0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 131 vistas 26 páginas Burke - VISTO Y NO VISTO
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18306
_ PETER BURKE
Visto y no visto
El uso de la ineagen
como documento histérico
Traduecién de Tedfilo de Lozoya
CRITICA
Barcelona‘Sein onan |
Unteerttad Antes Semin Boy ©)
wie
Primer edict eo Discoraca ot Bok: abr de 2005
‘Quedan nguossment prokibidas, sn fa autozaci ert de ls tislaes el copyright
‘ayo las sancionc establecidas en as lees nreproducei os parca de sa te
orcualuier medio o procedmieno, comprendos la eprogralay el tratamiento
Informatica, ye distibucin de ejemplars de ella dane algal o prétome piblces
‘Tiel orginal: Epewiiessng. The Use of mages at Mistrial Evidence
Reakton Books Li, Londres
ise de cuir Joon atalé
Tasacin de a eubierta © Stock Photos
Fotocompasicia. Mediu Ftocoraposicd
{© Eyewinensing, Me Uses of Images as Mitral Bridence, by Peter Burke,
was fits published by Realsioa Hooks, London, 2001
© 20 dea teaduccén eaztllana por Exp y América.
Cic, S.L, Diagonal, 662-564, 08034 Barcelona
ISBN: 84-8452-631-4
Depésio legal B. 12236-2005.
Impeso en Espa
2005 -A4EM Gific, Santa Portes de Mego Barcslone)
En memoria de Bob ScribnerINTRODUGCION
EL TESTIMONIO DE LAS IMAGENES.
Ein Bild sagt mehr als 1000 Worte
[Una imagen dice mis que mil palabras).
Kur Tucnorssy
El interés fundamental del presente volumen es el uso de la imagen
como documento hist6rico. Ha sido escrito con el fin de fomentar la
. utilizacion de este tipo de documentos y dé advertir a los posibles |
‘ usuarios de algunas de las trampas qute comportan. Mas o menos du- |
rante la filtima generacién, los historiadores han ampliado considera- |
blemente sus intereses, hasta incluir en ellos no sélo los acontecimien- |
tos politicos, las tendencias econémicas y las estructuras sociales, sino
también Ja historia de las mentalidades, la historia de la vida cotidi
na, la historia de la cultura material, Ia historia del cuerpo, ete. No
habrian podido evar a cabo sus investigaciones sobre estos campos
relativamente nuevos, si se hubieran limtado a las fuentes tradicio-
ales, como, por ejemplo, los documentos oficiales producidos por
fas administraciones y conservados en sus archivos,
Por ese motivo, cada vez mas a menudo se estan wtitizando distin-
tos tipos de documentacién, entre los cuales, junto a los textos litera-
rios y los testimonios orales, también las imégenes ocupan un lugar
‘Tomemos, por ejemplo, Ia historia del cuerpo. Las imagenes son una
guia para el estudio de los cambios experimentados por las ideas de
‘enfermedad y de salud, y todavia son mas importantes como testimo-
‘iio del cambio experimentado por los criterios de belleza, o de la
Iiistoria de la preocupacién por Ia apariencia externa tanto por parte
de los hombres como de las mujeres. Del mismo modo, Ta historia de
fa culiura material, que estudiaremos en el capitulo V, seria practica-
‘mente imposible sin el testimonio de las imagenes, que también hanVISTO ¥ NO VISTO
supuesto una contribucién importante a la historia de las mentalida-
des, como intentaremos demostrar ea los capitulos VI y VIL
QINVISIBILIDAD DE LO VISUAL?
Puede darse el caso de que los historiadores siguieran sin tomarse lo
bastante en serio el testimonio de las imagenes, como ocurre con un
reciente estudio que habla de la @iiiSDiLigaaMEUGNSIA. Segtin
dice un especialista en historia del arte, «los historiadores... prefie-
ren ocuparse de textos y de hechos politicos o econémicos, y no de
los niveles mas profundos de |: :
cargan de sondeary; otro, en cambio, habla de Ia «actitud de supe=
rioridad para von las imagenes» que esto presupone.'
Son relativamente pocos los historiadores que consultan los archi-
vos fotograficos, comparados con los que trabajan en los depésitos
de documentos manuscritos o impresos. Son relativamente pocas las
revistas de historia que contienen ilustraciones, y cuando las tienen,
son relativamente pocos los autores que aprovechan Ia oportunidad
que se les brinda, Cuando utilizan imagenes, los historiadores stelen
tratarlas como simples ilustraciones, reproduciéndolas en sus libros
sin el menor comentario. En los casos en los que las imagenes se ana-
lizan en el texto, su testimonio sucle utilizarse para itustrar tas con-
clusiones a las que el autor ya ha llegado por otros medios, y no para
dar nuevas respuestas o plantear nuevas cuestiones.
@Por qué iba a ser asi? En un articulo en el que describe su descu-
brimiento de la fotografia victoriana, el difunto Raphael Sammucl se
definfa a si mismo y a ottos especialistas en historia social de su ge-
neracién como sanalfabetos visuales». En los afios cuarenta, un nifio
cra y seguiria siendo toda su vida —segiin su propia expresion— «pre-
televisual», Su educacién, en Ia escuela y en la universidad, consistia
en un adiestramiento en Ia lectura de textos.”
‘Con todo, ya por enconces tina.minoria significativa de historiado-
res wtilizaba el testimonio de las imagenes, especialmente los especia-
listas en las épocas en las que los documentos escritos son raros 0 ine-
xistentes. De hecho seria muy dificil escribir cualquier cosa acerca de
la prehistoria europea, por ejemplo, sin el testimonio de las pinturas
InrRopucci6N
rupestres de Altamira y Lascaux, mientras que la historia del Egipto
antiguo seria incomparablemente més pobre sin el testimonio de las
pinturas sepulcrales, En ambos casos, las imagenes proporcionan pric-
ticamente €1 inico testimonio existente de practicas sociales tales como.
Ja caza. Algunos estudiosos especializados en épocas posteriores tam-
bién se toman en serio las imagenes. Por ejemplo, los especialistas en
Iahistoria de las actitudes politicas, de la «opinion piiblica» o de la pro
paganda llevan muchos aiios usando el testimonio de los grabados.
Una vez inés, un distinguido medievalista, David Douglas, afirmaba
hace casi medio siglo que el Tapiz de Bayeux era «una fuente primor-
dial pata la historia de Inglaterra», que emerece ser estudiada junto
con Jos relatos de Ia Cronica anglosajona y de Guillermo de Poitiers».
RL empleo de las imagenes por parte de unos pocos historiadores
se remonta mucho més atris. Gomo sefialaba Francis Haskell (1925-
2000) en History and sts Images, las pinturas de las catacumbas de
Roma fucron estudiadas en el siglo xvii como testimonio de la histo-
ria del cristianismo primitivo (y durante el siglo x1x como testimonio
de la historia social).? El Tapiz de Baycux (Fig. 79) fue ya tomado en
serio como fuente histérica por los estudiosos a comienzos del si
glo xvii. A niediados de siglo, os cuadros de diversos puertos de mar
“Franceses pintados por Joseph Vernet (que estudiaremos mas ade-
ante, cf. Capitulo V) fueron alabados por un critico, segtin el cual, si
otros pintores siguicran el ejemplo de Vernet, sus obras resultarian
muy dtiles a fa postericad porque «en sus cuadros podria'leerse 1a
historia de las costumbres, las artes y las naciones».+
‘Los especialistas en historia de la cultura Jacob Burckhardt (1818-
1897) y Johan Huizinga (1872-1945). que ademas eran artistas afi-
cionados y cuyos estudios tratan respectivamente del Renacimiento y
del «otofio» de la Edad Media, basaban sus descripciones y sus inter-
pretaciones de la cultura de Italia y de los Paises Bajos en las pinturas
de artistas tales como Rafael o van Eyck, asi como en los textos de la
época. Burckhardt, que eseribié varias obras sobre el arte italiano an-
tes de dedicarse a la cultura del Renacimiento en gereral, calificaba
Jas imagenes y monumentos de «testimonios de las fases pretéritas
del desarrollo del espiritu humano», de objetos ea través de tos cua
les podemos leer las estructuras de pensamiento y representacion de
una determinada época.
agOf
VIsTo ¥ No visto
En cuanto a Huizinga, pronuncié en 1905 una leccién inaugural
en la universidad de Groningen disertando sobre «El clemento esté-
tico en el pensamiento hist6rico», yen-ella campazaha el pensamien-
to histérico con la «vision» o «sensacién» (sin desechar el sentido de
contacto directo con el pasado), y declaraba que «lo que tienen en
comin el estudio de la historia y la creacién es una manera
de formar imagenes», Mas tarde, describiria el método de Ia historia
cultural en términos yisuales como «el método del mosaico». Hui-
zinga confesaba en su autobiografia que su interés por la historia se
vio fortalecido por la coleccién de monedas iniciada cuando era
nifio, que se sintié atraido por la Edad Media porque imaginaba ese
periodo como una época «llena de caballeros galantes con cascos de
plumas», y que su decisidn de abandonar los estudios orientates y de-
dicarse a la historia de los Paises Bajos fue estimulada por una expo-
sicién de pintura flamenca que vio en Brujas en 1902. Huizinga fue
también un vigoroso defensor de los museos de historia.
Otro académico de la generacién de Huizinga, Aby Warburg
(1866-1929), que empez6 dedicandose a la historia del arte como
Burckhardt, acabé su carrera intentando escribir una historia de la
cultura basada tanto en las imagenes como en los textos. ELTastituto
Warburg, creado a partir de la biblioteca de Warburg y trasladado de
‘Hamburgo a Londres tras la ascension al poder de Hitler, ha seguido
fomentando ese enfoque. Asi, Ia historiadora del Renacimiento Fran-
ces Yates (1899-1981), que empez6 a frecuentar el Instituto a finales
de los afios treinta, decia de si misma que habia sido «iniciada en la
técnica de Warburg consistente en utilizar los testimonios visuales
como documentos histéricos».*
—Eriestimonio de imagenes y fotografias fue utilizado también du-
rante los afios treinta por el historiador y socidlogo brasilefio Gil-
berto Freyre (1g00-1987), que se definia a si mismo como un pintor
histérico del estilo de Tiziano y calificaba su enfoque de la historia
social como una forma de «impresionismo», en el sentido de que era
un eintento de sorprender la vida en movimienton, Siguiendo los pa-
sos de Freyre, un americano experto en la historia del Brasil, Robert
Levine, ha publicado una serie de fotografias de la vida en la América
Latina a finales del siglo x1X y comienzos del xx con un comentario
que no sélo sitéia las fotos en su contexto, sino que analiza los princi-
14
INTRODUCGION
pales problemas planteados por el empleo de este tipo de documen-
tacion.7
La imiagen fue el punto de partida de dos importantes estudios de
Philippe Ariés (1914-1982), que se definfa a sf misimo como «histo
Fiador dominguero», una historia de la infaneia y ana historia de la
muerte, en las cuales las fuentes visuales eran descritas como «testi-
monios de sensibilidad y de vida», por los mismos motivos que «la
literatura 0 los documentos de los archivos». La obra de Ariés sera
analizada con mas detalle en otro capitulo. Su planteamiento fue
imitado durante los afios setenta por algunos historiadores franceses
de primera fila, entre ellos por Michel Vovelle, que ha estudiado la
Reyolucién Francesa y el antiguo régimen que la precedi6, y Maurice
Agulhon, que se ha especializado en la Francia del siglo x1x.*
La etendencia plastica», como la denomina ¢] eritico americano
William Mitchell, es visible también en el mundo de habla inglesa."
Fue a mediados de los aiios sesenta, como é] mismo confiesa, cuando
Raphael Samuel y algunos contempordncos suyos se dieron cucnta
del valor de las SCORaRTaSTeOMVE HUcUMENtosTeyarhistoriaisocial ce]
siglo x1X, pues les ayndan a construir una «historia desde abajo» cen.
trada'en la vida cotidiana y en las experiencias de la gente sencilla
‘No obstante, si tomamos la influyente revista Past and Presen! como
representante de las nuevas tendencias historiograficas en el mundo
‘de habla inglesa, resulta bastante sorprendente comprobar que de
1952 4.1975 ni uno solo de fos articulos incluidos en ella contienen
imagenes. Durante los afios setenta, fueron publicados dos articulos
con ilustraciones. Durante los ochenta, por otra parte, esa cifra as-
cendié hasta los Catorce,
‘Que los afios ochenta supusieron un punto clave en este sentido
nos lo confirman también las actas de un congreso de historiadores
‘americanos celebrado en 1985 y dedicado a los «testimonios det
ater, Tras ser publicadas en un ntimero especial del fournal of In-
terdisciplinary History, el simposio desperté tanto interés que las actas
volvieron a publicarse rapidamente en forma de libro." Desde en-
tonces, uno de los participantes, Simon Schama, se ha hecho famoso
por la utilizacién de los testimonios visuales en estudios que abar-
can desde la investigacién de la cultura holandesa del siglo xvit, The
Embarrassment of Riches (1987), a un repaso de las actitudes ocei-
6VISTO ¥ NO VISTO
dentales ante el paisaje durante varios siglos, Landscape and Memory
(1995).
La propia coleccién «Picturing History», lanzada en 1995, a Ia
que pertenece originalmente el volumen que estan leyendo ustedes,
¢s otra prueba de la nueva tendencia. En los préximos aiios sera in-
teresante comprobar cémo unos historiadores de una generacién
que se ha visto expuesia a Tos ordenadores y a la television practica-
mente des¢le su nacimiento y que siempre ha vivido en un mundo sa-
FUENTES ¥ VESTIGIOS
Tradicionalmente, los historiadores han llamado a sus documentos
fuentes», como si se dedicaran a Ilenar sus cubos en el rio de la ver-
dad y sus relatos fueran haciéndose mas puros a medida que se acer-
caran mas a los origenes. La metéfora es muy vivida, pero también
equivoca, por cuanto implica la posibilidad de realizar una exposi-
cidn del pasado libre de la contaminaci6n de intermediarios. Natu-
ralmente resulta imposible estudiar el pasado sin la ayuda de coda
una cadena de intermediarios, enire ellos no sélo los historiadores
de épocas pretéritas, sino también Ios archiveros que ordenaron los
documentos, los escribas que los copiaron y los testigos cuyas pala-
bras fueron recogidas. Como decia hace medio siglo el historiador
holandés Gustaf Renier (1892-1952), convendria sustituir la idea
de fuentes por la de «vestigios» del pasado en el presente." El tér-
mino «‘estigios» designaria los manuscritos, libros impresos, edifi-
ios, mobiliario, paisaje (segiin las modificaciones intraducidas por
la explotacién del hombre), y diversos tipos de imagenes: pinturas,
estatuas, grabados, o fotogralias.
~~ Tos historiadores no pueden ni deben limitarse a utilizar las ima-
genes como «testimonios» en sentido estricto (como estudiaremos
detalladamente en los Capftulos V, VI y VII). Deberia darse cabida
también a lo que Francis Haskell amaba «el impacto de la imagen
en la imaginacién histérican, Pinturas, estatuas, estampas, etc., per-
miten a la posteridad compartir las experiencias y los conocimientos
no verbales de las culturas del pasado (por ejemplo las exper
16
INTRODUCCION
religiosas analizadas en el Capitulo III). Nos hacen comprender cudine
tas cosas habriamos podido conocer, si nos las bubiéramos tomado
mas en serio.’En resumen, las,
igen nos
hecho de que las imagenes fueran utilizadas cn las diversas épocas
como objetos de devocién 0 medios de persuasién, y para proporcio-
nar al espectador informacién o placer, hace que puedan dar testi-
monio de las formas de religién, de los conocimientos, las creencias,
Ios placeres, etc., del pasado. Aunque los textos también nos ofrecen
importantes pistas las imagenes son la mejor gufa para entender el
poder que can x SRO asi poles
ligiosa de Tas culturas pretéritas.”
“sh phen este Horo analizaremos [a utilizacion de diferentes ti-
(GBRASHRGEAEE como lo que los juristas aman «
bles» Is
idico tiene su razén de ser. Al fin y al cabo, en los at
muchos atracadores de banco, hooligans de fitbol y policfas violer-
tos han sido condenados en virtud del testimonio de Ios videos. Las
fotografias que toma la policia de fa escena del crimen suelen ser uti-
lizadas como pruebas. Hacia 1850, el Departamento de Policia de
Nueva York creé una «Galeria de delincuentes» que permitia reco-
nocer a los Jadrones." De hecho, antes de 1800 los archivos de. la po-
ia francesa ya incluian retratos en los expedientes personales de
Jos principales sospechosos.
Ja idea fundamental que la presente obra pretende sostener €
ilustrar es que, al igual que los textos 6 los testimonios orales, Jas imi-
Genes son una forma importante de documento histérico. Reflejan
un testinfonio ocular. Semejante idea no tiene nada de nuevo, como
demuestra una famosa imagen, el retrato de un hombre y sti espo-
sa, llamado «EI matrimonio Arnolfini», conservado en la National
Gallery de Londres. El cuadro lleva la siguiente inscripcién: Jan van
Eyck fuit hic (Jan van Byck estuvo aqui»), como si el pintor hubiera
actuado como testigo de la boda de la pareja. Ernst Gombrich habla
en sus obras del «principio del testigo ocular», en otras palabras, de la
norma seguida por los artistas en algunas culturas, a partir de la de
los antiguos griegos, consistente en representar lo que un testigo
7visto ¥ No visto
ocular podria haber visto desde un determinado punto en un deter-
minado momento y sélo eso."*
De modo parecido, la expresién cestilo de testigo ocular» fue i
troducida en un estudio de la pintura de Vittore Carpaccio (ca, 1465
(a. 1526) ¥ algunos de sus contemporaneos de Venecia, para desig-
nar el amor por el detalle que reflejan sus cuadros y el deseo de los
artistas y sus patronos de «pintar lo que se ve de manera tan veridica
como sea posible, segiin los criterios imperantes de testimonio y
prucba».'® A veces los textos corroboran nucstra impresién de que a
run artista le preocupaba ofrecer un testimonio exacto de las cosas.
Por ejemplo, en una nota escrita cn la parte trasera de su cuado Ca-
halgando hacia la libertad (1862), en el que aparecen tres esclavos &
caballo, un hombre, una mujer y un nifio, el pintor americano Bast-
man Johnson (1824-1906) calificaba stpintura de testimonio de
«un incidente real ocurride durante la Guerra Civil, visto por mi
mnismo». También se han utilizado definiciones como.estilo «docu:
mentals 0 vetnogrifico» para describir imagenes semejantes de épo-
cas posteriores (vid. infra pp. 24, 164, 174)
Ni qué decir tiene que el uso del testimonio de las imigenes plan-
4 numerosos problemas harto delicados. Las imigencs son testigos
« testimonio que nos ofre
“cen, Pueden haber tenido por objeto co
pero no es raro que las historiadores hagan caso 0
«leer entre lineas» las imagenes e interpretar cosas que el af
sabia que estaba diciendo. Evidentemente semejante actitud 0)
porta graves peligros. Es preciso utilizar las imagenes con cuidadd
incluso con tino —lo mismo que cualquier otro tipo de fuente:
para darse cuenta de su fragilidad. La «critica de las fuentes» de la!
documentacién escrita constituye desde hace bastante tiempo una
parte Tandamental de Ia formacion de Ios historiadores, En compa-
racion con ella, la critica de Tos testimontos visuales sigue estando
muy poco desarrotlada, aunque el festimonio de las imagenes, come
el de los textos, plantea, 4
Co (si data de poco o mucho despues
ontecimiento}, sisc trata de un testimonio secundario, etc. Poy
propio mensaje,
INTRODUCCION
1, Buténe Deacroiy, boceto de Lat mujer de Agen 8, acarela con ra
twos de lapiz. Museo del Louvre, Paris. .° ™ ee *
Gee. |
eer iene
2, Constantin Guys, boceto en scmrela del sulin camino de Te mex
1854. Coleccion parte ue
libres de las limitaciones del «gran estilo» (analizado en el Capi-
tulo VII), constituyen testimonios mas fidedignos que las pinturas
realizadas después en cl estudio del artista, En el caso de Eugene De-
lacroix (1798-1863), podemos éjemplficar perfectamente este argue
mento comparando su boceto Dos mujeres sentadas y su cuadro Las
19vISTO ¥ NO VISTO
mujeres de Argel (1884), que tiene un cardcter més teatraly, a diferen-
cia del estudio original, cohtiene referencias a otras imagenes.
eHlasta qué punto y de qué forma offecen las imagenes un testimo
Je del pasado? Naturalmente seria absurdo intentar dar una
sn. Un icono
Agen del siglo xv1 y un poster de Stalin del siglo xx dicen alos
hhistoriadores muchas cosas acerca de la cultura rusa, pero —a pesar de
eras analogias de To mas curioso— existen evidentemente diferen-
cias enormmes entre lo que nos dicen y no nos dicen una imagen y otra.
Si pasamos por alto la diversicad de las imagenes, de los artistas, de la
utilizacién de la imagen y de las actitudes frente a ella en los distintos
periodos de la historia, sera bajo nuestra propia responsabilidad.
VARIEDADES DE-IMAGEN
El presente ensayo trata de las_simagenes» y no del varte», término
que no empe76 a utilizarse en Occidente hasta el Reniacimiento, yso-
bre todo a partir del siglo xv1tt, cuando la funcién estética de Tas
genes —al menos en los ambientes elitistas— empez6 a prev:
AQezeza@pe muchos oos uss que tenian dichosobjetos. ndepen-
dientemente de su calidad estética, cualquier imagen puede servir
como testinzonio histérico. Los mapas, las planchas decorativas, los,
exvotos (Fig, 17), las mufiecas de moda o los soldados de ceramica
enterrados en las tumbas de Ios primeros emperadores chinos, cada
uno de estos objetos tienen algo que decir al historiador.
Para complicar afin nas la situacién, es preciso tener en cuenta
Jos cambios que se producen en el tipo de imagen disponible ep de-
terminados lugares y momentos, y en particular dos revoluciones
que han tenido lugar en el terreno de la produccién de imagenes, a
saber, la aparicién de la imagen impresa (xilografia, grabado, agua-
fuerte, etc.) durante los siglos xv y XVI, y la aparicion de la imagen
fotogrifica (incluidos el cine y la televisién) durante los siglos x1 y
xx, El estudio de las consecuencias de estas dos revoluciones con el
detalle que merecen daria pie 2 escribir una obra sumamente volu-
minosa, pero en cualquier caso convendria hacer unas cuantas ob-
servaciones generales.
weTRoDUCEION
Por ejemplo, la apariencia de las imagenes cambié radicalmente.
Durante las primeras fases de la silografia y de la fotografia, las imi-
genes.en blanco y negro sustituyeron a las pinturas en color. Sise nos
permite especular un poco, cabria sugerir, como se ha hecho en el
caso de la transicién del mensaje oral al impreso, que la imagen en
blanco y negro es, segiin la famosa frase de Marshall McLuhan, wna
forma «mis frja» de conmnicacién que Ia policroma, mas ilusionista,
que fomenta un distanciamiento mayor del observador. Ademas, las
imagenes impresas, lo mismo que ocurriria luego con la fotograffa,
podian fabricarse y transportarse con mayor rapidez que las pinturas,
de suerte que las imagenes de fos acontecimientos actuales podian
Megar alos observadores mientras los hechos estaban atin frescos en
la memoria, argument que desarrollaremos en el Capitulo VIL
(Oto argumento que conviene tener presente en el caso de amnbas
revoluciones es que permitieron que se produjera un salto cuantita-
tivo en el nimero de imagenes al alcance de la gente sencilla, De he-
cho resulta dificil incluso imaginar qué pocas imagenes circulaban
en la Edad Media, pues los manuscritos con miniaturas, que ahora
nos resultan tan familiares en los museos o a través de las reproduc
ciones grificas, normalmente s¢ hallaban en manos de unos pocos
particulares, de modo que cl piiblico en general s6lo tenia a su dis
posici6n las imzigenes de los altares y los frescos de las iglesias. 2Cud-
Tes fueron las consecuencias culturales de esos dos saltos?
Tas consccuencias de Ia imprenta han sido analizadas habitual-
‘mente en términos de estandarizaci6n y fijaci6n de los textos en una
forma permanente, y lo mismo cabria decir de las inigenes graba-
das, William M. Ivins Jr (1881-1961), conservador de grabados cn la
ciudad de Nueva York, sostenfa que la importancia de las estampas
del siglo xvr radica en que eran «afirmaciones plisticas suscepti-
bles de ser repetidas con toda exactitud». Ivins subrayaba que tos grie-
gos de la Antigitedad, por ejemplo, abandonaron la costumbre de
afiadir ilustraciones a los tratacios de botanica por la imposibilidad
de producir imagenes idénticas de una misma planta en las diferen-
tes copias manuscritas de una misma obra, Por otra parte, desde
finales del siglo xv los herbarios irfan ilustrados habituaimente con
xilografias. Los mapas, que empezaron a imprimirse en 1472, offe-
cen otro ejemplo del modo en que Ia comunicacién de la informa-VISTO ¥ No VISTO
‘én por medio de imagenes se vio faci
peticién que proporcioné Ia imprenta.
En la época de la fotografia, segtin el critico alemin de ideologia
marxista Walter Benjamin (1892-1940) cn un famoso articulo publi-
cado ent los atios cine, SOAS ELTASASEG 1
sina sustituye la singularidad de la existencia por Ia pluralidad de
tada por la capacidad de re-
Tacopia» y hace que el «valor de culto» de la imagen se convierta en
cién mecinica ¢s el aura de la obra de agig®y Esta tesis puede suscitar
anuchas dudas, y de hecho las ha suscitado, Fl propietario de una xilo-
«grafia, por ejemplo, puede tratarla con respeto en laidea de que es una
imagen singular y no pensando que se trata de una copia mas. O, por
ejemplo, gracias a los cuadros de los maestros holandeses del sigto xvit
que reptesentan domicilios particulares y tabernas, existen documen:
tos visuales que demuestran que en las paredes de las casas se colga-
ban tanto pintaras como xilografias y grabados. Mas recientemente,
‘en la 6poca de la fotografia, como ha defendido Michael Camille, la
de la imagen puede llegar incluso a incrementar su
aura, del mismo modo gue la multiplica
menoscabo alguno para el glamour de una estrella del cine, sino
todo Io contrario. Si hoy nos tomamos la imagen singular menos en
serio que nuestros antepasados, tesis que todavia no ha sido demos
trada, tal vez no se deba a la reproduccién propiamente dicha, sino a
Ja incesante saturacién de imagenes que padece nuestro universo de
valor de exhibiciény. «Lo que se pierde ; Ta edad de Ia reproduce
tes de empezar a estudiar los hechos’
decia a sus lectores el autor del famoso manual What is History?™ De
‘modo parecido, cabria aconsejar a todo el que intente utilizar el tes-
timonio de una imagen, que empiece por estudiar el objetivo que
con ella persiguiera su autor. Por ejemplo, son relativamente fiables
las obras que se realizaron a modo de documento, con el objetivo pri-
mordial de registrar los restos de la antigua Roma, pongamos por
caso, 0 la apariencia 0 las costumbres de las culturas exéticas, Las
imagenes de los indios de Virginia realizadas por el artista elizabet-
hiano John White (floruit 1584-1593), por ejemplo (Fig. 3), fueron
hechas in situ, lo mismo que las de los hawaianos y los tahitianos que
hicieron los dibujantes que acompafaban al capitin Cook y a otros
sn de sus fotos no supone *
ci i bss Bru
SEGOTON:
hoa
"nls
4, Joba White, vita del poblide de Seoton, Yu :
Museum, Londres. pode des + Nig ca 585visto ¥ No VISTO
cexploradores, precisamente con el fin de dejar constancia de sus des-
‘cubrimientos. Los «artistas de guerra», enviados al campo de batalla
para retratar los combates y la vida de los soldados en campaiia (cf.
Capitulo VIII, activos desde la época de la expedicién de Carlos V a
‘Tiinez hasta la intervencién de los americanos en la guerra de Viet
nam, 0 incluso mas tarde, suelen ser testigos mas fidedignos, sobre
todo en los detalles, que sus colegas que trabajan exclusivamente en
su domicilio. Las obras como las que hemos descrito en este parrafo
podrian calificarse dc COSTED
‘No obstante, no seria prudente atribuir a estos artistas reporteros
‘una «ngiqagtarinogente», en el sentido de una actitud totalmente ob-
jetiva, libre de expectativas y prejuicios de todo tipo. Literal y meta-
féricamente, esos estudios y pinturas reflejan un «punto de vista». En
el caso de White, por ejemplo, debemos tener en cuenta que inter
vino personalmente en la colonizaci6n de Virginia y que quizé in-
tenté dar una buena impresién del pais omitiendo las escenas de des
nudos, sacrificios humanos y cualquier otra que pudiera asustar a los
potenciales colonos, Los historiadores que utilizan este tipo de docu.
mentos no pueden ignorar la posibilidad de la propaganda (ct. Capi
tulo IV), 0 de las visiones estereotipadas del «otro» (cf. Capitulo VII),
ni olvidar la importancia de las plasticas admitidas
‘como algo natural en determinadas culturas o en determinados gé-
neros, como, por ejemplo, lox cuadros de batallas (cf. Capitulo VID)
Para corroborar esta critica de la mirada inocente, resultaria muy
{itil poner algunos ejemplos en los que el testimonio hist6rico de las
imagenes es, 0 en cualquier caso parece set, claro y directo: las foro.
grafias y los retratos.
24
FOTOGRAFIAS Y RETRATOS.
Aunque las fotos no mienten,
los mentirosos pueden hacer fotos,
Lewis Hive,
Si desis emender a fondo ta historia
ein a sentra sets
tos rouros de la gente siempre puede
leer algo de la historia de su spots
Hee abe Teer en elo,
Giovann Moret
Las tentaciones de realismo, 0 mejor dicho de tomar una imagen por
la realidad, son especialmente secluctoras en el caso de las Fotografias
y los retratos, Por eso analizaremios ahora con cierto grado de detalle
este tipo de imagenes.
REALISMO FOTOGRAFICO
Desde una fecha muy temprana de la historia de la fotografia, el
ruevo medio fue éstadiado como auxiliar de la historia. En una con
ferencia pronunciada en 1888, por ejemplo, George Francis invitaba
# coleccionar sistematicamente fotografias por considerarlas vla me-
jor representaci6n grafica posible de nuestras tierras, de nuestros
edificios y de nuestros modos de vida». El problema que se plantea al
historiador es si se debe prestar crédito a esas imagenes y hasta qué
© punto debe hacerse. A menudo se ha dicho que «la eémara nunca
micnte>. Pero en nuestra scultura de la instantinea», que Neva a tan-
tos de nosotros a grabar peliculas de nuestra familia o de nuestras va-var
RELATOS VISUALES
‘Toda imagen cuenta una historia.
Hasta el momento nuestro libro ha tenido poco que decir acerca de
los acontecimientos histéricos. Las imagenes tienen un testimonio
que ofrecer acerca de la organizacién y la puesta en escena de los
acontecimientos grandes y pequefios: batallas, asedios, rendiciones,
tratados de paz, huelgas, revoluciones, concilios de la Iglesia, asesi-
natos, coronaciones, entradas de gobernantes o embajadores en cit
dades, ejecuciones y otros castigos piiblicos, etc. Pensemos, por ejem-
plo, en el cuadro de Tiziano que representa una sesién del Concilio
de Trehto celebrada en Ia catedral, en la rendicion de Breda pintada
por Velizquez, en la coronacién de Napoleén de David, en los pelo-
tones de fusilamiento pintados por Goya y Manet, 0 en el castigo de
los herejes en el auto de fe celebrado en Madrid en 1680 pintado
por Francisco Rizi.
La época del daguerrotipo produjo imagenes memorables, tales
‘como la del meeting cartista en Kennington Common en 1848 (Fig: 75),
que refleja el aspecto ordenado de lo que la clase media consideraba
un acto subversivo, En la época de Ia fotografia, el recuerdo de deter-
minados acontecimientos ha venido asociindose cada vez mas estre-
chamente con su imagen visual. En 1go1, un destacacio periodista
brasilefio, Olavo Bilac, predijo que su profesién estaba condenada a
muerte porque la fotografia pronto iba a sustituir a la descripcisn es
cerita de cualquier acto reciente, En la época de la television, la per-
cepcién de los acontecimientos del momento practicamente ¢s in-
separable de su imagen en la pantalla, El mdmero de esas imigenes y
la velocidad con la que se transmiten son una novedad, pero la revo-
lucién que ha supuesto la televisiGn en la vida cotidiana no deberia
7Visto ¥ NO VISTO
175. William Edward Rilburo, Bt gran meeting cartiste de Kensington Common,
{Ode abril de 1848, daguerroripo, Castillo de Windsor, Becks
hacernos olvidar la importancia de las imagenes de Ios aconteci-
mientos en épocas pretéritas,
En a época del cine, los espectadores han podido imaginar que
contemplaban la ascensiGn al poder de Hitler. Antes de que llegara la
cémara, xilografias y grabados ya realizaron una funcién similar.
IMAGENES DE ACONTECIMIENTOS DEL MOMENTO
Al comienzo del presente volumen (cf. Introduceién), indicéibamos
que una de las consecuencias mas importantes de la impresién de
imagenes fue que permitié realizar reproducciones de los acontec
mientos del momento y venderlas cuando los recuerdos de dichos
acontecimientos atin estaban frescos, haciendo de tales imagenes el
178.
RULATOS VISUALES
equivalente visual del periédico o de la hoja informativa, inventados
1 comienzos del siglo xvir. Podemos encontrar algunas imigenes de
este estilo anteriores a esa época, como, por ejemplo, las de Luter,
en la Dieta de Worms, 0 tas de la coronacién de Catlos V en Bolonia,
No obstante, su produccién se incrementé extraordinariamente du-
rante la Guerra de los Teeinta Afios (1618-1648), en la que se vieron
envueltos muchos europeos de todos los estratos sociales. Los gra-
hados que reproducian los grandes acontecimientos de la guerra a
medida que iban sucediendo ilustraban las hojas informativas 0 eran
yendidos por separado, como ocurri6 con las imagenes del incendio
de la ciudad de Oppenheim en 1621, 0 el asesinato del general AF
brecht von Wallenstein en 1634, obra de uno de los grabadores mas
importantes de la época, Matthaus Merian (1393-1650).
‘También algunos cuadros fueron encargados precisamente con el
fin de conmemorar los sucesos de] momento. Por ejemplo, la suble-
vaci6n de Napoles encabezada en 1647 por el pescador Masaniello,
fue recogida en un cuadro de Michelangelo Cerquozzi (1602-1660)
pintado para un simpatizante de los revoltosos, el cardenal Spada, de
tendencias anti-espaiiolas. Diversos patronos holandeses encargaron
toda una legién de cuadros con el fin de conmemorar el Congreso
de Westfalia y la Raz de Minster, que pusieron fin a Ia Guerra de los
Treinta Asios; entre ellos eabe citar Los oficiales colebrando la Pax de
Minster, de Bartholomeus van der Helst, La proclamacién de ta Paz
de Minster en Haarlem, de Cornelis Beelt, 0 El juramento de ratifica-
‘aid de la Pax de Minster, de Gerard Ter Boreh (Fig. 76). Conviene
sefialar que Ter Borch tuvo buen cuidado de mostrar al mismo nivel
al mayor ntimero posible de participantes en la ceremonia, labor tan
‘importante como dificultosa, debido a los conflictos de protocolo
que planteaban las conferencias de paz durante los siglos xvi y
xvnt. También merece la pena resaltar el destacado papel concedido
alos propios documentos.
Por su parte, el pintor americano John Trumbull (1756-1843),
alentado por Thomas Jefferson, hizo de la representacion de los
principales acontecimientos de la lucha por la independencia ta
razén de su vida. Para su cuadro La Declaracién de la Independencia,
por ejemplo, utilizé las informaciones que le proporcioné el propio
Jefferson, uno de los protagonistas del hecho.
179)VISTO ¥ No visto.
178. Gerard Ter Borch, juramento de rlifcncin dela Pas de Miinstere 15 de mayo
de 1648, 2648, 6leo sobre cobre, National Gallery, Londres,
A propésito de otro cuadro histérico de Trumbull se ha dicho
que «no es, ni pretendia ser, una representacion de tipo testigo ocu-
Tar», pues el artista hizo suyas las convenciones del estilo grandito-
cuente de la pintura narrativa, que implicaban la omisién de todo
Jo que pudiera restar dignidad a la escena, en este caso una batalla."
Lo mismo cabria decir de las convenciones Fiterarias asociadas con la
docuina de la «dignidad de Ia historia», que durante muchos siglos
prescindieron de cualquier alusién a la gente humilde.
Por otra parte, es evidente que Ter Borch pinté sus obras segtin et
estilo del testigo visual (cf Fig. 76). El artista pas6 tres aftos en la ciu-
dad de Minster durante Ia conferencia de paz, formando parte del
séquito primero del legado holandés y Inego del espaiiol. Su Ratifi-
acién ofrece una sobria deseripci6n de una ocasién especial. Un gra-
bado contemporaneo del cuadro lleva una inscripcion que lo cali-
fica de simagen exactisima» (icon exactissima). Como ya hemos visto
(cf. Introduccién), el estilo «testigo ocular» tiene su propia retérica,
y €s posible que Ter Borch adaptara la escena para que reflejara un
18a
RELATOS V
SUALES
orden mayor del que en realidad tivo, como se hace hoy dia en las
Fotografias de grupo, aunque se tomara menos libertades que Trum:
bull. En cualquier caso, una conferencia de pay ofrece menos opor
‘unidades de ofender al decoro que una batalla.
LECTURA DE LOS RELATOS
Tas pinturas de cardcter narrativo plantean sus propios problemas
tanto al artista como al lector (en este caso la metifora de la «lectue
ra» de las imagenes resulta especialmente apropiada). Por ejemplo,
tenemos el problema que plantea representar una secuencia dinami-
ca en forma de escena estatica, en otras palabras, utilizar el espacio
en lugar del tiempo 0 como representaci6n del mismo. El artista se
ve obligado a condensar aceiones sucesivas en una sola imagen, ge-
neralmente un momento de climax, y el espectador debe ser cons-
ciemte de esa condensacién. El problema consiste en representar un
proceso y al mismo tiempo evitar la impresién de simultaneidad.'
La reduccién de la secuencia a escena obliga al espectador a en-
fremtarsé a una serie de problemas interpretativos, tales como el de
diferenciar entre llegadas y salidas, o —como en el caso del farnoso
cuadro de Watteau que representa la tienda de un marchante de
arte—, entre el acto de meter el retrato de Luis XIV en una caja y el
de sacarlo. A veces, el contexto nos da la solucién, como en el cuadro
de Watteau, que fue pintado después de la muerte del rey en el am-
biente completamente nuevo de la Regencia. El acto de quitar de en.
medio a Luis XIV y guardarlo en el almacén tiene sentido en este
contexto politico, mientras que el de sacarlo no.
En muchos casos, para evitar dificultades como éstas, el pintor
nos da explicaciones-en forma de inscripciones, cartelas o «subsitu-
los» (cn otro tiempo Ilamados titult), convirtiendo la imagen en lo
que el especialista cn historia del arte Peter Wagner lama wn «icono-
texto» (cf. Capitulo Il). Ast, por ejemplo, la primera escena del Maire
monio & la moda de Hogarth, analizada en el capitulo anterior, incluye
Ja presencia de un folio en la mano del padre de la novia, que lleva
escritas las siguientes palabras: «Contrato matrimonial del Muy Ho-
norable Sefior Vizconde de Squanderfield>, que no sélo permite all
18visto ¥ No visto
cespectador identificar la escena, sino que ademas, a través del térmi-
no squander (adespilfarrar»), le advierte de su tono satitico.
Los lectores de imagenes que viven en una cultura o en una época
distinta de aquella en fa que se realizaron las imagenes se enfrentan a
problemas mas graves que los contemporaneos de las mismnas. Entre
ellos estd el de identificar las convenciones narrativas 0 «diseurso»:
por ejemplo, si los principales personajes pueden ser represcntados
mas de una vez cn una misma escena 0 no (vid. infra p. 194), si se
cuenta la historia de izquierda a derecha o viceversa, o incluso si,
como ocurre en un manuscrito griego det siglo vt llamado el Génesis,
de Viena, una linea va de izquierda a derecha y otra de derecha a ia-
quierda, En Tas convenciones narrativas hay también elementos este-
reotipados que podrfamos llamar, segtin el modelo establecido por
un estudio ya clisico de los relatos orales, The Singer of Tales de Albert
Lord (1960), cfSrmulas» y «temas»,
Yo llamo «formula» a uma composicién de pequeiias dimensio-
‘nes, como por ejemplo una figura en una determinada postura, una
figura «de vepertorio», en cl sentido de que forma parte del reperto-
rio al que el artista podia echar mano en caso de necesidad y adap-
tarloa diferentes cometidos. Un famoso ejemplo seria el de la figura
de Cristo bajado de la cruz, adaptacia, como hemos visto (ef. Capi-
tulo IV), por los pintores del siglo xviir a los casos del asesinato de
Wolfe o Marat. Los temas, en cambio, son composiciones de grandes
dimensiones, escenas «de repertorior, tales como batallas, concilios,
reuniones, partidas, banquetes, procesiones y suefios, elementos re-
currentes en relatos extensos, como por ejemplo el Tapiz de Bayeux,
que analizaremos con algin detatle mis adelante. A menudo las
peliculas de Hollywood han sido criticadas y tachadas de formulares,
calificativo que a veces se ha explicado en el sentido de peliculas de
masas, No obstante, serfa una prueba de cordura admitir que la ma-
yoria, cuando no la totalidad de los relatos se basan cn férmulas de
algiin tipo, incluso las historias que pretenden defraudar las expecta-
tivas del lector. Este punto tiene relevancia no s6lo para las secuen+
cias narrativas, sino también para los intentos de congelar la accion,
de captar toda una historia en una sola imagen.
18
RELATOS VISUALS,
IMAGENES SINGUTARES
En la antigua Roma las monedas hacian con frecuencia alusion a los
acontecimientos de la época y su testimonio acerca de esos hechos es
muchas veces todo 16 que queda de ellos (sobre todo a mediados del
siglo 11 d.C., época para la que se han conservado pocas fuentes lite-
rarias).? Tanto la selecci6n de los acontecimientos dignos de conme-
moracién como la forma en que son presentados, consticuyen un tes-
timonio del cardcter del régimen que las produjo, mientras que los
estudios de toda una serie de monedas antiguas a medio plazo ponen
de manifiesto Ios cambios inconscientes © cuando menos semi-in-
conscientes sufridos por la percepcion de los hechos.
En la Europa de los siglos xvt y xv podemos apreciar un au-
‘mento cuantitativo de las imagenes de Ja vida ptiblica, Se invent6 un
nuevo género, la medalla politica, creada sobre el modelo de las mo-
nedas antiguas, y destinada especificamente a conmemorar los acon-
tecimientos piiblicos mas importantes. [.os distintos gobiernos repar-
tian medallas entre fos embajadores y otros personajes de relieve. Las
inscripcioites que levaban daban de hecho a los espectadores de Ia
época las instrucciones necesarias para leer sus imagenes, del mismo
modo que en ta actualidad indican a los historiadores como se vefa a
si mismo el régimen que produjo la medalla. Aunque por entonces
todavia no se habia acuiiado el término, cabria afirmar razonable-
mente de las medallas producidas cada vez en mayor cantidad para
principes tales como Carlos V 0 Luis XIV, que hacian «propaganda»,
pues ofrecfan una ititerpretacion oficial de determinados aconteci-
mientos, y de paso elogiaban de forma un tanto vaga a los monarcas
anteriores.” El triunfalismo de las medallas acuftadas para conmemo-
rar hechos tales como la victoria de Carlos V sobre los principes pro-
testantes ch la batalla de Mithlberg (1547) © como el paso del Rin
por Luis XIV (1672), resulta evidente, Anlogamente Ia destruccién
de la Armada Invencible fue celebrada e interpretada en los Paises
Bajos ¢ Inglaterra con una medalla que proclamaba: «Dios soplé y
fueron disipados» (Flavit et dissipati sunt).
Estas imagenes fucron en cierto modo agentes histéricos, pues
no s6lo guardaron memoria de los acontecimientos, sino que ade
183,VISTO Y NO VISTO
més influyeron cn la forma en que esos mismos acontecimientos
fueron vistos en su época, BI papel de la imagen como agente re-
sulta aiin mas evidente en el caso de las revoluciones. Estas han sido
cetebradas con frecuencia en imagenes, siempre y cuando triunfen,
como ocurrié en 1688, 1778, 1789, 1830, 1848, etc., etc.” No obs.
tante, es dudoso que Ia funcién de las imagenes sea mis importante
cuando la reyolucién esta en pleno desarrollo, A menudo han con-
uibuido a incrementar la conciencia politica de la gente sencilla, s0-
bre todo —aunque no s6to— en sociedades donde la alfabetizacién
cera limitada,
Un famoso cjemplo de imagen en acci6n es el de la toma de la
Bastilla, que fue representaca casi inmediatamente después de los
hhechos en estampas que alcanzaron gran popularidad: eran muy ba-
ratas, y los que no podian permitirse el Iujo de comprarlas podian
contemplarlas en los escaparates de las tiendas. Una de esas imige-
nes estaba ya ala venta el 28 de julio de 1789, 0 lo que es lo mismo,
apenas quince dias después del suceso representado. La imagen apa-
recia rodeada de textos que justificaban el asalto de la fortaleza. En
un grabado posterior, el texto que acompafaba la imagen subrayaba
todavia mas los temas de la libertad y el pucblo, contribuyendo asi a
la creacién de lo que podriamos Hamar el «mito» de la toma de la
77. «Récit mémorable du les, xilogratia a colon, Paris, Bi
bllotheque Nationale de France
134
RFLATOS VISUALES
Rastilla, presentada ahora como simbolo de la represién del antiguo
régimen. Menos realista y més esquemdtica, en una «representacion
escindidam (por usar-la expresion de Lévi-Strauss) en la que la parte
dela derecha refleja la de la rquierda, pero al revés, esta segunda es
tampa (Fig. 77) ha sido calificada de «imagen de devocién politica»
Tiene mucho de las xilografias francesas de santos, las Iamadas «es
tampas de Epinal», que por esta 6poca seguian siendo fabticadas en
grandes cantidades y que de hecho siguieron siéndolo hasta bien en-
irado el siglo x1x. Al retratar los acontecimientos reales con menos
exactitud que la primera, esta imagen seria una ilustracién del mito
mas vivida ¢ indudablemente més eficaz.®
LOS CUADROS DE BATALLA
Entre las representaciones de hechos hist6ricos, los ctiadros dle bata-
lla merecen ocupat un Ingar destacado. En parte porque la tadicién
se remonta a épocas muy remotas, por lo menos hasta la batalla de
‘ib Tuba, representacla en un relieve asirio del siglo vit a.C. Y tam-
bién porque, durante siglos, sobre todo de 1494 a 1914, muchos ar-
tistas europeos produjeron escenas de batallas, por lo general terres-
es, pero a veces también navales, desde Lepanto a Trafalgar, Esas
imagenes eran encargadas por principes, gobiernos y mis reciente-
mente ambien por periddicos. Aunque los cuadros de batallas pinta-
dos al dleo fueran contemplades por un mémero relativamente pe-
quefio de personas, incluso en Ia época de las exposiciones ptiblicas
correspondiente al siglo x1x, muchas de esas imagenes conocieron
una circulacién amplisima en forma de grabados.
La representacién de este tipo de escenas planteaba problemas
muy dificiles, expresados en forma epigramatica por el historiador
briténico John Hale: «.as batallas dispersan, El arte condensa». Una
posible solucién al problema de la dispersién era concentrar la aten-
ci6n del espectador en las acciones de unos cuantos individuos, frag
mentando el relato grandioso en otros mas pequefios. El pintor
Horace Vernet fue criticado por el pocta Baudelaire por plasmar esce-
thas de batallas «consistentes tinicamente cn una legion de pequeiias
anécdotas interesantes».”
185der
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