UNIVERSIDAD ESTATAL DEL SUR DE MANABÍ
INSTITUTO DE POSGRADO
MAESTRÍA EN CIENCIAS DEL LABORATORIO CLÍNICO
La eutanasia. Aspectos éticos y
jurídicos
ASIGNATURA:
ETICA Y BIOSEGURIDAD
DOCENTE:
DRA. Anita María Murillo Zavala
INTEGRANTES GRUPO 2
WIMPER LÓPEZ MUÑOZ
KARLA AGUIRRE
AMERICA MOREIRA
MARICELLA BAZAN
CESAR ASPIAZU
ALEXANDRA BALDEON.
DICIEMBRE 2021
LA EUTANASIA
La palabra eutanasia proviene de las voces griegas eu = bueno y thanatos = muerte,
"Buena muerte". Este término a evolucionado y actualmente hace referencia al acto de
acabar con la vida de otra persona a petición suya, con el fin de minimizar el
sufrimiento.
La eutanasia es la terminación voluntaria de la vida de una persona que padece una
enfermedad terminal, pudiendo aplicarse de forma activa o pasiva, así como de forma
voluntaria o involuntaria
1. Eutanasia voluntaria activa: Es sinónimo de matar. El médico accede al pedido
explícitode un paciente
2. Eutanasia voluntaria pasiva: Es el dejar morir.
En la evolución histórica de la eutanasia vemos como en Grecia y en la Roma Antigua
era frecuente que los enfermos sin cura se quitaran la vida o que incluso el médico les
administrase veneno con ese fin. Más adelante, el surgimiento del cristianismo ayudó a
reforzar la tendencia hipocrática de respetar la vida y convirtió el rechazó a la eutanasia
en tendencia mayoritaria. En las últimas décadas del siglo pasado y en las primeras del
presente, surgen teorías como la degeneración innata, el Darwinismo Social, exponen
que hay unas vidas que no merecen vivirse, mencionando entre éstas, a los enfermos
terminales, enfermos mentales, niños deformes, sociópatas, alcohólicos, etc. Como bien
sabemos, el nacional socialismo alemán llevó a la práctica algunos de estos argumentos,
terminando con el terrible genocidio judío, haciendo de la eutanasia un derecho del
estado sobre la vida de los individuos. En las décadas siguientes surgen algunas
entidades en pro de la legislación de la eutanasia, como algunos intentos aislados, pero
no es hasta la década de los 70 que surge en Holanda un movimiento de opinión pública
que apoya la posición de los galenos que cometían eutanasia.
Es por ello, que en Derecho y Ética suelen darse casos de derechos conflictivos. El
derecho de una persona, cómo y cuándo morir parece entrar con colisión con otros
valores significativos, como la salvación y la prolongación de la vida humana. En los
conflictos morales, los que deciden los tribunales, no se resuelve el asunto moral
conflictivo, pero los argumentos y las cuestiones que se invocan en las disputas
jurídicas, reflejan las dimensiones éticas del problema. En todas las definiciones de
Eutanasia que se han dado con anterioridad, se menciona a la competencia del paciente
como un elemento que se hace la diferencia.
Es por ello que, desde el punto de vista ético, la eutanasia activa estaría permitida si se
hace con el consentimiento pleno y claro del paciente, el cual es autónomo y por ende
dueño de su vida. Es en las últimas tres décadas que este principio de autonomía a
desplazado a la beneficencia, como primer principio de la ética médica. Como resultado
de ello la relación entre el médico y el paciente es ahora más franca y abierta, y en ella
se respeta más la dignidad de los pacientes. Pero esto a su vez, significa que cuando
todos los seres humanos que componen un grupo social viven de forma adulta y
autónoma, hay mucha probabilidad, de que no solo en el mundo de la política, sino
también en el de la moral y el de la religión, mantengan posiciones diferentes.
Es en base a aquellos y otros aspectos que se ha dicho que la autonomía tiene
restricciones internas y externas que pueden impedir las decisiones y acciones
autónomas. El derecho moral del paciente al respeto de su integridad y autonomía, no es
absoluto. Cuando ese derecho entra en conflicto con el de la integridad de otras
personas surgen varias limitaciones. Una de ellas es el derecho del médico, como
persona a su propia autonomía.
Esto en el futuro, se convertirá en un asunto de importancia cada vez mayor, a medida
que se legalicen los procedimientos debatibles por razones morales, como la eutanasia
voluntaria o el suicidio asistido. Sin embargo, pienso que ninguna normal legal podrá
obligar al médico a condicionar o renunciar a sus principios éticos es decir a su
integridad. Por ello, tanto el médico como el paciente están obligados a respetar la
integridad de la otra persona y ninguno puede imponer sus valores al otro. Llevado a sus
últimos extremos, el derecho de autonomía moralmente justificable, podría minar el
carácter comunitario de la existencia humana.
La autonomía convertida en un derecho absoluto, conduce al atomismo moral, al
privatismo y a la anarquía. La comunidad en que reside el paciente tiene también sus
derechos morales. Esta dimensión comunitaria de la ética médica, está en peligro de
verse comprometida si el impulso dado actualmente a la autonomía, no se modula y
equilibra de acuerdo con los derechos morales de las otras personas y la comunidad. Por
todo lo anteriormente expuesto, es que concuerdo con Pellegrino, cuando menciona que
muchas de las deficiencias morales del concepto y principio de la autonomía, mejoran
cuando consideramos el concepto más fundamental de integridad de las personas, del
que la autonomía es una expresión parcial e incompleta.
La integridad es un concepto más complejo que el de autonomía. La integridad abarca la
autonomía porque la pérdida de ésta impide que se obre como ser humano intacto y
completo. Sin embargo, la autonomía no es sinónimo de integridad de la persona, ya
que la integridad incluye la totalidad fisiológica, psicológica y espiritual del individuo.
La autonomía es una capacidad de la persona total, pero no es el total de las capacidades
de una persona.
Si no hemos desarrollado nuestra capacidad para emitir un juicio racional carecemos de
autonomía y podemos perder la que tengamos al perder esa capacidad racional.
Podemos disponer de varios grados de autonomía, según la interacción de impedimentos
internos y externos en el funcionamiento de nuestra capacidad para elegir y actuar con
autodeterminación. En esas circunstancias, nuestro derecho a la autonomía se puede
trasladar a las decisiones de un sustituto moralmente válido o ha un documento tal como
un testamento de vida, un poder notarial duradero o una orden médica. La transferencia
de nuestra autonomía es una violación de una parte importante de nuestra humanidad,
aunque no nos priva de nuestra condición de seres humanos.
Por otra parte, la integridad, es un asunto de existencia. La integridad no es algo que
tenemos, es parte de nuestro ser como humanos. Violar nuestra integridad es violar todo
nuestro ser como criaturas humanas. Desde este punto de vista, la restauración de la
integridad de la persona, es la base moral de la relación del médico con el paciente.
Los principios de intimidad, autonomía y respeto a la integridad de la persona, son
necesarios, pero no totalmente suficientes para preservar la integridad de la persona
enferma en la transacción médica. Lo indispensable es la persona de integridad, la
persona de entereza moral que respete los matices y las sutilezas del derecho moral a la
autonomía. Por tanto, el médico debe ser una persona que tenga la virtud de la
integridad, una persona que no solo acepte el respeto de la autonomía de otros como
principio o concepto, sino también en la que se puede confiar para que interprete su
aplicación con la máxima sensibilidad moral. El médico nunca debe olvidar que
automáticamente es un cómplice moral de cualquier política, acto o decisión que ponga
en peligro la integridad y autonomía del paciente.
Por estas razones para tomar decisiones moralmente justificables, la decisión no debe
ser tomada por el médico en lugar del paciente ni por éste independientemente del
médico o de la comunidad. La condición moralmente óptima es aquella en la cual la
decisión proviene del médico y del paciente. Esta formulación preserva el derecho legal
a la intimidad, el derecho moral a la autonomía y el derecho moral más profundo a la
integridad de las personas. A pesar de todos los argumentos éticos antes mencionados,
en la práctica cuando un paciente con enfermedad terminal acompañada de gran
sufrimiento, decide someterse a la eutanasia, es muy difícil saber con certeza si el
paciente está en capacidad de dar un consentimiento informado y pleno para tomar una
determinación libre, de tal importancia.
¿Hemos realizado un manejo integral y racional de nuestro paciente terminal?
Cuidado activo y total. Manejo multidisciplinario de la calidad de vida. Atención
integral del fin de la vida. Al final el médico debe distinguir claramente entre prolongar
la vida y prolongar la muerte, si lo primero tiene sentido lo segundo no.
El médico necesita mucha ecuanimidad para evaluar que debe hacerse o que no,
buscando siempre el bien del paciente. Otro aspecto controversial es sobre el concepto
de «calidad de vida» en los pacientes terminales, el cual arrastra consigo una carga de
subjetivismo y un riesgo de arbitrariedad, que lo convierte en un tema bioético
incómodo. La calidad de vida solo es dimensionada en toda su magnitud por el propio
paciente. Es por tanto difícil determinar la «calidad de vida de una persona», porque
contiene un elemento subjetivo que difiere de una persona a otra y hasta puede variar en
una misma persona de un momento a otro.
Por ello fundar la decisión de un tratamiento en «la calidad de la vida» es éticamente
más problemático que fundarlo en hechos objetivos referidos al pronóstico y evolución
de la enfermedad. Pese a la incertidumbre de hacer predicciones respeto a la evolución
de un paciente, esta tarea se basa en información objetiva. Por último no debe
confundirse la «calidad de la vida» con el concepto de «valor de la vida», pues si la
calidad es variable, el valor de la vida humana no lo es y siempre será independiente de
la circunstancias. En relación al uso de medios ordinarios y extraordinarios en el
paciente terminal, esto también ha generado algunas posiciones disímiles.
Se ha dicho que para no faltar a la ética médica deben usarse los medios ordinarios, pero
no hay obligación de usar los extraordinarios.
Hay 4 criterios que pueden servir para clasificar un recurso de extraordinario o no
proporcionado para un paciente
El beneficio obtenido no tiene significancia, si se evalúa dentro de la salud total del
paciente.
La gama de aspectos o cuestiones éticas controversiales en relación a la eutanasia, es
por supuesto más amplia y vasta, de lo que me he referido. La discusión y la
confrontación al respecto queda abierta y deberá llevar a enriquecer las decisiones que
en el futuro adopte la sociedad en su conjunto. Mientras tanto, el médico debe empezar
a asumir plenamente el rol que la sociedad le ha asignado en el cuidado del paciente, rol
que incluye su activa participación en el proceso que antecede al final de la vida y
durante el acto de morir.