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RESUMEN

Este documento discute el rol de las mujeres en el conflicto armado colombiano. Primero, explora la figura de la "Sargento Matacho", una madre guerrillera en los años 50 y 60 que desafió las normas de género de la época al liderar en el frente armado siendo madre. Luego, analiza cómo las mujeres han sido vistas tanto como víctimas como agentes participantes en la guerra, dependiendo de la perspectiva. Finalmente, presenta el caso de William Velásquez, hijo de una guerrillera que luchó en las FARC

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RESUMEN

Este documento discute el rol de las mujeres en el conflicto armado colombiano. Primero, explora la figura de la "Sargento Matacho", una madre guerrillera en los años 50 y 60 que desafió las normas de género de la época al liderar en el frente armado siendo madre. Luego, analiza cómo las mujeres han sido vistas tanto como víctimas como agentes participantes en la guerra, dependiendo de la perspectiva. Finalmente, presenta el caso de William Velásquez, hijo de una guerrillera que luchó en las FARC

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L1: Mujer, madre y conflicto:

el caso de la “Sargento
Matacho” (1933-1964)
Por Ximena Pachón*, Óscar Arnulfo Cardozo**

Esa madre bandolera


en la época de la Violencia es la que nos interesa rastrear, porque
consideramos que su experiencia de vida fue inédita, al ser madre varias
veces, de hijos de padres distintos en los mismísimos años cincuenta, y
en el contexto de los orígenes rurales de la guerrilla colombiana. Tiempos
donde la regla moral, la invisibilidad de la mujer en el frente armado y
la imposibilidad del liderazgo de estas hasta en la propia sociedad civil,
una figura como la de la “Sargento Matacho”, la madre bandolera, lo
transgrede todo.

2. La mujer en el conflicto armado colombiano


Existen dos lecturas primordialmente centrales en los debates sobre la
mujer en torno al conflicto armado colombiano. Una primera lectura
nos invita a ubicar a las mujeres como víctimas del conflicto dentro
del concepto de “enfoque diferencial”, señalando las principales afectaciones
que, debido a su género, la guerra les ha ocasionado en su
integridad física y moral. Sobre esta primera lectura cabe directamente
subrayar la forma en que otros elementos como el patriarcado y el machismo
se han integrado eficazmente a los discursos de la guerra.
Finalmente, el trabajo de Angélica María Rodríguez (2015) construye un
apartado dedicado a maternidad y guerra titulado ¿Maternidad en la guerra?,
lo cual presupone de entrada una suerte de incógnita experiencial
de las mujeres y su posible difícil papel como madres en el conflicto
armado. La autora hace aquí hincapié puntualmente en dos aspectos:
1. La imposibilidad de ser madres plenas por la imperiosa necesidad de
tiempo y espacio, y 2. La inaceptabilidad de poder ser madre al interior
de la guerrilla, por ende, la obligación de deshacerse de sus futuros hijos
María Adelaida Barros y Natalia Rojas Mateus, en el artículo “El rol de
la mujer en el conflicto armado colombiano”, señalan la importancia de
que la mujer pase a ocupar nuevos espacios dentro de la línea militar y
política en el seno guerrillero, que son interesantes de destacar dentro
del universo patriarcal nacional. Las autoras destacan, una vez más, la
importancia de entender la participación de las mujeres en la guerrilla no
desde la exclusividad de víctimas, sino también, de agentes partícipes.
En este orden de ideas, el lugar de la mujer en la estructura normativa de
las Farc-EP no tiene una distinción, por lo cual se comprende que tanto sus
derechos como deberes son iguales a los de sus compañeros, no existe discriminación
o excepción, tanto las mujeres como los hombres reciben una
formación política-militar y se acogen al estatuto Fariano. Si bien dentro
de los estatutos no se establece explícitamente una sanción para la concepción
y el estado de embarazo, se tiene presente que su desarrollo dentro de
la estructura militar implica un riesgo a la seguridad de los combatientes,
por lo cual en estos casos puntuales y de acuerdo a las condiciones del
embarazo la interrupción es permitida, aunque puede también darse el
escenario donde se le permite a la combatiente retirarse de las filas para
criar a su bebé. Sin embargo, el compromiso de la mujer Fariana es regresar,
dado que se comprende a la Mujer como una guerrillera y se relega la
noción de mujer desde una maternidad (Caro y Wilches, 2020, pp. 29-30).

5. El niño a la espera de su madre


combatiente: William Velásquez
En la conversación que tuvimos con William, las memorias sobre su
madre aparecían como imágenes difusas entre lo que llegaba a recordar
de cuando era muy pequeño, lo que había recogido a través de relatos
que otros contaban y la lectura del texto de Alirio Vélez. Sin embargo,
algo quedaba muy claro en su memoria: Rosalba era su madre, antes
que la bandolera. Y aquí, los afectos como niño de la guerra salen a flote: los de un hijo que
recuerda a su madre cuando aparecía entre
cantos, canastos con frutas y el inconfundible olor a pólvora.
De mi madre no me quedan sino los recuerdos… Yo estaba muy pequeño.
Me acuerdo que mi mamá pasaba y me dejaba frutas. Siempre iba acompañada
del grupo guerrillero. De hecho, cuando iba para la finca de mi
abuelita Tránsito, la alcanzaba a ver, pues ahí cerquita estaba la finca de
mis abuelos paternos. Cuando ella llegaba, llegaba cantando, le gustaba
cantar y tocar. (W. Velásquez, entrevista personal, septiembre 2018).

La figura de la madre perdida, la madre añorada, la Rosalba de idas y


venidas que se escabullía en el monte, era central en el relato de William.
Esta importancia de la madre era disputada por otra mujer que se
inmiscuía y robaba sus memorias y sentimientos: la abuela, la abuela
María Tránsito, personaje fundamental en la novela de Alirio Vélez,
en el relato de William y en las narraciones de los otros familiares con
quienes conversamos.
Las palabras agolpadas y dispersas de William eran difíciles de seguir: el
peso de la violencia que vivió en su infancia lo acompaña hasta el día de
hoy, así como la ausencia de la madre añorada y la espera interminable
de su llegada y sus cantos; los señalamientos por ser hijo de Rosalba y
tener hermanos hijos de guerrilleros conocidos, temidos y buscados en
la región; y el asesinato de un hermano después de haber sufrido toda la
vida el rechazo del pueblo por ser hijo de su madre, son algunos de los
aspectos que nos quedan de su relato, de sus recuerdos de un universo
de violencias que le tocó vivir. Sin embargo, fue su infancia, entre los 7
y los 15 años, la época más dolorosa, pues no comprendía la razón de
la ausencia de su madre, ni el constante rechazo por ser su hijo. Luego
vinieron las mudanzas, impostergables y permanentes, entre barrios de
Bogotá escabulléndose de los opositores.
Yo tuve un proceso de doble violencia. De niño sufría el ser hijo de mi
madre. Aquí en Rovira, en el Líbano y a donde iba me decían: “Usted es
hijo de matones”. Sufría mucho esa otra violencia, sumada a la que pasaba
en el contexto. Aun así, mi infancia fue un poquito más agradable que
la de mis dos hermanos, Jorge y Olga. Yo llegué a la familia de mi papá,
unas personas muy pacíficas, sin problemas, no eran toma tragos, eran
responsables con su trabajo. Ahí me crie y me siento correspondido con
esa familia. Mis hermanos nunca pudieron vivir tranquilos. De hecho, yo
tengo un hermano que me lo mataron los paracos, a Jorge, aquí en Lérida,
hace unos 12 años. (W. Velásquez, entrevista personal, septiembre 2018).

L2: NI
VÍCTIMAS, NI VICTIMARIAS:
LAS GUERRILLERAS DE LAS FARC- EP Y SU PAPEL EN EL
CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA
Se estima que solo durante la década 1948-1958 el conflicto causó
entre 200.000 y 300.000 muertos y la migración forzosa de más de dos
millones de personas, equivalente casi a una quinta parte de la población
total de Colombia, que para ese entonces alcanzaba los 11 millones de
habitantes (Bedoya, 2000)
LAS MUJERES EN LA GUERRA: VÍNCULOS FAMILIARES Y RELACIONES
SENTIMENTALES

Un aspecto fundamental para comprender la participación de las mujeres


en la subversión, es que desde sus orígenes hacían parte de ella en razón de
lazos familiares; muchas de las mujeres que se vincularon a esta organización
desde sus orígenes, lo hacían porque sus padres, hermanos y compañeros
sentimentales eran parte de ella.
Hacia finales de los 70 se da un proceso de incorporación de mujeres
militantes del partido comunista y otras organizaciones a las FARC-EP,
pero es a mediados de los 80, cuando de alguna forma las FARC-EP «abre»
su política para la incorporación de las mujeres a la insurgencia, a la que se
van sumando sobre todos mujeres jóvenes campesinas y estudiantes sin largas filiaciones
partidistas, vinculadas a organizaciones comunitarias y de
base.
En las indagaciones documentales realizadas, y la revisión atenta de
los testimonios de las mujeres guerrilleras, existe una valoración importante
sobre el hecho de que al interior de esta organización no existe división sexual
del trabajo, es decir, las mujeres no están relegadas a la realización de las
labores de cuidado y atención. En esto coincide María Emma Wills, asesora
de la dirección general del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH,
cuando afirma que las FARC-EP, no reclutaron de forma excepcional a las
mujeres:
Todas fueron convocadas masivamente y no había distinción
en los quehaceres diarios de la organización: no había beneficios
por el hecho de ser mujer u hombre. Se combatía igual, se
ranchaba (cocinaba) igual y se hacían las mismas labores diarias.
Sin embargo, se rescataban algunas aptitudes individuales que
se potenciaban dentro de cada frente. Es presumible que la
comandante ha visto una guerra, la enfermera otra, la encargada
de comunicaciones una tercera, la guardia una cuarta… En la
guerra, cada una tenía, digamos, su propio campo de visión
(En Priscila Padilla, Las mujeres de las Farc).
Otra de las razones por la que las mujeres empiezan a incorporarse a la
guerrilla, está relacionada con la expectativa del conocimiento y con la
necesidad de escapar de un destino que las confinaba a la reproducción y a las
labores del hogar.
Además de la posibilidad de estudiar, también pesa la necesidad de
tener autonomía de la familia, y libertad de movimiento, y lo que en palabras
del siguiente testimonio se define como «falta de oportunidades»:
¿Por qué me fui yo a la guerrilla? Lo hice por falta de
oportunidades: no había mucho por hacer. Terminaba la escuela
y no había acceso al colegio y pensaba que esa sería una buena
opción. Era algo tan básico como las relaciones: yo veía que
las guerrilleras tenían novio y a mí en mi casa no me dejaban
tener novio, ni amigos. Lo que pensaba era que allá la iba a
pasar mejor. Cuando terminé la escuela no sabía qué seguir
haciendo aparte de ser ama de casa. Yo no me iba a quedar en
la casa toda la vida. Quería hacer algo. Quería tener amiguitas,
salir. La verdad era que uno veía que uno podía tener algo
mejor dentro de la guerrilla: tener amistades, una vida diferente
a la del papá y los hermanos.
Otras, en cambio, reconocen de plano su admiración por la vida
guerrillera como tal y no sólo lo que esta les podría ofrecer o de los que la
podría salvar:
Si me van a preguntar por qué ingresé a las FARC, para mí es
muy sencillo y se los voy diciendo enseguida, lo hice porque
me gustaban las armas (…) me gustaba ver a los guerrilleros
armados y a las mujeres, con sus uniformes y sus armas, y sus
ideas de un país más justo;
En una entrevista realizada en el año 2013 a las guerrilleras de las
FARC-EP que hacen parte de la delegación de paz, se les preguntaba si creían
que de alguna forma se «frivolizaba» su participación en la guerrilla, dado
que siempre se mostraban aspectos superficiales o victimizantes sobre su
situación al interior de la organización, estas respondieron:
En las FARC-EP las mujeres no somos objetos decorativos, ni
de uso personal. La difusión de esos reportajes, que muchas
veces son archivos que han llegado a manos de la inteligencia
militar cuando han masacrado a nuestra gente en un bombardeo
o en cualquier acción cobarde del Ejército, es parte de la
estrategia que busca dañar nuestra imagen, pretendiendo
invisibilizar nuestra actuación en las filas (…) Las guerrilleras
en esta confrontación somos sujetos políticos y estamos cada
día en una constante lucha por abrirnos espacios, con capacidad
de discernir, pero también de ayudar a encontrar soluciones a
las dificultades propias que se presentan en una sociedad como
la nuestra, convencidas de que ningún logro se conquistará si
no estamos juntos en esto, hombres y mujeres (Entrevistadas
por Ainara Lertxundi, 11-10- 2013).
Más recientemente, en el marco de las conversaciones de paz con el
gobierno colombiano, las FARC han incorporado en su discurso la necesidad
de erradicar el machismo y el patriarcado. En una entrevista a Mireya Andrade,
integrante del Estado Mayor de Bloque Occidental Comandante Alfonso
Cano, con más de 26 años en la guerrilla, al preguntársele cuál había sido la
acogida de los guerrilleros y guerrilleras de esta decisión de las FARC-EP de
declararse anti machistas y anti patriarcales, respondió:
Ha sido de muy buen recibo. De todas y todos es sabido que
venimos de una sociedad machista y que aún persisten
expresiones machistas dentro de las FARC-EP, pero la difusión
de esa decisión refuerza los trabajos que en tema de género
venimos realizando y socializando al interior de la
organización; y complementan los avances logrados a través
de varias conferencias en las que se concibe que la mujer es
libre y con igualdad de derechos que los hombres (…)mandos
y combatientes hemos hecho conciencia de que las
reivindicaciones de las mujeres deben ser mucho más dinámicas
en una organización revolucionaria como la nuestra que propugna por verdaderos cambios
sociales para el pueblo, en
especial porque en la sociedad las mujeres somos mayoría; hoy
en filas representamos el 40%, hemos crecido, hemos adquirido
representación en varios escalones del mando, responsabilidades
y nos estamos empoderando de nuestro papel (Mireya Andrade,
mujerfariana.org, 10-4-2016).
Cuando se trata de la participación y el papel de las mujeres en las
FARC- EP mucho se ha cuestionado el lugar que estas ocupan en los puestos
de mando y sobre todo el hecho de que después de 60 años de vida política
ninguna mujer haya logrado ser parte del Secretariado2. En efecto, al ser
consultadas sobre este punto aquellas mujeres que han llegado a puestos de
mando, plantean las dificultades que les ha tocado enfrentar en este aspecto
en particular, siempre dejando por sentado que esta situación es al mismo
tiempo reflejo de la sociedad:
Cuando se es mujer toca demostrar el doble donde está parada,
sea en la civil, sea en la discoteca, sea en la escuela, y lo mismo
aquí en la guerrilla y más cuando somos militares. Además,
por la misma formación patriarcal, a veces se cree que la gente
mayor tenemos la razón, y cuando las mujeres ya tenemos
cierta edad menospreciamos involuntariamente a las menores
(…) Hay que hacer un trabajo muy generalizado para equilibrar
esa carga, que también es emocional. Esa carga patriarcal nos
ha absorbido a hombres y mujeres y eso no lo podemos
desconocer; hay un gran machismo tanto del hombre como
de la mujer en todos los aspectos de la sociedad (…) Dentro
de nosotras ha sido una lucha muy larga y muy ardua, porque
a veces las mujeres son muy machistas, porque también nos ha
tocado esforzarnos el doble. Vuelvo y digo: porque también
nos ha tocado pararnos muy fuerte frente a nosotras mismas,
frente al espejo nuestro, para poder lograr los resultados que
queremos y demostrarnos a nosotras mismas que somos
capaces (Camila Cienfuegos, 27-11-2015, a María Herminia
Queda claro desde la voz y la experiencia de estas mujeres que su
participación en la guerra, ha significado oportunidades pero también un
ejercicio de confrontación permanente con ellas mismas sobre las formas en
las que les toca superar múltiples dilemas a partir de su condición de mujeres.
Uno de los más controvertidos para las mujeres en general, pero para estas en
particular, es aquel relacionado con la maternidad.
2. LAS POLÉMICAS EN TORNO AL ABORTO Y LA MATERNIDAD
EN MEDIO DE LA GUERRA

Para comprender esta polémica es importante


establecer en principio dos niveles de análisis. Un primer nivel es el de la
formalidad y el otro es el de la dimensión subjetiva de las propias mujeres
frente a la maternidad. En el primer nivel todas las entrevistadas sobre este
punto afirman lo siguiente:

Nuestra política es de planificación obligatoria, ya que tener


bebés no es compatible con la situación de guerra en la que
hemos vivido. Esta política es conocida antes de ingresar en la
organización (…) Si hay embarazo, es porque no se han
respetado las normas sobre planificación, o porque esta no ha
funcionado. Entonces, el comandante de la unidad y la guerrillera o la pareja analizan la
situación. Pesa mucho la
disciplina: ¿Fue por descuido? ¿No funcionó la planificación?
¿La pareja quiso? Luego se toma una decisión conjunta, ¿hay
condiciones médicas para interrumpir el embarazo o para dar
a luz? ¿Condiciones militares? La decisión se toma en función
del deseo de la interesada, pero también se tiene que tomar en
cuenta la situación militar, las condiciones médicas, la situación
de las familias y que ese incumplimiento en las normas de
planificación familiar no ponga en peligro al resto de unidades
guerrilleras (Alexandra Nariño. En Voz, 8-12-2015).
Sólo en el contexto de los diálogos de paz ha sido posible que voces de
mujeres distintas a las desmovilizadas, exprese sus puntos de vista y la propia
política de la organización sobre un aspecto tan controversial sobre los cuerpos
de las mujeres como lo es el aborto, pero al mismo tiempo sobre el dilema
que significa para muchas la maternidad.
Yo me cuidaba mucho porque la vida en la guerrilla no reúne
las condiciones para tener un hijo. No era mi deseo quedarme
embarazada. Cuando supe de mi estado, lloré mucho. Fui a
hablar con el camarada para exponerle mi situación. Estaba
embarazada de un mes. Me dijo que teníamos que esperar a
que llegara mi compañero para valorar el asunto porque ambos
deben de estar de acuerdo, o bien para continuar con el
embarazo o bien para abortar. Decidimos seguir adelante,
aunque me sentía muy asustada. A veces es muy difícil porque
es la mujer quien debe llevar el embarazo. El padre no tiene
que estar con esa tripa nueve meses, ni lo va a alimentar y, por
mucho que lo quiera, los sentimientos no son los mismos. Es
una decisión para toda la vida y se respeta la determinación
que tome en cada caso la mujer. Todo el mundo idealiza la
maternidad, pero la guerrilla no es de color rosa. Es una vida
muy dura y triste como para tener un bebé en medio de la
guerra, y es más duro aún para una madre tener que dejar a ese
bebé que ha llevado en su vientre durante nueve meses, que ha
cargado en sus brazos y ha amamantado. Tener un hijo y darlo,
aunque sea a nuestros familiares, significa perderlo. Es muy
difícil recuperar el vínculo entre madre e hijo, porque ni tú
sabes nada de su vida ni él o ella de la tuya, y eso es muy duro.
La llegada de un hijo lo cambia todo, tu cotidianidad, tu forma de sentir, de pensar y, en el
caso de nosotros los revolucionarios,
se puede convertir en un problema, en una persecución
constante y de inseguridad para todos, para nosotros, por ser
sus padres, y para ellos, por ser hijos e hijas de guerrilleros y, al
mismo tiempo, se compromete a personas que nada tienen
que ver con la guerrilla pero que se han hecho cargo de nuestros
hijos. Entonces se producen los estigmas, hijos no reconocidos,
con apellidos innombrables… Se convierten en hijos de nadie
(Wendy Arango, mujerfariana.org, 6-4- 2016).
Siendo muy joven, Camila quedó embarazada y decidió dar a luz a su
hija. Su jefe inmediato le preguntó si ella quería ser mamá o guerrillera.
Camila decidió ser mamá y guerrillera, pero se vio obligada a entregar su hija
a una familia que adoptó a su pequeña con el compromiso de no quitarle el
derecho como madre:
Yo tuve el apoyo del jefe y del padre de mi hija, pero finalmente
ahí están los roles establecidos. La decisión era mía, yo era la
mujer, era la madre. Yo sentía que me iba morir. Empecé a
empacarle la ropa hasta que me quedé mirando al papá de mi
hija y le dije: todo yo, tenga a la bebé, es su bebé, es también
suya; tenga, yo no la voy a entregar. Y el finado Oscar, o sea el
papá de mi niña, fue y la entregó y también llorando decía: no
me la dejen llorar. Él escribió: por favor, a esta hora se le dan
los teteros, a esta hora se despierta, a tal hora se le cambia el
pañal. Hizo todo un listado. Yo dejé unos zapaticos de mi
bebé, unos escarpines. Yo mantenía esos escarpines dentro del
bolsillo y cada rato me encontraban llorando con ese escarpín.
Un día me fui para una descubierta y cuando regresé el escarpín
no estaba. Resulta que cuando mataron al papá de mi hija ese
escarpín estaba envuelto en el fondo de su equipo. O sea él lo
guardó para tenerlo él y así fue el rompimiento con mi hija
(Camila Cienfuegos, 27 -11-2015, a María Herminia Rojas
Pacheco de La 13, revista de las excombatientes colombianas).
Como se puede apreciar en los testimonios de estas mujeres, ellas, como
casi cualquier mujer pobre en nuestras sociedades se enfrenta al dilema de la
maternidad, con el agravante de tener que hacerlo en medio de la guerra.
Sobre todo porque aquellas que deciden continuar sus embarazos saben que
en corto plazo deben entregar a sus hijos
Tuve a mi hijo, pero lo más duro no fue tenerlo sino tener que
dejarlo. En ese momento me di cuenta de lo que realmente
sufre una madre por un hijo, y fue cuando pude entender el
dolor tan terrible que había pasado mi madre cuando yo salí
de casa. Duele mucho dejar a su bebé sin saber cómo lo van a
tratar otras personas. Pero yo ya había adquirido el compromiso
de luchar por nuestro pueblo y no podía faltar a esa promesa
(Maryelis Ospina, mujerfariana.org, 24-9- 2016).
Entre las realidades silenciadas por la guerra y que, al cesar el conflicto
armado, deberá ser abordada, está la de los hijos nacidos en medio de la
guerra y de quienes muchas madres guerrilleras no saben nada por diversas
circunstancias. Es el caso de Wendy Arango, quien se incorporó a las FARCEP
a los 18 años. El 21 de octubre de 2010 dio a luz a un niño. Un
operativo del Ejército la obligó a salir precipitadamente del hospital dejando
a su bebé recién nacido. Desde La Habana, reclama al Estado la devolución
de su hijo: «Jamás lo abandoné. Los militares impidieron que personas
cercanas se hicieran cargo de él». En este caso en particular, el ejército
entregó el bebé de Wendy al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar,
quién se encargó de darlo en adopción. Como su caso, hay miles y este será
un punto de honor para las madres guerrilleras que perdieron a sus hijos de
esta forma en medio de la guerra

L3:
El Estatus de los Derechos Sexuales y Reproductivos de las
Mujeres en las FARC
Al analizar la situación de las mujeres dentro de las FARC, y sobre todo el cumplimiento y la
garantía de sus derechos sexuales y reproductivos se puede sugerir que la organización maneja
un doble discurso. Por un lado, las FARC profesa la igualdad de la mujer frente al hombre, y el
derecho que estas tienen a tomar sus propias decisiones en el ámbito sexual y reproductivo.
Por otro lado, el testimonio de muchas mujeres que abandonaron las filas de las FARC testifica
exactamente lo contrario. Muchas mujeres ex farianas dicen haber sido víctimas de violencia
sexual y negligencia reproductiva. En una muchos casos, cuando las mujeres farianas han
quedado embarazadas, no solo que no se les ha permitido tener su bebé, sino que se les ha
sometido a abortos violentos y sin los cuidados médicos propios del procedimiento. Muchas
mujeres farianas han sido forzadas a utilizar métodos anticonceptivos invasivos y descuidados
que las han esterilizado de forma permanente sin que ellas sepan del funcionamiento de
dichos métodos. Son pocos los testimonios de mujeres que sugieren que se respetan los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en la organización. Usualmente estos
testimonios vienen de las pocas mujeres que tienen acceso a cierto grado de poder dentro de
la organización, ya sea por mérito propio o porque son pareja de un militante de alto rango.
11
Según Amnistía Internacional los derechos sexuales y reproductivos son;
“…derechos humanos que tienen todas las personas. Se fundamentan en los derechos humanos
reconocidos en tratados internacionales de derechos humanos, normas regionales,
constituciones nacionales y otros documentos de consenso internacionales. Dan derecho a:
 Tomar decisiones sobre su salud, cuerpo, vida sexual e identidad sin temor a sufrir
coacción o discriminación.
 Pedir y recibir información sobre la sexualidad y la reproducción y acceso a servicios de
salud relacionados con ellas y a métodos anticonceptivos.
 Decidir si tener hijos, cuándo y cuántos.
 Elegir a su pareja íntima, si casarse y cuándo.
 Decidir qué tipo de familia formar.
 Vivir sin sufrir discriminación, coacción ni violencia, incluida violación y otras formas de
violencia sexual, mutilación genital femenina, embarazo forzado, aborto forzado, esterilización
forzada y matrimonio forzado”.12

Las mujeres de las áreas rurales de Colombia, en casi todos los casos, no tienen derecho a
decidir sobre su reproducción ni sobre su sexualidad debido a que muchas veces no tienen
acceso a los distintos métodos anticonceptivos e incluso no cuentan con la información
necesaria para ejercer control sobre su sexualidad. Por esto, no es de sorprenderse que,
aunque si existen algunas mujeres bachilleres e incluso profesionales que ingresan a la
guerrilla, la mayoría de las mujeres que han sido reclutadas por las FARC provienen de áreas
rurales. En muchos sentidos, la suma de estas mujeres ha esperado encontrar en las FARC un
ambiente sexual más seguro que aquel al que tenían acceso en sus comunidades.20

Si bien hoy en día casi la mitad de los militantes de las FARC son mujeres, el desarrollo del
papel de la mujer en esta organización ha evolucionado de forma algo significativa. No es sino
a partir del año 1985, que las mujeres pasan de ser simples acompañantes de los guerrilleros y
encargadas del lavado de ropa y la preparación de la comida, a ser verdaderas guerrilleras. 21
Este cambio trajo consigo el cambio del estatus de la mujer en las FARC, y con él, muchas
profesan que pudieron tener acceso a los mismos derechos y obligaciones que sus
compañeros varones. “Desde el punto de vista organizacional, la aceptación de la mujer en las
FARC permitió captar una demanda por ingreso significativa y aprovechar la capacidad de
combate que las mujeres guerrilleras han ido desarrollando”.22A partir de que la guerrilla
empezó a crecer con vicisitud, las necesidades de la misma a su vez incrementaron, por lo que
empezar a entrenar a las mujeres como combatientes resultaba beneficioso y rentable para las
FARC. Según Ferro y Uribe, debido a que la organización sigue siendo mayoritariamente
masculina, y sobre eso rural y militar, que se reconozca el estatus de igualdad de la mujer en la
guerrilla es un proceso lento y arduo. Los combatientes de las FARC, la mayoría provenientes
de áreas rurales, vienen de un trasfondo machista intrínseco, en el que la mujer se encuentra
relegada al ámbito doméstico.

Por otro lado, con respecto a los derechos reproductivos de la mujer en las FARC, Francelina
entiende que renunciar a la maternidad es parte del compromiso que ha hecho con la
organización. Ella comenta: “Uno piensa en ser una combatiente y no se puede ser madre de
familia, porque no se puede ser una madre irresponsable… si se es madre se pierde el arte
militar. Y no me gustaría tener un niño porque se lo estigmatiza y corre el riesgo de que lo
maten o lo desaparezcan”.27Una de las comandantes de las filas de las FARC describe lo
siguiente: “A la mujer se le dice: vaya compañera tenga su bebé y cuando lo tenga deben saber
dónde lo van a dejar, y vuelve a la guerrilla, porque usted, antes que madre es guerrillera”.
Según Francelina, en caso de que esto ocurra, son las mismas mujeres las que deciden si
quieren terminar el embarazo o tener el bebé. Opuesto a este testimonio, existen también
mujeres que han sido forzadas a abortar y que no han tenido ni voz ni voto en las decisiones
que la organización ha tomado sobre su cuerpo.
Incluso desde los alegatos de mujeres que siguen siendo parte de las FARC existe una clara
evidencia de que el estatus de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no son
respetados al igual que los de los hombres. Una de las combatientes por ejemplo, da un claro
ejemplo del trato desigual entre hombres y mujeres respecto a su sexualidad. A la mujer por
ejemplo, se le prohíbe tener relaciones con cualquier individuo que no sea parte de la
organización, mientras los hombres pueden tener una relación con una mujer que sea o no
fariana. “No se nos permite tener relaciones con civiles, a nosotras se nos sanciona. Al hombre
no. Esta sociedad es machista, en el guerrillero no se ve mal que tenga una novia civil, pero
entre nosotras se ve mal que tengamos un novio que nos sea guerrillero”.29De todas formas,
muchas de las integrantes de las FARC mantienen que a pesar de que si existe cierto nivel de
machismo en las líneas, este es mucho menor al que existe dentro de la sociedad colombiana.
mujeres. Según la organización “De mujer a mujer”, solo el ocho por ciento de las mujeres que
quedan embarazadas dentro de la guerrilla llevan a término su embarazo, el resto son obligadas
a abortar e incluso son fusiladas si es que intentan desertar la guerrilla. El testimonio de Janet,
otra guerrillera que ingreso a las filas de las FARC también a los doce años también corrobora
la idea de que las militantes de las FARC no tienen ni voz ni voto con respecto a sus derechos
reproductivos:
“Desde que una llega allá te ponen dispositivos o inyecciones. Las embarazadas tienen que
abortar. Es el comandante el que decide si tienes al bebé o tienes que abortarlo. Hay de las que
se han volado por eso. Si las atrapan las matan no importa qué edad tengan. Es traicionar al
movimiento volarte”.
Ahora bien, desde el punto de vista estructural e ideológico de la organización, lo ideal es que
las guerrilleras se abstengan de ser madres. De hecho, tal como Francelina, desde que las
mujeres guerrilleras ingresan a las FARC, tienen claro el hecho de que tendrán que sacrificar su
derecho a la maternidad por la lucha revolucionaria.

L4:
L5
Experiencia de crianza en mujeres exguerrilleras de las FARC-EP con hijos menores de 6
años, participantes del posacuerdo de paz, en Anorí, Antioquia 2017-2019
Al respecto, una de las mujeres que estuvo en la guerrilla, hace 32 años, recordó que en sus
primeros años tuvo cuatro hijos, pero los entregó al cuidado de familiares, por lo que no logró
desarrollar su rol de madre. 48

“Tenía 17 años cuando tuve la primera y fue uno tras otro, antes no prohibían tener hijos en la
guerrilla, si uno tenía para donde llevarlos, y así fue que tuve a mis hijos en el 88. Tuve cuatro
hijos que se quedaron en la familia del papá. La mayor si la crio mi mamá. La primera me tocó
tenerla ahí en el campamento, y a allá se la llevaron porque nació de muy bajo peso, se la
llevaron para Medellín amigos de las FARC, y yo quería verla, ya cuando la trajeron me
mandaron a una casa para recibir la niña, y estuvimos ahí 8 días con mi mamá para
entregársela” (P 4:20:55. Ligia).
En el informe de Mujeres Excombatientes (3) se describe que durante años en la guerrilla fue
explícita la negación de la maternidad, justificada en que los embarazos se convierten en
obstáculo para el funcionamiento de las guerrilleras, a causa de los enfrentamientos, por lo
que se usaron anticonceptivos o se realizaron abortos para prevenir los embarazos, por lo
general en condiciones poco seguras que ponían en riesgo la vida de las mujeres (54).

“quiero tener a mi hijo, quiero tener a mi hijo, quiero saber qué es ser madre. ¡Ah! tengo mis
hijos, pero esta es otra vida, ya soy una madre de familia. Deseaba tener un hijo, quería saber
criar, porque como los míos no los tuve criándolos, dije: debe ser muy bonito saber y sentir
qué es ser uno mamá” (P 4:28:82. Ligia).

8.3.2 El parto, la separación y el apoyo social


Las condiciones del parto
La atención del parto se dio, en su mayoría, en el área rural, acompañada de familiares, amigos
o campesinos que asumían el cuidado del último trimestre de gestación, y en algunos casos del
recién nacido. A pesar de los miedos de ser capturadas, el amor por el hijo fue mayor. Sabían
que debían haber tenido unos cuidados de la gestación, pero las circunstancias le negaron la
posibilidad de una atención prenatal, de cuidados para ella y su hijo, en tales condiciones no era
desconocido para ellas la mayor posibilidad de complicaciones. Asimismo, ir a una institución
de salud les generaba miedo y desconfianza, implicaba ponerse en riesgo de ser identificadas.
La separación y entrega del hijo
A pesar de que las mujeres sabían que llegaría el momento de separarse de sus hijos, el dolor de
la separación marcó sus vidas.
“A mí me mandaron a decir 8 días antes que ya me iban a recoger. Todos los días me acostaba
a llorar como una magdalena, miraba mi niña y nada. Cuando llegó el día que me iban a
recoger, yo la estaba bañando y a mí me agarró un escalofrío en las manos y dije: ya me van a
recoger, ya llegaron, llegaron y me fui. Fue muy duro, yo lloré mucho, muy duro porque al yo
saber que tenía que dejar mi hija, no sabía cuándo la iba a volver a ver, no sabía qué iba a pasar.
Bueno, las cosas se quedaron así, yo me fui, me recogió el papá de la niña” (P 6:24:66. Helena).
“Estaba en una casa, como a 40 minutos de Santa Rosa. Ahí me capturaron y nos echaron a las
dos (ella y la hija de15 días de nacida) en el helicóptero para Bucaramanga. Al otro día la
audiencia para la legalización de captura y lo más duro fue que ahí me la quitaron y se la
entregaron al Bienestar Familiar” (P 7:20:110. Mariela).
“Desde el momento en que uno está en embarazo y decide darle la vida a ese hijo ya uno es
consiente. Uno se prepara para todo eso, pero sin embargo a uno le da duro el impacto, uno se
prepara para decir: yo lo tengo, lo mando para donde mi familia, lo voy a ver cada que tenga la
oportunidad, o sea, no hay fecha fija porque uno no sabe” (P 3:24:65. Ana).
En ellas brotaron sentimientos de incertidumbre y tristeza, por tener que dejar a sus hijos y
regresar al monte, pero fue una separación inevitable y para muchas mujeres definitiva (3)
porque nunca lograron establecer relación de madres para con sus hijos; a una de ellas incluso
le fue negada la posibilidad de que su hija creciera sabiendo quien era su mamá, otros
tomaron ese rol y ella debió ver como su hija la trataba como extraña, por tanto experimento
una lucha entre las manifestaciones de desapego de su hija y los sentimientos maternos.

L6

Cap 3

Un estereotipo muy difundido en diferentes contextos presenta a la mujer


como no violenta, como un alma docil, pasiva e indecisa. Esta version la denomina
el “bello sexo” en contraposicion al “soldado macho”, al que asigna
rasgos asociados con la valentia, la fuerza y el dominio (Rojas, 1997). Lo paradojico
de la division entre “almas bellas” y “guerreros justos” es que el otorgarles
a las mujeres caracteristicas esenciales que les impedirian ejercer la violencia
tiene efectos negativos respecto a la prolongacion de estructuras desiguales
de poder. Esto contribuye a invisibilizar su participacion en los conflictos
armados y las guerras y a impedir que las mujeres aporten a la resolucion
pacifica de conflictos a traves de la negociacion politica, es decir, que
tampoco se reconoce en ellas su cualidad como actoras de paz

Esas distinciones de genero al invisibilizar la participacion de las mujeres en las guerras afectan las relaciones
de poder, pues las vinculan al ambito domestico, excluyendolas de la
politica y la direccion del Estado.

Para dirigir un Estado mayor como para


propiciar una guerra se exigen las caracteristicas que concuerdan con los atributos
masculinos, rapidez en la toma de decisiones, racionalidad, frialdad,
fuerza, valentia y arrojo; que se contraponen a los estereotipos femeninos,
pasividad, indecision, irracionalidad, sentimentalismo, debilidad y cobardia.
Evidentemente, los estereotipos que se adscriben a un estatus central -e n este
caso lo masculino- tienden a inducir una percepcion selectiva que concentra
la atencion en caracteristicas que los apoyan y excluyen las evidencias que no
los confirman. En consecuencia, las mujeres suelen ser designadas con rasgos
de inferioridad que proporcionan las evidencias de su comportamiento. Esta
vision refuerza la idea de las diferencias entre hombres y mujeres al afirmar
que los atributos asociados con la masculinidad son mas importantes para lo
publico y los femeninos para lo privado.

2 .1 .1 Las excluidas de la g u e r ra . Implicaciones de la


ausencia h is tó ric a
Se deduce del recuento anterior que tambien las mujeres defendieron el uso
de la fuerza como un recurso legitimo para restituir la paz. Amazonas, doncellas
guerreras y mujeres resistentes, todas ellas formas matriciales de representacion
guerrera, habrian contribuido “a reconstruir el tejido heroico de lo
femenino muy debilmente representado y visibilizado en la cultura occidental
hegemonica” (Munoz, 2003: 130). Pese a ello, se refuerza la idea de la
guerra como una cuestion de varones al insistir en el argumento esencialista
que asocia a la mujer al pacifismo y al varon al militarismo, basada en los
compendios de la historia formal que exalta las grandes gestas de heroes varones;
aunque cada vez mas la historiografia feminista demuestre que la participacion
de las mujeres en la guerra no es tan minoritaria ni tan extrana.

La participacion directa e indirecta de las mujeres en guerras y ofensivas belicas


en la historia antigua, moderna y contemporanea demuestra que con esos
condicionamientos de genero, y por encima de los cuestionamientos sociales,
ellas han trasgredido su papel de “almas bellas”. Al respecto, Hoglund plantea
que existe una relacion directa entre el grado de militarizacion de una sociedad
y el nivel de sexismo de sus instituciones. Para ella la educacion militar
juega un papel central en el reforzamiento del modelo de masculinidad construido
a partir de la negacion, supresion y devaluacion de lo que culturalmente
es considerado como “femenino”, es decir, la empatia, la amabilidad y la
delicadeza (Hoglund, 2001). La fascinacion de los varones por la violencia no
surge como un hecho natural e inmodificable de la naturaleza masculina, sino
como consecuencia de un modelo determinado de virilidad o de los valores
asociados a esta, como la dureza, el dominio, la represion y la competitividad.
De este modo, la contradiccion entre las identidades de genero -e n este caso
en relacion con la violencia- se ubica en terminos de la alteridad radical, muje
r pacifica/hombre violento. Esto depende de la definicion cultural de la
masculinidad y las implicaciones que esta tiene sobre la imagen del hombre,
que se concibe hiper viril, desfeminizado y generador de violencia (Fisas, 1999).

Los juegos de rol, la educacion, la tradicion, la cultura y los medios de comunicacion


a los cuales tienen acceso los ninos y adolescentes varones refuerzan
los estereotipos sexuales y la belicosidad viril, es decir, que el proceso de socializacion,
que cada vez compromete a mas instituciones, ejerce una fuerte
influencia en la formacion de la identidad y los roles de genero. Los ninos son
animados desde chicos para que sacrifiquen sus vidas en enfrentamientos innecesarios,
disminuyendo las probabilidades de negociar los conflictos por
vias diferentes a la violenta. Esta es una mistica de la violencia que les ensena
la respetabilidad de la guerra y una cantidad ilimitada de heroes, guerreros y
valientes soldados que demuestran su hombria en el campo de batalla y que
mueren por defender el honor de su patria (Miedzian, 1995); un comportamiento
normativo que no es indispensable explicar porque las actuaciones
masculinas no estan sujetas a criticas. De ahi que, si esta conducta es la norma,
la guerra y la violencia se aceptan como componentes centrales y normales de
la experiencia humana, convertidas por la cultura en eventos heroicos y excitantes
que amplian la influencia que se ejerce sobre los ciudadanos para que
apoyen las guerras sin cuestionamientos eticos.

Hechos como estos confirmarian que las mujeres ni son tan pacificas como se
las ha construido, ni son solo victimas como aparecen reportadas en los textos
historicos. Es decir, que tambien han contribuido a la prolongacion de las
guerras y a su degradacion, lo que constituye una trasgresion de los estereotipos
de genero que contribuye a que los juicios sociales sean mas duros con
ellas porque subvierten las caracteristicas asignadas, incorporandose a instituciones,
agrupaciones o acciones prohibidas por la cultura patriarcal. Por lo
anterior, se sobredimensiona su agresividad, la crueldad o cualquier comportamiento
asociado con la virilidad. “Una mujer egoista y agresiva no es solo
eso, sino algo extrano a la naturaleza femenina: la naturaleza la define dulce,
pasiva, sumisa. Y quien se aparta de esa imagen ideal e idealizada contraviene
los canones de comportamiento, y el grado de tolerancia hacia esa agresividad
resulta muy reducido ya que se trata de una conducta no natural

Tambien en los relatos de excombatientes de diferentes grupos armados colombianos,


las mujeres expresan que debian demostrar constantemente su
aptitud para el combate y la vida guerrillera para afirmarse como guerreras, en
la medida que se asimilaban a los hombres para merecer su permanencia en
esas estructuras. Ello incluia, entre otras cosas, estar dispuestas a cometer actos
crueles contra sus enemigos o, incluso, contra sus mismos companeros
cuando violaban las normas. Se esperaria entonces que si las mujeres son
invisibilizadas como combatientes y su “debilidad natural” las condiciona a
ser pacificas, la historia hiciera justicia con sus gestas por la paz. Pero, del
mismo modo que con sus actuaciones en las guerras, su presencia en las acciones
de paz tambien esta limitada por la separacion publico/privado

CAP 2
Las mujeres han participado en las guerrillas colombianas desde sus inicios. A
pesar de ello, no han figurado como protagonistas de esta historia. Hasta hace
poco, las escasas referencias que se tuvieron en el pais de su presencia en las
filas guerrilleras las aportaron las cronicas periodisticas sensacionalistas que
las representaron como mujeres “temerarias” y, por lo tanto, anormales. No
obstante, en diferentes investigaciones academicas se empieza a dar cuenta de
su presencia en estos espacios, con especial interes en la explicacion de las
razones que las habrian impulsado a incorporarse a estos grupos, pero tambien
a dilucidar como su participacion en estas instancias las comprometen en
la violacion de los derechos humanos y en los delitos de lesa humanidad que
produce esta larga confrontacion.

Para enmarcar la incorporacion de las mujeres a las guerrillas comunistas, en


el caso colombiano, es necesario referirse a los anos sesenta y principios de los
setenta, epoca en la que los partidos politicos de izquierda y los grupos insurgentes
recibieron el influjo de la Guerra de Vietnam, la invasion norteamericana
a Bahia Cochinos en Cuba y el posterior bloqueo economico de la isla,
asi como la influencia de movimientos pacifistas que se oponian a la guerra.
Este periodo constituye el florecimiento de la vinculacion femenina a los partidos
asociados con el cambio y a las organizaciones sociales populares. Sin
embargo, se configuraron vivencias que replicaban el modelo social que se
pretendia dejar atras.
Ellos ordenaban/ ellas obedecian, ellos escribian/ pensaban/ arengaban,
ellas transcribian/ ordenaban las sedes (que ellos desarreglaban)
/recolectaban los fondos (que ellos gastaban), repartian
los boletines de ellos, gritaban por ellos, votaban por
ellos. A nombre de Cristo o de Marx, ellas rivalizaron entre si
por sus idolos y las verdades que les habian revelado (...) la mujer
objeto hizo carrera en sedes y trincheras de quienes veian necesario
tomar las armas para derrotar la fuerza de la ideologia (Sanchez,
1987: 40).

Su salida de casa, para afiliarse a un grupo ideologico que optaba por la lucha
armada, procuraba el rescate de su identidad a traves de la pelea contra el
autoritarismo de la familia, del grupo social y del Estado. Las mujeres adoptaron,
inadvertidamente, el modelo cultural vigente. Se enfrentaron a conflictos
familiares y pasaron por encima de sus proyectos religiosos, a la vez que
alentaban su busqueda de autonomia.

Algunas abandonaron la ilusion de un cambio incompatible con sus aspiraciones


de igualdad y comenzaron a producir timidas rupturas con la ideologia
que las habia persuadido. De manera individual, pero simultanea, el entusiasmo
inicial de las militantes de los anos sesenta y comienzos del setenta empezo
a decrecer. Se pronunciaron sobre la necesidad de aislarse y unirse a otras
mujeres para reflexionar sobre sus problemas personales, que mas tarde se
convertirian en hechos politicos.
En esos momentos, en las organizaciones populares la opresion de clase es el
elemento que impulsa la lucha, pero solo hasta finales de los anos setenta se
vislumbra de forma mas clara la influencia de la izquierda. A pesar del triunfo
de la revolucion nicaraguense y del escaso reconocimiento de la participacion
femenina en ella, la organizacion popular sigue evidenciando que la lucha
especifica de las mujeres es secundaria y que el punto central es el cambio de
estructuras socioeconomicas injustas en la sociedad. Por ello los esfuerzos de
esos anos se dedican al analisis de la realidad, al apoyo y solidaridad con los
paros civicos, huelgas, manifestaciones….

Para las mujeres de las organizaciones populares, el objetivo central estaba


puesto en el cambio social, por ello debian prepararse y luchar al lado de los
sectores oprimidos. La esperanza de construir una nueva sociedad les impedia
discutir la situacion familiar o afectiva, los problemas inherentes a su condicion
de mujeres, la discriminacion en el trabajo productivo, entre otras trabas
impuestas a su sexo, en el actual status quo.
Los estudios realizados en Colombia por Sanchez y Sanchez (1992); Toro
(1994); Mosquera y Holguin (2001); Lelievre, Moreno y Ortiz (2004); Blairy
Londono (2004) y Londono y Nieto (2006) coinciden en que las condiciones
para la incorporacion de las mujeres contemplan situaciones dramaticas de
limitacion economica. El grueso de las militantes pertenecia a los sectores
marginales de la sociedad; procedian de hogares con similares caracteristicas:
baja escolaridad de sus miembros, alto indice de dependencia, trabajo infantil
para incrementar el ingreso familiar, ausencia frecuente de uno de los padres;
familias tradicionales que cumplen cabalmente con los estereotipos de genero:
mujer ama de casa y hombre garante economico, padres y madres maltratadores,
violencia contra las mujeres, entre otras.

1 . LA E N TR A D A EN E S C E N A DE LAS M U J E R E S EN
EL M O V IM IE N TO IN S U R G E N T E
En las FARC, aunque no se conoce con exactitud el momento de incorporacion
de las mujeres, su presencia se destaca desde varias decadas atras. Dado el
origen campesino de esta guerrilla, es facil deducir que, de acuerdo con su
vision masculina de la guerra, no se habria aceptado mujeres en las filas desde
el inicio y, por lo tanto, lo que forzo su cooptacion fue la necesidad de ampliar
el ejercito revolucionario. Hoy el grupo armado presume de tener un componente
femenino cercano al 40% del total de combatientes, en su mayoria,
procedentes del espacio rural y una proporcion importante de menores de
edad, como lo comprueban los reportes de las deserciones individuales en los
ultimos anos.
En el Ejercito Nacional de Liberacion, ELN, las mujeres tuvieron presencia
como colaboradoras desde la primera accion militar en 1965, en la toma a
Simacota; aunque portaban armas no podian combatir. En 1987 el ingreso de
nuevos integrantes a la organizacion permitio la ampliacion de los espacios y
posiciones para que ellas pudieran expresarse. Estos aires de reforma cuestionaron
el caracter rural de la guerrilla y el predominio militar sobre el debate
politico, lo que genero la escision definitiva de un buen numero de combatientes
que conformaron la Corriente de Renovacion Socialista, CRS, un nuevo
grupo que acepto sin condicionamientos a las mujeres, pero que, como todos
los demas, inhibio su participacion en los escanos mas altos de la estructura
politica y militar.

Tambien hicieron presencia, desde su fundacion, en el M-19. Este grupo incorporo


mujeres tanto en su estructura urbana como en la guerrilla, lo que en
gran medida se explica por el gran componente de universitarios y miembros
de la clase media de las ciudades capitales. Es importante destacar que un
grupo importante de quienes se vincularon al M-19 provenia de diferentes
organizaciones guerrilleras y, por lo tanto, tenian un acumulado politico y
militar cuando ingresaron al grupo, y ello habria contribuido a esta apertura.

La incorporacion de las mujeres en las guerrillas no fue masiva, en primer


lugar, porque no era facil lograr la incorporacion; en segundo lugar, porque
no habia sinceridad en sus directivos sobre la necesidad de equiparar a las
mujeres. Segun sus apreciaciones, la baja presencia femenina en las filas se
debia a que los condicionamientos siempre fueron mayores y para su aceptacion
primaron los criterios estereotipados.

1 .1 Los espacios, las posiciones, las fu ncio nes, y re s ponsabilidades


de las m u je re s en los g ru p o s a rm a d o s
El conjunto de las mujeres entrevistadas evadio la pregunta sobre los rangos
que lograron en la organizacion porque, al parecer, las posiciones que ocupaban
no eran muy precisas, sobre todo en las bases. Las militantes, por ejemplo,
declaran que en sus estructuras no habia rangos y que las jerarquias fundonaban mas en los campamentos de la guerrilla.
Por lo tanto, mas que a los
cargos ocupados se refieren al desarrollo de tareas, actividades concretas y
diversas que se hacian dependiendo de los requerimientos que imponian las
acciones del movimiento. Las funciones dependian del espacio donde estuvieran
ubicadas, las urbanas, por ejemplo, se involucraban en labores de espionaje
e inteligencia, para la recuperacion de armas y dinero, el transporte de
armamento, la distribucion de propaganda subversiva, la cooptacion y el adoctrinamiento
de jovenes.

Segun sus terminos, los directivos consideraban que las mujeres eran expertas
en creacion de redes, porque eso es lo que continuamente hacen en la casa.
Por ello, desde su vinculacion, les asignaron las actividades relacionadas con
la ampliacion de las bases sociales de apoyo y las relaciones comunitarias. Bajo
su responsabilidad recaia el reclutamiento y adoctrinamiento de combatientes y la organizacion politica del campesinado.
Esa supuesta destreza para establecer
contactos y convencer a las masas les habria permitido moverse con
mayor facilidad en un espacio que parecian dominar, pero que requeria cualificacion
para no terminar afectadas sentimentalmente.

Con la ampliacion de los frentes de combate aumento la incorporacion de


mujeres a la guerrilla; de este modo, ellas fueron penetrando a un baluarte
tradicionalmente reservado a los varones. En su posicion de combatientes,
realizaron todas las actividades encomendadas a cualquier soldado: En la estructura
militar ocuparon los rangos de soldados rasos, comisarias de frente,
mandos de escuadra y tenientes. Estuvieron designadas en la fuerza combatiente
que se desplegaba para la creacion de nuevos frentes, el traslado de
tropas y la ubicacion del campamento. Hicieron parte de las columnas moviles
y de las fuerzas especiales. Formaron parte del Estado Mayor Regional y se
destacaron en un sinnumero de actividades relacionadas con la dinamica guerrillera.
Como todos los combatientes, recibieron instruccion militar, dentro
y fuera del pais.

Rebatir las ordenes era evaluado como una falta de firmeza ideologica, una
caracteristica que los dirigentes asociaban con la debilidad femenina, con la
emotividad y la menor capacidad de iniciativa y de implicacion con el grupo,
todas esas imagenes sexistas que impedian evaluar con objetividad su competencia
y desempeno. Algunas consideran que por negarse a realizar esos mandatos
fueron marginadas, sus desacatos se sancionaron con la degradacion en
el rango o la imposibilidad de acceso a nuevas responsabilidades y ascensos en
la estructura jerarquica, o con obstaculos para su movilidad horizontal. Son
enfaticas al senalar la prepotencia masculina con la que se asignaban tareas y
se planteaban exigencias para que asimilaran el comportamiento y los rasgos
asociados con la virilidad masculina para ser buenas combatientes. Esta nueva
identificacion implicaba, por supuesto, la transformacion de su personalidad,
enfrentar con frialdad situaciones comprometedoras, demostrar su capacidad
de control emocional y de reaccion, combatitividad, decision e implicacion
extrema.

2 . LA EXCLUS ION DE LAS M U J E R E S EN LOS N IV E LES


SUPERIORES DE LA E S TR U C TU R A JER A RQ U IC A
El analisis de los testimonios demuestra que no habia normas escritas que
restringieran o impidieran que las mujeres ocuparan cargos directivos en las
organizaciones armadas. Sin embargo, es interesante observar como el proceso
de formacion de la estructura de poder de estos grupos fue marginandolas
de las distintas posiciones de mando

Desde un principio, los combatientes masculinos de base se opusieron al reclutamiento


femenino y, sobre todo, a que se Ies ofreciera a las mujeres como
estimulo para su incorporacion, la equiparacion sexual con los varones, lo
que confirma que los estereotipos sexuales resisten mas en la base que en la
cuspide, pues muchos de ellos se resentian con la organizacion y preferian
relegarse a sentirse injustamente homologados. Sin embargo, los directivos
de estos grupos especificaron una total igualdad de derechos y deberes para
reducir las tensiones entre varones y mujeres. Aun asi, como confirman sus
narraciones, los varones siguieron resistiendose a la modificacion del sistema
normativo, justificando su oposicion en las divisiones arbitrarias respecto a
los roles de cada genero, posicion misogina que se sustentaba en la interpretacion
socio-historica de las diferencias anatomicas entre los sexos y en la supuesta
incapacidad de las mujeres para desprenderse de los sentimientos e
imagenes diferenciadas ligadas al sexo. Bajo estos parametros, la debilidad de
las mujeres era una razon suficiente para descalificarlas como combatientes,
menos se podia esperar que les permitieran ocupar cargos directivos.

.1 Los som b rio s im p e d im e n to s p a ra a s c en d e r: bar


r e r a s ideologicas y sexismo e n c u b ie rto
La mayoria de las entrevistadas no considera que hubiera discriminacion sexual
en la organizacion donde militaron. No obstante, en sus testimonios aparecen
importantes hallazgos que comprueban la existencia de asignaciones desiguales,
hay claras referencias sobre los criterios estereotipados que primaban
en la distribucion de las funciones y responsabilidades, es decir, que el patron
de asignacion de estas obedecio, en muchos casos, a la reproduccion de las
concepciones sexuales normativas. Esta es una practica que perjudico a las
mujeres, al ser evaluadas de acuerdo con los atributos del grupo, a pesar de
estar en proceso de transito, es decir, de tener que asimilarlos para ser aceptadas.
Sus discursos aun reproducen la ideologia del grupo armado. Muy pocas
plantean una reflexion critica sobre el sexismo y sus implicaciones en la promocion
de mujeres hacia las esferas de poder. Esa supuesta igualdad en las
labores cotidianas del campamento velo las desigualdades, e incluso otras discriminaciones.
El terreno quizas mas vulnerado fue la individualidad.

No se debatian los asuntos relacionados con la identificacion de genero, la


individualidad, la autonomia, el reconocimiento de la diferencia, las responsabilidades
familiares, la participacion en las instancias de direccion, los derechos
sexuales y reproductivos, porque estos aspectos deberian ser postergados
hasta el triunfo de la revolucion. Mientras tanto, las mujeres se conformaron
con la creencia en la igualdad y la solidaridad entre los sexos, limitada casi
siempre a la participacion de los varones en la cocina o de las mujeres en
actividades del combate. La igualdad se referia a ser como ellos, se entendia
como la asimilacion de los atributos masculinos y, por lo tanto, en este proceso
ellas negaban su identidad y no los varones. Esta cuestion imposibilito
mayores aportes para la transformacion cultural de asuntos que requerian ser
modificados en esos espacios y que, por el contrario, terminaron reforzados

Rosa, una militante del M-19, plantea que, a pesar de vivir una constante
discriminacion sexual, las m ujeres no debatian esta situacion de manera conjunta,
porque como combatientes que eran estaban convencidas, ideologicamente,
que la lucha principal se planteaba en el orden economico y no en el
plano cultural. Cuando recuerda esas situaciones, se refiere de manera despectiva
a los analisis que proponian sus companeras al afirmar que sus alegatos
“no pasaban de ser meras rabietas y lloriqueos de momento que no trascendian”
(Rosa, M-19). Es decir, que no eran verdaderas batallas ideologicas
que reivindicaran la trasformacion del orden social, sino simples reclamos
individuales por mejoras puntuales. Pero, como ella, otras combatientes entendian
la reproduccion del orden social existente en el grupo armado y consideraban
que alli se repetian los mismos patrones culturales del resto de la
sociedad. De acuerdo con su reflexion, la falta de perspectiva politica feminista
no permitio que se debatieran estas cuestiones y que, ademas, se les restara
importancia frente a otros aspectos menos trascendentales, que si ameritaban
debates, por ejemplo la constitucion de parejas. Para ella, las mujeres habrian
perdido una oportunidad historica para lograr las transformaciones que condujeran
a su reconocimiento. La misma estereotipia de genero permitio la
reproduccion del orden patriarcal, un aspecto que ahora evaluan como un
error de la militancia, en que ellas fueron complacientes como mujeres, en
una estrategia para ascender.

El recorrido para acceder a los escasos cargos de direccion que les estan permitidos
esta lleno de obstaculos. En primer lugar, se topan con las barreras
ideologicas, los dogmas y la imposibilidad de cuestionar las directrices organicas,
lo que restringe el espacio de actuacion, que requiere las supuestas caracteristicas
masculinas, el arrojo, la frialdad, la racionalidad, la valentia y la rapidez
en la toma de decisiones. La ternura y el sentimentalismo como “cualidades
femeninas esenciales” no se ajustan al desempeno en estas posiciones, y
de ese modo se descartan. En esta situacion, las mujeres se ven obligadas a
aceptar la cultura competitiva del reto y de la estrategia que marca el exito.

En segundo lugar estan los impedimentos patriarcales; la complicacion que


suscita en varones y mujeres legitimar la autoridad de una mujer y el cumplimiento
de ordenes y disposiciones que ella imparta; la continua evaluacion
sobre sus actos; la descalificacion y negacion de las formas de actuar propios y
la supuesta incapacidad para ajustarse a la convencion y la norma viril, asi
como la imposibilidad de rebatir la distintividad positiva de lo masculino frente
a lo femenino, mecanismo coactivo a traves del cual se insistia en la “objetiva”
superioridad masculina en este terreno y se insistia en ese orden jerarquico
que historicamente ha privilegiado a los varones.

En estos contextos, como aseguran las excombatientes, eran frecuentes los


comentarios que les recordaban su presencia en un baluarte masculino, en
consecuencia, sus actos deberian ajustarse a esas normas. Alicia, una comandante
de escuadra del EPL, narra que cuando tenia problemas con sus subalternos,
los superiores le exigian que actuara como lo haria un varon en su
posicion, recomendandole que hiciera valer los pantalones, en alusion a la
autoridad que impone la prenda y la legitimidad con que investe a quien la
posee. Se deduce que esta practica autoritaria reducia la posibilidad de experimentar
nuevas formas de ejercer el poder, porque estas alternativas amenazaban
el orden y la realidad que desde lo masculino se designa como lo normal,
lo que, infortunadamente, corroboraban ciertas mujeres que, bajo actitudes
sumisas y condescendientes, reconocian esas formas diferenciadas de ejercicio
del poder como una debilidad.

*Tanto en la estructura urbana como en el grupo armado, a pesar de ser eficaces


en la administracion, en la planificacion y en el diseno de una estrategia militar,
eran juzgadas por las faltas, las omisiones o los excesos cometidos. El rasero
para medirlas era la debilidad femenina, sin considerar los factores externos
que hubieran incidido. Los errores de los varones, por el contrario, se
evaluaban con parametros diferentes a los asociados con los estereotipos de
genero.

Mientras en ellas se reprochaba la infidelidad y la arrogancia, en los varones


estas conductas pasaban desapercibidas o se enaltecian, e incluso los volvian
elegibles para ocupar diferentes cargos; la doble moral era permisiva con ellos
y rigida con las mujeres. Por lo anterior, los esfuerzos para ascender fueron
mayores, pues estaban sometidas a un control disciplinario mas riguroso, por
ello muy pocas pasaban los filtros y ascendian en la jerarquia de mando. Debian
demostrar una conducta intachable y la abnegacion suficiente para merecer
confianza y aprobacion, para ganar respeto y admiracion, la designacion o
la eleccion en esos cargos, mientras que para sus companeros estos aspectos
no eran tenidos en cuenta. Aunque todos los combatientes estaban sometidos
a rigidos controles sobre sus actos, la sancion normalizadora y la vigilancia,
fueron mas severos con ellas, pues debian batirse en la ambivalencia del recato
solicitado a las mujeres y la dureza de los varones para enfrentar las situaciones
cotidianas.

Otra razon para que las mujeres no ascendieran esta relacionada con la militarizacion
de la organizacion politica que propicio el ascenso de los guerrilleros
en la estructura jerarquica y, por lo tanto, la promocion en las cupulas estuvo
mas condicionada al desempeno militar que al politico, un espacio donde las
mujeres tenian menor presencia y se destacaban menos.
La mayoria de las entrevistadas estan de acuerdo con las anteriores opiniones,
no obstante, otras excombatientes defienden con vehemencia que en sus grupos
no habia discriminacion jerarquica, pues los ascensos se lograban con el
cumplimiento de los requisitos. En el caso particular de Violeta, del M-19,
ella considera que por ser mujer recibio un tratamiento especial. Considera
que sus companeros la valoraban, que reconocian sus aportes a las discusiones
porque introducia visiones diferentes sobre los asuntos tratados. Sostiene
que los combatientes consentian y cuidaban a las mujeres, aunque reconoce
que, a veces, las subvaloraban por su condicion femenina, sobre todo, en las
actividades que requerian mayor fortaleza fisica. Las mujeres se adecuaban a
esos rudos ambientes, demostraban su fuerza y no cedian a las burlas, la lastima
o, incluso, la ayuda ofrecida. Como otras que tuvieron altos cargos, Violeta
considera que ese espacio fue ganado en franca competencia. Sin embargo,
considera que una debilidad adicional para las mujeres era la corta edad a la
que ingresaban

EL PROCESO DE ID E N T IF IC A C IO N P ER SO N A L Y
COLECTIVA E N LA G U E R R A
No habia tiempo para discutir la redefinicion de las relaciones entre los sexos
ni la emancipacion de las mujeres como genero subordinado. Todo lo contrario,
en el proceso de convertirse en revolucionarias, en la constitucion de su
nueva identidad, ellas debian negar su particularidad como mujeres para asimilar
los comportamientos valorados: los asociados con la masculinidad. Continuamente
se les solicitaba que demostraran por que habian sido aceptadas y,
como los demas combatientes, debian desplegar los atributos que exigia la
participacion en la guerra declarada al Estado, el autocontrol, la rigidez y la
austeridad necesarias para reprimir los deseos personales.

Sus testimonios permiten dar cuenta de las fracturas que sufrio su identidad
personal y como las mujeres fueron elaborando su identificacion como guerrilleras;
como fueron adoptando modelos, figuras, repertorios y discursos
para hacer el transito hacia esa nueva pertenencia; pero tambien como se resistieron
a ese sujeto unico que se queria crear en este espacio. En este conflictivo
proceso de construccion de una nueva identidad colectiva, la individualidad
resulto seriamente afectada, pues los limites de la guerra marcaron la
constitucion de su subjetividad. No obstante, este proceso mas que ascensos y
retrocesos permite mostrar como su participacion no solo modifico sus comportamientos
genericos, sino que les permitio alterar la rigida estructura del
grupo armado

Sin duda un logro para muchas de ellas fue la desnaturalizacion de la feminidad


y sus supuestas funciones biologicas, sin que ello haya implicado un debate
profundo sobre las preferencias sexuales de los militantes. Esa pretendida
igualdad con los varones en el combate y en la cotidianidad de la guerra las
fue liberando de sus creencias en la identidad esencial y mitica de la mujer
fragil, sumisa e incapaz. En otros terminos, esa ruptura con el ordenamiento
establecido les permitio deshacerse de algunos tabues y cuestionar aquellos
aspectos “indiscutibles” del ser mujer. Por ejemplo, la sexualidad reproductiva,
los deberes maternales y la indisolubilidad del matrimonio, reflexiones
que, de ningun modo, constituyeron un aliciente para solicitar la igualdad
politica y el reconocimiento de sus diferencias.

La utopia revolucionaria integraba un ideal de igualdad que homologaba a los


sujetos. De ese modo, se decretaron eliminados todo tipo de diferencias: las
religiosas, las nacionales, las economicas, las sociales, las politicas y las culturales,
incluidas las de genero. Con esta conviccion se desestimaron las reivindicaciones
feministas concernientes a la diferenciacion generica y las mujeres
fueron anuladas como sujeto particular, al ser incluidas en el concepto de
“hombre nuevo” concepcion que homogenizaba a un gran numero de sujetos
sociales distintos en un todo unico. Ese sujeto revolucionario contemplaba
todas las aspiraciones de quienes lo componian, las cuales se harian realidad
cuando triunfara la revolucion proletaria, por lo tanto, no tenian por que establecerse
luchas particulares que debilitaran su accion. Todo lo contrario, se
debia renunciar a esos objetivos individuales como una demostracion del convencimiento
ideologico con la causa.
*En muchos casos, el distanciamiento de la experiencia es el que ha permitido
que ellas evaluen la discriminacion por razones sexuales de la que fueron
objeto en las filas. Ahora tienen mayor conciencia, porque en ese momento se
impedia la discusion sobre esos asuntos, prohibidos en el codigo revolucionario.
En sus reflexiones actuales han podido dilucidar que no solo habia dominacion
masculina, sino que muchas mujeres reforzaban los estereotipos asociados
con la feminidad normativa. Por eso tambien en este espacio callaban,
asentian, aprobaban, consentian y cedian. En otras palabras, actuaban de acuerdo
con la designacion construida, que presenta una imagen devaluada de las
mujeres.
Ellas aseguran que durante la militancia pensaron que podian transformar la
forma en que eran tratadas, pero son conscientes que no hicieron explicitas
todas sus demandas. Por ello en los espacios que requerian sus aportes, el
miedo al ridiculo, la infravaloracion de sus contribuciones, el que sus ideas se
ignoraran o se descalificaran las mantenia al margen de las discusiones. Terminaron
aceptando decisiones sin estar convencidas y a pesar de resultar afectadas.
Cuando trataron de debilitar con sus “inquietudes emocionales” esos
rigidos discursos guerreristas, el autocontrol masculino fue el que se impuso.

Lo que mas lamentan es que los intereses estrategicos, en terminos feministas,


es decir, las demandas para superar la subordinacion, la supresion de las
formas institucionalizadas de discriminacion de las mujeres y, en ultimas, su
emancipacion no estuvieran respaldados ni siquiera por las mismas combatientes.
Y, en ese sentido, su contribucion para modificar las actitudes y comportamientos
patriarcales habria tenido poca incidencia, lo que quizas haya
sido producido por la baja presencia femenina en algunos frentes y porque,
ademas, las rivalidades entre las mujeres eran promovidas y alentadas por los
mandos. Recuerdan que estos privilegiaban, sobornaban, intimidaban y acosaban
a las mujeres para obtener su respaldo y sus favores sexuales, a traves de
su reconocimiento y distincion frente a otros. Por el contrario, con quienes
no obtenian nada utilizaron estrategias que boicotearon su desempeno. Las
castigaron, ridiculizaron, minimizaron y subvaloraron para disuadirlas de
sus aspiraciones, deslegitimando y desacreditando su trabajo frente a los
demas. La dirigencia utilizaba discursos esencialistas para referirse a las
mujeres y reclamar que en momentos y espacios particulares se comportaran
como tales.
Habia diferencias en el trato que los comandantes daban a las
mujeres. Mientras algunos las maltrataban como combatientes,
senalando todas sus debilidades en la fuerza armada, otros consideraban
que porque era un acto de valentia, un acto de heroismo
el que la mujer se fuera al monte, incluso esa mujer que
tenia a sus hijos y se iba era una mujer supremamente valerosa.
No obstante, creian que ellas eran debiles para estas funciones
y, por lo tanto, las tenian mas en cuenta para las acciones de
inteligencia donde podian pasar desapercibidas (Gabi, M-19).

La e sen cia fem e n in a a fa v o r de la g u e rra


La guerra, como se ha escrito, pregonado y defendido, es un espacio masculino
por excelencia. Sin embargo, el prototipo de la feminidad ha sido funcional
en diferentes momentos y lugares para los proyectos que defienden los
actores armados. Por eso tambien las guerrillas aprovecharon la subestimacion
social de las mujeres y la utilizaron al servicio de la guerra. Las cualidades,
habilidades y destrezas femeninas se volvieron imprescindibles cuando
se trataba de cumplir objetivos, ganar posiciones y salir ilesos de la confrontacion.
Las mujeres se volvieron habiles en aquellas funciones que requerian de los
recursos femeninos para lograr mejores resultados en las acciones. Utilizaron
su condicion maternal, su dulzura y sensibilidad para fingir situaciones y enganar
al enemigo, instrumentalizaron su feminidad y la pusieron al servicio
de la causa revolucionaria. Estuvieron dispuestas a ser mujeres tradicionales
cuando asi se los requeria la actividad encomendada y se volvieron audaces en
utilizar esas cuestionadas estrategias de la “maligna feminidad”. Tampoco dudaron
en usar los subterfugios y los chantajes emocionales, entre otras “maniobras
femeninas”, cuando estas eran imprescindibles para el exito de una
accion. Todos esos recursos se utilizaron cada vez que la situacion lo ameritaba
sin ninguna reprobacion, los cucstionamientos se han hecho despues. En
esos momentos no les preocupaban las implicaciones de reforzar los estereotipos;
simplemente, se valoraban como ventajas utiles en el desarrollo de sus
labores y por ello las aprovechaban. Ademas, las mismas mujeres exaltaron,
confirmaron y dieron validez a esc comportamiento porque era consecuente
con la causa.

*Mientras el movimiento feminista avanza en el proceso de deconstruccion de


lo femenino, tal como habia sido concebido por la cultura patriarcal, las mujeres
en la guerrilla afianzaban esa concepcion al servicio de la guerra. Es decir,
que mientras las feministas avanzan en el terreno cultural para que sus
diferencias fueran reconocidas, las segundas insistian en las transformaciones
sociales y economicas para conseguir la igualdad en todos los espacios

.2 Las tu rb u le n c ia s en su nueva id en tid ad


Esos cuestionamientos a las certidumbres del comportamiento tradicional
femenino, que podria haberlas liberado de las trabas patriarcales para desarrollar
sus proyectos personales, fueron cediendo espacio a la reivindicacion colectiva
y, de este modo, ellas relegaron sus suenos y deseos individuales. Es
este sentido, el movimiento frena su independencia y su autonomia, al ejercer
amplios controles. Alli se vigila, se piden reportes y autorizaciones, se obedece,
no se concilia, no se confrontan los aspectos doctrinarios y mucho menos
se plantean transformaciones culturales.

Los problemas de la vida cotidiana se fueron postergando sin obtener solucion,


porque todos los conflictos se supeditaban a la toma del poder. De esa
forma, las diferencias individuales se volvieron invisibles, las particularidades
desaparecieron y, como resultado, se producia combatientes y militantes que
luchaban por una sociedad mas justa, sin ser justos ni equitativos en la practica,
menos aun en las relaciones entre los generos.

La subordinacion de su identidad personal, como de otras adscripciones sociales,


por el privilegio de la identidad de clase, que se consideraba prioritaria
para la militancia en estas organizaciones, interpuso un conflicto constante
durante su experiencia en el grupo. En ese proceso aprendieron el antifeminismo
de la ideologia de clase y criticaron los planteamientos feministas porque
se aliaban con la burguesia y constituian un peligro para la unidad revolucionaria
del proletariado. Tambien se debe aceptar que varias intentaron, incluso
valiendose de sus atributos femeninos, ser sujetos insumisos y, en ciertas
oportunidades, aprovecharon los resquicios que dejaba la dominacion
masculina para apropiarse de algunas parcelas de poder y desde alli realizar
pequenas transformaciones

Las modificaciones en su id e n tid a d po lític a

**Se indaga en un fragmento de su vida y se rastrea el curso que tomo su existencia


a partir del hito fundacional de su incursion en el mundo de la politica,
es decir, desde el momento en que transgreden su destino como mujeres y se
incorporan al grupo armado, es decir, desde que se asimilan a un mundo
altamente “masculino”, en terminos de los valores que lo caracterizan (fuerza,
resistencia, dominio, heroismo, control emocional), de los comportamientos
que lo enaltecen (frialdad, racionalidad, habilidad militar, vocacion de
mando, eficacia) y de los aditamentos propios de su identidad guerrera (uniformes,
camuflados, armas, banderas, insignias) (Londono y Nieto, 2006:49).

EL BALANCE DE LA MILITANCIA

Las re n u n c ia s , las p e rd id a s y los ap la zam ien to s


De este modo, mientras hubo mujeres que lograron, a traves de su ingreso a la
guerrilla, emanciparse de la vida cotidiana sin liberarse de los estereotipos de
genero, otras, por el contrario, perdieron su libertad de accion y eleccion, la
autonomia sobre sus actos y toda su privacidad. Las responsabilidades asumidas
con el ingreso en la organizacion armada impedian que actuaran de forma
deliberada. Su compromiso con la causa empezaba por el respeto de las normas
y la entrega a la colectividad; alli no se defendian posiciones individuales,
sus actos se regian por las incuestionables directrices de la organización

La vida intima fue cediendo espacio a las actividades grupales en los campamentos.
N o obstante, a ellas se les exigia comportarse de manera adecuada, es
decir, como mujeres tradicionales, ser recatadas y pudorosas, a pesar de que
las condiciones de la vida guerrillera no fueran las mas apropiadas. Eran objeto
de burla, de recriminaciones constantes, de menosprecio y, en algunas oportunidades,
de acoso sexual, porque en este espacio el cuerpo femenino se erotizaba
y sexualizaba mas que en la civilidad

El quebranto que mas lamentan es el de sus relaciones filiales. Quienes perdieron


contacto con sus familiares y no lo han restablecido hoy sienten culpa
y se recriminan por haberse alejado de sus hijos y por estar ausentes en los
principales acontecimientos familiares.

**Por ultimo, se senalan los aplazamientos. Sin duda, el que mas dolor y sufrimiento
les genero fue la dilacion de la maternidad. Aunque fue la maternidad
social y no la biologica la que se postergo. La militancia en la guerrilla les
imponia privilegiar entre su vida personal y la participacion politica, y, como
los hijos constituian un obstaculo para la segunda, sobre todo en los campamentos,
ellas eligieron ser sujetos politicos sin negarse, muchas veces, a ser
madres. Tenian claro que los ninos no podrian ser mantenidos en los frentes
y, por lo tanto, serian sus familiares y amigos los encargados de la crianza.
Tambien sabian que les esperaba una larga separacion espacial y temporal y
que esa experiencia tendria efectos negativos en la construccion de los vinculos
afectivos y que existian altas probabilidades de morir en el frente y dejar
desamparados a los pequenos. Aun en esas circunstancias decidieron asumir
una maternidad a distancia. Otras, por el contrario, siguieron fieles a sus convicciones
politicas y tomaron la determinacion de no tener hijos mientras
fueran guerrilleras.

Esa ambiguedad que se planteaba para la maternidad no tenia la misma connotacion


para la paternidad. Los hombres no enfrentaban esos dilemas, sus
hijos no constituian un impedimento para la militancia, mientras que las
mujeres que decidian tenerlos eran juzgadas por su falta de compromiso. Se
les criticaba que truncaran su ascenso politico y militar por una eleccion sentimental,
porque los hijos apegaban a las personas, creaban lazos y generaban
arraigo, un sentimiento individualista que los revolucionarios no podian albergar.
La maternidad, por lo tanto, era incompatible con la lucha politica, la
paternidad no.

Insisten en que no habia prohibiciones explicitas, pero que “era sancionado


moralmente como un acto de irresponsabilidad concebir en esa situacion”
(Gloria, CRS). Ademas, porque en estado de gravidez ellas retrasaban la avanzada,
requerian mas cuidados y en ultimas ponian en peligro al colectivo. “Por
eso la politica era no estar embarazada, y si finalmente sucedia: aguantarse
hasta que pudiera en el frente, salir a tener el hijo y volver (Gloria, CRS).
Desde su perspectiva, mas que intromisiones sobre la maternidad lo que se
promovia era una sexualidad no reproductiva, con un enfasis especial en la
definicion de relaciones afectivas y en evitar, a toda costa, la promiscuidad.
Por ello, no juzgan de manera negativa que se les haya impuesto la anticoncepcion.
Gabi, quien estuvo en instruccion militar con los maximos dirigentes
del M-19, desde los primeros anos, comenta que, ante la dificultad para
controlar los contactos sexuales en los frentes, Jaime Bateman, el ideologo de
este grupo, decidio que lo mejor era imponer a las mujeres el dispositivo
intrauterino, como un requisito mas para ser aceptadas en la fuerza.
De acuerdo con sus analisis de esta situacion, mas que la sancion disciplinaria
sentian el rechazo, la censura y las expresiones de disgusto de los mandos por
las limitaciones de las mujeres embarazadas. Ellas mismas albergaban sentimientos
de verguenza cuando se embarazaban, porque el compromiso con la
fuerza armada era mantenerse en condiciones de disponibilidad permanente.
“Los hijos para la organizacion, si bien eran los hijos de la revolucion en el
discurso, eran los hijos abandonados del presente, porque ellos en ultimas, asi
no se dijera, eran un estorbo y representaban un tropiezo” (Adriana, EPL).
Entonces, si bien no eran castigadas, se les recalcaba el costo de su decision,
pues los hijos no podian convertirse en una excusa para la militancia.

A pesar de estas dificultades, de ir nuevamente en contra de las disposiciones


y de los reglamentos, ellas hicieron cuanto pudieron para acercarse a sus hijos.
Sortearon los peligros que hiciera falta para mantenerse en contacto, enviaron
cartas, fotografias, cassettes, pinturas, los llamaban por telefono, los veian por
momentos y, de ese modo, construyeron los afectos. Aun asi, muchas perdieron
su rastro despues de tantos traslados, se los arrebataron en redadas del
Ejercito, otras no han podido recuperar su custodia y algunas todavia no logran
que sus hijos entiendan su separacion de ellos. Ha sido dificil, despues
de la desmovilizacion, que las relaciones familiares se recompongan, y esa es
una culpa mas con la que cargan.

Aunque hay posiciones menos severas frente a este asunto, ellas creen que las
mujeres asumieron demasiadas cargas y dolores. Se enfrentaron al dilema del
aborto o la continuidad del embarazo, con las respectivas consecuencias; desafiaron
las restricciones y abandonaron la causa para asumir la maternidad;
soportaron los juicios y las sanciones por su decision, a pesar de estar en guerra
y poner en peligro al grupo para proteger la vida que gestaban; sufrieron el
desapego de sus hijos cuando los entregaron a otros para garantizar su proteccion
y asumieron una maternidad a distancia exponiendose a la recriminacion
social que recae sobre las madres que se separan de sus hijos.

L7

MUJERES “GUERRILLERAS”: LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES EN


LAS FARC Y EL PCP-SENDERO LUMINOSO, LOS CASOS DE COLOMBIA Y
PERÚ

Los estudios sobre el rol de las mujeres en las guerras frecuentemente las han
concebido como víctimas, pasivas; muy rara vez se les reconoce como las hacedoras del
conflicto, se les culpa o victimiza.
La participación de las mujeres en la creación de las FARC y en su orientación ideológica
es prácticamente inexistente. Ninguna mujer hace parte de la lista de miembros fundadores
de las FARC en Marquetalia.

Años 60: Se sabe que grupos de mujeres y niños acompañaban la guerrilla porque eran
familiares de los guerrilleros o porque buscaban la protección de hombres armados, pero
tales
mujeres no eran combatientes. Se encargaban de cocinar, lavar y coser los uniformes. Rosa
Helena, hermana del comandante Manuel Marulanda, cuenta: “[…] yo andaba en compañía
de
ellos (los guerrilleros) pero ayudando a hacer sólo las cosas propias a las mujeres como
eran
las de lavar, aplanchar y remendar la ropa de los guerrilleros, atender la cocina y demás
labores domésticas” (Arango, 1984: 190).
Es probable que la ausencia de lideresas en la definición ideológica y la orientación del
movimiento hayan marcado de manera definitiva la participación de las mujeres en las
FARC.
Las reivindicaciones por una mayor equidad de género estarán ausentes durante décadas del
ideario y discurso oficial de la guerrilla (sin embargo, en los recientes diálogos de La
Habana
se ha visto la voluntad de las FARC de movilizar argumentos a favor de un mayor
empoderamiento de las mujeres en la vida económica y política colombiana).
Anteriormente
sólo se encuentran, según el testimonio de antiguas combatientes, referencias a la igualdad
entre hombres y mujeres combatientes como argumento para aumentar el reclutamiento de
combatientes, es decir para engrosar las filas de las FARC. Así, en los estatutos y
reglamentos
internos de las FARC, no se hace ninguna mención a las mujeres. En el capítulo IV del
Estatuto de la guerrilla, sólo se dice que “Los deberes y derechos en las FARC-EP son
iguales
para todos sus integrantes pero sin igualitarismo pequeño-burgués”6.

En relación con los roles ocupados por las mujeres en las FARC y su nivel de poder de
decisión en el movimiento, en primer lugar es importante destacar que muy pocas mujeres
ocuparon puestos directivos en la organización. No serán ideólogas, ni estrategas militares
reconocidas, con la excepción, como se verá más adelante, de Magaly Grannobles o
“Lucero”.
Tampoco serán voceras de la organización, lo cual cambiará solamente en el proceso de
paz,
por ejemplo, con el rol de vocera de Victoria Sandino.

Consideraban la entrega de su cuerpo como un acto de heroísmo. Esta acción


«revolucionaria»
produce un cuerpo de mujer guerrillera útil para los fines de la guerra pero no subvierte la
cosificación de los cuerpos femeninos. Por el contrario, replica el discurso hegemónico que
concibe a las mujeres en la guerra como carne de cañón.

Por otra parte, las mujeres serán utilizadas como “objetos de motivación” para sus
compañeros de armas, como lo muestra un estudio realizado por el servicio de Inteligencia
de la Policía colombiana, sustentado en las versiones de las desmovilizadas y los
documentos
hallados en campamentos de varios frentes de los bloques Sur y Oriental. Cada frente tiene
que cumplir con una “cuota” de reclutamiento de mujeres, que deben tener entre 13 y 15
años, es decir, niñas.
Las mujeres son objetos sexuales, símbolo de respeto y orden. Justamente el tener “éxito
con
las mujeres” es un elemento que fortalece la imagen viril de los hombres. La guerrilla
utilizará
esta estrategia para el reclutamiento. “Este puñado de mujeres bonitas era el anzuelo
utilizado
por las FARC para reclutar a los muchachos más difíciles. […]Usan muchachas bien
parecidas
para hacer salir a los chinos del colegio’, me dijo un maestro del Caguán” (León, 2005: 46-
47). Cuenta Adrián: “[…] muchos ingresamos a la guerrillera seducidos por un fusil y las
mujeres, queriendo tener una vida mejor; pero cuando se está adentro las cosas cambian”
(Ejército Nacional, 2011). Y por su parte el exguerrillero “Rafael Quintana”, mano derecha
del
comandante guerrillero el “Negro Acacio”, dice que tuvo que imaginar nuevas tácticas para
reclutar guerrilleros.

En relación con los mecanismos de ascenso dentro de la organización, existen tres vías
para las mujeres guerrilleras. La primera es la vía militar, demostrando una ferocidad sin
igual
en el combate como Karina o Magaly Grannobles. La segunda vía es la vía política, como
Victoria Sandino o la misma Tanja que dictaba cursos de inglés y de teoría política a los
demás guerrilleros. La tercera vía es la de las llamadas “rangueras”, es decir las guerrilleras
que buscan ser compañeras sentimentales, “la socia” (como se llama en las FARC), o más
claramente la amante de los hombres con poder de la jerarquía guerrillera.

Eje 3: “Mujeres guerrilleras”: Representaciones, derechos y deberes en la esfera


Reproductiva

Sin embargo, en la práctica los derechos y obligaciones de las mujeres y los hombres
no son los mismos. El hombre puede tener pareja fuera de la organización y la mujer, no. El
hombre puede repudiar a su compañera, su «socia», para encontrar una nueva pareja y la
mujer, no. Cuenta una guerrillera en el mismo documental que hay que tener autorización
de
un superior para formar pareja, o “asociamiento” como lo llaman porque “las relaciones
hombre-mujer son relaciones políticas

El control de la organización sobre las mujeres se manifiesta también en el control del


cuerpo. La visión tradicional de los roles femeninos y masculinos que caracteriza a la
sociedad
colombiana, también se refleja en la guerrilla, reproduciendo así la heteronorma y los
valores
tradicionales del patriarcado. Por ejemplo, una de las normas de la organización es que las
mujeres deben tener el cabello largo. Y a pesar de usar uniforme, las mujeres utilizan
mucho
maquillaje, se pintan las uñas y utilizan accesorios decorativos en el cabello.

Como lo señala Godineau (2004), la guerra a menudo está asociada a lo masculino, por
ejemplo en los siglos XVI-XVII, en Francia la mayoría de los hombres fueron soldados, por
lo
que lo masculino estaba simbolizado en la guerra, en las armas, en el combate. Estas
acciones
son antagónicas a las actividades tradicionales de las mujeres relegadas a la esfera privada,
como coser, cocinar, cosechar. En Colombia, a pesar de los avances realizados en favor de
una
mayor igualdad hombre-mujer (derechos políticos, económicos y culturales garantizados
por
la constitución), lo cierto es que sigue existiendo una percepción generalizada de la
distinción
entre “cualidades masculinas y cualidades femeninas” que se manifiesta, como lo hemos
visto
anteriormente, en las prácticas de la guerrilla de las FARC.

L8

Salud sexual y reproductiva


en exguerrilleras colombianas
antes del Acuerdo de Paz y
después de este
En el mundo, la participación de las mujeres en la guerra no ha sido inusual. Según
Karen Marón, alrededor del 30 % del Ejército Popular Sandinista en Nicaragua y el
30 % de
la guerrilla en El Salvador estuvo constituida por mujeres (5,6). Para algunas
mujeres, la
guerra fue una oportunidad para ser parte de actividades que históricamente les
habían
sido negadas, como la política y la milicia. El conflicto armado colombiano ha
llevado a las
mujeres a ser miembros activos de los grupos armados al margen de la ley; algunas
lo hacen
de manera voluntaria, y otras, no (7,8). Aun cuando las farc argumentan que en los
grupos
guerrilleros hay un claro discurso de igualdad de género, algunas autoras plantean
que lo
que ha habido es un empoderamiento fragmentado, porque si bien hay una
distribución
equitativa de roles, todavía no se refleja un papel protagónico en la dirigencia y
prevalecen
actuaciones machistas, correspondientes con la composición de la organización y de
la sociedad
mayoritaria (9,10). Por otro lado, el empoderamiento ganado en la guerra se
desdibuja
en los procesos de reincorporación a la vida civil (tanto en Colombia como en otras
latitudes),
con la vuelta a roles domésticos o el aumento de la violencia contra la mujer,
además
de múltiples obstáculos en el acceso a educación, información, oportunidades de
empleo y
mayor estigma para las mujeres exguerrilleras (9,11-13).

*La selección de la pareja —que en todos los casos debía ser heterosexual—, los
días y permisos para tener relaciones sexuales y la perdurabilidad de la pareja eran
conductas
reguladas y aprobadas por el mando y de acuerdo con la valoración del beneficio o
daño
que esto representaba para la organización y los traslados asignados a cada unidad
para
tareas determinadas (21).

En algunos casos, cuando los métodos anticonceptivos fallaban y era demasiado


tarde
para interrumpir el embarazo, el comandante dejaba llevar a término la gestación,
pero con
una sanción que usualmente recaía en la mujer, lo que da cuenta de ejercicios
necesarios
en las filas con relación a los roles tradicionales de género, que si bien se trastocan
en el
combate, cocinar (ranchar), lavar, etc.,

Si bien no es una generalidad, se encontraron mujeres con una posición


privilegiada
dentro de la estructura guerrillera que tenían acceso a métodos de planificación
oportuna,
o permiso para culminar embarazos planeados y no planeados, aunque esto
implicara estar
un año fuera de la organización, perder capacidad física y volver a las filas:
Yo creo que aquí el poder es muy central, que dependiendo el lugar que ocuparan las
mujeres tenían una posibilidad de acceso diferente. Había algunas que por su alto
rango podían tener acceso a métodos anticonceptivos, puntualmente pastas, en muy
pocos casos, pero veíamos también que las que no tenían esa posibilidad muchas veces
eran forzadas a esa interrupción del embarazo y muchas veces eso se veía como una
obligación: “yo necesito estar al servicio de una causa y si esa causa lo necesita, debo
estar”. (Informante clave, Bogotá)
El uso de otros métodos de anticoncepción, como los de barrera, no eran comunes,
lo
que denota dos cosas: que la responsabilidad de la prevención del embarazo recae
sobre
la mujer y que hay una mayor exposición a its. Algunos participantes hicieron
referencia
a campamentos con altas prevalencias de its, y mencionaron que aumentaban
cuando se
unían dos o más frentes guerrilleros o se recibían visitas en uno de los
campamentos

El aborto
El aborto ha sido un tema tabú dentro de la organización guerrillera y más en un
contexto de
dejación de armas y de constitución de un partido político, en el que se puede ver
afectada
su imagen por lo que acaeció durante la guerra. En las entrevistas hechas se
encuentran
múltiples posturas y opiniones al respecto. Hay quienes dicen que fue una política
obligatoria,
otras plantean que “allá sí había abortos, pero eso era voluntario” (exguerrillera), y
quienes dicen que se practicaba en casos necesarios, ya sea por riesgo de la madre o
el feto
(informante clave, Bogotá). Esto es relevante, puesto que pese al condicionante
externo del
mando o superior, en muchos casos se asumió como una determinación voluntaria,
justificada
en la decisión política de pertenecer a una organización armada. En ese sentido, la
interrupción voluntaria del embarazo fue una garantía de las mujeres de la
organización,
pero a la vez una imposición, según lo experimentara cada una

En todo caso, las mujeres que quedaban embarazadas debían abortar, ya que
corrían el
riesgo de que sus familias, hijos, las tropas o ellas fueran blanco de persecución o
identificación;
por esto, para algunas se convirtió en una práctica “normalizada”

Maternidades aplazadas
Para las firmantes, la guerrilla y la maternidad eran dos procesos excluyentes. La
organización
armada se convierte en la familia, y la pervivencia del grupo es el valor primario.
Adicionalmente, las condiciones que proporciona un ambiente hostil (“el monte”)
para la
asistencia del parto no son las más adecuadas por higiene, falta de equipos,
infraestructura
y atención profesional. Además, ante la posibilidad de un enfrentamiento armado,
el alumbramiento
se convierte en un procedimiento complejo, que podría llevar a la muerte de
la mujer o del recién nacido, o a la localización de la tropa. En ese sentido, si bien
muchas
mujeres dentro de la organización optaron por no ser madres, otras vivieron esta
situación
con ambigüedad. Consideraron que “la maternidad debía ser aplazada, no podía
llegar, bien
sea a término o bien sea a inicio porque en el país debían defender otras causas”
(Informante
clave, Bogotá).

Según las entrevistadas, en los casos en que el embarazo se llevó a término, los hijos
debían
ser distanciados de la madre, y el proceso de crianza se delegó en familiares o
conocidos. En
algunos casos, las mujeres podían visitar a sus hijos, pero en otros, las
circunstancias del conflicto,
el peligro de exponerse públicamente o exponer a sus familiares, o la pérdida de
contacto,
generaron relaciones fragmentadas, como se menciona a continuación: “Me quedé 3
meses
con ella y la entregué… pero casi que no la entrego, ¡es muy duro! Yo la entregué
porque el
campamento estaba cerquita, una señora la tenía y de ahí se la llevaron de una vez
pal pueblo,
una familia la acogió en el pueblo” (exguerrillera)
Como dentro de la organización no fue posible asumir la maternidad por las
condiciones
señaladas, el proceso de reincorporación cambió este escenario y muchas de las
mujeres y
hombres farianos han optado por ser padres y madres. Poder conformar una
familia o tener
la opción de criar a sus hijos fuera del conflicto se convirtió para algunas
exguerrilleras en su
proyecto de vida a corto plazo, lo que se conoció como un boom de nacimientos y de
mujeres
embarazadas en los etcr (Funcionario de Naciones Unidas, Bogotá
:
Hasta hace por ahí cuatro meses teníamos los datos que en las zonas veredales de
capacitación y reincorporación están más de 55 bebés en estos últimos dos años… Vos
ves expresiones de mujeres que decían: “no teníamos hijos porque estábamos corriendo
de un lado a otro y ahora los podemos tener”, expresiones muy bellas de hombres
exguerrilleros que están muy comprometidos con la paternidad. Y una liberación de
las exguerrilleras en el sentido de que, aunque no tienen pareja dicen: “yo quiero tener
bebés porque es un sueño que lo tenía aplazado por la guerra”. (Funcionario de las
Naciones Unidas, Medellín)
Sí, yo tengo mis hijos, pero yo quiero saber qué es ser mamá, yo nunca supe qué es ser
mamá y eso lo voy a experimentar ahora. (Exguerrillera)

*Si bien muchas mujeres tuvieron cargos de mando y luego de 1984 mayor
participación en roles como radistas, explosivistas, secretarias, ecónomas,
enfermeras, solo
una ha llegado a ser parte del Estado Mayor Central de las farc-ep, a partir del proceso
de
negociación en el que se han destacado varios liderazgos de mujeres (21,30,31).
Aunque
formalmente no hay restricciones para el ascenso de las mujeres, habría que
analizar por
qué tan pocas han llegado a las estructuras superiores de la organización, y si esto
se corresponde
con el llamado techo de cristal, obstáculos informales pero institucionalizados que
impiden el ascenso de las mujeres en cargos directivos (32).

A su vez, hay investigaciones que plantean que las mujeres debieron demostrar
habilidades
consideradas como masculinas para ascender en la organización (9). Por ello, en
lugar
de hablar de una masculinización, lo que daría por sentados esencialismos
alrededor de la
construcción del ser mujer, se construye otro tipo de feminidad, en la que las
mujeres como
militares asumen actividades que requieren más esfuerzo físico, una forma de
exteriorizar
sus emociones y vínculos, así como la incorporación de una estética propia de la
lucha
armada que imbrican con representaciones de una estética entendida
tradicionalmente
como femenina fuera de la organización.

La
anticoncepción fue vista como una práctica necesaria y dentro de la guerrilla se
generaron
capacidades para la distribución y aplicación de métodos anticonceptivos
hormonales (20,26) y, en algunos casos, como manifestaron algunas exguerrilleras
entrevistadas, de larga duración,
como los dispositivos intrauterinos (exguerrillera). Esto implicó un
empoderamiento
de las mujeres en cuanto al conocimiento de métodos anticonceptivos y una
apropiación de
ellos, así como concebir otras posibilidades de ser mujer, más allá de la maternidad,
y del
disfrute sexual sin fines reproductivos (9-13). No obstante, puede afirmarse que esta
práctica
fue altamente machista, puesto que se delegó en la mujer la responsabilidad y
sanción frente
al encuentro sexual, y no se pensó en su protección frente a las its (20).
Nuestros hallazgos con relación al uso de anticonceptivos y el embarazo están en
consonancia
con lo reportado en la literatura (7,9,10,19,22-25). Según Coral Cadena, si la
organización hubiera
implementado un enfoque de género, habría complementado los métodos de
planificación que
se proporcionaban a la mujer con métodos de barrera para los hombres, y
sanciones equiparables
para quienes no los usaran (en las entrevistas se documentó que hay casos en los
que se
daban, pero no eran usados) (20). Por otro lado, también puede manifestarse que en
la guerrilla
se incurrió en prácticas de violencia obstétrica, puesto que, observando las
necesidades de la
guerra, se relegaron las de la mujer (33). Se entiende por violencia obstétrica el
aborto forzado,
la atención por personal sin conocimiento adecuado o instrumentos idóneos, y
cuidados antes
de la intervención y después de esta (34).

Las mujeres combatientes que lograron ser madres en la guerra tuvieron que tomar
decisiones frente a su maternidad y la militancia; desertar fue una de ellas, pero
significó
un riesgo para sus familias y una carga de traición, señalamiento y persecución (26).
Como
señalaron algunas de las entrevistadas, otra opción fue entregar sus hijos a
familiares y
terceros, lo que trajo hostigamientos para sus familias o para quien ejercía el rol de
cuidado
de estos menores, y en algunos casos cuestionamientos emocionales de sus hijos o
hijas o
culpabilización (9). Las mujeres entrevistadas comentaron que en la
reincorporación, algunas
mujeres han podido reencontrarse con hijas(os) que habían sido entregados a
familiares
o terceros para su cuidado, por lo cual se sugiere crear programas que contribuyan
a la
reconstrucción de los lazos y a la reparación del daño emocional que esto generó.

***

CONSTRUCCIONES SOCIALES ENTORNO A LA MATERNIDAD DE SIETE


MUJERES EXCOMBATIENTES DE LAS FARC- EP, UBICADAS EN LA VEREDA
LLANOGRANDE, DABEIBA- ANTIOQUIA, 2017

El dolor de tener un hijo no sólo se reduce al dolor físico provocado por el trabajo de parto,
sino que también para Karen tiene que ver con el dolor emocional que observó en las
compañeras que tuvieron que dejar a sus hijos al cuidado de familiares o particulares y delegar
en ellos la crianza y el acompañamiento, y de otro lado, también comprende la carencia de
condiciones económicas suficientes para satisfacer las necesidades de los hijos
Lo que nace, el dolor de uno para nacer… de cuerpo y el dolor en el alma de que a ese niño le
llegue a faltar uno algún día, el dolor de uno ver su hijo con hambre, el dolor de uno ver que
un hijo quiere algo y uno no se le puede dar; Para mí eso es un dolor. (K, p 9)
En el marco del pos acuerdo, según Karen, hacen falta muchas condiciones para ejercer la
maternidad, sin embargo, destacó que después de vivir la mayor parte de su vida en la guerra,
siente un gran alivio al no tener que permanecer más tiempo vulnerable a los riesgos a los que
estuvo expuesta como combatiente, en los que perdió a sus hermanos, amigos y camaradas, lo
cual la marcó irreversiblemente.

Ya que según las reglas de la organización no estaba permitido tener a los niños en los
campamentos y después de dar a luz y pasar la dieta del parto, Yadira entregó a su hijo a su
familia y regresó nuevamente a las filas teniendo noticias esporádicas de él,
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Ya lo vi a los dos años, ya estaba muy grande ya […] él a mí ya no me sigue, él dice que no,
que si algo le quiero dar que se lo mande […] él uno le habla y no le contesta, él lo único se
queda es mirándolo a uno y nada, ya no me quiere, yo digo que él lo que siente de pronto es
que soy de la familia (Y, p.5).
Para ella, estar alejada de su hijo, sin la posibilidad de desarrollar un vínculo emocional, un
ejercicio de la maternidad como acto más allá de lo biológico, dejarlo al cuidado de su familia,
fueron algunos aspectos que la llevaron a reflexionar sobre la idea de desertar de la
organización, durante los primeros meses posteriores al parto, se refirió al respecto,
Cuando mi hijo si me daban ganas de arrancar, pero al fin y al cabo, agg […] no sé qué
hubiera pasado porque eso no era tan fácil así. (Y, p.6)
A pesar de querer hacerlo, decidió quedarse por razones desconocidas, como ya lo había hecho
antes. Aunque en su infancia no se proyectaba como madre, desarrolló vínculos afectivos
después del nacimiento de su hijo,

Agrega además, que no era posible irse con sus hijos si alguna de estas mujeres lo deseaba, para
ella era una situación muy difícil, porque de un lado, muchas de sus compañeras vivieron su
periodo de gestación en los campamentos de las Farc y dieron a luz en condiciones de guerra y
constantes combates, siguiendo las normas se vieron obligadas a entregar a sus hijos a sus
familias, personas de confianza o simplemente a particulares que quisieran recibir a los niños y
niñas, ya que todas debían volver a trabajar, significando la maternidad no solo aspectos físicos
como aumento de peso, dolor de espalda, cansancio, entre otros, sino también emocionales
como tristeza, ansiedad, sensibilidad al tener que entregar a sus hijos, según Azucena dichos
factores constituían que la maternidad fuera una difícil experiencia para las mujeres en el grupo
armado,

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