Índice
Documentos......................................................................................................................2
Algunas consideraciones...............................................................................................2
Documento Público..........................................................................................................3
Concepto........................................................................................................................3
Eficacia probatoria del instrumento publico..................................................................4
Diferencias Documento Público y Documento Autenticado.........................................5
Documento Privado.........................................................................................................6
Eficacia de los documentos Privados............................................................................7
El reconocimiento de Documento privado....................................................................8
Desconocimiento de Documento Privado.....................................................................9
Clases de documentos privados.....................................................................................9
Contradocumento......................................................................................................9
Documentos privados sin firma y confidenciales....................................................10
Documentos electrónicos:.......................................................................................15
Copias Privadas de Documentos.................................................................................16
Documento Administrativo...........................................................................................16
La Tacha.........................................................................................................................20
La falsedad de los instrumentos..................................................................................20
Diferencia entre la falsedad del juicio Civil del juicio Penal......................................22
Objeto del proceso de falsedad....................................................................................23
Tacha de Documentos privados...................................................................................26
Procedimiento para la Tacha.......................................................................................29
Efectos de las sentencias que decide la tacha..............................................................33
El Desconocimiento.......................................................................................................37
Bibliografía......................................................................................................................43
Documentos
Algunas consideraciones
Documento: según lo define La Real Academia Española “Diploma, carta, relación u
otro objeto que ilustra acerca de algún hecho, principalmente de los históricos…” 1
De la anterior definición podemos destacar varios elementos que tienen vital
importancia para el presente ensayo, en primer punto se habla de que el documento es
una cosa que ilustra; que representa a algún hecho, por lo que el documento es distinto
al hecho mismo y así se le considera. Esto es muy importante para comprender la
relevancia que los documentos tienen en el mundo jurídico y el tratamiento que se da en
juicio a cada uno de ellos, de acuerdo al tipo de documento de que se trate, así como de
donde emana el mismo, características materiales, la relevancia de estos con los hechos
controvertidos.
Todos estos elementos son de suma importancia para determinar la admisión o
inadmisión de los documentos como pruebas, así como el procedimiento para desvirtuar
lo expresado en el documento, el lapso que se tiene para oponer, para aceptar o para
impugnarlos, por eso en el mundo de las pruebas, la prueba documental es de amplio
tratamiento doctrinario y jurisprudencial.
Para los efectos del presente trabajo, se atenderá a clasificar los documentos desde el
punto de vista del sujeto de donde emana el mismo, a saber; Documento Público y
Documento Privado, tema por demás complejo debido a lo controvertido de las
opiniones de juristas tanto nacionales como foráneas.
Igualmente, se tratará la naturaleza de los Documentos Administrativos, los cuales
constituyen una especie diferente de documentos, y se tratará la forma de impugnar los
documentos tanto privados como públicos.
1
Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Editorial Espasa, Madrid. Vigésima
Segunda Edición. 2001. Pág. 844
Documento Público
Concepto
Henríquez La Roche define los documentos públicos como: “aquellos documentos
expedidos por personas investidas de fe pública, en el ejercicio de sus atribuciones y
con las formalidades previstas por la ley”2
El Código Civil Venezolano, en su Art. 1357 lo define así:
“Instrumento público o autentico es el que ha sido autorizado con las
solemnidades legales por un Registrador, por un Juez, u otro funcionario
o empleado público que tenga facultad para darle fe pública, en el lugar
donde el instrumento se haya autorizado”.
De la disposición anterior se puede inferir que son sinónimos instrumento público e
instrumento autentico, porque ello resulta claramente del sistema registral y de
autenticación de documentos adoptado por nuestro derecho positivo, pero respecto a
este tema, tanto la doctrina como la jurisprudencia tienen cierta discusión.
Rengel Romberg citando a Brewer Carias sostiene:
“la identificación que se hizo en la reforma del Código Civil venezolano
en 1942, del documento público con el autentico, lejos de precisar la
terminología y aclarar los términos, lo que hizo fue hacerlos más confusos
(…) el documento público es siempre un documento autentico”, pero que
a la inversa no ocurre lo mismo porque el documento puede ser autentico
sin ser publico. Sin embargo, ya hemos visto que en nuestro sistema legal,
la publicidad de todo documento deriva del cumplimiento de todas las
solemnidades exigidas por la ley para su documentación, y de haber sido
autorizado por un Registrador, por un Juez, por un Notario u otro
funcionario público con facultad para darle fe pública.”
Sin embargo el sistema registral en Venezuela esta lejos de definir claramente lo que es
un documento autentico de un documento publico, virtud de la mención que el código
civil hace de ambos, definiéndolos como sinónimos, en todo caso, se sabe que un
2
La Roche Ricardo Henríquez, Instituciones del Derecho Procesal, Editorial Cjuv. Caracas 2010. Pág.
327 – 328
documento privado, por más que se autentique, no pasará a ser documento público, lo
que se verá con detenimiento más adelante.
Eficacia probatoria del instrumento publico
El valor probatorio corresponde al valor persuasivo de los argumentos o razones de
prueba contenidos en el instrumento, y que en nuestra legislación son tarifados por la
ley con el carácter de plena prueba como lo dispone el Código Civil:
Artículo 1359.-
“El instrumento publico hace plena fe, así entre las partes como respecto
de terceros, mientras no sea declarado falso: 1°, de los hechos jurídicos
que el funcionario público declara haber efectuado, si tenía facultad para
efectuarlos, 2°, de los hechos jurídicos que el funcionario público declara
haber visto u oído, siempre que este facultado para hacerlo constar”.
Artículo 1360.-
“El instrumento público, hace plena fe, así entre las partes como respecto
de terceros, de la verdad de las declaraciones formuladas por los
otorgantes acerca de la realización del hecho jurídico a que el
instrumento se contrae, salvo que en los casos y con los medios permitidos
por la ley se demuestre la simulación”.
Artículo 1361.-
“Igual fuerza probatoria que la determinada en el artículo anterior
producen el instrumento público y el instrumento privado entre las partes,
aun de las cosas que no han sido expresadas sino de una manera
enunciativa, con tal que la enunciación tenga una relación directa con el
acto.
Las enunciaciones extrañas al acto solo pueden servir de principio de
prueba”.
Visto esto publico o autentico tiene valor probatorio pleno, en cuanto al hecho material
de las manifestaciones del funcionario debidamente facultado que lo autoriza, pudiendo
ser porque el mismo lo ha efectuado o porque lo ha presenciado. Da fe pública también
frente a las partes y terceros de lo que declaran los que suscriben el mismo aseverando
la realización del hecho que el documento alude, mientras no se demuestre la
simulación del acto o la falsedad del documento, según expresa el artículo 1360 del
Código Civil. A los terceros no les aprovecha desconocer simplemente, las
declaraciones de los otorgantes inmersas en el instrumento público para desentenderse y
excluir su eficacia probatoria respecto a ellos, puesto que los documentos públicos,
están protegidos por el legislador, en búsqueda de salvaguardar de las instituciones.
En sentencia del año 2004, se expuso:
“El carácter de fe pública que ofrece el documento revestido de ese
carácter, enerva el principio de que toda prueba puede ser combatida con
cualquier medio de prueba contraria, el documento público hace
excepción a ese principio y debe subsistir válido mientras el documento no
sea declarado falso a través de la acción principal o incidental de tacha.
En consecuencia, no es un simple desconocimiento que se realiza en el
juicio, inclusive en la tacha incidental, no solamente basta que la parte lo
manifieste en el juicio, sino es necesario, que el tachante formalice la
tacha.”3
Diferencias Documento Público y Documento Autenticado
Hay grandes controversias sobre este punto, ya que doctrinariamente se hace una
disertación sobre si el documento público es autentico o si el documento autentico es
público en este sentido, sentencia del año 2004 hace mención pertinente sobre el tema
“Podemos señalar algunas diferencias entre documentos autenticados y
documentos públicos, el primero es aquel otorgado por un funcionario
competente (notario) el cual acredita como verdadero y por tanto creídos,
los hechos jurídicos que el funcionario declara haber efectuado en
presencia de los otorgantes, solo dejando constancia que los interesados
se identificaron ante él y firmaron en su presencia, teniéndose la palabra
del funcionario como cierta; en segundo lugar, se encuentra el documento
público (negocial) que nace ab initio ante el registrador, el cual esta
dotado con la potestad legal de dar fe pública en el ejercicio de su cargo,
conteniendo sus declaraciones valor erga omnes, lo que declara el
funcionario público se tiene como cierto, así como el contenido de las
declaraciones. Ambas figuras, como se ha señalado son instituciones
jurídicas diferentes, sin embargo, tienen en común, primero, tiene que ser
creída la manifestación del funcionario, y segundo, la eficacia probatoria
es la misma.
La Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, puntualizó en
la sentencia N° 65, de fecha 27 de abril de 2000, las diferencias entre
documento público y documento auténtico, a saber: “...En este orden de
ideas, del contenido del artículo 1.357 del Código Civil, es preciso hacer
la siguiente distinción: documentos públicos, son aquellos que deben estar
revestidos, al momento de su otorgamiento, de todas las solemnidades que
la Ley establece al efecto, y en cuya formación interviene un funcionario
con la facultad de darle fe pública. La que alcanzara inclusive su
contenido. Este documento público es también auténtico. Ahora bien,
existe otra categoría de instrumentos que se reputan auténticos, son
aquellos que aun cuando deben ser otorgados ante un funcionario que de
fe pública, este solo dejara constancia de que los interesados se
identificaron ante el y firmaron en su presencia, este personero no
interviene en ningún modo en la elaboración del documento; tampoco
3
Corte de Apelaciones, circuito Judicial Penal, de la Circunscripción Judicial del Estado Lara , Sentencia
de fecha 18 de mayo de 2004, Promotora Beverlys Hills C.A. contra Freddy Orlando Betancourt
Hernández
deja constancia del contenido mismo. La redacción del citado artículo
1.357 del Código Civil, pudiera llevar a pensar que el documento público
y el auténtico, son análogos, esto no es así y debe entenderse que el
documento público por estar revestido de todas las formalidades para su
perfeccionamiento, es también un documento autentico. Sin embargo, el
documento autenticado es aquel se presenta ante un funcionario revestido
para otorgar fe pública (notario), a fin de que deje constancia que los
firmantes se identificaron en su presencia y ante él suscribieron el
instrumento, ya redactado previamente (…) Es conocido que el documento
público da fe de los hechos jurídicos que el funcionario declara haber
efectuado, hechos jurídicos que el funcionario declara haber visto u oído y
de la verdad de las declaraciones formuladas por los otorgantes acerca de
la realización del negocio jurídico al que el instrumento se contrae,
teniendo plena fe, así entre las partes como respecto de terceros. En el
documento autenticado la fe se limita al testimonio del funcionario sobre
la actividad que desplegaron las partes en su presencia (desde el punto de
vista jurídico), pero no alcanza a las declaraciones de los otorgantes, es
decir, la verdad de lo dicho por las partes no es manifestado por el
funcionario, no otorgando fe de la verdadera existencia de la obligación
misma y surtiendo sus efectos jurídicos entre las partes y no frente a
terceros.”4
Podemos observar que en sentencias reiteradas, sí se da una diferencia entre lo que es
documento público y documento autenticado
Documento Privado
En líneas generales, podemos afirmar que el documento privado es aquel otorgado bien
por una persona o entre varias personas, en el que se establece una obligación,
debidamente suscrito y sin la intervención de un funcionario público que lo valide.
Es por ello, que este tipo de documentos o instrumentos debe ser sometido a
comprobación para que surta los efectos de plena prueba, en caso de que alguno de los
intervinientes en algún momento no quisiera honrar el compromiso contraído mediante
éste.
A saber a nivel Jurisprudencial se maneja el concepto de documento privado de la
siguiente manera:
“instrumentos o documentos privados” se comprenden todos los actos o
escritos, que emanan de las partes, sin intervención del registrador o de
4
Tribunal Supremo de Justicia, Juzgado de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y de Tránsito de la
Circunscripción Judicial del Estado Miranda, Sentencia de fecha: 03-08-2004, Exp. N° 24168, Jesús
Quintana y Ángela de Quintana contra ASEPROGECA C.A.
algún otro funcionario competente -requerida en el documento público o
auténtico- y que se refieren a hechos jurídicos a los cuales pueden servir
de prueba; y la condición esencial de la existencia de todo documento
privado es la firma estampada en él de la persona a quien se opone. Con
esa especie de documento pueden pues, probarse todos los actos que la ley
no requiera su constancia en documento público, o no revista de
solemnidades especiales; documentos esos que sólo tienen validez si son
reconocidos o tenidos legalmente por tales.” (Sentencia de fecha 26 de
mayo de 1952).5
Eficacia de los documentos Privados
Se tiene por indiscutible el valor probatorio de los documentos públicos, en virtud de
que los mismos han nacido de funcionarios públicos, en ejercicio de las facultades que
tienen para otorgar “fe pública” haciendo plena convicción entre las partes y ante
terceros siempre y cuando no sean declarados como falsos, mediante el procedimiento
de tacha. Pero en el caso de la fuerza probatoria de los documentos privados, es
necesario estudiar el alcance de ésta, puesto que los mismos se han originado de la
voluntad de crear, modificar o extinguir alguna obligación entre las partes involucradas
en el mismo y que haya dado lugar a una relación jurídica.
Si el documento privado es reconocido es decir, se ha autenticado o tenido legalmente
por reconocido su valor probatorio es de plena fe entre las partes y respecto a terceros,
tal y como lo señala el Art. 1363 del Código Civil Venezolano el cual dispone:
“El instrumento privado reconocido o tenido legalmente como
reconocido, tiene entre las partes y respecto a terceros, la misma fuerza
probatoria que el instrumento público, en lo que se refiere al hecho
material de las declaraciones; hace fe, hasta prueba en contrario, de la
verdad de esas declaraciones.”
Si el documento no tuviere esa autenticidad, debe por lo menos estar suscrito por el
obligado, debiendo presumirse la buena fe de la veracidad del mismo, por lo que
corresponde a la parte a quien se opone, rechazarlo desconocerlo o aceptarlo. En ese
sentido el Código de Procedimiento Civil en su Art. 444 contempla:
5
Tribunal Supremo de Justicia, Juzgado del Municipio Falcón de la Circunscripción Judicial del Estado
Cojedes, Sentencia de fecha 27 de enero de 2011, Expediente N° 2655/10, Aguiar - Díaz
“La parte contra quien se produzca en juicio un instrumento privado
como emanado de ella o de algún causante suyo, deberá manifestar
formalmente si lo reconoce o lo niega, ya en el acto de la contestación de
la demanda, si el instrumento se ha producido con el libelo, ya dentro de
los cinco días siguientes a aquel en que ha sido producido, cuando lo
fuere posteriormente a dicho acto. El silencio de la parte a este respecto,
dará por reconocido el instrumento”.
De los anteriores artículos se puede inferir que la eficacia de los documentos privados
estará supeditada al reconocimiento o desconocimiento, de las personas a las cuales se
les atribuye.
El reconocimiento de Documento privado
Es el acto mediante el cual la persona a quien se le opone manifiesta como cierto el
contenido ó la firma del documento, ya sea porque se reconoce la letra del autor ó
porque se reconozca su firma lo que se ve claramente en el Art. 1364 del Código Civil
Venezolano, el cual dispone: “Aquel contra quien se produce o a quien se exige el
reconocimiento de un instrumento privado, está obligado a reconocerlo o negarlo
formalmente. Si no lo hiciere, se tendrá igualmente como reconocido.”
Se pueden clasificar varias formas de reconocimiento, como lo expone Rengel
Romberg: “La ley distingue diversas formas de reconocimiento de los documentos
privados: la producida en juicio, la extrajudicial, la expresa y la tácita” 6
El reconocimiento judicial: es el que se realiza durante el juicio, cuando luego de
haber desconocido la firma y el contenido, se abre incidencia y luego de las
comprobaciones a que hubiere lugar, se produce una declaratoria de
reconocimiento por parte del juez.
Reconocimiento extrajudicial: se produce por la voluntad de las partes, fuera de
la esfera del juicio.
6
Rengel Romberg, Arístides. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano Volumen IV, Caracas,
Organización Gráficas Capriles, 2001, Pág. 170
Reconocimiento tácito: cuando a quien se le opuso el instrumento, no lo
manifestó ante el tribunal, o cuando quien debiendo presentarse para
reconocerlo, no se presentó al tribunal a reconocerlo o desconocerlo
Desconocimiento de Documento Privado
Contrario al reconocimiento, el desconocimiento es uno de los medios de impugnación
de Documento, como lo expresa Rengel Romberg:
“El desconocimiento en juicio del instrumento privado no reconocido ni
autenticado, es lo contrario del reconocimiento (…) impide que el
instrumento produzca su efecto como medio de prueba en la instrucción
de la causa, lo hace ineficaz para demostrar el hecho documentado y hace
necesario el procedimiento de verificación o cotejo (…) sin dar lugar a un
juicio autónomo, sino a un incidente introductorio que se inserta en la
actividad dirigida a la adquisición y a la valoración de la prueba”7
Clases de documentos privados.
Contradocumento
Art. 1362 de Código Civil de Venezuela dispone: “Los instrumentos privados, hechos
para alterar o contrariar lo pactado en instrumento público, no produce efecto sino
entre los contratantes y sus sucesores a título universal. No se les puede oponer a
terceros”
Tal y como se puede interpretar de la norma antes transcrita, el contradocumento es un
documento privado, que se suscribe entre las partes para contradecir, lo expresado en un
documento público, pero como aclara la misma, este sólo tiene valor entre los que los
suscriben y no puede en forma alguna oponerse a terceros, ya pudiera convertirse en
fraude a la ley.
7
Rengel Romberg, Arístides. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano Volumen IV, Caracas,
Organización Gráficas Capriles, 2001, Pág. 173
Documentos privados sin firma y confidenciales.
En esta gran categoría de documentos se pueden mencionar
• Las cartas o misivas: Pueden hacerse valer como prueba o principio de prueba por
escrito, estas están comprendidas en la protección constitucional establecida en el
artículo 48 que garantiza el secreto e inviolabilidad de las comunicaciones privadas en
todas sus formas, pero aun así pueden ser interferidas por orden del tribunal de la causa
si estas tienen relación con el proceso que se ventile, pero guardando el secreto de lo
privado que no tenga relación con el mismo.
El artículo 1.371 del Código Civil venezolano, establece que;
“Pueden hacerse valer en juicio como prueba o principio de prueba por
escrito, las cartas misivas dirigidas por una de las partes a la otra,
siempre que en ellas se trate de la existencia de una obligación o de su
extinción, así como de cualquier otro hecho jurídico relacionado con los
puntos que se controviertan.
El autor de la carta puede exigir la presentación de ésta a la persona a
quien fue destinada o ésta producirla en juicio para los efectos
mencionados…”
Se tiene entendido, que las cartas o misivas, constituyen una prueba, pero las mismas
han de cumplir con los requisitos que el legislador contempla en la ley sustantiva. Ejem:
correlación de ésta con el punto de la controversia
En relación a las cartas dirigidas a terceros señala el artículo 1.372 del Código Civil lo
siguiente;
“No puede una parte requerir la presentación de una carta dirigida a un
tercero por alguno de los interesados en el juicio, o por personas
extrañas, si el tercero y el autor de la carta no prestan su consentimiento
para ello. El tercero tampoco puede valerse de la carta como prueba,
contra la voluntad del autor de ella.
Las cartas misivas, dirigidas y recibidas entre terceros, no pueden, en
ningún caso, emplearse como medios de prueba en juicio por personas
para las cuales los terceros no eran causantes o mandatarios.
Los herederos y causahabientes de las personas que dirigieron o
recibieron las cartas misivas antedichas, pueden emplearlas como medios
de prueba en los mismos casos en que aquéllas habrían podido hacer uso
de ellas”.
Del análisis de la norma citada se infiere que, las partes no pueden servirse de cartas que
hayan dirigido a terceras personas extrañas al juicio, sin que éstos hayan dado el
consentimiento para ello, lo que ha de constar en el expediente, evidentemente el
contenido de la carta o misiva debe estar íntimamente ligado al tema objeto de
controversia e igualmente éste (el tercero) tampoco podrá servirse de la comunicación
contra la voluntad de su autor.
• Los libros de los comerciantes: Tienen gran importancia debido al flujo mercantil, de
control social y por razones tributarias, la ley mercantil dispone la obligación de
llevarlos, éstos son los libros diario, mayor y de inventario, los cuales deben cumplir
con una serie de requisitos establecidos en el Código de Comercio en sus artículo 32 al
37, en cuanto al valor probatorio de los mismos, éste esta claramente definido en el
Artículo 38 (ejusdem):
“Los libros llevados con arreglo a los artículos anteriores podrán hacer
prueba entre comerciantes por hechos de comercio. Respecto a otra
persona que no fuere comerciante, los asientos de los libros sólo harán fe
contra su dueño; pero la otra parte no podrá aceptar lo favorable sin
admitir también lo adverso que ellos contengan”.
Entonces, entre comerciantes los libros llevados hacen plena prueba por la especialidad
de los actos de comercio. Entre comerciante y particular sólo harán fe contra su dueño,
pero la otra parte no comerciante, al admitir lo hace de manera completa, no sólo lo que
le beneficie sino también lo que le llegare a perjudicar.
En este Sentido Rengel Romberg hace la siguiente consideración:
“… a) que favor del comerciante, los libros no hacen nunca prueba
cuando se trata de cuestiones en materia civil o entre un comerciante y un
no comerciante. b) que a favor y en contra del comerciante, hacen siempre
prueba cuando se trata de cuestiones comerciales en materia comercial,
salvo la regla de la indivisibilidad, según la cual la parte no podrá
aceptar lo favorable sin admitir lo adverso que ellos contengan;
diferencia esta que se funda en la sinceridad que se presume en los libros
cuya tenencia es obligatoria y con formalidades legales expresamente
establecidas, que dan testimonio contra quien los escribe”8
8
Rengel Romberg, Arístides. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano Volumen IV, Caracas,
Organización Gráficas Capriles, 2001, Pág. 214
• Registros y Papeles domésticos: Tiene que ver con las anotaciones que las personas
hacen de manera voluntaria y personal, en papeles, diarios, agendas, etc. El Código
Civil en su Art. 1378 dispone claramente:
“Los registros y papeles domésticos no hacen fe a favor de quien los ha
escrito; pero hacen prueba contra él:
1° Cuando enuncien formalmente un pago que se le ha hecho.
2° Cuando contienen mención expresa de haberse hecho la anotación
para suplir la falta de documento a favor del acreedor”
• Las Anotaciones en títulos de créditos: Forman parte de los documentos, que aún sin
tener firma, la ley les otorga, valor probatorio, se encuentra establecido en el Código
Civil en su Art. 1379
“Toda anotación puesta por el acreedor a continuación, al margen o al
dorso de su título de crédito, cuando tiende a demostrar la liberación del
deudor, hace fe, aunque no lleve la fecha ni la firma del acreedor, con tal
que el título haya permanecido siempre en sus manos. Lo mismo sucederá
con las anotaciones puestas por el acreedor a continuación, al margen
o al dorso del duplicado de un título personal al deudor, o de un recibo
precedente, con tal que este documento se encuentre en manos del
deudor”
En relación con este punto se puede resaltar lo expresado por Rengel Rombrg:
“Respecto de la eficacia de las anotaciones referidas, que tienden a la
liberación del deudor, ya hemos visto que la ley les atribuye plena prueba
(hacen fe); sin embargo esto no excluye que el acreedor pueda probar que
la letra no es suya, o que ha habido falsificación, o que fue efecto de un
error de hecho, u otra circunstancia que haga ineficaz la anotación…”9
• Las Tarjas: Pothier nos da una definición sucinta del concepto de tarjas:
“Se llaman tarjas dos pedazos de madera de que se sirven dos personas
para recordar cuantas veces una de ellas ha ido a comprar a la otra
cantidad de géneros al fiado. Al efecto así el comprador como el vendedor
tiene uno de estos palitos y al entregarse una cantidad de géneros se unen
los y se hacen con un cuchillo una cifra que denota la cantidad de géneros
entregados”10
9
Rengel Romberg, Arístides. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano Volumen IV, Caracas,
Organización Gráficas Capriles, 2001, Pág. 225
10
Pothier, Robert Joseph. Tratado de las Obligaciones, Traducido al Español. Barcelona, España, 1839.
Pág. 475-476
El Código Civil no define en sí, a las tarjas, pero se refiere a ellas en el Artículo 1.383:
“Las tarjas que corresponden con sus patrones hacen fe entre las personas que
acostumbran comprobar con ellas las provisiones que hacen o reciben en detal.”
Evidentemente, ya con la superación del analfabetismo esta prueba es de poco uso en el
derecho probatorio, sin embargo se trata este punto en el año 2010, según sentencia que
se transcribe a continuación:
“Si tomamos en cuenta que el CC contempló a las tarjas dentro de la
pruebas por escrito, debemos rechazar que dicho Código se esté
refiriendo con exclusividad a la forma primitiva expuesta, y por ello,
pensamos que los documentos-tarjas (escritos) siempre ha sido posible
emitirlos conforme al CC, quien además, no los prohíbe. Esto sin que
importe si las tarjas escritas emanan de máquinas, o son suscritas…”.
(Jesús Eduardo Cabrera Romero, Contradicción y Control de la Prueba
Legal y Libre, Tomo II, Pag 92).
Por otro lado, en un valioso trabajo contenido en la revista de derecho
probatorio dirigida por el Dr. Jesús Eduardo Cabrera, elaborado por la
Dra. Maribel Lucrecia Toro Rojas, se sostiene igualmente que las
planillas de depósitos bancarios constituyen documentos asimilables a las
tarjas, y en ese sentido se puntualiza lo siguiente:
“…Hoy día hay una serie de documentos escritos o impresos que pueden
asimilarse a las tarjas, tales como los vouchers de las tarjetas de crédito,
las planillas de depósito de los bancos y por qué no incluir aquí, las notas
de consumo de servicios públicos. En el caso de los documentos escritos
tipo tarjas, cada parte conserva un original idéntico, que debe guardar
coincidencia con el otro original, el elemento característico de estos
instrumentos es la coincidencia, lo cual se evidencia del artículo 1383 del
CC,. Anteriormente transcrito; de acuerdo con él, para que las tarjas
hagan fe entre las partes, es requisito indispensable que éstas se
correspondan entre sí, no siendo importante, y hasta irrelevante, la firma
de los ejemplares”…
…Omisis…
…Es importante señalar que desde el momento en que la nota de consumo
ha sido validada efectivamente por el cajero, es cuando queda
evidenciado el uso de este documento-tarja, pues tal actividad indica que
la misma se utiliza normalmente para cancelar los cargos realizados por
el uso del servicio público contratado, así como demuestra que el
organismo que presta el servicio tiene el documento-tarja, que debe
contener la misma seña de cancelación. La nota de validación la podemos
asimilar a las muescas o marcas que se les hacía en un mismo instante y
con un solo movimiento a las formas primitivas de las tarjas, pues, el
corresponder ambas notas de validación, se prueba la cancelación del
servicio. (…) los documentos-tarjas son medios de prueba admisibles en
juicio, forman parte del elenco de pruebas nominadas (comúnmente
llamadas legales).Revista de Derecho Probatorio, Tomo 9, Paginas 355 -
360)…
…omissis…
Una característica particular de las tarjas y de los depósitos bancarios, es
que los mismos carecen de la firma de su autor, recordemos que se trata
de un documento que se forma por la intervención de dos personas, por
una parte el banco y por la otra el depositante, lo que podría dificultar la
determinación de su autoría, pues el banco se limita a imprimir
electrónicamente la validación, mediante un grupo de números, signos y
señas, por otro lado, le imprime a la tarja un sello húmedo con el símbolo
y nombre del banco, no impide que ello ocurra, por cuanto los símbolos
probatorios que constan en su contenido, son capaces [sic.] de permitir la
determinación de su autoria [sic.] (omissis)
Las consideraciones expuestas permiten concluir que los depósitos
bancarios no constituyen documentos emanados de terceros, sino tarjas,
lo cual evidencia que el formalizante no tiene razón al haber afirmado que
era necesaria su ratificación mediante prueba testimonial, la cual ha
debido ser promovida en el juicio.
Si bien es cierto que las planillas de depósito no constituyen un medio de
prueba libre, por ser asimilable a las tarjas y, por ende, ser un medio de
prueba consagrado en forma particular en la ley, respecto del cual existe
regla legal expresa que regula su eficacia probatoria, como es el artículo
1.383 del Código Civil, lo cierto es que ello no fue alegado por el
formalizante ni forma parte de esta denuncia, y en todo caso, el error
cometido por el juez de alzada respecto de la calificación jurídica de la
prueba y su eficacia no sería determinante en el dispositivo del fallo, pues
de haber aplicado el juez el artículo 1.383 del Código Civil, en lugar de
los artículos 1.363 y 1.364 del mismo Código, la conclusión sería la
misma: se trata de un medio eficaz capaz de dar fe de su contenido...”
Por lo tanto, acogiendo el criterio antes señalado, debe seguirse que
efectivamente los medios probatorios señalados si poseen valor
probatorio, y así debe establecerse en función de los artículos 1.363 y
1.364 del Código Civil.11
Es arriesgado atribuirle a los recibos bancarios la denominación de “tarjas” ya que la ley
adjetiva establece el medio idóneo para solicitar pruebas que se requieran en el proceso,
cuando éstas se encuentren en entidades tanto públicas como privadas incluidos
expresamente los “bancos”, estas son las llamadas prueba de informes, la cual tiene una
valoración distinta a la prueba documental, podemos verlo claramente en el Código de
Procedimiento Civil en su Art. 433:
“Cuando se trate de hechos que consten en documentos, libros, archivos u
otros papeles que se hallen en oficinas públicas, Bancos, Asociaciones
gremiales, Sociedades civiles o mercantiles, e instituciones similares,
aunque éstas no sean parte en el juicio, el Tribunal, a solicitud de parte,
requerirá de ellas informes sobre los hechos litigiosos que aparezcan de
dichos instrumentos, o copia de los mismos.
11
Tribunal Supremo de Justicia. Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y de
Tránsito del Estado Lar sentencia de fecha: 09-07-10, Exp. KP-2008-004149. Ramos contra Carrero.
Las entidades mencionadas no podrán rehusar los informes o copias
requeridas invocando causa de reserva, pero podrán exigir una
indemnización, cuyo monto será determinado por el Juez en caso de
inconformidad de la parte, tomando en cuenta el trabajo efectuado, la
cual será sufragada por la parte solicitante”
Sin embargo, el estudio de esta materia se desarrolla cada vez más, quedará en todo
caso para la consideración del juez.
• Documentos electrónicos:
Estos son medios de prueba que no se encuentran incluidos dentro de los medios de
prueba tradicionalmente regulados en nuestra legislación por cuando su nacimiento es
de data reciente en relación con la publicación de la norma sustantiva, sin embargo
pueden ser contemplados dentro del segundo aparte del artículo 395 del Código de
Procedimiento Civil el cual establece que:
"...Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de
prueba no prohibido expresamente por la ley, y que consideren
conducente a la demostración de sus pretensiones. Estos medios se
promoverán y evacuarán aplicando por analogía las disposiciones
relativas a los medios de pruebas semejantes contemplados en el Código
Civil, y en su defecto, en la forma que señale el juez.".
Este artículo, recoge el principio de libertad de los medios de prueba, el cual, a su vez,
está subordinado al principio dispositivo del proceso civil, permitiendo que las partes
puedan valerse de cualquier otro medio de prueba no regulado en la ley, entre los
cuales, se incluyen los registros, discos o cintas, o cualquier otro medio que permita la
programación, registro y acceso a la información almacenada a través de la memoria o
base de datos del computador.
Cuando se presenta una prueba atípica, se considerará igualmente lo dispuesto en el Art.
444 de Código de Procedimiento Civil, antes suscrito, que establece el reconocimiento
de los instrumento privados.
Copias Privadas de Documentos
Las copias o reproducciones de los instrumentos públicos y privados.
El artículo 429 del Código de Procedimiento Civil, establece:
“…Las copias o reproducciones fotográficas, fotostáticas o por cualquier
otro medio mecánico claramente inteligible de estos instrumentos, se
tendrán como fidedignas si no fuesen impugnadas por el adversario, ya en
la contestación de la demanda, si han sido producidas con el libelo, ya
dentro de los cinco días siguientes si han sido producidas con la
contestación o en el lapso de promoción de pruebas. Las copias de esta
especie producidas en cualquier otra oportunidad, no tendrán ningún
valor probatorio si no son aceptadas expresamente por la otra parte…”
Las copias o reproducciones fotostáticas pueden oponerse en el proceso haciendo uso de
lo establecido en el artículo 436 del Código de Procedimiento Civil, el cual hace
referencia a la exhibición de documentos, partiendo del supuesto de que el original esta
en manos del adversario.
Documento Administrativo
A pesar de que la actividad Administrativa se concibe como objeto de estudio propio de
una rama del Derecho Público la misma ejerce gran influencia en lo que respecta a la
materia probatoria, ya que independientemente de no existir regulación expresa de los
documentos administrativos en el Derecho Subjetivo (Código Civil) ni Sustantivo
(Código de Procedimiento Civil) de nuestro país, este tema ha sido desarrollado
principalmente por la doctrina y con el devenir del tiempo analizado por la
Jurisprudencia nacional, debido a la afectación directa que su consideración puede
ejercer durante el proceso.
En Razón a la imprecisión que se tenía sobre este “sui generis” tipo de documento
muchos autores han tratado de incluirlo dentro de la clasificación de los documentos
envestidos de fe pública, por originarse de funcionarios de la Administración en
ejercicio de sus funciones, en concordancia con nuestro Código Civil: Art. 1357
“Instrumento público o auténtico es aquel con las solemnidades legales
por un Registrador, por un Juez u otro funcionario o empleado público
que tenga facultad para darle fe pública, en el lugar donde el instrumento
se haya autorizado12.
Precisamente por este hecho se había pretendido considerar como un subtipo de
documento público, criterio este que fue refutado por la Sala Político- Administrativa de
la extinta Corte Suprema de Justicia, en la que se definió por primera vez la
denominación de documento Administrativos, debido a la diferencia de criterio en
relación a su naturaleza que afectaba la oportunidad en que los mismos podían ser
promovidos y evacuados en juicio:
“…conforman una tercera categoría dentro del género de la prueba
documental, y por tanto, no pueden asimilarse plenamente a los
documentos públicos, ni a los documentos privados. La especialidad de
los documentos administrativos radica, fundamentalmente, en que gozan
de una presunción de legitimidad, autenticidad y veracidad, pero tal
presunción puede ser desvirtuada mediante prueba en contrario (…) las
partes que quieran servirse de un documento de esta especie pueden
anunciarlo o promoverlo en el lapso de promoción y producirlos y
evacuarlos en la etapa de promoción de pruebas…”13
Sin embargo, la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia puntualizó
posteriormente lo siguiente:
“… Los documentos públicos administrativos son aquellos realizados
por un funcionario competente actuando en el ejercicio de sus funciones,
pero que no se refiere a negocios jurídicos de los particulares, sino que
tratan de actuaciones de los referidos funcionarios que versan, bien sobre
manifestaciones de voluntad del órgano administrativo que la suscribe,
conformando la extensa gama de los actos constitutivos (concesiones,
autorizaciones, habilitaciones, admisiones, suspensiones, sanciones, etc),
o bien constituyen manifestaciones de certeza jurídica que son las
declaraciones de ciencia y conocimiento, que a su vez, conforman la
amplia gama de los actos declarativos (certificaciones, verificaciones,
registros, etc.), y que por tener la firma de un funcionario administrativo
están dotados de una presunción desvirtuable de veracidad y legitimidad
de su contenido, en razón del principio de ejecutividad y ejecutoriedad
que le atribuye el artículo 8 de la Ley Orgánica de Procedimientos
Administrativos, y por tanto deben considerarse ciertos hasta prueba en
contrario.
12
Gaceta Forense, 2990 (ext. 20-07-1982) p 288 ídem.
13
Jurisprudencia Corte Suprema de Justicia, Sala Político Administrativa. Sentencia N° 300 , 28 de mayo
de 1998, expediente N° 12818.
Además, las referidas actuaciones de tránsito no encajan en rigor en la
definición de documento público, porque precisamente, es posible
desvirtuar su certeza por otra prueba pertinente e idónea, y no sólo a
través de la tacha de falsedad o de la simulación, como ocurre con los
documentos públicos negociales.
Así, la Sala observa que el artículo 435 del Código de Procedimiento
Civil, que regula los instrumentos públicos que pueden producirse en todo
tiempo hasta los últimos informes, se refiere al documento público
negocial y no a los documentos públicos administrativos, pues de lo
contrario, se crearía una desigualdad extrema para la contraparte del
promovente del documento público administrativo, producido luego de
precluído el lapso probatorio ordinario.
En efecto, al contener el documento público administrativo una
presunción de certeza desvirtuable por cualquier prueba en contrario, si
el mismo es consignado en cualquier tiempo y no en el lapso probatorio,
en caso de ser impugnado, el Juez estaría obligado a abrir una
articulación probatoria, a fin de que la contraparte del promovente pueda
desvirtuar la presunción de veracidad mediante la producción de la
prueba en contrario; articulación que tiene lapsos más reducidos que los
ordinarios concedidos por la Ley. Desde luego que tal problema no se
presenta en el caso del documento público negocial, pues ellos sólo
pueden ser destruidos por tacha o a través de la acción de simulación.
Por tal motivo, al tratarse las actuaciones de tránsito de documentos
públicos administrativos, éstos no pueden ser producidos en todo tiempo,
hasta los últimos informes, sino en el lapso probatorio ordinario.
Comparte igualmente la Sala el argumento del formalizante de que las
actuaciones administrativas de tránsito no pueden ser consideradas como
instrumentos fundamentales de la demanda, pues la pretensión de
indemnización de daños y perjuicios derivada de un accidente de tránsito,
constituye un caso especial de responsabilidad civil extracontractual,
cuya procedencia depende de la concurrencia de tres requisitos: la culpa,
el daño y la relación de causalidad, y por ello, jamás podría existir
prueba documental de la causa de pedir…”. 14
Sin embargo este criterio ha sido recientemente cambiado por la Sala Político
Administrativa del Tribunal Supremos de Justicia al exponer:
“…En atención a que el expediente administrativo puede ser consignado
en cualquier tiempo, lo que implica una matización del principio de
concentración procesal, esta Sala a los fines de resguardar el derecho a la
defensa y al debido proceso de los particulares interesados, considera
14
Jurisprudencia Tribunal Supremo de Justicia. Sala de Casación Civil, expediente N° 2001-000885, 16
de mayo de 2003.
necesario crear una oportunidad mediante la cual el recurrente pueda
ejercer su derecho al control y contradicción de la prueba.
En este sentido, siempre y cuando el expediente llegue en una etapa
posterior a la promoción de pruebas y hasta el acto de informes, por
encontrarse las partes a derecho, quien desee impugnar el expediente
administrativo lo deberá realizar dentro de los cinco (5) días siguientes a
que conste en autos la remisión del expediente administrativo, para lo
cual podrá abrirse, si a juicio de la Sala la situación así lo amerita, una
articulación probatoria de la prevista en el artículo 607 del Código de
Procedimiento Civil.
En caso que el expediente administrativo fuese remitido después del acto
de informes, el cual constituye el último acto procesal de las partes, como
no puede ponerse en cabeza del particular la carga de revisar el
expediente todos los días por una falta imputable al órgano
administrativo, cuando la ley no dispone ninguna otra actuación, el lapso
de cinco (5) días para la impugnación del expediente comenzará a
computarse en el día inmediatamente siguiente a aquél en que conste en
autos que el recurrente realizó alguna actuación, como por ejemplo, una
diligencia solicitando sentencia.
En consecuencia, esta Sala a fin de resumir los criterios expuestos en este
fallo, establece lo siguiente:
· El expediente administrativo debe ser llevado correcta y ordenadamente
foliado por el órgano administrativo que sustancie el expediente, en la
forma prevista en el artículo 25 del Código de Procedimiento Civil.
· Las nociones de “expediente administrativo” y “documentos
administrativos” son distintas, en los términos expuestos en el presente
fallo.
· Dada la importancia del expediente administrativo dentro del proceso
contencioso administrativo de anulación, esta Sala ratifica su criterio en
el sentido que su producción en juicio no está sometida a las reglas
previstas en el Código de Procedimiento Civil, por lo que podrá ser
valorado como prueba por el juez, aun si su consignación en autos se
realiza después del acto de informes.
· La forma de impugnar las copias certificadas del expediente
administrativo, se rigen por el régimen dispuesto para la impugnación de
las copias simples previstas en el artículo 429 del Código de
Procedimiento Civil.
· Las oportunidades de impugnación serán las siguientes: i) si el
expediente llega antes del inicio del lapso de promoción o durante el
mismo, la oportunidad de impugnación será dentro de los cinco días
siguientes al vencimiento del lapso de promoción; ii) si llegase con
posterioridad a la oportunidad anteriormente indicada y hasta el acto de
informes, será dentro de los cinco días siguientes a su consignación en el
expediente, en el entendido de que las partes estén a derecho y no esté
paralizada la causa por cualquier motivo y; iii) si el expediente fuese
consignado después de vista la causa, el lapso de los cinco días para la
impugnación comenzará a computarse desde el día inmediatamente
siguiente a que conste en autos cualquier actuación del recurrente. En los
dos últimos casos, de ser necesario, se abrirá la articulación probatoria
prevista en el artículo 607 del Código de Procedimiento Civil…” 15
Basado en ello, al menos en nuestro país, se puede decir que constituyen una tercera
vertiente del género de la prueba documental, gozando de una presunción de legitimad,
autenticidad y veracidad, la cual puede ser desvirtuada mediante prueba en contrario o
impugnado mediante tacha de falsedad, según el estado del proceso.
La Tacha
La falsedad de los instrumentos.
La doctrina legal acerca de la falsedad de los documentos fue introducida en nuestro
ordenamiento jurídico con la reforma del código civil de 1896, y las reglas de
procedimientos para hacerlas valer fueron establecidas en el código de procedimiento
civil sancionado el 14 de Mayo de 1897, artículos 328 al 333 el cual derogó al código de
1880.
La institución la encontramos también prevista en el código penal, entre los delitos
contra la fe pública, artículos 317 al 326, en los cuales establece, según la gravedad del
delito, la pena de presidio o la pena de prisión ordenada en los artículos 317, 320, 321 y
322 del código penal, de allí que la doctrina distinga la falsedad civil de la falsedad
criminal, según los casos es importante la distinción de los efectos de la sentencia
dictada en el juicio penal, de aquellos que produce la sentencia dictada en el juicio civil
de la falsedad, que ha dado lugar a la famosa polémica doctrinarias.
Nuestras leyes, tanto sustantivas como procesales emplean indistintamente las palabras
tacha y querella; y las expresiones tacha de documento y tacha de falsedad. Así como el
artículo 1380 del código civil dice que “el instrumento público… puede tacharse”; y el
artículo 438 del código de procedimiento civil dice “la tacha de falsedad se puede
proponer….”. En verdad, la palabra tacha es usada generalmente en la prueba
testimonial en el sentido de emotivo o causal de sospecha que anula o disminuye la fe
de un testigo o como impugnación que formula un litigante sobre la persona o dicho de
15
Jurisprudencia Sala político Administrativa. Sentencia N° 01257, 12 DE JULIO DE 2007 ,
EXPEDIENTE 2006-0694, Magistrado Ponente Hadel Mostafá Paolini.
un testigo, para disminuir o destruir la eficacia de su declaración; pero también como la
acción efecto de tachar algo.
A su vez la palabra falsedad tiene en significado de engaño, inexactitud, error,
adulteración de la verdad, por lo que pareciera más exacta en la materia que se trata, la
expresión tacha de falsedad para expresar que se objeta o impugna la veracidad del
documento.
Por otra parte la expresión querella de falsedad, es tomada en el sentido de
procedimiento incidental promovida de petición de parte, mediante el cual la persona a
quien se le atribuye la autoría de un documento lo impugna como falso y procura
destruir su eficacia probatoria; sin embargo esta aceptación la encontramos muy
restringida para expresar el sentido general de la institución, pues la palabra querella no
expresa siempre la idea de incidente procesal, sino también, y mas genéricamente, la
idea de demanda contentiva de la impugnación de la veracidad de un documento que se
plantea para su resolución al juez; pues tantos ciertas normas positivas de ley así como
también la doctrina de los autores, consideran que la tacha de falsedad de un documento
puede proponerse, tanto por acción principal como incidentalmente en el curso de un
proceso pendiente; y en tales casos se estará ante una demanda o acción principal o ante
una incidental, quien son objeto de resolución por el juez para declarar bien la veracidad
del documento, o bien su falsedad; de modo que admitir el sentido restringido de
procedimiento incidental, nos llevará a negar que la tacha de falsedad mediante acción
principal, sea una querella de falsedad.
De otros modos, según nuestro derecho positivo, la tacha de falsedad puede proponerse
en juicio civil ya que sea como objeto principal de la causa, ya incidentalmente en el
curso de ella, por los motivos expresados en el código civil, como lo disponen la letra
del articulo 438 del Código de Procedimiento Civil.
En conclusión de todo lo expuesto, podemos definir la tacha de falsedad, como la acción
principal o incidental mediante la cual se pide al tribunal declare la falsedad de un
documento público o de uno privado, por algunos de los motivos expresados en el
código civil.
Diferencia entre la falsedad del juicio Civil del juicio Penal
En el juicio penal la falsedad es considerada desde dos puntos de vista como enseña
Ricci, el objetivo y el subjetivo. Desde el punto de vista objetivo, la falsedad es una
mutación material de la verdad, capaz por si misma de ocasionar daños a los demás;
desde el punto de vista subjetivo, la falsedad esta constituida por el dolo del agente, esto
es de su conciencia de cometer una alteración de la verdad con el fin de obtenerte un
beneficio indebido. En la justicia punitiva es necesario considerar la falsedad desde
estos dos puntos de vista, porque no puede considerar el hecho material
independientemente de la voluntad y de la conciencia de la gente, puesto que la
voluntad y la conciencia constituye precisamente su responsabilidad.
En cambio la justicia civil es considerada independientemente de la voluntad de aquel
que la ha cometido, esto es, se la toma con la atracción del elemento subjetivo o
intencional. En otras palabras, la justicia penal no puede ponerse en movimiento sino
hay un delincuente responsable; mientras que la justicia civil no va tras el reo, ella se
preocupa solamente de rechazar un medio que afecta el descubrimiento de la verdad y
que puede inducir al juez a considerar con entera buena fe la falsedad en el lugar de la
verdad.
En resumen, se puede decir de acuerdo con el autor De Estefano, que la diferencia entre
la querella de falsedad en lo penal y en lo civil esta en que el proceso penal de falsedad
esta dirigido a reprimir la falsificación de su imputabilidad subjetiva y en sus
presupuestos psicológico, mientras que el juicio civil de falsedad mira sobre todo a
reprimir los efectos del hecho delictuoso, esto es, la creación de un instrumento de
prueba de particular eficacia demostrativa como lo es el documento en todo o en parte
apócrifo.
Objeto del proceso de falsedad
Es una de las mas debitadas en doctrina y en la jurisprudencia, pues de la determinación
de dicho objetivo depende de la solución de varios problemas que la doctrina señalada,
entre ellos el de los efectos de la sentencia que decide el proceso de falsedad, y los de la
transacción en los juicios de falsedad.
El problema lo sintetiza De Estefano así: ¿se trata siempre de un juicio declarativo, o es
posible configurar para ciertas hipótesis la idea de un proceso constitutivo? Y si se trata
de un proceso declarativo, ¿se referirá al mero hecho de la falsedad, desvinculado de
toda referencia a la relación jurídica a cuya prueba esta preordenado del documento? En
otras palabras, se pregunta De Estefano- ¿el objeto del proceso de falsedad es de
meramente procesal, y consecuencialmente el ejercicio de la querella de falsedad una
mera acción, o es de orden sustancial, en cuanto esta referido a una concreta posición de
merito?
Ya Chiovenda, coincidiendo con el informe de Kisch en el congreso de la Haya en el
mes de agosto de 1932, sostiene que objeto de la sentencia declarativa de una relación
jurídica (un matrimonio, la paternidad, la existencia de un contrato, propiedad u otro
derecho real, entre otros.); y que no puede ser un simple hecho, aunque sea
jurídicamente relevante. No se puede declarar, dice Chiovenda, que fue concluido un
contrato, sino que existe un contrato válido; ni que Tizio ha cometido un delito, sino que
es el responsable de los daños, ni que Caio ha sido recogido en una sociedad; sino que el
es miembro de esas sociedad y concluye: un acción dirigida a la declaración de certeza
de uno de estos hechos jurídicos, debe interpretarse posiblemente como dirigida en
realidad a la declaración de certeza de la relación. Y mas concretamente al tratar de la
querella de falsedad (quererla Di falso) añade que cuando no se trata de declarar una
relación jurídica propia de las partes sino de declarar el modo en que la ley en concreto
considere la cualidad de una cosa, es natural que la sentencia que declare esta voluntad
de la ley respecto a la cualidad propia de una cosa, pueda declarar en general y no solo
en relación a las partes en causa; lo cual impide que terceros extraños provoquen una
sentencia sobre la verdad del documento en daño de los interesados. Se entiende así,
concluye Chiovenda, que una sentencia no podrá declarar la verdad del documento solo
porque rechace la querella de falso por caducidad o prescripción, o por insuficiencia de
pruebas, o por renuncia del querellante de la acción, lo que sería grave respectos a las
partes de un sucesivo juicio de falsedad. La ley lo que quiere en efecto dice Chiovenda,
es una declaración de verdad del documento y esta no se tendrá sino cuando el juez, en
base a las pruebas producidas, se haya formado una convicción sobre la verdad del
documento; y concluye: Mientras pues, en las acciones de declaración de certeza
negativa que tiene por objeto una relación jurídica, el rechazo de la acción implica,
afirmación de la existencia de la voluntad de ley negada al actor, en cambio el rechazo
de la querella de falsedad civil, la cual tiene por objeto, un hecho jurídico, no implica
por si misma declaración de la verdad del documento, porque esta debe ser expresada.
De allí que la declaración de la falsedad de un documento, contenida en una sentencia
civil o penal con mayor razón hace estado respecto de todos, sin distinciones posibles
entre sentencia y sentencia, porque la declaración de la falsedad es la atribución de una
cualidad de hecho incompatible con una sucesiva afirmación de la verdad del
documento.
Separándose de Chiovenda considera en cambio Carnelutti que lo que debe ser
declarado en la querella de falsedad, es si una prueba es verdadera o falsa, y puesto que
según Carnelutti la falsedad es un hecho jurídico, resulta que objeto de la declaración de
certeza de la falsedad es así, la existencia o inexistencia de in hecho jurídico.
Desde este punto de vista, Carnelutti sostiene frente a los que consideran que objeto de
la declaración judicial es una relación jurídica, que esto puede ser, pero no siempre de
necesidad, aquello que se declara o bien, que eso puede ser el contenido máximo, pero
no el contenido mínimo de la declaración de certeza. Naturalmente agrega Carnelutti la
declaración de certeza de un hecho jurídico, se resuelve en la declaración de certeza, al
menos parcial de una relación, porque un hecho en tanto es jurídico en cuanto influye
sobre el modo de ser de una relación jurídica. Por tanto que el juez declare si existe una
falsedad o no existe, vale decir si una prueba es falsa o verdadera y esto entra en su
normal oficio.
Frente a la construcción de la querella de falsedad como una acción declarativa se
encuentra la que la concibe como una acción constitutiva o resolutiva así, para Attardi y
Para Denti, la sentencia que declara la falsedad tiene naturaleza constitutiva, porque
quita al documento la eficacia legal que vincula al juez.
Esta doctrina de Attardi, es objetada por Liebman, el cual no considera fundada la
opinión que califica la sentencia que declara la falsedad como una sentencia
constitutiva, porque la autenticación notarial, el reconocimiento, la verificación judicial,
la declaración de falsedad son todas actividades que tiene eficacia declarativa o como
objeto, el solo hecho de la verdad y falsedad del documento. La consecuencia que de tal
hecho se deriva sobre la idoneidad del documento como prueba afirma Liebman- se
deriba directamente del obvio y general principio de que solo documentos verdaderos
pueden servir de medios de prueba.
Causales por las cuales pueden tacharse el instrumento público contemplados en el
artículo 1380 del Código Civil:
“… 1° Que no ha habido la intervención del funcionario público que
aparezca autorizándolo, sino que la firma de este fue falsificada.
2° Que aunque sea autentica la firma del funcionario público, la del que
apareciere como otorgante del acto fue falsificada.
3° Que es falsa la comparecencia del otorgante ante el funcionario
certificada por este, sea que el funcionario haya procedido
maliciosamente o que se le haya sorprendido en cuanto a la identidad del
otorgante.
4° Que aun siendo autentica la firma del funcionario público y cierta la
comparecencia del otorgante ante aquel, el primero atribuya al segundo
declaraciones que este no ha hecho; pero esta causal no podrá alegarse
por el otorgante que haya firmado el acta, ni respecto de él.
5° Que aun siendo cierta la firma del funcionario y del otorgante se
hubiesen hecho, con posterioridad al otorgamiento, alteraciones
materiales en el cuerpo de la escritura capaces de modificar sus sentidos
o su alcance, esta causal puede alegarse aun respecto de los instrumentos
que solo aparezcan suscrito por el funcionario público que tenga la
facultad de autorizarlos.
6° Que aun siendo cierta la firma del funcionario y los otorgantes el
primero hubiese hecho constar falsamente y en fraude de la ley o perjuicio
del tercer, que el acto se efectuó en fechas o lugares diferentes de los de
su verdadera realización.”
Por su parte el artículo 1381 del código civil, establece las siguientes causales de tacha
de falsedad del documento privado con acción principal o incidental.
“… 1° Cuando haya habido falsificación de firma.
2° Cuando la escritura misma se hubiese extendido maliciosamente, y sin
conocimiento de quien aparezca como otorgante, en firma de una firma en
blanco suya.
3° Cuando en el cuerpo de la escritura se hubiesen hecho alteraciones
materiales capaces de variar el sentido de lo que firmo el otorgante.
Estas causales no podrán alegarse, ni aun podrá desconocerse el
instrumento privado después de reconocido en acto autentico, a menos
que se tache el acto mismo del reconocimiento o que las alteraciones a
que se refiere la causal 3ra se haya hecho posteriormente a este.”
Las mencionadas normas sobre la tacha, las complementa el artículo 1.382 del código
civil, según el cual:
“No dan motivo a la tacha del instrumento, la simulación, el fraude, ni el
dolo en que se hubiere incurrido el otorgantes, sino a las acciones o
excepciones que se refieran al acto jurídico mismo que aparezca
expresado en el instrumento”
Tacha de Documentos privados
En nuestro sistema legal se definen expresamente los límites objetivos de la querella de
falsedad de los documentos públicos y de los privados, en los artículos 1380 y 1381 del
código Civil respectivamente. Sin embargo, la redacción del último aparte del articulo
2381, ofrece la duda acerca de si puede proponerse la tacha de falsedad el documento
privado, sin que previamente haya sido reconocido ósea tenido legalmente por
reconocido. Es esta una vexata questio, que ha dado lugar a interesantes desarrollos
doctrinales en esta materia.
En este punto, puede decirse que nuestro código civil, sigue la doctrina tradicional,
sostenida por Chiovenda bajo el código Civil Italiano de 1865, según la cual, la querella
de falsedad es proponible contra la escritura privada no reconocida, pues nada impide a
la parte contra la cual se produce el documento, tomar la iniciativa para hacerlo declarar
falso, en lugar de esperar pasivamente que sea la contra parte, después del
desconocimiento, la que actué para demostrar la verdad mediante la verificación o
cotejo; lo que comporta la inversión de la carga de la prueba, pues cuando se trata del
desconocimiento, la carga la tiene la parte contraria, que quiere aprovecharse del
documento, mientras que en caso de tacha corresponde a la parte que impugna el
documento probar la falsedad del mismo.
Esta doctrina la sostienen también otros autores Italianos aun bajo el Código del
Procedimiento Civil de 1942, apelando a un argumento exegético apoyado en el articulo
221 de dicho código, según el cual, la parte puede proponer la querella “hasta que la
veracidad el documento no haya sido declarada por sentencia pasada en cosa juzgada”;
de donde puede deducirse que la querella precluye solamente por la sobrevenida
declaración de la verdad del documento.
Contra esta posición reacciona la doctrina mas reciente, que adquiere cada vez mas
consenso, según la cual, la norma que debe tomarse en consideración principalmente es
el articulo 272 del Código Civil Italiano de 1942, según el cual se fija la eficacia
probatoria de la escritura privada “hasta la querella de falso”, solo de la escritura
privada reconocida o tenida legalmente por reconocida. Además, como observa Verde
el argumento basado en el articulo 221 de Código de Procedimiento Civil, no es
decisivo, pues dicha norma fija el hecho preclusivo mas allá del cual no es posible
proponer la querella, pero no dice nada en orden a los requisitos mínimos que el
documento debe poseer para que tal forma de tutela sea utilizable, los cuales fija el
articulo 2702 del Código Civil al exigir que el documento haya sido reconocido o tenido
legalmente como reconocido.
Esta posición de la doctrina Italiana admite sin embargo matices en los diversos autores,
sobre todo, después de la sentencia de la corte de casación Italiana de 1872 según la
cual: “ la querella de falso dirigida a contrastar una presunción de veracidad establecida
por la ley, es consentida solamente contra el acto público y la escritura privada en
cuanto hagan fe en sentido de los artículos 2699 y 2.702 del Código Civil.
La cuestión se ha replanteado partiendo de la naturaleza propia de la querella de falso, y
de su objeto específico del cual ya hemos tratado.
Así, para Atardi y para Denti, como hemos visto, la sentencia que declara la falsedad,
tiene naturaleza constitutiva, porque quita al documento la eficacia legal vinculante para
el juez. Sostiene estos autores, que mientras del documento público y del privado
reconocido o tenido legalmente por reconocido, deriva el deber para todos los sujetos y
por ende para el juez, de considerar verdadero los documentado en el, tal vínculo no
subsiste con la escritura privada no reconocida o no autenticada; y por ello, dada la
naturaleza constitutiva o resolutiva, de la querella de falsedad ella no es realizable
cuando falte en el escrito la particular fuerza vinculante a cuya eliminación esta
preordenada. En tal hipótesis recalca Denti falta el objeto mismo del juicio de falsedad,
osea el interés legítimo del titular de la relación documentada, porque tal situación tiene
como presupuesto, el ejercicio de la actividad autenticadora.
Ante la diversidad de enfoques Saleti, retomando el problema de la relaciones de
falsedad y escritura no reconocida, sostiene que si la parte, en lugar de desconocer el
documento, propone la querella contra la escritura producida por el adversario, y no ha
trascurrido el término para que ocurra un reconocimiento tácito, tal querrella es
inadmisible, no tanto porque falte la eficacia de plena prueba, que según otros punto de
vista debería ser el objeto del juicio de falsedad, o elemento constitutivo del poder de
proponer el mismo, sino mas bien porque el documento esta privado de todo poder
probatorio y es evidente que contra un escrito que todavía no hace prueba de nada, seria
inútil proponer la querella para declarar la falsedad.
En nuestro derecho no existe una regla como la del artículo 221 del Código de
Procedimiento Civil Italiano de 1942, según la cual, la querella de falsedad puede
proponerse hasta que la veracidad del documento no sea declarada por sentencia pasada
en autoridad de cosa juzgada,; regla de la cual deduce la citada doctrina Italiana, que la
querella precluye solamente por la sobrevenida declaración judicial de la verdad del
documento.
El artículo 1381 del Código Civil Venezolano establece que la querella solo precluye
una vez reconocido el documento en acto autentico, a menos que se tache el acto mismo
del reconocimiento, o que las alteraciones las alteraciones a que se refiere la causal
tercera de dicho articulo, se hayan hecho con posterioridad al reconocimiento en acto
autentico. Esto quiere decir, que si bien en nuestra norma no se exigen para la
preclusión de la querella sentencia pasada en cosa juzgada que declare la verdad del
documento, establece, en cambio, la preclusión de la querella si se ha producido el
reconocimiento del documento en acto autentico; y acto autentico, en este caso, ha de
entenderse, no solo el acto que llene las formas de la autenticación de documento,
prevista en los artículos 927 y 928 del Código de Procedimiento Civil, sino también,
aquel en el cual, presentando en juicio un instrumento, no es desconocido por la parte a
quien se opone, o es reconocido expresamente por dicha parte, como lo tiene decidido la
casación, pues el articulo 1366 del Código Civil los identificas al establecer “Se tiene
por reconocidos los documentos autenticados ante un juez o notario, con las
formalidades establecidas en el Código de procedimiento Civil.”
En este mismo sentido la casación Venezolana ha establecido : “Cuando el articulo
1381 del Código Civil, habla de instrumento reconocido en acto autentico, no distingue
entre reconocimiento expreso y tácito y por consiguiente, mal podría el interprete
distinguir donde el legislador no lo hizo, tanto mas cuanto que, tan autentico es el acto
en que una parte reconoce el documento privado expresamente, como el acto de la
contestación de la demanda en que opuesto un documento, este se tiene por reconocido
por no haber concurrido la parte a dicho acto a reconocerlo o negarlo formalmente o a
tacharlo”. Además, es doctrina de la casación que: “Los documentos privados pueden
ser tachados antes o después de ser reconocidos y que la diferencia en cuanto al modo,
tiempo y materia de la tacha, según se la deba proponer antes o después del
reconocimiento es consecuencia de la diferencia de los efectos de dichos documentos
producen antes o después de haber sido reconocidos.
A nuestro parecer, el reconocimiento incidental del documento privado, ya sea en forma
expresa o bien por guardar silencio a la parte a quien se le opone, tiene entre las partes y
respecto de terceros, la misma fuerza probatoria que el instrumento público en lo que se
refiere al hecho material de las declaraciones, y hace fe, hasta prueba en contrario, de la
verdad de esas declaraciones, como los disponen los artículos 444 CPC y articulo 1363
CC, norma esta última que la casación ha declarado regla de valoración de esa prueba.
De allí que sostenga Mortara que: “Decir que un escrito proviene de una determinada
persona, es alegar un hecho y basta presentar el documento en juicio, en las formas
legales, para que el hecho sea alegado”. De donde se sigue, que presentado el
documento y opuesto a la parte, su reconocimiento le hace adquirir la misma fuerza
probatoria que el instrumento público, y hace fe, hasta prueba en contrario de la verdad
de las declaraciones que contiene; reconocimiento este, que tratándose de documento
privado, excluye que puede desconocerse el documento, a menos que se tache el acto
mismo del reconocimiento, como lo dispone el último aparte del articulo 1381 del CC.
Procedimiento para la Tacha
El procedimiento de la tacha de instrumento se encuentra regulado en los artículo 438
al 443 del código de Código de Procedimiento Civil; y aunque la sección
correspondiente se encuentre ubicada en el libro segundo, dedicado al juicio ordinario,
la jurisprudencia de casación ha decidido que constituye un verdadero procedimiento
especial y que por consiguiente sus normas de excepción debe de interpretarse siempre
de forma restrictiva.
No cabe duda de que por su naturaleza, las disposiciones que regula la tacha de
instrumentos, constituyen un procedimiento especial. El nuevo código en su articulo
442 las califica de reglas de sustanciación del juicio de impugnación o de la incidencia
de tacha, y las ha colocado en el capitulo de la prueba por escrito o prueba instrumental
ateniéndose no ya a la naturaleza del procedimiento, sino a la clase de la prueba, dentro
del título tercero dedicado a la instrucción de la causa, que agrupa todo lo relativo al
lapso probatorio, a los medios de prueba, y en particular a la prueba por escrito, en
diversas secciones, entre ellas la de la tacha de los instrumentos; amen de que
generalmente, la tacha se propone en forma incidental en el proceso ordinario, como
incidencia de este. Una observación semejante podría hacerse con la exhibición de
documentos, que en si misma es un medio de prueba, pero que teniendo por objeto un
documento, convenía tratarla también en el capitulo de la prueba por escrito, en una
sección de esta.
El procedimiento de la tacha de la falsedad esta contenido en las 16 reglas de
sustanciación contempladas en el artículo 442 del Código de Procedimiento Civil, las
cuales determinan con precisión las características de este procedimiento. Dada a la
diversidad de esta regla la doctrina Venezolana las agrupa para su análisis en periodos
diferentes: 1) el periodo inicial, anterior a la evacuación de las pruebas. 2) el de
evacuación de las pruebas; y 3) el periodo de la sentencia de la tacha.
En el periodo inicial, aunque no esta contemplada en las reglas del articulo 442 del
CPC, hay que destacar la característica de que la tacha puede proponerse, ya sea como
objeto principal de la causa, ya incidentalmente, en el curso de ella (articulo 438 del
CPC), y en este último caso, la incidencia de tacha se sustanciará en cuadernos
separados (articulo 441). Sin embargo, en ambos casos, la tacha esta sujeta a la
tramitación especial establecida en el artículo 442 del CPC.
También es características de la tacha la forma que debe adoptarse para cada una de sus
clases: La de la demanda, en el caso de la tacha propuesta por vía principal, caso en el
cual, la demanda debe expresar los motivos en que se funde la tacha, indicando
pormenorizadamente los hechos que le sirvan de apoyo, y que el demandante se
proponga probar; y la de simple escrito, pero con formalización de la tacha, en el quinto
día siguiente a la presentación del documento en cualquier estado y grado de la causa,
explanando los motivos y exponiendo los hechos y circunstancias en que se fundamente
la tacha incidental. En ambos casos la ley exige un requisito indispensable para que
puede continuar la sustanciación de la tacha: Si se trata de tacha por vía principal, el
demandado, en la contestación de la demanda, deberá expresar si quiere o no hacer valer
el instrumento y expondrá los fundamentos y hechos circunstanciados con que se
proponga combatir la tacha, y si se trata de tacha incidental, el presentante del
documento deberá contestar en el quinto día siguiente declarando expresamente si
insiste o no en hacer valer el instrumento y los motivos y hechos circunstanciados con
que se proponga combatir la tacha (articulo 440 CPC). Tanto la falta de contestación de
demanda de impugnación principal como la falta de contestación al escrito de tacha
(incidental), producirán el efecto que da el código a la inasistencia del demandado a la
contestación (confección ficta, articulo 362 del CPC); así lo dispone la regla Nº 1 del
442 del CPC. Es de advertir que la contestación al escrito de formalización de la tacha,
exigida por la ley, es una carga que corresponde al presentante del documento y que la
falta de esa contestación no tiene como consecuencia poner fin al procedimiento al
procedimiento de tacha, sino el efecto de confección ficta, y el procedimiento debe
seguir su curso hasta la sentencia que resuelva sobre la tacha. La incidencia de tacha
solo puede declararse terminada, si el tachante no formalizare la tacha, o el presentante
del instrumento no insistiere en hacerlo valer (articulo 441 del CPC).
Continuando la incidencia de tacha en el periodo de evacuación de las pruebas el
procedimiento presenta las siguientes características en el Artículo 442:
“Si por la declaración de que se insiste en hacer valer el instrumento,
deba seguir adelante el juicio de impugnación o la incidencia de tacha, se
observarán en la sustanciación las reglas siguientes:
1º Tanto la falta de contestación a la demanda de impugnación como la
falta de contestación al escrito de tacha, producirán el efecto que da este
Código a la inasistencia del demandado al acto de la contestación.
2º En el segundo día después de la contestación, o del acto en que ésta
debiere verificarse, el Tribunal podrá desechar de plano, por auto
razonado, las pruebas de los hechos alegados, si aun probados, no fueren
suficientes para invalidar el instrumento. De este auto habrá lugar a
apelación en ambos efectos, si se interpusiere dentro del tercer día.
3º Si el Tribunal encontrare pertinente la prueba de alguno o de algunos
de los hechos alegados, determinará con toda precisión cuáles son
aquellos sobre los que haya de recaer la prueba de una u otra parte.
4º Cuando se promoviere prueba de testigos se presentará la lista de éstos
con indicación de su domicilio o residencia, en el segundo día después de
la determinación a que se refiere el número anterior.
5º Si no se hubiere presentado el instrumento original, sino traslado de él,
el Juez ordenará que el presentante manifieste el motivo de no producir el
original y la persona en cuyo poder esté, y provendrá a ésta que lo exhiba.
6º Se prohíbe hacer que el funcionario y los testigos que hubieren
intervenido en el acto del otorgamiento, rindan declaraciones anticipadas,
y, caso de hacerse, no se admitirán en juicio.
7º Antes de proceder a la evacuación de las pruebas promovidas por las
partes, y sin pérdida de tiempo, el Tribunal se trasladará a la oficina
donde aparezca otorgado el instrumento, hará minuciosa inspección de
los protocolos o registros, confrontará éstos con el instrumento producido
y pondrá constancia circunstanciada del resultado de ambas operaciones.
Si el funcionario y los testigos instrumentales, o alguno de ellos,
residieren en la misma localidad, los hará comparecer también el Juez
ante dicha oficina para que, teniendo a la vista los protocolos o registros
y el instrumento producido, declaren con precisión y claridad sobre todos
los hechos y circunstancias referentes al otorgamiento.
Si la oficina estuviere fuera del lugar del juicio, y el funcionario y los
testigos o alguno de ellos residiere en ese lugar, se dará comisión el Juez
de mayor categoría en primera instancia, de dicha localidad, para las
operaciones y declaraciones expresadas. Si fueren distintos el lugar de la
oficina y el de la residencia del funcionario y los testigos, o de alguna de
ellos, se dará las respectivas comisiones a los jueces. En todo caso, tanto
el funcionario como los testigos, se les leerán también los escritos de
impugnación o tachas y sus contestaciones, para que declaren sobre los
hechos alegados en ellos, haciéndose las correspondientes inserciones en
los despachos que se libren.
8º Las partes no podrán repreguntar al funcionario ni a los testigos pero
podrán indicar al Juez las preguntas que quieran que se les haga, y el
Juez las hará si fueren pertinentes en términos claros y sencillos.
9º Si alguna de las partes promoviere prueba de testigos para demostrar
coartada, no será eficaz si no deponen en absoluta conformidad cinco
testigos, por lo menos, que sepan leer y escribir, mayores de toda
excepción, y de edad bastante para conocer los hechos verificados en la
época del otorgamiento del instrumento.
Las partes, y aun los testigos, podrán producir instrumentos que
confirmen o contraríen la coartada y que pueden obrar en el ánimo de los
jueces, quienes, en todo caso, podrán darla como no probada, aun cuando
la afirme el número de testigos que se deja indicado, si por las
circunstancias del caso no la consideraren los Tribunales suficientemente
demostrada.
10. Si alguna de las partes promoviere experticia para la comparación de
firmas o letras, los instrumentos con que se haga la comparación deben
ser de los indicados en el artículo 448.
11. Cuando por los hechos sobre que versare la tacha, cursase juicio
penal de falsedad ante los Jueces competentes en los criminal, se
suspenderá el procedimiento civil de la tacha hasta que haya terminado el
juicio penal, respetándose lo que en éste se decidiere sobre los hechos;
pero conservará el Juez civil plena facultad para apreciarlos cuando el
proceso penal concluyere por muerte del reo, por prescripción de la
acción pública, o por cualquier otro motivo legal que impidiera examinar
en lo criminal el fondo del asunto. Sin embargo, no se decretará la
suspensión cuando el Tribunal encuentre que la causa o algunos de sus
capítulos pueden decidirse independientemente del instrumento
impugnado o tachado, caso en el cual continuará la causa civil.
12. Si el funcionario y los testigos instrumentales sostuvieren
sustancialmente la autenticidad del instrumento, y de los hechos del
otorgamiento, no serán suficientes para desechar sus dichos cualesquiera
divergencias en pormenores, o faltas de recuerdo, si hubieren
transcurrido algunos años, o si la edad hubiere podido debilitar la
memoria de los declarantes. Si todos, o la mayor parte de los testigos
instrumentales y el funcionario, sostuvieren sustancialmente la
autenticidad del instrumento, sólo podrá desecharse éste cuando resulte,
sin duda posible, una prueba concluyente de la falsedad.
En caso de duda se sostendrá el instrumento, sin que valga por sí solo a
desvirtuarlo el desconocimiento que de su firma hiciere el funcionario que
lo autorizó, si se prueba que ésta es auténtica.
13. En la sentencia podrá el Tribunal, según el caso y sus circunstancias,
ordenar la cancelación en todo o en parte, o la reforma o renovación del
instrumento que declare falso en todo o en parte; y, además de las costas,
impondrá indemnización de perjuicios a quien hubiere impugnado o
tachado el instrumento con temeridad.
14. El Tribunal notificará al Ministerio Público a los fines de la
articulación e informes para sentencia o transacción, como parte de
buena fe, conforme a lo dispuesto en el artículo 132 de este Código.
15. Cualquiera transacción de las partes necesitará para su validez,
además del informe del Ministerio Público, la aprobación del Tribunal, si
éste no la encontrare contraria a la moral o al orden público.
16. Si se hubiere dictado sentencia firme, civil o penal que reconozca la
autenticidad de un instrumento público, no podrá abrirse nuevo debate
sobre ella, respetándose la ejecutoria.”
Efectos de las sentencias que decide la tacha
En cuanto a los efectos de la sentencia que decide la tacha, deben considerarse varios
aspectos:
1. Si la sentencia ha declarado la falsedad del instrumento o la verdad de éste, o si la
sentencia resultó absolutoria por falta o insuficiencia de pruebas de la falsedad del
instrumento.
2. La eficiencia de la sentencia entre las partes y frentes a terceros; y
3. La relación de la sentencia dictada en la querella civil con la dictada en la querella
penal.
1.- Si la sentencia ha declarado la falsedad del instrumento o la verdad de éste, o si la
sentencia resultó absolutoria por falta o insuficiencia de pruebas de la falsedad del
instrumento:
Carnelutti señala, que la cuestión relativa a la falsedad de un documento no puede
recibir sino dos soluciones; o es falso o verdadero; si no s falso, no puede ser otra cosa
sino verdadero. Pero en el terreno práctico, especialmente en el terreno judicial, las
soluciones son tres: o está probado que es falso o está probado que es verdadero o hay
duda si es falso o verdadero; esto no quiere decir que haya una hipótesis intermedia
entre la falsedad y la verdad, sino entre la prueba de la verdad y la prueba de la
falsedad; y este último caso, el juez no tanto debe declarar que la falsedad no está
probada cuanto que la falsedad no existe.
2.-La eficiencia de la sentencia entre las partes y frentes a terceros:
Para considerar los efectos que produce la sentencia civil que decide la tacha, alguna
doctrina distingue si la sentencia declarar la falsedad del documento, o si rechaza la
querella.
La sentencia civil que declara la falsedad del documento, puede invocada por cualquiera
y contra cualquiera, lo mismo ocurre con la sentencia penal; y fundamenta esta
afirmación en que la sentencia civil mediante la cual se declara la falsedad del
documento, toma el puesto y funde de sentencia penal cuando en el proceso civil no se
encontró ninguna circunstancia que autorizara devolverlo a la jurisdicción penal. En
cambio, si la sentencia del juicio civil rechaza la querella, tiene entonces efecto entre las
partes solamente. La diversidad de efectos de la sentencia pronunciada en el juicio de
falsedad, según que sea de condena o de absolución, es admitida también en el juicio
penal, salvo la sola excepción de que el juicio termine con absolución por inexistencia
del delito. Pero en el juicio civil, una sentencia que rechaza la querella de falsedad, no
puede nunca valer como declaración de inexistencia del delito: es siempre, solamente,
una absolución por insuficiencia de prueba, esto es, de las pruebas que el querellante ha
producido.
Los límites subjetivos de eficacia de la sentencia civil dictada en la querella de falsedad,
presenta todavía divergencia de opiniones y de soluciones, y parece denominar la
doctrina de Chiovenda, según el cual, cuando no se trata de declara una relación jurídica
propia de las partes, sino se trata de declarar como ocurre en la querella de falsedad, el
modo en que la ley en concreto considera la cualidad de una cosa, es natural que la
sentencia que declara esta voluntad de la ley respecto a la cualidad propia de una cosa,
pueda declararla en general y no sólo respecto de las partes en causa; y eso impide que
extraños provoquen una sentencia sobre la veracidad del documento en daño de los
interesados.
En nuestro derecho no existe la institución de la oposición de tercero contra la sentencia
pasada en autoridad de cosa juzgada cuando ésta perjudicial sus derechos. Contra la
sentencia firme, pasada en autoridad de cosa juzgada, sólo existe el recurso
extraordinario de invalidación (Art. 327 CPC), que procede por iniciativa de una de las
partes, por las causas expresamente contempladas en la ley, entre ellas, la falsedad del
instrumento en virtud del cual se haya pronunciado la sentencia, declarada dicha
falsedad en juicio penal.
El principio de que la cosa juzgada alcanza tan sólo a los que han litigado, no es un
principio absoluto y admite excepciones en nuestro derecho, entre las cuales pueden
distinguirse, la de terceros interesados que pueden desconocer la cosa juzgada y la de
terceros jurídicamente interesados sujetos a la cosa juzgada. Los primeros que pueden
desconocer la cosa juzgada, son aquellos que tienen una posición jurídica independiente
de las partes e incompatible con la relación decidida, por lo que no reciben ningún
perjuicio de hecho ni jurídico de la sentencia dictada entre las partes; los segundos a los
cuales se extiende la cosa juzgada, son aquellos que tiene una posición jurídica
subordinada a la que alguna de las partes que figuraron en la causa respecto de la
relación decidida. Entre éstas, la ley menciona algunas, tales como la sustitución
procesal, el estado civil y capacidad de las personas, las obligaciones solidarias, la
fianza y otras; pero la ley no agota todos los casos que pueden darse en la práctica, por
lo que la apreciación de las circunstancias debe hacerse en particular en cada caso, para
decidir si la sentencia es oponible al tercero.
Tratándose pues, de sentencia del juez civil que hay declarado la falsedad del
documento, al sujeto que no ha participado en el juicio y que tiene una posición jurídica
independiente de las partes e incompatible con aquella a que se refiere el documento, no
le es oponible la sentencia, y puede desconocer la cosa juzgada y hacer valer sus
derechos que considere perjudicados por la declarada falsedad del documento.
3.-La relación de la sentencia dictada en la querella civil con la dictada en la querella
penal.
En cuanto a la relación de la sentencia dictada en la querella penal con la dictada con la
querella civil, el principio general es que la cosa juzgada penal reviste el carácter de
verdad absoluta, erga omnes, inatacable frente a cualquier interés privado, y en
consecuencia, si el documento impugnado de falso es reconocido verdadero en juicio
penal, nadie podrá en el futuro proponer de nuevo querella de falsedad contra el mismo.
Esto se explica, porque mientras en el juicio penal, la falsedad resulta del conjunto de
dos elementos: el subjetivo (imputabilidad del agente) y el objetivo (materialidad del
hecho), en lo civil, al contrario, no se considera sino el segundo elemento. De allí la
influencia que tiene la sentencia penal sobre la cuestión civil.
En nuestro derecho, el principio lo consagra el numeral 16 del Art. 442 CPC, según el
cual: “Si se hubiere dictado sentencia firme, civil o penal, que reconozca la autenticidad
de un instrumento público, no podrá abrirse nuevo debate sobre ella, respetándose la
ejecutoria”.
Como se ve, la disposición de nuestro código no hace referencia a la hipótesis de que la
sentencia ejecutoriada haya declarado la falsedad total o parcial del instrumento; pero
como bien observa Borjas, el legislador consideró redundante, sin duda, hacer constar
que en virtud de semejante declaración, es irrevocable e indiscutible entre las partes la
nulidad absoluta del título invalidado, porque la falsedad de un acto, implica
necesariamente su nulidad, y mal podrían discutir sobre la validez de un acto falso
aquellos mismos litigantes, para quienes es cosa juzgada su falsedad.
En general, la doctrina es pacífica en que esta argumentación no puede hacerse en el
caso de declaratoria de autenticidad del título tachado, porque éste podría muy bien ser
invalidado por algún vicio de forma o de fondo que no se alegó, ni fue discutido en el
juicio de impugnación o en la incidencia de tacha. En otros términos, como la
autenticidad reconocida de un título no implica necesariamente su validez, el legislador
ha creído preciso declara que, respecto de la autenticidad reconocida, la cosa juzgada
hace imposible, entre las misma partes, todo nuevo debate.
El Desconocimiento
Teniéndose como género la llamada “Prueba Documental” y siendo una especie de ésta
los documentos privados, atañe especificar qué se entiende por tal instrumento; en ese
sentido tenemos que el mismo es lo opuesto al documento público o auténtico. Si éste es
el que ha sido autorizado con las solemnidades legales ante un Registrador, Notario,
Juez o ante cualquier otro funcionario público que tenga facultad para darle fe pública,
el documento privado será aquel redactado y firmado por las partes sin la intervención
de uno cualquiera de los funcionarios antes mencionados (Art. 1.357 del Código Civil)
y éste tendrá eficacia en tanto que el autor o autores del hecho documentado son quienes
lo suscriben y se indica la fecha y el lugar de suscripción.
Es menester precisar que existe discusión en la doctrina sobre el documento público o
auténtico y el denominado documento privado autenticado, tesis ésta que sostiene que
aquél documento que es elaborado por el funcionario público se reputa auténtico o
público, en cambio, la segunda especie se realiza por las partes que lo suscriben, no
siendo posible para el funcionario notarial dar veracidad sobre lo expresado en el
mismo, limitándose a reconocer que las firmas plasmadas en éste son de los sujetos que
los suscriben.
Cabe destacar que en un proceso judicial que se encuentra definido por el sistema
escrito (juicio ordinario) la prueba que viene a marcar un hito importante es la llamada
prueba documental, aunque éste no es el único medio de prueba que la ley contempla, y
en base a esto, corresponderá a las partes desplegar su actividad de defensa y promoción
en torno a ellas, ejercitando así un debido control sobre los documentos que puedan ser
presentados a las actas procesales, ya sea utilizando cualquier medio de impugnación o
aceptando las manifestaciones contenidas en esas instrumentales.
En el ordenamiento positivo, la eficacia de los instrumentos privados viene dada por el
Artículo 444 del Código de Procedimiento Civil, el cual reza:
“La parte contra quien se produzca en juicio un instrumento privado
como emanado de ella o de algún causante suyo, deberá manifestar
formalmente si lo reconoce o lo niega, ya en el acto de la contestación de
la demanda, si el instrumento se ha producido con el libelo, ya dentro de
los cinco días siguientes a aquél en que ha sido producido, cuando lo
fuere posteriormente a dicho acto. El silencio de la parte a este respecto,
dará por reconocido el instrumento”.
En armonía con ese precepto, el Artículo 1.363 del Código Sustantivo Civil
contempla:
“El instrumento privado reconocido o tenido legalmente por reconocido,
tiene entre las partes y respecto de terceros, la misma fuerza probatoria
que el instrumento público en lo que se refiere al hecho material de las
declaraciones; hace fe, hasta prueba en contrario, de la verdad de esas
declaraciones”.
Así las cosas, según la doctrina, generalmente el reconocimiento del
documento se circunscribe al reconocimiento de la firma y así como lo señala
Rengel-Romberg en su Tratado de derecho Procesal Civil Venezolano, Tomo
IV, Pág. 170:
“se le define como la manifestación formulada por el autor de un
documento de que la firma que suscribe el mismo es suya. Sin embargo, la
jurisprudencia ha venido dando un sentido más amplio al concepto, y
sostiene que el reconocimiento de la legitimidad de la firma, hecho por
aquél a quien se opuso el documento privado, basta para considerar el
contenido del documento como reconocido”.
De ello se desprende que este acto sea estrictamente personal, dada la manifestación de
si la firma estampada corresponde a quien aparece suscribiendo el instrumento, pues
esto acarrea obligaciones y consecuencias que podrían afectar la esfera jurídico-
subjetiva de la persona.
El ordenamiento jurídico contempla diversas formas de reconocimiento, encontrándose
entre ellas el reconocimiento judicial, el cual ocurre en el juicio y puede producirse de
manera tácita, al no existir contradicción de parte del sujeto a quien se opone el
documento privado (Art. 444 CPC parte in fine), empero, la misma norma adjetiva
contempla la posibilidad de que ese reconocimiento sea expreso; ambas figuras de
reconocimiento derivan en una consecuencia lógica: el instrumento se reputa reconocido
y tiene entre las partes y respecto a terceros la misma fuerza probatoria del documento
auténtico o público y; en lo que respecta a la oportunidad procesal para efectuarlo, la
norma estipula que el mismo deberá manifestarse en la contestación a la demanda (en
caso de que el documento se produzca con el escrito libelar), o dentro de los cinco (5)
días siguientes a aquel en que se haya producido en actas..
Determinado lo anterior, cabe preguntarse ¿quién es el legitimado para reconocer o
desconocer el instrumento privado?
Los mismos cuerpos legales disponen en sus Artículos 1364 y 444 que aquel contra
quien se produce el documento privado o los herederos de éste deberán expresar si lo
reconoce o lo niega formalmente, en tal sentido, si fuere negada la firma, corresponderá
a la parte quien produjo el documento de mostrar la autenticidad del mismo.
Ahora bien, en contraposición a la figura del reconocimiento, tenemos que uno de los
medios de impugnación para atacar el instrumento privado es el llamado
desconocimiento de documento privado, entendiéndose como “una forma particular de
impugnación” que según el Maestro Jesús Eduardo Cabrera Romero, se caracteriza por
ser pasiva, pues la carga objetiva de la prueba no la tiene el impugnante (Cabrera
Romero, Jesús Eduardo; Contradicción y Control de la Prueba Legal y Libre, Tomo II,
Editorial Jurídica ALVA, 1998, Pág. 235), en otras palabras, la misma recae sobre quien
quiere valerse del documento, dándosele a este medio de ataque documental una
condición especial cuyos supuestos son únicos, no siendo posible la aplicación análoga
de sus normas a otras situaciones no previstas expresamente.
En ese sentido, así como el reconocimiento da el mismo valor probatorio respecto a las
partes y a terceros, el desconocimiento de la firma o del contenido, expresado por el
autor o por los causahabientes de éste, impide que el documento produzca su efecto
como medio de prueba, lo hace ineficaz para probar el hecho documentado y ello
deviene en el proceso incidental de comprobación o cotejo (Art. 445 CPC).
A tal efecto, la referida norma señala:
“Negada la firma o declarado por los herederos o causahabientes no
conocerla, toca a la parte que produjo el instrumento probar su
autenticidad. A este efecto, puede promover la prueba de cotejo, y la de
testigos, cuando no fuere posible hacer cotejo.
Si resultare la autenticidad del instrumento, se le tendrá por reconocido, y
se impondrán las costas a la parte que lo haya negado, conforme a lo
dispuesto en el artículo 276”.
La norma es clara en aseverar que para demostrar la autenticidad del instrumento, la
parte podrá promover el cotejo y a falta de éste, la prueba testimonial, dicha declaración
testifical deberá estar dirigida únicamente a probar la autenticidad de la firma y no a
versar sobre el hecho documentado.
Este desconocimiento da origen a una incidencia intra-procesal, y la misma se resuelve
como punto previo a la decisión de mérito, contando dicha incidencia con un lapso de
ocho (8) días, extensibles por siete (7) días más, según lo dispone el Artículo 449 del
Código de Trámites. Este lapso ha generado confusión para aquellos que actúan en el
fuero judicial, pues, muchos profesionales, al expresarse el desconocimiento dejan
correr los días sin promover el cotejo, a la espera de que el lapso de pruebas ordinario
de inicio; esto se genera por el silencio de la Ley al no prever desde cuándo se comienza
a computar dicho lapso, sin embargo, la doctrina y la jurisprudencia se han encargado
de desarrollar tal punto; en efecto, el eximio tratadista Rengel-Romberg sostiene que el
lapso probatorio de la incidencia debe entenderse abierto ope legis, desde que ocurre el
desconocimiento, debiéndose solicitar el cotejo, nombrar los expertos grafotécnicos y
evacuar la prueba en el lapso único de la incidencia.
En armonía con ello, la doctrina de la casación venezolana ha desarrollado este punto,
sentándose en decisión de la Sala de Casación Civil, de fecha 25 de febrero de 2004,
Exp. 03-057, bajo la ponencia del Magistrado Franklin Arrieche, lo que parcialmente se
transcribe a continuación:
“…Ahora bien, la Sala considera necesario analizar el espíritu, propósito y
razón del legislador al reglar el desconocimiento de un documento cuando este
se produce con la contestación de la demanda, y el procedimiento previsto para
demostrar su autenticidad.
La exposición de motivos del Código de Procedimiento Civil señala que ‘el
proyecto tiene sus raíces en el viejo Código, pero con una serie de
modificaciones, correcciones y adiciones que se han considerado convenientes
para lograr una justicia más sencilla, rápida y leal’. Entre las modificaciones
que realizó el legislador se encuentra la de dar contestación a la demanda
durante el lapso de emplazamiento y no en un término como lo disponía el
artículo 246 del Código derogado; vencido este lapso, comienza a correr el
probatorio y luego el subsiguiente para que las partes presenten sus informes
escritos, con base en el principio del orden consecutivo legal con fases de
preclusión.
En este mismo orden de ideas, el legislador al señalar el procedimiento para
probar la autenticidad de la firma de un documento privado, introdujo algunas
innovaciones al artículo 325 y siguiente del Código derogado; una de ellas se
refiere al inicio de la articulación probatoria prevista para tal fin.
Aunque en ambos Códigos la oportunidad para desconocer el documento
cuando el mismo se ha producido con el libelo es con la contestación de la
demanda, es significativo el hecho de que a la luz del Código derogado, la
contestación era un acto que debía cumplirse al término del emplazamiento, por
lo cual, la incidencia para el cotejo empezaba a transcurrir el día siguiente de
aquél en que se produjo el desconocimiento.
No ocurre lo mismo en la regulación del Código actual, pues la
contestación de la demanda puede presentarse en uno cualquiera de los
veinte días siguientes a la citación del demandado o de último de ellos si
fueren varios a cualquier hora de las fijadas en la tablilla del Tribunal,
según dispone el artículo 359 del Código de Procedimiento Civil, por lo que
interpreta este Alto Tribunal, que el lapso para la promoción del cotejo
comienza a correr vencido el lapso de emplazamiento, el cual debe dejarse
transcurrir íntegramente.
En este sentido, la Sala, en sentencia dictada el 7 de febrero de 1996
(Inversiones Fantelio, C.A., contra Distribuidora Biale, C.A., expediente
N° 90-331) estableció: ‘... que el acto de contestación de la demanda se lleva
a cabo dentro un plazo de 20 días a partir de la citación, los cuales deben
transcurrir íntegramente a los fines de que el actor pueda efectivamente tener
conocimiento de lo alegado por la parte demandada...’. (Subrayado de la
Sala).
De esta manera, el legislador, en armonía con el artículo 359 del Código
de Procedimiento Civil, redujo el riesgo de que quedara en manos del
impugnante del documento la elección de la apertura de la incidencia
prevista para probar su autenticidad.
Considera la Sala que al ocurrir el desconocimiento, en el propio escrito de
contestación, sólo después de que rinda su jornada el lapso previsto para
tal actuación, y en caso de reconvención, luego de la oportunidad para
contestarla, se abre la articulación especial prevista en el artículo 449 del
Código de Procedimiento Civil para la comprobación de la autenticidad
del documento, sin necesidad de decreto del juez. Dicho de otra manera,
tal incidencia sólo nace una vez que expira la fase de las alegaciones. En la
referida articulación probatoria debe el actor promover y evacuar el
cotejo, y de no ser posible, las testimoniales.
(…)
en aquellos casos en que el documento ha sido consignado con el libelo de la
demanda y desconocido con la contestación, la articulación probatoria a que se
refiere la citada norma quedará abierta de pleno derecho, al concluir la fase de
las alegaciones; lo contrario sería violatorio del derecho a la defensa.
En criterio de la Sala, no le era dable al Juez desechar la prueba de cotejo con
el argumento de que fue producida en el lapso de promoción de pruebas, pues
ambos lapsos, el de la incidencia especial de ocho días y el de promoción y
evacuación ordinaria de cuarenta y cinco días, corren paralelamente, pues como
antes se indicó, el lapso para la contestación de la demanda debe dejarse
transcurrir íntegramente, luego de lo cual se inicia de pleno derecho la
articulación probatoria de ocho días para el cotejo de la firma, en forma
independiente del lapso probatorio ordinario…” (Énfasis del extracto
jurisprudencial).
Como se explicaba con antelación, muchos profesionales del derecho esperan a la
apertura del lapso ordinario de promoción de pruebas con el objeto de promover el
cotejo y así dar valor probatorio al documento impugnado, sin atender a que ambos
lapsos correr de forma paralela.
Bajo las premisas antes explanadas y en atención a las normas contenidas en el Código
de Procedimiento Civil (Arts. 444 y ss.) queda claro pues que esta incidencia se
encuentra revestida de ciertas particularidades, encontrándose entre ellas que:
La prueba de cotejo se realiza por expertos en la materia.
Quien pide o promueve el cotejo, debe indicar el instrumento o los instrumentos
indubitados con los cuales deba hacerse la comparación para el cotejo.
Se consideran documentos indubitados: los que las partes reconozcan como tal de
común acuerdo; los que han sido firmados ante un Registrador u otro Funcionario
Público; los documentos privados reconocidos por el impugnante del documento
atacado.
A falta de éstos documentos, puede el promovente del documento atacado, solicitar al
Órgano Jurisdiccional que la parte contraria escriba y firme lo que el Juez dicte. En caso
de negativa, se tiene por reconocido el documento, salvo imposibilidad física de escribir
(Último aparte del Art. 448 CPC).
En definitiva, atendiendo a la eficacia del instrumento privado, al no haber sido
desconocido o impugnado a través de este medio de ataque, el mismo surtirá el valor
probatorio entre las partes y ante terceros, y además será veraz sobre las declaraciones
asentadas en ellos, hasta prueba en contrario.
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