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El documento discute la violencia y corrupción en la República Dominicana. Identifica factores como la educación deficiente, la cultura individualista, y un sistema de poder autoritario que contribuyen a la violencia social. También describe varios casos notables de corrupción gubernamental que han estado en los tribunales por años sin resolverse, incluyendo desfalcos millonarios en INDRHI, sobornos por aviones de la Fuerza Aérea, y los 92 millones de dólares pagados en sobornos por Odebrecht. La corrupción en la O

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El documento discute la violencia y corrupción en la República Dominicana. Identifica factores como la educación deficiente, la cultura individualista, y un sistema de poder autoritario que contribuyen a la violencia social. También describe varios casos notables de corrupción gubernamental que han estado en los tribunales por años sin resolverse, incluyendo desfalcos millonarios en INDRHI, sobornos por aviones de la Fuerza Aérea, y los 92 millones de dólares pagados en sobornos por Odebrecht. La corrupción en la O

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Nombre: Oscar Enmanuel Tejada Guzmán

Matricula: 2-19-0622

Violencia y corrupción en la Republica Dominicana

En nuestra sociedad, la violencia, la delincuencia y la corrupción, no


suceden como consecuencia de rápido cambio social y la ausencia de
normas sociales. Es la pobre eficacia de su aplicación. De ahí que, en el
tejido social nuestro, cohabitan como elemento potencializador del estado
político, institucional y social en que nos encontramos: la anomia social y
la institucional.
En la anomia, para Emilio Durkheim, se encontraban la sensación de falta
de rumbo, de miedo y de desesperación que se generan cuando las personas
ya no saben cómo seguir adelante; cuando no hay estándares claros que
guíen el comportamiento en la vida social, en fin, cuando las personas,
como diría Robert Merton, sufren una tensión social; dinámica de la
disfunción entre los objetivos culturales de la sociedad y las capacidades
del individuo para cumplirlos. La anomia institucional, al decir de Messner
y Rosenfield, es una situación en la que existe un énfasis excesivo entre
una ética del mercado que tiende a anular y debilitar las normas sociales
que regulan el comportamiento.
Esa anomia social-social-institucional, se expresa en la sociedad
dominicana con la famosa expresión de Emmanuel Mounier, para graficar
el anillo de Giges “Nos las arreglamos mejor con nuestra mala conciencia
que con nuestra mala reputación”. La conciencia y la reputación andan
volando en la cuneta del lodazal y su “comprensión” del sentido del tiempo
no se acuna en su memoria. La materialidad de la conciencia no encuentra
eco en el espacio donde se hace historia verdadera. La vacuidad es el hoyo
de su presente, porque no tenían pasado, pero tampoco futuro.
La violencia no es innata, es adquirida. Es una construcción social cultural
que se bosqueja en el proceso de socialización. En nuestra sociedad, la
violencia social y la violencia criminal se han incrementado en los últimos
años. Es una violencia incubada en varios factores:
• La educación; tenemos una tasa de escolaridad de 44% mientras en
la Región es de 73%.
• La cultura: el individualismo y el miedo a la incertidumbre y la
distancia del poder;
• La democracia y sus valores. La democracia es en esencia, la
dinámica del consenso y el disenso, a través de la cultura dialógica.
La imposición no puede seguir siendo el dinero, la fuerza y el poder.
• La estructura de poder, sus relaciones y decantación. Una concepción
del poder de avasallamiento, de exclusión y de ausencia de control y
contrapoder. La violencia se exacerba por la jerarquía del poder.
• El síndrome de la desesperanza aprendida.
• La delincuencia nos arropa, nos destroza, nos diluye como sociedad,
nos hace perder ese sentido de alegría, de integración social, de
posibilitar el puente de la cohesión social. La delincuencia y la
criminalidad nos hieren y nos aniquilan la esperanza.

Las investigaciones y los procesos judiciales sobre casos de corrupción en


el país siguen siendo tareas difíciles para las autoridades dominicanas. Así
lo demuestran cinco escándalos de corrupción que, a pesar de tener hasta
siete años en los tribunales, pasarán al 2020 sin que hayan sido resueltos.
Los casos judicializados han salido de instituciones como el Instituto
Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), la Fuerza Aérea de la
República Dominicana (FARD), la Jurisdicción Inmobiliaria, el Senado de
la República, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC),
la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), entre otras
entidades públicas.
La mayoría de estos casos tienen en común la supuesta malversación
millonaria de fondos públicos, la asociación de malhechores para cometer
actos de corrupción, además de imputados que al principio de la
investigación fueron sometidos a la prisión preventiva y que con el tiempo,
la mayoría recobró la libertad bajo ciertas restricciones.
Rodríguez Pimentel
Uno de esos escándalos involucra al exdirector del INDRHI Héctor
Rodríguez Pimentel. En 2012 el departamento de persecución de la
corrupción de la Procuraduría depositó acusación contra Rodríguez
Pimentel y otros seis exfuncionarios de esa entidad, por un presunto
desfalco de RD$1,526 millones y US$56.4 millones en los procesos de
construcción de la Presa de Monte Grande.
En septiembre del 2017, el Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito
Nacional envió a juicio, y desde febrero del año pasado el caso está en el
Tercer Tribunal Colegiado.
Aviones Súper Tucanos
Desde septiembre del año 2017, la Procuraduría Especializada de
Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA) hizo formal
acusación contra Embraer así como al exsecretario de las Fuerzas Armadas
Pedro Rafael Peña Antonio; el coronel de la Fuerza Aérea Dominicana,
Carlos Piccini Núñez; los empresarios Daniel Aquino Hernández, Daniel
Aquino Méndez, Ysrael Abreu Rosario, el notario Félix del Orbe Berroa, y
las empresas 4D Business Group y Magycorp.
Los imputados están acusados por los 3.5 millones de dólares que la
Empresa Brasileira de Aeronáutica (Embraer) pagó en soborno en 2009
para la adquisición de ocho aviones Súper Tucanos.
El caso ha estado en la etapa preliminar desde hace más de dos años y no
fue hasta hace poco que se le dio lectura a la acusación, a partir de ahí se
han dado varios aplazamientos más. Hay que señalar que a todos los
involucrados en este caso se le conoce el proceso mientras estos están en
libertad.

Caso Odebrecht
El proceso de los 92 millones de dólares pagados en sobornos por la
constructora Odebrecht para ser favorecida con obras del Estado, comenzó
en la Suprema Corte de Justicia. En junio de 2017, el juez de la Instrucción
Especial, Francisco Ortega, dictó medida de coerción contra 14 vinculados
al caso.
En ese entonces los imputados en ese caso de corrupción eran Ángel
Rondón, Víctor Díaz Rúa, Conrado Pittaluga, Andrés Bautista, Roberto
Rodríguez, Tommy Alberto Galán, quienes actualmente siguen en el
proceso.
Pero también figuraban otros, entre ellos Ruddy González, Temístocles
Montás, César Sánchez, Máximo De Óleo, Radhamés Segura, Julio César
Valentín, y Alfredo Pacheco, quienes fueron dejados de un lado en el
proceso.
El pasado martes la Suprema Corte de Justicia decidió desapoderarse de
conocer el caso de cinco de los imputados y sólo Tommy Galán será
juzgado en esa alta corte. El 28 de enero del año próximo se dará la lectura
de la sentencia integra y luego la Cámara Penal del Detrito Nacional deberá
elegir el tribunal colegiado que llevará el conocimiento del juicio de fondo.

Corrupción en la OMSA
En octubre del 2017, a raíz del asesinato del profesor Yuniol Ramírez
estalló un caso de corrupción en la Oficina Metropolitana de Servicios de
Autobuses (OMSA), por el que sometieron a la justicia al exdirector de la
institución Manuel Rivas y otros.
En la actualidad el caso se ha mantenido recorriendo las diferentes
jurisdicciones judiciales de Santo Domingo, y cada vez se torna más
complicado.
La trama corrupta en la OMSA consistía en que en esa institución había
unidades de autobuses “en manos de particulares” y, además, se informó
que en la gestión de Manuel Rivas se facilitaron contratos millonarios de
forma fraudulenta a cinco empresas, las cuales en dos años fueron
beneficiadas con más de 800 órdenes de reparaciones de autobuses.

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