¿QUÉ ES LA SALUD MENTAL?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es “un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y
puede hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad”. Es una definición en sentido positivo
según la cual la salud mental es el fundamento del bienestar de cada persona y del funcionamiento eficaz de la comunidad.
La salud mental y el bienestar son fundamentales para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar
con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida.
La salud mental concierne nuestro bienestar emocional, psicológico y social.
Afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando afrontamos las situaciones de la vida. También ayuda a determinar cómo
manejamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones.
La salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia hasta la adultez
Las actividades de promoción de la salud mental de las personas adolescentes van destinadas a fortalecer su capacidad para regular sus
emociones, potenciar conductas alternativas a los comportamientos de riesgo, desarrollar la resiliencia ante situaciones difíciles, es decir, la
capacidad de superar adversidades.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA SALUD MENTAL?
La buena salud mental es importante para: Hacer frente a los problemas de la vida. Sentirse saludable y tener relaciones sanas. Ser un aporte
para la comunidad y trabajar en forma productiva. Alcanzar el propio potencial.
¿QUÉ CAMBIOS OCURREN EN EL CEREBRO ADOLESCENTE?
La adolescencia es un periodo de maduración cerebral y reorganización de las conexiones. Tiene lugar el recorte de las conexiones no usadas y
el fortalecimiento de las más usadas. La parte frontal, en concreto la llamada corteza prefrontal, es la que más tarda en madurar. Esta
maduración prefrontal va a suponer avances cognitivos importantes: control de impulsos, pensamiento abstracto, planificación, planteamiento
de hipótesis, es decir el surgimiento del pensamiento formal (diferencia entre lo ideal y lo posible, pensamiento deductivo, intelectualización,
pensar sobre lo que uno piensa). Puesto que aún está en proceso de desarrollo, la persona adolescente puede mostrar comportamientos
arriesgados sin medir bien las consecuencias. Con el tiempo se pasa de una mayor sensibilidad a la recompensa inmediata a retrasar la
gratificación y esperar recompensa a más largo plazo. El estrés puede aumentar el desequilibrio entre el circuito de la recompensa y el circuito
prefrontal.
El cerebro adolescente tiene mucha plasticidad, es decir puede cambiar en función de la relación con el entorno, por eso son muy importantes
las actividades creativas, pues ayudan a madurar y aprender.
¿QUÉ CAMBIOS OCURREN EN LA IDENTIDAD DE LA PERSONA ADOLESCENTE?
La identidad de la persona adolescente se va configurando poco a poco. Hay cuatro hitos a alcanzar en la adolescencia: independencia de las
figuras parentales, aceptación de la imagen corporal, integración en la sociedad a través del grupo, y consolidación de la identidad. El
desarrollo de la identidad va a depender de la superación favorable de los cuatro estadios previos del ciclo vital del ser humano (infancia, niñez
temprana, edad del juego, y edad escolar), de la misma manera que el buen desarrollo de la identidad adolescente va a influir posteriormente
sobre los estadios post adolescencia (juventud, adultez, vejez) para que éstos a su vez se desarrollen de forma favorable.
¿EL CEREBRO ADOLESCENTE ES MÁS SUSCEPTIBLE AL ESTRÉS? ¿CÓMO DISTINGUIR ENTRE LA CRISIS DE LA ADOLESCENCIA Y LOS
TRASTORNOS MENTALES?
Debido a que el cerebro todavía está en desarrollo, la juventud puede responder al estrés de manera diferente que las personas adultas.
Algunas manifestaciones de la adolescencia no constituyen una enfermedad sino un proceso evolutivo (adaptativo). El diagnóstico diferencial
entre la normalidad (crisis normal de la adolescencia) y el inicio de un trastorno psicopatológico es una tarea importantísima y se basa
fundamentalmente en la intensidad de los síntomas, frecuencia, duración (más allá de un mes de forma persistente) e interferencia con el
desarrollo de actividades académicas, familiares, sociales y de ocio habituales.
Los cambios continuos en el cerebro, junto con los cambios físicos, emocionales y sociales, pueden hacer que las personas adolescentes sean
más vulnerables a problemas de salud mental. Por eso, es importante prestar atención consciente a las señales de alarma (ansiedad,
irritabilidad, entre otras) que indican que hay que cuidar la salud. Es necesario dormir más de 8 horas, tener una alimentación equilibrada y
hacer ejercicio físico, evitando consumo de sustancias que han demostrado ser neurotóxicas (alcohol y cannabis entre otras).
¿CÓMO PUEDO IDENTIFICAR O DETECTAR QUE TENGO UN TRASTORNO O PROBLEMA DE SALUD MENTAL?
Un trastorno mental se caracteriza por la alteración significativa en alguna o varias de las funciones mentales: emociones (lo que sentimos),
percepciones (la interpretación de las señales que entran a través de los órganos de los sentidos), cogniciones (lo que pensamos), conducta
(cómo nos comportamos) y relaciones interpersonales. El trastorno se produce cuando estas alteraciones afectan al funcionamiento habitual
de la persona, aparecen síntomas y señales, algunas de las cuales se indican a continuación:
Tristeza, malestar, angustia, que interfiere con la capacidad de estudiar, trabajar o relacionarnos.
Cambios bruscos en el estado emocional (pasar de la felicidad a la tristeza de forma rápida y sin motivo aparente) o, lo contrario, tristeza o
euforia constante que no se modifican por las circunstancias del entorno. Nerviosismo sin una explicación aparente. Disminución del interés
por las actividades cotidianas, apatía, tendencia al aislamiento.
Abandono de hábitos previos, como la higiene, alimentación, paseos o actividades de ocio. Cambios en el sueño, por exceso o defecto.
Problemas con la atención y concentración Dificultades para mantener un pensamiento coherente, con saltos de un tema a otro, sensación de
irrealidad o desconexión de sí mismo.
Sensación de que la gente está en contra, habla o se ríe de ti. Sensaciones extrañas, como oír a alguien que te habla estando solo.
Debe aclararse que no todos estos síntomas o señales tienen que darse a la vez y por el contrario, la sola presencia de uno de ellos no significa
trastorno. La combinación de varios, en grados inquietantes que dificulten la vida normal de una persona, sí puede indicar el desarrollo de
problemas mentales.
¿CÓMO PODEMOS CONTRIBUIR A MANTENER UNA BUENA SALUD MENTAL?
Mantenerse en buena forma física, alimentarse de forma saludable y dormir suficiente. Hacer deporte. La actividad física potencia los cambios
positivos en el cerebro de las personas adolescentes, a través de la liberación de neurotransmisores, del factor neurotrófico cerebral (BDNF)
que es un factor protector, y de las endorfinas. A nivel psicológico influye el factor social, la persona se siente parte de un grupo. Se
recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física vigorosa. Meditar o practicar relajación. Conectar con los demás, fomentar
intereses y red social. Elegir la actitud que adoptar en la vida: Aceptación y compromiso con el propio bienestar y con nuestros valores:
Desarrollar un sentido de significado y propósito en la vida. Desarrollar habilidades para enfrentar problemas. Obtener ayuda profesional si lo
necesitas.
¿QUÉ PUEDE DESENCADENAR UN PROBLEMA DE SALUD MENTAL?
La salud mental de las personas está determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos.
Existen factores predisponentes, por ejemplo, las presiones socioeconómicas, la pobreza y el bajo nivel educativo, las condiciones de trabajo o
estudio estresantes, la discriminación de género, la exclusión social, los modos de vida poco saludables (consumo de alcohol y otras sustancias
adictivas, falta de ejercicio, mala alimentación), y mala salud física, los riesgos de violencia y violaciones de los derechos humanos.
También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales.
Por último, algunos trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de
desequilibrios bioquímicos cerebrales.
Entre los factores desencadenantes se encuentran los llamados acontecimientos vitales estresantes negativos que requieren adaptación a
dichas circunstancias, como el fallecimiento de un progenitor, ingreso por enfermedad, separación de los progenitores o ruptura de pareja. El
efecto es mayor si se acumulan varios de ellos.
¿AFECTAN A TODAS LAS PERSONAS POR IGUAL LOS FACTORES DESENCADENANTES?
Los factores desencadenantes no afectan a todas las personas por igual. Se habla del modelo de las cuatro ‘P’ de comprensión de las
enfermedades mentales, porque las manifestaciones dependen de la interacción cuatro dimensiones: 1) Factores Predisponentes, 2) factores
Precipitantes, 3) factores Perpetuadores, 4) factores Protectores. Por tanto, para contrarrestar los efectos de los factores de riesgo, conviene
reforzar los factores protectores, como el apoyo social y familiar, la autoestima y el apoyo del grupo de iguales. En caso de que esto no exista,
se puede buscar una figura de confianza.
¿ES CIERTO QUE UNA PERSONA CON UN TRASTORNO MENTAL PUEDE SER VIOLENTA O AGRESIVA?
La violencia, es decir el comportamiento que puede causar daño o miedo a los demás, está presente en muchos lugares de la sociedad y la
gran mayoría de las veces no está relacionada con los trastornos mentales. Son muy importantes los aspectos socioculturales y del entorno
que contribuyen a crear un clima que fomenta la violencia y son esos los aspectos que debemos cuidar de forma colectiva. Es cierto que el
consumo de sustancias tóxicas, como el alcohol o los estimulantes, pueden llevar a perder el control o inducir estados de agitación. Por eso es
importante evitarlas. No existe un único factor, pero el mito de la enfermedad mental asociada a la violencia hay que desterrarlo. Son muchas
más las personas con trastorno mental que tienen miedo y no se integran en la sociedad. Se debe hacer el esfuerzo por entender que las
personas con trastorno mental pueden hacer una vida normalizada en la comunidad y favorecer su inclusión social.
¿Cómo mantener el equilibrio una persona que se enfrenta a una situación de adversidad?
Todas las personas atravesamos momentos difíciles a lo largo de nuestra vida. En esos momentos es normal sentir emociones negativas, como
tristeza, ansiedad o ira y es beneficioso expresarlas con palabras a través de la familia, amistades, o bien escribirlas. De esta forma, las
emociones se hacen más conscientes y es más fácil deshacer esos ‘nudos’ emocionales. Poner palabras a lo que sentimos ayuda a conectar
emociones con pensamientos y librarnos de aquellos que detectamos que están distorsionados por ser catastróficos o demasiado
generalizadores. Si relatamos o expresamos la situación adversa estamos más cerca de aceptarla y seguir adelante. Siempre podemos elegir la
actitud que adoptar; sentirse víctima o culpable de las cosas no ayuda, pero cada cual necesita su tiempo para asimilar las circunstancias.
La creatividad es una buena forma de canalizar las emociones: escritura, música, pintura, un baile, deporte o teatro.
Confía en ti, busca los propósitos que tienes, cómo te gustaría estar a largo plazo e identifica objetivos a corto plazo, pequeños y alcanzables.
Cada paso puede ir fortaleciéndote. Ser vulnerables nos hace personas, y como personas debemos aceptarnos y cuidarnos.
Haz tu propio plan de recuperación personal, identificando los apoyos que tienes, y que es lo que te ayuda en los momentos más difíciles.
Muestra gratitud hacia los aspectos positivos que te acompañan, eso suele reconfortar.
Si es posible, intenta potenciar el sentido del humor, es un recurso que ayuda a veces.
El pertenecer a un grupo, una asociación que comparta valores solidarios, es con frecuencia un refuerzo añadido.
Si todo esto no funciona, pide ayuda a tus padres, profesores, orientadores u otra persona cercana, incluso ayuda profesional.
Si estoy pasándolo mal, ¿cómo puedo mejorar mi estado de salud mental?
Es muy importante aprender a cuidarse, pero también aprender a detectar señales de alarma que me indican que debo que pedir ayuda.
Algunas ideas de cosas que contribuyen al autocuidado:
- Contar con otras personas: compartir, hablar con alguien de confianza. - Realizar ejercicio físico: en casa, en el polideportivo, al aire libre,
bailar- Disfrutar de actividades al aire libre. - Cuidar la alimentación y el sueño. Evitar el consumo de sustancias tóxicas para el cerebro
(alcohol, cannabis u otras)- - Reír con amigos o hacer actividades agradables. - Hacer actividades creativas o de voluntariado.
- Hacer relajación, mindfulness, ejercicios de regulación emocional escuchando un audio. La regulación emocional consiste
fundamentalmente en conocer e identificar las emociones, pararse ante una emoción intensa, llevar la atención a la respiración, percibir las
sensaciones corporales de tensión y aceptarlas. A partir de ahí, conectar con la parte de uno mismo que aún se mantiene sana, reconocerse
como digno de ser amado y cuidado, primero por uno mismo. Soltar y dejar ir las emociones intensas “tengo una emoción, pero no soy la
emoción”. No enredarse con los pensamientos que la alimentan. Reconocer los pensamientos, sin luchar contra ellos, pero dejándolos ir.
- Tomar tiempo para darse un baño u otra actividad relajante, sin prisa. - Hacer actividades manuales.
Las señales de alarma son: el miedo intenso y desproporcionado a las situaciones, ansiedad desbordante y desesperanza o sensación de que
‘no hay salidas’. El miedo, ansiedad y tristeza son emociones que todas las personas sienten en algún momento y que nos sirven como alerta
de que algo no va bien en nuestra relación con nosotros mismos y nuestro entorno. Indican que hay que parar y entender que nos ocurre,
identificar qué factores nos afectan y cuales nos ayudan a salir de la situación. Pero puede ocurrir que por nosotros mismos no alcancemos a
entender o en ese momento no contemos con todos los recursos para salir solos. En esas circunstancias, lo más importante es pedir ayuda.