0% encontró este documento útil (0 votos)
64 vistas3 páginas

Expansión hacia el Oeste en EE. UU.

La frontera influyó en la migración hacia el oeste de Estados Unidos en el siglo XIX, lo que llevó a la división de territorios y la formación de nuevos estados entre 1816-1821. A medida que más colonos se asentaron en las tierras, construyeron granjas, pueblos y ciudades prósperas en pocos años, transformando rápidamente el paisaje. Sin embargo, la expansión territorial requirió la remoción forzada de las tribus nativas de sus tierras ancestrales.

Cargado por

Edgar Hernández
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
64 vistas3 páginas

Expansión hacia el Oeste en EE. UU.

La frontera influyó en la migración hacia el oeste de Estados Unidos en el siglo XIX, lo que llevó a la división de territorios y la formación de nuevos estados entre 1816-1821. A medida que más colonos se asentaron en las tierras, construyeron granjas, pueblos y ciudades prósperas en pocos años, transformando rápidamente el paisaje. Sin embargo, la expansión territorial requirió la remoción forzada de las tribus nativas de sus tierras ancestrales.

Cargado por

Edgar Hernández
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La frontera influyó mucho para dar forma a la vida estadounidense.

Las condiciones
imperantes en todo el litoral del Atlántico alentaron la migración a nuevas regiones. En
Nueva Inglaterra, donde el suelo no producía altos rendimientos de grano, surgió una
corriente incesante de hombres y mujeres que dejaban sus granjas y aldeas en la costa
para aprovechar las ricas tierras interiores del continente. La población de los
asentamientos establecidos en los campos de las Carolinas y Virginia, aislada por falta de
caminos y canales de acceso a los mercados de la costa y resentida por el dominio
político de los grandes hacendados de la región de marismas, emigró también al oeste.
En 1800 los valles fluviales de Mississippi y Ohio ya se estaban convirtiendo en una gran
región fronteriza. En 1803, Estados Unidos compró el territorio de Luisiana, a las orillas
del Golfo de México.
El flujo de población hacia el oeste a principios del siglo XIX condujo a la división de los
viejos territorios y a la definición de nuevas fronteras. A medida que eran admitidos
nuevos estados, el mapa político se estabilizaba al este del río Mississippi. Entre 1816 y
1821 se formaron seis estados: Indiana, Illinois y Maine (estados libres) y Mississippi,
Alabama y Missouri (estados esclavistas).
A medida que más colonizadores se adentraron en las tierras vírgenes, muchos se
hicieron granjeros además de cazadores. La cabaña fue sustituida por una cómoda casa
de madera con ventanas de vidrio, chimenea y habitaciones divididas, y el pozo sustituyó
al manantial. Esos industriosos colonizadores acababan muy pronto con los árboles del
lugar, quemaban la madera para obtener potasa y dejaban que los tocones se pudrieran.
Cultivaban su propio cereal, legumbres y fruta; exploraban los bosques en busca de
venados, pavos silvestres y miel; pescaban en los arroyos vecinos y criaban vacas y
cerdos. Los especuladores de tierras compraban grandes extensiones a bajo precio y,
cuando el valor subía, vendían la propiedad y se marchaban más al oeste, abriendo así el
camino para otros.
Construyeron grandes graneros y casas de ladrillo o madera, trajeron ganado mejorado,
labraron la tierra con habilidad y sembraron semilla productiva. Algunos erigieron molinos
de harina, aserraderos y destilerías; construyeron buenos caminos, iglesias y escuelas; en
unos cuantos años lograron transformaciones increíbles. Chicago, Illinois, por ejemplo, no
era en 1830 más que una aldea poco prometedora de comerciantes que tenía un fortín;
sin embargo, mucho antes de la muerte de sus colonizadores originales ya se había
convertido en una de las ciudades más grandes y ricas de la nación.
En 1819, a cambio de asumir las reclamaciones de los ciudadanos estadounidenses por 5
millones de dólares, Estados Unidos logró que España le cediera la Florida y sus
derechos sobre el territorio de Oregón en el lejano oeste. Esta última región, entre tanto,
había llegado a ser un centro de gran actividad con el comercio de pieles y su
trascendencia habría de ser mucho mayor que el valor de ese producto. Como en los
albores de la exploración del valle de Mississippi por los franceses, el traficante abrió
brecha al colonizador más allá de esa comarca. Los tramperos franceses y escocés-
irlandeses que exploraron los grandes ríos y descubrieron los desfiladeros de las
Rocallosas y las montañas Sierra, hicieron posible la migración a esas tierras en la
década de 1840 y más tarde la ocupación del interior del país.
En general, el crecimiento de la nación fue enorme: entre 1812 y 1852, la población
aumentó de 7,25 millones a más de 23 millones y la tierra disponible para los colonos
creció en una superficie casi igual a la de Europa occidental, es decir, de 4,4 millones a
7,8 millones de kilómetros cuadrados.
En la década de 1820 John C. Calhoun, secretario de Guerra del presidente Monroe,
aplicó la política de expulsar a las tribus restantes del viejo suroeste y reubicarlas más allá
del Mississippi. Jackson siguió la misma política cuando fue Presidente. El Congreso
aprobó la Ley de Desalojo de los Indígenas en 1830, por la cual se aportaron fondos para
llevar a las tribus del este más allá del Mississippi. En 1834 se estableció un territorio
especial para indígenas en lo que hoy es Oklahoma. En los dos periodos de Jackson en la
presidencia, las tribus firmaron en total 94 tratados por los cuales cedieron millones de
hectáreas al gobierno federal y docenas de tribus fueron desalojadas de su terruño
ancestral.
Cuando México logró su independencia en 1821. Estados Unidos se encontraba en
proceso de crecimiento económico claramente capitalista y de una fuerte expansión
territorial a costa de las tierras indias y de las posesiones coloniales francesas (Luisiana),
españolas (Florida) e inclusive de las británicas. El gran interés comercial y de anexión
territorial mostrado por los estadounidenses hacia Latinoamérica, se acentuó todavía más
a partir del movimiento independentista. En la etapa inicial envió emisarios comerciales a
distintos países de América Latina. Uno de ellos fue Joel R. Poinssett que en dicha misión
viajaría a Chile, Argentina y a México. Al tiempo de la lucha de independencia. Estados
Unidos procedió antes que cualquier otro país a otorgar el reconocimiento de México
como nación independiente, en 1822. Hizo lo mismo en ese año con Colombia y, en 1823
reconoció como naciones libres a Chile y Argentina.
El 2 de diciembre de 1823, el presidente James Monrroe declara su Doctrina “América
para los americanos”, la cual ha sido desde su emisión, base de la política de los grupos
hegemónicos y del gobierno estadounidense hacia Latinoamérica. Con la eficacia de
dicha doctrina, América Latina se convertiría en territorio de influencia exclusiva para los
Estados Unidos y parte de su imperio comercial y financiero.
La política de dominación estadounidense sobre México a principios del siglo XIX se
centró en sus territorios. Ya entre 1801 y 1808, se dieron intentos de ocupación. Otro más
se dio en 1812, cuando el teniente Augusto Magee pretendió independizar a Texas.
Estados Unidos fortaleció su expansionismo, el cual se convirtió en una verdadera fiebre
que empezaba a racionalizar su ambición: unos hablaban de la obligación de extender la
democracia y la libertad por todo el mundo, y otros, del cumplimiento de los mandatos
bíblicos. John L. Sullivan en 1845, acuñó la frase feliz del “Destino Manifiesto” que
justificaba la ambición expansionista de Estados Unidos.
En ese momento era el presidente de los Estados Unidos James K, Polk cuyas
ambiciones expansionistas no se limitaban a la adquisición de Texas, sino que también
buscaba anexar los territorios de California pues tiene un puerto, (hoy San Francisco)
para comercializar con Asia; Nuevo México y en general, todas las tierras algodoneras de
América Septentrional. Lo primero que hizo fue recurrir al uso de presiones políticas y
exigió al gobierno mexicano que aceptara como límites de Texas al Río Bravo en lugar del
Río Nueces, situado más hacia el territorio de los Estados Unidos. Además, le ofreció
cinco millones de pesos por Nuevo México y 25 por Alta California. Con un presidente
expansionista en la Casa Blanca era fácil adivinar lo que seguiría, pero un mínimo de
decoro impidió al presidente Polk lanzarse inmediatamente sobre México.

Referencias
“Expansión hacia el oeste y diferencias regionales” en Alonzo L. Hamby, Reseña de la
Historia de los Estados Unidos, Washington, Departamento de Estado de los Estados
Unidos, 2005.

También podría gustarte