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12 KANT. LA AUTONOMIA MORAL
La filosofia moral moderna culmina su proceso de busqueda de un fundamento
para la moral en la raz6n humana con Immanuel Kant. Profundo admirador tanto de
Hume como de Rousseau, Kant recoge de uno y otro aspectos que seran basicos para
su propia filosofia, si bien piensa que ambos filésofos han dejado cabos sueltos que
hay que retomar. Hume le despierta, como escribe él mismo, del serio dogmatico en
el que le habian sumido las metafisicas racionalistas de Leibniz y de Wolff. Hume y
los moralistas ingleses le ensefian que hay un sentido moral innato, no exclusive de
los sabios, y que el ser humano es capaz de encontrar la medida del bien en si mismo,
aunque ese sentido moral a Kant le parece insuficiente para proporcionar una base
sélida a la universalidad de la ley moral, que es lo que un racionalista como él quiere
justificar. A su vez, en Rousseau descubre el encanto y sabiduria de la vida sencilla y
del hombre corriente, cuyo escaso saber no le impide llegar a ser una buena persona,
ya que «podemos ser hombres sin ser sabios», como dice el vicario Savoyard. Al
mismo tiempo, hace suyo el propésito de Rousseau de hacer compatible la autonomia
de la persona con una voluntad general de la que deberia brotar la normatividad que
agrega las voluntades privadas. Sobre esa base, Kant desarrollaré mas y mejor la idea
de una conciencia moral auténoma de la que surge la ley universal, e intentard
resolver asi el problema de que libertad y ley sean conceptos antagénicos e
incompatibles, y explicar, al mismo tiempo, que, a diferencia de los sucesos
empiricos que se encadenan por leyes naturales, lo que mueve la accién humana es la
libertad. A las influencias de cardcter filoséfico hay que afadir el momento histérico
que vive Kant con la apoteosis de la Revolucién francesa, un acontecimiento que las
mentes ilustradas de la época perciben como la muestra evidente de que es posible
cambiar radicalmente el curso de la historia.
La vida de Kant fue larga y sosegada (1724-1804), Nacié en la ciudad prusiana de
KGnigsberg, de donde apenas se movid en el transcurso de su larga vida, Del pietismo
que le inculcé su madre mantuvo la conviccién de que una voluntad recta e integra es
uno de los valores morales més preciados. Fue un hombre autoexigente y disciplinado
hasta la exageracién, que no queria depender de nada ni de nadie salvo de su propia
voluntad, facultad que convirtié en el elemento fundamental de la moral. Vio que en
a autonomia de la voluntad radicaba el fundamento para unificar libertad y ley al
evitar que una y otra actuaran como fuerzas contrapuestas. Aun cuando la absesién
por la rectitud y la rigidez de cardcter le hicieron incurrir en una monotonia de
habitos y costumbres muchas veces rayana en el ridiculo y motivo de mofa para sus
coeténeos, Kant supo labrarse una personalidad atractiva y sociable. Fue una persona
afable y locuaz, sensible hacia las penas ajenas. Lo cuenta su intimo amigo Thomas
de Quincey en el jugoso librito Los iiltimos dias de Kant,"") donde se deshace en
elogios a la cortesia, sensibilidad e incluso sentido del humor del filésofo, que
ebookelo.com - Pagina 143gustaba de la buena compaiiia, era buen conversador, leal con sus amigos y
benevolente con todos. Del aprecio de sus compatriotas dan buena cuenta los
funerales de Kant, una demostracién de solemnidad, magnificencia y veneracién
popular por una persona a la que sus alumnos y vecinos respetaban y admiraban,
Kant desarrolla su pensamiento mas novedoso —la llamada «filosofia critica»—
en los iiltimos veinte afios de su vida. Desde 1781 hasta 1797 publica la Critica de la
razén pura, la Fundamentacién de la metafisica de las costumbres, la Critica de la
razén practica y la Metafisica de las costumbres. Algunos de sus escritos anteriores
reflejan ya preocupaciones éticas que desarrollara con profusién més tarde, como la
oposicién entre el determinismo y la libertad, la cuestién de la providencia y el mal,
la distincidn entre las evidencias matematicas y las morales o entre la razén teorica y
la razén practica, pero es la primera Critica la que proporciona el enfoque desde el
que hay que entender la filosofia practica kantiana. Una filosofia cuyo punto de vista
es el mismo que adopta para explicar los limites del conocimiento y que luego le
sirve para mostrar la especificidad de la moral. Un parrafo de la Critica de la razén
pura, reproducido hasta la saciedad, pone de manifiesto la perplejidad de la razén,
que es la perspectiva desde la que se construye la filosofia critica:
La razén humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conacimiento, de hallarse acosada
por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razéin, pero a las
{que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.)
La paradoja ahi expresada constituye uno de los problemas que Kant se propone
resolver: por qué la metafisica no avanza y prospera como, en cambio, si lo hace la
ciencia, La respuesta al interrogante obliga a adoptar un nuevo paradigma, llamado
por el mismo Kant «revolucién copernicana», que consiste en un cambio radical de
perspectiva por el que se trata de explicar el conocimiento, y también la moralidad,
desde el punto de vista del sujeto que conoce y juzga la realidad y no desde la
realidad conocida y juzgada,
DE LA FILOSOFIA TEORICA A LA FILOSOFIA
PRACTICA
Como es sabido, Kant destina la Critica de la razén pura a establecer las bases y
los limites del conocimiento humano. La cuestién es dar respuesta a la pregunta
ebookelo.com - Pagina 144epistemolégica por excelencia: «Qué puedo saber?». La teoria que propone se
encuentra resumida en la afirmacién de que «si bien todo conocimiento comienza en
la experiencia, no todo procede de la experiencia».'*! Efectivamente, el sujeto, al
conocer, aporta a las impresiones sensibles una forma y una estructura que
condicionan la especial manera de conocer del ser racional. Por una parte, el espacio
y el tiempo, a los que Kant lama «formas de la sensibilidad> y, por otra, las
«categorias del entendimiento», entre las cuales se encuentra la causalidad, son
elementos a priori de la experiencia que nos ayudan a entender lo que ocurre, En la
base de tal concepcién esté la fisica de Newton, cuyas leyes explican los sucesos que
ocurren en el espacio y el tiempo. Y esta, asimismo, el empirismo de Hume, que
niega que la relacién de causalidad sea una ley existente en la realidad misma, para
afirmar que es una construccién del entendimiento humano que vincula un hecho con
otro cuando percibe la continuidad persistente entre ambos. En Hume, el principio de
causalidad s6lo daba cuenta de las posibilidades y limites del método inductivo por el
que deducimos leyes generales a partir de la repeticién de casos particulares. La
induccién va de lo particular a lo general y lo particular siempre es contingente, razén
que impide predicar la necesidad de la relacién causal. Sabemos que cada dia sale el
sol porque siempre ha sucedido asi, pero esa constatacién empirica no permite inferir
que seguira ocurriendo en el futuro de la misma manera. Para Kant, la explicacién de
Hume es insatisfactoria porque conduce al escepticismo, en la medida en que no
demuestra la necesidad ni universalidad de los principios matematicos y de las leyes
fisicas; necesidad y universalidad, por otra parte, que la realidad siempre confirma.
Para subsanar ese interrogante que Hume ha dejado en el aire, Kant realiza la
«cevolucién copernicana», es decir, pone el énfasis no en la realidad —la sucesién de
hechos contingentes—, sino en el sujeto cognoscente, porque es en él donde esta el
fundamento de la universalidad y necesidad que luego reflejan los hechos. El sujeto
que piensa y conoce es capaz de emitir dos tipos de juicios, analiticos y sintéticos, ¢
incluso juicios sintéticos a priori, es decir, juicios que no derivan en absoluto del
conocimiento empirico.
Juicios sintéticos a priori son, por ejemplo, «dos y dos son cuatro» y «Todo
efecto tiene una causa». Son juicios necesarios, que se cumplen siempre; por eso, la
necesidad que conllevan no puede derivar de la experiencia, que es contingente, sino
que la precede, Dicho de otra forma, los juicios sintéticos a priori son intrinsecos a la
especifica capacidad de conocer del ser racional, Son la condicién de posibilidad del
conocimiento de los objetos, ya que determinan inevitablemente las representaciones
que nos hacemos de la realidad. Con el cambio de paradigma kantiano se llega a la
conclusién siguiente: las leyes son necesarias porque estan en la mente que conoce, y
no fuera de ella; a su vez, hacen que nuestros juicios sobre el mundo exterior sean
objetivos. Conviene precisar que, al referirse a las condiciones del conocimiento
intrinsecas al sujeto, Kant no se esta refiriendo a ningiin sujeto concreto y singular,
sino al sujeto cognoscente en abstracto, el sujeto que todos somos por lo que tenemos
ebookelo.com - Pagina 145en comiin, Ese sujeto, que es el punto de apoyo de la filosofia critica kantiana, es el
«sujeto trascendental, El método que aporta Kant a la filosofia es el método
trascendental.
Pero el caso es que la razén no descansa ni se queda satisfecha con el
conocimiento de la realidad empirica. Al final de la Critica de la razén pura, en el
capitulo titulado «El canon de la raz6n pura», Kant se refiere al «interés» de la razén
por otro tipo de conocimientos que se concretan en tres objetivos: la libertad de la
voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. No es un interés
especulativo el que mueve a la raz6n a investigar sobre esos grandes temas, sino un
interés «prictico», porque la pregunta que atormenta a la razén ahora es ésta: «Qué
debemos hacer si la voluntad es libre, si existe Dios y si hay un mundo futuro». A
diferencia de los sucesos del mundo empirico que explicamos por la concatenacién
de causas y efectos, el comportamiento humano esta movido por la voluntad que se le
aparece a la razén como una fuerza indeterminada y libre. Es una de las «antinomias
de la razén pura», que contrapone la causalidad natural a la libertad. ¢Qué es lo que
mueve a la libertad? No una causa natural, sino el querer, la voluntad, una de cuyas
determinaciones es el deber moral. La pregunta «{Qué puedo conocer?» ha dado paso
a esta otra: «Qué debo hacer?». La respuesta a esta segunda pregunta Hevaré a
hablar igualmente de leyes, pero de leyes distintas de las que nos ayudan a conocer la
realidad empirica. Ahora se trata de leyes morales. Si las leyes fisicas y los principios
6gicos se cumplen necesariamente, las leyes morales obligan a la voluntad, pero con
la particularidad de que ésta puede obedecerlas o pasar de ellas. Su necesidad es
moral, Habra que ver ahora de dénde salen esas leyes, quién las promulga y por qué
obligan necesariamente, siendo esa necesidad distinta de la necesidad légica 0 fisica.
Esta seré la primera pregunta planteada por la filosofia moral de Kant: gen qué
consiste el deber o la ley moral?
Para darle respuesta, Kant tiene que desprenderse del soporte proporcionado
secularmente por la teologia. Para explicar la moralidad hay que partir del supuesto
de que es la razén la que nos guia, y no un ser superior que esté por encima de
nosotros:
En la medida en que la razén prictica tiene el derecho de guiamos, no consideraremos los
mandamientos como obligatorios por ser mandamientos de Dios, sino que los consideraremos
‘mandamientos de Dios por constituir para nosotres una obligaciéa interna
Aunque finalmente Kant no llegard a prescindir totalmente de Dios en la tarea de
explicar por qué obliga la ley moral, de entrada su propésito es construir una moral
totalmente auténoma, la condicién de posibilidad de la cual sea la libertad. Se da
cuenta de que la realidad de la libertad es empiricamente indemostrable, pero que, al
mismo tiempo, la hipétesis de que somos libres es imprescindible para abordar los
problemas morales. Mas brevemente, el problema que tendré que resolver Kant es
ebookelo.com - Pagina 146éste: es preciso presuponer la libertad porque sin ella no es posible la moral, pero no
podemos verificar que somos libres porque la libertad no es un hecho empirico. Asi
pues, la fe en la libertad actiia aqui como otto juicio sintético a priori (un postulado,
en este caso de la razén practica), paralelo a los que establecen el conocimiento y
que, en este caso, seré el fundamento del deber moral
LA UNIVERSALIDAD DEL DEBER MORAL
Lo que Kant se propone al construir su sistema de moralidad es explicar de dénde
sale el deber moral y cual es su especificidad, que lo hace distinto de cualquier otro
tipo de obligacién. A tal propésito dedica la que, sin lugar a dudas, es la obra més
importante de la ética moderna, la Fundamentacién de la metafisica de las
costumbres, una obra que, como se lee en el prdlogo, responde a «la necesidad
urgente de elaborar una filosofia moral pura totalmente limpia de cuanto pueda ser
empirico y propio de la antropologia». La obsesién por concentrarse en la forma de la
moralidad y no en la materia, que es el contenido empirico de los deberes, viene dada
por el empefio de descubrir un principio moral que se imponga con «necesidad
absoluta», valido para todo ser racional, un empefio que, como se ha visto hace un
momento, es el mismo que guia la biisqueda de los principios del conocimiento. A
diferencia de Hume, Kant piensa que el método inductivo no es el adecuado para
fundamentar la universalidad de la ley sea ésta cientifica o moral—, pues ninguna
ley deriva su necesidad de la observacién de unos hechos contingentes, por
persistentes que sean, La ley moral ha de ser a priori, como los juicios sintéticos, un
faktum de la razén, no la generalizacién de una serie de costumbres dadas. La ley
moral no refleja lo que hacemos, sino lo que debemos hacer; no se refiere al ser, sino
al deber ser. En todo caso, ha de servir para juzgar la moralidad de las costumbres, no
para identificarse con ellas. La fuerza del deber moral tiene que residir en algo
permanente, mas fuerte que la diversidad empirica, en un poder que s6lo reside en la
razon.
Los pasos que da Kant para establecer lo que él lama «metafisica de las
costumbres» son los de un andlisis conceptual rigurosamente légico 0 racional, donde
del significado de cada concepto se sigue otro hasta llegar a lo que esta buscando, que
es la férmula definitoria de toda ley moral. Asi, sin echar mano aparentemente de
ningtin atisbo de experiencia, piensa encontrar el criterio iiltimo del deber moral. Por
eso cree necesario trascender el nivel de las costumbres hacia una metafisica de las
ebookelo.com - Pagina 147mismas, porque esa metafisica descubrird la razén de ser de las normas practicas al
brindarnos la norma suprema para enjuiciar lo que hacemos. El punto de arranque es
éste: existe un «saber moral vulgar»!*! que todo ser racional posee. A partir de ahi, lo
que hay que descubrir es la filosofia de ese saber, el principio en que se basa y, con
ello, aportar las razones o el fundamento de la moralidad. Ese principio tendrd que ser
puro, no empirico, si ha de obligar con una necesidad absoluta. Kant esta convencido
de que existen leyes morales puras que determinan a priori, sin motivos empiricos, lo
que se debe hacer. Veamos cémo llega a esas leyes y en qué consisten sin salirnos, en
lo que sigue, de lo que se dice en la Fundamentacién de la metafisica de las
costumbres. Los pasos que dan alli son los siguientes:
1.La «voluntad buena» como punto de partida, El concepto del que hay que
partir, porque es indiscutible, es el de una «voluntad buena». La Fundamentacién de
la metafisica de las costumbres se inicia con este parrafo: «Ni en el mundo ni, en
general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse
bueno sin restriccién, a no ser tan sélo una buena voluntad». Quiere decir que lo
bueno no radica en el resultado de la accién, sino en la intencién, en la voluntad de
hacer algo bueno, ya que, evidentemente, esa voluntad como tal, si lo que busca es el
bien, no puede ser sino buena, Kant busca un principio que se sustente en si mismo
como principio racional, no que dependa de sus consecuencias 0 resultados. La ética
no ha de ser teleolégica, el deber moral no se nos impone en funcién de unos fines 0
de unas consecuencias, sino porque es moral, es una cuestién de principio.
Brevemente, el objetivo del deber moral no es la felicidad (como han dicho otras
éticas, empezando por la aristotélica), sino producir una voluntad buena, una
voluntad que quiera hacer el bien. Si es un deber no matar, ese deber no puede
fundamentarse, por ejemplo, en la evidencia de que sin asesinatos se vive con més
tranquilidad y seguridad, sino en la conviccién moral previa que nos dice que no es
bueno que nos matemos unos a otros.
2. Una voluntad es buena si actia por deber. La voluntad es buena no porque se
proponga este o aquel otro fin, no porque se sienta inclinada a ser leal a una causa, a
ser fiel al amigo, a decir la verdad, o porque busque la felicidad, sino porque existe
un imperativo moral que le impone el deber de la lealtad, la sinceridad y la fidelidad
siempre que se da el caso. Muchas de las criticas a la ética kantiana se apoyan en esa
distincién demasiado drastica entre la inclinacién y el deber. Y es que, efectivamente,
Kant recalca la diferencia entre «actuar por deber» o actuar sencillamente «conforme
al deber». E insiste en que no es lo mismo. Las responsabilidades que asume una
madre con respecto a sus hijos no pueden calificarse como deberes morales, porque
es el amor maternal, un sentimiento, y no el deber moral, una obligacién, lo que las
motiva. La madre responsable con sus hijos actia conforme al deber, pero no por
deber. Es evidente que la distincién en la que aqui se empefia Kant en el afan de
evitar fundamentos empiricos para el deber moral choca con una realidad en la que
las motivaciones nunca son tan puras como él pretende. Schiller ridiculizaré mas
ebookelo.com - Pagina 148,tarde el rigor kantiano con este epigrama famoso:
Eseripulo de conciencia. Sirvo con gusto a mis amigos; pero, jay!, Io hago par inelinacién, y asi me
tormenta a menudo la idea de que no soy virtuoso,
Decisin. No queda otto remedio: debes procurar no hacer caso [de la inclinacién] y cumplir con
repugnancia con aquello que el deber te ordena,
Por supuesto, el pensamiento de Kant es bastante mas complejo y una sdtira
graciosa no le hace justicia. En la distincién entre inclinacién y deber le importa,
sobre todo, destacar que lo especifico del deber moral no radica en el sentimiento,
sino en la razén, No perdamos, pues, el hilo, y prosigamos en la busqueda de la
formula suprema del deber moral. En el intento por definirlo, Kant cuida de depurarlo
de todo aquello que pueda distraernos de su motivacién especifica: actuar por deber
no es actuar motivado por el sentimiento, la inclinacién o los resultados de la accién,
sino actuar «por respeto a la ley».
3. El deber moral es la representacién de la ley. En efecto, «la representacién de
la ley», que sélo se encuentra en el ser racional, es lo que constituye el niicleo del
deber moral. Todo ser racional, por el hecho de serlo, posee la idea de lo que es una
ley, lo cual vuelve a poner de manifiesto que el punto de partida para explicar la
moralidad, como lo fue para explicar el conocimiento, no es la realidad de lo que
ocurre, sino la mente humana con sus caracteristicas intrinsecas, una mente que, por
naturaleza, es legisladora, que impone leyes a la realidad, entre las cuales estn las
eyes morales.
4, Toda ley es universal y necesaria, En el concepto de toda ley esta contenida la
necesidad y universalidad de la misma. Una ley fisica determina el devenir de la
naturaleza necesariamente, y una ley moral obliga a todos los seres racionales en las
mismas circunstancias. Puesto que toda ley contiene en su definicién la idea de
universalidad, la férmula de la ley moral no puede ser otra que ésta: es moral aquello
que debiera convertirse en ley universal. Dicho en lenguaje més profano, esa primera
férmula de la ley moral dice que sélo es moralmente bueno aquello que deberia ser
bueno universalmente y valer para todos sin excepcién. Ningtin ser racional puede
querer, como tal ser racional, que el asesinato, el robo o la mentira se conviertan en
norma universal. Por eso, tales acciones no pueden ser morales.
Al encontrarnos con la universalidad como caracteristica especifica de la ley,
hemos obtenido lo que Kant buscaba: ese principio que ya se encuentra en el
«conocimiento moral vulgar» que sabe distinguir entre lo que debe y no debe hacerse
aunque ignore el porqué. «No hace falta ciencia ni filosofia alguna para saber qué es
lo que se debe hacer para ser honrado y bueno y hasta sabio y virtuoso», explica
Kant,!§l recogiendo la creencia rousseauniana en una voluntad pura y buena por
naturaleza. Sin embargo, ese conocimiento moral vulgar no es suficiente; la razén a
menudo se ve ofuscada por las inclinaciones, los deseos y las necesidades y por ello
es preciso que la filosofia establezca los criterios que le ayuden a discernir y a
ebookelo.com - Pagina 149establecer el deber moral Si todo en la naturaleza actia segiin leyes, también el
comportamiento humano lo hace, aunque la necesidad de la ley moral no es la misma
que la de las leyes fisicas, Es otra forma de determinacién, dado que la voluntad no
siempre sigue a la razén, sino que se deja arrastrar por otras motivaciones. Por eso,
porque la voluntad, de hecho, esta escindida entre el impulso sensible y el mandato
racional, éste tiene que imponérsele al sujeto bajo la forma de un imperativo, un
imperativo que sera categérico y no hipotético, pero un mandato al fin y al cabo,
susceptible de ser seguido o transgredido por la voluntad
5. La ley moral tiene la forma de un imperativo categérico. Con la distincién
entre imperativos hipotéticos y categéricos, Kant remacha el clavo de una moral no
teleolégica u orientada hacia fines, El imperativo hipotético es el mandato de algo
con vistas a un fin que se quiere obtener: «Llévate el paraguas si no quieres mojarte».
El imperativo categérico, en cambio, es un mandato absoluto no condicionado por
ningtin propésito. El imperativo de la moralidad es categérico, no hipotético. Ese
imperativo existe, es inherente a la razén y ratifica que lo especifico de la ley moral
es su exigencia de universalidad (en lenguaje filos6fico, su universalizabilidad). Kant
ofrece tres férmulas del imperativo categérico. A través de los pasos que se han ido
dando, hemos llegado a la primera férmula, llamada de la universalidad:
‘Obra sdlo segiin una méxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal!”
Hay que aclarar brevemente qué significa aqui «maxima». Kant llama «maxima»
al «principio subjetivo de la accién», aquello que de entrada impulsa al individuo a
actuar, Una maxima puede ser moralmente correcta 0 no serlo, Lo que la férmula del
imperativo categorico va a hacer es darnos el criterio para confirmar o no que nuestra
maxima es un deber moral. Con cuatro ejemplos, Kant se propone ilustrar mejor esa
relacién entre la maxima y el imperativo moral. Los ejemplos se refieren a cuatro
casos en los que se plantean sendos problemas morales: el suicidio, el cumplimiento
de las promesas, la utilizacién de los talentos propios y la benevolencia con el
préjimo, Si aplicamos a cada uno de estos casos la férmula del imperativo moral
recién enunciada —sélo es un deber moral lo que es universalizable—, veremos si las
distintas acciones son bendecidas o no como acciones éticamente irreprochables. Asi,
comprobamos que, en el primer caso, hay que condenar el suicidio porque aceptar la
autodestruccién como principio seria contrario a la razén y al principio de
supervivencia que toda vida lleva consigo. Nadie puede querer racionalmente que se
universalice el suicidio. En el segundo caso, tampoco puede aprobarse como
conducta moralmente legitima el incumplimiento de las promesas, porque en el
concepto de promesa esta implicito el imperativo de su cumplimiento, Si no fuera asi,
la promesa dejaria de serlo y no tendria sentido. Tampoco es racional —y, por lo
tanto, no puede ser moral— desperdiciar y malgastar los propios talentos. Dicho de
otra forma, no es racionalmente aceptable que el despilfarro de los talentos que uno
ebookelo.com - Pagina 150tiene sea una ley universal. Y lo mismo acurre con la ayuda al préjimo: uno no puede
querer desatender al préjimo en apuros, pues, si tal fuera la norma universal, esa
norma acabaria perjudicndole a uno mismo al no poder recabar ayuda jamés de
nadie, En los cuatro casos, Kant quiere mostrar que es la raz6n pura la que impone el
deber de no suicidarse, cumplir las promesas, sacar provecho de los talentos o ser
benevolente con el préjimo. Ninguno de esos deberes se nos impone con la necesidad
de una ley porque pensemos que las consecuencias de incumplirlo son nefastas para
nosotros o para la sociedad. Se nos impone porque es racional.
LA DIGNIDAD Y LA AUTONOMiA COMO
PRINCIPIOS
Si la primera formula del imperativo categérico es la férmula de la universalidad,
la segunda formula es la de la dignidad (0 humanidad) de la persona. Veamos cémo
se llega a ella sin salir del andlisis conceptual que Kant esta llevando a cabo.
Hasta ahora sélo se ha descubierto que la ley moral tiene que ser universal porque
oda ley lo es. Ahora hay que proceder a buscar una materia a la ley, es decir, algo
que dé contenido a la ley universal. La pregunta que se hace Kant es, mas 0 menos, la
siguiente: qué es lo que puede determinar a la voluntad absolutamente? 0 equé es lo
que la voluntad puede querer como un valor absoluto y no como un medio para
aleanzar otra cosa? Recordemos que se est buscando un imperative categérico, no
uno hipotético. Lo que deba querer la voluntad no puede ser un fin subjetivo ni
condicionado, algo que valga sélo para mf o para un nosotros concreto. Tiene que ser
un valor absoluto. Pues bien, ese objeto del querer de la voluntad no puede ser otro
que el ser humano mismo. El principio que mueve a la voluntad buena por encima de
cualquier otra cosa es la humanidad. Asi, la segunda f6rmula del imperative
categérico dice:
‘Obra de tal modo que uses ala humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro,
siempre como un final mismo tiempo y nunca solamente como un medio!
Dicho en lenguaje mas prosaico: el respeto a uno mismo como persona, el respeto
al otro y a la humanidad en general es el deber moral supremo que ha de servir de
criterio para todos los demas deberes. No tratar nunca al otro s6lo como medio, sino
ebookelo.com - Pagina 151verlo como un fin en si mismo, como una persona que merece respeto, sean cuales
sean las circunstancias contingentes en las que se encuentre, significa respetar, por
encima de todo, la dignidad de cada individuo y la de la humanidad como tal.
Retomando los mismos ejemplos que le han servido para ilustrar la férmula de la
universalidad, Kant explica cémo, en virtud de esta segunda férmula, en virtud del
respeto a la dignidad de todo ser humano, deben condenarse igualmente el suicidio, el
incumplimiento de las promesas, la desatencién hacia el préjimo, el no
aprovechamiento de los propios talentos. Sélo asi se mantiene la coherencia con el
principio de respeto a la humanidad como fin en
‘Acese fin en si, que determina a la voluntad absolutamente, se ha Ilegado por la
mera raz6n, no a partir de la consideracién de inclinaciones o deseos subjetivos, Lo
que significa que ese fin no puede ser algo producido por una voluntad empirica, sino
previo a ella, Querer a la humanidad en si misma convierte a la voluntad en una
voluntad buena porque lo bueno es ese fin que se le impone a priori al sujeto porque
ya estd inscrito en su razén, De esta forma, la voluntad buena es la que se quiere a si
misma como voluntad racional y que quiere al mismo tiempo la racionalidad de todas
las voluntades. Sélo desde ahi se podra aspirar a la concordia de las voluntades y a
poder confiar en la universalidad de la moral.
Destacébamos, a propésito de Rousseau, el papel que tiene en su ética la voluntad
general como aquello que todos y cada uno de los ciudadanos deben querer
independientemente de sus querencias particulares. A Kant le gusta la idea, pero la
encuentra poco fundada y débil. La suma de voluntades ha de basarse en algo mas
fuerte que la necesidad o estabilidad de un contrato social. El fundamento, a su juicio,
tiene que ser algo que se imponga a las voluntades con una necesidad racional y
poderosa y que no puede ser otra cosa que el valor del ser humano en si mismo y el
respeto que, en cualquier caso, le es debido.
Una vez descubierto el fin material de la voluntad buena, Kant completa su
anilisis con una tercera férmula que indica cémo debe concebirse a si mismo el ser
racional, es decir, el ser capaz, de actuar de acuerdo con una ley que se da a sf mismo
desde el punto de vista racional y no sujeto a la satisfaccién de las inclinaciones. Tal
formula es la que expresa, en palabras de Kant,
la idea de Ta voluntad de todo ser racional como una voluntad universalmente Iegistadora
‘Asi pues, la idea de dignidad incluye dos elementos. Uno, el respetarse uno a si
mismo y respetar a los demés sobre la base de la igualdad de todos los humanos, sea
cual sea su circunstancia, El otro, la idea de que no hay dignidad sin libertad.
Efectivamente, para que el imperative moral sea posible y el hombre pueda querer
realizarlo, la voluntad tiene que ser libre. Querer a la humanidad como fin en si
equivale a la aspiracién universal del ser humano a autodeterminarse. Eso es lo que
significa que el hombre es un fin en si o es su propio fin. Significa que no quiere nada
ebookelo.com - Pagina 152tanto como su propia libertad. En consecuencia, todas las maximas subjetivas deberdn
ajustarse a ese imperative que dice que el deber moral es una ley auténoma,
autoimpuesta y, como tal, des-interesada, no sometida a ningtin interés empirico, sino
sélo a un interés racional. La tercera férmula del imperativo categérico es la férmula
de la autonomia de la voluntad, segiin la cual la ley moral no puede ser de ningin
modo heterénoma o derivada de otras leyes, vengan éstas de la religidn, del derecho 0
de cualquier autoridad ajena a la razén misma, sino que es una ley auténoma,
procedente del agente moral.
Sin embargo, atin queda una cuestién insuficientemente explicada. Al introducir
Ja autonomia de la voluntad como un tercer aspecto del imperativo categérico, uno se
pregunta —y el propio Kant, como buen fildsofo, lo hace— cémo es posible
conseguir una armonia de las voluntades si cada una es legisladora de si misma y
construye su propia ley. Tenemos una nocién intuitiva de la libertad segin la cual el
ser libre hace lo que quiere, que no suele ser lo mismo que quiere el otro. Ahora bien,
la ley moral tiene que ser universal. Ademés de ser libre y aut6noma, tienen que
quererla sin excepcidn y coincidir en ella todos los seres racionales. Para aclarar este
punto, Kant remite a lo que él denomina el «reino de los fines». Con tal expresién
quiere decir que, pese a sus diferencias individuales, todos los seres racionales se
encuentran unidos 0 enlazados por una ley comiin, que es la que los obliga a verse a
si mismos como fines. Existe, pues, una comunidad de voluntades que no pueden
quererse sino como fines en si mismas y como seres dotados de una dignidad
absoluta, Somos auténomos, si, pero los somos para darnos una ley (eso significa
némos) cuyo requisito para ser moral es que sea a misma para todos. Asi pues, la
autonomia de cada uno ha de llevar necesariamente a la unidad de voluntades, El
reino de los fines se concibe de esta forma como la voluntad unificada de todos los
hombres que no se autodeterminan por capricho, sino que se guian por el imperativo
de una ley universal y racional. Se cierra asi el dificil circulo que consiste en hacer
compatibles la ley y la libertad. Son compatibles porque la ley moral es racional,
ordena lo que debemos querer, un deber que, como tal deber moral, une a todos los
seres racionales.
RAZON PURA Y RAZON PRACTICA
Desde el punto de vista estrictamente racional, los argumentos de Kant muestran
una légica impecable. El gran problema es que chocan frontalmente con una realidad
ebookelo.com - Pagina 153que no se ajusta a ellos. La contradiccién es s6lo aparente si tenemos en cuenta la
distincién kantiana entre el fenémeno y el notimeno segiin la cual la razén pertenece
a la realidad nouménica y no a la fenoménica, Esta distincién, que Kant necesité ya
para explicar los limites del conocimiento, vuelve a ser imprescindible ahora para
poner de manifiesto las paradojas de la razén que no sélo es pura, sino que también
tiene que ser practica. Efectivamente, Kant resuelve el problema acudiendo de nuevo
alla diferencia entre el fendmeno y el noimeno, Asi, reconoce que el orden moral del
reino de los fines, en el que las leyes valen para todo ser racional y éste ve reconocida
su dignidad fundamental, pertenece al émbito del notimeno, la esencia o cosa en si de
la moralidad, no al del fendémeno, donde las personas se pelean, se maltratan, roban,
matan y se dejan llevar por inclinaciones ¢ intereses particulares antagénicos. ;Se
deduce de ahi que Kant ha construido una teorfa ética perfecta, pero inaplicable a la
realidad? Si y no. Por definicién, toda teoria moral tiene un componente utépico, en
el sentido de que se refiere a lo que debe ser, no a lo que es. Por lo demas, hemos
visto que Kant se propone desde el principio elaborar una teoria a priori de la
experiencia, que establezca las condiciones de posibilidad de todo precepto o accién
moral idealmente entendido, condiciones que, por lo tanto, hay que deducir de la
razén pura, no de la mezcla de sensibilidad y raz6n en que consisten los humanos.
Eso hace que su método sea el de una filosofia trascendental tanto cuando establece
los limites del conocimiento como cuando sienta el fundamento y los criterios de la
moral. Las condiciones del conocer y del juicio moral son trascendentales, no
empiricas, pero esa trascendentalidad, que salva a la teorfa, la reviste de un idealismo
que pone en cuestién su posible operatividad practica, Al mismo Kant le desazona
esa separacién entre la teorfa y la practica. Por ello, tras haber completado la
fundamentacién de la moral, se encuentra de frente con una cuestién no resuelta
zcémo es posible que la razén pura sea practica? ¢Cémo es posible que el imperativo
categérico funcione? {Cémo es posible que el deber moral obligue?
Lo que esta en juego en tales interrogantes es la existencia de la libertad. Puesto
que hemos partido del supuesto de que la voluntad se da leyes a si misma porque es
auténoma y que en dicha facultad se encuentra la moralidad, no es vano preguntarse
de dénde sale la hipétesis de que todo ser racional es libre. Es una hipétesis,
efectivamente, porque no podemos demostrar que la libertad sea algo real. Gracias a
la libertad pensamos que somos causas eficientes de lo que hacemos, que no estamos
totalmente determinados por causas naturales. Lo habia visto Kant al exponer las
antinomias de la razén pura, Pensamos que somos libres porque sin el supuesto de la
libertad no tiene sentido la moralidad. Pero no deja de ser s6lo un supuesto, una
hipétesis. Volviendo a la distincién entre el notimeno y el fenémeno, Kant tendré que
reconocer que la libertad es nouménica, no un fenémeno del mundo sensible. En
efecto, todo lo que conocemos y percibimos nos muestra que pertenecemos al mundo
sensible que se determina por causas, aunque es cierto que, al mismo tiempo,
sabemos que pertenecemos a un mundo inteligible que nos hace independientes de las
ebookelo.com - Pagina 154determinaciones sensibles y donde imperan la razén y la libertad. Asi se explica la
escisién en la que vive el ser humano, que es parte de dos mundos, el sensible y el
inteligible: «Si yo no fuera parte mas que de este mundo inteligible, todas mis
acciones serian siempre conformes a la autonomia de la voluntad; pero como al
mismo tiempo me intuyo como miembro del mundo sensible, esas mis acciones
deben ser conformes a la dicha autonomia».!"" Dicho brevemente: necesitamos el
deber porque no somos raz6n pura, la sensibilidad nos arrastra, la voluntad no
siempre es conforme a la ley moral, aunque debe serlo. Necesitamos 1a ley moral
porque no somos santos ni somos siempre racionales.
¢Circulo vicioso? Aparentemente, si. A partir de la idea de deber moral se ha
Megado a la libertad, pero s6lo si hay libertad puede darse el deber moral. Ahora bien,
Kant no tiene que demostrar que la ley moral existe, sabe que esta ahi, ante mi
conciencia, ante un yo que no es sélo fenémeno, sino noimeno, una ley que me
condiciona, pero no con el determinismo de las leyes fisicas, Es la celebrada
conclusién de la Critica de la razén préctica:
Dos cosas llenen el énimo de admiracién y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto mis reiterada y
persistencemente se ocupa de ella la reflexidn: el cielo estrellago que esti sobre mi y Ia ley moral que hay
fen mi (..) La primera arranca del sitlo que ocupo en el mundo sensible externo(...] La segunda arranca
de mi yo invisible [...] La primera vin aniguila mi importancia [...} La segunda, en cambio, eleva mi
valor como inteligencia infiniamente, en virud de mi personalidad, en la cual la ley moral me revela una
vida independiente de la animalidad y aun de todo mundo sensible,”
El buen filésofo no cesa nunca de preguntar. Aun cuando demos por validos todos
los supuestos, aun cuando no dudemos de la existencia de la ley moral y de la libertad
para seguirla, la escisin en que vive el ser humano entre lo sensible y lo inteligible,
entre lo nouménico y lo fenoménico, gno acaba haciendo indtil el imperativo moral?
ENo es desesperadamente frustrante sentirse interpelado por una razén a la que los
deseos no obedecen porque pesan demasiado? gCémo hacer que el interés racional
domine a los impulsos sensibles? ¢Cémo hacer que la razén pura sea practica?
Aqui Kant no tiene mas remedio que dar un salto. Para superar tal frustracién, la
racionalidad no basta, hay que acudir a la fe. Para culminar convenientemente la
argumentaci6n que nos ha llevado a formular la ley moral sera preciso creer, ademas,
en un mundo inteligible en el que la ley moral se cumpla de forma satisfactoria, un
mundo en el que la voluntad no sea ya desiderativa, sino racional y esté realmente
determinada por la ley moral. Si Kant se ha visto obligado a dar por supuesta la
libertad como un primer postulado de la raz6n pura practica, en la Critica de la razén
préctica afiadira otros dos postulados sin los cuales no cabe esperar el cumplimiento
perfecto de la moralidad. Son la inmortalidad del alma y la existencia de Dios o Bien
Supremo, Uno y otro postulados son objeto de fe, no de ciencia. La inmortalidad del
alma, la existencia de Dios y la libertad son de nuevo los trascendentales en los que
se sustenta la posibilidad de la moral. La inmortalidad del alma es la condicién
ebookelo.com - Pagina 155,necesaria de que pueda realizarse la ley moral; la existencia del Bien Supremo es la
condicién necesaria de la coincidencia de dignidad y felicidad; 1a libertad es
condicién necesaria de la independencia con respecto al mundo de los sentidos y de
la facultad de autodeterminarse segiin las leyes de un mundo inteligible. Kant
reconoce finalmente que la raz6n no puede ir mas lejos y que, ante ciertas cuestiones,
hay que dejar de lado el conocimiento para dar paso a la fe. La fe en los tres
postulados mencionados nos permite esperar que, en un més alld, se realice el Bien
Supremo, pues la idea de Dios es la idea a priori de la perfeccién moral. Con los tres
postulados, Kant encuentra respuesta a la tercera de sus tres grandes preguntas:
«¢Qué puedo esperar si hago lo que debo?».
LAS CRITICAS A LA ETICA KANTIANA
En el texto titulado «Qué es la Ilustracién», Kant sale al paso de la pregunta
formulada en el titulo para decir que «la Ilustracién es la liberacin del hombre de su
culpable incapacidad». Y afade a continuacién que «la incapacidad significa la
imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guia del otro». Todo el proyecto
ilustrado se basa en la fe en la raz6n y se destina a estructurar un pensamiento
auténticamente racional. «Sapere aude!, ;Ten el valor de servirte de tu propia razén!»,
tal es el lema de la llustracién segiin la entiende Kant,
Con la filosofia moral de Kant culmina esa propuesta que expresa la mayoria de
edad y la madurez. moral del ser humano, Una moral racional, sin muletas teolégicas
ni teleolégicas, sin sumisiones empiricas, totalmente auténoma, Nadie como Kant ha
sabido exponer con tanto rigor y claridad lo especifico del deber moral. Esa
especificidad parte de un prejuicio (si se le quiere lamar asi) con respecto a la
condicién humana, cuya comprensién, como se ha repetido a lo largo de esta historia,
es un presupuesto inevitable de cualquier teoria ética, pero que no siempre se
explicita. Kant no llega a abordar plenamente la tltima pregunta que, segiin él
mismo, deberia haber completado las tres anteriores —«gQué puedo conocer?»,
«2Qué debo hacer?», «Qué puedo esperar?»—, las tres ampliamente desarrolladas
en su filosofia critica. La tltima pregunta es, precisamente, «Qué es el hombre?» y,
aunque no llega a examinarla, sabemos que su concepcién de la condicién humana es
todo menos optimista. Sin poner nunca en duda que lo caracteristico del hombre es la
raz6n, Kant esta convencido de que el hombre es portador de una culpabilidad
congénita que le inclina de forma ineludible hacia el mal, La humanidad, dice en
ebookelo.com - Pagina 156cierta ocasién, es «un fuste torcido» dificil de enderezar. Aunque cree fervientemente
en la raz6n, Kant desconfia de la capacidad moral del hombre, que vive escindido
entre Jo que debe ser y lo que es. Una escisién que constituye otra de las grandes
aportaciones de su ética, ya que, si el conflicto interno no existiera, la ética no seria
necesaria; estariamos en el reino de los fines donde ser y deber ser coinciden, Como
dice Javier Muguerza, hay un «Kant aporético», que conffa en la razén y desconfia de
ella por la «maldad radical» propia de la condicién humana.!2) La ética kantiana es,
asi, un espejo de todas las tensiones y paradojas de la modernidad, tensiones que
ponen de relieve los puntos mas débiles de su ética, o los que han sido objeto de
mayores criticas. Me referiré brevemente a algunos de ellos, los relativos a la
formalidad de la ley moral y a la exclusién de la felicidad.
La formalidad de la ética kantiana fue discutida de manera inmediata y rechazada
por los filésofos utilitaristas y por Hegel. Ciertamente, Kant propone una ética
formal, sin contenidos, no s6lo porque busca la férmula a priori de la moralidad en
general, sino también porque tal férmula se centra en la idea de que el deber moral
tiene que ser universalizable, pues sdlo ese rasgo lo hace especificamente moral. No
se equivoca en esa idea, que rechaza de un plumazo todos los relativismos anclados
en la diversidad cultural y de las costumbres. Si hacemos coincidir el deber moral con
lo que de facto viene prescrito por la tradicién 0 las costumbres, no habremos
aportado nada que distinga la ley moral de cualquier otra norma de conducta. Por otro
lado, sin embargo, hay que afadir que una ética de principios universalizables tiene
que ser inevitablemente abstracta y formal, porque la unidad de la razén que Kant
busca se encuentra sélo en los grandes conceptos —justicia, paz, libertad, igualdad—,
pero desaparece a medida que concretamos y damos contenido a esos ideales. De tal
constatacién derivan dos consecuencias que se vuelven en contra de la ética kantiana,
La primera es que los principios formales son equivocos y tramposos, pues si se
interpretan de manera literal pueden evar a posturas dogmaticas por excesivamente
rigurosas. No hay que salir del discurso kantiano para mostrarlo, La inmoralidad del
suicidio y la mentira —dos de los ejemplos que utiliza para ilustrar el sentido del
imperativo categérico—, ni siquiera en la época de Kant y en el contexto de sus
convicciones religiosas, es aceptable como algo absolutamente valido en cualquier
circunstancia. £1 mismo quiso explicar dicha incoherencia en el texto titulado «Sobre
el dicho comin: “Eso es correcto en teoria, pero no es posible en la practica”». Alli se
esforz6 por demostrar que la tal sentencia era falsa, que lo que vale en teoria debe
valer también en la prictica, hasta el punto de que a nadie nunca le podria estar
moralmente permitido mentir aun cuando Ja mentira condujera a algo intuitivamente
tan poco reprobable como el hecho de encubrir a una persona inocente perseguida por
la justicia. El ejemplo, de nuevo, traiciona la pureza de la teoria, El rigor del principio
no pasa la prueba del sentido comin que, en muchas ocasiones, coincide con el
sentido moral.
‘Una segunda trampa implicita en los principios formales es que pueden amparar
ebookelo.com - Pagina 157posiciones claramente inmorales. Si el individuo es el que ha de juzgar si la maxima
de su accién es universalizable, y ese individuo no es nunca s6lo razén pura, sino una
amalgama de deseos ¢ inclinaciones, en ocasiones terriblemente desviadas de la ley
moral, los mayores despropésitos pueden quedar moralmente justificados. No faltan
ejemplos de ello, Fl relato de Hannah Arendt Eichmann en Jerusalén da cuenta de la
filiacién kantiana de Eichmann, confesada por él mismo en sus declaraciones ante el
tribunal que juzgaba sus crimenes. Para un nazi es racional la exterminacién de los
judfos, y su mente pervertida no duda en querer que el Holocausto se imponga como
una necesidad moral.
El formalismo de Kant es propio de una ética que, aunque se propone responder a
la pregunta concreta ¢ individual «Qué debo hacer?», en realidad lo que busca es la
especificidad del deber moral en general. No obstante, después de la Critica de la
razén practica, Kant publica la Metafisica de las costumbres, donde si se dispone a
hablar de la materia de la moralidad. La Metafisica de las costumbres es una de las
tiltimas publicaciones del fil6sofo y tiene dos partes: la «Doctrina del derecho» y la
«Doctrina de la virtud». Puesto que hay que distinguir entre los deberes del derecho y
los de la moral o de la virtud, Kant establece qué virtudes son las que deben ser
cultivadas para que se cumplan los fines de la razén. Introduce de esta forma una
ierta teleologia o sistema de los fines de la raz6n practica, si bien hay que reconocer
que el concepto de virtud que Kant maneja no es el aristotélico o la virtud como
excelencia del cardcter, sino el estoico, la virtud como fuerza moral, valor en el
cumplimiento del deber,
Finalmente, la exclusién de la felicidad como fin Gltimo del ser humano, quien no
debe aspirar a ser feliz, sino, en todo caso, a ser digno de la felicidad, coloca a Kant
en el grupo de los filésofos que, a pesar de proponerse una ética secularizada, no
Megan a superar la acusacién de pecaminosidad que la religién atribuye a los deseos
humanos. En tal aspecto, Hume es mas Iticido que Kant al darse cuenta de que la
motivacién moral no puede derivar sdlo de la razén y que tiene mucho de emocional,
pero es que Hume no vefa al hombre como ese «fuste torcido» del que no puede salir
nada bueno, Hume fue declaradamente ateo, mientras que Kant quiso hacer una
filosofia racional sin poder impedir que la fe se le colara por las fisuras de su teoria,
En su defensa hay que decir que no siempre mantuvo la separacién entre el principio
del deber y la felicidad. En concreto, en la Critica de la razén practica, escribe que
preocuparse de la felicidad puede ser incluso un deber, aunque a continuacién afade
que «promover la felicidad no puede ser nunca inmediatamente un deber ni menos
ain el principio de todo deber». Es dificil, en definitiva, redimir a Kant de una
acusacién que le sitta entre los filésofos morales mas inflexibles y menos
comprensivos de las debilidades de la condicién humana, un rasgo que, sin embargo
y, como cuentan sus biégrafos, no parece que quedara ejemplificado en su propia
conducta. Llevé una vida monacal y volcada en el conocimiento, no cabe duda, pero
no se privé de otros placeres y alegrias que humanizan su figura.
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