LOS DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES
Y AMBIENTALES DESPUÉS DEL CASO LAGOS DEL CAMPO:
LOS NUEVOS ALCANCES DE LA JURISPRUDENCIA
DE LA CORTE INTERAMERICANA
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Serie Reflexiones académicas sobre el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos, núm. 3
Esta serie es el resultado del proyecto editorial
del Observatorio del Sistema Interamericano de Derechos Humanos
y del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
COORDINACIÓN EDITORIAL
Mtra. Wendy Vanesa Rocha Cacho
Jefa del Departamento de Publicaciones
Miguel López Ruiz
Karla B. Templos Núñez
Cuidado de la edición
Adriana Álvarez Hernández
Apoyo editorial
Javier Mendoza Villegas
Formación en computadora
Carlos Martín Aguilera Ortiz
Elaboración de forro
JUAN JESÚS GÓNGORA MAAS
LOS DERECHOS ECONÓMICOS,
SOCIALES, CULTURALES
Y AMBIENTALES DESPUÉS
DEL CASO LAGOS DEL CAMPO:
LOS NUEVOS ALCANCES
DE LA JURISPRUDENCIA
DE LA CORTE INTERAMERICANA
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS
México, 2023
Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas
y Servicios Digitales de Información
Nombres: Góngora Maas, Juan Jesús, autor.
Título: Los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales después
del caso Lagos del Campo : los nuevos alcances de la jurisprudencia de la
Corte Interamericana / Juan Jesús Góngora Mass.
Descripción: Primera edición. | México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2023. | Serie: Reflexiones aca-
démicas sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos; núm. 3.
Identificadores: LIBRUNAM 2218670 (impreso) | LIBRUNAM 2218678 (li-
bro electrónico) | ISBN 9786073082709 (impreso) | ISBN 9786073082839
(libro electrónico).
Temas: Derechos humanos -- América Latina. | Derechos civiles -- América
Latina. | Derecho constitucional -- América Latina. | Corte Interamericana de
Derechos Humanos.
Clasificación: LCC KG574.G654 2023 (impreso) | LCC KG574 (libro electró-
nico) | DDC 342.8085—dc23
Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Au-
tónoma de México. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio
sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.
La presente obra ha sido sometida a un proceso de dictaminación basado
en el sistema de revisión por pares doble ciego, llevado a cabo por personas
académicas independientes a la institución de afiliación de la persona autora,
conforme a las Disposiciones Generales para la Actividad Editorial y de Dis-
tribución de la UNAM y los Criterios Específicos de Evaluación del Conahcyt.
Primera edición: 27 de noviembre de 2023
DR © 2023. Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Circuito Mario de la Cueva s/n
Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510 Ciudad de México
ISBN (libro impreso): 978-607-30-8270-9
ISBN (libro electrónico): 978-607-30-8283-9
Impreso y hecho en México
CONTENIDO
Abreviaturas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IX
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Capitulo primero. Los derechos económicos, sociales, cultu-
rales y ambientales en los sistemas internacionales de pro-
tección de derechos humanos: un mapeo para comprender
las posibilidades e imposibilidades para su justiciabilidad
directa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
I. Sistema europeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
II. Sistema universal: el Protocolo Facultativo al PIDESC y
la justiciabilidad directa de los DESC . . . . . . . . . . . . . 12
III. Sistema africano: sobre los derechos sociales expresos
y los derechos sociales perdidos . . . . . . . . . . . . . . . . 14
IV. El sistema interamericano: de la justiciabilidad indirecta
a la justiciabilidad directa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Capitulo segundo. El contenido del artículo 26 de la Conven-
ción Americana y su relación con otros instrumentos inter-
nacionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
I. El artículo 2o. del PIDESC vis à vis el artículo 26 de la
Convención Americana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
II. El Protocolo de San Salvador vis à vis el artículo 26 de la
Convención Americana y el Pacto Internacional de Dere-
chos Económicos, Sociales y Culturales . . . . . . . . . . . 35
VII
CONTENIDO
III. El artículo 26 de la Convención Americana: la puerta de
entrada de los derechos sociales . . . . . . . . . . . . . . . . 38
Capítulo tercero. Las obligaciones en el marco del artículo
26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. 57
I. Obligación de respeto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
II. Las obligaciones de carácter inmediato. . . . . . . . . . . . 61
III. Proyecciones de la obligación de garantizar. . . . . . . . . 68
IV. La obligación de progresividad de los DESCA . . . . . . . . 82
V. La obligación de no regresividad de los DESCA. . . . . . . 84
VI. La adopción de providencias en la medida de los recur-
sos disponibles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
VII. La cooperación y asistencia internacionales. . . . . . . . . 91
VIII. El caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia: un caso de-
safortunado en la identificación de obligaciones en ma-
teria de derechos sociales.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
Capítulo cuarto. La justiciabilidad directa de los derechos eco-
nómicos, sociales, culturales y ambientales en la jurispru-
dencia de la Corte Interamericana. . . . . . . . . . . . . . . . . 97
I. Justiciabilidad directa desde el Protocolo de San Sal-
vador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
II. El leading case desde el artículo 26 de la Convención
Americana: el caso Lagos del Campo vs. Perú. . . . . . . 101
III. Justiciabilidad directa desde el artículo 26 de la Conven-
ción Americana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
Algunas reflexiones finales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
Fuentes de información. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
VIII
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ABREVIATURAS
Carta Africana de Derechos Humanos
y de los Pueblos Carta de Banjul o Carta Africana
Carta de la Organización de los Esta-
dos Americanos Carta de la OEA
Carta Social Europea CSE
Comité de Derechos Económicos, So-
ciales y Culturales Comité DESC
Comité Europeo de Derechos Socia-
les Comité Europeo
Comisión Africana de Derechos Hu-
manos y de los Pueblos Comisión Africana
Convención Americana de Derechos Convención Americana, Pacto
Humanos de San José o CADH
Convenio Europeo de Derechos Hu-
manos CEDH
Corte Africana de Derechos Humanos
y de los Pueblos Corte Africana
Corte Interamericana de Derechos Corte Interamericana o Tribunal
Humanos Interamericano
Derechos Económicos, Sociales, Cul-
turales y Ambientales DESCA o derechos sociales
Opinión Consultiva OC
Observación General OG
Organización Internacional del Trabajo OIT
Pacto Internacional de Derechos,
Económicos, Sociales y Culturales PIDESC
IX
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ABREVIATURAS
Protocolo Adicional a la Convención
Americana en materia de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales Protocolo de San Salvador
Sistema Europeo de Derechos Hu-
manos Sistema Europeo o SEDH
Sistema Interamericano de Derechos
Humanos Sistema Interamericano o SIDH
Tribunal Europeo de Derechos Hu-
manos TEDH o Tribunal Europeo
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INTRODUCCIÓN
E
n 2022 se cumplen cinco de años que la Corte Interame-
ricana de Derechos Humanos abrió una nueva “época” ju-
risprudencial cuando en el leading case Lagos del Campo
vs. Perú declaró, por primera vez en su historia, una violación al
artículo 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
En ese fallo, la Corte IDH declaró la violación de algunas de las
facetas del derecho al trabajo. Ese pronunciamiento generó que
sólo hasta el 2022 se haya pronunciado de manera vertiginosa en
29 casos contenciosos y 4 opiniones consultivas que han versado
sobre derechos tales como: 1) el trabajo y sus facetas, 2) salud y
sus facetas, 3) seguridad social, 4) medio ambiente, 5) agua, 6) ali-
mentación, 7) cultura y sus facetas, 8) libertad sindical o libertad de
asociación, 9) negociación colectiva, y 10) huelga.
El presente texto tiene como finalidad destacar en cuatro capítu-
los cuáles han sido los principales desarrollos jurisprudenciales que
a partir del caso Lagos del Campo han empezado a permear en el
entendimiento del tribunal interamericano. No sin dejar de señalar
aquellos tropiezos que ha tenido Corte IDH en la construcción de
sus decisiones sobre DESCA (cuestión que es normal, al ser un
órgano colegiado).
En el primer capítulo, en términos generales, se hace un peque-
ño bosquejo sobre cómo en los diferentes sistemas internacionales
de protección de derechos humanos se han protegido los derechos
sociales, tratando de evidenciar sus particularidades; por ejemplo,
en el caso de las Naciones Unidas la incorporación tardía del Pro-
tocolo Adicional al Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales permitió que hasta 2015 se empezaran a co-
nocer violaciones mediante comunicaciones individuales por parte
1
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INTRODUCCIÓN
del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. O bien,
que el sistema africano de derechos humanos y de los pueblos
desde su concepción previó en un solo instrumento derechos so-
ciales, y en el caso del sistema europeo de derechos humanos se
encuentran conviviendo dos instrumentos que protegen de manera
indirecta y directa derechos sociales: el Convenio Europeo de De-
rechos Humanos y la Carta Social Europea.
En el segundo capítulo se realiza una “disección” del artículo 26
de la Convención Americana, el cual ha sido la puerta de entrada
a la justiciabilidad directa de los derechos sociales en el marco de
dicho tratado. Para ello se destacan dos aspectos torales conteni-
dos en dicha disposición: a) el mandato de remisión a la Carta de
la Organización de los Estados Americanos (y cuál ha sido la meto-
dología que ha utilizado la Corte IDH para derivar derechos), y b) el
conjunto de obligaciones que operan en posibles casos de DESCA.
De igual manera, se hace una comparación entre el artículo 26
del Pacto de San José, el artículo 2o. del Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y algunas de las dis-
posiciones del Protocolo Adicional a la Convención Americana en
materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
En el tercer capítulo se contempla un espacio detallado para
abordar cuál ha sido el contenido de las obligaciones que se desa-
rrollan en el marco de la Convención y que derivan de los artículos
1.1, 2o. y 26 del Pacto de San José. Por ello se hace un desarrollo
de las obligaciones de respeto, de garantía, de carácter inmedia-
to, de progresividad, la prohibición de regresividad, la adopción de
medidas con los recursos disponibles y la asistencia y cooperación
internacional.
Finalmente, en el cuarto capítulo se hace un recorrido de la
jurisprudencia interamericana que deriva de los casos y opiniones
consultivas, de la aplicación e interpretación del Protocolo de San
Salvador y del artículo 26 de la Convención Americana.
El texto, en todo caso, tiene una finalidad: sintetizar y reflexionar
sobre los avances que se han hecho en materia de justiciabilidad
directa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambien-
tales por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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Capítulo primero
LOS DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES,
CULTURALES Y AMBIENTALES EN LOS SISTEMAS
INTERNACIONALES DE PROTECCIÓN DE DERECHOS
HUMANOS: UN MAPEO PARA COMPRENDER
LAS POSIBILIDADES E IMPOSIBILIDADES
PARA SU JUSTICIABILIDAD DIRECTA
P
ara poder entender la justiciabilidad de los derechos sociales
es necesario mapear cómo en el derecho internacional de los
derechos humanos, y en específico, en los sistemas interna-
cionales de protección de derechos, se han establecido mecanis-
mos directos e indirectos de justiciabilidad de los derechos sociales.
I. Sistema europeo
1. El Convenio Europeo de Derechos Humanos
El sistema europeo de derechos humanos se ha tenido que ceñir
a los métodos indirectos de justiciabilidad, pues, a diferencia del
sistema interamericano de derechos humanos, no cuenta con una
disposición de tal magnitud como lo es el artículo 26 del Pacto de
San José. El hecho de que el Convenio Europeo de Derechos Hu-
manos no tenga una disposición que permita o posibilite al Tribunal
Europeo de Derechos Humanos una justiciabilidad directa de los
derechos sociales no ha sido impedimento para proteger derechos
que no están expresamente consagrados en el Convenio Europeo,
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JUAN JESÚS GÓNGORA MAAS
es aquí donde la sinergia de instrumentos regionales de protección
de derechos humanos juega un papel trascendental.
Por mucho tiempo se pensó que el CEDH no protegía derechos
sociales;1 esta afirmación es parcialmente cierta, pues si bien no
se protegen como tales algunos derechos sociales (con excepción
del derecho a la educación contenido en el Protocolo 1 del CEDH),
no es menos cierto que el TEDH, mediante las vías indirectas de
justiciabilidad (como la indivisibilidad, el principio de no discrimina-
ción y la conexión con derechos civiles y políticos), sí ha protegido
derechos sociales.
De este modo, en la jurisprudencia europea pueden identificarse
dos tipos de derechos de naturaleza social:
a) Los que se encuentran previstos de manera implícita en al-
gunas disposiciones del CEDH, y
b) Los que no aparecen en el Convenio, pero que han sido
derivados de otros derechos del CEDH. En el primer grupo
tenemos el derecho a la educación (artículo 2o. del Proto-
colo 1),2 la libertad sindical (artículo 11)3 y la prohibición
de esclavitud y de trabajo forzado (artículo 4o.);4 en el se-
gundo grupo el TEDH ha derivado de otras disposiciones
del Convenio, derechos como la seguridad social,5 la pro-
1
Warbick, Colin, “Economic and Social Interests and the European Convention
on Human Rights”, en Baderin, Mashood y McCorquodale, Robert, Economics,
Social and Cultural Rights in Action, Oxford, Nueva York, 2012, p. 241.
2
Artículo 2o. del Protocolo Adicional 1: “A nadie se le puede negar el dere-
cho a la educación. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el
campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a
asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas
y filosóficas”.
3
Artículo 11.1: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión pacífica
y a la libertad de asociación, incluido el derecho a fundar, con otras, sindicatos y
de a liarse a los mismos para la defensa de sus intereses”.
4
Artículo 4o.: 1. Nadie podrá ser sometido a esclavitud o servidumbre, y 2.
Nadie podrá ser constreñido a realizar un trabajo forzado u obligatorio.
5
Caso Stec vs. Reino Unido, Application 65731/01 65900/01, sentencia
del 12 de abril del 2006; Caso Wessels-Bergervoet vs. Holanda, Application
34462/97, sentencia del 12 de noviembre de 2002, y Caso Andrejeva vs. Letonia,
Application 55707/00, sentencia del 18 de febrero de 2009.
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LOS DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES...
tección al medio ambiente,6 el derecho a la vivienda7 y el
derecho a la salud.8
2. La Carta Social Europea
Con posterioridad a la adopción del CEDH en 1951, el Consejo
de Europa hizo palpable la preocupación sobre la poca existencia de
derechos sociales dentro del SEDH; a consecuencia de ello se
adoptó la Carta Social Europea de 1961, que en su preámbulo
expresa:
…conscientes de que los Estados miembros del Consejo de
Europa convinieron en garantizar a sus pueblos los derechos
civiles y políticos y las libertades especificados en [el CEDH
y sus protocolos]; considerando que el goce de los derechos
sociales debe quedar garantizado sin discriminación por mo-
tivos de raza, color, sexo, religión, opinión política, provenien-
cia nacional u origen social; resultados a desplegar en común
todos los esfuerzos posible para mejorar el nivel de vida y pro-
6
Caso Hatton y otros vs. Reino Unido, Application 36022/97, sentencia del 2
de octubre de 2001, y Caso Öneryildz vs. Turquía, Application 48939/99, senten-
cia del 18 de junio de 2002.
7
Caso Dulas vs. Turquía, Application 25801/94, sentencia del 30 de enero
de 2001, y Caso Nuri Kurt vs. Turquía, Application 37038/97, sentencia del 29
de noviembre de 2005. Caso Connors vs. Reino Unido, Application 66746/01,
sentencia del 27 de mayo de 2004; Caso Stankova vs. Eslovaquia, Application
7205/02, sentencia del 9 de octubre de 2007; Caso Cosic vs. Croacia, Applica-
tion 28261/06, sentencia del 15 de enero de 2009, y Caso Larkos vs. Chipre,
Application 29515/95, sentencia del 18 de febrero de 1999. Caso Olaru y otros
vs. Moldavia, Applications 476/07 22539/05 17911/08 13136/07, sentencia del
28 de julio de 2009; Caso James y otros vs. Reino Unido, Application 8793/79,
sentencia del 21 de febrero de 1986, y Caso Mellacher y otros vs. Austria, Appli-
cation 10522/83 11011/84 11070/84, sentencia del 19 de diciembre de 1989.
8
Caso Cha’are Shalom Ve Tsedek vs. Francia, Application 27417/95, senten-
cia del 27 de junio de 2000; Caso Calvelli y Ciglio vs. Italia, Application 32967/96,
sentencia del 17 de enero de 2002 y Caso Codarcea vs. Rumanía, Application
31675/04, sentencia del 2 de junio de 2009; Caso Tarariyeva vs. Rusia, Appli-
cation 4353/03, sentencia del 14 de diciembre de 2006, y Caso Brânduse vs.
Rumanía, Application 6586/03, sentencia del 7 de abril de 2009.
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mover el bienestar de todas las categorías de sus poblacio-
nes, tanto rurales como urbanas, por medio de instituciones
y actividades apropiadas.9
La Carta Social Europea contiene el catálogo de derechos de na-
turaleza social dentro de Consejo de Europa; entre los derechos que
protege encontramos: trabajo (artículo 1o.), condiciones de trabajo
equitativas (artículo 2o.), seguridad e higiene en el trabajo (artículo
3o.), remuneración equitativa (artículo 4o.), derechos sindicales
(artículo 5o.), negociación colectiva (artículo 6o.), protección de
la maternidad (artículo 8o.), protección de la salud (artículo 11),
seguridad social (artículo 12), asistencia social y médica (artículo
13), beneficios de los servicios sociales (artículo 14), igualdad de
oportunidades en materia de empleo sin discriminación (artículo
20), protección en caso de despido (artículo 24) y el derecho a la
vivienda (artículo 31).
Bajo el mandato de la Carta Social Europea se instituyó el
Comité Europeo de Derechos Sociales,10 órgano equivalente al
Tribunal Europeo pero que aplica dicho tratado. La jurisprudencia
del Comité Europeo de Derechos Sociales se ha enfocado a la
protección de los derechos de la infancia, personas con discapacidad,
personas extranjeras y las personas de la etnia gitana, derechos
laborales, como la seguridad e higiene en el trabajo.11
9
Carta Social Europea de 1961 (revisada en 1996). Preámbulo.
10
Con anterioridad se le denominaba “Comité de Expertos Independientes”,
cambió su denominación a partir de 1998.
11
Al respecto, puede consultarse Jimena Quesada, Luis, “La jurisprudencia eu-
ropea sobre derechos sociales”, en Bogdandy, Armin von et al. (coords.), Cons-
trucción y papel de los derechos sociales fundamentales. Hacia un ius constitu-
tionale commune en América Latina, México, UNAM, Instituto de Investigaciones
Jurídicas-Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional-Max-Planck-Institut,
2011, pp. 290-296; Schutter, Oliver de, “The European Social Charter”, en Krau-
se, Catarina y Scheinin, Martin, International Protection of Human Rights: A text-
book, 2a. ed., Finlandia, Abo Acakademi University Institute fort Human Rights,
201, pp. 463-480; Shrubsall, Vivien, “The European Social Charter: employment,
Union and Strikes”, en Beddard, Ralph y Hill, Dilys, Economic, Social and Cultural
Rights: Progress and Achievement, Hong Kong, MacMillan, 1992 pp. 153-162, y
Khaliq, Urfan y Churchill, Robin, “El comité europeo de derechos sociales. Darle
cuerpo al esqueleto de la Carta Social Europea”, en Langford, Malcolm, Teoría y
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Un dato sobresaliente es, por ejemplo, la práctica del Comité
Europeo de Derechos Sociales, de proteger derechos sociales que
no se encuentran enumerados en la Carta Social Europea, como
es el caso del medio ambiente, que fue protegido mediante el
derecho a la salud; es decir, el Comité ha recurrido a la protección
de derechos sociales mediante otros derechos sociales.12
No obstante, una limitante de la Carta Social Europea, así como
del Comité Europeo, es que no tiene previsto un mecanismo de
peticiones individuales, lo cual, en la práctica, no permite hacer
“justiciables” dichos derechos en casos concretos.
3. La sinergia entre el Convenio Europeo
y la Carta Social Europea
A primera vista podríamos pensar que ambos instrumentos, con
sus respectivos órganos de interpretación, mantienen sólo su com-
petencia de aplicación de las disposiciones que su mandato les
ordena aplicar. Sin embargo, Luis Jimena Quesada observa que
un fenómeno interesante que se ha ido produciendo en materia
de derechos sociales dentro del Consejo de Europa es la sinergia
que ambos organismos hacen tanto del Tribunal Europeo hacia la
Carta Social como del Comité Europeo al Convenio Europeo.13 Esta
interacción de instrumentos dentro del propio Consejo Europeo ha
jurisprudencia de los derechos sociales. Tendencias emergentes en el derecho
internacional y comparado, Bogotá, Universidad de los Andes-Siglo del Hombre-
Derecho y Sociedad, 2013, pp. 617-665.
12
El Comité Europeo de Derechos Sociales ha interpretado que el derecho a
la protección de la salud recogido en el artículo 11 de la Carta Social Europea
incluye el derecho a un medio ambiente saludable. Véase Demanda 30/2005,
Caso Marangopoulos Foundation for Human Rights vs. Greece, Decisión sobre el
fondo, 2006, párr. 195.
13
Malinveri, Giorgio, “The Court of European Human Rights, the Protection of
Social Rights, its Relationship with the European Commite of Social Rigths”, pp.
97-112; Jimena Quesada, Luis, “Interdependence of the Reporting System and
the Collective Complaint Procedure: Indivisibility of Human Rights and Indivisibility
Guarantees”, en D’Amico, Marilisa y Guiglia, Giovanni, European Social Charter
and the Challenges of the XXI Century, Roma, Edizioni Scientifivhe Italiane, 2014,
pp. 143-158.
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JUAN JESÚS GÓNGORA MAAS
sido de vital importancia al momento de precisar el contenido de
determinados derechos que, por ejemplo, el CEDH no contempla
en su redacción.
El Tribunal Europeo, desde el caso Tyrer vs. Reino Unido, en
1978, consideró que las disposiciones del CEDH eran parte de
un instrumento vivo, y que la interpretación que acompaña estas
disposiciones debe hacerse acorde a las condiciones de vida ac-
tual.14 En este sentido, en relación con la interpretación evolutiva
acorde a las condiciones de vida actual y la sinergia de instru-
mentos dentro del Consejo de Europa, destaca el caso Demir y
Baykara vs. Turquía.
Este caso se refiere a la falta de reconocimiento de la personali-
dad jurídica del sindicato “Tum Bel Sen” de trabajadores municipa-
les, del cual el señor Baykara era presidente, al mismo tiempo que
se desconocía la posibilidad de otorgar el derecho de negociación
colectiva. El Estado aseguraba que los derechos de sindicación
establecidos en el artículo 11 del CEDH no eran aplicables en el
caso, pues, en realidad, los trabajadores del Estado (incluidos los
municipales) eran una de las posibles excepciones que otorgaba
el artículo 11, al señalar que se podrían restringir los derechos de
sindicación en el caso de las fuerzas militares, policiales y de los
administradores del Estado; además, señalaron que el artículo 11
del Convenio Europeo no contemplaba el derecho a la negociación
colectiva.15
En este sentido, en sede interna, los tribunales desconocieron
la existencia de tal sindicato indicando que no bastaba con la de-
claración de voluntad de las partes, sino que era necesario que se
formalizara ante las leyes internas, ley que no existía al momento
de los hechos. Por su parte, las víctimas argumentaron que la in-
terpretación que el Estado le estaba dando al artículo 11 era res-
trictiva, y que en el ámbito interno se habían hecho modificaciones
14
En este caso, el Tribunal Europeo expresó que “The Court must also recall that
the Convention is a living instrument which, as the Commission rightly stressed,
must be interpreted in the light of present-day conditions”. Caso Tyrer vs. Reino
Unido, sentencia del 25 de abril de 1978, párr. 31.
15
Caso Demir y Baykara vs. Turquía, Application 34503/97, sentencia del 12
de noviembre de 2008, parrs. 14-33.
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LOS DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES...
constitucionales que garantizaban el derecho de sindicación, que
también les eran aplicables a la administración del Estado —inclui-
dos los trabajadores municipales—.
El TEDH, en este caso, se enfrentó a un tema muy complejo: es-
tablecer si los funcionarios municipales (como parte integrante de
la administración del Estado) tenían el derecho de sindicación y
de negociación colectiva. Es de resaltar en este caso cómo el TEDH
recurrió a la Carta Social Europea, en donde los artículos 5o. y 6o.,
respectivamente, reconocen el derecho de sindicación y negocia-
ción colectiva para los funcionarios del Estado.
En esta tesitura, el Estado consideraba que no podía utilizarse
la Carta Social para derivar el derecho de sindicación y negocia-
ción colectiva para funcionarios, por no ser Turquía parte de dicho
instrumento regional de protección de derechos humanos.16 Ante
este argumento, el TEDH consideró que no era la primera vez que
el Tribunal utilizaba disposiciones de otros instrumentos internacio-
nales para dotar de contenido a los artículos del CEDH más allá de
la Carta Social Europea. Sobre el tema de la asociación sindical en
el presente caso, la Corte Europea recordó que Turquía había rati-
ficado el Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo,
relativo a la libertad sindical y a la protección del derecho de sindi-
cación, así como los pactos internacionales de Derechos Civiles y
Políticos, y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, por lo
que dicha obligación subsistía aun en la ausencia de no haber ra-
tificado la Carta Social. Con independencia de ello, cabe destacar
la conclusión a la que se arriba en el tema de la sinergia de instru-
mentos, como el CEDH y la CSE, así:
85. La Corte, al definir el significado de términos y conceptos
en el texto de la Convención [Europea], puede y debe tener en
cuenta los elementos del derecho internacional que no sean la
Convención, la interpretación de tales elementos por los órga-
nos competentes, y la práctica de los Estados de Europa que
reflejan sus valores comunes. El consenso de los instrumentos
internacionales especializados y de la práctica de los Estados
contratantes puede constituir una consideración relevante para
16
Ibidem, párrs. 34-53.
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la Corte cuando interpreta las disposiciones de la Convención en
casos específicos.
86. En este contexto, no es necesario que el Estado demandado
haya ratificado todo el catálogo de instrumentos que son aplica-
bles en relación con la materia de que se trate. Será suficiente
para Corte que de los instrumentos internacionales pertinentes,
denoten una evolución continua en las normas y principios apli-
cados en el derecho internacional o en el derecho interno de
la mayoría de los Estados miembros del Consejo de Europa y,
muestren, en un determinado momento que, existe un elemento
común en las sociedades modernas.17
En el tema que nos ocupa, este razonamiento hecho por el
TEDH es de vital importancia desde diferentes puntos de vista. Uno
de ellos es que Turquía no era parte de la Carta Social Europea, en
donde sí se encontraba reconocida la asociación y negociación co-
lectiva para funcionarios públicos, a diferencia de lo que disponía el
Convenio Europeo y sus limitantes sobre sindicalización de funcio-
narios. Sin embargo, el TEDH invoca las disposiciones de la Carta
Social y considera que es de vital importancia tener en cuenta lo
dispuesto por este instrumento regional, con independencia de que
haya sido ratificado, o no, por el Estado demandado. No obstante,
lo cierto es que si bien se invoca lo dispuesto por la CSE, también
el Tribunal Europeo toma ciertas precauciones y, de una manera
por demás ingeniosa complementa la configuración del derecho de
sindicación argumentando otras tres razones.
En primer lugar, Turquía, para el momento de los hechos, había
ratificado el Convenio 87 de la OIT sobre sindicación, por lo que si
bien dentro del SEDH, en específico a través del Convenio Europeo,
no se encontraba la obligación, sí estaba latente la protección de
este derecho en el seno del sistema universal, lo cual venía reforza-
do, también, por la ratificación del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales. En segundo lugar, la Corte Europea constató
que Turquía, derivado de estos compromisos internacionales, había
modificado su Constitución y había protegido este derecho en sede
17
Ibidem, párrs. 85 y 86.
10
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interna. Y finalmente, en tercer lugar, quizá el elemento con mayor
peso en este caso fue que el Tribunal Europeo se dio a la tarea de
constatar que si bien el artículo 11 del CEDH establecía una res-
tricción sobre la posibilidad de que ciertos funcionarios públicos
se asociaran y formaran sindicatos, la práctica interna de los Esta-
dos había modificado esta restricción que se había implantado en
1951, y que la mayoría, en ese momento, reconocía la sindicaliza-
ción y la negociación colectiva de funcionarios públicos, incluidos
los municipales; de esta manera, la Corte Europea identifica esta
práctica como “los valores comunes de los Estados miembros del
Consejo de Europa”.
No cabe duda de que la forma en la que el Tribunal Europeo
ha hecho justiciables los DESCA dentro de su jurisdicción es de
vital importancia, en especial si consideramos que no se contiene
una disposición como lo es el artículo 26 en la Convención Ame-
ricana. Si bien la Carta Social Europea constituye un instrumento
importante dentro del Consejo de Europa, también se podría con-
templar el reconocimiento de derechos sociales mediante pro-
tocolos adicionales al Convenio Europeo, como en su momento
fue el reconocimiento del derecho a la educación en el Protocolo
núm. 1. Quizá esto sea deseable, ya que el derecho internacio-
nal de los derechos humanos ha comenzado a reconocer ciertos
derechos que no fueron previstos en los tratados internacionales,
como el derecho al medio ambiente (o los efectos adversos por el
cambio climático)18 y respecto de los cuales actualmente existen
18
Recientemente el Comité de Derechos Humanos, en la comunicación del
Caso Oliveira Pereira y Lucio Guillermo Sosa Beneg y los miembros integran-
tes de la Comunidad Indígena de Campo Agua’ë, del pueblo Ava Guaraní vs.
Paraguay, concluyó que el Estado paraguayo violó los derechos de una comu-
nidad indígena a sus tierras tradicionales y a su entendimiento de “domicilio”,
debido a la falta de prevención y control de la contaminación tóxica de sus tie-
rras causada por el uso intensivo de plaguicidas por empresas agrícolas vecinas
(CCPR/C/132/D/2552/2015, 12 de octubre de 2021). Con anterioridad, el Comité
había encontrado responsable a Paraguay en el caso Portillo Cáceres, donde se
encontró que el uso masivo de agrotóxicos por parte de grandes empresas veci-
nas del sector agropecuario habían envenenado a numerosos residentes locales
y habían conducido a la muerte de un familiar(CCPR/C/126/D/2751/2016, 20
de septiembre de 2019). Finalmente, durante el 2022, el Comité encontró que
Australia violó los derechos de los indígenas de las islas del estrecho de Torres,
11
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diversos casos que se encuentran pendientes de resolución ante
el Tribunal Europeo.19
II. Sistema universal: el Protocolo Facultativo
al PIDESC y la justiciabilidad directa de los DESC
Aunque desde sus orígenes los derechos sociales fueron contem-
plados en el sistema universal de derechos humanos en la Declara-
ción Universal sobre Derechos Humanos,20 lo cierto es que plasmar
(1966) en categorías separadas los derechos (en el Pacto Interna-
cional de Derechos Civiles y Políticos, por un lado, y en el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, por
el otro) tuvo una gran repercusión en la exigibilidad judicial de los
DESCA en el ámbito internacional, debido a que no fueron consi-
derados derechos en sí mismos, sino como aspiraciones y metas
de buena voluntad de los Estados.
En el marco del sistema universal podríamos identificar tres mo-
mentos después de adoptado el PIDESC que fueron delineando la
justiciabilidad directa de los derechos sociales: 1) la creación en
1985 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;
2) la Declaración y Programa de Acción de Viena de 1993, donde
se reafirmaron la interdependencia e indivisibilidad de todos los de-
que separa ese país de Nueva Guinea, a “disfrutar de su cultura y ser libres de
interferencias arbitrarias en su vida privada, su familia y su hogar” (se encuentra
pendiente de publicarse la versión final del dictamen). Debemos recordar que
en todos estos casos el Comité de Derechos Humanos únicamente se pronuncia
sobre derechos civiles y políticos que se encuentran en el Pacto Internacional,
por lo que la temática ambiental o de cambio climático se incluye mediante la
justiciabilidad indirecta.
19
Véanse las siguientes peticiones que se encuentran en trámite: Claudia Duar-
te Agostinho y otros vs. Portugal y otros vs. 32 Estados miembro; Association of
Senior Woman for the Protection of Climate vs. Suiza y Greanpeace Nordic y otros
vs. Noruega.
20
Por ejemplo, la Declaración Universal contempla como derechos a la seguri-
dad social (artículo 22); al derecho al trabajo (artículo 23); a los derechos sindica-
les (artículo 23.4); al derecho de la salud, al derecho a la alimentación, al derecho
a la vivienda (artículo 25.1); al derecho a la educación (artículo 26), y al de-
recho a la cultura (artículo 27).
12
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rechos humanos, y 3) la adopción y entrada en vigor del Protocolo
Facultativo al PIDESC.
Bajo este marco, el Comité DESC puede también evaluar me-
diante comunicaciones individuales o colectivas si los Estados han
cumplido sus obligaciones del PIDESC en casos concretos. En el
primer caso que tuvo la oportunidad de resolver, el Comité DESC
estableció como origen de la violación el derecho a la vivienda y no
las garantías procesales, como muchos tribunales habían realizado
por conexidad; así, afirmó:
[La] irregularidad en la notificación podría no implicar una vio-
lación al derecho a la vivienda si no tuviera una consecuencia
significativa sobre el derecho de defensa de la autora sobre el
goce efectivo de su vivienda…
Por tanto, el Comité considera que esa notificación inadecuada
constituyó, en ese momento, una violación al derecho a la vi-
vienda, que no fue remediada por el Estado parte ulteriormente
pues a la autora se le negaron tanto en el [recurso de reposición
como el amparo constitucional]...
El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ac-
tuando en virtud del artículo 9o. párrafo 1 del Protocolo Facultati-
vo del Pacto, dictamina que al incumplir su obligación de proveer
a la autora de un recurso efectivo, el Estado parte viola sus dere-
chos en virtud a los artículos 11 [derecho a la vivienda adecuada],
leído conjuntamente con el artículo 2o., párrafo 1, del Pacto…21
A la fecha, el Comité DESC ha conocido de una serie de comu-
nicaciones individuales, que principalmente versan sobre desalojos
forzosos (vivienda) en contra de España y Bélgica, el derecho a la
seguridad social en el contexto de trabajadoras del hogar (Ecuador)
y el derecho a la salud reproductiva en el contexto de la fertilización
in vitro (Italia). En estas decisiones se han encontrado violaciones
a los derechos reconocidos en el PIDESC.22
21
ONU, Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Comunicación
2/2014, 17 de junio de 2015, E/C.12/55/D/2/2014, párrs. 13.5, 13.7 y 15.
22
Buscador de jurisprudencia del Comité de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, disponible en: [Link]
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Es de destacar de igual forma la importante labor interpretativa
del Comité DESC sobre las disposiciones del PIDESC en fechas
recientes, pues no había emitido observaciones generales desde
el 2010; actualmente existen cuatro nuevas relativas a la salud
sexual y reproductiva (OG 22), a las condiciones dignas de traba-
jo (OG 23), las obligaciones de los Estados bajo el PIDESC en los
contextos de actividades empresariales (OG 24) y el derecho a los
avances científicos y tecnológicos (OG 25).23 No se debe perder de
vista el borrador de la Observación General 26 sobre los DESC y la
naturaleza.
III. Sistema africano: sobre los derechos
sociales expresos y los derechos sociales perdidos
Un referente obligado cuando se habla de justiciabilidad directa de
los DESCA en el derecho internacional de los derechos humanos es
el sistema africano de derechos humanos;24 si bien es el más joven
de todos los existentes, ha sido el que ha abordado los derechos
sociales como derechos justiciables ante instancias supranaciona-
les. La Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos de
1981 contempla tanto derechos civiles y políticos como derechos
de índole económica, social y cultural,25 entre los que encontra-
23
Comité DESC, Observación General 22: El derecho a la salud sexual y re-
productiva (artículo 12), E/C.12/GC/22, 4 de marzo de 2016; Observación Ge-
neral 23, El derecho a condiciones favorables de trabajo (artículo 7o.), E/C.12/
GC/23, 26 de abril de 2016, y Observación General 24, Las obligaciones de los
Estados en virtud del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales en el contexto de las actividades empresariales, E/C.12/GC/24, 10
de agosto de 2017.
24
En el sistema africano, la Comisión Africana y la Corte Africana han declarado
violaciones autónomas a derechos sociales consagrados en la Carta Africana, o
bien ha desarrollado otros derechos sociales que no se encuentran expresamente
reconocidos en la Carta a través de los existentes en dicho instrumento interna-
cional.
25
Ssenyonjo, Manisuli, “Economic, Social and Cultural Rights in the African
Charter”, en Ssenyonjo, Manisuli, The African Regional Human Rights System:
30 years after the African Charter on Human and People’s Rights, International
Estudies in Human Rights, Martinus Nijhoff Publishers, p. 57.
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mos: derecho al trabajo (artículo 15), derecho a la salud (artículo
16), derecho a la educación (artículo 17.1), derecho a la cultura
(artículo 17.2 y 17.3), derecho al uso y goce de sus riquezas y re-
cursos naturales (artículo 21), derecho al desarrollo (artículo 22) y
derecho al medio ambiente (artículo 24), sin jerarquía entre uno u
otro y de manera indivisible e interdependiente.
También existen otros instrumentos en el sistema africano sobre
determinados grupos históricamente discriminados, como lo son
las mujeres, los niños y las personas mayores, que también han
incorporado derechos sociales de manera expresa.
En el caso del Protocolo a la Carta Africana de Derechos Huma-
nos y de los Pueblos sobre los Derechos de las Mujeres,26 adopta-
do en 2003, y que entró en vigencia en 2005, contempla el dere-
cho a la educación,27 al trabajo y a la seguridad social,28 a la salud
y a la salud sexual reproductiva,29 a la seguridad alimentaria y al
agua,30 a la vivienda adecuada,31 a un contexto cultural positivo,32
el derecho a un medio ambiente sano y sostenible,33 y el derecho
al desarrollo sostenible.34
Por otro lado, encontramos la Carta Africana de los Derechos y el
Bienestar del Niño (adoptada en 1990 y entró en vigor en 1999).
Este instrumento protege el derecho a la educación,35 al ocio y a la
cultura,36 y a la salud,37 además de prohibir el trabajo infantil.38
Finalmente, el Protocolo a la Carta Africana de Derechos Huma-
nos y de los Pueblos sobre los Derechos de las Personas de Edad
26
Disponible en: [Link]
_instr_proto_women_eng.pdf.
27
Artículo 12. Derecho a la educación y la formación.
28
Artículo 13. Derechos de bienestar económico y social.
29
Artículo 14. Salud y derechos reproductivos.
30
Artículo 15. Derecho a la seguridad alimentaria.
31
Artículo 16. Derecho a una vivienda adecuada.
32
Artículo 17. Derecho al contexto cultural positivo.
33
Artículo 18. Derecho a un medio ambiente sano y sostenible.
34
Artículo 19. Derecho al desarrollo sostenible.
35
Artículo 11. Educación.
36
Artículo 12. Ocio, recreación y actividades culturales.
37
Artículo 14. Salud y servicios de salud.
38
Artículo 15. Trabajo infantil.
15
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en África, adoptado en 2016, protege el derecho a la seguridad
social,39 el derecho a la salud,40 al acceso a la educación41 y el
derecho al esparcimiento y a la cultura42 de las personas mayores.
Aunque existen una pluralidad de disposiciones que protegen
estos derechos, la práctica jurisprudencial es muy escasa en la
materia. Tanto la Comisión Africana de Derechos Humanos y de
los Pueblos como la Corte Africana de Derechos Humanos y de los
Pueblos se han pronunciado sobre violaciones directas y autóno-
mas en materia de derechos sociales.43 En este sentido, por ejem-
plo, la Comisión Africana ha expresado que
…la singularidad de la situación africana y las cualidades espe-
ciales de la Carta Africana impone a la Comisión Africana una
tarea importante pues el derecho internacional y los derechos
humanos deben ser sensibles a las circunstancias africanas; cla-
ramente los derechos colectivos, los derechos ambientales y los
derechos económicos y sociales son elementos esenciales de
los derechos humanos en África.44
Un rasgo singular interpretativo en la jurisprudencia de la Comi-
sión Africana ha sido el tema de los derechos sociales perdidos o
derechos sociales implícitos. Lo anterior es así, debido a que si bien
la Carta de Banjul consagra derechos sociales, no hace referencia
expresa a derechos como la alimentación o la vivienda, derechos
que están relacionados con las necesidades socioeconómicas de
las personas de África, predominantemente rural y empobrecida.
Es de resalar que en el sistema africano las comunidades eco-
nómicas regionales (CER) también han tenido una importante par-
39
Artículo 7o. Protección social.
40
Artículo 15. Acceso a los servicios de salud.
41
Artículo 16. Acceso a la educación.
42
Artículo 17. Participación en los programas y actividades recreativas.
43
Mzikenge Chirwa, Danwood y Chenwi, Lilian, The Protection of Economic,
Social and Cultural Rights in Africa. International, Regional and National Perspec-
tives, Cambridge University Press, 2016.
44
African Commission on Human and People’s Rights. The Social and Economic
Rights Action Center and the Center for Economic and Social Rights vs. Nigeria,
Communications 155/96, párr. 68.
16
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ticipación en materia de derechos sociales; en este sentido, la
Economic Community of West of Africa tiene competencia para co-
nocer de violaciones a la Carta de Banjul, cuestión que ya ha sido
analizada en materia de protección al medio ambiente como de-
recho humano (artículo 24 de la Carta de Banjul)45 en un asunto
que previamente ya había sido conocido por la Comisión Africana.46
El sistema africano no ha sido ajeno al tema presupuestal que
atraviesan las naciones del sistema, inclusive ha reconocido los al-
tos índices de pobreza; sin embargo, si bien los países africanos no
se encuentran en posibilidad de proveer ciertos servicios, infraes-
tructura y recursos necesarios para salvaguardar algunos derechos
sociales de manera general, ello no impide a los Estados tomar
medidas concretas.47
IV. El sistema interamericano: de la justiciabilidad
indirecta a la justiciabilidad directa
En lo que corresponde al SIDH, la justiciabilidad de los derechos
sociales ha tenido dos principales momentos históricos: desde la
instauración del Tribunal Interamericano hasta 2016, y de 2017
con la emisión del caso Lagos del Campo vs. Perú a la actualidad.
Dado que el segundo periodo de tiempo se analiza con detenimien-
to en este libro (véase el último capítulo), únicamente me referiré
a algunas características que fueron propias de la primera época
de los derechos sociales en el acervo jurisprudencial del tribunal
interamericano.
En el marco del SIDH, un punto de partida —como se verá en el
capítulo segundo— es lo dispuesto en el artículo 26 de la Conven-
ción Americana sobre Derechos Humanos. Durante mucho tiempo
se asumió que la CADH no protegía derechos sociales, pero, como
veremos, esto era sólo un mito.
45
ECOWAS Court, SERAP vs. Nigeria, sentencia ECW/CCJ/JUD/18/12, 14 de
diciembre de 2012, disponible en: [Link]
/decisions/judgements/2012/SERAP_V_FEDERAL_REPUBLIC_OF_NIGERIA.pdf.
46
African Commission on Human and People’s Rights…, op. cit.
47
Ibidem, párr. 84.
17
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Asimismo, debemos recordar que en el marco del sistema in-
teramericano tenemos un documento específico, que contempla
derechos económicos, sociales, culturales y —siendo el prime-
ro— ambientales, denominado Protocolo Adicional a la Conven-
ción Americana en materia de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, o Protocolo de San Salvador. Este instrumento, aunque
con una amplia gama de derechos sociales, tiene una importante
limitante de competencia material para los órganos del sistema
interamericano: el sistema de peticiones individuales, es decir, el
sistema de posibles casos que eventualmente se pueden conocer
mediante este instrumento, sólo se ciñe al derecho a la asociación
sindical y al derecho a la educación.48 Este instrumento, aunque
se adoptó en 1988, fue utilizado por primera vez en 2015 cuando
en el caso Gonzales Lluy y otros vs. Ecuador se declaró la respon-
sabilidad internacional del Estado con base en este instrumento
internacional.
La limitación de competencia material antes descrita fue objeto
de importantes debates al interior de la Corte Interamericana du-
rante décadas, pero no fue hasta el 2013 cuando esas discusiones
cobraron un foco central en el debate de la agenda interamericana.
Los principales argumentos a favor y en contra se centraban en el
artículo 26 (desarrollo progresivo) contemplado en el cuerpo de la
Convención Americana, que era la vía idónea para que los derechos
que fueron excluidos de la competencia material del Protocolo de
San Salvador fueran también exigibles ante los órganos del sistema
interamericano, o en palabras de la doctrina sobre el tema, “ha-
cerlos justiciables de manera directa”. Al final, como se adelantó
y como se detallará den los siguientes capítulos, la postura a favor
de esta vía ha sido la que ha imperado hasta este momento.
Como marco histórico únicamente destacaré que, entre la en-
trada en funciones del Tribunal y hasta antes de 2017, los de-
rechos sociales estuvieron presentes en la jurisprudencia intera-
mericana mediante lo que se ha denominado “la justiciabilidad
indirecta de los derechos sociales”. Está técnica argumentativa fue
valiosa en este largo periodo, en donde la mayoría de los jueces de
48
Artículos 8.1.a, 13 y 19.6 del Protocolo de San Salvador.
18
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las composiciones antes de 2017 vieron la oportunidad ideal para
no entrar a analizar los posibles alcances del artículo 26 de la Con-
vención Americana. En este tiempo hubo un gran número de casos
en donde todos los derechos sociales fueron abordados de manera
tangencial mediante los derechos que se encuentran expresos en
la Convención Americana de los artículos 3o. a 25 del Pacto de
San José, tal como se muestra en el siguiente cuadro:
Casos mediante los cuales se hicieron
justiciables de manera indirecta los DESCA
1. Caso Instituto de Reeducación del Menor
vs. Paraguay
2. Caso Tibi vs. Ecuador
3. Caso de la Cruz Flores vs. Perú
4. Caso de la Comunidad Indígena Yakye Axa
vs. Paraguay
5. Caso de la Comunidad Indígena Sawhoya-
xama vs. Paraguay
6. Caso Ximenes López vs. Brasil
7. Caso Garcia Asto y Ramírez Rojas vs. Perú
8. Caso Montero Aranguren (Retén de Catia)
vs. Venezuela
9. Caso del Penal Miguel Castro y Castro vs.
I. Derecho
Perú
a la salud
10. Caso Albán Cornejo vs. Ecuador
11. Caso de la Comunidad Indígena Xákmok
Kásek vs. Paraguay
12. Caso Fernández Ortega vs. México
13. Caso Rosendo Cantú vs. México
14. Caso Vélez Loor vs. Panamá
15. Caso Vera y Vera vs. Ecuador
16. Caso Pacheco Teruel vs. Honduras
17. Caso Díaz Peña vs. Venezuela
18. Caso Furlan y Familiares vs. Argentina
19. Caso Artavia Murillo (Fecundación in Vitro)
vs. Costa Rica
20. Caso Mendoza y Otros vs. Argentina
19
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21. Caso Suárez Peralta vs. Ecuador
22. Caso J vs. Perú
23. Espinoza Gonzáles vs. Perú
24. Caso Gonzáles Lluy vs. Ecuador
25. Caso Nadege Dorzema vs. República Do-
minicana
26. Caso I.V. vs. Bolivia
27. Caso Chinchilla Sandoval vs. Guatemala
1. Caso Cinco Pensionistas vs. Perú
II. Derecho a la
2. Caso Acevedo Buendía y otros (“Cesantes
seguridad social-
y Jubilados de la Contraloría”) vs. Perú
pensiones
3. Caso Duque vs. Colombia
1. Caso Comunidad Indígena Xákmok Kásek
vs. Paraguay
2. Caso Comunidad Indígena Yakye Axa vs.
Paraguay
III. Derecho
3. Caso de las niñas Yean y Bosico vs. Repú-
a la educación
blica Dominicana
4. Caso “Instituto de Reeducación del Me-
nor” vs. Paraguay
5. Caso Gonzáles Lluy y otros vs. Ecuador.
1. Caso Huilca Tecse vs. Perú
IV. Derechos 2. Caso Baena Ricardo vs. Panamá
sindicales 3. Cantoral Huaman´í y García Santa Cruz
vs. Perú
1. Caso Trabajadores Cesados del Congreso
(Aguado Alfaro y otros). vs. Perú
2. Caso Canales Huapaya y otros vs. Perú
3. Caso del Tribunal Constitucional vs. Perú
V. Derecho
4. Caso Apitz Barbera y otros (“Corte Prime-
al trabajo
ra de lo Contencioso Administrativo”) vs.
y condiciones
Venezuela
justas
5. Caso Reverón Trujillo vs. Venezuela
y satisfactorias
6. Caso Chocrón Chocrón vs. Venezuela
de trabajo
7. Caso de la Corte Suprema de Justicia
(Quintana Coello y otros) vs. Ecuador
8. Caso del Tribunal Constitucional (Camba
Campos y otros) vs. Ecuador.
20
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9. Caso Maldonado Ordoñez vs. Guatemala
10. Caso de las Masacres de Ituango vs. Co-
lombia
11. Caso de los Trabajadores de la Hacienda
Brasil Verde vs. Brasil
1. Caso Pueblos Kaliña y Lokono vs. Surinam
Caso
2. Caso Comunidad Indígena Yakye Axa vs.
Paraguay
3. Caso Comunidad Indígena Xákmok Kásek
vs. Paraguay
VI. Derecho
4. Caso Comunidad Garífuna Triunfo de la
al medio
Cruz y sus miembros vs. Honduras
ambiente sano
5. Caso Comunidad Garífuna de Punta Pie-
dra y sus miembros vs. Honduras
6. Caso del Pueblo Saramaka vs. Surinam
7. Caso Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku
vs. Ecuador
8. Caso Salvador Chiriboga vs. Ecuador
9. Caso Claude Reyes y otros vs. Chile
1. Caso Comunidad Indígena Yakye Axa vs.
Paraguay
2. Caso Comunidad Indígena Sawhoyamaxa
vs. Paraguay
VII. Derecho 3. Caso Comunidad Indígena Xákmok Kásek
a la alimentación vs. Paraguay
4. Caso López Álvarez vs. Honduras. Fondo,
reparaciones y costas
5. Caso Pecheco Teruel y otrsos vs. Honduras
6. Caso Hacienda Brasil Verde vs. Brasil
1. Caso Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku
vs. Ecuador
2. Caso Comunidad Indígena Yakye Axa vs.
VIII. Derecho Paraguay
a los beneficios 3. Caso Comunidad Indígena Sawhoyamaxa
de la cultura vs. Paraguay
4. Caso de los Pueblos Indígenas Kuna de
Madungandí y Emberá de Bayano y sus
miembros vs. Panamá
21
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5. Caso Comunidad Garífuna de Punta Pie-
dra y sus miembros vs. Honduras
6. Caso Pueblos Kaliña y Lokono vs. Surinam
7. Caso López Álvarez vs. Honduras
8. Caso Chitay Nech y otros vs. Guatemala
9. Caso Artavia Murillo (Fecundación in Vitro)
vs. Costa Rica
10. Caso Masacre Plan de Sánchez vs. Gua-
temala
11. Caso de la Comunidad Moiwana vs. Su-
rinam
12. Caso Bámaca Velázquez vs. Guatemala
13. Caso Masacres del Río Negro vs. Guate-
mala
14. Caso Miembros de la Aldea Chichupac y
comunidades vecinas del Municipio de
Rabinal vs. Guatemala
1. Caso Masacres de Ituango vs. Colombia
2. Caso de las comunidades Afrodescen-
dientes desplazadas de la cuenca del Río
IX. Derecho Cacarica (Operación Génesis) vs. Colom-
a la vivienda bia Caso Masacres Mozote vs. El Salvador
3. Caso Masacre de Santo Domingo vs. Co-
lombia
4. Caso Yarce y otras vs. Colombia
1. Caso de la Comunidad Indígena Yakye
Axa vs. Paraguay
X. Derecho 2. Caso de la Comunidad Indígena Sawho-
al agua yaxama vs. Paraguay
3. Caso de la Comunidad Indígena Xákmok
Kásek vs. Paraguay
Fuente: elaboración propia.
Todos estos casos tienen como denominador común que, aun-
que mucha de la argumentación estaba centrada en el contenido
de algún derecho social, el Tribunal, valiéndose de esta técnica de
justiciabilidad indirecta, declaraba la responsabilidad internacional
respecto de otros derechos, lo que generaba la subsunción de un
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derecho social al interior de otro de naturaleza civil o política. Esta
forma de proteger los derechos sociales no era incorrecta, pero en
todo caso generaba que la idea de que los derechos sociales te-
nían una jerarquía distinta a los derechos civiles y políticos siguiera
presente en el imaginario colectivo del derecho internacional de
los derechos humanos. Más aún, lo que implicaba este traslape
era que a nivel doméstico las y los jueces no tuvieran insumos del
derecho internacional para resolver casos sobre DESCA.
Como se verá en capítulos subsiguientes, la justiciabilidad di-
recta ha permitido generar insumos para que a nivel doméstico la
protección de los derechos sociales tenga un análisis diferenciado,
dotándolos de contenido y de obligaciones propios.
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Capítulo segundo
EL CONTENIDO DEL ARTÍCULO 26 DE LA CONVENCIÓN
AMERICANA Y SU RELACIÓN CON OTROS
INSTRUMENTOS INTERNACIONALES
I. El artículo 2o. del PIDESC vis à vis el artículo 26
de la Convención Americana
S
i analizamos los tratados de derechos humanos que existen
en los sistemas de protección de derechos humanos, encon-
tramos similitudes entre ellos; por ejemplo, la Convención
Americana sobre Derechos Humanos en gran parte estuvo inspirada
en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y por el Con-
venio Europeo de Derechos Humanos. No obstante, aunque existen
importantes similitudes, también hay contrastes muy marcados.
Uno de los rasgos más distintivos de la Convención Americana
es lo que se encuentra plasmado en el capítulo III, denominado
“Derechos económicos, sociales y culturales” y, en concreto, en el
artículo 26:
Artículo 26. Desarrollo progresivo
Los Estados Partes se comprometen a adoptar providencias, tan-
to a nivel interno como mediante la cooperación internacional,
especialmente económica y técnica, para lograr progresivamen-
te la plena efectividad de los derechos que se derivan de las
normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cul-
tura, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados
Americanos, reformada por el Protocolo de Buenos Aires, en la
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medida de los recursos disponibles, por vía legislativa u otros
medios apropiados.
Uno de los primeros señalamientos que se debe hacer al res-
pecto es que esta disposición no contiene derechos de manera
expresa; lo que se encuentra plasmado en esta disposición es una
norma que sirve de puente para poder identificar derechos me-
diante un mandato de remisión a la Carta de la Organización de
los Estados Americanos. De hecho, no es la única disposición en
la Convención Americana que hace esa misma función, ya que el
artículo 1949 cumple con la misma finalidad, tal como lo demuestra
la gran cantidad de casos en donde se ha reiterado esta interpre-
tación de la Corte Interamericana en la materia, en la que se han
invocado disposiciones específicas de la Convención de Naciones
Unidas sobre los Derechos del Niño para dotar de contenido al re-
ferido artículo del Pacto de San José.50
De hecho, el artículo 26, a diferencia del artículo 19, tiene una
mejor articulación,51 pues expresamente señala que la labor y man-
dato de la Corte Interamericana será velar por el respeto y garantía
de los derechos “que se [deriven] de las normas económicas, so-
ciales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta
de la Organización de los Estados Americanos”. Por ello, lo que
mandata el artículo 26 es que mediante una labor interpretativa la
Corte Interamericana dote de contenido al artículo para dilucidar si
mediante dicha norma puente se puede derivar un derecho desde
la Carta de la OEA.
49
Artículo 19. “Derechos del Niño. Todo niño tiene derecho a las medidas de
protección que su condición de menor requieren por parte de su familia, de la
sociedad y del Estado”.
50
Por ejemplo, véanse los siguientes casos: Caso de las niñas Yean y Bosico
vs. República Dominicana, sentencia del 8 de septiembre de 2005, serie C, núm.
130, o bien el Caso Instituto de Reeducación del Menor vs. Paraguay, excepcio-
nes preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 2 de septiembre de
2004, serie C, núm. 112.
51
Muchos de los debates que en su momento se centraron en el artículo 26
eran que la articulación no indicaba derechos expresos y, por ello, no era viable
invocar dicha norma para hacer justiciables los DESCA. Sin embargo, estos deba-
tes nunca se suscitaron respecto del artículo 19, que tampoco indica un derecho
a favor de la niñez.
26
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Además, el artículo 26 no sólo contiene ese mandato de re-
misión o norma puente. Si diseccionamos el contenido de dicha
disposición, encontramos un régimen obligacional, que es aplicado
a la evaluación del cumplimiento de los derechos sociales, a sa-
ber: 1) la adopción de providencias a nivel interno; 2) adopción de
providencias mediante la cooperación internacional (en especial,
económica y técnica); 3) progresivamente, y 4) el uso de los recur-
sos disponibles en la medida que se dispongan. Adicionalmente, la
Corte IDH también ha señalado que además de estas obligaciones
especificas contenidas en el artículo 26 también es necesario te-
ner en consideración el régimen obligacional que se establece en
los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana, es decir, 1) res-
petar, 2) garantizar (y como expresión de esta obligación: la ade-
cuación del derecho interno), y 3) no discriminar con base en las
categorías establecidas en el artículo 1.1 La forma en que han sido
entendidas estas obligaciones en el marco de la jurisprudencia de
la Corte IDH será desarrollada en el siguiente capítulo.
Este régimen obligacional al que se ha aludido no fue casua-
lidad, ya que el artículo 2.1 del Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales estableció desde 1966 que los
Estados parte se comprometían a
…adoptar medidas, tanto por separado como mediante la asis-
tencia y i) la cooperación internacionales, especialmente eco-
nómicas y técnicas, ii) hasta el máximo de los recursos de que
disponga, iii) para lograr progresivamente, por todos los medios
apropiados, iv) inclusive en particular la adopción de medidas
legislativas, la plena efectividad de los derechos aquí recono-
cidos.
Mientras que en el artículo 2.2 del PIDESC se estable una cláu-
sula de no discriminación con base en diversas categorías.52
52
Al respecto, el referido artículo expresa: “2. Los Estados Parte en el presente
Pacto se comprometen a garantizar el ejercicio de los derechos que en él se enun-
cian, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión,
opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social”.
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Finalmente, mención especial merece la referencia contenida
en el artículo 26 respecto de los derechos que se deriven de las
normas de la Carta de la OEA, pero con la inclusión de lo referido
en el Protocolo de Buenos Aires. Mediante dicho Protocolo los
Estados consideraron en 1967 que en la versión original aproba-
da en 1948, en Bogotá, Colombia, era necesario también
...imprimir un nuevo dinamismo, e imperativo modificar la es-
tructura funcional de la Organización de los Estados Americanos,
así como consignar en la Carta nuevos objetivos y normas para
promover el desarrollo económico, social y cultural de los pue-
blos del Continente” que permitiera “alcanzar las condiciones
generales de bienestar que aseguren para sus pueblos una vida
digna y libre”.53
Así, los Estados agregaron una serie de artículos relativos al
desarrollo,54 “metas básicas para acelerar su desarrollo econó-
mico y social”,55 en el derecho al trabajo56 y el derecho a la edu-
cación”.57
En cuanto al concepto de “desarrollo”, que se previó en el ar-
tículo 29 del Protocolo de Buenos Aires, es de destacar que poste-
riormente, mediante el Protocolo de Cartagena, los Estados clarifi-
caron y desarrollaron el contenido de dicho concepto tal como se
muestra comparativamente:
53
Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la Organización de Estados America-
nos, preámbulo, párrs. 2 y 3.
54
Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la Organización de Estados Ameri-
canos, artículo 29.
55
Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la Organización de Estados Ameri-
canos, artículo 31.
56
Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la Organización de Estados America-
nos, artículo 43, incisos b y c.
57
Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la Organización de Estados Ameri-
canos, artículo 47.
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Protocolo de Buenos Aires Protocolo de Cartagena
Artículo 29. Los Estados Miem- Artículo 29. Los Estados miem-
bros, inspirados en los prin- bros, inspirados en los prin-
cipios de solidaridad y coo- cipios de solidaridad y coo-
peración interamericanas, se peración interamericanas, se
comprometen a aunar esfuer- comprometen a aunar esfuer-
zos para lograr que impere la zos para lograr que impere la
justicia social en el Continente justicia social internacional en
y para que sus pueblos alcan- sus relaciones y para que sus
cen un desarrollo económico pueblos alcancen un desarro-
dinámico y armónico, como llo integral, condiciones indis-
condiciones indispensables pensables para la paz y la se-
para la paz y la seguridad. guridad. El desarrollo integral
abarca los campos económi-
co, social, educacional, cul-
tural, científico y tecnológico,
en los cuales deben obtenerse
las metas que cada país defina
para lograrlo.
Artículo 31. Los Estados Miem- Artículo 33. Los Estados miem-
bros, a fin de acelerar su de- bros convienen en que la igual-
sarrollo económico y social de dad de oportunidades, la distri-
conformidad con sus propias bución equitativa de la riqueza
modalidades y procedimientos, y del ingreso, así como la ple-
en el marco de los principios na participación de sus pueblos
democráticos y de las institu- en las decisiones relativas a su
ciones del Sistema Interameri- propio desarrollo, son, entre
cano, convienen en dedicar sus otros, objetivos básicos del de-
máximos esfuerzos al logro de sarrollo integral. Para lograrlos,
las siguientes metas básicas: convienen asimismo en dedi-
car sus máximos esfuerzos a la
consecución de las siguientes
metas básicas:
Fuente: elaboración propia.
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La anterior aclaración es particularmente relevante, debido a
que las normas que hacen referencia al desarrollo integral han
sido la base normativa para que la Corte Interamericana pudiera
pronunciarse sobre la derivación del derecho al medio ambiente y
al derecho al agua. Si nos situamos temporalmente al momento
en que fueron adoptados los protocolos (1987 y 1985) y la mis-
ma Carta de la OEA (1948), los debates sobre la vulneración del
medio ambiente y del agua no se encontraban dentro del derecho
internacional de los derechos humanos; por ello, era natural que
para el momento histórico en el que se adoptaron esos instrumen-
tos no se incorporaran referencias sobre el desarrollo sostenible,
el desarrollo sustentable, el medio ambiente o el derecho al agua.
Actualmente, las disposiciones que hacen referencia “al desa-
rrollo” en el marco de la Carta de la OEA son los artículos 30, 34,
45 y 49.58
58
Artículo 30. “Los Estados miembros, inspirados en los principios de solida-
ridad y cooperación interamericanas, se comprometen a aunar esfuerzos para
lograr que impere la justicia social internacional en sus relaciones y para que sus
pueblos alcancen un desarrollo integral, condiciones indispensables para la paz y
la seguridad. El desarrollo integral abarca los campos económico, social, educa-
cional, cultural, científico y tecnológico, en los cuales deben obtenerse las metas
que cada país defina para lograrlo”.
Artículo 34. “Los Estados miembros convienen en que la igualdad de oportuni-
dades, la eliminación de la pobreza crítica y la distribución equitativa de la riqueza
y del ingreso, así como la plena participación de sus pueblos en las decisiones
relativas a su propio desarrollo, son, entre otros, objetivos básicos del desarrollo
integral. Para lograrlos, convienen asimismo en dedicar sus máximos esfuerzos a la
consecución de las siguientes metas básicas:
a) Incremento sustancial y autosostenido del producto nacional per cápita;
b) Distribución equitativa del ingreso nacional;
c) Sistemas impositivos adecuados y equitativos;
d) Modernización de la vida rural y reformas que conduzcan a regímenes equi-
tativos y eficaces de tenencia de la tierra, mayor productividad agrícola, expansión
del uso de la tierra, diversificación de la producción y mejores sistemas para la
industrialización y comercialización de productos agrícolas, y fortalecimiento y am-
pliación de los medios para alcanzar estos fines;
e) Industrialización acelerada y diversificada, especialmente de bienes de
capital e intermedios;
f) Estabilidad del nivel de precios internos en armonía con el desarrollo eco-
nómico sostenido y el logro de la justicia social;
g) Salarios justos, oportunidades de empleo y condiciones de trabajo acep-
tables para todos;
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Ahora bien, la importancia de estas “normas” contenidas en el
Protocolo de Buenos Aires tiene una razón especial, ya que durante
el proceso de adopción de la Convención Americana sobre Dere-
chos Humanos, el proyecto presentado por la Comisión Interame-
ricana de Derechos Humanos y que fue sometido a discusión por
los Estados, el entonces artículo 26 (en el proyecto original estaba
referido como artículo 25) transcribía lo que disponía el artículo 31
del Protocolo de Buenos Aires a la Carta de la OEA:
h) Erradicación rápida del analfabetismo y ampliación, para todos, de las
oportunidades en el campo de la educación;
i) Defensa del potencial humano mediante la extensión y aplicación de los
modernos conocimientos de la ciencia médica;
j) Nutrición adecuada, particularmente por medio de la aceleración de los es-
fuerzos nacionales para incrementar la producción y disponibilidad de alimentos;
k) Vivienda adecuada para todos los sectores de la población;
l) Condiciones urbanas que hagan posible una vida sana, productiva y digna;
m) Promoción de la iniciativa y la inversión privadas en armonía con la acción
del sector público, y
n) Expansión y diversificación de las exportaciones”.
Artículo 45. “Los Estados miembros, convencidos de que el hombre sólo pue-
de alcanzar la plena realización de sus aspiraciones dentro de un orden social
justo, acompañado de desarrollo económico y verdadera paz, convienen en dedicar
sus máximos esfuerzos a la aplicación de los siguientes principios y mecanismos:
…b) El trabajo es un derecho y un deber social, otorga dignidad a quien lo realiza
y debe prestarse en condiciones que, incluyendo un régimen de salarios justos,
aseguren la vida, la salud y un nivel económico decoroso para el trabajador y su
familia, tanto en sus años de trabajo como en su vejez, o cuando cualquier circuns-
tancia lo prive de la posibilidad de trabajar; …c) Los empleadores y los trabajado-
res, tanto rurales como urbanos, tienen el derecho de asociarse libremente para
la defensa y promoción de sus intereses, incluyendo el derecho de negociación
colectiva y el de huelga por parte de los trabajadores, el reconocimiento de la per-
sonería jurídica de las asociaciones y la protección de su libertad e independencia,
todo de conformidad con la legislación respectiva”.
Artículo 49. “Los Estados miembros llevarán a cabo los mayores esfuerzos
para asegurar, de acuerdo con sus normas constitucionales, el ejercicio efectivo del
derecho a la educación, sobre las siguientes bases:
a) La educación primaria será obligatoria para la población en edad escolar, y
se ofrecerá también a todas las otras personas que puedan beneficiarse de ella.
Cuando la imparta el Estado, será gratuita;
b) La educación media deberá extenderse progresivamente a la mayor parte
posible de la población, con un criterio de promoción social. Se diversificará de
manera que, sin perjuicio de la formación general de los educandos, satisfaga las
necesidades del desarrollo de cada país, y
c) La educación superior estará abierta a todos, siempre que, para mantener su
alto nivel, se cumplan las normas reglamentarias o académicas correspondientes.
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Proyecto de Convención
Americana sobre Derechos
Humanos presentado
Protocolo de Buenos por la Comisión Interamericana
Aires de 1967 de Derechos Humanos
Artículo 31. Artículo 25.
Los Estados Miembros, a fin de 2. Los Estados Partes mani-
acelerar su desarrollo econó- fiestan, además, su propósi-
mico y social de conformidad to de consagrar y, en su caso,
con sus propias modalidades de mantener y de perfeccionar,
y procedimientos, en el marco dentro de sus legislaciones in-
de los principios democráticos ternas, las prescripciones que
y de las instituciones del Sis- sean más adecuadas para: el
tema Interamericano, convie- incremento sustancial y auto
nen en dedicar sus máximos sostenido del producto nacional
esfuerzos al logro de las si- per cápita distribución equitati-
guientes metas básicas: va del ingreso nacional; siste-
a) Incremento sustancial y au- mas impositivos adecuados y
tosostenido del producto equitativos; modernización de
nacional per cápita; la vida rural y reformas que con-
b) Distribución equitativa del duzcan a regímenes equitativos
ingreso nacional; y eficaces de tenencia de tierra,
c) Sistemas impositivos ade- mayor productividad agrícola,
cuados y equitativos; expansión del uso de la tierra,
d) Modernización de la vida diversificación de la producción
rural y reformas que con- y mejores sistemas para la in-
duzcan a regímenes equita- dustrialización y comercializa-
tivos y eficaces de tenencia ción de productos agrícolas; y
de la tierra, diversificación de fortalecimiento y ampliación de
la producción y mejores sis- los medios para alcanzar estos
temas para la industrializa- fines; industrialización acelera-
ción y comercialización de da y diversificada, especialmen-
productos agrícolas; y for- te de bienes de capital e inter-
talecimiento y ampliación medios; estabilidad del nivel
de los medios para alcanzar de precios internos en armonía
estos fines; con el desarrollo económico
e) Industrialización acelerada y sostenido y el logro de la justi-
diversificada, especialmen- cia social; salarios justos, opor-
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te de bienes de capital e in- tunidades de empleo y condi-
termedios; ciones de trabajo aceptables
f) Estabilidad del nivel de pre- para todos; erradicación rápi-
cios internos en armonía da del analfabetismo y amplia-
con el desarrollo económi- ción para todos, de las opor-
co sostenido y el logro de la tunidades en el campo de la
justicia social; Salarios jus- educación; defensa del poten-
tos, oportunidades de em- cial humano mediante la exten-
pleo y condiciones de tra- sión y aplicación de los moder-
bajo aceptables para todos; nos conocimientos de la ciencia
g) Erradicación rápida del médica; nutrición adecuada,
analfabetismo y amplia- particularmente por medio de
ción, para todos, de las la aceleración de los esfuerzos
oportunidades en el campo nacionales para incrementar la
de la educación; producción y disponibilidad de
h) Defensa del potencial hu- alimentos; vivienda adecua-
mano mediante la exten- da para todos los sectores de
sión y aplicación de los mo- la población; condiciones ur-
dernos conocimientos de la banas que hagan posible una
ciencia médica; vida sana, productiva y digna;
i) Nutrición adecuada, parti- promoción de la iniciativa y la
cularmente por medio de la inversión privadas en armonía
aceleración de los esfuer- con la acción del sector públi-
zos nacionales para incre- co, y expansión y diversificación
mentar la producción y dis- de las exportaciones.
ponibilidad de alimentos;
j) Vivienda adecuada para to-
dos los sectores de la po-
blación;
k) Condiciones urbanas que
hagan posible una vida
sana, productiva y digna;
l) Promoción de la iniciativa
y la inversión privadas en
armonía con la acción del
sector público, y
m) Expansión y diversificación
de las exportaciones.
Fuente: elaboración propia.
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No existen indicios en los trabajos preparatorios de la Conven-
ción Americana que indiquen las razones por las cuales la redac-
ción propuesta por la Comisión Interamericana fue modificada. Lo
que sí queda claro es que existía una intención de incorporar un
mandato de remisión a la Carta de la OEA y a las normas que se
consagraron mediante el Protocolo de Buenos Aires.
Esta afirmación se ve corroborada debido a que el entonces ar-
tículo 25.1 del proyecto indicaba expresamente que
…[l]os Estados Parte en la presente Convención reconocen la
necesidad de dedicar sus máximos esfuerzos para que en su
derecho interno sean adoptados y, en su caso, garantizados
los demás derechos consignados en la Declaración America-
na de los Derechos y Deberes del Hombre y que no hubieran
quedado incluidos en los artículos precedentes”. Se debe re-
cordar que la Declaración incluyó derechos sociales59 y que
los “artículos precedentes” a los que hace alusión el proyecto
son derechos civiles y políticos, por ende, los derechos que se
contemplarían en el entonces artículo 25 eran los derechos
sociales.
Estas disposiciones, como se verá más adelante, son funda-
mentales para concretar la justiciabilidad de los derechos que se
deriven del artículo 26 del Pacto de San José. En todo caso, lo im-
portante es destacar la importancia que tiene la Carta de la OEA en
el marco de la Convención Americana, y que el vínculo que se dejó
plasmado en 1967 en el Preámbulo del Protocolo de Buenos Aires
era una meta concreta: que los Estados garantizaran los derechos
sociales para que las personas del sistema interamericano gozaran
de una vida digna.60
59
Dicho instrumento consagra los siguientes derechos sociales: derecho a la
preservación de la salud y al bienestar, derecho a la educación, derecho a los
beneficios de la cultura, derecho al trabajo y derecho a una justa retribución y a
la seguridad social.
60
Protocolo de Buenos Aires, preámbulo, párrafo 3.
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II. El Protocolo de San Salvador vis à vis el artículo 26 de
la Convención Americana y el Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
En el sistema interamericano, además de la Convención America-
na, los Estados adoptaron el Protocolo Adicional a la Convención
Americana en materia de Derechos Económicos, Sociales y Cultu-
rales en 1998, mejor conocido como Protocolo de San Salvador. Si
bien no es el primer instrumento especializado en la materia que
se creó (recordemos que el PIDESC data de 1966 y el Carta Social
Europea de 1961), cuando fue adoptado constituyó un instrumen-
to de vanguardia en cuanto a la protección del derecho al medio
ambiente sano, ya que era el único instrumento de hard law y soft
law que contemplaba dicho derecho.
Aunque el Protocolo de San Salvador consagra una amplia gama
de derechos sociales, tiene ciertos inconvenientes. Por un lado,
uno de los grandes derechos ausentes (o derechos perdidos si nos
apegamos a la doctrina del sistema africano) es el derecho a la
vivienda, derecho que no fue incorporado como parte de los dere-
chos consagrados en dicho instrumento. Mención especial merece
la no inclusión del derecho al agua; sin embargo, a diferencia del
derecho a la vivienda, por el momento en el que fue adoptado el
Protocolo de San Salvador, era natural que las discusiones respec-
to al derecho al agua no estuvieran en el centro de discusión, inclu-
sive el PIDESC no incorporó mención alguna sobre este derecho,
lo cual no ha imposibilitado, como se verá más adelante, que ese
derecho sea derivado de la Carta de la OEA.
Por otro lado, aunque el Protocolo protege una amplia gama
de derechos sociales, los Estados decidieron crear una cláusula de
competencia material para la Comisión Interamericana y para la
Corte Interamericana, ya que sólo los derechos a la asociación sin-
dical (artículo 8.1.a) y a la educación (artículo 13) podrían ser ob-
jeto de posibles peticiones individuales ante los referidos órganos
del sistema interamericano.
Cabe aclarar que el único supuesto en el que los dos derechos
antes mencionados no operarían desde el mandato de remisión
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que establece el artículo 26 sería cuando el Estado no es parte de
dicho instrumento, y si el Estado es parte de la Convención Ameri-
cana y ha aceptado la competencia de la Corte Interamericana, en-
tonces esos dos derechos pueden ser derivados del artículo 26 del
Pacto de San José.61 Con independencia de lo anterior, el hecho de
que exista esta cláusula de competencia material para la Comisión
y la Corte no le resta valor a nivel interno a este instrumento en
cuanto a la vinculatoriedad que tiene una vez que el Estado parte
lo ha ratificado.
Una de las cuestiones relevantes que se deben poner en ma-
nifiesto, en especial con la activación de la justiciabilidad directa
mediante este instrumento, es el régimen de obligaciones y el al-
cance de los derechos en el marco del Protocolo de San Salvador.
En cuanto al primer punto, las obligaciones que contempla el
Protocolo de San Salvador son: 1) progresividad; 2) adopción de
medidas como la cooperación internacional (especialmente técni-
ca y económica); 3) el máximo uso de los recursos disponibles to-
mando en cuenta su grado de desarrollo;62 4) adopción de medidas
legislativas para hacer efectivos los derechos,63 y 5) no discrimina-
ción con base en categorías sospechosas.64
Si hacemos un trabajo comparativo, los artículos 1o., 2o. y 3o.
del Protocolo de San Salvador replican el mismo régimen obliga-
cional establecidos en el artículo 2.1 del PIDESC y en los artículos
1.1, 2o. y 26 de la Convención Americana. Quizá la única dife-
rencia entre los artículos 26 de la Convención Americana y los ar-
tículos 2.1 del PIDESC y 1o. del Protocolo de San Salvador es que
mientras el primero indica la obligación del “uso de recursos en la
medida que estos se dispongan”, los dos últimos indican “hasta el
61
Por ejemplo, con casos sobre educación o asociación sindical contra el Es-
tado chileno con hechos anteriores al 2022 (año de ratificación del Protocolo de
San Salvador), lo que procedería sería conocer esos casos desde la perspectiva
del artículo 26 de la Convención, y no desde la perspectiva del Protocolo, siempre
que esos hechos caigan dentro de la competencia temporal contenciosa, por
ejemplo, de la Corte Interamericana.
62
Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en
Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículo 1o.
63
Ibidem, artículo 2o.
64
Ibidem, artículo 3o.
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máximo uso de los recursos que se dispongan”. En todo caso, con
independencia del fraseo, las tres disposiciones han sido interpre-
tadas en el sentido de incluir dentro de “la medida” o “el máximo
uso” la cooperación internacional.65
Por otro lado, en cuanto a la evaluación de restricciones o li-
mitaciones, al igual que el PIDESC (artículo 4o.), el Protocolo de
San Salvador incorporó en su artículo 5o. una disposición que sirve
como pauta para evaluar posibles restricciones o limitaciones a
derechos contenidos en el Protocolo. Las referidas disposiciones
indican lo siguiente:
Artículo 4o. Los Estados Parte en el presente Pacto reconocen
que, en ejercicio de los derechos garantizados conforme al pre-
sente Pacto por el Estado, éste podrá someter tales derechos
únicamente a limitaciones determinadas por ley, sólo en la me-
dida compatible con la naturaleza de esos derechos y con el ex-
clusivo objeto de promover el bienestar general en una sociedad
democrática.
Artículo 5o. Alcance de las restricciones y limitaciones. Los Es-
tados Parte sólo podrán establecer restricciones y limitaciones
al goce y ejercicio de los derechos establecidos en el presente
Protocolo mediante leyes promulgadas con el objeto de preser-
var el bienestar general dentro de una sociedad democrática,
en la medida que no contradigan el propósito y razón de los
mismos.
Si revisamos los factores comunes en ambas disposiciones, po-
dríamos integrar de la siguiente forma las limitaciones o restric-
ciones previstas: 1) legalidad, 2) con la finalidad de promover el
bienestar general en una sociedad democrática y 3) la limitación o
restricción será admisible siempre que no contradigan el propósito
y razón de los mismos o, en palabras el PIDESC, “en la medida que
sea compatible con la naturaleza del derecho o derechos”. Este
65
Caso Acevedo Buendía y otros (“Cesantes y Jubilados de la Contraloría”) vs.
Perú, excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 1o. de
julio de 2009, serie C, núm. 198, nota al pie 88, y Caso Cuscul Pivaral y otros vs.
Guatemala, excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 23
de agosto de 2018, serie C, núm. 359, párr. 80.
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posible test de limitación o restricción tiene especial importancia
cuando se habla de la prohibición de regresividad.
Una de las cuestiones que se deben tener en consideración es
que la evaluación desde el artículo 5o. del Protocolo en cuanto a la
restricción o limitación únicamente operará en el ámbito de los ór-
ganos del sistema interamericano cuando se trate de los derechos
a la asociación sindical o educación.
Si se pretende analizar una posible restricción o limitación en
el marco de otros derechos (derivados del artículo 26 de la Con-
vención Americana), entonces se deberá recurrir tanto al régimen
obligacional contenido en el artículo 26 como a lo dispuesto en
el artículo 32.2 de la Convención Americana66 (integrando el con-
tenido del artículo 4o. del PIDESC mediante el artículo 1.1 de la
Convención Americana).
III. El artículo 26 de la Convención Americana:
la puerta de entrada de los derechos sociales
1. El mandato de remisión del artículo 26 a la Carta
de la OEA y la derivación de los derechos contenidos
en las normas económicas, sociales y sobre educación,
ciencia y cultura contenidos en la Carta de la OEA
A partir del caso Lagos del Campo vs. Perú (2017), la Corte IDH
activó el mandato de remisión contenido en el artículo 26 de la
Convención Americana para “derivar” los derechos que, mediante
el referido artículo, se pueden proteger en el marco del Pacto de
San José.
La jurisprudencia de la Corte IDH ha indicado que este proceso
de derivación consta, al menos, de cuatro pasos:
66
Deberes de las personas. Artículo 32. “Correlación entre Deberes y Derechos
…2. Los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los de-
más, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común, en una
sociedad democrática”.
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1) Identificar el derecho o la norma que exprese derechos conte-
nidos en la Carta de la OEA,
2) Identificar si dicho derecho encuentra un sustento en alguna
de las disposiciones de la Declaración Americana sobre los De-
rechos y Deberes del Hombre,
3) Hacer un ejercicio de derecho comparado tanto con el corpus
iuris constitucional como con el corpus iuris internacional, e
4) Identificar si la constitución nacional al momento de los he-
chos contemplaba el derecho que se está derivando.67
Cabe precisar que lo que se hace en el caso no es crear una es-
pecie de test en el que forzosamente se deben cumplir los cuatro
pasos para determinar que procedería la justiciabilidad directa de
los derechos sociales mediante el artículo 26; ello resultaría ina-
propiado, debido a que existen derechos sociales que se pueden
encontrar en la Constitución nacional, pero no en los instrumentos
internacionales (como el caso del derecho al medio ambiente o al
agua), o bien, de manera inversa, que el derecho se encuentre en
un instrumento internacional del cual el Estado sea parte (como
el PIDESC), pero que no se encuentre en la Constitución nacional.
Por ello, no será necesario que se cumplan estos cuatro elementos
que se presentaron en ese caso, y tendrá que evaluarse caso por
caso la justiciabilidad de los otros derechos sociales y ver en qué
normas se puede fundamentar su derivación mediante el artículo
26 de la CADH.
El único elemento sine qua non que debe estar presente es que,
por lo menos, exista una disposición de la Carta de la OEA median-
te la cual la Corte IDH pueda tener como punto de partida para
derivar un derecho; de lo contrario no se podría activar la justicia-
bilidad de un derecho social desde el artículo 26. A continuación
pasaremos a describir algunas particularidades de cada uno de los
67
Al respecto, véanse las siguientes consideraciones: Góngora Maas, Juan Je-
sús, “Pasado, presente —¿y futuro?— de los derechos económicos, sociales cul-
turales y ambientales en la jurisprudencia de la Corte Interamericana: a propósito
del Caso Lagos del Campo vs. Perú”, en Ferrer, Mac-Gregor Eduardo, Inclusión,
ius commune y justiciabilidad de los DESCA en la jurisprudencia interamericana.
El caso Lagos del Campo vs. Perú y los nuevos desafíos, México, Instituto de Es-
tudios Constitucionales del Estado de Querétaro, 2018 pp. 317-320.
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pasos que, cuando concurran, serán necesarios para derivar un
derecho social.
Tal como se muestra en la siguiente tabla, las disposiciones de
la Carta de la OEA que permiten derivar los derechos sociales des-
de el artículo 26 son las siguientes:
Declaración
Americana
sobre Derechos
Carta y Deberes Protocolo
Derecho de la OEA del Hombre de San Salvador
Derecho Artículos 45.b)
Artículo XIV
al trabajo y c), 46 y 34.g)
Seguridad Artículos 45. G)
Artículo XVI
Social y 46
Salud Artículo 34. I) Artículo XI
Medio Artículos 30,
Artículo XI
ambiente sano 31, 33 y 34
Alimentación Artículo 34. J) Artículo XI
Artículos 30,
Agua Artículo XI
31, 33 y 34
Cultura Artículo 17 Artículo XIII
Vivienda Artículo 34. K) Artículo XI
Justiciabilidad
directa vía
Justiciabilidad desde el artículo 26 de la Conven-
Protocolo de
ción Americana siempre y cuando el Estado no
San Salvador
sea parte del Protocolo de San Salvador y acepte
por disponerlo
la competencia contenciosa de la Corte IDH.
el artículo 19.6
del Protocolo.
Educación Artículo 13
Asociación
Artículo 8.1.a
sindical
Fuente: elaboración propia.
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Una de las virtudes del artículo 26 de la Convención Americana
es que el mandato de remisión a la Carta de la OEA no únicamente
limitó la derivación de los “derechos expresos” en la Carta de la
OEA, sino que utilizó una expresión mucho más comprensiva: “los
derechos que se deriven de las normas contenidas en la Carta de
la OEA”, es decir, lo importante es que la disposición de “una pista”
sobre si dentro de ella se encuentra inmerso un derecho o se pue-
de desprender la idea de un derecho.
Si hacemos un trabajo de identificación de los tipos de disposi-
ciones que se encuentran presentes en instrumentos del sistema
interamericano encontramos cuatro tipos de disposiciones:
1) Disposiciones que contienen derechos expresos: es decir,
que explícitamente indican “derecho a”. En el caso de la Car-
ta de la OEA encontramos derechos expresos, como la edu-
cación o el trabajo.
2) Disposiciones que contienen normas que expresan dere-
chos: serían aquellas disposiciones que de su lectura el in-
térprete puede desprender un derecho. En el caso de la
Carta de la OEA, el artículo 34 contiene diversos incisos,
que aunque no indican “derecho a”, se puede entender que
hacen referencia a un derecho. Por ejemplo, el artículo 34,
inciso i, señala que la “[d]efensa del potencial humano me-
diante la extensión y aplicación de los modernos conoci-
mientos de la ciencia médica”, es decir, se puede entender
que se hace referencia al derecho a la salud.
3) Derechos perdidos: es decir, derechos que entenderíamos
que deberían estar presentes en un instrumento, pero por
alguna razón se omitió su incorporación, como se explicó
anteriormente, el derecho a la vivienda en el Protocolo de
San Salvador.
4) Derechos de contenido extendido: es decir, derechos que tí-
picamente se encuentran a favor de toda persona, pero que
al ser aplicados a un grupo en situación de vulnerabilidad
requieren un enfoque diferenciado en su concreción, respe-
to o garantía, ya que atienden a las necesidades específicas
del grupo. Por ejemplo, en el SIDH, la Convención Interame-
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ricana para la Protección de los Derechos de las Personas
Mayores contiene en todas sus disposiciones derechos de
contenido extendido a favor de las personas mayores.
En todo caso, como se explicó, la Carta de la OEA contempla
disposiciones como las descritas en los incisos a y b, y el artículo
26 habilita que ambos tipos de disposiciones puedan ser utilizadas
para sortear el primer y, en algunos casos, el único paso para de-
rivar un derecho.
A lo largo de su jurisprudencia, la Corte Interamericana ha de-
rivado derechos desde la Carta de la OEA sin ninguna dificultad,
ya que contiene disposiciones que, en alguna medida, ya sea de
manera expresa o implícita, dan una luz sobre un determinado de-
recho. Sin embargo, no ocurre ello con dos derechos que han sido
justiciables en la jurisprudencia de la Corte IDH, y que merecen ser
comentados por separado.
El derecho al medio ambiente y el derecho al agua, como se
adelantaba, no se encontraban en la mesa de discusión cuando los
primeros instrumentos jurídicos interamericanos fueron adoptados
(Carta de la OEA, Declaración Americana y Protocolo de Buenos
Aires), por lo que si uno hace una lectura de la Carta de la OEA no
encontrará, en principio, disposiciones explícitas o implícitas que
hagan referencia a estos dos derechos. Lo anterior requiere un
esfuerzo argumentativo e interpretativo adicional frente al hecho
de solo “tener la idea de que una disposición hace referencia a
un derecho”. Parece que la Corte IDH ha encontrado la solución al
respecto, no sin algunos tropiezos, como veremos a continuación.
En el caso del derecho al medio ambiente sano, la primera oca-
sión en la que la Corte Interamericana tuvo oportunidad de pro-
nunciarse fue en la opinión consultiva 23, sobre medio ambiente y
derechos humanos. En ella, la Corte IDH apuntó que el derecho al
medio ambiente “debe considerarse incluido en los derechos eco-
nómicos, sociales y culturales protegidos por el artículo 26”.68 Esta
68
Opinión Consultiva OC-23/17, del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm.
23, párr. 57, Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en
relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los
derechos a la vida y a la integridad personal - interpretación y alcance de los ar-
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aseveración merece algunas precisiones. En primer lugar, la Corte
IDH no hizo propiamente un ejercicio de derivación del derecho
al medio ambiente, pues en lugar de utilizar “debe considerarse”
pudo usar “está incluido”. Esta precisión en una opinión consultiva
pudo atender a que correspondería a la Corte IDH en un eventual
caso contencioso realizar el proceso de derivación del derecho ob-
servando si se cumplían todos o algunos de los pasos que desarro-
lló en el caso Lagos del Campo.
Ahora bien, en cuanto al fundamento normativo de la Carta de la
OEA para poder “derivar” este derecho, la Corte IDH sortea de ma-
nera inteligente un obstáculo: no existen referencias lo suficiente-
mente precisas que permitieran indicar que en un texto de 1948
(aun con sus protocolos) se hiciera alusión a temas ambientales.
Entonces, ¿cuál fue la solución que encontró la Corte?
Así, pareciera que la Corte IDH consideró que el derecho al me-
dio ambiente tiene su fundamento en los artículos 30, 31, 33 y 34
de la Carta de la OEA. Estos artículos hacen referencia, en términos
generales, al “desarrollo integral”, y en particular los artículos 31 y
34 indican, respectivamente, que el desarrollo integral “abarca los
campos económico, social, educacional, cultural, científico y tecno-
lógico”, y “que la igualdad de oportunidades, la eliminación de la
pobreza crítica y la distribución equitativa de la riqueza y del ingreso,
así como la plena participación de sus pueblos en las decisiones
relativas a su propio desarrollo, son, entre otros, objetivos básicos
del desarrollo integral”. En este sentido, el tribunal interamericano
pereciera entender que el artículo 34 habilita la inclusión de nuevos
objetivos del desarrollo integral (al indicar la expresión “entre otros”)
más allá de los objetivos listados en el artículo 31 (que abarca
aspectos económicos, sociales, educacionales, culturales, cientí-
ficos y tecnológicos). Así, no se estaba estableciendo un catálogo
limitado ni exhaustivo de objetivos que se pretendieran alcanzar
mediante el desarrollo integral; por ello, la protección de un medio
ambiente sano podría considerarse incluido dentro de ellos.
Este razonamiento utilizado por la Corte IDH no es para nada
novedoso; de hecho, aunque sin decirlo en el texto de la opinión
tículos 4.1 y 5.1, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos).
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consultiva, el tribunal utilizó el mismo razonamiento que el Comité
DESC para considerar que en el PIDESC también se podría incluir
el derecho al agua (que no se encuentra expresamente consagrado
ni existen referencias que hicieran alusión a dicho derecho). En la
Observación General 15 —sobre el derecho al agua— el Comité
DESC consideró que
…en el párrafo 1 del artículo 11 del P[IDESC] se enumeran una
serie de derechos que dimanan del derecho a un nivel de vida
adecuado, “incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados”,
y son indispensables para su realización. El uso de la palabra
“incluso” indica que esta enumeración de derechos no pretendía
ser exhaustiva. El derecho al agua se encuadra claramente en la
categoría de las garantías indispensables para asegurar un nivel
de vida adecuado, en particular porque es una de las condicio-
nes fundamentales para la supervivencia…69
El tribunal interamericano, para sortear el paso del uso de la
nomenclatura de “desarrollo integral” e interpretar que existía ma-
yor grado de alusión al medio ambiente, consideró oportuno se-
ñalar que el “desarrollo integral” ha sido definido por la Secretaria
Ejecutiva para el Desarrollo Integral de la OEA (SEDI) como “el
nombre general dado a una serie de políticas que trabajan conjun-
tamente para fomentar el desarrollo sostenible [y que] una de las
dimensiones del desarrollo sostenible es precisamente el ámbito
ambiental”.70
Ahora bien, en el caso Lhaka Honhat vs. Argentina, el tribunal
interamericano sí hizo el proceso de derivación que mandata el ar-
tículo 26. Inclusive el caso demuestra que no necesariamente tie-
nen que estar presentes los cuatro pasos que se indicaron en el
caso Lagos del Campo, pues en la sentencia no se hace referencia
a la Declaración Americana sobre Derechos y Deberes del Hombre.71
69
Comité DESC, Observación General 15, Derecho al agua, 20 de enero de
2003, E/C.12/2002/11, párr. 3.
70
Opinión Consultiva OC-23/17 de 15 de noviembre de 2017, Serie A, núm.
23, nota al pie 85... cit.
71
En el caso, el Tribunal hace referencia a: i) las disposiciones de la Carta de
la OEA pertinentes, ii) a algunos instrumentos internacionales que reconocen el
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En el mismo caso, la Corte por primera vez tuvo la oportuni-
dad de conocer una violación sobre el derecho al agua. Como se
había mencionado, al igual que el medio ambiente, este derecho
no encuentra referencias explicitas o implícitas en la Carta de la
OEA que, en principio, tuvieran la base normativa para derivar el
derecho desde el mandato de remisión del artículo 26. Lo lógico
hubiera sido que la Corte Interamericana utilizara los mismos fun-
damentos que aplicó para derivar el derecho al medio ambiente
sano, es decir, los artículos 30, 31, 33 y 34 de la Carta de la OEA.
No obstante, en el caso Lhaka Honhat, el tribunal afirmó que
“el derecho al agua se encuentra protegido por el artículo 26 de la
Convención Americana. Ello se desprende de las normas de la Car-
ta de la OEA, en tanto las mismas permiten derivar derechos de los
que, a su vez, se desprende el derecho al agua”.72 Dos cuestiones
graves que comete la Corte sobre este derecho.
En primer lugar, la Corte IDH deriva el derecho al agua de otros
derechos (en este caso a partir de la vida cultural, el medio am-
biente y la alimentación), es decir, realiza una derivación de segun-
do grado, lo cual no mandata el artículo 26 de la Convención. En
segundo lugar, afirma que el derecho al agua se encuentra protegi-
do por el artículo 26, pero, como consistentemente se ha indicado,
es requisito sine qua non que exista por lo menos una norma de la
Carta de la OEA que permita derivar un derecho, que es el mandato
literal establecido por el artículo 26 del Pacto de San José.
En el caso, el fundamento utilizado es distinto a una norma de
la Carta de la OEA. El tribunal justifica su actuar indicando que “ya
con anterioridad ha adoptado decisiones sobre la base de advertir
la existencia de derechos a partir del contenido de otros que sur-
gen de textos convencionales aplicables”; por ejemplo, “derecho
a la verdad”.73 Nuevamente en esta justificación comete errores
argumentativos graves, por razones expuestas a continuación.
derecho, así como algunas Constituciones nacionales, y iii) a la Constitución de
Argentina.
72
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina. Fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de
febrero de 2020, serie C, núm. 400, párr. 222.
73
Ibidem, nota al pie 218.
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En primer lugar, el Tribunal confunde “la interpretación evoluti-
va” que ha utilizado a lo largo de su jurisprudencia para identificar
derechos previamente reconocidos en la Convención Americana
con el mandato literal y expreso contenido en el artículo 26, cuyo
texto impone al interprete forzosamente identificar, por lo menos,
una disposición de la Carta de la OEA que sirva como pilar para
poder desplegar el contenido del artículo 26. Esta “derivación a
partir de otros derechos” va en contra de lo indicado por el Pacto
de San José en cuanto a la forma en la que deben derivarse los
derechos sociales.
En segundo lugar, aunque en esta justificación laxa que hace
el tribunal refiere que esta misma práctica la ha hecho para plan-
tear la existencia del derecho a la verdad, pero, curiosamente,
el fallo cita casos en donde la Corte IDH aún no reconocía dicha
autonomía.74
No pasa inadvertido que la Corte recurre posteriormente a la
interpretación que hizo el Comité DESC sobre la existencia del de-
recho al agua en el artículo 11 del PIDESC a partir de la interpreta-
ción del término “incluso”, presente en la referida disposición (mis-
mo razonamiento implícito que el tribunal interamericano utilizó
para derivar el derecho al medio ambiente de la Carta de la OEA).75
Afortunadamente, la Corte IDH parece haberse percatado de su
error en la reciente Opinión Consultiva 29 sobre enfoques diferen-
ciados de personas privadas de libertad, en la cual, al hacer men-
ción del derecho al agua, expresamente señaló los artículos 30,
31, 33 y 34 de la Carta de la OEA como fundamento para operar
el mandato establecido dentro del artículo 26.76
74
En el caso, la Corte IDH citó los siguientes casos: Masacres de El Mozote
y lugares aledaños vs. El Salvador; Gelman vs. Uruguay; Caso Omeara Carrascal y
otros vs. Colombia, y Caso Trujillo Oroza vs. Bolivia. De hecho la Corte reconoció
el derecho a la verdad como derecho autónomo en los casos: Anzualdo Castro vs.
Perú y Gomes Lund vs. Brasil. En especial y con mayor consistencia, a partir del
caso Masacres de la Comunidad de Santa Bárbara vs. Perú.
75
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de
febrero de 2020, serie C, núm. 400, párr. 223.
76
Opinión Consultiva OC-29/22 del 30 de mayo de 2022. serie A, núm. 29,
párr. 91 y nota al pie 147. Enfoques diferenciados respecto de determinados gru-
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En la mayoría de los casos conocidos hasta ahora, la Corte IDH
se pronuncia sobre la derivación de un derecho social; sin embar-
go, en los casos Comunidades Indígenas Lhaka Honhat (Nuestra
Tierra) vs. Argentina (2020),77 Buzos Miskitos (Lemoth Morris y
otros) vs. Honduras (2021),78 Vera Rojas y otros vs. Chile (2021)79
y Extrabajadores del Organismo Judicial vs Guatemala (2021)80 ha
derivado múltiples derechos desde el artículo 26 sin brindar una
argumentación de las razones. Es decir, no ha indicado argumentos
por los cuales el artículo 26 en un caso concreto puede abarcar
más de un derecho social.
Finalmente, la Corte IDH ha dejado claro que cuando un dere-
cho es justiciable vía Protocolo de San Salvador (educación y aso-
ciación sindical) tratándose además de un Estado parte, es inne-
cesario hacer este ejercicio de derivación mediante el artículo 26
de la Convención Americana.81
2. El valor de la Declaración Americana
sobre Derechos y Deberes del Hombre
El segundo elemento que toma en consideración la Corte Inte-
ramericana para realizar la derivación es recurrir a la Declaración
Americana sobre Derechos y Deberes del Hombre. En este sentido,
la Corte IDH en la Opinión Consultiva 10, indicó que
…los Estados miembros han entendido que la Declaración con-
tiene y define aquellos derechos humanos esenciales a los que
pos de personas privadas de la libertad (Interpretación y alcance de los artículos
1.1, 4.1, 5, 11.2, 12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los
derechos humanos).
77
En el caso derivó: medio ambiente, participar en la vida cultura, alimentación
y agua.
78
En el caso derivó: seguridad social y salud.
79
En el caso derivó: seguridad social, salud y condiciones justas, seguridad y
de salud en el empleo.
80
En el caso derivó: estabilidad laboral, huelga y asociación sindical.
81
Caso Guzmán Albarracín y otras vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 24 de junio de 2020, serie C, núm. 405, nota al pie 110 y párr. 117.
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la Carta se refiere, de manera que no se puede interpretar y
aplicar la Carta de la Organización en materia de derechos hu-
manos, sin integrar las normas pertinentes de ella con las co-
rrespondientes disposiciones de la Declaración, como resulta de
la práctica seguida por los órganos de la OEA.82
Como se venía adelantando, no se trata de un test, por lo que
en el caso de algunos derechos (por ejemplo, medio ambiente y
agua) no se encontrarán plasmados en la Declaración debido el
momento en el que dicho instrumento fue adoptado (1948).
Reitero, que un derecho social no se encuentre en la Carta de
la OEA no impide al tribunal derivar la existencia de un derecho, tal
como fue referido en el apartado anterior respecto del derecho al
medio ambiente sano en el caso Lhaka Honat.
3. Corpus iuris nacional e internacional
Como tercer elemento, la Corte IDH considera oportuno recurrir
tanto al derecho nacional como al derecho internacional compara-
do. Dos anotaciones al respecto.
Si bien en el derecho constitucional se hace un recuento de
las Constituciones de los Estados que reconocen expresamente
el derecho en cuestión que se pretende derivar, esto no debe dar
la idea, bajo ninguna circunstancia, de que en caso de que no se
reuniera “un mínimo” de Estados que consagren un determina-
do derecho social en sus Constituciones el tribunal interamericano
pudiera aplicar la figura de un posible margen de apreciación na-
cional. De hecho, tal cuestión fue descartada cuando la Corte IDH
derivó el derecho al medio ambiente.
Una cuestión adicional que debe tenerse en cuenta en este ter-
cer paso en el proceso de derivación de derechos sociales que ini-
cialmente han sido identificados en la función consultiva, a saber:
82
Opinión Consultiva OC-10/89 del 14 de julio de 1989. Serie A, núm. 10, párr.
43, Interpretación de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre en el marco del artículo 64 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos.
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medio ambiente, huelga y libertad sindical. En primer lugar, y como
punto de partida, la Corte IDH ha indicado que las pautas que ge-
nera en esta función, tanto en la posibilidad de solicitud como en
la interpretación que surge, no sólo son referentes para los Estados
que han reconocido su competencia contenciosa, sino para “todos
los integrantes que conforman el Sistema Interamericano”,83 ello
incluye a los Estados que no han aceptado la competencia conten-
ciosa de la Corte IDH.
En segundo lugar, curiosamente, aunque la Corte IDH desplie-
ga una serie de interpretaciones que desde su perspectiva ayudan
a cumplir los compromisos internacionales de manera preventiva
para todos los Estados, aun aquellos que no han aceptado la com-
petencia contenciosa, en la derivación de estos derechos en las
opiniones consultivas respectivas (23 y 27) no se hace alusión a
las Constituciones o legislación de Estados que no han aceptado la
competencia contenciosa de la Corte IDH. Esta cuestión pudiera ser
menor, pero dado que se genera un estándar preventivo para todos
los Estados del Sistema, en esa medida, sería adecuado que el tri-
bunal interamericano incorpore la referencia a las Constituciones.
De especial ligereza resulta en el caso de la huelga y de la li-
bertad sindical, en donde a partir de una serie de Constituciones
—en especial de los Estados que han aceptado la competencia
contenciosa de la Corte— indicó que constituyen “principios gene-
rales de derecho internacional”.84 Si bien no se sostiene que como
requisito en este paso se necesite un consenso entre los Estados,
indicar que dichos derechos constituyen principios generales de
83
Opinión Consultiva OC-1/82 del 24 de septiembre de 1982, serie A, núm. 1,
párr. 39, “Otros tratados” objeto de la función consultiva de la Corte (artículo 64
Convención Americana sobre Derechos Humanos).
84
Opinión Consultiva OC-27/21 del 5 de mayo de 2021, serie A, núm. 27,
notas al pie 67-69 y 127, párr. 97. Derechos a la libertad sindical, negociación
colectiva y huelga, y su relación con otros derechos, con perspectiva de género
(interpretación y alcance de los artículos 13, 15, 16, 24, 25 y 26, en relación
con los artículos 1.1 y 2o. de la Convención Americana sobre Derechos Huma-
nos, de los artículos 3o., 6o., 7o. y 8o. del Protocolo de San Salvador, de los
artículos 2o., 3o., 4o., 5o. y 6o. de la Convención de Belem do Pará, de los ar-
tículos 34, 44 y 45 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, y
de los artículos II, IV, XIV, XXI y XXII de la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre).
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derecho internacional resulta desmedido por parte del tribunal in-
teramericano, en especial cuando no incorpora a todos los Estados
que conforman el sistema interamericano más allá de los que han
aceptado su competencia contenciosa.85
En cuanto al derecho internacional comparado, se debe tener
presente que el tribunal interamericano en principio recurre a los
instrumentos jurídicos internacionales que consagran los derechos
sociales, en especial, el PIDESC. Pero adicionalmente, en gran me-
dida, basa su análisis en el desarrollo que el Comité DESC ha dado
en las observaciones generales. Llama la atención que aunque la
Corte IDH invoca algunas disposiciones de la Carta Social Europea,
es casi nulo el diálogo que existe con el Comité Europeo de Dere-
chos Sociales en cuanto al contenido de los DESCA, a diferencia
de la práctica que impera en la jurisprudencia interamericana en
cuanto al Convenio Europeo de Derechos Humanos y del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos.
4. El uso de la Constitución nacional
En cuanto al derecho nacional, por lo general la Corte IDH úni-
camente se ocupa en constatar la existencia de un derecho social
en la Constitución que rige a un Estado. Aunque la Corte IDH no ha
sido rigurosa en ello, pareciera que la inclusión de este paso es-
taría condicionada a que al momento de los hechos y el momento
actual el Estado tenga en su Constitución nacional el derecho que
está analizando.86
No obstante, algo particularmente preocupante sucedió en el
caso Lhaka Honhat respecto al derecho al agua, en donde el fun-
damento normativo expreso del derecho al agua se encontraba en
una Constitución de una provincia y no en la Constitución federal.
de este modo, el tribunal interamericano generó un estándar apli-
cable a todo un Estado, y en general a todo el sistema, a partir de
85
Ibidem, párrs. 70 y 97.
86
Tal como indicó en el caso Lagos del Campo, en donde se había adoptado
una nueva Constitución con posterioridad a los hechos del caso.
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un cuerpo normativo cuyo contenido no opera para todo un Estado,
y con el que no todos los países del sistema comparten la misma
configuración estatal (federado).
Por otro lado, el razonamiento de la Corte IDH utilizado en el caso
para el proceso de derivación es que la Constitución federal tenía
incorporados expresamente los derechos al medio ambiente, a la
salud y a la alimentación, y, entonces, se podría entender que se
encontraba incluido el derecho al agua a partir de la previsión de
que los instrumentos internacionales ratificados por el Estado for-
maban parte de la Constitución sin indicar si al momento de los he-
chos el Estado argentino ya había ratificado el PIDESC, y menos aún
si para el momento de los hechos el Comité DESC ya había realiza-
do la interpretación en la Observación General 15 sobre la palabra
“incluso” desde la cual el referido Comité precisó que existía un de-
recho al agua contenido en el PIDESC. Esta argumentación ha sido
de manera aislada y no se ha repetido en los posteriores casos.
5. El resultado de la derivación: las facetas
y componentes del derecho
Cuando la Corte IDH ha constatado que un derecho tiene sufi-
ciente grado de precisión en su proceso de derivación ha procedido
a determinar qué derecho analizará en cada caso concreto. Sin
embargo, en algunos casos el tribunal ha sido mucho más puntual
al señalar qué aspecto o que “faceta” del derecho analizará, o si en
el análisis se está ante “componentes” de un derecho.
Por ejemplo, a la fecha existen diversos casos relacionados
con el derecho al trabajo, pero en cada uno de ellos la Corte IDH
ha analizado diferentes facetas de ese derecho: 1) estabilidad
laboral,87 2) condiciones equitativas y satisfactorias que garanticen
la salud del trabajador,88 o 3) la discriminación en el empleo.89 Por
87
Véase el caso Lagos del Campo vs. Perú y el caso San Miguel Sosa y otras
vs. Venezuela.
88
Véase el caso de Los Empleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio
de Jesus y sus familiares vs. Brasil.
89
Véase el caso Guevara Díaz vs. Costa Rica.
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otro lado, también identifica componentes, como lo es el salario en
el caso del trabajo,90 o el derecho al acceso a la justicia.91
En todo caso, la diferencia entre faceta y componente radica en
el hecho que una faceta es una manifestación de cómo en los he-
chos del caso el derecho se proyecta (qué arista se tiene que ana-
lizar), y un componente estaría condicionado a que es un elemento
esencial para configurar el derecho; por ejemplo, un trabajo existe
en la medida en que se reúnen tres elementos: patrón, trabajador
y retribución (salario). O bien representa una vía para materializar
el derecho en caso de incumplimiento,92 como lo es el caso de
acceso a la justicia.
Otro ejemplo en la jurisprudencia de la Corte IDH es en el caso
de la libertad sindical, en donde la negociación colectiva es parte
del referido derecho.93
90
Véase el caso Federación Nacional de Trabajadores Marítimos y Portuarios
(FEMAPOR) vs. Perú.
91
Véase el caso Spoltore vs. Argentina.
92
El acceso a la justicia no sólo representa un vehículo (lo cual lo hace diferen-
te, por ejemplo, a la accesibilidad de la información —acceso a la información—
o la participación política), sino que se erige como un mecanismo de reclamo
ante las autoridades judiciales. Al respecto, la Corte IDH ha indicado: “234. …el
acceso a la justicia… constituye un medio para remediar cualquier violación a los
derechos humanos que hubiera sido causada por el incumplimiento de normas…
incluyendo los recursos y la reparación. Ello también implica que el acceso a la
justicia garantiza la plena realización de los derechos a la participación pública
y al acceso a la información, a través de los mecanismos judiciales correspon-
dientes”. Cfr. Opinión Consultiva OC-23/17 del 15 de noviembre de 2017, serie
A, núm. 23, párr. 234. Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones esta-
tales en relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía
de los derechos a la vida y a la integridad personal —interpretación y alcance de
los artículos 4.1 y 5.1—, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos).
93
Opinión Consultiva OC-27/21 del 5 de mayo de 2021, serie A, núm. 27, párr.
91. Derechos a la libertad sindical, negociación colectiva y huelga, y su relación
con otros derechos, con perspectiva de género (interpretación y alcance de los
artículos 13, 15, 16, 24, 25 y 26, en relación con los artículos 1.1 y 2o. de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, de los artículos 3o., 6o., 7o.
y 8o. del Protocolo de San Salvador, de los artículos 2o., 3o., 4o., 5o. y 6o. de
la Convención de Belém do Pará, de los artículos 34, 44 y 45 de la Carta de la
Organización de los Estados Americanos, y de los artículos II, IV, XIV, XXI y XXII de
la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre).
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Inclusive, la faceta de un derecho puede tener componentes.
Nuevamente, regresando al ejemplo del derecho al trabajo, el Co-
mité DESC en su OG 23 ha señalado que “la prevención de acci-
dentes y enfermedades profesionales es un componente funda-
mental del derecho a unas condiciones de trabajo equitativas y
satisfactorias”.94 Como vemos, la faceta del derecho al trabajo son
las condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias, y un compo-
nente de esta faceta es la prevención del accidentes y enfermeda-
des profesionales.
Ahora bien, la Corte IDH debe tener clara la diferencia entre
“faceta”, “componente” y “los elementos esenciales”. Los elemen-
tos esenciales son aquellos que el Comité DESC ha desarrollado
en sus observaciones generales y que sirven para evaluar si se ha
garantizado el derecho (por ejemplo, accesibilidad, disponibilidad,
aceptabilidad, disponibilidad en el caso del derecho a la salud o a
la salud sexual y reproductiva).
Esta diferenciación resulta crucial, ya que, de manera reciente,
en el caso Britez Arce y otros, el tribunal refirió que se pronun-
ciaría sobre el componente de “accesibilidad de la información”95
del derecho a la salud sexual y reproductiva cuando, de manera
correcta, en el caso Cuscul Pivaral y otros lo había identificado
“como elementos esenciales”.96 Otra forma adecuada de llamar a
estos elementos es como lo hizo la Corte IDH en el caso Valencia
Campos y otros, denominándolos: “principios”.97
Entonces, en el caso Brítez Arce y otros no se está ante un com-
ponente del derecho a la salud sexual y reproductiva,98 sino frente
94
Comité DESC, Observación General 23, Derecho a condiciones de trabajo
equitativas y satisfactorias, párrs. 25, 4 de marzo de 2016.
95
Caso Brítez Arce y otros vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 16 de noviembre de 2022, serie C, núm. 474, párr. 72.
96
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
párr. 106.
97
Caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 18 de octubre de 2022, serie C, núm. 469,
párr. 234.
98
De hecho, la Observación General 23 indica que “el derecho a la salud sexual
y reproductiva es parte del derecho a la salud (es decir, el primero es una faceta
del segundo). Los componentes de derecho a la salud sexual y reproductiva son:
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a un elemento esencial del derecho que sirve como parámetro para
evaluar si se ha cumplido o no con la garantía del derecho. La im-
portancia de distinguirlos radica en que un componente o faceta de
un derecho se evalúa conforme a los elementos esenciales.
Por otro lado, también se puede dar el supuesto en donde se
conjugan dos derechos para mostrar la forma en la que se deberá
analizar un caso. Por ejemplo, en el caso del Comité DESC, en la
Observación General 25, desplegó el contenido del derecho huma-
no a los avances científicos, que se relacionan tanto con el derecho
a la salud como con el derecho a la cultura. La Corte Interameri-
cana no ha tenido la oportunidad de analizar este supuesto en su
jurisprudencia reciente,99 pero deberá tener presente las facetas,
los componentes y los elementos esenciales que deberá evaluar.
6. Los resolutivos: un enredo innecesario
Una de las cuestiones que ha estado constantemente en los
debates, y que ha variado en los últimos seis años, es la forma en
la que se integran los resolutivos. Desde el caso Lagos del Campo
(2017) hasta el caso Muelle Flores (2019), cuando la Corte IDH
declaraba la vulneración a un derecho social lo hacía en un resolu-
tivo diferenciado de otros derechos. No obstante, a partir del caso
Hernández y otros y ANCEJUB-SUNAT (ambos de 2019), la Corte
IDH comenzó a integrar en un solo resolutivo todas las violaciones
que estaban conexas con los derechos sociales (ya sea vida, inte-
gridad, o bien relacionadas con el acceso a la justicia).
Esta creación artificial de resolutivos llevó a que jueces como
Sierra Porto y Vio Grossi externaran su inconformidad,100 pues, a su
a) la salud sexual y b) la salud reproductiva. Estos dos componentes son los que
se avalúan con los elementos esenciales de: disponibilidad, accesibilidad, acepta-
bilidad y calidad”. Cfr. Comité DESC, Observacion General 22, Derecho a la salud
sexual y reproductiva, E/C.12/GC/22, 2 de mayo de 2016, párrs. 1, 6 y 11-21.
99
Por ejemplo, en el caso Artavia Murillo (fecundación in vitro) estaba presente
el análisis del derecho a la salud y cultura: por la negación de los avances cientí-
ficos en materia de reproducción.
100
Véase la postura asumida por los jueces Sierra Porto y Vio Grossi en sus votos
del caso Ancejub Sunat vs. Perú y el caso Hernández vs. Argentina.
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criterio, esta integración de todas las violaciones en un solo resolu-
tivo impedía que pudieran externar de manera plena su disidencia.
De hecho, esta situación generó que el juez Sierra votara a favor
de resolutivos donde se incluía la violación al artículo 26, pero en
su voto separado expresaba que la votación únicamente obedecía
a que no se le permitía votar en disidencia frente al artículo 26.101
Esta práctica quizá se vio influenciada con la entrada al tribu-
nal del juez Pérez Manrique, quien mantuvo la postura de que la
única forma de declarar la vulneración del artículo 26 era necesa-
riamente si dicho artículo venía acompañado de la vulneración de
derechos contemplados en los artículos 3o. al 25 de la CADH. Esta
posición puede corroborarse en el caso Lakha Honhat, en el cual
el juez votó en contra del artículo 26,102 pese a que había votado a
favor en los casos Hernández y ANCEJUB-SUNAT. La única diferen-
cia entre el primer caso y los últimos dos es que en el primero la
Corte IDH retomó su práctica de declarar violado el artículo 26 de
forma aislada y no en conjunto con derechos contemplados en los
artículos 3o. al 25 del Pacto de San José.
Recientemente, la Corte IDH ha retomado su práctica de se-
parar los resolutivos relativos a los derechos contemplados en los
artículos 3o. a 25 y el de la vulneración del artículo 26.103
En todo caso, la práctica de integrar en un solo resolutivo todos
los derechos fue innecesaria, ya que sólo generó traslapes inter-
pretativos en los fallos que fueron decididos con este esquema,
en donde se generó la sensación de que los derechos sociales se-
guían siendo justiciables de manera indirecta.104
101
Véase el párrafo 7 del voto del juez Sierra, en el caso Guachalá Chimbó y
otros vs. Ecuador.
102
Véase el voto razonado del juez Perez Manrique al caso Comunidades Indí-
genas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) vs. Argentina.
103
Véase la nueva postura asumida recien en 2020 en los casos Mina Cuero y
Benites Cabrera.
104
Participación de Silvia Serrano en el X Congreso Mexicano de Derecho Pro-
cesal Constitucional. La protección de los Derechos Económicos, Sociales, Cul-
turales y Ambientales en México y en la experiencia comparada, Universidad Ibe-
roamericana, México, 2022.
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Capítulo tercero
LAS OBLIGACIONES EN EL MARCO DEL ARTÍCULO
26 DE LA CONVENCIÓN AMERICANA
SOBRE DERECHOS HUMANOS
L
as obligaciones en el marco de la Convención Americana fueron
desplegadas y abordadas en la jurisprudencia de la Corte Inte-
ramericana desde el primer caso. En este sentido, el alcance y
contenido de los artículos 1.1 y 2 quedaron desarrollados, para ese
entonces y durante casi cuarenta años, para los derechos civiles y
políticos.
En el caso de los DESCA, fue en 2009 cuando el tribunal inte-
ramericano conoció del caso Acevedo Buendía y otros y desarrolló
una interpretación de las obligaciones que operarían cuando, en un
eventual caso, la Corte IDH tuviera que decidir al respecto. En el
referido caso la Corte IDH externó:
100. Asimismo, resulta pertinente observar que si bien el ar-
tículo 26 se encuentra en el capítulo III de la Convención, titu-
lado “Derechos Económicos, Sociales y Culturales”, se ubica,
también, en la Parte I de dicho instrumento, titulado “Deberes
de los Estados y Derechos Protegidos” y, por ende, está sujeto
a las obligaciones generales contenidas en los artículos 1.1 y 2
señalados en el capítulo I (titulado “Enumeración de Deberes”),
así como lo están los artículos 3o. al 25 señalados en el capítulo
II (titulado “Derechos Civiles y Políticos”).
…
102. El Tribunal observa que [en] el desarrollo progresivo de los
derechos económicos, sociales y culturales… el Estado tendrá
esencialmente, aunque no exclusivamente, una obligación de
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hacer, es decir, de adoptar providencias y brindar los medios y
elementos necesarios para responder a las exigencias de efecti-
vidad de los derechos involucrados, siempre en la medida de los
recursos económicos y financieros de que disponga para el cum-
plimiento del respectivo compromiso internacional adquirido…
103. Como correlato de lo anterior, se desprende un deber —si
bien condicionado— de no-regresividad, que no siempre debera
ser entendido como una prohibición de medidas que restrinjan
el ejercicio de un derecho… Por todo lo expuesto, cabe afirmar
que la regresividad resulta justiciable cuando de derechos eco-
nómicos, sociales y culturales se trate.
Como podemos observar, la Corte IDHI indicó desde 2009 que
las obligaciones que evaluaría cuando estuviera en discusión la
alegada afectación de derechos sociales serían las siguientes:
1) respeto, 2) garantía, 3) progresividad, y 4) no regresividad. Con
posterioridad, en el caso Poblete Vilches (2018), el tribunal inte-
ramericano precisó que también se deben tener en consideración
5) las obligaciones de carácter inmediato.105
Se debe señalar que en un solo caso pueden estar en juego una
o más obligaciones, ya que dependerá de las circunstancias fácti-
cas la forma en la que un caso deba ser abordado.106 En general, y
en especial a partir del caso Muelle Flores (2019), la Corte IDH en
sus sentencias indica cuál es la obligación o cuáles son las obliga-
ciones que estará llamada a analizar respecto de los derechos que
estén involucrados en cada caso concreto.107 De este modo, indica
105
Caso Poblete Vilches y otros vs. Chile. Fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 8 de marzo de 2018, serie C, núm. 349, párr. 104.
106
Por ejemplo, en el caso Cuscul Pivaral y otros, la Corte IDH abordó la obli-
gación de no discriminación (obligación de carácter inmediato), la obligación de
progresividad y, en estricto sentido, la obligación de garantía bajo los parámetros
de disponibilidad, accesibilidad, disponibilidad y calidad del derecho a la salud.
107
La Corte suele incorporar el siguiente parafraseo: “…la Corte considera que la
naturaleza y alcance de las obligaciones que derivan d[de los derechos sociales],
incluyen aspectos que tienen una exigibilidad inmediata, así como aspectos que
tienen un carácter progresivo. Al respecto, la Corte recuerda que, en relación con
las primeras (obligaciones de exigibilidad inmediata), los Estados deberán adoptar
medidas eficaces a fin de garantizar el acceso sin discriminación…, garantizar
la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, entre otros. Respecto a las
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si analizará: 1) la progresividad, 2) la regresividad, 3) una obliga-
ción de carácter inmediato, o bien 4) una obligación de garantía o
de respeto.
I. Obligación de respeto
La Corte IDH ha sostenido que la obligación de respeto implica que
“el ejercicio de la función pública tiene unos límites que derivan de
que los derechos humanos son atributos inherentes a la dignidad
humana y, en consecuencia, superiores al poder del Estado”.108 En
cuanto al contenido de los DESCA, las observaciones generales del
Comité DESC consideran, en términos generales, que la obligación
de respeto implica que “los Estados parte tienen la obligación de
respetar los derechos sociales absteniéndose de interferir directa o
indirectamente en su disfrute”.109 Tres casos muestran la lesión de
esta obligación en la jurisprudencia interamericana.
En el caso de los Extrabajadores de Organismo Judicial, respec-
to del derecho a la huelga, la Corte IDH constató que no se realizó
el conteo que preveía la normativa (dos terceras partes) para califi-
carla como legal debido a la multiplicidad de recursos presentados
segundas (obligaciones de carácter progresivo), la realización progresiva significa
que los Estados parte tienen la obligación concreta y constante de avanzar lo más
expedita y eficazmente posible hacia la plena efectividad de dicho derecho, en la
medida de sus recursos disponibles, por vía legislativa u otros medios apropiados.
Asimismo, se impone la obligación de no regresividad frente a la realización de
los derechos alcanzados. En virtud de lo anterior, las obligaciones convenciona-
les de respeto y garantía, así como de adopción de medidas de derecho interno
(artículos 1.1 y 2), resultan fundamentales para alcanzar su efectividad”. Pos-
teriormente, la Corte IDH refiere la obligación que aplicará en el caso. Cfr. Caso
Muelle Flores vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 6 de marzo de 2019, serie C, núm. 375, párrs. 190 y 191.
108
Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, fondo, sentencia del 29 de julio de
1988, serie C, núm. 4, párr. 165.
109
Opinión Consultiva OC-23/17 del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm. 23,
párr. 58, Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en relación
con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los derechos a la
vida y a la integridad personal - interpretación y alcance de los artículos 4.1 y 5.1,
en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos).
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por el Estado contra la decisión que autorizaba el conteo por parte
de la Inspección General del Trabajo. Esta falta de diligencia en
ejecutar esa decisión, para la Corte IDH, configuró una obstrucción
arbitraria por parte del Estado para el ejercicio del derecho a la
huelga de las personas extrabajadoras del Organismo Judicial.110
Aunque el tribunal no lo apunta en su sentencia, el Comité DESC
ha destacado la importancia de la observancia de la obligación de
respeto, en especial cuando el Estado es el empleador.111
Por otro lado, en el caso Palacio Urrutia, el tribunal interameri-
cano consideró que la renuncia del señor Palacio estuvo motivada
en gran medida por el chilling effect del cual había sido víctima
a raíz del ejercicio de su libertad de expresión.112 En concreto, la
Corte IDH observó que la víctima declaró durante la audiencia pú-
blica que
…dicha renuncia había estado directamente relacionada con las
amenazas que había sufrido durante el proceso penal que derivó
en la condena de 20 de julio de 2011, y la situación desigual
que enfrentaba con el aparato estatal durante todo el proceso,
y con posterioridad a que el mismo terminara, lo que afectó sus
posibilidades de realizar su labor periodística en [el periódico]
El Universo, e incluso de permanecer en el país después de su
renuncia.113
110
Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones pre-
liminares, fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie
C, núm. 445, párr. 122.
111
Ibidem, párr. 58.
112
El tribunal consideró probado que el proceso penal y la condena penal en
contra del señor Palacio Urrutia, tras la publicación del artículo “NO a las menti-
ras” y las circunstancias que rodearon dicho proceso, que incluyeron un contexto
de confrontación y conflictividad entre el entonces presidente y las presuntas
víctimas y El Universo, provocaron que el señor Palacio Urrutia renunciara a su
trabajo como periodista en el diario en que laboraba. Por las mismas razones, la
Corte considera que las posibilidades para el ejercicio de la profesión de periodis-
ta del señor Palacio Urrutia se vieron afectadas con posterioridad a su renuncia,
debido a su imposibilidad de obtener empleo en Ecuador por el chilling effect que
provocó el proceso en su contra y la necesidad de abandonar el país. Ibidem,
párr. 160.
113
Ibidem, párr. 157.
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Aunque la Corte IDH no lo identifica, en realidad estaba ante
un caso de injerencia indirecta del Estado en el trabajo del señor
Palacio Urrutia.
Finalmente, en el caso Benites Cabrera y otros, la Corte IDH
calificó como “arbitrario” el despido que habían sufrido 184 tra-
bajadores derivado de una serie de obstáculos normativos en la
política peruana de “racionalización del personal” implementada
durante el gobierno de Alberto Fujimori. Además, estos trabaja-
dores se enfrentaron a una normativa que les prohibió interponer
acciones de amparo por el cese.114 Como veremos más adelante, a
diferencia de otros casos en donde la responsabilidad internacional
surge porque después de la separación del cargo son los recursos
judiciales los que no se concretan como efectivos (cuando no se
garantizan las garantías judiciales, véase el apartado III, 1, de este
capítulo), en este caso la imposibilidad de interponer recursos ju-
diciales (obstáculo normativo) impactó directamente en una obli-
gación de respeto del Estado, que implica evitar injerencias en los
derechos de las personas.
Como podemos observar, en los únicos tres casos en donde ha
estado en juego la obligación de respeto, a diferencia de casos re-
lacionados con la obligación de garantía, la Corte no ha indicado
qué obligación se encuentra en juego.
II. Las obligaciones de carácter inmediato
El Comité DESC señaló en su Observación General 3, que
…en particular, aunque el Pacto contempla una realización pau-
latina y tiene en cuenta las restricciones derivadas de la limita-
ción de los recursos con que se cuenta, también impone varias
obligaciones con efecto inmediato. De éstas, dos resultan parti-
cularmente importantes para comprender la índole exacta de las
obligaciones contraídas por los Estados parte. Una de ellas…,
114
Caso Benites Cabrera y otros vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 4 de octubre de 2022, serie C, núm. 465,
párr. 115.
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consiste en que los Estados se “comprometen a garantizar” que
los derechos pertinentes se ejercerán “sin discriminación...115
La segunda, apunta el Comité, “consiste[n] en el compromiso
contraído en virtud del párrafo 1 del artículo 2o. en el sentido de
«adoptar medidas», compromiso que en sí mismo no queda condi-
cionado ni limitado por ninguna otra consideración…”. Como parte
de este segundo elemento de las obligaciones de carácter inme-
diato, el Comité ha considerado que
…los medios que deben emplearse para dar cumplimiento a la
obligación de adoptar medidas se definen en el párrafo 1 del
artículo 2o. como “todos los medios apropiados, inclusive en
particular la adopción de medidas legislativas”. Por otro lado,
otras medidas de carácter inmediato que se podrían considerar
apropiadas son que los Estados ofrezcan recursos judiciales que,
de acuerdo a su sistema jurídico nacional, puedan considerarse
justiciables.116
Es decir, que a nivel interno los recursos judiciales existan o
que de existir sean efectivos para abordar las violaciones a dere-
chos sociales con independencia del resultado. Así, en todo caso,
la responsabilidad internacional se configuraría si no hay recursos
judiciales para abordar violaciones a DESCA, o bien cuando exis-
tiendo en la práctica resulten ineficaces para la protección de los
derechos sociales.
Por su parte, en sentido similar, la Corte IDH ha conceptualizado
que estas obligaciones consisten en “adoptar medidas eficaces,
a fin de garantizar el acceso sin discriminación a las prestaciones
reconocidas para cada derecho. Dichas medidas deben ser ade-
cuadas, deliberadas y concretas en aras de la plena realización de
tales derechos”.117
115
Comité DESC, Observación General 3, La indole de las obligaciones de los
Estados parte, párr. 1.
116
Ibidem, párrs. 3-5.
117
Caso Poblete Vilches y otros vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 8 de marzo de 2018, serie C, núm. 349, párr. 104.
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Ahora bien, en términos generales, las obligaciones de carácter
inmediato, como se verá más adelante, se diferencian de las de
carácter progresivo en el sentido de considerar que no se necesita
de grandes erogaciones de recursos económicos y financieros para
que el Estado las operativice a nivel interno, estando circunscritas a:
a) La no discriminación (que implica que el Estado respete sin
discriminación un determinado derecho).
b) Que el Estado legisle, por ejemplo, para crear un marco
normativo que sirva como punto de referencia para un de-
terminado derecho (en donde se entiende que ya existen los
órganos encargados de legislar).
c) O bien, como indica el Comité, que se creen recursos judi-
ciales que operen en caso de una posible lesión a algún de-
recho social (en donde se entiende que existen previamente
los órganos encargados de impartición de justicia y que no
se necesita erogar recursos para poder materializarlos), o
que, en caso de existir, permitan dirimir las controversias
sobre DESCA.
Hasta el momento, la jurisprudencia del tribunal interamericano
no se ha referido de manera exhaustiva a este tipo de obligaciones,
como se verá a continuación.
1. Inexistencia del recurso
Hay que distinguir los casos en donde existiendo el recurso es
ineficaz (por ejemplo, por no observar las debidas garantías del
debido proceso), de aquellos supuestos en donde los recursos in-
ternos pese a existir no están diseñados al momento de los he-
chos para abordar derechos constitucionales o convencionales,118 o
bien no existe una adecuada reglamentación normativa que impide
que el derecho sea conocido por los órganos jurisdiccionales.119
118
Por ejemplo, véase el caso Spoltore vs. Argentina.
119
Caso Castañeda Gutman vs. México. Al respecto, la Corte IDH indicó que
“110. La Corte destaca la importancia de que los Estados regulen los recursos
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La creación o modificación de los recursos judiciales para que pue-
dan proteger DESCA se erigen como obligaciones de carácter in-
mediato.
En el caso de los Extrabajadores del Organismo Judicial, la Corte
IDH consideró que se vulneraba el derecho a la huelga debido a
que “en el procedimiento de declaratoria de ilegalidad de una huel-
ga no se establece de forma expresa la posibilidad de recursos”,
lo cual en el caso concreto orilló a que las altas cortes utilizaran
interpretaciones diversas para no declarar a lugar los recursos in-
terpuestos. Así, la normativa interna no establecía con claridad el
procedimiento de declaratoria de ilegalidad de la huelga y, sobre
todo, la posibilidad de recurrir esta decisión. Lo anterior, a criterio
de la Corte, colocó a las personas trabajadoras en una situación
de desprotección. Las personas trabajadoras no tuvieron entonces
acceso efectivo de manera sencilla a la protección judicial como
consecuencia de la falta de certeza y de claridad respecto a los
recursos idóneos que debían presentar frente a la declaratoria de
ilegalidad de la huelga.120
Esta falta de claridad, en términos estrictos, implica la ausencia
de un recurso frente a la vulneración del derecho a la huelga. De
hecho, esta ausencia de recurso se ve reflejada en la medida de
reparación ordenada:
144. La Corte nota que la violación al derecho a la protección
judicial, con respecto a los recursos promovidos contra la decla-
ratoria de ilegalidad de la huelga, se debió a una falta de claridad
en la normativa que regula este tema… De esta forma considera
necesario ordenar al Estado a que, en el plazo de dos años, pre-
cise o regule, con claridad, a través de medidas legislativas o de
otro carácter, la vía recursiva, el procedimiento y la competencia
judicial para la impugnación de la declaratoria de ilegalidad de
una huelga.121
judiciales de forma tal que las personas tengan certeza y seguridad jurídica de sus
condiciones de acceso”.
120
Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones pre-
liminares, fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie C,
núm. 445, párrs. 84 y 85.
121
Ibidem, párr. 144.
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2. No discriminación
En cuanto a la no discriminación como obligación de carácter
inmediato, la Corte IDH, en el caso Cuscul Pivaral (2018), se pro-
nunció sobre la discriminación interseccional que sufrieron dos
mujeres embarazadas que padecían VIH/sida, y que no recibieron
una adecuada atención médica durante su embarazo por parte del
personal sanitario debido a su condición de salud. En el caso, en
el apartado correspondiente, tampoco relaciona la obligación de
no discriminación como una obligación de carácter inmediato que
debe ser observada por el Estado.122
Un segundo caso es el de Pueblos Indígenas Maya Kaqchikel de
Sumpango y otros, en el cual la Corte IDH encontró que el Estado
no había adoptado acciones afirmativas para que los pueblos pu-
dieran acceder mediante sus radios comunitarias al espectro radio-
eléctrico en condiciones de igualdad frente a otros actores, ya que
el ordenamiento jurídico de Guatemala no cuenta con disposición
alguna respecto de las radios comunitarias ni prevé mecanismos de
reserva de frecuencias radioeléctricas para los pueblos indígenas.123
En particular, la Corte IDH consideró que la mayoría de los pueblos
indígenas viven en una situación estructural de pobreza, y en su
amplia mayoría no tienen condición económica para cubrir los cos-
tos de la adquisición legal del usufructo de una frecuencia de radio.
La Corte encontró que la regulación de la radiodifusión en Guate-
mala promueve, en la práctica, una discriminación indirecta y un
impedimento de facto al ejercicio de la libertad de expresión de los
pueblos indígenas, al establecer la mayor oferta económica como
único criterio de adjudicación de frecuencias radioeléctricas y al no
adoptar medida alguna, como la reserva de bandas de frecuencia,
para posibilitar que los pueblos indígenas puedan de hecho fundar
y operar sus propios medios de comunicación.124 Expresamente el
122
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, repara-
ciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359, párr. 139.
123
Caso Pueblos Indígenas Maya Kaqchikel de Sumpango y otros vs. Guatemala,
fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de octubre de 2021, serie C, núm.
440, párr. 148.
124
Ibidem, párr. 149.
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tribunal interamericano consideró que el caso se refería a “la falta
de garantía del derecho de los pueblos indígenas a participar en la
vida cultural sin discriminación al no poder acceder a los medios de
comunicación necesarios para ello”.125
En el caso Manuela, en un apartado diferenciado del derecho
a la salud, la Corte IDH expresó que “como condición transversal
de la accesibilidad a los servicios de salud, el Estado está obligado
a garantizar un trato igualitario a todas las personas”.126 En este
caso consideró que la discriminación se materializaba debido a
que la ambigüedad de la legislación relativa al secreto profesional
de los médicos y la obligación de denuncia existente en El Salva-
dor afecta de forma desproporcionada a las mujeres, por tener la
capacidad biológica del embarazo, ya que existe en los médicos
ginecólogos una creencia de que deben denunciar los casos de
posibles abortos, lo cual no ocurre en clínicas privadas.127 Expresa-
mente, la Corte concluyó que no se garantizó el derecho a la salud
sin discriminación.
En el caso Guevara Diaz vs. Costa Rica, la Corte IDH declaró
la responsabilidad internacional, debido a que la víctima sufrió un
trato diferenciado debido a su discapacidad intelectual durante
un proceso de selección para un puesto de trabajo en una insti-
tución pública. Para la Corte IDH, dicha distinción se hizo sin que
existiera una justificación objetiva y razonable. En conclusión, la
Corte IDH estimó que ello constituía una discriminación directa en
el derecho al trabajo.128
En todos estos casos, la Corte IDH omite indicar qué obligación
es la que estará analizando, que en todo caso sería determinar si
el Estado ha cumplido o no con una obligación de carácter inme-
diato; inclusive, los conclusivos parecen posicionar a la obligación
de garantía como la obligación principal infringida.
125
Ibidem, párr. 131.
126
Caso Manuela y otros vs. El Salvador, excepciones preliminares, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 2 de noviembre de 2021, serie C, núm. 441,
párr. 248.
127
Ibidem, párr. 254.
128
Caso Guevara Díaz vs. Costa Rica, fondo, reparaciones y costas, sentencia
del 22 de junio de 2022, serie C, núm. 453, párrs. 75-82.
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3. Consentimiento informado
En los casos Poblete Vilches y otros y Guachalá Chimbó y otros,
ambos relacionados con la falta de obtención del consentimien-
to informado en procedimientos médicos, la Corte IDH parte de
la idea de que estuvieron presentes estereotipos discriminatorios
basados en la edad de una persona adulta mayor y discapacidad,
respectivamente, que operaron en el personal médico, y que tu-
vieron como consecuencia que no se recabara el consentimiento
de manera personal en el caso del señor Guachalá y, o bien, por
sustitución en el caso del señor Poblete.
En particular, en el caso Guachalá la Corte IDH externó expre-
samente —cuestión que no quedaba clara en el caso Poblete—129
que “el consentimiento informado es un elemento fundamental del
derecho a la salud. La exigencia del mismo es una obligación de
carácter inmediato”.130
4. Falta de adopción de salvaguardas
para la ejecución de decisiones judiciales
que protegen derechos sociales
En el caso Muelle Flores, la Corte IDH externó que la obliga-
ción de adoptar salvaguardas para evitar efectos negativos en la
materialización de los derechos, como lo es la falta de adopción
de acciones para ejecutar las sentencias judiciales internas, son
obligaciones de carácter inmediato que no tienen que ver con el
desarrollo progresivo del derecho.131
En los casos Muelle Flores (derecho a la seguridad social), AN-
CEJUB- SUNAT (derecho a la seguridad social) y Federación Na-
129
Pueden contrastarse los siguientes párrafos en donde la Corte IDH no indica
concretamente al consentimiento informado como parte de las obligaciones de
cumplimiento inmediato: 104, 134 y 175.
130
Caso Guachalá Chimbo y otros vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 26 de marzo de 2021, serie C, núm. 423, párr. 110.
131
Caso Muelle Flores vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 6 de marzo de 2019, serie C, núm. 375, párr. 202.
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cional de Trabajadores Marítimos y Portuarios (Femapor) (el sala-
rio como parte del derecho al trabajo), el tribunal interamericano
analizó que pese a que los órganos jurisdiccionales internos habían
reconocido los derechos involucrados en cada caso, las decisiones
que fueron emitidas a nivel interno no fueron ejecutadas.132
III. Proyecciones de la obligación de garantizar
La Corte IDH ha indicado que
…la segunda obligación de los Estados parte es la de “garanti-
zar” el libre y pleno ejercicio de los derechos reconocidos en la
Convención a toda persona sujeta a su jurisdicción. Esta obliga-
ción implica el deber de los Estados parte de organizar todo el
aparato gubernamental y, en general, todas las estructuras a tra-
vés de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder público, de
manera tal que sean capaces de asegurar jurídicamente el libre
y pleno ejercicio de los derechos humanos. Como consecuencia
de esta obligación, los Estados deben prevenir, investigar y san-
cionar toda violación de los derechos reconocidos por la Conven-
ción y procurar, además, el restablecimiento, si es posible, del
derecho conculcado y, en su caso, la reparación de los daños
producidos por la violación de los derechos humanos.133
Dentro de las proyecciones de la obligación de garantía que ana-
liza la Corte IDH en su jurisprudencia en materia de derechos so-
ciales se encuentran, en primer lugar, las situaciones respecto a
cuando la autoridad “no ha garantizado” que un recurso judicial se
dirima con las debidas garantías del debido proceso.
En segundo lugar, aquellos casos en donde el tribunal interame-
ricano utiliza “los elementos esenciales e interrelacionados de los
132
Al respecto, el artículo 25.2.c indica: “Artículo 25. Protección Judicial… 2.
Los Estados Parte se comprometen: …c) a garantizar el cumplimiento, por las
autoridades competentes, de toda decisión en que se haya estimado procedente
el recurso”.
133
Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, fondo, sentencia del 29 de julio de
1988, serie C, núm. 4, párr. 166.
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DESC”134 para determinar si el Estado ha incurrido en responsabi-
lidad internacional. Este análisis que hace la Corte IDH no es otra
cosa que la obligación de “proteger” o “cumplir” —y las proyeccio-
nes que ésta tiene— que desarrollan las observaciones generales
del Comité DESC.
Finalmente, en tercer lugar, la obligación de garantía se proyecta
en cuanto al actuar de particulares, en especial en relación con las
subobligaciones de protección y prevención (por ejemplo: la obliga-
ción de regular, fiscalizar o inspeccionar).
1. Falta de protección judicial
A diferencia de las obligaciones de carácter inmediato relacio-
nadas con el acceso a la justicia, en donde lo que se valora como
parte de la responsabilidad internacional del Estado es la existen-
cia o ausencia de recursos, lo que se analiza en este supuesto es si
los recursos judiciales existentes han sido efectivos o han contado
con las debidas garantías a nivel interno para poder abordar un de-
terminado derecho. Por ejemplo, como indica el Comité DESC en
sus observaciones generales 18 y 23 sobre el derecho al trabajo (y
sus condiciones):
48. Toda persona o grupo que sea víctima de una vulneración
del derecho al trabajo debe tener acceso a adecuados recur-
sos judiciales o de otra naturaleza en el plano nacional. A nivel
nacional, los sindicatos y las comisiones de derechos humanos
deben jugar un papel importante en la defensa del derecho al
trabajo. Todas las víctimas de esas violaciones tienen derecho a
una reparación adecuada, que pueden adoptar la forma de una
restitución, una indemnización, una compensación o garantías
de no repetición.135
57. Toda persona que haya sido objeto de una vulneración… de-
bería tener acceso a recursos judiciales efectivos u otros recur-
134
Es decir, aquellos parámetros que las observaciones generales del Comité
DESC enuncian como elementos para poder evaluar la garantía del derecho.
135
Comité DESC, Observación General 18, Derecho al trabajo, 6 de febrero de
2006, párr. 48.
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sos apropiados, incluida una adecuada reparación, restitución,
indemnización y satisfacción o garantías de no repetición... Los
Estados deberían examinar y, de ser necesario, reformar su legis-
lación y sus códigos de procedimiento para garantizar el acceso
a la reparación, así como las garantías procesales…136
En los casos Trabajadores Cesados del Petroperú,137 San Miguel
Sosa y otras, Casa Nina, Mina Cuero y Caso Nissen Pessolani (re-
136
Comité DESC, Observación General 23, Derecho a condiciones de trabajo
equitativas y satisfactorias, 4 de marzo de 2016, párr. 57.
137
En el caso se declaró la vulneración “del derecho al trabajo” como conse-
cuencia de que a los 85 trabajadores de Petroperu, los 25 trabajadores de Enapu,
los 39 trabajadores de Minedu y los 15 trabajadores del Ministerio de Economía
y Finanzas (MEF), “no gozaron de un recurso judicial efectivo” (párr. 193). Si
bien no se indicó en el punto resolutivo 7 de la sentencia ni en el párrafo 193 la
relación entre el artículo 26 y los artículos 8o. y 25 de la Convención Americana,
basta leer en conjunto los párrafos 162, 172, 181 y 193, para comprender que
se encuentran relacionados. De la lectura de estos párrafos y de las causas por
las cuales se declaró la vulneración de los derechos contemplados en los artícu-
los 8o. y 25, son de especial importancia los análisis realizados para el conjunto
de trabajadores del Petroperú y del grupo de trabajadores del MEF. Por ejemplo,
respecto de los trabajadores del Petroperú, la Corte IDH constató que el último
recurso intentado por los trabajadores “careció de una debida motivación”, ya que
no se había “realizado un análisis de los argumentos presentados por la parte re-
currente respecto de los derechos constitucionales que pudieron verse afectados,
ni el impacto que su vulneración podría haber tenido en los trabajadores cesados”
(párr. 170). En el caso de los trabajadores del MEF, la Corte advirtió que “el Tribu-
nal Constitucional no realizó un análisis de las alegadas violaciones al derecho al
trabajo (párr. 176); por lo que “al no realizar un análisis sobre si en el proceso de
cese de los accionantes se vulneraron los derechos constitucionales y convencio-
nales en juego, el Tribunal Constitucional desasoció el derecho sustancial del de-
recho procesal, impidiendo así analizar el objeto principal de la controversia” (párr.
178). En este sentido, es muy importante notar que la vulneración del artículo 26,
enmarcado en los artículos 8o. y 25, no se debió porque las instancias, que resol-
vieron los respectivos recursos de los trabajadores debieran haber reconocido el
“derecho al trabajo”, sino que se debió a que no se tomó en cuenta una de las ga-
rantías contempladas en el artículo 8o. del Pacto de San José —la motivación—.
En este sentido, se tomó en consideración que “la obligación del Estado de con-
ducir los procesos con apego a la garantía de protección judicial consiste en una
obligación que es de medios o comportamiento y que no es incumplida por el sólo
hecho de que el proceso no produzca un resultado satisfactorio, o no se arribe a
la conclusión pretendida por las presuntas victima”; sin embargo, sí se incumple
el contenido del derecho que se pretende proteger, cuando en la conducción de
los procesos no se observan las garantías judiciales, tal como sucedió en el caso
de los Trabajadores Cesados. Cfr. Caso Trabajadores Cesados de Petroperú y otros
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lacionados con el derecho al trabajo/estabilidad laboral), la Corte
Interamericana se pronunció sobre cómo, a nivel interno, las dife-
rentes instancias judiciales no habían analizado con exhaustividad
la obligación de motivación (adoptando decisiones arbitrarias) fren-
vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del
23 de noviembre de 2017, serie C, núm. 344, párrs. 162, 170, 172, 176, 178,
181 y 193, y punto resolutivo 7.
En el caso San Miguel Sosa y otras, la Corte IDH constató que no se habían
garantizado los derechos “al acceso a la justicia y a la tutela judicial efectiva”
ante su despido arbitrario, ya que “la motivación” o “fundamentación” expuesta
por los juzgados internos fueron insuficientes al decidir la situación jurídica que se
alega infringida, como lo es el despido arbitrario (párrs. 196 y 221). En el caso, la
Corte IDH indicó que los juzgados que habían conocido el amparo presentado por
las víctimas, consideraron algunas pruebas como ilícitas (grabaciones telefónicas)
sin tomar en cuenta el interés público de la cuestión, y que en el caso se trata-
ba del único medio de prueba directa, además de que “no indagaron acerca de
las motivaciones del despido, conformándose con las generalidades sin sustento
particularizado” (párr. 195). En este caso, al igual que el caso de los Trabajado-
res Cesados del Petroperú y otros, la Corte IDH declaró vulnerado el derecho al
trabajo contenido en el artículo 26 de la Convención, en el marco de los artículos
8o. y 25, no porque a nivel interno los recursos interpuestos debieran reconocer
el derecho al trabajo de las víctimas, sino porque no se expresaron “motivaciones
suficientes en las resoluciones judiciales” respecto de todos los alegatos plantea-
dos, particularmente la posible comisión de un acto discriminatorio o de represalia
política en el contexto y con los elementos indiciarios presentados (párr. 193). Cfr.
Caso San Miguel Sosa y otras vs. Venezuela, fondo, reparaciones y costas, sen-
tencia del 8 de febrero de 2018, serie C, núm. 348, párrs. 193, 195, 196 y 221.
En el caso Casa Nina, la Corte IDH declaró la responsabilidad internacional
del Estado por la violación de los derechos a las garantías judiciales, de per-
manecer en el cargo en condiciones de igualdad, a la estabilidad laboral y a la
protección judicial en perjuicio del señor Julio Casa Nina como consecuencia de
la decisión de separarlo del cargo de Fiscal Adjunto Provincial Provisional del
Distrito Judicial de Ayacucho, en el despacho de la Segunda Fiscalía Provincial
Penal de Huamanga. La Corte determinó que el nombramiento del señor Casa
Nina se efectuó sin la previsión de alguna condición resolutoria que determinara
su terminación; a su vez, la decisión que dio por terminado el nombramiento no
respondió a las causales permitidas para salvaguardar la independencia de quie-
nes se desempeñan en el cargo de fiscal. Al carecer de motivación y, por ende,
al ser una decisión arbitraria, se afectó el derecho al trabajo en la medida que
los operadores de justicia tienen también derecho a la “estabilidad laboral”. Caso
Casa Nina vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, sen-
tencia del 24 de noviembre de 2020, serie C, núm. 419, párr. 108.
En el caso Mina Cuero, el Tribunal concluyó que Ecuador violó el derecho a
las garantías judiciales, los derechos políticos, el derecho a la protección judicial
y el derecho al trabajo, en perjuicio del señor Mina Cuero. En consecuencia, la
Corte Interamericana declaró que Ecuador es responsable internacionalmente por
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te a alegatos expresos relacionados con el derecho al trabajo y, por
ende, cómo en esos casos se había afectado el referido derecho.
De este modo, la jurisprudencia ha indicado que “el derecho al tra-
bajo incluye la obligación del Estado de garantizar los derechos de
acceso a la justicia y a la tutela judicial efectiva, tanto en el ámbito
público como en el ámbito privado de las relaciones laborales”.138
Algo similar ocurrió en el caso Extrabajadores del Organismo Ju-
dicial139 (sobre derecho al trabajo y libertad sindical), en donde la
Corte IDH concluyó que por el hecho de no haberse respetado las
garantías a ser oído, a conocer detalladamente la acusación for-
mulada y a contar con los medios y tiempo adecuados para prepa-
rar la defensa se vulneraba el derecho al trabajo.
la violación de los artículos 8.1, 8.2, 8.2 b), 8.2 c), 8.2 h), 23.1 c), 25.1 y 26 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante “Convención”), en
relación con los artículos 1.1 y 2, respectivamente, del mismo instrumento in-
ternacional. La Corte concluyó que la separación arbitraria del señor Mina Cuero
de su cargo de policía y la falta de acceso a la justicia y tutela judicial efectiva
constituyó también una vulneración a su estabilidad laboral, como parte del de-
recho al trabajo del cual era titular. Caso Mina Cuero vs. Ecuador, excepción
preliminar, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 7 de septiembre de 2022,
serie C, núm. 464, párr. 135.
Caso Nissen Pessolani, la Corte IDH consideró que en el caso concreto, el
señor Nissen Pessolani fue removido de su cargo de forma arbitraria, por lo que
la destitución arbitraria también implicó una violación al derecho a la estabilidad
laboral, como parte del derecho al trabajo, que como trabajador del Ministerio
Público del Paraguay le asistía, durante el tiempo que durara el ejercicio del cargo.
Caso Nissen Pessolani vs. Paraguay, fondo, reparaciones y costas, sentencia del
21 de noviembre de 2022, serie C, núm. 477, párrs. 100 y 103.
138
Caso San Miguel Sosa y otras vs. Venezuela, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 8 de febrero de 2018, Serie C, núm. 348, párr. 221 y el Caso
Trabajadores Cesados de Petroperú y otros vs. Perú, excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas, sentencia del 23 de noviembre de 2017, serie C,
núm. 344, párr. 193.
139
En el caso concreto, la Corte encontró que un número significativo de pre-
suntas víctimas eran trabajadores y trabajadoras del organismo judicial, quienes
en ejercicio de sus derechos de asociación y de libertad sindical se habían vincu-
lado a un sindicado. Entre el 19 de marzo y el 2 de abril de 1996, miembros del
sindicato realizaron una huelga, la cual fue declarada ilegal, y como consecuen-
cia de tal declaratoria fueron despedidas, entre otras personas, las 65 víctimas,
incluyendo aquellas que eran dirigentes sindicales, y que, por lo tanto, gozaban
de fuero sindical establecido por el artículo 223 del Código de Trabajo. Caso
Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones preliminares,
fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie C, núm.
445, párr. 132.
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En el caso Spoltore,140 que analiza el componente del derecho
al trabajo relativo a “condiciones equitativas y satisfactorias que
aseguren la salud del trabajador”, la Corte IDH, pese a que señaló
que “los Estados, entre otras obligaciones, deben asegurar que
los trabajadores afectados por un accidente o enfermedad pro-
fesional prevenible tengan acceso a mecanismos adecuados de
reclamación, como los tribunales, para solicitar una reparación o
indemnización”,141 únicamente precisó que no se trataba de un
caso donde estuviera llamada a analizar la progresividad, sino que
se refería “a la falta de protección judicial… debido a la demora
excesiva del proceso judicial”.142 De este modo, el tribunal intera-
mericano no indica cuál era la obligación presente en el caso cuan-
do un Estado, pese a contar con un recurso judicial que considera
efectivo, se demora en la resolución (plazo razonable) que tendrá
como consecuencia proteger o no un derecho social.143
2. La obligación de garantía frente a parámetros
para el ejercicio efectivo de los derechos
sociales del Comité DESC
Los casos que suelen ser evaluados desde esta perspectiva
están relacionados con el derecho a la salud o la seguridad so-
140
En el caso del señor Spoltore, el procedimiento ante el tribunal laboral reves-
tía especial importancia, ya que era un tribunal de única instancia en la materia,
por lo que la demora excesiva de nueve años en resolverlo tiene consecuencias
significativas, sobre todo si de la pronta resolución dependía la existencia de una
indemnización para una persona con una discapacidad. Si bien se encontraban
disponibles los recursos de nulidad e inaplicación de ley, nuevamente transcurrió
un plazo irrazonable (tres años), para que la Corte Suprema de la Provincia de
Buenos Aires adoptara su decisión, demoras injustificadas reconocidas por el pro-
pio Estado al aceptar su responsabilidad internacional.
141
Caso Spoltore vs. Argentina, excepción preliminar, fondo, reparaciones y cos-
tas, sentencia del 9 de junio de 2020, serie C, núm. 404, párr. 99.
142
Ibidem, párr. 98.
143
En el caso Spoltore no estaba en controversia si el Estado había arribado o no
a una conclusión adecuada sobre si la víctima era acreedora a una indemnización.
Lo sometido a su análisis era si la demora de nueve años había sido conforme a
los criterios desarrollados del plazo razonable de un recurso judicial.
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cial,144 así como sus elementos interrelacionados (calidad, dispo-
nibilidad, aceptabilidad y accesibilidad) reconocidos en las obser-
vaciones generales del Comité DESC, y que sirven de parámetro
de evaluación para la Corte IDH.
La primera decisión donde la Corte IDH analizó estrictamen-
te la obligación de garantía fue el caso Cuscul Pivaral y otros vs.
Guatemala. En este sentido, el tribunal interamericano se ocupó
en determinar si el Estado había garantizado el derecho a la sa-
lud de un conjunto de víctimas que tenían VIH/sida. La Corte IDH
concluyó que
…al haber sido acreditado el acceso irregular, nulo e inadecua-
do a antirretrovirales…, la falta de acceso a pruebas periódicas
de CD4, carga viral, fenotipo y genotipo…, el inadecuado o nulo
apoyo social…, y la imposibilidad de acceso a los centros de sa-
lud por razones económicas o de ubicación de los domicilios de
algunas de las presuntas víctimas del caso…, el Estado incum-
plió con su deber de garantía del derecho a la salud en tanto sus
omisiones son incompatibles con los elementos de disponibili-
dad, accesibilidad y calidad de la atención a la salud.145
De manera similar, en el caso Hernández, el tribunal observó que
el Estado no aportó elementos de prueba que permitieran acreditar
que se cumpliera con su obligación de proveer un tratamiento mé-
dico adecuado a la víctima antes y después de tener conocimiento
de que se encontraba contagiado de meningitis T.B.C. mientras
144
Especial mención merece el caso Muelle Flores, debido que aunque la Corte
IDH analiza en el apartado del derecho a la seguridad social el elemento a “la
accesibilidad” (párrs. 199 y 200), lo cierto es que dicho razonamiento era inne-
cesario, ya que en realidad en el caso, el Estado incumplió con una obligación
de carácter inmediato (falta de acceso a la justicia en la ejecución de sentencias
que reconocen el derecho a la seguridad social). De hecho, la cuestión queda
reflejada en el párrafo 191, donde la Corte indica que el caso “se refiere a la falta
de concretización material del derecho a la pensión, como parte integrante del
derecho a la seguridad social del señor Muelle Flores, debido a la falta de cumpli-
miento y ejecución de sentencias dictadas a… favor [de la víctima]”.
145
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
párr. 126.
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se encontraba privado de la libertad y que advirtiera la existencia
de omisiones atribuibles al Estado en materia de calidad, disponi-
bilidad y accesibilidad en materia de atención a la salud, razones
que permitían acreditar la existencia de un nexo causal entre las
acciones y omisiones del Estado en las condiciones de detención y
la falta de atención médica del señor Hernández.146
En el caso Guachalá Chimbó y otros, el tribunal analizó si el Es-
tado había garantizado el derecho a la salud de la víctima desde un
punto de vista de accesibilidad, aceptabilidad y de calidad. Sobre el
primer punto, el tribunal constató que no se le brindaron de mane-
ra gratuita los medicamentos que se requerían para el tratamiento
de epilepsia —tomando en consideración que eran de bajo costo y
que la víctima era una persona en situación de pobreza—, además
de que no se le dio un seguimiento médico adecuado. En segundo
lugar, sobre la calidad y aceptabilidad, en el caso se constató que
existieron diversas falencias en la atención brindada; por ejemplo,
no se determinó el tipo de epilepsia que padecía el señor Guacha-
lá, o bien que se le haya realizado alguna prescripción médica.147
En el caso Manuela, la Corte analizó la vulneración del derecho
a la salud tomando en consideración que no se había brindado
de manera aceptable, de calidad, accesible y sin discriminación
(aunque no concluye que el Estado haya fallado respecto del últi-
mo aspecto referido).148 En cuanto a la discriminación —que no lo
identifica expresamente la Corte—, se indicó que “la obligación de
brindar atención médica sin discriminación implica que la presunta
comisión de un delito por parte de un paciente bajo ningún su-
puesto puede condicionar la atención médica que dicho paciente
necesita”, lo cual no había ocurrido en el caso, debido a que des-
de el primer momento en el que la paciente ingresó al hospital se
le asoció dentro de un contexto de criminalización del aborto. En
cuanto a los elementos de aceptabilidad y calidad, le tribunal notó
146
Caso Hernández vs. Argentina, excepción preliminar, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 22 de noviembre de 2019, serie C, núm. 395, párr. 96.
147
Caso Guachalá Chimbo y otros vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 26 de marzo de 2021, serie C, núm. 423, párrs. 149, 152 y 153.
148
Caso Manuela y otros vs. El Salvador, excepciones preliminares, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 2 de noviembre de 2021, serie C, núm. 441,
párr. 191.
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que “existían diversas falencias”, como por ejemplo, que entre el
ingreso y la atención médica que necesitaba habían transcurrido
cuatro horas; en ese lapso se priorizó dar cuenta a la fiscalía por la
posible comisión de un presunto aborto.149
Finalmente, en el caso de los Buzos Miskitos, el tribunal declaró
que el Estado no había garantizado brindar una atención médica de
salud accesible y de calidad, y que tampoco había garantizado la
accesibilidad y disponibilidad de la seguridad social, ya que el Esta-
do tenía la obligación de garantizar los servicios adecuados para la
rehabilitación y reinserción de los buzos sobrevivientes que adqui-
rieron una discapacidad con motivo de los accidentes que sufrieron
durante la realización de trabajos sin una capacitación adecuada
y sin el equipo necesario. Para la Corte, en cuanto el derecho a la
salud, el Estado no garantizó el tratamiento de rehabilitación ni de
reinserción de las víctimas que adquirieron discapacidades; de esta
forma, la omisión del Estado en dar una atención médica especial
para la rehabilitación de las víctimas que sobrevivieron a los acci-
dentes de buceo y que adquirieron una discapacidad, constituyó un
incumplimiento de garantizar el derecho a la salud conforme a los
principios de accesibilidad y calidad de los servicios de salud.150 En
cuanto al derecho a la seguridad social, el tribunal advirtió que la
falta de acceso a un sistema de salud que les proveyera servicios
preventivos o curativos respecto de los accidentes que sufrieron y
de las discapacidades que surgieron en virtud de dichos accidentes
constituyó una violación del derecho a la seguridad social. La omi-
sión total del Estado de garantizar a las víctimas del caso el acceso
a dicho sistema constituyó un incumplimiento de sus obligaciones
conforme al principio de disponibilidad del derecho a la seguridad
social, en tanto existía una carencia total de seguridad social en la
zona que les permitiera gozar de las prestaciones correspondientes
a los riesgos que surgían de la pesca por buceo, y de accesibilidad,
en tanto las víctimas no se encontraban cubiertas por el sistema
de seguridad social, pues trabajaban en una situación de infor-
149
Ibidem, párr. 195.
150
Caso de los Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, sentencia
del 31 de agosto de 2021, serie C, núm. 432, párr. 95.
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malidad, ya que no tenían contratos de trabajo con las empresas
pesqueras.151
Finalmente, en el caso Britez Arce, relacionado con violencia
obstétrica y muerte de la víctima derivaba de su labor de parto, la
Corte IDH consideró necesario pronunciarse de manera específica
en cuanto al componente de la “accesibilidad de la información en
materia sexual y reproductiva”. De este modo, la Corte IDH estimó
que este elemento se infringía debido a que a la víctima
…no le fue suministrada información específica sobre su estado
de salud, en particular, sobre el riesgo de padecer preeclampsia
y sus implicaciones, esto es, que provoca altos índices de morta-
lidad materna. Tampoco le dieron recomendaciones de cuidado
para prevenir o tratar el cuadro de hipertensión, a pesar de lo
establecido en su historia clínica, lo que indica que tampoco se
garantizó su acceso a la información precisa y oportuna sobre su
estado de salud.152
Como nota adicional, en este caso, la Corte únicamente se cen-
tra en desarrollar el elemento de accesibilidad de la información
dejando de lado otros elementos que debió vincular de manera
directa. Por ejemplo, la Corte IDH no desarrolla lo que implica la
atención de calidad de la salud sexual y reproductiva, lo cual en el
caso queda acreditado, debido a que en la víctima existían “varios
factores de riesgo que no fueron atendidos de forma adecuada por
el sistema de salud, entre ellos, su edad, un aumento importante
de peso, un antecedente de presión arterial alta en un embarazo
anterior y presión arterial de 130/90 en uno de los controles”.153 O
bien la aceptabilidad de la atención de salud durante el parto, ya
que en el caso “la señora Brítez permaneció en trabajo de parto
de un feto muerto por más de tres horas, dos de ellas sentada en
una silla”.154
151
Ibidem, párr. 96.
152
Caso Brítez Arce y otros vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 16 de noviembre de 2022, serie C, núm. 474, párr. 72 y 82.
153
Ibidem, párr. 82.
154
Ibidem, párr. 83.
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3. La obligación de garantía frente
al actuar de los particulares
La Corte IDH ha indicado que la obligación de garantía se pro-
yecta más allá de la relación entre los agentes estatales y las per-
sonas sometidas a su jurisdicción, y abarca el deber de prevenir, en
la esfera privada, que terceros vulneren los bienes jurídicos protegi-
dos. No obstante, la Corte ha considerado que un Estado no puede
ser responsable por cualquier violación de derechos humanos co-
metida por particulares dentro de su jurisdicción. El carácter erga
omnes de las obligaciones convencionales de garantía a cargo de
los Estados no implica su responsabilidad ilimitada frente a cual-
quier acto de particulares. Así, aunque un acto, omisión o hecho de
un particular tenga como consecuencia jurídica la violación de los
derechos de otro, este no es automáticamente atribuible al Estado,
sino que corresponde analizar las circunstancias particulares del
caso y la concreción de las obligaciones de garantía.155
Frente a la actuación de particulares, la Corte IDH ha analizado
la obligación de garantizar desde la óptica de cómo los recursos
judiciales (y por ende la actuación de sus jueces internos) no resul-
tan efectivos en el contexto de relaciones entre particulares, pero
también de las obligaciones de regulación, fiscalización (o inspec-
ción en el caso de contextos laborales).
En el caso Lagos del Campo, la Corte IDH analizó cómo el des-
pido injustificado del señor Lagos, quien era trabajador de una em-
presa privada, no fue protegido adecuadamente por los tribunales
internos. Para arribar a esta conclusión, consideró que la víctima
había alegado expresamente ante los tribunales internos la vulne-
ración de dicho derecho, el cual no fue abordado por las autorida-
des judiciales, quienes únicamente se limitaban a indicar que no
se determinó un agravio al debido proceso de la víctima. En parti-
cular, la Corte IDH encontró que “si bien el recurso de amparo es-
taba diseñado para tutelar los derechos constitucionales,… la falta
de consideración de los derechos a la estabilidad laboral y debido
155
Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, fondo, sentencia del 29 de julio de
1988, serie C, núm. 4, párr. 166.
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proceso, impidieron que el recurso de amparo pudiera producir el
resultado para el cual fue concebido”.156
En el caso Pavez Pavez, la Corte IDH expresó que “entiende que
la atribución de responsabilidad al Estado puede también configu-
rarse por las actuaciones del poder judicial encargadas de conocer
recursos”.157 Si bien la víctima era docente en una institución públi-
ca, lo cierto es que la reasignación de sus funciones (pasando de
maestra de religión a funciones de inspección) se debió a que le
fue revocado el certificado de idoneidad que le era otorgado por el
arzobispado (ente no estatal), y frente al cual las autoridades juris-
diccionales únicamente se limitaron a calificar “su legalidad”.158 La
Corte IDH estimó que el derecho al trabajo se veía comprometido
156
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, repara-
ciones y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párrs.
183 y 184.
157
Caso Pavez Pavez vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 4 de
febrero de 2022, serie C, núm. 449, párr. 117.
158
La Corte IDH indicó en este caso: “158. En el presente caso, como fuera
mencionado, Sandra Pavez Pavez impugnó la decisión de la Vicaría relacionada
con su Certificado de idoneidad mediante un recurso de protección contra esa
misma entidad. Tanto la Corte de Apelaciones de San Miguel como la Corte Su-
prema de Justicia rechazaron ese recurso indicando que las decisiones de las
autoridades de las comunidades religiosas no podían estar sujetas a injerencias
externas por parte del Estado” (supra, párrs. 30 y 31). En efecto, la Corte de
Apelaciones de San Miguel rechazó el recurso interpuesto por Sandra Pavez Pavez
entendiendo que “la legislación aplicable en la especie facultaba al órgano religio-
so correspondiente para que otorgue y revoque la autorización que se ha de con-
ferir de acuerdo con sus particulares principios religiosos, morales y filosóficos,
situación que dependerá sólo de cada una de ellas no teniendo injerencia alguna
ni el Estado ni algún particular puesto que la facultad descansa en el propio credo
que tiene una amplia facultad para establecer sus propias normas y principios”
(supra, párr. 30). Asimismo, “la Corte Suprema confirmó en todas sus partes la
sentencia de la Corte de Apelaciones de San Miguel” (supra, párr. 31). La Corte
de Apelaciones de San Miguel y luego la Corte Suprema de Justicia declararon
inadmisible y rechazaron el recurso “sin que resulte menester... analizar y referirse
pormenorizadamente a las garantías constitucionales invocadas por la recurrente”
(supra párr. 30). Con respecto a lo anterior, en el capítulo VII.1 se indicó que “los
hechos del presente caso se enmarcan en un ámbito de educación pública y que,
en el mismo, las actividades que afecten derechos humanos deben ser objeto de
un control de legitimidad. Del mismo modo, la Corte notó que el Decreto 924 rea-
liza una delegación de la facultad de otorgar certificados de idoneidad a personas
para ejercer la docencia religiosa en establecimientos públicos sin que exista una
vía clara para impugnar este tipo de decisiones”.
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debido a que “se menoscabó su vocación docente y constituyó una
forma de desmejora laboral”.159
En cuanto a la obligación de las autoridades de fiscalizar/su-
pervisar/inspeccionar el actuar de particulares, en el caso de los
Trabajadores de la Fábrica de Fuegos de San Antonio de Jesús,
la Corte IDH consideró que los Estados tienen el deber de regular,
supervisar y fiscalizar la práctica de actividades peligrosas (incluso
cuando dicha actividad se realiza por particulares) que implicaban
riesgos significativos para la vida e integridad de las personas so-
metidas a su jurisdicción como medida para proteger y preservar
estos derechos.160 En concreto, el tribunal consideró que el caso
versaba sobre la “falta de garantía” del derecho a las condiciones
justas, equitativas y satisfactorias que aseguren la seguridad, la
salud y la higiene en el trabajo, debido a la falta de fiscalización.161
En el fallo se concluyó que
...las empleadas de la fábrica de “Vardo de los fuegos” trabaja-
ban en condiciones de precariedad, insalubridad e inseguridad,
en carpas ubicadas en potreros que no reunían los más mínimos
estándares de seguridad para la realización de una actividad pe-
ligrosa y que no reunían condiciones que permitieran evitar o
prevenir accidentes de trabajo.
Ya que todo lo anterior
...ocurrió sin que el Estado ejerciera ninguna labor de supervisión
o fiscalización orientada a verificar las condiciones laborales de
quienes se desempeñaban en la fábrica de fuegos, ni empren-
diera alguna acción orientada a prevenir accidentes pese a que
la actividad desplegada en la fábrica era caracterizada por la
normatividad interna como especialmente peligrosa.
159
Caso Pavez Pavez vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 4 de
febrero de 2022, serie C, núm. 449, párr. 140.
160
Caso de los Empleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio de Jesus y
sus familiares vs. Brasil, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 15 de julio de 2020. serie C, núm. 407, párrs. 118 y 120.
161
Caso de los Empleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio de Jesus y
sus familiares vs. Brasil, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 15 de julio de 2020, serie C, núm. 407, párr. 173.
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Lo cual implicaba una vulneración a la obligación de “preven-
ción” como subobligación de la garantía de los derechos.162
Finalmente, en el caso de los Buzos Miskitos, en términos simi-
lares al caso anterior y sobre el mismo derecho, indicó
…que el Estado omitió realizar medidas de inspección o fiscali-
zación para asegurar que las embarcaciones en que se encontra-
ban los buzos que sufrieron accidentes de buceo cumplían con
las medidas de seguridad requeridas para evitar que la actividad
de pesca submarina constituyera un peligro… La conducta omi-
siva del Estado, en lo que respecta a verificar el cumplimiento
de las disposiciones [internas] que protegían a los trabajadores,
permitió que la actividad de pesca submarina se realizara al mar-
gen de la legislación interna, lo que, deriva en la responsabilidad
internacional del Estado por las graves consecuencias físicas y
psicológicas que sufrieron las víctimas… en los distintos acci-
dentes que ocurrieron, así como por la muerte de aquellos que
fallecieron con motivo de esos accidentes.163
4. El caso Comunidades Indígenas Miembros
de la Asociación Lhaka Honhat: los elementos
esenciales de los DESCA y la falta de garantía
frente al actuar de particulares
El caso presenta interesantes aristas sobre la evaluación de la
obligación de garantía frente a los derechos sociales. Por un lado,
se abordan los elementos esenciales de los DESCA y, por otro, la
responsabilidad internacional se atribuye por las omisiones del Es-
tado en la concreción de los DESCA involucrados en un contexto en
donde existían comunidades no indígenas (comunidades criollas).
Se debe recordar que el Estado fue declarado responsable inter-
nacionalmente debido a que las poblaciones criollas introdujeron
162
Caso de los Empleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio de Jesus y
sus familiares vs. Brasil, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 15 de julio de 2020, serie C, núm. 407, párrs. 175 y 176.
163
Caso de los Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, sentencia
del 31 de agosto de 2021, serie C, núm. 432, párrs. 58, 77 y 78.
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ganado en el territorio ancestral indígena, el cual consumía plantas
que las comunidades indígenas usaban para su alimentación tradi-
cional, además de que sus fuentes de agua tradicional se encon-
traban contaminadas con heces de ganado; adicionalmente, exis-
tía un problema de tala ilegal. Todo lo anterior también vulneró el
derecho a participar en la vida cultural, debido a que el no disfrutar
de los derechos anteriormente descritos también impactaba en la
continuidad de sus prácticas culturales.
Aunque este caso constituye un gran precedente en el contexto
de justiciabilidad de los DESCA y en el caso de pueblos indígenas,
se debe puntualizar que aunque la Corte invoca los elementos a
evaluar del derecho a la alimentación,164 a la cultura165 y al agua,166
en el conclusivo sobre la responsabilidad internacional no queda
claro cuál de todos esos elementos que se encuentran presentes
en las observaciones generales del Comité DESC, y que son enun-
ciados en la sentencia, fueron los que el Estado no garantizó.167
IV. La obligación de progresividad de los DESCA
El Comité DESC ha señalado que “la principal [en el marco de las
obligaciones del PIDESC] es la de adoptar medidas «para lograr
progresivamente... la plena efectividad de los derechos reconocidos
[en el Pacto]»”. Para el Comité, la expresión progresiva efectividad
…constituye un reconocimiento del hecho de que la plena efec-
tividad de todos los derechos económicos, sociales y culturales
en general no podrá lograrse en un breve periodo de tiempo, sin
164
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat (Nues-
tra Tierra) vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de febrero
de 2020, serie C, núm. 400 párr. 220. Se invocan los siguientes: “adecuación” y
“seguridad alimentaria”, “adecuada”, “sostenibilidad” y “aceptables”.
165
Ibidem, párr. 241. Invoca los siguientes: a) la disponibilidad; b) la accesibili-
dad; c) la aceptabilidad; d) la adaptabilidad, y e) la idoneidad.
166
Ibidem, párr. 227. Invoca los siguientes: a) la disponibilidad; b) la calidad; c) la
accesibilidad.
167
Ibidem, párr. 289.
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embargo, el hecho de que la efectividad a lo largo del tiempo, o
en otras palabras progresivamente, se prevea en el Pacto no se
ha de interpretar equivocadamente como que priva a la obliga-
ción de todo contenido significativo. Por una parte, se requiere
un dispositivo de flexibilidad necesaria que refleje las realidades
del mundo real y las dificultades que implica para cada país ase-
gurar la plena efectividad de los derechos económicos, sociales
y culturales. Por otra parte, la frase debe interpretarse a la luz
del objetivo general, en realidad la razón de ser del Pacto, que
es establecer claras obligaciones para los Estados Parte con res-
pecto a la plena efectividad de los derechos de que se trata.168
Por su parte, la Corte IDH ha indicado que la progresividad
…significa que los Estados partes tienen la obligación concreta y
constante de avanzar lo más expedita y eficazmente posible ha-
cia la plena efectividad de los DESCA, ello no debe interpretarse
en el sentido que, durante su periodo de implementación, dichas
obligaciones se priven de contenido específico, lo cual tampoco
implica que los Estados puedan aplazar indefinidamente la adop-
ción de medidas para hacer efectivos los derechos en cuestión,
máxime luego de casi cuarenta años de la entrada en vigor del
tratado interamericano.169
Hasta el momento, el único caso en el que la Corte IDH ha
valorado como incumplida esta obligación ha sido Cuscul Pivaral
y otros. En dicho caso la Corte constató que durante un periodo
de tiempo el Estado no adoptó medidas concretas que estuvieran
dirigidas a que las víctimas (personas que padecían/padecen VIH)
recibieran un tratamiento antirretroviral. En el caso, el Tribunal
recordó que había quedado demostrado que el Estado, a pesar
de contar con una serie de leyes y programas diseñados para la
atención de personas que viven con el VIH (que estaban en la nor-
mativa al menos desde finales de la década de los años noventa
168
Comité DESC, Observación General 3, La indole de las obligaciones de los
Estados parte, párr. 9.
169
Caso Poblete Vilches y otros vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 8 de marzo de 2018, serie C, núm. 349, párr. 104.
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del siglo pasado), no proveyó tratamiento médico antes de 2004
para garantizar el derecho a la salud de dichas personas, salvo pa-
ra atender a un número limitado de ellas, confiando esta tarea a
la acción de organizaciones no gubernamentales. El tribunal notó
que el Estado reconoció esta situación en diversos momentos y
buscó justificar la falta de atención médica progresiva antes de
2004 a pesar de la existencia de legislación interna que establecía
una obligación de protección para diversas autoridades. De esta
forma, la Corte IDH consideró que la inacción por parte del Esta-
do, antes de 2004, constituyó un incumplimiento de esta obliga-
ción. Un aspecto importante a señalar es que la Corte precisa y
marca un alto estándar al momento de evaluar esta obligación,
al sostener que si bien los Estados gozan de un “margen… para
la realización efectiva de los DESCA no justifica la inacción en su
protección”.170
V. La obligación de no regresividad de los DESCA
El Comité DESC ha indicado que aparejada con la obligación de
progresividad existe un deber de no regresividad, al señalar que
“todas las medidas de carácter deliberadamente retroactivo… re-
querirán la consideración más cuidadosa y deberán justificarse ple-
namente por referencia a la totalidad de los derechos previstos en
el Pacto y en el contexto del aprovechamiento pleno del máximo
de los recursos de que se disponga”.171 Por su parte, para la Corte
IDH se desprende un deber —si bien condicionado— de no regresi-
vidad, que no siempre deberá ser entendido como una prohibición
de medidas que restrinjan el ejercicio de un derecho.172
170
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
párr. 147.
171
Comité DESC, Observación General 3, La indole de las obligaciones de los
Estados parte, párr. 9.
172
Caso Acevedo Buendía y otros (“Cesantes y Jubilados de la Contraloría”) vs.
Perú, excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 1o. de
julio de 2009, serie C, núm. 198, párr. 103.
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En la jurisprudencia sobre justiciabilidad directa, la Corte IDH
sólo ha abordado hasta este momento esta obligación en el caso
Vera Rojas y otros vs. Chile. El tribunal indicó que el caso plan-
teaba una cuestión de regresividad en los términos del artículo
26 de la Convención, ya que la legislación interna inicialmente
(en 2000) contemplaba la atención domiciliaria para enfermeda-
des crónicas, y que posteriormente tal legislación fue modificada
excluyendo dicha atención para las enfermedades crónicas (en
2005). Para la Corte IDH, la exclusión era una distinción arbitraria
y discriminatoria, lo cual implicó una restricción a los derechos a
la salud y a la seguridad social, y que no encontraba justificación
en el contexto de las obligaciones internacionales de desarrollo
progresivo.173
Aunque este caso constituye un punto de partida para desa-
rrollar la obligación de regresividad, lo cierto es que fue un caso
“fácil” para la Corte IDH. La anterior aseveración es en función
de que la normativa que excluía en 2005 a la atención domici-
liaria de las enfermedades crónicas fue modificada en 2017, y
dentro de los argumentos que fueron vertidos por las autoridades
internas para incluir nuevamente la atención domiciliaria se pre-
cisaba que “la exclusión… de la hospitalización domiciliaria para
tratamientos de enfermedades crónicas, constituye una discrimi-
nación arbitraria en función del estado de salud de las personas,
que atenta directamente contra los principios básicos de la segu-
ridad social, el derecho a la vida y la protección de la salud”.174
La Corte IDH únicamente hizo suyos los argumentos internos sin
profundizar en los requisitos que se deberían evaluar frente a una
posible restricción/disminución/regresión. Ello explica que la Cor-
te IDH no haya desarrollado un test de regresividad en el marco
del artículo 26 de la Convención Americana en este caso.
Como se señaló en el capítulo anterior, frente a una posible
evaluación de regresión de DESCA, es necesario constatar si se
cumplía con lo siguiente:
173
Caso Vera Rojas y otros vs. Chile, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 1o. de octubre de 2021, serie C, núm. 439, párr. 134.
174
Ibidem, párr. 69.
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— Legalidad;
— Con la finalidad de promover el bienestar general en una
sociedad democrática, y
— La limitación o restricción será admisible siempre que no
contradiga el propósito y razón de [los derechos], o en pa-
labras del PIDESC “en la medida que sea compatible con
la naturaleza del derecho o derechos”.175
Los Principios de Limburgo nos ilustran sobre el contenido de
estas expresiones usadas en el PIDESC y en el Protocolo de San
Salvador.
En cuanto a la legalidad, los Principios contemplan que las nor-
mas que habilitan la limitación o restricción de derechos deberán
ser: 1) de aplicación general; 2) vigentes al momento de aplicar la
limitación; 3) no deben ser arbitrarias, irrazonables o discriminato-
rias; 4) claras y accesibles a todos, y 5) establecer las protecciones
adecuadas y recursos efectivos contra la imposición ilegal o abusi-
va de limitaciones.176
En lo que se refiere a promover el bienestar general, éste debe
entenderse como “el pueblo en su totalidad”, y en una sociedad
democrática se refiere a que existe la obligación del Estado de
“comprobar que estas no impiden el funcionamiento democrático
de la sociedad”.177
La expresión compatible con la naturaleza de esos derechos
refiere que una limitación “no deberá interpretarse o aplicar-
se en menoscabo de la naturaleza intrínseca de un determinado
derecho”.178
El elemento de “la compatibilidad con la naturaleza del derecho”
es fundamental que se tome en consideración: a) que la medi-
da regresiva no deje en una situación de desprotección a grupos
175
Véanse los artículos 4o. del PIDESC y 5o. del Protocolo de San Salvador.
176
Los Principios de Limburg sobre la Aplicación del Pacto Internacional de De-
rechos Económicos, Sociales y Culturales, 2-6 de junio de 1986, principios 48,
49 y 50.
177
Ibidem, principio 52.
178
Ibidem, principio 56.
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vulnerables,179 y b) que la adopción de las medidas regresivas no
lesione lo que el Comité DESC ha denominado las “obligaciones
básicas”, “obligaciones inderogables” o “contenido mínimo del
derecho”,180 ya que de hacerse aun en contextos de regresión aten-
ta directamente “con la naturaleza del derecho”.
Aunque la Corte IDH no ha tenido la oportunidad de profundizar
en esta temática de obligaciones (dado los pocos casos que le han
sido remitidos para que se pronuncie en la materia), lo cierto es que
un posible test de regresividad también debe incorporar el análisis
—si el Estado lo argumentara— de si se han hecho todos los es-
fuerzos en el “marco del máximo uso de los recursos disponibles”.
Por su parte, el Comité DESC ha indicado que “cuando no se
adoptan medidas o éstas son de carácter regresivo, corresponde al
Estado parte probar que la decisión pertinente se basó en el exa-
men más exhaustivo posible y que está debidamente justificada en
relación con la totalidad de los derechos enunciados en el Pacto y
por el hecho de que se utilizaron plenamente los recursos dispo-
nibles”. Sobre este último punto, el Comité DESC ha puntualizado
que en caso de que un Estado parte aduzca “limitaciones de recur-
sos” para explicar cualquier medida regresiva que haya adoptado,
el Comité examinará esa información en función de las circunstan-
cias concretas del país de que se trate con arreglo a los siguientes
criterios objetivos:
179
Por ejemplo, el Comité DESC, Observación General 14, indicó: “18. …Comité
recuerda el párrafo 12 de la Observación general No. 3 en el que se afirma que
incluso en situaciones de limitaciones graves de recursos es preciso proteger a
los miembros vulnerables…”.
180
Ibidem: “43. En la Observación general No. 3, el Comité confirma que los
Estados Parte tienen la obligación fundamental de asegurar como mínimo la sa-
tisfacción de niveles esenciales de cada uno de los derechos enunciados en el
Pacto, incluida la atención primaria básica de la salud” y “47. ...Un Estado que
no esté dispuesto a utilizar el máximo de los recursos de que disponga para dar
efectividad al derecho a la salud viola las obligaciones que ha contraído en virtud
del artículo 12. Si la limitación de recursos imposibilita el pleno cumplimiento por
un Estado de las obligaciones que ha contraído en virtud del Pacto, dicho Estado
tendrá que justificar no obstante que se ha hecho todo lo posible por utilizar to-
dos los recursos de que dispone para satisfacer, como cuestión de prioridad, las
obligaciones señaladas supra. Cabe señalar sin embargo que un Estado Parte no
puede nunca ni en ninguna circunstancia justificar su incumplimiento de las obli-
gaciones básicas enunciadas en el párrafo 43… que son inderogables”.
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a) El nivel de desarrollo del país;
b) La gravedad de la presunta infracción, teniendo particular-
mente en cuenta si la situación afecta al disfrute de los de-
rechos básicos enunciados en el Pacto;
c) La situación económica del país en ese momento, teniendo
en cuenta si atraviesa un periodo de recesión económica;
d) La existencia de otras necesidades importantes que el Esta-
do parte deba satisfacer con los recursos limitados de que
dispone; por ejemplo, debido a un reciente desastre natural
o a un reciente conflicto armado interno o internacional;
e) Si el Estado parte trató de encontrar opciones de bajo costo, y
f) Si el Estado parte recabó cooperación y asistencia de la co-
munidad internacional o rechazó sin motivos suficientes los
recursos ofrecidos por la comunidad internacional para la
aplicación de lo dispuesto en el Pacto.181
Ahora bien, una posible regresión en el marco de un caso ante
el SIDH en todo caso se evaluará de diferente manera depen-
diendo de si es justiciable vía Protocolo o CADH. En el primer
supuesto opera el artículo 5o. del Protocolo de San Salvador (con
la interpretación del artículo 4o. del PIDESC); si la regresión se
evalúa en el marco del artículo 26, entonces se debe analizar
conforme el artículo 1.1 y 32 del mismo instrumento (con la inter-
pretación del artículo 4o. del PIDESC). En este segundo supuesto
es necesario tener presentes los siguientes elementos que están
expresos en el artículo 32.2 de la CADH: “32. [2] Los derechos
de cada persona están limitados por [a)] los derechos de los de-
más, [b] por la seguridad de todos y [c] por las justas exigencias
del bien común, en una sociedad democrática”.
Nuevamente los Principios de Limburgo nos orientan sobre estos
conceptos. El símil del inciso a en el PIDESC se refiere a derechos y
libertades ajenos lo cual ha sido entendido por los principios como
que las limitaciones podrían estar justificadas en derechos que “se
181
Comité DESC, Declaración sobre la “Evaluación de la obligación de adoptar
medidas hasta el «máximo de los recursos de que disponga» de conformidad
con un protocolo facultativo del Pacto”, 21 de septiembre de 2007, U.N. Doc.
E/C.12/2007/1, párrs. 9 y 10.
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extiende[n] más allá de los derechos y libertades reconocidos en
el Pacto”.182 El equivalente del inciso b en el PIDES se encuentra
expresado de la siguiente manera: seguridad nacional el cual ha
sido entendido como válido alegarlo por el Estado siempre que las
limitaciones “se adopten con el fin de proteger la existencia de la
nación o su integridad territorial o independencia política contra
alguna fuerza o amenaza de fuerza”.183 Finalmente, el inciso c en-
cuentra su expresión en el PIDESC como “orden público”, lo cual
los Principios de Limburgo definen como “compendio de reglas
que aseguran el funcionamiento de la sociedad o el conjunto de
principios fundamentales sobre los cuales se funda una sociedad.
El respeto de los derechos económicos, sociales y culturales cons-
tituye un elemento del orden público”.184
VI. La adopción de providencias en la medida
de los recursos disponibles
Los Principios de Limburgo han indicado que la expresión “los re-
cursos de que disponga” se refiere a los recursos con que cuenta
un Estado, así como también los provenientes de la comunidad
internacional mediante la cooperación y asistencias internacio-
nales.185
El artículo 26 indica que dentro del régimen obligacional que
opera cuando se evalúan DESCA se encuentra la adopción de pro-
videncias en la medida de los recursos disponibles. Este fraseo
contrasta considerablemente con el empleado en el PIDESC, que
indica que los Estados se comprometen “hasta el máximo de los
recursos de que se disponga”.
Esta diferencia de fraseo podría implicar un estándar de eva-
luación/protección de los derechos sociales desde la Convención
Americana; sin embargo, el artículo 26 indica que las partes “se
182
Los Principios de Limburg sobre la Aplicación del Pacto Internacional de De-
rechos Económicos, Sociales y Culturales, 2-6 de junio de 1986, principio 59.
183
Ibidem, principio 62.
184
Ibidem, principio 66.
185
Ibidem, principio 26.
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comprometen a adoptar providencias… mediante la cooperación
internacional”. De acuerdo con la interpretación del Comité DESC,
la frase “hasta el máximo de los recursos de que disponga” tenía la
intención, según los redactores del Pacto, de referirse tanto a los
recursos existentes dentro de un Estado “como a los que pone a
su disposición la comunidad internacional mediante la cooperación
y la asistencia internacionales. Más aún, el papel esencial de esa
cooperación en facilitar la plena efectividad de los derechos perti-
nentes…”. De este modo, podríamos entender que implícitamente
el artículo 26 al referirse a la “cooperación internacional” también
impone a los Estados el “máximo uso de los recursos con los cua-
les disponga”.
Por otro lado, sobre el uso máximo de los recursos disponibles,
aunque la Corte IDH no ha tenido oportunidad de desarrollar el al-
cance de esta obligación, en el caso Cuscul Pivaral hizo referencia
a la “Declaración sobre la Evaluación de la obligación de adoptar
medidas hasta el «máximo de los recursos de que disponga» de
conformidad con un protocolo facultativo del Pacto”.186
Lo cierto en un eventual caso, cuando el Estado alegue limita-
ciones de recursos en el ejercicio del “máximo uso de los recursos
disponibles”, o bien que se verifique que no ha adoptado las medi-
das necesarias hasta el máximo uso de los recursos disponibles, la
Corte IDH podría recurrir a la “Declaración sobre la Evaluación de
la obligación de adoptar medidas hasta el «máximo de los recursos
de que disponga» de conformidad con un protocolo facultativo del
Pacto”. Algunos de los parámetros que podrían servir para esta
evaluación serían los siguientes:
a) Hasta qué punto las medidas adoptadas fueron deliberadas,
concretas y orientadas al disfrute de los derechos económi-
cos, sociales y culturales;
b) Si el Estado parte ejerció sus facultades discrecionales de
manera no discriminatoria y no arbitraria;
186
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
nota al pie 168.
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c) Si la decisión del Estado parte de no asignar recursos dispo-
nibles se ajustó a las normas internacionales de derechos
humanos;
d) En caso de que existan varias opciones en materia de nor-
mas, si el Estado parte se inclinó por la opción que menos
limitaba los derechos reconocidos en el Pacto;
e) El marco cronológico en que se adoptaron las medidas;
f) Si las medidas se adoptaron teniendo en cuenta la precaria
situación de las personas y los grupos desfavorecidos y mar-
ginados, si las medidas fueron no discriminatorias y si se dio
prioridad a las situaciones graves o de riesgo.187
VII. La cooperación y asistencia internacionales
En cuanto a la obligación de cooperación, en la OC-23, la Corte
IDH indicó que el artículo 26 de la Convención Americana esta-
blece la obligación de cooperar internacionalmente a efectos del
desarrollo y protección de los derechos económicos, sociales y cul-
turales. Asimismo, el Protocolo de San Salvador recurre a la coope-
ración entre los Estados en varias de sus disposiciones.188
Si comparamos los dos instrumentos anteriores con el PIDESC,
encontramos la única diferencia sustancial entre los tres instru-
mentos: el PIDESC se refiere a la “cooperación o asistencia inter-
nacional”, mientras que la CADH y el Protocolo de Salvador úni-
camente a la “cooperación internacional”, tal como se muestra a
continuación:
187
Comité DESC, Declaración sobre la “Evaluación de la obligación de adoptar
medidas hasta el «máximo de los recursos de que disponga» de conformidad
con un protocolo facultativo del Pacto”, 21 de septiembre de 2007, U.N. Doc.
E/C.12/2007/1, párrs. 8.
188
Opinión Consultiva OC-23/17 del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm.
23, párr. 181. Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en
relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los de-
rechos a la vida y a la integridad personal —interpretación y alcance de los artícu-
los 4.1 y 5.1—, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos). Véase artículo 26 y el preámbulo del Protocolo de San
Salvador, así como los artículos 1o., 12 y 14 del mismo tratado.
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1) El PIDESC se refiere a que los Estados deberán “adoptar
medidas, tanto por separado como mediante la asistencia y
la cooperación internacionales, especialmente económicas
y técnicas”;
2) La CADH indica que los Estados “se comprometen a adop-
tar providencias, tanto a nivel interno como mediante la
cooperación internacional, especialmente económica y téc-
nica”, y
3) El Protocolo de San Salvador expresa que los Estados “se
comprometen a adoptar las medidas necesarias tanto de
orden interno como mediante la cooperación entre los Es-
tados, especialmente económica y técnica”.
Los Principios de Limburgo señalan que los Estados cooperarán
recíprocamente en la promoción del progreso económico, social
y cultural a nivel internacional, y en particular en el crecimiento
económico de los países en desarrollo, independientemente de las
diferencias entre sus sistemas políticos, económicos y sociales, y
libre de discriminaciones fundadas en dichas diferencias.189 Para la
cooperación y asistencia internacionales bajo el artículo 2(1), se
tendrá en cuenta el papel de las organizaciones internacionales y la
contribución de las organizaciones no gubernamentales.190
Hasta el momento, la jurisprudencia de la Corte IDH ha identifi-
cado la obligación de cooperación en materia ambiental, lo cual im-
plica que es una obligación entre Estados y, por tanto, comprende
lo siguiente: 1) el deber de notificación y 2) el deber de consultar y
negociar con los Estados potencialmente afectados (a continuación
se examinarán estos deberes), así como 3) la posibilidad de inter-
cambio de información que se establece en múltiples instrumentos
internacionales en materia ambiental.191
189
Los Principios de Limburg sobre la Aplicación del Pacto Internacional de De-
rechos Económicos, Sociales y Culturales, 2-6 de junio de 1986, principio 31.
190
Ibidem, principio 34.
191
Opinión Consultiva OC-23/17 del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm.
23, párr. 186, Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en
relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los
derechos a la vida y a la integridad personal - interpretación y alcance de los ar-
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VIII. El caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia:
un caso desafortunado en la identificación
de obligaciones en materia de derechos sociales
Aunque como hemos visto la Corte IDH ha tenido una jurispruden-
cia casi constante al momento de indicar qué tipo de obligación es
la que se encuentra llamada a resolver frente a la actitud del Es-
tado, en especial a partir del caso Muelle Flores (2019), reciente-
mente en el caso Valencia Campos y otros la Corte IDH no concreta
de manera específica cuál o cuáles son las obligaciones que tiene
que evaluar frente al derecho a la salud.
La Corte IDH tiene un párrafo que podríamos denominar “ma-
chote”, y que incluye de manera constante en la mayoría de sus
sentencias con posterioridad al caso Muelle Flores, en donde indi-
ca ya en un análisis caso a caso qué o cuáles serán las obligacio-
nes que examinará. En el caso Muelle, la Corte IDH indicó:
190. Ahora bien, la Corte considera que la naturaleza y alcance
de las obligaciones que derivan de la protección [de los dere-
chos sociales], incluyen aspectos que tienen una exigibilidad
inmediata, así como aspectos que tienen un carácter progre-
sivo. Al respecto, la Corte recuerda que, en relación con las
primeras (obligaciones de exigibilidad inmediata), los Estados
deberán adoptar medidas eficaces a fin de garantizar el acceso
sin discriminación a las prestaciones reconocidas para el de-
recho a la seguridad social, garantizar la igualdad de derechos
entre hombres y mujeres, entre otros. Respecto a las segundas
(obligaciones de carácter progresivo), la realización progresiva
significa que los Estados parte tienen la obligación concreta y
constante de avanzar lo más expedita y eficazmente posible ha-
cia la plena efectividad de dicho derecho, en la medida de sus
recursos disponibles, por vía legislativa u otros medios apro-
piados. Asimismo, se impone la obligación de no regresividad
frente a la realización de los derechos alcanzados. En virtud de
tículos 4.1 y 5.1, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos).
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lo anterior, las obligaciones convencionales de respeto y ga-
rantía, así como de adopción de medidas de derecho interno
(artículos 1.1 y 2o.), resultan fundamentales para alcanzar su
efectividad.192
Este párrafo es reiterado en este fallo,193 pero a diferencia de
otros precedentes, en donde posteriormente se incluye cuál es la
obligación que analizaría la Corte IDH, no indica el régimen obli-
gacional aplicable en el caso concreto. Esta cuestión podría ser
menor, pero en el caso, de forma similar a lo que aconteció en el
caso Cuscul,194 un mismo derecho social tenía impacto en diferen-
tes víctimas en distintas circunstancias.
De este modo, en el caso Valencia Campos encontramos los
siguientes hechos que vulneraron el derecho a la salud de las víc-
timas:
a) Una de las víctimas se encontraba en arresto domiciliario,
y es durante ese tiempo que no se le suministra la medica-
ción que necesita, lo que genera que se agrave su estado
de salud;195
b) Otra de las víctimas, durante su detención, sufrió lesiones
físicas, pero recibió atención médica 4 horas después;196
192
Caso Muelle Flores vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 6 de marzo de 2019, serie C, núm. 375, párr. 109.
193
Caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 18 de octubre de 2022, serie C, núm. 469,
párr. 235.
194
Recordemos que en el caso la Corte IDH diseccionó en tres grandes rubros
el análisis del derecho a la salud: i) la no discriminación del derecho a la salud,
ii) la garantía del derecho a la salud con base a los elementos de aceptabilidad,
disponibilidad, calidad y accesibilidad y iii) la progresividad del derecho a la salud
en el caso concreto.
195
Al respecto, la Corte IDH constató: “la señora Patricia Gallardo es portadora
de enfermedades de naturaleza irreversible y tratamiento permanente; necesita de
condiciones especiales de alimentación, medicación y sobre todo fisioterapia
de manera diaria para complementar el tratamiento medicamentoso”. Caso Va-
lencia Campos y otros vs. Bolivia, excepción preliminar, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 18 de octubre de 2022, serie C, núm. 469, párr. 236.
196
Ibidem, párr. 238.
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c) Otro grupo de víctimas (13 víctimas), con posterioridad a su
detención, no fueron objeto de un examen médico forense;197
Finalmente, una de las víctimas, producto de las agresiones de
agentes policiales, tuvo un aborto espontáneo.198
Como podemos ver, existe una multiplicidad de hechos en los
que no queda claro cuáles son las obligaciones que en este caso
estuvieron en juego. Si hacemos un análisis pormenorizado, las
situaciones fácticas descritas debieron indicar que el Estado, faltó
en su obligación de: 1) en el caso del inciso a, el Estado falló en su
obligación de garantizar en su vertiente de disponibilidad y acepta-
bilidad de los medicamentos que debió recibir la víctima; 2) en el
caso de los incisos b y c, el Estado no garantizó (no protegió) a las
víctimas (ya sea mediante una atención médica de emergencia o
bien mediante una adecuada evaluación médico forense), y 3) en
el caso del inciso d, el Estado (los agentes policiales) no respeta-
ron el derecho a la salud sexual y reproductiva de la víctima, ya que
le profirieron golpes pese a su estado de embarazo.
Como se adelantaba, no queda claro en el apartado dedicado al
derecho a la salud cuáles son las obligaciones que infringe el Esta-
do en contextos en los cuales sucedieron los hechos: allanamiento
y detención con uso excesivo de la fuerza por agentes policiales en
contra de las víctimas.
197
Ibidem, párr. 241.
198
Ibidem. párr. 242.
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Capítulo cuatro
LA JUSTICIABILIDAD DIRECTA DE LOS DERECHOS
ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES
Y AMBIENTALES EN LA JURISPRUDENCIA
DE LA CORTE INTERAMERICANA
I. Justiciabilidad directa
desde el Protocolo de San Salvador
C
omo se comentó en el capítulo primero, pese a que el Proto-
colo de San Salvador contempla una amplia gama de dere-
chos sociales, el régimen competencial de dicho instrumento
para la Comisión Interamericana y para la Corte Interamericana úni-
camente se ciñe a dos derechos, por así disponerlo el artículo 19.6
de dicho instrumento: el derecho a la educación y el derecho de
asociación sindical.
Una de las particularidades de estos dos derechos es que duran-
te un tiempo el propio tribunal interamericano los invocaba en sus
decisiones,199 e inclusive los hechos pudieron generar responsabili-
dad internacional si hubiera sido activado el Protocolo de San Sal-
vador —por ejemplo, inclusive, vía iura novit curia—. No obstante,
con anterioridad a 2015, las referencias a estos derechos en los
casos quedaban en una especie de obiter dicta.
199
Por ejemplo, véase los casos “Instituto de Reeducación del Menor” vs. Pa-
raguay, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 2
de septiembre de 2004, serie C, núm. 112; Comunidad Indígena Yakye Axa vs.
Paraguay, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 17 de junio de 2005, serie
C, núm. 125, y el Caso de las niñas Yean y Bosico vs. República Dominicana,
sentencia del 8 de septiembre de 2005, serie C, núm. 130.
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1. Derecho a la educación
En 2015, la Corte IDH dio un paso fundamental al activar el
Protocolo de San Salvador, es decir, utilizar la competencia mate-
rial con la que se faculta a los órganos del sistema interamericano
para que se puedan eventualmente conocer peticiones individuales
mediante dicho instrumento.
El caso Gonzales Lluy y otras vs. Ecuador fue el primer caso en
donde la Corte IDH encontró responsabilidad internacional por la
violación del derecho a la educación. En el caso, el tribunal inte-
ramericano encontró que Talía había sufrido discriminación —de
una forma particular: interseccionada—200 en su derecho a la edu-
cación. En el caso, Talía fue expulsada del centro educativo debido
a que era portadora del virus de inmunodeficiencia humana (VIH),
los maestros actuaron con base en estereotipos por su estado de
salud.201 En cuanto al régimen obligacional, dado que la violación
se circunscribe en la prohibición de discriminación, entonces, la
podríamos situar como una vulneración a una obligación de carác-
ter inmediato.
El segundo caso en donde se declaró la responsabilidad inter-
nacional del Estado fue en el caso Guzmán Albarracín y otros vs.
Ecuador. En ese caso la Corte IDH consideró que las niñas, los ni-
ños y los adolescentes tienen derecho a una vida libre de violencia
en el ámbito educativo. Además, el tribunal interamericano consi-
deró que las acciones emprendidas por el Estado para sancionar
los actos de un docente que había generado acoso, hostigamiento
y violencia sexual en contra de la víctima fueron insuficientes (en
donde además generaron que la víctima se suicidara).
200
En el caso, la Corte IDH consideró que confluía de forma interseccionada la
discriminación en su derecho a la educación el hecho que era mujer, menor de
edad, la condicion de salud y las barreras actitudinales que generaron los maes-
tros al expulsarla del centro educativo (lo cual, conforme a la Convención de los
Derechos de las Personas con Discapacidad, es una discapacidad actitudinal o
social).
201
Caso Gonzales Lluy y otros vs. Ecuador, excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas, sentencia del 1o. de septiembre de 2015, serie C, núm.
298, párrs. 290 y 291.
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En particular, la Corte IDH señaló que dentro de las medidas
especiales que requieren las niñas y los niños, con base en el ar-
tículo 19 de la Convención Americana, se encuentra la educación,
reconocida también como derecho por el artículo 13 del Protocolo
de San Salvador, que favorece la posibilidad de gozar de una vida
digna y contribuye a prevenir situaciones desfavorables. Para la
Corte IDH, el derecho a la educación sexual y reproductiva integra
el derecho a la educación. Ésta debe ser integral, no discriminato-
ria, estar basada en pruebas, científicamente rigurosa y adecuada
en función de la edad. Debe ser apta para posibilitar a las niñas y
a los niños un adecuado entendimiento de las implicancias de las
relaciones sexuales y afectivas, particularmente en relación con el
consentimiento para tales vínculos y el ejercicio de las libertades
respecto a sus derechos sexuales y reproductivos.202
En cuanto al régimen obligacional, por un lado, se aborda direc-
tamente la no discriminación en el ámbito educativo (prohibición
de violencia en el ámbito educativo), lo cual quebranta una obliga-
ción de carácter inmediato. Por otro lado, también se genera una
violación a la obligación de protección, ya que la víctima fue objeto
de reiterados y continuados actos de violencia sexual dentro del
ámbito educativo.203
2. Derecho de asociación sindical o libertad sindical
Este derecho no ha sido aplicado en la vía contenciosa desde el
Protocolo de San Salvador; sin embargo, la posibilidad de declara-
ción de vulneración vía Protocolo de San Salvador la encontramos
en la Opinión Consultiva 22 (Titularidad de derechos de las per-
sonas jurídicas en el Sistema Interamericano). En dicha Opinión
Consultiva, el tribunal especificó que
…la Corte sólo tendría competencia para conocer de los casos
en los que los sindicatos, las federaciones y las confederaciones
202
Caso Guzmán Albarracín y otras vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 24 de junio de 2020, serie C, núm. 405, párrs. 139 y 140.
203
Ibidem, párr. 123 y ss.
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acudan ante el sistema interamericano buscando la protección
de los derechos que les son reconocidos en el artículo 8.1.a)
cuando se alegue que estos fueron violados por una acción im-
putable directamente a un Estado parte del Protocolo. De acuer-
do a lo anterior, la titularidad de derechos y el acceso al sistema
interamericano estarían limitados a las organizaciones sindicales
constituidas u operantes en los Estados que hayan ratificado el
Protocolo, por cuanto las obligaciones allí dispuestas no pueden
hacerse extensivas a los Estados que no hayan expresado su vo-
luntad de asumirlas.204
Para la Corte, entonces, la referencia a “asociaciones” en lugar
de a “asociación” implícitamente describe dos tipos de asociacio-
nes en el artículo 8.1.a, a saber: 1) la posible vulneración de los
derechos de los trabajadores a asociarse, y 2) el de las organiza-
ciones a asociarse en federaciones y confederaciones. Por otra
parte, la mención a la “libertad sindical” para efectos del Protocolo
de San Salvador cobija el derecho de las organizaciones de traba-
jadores a constituir federaciones y confederaciones, así como el
derecho a afiliarse a estas, y el de toda organización, federación o
confederación a afiliarse a organizaciones internacionales de tra-
bajadores.205
Cabe recordar que la Corte IDH también desarrolló el contenido
de este derecho en la Opinión Consultiva 27 (derechos a la liber-
tad sindical, negociación colectiva y huelga, y su relación con otros
derechos, con perspectiva de género). En esta OC la Corte IDH se
enfoca en gran medida a derivar el derecho a la libertad sindical
desde la perspectiva del artículo 26, lo cual no es del todo erróneo.
Sin embargo, lo cierto es que la Corte IDH omite puntualizar que,
en todo caso, este ejercicio será necesario únicamente en dos su-
puestos excepcionales: a) cuando los hechos son anteriores a la
204
Opinión Consultiva OC-22/16 del 26 de febrero de 2016, serie A, núm. 22,
párr. 103, Titularidad de derechos de las personas jurídicas en el Sistema Inte-
ramericano de Derechos Humanos (Interpretación y alcance del artículo 1.2, en
relación con los artículos 1.1, 8, 11.2, 13, 16, 21, 24, 25, 29, 30, 44, 46 y 62.3
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, así como del artículo 8.1
A y B del Protocolo de San Salvador).
205
Ibidem, párr. 100.
100
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ratificación del Protocolo de San Salvador,206 o b) cuando el Estado
no es parte de dicho instrumento.207
II. El leading case desde el artículo 26
de la Convención Americana: el caso
Lagos del Campo vs. Perú
En el derecho internacional de los derechos humanos se conoce
como leading case al caso que abre una línea jurisprudencial, o
bien es el primer precedente en la materia. El caso Lagos del Cam-
po ocupa ese lugar en cuanto a la justiciabilidad directa desde el
artículo 26 de la Convención Americana.
Uno de los primeros rasgos que debemos acotar es que cuando
este asunto fue tramitado y sometido por la Comisión Interameri-
cana para el conocimiento de la Corte Interamericana, fue en el
entendido de que se trataba de un caso sobre libertad de expre-
sión; de hecho, quien compareció ante la Corte Interamericana de
Derechos Humanos fue el entonces relator especial de la Comisión
Interamericana en materia de libertad de expresión. Sin embargo,
durante el trámite y, al parecer, el proceso de deliberación, una
mayoría de los jueces que integraban la Corte IDH en 2017 se per-
cataron de una cuestión particular: el señor Lagos del Campo ha-
bía alegado la violación del derecho al trabajo desde las instancias
internas y durante las primeras etapas de trámite ante la Comisión
Interamericana.208
206
Tal como aconteció en el Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Gua-
temala, cuyos hechos datan de 1994. Guatemala ratificó el Protocolo de San Sal-
vador hasta 2000. Por ello, en este caso el análisis se hizo desde el artículo 26,
y no desde el Protocolo de San Salvador de manera directa por el artículo 8.1.a.
207
Por ejemplo, en el caso de Republica Dominicana o Haití, pese a que la
Comisión y la Corte IDH tiene competencia, dichos Estados no han ratificado el
Protocolo de San Salvador. Por lo que, en un eventual caso, que llegara a invo-
lucrar el derecho a la educación o el derecho a la libertad sindical, forzosamente
tendría que se abordado desde la perspectiva del artículo 26 de la Convención
Americana.
208
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 133.
101
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Para la Corte IDH, que la Comisión Interamericana haya omitido
pronunciarse en la etapa de admisibilidad del caso ante ella no
impedía que mediante la figura del iura novit curia la misma Cor-
te pudiera pronunciarse sobre el fondo del asunto desde la arista
del derecho al trabajo a la luz del artículo 26 de la Convención
Americana,209 en especial ante importantes reiteraciones de la vul-
neración de este derecho, tanto en el ámbito interno como en el
internacional.
La Corte IDH se ha caracterizado en su jurisprudencia por ir
adaptándose a los reclamos que se van suscitando dentro de los
Estados que son parte de la Convención Americana y que recono-
cen su competencia contenciosa. El paso dado en el caso Lagos
del Campo vs. Perú210 es fundamental para entender las dinámicas
sociales a nivel interno, pues permiten que los derechos sociales
que no fueron contemplados como justiciables por el Protocolo de
San Salvador ahora tengan una vía por la cual se pueda evaluar
si el Estado ha incumplido sus obligaciones generales de respeto,
garantía, no discriminación, adecuación de derecho interno o pro-
gresividad (y, por supuesto, la no regresividad).211
Un segundo rasgo de este fallo que suele pasar desapercibido
es que el tribunal interamericano no sólo se pronuncia en relación
con el derecho a la estabilidad laboral, sino que, además, desdobla
una segunda faceta del derecho al trabajo: el derecho de los traba-
jadores a asociarse para la defensa de sus intereses. Este segundo
derecho es de especial relevancia, ya que en el marco del Proto-
colo de San Salvador únicamente se protege la asociación para la
209
Ibidem, párrs. 134 y 139.
210
El caso se relacionaba con el despido del señor Alfredo Lagos del Campo el
26 de junio de 1989, como consecuencia de manifestaciones realizadas, siendo
presidente del Comité Electoral de la Comunidad Industrial de la empresa Ceper-
Pirelli.
211
En el caso Acevedo Buendía, la Corte IDH señaló que “100. Asimismo, resul-
ta pertinente observar que si bien el artículo 26 se encuentra en el capítulo III de
la Convención, titulado «Derechos Económicos, Sociales y Culturales», se ubica,
también, en la Parte I de dicho instrumento, titulado «Deberes de los Estados y
Derechos Protegidos» y, por ende, está sujeto a las obligaciones generales conte-
nidas en los artículos 1.1 y 2o. señalados en el capítulo I (titulado «Enumeración
de Deberes»), así como lo están los artículos 3o. al 25 señalados en el capítulo II
(titulado «Derechos Civiles y Políticos»)”.
102
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defensa de los intereses de las personas que formen sindicatos,
no así a otra forma de figuras como pasaba en el caso Lagos del
Campo (en donde la asociación no era un sindicado, sino que dicha
asociación estaba regulada como una “comunidad industrial”).
En la sentencia, la Corte IDH declara la violación al artículo 26
con temas relacionados en el ámbito laboral en dos vertientes: a) en
lo relativo a la estabilidad laboral y b) en lo concerniente a la asocia-
ción de trabajadores para la defensa y promoción de sus intereses;
temas que comentaremos a continuación.
1. El derecho a la estabilidad laboral
Sobre la primera vertiente —la violación de la estabilidad labo-
ral—, la Corte IDH en la sentencia reconoció
…la interdependencia e indivisibilidad existente entre los dere-
chos civiles y políticos, y los económicos, sociales y culturales,
[pues deben ser] entendidos integralmente y de forma conglo-
bada como derechos humanos, sin jerarquía entre sí y exigibles
en todos los casos ante aquellas autoridades que resulten com-
petentes para ello.212
Para el caso en concreto (derechos laborales), la Corte IDH usó
cuatro elementos para arribar a la conclusión de que se podían
proteger mediante el artículo 26 de la CADH.
En primer lugar, el tribunal observó el mandato plasmado en el
artículo 26, el cual se refiere a “derivar derechos de normas con-
tenidas en la Carta de la Organización de Estados Americanos”. En
la sentencia,213 la Corte IDH constató que los artículos 45.b y c,214
212
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 141.
213
Ibidem, párr. 143.
214
Artículo 45 de la Carta de la OEA: “Los Estados miembros, convencidos de
que el hombre sólo puede alcanzar la plena realización de sus aspiraciones dentro
de un orden social justo, acompañado de desarrollo económico y verdadera paz,
convienen en dedicar sus máximos esfuerzos a la aplicación de los siguientes
principios y mecanismos: …b) El trabajo es un derecho y un deber social, otorga
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46215 y 34.g216 de la Carta de la Organización de Estados America-
nos establecen que el trabajo es un derecho.
En segundo lugar, en la sentencia, la Corte IDH expresó que
“el artículo XIV de la Declaración Americana dispone que «[t]oda
persona tiene derecho al trabajo en condiciones dignas y a seguir
libremente su vocación»…”. Tal disposición resulta relevante para
definir el alcance del artículo 26, dado que “la Declaración Ameri-
cana, constituye, en lo pertinente y en relación con la Carta de la
Organización, una fuente de obligaciones internacionales”.217
En tercer lugar,218 el tribunal constató que a nivel internacional y
nacional se reconoce el derecho al trabajo como derecho autóno-
mo. Este corpus iuris internacional está conformado por: a) el Pac-
dignidad a quien lo realiza y debe prestarse en condiciones que, incluyendo un
régimen de salarios justos, aseguren la vida, la salud y un nivel económico de-
coroso para el trabajador y su familia, tanto en sus años de trabajo como en su
vejez, o cuando cualquier circunstancia lo prive de la posibilidad de trabajar; c) Los
empleadores y los trabajadores, tanto rurales como urbanos, tienen el derecho
de asociarse libremente para la defensa y promoción de sus intereses, incluyendo
el derecho de negociación colectiva y el de huelga por parte de los trabajadores, el
reconocimiento de la personería jurídica de las asociaciones y la protección de
su libertad e independencia, todo de conformidad con la legislación respectiva”.
215
Artículo 46 de la Carta de la OEA: “Los Estados miembros reconocen que,
para facilitar el proceso de la integración regional latinoamericana, es necesario
armonizar la legislación social de los países en desarrollo, especialmente en el
campo laboral y de la seguridad social, a fin de que los derechos de los trabaja-
dores sean igualmente protegidos, y convienen en realizar los máximos esfuerzos
para alcanzar esta finalidad”.
216
Artículo 34.g de la Carta de la OEA: “Los Estados miembros convienen en que
la igualdad de oportunidades, la eliminación de la pobreza crítica y la distribución
equitativa de la riqueza y del ingreso, así como la plena participación de sus pue-
blos en las decisiones relativas a su propio desarrollo, son, entre otros, objetivos
básicos del desarrollo integral. Para lograrlos, convienen asimismo en dedicar
sus máximos esfuerzos a la consecución de las siguientes metas básicas: …g)
Salarios justos, oportunidades de empleo y condiciones de trabajo aceptables
para todos”.
217
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, repara-
ciones y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr.
144. Cfr. Opinión Consultiva OC-10/89 del 14 de julio de 1989, serie A, núm.
10, párrs. 43 y 45. Interpretación de la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre en el marco del artículo 64 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos.
218
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 145.
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to Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;219
b) la Declaración Universal de Derechos Humanos;220 c) la Carta
Social de las Américas;221 d) el Protocolo Adicional a la Convención
Americana sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales;222
e) la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Dis-
criminación contra la Mujer;223 f) la Convención sobre los Derechos
219
Artículo 6.1: “Los Estados Parte en el presente Pacto reconocen el derecho
a trabajar, que comprende el derecho de toda persona a tener la oportunidad de
ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido o aceptado, y tomarán
medidas adecuadas para garantizar este derecho”.
220
Artículo 23: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de
su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección
contra el desempleo. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a
igual salario por trabajo igual. Toda persona que trabaja tiene derecho a una
remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia,
una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso
necesario, por cualesquiera otros medios de protección social”.
221
Artículo 8o.: “La promoción del trabajo decente, la reducción del desempleo
y del subempleo y la atención a los desafíos del trabajo informal son elementos
esenciales para alcanzar el desarrollo económico con equidad. El respeto de los
derechos de los trabajadores, la igualdad de oportunidades en el empleo y la me-
jora de las condiciones de trabajo son elementos esenciales para lograr la pros-
peridad. La cooperación y el diálogo social entre representantes de los gobiernos,
los trabajadores, empleadores y otras partes interesadas promueven una buena
gestión y una economía estable”.
222
Artículo 6o.: “Toda persona tiene derecho al trabajo, el cual incluye la opor-
tunidad de obtener los medios para llevar una vida digna y decorosa a través del
desempeño de una actividad lícita libremente escogida o aceptada. Los Estados
parte se comprometen a adoptar las medidas que garanticen plena efectividad al
derecho al trabajo, en especial las referidas al logro del pleno empleo, a la orien-
tación vocacional y al desarrollo de proyectos de capacitación técnico-profesional,
particularmente aquellos destinados a los minusválidos.
Artículo 7o.: Condiciones Justas, Equitativas y Satisfactorias de Trabajo, Los Es-
tados partes en el presente Protocolo reconocen que el derecho al trabajo al que se
refiere el artículo anterior, supone que toda persona goce del mismo en condiciones
justas, equitativas y satisfactorias, para lo cual dichos Estados garantizarán en sus
legislaciones nacionales, de manera particular: trabajo para lo cual se tendrán en
cuenta sus calificaciones, competencia, probidad y tiempo de servicio; d. la estabi-
lidad de los trabajadores en sus empleos, de acuerdo con las características de las
industrias y profesiones y con las causas de justa separación. En casos de despido
injustificado, el trabajador tendrá derecho a una indemnización o a la readmisión en
el empleo o a cualquier otra prestación prevista por la legislación nacional”.
223
Artículo 11.1: “Los Estados Parte adoptarán todas las medidas apropiadas
para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera del empleo a fin de ase-
gurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, los mismos derechos”.
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del Niño;224 g) la Carta Social Europea,225 y h) la Carta Africana
sobre los Derechos Humanos y de los Pueblos.226 En lo tocante al
ámbito nacional, señaló que
...[e]ntre las normas constitucionales de los Estados parte de la
Convención Americana que refieren de alguna forma a la protec-
ción del derecho al trabajo, se encuentran: Argentina (art. 14
bis), Bolivia (arts. 46 y 48), Brasil (art. 6o.), Colombia (art. 25),
Costa Rica (art. 56), Chile (art. 19), Ecuador (art. 33), El Salva-
dor (arts. 37 y 38), Guatemala (art. 101), Haití (art. 35), Hon-
duras (arts. 127 y 129), México (art. 123), Nicaragua (arts. 57 y
80), Panamá (art. 64), Paraguay (art. 86), Perú (art. 2o.), Repú-
blica Dominicana (art. 62), Surinam (art. 4o.), Uruguay (art. 36),
y Venezuela (art. 87).227
Finalmente, en cuarto lugar, la Corte IDH observó tanto la Cons-
titución Política de 1979 como la de 1993 de Perú y la ley laboral
al momento de los hechos, que reconocían explícitamente el dere-
cho a la estabilidad laboral.228
224
Artículo 32.2: “Los Estados Parte adoptarán medidas legislativas, adminis-
trativas, sociales y educacionales para garantizar la aplicación del presente ar-
tículo. Con ese propósito y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de
otros instrumentos internacionales, los Estados Parte, en particular: a) Fijarán
una edad o edades mínimas para trabajar; b) Dispondrán la reglamentación apro-
piada de los horarios y condiciones de trabajo; c) Estipularán las penalidades
u otras sanciones apropiadas para asegurar la aplicación efectiva del presente
artículo”.
225
Artículo 1o.: “Derecho al trabajo. Para garantizar el ejercicio efectivo del
derecho al trabajo, las Partes Contratantes se comprometen: 1. A reconocer
como uno de sus principales objetivos y responsabilidades la obtención y el man-
tenimiento de un nivel lo más elevado y estable posible del empleo, con el fin de
lograr el pleno empleo. 2. A proteger de manera eficaz el derecho del trabajador
a ganarse la vida mediante un trabajo libremente elegido. 3. A establecer o man-
tener servicios gratuitos de empleo para todos los trabajadores. 4. A proporcionar
o promover una orientación, formación y readaptación profesionales adecuadas”.
226
Artículo 15: “Todo individuo tendrá derecho a trabajar en condiciones justas
y satisfactorias, y recibirá igual paga por igual trabajo”.
227
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, nota al
pie 199.
228
Ibidem, párr. 138.
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Estos cuatro elementos los trajo a colación por el artículo 29
de la CADH (normas de interpretación) y aplicó los incisos b, c y d
para interpretar los alcances del artículo 26. Una vez que funda-
mentó las razones por las cuales el derecho al trabajo se encuentra
efectivamente contenido en el artículo 26 de la CADH, el tribunal
interamericano procedió a interpretar los alcances de la estabilidad
laboral conforme a la Observación General 18 del Comité DESC y
la Recomendación 143 de la OIT.229
En la sentencia, por primera vez, la Corte IDH permeó obliga-
ciones encaminadas a proteger un derecho social —eliminando
el enfoque de derechos civiles y políticos— y consideró que, en
principio, en materia laboral, en las relaciones entre particulares,
los Estados deben:
149. …: a) adoptar las medidas adecuadas para la debida regu-
lación y fiscalización de dicho derecho; b) proteger al trabajador
y trabajadora, a través de sus órganos competentes, contra el
despido injustificado; c) en caso de despido injustificado, reme-
diar la situación (ya sea, a través de la reinstalación o, en su
caso, mediante la indemnización y otras prestaciones previstas
en la legislación nacional). Por ende, d) el Estado debe disponer
de mecanismos efectivos de reclamo frente a una situación de
despido injustificado, a fin de garantizar el acceso a la justicia y
la tutela judicial efectiva de tales derechos.
De esta forma, se concluyó que efectivamente se había violado
el derecho a la estabilidad laboral del señor Lagos del Campo de-
bido a que la víctima había impugnado la decisión de su despido
ante los órganos competentes; no obstante, en segunda instancia
se concluyó que el despido se había dado bajo causas justificadas.
Dicha decisión fue recurrida ante diversas instancias internas sin
haber encontrado tutela, particularmente respecto de su derecho
a la estabilidad laboral, al alegarse causas injustificadas o caren-
tes de motivos para el despido y afectaciones al debido proceso.
Es decir, frente al despido arbitrario por parte de la empresa el
Estado no adoptó las medidas adecuadas para proteger la vulne-
229
Ibidem, párr. 148.
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ración del derecho al trabajo imputable a terceros.230 La Corte IDH
precisó que
…la estabilidad laboral no consiste en una permanencia irres-
tricta en el puesto de trabajo, sino de respetar este derecho, en-
tre otras medidas, otorgando debidas garantías de protección al
trabajador a fin de que, en caso de despido se realice éste bajo
causas justificadas, lo cual implica que el empleador acredite las
razones suficientes para imponer dicha sanción con las debidas
garantías, y frente a ello el trabajador pueda recurrir tal decisión
ante las autoridades internas, quienes verifiquen que las causa-
les imputadas no sean arbitrarias o contrarias a derecho.231
La Corte IDH finaliza este primer análisis de violación en relación
con el artículo 26, externando que
154. Finalmente, cabe señalar que la Corte ha establecido pre-
viamente su competencia para conocer y resolver controversias
relativas al artículo 26 de la Convención Americana, como parte
integrante de los derechos enumerados en la misma, respecto
de los cuales el artículo 1.1 confiere obligaciones generales de
respeto y garantía a los Estados… Asimismo, la Corte ha dis-
puesto importantes desarrollos jurisprudenciales en la materia, a
la luz de diversos artículos convencionales. En atención a estos
precedentes, con esta Sentencia se desarrolla y concreta una
condena específica por la violación del artículo 26 de la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos, dispuesto en el
Capítulo III, titulado Derechos Económicos, Sociales y Culturales
de este tratado.
2. El derecho de asociación para la defensa
y promoción de los intereses
de los trabajadores
En cuanto a la segunda vertiente —la asociación de los trabaja-
dores para la defensa y promoción de sus intereses—, la Corte IDH
230
Ibidem, párr. 151.
231
Ibidem, párr. 150.
108
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no es tan detallada como en lo relativo a la estabilidad laboral y se
pronuncia en el sentido de establecer que “esta Corte encuentra
que el ámbito de protección del derecho de libertad de asociación
en materia laboral no sólo se encuentra subsumido a la protección
de los sindicatos, sus miembros y sus representantes”,232 por lo que
“la protección que reconoce el derecho a la libertad de asociación
en el contexto laboral se extiende a organizaciones que, aun cuando
tengan una naturaleza distinta a la de los sindicatos, persigan fines
de representación de los intereses legítimos de los trabajadores”.233
Aun cuando el tribunal interamericano no hace el mismo ejerci-
cio de derivación en lo relativo a esta faceta del derecho al trabajo,
fue adecuada la inclusión y análisis bajo la óptica del artículo 26,
pues cuando el artículo 16 de la CADH (derecho de asociación)
contempla la “asociación laboral”, en el caso en concreto, esta
asociación tenía un fin específico: la promoción y defensa de los
intereses de los trabajadores; es decir, pueden existir situaciones
en las cuales también existan violaciones a la asociación laboral,234
pero donde el fin de esa asociación no sea la de promover y prote-
ger los intereses de los trabajadores. En el primer supuesto se pro-
tegería únicamente por el artículo 16, mientras que en el segundo
supuesto (cuando se tenga como finalidad la protección de los de-
rechos e intereses de los trabajadores) podría ser por los artículos
26 y 16 de la CADH, como sucedió en este caso.
No optar por esta visión integral hubiera creado distinciones en-
tre los trabajadores que forman parte de sindicatos y los que no,
mientras que en el primero se analizaría bajo la visión de un dere-
cho social (artículo 8.1.a) del Protocolo de San Salvador, por dis-
ponerlo el artículo 19.6 del Protocolo, en conjunción con el artículo
232
Ibidem, párr. 157.
233
Ibidem, párr. 158.
234
En otros casos, la Corte IDH ya ha extendido la protección del derecho de
asociación más allá de los casos de sindicatos; no obstante, lo particular de este
caso es la finalidad que llevaba la asociación: la promoción y defensa de sus
intereses, cuestión que no se había presentado en otros casos no sindicales. Cfr.
Caso Kawas Fernández vs. Honduras, fondo, reparaciones y costas, sentencia del
3 de abril de 2009, serie C, núm. 196 y Caso Yarce y otras vs. Colombia, excep-
ción preliminar, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 22 de noviembre de
2016, serie C, núm. 325.
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16 de la CADH,235 en el segundo supuesto, aun cuando tuvieran la
misma finalidad ambas asociaciones (promoción y defensa de los
intereses),236 sólo se hubiera aplicado el artículo 16 del Pacto de
San José. Afortunadamente, la Corte IDH opta por la visión integral
en el presente caso y trata a este tipo específico de asociación
como parte de un derecho social que se deriva del artículo 45, in-
ciso c, de la Carta de la OEA mediante el artículo 26 de la CADH.
De esta manera, concluye:
158. Sin embargo, la protección que reconoce el derecho a la
libertad de asociación en el contexto laboral se extiende a or-
ganizaciones que, aun cuando tengan una naturaleza distinta a
la de los sindicatos, persigan fines de representación de los in-
tereses legítimos de los trabajadores. Esta protección deriva del
propio artículo 16 de la Convención Americana, el cual protege la
libertad de asociación con fines de cualquier índole, así como de
otros instrumentos internacionales, que reconocen una protec-
ción especial a la libertad de asociación con fines de protección
de los intereses de los trabajadores, sin especificar que esta pro-
235
La Corte IDH señaló además que “157 …incluso, la importancia que los
Estados le han reconocido a los derechos sindicales se refleja en el hecho de que
el artículo 19 del Protocolo de San Salvador le confiere a esta Corte competencia
para pronunciarse sobre violaciones a la obligación del Estado de permitir que los
sindicatos, federaciones y confederaciones funcionen libremente”. Caso Lagos del
Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 157.
236
Si analizamos conjuntamente el artículo 45.c de la Carta de la OEA y el
artículo 8.1.a, podemos ver que lo único que varía es el “sujeto” al que se pro-
tege, pues en ambos casos la finalidad es la misma: la promoción o defensa
de los derechos de las personas que se asocian. Al respecto: 45. c) Carta de la
OEA: Los empleadores y los trabajadores, tanto rurales como urbanos, tienen el
derecho de asociarse libremente para la defensa y promoción de sus intereses,
incluyendo el derecho de negociación colectiva y el de huelga por parte de los
trabajadores, el reconocimiento de la personería jurídica de las asociaciones y la
protección de su libertad e independencia, todo de conformidad con la legisla-
ción respectiva. Artículo 8.1.a: Derechos Sindicales del Protocolo de San Salvador
1. Los Estados parte garantizarán: a. el derecho de los trabajadores a organizar
sindicatos y a afiliarse al de su elección, para la protección y promoción de sus
intereses. Como proyección de este derecho, los Estados parte permitirán a los
sindicatos formar federaciones y confederaciones nacionales y asociarse a las ya
existentes, así como formar organizaciones sindicales internacionales y asociarse
a la de su elección. Los Estados parte también permitirán que los sindicatos, fe-
deraciones y confederaciones funcionen libremente”.
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tección se restrinja al ámbito sindical. En este sentido, el propio
artículo 26 de la Convención Americana, que se deriva de las
normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultu-
ra, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Ame-
ricanos, reconoce el derecho de los empleadores y trabajadores
de asociarse libremente para la defensa y promoción de sus in-
tereses, y el Preámbulo de la Carta Democrática Interamericana
reconoce que el derecho de los trabajadores de asociarse para
la defensa y promoción de sus intereses es fundamental para la
plena realización de los ideales democráticos [cursivas añadido].
En cuanto a las reparaciones, dado que la Corte IDH ahora en-
foca la violación hacia el derecho al trabajo, la reparación gira en
torno al derecho declarado violado,237 y considera el tribunal que
“con motivo de las violaciones fijadas, derivadas del despido arbi-
trario, la vulneración de la estabilidad laboral y la subsecuente des-
protección judicial, el señor Lagos del Campo perdió la posibilidad
de acceder a una pensión y beneficios sociales”.238
III. Justiciabilidad directa desde el artículo
26 de la Convención Americana
1. El momento procesal para la alegación
del derecho social
Con posterioridad a 2017, la Corte IDH fue la que impulsó la jus-
ticiabilidad de los derechos sociales en sus primeras decisiones
237
Si bien la Corte IDH en su jurisprudencia constante ha dado reparaciones en-
focadas a la naturaleza económica, social, cultural o ambiental, ahora en realidad
lo que se hace es que el fondo de lo decidido guarde plena congruencia con lo
que ordena reparar.
238
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 216.
La Corte IDH expuso que “153. En vista de lo anterior, la Corte concluye que, con
motivo del despido arbitrario del señor Lagos del Campo, se le privó de su empleo
y demás beneficios derivados de la seguridad social, ante lo cual el Estado perua-
no no tuteló el derecho a la estabilidad laboral, en interpretación del artículo 26
de la Convención Americana, en relación con los artículos 1.1, 13, 8 y 16 de la
misma, en perjuicio del señor Lagos del Campo”.
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mediante el uso de la figura de iura novit curia, que no es extraña
en la jurisprudencia de la Corte Interamericana.
Un supuesto en donde la Corte IDH no ha tenido que recurrir al
principio iura novit curia es cuando la Comisión alega la vulnera-
ción del derecho durante la audiencia pública, como sucedió en el
caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala (ya que en su informe
de fondo no fue incluida la vulneración de dicho artículo, ya que el
informe había sido adoptado con anterioridad al cambio jurispru-
dencial de la Corte IDH).239
Recientemente, la Corte IDH, de manera implícita, ha creado
una regla procesal para entrar a analizar una posible violación a
los derechos sociales desde el artículo 26, esto es: que le alega-
ción del referido artículo sea realizado en el “escrito de solicitudes,
argumentos y pruebas (ESAP)”, que es el primer documento que
las víctimas/ representantes hacen llegar a la Corte IDH con pos-
terioridad a la notificación del caso a las partes. Esta regla quedó
plasmada en la jurisprudencia de la Corte IDH en el caso Martínez
Esquivia vs. Colombia, en donde la representación presentó de ma-
nera extemporánea el ESAP.240 La falta de alegación en el ESAP del
artículo 26 ha sido reiterada en casos recientes.241
Sin embargo, aunque por un periodo de tiempo se siguió una
tendencia a únicamente pronunciarse sobre algún DESCA cuando
hubiera sido alegado por la Comisión Interamericana o en el ESAP,
lo cierto es que resulta discrecional e imprevisible el uso de la figu-
ra del iura novit curia para poder abordar un derecho social que no
hubiera sido alegado durante el trámite,242 pareciera que la Corte
239
Véase audiencia pública del caso, disponible en: [Link]
60394.
240
Caso Martínez Esquivia vs. Colombia, excepciones preliminares, fondo y repa-
raciones, sentencia del 6 de octubre de 2020, serie C, núm. 412, párr. 8.
241
Véase en donde se encontraba inmerso y presentaba diversas similitudes a
diversos casos peruanos de ejecución de sentencias: Caso Profesores de Chaña-
ral y otras municipalidades vs. Chile, excepción preliminar, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 10 de noviembre de 2021, serie C, núm. 443.
242
Por ejemplo, en el caso Rodríguez Revolorio y otro vs. Guatemala, el juez Sie-
rra Porto expresó su extrañeza en su voto al caso en relación con la Corte IDH que
no había invocado la violación al artículo 26, cuando en dos casos que se deci-
dieron en el mismo intervalo de tiempo, si se había analizado (casos Hernández y
ANCEJUB-SUNAT). El caso Revolorio, en términos generales, contemplaba hechos
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IDH invoca la figura del iura novit curia cuando se percata de que
en su jurisprudencia no existe un precedente similar.
2. Derecho al trabajo
La Corte IDH ha indicado, retomando lo señalado por el Comité
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en su Observación
General 18 sobre el derecho al trabajo, que este mismo “implica el
derecho a no ser privado injustamente del empleo”.243
Igualmente, precisó:
…la estabilidad laboral no consiste en una permanencia irres-
tricta en el puesto de trabajo, sino de respetar este derecho, en-
tre otras medidas, otorgando debidas garantías de protección al
trabajador a fin de que, en caso de despido se realice éste bajo
causas justificadas, lo cual implica que el empleador acredite las
razones suficientes para imponer dicha sanción con las debidas
garantías, y frente a ello el trabajador pueda recurrir tal decisión
ante las autoridades internas, quienes verifiquen que las causa-
les imputadas no sean arbitrarias o contrarias a derecho.244
Los primeros tres casos que la Corte IDH resolvió con la activa-
ción de la justiciabilidad directa de los DESCA mediante el artículo
26 fueron casos relativos al derecho al trabajo (aunque la Corte
IDH en sus sentencias conceptualiza el “derecho a la estabilidad
laboral”).
El primer caso, como se mencionó, fue el caso del señor Lagos
del Campo, en el referido caso —dentro de un contexto de rela-
relativos a condiciones carcelarias y en donde se encontraban involucrados la po-
sible lesión al derecho a la salud y a la alimentación. El juez Sierra expresó: “III. La
no aplicación del principio iura novit curia en el presente caso 6. Precisamente por
el reciente deseo de activismo judicial que ha demostrado la mayoría de la Corte
en materia de DESCA es que llama tanto la atención que en el presente caso no
se hayan analizado las violaciones ocurridas en perjuicio de las víctimas desde la
perspectiva del derecho a la salud y el derecho a la alimentación, y en cambio se
haya hecho desde la perspectiva del derecho a la integridad personal…”.
243
Caso Lagos del Campo vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas, sentencia del 31 de agosto de 2017, serie C, núm. 340, párr. 147.
244
Ibidem, párr. 150.
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ciones laborales entre particulares— la Corte IDH consideró que el
despido que había sufrido la víctima por las denuncias que realizó
a nivel interno de la empresa en donde laboraba no fue justificado.
En este sentido, la Corte Interamericana también estimó que, en-
tre otros, no se habían valorado los alegatos de defensa de la vícti-
ma, lo cual no fue corregido en las diversas instancias de justicia, y
el recurso de amparo no se pronunció sobre los derechos sustan-
tivos (constitucionales) alegados por el señor Lagos del Campo, al
considerar que era cosa juzgada; por tanto, la Corte IDH consideró
que el Estado violó los artículos 8.1 y 25.1 de dicha Convención
en relación con el artículo 1.1 de la misma. En este caso, cuan-
do la Corte IDH protegió el derecho a la estabilidad laboral por la
falta de justificación en cuanto al despido, lo hizo desde una pers-
pectiva de la obligación que tienen los Estados de garantizar que
los recursos judiciales protejan los derechos sustantivos, como en
este caso lo era el derecho al trabajo.245
En el segundo caso que la Corte conoció sobre la protección
del derecho al trabajo fue en Trabajadores Cesados de Petroperú
y otros vs. Perú. A diferencia del caso del señor Lagos, en este
segundo caso la Corte IDH encontró que el contexto en el que las
víctimas sufrieron los despidos había sido desde el sector público.
Adicionalmente, la Corte IDH, al igual que el caso Lagos del Cam-
po, analizó la falta de respuesta judicial ante los despidos injustifi-
cados, por lo que también analizó el derecho desde la perspectiva
de la obligación de garantía.246
El tercer caso fue el de San Miguel Sosa y otras, en el cual
la Corte IDH analizó el despido que habían sufrido las tres vícti-
mas por razones de discriminación política (en el caso en concreto
por firmar el mandato revocatorio del entonces presidente Hugo
Chávez). En este caso la Corte IDH analizó, a diferencia de los otros
dos casos previos, que las violaciones constatadas en la sentencia
(particularmente la discriminación por posición política y el impacto
en los derechos políticos) “tenían un mismo hecho generador” que
245
Ibidem, párr. 141-154.
246
Caso Trabajadores Cesados de Petroperú y otros vs. Perú, excepciones preli-
minares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 23 de noviembre de 2017,
serie C, núm. 344, párr. 193.
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era el despido del sector público de las tres víctimas.247 La diferencia
de este caso con el de Petroperú es que aunque las tres víctimas
pertenecían al sector público, éstas eran contratadas por periodos
temporales cuyos contratos se habían renovado durante un periodo
largo.
En 2021 esta línea de jurisprudencia se vio robustecida con el
caso Palacio Urrutia y otros vs. Ecuador. En el caso, la Corte IDH
resolvió que se había vulnerado el derecho al trabajo de un periodis-
ta (el señor Palacio Urrutia), debido a que derivado de un proceso
penal y la eventual condena en contra de la referida víctima tras la
publicación de un artículo y las circunstancias que rodearon dicho
proceso, que incluyeron un contexto de confrontación y conflictivi-
dad con el entonces presidente (Correa), provocaron que el señor
Palacio Urrutia renunciara a su trabajo como periodista en el diario
en que laboraba. Por las mismas razones, la Corte consideró que
las posibilidades para el ejercicio de la profesión de periodista del
señor Palacio Urrutia se vieron afectadas con posterioridad a su
renuncia debido a su imposibilidad de obtener empleo en Ecuador
por el chilling effect que provocó el proceso en su contra y la nece-
sidad de abandonar el país para vivir en Estados Unidos.248 Aunque
es muy loable este caso, hay que tener ciertas reservas con este
precedente, pues la Corte IDH únicamente concluye la violación por
la declaración de la víctima sin exigir mayor acervo probatorio.249
En el caso Pavez Pavez, la Corte consideró que debido a que el
certificado de idoneidad (otorgado por el arzobispado) le fue retirado
para impartir clases de religión en escuelas públicas por motivos de
orientación sexual y su reasignación en las funciones docentes que
realizaba (pasando de ser maestra de religión a funciones de inspec-
ción en el ámbito educativo), constituyó una “no protección de la
vocación”, que se encuentra protegida por el derecho al trabajo.250
247
Caso San Miguel Sosa y otras vs. Venezuela, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 8 de febrero de 2018, serie C, núm. 348, párrs. 108 y 109.
248
Caso Palacio Urrutia y otros vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas, sen-
tencia del 24 de noviembre de 2021, serie C, núm. 446, párrs. 159 y 160.
249
Ibidem, párrs. 157-160.
250
Caso Pavez Pavez vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 4 de
febrero de 2022, serie C, núm. 449, párr. 140.
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En el caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala
(2021), el tribunal estableció que el despido de 65 personas fue
violatorio del derecho al trabajo, pues no se garantizó: 1) el dere-
cho a ser oído, 2) el derecho a conocer previamente la acusación y
a contar con el tiempo y medio para preparar su defensa y 3) en el
caso, el Estado había creado múltiples obstáculos que impidieron
realizar efectivamente la huelga.251
Por otro lado, en el caso de la Federación Nacional de Traba-
jadores Marítimos y Portuarios (Femapor) vs. Perú, derivado de la
falta de ejecución de una sentencia interna, el tribunal interame-
ricano determinó que hubo una violación del plazo razonable en
la ejecución de ese fallo, que reconocía que el Estado no había
pagado a 2,309 trabajadores los pagos adeudados; lo anterior, a
criterio de la Corte IDH, tenía un impacto en el derecho al cobro
íntegro de sus remuneraciones, lo cual también impactaba en el
derecho al trabajo.252
En 2022, en Guevara Díaz vs. Costa Rica, se declaró la respon-
sabilidad internacional del Estado por la discriminación en el proce-
so de contratación en el empleo en contra de la víctima, debido a
que ésta tenía una discapacidad intelectual. En el caso, el Estado
no aportó ninguna justificación objetiva y razonable que respaldara
esta diferencia de trato para no contratar a la víctima aun cuando
ésta había ganado el concurso para el puesto.253
De igual manera, en 2022 se conocieron los casos Mina Cuero
(relativo a una víctima) y Benites Cabrera y otros (relativo a 184
víctimas). Ambos casos tienen en común que la Corte IDH declaró
al vulneración del derecho al trabajo en el marco del derecho con-
templado en el artículo 23.1.c): el derecho al acceso a los cargos
públicos en condiciones generales de igualdad. En el primer caso, la
responsabilidad internacional se generó debido a que el señor Mina
251
Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones pre-
liminares, fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie C,
núm. 445, párrs. 128-136.
252
Caso Federación Nacional de Trabajadores Marítimos y Portuarios (FEMA-
POR) vs. Perú, excepciones preliminares, fondo y reparaciones, sentencia del 1o.
de febrero de 2022, serie C, núm. 448, párrs. 107-111.
253
Caso Guevara Díaz vs. Costa Rica, fondo, reparaciones y costas, sentencia
del 22 de junio de 2022, serie C, núm. 453, párrs. 55-84.
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Cuero fue separado de su cargo (quien era policía al momento de
los hechos) mediante una resolución carente de motivación, lo que
afectó su derecho al trabajo.254 En el segundo caso, las 184 vícti-
mas fueron separadas arbitrariamente de sus cargos en el Congreso
debido a la aplicación de una política fujimorista denominada de
“racionalización”, y la cual creó obstáculos normativos que impidie-
ron reclamar dicha separación y, por ende, su derecho al trabajo.255
Especial mención merece este segundo caso, debido a que la Corte
IDH hace una distinción entre el contenido del artículo 23.1.c (acce-
so a la función pública) versus el artículo 26 (derecho al trabajo).256
254
Caso Mina Cuero vs. Ecuador, excepción preliminar, fondo, reparaciones y
costas, sentencia de 7 de septiembre de 2022, serie C, núm. 464, párr. 135.
255
Caso Benites Cabrera y otros vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 4 de octubre de 2022, serie C, núm. 465,
párr. 115.
256
En especial destacan los siguientes razonamientos del voto conjunto de los
jueces Ferrer Mac-Gregor Poistot y Mudrovitsch, expresados en los párrafos 39,
40 y 41: “39. …el derecho al trabajo desde el artículo 26 es mucho más amplio y
protege tanto las desvinculaciones o despidos arbitrarios en el empleo en el ám-
bito público como en el privado, tal como da cuenta la jurisprudencia de la Corte
IDH. Por ello, no se podrían subsumir los supuestos de violaciones al derecho al
trabajo en el contenido del artículo 23.1.c), ya que además de que el contenido
de cada derecho es distinto, resulta más amplia la protección del derecho al tra-
bajo al comprender los ámbitos público y privado, siendo que el derecho al acce-
so a una función pública (cargo público), se limita al primero de ellos. 40. Como
segundo aspecto diferenciador entre los artículos 23.1.c) y 26, se debe precisar
el ámbito de protección en el que impacta el contenido de este derecho. Mien-
tras que el artículo 23.1.c) se centra en: i) la posibilidad (acceso), ii) una vez
teniendo este acceso, a la permanencia en el cargo y iii) una vez teniendo acceso
y permanencia en el cargo, cualquier separación se realice conforme a causales
establecidas y conforme a las garantías del debido proceso; el derecho al trabajo
contenido en el artículo 26 protege otros componentes además de la estabilidad
laboral, como lo son: el salario, aceptar o decidir libremente un trabajo, acceso un
sistema de protección que le garantice a cada trabajador el acceso a un empleo,
la dignidad del empleo, la posibilidad de constituir sindicatos, las condiciones so-
bre las cuales se puede ejercer (condiciones justas, equitativas, satisfactorias, de
salud e higiene), o bien la vocación para ejercer un trabajo. …y 41. Como tercer
aspecto, mientras que el derecho contenido 23.1.c está enfocado principalmente
a tener un impacto en la sociedad, es decir, un ciudadano ocupa un cargo público
para servir a la sociedad en la medida que el posible deseo de esa persona es
acceder a dicho cargo para impactar en el «diseño, implementación, desarrollo y
ejecución de las políticas estatales a través de funciones públicas»; el derecho al
trabajo, por el contrario, está enfocado principalmente a su dimensión individual
(sin desconocer su importancia colectiva); ya que la esencia de este derecho
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Finalmente, se han agregado a la lista de casos laborales los
casos Casa Nina vs. Perú y Nissen Pessolani vs. Paraguay. En estos
casos la Corte IDH declaró la vulneración a la “estabilidad laboral”
de las víctimas debido a que su destitución como fiscales habían
sido realizadas de manera arbitraria. Lo anterior llevó a la Corte
IDH a declarar la vulneración del artículo 26, debido a que los
fiscales no sólo deben contar con “la garantía de la inamovilidad
en el cargo”, sino también con “la garantía de la estabilidad en el
empleo”257 al ser operadores de justicia.
3. Derecho a condiciones de trabajo equitativas
y satisfactorias que aseguren
la salud del trabajador
La Corte ha observado que como parte integrante del derecho
al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias se encuen-
tra “la prevención de accidentes y enfermedades profesionales”
como medio para garantizar la salud del trabajador,258 por lo que
“se refiere al derecho del trabajador a realizar sus labores en con-
—y de sus facetas— está encaminada a que el trabajador mediante su trabajo
consiga para sí condiciones de vida digna o en palabras del Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, el trabajo digno en última instancia
debe ofrecer «una renta que permite a los trabajadores vivir y asegurar la vida de
sus familias»”.
257
Caso Casa Nina vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 24 de noviembre de 2020, serie C, núm. 419, párr. 108.
258
Caso Spoltore vs. Argentina, excepción preliminar, fondo, reparaciones y cos-
tas, sentencia del 9 de junio de 2020, serie C, núm. 404, párr. 94. De Igual
manera, ha considerado que dicho derecho implica: 174. Tomando en cuenta los
hechos y particularidades del presente caso, la Corte concluye que este derecho
implica que el trabajador pueda realizar sus labores en condiciones adecuadas de
seguridad, higiene y salud que prevengan accidentes de trabajo, lo cual resulta
especialmente relevante cuando se trata de actividades que implican riesgos sig-
nificativos para la vida e integridad de las personas. Además, de forma particular,
a la luz de la legislación brasileña, este derecho implica la adopción de medidas
para la prevención y reducción de riesgos inherentes al trabajo y de accidentes
laborales; la obligación de proveer equipos de protección adecuados frente a los
riesgos derivados del trabajo; la caracterización, a cargo de las autoridades de
trabajo de la insalubridad e inseguridad en el trabajo; y la obligación de fiscalizar
estas condiciones, también cargo de las autoridades laborales. Caso de los Em-
pleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio de Jesus y sus familiares vs.
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diciones que prevengan accidentes de trabajo y enfermedades
profesionales”.259
Durante 2020 se resolvieron los casos Spoltore vs. Argentina,
y Empleados de la Fábrica de Fuegos en Santo Antônio de Jesus y
sus familiares vs. Brasil, que involucran otra faceta del derecho al
trabajo, relativa a las “condiciones de trabajo equitativas y satis-
factorias”.
En el primero de los casos se abordó en cómo la demora del
procedimiento laboral tuvo un impacto en la víctima en su dere-
cho al acceso a la justicia, que tenía como finalidad una eventual
indemnización por una posible enfermedad laboral. En el análisis
del caso se tuvo en consideración la aceptación de responsabili-
dad del Estado respecto de la demora del procedimiento y que la
víctima tenía una discapacidad.260
El segundo caso —relacionado con la explosión de una fábrica
de fuegos artificiales en la que murieron sesenta personas y seis so-
brevivieron (mujeres y niños)—, se desarrolla el contenido sustan-
cial y obligacional de las “condiciones equitativas y satisfactorias”
que garanticen “la seguridad, la salud y la higiene en el trabajo”. En
la sentencia, la Corte IDH atribuyó la responsabilidad internacional
al Estado, debido a que los hechos ocurrieron sin que éste
...ejerciera ninguna labor de supervisión o fiscalización orientada
a verificar las condiciones laborales de quienes se desempeña-
ban en la fábrica de fuegos, ni emprendiera acción alguna orien-
tada a prevenir accidentes pese a que la actividad desplegada
en la fábrica era caracterizada por la normatividad como espe-
cialmente peligrosa.261
Brasil, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 15
de julio de 2020, serie C, núm. 407.
259
Caso Spoltore vs. Argentina, excepción preliminar, fondo, reparaciones y cos-
tas, sentencia del 9 de junio de 2020, Serie C, núm. 404, párr. 99.
260
Ibidem, párr. 102.
261
El caso es también importante a la luz de la temática de empresas y derechos
humanos. Al respecto, véanse los Principios Rectores de Naciones Unidas sobre
las Empresas y los Derechos Humanos, UN Doc. A/HRC/17/31, 16 de junio de
2011, así como CIDH/REDESCA, Informe sobre Empresas y Derechos Humanos.
Estándares Interamericanos, OEA/Ser.L/V/II CIDH/REDESCA/INF.1/19, 1, noviem-
bre de 2019.
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Finalmente, en 2021, la Corte Interamericana en el caso de los
Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, con base en
el acuerdo de solución amistosa realizado por el Estado, estimó
a partir de los hechos probados, que la totalidad de las víctimas
trabajaban en condiciones de precariedad, insalubridad y hacina-
miento, a bordo de embarcaciones que no reunían los estándares
de seguridad para la realización de una actividad peligrosa como
lo era el buceo a pulmón (sin equipo). Estas embarcaciones no
reunían las condiciones que permitieran evitar o prevenir acciden-
tes de trabajo. Asimismo, la Corte IDH advirtió que los buzos no
recibieron entrenamiento por parte del empleador sobre las medi-
das de seguridad en el ejercicio de la actividad de pesca submari-
na; de igual modo, los equipos que utilizaron para la realización
de dicha actividad eran deficientes; además, no tuvieron una ali-
mentación adecuada mientras se encontraban en las embarca-
ciones y, por último, sufrieron amenazas por parte de los capita-
nes de los barcos.262
4. Derecho a la salud
La Corte IDH ha estimado que la salud es un derecho humano
fundamental e indispensable para el ejercicio adecuado de los de-
más derechos humanos. Todo ser humano tiene derecho al disfrute
del más alto nivel posible de salud que le permita vivir dignamente,
entendida la salud no sólo como la ausencia de afecciones o enfer-
medades, sino también a un estado completo de bienestar físico,
mental y social, derivado de un estilo de vida que permita alcanzar
a las personas un balance integral. El tribunal ha precisado que la
obligación general se traduce en el deber estatal de asegurar el ac-
ceso de las personas a servicios esenciales de salud, garantizando
una prestación médica eficaz y de calidad, así como de impulsar el
mejoramiento de las condiciones de salud de la población.263
262
Caso de los Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, sentencia
del 31 de agosto de 2021, serie C, núm. 432, párr. 76.
263
Caso Poblete Vilches y otros vs. Chile, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 8 de marzo de 2018, serie C, núm. 349, párr. 118.
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El primer caso en el que la Corte IDH decidió la vulneración del
derecho a la salud fue en el caso Poblete Vilches y otros, en don-
de analizó la violación de obligaciones de carácter inmediato ante
la situación de urgencia que vivió el señor Poblete en sus dos in-
gresos en un hospital público chileno. En particular, la Corte IDH
estimó, también, que se violaba el derecho a la salud por la falta
de obtención del consentimiento por sustitución, y agregó que de-
rechos como el acceso a la información son derechos que ante un
derecho social pueden mutar. Es decir, pasan de “ser un derecho”
a “una garantía” para ser el vehículo del derecho social en cues-
tión, en este caso el “derecho al acceso a la información” mutó a
“la accesibilidad de la información del derecho a la salud”.264
El segundo caso en donde el tribunal interamericano abordó el
derecho a la salud fue el de Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala,
en donde analizó este derecho respecto de 49 personas infectadas
con VIH. La Corte IDH analizó la violación del derecho a la salud en
dos grandes vertientes: 1) lo relacionado con la falta de tratamien-
to médico, y 2) el impacto que había tenido la atención deficiente
de salud para el caso de mujeres embarazadas con VIH.
En cuanto al primer componente, la sentencia seccionó en dos
periodos temporales el análisis: 1) antes de 2004, y 2) después de
2004. En cuanto al primer momento, la Corte estimó que dado que
el Estado no había provisto tratamiento con anterioridad al 2004
pese a la existencia de legislación interna que obligaba a ello, vio-
laba la obligación de progresividad (por la inacción del Estado) con-
templada en el artículo 26 de la CADH. Por otro lado, con poste-
rioridad a 2004, periodo en el cual el Estado comenzó a proveer
tratamiento médico a pacientes con VIH, el tribunal interamericano
consideró que no se habían garantizado los elementos esenciales
e interrelacionados del derecho a la salud (a saber: accesibilidad,
disponibilidad, aceptabilidad y calidad). En cuanto al impacto que
había tenido la atención deficiente de salud en las mujeres em-
barazadas con VIH, el tribunal interamericano analizó la referida
vulneración desde una óptica de la discriminación interseccional
por la confluencia de diversos factores; ello, debido a que no se les
264
Ibidem, párrs. 100 y ss.
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habían practicado a algunas de ellas tratamientos preventivos de
transmisión del VIH a sus hijos.265
En tercer lugar, en el caso Hernández vs. Argentina se declaró
la responsabilidad internacional del Estado debido a que no había
garantizado una adecuada atención médica del señor Hernández
por sus padecimientos relacionados con la tuberculosis mientras
estuvo privado de la libertad, aun frente a las denuncias de su ma-
dre, así como órdenes judiciales que indicaban su pronta atención,
las cuales no se ejecutaron de manera adecuada para proteger su
derecho.266
En el caso Guachalá Chimbo y otros vs. Ecuador, la Cor-
te IDH determinó que el Estado no tomó ninguna medida para
apoyar al señor Guachala Chimbo para que pudiera prestar su
consentimiento informado para la internación y el tratamiento a
los que fue sometido en el hospital Julio Endara. Esta falta de
consentimiento constituyó una negación de su autonomía como
persona y de su capacidad de tomar decisiones respecto a sus
derechos. Por otra parte, a la señora Chimbo tampoco se le explicó
el diagnóstico de su hijo, cuál sería el tratamiento, su objetivo, el
método ni los posibles riesgos del mismo. Tampoco fueron seña-
ladas otras alternativas al tratamiento propuesto. Además, la le-
gislación aplicable no incluía la obligación de brindar los apoyos
necesarios a las personas con discapacidad al momento de tomar
decisiones. Todo lo anterior, a criterio de la Corte IDH, vulneró el
derecho a la salud.267
En el caso de los Buzos Miskitos, a partir del reconocimiento
efectuado por el Estado, el tribunal advirtió que ninguna de las 34
víctimas que sufrieron accidentes de buceo fue llevada de mane-
ra inmediata por los capitanes de las embarcaciones en las que
trabajaban para recibir atención médica; además, esta situación
265
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
párrs. 103 y ss.
266
Caso Hernández vs. Argentina, excepción preliminar, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 22 de noviembre de 2019, serie C, núm. 395, párrs. 62
y ss.
267
Caso Guachalá Chimbo y otros vs. Ecuador, fondo, reparaciones y costas,
sentencia del 26 de marzo de 2021, serie C, núm. 423, 110 y ss.
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ocurrió sin que el Estado realizara acciones de inspección para ve-
rificar que los buques contaran con condiciones para otorgar una
atención médica inmediata en la embarcación a pesar de que la
normativa interna aplicable establecía la obligación de que así fue-
ra.268 Por otro lado, respecto de personas que sobrevivieron a los
accidentes de buceo (quienes adquirieron una discapacidad), el
tribunal interamericano identificó que la omisión del Estado en dar
una atención médica especial para la rehabilitación de las víctimas
constituyó un incumplimiento de la obligación de garantizar el de-
recho a la salud conforme a los principios de accesibilidad y calidad
de los servicios de salud.269
En 2021, la Corte IDH también conoció del caso Vera Rojas
y otros vs. Ecuador, en donde el tribunal interamericano analizó
cómo el retiro de la hospitalización domiciliaria de Martina Vera, la
cual era necesaria para su adecuado tratamiento médico, impac-
taba tanto en el derecho a la seguridad social como en la dismi-
nución de la atención médica, que por la propia naturaleza de la
enfermedad que padecía al momento de los hechos era necesaria.
En este caso, aunque también se aborda el derecho a la seguridad
social, dada la intrínseca relación de las violaciones (salud-segu-
ridad social) es necesario mencionar este caso en este apartado
(recordando que parte de los servicios de la seguridad social es la
prestación de atención médica).
En este sentido, la Corte IDH determinó que aunque las viola-
ciones en el presente caso cesaron y fueron reparadas por una
decisión interna, en virtud de la cual se ordenó la restitución del
tratamiento domiciliario a favor de Martina y el pago de los gastos
realizados por sus padres, así como por la modificación de la nor-
ma que permitió la exclusión del tratamiento domiciliario (aplica-
ción del principio de complementariedad), la Corte IDH consideró
que el hecho ilícito internacional no cesó en su totalidad ni fue
reparado integralmente, toda vez que con posterioridad al restable-
cimiento de la atención médica domiciliaria los padres de Martina
experimentaron una constante conflictividad con la aseguradora,
268
Caso de los Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, sentencia
del 31 de agosto de 2021, serie C, núm. 432, párr. 92.
269
Ibidem, párr. 95.
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debido al servicio de salud recibido para su hija, lo cual demostró
que el riesgo para los derechos de Martina persistió aún después
de la decisión interna y la modificación normativa. Por lo tanto, se
concluyó que el Estado era internacionalmente responsable por la
violación de los derechos, entre otros, a la salud y a la seguridad
social en perjuicio de Martina Vera.270
Si analizamos con cuidado los argumentos de la Corte IDH en el
fallo, la aplicación del principio de complementariedad sí operaba
en favor del derecho a la seguridad social, es decir, ese derecho
no se debió declarar como violado. La angustia que experimenta-
ban los padres en relación con el estado de Martina tenía que ver
con el derecho a la salud estrictamente (lo cual sí es plausible de
responsabilidad internacional). El derecho a la seguridad social —y
me atrevo a decir que el derecho a la salud— estaban garantizados
inclusive con anterioridad a la decisión de la Corte Interamericana,
lo cual se ve corroborado con el hecho de que al día de hoy Martina
sigue con vida. En suma, la declaratoria de responsabilidad inter-
nacional fue incensaria.
En la OC-29 sobre enfoques diferenciados referente a las per-
sonas privadas de la libertad, la Corte IDH señaló en relación con
las niñas, los niños y los adolescentes,271 así como de las personas
mayores272 que viven en los centros de detención, que se debe
garantizar su derecho a la salud. Para las personas trans privadas
de la libertad, los Estados deben garantizar el derecho a la salud
en los procesos de inicio o continuación en sus procesos de tran-
sición.273
En la misma OC, la Corte IDH consideró que en el marco de este
derecho “los Estados deben realizar un examen médico integral de
270
Caso Vera Rojas y otros vs. Chile, excepciones preliminares, fondo, repara-
ciones y costas, sentencia del 1o. de octubre de 2021, serie C, núm. 439, párrs.
147-149.
271
Opinión Consultiva OC-29/22 del 30 de mayo de 2022, Serie A, núm. 29,
párrs. 85. 209-212. Enfoques diferenciados respecto de determinados grupos
de personas privadas de la libertad (interpretación y alcance de los artículos 1.1,
4.1, 5o., 11.2, 12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los
derechos humanos).
272
Ibidem, párrs. 85, 362-378.
273
Ibidem, párrs. 266-270.
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las personas privadas de libertad tan pronto como sea posible a su
entrada a los centros penitenciarios, el cual debe ser realizado por
personal médico que no tenga vínculos con las autoridades peni-
tenciarias”. Esta atención médica debe ser gratis y de calidad.274
Finalmente, se encuentra el caso Valencia Campos y otros vs.
Ecuador, en el cual, en un contexto de detenciones y uso de la
fuerza por parte de agentes policiales, a criterio de la Corte IDH se
generaron vulneraciones en el derecho a la salud.
En el caso, la Corte despliega cuatro grupos de hechos que afec-
taron ese derecho: 1) una de las víctimas que se encontraba en
detención domiciliaria no recibió el tratamiento requerido, lo cual
agravó su estado de salud; además, esa misma víctima fue objeto
de lesiones físicas y psicológicas durante la detención; 2) una de
las víctimas durante el momento de la detención tuvo lesiones y no
recibió tratamiento médico sino hasta después de cuatro horas de
efectuada la detención; 3) trece víctimas no tuvieron una inspec-
ción médico forense una vez detenidas, y 4) una de las víctimas
sufrió un aborto espontáneo debido a las lesiones físicas que le
fueron proferidas por agentes policiales.275
5. Derecho a la seguridad social
En el caso de la seguridad social (pensiones), la Corte IDH ha
precisado que las obligaciones del Estado en relación con el dere-
cho a la pensión son las siguientes:
— El derecho a acceder a una pensión luego de adquirida la
edad legal para ello y los requisitos establecidos en la norma-
tiva nacional, para lo cual deberá existir un sistema de segu-
ridad social que funcione y garantice las prestaciones. Este
sistema deberá ser administrado o supervisado y fiscalizado
por el Estado (en caso de que sea administrado por privados).
274
Ibidem, párr. 85.
275
Caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 18 de octubre de 2022, serie C, núm. 469,
párrs. 236 y 243.
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— Garantizar que las prestaciones sean suficientes en importe
y duración, que permitan al jubilado gozar de condiciones de
vida adecuadas y de acceso suficiente a la atención de salud
sin discriminación.
— Debe haber accesibilidad para obtener una pensión, es decir,
que se deberán brindar condiciones razonables, proporciona-
das y transparentes para acceder a ella. Asimismo, los costos
de las cotizaciones deben ser asequibles, y los beneficiarios
deben recibir información sobre el derecho de manera clara y
transparente, especialmente si se tomara alguna medida que
pueda afectar el derecho, como por ejemplo la privatización
de una empresa.
— Las prestaciones por pensión de jubilación deben ser garanti-
zadas de manera oportuna y sin demoras tomando en consi-
deración la importancia de este criterio en personas mayores.
— Se deberá disponer de mecanismos efectivos de reclamo
frente a una violación del derecho a la seguridad social, con
el fin de garantizar el acceso a la justicia y la tutela judicial
efectiva, lo cual abarca también la concretización material
del derecho a través de la ejecución efectiva de decisiones
favorables dictadas a nivel interno.276
En el caso Muelle Flores, la Corte IDH analizó el impacto que
había tenido la falta de ejecución de dos sentencias de amparo
que habían reconocido el derecho a favor de la víctima, lo que se
traducía como una violación del deber de garantizar el derecho. En
el caso, la Corte IDH estimó que la referida falta de ejecución había
tenido como consecuencia que no sólo se afectara la naturaleza
“alimentaria y sustitutiva del salario”, sino también el derecho a la
dignidad y a la integridad personal de la víctima.277
En similar sentido se analizó el caso Asociación Nacional de
Cesantes y Jubilados de la Superintendencia Nacional de Admi-
nistración Tributaria (ANCEJUB-SUNAT) vs. Perú, con la diferencia
276
Caso Muelle Flores vs. Perú, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas, sentencia del 6 de marzo de 2019, serie C, núm. 375, párr. 192.
277
Ibidem, párr. 167 y ss.
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de que ahora se veía involucrado el derecho a la pensión de 598
personas.278
En el caso de los Buzos Miskitos, el tribunal advirtió que la falta
de acceso a un sistema de salud que les proveyera servicios pre-
ventivos o curativos derivado ya sea de los accidentes laborales
o de las discapacidades generadas por el buceo a pulmón cons-
tituían una violación del derecho a la seguridad social. La omi-
sión total del Estado de garantizar a las víctimas del caso, acceso
a dicho sistema configuró un incumplimiento de sus obligaciones
conforme al principio de disponibilidad, en tanto existía una ca-
rencia total de seguridad social en la zona de donde las víctimas
practicaban buceo que les permitiera gozar de las prestaciones
correspondientes a los riesgos que surgían de la pesca por buceo.
Por otro lado, lesionaba la accesibilidad, en tanto las víctimas no
se encontraban cubiertas por el sistema de seguridad social, pues
trabajaban en una situación de informalidad, ya que no tenían con-
tratos de trabajo con las empresas pesqueras.279
6. Derecho al medio ambiente
La Corte IDH ha precisado que el derecho al medio ambien-
te sano como derecho autónomo, a diferencia de otros derechos,
protege los componentes del medio ambiente, tales como bos-
ques, ríos, mares y otros, como intereses jurídicos en sí mismos,
aun en ausencia de certeza o evidencia sobre el riesgo a las per-
sonas individuales. Se trata de proteger la naturaleza y el medio
ambiente no solamente por su conexidad con una utilidad para el
ser humano o por los efectos que su degradación podría causar en
otros derechos de las personas, como la salud, la vida o la integri-
dad personal, sino por su importancia para los demás organismos
278
Caso Asociación Nacional de Cesantes y Jubilados de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (ANCEJUB-SUNAT) vs. Perú, excepciones
preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 21 de noviembre de
2019, serie C, núm. 394, párrs. 151 y ss.
279
Caso de los Buzos Miskitos (Lemoth Morris y otros) vs. Honduras, sentencia
del 31 de agosto de 2021, serie C, núm. 432, párr. 97.
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vivos con quienes se comparte el planeta, también merecedores de
protección en sí mismos.280
En cuanto a esta temática, la Corte IDH se pronunció en la
Opinión Consultiva 23, en donde indicó que el derecho al medio
ambiente sano podía entenderse como uno de los derechos jus-
ticiables mediante el artículo 26 de la Convención Americana. En
términos generales, la Opinión puede seccionarse en tres grandes
bloques: 1) la jurisdicción en materia ambiental, 2) la relación de
otros derechos humanos con el derecho al medio ambiente, y 3) las
obligaciones en materia ambiental que deben observarse.
En cuanto al primer punto, la Corte IDH hace una distinción
entre territorio y jurisdicción. El tribunal precisa que es el segundo
término el que debe prevalecer en el caso de determinar quién es
el Estado al cual potencialmente se le puede imputar la responsa-
bilidad internacional. La OC identifica que a partir del concepto “Es-
tado de origen” se puede identificar sobre quién o quiénes recae-
ría la responsabilidad internacional. La Corte IDH considera que el
Estado de origen es aquel que dentro de su jurisdicción permite, o
bien tolera, que se desarrollen potenciales agentes contaminantes
(en el incumplimiento de sus obligaciones en materia ambiental.
Véase cuadro infra).281
Otro concepto que es de especial relevancia en este apartado es
el de “conductas extraterritoriales en materia ambiental”. La Corte
IDH es consciente de que la violación al medio ambiente no respe-
ta fronteras, por lo que muchas veces los agentes contaminantes
que se generen en el Estado de origen tendrán un impacto en el
territorio/jurisdicción de Estados terceros. Bajo este panorama, la
Corte IDH considera que será el Estado de origen el que tendrá
la posible responsabilidad internacional por violaciones al medio
ambiente que se generen en Estados terceros; la Corte IDH realiza
280
Opinión Consultiva OC-23/17, del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm.
23, párr. 62. Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en
relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los
derechos a la vida y a la integridad personal - interpretación y alcance de los ar-
tículos 4.1 y 5.1, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos).
281
Ibidem, párrs. 72-82.
128
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esta conclusión en el entendimiento de que es el Estado de origen
el que ejerce una especie de control efectivo dentro de la juris-
dicción de otros Estados.282 La noción de control efectivo ha sido
desarrollada principalmente en situaciones de conflicto armado in-
ternacional, pero ha sido de manera reciente que se ha empezado
a aplicar en la protección del derecho al medio ambiente.283
En el segundo apartado, la Corte IDH indicó que se aplicaban las
obligaciones de respeto, garantía y no discriminación en cuanto al
contenido de este derecho. Precisó que dada la relación que tiene
el derecho al medio ambiente sano con otros derechos, existen
derechos que pueden ser susceptibles a ser “vulnerables por la
degradación ambiental” (como el derecho a la vida, a la integridad
personal o a la salud) o derechos que pueden servir como un “ins-
trumento” para garantizar el derecho (como el acceso a la informa-
ción o el derecho a la participación política).284
La Corte IDH hace un importante desarrollo respecto de las obli-
gaciones en materia ambiental, el cual puede ser resumido de la
siguiente forma:
282
Ibidem, párr. 101.
283
Por ejemplo, en la inadmisibilidad de la comunicación presentada por un
grupo de niños en contra de cinco Estados, el Comité de los Derechos del Niño
acogió el concepto de “jurisdicción” adoptado por la Corte Inteamericana en
el OC-23. Al respecto, el Comité señaló: “el Comité considera que el criterio
apropiado para determinar la jurisdicción en el presente caso es el aplicado por
la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su opinión consultiva sobre el
medio ambiente y los derechos humanos”. Véase: Chiara Sacchi y otros (repre-
sentados por los abogados Scott Gilmore y otros, de Hausfeld LLP, y Ramin Pejan
y otros, de Earthjustice), CRC/C/88/D/104/2019, 11 de noviembre de 2019,
párr. 10.7.
284
Opinión Consultiva OC-23/17 del 15 de noviembre de 2017, serie A, núm.
23. Medio ambiente y derechos humanos (obligaciones estatales en relación con
el medio ambiente en el marco de la protección y garantía de los derechos a
la vida y a la integridad personal - interpretación y alcance de los artículos 4.1
y 5.1, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos), disponible en: [Link]
riea_23_esp.pdf.
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Fuente: elaboración propia.
En cuanto a las obligaciones, hay dos cuestiones que deben
destacarse: la obligación de prevención y la obligación de protec-
ción (mejor conocida como principio precautorio). La Corte IDH
identifica que la diferencia entre ambas es que mientras que en la
primera existe una certeza científica sobre cuáles serían las conse-
cuencias ambientales (frente a las que operan las subobligaciones,
como regular, fiscalizar, estudiar el impacto ambiental, etcétera),
en el caso de la segunda obligación opera cuando no exista cer-
teza científica sobre las consecuencias ambientales, pero ello no
exime al Estado de tomar medidas para hacer frente a los posibles
daños ambientales.285 Finalmente, la Corte IDH refiere que estas
obligaciones tienen que materializarse observando una “debida di-
ligencia”, la cual no es definida por la Corte, ya que únicamente
refiere que ésta debe surtir efecto siempre que existan posibles
285
Ibidem, párr. 175.
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“daños significativos al derecho a la vida o a la integridad” de las
personas.286
En el caso de las Comunidades Indígenas Miembros de la Aso-
ciación Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) vs. Argentina (caso de las
Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat),
la Corte IDH declaró la vulneración del derecho al medio ambiente,
ya que en el territorio indígena se habían realizado actividades de
tala y extracción ilegal de madera y otros recursos naturales, y que
tales actividades habían sido puestas en conocimiento de las auto-
ridades estatales sin que se tomaran acciones concretas.287
7. Derecho al agua
La Corte IDH, retomando lo dicho por el Comité DESC en la Ob-
servación General 15, ha indicado que “el acceso al agua... com-
prende «el consumo, el saneamiento, la colada, la preparación de
alimentos y la higiene personal y doméstica, así como para algunos
individuos y grupos también... recursos de agua adicionales en ra-
zón de la salud, el clima y las condiciones de trabajo»”.288
En el caso de las Comunidades Indígenas Miembros de la Aso-
ciación Lhaka Honhat, la Corte IDH declaró la vulneración al dere-
cho al agua, debido a que “el ganado [presente en el territorio in-
dígena] consume el agua que también las comunidades requieren
para su subsistencia, verificándose muchas veces situaciones en
las que el agua es contaminada por las heces de los animales”.289
En la OC-29, sobre enfoques diferenciados y personas privadas de
la libertad, la Corte recuerda que los Estados deben proveer agua
potable a los reclusos en cantidad suficiente para cubrir sus ne-
cesidades de consumo, así como agua para su higiene personal.
Ello exige al Estado: 1) garantizar el acceso al agua potable para
286
Ibidem, párrs. 174 y 175.
287
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de
febrero de 2020, serie C, núm. 400, párr. 264.
288
Ibidem, párr. 226.
289
Ibidem, párr. 261.
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el consumo, con un mínimo de diez a quince litros por persona;
2) garantizar una cantidad mínima de cinco litros de agua para el
aseo personal; 3) recopilar datos sobre la disponibilidad del agua
en los centros de detención, y 4) garantizar la potabilidad del
agua para el consumo; por ejemplo, mediante la instalación de
sistemas de tratamiento de las aguas pluviales.290
8. Derecho a la alimentación
La Corte IDH, retomando lo indicado por el Comité DESC en la
Observación General 12, ha precisado que el “contenido básico”
del derecho a la alimentación comprende “[l]a disponibilidad de
alimentos en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las ne-
cesidades alimentarias de los individuos, sin sustancias nocivas, y
aceptables para una cultura determinada”, y “[l]a accesibilidad de
esos alimentos en formas que sean sostenibles y que no dificulten
el goce de otros derechos humanos”.291
En el caso de las Comunidades Indígenas Miembros de la Aso-
ciación Lhaka Honhat), la Corte IDH declaró la vulneración a la
alimentación debido a que estudios remitidos como prueba docu-
mental advertían que “el ganado [presente en el territorio indígena]
come los mismos frutos que las comunidades como la algarroba, el
mistol y el chañar; come los renovales de árboles plantables como
el algarrobo y el quebracho; destruye los cercos de las comunida-
des y se come el producto de la horticultura indígena”.292
En la OC-29, sobre enfoques diferenciados y personas privadas
de la libertad, la Corte IDH indicó que, por tanto, de acuerdo con
290
Opinión Consultiva OC-29/22, del 30 de mayo de 2022, serie A, núm. 29,
párr. 97. Enfoques diferenciados respecto de determinados grupos de personas
privadas de la libertad (Interpretación y alcance de los artículos 1.1, 4.1, 5o., 11.2,
12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los derechos humanos).
291
Comité DESC, Observación General 12, Derecho a la alimentación, 4 de
mayo de 1999, párr. 8.
292
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de
febrero de 2020, serie C, núm. 400, párr. 260.
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las fuentes existentes, se exige de los Estados: 1) alimentos de
forma regular que sean apropiados desde un punto de vista nutri-
cional, cultural y religioso; 2) que los alimentos sean preparados
y/o transportados en condiciones higiénicas, y 3) cuando sea po-
sible, permitir que las personas privadas de libertad cuenten con
las condiciones para cultivar y preparar sus propios alimentos, o
recibirlos de fuentes externas. En suma, los Estados deben proveer
una alimentación adecuada a las personas privadas de libertad
para conservar la salud y fuerza, teniendo en cuenta particulares
necesidades debido a la edad o de acuerdo con sus usos y costum-
bres.293 En cuanto a los enfoques diferenciados, los Estados deben
garantizar la alimentación adecuada durante el embarazo, parto y
posparto de las mujeres294 y la alimentación de niños y niñas que
viven en centros de detención.295
9. Derecho a la cultura, a participar en la vida
cultural y a la identidad cultural
El Comité DESC ha señalado que, como parte del derecho a la
cultura, se encuentra “el derecho a participar en la vida cultural”,
el cual puede calificarse de libertad. Para realizarlo, es necesa-
rio que el Estado parte se abstenga de hacer algo (no injeren-
cia en el ejercicio de las prácticas culturales y en el acceso a los
bienes culturales), y que tome medidas positivas (asegurarse de
que existan las condiciones previas para participar en la vida cul-
tural, promoverla y facilitarla, y dar acceso a los bienes culturales
y preservarlos).296
293
Opinión Consultiva OC-29/22 del 30 de mayo de 2022, serie A, núm. 29,
párr. 90. Enfoques diferenciados respecto de determinados grupos de personas
privadas de la libertad (Interpretación y alcance de los artículos 1.1, 4.1, 5, 11.2,
12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los derechos humanos).
294
Ibidem, párrs. 153-159.
295
Ibidem, párrs. 212 y 213.
296
Comité DESC, Observación General 21, Derecho a la cultural, 21 de diciem-
bre de 2009, E/C.12/GC/21, párr. 6.
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Por su parte, la Corte ha entendido que el derecho a la identi-
dad cultural, como parte integrante de participar en la vida cultu-
ral, tutela la libertad de las personas, inclusive actuando en forma
asociada o comunitaria, a identificarse con una o varias socieda-
des, comunidades o grupos sociales, a seguir una forma o estilo
de vida vinculado a la cultura a la que pertenece y a participar en
el desarrollo de la misma. En ese sentido, el derecho protege los
rasgos distintivos que caracterizan a un grupo social, sin que ello
implique negar el carácter histórico, dinámico y evolutivo de la
cultura.297
En el caso de las Comunidades Indígenas Miembros de la Aso-
ciación Lhaka Honhat, en cuanto al derecho a participar en la vida
cultural en su vertiende de identidad indígena, la Corte IDH consi-
deró que existe una relación entre el derecho al medio ambiente
y la vida cultural, ya que no cualquier alimentación satisface el
derecho respectivo, sino que la misma debe ser aceptable para
una cultura determinada, lo que lleva a tener en cuenta valores no
relacionados con la nutrición. En el caso, se abordó la responsabil-
diad internacional, porque al no permitirse alimentarse conforme a
sus usos y costumbres se infringe este derecho. Para la Corte, la
alimentación, a su vez, es indispensable para el goce de otros de-
rechos, y su carácter “adecuado” puede depender de factores am-
bientales y culturales. La alimentación es, en sí, una expresión cul-
tural. En ese sentido, puede considerarse a la alimentación como
uno de los “rasgos distintivos” que caracterizan a un grupo social,
quedando comprendido, por ende, en la protección del derecho a
la identidad cultural a través de la salvaguarda de tales rasgos, sin
que ello implique negar el carácter histórico, dinámico y evolutivo
de la cultura.298
Por otro lado, en el caso Pueblos Indígenas Maya Kaqchikel de
Sumpango y otros vs. Guatemala (2021), la Corte indicó que un
elemento inherente de la participación en la vida cultural consiste
297
Caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de
febrero de 2020, serie C, núm. 400, párr. 240.
298
Ibidem, párr. 274.
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en el acceso a medios de comunicación y la posibilidad de fundar
medios de comunicación de forma autónoma a través de los cua-
les los pueblos indígenas pueden no sólo participar, sino también
conocer de sus propias culturas y contribuir con las mismas en su
propio idioma.299 En el caso, se declaró la responsabilidad interna-
cional, debido a que las comunidades mayas no tenían acceso a
la red radioeléctrica guatemalteca para la radio difusión, por lo que
no podían comunicar sus ideas en su idioma.
En esta tesitura, en la OC-29, sobre los enfoques diferenciados
de personas privadas de libertad, la Corte IDH indicó respecto de
personas pertenecientes a pueblos indígenas, que los Estados de-
bían preservar su identidad, garantizar que puedan usar su lengua
durante su privación de libertad y medidas de reinserción y reinte-
gración culturalmente adecuadas.300 En la misma OC, pero en rela-
ción con los menores de edad, la Corte IDH indicó que como parte
del derecho a la cultura los Estados debían propiciar “el desarrollo
adecuado e integral de los niños y niñas, con especial atención a
la integración comunitaria, socialización y recreación”.301
10. Derecho a la libertad sindical
En la Opinión Consultiva 27, la Corte IDH entendió el derecho hu-
mano a la libertad sindical, en el marco de la protección del derecho
a la libertad de asociación en materia laboral, como un derecho con
connotaciones colectivas e individuales. En su dimensión colectiva,
la libertad sindical protege la facultad de constituir organizaciones
sindicales y poner en marcha la estructura interna, las actividades y
299
Caso Pueblos Indígenas Maya Kaqchikel de Sumpango y otros vs. Guatemala,
fondo, reparaciones y costas, sentencia del 6 de octubre de 2021, serie C, núm.
440, párr. 156.
300
Opinión Consultiva OC-29/22 del 30 de mayo de 2022, serie A, núm. 29,
párrs. 295-330. Enfoques diferenciados respecto de determinados grupos de
personas privadas de la libertad (Interpretación y alcance de los artículos 1.1,
4.1, 5o., 11.2, 12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los
derechos humanos).
301
Ibidem, párrs. 214-223.
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los programas de acción, sin intervención de las autoridades que li-
mite o entorpezca el ejercicio del respectivo derecho. Por otra parte,
en su dimensión individual, esta libertad supone que cada persona
pueda determinar sin coacción alguna si desea o no formar parte
de la asociación.302
Adicionalmente, en el marco de la protección de este derecho,
la Corte ha señalado que el Estado tiene el deber de garantizar que
las personas puedan ejercer su derecho a la libertad sindical sin
temor de ser sujetos de violencia alguna, pues de lo contrario se
podría disminuir la capacidad de las agrupaciones de organizarse
para la protección de sus intereses. En este sentido, la libertad de
asociación en materia laboral no se agota con el reconocimiento
teórico del derecho a formar agrupaciones, sino que comprende,
además, inseparablemente, el derecho apropiado para ejercer esa
libertad.303
En particular, el tribunal interamericano se pronunció de igual
manera sobre el derecho de sindicación de las fuerzas armadas;
así, la Corte IDH coincidió con el Comité de Libertad Sindical en
el sentido de que “debería darse una definición restrictiva de los
miembros de las fuerzas armadas que pueden ser excluidos de la
aplicación del Convenio... en caso de duda los trabajadores de-
berían tener consideración de civiles”. En ese sentido, el tribunal
advierte que dado que la categoría de “personal de fuerzas arma-
das” debe ser interpretado de manera restrictiva, el personal civil
de las fuerzas armadas, como aquellos de los establecimientos
manufactureros de fuerzas armadas, del banco del ejército, o civi-
les empleados por el ejército deben tener derecho a formar sindi-
302
Opinión Consultiva OC-27/21, del 5 de mayo de 2021, serie A, núm. 27,
párr. 71. Derechos a la libertad sindical, negociación colectiva y huelga, y su
relación con otros derechos, con perspectiva de género (interpretación y alcance
de los artículos 13, 15, 16, 24, 25 y 26, en relación con los artículos 1.1 y 2 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos, de los artículos 3o., 6o., 7o.
y 8o. del Protocolo de San Salvador, de los artículos 2o., 3o., 4o., 5o. y 6o. de
la Convención de Belem do Pará, de los artículos 34, 44 y 45 de la Carta de la
Organización de los Estados Americanos, y de los artículos II, IV, XIV, XXI y XXII de
la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre).
303
Idem.
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catos. En caso de duda, los trabajadores deben ser considerados
civiles.304
En cuanto a los casos contenciosos, en el caso Extrabajadores
del Organismo Judicial vs. Guatemala, la Corte IDH declaró una
vulneración del derecho a la libertad sindical, la Corte IDH tomó en
cuenta que un número significativo de víctimas eran trabajadores
y trabajadoras del Organismo Judicial, quienes en ejercicio de sus
derechos de asociación y de libertad sindical se habían vinculado al
Sindicato de Trabajadores del Organismo Judicial, y concluyó que la
declaratoria de ilegalidad de la huelga no sólo vulneró el derecho a
la huelga, sino también el derecho de asociación y la libertad sin-
dical de las 65 víctimas del caso.305 Si bien la libertad sindical es
uno de los derechos que pueden ser invocados de manera directa
mediante el Protocolo de San Salvador, en este caso, era necesario
que se abordara mediante el artículo 26, debido a que Guatemala,
al momento de los hechos (1994), no era parte del Protocolo de
San Salvador.
11. Derecho a la negociación colectiva
En la OC-27, la Corte IDH ha considerado pertinente señalar
que el derecho a la negociación colectiva, como parte esencial de
la libertad sindical, está compuesto de diversos elementos, que
incluyen, como mínimo: a) el principio de no discriminación del tra-
bajador o trabajadora en ejercicio de la actividad sindical, pues la
garantía de igualdad es un elemento previo para una negociación
entre empleadores y empleadoras, y trabajadores y trabajadoras; b)
la no injerencia directa o indirecta de los empleadores en los sindi-
catos de trabajadores y trabajadoras en las etapas de constitución,
funcionamiento y administración, ya que puede producir desba-
lances en la negociación que atentan en contra del objetivo de
los trabajadores y las trabajadoras, que es el de mejorar sus con-
304
Ibidem, párr. 76.
305
Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones pre-
liminares, fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie
C, núm. 445, párr. 127.
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diciones de vida y de trabajo mediante negociaciones colectivas y
por otros medios lícitos, y c) el estímulo progresivo a procesos de
negociación voluntaria entre empleadores y empleadoras, y traba-
jadores y trabajadoras que permitan mejorar, a través de contratos
colectivos, las condiciones del empleo.306
12. Derecho a la huelga
La Corte IDH, en la OC-27, retomando lo indicado por el Comité
de Libertad Sindical, entendió que, por lo general, la huelga con-
siste en “la interrupción temporal del trabajo (o disminución) volun-
taria efectuada por uno o más grupos de trabajadores con el fin de
obtener reivindicaciones o rechazar exigencias o expresar quejas o
de apoyar las reivindicaciones o las quejas de otros trabajadores”.
El tribunal interamericano coincidió con esta definición y consideró
que el derecho de huelga es uno de los derechos fundamentales
de los trabajadores y las trabajadoras, y de sus organizaciones,
pues constituye un medio legítimo de defensa de sus intereses
económicos, sociales y profesionales. Se trata de un recurso que
ejercen los trabajadores y las trabajadoras como medio de presión
sobre el empleador, a fin de corregir una injusticia, o bien para la
búsqueda de soluciones a las cuestiones de política económica y
social, y a los problemas que se plantean en las empresas, y que
interesan directamente a los trabajadores y las trabajadoras.307
Adicionalmente, la Corte IDH consideró que el ejercicio del de-
recho de huelga puede limitarse o prohibirse sólo con respecto a:
1) los funcionarios públicos que actúan como órganos del poder
306
Opinión Consultiva OC-27/21 del 5 de mayo de 2021, Serie A, núm. 27,
párr. 94. Derechos a la libertad s indical, negociación colectiva y huelga, y su
relación con otros derechos, con perspectiva de género (interpretación y alcance
de los artículos 13, 15, 16, 24, 25 y 26, en relación con los artículos 1.1 y 2 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos, de los artículos 3o., 6o., 7o.
y 8o. del Protocolo de San Salvador, de los artículos 2o., 3o., 4o., 5o. y 6o. de
la Convención de Belem do Pará, de los artículos 34, 44 y 45 de la Carta de la
Organización de los Estados Americanos, y de los artículos II, IV, XIV, XXI y XXII de
la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre).
307
Ibidem, párr. 98.
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público que ejercen funciones de autoridad a nombre del Estado, y
2) los trabajadores de los servicios esenciales.308
En relación con los trabajadores que brinden servicios esencia-
les, la Corte IDH estimó pertinente precisar que ha de estarse al
sentido estricto del término, esto es, aquellos que proveen servi-
cios cuya interrupción conlleva una amenaza evidente e inminente
a la vida, la seguridad, la salud o la libertad de toda o parte de la
población (por ejemplo, aquellos que laboran en el servicio hos-
pitalario, los servicios de electricidad, o los servicios de abasteci-
miento de agua). En este aspecto, el tribunal interamericano cons-
tató la necesidad de que existan garantías compensatorias a favor
de aquellos servicios considerados esenciales y para la función
pública, de forma que la limitación al derecho de huelga deberá
estar acompañada de procedimientos de conciliación y arbitraje
adecuados, imparciales y rápidos en los que los interesados pue-
dan participar en todas las etapas, y en que los laudos dictados
sean aplicados por completo y rápidamente.309
En cuanto a los casos contenciosos, en el caso Extrabajadores
del Organismo Judicial Vs. Guatemala, la Corte IDH declaró una
vulneración del derecho a la huelga, debido a que el Estado ha-
bía interpuesto una serie de recursos ante la autorización para el
conteo que daría pie a que se procediera con la huelga; para la
Corte IDH, estas acciones configuraron una obstrucción arbitraria
por parte del Estado para el ejercicio del derecho de huelga de las
personas trabajadoras del Organismo Judicial.310
13. Derecho a la salud sexual y reproductiva
El Comité DESC ha señalado que “el derecho a la salud sexual
y reproductiva es una parte integrante del derecho a la salud”, y
que comprende
308
Ibidem, párr. 102.
309
Ibidem, párr. 103.
310
Caso Extrabajadores del Organismo Judicial vs. Guatemala, excepciones pre-
liminares, fondo y reparaciones, sentencia del 17 de noviembre de 2021, serie
C, núm. 445, párr. 127.
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…un conjunto de libertades y derechos. Entre las libertades fi-
gura el derecho a adoptar decisiones y hacer elecciones libres
y responsables, sin violencia, coacción ni discriminación, con
respecto a los asuntos relativos al propio cuerpo y la propia
salud sexual y reproductiva. [Además] cabe mencionar el ac-
ceso sin trabas a toda una serie de establecimientos, bienes,
servicios e información relativos a la salud, que asegure a todas
las personas el pleno disfrute del derecho a la salud sexual y
reproductiva.311
La Corte IDH abordó de manera frontal esta temática por pri-
mera vez en el caso Manuela. Sin embargo, no se debe perder de
vista que, por ejemplo, en el caso Cuscul Pivaral y otros, frente a
la discriminación que sufrieron mujeres embarazadas por ser por-
tadoras de VIH/sida en manos de los médicos de hospitales públi-
cos, también se está ante la lesión de esta faceta específica del
derecho a la salud.312
En el caso Manuela vs. El Salvador, la Corte IDH se pronunció
sobre la mala atención médica que la señora Manuela recibió por
parte de los funcionarios de salud del Estado salvadoreño cuando
acudió a los servicios médicos por una emergencia obstétrica. Di-
cha atención ocurrió dentro de un contexto de criminalización del
aborto (incluidos abortos espontáneos y emergencias obstétricas).
En dicho caso, el tribunal concluyó que existieron varias falencias
que demostraron que la atención médica no fue aceptable ni de
calidad, debido a que: 1) existió un retraso de más de tres horas
desde que Manuela ingresó al hospital y el momento en que recibió
la atención médica de urgencia que requería, y durante dicho tiem-
po la doctora a su cargo dio prioridad a presentar la denuncia a la
fiscalía sobre el presunto aborto; 2) en los siete días que Manuela
estuvo hospitalizada, en ningún momento la historia clínica mues-
tra que el personal tratante haya registrado ni examinado los bul-
tos que Manuela tenía en el cuello, y 3) Manuela estuvo esposada
311
Comité DESC, Observación General 22, Derecho a la salud sexual y reproduc-
tiva, E/C.12/GC/22, 2 de mayo de 2016, párrs. 1 y 5.
312
Caso Cuscul Pivaral y otros vs. Guatemala, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 23 de agosto de 2018, serie C, núm. 359,
párrs. 135-139.
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a su camilla en el hospital San Francisco Gotera luego de haber
dado a luz recientemente y mientras era tratada por preeclampsia
grave, por lo que resultaba irrazonable asumir que existía un riesgo
real de fuga que no hubiera podido ser mitigado con otros medios
menos lesivos.313
En cuanto a los enfoques diferenciados de las personas privadas
de libertad, la Corte IDH indicó en la OC-29 que los Estados de-
ben proveer a las mujeres acceso a la salud sexual y reproductiva
sin discriminación, así como erradicar la violencia obstétrica en el
contexto carcelario.314
De manera reciente, el tribunal interamericano decidió el caso
Brítez Arce y otros vs. Argentina, en donde por primera vez abordó
la violencia obstétrica. La víctima se encontraba embarazada con
factores de riesgo315 que no fueron atendidos de forma adecuada
por los servicios de salud cuando le fue detectado que el producto
se encontraba sin vida. Ella fue sometida a una labor de parto (en
donde, por ejemplo, permaneció varias horas en silla de ruedas),
luego de la cual murió.
La Corte IDH calificó el caso como un caso que debería ser abor-
dado como violencia obstétrica. Al respecto, indicó que
…la violencia obstétrica es una forma de violencia basada en el
género prohibida por los tratados interamericanos de derechos
humanos, incluyendo la Convención Belém do Pará, ejercida por
los encargados de la atención en salud sobre las personas ges-
tantes, durante el acceso a los servicios de salud que tienen
lugar en el embarazo, parto y postparto, que se expresa mayo-
ritaria, aunque no exclusivamente, en un trato deshumanizado,
313
Caso Manuela y otros vs. El Salvador, excepciones preliminares, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 2 de noviembre de 2021, serie C, núm. 441,
párr. 260.
314
Opinión Consultiva OC-29/22 del 30 de mayo de 2022, serie A, núm. 29, párrs.
148-152 y 160-162. Enfoques diferenciados respecto de determinados grupos de
personas privadas de la libertad (interpretación y alcance de los artículos 1.1, 4.1,
5o., 11.2, 12, 13, 17.1, 19, 24 y 26 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos y de otros instrumentos que conciernen a la protección de los derechos
humanos).
315
Entre ellos, su edad, un aumento importante de peso, un antecedente de
presión arterial alta en un embarazo anterior.
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irrespetuoso, abusivo o negligente hacia las mujeres embaraza-
das; en la denegación de tratamiento e información completa
sobre el estado de salud y los tratamientos aplicables; en inter-
venciones médicas forzadas o coaccionadas y en la tendencia
a patologizar los procesos reproductivos naturales, entre otras
manifestaciones amenazantes en el contexto de la atención de
la salud durante el embarazo, parto y postparto.316
Finalmente, el caso Valencia Campos y otros vs. Ecuador tam-
bién se encuentra relacionado con este derecho, debido a que uno
de los hechos declarados como violatorios refiere que una de las
víctimas recibió golpes por agentes policiales, lo que le generó un
aborto espontáneo. En ese caso, la Corte IDH refiere a que a todas
las víctimas se les lesionó el derecho a la salud, pero no hace una
distinción frente al derecho a la salud sexual y reproductiva de esta
única víctima.317
316
Caso Brítez Arce y otros vs. Argentina, fondo, reparaciones y costas, senten-
cia del 16 de noviembre de 2022, serie C, núm. 474, párr. 81.
317
Caso Valencia Campos y otros vs. Bolivia, excepción preliminar, fondo, re-
paraciones y costas, sentencia del 18 de octubre de 2022, serie C, núm. 469,
párr. 242.
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ALGUNAS REFLEXIONES FINALES
D
urante décadas los derechos sociales tuvieron un lugar relega-
do en el derecho internacional de los derechos humanos; los
sistemas internacionales han tenido sus avances en la mate-
ria, pero pareciera que, al menos hasta antes de 2015, la temática
se quedaba circunscrita a debates doctrinarios y tras escritorios. La
reflexión pasó a la acción únicamente cuando al parecer el Comité
DESC y la Corte Interamericana empezaron a generar jurisprudencia
internacional en la materia.
El sistema interamericano, y en particular la Corte Interamerica-
na, se ha tomado en serio su rol de proteger todos los derechos
sociales sin jerarquía y sin distinción. Los 28 casos decididos hasta
el momento y las tres opiniones consultivas dan cuenta de ello.
La Corte IDH, como se ha ilustrado en este texto, no es un órgano
internacional infalible, por lo que algunos de sus errores han sido
corregidos, o bien pueden corregirse.
Como se ha podido observar en el desarrollo del presente texto,
la jurisprudencia del tribunal interamericano ha revolucionado el de-
recho internacional de los derechos humanos en la materia, reafir-
mando los principios de interdependencia e invisibilidad que deben
existir entre todos los derechos humanos, que se pueden encontrar
protegidos por las disposiciones de la Convención Americana.
Sin embargo, la propia Secretaría Ejecutiva de la Corte Inte-
ramericana (staff de abogados) y los propios jueces tienen que
tomarse con seriedad la consolidación de la incipiente línea juris-
prudencial, puesto que, aunque algunos errores se han subsanado
con el desarrollo de los casos, otras inconsistencias aún persisten.
Por ello, es necesario que la Corte IDH reflexione, por ejemplo,
sobre la necesidad —sin excepción— de indicar forzosamente en
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ALGUNAS REFLEXIONES FINALES
todos los casos cuál es la obligación que se vulnera en particular,
sobre si se está ante una faceta o un componente de un derecho
social y, lo más importante, sobre si es necesario que todas las
violaciones queden plasmadas en un solo resolutivo.
La reflexión profunda y propositiva desde la academia permitirá
en todo caso dar mayor coherencia a las decisiones y hacer más
previsible cuándo un caso será decidido desde la perspectiva de
DESCA. Esto tiene una especial virtud frente a la defensa de los
Estados cuando, por ejemplo, se tengan que decidir cuestiones
relativas a la progresividad de los derechos sociales, ya que se-
guramente se tendrán que analizar los esfuerzos económicos que
han hecho los Estados para la garantía de los DESCA. Es decir, el
Estado es el que tiene los mejores medios de prueba para acre-
ditar o desvirtuar las imputaciones que hagan las víctimas o sus
representantes.
En última instancia, la jurisprudencia en materia de derechos
sociales de manera directa llegó para cristalizarse en el acervo in-
teramericano. Esta visión integral, completa e indivisible, reafirma
la idea con la que se adoptó la Convención Americana en 1969, y
que quedó plasmado en su preámbulo: que sólo se logrará el ple-
no desarrollo del ser humano cuando se respeten y se garanticen
todos los derechos, ya sean civiles o políticos, o económicos, so-
ciales, culturales y, ahora también, ambientales.
Finalmente, por un lado, la justiciabilidad de los derechos socia-
les no sólo incumbe a la Corte Interamericana, sino que también
involucra a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ya
que en última instancia es ésta la que remite los casos a la Cor-
te IDH. Por ello, la Comisión Interamericana tiene que empezar a
impulsar casos sobre derechos sobre los cuales la Corte Interame-
ricana no se haya pronunciado hasta el momento como, por ejem-
plo, el derecho a la vivienda. Por otro lado, el tribunal interamerica-
no también tiene que dialogar con otros mecanismos instaurados
en el sistema interamericano, como lo es el Grupo de Trabajo del
Protocolo de San Salvador, que ha generado una gran cantidad de
indicaciones que, en todo caso, serán de vital importancia en la
etapa de supervisión de cumplimiento de sentencias de los casos
DESCA.
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Los derechos económicos, sociales, culturales
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po: los nuevos alcances de la jurisprudencia de
la Corte Interamericana, editado por el Instituto
de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, se ter-
minó de imprimir el 27 de noviembre de 2023
en Litográfica Ingramex, S. A. de C. V., Centeno
162-1, Granjas Esmeralda, Iztapalapa, 09810
Ciudad de México, tel. 55 5445 0470, ext.
364. En su composición tipográfica se utilizó
tipo FrnkGothITC Bk BT en 9, 10 y 11 puntos.
En esta edición se empleó papel holmen book
de 55 gramos para los interiores y cartulina
couché de 200 gramos para los forros. Consta
de 200 ejemplares (impresión digital).