LA CASTAÑEDA
Su nombre oficial era Manicomio General La Castañeda. Pero la historia también
le adjudicó los motes “El palacio de la locura”, “La casa de los locos”,
“Locópolis” o “Las puertas del infierno”. Llegó a albergar a más de 60 mil
pacientes con diversas condiciones psiquiátricas. La historia de La Castañeda está
repleta de hechos lamentables y siniestros que lo hicieron un lugar peculiar en
la historia de la Ciudad de México y el país.
Orígenes de La Castañeda
La historia de La Castañeda se remonta hasta los tiempos del porfiriato. En su
afán de hacer del país un lugar de vanguardia y evolución, así como imitar muchas
de las tradiciones que imperaban en Francia y varios países europeos, el
expresidente Porfirio Díaz encargó la construcción de un hospital psiquiátrico.
Para ello encargó el proyecto a su hijo, el ingeniero Porfirio Díaz hijo. Asimismo,
basó el diseño en el del hospital psiquiátrico Charenton en París. El lugar elegido
fue una hacienda pulquera (La Castañeda) en el pueblo de Mixcoac. Díaz
consiguió que su amigo Ignacio Torres Adalid, empresario pulquero, cediera una
buena extensión de su propiedad.
El buen clima de la zona, así como la lejanía de la ciudad, contribuiría a mejorar la
salud de los pacientes. Sin embargo, todo sólo eran buenas intenciones.
Métodos cuestionables dentro del hospital
Al momento de su inauguración (1 de septiembre de 1910), en el marco de los
festejos por el centenario de la Independencia de México, La Castañeda fue visto
como una promesa de modernidad en el país. Era el momento de demostrar que la
nación estaba preparada para ofrecer no solo cuidados médicos sino avances en
los tratamientos de padecimientos mentales. Sin embargo, diversas situaciones
pronto demostraron lo contrario.
Dentro de sus instalaciones existían áreas de juego, talleres, biblioteca, escuela,
enfermería y una sala de cine donde se proyectaban películas de Charles Chaplin
y Harold Lloyd. A la par había salas para aplicar electroterapia (o electroshocks).
Pronto, La Castañeda demostró que sus métodos de tratamiento no eran del todo
adecuados. El personal aplicaba baños de agua helada a los pacientes que
demostraban actitudes de rebeldía. Al mismo tiempo imperaban condiciones
de insalubridad y hacinamiento. Las autoridades parecían no darse cuenta de ello
o fingían que no sabían nada.
Recordemos que en las fechas en las que el hospital comenzó a funcionar se
acercaba el fin del porfiriato. El país entró en una revuelta social, lo que tal vez
contribuyó al desorden e impunidad que se originó de puertas hacia adentro en La
Castañeda con el paso de los años.
Los pabellones de La Castañeda
Como cualquier otro hospital de enfermos mentales, La Castañeda estaba dividido
en pabellones, según la enfermedad de los pacientes.
• Pacientes distinguidos: donde se alojaban a los que provenían de familias
pudientes.
• Pabellón de observación: el cual era destinado a indigentes, pensionistas
de segunda y tercera clase, alcohólicos y toxicómanos.
• Pacientes peligrosos: en él se encontraban los pacientes más violentos que
habían llegado por alguna condena.
• Pabellón de los epilépticos: donde tal y como su nombre lo indica,
mantenían encerrados a los pacientes que padecían epilepsia.
• Pabellón de los imbéciles: en este apartado se trataba a las mujeres y
hombres con retraso mental o condiciones como autismo o síndrome de
Down.
• Pabellón de pacientes infecciosos: aquí estaban las prostitutas y los
enfermos de sífilis, lepra o tuberculosis.
Hacinamiento, decadencia y pacientes sin certificado de locura
En los primeros años, para que un paciente pudiera ingresar a La Castañeda y ser
atendido necesitaba un certificado de enfermedad mental. Durante las décadas
siguientes este requisito dejó de ser solicitado y, por lo tanto, había libre acceso a
quienes quisieran y pudieran soportar las condiciones del psiquiátrico.
El hacinamiento en el hospital se intensificó después de la década de 1930,
cuando la mala organización permitió que llegaran pacientes que no debían de estar
ahí. Nos referimos a convictos peligrosos, indigentes o personas que no tenían
dónde vivir.
Las siguientes declaraciones del doctor Andrés Díaz se retoman de la página del
INAH a propósito de la exposición fotográfica La Castañeda. Imágenes de la
locura, que se llevó a cabo en 2010:
“Fue en dicho periodo cuando las quejas sobre la situación infrahumana de los
internos se hicieron frecuentes; por ejemplo, muchos tenían que dormir en el suelo
porque no había colchones ni camas. Por esta razón, la sociedad asoció al
manicomio con atropellos, denigración, hambre, enfermedades, etcétera”.
“Por otra parte, la capital mexicana seguía creciendo y La Castañeda, al igual que
50 años atrás con los asilos coloniales, quedaba atrapada en medio de una ciudad
que crecía. Por esta y otras razones, el Estado impulsó un ambicioso proyecto para
desmantelar el Manicomio General y construir granjas que demostrarían la eficacia
terapéutica del trabajo. En 1968 se desmanteló y no quedó piedra sobre piedra”.
El fin de la miseria
Con la llegada de la década de 1960, el hospital psiquiátrico de La Castañeda tenía
una terrible reputación. Varios periodistas entraban semiencubiertos para ser
testigos de lo que ocurría en su interior y reportarlo en sus medios. Incluso el
artista José Luis Cuevas realizó una serie de dibujos donde mostraba a los
pacientes recibiendo descargas eléctricas.
Antes de que se inauguran los Juegos Olímpicos de 1968 se mandó demoler el
manicomio por órdenes del expresidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de
Salud, el general Rafael Moreno Valle.
Los únicos restos que quedan de este sitio es la fachada del antiguo edificio
de Servicios Generales que fue trasladada piedra por piedra
a Amecameca, Estado de México.
Lo que antes fue el hospital psiquiátrico, hoy son unos gigantescos edificios
multifamiliares, Unidad Torres de Mixcoac. A modo de leyenda urbana, se dice
que en los pasillos de estos edificios ocurren hechos extraños o se
escuchan sonidos perturbadores. Tanto sufrimiento del pasado quizás guarde un
eco en el presente.
Lomas de Plateros y la Escuela Nacional Preparatoria No 8 “Miguel E. Schulz”
también se alzan en los terrenos donde alguna estuvo este recinto. En
los cimientos de estos lugares aún persisten las sombras de la tétrica historia de
La Castañeda.