Juana de Ibarbourou
Nació el 8 de marzo de 1892 en Melo. Su nombre era Juana Fernández Morales, pero se
hizo conocida como Juana de Ibarbourou, tomando el apellido de su marido, el capitán
Lucas de Ibarbourou, con quien se casó a los veinte años. Hija de Vicente Fernández,
gallego natural de Vilanova de Lourenzá que había emigrado al Río de la Plata,
estableciéndose Melo, Cerro Largo. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las
familias españolas más antiguas del Uruguay.
De su niñez y juventud, transcurridas en la misma ciudad de Melo y ocasionalmente en
los campos de los alrededores, se conoce relativamente poco. Algunos detalles provienen
de ella misma, por referencias en su libro Chico Carlo. Cursó primaria en una escuela
pública de Melo, que actualmente lleva su nombre literario, y secundaria en un colegio
religioso. Se interesó, asimismo, por el aprendizaje del idioma francés que, en esa época,
era el segundo idioma preferido por los que procuraban acceder a un nivel cultural superior.
En 1908 apareció el primer poema de Juana en el periódico local El deber cívico, firmado
con el seudónimo Fid. También escribió poemas y otros textos para distintas publicaciones
periódicas como La defensa, y El nacionalista. Según algunos cronistas literarios,su
maestra de francés fue la que, percibiendo su precoz inclinación a la poesía, le facilitó el
acceso a algunas poetas franceses de moda; especialmente Anne de Noailles, la obra de
esta autora tiene fuerte influencia en su formación literaria y en su obra inicial.
A partir de su boda en 1914, durante los siguientes cuatro años, siguió los destinos de
servicio de su esposo, residiendo en diversas localidades del país: Rivera, Tacuarembó y
Canelones. Hasta que, en 1918, se establecieron definitivamente en Montevideo, en una
modesta vivienda situada en la calle Asilo, en el barrio de La Unión.
Comenzó su larga travesía lírica con los poemarios: Las lenguas de diamante (1919), El
cántaro fresco (1920) y Raíz salvaje (1922), todos ellos muy marcados por el modernismo,
cuya influencia se percibe en la abundancia de imágenes sensoriales, cromáticas y de
alusiones bíblicas y míticas. Consiguió una gran popularidad en el ámbito hispano hablante
por estos primeros libros de poemas. Su amplia popularidad la hizo merecedora del alias
"Juana de América", siendo proclamada como tal el 10 de agosto de 1929, en el Salón de
los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Montevideo, contó con la presencia del
escritor mexicano Alfonso Reyes y el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.
Poco a poco su poesía se fue despojando del ropaje modernista para ganar efusividad y
sinceridad. Entre 1930 y 1950 no publicó ningún libro de poesía,pero sí tres libros de prosa:
Loores de Nuestra Señora, Estampas de la Biblia, Chico Carlo, y uno de teatro para niños:
Los sueños de Natacha.
En su producción poética encontramos una continua evolución que ha sido comparada al
ciclo de la vida humana; se ha dicho que Las lenguas de diamante equivalen al nacimiento
a la vida, Raíz salvaje a la apasionada juventud, La rosa de los vientos a la madurez y
Perdida a la vejez. En cada uno de esos libros el paso del tiempo, en continua progresión,
va adquiriendo una mayor importancia. Estampas de la Biblia y Loores de Nuestra Señora
acusan una evolución religiosa
Su poesía se fue haciendo mas elíptica, mas sugerente, cada vez mas formalmente rica.
Fue elegida miembro de la Academia uruguaya en 1947, y en 1959 le fue concedido el
Premio Nacional de Literatura. La originalidad de su estilo consistió en unir el cromatismo
con imágenes modernistas, dándole un sentido optimista de la vida, con un lenguaje
sencillo, sin complejidades conceptuales, que redunda en una expresividad fresca y natural.