La Gaceta de la RSME, Vol. 16 (2013), Núm. 2, Págs.
241–269 241
Arquitectas prodigiosas, héroes, billares
y problemas de máximos y mínimos
por
José González Llorente
1. Introducción
Thou, Nature, art my goddess;
to thy law my services are bound.
(W. Shakespeare, El rey Lear, acto I, escena II).
¿Por qué determinadas formas geométricas aparecen reiteradamente en el mundo
natural? ¿En virtud de qué principios la Naturaleza escoge ciertas configuraciones
y no otras también posibles? Preguntas de este estilo impulsaron el desarrollo de
las Matemáticas hace miles de años y han hecho posible una mejor comprensión e
interpretación del mundo natural. La convicción de que la Naturaleza se rige por
ciertos principios de economía que la empujan a optimizar los recursos ha sido una
pieza clave en este proceso, no solo desde un punto de vista estético sino también
porque se trata de una idea que combina eficacia y sencillez.
Un segmento rectilíneo es el camino más corto entre dos puntos del plano. Un
arco de circunferencia máxima es el camino más corto entre dos puntos de la super-
ficie de una esfera. De todas las curvas cerradas de perímetro fijo, la circunferencia
es la que encierra más área. Cuestiones de este estilo —los llamados problemas de
máximos y mínimos— ya interesaron a los matemáticos griegos y desde entonces
han contribuido al desarrollo no solo de las matemáticas, sino también de la física,
las ciencias de la vida, la economía, el arte y muchas otras disciplinas. La vida dia-
ria plantea constantemente problemas que requieren maximizar o minimizar alguna
cantidad, en el sentido de sacar el máximo provecho de una determinada situación
a partir de unos recursos dados. ¿Por qué la naturaleza tendría que comportarse de
modo diferente? A partir del siglo XVIII, y paralelamente al desarrollo del cálculo
diferencial, los problemas de máximos y mínimos han proporcionado el marco mate-
mático adecuado para dar sentido a los principios de economía de medios y ayudar
así a una mejor comprensión del mundo físico.
En este artículo haremos un breve recorrido, necesariamente parcial e incompleto,
por algunos problemas de máximos y mínimos y sus implicaciones en cuestiones
geométricas y del mundo natural.
242 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
2. El problema de Herón de Alejandría, la reflexión de
la luz y el billar
Uno de los problemas de mínimos más antiguos está relacionado con la geometría
de la reflexión de la luz y se atribuye al matemático, ingeniero e inventor Herón de
Alejandría. No se sabe mucho de la vida de Herón; se especula que vivió durante
el primer siglo d. C. y que escribió tratados de óptica, geometría y mecánica ([13]).
En uno de ellos, Catóptrica, estudió las propiedades de reflexión de la luz y el uso
práctico de espejos. La ley fundamental de la reflexión de la luz —cuando un rayo
de luz es reflejado por una superficie plana, la trayectoria entera permanece en un
mismo plano y el ángulo de incidencia y el de reflexión son iguales— era conocida
por Arquímedes ([13]) pero la aportación fundamental de Herón es que la ley de
reflexión se podía deducir de un principio más general: la luz viaja de manera que
el tiempo total del recorrido es mínimo.
L R
P Q
Figura 1: El problema de Herón.
A continuación deduciremos la ley de reflexión a partir del principio de tiempo
mínimo siguiendo el argumento de Herón.
Admitamos provisionalmente la primera afirmación de la ley de reflexión, es
decir, que la trayectoria del rayo antes y después de ser reflejado permanece en un
mismo plano (comentaremos este aspecto después) y demostremos que los ángulos de
incidencia y reflexión son iguales. Aceptemos por tanto que la superficie reflectora es
en realidad una recta L. Supongamos (figura 1) que un rayo de luz sale del punto P ,
se refleja en L y alcanza el punto Q. ¿Dónde debe estar el punto de contacto R para
que el camino P RQ sea óptimo, de acuerdo con el principio de tiempo mínimo?
Como la velocidad de la luz no cambia con la reflexión, tiempo mínimo equivale
a distancia total mínima. Por tanto R ha de ser tal que la suma de las distancias
P R + RQ sea mínima.
La solución del problema de Herón se basa en un argumento de simetría, tan
simple como elegante. Sea Q∗ el punto simétrico de Q respecto de la recta L (figu-
ra 2).
Como RQ = RQ∗ , el problema se puede reformular así: ¿cuál es el punto R
en la recta L tal que la suma de las distancias P R + RQ∗ es mínima? Ahora es
geométricamente obvio que esta suma es mínima cuando R es el punto de intersección
del segmento P Q∗ con la recta L (figura 3).
La Gaceta ? Artículos 243
Q∗
L R
P Q
Figura 2: Simetrizando.
Q∗
α
R
P Q
Figura 3: Solución del problema de Herón.
En particular se obtiene (mediante un método constructivo) que los ángulos de
incidencia y de reflexión del camino óptimo son iguales (figura 4). Se observa además
que el argumento de Herón demuestra también la primera afirmación de la ley de
reflexión: la trayectoria entera del rayo permanece en un mismo plano. En efecto,
si la superficie reflectora L fuese un plano, se deduciría exactamente igual que la
trayectoria óptima P RQ permanece en el plano que contiene a P , Q y Q∗ .
Evidentemente se puede plantear el mismo problema matemático adaptado a
diferentes situaciones de la «vida real». Por ejemplo, si la recta L representa un río,
P es nuestra posición actual y Q el punto al que queremos llegar (digamos nuestra
casa), podemos preguntarnos: ¿cuál es el camino óptimo de regreso a casa que parte
de P y hace escala en el río L? Otra interpretación más lúdica tiene que ver con las
trayectorias en un billar. Supongamos ahora que el semiplano limitado por L que
contiene a P y Q es una mesa horizontal de billar. Una bola sale de P , choca en L
en un punto R y llega a Q. Como la bola seguirá el camino más corto, el problema es
244 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
Q∗
α α
P Q
Figura 4: La ley de reflexión.
idéntico al del rayo de luz y por tanto la ley básica del billar es también la igualdad
entre los ángulos de incidencia y de reflexión. Volveremos al billar en la sección 10.
Como aplicación del teorema de Herón se obtiene la propiedad de reflexión de la
elipse: los ángulos que forma la tangente en un punto arbitrario de una elipse con
los segmentos que unen el punto y los focos son iguales. Consideremos una elipse de
focos P y Q. Sea R un punto arbitrario de la elipse y L la tangente a la elipse en R.
La elipse es el lugar geométrico de los puntos cuya suma de distancias a P y Q es
constante, por tanto exactamente igual a P R + RQ. Cualquier punto R0 del exterior
de la elipse (por ejemplo cualquier punto de L) verifica P R0 + R0 Q ≥ P R + RQ con
igualdad si y solo si R0 = R. Eso quiere decir que R es la solución del problema de
Herón con datos P , Q, L. En particular, los ángulos que forman los segmentos P R
y RQ con L son iguales. Como aplicación, si en un billar elíptico colocamos la bola
en uno de los focos y la golpeamos, siempre alcanzará el otro foco tras rebotar en la
pared, independientemente de la dirección de salida.
Encontraremos más aplicaciones del argumento de Herón en las secciones siguien-
tes.
3. El problema de Dido
Uno de los problemas de máximos más famosos de la historia es el problema iso-
perimétrico o problema de la princesa Dido. Tal y como sugieren [14, 19], nada mejor
que acudir a La Eneida de Virgilio para conocer la leyenda de Dido. Recordémosla
brevemente: la princesa fenicia Dido, huyendo de Tiro, llega a las costas de Cartago
y negocia con el rey local Jarbas, quien le propone el trato siguiente: todo el terreno
que pueda encerrar con una piel de toro será suyo. Dido hizo cortar la piel en tiras
muy finas y atar los extremos para construir una cuerda cerrada y formar con ella
la figura de mayor área posible (figura 5). Es legítimo suponer que Dido encontró
la solución correcta: una circunferencia. Por tanto, el problema matemático al cual
se enfrentó Dido (problema isoperimétrico) es: entre todas las curvas cerradas de
perímetro fijo, encontrar la que encierra área máxima.
La Gaceta ? Artículos 245
Figura 5: La leyenda de Dido.
Teorema isoperimétrico. De todas las curvas cerradas de perímetro fijo, la cir-
cunferencia de ese perímetro es la que encierra más área.
A veces se suele plantear el problema isoperimétrico en forma dual: entre todas
las curvas cerradas que encierran una área fija, encontrar la de perímetro mínimo.
Es fácil comprobar que las dos formulaciones son equivalentes. De hecho, Dido podría
haber sacado más partido de la situación si hubiera aprovechado la línea de costa (que
se supone recta, figura 6): con la cuerda sin cerrar se forma un arco cuyos extremos
son dos puntos de la costa. En este caso, el problema matemático correspondiente
—de hecho equivalente al anterior— es: entre todas las curvas de longitud fija que
tienen sus extremos en una recta, ¿cuál es la que limita más área con la recta? La
respuesta es un arco semicircular.
Figura 6: Otra versión del problema isoperimétrico.
Aceptada la existencia de solución al problema isoperimétrico (una cuestión no
trivial a la que nos referiremos después), la aproximación de la curva por poligonales
muestra que podemos reducirnos al caso de polígonos (figura 7). El problema iso-
perimétrico restringido a polígonos —suficientemente interesante en sí mismo— ya
fue estudiado por los griegos; posiblemente el primer ataque serio al problema pudo
haber aparecido en el tratado De las figuras isométricas de Zenodoro (siglo II a. C.),
246 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
conocido por los comentarios posteriores de Teón y Pappus de Alejandría ([13]). En-
tre los resultados de Zenodoro, los más relevantes en este contexto son los teoremas
siguientes:
Figura 7: Aproximación por polígonos.
1. Teorema isoperimétrico para polígonos. El área de un polígono regular
de n lados es más grande que el área de cualquier otro polígono de n lados con
el mismo perímetro.
2. Dados dos polígonos regulares del mismo perímetro, tiene más área el que tiene
más lados.
3. Un círculo tiene más área que cualquier polígono regular con el mismo perí-
metro.
De ellos se puede deducir, por aproximación, que la solución del problema isoperi-
métrico es el círculo (suponiendo que la solución existe).
Un cálculo elemental muestra que el área del polígono regular de n lados y perí-
metro P es
P2
An = ;
4n tg(π/n)
por tanto, el segundo resultado de Zenodoro, en el lenguaje del Cálculo, es equivalente
a comprobar que n tg(π/n) es decreciente en n, lo cual se reduce a su vez a comprobar
que x1 tg(πx) es creciente si 0 < x ≤ 1/3. Por supuesto, el argumento original de
Zenodoro era totalmente geométrico (ver [13, 14, 19]).
Los resultados de Zenodoro aparecerán más adelante en este artículo. En las dos
secciones siguientes discutiremos con detalle el primero de ellos (teorema isoperimé-
trico para polígonos). Los argumentos que daremos difieren de los de [14], que siguen
la línea original de Zenodoro. Veremos que el caso general (n arbitrario) se deduce,
de hecho, de ciertas variantes de los casos n = 3 y n = 4.
4. El problema isoperimétrico para triángulos
Se trata de demostrar que, de todos los triángulos de perímetro dado, el triángulo
equilátero de ese perímetro es el que tiene más área. Daremos dos argumentos dife-
rentes, uno geométrico y otro analítico. Los dos argumentos están ligados a Herón
La Gaceta ? Artículos 247
de Alejandría: el primero usa el argumento de reflexión analizado en la sección 2, y
el segundo la fórmula de Herón del área de un triángulo en función de su perímetro.
Veamos el primer argumento. Aceptaremos que el triángulo solución existe y
probaremos que debe ser el equilátero. Supongamos que el triángulo P QR tiene dos
lados diferentes, por ejemplo P R 6= RQ (figura 8). La estrategia consiste en ver
que existe otro triángulo del mismo perímetro que tiene más área, por lo tanto el
triángulo óptimo debe tener los tres lados iguales.
R
P Q
Figura 8: El problema isoperimétrico para triángulos.
Sea L la recta paralela a P Q que pasa por R. Elijamos un punto S en L de
manera que el triángulo P SQ sea isósceles (figura 9).
R S L
P Q
Figura 9: Uso del principio de Herón.
Por el teorema de Herón de la sección anterior, P R + RQ > P S + SQ. Por otra
parte, las áreas de P RQ y de P SQ son iguales porque son triángulos de la misma base
y la misma altura. Ahora subimos el punto S y construimos otro triángulo isósceles
P T Q de manera que P T + T Q = P R + RQ (figura 10). Como hemos aumentado la
altura, el área de P T Q es más grande que la de P RQ pero el perímetro es el mismo.
T
R
S
P Q
Figura 10: Construcción del triángulo auxiliar PTQ.
248 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
Por tanto (figura 11), suponer que P RQ tiene dos lados diferentes implica que
se puede construir otro triángulo (P T Q) con el mismo perímetro pero más área. La
conclusión es que el triángulo óptimo tiene que ser equilátero.
T
R
P Q
Figura 11: Conclusión.
El segundo argumento (analítico) utiliza la desigualdad aritmético-geométrica y la
fórmula de Herón para el área de un triángulo. La conocida desigualdad aritmético-
geométrica (DAG) establece que, dados a1 , a2 , . . . , an no negativos,
a1 + · · · + an
(a1 a2 · · · an )1/n ≤
n
con igualdad si y solo si todos los ai son iguales. Hay muchas demostraciones de la
DAG; véase por ejemplo [1, 24] para dos de ellas especialmente elegantes.
El segundo ingrediente es la clásica fórmula de Herón que relaciona el área de
un triángulo con las longitudes de sus lados. Concretamente
p
A = s(s − a)(s − b)(s − c)
donde A es el área, a, b, c las longitudes de los lados y s = a+b+c
2 el semiperímetro.
Según [13], Herón incluyó la prueba en sus obras Métrica y Dioptra, pero se
cree que en realidad la fórmula se debe a Arquímedes. En [13] y en [21] se pueden
encontrar demostraciones elementales de la fórmula de Herón.
Volvamos ahora al problema isoperimétrico para triángulos. Supongamos que el
perímetro de un triángulo de lados a, b, c está dado, digamos P = 2s = a + b + c. En
primer lugar, observemos que cada factor dentro de la raíz cuadrada en la fórmula
de Herón es positivo. En efecto, por ejemplo:
a+b+c b+c−a
s−a= −a= >0
2 2
por la desigualdad triangular. Puesto que el factor s es constante, la fórmula de
Herón y la DAG aplicada al producto (s − a)(s − b)(s − c) nos dan:
3
s4
2 3s − a − b − c
A = s(s − a)(s − b)(s − c) ≤ s = 3
3 3
con igualdad si y solo si s − a = s − b = s − c, es decir, a = b = c. Como s es
constante, el área es máxima cuando a = b = c, es decir, si el triángulo es equilátero.
La Gaceta ? Artículos 249
5. Cuadriláteros, la fórmula generalizada de Brahmagup-
ta y el problema isoperimétrico para polígonos
En esta sección discutiremos el problema isoperimétrico para un polígono general.
Fijados el perímetro y el número n de lados, veremos que el área es máxima cuando
el polígono es regular. En primer lugar, observemos que es suficiente reducirse al caso
de polígonos convexos. Si el polígono no es convexo, siempre podemos convertirlo en
convexo manteniendo el perímetro y aumentando el área (figura 12). Por tanto, a
partir de ahora supondremos que todos los polígonos son convexos.
Figura 12: Reducción al caso convexo.
El primer paso consiste en probar que podemos reducirnos al caso en el que
todos los lados del polígono tienen la misma longitud. A continuación reproducimos
el argumento de Zenodoro, tal y como nos ha llegado a través de Pappus ([13]). Si no
todos los lados son iguales, existirán tres vértices consecutivos del polígono de forma
que los dos lados contiguos correspondientes tienen distinta longitud. Consideremos
el triángulo formado por estos dos lados y la cuerda que une el primer vértice con
el tercero (figura 13). Según vimos en la sección anterior, se puede sustituir este
triángulo por otro isósceles con la misma base (la cuerda), el mismo perímetro y
área mayor. Esto prueba que todos los lados del polígono óptimo deben tener la
misma longitud.
Figura 13: El polígono óptimo debe ser equilátero.
250 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
Veamos ahora por qué el polígono óptimo debe ser regular. Necesitaremos una
versión especial del problema isoperimétrico para cuadriláteros que se obtiene a par-
tir de la fórmula generalizada de Brahmagupta para el área de un cuadrilátero
convexo: p
A = (s − a)(s − b)(s − c)(s − d) − abcd cos2 (θ/2)
donde a, b, c, d son los lados del cuadrilátero, A el área, s el semiperímetro y θ es la
suma de dos ángulos opuestos del cuadrilátero (obsérvese que la pareja de ángulos
opuestos elegida es irrelevante ya que los cuatro ángulos suman 2π). Si uno de los
lados es 0 recuperamos la fórmula de Herón. Por otra parte, el área es máxima
cuando cos2 (θ/2) = 0, es decir, θ = π, lo cual significa que la suma de cada dos
ángulos opuestos del cuadrilátero es π, es decir, si y solo si el cuadrilátero es cíclico
(está inscrito en una circunferencia). Por tanto,
p
A ≤ (s − a)(s − b)(s − c)(s − d)
con igualdad si y solo si el cuadrilátero es cíclico (fórmula de Brahmagupta).
La identidad para cuadriláteros cíclicos fue obtenida por el matemático hindú del
siglo VII Brahmagupta. La fórmula generalizada fue descubierta aparentemente por
Bretschneider y Strehlke en 1842 (ver [21]).
Dado un cuadrilátero de semiperímetro s, la desigualdad de Brahmagupta junto
con la DAG implican que el área es, como máximo,
2
s2
4s − (a + b + c + d)
= ,
4 4
que es precisamente el área del cuadrado del mismo perímetro. La igualdad se alcanza
cuando el cuadrilátero es cíclico y todos sus lados son iguales, es decir, si y solo si
es un cuadrado.
Volvamos ahora al caso general de un polígono convexo de n ≥ 4 lados y perímetro
dado. Hemos visto ya que podemos suponer que todos los lados tienen la misma
longitud. Elijamos 4 vértices consecutivos cualesquiera A, B, C, D. Imaginemos que
AB, BC, CD, AD son varillas rígidas, los puntos de enganche A y D están fijos
y movemos la posición de los enganches B y C de manera que el área del nuevo
cuadrilátero AB 0 C 0 D sea máxima (figura 14).
B´ C
B C´
A D
Figura 14: El polígono óptimo debe ser regular.
Si, en el polígono original, reemplazamos ABCD por AB 0 C 0 D, el perímetro del
nuevo polígono sigue siendo el mismo pero el área es mayor. Ahora bien, como
La Gaceta ? Artículos 251
consecuencia de la fórmula de Brahmagupta, los puntos A, B 0 , C 0 y D están en una
misma circunferencia. Hemos demostrado por tanto que, en el polígono óptimo, cada
cuatro vértices consecutivos deben estar en una misma circunferencia, lo cual implica
en definitiva que todos los vértices están en la misma circunferencia. En resumen, el
polígono óptimo debe tener todos sus lados iguales y además estar inscrito en una
circunferencia. Por tanto debe ser regular.
6. Existencia y unicidad: algo más que un engorro formal
Los matemáticos no se cansan de insistir en la importancia de discutir la exis-
tencia y unicidad de un problema como paso previo a su resolución. En ciertos
problemas de máximos y mínimos la existencia y la unicidad se deducen de una
desigualdad explícita, pero en otros no es tan fácil justificarlas rigurosamente, aun-
que el problema proceda de un fenómeno físico y resulten intuitivamente claras.
En el caso del problema isoperimétrico, la necesidad de justificar la cuestión de la
existencia empezó a plantearse entrado el siglo XIX, coincidiendo con el proceso de
progresiva fundamentación de los conceptos básicos del Análisis (funciones, comple-
titud de los números reales, continuidad. . . ) emprendido por Karl Weierstrass. El
matemático suizo Jakob Steiner revitalizó el interés en el problema isoperimétrico
desde presupuestos puramente geométricos y ofreció varios argumentos diferentes,
algunos de gran elegancia y sencillez. Sin embargo, el trabajo de Steiner fue pronto
objeto de críticas por una razón: en todas sus pruebas Steiner suponía la existencia
de solución. Ver [4, 14, 3, 23] para la discusión de los argumentos de Steiner, co-
mentarios históricos y variantes del problema. En el problema isoperimétrico para
polígonos que hemos discutido en secciones anteriores, la existencia de solución, sin
ser trivial, puede obtenerse con relativa facilidad usando argumentos de continuidad:
supongamos sin pérdida de generalidad que (0, 0) es un vértice del polígono y, fijado
L > 0, consideremos los polígonos de vértices (0, 0), (x1 , y1 ), . . . , (xn , yn ) que tienen
perímetro L > 0 fijo. El conjunto K formado por tales vértices es un subconjunto
compacto de R2n . Puesto que el área de un polígono es una función continua de las
coordenadas de sus vértices, la existencia de un polígono de área máxima y perí-
metro L es consecuencia del teorema de Weierstrass para funciones continuas. Sin
embargo, en el caso del problema isoperimétrico general el procedimiento no es tan
sencillo, porque el espacio de curvas cerradas involucrado tiene dimensión infinita.
Ver [3, 20] para más detalles sobre el caso general.
Respecto a la unicidad de la solución en los problemas de máximos y mínimos,
también conviene proceder con cierta cautela. Un ejemplo sencillo de un problema
de mínimos cuya solución no es única lo proporciona el teorema de Viviani, una
pequeña joya de la geometría elemental: en un triángulo equilátero, la suma de las
distancias a los lados desde cualquier punto interior del triángulo es independiente
del punto elegido. Es decir que si en una isla con la forma de un triángulo equilátero
queremos colocar una casa de manera que la suma de las distancias a las tres orillas
sea mínima, la posición donde se coloque será indiferente.
El siguiente problema proporciona otro ejemplo interesante de no unicidad. Se
trata de determinar el cuadrilátero o cuadriláteros de área máxima inscritos en la
252 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
elipse x2 /a2 + y 2 /b2 = 1 (a, b > 0).
La solución (ver [21, p. 130]) es la familia de paralelogramos de vértices
(a cos θ, b sen θ), (−a cos θ, −b sen θ), (a sen θ, −b cos θ), (−a sen θ, b cos θ)
con 0 ≤ θ ≤ π/2.
7. Una de abejas
Construyo mi casa según las leyes de una arquitectura
severa; y el mismo Euclides se instruiría admirando la
geometría de mis alvéolos.
(Las mil y una noches, Canto de la abeja, Noche 934.)
Las abejas y sus construcciones han atraído desde siempre la atención de cien-
tíficos, literatos y artistas. Virgilio se refiere a ellas en el libro IV de las Geórgicas,
y desde Kepler hasta Darwin muchos han elogiado sus habilidades geométricas. Al-
rededor del año 36 a. C., Marcus Terentius Varro, en su libro de agricultura [28],
escribió sobre la forma hexagonal de las celdillas de las abejas. Los matemáticos de
la época apoyaban la teoría de que la forma hexagonal se debía explicar a partir de
principios de optimización. El origen de la cuestión es incierto pero Varro se refirió
a ella mucho antes de que Pappus de Alejandría, uno de los grandes geómetras de la
antigüedad, incluyera el problema en su gran obra, la Synagoge. Pappus, que vivió a
finales del siglo III d. C., escribió un prefacio al libro V de la Synagoge con el título
De la sagacidad de las abejas. En el capítulo dedicado a Pappus del libro A history of
greek mathematics ([13]), Heath escribe, a propósito del estilo y el tema del prefacio:
Es característico de los grandes matemáticos griegos que, cuando esta-
ban libres de las restricciones del lenguaje técnico-matemático, como por
ejemplo cuando tenían la ocasión de escribir un prefacio, eran capaces
de escribir en un lenguaje de la más alta calidad literaria, comparable al
de los filósofos, historiadores y poetas [. . .] El tema es tal que cualquier
escritor con gusto e imaginación lo encontraría atractivo: la inteligencia
práctica que muestran las abejas al elegir la forma hexagonal para las
celdillas de los panales. Pappus no nos decepciona; el fragmento es tan
atractivo como el tema.
A continuación, reproducimos un fragmento del texto original de Pappus que
corrobora las palabras de Heath; véase [19] para más detalles sobre el prefacio de
Pappus:
. . . primero recolectan el jugo de las flores más bellas que crecen sobre la
tierra y construyen, para el almacenaje de la miel, celdillas iguales, con-
tiguas entre sí, de forma hexagonal. Por fuerza deben haber pensado que
las figuras tienen que ser contiguas entre sí, es decir, deben tener lados
comunes de manera que ninguna materia extraña pueda entrar por los
intersticios y corromper así la pureza de su producto. Solo tres figuras rec-
tilíneas cumplirían esa condición, es decir, figuras regulares, equiláteras
La Gaceta ? Artículos 253
y equiangulares (triángulos equiláteros, cuadrados y hexágonos regula-
res). De estas tres figuras las abejas eligen, de acuerdo con su sabiduría
instintiva, la figura con más ángulos porque imaginan que contiene más
miel que cualquiera de las otras dos. Las abejas, por tanto, conocen este
hecho que les es útil, que el hexágono es más grande que el triángulo y el
cuadrado y contendrá más miel con el mismo gasto de material utilizado
en la construcción.
Pappus describe admirablemente por qué las abejas eligen la configuración he-
xagonal, de acuerdo con un principio de mínimos.
Una teselación es una partición del plano en polígonos disjuntos (con la excepción
de los lados). La teselación se llama regular si está formada por polígonos congruen-
tes y regulares. La explicación de la forma hexagonal depende de los dos hechos
siguientes:
1. Solo hay tres polígonos regulares que teselan el plano: triángulos equiláteros,
cuadrados y hexágonos regulares (figura 15).
2. Dados un triángulo equilátero, un cuadrado y un hexágono regular del mismo
perímetro, el hexágono es el que tiene más área.
Figura 15: Las tres teselaciones regulares.
La segunda afirmación se deduce del segundo teorema de Zenodoro y confirma que
la estructura hexagonal responde a un principio isoperimétrico de mínimos. Respecto
a la primera, probablemente ya era conocida por los pitagóricos. Por ejemplo, la
figura 16 muestra gráficamente la imposibilidad de teselar el plano con pentágonos,
heptágonos y octágonos regulares.
La demostración general de que los únicos polígonos regulares que teselan el
plano son triángulos equiláteros, cuadrados y hexágonos regulares es elemental. Ver,
por ejemplo, [19, 5].
El hecho de que la teselación del plano por hexágonos es óptima (desde el punto
de vista isoperimétrico), incluso cuando se permiten teselaciones más generales for-
madas por regiones no necesariamente poligonales (ni siquiera convexas), es parte
254 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
Figura 16: Imposibilidad de formar otras teselaciones.
de la llamada conjetura del panal. Aunque el origen, como se puede suponer, es muy
antiguo, la demostración completa de la conjetura del panal, debida a T. Hales, es
bastante reciente ([12]), lo cual confirma que nuestros antepasados se interesaban a
menudo por cuestiones nada triviales.
Sabemos que un círculo es, desde el punto de vista isoperimétrico, mejor que
cualquier polígono. Por otra parte, el prefacio de Pappus ya aludía a la conveniencia
de considerar teselaciones para evitar intersticios entre celdillas. Cuando dos polí-
gonos adyacentes comparten un lado se produce un ahorro en el sentido de que al
hacer el cómputo global de la longitud de las paredes, el lado compartido se cuenta
solo una vez y no dos. El lector sagaz habrá observado que estos dos hechos van en
sentido contrario. ¿Cuál pesa más? ¿Interesa realmente considerar teselaciones para
aprovechar el efecto de ahorro que supone compartir lados aunque los polígonos de
la teselación no sean individualmente las figuras óptimas? La respuesta es que sí y el
sencillo ejemplo siguiente nos puede ayudar a convencernos de ello: considérense dos
círculos del mismo radio y dos hexágonos regulares adyacentes congruentes que com-
parten un lado. Supongamos que la suma de las longitudes de las dos circunferencias
es la misma que la suma de las longitudes de los lados de los hexágonos (el lado
común se cuenta una sola vez). El lector podrá comprobar fácilmente que el área de
los dos hexágonos es mayor que el área de los dos círculos. Por tanto, a efectos de
ahorro de material, dos celdillas hexagonales adyacentes son ya más económicas que
dos celdillas circulares.
Volveremos a los aspectos geométricos de las celdillas de las abejas desde un
punto de vista tridimensional en la sección 9.
8. La tercera labor de Hércules, el vuelo de pájaros y
otras cuestiones prácticas
Hércules, el más famoso de los héroes griegos, era hijo de Zeus y Alcmena. En
un ataque de locura inducido por la diosa Hera, Hércules asesinó a sus hijos y,
como penitencia, se puso a las órdenes de Euristeo, rey de Micenas, quien le ordenó
realizar doce trabajos que requerían una fuerza sobrehumana. En un original intento
de acercar mitología y matemáticas, el autor del libro Mythematics ([17]) cuenta los
doce trabajos de Hércules en clave matemática. Los resultados son desiguales pero
el capítulo dedicado al tercer trabajo es especialmente acertado. El tercer trabajo de
La Gaceta ? Artículos 255
Figura 17: Hércules capturando a la cierva de Cerinia, Neues Museum, Berlín.
Hércules consistía en atrapar a la cierva sagrada de Cerinia,1 que según la leyenda
tenía cuernos de oro y pezuñas de bronce (figura 17). Hércules la había estado
persiguiendo sin éxito durante un año y su única opción era atraparla cuando la
cierva tuviera que cruzar el río Ladón, viniendo del monte Artemisio (punto A en la
figura 18) en dirección al bosque de Arcadia (punto B en la figura 18).
C P B
Figura 18: La tercera labor de Hércules.
Hércules debería averiguar a qué punto de la orilla superior del río llegaría la
cierva para poder atraparla justo cuando saliera del río, antes de que emprendiera
el resto del recorrido corriendo en tierra, donde sería mucho más difícil de atrapar.
Evidentemente hay muchas trayectorias para llegar desde A hasta B cruzando el
río. Por ejemplo, la trayectoria directa AB es ciertamente la más corta pero no
necesariamente la más rápida porque en ella todo el trayecto se hace en el agua,
donde la velocidad es más pequeña que sobre tierra. Por otra parte, si se elige la
trayectoria ACB, el trayecto sobre agua AC es el más corto posible pero CB se hace
sobre tierra y la distancia total recorrida AC + BC es más grande que con cualquier
otra trayectoria mixta AP B.
Y aquí es donde entra el problema matemático: si se conocen las velocidades de
la cierva nadando sobre el agua y corriendo sobre tierra, la anchura del río (dis-
tancia AC) y también la distancia CB, ¿cuál será el recorrido óptimo AP B? Más
1 Una montaña del Peloponeso.
256 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
concretamente, ¿cuál será el punto óptimo P que haga mínimo el tiempo total
del recorrido? Supongamos, por ejemplo, que la velocidad en el agua es de 5 Km/h,
sobre tierra es de 8 Km/h, la anchura del río es de 100 metros y la distancia CB es
de 1000 metros. Si introducimos como variable el ángulo α que forman los segmentos
AP y AC (figura 19), el tiempo total del recorrido AP B en función de α, en horas,
es
0.1 1 − 0.1 tg α
T (α) = + .
5 cos α 8
1 Km
8 Km/h
0.1 Km 5 Km/h
α
Figura 19: Ejemplo numérico.
Determinar el punto óptimo P es equivalente a determinar el ángulo óptimo α.
Es un ejercicio elemental de cálculo diferencial comprobar que la función T , definida
en el intervalo [0, arc tg(10)], alcanza su mínimo global cuando α = arc sen(5/8)
√ 20). Un sencillo cálculo muestra que en este caso la distancia√CP es de
(figura
500/ 39 metros. Por tanto Hércules debería esperar a la cierva a 500/ 39 metros
del punto C de la otra orilla, enfrente del monte Artemisio. Se observa que el ángulo
óptimo solo depende de la razón entre las velocidades en agua y en tierra y no de
las distancias AC o CB. Esto es un hecho de carácter general.
T T (α)
0 arc sen(5/8) arc tg(10) α
Figura 20: Gráfica del tiempo total en función de α.
Este tipo de problemas se presenta siempre que nos proponemos determinar el
tiempo mínimo de un recorrido en medios con diferentes velocidades. El modelo es
bastante flexible; los ejemplos siguientes son variaciones del mismo problema:
La Gaceta ? Artículos 257
Refracción de la luz. La ley de refracción de Snell se puede deducir también
a partir de un principio de mínimos. Un rayo de luz pasa de un medio en el
que la velocidad es v1 a otro en el que la velocidad es v2 . La trayectoria del
rayo es una poligonal formada por dos líneas rectas, una en cada medio. Si los
ángulos de los rayos con la normal en el punto de contacto con la interfase son
θ1 y θ2 (figura 21), la ley de Snell dice que
sen θ1 v1
= .
sen θ2 v2
La ley de Snell se obtiene a partir del Principio de tiempo mínimo de Fermat.
Si un rayo sale del punto A en el primer medio, viaja en línea recta hasta P ,
donde se refracta, y después continua en línea recta hasta llegar a B en el
segundo medio, el tiempo total del recorrido AP B debe ser mínimo. Cuando
se impone la condición de mínimo se obtiene la ley de Snell (ver [20] para la
resolución analítica y comentarios históricos y [21] para una prueba totalmente
geométrica, basada en la identidad de Ptolomeo sobre cuadriláteros cíclicos).
θ1
θ2
Figura 21: La ley de Snell.
Vuelo de pájaros. Es un hecho empíricamente comprobado que ciertas es-
pecies de pájaros vuelan más despacio sobre grandes superficies de agua que
sobre tierra. Por tanto, la determinación de la trayectoria óptima de un pájaro
que debe cruzar volando una gran superficie de agua origina el mismo tipo de
problema que el del ejemplo de Hércules.
Conducciones subacuáticas. Una versión práctica del mismo problema se
presenta cuando se quiere llevar una conducción eléctrica de un punto de una
orilla de un río a un punto de la otra orilla. El precio de la conducción bajo el
agua es naturalmente más caro que bajo tierra y por tanto se trata del mismo
tipo de problema, donde las velocidades son sustituidas por los precios.
258 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
Ramificación vascular. La resistencia de la sangre cuando realiza un reco-
rrido a lo largo de un vaso sanguíneo depende de la longitud del tramo y de la
sección del vaso. Si un vaso sanguíneo principal se ramifica para crear un vaso
secundario, las secciones varían y por tanto las resistencias también. Un mode-
lo simplificado del problema consiste en determinar el ángulo de ramificación
que minimiza la resistencia total del recorrido (ver [2, sección 9.7]).
9. Otra de abejas
Abandonando aquella tierra llegamos en seguida a otra
donde las abejas y los pájaros son matemáticos de tanto
genio y erudición que dan lecciones científicas de geome-
tría a los sabios del imperio.
(E. A. Poe, El cuento mil y dos de Scherezade.)
En la sección 7 analizábamos la estructura hexagonal de las celdillas de las abejas
en clave bidimensional. Pero desde un punto de vista tridimensional, los hexágonos
son solo las entradas, mientras que el estudio del fondo de las celdas es posterior, más
complejo, más interesante, y también menos conocido. En un principio, se podría
pensar que las celdas son simplemente prismas hexagonales con base abierta y fondo
cerrado (figura 22).
Figura 22: Prisma hexagonal.
Pero de hecho se observa que la terminación de las celdas no es plana sino que
forma una pirámide con tres rombos en forma de diedro (figura 23).
Figura 23: Celdilla de abeja.
Además, las celdas encajan perfectamente en un sistema de dos capas: cuando
tres celdas se colocan juntas en la misma orientación dejan un hueco donde una
La Gaceta ? Artículos 259
cuarta celda colocada en la orientación contraria encaja perfectamente (figura 24).
Por tanto las celdas, siguiendo este sistema de doble capa, llenan perfectamente el
espacio entre dos planos paralelos sin dejar huecos.
Figura 24: Visualización del sistema de doble capa.
En el libro On growth and form ([27]), Thompson ofrece una descripción exhaus-
tiva sobre la evolución histórica del estudio del fondo de las celdas. Aparentemente,
la estructura geométrica de los rombos que forman la tapa ya fue reconocida por
Kepler, pero su descubrimiento pasó desapercibido hasta que el astrónomo Maraldi,2
hacia 1712, midió los ángulos del rombo: 109◦ 280 3 y 70◦ 320 ; y la inclinación de las
tapas romboidales: 35◦ 160 .
La idea de que los principios de máximos y mínimos explicarían ciertos diseños
de la naturaleza ya circulaba entre los ambientes científicos de la época. El físico
Réaumur fue posiblemente de los primeros en afirmar que un principio de mínimos
podría ser la clave de la cuestión y que, de la misma manera que ocurre con la
teselación hexagonal del plano, con los ángulos observados por Maraldi las celdas
necesitarían el mínimo de superficie para un volumen dado. En palabras de Réaumur
([27, p. 529]):
Convencido de que las abejas prefieren el fondo piramidal, he sospechado
que la razón, o una de las razones, que las había motivado era el ahorro de
cera; que entre las celdas de la misma capacidad y de fondo piramidal, la
que está construida con menos cera era aquella tal que los rombos tenían
dos ángulos de aproximadamente 110◦ y dos de aproximadamente 70◦ .
Años más tarde, Réaumur le envió el problema al joven matemático suizo Samuel
Koenig,4 que lo resolvió, aunque por un error numérico obtuvo el valor 109◦ 260 . El
método de la prueba de Koenig se desconoce pero probablemente utilizó técnicas
de cálculo diferencial. Koenig afirmaba que las abejas habían resuelto un problema
fuera del ámbito de la geometría clásica, que requería los métodos de Newton y
Leibniz. Sin embargo, el matemático escocés Colin Maclaurin se propuso resolver el
problema usando ninguna geometría más avanzada que la que conocían los antiguos y
2 Sobrino del famoso astrónomo Cassini.
3 Ángulo distinguido, ahora llamado ángulo de Maraldi. Aparece en el dodecaedro romboidal y
también es el ángulo que forman los segmentos que unen el centro de un tetraedro regular con dos
de los vértices.
4 Discípulo de Johann Bernoulli.
260 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
lo consiguió. El argumento de Maclaurin (ver [27, p. 533]) permite llegar al resultado
de Maraldi utilizando únicamente geometría elemental.
A continuación veremos un modelo 2-dimensional más sencillo del problema. Para
ello, volveremos a la versión dual del problema isoperimétrico que consiste en fijar
el área y minimizar el perímetro. Supongamos que queremos modificar la forma de
una habitación rectangular abierta por un lado (figura 25).
Figura 25: Un ejemplo bidimensional sencillo.
La modificación consistirá en lo siguiente: reemplazamos la pared del fondo por
dos segmentos en forma triangular, subiendo el punto medio la misma distancia que
bajamos los extremos (figura 26). De esta forma, el área que sumamos es la misma
que la que restamos y, por consiguiente, el área total de la habitación no se altera.
Figura 26: Modificación del fondo conservando el área.
Si introducimos como variable α el ángulo de inclinación de los dos nuevos seg-
mentos respecto de la horizontal, podemos plantearnos si es posible elegir ángulos α
de manera que el perímetro de la nueva habitación sea inferior al de la original y, si es
La Gaceta ? Artículos 261
así, cuál es el ángulo más económico. Un cálculo elemental muestra que el perímetro
de la habitación modificada en función de α viene dado por la expresión
tg α 1
P (α) = P (0) − a 1 + −
2 cos α
donde a es la anchura de la habitación. Un sencillo cálculo con la derivada de P
muestra que el mínimo de P se alcanza cuando α = π/6 (la gráfica de P aparece en
la figura 27).
P(0) P(α)
π /6 α
Figura 27: Gráfica del nuevo perímetro en función de α.
Por tanto si, manteniendo el área, modificamos el fondo de la habitación para
disminuir el perímetro, deberíamos elegir un ángulo α de inclinación de 30◦ .
El problema de las celdas de las abejas es una versión tridimensional, geométri-
camente más complicada, de este ejemplo. Supongamos que partimos de un prisma
recto hexagonal de altura h y tal que los lados del hexágono base tienen longitud s.
Supongamos que una de las tapas hexagonales del prisma tiene vértices A, B, C,
D, E, F . Tal y como hicimos en el ejemplo de la habitación, modificaremos una
de las tapas hexagonales del prisma de la manera siguiente: subimos el centro del
hexágono una cierta distancia y bajamos los vértices B, D, F la misma distan-
cia. Los vértices A, C, D los dejamos igual. De esta manera, la tapa hexagonal
ABCDEF se convierte en un techo piramidal formado por tres rombos en forma de
diedro (figura 23). Obsérvese que el volumen no se ha alterado con la modificación.
Evidentemente, existen infinitas modificaciones de este tipo dependiendo de la dis-
tancia que subimos el centro de la tapa hexagonal y bajamos tres de los vértices o,
equivalentemente, del ángulo α de inclinación de las paredes romboidales respecto
a la horizontal. Un cálculo geométrico elemental (ver [27, p. 532–535] y [2, p. 277])
muestra que el área de la superficie de la celda modificada es
√
3 2 3
A(α) = 6hs + s − tg α .
2 cos α
√
Se obtiene fácilmente que el mínimo de esta función se alcanza cuando sen α = 1/ 3,
es decir, el ángulo α es de 35◦ 160 . Los ángulos internos de los rombos son de 109◦ 280
262 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
y 70◦ 320 . No es necesario resaltar que, a pesar de la dificultad práctica que supone
medir estos ángulos en celdas reales, los valores observados se acercan bastante a
los teóricos. En palabras de Fontenelle, secretario de la Académie Française durante
la primera mitad del siglo XVIII, las abejas estaban utilizando ciegamente las más
elevadas matemáticas por orden y guía divina. D’Arcy Thompson pensaba, por el
contrario, que tenía más sentido suponer que la regularidad de las obras arquitectó-
nicas de las abejas obedece más bien a alguna interacción automática de las fuerzas
físicas que no a admitir que las abejas buscan intencionadamente un método de eco-
nomizar cera ([27, cap. VII]). En cualquier caso, esta manifestación de un principio
de mínimos en el mundo natural todavía continua provocándonos fascinación.
Parece que estemos admitiendo que las abejas han construido las celdas perfectas,
pero ¿es esto realmente así? Dicho de otra manera, ¿se puede utilizar otro diseño
poliédrico para el fondo de manera que las celdas encajen perfectamente sin dejar
huecos y que la proporción entre la cantidad de cera de la superficie y el volumen
sea más ventajosa? La respuesta es que sí. En el artículo de sugestivo título What
the bees know and what they do not know ([9]), el matemático húngaro Fejes Tóth
encontró un diseño mejor, con un fondo formado por dos hexágonos y dos rombos
en lugar de tres rombos (figura 28).
Figura 28: Celda de Fejes Tóth.
El problema de si la configuración de Fejes Tóth es la mejor posible todavía
permanece abierto.
10. El problema de Fagnano y los billares
En la sección 2 introdujimos la ley fundamental que rige la geometría del billar
como una aplicación del problema de Herón: los ángulos que forman las trayectorias
de entrada y de salida con la normal a la pared son iguales. Nos limitaremos en esta
sección al caso de billares planos con forma de polígonos convexos.
Hay numerosas preguntas interesantes sobre billares, algunas de las cuales son
muy fáciles de formular pero difíciles de resolver. Una de ellas es la existencia de tra-
yectorias periódicas. Dado n ∈ N, n ≥ 2, diremos que una trayectoria es n-periódica
si sale de un punto de uno de los lados y vuelve al punto de partida después de n cho-
ques. Una trayectoria es periódica si es n-periódica para algún n ≥ 2. Por ejemplo,
cualquier segmento perpendicular simultáneamente a dos lados es una trayectoria
2-periódica. En el caso de un rectángulo podemos obtener fácilmente trayectorias
La Gaceta ? Artículos 263
2-periódicas y 4-periódicas: cualquier trayectoria que conecte perpendicularmente
dos lados paralelos es 2-periódica y, por ejemplo, la trayectoria que conecta los pun-
tos medios de los lados es 4-periódica.
El caso de los triángulos es mucho más interesante. Si el triángulo es acutángulo,
la existencia de trayectorias periódicas está estrechamente relacionada con uno de
los más fascinantes problemas de minimización geométrica: el problema de Fagnano,
que debe su nombre a los matemáticos italianos Giulio Carlo Toschi di Fagnano
(1682–1766) y su hijo, Giovanni Francesco Fagnano (1715–1797). Dado un triángulo
acutángulo, el problema consiste en determinar un triángulo inscrito de perímetro
mínimo con un vértice en cada lado del triángulo dado. Comentemos, antes de nada,
la conexión entre el problema de Fagnano y los billares. Supongamos que DEF es
el triángulo de perímetro mínimo inscrito en el triángulo acutángulo ABC, donde
D ∈ BC, E ∈ AC, F ∈ AB. Fijados E y F , la trayectoria EDF es una solución
del problema de Herón con datos los puntos E, F y la recta BC. Por tanto, los
ángulos de incidencia y reflexión deben ser iguales y EDF cumple el requisito de
una trayectoria de billar. El mismo razonamiento aplicado a los otros vértices dice
que el triángulo inscrito DEF es una trayectoria 3-periódica en el billar ABC.
Queda como ejercicio para el lector comprobar que, en el caso de triángulos
rectángulos y obtusángulos, el mínimo de los perímetros de los triángulos inscritos
es dos veces la altura más corta, pero no hay triángulo inscrito óptimo. Respecto
a las trayectorias periódicas, la situación es mucho más complicada e interesante.
Discutiremos sobre esta cuestión al final de la sección.
La solución del problema de Fagnano es el llamado triángulo órtico, que tiene
como vértices los pies de las tres alturas (figura 29).
Figura 29: Triángulo órtico.
Desde la prueba original de G. F. Fagnano ([8]), que utilizaba técnicas de cálculo
diferencial, se han encontrado varias demostraciones con sabor más geométrico, entre
ellas las más famosas son las de Fejér y la de Schwarz (ver [4, 15, 20, 24] para
consultar diversas pruebas y comentarios históricos del problema). La prueba que
proponemos a continuación es la de Fejér y está basada en el problema de Herón de la
264 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
sección 2. Supongamos que ABC es un triángulo acutángulo arbitrario. Llegaremos
a la conclusión de que el triángulo órtico es la solución del problema de Fagnano en
dos etapas. Primero, fijemos un punto D del lado BC y, entre todos los triángulos
inscritos DEF , con E ∈ AC, F ∈ AB, busquemos el de perímetro mínimo. La
figura 30 sugiere la solución.
D 00
A
E0
0
F
E
D0
F
C
B D
Figura 30: Solución del problema de Fagnano (primera etapa).
Sean D0 , D00 los puntos simétricos de D respecto de los lados AB, AC respecti-
vamente. Entonces, el perímetro del triángulo EDF coincide con la longitud de la
poligonal D0 F ED00 , que es mínima cuando E = E 0 , F = F 0 , donde E 0 , F 0 son los
puntos de intersección de la recta D0 D00 con los lados AB, AC. Por tanto, fijado D,
el triángulo DE 0 F 0 es la solución de esta primera etapa del problema de Fagnano.
La segunda etapa consiste en elegir el punto D de manera que el perímetro
de DE 0 F 0 (o equivalentemente la longitud D0 D00 ) sea mínimo. Inspeccionando la
figura 30 se observa que: a) las distancias AD0 , AD00 , AD son iguales, y por tanto
D0 AD00 es isósceles; b) el ángulo en el vértice A es independiente de la elección del
punto D y coincide con 2α, donde α es el ángulo del triángulo original ABC en
el vértice A. Como D0 D00 = 2 AD0 sen α = 2 AD sen α, el mejor punto D es el que
minimiza la distancia AD, es decir: el pie de la perpendicular desde el punto A
(figura 31).
Repitiendo el mismo argumento para los otros lados se deduce que el triángulo ór-
tico es la solución al problema de Fagnano y proporciona una trayectoria 3-periódica
en un billar triangular acutángulo.
Para triángulos rectángulos y obtusángulos la cuestión de la existencia de trayec-
torias periódicas es mucho más complicada. Como se ha comentado antes, la solución
del problema de Fagnano es degenerada en este caso, por tanto no hay soluciones
3-periódicas. Sin embargo, podemos plantearnos si existen otras trayectorias perió-
dicas. Para triángulos rectángulos, la respuesta es positiva (la figura 32 muestra
una trayectoria 6-periódica) pero, por sorprendente que parezca, en el caso obtu-
sángulo el problema permanece abierto: solo se conoce la existencia de trayectorias
periódicas para ciertas clases de triángulos obtusángulos. Ver [26] para información
adicional sobre geometría de billares y, por ejemplo, [11, 29, 6] y [22, p. 440] para el
La Gaceta ? Artículos 265
A
E
C
B
D
Figura 31: Solución del problema de Fagnano (segunda etapa).
problema de las trayectorias periódicas y otras cuestiones geométricas interesantes
relacionadas con billares.
Figura 32: Una trayectoria 6-periódica.
11. El problema de Fermat-Torricelli y la compañía Delta
El siguiente problema fue propuesto por Pierre de Fermat a modo de anotación
informal (parece que esta práctica era un sello de la casa) en su obra Methodus ad
Disquirendam Maximam et Minimam: dado un triángulo en el plano, encontrar un
punto tal que la suma de las distancias a los vértices sea mínima. La solución se
divide en dos casos según la forma del triángulo. Si los ángulos del triángulo de
vértices A, B, C son inferiores a 120◦ entonces la solución es el único punto P del
interior del triángulo tal que los segmentos AP , BP y CP forman ángulos de 120◦
en P . Si alguno de los ángulos del triángulo es igual o superior a 120◦ entonces la
solución es el vértice correspondiente a este ángulo. Tradicionalmente, el primer caso
se ha llamado caso flotante y, el segundo, caso absorbido.
El problema de Fermat posee una historia apasionante y rodeada de malentendi-
dos, especialmente en lo que se refiere a la autoría de algunas aportaciones. Parece ser
que Fermat propuso el problema a Torricelli (uno de los discípulos de Galileo), quien
encontró varias demostraciones diferentes y pasó, a su vez, el problema a uno de sus
discípulos, Viviani, que también encontró una prueba del resultado. Desgraciada-
mente no hubo constancia escrita de los trabajos de Torricelli hasta la edición de sus
266 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
obras Opere di Evangelista Torricelli, escritas en latín y publicadas en 1919. Hasta
entonces, la primera discusión escrita del problema se debe a Bonaventura Cavalieri
(Exercitationes geometricae sex, 1647). Hay autores, como Courant-Robins ([4]) y
Hildebrandt-Tromba ([15]) que atribuyen la solución del problema a Jakob Steiner.
Sin embargo, otros autores ([18]) sostienen que Steiner no hizo realmente ninguna
contribución original al problema, y quizás el origen de la confusión tiene que ver
con sus aportaciones a otro problema relacionado, el problema del árbol generador
mínimo: dada una colección finita de puntos del plano, encontrar el árbol de longi-
tud mínima que contiene los puntos dados. El excelente tratado [18] contiene gran
cantidad de información histórica sobre el problema de Fermat-Torricelli y algunas
de sus generalizaciones.
Como comentario preliminar señalemos que, cualquiera que sea el triángulo de
vértices A, B y C, al menos existe un punto solución, y debe encontrarse en el inte-
rior del triángulo o en su frontera. La existencia se puede deducir de un argumento
sencillo de continuidad: la función suma de las distancias a tres puntos fijos es con-
tinua en el plano, positiva y tiende a +∞ en el infinito, por tanto debe alcanzar un
mínimo. El mínimo no puede estar fuera del triángulo porque, si proyectamos orto-
gonalmente un punto P exterior al triángulo en el lado más cercano, obtendríamos
otro punto P 0 que haría que la suma de las distancias a los vértices fuese más peque-
ña. Por tanto, existe al menos un punto solución y debe encontrarse en el triángulo
(cerrado). Veremos que la unicidad es consecuencia del método de construcción de
la solución.
Comencemos analizando el caso absorbido. El argumento que daremos, debido a
Hofmann ([16]), se llama método de rotación y funciona también en el caso flotante.
Partimos de un triángulo ABC y supongamos que el ángulo BAC \ es al menos 2π/3.
Veremos que el propio vértice A es la solución en este caso. En primer lugar fijemos
un punto arbitrario P del interior del triángulo ABC. Prolonguemos el lado AC
una distancia igual a AB para obtener el punto B 0 . Por hipótesis β = BAB\0 ≤ π/3.
Consideremos la rotación de centro A y ángulo β que transforma B en B 0 . El punto P
se transforma en P 0 mediante esta rotación y, de la construcción y del hecho que
β ≤ π/3, tenemos AP ≥ P P 0 , P B = P 0 B 0 . Por tanto
P A + P B + P C ≥ P P 0 + P 0 B 0 + P C ≥ CB 0 = AC + AB 0 = AC + AB,
lo cual muestra que A es el punto solución (obsérvese que P A+P B +P C > AC +AB
si P 6= A).
Analicemos ahora el caso flotante, en el que los tres ángulos del triángulo son
inferiores a 2π/3, y veamos que el punto solución es el único punto P del interior
del triángulo desde el cual los tres lados del triángulo se ven con un ángulo de 2π/3.
Que este punto existe y es único se deduce de consideraciones geométricas ele-
mentales. Consideremos los arcos de circunferencia formados por los puntos desde
los cuales los segmentos AB y AC se ven con un ángulo de 2π/3. Puesto que el án-
gulo en A es inferior a 2π/3 se observa fácilmente que estos dos arcos deben cortarse
en un punto P del interior del triángulo. Así, los ángulos AP \ B, AP
[ C y, por tanto,
BP
\ C, deben ser todos iguales a 2π/3.
La Gaceta ? Artículos 267
Aunque el método de rotación de Hofmann funcionaría también en este caso,
veremos un argumento debido a Torricelli que usa el teorema de Viviani que comen-
tamos en la sección 6 (ver [7]).
Fijemos ahora un triángulo ABC de manera que todos sus ángulos sean inferiores
a 2π/3, y supongamos ya elegido el punto P tal que los tres lados se ven desde P con
un ángulo de 2π/3. Formemos el triángulo T circunscrito en ABC de manera que sus
lados son perpendiculares a los segmentos P A, P B, P C en A, B, C respectivamente
(figura 33).
P
C
Figura 33: Punto de Fermat del triángulo ABC.
Se deduce fácilmente de la elección de P que los tres ángulos de T son π/3, y por
tanto T es equilátero. Elijamos un punto arbitrario P 0 en el interior del triángulo
original ABC, y sean A0 , B 0 , C 0 los pies de las perpendiculares desde P 0 a los lados
de T que contienen A, B y C respectivamente. Por la construcción y por el teorema
de Viviani, obtenemos
P 0 A + P 0 B + P 0 C ≥ P 0 A0 + P 0 B 0 + P 0 C 0 = P A + P B + P C.
Por tanto P es, efectivamente, la solución del problema de Fermat en el triángulo
ABC. Parece natural preguntarse qué llevó a Torricelli a considerar el punto P como
candidato a solución del problema de Fermat. El siguiente argumento, basado una
vez más en la propiedad de reflexión de la elipse, puede proporcionar una respuesta.
Supongamos que el punto P interior al triángulo ABC es solución al problema de
Fermat. Consideremos la elipse de focos B, C formada por los puntos X tales que
BX + CX = BP + CP . La propiedad de mínimo de P implica que el segmento AP
debe ser perpendicular a la elipse en P . Por la propiedad de reflexión de la elipse,
los ángulos BP
\ A y CP
[ A son iguales. Razonando de idéntica manera con B o C en
lugar de A, llegamos a la conclusión de que BP\ A = CP
[ A = BP
\ C = 2π/3.
Las implicaciones prácticas del problema de Fermat, así como de algunas de
sus variantes, constituyen un área muy activa de la Investigación Operativa. Por
ejemplo, el problema de las tres fábricas es una versión con pesos: tres fábricas A, B,
C forman los vértices de un triángulo y necesitan recibir, respectivamente, cantidades
diarias a, b y c de un determinado material. Suponiendo que el coste del transporte
es proporcional a la cantidad de material transportado y a la distancia recorrida,
268 Arquitectas prodigiosas, héroes, billares y problemas de máximos y mínimos
la pregunta es en qué punto P habría que colocar un almacén de manera que el
gasto total a P A + b P B + c P C sea mínimo (ver [10, 25]). Como prueba del interés
práctico de este tipo de cuestiones, citaremos una anécdota que recoge [20, p. 284] y
que podría explicar la causa de que el problema de Fermat sea denominado también
problema de los aeropuertos. Parece ser que, a finales de los 60, una curiosa normativa
gubernamental obligaba a la compañía telefónica americana Bell a facturar no en
función de las llamadas realizadas, sino de la longitud total de los cables usados en
las conexiones. Uno de los principales clientes de Bell era Delta Airlines, con tres
aeropuertos principales (Atlanta, Chicago y Nueva York) que debían ser conectados
(los tres nodos forman aproximadamente los vértices de un triángulo equilátero). La
Bell supuso que la conexión mínima sería la formada por dos de los lados del triángulo
y tendría por tanto una longitud total de 2, fijando como unidad la longitud común
de los lados. Alguien en Delta debía estar familiarizado con el problema de Fermat,
ya que Delta se quejó de que esta solución implicaba un sobrecoste de la factura.
Si se introduce —argumentó Delta— un cuarto nodo fantasma P en el punto de
Fermat del triángulo ABC formado √ por los tres aeropuertos, la longitud total de la
conexión P A + P B + P C es de 3 ' 1.732, lo cual originaba un ahorro sustancial
en la factura total.
Con la discusión del problema de Fermat-Torricelli acabamos este breve recorrido
por los problemas de máximos y mínimos que nos ha servido para ilustrar una
vez más la capacidad de la Matemática para conectar territorios aparentemente
independientes, aportando experiencia, sentido y perspectiva.
Agradecimientos. Este trabajo es una versión ampliada de un artículo que pre-
paré para la revista divulgativa MAT 2 , editada electrónicamente por el Departament
de Matemàtiques de la UAB, [Link] Aprovecho para agra-
decer a mi colega Gregori Guasp su ayuda en la mejora y elaboración de algunos de
los dibujos del artículo.
Referencias
[1] M. Aigner y G. M. Ziegler, Proofs from the book, Springer-Verlag, 2010.
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José González Llorente, Departament de Matemàtiques, Universitat Autònoma de Bar-
celona
Correo electrónico: jgllorente@[Link]