogéneo.
Estamos en completo acuerdo con el Doctor René Padilla cuando dijo que la
iglesia de Dios es una “unidad del pueblo de Dios [que] transciende todas las
104
distinciones externas”. Pero, cuando dice que la Iglesia de Jerusalén, por medio
del decreto que aparece en Hechos 15, estaba protestando “contra todo intento de
resolver los problemas que surgieron de las diferencias culturales entre
105
cristianos, mediante la formación de congregaciones separadas”, a mi me
parece que está llevando demasiado lejos su punto de vista. No creo que estaba
protestando, mas bien, estaba reconociendo la realidad de las distintas culturas
dentro de las cuáles la Iglesia de Jesucristo estaba siendo formada.
La Iglesia de Jerusalén es un buen ejemplo de cómo una iglesia debe afrontar
el problema del grupo de gente. Reconoció que el mundo griego era bastante
diferente al suyo. Supo que los gentiles jamás iban a llegar a ser como ellos. El
decreto simplemente era un intento de delinear un poco la libertad que
experimentaba el cristiano griego frente a las sensibilidades del cristiano judío.
En vez de tener un ejemplo de una iglesia donde reinaba la igualdad cristiana,
posiblemente tenemos una iglesia que reconocía sus limitaciones y tenía la
madurez para admitirlo. Pero no quiso restringir demasiado el desarrollo de la
iglesia griega y/o romana. Se presenta como una iglesia que no sufría de la
“ceguera social” porque permitió que se manifestaran las diferencias entre
“grupos de personas”. Si no lo hubieran hecho podríamos haber dicho que era
una iglesia cegada por su homogeneidad. Como pueden apreciar, podemos usarla
como un ejemplo digno de imitar para los que sufren de la “ceguera social” y de
la “etniquitis”.
Es dado por sentado que muy pocos gentiles en el día de Pablo querían
circuncidarse para convertirse al cristianismo. Que la Iglesia de Jerusalén hiciera
el decreto fue el reconocimiento de que no todos los cristianos en el mundo iban
a adorar a Dios igual que ellos. Es cierto que Pablo reconoció el principio de la
unidad de amor en Cristo, pero si quería ganarlos para el Señor tenía que
reconocer la verdad sociológica de que para los judíos tenía que actuar como
judío y para los gentiles, como gentil. (1 Cor. 9.20). La Iglesia de Jerusalén no
quería forzar a una iglesia griega a ser como una judía.
Pedro Wagner defiende y explica claramente el principio de la unidad
homogénea (“las personas prefieren llegar a ser cristianas sin tener que cruzar
barreras raciales, lingüísticas o de clase”) de la siguiente manera.
Primero, es una presuposición descriptiva y no normativa. Es fenomenológica
y no teológica. No dice “Los hombres deben llegar a ser cristianos”, sino que
“los hombres prefieren llegar a ser cristianos”.
Segundo, se refiere a discipular y no a perfeccionar. Es un principio de
106
evangelización, no de nutrición cristiana.
Quiere decir que debe aplicarse como un principio para llegar a las personas,
no para mantenerse en la formación de cristianos; es para ganarlos para el Señor
a fin de poder formarlos más tarde. Una vez salvos hemos de enseñarles que el
divisionismo por causa de raza, cultura, clase, etc., está en contra del amor
“fileo” y “ágape”. Está por demás esperar que los del mundo piensen así antes de
convertirse. Por otro lado, si antes de su conversión tratamos de enseñarles que
deben amar hasta a sus enemigos, ni siquiera nos escucharán. Este principio es
un “principio de entrada”. Una vez en el reino de Dios tendrán más razón para
escucharnos y para darnos más credibilidad.
El principio de grupo de gente es una herramienta valiosa. Veamos cómo
funciona en la práctica. Supongamos que haya una iglesia de gente de un barrio
pobre y quiere abrir una obra hija entre los negociantes. ¿Podrá hacerlo? Lo
dudo. ¿Porqué? Porqué los negociantes no van a recibir muy abiertamente a la
gente pobre. ¡Es clasista, de acuerdo! Pero, a los inconversos, ¿qué les importan
los principios bíblicos? Hasta que lleguen a ser cristianos no debemos esperar
que vayan a respetar el principio bíblico de la igualdad delante de Dios.
Los negociantes piensan que son mejores que los que trabajan para ellos y no
les van a prestar mucha atención. Si vamos a alcanzar a los negociantes o
profesionales necesitamos gente de su mismo nivel económico o aun más alto
para alcanzarles. Ahora, será más fácil para los profesionales abrir una obra entre
los pobres que al revés. Pero, para abrir una obra entre los barrios marginados
rige el mismo principio que para la gente más preparada, hacerlo con los de su
propio nivel económico.
Otro ejemplo puede ser si un indígena escucha el evangelio de Dios de un
extranjero, y no entiende bien el idioma que éste usa, se irá sin convertirse. O tal
vez entienda bien lo que diga el mensajero de Dios, pero por ser de otro grupo
étnico, no aceptará lo que le diga. Si por último, el indígena escucha el mismo
mensaje predicado por otro indígena, lo entenderá mejor y estará más atento a la
predicación porque proviene de uno igual a él. Con el tiempo el indígena podrá
aceptar el mensaje de salvación y en seguida lo predicará a sus amigos. Como
hemos mencionado, cada persona tiene como promedio siete grupos a los cuales
pertenece, por eso el indígena irá difundiendo el evangelio entre todos estos
nexos. Un resultado muy factible y lógico es que surja una iglesia de cada grupo.
Un ejemplo de este principio viene del país de Surinam. Allí hay una iglesia
china. Ya ha existido por varias décadas y es una iglesia bastante bien formada
con una visión misionera hacia a los pueblos chinos en Latinoamérica. Entre los
años 1986 a 2002, ha abierto iglesias chinas en otros cinco países. Y, por encima,
abrió tres iglesias más en el mismo Paramaribo entre los hindis, los javaneses
(dos iglesias) y una para los chinos de la segunda generación que habla holandés.
Cada una de estas iglesias es homogénea.
Hay una iglesia en Venezuela que se inició entre la gente de la clase media-
alta. Tras los años llegó gente de las clases media y baja. Poco a poco crecieron
el número de ellos y menguaron el número de la gente de la clase media-alta. No
faltó mucho para que surgiera un choque entre las dos clases sociales sobre el
estilo de adoración en la iglesia. A pesar que muchos trataron de evitar tal
ruptura no pudieran hacerlo. Al fin este choque causó la salida del pastor y la
formación de otro grupo entre los de recursos porque no pudieron aguantar la
música y estilo de adoración de los de la clase obrera, el grupo que se quedó con
el edificio.
En la ciudad de Ciudad Juárez, en la frontera de México con los Estados
Unidos, el pastor Tomás Bencómo aplica muy bien este principio. Es pastor de
una de las iglesias más grandes de Juárez y es el responsable del establecimiento
de otras iglesias de su denominación en la misma ciudad. Pero, en el año 2001,
vio la necesidad abrir una iglesia en El Paso, la ciudad estadounidense hermana
de Ciudad Juárez.
Si uno visite las dos iglesias no va a ver varias diferencias en el idioma ni en
muchas de las costumbres porque las dos iglesias son netamente mexicanos (no
hay ni un “gringo” que asista ni a una ni a otra). Sin embargo, hay diferencias
sociales y se nota en el vestuario de los que asisten y en el tipo de autos que
manejan. También, el pastor Tomás se presenta diferente en cada congregación.
¿Está haciendo excepción de personas? No, está obedeciendo las normas
sociológicas para los dos grupos. ¡Si estaba haciendo excepción de personas ya
no hubiera abierto una segunda iglesia!
También, Tomás Bencómo tiene un corazón misionero para una tribu de
indígenas en la sierra de Chichuhua, los Tarahumaras. Y está mandando
misioneros mexicanos para llegar a ellos. En tal caso está abriendo una iglesia
homogénea entre los Tarahumaros porque ellos son muy celosos en cuanto a
juntarse con los no-Tarahuamaras. El establecimiento de una iglesia heterogénea
no cabe entre esa gente. ¡Si estaba haciendo excepción de personas, no hubiera
abierto una iglesia entre ellos!
El principio de grupo de gente es importante en el crecimiento de una iglesia y
el pastor que no lo reconoce va a sufrir las consecuencias de la enfermedad
eclesiástica de la ceguera social.

El puente
Hch. 8.4; 26-39; 10.22; 11.20
Utilizamos los puentes cuando tenemos que cruzar una barrera que sea una
barranca, un río, etc. Lo mismo con los mundanos que llegan al reino de Dios,
tienen que cruzar un gran abismo y nosotros somos los puentes. Anteriormente,
mencionamos que el 86% de los que llegan a la iglesia lo hacen por medio de un
amigo o pariente que lo invitó. Es decir, esta nueva persona llegó a la iglesia por
medio de un puente.
El principio funciona según la dinámica de cualquier puente que une dos
puntos y permite que lo de un lado del obstáculo llegue al otro lado. El obstáculo
puede ser un río, un abismo, un arroyo o el pecado que nos separa de Dios. Si el
obstáculo es el pecado, el puente es el cristiano que conduce a una persona del
reino de las tinieblas al reino de la luz por medio del evangelio. Según 2 de
Corintios 5.19 y 20, cada cristiano debe ser un puente.
Cada uno de nosotros debemos aprovechar los nexos de amistad (nuestro PE)
que tengamos para extender el reino de Dios. Por eso algunos lo llaman el
principio de los nexos. Si este principio funciona bien le ahorrará a la iglesia
mucho dinero porque no necesitará de publicaciones costosas para los programas
de la iglesia ni para los folletos evangelísticos. Basta que los mismos hermanos
lo publiquen verbalmente por medio de su amistad con sus amigos y parientes.
Por ejemplo, una noche en una campaña en el Perú un joven se convirtió. Los
del equipo ministerial no lo conocían, pero la gente de la iglesia sí sabía quién
era. Avisaron al equipo que el joven era el jefe de la pandilla más temida del
barrio. Después de enteramos del asunto pensamos que el joven se había
entregado a Cristo para tomarnos el pelo y que en la noche siguiente vendría
para molestarnos con su pandilla.
Efectivamente, a noche siguiente llegó la pandilla justo a la hora de iniciar el
culto. El joven entró con los miembros de su pandilla y fueron hasta la segunda
fila. Una vez allí, “el jefe” mandó a las personas que se encontraban en esa fila,
que se paran y buscan otros asientos. Nadie se atrevió a discutirle y simplemente
obedecieron las órdenes. Entonces hizo que cada miembro de su pandilla, uno
por uno, fueran entrando en la banca y se sentaran. Todos escucharon
atentamente el sermón y luego varios de ellos se entregaron a Cristo. Con el
tiempo la mayoría de los jóvenes se convirtieron.
Si cada uno de nosotros pertenecemos a un promedio de siete grupos de
personas (la propia familia, la del cónyuge, los compañeros de trabajo, los de la
escuela o de la universidad, la iglesia, sus amigos “íntimos” y los vecinos)
tenemos bastantes oportunidades de ser un puente a todos nuestros amigos y
parientes dentro de estos grupos. Este principio estaba en mente, cuando
hablábamos de nuestro PE (Potencia Evangelístico) en el Capítulo 3. Si
pudiéramos animar a cada miembro de nuestras iglesias a ser un puente eficaz
para el Señor, en muy poco tiempo veríamos el rápido crecimiento, de lo que
jamás habíamos visto o esperado. Una razón por la cual no hemos visto tal
crecimiento es justamente porque nuestros miembros no están sirviendo de
puente. Nuestro deber es estimular más el uso de este principio que es muy
simple y fácil poner en práctica.
Es muy interesante ver como los primeros cristianos utilizaron ese principio.
Primero fueron a los judíos (Hch. 2.14; 13.5, 14; 14.1; 16.13; 17.1, 2, 10, 15;
18.2; 19.8; 28.17-24); luego se fueron a los gentiles “que creyeron en Dios”
(Hch. 10; 13.16; 14.1; 16.14; 17.17); tercero, a los paganos (Hch. 13.46; 17.18;
22.21); y cuatro, usó los nexos (Hch. 13.14, 16). Algunos ejemplos específicos
de este principio en Los Hechos son el eunuco (Hch. 8.26-39); Cornelio (Hch.
10.22); y los helenistas (Hch. 11.20).

Servicio social
Hch. 4.34; 11.27-30; Lu. 10.25-37; 1 Jn. 3.17, 18; 1 Cor. 16.1, 2; 2 Cor. 8.1-6;
Gl. 6.10
El servicio social es un principio que debe fluir normalmente de una iglesia
que quiere ser fiel a la Palabra de Dios. Y, si uno estudia la historia de la iglesia
va a darse cuenta que la iglesia evangélica ha estado muy involucrada en el
servicio social. El servicio social es un “tipo de ministerio social que busca
satisfacer las necesidades de individuos y grupos de manera directa e indirecta.
Si hay una hambruna, el servicio social proveerá alimento para la gente
107
hambrienta”. El servicio social es el deber de toda iglesia. Gálatas 6.10 es muy
claro cuando dice, “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos,
y mayormente a los de la familia de Dios.” Juan nos dice, “El que tiene bienes de
este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra el su corazón,
¿cómo mora el amor de Dios en el?” (1 Jn 3.17).
La iglesia tiene que estar muy involucrada en el servicio social. Proveer las
necesidades materiales es un mandato escrito en muchas páginas de la Biblia.
Proveer las necesidades de los necesitados fue una de las primeras cosas que
hizo la Iglesia Primitiva (Hch. 4.34; 6.1). Sanar a los enfermos debe ser algo tan
cotidiano para la iglesia como era para el Maestro. Por este lado, la historia
cuenta que la iglesia evangélica tiene un buen récord.
La Iglesia El Batan en Quito, Ecuador, puede servir como un ejemplo de una
iglesia comprometida tanto con el servicio social como con la acción social. La
iglesia sirve comida hasta a 100 personas necesitadas cada domingo; da comida,
educación, y ha iniciado una iglesia entre un grupo de gente que vive en la
basurero de Quito y que se gana la vida con lo que encuentra entre la basura
quiteña. Y, de paso, ya ha abierto otra iglesia entre la clase media-alta y está en
proceso de abrir una segunda iglesia entre ellos.
En la ciudad de Porto Alegre, en el sur de Brasil, hay una iglesia de la clase
media que sentía la necesidad de socorrer a los famosos “niños de la calle”.
Entre los mismos miembros de la iglesia se levantan las ofrendas necesarias para
mantenerlo. Aun una pareja de la iglesia está dedicándose a esa labor. Ya hay un
alberque para niños y esperan pronto tener otro para niñas. Eso sucedió porque el
Señor puso en los corazones del mismo pastor y otros miembros la necesidad de
los niños abandonados por sus padres y familias.
Punto aparte es lo que se llama “acción social”. Este aspecto del principio de
servicio cristiano en cuanto a lo social es muy controversial y divide iglesias y
hermanos. Pedro Wagner define la acción social como el “tipo de ministerio
orientado a cambiar las estructuras sociales [e] involucra cambios socio-
108
políticos”. Creemos que una iglesia que quiera crecer no debe inmiscuirse
principalmente en la acción social. Tenemos que hablar de este principio porque
muchas iglesias enfocan sus esfuerzos en la acción social pensando que así va a
crecer su iglesia, luego no pueden decir por qué no crecieron a la medida
esperada.
Juan Carlos Miranda dice que está comprobado que las iglesias que se
especializan en la acción social no crecen, mientras que aquellas que lo hacen en
109
la evangelización, crecen. ¿A qué se debe esto? Puede ser que cuando una
iglesia se involucra en la acción social se despreocupa mucho de lo espiritual.
Ponen todo su esfuerzo en la acción social a costo de lo espiritual. En cambio,
cuando una iglesia se preocupa por lo espiritual, resulta que también reconoce
las necesidades de las personas y muchas veces trata de suplirlas.
Tuve el privilegio de ayudar en la formación de una iglesia en un barrio
llamado El Agustino en Lima, Perú. En aquel barrio había un grupo de
misioneros alemanes que se dedicaban netamente a la obra social. Habían
construido una escuela y un colegio con consultorios dentales y médicos.
Trataban de enseñar a las personas de este barrio marginal lo elemental de la
higiene y la salud. Construyeron un templo, pero nunca lo llenaban. Después de
diez años de trabajo tenían una asistencia de sólo 50 personas.
En aquel tiempo, ellos pidieron a mi denominación que se iniciara el
programa evangelístico que estaba impactando en la ciudad de Lima. La misión
y la Iglesia Nacional me mandaron allí con un equipo de jóvenes de nuestro
Instituto Bíblico. Implementando un programa agresivo pudimos llenar el
santuario en poco tiempo. Nuestro enfoque fue netamente evangelístico porque
los alemanes se preocuparon netamente por lo social. Y la iglesia empezó a
crecer. En los años que la iglesia se había enfocado en proveer las necesidades
del pueblo, había crecido a 50 personas. Dentro de 18 meses de un enfoque
evangelístico, aumentó hasta llegar a 250 personas. Actualmente, esta iglesia
tiene dos cultos los domingos en la noche con una asistencia de más de 2,000; y
está cambiando tanto la vida espiritual como la cotidiana de las personas de El
Agustino.
Antes de salir para volver a mi país, la misionera encargada me dijo: “Por diez
años hemos tratado de enseñar a estos niños y padres hasta lo más elemental,
además del cuidado de la salud. Ustedes vienen con el evangelio y en un año,
cambiando sus vidas espirituales, esas personas están implementando todo lo
que deseábamos ver con reacción a la higiene. ¿Cómo es eso?” Mi respuesta fue
simplemente esta: “Una persona, después que se ha salvado, adquiere un nuevo
concepto respecto a su persona. Reconociendo que Dios le ama y que en realidad
tiene valor empieza a cuidarse más. Cuando una persona se convierte, su actitud
cambia positivamente”. Entonces, si quiere que un hombre cambie su manera de
vivir, primero debe cambiar su alma, y luego el Espíritu Santo se encargará de
hacerlo con su vida.
Jamás olvidaré las palabras que Billy Graham dijo en una entrevista que le
hicieron cuando yo era joven inconverso. Era el tiempo de mucho racismo en el
sur de los Estados Unidos y yo, siendo nativo del sur en aquel tiempo, tenía mis
prejuicios. La pregunta a Billy Graham fue, “¿Cree usted que es necesario
cambiar toda la estructura del gobierno para que los negros tengan los mismos
privilegios que tienen los blancos?” El Doctor Graham respondió, “¡Sí! Pero
solamente se podrá hacer esto en base de un cambio del alma del hombre. Tanto
los bancos como los negros necesitan que sus almas sean transformadas, antes
que este problema se resuelva de una vez y por siempre”.
Efectivamente, así es. Cambiar el aspecto social no es un cambio permanente
ni tendrá muchos resultados, si no hay un cambio de corazón. Es como dice la
hija de Doctor Graham, Anne Graham Lotz, “Podemos dar alimentos a los
hambrientos, dar casas a los que no la tienen, vestirse a los desnudos, sanar a los
enfermos, alentar a los moribundos, pero si no les presentamos a Jesús, irán
110
directamente al infierno.”
Para distinguir las diferencias entre el servicio social y la acción social,
Samuel Faircloth ha producido una escala que es muy beneficio en ver como el
asunto del evangelismo/acción social es vistado por el mundo cristiano.
Capítulo 10

LOS PRINCIPIOS SOCIOLÓGICOS


Y EL CRECIMIENTO DE LA
IGLESIA (CONTINUACIÓN)

Este capítulo continúa el tema de los principios de crecimiento sociológicos.


Como el hombre es un ser social vale la pena entender estos principios para el
provecho de la iglesia y la extensión del reino de Dios (¿no es eso a que está
refiriéndose el Señor en Mt. 10.16?). Y, justamente porque la iglesia existe en un
ambiente social, la Biblia tiene mucho para decirnos en cuanto a los principios
sociológicos. Nos servirá bien para la iglesia prestar atención a los siguientes
principios.

Continúo de Evangelismo/Acción Social


1. La acción social se ha traicionada al evangelismo.
2. La acción social es una distracción del evangelismo.
3. La acción social es una forma del evangelismo.
4. La acción social es una manifestación del evangelismo.
5. La acción social es un resultado o consecuencia del evangelismo.
6. La acción social es una colaboradora con el evangelismo.
7. La acción social y el evangelismo son igualmente importante pero partes
distintas de la misión total de la iglesia.
8. La acción social es parte del evangelio.
9. La acción social es evangelismo.
10. La acción social tiene prioridad sobre el evangelismo.
111
11. Evangelismo es político porque salvación viene por la justicia social.

Ya puede ver la confusión que la tensión entre la acción social y la


proclamación del evangelio produce. Su iglesia se puede ubicar entre 1 a 11 en
cuanto a esto dilema. Personalmente creo que la acción social y el evangelismo
son igualmente importantes pero partes distintas de la misión total de la iglesia
(#7).
De la historia nos viene una ilustración de esa tensión. Reflexionando sobre la
vida de San Francisco de Asís, Carlo Carreto señaló lo siguiente acerca de una
preocupación del santo:
No basta con cambiar sólo las leyes, también tiene que cambiar el corazón. Si
usted no cambia el corazón, cuando termine el proceso de cambiar las leyes
sociales se encontrará en el mismo lugar donde empezó la batalla - pero ahora
112
usted es el arrogante, el rico y el explotador de los pobres.
El temor de San Francisco de Asís es un temor real hoy en día. La iglesia debe
estar comprometida a ayudar a los necesitados. Sin embargo no es un llamado a
cambiar los sistemas políticos del mundo. Siguiendo el ejemplo de la iglesia de
Hechos, nuestra responsabilidad principal es llevar el evangelio de salvación a
todo el mundo y dejar lo secular a los seculares, ya sean o no cristianos. Si Cristo
hubiera venido a cambiar los sistemas sociales ¿por qué murió en la cruz? Jesús
tuvo la oportunidad de ser Rey y dirigir una sublevación contra los opresores
tanto romanos como judíos (Jn. 6.15). Pero no, su misión fue morir para poder
constituir un reino que no es de este mundo (Jn. 11.51 - 52).
Nuestro mayor esfuerzo tiene que ser para el reino venidero y no el de este
mundo, que está controlado por Satanás (Jn. 14.30). Mientras que Satanás es el
señor de este mundo, no va a haber grandes cambios. La enseñanza que dice que
el evangelio social va a cambiar el mundo actual viene de una escatología que no
está muy de acuerdo con la Palabra de Dios. La escatología de Cristo fue que
este mundo, en su totalidad, tiene que ser juzgado (Mt. 25; Rom. 8.21; Ap. 20) y
que luego vendrán cielos nuevos y tierra nueva (Ap. 21, 22).
Donde existe injusticia tal vez sea necesario que la iglesia se declare contra la
misma y permita que sus miembros, de acuerdo a sus capacidades, hagan lo
posible por rectificar la injusticia. Pero, una vez que la iglesia se involucra
corporalmente en el asunto, perjudicará su crecimiento inmediatamente. Esto ha
sido comprobado por varios estudios científicos.
Uno de estos estudios fue publicado en la revista Time de los Estados Unidos.
Nos llama la atención allí, que las denominaciones “históricas” (las antiguas)
están perdiendo muchísimos miembros. La razón principal fue el énfasis dado a
la preocupación social. El artículo dijo que los asuntos sociales y políticos
disminuyen la importancia de la fe. Cuando una iglesia lo da más importancia a
los asuntos sociales y políticos, las personas se van, porque entienden que estos
asuntos son más importantes para la “iglesia” que la fe. Como tampoco dan
respuesta a las necesidades espirituales, las personas se van a otro lugar
113
buscando esas respuestas.
En 1977, Dean Kelley, el director para la libertad religiosa del Concilio
Nacional de las Iglesias en los Estados Unidos, escribió un libro titulado Why
Conservative Churches Grow (“Por qué crecen las iglesias conservadoras”).
Kelley examinó las razones por las que las iglesias liberales estaban decreciendo
mientras crecían las conservadoras.
La historia está llena de iglesias que comenzaron enfocando sólo a los asuntos
espirituales. Luego al empezar a inmiscuirse en los asuntos sociales decrecieron
rápidamente. O sea, tales denominaciones empezaron como grupos interesados
principalmente en ganar almas para el reino de Dios. Con el paso de las décadas
comenzaron a preocuparse más y más por los asuntos no espirituales del pueblo
para llegar hoy en día en ser denominaciones decrecientes por no proclamar el
evangelio – lo que cambie vidas y en fin, cambie la sociedad.
Existen razones por las cuales un énfasis en la acción social interrumpe el
crecimiento espiritual y numérico. Encontramos el peligro del “elitismo”. Los
que están involucrados en este servicio, usualmente consideran a los demás
cristianos como hermanos de menos espiritual y hasta llegan a despreciarlos. Y
eso lleva al peligro de levantar una división en la iglesia. Especialmente, si hay
un buen grupo de hermanos que no quieren participar en acciones que
consideran dudosas en la probabilidad que gana almas para el Señor. También
corren el peligro de perder la visión de lo que es una iglesia. El sociólogo Iván
Illich dice que la iglesia tiene una función específica y es la de responder a las
necesidades espirituales del pueblo. El cree que cuando la iglesia se inmiscuye
en los asuntos políticos y sociales está dejando su función de ser una iglesia y
llegue a ser como cualquier otra entidad política que se enfoque sobre los
114
asuntos sociales.
No decimos que los miembros de la iglesia, como individuos, no deban estar
comprometidos en los asuntos políticos y sociales porque así debe ser. Sin
embargo, cuando una iglesia lo hace, a nombre de todos sus miembros y con sus
propios esfuerzos económicos, corre el peligro de perder algunos miembros.
Illich tiene la razón cuando dice que la iglesia existe para responder
primariamente a las necesidades espirituales de las personas. Creo que a esto
podemos agregar que tenemos la responsabilidad de responder a las necesidades
físicas si tenemos la forma de hacerlo. Pero, cruzamos la línea roja cuando
dedicamos nuestros pocos recursos a responder a las injusticias en la sociedad.
Seguramente puede que algunos respondan que la iglesia no debe preocuparse
del crecimiento numérico, cuando hay injusticias sociales en el mundo y que si
cerramos nuestros ojos a la realidad se va a afectar nuestra espiritualidad y
credibilidad, como voz profética de Dios en el mundo. Están argumentadas sus
palabras, pero no tienen toda la razón. Efectivamente, los profetas de Dios
llamaron la atención al pueblo acerca de las injusticias que había entre ellos. Y
sin duda la iglesia hoy en día tiene que estar al tanto de las injusticias que se
presenta en su país respectivamente. Pero esa llamada a la justicia no debe
ponerse por encima de la llamada a ser un testigo para con Dios delante del
mundo. Hay formas para que una iglesia se involucra en la acción social, pero
siempre y cuando no cruce la línea roja y perder vista a su rol principal y eso es
para “edificar la iglesia” en el sentido tanto de Mateo 16.18 y Efesios 4.12.
Vuelvo a hablar de la Iglesia de Batán, su enfoque es la evangelización. Ya les
mencione que ha abierto varias iglesias hijas y están en formación aun más. Y,
mencione su preocupación para los necesitados. Pero también ellos están
apoyando varios aspectos sociales en el ámbito ecuatoriano. A menudo tiene
diálogos con los líderes políticos tanto de la ciudad de Quito como los de la
nación. En 1998 cuando fue re-editado la constitución de Ecuador, la iglesia
lanzo una campaña evangelística enfocándose sobre los 10 Mandamientos.
También fue el anfitrión para algunos programas radiales de entrevistas con
congresistas y difundido a todo el país. El pastor, Luis Estévez mandó una carta
al presidente haciéndole notar que el país merecía ser guiado por los conceptos
bíblicos.
Pastor Luis dice, “La iglesia tiene que estar presente en la vida del pueblo
porque tenemos las soluciones que busca. Pero, la iglesia tiene que tener un
testimonio que demanda una voz. Tenemos que reconocer que estamos en una
batalla y cada miembro de la iglesia tiene que tener un testimonio bueno para
115
poder hablar a las necesidades de nuestra sociedad.” Sin embargo, él y sus
miembros reconocen que la solución de los problemas de su ciudad y país es una
solución mayormente espiritual no social ni política. Por eso mantienen su
programa y enfoque evangelístico. Una vez que dejan el evangelismo como su
enfoque principal en crecimiento va a parase y aun declinarse.
En el Capítulo 1, hablamos del “Mandato evangelístico”, el mandato de
evangelizar al mundo por medio de la predicación del evangelio de Jesús.
También hablábamos del mandato cultural que se compone de los mandamientos
que nos llaman a una preocupación por las necesidades materiales de nuestro
prójimo (Lu. 10.25-37; 1 Jn. 3.17, 18), incluyendo los de la fe (Hch. 11.27 -30; 1
Cor. 16.1, 2; 2 Cor. 8.1-6; Gl. 6.10) como los del mundo (Lc. 10.27). La misión
de la Iglesia es cumplir con ambos mandatos: el evangelístico y el cultural.
Mencionamos que René PadiIla, Orlando Castro y otros, se inclinan por lo que
llaman “evangelismo integral”, esto es cuando el evangelismo y el servicio
social tienen igual énfasis. “Misión integral”, por el otro lado, existe cuando la
evangelización y la acción social están relacionadas integralmente, pero donde la
116
evangelización tiene la prioridad.
Es cierto que somos salvos para hacer buenas obras (Efe. 2.10) y es por eso
que no podemos olvidar el deber de preocuparnos para hacer justamente esto. El
Pacto de Lausana (1974) y la Consulta de Pattaya, Tailandia (1980) respaldan la
posición de la acción social como una colaboradora con el evangelismo (#6 en
la grafica en la página 137). Pattaya dice: “A pesar de que el evangelismo y la
acción social no son idénticos afirmamos nuestro compromiso con ambos, y
117
endosamos el Pacto de Lausana...” que dice: “En la misión de servicio
118
sacrificial de la iglesia, el evangelismo tiene prioridad.”
La escuela de crecimiento de la iglesia cree que el mandato cultural no es
optativo y tiene que cumplirse dentro y fuera de la Iglesia de Jesucristo. Sin
embargo, nuestra prioridad es el mandato evangelístico. Tal vez, mayormente,
por la razón que Wagner expone: “sin la previa operación del mandato
evangelístico, no habría alguien para cumplir con la misión integral, el mandato
119
cultural”.
Es interesante notar que los que llaman nuestra atención a este asunto de la
acción social, y especialmente a favor de los pobres del mundo, muchas veces
son los mismos que hablan fuertemente contra el principio de grupo homogéneo.
Sin embargo, tratan a los pobres como a un grupo homogéneo separándolos de
los de la clase media y alta como el grupo preferido de Dios.
Antes que paso al próximo principio, el asunto de “la preferencia para los
pobres por parte de Dios” tiene que ser revelado que es un aspecto tan clasita
como cualquier que se enfoque solamente a un solo grupo de gente. Ahora,
según los conceptos que lea en este libro, para enfocarse sobre un grupo de gente
no es algo antibíblico. Pero, para decir que, “la llamada a una misión universal
120
es una llamada a estar al servicio de los pobres”, es algo no muy lógico.
Cuando la Franciscana, Mary Motte, dijo esto ella quiso mostrarnos que Dios
prefiere a los pobres. Dios no quiere que ninguno perezca – que sea rico o pobre
(Eze. 18.23).
Pero, si fuera así, ¿por qué vemos a Cristo tanto con los ricos como con los
pobres? Y, si fuera así, ¿por qué es el evangelio para todos? Ella también dice
que, “La llamada a una misión universal es una llamada a encarnarse el mensaje
121
para los que tienen las mínimas oportunidades de escucharlo.” Si así es, eso
bien puede referirse a los ricos porque ellos están mucho más cerrados al
evangelio que los pobres. No tiene razón la línea de pensamiento que dice que
Dios prefiere a los pobres. Si fuera así, Dios no estará en acuerdo con su propia
palabra cuando dice que delante de El no hay diferencia de personas, ¡al menos
que sea la diferencia entre salvo y no salvo!

Las puertas
Hch. 2. 42-47; 5.12-15; 10
Este es el sexto principio sociológico y explica cómo las personas entran o
salen de la iglesia, aunque no nos referimos a las puertas que existen de madera
o metal. Las puertas por las cuales crece la iglesia son los programas que la
iglesia ofrece para atraer a la comunidad. Las puertas por las cuales la iglesia
decrece son las enfermedades o problemas que ésta tiene y que conducen a que
las personas la abandonen. Mientras más puertas tengan una iglesia, mayores
posibilidades tendrá de crecer o decrecer (si sea puertas de atrás).
Las citas que ponemos para este principio no hablan explícitamente de este
concepto, sin embargo parece que hablan de algunos aspectos que llamaron la
atención del pueblo a la iglesia y pueda ser que muchos entraron la iglesia por
medio de las puertas de: tener suplido una necesidad económica, de salud,
porque sus amigos llegaron a ser cristianos y fueron impresionados por los
cambios en ellos, etc. La puerta más grande en todo el libro se encuentra en
Hechos 10. Fue la puerta abierta a los gentiles por medio del mismo Dios.
Las puertas de entrada a su iglesia pueden ser la sociedad de damas, la de
jóvenes o la de caballeros, la Escuela Dominical o la buena enseñanza bíblica.
Encontramos iglesias que atraen a la gente por sus pastores, sus programas de
Navidad y Semana Santa, sus programas de guardería infantil durante la semana,
por el edificio y por la clase de personas que asisten a la iglesia.
En cuanto a esto último puedo decir que, una vez asistí a una iglesia un
domingo por la noche. Había escuchado que esta iglesia ministraba mayormente
a los playeros y jóvenes del sur de California en los Estados Unidos. Mi familia
y yo llegábamos a la iglesia bien vestidos y peinados. Estacionábamos el carro y
nos dirigimos al lugar que estaba alquilando la iglesia, un gimnasio grande.
Inmediatamente me di cuenta de que algo no andaba bien. Por donde quiera que
miraba me sentía como si estuviera en la playa. Había gente por todos lados
paseándose con sus hijos o novios como si fuera un día de campo. Cada uno con
su lonchera, vestido con pantalones cortos o en traje de baño. Muchos de ellos
habían acabado de llegar de la playa.
Pero qué grata sorpresa recibimos cuando entramos al gimnasio y vimos que
ya estaban presentes como dos mil personas y todavía faltaban unos 15 minutos
para iniciar el culto. Mi esposa, nuestros dos hijos y yo encontrábamos cuatro
asientos juntos, en medio de una fila de 20 sillas. Nos sentábamos y
esperábamos el inicio del culto. Mirando a todos los lados mi esposa notó que,
excepto un anciano sentado no muy lejos de nosotros, yo era el único con traje y
corbata. Cuando llegó la hora de iniciar el culto, y mientras la gente todavía
estaba entrando, salió el pastor con su grupo musical. Como era un convertido
del mundo musical secular seguía adorando a Dios, con el talento que tenía.
Tampoco llevaba terno ni corbata pero se presentó con su guayabera y
pantalones deportivos.
La predicación fue de casi una hora y dirigido a las necesidades de una
generación perdida en la música del mundo, las drogas, el placer, el sexo, en fin,
un mundo hedonista. No fue un mensaje para una iglesia conservadora, aunque
era bíblico. Una vez terminado el mensaje, el pastor preguntó si había alguien
con una necesidad. Cuando un buen número de personas se pusieron de pie, el
pastor pidió a los cristianos al lado de ellos que también lo hicieran y orasen por
ellos. ¡Qué experiencia!, jamás he vuelto a sentirme así en una iglesia. La
presencia de Dios fue real en aquella iglesia. Aunque no estaba vestido como los
demás, las personas no me hicieron sentir mal. Aunque mis hijos estaban bien
peinados fueron aceptados por los que tenían el pelo bien desordenado y con
poca ropa. Vi en esa iglesia una ilustración de la verdad bíblica de que Dios mira
al corazón y no las apariencias del hombre (1 Sam. 16.7).
Esa fue una iglesia que tenía abiertas sus “puertas”, muy abiertas para que
cualquiera pudiera entrar. La iglesia, a pesar de sus puertas abiertas, sólo atraía a
una clase de personas: los adultos jóvenes que habían rechazado la iglesia
tradicional. Aunque sus puertas estaban abiertas para todos, los tradicionalistas
no se sentían en casa y no volvieron a la iglesia (le hace recordar del principio
del grupo de gente).
Las iglesias que quieran crecer tienen que dirigirse a un grupo de gente
determinado y preparar un programa que los atraiga. Si va a atraer a los ancianos
de su pueblo tiene que ser tradicionalista. Una iglesia que va a hacerlo con la
generación actual tiene que dejar a un lado las tradiciones que impidan la entrada
de personas diferentes a sus padres.
En mi clase del Crecimiento de la Iglesia en el Seminario donde enseñaba en
aquel tiempo, escuché una ilustración sobre el trecho que había entre una iglesia
tradicionalista que servía a la generación anterior, pero que tenía la oportunidad
de abrirse a la generación nueva. Pedí a los alumnos que me dieran un ejemplo
de una “puerta cerrada”, o una razón por la que la gente no podía entrar a la
iglesia. Un joven me contó lo siguiente. Su iglesia presentó una campaña
evangelística para los jóvenes de la comunidad. Una señorita invitó a su amiga a
la iglesia, pero un diácono le impidió a la invitada que entrara porque se vestía
con minifalda. Le dijo que tendría que volver con otro vestido antes de entrar.
¡Qué puerta cerrada! Indudablemente esa señorita no volvió jamás. Esta iglesia
tradicionalista debe tomar algunas lecciones de cómo abrir sus puertas de la
iglesia del sur de California.
Lo triste es que muchas iglesias tienen muy pocas “puertas” (programas
adecuados) para atraer a la gente y difícilmente crecen si no reciben miembros
nuevos. También, como hemos visito, hay tradiciones que mantienen muchas
puertas cerradas.
Igualmente, tenemos que cuidar mucho de no abrir “puertas por atrás” por las
cuales van a huir las personas de nuestras iglesias. Dichas “puertas” representan
las razones por las cuales la gente que está en la iglesia sale de ella. Puede que
sea cualquiera de las trece enfermedades eclesiásticas que hemos estudiado,
problemas que también pueden desanimar a la gente dentro de la iglesia. Tales
“puertas” tienen que estar “cerradas” para ver el crecimiento.
A cada rato, las iglesias en crecimiento deben estar preguntándose, ‘¿Cómo
podemos mejorar?’ Rick Warren dice que debe “ser implacables al evaluar sus
122
reuniones y sus ministerios. La evaluación es la clave para la excelencia.” El
sigue diciendo que, “Cuanto más crezca su iglesia, más importante serán los
grupos pequeños para manejar las funciones pastorales del cuidado de la
gente….Los grupos pequeños son la manera más efectiva de cerrar la puerta de
123
atrás de su iglesia.” Aquí, él está hablando de las células. Su iglesia es una
iglesia con células, no una iglesia celular.
La iglesia grande
Hch. 2.42-47; 4.32-36; 6.1-7; 13.1-3
El séptimo principio es el de una iglesia “grande”. Simplemente quiere decir
que la iglesia tiene el tamaño numérico y económico para: 1) suplir las
necesidades de la membresía y de la comunidad. 2) Atraer más personas a la
iglesia por la variedad de “puertas”. La iglesia pequeña y del tamaño mediana
normalmente no tiene tales recursos. Es la opinión del autor que las iglesias de
Jerusalén y Antioquía cumplían con estos requisitos.
Es cierto que muy pocas iglesias en Latinoamérica, con menos de 300
miembros, pueden cumplir con estos aspectos. Pero eso no debe detener a su
iglesia a dirigir su mirada hacia este nivel de membresía. Cuando lo logre verá
otro fenómeno: debido a su gran tamaño la iglesia crecerá aun más. La razón de
eso es netamente sociológica, a las personas le atraen las cosas grandes. Siempre
que se ve una muchedumbre todo el mundo quiere acercarse para ver qué está
pasando. Esto, además era lo que sucedía en la iglesia de Jerusalén.
Mi esposa cuenta que cuando asistió a la inauguración de un templo para mil
personas, y con la presencia de mil doscientos asistentes, ocurrieron dos
accidentes frente al templo. Los chóferes estaban mirando a la muchedumbre
tratando de ver aquello que los atraía. Así, distraídos, chocaron con el auto de
adelante. Y, ¿por qué miraban hacia el templo? Porque era algo muy extraño ver
una iglesia evangélica atrayendo a una muchedumbre en el ámbito
Latinoamericano donde normalmente las iglesias evangélicas son pequeñas,
escondidas y no muy bien presentadas.
124
Normalmente, cuando una iglesia tiene trescientos o más miembros, tiene el
poder económico de mantener a dos pastores y suplir las necesidades
económicas de los departamentos de la misma. En sí, esto promociona el
crecimiento que permite que más dinero ingrese a la tesorería, para contratar aún
a otro pastor y abrir otras “puertas” que atraigan a más personas, más dinero, y
así sucesivamente.
También estas iglesias tienen las posibilidades de ayudar en la obra
humanitaria de la comunidad, para atraer aún a más personas. Se pueden
producir además, los grandes espectáculos durante la Navidad o la Semana Santa
que sirven para atraer más personas. En cada una de estas ocasiones tendrán
publicidad gratis. Para ilustrar esta verdad, les presento las iglesias de Lince y de
Pueblo Libre (Lima, Perú). Si usted llega al aeropuerto internacional de Lima sin
tener las direcciones de dichas iglesias, simplemente tiene que decirle al taxista
que quiere ir a la iglesia “Alianza”. El le preguntará, “¿La de Lince o la de
Pueblo Libre?” Son iglesias reconocidas por todo el pueblo limeño porque son
grandes, visibles, presentables y tiene programas escolares y de ayuda para la
comunidad.
Pero la mejor ventaja que tienen las iglesias grandes es que fácilmente pueden
prestar su gente para formar otras iglesias hijas. Esas mismas iglesias de Lince y
de Pueblo Libre, con una más, formaron otras cuarenta iglesias entre los años
1976 y 2000. A cada rato se separaban hasta 100 miembros y uno de sus pastores
para formar una iglesia en otro barrio de la ciudad.
Y, ¿cuál es el valor de organizar iglesias con un número elevado de miembros?
Radica en que el 95% de las iglesias que se forman anualmente en
Latinoamérica se constituyen con un promedio de diez a veinte personas y a
veces con nada. Por años sufren antes de alcanzar el nivel de 100 ó 150. Cuando
una iglesia puede empezar con 80 a 150 miembros tiene una gran ventaja porque
acelera el ritmo del crecimiento. Esto está dentro de las posibilidades de las
iglesias “grandes”. No hay ninguna razón bíblica para que las iglesias se queden
pequeñas y humildes. Hermanos, manos a la obra y propongámonos tener una
iglesia “grande”. Ojo, ¡no es por la numerolatría que queremos una iglesia
grande, es para la honra y gloria de Dios!
Tal vez su iglesia, en la actualidad, no tenga más de 70 miembros (el tamaño
promedio de las iglesias latinoamericanas) pero no deje que esto sea un
obstáculo. Recuerde que cada iglesia grande, alguna vez empezó con un puñado
de personas. Con 70 miembros ya tiene la base para crecer. Establezca sus metas
de crecimiento y haga todo lo posible para alcanzarlas por medio de su PE.

C + C+ C = I
Hch. 2.42-47; 4.32-36; 6.1-7
Este principio de Célula + Congregación + Celebración = Iglesia se aplica a
todas las iglesias y nos ayuda a comprender la dinámica de cómo funcionan las
mismas cuando son de tamaños diferentes.
Este principio fue formado mucho antes del fenómeno nuevo que está
arrollando tanto a Latinoamérica como al mundo evangélico, respecto a las
iglesias celulares. En el contexto original, célula simplemente se refirió a un
grupo de personas que era una parte de una iglesia madre. Sin embargo, hoy en
día, cuando uno habla de células en el contexto eclesiástico, normalmente está
refiriéndose a una “iglesia celular”.
Joel Comiskey, un escritor sobre este fenómeno y que ha vivido y ministrado
en Latinoamérica, define la iglesia celular como un grupo pequeño que tiene
125
como fin la multiplicación de sí mismo en otras células a base del evangelismo.
Una de las primeras iglesias que se inició con este sistema de crecimiento es la
iglesia es David Yonggi Cho de Seúl, Corea. Su iglesia, Yoido Full Gospel
126
Church, tiene más de 500,000 miembros asistiendo más de 23,000 células.
En Latinoamérica, hay muchas iglesias que aplican el sistema de C + C + C.
Una de las más grandes es la iglesia Elim de San Salvador, y es una iglesia
celular y un mini-denominación con sus 110,000 miembros y 5,500 grupos
127
celulares. Hay iglesias Elim por muchos otros países, especialmente en
Centroamérica.
La iglesia celular es muy apta para el ambiente Latinoamericano. Como el
pueblo latinoamericana da más énfasis a la familia nuclear que las culturas del
norte, es más dado para esa forma de iglesia. También, la iglesia celular es más
apta para las zonas urbanas donde las propiedades son muy caras para adquirir –
para luego construir un templo. La iglesia celular no necesita, en sus primeras
etapas, una propiedad ni un templo.
En los últimos años del siglo pasado surgió una metodología para las iglesias
celulares que se llama Grupos de 12. El líder más reconocido en esta área es
Cesar Castellanos y la iglesia Misión Carismática Internacional de Bogota,
Colombia. En breve, ese sistema se compone de células dirigidos por los de
Clase 1 de líderes que responden directamente a un pastor de la iglesia madre.
Otra metodología y filosofía aparte de la iglesia celular es la de una iglesia
con células. La filosofía es muy distinta entre estos dos tipos de iglesias. La
iglesia celular funciona con la filosofía que cada célula es una “iglesia” en sí.
Todas las funciones de la iglesia puedan ser desarrolladas dentro de la célula. Es
cierto que normalmente se reúnen con otras células para tener cultos pero no es
así en todos los sistemas de iglesias celulares. Pero la filosofía básica de este
sistema es que cada célula es actualmente una pequeña iglesia.
Es como dice Lawrence khong, el pastor de una iglesia celular en Singapore
(donde existen varias iglesia celulares fuertes): “Todo lo que hace la iglesia –
adiestramiento, equipando, discipulando, evangelismo, oración, adoración – todo
es hecho por medio de la célula. Nuestro culto los días domingo son meramente
128
una celebración corporal.”
Por el otro lado, la filosofía de una iglesia con células es que la iglesia es lo
principal y las células apoyan la iglesia madre. Las células existen aparte de ella.
Ellas existen para proveer “grupos pequeños” dentro de la iglesia donde la gente
se puede sentir “en familia” y no perdida dentro una iglesia grande. Entre ellos
hay mucho compañerismo y la razón para unirse es más social que espiritual,
aunque se reúnan para tener estudios bíblicos y oraciones. El programa de la
célula es supervisado por la iglesia madre, ya que la célula es bien controlada
por la iglesia. No tiene la misma libertad (ni filosofía) que tiene una célula en la
línea de “iglesia celular”.
En varias áreas de Latinoamérica está haciéndose presente la filosofía de Los
Grupos de 12. Después de investigar la estructura de esa filosofía de iglesia
celular, me dí cuenta que está muy cerca de la filosofía de una iglesia con
células. La razón porque digo esto es porque ellos actúan más como una iglesia
con células que una iglesia celular. En algunos casos los líderes llegan a ser
como los pastores de las iglesias tradicionales con el mismo nivel de control.
Ha sido comprobado que la metodología de establecer una iglesia no es el
mayor factor para su crecimiento. Los que proponen la iglesia celular
normalmente discreparan con tal declaración. Para ellos, la única forma de
establecer iglesias es por medio de la iglesia celular. A pesar que ha tenido
mucho éxito, y ha probado su valor en extender el reino de Dios, no debemos
descontar la posibilidad de seguir formando iglesias tradicionales. Hay tantas
formas y maneras de fundar iglesias que es una discusión de lujo para debatir el
asunto.
Si el Señor está abriéndole puertas para fundar una iglesia, hágalo según la
forma en que se sienta más cómodo. Yo conozco hermanos que se sienten muy
incómodos con la metodología celular y otros que se oponen a establecer una
iglesia tradicional o una iglesia con células. Que cada uno funde iglesias según
su estilo – y deje que los otros hagan lo mismo. Como dice Pablo, “¿Qué pues?
Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto, o por verdad, Cristo es
anunciado; y en esto me gozo” (Fil. 1.18).
Lamento mucho la mentalidad de cualquier lado que dice, “Eso es la UNICA
forma (o, la forma BIBLICA) para fundar iglesias.” La arrogancia de tal
comentario ha hecho mucho daño a la iglesia de Jesucristo. Y abre una puerta
más para que Satanás siga dividiendo una iglesia ya bastante dividida. Dejemos
a un lado la discusión de cual forma es mejor para abrir una iglesia. Realmente,
he visto iglesias tradicionales que crecen, he visto iglesias con células que
crecen, y he visto iglesias celulares que crecen. “Y en esto me gozo.”
Una célula, de cualquier filosofía, es un grupo entre 8 y 20 personas. En tal
grupo cada miembro es bien conocido y siente que está “participando”. Cuando
la célula pasa de 20 personas comienza a perder el ambiente de “familia” y se va
transformando en un ambiente más común a una congregación. Cuando esto
ocurre es hora de dividirse y formar dos células.
Después, cuando una célula ya ha crecida a ser diez o cien células (llegando a
ser una Congregación) ya es hora de alquilar un local o aun comprar uno. Y,
cuando tiene sus 100 a 150 células ya tiene la fuerza económica para comprar su
propio templo para las Celebraciones.
Una congregación es un grupo entre 20 y 200 personas. La razón de su
existencia es proveer la estructura de programas para alcanzar a un mundo
perdido. Está compuesta de varias “células” e incluso de mini-congregaciones.
Todos se conocen y hay muchas actividades de compañerismo entre ellos, pero
no a un nivel íntimo como en las células. La razón para unirse es social, pero
tienen más tendencia a dedicarse a la predicación y estudios bíblicos a niveles
mucho más formales que se ve en una célula.
Una celebración es cuando se congrega un grupo de personas que pasa de los
200. Tal celebración puede estar compuesta de varias “congregaciones” (que
pueden ser de damas, jóvenes, adultos, etc.). No es necesario que todos se
conozcan. La razón principal para reunirse no es social, sino la de adorar a Dios.
En tales iglesias vemos muchas personas entrar y salir sin tener mucho
compañerismo. No han ido a la iglesia para esto y no buscan necesariamente tal
comunión horizontal. La relación vertical es la más importante. Refiriéndome de
nuevo a Christian Schwartz, sus investigaciones revelan que, “por más grande
que sea una iglesia, lo más decisivo llega a ser el principio de célula para el
129
crecimiento futuro de ella.”
Este principio de distinguir entre célula, congregación y celebración nos
ayuda en varias formas. Una de ellas es establecer la forma de adoración y
dirigir los cultos. Por ejemplo, existen “iglesias” con menos de 20 miembros que
actúan como si fueran una “congregación” de 150 a 200. El resultado es un culto
muy formal y frío. Por otro lado hay otras que tienen más de 200 y se trabajan
como una “célula”. Eso trae como resultado que sea una iglesia demasiado
informal, que carece de una estructura. En ambos casos, la iglesia sufre por tener
una estructura y una metodología que no le corresponde. Por más pequeña que
sea la iglesia debe ser formal. Y, cuánto más grande sea la iglesia, más formal
debe ser para no perder el orden.
Si su iglesia tiene menos de 20 a 30 miembros, no trate de ser más que una
célula. Pero si tiene más deje de ser una célula y actúe como una congregación,
con la estructura apropiada. Cuando llegue a ser una celebración, no trate de ser
una congregación. Reconozca la diferencia y adapte su metodología y estructura
para que estas encajen.

Es necesario notar que una “congregación” siempre está compuesta de células


y que una “celebración” está compuesta de congregaciones. Vea en el cuadro los
dibujos para ilustrar este principio. La célula es sólo un grupo con un líder. La
congregación puede tener varias células que se congregan para tener cultos.
Algunos ejemplos son la congregación de jóvenes compuesta por las diferentes
células de jóvenes, las células de las damas, las familias, los caballeros, en fin.
La celebración puede tener varias congregaciones, cada una con su pastor (que a
la vez puede ser miembro del equipo pastoral).

Una filosofía de ministerio


Hch. 2.42, 44-47; 6.4; 13.3
El próximo principio que mencionaremos es el de una filosofía del ministerio.
Este principio define la razón por la cual existe la iglesia y cual serán las metas
de ella. La iglesia puede tener como su razón de existir el mantenimiento de su
membresía. Si es así, entonces su énfasis va a ser sobre el crecimiento espiritual
de sus miembros, como vimos que fue el caso con la iglesia de Siria ya
mencionado anteriormente.
Por otro lado, la filosofía de la iglesia puede ser la evangelización de su
comunidad. Es este caso, todo lo que haga se enfocará en la necesidad de llevar
el evangelio a los demás. Esta filosofía incluirá la meta de abrir iglesias hijas y
crecer en un tanto por ciento cada año. Igualmente, la filosofía de una iglesia
puede ser el ocuparse principalmente, del campo de la acción social o del
servicio social.
De ser una iglesia tradicional, de células, o una iglesia celular viene
directamente de la filosofía de ministerio de la iglesia. El futuro de una iglesia y
la clase de iglesia que será dependerá totalmente de su filosofía de ministerio.
Lamentablemente, la mayoría de las iglesias ni saben cuál es su filosofía del
ministerio. Simplemente funcionan año tras año, sin pensar jamás en tal cosa
porque no reconocen su filosofía o piensan que formar una filosofía de
ministerio es secular y no cristiano. Sin embargo, aunque sin darse cuenta, la
iglesia ya está practicando una filosofía de ministerio. Si la iglesia no ha
formado una está siguiendo sobre todo la de su pastor. Lo triste es que muchas
veces ni el pastor mismo se da cuenta que tiene una filosofía de ministerio.
Si preguntaría a cualquier miembro cuál es el propósito de su iglesia,
seguramente le dirá, “Nuestra iglesia existe para las dos razones de ganar gente y
dicipularlos.” Aunque muchas iglesias tal vez tienen estos dos propósitos, muy
pocas las cumplan igualmente. Es fácil saber cuál es la razón de su iglesia para
existir. He aquí algunas preguntas que le van a ayudar para saber cuál es la
filosofía (o, el propósito) principal de la iglesia.
1. ¿A qué se destina la mayor cantidad del dinero de la iglesia? ¿A los
sueldos? ¿Al alquiler y gastos de mantenimiento? De ser así, la filosofía de
su iglesia muy posiblemente tiene que ver con el mantenimiento. Está
enfocándose sobre los mismos miembros sin pensar mucho en los de afuera.
2. ¿Cuántas campañas tuvo la iglesia el año pasado? ¿Una? ¿Dos? Si tenía
más que dos, tal vez la filosofía de su iglesia sea la de ganar almas.
3. ¿Cuántas “puertas” tiene su iglesia? Un mayor número de ellas significa
que quiere crecer.

La iglesia puede adoptar cualquier filosofía (razón de existir) que le convenga,


si está de acuerdo con el propósito de glorificar y honrar a Dios. Su fin de existir
puede ser ganar almas; edificar los miembros; la acción social o algo más
específico como alcanzar a los drogadictos, a las prostitutas, a los pobres o a los
ricos. En fin, su razón de ser puede abarcar cualquier actividad que tenga como
su meta la extensión y la expansión del reino de Dios.
Es necesario que su iglesia establezca una filosofía de ministerio lo más
pronto posible. Eso le daría un camino para seguir y un motivo para existir. Sin
tal filosofía no va a poder establecer ni un blanco ni metas. He aquí un ejemplo
de cómo puede ser una filosofía de ministerio:
Nosotros, miembros de la Iglesia …(nombre de su iglesia)……., acordamos
con nuestro Dios y Señor ser mensajeros de Su evangelio en la vecindad de ……
(su comunidad)…….. [Mientras más pequeña sea la iglesia. más reducidos
deben ser sus límites geográficos o los grupos de personas]. Nuestro fin será:
Primero, ganar almas; segundo, dicipularlos en el camino del Señor; y tercero,
resolver las necesidades materiales tanto de ellos como de la vecindad hasta
donde nuestros recursos nos lo permitan.
Es cierto que lo anterior es sólo un modelo y si su iglesia quiere copiarlo, debe
hacerlo en tal manera que refleje la realidad en su contexto. Su filosofía de
ministerio debe ser hecha con mucha oración, paciencia e investigación en
cuanto a la realidad de su contexto (ambiente).
De repente, usted no tiene una idea clara de lo que involucra poner por escrito
una filosofía de ministerio ni cuál debe ser su filosofía. Un buen consejo acerca
de cómo establecer una filosofía viene de Reeves y Jenson cuando dicen que “las
congregaciones que crecen han descubierto las llaves que abren las puertas entre
130
ellos y sus vecinos”. Roberto Schuller expresa algo similar: “El secreto de una
iglesia en auge es muy sencillo. ¡Encuentre el mal y haga algo por remediarlo!
131
“ ¿Qué quieren decir estos autores? Simplemente lo siguiente: Determine la
necesidad principal de su comunidad y adminístrele el remedio. Por ejemplo, si
la comunidad tiene familias dañadas (la familia no funciona como debe
funcionar), responda a esta necesidad por medio de sus predicaciones,
enseñanzas, campañas, charlas. Los miembros que tiene el don de ayudar y/o de
misericordia pueden ser de mucho beneficio en esta área.
Había una iglesia en la costa del Ecuador que quería crecer. Celebraba
campañas evangelísticas a menudo, pero con una asistencia irregular. Por
casualidad descubrió que las familias de su comunidad estaban sufriendo mucho
por las drogas, el desempleo, y la infidelidad. La iglesia preparó una campaña
para responder a estos problemas y para enseñarles a cómo la familia podría
superarlos. A la iglesia le faltó espacio para acomodar a las personas durante
todas las noches de la campaña, a pesar de que era la temporada de lluvias.
Ahora esa iglesia tiene, como parte de su filosofía de ministerio, la meta de ser
una iglesia que responda a las necesidades de las familias en su comunidad. El
pueblo lo sabe y va a la iglesia buscando ayuda. Por tener esta razón de existir, la
iglesia programa campañas, clases y actividades, especialmente para la familia -
ya sean cristianas o no.
Establecer una filosofía de ministerio (razón de existir, propósito) es menester
para que la iglesia sepa a dónde va, porqué va, cómo llegar y saber que ha
llegado. Sin una filosofía basada en la Biblia la iglesia va a estar a la deriva,
cumpliendo con poco y no llegando a tener un impacto en la comunidad.
La filosofía de ministerio también va a indicar el área de influencia de la
iglesia. Si quiere ser una iglesia del vecindario o que impacte a toda la ciudad
dependería de su filosofía. Charles Swindol presenta la siguiente tabla para
llamarle la atención de las diferencias entre esas dos tipos de iglesia y de
filosofías.
132
FILOSOFIAS CONTRAPUESTAS

El Concepto de “Vecindario” El Concepto de “Metrópoli”

Vínculos estrechos entre el pastor y Vínculos estrechos entre grupos


1 la gente; “una familia grande que se 1 de identidad; “numerosas familias
identifica con el pastor”. que se identifican entre sí”.

Todo a pequeña escala: el personal, la Todo en gran escala: el personal,


visión, la organización, el local, el la visión, la organización, el local,
2 2
presupuesto, la misión, lo que se da, el presupuesto, la misión, lo que
la variedad. se da, la variedad.
La congregación procede La congregación procede
3 principalmente de un radio 3 principalmente de un radio
geográfico corto. geográfico amplio.

Tendencia a la “reproducción
Menos “reproducción interna”:
interna”: poca rotación entre el
4 4 amplia rotación entre el liderazgo
liderazgo laico, mayor reticencia al
laico; menos reticencia al cambio.
cambio

5 Es fácil conocer a todos. 5 Imposible conocer a todos.

Carga de trabajo llevada por Ciertas labores delegadas a


6 5
voluntarios especialistas.

Relativamente sencilla de manejar y


7 7 Compleja de manejar y mantener.
mantener.

Multiplicidad de funcionarios;
Empresa de un solo hombre, control énfasis de equipo entre todos los
8 8
más rígido. líderes; base de control más
amplia.

Lealtad fuerte y centralizada a la Lealtad descentralizada hacia


9 “iglesia”; es más fácil implementar la 9 diversos ministerios; más difícil
participación. implementar la participación.

La atmósfera también puede ser


Atmósfera naturalmente cálida y
10 10 cálida y acogedora, pero lograrlo
acogedora.
es un desafió constante.
Espero que sepa la importancia de establecer una filosofía de ministerio para
su iglesia, sin la cual no va a saber su rumbo para el futuro o si está cumpliendo
con la razón por lo cuál existe. Como dice Rick Warren, “Hasta que no saber
para qué existe su iglesia, usted no tiene fundamento, ni motivación, ni dirección
133
en su ministerio.” Y, hablando de filosofía de ministerio, ese libro del Pastor
Warren, Una Iglesia con Propósito, debe estar en su biblioteca porque
justamente trata en forma completa este principio.
McDonald’s
Hch. 8.1 (y abrieron iglesias en Judea y Samaria); 11.19 (abrieron iglesias en
Fenicia, Chipre y Antioquia); Pablo en sus viajes fue abriendo iglesias en cada
ciudad; Rom. 15.19
El penúltimo principio es el de McDonald’s. Trata el tema de establecer
iglesias hijas, un tema que ya mencionamos cuando hablábamos de la “iglesia
grande”. Tal vez aquí valga la pena contestar la pregunta de, ¿por qué debemos
formar iglesias nuevas, especialmente si la iglesia madre está creciendo? La
respuesta es sencilla: Las iglesias nuevas crecen más porque tienen un porcentaje
más elevado de miembros recién convertidos que todavía tienen amigos y
familiares inconversos. Recuerde, mientras más tiempo tenga de ser cristiano,
menos contacto tiene con el mundo. De hecho significa menos invitados a la
iglesia (revise el diagrama en al página 88). Los recién convertidos son más
entusiastas para hacer la obra del Señor, evangelizar, invitar y traer a sus amigos
y parientes inconversos, a la iglesia.
Está comprobado por las estadísticas, que si una denominación quiere crecer,
la manera más eficaz y rápida es establecer iglesias nuevas. Es la metodología de
los Bautistas del Sur, las Asambleas de Dio, la Alianza Cristiana y Misionera y
también de los Mormones, Testigos de Jehová y otras sectas. ¿Por qué es esto?
Porque cuando uno abre una iglesia nueva siempre los miembros tienen más
entusiasmo para trabajar y ver la iglesia crecer. Hay menos “colonos” que
puedan estorbar la obra con su frase favorita, “hace diez años lo hacíamos así y
si daba resultados entonces, ¿por qué no hacerlo así hoy en día?”.
Es aquí donde entra a funcionar el principio de McDonald’s. Existe, con el
nombre de McDonald’s, una cadena de locales que vende hamburguesas y papas
fritas. Si usted vive en uno de los pocos países que no tenga un McDonald’s, tal
vez tenga un Burger King o un Wendy’s, que funciona con la misma filosofía de
McDonald’s. A saber, cuando los dueños de McDonald’s se dieron cuenta de la
popularidad de su producto abrieron otra tienda y otra y otra y otra, hasta que
ahora están por todas partes del mundo. Hay tiendas en casi todos los países del
mundo – y se inició con un solo local en un pueblo de los Estados Unidos.
Los dueños de McDonald’s no trataron de construir un local en un solo lugar.
Supieron, que aunque hubieran construido el edificio más grande del mundo, no
hubiera podido albergar a todas las personas en un sólo edificio, ni hubieran
podido llegar a este local toda la gente del mundo. Ellos se dieron cuenta que
para alcanzar al mundo con su producto tenían que abrir locales en cada ciudad,
y a veces, varios en la misma ciudad. Su meta: poner un McDonald’s al alcance
de todo el mundo.
El principio de McDonald’s aplicado al crecimiento de la iglesia es así: la
Iglesia de Jesucristo debe abrir iglesias para que cada persona en el mundo tenga
la oportunidad para escuchar el mensaje de Dios que la Iglesia de Dios tiene para
ellos. No seria mal idea que establezcamos una por cada cinco mil personas en el
mundo. Si hay cinco mil millones de habitantes debemos tener un millón de
iglesias en el mundo. Realmente no sabemos cuántas iglesias o grupos
evangélicos hay en todo el mundo, aunque es cierto que no hay un millón. Pero,
eso quiere decir que como Iglesia de Jesucristo debemos establecer este
principio como una prioridad y hacer todo lo posible para que cada iglesia que
exista en el mundo, haga planes para abrir una iglesia hija.

La metodología
Termino este capítulo con unas palabras sobre el aspecto de la metodología.
En si, no es un principio, más bien es la forma en que aplica el principio. La
forma en que aplica un principio tiene mucho que ver con el éxito de ese
principio. Ha sucedido muchas veces de que el principio que ayudó a la iglesia
del Buen Redentor a crecer no ayudó en nada a la de Getsemaní. Lo que
funciona en Ecuador tal vez no da resultados en Chile. Es comprobado que
programas que han tenido éxito en un lugar a veces no lo tienen en otros. Pero en
tales instancias lo que sucede, normalmente, es que alguien trata de exportar el
principio que tenía éxito en el país A al país B sin cambiar la metodología de
aplicación del principio. Si no cambia la metodología es dudoso que el principio
de crecimiento que tuvo éxito en Brasil funcione en Bolivia.
En una ocasión transferí el programa de crecimiento Encuentro con Dios del
Perú a la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Sin embargo, no fue sin antes hacer
algunos cambios en la metodología. Lo que transferí fueron los principios de
dicho programa, no la misma metodología. Tenía que “ecuatorinizar” el
principio y, por encima, cambie el nombre del programa. Y apenas tuvo éxito. El
mismo programa fue transferido a Florida en los Estados Unidos y fue un rotuno
fracaso. Los líderes se habían olvidado que los de habla español en Jacksonville
y Miami eran muy diferentes a los de Lima. Una razón por la que un programa
no da resultados en otros lugares es porque se trata de transferir la metodología
junto con los principios. Una cosa que debemos recordar siempre es que: los
principios del crecimiento no cambian. Lo que cambia es la metodología para
aplicar estos principios.
La metodología es clave para que tenga resultados el principio. Tiene que
cambiar de lugar en lugar y de pueblo en pueblo. Para alcanzar a las personas, en
el nivel donde estén, tiene que encontrar una metodología que le permita
implementar los principios de crecimiento. Por ejemplo. En la Escala de Engel
(página 28) hemos visto que hay personas desde “- 8” a “+ 4”. El programa
Encuentro con Dios no es para los del nivel “- 8” ni “- 7”. Al llegar a “- 6”, el
programa puede dar resultados. De igual manera, el sistema de adiestramiento de
los nuevos convertidos (+ 1) no va a servir en el nivel “- 3”. Entonces tiene que
buscar la metodología que le dé la mejor oportunidad para crecer.
Para terminar esta sección de Principios del Crecimiento quiero compartir una
cosa más, como especie de resumen. Lyle Schaller, un perito metodista sobre el
asunto del crecimiento en la iglesia, expone varias razones por las cuales crecen
o no las iglesias y casi todas las hemos mencionado. Él dice que los grupos que
crecen más son los que:

1. Promocionan una meta firme;


2. Sienten la necesidad de tener más miembros para cumplir con su meta;
3. La organización es meramente una forma para llegar a su meta;
4. Retan a sus miembros con metas a corto plazo que sirven para llegar a la
meta principal;
5. Tienen líderes fuertes y a largo plazo (la longevidad).

Por otro lado, los grupos que crecen menos son los que:
1. Tienen miembros de muchos años;
2. Siempre piensan en cómo fue en el pasado;
3. Tienen koinonitis;
4. Están orientados alrededor de personas y no de una meta;
134
5. La organización es más importante que la meta.

Como hemos mencionado en cuanto a los principios de crecimiento, no son


necesariamente una garantía que producirá un éxito inmediato. Espero que se
haya dado cuenta que algunos principios no funcionarán bien aplicándolos solos.
Un ejemplo de esto será el principio de “factor hombres” que no dará resultados
sin el principio del “Espíritu Santo” y la predicación del evangelio (las “3 Ps”).
También está el factor de la aplicación de una metodología adecuada para el
ámbito donde es llevado a cabo el principio. Y, desde luego, si haya
enfermedades eclesiásticas presentes en la iglesia, esas pueden causar un corto
circuito y dejar inútil el principio de crecimiento.
Sin embargo, la iglesia sana que aplica la mayoría de estos principios, si no
todos, crecerá. Digo eso en una forma enfática porque son principios de la
Palabra de Dios. Y si no funcionan, tiene que mirar hacia adentro de la iglesia y
no culpar a Dios por haber fallado en cuanto a sus promesas. El dijo, “Edificare
mi iglesia.” ¡Y lo hará! Que grande privilegio es ser parte de esa promesa y la
extensión del reino donde el Señor nos haya puesto.
Parte IV

DE LA TEORÍA A LA REALIDAD

Ya hemos estudiado la historia, la base bíblica y la dinámica del crecimiento


de la iglesia. Ahora nos toca ir al grano en cuanto a la extensión del reino de
Dios y como conservar los resultados de tal extensión. Este capítulo va a revisar
tanto la extensión como la conservación de los resultados, dejando ya la teoría
para hablar de la práctica.
El énfasis ahora es sobre la extensión del reino y no solamente la expansión de
ello. Y, por supuesto, cuando se extiende el reino tiene que conservar lo ganado o
corre el peligro de perderlo de nuevo. Los dos capítulos siguientes van a
investigar los dos conceptos de extensión y conservación.
Capítulo 11

LA EXTENSION DEL REINO

Anteriormente, distinguimos entre los términos expansión y extensión. La


expansión se concentra en hacer crecer más grande algo que ya existe. La
extensión en agregar algo nuevo a lo que ya existe. La expansión hace que una
iglesia sea más grande; la extensión hace que una iglesia llegue a ser dos, y dos
lleguen a ser cuatro, y así sucesivamente.
Es cierto que uno de nuestros enfoques fue la expansión de la iglesia local,
pero, al fin de las cuentas, si las iglesias no se reproducen a estilo McDonald’s,
no vamos a poder llevar el evangelio a todos los pueblos, naciones y lenguas.
Entonces, es menester abrir iglesias nuevas. Ahora nos toca revisar en una forma
breve la base práctica para iniciar una iglesia nueva.
Bueno es tener la teoría bíblica y entender la dinámica del crecimiento, pero
nos servirá de poco si no la ponemos en práctica. Una vez tuve un profesor que
dijo a todos sus alumnos: “Ustedes no han aprendido si no ponen en práctica lo
que han aprendido”. Ahora les toca poner en práctica la teoría y los principios
que han aprendido.
En estas dos últimas partes del libro veremos algunas pautas, según el libro de
los Hechos, de cómo podemos formar una iglesia nueva. Luego estudiaremos
cómo podemos medir el crecimiento de una Iglesia, sea nueva o la ya
establecida.
Hasta aquí hemos presentado veintiséis principios del crecimiento de la
iglesia. Son principios que ayudarán a su iglesia a crecer si son entendidos y
aplicados correctamente. Ahora estamos en la parte práctica del libro y es tiempo
de hablar de diez principios más que le ayudarán a formar iglesias nuevas. En
algunos casos son principios completamente nuevos mientras que en otros son
principios muy similares a los que hemos estudiado. Sin embargo, los
consideramos nuevos porque tienen otro enfoque y fin. Igual como los otros
veintiséis principios, estos diez se pueden encontrar mayormente en el libro de
los Hechos.
Cuando uno dice que en el libro de los Hechos existen algunos principios del
crecimiento para la iglesia, siempre hay quienes dicen que estamos añadiendo
algo nuevo a la Palabra de Dios, algo que, probablemente, Dios no quiso decir.
Mi respuesta es que la Biblia siempre ha hablado del crecimiento. Lo malo es
que la iglesia, en su mayor parte, no ha prestado atención a la metodología
manifestada en la Biblia. Claro es que la Biblia no usa el término “principio del
crecimiento”, como tampoco usa el término “la Trinidad”. Sin que el término
“principio del crecimiento” aparezca en el libro de Hechos, los principios
existen, como estamos dándonos cuenta.
Recuerde que ahora estamos hablando de cómo abrir una iglesia nueva, no
como revisar una iglesia ya existente. Es cierto que se pueden aplicar estos
principios a las iglesias ya establecidas, pero su enfoque aquí es el de abrir una
iglesia nueva. Otro punto para mantenerse en mente es que este capítulo es uno
que se enfoca sobe el hacer y no solamente el pensar y reflexionar. Estamos
hablando como ir de la teoría a la realidad.
Antes que iniciemos el estudio de estos diez principios, les hago recordar de
dos principios ya investigados: la filosofía del ministerio y las metas. Cuando
uno piensa en abrir una iglesia nueva, se espera que ya haya pensando
profundamente en el por qué de la formación de un grupo nuevo. Aquí se refiere
a la filosofía del ministerio, el por qué existe el grupo. La filosofía ayuda a la
iglesia a saber cuál es su meta y fin (Hch. 5.20; 8.4; 10.42 - predicar a todo el
mundo); para saber cómo actuar ante las necesidades de la iglesia misma (Hch.
2.42-47; 4.34-35; 6.1-6 - ayuda tanto social como espiritual); y para la dirección
personal (Hch. 9.15). Y el establecimiento de metas es menester para saber si ha
logrado su fin o no. Se puede decir que los próximos diez principios de
crecimiento pueden ser diez metas para lograr la apertura de una iglesia nueva.

Orar
Hch. 1.14; 2.42; 4.31; 6.4, 6; 8.15; 9.11, 40; 10.4, 9, 31; 12.5, 12; 13.3; 14.23;
16.25; 28.6.
El primer principio es orar. Este principio es tan obvio que ni se debe
mencionar. Sin embargo hay muchos que tratan de abrir una obra nueva sin
haber respaldado el esfuerzo con oración. Ya hemos hablado de la oración, pero
en el sentido de involucrar a toda la iglesia corporalmente en la oración para su
crecimiento. Ahora nos referimos a buscar la voluntad de Dios, antes de abrir
obras nuevas. Si bien hay necesidad de establecer más iglesias, no debemos ir
por allí y por allá estableciendo iglesias sin consultar a Dios. Es cierto que Dios
ha dado el mandato de establecer iglesias; es cierto que Dios quiere que Su reino
aumente por medio de iglesias crecientes; es cierto que la mejor manera para
crecer, y la manera más rápida, es la de establecer iglesias nuevas (el principio
de McDonald’s). Pero, todo esto requiere una filosofía, un plan y metas y estos
aspectos tienen su base en la oración.
Recuerde que el crecimiento de la iglesia es un proceso, no un evento. Un
proceso requiere propósitos, metas, planes y una metodología. La base de cada
uno de estos aspectos debe ser la oración. Cuando abrimos una iglesia nueva
estamos tratando con fuerzas espirituales que se encuentran a nuestro lado y
también con otras que están en contra (Ef. 6.12). Trabajemos con mucha fe
porque no sabemos lo que el próximo día nos deparará. Los buenos planes para
hoy pueden llegar a ser malos el día de mañana. En este caso, trabajando con el
futuro en mente, necesitamos mucha oración para no cometer errores y malas
decisiones. Nuestro ejemplo puede ser la Iglesia Primitiva, que es reconocida por
su oración y su manera de analizar los pasos antes que tomarlos.

Formar un equipo
Hch. 3.1, 11; 4.1; 5.18; 8.14, 17; 10.23; 11.12, 25, 26, 30; 12.25; 13.1-2;
14.23; 15.39, 40; 16.3, 6, 11; 17.15; 19.22, 29; 20.4
El segundo principio que mencionamos es el de formar un equipo. Desde el
principio del libro de los Hechos vemos a los apóstoles trabajando en conjunto
(Hch. 1.12-2.1; 6.1, 4). Pedro llevó un equipo de seis hermanos a la casa de
Cornelio (Hch. 11.12). Luego, cuando Dios abrió la obra misionera, nombró Él
mismo un equipo: Pablo y Bernabé. Desde aquel tiempo, Pablo siempre tenía un
equipo de uno o más miembros trabajando con él (Flp. 4.2, 3; 2 Ti. 4.10-13; Tit.
1.5). Solamente en dos ocasiones vemos que Pablo trabajó solo. Una fue en
Atenas, y en esta ocasión no pudo hacer mucho por establecer una iglesia fuerte
(Hch. 17.10-34). La segunda ocasión fue cuando llegó a Troas (2 Cor. 2. 12-13)
y no encontró a su “equipo” como estaba programado. Al darse cuenta de que no
podía hacer mucho, salió a otro lugar.
Hay una observación interesante para hacer: de repente no todos los miembros
de un equipo van a poder funcionar dentro del equipo. El caso más notable en
hechos es el de Juan Marcos, quien se despidió a sí mismo del equipo por
razones desconocidas (Hch. 13.14). Otro caso notable es de Pablo y Bernabé
cuando ellos tuvieron que separase por no entenderse bien el uno al otro (Hch.
15.36-41). ¿No es interesante que Bernabé escogió a Juan Marcos para irse con
el? En mi rol como un administrador de misioneros en todo Latinoamérica, tuve
que aconsejar a varios de no seguir adelante en uno u otro equipo. A veces tenía
que buscarle otro equipo, aun en otro país, o avisarles que se volviera a su país
para buscar un equipo donde su personalidad y dones fueran mejor utilizados
para el reino.
El principio de formar un equipo tiene su semilla en la Trinidad, el mejor
ejemplo del trabajo en equipo (Gn. 1.1, 2, 26; Jn. 1.1-3; 5.30b; 6.38; 16.6-7).
Pero, en la Biblia hay muchos ejemplos de hombres trabajando en equipo. En el
Antiguo Testamento está el ejemplo de Noé y sus tres hijos contra todo el mundo
(Gn. 5.9ss); Moisés y Aarón (Gn. 4.14-16); Moisés y los setenta (Gn. 18.22);
David y sus grandes hombres (1 Cr. 9.10-34, donde cada uno tenía su oficio y
deber); y el de Nehemías en su trabajo de reconstruir los muros de Jerusalén.
Aun el equipo de Nehemías trabajando en lo político y Esdras en lo religioso.
Algunos ejemplos del Nuevo Testamento ya han sido mencionados, sin
embargo vale la pena llamar la atención de Cristo y sus doce discípulos y luego
con los setenta. Hay un ejemplo más que quiero mencionar: el de Hechos 6.1-7
donde tenemos la formación de dos equipos: Uno ministerial y otro
administrativo.
El funcionamiento de un equipo se define de esta manera: “Un trabajo
realizado por varios socios, cada cual haciendo una parte, donde todos deponen
la preeminencia personal ante la eficiencia del conjunto” (Diccionario y Ec. 4.9).
Tal principio va en contra del espíritu o tendencia natural que se presenta muchas
veces entre los pastores: el de ser un pastor solitario, un hombre orquesta en vez
de un director técnico. Uno de los problemas más grandes que hay en la iglesia
es la falta de confianza entre los pastores (cuando existe un equipo de pastores) o
entre el pastor y los otros líderes en la iglesia. Tenemos que empezar a trabajar
más en equipo, para extender más rápido y eficientemente el reino de Dios.
Pero, para que un equipo funcione bien, necesita lo siguiente:

1. Un líder reconocido y aceptado por los demás. Cada equipo requiere un


líder. Los equipos donde todos son “iguales” realmente no son equipos, más
bien es una invitación al fracaso. Si bien cada miembro del equipo
comparte autoridad y responsabilidades juntamente con los otros, se
requiere de un líder que responda por el equipo frente a las debidas
autoridades; que dirija las sesiones del equipo; y que sea la cabeza
reconocida frente a la iglesia y entre los miembros del equipo mismo. En el
Capítulo 3, hablábamos del principio del Pastor Comprometido y el aspecto
del director técnico (o pastor eficiente) que prepara líderes y ejerce su
135
liderazgo delegando la autoridad y responsabilidades a otros. El líder de
un equipo tiene que ser un buen administrador en cuanto a las
responsabilidades del equipo y los dones que los miembros del equipo
tienen.
2. Un objetivo común (filosofía de ministerio).
3. Una estrategia común (metas y metodología).
4. Cada miembro sabe exactamente cuál es su parte en la estrategia (que cada
uno tenga su “descripción de trabajo”).
5. Cada miembro respeta y confía en los otros, y lo que cada uno de ellos
aporta a la estrategia.
6. Un amor profundo y leal entre los miembros del equipo. Ningún miembro
debe estar en competencia con otro. Ni en la estrategia, ni en su posición.
Cada miembro tiene que darse cuenta que es necesario pero no
indispensable.
7. Cada uno tiene que ser libre para expresarse en cuanto a ideas, cambios y
quejas. Pueden hablar abiertamente uno con otro. Hay líneas claras y
abiertas de comunicación.

Recalcamos lo que dice el número 6, cada miembro tiene que reconocer que
es necesario pero no indispensable. Los miembros del equipo son hijos de Dios y
son importantes. Pero, cuando uno trabaja en equipo, el fin grupal es más
importante que el individual. Para algunos esa es una lección dura de aprender,
como lo fue para Juan Marcos, pero es una lección que tiene que considerarse.
En cierta oportunidad encabecé un equipo que tenía un hermano, que siempre
trataba de hacer las cosas según su estilo. Casi nunca estaba de acuerdo con los
demás. En las sesiones se ponía de nuestro lado, pero cuando salía a hacer su
trabajo buscaba una metodología que no era buena para el testimonio del equipo.
Al final tuve que despedirlo. Lo malo fue que lo reemplazamos con otra persona
que era demasiada dependiente, ¡no tomaba la iniciativa! E igualmente tuve que
despedirla. A partir de ese momento reinó la paz entre los miembros del equipo y
al fin logramos nuestros objetivos sin mayores consecuencias.
Antes de seguir adelante vale la pena decir algo más en cuanto al punto cuatro
señalado anteriormente. La descripción del trabajo (que es una definición bien
detallada del trabajo que se espera de uno) tiene que prepararse sin pensar en
personas determinadas. Primero hay que pensar en lo que es necesario para
alcanzar el objetivo del trabajo u oficio. Una vez hecha la descripción del
trabajo, entonces se busca la persona que pueda hacerlo. Muchas veces hacemos
las descripciones de trabajo pensando más en las personas y menos en el fin del
trabajo. En tal caso, cada vez que se cambie la persona, también tiene que
cambiarse la descripción del trabajo. El secreto del éxito de un programa o plan
consiste en que los líderes busquen las personas que encajen con la descripción
del trabajo y no al revés (formando una descripción del trabajo para que encaje
con una persona).
El equipo tiene que estar compuesto por los que ayudarán en la obra. Sus
miembros son los que tomarán una parte activa en el establecimiento de una
iglesia nueva. El valor de un equipo se muestra por lo siguiente:

1. Los miembros tendrán dones diferentes que se pueden usar en la obra.


Cuando se buscan los miembros para el equipo, no debe componerse de
personas con los mismos dones o talentos. Si todos son evangelistas, ¿quién
va a discipular? Si todos son discipuladores, ¿quién va a evangelizar? El
equipo puede hacer una contribución muy amplia que ayude a la iglesia en
toda su labor evangelizadora y discipuladora.
2. Los equipos estimulan la creatividad y las nuevas ideas que aportan varios
pastores y que representan una variedad de dones. El mismo equipo es el
foro donde las nuevas ideas son discutidas y puestas a prueba.
3. El equipo, trabajando en forma coordinada, representa en forma visible la
unidad del Cuerpo de Cristo y es un modelo para toda la iglesia. Provee un
modelo visible, apoyo mutuo, comprensión y dedicación a un objetivo
común.
4. Los miembros pueden sostenerse y apoyarse los unos a los otros,
especialmente en tiempos de dificultades (Ex. 18.22, Ec 4.9-12). ¡Se espera
que no todos se desalienten al mismo tiempo! Cuando se trabaja en equipo
hay menos tensión o carga sobre el individuo y así se evitan problemas
emocionales y aún espirituales a nivel personal y familiar.
5. Los miembros mayores y más hábiles sirven de modelo a los demás. Cada
equipo debe tener uno o dos novatos para adiestrarlos en como ser miembro
de un equipo y encabezar sus propios equipos para abrir otras iglesias en el
futuro.
6. El equipo le da continuidad al programa de la iglesia. Cuando algunos
miembros salen y entran otros nuevos, la marcha de la iglesia no se detiene.

De inmediato les presento una lista más en cuanto al tema del equipo y esta
procede del pastor Joaquín Alegre, de Lima, Perú. Él nos da diez pautas para el
manejo de un equipo desde la perspectiva de un pastor titular.

1. En el trabajo de equipo es necesario que sean transparentes todos los que lo


forman.
2. El pastor titular debe llamar a los miembros de su equipo según los dones
requeridos por las responsabilidades del equipo.
3. Necesita tener un acercamiento. El titular brinda amistad, da orientación,
etc.
4. Los miembros deben someterse al titular o líder del equipo. El titular vela
por toda la iglesia (o un ministerio, en el caso de que sea líder de un equipo)
y ve el cuadro total.
5. El pastor titular (o líder de equipo) administra a los miembros en cuanto a
sus dones espirituales. La meta es que los mismos atiendan a toda la iglesia.
6. El pastor titular no debe temer que los miembros crezcan en sus ministerios.
7. El pastor titular tiene que cultivar a los miembros en sus ministerios.
8. El pastor titular puede recibir información de los que le ayudarán en la
predicación, consejería, etc.
9. El pastor titular debe reconocer públicamente a sus colegas cuando hacen
bien y corregirlos a solas.
136
10. Todos deben recordar que distanciarse el uno del otro crea conflictos.
11. Esta lista del Pastor Alegre habla no solamente de un equipo, sino también
del líder. Ese aspecto del liderazgo merece todo un libro. Mas bien, ya
137
existen varios libros buenos en cuanto al liderazgo en español.

He estado en el ministerio por más de 35 años y jamás he trabajado solo. Aun


cuando me mandaron sólo a Huancayo, Perú, busqué en la primera instancia un
peruano para ser el pastor y así formé mis equipos por todo el centro del Perú.
Luego en Lima formé un equipo de cuatro jóvenes para abrir otra iglesia. En
Guayaquil, Ecuador trabajé con dos iglesias y sus equipos ministeriales. Como
pastor siempre formaba un equipo de laicos que me aconsejaba (especialmente
en cuanto a las tradiciones de la iglesia). Siendo el Director de la Alianza para
todo Latinoamérica fui parte de un equipo. Y justamente cuando fue deshecho el
equipo, salí para tomar el puesto del Director del Departamento de Misiones en
Toccoa Falls College (Georgia) donde estoy trabajando con otro buen equipo.
No trabajo en ninguna otra forma y les aconsejo no hacerlo tampoco.
Como pueden ver, hay mucho que decir en cuanto al tema del equipo. Por el
momento esto le servirá para iniciar la formación de un equipo en su iglesia (si
aún no lo tiene) y ponerlo en funcionamiento.

Esperar
Hch. 1.4, 23; 4.31; 5.20, 29; 8.26, 39; 10.9-19; 13.2, 4; 16.6, 7, 10; 18.9;
20.22, 23; 22.18-21; 23.11; 26.19; 27.23.
El tercer paso puede que sea lo más difícil, ya que se trata de esperar. Los
apóstoles tenían que esperar casi cuarenta días para que baje el Espíritu Santo.
Pablo esperó nueve años antes de ser misionero a los gentiles. Y, para los
“Martas” (Lc. 10.40) quienes están entre nosotros, de lo cual yo soy uno, esperar
no es un pecado, por si acaso. Tenemos que esperar la dirección del Espíritu
Santo. Debemos ser como Moisés cuando el dijo a Dios, “Si tu presencia no ha
de ir conmigo, no nos saques de aquí.” (Ex 33.15) El peligro de adelantarse sin
la dirección de Dios se muestra en Números 14.42-45, cuando los judíos
subieron contra los amalecitas sin que el Señor estuviera con ellos y fueron
derrotados. Asegúrese, antes de actuar, que la dirección que recibe es de Él.
Tiene que ser motivado por el Espíritu Santo. Si el deseo de abrir una obra es
solamente un sueño suyo, probablemente fracasará.
Otra razón para esperar la dirección del Espíritu Santo se basa en que si la
obra es de Él, no vamos a fracasar a pesar de las dificultades. El que no es
llamado por el Señor para abrir una iglesia dejará la obra cuando aparezca el
primer obstáculo (reacuérdese del ejemplo de Juan Marcos en Hechos 13).
Una meta de Satanás es ver a los cristianos fracasar. Él hará todo lo posible
para lograrlo y que el equipo que funda la iglesia fracase también. Pondrá una
gran cantidad de obstáculos en su camino, para que abandone el propósito de
abrir una obra nueva. Un ejemplo de esto lo tengo de mi propio ministerio. De
regreso a la casa con mi familia, después del primer domingo que pasamos en
una de las iglesias que ayudé a abrir, descubrí que hubo huéspedes no invitados
durante nuestra ausencia. Fue un robo, entre los más de diez que Satanás ha
usado para desalentarnos. Logró hacerlo, pero gracias a Dios, no nos hizo
abandonar el ministerio.
En otra ocasión, justo el día en que la iglesia antes mencionada tomó su
decisión de llamar a un pastor latino para reemplazarme en el equipo, volvimos a
la casa y la encontramos inundada debido a una cañería que se había roto. Tenía
que faltar a la sesión en la iglesia para atender la crisis en mi propia casa.
Enfermedades, la muerte, la quiebra y tantas otras cosas, usará Satanás para
detener la obra del Señor (2 Cor. 6.3-10).
Si fallara en esto atento, Satanás usará otra táctica mucho más sutil y aun
peligrosa: darnos demasiadas cosas buenas para hacer. Claro, no es él quien nos
las da, sólo aprovecha nuestro egoísmo para hacernos aceptar muchas
responsabilidades, más de las que podamos cumplir. Entre las cosas buenas para
hacer, ¿qué sería mejor que establecer una iglesia? Pero tenga mucho cuidado
antes de decir “sí” al desafío de abrir una iglesia nueva.
Una vez, en el Ecuador, traté de abrir una iglesia con un equipo de jóvenes y
fracasamos, justamente porque no tenía yo el tiempo suficiente para dedicarme a
tal obra. Estaba involucrado en demasiados compromisos y por eso conduje a
que todo el esfuerzo fracasara. Tengo que confesar que fue el orgullo y mucha
confianza en mí mismo en este intento de abrir una iglesia más. No fue la
voluntad de Dios y fracase por adelantarme a Dios.
Tampoco debe trabajar de prisa. Un error que cometen muchos de los que
establecen iglesias es el apuro con que lo hacen. El trabajo de establecer una
iglesia es algo que ha de permanecer por toda la eternidad. Por eso, merece ser
bien establecida. Nótese que Dios no creó el mundo en un día y, además, esperó
millares de años antes de mandar a Su hijo a morir en la cruz.
Entonces, cuando piense organizar una iglesia, tenga paciencia. Se puede
establecer una iglesia, pero el asunto es determinar si ¿constituirá una iglesia que
dure un año o que sea para siempre? Si la iglesia se pone en marcha y después de
cierto tiempo cierra sus puertas, ¿qué cosa ha hecho? Ha dado un mal ejemplo y
ha dejado que Satanás gane en cuatro campos:

1. Con los asistentes de la iglesia nueva que pueden tener un mal recuerdo y
no querrán asistir o ser miembros de otra iglesia.
2. Con los que se esforzaron en fundar la iglesia; pues estarán desanimados y
posiblemente no querrán intentarlo nuevamente.
3. Con los que estaban observando el esfuerzo para hacer lo mismo, porque
tendrán sus dudas y de repente ya no lo intentarán.
4. Con si mismo por salir desalentado y desanimado.

Espere la dirección del Señor. Mientras espera Su dirección puede hacer las
tres cosas siguientes (que también son los números 4, 5 y 6 de la lista de cosas
que uno debe hacer para constituir una iglesia).
Considerar el costo
Lc. 14.25-35.
S7i hasta aquí no lo había hecho, es hora de considerar el costo de abrir una
obra nueva (y aquí acudimos a Lucas, el otro libro escrito por el autor de Hechos
para la base bíblica. También es cierto que Pablo consideró el costo antes de salir
de Antioquía para iniciar sus giras misioneras). El trabajo de abrir una iglesia
nueva no es fácil. La iglesia de Jesucristo solamente se funda a base de oración,
fe y mucho trabajo de los siervos llamados para hacerlo. A veces el costo ha
incluido la sangre de uno mismo (solamente en el cielo sabremos cuántos siervos
de Dios han muertos por tratar de abrir una iglesia entre un pueblo hostil).
Otro precio puede ser la familia o la salud del obrero. Una vez que comience a
abrir una iglesia tiene que darse cuenta que este esfuerzo puede consumir todo su
tiempo. Un buen administrador debe programar bien el tiempo para estar con su
familia y que sea lo mismo para los otros miembros del equipo. Si descuida esta
área, Satanás puede destruir su matrimonio, alejar a sus hijos (al estilo de Elí y
Samuel), y en el proceso puede destruir también su ministerio. Un siervo de Dios
debe tomar en serio a 1 de Timoteo 3.5 y 5.8. Este último versículo habla de
todos los aspectos sociales y no sólo del aspecto económico.
La salud es otro factor que uno tiene que cuidar. Hay pastores y misioneros
que han tenido que dejar el ministerio de iniciar una iglesia nueva por motivo de
la salud quebrantada. Uno tiene que administrar su tiempo no solamente para
con la familia, sino también para cuidar su salud.
El cuatro costo es lo económico. ¿Hay dinero para abrir una obra nueva? ¿Hay
dinero para su sueldo? O, ¿tiene que conseguir un trabajo secular mientras la
obra está en sus etapas iniciales? A propósito, no es antibíblico trabajar
secularmente y a la vez ser un obrero de Dios que funda iglesias, como lo fueron
Aquila, Priscila y Pablo (Hch. 18.4; 20.34; l Cor. 4.12; 1 Ts. 2.9; 2 Ts. 3.8).
Considere el costo económico en cuanto a los gastos de la iglesia, de su familia y
de usted mismo.
Otro costo tiene que ver directamente con usted. ¿Está listo a pagar el precio?
¿Está listo para trabajar secularmente cinco días de la semana y dos días en la
obra? ¿Está listo, si es un obrero a tiempo completo, a trabajar de l0 a 12 horas al
día, más el tiempo que tiene que dar a la familia? Si la respuesta es no a
cualquiera de las preguntas, olvídese de abrir una obra nueva. El precio en
cuanto a su tiempo será demasiado alto.

El respaldo de una iglesia madre


Hch. 8.14; 11.18; 13.3
El quinto principio del libro de los Hechos es conseguir el respaldo de una
iglesia madre, si aún no lo tiene. Normalmente, cuando una iglesia hija se funda
hay una iglesia madre que está dando a luz tal hija. Pero no siempre. Había tres
jóvenes que querían abrir una iglesia. Dejaron su iglesia madre para hacerlo sin
la bendición de ella, y encontraron una gran cantidad de dificultades. Un día me
preguntaron qué debían hacer y les aconsejé que en primer instancia tenían que
conseguir el respaldo de una iglesia madre. Cinco fueron mis razones:

1. Para que tengan una base de oración;


2. Para que les den ánimo y apoyo en los momentos difíciles;
3. Para que les sostengan económicamente si fuera necesario;
4. Para recibir orientación y consejos.
5. Para tener alguien a quien se rinde cuentas.

Ciertamente la mayoría de los que están fundando iglesias nuevas tienen el


apoyo de una iglesia madre, pero búsquelo ahora si no lo tiene. No es necesario
que sea su propia iglesia, sino que puede ser cualquier otra en la zona geográfica
donde está trabajando. Digo esto para que algunos de los miembros vengan a
ayudar; para asistir a los programas especiales que tendrán; y que ustedes, y los
de la iglesia nueva, puedan asistir de vez en cuando a la iglesia madre a fin de
sentirse como en familia.

Hacer los estudios


La tercera cosa (y el sexto principio de esta sección) que puede hacer mientras
espera la dirección del Espíritu Santo, es hacer los estudios necesarios para saber
dónde fundar la iglesia. Ya hemos hablado de los principios de un lugar
estratégico, del grupo de personas y de la receptividad y resistencia (R/R).
Precisamente, ¡esa es la hora de aplicarlos!
Una de las primeras decisiones que debe hacer es en cuanto a “quiénes van a
alcanzar” (y aquí debe tener ya preparada su filosofía de ministerio).
Normalmente, uno apunta a una comunidad o cierto grupo de personas y dedica
sus esfuerzos para alcanzarlos a ellos. Una obra nueva debe empezar al nivel de
la comunidad y mientras crece, ensanchar su blanco para incluir todo el barrio,
luego todo un sector de la ciudad y finalmente a toda la ciudad.
El estudio para medir la Receptividad/Resistencia (Mt. 10.14; Hch. 10; 18.6)
del pueblo es muy importante. Para medir la receptividad o la resistencia de su
blanco indicará qué pasos tiene que implementar para alcanzarlo. Algunas de las
cosas que debe hacer para conocer la receptividad de un lugar son:

1. Utilizar los instrumentos de ADC, ACG y AVR presentados en las páginas


24.
2. Tomar una encuesta que pregunte a las personas a qué iglesia pertenecen y
qué les gustaría ver en ella. La encuesta sirve para: a) saber cuántas no
pertenecen a una iglesia y b) qué cosas puede hacer en su iglesia para
atraerlas. Si la encuesta es bien recibida puede ser una indicación de que la
comunidad es receptiva.
Tenga cuidado, ya que esa encuesta no tiene como su fin, o resultado, sacar
miembros de otras iglesias. Sea bien claro con los miembros de otras
iglesias que se encuentren durante la encuesta porque su propósito no es
que ellos asistan a la iglesia nueva. Es peligroso aceptar gente formada
según otra dinámica de iglesia, especialmente si es contra la de su iglesia.
También sacar miembros de otras iglesias no le va a dar una buena fama
entre las otras iglesias y sus pastores.
3. Hablar con la gente estratégica. Los comerciantes, los líderes políticos, la
policía, etc. El motivo tiene dos objetivos: a) que le lleguen a conocer, para
que sepan que la iglesia piensa hacer algo que no es malo ni extraño, y b)
que de repente ellos puedan ayudarle de una forma u otra. Si la gente no
muestra hostilidad es una indicación de que la comunidad es receptiva.
4. Estudiar las otras iglesias en la zona. Si están creciendo bien: puede decirse
que la zona es receptiva. El síntoma es malo, si no es así: puede ser que la
zona no sea receptiva. Pero tenga cuidado, de repente tal iglesia no es una
iglesia en crecimiento o tiene algunas enfermedades que le impiden crecer,
a pesar de que la comunidad sea receptiva.

Hay una regla comercial que quizás funcione también dentro del mundo
religioso. En las ciudades latinas los negocios del mismo ramo tienden a juntarse
en una zona de la ciudad. Si uno tiene que ir a una ferretería encontrará tres o
cuatro en la misma manzana. Vi este sistema en las iglesias en Brasilia, el capital
de Brasil. Asistí a la iglesia de mi denominación y a los dos lados de ella había
iglesias de otras denominaciones – y eso se extendía por varias manzanas. Me
explicaron que los diseñadores de esa ciudad establecieron este sistema para las
iglesias en las cuatro zonas de la ciudad. A mi saber, ninguna iglesia fue
perjudicada por eso.
Puede establecer una iglesia nueva en la misma zona donde ya hay otra
establecida. Sí, hay muchos que van a molestarse con esto, son los que estarán
muy celosos de “su territorio”. Realmente no es su territorio, sino de Satanás. Es
nuestro deber extender la iglesia de Jesucristo en el territorio de Satanás. Las
iglesias que están en la misma zona estarán para ayudarse las unas a las otras a
ganar almas, no para robar ovejas las unas de las otras ni objetar la entrada de
otra iglesia que pueda ayudarle en la cosecha. Si el propósito es formar una
iglesia con ovejas robadas tiene que recordar dos cosas: a) no es formar una
iglesia nueva, simplemente estará duplicando esfuerzos; y b) Dios no mira con
agrado el tener ladrones en Su reino.
He aquí algunas razones por las que no es malo tener dos o tres iglesias en la
misma zona.

1. Las iglesias pueden tener estilos muy distintos de adoración que atrae a
cierta clase de personas; una clase que no atraerá la suya.
2. Las otras iglesias pueden estar enfocándose en otra clase socio-económico
que la suya.
3. El enfoque de la filosofía de las otras iglesias son diferentes que la suya.
4. Si la gente de la zona tiene algunas alternativas para escoger una iglesia que
responde más a sus necesidades, habrán más convertidos y más personas en
el reino de Dios.
5. Sobre todo, no va a caber todas las ovejas de una zona en su rebaño. Una
señal de madurez por parte de los siervos de Dios es reconocer que no
pueden ganar a todos en su zona de influencia, simplemente porque son
muchos.

Por las razones dadas, cuando se ubica una iglesia cerca de otra, no
necesariamente tiene que afectar el crecimiento de ambas. Hay muchos ejemplos
en los países latinos de iglesias que crecen y están a pocas cuadras una de la otra.
Hay un ejemplo en el Ecuador, donde ellos salieron de un edificio alquilado para
ocupar su templo nuevo recién construido. A las pocas semanas alquilaron el
edificio antiguo, que había sido de ellos, a otra iglesia evangélica. Al principio
les molestaba esto. Pero, después de unas semanas aconsejé al pastor de la
iglesia que se olvidara del asunto porque había demasiados almas en el barrio
aun para las dos iglesias. “Déjela en paz y preocúpese en ganar almas para el
Señor.” Desde entonces dejó de molestarles y por lo que pude saber ni siquiera
les afectó su presencia, ni tampoco su crecimiento, porque cada año se mantenía
un buen ritmo de crecimiento. Ya es una iglesia de casi setecientos miembros.
Y, ¿qué pasó con la otra iglesia? Al año tuvo que cerrar sus puertas. Eso fue
una lástima porque había millares de inconversos en esa comunidad que nunca
iban a entrar a nuestra iglesia. Bien pudieron entrar a la otra y ser salvados.
En el país de Guatemala uno puede ver iglesias evangélicas una al lado de la
otra. Visité un pueblo que tiene más o menos 14,000 habitantes. En este pueblo
hay una iglesia de seis mil una de cuatro mil (de la misma denominación), otras
de varios centenares de miembros y muchas que tienen menos de cien miembros.
Se estima, que la gran mayoría del pueblo pertenece a una iglesia evangélica.
Eso no es algo raro en los países de Centroamérica.
Un último estudio que puede hacer es el análisis de la comunidad. Las
preguntas son: ¿Está creciendo la comunidad? ¿Está manteniéndose? o, ¿está
muerta? La razón por la que debe averiguar estas cosas es que usted no ha de
querer formar una iglesia en una comunidad moribunda o sin futuro (se recuerda
la enfermedad la vejez). Si la comunidad es una ya establecida y no tiene
cambios de personas en, por lo menos de un 15% cada año, le será difícil formar
una iglesia nueva allí. Por eso, usualmente, las zonas más listas para la cosecha
del evangelio son las comunidades recién formadas. Hoy en día, no es cosa muy
difícil formar una iglesia en las nuevas comunidades (barrios, suburbios, favelas
- el nombre cambia con el país). Son personas necesitadas en todo sentido y la
iglesia debe estar allí ayudándolas a suplir dichas necesidades y conseguir la paz
y vida eterna. Pero eso no quiere decir que debamos evitar la formación de
iglesias en los barrios de las personas de la clase media o alta.
De hecho, mientras se estudia la comunidad, debe estar alerta para localizar el
lugar estratégico, donde va a alquilar o construir su futuro templo. No acepte
cualquier lugar. Si va a abrir una obra debe hacerlo en el sitio más visible y
accesible. He visitado iglesias en lugares donde se dice que el diablo perdió su
poncho y donde el viento da la vuelta. Lugares tan aislados y alejados de la gente
que jamás tendrán una oportunidad de crecer. No es cuestión de aceptar el primer
lugar que aparezca, por muy buenos que sean los deseos de los que lo ofrecen.
Vea las posibilidades de crecimiento antes de comprar o alquilar.
Una vez se me presentó la oportunidad de recibir un terreno gratis, si yo
prometía construir un templo allí. En aquel tiempo tenía el dinero para iniciar la
construcción (una de las pocas veces que esto me sucedió). Pero el terreno no era
el adecuado. Era estratégico y accesible, pero muy reducido. Construir allí
limitaba nuestro crecimiento a menos de cien personas. No me convenía invertir
el dinero en una iglesia de cien miembros para una ciudad de más de 300,000. Al
fin compramos un terreno de 900 m2 y ahora existe una iglesia de más de 700
personas.
Entonces, a veces es mejor no aceptar terrenos aunque se ofrezcan gratis,
porque si se construye una iglesia allí jamás crecerá y siempre quedará como una
iglesia pequeña, con una mentalidad pequeña y con pocas oportunidades de
crecer. El lugar tiene mucho que ver con el crecimiento. Hay una iglesia en Lima
que construyó un edificio grande y atractivo. Sin embargo, no creció a pesar de
todo lo que hicieron para promover dicho crecimiento. La razón radicó
simplemente en que a pesar de estar a una cuadra de la calle principal, nunca
pudo atraer a la gente. Había otra iglesia pequeña en la calle principal y después
de poner en marcha un programa de evangelización creció hasta ser una de más
de cuatro mil miembros y que es madre de muchas otras iglesias y sigue
abriendo otras.
Después de haber hecho todos los estudios y encuestas, tiene que pedir el
permiso de Dios para ponerse en marcha. Si no lo ha conseguido tiene que
esperarlo para seguir adelante. A lo mucho continúe con el próximo paso, pero
no más allá.

Célula de oración
Hch. 10.4 y 9
El próximo paso, el número siete en esta lista, es empezar la nueva obra con
una célula de oración. La misma tiene que llevarse a cabo en el lugar donde se
quiera establecer la iglesia. Los que van a ser parte de ella son los miembros del
equipo y los laicos que ayudarán a abrir la obra. Es preferible que los laicos y
miembros del equipo vivan en la zona designada, pero no es indispensable. Vale
la pena recordar lo siguiente en cuanto a la oración: “Acción sin la oración es
meramente entusiasmo humano; mas, acción nacida en la oración es inspiración
138
y dirección divina”.

Alquiler el local
Una vez que tenga la mente del Señor en cuanto a sus planes, y ya haya
cumplido con los primeros siete pasos, es hora de alquilar un lugar público y
estratégico (Hch. 19.9). Las células hogareñas son útiles para la oración y
estudios bíblicos entre cristianos. Pero, si va a alcanzar al público debe tener un
lugar donde ellos se sientan cómodos al visitarles y libres para entrar y salir. El
lugar tiene que ser estratégico (visible o conocido) y accesible. Para ello es
necesario tener presente algunas normas generales:

1. Alquilar un local al nivel de la calle.


2. Evitar el alquilar un lugar de mala fama. Aunque conozco una iglesia que
alquilo un salón de bailes (y creció la iglesia), no es recomendable.
3. Tener mucho cuidado de alquilar un edificio que sea propiedad de algún
“hermano”. A veces tales hermanos quieren llegar a ser “dueños” del grupo.

Una excepción para este paso: las iglesias celulares tienen la filosofía que el
hogar de un hermano es lo ideal para formar una iglesia. Si la obra nueva que
esté abriendo es una iglesia celular debe irse por este camino, la de usar las casas
para las células. Sin embargo, tarde o temprano va a querer tener un local más
grande que una sala en una casa para tener un culto para la congregación y aun
para los cultos de celebración.

Informar al público
Ahora se encuentran listos para informar al público de quiénes son y qué
quieren hacer. Infórmeles qué piensa hacer en la comunidad. No haga nada en
139
secreto. Trasmita anuncios por la radio, los periódicos, la TV, etc. Coloque
avisos bien confeccionados en lugares visibles y no se olvide de informar a los
pastores de las demás iglesias lo que está realizando y de sus planes. Permítales
darse cuenta que hay mucha gente en la zona que no conoce a Cristo y que todas
las iglesias juntas no podrán recibir a todos los inconversos. Recuerde que ha
llegado para ganar personas, no para quitar miembros de otras iglesias.
Para resolver el problema de quitar miembros de otra iglesia será bueno tener
la política de no ser atractivo a miembros de otras iglesias evangélicas. Y si
llegan miembros de otras iglesias, haceles ver que tu propósito es ganar gente
nueva, no crecer por recibir miembros de otras iglesias. Y, desde luego, si un
miembro de otra iglesia insiste en asistir a tu iglesia, debes averiguar su
testimonio en la iglesia de dónde proviene. Podré contarles un y millar historias
de pastores que recibían miembros de otras iglesias solo para darse cuenta (ya
demasiado tarde) que han recibido miembros problemáticos. Había una razón
para su salida de la iglesia madre y acudir a la nueva; por eso es importante
averiguar si la razón era saludable o no.
Tengo la costumbre de no ceder a un hermano que viene de otra iglesia
ninguna responsabilidad en la iglesia hasta que ha asistido fielmente a la iglesia
por un año completo. Durante este año tengo la oportunidad de observar su estilo
de vida y su testimonio. Y, cuando yo cambio de iglesias por haberme mudado,
no acepto ningún puesto en la iglesia nueva por el mismo año. En este caso,
estoy conociendo a la iglesia nueva para ver si encajo bien con ellos y si puedo
apoyarles en su filosofía y metas.

Controlar el ritmo de crecimiento


El último principio es el de controlar el ritmo del crecimiento de la iglesia.
¿Por qué? Porque se puede crecer muy rápido hasta el punto de no tener líderes
preparados para sostener el crecimiento o que no tener lugar para poner la gente.
Hay una iglesia cerca de Guayaquil, Ecuador, que tenía este problema y por ende
perdía casi igual número de miembros de los que ganaba. No hubo suficientes
líderes de Clase 1 para confirmar a los nuevos creyentes en la fe. Si esto sucede,
el crecimiento normalmente cesará y será muy difícil comenzar a crecer de
nuevo.
El mundo de negocios está repleto de negocios que han fracasado porque
crecieron más rápido de lo uqe permitía su base económica y estructural. Faltó
gente para atender al público, faltó dinero, faltó el espacio necesario, faltó un
plan para el crecimiento – y perdieron todo. Lo mismo con la iglesia. Si crece
demasiado rápido no va a poder suplir lo que los miembros nuevos requieren y
saldrán para irse a otra iglesia.
Una cosa que sucede en muchas iglesias es la promoción del crecimiento
numérico, sin la debida base espiritual en la iglesia para discipular a los nuevos.
Una vez vi el siguiente diagrama presentado en una charla y me ayudó bastante.
¿Se da cuenta que mientras más uno sube en el triángulo hay menos personas?
La realidad, en la gran mayoría de iglesias hoy en día, es que hay muchos que
están en los primeros dos niveles y muy pocos en los últimos tres. Entonces, ¡el
triángulo llega a ser un sombrero!

Lo que tenemos que hacer es desarrollar miembros en los niveles de 3 al 5


para poder discipular a los nuevos que se convierten. Sin tener miembros en los
niveles 4 y 5, las campañas evangelísticas puede resultar algo muy frustrante,
porque perderán todos los resultados o al menos hasta el 90% de ellos. En el
nivel 2 (el de VENIR), los pastores “proclaman” el evangelio a los de “la masa”
que llegan a la iglesia. En el nivel 3, los pastores siguen predicando, pero dan
más “carne” que “leche”. En el nivel 4, los pastores “capacitan” y forman
discípulos para que ellos puedan discipular a otros. En el nivel 5, los pastores
empiezan a dar a sus discípulos el trabajo de discipular. Y, en el nivel 6, los
pastores “administran” (como hemos dicho ya cuando hablamos de los dones) a
sus discípulos para que vayan a discipular a otros. Una iglesia a este nivel puede
tener una campaña evangelística cada mes, sin ningún problema. Pero, una
iglesia con su gente mayormente en el nivel 2, ni debe pensar en una campaña
evangelística, hasta que no tenga algunos “discipuladores”.
Por tal motivo tiene que planificar bien el ritmo del crecimiento. Puede
hacerlo de las siguientes maneras:

1. Con el número y calidad de líderes de Clase 1 (que incluye los


discipuladores mencionados arriba). Debe haber un líder de Clase 1 por
cada diez personas que asistan a la iglesia y debe haber un líder a tiempo
completo por cada 150 asistentes a la iglesia.
2. Con el número de campañas o poniendo en práctica las metodologías del
evangelismo personal (esto debe depender del número de miembros
adiestrados para hacer tal obra o para discipular a los nuevos creyentes).
3. Sobre el tamaño del local. Si alquila un lugar para 50 personas va a crecer
hasta un máximo de 45 (hablábamos de este principio cuando estudiamos la
enfermedad de la estrangulación social).

En este caso, una vez que alcance a 35 personas debe estar buscando otro
local más grande u ofrecer dos cultos. Es mejor alquilar al principio porque una
iglesia nueva normalmente no está en condiciones de comprar un terreno. Pero si
tiene dinero para comprarlo debe esperar y hacerlo cuando esté definitivamente
seguro del tamaño de la iglesia que quiere tener. Hay iglesias que, una vez que
tienen el dinero para comprar un terreno, compran lo que les parece bien sin
pensar en el futuro. Pero, si tiene una filosofía de crecimiento, si tiene el
propósito de llegar a ser una “iglesia grande”, y ya ha establecido las metas para
alcanzar este fin, un terreno de 500 m2 es poco; ¡debe comprar uno de 2,000 m2
o aun más! El tamaño del terreno que compre debe ser de acuerdo con el tamaño
de la iglesia que se desea tener.
Una buena regla a seguir es la siguiente, “un metro cuadrado por cada
miembro”. Si quiere una iglesia de mil personas, por lo menos va a necesitar de
mil metros cuadrados. Si quiere una iglesia de 200 personas, 200 m2 cuadrados
le bastaría - sólo para el santuario (el templo o el área de cultos). Tendrá que
agregar la misma cantidad de metros que tiene el santuario para el edifico de
educación cristiana (y eso, si fuera de más de un piso).
Digamos que su iglesia quiere llegar a ser una iglesia de mil personas, pero
por el momento tiene 100 nada más. De todas maneras compre, si puede, un
terreno de 2,000 metros2 (para el santuario y el local para la educación cristiana)
y construya un templo “provisional”. A medida que va creciendo agrande el
local. O, de otra manera, llene el templo provisional y establezca dos cultos. Una
vez que realice dos cultos comience la construcción de su templo para mil
personas.
El crecimiento también se puede controlar con el programa. Un programa bien
hecho atraerá a las personas. Un programa más o menos efectivo atraerá a pocas
personas. Y, un programa mal hecho no atraerá a nadie.
El último consejo en esta parte sobre la extensión del reino, es implementar
los principios del crecimiento que ha leído en este libro. Ciertamente hay más
principios de los cuales no hemos hablado. Pero no debe preocuparse por ellos
hasta que haya aplicado los treinta y seis mencionados entre el Capítulo 3 y esta
sección. Hermanos, ¡manos a la obra!
Capítulo 12

CONSERVACION DE
LOS RESULTADOS

Después de haber establecido una iglesia, o aun en una iglesia ya establecida,


viene la tarea de conservar los resultados. A esto ahora nos vamos a enfocar. Y lo
colocamos en este capítulo sobre como llegar de la teoría a la realidad porque es
un paso bastante necesario y práctico. Una base bíblica para este paso se
encuentra en el libro de Proverbios 27.23, “Sé diligente en conocer el estado de
tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños.”
Un peligro que siempre existe en todo esfuerzo para hacer crecer una iglesia
es que muchos de los “convertidos” salen por las “puertas de atrás” antes de
consolidarse en la misma. ¿Quién de nosotros no ha tenido la triste experiencia
de ver los nuevos convertidos volviendo al mundo, retirándose de la iglesia, tal
vez para siempre? Sucede a menudo. Lo malo es que la mayoría de los líderes
eclesiásticos no lo toman en serio. Dicen que es algo normal y si se puede
mantener sólo el 5% de los convertidos, están haciendo bien. Pero, ¿qué hay del
95% restante? ¿Vamos tranquilamente a dejarles salir del reino de Dios? Espero
que no, por eso tenemos que hablar de cómo podemos retener a los recién
convertidos hasta que lleguen a ser “jóvenes” y “padres” en la fe (1 Jn. 2.12-14).
La conservación de las ovejas nuevas no empieza con la campaña o la
decisión misma del convertido. ¡Aún antes! Decimos esto, porque debe tener
preparado el material necesario para el adiestramiento del nuevo creyente antes
que se convierta. Muchas iglesias dejan este trabajo de consolidación a la
Escuela Dominical o a los mismos miembros. Aunque eso ayuda, no son los
factores claves. El nuevo creyente debe tener su propio tiempo para estudiar las
doctrinas básicas, aparte de las clases de la Escuela Dominical y las
predicaciones de los cultos.
Roberto Coleman, el autor del clásico Plan supremo de evangelización,
establece diez pasos para la conservación de la cosecha. Se encuentran a
continuación con algunos comentarios agregados. De paso, recuerda que no
estamos hablando aquí de la filosofía de una iglesia celular; más bien de células
de conservación en una iglesia tradicional.

1. Comenzar con pocos. Eso habla de un grupo de discípulos y no del total de


los convertidos. Si hay más de diez convertidos deben dividirlos en grupos
con diez cada uno, como máximo. He aquí la buena función del principio
de células.
2. Que permanezcan unidos en el mismo grupo. El grupo debe estar unido
para formar lazos de apoyo y para ir nutriéndose espiritualmente al mismo
ritmo. Luego, cuando tengan algún tiempo en la vida cristiana, puede
dividirlos en dos células para atraer a otros al reino de Dios.
3. Denles tiempo para desarrollarse espiritualmente. No se apure por ver
grandes resultados en ellos. Recuerde que Cristo pasó tres años con sus
discípulos, y aún así, perdió a uno de ellos.
4. Reuniones en grupo. Se les debe brindar atención siempre que se reúnan en
grupo, aparte del tiempo que empleen para la atención personal.
5. Espere algo en concreto de ellos. Establezca metas y procure ver que las
alcancen.
6. Manténgalos en movimiento. No los deje estancarse en los estudios bíblicos
ni en actividades evangelísticas exclusivamente.
7. Ayúdelos a llevar la responsabilidad de madurar en la fe. Esté cerca de
ellos para apoyarlos en cualquier momento de debilidad espiritual o de
necesidades de otros tipos.
8. Permítales desarrollar sus propias iniciativas. Una vez que les haya
establecido metas, déjelos alcanzarlas a su estilo y no al suyo.
9. Permita, sobre todo, que compartan sus experiencias espirituales. Sus
vidas tienen que centrarse en su relación con Dios y no con usted que es el
maestro.
10. El precio del triunfo es elevado. La tarea de hacer discípulos le va a costar
140
mucho, pero la de ser un discípulo tampoco es fácil.

Como vemos, no debemos dejar al nuevo cristiano a su suerte. Una vez que
ellos llenen la tarjeta de decisión deben recibir la invitación a una Reunión de
Bienvenida que la iglesia dará después de cada campaña evangelística, o por lo
menos periódicamente. En la reunión, los nuevos convertidos son agasajados,
presentados a los líderes de la iglesia e introducidos a los cursos de la Academia
Bíblica u otro curso que sea mayormente para ellos (los miembros de la iglesia
pueden participar en estos estudios, cuando no han tenido tales enseñanzas).
Aquellos que ya han tomado el curso básico deben seguir con otros cursos que
les ayudarán a crecer en la nueva vida. Y, si tienen el don de enseñanza, que ellos
mismos dan este curso básico a los recién convertidos.
La iglesia debe desarrollar una Academia Bíblica que cubra varios temas y
dure de seis meses a un año, o más, depende del material que ofrezca. Por ello
necesitará material que está a la disposición en sus librerías evangélicas.
Evidentemente, también puede escribir a la sede de su propia denominación para
ver qué materiales tienen para adiestrar a los recién convertidos.
La conservación de los resultados de una campaña es de prioridad máxima en
la iglesia. En la Gran Comisión de Mateo 28.19, 20 leemos el término griego
matheteusate panta ta ethne. Ya hemos hablado del término panta ta ethne
(todos los pueblos); pero el término matheteusate quiere decir “hacer discípulos”
o, en el ámbito de la iglesia primitiva: “inscribirse en mi escuela o incorporarse
en mi cuerpo de aprendices, la iglesia”. El mandato no es solamente evangelizar,
sino también edificar a los evangelizados. La iglesia que no se preocupe
seriamente por la edificación de los nuevos convertidos no está cumpliendo con
la Gran Comisión. Igualmente ocurre si no está evangelizando y sólo está
edificando.
De igual manera, los recién convertidos deben recibir una visita en la misma
semana después de haber hecho su decisión. La visita la harán miembros de la
iglesia especialmente preparados a tal efecto. Deben tener a mano un pequeño
curso bíblico para dictar o dejarlo con los nuevos hermanos. Las visitas servirán
de aliento para hacerlos sentir parte de la familia de la iglesia.
Una vez que un recién convertido muestra interés de seguir en la fe debe
bautizarse lo antes posible, o según lo que establezca los reglamentos de su
iglesia. No deje que pasen años sin bautizarlo. Una vez bautizado debe controlar
su asistencia para luego mantener en definitiva una vigilancia sobre su estado
espiritual (Heb. 13.17).
Para hacer bien este trabajo, la iglesia debe formar un cuerpo de consejeros y
visitadores (líderes de la Clase 1). Es una buena idea tener un consejero por cada
10 miembros. Debe darles un curso sobre lo que se espera de ellos. Por ejemplo,
este curso puede incluir: Cómo explicar la manera de ser salvo; cómo estar
seguros de la salvación; cómo consolar y ayudar a los necesitados; cómo llenar
la “Tarjeta de decisión”; etc. Decirles que cuando no puedan contestar la
inquietud de alguna persona que la dirijan al pastor u otro hermano más
preparado. Una cosa es cierta: Sus consejeros tienen que ser de confianza y
deben estar presentes en todos los cultos de la iglesia cuando sea posible.
Asimismo, los visitadores deben estar preparados. Puede seleccionarlos de
entre los miembros idóneos, de acuerdo con sus dones y personalidades.
Cualquiera no puede ser un visitador o un consejero. Deben escogerlos con
mucho cuidado porque pueden hacer mucho daño. Si no se les selecciona y
adiestra bien puede suceder lo que sucedió con el hermano que no dejó entrar a
la iglesia a la señorita con la minifalda. Eso es lo que tenemos que evitar.
Los visitadores deben saber cómo hacer las visitas en las casas. Deben estar en
condiciones de poder contestar las preguntas más frecuentes. Deben estar listos
para, comer cualquier cosa que los anfitriones les den, jugar con bebés y sufrir a
los niños malcriados. Tienen que estar atentos a las situaciones domésticas en el
hogar, para poder ofrecer ayuda cuando sea necesario.
Es necesario formar grupos de dos a tres personas para hacer las visitas.
Deben ser grupos mixtos de hombres y mujeres. Nunca mande un grupo de
hombres a visitar a una viuda, señorita o ama de casa, cuando su esposo no está
presente. Tampoco debe mandar a hermanas a visitar a solas a un joven o a un
señor.
Cuando el nuevo convertido ya está asistiendo a la iglesia, de forma regular,
debe involucrarlo en el trabajo de la misma. A veces tiene que “inventar”
trabajos para ellos. Los miembros involucrados en la vida de la iglesia son los
141
que con más fidelidad asisten. Debe involucrarlos dentro de los primeros seis
meses o en su defecto saldrán porque no se sienten parte del grupo.
Después de haber leído los Capítulos del 1 al 5, estará pensando que uno tiene
que hacer mucho para que la iglesia crezca. ¡Y así es! Sin embargo, no se
desaliente, el Espíritu Santo está disponible para ayudarle (el principio de
crecimiento número tres). Y es Él quien nos ayudara en diagnosticar la salud de
su iglesia (según el estilo de Apocalipsis) y aplicar uno por uno los 36 principios
del crecimiento que se le ha sido presentado. Eso lo conducirá al crecimiento.
Todo lo que hemos presentado aquí fue hecho con la esperanza de ayudarle para
que su iglesia crezca. Porque creemos firmemente que: “En esto es glorificado
mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis mis discípulos.” (Jn 15.8)
Nunca debemos olvidar que el objetivo de la Iglesia de Jesucristo es
extenderse en todas partes de este mundo “llevando mucho fruto”. La cosecha de
almas es una de las razones de nuestra existencia. La otra es la edificación de
tales almas para que lleguen a ser evangelistas y discipuladores ellos mismo.
Hasta aquí hemos investigado la historia de la escuela de pensamiento que se
enfoca sobre el crecimiento como algo inherente en la Iglesia de Jesucristo.
Fueron provistas herramientas para diagnosticar la salud de su iglesia y sanarla
de ellas. Hemos estudiado algunos principios bíblicos (mayormente del libro de
Hechos) de cómo puede y debe crecer una iglesia. Hablamos de varias
metodologías para establecer iglesia nuevas y como conservar los resultados.
El Capítulo 6 que sigue es uno que habla acerca de cómo medir el crecimiento
y es el Capítulo más técnico en el libro y requiere algún conocimiento de
matemática. El lector puede dejar de leer el libro en este punto, aplicar lo que ha
aprendido, y siempre con la ayuda de Dios, ver el crecimiento de su iglesia.
Pero, el próximo Capítulo le ayudará a medir el crecimiento tanto numérico
como espiritual, juntar estadísticas y analizarlas, y establecer metas para el
futuro en cuanto al crecimiento verdadero (espiritual y numérico). Si quiere,
¡pasase adelante!
Parte V

PAUTAS PARA MEDIR


EL CRECIMIENTO

Antes de entrar a la parte empírica de medir el crecimiento es necesario


aclarar una vez más que el énfasis en sí no es tanto numérico, sino que usamos
los números como un medio para representar los que han sido ganados del reino
de Satanás y han llegado a ser miembros del reino de Dios. No es la
numerofobía, ni la numerolatría, sino la numerología, el estudio de los números
es en lo que nos enfocaremos. Al fin y al cabo, el siervo de Dios debe tener una
sola cosa en mente: los campos están listos para la siega y los números indican
la medida de la cosecha, nada más.
Si nadie había recogido los datos tanto de la población del mundo como los
142
del mundo evangélico, no sabríamos hoy en día el estado actual del mundo
evangélico en comparación con la población mundial. Por haberse recogido
datos puedo decirles que el porcentaje del mundo evangélico (en 1998) es 11%
de la población mundial. Es el 14% en Latinoamérica. Sin los datos no podría
decirle que desde 1970 la población evangélica Latinoamericana ha creciendo a
143
un ritmo de 233% mientras que la población creció solamente 76%. Quiere
decir que estamos creciendo casi tres veces más rápido que la población en sí. Es
144
cierto que tres en cinco evangélicos pertenecen a la línea pentecostal. Entonces,
¡gracias a Dios por nuestros hermanos quienes están cosechando!
El crecimiento del mundo evangélico ha sido tan notario que un autor secular
145
ha escrito un libro sobre el avance de los evangélicos en Latinoamérica.
Samuel Escobar dice que “más católicos han llegado a ser protestantes [en este
siglo] que fueron convertidos en Europa en el Siglo XVI durante el tiempo de la
146
Reforma.” Y que la Iglesia Romana Católica está muy preocupada por esa
tendencia, ya que el grupo católico más grande se encuentra en Latinoamérica y
representan un 42% de los católicos en todo el mundo.
Es por estos datos, y aun más que tengo en mis archivos, que digo que
Latinoamérica está en un tiempo de cosecha. Y perder esta oportunidad será una
gran vergüenza para cada iglesia evangélica y para la Iglesia de Jesucristo. Les
cito estos datos para que sepan que los números tienen valor para enseñarnos el
estado actual de la iglesia. ¡No desprecie los números!
Capítulo 13

CÓMO MEDIR EL CRECIENTO

Nuestra responsabilidad como pastor y líder en una iglesia va mucho más allá
que la predicación. El pastor es el encargado de los miembros de su grey delante
de Dios (Heb. 13.17). Ahora, contéstame, ¿Cuántos de sus miembros faltaron el
culto el domingo pasado? ¿Por qué faltaron? ¿Quiénes fueron? ¿Qué dice Mateo
18.11-14 en cuanto a controlar la asistencia de sus miembros? También,
Proverbios 27.23, habla de la necesidad de mantener un control de lo que es
suyo. Algo que muchos dejan de lado es la preocupación por sus propios
miembros en cuanto a su asistencia a los cultos de la iglesia (Heb. 10.13).
Mas allá de controlar la asistencia hay que vigilar si ha crecido la iglesia
durante el año. ¿Hay más miembros este año que el pasado? Si los hay o no, ¿por
qué? Vale la pena averiguar las razones del crecimiento o decrecimiento para
evitar las causas de este último y duplicar las razones para el primero. Además,
si no crece debe establecer metas para salir del problema, o para corregirlo de
manera que el próximo año las estadísticas de la iglesia muestren un
crecimiento.

¿Qué se debe medir?


La base bíblica para medir el crecimiento, tanto numérico como espiritual de
la iglesia, aparece en los dos primeros capítulos, por lo cual no volveremos a
hablar de ella. También hemos hablado del aspecto bíblico de que si no
contamos a los que asisten, no conoceremos cuántas ovejas tenemos, ni cuántas
hemos perdido. Tal parece que las parábolas de Lucas 15 (la oveja perdida; la
moneda perdida; el hijo pródigo) señalan la necesidad de saber lo que se tiene y
lo que se pierde en cada caso.
El pastor que no cuida su grey me hace recordar de los pastores de Jeremías
23.1-2. Dispersan su grey sin preocupación. Por eso, creo en la importancia de
saber cuántos miembros hay en la iglesia local y estar al tanto de su vida
espiritual. Si un negociante controlara su mercadería como muchos pastores
controlan a sus miembros, ¡pronto iría a la bancarrota! Hay un versículo muy
interesante en Apocalipsis 11.1 que tiene inherencia en este asunto; “Entonces
me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo, ‘Levanate, y
mide al templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en el.’” En una versión
más moderna que la Reina Valera, usa el término “cuenta los que adoran en el
templo.” Si eso es un mandato de Jesús a Juan, debemos pensar muy bien antes
de pasarlo por alto en nuestros templos.
Al medir el crecimiento de una iglesia tenemos que hablar de las estadísticas,
un término no muy bien aceptado por muchos pastores. En una época fui el
director del departamento de estadísticas de una iglesia nacional. ¡Qué problema
tuve para recoger las estadísticas de esas iglesias! Había como 160 iglesias y
grupos, y menos del 20% me entregaron sus formularios sin haber tenido que
exigírselos. A pesar de todas mis exigencias, jamás llegué a recibir el 60% de los
formularios. En este caso enfoqué mis esfuerzos en las 60 iglesias más grandes
que representaban el 85% de la membresía de la denominación y no molestar a
las otras 100 iglesias y grupos. Luego, llegue a ser el estadista para mi
denominación alrededor del mundo. El problema aumentó mil veces más. Que
dolor de cabeza es recoger datos.
¿Por qué era tan difícil conseguir estos datos? En mi opinión, ellos tienen
temor de los números (la numerofobia) porque van a revelar que su iglesia no
está creciendo. Posiblemente los pastores no querían que el liderazgo de su
iglesia nacional se percatara de que sus iglesias no habían crecido. Ya que si no
habían crecido reflejaban un aspecto negativo del pastor o encargado. Tenían
razón, ¿si una iglesia no crece la culpa es del vendedor de frutas? ¿Es culpa del
presidente de la denominación? ¿De la nación? ¿Es culpa de Dios? Puede que
sea por culpa de la congregación o por una enfermedad en la iglesia. Pero,
¿quién tiene la responsabilidad de corregir estas fallas? ¿El abogado, el médico?
No, es el pastor o el encargado que al fin de cuentas es el responsable.
Si las estadísticas descubren una historia negativa, es principalmente el pastor
quien debe tomar los pasos necesarios para corregirla. Si las estadísticas revelan
una historia buena, el pastor es el principal responsable de duplicar las causas
para seguir obteniendo buenos resultados para el reino de Dios. Las estadísticas
simplemente son “señales que nos alertan de lo que está sucediendo y cómo está
sucediendo. Sin ellas, es muy probable que no nos demos cuenta de lo que está
147
sucediendo”.
Una iglesia de buena salud es una que crece y tiene buenas estadísticas para
respaldarlo. Una vez que empezamos a sacar estadísticas, ¿qué debemos medir
en la iglesia? Para ayudarnos, aclaramos algunos términos técnicos que usamos
para definir las distintas clases de crecimiento. Aquí están:

1. Crecimiento biológico se produce como resultado de ganar a los hijos de los


148
miembros para Cristo y para la iglesia.
2. Crecimiento por conversión es cuando uno llega a ser miembro de una
iglesia por haberse convertido. Constituye también un verdadero
crecimiento.
3. Crecimiento por transferencia es cuando uno llega a ser miembro de una
iglesia por haber transferido su membresía de otra. No es un crecimiento
verdadero porque con dicho trámite administrativo no agrega ningún
miembro nuevo al reino de Dios. Simplemente es “un cambio de camiseta”,
no es la adición de un nuevo miembro al reino de Dios.
4. Crecimiento interno “incluye todo lo que ocurre en el Cuerpo de Cristo
149
entre creyentes... lo que hace a los cristianos mejores siervos de Dios.”
(Ejemplo: Culto de adoración, maduración cristiana, consejería,
avivamiento).
5. Crecimiento por expansión “ocurre cuando los creyentes se extienden hacia
el mundo, ganan almas para Cristo y las traen a la membresía de la iglesia
en su congregación local”.
6. Crecimiento por extensión “significa ganar personas para Cristo, pero en
vez de llevarlas a la misma iglesia que las evangelizó, se reúnen en nuevas
150
iglesias”.
7. Crecimiento por puente es crecer por medio de los contactos que hacen los
151
miembros (los puentes) de la iglesia. Es decir, una “red de contactos”.

Orlando Costas explica el crecimiento de la iglesia con otros términos:

1. Crecimiento numérico es crecimiento a través de la evangelización. Nuevas


personas son agregadas al cuerpo de Cristo.
2. Crecimiento orgánico es el crecimiento interno que desarrolla el sistema de
fraternidad y el compañerismo entre los miembros.
3. Crecimiento conceptual es el grado de conciencia que la iglesia tiene en
cuanto a sus deberes, al mandato cultural y al mandato evangelístico.
4. Crecimiento encarnacional surge cuando la iglesia se da cuenta que le
152
corresponde estar involucrada en los asuntos de su comunidad y lo realiza.

Muchas son las maneras en que puede medirse el crecimiento numérico,


dentro de la iglesia. Luego aprenderá cómo hacer gráficos de estos datos y “ver”
la manera en que está creciendo su iglesia. Y, hay además un instrumento
agregado a este libro que le va permitir medir aun el crecimiento espiritual de su
iglesia (Apéndice B).
En el inicio de este libro hablamos de la parábola del sembrador (Mt. 13.1-
23). El objetivo obvio de esta parábola es “la cosecha”. Pero hay otras lecciones
que nos llama la atención. Una es que el sembrador, usted y yo cumpliendo con
nuestra responsabilidad, debemos estar sembrando – no importa la condición del
terreno. Nuestro deber es hacer todo posible para ver una cosecha. ¿Para qué
sembramos? Para ver la cosecha y para tener resultados. Lo triste es que hay
muchos pastores que no siembran. ¡Por supuesto no deben esperar una cosecha!
Esos son los pastores que si les preguntas, “¿Cómo va tu iglesia?” casi
siempre responden, “Vamos bien.” Pero, ¿en qué sentido? Si les preguntas,
“¿Estás creciendo numéricamente?” La respuesta normal es: “No, pero estamos
creciendo espiritualmente.” Dan esta respuesta porque creen que no se puede
medir el crecimiento espiritual. Ahora, se puede (Apéndice B). La razón porque
los líderes hablan más del crecimiento espiritual que numérico es que la iglesia
no ha crecida mucho numéricamente y no quieren sentirse avergonzados por el
poco crecimiento numérico que han tenido. Pero, no debemos despreciar el
crecimiento numérico, porque simplemente, la iglesia que no crece
numéricamente, morirá.
Es lo mismo en el mundo de negocios; en el mundo de los seres humanos; en
el mundo de las plantas y animales – lo que no crece, muere. En cuanto a la
iglesia, ella necesita gente nueva para crecer. Para mí, el pastor que desprecia lo
que los números significan, no está cumpliendo con el deber de un buen pastor.
No saben ni cuántos o quiénes entran o salen de su grey. ¡Es un descuidado!
Pero, ¿cómo podemos saber si nuestras iglesias han crecido? A través de los
registros de la iglesia. ¡Sin ellos no podrá medir nada! La iglesia debe tener la
cantidad de registros que van a darle la información necesaria. Por ejemplo, debe
haber un registro que incluya el nombre de todos los miembros de la iglesia, con
casillas para indicar su asistencia a los cultos principales que realizan. De otra
manera, ¿cómo va a saber si un determinado miembro es fiel o no? Cuando era
yo un pastor utilicé este registro también para darme cuenta que miembro no
había asistido por tres domingos seguidos, y en seguida lo llamaba o lo visitaba
para ver la razón.
Debe tener registros para las conversiones y los bautismos, para las
transferencias dentro y fuera de la iglesia y otro para los nacimientos y
defunciones. Manteniendo estos controles al día facilitará la compilación de
datos estadísticos cuando llegue la hora de entregarlos a la iglesia nacional o a
otras entidades cuando se los pidan.
Existen algunas iglesias que, al controlar la asistencia a los cultos, cuentan
solamente los miembros, mientras que otras controlan la asistencia de todas las
personas. Otras registran solamente los adultos, mientras que otras lo hacen con
“cualquier cosa que se mueva”. En vista de que hay muchas maneras de contar la
asistencia, aun entre iglesias de la misma denominación, es ideal establecer una
medida estándar para todas las iglesias. La sugerencia mía es controlar la
“membresía compuesta”.
Esto se logra cuando suma los totales de miembros que la iglesia tiene con el
promedio de asistencia a la Escuela Dominical y el promedio de asistencia al
culto principal de la semana y luego dividirlo por 3.

EJEMPLO

Miembros 120

Asistencia promedio a la Escuela Dominical 150

Asistencia promedio al culto principal. 90

TOTAL 360

Dividido por 3 120

120 es la membresía compuesta

Ahora, si no tiene Escuela Dominical, puede sustituir otro culto en su lugar.


Esta manera de medir la asistencia es buena, si va a hacerla con varias
denominaciones, y aún es bueno dentro de la misma denominación si sus iglesias
no cuentan las mismas cifras. Así estaríamos midiendo la misma cosa (la
membresía compuesta) y no aspectos diferentes, como la membresía en una
iglesia y la asistencia en otra.
Otro aspecto que puede medir es el crecimiento espiritual. Mis estudios
doctorales fueron dedicados al desarrollo de un instrumento de 12 calidades
espirituales (Encuesta de calidad espiritual, véase Apéndice B) por los cuales
podríamos tener una indicación del nivel espiritual de la membresía mostrada
por su camino. Esta encuesta puede ayudarnos a medir el crecimiento espiritual
de su iglesia. No es la última palabra sobre el tema, ya que puede haber otras
maneras de medir el crecimiento espiritual. Pero, este instrumento le ayudará
hasta que aparezca una forma mejor. Para usarla correctamente, compare los
resultados de la encuesta del presente año y la del año anterior para ver si ha
mejorado su nivel espiritual tanto de forma individual como el de la iglesia en su
totalidad.
También se puede medir el tiempo promedio como miembros que han tenido
las personas. Si el promedio es menor de cinco años, su iglesia tiene mayores
posibilidades de crecer. Pero, si el promedio es mayor de 10 años, el crecimiento
no será fácil. ¿Por qué? Porque los pioneros (los que tiene más de diez años en la
iglesia) son más tradicionalistas que los colonos (los que tienen menos de cinco
años). Ya sabemos lo difícil que es cambiar las tradiciones. Además, los colonos
normalmente tienen más ideas para abrir “puertas” y son mejores “puentes”.
Estos factores hacen del colono un miembro generalmente más abierto ante la
posibilidad de crecer.
Fui pastor de una iglesia cuyos miembros tenían un promedio de 35 años
como parte de la congregación. Mi propósito fue bajarlo a siete años. De otra
manera no iba a atraer gente más joven a la iglesia. Con la excepción de otra
pareja, mi esposa y yo éramos los más jóvenes. Cuando las parejas jóvenes nos
visitaban era difícil convencerlas para que se quedaran. Gracias a Dios, después
de seis años logramos bajar el promedio hasta siete años. Lo hicimos por haber
atraído miembros nuevos a la iglesia. Era necesario realizar esto si la iglesia iba
a crecer. Si los pioneros seguían teniendo el control, no se producirían los
cambios necesarios para crecer y regiría el tradicionalismo. Así fue en esta
iglesia. No pensaba en crecer hasta que bajé la membresía a un promedio de
siete años.
Al mismo tiempo tuve que hacer otra cosa: ¡bajar el promedio del tiempo que
habían servido los líderes laicos! Si esa cifra es mayor al tiempo promedio de los
demás miembros (en mi caso, fue siete años), es hora de cambiarlos. Porque si
no lo hace, significa que los nuevos miembros no llegarán a ser líderes y las
decisiones de la iglesia las tomarán los miembros más antiguos. En este caso los
nuevos no tendrán parte en la toma de decisiones que van a afectarles más a ellos
que a los que hacen dichas decisiones.
En esta misma iglesia, cuando comencé mi pastorado, me di cuenta que la
junta administrativa tenía siete miembros y todos tenían más de 20 años como
miembros en la iglesia y cinco de ellos eran de dos familias. Después de cinco
años logré bajarlo al promedio de siete años. Sin embargo había una cosa que yo
cuidaba: Que siempre hubiera un miembro de los pioneros en la junta. La iglesia
necesita mantener el contacto con su historia y respetar las tradiciones mientras
no estorben el crecimiento de la iglesia. Tampoco debemos despreciar los
recursos que los pioneros representan en nuestras iglesias. Como tampoco
debemos despreciar las ideas nuevas y buenas de la generación que está a punto
de tomar el control de la iglesia.
Hay una proporción que, como líderes eclesiásticos, debemos respetar. Es la
proporción de 1:5 (1 a 5). ¿Qué significa esto? Quiere decir que por cada cinco
miembros en la junta administrativa de la iglesia uno de ellos debe tener menos
153
de tres años como miembro de la iglesia. La mayoría de las iglesias evangélicas
en Latinoamérica (y en el mundo) no respetan esta proporción. Por lo que
tampoco la mayoría está creciendo. Siguen en los pasos y metodologías de
antaño, muy aferrados a sus tradiciones, y por ende no están abiertos a los
cambios sociológicos y demográficos que están ocurriendo alrededor de sus
iglesias. La “koinonitis” y la “etniquitis” los están matando. Respetar la
proporción de l:5 le ayudará a superar estas dos enfermedades.
De paso, señalaremos un aspecto muy curioso con relación al tema del tiempo
cronológico. La edad de la iglesia misma tiene mucho que ver con sus
posibilidades de crecer. Mientras más vieja sea una iglesia, más tendrá que
trabajar si no está creciendo. Una vez que la iglesia tiene más de 25 a 30 años, su
crecimiento será muy difícil. Claro, hay excepciones y tal vez uno podrá
mencionarlas. Pero, se conocen simplemente porque son excepciones a la regla.
Estudie la historia. Allí verá que una iglesia tiene un promedio de 30 años de
efectividad. Después de los 30 años empieza a estancarse y dentro de los
próximos diez a veinte años empieza a declinar. Las iglesias que tienen más de
50 años y todavía están creciendo son las raras excepciones. Lo mismo ocurre
con las denominaciones. Pero con ellas, el tiempo es un poco más largo. Una
denominación que tiene más de 80 años ya está pensando más en la preservación
que en la extensión. Y una denominación de más de 100 años es normalmente
una denominación en declinación. Es por eso que siempre surgen
denominaciones nuevas - y por eso siempre deben surgir iglesias nuevas.
Es interesante que en el griego hay dos términos que significa nuevo: kainos y
neos. Generalmente kainos se refiere a algo renovado mientras que neos se
refiere a algo absolutamente nuevo. Aquí estoy hablando de iglesias neos, no
kainos. Para extender el reino de Dios necesitamos iglesias neos en muchos
lugares. Mientras que es cierto que muchas de las iglesias existentes tiene que
ser “hecha kainos” (renovada), en esta instancia estoy hablando de iglesias neos
– iglesias completamente nuevas, que jamás han existido pero ahora si, existen.
Daniel Reeves y Ronald Jenson definen el continuo cronológico de las iglesias
154
de la siguiente manera:
1 - 2
Una iglesia en su infancia
años

3 - 12
Una iglesia en su niñez
años

13 - 20
Una iglesia en su adolescencia
años

21 - 40
Una iglesia de adultos jóvenes
años

41 - 60
Una iglesia de edad mediana
años

60 + Una iglesia histórica. “Son iglesias que han existido por lo menos
años desde dos generaciones”.

En vista de esta tendencia histórica, (refiérase a la gráfica de La Curva


Histórica en la página 69) ¿No es razonable que debamos permitir a las iglesias
viejas morir con dignidad? ¿No sería correcto que después de su tiempo, y
cuando es muy obvio para los líderes que la iglesia está declinando, deben cerrar
sus puertas y dejarla morir dignamente? Lastimosamente, muchas veces
permitirnos a las iglesias moribundas seguir existiendo. Mientras tanto dan un
mal testimonio a la comunidad acerca de la vitalidad del cristianismo. De paso,
cuánto más vieja (ahora estoy refiriendo a la edad cronológico y no de los
miembros, como antes) que sea la iglesia, será más difícil que crezca. Entonces,
la forma mejor para extender el reino es abrir iglesias nuevas (neos) en una
forma continua.
Aquí no decimos en qué año de vida debemos cerrar una iglesia. Idealmente la
edad no tiene que ser un factor, pero hablando la realidad, la edad física de la
iglesia es un factor. La sugerencia es que llegado el tiempo en que una iglesia
deja de crecer por varios años, los líderes de la denominación deben averiguar el
por qué. Si es a raíz de una enfermedad, deben sanarla o cerrarla; si es por la
edad cronológica de la iglesia, deben renovarla o cerrarla.
No obstante es posible renovarla. Ahora estoy hablando de kainos, una iglesia
renovada. No es nueva, pero está en el proceso de ser renovada; recobrando vida
nueva para seguir sirviendo al reino de Dios. Hay una iglesia en Cali, Colombia
que tenía 35 años, buena asistencia y un buen número de miembros (300). Sin
embargo, estaba estancada. Se enfrentó a un momento crítico. Si no hacía algo,
iba a empezar a declinar y al final iba a morir. Pero, inició un nuevo programa de
evangelización agresivo y hoy día es una iglesia de más de 600 miembros. ¡Y
sigue creciendo!
Otro aspecto de medir es saber las proporciones, que puedan revelar mucha
información. Ya hemos hablado de la proporción de 1:5 (que por cada cinco
miembros en la junta administrativa de la iglesia uno de ellos debe tener menos
de tres años como miembro de la iglesia). Está la proporción del 1:7. Quiere
decir que un miembro nuevo debe poder identificar a siete amigos en la iglesia
dentro de los seis meses de su entrada a la misma. Win Arn, un perito en el tema
del crecimiento de iglesia, dice: “Si los recién convertidos no desarrollan
inmediatamente (dentro de seis a ocho meses) amigos de verdad en la iglesia,
155
volverán a sus antiguos amigos y caminos que llevaban fuera de la iglesia”.
Justamente aquí es donde se ve el valor de las células dentro de una iglesia,
especialmente las iglesias grandes. Es dentro de las células que los miembros
nuevos pueden encontrar las amistades tan necesarias para su desarrollo
espiritual y como un miembro de la iglesia.
Otra proporción es la de 6:10. Que de cada diez personas que visitan la iglesia
por primera vez, seis de ellas deben estar involucradas activamente en la iglesia
156
dentro del primer año de su llegada. Esta proporción es muy importante. La
iglesia tiene que buscar la manera de involucrar a los miembros nuevos en su
ministerio. Un miembro nuevo no satisfecho, pronto saldrá de la iglesia (la
proporción del I:7). Una forma de mantenerlos en la iglesia es dándoles
responsabilidades. El nuevo miembro debe sentir que: “Aquí me necesitan
porque estoy involucrado en un ministerio de la iglesia.” Tener alguna
responsabilidad le ayudará a sentirse un miembro contento y animado a
colaborar en el crecimiento.
Indudablemente, a veces la iglesia tiene que inventar trabajos. Pero hay tanto
que hacer en materia de evangelizar al mundo, que no debe ser muy difícil crear
lugares de trabajo para los nuevos. De hecho, a mayor número de personal nuevo
que tenga, mayor trabajo habrá.
Esto nos lleva a la última proporción que mencionaremos: La de 60:100. Por
cada 100 miembros debe haber 60 puestos de trabajo (desde los más fáciles hasta
157
los más difíciles). Si no sabe qué trabajos hay en su iglesia para asignarles a sus
miembros, quiere decir que tampoco conoce sus dones y por ende no puede
administrarlos bien. Pero, a pesar de esta deficiencia, puede formar puestos de
trabajo muy generales: animadores, los que reciben a las nuevas personas en la
puerta de la iglesia, los que se sientan con ellos durante el culto, los que reparten
volantes, los que tocan instrumentos de música, los que arreglan el templo, etc.
Capítulo 14

HERRAMIENTAS PARA MEDIR


EL CRECIMIENTO

Muy bien, ya hemos hablado de varias áreas que se debe medir. Ahora vamos
a los números. Para ayudarle a saber cómo está creciendo su iglesia debe medir
los porcentajes relacionados con las formas de crecer (biológica, por
transferencias, por conversiones) o de decrecer (por transferencias, los que han
regresado al mundo, por muertes). ¿Qué reflejará esto? Nos mostrará en qué
forma está creciendo la iglesia y si tenemos que cambiar nuestra forma de crecer.
Igualmente, va a revelar si la iglesia está decreciendo y la manera en la cual lo
está haciéndo.
Por ejemplo, si en un año una iglesia aumenta su membresía en un 50% y
después de averiguar la razón se encuentra que el 80% de esta cifra se debe a las
transferencias de membresía, significa que tal vez tiene que dar un mayor énfasis
al programa de evangelización. Recuerde que la única forma de crecimiento
válida para el reino de Dios viene por medio de las conversiones, tanto de los
hijos de los miembros, como de los inconversos que nos visitan.
Y, por el otro lado, si está perdiendo miembros por la transferencia, puede
significar que esta presente la enfermedad de desnutrición, de estrangulación
social, la koinonitis, etc. Enfermedades que tiene que ser sanadas. También,
significa que sus puertas de atrás son más anchas que las de adelante. Tiene que
cerrar las puertas de atrás por sanar las enfermedades o abrir más programas para
atraer a la gente a la iglesia.
Otro aspecto que debe saber es de dónde vienen sus miembros. Vale la pena
saber cuál es el porcentaje de los que viven a un kilómetro de la iglesia, o a dos,
o tres, o cuatro, o cinco, etc. Eso nos indicará si nuestra iglesia está alcanzando
la comunidad donde se encuentra ubicada ya sea en el centro de la ciudad o en el
centro de un barrio. Si la mayoría de sus miembros no vienen del barrio mismo,
es hora de pensar en trasladar la iglesia al lugar de procedencia de los miembros.
O, es tiempo de revisar sus programas (puertas) para ver cómo podría alcanzar al
vecindario de una forma más eficaz. También, si un buen grupo de sus miembros
viven en una cierta urbanización, ¿no será la hora de abrir una iglesia hija por
ese lugar? (Ver el gráfico en cuanto Al Alcance de La Iglesia en la página 123.)
En cuanto al crecimiento numérico, el aspecto más importante para medir es
el Ritmo de Crecimiento por Año (RCA), u otro término que se utiliza mucho es
la TCA (Tasa de Crecimiento Anual). Es menester saber cuál es el porcentaje de
crecimiento por año. Desconociéndolo, difícilmente va a poder proyectar su
ritmo de crecimiento para la década o aun para el próximo año. Tampoco sabrá si
la iglesia está creciendo a un ritmo sano o no. Cada iglesia deber estar creciendo
por un cierto porcentaje cada año. Y fíjense, no es antibíblico hablar de
porcentajes cuando Cristo mismo habló de ellos en la parábola del sembrador.
Otro dato que se usa en la ciencia del crecimiento es el Ritmo de Crecimiento
por Década (RCD). Este es el porcentaje que nos ayuda a decidir si la iglesia está
creciendo a un ritmo saludable o no. La razón mayor de usar esta cifra es para
eliminar los altibajos que sufre una iglesia de año en año, y también para
establecer la tendencia del crecimiento, ya sea que el mismo suba o descienda.

Los gráficos
Las formas más comunes para mostrar los datos numéricos son los gráficos de
línea, de barras y de pastel. Usándolos se puede ver cómo la iglesia está
creciendo o decreciendo. Los gráficos son las herramientas para diagnosticar la
salud de la iglesia ya que nos muestran si está creciendo o no. Los gráficos son
para la iglesia como los electrocardiogramas para el corazón cuando muestran
sus palpitaciones. Primeramente veremos el gráfico de línea.

Gráfico de Línea
Como vemos, este gráfico nos muestra los altibajos de una iglesia desde el año
1996 hasta 2006 (10 años). Vemos que en estos años su crecimiento fue algo
extraordinario porque se inició la iglesia en 1996 y en los diez año creció hasta
tener 109 miembros. Pero en el año 2003 algo sucedió que causó una pérdida de
68 miembros. En realidad el gráfico no nos explica la razón. Tendríamos que
preguntarle a la iglesia lo que pasó. Sin embargo, es evidente que la gráfica
cuenta una historia. Puede ser que hubiera una división por problemas
desconocidos o por dar a luz a una iglesia hija. De todas formas la gráfica nos
muestra que desde 2004, la iglesia recuperó su ritmo de crecimiento. Eso quizás
nos indique que la baja de 2003 fue positiva (una iglesia hija) y no negativa
(como una separación o algo así).
Digamos que la razón por la baja en 2003 fuera la apertura de una iglesia hija.
En ese mismo gráfico podría indicárselo por una línea de colores (en este caso,
la línea azul). Y, es muy legítimo incluir los datos de las iglesias hijas en las
estadísticas de la madre (la línea roja) hasta que la iglesia hija logre ser
independiente de la madre. Pasado este tiempo no debe seguir incluyendo los
datos de la hija en las cifras de la madre porque ella ya es una iglesia
independiente.
Podemos tomar los datos del gráfico de línea y hacer de ellos un gráfico de
pastel.

Gráfica de Pastel

Otro tipo de gráficos son los de barras. La ventaja de este gráfico es que puede
enseñarnos varias cosas a la vez. Aquí vemos cuántos miembros fueron
agregados a la iglesia. También, nos enseña cuántos salieron de la iglesia. Y, en
ambos casos, las razones del por qué.
Gráfico de Barras

Aquí vemos cuántos miembros fueron agregados a la iglesia por lo biológico -


, por transferencia - , y/o por la conversión - . De igual manera, lo que aparece
bajo la línea divisoria nos muestra cómo la iglesia perdió miembros durante el
año. Eso puede ser porque han regresado al mundo - , la muerte - y/o por
transferencia - .
El gráfico nos muestra que durante nueve años la iglesia agregó 183 personas
a su membresía. Pero, al mismo tiempo nos muestra que la iglesia perdió 125
personas dentro del mismo período. Lo bueno del gráfico es que nos muestra las
formas tanto del crecimiento, como las razones de las pérdidas. Treinta y seis de
ellos murieron, pero ¿qué hay de los otros 89? Cuarenta y ocho se fueron a otras
iglesias. ¿Qué razones tuvieron para irse? ¿La desnutrición? ¿Poca atención? En
realidad la iglesia sólo aumentó 58 personas en diez años (restando los que
salieron o murieron de los que entraron). Considerando esto, el ritmo de
crecimiento ha sido pésimo en esta iglesia. ¡Un promedio de menos de seis
personas nuevas por cada año! Esta clase de gráfico se puede usar para ilustrar
cualquier categoría que se desee: las edades; el rango social de los miembros; la
agrupación de los mismos por nivel económico; por sexo; etc. El gráfico de
pastel es similar al de la barra. Simplemente se hace de otra forma.
El gráfico de pastel muestra los mismos datos, por ejemplo:

Una vez que tenga todos los datos en una gráfica, y especialmente si es por
más de cinco años, será interesante saber el ritmo de crecimiento en el tiempo
involucrado. La razón es conocer si la tendencia del crecimiento va hacia arriba
o hacia abajo. Ya hemos mencionado las dos maneras de medir la tendencia y el
ritmo de crecimiento: a) el Ritmo de Crecimiento por Año (RCA) y b) el Ritmo
de Crecimiento por Década (RCD). Para calcularlos hay una fórmula y una tabla,
158
la Tabla de Promedio de Crecimiento (TPC) (vea el Apéndice A).
Viendo esta tabla, se dará cuenta que la PB (Porcentaje Básico) y el RCA (de
la columna “Año 1”) es una y a la vez lo mismo. La razón es que el RCA mide
un sólo año.
La fórmula para calcular el PB es:

Ejemplo….
U - P 359 - 291
-------- x 100 = Y ---------------- x 100 = 23%
P 291
P = el primer número (el primer año que está midiendo)
U = el ultimo número (el último año que está midiendo)
Y = el porcentaje básico

La letra P representa el número de miembros (o asistencia) en el primer año


que está midiendo. Puede referirse al año pasado o 50 años atrás. La letra U
representa el número de miembros (o asistencia) del año más reciente. En el caso
de nuestro ejemplo, el número de miembros más reciente es 359 y el más
antiguo, la letra P, es 291. Ahora, para llegar a conocer su PB, siga los siguientes
pasos:

1 Reste 291 de 359 = 68.000

2 Divida 68 por 291 = 0.233

3 Multiplique 0.233 por 100 = 23.360

El 24% es su porcentaje básico.

Una vez que tenga su PB vaya a la Tabla de Promedio de Crecimiento (TPC)


(Apéndice A) que sirve para medir cinco objetivos.
1) El primero es, como ya hemos dicho, conseguir el RCA (el Ritmo de
Crecimiento por Año). Esa cifra se encuentra en la columna que dice “Año 1”.
Pero como ya les hemos llamado la atención, el RCA es lo mismo que el PB.
Una vez que termine con la fórmula (dada arriba) ya tiene su PB y su RCA, si es
sólo un año lo que está midiendo.
Pero, ¿qué ocurre cuando la TPC no tiene el porcentaje dado en la fórmula?
En el ejemplo dado descubrimos que el PB es de un 24%. Consultando a la TPC
notamos que no hay un 24% en la columna titulada PB. Localizamos el 20% y
vemos que inmediatamente viene el 25%, no existe un 24%. Bueno, en tal caso
tenemos que leer “entre líneas” y suponer que hay un 24% entre los porcentajes
del 20 y el 25. Una vez que haya hecho esto, vaya a la columna marcada con
“Año 1”. Igualmente, no hay un 24%. De nuevo tenemos que leer “entre líneas”
y suponer que existe ese porcentaje allí. Este es su RCA por un año: 24%, Si
quiere saber su ritmo de crecimiento por más de un año, consulte los pasos que
se dan a continuación.
2) El segundo uso de la TPC es para saber cuál es el RCD (el Ritmo de
Crecimiento por Década). Aquí, normalmente se quiere saber cuál es la
tendencia en el ritmo de crecimiento durante los últimos diez años.
Por ejemplo: Una iglesia de 33 años, quiere saber cuál ha sido su tendencia de
crecimiento en los últimos diez años. Ir más allá no es necesario porque los años
anteriores representan otro ambiente y factores. Medir los últimos diez años dará
a la iglesia una buena información de cómo será su crecimiento entre los
próximos cinco a diez años. Para llegar a tal porcentaje siga los siguientes pasos:
1. Descubra el RCA (como hemos señalado arriba).
Sigamos usando el PB de 24%.
2. Busque este porcentaje (24%) en la columna marcada “Año 10”, que
representa el número de años que mide (notamos que no hay un 24% exacto
en tal columna. En este caso buscamos el porcentaje más cerca al 24%, que
es 24.57%).
3. Ahora, habiendo encontrado la cifra 24.57% en la columna marcada “Año
10”, siga esta línea hacia atrás hasta que llegue a la columna marcada por
PB. La iglesia está creciendo por década en un 780% (más o menos
calculando porque no existe el mismo 24% y por eso restamos unos puntos
del 800% para reflejar más la realidad).

Veamos si ese ritmo es saludable o no. Las normas reconocidas por la ciencia
del crecimiento de la iglesia para un promedio de crecimiento son así (recuerde
que estas normas se refieren al RCD no al RCA):

25% RCD = Pobre, es crecimiento meramente biológico.

50% RCD = Regular, ¡no es mucho!

100 RCD = Bueno

200% RCD = Excelente

300% RCD = Extraordinario

500% RCD = Increíble

Vemos que en la iglesia de nuestro ejemplo había un crecimiento más que


“increíble” durante los últimos diez años. En este libro hemos leído de iglesias
que han crecido aún más que esto. Pero, la gran mayoría se ubican por debajo
del 100% por década, que en realidad es un crecimiento de sólo un 7% por año.
¿Cómo llegamos a saber, en este caso, que el RCA es del 7%?
Busque la cifra 100% en la columna del PB de la TPC. Siga esta línea hasta la
columna de “10 Años”. El ritmo de crecimiento promedio, por cada año de los
diez, es el 7.18% mencionado (normalmente se puede redondear las cifras al
número entero más cercano, el cual en este caso sería del 7%).
Si su RCD es de un 220% y quiere saber su ritmo de crecimiento por año,
haga lo mismo: Busque la cifra 220% en la columna del PB de la TPC. Siga esta
línea hasta la columna de “10 Años”. El ritmo de crecimiento promedio, por
cada año, es del 12.33% - o del 12%.
Si una iglesia crece a razón de un 10% por año por 10 años, es un ritmo muy
saludable. El motivo es que tal porcentaje por año (RCA) equivale al 160% por
década (RCD), que según nuestra norma dada arriba es un ritmo entre “Bueno” y
“Excelente”. Para saber cómo hemos llegado a la respuesta del 160%, veamos el
tercer uso de la TPC.
3) El tercer uso de la TPC es saber el porcentaje del crecimiento anual por
cualquier número de años. Digamos, que la iglesia quiere saber el ritmo de
crecimiento por los últimos 10 años.

1. Busque su PB (vea la fórmula en la página 199).


2. Supongamos que es del 160%.
3. Siga la línea de este porcentaje hasta llegar a la columna para el “Año 10” y
vera que es 10.03%, o 10%.

Digamos que la iglesia solo tiene siete años de vida. Para saber cuánto ha
crecido por cada uno de estos años, siga los siguientes pasos:

1. Busque su PB (vea la fórmula en la página 199).


2. Supongamos que es del 160%.
3. Siga la línea de este porcentaje hasta llegar a la columna “Año 7”. Note que
el RCA es de un 14.63% -15%. Que dicho sea de paso, está muy bien
porque representa el 300% por década.

¿Cómo sabemos esto?


1. Busque el 15% (o el 14.87, el porcentaje más cercano a 15%) en la columna
de “10 Años” (que siempre representa el RCD).
2. Siga esta línea del 14.87% hacia atrás hasta que llegue a la columna de PB
y entonces verá el 300%.

4) El cuarto uso de la TPC es para ver cuántos años necesitará la iglesia para
duplicarse. Si ya tiene 95 miembros, ¿cuántos años serán necesarios para
alcanzar 190? Para saber este dato siga los siguientes pasos:
1. Descubra su RCA según la fórmula dada en la página 199. Supongamos que
es de un 9%.
2. Busque la línea marcada con el 100% y llegue hasta que se intercepta con el
9%. (¿Por qué usamos la cifra del 100%? Porque es el número que
representa una duplicación.) Vemos que la cifra más cerca al 9% es la del
9.05%.
3. Mire hacia arriba en la línea de “Años”, para ver el número de años que
encabeza esa columna. En este caso necesitará 8 años para doblar la
membresía.

Para saber cuántos años son necesarios para crecer al 50% haga lo mismo,
pero en este caso use la línea del 50%, y no de 100%.

1. Descubra su RCA. Supongamos que en este caso es de solo 9%.


2. Busque la línea marcada con el 50% y llegue hasta que se intercepta con el
9%. Vemos que la cifra más cercana a 9% es del 8.45%.
3. Mire arriba a la línea de “Años”, para ver el número de años que encabeza
esa columna, en este caso será un poco más de 5 años.

5) El quinto servicio de la Tabla es para observar el promedio de crecimiento


por año, a fin de llegar a un cierto porcentaje antes de una fecha importante.
Digamos que en seis años la iglesia tendrá su vigésimo quinto aniversario. Para
celebrar este evento se propone que su membresía crezca en un 75%. Con el
objetivo de alcanzar la meta antes de la fecha señalada, ¿cuál sería el ritmo de
crecimiento que tendría que mantener al año? Los pasos a seguir para saber la
respuesta son los siguientes:
1. Localice el 75% en la columna PB.
2. Ahora busque la columna que representa 6 años.
3. En este caso será un porcentaje de 9.5%. Como no hay una línea para 75%,
usamos la de 80% y restamos unos puntos para reflejar lo que representaría
159
75%.

Ya tenemos nuestras gráficas y los porcentajes. Pero, ¿qué nos dicen? Es


preciso que después de haber hecho este trabajo, sepa analizar e interpretar los
resultados. ¿Qué significa la línea del gráfico que parece como la de un
electrocardiograma con sus altibajos? ¿Qué quiere decir el gráfico de barra que
tiene más espacio marcado por debajo de la línea divisoria que por arriba? No
vale la pena hacer gráficos y calcular porcentajes si no sabe analizar los
resultados. Desde el principio uno puede tener su hipótesis por los altibajos, pero
para concretar algo tiene que probar la hipótesis, por una metodología científica:
¡por medio de la investigación! Tiene que presentar una serie de preguntas a los
líderes y/o a los laicos para saber el por qué de los altibajos.
Por otro lado tenga mucho cuidado de llegar a una conclusión hasta que haya
analizado todos los datos que tiene. Una vez que tenga todos los datos
requeridos, comience preguntándo a los responsables: ¿Por qué? ¿Cómo?
¿Cuándo? ¿Qué? Recuerde que los gráficos y porcentajes no dan las razones del
crecimiento o de una declinación, esto tiene que averiguarse por medio de una
investigación más de cerca al caso. Hemos de saber las razones, no para felicitar
o acusar a nadie. Hay una sola razón para tomar los datos: Saber lo que sucede
en la iglesia. Si hay un decrecimiento, la iglesia debe buscar una solución a fin
de que empiece a crecer de nuevo. Si está creciendo, debe duplicar tales razones
para crecer aún más.

La proyección por fe
Una vez que sepa las razones de su crecimiento o declinación es tiempo de
proyectarse hacia el futuro. Si las estadísticas revelan que está en una
declinación, ya es tiempo reflexionar sobre el porque y tomar los pasos
necesarios para recuperarse. Aun las iglesias grandes tienen que darse cuenta de
las tendencias estadísticas de su iglesia.
Siendo el estadista para mi denominación, estuve una vez analizando las cifras
de un país Latinoamericano. Tenía iglesias crecientes pero un año noté que los
datos eran menos del año anterior. Bueno, no hizo caso a esta baja porque de un
año a otro eso puede suceder por varios factores. Pero cuando recibí los datos del
año subsiguiente me dí cuenta que el ritmo de recuperación fue lo mínimo. Eso
me llamó la atención e hice una investigación de su RCD para ver la tendencia
durante los últimos diez años. Siempre tomo el RCD (ritmo de crecimiento por
década) como la media de crecimiento porque así elimina los altibajos de un año
a otro. Para establecer una tendencia se requiere varios años, no sólo uno o dos.
La investigación reveló que durante los últimos diez años esta iglesia nacional
se ha estancada y su ritmo de crecimiento había caído de un buen porcentaje a
uno muy pobre. Escribí al presidente de la iglesia, haciéndole ver que su ritmo
de crecimiento no era como antes. Le pregunté si había menguado el ritmo de
campañas evangelísticas y si ahora estaban enfocándose más en el disipulado
que en el evangelismo. El resultado de nuestra comunicación fue que la iglesia
nacional reinició su enfoque sobre el evangelismo y empezó de nuevo a abrir
iglesias nuevas. Dicho sea de paso, recuperó su buen ritmo de crecimiento.
Para hacer esto ellos hicieron una proyección de fe. Eso simplemente significa
proyectar hacia el futuro el ritmo de crecimiento que la iglesia ya está
experimentando y agregar unos puntos extras a este porcentaje para poner en
práctica la fe de la misma. ¿Cómo podemos hacer la proyección por fe?
En primer lugar tenemos que analizar la situación actual. ¿Por cuánto ha
crecido la iglesia en los últimos 5 ó 10 años? ¿Está creciendo la comunidad o la
ciudad? ¿Están listos el pastor y la congregación para hacer todo lo necesario a
fin de crecer? ¿Tiene edificios que permiten dicho crecimiento? ¿Cuenta con los
líderes necesarios para el crecimiento? ¿A cuánto asciende la cifra que espera
crecer biológicamente? ¿Están listos el pastor y la iglesia a recibir la cantidad de
gente proyectada y aceptarlas como parte de su familia?
Una proyección de fe, sin tomar en cuenta estos factores, será una que jamás
verá cumplida. Lastimosamente eso es lo que sucede en muchas iglesias. Hacen
sus proyecciones de crecimiento sin tomar en cuenta lo que les va a costar y las
barreras que tienen que superar, y cuando no alcanzan su meta, se quedan tan
desilusionados y desanimados que no lo intentan de nuevo, aunque estén listos
para ello.
Después que haya contestado estas preguntas, y tal vez otras según sea su
propósito, tiene que analizar el futuro. ¿Posee un programa que atrae a las
personas? ¿Cuenta con un programa de evangelismo activo y productivo? ¿Hay
líderes de Clase 1, Clase 2 y Clase 3? ¿Tiene planes para construir? ¿Han
planificado formar una iglesia hija? ¿Cuál es su filosofía de ministerio? ¿Qué
metodología está usando? ¿Esta metodología le traerá los resultados deseados?
Debe recordar que hay muchas metodologías de evangelización y no todas
funcionan igual. Tiene que analizarlas para ver cuáles de ellas funcionarán mejor
en su contexto.
De repente hay algunos que estén pensando que si estamos hablando de la fe
¿para qué tantas preguntas? Si es por fe, ¡láncese con toda confianza que el
Señor va a responder! Bueno, eso no es la fe – ¡es un idealismo irreal! La fe es
“la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11.1). La
fe no es hacer algo para simplemente hacer algo sin considerar todos los factores
inherentes. La fe está basada en la confianza que el Señor va a responder a las
promesas de Su Palabra. Y Su Palabra claramente revela que él que quiere tomar
una decisión tiene que considerar el costo de tal decisión (Lu. 14.28-33).
También, tenemos que someter nuestras decisiones y planes a la voluntad de
Dios (Stg. 4.13-15).
Si proyectamos un cierto ritmo de crecimiento pero la iglesia no puede
sostenerlo o no está lista para recibir el flujo hacia adentro de gente por falta de
preparación, corre el riesgo de perder todo lo ganado. Entonces, las preguntas
hechas anteriormente nos ayudan en la preparación de la llegada anticipada de
almas salvadas.
Contestadas estas preguntas se encuentra listo para fijar sus proyecciones. En
primer lugar tiene que anotar cuánto va a crecer de manera natural. Eso se
establece según la tendencia de crecimiento ya establecida por sus datos y
porcentajes. Digamos que una iglesia establece que su RCD es de un 150%.
Entonces, su ritmo de crecimiento por año sería del 9.75% - redondeada a 10%
por año. Eso es un RCD de 160% - un ritmo de crecimiento muy saludable.
Ahora tiene que preguntarse ¿hasta cuánto quiere crecer? Ya sabe cuánto está
creciendo (10% por año), pero, ¿no le parece que puede crecer más del 10% por
año? ¡Creo que sí! Entonces, ¿cuánto? ¿50% en cinco años? ¿75% en cinco
años? ¿100% (duplicarse) en cinco años? Bueno, no vamos a seleccionar uno en
este momento.
Primero vamos a utilizar el quinto propósito explicado anteriormente en
cuanto a la Tabla de Promedio de Crecimiento para ver estas tres opciones.

1. Quiere crecer un 50% en 5 años. Consultando la TPC se da cuenta que esto


requiere un crecimiento del 8.5% por año. Este ritmo es muy inferior del
10% que está creciendo por año ahora. Entonces eso no es una proyección
de fe. Es, realmente, ¡ir para atrás!
2. Desea crecer un 75% en 5 años. Consultando la TPC se da cuenta que esto
requiere un crecimiento del 11% por año. Eso es casi el ritmo de
crecimiento actual (10%). Realmente, no representa mucha fe.
3. Prefiere crecer un 100% en 5 años. Consultando la TPC se da cuenta que
esto requiere un crecimiento del 15% por año (no por década – su RCD en
este caso será 320%, duplicando lo actual de 160%). Ahora sí, está
hablando de fe. Porque va a estar creciendo a un ritmo de un 50% más de lo
actual. A pesar de lo sencillo que parece es algo difícil crecer 50% en cinco
años. Eso es una fuerte proyección de fe. No será imposible, pero va a
requerir mucho trabajo y un esfuerzo fuerte por parte de la iglesia y del
pastor.

Una advertencia: No fije metas que no se puedan alcanzar. Por ejemplo, Si su


templo tiene espacio para 150 y tiene 85 de asistencia con un ritmo de
crecimiento del 5% cada año, no debe proyectar una asistencia de 170 en 5 años.
¿Por qué? Porque eso sugiere un RCA de más del 15% por año, algo muy difícil
para una iglesia que está creciendo solamente el 5% por año en la actualidad.
Tampoco tiene la base estructural (líderes, maestros) y por encima de esto, no
cuenta con el espacio necesario. Porque si crece a un 15% por año al cabo de los
cinco años llegará a tener 170 en asistencia (si su base es 85 en asistencia como
en nuestro ejemplo). Antes de pensar en esa meta debe tener listos sus líderes de
Clase I y un templo para 200 o más personas.
Sea realista en cuanto a su fe. Ninguno de nosotros tenemos fe de vivir 200
años, ni 150, ni tampoco 110. ¿Por qué? Por el simple hecho que los seres
humanos, con muy pocas excepciones, viven más de 85 a 90 años en los países
más desarrollados, y menos en los países no tan desarrollados. Entonces,
mantenga la misma racionalidad en cuanto a su fe. ¡No quiere decir que no
pueda esperar un milagro! Pero, ¿está listo para aceptar los resultados de un
“milagro” en el crecimiento de su iglesia? ¿Se encuentra listo para recibir a las
personas? ¿Tiene lo necesario para ello? Ciertamente hemos visto ciegos y cojos
sanados; pero hemos visto muy pocas iglesias crecer a más del 200% por década.
Las iglesias que crecieron a este ritmo tenían la base estructural y edificios para
hacerlo. La red de los apóstoles pudo soportar los 153 peces porque fue hecha
para tal cantidad. Sin embargo, si hubiera habido 183 peces, seguramente se
hubiera roto porque leemos que no podían levantarla hasta el barco y estando
aún en el agua tuvieron que arrastrarla hacia la orilla (Jn. 21.1-11).
Tal vez ahora sea el momento de hacer una proyección por fe en su iglesia. Si
sigue los siguientes pasos, podrá hacerlo sin demora. Usamos el de ejemplo
arriba para dar un modelo de cómo establecer su proyección de fe. Pero, como
soy un realista, voy a establecer el ritmo de crecimiento por año de un 13% y no
15%. Eso es un aumento de 3% (el factor fe) al ritmo actual de la iglesia que es
10% (el factor real).

PROCEDIMIENTOS A CUMPLIR EJEMPLO

10% 160%
1. Calcule su RCA y RCD
(RCA) (RCD)

2. Crecimiento actual que puede 10% 160%


seguir sin mayor esfuerzo (RCA) (RCD)

3. ¿A qué otro porcentaje piensa que podría crecer? Por fe 3% 35%


establecemos………. (RCA) (RCD)
4. Total de crecimiento por cada año por los próximos 10 13% 240%
años (RCA) (RCD)

Consultando la lista en la página 193, vemos que un RCD de 240% es un


ritmo “excelente”. Entonces, esa es una buena proyección de fe.
Una cosa más hay que recordar: Debe reevaluar su proyección de fe cada año.
En un país donde serví como misionero, y donde la Iglesia Nacional me encargó
la responsabilidad de las estadísticas, la Iglesia había establecido su ritmo de
crecimiento para los próximos cinco años a 10% por año. Pero, en vez de crecer
lo necesario, sólo creció un 3% en el primer año. Ahora, para alcanzar su meta
tenía que crecer en un 15% por los próximos cuatro años en vez del 10%
establecido inicialmente. ¡Tampoco lo lograron! Les tocaba ahora crecer un 17%
por los tres años que restaban para alcanzar su meta de 10% por año. Mejoraron,
pero quedaron cortos de nuevo. Al fin no pudieron lograr el crecimiento deseado
y la razón principal fue que un grupo de iglesias nacionales no hizo lo necesario
para crecer. Algunos de sus líderes saben ahora lo explicado anteriormente y
espero que, para su próxima proyección de fe, establezcan metas más realistas y
que estimulen a sus iglesias para hacer lo necesario para alcanzarla.
Como puede verse, las estadísticas pueden ayudarnos a diagnosticar la salud
de la iglesia, ver las tendencias de crecimiento o decrecimiento, tener un cuadro
de la iglesia desde cualquier ángulo y proyectarse hacia al futuro.

Como medir el crecimiento espiritual


Antes que da por terminado el libro, una cosa más: medir del crecimiento
espiritual. Ahora si, en este caso, yo sé que estoy patinando sobre el hielo muy
tenue. Sé que casi todo el mundo evangélico dice que uno no se puede medir tal
crecimiento. Que eso es un asunto netamente divino.
Estoy de acuerdo. He trabajado por 35 años en el mundo evangélico y me han
engañado muchos por su testimonio que no estaba de acuerdo con sus palabras.
Sin embargo, mantengo la tesis de mi dotorado: que es posible medir, de cierta
160
manera, el crecimiento espiritual. Y como muchos se esconden detrás la
explicación que su iglesia está creciendo espiritualmente aunque no crece
numéricamente, es necesario poner en tela de juicio tal explicación. ¿Está su
iglesia realmente creciendo espiritualmente? ¿Cómo sabe? ¿O es meramente una
excusa por no crecer numéricamente? Para decir que su iglesia está creciendo
espiritualmente, ¿qué quiere decir esto? Realmente nadie sabe porque falta una
forma empírica para probarlo. No hay un estándar para la espiritualidad.
Algunos responderían que si hay: la Biblia. ¡De acuerdo! Pero, ¿la interpretación
que dan los Bautistas? ¿Los Pentecostales? ¿Los Aliancistas? ¿Los Adventistas?
¿Los Católicos? ¿Los Mormones? ¿A qué estándar acudimos? ¿Lo del Pablo, o
Pedro, o Cristo? El último será lo ideal, ¿pero qué es? Es cierto que creo en los
fundamentales de lo que es cierto y sobre cual ningún evangélico tendría en
duda. Pero en cuanto a un estándar de espiritualidad, eso falta. A pesar de que
cada entidad mencionada arriba tiene su “Declaración de fe”, habrá diferencias
entre ellas. En principio, estaré de acuerdo con cualquier Declaración de fe de
una iglesia evangélica, pero, en algunos detalles tal vez no estaré tan de acuerdo.
Por ende, no hay una estándar aceptado por todo el mundo evangélico. ¡Ahí está
el problema!
El término “espiritualidad” puede tener mucho sentido o ningún sentido.
Richard Lovelace dijo,
La espiritualidad, muchas veces, es el hijastro olvidado del movimiento
cristiano. Es reducido a ser una emoción que cubre la superficie de las otras
partes más sustancial del cristianismo, como el mantenimiento de doctrina sana,
estar involucrado en el servicio social o apoyar la política institucional. Pero
muy pocas veces es reconocido como la base fundamental sin la cual todo lo
161
demás resulta sin poder.
Es verdad lo que dice David Moberg cuando el dice,

El argumento que solo Dios es el juez de los resultados de la actividad


cristiana ha sido usado, a menudo, como una excusa por la indiferencia y la
ineficacia, una manta que cubre los pecados de omisión o comisión y una
fuente para cubrir la falta de alcanzar a una meta. La evaluación es esencial
en la obra cristiana. Incluye el medir espiritual, preferiblemente con
instrumentos confiables en vez de observaciones [controlados por la
162
subjetividad].

Si va a hablar del crecimiento espiritual en su iglesia necesita una forma


empírica para medírselo. Mi doctorado fue dedicado a establecer tal forma. Es
un instrumento (Apéndice B) que puede aplicar tanto a sí mismo como a su
iglesia. Su defecto mayor es que no es un instrumento inspirado por Dios, y por
ende, no es un instrumento infalible. Y, también mide solamente doce
características básicas de la vida cristiana. Sin embargo midiendo esas
características nos revelará un poco acerca del mejoramiento de un año a otro en
la vida espiritual tanto de cada miembro como de la iglesia.
Desde que se inició la Iglesia, el hombre cristiano se ha preocupado por vivir
dignamente del nombre de Jesucristo. Cristo estableció la norma cuando el dijo:
“Si alguno viene a mi, y no aborrece a su padre…y aun su propia vida…y no
lleva su cruz…no puede ser mi discípulo.” (Lu. 14.25-26). Pablo también
estableció muchas normas para la vida cristiana (un mero ejemplo pueda ser
Romanos 12-14). La iglesia histórica siempre estaba buscando la forma de vivir
la vida cristiana y aun medirlo.
Un ejemplo clásico será el de Juan Wesley, el fundador de los metodistas. En
el inicio de esa denominación (actualmente, Wesley no pensaba en formar una
iglesia aparte de la Anglicana, simplemente quería renovarla) él formó grupos de
gente que tenía como fin el control de la vida cristiana de sus miembros. La
asistencia a estas sesiones fue limitada y un “ticket” que fue necesario para
163
entrar a las sesiones.
El propósito del instrumento en el Apéndice B no es para dispensar “tickets”
para el reino, sino para ayudarle en medir el desarrollo de los miembros de la
iglesia para ver si crecen en el Señor o no. Si no, el instrumento le va a indicar
en que área (de los doce representados) el pastor tiene que prestar más atención
en su prédica.
Recalco que no pretendo que el instrumento sea un estándar para todos, pero
debe saber que las características nombradas han sido seleccionado en el orden
que aparecen por casi 1,500 encuestados de entre doce denominaciones.
Entonces es un instrumento formado en el ámbito más extenso de una sola rama
del mundo evangélico. El instrumento tampoco reemplaza la Palabra de Dios y
lo que el Señor le indica personalmente. Es meramente un instrumento humano
que le va a ayudar en diagnosticar su salud personal y la de su iglesia.
Capítulo 15

CONCLUSIÓN

El propósito de este libro se encuentra en el deseo de ver al reino de Dios


extenderse cada vez más en Latinoamérica. La idea es animar el crecimiento de
la Iglesia de Jesucristo en Latinoamérica para que ella se extiende a todo el
mundo con sus recursos, llevando el evangelio a partes desconocidos. Gracias a
Dios que en los últimos veinte años la Iglesia Evangélica Latinoamericana está
reaccionado y mandando misioneros M3 a muchas partes del mundo. Aun mi
propia denominación ha fundada una agencia misionera a nivel latinoamericana
para mandar misioneros M3.
Gracias a Dios también la iglesia está creciendo por todas partes de
Latinoamérica. Entre los años 1991 a 2001, mi denominación, la Alianza
Cristiana y Misionera, creció de 85,940 miembros bautizados a 126,450. Eso es
un 47% RCD o 4% por año, que no es algo fantástico pero es más elevado del
ritmo del crecimiento de la población de Latinoamérica. Quiere decir que
estamos creciendo más rápido que el pueblo. Y, casi todas las iglesias
evangélicas están experimentado lo mismo. En el 2000, la población evangélica
en Latinoamérica y el Caribe fue casi 11% de toda la población
164
latinoamericana. No tengo los datos del mundo evangélico de 1900, pero si,
tengo los de la ACyM del año 1913. En aquel año había 1,243 miembros
aliancistas bautizados en Latinoamérica. Ahora, 90 años más luego, hay más de
126,450 miembros bautizados.
Por el ritmo del crecimiento que está experimentando la iglesia evangélica
hoy en día, y por el interés del pueblo cristiano para ver el reino de Dios
extenderse, tengo la impresión que estamos en tiempo de cosecha para
Latinoamérica. ¿Cuántos años más tenemos para cosechar? ¡Sólo Dios sabe!
Pero sé, “He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya
están blancos para la siega.” (Jn. 4.35) ¡Toca a nosotros cosechar! Si no está
cosechando su iglesia, debe diagnosticar su salud para ver si es buena y si no,
cúrela. Y si está bien, aplique los principios de crecimiento. Hermanos, alzad sus
ojos al campo de Latinoamérica porque está blanco para la siega. ¡Manos a la
obra!
Apéndice A

TABLA DE PROMEDIO
PB1234567
1%1,00%0,50%0,33%0,25%0,20%0,17%0,14%
2%2,00%1,00%0,66%0,50%0,40%0,33%0,28%
4%4,00%1,98%1,32%0,99%0,79%0,66%0,56%
6%6,00%2,96%1,96%1,47%1,17%0,98%0,84%
8%8,00%3,92%2,60%1,94%1,55%1,29%1,11%
10%10,00%4,88%3,23%2,41%1,92%1,60%1,37%
12%12,00%5,83%3,85%2,87%2,29%1,91%1,63%
14%14,00%6,77%4,46%3,33%2,66%2,21%1,89%
16%16,00%7,70%5,07%3,78%3,01%2,50%2,14%
18%18,00%8,63%5,67%4,22%3,37%2,80%2,37%
20%20,00%9,54%6,27%4,66%3,71%3,09%2,64%
25%25,00%11,80%7,72%5,74%4,56%3,79%3,24%
30%30,00%14,02%9,14%6,78%5,39%4,47%3,82%
35%35,00%16,19%10,52%7,79%6,19%5,13%4,38%
40%40,00%18,32%11,87%8,78%6,96%5,77%4,92%
45%45,00%20,42%13,19%9,73%7,71%6,39%5,45%
50%50,00%22,47%14,47%10,67%8,45%6,99%5,96%
60%60,00%26,49%16,96%12,47%9,86%8,15%6,94%
80%80,00%34,16%21,64%15,83%12,47%10,29%8,76%
100%100,00%41,42%25,99%18,92%14,99%12,25%10,41%
120%120,00%48,32%30,06%21,79%17,08%14,04%11,92%
140%140,00%54,92%33,89%24,47%19,14%15,71%13,32%
160%160,00%61,25%37,51%26,98%21,06%17,26%14,63%
180%180,00%67,33%40,95%29,36%22,87%17,72%15,85%
200%200,00%73,21%44,22%31,61%24,57%20,09%16,99%
220%220,00%78,89%47,36%33,75%26,19%21,39%18,08%
240%240,00%84,39%50,37%35,79%27,73%22,63%19,10%
260%260,00%89,74%53,26%37,74%29,20%23,80%20,08%
280%280,00%94,94%56,05%39,62%30,60%24,92%21,01%
300%300,00%100,00%58,74%41,42%31,95%25,99%21,90%
320%320,00%104,94%61,34%43,16%33,24%27,02%22,75%
340%340,00%109,76%63,86%44,83%34,49%28,01%23,57%
360%360,00%114,48%66,31%46,45%35,69%28,96%24,36%
380%380,00%119,09%68,69%48,02%36,85%29,88%25,12%
400%400,00%123,61%71,00%49,53%37,97%30,77%25,85%
450%450,00%134,52%76,52%53,14%40,63%32,86%27,28%
500%500,00%144,95%81,71%56,51%43,10%34,80%29,17%
600%600,00%168,58%91,29%62,66%47,58%38,31%32,05%
700%700,00%182,84%100,00%68,18%51,57%41,42%34,59%
800%800,00%200,00%108,01%73,21%55,18%44,22%36,87%
900%900,00%216,23%115,44%77,83%58,49%46,78%38,95%
1000%1000,00%231,66%122,40%82,12%61,54%49,13%40,85%
1500%1500,00%300,00%151,98%100,00%74,11%58,74%48,60%
2000%2000,00%358,26%175,89%114,07%83,84%66,10%54,49%
PB891015202550
1%0,12%0,11%0,10%1,00%0,05%0,40%2,00%
2%0,25%0,22%0,20%0,13%0,10%0,08%0,04%
4%0,49%0,44%0,39%0,26%0,20%0,16%0,08%
6%0,73%0,65%0,58%0,39%0,29%0,23%0,12%
8%0,97%0,86%0,77%0,51%0,39%0,31%0,15%
10%1,20%1,06%0,96%0,64%0,48%0,38%0,19%
12%1,43%1,27%1,14%0,76%0,57%0,45%0,23%
14%1,65%1,47%1,32%0,88%0,66%0,53%0,26%
16%1,87%1,66%1,50%0,99%0,74%0,60%0,30%
18%2,09%1,86%1,67%1,11%0,83%0,66%0,33%
20%2,31%2,05%1,84%1,22%0,92%0,73%0,37%
25%2,83%2,51%2,26%1,50%1,12%0,90%0,45%
30%3,33%2,96%2,66%1,76%1,32%1,05%0,53%
35%3,82%3,39%3,05%2,02%1,51%1,21%0,60%
40%4,30%3,81%3,42%2,27%1,70%1,35%0,68%
45%4,75%4,21%3,79%2,51%1,88%1,50%0,75%
50%5,20%4,61%4,14%2,74%2,05%1,64%0,81%
60%6,05%5,36%4,81%3,18%2,38%1,90%0,94%
80%7,62%6,75%6,05%4,00%2,98%2,38%1,18%
100%9,05%8,01%7,18%4,73%3,53%2,81%1,40%
120%10,36%9,16%8,20%5,40%4,02%3,20%1,59%
140%11,56%10,22%9,15%6,01%4,47%3,56%1,77%
160%12,69%11,20%10,03%6,58%4,89%3,90%1,93%
180%13,74%12,12%10,84%7,11%5,28%4,20%2,08%
200%14,72%12,98%11,61%7,60%5,65%4,49%0,22%
220%15,65%13,80%12,33%8,06%5,99%4,76%2,35%
240%16,53%14,57%13,02%8,50%6,31%5,02%2,43%
260%17,36%15,30%13,67%8,91%6,61%5,26%2,59%
280%18,16%15,99%14,28%9,31%6,90%5,49%2,71%
300%18,92%15,65%14,87%9,68%7,18%5,70%2,81%
320%19,65%17,29%15,43%10,04%7,44%5,91%2,91%
340%20,35%17,89%15,97%10,38%7,69%6,11%3,01%
360%21,02%18,48%16,49%10,71%7,93%6,29%3,10%
380%21,66%19,04%16,98%11,02%8,16%6,48%3,19%
400%22,28%19,58%17,46%11,33%8,38%6,65%3,27%
450%23,75%20,85%18,59%12,04%8,90%7,06%3,47%
500%25,10%22,03%19,62%12,69%9,37%7,43%3,65%
600%27,54%24,14%21,48%13,85%10,22%8,89%3,97%
700%29,68%25,99%23,11%14,87%10,96%8,67%4,25%
800%31,61%27,65%24,57%15,78%11,61%9,19%4,49%
900%33,35%29,15%25,89%16,59%12,20%9,65%4,71%
1000%34,95%30,53%27,10%17,33%12,74%10,07%4,91%
1500%41,42%36,80%31,95%20,30%14,87%11,73%5,70%
2000%46,31%40,25%35,59%22,50%16,44%12,95%6,28%
Apéndice B

ENCUESTA DE LA
CALIDAD ESPIRITUAL

El primer objetivo de esta encuesta es ayudar, tanto a usted como a su Iglesia,


a evaluar el crecimiento espiritual personal y de la congregación. Los resultados
personales serán inmediatamente evidentes tan pronto complete este
cuestionario. El segundo objetivo es evaluar la madurez espiritual de su iglesia a
través del promedio total de las encuestas personales de los miembros de la
misma congregación.
Por favor esté consciente de que este es sólo el principio. La encuesta le
ayudará a descubrir dónde se encuentra en su peregrinaje espiritual. Y si se
encuentra en áreas de puntaje bajo, es la esperanza del autor de la encuesta, que
el pastor tome los pasos necesarios para mejorarlo. Para saber si su “nota” es en
realidad el caso actual, vuelva a llenar la encuesta después de uno a dos años y
compare los resultados. Haz lo mismo con la iglesia. Tiene que recordar que el
criterio que se establece aquí no es una norma absoluta, es meramente una
indicación de su nivel de desarrollo en comparación con las demás personas
quienes han llenado la encuesta.

Instrucciones para contestar la encuesta


Al lado de cada declaración marque con un círculo el número que considere
que le corresponde en su vida. El significado de los términos que usará es el
siguiente:
1. NUNCA: Esto es algo que bajo ninguna circunstancia haría ni tampoco
aquello que se encuentre relacionado al mismo.
2. RARAMENTE: Esto es algo que haría en raras ocasiones.
3. ALGUNAS VECES: Es lo que haría bajo ciertas circunstancias.
4. FRECUENTEMENTE: Algo que realizaría con mucha frecuencia, pero
sólo después de considerar las consecuencias.
5. SIEMPRE: Se refiere a lo que sería una reacción natural de su parte. Algo
que ejecutaría sin vacilar y sin preocuparse por los resultados de sus
acciones.

Aunque crea que podría contestar con un sencillo SI o NO, por favor procure
ser específico en sus respuestas.

A F
L R
G E
U C
R N U
A A E
R S T S
A E I
N M V M E
U E E E M
N N C N P
C T E T R
A E S E E

1. Asisto a la iglesia regularmente (una vez a la semana). 1 2 3 4 5

2. Tengo un período devocional cada día. 1 2 3 4 5

Diezmo (10%) para la obra del Señor (iglesia, instituciones


3. 1 2 3 4 5
cristianas, etc.).

4. Puedo identificar mis dones espirituales. 1 2 3 4 5

Leo comentarios bíblicos u otra literatura cristiana para aumentar mis


5. 1 2 3 4 5
conocimientos bíblicos.

6. Estaría dispuesto a servir como misionero en una cultura extranjera. 1 2 3 4 5

7. Siento satisfacción al ayudar, servir y/o apoyar a otros cristianos. 1 2 3 4 5

8. Le trasmito a otros mi fe cristiana. 1 2 3 4 5

Mi razón primordial para ir a la iglesia es adorar a Dios y no por otro


9. 1 2 3 4 5
cualquier motivo.
Mis vecinos pueden decir que hay algo diferente en mi estilo de
10. vida. 1 2 3 4 5

Ayudo al necesitado de cualquier manera (económica, social y


11. 1 2 3 4 5
emocionalmente) que esté a mi alcance.

Exhorto a la iglesia, o a los miembros de la iglesia, para que se


12. 1 2 3 4 5
involucren en la política (ya sea a nivel local o nacional).

Considero importante para mi crecimiento espiritual asistir a los


servicios congrega- cionales de la iglesia (cualquiera de los
13. siguientes servicios pueden considerarse “congregacionales”: Escuela
Dominical, servicio de adoración, de entre semana tales como de
1 2 3 4 5
oración o estudio bíblico).

Confieso mis pecados tan pronto estoy consciente de que he


14. 1 2 3 4 5
cometido alguno.

Cuando mi sueldo aumenta, también mis diezmos a la iglesia


15. 1 2 3 4 5
aumentan.

Utilizo mis dones espirituales dentro del ámbito del ministerio de la


16. 1 2 3 4 5
iglesia.

Puedo explicar la base bíblica de mis creencias y estilo de vida


17. 1 2 3 4 5
cristianas.

Después de diezmar doy parte del sueldo al programa misionero de la


18.
Iglesia o a algún misionero que conozco. 1 2 3 4 5

Confraternizo con otros cristianos sin importarme su raza o posición


19. 1 2 3 4 5
social.

20. Otros han recibido a Cristo debido a mi testimonio verbal. 1 2 3 4 5

Cristo es el centro de mi vida diaria en vez de preocuparme por mi


21.
mismo y mis intereses. 1 2 3 4 5

Trato a todos los seres humanos por igual, sin importar su raza o
22. 1 2 3 4 5
posición social.

23. Cuando veo una necesidad que puedo suplir, lo hago sin vacilar. 1 2 3 4 5
24. Me preocupan los sistemas que oprimen económica, política y
socialmente tanto a mi país como a otros. 1 2 3 4 5

Participo en el servicio de adoración de mi iglesia en el canto, la


25.
oración, oír atenta- mente el sermón, la meditación, etc. 1 2 3 4 5

26. Considero satisfactoria mi vida devocional. 1 2 3 4 5

27. Doy la mayor parte de mis diezmos y ofrendas a mi iglesia.


1 2 3 4 5

Recibo gozo y satisfacción al participar en “el ministerio” (cualquier


28.
actividad relacionada con la iglesia). 1 2 3 4 5

29. Dedico tiempo para memorizar las Escrituras. 1 2 3 4 5

Hago un esfuerzo especial para asistir a los servicios que enfatizan


30.
las misiones en mi iglesia, aun si se realizan entre semana. 1 2 3 4 5

Participo con algún grupo que se reúna regularmente para


31. 1 2 3 4 5
confraternizar.

Me esfuerzo para establecer amistades con no-creyentes y para


32.
llevarle el evangelio en una manera no-confrontacional. 1 2 3 4 5

El propósito primordial de mis oraciones es desarrollar mi comunión


33.
con Dios y no sólo otra oportunidad para presentarle mis peticiones.
1 2 3 4 5

Hago todo lo posible para evitar la dependencia de productos


34.
químicos, incluyendo el alcohol y el tabaco. 1 2 3 4 5

Visito a personas necesitadas. (Por ejemplo: Enfermos, prisioneros,


35. 1 2 3 4 5
ancianos, etc.)

Voto con regularidad en las elecciones, desde el nivel local hasta el


36. 1 2 3 4 5
nacional.

37. Adoro para dar “gracias” al Señor por Su bondad. 1 2 3 4 5

Conteste una de las siguientes afirmaciones:


- Si es casado: Tengo devocionales diarios con mi familia (oración. o 1 2 3 4 5
38.
lectura de la Biblia u otras meditaciones).
- Si es soltero: Tengo un tiempo devocional con otra persona.
1 2 3 4 5

39. Doy dinero al Señor con alegría. 1 2 3 4 5

Reconozco que el liderazgo en la iglesia es importante; por lo tanto,


40.
estoy dispuesto a ser líder y prepararme como tal. 1 2 3 4 5

41. Aplico las Bienaventuranzas y/o los Diez Mandamientos a mi vida. 1 2 3 4 5

Dedico tiempo a orar por el programa misionero y/o los misioneros


42.
de mi iglesia. 1 2 3 4 5

Asisto a las actividades de la iglesia que promueven la confraternidad


43.
(cenas, acti-vidades deportivas, grupos de interés. etc.). 1 2 3 4 5

44. Invito a otros a la iglesia y/o escuela dominical. 1 2 3 4 5

Considero mi servicio cristiano como una “obra de amor al Señor” en


45.
lugar de una obligación. 1 2 3 4 5

Mi deseo es que Cristo controle cada área de mi vida (negocios, sexo,


46. 1 2 3 4 5
impuestos, etc.).

Me gusta ayudar a otras personas (miem-bros de la iglesia o no) de la


47.
forma que pueda. 1 2 3 4 5

Cuando veo una injusticia (económica. judicial, moral. social. etc.)


48.
trato de corregirla. 1 2 3 4 5

Recibo edificación espiritual en la mayoría de los servicios de la


49. 1 2 3 4 5
iglesia.

50. Agradezco a Dios por mis alimentos, en público o en casa. 1 2 3 4 5

Aparto mis diezmos y ofrendas de mi sueldo antes de pagar mis


51. 1 2 3 4 5
deudas y/o impuestos.

52. Deseo involucrarme más en el ministerio (trabajo) de mi iglesia. 1 2 3 4 5

53. Aprendo más de la Biblia cada vez que la leo. 1 2 3 4 5

Estaría dispuesto a ayudar y a organizar, o a ayudar a alguien a


54. organizar, un programa misionero en mi iglesia. 1 2 3 4 5

Si considero que he ofendido a alguien, trato de enmendar


55. 1 2 3 4 5
inmediatamente mi ofensa.

56. Expreso mi fe sin que otros me pidan que les hable acerca de ella. 1 2 3 4 5

57. El factor más importante que controla mi vida es la fe. 1 2 3 4 5

58. Evito usar insultos y/o palabras groseras. 1 2 3 4 5

Apoyo con mi tiempo y dinero a los programas de benevolencia,


59
como el de la Cruz Roja. 1 2 3 4 5

60. Expreso mis opiniones políticas a los representantes del gobierno. 1 2 3 4 5

Instrucción para la clasificación


En la tabla que aparece en la siguiente página escriba, al lado del número
indicado, el valor de sus respuestas a la declaración correspondiente. Luego
sume estos números en la columna nombrada “Totales” y coloque el resultado en
la última línea de la tabla.
Después que lo conteste todo y obtenga el resultado, escriba los nombres de
las cualidades que pertenecen a esa línea en particular. Estas cualidades que se
deben colocar en la misma línea que la letra mayúscula indica, las encontrará en
las páginas 273 y ss.
Esa disposición en que aparecen las cualidades es el orden de importancia.
Junto a cada cualidad hay un número entre paréntesis. Este es el valor que más
de 1,450 encuestados le dieron. El propósito de incluir este número es sólo para
que usted compare su evaluación con otros participantes. No debe considerarlo
como una norma universal.
Calificar sus cualidades espirituales
Usando la tabla siguiente puede calificarse. En la tabla coloque el número que
ha marcado según el número de la pregunta. Luego, sume los números de cada
fila y coloque el resultado en la columna de “Totales”. Una vez cumplido esto,
consulte la lista de las “Cualidades Espirituales” (de la pagina 273 y ss) según la
fila correcta. Vea el ejemplo abajo.
Puede sacar el promedio por cada fila dividiendo la suma por cinco (vea el
ejemplo en la pagina 272). También, puede sacar un promedio global por dividir
el total por cinco. Para ver si hay una mejora en su calificación, tiene que llenar
la encuesta una vez al año dureante tres años seguidos para ver la tendencia. Otra
forma de hacerlo es llenar la encuesta este año, espera unos cuántos años y
volver a llenarlo de nuevo y luego comparar los resultados.
Para sacar el promedio de la congregación, tiene que sumar todo los
promedios, por fila, por miembro, para ver en que área es más débil la iglesia.
También, comparándola después de varios años le indicará si ha habido
crecimiento espiritual o no.

Valor de la respuesta Totales La cualidad Rro-medio


Fila

1 13 25 37 49
A

2 14 26 38 50
B

3 15 27 39 51
C

4 16 28 40 52
D

5 17 29 41 53
E

6 18 30 42 54
F

7 19 31 43 55
G

8 20 32 44 56
H

9 21 33 45 57
I

10 22 34 46 58
J

11 23 34 47 59
K

12 24 36 48 60
L

Totales
Ejemplo de cómo clasificarse

Fila Valor de la respuesta Totales La cualidad Pro-medio

1 13 25 37 49
A

4 2 5 3 4 18 Adoración 3.6

Para saber el “promedio” de cada cualidad, divida el TOTAL Entre 5. El


promedio en este caso es 3.6 - comparado con el promedio de 4.23 de los otros
1,450 (que se va a encontrar en la parte siguiente junto la descripción de cada
cualidad).
En cuanto al Total de la columna “Totales”, esa también se divide por 5 para
ver su promedio global.

Una calificación de I a 49 = Por debajo del promedio

Una calificación de 50 a 84 = Promedio

Una calificación de 85 a 100 = Por encima del promedio

Cualidades espirituales
Las siguientes definiciones muestran las cualidades que se seleccionaron
como necesarias para que una iglesia demuestre que es de calidad. Recuerde que
el número entre paréntesis es sólo para comparar. Es el valor dado a tal cualidad
en encuestas efectuadas anteriormente.

FILA CAULIDAD DEFINICION

ADORACIÓN (4. Usted asiste con regularidad y participan en los


A servicios de adoración.
23)

DEVOCIONALES Usted dedica diariamente tiempo a la oración,


B PERSONALES meditación, lectura bíblica y otros ejercicios
(4.13) espirituales.
Usted ofrenda una porción apropiada de sus
C OFRENDAS (4.09) ingresos a la iglesia local u otras causas
cristianas.

Usted está involucrado en el ministerio de


enseñanza y discipulado, o en otras posiciones de
MINISTERIO liderazgo. En algunos casos esto se hará a través
D LAICO del descubrimiento, desarrollo y uso consciente de
(4.06) sus dones espirituales.

Usted aumenta sus conocimientos de las


Escrituras. Puede aplicar las enseñanzas bíblicas
CONOCIMIENTO en las situaciones de la vida diaria con el
E BÍBLICO (4.00) propósito de fortalecerlos y guiarlos cada día.

Usted apoya activamente el programa misionero,


organiza y apoya un fuerte programa para reclutar,
F MISIONES (3.95) comisionar y apoyar a las misiones, tanto
nacionales como extranjeras.

Usted trata de establecer relaciones personales


unos con otros, a través de la participación en las
CONFRATERNIDAD actividades regulares de la iglesia o por contactos
G (3.90) personales con otros miembros.

TESTIFICACIÓN Usted, a menudo, trata de comunicar su fe en


H
(3.85) Cristo a los no-creyentes.

ACTITUD HACIA Usted considera sus actividades religiosas como


I LA RELIGIÓN un servicio a Dios en vez de una oportunidad de
(3.83) presentar sus necesidades personales.

Generalmente, usted manifiesta su fe en Cristo


VIDA MODELO viviendo un estilo de vida claro y notablemente
J distinto al de los no creyentes.
(3.78)
Usted se dedica a servir a otros fuera de la
congregación. Incluye trabajo personal con los
SERVICIO SOCIAL pobres y necesitados, o programas diseñados para
K
(3.33) los mismos.

Usted, ya sea a través de la congregación o de las


JUSTICIA SOCIAL agencias cristianas especializadas, hace lo posible
L
(2.83) por traer cambios a la estructura socio-política que
contribuirá a una sociedad más justa y moral.
Apéndice C

TÉRMINOS DEL
IGLECRECIMIENTO

ADC: Apreciación de la distancia cultural entre el misionero y el grupo


étnico que trata de alcanzar.
AGC: Apreciación del grado de cambios que señala el nivel de
modificaciones que están sucediendo dentro de la cultura autóctona.
AVR: Apreciación de la validez de la religión que mide la profundidad que
una religión tiene dentro de un pueblo.
Acción social es el ministerio “que tiene que ver con el concepto de cambiar
165
las estructuras sociales”. José Reyes dice: “La acción social...hace exigencias
más radicales para cambiar las estructuras de la sociedad, de tal forma que los
pobres y los oprimidos obtengan una mayor tajada en el reparto...se mete en la
política...requiere unirse a partidos, formar grupos de presión, firmar peticiones,
166
hacer declaraciones públicas e ir en busca de votantes”.
Ceguera social es la enfermedad que sufre una iglesia cuando no es capaz de
entender y aplicar el principio de los grupos homogéneos. Los que sufren esta
enfermedad “son los que creen que su iglesia es bastante buena para todos y que
sus puertas están abiertas para todos. Si otros no se encuentran bien entre
nosotros, y no les gusta lo que hacemos, es porque “ellos” tienen un problema.
Los cristianos ciegos creen que todos deben hablar igual, adorar igual, gustar de
la misma clase de música, tener los servicios a la misma hora y de la misma
167
duración...” Son los miembros que no abren las puertas de la iglesia a los que
no son exactamente como ellos. No se dan cuenta que cada grupo requiere una
metodología única para alcanzarlos con un evangelio efectivo.
Celebración es un grupo de personas que se reúnen para adorar a Dios sin
168
necesidad de conocer por nombre a los demás.
Célula es un pequeño grupo compuesto de ocho a doce personas que se
reúnen para adorar a Dios y que tiene como fin la multiplicación de sí mismo en
otras células a base del evangelismo. Juan Carlos Miranda lo llama “grupo
169
hogareño”. Un término más adecuado es “célula” porque no necesariamente
tiene que identificarse con un hogar.
170
Clases de Líderes:
Clase 1: “Líderes no pagados cuyo trabajo se realiza dentro de la iglesia
local”. (Ej.: Maestros de la escuela dominical, los ancianos, los diáconos, etc.).
Clase 2: “Líderes voluntarios que trabajan fuera de la iglesia (Ej.: Los que
hacen todo lo posible para traer personas a la iglesia o convertirlas antes).
Clase 3: Líderes bi-vocacionales que en su tiempo libre dirigen grupos o
iglesias pequeñas. A veces les pagan y otras no. (Ej.: Un obrero de una fábrica
que los domingos dirige una iglesia pequeña; o los martes por la noche dirige un
estudio bíblico).
Clase 4: Líderes “profesionales”, son los que reciben un sueldo y dedican su
tiempo completamente al servicio de la iglesia. (Ej.: Los pastores de la mayoría
de las iglesias son de esta clase de líderes).
Clase 5: “Líderes denominacionales” o distritales. (Ej.: Los supervisores,
profesores de seminarios, el presidente de la iglesia nacional).
171
Colono es un miembro nuevo en la iglesia (con menos de cinco años). Es lo
opuesto al pionero.
Congregación “es un grupo que tiene intereses especiales” y se reúne con el
172
propósito de adorar a Dios. Todos se conocen por nombre. Miranda dice que el
tamaño del grupo puede variar entre 40 a 80 personas. Sin embargo, este grupo
puede alcanzar hasta 200 personas.
Consumidor es el miembro que no hace nada en la iglesia sino sólo
173
“consumir” (los estudios, la adoración y el tiempo de los pastores y los líderes).
Cooperación excesiva es cuando una iglesia pretende resolver sus problemas
de crecimiento trabajando unidas a otras pero descuidando su trabajo como
iglesia local. Es correcto cuando el propósito de la cooperación sea ganar almas
e incorporarlas a una iglesia local, o para presentar una buena imagen al público.
Se considera excesivo cuando la iglesia pierde su identificación, por un espacio
de tiempo, como una iglesia local.
Crecimiento biológico se produce como resultado de ganar a los hijos de los
174
miembros para Cristo y para la iglesia.
Crecimiento conceptual es el grado de conciencia que la iglesia tiene en
175
cuanto a sus deberes a los mandatos culturales y evangelístico.
Crecimiento cuantitativo es el crecimiento numérico.
Crecimiento cualitativo es el crecimiento espiritual.
Crecimiento de iglesia “es la ciencia que investiga la implantación,
multiplicación, funcionamiento y salud de las iglesias cristianas, específicamente
en lo relacionado a la implementación de la Gran Comisión de ‘hacer discípulos
a todas las naciones.’ (Mt. 28.19)... Trata de combinar los principios eternos de
la Palabra de Dios con los conocimientos contemporáneos de las ciencias
176
sociales, y de la conducta humana.”
Crecimiento encarnacional es cuando la iglesia reconoce que debe
177
involucrarse en los asuntos de su comunidad y así lo hace.
Crecimiento integral es el proceso de expansión integral (que afecta a todas
las partes de la vida) así se espera de la vida y misión de la Iglesia como cuerpo
de Cristo y pueblo de Dios.
Crecimiento interno “incluye todo lo que ocurre en el cuerpo de Cristo, entre
178
creyentes...que hace a los cristianos mejores siervos de Dios.” (Ej.: Culto de
adoración, maduración cristiana, consejería, avivamiento.)
Crecimiento numérico es el crecimiento por añadir personas nuevas que se
agregan por primera vez al cuerpo de Cristo.
Crecimiento orgánico es el crecimiento interno que desarrolla un sistema de
179
confraternidad y compañerismo entre los hermanos.
Crecimiento por conversión es cuando uno llega a ser miembro de una
iglesia por haberse convertido. Constituye el verdadero crecimiento.
Crecimiento por expansión “ocurre cuando los creyentes van al mundo,
180
ganan almas para Cristo y las traen a la membresía de la iglesia local”.
Crecimiento por extensión es “ganar personas para Cristo, pero en vez de
181
llevarlas a la misma iglesia, se reúnen como nuevas iglesias”.
Crecimiento por puentes es crecer por medio de los contactos que hacen los
miembros de la iglesia. Es decir, una “red de contactos”.
Crecimiento por transferencia es cuando uno llega a ser miembro de una
iglesia por haber trasladado su membresía de otra iglesia. No es crecimiento
verdadero porque realmente no agrega a nadie nuevo al reino de Dios.
Descripción del trabajo es una definición bien detallada del trabajo que se
espera de uno.
Desnutrición es cuando una iglesia no está bien alimentada. Por lo tanto, sus
miembros no son instrumentos capacitados para ser usados por Dios.
Director técnico es un pastor que ejerce el liderazgo delegando
responsabilidades y autoridad a otros, y preparando a sus líderes. Prefiere que
otros cuiden a los miembros de la iglesia. Se preocupa más en dirigir la obra que
en los miembros.
Don espiritual es “un atributo especial que el Espíritu Santo da a cada
miembro del cuerpo de Cristo, según la gracia de Dios, para usarlo dentro del
182
contexto de Su cuerpo (la Iglesia).”
El comesolito es la enfermedad donde la iglesia se aísla de todas las demás
iglesias evangélicas.
El mandato cultural es el mandato bíblico que compromete a la iglesia a
hacer un impacto social en su comunidad.
El mandato evangelístico es el mandato bíblico que llama a los seguidores de
Cristo a evangelizar al mundo.
El síndrome de Elí es la enfermedad que se contrae cuando la segunda
generación de cristianos mantiene la forma, pero no el poder de la primera,
dando como resultado un cristianismo nominal.
El tradicionalismo es la enfermedad donde el pasado interrumpe el presente
impidiendo los cambios necesarios para progresar.
Enfermedad eclesiástica es una situación dentro de la iglesia local que
impide tanto el desarrollo espiritual como numérico.
Equipo es cuando un trabajo es realizado por varios socios, cada cual
haciendo una parte, donde todos deponen la preeminencia personal ante la
183
eficiencia del conjunto” (Diccionario y Wagner )
Estrangulación social es cuando las facilidades físicas de una iglesia
presentan límites para el crecimiento de la misma. Si más de un 80% del
santuario se encuentra lleno, la iglesia está perdiendo miembros.
Etniquitis es la enfermedad que causan los cambios demográficos en una
comunidad de donde proviene la membresía de una iglesia.
Evangelismo es “la dimensión y actividad de la iglesia que ofrece a cada ser
humano la oportunidad de sentirse retado por el evangelio de Jesucristo,
reconociéndolo como su Salvador. Llegar a ser un miembro de su comunidad y, a
184
la vez, hacer la obra de reconciliación, paz y justicia aquí en la tierra”.
“Evangelismo es todo lo que involucra llevar hombres y mujeres a una
relación personal con Cristo Jesús, y ser miembros responsables de la iglesia
185
local.” Se puede ser categorizados en la siguiente manera:
E0 (Evangelismo-0) es el evangelismo interno; la conversión de los que
estaban integrados a la congregación local, sin nunca haber aceptado en realidad
a Jesucristo como Salvador (no contribuye al crecimiento cuantitativo, porque ya
figuran en la lista de membresía).
E1 es la evangelización de los no-cristianos cercanos físicamente cuyo
lenguaje y costumbres son los mismos del evangelista.
E2 es el evangelismo que se realiza atravesando pequeñas diferencias de
etnicidad, cultura o idioma. Cruza la barrera cultural pero no la lingüística, o
cruza la barrera lingüística, pero no la cultural.
E3 es el evangelismo dirigido a los de una cultura bastante diferente y que
tiene muy poco o nada que ver con la cultura del evangelista. Éste tiene que
cruzar las barreras tanto culturales como lingüísticas.
Evangelismo de presencia es cuando el mensajero de Dios hace buenas obras
o establece su presencia en un lugar donde no hay evangelio, sin presentarlo
186
verbalmente a los oyentes.
Evangelismo integral es cuando el evangelismo y el servicio social tienen el
187
mismo énfasis.
Evangelismo por persuasión es cuando el mensajero de Dios predica con el
188
propósito de que los oyentes se entreguen a Cristo.
Evento pre-evangelístico es un evento diseñado de tal manera de atraer gente
del mundo con el propósito de introducirles al evangelio sin que sea algo pesado
y desagradable para ellos. De allí, el evangelista va desarrollando una relación
con la persona para hablarle más sobre el evangelio.
Filosofía de ministerio es lo que define la razón de existencia de la iglesia y
cuáles serán sus metas.
Fruto, (GaI. 5.22, 23) en contraste a los dones, se refiere fundamentalmente al
carácter del cristiano. Los dones tienen que ver con el ministerio del cristiano.
Por ejemplo, el amor (1 Cor. 13) no es un don, sino parte del fruto del Espíritu
Santo (GI. 5.22).
Grupo de personas (unidad homogénea o UH) es un grupo de personas que
tienen las mismas características y sienten que se “pertenecen” los unos a los
189
otros. Se consideran de la misma clase y tienen áreas de interés común y
participan de la misma cultura. Cuando están juntos se sienten cómodos y como
190
en casa.
Hombre orquesta es un líder que hace todo en la iglesia con muy poca ayuda
de los demás. Muchas veces, lo prefiere así. Él mismo cuida a cada miembro. Se
preocupa más de los miembros que de la obra.
Iglesia “grande” define una iglesia que tiene el tamaño numérico y
económico para: 1) suplir las necesidades espirituales y sociales de la membresía
y de la comunidad. 2) Proveer más puertas (programa) para atraer más personas
a la iglesia.
Koinonitis es la enfermedad provocada por el énfasis desmedido en el
disfrute de la comunión cristiana descuidando el mandato evangelístico. La
iglesia concentra mayormente los esfuerzos en sus miembros y no en las
personas de la comunidad. Los miembros de la iglesia se engordan
espiritualmente sin preocuparse por la gente perdida que les rodea.
La vejez es la enfermedad de una congregación que envejece y muere, porque
nunca reemplaza a los miembros que pierde con miembros nuevos. No se refiere
a la edad de la iglesia, sino más bien a la edad de la comunidad. Es cuando una
comunidad se desintegra y la gente se va para otros lugares y no llegan nuevas
personas a ocupar su lugar. Esta enfermedad no tiene solución si el pueblo no
empieza a tomar vida nueva.
191
Las 3 Ps: Presencia, proclamación y persuasión.
Mandato cultural son los mandamientos de Dios y de Jesús que nos llaman a
una preocupación por las necesidades materiales de nuestro prójimo (Lu. 10.25-
37; 1 Jn. 3.17, 18), incluyendo los de la fe (Hch. 11.27 -30; 1 Cor. 16.1, 2; 2 Cor.
8.1-6; Gl. 6.10) como los del mundo (Lc. 10.27).
Mandato cultural es cumplir con los mandamientos bíblicos que nos llaman
a una preocupación por las necesidades materiales de nuestro prójimo (Lu.
10.25-37; 1 Jn. 3.17, 18), incluyendo los de la fe (Hch. 11.27 -30; 1 Cor. 16.1, 2;
2 Cor. 8.1-6; Ge. 6.10) como los del mundo (Lc. 10.27).
Mandato evangelístico (Jn. 17.18), el mandato de evangelizar al mundo por
medio de la predicación del evangelio de Jesús.
Membresía Compuesta (MC) es el promedio que se obtiene con la
membresía de la iglesia, asistencia a la Escuela Dominical y la asistencia al culto
principal de la semana.
Misiones significa lo mismo que el “evangelismo” pero en un contexto ajeno.
Se puede calificarlos en la siguiente manera:
M1 (misión uno) “es la misión dirigida a los que tienen la misma cultura que el
192
misionero”.
M2 es el obrero de Dios que testifica a los que tienen una cultura un poco
diferente a la suya. A veces tiene que cruzar algunas barreras culturales, pero no
193
lingüísticas, o lingüísticas pero no culturales.
M3 es el obrero que testifica a los que tienen una cultura y un idioma
diferentes a lo suyo. (Vemos que tanto para el evangelismo como para la misión,
lo que determina la diferencia es la cultura y el idioma, no la distancia
geográfica.)
M4 es lo mismo de un M3 pero corre un peligro real de llegar a ser un mártir
por el hecho que esté evangelizando en un contexto hostil al evangelio.
Misión integral reconoce que la evangelización y la acción social están
194
relacionadas integralmente, pero que la evangelización tiene prioridad.
Numerofobía es la aversión al estudio de las estadísticas de crecimiento de la
iglesia por considerárseles poco espirituales.
195
Numerolatría es el énfasis desmedido en los números.
Numerología es el estudio de las estadísticas de la iglesia.
Ociositis es la enfermedad que sufre una iglesia donde los miembros son sólo
consumidores.
Ojos de crecimiento Esa es la característica de un cristiano que puede ver las
posibilidades del crecimiento de la iglesia y que sabe cual de los principios del
crecimiento son necesarios para lograrlo.
Panta ta ethne (griego). Panta significa todas; ta, las y ethne, naciones.
Palabras griegas usadas en Mateo 28.19.20 incluyen todas las clases, tribus,
castas y grupos étnicos y agrupaciones económicas de la humanidad.
Persona alcanzada es aquella que ha tenido una oportunidad de escuchar y
196
responder al evangelio.
Persona no alcanzada es uno que no ha escuchado jamás el evangelio ni
tiene posibilidad de escucharlo al menos que alguien vaya a su grupo de gente a
llevarlo.
197
Pionero es un miembro antiguo de la iglesia (de más de cinco años). Es
opuesto al colono.
Potencial evangelístico (PE). Cada uno de nosotros somos miembros de
varios grupos homogéneos (el promedio es cinco por grupo). En estos grupos
hay otras personas que no son cristianas. Ellas son nuestro PE. Para saber cuál es
el PE de su iglesia multiplique por 5 el número de sus miembros.
Principio del crecimiento es una verdad universal que, cuando es entendida y
aplicada correctamente, contribuye al crecimiento de la iglesia.
Proclamación del evangelio es cuando el mensajero de Dios predica las
Buenas Nuevas, pero no persuade a los oyentes a hacer una decisión de
198
entregarse a Cristo.
Proyección por fe es proyectar hacia el futuro el ritmo de crecimiento que la
iglesia se encuentra experimentando, más unos porcentajes extras según la fe de
la iglesia.
Pueblo alcanzado es un grupo homogéneo con que cuenta una iglesia que
199
posee los recursos y la visión de llevar el evangelio al resto de su grupo.
Pueblo no alcanzado es un grupo homogéneo que no tiene una iglesia que
200
puede alcanzar al resto del pueblo con el evangelio.
Puertas son los programas de la iglesia que promueven la entrada o la salida
de personas.
Ritmo de crecimiento anual (RCA) es el ritmo al cual llegó la iglesia durante
el año anterior.
Ritmo de crecimiento por década (RCD) es el ritmo al cual creció la iglesia
durante los últimos diez años.
Servicio social “es un tipo de ministerio que satisface las necesidades, tanto
201
de individuos como de grupos de personas, de una forma directa e indirecta”.
(Ejemplo: Curar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, vestir a los
desnudos, aconsejar a las perturbadas emocionalmente, o buscar trabajo para los
desempleados.)
Talento es una habilidad natural que se usa sin o con la ayuda del Espíritu
Santo para la honra o deshonra de Cristo. En cambio, el uso de los dones
depende del poder del Espíritu Santo existente dentro de uno y es netamente
utilizado para la honra de Cristo y la extensión de la Iglesia de Jesucristo.
Tasa de crecimiento anual (TCA) es el ritmo al cual llegó la iglesia durante
el año anterior. (Es otro término para el RCA.)
Teología de buscar es la forma de evangelizar que no tiene como fin el ganar
almas. Es presentar el evangelio y dejar los resultados a Dios.
Teología de cultivar es la forma de evangelizar que busca activamente la
manera de que la cosecha sea lo más grande posible y con altos resultados en la
reproducción.
BIBLIOGRAFÍA

- Population Crisis Committee, Washington, D.C. Citado en


Pulse. Vol. 27 #1, Enero 10, 1972:7.
- “Pacto de Lausana”, en Misión. Abril-junio 1983: 36-39.

Arn, Win
1988 “How To Use Ratios to Affect Church Growth” en Church
Growth: State of the Art. Editado por Pedro Wagner. Wheaton: Tyndale.
**Barber, Cyril
1967 Nehemais. La dinámica de un lider. Miami: VIDA.

Bakke, Raymond
1987 The Urban Christian. Downers Grove: Intervarsity.

Barrett, David
1987 “Getting Ready for Missions in the 1990’s”, en Missiology, Vol XV, #1,
enero: 3-14.

Barrett, David y Todd Johnson


1990 Our Globe and How to Reach It. Birmingham, EE.UU.: New Hope.
**Bosch, David
1987 “El Evangelismo: Corrientes y contracorrientes teológicas de hoy”, en
Mision. Vol 6 #4 (diciembre: 6-13).

Brislin, Richard.
1991 The Art of Gettings Things Done. New York: Prager.

**Coleman, Roberto
1972 Plan supremo de evangelizacion. Miami: Caribe.

Comiskey, Joel.
1998 Home Cell Group Explosion. Houston. Touch Publications.
1999 Groups of 12. Houston. Touch Publications.
Conn, Harvie.
1987 A Clarified Vision for Urban Mission. Grand Rapids: Zondervan.

Cook, Arnold.
2000 Historical Drift. Camp Hill: Christian Publications.

Costas, Orlando
1984 “Origen y desarrollo del movimiento de crecimiento de la iglesia”, en
Misión. Marzo: 7-13.

Curnock, Nehemiah, editor.


1938 The Journal of the Rev. John Wesley, M.A.. Vol. II. London. The Epworth
Press. 1938.

Engels James
1975 What’s Gone Wrong With the Harvest? Grand Rapids: Zondervan.

Escobar, Samuel.
1992 “A New Reformation”, en Christianity Today. Abril 1992:30-34.

Faircloth, Samuel.
1991 Church Planting for Reproduction. Grand Rapids: Baker Book House.
Farrell, Elizabeth.
1996 “Aggressive Evangelism in an Asian Metropolis”, en Charisma. Enero
1996.

**Gebert, Virgilio
1974 Manual para evangelismo y crecimiento de la iglesia. Maracaibo:
Editorial Libertador.
Grafft, Greg
1989 “Ethikitis: Seven Aids to Early Diagnosis”, en Global Church Growth.
Vol XXVI #I (enero-marzo): 1, 4.
**Greenway, Roger S.
1977 6 Pasos: Cómo evangelizar y multiplicar iglesias. Grand Rapids: TELL.
Guthrie, Stan
1992 “Latin American Evangelicals Must Look Beyond Short Term”, en
Pulse. Vol 27 #I. Enero 10, 1992: 1-2.
Hoselitz, Bert
1967 “The Role of the City in Historical Perspective”, en The Urban
Explosion in Latin America. pp 18-33. Glen Boyer, editor. Ithaca, NY: Comell
University Press.
Ilich, Ivan
1970 The Church, Change and Development. Freiburg, Alemania: Herder and
Herder.

Johnstone, Patrick
1987 Operation World. Bromely, Kent, England: STL Books.

Johnstone, Patrick y Jason Mandryk.


2001 Operation World. Operation Mobilization.

Lloyd-Jones, Martyn.
2000 Authentic Christianity. Wheaton: Crossway Books..

Kelly, Dean
1977 Why Conservative Churches Are Growing. New York:
Harper & Row.
Kelly, Eugene
1988 Memo en los archivos del autor.

Kerr, Andrew
1986 “A Growing Witness in Syria”, en Alliance Witness. Abril 1986:19-20.

Kim, Young Sawa


1987 “My Journey in Mission”, en Missiology. Julio: 347-356.
**Koontz, Harold y Cyril O’Donnell
1987 Administración. New York: McGraw Hill.
Lotz, Anne Graham.
2000 Just Give Me Jesus. Waco. Word Publishers.

Lovelace, Richard.
1979 Dynamics of Spiritual Life: An Evangelical Theology of Renewal.
Downers Grove: Inter-Varsity Press.
Maxwell, John.
2000 Make Yours A Winning Team. Inspirational Press:New
York.

McClung, Floyd
1991 Seeing the City with God’s Eyes, Tarrytown, NY: Chosen Books.
McGavran, Donald
1955 Bridges of God. New York: Friendship Press.
1980 Understanding Church Growth. Grand Rapids: William B. Eerdmans.

McGavran, Donald y Win Arn


1977 Ten Steps for Church Growth. New York: Harper & Row.

Miles, Delos
1981 Church Growth: A Mighty River. Nashville: Broadman Press.

**Miranda, Juan Carlos


1985 Manual de iglecrecimiento. Miami: Editorial Vida.

Moberg, David.
1979 “The Development of Social Indicators of Spiritual Well-Being for
Quality of Life Research.” In Spiritual Well-Being Sociological Perspectives.
Washington: University Press of America.
Motte, Mary
1990 “Mission to the Poor”, en International Bulletin of Missionary Research.
Julio:102-105.

**Morgan, G. Campbell
1984 El evangelismo. Barcelona: CLIE.

Neil, Stephen.
ND Creative Tension. ND

Ostling, Richard
1989 “Those Mainline Blues”, en Time. 22 de mayo: 40-42.
Padilla, René
1983 “La unidad de la iglesia y el principio de las unidades homogéneas”, en
Misión. Septiembre 1983: 13-19, 38-42.
**Palomino, Miguel Ángel
1990 Misión en la ciudad. Lima: Sercy.

Paredes, Rubén
1983 “El uso de las ciencias sociales en la misionología”, en Misión. Enero-
marzo: 15-23.
Paredes, Tito.
1992 “The Many Faces of los Evangelicos”, en Christiany Today. Abril 1992:34-
35.

Parrott III, Les


1992 “Questioning PC Orthodoxy”, en Christianity Today, VoI. 36#2. 10 de
febrero :7.

Pasquarillo, Donald y Alan Geyer


1982 Redeming the City. New York: Pilgrim Press.

**Pate, Larry
1987 Misionologia. Miami: Editorial Vida.

Picket, J Waskom
1962 The Dynamics of Church Growth. Nashville: Abingdon Press.
**Read, William, Victor Monterroso, Harmon Johnson.
1971 Avance evangelico en la America Latina. El Paso: Casa Bautista de
Publicacions.

**Revees. Daniel y Ronald Jansen


1988 Estrategias modernas para el crecimiento de la iglesia. Barcelona:
CLIE.

Reyes, José
1985 Los hispanos en los Estados Unidos. Cleveland, TN: Publicaciones Ala
Blanca.
Robb,John
1989 Focus on the Power of People Group Thinking. Monrovia: MARC.
**Rush, Myron
1983 Liderazgo. Miami: Vida.
Schaller, Lyle
1986 Getting Things Done. Nashville: Abingdon Press.
1989. Reflections of A Contrarian. Nashville: Abingdon Press.

Schwarz, Christian.
1998 Natural Church Development. Carol Stream: Church Smart Resources.
.
**Schuller, Robert
1979 Su iglesia tiene posibilidades. Barcelona: CLIE
Smith, Fred
1985 Measuring Spiritual Growth. Tesis del PhD del Seminario Teológico
Fuller. Pasadena, CA.

Stafford, Tim
1986 “The Father of Church Growth”, en Christianity Today.
Enero: 19-23.

Swanson, Cal y Graig Murray.


2001 “From the halls of Power to the Streets of Suffering” en Encounter
Quarterly. Spring 2002:4-6.

Swindol, Charles
NDLa Esposa de Cristo. ND.

Stacy Rinehart.
1997 Upside Down. Colorado Springs: NavPress.

Wagner Pedro
1976 Your Church Can Grow. Ventura: Regal Books.
**1980a Su iglesia puede crecer. Barcelona: CLIE.
**1980b Sus dones espirituales... Barcelona: CLIE.
1981 Church Growth and the Whole Gospel. San Francisco: Harper & Row.
1984 Leading Your Church to Growth. Ventura: Regal Books.
1987 Strategies for Church Growth. Ventura: Regal Books.
Wagner, Pedro, ed.
1988 Church Growth, State of the Art. Wheaton: Tyndale.
**Warren, Rick.
1998. Una Iglesia con Propósito. Miami:VIDA.
Yancey, Philip
2000 Reaching for the Invisible God. Grand Rapids: Zondervan.

Obras que se consultó sin citarlas


Conn, Harvie.
1987 A Clarified Vision for Urban Mission. Grand Rapids. Zondervan.

Costas, Orlando
1983a “Crecimiento integral y palabra de Dios” en Misión. Enero-marzo:7-13.
1983b “Dimensiones del crecimiento integral de la iglesia” en Misión. Julio-
Scpt.: 9-14.
1984 “Iglecrecimiento, el movimiento ecuménico y el evangelismo”, en
Mision. Junio: 56-60.
1987 “La estrategia de iglecrecimiento para la extensión del cristianismo”, en
Misión. Marzo: 12-16.

Dayton, Edward y Ted Engstrom


1976 Strategy for Living. Ventura, CA: Regal Books.

**Gruggs, Bruce
1985 Mi iglesia puede crecer. Waco: Casa Bautista de Publicaciones.

**Hodges, Melvin
1979 Edificaré mi iglesia. Miami: Vida.
Stoll, David.
1990 Latin America Turning Protestant? University of California, Berkley.

Thung, Mady
1978 “An Altemative Model for a Missionary Church” en Ecumenical
Review. Vol. 30. Enero: 18-31.
**Tippet. A.R.
1978 Iglecrecimiento y la palabra de Dios. Barcelona: CLIE.
Tollefson, Kenneth
1987 “The Nehemiah Model for Christian Mission”, en Missiology Vol XV.
#1. Enero: 31-55.
Towns, Elmer
1988 “Evangelism: The Why and How” en Church Growth. State of the Art.
Editado por Pedro Wagner. Wheaton: Tyndale.

**Waymire, Bob y Pedro Wagner


1983 Manual de análisis del iglecrecimiento. Santa Ana: Global Church
Growth.
Notas
[←1]
Juan Carlos Miranda. Manual de iglecrecimiento. Miami: Editorial Vida. 1985:11.
[←2]
Tim, Stafford. “The Father of Church Growth” en Christianity Today. Enero 1985:20.
[←3]
Orlando Costas. “Origen y desarrollo del movimiento de crecimiento de la iglesia”, en Misión.
Marzo 1984:58.
[←4]
Donald McGravan. Understanding Church Growth. Grand Rapids: William B. Eerdmans.
1980:223 y Miranda. 1985:161.
[←5]
Pedro Wagner. Su iglesia puede crecer. Barcelona: CLIE. 1980:14.
[←6]
Rick Warren, Una iglesia con propósito. Miami: VIDA. 1998:37
[←7]
Martyn Lloyd-Jones. Authentic Christianity. Crossway Books. Wheaton. 2000:212.
[←8]
Carlos Miranda. Manual de iglecrecimiento. Miami: Editorial Vida. 1985:31
[←9]
Roger Greenway. 6 pasos: Cómo evangelizar y multiplicar iglesias. Grand Rapids: TELL.
1977: 192, 193.
[←10]
Bert Hoselitz. “The Role of the City in Historical Perspective”, en The Urban Explosion in
Latin America. Ithaca, NY: Cornell University Press. 1967:30.
[←11]
Population Crisis Committee, Washington, D.C. Citado en Pulse. Vol. 27 #1, Enero 10,
1972:7.
[←12]
Donald Pasquarillo y Alan Geyer. Redeeming the City. New York: Pilgrim Press. 1982:41.
[←13]
McGavran 1980:352. Y, Harvie Conn. A Clarified Vision for Urban Mission. Grand Rapids:
Zondervan. 1987.
[←14]
Vea página 101.
[←15]
Pate. Misionología. Miami: Editorial Vida. 1987:244ss.
[←16]
Patrick Johnstone y Jason Mandryk. Operation World. Operation Mobilization. 2001:29.
[←17]
Christianity Today. Noviembre 1998:50-51.
[←18]
Johnstone. 2001:371.
[←19]
McGavran. 1980:95.
[←20]
Barrett y Johnson. 1990:125.
[←21]
James Engel. What’ s Going Wrong With the Harvest? Grand Rapids: Zondervan. 1975:45.
[←22]
McGavran. 1980:26.
[←23]
David Bosch. “El evangelismo: corrientes y contracorrientes teológicas de hoy”. En Misión.
Vol. 6 #4, Diciembre 1987:13.
[←24]
Miranda. 1985:151.
[←25]
Miranda. 1985:42 y Pedro Wagner. Church Growth and the Whole Gospel. San Francisco:
Harper & Row. 1981:93-96.
[←26]
Citado en Wagner. 1981:97.
[←27]
Artículo 5 del “Pacto de Lausana” en Misión. Abril-Junio 1983: 36-9 (énfasis agregado).
[←28]
Pedro Wagner. Leading Your Church to Growth. Ventura: Regal Books. 1984: 33, 34.
[←29]
Wagner. 1981:101.
[←30]
El Editorial CLIE publica muchos de sus libros.
[←31]
Charles Van Engen. Mission on the Way. Grand Rapids. Baker Book House. 1996:109.
[←32]
Virgilio Gerber. Manual para evangelismo y crecimiento de la iglesia. Maracaibo: Editorial
Libertador. 1974:20.
[←33]
Rick Warren. Una Iglesia con Propósito. Miami: VIDA. 1998:192
[←34]
Citado en R. Daniel Reeves y Ronald Jenson. Avanzando: estrategias modernas para el
crecimiento de la iglesia. Barcelona: CLIE. 1988:51.
[←35]
Citado en Reaching for the Invisible God, Philip Yancey. Grand Rapids: Zondervan. 2000:198.
[←36]
Donald McGravan. 1985:95.
[←37]
José Reyes. Los hispanos en los Estados Unidos. Cleveland, TN. Publicaciones La Blanca.
1985: 103.
[←38]
Pedro Wagner. Sus dones espirituales pueden ayudar a su iglesia a crecer. Barcelona: CLIE.
1980b: 197.
[←39]
Para saber más de este programa lea el libro, Misión en la ciudad, Lima: SERCY. 1990, por
Miguel Ángel Palomino.
[←40]
Vea la enfermedad eclesiástica, el tradicionalismo, en la página 62.
[←41]
Greg Grafft. Etnikitis: “Seven Aids to Early Diagnosis” en Global Church Growth. Vol. XXVI
#1, Febrero-Marzo 1989:1, 4.
[←42]
Raymond Bakke. The Urban Christian. Downers Grove: InterVarsity.1987:45.
[←43]
Edward Dayton y Ted Engstrom. Strategy for Living. Ventura, CA: Regal Books. 1976: 169.
[←44]
El “padre de la ciencia de administración”, Peter Drucker, apoya a Pareto cuando el habla del
fenómeno del 10% a 15% de los recursos produce el 80% a 90% de los resultados. Peter
Drucker. Management. Harper & Row. New York. 1974ed:45.
[←45]
Christian Schwarz. Natural Church Development. Church Smart Resources. Carol Stream.
1998:28.
[←46]
Myron Rush. Liderazgo. Editorial Vida, Miami. 1983:33.
[←47]
Harold Koontz y Cyril O’Donnell. Administración. New York: McGraw Hill. 1987:233.
[←48]
Warren. 1998:99.
[←49]
Arnold Cook. Historical Drift. Camp Hill: Christian Publications. 2000:50.
[←50]
Señor Acton, citado en Richard Brislin. The Art of Gettings Things Done. New York. Prager.
1991:44.
[←51]
Ibid:44-45.
[←52]
Wagner, 1984:183 y Lyle Schaller, 1986:20.
[←53]
Elmer Towns. Evangelism: “The Why and How” in Church Growth, State of the Art. Editado
por Pedro Wagner. Wheaton: Tyndale. 1988:53.
[←54]
Los resultados de esta encuesta están en mis archivos.
[←55]
Wagner, 1984:184.
[←56]
Pedro Wagner. Your Church Can Grow. Ventura: Regal Books. 1976:93.
[←57]
Wagner. 1984:43.
[←58]
Si quiere ver algunas listas de principios del crecimiento, consulte el libro Avanzando:
Estrategias modernas para el crecimiento de la iglesia, por R. Daniel Reeves y Ronald
Jensen. Barcelona: CLIE. 1988:177-183.
[←59]
George Barna, citado por John Maxwell en “Seminar Notebook Reality Leadership.” 2002:14.
[←60]
Martyn Lloyd-Jones. Authentic Christianity. Crossway Books:Wheaton. 2000:212.
[←61]
Johnstone. 2001:29. Es interesante saber que el censo de 1900 solo ubicaba 2% de la
población ecuatoriana como evangélicos.
[←62]
Felizmente existe tal libro, Sus dones espirituales pueden ayudar a crecer su iglesia, por Pedro
Wagner (1980). Allí hay 260 páginas de explicaciones, mientras que aquí sólo hay unas pocas.
[←63]
Wagner. 1980b:38.
[←64]
Ibíd. :62-266.
[←65]
Schwarz. 1998:24.
[←66]
Ya les he dado dos nombres a lo cual puede llamar la Escuela Dominical. ¿Para qué les sugiero
cambiar el nombre de la Escuela Dominical? ¡Hoy en día, el pueblo no quiere irse a la
“escuela” los días Domingo!
[←67]
Wagner. 1980b:178.
[←68]
Delos Miles. Church Growth: A Mighty River. Nashville: Broadman Press. 1981:57.
[←69]
PULSE. 11 de septiembre de 1987 (Vo122 #17).
[←70]
Young Sawa Kim. “My Journey in Mission”, en Missiology. Julio de 1987:353.
[←71]
Neil, Stephen. Creative Tension. nf:12.
[←72]
“Pacto de Lausana”, en Misión. Abril-junio 1983: 36-39 (el énfasis es mía).
[←73]
Miranda. 1985:45.
[←74]
Si desea saber más sobre el programa de Evangelismo Explosivo, escribe (en español) a:
Evangelismo Explosivo / Ministerio Para Latinoamérica / Post Box 23820 / Ft. Lauderdale,
FL. 33307 EE. UU.
[←75]
Wagner. 1980a. Capítulo 4:69-83.
[←76]
Miranda. 1985:58.
[←77]
Ibíd.:56.
[←78]
Eugene Kelly. Un memo de 1988 en los archivos del autor
[←79]
Reeves y Jenson. 1988:23.
[←80]
Warren. 1998:35 (énfasis en el original).
[←81]
Stacy Rinehart. Upside Down. Colorado Springs. NavPress. 1998:83.
[←82]
Schwarz. 1998:22.
[←83]
Estadísticas de la Alianza Cristiana y Misionera para 56 países.
[←84]
José Reyes. Los hispanos en los Estados Unidos. Cleveland, TN: Publicaciones Ala Blanca.
1985:93.
[←85]
Andrew Kerr. “A Growing Witness in Syria”, en Alliance Witness. Abril 1986:20.
[←86]
Op Cid.
[←87]
Wagner. 1987:57-66.
[←88]
Wagner. 1980a:59-60.
[←89]
Donald McGavran y Win Arn. Ten Steps for Church Growth. New York: Harper & Row.
1977:14; y Miranda. 1985:80-85.
[←90]
G.Campbell Morgan. El evangelismo. Barcelona: CLIE. 1984:36.
[←91]
Ibíd. :36-37.
[←92]
Wagner. 1987:32-34.
[←93]
Hay también un artículo en inglés que merece ser leído: “The Nehemiah Model for Christian
Missions”, en Missiology. Vol XV, #1, enero 1987:31-55.
[←94]
John Maxwell. Make Yours A Winning Team. Inspirational Press:New York. 2000:28.
[←95]
Y todos estos gastos podrían ser evitados si se aplica los principios del PE y del pastor
preparando a los que tiene el don de evangelista en su iglesia. Recalco, la iglesia tiene en sí,
entre los dones de sus miembros, todo lo necesario para vivir y crecer sanamente.
[←96]
David Barrett. “Getting Ready for Missions in The 1990s”, en Missiology.
Vol. XV, #I, enero 1987:10.
[←97]
Hoselitz. 1967:30.
[←98]
Population Crisis Committee, Washington, D.C. Citado en Pluse. Vol. 27 #1, Enero 10,
1972:7.
[←99]
McGavran. 1980:223. y Miranda 1985:161.
[←100]
Harvie Conn. A Clarified Vision for Urban Mission. Grand Rapids: Zondervan. 1987:43.
[←101]
Wagner. 1980:138.
[←102]
J. Waskom Pickett. The Dynamics of Church Growth. Nashville. Abingdon Press. 1962: 11.
[←103]
Lyle Schaller. Reflections of A Contrarian. Nashville: Abingdon Press. 1989:16.
[←104]
René Padilla. “La unidad de la iglesia y el principio de las unidades homogéneas”, en Misión.
Septiembre 1983: 13.
[←105]
Ibid:38.
[←106]
Wagner. 1981:167.
[←107]
Wagner. 1981:36.
[←108]
Ibid:36.
[←109]
Miranda. 1985:158.
[←110]
Anne Graham Lotz. Just Give Me Jesus. Waco. Word Publishers. 2000:137.
[←111]
Samuel Faircloth. Church Planting for Reproduction. Grand Rapids: Baker Book House.
1991:82.
[←112]
Citado por Les Parrott en “Questioning PC Orthodoxy” en Christianity Today. Vol. 36, #2. 10
de Febrero, 1992:7.
[←113]
Richard Ostling. “Those Mainline Blues”, en TIME. 22 de mayo 1989:40-42.
[←114]
Ivan IIlich. The Church, Change and Development. Freiburg, Alemania: Herder and Herder.
1970: 17.
[←115]
Cal Swanson y Graig Murray. “From the halls of Power to the Streets of Suffering”, en
Encounter Quarterly. Spring 2002:5.
[←116]
Miranda. 1985:42 y Pedro Wagner. Church Growth and the Whole Gospel. San Francisco:
Harper & Row. 1981:93-96.
[←117]
Citado en Wagner. 1981:97.
[←118]
Artículo 5 del “Pacto de Lausana” en, Misión. Abril-Junio 1983: 36-9
[←119]
Wagner. 1981:101.
[←120]
Mary Motte, “Mission to the Poor”, en International Bulletin of Missionary Research. Julio.
1990:103.
[←121]
Op cid.
[←122]
Warren. 1998:284.
[←123]
Ibid. :337.
[←124]
Nótese que digo “miembros”, no asistentes. Puede ver que hay hasta 400 o 500 o más que
asisten. Aquí estoy hablando de miembros de la iglesia. Vamos a ver en el Capítulo 6 la
diferencia entre miembro y asistente.
[←125]
Joel Comiskey. Home Cell Group Explosion. Houston. Touch Publications. 1998:21.
[←126]
Ibid. :11.
[←127]
Joel Comiskey. Groups of 12. Houston. Touch Publications. 1999:123.
[←128]
Elizabeth Farrell, “Aggressive Evangelism in an Asian Metropolis”, en Charisma. Enero
1996:54-56.
[←129]
Schwartz. 1998:33.
[←130]
Reeves y Jenson. 1988:31.
[←131]
Robert Schuller. Su iglesia tiene posibilidades. Barcelona: CLIE. 1976:18. Recomiendo este
libro para los pastores que estén desalentados en el ministerio.
[←132]
Charles Swindol de “La Esposa de Cristo”
[←133]
Warren. 1998:33
[←134]
Schaller. 1986:52.
[←135]
Miranda. 1985:58.
[←136]
Esta información viene de los apuntes del Doctor Frank Hankins, quien fue un profesor de
Crecimiento de la Iglesia en el Seminario Bíblico Alianza en Guayaquil, Ecuador.
[←137]
Les presento unos cuantos aquí que les puedan ser de bien útil. Los libros de John Maxwell, un
perito en el desarrollo del liderazgo. Las 17 leyes incuestionables del trabajo en equipo; Los
21 minutos mas poderosos en el día de un líder; Seamos personas de influencia. El libro por
Myron Rush, Liderazgo, es uno de los mejores que he leído en cuanto al liderazgo y
administración dentro la iglesia. Seguramente en su librería evangélica va a encontrar aun más
libros sobre el tema del liderazgo.
[←138]
Floyd McClung. Seeing the City with the Eyes of God. Terrytown, NY: Chosen Books.
1990:115.
[←139]
Es cierto que en antes les avise que normalmente es un mal gasto de dinero en invertirlo en
avisos y periódicos. Sin embargo, eso fue en cuanto a iglesias establecidas. Para iniciar una
obra nueva de repente vale la pena gastar ese dinero hasta que tenga una congregación con su
propio PE.
[←140]
Roberto Coleman. Plan supremo de evangelización. Editorial Caribe, Miami. 1972: 97-102.
[←141]
Schaller. 1986: 18.
[←142]
El primer intento en Latinoamérica para hacer un estudio completo en cuanto a los números
evangélicos fue por Read, Monteroso y Johnson en su libro, Avance evangélico en América
Latina. El Paso: Casa Bautista. 1971.
[←143]
Estos datos viene de Christianity Today. Noviembre 1998:50-51.
[←144]
Tito Paredes. “The Many Faces of los Evangelicos”, en Christiany Today. Abril 1992:35.
[←145]
David Stoll. Is Latin America Turning Protestant? University of California, Berkley. 1990.
[←146]
Samuel Escobar. “A New Reformation”, en Christianity Today. Abril 1992:30.
[←147]
Barrett. 1987:5.
[←148]
Wagner. 1976:63.
[←149]
1980a:115 y McGavran. 1980:100.
[←150]
Op cid.
[←151]
Op cid.
[←152]
Orlando Costas citado en Delos Miles, 1981:53-54.
[←153]
Win Arn. “How to Use Ratios to Affect Church Growth” en Church
Growth: State of the Art. Editado por Pedro Wagner. Wheaton: Tyndale. 1988: 100.
[←154]
Reeves and Jenson. 1988:121.
[←155]
Arn. 1988:97.
[←156]
Ibid. :101. Arn actualmente dijo 3:10; yo lo he cambiado a 6:10.
[←157]
Ibid:98.
[←158]
McGavran. 1980:430.
[←159]
Ibid. :428-432.
[←160]
Smith. 1986:2.
[←161]
Richard Lovelace. Dynamics of Spiritual Life: An Evangelical Theology of Renewal. Downers
Grove: Inter-Varsity Press. 1979:12.
[←162]
David Moberg. “The Development of Social Indicators of Spiritual Well-Being for Quality of
Life Research.” In Spiritual Well-Being Sociological Perspectives. Washington: University
Press of America. 1979:7.
[←163]
Nehemiah Curnock, editor. The Journal of the Rev. John Wesley, M.A. Vol. II. London. The
Epworth press. 1938.
[←164]
Johnstone. 2001.29.
[←165]
Miranda. 1985: 156.
[←166]
Reyes. 1985:97.
[←167]
Wagner. 1980b:197.
[←168]
Wagner. 1976:97 y Miranda. 1985:62.
[←169]
Miranda. 1985:62 y Wagner. 1976:97.
[←170]
Miranda. 1985:81-82
[←171]
McGavran. 1980:226.
[←172]
Miranda. 1985:63.
[←173]
Ibid. :82.
[←174]
Wagner. 1976:63.
[←175]
Orlando Costas, citado en Miles, 1981:53-54.
[←176]
Wagner. 1976:11.
[←177]
Costas en Miles. 1981:53-54.
[←178]
Wagner. 1976:93.
[←179]
Costas en Miles. 1981:53-54.
[←180]
Wagner.1976:93 y McGavran.1980:100.
[←181]
Op cid.
[←182]
Pedro Wagner en Carlos Miranda, 1985:104.
[←183]
Wagner. 1987:57-66
[←184]
Bosch. 1987:13.
[←185]
McGavran. 1980:26.
[←186]
Miranda. 1985:44.
[←187]
Miranda. 1985:42 y Wagner. 1981:93-96.
[←188]
Op cid.
[←189]
McGavarn. 1980:95
[←190]
Reyes. 1985.103.
[←191]
Miranda. 1985:44-45.
[←192]
Ibid. :38.
[←193]
Op cid.
[←194]
Miranda. 1985:42 y Wagner. 1981:93-96.
[←195]
Ibid. :40.
[←196]
Barrett y Johnson. 1990:125.
[←197]
McGavran. 1980:226.
[←198]
Miranda. 1985:45.
[←199]
Barrett y Johnson. 1990:125.
[←200]
David Barrett y Todd Johnson, Our Globe and How To Reach It. Birmingham, Alabama. New
Hope. 1990:125.
[←201]
Miranda. 1985: 152.
Table of Contents
Contenidos
Contenidos
Apendices271
Resume biográfico del doctor Fred H. Smith
(Sin título)
(Sin título)
(Sin título)
Prólogo
Notas

Common questions

Con tecnología de IA

En comunidades homogéneas, donde las personas comparten características similares como el idioma y las costumbres, el evangelismo tiende a ser más exitoso debido a la menor cantidad de barreras culturales a cruzar para el evangelista. En estas comunidades, el enfoque puede centrarse más directamente en la predicación del evangelio y el fomento de una relación personal con Cristo, ya que las diferencias culturales no representan un obstáculo significativo . Por otro lado, en comunidades heterogéneas, donde existen diversas diferencias culturales y lingüísticas, el evangelismo enfrenta mayores desafíos. Aquí, puede ser necesario aplicar enfoques como el "evangelismo integral", que combinan el evangelismo con el servicio social para abordar las necesidades diversas de la comunidad, logrando de ese modo una mayor aceptación y efectividad en la transmisión del evangelio . Además, el crecimiento de la iglesia en comunidades heterogéneas puede requerir un cruce de barreras lingüísticas o culturales para llegar a las poblaciones no cristianas, algo que se debe planear cuidadosamente . Así, la estructura social y cultural influye en el método y éxito del evangelismo, adaptando las estrategias a las particularidades de cada comunidad para maximizar su impacto.

El uso de metodologías adecuadas es esencial para el crecimiento efectivo de la iglesia, ya que estas permiten un desarrollo tanto numérico como espiritual. El crecimiento cuantitativo implica la incorporación de nuevos miembros, mientras que el cualitativo se refleja en el desarrollo espiritual de los congregantes . La implementación de principios bíblicos y sociológicos adecuados puede prevenir "enfermedades eclesiásticas" que impiden el crecimiento saludable . Además, la unidad del cuerpo, la oración y el uso efectivo de los dones espirituales son estrategias claves para fomentar un crecimiento integral . Por tanto, es necesario que los líderes de la iglesia continuamente estudien y apliquen metodologías que respondan tanto a las dinámicas bíblicas como a las necesidades sociológicas actuales .

Para evitar las enfermedades eclesiásticas como la 'ociositis', las iglesias deben construir una cultura de actividad compartida y responsabilidad colectiva, y alentar a los miembros a utilizar sus dones espirituales . Además, deben ser culturalmente sensibles y adaptar sus metodologías de evangelismo al contexto específico de su entorno, promoviendo inclusividad y participación activa . También es fundamental que las iglesias mantengan un equilibrio entre recibir inspiración espiritual y aplicar estrategias adecuadas para un crecimiento en todas las dimensiones de su misión .

El crecimiento de la Iglesia en sus dimensiones cualitativa y cuantitativa es importante para la Trinidad porque refleja la voluntad de Dios, Cristo y el Espíritu Santo de ver el avance y la fortaleza de la Iglesia. Tanto la cantidad como la calidad del crecimiento son esenciales porque involucran multiplicar a los creyentes activos y formar congregaciones responsables y reproducibles . El crecimiento cuantitativo añade nuevos miembros, mientras que el crecimiento cualitativo mejora la espiritualidad y el servicio de los miembros existentes . Este enfoque integral asegura que la Iglesia no solo aumente en número, sino que cada miembro se convierta en un siervo mejor, mejorando tanto su vida espiritual como su impacto comunitario .

El Espíritu Santo desempeña un papel crucial en el crecimiento de la iglesia al proporcionar poder, guía y convicción. Actúa como el "agua" necesaria para que el "desierto" del mundo florezca espiritualmente; sin el Espíritu Santo, no hay convicción del pecado ni crecimiento verdadero en la iglesia. Los cristianos, actuando como "canales" del Espíritu, son indispensables para llevar el evangelio y así facilitar dicho crecimiento . Además, el Espíritu Santo es esencial para dirigir las acciones de la iglesia y dotarla del poder necesario para enfrentar obstáculos espirituales y realizar obras efectivas . También asegura la pureza de la iglesia y guía a los cristianos hacia donde hay gente receptiva, promueve el crecimiento tanto cuantitativo como cualitativo, y da poder para el testimonio efectivo ."}

Para combatir la "ociositis" en una iglesia, se recomienda compartir responsabilidades entre miembros y pastores, fomentando la participación activa de todos en lugar de depender solamente de unos pocos líderes . Es clave implementar programas de adiestramiento que enseñen a los miembros a descubrir y utilizar sus dones espirituales . También es importante que los pastores superen el miedo de perder autoridad al compartir funciones, ya que este temor contribuye a la apatía de los miembros . Un enfoque constructivo involucra preparar a los líderes futuros desde una mentalidad de servicio y colaboración, en línea con los ejemplos bíblicos de Jesús y Pablo que compartieron su autoridad con sus discípulos .

El entendimiento claro del contexto es fundamental al aplicar estrategias de crecimiento eclesiástico porque permite identificar correctamente las razones detrás del crecimiento o declinación. Analizar y comprender las estadísticas y los datos recogidos sobre los patrones de crecimiento ayuda a los líderes eclesiásticos a tomar decisiones informadas y efectivas para optimizar el desarrollo de la iglesia. Sin este entendimiento, las iniciativas pueden ser ineficaces o tener efectos no deseados . Además, el conocimiento del contexto cultural permite adaptar las estrategias de evangelización y crecimiento para que sean relevantes y efectivas en esa cultura específica, lo cual es crucial para el verdadero crecimiento, tanto numérico como cualitativo .

El fenómeno de "estrangulación social" afecta el crecimiento de una iglesia cuando las instalaciones físicas limitan su capacidad para recibir más asistentes. Esto ocurre típicamente cuando más del 80% del santuario está lleno, creando una barrera física para el crecimiento numérico . Una posible solución para esta limitación es expandir las facilidades o abrir nuevas iglesias para acomodar la creciente congregación .

El "Principio de Pareto" en el contexto eclesiástico sugiere que en una iglesia, un pequeño porcentaje de los miembros (el 20%) realiza la mayoría del trabajo y actividades dentro de la congregación (el 80%). Este principio afecta al crecimiento de la iglesia al enfatizar la importancia de involucrar a más miembros en responsabilidades para evitar la "ociositis" y otros problemas que puedan estancar el crecimiento de la iglesia. Cuando solo unos pocos llevan la carga, se limitan las capacidades de expansión y crecimiento, ya que esos pocos se agotan mientras que el potencial de los demás miembros queda sin aprovechar . Al motivar a más miembros a participar activamente, se busca distribuir mejor las responsabilidades, lo cual puede resultar en un aumento de la membresía y en la expansión de la iglesia .

La crítica hacia las metodologías importadas para el crecimiento de la Iglesia es que a menudo se enfocan más en la forma que en la función, aplicando métodos que no se ajustan al contexto cultural y local en el que se implementan. Estas metodologías no proporcionan resultados si no están basadas en principios universales de crecimiento . Una alternativa sugerida es desarrollar "ojos de crecimiento", que implican comprender los principios de crecimiento y saber cómo aplicarlos adecuadamente en diferentes contextos culturales . Esta perspectiva reconoce la necesidad de ajustes creativos y sensitivos a un entorno en constante cambio para facilitar un crecimiento saludable de la iglesia .

También podría gustarte