Las familias de la oligarquía provenientes del siglo XIX y sus herederos se
apropiaron desde inicios de la vida republicana de los beneficios de la tierra,
producción y comercialización del café en el mercado internacional de materias
primas. Su tradicional patrimonio sobre el sistema de tenencia de la tierra, cuentas
fiscales, monopolio bancario y otras instancias como el Estado y el gobierno,
configuraron las bases del modelo económico agroexportador, principal fuente de
su acumulación de capital. Las modernizantes políticas liberales del capitalismo
industrial de mediados de siglo se enfrentaron al dominio y hegemonía económica
y político ideológica de la clase terrateniente cafetalera y el tradicional modelo
exportador de café. Hubo poca apertura a cambios y se opuso férreamente a
reformas estructurales en esos medios de producción.
Todo cambio estructural que atentase contra su patrimonio ancestral, recurría al
golpe de Estado y represión con las fuerzas armadas y otras instancias de poder
como la religión, la educación y la cultura dominante. El poder absoluto ha sido
reproducido por gobiernos ad hoc y partidos políticos. Las generaciones de
salvadoreñas-os que nacimos a mediados del pasado siglo apenas fuimos testigos
y coetáneos de la modernización. En 1950 hasta se reformó la Constitución de la
República a favor de la oligarquía con la intención de modernizar el Estado y el
gobierno con un cuerpo de leyes jurídicas para estimular las políticas de
industrialización.
Los pocos cambios estructurales en las relaciones económicas se introdujeron en
la infaestructura física como «cambios modernizantes» para ampliar y dinamizar
los mercados locales-regionales del mercomún centroamericano. Los cambios en
las estructuras también transformaron las clases sociales, en esa dinámica
surgieron ciertos grupos sociales de poder y fracciones de clase de carácter
burguesa: agroindustrial, industrial-comercial, financiera-bancaria, constructora y
otros, todas provenían de la misma matriz oligárquica terrateniente. Hubo lento
crecimiento y desarrollo de la sociedad. La historia decimonónica reporta que en el
pasado no distribuyeron ni compartieron con etnias nativas y clase campesina;
fueron super explotados, excluidos de beneficios básicos como salarios, salud,
educación. Quedaron analfabetas, empobrecidas y luego reprimidas por las
dictaduras militares pro-oligárquicas que surgieron durante el genocidio de familias
indígenas y campesinas en 1932. Las continuidades de esas contradicciones se
multiplicaron en las siguientes décadas cuando el capital industrial produjo
sectores urbanos con el trabajo asalariado.
Se inició un nuevo ciclo de procesos de coyunturas políticas en las luchas
populares que fueron ahogadas bajo la represión. En estas raíces debemos
investigar parte del origen del proyecto de la clase dominada, como se indica
adelante. En los años 60 se intentó un proyecto autónomo sugerido y estimulado
por la CEPAL que invirtiera capital local «doméstico» e internacional para
organizar un mercado común centroamericano como fase de «sustitución de
importaciones» de mercancía externas a la región.
El Estado oligárquico construyó nueva infraestructura vial e hidroeléctrica para la
producción fabril-urbana y desarrollo rural como soporte para la incipiente
producción y exportación de mercancías y satisfacer la demanda de consumo en
mercados locales y regionales. Pronto la voracidad de la clase dominante llevó al
fracaso el mercado común centroamericano que terminó con la guerra entre El
Salvador y Honduras en 1969, conocida popularmente como la «guerra del fútbol»
o de las «100 horas».
Aunque se intentó dar cierta apertura restringida para la fuerza de trabajo
asalariada en proceso de sindicalización, se elaboró un código laboral, asistencia
de seguridad social como nuevas instituciones gubernamentales (lSSS, ICR, IVU.
Al ser marginados y reprimidos los trabajadores urbanos se vieron obligados a su
organización política como sindicatos, gremios, partidos políticos de oposición y
movimientos populares. El retraso en los sistemas político, de salud, educativo se
reflejó en las condiciones materiales y sociales de los sectores más pobres del
campo y la ciudad, además de un acentuado analfabetismo. Se intentó reformar el
sistema educativo que se inclinó por un limitado desarrollo científico-tecnológico
con la televisión educativa que cualificara la creciente fuerza de trabajo a ser
contratada en fábricas y profesionalizar jóvenes para la administración de empresas.
No contemplaba mejorar las condiciones de vida del magisterio ni masificar la
infraestructura educativa. Por ejemplo, maestros y maestras se organizaron en
ANDES 21 de junio para reivindicar su dignidad profesional e impulsó dos huelgas
que fueron reprimidas. En tanto, diversos sectores sociales de la clase trabajadora
del campo al quedar excluidos de beneficios, a la ciudad formando cinturones de
miseria en zonas marginales. Las nuevas fuerzas de trabajo migraron organizada
pronto se convirtió en el sujeto histórico revolucionario que cambió la correlación
de fuerzas frente al autoritarismo oligárquico, la dictadura militar y la intervención
estado unidense
A finales de los años 60 fue evidente la creciente explotación capitalista, el
autoritarismo y represión dictatorial; hubo éxodo masivo de campesinos
salvadoreños que habían emigrado a la frontera de Honduras; fracasó el
emergente del mancomún centroamericano con el conflicto bélico (1969);
surgieron coyunturas de huelgas (sindicalistas y magisterio) que gestó el inicio de
una crisis política y continuó con escandalosos fraudes electorales presidenciales
(1972 y 1977); cierre militar de la Universidad de El Salvador (1972); masacre
estudiantil (1975), entre otros. Las dos décadas fueron de creciente organización
sindical y gremial. Resurgieron con potencia y espíritu organizativo nuevas fuerzas
sociales laborales como movimientos sociales revolucionarios de campesinos,
obreros, estudiantes, maestros, sacerdotes y otros sectores que el proceso de
industrialización había acumulado. Fue un renacer del poder popular contra el
poder hegemónico oligárquico.
En la década 80 se inició con tres acontecimientos de mucho impacto que
cambiaron el rumbo de la sociedad: 1-El golpe de Estado del 15 de octubre de
1979 que dio fin a las dictaduras militares, 2-El asesinato del Arzobispo de San
Salvador Monseñor Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo de 1980 por
escuadrones de la muerte de la oligarquía y 3- La articulación orgánica de fuerzas
guerrilleras constituyéndose en Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional FMLN el 10 de octubre de 1980 como sujeto histórico del pueblo
organizado. Acompañado del Frente Democrático Revolucionario-FDR,
intelectuales y profesionales avanzados políticamente la lucha se extendió a las
relaciones diplomáticas internacionales. Son el sujeto histórico que inicia los
primeros cambios de ruptura en las estructuras de la sociedad.
Asimismo la guerra se mantuvo en un proceso de diálogo negociación apoyado
por la ONU y países amigos que culminó con la firma de los Acuerdos de Paz para
dar fin a la prolongada guerra revolucionaria de 12 años (1980-1992) con un alto
costo de vidas humanas entre las fuerzas contendientes: muerte de muchos
sacerdotes entre ellos el arzobispo Romero, padres jesuitas de la Universidad
Centroamericana en noviembre de 1989, miembros del ejército, funcionarios
gubernamentales y más de 70 mil ciudadanos y ciudadanas. ¿Qué cambió en la
sociedad, en el Estado y el gobierno?, ¿Quiénes son los nuevos protagonistas del
cambio social? Cuando finalizó la guerra, prevaleció el espíritu de la firma de los
acuerdos y las reformas constitucionales en las estructuras e instituciones
tradicionales de la oligarquía y la dictadura militar: el ejército retornó a sus
cuarteles; se crearon nuevas instancias policiales (Policía Nacional Civil), Tribunal
Supremo Electoral, Procuraduría de los Derechos Humanos y nuevos partidos
políticos. El FMLN pasó de guerrilla a partido político electoral con votos en vez de
balas.
Se proyectaron cambios estructurales para la paz, con la que soñó el arzobispo
Romero que reivindicarían la liberación de las generaciones de salvadoreños. Ese
espíritu alentaba "refundar la república", desafío pendiente que avanza muy lento
por el peso significativo que mantiene la oligarquía, Las políticas financieras
neoliberales del Consenso de Washington se impusieron en la década 80, la
sociedad centroamericana padecía de guerras civiles (Guatemala, Nicaragua, El
Salvador). El modelo agroindustrial salvadoreño se articuló al modelo neoliberal
bajo la administración del gobierno de la Democracia Cristiana (1984-1989) con
Napoleón Duarte, como presidente de la república, que impulsó los ajustes
estructurales en la economía y el Estado. Prepararon condiciones logísticas y
obras infraestructurales del mercado local para dar apertura a nuevos mega
mercados en escenarios a nivel planetario. La globalización neoliberal construyó
un nuevo escenario con acelerados cambios inéditos o cambios neoliberales que
cambiaron la vida cotidiana en nuestra sociedad en medio de la guerra civil.
Durante 20 años (1989- 2009), cuatro gobiernos del partido ARENA-Alianza
Republicana Nacionalista, que sustituyó al gobierno democristiano, asumió las
políticas neoliberales.
Mauricio Funes, no militante del partido de izquierda, expresa la voluntad del
poder popular desde la cúpula gubernamental. Durante casi dos siglos de
existencia de la sociedad salvadoreña ha sido tradición que quienes asumen el
poder del Estado son miembros oligárquica dominante o de la fracción de la clase
empresarial de la burguesía fiel al partido. Esta vez fue diferente. Funes asumió la
presidencia de la república como gobierno del poder ejecutivo, administrador del
Estado, en el marco de la Constitución y los Acuerdos de Paz firmados en 1992.
Su gobierno dio apertura a un periodo extraordinario que llamamos cambios
transicionales porque intentan transformar las relaciones socio económicas,
político ideológicas, culturales, educativas, ecológicas en las estructuras del poder
oligárquico.
segundo gobernante, Salvador Sánchez Cerén, proviene de la clandestinidad y de
los frentes de combate en la montaña durante la guerra revolucionaria. Su utopía
es construir una sociedad más justa, inclusiva, solidaria y democrática. Formó su
pensamiento político ideológico y práctica radical con teorías del marxismo-
leninismo y anti imperialista durante la crisis política de la década 1970 y el
conflicto de 12 años (1980-1992). De vuelta a la vida política electoral cambió la
mentalidad radical de más de cuatro décadas de lucha.
(Harner)
Castro, P. (2016). Evolución del cambio social en El Salvador. La transición al siglo xx. En P. Castro.
Harner, M. (s.f.). Historia de las FPL a traves de sus dirigentes . En UCA. EL SALVADOR .