UNIDAD I
EL DESARROLLO DE LA CIENCIA
DIAZ, E. (1992) El desarrollo de la ciencia. En Díaz, E. y Heler, M. En conocimiento científico:
Hacia una visión crítica de la ciencia. (195 – 203) Bs. As. Biblos.
El conocimiento es una mediación de la realidad, una manera de relacionarnos con
las cosas; en última instancia, una interpretación. ¿Quién puede saber qué es la realidad?,
¿quién puede asegurar que los fenómenos son tal como se nos aparecen o que son apariencia
de otras cosas?, ¿quién –seriamente- puede afirmar que la realidad es como la conocemos? El
solo hecho de que la conocemos a través de nuestras percepciones y de nuestro razonamiento
está demostrando la mediación, la distancia que existe entre la realidad y nosotros, sin perder
de vista que nosotros también formamos parte de la realidad. A ello hay que agregar el
lenguaje, ¿el lenguaje constituye nuestra capacidad de razonamiento o somos racionales
porque podemos articular lenguaje? La tendencia de las actuales teorías interrelacionan las
dos alternativas. De todos modos sigue en pie el carácter mediador del lenguaje.
Las teorías también mediatizan lo dado, son hipótesis, conjeturas sobre la realidad,
enunciados que pretenden explicar los hechos. Si las hipótesis son científicas, se pondrán a
prueba. Si salen airosas, serán leyes. Pero aún así tendrán una validez provisoria. No hay
garantía de verdad para una hipótesis científica.
hipotesis Una hipótesis científica es una explicación de una porción de la realidad, es una toma
cientificas
de distancia entre nosotros y las cosas. Se trata, pues, de una interpretación. No sólo la ciencia
interpreta la realidad. También lo hacen la filosofía, el arte, la religión, el mito, el sentido
común y otros lenguajes. Aunque a los lenguajes no científicos, en general, no se les exige
corroboración empírica, En cambio, la ciencia debe “ponerse a prueba” empíricamente. Si el
enunciado que se intenta explicar obtiene éxito, será aceptado en el corpus de la ciencia. Esto
no quiere decir que se lo considere verdadero, ni definitivo. Quiere decir, simplemente, que
por el momento ha resistido la prueba.
Ahora bien, la historia nos revela, por un lado, que las teorías cambian, y por otro,
que para una misma “realidad” pueden existir diversas teorías, o distintas interpretaciones de
un mismo fenómenos. Si no hay coincidencia respecto de lo que se puede considerar un
mismo objeto es porque ante el mismo estímulo podemos tener sensaciones diferentes. Las
sensaciones se conforman a partir de los valores, los intereses, los sistemas de fuerzas, los
prejuicios, el lenguaje, la educación y todo aquello que va conformando cada subjetividad.
No hay hechos “puros”. Por lo menos, no para nosotros. La captación de un fenómeno tiene
que ver con la grilla a través de la cual lo captamos. Constituimos nuestra experiencia. Ésta
no es igual para todo el mundo, por lo tanto, no es objetiva de manera absoluta. Vamos
hacia los hechos precedidos por nuestra propia visión de la realidad. Los captamos en función
de esa visión. Para mí es evidente que la luna es un satélite de la Tierra. Era evidente también,
para un egipcio antiguo que se trataba de una diosa. Como fue evidente durante siglos –
incluso para los científicos- que su superficie era lisa. Aquello que consideramos evidente tiene
que ver demasiado con nuestros supuestos culturales como para constituir una base
indiscutible.
Estamos ahora en condiciones de decir que ante un mismo estímulo podemos tener
sensaciones diferentes y distintas maneras de conocerlo. Una consecuencia de esta aseveración
es que las teorías científicas, en tanto son una interpretación de la realidad y pretenden ser
del orden del conocimiento, cambian. Es decir, no siempre explican los mismos hechos de la
misma manera.
Los cambios en la ciencia parecen preocupar más a los filósofos que a los científicos.
Los científicos hacen la ciencia, normalmente no teorizan sobre ella. Teorizan sobre la porción
de la realidad que estudian átomos, agujeros negros, ADN, etc. Los científicos para poder
desarrollar su labor, parten de supuestos. Suponen, por ejemplo, que la realidad existe y que
el mundo es tal como ellos se lo representan. Cuando se producen cambios a nivel científico,
los resisten o los aceptan según el giro que tomen las corrientes de opinión surgidas de arduas
y complicadas relaciones de saber y poder.
La ciencia además de una representación del mundo, es un instrumento para su
manipulación. Es decir que su función no es solamente teórica, sino también instrumental. En
estos momentos resultaría ingenuo hablar de una ciencia “pura” en contraposición a una
ciencia “aplicada”, habida cuenta de que la más pura de las ciencias necesita tecnología para
corroborar sus hipótesis. Asimismo, la tecnología más “aplicada” necesita teorías auxiliares
para poder desarrollarse. La tecnología cuesta mucho dinero y, en función de ello, la
orientación que se quiera dar a una investigación estará condicionada por los decididores.
Ahora bien, las consideraciones de este tipo no pertenecen al nivel científico. Son meta
científicas.
La filosofía no es una ciencia. Es una disciplina humanística que intenta pensar la
realidad. La ciencia forma parte de la realidad, por lo tanto, la filosofía reflexiona también
sobre la ciencia. Se puede interesar por el aspecto interno, esto es, por su desarrollo racional
(lógica y metodología). Ello se inscribe en una visión tradicional de la epistemología. La
reflexión sobre la ciencia puede ocuparse, en cambio, de la historia externa del quehacer
científico. El tal caso se consideran aspectos y relaciones más abarcadoras. Se trata, por
por que consiguiente, de una epistemología aplicada, preocupada también por las conexiones de la
cambia la ciencia con la sociedad.
ciencia ?
Uno de los problemas que se plantean la filosofía de la ciencia y la epistemología es
el de los cambios científicos. ¿Por qué cambia la ciencia? Se considerarán algunas respuestas
posibles.
Existe una posición que concibe la ciencia como infalible. Esto, hoy, es casi
indefendible. Pero pueden encontrarse vertientes modificadas que giran en torno de la
convicción de la infalibilidad de la ciencia. Explican el cambio científico por medio de la
acumulación. Los conocimientos se van acumulando. Según se adicionan nuevos
conocimientos la ciencia va cambiando. La ciencia actual, para esta postura teórica, es una
sumatoria de conocimientos. Esta perspectiva proviene del inductivismo, del empirismo y de
algunos positivismos. Estuvo representada, paradigmáticamente, por el Círculo de Viena. Esta
interpretación teórica es falseada por la historia de la ciencia; en la cual se registran errores
aceptados como verdades, cambios de rumbos, choque o supervivencia de teorías rivales, así
como el triunfo de unas teorías en detrimento de otras (que se olvidan para siempre a pesar
de haber estado vigentes mucho tiempo). No siempre el conocimiento es acumulación.
El cambio de Otra respuesta ante la pregunta del cambio en la ciencia es la proporcionada por
la ciencia
(Popper) Popper. Esta concepción se extiende prácticamente por todos los estratos culturales: la ciencia
cambia porque progresa. La ciencia avanza por ensayo y error, por conjeturas y refutaciones.
Cada superación de un error, cada refutación de una conjetura por medio de otra conjetura
más audaz, representa un progreso. Popper entiende por progreso, avance hacia la verdad,
“acercamiento a la verdad”. Supone que acercarse a la verdad es mejor que estar lejos de
ella. Asimismo, da por descontado que la verdad existe, y que es dable a la ciencia acceder a
ella. La posición de Popper, a pesar de ser mucho más sólida que la anteriormente
mencionada, es objeto de cuestionamientos. Algunos de ellos podrían ser ¿qué es la verdad?,
¿por qué acercarse a la verdad es mejor que no acercarse?, ¿qué error superaban teorías rivales
que mantuvieron sus respectivos éxitos en forma paralela?, ¿cómo se puede considerar
“superación” de un error a ciertas teorías triunfantes que, a su vez, “fueron refutadas”? Que
la ciencia cambia, es indiscutible. Que tal cambio sea un progreso en el sentido de que se
acerque a una “verdad” más satisfactoria para la humanidad, es discutible. Algunas de las
aplicaciones científicas de nuestro siglo dan cuenta de ello.
Las dos respuestas anteriores provienen de epistemologías que se atienen a la historia
interna de la ciencia. Ahora se considerará el análisis de Foucault, el cual se orienta hacia la
foucault historia externa. Se confrontará con el de Kuhn. Este último autor se ocupa de la historia
y la verdad interna, pero no descarta la externa.
Para Foucault no existe una verdad inamovible que persista a través del tiempo. Las
prácticas sociales de una época determinada generan dominios de saber (por ejemplo, la
ciencia). A partir de ellos se constituyen nuevos objetos de estudios, nuevos conceptos y
nuevas técnicas. Estos elementos, a su vez, configuran nuevos sujetos de conocimientos. El
saber y el poder, están en relación directa aunque no se determinan mutuamente, más bien,
interactúan entre sí. El poder tiene primacía sobre el saber. A las condiciones de posibilidad
para el surgimiento de un saber determinado, Foucault las llama episteme. Los cambios de
estrategias que producen un cambio de época, producen, también, una fractura epistémica,
que dará lugar a otras configuraciones de saber. De este modo, los cambios científicos se
explican por relación con las prácticas sociales.
Por su parte, Thomas Kuhn (1922) acepta (como Popper) que la ciencia siempre parte
de problemas, se origina en un conflicto no resuelto. Pero se va a oponer al resto de la postura
popperiana, sobre todo a la afirmación del progreso de la ciencia (con excepción de una
coincidencia parcial que se considera más adelante)
Kuhn llama preciencia al momento en el que las teorías científicas no pueden
solucionar los problemas existentes. Cuando por fin se logra imponer una solución, aceptada
por la comunidad científica, se inicia una etapa de ciencia normal bajo el reinado del
paradigma vencedor.
Cuando comienzan a producirse fracasos en la aplicación del paradigma vigente y esos
fracasos se tornan intolerables (anomalías) se produce una crisis en la ciencia. Durante la crisis
se intentan nuevas soluciones. Se produce un choque entre teorías rivales, una revolución
científica. La teoría ganadora establece su paradigma instituyendo así, un nuevo período de
ciencia normal. Cada paradigma es inconmensurable respecto de los otros paradigmas. Entre
uno y otro no se puede establecer una comparación y valoración. Simplemente, son
diferentes. En función de esto, el desarrollo de la ciencia no presenta un progreso, sino
cambios. La coincidencia acotada (mencionada más atrás) que presenta esta visión con la de
Popper es que Kuhn acepta la noción de progreso. Pero únicamente en los límites de un
paradigma
ciencia normal fracaso crisis en la ciencia kuhn cree que la
ciencia cambia , no
que progresa ,
como dice Popper
paradigma
revolucion cientifica
mismo paradigma; de ningún modo entre un paradigma y otro. Así pues, el cambio de la
ciencia para Kuhn, obedece a revoluciones científicas.
Cotejaremos ahora, las concepciones de Kuhn y de Foucault respecto de los cambios
científicos. Tanto uno como el otro parecen ignorarse mutuamente. De hecho, sus
perspectivas de análisis son distintas. Si bien, es cierto que revisten algunos puntos en común.
A Kuhn le interesa la historia interna de la ciencia, aunque no se atiene únicamente a lo
metodológico. Produce, más bien, una sociología de la ciencia. Por su parte, Foucault no
analiza aisladamente los problemas internos de la ciencia, ni de la comunidad científica.
Incluye esta problemática dentro de las consideraciones acerca de las condiciones de
posibilidad de saber. Según Foucault entre una época y otra se producen fracturas epistémicas.
Esto ocurre por el interjuego de factores internos y externos a la ciencia.
Kuhn no niega las influencias externas que inciden en el éxito o el fracaso de las teorías.
No obstante, no se ocupa de ellas. Se remite en cambio, a la incidencia fundamental de la
comunidad científica, para los cambios de “visión del mundo” respecto de las teorías
científicas. Bajo el reinado de un paradigma coexisten (o pueden coexistir) lo que Kuhn llama
distintas reglas (nosotros las denominamos distintas corrientes científicas). Los expertos se
dedican a perfeccionar la teoría vigente; pero cuando, después de una revolución científica,
se accede a otro paradigma, no se lo considerará una superación del anterior. La teoría de
Einstein, no es un progreso respecto de la de Newton. Es una manera distinta de ver el
mundo, obedece a otro paradigma. La crisis entre paradigmas podría asemejarse a las fracturas
epistémicas. No obstante, las epistemes son más abarcativas. Por lo tanto no dependen
solamente de los especialistas en ciencias, abarcan también procesos sociales.
Un paradigma está constituido por realizaciones científicas universalmente
reconocidas, las que durante cierto tiempo proporcionan modelos de conocimientos a una
comunidad científica. Comprende los supuestos teóricos, técnicas, generalizaciones
simbólicas, métodos, analogías, problemas y soluciones. Dentro de un mismo paradigma
subsisten anomalías. No existe teoría tan perfecta que no presente alguna anormalidad. Pero
mientras los inconvenientes sean “manejables”, se los “soporta” o, se trata de superarlos. El
paradigma entra en crisis cuando la cantidad de ejemplos en contra de la teoría se hace
abrumadora. Luego vendrá la revolución y la instauración de un nuevo paradigma (o matriz
disciplinaria), es decir, un nuevo período de ciencia normal.
Todo esto, para Kuhn, ocurre en los límites de una comunidad científica. Ella es la que
obliga a la naturaleza a entrar en los cuadros conceptuales proporcionados por la educación
profesional. La investigación no se podrá llevar a cabo sin esos marcos referenciales propios
de cada época científico – histórica. A Kuhn no le interesa el elemento de arbitrariedad que
forma parte de los orígenes históricos y, a veces, de su desarrollo subsiguiente.
Foucault en cambio, no privilegia la decisión de los científicos. Se pregunta más bien,
cuáles fueron las condiciones de posibilidad para que unos discursos accedieran al estatus de
verdaderos, en detrimento de otros, que se reinician, se transforman o mueren para siempre.
En la medida en que Foucault toma en cuenta los factores de poder de cualquier cuño
(jurídicos, educativos, médicos, religiosos, etc.) su visión se aparta sensiblemente de la de
Kuhn. Este epistemólogo no desdeña los factores de poder, prestigio, aleatoriedad (…)
La coincidencia más estrecha entre ambos autores es posiblemente, el rechazo a leer
la historia de la ciencia como la historia del progreso de la racionalidad. Tanto para Kuhn
como para Foucault, no hay mayor racionalidad en una teoría que “vence” a otra. El éxito
se produce dentro de una reestructuración que no obedece a un acercamiento a la verdad,
sino a un cambio de paradigma, en Kuhn, y a una nueva disposición de fuerzas y
estratificación del saber, en Foucault. Mientras Kuhn pone el acento en la ciencia, aceptando
la existencia de presiones externas pero sin considerarlas; Foucault trata de abarcar las
prácticas y los discursos, aceptando la incidencia del conocimiento científico, pero sin limitarse
a él. A grandes rasgos, se podría decir que la voluntad de “verdad” de Foucault,
correspondería al paradigma de Kuhn. Aunque sólo en la medida en que conforman una
especie de “marco” para la producción de discursos verdaderos (considerados verdaderos por
determinada época histórica). Por otra parte, Kuhn se restringe a la historia de las ciencias
naturales. En cambio, Foucault atiende a las diversas realidades históricas: locura, clínica,
cárcel, sexualidad; en general sus problemáticas son del orden de las ciencias humanas.
Los dos autores dan razones de sus predilecciones teóricas. Kuhn es egresado de la
carrera de Física; su toma de conciencia acerca de la carencia de conocimiento de los
científicos de las ciencias duras sobre la epistemología y la historia de la ciencia, lo movilizó
para dedicarse a estas últimas disciplinas. En el caso de Foucault, su interés por las ciencias
blandas obedece a que el bajo nivel epistemológico que éstas revisten le posibilita encontrar,
con mayor nitidez, aquello que subyace en las ciencias. Afirma que trata de encontrar de
encontrar en la historia de las ciencias algo así como su inconsciente. Considera que la historia
del conocimiento no obedece simplemente a una ley del progreso de la razón. La conciencia
o la razón humana no dirigen las leyes de la historia. Existe por debajo de lo que la ciencia
conoce de sí misma algo que desconoce. Si bien esta postura no es contradictoria con la de
Kuhn, tampoco es coincidente. A este último no le interesa lo que la comunidad científica no
tiene consciente, sino el accionar de la misma; el poner a prueba y aprobar – o rechazar –
modelos, axiomatizaciones y teorías (soluciones a problemas).
Se podría hacer un juego de palabras y decir que así como los paradigmas son
inconmensurables entre sí, las concepciones de Kuhn y Foucault también lo son. Pese a que
existen puntos de contacto, Kuhn niega que exista un progreso del conocimiento (entre un
paradigma y otro), Foucault niega el progreso de la racionalidad (entre una episteme y otra).
En ninguno de ellos se encuentra un acercamiento a la verdad (como en Popper), sino una
producción de verdades (aún cuando en Kuhn no aparece esta expresión). Afinando el análisis
se puede decir que para Kuhn, la ciencia normal es una práctica en la que los científicos
argumentan, mediante referencias a “ejemplares” compartidos. El acuerdo entre ellos es
posible porque no hacen ningún intento de racionalizar los paradigmas. Los aceptan en tanto
conjunto de suposiciones compartidas. Se discuten los enunciados científicos y sus
corroboraciones, no el marco referencial en el que dichos enunciados se inscriben (se discutía
por qué la trayectoria de Urano presentaba “irregularidades”, no se discutía la mecánica
celeste de Newton, ni su fundamento racional; es decir, el contenido racional de su
paradigma). Es precisamente, la falta de interés en el procedimiento racional lo que hace
posible la comunicación racional sobre el contenido de las teorías entre los miembros de la
comunidad científica. En este aspecto, la teoría de Kuhn coincide con las conclusiones de
Foucault.
Ambas posturas, a su vez, se diferencian notablemente de cualquier discurso que
defienda una racionalidad a ultranza; por ejemplo, el de Habermas, quien sostiene que una
evaluación racional puede hacer explícitos los trasfondos de cualquier discurso que llega a ser
considerado verdadero.