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Santos

1) En la Edad Media, las enfermedades mentales se entendían como resultado de brujería, demonología o fuerzas sobrenaturales. Los enfermos mentales eran considerados embrujados o poseídos. 2) La Iglesia ejercía un fuerte control sobre conceptos médicos y la atención a enfermos mentales. Se les sometía a exorcismos pero también se crearon algunos hospicios. 3) Religiosos como Agustín y Isidoro comenzaron a estudiar las enfermedades mentales desde un enfoque

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1) En la Edad Media, las enfermedades mentales se entendían como resultado de brujería, demonología o fuerzas sobrenaturales. Los enfermos mentales eran considerados embrujados o poseídos. 2) La Iglesia ejercía un fuerte control sobre conceptos médicos y la atención a enfermos mentales. Se les sometía a exorcismos pero también se crearon algunos hospicios. 3) Religiosos como Agustín y Isidoro comenzaron a estudiar las enfermedades mentales desde un enfoque

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MITO DE LAS ENFERMEDADES MENTALES: BRUJERÍA Y

DEMONOLOGÍA.

En la Edad Media, la autoridad que se ejercía sobre los perturbados estaba conformada
por tres elementos que actuaban sobre ellos: el religioso, médico y legal. La locura no es
objeto de un discurso psiquiátrico es, más bien, un discurso compartido y diseminado
por estos tres dominios y a ellos estaba sujeto el enajenado mental
Es preciso comprender que la estabilidad de la diezmada y desmoralizada población
medieval dependía, no de una ética o de un sistema económico unitarios, sino de la
comunidad de creencias impuestas por la iglesia. La rigidez con que el dominio
teológico se extendía a todos los rincones de la vida medieval constituía la base sobre la
que habría de desarrollarse todo el resto de la estructura social. La medicina, y con ella
la psiquiatría, sufrió por el desinterés de la mente medieval en la naturaleza, mientras
que el dogmatismo eclesiástico impedía todo ejercicio autónomo del raciocinio.
La superstición medieval estaba teñida por una macabra preocupación con el demonio,
y era fácil para el espíritu de los tiempos considerar al enfermo mental como embrujado
o poseído. El lado bueno del cristianismo se evidenciaba en la creación de hospicios y
de órdenes hospitalarias dedicadas al ejercicio de la piedad entre todo tipo de enfermos;
sin embargo, el lado malo se evidenció en el abandono y la persecución de todos
aquellos cuya razón alterada los hacía sospechosos de contacto con las fuerzas del mal.
Estando claro para los pensadores medievales que las fuerzas de la naturaleza dependían
exclusivamente de Dios, con la ocasional interferencia del demonio, la aplicación de
métodos psicológicos carecía de fundamento, puesto que no había fuerzas naturales que
el hombre pudiera comprender o gobernar. Solamente la acción divina, por intercesión
de los santos, o la maldición demoníaca eran conceptualmente admisibles en el
paradigma medieval. De hecho, todo intento de ejercer una influencia terapéutica
resultaba sospechoso a los ojos de las autoridades eclesiásticas, y el éxito en tales
empeños podía fácilmente ser considerado como demostración de contubernio
demoníaco.
En este momento se hacia una distinción de las enfermedades mentales, estaban las
producidas por la acción de los demonios, es decir las dolencias de origen sobrenatural,
y por otro lado estaban las denominadas de origen natural, entre las que se incluían la
estulticia o debilidad mental, la epilepsia, la frenesis, la letargia, la manía, la melancolía,
y la demencia.
Como obra manuscrita de la época, cabe destacar el "Malleus Maléficarum", publicado
por los monjes dominicos Johann Sprenger y Heinrich Kramer en 1487, en este libro,
ambos autores pretender instruir sobre los signos y síntomas cuya presencia es
patognomónica de afiliación demoníaca. Así si las instituciones religiosas de tu
comunidad determinaban que cumplías alguno de los requisitos eras sometido a una
inspección “médica” y a un interrogatorio, en el que, no tan habitualmente como ha
extendido la leyenda, podían utilizarse métodos de tortura para extraer la verdad de tu
alma endemoniada. Una vez confirmadas sus sospechas (era prácticamente imposible
que se hubiera sospechado de tu persona y que tras la inspección salieras libre), se te
adjudicaba la sentencia de loco, abocándote a la más extrema marginalidad y en muvhos
casos a la muerte.
Sin embargo, no en todos los casos debía ser así, ya que el trato dispensado a los locos,
resulta bastante ambiguo y desigual, pues oscila entre la crueldad y la misericordia,
entre la burla despiadada y la ternura, entre el escarnio y la admiración respetuosa. En
las zonas rurales y urbanas les tenían miedo y por ello actuaban de esta forma. En el
caso de las manifestaciones furiosas de la demencia, la única solución era acudir al
auxilio divino mediante oraciones, prácticas mágicas y devociones específicas, para que
se obrase el milagro de la curación. Si se considera que el enfermo está poseído por el
demonio o sufre un maleficio se le practica un exorcismo, con el que se libera con rezos,
señales de cruz y plegarias. Estos no eran asesinados por el miedo de matar a una
persona poseída por una entidad sobrenatural y que luego esta fuera a por ellos.
Es también importante destacar la proliferación de obras literarias y artísticas en torno al
tema de la locura en la Baja Edad Media que demuestran la importante presencia que
esta cuestión tenía en el imaginario de la época, algo que a su vez absorberá el
Renacimiento. Todos estos gestos y reflexiones sobre la enfermedad mental quedan
ampliamente plasmados en textos literarios y obras pictóricas de los siglos XV y XVI y
son muy abundantes las muestras que han llegado hasta nosotros.
BIBLIOGRAFÍA
Peñalta Catalán, Rocio, Locos y locura a finales de la Edad Media: representaciones
literarias y artísticas
María Águeda Méndez, La Inquisición y transgresiones diversas: ¿Locura, posesión
demoníaca, visión aberrante o enfermedad?

RELIGIOSOS QUE TRATARON LA ENFERMEDAD


En la Antigüedad el abordaje de la locura desde el pensamiento filosófico se caracterizó
por los siguientes rasgos:
- La separación cualitativa del alma y del cuerpo, con la consiguiente incorporeidad del
alma, cuando menos de sus niveles más elevados;
- La consideración de las enfermedades del alma como esencialmente anímicas,
independientemente de su origen corporal o psíquico.
-La postulación de un tratamiento físico y, sobre todo, de otro de carácter plenamente
psíquico para la curación de las alteraciones mentales.
Teniendo en cuenta esto, el modelo médico de la Antigüedad se distinguió por una clara
tendencia a la naturalización del alma, una visión somaticista de las enfermedades
anímicas y un uso exclusivo de tratamientos físicos en las alteraciones físicas. Durante
la Alta Edad Media, la actividad médica en el Occidente latino se retrotrajo a niveles
conceptuales e institucionales previos a los alcanzados en la Antigüedad Clásica greco-
latina. Dentro de este contexto social surgirán personajes destacados cuyos discursos
encabezarán todo el pensamiento psicológico del momento.
El primero de ellos será San Agustín de Hipona, nacido en Argelia en el 354, teólogo
latino que se terminó convirtiendo en la máxima figura del pensamiento cristiano. Él
siempre intento acceder a la salvación por los caminos de la más absoluta racionalidad,
algo muy complejo, ya que su pretensión era acomodar las verdades reveladas a las
certezas científicas y matemáticas y alcanzar la divinidad mediante los saberes
enciclopédicos.
El tema central del pensamiento de San Agustín de Hipona es la relación del alma,
perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios, relación en la que el
mundo exterior cumple función de mediador entre ambas partes. De ahí su carácter
esencialmente espiritualista, frente a la tendencia cosmológica de la filosofía griega. La
obra del santo se plantea como un largo y ardiente diálogo entre la criatura y su
Creador, esquema que desarrollan explícitamente sus Confesiones. Básicamente, su
filosofía venía explicar que fe y razón se hallan vinculadas, ya que mediante la razón
podemos llegar a percibir cosas concretas y a conocer algunas verdades necesarias y
universales, pero referidas a fenómenos concretos, temporales y sólo gracias a la
iluminación que Dios concede al alma, a la razón, podemos llegar al conocimiento
racional superior, a la sabiduría.
Dentro del tema que nos ocupa, dos características bien definidas marcaron con un
carácter teológico los escritos de San Agustín sobre temas psicológicos. En primer
lugar, no deja lugar a dudas la consideración técnica de los hechos psicológicos
perteneciente al reino del ser místico. Lo segundo está en estrecha relación con lo
primero, la psicología de San Agustín se desarrolla como ejemplo o como analogía de la
unidad trinitaria en el dominio de lo puramente teológico. Es interesante, ya que él
subraya la importancia de la introspección como fuente de autoconocimiento, y es por
esto considerado por algunos autores como el precursor del psicoanálisis.
Toda la filosofía y la teología medieval, hasta el siglo XII, fue básicamente agustiniana;
los grandes temas de San Agustín -conocimiento y amor, memoria y presencia,
sabiduría- dominaron la teología cristiana hasta la escolástica tomista.
Sin embargo, antes de encontrarnos con la figura de Santo Tomás, debemos recalcar
otro personaje, que además de ser un gran pensador cristiano, comenzó a interesarse de
forma más médica por los problemas del alma, será San Isidoro, nacido en Cartagena en
torno al 556, fue obispo, teólogo y erudito. Elevado a la santidad por la Iglesia Católica
y posteriormente proclamado, Doctor Universal de la Iglesia por el papa Inocencio XIII.
La gran preocupación de su vida fue la educación y empleó todos sus recursos
pedagógicos en contrarrestar la creciente influencia de las culturas consideradas
bárbaras. Propició el desarrollo de las artes liberales, del derecho y de las ciencias. Fue
un prolífico escritor y un infatigable compilador, compuso numerosos trabajos
históricos y litúrgicos, tratados de astronomía y geografía, diálogos, enciclopedias,
biografías de personas ilustres, textos teológicos y eclesiásticos, ensayos valorativos
sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, y un diccionario de sinónimos.
Dentro de sus obras más relevantes destacan, Origenes y sus Etimologías, dónde se
refleja la evolución del conocimiento desde la antigüedad pagana y cristiana hasta el
siglo VII. Para nosotras es relevante la conceptualización de las enfermedades mentales
que realiza, hablando sobre el frenesí, considerado como una perturbación con agitación
y demencia provocada por la fuerza del humor colérico y del letargo, que consistía en
una opresión del cerebro con olvido y sueño perenne como el del que duerme
profundamente. Añadidas a estas dos afecciones, habla también sobre:
- La epilepsia, afección así llamada porque lo que está oprimiendo el cerebro se
adueña al mismo tiempo del resto cuerpo. Esta dolencia recibe asimismo la
denominación de caduca, porque el enfermo, al caer, sufre espasmos. La gente
suele llamar lunáticos a los epilépticos, porque el ataque de los malos espíritus está
relacionado con el curso de la luna. La epilepsia se produce en la fantasía,
- La manía, cuya denominación se debe a la locura y el furor, ya que la antigüedad
griega llamaban maniké al furor, bien sea por la iniquidad (que los griegos
denominaron manie), o por la adivinación (en griego adivinar se dice manein). La
manía se produce en la memoria
- La melancolía, toma su nombre de la bilis negra, los griegos llaman mélan a lo
negro y cholé a la bilis. Puede estar también muy relacionada con el amor heroico,
actualmente el mal de amores, que estaba provocado por un exceso humoral de
melancolía o bilis negra, y surgía cuando un individuo quedaba prendado de una
mujer que no correspondía a su amor. Como resultado de la obsesión que le causaba
la insatisfacción de su deseo, le sobrevenía una pasión melancólica cuyos signos
externos eran bien patentes: ojos hundidos con grandes ojeras de color cetrino y un
pulso fuerte y anormal. De esta forma la melancolía se produce en la razón.
Con la asimilación por el Occidente latino de los escritos de Aristóteles, Hipócrates y
Galeno, tuvo lugar la recuperación paulatina de la nosología clásica greco-latina de las
enfermedades mentales, dentro de los trastornos de conducta recogidos por el galenismo
medieval se incluyen enfermedades como la licantropía.
Años después se abrirá paso la figura de San Tomás de Aquino, nacido en Italia en
1224, se convertirá en el máximo representante de la filosofía escolástica medieval,
abordando una profunda y perdurable reformulación de la teología cristiana, que apenas
había recibido aportaciones relevantes.
Su filosofía se encuentra a caballo entre el espiritualismo agustiniano y el naturalismo
emergente del averroísmo, él siempre defendió un realismo moderado, en el cual los
conceptos abstractos existen fundamentalmente en las cosas y sólo formalmente en el
entendimiento. En último término, Tomás de Aquino fue capaz de encontrar una vía
para conciliar la revalorización del mundo material que se vivía en Occidente con los
dogmas del cristianismo, a través de una inteligente reinterpretación de Aristóteles.
En el tema que nos ocupa, Tomás de Aquino, fue también una figura sobresaliente,
sostiene que el alma, de origen no terreno, no puede por tanto enfermar, y achaca la
enfermedad mental (aegritudo animalis) a algún trastorno del cuerpo susceptible de ser
tratado: El alma no puede enfermar porque es divina, mientras que la enfermedad
mental afecta al cuerpo y tiene una base orgánica. (1225 to 1274).
Los estudios de Santo Tomás se transforman en fuente principal de la psicología para
las diversas áreas de la disciplina. Su cercanía y afinidad con muchos de los
planteamientos psicológicos actuales contribuyen a confirmar su vigencia. Dentro de
sus escritos se reflexiona sobre conceptos tales como enfermedad "psíquica", algunos de
ellos considerados y analizados como tal por primera vez en los escritos del santo. Un
ejemplo de esto lo constituyen las observaciones que realiza en su comentario a la Ética
Nicomaquea de Aristóteles, dónde encontramos algunos de los géneros de
desequilibrios psíquicos descritos por el Aquinate.
Entre otros muchos el autor reflexiona sobre los grandes traumas afectivos, como la
pérdida de los seres queridos, que pueden hacer caer en desequilibrio y conductas
bestiales movidas por el profundo dolor del desapego; seguidamente se habla también
de las costumbres perversas y los comportamientos que pueden llevar a límites de
enorme antinaturalidad en el comportamiento humano. Trata también lo que hoy
conocemos como disposiciones patológicas de la agresividad, distinguiendo entre la
psicopatía antisocial y el carácter sádico, haciendo especial hincapié entre sadismo,
iracundia y crueldad. Pará él, son igualmente importantes las temáticas referidas al
temor, como las fobias; valorando también los trastornos de la conducta sexual, de la
conducta alimentaria y trastornos orgánicos.
Sin embargo, al leer los escritos del sabio queda patente que sus escritos sobre las
dolencias de la mente no son crípticos, esotéricos u oscuros, al contrario de lo que
pudiera pensarse. Su análisis sobre las mismas, no responde a elucubraciones
artificiosas o a construcciones racionalistas abstractas, sino que su estudio respetuoso y
sistemático. Al igual que San Agustín, se interesó por el conocimiento del ser humano,
sabiendo que ayudar al hombre a descubrirse, a comprender mejor su naturaleza y a
entender aspectos de sí hasta ahora desconocidos eran el primer paso para hallar el
origen de sus males.
BIBLIOGRAFÍA
http://trazandocamino.blogspot.com/2015/03/psicologia-medieval-la-alta-edad-
media.html
Jorge E. ToledoTreviño, El estudio del alma en la época medieval.

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