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Juegos en la sociedad incaica según Guaman Poma

Este documento resume el libro "La memoria del mundo inca. Guaman Poma y la escritura de la Nueva corónica" editado por Jean-Philippe Husson. El libro analiza la obra de Guaman Poma de Ayala titulada "Nueva corónica y buen gobierno" con el objetivo de estudiar el contexto de los juegos andinos prehispánicos y coloniales según lo descrito por Poma. El documento presenta extractos de la "Nueva corónica" donde Poma menciona juegos como la peonza
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Juegos en la sociedad incaica según Guaman Poma

Este documento resume el libro "La memoria del mundo inca. Guaman Poma y la escritura de la Nueva corónica" editado por Jean-Philippe Husson. El libro analiza la obra de Guaman Poma de Ayala titulada "Nueva corónica y buen gobierno" con el objetivo de estudiar el contexto de los juegos andinos prehispánicos y coloniales según lo descrito por Poma. El documento presenta extractos de la "Nueva corónica" donde Poma menciona juegos como la peonza
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COLECCIÓN ESTUDIOS ANDINOS

La memoria del mundo inca


Guarnan Poma y la escritura de la Nueva coránica

Jean-Philippe Husson
Editor
BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ
Centro Bibliográfico Nacional

985.0095 La memoria del mundo inca: Guarnan Poma y la escritura de la Nueva corónica [sic.] /
Ma Jean-Philippe Husson, editor.-- la ed.--Lima: Apus Graph Ediciones: Pontificia Universi-
dad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2016 (Lima: Tarea Asociación Gráfica Educativa).
367 p. : il. (algunas col.), mapas, retrs. ; 24 cm.--(Estudios andinos/ dir. Marco Curatola
Petrocchi ; 19)

Incluye bibliografías.

D.L. 2016-14786
ISBN 978-612-317-204-6

l. Guamán Poma de Ayala, Felipe, m. 1615? - Crítica e interpretación 2. Guamán Poma


de Ayala, Felipe, m. 1615?. Nueva crónica y buen gobierno - Crítica e interpretación
3. Cronistas - Perú 4. Codicología - Perú 5. Análisis del discurso literario 6. Incas - Vida
y costumbres sociales 7. Perú - Historia - Época Prehispánica - Incas - Aspectos sociales
l. Husson, Jean-Philippe, editor 11. Curatola Petrocchi, Marco, 1951-, director III. Pontificia
Universidad Católica del Perú IV. Serie

BNP: 2016-1452

La memoria del mundo inca. Guaman Poma y la escritura de la Nueva corónica


Jean-Philippe Husson, editor
© Jean-Philippe Husson, 2016
De esta edición:
©Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2016
Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú
[email protected]. pe
www.pucp.edu.pe/publicaciones
Imagen de cubierta: Martín de Murúa, Historia y genealogía de los reyes incas del Perú,
Manuscrito Galvin (1590), f. 76v.
Cuidado de la edición: Anel Pancorvo Salicetti
Diagramación de interiores: Mario Vargas Castro y Juan Carlos García M.
Corrección de estilo: Jorge Coaguila
Primera edición: diciembre de 2016
Tiraje: 1000 ejemplares

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente,


sin permiso expreso de los editores.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2016-14786


ISBN: 978-612-317-204-6
Registro del Proyecto Editorial: 31501361601215

Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa


Pasaje María Auxiliadora 156, Lima 5, Perú
El juego en el Perú prehispánico y colonial,
según Felipe Guarnan Poma de Ayala
Denis Roberge

Introducción
El juego es una actividad humana presente en prácticamente todas las culturas y
un elemento fundamental de estas. Como los fenómenos sociales de importancia
mayor -la religión, la política, la economía...- , inspiró numerosos estudios, de
los que se desprende que, si bien el hecho de jugar es universal, los juegos no
son idénticos ni se practican de manera similar en todas las culturas del mundo.
También se colige de dichos estudios que los juegos son el reflejo de la sociedad
que los adoptó y que difieren por las funciones culturales que cumplen. En
definitiva, los juegos están en una relación de interdependencia con el sistema
social, económico, político y religioso de una sociedad. Así, desempeñan un
papel de medio de comunicación para permitir la transmisión de informaciones
culturales y, al asumir esta responsabilidad, participan en la normalización de las
relaciones entre los individuos y grupos. En este sentido, son significativos del
nivel de desarrollo cultural de una sociedad.

Los juegos, por consiguiente, no tienen una existencia casual sino que obran con
determinado fin. Tienen, pues, una relación funcional con la sociedad. Puesto
que las estructuras sociales se concretan a través de los juegos, estos reflejan el
funcionamiento general de la sociedad. En ellos, por consiguiente, se puede
estudiar la organización social en su totalidad. La utilización selectiva de cierto tipo
de juegos, la instrumentalización de los mismos para resolver problemas de índole
social, económica y política son algunos aspectos que abordaremos en este estudio.

El fenómeno del juego en la cultura del Perú prehispánico y, más especialmente, el


lugar ocupado por los juegos en la organización de la sociedad 'inca fueron solo muy
Denis Roberge

parcialmente estudiados hasta la actualidad. Entre las «crónicas de Indias»


siglos XVI y XVII, las que fueron redactadas por autores españoles mencion
vez en cuando los juegos practicados por la población indígena, pero sin expla
sobre sus funciones. Consideradas de manera general, las informaciones d
disponemos son escasas, a veces deben ser tomadas con cautela y a menudo
de interpretación delicada. Por fin, en la gran mayoría de los casos, los autor
suministran sin situarlas en su contexto, lo que dificulta su comprensión. A
respecto es de especial interés la crónica de Guarnan Poma de Ayala, Nueva co
y buen gobierno (1936 [1615]) , en adelante la Nueva corónica, pues esta, en
medida, se halla exenta de los referidos defectos. La posibilidad que nos brin
dicho documento de estudiar el contexto de los juegos andinos prehispánico
coloniales nos decidió a centrar en él la presente ponencia.

Si queremos comprender la sociedad andina, es necesario que analicemo


significado de los juegos en el pensamiento de los individuos o grupos que l
adoptan. Al estudiar los pasajes que, en el manuscrito de Guarnan Poma,
refieren al juego, estaremos en condiciones de aprehender el concepto que de e t
tenía el autor y, a través de él, el indio en general. Desgraciadamente, Guarnan
Poma no nos proporciona sino parcas informaciones sobre la naturaleza de lo
juegos andinos. En cambio, al situarlos en su contexto cultural, nos ayuda a captar
su función en la sociedad andina y la importancia que tenían para quienes los
practicaban. Mi estudio constará de tres partes: el periodo que corresponde al
Imperio inca, la conquista del Perú y la época virreinal.

El periodo histórico inca


En la cróniea de Guarnan Poma, encontramos la primera referencia al juego en el
capítulo dedicado a los gobernantes incas que gobernaron el Perú prehispánico:

/ 103 [103] / EL SESTO IN GA / Inga Roca y su hijo:


[... ]
Fue hombre largo y ancho, fuerte y gran hablón y hablaua con trueno, gran xugador
y putaniero, amigo de quitar hazienda de los pobres. Demás de la conquista de su
padre conquistó todo Ande Suyo. Dizen que se tornaua otorongo [jaguar] él y su
hijo. Y ad conquistó todo Chuncho (1992 [1615]: 103 [103]-j.

Guarnan Poma hace una descripción poco favorecedora de Inca Roca: escribe que
se entregaba al juego, que le gustaban las prostitutas y que despojaba a los pobres
de los pocos bienes que poseían. Según la cronología tradicional andina, Inca Roca
está considerado como el sexto Inca. De temperamento centralista y conquistador,

212
El juego en el Perú prehispánico y colonial

comó el control de la confederación cuzqueña en la segunda mitad del siglo XIV


y se volvió el primer monarca de 'la dinastía de los hanan-Cuzco («el Cuzco alto»)
que sustituyó la de los hurin-Cuzco («el Cuzco bajo»), cuyo último representante
fue el inca Capac Yupanqui. Según Guarnan Poma, Inca Roca conquistó la región
situada al nordeste del Cuzco, llamada Antisuyu, que abarcaba la vertiente oriental
del sur de los Andes centrales y la zona contigua de la cuenca del Amazonas.

En un capítulo ulterior en que van descritas las diversas etapas de la vida de los indios,
para ilustrar el lapso que separa la edad de cinco años de la de nueve años, Guarnan
Poma dibuja a un niñito calificado de pucllacoc, esto es, «juguetón» en quechua.
Vemos este personaje jugando a un juego de destreza llamado peonza (1992 [1615]:
208 [210]):

Figura 1: «OTABO CAllE, PVCLLACOC


[juguetón] / de edad de cinco años / niño de la
dotrina / pukllakuq». Felipe Guarnan Poma de
Ayala, Nueva coránica y buen gobierno (1615): 208
[210]. Copenhague, Biblioteca Real, GKS 2232
4º. www.kb.dk/permalink/2006/poma/info/es/
frontpage.htm.

La diferencia que separa la peonza del peón consiste en't¡ue la primera se hace
bailar azotándola con un látigo mientras que el último gira!por la acción de una
cuerda enrollada alrededor de la púa en que termina. En ambos casos, el jugador
procura mantener el juguete en movimiento durante el mayor tiempo posible. Sin
embargo, es evidente que la peonza requiere mucho más destreza que el peón, el
cual, una vez lanzado, no necesita ninguna acción.

213
Denis Roberge

A este dibujo corresponden unas cortai frases explicativas, pero sin relación con el
juego en cuestión:

/ 208 [210] / OTABO CALLE / PVCLLACOC [juguetón] / de edad de cinco años / niño
de la dotrina.
,.J

Al dibujo del niño de cinco a nueve años (figura 1) corresponde una página de
texto. Tampoco en ella encontramos referencias al juego de la peonza:

f 209 [211 ] f OTABO VECITA f


En esta calle del otabo de niños de edad de cinco años o nueue años, niños que
juegan que se dize pucllacoc uamracona:
Estos seruían a sus madres y a sus padres en lo que pudían y lleuauan muchos asotes
y coscorrones y seruían de hazer jugar a las crías que gateauan y a los questán en las
cunas de menealle y de miralle (Guarnan Poma 1992 [1615]: 209 [211]).

Guarnan Poma justifica el rigor con el cual eran educados los niños de esta edad
por sus deberes para con sus padres: debían servirlos efectuando una serie de tareas
domésticas so pena de ser castigados y golpeados. Eran encargados, entre otros, de
cuidar a los niños más pequeños y mantenerlos ocupados jugando con ellos; de ahí
su denominación de niños-juguetones, pucllacoc uamracona en quechua.

En lo que se refiere a las niñas de la misma edad, llamadas pucllacoc uarmi uamra
(juguetonas), no tenían más tiempo libre que los niños, a juzgar por la descripción
que Guarnan Poma hace de sus obligaciones para con los adultos (figura 2):

/ 229 [231 ] / OTABA CALLE / PVCLLACOC VAMRA [juguetón] / de edad de cinco años /
Cima a su madre I (Guarnan Poma 1992 [1615]: 229-230 [231-232]).

En la página de texto que corresponde al dibujo, encontramos el pasaje siguiente:

f 230 [232] f OTABA VECITA f


En esta calle del otabo, de edad de cinco años a de nueue años que le llaman
pucllacoc uarmi uamra, que quiere dezir muchachas que anda jugando:
Estas dichas doncillitas seruían de paxe de coya [reina] o de nusta [princesa] o de las
señoras grandes o de las uírgenes y de mamamaconas [sic, señoras] y seruían a sus
madres y padres de trayer leña, paxa. Estas dichas comiensan a trauajar, hilar zeda
dilicada y lo que pudían y traer de comer yuyos [planta acuática] de la labransa y
ayudaua hazer chicha y seruía de criar a los menores y le trayya cargado a los niños
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 229 [231 ]) .

214
El juego en el Perú prehispánico y colonial

Figura 2: «OTABA CALLE, PVCLLACOC


VAMRA [juguetón] /de edad de cinco años/ Cirva
a su madre/ pukllakuq wamra». Felipe Guarnan
Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno
(1615): 229 [231]. Copenhague, Biblioteca Real,
GKS 2232 4º. www.kb.dk/permalink/2006/
poma/info/es/frontpage.htm.

Desde la edad de cinco años, las niñas eran puestas al servicio de sus familias y de las
mujeres adultas en general. Tenían que ocuparse de las tareas domésticas y cuidar
a los niños más jóvenes. Al parecer, estas tareas no les dejaban mucho tiempo para
el juego, al contrario de lo que induce a pensar el término pucllacoc que evoca esta
fase de la niñez. Además, cuando el varón de cinco años representado en el dibujo
reproducido más arriba maneja una peonza, la niña de la misma edad, en vez de
jugar, lleva un cántaro en la espalda.

De estos dos dibujos se desprende que el juego de los niños no era una actividad
frívola e improductiva sino, al contrario, un servicio que obligaba a los niños
a contribuir, en la medida de sus capacidades, a la vida cotidiana de la familia.
Guarnan Poma también nos muestra que, en la sociedad inca, la socialización de las
niñas estaba orientada hacia la familia, lo que explica su limitada participación en
las actividades lúdicas, mientras que los juegos masculinos apuntaban a desarrollar
la destreza con el fin de formar a los jóvenes para la caza y los inevitables ejercicios
militares que los esperaban durante su vida de adulto. El autor describe un sistema
educativo muy riguroso, en el que la obediencia de los niños a las reglas de la
comunidad reflejaba la que la sociedad inca en general exigía de sus miembros.

215
Denis Roberge

La imagen placentera del niño-juguetón que se transparenta en el dibu'o


Guarnan Poma evoca en realidad la norma social impuesta y aplicada en el I~
inca.

Abril, mes del juego


En el calendario inca presentado por Guarnan Poma, la página dedicada a abril
Inca Raymi - esto es, la fiesta del Inca- llama particularmente la atención por la
enumeración de juegos que incluye. Estos juegos eran practicados por el Inca, l
señores y los demás miembros de la nobleza:

/ 242 [244] I ABRIL I CAMA!, INCA RAIMI [descanso, festejo del lnka] I fiesta del Ynga ¡
[... ]
/ 243 [245] / ABRIL / Inca Raymi [festijo del lnka] Quilla:
En este mes ofrecían unos carneros pintados a las dichas uacas ydolos, diose
comunes, que abía en todo el rreyno y con ello tenían mucha serimonia.
Y el dicho Ynga tenía muy grande fiesta; conbidaua a los grandes señores y
prencipales y a los demás mandones y a los yndios pobres y comía y cantaua y
dansaua en la plaza pública. En esta fiesta cantaua el cantar de los carneros, puca
llama, y cantar de los rríos aquel sonido que haze. Esto son natural, propio cantar
del Ynga, como el carnero canta y dize "yn" muy gran rrato con conpás. Y con ello
) mucho cunbite y uanquete y mucho uino, yamur aca [chicha].
Este mes está la comida maduro y anci comen y ueuen y se hartan la gente del
rreyno a costa del Ynga. Y este mes los aues del cielo y los rratones tienen qué comer.
Todo el mes juegan los señores prencipales al juego de riui [boleadores], choca, al
uayro de ynaca, pichica de hilancula y de challco chima [todos juegos] y juegan otros
juegos y rrecocijos. Tiene todo el reyno en este mes de abril Ynca Raymi [festejo del
lnka] y se horadan las orejas en este mes todos, haua yncas [pariente lejano de un
lnka] como capac ynca [poderoso lnka], uaccha yngas [lnka sin poder]. Con ello
tienen gran fiesta entre ellos y se conbidan unos con otros, ací como rrico como
pobre (Guarnan Poma 1992 [1615]: 242 [244]).

Guarnan Poma cita los siguientes juegos: el riui, la choca, el uayro de ynaca y, por
fin, la pichica de hilancula y de challcochima. Examinaremos sucesivamente estos
juegos refiriéndonos a los testimonios de cronistas más prolijos que el autor de la
Nueva corónica sobre su naturaleza.

216
El juego en el Perú prehispánico y colonial

juego de riui
Llamado «boleadoras» en castellano, el riui, o liui, o también ayllus, es un arma
·adiza que los indios de los Andes utilizaban para la caza o la guerra. Este
rro¡
in crumento consiste en tres cuerdas atadas en uno de sus extremos y que, en sus
eremos libres, llevan una bola de piedra o plomo.

Un documento que data de mediados del siglo XVII nos informa que un juego
ricual llamado aína utilizaba las boleadoras. Este juego seguía siendo practicado en
la r gión de Cajatambo en el Perú:
... y jugaron un juego que llaman aína que es tirar un ribe que son bolas de plomo
atadas a unos ylos largos y tiran unas baras de palo al aire y se enreda el dicho ribe
en el palo o bara que tiran y el ribe que da mas bueltas en el palo ese ganaba y
es juego supersticioso para saber quando a de ser bueno el suseso o malo (Visita
de idolatrías de Hacas, 1656-1658), f. 4lr, Archivo arzobispal de Lima) (Duviols
1974-1976: 277).

Un palo o vara se lanzaba al aire y los jugadores trataban de atraparlo con sus
boleadoras. El informador anónimo, en su relación de visita de idolatría, revela
que este juego tenía una connotación religiosa habida cuenta de su función
adivinatoria. También indica que este proceder permitía a los jugadores saber si lo
que proyectaban iba a desembocar en un éxito o un fracaso.

En un documento más antiguo, pues data de 1571, otro extirpador de idolatrías,


Cristóbal de Albornoz, alude a un juego llamado ayllar:

... Del machacuay (serpiente) usan el día de hoy en sus fiestas y taquies, haziendo
un juego de ayllar que antiguamente jugaba el inga, echando en alto esta figura de
culebra y hecha de lana; y los que apostavan echavan sus illos (ayllus), que son tres
ramales de soga hecha de niervos de animales o de cueros dellos, y a los cavos unas
pelotas de plomo. A este juego ganó el inga muchas provincias a las guacas que ya
se las havia(n) dado y los camayos de las guacas, permitía el inga que jugasen las
tales provincias con él por otras y se hazian perdedizos y despues de ganados por el
inga con este medio de juego, le satisfazía el inga a las guacas y camayos con dalles
tierras y ganados y otros servicios. Son muchas las tierras que ganó a este juego de
ayllar el machacuay1•

Esta vez, es una figura de lana en forma de serpiente (machacuay) la que se lanza al
aire. Para los participantes, que necesariamente tenían que hacer apuestas, el juego

1
Cristóbal- de Albornoz, La instrucción para descubrir todas las guacas del Piru y sus camayos y
haziendas, citado por Zuidema 1967: 41 .

217
Denis Roberge

consistía en atraparla lanzando sus boleadoras. El autor escribe que, gracias a este
juego, el Inca había recuperado varias provincias que previamente había entregado
a las guacas (divinidades). Según el texto, el Inca autorizaba ra los camayos (los
sacerdotes encargados del culto a las guacas) para apostarse estas provincias contra
otras y, en compensación de las provincias perdidas, les daba tierras, ganado y
muchos servicios. Este arreglo entre el Inca y los sacerdotes induce a interpretar el
juego como un ritual que permitía legitimar una nueva distribución de los poderes.

Bernabé Cobo también describe un juego llamado ayllus, muy similar al anterior:

El amor grande que tenía el Inca (Tupa Yupanqui) a esta Señora Guayro,
solicitaba su ánimo para que buscase trazas como dejar a su hijo bien
remediado. Pues con este fin, siendo ya al mozo de edad para ser armado
caballero, introdujo entre los señores de su corte el juego de los ayllos, que
antes era solo de las naciones del Callao; y así, llegada la fiesta del guarachico,
en que su hijo se había de armar caballero con otros hijos de grandes señores,
pidió el Inca a los de su consejo que, para más solemnizar la fiesta, quería
jugar con su hijo algunos pueblos de su señorío. Ellos, por complacerle,
consintieron con lo que pedía y le respondieron que Su Alteza en hora buena
todo lo que fuese servido. Señaláronse jueces y padrinos para los juegos y
para más autoridad de la fiesta, dió licencia el rey para que entrasen en ellos
los señores que quisiesen; y era ley que se había de jugar joya o presea de
mucho valor, o cierta cantidad de oro o plata. Llegado el día señalado, dieron
principio a los juegos los señores de la corte, y últimamente entraron en
ellos el rey y su hijo. El rey, como valeroso y diestro en este juego, hacía
maravillas de sus ayllos, y el mozo no se descuidaba, antes jugaba con tanta
destreza, que en muy breve tiempo ganó la apuesta a su padre y pidió a los
jueces se la diesen. Ellos, maravillados desto y sospechando no fuese cautela
el haber perdido el rey, fueron de parecer que volviesen al juego; pero el hijo
lo rehusaba, si primero no le daban lo que había ganado. Viendo los jueces
que tenía razón, le prometieron dar lo que pedía con que prosiguiese el juego.
Volvieron a jugar padre y hijo, y fue tan venturoso el hijo que turnó a ganar
por segunda vez. No consintieron los del consejo que pasase adelante el juego,
porque llevaba el mozo talle de ganar a su padre todo el reino. Preguntaron
le los jueces qué quería por la ganancia, y el mozo pidió la provincia de
Urcosuyu, y así le fueron dados los cinco pueblos della: Nuñoa, Oruro, Asilla,
Asángaro y Pucará; y estos son los pueblos que llaman Aylluscas, en memoria
desta historia (Cobo 1964 [1653], cap. 15: 86-87).

Aunque la versión de Cobo es posterior a la de Albornoz y los contextos son


muy disímiles, los dos relatos presentan asombrosas semejanzas, especialmente
en lo que a las apuestas de los competidores respecta. Co~bo refiere que el inca

218
El juego en el Perú prehispánico y colonial

Tupa Yupanqui, décimo rey de la dinastía y miembro de la parcialidad hanan,


logró así atribuir una provincia entera al hijo que había tenido con una favorita
0
esposa secundaria perteneciente a la nación colla. A esta mujer el autor asigna
la denominación «Guayro», que da la impresión de ser su nombre, pero que
ulteriormente encontraremos en contextos incompatibles con esta interpretación.
N perder su apuesta, deliberadamente al parecer, el Inca había transferido en
roda legitimidad a su hijo secundario bienes y responsabilidades, en este caso la
provincia Urcosuyu situada al norte del lago Titicaca. En realidad, esta aparente
pérdida de territorio mediante el juego correspondía a la voluntad del Inca, quien,
indudablemente, procuraba establecer y legitimar un vínculo de solidaridad
política y social entre el poder central y la provincia Urcosuyu del Collao.

En resumidas cuentas, el juego de riui era un juego de destreza practicado tanto


por la nobleza inca y los sacerdotes como por la población india. Las fuentes
nos aseguran que este juego poseía un carácter ritual que lo reservaba para
determinados periodos del año - así la fiesta del Inca Raimy o las ceremonias del
huarachicuy-- o determinados momentos de la vida cotidiana de los indios. Este
juego ritual, además de ser practicado con una finalidad de reparto de bienes,
territorios y servicios, también podía ser utilizado como instrumento divinatorio
por los indios. Es, pues, muy sugestiva la gran variedad de usos de este juego de
destreza, aunque todos, al final de cuentas, cumplen la misma función: la de dar
pie a una toma de decisión.

El juego de choca
El segundo juego presentado por Guarnan Poma lleva el nombre de choca. En
su diccionario, Domingo de Santo Tomás (1951 [1560]: 97) traduce la acción
de «lanzar una piedra» por chocani.gul2. Encontramos en el de Diego González
Holguín (1952 [1608]: 293) el vocablo chocachacuypucllay, compuesto a partir
de la misma raíz choca, que designa el juego de puntería. Es de notar que en la
misma entrada figura el término huachichacuypucllay, cuya estructura es idéntica
a la de chocachacuypucllay y que, por su parte, traduce el juego español de cañas.
Introducidas en el Perú después de la conquista, las cañas consistían en simulacros
de combates en la plaza pública entre varios grupos de jinetes armados que trataban
de apoderarse de esta plaza. Podían alcanzar un grado extremado de violencia, hasta
causar la muerte de participantes cuando los grupos rivales luchaban a caballo

2
Esta notación ortográfica típica de Domingo de Santo Tomás corresponde a una raíz verbal
(choca) seguida por la desinencia de primera persona de presente (ni) y la de segunda persona
(ngui).

219
Denis Roberge

con lanzas y espadas a la manera de los torneos caballerescos medievales. Ya que


González Holguín yuxtapuso en una sola entrada la designación quechua de las
cañas y la del juego indio de puntería (chocachacuypucllay), no nos parece abusivo
suponer que lo hiciera para subrayar la semejanza que unía las dos diversiones
guerreras.

Aparte de Guarnan Poma, el único cronista en mencionar una prueba de fuerza


en forma de simulacro de combate es el español Cristóbal de Molina, llamado «El
Cuzqueño» para distinguirlo de su homónimo apodado «Chileno» o «Almagrista».
El mentado cronista llama esta batalla chocanaco, literalmente «tirarse mutuamente
[proyectiles]», presentándola como una de las pruebas del rito huarachicuy que
permitía seleccionar los mejores elementos de la nobleza cuzqueña para que
ocuparan los cargos más elevados de la jerarquía militar inca. Esta confrontación
oponía a dos grupos de jóvenes, correspondiendo cada uno de ellos a una de las
mitades tradicionales hanan y hurin, nacidas de la bipartición del espacio simbólico
cuzqueño. En el chocanaco, según Molina, los dos bandos se enfrentaban tirándose
proyectiles pero también, a veces, luchando cuerpo a cuerpo:

Llamavan al mes de dic;:iembre camayquilla, en el qual el primero día de la luna los


que se avían armado cavalleros, así de la parc;:ialidad de Anan Cuzco como de Hurin
Cuzco, salían a la plaza con unas hondas en las manos [f 25v] llamadas huaracas. Y
los de Anan Cuzco contra los de Hurin Cuzco se tiravan hondaces con una[ ... ] que
llaman coco, que se da en unos cardones, y benían algunas vezes a los brac;:os a provar
las fuerc;:as hasta que el Ynga, que estava ya en la plaza, se levantava y los ponía en
paz. Llamavan a esto chocanaco. Hacían esto para que fuesen conoc;:idos los de más
fuerc;:as y más balientes; concluydo lo qual, se sentavan todos por sus parc;:ialidades
vestidos los nuevos cavalleros con unas bestiduras nuevas, las camisetas negras y las
mantas como leonados, pequeñas, y unas plumas en las cavec;:as blancas de unos
pájaros que llaman tocto, y así, enpec;:avan a almorc;:ar (Molina 2010: 80).

En este pasaje tenemos, pues, una nueva confirmación de la estrecha afinidad que
unía el juego andino de choca con las cañas de los españoles.

El uayro de ynaca
El tercer juego andino mencionado por Guarnan Poma es el uayro de ynaca.
Interesémo~nos primero por el vocablo uayro. Encontramos dos ocurrencias en el
manuscrito, ambas provistas del sentido de categoría específicamente femenina y
de rango social bastante elevado. La primera nos informa que el quinto rey, el inca
Capac Yupanqui, sentía una especial inclinación por una mujer -o las mujeres-
de esta categoría:

220
El juego en el Perú prehispánico y colonial

y fue muy [e]namorado este dicho Ynga de las mugeres capac ome [señoras aymaras]
y de uayro [¿?] (Guarnan Poma 1992 [1615]: 101 [101]).

aliamos la segunda ocurrencia en el pasaje que trata de la fiesta de la reina o Coya


Jl¡zymi, que reunía, en setiembre, las mujeres de todas condiciones en importantes
remonias:
y ad fue fiesta y pascua de la luna y se huelgan muy mucho en este mes, lo más
las mugeres y las señoras coyas y capac uarmi [señora poderosa], ñustas [princesa],
pallas [mujer noble, galiana], aui [campesina] y los capac omis [señoras aymaras],
uayros [¿?] y otras prencipal mugeres <leste rreyno (Guarnan Poma 1992 [1615]:
253 [255]).

La marca del plural presente en la segunda ocurrencia parece excluir que el término
.. uayro» sea un nombre propio, como se podía inferir del pasaje de Bernabé Cobo
cirado antes 3 • Además, este pasaje se refería al décimo rey, el inca Tupa Yupanqui,
quien, mediante el juego de riui, había concedido una provincia entera, situada al
norte del lago Titicaca, al hijo que había tenido con una esposa secundaria, cuando
las favoritas evocadas por Guarnan Poma eran las del quinto rey, el inca Capac
Yupanqui, si nos referimos a la cronología usual de los soberanos del Imperio
inca. Salvo caso de homonimia, posible pero estadísticamente improbable, esta
diferencia de contexto histórico descarta la eventualidad que uayro o guayro sea
el nombre de una mujer y nos induce a considerarlo más bien como un título de
nobleza.

Sin embargo, esta interpretación, a su vez, está puesta en tela de juicio por un
segundo pasaje de la obra de Cobo. En él, encontramos de nuevo al inca Tupa
Yupanqui y su favorita guayro, pero involucrados en una intriga muy distinta de la
que relataba el mismo cronista en una cita anterior. Aquí, sucede que el Inca fue a
descansar al valle de Yucay y, en aquel lugar, se puso a jugar con varios señores a un
juego de dados llamado pichca:

...Entre las mujeres <leste Inca había una de nac10n Guayro, de extremada
hermosura, a la cual él amaba y favorecía más que a su legítima mujer, y tenía en
ella un hijo igualmente amado que su madre; y no había fiestas y regocijos adonde
no llevase consigo a madre e hijo. Viendo, pues, sus vasallos que esta mujer era la
que mas preciaba y mas cabida tenía con el rey, la procuraban todos agradar y servir,
por el contento y gusto que dello recibía el rey. Sucedió una vez que estando el Inca
holgándose en el valle de Yucay, se puso a jugar con ciertos señores a la pichca,

3
La ortografía «Guayro» presente en el texto de Cobo es una simple variante ortográfica de «Uayro».

221
Denis Roberge

que es algo modo de dados, y habiendo ya el Inca ganado casi todo el juego, solo le
faltaba un punto, que era el as, y si no lo echaba, no ganaba el juego. Dijo entonces
a la señora nada, y echándolo, ganada y remataba Guayro, que estaba presente:
"hermana, un punto me falta para ganar el juego; ¿qué haremos? Si quieres que se
vuelva de principio, se volverá, y si no, vaya en tu nombre, si gustas dello". Ella,
aunque vio que la presea que se jugaba era de mucho valor, le respondió: "ea, señor,
echa el dado en mi nombre, y di Guayro, que Guayro será el as". Dijo el inca: "pues
en tu nombre vaya que se gane o se pierda". Y echando el dado el rey, dijeron a
voces todos los presentes: "Guayro, Guayro". Y cuando cayó la suerte, fue el as, que
era todo lo que se pedía. El Inca con todos los demás quedaron muy contentos y
mucho más la señora, a quien dio luego el Inca la joya que gano; y desde este juego
mando el Inca que el número uno se llamase guayro en toda la tierra, en memoria
de la suerte y ganancia que con él hizo en nombre desta señora; y así, hasta el día de
hoy, en la mayor parte del reino llaman el número uno guayro, al modo que entre
nosotros se dice as (Cobo 1964 [1653], cap. 15: 86-87).

Por fin se desvanece el enigma de los múltiples sentidos del término guayro y de
las relaciones que los unen. Guayro es primero el nombre de una nación: a esta
pertenecía la concubina del Inca, quien es el personaje central de la narración. Pero
además se llama guayro el juego de dados al que juega el Inca, circunstancia esta que
no deja de resultar extraña, pues el juego en cuestión poseía la designación original
de pichca. Bernabé Cobo nos da la clave del misterio al revelarnos que así lo quiso
la referida esposa secundaria, quien, para que el Inca tuviera más posibilidades de
ganar, le sugirió que pronunciara su nombre al echar el dado. Consecuentemente,
entendemos que Guayro era también la denominación de esta mujer, o sea, le
habían atribuido por nombre -proceder bastante común- el de su etnia. Y, por
si fuera poco, asimismo se llama guayro, por decisión del Inca, el punto de mayor
importancia,en el mismo juego, esto es, el número uno o as.

La consulta de los diccionarios quechuas coloniales confirma en gran medida


esta interpretación. En el de Domingo de Santo Tomás, notamos que al verbo
quechua «guayroni.gui» 4 corresponden los equivalentes españoles «jugar juegos
como dados» y «jugar juego de fortuna» (Santo Tomás 1951 [1560]: 152 y 283,
respectivamente). En el de Diego González Holguín, la misma raíz quechua está
presente con la forma huayru, cuya tiaducción es «El mayor punto, o el mejor que
gana» (González Holguín 1952 [1608]: 196). La entrada anterior, en la misma
obra, es «Huayru, o ppichcca», así traducida: «luego de los Naturales», lo ia de
unque tiende a indicar que huayru - o guayro- y pichca son sinónimos. Y, si

4
Notación que corresponde a la raíz verbal guayro, seguida por las desinencias de primera (ni) y
segunda (ngui) persona de presente.

222
El juego en el Perú prehispánico y colonial

ubsistiera alguna duda sobre la naturaleza del juego que lleva estos nombres, basta
con remitirse a la entrada «Ppichca» y su definición «Vn juego como de dados»
(González Holguín 1952 [1608]: 284) para despejarla.

Las raíces verbales huayru y pisca, siendo esta última una variante de pichca5, existen
rambién en la lengua aimara. El diccionario de Ludovico Bertonio, que es la mejor
referencia entre las obras filológicas coloniales relativas a dicho idioma, atestigua
que en este también los dos verbos son sinónimos y evocan la acción de practicar
un juego de dados:

huayrusitha, piscasitha: jugar có unas piedrecillas adelantandolas en sus hoytos,


segun los putos de una manera de dado grade en unos destos juegos van adelantando
las piedras alderredor o en circulo: en otros dando buelta como rio & c (Bertonio
1984 [1612], segunda parte: 157).

La diversión que describe Bertonio se juega en una mesa provista de hoyos


pequeños situados de tal manera que representan formas geométricas. El conjunto
de los hoyos conforma un recorrido por el que los jugadores tenían que mover
sus peones hacia determinada meta. Los diccionarios nos revelan que este juego,
llamado huayru o pichca, es un juego de azar que se practica con un dado.

Otra característica importante de este juego es que los participantes no jugaban


solo para distraerse. Como en su descripción del riui, Bernabé Cobo resalta las
apuestas a veces considerables que hacían los jugadores, lo que, desde luego,
confería al huayru, como al riui, una dimensión socioeconómica esencial.

El último problema reside en el término ynaca que figura en el nombre uayro de


ynaca con el que Guarnan Poma, y solo él -los demás autores hablan de uayro a
secas-, designa el juego al que estamos atendiendo. De la consulta del diccionario
aimara de Ludovico Bertonio, nacen dos posibilidades de interpretación,
respectivamente basada.Sen las entradas siguientes: «lñaca [... ]; Muger que viene
de casta noble de los Ingas» (Bertonio 1984 [1612], segunda parte: 175) e «lnakha:
Por ventura, quic;a» (Bertonio 1984 [1612], segunda parte: 174). En el primer
caso, la coherencia de la denominación uayro de ynaca residiría en su redundancia
interna, pues sus componentes designan mujeres nobles que tienen en común
cierta vinculación con los incas -el estatuto de esposa secundaria para uayro, la
filiación por línea paterna para ynaca- y, mediante esta redundancia, se insistiría

5
Las dos variantes designan el numeral cinco en quechua y aimara. La más conservadora es pichqa
(grafía normalizada actual) o pichca (grafía colonial más usual), vigente en las hablas quechuas
practicadas al norte del Cuzco. Las formas pisqa y phisqa (grafía normalizada) o pisca (grafía
colonial) corresponden a las variedades quechuas del Cuzco y de Bolivia y a la lengua aimara.

223
Denis Roberge

en la presencia de un elemento femenino en el juego. En el segundo caso, se har'


hincapié en otra característica fundamental, esto es, la pertenencia a la categorí
de los juegos de azar.

Pichica de hilancula y de challcochima

La concomitancia de los términos uayro y pichca -o sus variantes- en una cica


de Bernabé Cobo y dos entradas de obras filológicas coloniales, una presente en el
diccionario quechua de Diego González Holguín y otra en el diccionario aimara
de Ludovico Bertonio, nos indujo a postular que dichos términos eran sinónimo
y que, por consiguiente, se referían al mismo juego. Sin embargo, el hecho de que
la palabra pichca no aparece sola en la crónica de Guarnan Poma sino en medio
de una expresión de dudosa significación (pichica de hilancula y de challcochima)
nos obliga a dedicarle una sección aparte, distinta de la sección anterior. En esta
extraña designación, el problema no está constituido por la diferencia pichqa /
pichqa, simple consecuencia de un rasgo fonético característico del habla quechua
de Guarnan Poma6 , sino por la presencia de los vocablos hilancula y challcochima,
cuya relación con un juego de dados resulta a priori muy oscura. El diccionario
de Bertonio define así, «P[r]incipal del ayllo» (Bertonio 1984 [1612], segunda
parte: 133), los términos hilanco e hilacata, probablemente formados a partir de la
misma raíz (hila: el hermano mayor) que hilancula. Célula de base y fundamento
económico de la sociedad incaica, el ayllu era un grupo endógamo de familias unidas
por las dos características siguientes: primero, un culto común a las divinidades
locales entre las que destacaba el antepasado fundador de la comunidad; segundo,
la observancia de reglas de ayuda mutua y la participación en tareas colectivas.
La última palabra (chalcochima) de la designación que Guarnan Poma atribuye al
juego no es un nombre común sino propio: lo llevaba un famoso capitán incaico
quien se ilustró primero en la conquista de Quito, durante el reinado del inca
Huayna Capac, y luego en la guerra civil que opuso a dos hijos de este último,
Huascar y Atahualpa, tomando una parte decisiva en la victoria del segundo sobre
el primero.

A falta de establecer de manera satisfactoria la naturaleza del vínculo que une


los términos hilancula y chalcochima con el juego de pichca, podemos notar que
dichos términos tienen en común la expresión de cierto nivel de poder en la
jerarquía social inca, lo que nos lleva a formular la hipótesis siguiente: este juego
probablemente cumplía la función de medio de comunicación entre responsables

6
La formación de una vocal llamada epentética en medio de un grupo consonántico, en este caso
chq.

224
El juego en el Perú prehispánico y colonial

de estatutos diversos, empeñados en desarrollar empresas relacionadas con sus


respectivos cargos.
En cambio, entre el término pichca y la realidad de este juego, la existencia de un
nexo no admite discusión alguna. Se sabe que los dados andinos diferían mucho
de los que conocemos: los vestigios arqueológicos que poseemos, pero también los
dados usados por las poblaciones andinas actuales que siguen practicando los juegos
tradicionales son poliedros regulares hechos de hueso o palo y, por consiguiente,
largos y finos. Su sección pentagonal determina cinco caras que corresponden a
las cinco eventualidades de resultado. De ahí el nombre de pichca («cinco» en
quechua) que se ha dado al juego.

El contexto de los juegos prehispánicos


Una vez estudiada la naturaleza de los juegos, interesémonos ahora por el contexto
en el que eran practicados. Como lo hemos anunciado al principio de esta
contribución, les estaba especialmente dedicado el mes del Inca Raymí o fiesta
del Inca, situado en abril por Guarnan Poma. Esta fiesta era muy importante en
el calendario inca, pues reflejaba toda la organización económica, política y social
del mundo andino. En aquella ocasión, los tocrícoc, gobernadores de provincias
situadas en los cuatro sectores del imperio, acudían al Cuzco para comunicar al
inca su informe anual. Llevaban consigo los quípus, instrumentos indispensables
para una buena administración del territorio, en que iban registrados los datos
representativos de la situación de sus respectivas provincias.

Abril era la época en que, llegando los cultivos a madurez, empezaban las
cosechas. El Inca convidaba a la nobleza y las demás clases sociales a participar en
festividades grandiosas. El mes entero transcurría bajo el signo de la abundancia y
la redistribución de bienes por el Inca a sus súbditos. Como lo subraya Guarnan
Poma, era imprescindible que todos se aprovecharan de las riquezas de la tierra y
recibieran lo suficiente para alimentarse.

En abril también se concluían nuevas alianzas matrimoniales y se repartían


las tierras cultivadas. El interés de la población se centraba en la cosecha, pero
también se empezaba a preparar las faenas agrícolas del mes siguiente, como el
almacenamiento de los productos recogidos.

En estas condiciones, eran muchas las cuestiones que requerían decisiones: la


distribución de bienes en función de los censos y otros datos estadísticos, el reparto
anual de las tierras de cultivo, la atribución de las diversas tareas, etcétera. En
nuestra opinión, la toma de decisión se efectuaba mediante el juego, lo que podría

225
Denis Roberge

explicar la concentración de los juegos mencionados más arriba en el mes d l Ji


Raymi. Para los caciques que participaban en dichos juegos, estos ciertament
eran meras diversiones o pasatiempos: necesariamente había una adecuación
la importancia de la función que cumplían y la de la mentada fiesta.

A este respecto, el estudio de las culturas más diversas demuestra que no e c


los casos en los que un juego, generalmente un juego de azar, es utilizado
tomar una decisión que afecta a mucha gente. Semejante proceder puede revel
muy provechoso a condición de que el principio recoja la adhesión de todo .
este caso, la intervención de la casualidad vuelve la decisión indiscutible y sus ¡
pues, una común aceptación.

La legislación sobre el juego


Un argumento decisivo en pro de la idea que acabamos de exponer nos e tá
suministrado por el capítulo que Guarnan Poma dedica a la justicia en el imperio
de los incas. Vemos en una disposición jurídica señalada por el cronista indio la
prueba de que el juego desempeñaba un papel económico y social en la sociedad
inca. Esta ley estipulaba que quienes jugaban sin la autorización expresa del Inca
tenían que ser severamente castigados:

/ 314 [316] / CASTIGO DEL INGA /

[... ]
Castigo de jugadores: Es que les manda asotar en los brasos y en las manos
cinqüenta asotes con la guaraca, que en el tienpo del Ynga nadie no jugaua ni
prencipal ni yndio pobre, cirro a de jugar por mandado del Ynga. Todo el rreyno an
de trauajar; ya que no tenía qué hazer hacía soga y trayya leña o paxa para su casa
o texía cunpana [tejido] o hazía soga y hacía ojotas [sandalias] o sobaua pellexo. En
esto se ocupauan los indios (Guarnan Poma 1992 [1615]: 314 [316]) .

La ley preveía nada menos que cincuenta azotes dados en los brazos y las manos
con una guaraca, vale decir, una honda, a quien quiera que fuera, cacique o indio
común, que se atreviera a jugar sin que el inca se lo mandara. En la eventualidad
de que el juego fuera una simple diversión, tal castigo resultaría desproporcionado
y sobre todo irracional. ¿Cuál podría ser el móvil de tanta severidad cuando el
delito se reduce a un inocente pasatiempo? En cambio, en nuestra hipótesis de una
actividad que permite tomar decisiones cuyas consecuencias podían afectar a la
multitud, la sanción se vuelve lógica: es comprensible que se impusiera un control
estricto del juego y que los contraventores fueran penados. De todo ello se colige
que en la sociedad inca, el juego era un asunto de Estado. No cabe duda de que

226
El juego en el Perú prehispánico y colonial

ocupaba un lugar determinante en el funcionamiento de la administración, que


estaba puesto bajo la autoridad directa del soberano y que se reprimía todo uso
indebido.
También observamos en el texto de Guarnan Poma una antítesis radical entre
el trabajo, constantemente celebrado en la sociedad inca, y la inactividad, que
era considerada como un estado insoportable, a tal punto que cuando faltaba la
ocupación, en seguida los individuos tenían que dedicarse a una tarea que fuera de
alguna utilidad para la sociedad. Vemos en esta glorificación del trabajo y desprecio
concomitante a la ociosidad la prueba de que el juego, en el mundo andino
prehispánico, no podía de ninguna manera identificarse con una diversión. A todas
luces, respondía a demandas sociales muy distintas de las que se manifestaban en
Europa.
Encontramos una confirmación de esta conclusión en la página que cierra los
capítulos relativos a la historia inca. Dirigiéndose a sus supuestos lectores
españoles, Guarnan Poma incluye a los jugadores entre los asociales y malhechores:
mentirosos, holgazanes, ladrones, etcétera. Aquí, por consiguiente, el cronista
expresa su opinión sobre la concepción europea del juego, que muy poco tiene
que ver con la concepción andina:

f 367 (369] f QVE LE DEGLARA AL AVTOR f


[... ]
PRÓLOGO A LOS LETORES CRISTIANOS ESPAÑOLES:

Ues aquí, cristiano, toda la ley mala y buena; agora, cristiano letor, partí a dos
partes: Lo malo apartaldo para que sean castigos y con lo bueno se cima a Dios y
a su Magestad.

Cristiano letor, ues aquí toda la ley cristiana. No e hallado que sea tan cudicioso en
oro ni plata los yndios, ni e hallado quien deua cien pesos ni mentiroso ni jugador
ni peresoso ni puta ni puto ni quitarse entre ellos que bosotros lo tenéys toda
ynobedente a buestro padre y madre y perlado y rrey. Y ci negáys a Dios, lo negáys
a pie juntillo (Guarnan Poma 1992 [1615]: 367 [369]).

La conquista del Perú

Guarnan Poma nos cuenta que el inca Atahualpa, en su prisión de Cajamarca,


solía jugar al ajedrez con los conquistadores Francisco Pizarra y Diego de Almagro.
El cronista compara este juego ~on el de taptana, muy difundido entre los indios
del Perú (ver figura 3 y 4):
f 388 (390] / CONQUISTA f

227
Denis Roberge

[... ]
De como estando preso conversaua Atagualpa Ynga con don Francisco p·
don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el ·u
axedrés que ellos les llaman taptana. Y era muy pacible príncipe yací se co~t n
con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rre
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 388 [390]).

A través de este pasaje, es patente que el inca Atahualpa actuaba según


concepción andina tradicional del juego. Lo que lo empujaba a jugar
taptana con los españoles no era solo el aburrimiento de su largo cautiverio i
principalmente la necesidad en la que se hallaba de teder a las exigencias de
vencedores entregándoles sus bienes. Es de suponer que esta entrega se h
mediante una serie de apuestas. Desde luego, no había juego en el sentido com
de este término en la medida en que no podía haber duda acerca de la identidad
del ganador y del perdedor, lo que plantea el problema siguiente: ¿a qué móvil
respondía la ficción de una competición leal? Pensamos que, por ilusorio qu
fuera, el juego permitía oficializar la transmisión de los bienes que, de otra forma
habría resultado ilegítima. Ya hemos visto una situación similar -aunque las
circunstancias diferían en extremo- bajo la pluma de Bernabé Cobo: se trataba
de la cesión voluntaria por el inca Tupa Yupanqui de la provincia de Urcosuyu
al hijo que le había dado una esposa secundaria. En ambos casos, el objetivo de
legalización era conseguido mediante un juego fingido, lo que nos induce a pensar
que este proceder se inscribía en la tradición andina.

Aparte de ello, advertimos que la referida mención de la taptana es la única que


figura en el manuscrito de Guarnan Poma. Curiosamente, este nombre está
ausente en la lista de los juegos de abril. Para tener más precisiones, tratándose de
una denominación quechua, es procedente recurrir a las fuentes filológicas sobre
este idioma. Encontramos las primeras referencias a la taptana en el diccionario de
Domingo de Santo Tomás:

Alquerque- comina, o taptana (Santo Tomás 1951 [1560]: 36).


Alquerquear, jugar este juego - taptani.gui o comini.gui (Santo Tomás 1951
[1560]: 36).
Axedrez - taptana, o comina (Santo Tomás 1951 [1560]: 53).
Taptana-alquerque, o trebejo (Santo Tomás 1951 [1560]:36i).
Taptana, o comina - axedrez, tablas, o alquerque (Santo Tomás 1951 [1560]: 361).
Taptani.gui. o comini.gui. - jugar al alquerque (Santo Tomás 1951 [1560]: 361).
Taptani.gui. o comini. - jugar al axedrez, o tablas (Santo Tomás 1951 [1560]: 361).

228
El juego en el Perú prehispánico y colonial

No conocemos ninguna otra fuente filológica que atestigüe la existencia del


substantivo comina, presentado como sinónimo de taptana, ni la raíz verbal
correspondiente comí. Tampoco están presentes en la obra de Guarnan Poma.
Por su parte, Diego González Holguín define el juego de taptana comparándolo
con el alquerque exclusivamente: «Taptana. Alquerque luego» y «Taptani. lugar
al alquerque» (González Holguín 1952 [1608]: 338)7. Es interesante notar que
cuando el filólogo jesuita quiere dar un equivalente quechua de «ajedrez», recurre a
una creación léxica formada a partir del término taptana:
j
«Axedrez. Castilla tap[t]
ana» (González Holguín 1952 [1608]: 426), o sea, «la taptana de Castilla», lo que
interpretamos como el indicio de cierta proximidad de la taptana al ajedrez, pero
menor que al alquerque. En definitiva, no cabe duda de que sobre el punto en
discusión, González Holguín se ha mostrado más preciso que Santo Tomás.

El problema consiste en que, si bien el ajedrez y las tablas -también mencionadas


por Santo Tomás- son conocidos, el alquerque casi no lo es porque ha caído en
desuso. Este último se jugaba en un tablero compuesto de cinco líneas horizontales,
cinco verticales y seis diagonales, las cuales materializaban veinticinco intersecciones.
Los dos jugadores colocaban sus piezas --doce cada uno, representadas por fichas,
granos o piedras pequeñas, siempre fáciles de identificar por la forma y el color- en
estas intersecciones. Así, dejaban libre la que ocupa la posición central en el tablero:

Figura 3: El popular juego de mesa alquerque.

7
Las definiciones que figuran en la parte español-quechua del diccionario (González Holguín
1952 [1608]: 402) son idénticas.

229
Denis Roberge

Ahora bien, encontramos un objeto rigurosamente idéntico en el dib


Guarnan Poma que representa al incaAtahualpa en su cárcel (más abajo). El
está en. el suelo, entre e~ soberano indio y el solda~o que lo vigila. A juzgar
texto Cltado antes, pod1amos sospechar la presencia de un ajedrez. En real¡
Inca y los españoles jugaban al alquerque.

Figura 4: «PRESO ATAGVALPA INGA


I guarda I preso Atagualpa en la ciudad de
Caxamarca». Felipe Guarnan Poma de Ayala,
Nueva corónica y buen gobierno (1615): 387
[389]. Copenhague, Biblioteca Real, GKS
2232 4º. www.kb.dk/perrnalink/2006/
porna/info/ es/ frontpage.htrn.

Como el ajedrez, el alquerque pertenece a la categoría de los juegos de estrategia.


Los dos poseen varias características comunes. Primero, la ausencia de intervención
del azar. Luego, la posición de los jugadores, situados cara a cara, separados por _
un tablero ocupado por sus respectivas piezas. Es común también el objetivo
de la captura de las piezas adversas. Por fin, desde un punto de vista simbólico,
ambos juegos pueden ser considerados como una alegoría de la guerra. Las piezas
representan a dos ejércitos o dos pueblos adversos. En definitiva, aunque el
alquerque es el juego europeo que más se parece a la taptana, el ajedrez no está
desprovisto de afinidades con esta última. Tal es, probablemente, la razón esencial
de la presencia del vocablo «ajedrez» en el texto de Guarnan Poma cuando su
dibujo nos asegura que el término «alquerque» habría sido más apropiado. Pero
podemos pensar que otra razón reside en la voluntad del cronista de mostrar que

230
El juego en el Perú prehispánico y colonial

la taptana representaba para los indios del Perú lo que el ajedrez para los españoles,
0 sea, el rey de los juegos, una actividad altamente apreciada y practicada por toda
la nobleza inca.
Aparte de Guarnan Poma, el único cronista en mencionar el juego de la taptana es
Martín de Murúa. En su Historia general del Perú, este autor refiere que el inca Tupa
Yupanqui, mientras estaba en su capital, quiso adquirir un mejor conocimiento
del pasado y el futuro y, con este fin, interrogó a las huacas. Estas profetizaron
que graves acontecimientos iban a afectar el Estado. Con vistas a profundizar esta
revelación, el Inca convocó a sus adivinos y magos, quienes, tras haber procedido
a los sacrificios rituales, recogieron de los oráculos la confirmación que unos
hombres desconocidos venidos del mar, invencibles y barbudos, provocarían la
ruina del imperio. Turbado por estos malos agüeros, Tupa Yupanqui cayó enfermo.
Decidió salir del Cuzco en busca de alivio y se instaló en el templo dedicado a la
huaca Mana Huañunca. Allá, el sumo sacerdote consultó los oráculos para saber
si la vida del emperador estaba en peligro. La huaca contestó que no moriría, pero
que necesitaba descanso. Su hermano Tupa Amaro no quiso dejarlo solo lejos de
la capital imperial:

Tupa Amaro Ynga, nuestro Prinsipe, fue hijo de Pachacuti Ynga el qual, siendo
capitan en tiempo de su padre, conquistó muchas tierras, tanta(s) que ce echaua
bien de ber la sangre real que tenía. Fué baleroso, prudente y sagaz, pues corno
estubiese su hermano Tupa Ynga Yupanqui en el asiento de mana huañunca,
pareciole no ser justo dejarle en tan grande enfermedad y peligro; y así se fué con
él, y el tiempo que estuuo ausente del Cuzco se exercitó en algunos juegos, y en
particular en el del atapta, ques corno a las tablas Reales. Y esto no menos que con
los orejones tios suyos, y otros señores prinsipales, tan libre de pena y apartado
de los asidentes amorosos, que no pam;:ía reinar en él jubentud (Murúa 1962
[¿1616?], vol. 2: 12).

Según nos relata Murúa, durante su estancia, Tupa Amaro se ejercitaba al juego
llamado atapta -en realidad, la taptana, cuya designación, sin duda, fue objeto
de una transcripción errónea- con sus tíos y otros miembros de la nobleza inca.
Murúa compara este juego, no ya al ajedrez, como Guarnan Poma, sino a las
«tablas reales», hoy conocidas sencillamente como «tablas». Estas eran otro juego
de estrategia, como el ajedrez, el alquerque y la taptana, en los que el azar y la
fuerza física no desempeñaban ningún papel y solo intervenían las capacidades
intelectuales de los jugadores. Esta característica explica que el autor, en vez de
escribir simplemente que TupaAmaru «jugó» a la taptana durante su estancia en el
lugar de residencia de su hermano, nos declara que «se ejercitó». De hecho, el éxito

231
Denis Roberge

en dicho juego de estrategia suponía una práctica regular e intensiva. Al utilizar el


verbo «ejercitarse» en vez de «jugar», Murúa subraya la importancia tanto material
como simbólica del resultado de las partidas y la dedicación subsecuente de lo
participantes.

Los dos relatos que hemos citado en esta sección poseen una especificidad común:
su tema está estrechamente relacionado con la llegada de los españoles al Perú. La
diferencia consiste en que Guarnan Poma se refiere al acontecimiento histórico de
la Conquista cuando Murúa evoca una supuesta visión premonitoria del mismo
evento. Aparte de ello, no es una casualidad que se establezca - explícitamente en
un caso, de manera más alusiva en el otro- una vinculación entre la Conquista y la
práctica de la taptana, pues esta, entre otras funciones, hacía posible la comunicación
entre representantes de culturas distintas, desempeñando el papel de intermediario
imparcial y reconocido como tal para que el resultado de la partida fuera aceptado
por todos. Además, dicho juego, en las circunstancias particulares de la detención
de Atahualpa y presiones que este sufría de sus vencedores, permitía al primero
repartir sus bienes a los últimos, como lo señala expresamente Guarnan Poma.

Al presentarse al frente de un inmenso séquito ante la modesta tropa de Pizarra,


en 1532, el inca Atahualpa no hacía sino plegarse a una larga tradición inca de
encuentros preparatorios de la integración al imperio de las etnias periféricas. El
Inca encontraba al jefe de la etnia que se proyectaba englobar, le ofrecía presentes e
intercambiaba con él mujeres para establecer vínculos de parentesco. Actuando así,
el soberano activaba un proceso de reciprocidad, en virtud del cual el beneficiario
estaba en la obligación de corresponder a sus favores. Esta costumbre era solo un
aspecto peculiar de un principio que regía toda la organización socioeconómica del
Imperio inca y que se aplicaba, entre otros, a la administración de los bienes y las
relaciones diplomáticas. Una vez acabadas las ceremonias de intercambio, el Inca
proponía a la nueva etnia que se integrara en el imperio adoptando su legislación,
estructura social y reglas de funcionamiento económico. En caso de negativa, el
recurso de la guerra era inevitable. En cambio, en caso de aceptación, el jefe étnico
podía conservar los privilegios a los que le daba derecho su posición, y su pueblo
entraba en el área de influencia y protección de los incas. Si nos atenemos al relato
de la Conquista por Guarnan Poma, semejante proceso había sido entablado con
los españoles inmediatamente después de su llegada al Perú. En efecto, el cronista
indio menciona dos embajadas incas a Tumbes, donde habían desembarcado los
conquistadores, respectivamente encomendadas por Huascar y Atahualpa, los dos
. pretendientes al trono imperial. Aunque la historicidad de estos episodios es muy
dudosa, por no decir más, no deja de ser significativo que el capitán Rumiñahui,

232
El juego en el Perú prehispánico y colonial

representante de Atahualpa, según Guarnan Poma (1992 [1615] : 379-380 [381-


382]), haya obsequiado a los españoles con presentes y mujeres. Claro, en este caso
las relaciones entre los dos bandos no tomaron el cariz que esperaban los incas:
poco después, en el encuentro decisivo de Cajamarca, no solo no se manifestó la
debida reciprocidad sino que Atahualpa, como se sabe, fue hecho preso.

El periodo colonial
En los capítulos que tratan sobre el corregimiento, uno de los niveles de la
administración colonial española, Guarnan Poma observa que los indios pierden
en el juego todo lo que poseen y que los españoles, al contrario, se enriquecen por
el mismo medio:

/ 490 (494] f COREGIMIENTO /

[... ]
Cómo los coregidores salen preseguidos, ad en la rrecidencia y con deudas y costas
y grandes quexas, con muy muchos enemigos y gastos y prosesos y pleytos. Llueue
como agua las peticiones y sale desnudo y pobre del dicho corregimiento. Porque
fue jugador y putaniero, brabo amigo de los padres y curas y de comenderos y hizo
muy mucho banquete y conbida a los españoles y tiene ueynte tinientes (Guarnan
Poma 1992 [1615]: 490 [494]).

El cronista también condena el comportamiento de los caciques principales,


quienes, convertidos en agentes del Estado, recaudan los impuestos de los indios y
los gastan en el juego en vez de ingresarlos en el tesoro real:

[... ]Y de la cobransa trayga sertificación de lo que a cobrado la dicha taza.


Porque los dichos caciques prencipales lo gastan y juegan y se enborrachan con
la dicha plata lo que a cobrado de más de la taza. Porque auiendo cobrado, dizen
después que no lo a cobrado y niega. Y ad se pierde y and tienen rrezago en las
dichas prouincias de todo este dicho rreyno (Guarnan Poma 1992 [1615] : 522
[526]).

Guarnan Poma señala al Rey que los españoles dan el mal ejemplo a los indios,
comunicándole vicios como la embriaguez, prostitución, pereza, mentira y juego:

f 533 (547] f ESPAÑOLES /

[... ] Diré aserca desto: Lo primero, quitan a sus mugeres y hijas y crían muchos
mestizos y cholos;
el segundo, le rroban todas sus haziendas y casas, solares y sementeras, es~ancias;

233
Denis Roberge

el tersero, que los yndios se hazen uellacos y borrachos, jugadores, pereso


ladrones y cimarrrones. Beuiendo con ellos, se alsarán y serán traydores. y an
ellos conbida con sus hijas a los dichos españoles y le dan a sus ermanas. y ancí on
perjudiciales los dichos españoles y señoras y sus hijos y criados y mucho más
negros que le rroban a los pobres de los yndios deste rreyno (Guarnan Poma 199l
[1615] : 533 [547]).

Otro blanco favorito de Guarnan Poma es la categoría de los curas. La imagen que
los indios tenían de los españoles se transparenta en un dibujo que muestra a un
cura jugando a los naipes con el corregidor. La presencia de monedas en la mesa
atestigua la importancia de las apuestas (figura 5):

Figura 5: «}VEGA EL P[ADR]E A LOS


NAIPES con el Corregidor de la prouincia
/ dotrina». Felipe Guarnan Poma de Ayala,
Nueva coránica y buen gobierno (1615): 596
[610]. Copenhague, Biblioteca Real, GKS
2232 4º. www.kb.dk/permalink/2006/
poma/info/ es/frontpage.htm.

A este dibujo corresponde una página de texto con los siguientes fragmentos:

/ 596 [610] / PADRES / JUEGA EL PADRE A LOS NAIPES CON EL CORREGIDOR DE LA


PROVINCIA f DOTRINA /
f 597 [611 ] f PADRES f
Cómo los dichos padres de las dichas dotrinas son tan libres. Acimismo el dicho
corregidor juegan a los naypes y ganan, jugando el salario. Y demás desto, estando

234
El juego en el Perú prehispánico y colonial

en su dotrina, el dicho padre y corregidor son tan soberbiosos que no temen a Dios
ni a la justicia (Guarnan Poma 1992 [1615]: 596 [610]).

Esta mención de los naipes es la primera que aparece en la crónica de Guarnan


Poma. Entre los autores de diccionarios quechuas publicados en el siglo que siguió
a la Conquista, solo Domingo de Santo Tomás da un equivalente quechua de la
palabra «naipes»: í
naypes juego - chunga (Santo Tomás 1951 [1560]: 174).
naypes jugar- chungani.gui (Santo Tomás 1951 [1560]: 174).
chungani.gui- juego de fortuna (Santo Tomás 1951 [1560]: 274).
chungasca- cosa jugada (Santo Tomás 1951 [1560]: 274).
chungani.gui- jugar a los naypes (Santo Tomás 1951 [1560]: 274).
chunga pucllana- juego de naypes (Santo Tomás 1951 [1560]: 274).

Notamos que la raíz verbal chunga, conjugada en la primera y segunda persona


del singular en «chungani.gui», cobra un valor genérico para traducir la acción
de dedicarse a un juego de azar además de su sentido específico de jugar a los
naipes. Incidentalmente, la presencia del perfectivo chungasca y su sentido de «cosa
jugada» tiende a convencernos de que los jugadores solían hacer apuestas.

Los naipes aparecieron en Europa hacia el siglo XIV y poco a poco su popularidad
suplantó la de los juegos de dados. Aunque eran considerados como un juego de
azar, en realidad el curso de las partidas no estaba regido exclusivamente por la
casualidad, como en los dados, sino también, en cierta medida, por la sutileza
del jugador. A partir de la conquista de América, los naipes se difundieron
rápidamente en las colonias españolas. Este juego, que ofrecía mucho más
posibilidades de combinación que los juegos de dados tradicionales, era muy
popular y ampliamente practicado por los españoles, pero también por las
demás categorías de la población colonial, los indios inclusive. Habida cuenta de
esta afición, es sorprendente que Domingo de Santo Tomás haya sido el único
lexicólogo especialista del quechua en mencionar los naipes en su diccionario. ¿Por
qué este término no figura en el de González Holguín (1608), el más copioso de
todos, ni en el diccionario anónimo dé 1586 (Anónimo 1586)? Esta paradoja
puede explicarse por el carácter poco satisfactorio de la equivalencia establecida
por Santo Tomás entre los naipes españoles y la chunga india, pues esta última era
un juego de azar basado en la utilización de dados. Por consiguiente, cuando los
naipes se difundieron masivamente entre los indios del Perú, es de suponer que

235
Denis Roberge

los quechuahablantes no los hayan designado por el vocablo chunga, inexacto


ambiguo, sino sencillamente por el de «naipes». \

El capítulo de la Nueva corónica titulado «Plática y conversación de los pretensores,.


contiene sabrosos diálogos satíricos entre aprovechados del sistema colonial.
En uno, vemos a un encomendero declarando a su interlocutor que está en la
obligación de entregarse a tráficos ilícitos, de no ser así le faltaría dinero para jugar
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 715 [729]) . Guarnan Poma presenta también una
conversación entre soldados, quienes confiesan que pasan todo el tiempo viajando
y jugando en los tambos -mesones de origen prehispánico, situados a lo largo de
las vías de comunicación- y que este modo de vivir les conviene perfectamente.
Por nada del mundo regresarían a España, donde la vida no es tan fácil:

f 716 [730] / PRETENCIOR /

[... ]
Plática y con [sic] conuerzación de entre soldados que anda en este rreyno, dize ad:
Señor, soldado, ¿qué emos de hazer? Somos pobres.
Señor, lo que podemos hazer es que somos jugadores. Con ello pasemos hasta
Potocí, ganando o perdiendo. En los tanbos [mesón] comeremos de gratis y jugar
los rreales de los saserdotes que ellos ganan cantando, y de los corregidores que ellos
ganan durmiendo y comiendo. Y jugemos a los encomenderos que
f 717 [731] f PRETENCIOR /

ellos ganan paseando.


Señor, vuestra merced [y] yo tenemos oficios herrero y vuestra merced carpintero.
No, trauajaremos.
Señor, no puede ser porque es mejor alguazil o alcayde o fiscal de la ciudad o
de la uecita. Con estos oficios, hurtaremos largamente y jugaremos en los tanbos
[mesón]. Diremos que somos el ermano del señor corregidor, y ad no pagaremos. Y
ad pasaremos la uida y no tendremos rrecidencia. Ya que no pudiéremos, hurtemos
a un hombre rrico y con ello picar lexos adonde Dios nos ayudare. Y pasemos
la uida en este rreyno, lo qual no ay en Castilla. Mejor es murir en este rreyno
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 716-717 [730-731]).

Según Guarnan Poma, en los tambos, que habían desempeñado un papel


económico de primer plano durante el Imperio inca, era donde, en su época, se

8
En los siglos XVI y XVII, el pretendiente o pretensor era el hombre que se había instalado en
la Corte para solicitar un empleo u honores. Constituía un tipo social ridiculizado por los autores
satíricos de dicha época.

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El juego en el Perú prehispánico y colonial

encontraban todos los vagabundos del Perú, fueran españoles, mestizos o negros.
En poco tiempo, estos mesones prehispánicos se habían convertido en casas de
juego y lugares de desenfreno.

Guarnan Poma celebra como cristianos ejemplares a los que no juegan. Así, en
los capítulos dedicados a los príncipes, señores y otros personajes de la nobleza
indígena de los Andes, el cronista recomienda a estos que sepan leer, escribir,
hablar español, contar y, por encima de todo, que no se entreguen al juego, ni
mientan o se embriaguen. Todos estos términos aparecen de manera recurrente
en las páginas relativas a los diferentes miembros de la jerarquía autóctona:
administradores de una provincia, señores de mil, quinientos, cien, cincuenta
o diez familias indias.

En la misma óptica, Guarnan Poma siente mucho que los señores principales y
administradores indios tengan el vicio de la bebida, del consumo de coca y del
juego:

f 766 [780] f PRINCIPALES f


[... ]
Que los dichos caciques pri~cipales son grandícimos tranposos y mentirosos y
haraganes. Solo tienen de bicio de estar de contino borracho y coquero con el
tributo. Y se enseñan a xugar con naypes y dados como español, al axedrés, hilancula,
chalco chima, uayro, ynaca, riui, pampay runa, yspital, uayro ynaca [juegos]. Juegan
con españoles y mestisos, mulatos ni negros y con yndios yanaconas y curacas.
Y con ello se enborrachan y se matan entre ellos y rroba a los pobres con ello. Y
hazen ofensas del seruicio de Dios y de su Magestad y mal y daño en los yndios y
pobres y destruyción deste rreyno en la borrachera (Guarnan Poma 1992 [1615]:
766 [780]).

Resultan de notable interés la lista de los juegos practicados por los responsables
indios del Perú colonial y sobre todo su comparación con la que hemos estudiado
al principio de esta contribución. Constatamos varias diferencias: primero la
aparición de juegos españoles conocidos: los naipes, los dados y el ajedrez; luego, la
desaparición del juego indio llamado choca, que - según hemos visto- consistía
en una batalla ritual; y, por fin, Ía presencia de dos juegos de origen dudoso que no
figuraban en la lista de los juegos andinos prehispánicos: pampay runa e yspital. En
lo que se refiere al primero, la significación de «prostituta» que posee este vocablo
en aimara (Bertonio 1684 [1612], primera parte: 398, entrada «Ramera») parece
descartar la eventualidad de que se trate de un juego. Tal vez Guarnan Poma haya
querido asociar así el vicio del juego con el de la prostitución. En lo que a la

237
Denis Roberge

designación yspital respecta, nuestra ignorancia es mayor aún. El hecho de que no


parece ser ni quechua ni aimara, y su proximidad con el término español «hospital
abogarían por la tesis de un hispanismo.

Más adelante, Guarnan Poma menciona de nuevo los juegos hilancula y pichica. En
este pasaje, quienes juegan son los españoles y las indias, a las que se han llevado
apartándolas de su comunidad. Con ellas también se , embriagan y terminan
armando pendencias a veces mortales. El cronista pide que estos comportamiento
sean severamente reprimidos:

... Que en todo rreyno a las yndias no le cargue ni haga mita cazada, soltera ni
biuda ni muchacha ni lleue hornamento ni hato de padre ni de corregidor ni
de comendero ni entre al tanbo [mesón]. Sea castigado a los alcaldes, cacique ,
mandones questo hiciere. Sean castigados por todas las justicias cinqüenta asotes y
priuado de los oficios. A los españoles que concientieren que se lo dé yndias mitayas,
cinqüenta pesos de pena de cada ues, la mitad para la cámara de su Magestad y la
mitad para gastos de justicia. Porque en los pueblos de los yndios deste rreyno se
esconden los yndios en las quebradas o se quedan en los pueblos los yndios y enbía
a las yndias al tanbo a los españoles, padres, corregidores y le dan yndias mitayas,
lo que ellos quería.
Y escoge la hermosa y ellos queda jugando con la hilancula, pichica [juegos] y se
enborrachan y hazen otras uellaquerías y ofensas del seruicio de Dios. Y se hazen
yanaconas, paseando libre, ocupando a las uiudas, güérfanas cin trauajar; estando
borracho se matan con cochillos y palos. Y no ay rremedio en este rreyno (Guarnan
Poma 1992 [1615]: 830 [844]).

Hacia el final de la crónica, en un capítulo dedicado a consideraciones religiosas


y morales, Guarnan Poma reconoce que los indios de su tiempo tienen el vicio
de gastar dinero jugando, pero también declara rotundamente que este vicio era
desconocido en el tiempo de los incas y que, por ende, forzoso es admitir que
quienes lo introdujeron en el Perú fueron los españoles:

/ 914 [928] / CONZEDERACIÓN f


[... ]
Conzedera que los yndios tienen ya costumbre como español de jugar y deuer que
deuen mil pesos o quinientos o docientos, lo qual no lo auía en tienpo de los Yngas
[... ]
f 915 [929] f CONZEDERACIÓN f
los yndios en este rreyno. Aués de conzederar que le enseña españoles este uicio
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 914-915 [928-929]) .

238
El juego en el Perú prehispánico y colonial

Finalmente, en un diálogo ficticio con el Rey de España, cuando este último le


pregunta el modo de remediar todas las injusticias y maltratos padecidos por los
indios del Perú y establecer un buen gobierno, Guarnan Poma contesta que ante
rodo convendría que los administradores, fueran civiles o eclesiásticos, así como
la totalidad de la población, se abstuvieran de consumir alcohol y coca y, claro, de
jugar. Así se volverían buenos cristianos y contribuirían a la prosperidad del reino:

"Dime, autor Ayala, que me aués contado tantas cosas lastimosas y cómo se acauan
los yndios y pasan trauajo y no puede multiplicar y le entran y le quitan sus mugeres
y hijas y pociciones de tierras y casas, que le desuellan totalmente. [... ] Dime agora,
autor Ayala, ¿cómo se podrá rremediar?".
[... ]
/ 968 [986] f RESPONDE EL AVTOR /

[... ]
Sacra Católica Real Magestad, diré aserca del rrecogimiento de los yndios ausentes,
los quales son de tres maneras: El primero son cimarrones guagamundos, otros son
forasteros, otros son güérfanos. El primero, los cimarrones guagamundos son ellos
mismos que ellos les llama quita suua [ladrones huidizos], poma ranra [bandillas de
pumas], choqui aquilla [¿vasija de oro?]. Le llama guagamundo que ellos salieron
de sus pueblos por ser ladron~ y salteadores y jugadores, borrachos, peresosos,
comedor de coca, quilla uanana [escarmiento de los perezosos].
[... ]
f 969 [987] f PREGVUNTA SV MAGESTAD /

[ ... ]
Para questén llieno de yndios, multiplique, a de mandar vuestra Magestad, el
primero: Quitar que no ayga corregidor y castigar a los dichos padres y curas de
las dichas dotrinas por una culpa. Sola quitalle del curato y no dar otra dotrina y
que den fiansa y sean ynteren [os] y no sea propetario. Con ello se rremediará y a
los dichos encomenderos de merced, que xamás entre a los pueblos de los yndios.
Y que se guarde, execute como la sobrecarta executoria rreal de buestra prouición
rreal y de buestros bizorreys y audiencia y que el Santo Concilio, hordenansas
guarden. Los dichos caciques principales sean de los grandes señores deste rreyno
de los que fueron desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y
de Auca Runa y de Yncap Runan. Como dicho es que no sea borracho ni coquero
ni que sea jugador y sea buen cristiano. Se rrecogerán los yndios ausentes deste
rreyno, biuirán descansadamente y serán cristianos y multiplicarán, conforme la
cristiandad y seruicio de Dios y de su Magestad (Guarnan Poma 1992 [1615]:
966-970 [984-988]) .

239
Denis Rober~

Conclusión
Lo que se destaca con fuerza de la evolución del juego en los Andes ,
crónica de Felipe Guarnan Poma de Ayala es la diferencia esencial queegun
. e
las concepciones prehispánica y colonial de esta actividad. Si nos atenemo a
observaciones del cronista indio, el juego, en la sociedad inca, era regido por l
controlado por el poder central - nadie podía jugar sin la autorización del In
y estrechamente dependiep.te del calendario inca. De ahí viene la concentrad
temporal de los juegos en la época de la fiesta del Inca Raymi y su carácr
altamente ritualizado. Ello no impedía que desempeñaran un papel económico
y político de primer plano como instrumento imparcial de toma de decisión n
el ámbito de la administración de los hombres y bienes, especialmente cuando
se trataba de repartir de manera equitativa las tareas y riquezas. Además de e t
aspecto fundamental, el juego cumplía también una función diplomática como
instrumento cultural de comunicación con las etnias exteriores al imperio, lo que
explica que el inca Atahualpa, preso de los españoles en Cajamarca, haya recurrido
al juego de taptana en sus relaciones con sus vencedores.

Todo cambia con la conquista y colonización del Perú. El aspecto principal no es la


introducción de juegos ñuevos, de origen español - el ajedrez, los dados, los naipes
que conocen, particularmente los últimos, una rápida difusión en la población
autóctona- , sino más bien una transformación profunda de la naturaleza misma
del juego. Este, de actividad colectiva, reglamentada y ritualizada, pasa a ser
una ocupación personal que se desarrolla de manera anárquica. Su fin ya no es
el funcionamiento armonioso de la sociedad sino el enriquecimiento individual.
Guarnan Poma resulta muy consciente de esta evolución y la critica con aspereza,
pues, para él, es un factor de perversión de la sociedad andina. Es significativo
que las evocaciones del juego, en su descripción del Perú colonial, acompañan
sistemáticamente las de otros vicios nacidos de la Conquista: la embriaguez, la
prostin~ción, el consumo de coca, la pereza o la mentira.

Quisiéramos concluir la presente contribución con un testimonio revelador de


este cambio cultural. En la carta en la que el jesuita Pablo José de Aniaga, famoso
extirpador de idolatrías, presenta su obra al Rey de España, dicho autor evoca, para
criticarlas, varias propuestas que apuntan a aumentar los ingresos que la Corona
sacaba del Perú. Una de ellas consistía en crear casas de juego en todas las ciudades
de la colonia:

El año de 1602, estando Vuestra Magestad en Valla~olid, pasando yo a Roma, donde


iba desde esta ciudad de Lima por orden de mis superiores, advertí que, habían ido

240
El juego en el Perú prehispánico y colonial

desde estos reinos del Pirú dos personas, que pusieron en gran expectación a toda
España con arbitrio de acrecentar en algunos millones la hacienda real. Otro fue
con arbitrio que le pusiese estanco en la sal: que fuera poner puertas al campo, pues
hay acá tanta abundancia de ella como de agua y tierra. Otro, con buena intención
como sacerdote, llevó de estas partes por arbitrio que se pusiese en cada ciudad una
casa de juego y se arrendase como el estanco de naipes (Arriaga 1999 [1621]: 5).

Estas sugerencias son significativas de un contexto político ,y social propio de


comienzos del siglo XVII: en aquella época, España había entrado en una seria
decadencia demográfica y económica que hacía urgente el saneamiento de las
finanzas públicas. Pero la propuesta de multiplicar las casas de juego en el Perú
rraduce también, creemos, un cambio de mentalidad respecto del juego, tanto
más sintomático como que el que la formuló - es el único dato conocido sobre
el personaje- era sacerdote. Claro, Arriaga, aunque compartía con él el estatuto
eclesiástico, no podía aceptar una idea tan contraria a sus principios. Pero en el
Perú, muchos, seguramente, la sostenían, lo que interpretamos como la prueba
de que allá la concepción del juego ya no tenía nada que ver con la que imperaba
antes de la Conquista. En esta conclusión tenemos la explicación de la aparente
paradoja que hemos intentado destacar en este trabajo: que Guarnan Poma haya
presentado el juego de manera positiva, atribuyénqole implícitamente el papel de
instrumento de buena administración en las páginas que dedicó al Imperio inca,
y que lo haya condenado como una amenaza para los indios en su evocación del
Perú colonial.

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