Juegos en la sociedad incaica según Guaman Poma
Juegos en la sociedad incaica según Guaman Poma
Jean-Philippe Husson
Editor
BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ
Centro Bibliográfico Nacional
985.0095 La memoria del mundo inca: Guarnan Poma y la escritura de la Nueva corónica [sic.] /
Ma Jean-Philippe Husson, editor.-- la ed.--Lima: Apus Graph Ediciones: Pontificia Universi-
dad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2016 (Lima: Tarea Asociación Gráfica Educativa).
367 p. : il. (algunas col.), mapas, retrs. ; 24 cm.--(Estudios andinos/ dir. Marco Curatola
Petrocchi ; 19)
Incluye bibliografías.
D.L. 2016-14786
ISBN 978-612-317-204-6
BNP: 2016-1452
Introducción
El juego es una actividad humana presente en prácticamente todas las culturas y
un elemento fundamental de estas. Como los fenómenos sociales de importancia
mayor -la religión, la política, la economía...- , inspiró numerosos estudios, de
los que se desprende que, si bien el hecho de jugar es universal, los juegos no
son idénticos ni se practican de manera similar en todas las culturas del mundo.
También se colige de dichos estudios que los juegos son el reflejo de la sociedad
que los adoptó y que difieren por las funciones culturales que cumplen. En
definitiva, los juegos están en una relación de interdependencia con el sistema
social, económico, político y religioso de una sociedad. Así, desempeñan un
papel de medio de comunicación para permitir la transmisión de informaciones
culturales y, al asumir esta responsabilidad, participan en la normalización de las
relaciones entre los individuos y grupos. En este sentido, son significativos del
nivel de desarrollo cultural de una sociedad.
Los juegos, por consiguiente, no tienen una existencia casual sino que obran con
determinado fin. Tienen, pues, una relación funcional con la sociedad. Puesto
que las estructuras sociales se concretan a través de los juegos, estos reflejan el
funcionamiento general de la sociedad. En ellos, por consiguiente, se puede
estudiar la organización social en su totalidad. La utilización selectiva de cierto tipo
de juegos, la instrumentalización de los mismos para resolver problemas de índole
social, económica y política son algunos aspectos que abordaremos en este estudio.
Guarnan Poma hace una descripción poco favorecedora de Inca Roca: escribe que
se entregaba al juego, que le gustaban las prostitutas y que despojaba a los pobres
de los pocos bienes que poseían. Según la cronología tradicional andina, Inca Roca
está considerado como el sexto Inca. De temperamento centralista y conquistador,
212
El juego en el Perú prehispánico y colonial
En un capítulo ulterior en que van descritas las diversas etapas de la vida de los indios,
para ilustrar el lapso que separa la edad de cinco años de la de nueve años, Guarnan
Poma dibuja a un niñito calificado de pucllacoc, esto es, «juguetón» en quechua.
Vemos este personaje jugando a un juego de destreza llamado peonza (1992 [1615]:
208 [210]):
La diferencia que separa la peonza del peón consiste en't¡ue la primera se hace
bailar azotándola con un látigo mientras que el último gira!por la acción de una
cuerda enrollada alrededor de la púa en que termina. En ambos casos, el jugador
procura mantener el juguete en movimiento durante el mayor tiempo posible. Sin
embargo, es evidente que la peonza requiere mucho más destreza que el peón, el
cual, una vez lanzado, no necesita ninguna acción.
213
Denis Roberge
A este dibujo corresponden unas cortai frases explicativas, pero sin relación con el
juego en cuestión:
/ 208 [210] / OTABO CALLE / PVCLLACOC [juguetón] / de edad de cinco años / niño
de la dotrina.
,.J
Al dibujo del niño de cinco a nueve años (figura 1) corresponde una página de
texto. Tampoco en ella encontramos referencias al juego de la peonza:
Guarnan Poma justifica el rigor con el cual eran educados los niños de esta edad
por sus deberes para con sus padres: debían servirlos efectuando una serie de tareas
domésticas so pena de ser castigados y golpeados. Eran encargados, entre otros, de
cuidar a los niños más pequeños y mantenerlos ocupados jugando con ellos; de ahí
su denominación de niños-juguetones, pucllacoc uamracona en quechua.
En lo que se refiere a las niñas de la misma edad, llamadas pucllacoc uarmi uamra
(juguetonas), no tenían más tiempo libre que los niños, a juzgar por la descripción
que Guarnan Poma hace de sus obligaciones para con los adultos (figura 2):
/ 229 [231 ] / OTABA CALLE / PVCLLACOC VAMRA [juguetón] / de edad de cinco años /
Cima a su madre I (Guarnan Poma 1992 [1615]: 229-230 [231-232]).
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
Desde la edad de cinco años, las niñas eran puestas al servicio de sus familias y de las
mujeres adultas en general. Tenían que ocuparse de las tareas domésticas y cuidar
a los niños más jóvenes. Al parecer, estas tareas no les dejaban mucho tiempo para
el juego, al contrario de lo que induce a pensar el término pucllacoc que evoca esta
fase de la niñez. Además, cuando el varón de cinco años representado en el dibujo
reproducido más arriba maneja una peonza, la niña de la misma edad, en vez de
jugar, lleva un cántaro en la espalda.
De estos dos dibujos se desprende que el juego de los niños no era una actividad
frívola e improductiva sino, al contrario, un servicio que obligaba a los niños
a contribuir, en la medida de sus capacidades, a la vida cotidiana de la familia.
Guarnan Poma también nos muestra que, en la sociedad inca, la socialización de las
niñas estaba orientada hacia la familia, lo que explica su limitada participación en
las actividades lúdicas, mientras que los juegos masculinos apuntaban a desarrollar
la destreza con el fin de formar a los jóvenes para la caza y los inevitables ejercicios
militares que los esperaban durante su vida de adulto. El autor describe un sistema
educativo muy riguroso, en el que la obediencia de los niños a las reglas de la
comunidad reflejaba la que la sociedad inca en general exigía de sus miembros.
215
Denis Roberge
/ 242 [244] I ABRIL I CAMA!, INCA RAIMI [descanso, festejo del lnka] I fiesta del Ynga ¡
[... ]
/ 243 [245] / ABRIL / Inca Raymi [festijo del lnka] Quilla:
En este mes ofrecían unos carneros pintados a las dichas uacas ydolos, diose
comunes, que abía en todo el rreyno y con ello tenían mucha serimonia.
Y el dicho Ynga tenía muy grande fiesta; conbidaua a los grandes señores y
prencipales y a los demás mandones y a los yndios pobres y comía y cantaua y
dansaua en la plaza pública. En esta fiesta cantaua el cantar de los carneros, puca
llama, y cantar de los rríos aquel sonido que haze. Esto son natural, propio cantar
del Ynga, como el carnero canta y dize "yn" muy gran rrato con conpás. Y con ello
) mucho cunbite y uanquete y mucho uino, yamur aca [chicha].
Este mes está la comida maduro y anci comen y ueuen y se hartan la gente del
rreyno a costa del Ynga. Y este mes los aues del cielo y los rratones tienen qué comer.
Todo el mes juegan los señores prencipales al juego de riui [boleadores], choca, al
uayro de ynaca, pichica de hilancula y de challco chima [todos juegos] y juegan otros
juegos y rrecocijos. Tiene todo el reyno en este mes de abril Ynca Raymi [festejo del
lnka] y se horadan las orejas en este mes todos, haua yncas [pariente lejano de un
lnka] como capac ynca [poderoso lnka], uaccha yngas [lnka sin poder]. Con ello
tienen gran fiesta entre ellos y se conbidan unos con otros, ací como rrico como
pobre (Guarnan Poma 1992 [1615]: 242 [244]).
Guarnan Poma cita los siguientes juegos: el riui, la choca, el uayro de ynaca y, por
fin, la pichica de hilancula y de challcochima. Examinaremos sucesivamente estos
juegos refiriéndonos a los testimonios de cronistas más prolijos que el autor de la
Nueva corónica sobre su naturaleza.
216
El juego en el Perú prehispánico y colonial
juego de riui
Llamado «boleadoras» en castellano, el riui, o liui, o también ayllus, es un arma
·adiza que los indios de los Andes utilizaban para la caza o la guerra. Este
rro¡
in crumento consiste en tres cuerdas atadas en uno de sus extremos y que, en sus
eremos libres, llevan una bola de piedra o plomo.
Un documento que data de mediados del siglo XVII nos informa que un juego
ricual llamado aína utilizaba las boleadoras. Este juego seguía siendo practicado en
la r gión de Cajatambo en el Perú:
... y jugaron un juego que llaman aína que es tirar un ribe que son bolas de plomo
atadas a unos ylos largos y tiran unas baras de palo al aire y se enreda el dicho ribe
en el palo o bara que tiran y el ribe que da mas bueltas en el palo ese ganaba y
es juego supersticioso para saber quando a de ser bueno el suseso o malo (Visita
de idolatrías de Hacas, 1656-1658), f. 4lr, Archivo arzobispal de Lima) (Duviols
1974-1976: 277).
Un palo o vara se lanzaba al aire y los jugadores trataban de atraparlo con sus
boleadoras. El informador anónimo, en su relación de visita de idolatría, revela
que este juego tenía una connotación religiosa habida cuenta de su función
adivinatoria. También indica que este proceder permitía a los jugadores saber si lo
que proyectaban iba a desembocar en un éxito o un fracaso.
... Del machacuay (serpiente) usan el día de hoy en sus fiestas y taquies, haziendo
un juego de ayllar que antiguamente jugaba el inga, echando en alto esta figura de
culebra y hecha de lana; y los que apostavan echavan sus illos (ayllus), que son tres
ramales de soga hecha de niervos de animales o de cueros dellos, y a los cavos unas
pelotas de plomo. A este juego ganó el inga muchas provincias a las guacas que ya
se las havia(n) dado y los camayos de las guacas, permitía el inga que jugasen las
tales provincias con él por otras y se hazian perdedizos y despues de ganados por el
inga con este medio de juego, le satisfazía el inga a las guacas y camayos con dalles
tierras y ganados y otros servicios. Son muchas las tierras que ganó a este juego de
ayllar el machacuay1•
Esta vez, es una figura de lana en forma de serpiente (machacuay) la que se lanza al
aire. Para los participantes, que necesariamente tenían que hacer apuestas, el juego
1
Cristóbal- de Albornoz, La instrucción para descubrir todas las guacas del Piru y sus camayos y
haziendas, citado por Zuidema 1967: 41 .
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Denis Roberge
consistía en atraparla lanzando sus boleadoras. El autor escribe que, gracias a este
juego, el Inca había recuperado varias provincias que previamente había entregado
a las guacas (divinidades). Según el texto, el Inca autorizaba ra los camayos (los
sacerdotes encargados del culto a las guacas) para apostarse estas provincias contra
otras y, en compensación de las provincias perdidas, les daba tierras, ganado y
muchos servicios. Este arreglo entre el Inca y los sacerdotes induce a interpretar el
juego como un ritual que permitía legitimar una nueva distribución de los poderes.
Bernabé Cobo también describe un juego llamado ayllus, muy similar al anterior:
El amor grande que tenía el Inca (Tupa Yupanqui) a esta Señora Guayro,
solicitaba su ánimo para que buscase trazas como dejar a su hijo bien
remediado. Pues con este fin, siendo ya al mozo de edad para ser armado
caballero, introdujo entre los señores de su corte el juego de los ayllos, que
antes era solo de las naciones del Callao; y así, llegada la fiesta del guarachico,
en que su hijo se había de armar caballero con otros hijos de grandes señores,
pidió el Inca a los de su consejo que, para más solemnizar la fiesta, quería
jugar con su hijo algunos pueblos de su señorío. Ellos, por complacerle,
consintieron con lo que pedía y le respondieron que Su Alteza en hora buena
todo lo que fuese servido. Señaláronse jueces y padrinos para los juegos y
para más autoridad de la fiesta, dió licencia el rey para que entrasen en ellos
los señores que quisiesen; y era ley que se había de jugar joya o presea de
mucho valor, o cierta cantidad de oro o plata. Llegado el día señalado, dieron
principio a los juegos los señores de la corte, y últimamente entraron en
ellos el rey y su hijo. El rey, como valeroso y diestro en este juego, hacía
maravillas de sus ayllos, y el mozo no se descuidaba, antes jugaba con tanta
destreza, que en muy breve tiempo ganó la apuesta a su padre y pidió a los
jueces se la diesen. Ellos, maravillados desto y sospechando no fuese cautela
el haber perdido el rey, fueron de parecer que volviesen al juego; pero el hijo
lo rehusaba, si primero no le daban lo que había ganado. Viendo los jueces
que tenía razón, le prometieron dar lo que pedía con que prosiguiese el juego.
Volvieron a jugar padre y hijo, y fue tan venturoso el hijo que turnó a ganar
por segunda vez. No consintieron los del consejo que pasase adelante el juego,
porque llevaba el mozo talle de ganar a su padre todo el reino. Preguntaron
le los jueces qué quería por la ganancia, y el mozo pidió la provincia de
Urcosuyu, y así le fueron dados los cinco pueblos della: Nuñoa, Oruro, Asilla,
Asángaro y Pucará; y estos son los pueblos que llaman Aylluscas, en memoria
desta historia (Cobo 1964 [1653], cap. 15: 86-87).
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
El juego de choca
El segundo juego presentado por Guarnan Poma lleva el nombre de choca. En
su diccionario, Domingo de Santo Tomás (1951 [1560]: 97) traduce la acción
de «lanzar una piedra» por chocani.gul2. Encontramos en el de Diego González
Holguín (1952 [1608]: 293) el vocablo chocachacuypucllay, compuesto a partir
de la misma raíz choca, que designa el juego de puntería. Es de notar que en la
misma entrada figura el término huachichacuypucllay, cuya estructura es idéntica
a la de chocachacuypucllay y que, por su parte, traduce el juego español de cañas.
Introducidas en el Perú después de la conquista, las cañas consistían en simulacros
de combates en la plaza pública entre varios grupos de jinetes armados que trataban
de apoderarse de esta plaza. Podían alcanzar un grado extremado de violencia, hasta
causar la muerte de participantes cuando los grupos rivales luchaban a caballo
2
Esta notación ortográfica típica de Domingo de Santo Tomás corresponde a una raíz verbal
(choca) seguida por la desinencia de primera persona de presente (ni) y la de segunda persona
(ngui).
219
Denis Roberge
En este pasaje tenemos, pues, una nueva confirmación de la estrecha afinidad que
unía el juego andino de choca con las cañas de los españoles.
El uayro de ynaca
El tercer juego andino mencionado por Guarnan Poma es el uayro de ynaca.
Interesémo~nos primero por el vocablo uayro. Encontramos dos ocurrencias en el
manuscrito, ambas provistas del sentido de categoría específicamente femenina y
de rango social bastante elevado. La primera nos informa que el quinto rey, el inca
Capac Yupanqui, sentía una especial inclinación por una mujer -o las mujeres-
de esta categoría:
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
y fue muy [e]namorado este dicho Ynga de las mugeres capac ome [señoras aymaras]
y de uayro [¿?] (Guarnan Poma 1992 [1615]: 101 [101]).
La marca del plural presente en la segunda ocurrencia parece excluir que el término
.. uayro» sea un nombre propio, como se podía inferir del pasaje de Bernabé Cobo
cirado antes 3 • Además, este pasaje se refería al décimo rey, el inca Tupa Yupanqui,
quien, mediante el juego de riui, había concedido una provincia entera, situada al
norte del lago Titicaca, al hijo que había tenido con una esposa secundaria, cuando
las favoritas evocadas por Guarnan Poma eran las del quinto rey, el inca Capac
Yupanqui, si nos referimos a la cronología usual de los soberanos del Imperio
inca. Salvo caso de homonimia, posible pero estadísticamente improbable, esta
diferencia de contexto histórico descarta la eventualidad que uayro o guayro sea
el nombre de una mujer y nos induce a considerarlo más bien como un título de
nobleza.
Sin embargo, esta interpretación, a su vez, está puesta en tela de juicio por un
segundo pasaje de la obra de Cobo. En él, encontramos de nuevo al inca Tupa
Yupanqui y su favorita guayro, pero involucrados en una intriga muy distinta de la
que relataba el mismo cronista en una cita anterior. Aquí, sucede que el Inca fue a
descansar al valle de Yucay y, en aquel lugar, se puso a jugar con varios señores a un
juego de dados llamado pichca:
...Entre las mujeres <leste Inca había una de nac10n Guayro, de extremada
hermosura, a la cual él amaba y favorecía más que a su legítima mujer, y tenía en
ella un hijo igualmente amado que su madre; y no había fiestas y regocijos adonde
no llevase consigo a madre e hijo. Viendo, pues, sus vasallos que esta mujer era la
que mas preciaba y mas cabida tenía con el rey, la procuraban todos agradar y servir,
por el contento y gusto que dello recibía el rey. Sucedió una vez que estando el Inca
holgándose en el valle de Yucay, se puso a jugar con ciertos señores a la pichca,
3
La ortografía «Guayro» presente en el texto de Cobo es una simple variante ortográfica de «Uayro».
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que es algo modo de dados, y habiendo ya el Inca ganado casi todo el juego, solo le
faltaba un punto, que era el as, y si no lo echaba, no ganaba el juego. Dijo entonces
a la señora nada, y echándolo, ganada y remataba Guayro, que estaba presente:
"hermana, un punto me falta para ganar el juego; ¿qué haremos? Si quieres que se
vuelva de principio, se volverá, y si no, vaya en tu nombre, si gustas dello". Ella,
aunque vio que la presea que se jugaba era de mucho valor, le respondió: "ea, señor,
echa el dado en mi nombre, y di Guayro, que Guayro será el as". Dijo el inca: "pues
en tu nombre vaya que se gane o se pierda". Y echando el dado el rey, dijeron a
voces todos los presentes: "Guayro, Guayro". Y cuando cayó la suerte, fue el as, que
era todo lo que se pedía. El Inca con todos los demás quedaron muy contentos y
mucho más la señora, a quien dio luego el Inca la joya que gano; y desde este juego
mando el Inca que el número uno se llamase guayro en toda la tierra, en memoria
de la suerte y ganancia que con él hizo en nombre desta señora; y así, hasta el día de
hoy, en la mayor parte del reino llaman el número uno guayro, al modo que entre
nosotros se dice as (Cobo 1964 [1653], cap. 15: 86-87).
Por fin se desvanece el enigma de los múltiples sentidos del término guayro y de
las relaciones que los unen. Guayro es primero el nombre de una nación: a esta
pertenecía la concubina del Inca, quien es el personaje central de la narración. Pero
además se llama guayro el juego de dados al que juega el Inca, circunstancia esta que
no deja de resultar extraña, pues el juego en cuestión poseía la designación original
de pichca. Bernabé Cobo nos da la clave del misterio al revelarnos que así lo quiso
la referida esposa secundaria, quien, para que el Inca tuviera más posibilidades de
ganar, le sugirió que pronunciara su nombre al echar el dado. Consecuentemente,
entendemos que Guayro era también la denominación de esta mujer, o sea, le
habían atribuido por nombre -proceder bastante común- el de su etnia. Y, por
si fuera poco, asimismo se llama guayro, por decisión del Inca, el punto de mayor
importancia,en el mismo juego, esto es, el número uno o as.
4
Notación que corresponde a la raíz verbal guayro, seguida por las desinencias de primera (ni) y
segunda (ngui) persona de presente.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
ubsistiera alguna duda sobre la naturaleza del juego que lleva estos nombres, basta
con remitirse a la entrada «Ppichca» y su definición «Vn juego como de dados»
(González Holguín 1952 [1608]: 284) para despejarla.
Las raíces verbales huayru y pisca, siendo esta última una variante de pichca5, existen
rambién en la lengua aimara. El diccionario de Ludovico Bertonio, que es la mejor
referencia entre las obras filológicas coloniales relativas a dicho idioma, atestigua
que en este también los dos verbos son sinónimos y evocan la acción de practicar
un juego de dados:
5
Las dos variantes designan el numeral cinco en quechua y aimara. La más conservadora es pichqa
(grafía normalizada actual) o pichca (grafía colonial más usual), vigente en las hablas quechuas
practicadas al norte del Cuzco. Las formas pisqa y phisqa (grafía normalizada) o pisca (grafía
colonial) corresponden a las variedades quechuas del Cuzco y de Bolivia y a la lengua aimara.
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6
La formación de una vocal llamada epentética en medio de un grupo consonántico, en este caso
chq.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
Abril era la época en que, llegando los cultivos a madurez, empezaban las
cosechas. El Inca convidaba a la nobleza y las demás clases sociales a participar en
festividades grandiosas. El mes entero transcurría bajo el signo de la abundancia y
la redistribución de bienes por el Inca a sus súbditos. Como lo subraya Guarnan
Poma, era imprescindible que todos se aprovecharan de las riquezas de la tierra y
recibieran lo suficiente para alimentarse.
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Denis Roberge
[... ]
Castigo de jugadores: Es que les manda asotar en los brasos y en las manos
cinqüenta asotes con la guaraca, que en el tienpo del Ynga nadie no jugaua ni
prencipal ni yndio pobre, cirro a de jugar por mandado del Ynga. Todo el rreyno an
de trauajar; ya que no tenía qué hazer hacía soga y trayya leña o paxa para su casa
o texía cunpana [tejido] o hazía soga y hacía ojotas [sandalias] o sobaua pellexo. En
esto se ocupauan los indios (Guarnan Poma 1992 [1615]: 314 [316]) .
La ley preveía nada menos que cincuenta azotes dados en los brazos y las manos
con una guaraca, vale decir, una honda, a quien quiera que fuera, cacique o indio
común, que se atreviera a jugar sin que el inca se lo mandara. En la eventualidad
de que el juego fuera una simple diversión, tal castigo resultaría desproporcionado
y sobre todo irracional. ¿Cuál podría ser el móvil de tanta severidad cuando el
delito se reduce a un inocente pasatiempo? En cambio, en nuestra hipótesis de una
actividad que permite tomar decisiones cuyas consecuencias podían afectar a la
multitud, la sanción se vuelve lógica: es comprensible que se impusiera un control
estricto del juego y que los contraventores fueran penados. De todo ello se colige
que en la sociedad inca, el juego era un asunto de Estado. No cabe duda de que
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
Ues aquí, cristiano, toda la ley mala y buena; agora, cristiano letor, partí a dos
partes: Lo malo apartaldo para que sean castigos y con lo bueno se cima a Dios y
a su Magestad.
Cristiano letor, ues aquí toda la ley cristiana. No e hallado que sea tan cudicioso en
oro ni plata los yndios, ni e hallado quien deua cien pesos ni mentiroso ni jugador
ni peresoso ni puta ni puto ni quitarse entre ellos que bosotros lo tenéys toda
ynobedente a buestro padre y madre y perlado y rrey. Y ci negáys a Dios, lo negáys
a pie juntillo (Guarnan Poma 1992 [1615]: 367 [369]).
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[... ]
De como estando preso conversaua Atagualpa Ynga con don Francisco p·
don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el ·u
axedrés que ellos les llaman taptana. Y era muy pacible príncipe yací se co~t n
con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rre
(Guarnan Poma 1992 [1615]: 388 [390]).
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
7
Las definiciones que figuran en la parte español-quechua del diccionario (González Holguín
1952 [1608]: 402) son idénticas.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
la taptana representaba para los indios del Perú lo que el ajedrez para los españoles,
0 sea, el rey de los juegos, una actividad altamente apreciada y practicada por toda
la nobleza inca.
Aparte de Guarnan Poma, el único cronista en mencionar el juego de la taptana es
Martín de Murúa. En su Historia general del Perú, este autor refiere que el inca Tupa
Yupanqui, mientras estaba en su capital, quiso adquirir un mejor conocimiento
del pasado y el futuro y, con este fin, interrogó a las huacas. Estas profetizaron
que graves acontecimientos iban a afectar el Estado. Con vistas a profundizar esta
revelación, el Inca convocó a sus adivinos y magos, quienes, tras haber procedido
a los sacrificios rituales, recogieron de los oráculos la confirmación que unos
hombres desconocidos venidos del mar, invencibles y barbudos, provocarían la
ruina del imperio. Turbado por estos malos agüeros, Tupa Yupanqui cayó enfermo.
Decidió salir del Cuzco en busca de alivio y se instaló en el templo dedicado a la
huaca Mana Huañunca. Allá, el sumo sacerdote consultó los oráculos para saber
si la vida del emperador estaba en peligro. La huaca contestó que no moriría, pero
que necesitaba descanso. Su hermano Tupa Amaro no quiso dejarlo solo lejos de
la capital imperial:
Tupa Amaro Ynga, nuestro Prinsipe, fue hijo de Pachacuti Ynga el qual, siendo
capitan en tiempo de su padre, conquistó muchas tierras, tanta(s) que ce echaua
bien de ber la sangre real que tenía. Fué baleroso, prudente y sagaz, pues corno
estubiese su hermano Tupa Ynga Yupanqui en el asiento de mana huañunca,
pareciole no ser justo dejarle en tan grande enfermedad y peligro; y así se fué con
él, y el tiempo que estuuo ausente del Cuzco se exercitó en algunos juegos, y en
particular en el del atapta, ques corno a las tablas Reales. Y esto no menos que con
los orejones tios suyos, y otros señores prinsipales, tan libre de pena y apartado
de los asidentes amorosos, que no pam;:ía reinar en él jubentud (Murúa 1962
[¿1616?], vol. 2: 12).
Según nos relata Murúa, durante su estancia, Tupa Amaro se ejercitaba al juego
llamado atapta -en realidad, la taptana, cuya designación, sin duda, fue objeto
de una transcripción errónea- con sus tíos y otros miembros de la nobleza inca.
Murúa compara este juego, no ya al ajedrez, como Guarnan Poma, sino a las
«tablas reales», hoy conocidas sencillamente como «tablas». Estas eran otro juego
de estrategia, como el ajedrez, el alquerque y la taptana, en los que el azar y la
fuerza física no desempeñaban ningún papel y solo intervenían las capacidades
intelectuales de los jugadores. Esta característica explica que el autor, en vez de
escribir simplemente que TupaAmaru «jugó» a la taptana durante su estancia en el
lugar de residencia de su hermano, nos declara que «se ejercitó». De hecho, el éxito
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Denis Roberge
Los dos relatos que hemos citado en esta sección poseen una especificidad común:
su tema está estrechamente relacionado con la llegada de los españoles al Perú. La
diferencia consiste en que Guarnan Poma se refiere al acontecimiento histórico de
la Conquista cuando Murúa evoca una supuesta visión premonitoria del mismo
evento. Aparte de ello, no es una casualidad que se establezca - explícitamente en
un caso, de manera más alusiva en el otro- una vinculación entre la Conquista y la
práctica de la taptana, pues esta, entre otras funciones, hacía posible la comunicación
entre representantes de culturas distintas, desempeñando el papel de intermediario
imparcial y reconocido como tal para que el resultado de la partida fuera aceptado
por todos. Además, dicho juego, en las circunstancias particulares de la detención
de Atahualpa y presiones que este sufría de sus vencedores, permitía al primero
repartir sus bienes a los últimos, como lo señala expresamente Guarnan Poma.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
El periodo colonial
En los capítulos que tratan sobre el corregimiento, uno de los niveles de la
administración colonial española, Guarnan Poma observa que los indios pierden
en el juego todo lo que poseen y que los españoles, al contrario, se enriquecen por
el mismo medio:
[... ]
Cómo los coregidores salen preseguidos, ad en la rrecidencia y con deudas y costas
y grandes quexas, con muy muchos enemigos y gastos y prosesos y pleytos. Llueue
como agua las peticiones y sale desnudo y pobre del dicho corregimiento. Porque
fue jugador y putaniero, brabo amigo de los padres y curas y de comenderos y hizo
muy mucho banquete y conbida a los españoles y tiene ueynte tinientes (Guarnan
Poma 1992 [1615]: 490 [494]).
Guarnan Poma señala al Rey que los españoles dan el mal ejemplo a los indios,
comunicándole vicios como la embriaguez, prostitución, pereza, mentira y juego:
[... ] Diré aserca desto: Lo primero, quitan a sus mugeres y hijas y crían muchos
mestizos y cholos;
el segundo, le rroban todas sus haziendas y casas, solares y sementeras, es~ancias;
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Denis Roberge
Otro blanco favorito de Guarnan Poma es la categoría de los curas. La imagen que
los indios tenían de los españoles se transparenta en un dibujo que muestra a un
cura jugando a los naipes con el corregidor. La presencia de monedas en la mesa
atestigua la importancia de las apuestas (figura 5):
A este dibujo corresponde una página de texto con los siguientes fragmentos:
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
en su dotrina, el dicho padre y corregidor son tan soberbiosos que no temen a Dios
ni a la justicia (Guarnan Poma 1992 [1615]: 596 [610]).
Los naipes aparecieron en Europa hacia el siglo XIV y poco a poco su popularidad
suplantó la de los juegos de dados. Aunque eran considerados como un juego de
azar, en realidad el curso de las partidas no estaba regido exclusivamente por la
casualidad, como en los dados, sino también, en cierta medida, por la sutileza
del jugador. A partir de la conquista de América, los naipes se difundieron
rápidamente en las colonias españolas. Este juego, que ofrecía mucho más
posibilidades de combinación que los juegos de dados tradicionales, era muy
popular y ampliamente practicado por los españoles, pero también por las
demás categorías de la población colonial, los indios inclusive. Habida cuenta de
esta afición, es sorprendente que Domingo de Santo Tomás haya sido el único
lexicólogo especialista del quechua en mencionar los naipes en su diccionario. ¿Por
qué este término no figura en el de González Holguín (1608), el más copioso de
todos, ni en el diccionario anónimo dé 1586 (Anónimo 1586)? Esta paradoja
puede explicarse por el carácter poco satisfactorio de la equivalencia establecida
por Santo Tomás entre los naipes españoles y la chunga india, pues esta última era
un juego de azar basado en la utilización de dados. Por consiguiente, cuando los
naipes se difundieron masivamente entre los indios del Perú, es de suponer que
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Denis Roberge
[... ]
Plática y con [sic] conuerzación de entre soldados que anda en este rreyno, dize ad:
Señor, soldado, ¿qué emos de hazer? Somos pobres.
Señor, lo que podemos hazer es que somos jugadores. Con ello pasemos hasta
Potocí, ganando o perdiendo. En los tanbos [mesón] comeremos de gratis y jugar
los rreales de los saserdotes que ellos ganan cantando, y de los corregidores que ellos
ganan durmiendo y comiendo. Y jugemos a los encomenderos que
f 717 [731] f PRETENCIOR /
8
En los siglos XVI y XVII, el pretendiente o pretensor era el hombre que se había instalado en
la Corte para solicitar un empleo u honores. Constituía un tipo social ridiculizado por los autores
satíricos de dicha época.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
encontraban todos los vagabundos del Perú, fueran españoles, mestizos o negros.
En poco tiempo, estos mesones prehispánicos se habían convertido en casas de
juego y lugares de desenfreno.
Guarnan Poma celebra como cristianos ejemplares a los que no juegan. Así, en
los capítulos dedicados a los príncipes, señores y otros personajes de la nobleza
indígena de los Andes, el cronista recomienda a estos que sepan leer, escribir,
hablar español, contar y, por encima de todo, que no se entreguen al juego, ni
mientan o se embriaguen. Todos estos términos aparecen de manera recurrente
en las páginas relativas a los diferentes miembros de la jerarquía autóctona:
administradores de una provincia, señores de mil, quinientos, cien, cincuenta
o diez familias indias.
En la misma óptica, Guarnan Poma siente mucho que los señores principales y
administradores indios tengan el vicio de la bebida, del consumo de coca y del
juego:
Resultan de notable interés la lista de los juegos practicados por los responsables
indios del Perú colonial y sobre todo su comparación con la que hemos estudiado
al principio de esta contribución. Constatamos varias diferencias: primero la
aparición de juegos españoles conocidos: los naipes, los dados y el ajedrez; luego, la
desaparición del juego indio llamado choca, que - según hemos visto- consistía
en una batalla ritual; y, por fin, Ía presencia de dos juegos de origen dudoso que no
figuraban en la lista de los juegos andinos prehispánicos: pampay runa e yspital. En
lo que se refiere al primero, la significación de «prostituta» que posee este vocablo
en aimara (Bertonio 1684 [1612], primera parte: 398, entrada «Ramera») parece
descartar la eventualidad de que se trate de un juego. Tal vez Guarnan Poma haya
querido asociar así el vicio del juego con el de la prostitución. En lo que a la
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Denis Roberge
Más adelante, Guarnan Poma menciona de nuevo los juegos hilancula y pichica. En
este pasaje, quienes juegan son los españoles y las indias, a las que se han llevado
apartándolas de su comunidad. Con ellas también se , embriagan y terminan
armando pendencias a veces mortales. El cronista pide que estos comportamiento
sean severamente reprimidos:
... Que en todo rreyno a las yndias no le cargue ni haga mita cazada, soltera ni
biuda ni muchacha ni lleue hornamento ni hato de padre ni de corregidor ni
de comendero ni entre al tanbo [mesón]. Sea castigado a los alcaldes, cacique ,
mandones questo hiciere. Sean castigados por todas las justicias cinqüenta asotes y
priuado de los oficios. A los españoles que concientieren que se lo dé yndias mitayas,
cinqüenta pesos de pena de cada ues, la mitad para la cámara de su Magestad y la
mitad para gastos de justicia. Porque en los pueblos de los yndios deste rreyno se
esconden los yndios en las quebradas o se quedan en los pueblos los yndios y enbía
a las yndias al tanbo a los españoles, padres, corregidores y le dan yndias mitayas,
lo que ellos quería.
Y escoge la hermosa y ellos queda jugando con la hilancula, pichica [juegos] y se
enborrachan y hazen otras uellaquerías y ofensas del seruicio de Dios. Y se hazen
yanaconas, paseando libre, ocupando a las uiudas, güérfanas cin trauajar; estando
borracho se matan con cochillos y palos. Y no ay rremedio en este rreyno (Guarnan
Poma 1992 [1615]: 830 [844]).
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
"Dime, autor Ayala, que me aués contado tantas cosas lastimosas y cómo se acauan
los yndios y pasan trauajo y no puede multiplicar y le entran y le quitan sus mugeres
y hijas y pociciones de tierras y casas, que le desuellan totalmente. [... ] Dime agora,
autor Ayala, ¿cómo se podrá rremediar?".
[... ]
/ 968 [986] f RESPONDE EL AVTOR /
[... ]
Sacra Católica Real Magestad, diré aserca del rrecogimiento de los yndios ausentes,
los quales son de tres maneras: El primero son cimarrones guagamundos, otros son
forasteros, otros son güérfanos. El primero, los cimarrones guagamundos son ellos
mismos que ellos les llama quita suua [ladrones huidizos], poma ranra [bandillas de
pumas], choqui aquilla [¿vasija de oro?]. Le llama guagamundo que ellos salieron
de sus pueblos por ser ladron~ y salteadores y jugadores, borrachos, peresosos,
comedor de coca, quilla uanana [escarmiento de los perezosos].
[... ]
f 969 [987] f PREGVUNTA SV MAGESTAD /
[ ... ]
Para questén llieno de yndios, multiplique, a de mandar vuestra Magestad, el
primero: Quitar que no ayga corregidor y castigar a los dichos padres y curas de
las dichas dotrinas por una culpa. Sola quitalle del curato y no dar otra dotrina y
que den fiansa y sean ynteren [os] y no sea propetario. Con ello se rremediará y a
los dichos encomenderos de merced, que xamás entre a los pueblos de los yndios.
Y que se guarde, execute como la sobrecarta executoria rreal de buestra prouición
rreal y de buestros bizorreys y audiencia y que el Santo Concilio, hordenansas
guarden. Los dichos caciques principales sean de los grandes señores deste rreyno
de los que fueron desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y
de Auca Runa y de Yncap Runan. Como dicho es que no sea borracho ni coquero
ni que sea jugador y sea buen cristiano. Se rrecogerán los yndios ausentes deste
rreyno, biuirán descansadamente y serán cristianos y multiplicarán, conforme la
cristiandad y seruicio de Dios y de su Magestad (Guarnan Poma 1992 [1615]:
966-970 [984-988]) .
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Denis Rober~
Conclusión
Lo que se destaca con fuerza de la evolución del juego en los Andes ,
crónica de Felipe Guarnan Poma de Ayala es la diferencia esencial queegun
. e
las concepciones prehispánica y colonial de esta actividad. Si nos atenemo a
observaciones del cronista indio, el juego, en la sociedad inca, era regido por l
controlado por el poder central - nadie podía jugar sin la autorización del In
y estrechamente dependiep.te del calendario inca. De ahí viene la concentrad
temporal de los juegos en la época de la fiesta del Inca Raymi y su carácr
altamente ritualizado. Ello no impedía que desempeñaran un papel económico
y político de primer plano como instrumento imparcial de toma de decisión n
el ámbito de la administración de los hombres y bienes, especialmente cuando
se trataba de repartir de manera equitativa las tareas y riquezas. Además de e t
aspecto fundamental, el juego cumplía también una función diplomática como
instrumento cultural de comunicación con las etnias exteriores al imperio, lo que
explica que el inca Atahualpa, preso de los españoles en Cajamarca, haya recurrido
al juego de taptana en sus relaciones con sus vencedores.
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El juego en el Perú prehispánico y colonial
desde estos reinos del Pirú dos personas, que pusieron en gran expectación a toda
España con arbitrio de acrecentar en algunos millones la hacienda real. Otro fue
con arbitrio que le pusiese estanco en la sal: que fuera poner puertas al campo, pues
hay acá tanta abundancia de ella como de agua y tierra. Otro, con buena intención
como sacerdote, llevó de estas partes por arbitrio que se pusiese en cada ciudad una
casa de juego y se arrendase como el estanco de naipes (Arriaga 1999 [1621]: 5).
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