Imputación subjetiva
Introducción a la Unidad 4
Unidad 4: Evolución histórico-dogmática de la culpabilidad, elaborada por Elena Iñigo Corroza, Doctora en Derecho y
profesora titular de Derecho penal, Universidad de Navarra.
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Objetivos
Distinguir la evolución histórica de la categoría de la culpabilidad para reconocer la relevancia de las distintas
posiciones en el desarrollo de la teoría jurídica del delito.
Identificar el concepto de la culpabilidad y su contenido.
Comprender la imputación de la culpabilidad como juicio de reproche.
Imputación subjetiva
Sobre el concepto de culpabilidad
En este Artículo revisaremos el análisis de la culpabilidad del sujeto, que presupone la realización de un hecho
típicamente antijurídico como juicio de reproche. Se trata de determinar si el sujeto tenía libertad (en sentido de
voluntariedad) para obrar de otra manera; en definitiva, si conocía la norma y era capaz de obrar conforme a esa
comprensión.
Introducción
La culpabilidad como juicio de reproche presupone una distinción clave, determinar si lo sucedido es un hecho, esto
es, una conducta típica y antijurídica y, por otro lado, atribuir ese hecho al agente a título de reproche.
Este juicio de reproche que se dirige al agente por su hecho se basa en su consideración de sujeto como libre.
Cuando se trata de libertad en el ámbito de la culpabilidad se hace referencia a la libertad plena, no solo que el
sujeto conoce lo que hace (libertad mínima, volición), sino que sabe lo que hace (libertad en sentido más amplio,
voluntariedad).
El juicio de reproche que se encierre en la culpabilidad implica que se ha obrado con volición y con
voluntariedad; por tanto, que al sujeto se le puede reprochar su hecho. Esto exige que el agente
comprenda y conozca la ilicitud de su hecho, conozca la norma y que pueda actuar conforme a esa
comprensión.
Como estableció el maestro Roxin:
La distinción entre injusto y culpabilidad es considerada con razón como una de las perspectivas
materiales más importantes que ha logrado elaborar nuestra ciencia del derecho penal en los últimos cien
años".
Claus Roxin.
El concepto de culpabilidad y su contenido ha sido y es un tema controvertido. La evolución de esta institución refleja
la evolución de la teoría del Derecho penal.
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Sobre el concepto de culpabilidad
Como bien señala Sánchez-Ostiz Gutiérrez2 , la doctrina clásica empleaba dos categorías para imputar
responsabilidad:
En la doctrina penal, ya desde Von Liszt3 , ha sido habitual en la teoría del delito la distinción entre antijuricidad y
culpabilidad, entendiendo por tal la imputación del injusto a su autor.
Los dos conceptos, antijuricidad y culpabilidad, se han identificado con la parte objetiva (hecho) y la
subjetiva (sujeto) del delito.
Jescheck4 ya señaló que el injusto penal no es el delito, sino solo es delito el injusto merecedor de pena. La doctrina
acepta que la mera constatación de la realización de un hecho típicamente antijurídico no es suficiente para
configurar la responsabilidad penal5 .
En un estado democrático la responsabilidad penal es responsabilidad por el hecho y debe
sustentarse también en la culpabilidad.
La culpabilidad se configura como un juicio sobre el autor, sobre el comportamiento del agente a título de reproche.
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Simplificando mucho podría decirse que la antijuricidad es un juicio desvalorativo relativo a que la conducta no es
conforme a Derecho y la culpabilidad supone un juicio desvalorativo posterior, en el que se reprocha al sujeto no
haber actuado conforme a la norma.
La cuestión radica precisamente sobre qué aspecto debe ir referido el juicio de reproche. No parece adecuado que
esto se refiera a la voluntad de cometer el hecho antijurídico, tampoco al carácter de la persona, a su personalidad,
pues esto se asemeja a la idea de un Derecho penal de autor.
Sobre el fundamento de la culpabilidad hay básicamente dos concepciones principales:
La doctrina de la libertad de voluntad.
La que parte de las necesidades preventivas como fundamento de la culpabilidad.
Por un lado, la doctrina de la libertad de voluntad parte de la idea del libre albedrío y concibe la culpabilidad como un
juicio de reproche que se hace al autor de la acción típica y antijurídica porque, en el caso concreto, podía haber
actuado de otro modo.
Para saber si al individuo le era exigible poder comportarse conforme al Derecho hay que comprobar si tuvo
posibilidad de hacerlo, lo que lleva consigo una valoración de su libertad. Es cierto que desde las ciencias
extrapenales se ha cuestionado el punto de partida de esta teoría, negando el libre albedrío.
La otra postura principal es la que parte de las necesidades preventivas como fundamento de la culpabilidad. La idea
que subyace es que el castigo de los inimputables no es necesario frente a la colectividad (prevención general) e
incluso que el castigo no es necesario para el infractor, puesto que es un sujeto no motivable por la norma
(prevención especial).
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Esta posición doctrinal pone el acento en la idea de la falta de motivabilidad del sujeto concreto por la norma. El fin de
las normas penales es intentar evitar la comisión de delitos a través de la función motivadora que estas ejercen en la
conciencia de las personas.
Gimbernat6 intenta sustituir la culpabilidad como criterio autónomo parar determinar la responsabilidad a través de las
necesidades de prevención, al considerar que el juicio de reproche no otorga un fundamento racional a la pena. Otros
autores como Roxin o Jakobs no optan por la supresión de la categoría, sino por dotarla de nuevo contenido sobre la
base de los fines de la pena. Roxin a través de la idea de prevención-integración, completando la culpabilidad
tradicional con consideraciones preventivas, señala que la pena solo se puede imponer "cuando ello sea
imprescindible por razones de prevención especial o general para mantener el orden social pacífico”7 .
Por su parte Jakobs8 , discípulo de Welzel, lleva hasta sus últimos extremos la normativización de la culpabilidad
construyendo un concepto funcional de culpabilidad, es decir, un concepto orientado al fin preventivo general de
restablecer el Derecho que ha sido conculcado por el delito.
El binomio culpabilidad y pena se establece jurídicamente, asignándole a la pena una función de
restablecimiento de la norma y reafirmación del Derecho, de prevención general positiva.
Por su parte, Mir Puig 9 entiende el fundamento de la culpabilidad, que denomina imputación personal, en la
capacidad de motivación del sujeto, pero cree que en algunos casos como en los supuestos de inexigibilidad es difícil
mantener la falta de motivabilidad del sujeto y sostiene que puede haber casos en los que el sujeto no pueda ser en
absoluto motivado por la norma y otros en los que no hay normalidad motivacional.
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Así, las normas penales se dirigen a sujetos motivables por la norma y no puede exigirse su cumplimiento a quienes
no son capaces de motivación normal. Diferencia Mir Puig cuando la falta de motivabilidad podría afectar a todos los
sujetos o al hombre medio, entonces, afectaría a la antijuricidad; no habría infracción de la norma de determinación.
Ahora bien, si solo afecta al sujeto concreto hay una incapacidad personal, pero habría antijuricidad de la conducta.
Para Mir Puig la razón última estaría en el principio de igualdad real y su concreción en tratar desigual lo que es
desigual. Así:
El límite máximo de lo punible en un Derecho democrático, que intenta responder a las expectativas del
hombre normal, esto es, de la colectividad a la que se dirige, es lo exigible a dicho hombre normal".
Santiago Mir Puig.
Por su parte, Silva Sánchez11 integra también en su concepto de culpabilidad consideraciones preventivas y las
garantías más tradicionales. Su punto de partida es que en sociedad todos partimos de una recíproca atribución de
libertad.
La atribuibilidad individual (en su terminología) debe tener en cuenta consideraciones preventivas y garantistas,
donde el concepto de exigibilidad adquiere gran importancia, pero su grado debe establecerse según las
necesidades preventivas que abonarían el establecimiento de mayores niveles de exigencia, también argumentos de
intervención mínima, y criterios humanitarios que apoyarían su reducción.
Siguiendo esta corriente entendemos que la culpabilidad no se basa solo en la libertad del agente, sino también en la
valoración que en cada momento histórico la sociedad entiende que es necesario castigar con penas o tratar con
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medidas de seguridad.
En definitiva, el fundamento de la culpabilidad es fruto de una combinación de libertad y necesidades
preventivas.
Como se ha puesto de manifiesto, el concepto de culpabilidad es uno de los ejes centrales de la teoría de la
imputación penal. Se plantea la culpabilidad como un jucio de reproche que se hace al sujeto que ha llevado a cabo
una conducta típicamente antijurídica, tomando como base de la imputación su capacidad de actuar de otro modo.
Ahora bien, no se lleva a cabo la valoración de la libertad de manera general, sino teniendo en cuenta valoraciones
histórico-sociales. El juicio de culpabilidad combina así consideraciones sobre la libertad del sujeto junto con
necesidades preventivas.
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Evolución de la teoría de la culpabilidad
En este Artículo revisaremos el desarrollo histórico dogmático de la categoría de la culpabilidad, desde las posiciones
del causalismo naturalista hasta la actualidad. Este desarrollo ha llevado a que la estructura de la teoría jurídica del
delito haya ido cambiando, de manera especial el concepto de dolo.
Evolución de la teoría de la culpabilidad
En el desarrollo del concepto de culpabilidad han tenido gran relevancia las consideraciones históricas y sociales
sostenidas por las distintas posiciones doctrinales del momento. Así, desde el causalismo naturalista que entiende la
culpabilidad como relación psicológica entre el hecho y su autor e incluye todos los elementos subjetivos del hecho
en la culpabilidad; siguiendo por las doctrinas normativas de la culpabilidad que entiende esta categoría como un
juicio de valor, como un juicio de reproche. Hasta llegar al finalismo, que termina de cerrar la idea de que la
culpabiliad solo hace referencia a la reprochabilidad del hecho porque el objeto de reproche se encuentra en el
injusto. En la culpabilidad solo quedan las condiciones que permiten atribuirlo a su autor.
El causalismo naturalista y la teoría psicológica de la culpabilidad
Se entiende que la teoría jurídica del delito empieza con Von Liszt1 y Beling 2 que, siguiendo el modelo analítico de
las ciencias naturales tan propio de finales del s. XIX, mantienen una concepción psicológica de la culpabilidad. En
este concepto clásico (causal-naturalista) de delito, la culpabilidad recoge la parte subjetiva del delito, la relación
psicológica existente entre el hecho y su autor. De esta forma:
La parte objetiva del delito tiene como base la causalidad, nexo causal material entre el hecho y el resultado.
La parte subjetiva es un nexo entre el hecho y la mente del sujeto. Esta conexión psíquica puede tener dos formas
posibles según su intensidad: dolo o culpa.
En el caso del dolo, el nexo psíquico es voluntad e intención (dolo como dolus malus) y en el de la culpa, aunque el
sujeto no quiere el resultado, se entiende que sí quiere la acción en sí (voluntad). Algunos otros autores dirían que
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conoce o puede conocer que se puede producir el hecho típico (conocimiento, previsibilidad).
Es cierto que esta concepción psicológica de la culpabilidad explicaba perfectamente el delito doloso,
pero no el imprudente, donde se habla de causalidad psicológica sin que exista.
Se argumentó la existencia de este otro “nivel” de culpabilidad de distinta manera, explicándola, por ejemplo, como la
previsibilidad de lesión, pero aun así se considera uno de los puntos débiles de esta teoría.
La concepción normativa de la culpabilidad
Las críticas a este modelo de culpabilidad llevaron a principios del s. XX a la formulación de una concepción
normativa de culpabilidad. Esta nueva forma de entender la culpabilidad responde, como la anterior, a un contexto
científico-cultural concreto. Ahora se habla de una corriente neokantiana que no pretende describir realidades
naturalísticas, sino comprender el significado valorativo de los conceptos jurídicos. Se da el paso desde una
perspectiva cientificista del Derecho a una valorativa.
Frank, Goldsmidt, Freudenthal o Mezger3 son representantes de esta teoría que con matices ha llegado hasta la
actualidad. Es Frank4 en 1907 quien maneja el concepto de reprochabilidad como elemento configurador de la
culpabilidad. La culpabilidad no es una constatación psíquica entre el hecho y su autor, sino que supone un juicio de
valor, un juicio de reproche al autor por la realización de su hecho antijurídico siendo exigible obrar conforme al
Derecho.
El sujeto así podía conocer que estaba llevando a cabo un hecho delictivo, pero podía no reprocharse su conducta al
entender que se encontraba en una situación en la que no podía exigírsele obrar de otro modo, por ejemplo, por un
estado de necesidad o por una situación de inimputabilidad.
Este modo de entender la culpabilidad respondía a un contexto no analítico-científico como el anterior, sino propio de
la metodología kantiana. No se trata de describir, sino de valorar, de comprender.
De este modo, la culpabilidad, entendida como reproche por voluntad defectuosa, tenía como
presupuesto la imputabilidad como capacidad de culpabilidad; el dolo o la culpa, como voluntad
defectuosa y la ausencia de causas de exculpación, donde el sujeto no merecería reproche por no
serle exigible que obrara conforme a Derecho.
Este modelo se diferencia del anterior, no tanto en el contenido de la categoría de la culpabilidad, sino en la
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perspectiva desde la que se analiza. El juicio sobre la culpabilidad es valorativo, supone un reproche al sujeto por el
hecho.
La concepción normativa del finalismo. El gran cambio
Podría decirse que Welzel 5 introduce lo que será el cambio que más afectará al concepto de culpabilidad. Parte de la
idea de finalidad como elemento central configurador del injusto y esto supone que el dolo y también la imprudencia
no son parte de la culpabilidad, sino del mismo injusto. Esto es tan relevante porque elimina todo el contenido
psicológico que quedaba en esta categoría.
Para el finalismo la culpabilidad incluye todas las circunstancias que influyen en la reprochabilidad del hecho
antijurídico. Todo lo que tiene que ver con el hecho, todo el objeto de reproche está en el injusto y la culpabilidad
recoge todos los aspectos que permiten atribuirlo a su autor.
El concepto de culpabilidad, ya puramente normativo, está integrado por los siguientes elementos:
La imputabilidad. Se entiende como el poder actuar de otro modo. El núcleo de la culpabilidad ya no se ve en la
voluntad defectuosa -de la que la imputabilidad sería un presupuesto-, sino en las condiciones de atribuibilidad del
injusto, que giran en torno a la idea del “poder actuar de otro modo”6 .
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La conciencia de la antijuricidad. Ya no forma parte del dolo, que ha pasado a la tipicidad como conocimiento del
riesgo típico que la conducta despliega. Se mantiene en la culpabilidad esa otra parte del dolus malus, que es el
conocimiento de la prohibición (o prescripción, en su caso) de la conducta.
La exigibilidad o ausencia de causas de exculpación. La exigibilidad de otra conducta hace referencia al juicio de
reproche. En las causas de exculpación (no de justificación), al sujeto no se le reprocha la conducta llevada a cabo,
teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encontraba (como ocurre en el miedo insuperable).
Aunque se han seguido y se seguirán haciendo matizaciones al concepto y contenido de la culpabilidad, el concepto
normativo del finalismo es el que mayoritariamente se ha sostenido hasta hoy. En posiciones más actuales con
elementos de necesidad de pena, como ya hemos señalado.
Sobre lo que sí parece existir consenso es sobre la idea de que la antijuricidad valora el hecho y que ese hecho
prohibido debe poder ser atribuido a su autor.
Es también dominante la idea de que la valoración personal del autor debe seguir a la del hecho, lo
que determina que no existe la culpabilidad en sí, sino culpabilidad por hecho antijurídico. En
definitiva, la culpabilidad supone la imputación de un hecho antijurídico a un sujeto a título de
reproche.
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Otra cuestión no exenta de diversas interpretaciones es la de determinar en qué se fundamenta esta idea de que la
valoración personal del autor debe seguir a la del hecho. Por un lado, puede sostenerse que la clave del fundamento
material de la imputación al sujeto está en la libertad de la voluntad. Este ha sido el planteamiento tradicional,
entendiendo que la clave del reproche está en el poder actuar de otro modo.
Podría plantearse como escollo a esta argumentación qué se entiende por poder actuar de otro modo. Cuál es el
alcance real de la libertad humana. Se refiere a una imposibilidad absoluta, cercana a la vis absoluta, o basta con una
constricción relevante de la libertad de la voluntad. Se trata de una libertad real, que habría que demostrar
empíricamente, o una presunción de libertad.
El fundamento de la imputación personal puede basarse según otra concepción en la idea de necesidad de pena.
Esta concepción parte de una óptica preventivista, entendiendo que los sujetos no culpables no requieren (necesitan)
la misma pena frente a la sociedad.
Es interesante el planteamiento de que estos sujetos no necesitan pena, aunque sí otras medidas
asegurativas o de control porque no son motivables o lo son escasamente por ella. Por tanto, la norma
no tiene efectos preventivos en los no culpables.
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Podríamos decir, simplificando mucho, que la culpabilidad:
Como se ve o se intuye de lo anteriormente expuesto, la idea es que no hay una única forma de entender el
fundamento último de la culpabilidad, aunque sí haya bastante unanimidad en lo que representa y en que sea el
último gran elemento de delito para permitir la imposición de una pena (no atendemos ahora a los casos
excepcionales de ausencia de punibilidad).
La culpabilidad cierra la exigencia al sujeto por el hecho para poder imponer una pena, eximir de ella
o permitir graduarla no solo según el grado de injusto, sino también según el grado de culpabilidad
del sujeto.
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Un adelanto sobre el contenido de la culpabilidad
En la siguiente Unidad veremos con detención los elementos que configuran la culpabilidad, pero ahora
sintetizaremos cuáles son y a qué hacen referencia.
De la evolución histórico-dogmática se ha evidenciado el cambio que los diferentes enfoques de la culpabilidad han
ido representando en la configuración de la teoría jurídica del delito. La inclusión del dolo y la imprudencia en la
tipicidad supone que el dolo ya no es dolus malus y que el conocimiento de la antijuricidad de la conducta es lo único
que queda en sede de culpabilidad.
La exigencia de otra conducta, como elemento que hace referencia a la idea de reprochabilidad del sujeto o el
problema de las enfermedades mentales que hacen que el sujeto no conozca la entidad de lo que hace, van dando
forma al contenido de la culpabilidad en la actualidad.
Para poder imputar el hecho antijurídico al sujeto hemos señalado que debe poder hacerse a título de reproche, esto
es, entendiendo que este sujeto debía haber obrado de otra forma y para ello hay que demostrar que el sujeto
comprendía la norma y era capaz de comportarse conforme a esa comprensión.
Para que exista la culpabilidad debe poder afirmarse lo siguiente:
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En las siguientes unidades estudiaremos cómo se interpretan estos tres elementos del contenido de la culpabilidad.
Como hemos visto, desde las posiciones más causalistas, donde la culpabilidad hace referencia a la parte subjetiva
del delito, hasta la doctrina final de la acción que distingue la parte subjetiva que refiere al dolo, del reproche al
sujeto, toda la evolución de la doctrina de la culpabilidad marca la configuración de la teoría jurídica del delito.
La culpabilidad es un juicio de reproche que procede realizar después de determinar si una conducta es objetiva y
subjetivamente típica y antijurídica. En la doctrina penal el contenido de la culpabilidad se ha ido planteado de
manera muy distinta. De entender la culpabilidad como una cuestión de mera relación de causalidad entre lo
producido exteriormente y la voluntad del agente; a la idea neokantiana de introducir elementos valorativos, luego a
plantear que la conducta humana no era comprensible si no incluía la finalidad (el dolo); hasta, finalmente, el
planteamiento actual donde la culpabilidad tiene un marcado carácter normativo. Toda esta evolución ha dado lugar a
una categoría de la culpabilidad compuesta por tres elementos:
Imputabilidad.
Conocimiento de la antijuricidad.
Exigibilidad de comportarse conforme a la norma.
De la valoración que se haga de estos tres elementos, cuestión que veremos en las próximas unidades, depende el
juicio de reproche al sujeto por su hecho antijurídico.
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Puntos Principales
El planteamiento de la culpabilidad como juicio de reproche parte de la idea del sujeto como ser libre. Cuál sea
ese concepto de libertad marcará la clave de la imputación al sujeto como culpable.
Partimos de un concepto de libertad como voluntariedad, superior a una mera volición, como capacidad del
sujeto de conocer la norma y ser capaz de seguirla.
La doctrina ha ido configurando el concepto de culpabilidad partiendo de distintas consideraciones dogmáticas,
desde la idea de culpabilidad como vínculo psicológico del sujeto con el hecho, hasta las ideas mantenidas en
la actualidad por posiciones mayoritarias en las que la culpabilidad es un juicio de reproche que se basa en la
libertad del autor. Esta libertad es entendida como la capacidad de comprender la norma y actuar conforme a
esa comprensión junto con valoraciones preventivas.
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edició[Link]
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Imputación subjetiva
Material de Profundización Unidad 4
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