LA
DIABET
ES
Área: Comunicación y Lenguaje
Docente: Yola Chuca
Estudiante: Sergio Samuel Córdova Ott
Curso: 5to ¨C¨sec…
Año: ¨2023¨
1
La Paz-Bolivia
INDICE
1. Introducción........................................................................................................................3
2. De verdades sólidas e inamovibles a líquidas y controvertidas...........................................4
3. Proporción de hidratos de carbono: la caída de los dioses..................................................5
4. Las grasas, un tema resbaladizo. Una cuestión de calidad..................................................6
5. Aceite de oliva. El oro líquido..............................................................................................7
6. Las proteínas. El oscuro efecto del deseo............................................................................8
7. No me toques la fibra..........................................................................................................8
8. «One apple a day keep the doctor away».........................................................................10
9. Te y café. Mejor sin pastas................................................................................................11
10. Refrescos y zumos. ¿Qué tiene de malo el agua?..............................................................12
11. Los lácteos, mejor desnatados...........................................................................................12
12. Fruta, verdura, fibra, lácteos... Mejor patrones dietéticos. Una cuestión de peso............13
13. ¿Y si todo se debe a la genética?.......................................................................................16
14. Conclusiones......................................................................................................................17
15. Mensajes clave..................................................................................................................17
16. Bibliografía.........................................................................................................................18
17. ANEXOS.............................................................................................................................20
2
Introducción
La dieta y el ejercicio físico son pilares fundamentales para el tratamiento y la prevención
de la diabetes.
Los objetivos del tratamiento del paciente con diabetes tipo 2 (DM2) en general y de la
dieta en particular son los siguientes:
• Conseguir unos valores de glucemia lo más cerca posible de la normalidad, minimizando el
riesgo de hipoglucemia.
• Lograr controlar el resto de los factores de riesgo cardiovascular.
• Disminuir la incidencia de complicaciones micro- y macrovasculares.
Pero ¿qué dieta debemos aconsejar a nuestros pacientes? ¿Hay evidencias que apoyen
una u otra dieta? ¿Qué alimentos son los más recomendables? ¿A todos nuestros pacientes
con diabetes debemos aconsejarles la misma dieta?
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De verdades sólidas e inamovibles a líquidas y controvertidas
La dieta en general, y en especial la del diabético, está sujeta a cambios constantes, pero
estos cambios no siempre se han basado en evidencias procedentes de ensayos clínicos
controlados y algunas de ellas se han ido modificando con el tiempo.
A lo largo de las últimas décadas hemos podido constatar cómo lo que antes parecía
una verdad inamovible y supuestamente basada en evidencias firmes ha dejado de serlo.
Así, al principio, cuando no se disponía de fármacos antidiabéticos, la dieta recomendada
para el tratamiento de la diabetes era muy baja en hidratos de carbono (HC). Con la
aparición de los distintos tratamientos farmacológicos se empezó a aconsejar una dieta
más rica en HC, con un 15% de proteínas, un 30% de grasas y un 55% de HC. No obstante,
también esta nueva verdad inamovible con el paso del tiempo fue sufriendo modificaciones,
y en los últimos años las sociedades científicas se han ido decantando por una
reducción de los HC.
En estos momentos las guías aconsejan la adopción de una dieta individualizada en cada
paciente. La Asociación Americana de Diabetes (ADA), en su última edición de los
estándares para el tratamiento de la diabetes1
, recomienda la individualización en cuanto a
la distribución de los macronutrientes, de acuerdo con las preferencias personales y las
metas de control metabólico, sin un contenido preestablecido de HC.
Ante todo debemos recordar que la dieta que prescribamos debe ser fácil de seguir, y
a ser posible debemos evitar la necesidad de pesar los alimentos.
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También hay que tener presente que, aunque el objetivo final del tratamiento del paciente
con diabetes sea la disminución de complicaciones, la mayoría de los ensayos clínicos que se
han realizado son pequeños y de corta duración y sólo evalúan resultados
intermedios, especialmente la disminución de la glucemia o la hemoglobina glucosilada
(HbA1c). De este modo, muchas veces deberemos guiarnos por estudios que han observado
una reducción de la enfermedad cardiovascular, aunque no se hayan realizado
específicamente en pacientes con DM2.
En esta monografía vamos a intentar contestar algunas de las preguntas que podemos
plantearnos respecto a la relación entre la dieta y la diabetes, y sobre todo vamos a
examinar las evidencias de las que disponemos en estos momentos.
Proporción de hidratos de carbono: la caída de los dioses
Como hemos señalado, hasta no hace mucho la dieta recomendada al paciente con diabetes
era una dieta con un alto contenido en HC (superior al 55% del consumo de calorías diario).
Los HC no constituyen un grupo homogéneo en lo que respecta a estructura química y
funciones biológicas. Basándose en la creencia de que los HC complejos eran absorbidos
más lentamente que los simples y por tanto inducían una respuesta de glucemia posprandial
más lenta, durante tiempo se recomendó el uso de los primeros frente a los segundos, pero
hoy sabemos que muchos alimentos ricos en almidón (un HC complejo), como
por ejemplo el pan blanco o las patatas asadas, producen respuestas glucémicas superiores
incluso a las de los azúcares simples2.
Para intentar cuantificar mejor este hecho se desarrolló el concepto de índice glucémico
(IG), que se define como el incremento de las concentraciones de glucemia plasmática
después de ingerir 50 g de HC de un alimento frente a una cantidad estándar del HC
de referencia, que es la glucosa3
. Sin embargo, la utilidad de este parámetro también es
controvertida. Por un lado, sabemos que el IG de un alimento está directamente
relacionado con el ritmo de digestión y con la rapidez de absorción del HC, y que esta última
depende no sólo del alimento en sí, sino también de la presencia de otros nutrientes (fibra,
grasa) y del proceso de cocinado y otros factores. Además, lamentablemente las tablas de
IG han sido realizadas tomando como referencia los alimentos y las preparaciones de las
zonas anglosajonas, y no están adaptadas ni a los alimentos ni a las formas de cocinarlos
o condimentarlos de la región mediterránea4.
5
Por otra parte, el impacto de los HC sobre la respuesta glucémica también viene
determinado por la cantidad total de HC presente en el mismo, la denominada carga
glucémica (CG).
Además de la controversia en relación con el uso de estos índices, diversos estudios
tanto de intervención como de cohortes han encontrado resultados dispares sobre una
asociación entre las dietas con menor IG y CG y el control glucémico. Varios metaanálisis
han observado una mejora modesta de la HbA1c con dietas con IG bajo (0,4-0,5%)5.
Tampoco los datos sobre el control de los factores de riesgo o marcadores intermedios
(varias medidas de daño vascular como el grosor de la íntima-media carotidea) son
homogéneos6,7.
No hay estudios que relacionen el IG o la CG y la enfermedad cardiovascular en pacientes
con DM2. No obstante, disponemos de algunos metaanálisis que han hallado una asociación
entre estos parámetros y la enfermedad coronaria, aunque sólo en mujeres,
Por otra parte, varios estudios avalan una mayor pérdida de peso a corto plazo con las
dietas bajas en HC que con las dietas bajas en grasas.
Finalmente, una revisión sistemática y metaanálisis de 102 ensayos clínicos constató
que reemplazar HC por ácidos grasos monoinsaturados (AGMI) o poliinsaturados (AGPI)
reducía la HbA1c.
Las grasas, un tema resbaladizo. Una cuestión de calidad
También en el tema de las grasas ha habido mucha controversia en los últimos años.
Durante mucho tiempo estuvimos aconsejando dietas bajas en grasas tanto para la
prevención como para el tratamiento de la diabetes, aunque las evidencias eran escasas, y
en
muchos casos no apoyaban esta práctica. Así, ya en 1992 se publicó un trabajo con la
cohorte del Nurses’ Health Study (NHS) que reveló que tras 6 años de seguimiento las
participantes no obesas con una alta ingesta de grasas –eso sí, de origen vegetal– tenían
una menor incidencia de diabetes; los datos se corroboraron a los 14 años de seguimiento
de esta misma cohorte11,12.
Entre los ácidos grasos de origen vegetal presentes en la dieta, los AGPI omega 6 parecen
mejorar el control glucémico y disminuir el riesgo de desarrollar diabetes13. En cambio, en
el caso de los AGPI omega 3 de cadena larga, procedentes habitualmente del pescado, y de
los ácidos grasos saturados, no se ha podido establecer una relación entre su
consumo y el riesgo de presentar DM2. Sin embargo, en un subestudio del PREDIMED
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los participantes con diabetes y con una ingesta superior de ácidos grasos omega 3
presentaban un menor riesgo de tener que someterse a fotocoagulación por retinopatía
diabética.
Otro tema resbaladizo es el del consumo de AGMI. Aunque un estudio transversal encontró
una asociación inversa entre el contenido de ácido oleico en sangre y la resistencia
a la insulina14, los estudios de seguimiento de cohortes no han observado una asociación
entre el consumo de AGMI y la prevención o el mejor control en pacientes con DM213,15.
Hay que tener en cuenta que las grasas animales tienen un alto contenido de AGMI, y que
en las cohortes anglosajonas es probable que éstos sean predominantemente de origen
animal, mientras que en las cohortes mediterráneas serían de origen vegetal; es decir, una
vez más, nos encontramos con un grupo de grasas no homogéneo.
Aunque varios estudios no han constatado una asociación entre el contenido de grasas
trans en la dieta y el desarrollo de diabetes, un metaanálisis reciente en el que se
diferenciaba entre las grasas trans según su procedencia (naturales o industriales) no
encontró
una asociación estadísticamente significativa entre la ingesta de grasas trans y la incidencia
de diabetes. No obstante, para las grasa trans de origen natural halló una asociación
inversa con el desarrollo de diabetes (hazard ratio [HR] 0,58), probablemente porque en
su mayoría provenían de lácteos y éstos contienen un ácido graso (ácido trans-palmitoleico)
que se ha asociado a una menor incidencia de diabetes16. Además, un estudio reciente en
una cohorte finlandesa que investigó la asociación entre los distintos ácidos grasos
y la incidencia de diabetes observó que los ácidos láurico y mirístico son protectores frente a
la aparición de nuevos casos de diabetes17.
Como vemos, hay bastante controversia en relación con los tipos de grasa o los distintos
ácidos grasos y la incidencia de diabetes. Entre los mecanismos implicados en este
efecto se ha sugerido que, según qué grasas estén presentes en la dieta, serán diferentes
los fosfolípidos que compongan las membranas celulares, y éstas podrían presentar una
mayor o menor resistencia a la insulina.
Aceite de oliva. El oro líquido
Pocos estudios han evaluado la asociación entre el consumo de AGMI y la incidencia de
diabetes en la vertiente mediterránea, y tampoco tenemos demasiados trabajos sobre el
aceite de oliva y el control o la incidencia de diabetes. En el ensayo PREDIMED se encontró
una asociación inversa entre la incidencia de DM2 y la pertenencia al grupo de intervención
de dieta mediterránea más aceite de oliva, asociación que no se observó en el
7
grupo de dieta mediterránea más frutos secos18. Un análisis reciente de la cohorte del NHS
mostró que por cada 8 g de ingesta de aceite de oliva virgen extra el riesgo de desarrollar
DM2 disminuía un 6%19. Aunque podría parecer que se trata de una reducción del riesgo
pequeña, hay que tener en cuenta que el consumo de aceite de oliva en este estudio era
muy escaso (menos de un 5% tomaban más de una cucharada diaria de aceite de oliva).
El aceite de oliva virgen extra tiene, además de AGMI, muchas otras sustancias bioactivas
que se han relacionado con una disminución del riesgo cardiovascular, tanto por su
efecto antiinflamatorio como de mejora de los parámetros lipídicos, así como por aumentar
la respuesta a la insulina, que podrían explicar su efecto en la prevención del riesgo de
DM2.
Finalmente, en la cohorte del PREDIMED la ingesta de aceite de oliva virgen extra se
asoció a una reducción del 39% de eventos cardiovasculares20.
Las proteínas. El oscuro efecto del deseo
En los individuos sanos, la ingesta de proteínas estimula la secreción de insulina por el
páncreas de forma menos efectiva (un tercio menos) que la ingesta de HC. En los pacientes
con
DM2, en cambio, esta estimulación es igual de efectiva, aunque no todas las fuentes de
proteínas parecen tener un efecto similar.
Diabetes y dieta: mitos y realidades
Además, algunos péptidos, proteínas y aminoácidos pueden estimular potentemente la
secreción tanto de GIP como de GLP121.
Estos efectos no parecen ocurrir de igual forma con todas las proteínas, y los resultados
tanto de los estudios de cohortes como de los ensayos clínicos no parecen aclarar este
punto. En un metaanálisis de 13 ensayos clínicos controlados sobre los efectos de sustituir
proteínas animales por vegetales (alrededor del 35%) en el control glucémico de individuos
con DM2, se detectó una disminución significativa de la HbA1c, aunque ésta sólo
fue del 0,15%22. Pero, nuevamente, tampoco parece que todas las proteínas de origen
animal se comporten en este aspecto de igual manera, sino que presentan diferencias según
su procedencia. Así, los estudios muestran de forma consistente que, entre las proteínas de
origen animal, el consumo elevado de productos lácteos mejora la respuesta glucémica en
pacientes con DM2 o disminuye el riesgo de desarrollarla, pero no está claro si
esto se debe a que son proteínas distintas o a otras variables dependientes de los alimentos
que las contienen.
8
En resumen, quedan bastantes dudas en cuanto al comportamiento de las distintas
proteínas y se necesitan nuevos estudios para poder efectuar recomendaciones al respecto.
No me toques la fibra
Los beneficios de la ingesta de alimentos ricos en fibra en las enfermedades crónicas se
conocen desde hace más de 50 años. Pero ¿son todas las fibras iguales? ¿Son todos los
alimentos que contienen fibra igual de beneficiosos? ¿Qué cantidad de fibra debemos
ingerir? Ciertamente, no todas las fibras son iguales, ni tienen los mismos efectos en el
organismo, y aunque la clasificación entre fibra soluble y fibra insoluble es inadecuada, la
mayoría de los estudios siguen utilizando esta clasificación.
Varios estudios y metaanálisis han establecido una asociación inversa entre el consumo
de cereales integrales y fibra no soluble y el desarrollo de diabetes mellitus, con una
disminución del riesgo de sufrir una diabetes del 27% con un incremento de dos raciones al
día de cereales integrales23.
Sin embargo, no debemos olvidar que el tratamiento de la diabetes incluye el de todos
los factores de riesgo cardiovascular, y no sólo conseguir un control adecuado de las cifras
de glucosa en sangre. En este sentido, la fibra no soluble, presente sobre todo en frutas y
verduras y algunos cereales integrales como la avena, se ha relacionado con una reducción
de los niveles de colesterol en sangre.
Los cereales integrales no sólo contienen fibra, sino también muchas sustancias fitoquímicas
con potenciales efectos beneficiosos en el germen y en la cáscara.
Otros productos con un alto contenido en fibra como las legumbres y los frutos secos
también se han asociado a un menor riesgo de diabetes y a un mejor control de la glucemia.
En la cohorte del NHS se detectó una menor mortalidad por causas cardiovasculares
en mujeres con diabetes con un mayor consumo de salvado ajustado por otros factores
dietéticos24.
¿Nutrientes o alimentos?
¿Hidratos de carbono?, ¿grasas?, ¿proteínas? Hablamos de macronutrientes, pero esto para
nuestros pacientes es difícil de entender y tampoco aporta demasiada información, dado
que los macronutrientes se encuentran en proporciones variables en los alimentos junto
con otra gran cantidad de sustancias que pueden hacer que aquéllos se absorban o se
comporten de forma distinta. Al igual que sucede con los AGMI, es muy probable que los
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macronutrientes no actúen de la misma manera si son de origen animal o vegetal, e incluso
según el alimento del que procedan.
Hablaremos, por tanto, de los diferentes alimentos que se han podido relacionar con la
incidencia de diabetes o con su control.
Frutos secos: siempre han estado ahí
Forman parte de ese grupo de alimentos que durante muchos años han sido tachados de
perniciosos para nuestra salud. Se los ha culpado, sobre todo, de un elevado contenido en
calorías, por lo que su ingesta indefectiblemente iría acompañada de un aumento de peso.
Sin embargo, esta asociación no se ha podido comprobar, ni en estudios de sustitución de
estos alimentos por otros ni en estudios en los que se han añadido a la dieta habitual.
Los frutos secos son alimentos de gran valor nutricional, con un alto contenido de proteínas
de origen vegetal y de grasas no saturadas (poliinsaturadas en las nueces y los piñones y
monoinsaturadas en las almendras, las avellanas, los pistachos y los cacahuetes)
y un bajo contenido de HC, pero además de ser ricos en macronutrientes también lo son
en fibra, antioxidantes, vitaminas, minerales y numerosas sustancias bioactivas, como
flavonoides y fitoesteroles.
Sin embargo, los datos sobre el papel de los frutos secos en la prevención de la DM2
son muy heterogéneos, habiéndose obtenido resultados contradictorios en distintas
cohortes. Un metaanálisis reciente ha observado que su consumo tiene un efecto protector,
pero la significación estadística se perdía al ajustar por índice de masa corporal26.
Las dietas con frutos secos no parecen alterar la glucemia en individuos con diabetes27
y podrían ser beneficiosas en el control de las lipoproteínas.
No tenemos datos sobre su influencia en el desarrollo de enfermedad cardiovascular en
los pacientes con DM2, aunque su consumo se ha asociado a una disminución de la
incidencia de enfermedad cardiovascular en la población general
Diabetes y dieta: mitos y realidades
En resumen, los frutos secos parecen tener un efecto neutro tanto en la prevención como
en el control de la DM2, aunque podrían ser beneficiosos para reducir las complicaciones
cardiovasculares de esta enfermedad.
«One apple a day keep the doctor away»
El consumo de frutas y verduras forma parte de una dieta sana. En la mayoría de las
cohortes en las que se había estudiado su relación con el riesgo de desarrollar DM2 se
detectó una asociación inversa, pero sin significación estadística. Dos metaanálisis
10
recientes29,30 han observado una asociación inversa para el consumo de frutas, pero no
para el
de verduras, aunque al analizar los distintos subgrupos de verduras se ha encontrado una
disminución de riesgo para desarrollar DM2 del 13% con las verduras de hoja verde y del
18% con las crucíferas (brócoli, col y coliflor), al comparar los grupos con mayor ingesta
con los de menor.
Las frutas y verduras son alimentos con un alto contenido en fibra, vitaminas y otros
compuestos bioactivos que se han relacionado con una reducción de la enfermedad
cardiovascular y de la mortalidad, tanto cardiovascular como por cualquier causa31-33.
El asunto de los huevos. El villano que lo es menos
Que el consumo de huevos es perjudicial para la salud en la población general y en los
diabéticos en particular ha sido una de las grandes falacias nutricionales de nuestro
tiempo.
Los huevos son productos con una gran cantidad de colesterol por lo que durante
mucho tiempo se recomendó restringir su consumo. Sin embargo, la asociación entre
su ingesta en cantidades importantes y la enfermedad cardiovascular no se ha podido
demostrar claramente, ni en la población sana ni en la población con DM2, y en
cualquier caso las evidencias son débiles. En el metaanálisis de Djoussé et al. de 2016,
con 12 cohortes34, no se observó una asociación entre el consumo de huevo y la incidencia
de diabetes; sin embargo, al analizar los estudios realizados en población norteamericana sí
se halló una asociación directa cuando la ingesta era superior a 3 huevos a la semana.
No disponemos de ensayos clínicos sobre la relación entre el consumo de huevos y la
prevención o el tratamiento en la diabetes. Tampoco hay estudios que relacionen el
consumo
de este alimento con el control metabólico de la diabetes. No obstante, sí existen estudios
de cohortes y varios metaanálisis de ellos que analizan su asociación con la enfermedad
cardiovascular35,36, y en estos trabajos el consumo de huevos en pacientes con diabetes se
vincula a un aumento de la cardiopatía isquémica, con una HR de entre 1,60 y 1,89, según el
metaanálisis. A la hora de interpretar los resultados de estos metaanálisis, conviene tener
en cuenta que todas las cohortes eran norteamericanas y que esto podría causar algún
factor de confusión (quizás ese incremento se deba no tanto a los huevos como a los
alimentos con que se acompañan en determinados desayunos, como bollería, beicon u otras
carnes (procesadas), similar al hallado en los estudios de prevención (los norteamericanos
encontraban una asociación, mientras que los de otros países no).
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Un estudio reciente con los pacientes del estudio PREDIMED no ha encontrado asociación
entre un consumo moderado de huevos (4 por semana) y la enfermedad cardiovascular
(infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular o mortalidad cardiovascular),
independientemente de si se padecía o no diabetes37.
Te y café. Mejor sin pastas
Otro producto de nuestras dietas que también ha sido muy vilipendiado durante muchos
años es el café. Posteriormente se ha visto que el consumo de café o de café descafeinado a
largo plazo disminuye el riesgo de DM2 un 7%38. Varios metaanálisis, el último
realizado en 201640, han observado que el café tiene un efecto protector sobre la
mortalidad cardiovascular.
También el té parece tener un efecto beneficioso, con una reducción del riesgo de
desarrollar DM2 del 20% con 4 tazas o más al día39.
Refrescos y zumos. ¿Qué tiene de malo el agua?
La relación entre el consumo de refrescos azucarados y el riesgo de DM2 se ha analizado
en distintos estudios, y en la mayoría de ellos se ha comprobado una asociación directa;
un metaanálisis reciente encontró un incremento del riesgo del 13% de desarrollar DM2
tras ajustar por obesidad41.
En este mismo trabajo se ha estudiado la relación entre el consumo de bebidas con
edulcorantes artificiales o de zumos de fruta y el desarrollo de DM2, y también se ha
observado una asociación directa, con una HR del 8% para las bebidas azucaradas y del
7% para los zumos. Sin embargo, los autores concluyen que no se puede asegurar que
no haya un sesgo de publicación con estos dos tipos de bebidas. Además, aunque el
efecto perjudicial del zumo de fruta puede explicarse por su IG moderado-alto, las
evidencias sobre el mecanismo por el que los edulcorantes artificiales pueden ser
perjudiciales son débiles, aunque se han propuesto cambios en la microbiota o en distintas
hormonas.
En resumen: aunque está claro el efecto perjudicial del consumo de refrescos azucarados, y
durante muchos años hemos estado aconsejando los refrescos edulcorados.
posible que también éstos sean perjudiciales para el control de los pacientes con DM2, por
lo que la recomendación más saludable sería la de beber agua como acompañante habitual
de los alimentos.
Los lácteos, mejor desnatados
En varias cohortes de población anglosajona se ha vinculado el consumo de productos
12
lácteos desnatados con una menor incidencia de DM2. Más recientemente se ha analizado
esta relación en dos cohortes europeas, los estudios EPIC242 y PREDIMED43, con resultados
dispares: en el primero se ha encontrado una disminución del riesgo de desarrollar
DM2 tan sólo en aquellos participantes con un mayor consumo de productos fermentados
desnatados, mientras que el segundo ha hallado una asociación inversa tanto con los lácteos
desnatados como con todos los productos fermentados. Esta discrepancia, junto con
los resultados del ya mencionado estudio realizado en población nórdica17, que constató
una asociación para los productos lácteos enteros pero no para los desnatados, nos lleva
a concluir que todavía tenemos muchas preguntas sin responder con respecto al consumo
de lácteos. Las mismas dudas se plantean cuando se analiza el riesgo de enfermedad
cardiovascular y el consumo de lácteos.
Lamentablemente, no hay ensayos clínicos ni tampoco estudios observacionales sobre
su influencia en el control metabólico en pacientes ya diagnosticados de DM2.
En el grado en que la leche afecta a la resistencia insulínica podrían influir diversos
factores, como la ingesta de calcio, magnesio o vitamina D, aunque también se ha postulado
que podrían desempeñar un papel tanto los ácidos grasos como las proteínas
presentes en los lácteos, diferentes de los que se encuentran en las carnes.
Fruta, verdura, fibra, lácteos... Mejor patrones dietéticos. Una cuestión de peso
El problema al hablar de alimentos o de nutrientes por separado es que cuando
disminuimos
el consumo de uno aumentamos el del otro. Por otra parte, no conocemos todas las
interacciones que pueden producirse entre los distintos alimentos, ni las beneficiosas ni las
perjudiciales. En la matriz de un alimento puede haber sustancias que lo vuelvan más
beneficioso,
pero ¿se absorben mejor las vitaminas de las verduras cuando se acompañan con aceite de
oliva que con otras sustancias? Esto ha llevado a que la mayoría de los autores prefieran
hablar de patrones dietéticos, más que de alimentos o de nutrientes de forma aislada.
Varios patrones se han mostrado eficaces en el tratamiento de la diabetes: la dieta
vegetariana, las dietas con un alto contenido en proteínas, la dieta DASH y la dieta
mediterránea. La ADA aconseja que, de entre los patrones dietéticos saludables,
recomendemos
uno que se ajuste a los gustos y preferencias de nuestros pacientes. Es un enfoque
pragmático.
Todas las guías aconsejan una pérdida de peso de entre el 5 y el 10% en los pacientes
13
con sobrepeso u obesidad. En un metaanálisis de ensayos clínicos que perseguían la
pérdida de peso en pacientes con DM2 con sobrepeso u obesidad, publicado en 201545,
se encontró que sólo las dietas que conseguían una pérdida superior al 5% lograban mejorar
el control glucémico. Únicamente dos de los ensayos clínicos habían alcanzado este
objetivo, uno que comparaba la dieta mediterránea baja en HC con la dieta recomendada
por la ADA46 y otro que comparaba una dieta baja en grasa con la dieta habitual, el estudio
Look AHEAD47.
Además del metaanálisis mencionado, otras dos revisiones sistemáticas48,49 han analizado
el efecto de los patrones dietéticos en el control de la diabetes: en las dos primeras
los participantes del grupo de intervención tuvieron una mayor pérdida de peso que los
del grupo control, por lo que desconocemos si los resultados se deben sólo a la pérdida
de peso o a la dieta en sí. En 2015 Franz et al. publicaron una revisión sistemática y
metaanálisis de aquellos estudios realizados en pacientes con DM2 con intervenciones para
perder peso, utilizando cada grupo de intervención o de control como un estudio y
agrupándolos según la intervención45. Se analizaron por separado las intervenciones que
habían conseguido una pérdida de peso y las que no. Los estudios con una pérdida de peso
inferior al 5% no obtenían mejoras en la HbA1c o bien las mejoras eran bajas, frente a los
estudios con una pérdida de peso superior al 5% (figura 1).
La revisión de Emadian et al. sólo analizó aquellos ensayos clínicos en los que no se
había conseguido una diferencia en la pérdida de peso entre los grupos49. De los 11
ensayos incluidos en este trabajo, tan sólo 4 encontraron diferencias en la HbA1c al final del
estudio. Uno de ellos comparó una dieta baja en grasa con una dieta con un
IG bajo, con resultados favorables para la segunda60. Otro estudio61 comparó una dieta
mediterránea baja en HC con una dieta mediterránea clásica y una dieta basada en
las recomendaciones de la ADA de 2003. Aunque las tres consiguieron disminuir el
peso y un mejor control de la HbA1c, cabe destacar que ambas dietas mediterráneas
fueron superiores a la dieta estándar en cuanto al control glucémico. Un tercer estudio62
comparó una dieta vegana baja en grasas con una dieta basada en las recomendaciones de
la ADA y constató mejores resultados con la dieta vegana (0,4 frente a
0,1% de reducción en la HbA1c). Finalmente, en el estudio de Esposito et al.46, llevado
a cabo en pacientes con diagnóstico reciente de DM2 y sin medicación hipoglucemiante, se
observó que una dieta mediterránea baja en HC era superior en el control
14
de la HbA1c y retrasaba más la introducción de fármacos que una dieta baja en grasas, con
una disminución estadísticamente significativa de la HbA1c del 0,9%, frente
al 0,5%. Además, este estudio también observó mejoras significativas en el colesterol
total y triglicéridos.
Si analizamos los trabajos que no obtuvieron diferencias entre las dos intervenciones,
podemos ver que la mayoría lograron una pérdida de peso intragrupo (aunque no difieren).
Las pérdidas de peso fueron pequeñas y las disminuciones de la
HbA1c también en las intervenciones con dieta baja en HC o bajas en grasa. Dos estudios
con dieta hiperproteica consiguieron pérdidas más importantes de peso y mejor control
glucémico, pero no encontraron diferencias con respecto al otro grupo de dieta
normoproteica y dieta alta en HC con el que se comparaban. Por último, un estudio
comparó una
dieta con un contenido elevado de AGMI (sin especificar si se trataba de una dieta
mediterránea) con una dieta rica en HC y baja en grasas, y observó una pérdida de peso en
las
dos ramas, pero sin disminución de la HbA1c.
En resumen, los estudios que han analizado patrones dietéticos parecen constatar mejores
resultados en el control glucémico cuando éstos se han asociado a una pérdida
Tabla 1. Composición de la dieta mediterránea
en el estudio PREDIMED
• Utilizar aceite de oliva como grasa principal de la dieta, tanto crudo como para guisar
• Tomar al menos 4 cucharadas soperas de aceite de oliva al día
• Ingerir 2 raciones de verduras al día, una de ellas cruda
• Comer 3 raciones de fruta diarias
• Limitar el consumo de carne roja a como máximo 1 ración semanal
• Ingerir 3 raciones de legumbre por semana
• Restringir el consumo de bebidas azucaradas a como máximo 1 por semana
• Tomar 7 vasos de vino semanales
• Limitar el consumo de bollería industrial (incluyendo galletas, flanes...) a 1 día por semana
como máximo
• Optar preferiblemente por las carnes blancas: pollo, pavo y conejo, en lugar de carnes
rojas
15
o elaboradas (salchichas, hamburguesas...)
• Comer 3 raciones de pescado a la semana, una de ellas pescado azul
• Limitar el consumo de nata, mantequilla, etc., a como máximo 1 ración semanal
• Tomar al menos 3 días por semana 30 g de frutos secos crudos
• Tomar 2 raciones semanales de sofrito de tomate con verduras (cebolla, puerro...)
peso superior al 5%. Los ensayos clínicos que mejores resultados han obtenido son los
realizados con dieta mediterránea baja en HC. Sin embargo, también otras dietas bajas en
HC han logrado beneficios.
Pocos trabajos han estudiado la relación entre los patrones dietéticos y la enfermedad
cardiovascular. En el ensayo clínico PREDIMED con dieta mediterránea, cuya variable
dependiente era un evento compuesto de infarto agudo de miocardio, accidente
cerebrovascular y mortalidad cardiovascular, tras una media de 4,8 años de seguimiento se
comprobó una reducción en la incidencia de eventos (variable combinada)
independientemente
de la presencia o no de diabetes. En los pacientes con DM2 incluidos en el grupo de dieta
mediterránea suplementada con aceite de oliva, se observó una HR de 0,69 (intervalo
de confianza del 95%: 0,50-0,97)63 en la incidencia de la variable combinada. En otra
publicación de este estudio se observó una reducción en la incidencia de diabetes18. Un
punto destacable del ensayo PREDIMED es que no tenía como objetivo la pérdida de peso, y
a pesar de suplementar la dieta con aceite de oliva virgen extra o con frutos secos,
alimentos de elevado contenido calórico, no se observaron incrementos de peso.
Y la tabla 1 podemos ver la composición de la dieta mediterránea según la Fundación Dieta
Mediterránea y el estudio PREDIMED.
Otro ensayo clínico realizado en pacientes con DM2, el estudio Look AHEAD47, no encontró
diferencias estadísticamente significativas entre la rama de intervención (dieta baja en grasa
y calorías y un programa de ejercicio físico con el objetivo de conseguir pérdida de peso) y el
grupo control (tratamiento habitual) para un desenlace primario similar al
del estudio PREDIMED, a pesar de conseguir una pérdida de peso y de descenso.
¿Y si todo se debe a la genética?
«Pero, doctor, toda mi familia ha sido diabética. Por mucho que haga, esto lo llevo en los
genes.»
En los últimos años se ha producido un aumento importante de los estudios de epigenética,
que podríamos definir como aquellos pasos que unen nuestra carga genética con
16
su expresión en el organismo y cómo actúan en los diferentes pasos los determinantes
ambientales, entre ellos la nutrición.
Aunque estas ciencias todavía son muy jóvenes y tienen poco recorrido, ya se ha
demostrado en varios estudios que la dieta influye en la expresión de la carga genética,
haciendo que determinados genes que se han relacionado con el desarrollo de diabetes
queden anulados. Por ejemplo, un estudio ha observado que el efecto protector frente al
desarrollo de diabetes que se había descrito para el alelo G del gen CLOCK-rs4580704 sólo
se expresa en los grupos de intervención con dieta mediterránea del estudio PREDIMED, y
no en el grupo control, lo que parece indicar una clara interrelación entre esta dieta y el
gen65.
Conclusiones
A pesar de que cada día sabemos más sobre qué alimentos o patrones son beneficiosos
o perjudiciales para la prevención y el control de la diabetes y de la enfermedad
cardiovascular, todavía nos movemos entre muchas incógnitas. En cualquier caso, se puede
afirmar que perder peso y seguir una dieta sana como la mediterránea son dos medidas
beneficiosas para todo ello.
En la tabla 2 se recogen algunas de las evidencias más importantes a favor y en contra
de los distintos alimentos y de los patrones dietéticos.
Mensajes clave
1. La dieta mediterránea es la que cuenta con más evidencias sobre su
papel beneficioso en la prevención y la disminución no sólo de los
factores de riesgo, sino también de los eventos cardiovasculares.
Por ello, en estos momentos debería ser nuestra principal opción.
2. Tienen más relevancia los patrones dietéticos que el consumo de unos
u otros alimentos o nutrientes de forma individual.
3. No es tan importante la cantidad de macronutrientes como su calidad:
los hidratos de carbono de bajo índice glucémico, las grasas y las
proteínas, mejor de origen vegetal.
4. Debemos individualizar el tipo de dieta en función de los objetivos y las
preferencias del paciente.
5. En pacientes con sobrepeso u obesidad, el objetivo de la dieta debe ser
una pérdida de peso del 5-10%.
6. Una dieta hiperproteica y baja en hidratos de carbono puede ser una
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buena opción en la fase inicial, cuando lo que queremos es una pérdida
de peso importante y rápida.
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ANEXOS
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