BIOMOLÉCULAS
Las biomoléculas son las moléculas constituyentes de los seres vivos. Los cuatro bioelementos más
abundantes en los seres vivos son el carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, representando alrededor
del 99% de la de masa de la mayoría las células. Estos cuatro elementos son los principales componentes de
las biomoléculas debido a que:
1. Permiten la formación de enlaces covalentes entre ellos, compartiendo electrones, debido a su pequeña
diferencia de electronegatividad. Estos enlaces son muy estables, la fuerza de enlace es directamente
proporcional a las masas de los átomos unidos.
2. Permiten a los átomos de carbono la posibilidad de formar esqueletos tridimensionales –C-C-C- para formar
compuestos con número variable de carbonos.
3. Permiten la formación de enlaces múltiples (dobles y triples) entre C y C, C y O, C y N, así como estructuras
lineales ramificadas cíclicas, heterocíclicas, etc.
4. Permiten la posibilidad de que con pocos elementos se den una enorme variedad de grupos
funcionales (alcoholes, aldehídos, cetonas, ácidos, aminas, etc.) con propiedades químicas y físicas
diferentes.
Clasificación de las biomoléculas
Según la naturaleza química las biomoléculas pueden ser:
Biomoléculas inorgánicas
Son biomoléculas no formadas por los seres vivos, pero imprescindibles para ellos, como el agua, la
biomolécula más abundante, los gases (oxígeno, dióxido de carbono) y las sales
inorgánicas: aniones como fosfato (HPO4-), bicarbonato (HCO3-) y cationes como el amonio (NH4+).
Biomoléculas orgánicas
Son sintetizadas solamente por los seres vivos y tienen una estructura a base de carbono. Están
constituidas principalmente por carbono, hidrógeno y oxígeno, y con frecuencia están también
presentes nitrógeno, fósforo y azufre; otros elementos son a veces incorporados pero en mucha menor
proporción.
Las biomoléculas orgánicas pueden agruparse en cuatro grandes tipos.
CARBOHIDRATOS
Los carbohidratos se presentan en forma de azúcares,
almidones y fibras, y son uno de los tres principales
macronutrientes que aportan energía al cuerpo humano (los
otros son la grasa y las proteínas). son biomoléculas
orgánicas formadas básicamente por carbono e hidrógeno
y generalmente también oxígeno. Actualmente está
comprobado que al menos el 55% de las calorías diarias que
ingerimos deberían provenir de los carbohidratos. Aunque es importante mantener un equilibrio adecuado
entre las calorías que ingerimos y las que gastamos, las investigaciones científicas sugieren que:
Una dieta que contenga un nivel óptimo de carbohidratos puede
prevenir la acumulación de grasa en el cuerpo. El almidón y los
azúcares aportan una fuente de energía de la que se puede disponer
rápidamente para el rendimiento físico. Las fibras alimenticias, que
son un tipo de carbohidratos, ayudan a que los intestinos funcionen
correctamente. Además de los beneficios directos de los
carbohidratos para el cuerpo, se encuentran en numerosos
alimentos. Por este motivo, se recomienda que los carbohidratos
provengan de diferentes alimentos, para asegurar que la dieta
general contiene los nutrientes adecuados. Es importante recordar que los carbohidratos realzan el sabor,
la textura y la apariencia de los alimentos y hacen que la dieta sea
α-D-glucopiranosa
más variada y agradable.
TIPOS DE CARBOHIDRATOS
Monosacáridos: Glucosa, fructosa, galactosa
Disacáridos: Sacarosa, lactosa, maltosa.
Oligosacáridos: Maltodextrina, fructo-oligosacáridos.
Polisacáridos: Almidón (amilosa, amilopectina). Sin almidón: Celulosa, pectinas, hidrocoloides.
La glucosa y la fructosa son
azúcares simples o
monosacáridos y se pueden
encontrar en las frutas, las
verduras y la miel. Cuando se
combinan dos azúcares simples
se forman los disacáridos. El azúcar de mesa o la sacarosa es una combinación de glucosa y fructosa que se
da de forma natural tanto en la remolacha y la caña de azúcar, como en las frutas. La lactosa es el azúcar
principal de la leche y los productos lácteos y la maltosa es un disacárido de la malta.
Cuando se combinan entre 3 y 9 unidades de azúcar
se forman los oligosacáridos. Las maltodextrinas
contienen hasta 9 unidades de glucosa, son
producidas para su uso comercial y se obtienen a
partir de una hidrólisis parcial (descomposición) del
almidón. Son menos dulces que los monosacáridos
o los disacáridos. La rafinosa, la estaquiosa y los
fructo-oligosacáridos se encuentran en pequeñas
cantidades en algunas legumbres, cereales y
verduras.
Se necesitan más de 10 unidades de azúcar
y a veces hasta miles de unidades para
formar los polisacáridos. El almidón es la
principal reserva de energía de las hortalizas
de raíz y los cereales. Está formado por
largas cadenas de glucosa en forma de
gránulos, cuyo tamaño y forma varían según
el vegetal del que forma parte. Los
polisacáridos sin almidón son los principales
componentes de la fibra alimenticia. Entre ellos están: la celulosa, las hemicelulosas, las pectinas y las
gomas. La celulosa es el componente principal de las paredes celulares vegetales y está formada por miles
de unidades de glucosa. Los distintos componentes de la fibra alimenticia tienen diferentes propiedades y
estructuras físicas.
Funciones
Fuente y almacenamiento de energía
Los almidones y los azúcares son las
principales fuentes de energía y aportan 4
kilocalorías (17 kilojulios) por gramo. Los
azúcares simples son absorbidos por el intestino
delgado y pasan directamente a la sangre, para
ser transportados hasta el lugar donde van a ser
utilizados. Los disacáridos son descompuestos
en azúcares simples por las enzimas digestivas.
El cuerpo humano utiliza los carbohidratos en forma de glucosa. La glucosa también se puede transformar
en glucógeno, un polisacárido similar al almidón, que es almacenado en el hígado y en los músculos como
fuente de energía de la que el cuerpo puede disponer fácilmente. El cerebro necesita utilizar la glucosa
como fuente de energía, ya que no puede utilizar grasas para este fin. Por este motivo se debe mantener
constantemente el nivel de glucosa en sangre por encima del nivel mínimo. La glucosa puede provenir
directamente de los carbohidratos de la dieta o de las reservas de glucógeno. Varias hormonas, entre
ellas la insulina, trabajan rápidamente para regular el flujo de glucosa que entra y sale de la sangre y
mantenerla a un nivel estable.