www.senado2010.gob.
mx
La decena Trágica
V einte días después del golpe militar, el ministro español
hacía un análisis de la grave erosión que había experi-
mentado en los últimos meses el gobierno de Madero. Cólogan
expresó la debilidad personal del presidente y la falta de
severidad para castigar a los conspiradores militares Reyes y
Díaz. Bernardo J. Cólogan escribió:
El optimi:-.rno exagerado hasta la inconsciencia que impedía al señor
Madero darse cuenta de la rcalidad, según continuamente lo he expre-
sado en mis informes, una innegahle hondadosa lenidad y el ingenuo
canuor en ",u ponerse siempre popular, hicieron que la suhlcvaciún de
Vcracruz, iniciad ..,! por Brigadier Félix Díal. quedara "in sanci(m
alguna, aun para el coronel y oficiales que tenían mando de trnpas.
cnrcoünuost: la . . . respectivas causas, contra toda rápida tradiclt'lIll1lcxi-
cana en lo ejecutivo del procedimiento, en las mallas de la CllTnpctcncia
civil o militar, complicadas con el recurso federal de amparo por una
violacit'm a la . . garantía~ con~lilucionalc~.1
Madero siempre buscó el apoyo de las instituciones legalmen-
te establecidas. aunque estuvieran en manos de empedernidos
porfiristas. Éstas tenían una trayectoria de implacable oposi-
ción a los revolucionarios y de intrigas con los enemigos de
Madero. como lo fue el ejército federal. La poca popularidad
1 Arl"l1ivo uel Mimsterlo de A.. . unto'" Exterior\.'", Je \t1auriJ len :luelante Nd . \F
r-..bdrid), C()!u.l!an a! r-..l1ni"'ll..'rlo de A",untm Exteriores (CI, adl..'l:mll..' '\1.\1" \b.dridl.
'.'.:! decena lr<lg!C\ )'1,\ C\l11~tIIUl·i(ín del !lUC\"() g()hicrrHl " Il'g;\.i()-2~.~:-;, dl..'.~J1ach( 1-..'.(,.
\l":x!l·O, 2 de mar/o de I(JI'.
Óscar Flores
de algunos personajes de su gabinete y la incapacidad para
poner fin a la insurrección zapatista en Morelos fueron
para Cólogan hechos fundamentales de su derrumbamiento.
Incluso, el sector conservador del régimen llegó a acusar a
Madero de no acabar con el movimiento indígena del sur por
tener algún tipo de relación con los líderes zapatistas. En
cierto modo, los sectores económicamente fuertes del país
retiraron su confianza al primer gobierno revolucionario y
apostaron por un gobierno fuerte. Cólogan comunicó al
Ministerio de Asuntos Exteriores:
Por otra parte, se aferraba demasiado al Señor Madero a la dicacia
intrínseca de la legalidad, que indudablemente le valía el apoyo mate-
rial del ejército, si bien nunca le fue íntimamente afecto (sometimiento
de la disciplina y al honor militar que siempre he encomiado), pero
olvidaba que la política no es una roca, necesitando vivir atenta a las
necesidades y clamores ambientes, y su terquedad en seguir ciertos
derroteros, como el conservar a su lado al Vicepresidente, Señor Pino
Suárez, universalmente odiado, mal o bien, por todos menos los
"porristas" cuya jefatura y dirección se le atribuía, fue restándole día
por día adhesiones; y si se agrega que el llamado "zapatismo" o
alzamiento de la plebe agraria indígena, con sus continuos saqueos,
asesinatos, incendios, violaciones y barbarie, fue por él iniciado en sus
predicaciones revolucionarias y en cierto modo alentado quizás desde
el poder (de ello se le acusaba) como reserva política, acabó por
creérsele definitivamente incapaz de asegurar la paz, retirándosele toda
confianza propietarios, comerciantes, industriales, agricultores y mi-
. 1uso 1os extranjeros.
neros; mc . 2
Para principios de 1913 el gobierno de Madero era ya insos-
tenible, a diferencia de medio año atrás cuando, en el norte,
, ¡bid.
102
EL gobierno de su Majestad Alfonso XlI/...
los triunfos del ejército federal contra Orozco otorgaron el
"momento -comentó Cólogan- que puede considerarse el más
firme en la Administración del Señor Madero. ,,3 Sin embargo,
el ejército estaba en plena lucha contra sus fuerzas centrífugas
ya que "venía imponiendo en lucha con sus propios senti-
mientos, como antes dije, el respeto al poder constituido, y
abortó el alzamiento de Veracruz en octubre.,,4
Las conspiraciones de 1911 y 1912 adolecieron siempre de
unidad entre los diferentes sectores que componían la oposi-
ción conservadora. Los reyistas, los científicos y algunos
sectores del ejército actuaron por cuenta propia, con poco
apoyo de los restantes grupos opositores. Pero para el último
tercio de 1912, la situación del gobierno de Madero había
cambiado. Fue el momento en que la administración estadou-
nidense mostraba una clara hostilidad hacia la política interna
practicada por Madero, y éste no había encontrado la fórmula
para arreglar la problemática de los numerosos grupos de
oposición, tanto de la izquierda como de derecha.
La oposición conservadora tuvo que endurecerse, buscar
la unión y encontrar la seguridad del éxito en un apoyo firme
del gobierno estadounidense. El propósito era claro: cerrar
filas, derrocar al Ejecutivo y hacerse nuevamente del poder
político. Una vez en él, se aplastaría con las armas las insu-
rrecciones existentes, se crearía un gobierno fuerte, lo que
haría regresar no sólo la confianza de los inversionistas
extranjeros sino de los grupos económicos nativos, entonces
seriamente dañados por los continuos alzamientos y huelgas
obreras. No había duda que la base para dar el golpe sería el
ejército federal, pero éste se encontraba dividido, y seguía sin
encontrar un líder indiscutible. Reyes y Díaz manifestaron en
1 ¡hid.
4 ¡hid.
103
()scar Flores
sus anteriores levantamientos las limitaciones que habían encon-
trado para dar una cobertura nacional a su empresa. Sin embargo,
el "prestigio" de la institución estaba herido desde el levanta-
miento armado de Madero, cuando cosechó algunas derrota~, y al
cabo de unos cuantos meses el poder central tuvo que ordenar
al ejército federal que claudicara ante los revolucionmios.
Las intrigas y las conspiraciones que tendrían éxito en
febrero de 1913, empezaron a tomar forma desde tiempo atrás.
Parece ser que para septiembre de 1912, la oposición conser-
vadora había encontrado al candidato adecuado. El servicio
secreto del gobierno de Washington pudo detectar la nueva
conspiración, pero no pudo impedir que la información obte-
nida se filtrara y apareciera en la prensa neoyorquina. El 15
de septiembre el New York Herald destapó la cloaca y proba-
blemente orilló a abortar el golpe previsto para el día siguien-
te. Ese día se publicó que en la fecha conmemorativa de la
independencia de México ante España-16 de septiembre-, el
veterano general porfirista Victoriano Huerta. "hombre fuerte"
del ejército, daría el golpe de Estado, según información de
"un agente del servicio secreto nortemnericano".-' Nuevamen-
te el gobierno maderista desplegó una blandura fatal e hizo
caso omiso de lo publicado.
Los conspiradores no se desalentaron y planearon un nuevo
golpe para el 11 de febrero de 1913, pero como el gobierno se
enteró de dicho próposito dos días antes," éste se puso inme-
diatamente en ejecución.
"Ni'l!' York fiero/d. Nueva York, !~ OL' ~L'ptiL'lllhrc oc !'J!:: E~tc pcrüídlCll ;l"c~lIní
r..¡ue el gobicrno deE~tados Unidos e~t3ha enterado del supuesto ~olpe de E~l:1d()
en México. Comcntarios al respecto del secretario L1e la cmhaj,lda en W ,l.~hin~t(ln.
Manuel Wal1s y Merino, en AMAE Madrid, Walh y r-.krino al t\.L\I- ~bdnd, 1-2~q,
Washin~ton, 17 dt' scptlemhre de 191~.
(, Stanlcy R. Ros~, Fml/ci.\("() /. Mad('/"o, (I//(í.\{o/ de {(/ ¡(ellw('/'(/('III 11/1'\1011111,
México, Crij~¡]h(), 1'!77. rr. 2f>7-26K
104
n gohicnlO de Sil Majestad AIt/m.lo XIII.
HE~RY L.-\:--JE \VILSON y LA FASE INICIAL DE LA CO~SPIRAClÓN
Inicialmente. los personajes más prominentes de la conspira-
ción eran Félix Díaz. Bernardo Reyes y el general porfirista
Manuel Mondragón. Aquéllos. desde sus celdas. tomaron
participación clave en el plan.
El 9 de febrero se sublevaron diversos sectores de la
guarnición de la ciudad de México -cm alumnos de la Escuela de
Aspirantes. un regimiento de artillería y la guardia de la
penitenciaría de Santiago Tlatelolco-: mientras unos se diri-
gían a la cárcel donde estaban Díaz y Reyes para liberarlos.
otros tomaron el Palacio NacionaL el cual fue reconquistado
por el general leal al gobierno y ministro de Guerra. Lauro
Villar. quien ahí mismo esperó atrincherado al grueso de los
rebeldes encabezados por Díaz y Reyes. En un nuevo intento
fallido de toma del Palacio por los sublevados. el general
Bernardo Reyes murió acribillado sobre su corcel en una
inadecuada carga de caballería. Ante el desconcierto por la
falta de apoyo del ejército que permanecía leal al gobierno.
los rebeldes. bajo el mando de Félix Díaz. se atrincheraron en
una vieja fortit'icación denominada La Ciudadela 7 Cólogan
describió este acontecimiento y reprochó al gobierno el no
tenerla debidamente resguardada. ya que los subordinados
l ... ] a mcdiodía se hadan L.ÍL"ihnenle dUL'Ilos de la Ciudadela, apellas
guarnecida por colmo de imprcvisiúll. de rccio:-. muro ..... y gran dcpt'lsito
de cañones. armas, proyectiles y municione" de 1mb clase, ",ituada
antiguamente en Ia:-. afueras pero hoy se haya en plena ciudad.'"
lhid, p. ::'711
\\1.0\1. r-..LtJrid, ('('llogan ~11.\J..\1 t\.1aJnd. I-~.~~". lkll. r-..1éXIL·(l. 2 de 1ll,11-m lk' I'JI,
10<;
Óscar Flores
Con la toma de La Ciudadela se inicia lo que la historia
mexicana define como la decena Trágica, que tiene lugar
entre el9 y el 18 de febrero de 1913.
Aunque La Ciudadela era una fortificación importante,
todo hacía prever que un asalto decidido contra ella por las
tropas leales redundaría en el sometimiento de los rebeldes,
cuyos efectivos no eran más de mil quinientos. La conspira-
ción perdió la ventaja de la sorpresa y quedó aislada de
cualquier ayuda exterior, pero en lugar de languidecer, encon-
tró eco en un importante sector del ejército federal.
De nueva cuenta, Madero dejó a los conspiradores la
oportunidad en bandeja de plata. Al quedar gravemente heri-
do el ministro de Guerra, Lauro Villar, el presidente otorgó
el mando supremo de las fuerzas leales al general Victoriano
Huerta, "curtido militar y triunfador en el Norte".9 Madero
apostó a Huerta para reducir a los sublevados y reconquistar
La Ciudadela, pero este general entró inmediatamente en
negociaciones con los conspiradores. El 11 de febrero Huerta
se entrevistó secretamente con Díaz, llegando al acuerdo de
derrocar a Madero y cercar La Ciudadela durante 10 días, sin
hacer mella alguna a sus ocupantes. Con un plano en su poder
de la distribución interna de la fortificación, Huerta dirigió
sus baterías a una zona acordada conjuntamente con Díaz para
no causarle ninguna baja. 10 Los lugares que más resintieron
esta medida fueron las casas vecinas que registraron durante
el bombardeo centenares de víctimas civiles. Paralelamente,
Huerta llevó a cabo innumerables asaltos suicidas a La Ciudadela,
enviando en esos ataques frontales sólo a los rurales fieles al
presidente, a la par 9ue protegía a la tropa incondicional con
la que podía contar. 1
'l¡bid.
10 Frederich Katz, La guerra secreta en México, México, ERA, 1982, t. 1, p. 121.
11 S. R. Ross, 01'. cit., p. 267.
106
El f.!obiemo de su Majestad Alfonso XIII...
Los periódicos madrileños informaron con cierto detalle
todo lo acontecido en esas fechas. Entre la confusión y las
noticias contradictorias, las agencias estadounidenses dieron
una mayor importancia a la sublevación de la que podría tener
en un primer momento. Originalmente, se habló de que la
mayoría del ejército: sublev~do, se "agoderaba "?el Palacio
Nacional y de los edifiCIOS publIcos . - Para el dm sigUIente
-11 de febrero- se notificaba la gravedad de la situación,
además de resaltar la falta de "tropas para proteger a los
cuerpos diplomáticos".I] Ese mismo día, el ministro de Rela-
ciones Exteriores, Lascuráin, envió una circular a los minis-
tros mexicanos acreditados en Europa, dando cuenta del
14
control del gobierno sobre la situación.
Fue en estos cruciales días cuando el embajador estadou-
nidense intervino de manera decisiva. Su participación data
del inicio mismo de la conspiración, cuando notificó al De-
partamento de Estado sobre las negociaciones secretas lleva-
das a cabo entre los insurrectos y Huerta (10 de febrero).I'
Dichas negociaciones se efectuaron con el conocimiento de
Henry Lane Wilson y éste puso todo su empeño para que Félix
Díaz y Huerta llegaran a un acuerdo para derrocar a Madero.
Al mismo tiempo, el embajador estadounidense agitó al cuer-
po diplomático para desacreditar, amenazar, protestar y aislar
al gobierno maderista para obligarlo a renunciar. Wilson, que
siempre habló en nombre del "cuerpo diplomático", sólo se
le Véase preferentemente el ARe, Mudrid, dcllo de febrero de IlJD. p_ 1).
IJ ABC Maurid, 1I de febrero ue 19L~, p. 14. Las notit:ias publicadas estos días son
contradictorias, mientras en un cablegrama se presenta la situación controlada por
las tropas leales. en otros el general Díaz aparece como vencedor de la lucha.
Además, se mezclan rumores falsos, como la incorporación de los zapalistas a la
lucha que persigue Díaz y la sublevación de la guarnición federal en Monterrey.
ARe. Madrid, 12 de fehrero de 1913. p. D.
I~ ABe Madrid, 12 de febrero de I'-JI.\, p. 13.
1" F. Katz, La ~uerra secreta .... 01'. cit .. p. 122.
107
Óscar Flores
basó en el hábil manejo que hizo del contraalmirante Paul von
Hintze, Francis W. Stronge y, por supuesto, Bernardo J.
Cólogan. Con el apoyo de los representantes de las potencias
europeas, desacreditó y marginó a los diplomáticos latinoa-
mericanos, en su mayoría simpatizantes de Madero.
La actuación de Cólogan durante la Decena Trágica mar-
caría por toda la década la imagen que posterionnente tuvieron
los revolucionarios constitucionalistas de la colonia española.
Mientras los ministros de Inglaterra y Alemania se mostraron
reacios a aparecer en público -aun teniendo conocimiento de
la conspiración- durante esos decisivos días, Cólogan se dejó
llevar por las presiones de Wilson y no hubo acontecimiento
público donde no creyera que se requería su presencia. La
labor del ministro español quedó francamente fotografiada al
lado de los conspiradores, aun cuando fuera el menos conven-
cido de los cuatro diplomáticos - Wilson, Van Hintze y Stronge-
de la necesidad de la renuncia de Madero.
De hecho, Henry Lane Wilson inició su propia labor de
erosión desde el mismo día del levantamiento. EI9 de febrero
por la tarde, el embajador citó a todo el cuerpo diplomático
en su embajada. Una vez reunidos expuso la gravedad de la
situación y la conveniencia de pedir al gobierno dos mediadas
esenciales: el cierre de los expendios de bebidas alcohólicas
y la sustitución, en la capital, de los soldados regulares por el
servicio de la policía. Las medidas fueron aprobadas unánime-
mente, ya que "todas las cabezas hicieron una, signos afirma-
tivos", como lo comentó en sus memorias el empedernido
16
maderista y ministro de Cuba, Manuel Márquez Sterling.
De esta manera "el Embajador quedó, de su primer éxito,
orgulloso", expresó Sterling; si bien para la primera medida
1(, Manuel Márquez Sterling, Los últimos días del presidente Madero. Mi gestión
diplomática en México, La Habana, Cuba, Impresora El Siglo XX, 1917, pp. 356-:'\61.
108
El gobierno de su Majestad Alfonso XlIJ ...
había algo de razón, la segunda era de total conveniencia para
su propósitos:
( ... ) el personal policiaco era de la época de Don Porfirio Díaz, así se
marginaba a los soldados revolucionarios y se les daba todo el mando
a la policía profirista que apoyó en gran medida el Cuartelazo. 17
Una vez obtenida esta importante concesión, Wilson marginó
a la casi totalidad del cuerpo diplomático y sólo mantuvo
reuniones con los ministros ya mencionados,
CÓLOGAN COMO INTERLOCUTOR "HUMANITARIO"
El 11 de febrero el ministro español, visiblemente tenso, visitó
al embajador estadounidense para hacerle "ver la necesidad
de no permanecer aislados entre ambos bandos invocando
sentimientos humanitarios, pues aunque el resultado concreto
fuere por de pronto escaso ó nulo, mucho sería entablar
relaciones y tratos" ,18 Wilson escuchó a Cólogan y aprobó su
propuesta, pero desechó de antemano "reuniones del Cuerpo
Diplomático, en que pretendían, dijo, opinar Encargados de
Negocios y Ministros sin ningún interés aquí, lo que no estaba
dispuesto a tolerar (fa bear), convocó a los Ministros de
Alemania e Inglaterra (está ausente el francés), y poco des-
pués salíamos del Palacio, anunciando además nuestra visita
a Fe'1'IX D'JaZ para que to dos cesaran eI f uego,
" 19
Años después, cuando Sterling pudo leer parte de una
declaración confidencial de Cólogan sobre estos sucesos,
17 ¡bid.
\)( AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "la decena trágica .. , op. cit.
19 ¡bid.
109
Óscar Flores
escribió sobre las maniobras practicadas por Wilson a espal-
das del cuerpo diplomático en su nombre:
Le estorbaban al Embajador los ministros que no se plegaron a su
criterio en la primera junta; y de un gesto imperativo, suprimía la
representación en México, a 10 menos de tres cuartas partes del
planeta?O
La "benéfica empresa" de Cólogan -{;omo la denominó Sterling-
se convirtió pronto en una presión más hacia Madero. Tanto
a Madero como a Félix Díaz -a quien con su visita colocaba
al mismo nivel del gobierno mexicano- Wilson les declaró
"que vendrían marinos americanos a mantener el orden, si
necesario fuere [... ] El Presidente nos aseguró -{;omentó
Cólogan- que al día siguiente sería tomada La Ciudadela;
Félix Díaz se limitó, en definitiva, a lamentar lo que ocurría
por culpa del Gobierno,,2t
Entre el 12 y 14 de febrero, Cólogan continuó en estrecho
contacto con su homólogo estadounidense, visitándolo varias
veces con la garantía de "p,ared y carreritas", dada la insegu-
ridad existente en la calle. 2 En esas conversaciones y ante "la
gravedad de la situación que crecía a medida que se difería la toma
de La Ciudadela", Cólogan decidió obrar "siquiera una vez por
mi cuenta", y prescindir del embajador pero sirviendo inge-
23
nuamente a sus propósitos. Ambos acordaron que Cólogan
fuera una vez más a buscar los mecanismos de reconciliación
entre los dos bandos contendientes, pero con la misma
fórmula utilizada por Wilson, "autorizándome a usar-arguyó
211 M. M. Sterling, op. cit., pp. 370-372.
21 AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "La decena trágica ... ", op. cit.; y
telegrama cifrado (111) de Cólogan al MAE Madrid, II de febrero de 19J3.
12 [bid.
B ¡bid.
110
El gobierno de su Majestad Alfonso X/ll. ..
Cólogan- el argumento de la venida de tropas americanas [... ]
y esa autorización me sirvió para presentar desde luego al
Ministro de Relaciones Exteriores, como después al Presiden-
te y a Félix Díaz, el dilema que presentaría la venida de
marinos americanos: la humillación y la deshonra" 24
Este argumento lo utilizó Cólogan el 14 de febrero, en un
significativo día de actividades sumamente delicadas que
contados ministros se hubieran atrevido a desarrollar. El
mismo Wilson se cuidaba de aparecer en público. Ese día, por
la mañana, el ministro mexicano de Relaciones Exteriores,
Lascuráin, visitó a Wilson, quien lo recriminó y amenazó con
la llegada de entre tres y cuatro mil soldados estadounidenses
y "entonces -imperativamente vociferó el embajador- yo
restauraré el orden aquí" -'5 Sin embargo, el ministro estadou-
nidense dijo a Lascuráin que la única manera de evitar esto
era la renuncia de Madero y Pino Suárez ante el Congreso. Al
final de la discusión, Lascuráin asintió ante los propósitos de
Wilson;c6 al salir de la embajada, pasó a casa de Cólogan y, en
su coche, lo llevó a Palacio. En el camino el ministro mexi-
cano propuso a Cólogan que los acompañara el ministro
chileno, con el fin de que estuviera presente en las propuestas
que traía Cólogan ante el consejo de ministros. El ministro
español evidentemente se negó, arguyendo que si bien iba en
nombre del "cuerpo diplomático", éste sólo estaba compuesto
por los representantes de Inglaterra, Alemania y los Estados
Unidos. Era claro que el ministro chileno estaba desinforma-
do, por ello Cólogan escribió:
Propúsomc que nos acompañara el Ministro chileno, significado amigo
mío y aun diría partidario del Señor Madero, pero corlésmente lo
2.1 lhid.
25 F. Kalz, UI !?lIl'rm secreta .. op. cll., p. 12S.
2b lbid.
111
Óscar Flores
rehusé, alegando dificultad de dos opiniones en decisiones rápidas, y
sobre todo porque quería yo un día exclusivamente español, en el que
el nombre de España sonare aislado y por si solo. Dando rodeos en el
automóvil, por natural precaución, emprendimos camino y en el acto
entrábamos al salón en que se hallaban reunidos el Presidente y casi
todos los Ministros. 27
La presencia de Cólogan en el consejo tenía como objetivo
mantener informado al "cuerpo diplomático" de las acciones
que tomaba el gobierno con el fin de terminar la tensión
causada por los rebeldes de La Ciudadela. En esa reunión el
ministro español propuso y obtuvo una tregua militar de tres
días "para enterrar muertos, recoger heridos, permitir a fami-
lias enteras abandonar las inmediaciones de la Ciudadela y
zona de fuego. .. 28 L a preslOn
., de Co'1 ogan -cad a vez mas
' se
definía como el brazo derecho de Wilson-, también hizo su
aparición al remarcar que:
[... ] la situación con los Estados Unidos era gravísima, y exigía a toda
costa una pronta solución, que sólo una resolución política podía darla
(El Embajador, al despedirme la víspera, me dijo rápidamente: dígale
V. que se retire, lO get out, pero me guardé bien de mencionarlo).29
La presencia y la actitud alarmista del ministro español hicieron
que el consejo de ministros se viera intimidado y procediera
a tomar decisiones cruciales, que sólo demostraban franca
debilidad ante la crisis política que aumentaba día con día.
Cólogan lo escribió así:
27 AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid. "La decena trágica ... ". 01'. cit.
2H ¡bid.
2" ¡bid.
112
El gobierno de su Majestad Alfonso XIII. ..
Presidente y Ministros deliberaron en mi presencia y llegaron a la
conclusión de que renunciaría en su totalidad al Gabinete, incluso el
Vicepresidente y Ministro de Instrucción Pública. Grande eficacia
hubiera podido tener esa resolución un mes antes siquiera. pero aunque
tardía y ya insuficiente también me guardé de hacer la menor ohserva-
" 10
ClOn."
La crisis ministerial, errónea salida del gabinete de Madero,
puso de nueva cuenta a un empedernido porfirista como
interlocutor entre lo acordado por el consejo de ministros y
Félix Díaz. Francisco León de la Barra fue designado para
negociar con Díaz esta propuesta del gobierno, a fin de que
depusiera las armas. Cólogan fue testigo y lo describió así:
"Continuaron deliberando Ministros y decidieron convocar
para el día siguiente a los Senadores presentes en la capital y
llamar a Palacio a don Francisco de la Barra, presidente
interino que fue de la República y Senador, el cual había de
tratar esta cuestión política primero con el Presidente y des-
pués con Félix Díaz".J¡
A las dos de la tarde de ese día llegó la respuesta de Díaz
diciendo que recibiría a De la Barra y al ministro español,
como interlocutor "humanitario". Cólogan trataba a Díaz en
el mismo nivel que al gobierno, ya que al contestar Díaz que
"tendría el honor y el gusto de recibirme, emprendí el camino
de la Ciudadela en un automóvil militar, acompañado de un
teniente coronel (de paisano), ayudante del general Huerta,
conviniendo el señor de la Barra en seguirme veinte minutos
después"n En el transcurso de este recorrido, Cólogan aceptó
que lo fotografiaran los reporteros de los periódicos capitali-
nos rumbo a La Ciudadela. Su fotografía y su labor ambiva-
30 ¡bid.
.,! ¡bid.
_,2 Ibid.
113
Óscar Flores
lente de presión al gobierno y negociaciones en La Ciudadela
~entro ya definido como de la reacción y la contrarrevolu-
ción- aparecieron al día siguiente en buena parte de los
periódicos capitalinos. Sin embargo, Cólogan siempre se
sintió orgulloso de esa jornada en especial, ya que fue "un día
exclusivamente español".
Antes de continuar rumbo a La Ciudadela, se le unió el
cónsul de la ciudad de México, Emilio Moreno Rosales, "que
fue mi abanderado en la excursión, debiendo apearnos a unos
350 metros de la Ciudadela, por ser de gran peligro continuar
en el automóvil" JO El teniente coronel huertista, Joaquín Mass
~onductor del automóvil-, hizo su labor antimaderista al
comentarle a Cólogan que "unas fuerzas del Gobierno, dis-
tantes, no recibirían la orden de cesar el fuego, obligando al
general Félix Díaz [... ] a contestar el fuego de cañón, ametra-
lladora y fusil, poniendo el Gobierno mi vida en peligro,,?4
Su plan de "armisticio y obra humanitaria" en La Ciudadela
hicieron de Cólogan una figura contrarrevolucionaria a los
ojos de la revolución que estaba por venir. Aunque a su
entender, su visita fue breve y sólo intercambió algunas
palabras con Félix Díaz, "hombre de poquísimas palabras. "J,
Díaz y Huerta hicieron la situación dramática, ya que nunca
cesó el fuego por parte de la~ tropas del gobierno, sabiendo que
Cólogan estaba dentro de la fortificación. "El fuego de fusi-
lería y metralla era cada vez más vivo '-Comentó Cólogan-,
los cristales de una gran claraboya caían a pedazos en la vasta
pieza en que estábamos, y adujo -Félix Díaz- como prueba
de la mala fe del gobierno el hecho de no haber ordenado
D ¡bid.
H ¡bid.
.,5 AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntima de los actos y princi~
pales gestiones del infrascrito durante la decena trágica", 1-2'i'i9, d·ló6, México, 7
de julio de [914.
114
El gobiemo de su Majestad Alfonso Xlii...
eficazmente el cese al fuegJ, obligándolo a él a contestar,
resultando mi vida en inminente peligro".36 Cólogan le expuso,
de lo acordado por el consejo de ministros, sólo lo referente
al armisticio de tres días -ya que De la Barra hablaría con él
sobre la cuestión política 20 minutos después-, a lo que "Díaz
se negó rotundamente a toda concesión" 37 Además, Díaz le
comunicó que contaba con los gobiernos de los estados de
Puebla y Tlaxcala, y una columna de 300 hombres al mando
de un jefe de confianza que "está a las puertas de la capital". 38
Ante la terquedad de Díaz, Cólogan se retiró del salón y
vio entrar a De la Barra. Al salir del zaguán de la fortificación,
el diplomático se encontró ante una numerosa guardia presen-
tando armas, y al frente el cónsul español portando la bandera
del reino. En ese preciso momento unos 300 rebeldes -aunque
Cólogan los definió como "combatientes"- dieron "vivas a
España".39 Cólogan, visiblemente emocionado, se quitó el
sombrero y pronunció un discurso con miras a enardecer los
ánimos, contestándole el diputado Fidencio Hernández en
términos tan halagadores, que el ministro español se vio obligado
a arengar por segunda ocasión. "Las aclamaciones a España, a
la 'madre patria', mezclándose al son de los clarines, no
cesaron hasta el último momento. ,,40 Cólogan regresó a Palacio
Nacional donde volvió a entrevistarse con el presidente y
ministros, quienes se "mostraron contrariados por la actitud
inflexible de Félix Díaz" 41
."Ir, /hid.
H ¡hicl. Félix Díaz se mostró perfectamente decidido sobre la suerte que correría
la conspiración, por lo que contestó a Cólogan: "st'llo me queda triunfar o pasar a la
historia".
,~ ¡hid.
WAMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "La decena trágica o.", op. cit.
40 ¡hid.
41 ¡hid.
115
Óscar Flores
Semanas después del golpe, Cólogan veía en esa viva
demostración de simpatía hacia España hecha en su día por
los rebeldes, ahora en el poder, "un efecto superior a cuanto
yo pude imaginarme [... ) por lo que después he visto y estoy
todavía viendo [... ) figuró España por sí sola,,:2 Era evidente
que los contrarrevolucionarios eran más afectos a la "madre
patria" que el gobierno de Madero, por lo que el ministro
español se atrevió, "autorizado por el alarde de ese día -14 de
febrero-, a hacer ostentación de la bandera, diariamente la
paseé por la ciudad, atada al frente de uno de los veinte
automóviles [... ) que habré ocupado" .43
Pero en La Ciudadela, emblema de la contrarrevolución,
también participaron algunos "combatientes" españoles a la-
do de Félix Díaz. El cónsul Moreno Rosales, quien portaba
la bandera española en el zaguán de la fortificación mientras
Cólogan conferenciaba con el general Díaz, observó y con-
versó con este singular grupo de rebeldes. Cólogan lo referiría
posteriormente en un despacho al Ministerio de Estado en
Madrid: "se acercaron unos españoles a besar nuestra bande-
ra, diciéndole -a Moreno Rosales- eran artilleros y los trata-
ban a cuerpo de rey, y ofreciéndole puros habanos y jerez".44
Cólogan no percibía los alcances que tendría este hecho, se
limitó a excusarlos y a no profundizar en el asunto. En uno
de sus informes comentó: "el hecho es que los españoles se
mezclan irremediablemente en estas luchas políticas" .45
42 ¡bid.
4~ ¡bid.
44 ¡bid.
4~ ¡bid. La labor de intromisión en los asuntos internos de México fue juzgada
duramente por algunos periódicos europeos, en especial por los de Londres, los
cuales recibían información de las agencias estadounidenses. Estas noticias, repro·
ducidas por los diarios madrileños, notificaban las entrevistas hechas por Cólogan
paralelamente con los rebeldes y el presidente Madero, dándoles a ambos el mismo
rango jerárquico. Véase ABe, Madrid, del 17 de febrero de 1913, p. 9; 1g de febrero,
p. 12 Y 19 de febrero, p. 12.
116
El gobie17lo de su Majestad Alfollso XIII ...
EL MINISTRO ESPAÑOL PIDE LA RENUNCIA AL PRESIDENTE
Mientras Cólogan seguía extasiado por sus avatares del 14 de
febrero, la conspiración entraba de lleno en su última fase. Al
regresar esa noche a su casa, comentó: "Caí rendido en la
cama, cuando a la una de la madrugada, ya sábado -15 de
febrero-- me despiertan por llamarme urgentemente el Emba-
jador,,46 Wilson envió un coche militar a recoger a Cólogan,
quien así relata el hecho: "subí misteriosamente a un automó-
vil con luces apagadas, que entre otras personas iba un
coronel, a quien no distinguí en la obscuridad, y al que una
patrulla dio parte al pasar, de acabar de fusilar cuatro indivi-
duos; marchábamos despacio, en silencio y con gran precau-
ción, y al acercarme así a algo sin duda todavía más solemne
y grave, pensé no haber perdido el día anterior,,47
El automóvil paró enfrente de la embajada estadounidense.
El ministro español bajó y entró; ahí se encontraban, además
de Wilson, Von Hintze y el ministro inglés Stronge. Nada más
llegando, Cólogan dio cuenta del resultado de su labor, pero
Wilson, visiblemente agitado, tomó la palabra. Cólogan narró
el acontecimiento de esta manera:
Mr. Wilson, nervioso, p,ílido y con gesto excitado nos repitió por
centésima vez (pues nunca lo ocultó) que Madero era un loco, unfo()j,
un lunatic, que podía ser legalmente declarado incapacitado para
ejercer el cargo; esta situación de la Capital era intolerable / w/u. PUl"
ORDER, nos dccía dando un golpe en la mesa; cuatro mil hombrcs
4K
vienen en camino y subirán aquí si es necesario.
~h lbid.
~7 lhit/. Y AMA!:. Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntimu .. ", O/J. nr.
~~ AMAE Mudrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntima .. "op. cit,
117
Óscar Flores
Su intromisión en las pláticas negociadoras entre los conspi-
radores quedó claramente establecida al predecir la caída de
Madero y el próximo acuerdo entre el ejército leal y los
rebeldes. El embajador continuó vociferando:
Madero está irremisiblemente perdido, y su caída es cuestión de horas,
dependiendo ya únicamente de un acuerdo que se está negociando
entre Huerta (estaba en Palacio Nacional al lado suyo como General
en jefe) y Félix Díaz; con Huerta me entiendo por el gobehlieen,
correveidile, Cepeda, a quien ni de vista ni de oídas conocía yo
(Gobernador más tarde del Distrito Federal, cometió, ebrio tras una
orgía, un verdadero asesinato en la cárcel y "desapareció" el año pasado
en San Juan de Ulúa, quizás como testigo inoportuno o personaje
nocivo por cualquier causa), y para tratar con Félix Díaz va continua-
mente a la Ciudadela un Doctor americano, cuyo nombre no oí hien ni
.
me ha Importa do averiguar.
. 49
La conspiración entró en su fase decisiva. Las tropas de
refuerzo, en las que Madero ingenuamente confiaba, llegaron
a la ciudad de México, pero con el firme propósito de no dar
el golpe mortal a La Ciudadela, sino al gobierno revolu-
cionario. Wilson desmadejó toda la trama conspiradora y
prosiguió:
[... ] el General Blanquet (actual Ministro de Guerra) llegó de Toluca
con dos mil hombres y en él confía Madero, pero no se moverá y sólo
está esperando el momento del golpe (fue en efecto, su batallón
prcdiledo, el 2Y [comentó CóloganJ, quien lo dio, perdiendo la vida el
coronel y el teniente coronel en el tiroteo que hubo en la sala del Palacio
en que acorralaron y detuvieron al Presidente); Madero, continuó
.t') ¡hid.
118
El gobierno de JU Majestad A/jOflJO XI/l. ..
diciendo Mr. Wilson, cuenta ya solamente con la insignificante batería
del General Ángeles (hoy con Villa), y está doomed, sentenciado. 50
Fue en ese momento cuando Wilson volteó a mirar al ministro
español y propuso una acción que, llevada a cabo por Cólogan,
sería el sello final que los revolucionarios necesitaban para
sentenciar a los españoles como contrarrevolucionarios.
Wilson aseguró que
[ ... ] es llegado el momento de hacerle saber que sólo la renuncia puede
salvarlo, y propongo que sea el Ministro de España quien por su .:argo
y por "cuestión de raza" se lo comunique. Poco o nada iha por tanto en
el asunto a mis dos colegas. y al miranne Mr. Wilson, estuve unos
. do 10, y d'l.le en voz haJa
momentos ca 11 ad 0, pensan ' " esta. h'len "1 ....
1 '1
El verecundo fallo del embajador estadounidense -que había
dado luz verde a la conspiración- haría que el ministro
español realizara nuevamente un trabajo sucio. Años más
tarde, cuando el ministro cubano Márguez Sterling conoció
en detalle el acontecimiento, increpó a Cólogan su conducta.
Puso el Ministro de la raza su influencia. l.en la halanza diplomática.
a fin de impedir semejante atentado"! ¿Hizo siquiera alguna reflexi6n
al ofuscado \Vilson, trató de contener en aquella senda, al enfurecido
Emhajador, analizó las responsahilidades que ihan los dos a compartir;
tuvo alguna palahra de justií.:ia, de razón, de derecho, de piedad para
la independencia de México y para la vida de Madero, negó su
concurso a la obra maléfica del verdadero loco? No .. Calló. dijo en su
S2
escrito ... Est:i hien.
~o ¡hid.
51 Ihid.
~~ M.M. SterJing. op.cit., pp.4IS-"¡22.
119
6scar Flores
Por su parte, Cólogan, "sereno pero consciente de lo solemne
del momento", se presentó en Palacio el sábado 15 de febrero
a las nueve de la mañana, y a solas con el presidente "le dijo
a boca de jarro, ambos de pie y estremecidos":
Sr. Presidente, el Embajador nos ha convocado esta madrugada a los
Ministros de Alemania, de Inglaterra y a mí, nos ha expuesto la
inmensa gravedad, interior e internacional, y nos ha afirmado no tiene
V. otra solución que la renuncia [... ] 53
Inmediatamente Madero preguntó al mInistro español qué
pensaba al respecto, y Cólogan, sin titubear, le respondió no
tener duda de que ésa era la mejor salida a su penosa situación.
Sumamente indignado por la actitud del ministro español, a
quien profesaba un afecto que siempre le demostró, el presi-
dente le aclaró que "los ministros extranjeros no tienen dere-
cho de injerirse en la política, sé lo que debo hacer y en todo
caso, moriré en mi puesto" 54 Visiblemente contrariado,
Madero abandonó la sala precipitadamente, dejando solo a
Cólogan. Éste salió detrás del presidente para reanudar la
conversación, pero al intentar hacerlo el ministro de Relacio-
nes Exteriores, Lascuráin, le anunció al presidente y a su tío,
5l AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntima ... ", 0[1. cit.
54 ¡hid. AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "La decena trágica ... ", 01'. cit. , y
AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, telegrama cifrado, 1.2558. México, 16 de
febrero de 191.\. En este telegrama, Cólogan manifestó al gobierno de Madrid lo
siguiente: "Cumplo encargo del Embajador. Voy con presidente le pido su renun-
cia. Nuevamente le aconsejo la renuncia, única solución rápida a menos de esperar
peligrosa injerencia en política del ejército, leal todavía por honor militar pero
íntimamente adverso a Madero. Madero pidió mi opinión sobre lo que proponían
los cónsules, sobre su renuncia yo dije que era lo mejor. Contestó: los ministros
extranjeros no tienen facultad para injerirse, morirá en su puesto." En un telegrama
cifrado el18 de febrero, Cólogan comunicó a Madrid que el embajador le a"eguró que
Huerta depondría a Madero "cuando llegue a un arreglo con Díaz". AMAE Madrid,
Cólogan al MAE Madrid, 1-2558, telegrama cifrado, México, 18 de febrero de 1911
120
El gobierno de su Majestad Alfonso X/JI. ..
Ernesto Madero, que 30 senadores venían a "pedirle dejara
mediante su renuncia un nombre prestigioso en la historia" .55
Cólogan se apresuró a despedirse y no había ya de volver más
a Palacio durante la Decena Trágica.
Para Cólogan, Madero era "tan ingenuo como tan bueno"
y cometió un error fatal al "aferrarse a la presidencia, cuando
ya había llegado la situación a ser para él irremediable. ALEA
JACTA ERAT." 56
Por la tarde del mismo día 15. Wilson y Von Hintze se
presentaron ante Madero, y aquél aprovechó la ocasión para
proferir nuevas amenazas, involucrando a Inglaterra, Alemania
y España, países que -dijo el embajador- estaban dispuestos
a "tomar medidas serias", ante la falta de dureza del gobierno
57
mexican0 El 16 de febrero Wilson se entrevistó con Cólogan
y le comunicó que Madero le había telegrafiado al presidente
estadounidense Taft, molesto por el proceder del embajador
y pidiendo desistiera de una intervención en México. Cólogan
le dio la razón a Wilson y estuvo de acuerdo con él en la
"torpe" reacción de Madero, "sobrando ya por tanto ---{;omentó
Cólogan- toda buena voluntad y todo acto mío". 58 Ese día
Cólogan informaba telegráficamente a Madrid haber cumpli-
do sin éxito el encargo del embajador, "voy con presidente le
pido renuncia [... ] única solución rápida a menos de esperar
peligrosa injerencia en política del ejército, leal todavía por
honor militar pero íntimamente adverso a Madero".59
Un día antes -15 de febrero- el embajador de Estados
Unidos concedió una entrevista a la agencia norteamericana
5', AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "La decena trágica .. ", op. cit.
5h ¡bid.
57 F. Katz, La guerra secreta ... , op. cit., pp. 125·126.
5H AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntima ... ", op. cit.
)9 AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, 1·2558, telegrama cifrado, México. 16 de
fehrero de 191:1.
121
Óscar Flores
United Press, publicada simultáneamente en periódicos de
París y Madrid. En ésta, Wilson resaltaba el temor a una
epidemia, causada por la gran cantidad de cadáveres en las
calles de la ciudad de México. También comunicó que sus
informes a Washington eran desoladores, que la guerra en
México era muy encarnizada e iba contra "todas las prácticas
de la civilización y de las reglas internacionales".60
El 18 de febrero los conspiradores resolvieron dar el golpe.
A la una y media de la tarde Huerta tomó la decisión de
detener a Madero. El general Blanquet y parte de su 29"
batallón irrumpieron en Palacio, en la sala de Consejo, donde
se hallaba el presidente, además de varios ministros y ayu-
dantes. Tras una pequeña escaramuza -en la que resultaron
muertos un coronel, un mayor y un hermano del ministro de
Gobernación-, Madero, el vicepresidente y varios ministros
fueron aprehendidos.
Apenas el mandatario claudicó ente el ejército federal, el
cuerpo diplomático se reunió convocado por su decano, el emba-
jador Wilson, uno de los artífices del golpe. Márquez Sterling
no tardó en escandalizarse ante la postura del embajador. De
éste comentó, "es de los que hablan lo que deben callar y
callan lo que deben hablar. Es el hombre más indiscreto
concebible. ,,61 Visiblemente emocionado y satisfecho por su
labor conspiradora, Henry Lane Wilson leyó, ante el cuerpo
diplomático en pleno, el mensaje enviado por Huerta a su
persona. En él, el general en jefe del ejército federal manifestaba,
en primer lugar, tener presos "por patriotismo al Presidente
de la República y a los miembros de su Gabinete"; dos, "que él
no alienta más ambición que servir a la patria"; tres, "que le ruega
se digne participarlo así a Mr. Taft"; cuatro, "que se lo
{,() ABe,Madrid, 16 de febrero de 1913, p. 1L
6\ M. M. Sterling, op. cit.. pp. 469-472.
122
El gobierno de su Majestad Alfonso XIIl...
comunique a las demás Legaciones" y, finalmente, "si ello no es
abuso, infonne de su aventura a los rebeldes de La Ciudadela" 62
Ante este singular sometimiento de Victoriano Huerta al
embajador de Estados Unidos, este último se atrevió a hablar
tal vez lo que debía callar. Wilson comentó al pleno: "Ésta es
la salvación de México. En lo de adelante habrá paz, progreso
y riqueza. La prisión de Madero lo sabía yo desde hace tres
días. Debió ocurrir hoy de madrugada. ,,63 Sterling escribió en
sus Memorias que el embajador "no cabía de gozo y se le
escapaban las confidencias. Presentó la lista de los afortuna-
dos que integrarían el Gabinete del general Huerta. Y no se
equivocó en un solo hombre. Sin embargo, Huerta no era
todavía presidente provisional. ,,64 Los periódicos de Madrid
también resaltaron este sometimiento del general porfirista al
embajador. "Apenas asumió el mando el supremo del poder
Ejecutivo el general Huerta (sic), dio cuenta oficial de ello al
embajador de los Estados Unidos, rogándole ~ue lo comuni-
case a los demás representantes extranjeros. ,,6.
Ya desde el 17 de febrero el embajador español en
Washington comunicaba al Ministerio de Asuntos Exteriores
en Madrid que, aunque Henry Lane Wilson no aparecía "por
ningún lado en los hechos de la decena trágica, la prensa
norteamericana asegura que el embajador de los Estados
Unidos es allí la guía de la situación,,66
(,2 ¡bid.
11-' ¡bid, p. 472.
M ¡bid.
f,_~ ABe. Madrid. 20 de febrero, 1913, p. JI. La nota también reveló que [os "jefes
revolucionarios del norte han presentado su conformidad con el nombramiento del
general Huertas (sic), haciendo contar que habrá de serlo con carácter provisional
y eligiéndose definitivamente a los señores De la Barra ó Trcviiío". Las represalias
contra las instituciones maderistas habían iniciado, las oficinas y redacción del
diario Nueva Era, órgano de la Revolución, serían incendiadas esa noche.
(,6 AMAE Madrid, Riaño a MAE, ]-2557, d-97, Washington, 17 de febrero de I\)I.~.
123
Óscar Flores
El arresto de Madero conmocionó a Cólogan. Al conocer
la noticia, fue inmediatamente a ver al presidente, a sus
ministros -quienes fueron puestos en libertad bajo palabra-,
y a sus familias, con el fin de "tranquilizarlos siquiera relati-
vamente" .67 El ejército pronto tomó posesión del Palacio y de
las instituciones públicas. Los padres, las hermanas solteras
y la esposa de Madero se refugiaron en la legación de Japón,
una vez ~ue Von Hintze les negara el asilo en la legación
imperial.
EL PACTO DE LA EMBAJADA
Por la tarde del fatídico 18 de febrero, Wilson invitó a Huerta
y a Félix Díaz a la embajada. El objetivo era evidente:
concretar, bajo la rígida mirada del embajador, un pacto entre
los dos bandos conspiradores. El gobierno que saldría de ahí
tendría la inexorable anuencia de Washington, o cuando
menos del embajador. Ese día, el ministro cubano llegó a las
diez de la noche a la embajada en busca de noticias. Sin
proponérselo, sería testigo del llamado Pacto de la Embajada,
que daría forma al naciente Estado castrense. Al llegar a la
puerta del lugar, se encontró con varios ministros extranjeros
quienes, al ver salir al embajador, le preguntaron por la suerte
del presidente Madero. Con descaro indescriptible, Wilson
respondió: "Oh, al Señor Madero le llevaran a un manicomio,
que es donde siempre debieron tenerlo. ,,69 De inmediato,
Wilson pasó a los ministros de Chile, Brasil y Cuba a un gran
salón. Ahí les presentó a los artífices del golpe, Díaz, Huerta
y Rodolfo Reyes, futuro ministro huertista, e hijo del general
ó7 AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "Relación íntima . . ", op. cit.
61\ F. Katz, La guerra secreta ... , op. cit., pp. 383-364, n. 32.
ó<) M. M. Sterling. op.cit., pp. 473-480.
124
El gobierno de su Majestad Alfonso XIlL
Bernardo Reyes. Sin dar más rodeos, se leyó el texto en el que
Díaz y Huerta usurpaban el poder y proponían el nuevo
gabinete. Éste se formó con viejos científicos y reyistas, todos
empedernidos restauradores del viejo régimen. Concluida la
lectura donde Huerta, en evidente posición de fuerza, era
proclamado presidente provisional -<:on el fin de llamar
pronto a elecciones donde se presentaría Félix Díaz a ocupar
la presidencia por acuerdo entre ambos-, los representantes
de los dos bandos conspiradores "se miraron fijamente, se
hubieran devorado -escribió Sterling-, pero se abrazaron. Y
todos, menos los ministros, aflaudieron. El Embajador excla-
mó, muy bien, muy bien ... ,,7 Terminada la comedia, Wilson
se llevó a Díaz a beber "champaña" por el éxito del "cuarte-
lazo". Los ministros quedaron inmóviles ante la trama, el
embajador, en la puerta de la calle, les vociferó riendo: "Viva
Félix Díaz, el ídolo de los extranjeros." Los ministros le
contestaron "como usted guste, Embajador" 71
Con el golpe militar varias personas resultaron afectadas,
heridas o asesinadas, como fue el caso del hermano del
Apóstol, Gustavo A. Madero, quien murió en manos de la
soldadesca. Todo hacía temer que Francisco 1. Madero tendría
el mismo fin. El 19 de febrero Sterling pasó por la legación
japonesa, donde se encontraban asilados los parientes del
depuesto presidente; ahí, le entregaron éstos una carta de
petición a Huerta para garantizar la vida de Madero, con el
fin de ser aprobada por el cuerpo diplomático. Los ministros
de Cuba y de Japón, Horigoutchi, llevaron la petición a la
embajada estadounidense, donde se encontraban Wilson,
Stronge, Cólogan y el encargado de negocios de Austria-
Hungría, George de Pottere. Al entregarle la petición a Wilson,
70 ¡bid.
71 ¡bid.
125
Ósear Flores
éste "no puede reprimir una mezcla de cólera. Esto es impo-
sible --dijo Wilson-, se oponía a que el cuerpo diplomático
acordara esto" 72 Sin embargo, en un momento reflexionó y
ordenó que se lo pidieran directamente a Huerta, pero subrayó
que no fueran en nombre del cuerpo diplomático. El embaja-
dor miró a Cólogan y lo señaló diciendo que él y el ministro
de Cuba "podrían ir a Palacio a entrevistarse con Huerta".73
Sterling comentó: "el Sr. Cólogan, dispuesto siempre a
complacer a su colega yanqui, accedió y nos pusimos en
camino" .74 Una vez en Palacio, no pudieron entrevistarse con
Huerta, pero el general Blanquet los recibió y les dio su
palabra y garantía de que Madero no sería hostilizado. Des-
pués, hicieron una larga visita al prisionero Madero y al
vicepresidente José María Pino Suárez. Ambos habían firma-
do sus renuncias, las que estaban por ser avaladas por el
Congreso. A cambio de ello, los conspiradores les aseguraron
que el día 20 serían escoltados al puerto de Veracruz, de donde
partirían para Cuba en el crucero del mismo nombre, puesto
a su disposición por Sterling. El ministro cubano se ofreció a
acompañarlos no sólo en el trayecto a Veracruz, sino a la
misma isla caribeña. Al despedirse de Madero y Pino Suárez,
aquél agradeció, específicamente a Sterling, sus negociacio-
nes con los conspiradores para obligarlos a dar seguridad a
sus vidas. Pero otro compañero de celda, Felipe Ángeles, no
creía en el ilusorio viaje, incluso, en un momento en que
Madero dialogaba con Cólogan, le dijo a Sterling: "a Don
Pancho lo truenan" .75
72 ¡bid, pp. 482-487.
73 ¡bid.
74 ¡bid, pp. 488-489.
15 ¡bid., pp. 490-496, Y AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid, "La decena trágica ... "
op. cit. Cólogan refiere en su entrevista con Madero en la prisión de la Intendencia de
Palacio Nacional lo siguiente: "Estuvimos más de una hora y nuestra entrevista fue
afectuosa, felicitándome de su salida del país, de que él también se mostraba
126
El gobierno de su Majestad Alfonso Xlii...
La inquietud era extrema y no hubo momento en que la
esposa de Madero no se apareciera por la legación española,
pidiendo garantías de la vida de su marido.
El mismo día 20, luego de aceptarse la renuncia del Ejecu-
tivo y del vicepresidente, Huerta confonnó su gabinete y se
comunicó con el ministro estadounidense por medio del viejo
porfirista León de la Barra, nuevo ministro de Relaciones
Exteriores, con el fin de recibir al día siguiente, a mediodía,
al cuerpo diplomático. El viso de legalidad al golpe de Estado
lo dio la Constitución mexicana. Ante la dimisión de Madero y
Pino Suárez, el ministro de Relaciones Exteriores, Lascuráin,
fue automáticamente nombrado presidente provisional; al
renunciar de manera inmediata. este honor recayó, por ley, en
el ministro de Gobernación, nombrado momentos antes en la
persona de Victoriano Huerta.
El embajador de Estados Unidos hizo su última escenifica-
ción teatral. Convocó al cuerpo diplomático a las diez de la
noche del día 20, con el objetivo final de conseguir de los
delegados extranjeros el reconocimiento del nuevo gobierno
castrense. El escenario estaba dispuesto con el mismo actor
principal, Wilson dirige la reunión y pide la opinión de
Cólogan y, así, sabiendo de antemano que lo secundaría. El
ministro español argumentó que los ministros extranjeros no
podían negarse a reconocer al gobierno provisional, nacido
salisfecho. Ahora comprenderá V., le dije en un momento oportuno, toda la sana
intención y justificado propósito que me llevaron a Palacio para hacerle saber lo
que el Embajador opinaba de su renuncia observación que también había hecho a
su señora". Véase también la importancia que daba Madero a los representantes
diplomáticos como garantía de su vida durante su encarcelamiento. En sus diálogos
con Huerta. Madero siempre exigió la presencia de alguno de los ministros de
Chile. Cuba o Japón. Estos avatares los describe el testigo Federico González
Garza, en su libro De cómo vino Huerta y cómo se fue ... Apuntes para la historia
de un régimen militar, 1. 1: Del Cuartelazo a la disolución de las Cámaras, México,
Librería General. 1914, pp. 43-45.
127
Óscar Flores
de la Constitución mexicana, igual ~ue lo fue el del señor De la
Barra al renunciar Porfirio Díaz. 6 Sin más comentarios,
Wilson propuso y aprobó una comisión redactora para aceptar
al nuevo gobierno. Pronunció tres nombres, Von Hintze,
Stronge y Cólogan. 77 Nuevamente dejó en el camino a los
ministros latinoamericanos. Esta práctica tan común del re-
presentante estadounidense, de reducir el cuerpo diplomático
a sólo cuatro legaciones extranjeras de importancia, ya había
sido denunciada por la prensa internacional, que no dudaba
de la magnitud de la injerencia de Wilson en la problemática
. 78
mexIcana.
Para el ministro cubano esto fue denigrante, ya que "la
cuestión mexicana afectaba directa y profundamente a
la diplomacia continental, a la política ya los intereses de las
naciones iberoamericanas, y deberían siempre aliarse repre-
sentadas, por sí mismas, en la constante labor del Cuerpo
Diplomático".79
Al día siguiente, a nombre del cuerpo diplomático, ante
Huerta fue leído el texto redactado en definitiva por Cólogan.
80
Wilson, atrevidamente, leyó el documento en inglés
El día 20 por la noche, Cólogan y su familia pasaron por la
legación de Japón para despedirse de los familiares del ex
presidente, ya que el salvoconducto para Veracruz se verifi-
76 M. M. Sterling, op.cit., pp. 524-528.
77 ¡bid.
7X AMAE Madrid, Riaño al MAE Madrid, 1-2557, d-97, Washington, J7 de febrero de
19D.
7') M. M. Sterling, op.cit., pp. 524-528. Sobre la relación Wilson-Cólogan, Sterling
comentó: "Cólogan es hombre inteligente, avezado a los empeños diplomáticos,
bondadoso hidalgo. El Embajador lo quiere. Y nunca estorba al Embajador en sus
designios. ¡Muy bien!, exclama Mr. Wilson a cada sílaba que lee ufano el Ministro
de España, y Cólogan disfruta de una gloria deleznable, es cierto, efímera, sin duda,
pero intensa. La gloria literaria."
xo ¡bid, pp. 540-541.
128
El gobiemo de su Majestad Alfonso XI/l...
caría a las diez de la noche. Pero todo fue inútil, la familia
Madero esperó impaciente hasta la una de la madrugada en la
estación del ferrocarril que partía para Veracruz, sin que
aparecieran Madero y Pino Suárez. Al día siguiente, Von
Hintze y Cólogan hicieron todo lo posible por evitar la muerte
de ambos. Aunque presionaron a Wilson para que los apoyara,
éste no movió un dedo para impedir que el dictamen del
gobierno castrense se cumpliera. En la noche del 22 al 23 de
febrero, Madero y Pino Suárez vieron irrumpir a varios
oficiales federales en la intendencia de Palacio, donde estaban
presos. En el más portentoso sigilo, los militares arrastraron
a los detenidos a unos coches estacionados a las afueras de
Palacio; ahí, los subieron y les dijeron que iban a ser trasla-
dados a la penitenciaría. En el transcurso del viaje fueron
asesinados. La versión oficial señaló que Francisco 1. Madero
y José María Pino Suárez habían muerto durante ese traslado,
cuando un grupo de maderistas armados intentó liberarlos.
Nadie, ni los diplomáticos extranjeros, creyó ese argumento.
Ya los artífices del golpe habían informado a la prensa
internacional que el presidente y el vicepresidente serían
juzgados por asesinato y por haber saqueado el tesoro nacio-
81
nal De hecho, se comentaba que su sobrevivencia, hasta ese
momento, se debía a la intervención de Wilson, quien había
salvado al ex presidente de ser asesinado de igual forma que
su herman0 82 La prensa madrileña expuso la historia oficial
de los hechos sangrientos sucedidos la noche del 22 de febre-
ro; en una entrevista, el presidente español del consejo de
ministros, el conde de Romanones, explicó la información
que tenía el gobierno de Alfonso XIII sobre los acontecimien-
tos. Señalaba que no hubo fusilamientos, pues el general
XI ABe, Madrid. 21 de febrero de 191-', p. 13, Y 22 de febrero, p. D.
x:' ABe. Madrid, 22 de febrero de 1913, p. In
129
Óscar Flores
Huertas (sic) había prometido que no serían ejecutados los
prisioneros; en consecuencia, las muertes serían consideradas
por la monarquía constitucional como un fatal accidente. 83
Con esta postura, se dejaba abierta la puerta para un próximo
reconocimiento del nuevo gobierno mexicano surgido del
golpe militar.
CÓLOGAN COMO INSTRUMENTO DEL EMBAJADOR YANQUI
La pesadilla había comenzado. Después de recoger los cadá-
veres, la viuda de Madero y su familia partieron sigilosamente
de la ciudad de México el 24 de febrero por la noche. Como
una excepción, antes de emprender el viaje recibieron a
Cólogan y su familia ~sposa y una hija- para despedirse. El
cuadro que presenció el ministro español fue de "profundo
dolor". El mismo fatídico día 22, la señora Madero, su madre
política, la señora de Pino Suárez y el secretario particular del
vicepresidente, el español Fernández de la Reguera, visitaron
alarmados a Cólogan, porque corría el rumor de que serían
trasladados de prisión ~ con altas probabilidades de que se les
aplicara la "ley fuga". 4
En un acto de justificación del régimen castrense, el Diario
Oficial del 17 de abril de 1913 reprodujo una conferencia de
Henry Lane Wilson, tomada de The Springfields Republican.
donde hacía alusión a la necesidad de derrocar al gobierno
maderista y establecenr un "Gobierno fuerte". La labor de la
representación estadounidense tuvo su propia connotación.
Wilson comentó:
H_, ABC, Madrid, 24 de febrero de 19]], p. 5, 25 de febrero, y 26 de febrero, p. ]9.
X4 AMAE Madrid, CóJogan al MAE Madrid, "Relación íntima ... ", op. cit.
130
El gobierno de ,1" Majestad Alfonso XIll...
Era evidente que Madero no podía gobernar. Su régimen estaba ya
hecho pedazos y se cometfan toda clase de atentados. Americanos y
otras personas fueron reducidas a prisión y más de cien fueron muertos,
sin que hubiera sido instituido ningún proceso a los asesinos. Dice Mr.
Wilson que por requerimiento suyo los Ministros residentes en la
ciudad decidieron pedir a Madero su renuncia inmediatamente. Madero
rehusó, insultándolos. Entonces vino el bombardeo y los diez días de
terror en la Capital de México. Pronto las calles quedaron ¡ntransitadas
por temor a la muerte, a cada hora perpetraban crímenes horribles, y
los extranjeros quedaron amenazados no solamente por las balas sino
por la epidemia. Dice Mr. Wilson que la Embajada americana se
R5
convirtió en el centro de todas las acciones a favor de la humanidad.
Casi un año y medio después, ante el inminente derrumbe de
la dictadura huertista, Cólogan hacía frente a las numerosas
críticas que lo señalaban como uno de los artífices del golpe
de febrero de 1913. Los hechos eran abundantes, entre ellos,
la petición de renuncia que el diplomático español hizo a
Madero días antes. Todo parecía indicar que el funcionario
también estaba confabulado con la embajada estadounidense.
La prensa norteamericana siempre lo tildó de instrumento de
Wilson, a lo que Cólogan replicó que ésas eran "jactancias
imperialistas" y, en un acto de conciencia, manifestó desco-
nocer --{;omo probablemente pudo haber sido- el alcance de la
trama que preparaba el embajador Wilson. Cólogan escribió:
Mucho he pensado y lo pienso hoy que trazo estas líneas, recordando
aquellos luctuosos incidentes, tan vivos en mi memoria como si fueran
de ayer. No desconocía que el Señor Madero jugaba una tremenda
partida y corría un inminente riesgo cualquiera, pero no podía ser
adivino, y al retlexionar lristemente en lo después ocurrido, he sentido
H.~ Diario (~flcial, Mt!xico, 17 de abril de 191.'\.
131
Óscar Flores
siempre en mi fuero interno que mi misión fue buena, que yo habría
podido salvar esa vida, que hice bien en aceptar el encargo (del
Embajador), y que por el contrario, cabría el remordimiento de haber
tenido la ocasión de evitar el trágico fin y de no haberlo intentado por
. .
encogimiento, ,
por egOlsmo o por fla ta d e corazon.
,86
Sin embargo, sobre el momento de aceptar la misión propues-
ta por Wilson, Cólogan escribió en su informe confidencial
los parámetros sobre los cuales se vio precisado a actuar del
modo que lo hizo, no sin antes increpar la labor secreta que
respaldaba Wilson, sin duda desconocida para el españoL
[ ... ] y dije en voz baja "está bien", es decir: está interesado mi honor,
puesto que tú, Embajador norteamericano invocas mi cargo y mis
vínculos, corno pariente cercano escogido para decir al moribundo
prepare su testamento, y además, hay dolor en la misión y sobre todo
peligro cierto; estás tan penetrado de la conspiración corno jefe y
zurcidor que vienes a ser ella, son tan irrefutables los hechos y tus
demostraciones respecto a la traición de Huerta, a la plena seguridad
de Félix Díaz en la Ciudadela (explicándome entonces perfectamente su
intransigencia conmigo), a la pérdida inevitable del Presidente Madero,
que es cuestión también de corazón y un deber, no ya de amistad sino
de humanidad, prevenirlo, salvarlo. 87
En las Memorias de su gestión diplomática, Márquez Sterling
aborda el tema de la diplomacia europea y el intermediarismo
yanqui en los países latinoamericanos. Su vivencia en México
durante la Decena Trágica lo hace testigo y participe a la vez, de los
meandros que encuentra la labor diplomática latinoamericana
frente al todo poderoso vecino del norte. Sterling escribió:
~tí AMAE Madrid, Cólogan al MAE Madrid. "Relación íntima ... ", 01'. cit.
~7Ibid.
132
El gobierno de m Majestad Aljonso XIII...
Vagando en torno a los representantes europeos, la sombra de Monroe,
nadie intenta contrariar al Embajador norteamericano. Al romper la
tempestad, el europeo se acoge a la diplomacia intermediaria de Mr.
Wilson, a quien supone intérprete de su gohierno. sólidamente respal-
dado por la sesuda Chancillería de Washington [... 1 En las relaciones
de Europa con la América Latina. ése es el torpe régimen vigente.
i,Podrían negarse aquellos Ministros al dictamen de Mr. Wilson. que
oficialmente encarnaba el poderío, la voluntad, el firme propósito, los
designios de la Gran República del Norte? El Embajador se alJ:a entre
ambos continentes: y ejerce de Supremo Delegado Universal. Necesita
libres los brazos para la inmensa responsabilidad que descarga el
planeta sobre sus hombros: y' no le oponen resistencia los europeos. ni
combaten sus prejuicios, ni le preocupa el móvil de sus planes, diplo-
macia expectante y. en cierto modo. subalterna. estrecha. ambigua.
estrictamente profesional, sujeta a resortes fijos y distantes que a veces
. ministros
1os propIOs .. d esconocen. 8'
La labor de Wilson en estos cruciales días se llevó a cabo a
pesar de la negación de su presidente Taft, al amenazar al
gobierno mexicano con una intervención armada con el fin
de lograr el derrocamiento de Madero. Es cierto que Taft llegó
a manifestar su total desacuerdo con la política interior desa-
rrollada por el gobierno mexicano, pero difería aparentemente
con su embajador en los métodos propuestos. Sin embargo,
su actitud ante las misteriosas actividades del embajador fue
siempre de apoyo incondicional a los hechos consumados.
También es de remarcar que en Washington se vivía una etapa
de transición. El mes de febrero de 1913 fue el último periodo
presidencial de Taft, ya que el 4 de marzo del mismo año el
demócrata Woodrow Wilson tomaría posesión como presi-
dente, desbancando al militarista Partido Republicano.
~~ M. M. Sterling:, OJl. rit., pp. _~_\6·'i'K.
133
Óscar Flores
En su último mes en el poder, Taft se vio inmerso y
asediado por innumerables aspiraciones contradictorias en
relación con la política que había seguido en el caso mexica-
no. Las tendencias que apoyaban una intervención armada,
como la de su embajador, así como las de no injerencia a
fondo en la problemática mexicana, estaban todavía presentes
al entregar el poder a un Partido Demócrata que en apariencia
se mostraba menos agresivo hacia el exterior. A fin de cuen-
tas, el nuevo gobierno de Woodrow Wilson nunca reconoció
como régimen legítimo al emanado del Pacto de la Embajada,
simplemente porque había surgido de un evidente golpe de
Estado. Además, las muertes de Madero y Pino Suárez no
estaban del todo esclarecidas. La postura liberal asumida por
Wilson en México, primera cuestión de envergadura en polí-
tica exterior a la que tuvo que enfrentarse. marcó un nuevo
rumbo con respecto a la política practicada por Washington
meses atrás.
134