Mitos
1. Creación del mundo y del hombre
(tradición maya)
Antes de la existencia de todo, en una noche infinita, se reunieron los
creadores, Hurakán, Corazón del Cielo, y Kukulkán, la Serpiente Emplumada.
Luego de conversar largo rato, decidieron crear el mundo, que surgió a través
de la Palabra. Dijeron "tierra" y se hizo la tierra, dijeron "montaña" y desde las
aguas brotaron los montes, y lo mismo sucedió con los árboles y los ríos.
Kukulkán sintió que tenían que animar los espacios con seres que se
movieran. Por ello, crearon a los animales: venados, jaguares, pumas, búhos,
quetzales y serpientes. Les asignaron dónde vivir y les pidieron hablar, pero no
eran capaces, sólo emitían rugidos, graznidos y aullidos.
Así, surgió la idea del ser humano. Tomaron tierra y los moldearon con dos
piernas, dos brazos y un rostro alargado. Sin embargo, se derritieron y no
alcanzaron a proferir ninguna palabra. Entonces, procedieron a realizar seres
de madera que pudieron moverse y hablar. No obstante, eran criaturas vacías
y de corazón ingrato que no agradecieron haber sido creados.
Hurakán y Kukulkán se enojaron. Enviaron fuertes vientos y tormentas que
arrasaron con todo. Los pocos que lograron sobrevivir, se convirtieron en
monos que olvidaron haber sido humanos. Después, los dioses se retiraron,
hasta que un tiempo después llegaron un coyote, un zorro, un loro y un cuervo
para mostrarles granos amarillos que habían surgido en la tierra. De esta
manera, supieron que el maíz sería la carne de la nueva humanidad que
podría iluminar el mundo con su lenguaje.
Mitos
Nacimiento del sol, la luna y las estrellas
(tradición azteca)
La diosa Coatlicue vivía en un templo ubicado en Coatepec y era la madre de
la luna (Coyolxauhqui) y las estrellas (Centzonhuitznahua). Se encontraba un
día barriendo, cuando desde el cielo cayó una bella pluma azul que la fascinó.
Algunos meses después, se dio cuenta de que estaba embarazada.
Sus hijos se opusieron a esta idea, pues temieron que su hermano significase
su fin, así que decidieron acabar con su madre. La diosa, desesperada, pidió
ayuda al hijo que se encontraba en su vientre.
En el momento en que llegaron la luna y las estrellas, Coatlicue dio a luz a
Huitzilopochtli, el dios del sol y de la guerra que primero se enfrentó a las
estrellas. Una a una, fueron lanzadas hacia el cielo. Luego, llegó el turno de su
poderosa hermana, a quien le cortó la cabeza que tiró tras el monte. Así fue
como surgió el día y un diminuto colibrí extendió sus alas.
Quetzalcóatl (tradición tolteca) (mito)
El príncipe Ce Ácatl Topiltzin estaba destinado a gobernar el pueblo de Tula.
Cuando alcanzó la mayoría de edad se dirigió allí. Consiguió la estima de los
toltecas y su reinado fue abundante en maíz, calabazas y cacao. La gente era
muy feliz y se erigieron templos.
Además, les entregó el conocimiento y prohibió los sacrificios humanos, lo
que causó la irá de Tezcatlipoca, que bajó a la tierra por el hilo de una araña y
tomando forma humana, le mostró su figura en un espejo. Impactado por su
fealdad, decidió esconderse.
El supuesto anciano le entregó un disfraz con una máscara verde y unas
plumas. Organizó una fiesta en la que lo embriagó y lo llevó a cometer
atrocidades con su hermana.
Horrorizado, huyó al día siguiente. A partir de entonces, fue recordado como
Quetzalcóatl, una mezcla de pájaro y serpiente que volvería algún día al
mundo de los hombres.
4. Creación de los seres humanos (tradición
azteca)
Después de la creación del sol y la luna, Quetzalcóatl tenía la tarea de
descender al Mictlan, la región de la muerte para recoger los huesos de los
antepasados y con ellos crear a la nueva humanidad.
Luego de sortear diversas pruebas, como la montaña de los cuchillos, el viento
de navajas, los torbellinos desgarradores de carne y el perro devorador de
corazones, al fin llegó frente a la pareja de la muerte: Mictlantecuhtli y
Mictecacíhuatl.
Reinaban en la profundidad con sus cuerpos sin piel y cuencas vacías que
dejaban ver las estrellas. Adornaban sus huesos con joyas y cubrían sus
cráneos con cabello negro y rizado. Se encontraban sentados en sus sitiales de
obsidiana rodeados de sus animales favoritos: el murciélago, el búho y la
araña.
Quetzalcóatl pidió los huesos y Mictlantecuhtli le dijo que sólo se los daría si
hacía sonar su caracol. Éste carecía de orificios, por lo que resultaba una tarea
imposible, pero el dios emplumado convocó a los gusanos para que hicieran
orificios y a las abejas para que ayudaran con su zumbido.
Mictlantecuhtli, enojado, le pidió a los seres del Mictlan que impidieran que
Quetzalcóatl lograra su cometido. Entonces, las criaturas hicieron un hoyo y lo
hicieron caer. Ahí se rompió la espalda y murió. Los huesos que cargaba
fueron picoteados y quedaron en muy mal estado.
El dios, gracias a su divinidad, logró resucitar, recogió a los antepasados y
huyó. Junto a los demás dioses, ordenaron los huesos y a través de la
penitencia de derramar su sangre, lograron crear a los hombres.
5. Surgimiento de México (tradición azteca)
Existía hace mucho una isla llamada Aztlán, de aire puro, ambiente templado,
cielo azul y rodeada de aguas color turquesa en las que nadaban las garzas.
Había abundantes flores y productos de la tierra como maíz, calabazas y
cacao.
Vivían todos tranquilos, hasta que un día se apareció el dios Huitzilopochtli
frente al príncipe Mexitli para advertirle que debían abandonar la ciudad y
dirigirse a nuevas tierras. Aztlán ya había cumplido su cometido y, aunque era
eterna, dentro de poco ya no sería visible para los hombres.
Comenzó una larga peregrinación hacia el sur. El dios le advirtió que ya no lo
podría ver, pero que siempre estaría junto a ellos y sabrían cuándo detenerse,
pues les enviaría una señal.
Entonces, encontraron una laguna de aguas turquesas, en cuyo centro se
hallaba una pequeña isla habitada por un nopal, una planta en la que se
sostenía un águila con una serpiente entre sus garras. Aunque el lugar se veía
inhóspito, el dios había permitido que Mexitli pudiera observar con el ojo de la
mente. Así pudo fundar una nueva Aztlán, un reflejo de los cimientos del cielo
que se llamaría México. Es por esto que hoy, el emblema del escudo de México
corresponde a un águila sobre un nopal con una serpiente en su pico.
6. Bacabés (tradición maya)
Antes de que comenzara el tiempo, existió un ser llamado Itzamná. Él era el
universo y encerraba dentro de sí lo bueno y lo malo, el hombre y la mujer, la
piedra y el agua.
Conoció a una bordadora, Ix Chebel Yax, que se adornaba con un tocado de
serpientes. Con un pincel había pintado de rojo algunas partes de la tierra, las
hojas de algunosl árboles y la cresta del pájaro carpintero.
Se enamoraron y se casaron, pero su felicidad se vio interrumpida por la
inestabilidad del cielo. En aquella época, crujía y amenazaba con
desplomarse. Itzmaná entendió la necesidad de crear soportes, por lo que su
mujer dio a luz cuatro hijos llamados Bacabés.
Se instalaron en las cuatro esquinas del mundo. El Bacab rojo, Cantzicnal, se
convirtió en el guardián del este. El blanco, Zac-cimi, en el vigía del norte. El
amarillo, Hobnil, se dedicó a custodiar el sur, y el negro, Hosan-ek, el oeste.
Cumplieron su cometido con mucha fuerza y, al comienzo, se dedicaron a
aconsejar y ayudar a los hombres. Con los años, fueron cubiertos de follaje,
tierra y nubes y ya nadie pudo distinguirlos. Sin embargo, su presencia sigue
vigente.
7. Iztaccíhuatl y Popocatépetl (tradición
azteca)
Hace muchos años existió una doncella llamada Iztaccíhuatl, hija del rey de un
gran señorío. Al reino llegaron guerreros ofreciendo sus servicios y después de
muchas pruebas, fueron admitidos. Se ofreció un banquete de celebración y
allí la princesa conoció a Popocatépetl, que se convertiría en el mejor
guerrero.
Los jóvenes se enamoraron y sus días se llenaron de inquietud. El rey se dio
cuenta de esta situación y le prometió a Popocatépetl la mano de su hija, si es
que era capaz de someter a un poblado que se negaba a rendirse a sus
órdenes. Si lograba traerle la cabeza de aquel rey enemigo clavada en un
lanza, la princesa y el reino serían suyos.
El joven se puso en marcha, pero el poblado quedaba muy lejos y la guerra fue
muy larga. Con el tiempo, el rey decidió que lo más prudente era que su hija se
casara con un príncipe y la ofreció en matrimonio. Iztaccíhuatl enfermó y a los
pocos días murió.
En ese momento, regresó el guerrero de su batalla, anunciando su victoria. Al
ver que su amada había muerto, la tomó en brazos y la llevó a la montaña más
alta, se arrodilló a su lado y decidió custodiarla por siempre.
Esa noche, los dioses convirtieron los cuerpos de ambos en volcanes. Desde
entonces, Iztaccíhuatl yace con sus cabellos extendidos, cubierta de nieve,
mientras a su lado se encuentra Popocatépetl, que emana fuego de su cráter y
espera a que despierte su princesa.
8. Nawaké, Watákame y el diluvio (tradición
huichol)
Nawaké, la madre tierra tomó la forma de una anciana y se encontró con un
hombre llamado Watákame. Le advirtió de la pronta desaparición de los seres
humanos. Le dijo: "El agua acabará con el mundo; dentro de cinco días subirá
el mar". Lo mandó construir una canoa, buscar una perrita negra, juntar
semillas de maíz, frijol y calabazas.
Así lo hizo y al quinto día se subió a la canoa junto a la perrita, mientras
Nawaké se montó encima para taparlos. Durante cinco años navegaron, hasta
que la tierra volvió a secarse y se instalaron nuevamente. Watákame
construyó una casa y sembró la tierra.
Nawaké le explicó una forma de convertir a la perrita en una mujer. Fingió salir
a trabajar y se escondió fuera de la casa. Vio entrar a la perrita a la casa y salir
con forma humana hacia un arroyo. Rápidamente entró a la casa y echó su
piel de perro al fuego. Cuando la joven regresó corriendo, la roció con
jatumari, una mezcla de maíz molido disuelto en agua. Watákame se casó con
la chica y juntos volvieron a refundar el mundo.
9. Flor Blanca (tradición maya)
La princesa Sac-Nicté, hija del señor de Mayapán, estaba comprometida con
Ulil, el heredero del reino de Uxmal desde su nacimiento.
Un día, desde su ventana vio al príncipe Canek, heredero al trono de Chichén
Itzá. Ambos se enamoraron con sólo mirarse y sufrieron mucho por no poder
hacer nada al respecto.
La noche antes del matrimonio, la princesa lloraba desconsoladamente y la
diosa luna, Ix-chel, se compadeció de ella y decidió ayudarla. Entonces, se le
apareció a Canek en la forma de un enano y le dijo: "La flor blanca duerme
entre la hierba y te está esperando. ¿Dejarás que sea otro quien la corte?".
Al día siguiente, durante la boda, todos extrañaron la presencia de Canek,
aliado del pueblo de Uxmal. Cuando estaba por sellarse la unión, apareció con
su ejército y se robó a la novia.
Tres días después, los señores de Mayapán y Uxmal acudieron a Chichén Itzá
para entablar una guerra, pero la ciudad había sido abandonada. Nunca se
supo qué pasó con los enamorados y su pueblo, sólo se sabe que iban guiados
por el amor y la esperanza.
10. Jaguar (tradición azteca)
Hubo un tiempo en que la tierra se encontraba habitada por feroces gigantes.
Fue el primero de los mundos y estaba regido por un sol de oscuridad
luminosa, el dios supremo Tezcatlipoca. Tenía plumas negras y un espejo de
obsidiana que echaba humo.
Los gigantes destruían todo a su paso, arrancaban los árboles, alborotaban el
mar y los ríos. Los creadores decidieron que había que terminar con aquel
reinado y esa raza de hombres. Así, del oriente llegó Quetzalcóatl y con su
fuerza venció a Tezcatlipoca y lo arrastró hacia el mar.
Desde las profundidades, se sintió un gran rugido y emergió un jaguar, con su
piel constelada de estrellas y su maravilloso salto. De las montañas y cuevas
surgieron miles de jaguares que atravesaron el mundo y devoraron a los
gigantes.
El dios del humeante espejo, bajo su forma de jaguar, se reguardó en la cueva
más recóndita, esperando emerger en el momento en que el tiempo de
Quetzalcóatl se terminara.
LEYENDAS
1.- EL PADRE SIN CABEZA.
José María Artavia
Todos los viernes al filo de la media noche, del portón mayor de la iglesia
del rosario sale El Padre Sin Cabeza.
Al salir del atrio agarra sobre la Sexta Avenida, hacia el norte; pasa frente al popular (hoy cine
libertad), dobla la esquina del gimnasio
(6ª. Calle Oriente y 6ª. Avenida Norte)
Y baja. Poco después de media cuadra, desaparece y vuelve a aparecer, entrando al atrio de la
iglesia La Merced; se le ve atravesar el atrio y entrar en la iglesia con la puerta cerrada...
En ocasiones se le mira paseandose por todo el atrio y subiendo al campanario. Otras veces lo ven
pasando por el puente La Vega; subiendo la cuesta; paseandose en el atrio y entrando en la iglesia
La Vega (también con las puertas cerradas).
Existen una infinidad de versiones: según la creencia popular, El Padre Sin Cabeza es el alma en
pena de un sacerdote que falleció en pecado mortal, sin confesión, y que había perdido la cabeza
por una pasión amorosa.
Otra versión es que este es el alma de un Padre que lucho junto en una revuelta con unos
campesinos, que fue asesinado (decapitado).
El Padre Sin Cabeza es conocido no solo a nivel Salvadoreño sino que a nivel Centro Americano.
2.-LA CARRETA CHILLONA
El autor es Rodrigo Molina autor salvadoreño
Esta Carreta Bruja le apareció a una mujer chismosa llamada Cirinla. Era
una carreta del tamaño normal sin bueyes, pero en las puntas de los
palos que componían el estacado llevaba una calavera humana con
grotesca mueca de sonrisa. La carga de la carretera consistía en un
promontorio de cadáveres decapitados que se retorcían como
tentáculos de mil pulpos. Los arrieros, en vez de cabeza tenían un
pequeño manojo de zacate.
En la mano izquierda aseguraban una puya y en la mano derecha el mango de enorme
látigo negro. Danzaban y haciendo estallar latigazos sobre los cuerpos gritaban y
mencionaban los nombres de todas las personas en el pueblo que eran conocidas como
mentirosas, falsas e hipócritas. Y mientras decía los nombres, los chicotazos sonaban
como estampidos de balazos en los lomos desnudos de los cuerpos torturados.
Era tal la curiosidad de Cirinla que cuando escuchó el ruido de la Carreta Bruja salió de su
casa a verla y su espanto fue tan grande que al día siguiente amaneció muerta encima de
un charco de su propia sangre de curiosa, chismosa, revoltosa, criticona y juzgona. Y desde
entonces la Carreta Bruja ya no se escuchaba rodar sobre el suelo empedrado de las calles
del apacible pueblecito.
3.-El Duende
Carmen María Camacho Adarve
Misterioso personaje que se enamora de las mujeres y lucha para
causarles soltería. Normalmente busca a mujeres jóvenes y bonitas, y no
deja de aparecerse hasta que ellas hagan algo desagradable
(normalmente un acto antihigiénico como no bañarse).
A la hora de desaparecer suele soltar carcajadas y causar un ruido
estruendoso. Algunas de las mujeres a quienes se
les aparece terminan enloqueciendo por sus
burlas y sarcasmo.
El Cadejo (leyenda)
Miguel Angel Asturias
Un perro blanco, con ojos rojos y hocico
puntiagudo. También suele aparecerse
durante las noches, solo que a diferencia
de otros, aparece para proteger al
caminante de cualquier peligro. Sus pasos
se escuchan fuertemente.
Dentro de las leyendas siempre existen seres bondadosos y angelicales y
sus respectivos antagonistas. El cadejo es representado por un perro de
ojos predominantes del cual se tiene dos versiones:
Cadejo Blanco.
El espécimen blanco simboliza el bien. El cadejo blanco representa a un
espíritu de luz que protege a todos los fieles creyentes y nunca permite
que el cadejo negro se robe el alma de los recién nacidos o de los niños
pequeños.
Cadejo Negro.
El cadejo negro simboliza el mal. El cadejo negro representa al espíritu
del mal que persigue a sus víctimas, los hipnotiza con sus enormes ojos
color rojo escarlata y cuando los atrapa les roba el alma. Se dice que el
cadejo negro es normalmente ahuyentando con el humo del incienso
que en El Salvador se conoce como Sahumerio.
LA CARRETA BRUJA. (leyenda)
Autor: Edgardo Reyes
Cuentan que desde hace mucho tiempo y hasta la fecha todos los
viernes por las noches, en algunos pueblos de El Salvador, al filo de la
media noche se escuha el sonar de una carrta que comienza en lo
profundo de los llanos y se acerca lentamente, se puede escuchar
claramente el chirrido de las ruedas al rozar con los ejes con
resequedad de grasa.
Hay muchas historias de la carreta bruja, he os contaré hoy la experiencia de Majin un señor que
avansada edad que vivía cuando era joven en un p ueblito del norte de El Salvador, sucede que
una noche que el venía de visitar unos parientes en la noche, era casi media noche pero él ya
estaba acostumbrado a caminar por aquellos caminos oscuros, solo con la luz de la luna.
A Majin ya nada le asustaba, se habia topado con el Cipitillo, la Siguanaba y en ocasiones le
ecompañaba el Cadejo, pero esa noche ni Palomo su perro guardián iba con él. De repente
faltando unos 2 kilómtros para llegar a su pueblo sintió el ruido de una carretaque se acercaba, de
repente pensó, será don Concho que viene noche de traer zacate, o será que se les habia
arruinado, en fin muchas ideas pasaron por su cabeza. Cada vez aquel ruido se hacia mas cercano
y estrepitoso, para eso Majin estaba por llegar al pueblo, solo le faltaba pasar junto al cementerio,
siempre sentía escalosfríos al pasar por ese lugar, así que solo se persinó y siguió su camino, al
lograr pasar la carreta estaba casi a sus espaldas, cuando sintió una corriente de frio helado que
rrecorrió toda su espalda. Lo que más le encrespó el cabello fué cuando las gallinas comenzaron
con su caracteristico chillar de miedo, los perros salieron espantados asustados, eso infundió mas
miedo, él sabia que la carreta no era nada bueno, asi que se pensino y medio se brincó un
alambrado y se refugió detras de unos piñales cuando sintió que la carreta esta casi en frente, rezo
oraciones. En ese momento se iba apareciendo un bulto, que al ver más de cerca pudo ver la
figura de una carreta desquebrajada que avansaba lentamente, además no tenía bueyes, y en la
punta de sus trinquetes llebaba calaberas, en su interior yacian cuerpos de personas, a las cuales
no reconoció, y tras ella avansaban seres con la cabeza de zacate, pasó frente a él y se alejó, Majin
no se acuerda como llegó a su casa, solo que paso 3 dias con fiebre, desde ese día ya no se deja
agarrar más de la noche y peor si es viernes.
* Esta es una de las muchas historias, muchos dicen que la carreta pasaba por los pueblos
llevandose el alma de las personas malas y otros dicen que esta leyenda comienza cuando un
hombre fué ganado por el diablo y obligaba a sus bueyes a entrar a una iglesia, pero l os buelles se
resisitían y no lo hicieron, sino que reventaron sus collundas y escaparon, la carreta rodo sin buelle
cuesta bajo lo raro es que nunca la encontraron, pero la carreta siempre rrecorre las calles de
pueblos y ciudades solitarias en buzca de almas malas.
6.- Clásico Juego del Cazador cazado
F.Ginoris
Todo lo que había aprendido de sus mayores tenía que ser puesto a prueba
ahora; su concentración debía funcionar al tope; cada técnica estudiada hasta
el cansancio, repetida una y mil veces y repetida otra vez hasta llegar a
convertirse en parte de su torrente sanguíneo, debía aflorar ahora y cubrirlo
como una coraza; aislarlo, preservarlo por sobre todas las cosas y hacer que
aquel cuerpo funcionase como un mecanismo de reloj, exacto y seguro. Todo
esto, claro, si quería vivir.
Le habían dado diez minutos desde que alcanzar a los árboles. Bien sabía que
aquello no le serviría de mucho, pero ese tiempo le había regalado unos mil
metros de ventaja y debía aprovecharlos.
En muy corto tiempo los tendría pegados a la
espalda, podría sentir su aliento húmedo y apestoso
rozándole la nuca, pero confiaba en sus piernas, creía
en su velocidad innata y en su voluntad de salvarse.
Lo que más le repugnaba y no alcanzaba a olvidar, eran tantos ojos mirándole
a la misma vez, todos en una sola cara,…. y el color de sus pieles,…nunca le
gustó el violeta.
7.- EL HOMBRE LOBO
Así como la leyenda del monstruo del lago Ness, el hombre lobo es
una de las historias más conocidas a nivel mundial. Este
personaje no solo ha servido para narra cuentos, sino que también lo
hemos visto en varias producciones cinematográficas. La leyenda dice
que un hombre a fines del siglo XIX con licantropía mató a 17
personas. Cuando se le preguntó sobre sus crímenes reveló que él se
transformaba por las noches en un lobo y que esto le generaba una
necesidad imperante de asesinar.
8._EL HOLANDÉS ERRANTE
Hendrik Van Der Decken, era un capitán holandés que en uno de sus
viajes en barco enrumbó hacia la India. Allí el supo sobrevivir a una
fuerte tormenta, lo que habría provocado la ira de Dios, quien en
castigo lo condenó a vagar, indefinidamente por todo el océano. La
leyenda narra que este personaje aparece siempre a la medianoche
junto a otras almas en pena. Su presencia en las aguas del océano es
de mal augurio para los capitanes que logran verlo.
9.- EL HILO ROJO
Es turno de ir hasta China. Cuenta la leyenda que hace muchos años un
emperador pidió que una reconocida bruja visite su palacio para que así le diga
con qué mujer debería casarse. La mujer con poderes especiales vio un largo hilo
rojo en el dedo meñique del hombre y cuyo extremo debería estar en el mismo
dedo de la persona que sería su futura esposa.
La extensión del hilo rojo los llevó hasta una campesina pobre que llevaba un
bebé en los brazos. Visiblemente molesto por la broma que le había hecho la
bruja, el emperador ordenó que se le encarcelara. Antes, el sujeto le había hecho
caer al bebé de los brazos, provocando que se hiciera una herida en la frente.
Años después, el emperador decidió casarse con una joven que era hija de un
terrateniente; lo curioso era que esta tenía una cicatriz en la frente, la cual le
resultó familiar. El mensaje de esta leyenda es que dos personas están
destinadas a encontrarse, pues el hilo rojo de su destino así lo dice.
10.- EL MONSTRUO DEL LAGO NESS
Esta leyenda ha sido llevada incluso hasta en dibujos animados. Es conocida a
nivel mundial y su naturaleza se basa en una bestia llamada Nessie. Este
apodo se lo ganó debido al nombre del lugar en donde se encuentra, el cual es
Escocia. Diversos estudios afirman que en el siglo VI hay rastros de esta criatura.
Ya en el siglo XX fue donde cobró más notoriedad acaparando muchas portadas
en todo el mundo. En la actualidad es un emblema escocés y hasta es un atractivo
turístico.
FABULAS
1. La zorra y las uvas
Una zorra que dormía bajo una vid se despertó hambrienta y,
enseguida, vio un racimo de uvas muy tentador sobre su cabeza.
Quiso alcanzarlo, pero fue en vano: su pequeña estatura no se lo
permitió. Trató de treparse al árbol, dio saltos, estiró sus patitas,
hasta que se dio por vencida.
Mientras se alejaba del árbol, resignada, vio que un pequeño
pajarito había estado observándola y se sintió avergonzada.
Rápidamente se acercó al ave y, enojada, le dijo: “Cuando salté, me
di cuenta de que las uvas no estaban maduras. Mi paladar es muy
exquisito. Si no, me las hubiera comido”. Y, dándole la espalda al
pajarito, que no alcanzó ni siquiera a responderle, la zorra se alejó.
Moraleja: Si no logramos alcanzar una meta, no debemos
menospreciarla, ni culpar a otras personas o a las circunstancias por
nuestros planes fallidos. Uno debe aprender a ser responsable de
sus actos.
2. La liebre y la tortuga
Con arrogancia y soberbia, una liebre se burlaba constantemente de
una tortuga por su lentitud. Un día, harta de las agresiones, la
tortuga le propuso correr una carrera para ver cuál de las dos era
más veloz. La liebre, entre risas, aceptó la propuesta.
Finalmente, llegó el día de la carrera y todos los animalitos del
bosque se acercaron a la línea de partida para ver la competencia.
Apenas se escuchó la señal, la liebre salió corriendo a toda prisa.
Mientras tanto, la tortuga, con su paso lento pero constante, avanzó
por la pista, en la que su competidora no había dejado otro rastro
que el polvo que levantaron sus ágiles patas al correr.
Relajada y orgullosa por su desempeño, la liebre decidió tomar una
siesta cuando le faltaba poco para llegar a la meta, pero ya daba por
descontado que sería la ganadora. El problema fue que se quedó
dormida. Cuando se despertó, exaltada, vio a lo lejos que la tortuga
estaba a dos pasitos de la línea de llegada. Corrió con todas sus
fuerzas, pero cuando alcanzó la meta ya era tarde. La tortuga había
ganado y era aplaudida y ovacionada por todo el público.
Moraleja: La vanidad y el exceso de confianza nos pueden jugar una
mala pasada. Nunca te burles de los demás por no tener tus
mismas habilidades, porque seguramente tienen otras igual de
valiosas. La perseverancia y la constancia rinden sus frutos.
3. El escorpión y la rana
Una rana descansaba a la orilla del río hasta que la aparición de un
escorpión la puso en alerta. Apenas el arácnido le dijo las primeras
palabras, la rana se tranquilizó:
—Ranita, ¿serías tan amable de montarme en tu lomo para que
pueda atravesar el río? Prometo que no te picaré. Si lo hago, ambos
nos ahogaríamos —le dijo el escorpión.
Luego de analizarlo un rato, en silencio, la rana aceptó el pedido del
escorpión. Lo invitó a subirse a su lomo, se zambulló en el río y
empezó a nadar. Pero, en medio del trayecto, la rana sintió un fuerte
pinchazo y un profundo dolor: el escorpión, pese a su promesa, la
había picado. Asustada y débil al mismo tiempo, la rana le preguntó
a su pasajero por qué lo había hecho, y le advirtió que ambos
morirían.
—Es que es mi naturaleza, no pude evitarlo —argumentó el
escorpión, mientras ambos se hundían en el agua.
Moraleja: Los demás no tienen por qué actuar como lo haríamos
nosotros: aunque alguien muestre buenas intenciones, los rasgos
que forman parte de su naturaleza no cambian, aun cuando puedan
dañarlos a ellos mismos.
4. La gallina de los huevos de oro
Una pareja de granjeros compró la gallina más gorda y rebosante
del mercado. A la mañana siguiente, cuando fueron a buscar los
huevos al gallinero, se toparon con que la flamante gallina había
puesto ¡un huevo de oro! Este extraño suceso se repitió cada día.
Sin salir de su asombro, se les ocurrió que si mataban a la gallina,
podrían hacerse de todos los huevos de oro al mismo tiempo, sin
tener que esperar a que ponga un único huevo por día. El problema
fue que, cuando la mataron, en el estómago de la gallina no
encontraron nada. Así, se quedaron sin la gallina y sin los huevos
de oro.
Moraleja: La codicia nunca es buena consejera: nos puede llevar a
perder lo que tenemos y a convertir la fortuna en pasajera.
5. El león y el ratón
Caía el sol y el león solo tenía planificado descansar. Había sido
una ardua jornada de caza, por lo que decidió recostarse debajo de
un árbol a dormir una pequeña siesta. De repente, sintió algo en su
cara. Abrió los ojos y se dio cuenta de que un pequeño ratón subía
por su nariz.
Malhumorado, el león lo agarró de la cola y, cuando estaba por
meterlo en su boca para comérselo, escuchó la fina vocecita del
ratón que le pedía que se apiadara de él. El animalito le prometió
que, si no lo comía, algún día se lo pagaría. Esta promesa dibujó
una sonrisa en la cara del león. Se preguntó cómo ese diminuto
animalito podría ayudarlo algún día. Así y todo, le perdonó la vida.
Apenas unos días más tarde, el león quedó atrapado en la red de un
cazador. Desesperado, comenzó a pedir ayuda a los gritos. El ratón,
que se encontraba por allí, reconoció su voz y salió corriendo a
asistirlo. Con sus filosas paletas, rompió la red que lo envolvía y lo
liberó.
—Hasta un pequeño ratón puede ayudar a un león —dijo el ratón,
orgulloso de haberlo liberado.
Moraleja: Los actos de bondad siempre son compensados. Nunca
menosprecies la ayuda de nadie, pues puede provenir de quien
menos lo esperamos.
6. Pedro y el lobo
Pedro era un niño pastor al que siempre le gustaba engañar a sus
vecinos haciéndoles creer que venía el lobo. Cada dos por tres, se
escuchaba en toda la zona:
–¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Ha venido un lobo y se quiere comer todo mi
rebaño! ¡Y después irá por los de ustedes!
Frente a este pedido desesperado, y la terrible amenaza del lobo,
los campesinos de la zona acudían a toda velocidad a ayudar a
Pedro, pero cuando llegaban se encontraban con el niño tirado en el
pasto muerto de risa, y sin noticias de ningún lobo.
Un día, Pedro descansaba debajo de un árbol y sintió que algo se
movía por detrás. Cuando quiso darse cuenta, un gran lobo estaba
atacando a sus ovejas. Comenzó a pedir auxilio de todas las
maneras posibles, intentando aclarar que esa vez sí era en serio,
pero como mentía tan a menudo nadie le creyó ni acudió en su
ayuda. Así fue como el lobo acabó por comerse todas las ovejas de
Pedro.
Moraleja: No debemos mentir, porque si no nadie nos creerá cuando
digamos la verdad.
7. La cigarra y la hormiga
Un hermoso día de verano, la cigarra disfrutaba muy tranquila de la
tarde, echada debajo de un árbol. En eso estaba cuando vio que la
hormiga pasaba muy cargada con alimentos, y se la veía muy
cansada. Entonces le dijo:
–¡Ey, hormiga! ¿Por qué no descansas un rato? Mira que lindo está
el día, ¡¿lo vas a desperdiciar trabajando?!
–Mientras tú disfrutas del día, yo estoy juntando provisiones para
cuando llegue el invierno. Sé por experiencia que puede ser muy
duro. ¡Deberías estar haciendo lo mismo! –respondió la hormiga,
mientras se alejaba cargada de hojas.
Un día llegó el invierno, y la cigarra se encontró a la intemperie,
muerta de frío y sin alimento. Decidió entonces acercarse a la casa
de la hormiga y pedirle ayuda, pero ella le respondió:
–Mientras yo trabajaba, tú no hacías nada, mira ahora cómo
estamos.
Y diciendo esto, le cerró la puerta en la cara. La cigarra se fue
cabizbaja, pero aprendió la lección.
Moraleja: Debemos repartir el tiempo entre el trabajo y el ocio, y ser
precavidos para los tiempos difíciles, porque todo puede cambiar de
un día para otro.
8. El caballo y el asno
Un campesino tenía un caballo y un asno que usaba como animales
de carga. Todos los días debían ir y volver a la ciudad transportando
los productos que llevaba el hombre para vender.
Un día de muchísimo calor, el caballo y el asno iban hacia la ciudad,
cargados al máximo de sus posibilidades, como siempre. Ese día el
sol era abrasador, y en un momento del camino el asno comenzó a
debilitarse. Entonces le dijo al caballo:
–¡Oye, caballo! Ya no resisto más este peso, necesito que me
ayudes. Por favor, toma la mitad de mi carga y llévala por mí, ya no
tengo fuerzas.
El caballo lo miró indiferente e hizo oídos sordos al pedido. Unos
minutos después, el asno cayó derrotado, y luego de unos instantes
murió a causa del esfuerzo. Entonces, el campesino tomó toda su
carga y la puso encima del caballo, a lo que sumó también la piel
del asno. Así, el caballo, por no haber querido ayudarlo, debió
cargar con todo el peso el resto del camino.
Moraleja: Siempre debemos ayudar al prójimo. Si nos comportamos
de una manera egoísta, acabaremos por perjudicarnos a nosotros
mismos.
9. El león y el mosquito
Estaba muy tranquilo el león, a punto de dormir una siesta, cuando
de repente comenzó a sentir que un mosquito le zumbaba
insistentemente cerca de su oreja. Quiso espantarlo, pero se dio
cuenta de que el mosquito intentaba decirle algo. Se acercó y oyó:
–¡Eh, león! Dicen que tú eres el rey de la selva. ¿Es así? Yo no lo
creo. Apuesto a que puedo vencerte.
El león, muy sorprendido, esbozó una sonrisa, porque pensó que el
mosquito le estaba haciendo una broma. En eso empezó a sentir
que el insecto le daba un picotazo tras otro, a tal velocidad que no
logró siquiera defenderse. El cuerpo comenzó a picarle tanto, que
acabó arañándose todo de la desesperación por rascarse, de pies a
cabeza. El mosquito, muy satisfecho, le dijo entre risas:
–¿Has visto? Te dije que podía vencerte. ¡Un animal insignificante
como yo ha podido vencer al que se hacía llamar “rey de la selva”!
¡Qué dirán los otros animales cuando lo sepan!
El mosquito estaba muy compenetrado alardeando de su triunfo
mientras el león intentaba reponerse, cuando de repente tropezó
con una tela araña. Luego se hizo un silencio, y el mosquito,
sabiendo que había sido capturado, se lamentó:
–¡Oh, qué tristeza! He vencido al animal más poderoso de la selva y
acabaré derrotado por una simple araña.
Moraleja: No debemos ser arrogantes cuando algo nos sale bien o
cuando ganamos, porque ninguna victoria es eterna y eso se
volverá en contra nuestro.
10. El murciélago y las comadrejas
Un día, el murciélago descansaba profundamente y sin darse
cuenta cayó al suelo. En ese mismo momento, fue capturado por
una comadreja que odiaba a las aves. Cuando vio que moriría, el
murciélago suplicó por su vida, pero la comadreja le respondió:
–No puedo hacerlo, detesto las aves, ¡está en mi naturaleza!
A lo que el murciélago replicó:
–Pues yo no soy un ave, soy un roedor.
La comadreja lo inspeccionó detenidamente y notó que no tenía
plumas, por lo cual comprendió que no era un ave y lo dejó ir.
A las pocas semanas, el murciélago volvió a caer al suelo y esta vez
fue capturado por una comadreja que odiaba a los roedores, y
cuando le suplicó por su vida, esta respondió:
–No puedo hacerlo, detesto los roedores, ¡está en mi naturaleza!
A lo que el murciélago replicó:
–Pues yo no soy un roedor, soy un ave.
La comadreja lo inspeccionó detenidamente y notó que tenía alas,
por lo cual comprendió que era un ave y lo dejó ir. Así fue como el
murciélago escapó dos veces de lo que era una muerte segura.
Moraleja: Es muy importante tener la capacidad de adaptarnos a las
distintas situaciones que nos presenta la vida. La versatilidad nos
puede salvar en cualquier circunstancia.
CUENTO
1. El niño y los clavos
Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le
dijo que cada vez que perdiera la calma, clavase un clavo en la cerca del patio de la casa. El
primer día, el niño clavó 37 clavos. Al día siguiente, menos, y así el resto de los días. Él
pequeño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su mal carácter que
tener que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la
calma ni una sola vez y fue alegre a contárselo a su padre. ¡Había conseguido, finalmente,
controlar su mal temperamento! Su padre, muy contento y satisfecho, le sugirió entonces
que por cada día que controlase su carácter, sacase un clavo de la cerca. Los días pasaron y
cuando el niño terminó de sacar todos los clavos fue a decírselo a su padre.
Entonces el padre llevó a su hijo de la mano hasta la cerca y le dijo:
– “Has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en todos los
agujeros que quedaron. Jamás será la misma. Lo que quiero decir es que cuando dices o
haces cosas con mal genio, enfado y mal carácter dejas una cicatriz, como estos agujeros en
la cerca. Ya no importa que pidas perdón. La herida siempre estará allí. Y una herida física
es igual que una herida verbal. Los amigos, así como los padres y toda la familia, son
verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te
escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para
recibirte”.
Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con que el
niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este cuento se
ha acabado.
2. El papel y la tinta
Había una hoja de papel sobre una mesa, junto a otras hojas iguales a ella, cuando una
pluma, bañada en negrísima tinta, la manchó completa y la llenó de palabras.
– “¿No podrías haberme ahorrado esta humillación?”, dijo enojada la hoja de papel a la
tinta. “Tu negro infernal me ha arruinado para siempre”.
– “No te he ensuciado”, repuso la tinta. “Te he vestido de palabras. Desde ahora ya no eres
una hoja de papel sino un mensaje. Custodias el pensamiento del hombre. Te has
convertido en algo precioso”.
En ese momento, alguien que estaba ordenando el despacho, vio aquellas hojas esparcidas y
las juntó para arrojarlas al fuego. Sin embargo, reparó en la hoja “sucia” de tinta y la
devolvió a su lugar porque llevaba, bien visible, el mensaje de la palabra. Luego, arrojó el
resto al fuego.
Leonardo Da Vinci
3. Uga, la tortuga
¡Caramba, todo me sale mal!, se lamentaba constantemente Uga, la tortuga. Y no era para
menos: siempre llegaba tarde, era la última en terminar sus tareas, casi nunca ganaba
premios por su rapidez y, para colmo era una dormilona. ¡Esto tiene que cambiar!, se
propuso un buen día, harta de que sus compañeros del bosque le recriminaran por su poco
esfuerzo. Y optó por no hacer nada, ni siquiera tareas tan sencillas como amontonar las
hojitas secas caídas de los árboles en otoño o quitar las piedrecitas del camino a la charca.
– “¿Para qué preocuparme en hacerlo si luego mis compañeros lo terminarán más rápido?
Mejor me dedico a jugar y a descansar”.
– “No es una gran idea”, dijo una hormiguita. “Lo que verdaderamente cuenta no es hacer
el trabajo en tiempo récord, lo importante es hacerlo lo mejor que sepas, pues siempre te
quedarás con la satisfacción de haberlo conseguido. No todos los trabajos necesitan de
obreros rápidos. Hay labores que requieren más tiempo y esfuerzo. Si no lo intentas, nunca
sabrás lo que eres capaz de hacer y siempre te quedarás con la duda de qué hubiera
sucedido si lo hubieras intentado alguna vez. Es mejor intentarlo y no conseguirlo, que no
hacerlo y vivir siempre con la espina clavada. La constancia y la perseverancia son buenas
aliadas para conseguir lo que nos proponemos, por eso te aconsejo que lo intentes. Podrías
sorprenderte de lo que eres capaz”.
– “¡Hormiguita, tienes razón! Esas palabras son lo que necesitaba: alguien que me ayudara
a comprender el valor del esfuerzo, prometo que lo intentaré.»
Así, Uga, la tortuga, empezó a esforzarse en sus quehaceres. Se sentía feliz consigo misma
pues cada día lograba lo que se proponía, aunque fuera poco, ya que era consciente de que
había hecho todo lo posible por conseguirlo.
– “He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse metas grandes e imposibles,
sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a objetivos mayores”.
4. Carrera de zapatillas
Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano
porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos
junto al lago. También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan
presumida que no quería ser amiga de los demás animales, así que comenzó a burlarse de
sus amigos:
– Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta.
– Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo.
– Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga.
Y entonces, llegó la hora de la largada. El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y
rojas. La cebra, unas rosadas con moños muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas
verdes con lunares anaranjados. La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes.
Y cuando estaban a punto de comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada. Es
que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas!
– “Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude!” – gritó la jirafa.
Y todos los animales se quedaron mirándola. El zorro fue a hablar con ella y le dijo:
– “Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos
diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos cuando
lo necesitemos”.
Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Pronto vinieron las
hormigas, que treparon por sus zapatillas para atarle los cordones. Finalmente, se pusieron
todos los animales en la línea de partida. En sus marcas, preparados, listos, ¡YA! Cuando
terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que además
había aprendido lo que significaba la amistad.
Alejandra Bernardis Alcain
5. Un conejo en la vía
Daniel se divertía dentro del coche con su hermano menor, Carlos. Iban de paseo con sus
padres al Lago Rosado. Allí irían a nadar en sus tibias aguas y elevarían sus nuevas
cometas. Sería un paseo inolvidable. De pronto el coche se detuvo con un brusco frenazo.
Daniel oyó a su padre exclamar con voz ronca:
– “¡Oh, mi Dios, lo he atropellado!”.
– “¿A quién, a quién?”, le preguntó Daniel.
– “No se preocupen”, respondió su padre. – “No es nada”.
El auto inició su marcha de nuevo y la madre de los chicos encendió la radio, empezó a
sonar una canción de moda en los altavoces.
– “Cantemos esta canción”, dijo mirando a los niños en el asiento de atrás.
La mamá comenzó a tararear una canción. Sin embargo, Daniel miró por la ventana trasera
y vio tendido sobre la carretera a un conejo.
– “Para el coche papi”, gritó Daniel. “Por favor, detente”.
– “¿Para qué?”, respondió su padre.
– “¡El conejo se ha quedado tendido en la carretera!”.
– “Dejémoslo”, dijo la madre. “Es solo un animal”.
– “No, no, detente. Debemos recogerlo y llevarlo al hospital de animales”. Los dos niños
estaban muy preocupados y tristes.
– “Bueno, está bien”, dijo el padre dándose cuenta de su error.
Y dando la vuelta recogieron al conejo herido. Sin embargo, al reiniciar su viaje una
patrulla de la policía les detuvo en el camino para alertarles sobre que una gran roca había
caído en el camino y que había cerrado el paso.
Entonces decidieron ayudar a los policías a retirar la roca. Gracias a la solidaridad de todos
pudieron dejar el camino libre y llegar a tiempo al veterinario, donde curaron la pata al
conejo. Los papás de Daniel y Carlos aceptaron a llevarlo a su casa hasta que se curara. Y
unas semanas más tarde toda la familia fue a dejar al conejito de nuevo en el bosque. Carlos
y Daniel le dijeron adiós con pena, pero sabiendo que sería más feliz estando en libertad.
Álvaro Jurado Nieto
6. La sepultura del lobo
Hubo una vez un lobo muy rico pero muy avaro. Nunca dio ni un poco de lo mucho que le
sobraba. Sin embargo, cuando se hizo viejo, empezó a pensar en su propia vida, sentado en
la puerta de su casa. Un burrito que pasaba por allí le preguntó:
– “¿Podrías prestarme cuatro medidas de trigo, vecino?”. “Te daré ocho, si prometes velar
por mi sepulcro en las tres noches siguientes a mi entierro”.
– “Está bien”, dijo el burrito.
A los pocos días el lobo murió y el burrito fue a velar su sepultura. Durante la tercera noche
se le unió el pato que no tenía casa. Y juntos estaban cuando, en medio de una espantosa
ráfaga de viento, llego el aguilucho y les dijo:
– “Si me dejáis apoderarme del lobo os daré una bolsa de oro”. “Será suficiente si llenas
una de mis botas”, le dijo el pato, que era muy astuto.
El aguilucho se marchó para regresar enseguida con un gran saco de oro, que empezó a
volcar sobre la bota que el sagaz pato había colocado sobre una fosa. Como no tenía suela y
la fosa estaba vacía no acababa de llenarse. El aguilucho decidió ir entonces en busca de
todo el oro del mundo. Y cuando intentaba cruzar un precipicio con cien bolsas colgando de
su pico, cayó sin remedio.
– “Amigo burrito, ya somos ricos”, dijo el pato.
– “La maldad del aguilucho nos ha beneficiado. Y ahora nosotros y todos los pobres de la
ciudad con los que compartiremos el oro nunca más pasaremos necesidades”, dijo el
borrico.
Así hicieron y las personas del pueblo se convirtieron en las más ricas del mundo.
7. La ratita blanca
El hada soberana de las cumbres invitó un día a todas las hadas de las nieves a una fiesta en
su palacio. Todas acudieron envueltas en sus capas de armiño y guiando sus carrozas de
escarcha. Sin embargo, una de ellas, Alba, al oír llorar a unos niños que vivían en una
solitaria cabaña, se detuvo en el camino. El hada entró en la pobre casa y encendió la
chimenea. Los niños, calentándose junto a las llamas, le contaron que sus padres habían ido
a trabajar a la ciudad y mientras tanto, se morían de frío y miedo.
– “Me quedaré con vosotros hasta que vuestros padres regresen”, prometió.
Y así lo hizo, pero a la hora de marcharse, nerviosa por el castigo que podía imponerle su
soberana por la tardanza, olvidó la varita mágica en el interior de la cabaña.
El hada de las cumbres miró con enojo a Alba.
– “No solo te presentas tarde, sino que además lo haces sin tu varita? ¡Mereces un buen
castigo!”.
Las demás hadas defendieron a su compañera en desgracia.
– “Sabemos que Alba no ha llegado temprano y ha olvidado su varita. Ha faltado, sí, pero
por su buen corazón, el castigo no puede ser eterno. Te pedimos que el castigo solo dure
cien años, durante los cuales vagara por el mundo convertida en una ratita blanca”.
Así que si veis por casualidad a una ratita muy linda y de blancura deslumbrante, sabed que
es Alba, nuestra hadita, que todavía no ha cumplido su castigo.
8. La aventura del agua
Un día que el agua se encontraba en el soberbio mar sintió el caprichoso deseo de subir al
cielo. Entonces se dirigió al fuego y le dijo:
– “¿Podrías ayudarme a subir más alto?”.
El fuego aceptó y con su calor, la volvió más ligera que el aire, transformándola en un sutil
vapor. El vapor subió más y más en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y
fríos del aire, donde ya el fuego no podía seguirlo. Entonces las partículas de vapor,
ateridas de frío, se vieron obligadas a juntarse, se volvieron más pesadas que el aire y
cayeron en forma de lluvia. Habían subido al cielo invadidas de soberbia y recibieron su
merecido. La tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante
mucho tiempo prisionera en el suelo, purgando su pecado con una larga penitencia.
9. La gratitud de la fiera
Androcles, un pobre esclavo de la antigua Roma, en un descuido de su amo, escapó al
bosque. Buscando refugio seguro, encontró una cueva y al entrar, a la débil luz que llegaba
del exterior, el joven descubrió un soberbio león. Se lamía la pata derecha y rugía de vez en
cuando. Androcles, sin sentir temor, se dijo:
– “Este pobre animal debe estar herido. Parece como si el destino me hubiera guiado hasta
aquí para que pueda ayudarle. Vamos, amigo, no temas, te ayudaré”.
Así, hablándole con suavidad, Androcles venció el recelo de la fiera y tanteó su herida
hasta encontrar una flecha clavada profundamente. Se la extrajo y luego le lavó la herida
con agua fresca.
Durante varios días, el león y el hombre compartieron la cueva hasta que Androcles,
creyendo que ya no le buscarían se decidió a salir. Varios centuriones romanos armados
con sus lanzas cayeron sobre él y le llevaron prisionero al circo. Pasados unos días, fue
sacado de su pestilente mazmorra. El recinto estaba lleno a rebosar de gentes ansiosas de
contemplar la lucha. Androcles se aprestó a luchar con el león que se dirigía hacia él. De
pronto, con un espantoso rugido, la fiera se detuvo en seco y comenzó a restregar
cariñosamente su cabezota contra el cuerpo del esclavo.
– “¡Sublime! ¡Es sublime! ¡César, perdona al esclavo, pues ha sometido a la fiera!”,
gritaban los espectadores.
El emperador ordenó que el esclavo fuera puesto en libertad. Sin embargo, lo que todos
ignoraron era que Androcles no poseía ningún poder especial y que lo que había ocurrido
no era sino la demostración de la gratitud del animal.
10. Secreto a voces
Gretel, la hija del Alcalde, era muy curiosa. Quería saberlo todo, pero no sabía guardar un
secreto.
– “¿Qué hablabas con el Gobernador?”, le preguntó a su padre, después de intentar
escuchar una larga conversación entre los dos hombres.
– “Estábamos hablando sobre el gran reloj que mañana, a las doce, vamos a colocar en el
Ayuntamiento. Pero es un secreto y no debes divulgarlo”.
Gretel prometió callar, pero a las doce del día siguiente estaba en la plaza con todas sus
compañeras de la escuela para ver cómo colocaban el reloj en el ayuntamiento. Sin
embargo, grande fue su sorpresa al ver que tal reloj no existía. El Alcalde quiso dar una
lección a su hija y en verdad fue dura, pues las niñas del pueblo estuvieron mofándose de
ella durante varios años. Eso sí, le sirvió para saber callar a tiempo.