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Pautas y Prácticas de Crianza Familiar

El documento describe tres procesos de crianza: pautas, prácticas y creencias. Las pautas son ideas culturales sobre cómo criar niños, mientras que las prácticas son las acciones de los padres. La familia juega un papel clave en la socialización y desarrollo de los niños a través de la transmisión de normas, valores y modelos de comportamiento. Las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales en la infancia. Los padres utilizan diversas prácticas como el
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Temas abordados

  • cuidado y afecto,
  • cuidado de los niños,
  • normas de comportamiento,
  • tiempo compartido,
  • cambios sociales,
  • desarrollo psicológico,
  • cultura familiar,
  • habilidades sociales,
  • derechos de los niños,
  • cuidado y crianza
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Pautas y Prácticas de Crianza Familiar

El documento describe tres procesos de crianza: pautas, prácticas y creencias. Las pautas son ideas culturales sobre cómo criar niños, mientras que las prácticas son las acciones de los padres. La familia juega un papel clave en la socialización y desarrollo de los niños a través de la transmisión de normas, valores y modelos de comportamiento. Las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales en la infancia. Los padres utilizan diversas prácticas como el
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  • cuidado de los niños,
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  • cultura familiar,
  • habilidades sociales,
  • derechos de los niños,
  • cuidado y crianza

Crianza implica tres procesos: las pautas de crianza, las prácticas de crianza y las creencias acerca

de la crianza. Partiendo de la premisa que si bien las prácticas hacen referencia a las acciones que
realizan las personas, las pautas, por el contrario, constituyen las ideas que circulan en una cultura
sobre lo que debe hacerse y la forma en que las conductas se deben llevar a cabo, por ejemplo,
con respecto a la crianza de los niños y las niñas. Las pautas, en este sentido, tienen que ver con las
normas ideales, y las prácticas, con acciones, con comportamientos aprendidos de los padres que
se exponen para guiar las conductas de los niños y las niñas.

Henao, Ramírez y Ramírez (2007) plantean la importancia de la familia en la socialización y


desarrollo durante la primera infancia. La combinación de costumbres, valores y estilos de crianza
de los padres, el afecto que se expresa y los mecanismos de control son la base para regular el
comportamiento de sus hijos, destacando la importancia de la comunicación en las pautas de
crianza.

Según Rodríguez (2007), la familia es el primer contexto para la transmisión de las normas, valores
y modelos de comportamiento. Es la familia la que socializa al niño permitiéndole interiorizar los
elementos básicos de la cultura y desarrollar las bases de su personalidad. Cada familia asume las
pautas de crianza dependiendo de sus características, dinámica y factores contextuales, así como
los recursos y apoyos, entre otros.

El cuidado y afecto de los padres, madres, cuidadores y adultos significativos es indispensable para
la supervivencia de los niños y niñas, y para desarrollar un sano ambiente que les permita adquirir
y aprender habilidades para desenvolverse en su medio. Es así como las pautas de crianza juegan
un papel prioritario, en tanto las metas de crianza son generales, pero los medios utilizados para
alcanzar dichas metas son particulares de cada cultura y cada familia.
De manera que las pautas de crianza pueden ser entendidas como un conjunto de actitudes acerca
del niño y la niña, que le son comunicadas y que, crean un clima emocional en el que se ponen de
manifiesto los comportamientos y expectativas de los padres. Estos comportamientos incluyen
tanto las conductas a través de las cuales los padres desarrollan sus propios deberes de paternidad
(competencias parentales) como cualquier otro tipo de comportamientos como gestos, cambios en
el tono de voz, expresiones espontáneas de afecto, etc. (Darling & Steinberg, 1993).

En efecto, las prácticas de crianza son los patrones de comportamiento de los adultos enfocados
en satisfacer las necesidades de supervivencia de los niños y niñas y que aseguran una buena
calidad de vida. Las acciones adoptadas por padres, abuelos y otros cuidadores, se asocian con el
estado de salud, nutrición y desarrollo físico y psicológico de los niños y niñas, especialmente en
edades tempranas. Lo anterior implica que los patrones de cuidado fungen como protectores de
desarrollo en la mayoría de los casos. No obstante, también es posible que se constituyan en un
factor de riesgo cuando dichas pautas de atención no resultan pertinentes y efectivas (Myres,
1993).

Por esto, la familia y las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales y
de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es importante brindar sensibilización y
orientación. Mestre et al. (1999) destacan que el tipo de normas que una familia establece, los
recursos y procedimientos que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de
afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, son fundamentales para el crecimiento
personal, la interiorización de valores, las habilidades sociales y la toma de decisiones para resolver
conflictos
Atamos de corregirla bien”.

“Que sea un niño de bien, que estudie, que salga adelante, que sea responsable”.

El proceso de crianza genera en los padres y /o cuidadores miedos e incertidumbres relacionados


con los cambios de la sociedad y de valores. Estos cambios de época que demandan de los
cuidadores otras capacidades y competencias para poder ejercer ese rol, y la idea que “todo
tiempo pasado fue mejor” permea el discurso de los padres al referirse a las dificultades que el
medio de hoy les exige y que deben enfrentar de forma efectiva para proveer el desarrollo y
cuidado de los niños y niñas.

“Es muy difícil criar hijos en esta época”.

“No sé si seré sobreprotector, pero yo al niño mío no dejo que nadie se me le arrime, que no le
reciba dulces a nadie, hay que estar en la jugada con ellos”.

“No la dejo con nadie; espero que esté más grandecita [para] que yo la pueda dejar con alguien y
pueda contar si le hacen algo”.

“No me ha gustado dejar los niños con nadie, hoy en día se ve mucha cosa. Solo acá en el CDI y ya
está con el papá o conmigo”

Las familias poseen condiciones únicas que las hacen distintas unas de las otras. En ella se crean y
recrean las condiciones para el aprendizaje de lo axiológico, la interiorización de normas, el
fomento del buen trato, del autocuidado, etc., convirtiéndose en un escenario en constante
construcción de las prácticas y discursos. Las prácticas deben concebirse como acciones, es decir
como comportamientos intencionados y regulados que hacen los adultos para garantizar su
cuidado y crianza y, por ende, su desarrollo.

Con respecto a las prácticas de crianza y cuidados utilizados por las familias, y a las actividades
realizadas por ellos, se encuentran el juego, el diálogo acerca del buen comportamiento, el cual
lleva implícito la afectividad:
“Cuando llegan a la casa, que cogen una pelota, que papi vamos a jugar pelota, y uno tiene que
sacar tiempo pa ellos, así usted tenga mucho trabajo para hacer porque ellos se motivan viéndolo
a uno hacer esas cosas”.

“Asíno tenga tareas es bueno compartir tiempo, digamos, jugando porque no es la idea que se la
pasan haciendo tareas porque se van a estresar”.

“En cambio ahora sí hay mucho cambio porque uno sí tiene ese amor, ese tiempito para
enseñarles, para volver a repasarle, a explicarle”.

Con los resultados de la presente investigación podemos afirmar que los padres utilizan diversas
prácticas de crianza con sus hijos e hijas y, en la mayoría de las familias, dichas prácticas son reflejo
de una especie de compensación vital en la que no quieren repetir patrones, estilos que utilizaron
con ellos en sus familias de origen. Además, se ve incorporado en el lenguaje de los padres y/o
cuidadores el reconocimiento de los niños y niñas como sujetos de derechos.

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