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Introducción
En la presente investigación se habla sobre la frustración es una emoción
omnipresente en la vida humana. Desde la niñez hasta la adultez, todos
experimentamos momentos en los que nuestras expectativas y deseos se ven
obstaculizados de alguna manera. Estos momentos de frustración pueden surgir en
una amplia variedad de situaciones, desde no alcanzar un objetivo personal o
profesional hasta enfrentar dificultades en las relaciones interpersonales. La
frustración es una emoción compleja y multifacética que merece una exploración
profunda, ya que su comprensión puede tener un impacto significativo en nuestra
calidad de vida y en nuestra capacidad para tomar decisiones efectivas.
Las causas de la frustración son variadas y pueden variar ampliamente de una
persona a otra. Las expectativas no cumplidas, los obstáculos imprevistos, la falta
de control sobre una situación y las metas no alcanzadas son algunas de las
principales causas de la frustración. Además, factores como la personalidad, las
experiencias pasadas y la percepción de las circunstancias también influyen en la
forma en que una persona experimenta la frustración.
La frustración puede tener una serie de consecuencias negativas en la vida de una
persona. En el ámbito emocional, puede dar lugar a sentimientos de ira, tristeza,
ansiedad y desesperación. Estas emociones pueden afectar la salud mental y el
bienestar general de una persona. Además, la frustración puede influir en el
comportamiento, llevando a respuestas impulsivas o destructivas, y puede afectar
las relaciones interpersonales.
En el ámbito académico y laboral, la frustración puede tener un impacto en el
rendimiento. Cuando las personas se sienten frustradas, es más probable que
abandonen tareas, se desmotivan o tomen decisiones apresuradas que no son
beneficiosas a largo plazo. Por lo tanto, es esencial comprender cómo la frustración
puede afectar negativamente estos aspectos de la vida.
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FRUSTRACIÓN
1. Antecedentes
La frustración se origina en sentimientos de incertidumbre e inseguridad que se
derivan de una sensación de incapacidad para satisfacer las necesidades. Si en un
individuo éstas son bloqueadas es más probable que se produzcan malestar y
frustración.
Los estudios de la frustración comenzaron alrededor de 1950 y continúan hasta la
actualidad. En sus comienzos los investigadores tenían un fuerte interés en hacer
estudios de laboratorio que mostraran evidencia de algunas hipótesis, tales como
que la frustración genera agresión, fijación, regresión y conflicto.
Fue Amsel (1958,1992) quien le dio mayor relevancia a este tema, desarrollando su
teoría de la frustración. La mayoría de las teorías de la frustración considera que es
una respuesta que involucra mecanismos emocionales semejantes a la
presentación de estímulos aversivos y que desencadena respuestas análogas al
estrés.
Gray (1987) afirma que el miedo y la frustración activan los mismos mecanismos
neurales. Por otro lado, algunos procedimientos que incluyen una combinación entre
exposiciones a omisiones sorpresivas del reforzador (OSR) o castigo y
reforzamiento positivo lleva a producir respuestas de mayor persistencia y "coraje"
ante la extinción de reforzadores apetitivos. Estas respuestas llevarían a la
formación de una disposición permanente de los organismos de tolerancia a la
frustración semejante al concepto actual de resiliencia.
Es por ello por lo que Amsel (1992) distingue dos clases de efectos de la frustración:
no paradójicos relacionada con la primera reacción ante la omisión de reforzadores
o frustración primaria o incondicionada (asertividad) y paradójicos, relacionada con
la frustración secundaria o condicionada (persistencia ante situaciones de
eliminación de reforzadores apetitivos).
La frustración se estudió extensamente con modelos animales. Si bien estas
investigaciones presentan ventajas a la hora de establecer controles más
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adecuados y rigurosos, no pueden abarcar la complejidad del comportamiento
humano.
El desarrollo de estudios sistemáticos de la frustración en humanos se hace
imprescindible para extender en nuestra especie lo hallado con otros animales, una
mayor comprensión del problema y agregar información de otros factores, como la
personalidad, la cultura, signos lingüísticos y expresiones faciales, etc. Por otra
parte, tiene una gran implicancia clínica, ya que la frustración puede llegar a
provocar fobias, enfermedades, depresiones, propensión a las adicciones, etcétera.
Ekman (1992, 1999) es unos de los investigadores contemporáneos que más ha
estudiado sobre el tema, realizando estudios sobre las expresiones faciales de la
emociones en distintas culturas. Según este autor, el término emociones básicas
puede adoptar tres significados. El primero se refiere a enfoques que sostienen
que hay un número de emociones discretas que difieren unas de otras de
manera importante, tanto en su valoración, en los eventos antecedentes, en sus
respuestas conductuales y fisiológicas y en otras características. Esta perspectiva
se opone a aquellas que tratan a las emociones como variaciones en los
continuos de placer-displacer e intensidad. El segundo significado del término se
refiere a la evolución de las emociones por su valor adaptativo en relación con
tareas fundamentales de la vida. La función primaria de la emoción sería
movilizar al organismo para afrontar rápidamente importantes encuentros
inter-organísmicos a través de actividades que han sido adaptativas en el
pasado, en la historia evolutiva filo y ontogenética. Si las emociones básicas
evolucionaron para relacionarnos con tareas fundamentales de la vida, no sólo
deberían proporcionar información a través de expresiones hacia conespecíficos
sobre lo que está ocurriendo, sino también producir cambios fisiológicos
preparando al organismo para responder a las demandas ambientales.
Según Ekman (1999), deberían existir patrones fisiológicos específicos para cada
emoción básica. Hay evidencia de patrones distintivos de la actividad del sistema
nervioso autonómico (SNA) para la ira, el miedo, la aversión y la tristeza. No obstante,
un meta análisis realizado sobre el tema concluye que de un total de 37 medidas de
respuestas autonómicas, tan sólo un pequeño grupo diferenciaba emociones discretas,
en comparaciones particulares. Por ejemplo, la temperatura del dedo decrecía menos en
el enojo que en el miedo, pero esta medida no diferenciaba otras emociones (Cacioppo,
Berntson, Larsen, Poehlmann & Ito, 2000). El tercer significado de emociones básicas es
para describir elementos que se combinan para formar otras compuestas o más
complejas.
Las expresiones emocionales son cruciales para el desarrollo y regulación de las
relaciones interpersonales. Por ejemplo, las expresiones faciales estarían implicadas en
la formación de apego (tanto en la infancia como en las relaciones de pareja), y en la
regulación, aceleración o desaceleración de la agresión (Ekman, 1999). La mayoría de
los autores consideran la existencia de 6 emociones básicas: alegría, tristeza, ira, miedo,
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sorpresa y aversión. De todos modos, todavía hay desacuerdos sobre el concepto mismo
de emoción básica, su número y algunas críticas metodológicas que hacen dudar de la
evidencia empírica de su existencia.
2 . Marco teórico
TEORÍAS.
Teoría Frustración-Agresión
Una de las primeras teorías que estudió directamente el concepto de frustración
aparece en un trabajo sobre la agresión de la mano de Dollard, Doob, Miller,
Mowrer, y Sears en 1939, conocido como la Teoría Frustración-Agresión. Una de las
premisas principales de esta teoría es que “la ocurrencia de cualquier forma de
agresividad presupone la existencia de frustración”, y viceversa, “el hecho de
experimentar frustración daría origen a una forma de agresión”.
En este contexto, el término frustración no solo hace referencia al proceso de
bloquear la posibilidad de conseguir una gratificación o al hecho de no conseguir un
reforzamiento, sino que también se denomina frustración a la reacción que se
sucede tras el bloqueo o la no consecución de una meta.
Según esta teoría, la frustración se produce cuando una persona no puede alcanzar
un objetivo o satisfacer una necesidad. Esto puede ser el resultado de obstáculos
externos que impiden el logro de la meta o de limitaciones internas de la persona,
como la falta de habilidades o recursos necesarios.
La teoría de la frustración postula que la frustración provoca una respuesta
emocional negativa, como la ira o la rabia. Esta respuesta emocional es el resultado
de la interacción entre la frustración y los procesos cognitivos de la persona. Por
ejemplo, una persona puede interpretar la frustración como una afrenta personal o
como una amenaza a su autoestima.
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Cuando la frustración no se resuelve de manera adecuada, puede llevar a la
agresión. La agresión puede manifestarse de diferentes formas, desde
comportamientos verbalmente agresivos hasta agresiones físicas. Esta teoría
sostiene que la agresión es una respuesta natural a la frustración y que es una
forma de liberar la tensión emocional causada por la frustración.
Sin embargo, la teoría de la frustración no sostiene que la frustración siempre
conduce a la agresión. Otros factores pueden influir en la forma en que una persona
responde a la frustración, como la empatía, las habilidades de afrontamiento o la
presencia de inhibiciones sociales.
Reformulación de la Teoría Frustración- Agresión
La formulación de la teoría de Dollard y colaboradores (1939) marcaba la frustración
como un factor necesario para que se produzca agresión y suficiente, ya que el
experimentar frustración se pensaba que llevaba solamente a conductas agresivas.
Unos años más tarde de la aparición del trabajo sobre Frustración-Agresión, Miller
(1941) proponía una reformulación de dicha hipótesis y se retractaba de esta última
asunción. En su visión, parecía evidente que en algunos casos reales, la frustración
no siempre llevaba a la agresión, siendo posible que este estado emocional pudiese
resultar en acciones alternativas como la búsqueda de un nuevo reforzador que esté
más disponible.
Concretamente, Miller (1941) adaptó la segunda parte de la teoría y postuló: “la
frustración produce instigaciones hacia un número de tipos diferentes de
respuestas, siendo una de ellas la instigación hacia ciertas formas de agresión”.
Según esta reformulación, la frustración podría actuar como un componente
emocional que lleve hacia un impulso de carácter más general y no tan específico
hacia la agresión (Dennen, 2005). Así, se ha argumentado que bajo esta visión, la
teoría seguiría manteniendo que la frustración no es una condición suficiente, pero
sí necesaria, para la aparición de conductas hostiles y agresivas (Zillmann, 1979).
Teoría de la frustración de Rosenzweig
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Bajo el estudio de la agresividad y sus factores asociados, el autor Saul Rosenzweig
elaboró una teoría sobre la frustración en la que diferenciaba dos tipos diferentes de
esta experiencia emocional (Rosenzweig 1934, 1944). Para Rosenzweig, la
frustración se produce cuando un organismo encuentra una obstrucción u obstáculo
considerado, más o menos, como inexorable en la satisfacción de una necesidad
vital.
Con su proposición, Rosenzweig señala que la situación que supone el bloqueo o el
impedimento inexorable puede ser catalogada como estresante, lo que estaría
asociada con un aumento de la tensión y la activación. La naturaleza de los
obstáculos también se divide en varios grupos, pudiendo ser de carácter más pasivo
o activo. También se podrían caracterizar dependiendo si son internos al sujeto o
externos. La combinación de estas características puede influenciar en cómo el
sujeto experimenta una frustración y en cómo responde ante ella.
Otra formulación importante de la teoría sobre la frustración de Rosenzweig es la
capacidad de las personas de tolerar y afrontar una situación sin llegar a perder la
adaptación psicológica, o lo que visto de otra manera más sencilla, de no perder los
papeles y dar un tipo de respuesta inadecuada o fuera de lugar. Esta formulación
contempla las diferencias individuales que puedan surgir cuando varias personas
reaccionan a la misma sensación frustrante, así como el proceso de aprendizaje o
adaptación de un sujeto a lo largo de su vida.
Uno de los aportes más populares de la teoría sobre la frustración de Rosenzweig
fue la elaboración de un instrumento para evaluar la frustración (Rosenzweig, 1945;
Rosenzweig, Fleming, & Clarke, 1947). El Test de Frustración de Rosenzweig (The
Rosenzweig Picture-Frustration Test (P-F)) es una herramienta elaborada para
evaluar la forma en la que las personas responden a la frustración (Rosenzweig,
1945), determinando la naturaleza de las reacciones que tendría un sujeto ante
ciertas situaciones frustrantes (French, 1950). A nivel de su desarrollo, está basado
en el método de asociación de imágenes, un procedimiento que se podría localizar
entre la asociación de palabras y las técnicas de apercepción temática
(Rosenzweig, 1945).
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Reactualización de la Teoría Frustración – Agresión
Años más tarde, y bajo la mano de Leonard Berkowitz surge una reformulación de la
teoría Frustración-Agresión (Berkowitz, 1962, 1965, 1969) proponiendo un
acercamiento en el que se destacan la influencia de ciertos factores claves para la
aparición de agresión cuando se experimentaba frustración. Este autor propone que
la frustración produce una reacción emocional que origina una disposición dirigida a
realizar actos agresivos (Berkowitz, 1965). Estos actos agresivos no se llevarán a
cabo, aunque exista esa disposición hacia ello, si no se acompañan de ciertas
claves asociadas con factores previos o actualmente presentes en la situación
asociada al instigador.
Bajo esta proposición, se da a entender que la relación de la frustración con la
agresión ya no es tan directa. Es necesario la presencia de ciertos estímulos o
claves, asociados con factores previos o posteriores al instigador de la frustración,
para que este estado emocional lleve a conductas o disposiciones agresivas. Años
más tarde, Berkowitz determina en su reformulación de la teoría
Frustración-Agresión que la frustración puede dar lugar a inclinaciones agresivas
porque es experimentada como un estado afectivo aversivo (Berkowitz, 1978, 1983).
Así, un evento frustrante, generalmente, se evaluaría como aversivo y produciría en
la persona un estado afectivo catalogado como negativo, cuyas respuestas más
asociadas serían las de intentar eliminar o reducir dicho estado afectivo negativo,
siendo este comportamiento un modo de recuperar el incentivo bloqueado o perdido
o de disminuir la activación y el estado aversivo experimentado. Según Berkowitz
(1989), son estos estados emocionales negativos los que aumentan las
inclinaciones hacia la agresividad.
ARTÍCULOS .
La frustración y la ley del efecto , el efecto paradójico de la frustración
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El hecho de experimentar frustración puede provocar respuestas emocionales
que se perciban como negativas.Tomando un punto de vista hedónico y
considerando las diferencias individuales que pueden existir en cómo se responde a
una situación frustrante , la ley del efecto propuesta por Thorndike (1898)clarifica en
una primera instancia el proceso que tiene lugar estos eventos. En la ley de efecto
de Thorndike se expone que las respuestas causantes de efectos satisfactorios en
el sujeto en una situación en particular, tiene más probabilidad de ocurrencia si en
un futuro se volvió a presentar dicha situación, por consiguiente , se observa el
efecto contrario el de reducción de ocurrencia , si las respuestas producen efectos
aversivos o desagradables , según lo expuesto un evento frustrante en el que no se
consigue un reforzador o recompensa podría ser razonablemente caracterizarlo
como negativo para el sujeto por lo que sería lógico pensar que dichas respuestas
no se volverán a producir con tanta probabilidad en próximos eventos ya que su uso
no ha sido productivo.
Un ejemplo de la ley de efecto en el que un sujeto dejara de producir una
respuesta si esta no es reforzada como lo era anteriormente, en este punto y con
esta idea en mente , es probable que se nos venga a la memoria alguna situación
en la que las personas , persistan en la consecución de un objetivo aunque se
encuentre con obstáculos por el camino. Por ilustrar esta idea con un ejemplo nos
podemos encontrar en una situación de haber adquirido un mueble el cual tenemos
que montar nosotros mismos , en este punto recordamos que tenemos conocidos
que lo han conseguido y además contamos con unas instrucciones y todo lo
necesario , a la hora de ponernos con ello empezamos a ver que no es tan sencillo ,
que parece que nos sobran piezas o lo peor de todo , que no tenemos las
necesarias, lo que creímos que iba a hacer una tarea sencilla se demora tiempo y
nos vemos fallando cada vez que queremos continuar.Aquí es posible que sintamos
frustración y nos veamos con las ganas de cesar en el montaje o de tirarlo todo
debido al enfado , si persistimos y nos tomamos las cosas con calma aun
experimentando esto estados aversivos, puede que consigamos nuestro cometido
de montar el mueble y de haber sobrepuesto a la frustración.
La persistencia que da a veces una persona por conseguir un objeto choca con
las argumentaciones de Thorndike y su ley de efecto, ya que aun presentándose
unos efectos negativos tras la realización de una respuesta el sujeto sigue
repitiendo en vista de conseguir algo que se había propuesto. Esta persistencia que
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se muestra tras experiencias frustrantes se ha relacionado con la motivación y con
el efecto vigorizante que algunos autores le adjudican a experimentación de esta
emoción , incluso se podría proponer que a nivel adaptativo , la frustración es una
emoción que permitiría al sujeto prosperar en la consecución de ciertas metas
importantes y adaptar la conducta hacia los objetivos marcados.
Hipótesis de la frustración- motivación
Se ha apuntado a que la frustración se origina cuando se bloquea una intención por
gratificar un impulso primario (Roda 2019) .De forma más concreta , la cantidad de
frustración que se experimenta está influida por las pretensiones que se tengan por
alcanzar cierto objetivo y por la intensidad del deseo de conseguirlo , por lo tanto , la
frustración pareciera estar influida por las expectativas y la motivación por conseguir
una recompensa o una meta marcada. La motivación por obtener una recompensa
ha sido asociada también a la mejor o peor ejecución en ciertas tareas, observando
por ejemplo que con mejores recompensas se registraba una mejor precisión en una
tarea memoria o que algunos sujetos se esforzaban más al aparentar un pulsador
de presión si la recompensa era más elevada. Tomando estos factores a la vez, se
dibuja un posible efecto cuando se experimenta frustración según lo cerca que se
esté de conseguir lo que se quiere , lo que se espera de dicha consecución y el
valor subjetivo que se le da. Así , se podría pensar en que dependiendo de la
proximidad para conseguir la recompensa , como de anticipada es el valor personal
que se le ha dado , una persona puede sentir una activación superior y una
motivación muy elevada a persistir aun errando , llevando a experimentar más
frustración. Entender que puede incrementar la motivación de una persona es un
tema complicado ya que hay varios factores como la magnitud de la recompensa , la
cantidad de esfuerzo y tiempo necesarios para poder obtenerla o aspectos más
sociables , que pueden influir en las expectativas que se tienen de un incentivo y en
la motivación por obtenerlo.
Desde la investigación con animales , el papel que tienen los incentivos durante el
aprendizaje de un animal ha sido un tema bastante estudiado , teniendo una
especial relevancia la relatividad de los incentivos , concepto que refiere la
distorsión producida en el valor absoluto de un reforzador cuando éste difiere de las
expectativas que se tenían antes de conseguirlo , con monos encontró que los que
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los sujetos examinados realizaban conductas de decepción , confusión , frustración
y enfado cuando obtienen una recompensa que no era la que esperaban conseguir,
siendo una evidencia clara al efecto relativo de los incentivos y cómo estos pueden
afectar a nivel emocional.
Desde otro punto de vista los programas de reforzamiento intermitente ofrecen
también un ejemplo a lo que se expone en esta hipótesis, Un Programa de
reforzamiento intermitente consistiría en reforzar una conducta de forma
discontinua, es decir , reforzando solo algunas de las ocasiones en las que se emita
la conducta específica.
Estos resultados podrían reforzar la idea que se plantea con la hipótesis de la
frustración - motivación en cuanto a que el sujeto continúe respondiendo o
realizando una determinada conducta a pesar de experimentar emociones negativas
como la decepción o la frustración al no ser recompensado de forma
continua.Desde este punto de vista , esta persistencia o mantenimiento de la
conducta , expectativas y cognición de una persona para seguir con un
comportamiento específico (Roda 2019) .
Tolerancia en la frustración
La frustración se origina en sentimientos de incertidumbre e inseguridad que se
derivan de una sensación de incapacidad para satisfacer las necesidades. Si las
necesidades de un individuo son bloqueadas, es más probable que se produzcan
malestar y frustración. Cuando estas necesidades son constantemente ignoradas o
insatisfechas, es probable que avancen a la ira, la depresión, la pérdida de
confianza en sí mismo, la molestia, la agresión y, a veces, la violencia.
Algunas personas están predispuestas a sentimientos de frustración, identificados
en términos de temperamento (frustración) en la adolescencia y neuroticismo en la
edad adulta. La frustración temperamental se asocia con alteraciones de la
percepción, incluidos cambios en la percepción del afecto en las relaciones.
La frustración se puede clasificar como un comportamiento-respuesta asociado a un
problema de salud mental y puede tener una serie de efectos, dependiendo de la
salud mental del individuo. En casos positivos, cuando la frustración se acumula
hasta un nivel demasiado grande para que el individuo la contenga o permita
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continuar, éste produce una acción dirigida a resolver el problema inherente, en una
disposición que no causa daño social o físico.
Sin embargo, en los casos negativos, el individuo puede percibir que la fuente de la
frustración está fuera de su control y, por lo tanto, la frustración continuará
aumentando, lo que eventualmente conducirá a un comportamiento más
problemático (por ejemplo, una reacción violenta contra los opresores o enemigos
percibidos).
A veces se produce una negativa obstinada a responder a las nuevas condiciones
que afectan al objetivo, como sería la eliminación o modificación de la barrera. El
castigo severo puede hacer que las personas continúen ciegamente con un
comportamiento no adaptativo: puede tener un efecto opuesto al de la recompensa
y, como tal, desalentar la repetición del acto, o bien, al funcionar como un agente
frustrante, puede conducir a la fijación y también a los otros síntomas de la
frustración. Se deriva de esto que el castigo es una herramienta peligrosa, ya que a
menudo tiene efectos totalmente opuestos a los deseados.
Manifestaciones psicológicas y fisiológicas
La discrepancia negativa que resulta al comparar lo que se espera y lo que se
recibe en respuesta a las expectativas, representa una decepción que desencadena
las alteraciones psicofisiológicas que caracterizan a la frustración. Cuando esas
respuestas aparecen de manera constante, se pueden ver traducidas en insomnio,
estrés, falta de concentración, ansiedad, falta de apetito, depresión y agresión, entre
otras.
Reacción a la frustración
Existen dos formas generales de reaccionar a la frustración:
Ataque o agresión. Con base en la ira y el enojo generados, puede aparecer una
respuesta conductual agresiva, ya sea dirigida a modificar la situación que nos
frustra o en otras direcciones, como desahogo, sin importar si la respuesta es o no
socialmente aceptable.
Huida y retirada. Cuando la conducta de origen no estaba enfocada frente a nada o
nadie externo, con frecuencia se observa la huida o retirada.
Función
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Todos hemos experimentado la frustración como emoción en situaciones y
condiciones que no favorecen (más bien estorban o impiden), el logro de un
objetivo; y la sensación de malestar nos lleva a responder de distintas maneras,
como pudiera ser persistiendo o dándonos por vencidos.
Frecuentemente, cuando nos encontramos frente a un obstáculo que aparece de
manera inesperada, o simplemente cuando los planes no salen como los teníamos
visualizados, escuchamos hablar sobre la “tolerancia a la frustración”. A pesar de
que la frustración se experimenta como algo aversivo y doloroso, no deja de ser un
estado emocional normal y pasajero, incluso si las situaciones que la provocan sean
obstáculos complejos. Cuando las cosas no están bajo nuestro control, es
recomendable reconocerlo, para cambiar la respuesta de evitación por una
respuesta de aceptación y, en consecuencia, por acciones que nos permitan buscar
alternativas ante el problema.
Intensidad de la frustración
Hay diferentes factores que se relacionan con la intensidad de la frustración, a
continuación, se enlistan algunos:
La fuerza del motivo. Cuanto más fuerte el motivo, más intensa es la frustración
cuando se impide su satisfacción.
Tipo de barrera u obstrucción. Conforme la percepción de que la barrera u obstáculo
a la satisfacción del motivo sea arbitraria y sin razón, la frustración será mayor; en
cambio, ante la percepción de que el obstáculo es algo más manejable, la
frustración será menor.
Disponibilidad de metas sustantivas. Si se dispone de otras metas interesantes de
igual o casi igual atracción, entonces se experimentará menos frustración.
Estabilidad personal. Este factor se relaciona con el nivel de tolerancia-intolerancia a
la frustración. En general, es menos probable que una persona con antecedentes de
inestabilidad emocional soporta bien los efectos de la frustración; éstos también le
confieren el potencial para reaccionar con mayor inestabilidad ante cualquier
situación de frustración.
Estos factores son importantes para considerar las estrategias a que se ha de
recurrir para tolerar y manejar mejor la frustración.
Tolerar la frustración
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Significa ser capaces de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos
a lo largo de la vida, así como las molestias o incomodidades que puedan
causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y
desarrollarse.
La tolerancia a la frustración es la capacidad de uno para resistir la frustración
cuando se enfrenta a tareas difíciles. Tener una baja tolerancia a la frustración se
relaciona con un rasgo de ira y un mayor nivel de tolerancia a la frustración se
relaciona con niveles más bajos de ira y una mayor persistencia en las tareas
difíciles.
Por ejemplo, un niño con una alta tolerancia a la frustración puede enfrentar
desafíos y fracasos repetidos sin experimentar una frustración significativa. El niño
con baja tolerancia a la frustración puede experimentar frustración rápidamente
cuando se le pide que realice tareas de dificultad moderada
Importancia de trabajar en nuestra frustración
La frustración puede afectarnos de diversas formas si no trabajamos en regular; una
afectación es cuando nos genera ansiedad; esto nos lleva a actuar con impaciencia
y conductas repetitivas o nerviosas; un ejemplo puede ser mordernos las uñas
continuamente. Otra manera en que nos afecta, es cuando la proyectamos hacia
quienes nos rodean, pues muchas veces lo hacemos de forma inadecuada, con ira
o agresividad.
Asimismo, cuando nos encontramos frustrados, muchas veces terminamos evitando
la situación que nos genera está emoción, lo que nos lleva a abandonar la meta que
procuramos alcanzar. Esto va de la mano con la sustitución de actividades, lo que
no siempre es positivo, ya que con frecuencia lo hacemos porque no nos sentimos
capaces de conseguir la primera actividad, no porque realmente queramos hacer
otra actividad. Un sentimiento prolongado de frustración puede llevar a la depresión.
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3. Concepto
Frustración
Según Amsel (1992), este es un estado temporal que resulta cuando una respuesta
no es reforzada o recompensada en relación a la expectativa de recompensa. En
pocas palabras, es la reacción del ser humano al enfrentar una situación donde se
disminuye u omite una recompensa por una acción antes aprendida, por ejemplo:
Cuando el niño hace una tarea y esta acción es reforzada por el profesor, pero de
adulto no logra realizar un proyecto que le dará reconocimiento, la persona
experimenta un sentimiento de frustración.1
Amsel define la frustración o contraste negativo como el estado o respuesta del
organismo que se desencadena cuando un sujeto experimenta una devaluación
sorpresiva en la calidad o cantidad de un reforzador apetitivo, en presencia de
señales previamente asociadas a un reforzador de mayor magnitud (Amsel, 1992).2
1. No alcanzar objetivos: No lograr una meta que se había esforzado por alcanzar.
2. No poder controlar situaciones: No poder cambiar una circunstancia que afecta
negativamente la vida personal.
3. No recibir el trato adecuado: Sentir que no se recibe el respeto o el
reconocimiento que se merece.
4. No sentirse entendido: Cuando se comunican sentimientos, opiniones o
pensamientos, y el otro no los entiende o no los respeta.
1
Consejo, N. (2023). Reaccionar ante la frustración, requiere de inteligencia emocional para evitar que la respuesta escale a la agresividad.
Neighbors’ Consejo.
https://neighborsc.org/la-frustracion-requiere-de-inteligencia-emocional/?lang=es#:~:text=Art%C3%ADculos%20Acad%C3%A9micos-,Re
accionar%20ante%20la%20frustraci%C3%B3n%2C%20requiere%20de%20inteligencia%20emocional%20para%20evitar,respuesta%20esc
ale%20a%20la%20agresividad.
2
Kamenetzky, G., Cuenya, L., Elgier, Á. M., Seal, F. L., Fosacheca, S. E., Martin, L., & Mustaca, A. E. (2009). Respuestas de
frustración en humanos. Terapia psicológica, 27(2). https://doi.org/10.4067/s0718-48082009000200005
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5. Oír críticas o insatisfacciones constantes: El estar expuesto a comentarios
despectivos que descalifican.
6. No tener tempo para uno mismo: El no poder realizar alguna tarea por falta de
tiempo.
7. Impotencia: Cuando uno siente que no tiene el control de la situación.
8. No vivir en plenitud las experiencias: Cuando uno no está a gusto durante algún
evento o situación.
9. No contar con el apoyo necesario: Cuando se necesita ayuda con alguna tarea, y
nadie está dispuesto a ayudar.
10. No poder influir en los demás: Cuando se esperaban algunos resultados, pero
éstos no llegan.3
Frustración laboral
Nos referimos al sentimiento de sentirse vacío, de sentir que el trabajo que uno lleva
a cabo no tiene propósito.
La frustración laboral es uno de los principales males del siglo XXI, además del
estrés, el desequilibrio laboral y personal y el ritmo acelerado de nuestras vidas.
Vamos a ver algunos de los síntomas que se perciben cuando una persona sufre de
este tipo de frustración:
● Cree sentirse bien porque todos los elementos a nivel interno de la empresa y
externo marchan correctamente, pero aun así tiene la sensación de que algo
falta y que debe hacer cambios, lo cual es más difícil de aceptar.
● La persona permanece en su zona de confort, no se quiere mover ni crecer,
no siente motivación en lo que hace o sólo piensa en el dinero.
● No querer salir de casa para ir a trabajar, acaba la semana laboral con
agotamiento y mucho estrés y sigue irritable durante el fin de semana.
Es importante aclarar que esto ocurre sin importar la condición social o el tipo de
trabajo, ya que miles de personas con altos puestos y salarios, se sienten vacíos,
enojados y completamente cansados, sin saber claramente cómo remediarlo.
3
Administrador. (2023). 10 ejemplos de frustración - Ejemplos.com.mx.
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Una de las causas de esta frustración es el desconocimiento sobre quiénes son y
qué están buscando más allá del dinero.
¿Cuáles son las causas de la frustración en el trabajo?
Pueden haber innumerables causas, pero las más frecuentes son:
● La figura del jefe tóxico, aquel que no ayuda a crecer, es negativo, comete
maltrato verbal o emocional, se adueña de ideas, aplica el favoritismo y critica
todo sin motivos.
● Un ambiente laboral dañino donde predominan el estrés, los conflictos, la
comunicación no asertiva y el mal humor de los compañeros de trabajo. En
estas empresas no suele haber flexibilidad, la información no se comparte y
en las reuniones, en vez de diseñar estrategias de trabajo o resolver
conflictos, todos se echan la culpa de todo lo que va mal.
● También hay detonantes como la falta de congruencia entre la persona y lo
que está haciendo. Es cuando abiertamente la persona te dice ‘ya no quiero
hacer eso’. Muchas veces, esto tiene que ver con que ha elegido una carrera
por su prestigio o porque cree que era la indicada y una vez que está en este
ámbito laboral concreto, se da cuenta de que no es lo suyo. (Lic. María Noel
Lucano, 2021).
● El concepto de frustración se define como el sentimiento que se genera en un
individuo cuando no puede satisfacer un deseo planteado. Ante este tipo de
situaciones, la persona suele reaccionar a nivel emocional con expresiones
de ira, de ansiedad o disforia, principalmente.
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● La frustración es el sentimiento de impotencia, decepción, enojo, ira y/o
apatía que acompaña a toda acción o deseo que no llegó al resultado
esperado; es la respuesta emocional ante lo que se vive como un fracaso.
● La frustración es una respuesta de tipo emocional que tiene origen en un
conflicto de carácter psicológico ante alguna circunstancia o evento no
gestionado.
4. Uso y Aplicación.
La frustración son todo de sentimientos que experimentamos las personas como
pueden ser la cólera, tristeza o ansiedad, cuando una expectativa (deseo, proyecto,
ilusión) no se cumple; cuando no recibimos lo que esperábamos.
Las personas tenemos herramientas que nos permiten soportar esta frustración.
Una persona con un nivel de tolerancia a la frustración baja le basta con una
adversidad mínima para enfadarse, entristecerse o angustiarse.
Una persona con un alto nivel de tolerancia a la frustración podrá mantener su
estado de ánimo sin alteración aunque no vea cumplidas sus expectativas.
¿Cómo se manifiesta?
El nivel de tolerancia a la frustración en parte es innato, pero también es susceptible
de aprendizaje. Por eso una persona que de pequeño se enfada y se irrita por todo
lo que le es incómodo, poco a poco, en la medida que va creciendo, puede ser más
capaz de contenerse. En general los bebés tienen la tolerancia a la frustración
mucho más baja (aunque hay diferencias enormes entre cada uno de ellos), y ésta
puede ir aumentando. Y ¿de qué depende que aumente? De si tienen unas figuras
de progenitores que le hacen vivir buenas experiencias y le contienen el malestar; y
si es capaz de conservar estas figuras dentro de él. Esto le dará una seguridad
interna y una imagen positiva de sí mismo, que le permitirá poco a poco ir tolerando
más la adversidad.
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¿Cómo se puede solucionar?
Intentar complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante
cualquier situación, no favorece su desarrollo integral como persona, ya que cuando
sean adultos tendrán que enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de
fracaso. Para conseguir que el niño tolere la frustración, los padres deben evitar la
sobreprotección y no abusar de la permisividad. Es decir, no ceder ante cualquier
requerimiento del niño, de forma que éste siempre consiga lo que quiere y nunca se
enfrente a situaciones negativas, problemáticas o frustrantes.
La mayoría de los métodos de frustración implican disminuciones u omisiones de
reforzadores, demoras de recompensas, interrupción de tareas reforzantes por sí
mismas o porque traen como consecuencia recompensas, realización de pruebas
difíciles o irresolubles con distintos grados de presión social, exclusión social e
interrupción de juegos de entretenimiento o de videos. Los reforzadores más
utilizados se pueden clasificar en: primarios (alimentos, afecto), o secundarios
(dinero, entretenimientos y sociales), que se presentan solos o combinados.
Para evaluar los efectos de la frustración se utilizaron medidas conductuales,
fisiológicas, imágenes cerebrales e informes verbales. Además, en algunos casos
se midieron características generales de los sujetos. En los primeros trabajos se
intentaba replicar en humanos el efecto encontrado en otros animales. Por ello, se
utilizaron medidas dependientes similares a las de dichos estudios, tales como
tiempo de reacción o de latencia. Ahora se agregaron expresiones faciales,
rendimiento, enojo, etc. Entre las medidas fisiológicas, se hallan la tasa cardíaca,
presión arterial, respuesta galvánica de la piel, etc., que reflejan la activación
emocional del individuo aún cuando para el sujeto es imperceptible. Sin embargo,
estos tipos de registros fisiológicos no pueden diferenciar la tonalidad de la emoción,
es decir, si se trata específicamente de frustración, enojo o alegría, ya que la
activación simpática es la misma en todas ellas (Scheirer, Fernandez, Klein &
Picard, 2002).
La mayoría de las teorías consideran que la frustración se asocia con respuestas
conductuales, emocionales, psicofisiológicas y neurales similares o idénticas a la
presentación de estímulos aversivos o su anticipación, por lo que se la considera un
modelo de estrés y dolor psicológico (Amsel, 1958; Gray, 1987; Gray &
McNaughton, 2000; Konorsky, 1964, 1967; Mustaca, 2013; Papini, Fuchs & Torres,
2015). Según Amsel (1992), la omisión o disminución sorpresiva de un reforzador
positivo provoca activación o potenciación de cualquier comportamiento que le sigue
inmediatamente al evento frustrante, llamado efecto de frustración (EF).
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Se trata de una reacción incondicionada, aversiva, llamada frustración primaria, que
ejerce un efecto motivacional parecido al drive o arousal. Es este estado lo que lleva
a los animales a recorrer el laberinto más rápido (Amsel & Roussel, 1952), ambular
más, pararse en dos patas, escapar, etc., cuando se omite o disminuye un
reforzador y respuestas neurales semejantes al dolor y estrés.
Después de esta primera reacción, se produce un proceso de condicionamiento de
las respuestas anticipatorias de la frustración primaria, llamada frustración
secundaria o condicionada. Las respuestas que provoca son de conflicto y
ansiedad, debido a que los estímulos están asociados con dos tipos de respuestas:
apetitivas y aversivas. Finalmente, los animales suelen adaptarse y responder, como
los sujetos, con controles no expuestos a situaciones de frustración.
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Conclusión
La frustración es una emoción intrínseca a la experiencia humana, una compañera
constante en nuestro viaje a través de la vida. Como hemos explorado en este
ensayo sobre la investigación de la frustración, esta emoción compleja puede
manifestarse de muchas formas y tener un impacto significativo en nuestra salud
mental, relaciones y desempeño en diversos ámbitos.
Hemos examinado las causas de la frustración, destacando la importancia de las
expectativas no cumplidas, los obstáculos inesperados y la percepción subjetiva de
la situación como factores desencadenantes. También hemos identificado sus
consecuencias, desde la ira y la tristeza hasta la toma de decisiones impulsivas y la
influencia en el rendimiento académico y laboral.
La frustración puede ser un maestro desafiante, pero también puede ser un
catalizador para el crecimiento personal y el desarrollo de habilidades de
afrontamiento. Al abrazar esta emoción y aprender a trabajar con ella, podemos
transformar la frustración en una fuente de aprendizaje y empoderamiento, y seguir
adelante en nuestro viaje con mayor resiliencia y determinación.
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Referencias
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Lic. María Noel Lucano | Capacitaciones - Coaching - Consultoría.
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