La Escuela Clásica de la criminología es una corriente de pensamiento que aborda los
delitos como concepto jurídico, es decir, como la ruptura del pacto entre el ciudadano y la
sociedad Derecho, y la necesidad de imponer un castigo acorde para corregir la conducta
y disuadir de la comisión de delitos.
Antes de profundizar en las características de la Escuela Clásica de la criminología,
recordamos que se denomina escuela al conjunto de principios y conceptos que
defienden y siguen un grupo de especialistas dedicados al estudio y aplicación de una
ciencia. Los autores que forman parte de una determinada escuela no tienen porqué
coincidir plenamente en todo, pero sí están de acuerdo en unas líneas comunes que
conforman el marco de pensamiento.
El estudio de la conducta humana y las razones que llevan a una persona a cometer un
delito se remontan a la Antigüedad:
Los grandes filósofos griegos como Sócrates, Platón o Aristóteles apuntaban a
causas biológicas (deficiencias físicas y mentales) para justificar las conductas
delictivas.
En la Edad Media, los estudios médicos realizados sentaron las bases del
derecho penal.
No fue hasta el siglo XVIII, con el despertar que supuso el periodo de
la Ilustración, cuando se desplazaron las creencias biológicas en pos de la razón
como base de la autoridad legal y se impuso el concepto de igualdad entre los
ciudadanos ante la ley. Así lo postulaba el filósofo y jurista Cesare Beccaria,
considerado el padre de la Escuela Clásica.
Los autores clásicos defienden, además, las garantías individuales y están en
contra de la arbitrariedad y los abusos de poder. Además de Beccaria,
Pellegrino Rossi, Giovanni Carmignani y Francisco Carrara son otros autores
destacados de la Escuela Clásica.
Los postulados más relevantes de la Escuela Clásica son:
Todos los individuos son libres e iguales en derechos.
El hombre es dueño de sus acciones, se rige por el libre albedrío. Aquellos que
carecen de libre albedrío —como los locos y los niños— quedan excluidos del
derecho.
El Estado es quien tiene la potestad de castigar por el quebranto de las leyes —
principio de legalidad y tutela jurídica—.
El delito es un ente jurídico, no filosófico: es la infracción de la ley del Estado
promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos y resulta de un acto del
hombre.
La comisión de un delito implica la responsabilidad moral —por el hecho de
actuar con libre albedrío—.
La pena que se impone por un delito es la retribución por el mal que su autor ha
causado a la sociedad. Esa sanción debe ser exacta, es decir, debe cumplir su
función de restablecer el orden social roto sin exceder las necesidades de tutela
jurídica.
En resumen, la Escuela Clásica defiende que al vivir en sociedad, cada individuo
suscribe libremente un contrato social con la comunidad a la que pertenece.
Este ente social, el Estado, castigará a quienes actúen de forma contraria a las
normas establecidas para dar equilibrio y estabilidad. Las penas, que serán
proporcionadas y ejemplares, también buscan disuadir de la comisión de delitos.