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Peste Negra

La Peste Negra, también conocida como la Muerte Negra, fue una devastadora pandemia de la enfermedad conocida como peste bubónica que se extendió por Europa durante el siglo XIV. La epidemia alcanzó su punto máximo entre los años 1347 y 1351. Fue una de las pandemias más mortales de la historia y tuvo un impacto masivo en la población y la sociedad de la época.
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Temas abordados

  • comercio genovés,
  • Rutas comerciales,
  • auxilio espiritual,
  • castigo divino,
  • cambio en la vida humana,
  • Jaume Aurell,
  • Francesco Petrarca,
  • Ibn Jaldún,
  • clero,
  • crisis religiosa
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Peste Negra

La Peste Negra, también conocida como la Muerte Negra, fue una devastadora pandemia de la enfermedad conocida como peste bubónica que se extendió por Europa durante el siglo XIV. La epidemia alcanzó su punto máximo entre los años 1347 y 1351. Fue una de las pandemias más mortales de la historia y tuvo un impacto masivo en la población y la sociedad de la época.
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LA PESTE NEGRA

La Peste Negra, también conocida como la Pestilencia o Gran Mortalidad, fue la


pandemia más fatal registrada en la historia de la humanidad, lo que resultó en
la muerte de hasta 200 millones de personas, desde Eurasia hasta el norte de
África, y alcanzó su punto máximo en Europa desde 1347 hasta 1351. La peste,
es una zoonosis causada por la bacteria Yersinia pestis y el resultado más común,
suele ser la aparición de nódulos bubónicos, seguida de infección septicémica o
neumónica. La Peste Negra, probablemente, se originó en Asia Central o Asia
Oriental, desde donde viajó a lo largo de la Ruta de la Seda y llegó a Crimea en
1347. A partir de ahí, posiblemente fue transportada por pulgas que vivían en
las ratas negras que viajaban en barcos mercantes genoveses, se extendió en
toda la cuenca del Mediterráneo y llegó a África, Asia occidental y el resto de
Europa, a través de Constantinopla, Sicilia y la península italiana. La evidencia
actual indica que, una vez que llegó a tierra, la Peste Negra, fue en gran parte,
propagada por humanos. Esta plaga creó trastornos religiosos, sociales y
económicos, con profundos efectos en el curso de la historia europea, pues fue
el segundo desastre que afectó a Europa durante la Baja Edad Media (el primero
fue la Gran Hambruna) y se estima que causó la muerte del 30% al 60% de la
población continental. Los brotes de la peste se repitieron en diversos lugares
del mundo hasta principios del siglo XIX.

Esta terrible enfermedad se hizo crónica y el terror que produjo se imprimió en


los pliegos. La primera referencia sobre la producción de papel en Italia se
introdujo en 1275, momento en el que se forjó el folio de trapo, moldeado a
mano, cilíndrico por natura, satinado y con cola de gelatina animal. Esta técnica,
fue bien recibida por los escribas de Florencia y llevó a la sustitución progresiva
del pergamino, ya que permitía a las agudas plumas trazar libremente, sin rasgar
la superficie. Su estructura hizo que la tinta no penetrara en las fibras
absorbiéndola como secante, y permitió que Italia aventajara, en suma de
historia y letras, a España y a Damasco (1). Así aprendió la concepción
humanista de la plaga, el filólogo florentino Francesco Petrarca (Arezzo, 20 de
julio de 1304-Arquà Petrarca, Padua, 19 de julio de 1374), sobre los folios de
trapo, donde aseguró para el tiempo postrero que: “todos los ciudadanos hacían
poco más en los días que cargar cadáveres para que fueran enterrados… En cada
iglesia cavaban fosas hasta la napa de agua; y así, aquellos que eran pobres y
morían durante la noche, eran recogidos rápidamente y arrojados en los lugares,
tomaban un poco de tierra y la echaban con palas sobre ellos. Más tarde otros
cadáveres eran depositados, y entonces, ponían otra capa de tierra tal cual se
hace en la penumbra de la Marqueses de la Toscana”.

En la Edad Media, se usaban los términos peste y plaga para referirse,


indistintamente, a cualquier calamidad, sobre todo a las enfermedades de
masas que producían gran mortandad, como la gripe o la viruela. Jaume Aurell
(2), enunció la pobre documentación de las enfermedades en las crónicas del
bajo y alto medioevo. Sin embargo, esta situación cambió con el arribo de las
grandes epidemias. La Peste Negra, que asoló Europa entre 1347 y 1400, fue la
mayor de todas. Esta plaga se convirtió en una enfermedad endémica, con
rebrotes ocasionales y locales, prolongados por períodos de entre 6 y 18 meses,
y con reapariciones cada pocos años, durante casi dos siglos (3).

La gran magnitud de la Peste Negra se debió a la gravedad de sus síntomas y a la


facilidad de su contagio. Un ejemplo de la celeridad con que se propagó la
enfermedad y acabó con sus víctimas, se encontró en un vetusto relato de
Michele de Piazza, registro erudito que hizo mención a los hombres promiscuos
por el mal “A causa de la corrupción de su aliento, todos los que se hablaban
mezclados unos con otros, se infectaban también uno a otro. El cuerpo parecía
entonces sacudido casi entero y como dislocado por el dolor. De este dolor, de
esta conmoción, de esta corrupción del aliento nacía en la pierna o en el brazo
una pústula con forma de lenteja. Ésta impregnaba y penetraba tan
completamente el cuerpo que se veía acometido por violentos esputos de
sangre. Las expectoraciones duraban tres días continuos y se morían a pesar de
cualquier cuidado, o de buscar el bien…” (4). De Piazza, era un franciscano que
escribió en su crónica la evolución de la plaga en Sicilia, uno de los focos
patentes para el ingreso desde Crimea, lugar aparente para el desembarco de
tres comerciantes genoveses que venían de allí. Según Ziegler, la isla, junto con
Génova y Venecia, fueron esencia para la difusión de la enfermedad entre los
hombres (5).

No obstante, habría otros focos, como Marsella y Bordeaux, puertos y centros


comerciales donde confluían las grandes rutas de comercio en el Mediterráneo,
Atlántico y Báltico, al igual que múltiples sendas de peregrinación (6). El impacto
que trajo la epidemia, no solo fue demográfico, pues también conllevó enormes
perturbaciones en la sociedad de la época, proceso que ya venía
desarrollándose desde finales del siglo XIII, y que fue iniciado y perpetuado por
el estancamiento del desarrollo económico, por las enfermedades, por diversas
y extensas guerras, y por la crisis religiosa. La Peste Negra cambió al hombre
medieval, debido al sufrimiento físico que trajo a las víctimas, el dolor que causó
a sus familiares, la pérdida de seres queridos y el temor que causó la gran
cantidad de muertos, en suma, un tiempo que Marcelino Amasuno Sárraga
llamó ‘ciclo bubónico’ (7). A continuación, se realiza una descripción detallada
de la mayor crisis pestilencial de la historia.

Comprendiendo la Peste Negra

La peste, fue provocada por la Yersinia pestis que reside en el tracto digestivo de
las pulgas que habitan usualmente en las ratas, animales que viven en gran
número y densidad. Estas áreas son llamadas “focos de peste” o “reservas de
peste” (6). Las especies Rattus rattus y Rattus norvegicus migraron desde
Oriente Medio, a la altura de la quinta cruzada (1217-1221) bajo el auspicio del
papa Inocencio III. Para las leyendas históricas, los roedores salvajes circulaban
en las urbes y generaban las reservas de peste. Según el historiador Scheidel
(2019, p. 314), en las primeras décadas del siglo XIV, los roedores llevaron pulgas
infectadas a China, el sur de India, el oeste de Oriente Próximo, el Mediterráneo
y Europa.

Los trayectos marítimos entre Europa y Asia, al igual que las rutas comerciales
en Asia central -Ruta de la Seda-, fueron los canales de propagación de la
enfermedad. En 1345, la peste llegó a la península de Crimea, en la ciudad de
Caffa que, para ese entonces, era un asentamiento genovés. La ciudad fue
asediada, en medio del brote de la enfermedad, por los mongoles y, según
algunas fuentes históricas, el líder mongol Janibeg ordenó que los cadáveres de
las víctimas fueran desmembrados y catapultados por encima de los muros, para
infectar a los genoveses (11). La Figura 1, describe la evolución geográfica y
temporal de la Peste Negra desde Asia, hasta Europa y África.

Muchos comerciantes genoveses, huyeron en barcos infestados por ratas que


expandieron la peste hasta Europa, donde azotó en 1348 importantes ciudades
como Alejandría, el Cairo y Túnez, y, para los años venideros, el mundo islámico
contó con la misma suerte. Por destracia, tanto en Asia, el norte de África y el
mundo islámico, existen muy pocos datos fiables para estimar cuántas personas
perecieron a causa de la Peste Negra. No dejó de ser un acontecimiento trágico
y doloroso, tal como lo evidenció Ibn Jaldún (1977) en su Introducción a la
Historia Universal, escrito en el que afirmó: “La civilización, tanto en Oriente
como en Occidente, fue visitada por una plaga destructiva que arrasó naciones e
hizo desaparecer poblaciones… Todo el mundo habitado cambió”.
Interpretaciones de la Peste Negra

La Peste Negra causó una crisis en todos los aspectos que conformaron la vida
humana, particularmente, los relacionados con el campo espiritual, cultural e
intelectual. La catarsis que la peste causó, desembocó en varias interpretaciones
desde religiosas hasta científicas, en las que intentaron explicar su origen y razón
de ser.

Por supuesto, las primeras aproximaciones para explicar el azote de la peste,


fueron de carácter religioso. La peste se entendió como un castigo divino, por los
pecados cometidos por los hombres. De hecho, la explicación más plausible se
asoció con la Ira de Dios. Ante la ira de Dios, no había mucho que hacer sino
pedir perdón y hacer penitencia por los pecados cometidos, hasta que Dios
decidiera erradicar la peste. Sin embargo, en medio de la plaga no hubo mucho
auxilio espiritual, ya que el clero era víctima de la peste, y se elevaron muchas
preguntas sin respuesta.

El rey Magno II de Suecia, comparte la misma visión de castigo divino de la


peste, producido por la ira de Dios, según comenta Gottfried: “Dios, por los
pecados de los hombres, ha dado al mundo este gran castigo de muerte súbita.
Por él, la mayoría de nuestros conciudadanos ha fallecido” (18). Por otro lado, el
Decamerón de Boccacio, es una de las fuentes más significativas de lo que la
Peste Negra significó: “Digo, pues, que y habían los años de la fructífera
Encarnación del Hijo de Dios llegado al número de mil trescientos cuarenta y
ocho cuando a la egregia ciudad de Florencia, nobilísima entre todas las otras
ciudades de Italia, llegó la mortífera peste, que por obra de los cuerpos
superiores o por nuestras acciones inicuas, fue enviada sobre los mortales por la
justa ira de Dios para nuestra corrección… [Ni a pesar de iniciativas de limpieza]
ni valiendo tampoco las humildes súplicas dirigidas a Dios por las personas
devotas no una vez sino muchas ordenadas en procesiones o de otras maneras,
casi al principio de la primavera del año antes dicho empezó horriblemente y en
asombrosa manera a mostrar sus dolorosos efectos” (11-2).

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