Manual Millon IV
Manual Millon IV
Manual
@ Pearson
Agradecimientos de
Pearson Clinical & Talent Assessment
\
Para Pearson Clinical & Talent Assessment supone una gran satisfacción poner a disposición de los profe-
sionales de la psicología el Inventario Clínico Multiaxial de Millon-lV (MCMI-IV), una herramienta basada en la
teoría evolutiva de Millon que permite una evaluación completa de la personalidad y la psicopatología de los
adultos que buscan o reciben atención o tratamiento psicológico o psiquiátrico.
La adaptación española del MCMI-IV ha requerido la dedicación y el esfuerzo de muchos profesionales, a los
que queremos transmitir nuestro más sincero agradecimiento.
En primer lugar, nos gustaría expresar nuestra gratitud a los expertos que participaron en el proceso de adap-
tación de los ítems del MCMI-IV: Enrique J. Carbonell Vayá, Violeta Cardenal Hernáez, Margarita Ortiz-Tallo y
M.ª Pilar Sánchez López. Asimismo queremos dar las gracias a Montse Alberte Montserrat, por su participa-
ción como experta en la adaptación de los ítems y en la traducción y revisión lingüística del material del test.
En segundo lugar, nos gustaría agradecer el trabajo de M.ª Pilar Sánchez López y Violeta Cardenal Hernáez
como coordinadoras de la recogida de la muestra. También queremos dar las gracias a Ana M. Gaviria y José
G. Franco Vásquez por su asesoramiento en el diseño de la muestra, a M.ª Pilar Sánchez López por el trabajo
de revisión técnica del manual y a Enrique J. Carbonell Vayá por el trabajo de validación de los perfiles clínicos
obtenidos con los baremos españoles del MCMI-IV.
En tercer lugar, queremos reconocer y agradecer la labor de los psicólogos que participaron en la recogida
de datos de las muestras de las fases experimental y de tipificación, quienes actuaron con gran diligencia y
profesionalidad, respetando siempre los criterios de estratificación asignados por Pearson :
Norte
Sur
Por último, no queremos olvidarnos de los profesionales Erica Paradell, Mario Pérez y Louis-Charles Vannier,
que han trabajado incansablemente durante meses aportando su experiencia para ofrecer a los psicólogos
españoles una nueva herramienta que, sin duda, contribuirá a mejorar la evaluación de los trastornos psico-
lógicos en los adultos.
'lHEODOfeE M9LLON
MCMI-IV Epígrafe V
Cualificación de los profesionales
El Inventario clínico multíaxial de Mi/Ion-IV (MCMI-IV) se diseñó para evaluar, diagnosticar y tratar a los pa-
cientes con problemas emocionales e interpersonales. Los profesionales que utilicen esta herramienta deben
tener formación en psicología y, en concreto, en la aplicación, corrección e interpretación de escalas de la
personalidad; así como experiencia supervisada en estos instrumentos. Además, es muy conveniente que
conozcan con detalle y comprendan la teoría evolutiva de Millon. Los profesionales que trabajen con pacien-
tes clínicos de grupos especiales (p. ~j., personas con problemas sensoriales o cuya lengua materna no es el
español) deben tener formación y experiencia específicas en la evaluación de estas poblaciones.
Dada la variabilidad de los requisitos de certificación y de los títulos profesionales, no es posible determi-
nar únicamente por el título, acreditación o certificación quién está calificado para utilizar el MCMI-IV. De
acuerdo con los principios presentados en Standards for Educational and Psychological Testing (American
Educational Research Association [AERA], American Psychological Association [APA] y National Council on
Measurement in Education, 2014), cada profesional debe decidir si su formación y experiencia lo capacitan
para utilizar e interpretar el MCMI-IV adecuadamente. En la web de Pearson figura más información sobre la
cualificación de los profesionales.
La evolución de los instrumentos psicológicos consolidados, en especial los que tienen una larga tradición
clínica y teórica como el MCMI, conlleva su actualización, al igual que cualquier otro producto o creación que
sea culturalmente representativo. Aunque el original conserva su singularidad (y es especial para quienes lo
utilizan, admiran o aprecian), el tiempo no se detiene y los conocimientos y la tecnología avanzan . Por con-
siguiente, el original, aun no siendo tan representativo del tiempo actual ni tecnológicamente tan avanzado
como la última versión, puede ejercer la fundamental función de preservar la relevancia de la idea primigenia
' en obsoleto. Cuanto más perdurable sea la idea primigenia, en mejor
en la nueva versión, o bien convertirse
posición se encontrará el original para que su función perviva durante muchas generaciones. Por ello, las
mejores versiones son las que integran la esencia del original en un desarrollo actual que refleja plenamente
el tiempo presente y su objetivo.
Mientras elaborábamos esta edición del MCMI, nos encontramos con un nuevo motivo para reflexionar sobre
estos principios. Cuando ya se había definido la estructura de esta versión del instrumento y se había creado
la mayor parte de los nuevos contenidos, Theodore Millon enfermó y falleció. Siguiendo su voluntad, nuestro
principal objetivo para la cuarta generación del MCMI es seguir la tradición establecida por su teoría y pers-
pectiva sobre la evaluación de la personalidad tal como se ha desarrollado en las últimas cuatro décadas, y,
al mismo tiempo, dar respuestas precisas a los retos y necesidades de la práctica clínica contemporánea.
El MCMI-IV no solo conserva su fundamentación teórica, sino que también refleja las actualizaciones más
recientes de la teoría evolutiva. En esta nueva versión se ha aplicado la teoría de forma sumamente reflexiva
para lograr el que siempre ha sido el objetivo de Millon: ayudar a los profesionales en la planificación tera-
péutica.
La fundamentación teórica del MCMI-IV lo distingue del resto de los instrumentos de evaluación psicológica
autoinformados, como los basados en métodos inductivos/factoriales y de criterio externo; y sostenemos
que con este marco deductivo es posible obtener un reflejo totalmente contextual de una persona. La teoría
permite tener una visión integrada de las motivaciones básicas de una persona, dado que se expresan a tra-
vés de sets cognitivos, autorreflexiones, defensas, conductas inmediatas y sociales y tendencias biofísicas,
lo cual no es posible con una metodología más segmentada y empíricamente dependiente. Ahora bien , el
empirismo no puede desempeñar únicamente un papel secundario, aspecto criticado en los métodos del
pasado basados casi exclusivamente, o en su totalidad, en la teoría. Otro objetivo del desarrollo del MC-
MI-IV ha sido aplicar los avances de la metodología empírica que permiten reflejar la veracidad de la teoría
de forma más precisa que los procedimientos más básicos del pasado. Nuestra mayor comprensión de la
interdependencia de los procesos empíricos y teóricos de la construcción de tests nos ha permitido mejorar
el inventario.
El desarrollo de un instrumento de evaluación psicológica no es, en absoluto, el proyecto de una única per-
sona, ni de un pequeño equipo; al contrario, requiere el apoyo y la contribución de muchos otros profesio-
nales además de los autores. Por ello queremos manifestar nuestro agradecimiento al equipo de desarrollo
de Pearson Clinical Assessment, a Dicandrien , lnc., y a la famil ia Millon, así como a todos los profesionales,
familiares y amigos que han contribuido, directa o indirectamente, con sus aportaciones y su presencia. Asi-
mismo estamos especialmente agradecidos a todas las personas a las que el MCMI les ha permitido, o les
permite, conocerse mejor.
Seth Grossman
Carrie Millon
MCMI-IV Prólogo ix
,
Indice
Agradecimientos de Pearson Clinical & Talent Assessment iii
Epígrafe . V
Prólogo . ix
Fundamentación teórica . .
Características estructurales 2
Materiales. 2
Manual 2
Cuadernillo y hoja de respuestas 2
Plataforma online . 2
Evaluación forense 3
Evaluación neuropsicológica 3
Esquizoide (escala 1) 6
Dependiente (escala 3) . 6
Compulsivo (escala 7) 7
Esquizotípico (escala S) 8
Límite (escala C) . 8
Paranoide (escala P) 8
MCMI-IV Índice xi
Síndromes clínicos 8
Ansiedad generalizada (escala A) 9
Síntomas somáticos (escala H) 9
Espectro bipolar (escala N) 9
Depresión persistente (escala D). 9
Consumo de alcohol (escala 8) . .10
Consumo de sustancias (escala T) .10
Estrés postraumático (éscala R) . . 10
Síndromes clínicos graves . .10
Espectro esquizofrénico (escala SS) . 10
Depresión mayor (escala CC) . . 10
Capítulo 4: Interpretación 33
Patrones de la personalidad: hacia una relación clínica más estrecha . . 35
Relaciones entre personalidad , síndromes y estresores . . . . 36
Fase 1: Examen de la validez y de las circunstancias clínicas especiales . . 38
lnformaeión clínica relevante . 38
Respuestas significativas . .38
Índices de validez y modificadores .39
Indicadores de respuestas aleatorias (escalas V y W) .39
Índice de Sinceridad (escala X) . . . .39
Índice de Deseabilidad social (escala Y) .40
Índice de Devaluación (escala Z). .40
Problemas de lectura . . . .40
Consideraciones sobre el estilo de respuesta . 40
Fase 3: Incorporación de datos adicionales y elaboración de una imagen clínica completa .47
Historial psicosocial . .\ . . 47
Interpretaciones complejas . . 49
Obtención de los rasgos de la personalidad a partir de escalas de la personalidad con la misma elevación . 49
Creación de ítems. . 53
Fase piloto . . 59
Fase experimental. . 59
Muestra de tipificación . . 61
Validez . . . . . . . . . \. . 74
Eficiencia diagnóstica . 79
Anexo A: Ítems. 83
Bibliografía .123
Tablas
Tabla 1.1. Escalas del MCMI-IV y facetas de Grossman . . . . . . . . . . . . . 5
Tabla 3.1 . Niveles funcionales de los patrones de la personalidad en el espectro evolutivo . .25
Tabla 5.2. Clasificación del estilo de respuestas en función de la puntuación directa del índice de Sinceridad . . 58
Tabla 5.4. Porcentajes de la gravedad de los trastornos clínicos según la clasificación de los profesionales . 65
Tabla 5.5. Medias y desviaciones típicas de las tasas base por sexo y situación del paciente . . 67
Tabla 6.1. Consistencia interna de las escalas y facetas del MCMI-IV (datos españoles) . . 70
MCMI-IV fndice XV
Tabla 6.2. Datos demográficos del estudio de estabilidad test-retest y del estudio de las
correlaciones con el BSI 18 y el MCMl-11I {datos españoles) . . 71
Tabla 6.3. Fiabilidad test-retest de las escalas y facetas del MCMI-IV {datos españoles). . 72
Tabla 6.4. Correlaciones entre las tasas base de las escalas del MCMI-IV {datos españoles) . 75
Tabla 6.5. Correlaciones entre el MCMI-IV y el BSI 18 {datos españoles) . 76
Lista de Figuras
Figura 4.1. Relaciones entre personalidad, síndromes y estresores .37
Figura 4.2. Fases del proceso de interpretación . 38
Figura 5.1. Distribución de los examinadores . . 61
Figura 6.1. Combinaciones posibles en función de la clasificación del test y del criterio de referencia . 79
Aplicación: Individual.
Fundamentación teórica
Cada una de las escalas de los patrones de la personalidad del MCMI-IV es una medida operativa de un tras-
torno derivada de la teoría evolutiva de la personalidad de Millon (Millon, 1969/1983, 1981, 1986a, 1986b, 1990,
2011; Millon y Davis, 1996). Aunque las escalas de síndromes clínicos no proceden explícitamente de la teoría
de Millon, se han adaptado a su marco teórico. Las escalas del MCMI-IV miden, de forma directa y cuantifica-
ble, tanto las variables basadas en la teoría de Millon como las adaptadas a esta teoría. La interpretación de las
elevaciones de las escalas y la configuración del perfil orienta hacia un diagnóstico específico del paciente y
hacia dinámicas clínicas, así como hacia hipótesis sobre su historial social y su conducta actual.
te iales
El MCMI-IV está formado por los materiales que figuran a continuación.
Manual
El manual incluye las instrucciones de aplicación, corrección e interpretación. Asimismo ofrece información
sobre las escalas y su fundamentación teórica, sobre la teoría en la que se basa la evaluación, la fiabilidad y
validez de las puntuaciones, el desarrollo del instrumento y el proceso de adaptación española. Los profesio-
nales deben leer con atención el manual antes de utilizar cualquier otro componente del MCMI-IV.
Plataforma online
La plataforma online de Pearson Clínica! & Talent Assessment es un sistema web seguro y en línea que permi-
te aplicar el MCMI-IV, corregirlo y generar el informe del perfil del sujeto. Cuando el inventario se ha aplicado
mediante la plataforma online, las respuestas se almacenan automáticamente. Si, por el contrario, se prefiere
aplicar el inventario mediante el cuadernillo de respuestas en papel, se deben introducir las respuestas en la
plataforma online para realizar la corrección informatizada y generar el informe. (Para más información sobre
los procedimientos de aplicación y corrección, véase el capítulo 2.)
Us s de MCMI-IV
El MCMI-IV es un inventario diseñado para proporcionar información sobre pacientes que buscan o reciben
atención o tratamiento psicológico o psiquiátrico en distintos contextos y con distintos objetivos, tales como
centros ambulatorios, centros de salud mental , programas de orientación universitaria, hospitales, consul-
Evaluación forense
La evidencia de las propiedades psicométricas de los instrumentos de evaluación utilizados en el ámbito
forense es crucial para establecer la admisibilidad de las pruebas periciales basadas en los resultados de di-
chos instrumentos. Las versiones anteriores del MCMI han sido ampliamente utilizadas en el ámbito forense,
en especial en evaluaciones de procesos penales y de custodia de menores.
En los procesos penales se ha usado el MCMI a lo largo de todas las fases , desde la fase inicial de confesión
del delito, cuando los trastornos de la personalidad pueden estar relacionados con la vulnerabilidad del suje-
to al interrogatorio coercitivo, hasta la fase final de determinación de la pena, cuando se presentan los facto-
res agravantes y atenuantes. La evaluación psicológica del acusado puede no llegar a ser un factor decisivo
en la defensa de un delito, pero puede tener un valor mitigador significativo en la determinación de la pena.
El uso del MCMI en las evaluaciones de custodia de menores es controvertido (Quinnell y Bow, 2001). Por una
parte, existe el comprensible interés en determinar el estado psicológico de los padres como un aspecto de
su capacidad para asumir adecuadamente las responsabilidades paternales. Por otra parte, el MCMI-IV se
desarrolló y baremó a partir de una población que fue evaluada en unas circunstancias muy distintas a las
de los litigantes de la custodia. Los profesionales deben tener presentes estos dos aspectos antes de decidir
utilizar el MCMI-IV en una evaluación de custodia de menores.
Evaluación neuropsicológica
El objetivo de una evaluación neuropsicológica es determinar el estado cognitivo de una persona. Indepen-
dientemente de lo preciso que pueda ser un instrumento de evaluación cognitiva, si los resultados muestran
que la causa de un déficit es un problema emocional, la opción de que se haya producido una lesión pierde
peso. Por ello, en una evaluación neurológica exhaustiva se debe incluir una medida válida del funcionamien-
to emocional y de la personalidad. Asimismo, es importante medir la gravedad de la psicopatología porque
los problemas emocionales graves pueden influir en los resultados neuropsicológicos.
Una de las ventajas del MCMI-IV respecto a otros instrumentos de evaluación de la psicopatología es que
evalúa específicamente las características de la personalidad. Por lo tanto, permite diferenciar entre los
estilos de la personalidad arraigados y las disfunciones emocionales que afectarían directamente a la eva-
luación. Otra ventaja relevante es su brevedad, especialmente conveniente en el ámbito de la evaluación
neuropsicológica, dada la alta incidencia de problemas de atención en los pacientes.
Cabe señalar de nuevo que el MCMI-IV se desarrolló y baremó a partir de una muestra clínica en cuyos cri-
terios de inclusión no se contemplaba que los sujetos estuvieran buscando consejo matrimonial o terapia de
pareja. Antes de aplicar el inventario en este ámbito, los profesionales deben considerar detenidamente si el
MCMI-IV es apropiado para una persona que busca terapia diádica.
1nvestigación
El MCMI-IV es un instrumento muy adecuado para la investigación de los trastornos de la personalidad y la
psicopatología. Las puntuaciones de las escalas, que son objetivas, cuantificadas y tienen una base teórica,
y los patrones de perfil se pueden utilizar para formular y comprobar diversas hipótesis clínicas, experimen-
tales y demográficas. La correspondencia con los criterios del DSM-5 y el uso de tasas base pueden resultar
muy útiles para determinar los criterios de inclusión de las muestras. Las versiones anteriores del MCMI se
han utilizado en centenares de estudios de investigación llevados a cabo en distintos contextos y países y
con diferentes idiomas y poblaciones clínicas. Los autores del MCMI siguen fomentando este tipo de estu-
dios y colaboran en investigaciones cuyo objetivo es mejorar la utilidad del instrumento tanto en el ámbito
clínico como en el de la investigación. En www.millonpersonality.com se ofrece más información sobre la
investigación con el MCMI-IV en Estados Unidos.
Descripción e 1 escalas
Las escalas del MCMI-IV están diseñadas para evaluar la personalidad y la psicopatología, y proporcionan
la base sobre la que tomar decisiones terapéuticas efectivas. Como se muestra en la tabla 1.1, las esca-
las del MCMI-IV se agrupan en cuatro categorías: patrones clínicos de la personalidad, patología grave
de la personalidad, síndromes clínicos y síndromes clínicos graves. En la tabla 1.1, debajo de las escalas
correspondientes, también se presentan las facetas de Grossman, que se describen más adelante en este
capítulo.
Esquizoide (escala 1)
Los sujetos esquizoides se caracterizan por su falta de deseo y su incapacidad para sentir placer o dolor
intenso, se muestran indiferentes a las relaciones sociales y tienden a ser apáticos, distantes y asociales.
Sus emociones y necesidades afectivas son mínimas; actúan como observadores pasivos, desligados del
beneficio y del afecto que aportan las relaciones humanas, así como de los requerimientos de las mismas.
Dependiente (escala 3)
Los sujetos dependientes destacan por su falta de iniciativa y autonomía y han aprendido no solo a recurrir a
los demás para obtener afecto, cuidados y seguridad, sino también a esperar pasivamente a que sean ellos
quienes los dirijan. Se caracterizan por buscar relaciones en las que puedan apoyarse para conseguir afecto
y orientación; y han aprendido que es más cómodo asumir un rol pasivo en las relaciones interpersonales,
aceptar las atenciones y el apoyo que puedan encontrar, y someterse voluntariamente a los deseos de los
demás a fin de conservar su afecto.
Narcisista (escala 5)
Los sujetos narcisistas destacan por su egocentrismo egotista, por sentir placer simplemente centrándose
en sí mismos. Sus sentimientos de superioridad pueden no estar basados en logros reales o maduros; sin
embargo, los narcisistas conservan un aire arrogante de seguridad en sí mismos y, sin pensarlo demasiado
ni pretenderlo conscientemente, explotan a los demás en beneficio propio. Aunque agradecen y fomentan
los elogios y las atenciones que reciben de los demás, no necesitan logros reales o aprobación social para
mantener su aire de esnobismo y superioridad pretenciosa. Su confianza extrema hace que no se sientan
motivados a implicarse en las interacciones propias de la vida social.
Compulsivo (escala 7)
Los sujetos compulsivos han sido intimidados y coaccionados para que acepten las exigencias y las decisio-
nes que los demás les imponen. Su prudencia, control y perfeccionismo derivan de un conflicto entre la hos-
tilidad hacia los demás y el miedo a la desaprobación social. Esta ambivalencia la resuelven suprimiendo su
resentimiento y exigiéndose mucho a sí mismos y exigiéndolo a los demás. Su disciplinada autocontención
les permite controlar los sentimientos oposicionistas intensos, aunque ocultos; y de ello resulta una pasividad
manifiesta y una aparente sumisión pública.
Esquizotípico (escala S)
Los sujetos esquizotípicos prefieren estar aislados socialmente y tener mínimos vínculos y obligaciones per-
sonales. Su funcionamiento cognitivo tiende a ser desorganizado, piensan tangencialmente y a menudo
parecen estar absortos en sí mismos y pensativos. Se distinguen por sus excentricidades y a menudo son
vistos por los demás como personas raras o diferentes. Si su patrón básico es activo, muestran desconfianza
ansiosa e hipersensibilidad; si es pasivo, muestran aplanamiento emocional y afecto deficiente.
Límite (escala C)
Los sujetos límites se caracterizan por su inestabilidad y labilidad afectiva. Experimentan estados de ánimo
endógenos intensos, con periodos recurrentes de abatimiento y apatía, a menudo intercalados con periodos
de ira, ansiedad o euforia. Muchos de ellos tienen pensamientos recurrentes de autolesiones y suicidio, pare-
cen extremadamente preocupados por conservar el afecto de los demás y tienen dificultades para mantener
el sentido de su propia identidad. Asimismo, a menudo muestran una ambivalencia cognitivo-afectiva que se
evidencia en sus sentimientos conflictivos de rabia, amor y culpa hacia los demás.
Paranoide (escala P)
Los sujetos paranoides se muestran desconfiados y en alerta hacia los demás y tensos y a la defensiva ante
posibles críticas y engaños. Presentan una irritabilidad desabrida y tienden a hacer que los demás se exas-
peren o se enfaden. Asimismo se distinguen por la inmutabilidad de sus sentimientos y la inflexibilidad de su
pensamiento. A menudo expresan miedo a perder la independencia, lo que los lleva a resistirse enérgicamen-
te a las influencias y al control externo.
Síndromes clínicos
Los síndromes clínicos que mide el MCMI-IV deben entenderse como trastornos integrados en el contexto
de las escalas de patrones clínicos de la personalidad y las de patología grave de la personalidad. En los
casos clínicos, a menudo se consideran ampliaciones o distorsiones del estilo básico de personalidad del
paciente. Estos síndromes tienden a ser estados relativamente perceptibles o transitorios, que se intensifi-
can o atenúan a lo largo del tiempo en función del impacto producido por las situaciones estresantes. Así,
durante los periodos de malestar psicológico, los síndromes clínicos exageran o realzan el estilo básico de la
personalidad. No obstante, independientemente de lo distintivos que parezcan, solo son significativos en el
contexto de la personalidad del paciente y deberían evaluarse en referencia a ese patrón.
Facetas de Grossman
Las facetas de Grossman del MCMI-IV aportan información más precisa que las escalas de la personalidad
del MCMI-IV. Cada escala de patrón clínico de la personalidad (escalas 1-8B) y cada escala de patología gra-
ve de la personalidad (escalas S, C y P) está caracterizada por tres facetas extraídas de los dominios funcio-
nales y estructurales que se describen en el capítulo 3. Por tanto, se ofrece un total de 45 facetas asociadas
a las 15 escalas de la personalidad del MCMI-IV. En la tabla 1.1 se presentan las facetas de Grossman bajo
las escalas correspondientes.
Escala 3: dependiente
Expresivamente pueril (3.1)
Estos sujetos se caracterizan Jor desvincularse de las responsabilidades propias de los adultos. Son dóciles
y pasivos, muestran pocas competencias funcionales y evitan ser asertivos. Además, carecen de la seguri-
dad propia de la madurez, tienden a parecer indefensos y buscan el afecto, la atención y la protección de los
demás de una manera infantil.
Escala 5: narcisista
lnterpersonalmente explotador (5.1)
Estos sujetos se sienten con privilegios, carecen de empatía y esperan favores especiales a cambio de nada.
Descaradamente, no valoran a los demás y los utilizan para satisfacer sus propios deseos y destacar.
Escala 7: compulsivo
Expresivamente disciplinado (7.1)
Estos sujetos llevan una vida muy estructurada y estrictamente organizada. Tienden a ser estrictos y respon-
sables y muestran la necesidad de mantener sus emociones bajo control. Pueden hablar con mucha preci-
sión , así como vestir de un modo muy formal y correcto. Su búsqueda del perfeccionismo puede ser limitante
y dificultarles la completa realización de las tareas habituales.
Escala S: esquizotípico
Cognitivamente circunstancial (S.1)
Estos sujetos mezclan la comunicación social con irrelevancias personales, lenguaje circunstancial, ideas
de referencia y apartes metafóricos. A menudo están pensativos, parecen absortos en sí mismos y sumidos
en sus fantasías; de vez en cuando tienen pensamiento mágico, ilusiones corporales, extrañas suspicacias,
creencias raras y distorsión de la realidad y la fantasía.
Escala C: límite
Autoimagen inestable (C.1)
Estos sujetos experimentan confusión, causada por un sentido de la identidad inmaduro, indefinido o fluc-
tuante; y a menudo tienen sentimientos subyacentes de vacío. Aparentemente son incapaces de elegir un
rumbo o un rol a partir del cual formarse un sentido de sí mismo homogéneo y duradero. Pueden intentar
redimir sus actos impulsivos y su autoimagen cambiante con expresiones de remordimiento y conductas
autopunitivas.
Escala P: paranoide
Expresivamente defensivo (P.1)
Estos sujetos están siempre en alerta, actúan con cautela y una extremada desconfianza para protegerse
anticipadamente de los engaños y la malicia de los demás. Son tenaces y se resisten firmemente a las in-
fluencias externas que puedan recibir, y a ser controlados de algún modo. Se muestran tensos e inquietos,
con una irritabilidad desagradable y una actitud defensiva constante que los lleva a saltar ante la más mínima
ofensa real o percibida.
A plicación
Población objetivo
El MCMI-IV se ha diseñado para evaluar a adultos, a partir de los 18 años, que buscan o reciben atención o
tratamiento psicológico y cuyo nivel de comprensión lectora es el correspondiente a la educación primaria.
No es, por tanto, un instrumento de evaluación de la personalidad general para población no clínica. Por ello,
solo debe utilizarse el MCMI-IV con poblaciones que no difieran notablemente de los sujetos de la muestra
en la que se basan los baremos (p. ej., no es apropiado para adolescentes o poblaciones no clínicas). La
descripción de la muestra de tipificación española puede consultarse en el capítulo 5.
En lo que concierne a la aplicación del MCMI-IV, dado que no requiere condiciones especiales ni más ins-
trucciones que las que figuran en los materiales, puede llevarla a cabo personal de apoyo con experiencia en
la evaluación en ámbitos clínicos. Los examinadores deben estar familiarizados con el formato y las instruc-
ciones del inventario antes de su aplicación y contar con la supervisión de un experto que se responsabilice
de la aplicación e interpretación.
Tiempo de aplicación
La gran mayoría de los pacientes cumplimentan el MCMI-IV en menos de 30 minutos.
Es importante que, durante la aplicación del MCMI-IV, el paciente se sienta cómodo y no esté cansado, así
como que no haya estímulos distractores. Los profesionales deben tener en cuenta que el MCMI-IV es un
instrumento autoinformado y que, si el paciente se encuentra en un estado grave de ansiedad, confusión o
MCMI-IV Capítulo 2 Aplicación , corrección y generación del informe 17
sedación, o bajo los efectos de las drogas o el alcohol, se verá afectada su capacidad para responder a los
ítems. En estos casos se recomienda posponer la aplicación hasta que el estado mental del paciente sea
más adecuado para la evaluación .
Aplicación en papel
La aplicación del MCMI-IV puede realizarse en papel mediante el cuadernillo y la hoja de respuestas.
Para la aplicación en papel se le debe facilitar al paciente un lápiz y una goma de borrar, una superficie plana
sobre la que escribir, el cuadernillo y la hoja de respuestas.
'
Para cumplimentar la portada de la hoja de respuestas, debe pedírsele al paciente que cumplimente la
información que figura bajo «Datos del sujeto»: nombre (opcional), fecha de nacimiento, edad, sexo, nivel
educativo, estado civil y los dos problemas que más le preocupan o molestan. Cuando el examinador lo
considere oportuno, deberá cumplimentar la información que figura bajo «Datos de la aplicación»: examina-
dor (opcional), fecha de aplicación, código identificativo del sujeto, situación actual del paciente y duración
del episodio más reciente.
Aplicación online
La aplicación del MCMI-IV también puede realizarse por ordenador a través de la plataforma online de
Pearson Clinical & Talent Assessment.
Para que el paciente cumplimente el cuestionario, se le debe facilitar un ordenador (con conexión a internet y
un navegador actualizado). Conviene asegurarse de que el paciente no tiene problemas para cumplimentarlo;
y, si es necesario, el examinador puede ayudarlo.
En la plataforma se ofrecen más instrucciones para la aplicación online.
Instrucciones de aplicación
El MCMI-IV está concebido de forma que la mayoría de los pacientes no se sientan intimidados, y puede
presentarse como un inventario breve que ayuda a los profesionales de la salud a evaluar el estado y los
problemas del paciente.
Las instrucciones para cumplimentar el MCMI-IV son muy claras; no obstante, es posible que algunos pa-
cientes necesiten cierta ayuda. Debe pedírsele al paciente que lea atentamente las instrucciones. Si se
cree que el paciente no ha entendido las instrucciones, se le deben leer en voz alta y responder cualquier
pregunta que formule. Si el paciente hace preguntas sobre el procedimiento de aplicación o pide que se le
explique alguna palabra, se le debe responder garantizando las condiciones adecuadas de la evaluación y
que la actitud del paciente ante el test es la apropiada. Algunos pacientes pueden necesitar que se les diga
que a menudo algunos ítems son difíciles de responder; sin embargo, es fundamental que cumplimenten el
inventario por sí solos.
Para que los resultados del test sean significativos, es importante que el paciente responda con honestidad
y seriedad . Es importante explicarles a los pacientes que responder con franqueza a los ítems será benefi-
cioso para ellos. Algunos pacientes pueden mostrarse preocupados por el uso que se dará a los resultados.
En atención a los derechos del paciente y a la buena práctica profesional, se darán las respuestas oportunas
con franqueza.
Asimismo, conviene informarlos acerca de las medidas seguidas para preservar la confidencialidad de sus
respuestas y la seguridad de los materiales del test y de los informes correspondientes (véase Standards for
Educational and Psychologica/ Testing; AERA et al. , 2014). Dado que todas las evaluaciones psicológicas se
basan en un contrato implícito entre el profesional y el paciente, es responsabilidad del profesional informar
adecuadamente a los pacientes sobre las posibles ventajas y desventajas de estas evaluaciones, para que
Cuando el MCMI-IV se ha aplicado online (por ordenador), las respuestas se almacenan automáticamente en
la plataforma. El examinador puede revisar las respuestas y los ítems sin respuesta antes de que el sistema
realice la corrección y genere el informe.
Puntuaciones directas
En primer lugar, el sistema de la plataforma online calcula las puntuaciones directas de las escalas de validez,
de los patrones de la personalidad, de los síndromes clínicos y de las facetas de Grossman.
Para el cálculo de las puntuaciones directas de las escalas, el sistema tiene en cuenta la composición de
cada escala y el peso de cada ítem en función de su clasificación como ítem prototípico o no prototípico. En
el capítulo 5 puede consultarse más información acerca del desarrollo de los ítems prototípicos, así como
de las particularidades de los cinco índices de validez. Además, en el anexo B pueden consultarse los ítems
que componen cada escala.
Tasas base
Las tasas base (TB) son un tipo de puntuación estandarizada distinta de las puntuaciones estandarizadas
que se usan en muchos instrumentos de evaluación psicológica. Habitualmente todas las escalas de un in-
ventario tienen la misma media y la misma desviación típica (p. ej., una media de 50 y una desviación típica
de 10). En el MCMI-IV se han escalado las tasas base para que reflejen las distintas tasas de prevalencia de
las características que mide el inventario. En el capítulo 5 se describe en detalle el procedimiento seguido
para el desarrollo de las tasas base.
A partir de las puntuaciones directas, el sistema de corrección informatizada de la plataforma online transfor-
ma las puntuaciones en tasas base. En el anexo D figuran las tablas de conversión de puntuaciones directas
a tasa base. De forma automática, el sistema ajustará las tasas base obtenidas en determinadas escalas en
La puntuación directa obtenida en esta escala determina si debe realizarse un ajuste en las tasas base de
las escalas de los patrones de la personalidad (1-P) y de los síndromes clínicos (A-PP). En función de si la
puntuación directa de la escala X es inferior a 21 o superior a 60, el sistema aumenta o disminuye las tasas
base de dichas escalas. Si la puntuación directa es inferior a 7 o superior a 114, se considera inválida, como
se describe en el apartado «Resultados inválidos» [p. 21].
Percentiles
La plataforma online también ofrece los percentiles de las escalas de los patrones de la personalidad, de
los síndromes clínicos y de las facetas de Grossman. Los percentiles son un indicador de la frecuencia y
representan el porcentaje de sujetos de la muestra de tipificación que obtuvieron una puntuación igual o
inferior a una tasa base determinada. Por ejemplo, un percentil de 96 indica que el 4 % de los sujetos de la
muestra de tipificación obtuvieron una tasa base superior a la tase base en cuestión. Dado que las esca-
las del MCMI-IV tienen diferentes curvas de distribución, la relación entre las tasas base y los percentiles
varía entre las escalas. Por ejemplo, una tasa base de 77 en la escala 28 (Melancólico) se corresponde
con un percentil de 65, mientras que la misma tasa base en la escala S (Esquizotípico) se corresponde con
un percentil de 87. En el anexo D figura la tabla de conversión de puntuaciones de tasas base ajustadas a
percentiles.
Si se solucionan los problemas que hacían que la escala fuera impuntuable (es decir, se obtienen respuestas
que faltaban, o se aclaran ítems con doble marca), la escala puede puntuarse.
Si se solucionan los problemas que hacían que los inventarios fueran impuntuables (es decir, se obtienen
respuestas que faltaban, o se aclaran ítems con doble marca), el inventario puede puntuarse.
Resultados inválidos
Se considera que los resultados de la aplicación del MCMI-IV son inválidos si se da alguna de las siguientes
situaciones:
1. La puntuación directa de la escala V (Invalidez) es superior a 1. Ello indica que es probable que el
paciente haya respondido a los ítems aleatoriamente.
2. La puntuación directa de la escala W (Inconsistencia) es superior a 19. Ello indica que es probable que
el paciente haya dado respuestas contradictorias a pares de ítems con contenido similar.
3. La puntuación directa de la escala X (Sinceridad) es inferior a 7 o superior a 114. Ello indica que es
probable que el paciente haya minimizado o exagerado tanto sus síntomas que los resultados no
pueden interpretarse con fiabilidad.
4. Todas las tasas base de las escalas de la 1 a la 8B son inferiores a 60. Ello conlleva que los datos no
reflejan un patrón de personalidad claro y, por tanto, no puede realizarse la interpretación.
Cuando los resultados son inválidos, el sistema de la plataforma online genera un informe breve en el que se
indican el porqué de la falta de validez, pero no se genera el perfil de las puntuaciones de las escalas.
Informe
El informe del MCMI-IV incluye las siguientes secciones:
■ Portada. En esta primera página figura el nombre del paciente (opcional), su edad, sexo, situación
actual, estado civil y fecha de aplicación.
■ Aspectos de interpretación. Esta sección incluye información general sobre el uso apropiado del
MCMI-IV, así como un resumen de la información demográfica del paciente. También se incluyen
comentarios sobre la validez del perfil, el estilo de respuesta y el ajuste de las escalas si corresponde.
■ Resumen de las puntuaciones y perfil. El resumen de las puntuaciones presenta las puntuaciones
directas, los percentiles y las tasas base de las escalas de los patrones de la personalidad y de
los síndromes clínicos, ajustadas cuando corresponda. Asimismo figuran el código de puntuaciones
máximas, que indica las tres escalas de los patrones clínicos de la personalidad (1-8B) en las que se
han obtenido las puntuaciones más altas, con unas tasas base iguales o superiores a 60; los ajustes
realizados en las tasas base, los indicadores de respuesta aleatoria (escalas V y W) y los índices
modificadores (escalas X, Y y Z).
■ Facetas de Grossman con la puntuación más alta. En esta sección se incluyen las puntuaciones
y el perfil de las facetas de Grossman de las tres escalas de la personalid.ad (1-P) en las que se han
obtenido las puntuaciones más altas.
■ Puntuaciones de las facetas de Grossman. En esta sección se presentan las puntuaciones directas,
los percentiles y las tasas base de las facetas de Grossman.
■ Respuestas a los ítems. En esta sección opcional figuran las respuestas del paciente a los 195 ítems
que conforman el MCMI-IV.
A continuación se ofrece un resumen de los aspectos de la teoría de Millon que permiten definir y evaluar los
constructos de la personalidad. En primer lugar, se describen las polaridades que caracterizan los patrones
de la personalidad desde un punto de vista evolutivo; y, en segundo lugar, se describen los dominios funcio-
nales y estructurales de la personalidad .
El modelo de personalidad de Millon trata de explicar la estructura y los estilos de la personalidad en rela-
ción con los sistemas de adaptación ecológica deficientes, desequilibrados o conflictivos. Para ello, parte
de cuatro dimensiones sobre las que se demuestran los principios evolutivos: la existencia, la adaptación, la
replicación y la abstracción. La existencia se relaciona con el estado de ser frente a no ser, y se expresa en la
polaridad placer-dolor. La adaptación se refiere a los procesos homeostáticos empleados para mantener la
supervivencia a lo largo de la vida, y se expresa en la polaridad activo-pasivo. La replicación se relaciona con
la dirección de búsqueda de refuerzos positivos en el interior o en el exterior y se expresa en la polaridad uno
mismo-otros. Y, por último, la abstracción hace referencia a la aparición de las competencias adaptativas de
la personalidad que favorecen la planificación anticipatoria y la toma de decisiones razonadas.
La primera dimensión, la existencia (relacionada con el imperativo de todos los organismos), hace referencia
al mantenimiento de la supervivencia integradora frente a la inevitabilidad de la muerte; y en relación con la
personalidad, refleja el perfeccionamiento de la vida y la seguridad ecológica. El perfeccionamiento de la
vida se refiere a la disposición de los sujetos hacia la mejora de la calidad de vida; y la seguridad ecológica,
a la disposición de los sujetos hacia la evitación de actos o situaciones que disminuyan la calidad de vida o
incluso pongan en peligro la propia vida. En el nivel más alto de abstracción, estos mecanismos dan lugar a
La adaptación , la segunda dimensión, se configura como la polaridad entre la disposición pasiva, que su-
pone la acomodación del sujeto a las demandas de un entorno que considera «suficientemente bueno»; y
la disposición activa, que conduce al sujeto a modificar el entorno o a intervenir en él para adecuarlo a sus
necesidades. La diferencia ent e la adaptación y la existencia radica en que la adaptación se refiere al modo
en que puede perdurar aquello que existe. Desde la perspectiva de las etapas del desarrollo neuropsicoló-
gico, estos modos se concretan durante la fase de autonomía sensoriomotora. Es en esta fase cuando el
niño adquiere una disposición activa hacia su contexto físico y social; o bien perpetúa el modo de existencia
prenatal e infantil, que es más dependiente.
La tercera dimensión, la replicación, pretende compensar la limitación temporal de los organismos. Aunque
los organismos pueden existir bien adaptados al entorno, la existencia de cualquier forma de vida tiene un
límite temporal. Con el fin de compensar esta limitación, los organismos se reproducen. Para los biólogos,
la replicación es, en un extremo, autopropagación y, en el otro, crianza. Psicológicamente, el primer extremo
es la disposición hacia actos egotistas, insensibles, desconsiderados y poco empáticos; mientras que el
otro extremo es la disposición hacia actos afiliativos, íntimos, protectores y atentos (Gilligan, 1981; Rushton ,
1985; Wilson , 1978). Al igual que la polaridad placer-dolor, la polaridad uno mismo-otros no es realmente
unidimensional. Esta polaridad puede resultar conflictiva en algunos trastornos de la personalidad, como el
compulsivo y negativista, o el pasivo-agresivo. En términos de desarrollo neuropsicológico, la disposición
hacia uno mismo o hacia los demás se concreta durante la fase de identidad puberal genérica.
Las personalidades sanas y adaptativas muestran un equilibrio razonable en, al menos, una de las polarida-
des, y un mínimo de flexibilidad para responder a las demandas circunstanciales de distintas maneras, no
solo de las que prefieren. No obstante, la consideración de sano y adaptativo en general no implica que el
sujeto se sitúe en el centro de cada polaridad o cerca de él. Por el contrario, implica la capacidad para adap-
tarse a las necesidades circunstanciales y, al mismo tiempo, mantener los límites y la integridad estructural
que reflejan el funcionamiento habitual del sujeto en estas polaridades.
Patrones de la personalidad
Los 15 patrones de la personalidad incluidos en la teoría evolutiva de Millon se pueden describir según tres
niveles de funcionamiento, desde el sano hasta el trastornado. En el extremo sano del espectro (estilo nor-
mal), el funcionamiento se caracteriza por la preferencia de determinadas estrategias motivadoras en las tres
polaridades (placer-dolor, activo-pasivo, uno mismo-otros), así como por un nivel razonable de flexibilidad y
adaptación ante las demandas del entorno y las internas. En el centro del espectro (tipo anormal), los sujetos
tienden a situarse entre los patrones funcionales y disfuncionales de la personalidad y pueden ser presa pe-
riódicamente (y posiblemente de forma predecible) de estresores recurrentes o de deterioros asociados con
déficits en la flexibilidad y la adaptabilidad, posiblemente inherentes a las vulnerabilidades de su patrón espe-
cífico. En el extremo más desadaptativo del espectro (trastorno clínico), los sujetos presentan personalidades
clínica y crónicamente deterioradas, atraviesan con regularidad círculos viciosos de malestar interpersonal e
intrapersonal perpetuado por ellos mismos y tienen limitada la capacidad de funcionar satisfactoriamente en
la sociedad. En la tabla 3.1 se presentan los patrones de personalidad en relación con los niveles de gravedad
funcional del espectro. El MCMI-IV también refleja estos niveles de funcionamiento en los distintos puntos de
anclaje de las tasas base (TB), descritos con detalle en el capítulo 5.
Cada patrón de personalidad refleja unos determinados déficits, desequilibrios o conflictos en las polari-
dades. Las personalidades con un déficit carecen de la capacidad de experimentar o representar ambos
extremos de una polaridad (p. ej., los esquizoides tienen un sustrato defectuoso tanto para el placer como
para el dolor). Las personalidades desequilibradas tienden fuertemente hacia uno de los dos extremos de
una polaridad (p. ej. , los dependientes buscan casi exclusivamente recibir el apoyo y los cuidados de los de-
más). Las personalidades con conflictos se debaten entre los extremos opuestos de una polaridad (p. ej. , los
negativistas vacilan entre cumplir las expectativas de los demás y hacer lo que quieren).
En la teoría de Millon, los patrones esquizotípico, límite y paranoide, representan estadios patológicos de la
personalidad más graves. Estos tres patrones reflejan un deterioro gradual de la estructura de la personali-
dad y se diferencian de los trastornos de la personalidad en varios aspectos, especialmente en los déficits
que afectan a la competencia social , y en los frecuentes , pero generalmente reversibles , episodios psicóti-
cos. Por otra parte, debido a que su organización de la personalidad está menos integrada y sus estrategias
de afrontamiento son menos efectivas que las de sus homólogos más leves, los sujetos con estos patrones
son especialmente vulnerables a las tensiones de la vida diaria. La mayoría de estos sujetos siguen mostran-
do, al mismo tiempo, las características de la personalidad que mostraban en los estadios tempranos de la
patología.
Como puede verse en la tabla 3.2, los dominios se clasifican en distintos niveles: conductual, fenomenológi -
co, intrapsíquico o biofísico. Esta clasificación refleja los cuatro enfoques históricos característicos del estu-
dio de la psicopatología. Estos dominios pueden organizarse sistemáticamente en estructuras y funciones de
un modo parecido al usado en el campo de la biología. Así, la anatomía investiga las estructuras integradas
y esencialmente permanentes que sirven, por ejemplo, como sustrato para el estado de ánimo y la memoria;
mientras que la fisiología, al igual que la psicopatología, se ocupa de los procesos que regulan las dinámicas
internas y las interacciones externas. Estas estructuras y funciones unifican todo el organismo en una entidad
coherente.
Al llevar a cabo una evaluación centrada en los dominios, los profesionales deben evitar considerar cada
dominio como una entidad independiente, puesto que se puede caer en un operacionalismo concreto e
ingenuo. Cada dominio es una parte válida, pero muy contextualizada, de un todo integrado, que es absolu-
tamente necesario para mantener la integridad funcional-estructural del organismo.
26 MCMI-IV Capítulo 3 Base teórica
Sin embargo, los sujetos difieren respecto a los dominios que representan más frecuentemente. Los sujetos
varían no sólo en el grado en que se acercan a cada prototipo de personalidad, sino también en la medida en
que las restricciones de cada dominio conforman su conducta general. La conceptualización de la personali-
dad como un sistema muy variable implica que las restricciones pueden darse en distintas partes del mismo
y con distinta intensidad en cada sujeto, incluso entre sujetos con el mismo diagnóstico. Solo los aspectos
del sistema que están suficientemente cristalizados poseen el carácter duradero y generalizado propio de la
personalidad. En este sentido, el objetivo de una evaluación es dilucidar las restricciones que perpetúan que
el funcionamiento del sistema sea rígido y limitado y, por consiguiente, adaptativamente inflexible. Identifica-
das las restricciones, la terapia debe, orientarse a moderarlas para que el sistema pueda asumir una mayor
variedad de estados o de conductas adaptativas en distintas situaciones.
Dominios funcionales
Las características funcionales representan los procesos dinámicos que tienen lugar en el mundo intrapsí-
quico y entre el sujeto y su entorno psicosocial. Los procesos transaccionales suceden en el contexto de los
dominios funcionales. A modo de definición, puede considerarse que los dominios funcionales representan
los modos por los que se expresa la acción regulatoria. De esta forma, los procesos conductuales, de com-
portamiento social y cognitivos, así como los mecanismos inconscientes, son formas de gestionar, adaptar,
transformar, coordinar, equilibrar, descargar y controlar el tira y afloja de la vida interior y exterior. Los cuatro
dominios funcionales relevantes para los trastornos de la personalidad son la expresión emocional, el com-
portamiento interpersonal, el estilo cognitivo y las dinámicas intrapsíquicas.
Expresión emocional
Estos atributos emocionales inferidos se reflejan en el nivel conductual y, por lo general, se identifican obser-
vando cómo actúa el paciente. La observación de las conductas manifiestas del paciente permite, mediante
la inferencia, deducir qué revela involuntariamente sobre sí mismo o, a menudo, qué quiere que piensen de
él los demás. El rango y la naturaleza de los actos expresivos son amplios y diversos. Estos actos aportan
información clínica distintiva y relevante; por ejemplo, pueden mostrar un sentido de incompetencia personal,
reflejar una actitud defensiva general o evidenciar un autodominio disciplinado. Este dominio de datos clíni-
cos puede ser especialmente útil para diferenciar la posición de los pacientes en la polaridad activa-pasiva
del modelo evolutivo de Millon.
Comportamiento interpersonal
El estilo con el que el paciente se relaciona con los demás también se refleja esencialmente en el nivel
conductual. El comportamiento interpersonal del paciente puede identificarse en diversas situaciones; por
ejemplo, en cómo sus actos afectan a los demás, ya sea intencionadamente o no; en las actitudes que sub-
yacen, promueven y conforman sus actos; en los métodos usados para conseguir que los demás satisfagan
sus necesidades; y en el modo en que hace frente a las tensiones y conflictos interpersonales. Al extrapolar
estas observaciones, el profesional puede construir una imagen del funcionamiento del paciente en relación
con los demás (p. ej., de forma antagonista, respetuosa, aversiva, reservada).
Estilo cognitivo
La manera en que el paciente centra y destina la atención, de qué forma codifica y procesa la información,
el modo en que organiza los pensamientos, cómo hace atribuciones y de qué manera comunica reacciones
e ideas a los demás representan fenómenos del nivel fenomenológico. Estas características son los indica-
dores que mejor evidencian el funcionamiento particular del paciente; y, sintetizadas, permiten identificar
señales del estilo de pensamiento: empobrecido, distraído, frívolo, constreñido, etc.
Dominios estructurales
A diferencia de las características funcionales, los atributos estructurales representan un marco profunda-
mente integrado y relativamente duradero de recuerdos, actitudes, necesidades, miedos, conflictos, etc.,
que condicionan la experiencia y transforman la naturaleza de los sucesos vitales actuales. Las estructuras
psíquicas ejercen un efecto orientativo y preventivo puesto que modifican las características de los actos y el
impacto de las experiencias subsiguientes de acuerdo con las inclinaciones y expectativas preformadas. Al
disminuir selectivamente los umbrales de las transacciones que son acordes con las tendencias intrínsecas
o los aprendizajes tempranos, el sujeto a menudo experimenta acontecimientos del presente como si fueran
variaciones del pasado. Evidentemente, los remanentes del pasado hacen algo más que participar de forma
pasiva en el presente. Como mínimo, la precedencia temporal orienta, moldea o distorsiona la naturaleza de
los acontecimientos presentes y de las realidades objetivas.
A modo de definición, puede considerarse que los dominios estructurales son los sustratos y las disposicio-
nes hacia los actos, y su naturaleza es cuasi permanente. Estas estructuras, formadas por una red de rutas
interconectadas, contienen los remanentes interiorizados del pasado en forma de recuerdos y sentimientos
asociados intrapsíquicamente con los conceptos de uno mismo y de los otros. Las estructuras sirven para
aislar el organismo de nuevas interpretaciones del mundo, y restringen las posibilidades de expresión a
aquellas que ya son predominantes. Su carácter preventivo y canalizador ejerce un gran efecto en la perpe-
tuación de la conducta maladaptativa y los círculos viciosos de la patología de la personalidad. Los cuatro
dominios estructurales relevantes para los trastornos de la personalidad son la autoimagen, el contenido
intrapsíquico, la arquitectura intrapsíquica y el estado de ánimo/temperamento.
Autoimagen
A medida que, con el desarrollo, se domina el mundo interior de símbolos, el torbellino de acontecimientos al
que se ve expuesto el niño pequeño deja paso a un sentido, cada vez mayor, de orden y continuidad. Emer-
ge una configuración fundamental que establece un componente de uniformidad en un entorno cambiable:
la percepción de uno mismo como un objeto y como un yo distinto, constante e identificable. La identidad
es el resultado de las concepciones formadas en este nivel fenomenológico de análisis, y es especialmente
significativa porque sirve como referencia y da continuidad a los cambios que se experimentan. La mayoría
de los sujetos tienen un sentido implícito de quiénes son, pero la claridad, precisión y complejidad de su
introspección difiere en gran medida (Millon, 1986b). Pocos pueden expresar los elementos psíquicos que
conforman esta imagen (p. ej., que principalmente están alienados, son ineptos, son displicentes, son res-
ponsables, etc.).
Arquitectura intrapsíquica
La arquitectura global que actúa como armazón del interior psíquico de un sujeto puede mostrarse frágil en
cuanto a la cohesión estructural; presentar una deficiente coordinación en los componentes; así como contar
con pocos mecanismos para conservar el equilibrio y la armonía, regular los conflictos internos o intervenir
ante las presiones externas. El concepto de arquitectura interior hace referencia a la fuerza estructural, la
congruencia interna y la eficacia funcional del sistema de la personalidad. La organización de la mente es
un concepto basado casi exclusivamente en las inferencias realizadas en el nivel intrapsíquico del análisis,
y guarda similitud con las nociones psicoanalíticas actuales, como los niveles límite y psicótico. El concepto
de organización de la mente se utiliza junto con estas nociones psicoanalíticas esencialmente en relación
con los grados cuantitativos de la patología integradora, pero no en relación con las variaciones cualitativas,
ni de la estructura integradora ni de la configuración. Las variantes estilísticas de este atributo estructural
permiten caracterizar cada uno de los prototipos de personalidad; y sus atributos organizativos y distintivos
se representan mediante descriptores de la arquitectura intrapsíquica, como incompleta, inconexa y com-
partimentada.
Estado de ánimo/temperamento
En cuanto al nivel biofísico, hay pocos elementos observables tan relevantes clínicamente como el carácter
predominante del afecto de un sujeto y la intensidad y frecuencia con que lo expresa. Descifrar el significado
de las emociones extremas es fácil, pero no lo es cuando se trata de estados de ánimo o sentimientos más
sutiles que, insidiosa y repetitivamente, impregnan las relaciones y las experiencias del paciente. Los rasgos
expresivos del estado de ánimo y de los impulsos no solo se manifiestan a través del autoinforme (con des-
criptores como aturdido, lábil, inconstante u hostil), sino también , indirectamente, en el nivel de actividad,
la calidad del habla y la apariencia física del paciente. El aspecto más útil de este atributo, por lo que a la
teoría se refiere, es su utilidad para evaluar los rasgos relevantes con relación a las polaridades placer-dolor
y activo-pasivo.
4A Histriónico dramática buscador de atención frívolo disociación sociable superficial inconexa inconstante
6A Antisocial impulsiva irresponsable inconformista irreflexión (paso al acto) autónoma degradado incontrolable insensible
7 Compulsivo disciplinada respetuoso constreñido formación reactiva responsable oculto compartimentada contenido
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Síndromes clínicos
Los síndromes clínicos deben entenderse como trastornos integrados en el contexto de los prototipos de la
personalidad. En los casos clínicos, a menudo se consideran ampliaciones o distorsiones del estilo básico
de personalidad del paciente. Estos síndromes tienden a ser estados relativamente perceptibles o transito-
rios , que se intensifican o atenúan a lo largo del tiempo en función del impacto producido por las situaciones
estresantes. Así, durante los periodos de malestar psicológico, los síndromes clínicos exageran o realzan el
estilo básico de la personalidad . No obstante, independientemente de lo distintivos que parezcan, solo son
significativos en el contexto de la persb nalidad del paciente y deberían evaluarse en referencia a ese patrón.
A pesar de que ciertos síndromes se observen más frecuentemente en determinados estilos de personalidad,
cada uno de estos estados sintomáticos puede aparecer en varios patrones. Por ejemplo, la depresión leve
o el trastorno depresivo persistente se da con más frecuencia en las personalidades evitativas, dependientes
y autodestructivas; y la dependencia del alcohol es más común en los patrones histriónicos y antisociales.
Dado que entre los síndromes clínicos y los patrones de la personalidad pueden existir varias covarianzas,
es fundamental construir un modelo en el que se puedan especificar estas interrelaciones. La mayoría de
los síndromes clínicos del MCMI-IV son reactivos y, por ello, de duración considerablemente menor que los
trastornos de la personalidad . Por lo general, los síndromes clínicos representan estados en los que se ma-
nifiesta claramente un proceso patológico activo, a menudo acelerado por acontecimientos externos.
Habitualmente, aparecen de forma muy llamativa o espectacular, y a menudo acentúan o intensifican las
características más triviales del estilo de la personalidad premórbido o básico. Cuando la patología está ac-
tiva, es frecuente que varios síntomas covaríen y que su grado de prominencia cambie a lo largo del tiempo.
Las escalas de los síndromes clínicos del MCMI-IV (A, H, N, D, B, T y R) representan trastornos de gravedad
moderada; y las escalas de los síndromes clínicos graves (SS, CC y PP) representan trastornos de notable
gravedad.
1nterpretación
Con la práctica profesional, el método de interpretación que se describe en este capítulo resulta muy intuitivo.
Además, cuanto más se comprende la teoría evolutiva subyacente (véase el capítulo 3), mayor es la precisión
interpretativa; lo que facilita los aspectos más mecánicos de la interpretación del perfil.
Al igual que sucede con cualquier test diagnóstico o de la personalidad, es importante integrar los resulta-
dos del MCMI-IV con información obtenida de otras fuentes. Para que las conclusiones sean válidas, deben
formularse considerando el contexto del sujeto, sus datos demográficos, historial, entrevista inicial y otras
observaciones clínicas relevantes. La información personal, como el sexo, la edad, el nivel socioeconómico,
el estado mental, así como los datos procedentes de otros instrumentos de evaluación y de entrevistas, con-
forman el punto de vista desde el cual se interpretan los perfiles del MCMI-IV. Por otra parte, la capacidad
para integrar los datos auxiliares es fundamental para elaborar un informe que tenga en cuenta por completo
las circunstancias y la situación de un sujeto. En el mejor de los casos, los informes generados por ordenador
pueden tener en cuenta las características generales potencialmente relevantes, pero no el de las variables
moderadoras específicas de un sujeto.
A menudo se utiliza el MCMI-IV sólo para aportar validez incremental a un diagnóstico clínico. Aunque se
trata de un uso válido (siempre y cuando se respeten los pasos descritos en este capítulo), es el más básico;
y, en este sentido, los profesionales deben procurar no hacer un mal uso del instrumento.
Desde la perspectiva diagnóstica es fundamental de_terminar qué escalas están elevadas y qué diagnósticos
pueden establecerse. En el MCMI-IV, esto supone examinar qué elevaciones de las escalas principales de la
personalidad superan el nivel 60 de la tasa base (TB), considerada relativamente funcional, y cuáles superan
los niveles 75 y 85, menos funcionales. Las tasas base entre 60 y 74 típicamente indican un estilo de persona-
lidad, mientras que las tasas base entre 75 y 84 indican un tipo de personalidad clínicamente significativo que
puede presentar rasgos incapacitantes. Si, por ejemplo, un sujeto obtiene una tasa base de 79 en la escala
Narcisista, es probable que tenga rasgos problemáticos del constructo narcisista, como el hecho de creerse
con privilegios o la grandiosidad. En cambio, una tasa base igual o superior a 85 puede indicar una patología
suficientemente generalizada como para considerarla un trastorno de la personalidad.
En cuanto a las escalas de los síndromes clínicos, las elevaciones de tasas base entre 75 y 84 indican que
hay un síndrome que está presente, mientras que las tasas base iguales o superiores a 85 pueden indicar que
hay un síndrome que sobresale o que es prominente. Estas elevaciones constituyen la base de las hipótesis
diagnósticas que posteriormente se considerarán junto con la información obtenida más allá del inventario,
es decir, lo que el sujeto manifiesta verbalmente, la valoración del profesional, informes de otras fuentes y los
datos del historial. Si, tras considerar todos estos factores, no está claro si debe realizarse un determinado
diagnóstico, se pueden analizar las respuestas dadas por el sujeto a los ítems prototípicos de la escala en
cuestión. Específicamente, pueden determinarse si los criterios diagnósticos del DSM-5 se reflejan en los
ítems correspondientes a dichos criterios. (En el anexo C figuran los ítems prototípicos de cada escala.)
La idea de que se puede «diagnosticar» la personalidad es potencialmente tan nociva para el desarrollo de
una visión integrada de la personalidad de un sujeto, que requiere ser comentada. Los términos diagnóstico
y trastorno de la personalidad aluden explícitamente al llamado «modelo médico» porque implícitamente
reducen las características personológicas de un sujeto a los síntomas que presenta, como si se tratara de
una enfermedad que ataca al sujeto y socava sus funciones normales. Es decir, reduce los constructos que
deben representar el papel de mediador inmunológico entre el estrés psicosocial y la producción de sínto-
mas al nivel de las erupciones cutáneas y los estornudos. En el DSM-5 se ha eliminado la distinción entre los
trastornos de la personalidad y los síndromes clínicos (diferenciados en versiones anteriores por el modelo
multiaxial); no obstante, los autores del MCMI-IV consideran que es una decisión muy desafortunada y, por
ello, mantienen la segunda «M», de multiaxial, en la denominación del test, tanto en el nombre completo
como en la sigla.
La concepción médica errónea se ve reforzada por la idea de que el sujeto es un recipiente y la personalidad es
una sustancia que llena el recipiente de forma homogénea o indiferenciada, con la desafortunada implicación
de que el terapeuta debe cambiar a la persona vaciando y volviendo a llenar el recipiente. En el capítulo 3, los
trastornos de la personalidad se concretizan a través de los dominios funcionales y estructurales. En contraste
con la idea estática de tipo, esta concepción funcional-estructural internamente diferenciada -no sesgada
por una perspectiva psicodinámica, conductual, cognitiva o incluso evolutiva-, se deduce directamente
de la naturaleza de la personalidad como constructo; es decir, que la personalidad implica la matriz entera
de la persona. Esta perspectiva es un correctivo óptimo para las concepciones paradigmáticas erróneas
perpetuadas por el término trastorno de la personalidad, que remite a la medicina. En vez del interpretar el
MCMI-IV desde el punto de vista puramente diagnóstico o médico, es mucho mejor analizar las elevaciones
de las escalas desde el punto de vista de la configuración y del contexto.
El progreso hacía una concepción integrada de la enfermedad se ejemplifica mediante la evolución de las
ciencias de la salud , como se ilustra en la figura 4.1. Los círculos concéntricos representan los cambios que
ha experimentado la medicina en los dos últimos siglos. En el centro se encuentran los síndromes clínicos,
como la depresión y la ansiedad , que se corresponden con el estado de la medicina hace cíen años o más,
cuando los médicos definían las enfermedades de los pacientes en función de la síntomatología que presen-
taban -estorn udos, tos, erupciones cutáneas, fiebres- y las etiquetaban a partir de los aspectos visibles.
El círcu lo exterior representa los estresores físicos y psicosociales, como los problemas de salud , los apuros
económicos y las dificultades relacionales, y se corresponde con el cambio de paradigma médico que tuvo
lugar aproximadamente hace un siglo, cuando se empezó a considerar que las enfermedades eran el resul-
tado de microbios intrusívos que infectaban el cuerpo y alteraban sus funciones normales. Con el tiempo,
la medicina fue abandonando los antiguos términos descriptivos y los sustituyó por etiquetas diagnósticas
representativas de su ostensiva etiología. Así, por ejemplo, la «demencia paralítica» pasó a denominarse
«neurosífilís».
Estresores físicos o
psicosociales
Patrones de la
personalidad
Síndromes
clínicos
Ansiedad, depresión =
fiebre, tos
Límite, histriónico =
sistema inmunitario
El modelo multiaxial se estableció concretamente para fomentar las concepciones integradoras de los sínto-
mas que manifiesta un sujeto, en términos de la interacción entre los estilos de afrontamiento arraigados y los
estresores psicosociales. El proceso de interpretación del MCMI-IV sigue basándose en la concepción inte-
gradora de la psicopatología que no se limita a diagnosticar o documentar los síndromes clínicos de un sujeto
(erupciones cutáneas y estornudos, por ejemplo), sino que contextualiza estos trastornos manifiestos desde un
punto de vista más amplio: el estilo de percepción, pensamiento, sentimiento y conducta que tiene el sujeto.
Con el fin de optimizar la integración de todos los datos relevantes, el proceso de interpretación consta de
tres fases fundamentales:
1. Examen de la validez del perfil, así como de cualquier otra circunstancia clínica especial.
2. Análisis de las implicaciones de las elevaciones de las escalas por separado, en conjunto y su
configuración.
3. Incorporación de datos adicionales al perfil de interpretación que ayudan a elaborar una imagen clínica
completa del paciente.
Cada una de estas fases , a su vez, está formada por varios pasos. En la figura 4.2 se ilustra la secuencia
propuesta para el proceso de interpretación del MCMI-IV: las fases y los pasos que posibilitan este enfoque
holístico.
MCMI -IV Capítulo 4 Interpretaci ón 37
Figura 4.2 Fases del proceso 9e interpretación
Respuestas significativas
Algunas respuestas a los ítems del MCMI-IV se consideran significativas cuando son afirmativas (véase el
anexo B). Su finalidad es alertar a los profesionales de que su contenido es relevante y de que se les debe
prestar una atención especial, bien al interpretar los resultados, bien porque se requiere una intervención
clínica inmediata.
Cuando un protocolo se considera cuestionable por los indicadores de respuestas aleatorias, existe la po-
sibilidad de que estas se deban a problemas de lectura o limitaciones lingüísticas, dificultad para mantener
la atención, deterioro cognitivo, descuido, indiferencia, fatiga o falta de cooperación. En estos casos deben
investigarse las posibles causas y, hasta que no se averigüe el motivo de la aleatoriedad, se deben interpretar
los resultados con cautela. Si un protocolo se considera inválido a partir de los resultados de las escalas V y
W, no debe llevarse a cabo la interpretación.
Problemas de lectura
Las respuestas inválidas pueden deberse a la insuficiente competencia lectora del paciente, bien sea causa-
da por desconocimiento del idioma, algún trastorno de la lectura o un nivel educativo bajo. El hecho de que
el paciente se muestre turbado cuando se le pide que cumplimente el inventario, o de que necesite que se le
aclare el significado de varios ítems, puede corroborar esta hipótesis.
Cabe destacar, asimismo, otras configuraciones del perfil. Por ejemplo, los pacientes que intentan mostrar
la mejor imagen de sí mismos pueden obtener una puntuación baja en la escala X y alta en la escala Y. Los
estudios realizados con las ediciones anteriores del MCMI señalan una tendencia en estos pacientes a ob-
tener puntuaciones altas en determinadas escalas de los patrones clínicos de la personalidad. Estas eleva-
ciones se observan en las escalas Dependiente, Narcisista y Compulsivo según si el paciente quiere parecer
cooperativo, seguro de sí mismo o responsable, respectivamente. En cambio, no se observan elevaciones
en ninguna de las escalas más centradas en los síntomas, es decir, las de patología de la personalidad y las
de los síndromes clínicos. La dificultad de distinguir entre un perfil «falseado-bueno» y un perfil válido de un
paciente que realmente tiene los rasgos en cuestión (p. ej., dependencia o perfeccionismo) ha sido abordada
en diversos estudios (Bagby y Marshall, 2005; Daubert y Metzler, 2000; Schoenberg, Dorr y Morgan, 2003).
En el otro extremo se encuentra el perfil de «petición de ayuda» de los pacientes cuyo estilo de respuesta los
hace parecer más alterados psicológicamente de lo que realmente están. En estos casos se observan ele-
vaciones en las escalas X y Z, así como en muchas de las relacionadas con la patología grave (Aguerrevere,
Greve, Bianchini y Meyers, 2011; Bagby y Marshall, 2005; Daubert y Metzler, 2000; Schoenberg, Dorr y
Morgan, 2006).
Escalas de la personalidad
Interpretación por separado de las elevaciones de las escalas
Al analizar las elevaciones de las escalas por separado, los constructos prototípicos aportan información clínica
importante que puede verse modificada cuando, al avanzar en el proceso de interpretación, se analiza la confi-
guración de varias escalas en su conjunto. Para cada elevación es importante valorar las implicaciones de la es-
tructura de las polaridades y, si a la escala le corresponde un trastorno equivalente en el DSM-5, tener presente
los criterios del trastorno recogidos en este. Si bien es cierto que las elevaciones de las escalas por separado
pueden ser clínicamente significativas, se recomienda centrar la interpretación en las tres o cuatro elevaciones
más destacadas, empezando por las de las escalas de la patología grave de la personalidad (S, C y P).
Las escalas S (Esquizotípico), C (Límite) y P (Paranoide) son particulares porque tienen la capacidad de
afectar a toda la estructura de la personalidad . Por ejemplo, una elevación en la escala 7 (Compulsivo) o en
la escala 8A (Negativista) indica que existe un conflicto en una única polaridad (uno mismo-otros), pero una
elevación en la escala C (Límite) indica que hay conflictos en las tres polaridades. En la teoría evolutiva de
Millon, los conflictos que superan los límites de una polaridad representan estadios más avanzados de lapa-
tología de la personalidad y se diferencian de las escalas de los patrones clínicos de la personalidad en varios
aspectos. Por otra parte, estos conflictos tienden a reflejar rasgos de la personalidad propios de los patrones
clínicos de la personalidad que probablemente eran evidentes antes de que aumentara su gravedad.
Al analizar las tres escalas de la patología grave de la personalidad, el profesional debe tener en cuenta si
alguna de ellas está elevada y, de ser así, si esta elevación es de las más altas del perfil. Asimismo, debe
prestarse especial atención a las tasas base entre 75 y 84, puesto que son indicativas de los tipos de perso-
nalidad que se corresponden con los criterios diagnósticos del DSM-5; y también a las tasas base iguales o
superiores a 85, porque reflejan un nivel superior de patología, el umbral de un trastorno de la personalidad
Cuando la tasa base de alguna de las tres escalas de la patología grave de la personalidad es igual o superior
a 60, y ninguna de ellas es de las más altas del perfil, el efecto de la estructura de la personalidad indicada
por esa escala debe «matizar» el resto de las escalas de la personalidad. La escala-$ destaca por la difusión
generalizada de las dimensiones que afecta a toda la estructura de las polaridades; la escala C, por el efecto
conflictivo generalizado en las tres polaridades; y la escala P, por la tendencia a inmovilizar y restringir todas
las dimensiones de la estructura de polaridades. Véase el apartado «Interpretación de la elevación de un
conjunto de escalas y de su configuración» para más información al respecto.
Este paso puede omitirse si no hay ninguna escala de la patología grave de la personalidad con una tasa base
igual o superior a 60. Las elevaciones inferiores a 60 en estas u otras escalas pueden ser ideográficamente
útiles para formular hipótesis clínicas, pero no se consideran fiables o válidas para fines diagnósticos; en
estos casos, deben considerarse primero las escalas con puntuaciones más altas.
Las siguientes escalas que deben analizarse son las de los patrones clínicos de la personalidad (1-88). Al
igual que con las escalas de la patología grave de la personalidad, primero debe tenerse en cuenta la ele-
vación más alta e ir analizando las siguientes elevaciones por orden de magnitud, teniendo en cuenta las
puntuaciones más pronunciadas. Para cada escala elevada (es decir, con una tasa base igual o superior a 60)
debe considerarse el desequilibrio, conflicto o desacuerdo respecto a la estructura prototípica, así como los
criterios del DSM-5 cuando corresponde. Las tres escalas más altas constituyen el código de puntuaciones
máximas.
Las tasas base de 60 indican que las respuestas del paciente son similares a las de los sujetos de la muestra
de tipificación que presentaban rasgos de un patrón determinado y posiblemente reflejaban estilos adaptati-
vos de la personalidad con problemas moderados u ocasionales en áreas específicas. Las tasas base igua-
les o superiores a 75 y 85 indican, respectivamente, tipos de personalidad menos adaptativos y trastornos
clínicos de la personalidad. Cuando en conjunto predominan las elevaciones altas o bajas (p. ej., la tasa base
de muchas escalas es igual o superior a 85), el profesional debe recurrir a su juicio clínico para interpretar el
conjunto de las respuestas del paciente. Los índices modificadores (escalas X, Y y Z) pueden ayudar a deter-
minar si alguna escala o varias puede estar aumentada o disminuida considerablemente.
Al igual que con las escalas de la patología grave de la personalidad, cuando las puntuaciones de las es-
calas de los patrones clínicos de la personalidad son inferiores a 60, las elevaciones más bajas pueden ser
ideográficamente útiles para formular hipótesis clínicas, pero no se consideran fiables ni válidas para fines
diagnósticos. En estos casos, deben considerarse primero las escalas con puntuaciones más altas.
Si en ninguna de las escalas de los patrones clínicos de la personalidad o de la patología grave de la persona-
lidad se ha obtenido una tasa base igual o superior a 60, el protocolo debe considerarse inválido y, por tanto,
no puede usarse para establecer un diagnóstico. En función del estilo de respuesta del paciente (p. ej., una
puntuación inusualmente baja en Sinceridad), el profesional puede optar por aplicar de nuevo el inventario
habiéndole pedido previamente al sujeto que sea más franco y menos desconfiado.
Ejemplo 2. Dos pacientes han obtenido una tasa base superior a 75 en el síndrome clínico Consumo
de alcohol (escala B), pero distinto estilo de personalidad. El patrón de la personalidad de uno de ellos
es histriónico-antisocial (escalas 4A-6A), mientras que el patrón del otro es compulsivo-dependiente
(escalas 7-3). Es probable que estos pacientes manifiesten y gestionen su consumo del alcohol de
formas claramente divergentes. El paciente histriónico-antisocial probablemente sea irresponsable y
poco convencional, muestre conductas impulsivas y muy punitivas y reaccione con ira e irritabilidad
ante los esfuerzos de los demás por controlar su consumo de alcohol. Por el contrario, el paciente
compulsivo-dependiente probablemente sea convencional y muestre más control (excepto en
los episodios alcohólicos), tenga conflictos internos sobre su dependencia, muestre conductas
autopunitivas, haya intentado sin éxito controlar su alcoholismo y sienta remordimiento y culpabilidad
por la preocupación que genera en los demás.
Como estos ejemplos ilustran, la incorporación de una segunda escala elevada altera significativamente la
imagen de la personalidad y conlleva interpretaciones distintas.
Tal y como han señalado los filósofos de la ciencia desde hace tiempo, la utilidad de cualquier sistema de
clasificación radica en la capacidad de las categorías usadas de sugerir más atributos que los observables
de forma inmediata. Al analizar las elevaciones por separado y recopilar la información obtenida, es posible
examinar la estructura de las polaridades de cada elevación junto con la de otra. Además, los ocho dominios
funcionales y estructurales de cada constructo de la personalidad forman los elementos que se asocian,
universalmente o con una gran probabilidad, a otros atributos clínicos de sus respectivos patrones de la
personalidad. Por tanto, cada personalidad es un tipo de estructura de covarianza de las características de
dichos dominios. La presencia de cualquier característica implica la presencia de otras asociadas propias de
una determinada personalidad.
Por ello, cualquier elevación en las escalas S, C y P puede matizar la interpretación de otras escalas. Por
ejemplo, si un paciente ha obtenido una tase base de 60 en la escala P (Paranoide), esta puntuación puede
indicar que el patrón de la personalidad que lo caracteriza (es decir, que muestra una elevación superior)
se manifiesta con una mayor inmovilidad e inflexibilidad. Si el patrón de personalidad que caracteriza a ese
paciente es la escala 7 (Compulsivo), la coelevación de la escala P probablemente se refleje en un mayor
grado de defensividad del proceso cognitivo constreñido, en un respeto extremadamente estricto hacía la
autoridad y las expectativas de' los demás, y en la negación sistemática de sus propias necesidades. Sí el
paciente presenta una coelevación de la escala P con la escala 5 (Narcisista) probablemente la escala P ma-
tice las tendencias narcisistas y se refleje en un incremento de las amenazas percibidas a su autoestima, en
la manifestación más frecuente de ideas expansivas y en el hecho de creerse con privilegios o superior a los
demás. Al interpretar cualquier coelevación con las escalas S, C o P, se concederá más relevancia a la escala
de la patología grave de la personalidad o a la escala de los patrones clínicos de la personalidad en función
de cuál de ellas sea más elevada.
Facetas de Grossman
Las facetas de Grossman, como se describe en el capítulo 5, proporcionan una visión detallada de los cons-
tructos medidos por las 12 escalas de los patrones clínicos de la personalidad y las 3 escalas de la patología
grave de la personalidad. Cada una de estas 15 escalas cuenta con tres facetas, y- cada faceta refleja uno de
los dominios funcionales o estructurales más importantes de expresión de ese constructo de la personalidad
(véase la tabla 3.3). La interpretación de las facetas de Grossman ayuda a formular hipótesis clínicas sobre
las dificultades específicas de un dominio clínico del funcionamiento personológíco, y ello permite encamí-
44 MCMHV Capítulo 4 Interpretación
narse hacia el tipo de tratamiento más pertinente. La terapia que emana directamente de la evaluación es,
desde hace mucho tiempo, un objetivo de la ciencia clínica (Millon, 1990, 1999; 2011; Millon y Davis, 1996;
Millon y Grossman, 2007a, 2007b, 2007c, 2012).
para poder interpretar las facetas de una escala de la personalidad, la tasa base de la escala a la que per-
tenecen las facetas debe ser igual o superior a 60. La interpretación de los resultados de las facetas puede
ser más productiva cuando las puntuaciones de las escalas a las que pertenecen son algo inferiores a las
tasas bases de referencia diagnósticas de 75 y 85, porque existe la posibilidad de que puedan haber rasgos
identificables de los patrones de la personalidad problemáticos incluso sin que esté presente un trastorno de
la personalidad identificable. El informe del perfil del MCMI-IV incluye un gráfico de las facetas de Grossman
para las tres escalas de la personalidad más elevadas, con puntuaciones iguales o superiores a 60; por lo
general solo se consideran significativas las puntuaciones de las facetas iguales o superiores a 75.
Debe tenerse presente que las facetas de Grossman no están diseñadas para especificar todos los dominios
personológicos de un paciente, sino solo los dominios que tienden a ser más relevantes y, por tanto, más pro-
blemáticos cuando el paciente se enfrenta a problemas psíquicos. Generalmente, las facetas más elevadas
son las más importantes en términos de la patología de la personalidad del paciente. No obstante, cuando
dos o más facetas muestran la misma elevación o similar (las puntuaciones son iguales o hay una diferencia
de 1 o 2 puntos), se tiene que considerar el motivo de consulta, la naturaleza de los síntomas del paciente,
los resultados de otras medidas, los informes de otros profesionales o del entorno del paciente, así como las
impresiones clínicas.
Al analizar las elevaciones de las facetas de Grossman, se debe comprobar si coincide algún dominio. Por
ejemplo, tanto la escala 4A (Histriónico) como la escala 5 (Narcisista) disponen de facetas del dominio fun-
cional de comportamiento interpersonal. Si estas dos escalas son las escalas de los patrones de la perso-
nalidad más elevadas (una combinación común), se deberá determinar cuál es la descripción más adecuada
para este estilo de la personalidad: la expresión funcional histriónica de «interpersonalmente buscador de
atención» o la expresión funcional narcisista de «interpersonalmente explotador». Para ello, cabe formularse
cuatro preguntas.
1. ¿Cuál de las dos escalas de personalidad principales está más elevada, y cuán sobresaliente
es la elevación?
Considérese que hay una diferencia notable entre las puntuaciones de las escalas principales; por ejemplo,
una tasa base de 111 en la escala 5 (Narcisista) y de 67 en la escala 4A (Histriónico). Es probable que el pa-
ciente presente un trastorno de la personalidad narcisista prototípico, con un matiz histriónico comparativa-
mente sutil. En este caso, la presentación prototípica puede eclipsar muchas de las facetas de Grossman de
la siguiente escala de la personalidad más elevada, o quizá también de la subsiguiente.
El siguiente paso es analizar las elevaciones relativas de las facetas y tomar las primeras decisiones clí-
nicas acerca de cómo dichas facetas pueden interactuar. A menudo estas interacciones son fácilmente
deducibles. Por ejemplo, puede ser bastante obvio por qué un paciente con elevaciones en las escalas 6A
y 4 (antisocial con rasgos histriónicos) muestra un comportamiento interpersonal más acorde con el patrón
histriónico (búsqueda de atención) y unas dinámicas intrapsíquicas propias del patrón antisocial (irreflexión
[paso al acto]). El sistema de defensa efusivo fomenta la necesidad de llamar la atención, y la falta de reco-
nocimiento tiende a activar las defensas irreflexivas o de paso al acto. La interpretación de esta interacción
recíproca es bastante sencilla.
Sin embargo, no todas las relaciones entre las facetas son tan obvias. Por ejemplo, un paciente puede pre-
sentar elevaciones poco habituales en las escalas 2A y 5 (evitativo con rasgos narcisistas) y resultados en las
facetas que muestren un estilo cognitivo expansivo propio del patrón narcisista y una autoimagen alienada
propia del patrón evitativo. El profesional, teniendo en cuenta esta información y las observaciones realizadas
del paciente, y aplicando su juicio clínico, puede considerar que el estilo cognitivo del patrón narcisista (ex-
pansivo) parece más una fachada que adopta el paciente para hacer frente a sentimientos generalizados de
infelicidad, alienación, miedo, etc. En función de la cohesión psíquica del paciente, es aconsejable valorar si
la expansividad cognitiva, posiblemente favorecida por el mecanismo de fantasía del patrón evitativo, es un
precedente de un episodio psicótico, sin temática extraña, relacionado con un trastorno del estado de ánimo.
Esto, evidentemente, no puede confirmarse solo con la información que ofrecen las facetas de Grossman.
Sin embargo, como muestra este ejemplo, las facetas de Grossman pueden alertar a los profesionales de
aspectos problemáticos potenciales ocultos.
Escalas psicopatológicas
Dado que la personalidad es un constructo intrínsecamente integrador, es imprescindible realizar la inter-
pretación de la configuración de las escalas de los patrones clínicos de la personalidad y las de la patología
grave de la personalidad, así como de las facetas de Grossman correspondientes. La integración del perfil
refleja un hecho fundamental de la vida humana: las personas pueden definirse mediante diferentes caracte-
rísticas, y estas características se resumen orgánica y sustantivamente.
En cambio, las escalas de los síndromes clínicos y las de los síndromes clínicos graves pueden reflejar nume-
rosos diagnósticos médicos diferentes; por ello, la interpretación del perfil de estas escalas, aun siendo posi-
ble, no está tan explícitamente interrelacionada por la naturaleza de los trastornos medidos como lo está en
el caso de la personalidad . En parte, esto refleja un hecho clínico: que la comorbilidad entre los diagnósticos
de síndromes clínicos graves puede verse influida por alguna tercera variable, o puede ser totalmente fortui-
ta. Así pues, mientras que cada constructo de la personalidad se contextualiza de forma recíproca con los
demás, puesto que la personalidad se concibe como un medio orgánico único, los síntomas de los síndro-
mes clínicos pueden reflejar procesos patológicos diferenciados, a veces con un componente neuroquímico.
Dado que se conocen estas combinaciones, se recomienda que primero se interpreten las escalas de los
síndromes clínicos graves, porque pueden matizar la interpretación de las escalas de los síndromes clínicos.
También pueden darse combinaciones significativas entre las escalas de los síndromes clínicos (p. ej., la
comorbilidad frecuente de ansiedad y depresión persistente); en estos casos, se debe interpretar la configu-
ración de dichas escalas como corresponda. No obstante, dada su mayor vulnerabilidad clínica, primero se
deberían considerar las elevaciones de las escalas de los síndromes clínicos graves.
Historial psicosocial
La precisión y detalle de cualquier instrumento autoinformado es mayor cuando sus resultados se valoran en
el contexto de otras fuentes de información clínica. Por ejemplo, las circunstancias vitales actuales, la con-
ducta observada, la información biográfica, las respuestas dadas en la entrevista, así como los resultados de
otros tests, son elementos fundamentales para elaborar una imagen clínica completa del paciente. No solo
las fuentes de información clínica adicionales aumentan la probabilidad de realizar inferencias terapéuticas
correctas (Hoffmann, Bennett y Del Mar, 2013; Sackett, Rosenberg, Gray, Haynes y Richardson, 1996; Vazire
Y Mehl, 2008), sino que los enfoques multimétodo también proporcionan, tanto a los profesionales expertos
como a los noveles, una base óptima para identificar los rasgos particulares que caracterizan a cada paciente
(Campbell y Fiske, 1959; Fernández-Ballesteros, 2004; Langer, Wood, Bergman y Piacentini, 2010; Moretz y
McKay, 2008). Considerar el historial psicosocial del paciente es un paso crucial para garantizar la precisión
de la evaluación y de las decisiones acerca del tratamiento.
Si bien la experiencia y la perspicacia clínicas pueden contribuir a que ciertas impresiones y suposiciones
diagnósticas sean validadas por los datos del test, no siempre es así. Incluso cuando los resultados de la
evaluación del paciente son muy similares a las predicciones del profesional, a menudo se obtiene más in-
formación de los aspectos divergentes. El significado real de los resultados probablemente se encuentra en
algún punto entre los datos proporcionados por el MCMI-IV y la capacidad del profesional para integrarlos
con el historial del paciente, su contexto vital y su estado actual.
MCMI-IV Capítulo 4 Interpretación 47
Informe clínico y comentarios personalizados
El seguimiento de las fases interpretativas descritas en este capítulo debe garantizar la solidez de la infor-
mación clínica con la que elaborar un informe preciso y detallado del paciente, basado solo en el MCMI-IV o
formando parte de un informe clínico más exhaustivo. Dado que las diferentes situaciones requieren distintos
tipos de informe, en este apartado se abordan solo los aspectos específicos del informe clínico relacionados
con los datos del MCMI-IV.
Se aconseja resumir los resultados del inventario contextualizándolos; es decir, no solo presentar la sintoma-
tología clínica y de la personalidad, sino también cómo están interrelacionadas. Como se ilustra en esta sec-
ción , es menos esclarecedor simplemente identificar, por ejemplo, un trastorno de la ansiedad combinado
con tendencias de las personalidades evitativa y dependiente, que destacar la ansiedad que se experimenta
y cómo se ve determinada por las variables de la personalidad. Así, en este ejemplo, sería adecuado señalar
que probablemente el paciente experimente una inquietud intensa en sus relaciones interpersonales causada
por su conflicto entre querer sentirse protegido por la intimidad emocional con los demás y querer apartarse
de ellos por miedo al rechazo.
De forma similar se puede proceder al realizar comentarios personalizados al paciente. En vez de dar énfasis
a las etiquetas diagnósticas desde el principio, se deben crear las condiciones para que se asimilen y acep-
ten los diagnósticos que pueden derivarse. Para dar a conocer al paciente un resultado de la evaluación que
podría ser relevante, es conveniente exponer primero la discrepancia observada y dejar que sea el paciente
quien verbalice el efecto del conflicto. Por ejemplo, el profesional puede plantear la observación al paciente
del siguiente modo:
«Una de las escalas sugiere que sus respuestas son similares a las de las personas que tienden a
querer someterse a alguien para que, en mayor o menor medida, se enfrenten al mundo por ellas,
porque así se sienten protegidas . Pero otra escala refleja algo diferente: que ha respondido como
las personas que prefieren protegerse a sí mismas y tienden a defenderse de los demás, en especial
de aquellas personas en las que confían y que pueden rechazarlas. ¿Cómo cree que se siente una
persona así?».
Si el paciente es cooperativo, probablemente las respuestas a esta pregunta sean: «confundida», «con mie-
do», «ansiosa» o «preocupada». Gran parte de la formulación y terminología que puede utilizarse para expo-
ner las observaciones al paciente se puede derivar de la teoría subyacente de los patrones de la personalidad
(véase la tabla 4.2).
El ejemplo anterior refleja los prototipos de las escalas 2A (Evitativo) y 3 (Dependiente) combinados. La
estructura de polaridades muestra que estas escalas difieren en sus estrategias adaptativas: mientras que
el prototipo de personalidad de la escala 2A en la dimensión de la adaptación es activo, el prototipo de la
escala 3 es pasivo. Además, el prototipo de la escala 2A tiene una fuerte disposición a evitar el dolor en la
dimensión de la existencia, mientras que el prototipo de la escala 3 tiene una fuerte disposición hacia el otro
en la dimensión de la replicación. Todo ello apunta a un conflicto entre querer autoprotegerse y permitir que
la protección venga de otra persona en quien se confía. Con esto se demuestra, una vez más, la importancia
de que el profesional esté familiarizado con la teoría evolutiva de Millon.
Interpretaciones complejas
Con relativa cierta frecuencia , la interpretación del perfil resultante de la aplicación del MCMI-IV no puede
llevarse a cabo únicamente siguiendo el proceso descrito, sino que se requieren otras estrategias. A conti -
nuación se presentan algunos ejemplos de estas situaciones.
La segunda fuente de información que puede utilizarse para sostener las hipótesis sobre los dominios no
se encuentra en el MCMI-IV, sino que la constituyen las impresiones clínicas, los informes de personas que
conocen bien al paciente, los resultados de otros instrumentos y la naturaleza del motivo de consulta. Así,
siguiendo con el ejemplo anterior, si de la entrevista con el paciente se desprende que es una persona inca-
paz de tomar una decisión y que carece de confianza en sí misma, queda respaldada la interpretación de un
patrón dependiente en vez de narcisista para el dominio de la autoimagen. Sin embargo, si otras personas in-
dican que el paciente actúa con grandiosidad y se considera especial , es posible que la autoimagen «inepta»
del dependiente y la autoimagen «admirable» del narcisista deben integrarse de algún modo, quizá mediante
la noción psicodinámica de que la grandiosidad es una defensa ante los sentimientos de inferioridad subya-
centes. Al igual que con cualquier instrumento, los conocimientos adicionales y la teoría psicológica se aúnan
para dar lugar a interpretaciones plausibles del carácter de un sujeto.
Al interpretar varias escalas de los patrones de la personalidad que muestran elevaciones iguales o superio-
res a 75, no se les debe conceder el mismo peso a todas; solo se deben considerar escalas principales las
dos o tres que estén más elevadas. El resto de las escalas con una tasa base igual o superior a 75 pueden
interpretarse como estilos de la personalidad, lo cual significa que el paciente, en algunos contextos y en
ocasiones, probablemente muestre rasgos característicos de los trastornos correspondientes a estas esca-
las, además de los propios de la configuración principal. Como regla general, cuantas más escalas tengan
una tasa base igual o superior a 75, más amplia será la patología de la personalidad. Si se quieren interpretar
los resultados aún con más precisión, se pueden tener en cuenta tres características de la patología que per-
miten situar al paciente en el continuo que va desde la relativa normalidad del estilo de personalidad hasta la
patología de la personalidad (Millon, 1969/1983; 2011).
La tercera característica diferenciadora de los patrones patológicos es la tendencia a fomentar los círculos
viciosos, la cual es consecuencia de la rigidez e inflexibilidad de la personalidad patológica. Los sujetos con
trastornos de la personalidad restringen tanto su entorno social que inevitablemente dan lugar a procesos
de retroalimentación que perpetúan e intensifican los problemas preexistentes. La restricción protectora,
la distorsión cognitiva y la sobregeneralización son ejemplos de procesos mediante los cuales los sujetos
limitan sus oportunidades para realizar nuevos aprendizajes, malinterpretan los acontecimientos que son
esencialmente positivos, y provocan reacciones en los demás que reactivan problemas pasados. De hecho,
los patrones de la personalidad patológica son patogénicos en sí mismos: generan y perpetúan dilemas, pro-
vocan nuevos problemas y activan secuencias autodestructivas con los demás. Por lo tanto, estos patrones
no solo hacen que los problemas ya existentes persistan, sino que se agraven aún más.
El MCMI-IV presenta dos niveles de gravedad patológica mediante las tasas base de 75 y 85, que permiten
caracterizar el grado de funcionalidad de cada perfil de la personalidad. Por lo general, cuanto más alta es la
puntuación obtenida en un patrón de la personalidad, más probabilidad hay de que el sujeto muestre estas
tres características de la patología de la personalidad en mayor medida. Sin embargo, las relaciones curvilí-
neas entre el continuo normalidad-patología y ciertos constructos de la personalidad dificultan la interpreta-
ción estricta de estos umbrales.
Cuando se evalúa la elevación de una o más de estas escalas para medir un estado sano en vez de patoló-
gico, no se puede seguir estrictamente el procedimiento descrito anteriormente (que permite caracterizar la
personalidad a partir de las descripciones de los dominios). Afortunadamente, varios factores pueden apoyar
o refutar la hipótesis de que una elevación en las escalas Histriónico, Narcisista o Compulsivo refleja carac-
terísticas de la personalidad favorables. En primer lugar, cuanto más alta es la tasa base, más posible es que
indique una patología de la personalidad en vez de un punto fuerte. En segundo lugar, la presencia de una
patología significativa de algún síndrome clínico respalda la presencia de un trastorno de la personalidad. En
tercer lugar, la presencia de una patología de la personalidad también puede medirse por el nivel de las tres
escalas de la patología grave de la personalidad. Y, en cuarto y último lugar, el número de ítems inversos que
conforman las escalas Histriónico, Narcisista o Compulsivo se ha reducido del 50 % en el MCMl-111 al 22 % en
el MCMI-IV; por lo que es menos probable que estas tres escalas muestren elevaciones si no existe ninguna
patología de la personalidad.
Estas tres polaridades fundamentales constituyen la base de una estructura más amplia: la teoría evolutiva,
que trasciende cualquier escuela concreta o perspectiva tradicional sobre la personalidad. Por consiguiente,
los trastornos de la personalidad ya no se consideran derivados principalmente de un único nivel de datos
clínicos, es decir, dentro de uno de los cuatro enfoques tradicionales de la ciencia psicológica (conductual,
fenomenológico, intrapsíquico o biofísico), sino que se manifiestan en toda la matriz de la persona y se ex-
presan a través de varios dominios clínicos. Por ello, el MCMI-IV representa una base creciente de criterios
diagnósticos y conceptos de la personalidad (p. ej., Millon, 1984, 1990, 2011), que constituye un marco más
amplio que el DSM-5 y sus anteriores versiones.
En relación con las bases empíricas, se han publicado más de 700 artículos de investigación que han utili-
zado el MCMI como instrumento de evaluación (Archer y Smith, 2014; Craig, 2005). Esta considerable base
empírica, aunque difícil de integrar en su totalidad, dio lugar a diversas mejoras importantes en la estructura
del MCMI-IV.
También se han llevado a cabo, y se llevan a cabo, numerosos estudios de validación cruzada y generaliza-
ción cruzada con el objetivo de evaluar y mejorar los componentes del MCMI: ítems, escalas, algoritmos y
textos interpretativos (Choca, 2004; Craig, 2005; Maruish, 2004). Las investigaciones actuales aportan una
base empírica para la mejora de estos componentes.
Creación de ítems
Para la versión estadounidense del MCMI-IV se crearon numerosos ítems nuevos a partir del juicio clínico
del autor principal y de la revisión de distintos materiales de referencia y artículos publicados. Al igual que en
las versiones anteriores del instrumento, la creación de los ítems se centró en los prototipos teóricos de los
trastornos de la personalidad y los síndromes clínicos del MCMI-IV.
Un prototipo es el núcleo de características que refleja los rasgos más relevantes y esenciales de un deter-
minado trastorno de la personalidad o síndrome clínico. El prototipo no es ni una categoría ni una dimensión,
MCMI-IV Capítulo 5 Desarrollo de la versión estadounidense del MCMI-IV y adaptac ión es pañola 53
sino la síntesis de ambas. Los modelos prototípicos son los esquemas preferidos para representar los tras-
tornos de la personalidad y los síndromes clínicos, por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque
la mayoría de las tipologías contemporáneas no implican categorías todo o nada, ni han sido construidas
como tales. En segundo lugar, porque el constructo del prototipo reconoce la heterogeneidad explícita de los
pacientes con trastornos de la personalidad. Los casos prototípicos puros son sumamente raros; muchos
pacientes cumplen los criterios de varios trastornos y la mayoría presentan, al menos, rasgos subclínicos de
otros estilos de la personalidad . Los constructos prototípicos no presuponen puntos de corte específicos
(Cantor y Genero, 1986) y tienen la ventaja de estar ya implícitos en el sistema diagnóstico. Horowitz, Post,
French, Wallis y Siegelman (19ij1) describen el constructo:
Como señalan Horowitz et al., el parecido de un sujeto con el prototipo es necesariamente cualitativo y cuan-
titativo. Por tanto, dada la naturaleza heurística de este enfoque, las preguntas que se plantean son cómo y
en qué medida el sujeto se parece al prototipo. Dado que los pacientes probablemente se parezcan a más de
un ideal teórico, es aconsejable que el profesional utilice los prototipos de forma constructiva para superar la
perspectiva terapéutica de «un trastorno, una causa».
Con este enfoque prototípico se crearon nuevos ítems para cada escala del MCMI- IV a fin de mejorar la ex-
haustividad de cada constructo y conservar o mejorar sus propiedades psicométricas . Asimismo se crearon
ítems para conformar la escala Tempestuoso, incorporada en esta edición; y se crearon otros ítems para
incrementar y ampliar la utilidad de la sección «Respuestas significativas» del informe de interpretación. El
conjunto de ítems resultante fue revisado por investigadores asociados que colaboraban en el proyecto de
revisión del inventario. Tras aplicar sus sugerencias e indicaciones, se obtuvo una versión inicial, compuesta
por 245 ítems, que sirvió como punto de partida del estudio piloto. Esta versión del inventario se aplicó a 449
sujetos, clínicos y no clínicos, con el fin de garantizar que la formulación de los ítems era suficientemente
clara, y para analizar algunas de sus propiedades psicométricas básicas (p. ej. , frecuencia de la distribución
de las respuestas y contribución a la fiabilidad de la escala).
Tras analizar los resultados de la fase experimental y antes de iniciar la fase de tipificación del MCMI-IV, se
sustituyeron unos 50 ítems que resultaban redundantes o poco discriminantes, con el objetivo de mejorar los
constructos de los prototipos de los patrones de la personalidad y de los síndromes clínicos.
Para la aplicación de la versión de tipificación, se contó con la participación de profesionales que habi-
tualmente utilizaban el MCMI-III. En la versión de tipificación figuraban primero los 175 ítems procedentes
del MCMl-11I y, a continuación , los 106 ítems nuevos seleccionados. Esta versión se aplicó a través de la
plataforma online a una muestra de 1884 casos. Tras aplicar los criterios de exclusión , se obtuvo una mues-
54 MCMI-IV Capítulo 5 Desarrollo de la versi ón estadounidense del MCMI-IV y adaptac ión española
tra de tipificación de 1547 casos. Esta muestra pertenecía a las distintas regiones de Estados Unidos y era
representativa de la población que recibe o busca atención psicológica. Los datos recogidos de esta muestra
permitieron seleccionar los ítems que formarían parte de la versión definitiva y a partir de los cuáles se ela-
boró el baremo estadounidense.
En primer lugar, se examinó la frecuencia de respuestas afirmativas de cada ítem para verificar que se situaba
dentro del rango aceptable dado su contenido y su relevancia clínica. Los ítems con una frecuencia de res-
puestas afirmativas inesperadamente baja o alta se eliminaron. Los ítems restantes se asignaron a las esca-
las en función de su contenido. Estos ítems prototípicos conformaron las escalas preliminares del MCMI-IV y
se les asignó un peso de 2 puntos para el cálculo de la puntuación de las escalas.
En segundo lugar, se analizaron los ítems de cada escala prototípica, evaluando las correlaciones entre cada
ítem identificado como prototípico para el constructo en cuestión y la escala correspondiente (correlación
ítem-escala) mediante series de análisis con el coeficiente alfa de Cronbach. En general, los ítems con co-
rrelaciones más altas se conservaron para análisis posteriores. Asimismo se prestó especial atención a los
ítems con una contribución única a la utilidad clínica, así como a su adecuación a la teoría evolutiva de la
personalidad de Millon.
Como resultado de este análisis, se descartaron algunos ítems porque se obtuvieron índices de modificación
altos que indicaban una excesiva coincidencia con otra dimensión de la personalidad, o cargas factoriales
bajas en la dimensión propia de los ítems. Así, finalmente, se estableció el conjunto de ítems prototípicos de
las escalas de los patrones de la personalidad y de los síndromes clínicos del MCMI-IV. Cada uno de estos
ítems cumplía la condición de ser prototípico de una única escala, y a cada uno se le asignó un peso de 2
puntos.
Seguidamente, para cada escala se valoraron los ítems secundarios, o no prototípicos, a los que se asignó
un peso de 1 punto. Para ello se siguió un proceso iterativo en el que, cuando se añadía o se eliminaba algún
ítem de una escala en función de su relevancia estadística o teórica, se recalculaban y evaluaban simultá-
neamente tanto la consistencia interna como las correlaciones entre cada ítem y la escala correspondiente.
Este proceso iterativo concluyó cuando la amplitud del contenido del constructo medido por cada escala se
consideró aceptable, tanto desde el punto de vista teórico como psicométrico; de ello resultó el conjunto de
195 ítems que conforman la versión estadounidense del MCMI-IV.
MCMI -IV Capítulo 5 Desarrollo de la versión estadounidense del MCMI-IV y adaptación española 55
Desarrollo de las facetas de Grossman
Las facetas de Grossman del MCMI-IV aportan información más precisa que las escalas de la personalidad
y permiten obtener una visión más molecular y diferenciada del diagnóstico principal, en la que se destacan
los rasgos más relevantes de forma más discriminante que con etiquetas categóricas amplias. Al analizar las
elevaciones de las puntuaciones de las facetas correspondientes a las escalas de la personalidad principa-
les, se obtiene una imagen clínica más contextual y, por consiguiente, mayor especificidad interpretativa y
utilidad terapéutica.
Cada escala de los patrones clínicos de la personalidad (1-8B) y cada escala de la patología grave de la
'
personalidad (S, C y P) está caracterizada por tres facetas de los patrones de la personalidad principales
(extraídas de los dominios funcionales y estructurales que se describen en el capítulo 3). Por tanto, se ofrece
un total de 45 facetas asociadas a las 15 escalas de la personalidad . Las facetas de Grossman se desarro-
llaron con el objetivo de maximizar la utilidad terapéutica de las puntuaciones del MCMI-IV y consolidar la
teoría evolutiva en la que se fundamentan las escalas del MCMI-IV (Millon, 2011 ; Millon y Davis, 1997; Millon
y Grossman , 2007a; Millon y Grossman, 2012).
El conjunto de ítems del MCMI-IV se corresponde con la teoría y refleja valoraciones sobre la relevancia de
los dominios funcionales y estructurales para los patrones de la personalidad. Con el fin de desarrollar las
facetas de Grossman, primero se formularon predicciones sobre qué dominios de los ítems de cada escala
principal de la personalidad probablemente se corresponderían con los dominios de la teoría. Para algunas
escalas, los dominios secundarios estuvieron mejor representados de lo previsto en la composición de los
ítems de la escala correspondiente. No obstante, inicialmente se seleccionaron, para cada patrón de la
personalidad , los tres dominios que se consideró que se adecuaban mejor a la teoría, teniendo en cuenta la
composición de los ítems de cada escala.
Después se llevó a cabo un proceso de análisis factorial, similar al seguido con el resto de las escalas del
MCMI-IV, para corroborar las predicciones sobre los dominios y tomar decisiones respecto a los ítems. Con
los ítems asignados inicialmente a las facetas se realizó un análisis de la estructura de las covarianzas, que
permitió evaluar la adecuación general de los ítems a las facetas. Tras este análisis se cambió la asignación
de algunos ítems porque se obtuvieron índices de modificación altos. Asimismo, a los ítems asignados a
cada faceta se añadieron ítems de escalas del instrumento relacionadas con el patrón de la personalidad co-
rrespondiente. Consecuentemente, se amplió el rango de las puntuaciones de algunas facetas, que era muy
reducido, y así las escalas se estabilizaron; además, se extendió la cobertura de algunos de los constructos
teóricos. Cabe destacar que, a diferencia de las escalas principales del MCMI-IV, los ítems no se ponderan
para la puntuación de las facetas dado que estas son constructos más unidimensionales y no mantienen la
estructura prototípica.
Índices de validez
El MCMI-IV incluye indicadores de respuestas aleatorias (escalas V y W) e índices modificadores (escalas X,
Y y Z) creados para medir la veracidad de las respuestas a los ítems. En el capítulo 4 se ofrece información
sobre la interpretación de estas escalas.
El índice de Invalidez (escala V) está formado por tres ítems a los que es sumamente improbable que se dé
una respuesta afirmativa: «El año pasado aparecí en la portada de varias revistas», «No he visto un coche en
El índice de Inconsistencia (escala W) refleja los casos en que el paciente ha dado respuestas distintas a
ítems que, en principio, deberían tener la misma respuesta. Se calcula sumando los valores absolutos de las
diferencias entre las puntuaciones de cada par de ítems que conforman el índice. Conceptualmente, este
índice permite verificar la fiabilidad del perfil del paciente, del mismo modo que el coeficiente alfa y los esta-
dísticos de consistencia interna estiman la fiabilidad en la muestra de tipificación. Por ello, si el paciente ob-
tiene una puntuación alta en el índice 'ele Inconsistencia, porque no responde del mismo modo a ítems con
correlaciones altas y contenido similar, la reproducibilidad y fiabilidad de sus respuestas son sospechosas.
Para crear este índice, se elaboró una matriz de correlaciones de los ítems del MCMI-IV basada en los datos
obtenidos en la fase de tipificación estadounidense, que permitió identificar los 25 pares de ítems con las
correlaciones más altas. Si un ítem se consideraba miembro de un par de ítems, se excluía como posible
miembro de otro par de ítems para que, de este modo, todos los ítems contribuyeran en la misma medida
al índice.
El índice de Inconsistencia puede considerarse una medida de la aleatoriedad de las respuestas dado que
su validez se puede demostrar mediante la precisión con la que identifica las respuestas dadas aleatoria-
mente. Para ello se generó, de forma aleatoria, un conjunto de respuestas que se correspondía con las dis-
tribuciones de la frecuencia de los ítems en la muestra de tipificación del MCMI-IV, lo que produjo una serie
de datos que permitirían analizar en qué medida el índice de Inconsistencia identificaba adecuadamente
dichas respuestas aleatorias. Las puntuaciones de los pares de ítems de dichos datos generados aleatoria-
mente concordaban solo en función de las distribuciones de las respuestas correspondientes. Para analizar
los datos aleatorios, se establecieron los puntos de corte que identificaban aproximadamente el 5 % de los
casos de la muestra de tipificación. Las categorías «Cuestionable» e «Inválido», usadas para clasificar las
respuestas, permitieron identificar el 63 % de los casos aleatorios. Todo ello demostró la efectividad de la
escala Inconsistencia en la determinación de las respuestas aleatorias.
En la tabla 5.1 se presentan los puntos de corte y las categorías -«Aceptable», «Cuestionable» e «Inváli-
da»- usadas para clasificar las respuestas del paciente en las escalas V y W. Si la puntuación de la escala
V o de la escala W es igual o superior al punto de corte correspondiente a la categoría «Inválida» (2 o supe-
rior para la escala V y 20 o superior para la escala W), el protocolo se considera inválido. Si el protocolo no
es inválido, pero la puntuación de la escala V o de la escala W es igual al punto de corte correspondiente
a la categoría «Cuestionable» (1 para la escala V y de 9 a 19 para la escala W), el protocolo se considera
cuestionable. Si la puntuación de ambas escalas es inferior a los puntos de corte correspondientes (O para
la escala V y 8 o inferior para la escala W), el protocolo se considera aceptable, sin respuestas aleatorias.
Tabla 5.1. Clasificación de las respuestas en función de la puntuación directa de las escalas Vy W
Escala V Escala W
Clasificación Invalidez Inconsistencia
Aceptable o 0-8
Cuestionable 9-19
Inválido 2-3 20-25
Tabla 5.2 Clasificación del estilo,de respuestas en función de la puntuación directa del índice de Sinceridad
Escala X
Clasificación
I n válido ---------
Posible minimización de los síntomas
Sinceridad
0-6
7-20
Aceptable 2 1-60
Posible exageración de los síntomas 61 - 114
Inválido 11 5- 12 1
Al igual que el índice de Sinceridad, los índices de Deseabilidad (escala Y) y de Devaluación (escala Z) se
diseñaron para medir la minimización o exageración de la sintomatología. La escala Y mide la tendencia del
paciente a mostrarse moralmente admirable, socialmente agradable, emocionalmente equilibrado, sociable
y muy respetuoso con las convenciones sociales. Si la tasa base es igual o superior a 75, indica la tendencia
del paciente a describirse de forma positiva; mientras que las puntuaciones progresivamente más altas su-
gieren que el paciente se esfuerza por no mostrar en sus respuestas ningún tipo de psicopatología o de pro-
blemas interpersonales. La escala Z, por su parte, refleja hasta qué punto el paciente se describe en términos
extremadamente negativos o patológicos. Si la tasa base es igual o superior a 75, puede indicar la petición
de ayuda del paciente que experimenta un intenso malestar psicológico; mientras que las puntuaciones pro-
gresivamente más altas sugieren que el paciente se está autodenigrando.
Para desarrollar estas escalas, se siguió el mismo enfoque racional de las anteriores versiones del MCMI.
En primer lugar, se evaluaron los 195 ítems de la versión estadounidense del MCMI-IV para determinar si la
disposición que reflejaba cada uno, por separado, era extremadamente positiva, extremadamente negativa
o ni extremadamente positiva ni extremadamente negativa. A continuación, los ítems que reflejaban una
disposición extremadamente positiva y los que reflejaban una disposición extremadamente negativa se or-
denaron según la escala a la pertenecían. Finalmente, de entre todas las escalas, se seleccionaron 24 ítems
de contenido autoenaltecedor para el índice de Deseabilidad y 30 ítems de contenido autodenigrante para
el índice de Devaluación. Cabe destacar que las escalas Y y Z no tienen ítems exclusivos ni prototípicos; por
tanto, los ítems que las conforman también puntúan al menos en otra escala. Dado que no es habitual que el
paciente presente muchos síntomas en muchas escalas, se consideró que el enfoque seguido en el desarro-
llo de estas escalas era el más lógico para dilucidar si el paciente quiere dar una imagen sumamente positiva
o sumamente negativa de sí mismo.
A lo largo de estos meses no se ha realizado una simple traducción , sino una adaptación completa del in-
ventario, con el fin de encontrar las equivalencias entre las culturas que permitan adaptar la herramienta
conservando su esencia. La rigurosidad técnica y psicométrica seguida durante el proceso de adaptación del
MCMI-IV permite asegurar la fiabilidad y validez de los inventarios en la cultura española.
En este apartado se describe el proceso de traducción y adaptación de los ítems, los procedimientos em-
pleados durante las fases piloto, experimental y de tipificación , así como las características de la muestra
de tipificación y sus características. También se exponen los métodos adoptados para la creación de los
baremos de la muestra española.
En primer lugar, se tradujeron al castellano todos los ítems de la versión estadounidense, teniendo en cuenta
que el nivel de lectura requerido para su comprensión fuese lo más bajo posible.
En segundo lugar, se reunió al equipo de expertos para analizar en detalle los ítems traducidos, con el ob-
jetivo de llegar a un consenso para encontrar la idoneidad del contenido de cada ítem y la adecuación a la
cultura y a la lengua española. También se analizó la adecuación de las instrucciones y se reformularon dos
ítems que podían resultar problemáticos. Como resultado de la reunión con el equipo de expertos se obtuvo
una versión de 197 ítems, que incluía dos ítems con una doble formulación.
Fase piloto
En septiembre del 2016 se realizó un estudio piloto con una muestra formada por un total de 13 sujetos, con
el objetivo de determinar si podían responder los ítems sin dificultad .
Tras este estudio se reformularon ligeramente algunos ítems para facilitar su comprensión y mantener el nivel
de lectura lo más bajo posible. Los resultados de la fase piloto también indicaron la conveniencia de man-
tener la doble formulación de los dos ítems propuestos en la reunión con el equipo de expertos y añadir la
doble formulación para otro de los ítems, con el fin de seleccionar, después de la fase experimental, los ítems
con mejores propiedades psicométricas y un mayor poder discriminativo. La versión que se obtuvo tras la
fase piloto incluía dos formulaciones distintas para tres ítems y contaba con un total de 198 ítems.
Fase experimental
A plicación de la versión experimental
Para la aplicación de la versión experimental del MCMI-IV se contó con psiquiatras y psicólogos que tenían
amplia experiencia en el uso del MCMl-I11 y que procedían de distintas zonas geográficas de España.
Pearson Clinical & Talent Assessment proporcionó a los examinadores todo el material necesario para la
aplicación de la versión experimental. El material experimental incluía el manual , donde se especificaban
los procedimientos que se debían seguir para la selección de los pacientes, la cumplimentación del cues-
tionario para el clínico y la aplicación del inventario; el documento de consentimiento informado, donde los
pacientes manifestaban su consentimiento para participar en el estudio; el cuestionario para el clínico, en
el que los profesionales registraban la información de la historia clínica del paciente y valoraban el nivel de
MCMI-IV Capítulo 5 Desarrollo de la vers ión estadounidense del MCMI-IV y adaptación española 59
disfunción del paciente en relación con cada uno de los patrones de personalidad y los síndromes clínicos
incluidos en el MCMI-IV; y el cuadernillo de respuestas, que contenía los ítems del inventario y en el que los
pacientes registraban sus datos sociodemográficos y sus respuestas.
Se pidió a los examinadores que aplicaran el inventario siguiendo, de manera estricta, las reglas y los proce-
dimientos descritos en el manual y que, durante cada aplicación, anotasen las observaciones y comentarios
que considerasen importantes, así como los problemas de comprensión que surgieran durante la evaluación .
Muestra experimental
La recogida de datos de la fase experimental se inició en octubre del 2016 y concluyó en diciembre del 2016.
Se recogieron datos de una muestra de 111 pacientes de entre 18 y 73 años. En el anexo F figuran los criterios
de inclusión de la muestra.
La muestra estuvo compuesta por 52 hombres (46.8 %) y 59 mujeres (53.2 %). La distribución por grupo de
edad de la muestra fue la siguiente: 18:0-25:11 (n =40), 26:0-49:11 (n =38) y 50:0-80:11 (n =33). El nivel edu-
cativo de los pacientes se agrupó en cinco categorías: estudios primarios sin completar (sin estudios, 1.8 %),
estudios primarios (7.3 %), estudios secundarios (1 O.O%) bachillerato superior o formación profesional (44.5 %)
o estudios universitarios (36.4 %) completados.
Entre los tres ítems con doble formulación se seleccionó la versión del ítem con mejores cualidades psico-
métricas y cuyo nivel de lectura requerido para su comprensión era más bajo.
Como resultado de los análisis de fiabilidad de la versión depurada de 195 ítems, se identificaron nueve ítems
que presentaban una menor fiabilidad . Estos ítems fueron reformulados y se incluyeron en la versión de tipi-
ficación. De este modo, la versión que se obtuvo tras la fase experimental incluía dos formulaciones distintas
para nueve ítems y contaba con un total de 204 ítems.
Fase de tipificación
Aplicación de la versión de tipificación
Para la aplicación de la versión de tipificación del MCMI-IV se contó con psiquiatras y psicólogos que tenían
amplia experiencia en el uso del MCMl-111 y que procedían de distintas zonas geográficas de España.
Pearson Clinical & Talent Assessment proporcionó a los examinadores todo el material necesario para la apli-
cación de la versión de tipificación. El material de tipificación incluía el manual, donde se especificaban los
procedimientos que se debían seguir para la selección de los pacientes de las muestras de tipificación y de
los estudios de estabilidad temporal y de validez, y para la cumplimentación del cuestionario para el clínico
y la aplicación del inventario; el documento de consentimiento informado, donde los pacientes manifestaban
su consentimiento para participar en el estudio; el cuestionario para el clínico (véase anexo G), en el que los
profesionales registraban la información de la historia clínica del paciente y valoraban el nivel de disfunción
del paciente en relación con cada uno de los patrones de personalidad y los síndromes clínicos incluidos en
el MCMI-IV; y el cuadernillo de respuestas, que contenía los ítems del inventario y en el que los pacientes
registraban sus datos sociodemográficos y sus respuestas.
Se pidió a los examinadores que aplicaran el inventario siguiendo, de manera estricta, las reglas y los proce-
dimientos descritos en el manual y que, durante cada aplicación, anotasen las observaciones y comentarios
que considerasen importantes, así como los problemas de comprensión que surgieran durante la evaluación.
La muestra de tipificación se diseñó de modo que la población que busca o recibe tratamiento psicológico
estuviese ampliamente representada. Para el diseño de la muestra de tipificación se contó con la colabo-
ración de dos expertos epidemiólogos (véase el anexo E, en el que figura el equipo de expertos). Con este
objetivo, se evaluó a pacientes que pertenecían a diversos ámbitos de atención psicológica y con distintas
situaciones clínicas en el momento de la evaluación; y se establecieron métodos de selección aleatoria para
asegurar la representatividad de la muestra.
Se siguieron los mismos criterios de inclusión y exclusión que los utilizados para la muestra experimental
(véase el anexo F, en el que figuran los criterios de inclusión), y se excluyeron de la muestra los protocolos
que, una vez corregidos, cumpliesen alguno de los siguientes criterios:
■ en una escala (con la configuración definitiva de las escalas) había 5 o más ítems sin respuesta o con
doble marca; o
■ en el total de las escalas había 14 o más ítems sin respuesta o con doble marca.
En el diseño de la muestra se puso una atención especial en que participaran pacientes pertenecientes a to-
das las comunidades autónomas de España, objetivo que se consiguió ampliamente; casi todas las comuni-
dades españolas están representadas en la muestra de tipificación. La figura 5.1 refleja la distribución de los
profesionales que recogieron los datos de la muestra y, por tanto, las zonas de procedencia de los pacientes.
¿
j) • 1 examinador
• 2 o más examin adores
En la tabla 5.3 se presentan los datos demográficos de los 889 pacientes en los que se basan los baremos
españoles del MCMI-IV, después de aplicar los criterios de exclusión descritos en este apartado. Como pue-
de verse en la tabla, la muestra está compuesta por una mayor proporción de mujeres que de hombres y de
Pacientes con edades comprendidas entre los 26 y 49 años. Esta distribución de la muestra coincide con los
datos epidemiológicos oficiales de los pacientes atendidos por los servicios ambulatorios de salud mental
de adultos (Observatori del Sistema de Salut de Catalunya, 2015). Todas las categorías de las variables nivel
MCMI -IV Capítulo 5 Desarrollo de la versión estadounidense del MCMI-IV y adaptación española 61
educativo, zona geográfica Y estado civil están representadas. La mayor proporción de pacientes de la mues-
tra pertenecen a la categoría de pacientes ambulatorios sin hospitalización previa.
Paralelamente al proyecto de tipificación, se recopilaron datos para los estudios de estabilidad temporal y
de validez. Las características de estas muestras y los resultados de estos estudios pueden consultarse en
el capítulo 6 de este manual.
\ N %
Sexo
Hombres 364 40.9
Mujeres 525 59 .1
Grupo de edad
186 20.9
18-25
26-49 486 54.7
50-80
216 24.3
Situación actual
Paciente ambulatorio sin hospitalización previa 550 61.9
Paciente ambulatorio con hospitalización previa 184 20.7
Otra 5 0.6
Zona geográfica
Norte 233 26.2
Centro 188 21 .1
Nivel educativo
Sin estudios 33 3.7
Estado civil
Soltero 477 53 .7
Casado 186 20 .9
Separado 19 2.1
Divorciado 99 11.1
Viudo 19 2.1
Otro 14 1.6
62
--- MCMI-IV Capítulo 5 Desarrollo de la versión estadounidense del MCMI-IV y adaptación española
composición final de la escala
Los datos recogidos a partir de la muestra de la fase de tipificación fueron sometidos a análisis estadísticos
para evaluar sus cualidades psicométricas. También se llevó a cabo un análisis cualitativo de las preguntas
y comentarios que los pacientes habían realizado acerca de los ítems, así como de los problemas de com-
prensión que los examinadores habían anotado durante la aplicación de cada protocolo.
Entre los ítems con doble formulación se seleccionó la versión del ítem con mejores cualidades psicomé-
tricas y cuyo nivel de lectura requerido para su comprensión era más bajo. De este modo, la versión final
incluyó un total de 195 ítems, que conforman la adaptación española del MCMI-IV (la lista de ítems definitivos
figura en el anexo A). Para todas las escalas de validez, de los patrones de la personalidad, de los síndromes
clínicos y de las facetas de Grossman, se mantuvo la composición propuesta en la versión estadounidense.
La composición de todas las escalas puede consultarse en el anexo B.
Tasas base
Para resumir los resultados de los tests, pueden utilizarse distintos tipos de puntuaciones. Por ejemplo,
una de las puntuaciones estandarizadas usadas frecuentemente en inventarios de la personalidad es la
puntuación T (media= 50 y desviación típica= 10). En el MCMI-IV, al igual que las ediciones anteriores, se
utilizan las tasas bases (TB). A diferencia de las puntuaciones T, que se basan en una escala que indica cuán
alejada se encuentra la puntuación del sujeto respecto a la media, las tasas base se basan en la prevalencia
de la característica que se mide. Las tasas bases del MCMI-IV se han diseñado para que los puntos de corte
de 75 y 85 reflejen la prevalencia de un determinado atributo en la población psiquiátrica. Los valores de 75
y 85 pueden interpretarse de forma similar en todas las escalas, mientras que las tasas de prevalencia en la
población pueden ser distintas. Esta flexibilidad contrasta con la distribución de la frecuencia típica propia
de las puntuaciones T.
Las tasas base representan, en un continuo, la gravedad y el nivel de generalización de un atributo psicológi-
co que puede ser medido en cualquier persona. La utilización de un continuo supone considerar que la dife-
rencia entre un trastorno clínico y el funcionamiento normal, especialmente en las escalas de la personalidad,
es más un nivel que un tipo, y que este nivel se presenta como gradaciones de la inflexibilidad adaptativa y la
estabilidad frágil cada vez más problemáticas en situaciones de estrés (Millon, 2011). En una situación ideal,
los perfiles de las escalas de la personalidad, transformados para que reflejen la frecuencia y la prevalencia
absolutas de los trastornos en la población, deberían equipararse no solo en términos de la cantidad del
atributo medido sino también de las implicaciones de dicha cantidad en el funcionamiento psicológico. Las
tasas bases representan la forma más directa de conocer primero los aspectos explícitos de interés clínico.
No obstante, existen distintos factores que limitan las posibilidades en este sentido, entre los cuales des-
taca el hecho de que los componentes de los trastornos de la personalidad se superponen y correlacionan
intrínsecamente. Asimismo, muchos pacientes pueden ser diagnosticados de dos, tres o incluso más tras-
tornos de la personalidad con síndromes clínicos graves concurrentes. Por consiguiente, para establecer un
diagnóstico, se debe tener en cuenta no solo la magnitud de la elevación de las escalas de la personalidad,
sino también la magnitud relativa de la elevación de cada escala dentro del perfil. Si la patología de la perso-
La estimación de las prevalencias se obtuvo a partir de las valoraciones de 942 pacientes. Estas valoraciones
las llevaron a cabo diversos profesionales que cumplimentaron el cuestionario para el clínico sobre cada uno
de los pacientes que participaron en la adaptación española del MCMI-IV. En este cuestionario, los profe-
sionales indicaron, para cada patrón de la personalidad y cada síndrome clínico, el nivel de disfunción del
paciente según la clasificación siguiente:
■ Ninguno: el sujeto no presenta ningún rasgo o síntoma indicativo de un problema en esta área.
■ Leve: el sujeto presenta algunos rasgos o síntomas de un problema subyacente sin alcanzar un nivel
clínico de disfunción.
■ Grave: el sujeto presenta muchos rasgos o síntomas de un problema subyacente que posiblemente
justificarían el diagnóstico formal de un trastorno clínico.
■ Diagnóstico DSM o CIE: el sujeto presenta muchos rasgos o síntomas de un problema subyacente
y ha sido diagnosticado formalmente mediante sistemas DSM o CIE (no aplicable a trastornos no
incluidos en dichos sistemas).
En cuanto a las escalas de los patrones de la personalidad (1-P), el porcentaje de la muestra que fue clasifica-
do con un diagnóstico del DSM-5 o CIE-1 O (cuando procedía) o con una disfuncionalidad moderada o grave
en un patrón sirvió como la estimación inicial de la tasa base de ese patrón como tipo de personalidad; y el
porcentaje de la muestra que fue clasificado con un diagnóstico del DSM-5 o CIE-10 o con una disfunciona-
lidad grave en un patrón sirvió como la estimación inicial de la tasa base de ese patrón como trastorno de la
personalidad en la población. En cuanto a las escalas de los síndromes clínicos (A-PP), el porcentaje de la
muestra que fue clasificado con un diagnóstico del DSM-5 o CIE-10 o con una disfuncionalidad moderada
o grave en un síndrome sirvió como la estimación inicial de la tasa base que indica que ese síndrome está
presente en la población; y el porcentaje de la muestra que fue clasificado con un diagnóstico del DSM-5
o CIE-10 o con una disfuncionalidad grave en un síndrome sirvió como la estimación inicial de la tasa base
que indica que ese síndrome es prominente en la población. En la tabla 5.4 se presentan las tasas bases
estimadas iniciales para las escalas de los patrones de la personalidad y las de los síndromes clínicos. Pos-
teriormente, estas estimaciones se ajustaron teniendo en cuenta los datos epidemiológicos sobre la preva-
lencia de estas características (Observatori del Sistema de Salut de Catalunya, 2015), con el fin de llegar a
las prevalencias finales.
Categoría valorada % %
Para determinar las conversiones de las puntuaciones directas a tasas bases, se vincularon las prevalencias
finales con la distribución de las puntuaciones directas de las escalas de los patrones de la personalidad en
la muestra de tipificación. En primer lugar, se seleccionaron las puntuaciones directas iniciales correspon-
dientes a los puntos de anclaje de las tasas base de 75 y 85. Para cada patrón de personalidad, a la tasa base
de 75 se asignó la puntuación directa de la parte superior de la distribución más próxima a la prevalencia
indicativa del nivel tipo de personalidad. Asimismo, a la tasa base de 85 se asignó la puntuación directa de la
parte superior de la distribución más próxima a la prevalencia indicativa del nivel trastorno de la personalidad.
Se siguió este mismo proceso para establecer las puntuaciones directas iniciales equivalentes de las tasas
base de 75 y 85 para las escalas de los síndromes clínicos. En este caso, la tasa base de 75 se corresponde
con la prevalencia que indica que ese síndrome está presente; y la tasa base de 85 se corresponde con la
prevalencia que indica que ese síndrome es prominente.
Para cada una de las escalas de los patrones de la personalidad y de las de los síndromes clínicos, se vin-
cularon las puntuaciones directas con tres puntos de anclaje más: la tasa base de O se corresponde con la
puntuación directa de O; la tasa base de 60, con la puntuación directa situada en la media; y la tasa base de
MCMI -IV Capítulo 5 Desarrollo de la versión estadounidense del MCMI-IV y adaptación española 65
115, con la puntuación directa máxima. Para asignar las tasas base de las puntuaciones directas entre los
cinco puntos de anclaje de O, 60, 75, 85 y 115, se utilizó la interpolación lineal. Estas conversiones iniciales
de puntuaciones directas a tasas base se usaron posteriormente para establecer las tasas base de todos los
sujetos de la muestra de tipificación . Asimismo se ajustaron las tasas base según se describe en el capítulo
2, y se calculó la distribución de las frecuencias para las tasas base ajustadas. Después, para cada escala,
se comparó el porcentaje de los sujetos de la muestra de tipificación cuya tasa base ajustada era igual o su-
perior a 75 y a 85 con las prevalencias finales. A continuación se revisaron las conversiones, en la medida de
lo necesario, para mejorar la correspondencia entre las prevalencias finales y el porcentaje de sujetos de la
muestra de tipificación cuya ta!%a base era igual o superior a 75 e igual o superior a 85, de lo que se obtuvieron
las conversiones definitivas que figuran en el anexo D.
Al igual que con los índices modificadores, las tasas base de las facetas de Grossman también se basan en
los percentiles de la distribución de las puntuaciones directas, y su rango es de O a 100. Las conversiones de
puntuaciones directas a tasas base para las facetas de Grossman figuran en el anexo D.
En cuanto a la situación del paciente, las medias de las puntuaciones de los síndromes clínicos de los pa-
cientes ingresados fueron claramente más altas que las de los pacientes ambulatorios en las escalas de
Consumo de drogas (escala T) y Consumo de alcohol (escala B). Por el contrario, las medias de los pacientes
Tabla S.S. Medias y desviaciones típicas de las tasas base por sexo y situación del paciente
En relación con los baremos, una de las principales diferencias respecto a la versión anterior radica en la
sensibilidad y especificidad de las tasas base. En general, las tasas base de la mayoría de las escalas de los
patrones de la personalidad del MCMI-IV presentan mayor sensibilidad que las de su predecesor. Es decir, en
el MCMI-IV se reduce la presencia de falsos negativos, aumentan las elevaciones de las escalas y se evita el
falso aplanamiento de los perfiles. Aunque inicialmente un perfil con menos elevaciones puede resultar más
fácil de interpretar, la mayor sensibilidad de las escalas del MCMI-IV ofrece más información al profesional
y reduce la necesidad de interpretar elevaciones de los patrones de la personalidad por debajo de las tasas
base de 75 y 85.
Por el contrario, en algunas escalas del MCMI-IV se ha mantenido o incrementado la especificidad respecto
a su predecesor. Este es el caso de las escalas de los síndromes clínicos A (Ansiedad generalizada), SS (Es-
pectro esquizofrénico) y PP (Delirante), en las que es necesario que el paciente reconozca un mayor número
de síntomas para obtener una elevación significativa en el perfil de resultados.
En el capítulo 6 se ofrece más información sobre la validez diagnóstica del MCMI-IV y los coeficientes de
sensibilidad y especificidad obtenidos en la muestra de tipificación española.
Los profesionales que utilicen el MCMI-IV también deben tener especial consideración en la interpretación de
las escalas B (Consumo de alcohol} y T (Consumo de drogas). Debido a la naturaleza de estos constructos
y la distribución de los datos, ambas escalas presentan un efecto suelo considerable: una o dos respuestas
afirmativas a los ítems que conforman cada una de estas escalas resultan en una tasa base de 60, es decir,
la puntuación promedio de la muestra de tipificación. Se recomienda seguir las consignas de interpretación
propuestas en el capítulo 4 de este manual para la interpretación de los síndromes clínicos: las elevaciones
de tasas base entre 75 y 84 indican que hay un síndrome que está presente, mientras que las tasas base
iguales o superiores a 85 pueden indicar que hay un síndrome que sobresale o que es prominente.
A diferencia de su predecesor, el informe de resultados del MCMI-IV ofrece también puntuaciones percenti-
les. Estas puntuaciones, como se describe en el capítulo 2, son un indicador de la frecuencia y representan el
porcentaje de sujetos de la muestra de tipificación que obtuvieron una puntuación igual o inferior a una tasa
base determinada. Aunque los percentiles resultan informativos, dado que las escalas del MCMI-IV tienen
diferentes curvas de distribución, la relación entre las tasas base y los percentiles varía entre las escalas y,
por tanto, se recomienda basar la interpretación del perfil de un paciente únicamente en las tasas base.
Fiabilidad
La fiabilidad de un test es la exactitud, consistencia y estabilidad de las puntuaciones en diferentes situacio-
nes (Anastasi y Urbina, 1998; Sattler, 2008); y puede medirse de diversas formas en función de la fuente del
error que se tenga en cuenta. En este capítulo se analizan los tipos de fiabilidad siguientes:
■ Consistencia interna, que indica el grado en que todos los ítems de una escala miden la misma
dimensión conductual o emocional.
■ Estabilidad temporal: test-retest, que indica la consistencia de las respuestas dadas por el mismo
sujeto tras un breve intervalo de tiempo.
Consistencia interna
La consistencia interna muestra en qué medida los ítems de una escala representan la misma dimensión
subyacente. Para estimar la consistencia interna, se calcularon los coeficientes ordinales alfa. A diferencia
de los coeficientes alfa de Cronbach, los coeficientes ordinales alfa basan sus estimaciones en el peso de
las variables latentes en lugar de las correlaciones entre las variables manifiestas y, por tanto, son más pre-
cisos cuando se trata de analizar datos binarios u ordinales (Gadermann, Guhn, y Zumbo, 2012; Peters, 2014;
McNeish, 2017; Zumbo, Gadermann y Zeisser, 2007).
En la tabla 6.1 se presentan las estimaciones de fiabilidad para las puntuaciones de las escalas de los
patrones de la personalidad (1-P), las de los síndromes clínicos (A-PP) y las de las facetas de Grossman,
a partir de los datos recogidos de la muestra de tipificación española del MCMI-IV. Para las escalas de los
patrones de la personalidad, todos los coeficientes de fiabilidad se consideran excelentes (con una media
de .89), excepto para la escala 7 (Compulsivo), que se considera adecuado. Respecto a las escalas de los
síndromes clínicos, todos los coeficientes se consideran excelentes (con una media de .91), excepto para
la escala N (Espectro bipolar), que se considera adecuado. En cuanto a las facetas de Grossman, la media
de los coeficientes es de .86, los coeficientes de fiabilidad se consideran excelentes para 31 facetas, bue-
nos para 7 facetas, adecuados para 6 facetas y adecuados con carencias para 1 faceta. Las facetas de
Grossman con coeficientes más bajos se consideran elementos principales de las escalas correspondientes
Y, por ello, se mantienen en el inventario. Además, debe tenerse en cuenta la brevedad de algunas escalas y
la naturaleza politética de los constructos de la personalidad clínica. Véase Prieto y Muñiz [2000] para valorar
los coeficientes de consistencia interna.
Alfa
---------------------- Alfa
Patrones clínicos de la personalidad Patología grave de la personalidad
1. Esquizoide .89 S. Esquizotípico .94
1.1. lnterpersonalmente desvinculado .8 1 5.1. Cognitivamente circunstancial .9 1
1.2. Contenido escaso .87 5.2. Autoimagen disociada .9 1
1.3. Temperamentalmente apático .90 5.3. Contenido caótico .90
2A. Evitativo .92 C. Límite .94
2A.1 . lnterpersonalmente aversivo .86 C.1. Autoimagen inestable .94
2A.2. Autoimagen alienada .88 C.2. Arquitectura disgregada .90
\ C.3. Temperamentalmente lábil
2A.3 . Contenido vejatorio .88 .90
2B. Melancólico .96 P. Paranoide .9 1
2B.1. Cognitivamente fatalista .91 P.1. Expresivamente defensivo .83
2A.2 . Autoimagen inútil .92 P.2. Cognitivamente desconfiado .83
2B.3. Temperamentalmente afl igido .95 P.3. Dinámicas de proyección .89
3. Dependiente .8 5 Síndromes clínicos
3.1 . Expresivamente pueril .86 A. Ansiedad general izada .9 1
3.2. lnterpersonalmente sumiso .68 H. Síntomas somáticos .9 1
3.3. Autoimagen inepta .88 N. Espectro bipolar .77
4A. Histriónico .89 D. Depresión persistente .96
4A.1. Expresivamente dramático .84 B. Consumo de alcohol .88
4A.2. lnterpersonalmente buscador de atención .87 T. Consumo de drogas .92
4A.3 . Temperamentalment e inconstante .9 1 R. Estrés postraumático .92
4B. Tempestuoso .93 Síndromes clínicos graves
4B.1. Expresivamente impetuoso .91 SS. Espectro esqui zofrénico .93
4B.2. lnterpersonalmente eufórico .82 CC. Depresión mayor .96
4B .3. Autoimagen sobreestimada .85 PP. Delirante .92
S. Narcisista .86
5.1. lnterpersonalmente explotador .84
5.2. Cognitivamente expansivo .89
5.3. Autoimagen admirable .75
6A. Antisocial .86
6A.1. lnterpersonalmente irresponsable .79
6A.2. Autoimagen autónoma .75
6A.3. Dinámicas de irreflexión (paso al acto) .90
6B. Sádico .88
6B.1 . Expresivamente precipitado .83
6B.2. lnterpersonalmente desagradable .78
6B .3. Arquitectura eruptiva .89
7. Compulsivo .70
7.1. Expresivamente disciplinado .78
7.2. Cognitivamente constreñido .88
7.3. Autoimagen responsable .77
SA. Negativista .91
SA.1. Expresivamente resentido .86
BA.2. Autoimagen descontenta .89
BA.3. Temperamentalmente irritable .92
8B. Masoquista .94
8B .1. Autoimagen desmerecedora .92
8B.2. Arquitectura invertida .87
8B.3. Temperamentalmente disfórico .90
Tabla 6.2. Datos demográficos del estudio de estabilidad test-retest y del estudio de las correlaciones con el BSI 18
y el MCMI-III (datos españoles)
N % N % N %
La fiabilidad test-retest se estimó empleando la correlación de Pearson. En la tabla 6.3 se presentan la media
Y la desviación típica de los inventarios en la primera y la segunda aplicación. Las tablas también recogen
las diferencias típicas (tamaño del efecto) entre la primera y la segunda aplicación, así como los coeficientes
de correlación corregidos de acuerdo con la variabilidad de la muestra de tipificación española (Allen y Yen ,
2002; Magnusson, 1967). La diferencia típica se calculó usando la diferencia de la puntuación media obtenida
en las dos aplicaciones dividida por la desviación típica común (Cohen, 1988).
Los coeficientes de estabilidad test-retest para las puntuaciones de las escalas, por lo general, muestran una
estabilidad de buena a excelente, siendo la mayoría de los coeficientes corregidos iguales o superiores a .80
(véase Prieto y Muñiz [2000] para valorar los coeficientes de estabilidad temporal). Las puntuaciones medias
de las dos aplicaciones son muy similares, con la mayoría de los tamaños del efecto inferiores a .20, lo que
indica que el rendimiento en el intervalo de tiempo se ha mantenido estable.
Alfa
------------- Alfa
Patrones clínicos de la personalidad Patología grave de la personalidad
1. Esqui zoide .89 S. Esquizotípico .94
1.1. lnterpersonalmente desvinculado .8 1 5.1. Cognitivamente circunstancial .91
1.2. Contenido escaso .87 5.2. Autoimagen disociada .9 1
1.3. Temperamentalmente apático .90 5.3. Contenido caótico .90
2A. Evitativo .92 C. Límite .94
2A.1 . lnterpersonalmente aversivo .86 C.1. Auto imagen inestable .94
2A.2. Autoimagen alienada .88 C.2. Arquitectura disgregada .90
2A.3. Contenido vejatorio .88 C.3. Temperamentalmente lábil .90
28. Melancólico .96 P. Paranoide .91
28.1 . Cognitivamente fatalista .91 P.1. Expresivamente defensivo .83
2A.2. Autoimagen inúti l .92 P.2. Cognitivamente desconfiado .83
28.3. Temperamentalmente afligido .95 P.3. Dinámicas de proyección .89
3. Dependiente .85 Síndromes clínicos
3.1. Expresivamente pueril .86 A. Ansiedad generalizada .91
3.2. lnterpersonalmente sumiso .68 H. Síntomas somáticos .9 1
3.3. Autoimagen inepta .88 N. Espectro bipolar .77
4A. Histriónico .89 D. Depresión persistente .96
4A.1. Expresivamente dramático .84 8. Consumo de alcohol .88
4A.2. lnterpersonalmente buscador de atención .87 T. Consumo de drogas .92
4A.3. Temperamentalmente inconstante .91 R. Estrés postra umático .92
48. Tempestuoso .93 Síndromes clínicos graves
48.1 . Expresivamente impetuoso .9 1 SS. Espectro esquizofrénico .93
48.2. lnterpersonalmente eufórico .82 CC. Depresión mayor .96
48.3. Autoimagen sobreestimada .85 PP. Delirante .92
5. Narcisista .86
5.1. lnterpersonalmente explotador .84
5.2. Cognitivamente expansivo .89
5.3. Autoimagen admirable .75
6A. Antisocial .86
6A.1 . lnterpersonalmente irresponsable .79
6A.2. Autoimagen autónoma .75
6A.3. Dinámicas de irreflexión (paso al acto) .90
68. Sádico .88
68 .1. Expresivamente precipitado .83
68 .2. lnterpersonalmente desagradable .78
68.3. Arquitectura eruptiva .89
7. Compulsivo .70
7.1 . Expresivamente disciplinado .78
7.2. Cognitivamente constreñido .88
7.3. Autoimagen responsable .77
8A. Negativista .9 1
8A.1. Expresivamente resentido .86
8A.2. Autoimagen descontenta .89
8A.3. Temperamentalmente irritable .92
88. Masoquista .94
88.1. Autoimagen desmerecedora .92
88.2. Arquitectura invertida .87
88 .3. Temperamentalmente disfórico .90
Tabla 6.2. Datos demográficos del estudio de estabilidad test-retest y del estudio de las correlaciones con el BSI 18
y el MCMI-III (datos españ oles)
La fiabilidad test-retest se estimó empleando la correlación de Pearson. En la tabla 6.3 se presentan la media
y la desviación típica de los inventarios en la primera y la segunda aplicación. Las tablas también recogen
las diferencias típicas (tamaño del efecto) entre la primera y la segunda aplicación, así como los coeficientes
de correlación corregidos de acuerdo con la variabilidad de la muestra de tipificación española (Allen y Yen,
2002; Magnusson, 1967). La diferencia típica se calculó usando la diferencia de la puntuación media obtenida
en las dos aplicaciones dividida por la desviación típica común (Cohen, 1988).
Los coeficientes de estabilidad test-retest para las puntuaciones de las escalas, por lo general, muestran una
estabilidad de buena a excelente, siendo la mayoría de los coeficientes corregidos iguales o superiores a .80
(véase Prieto y Muñiz [2000] para valorar los coeficientes de estabilidad temporal). Las puntuaciones medias
de las dos aplicaciones son muy similares, con la mayoría de los tamaños del efecto inferiores a .20, lo que
indica que el rendimiento en el intervalo de tiempo se ha mantenido estable.
• Las correlaciones se corrigieron de acuerdo con la variabilidad de la muestra de tipificación española (Allen y Yen, 2002; Magnusson, 1967).
bla diferencia típica es la diferencia entre las medias de las dos aplicaciones dividida por la raíz cuadrada de la varianza común: calculada mediante la fórmula de Cohen
(1996, fórmula 10.4).
' Las correlaciones se corrigieron de acuerdo con la variabilidad de la muest ra de t ipifi cación española (Al len y Yen, 2002; Magn usson, 1967).
• La diferenci a t ípica es la diferencia entre las medias de las dos aplicaciones dividida por la raíz cuadrada de la varia nza común, calculada med iante la fórmula de Cohen
(1996, fórmula 10.4).
A continuación se analizan las evidencias de la validez de la adaptación española del MCMI-IV basadas en
las intercorrelaciones de las escalas, en las relaciones con otras medidas y en la capacidad de predecir las
valoraciones de los profesionales clínicos.
\
Respecto a los patrones de la personalidad (1-P), las correlaciones negativas más altas se observan entre
la escala 4A (Histriónico) y la mayoría de las escalas de los patrones de la personalidad; y entre la escala
48 (Tempestuoso) y la mayoría de las escalas de los patrones de personalidad. Sin embargo, y como era
previsible, la correlación entre la escala 4A y 48 es alta y positiva; dado que en ambas escalas tienden a des-
tacar rasgos de la personalidad que, cuando se presentan con moderación, son positivos. Otra correlación
negativa significativa se encuentra entre las escalas 7 (Compulsivo) y 6A (Antisocial), posiblemente debido a
que tienen tendencias opuestas de atribución de la responsabilidad y la culpa. Las correlaciones positivas
más altas se observan entre las escalas 28 (Melancólico), 88 (Masoquista) y C (Límite), posiblemente porque
todas ellas comparten rasgos relacionados con la baja autoestima y el sentimiento de no ser merecedores
de aspectos positivos.
En cuanto a los síndromes clínicos (A-PP), los patrones de correlaciones son los esperados. Las correlacio-
nes más altas se observan entre la escala CC (Depresión mayor) y las escalas D (Depresión persistente) y H
(Síntomas somáticos); así como entre estas dos últimas escalas. Estas tres escalas comparten síntomas de
enlentecimiento psicomotriz y problemas físicos. En general, se observan correlaciones moderadas o altas
entre la escala A (Ansiedad generalizada) y el resto de las escalas. Las escalas A (Ansiedad generalizada) y
SS (Espectro esquizofrénico) muestran una correlación alta, que posiblemente refleja la tendencia común a
presentar interferencias cognitivas abrumadoras.
Respecto a los índices modificadores (X, Y y Z), las correlaciones reflejan los patrones previstos. Por una par-
te, se observa una correlación alta entre las escalas X (Sinceridad) y Z (Devaluación), lo cual es consistente
con la realidad clínica: mayores niveles de franqueza asociados a la tendencia de mostrar una imagen más
negativa de uno mismo. Por otra parte, al contrario, la escala Y (Deseabilidad) correlaciona negativamente
con los otros dos índices modificadores, lo cual es consistente con la negación del patrón de petición de
ayuda.
'<
Escala 1 2A 2B 3 4A 4B 5 6A 6B 7 8A 8B 5 e p A H N D B T R SS ce pp X y z
.,(") 1
-o
;:;.•
e:
i5 2A .71
a,
2B .64 .76
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g 3 .48 .67 .65
.,e:a. 4A -.68 -.73 -.50 -.41
'<
<
!!!. 4B -.56 -.66 -.59 -.45 .81
e:
(D
N 5 .04 -.08 .00 -.08 .34 .36
6A .14 .08 .14 .05 .12 .09 .56
6B .3 1 .27 .36 .15 -.06 -.11 .39 .48
7 .03 .03 .03 .08 .00 .15 -.03 -.35 -.07
8A .55 .61 .71 .51 -.30 -.33 .29 .32 .63 .05
8B .60 .76 .87 .64 -.49 -.57 .06 .23 .39 -.03 .69
s .71 .75 .79 .57 -.47 -.47 .20 .29 .48 .01 .77 .79
e .61 .70 .88 .61 -.42 -.50 .13 .28 .47 .01 .77 .87 .83
p .57 .57 .52 .39 -.30 -.20 .36 .29 .53 .07 .76 .54 .72 .55
A .50 .56 .73 .53 -.33 -.40 .09 .14 .33 .06 .62 .64 .75 .73 .48
H .49 .49 .66 .42 -.35 -.47 .06 .08 .24 .01 .51 .57 .59 .64 .38 .70
N .17 .15 .27 .1 7 .18 .19 .54 .49 .49 -.04 .49 .29 .44 .40 .41 .37 .24
D .65 .72 .92 .63 -.50 -.61 .02 .14 .34 .00 .69 .82 .77 .86 .50 .75 .76 .25
B .27 .30 .37 .26 -.1O -.13 .31 .56 .40 -.15 .41 .46 .42 .44 .35 .28 .19 .41 .33
T .06 .03 .03 .02 .07 .08 .25 .60 .30 -.29 .15 .11 .15 .14 .17 .04 .02 .29 .04 .38
R .45 .45 .60 .40 -.22 -.26 .20 .23 .38 .07 .6 1 .56 .66 .66 .50 .78 .56 .39 .63 .32 .13
SS .64 .69 .76 .55 -.40 -.42 .20 .25 .46 .06 .75 .72 .91 .81 .70 .83 .64 .44 .77 .36 .11 .70
ce .58 .58 .81 .50 -.41 -.54 .03 .10 .29 .01 .60 .69 .68 .79 .43 .74 .86 .23 .91 .24 .01 .62 .72
pp .44 .41 .43 .31 -.1 1 -.06 .49 .35 .44 .06 .63 .44 .66 .49 .78 .48 .39 .50 .43 .34 .19 .48 .66 .40
X .63 .65 .75 .60 -.25 -.22 .45 .43 .62 .15 .85 .74 .82 .81 .77 .66 .53 .58 .73 .51 .22 .64 .79 .64 .70
y -.59 -.69 -.60 -.47 .79 .90 .27 -.06 -.20 .28 -.40 -.61 -.53 -.54 -.26 -.43 -.45 .10 -.61 -.25 -.07 -.30 -.46 -.51 -.12 -.29
...
(11
z .62 .68 .88 .60 -.44 -.53 .08 .18 .41 .02 .75 .79 .79 .89 .54 .83 .79 .34 .93 .33 .06 .70 .81 .90 .49 .76 -.54
Los resultados de las correlaciones entre las escalas del MCMI-IV y las escalas del BSI 18 se presentan en
la tabla 6.5. Se utilizaron los baremos españoles de trabajadores en activo del BSI 18 específicos para cada
uno de los sexos. En general, el patrón de correlaciones es consistente con los valores esperados. Por ejem-
plo, las correlaciones más altas de la dimensión de Somatización del BSI 18 se observan con las escalas A
(Ansiedad generalizada) y H (Síntomas somáticos) del MCMI-IV. Asimismo, las correlaciones más altas de la
dimensión de Depresión del BSI 18 se dan con las escalas D (Depresión persistente), CC (Depresión mayor)
y C (Límite) del MCMI-IV. En lo que se refiere a la dimensión de Ansiedad del BSI 18, la correlación más alta
se observa con la escala A (Ansiedad generalizada) del MCMI-IV. Por último, el Índice global de severidad
(IGS) del BSI 18 muestra las corr,elaciones más elevadas con las escalas CC (Depresión mayor) y A (Ansiedad
generalizada).
En cuanto a las diferencias entre las medias de las puntuaciones de las escalas correspondientes son, en ge-
neral, entre moderadas y pequeñas. Las diferencias más grandes se observan en la escala 4 (Histriónico) del
MCMl-111 en relación con las escalas 4A (Histriónico) y 4B (Tempestuoso) del MCMI-IV. También se observan
ligeras diferencias en las medias de l~s escalas A (Ansiedad generalizada), N (Espectro bipolar), B (Consumo
de alcohol) y R (Estrés postraumático) del MCMI-IV respecto a las escalas correspondientes del MCMl-111.
Estas diferencias pueden deberse a ligeros cambios en el contenido de los ítems de la escala y a la mayor
sensibilidad de las escalas.
al MCMl-111
MCM-IV 1 2A 28 3 4 5 6A 68 7 8A 88 S C P A H N D 8 T R SS ce pp !Media Dt
1 Esquizoide .75 .69 .37 .33 -.71 -.57 -.02 .15 -.28 .27 .43 .61 .35 .54 .45 .48 .03 .59 .03 -.04 .38 .56 .58 .24 53.3 27 .1
2A Evitativo .55 .80 .46 .51 -.72 -.62 -.09 .20 -.31 .29 .45 .68 .42 .48 .59 .54 .10 .63 .00 -.11 .43 .65 .63 .18 49.3 35.0
28 Melancólico .48 .58 .68 .62 -.47 -.58 .01 .23 -.27 .43 .55 .52 .48 .43 .65 .70 .31 .83 .02 -.02 .59 .66 .79 .12 42.2 33 .0
3 Depend iente .32 .60 .51 .70 -.42 -.46 -.04 .17 -.22 .29 .41 .47 .44 .42 .62 .52 .15 .58 -.02 -.08 .47 .59 .60 .21 51.0 27 .9
4A Histriónico -.64 -.80 -.35 -.37 .81 .80 .25 .06 .20 .00 -.33 -. 52 -.22 -.32 -.45 -.44 .17 -.58 .10 .24 -.26 -.48 -.51 -.11 56.3 26.3
48 Tempestuoso -.47 -.66 -.37 -.38 .61 .77 .17 -.06 .35 .01 -.32 -.39 -.35 -.17 -.43 -.45 .09 -.59 .04 .17 -.24 -.48 -.54 .02 56.2 25.5
5 Narcisista -.26 -.32 -.01 -.09 .23 .56 .40 .39 -.15 .39 -.01 .07 .17 .13 -.09 -.22 .42 -. 15 .20 .34 .08 .01 -.17_,.- .27 54.5 26 .6
6A Antisocial -.05 -.05 .04 .12 -. 06 .23 .71 .54 -.45 .45 .11 .09 .31 .29 -.01 -.14 .43 .00 .59 .61 .10 .20 -.04 .13 49 .5 27.5
68 Sádico .19 .15 .34 .19 -.13 .16 .49 .73 -.35 .66 .30 .36 .57 .42 .29 .12 .52 .25 .23 .40 .37 .44 .25 .26 44.6 25 .7
7 Compulsivo .03 -.16 .24 .13 .11 .10 -.15 -.05 .45 .17 .04 .03 ~ 11 .00 .20 .11 .05 .06 -.12 -.19 .30 .02 .04 -.06 62.4 20 .0
8A Ne gativista .41 .37 .53 .45 -.35 -. 16 .31 .52 -.27 .74 .45 -~ ~ .64 .49 .47 .47 .55 .15 .25 .58 .62 .57 .23 47 .1 29 .8
88 Masoquista .45 .63 .57 .59 -.55 -.57 .07 .21 -.38 .41 .61 .50 .53 .35 .55 .53 .23 .73 .07 .06 .50 .66 .65 .02 40 .1 27.3
Patología grave de la personalidad
S Esquizotípico \ .59 .64 .50 .50 -.62 -.51 .04 .25 -.35 .37 .51 .73 .48 .63 .60 .53 .27 .65 .06 .04 .53 .69 .64 .35 40.8 28.4
C Límite .48 .48 .58 .50 -.39 -.45 .15 .29 -.32 .47 .49 .47 .54 .45 .55 .59 .34 .74 .10 .10 .57 .68 .75 .14 42 .6 30.3
P Paranoide .57 .55 .40 .38 -.54 -.31 .15 .36 -.23 .46 .39 .68 .38 .84 .52 .51 .34 .50 .09 .12 .45 .61 .54 .55 51.2 29.9
Síndromes clínicos
A Ansiedad generalizada .43 .48 .59 .57 -.31 -.43 .11 .32 -.25 .36 .41 .51 .46 .49 .72 .67 .42 .67 .16 .08 .62 .65 .72 .29 47 .9 33 .3
H Síntomas somáticos .44 .48 .53 .48 -.31 -.48 -.07 .1 O -.18 .29 .43 .38 .33 .38 .55 .75 .29 .75 -.04 -.05 .42 .57 .77 .14 45.5 32 .1
N Espectro bipolar -.11 -.16 .24 .09 .1O .29 .46 .47 -.32 .52 .19 .18 .33 .32 .14 .08 .71 .15 .25 .40 .25 .25 .13 .24 60 .0 24.5
;::: D Depresión pe rsistente .53 .56 .62 .59 -.47 -.55 .00 .21 -.26 .39 .52 .49 .43 .45 .64 .76 .31 .87 .02 .00 .54 .68 .86 .15 45 .2 35.1
o
;:::
8 Consumo de alcohol .07 -.11 .05 .06 -.11 .08 .62 .37 -.43 .22 .08 .05 .23 .16 -.02 -.07 .29 .05 .65 .57 .13 .16 .04 .08 47 .1 40.3
'< T Consumo de drogas -.02 -.01 -.14 .07 -.13 .04 .61 .48 -.35 .18 .04 -.09 .28 .09 - 03 -.1 O .26 -.06 .54 .69 .01 .11 .05 .07 52 .2 34.3
o R Estrés po straumático .40 .25 .41 .41 -.22 -.18 .22 .31 -.16 .42 .23 .34 .37 .39 .59 .47 .35 .48 .16 .26 .70 .42 .51
lll
'O
.23 38.6 30.9
É~
Síndromes clínicos graves
o
a,
SS Espectro esquizofrénico .59 .57 .56 .52 -.51 -.47 .08 .29 -.25 .43 .49 .70 .48 .69 .69 .61 .42 .71 .12 .04 .62 .80 .72 .43 44.4 27.9
.,,¡¡;· CC Depresión mayor .52 .53 .56 .50 -.41 -.52 -.03 .20 -.21 .34 .45 .44 .40 .40 .62 .80 .31 .84 -.01 -.01 .50 .63 .91 .12 43 .5 37.2
g
a:
lll
PP Delirante .38 .36 .37 .39 -.34 -.17 .14 .25 -.15 .27 .25 .67 .27 .72 .52 .33 .32 .33 .18 .11 .50 .53 .37 .67 48 .8 26 .4
a.
'< Media 49.5 47.4 43 .5 50 .1 43 .6 56 .7 46 .0 45 .8 59 .1 46 .0 37.5 41 .4 43 .7 51.3 62 .7 43 .8 52 .3 43.7 56.5 48.9 45.4 45.7 41 .1 53 .6
<
'!!. Dt
a: 22.9 24.4 26 .1 24 .8 25.9 20.9 23.4 21 .8 22.0 25 .5 19.8 25 .3 21.3 24.5 32 .1 30.7 24.8 32 .8 22.4 30.2 25 .7 28.7 29 .9 29 .3
~
Efici encia diagnóstica
corno se ha expuesto en el capítulo 4 y 5, diversos profesionales cumplimentaron el cuestionario para el
clínico sobre cada uno de los pacientes que participaron en la adaptación española del MCMI-IV. En este
cuestionario, los profesionales indicaron, para cada patrón de la personalidad (1-P) y cada síndrome clínico
(A-PP), el nivel de disfunción del paciente. Para consultar la descripción de cada nivel de disfunción, véase
el anexo G. Estas 942 valoraciones de los profesionales, utilizadas para establecer las prevalencias a partir
de las cuales se crearon las tasas base, permitieron evaluar la eficiencia diagnóstica de las puntuaciones de
las escalas del MCMI-IV.
En primer lugar, para cada escala del MCMI-IV, se clasificó a los pacientes en dos categorías en función de
su tasa base: positivo (tasa base igual o superior a 75) o negativo (tasa base inferior a 75). En segundo lugar,
y corno criterio de referencia del verdadero diagnóstico del paciente, se utilizaron las valoraciones de los
profesionales para clasificar a los pacientes en dos categorías: con trastorno (nivel de disfunción grave o con
diagnóstico DSM-5 o CIE-10) o sin trastorno (nivel de disfunción ninguno, leve o moderado).
La figura 6.1 presenta las combinaciones que surgen al comparar la clasificación de los pacientes en función
del test (puntuación de la tasa base) y en función del criterio de referencia (valoración de los profesionales).
Estas combinaciones permiten calcular los valores de sensibilidad y especificidad que permiten analizar la
validez diagnóstica de un test. La sensibilidad se obtiene mediante la operación a -;- (a + b); y la especifici-
dad, mediante d -;- (c + d). La sensibilidad indica la probabilidad de que un sujeto que presenta un determi-
nado trastorno obtenga un resultado positivo en el test. La especificidad indica la probabilidad de que un
sujeto que no presenta un determinado trastorno obtenga un resultado negativo en la medición de dicho
problema en el test.
Figura 6.1. Combinaciones posibles en función de la clasificación del test y del criterio de referencia
Otros dos estadísticos que permiten analizar la validez diagnóstica son el valor predictivo positivo (VPP) y el
valor predictivo negativo (VPN).
donde a y e representan las frecuencias indicadas en la figura 6.1; y TB, la tasa base. El VPP se interpreta
como la probabilidad de que un sujeto que obtiene un resultado positivo en un test presente el trastorno
medido por dicho test.
Y se interpreta como la probabilidad de que un sujeto que obtiene un resultado negativo en un test no pre-
sente el trastorno medido por dicho test.
Un VPP = 1 indica que no hay falsos positivos, y un VPP = 0.5 indica que hay un 50 % de falsos positivos.
Igualmente, un VPN = 1 indica que no hay falsos negativos, y un VPN = 0.5 indica que hay un 50 % de falsos
negativos.
Los valores de sensibilidad y especificidad son independientes de la prevalencia del trastorno correspon-
diente, pero el VPP y el VPN no lo son. Por ello, la sensibilidad y la especificidad ofrecen datos estadísticos
globales sobre la precisión de la clasificación proporcionada por los resultados de un test, si bien estos datos
Tabla 6.7. Valores de eficiencia diagnóstica de las escalas del MCMI-IV (datos españoles)
8B Masoquista .22 .85 VPP .07 .14 .20 .26 .38 .59
VPN .95 .91 .86 .8 1 .72 .52
Patología grave de la
personalidad
s Esquizotípico .29 .86 VPP .10 .19 .27 .34 .47 .67
VPN .96 .92 .87 .83 .74 .5 5
80
-- MCMI -IV Capítu lo 6 Fiabilidad y validez
Tabla 6.7. Valores de eficiencia diagnóstica de las escalas del MCMI-IV (datos españoles) (continuación)
En la tabla 6.7, para cada escala se presenta el VPP y el VPN de seis tasas de prevalencia (5 %, 10 %, 15 % ,
20 %, 30 % y 50 %), de modo que se cubre la variabilidad de las tasas de prevalencia de las escalas de los
patrones de la personalidad y de los síndromes clínicos del MCMI-IV. Como muestra la tabla, el VPP aumen-
ta conforme aumenta la tasa de prevalencia; mientras que el VPN disminuye conforme aumenta la tasa de
prevalencia (para más información sobre esta relación, véase Glaros y Kline, 1988). Los valores de sensibili-
dad son iguales o superiores a .50 para 13 de las 25 escalas (lo que indica una probabilidad igual o superior
al 50 % de que una paciente con una puntuación elevada realmente presente el trastorno). Los valores de
especificidad son superiores a .50 para todas las escalas.
Ítems
1. Últimamente parece que me quedo sin fuerzas, 16. Últimamente he comenzado a sentir deseos de
incluso por la mañana. destrozar cosas.
2. Siempre me aseguro de que mi trabajo esté bien 17. Las cosas que hoy van bien no durarán mucho
planeado y organizado. tiempo.
3. Disfruto haciendo tantas cosas diferentes que no 18. A veces, cuando las cosas empiezan a irme mal ,
puedo decidir por cuál empezar. me siento como si estuviera loco o fuera de la
realidad .
4. Me preocupa que las personas de las que
dependo me abandonen. 19. Hago lo que quiero sin preocuparme de las
consecuencias que tenga en los demás.
5. Aunque me da miedo hacer amistades, me
gustaría tener más de las que tengo. 20. Afronto mis actividades diarias con mucha
energía y persistencia.
6. Raramente exteriorizo los pocos sentimientos
que tengo. 21. Nunca perdono una ofensa ni olvido una situación
embarazosa que alguien me haya causado.
7. Me cuesta mantener el equilibrio cuando
camino . 22. Me siento extremadamente deprimido y triste
gran parte del tiempo.
8. Siempre busco oportunidades nuevas que me
resulten emocionantes. 23. Siempre tiendo a culparme cuando las cosas van
mal.
9. Algunas veces puedo ser bastante duro y
desagradable con mi familia. 24. Hace mucho tiempo decidí que es mejor tener
poca relación con la gente.
10. Me gusta ser el centro de atención.
25. Tengo un problema con el alcohol que nos ha
11. De adolescente tuve muchos problemas por mi creado dificultades a mí y a mi familia.
mal comportamiento en la escuela o instituto.
26. Soy una persona socialmente muy reservada y
12. Me da miedo hacerme muy amigo de alguien tímida.
porque podría acabar sintiéndome ridiculizado o
avergonzado. 27. Muchas veces me siento muy alegre y animado
sin ninguna razón .
13. Noto que la gente está hablando de mí cuando
paso a su lado. 28. En las últimas semanas me he sentido agotado
sin ningún motivo en particular.
14. Hace unos años comencé a sentirme un
fracasado. 29. Mi tiempo es más valioso que el de los demás.
15. Si puedo elegir, prefiero hacer las cosas solo. 30. Siempre estoy buscando hacer nuevas amistades
y conocer gente nueva.
32. Simplemente, no he tenido la suerte que otras 53. Mis actividades cotidianas me animan y motivan.
personas han tenido en la vida.
54. Tengo muchas ideas que son avanzadas para los
33. Las ideas me dan vueltas en la cabeza una y otra tiempos actuales.
vez y no desaparecen.
55. Desde que sufrí una conmoción cerebral grave,
34. Desde hace uno o dos año~. al pensar sobre la ya no puedo concentrarme en nada.
vida, me siento muy triste y .,desanimado.
56. Antes la gente decía que me interesaba y me
35. Intento hacerlo todo tan perfecto como sea entusiasmaba demasiado por muchas cosas.
posible.
57. He perdido el apetito por completo, y la mayoría
36. Mi adicción a las drogas hizo que faltara al de las noches tengo problemas para dormir.
trabajo.
58. Desde que era niño he ido perdiendo contacto
37. Mi estado de ánimo varía mucho de un día para con la realidad .
otro.
59. No puedo sentir mucho placer porque no creo
38. Utilizo mi encanto para conseguir lo que quiero. que lo merezca.
39. A menudo pienso que no merezco las cosas 60. Prefiero que me digan lo que tengo que hacer en
buenas que me pasan. lugar de decidir por mí mismo.
40. En el pasado me corté o autolesioné a propósito. 61 . Consumir drogas me ha causado discusiones con
mi familia.
41. Tengo la sensación de que no duermo, y me
levanto tan cansado como al acostarme. 62. El recuerdo de una experiencia muy perturbadora
sigue presente en mis pensamientos y me
42. A menudo dejo que los demás tomen por mí obsesiona.
decisiones importantes.
63. La mayoría de la gente me considera una persona
43. Parece que pocas cosas me entristecen o me prudente y cuidadosa.
alegran.
64. Parece que he perdido el interés en la mayoría de
44. A menudo tengo pensamientos extraños de los las cosas que solía encontrar placenteras, como
que desearía librarme. el sexo.
45. Tengo muchos problemas para controlar el 65. He tenido problemas con la ley un par de veces.
impulso de beber alcohol en exceso.
66. He tenido que ser muy duro con algunas
46. Hago amistades con mucha más facilidad que la personas para mantenerlas a raya.
mayoría de la gente que conozco.
67. Estoy muy seguro de mí mismo.
47. Me da vergüenza el maltrato que sufrí cuando era
joven. 68. La gente intenta hacerme creer que estoy loco.
48. Me parece muy bien que haya normas porque 69. Me doy atracones de comida un par de veces a la
son una buena guía a seguir. semana.
49. El año pasado aparecí en la portada de varias 70. Frecuentemente siento que no hay nada dentro
revistas. de mí, como si estuviera vacío y hueco.
50. A menudo me enfado con la gente que hace las 71. Siempre me ha resultado difícil dejar de sentirme
cosas lentamente. deprimido y triste.
51. Me paso la vida preocupándome por una cosa u 72. Cuando estoy solo y lejos de casa, a menudo
otra. comienzo a sentirme tenso' y entro en pánico.
74. Me cuesta controlar mi ira. 95. Alguien ha estado intentando controlar mi mente.
75. Soy una persona muy optimista. 96. La mayoría de las personas que han triunfado han
tenido suerte o han sido deshonestas.
76. Años después, aún tengo pesadillas sobre un
hecho que fue una amenaza real para mi vida. 97. A menudo irrito a la gente dándoles órdenes.
\
77. Me parece que necesito que alguien me oriente 98. No he visto un coche en los últimos diez años.
para hacer las cosas.
99. Siempre me siento cohibido y tenso en las
78. Recientemente he pensado muy en serio en reuniones sociales.
quitarme la vida.
100. Creo que provoco situaciones en las que resulto
79. Hay mala gente que intenta llevarse el mérito de herido o me siento rechazado.
lo que he hecho o pensado.
101 . Me siento profundamente deprimido sin saber por
80. Últimamente estoy destrozado. qué.
81. Consumir drogas puede ser irresponsable, pero 102. La gente dice que soy una persona delgada, pero
en el pasado las he necesitado. creo que mis muslos y mi trasero son demasiado
grandes.
82. Soy una persona muy variable, cambio de opinión
y sentimientos continuamente. 103. A menudo disfruto provocando una discusión o
una pelea.
83. Se me da muy bien inventar excusas cuando me
meto en problemas. 104. Tengo mucho cuidado en mantener mi vida como
algo privado, para que nadie pueda aprovecharse
84. Cuando estoy en una fiesta, nunca me aíslo de demí.
los demás.
105. El consumo de drogas me ha causado muchos
85. Parece que echo a perder las buenas problemas.
oportunidades que se cruzan en mi camino.
106. A menudo me echan la culpa por cosas de las que
86. Algunas veces me provoco el vómito después de no soy responsable.
comer.
107. Pensar en el futuro al comienzo de cada día me
87. Soy una persona especial , así que no me importa hace sentir extremadamente deprimido.
lo que piensen los demás.
108. A veces las personas se molestan conmigo porque
88. Observo atentamente a mi familia para saber en dicen que hablo mucho o demasiado deprisa.
quién se puede confiar y en quién no.
109. Yo nunca podría arreglármelas solo.
89. Ciertos pensamientos vuelven a mi mente una y
otra vez. 110. Mi cabeza no funciona bien desde que hace unos
años tuve una lesión cerebral.
90. Pocas cosas en la vida me resultan
placenteras. 111. Me siento solo y vacío la mayor parte del tiempo.
91. Me siento agitado y me cuesta concil iar el sueño 112. La gente se burla de mí a mis espaldas.
porque tengo recuerdos dolorosos dando vueltas
en mi cabeza. 113. Últimamente sudo mucho y me siento muy tenso.
92. A menudo me pierdo en mis pensamientos y me 114. Estas últimas semanas me he sentido cada vez
olvido de lo que está_pasando a mi alrededor. más triste.
93. Nunca he podido dejar de sentir que no valgo 115. Me enfurezco rápidamente con la gente que me
nada para los demás. molesta.
117. Me gusta mucho coquetear. 138. A menudo oigo cosas con tanta claridad que
me molesta.
118. Ya no tengo energía para concentrarme en mis
responsabilidades diarias. 139. Aparte de mi familia, tengo muy pocos amigos
íntimos.
119. Mis emociones no parecen ser tan intensas como
las del resto de la gente. \ 140. La desorganización me hace sentir muy
incómodo.
120. Me siento débil y cansado la mayor parte del
tiempo. 141 . A menudo critico mucho a la gente que me
irrita.
121. Ideas extrañas entran en mi mente, dan vueltas y
vueltas en mi cabeza, y no desaparecen. 142. Tengo muchas cualidades que los demás
querrían tener.
122. Los demás tienen oportunidades que yo no
tengo. 143. Terribles acontecimientos de mi pasado
reaparecen obsesivamente en mis
123. Repito ciertos comportamientos una y otra vez, pensamientos y sueños.
algunas veces para reducir mi ansiedad y otras
para evitar que pase algo malo. 144. Sé que he gastado más dinero en droga del que
debería.
124. He tomado medicación que no me habían
recetado. 145. A menudo, y antes de darme cuenta, me pongo
a gritar enfadado a mis amigos y familiares.
125. Mi vida actual todavía se ve afectada por
recuerdos e imágenes de algo terrible que me 146. Me preocupa que mi cuerpo se desgaste
pasó. rápidamente.
126. A menudo echo a perder las cosas buenas que 147. Está bien burlar la ley si es poco probable que
me ocurren. te atrapen.
127. Voces malvadas intentan apoderarse de mi 148. Creo que hay una conspiración contra mí.
mente.
149. Soy una persona solitaria y no me molesta.
128. Me siento muy culpable cuando pierdo el control.
150. Todavía me aterrorizo cuando pienso en una
129. Mi entusiasmo por el trabajo que hago nunca experiencia traumática que tuve hace años.
disminuye.
151 . Últimamente me he sentido muy culpable
130. Supongo que no soy diferente de mis padres ya porque ya no soy capaz de hacer nada bien.
que, en cierto modo, me he convertido en un
alcohólico. 152. Los castigos nunca me impidieron hacer lo que
quería.
131 . Últimamente tengo que pensar las cosas una y
otra vez sin ningún motivo. 153. Pocas veces creo lo que la gente me dice.
132. Animo a los demás a que admiren lo que digo o 154. Soy una persona muy sociable y extrovertida.
hago.
155. Me entusiasmo con casi todo lo que hago.
133. Dejo de hacer cosas si tengo que hacerlas solo.
156. Estoy confundido sobre quién soy.
134. He intentado suicidarme.
157. Odio pensar en el maltrato que sufrí en la
135. Soy una persona miedosa y reservada. infancia.
136. A las personas que supuestamente son mis 158. Nunca infringiría la ley, aunque pudiera salir
amigos les gustaría hacerme daño. impune.
163. A menudo me vienen ideas a la mente mucho 185. Se me da muy bien animar y motivar a los demás.
más rápido de lo que puedo expresarlas.
186. Estoy dispuesto a pasar hambre para estar aún
164. A menudo me siento tan mal que quiero hacerme más delgado de lo que estoy.
daño de verdad.
187. A menudo estoy irritable y de mal humor.
165. Algunas personas dicen que soy extraño o raro.
188. Siempre intento acabar mi trabajo antes de
166. A veces encuentro consuelo en mi sufrimiento. dedicar tiempo a actividades de ocio.
167. A menudo creo que me han tratado injustamente. 189. Solo las personas excepcionales pueden
comprender mis capacidades.
168. Muestro mi enfado rápidamente a las personas
que no están de acuerdo conmigo. 190. Realmente no entiendo los sentimientos humanos
como los entienden los demás.
169. Casi siempre me siento culpable sin ninguna
razón aparente. 191 . Demasiadas normas impiden que haga lo que
quiero.
170. Desde hace algún tiempo me siento triste y
deprimido y parece que no consigo animarme. 192. A veces siento que merezco ser infeliz.
171. Sé cómo seducir a la gente. 193. He estado abatido y triste gran parte de mi vida.
172. Siempre he tenido que estar atento a la gente que 194. Tiendo a estar de acuerdo con las opiniones de
intenta engañarme. los demás.
173. Siempre estoy dispuesto a aceptar lo que a los 195. Evito la mayoría de las situaciones sociales
demás les gustaría hacer. porque creo que la gente me rechazará.
2A Evitativo 18 24 5, 12, 23, 24, 26, 46, 52, 67, 92, 93, 99, 112, 135, 154, 178, 184, 193, 195
2B Melancólico 19 28 17, 22, 23, 39, 51, 53, 59, 70, 71, 90, 93, 111, 126, 169, 170, 175, 178,
184, 193
3 Dependiente 14 23 4, 5, 23, 42, 60, 67, 72, 77, 109, 133, 162, 173, 175, 194
4A Histriónico 17 24 6, 8, 10, 15, 24, 26, 30, 46, 75, 84, 117, 139, 154, 155, 171, 178, 195
4B Tempestuoso 17 25 8, 20, 26, 30, 46, 53, 67, 75, 84,120,129, 142, 154,155,174,178,185
5 Narcisista 16 26 10, 19, 29, 38, 54, 67, 83, 87, 106, 117, 132, 142, 159, 171, 189, 191
6A Antisocial 14 21 11, 19, 36, 38, 48, 65, 83, 105, 147, 152, 158, 159, 183, 191
6B Sádico 14 22 9, 11, 16, 21, 50, 66, 74, 97, 103, 115, 141, 145, 152, 172
7 Compulsivo 13 23 2, 35, 48, 63, 73, 83, 128, 140, 147, 152, 158, 179, 188
8A Negativista 18 26 17, 21, 32, 37, 52, 79, 82, 88, 96, 97, 100, 122,137,167, 168,172,184, 187
8B Masoquista 18 25 4, 12, 20, 23, 39, 59, 70, 75, 85, 93, 100, 126, 156, 164, 166, 178, 192, 195
s Esquizotípico 21 29 13, 18, 24, 44, 58, 70, 90, 92, 93,112,121,123,126,148,156,163,165,
167, 172, 190, 195
e Límite 20 27 4, 16, 18, 37, 59, 70, 80, 82, 93, 100, 111, 126,134, 137, 156, 164, 166, 178,
192, 193
p Paranoide 16 24 13, 21, 24, 52, 68, 79, 88, 96, 104, 136, 148, 153, 167, 172, 180, 195
A Ansiedad 13 19 31, 33, 41 , 44, 51, 72, 89, 91, 108, 109, 113, 123, 143
generalizada
H Síntomas 10 15 1, 7, 20, 28, 41, 57, 113, 118, 120, 146
somáticos
N Espectro bipolar 13 19 3, 27, 37, 50, 54, 56, 82 , 83, 105, 108, 155, 163, 177
D Depresión 21 2\ 14, 17, 28, 34, 39, 51, 64, 71, 75, 77, 85, 93, 101, 111, 114, 118, 120, 151,
persistente 170, 178, 193
B Consumo 8 13 25, 45, 65, 83, 94, 126, 130, 161
de alcohol
T Consumo 11 18 11, 36, 61, 65, 81, 105, 116, 124, 144, 152, 158
de drogas
R Estrés 14 19 44, 47, 57, 62, 74, 76, 89, 91,110,113,125,143,150,157
postraumático
SS Espectro 21 27 18, 24, 33, 52, 58, 80, 82, 89, 92, 95, 104, 121, 123, 131, 136, 138, 148,
esquizofrénico 156, 165, 172, 182
ce Depresión 17 24 1, 22, 28, 41, 57, 59, 64, 70, 78, 80, 101, 107, 111, 114, 118, 120, 170
mayor
pp Delirante 14 19 13, 54, 68, 79, 88, 95, 112, 121, 127, 136, 148, 172, 182, 189
Puntuación
Número directa
Escala de ítems máxima ltems
7.3 Autoimagen escrupulosa 9 9 19, 48, 73, 83, 147, 152, 158, 183, 191
8A.1 Expresivamente resentido 9 9 21, 32, 79, 88, 96,100,122, 167, 172
8A.2 Autoimagen descontenta 11 11 12, 17, 24, 34, 39, 51, 52, 59, 75, 153, 184
8A.3 Temperamentalmente 10 10 9, 37, 74, 82, 97,115,137,145,168, 187
irritable
8B.1 Autoimagen 12 12 4, 12, 23, 39, 52, 59, 70, 93, 164, 178, 192, 195
desmerecedora
8B .2 Arquitectura invertida 9 9 17, 40, 85, 100, 126, 156, 166, 167, 184
8B.3 Temperamentalmente 9 9 20, 53, 67, 75, 92,107,154,155,170
disfórico
5. 1 Cognitiva mente 9 9 18, 33, 44, 89, 92, 121, 123 , 131, 163
circunstancial
5.2 Autoimagen disociada 11 11 5, 58, 70, 90, 93, 111, 126, 154, 156, 165, 195
5.3 Contenido caótico 11 11 13, 24, 68, 79, 88, 106, 112, 148, 167, 172, 190
C.1 Autoimagen inestable 8 8 14, 70, 101, 111, 151, 156, 170, 178
C.2 Arquitectura disgregada 11 11 4, 17, 39, 59, 93, 100, 126, 134, 166, 192, 193
C.3 Temperamentalmente lábil 10 10 16, 18, 37, 74, 80, 82 ,1 15,137,164,187
P.1 Expresivamente defensivo 9 9 12, 15, 21, 24,104,149,153,180,195
P.2 Cognitivamente 7 7 17, 52, 79, 88, 172, 182, 184
desconfiado
P.3 Dinámicas de proyección 10 10 13, 32, 68, 96, 106, 112, 122, 136, 148, 167
Escala 1: Esquizoide
6. Raramente exteriorizo los pocos sentimientos que tengo.
15. Si puedo elegir, prefiero hacer las cosas solo.
43. Parece que pocas cosas me entristecen o me alegran.
90. Pocas cosas en la vida me resultan placenteras.
119. Mis emociones no parecen ser tan intensas como las del resto de la gente.
139. Aparte de mi familia, tengo muy pocos amigos íntimos.
149. Soy una persona solitaria y no me molesta.
180. No necesito tener amigos íntimos como tienen los demás.
Escala 3· Dependiente
4. Me preocupa que las personas de las que dependo me abandonen.
42. A menudo dejo que los demás tomen por mí decisiones importantes.
60. Prefiero que me digan lo que tengo que hacer en lugar de decidir por mí mismo.
77. Me parece que necesito que alguien me oriente para hacer las cosas.
109. Yo nunca podría arreglármelas solo.
133. Dejo de hacer cosas si tengo que hacerlas solo.
162. Preferiría seguir a alguien antes que ser yo el líder.
173. Siempre estoy dispuesto a aceptar lo que a los demás les gustaría hacer.
194. Tiendo a estar de acuerdo con las opiniones de los demás.
Escala 5: Narcisista
29. Mi tiempo es más valioso que el de los demás.
38. Utilizo mi encanto para conseguir lo que quiero.
54. Tengo muchas ideas que son avanzadas para los tiempos actuales.
67. Estoy muy seguro de mí mismo.
87. Soy una persona especial, así que no me importa lo que piensen los demás.
106. A menudo me echan la culpa por cosas de las que no soy responsable.
132. Animo a los demás a que admiren lo que digo o hago.
142. Tengo muchas cualidades que los demás querrían tener.
159. Algunos miembros de mi familia dicen que soy egoísta y que sólo pienso en mí.
189. Solo las personas excepcionales pueden comprender mis capacidades.
Escala 7: Compulsivo
2. Siempre me aseguro de que mi trabajo esté bien planeado y organizado.
35. Intento hacerlo todo tan perfecto como sea posible.
48. Me parece muy bien que haya normas porque son una buena guía a seguir.
63. La mayoría de la gente me considera una persona prudente y cuidadosa.
73. La gente dice que soy una persona formal y con valores morales.
128. Me siento muy culpable cuando pierdo el control.
140. La desorganización me hace sentir muy incómodo.
158. Nunca infringiría la ley, aunque pudiera salir impune.
179. No me gusta cambiar mi rutina.
188. Siempre intento acabar mi trabajo antes de dedicar tiempo a actividades de ocio.
100 MCMI-IV Anexo C ítems prototípicos de las escalas de los patrones de la personalidad
100. Creo que provoco situaciones en las que resulto herido o me siento rechazado.
126. A menudo echo a perder las cosas buenas que me ocurren.
166. A veces encuentro consuelo en mi sufrimiento.
192. A veces siento que merezco ser infeliz.
Escala S: Esquizotípico
13. Noto que la gente está hablando de mí cuando paso a su lado.
24. Hace mucho tiempo decidí <¡iue es mejor tener poca relación con la gente.
44. A menudo tengo pensamientos extraños de los que desearía librarme.
92. A menudo me pierdo en mis pensamientos y me olvido de lo que está pasando a mi alrededor.
112. La gente se burla de mí a mis espaldas.
156. Estoy confundido sobre quién soy.
165. Algunas personas dicen que soy extraño o raro.
190. Realmente no entiendo los sentimientos humanos como los entienden los demás.
Escala C: Límite
16. Últimamente he comenzado a sentir deseos de destrozar cosas.
18. A veces, cuando las cosas empiezan a irme mal, me siento como si estuviera loco o fuera de la realidad.
37. Mi estado de ánimo varía mucho de un día para otro.
70. Frecuentemente siento que no hay nada dentro de mí, como si estuviera vacío y hueco.
134. He intentado suicidarme.
164. A menudo me siento tan mal que quiero hacerme daño de verdad.
178. A menudo me siento muy infeliz conmigo mismo.
Escala P: Paranoide
21. Nunca perdono una ofensa ni olvido una situación embarazosa que alguien me haya causado.
52. Siempre me pregunto cuál es la razón real de que alguien sea especialmente agradable conmigo.
79. Hay mala gente que intenta llevarse el mérito de lo que he hecho o pensado.
88. Observo atentamente a mi familia para saber en quién se puede confiar y en quién no.
104. Tengo mucho cuidado en mantener mi vida como algo privado, para que nadie pueda aprovecharse de mí.
136. A las personas que supuestamente son mis amigos les gustaría hacerme daño.
153. Pocas veces creo lo que la gente me dice.
172. Siempre he tenido que estar atento a la gente que intenta engañarme.
MCMI-IV Anexo C Ítems prototípicos de las escalas de los patrones de la personalidad 101
Ítems prototípicos de las escalas de síndromes clínicos
Escala A: Ansiedad generalizada
31 . Desde hace unas semanas estoy muy nervioso.
72. Cuando estoy solo y lejos de casa, a menudo comienzo a sentirme tenso y entro en pánico.
89. Ciertos pensamientos vuelven a mi mente una y otra vez.
113. Últimamente sudo mucho y me siento muy tenso.
123. Repito ciertos compo~amientos una y otra vez, algunas veces para reducir mi ansiedad y otras para evitar
que pase algo malo. '
143. Terribles acontecimientos de mi pasado reaparecen obsesivamente en mis pensamientos y sueños.
MCMI-IV Anexo C ftems prototípicos de las escalas de sínd romes clínicos 103
Anexo D
Tablas de conversión
Tabla D.1. Conversión de puntuación directa a tasa base para las escalas de
patrones de personalidad y síndromes clínicos
Tabla D.2. Conversión de tasa base ajustada a percentil para las escalas de
patrones de personalidad y síndromes clínicos
Tabla D.3. Conversión de puntuación directa a tasa base para las escalas X, Y y Z
Tabla D.4. Conversión de puntuación directa a tasa base y percentil para las
facetas de Grossman
Tasa base
Punt.
Directa 1 2A 2B 3 4A 4B 5 6A 6B 7 8A 8B S C P A H N D B T R SS ce pp
o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o o
1 7 6 5 6 7 6 12 20 1O 4 7 8 6 8 9 8 1O 1O 5 60 60 12 7 9 30
2 13 12 1O 12 13 12 24 40 20 8 13 15 12 15 17 15 20 20 1O 68 62 24 13 17 60
3 20 18 15 18 20 18 36 60 30 11 20 23 18 23 26 23 30 30 15 75 64 36 20 26 62
4 27 24 20 24 27 24 48 62 40 15 27 30 24 30 34 30 40 40 20 85 66 48 27 34 64
5 33 30 25 30 33 30 60 64 50 19 33 38 30 38 43 38 50 50 25 88 68 60 33 43 66
6 40 36 30 36 40 36 62 66 60 23 40 45 36 45 51 45 60 60 30 92 69 62 "40 51 69
7 47 42 35 42 47 42 64 69 62 26 47 53 42 53 60 53 64 63 35 95 71 64 47 60 71
8 53 48 40 48 53 48 66 71 63 30 53 60 48 60 63 60 68 66 40 98 73 66 53 62 73
9 60 54 45 54 60 54 69 73 65 34 60 62 54 62 66 75 71 69 45 102 75 68 60 64 75
10 63 60 50 60 63 60 71 75 67 38 62 63 60 64 69 78 75 72 50 105 78 69 62 66 78
11 65 75 55 68 65 61 73 78 68 41 64 65 62 66 72 80 80 75 55 108 82 71 64 69 80
12 68 77 60 75 68 63 75 82 70 45 66 67 63 68 75 83 85 80 60 112 85 73 66 71 83
13 70 78 65 78 70 64 78 85 72 49 69 68 65 69 78 85 95 85 63 115 90 75 68 73 85
14 73 80 70 80 73 65 80 89 73 53 71 70 66 71 82 90 105 90 66 95 80 69 75 90
1S 75 82 75 83 75 67 83 93 75 56 73 72 68 73 85 95 115 95 69 100 85 71 78 95
16 78 83 76 85 78 68 85 96 78 60 75 73 69 75 88 100 100 72 105 93 73 82 100
17 82 85 78 89 80 70 88 100 82 64 78 75 71 78 92 105 105 75 110 100 75 85 105
18 85 89 79 94 83 71 91 104 85 68 80 78 72 82 95 11 O 110 78 115 108 80 89 110
s::
o 19 91 94 80 98 85 72 94 108 93 71 83 80 74 85 98 115 115 80 115 85 94 115
s::
T
20 97 98 81 102 88 74 97 111 100 75 85
< 83 75 89 102 83 89 98
21 103 102 83 106 91 75 100 115 108 80 90 85 78 93 105 85
► 93 102
::,
22
~ 109 106 84 111 94 80 103 115 85 95 93 82 96 108 90 96 106
o 23 115 111 85 115 97 85 106 100 100 100 85 100 112 95 100 111
¡;;t 24 115 91 100 93 109 105 108 90 104 115 100
e; 104 115
¡¡;
25 97 100 112 11 O 115 95 108 105
"'c. 108
(1)
26 103 115 115 100 111 110
"o 111
::,
(6 27 109 105 115 115
;¡; 115
5; 28 115
::, 110
29 115
:s:: Tabla D.2. Conversión de tasa base ajustada a percentil para las escalas de patrones de personalidad y síndromes clínicos
()
:s::
'< Tasa base ajustada
Percentil
)>
::,
(!)
2A 28 3 4A 48 5 6A 68 7 8A 88 5 e p A H N D 8 T R ss ce PP
~ 1 0-19
o
2 0-6 0-5 0-5 20-24
~
cr
¡;¡- 3 - 6-9 25-28 o o o o
(/)
c.
(!)
4 - - 10-11 0-5 0-4 29 1 o o 1-9 1-4 1
o
o
::, 5 7- 12 6-7 o - 5 30-31 2 0-2 1 - 0-1 - 2-6
oÍ
éi1
5;
6 - 8-11 1-2 - - - o 32-33 3-6 3-7 2-5 1-4 2-7 - -
::,
7 - 3-4 12 - 14 6 6 1 - - - 5-7 o - - - -
11 - - 12 - 1-2 o - - - 11-14 - o - - - -
12 - - - 3-1 1 1-15 - 38-39 - - 8 - - 1-9 - - -
27 39 - - - - - 28 -34 39 - 51 - - - - - - - - 33 -
-
40
41-48 47-51
-
- - - -
45-51
52
-
-
-
so
2-57
58
-
-
47
-- -- -
34-42 30-31
39 - - - 50-53 - - 40-42 49 - 52 45-51 42-47 - - - - 51-58 - - - - 47-51 - 32-58
40 - - 45-49 - 47 - - 43-58 56-57 - 52 - 45-52 - - - 45-48 - - - 52 - 59
41 48 - - 48-51 48-51 - - 58 - - - - 59 49 - - - -
42 53-58 49-52 - - 52 52 - 59 - - - 43-50 - 40-49 - - - 48 - 43-49 -
43 59 53 53 48-58 - 59 53-59 - 48-53 - - - - - - 49-58 - so -
44 - - 50-54 54 - - 59 - 50-58 - - - - - - - - 59 - -
45 - - - 55-58 53- 54 - - - - 53-58 53-59 53-58 - - 50-54 59 - - 53-59 51 -
)>
52 - 74 - - 62 - - 61 60 - 62 - 61 - 60-61 62- 74 63 - - - 61 - - 62 -
::,
~ 53 - 67 - - - 61 - 63 - - 62-63 62 - - - 63-65 - - - 63 61
o 54 63 - 65-68 - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
¡;;t 55 - 75 69 - 61-62 - - - - - - - - 63-64 66-67 - - 62 - 64-65 -
O"
ii,
en 56 64 76 63 - 62 - - 62 62 - - - 64-66 - 68 - - 63 62 - -
a.
(1)
o 57 - 70 -74 68-72 - - 63 - - 64 - - 64 63 -64 75- 76 67 65 - 63 66-68
o
::,
~ 58 - - - 73 64 - - - - 65 - - 65 65 - - - - - - - -
en
5:
::, 59 - - 74 - - - - 64-65 - - 63 - - 77 - - 69 - 70 - - - 69 -
60 - - - - 63 62 62 66 - 63 64 - - - - 71 - - 64 - 70 -
's: Tabla 0.2. Conversión de tasa base ajustada a percentil para las escalas de patrones de personalidad y síndromes clínicos (continuación)
()
's:
'<
Percentil Tasa base ajustada
►
:::, 1 2A 2B 3 4A 4B 5 6A 6B 7 8A 8B S e p A H N D B T R SS ce pp
~ 61 65-66 77 75 - - 64 - - - 64 66 - - - - 62 65 64 - 62
o
62 67 - 65-66 - - 63 - 67 - 67 66 - - 72- 74 - - 65 71 -
¡¡;I
O"
¡¡;- 63 - 76 75 - 76 67 64 65 - 66-67 - - - 67 - 68 - - 72 63
(/)
a.
(D 64 - 78 - 77 - - - - 63 - 68 65 - 68 78 69 - - - 63 - - - -
(')
o
:::,
< 65 68 79 77 - - - - - 65 - 68 - 70 66 -67 75-76 60-64 - 66 - - -
(D
ü'l
o: 66 - - - 65 - 64 - 66 - - - - - 77 65 - 67 66 73 -
:::,
67 69 - - - 68 66 64 - - - 66-67 - 79 68 - 66 - 67 74 -
68 - 80 78 78 69 66-67 - 68-69 69 - - - 69 - 70 - - - - - , - -
69 - - - - 65 - - 70 - 69 - - - 78 - - - 75 64
70 - 81 79 - 68 - 65 70 67 70 71 - 71 - 79 - 68 - 76- 77 65
71 70- 71 - - - 67 - 66 - - - 68 - 80-81 72 - - - - - - - -
72 - - 79 - 70- 71 - - - 71 - - 71 - 73 69- 70 80 67 64 - 68 78- 79
73 72 - - 80-81 72 68 - - - 72 68 - 72-73 - - - 81 - 69 80 -
74 - 82 80 - 69 69 66 -67 - - - - 69 72 - 82 74 71 82 - 65 - 81
75 - - - 82 - 70 - - - 73 69 70 - 74 - - - - - 70 69 -
76 73 83 - - - 68 - - - 73 - - - 83 - 66 70 82-83 66-67
77 - - 81 - 70 - 67 - 74 70 - 74 - - 84 - 67 71 - - -
78 74 84 82 83 73 71 - - - - 71 - - 75- 76 83 75 - 78 - 85-86 - - - 71 84
79 - - - 74 - - - 71 - 73 75 - 71 75-76 - - 72 -73 87 -88 - 68 72 - 68
80 75- 76 85 - 87 - 84 71 72 - - 76 - - 77 77 84 79 - - 68 - 71 - - 85 -87 -
81 77 88 83 - - - - 69- 70 68 74 72 72 78- 79 - - - 74 89 72 -73 69-70 73 72 88 69
82 - - - - - 73 - 69 - 77 - 73 80 78 - 80 85-88 - - 71 - - 70
83 -. - 75- 76 72 - 73 - - - 78 73 - 81 - - - 90-91 74 72 74 73 89-92
84 78- 79 89-92 - 85 - 87 77 74 71 - - 74 - 82-83 81 89 80 -82 75 - 78 92 -93 - 93 -
85 80 - 84 - - - 72 70 75- 78 79 75 74 - - 83 - - 73- 74 75- 76 74 - 71
86 - 93 85-86 88 - - - - - - 80 76 75- 76 84 82-83 90 -92 - 79 94 75-80 77 - 78 75 - 78 94 - 96
87 81 87-89 - 78 74 75- 76 73 71 79 81 77 77 85 -86 93 - - 95 - 98 81 - 82 75 - 77 - - 72
88 82-83 94-96 90 89-92 79 - 77 - - - 82 78 78- 79 87 84 94 84 - 83-84 78-80 79 79 97 73
~
-~~º-~
~
o Tabla 0 .2. Conversión de tasa base ajustada a percentil para las escalas de patrones de personalidad y síndromes clínicos (continuación)
91 85-89 98-99 96-98 80-82 79 79 77 84 80-81 82-83 87 95-98 93 84 85-86 84 85-87 101 75- 76
92 100-101 99-101 80-81 78-80 73 85 84 - 86 92-93 88-89 104 87 85-89 85-89 77- 78
93 90 94-96 83 80 82 81 74- 75 86-88 82-83 87-88 94 90 94 85-87 105-107 88-90 90 - 93 90-91 88 - 89 102 79
94 91 -95 102-104 102-104 97 84 81-84 83 82-83 76 84-87 95 - 97 91-92 99-101 95-101 88 108 91 94 90- 91 103-104 80-81
95 96 105 105-107 85-87 84-86 84 77 89 88-91 89-91 98 93-94 102-103 102-103 89 92-93 95-98 92 92 82-83
96 97 - 101 1ai-103 108 98-101 87 - 89 85 - 87 78 - 80 80 -84 90 - 93 92 - 94 92 -93 99 - 102 104 90-92 109 94-97 99-101 93-95 93-94 105-107 84-87
97 103-110102-104 85-92 90-92 88-91 81 ~-~ 94-~ ~-~ 94-~ 103-105 ~-96 104-107 93-94 110-112 98-101 102-104 96-98 95-98 108-110 88-89
98 102-107 110 111-113 105 88-92 93-95 92-94 82-88 96-99 96-10199-10699 - 103 1ai 97-100 108 105-113 95-99 113 102-104 105-108 99 99-101 111-113 90-93
99 108-115111-115114-1151ai-11593-100 93-100 96-115 95-115 89-115 100 102-115107-115104-115107-115101-115 103-115114-115100-115114-115105-115 103-115100-115102-115114-115 94-115
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Tabla D.3. Conversión de puntuación directa a tasa base para las escalas X, Y y Z
Puntuación directa
O 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
Faceta TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe
1.1 o 9 20 22 40 38 60 55 68 68 75 80 85 89 90 95 95 98 100 99
1.2 o 3 15 10 30 20 45 35 60 48 65 59 70 71 75 82 85 93 100 99
1.3 o 13 20 27 40 40 60 51 65 60 70 69 75 79 80 87 85 95 100 99
2A.1 o 4 15 11 30 24 45 37 60 50 75 63 85 74 93 87 100 99
2A.2 o 8 15 20 30 33 45 45 60 57 75 69 85 81 90 92 95 97 100 99
2A.3
2B.1
o
o
12
6
20
10
25
12
40
20
40
20
60
30
53
28
75
40
65
38
80
50
74
48
85
60
83
61
90
75
91
73
95
85
96
87
100
100
99
99
-
2B.2 o 24 30 41 60 54 75 65 80 75 85 83 89 88 93 93 96 97 100 99
2B.3 o 21 20 35 40 45 60 51 75 58 78 64 80 71 83 80 85 89 100 99
3.1 o 6 12 14 24 23 36 34 48 49 60 64 75 77 85 88 93 97 100 99
3.2 o 7 20 21 40 41 60 61 75 79 85 90 93 97 100 99
3.3 o 10 15 22 30 35 45 46 60 58 75 70 85 80 90 88 95 97 100 99
4A.1 o 31 60 54 68 70 75 81 85 89 90 95 95 98 100 99
4A.2 o 7 15 15 30 25 45 35 60 47 65 58 70 68 75 80 85 91 93 98 100 99
4A.3 o 5 12 15 24 25 36 34 48 43 60 52 64 60 68 68 71 75 75 81 85 90 93 96 100 99
4B.1 o 11 20 27 40 41 60 52 64 61 68 71 71 78 75 90 85 99
4B.2 o 7 20 22 40 36 60 46 65 59 70 73 75 86 85 95 93 99 100 99
s::
o
s::
4B.3 o 7 15 17 30 29 45 43 60 56 68 69 75 84 85 95 100 99
'< 5.1 o 26 60 47 65 64 70 76 75 84 80 90 85 95 90 98 95 99 100 99
►
::,
5.2 o . 6 15 18 30 31 45 40 60 52 64 61 68 71 71 78 75 88 85 96 100 99
~ 5.3 o 26 60 50 65 69 70 80 75 90 85 96 90 99 95 99 100 99
o
6A.1 o 21 60 47 65 65 70 79 75 88 85 94 90 98 95 99 100 99
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O"
O)
en
6A.2 o 16 30 37 60 60 65 76 70 86 75 93 85 97 89 99 93 99 96 99 100 99
a.
CD
o
6A.3 o 27 60 48 64 71 68 81 71 87 75 90 80 93 85 96 90 99 95 99 100 99
o
::,
aÍ
6B.1 o 11 20 26 40 42 60 55 64 70 68 81 71 87 75 93 85 97 90 99 95 99 100 99
;;;
o~
::,
6B.2 o 22 60 43 64 63 68 77 71 88 75 95 85 99 100 99
6B.3 o 25 60 47 64 60 68 71 71 80 75 89 85 97 100 99
~ Tabla D.4. Tabla D.4 Conversión de puntuación directa a tasa base y percentil para las facetas de Grossman (continuación)
s:
'< Puntuación directa
)>
:::,
o 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
CD Faceta TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe · TB Pe TB Pe TB Pe TB Pe
~
o 7.1 o 1 12 6 24 16 36 26 48 45 60 61 75 75 85 88 100 99
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O"
7.2 o 2 9 7 17 14 26 22 34 29 43 39 51 49 60 59 75 69 80 80 85 89 93 95 100 99
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c.
7.3 o 1 9 1 17 3 26 6 34 11 43 19 51 36 60 56 75 81 85 99
CD
o
o
:::,
SA.1 o 13 20 28 40 43 60 55 68 66 75 79 80 88 85 94 93 98 100 99
<
CD
¡¡; SA.2 o 6 15 15 30 24 45 36 60 47 65 58 70 68 75 78 80 86 85 93 93 98 100 99
5;
:::,
SA.3 o 15 20 32 40 44 60 55 65 63 70 72 75 80 80 85 85 91 93 96 100 99
8B.1 o 9 15 18 30 32 45 44 60 53 64 64 68 71 71 79 75 85 80 90 85 95 93 98 100 99
8B.2 o 13 20 25 40 37 60 49 65 60 70 71 75 82 80 91 85 97 100 99
8B.3 o 7 12 17 24 23 36 33 48 44 60 54 65 64 70 75 75 89 85 99
S.1 o 7 15 16 30 26 45 35 60 46 65 56 70 66 75 79 85 90 100 99
S.2 o 12 20 27 40 38 60 47 63 57 66 65 69 73 72 81 75 87 85 93 93 98 100 99
S.3 o 17 30 32 60 46 64 58 68 69 71 77 75 84 80 90 85 95 90 98 95 99 100 99
C.1 o 20 20 35 40 45 60 52 65 61 70 69 75 78 85 89 100 99
C.2 o 10 20 24 40 38 60 52 65 63 70 71 75 79 85 85 89 90 93 94 96 99 100 99
C.3 o 16 20 31 40 44 60 54 65 64 70 73 75 82 85 88 90 93 95 98 100 99
P.1 o 12 20 28 40 41 60 57 68 70 75 81 85 89 90 96 95 99 100 99
P.2 o 18 30 32 60 50 68 66 75 80 85 91 93 97 100 99
P.3 o 20 30 36 60 53 68 65 75 76 80 85 85 91 89 96 93 98 96 99 100 99
w
Anexo E
\
Dr. Enrique J. Carbonel! Vayá, especialista en Psicología Jurídica y máster en Psicología Clínica, Legal y
Forense por la Universidad Complutense de Madrid; asesor en Psicología Jurídica-Forense del Decanato del
Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana, secretario del Instituto Universitario de Investigación
en Criminología y Ciencias Penales de la Universidad de Valencia, director del Master Universitario en
Criminología y Seguridad de la Universidad de Valencia.
Dr. José G. Franco Vásquez, psiquiatra, epidemiólogo, doctor en Neurociencias; profesor titular Facultad de
Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Dra. Ana M. Gaviria, psicóloga, máster en Epidemiología y doctora en Salud Mental: Genética y Ambiente;
profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de San Buenaventura.
Dra. M.ª Pilar Sánchez López, catedrática en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de
Madrid, directora del grupo de investigación consol idado EPSY (Estilos Psicológicos, Género y Salud),
coordinadora de la Red internacional HYGEIA (Health & Gender lnternational Alliance).
Louis-Charles Vannier, psicólogo, miembro del departamento Specialist Research & Psychometric Services
de Pearson Clínica! and Talent Assessment.
Criterios de inclusión
Los pacientes fueron seleccionados para formar parte de la muestra del MCMI-IV si cumplían los siguientes
criterios:
■ tener 18 años o más;
■ estar recibiendo atención psicológica (evaluación o tratamiento psicológicos);
■ haber sido diagnosticado de un trastorno psicológico basado en criterios del DSM-5 o de la CIE-10,
o sospecharse la presencia del mismo;
■ haber realizado al menos tres sesiones terapéuticas o de orientación psicológica con el profesional
que cumplimentó el cuestionario para el clínico;
■ castellano como lengua materna (hispanohablantes nativos);
■ comprensión lectora mínima equivalente a educación primaria;
■ no haber sido diagnosticado con discapacidad intelectual o física que interfiera en la evaluación;
■ visión normal o corregida; y
■ no estar muy familiarizado con los tests psicológicos.
@ MCMI-IV
Pearson \
~
Cuestionario para el clínico
N.º de examinador: _ _ _ __ N.º de protocolo: _ _ _ __ Código identificativo del sujeto: _ _ _ _ __
Parte A
1. Marque el número de sesiones terapéuticas o de orientación psicológica que ha realizado con el sujeto.
(Nota: Se requiere haber realizado un mínimo de 3 sesiones antes de cumplimentar el «Cuestionario para el clínico».)
3-5 C:=J 6-8 C=3 9-11 C=3 12-14 C=3 15omás C=3
2. Marque si el sujeto ha sufrido alguna lesión cerebral traumática a lo largo de su vida; y, en caso afirmativo, marque su
gravedad.
Traumatismo Especificar lesión y fecha
Ninguno Leve Moderado Grave
cerebral (si se conocen) 1
Lesión abierta
Lesión cerrada
3. Marque si actualmente el sujeto está expuesto a alguno de los siguientes potenciales factores de estrés; y, en caso
afirmativo, marque en qué medida.
Estresor Ninguno Leve Moderado Grave
Conflicto conyugal
Divorcio/Separación
Aislamiento social
Laboral/Académico
Legal/Judicial
Enfermedad física
Enfermedad familiar
Económico
Otro:
D < 1 semana D 1-3 meses D 1-3 años (cíclico) D 3-7 años (cíclico) D Más.de 7 años
1 Nivel Descripción
o Ninguno: el sujeto no presenta ningún rasgo o síntoma indicativo de un problema en esta área.
Leve: el sujeto presenta algunos rasgos o síntomas de un problema subyacente sin alcanzar un nivel
clínico de disfunción.
Moderado: el sujeto presenta bastantes rasgos o síntomas de un problema subyacente que posiblemente
2
afecta a sus hábitos y actividades cotidianas.
Grave: el sujeto presenta muchos rasgos o síntomas de un problema subyacente que posiblemente
3
justificarían el diagnóstico formal de un trastorno clínico.
Diagnóstico DSM o CIE: el sujeto presenta muchos rasgos o síntomas de un problema subyacente y ha
4 sido diagnosticado formalmente mediante sistemas DSM o CIE. El nivel 4 no es aplicable (N/A) a trastornos
no incluidos en los sistemas DSM o CIE (p. ej. Entusiasta/Tempestuoso).
PATRONES DE PERSONALIDAD
Instrucciones: Para cada patrón de personalidad, marque con una X el nivel de disfunción que corresponda
siguiendo las descripciones proporcionadas en la tabla 1. Haga una sola marca para cada patrón de personalidad.
Nivel
Patrón de personalidad
(Código DSM/CIE)
Descripción del patrón de personalidad o 1 2 3 4
lntrovertido/Esquizoide Indiferencia y falta de interés por las relaciones sociales, afectividad plana y
(301 .20/F60.1) anhedonia. Incapacidad intrínseca aparente para experimentar y expresar
emociones.
lnhibido/Evitativo Ansiedad social, reticencia por temor y baja autoestima. Acusada hipersensibilidad
(301.82/F60.6) al rechazo personal y la evaluación negativa.
Autoritario/Sádico Conductas verbales o físicas que humillan a los demás, así como agresión explosiva
N/A
y acciones repentinas que pretenden intimidar, controlar y dominar a otros.
Patrón de personalidad
(Código DSM/CIE)
Descripción del patrón de personalidad o 1 2 3 4
Desconfiado/Paranoide Reiterada suspicacia y desconfianza hacia otros. Dudas persistentes de los motivos
(301.0/FG0.6) e intenciones de los miembros de la familia o las personas del entorno laboral que
interpreta como poco claros, retorcidos y malevolentes.
Respecto a las valoraciones anteriores de los patrones de personalidad, marque el nivel de precisión general:
Alto: las valoraciones se basan en información abundante y en una comprensión de los rasgos
sólida; se puede asumir que estas valoraciones son precisas.
Moderado: las valoraciones se basan en información suficiente y en una comprensión clínica de los
rasgos adecuada. No obstante, información adicional puede dar lugar a estimaciones más
precisas.
Bajo: las valoraciones se basan en información limitada; la comprensióh de los rasgos en este
momento es superficial. Información adicional probablemente dé lugar a estimaciones más
válidas.
SÍNDROMES CLÍNICOS
Instrucciones: Para cada síndrome clínico, marque con una X el nivel de disfunción que corresponda siguiendo las
descripciones proporcionadas en la tabla 1. Haga una sola marca para cada síndrome clínico. Para aquellos
síndromes marcados con un nivel 4, especifique el código del diagnóstico DSM/CIE que corresponda.
Nlvel
Síndrome clinlco
o 1 2 3 4
Descripción del sindrome clinlco (especificar código
(Código DSM/CIEJ
DSM/CIE)
Síndrome cllnlco
o 1 2 3 4
Descripción del síndrome cllnlco (especificar código
(Código DSM/CIE)
DSM/CIE)
Consumo de Tiene una historia de abuso y/o dependencia de sustancias o drogas (con
sustancias o drogas o sin prescripción médica).
Lesión cerebral Historia de traumatismo cerebral grave que conlleva fuertes cefaleas,
N/A
dificultades de memoria y problemas de concentración.
Respecto a las valoraciones anteriores de los síndromes clínicos, marque el nivel de precisión general:
Alto: las valoraciones se basan en información abundante y en una comprensión de los síntomas
sólida; se puede asumir que estas valoraciones son precisas.
Moderado: las valoraciones se basan en información suficiente y en una comprensión clínica de los
síntomas adecuada. No obstante, información adicional puede dar lugar a estimaciones
más precisas.
Bajo: las valoraciones se basan en información limitada; la comprensión de los síntomas en este
momento es superficial. Información adicional probablemente dé lugar a estimaciones más
válidas.
Parte e
Responda a las siguientes preguntas teniendo en cuenta la interacción con el sujeto hasta este momento:
Sí No No losé
¿El sujeto, si ha sido maltratado o humillado, quiere que se haga justicia?
¿El sujeto tiene tendencias suicidas o tiende a hacerse daf'lo de otro modo?
¿El sujeto es incapaz de controlar o contener sus emociones?
¿El sujeto se siente aislado o desconectado de los demás?
¿El sujeto se muestra excesivamente preocupado por enfermedades físicas?
¿De repente el sujeto parece hostil o descontrolado de alguna forma?
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A narcissistic individual maintains their self-image as admirable by believing they are commendable, special, and unique, despite others perceiving them as selfish and arrogant. This high self-esteem allows them to act with grandeur and confidence without justification, often at the cost of valuing and respecting others, resulting in exploitative relationships where empathy is lacking .
Compulsive individuals, with their need for strict organization, discipline, and control over emotions, may find their perfectionism limiting. This need can prevent them from fully completing everyday tasks and adapting to new or uncertain situations due to inflexibility and rigid adherence to norms, hindering both personal and professional progress .
Sadistic behaviors involve a lack of sensitivity and the tendency to react with unwarranted aggressive outbursts. These individuals enjoy intimidating, humiliating, and coercing others, leading to significant strain in personal relationships. The immediate psychological satisfaction derived from such actions often results in relationships that are marked by conflict, mistrust, and emotional damage .
Results of the MCMI-IV are considered invalid if the invalidity scale score exceeds 1, if the inconsistency scale is above 19, or if the sincerity scale falls below 7 or exceeds 114. These conditions indicate potential random responses, contradictions, or exaggerated/minimized symptoms, invalidating the personality pattern interpretation, thus requiring reassessment .
The Grossman facets in the MCMI-IV provide a more detailed and discriminant insight into the core personality patterns than broad categorical labels. By focusing on specific functional and structural domains, they offer a contextualized clinical picture that enhances diagnostic precision and therapeutic relevance by tapping into the evolutionary theory underlying the assessment scales .
A masuist self-perception involves self-humiliation and a belief in deserving dishonor and reproach. They focus on their worst attributes, often dismissing positive feedback. This negative self-assessment can lead to frustration, chronic dissatisfaction, and potential self-sabotage, impacting their overall psychological well-being .
Antisocial individuals perceive themselves as free from the restrictions imposed by social norms and loyal obligations. They value personal freedom and independence, feeling unbound by social constraints, people, and routines . Their actions often involve irresponsibility and violating social codes, reflecting a disregard for established societal rules .
Individuals categorized as 'inept' view themselves poorly because they see themselves as weak, fragile, and incompetent. This negative self-perception is largely unfounded; it serves a strategic purpose as a manipulation to gain praise and support from others .
A person with a 'histrionic' personality is expressively dramatic, reacting exaggeratedly and emotionally. They are attention-seeking, capricious, easily excited, and intolerant of failures or disappointments. They are volatile, draw others' attention through charm and drama, and often seek thrilling and hedonistic experiences without foresight .
Negativist individuals often resist meeting others' expectations, leading to procrastination, inefficiency, and opposition. Their behaviors are driven by resentment and a desire to undermine others' pleasures, resulting in difficulties fulfilling personal or professional expectations .