COLORES AGRADABLES
1. Rojo
2. Azul
3. Verde
4. Amarillo
5. Naranja
6. Morado
7. Rosa
8. Marrón
9. Blanco
10. Negro
5 cuentos cortos
El árbol mágico
Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en
cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un
árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra,
supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras,
pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor,
arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol.
Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue
haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y
se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino
hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la
mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras
mágicas
Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que
se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el
regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos
y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos
magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la
había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y
este se explicó diciendo:
La princesa de fuego
- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es
sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se
ablandará y será más tierno que ningún otro.
El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan
enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y
atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó
por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca
surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella
misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto
tocaba separando lo inútil de lo importante
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar
en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y
sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el
lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron
comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían
encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia
transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que
comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del
corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser
tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días
El cohete de papel
Había una vez un niño cuya mayor ilusión era tener un
cohete y dispararlo hacia la luna, pero tenía tan poco dinero
que no podía comprar ninguno. Un día, junto a la acera
descubrió la caja de uno de sus cohetes favoritos, pero al
abrirla descubrió que sólo contenía un pequeño cohete de
papel averiado, resultado de un error en la fábrica.
El niño se apenó mucho, pero pensando que por fin tenía un
cohete, comenzó a preparar un escenario para lanzarlo.
Durante muchos días recogió papeles de todas las formas y
colores, y se dedicó con toda su alma a dibujar, recortar,
pegar y colorear todas las estrellas y planetas para crear un
espacio de papel. Fue un trabajo dificilísimo, pero el resultado
final fue tan magnífico que la pared de su habitación parecía una ventana abierta al espacio sideral.
Desde entonces el niño disfrutaba cada día jugando con su cohete de papel, hasta que un
compañero visitó su habitación y al ver aquel espectacular escenario, le propuso cambiárselo por un
cohete auténtico que tenía en casa. Aquello casi le volvió loco de alegría, y aceptó el cambio
encantado.
Desde entonces, cada día, al jugar con su cohete nuevo, el niño echaba de menos su cohete de
papel, con su escenario y sus planetas, porque realmente disfrutaba mucho más jugando con su
viejo cohete. Entonces se dio cuenta de que se sentía mucho mejor cuando jugaba con aquellos
juguetes que él mismo había construido con esfuerzo e ilusión.
Y así, aquel niño empezó a construir él mismo todos sus juguetes, y cuando creció, se convirtió en el
mejor juguetero del mundo.
El elefante fotógrafo
Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus
amigos se reían cada vez que le oían decir aquello:
- Qué tontería - decían unos- ¡no hay cámaras de fotos
para elefantes!
- Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay
nada que fotografíar...
Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue
reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran
cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo:
desde un botón que se pulsara con la trompa, hasta un
objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un
montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan
grandota y extraña que paracecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle
aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían
tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar...
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía
dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e
increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡incluso del malhumorado rino!;
de esta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales
para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.
Tres ratones envidiosos
Había una vez tres ratones muy envidiosos, querían
todo para ellos solos. Pero cuando llegaba a visitarlo
un vecino, ellos escondían todo el queso que tenían
guardado.
De pronto se acercó un gato muy peludo, asomó su
nariz en el agujero y los ratones envidiosos se
arrinconaron muy asustados. Cuando gritaron, el
vecino los escuchó y se acercó al gato lleno de valor y
como pudo lo alejó de la puerta. Quedó tan cansado
el pobre ratón que los envidiosos salieron a
agradecerle el favor y por fin lo invitaron a comer.
Todos felices disfrutaron de un estupendo platillo de queso y entre risas recordaban al gato que
corrió muy enojado.
Estamos en el INVIERNO EL NIÑO
LA MOSCA VIDA
ARBOL