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Competencia Comunicativa en Educación

El documento analiza la importancia de la competencia comunicativa en el trabajo pedagógico. Argumenta que la comunicación es un proceso clave en la labor educativa y que los profesionales deben desarrollar herramientas de comunicación competente para interactuar de manera efectiva con los estudiantes. También examina conceptos teóricos sobre la competencia comunicativa profesional y cómo esta puede mejorar los procesos comunicativos y el desempeño del trabajo pedagógico.

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Competencia Comunicativa en Educación

El documento analiza la importancia de la competencia comunicativa en el trabajo pedagógico. Argumenta que la comunicación es un proceso clave en la labor educativa y que los profesionales deben desarrollar herramientas de comunicación competente para interactuar de manera efectiva con los estudiantes. También examina conceptos teóricos sobre la competencia comunicativa profesional y cómo esta puede mejorar los procesos comunicativos y el desempeño del trabajo pedagógico.

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Revista Universidad y Sociedad

versión On-line ISSN 2218-3620


Universidad y Sociedad vol.7 no.2 Cienfuegos mayo.-ago. 2015

La competencia comunicativa en la labor pedagógica

MSc. Yanelis de la Caridad Pompa Montes de Oca , Dr.C. Idalberto Amado


Pérez López

Universidad de Cienfuegos. Cuba.

RESUMEN

La comunicación es un proceso de suma importancia en la labor educativa por lo que


cada profesional que se desempeñe con este perfil debe prepararse para el dominio de
las herramientas necesarias, con el objetivo de convertirse en un comunicador
competente, pues la adquisición de una competencia comunicativa, entendida como un
saber hacer en situaciones concretas que requieren la aplicación de conocimientos,
habilidades y actitudes, es una exigencia para la realización de su ejercicio, y además,
en el desarrollo de este, asume características especiales por cuanto forma parte de un
particular en la formación y desarrollo de la personalidad, que es el ámbito
pedagógico. Es por estas razones que este artículo dirige su atención hacia el análisis
de algunas cuestiones teóricas sobre la competencia comunicativa y la competencia
comunicativa profesional pedagógica, que son de necesario conocimiento para el
perfeccionamiento del proceso comunicativo, visto no solo como una necesidad social
en el establecimiento de las relaciones, sino también, desde su análisis como una
herramienta para el trabajo pedagógico y como una competencia profesional.

Palabras clave: Comunicador competente, competencia comunicativa profesional


pedagógica, trabajo pedagógico.

ABSTRACT

Communication is a process of high importance in the educative work; therefore every


professional of education should be ready to master the necessary skills so they can
become competent communicators. The acquisition of a communicative competence is
a demand for the performance of this profession and it takes special characteristics
within it, since it is part of the formation and development of the students’ personality.
Thus, the article focuses on the analysis of some theoretical conceptions about
communicative competence and professional pedagogical communicative competence,
which are necessary for the improvement of both the communicative process as a
social necessity in the establishment of relationships, and its analysis as a tool for the
pedagogical work and as a professional competence.

Keywords: Competent communicator, professional pedagogical communicative


competence, pedagogical work.

INTRODUCCIÓN

El mundo de hoy sufre acelerados cambios en todos los órdenes, aumentando su


exigencia sobre el crecimiento del conocimiento y los aprendizajes estratégicos, lo cual
demanda la recurrencia a múltiples saberes, así como a una actualización constante de
ellos.

A partir de estos desafíos se hace necesario formar un hombre capaz de establecer


relaciones con sus semejantes y desarrollarse en la sociedad, apreciar y valorar
justamente tanto el medio en que vive como el trabajo creador del ser humano.

Constituye entonces, un reto ineludible egresar profesores capaces de resolver de


forma científica y práctica, las interrogantes que su tiempo les imponga, teniendo en
cuenta las condiciones histórico – concretas de este y sus complejos procesos de
cambios, transformaciones o reajustes sociales; así como garantizar en ellos el
dominio de aquellas competencias que les permitan responder a las demandas de las
políticas educativas y sociales y establecer una interacción efectiva y transformadora
con sus educandos, con el objetivo de convertirlos en individuos que puedan
desarrollarse en la sociedad y mostrarse como personalidades independientes,
integradas a un sistema de relaciones que les permita la coexistencia con sus
congéneres, así como con todo lo que les rodea.

Es indiscutible el valor que toma el proceso de comunicación en el logro de este


empeño, por lo que cada persona debe prepararse para el dominio de las cuestiones
necesarias con el objetivo de convertirse en un comunicador competente que pueda
desarrollarse como ser social e interactuar en cada espacio con sus semejantes, lo que
lo obliga a prepararse en este sentido y a profundizar en las cuestiones referidas a este
proceso.

Es por estas razones que este trabajo dirige su atención hacia el análisis de algunas
cuestiones teóricas sobre la competencia comunicativa que son de necesario
conocimiento para el perfeccionamiento del proceso comunicativo y con ello las
relaciones sociales, vista esta no solo como una necesidad en este orden y en el
establecimiento de las relaciones, sino, desde su análisis como una herramienta para el
trabajo y como una exigencia profesional.

DESARROLLO

Es necesario formar un hombre capaz de establecer relaciones con sus semejantes y


desarrollarse en la sociedad, apreciar y valorar justamente tanto el medio en que vive
como el trabajo creador del ser humano, conforme resulta indiscutible el valor que
toma el proceso de comunicación en el logro de este empeño, por lo que cada persona
debe prepararse para el dominio de las aptitudes necesarias con el objetivo de
convertirse en un comunicador competente.

Competencia se deriva del griego agón que da origen a los vocablos agonía y
agonistes, este último era la persona que competía en los juegos olímpicos con el fin
de ganar. Significa disputa o rivalidad entre dos o más sujetos, es, además, la aptitud
para lograr algo.

Se pueden considerar, entonces, como competencias a todos aquellos


comportamientos formados por habilidades cognitivas, actividades de valores,
destrezas motoras y diversas informaciones que hacen posible llevar a cabo, de
manera eficaz, cualquier actividad. Estas, según Tobón, Pimienta y García Fraile
(2010) deben entenderse desde un enfoque sistémico como actuaciones integrales
para resolver problemas del contexto con base en el proyecto ético de vida; y según
Vázquez Valerio (2010) son un conjunto articulado y dinámico de conocimientos,
habilidades, actitudes y valores que toman parte activa en el desempeño responsable y
eficaz de las actividades cotidianas dentro de un contexto determinado.

Existen criterios que analizan la competencia solo en su acepción de competitividad por


su uso actual en el mercado, pero es de gran importancia el análisis y la visión
integradora de este término que además se considera impulsor por el alcance que ha
tenido en la sociedad actual y que incluye, no solo la capacidad para hacer, sino el
saber hacer en situaciones dadas, lo cual implica el uso correcto del conocimiento y las
habilidades para la solución de problemas en la vida práctica,

A diario se plantea que en todo el mundo cada vez es más alto el nivel educativo
requerido a hombres y mujeres para participar en la sociedad y resolver problemas de
carácter práctico. Es por ello que se hace necesaria una educación que contribuya al
desarrollo de competencias amplias para la manera de vivir y convivir en una sociedad
que cada vez es más compleja; dentro de estas exigencias se encuentra el uso del
lenguaje, la tecnología, los símbolos y el conocimiento; y la capacidad para actuar en
grupos diversos y de manera autónoma. Para lograr lo anterior es necesario que la
educación y sobre todo la formación de profesionales tenga en cuenta estas
competencias y la relación entre el saber (conocimiento); el saber hacer (habilidades);
y el saber ser (valores y actitudes).

Ser competente, en síntesis, es manifestar en la práctica los diferentes aprendizajes,


satisfaciendo así las necesidades y los retos que se tienen que afrontar en los
diferentes contextos donde se interactúa con los demás, en esta interacción, por
supuesto, se tiene en cuenta la que se establece entre los alumnos y entre los
profesores con ellos.

La noción de competencia, referida inicialmente al contexto laboral, ha enriquecido su


significado en el campo educativo en donde es entendida como un saber hacer en
situaciones concretas que requieren la aplicación de conocimientos, habilidades y
actitudes, como se planteaba en párrafos anteriores. Es necesario detenerse a analizar
que el enfoque por competencias en la educación está estrechamente ligado con el
desarrollo y educación para la vida personal; así como la autorrealización de los
individuos. Este enfoque no tiene que ver con ser competitivo, sino con la capacidad
para recuperar los conocimientos y experiencias, aprender en equipo, logrando una
adecuada y enriquecedora interacción con los otros.
En el contexto educativo específicamente, las competencias emergen como elementos
integradores capaces de seleccionar entre una amplia gama de posibilidades, los
conocimientos acertados para determinados fines.

Parsons (1949), propuso un esquema conceptual que permitía estructurar las


situaciones sociales, según una serie de variables dicotómicas. Una de estas variables
era el concepto de "acheviement versus ascription" que en esencia, consistía en
valorar a una persona por la obtención de resultados concretos en vez de hacerlo por
una serie de cualidades que le son atribuidas de una forma más o menos arbitraria.
McClelland (1958) presentó una nueva variable para entender el concepto de
motivación: "performance/quality", considerando el primer término como la necesidad
de logro (resultados cuantitativos) y el segundo, como la calidad en el trabajo
(resultados cualitativos).

Con posterioridad, el mismo McClelland (1973) demuestra que los expedientes


académicos y los test de inteligencia por sí solos, no eran capaces de predecir con
fiabilidad la adaptación a los problemas de la vida cotidiana y en consecuencia, el éxito
profesional. Por lo que busca nuevas variables, a las que denomina competencias, que
le permitieran una mejor predicción del rendimiento laboral. Estos autores, citados por
Lama (2013), analizan las competencias como resultados en una actividad específica,
no se limitan a la posesión de conocimientos y las aptitudes, sino a los resultados de
estos en la vida cotidiana y en la actividad laboral.

Las competencias aparecen vinculadas a la forma de evaluar aquello que realmente


causa un rendimiento superior en el trabajo, y no a la evaluación de factores que
describen todas las características de una persona con la esperanza de que algunas de
ellas estén asociadas con el rendimiento en el trabajo. Evolutivamente McClelland
(1987), revela los posibles vínculos entre la necesidad del logro de resultados y el
éxito profesional a través de la motivación humana, lo que propicia se logren
determinar mecanismos o niveles de necesidades y un adecuado nivel de logros con
incidencia de actitudes que permiten sacar adelante sus proyectos.

Los cambios en la estructura del mercado, las innovaciones tecnológicas y las formas
de organización del trabajo actual requieren nuevos saberes y el desarrollo de nuevas
competencias que hasta el momento no solían estar contempladas en los sistemas de
formación profesional.

Se coincide con Lama (2013) cuando hace referencia al carácter polisémico del término
(competencia como aptitud, capacidad y conjunto de componentes), a que su
aplicación está supeditada a las formas particulares de desarrollo y del diseño de
políticas educativas y laborales de cada país, a que se materializa a través del
cumplimiento de funciones propias de una profesión u oficio y a que es condición para
contribuir al desempeño eficiente.

Existen diferentes modelos por competencias, defendidos por Michel (1993); Selvatici
& D´Angelo (1999); Di Fabio (2003); y Sánchez (2004) a los cuales se hará referencia
someramente a continuación.

Modelos unidimensionales: son los que hacen coincidir el término competencia con una
única dimensión que se considera como adecuada para expresar y representar el
concepto (incluye el modelo aptitudinal donde se asimila aptitud y competencia; las
aptitudes como base de las competencias; el modelo declarativo que plantea que el
saber lo que constituye la competencia, se distinguen por su corte intelectualista; el
modelo procedimental o de desempeño que focaliza la atención en el saber hacer, los
resultados de la competencia son interpretados como saber desempeñarse en una
manera válida; y el modelo relacional que es el resultado de poner en relación las
acciones exitosas de la persona con su saber ser).

Por otra parte los modelos multidimensionales que reconocen la contribución de varios
componentes que convergen para originar la competencia (incluye el modelo cognitivo
que destaca la afirmación de que la competencia no existe en sí misma y es entendida
como la capacidad de resolver de modo eficaz un problema en el seno de un contexto
organizativo; el modelo metacognitivo que es entendido como la conciencia de cómo
se articulan y se implementan los procesos cognitivos, lo cual hace que se pueda
hablar de transferibilidad de las competencias; el modelo evolutivo donde la
competencia es vista como una habilidad general, contingente y operativa que se
origina y se desarrolla en un contexto concreto con el cual interacciona; la
competencia ha de ser siempre contextualizada; el modelo psicosocial donde se da
mucha importancia a la disposición de una persona a movilizar sus recursos de modo
eficaz y flexible; es decir; a la capacidad de activar conocimientos y cualidades
personales a la hora de enfrentarse a un problema, (qué cosas saber), (saber cómo se
hacen) (la postura ante); y el modelo humanístico donde se valora la dimensión
subjetiva de la competencia y afirma que esta es un atributo de las personas.

Por último se reconocen los modelos integradores que constituyen tentativas de


definición que se proponen recuperar los aspectos sobresalientes de las anteriores
perspectivas para, eclécticamente, llegar a conseguir una visión recompuesta y
compleja del término (incluye los modelos eclécticos que plantean que ser competente
implica dominar y controlar varias habilidades debidamente estructuradas e
integradas; los modelos integradores que se basan en la definición de competencia
como conjunto estructurado de conocimientos, habilidades y logros necesarios para el
eficaz desempeño de una tarea laboral. Se conjuntan rasgos del modelo
unidimensional declarativo (saber), procedimental (saber hacer) y psicosocial (saber
ser y estar).

Esta tipología de modelo es la asumida por los autores a partir del hecho de considerar
como premisa fundamental que las competencias integran un conjunto de
componentes cognitivos, motivacionales y cualidades de la personalidad, contenidos en
la estructura de los conocimientos y habilidades, integrados para el desempeño
eficiente de una tarea laboral.

Entre las competencias básicas que el individuo debe desarrollar, según las diferentes
bibliografías, se encuentran la competencia para el aprendizaje permanente, la
competencia para el manejo de información, la competencia para el manejo de
situaciones, la competencia para la convivencia, y la competencia para la vida en
sociedad. Logrando todas estas el individuo podrá adquirir un desarrollo integral: ser
competente para las matemáticas, para la comprensión del arte y la cultura, la
información y digitalización, el conocimiento, el aprendizaje y por supuesto para la
comunicación, entre otras.

Estas competencias se convierten en exigencias para el desarrollo de cualquier


profesión, dada las necesidades y condicionantes que impone la sociedad actual,
denominadas en las ciencias como competencias profesionales dentro de las que cobra
realce, en cualquier profesión, pero con gran significación en la ciencias pedagógicas,
la competencia comunicativa

La competencia comunicativa

En la actualidad la competencia comunicativa forma parte de las competencias


profesionales, como se comentaba anteriormente. En la comunidad científica se habla
de competencia didáctica: Parra Vigo (2002); de competencia investigativa: Fuentes
(2001); de competencia discursiva: Morgunova (2002); de competencia literaria:
Cruzata Martínez (1999); de competencia lingüística Chomsky (1969) y por supuesto,
de la competencia comunicativa, Fernández González (1996) y otros.

Al respecto Chomsky (1957), plantea que, especialmente la de tipo lingüística, se


relaciona con las capacidades y disposiciones para la interpretación y la actuación. Dell
Hymes (1967) opone a este concepto el de competencia comunicativa que comprende
la lingüística, la sociolinguística, la discursiva y la estratégica. Más recientemente se ha
contextualizado el término al incorporarle el componente cognitivo, se debe señalar
que también se incluye el afectivo.

Por lo general, cuando se habla de competencia comunicativa se identifica con las


habilidades lingüísticas básicas: la comprensión del texto, su análisis y su construcción,
las cuales son fundamentales para la comunicación, pero no son suficientes desde el
punto de vista sociopsicológico, sobre todo si se refiere a la comunicación pedagógica,
como plantea Torres (1995)

Se define según Grrale & Meville (1999) como la capacidad de usar el lenguaje
apropiadamente en diversas situaciones sociales que se presentan cada día.
PlanteaRoméu (1999) que tiene su fundamentación teórica metodológica en el Enfoque
Comunicativo, entiéndase como el objetivo de este a decir de Cassany (1994),
conseguir que el alumno pueda comunicarse mejor con la lengua, y a decir de Pérez
López (1997) al uso del lenguaje como herramienta de comunicación, para contribuir
desde el aula al dominio de las destrezas comunicativas más habituales, refiriéndose
así el autor a las cuatro macrohabilidades. Romeu (2003), plantea además que la
competencia comunicativa es la configuración psicológica que integra diversos
componentes cognitivos, metacognitivos, motivacionales y cualidades, de estrecha
unidad funcional, que autorregulan el desempeño real y eficiente en una esfera
específica de la actividad, atendiendo al modelo de desempeño deseable socialmente
en un contexto histórico concreto.

Domínguez (2004) por su parte considera que es la capacidad mental del hombre en la
cual se describe su desarrollo intelectual que se manifiesta en la apropiación de la
experiencia acumulada por la humanidad a lo largo de la historia y en la forma en que
establece la relación con sus semejantes. Según dicha autora debe considerarse toda
la gama de necesidades que en el orden psicosocial, cognitivo, biológico y afectivo este
tiene, los que se concretan en el medio sociocultural y se originan por las necesidades
comunicativas.

A entender de Puig (1995) existen competencias comunicativas necesarias según una


actitud positiva y constructiva por parte de los interlocutores. Concede importancia al
establecimiento de códigos, intereses, y motivaciones que permitan la decodificación
de los mensajes y la interacción de la personas. El citado autor considera importante,
aportar información suficiente y necesaria, pensar con anterioridad, asegurarse de que
los demás entiendan, respetar la verdad, crear una situación de igualdad e implicación
personal en el intercambio; todo lo cual evidencia que se debe tener en cuenta, como
primer elemento, la organicidad que caracteriza al proceso comunicativo y que de esta
depende que cumpla su cometido.

Por otra parte, brinda gran importancia al dominio de la habilidad escuchar, lo que
significa según Ojalvo (1987) tener capacidad de sentir, de percibir lo que transmite
otra persona, de interpretar, de comprender el mensaje captado, tratar de diferenciar
los hechos de las suposiciones y las opiniones, de evaluar, de decidir la importancia y
validez en determinado contexto de lo escuchado, de responder el mensaje del
interlocutor.

El término competencia comunicativa se incorpora al pensamiento científicamente


estructurado en la década de los sesenta del siglo XX con el norteamericano Noam
Chomsky, ya mencionado. Este en su gramática generativa transformacional, recupera
una posición naturalista del lenguaje. Parte del supuesto de que existe un mecanismo
propio del hombre que posibilita su desarrollo, explica además los universales
lingüísticos y sus procesos subyacentes. Hace la distinción entre competencia
lingüística y actuación o desempeño. Este enfoque estructuralista logró grandes
avances dándole cierta autonomía a la lingüística pero a la vez cayó en un
reduccionismo al no interesarse más que por el funcionamiento de la lengua como
entidad abstracta, dejando de lado el desempeño y el uso individual del lenguaje.

En este sentido, Morgunova (2002), citado por Parra Rodríguez (1998) advierte que
esta visión de la estructura del espacio semiótico ha sido esbozada desde posiciones
sincrónicas. Al analizar el lenguaje es necesario tener en cuenta su dualidad, al
respecto se destacan los estudios de Saussure, Chomsky, así como U. Eco en la década
de los noventa.

Cuando Saussure plantea la dualidad de la lengua y el habla, con la primera se refiere


al lado semántico social y del código, con la segunda se refiere al lado individual
concreto y real del uso del lenguaje, dándole prioridad a la lengua como propiamente
el objeto de la lingüística.

Por su parte Chomsky hace la distinción entre competencia lingüística y actuación o


desempeño, como se comentaba anteriormente. En el primer caso se refiere al
conocimiento que tiene el sujeto del sistema de reglas de la lengua y en el segundo, a
la utilización que hace el sujeto de ese sistema de reglas en su vida diaria. Al igual que
Saussure opina que el interés del lingüista es la competencia, la cual se refiere a un
terreno puramente lingüístico, no se centra sobre el sujeto, sino sobre la descripción
del sistema de normas de la lengua por lo cual no le interesa el uso cotidiano del
lenguaje, pero si la capacidadsubyacente que hace posible que la gente formule juicios
de gramaticalidad en situaciones ideales.

La perspectiva del proceso comunicativo que subyace en los espacios vagos,


imprecisos puede recorrer caminos diferentes; la primera posibilidad descrita en la
semiótica de Eco (1992), citado por Parra Rodríguez (1998) es la acción de enriquecer
los códigos. La dialéctica que se descubre, sentencia Morgunova, citado también por
este investigador, en este caso se desplaza del código inexistente o el código
desconocido hasta el código potencial.
Se coincide con Parra Rodríguez (1998) cuando plantea que la competencia lingüística
solo se queda en la habilidad del hablante - oyente para manejar con fluidez todas las
reglas de su lengua sobre la base de modelos de sujetos y comunidades ideales que
generan frases exclusivamente gramaticales, esto es una limitante para analizar al
lenguaje en su actividad comunicativa cotidiana, en su uso real dentro de un contexto
determinado y más que esto, ver cómo el individuo le da a su habla una manera muy
particular, cómo es capaz de hacer uso de él de una manera creativa e ingeniosa
adaptándolo a diferentes contextos, según lo requiera el caso. Por lo que el enfoque
comunicativo, según el profesor Antonio Castillo Mercado, citado por Parra Rodríguez
(1998) centra su interés en el desarrollo de la competencia comunicativa, entendida
como la capacidad de comprender un amplio y rico repertorio lingüístico dentro de la
actividad comunicativa en un contexto determinado. Implica el conocimiento del
sistema lingüístico y de los códigos no verbales y de sus condiciones de uso en función
de contextos y situaciones de comunicación. La capacidad de comprender y manejar
un amplio y rico repertorio lingüístico dentro de la actividad comunicativa en un
contexto determinado.

La competencia comunicativa incluye los procesos lingüísticos, psicolingüísticos y


sociolingüísticos, por esta razón, trasciende el sentido propio del conocimiento del
código lingüístico, para entenderse como una capacidad de saber qué decir a quién,
cuándo, cómo decirlo y cuándo callar que implica aceptar que la competencia
comunicativa no es reductible al aspecto lingüístico, que tienen que considerarse,
además, los aspectos sociológicos y psicológicos implicados.

En consecuencia con lo anterior, en este trabajo se defiende el uso del término


competencia comunicativa y no excelencia comunicativa ni habilidades comunicativas,
considerando la primera como un reto demasiado perfectible y subjetivo y la segunda
como parte integrante de la competencia comunicativa que se recogería en algunas de
las que la integran, sobre todo en la lingüística con el uso correcto del vocabulario y el
dominio de las macrohabilidades de la lengua. La competencia comunicativa es mucho
más abarcadora según el criterio de los autores de este trabajo.

Ningún acto de comunicación sucede en el vacío, dos personas que se comunican


pueden actuar significativamente tan sólo si poseen una competencia comunicativa
suficientemente homogénea, que no quiere decir simplemente uniformidad de códigos
(aspecto formal) sino convergencia de disposiciones pragmáticas y por consiguiente
socioculturales, cognitivas y dinámico – afectivas como plantea Titone (1986). El acto
comunicativo no se entiende como algo estático, ni como un proceso lineal, sino como
un proceso cooperativo de interpretación de intenciones. No se limita a la expresión
oral, por esto requiere la capacidad de codificar y decodificar mensajes atendiendo a
las finalidades de la comunicación.

Parra Rodríguez (1998), con quien se coincide, afirma que es improbable lograr una
verdadera competencia comunicativa al margen del desarrollo de las habilidades
comunicativas y el empleo de un apropiado estilo de comunicación. Según él, esta
representa una síntesis singular de habilidades y estilos que se emplean
acertadamente por el sujeto en consonancia con las características y exigencias de los
participantes y contextos donde tiene lugar la comunicación. La analiza no como una
disposición, habilidad o capacidad, sino como un estado de preparación general del
sujeto que le garantiza la exitosa planificación, ejecución y evaluación de la
comunicación en consonancia con las características y exigencias de los contextos y los
participantes.
Solo un individuo capaz de tener en cuenta estos elementos analizados podrá
convertirse en un comunicador competente. Entiéndase entonces, por competencia
comunicativa la aptitud de comunicar bien, de ser entendido y entender a los demás,
de saber estructurar este proceso para establecer las relaciones sociales con sus
semejantes en diferentes situaciones comunicativas, donde se integran las cuatro
macrohabilidades de la lengua y la disposición sociopsicológica del sujeto.

Para Pulido y Pérez (2004) existen nueve componentes de la competencia


comunicativa integral entre los cuales se reconocen los ya apuntados y se incorporan
otros:

· Competencia lingüística: usar e interpretar la lengua de manera correcta.

· Competencia sociolingüística:producir enunciados apropiados de acuerdo


con las reglas que rigen el acto comunicativo.

· Competencia discursiva: producir e interpretar diferentes tipos de discursos


e interpretar y producir textos cohesionados y coherentes.

· Competencia estratégica: utilizar estrategias de comunicación verbal y


comunicación no verbal para mejorar la efectividad de la comunicación.

· Competencia sociocultural: comprender el significado cultural que subyace


en las formas lingüísticas, y saber establecer distinciones.

· Competencia de aprendizaje: organizar el propio aprendizaje.

· Competencia cognitiva: construir o reconstruir conocimientos a través de la


lengua.

· Competencia afectiva: reconocer, expresar y canalizar la vida emocional por


medio de la lengua.

· Competencia comportamental:habilidades verbales y no verbales que


evidencian una adaptación de la conducta a la situación comunicativa.

En este sentido es imposible obviar otra de sus aristas como la competencia


paralingüística y la proxémica que han sido reconocidas por Fernández Bengochea
(2010), evidenciadas por el lenguaje no verbal y el manejo de las distancias, pues ellas
también, sin lugar a dudas, están involucradas en el proceso comunicativo.

Al entender de los autores debe analizarse la competencia comunicativa con los once
componentes que la integran, pues cada uno de ellos juega un papel determinante en
el proceso comunicativo y en la calidad de la realización de este, que es, en resumen la
finalidad de la competencia comunicativa.

De cualquier manera en la que se analice la competencia comunicativa, es de suma


importancia insistir en la idea de que esta es esencial para el desarrollo de las
relaciones sociales y con ella la realización de las necesidades de cada individuo, forma
una parte importante en el desarrollo de la personalidad pues supone su integralidad,
la carencia de esta puede condicionar su desempeño dentro de la sociedad.
La competencia comunicativa profesional pedagógica

La competencia comunicativa en el proceso educativo no solo está dirigida a crear un


clima agradable y asertivo en el proceso docente sino que incide de manera directa en
la preparación de los individuos para la vida por lo que se hace necesario la
preparación de los educadores en este sentido de manera que no solo dominen el uso
de la lengua en diferentes contextos y en situaciones comunicativas diversas, y como
instrumento de comunicación oral, escrita, de aprendizaje y socialización sino que
posea destrezas básicas referidas a la comprensión, la expresión y el contexto, que
domine el uso del lenguaje no discriminatorio y respetuoso con las diferencias, que
comprenda y produzca una infinita cantidad de mensajes con el conocimiento acerca
de la adecuación de un enunciado al contexto de situación en que se produce y con
una marcada intencionalidad de manera que permita influir en la personalidad de los
demás.

En este sentido es necesario apuntar que esta es un tipo de competencia comunicativa


con características y misión específica pues es parte de un escenario particular en la
formación y desarrollo de la personalidad que es el ámbito pedagógico; por lo que se
convierten una competencia profesional; coincidiendo entonces con la definición de
esta dada por Parra Rodríguez (1998) que la precisa como un estado de preparación
general del profesor que garantiza el desarrollo exitoso de las tareas y funciones de la
profesión en correspondencia con las exigencias de los participantes y de los contextos
de actuación; y argumentando a este concepto que esta se refiere al dominio de todas
los elementos que conforman la competencia comunicativa vinculado a todos los
aspectos y componentes que rigen el proceso pedagógico, por lo que, a criterio de la
autora de esta tesis, ser un comunicador competente en la profesión pedagógica,
significa no solo el dominio del proceso comunicativo en toda su magnitud, sino
además, saber identificar, interpretar, argumentar y abordar diversas situaciones con
base en el lenguaje, integrando el saber, el saber hacer y el saber ser y haciendo uso
correcto de estilos, métodos y habilidades que hacen de la comunicación pedagógica
un tipo especial de comunicación y de la competencia comunicativa profesional
pedagógica una competencia profesional.

Desde esta perspectiva y desde un análisis general, se establece la relación entre esta
y el currículo, la primera expresa con qué se cuenta para enfrentar la actividad y el
segundo aporta qué, cómo y dónde trabajar como marco contextual y operativo. A
partir de lo planteado por Addine, (1995) y Forgas, (2003) tienen de común la
integralidad del proceso, el desarrollo socio histórico y de las ciencias y el marco de
actuación, visto en la primera como conocimientos, habilidades y valores profesionales,
que se manifiesta en el desarrollo del segundo. Todo lo cual implica que la preparación
de los profesionales para el logro de competencias debe analizarse desde el currículo y
lógicamente esto obliga a la revisión de sus modelos para la formación eficiente de
estos, donde cobra realce el desarrollo de la competencia comunicativa como una
competencia profesional.

CONCLUSIONES

El término competencia ha dinamitado la sociedad actual y se refiere no solo a la


competitividad sino a lo competente, dígase eficiente, productivo, con calidad; lo que
señala que la competencia comunicativa no solo se refiere a la excelencia en este
proceso sino a su adecuación a cada contexto o situación de comunicación pues esta
incluye, no solo la capacidad para hacer, sino el saber hacer en situaciones dadas, lo
cual implica el uso correcto del conocimiento y las habilidades para la solución de
problemas en la vida práctica.

La competencia comunicativa es la habilidad de comunicar bien, de ser entendido y


entender a los demás, de saber estructurar este proceso para establecer las relaciones
sociales con sus semejantes, donde se integran la correcta escucha, lectura, y
expresión oral y escrita. Esta supone la formación integral de la personalidad y es un
aspecto de suma importancia para el perfeccionamiento del ejercicio pedagógico.

Ser competente es manifestar en la práctica los diferentes aprendizajes, satisfaciendo


de esta manera las necesidades y los retos que se tienen que afrontar en los diferentes
contextos donde se interactúa con los demás, en esta interacción, por supuesto se
tiene en cuenta la que se establece entre los alumnos y entre los profesores con ellos.

La noción de competencia, referida al contexto laboral, ha enriquecido su significado en


el campo educativo en donde es entendida como un saber hacer en situaciones
concretas que requieren la aplicación de conocimientos, habilidades y actitudes.

La competencia comunicativa profesional pedagógica es un tipo de competencia


comunicativa con características y misión específica, pues es parte de un escenario
particular en la formación y desarrollo de la personalidad que es el ámbito pedagógico,
por cuanto esta se convierte en una fuerte herramienta para el trabajo y en una
exigencia profesional.

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Recibido: Abril de 2015.

Aprobado: Junio de 2015.

MSc. Yanelis de la Caridad Pompa Montes de Oca

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Dr.C. Idalberto Amado Pérez López

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