Confirmaciones 2023
Confirmaciones 2023
Estimados Jóvenes:
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El día de hoy inicias un camino de crecimiento personal y espiritual, el cual ha de culminar con tu enrolamiento
en el ejército del Señor como un SOLDADO DE CRISTO. En toda comunidad para que haya un correcto
desarrollo y una sana convivencia es necesario crear reglas, las cuales debemos de asumir con una
convicción de que estamos aquí por seguir a Cristo, no por obligación impuesta por terceros.
Las reglas deberán cumplirse de una manera estricta, acatándolas con amor y responsabilidad.
Aquel hermano que violente alguna regla podrá ser sancionado y si se cree conveniente se dará de baja
del curso, aplazando así la recepción del sacramento. Las reglas son las siguientes:
1. Amaras a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. (Lucas 10, 27).
a. Guardar respeto por la casa de Dios y las celebraciones litúrgicas.
b. Respetar las instalaciones y mantener limpio, bancas y baños del salón.
c. Guardar respeto por tu hermano, si tú no estás dispuesto a vivir el encuentro con Dios,
no seas piedra de tropiezo para otros.
d. Deberás mostrar una actitud positiva y proactiva durante el curso, muestra todo tu
ímpetu en tu equipo de vida.
e. Sanción: llamada de atención por parte de los coordinadores y se te pedirá que
ayudes con la limpieza del salón.
2. La documentación propia y de los padrinos deberá ser entregada en los plazos que se pidan.
a. Documentación propia: en los primeros 4 domingos del curso, fecha límite.
b. Documentación de los padrinos
i. Sanción: si la documentación no es entregada en el tiempo señalado no
podrás recibir el sacramento. Ya que se necesita con esa anticipación para
elaborar tu constancia.
3. A lo largo del curso solo son tolerables 3 faltas.
a. Las faltas por enfermedad o por alguna situación familiar realmente grave, deberán ser
justificadas por sus padres o con comprobante firmado debidamente por tu padre o tutor.
b. Los permisos serán concedidos si la situación en realidad lo amerita.
c. Sanción: si llegase a existir una cuarta falta sin justificación, será acreedor de
baja definitiva del curso.
4. La tolerancia para el inicio del curso será únicamente de 15 minutos.
a. Sanción: Aquel que llegase a llegar después de los 15 minutos será acreedor de
un retardo, 4 retardos serán equivalentes al aseo de salon.
5. Deberás cumplir fielmente con las actividades que se te pida realizar. Las cuáles serán las
siguientes, sujeto a cambio que sean más de las aquí estipuladas:
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Fraternalmente.-
Coordinador General.
“Animo, levántate, el Maestro está aquí y te llama” (Mc 10, 46-52; Jn 11, 17-32)
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Índice
Organiza tu horario durante el día, de manera que la Santa Misa sea una prioridad en tu
vida.
Nunca llegues tarde al templo. Procura estar cinco minutos antes y no un minuto
después. Llegar temprano te sirve para centrar tu concentración, hablar, y escuchar a Dios.
Siéntate lo más adelante posible, para que nada distraiga tu atención y disfrutes este gran
banquete en comunión con tus hermanos. El sentarse atrás, dejar espacios, o quedarse de pie,
pudiendo sentarse, indica el poco valor que le estás dando a este momento tan especial.
Participa en la celebración. Si hay que cantar, canta. Si hay que levantar los brazos, levántalos. Si
hay que arrodillarse, arrodíllate.
Si cantas, fíjate lo que dice la letra. Siente como el canto nace en el corazón y termina en la
expresión. No te fijes si cantas bien o mal. Alabar al Señor con tu voz, eso es lo que cuenta.
Cuando escuches la Palabra de Dios, que todo tu ser esté atento a recibir su mensaje. Recuerda
que tu misal es muy importante para ir siguiendo la lectura.
La homilía del sacerdote es muy valiosa para entender la Palabra de Dios. Escúchala con atención.
En los silencios, no pienses en qué vas a hacer saliendo de Misa. Recuerda también que el
ofertorio y la comunión NO son intermedios, por lo tanto, no platiques o te distraigas.
Entra dentro de ti para dar gracias a Dios o pedirle perdón.
Permanece en el templo hasta el último momento. No te salgas del mismo sin haber recibido la
bendición. La Santa Misa termina con el canto de salida.
Comparte eso que hoy has recordado. Muchos no valoran la Santa Misa y talvez no sea con mala
intención. Simplemente, desconocen estos principios.
Pero sobre todo, VIVE intensamente la Santa Misa. ¡Qué dignidad tan grande el ser invitado,
merecidamente o no, a la Casa y a la Mesa del Señor!
Cada Domingo, el templo del barrio o del rancho, la catedral o la capilla, abre sus puertas para acoger a
los cristianos que van a la Misa. Unos cumplen con una obligación que desde niños aprendieron de sus
padres. Otros se dan cuenta que van a celebrar. Hay muchas formas de manifestar su fe o su
religiosidad. Todas esas manifestaciones reflejan una actitud interior, muy persona.
Hay cristianos que se preguntan para qué sirve la Misa. Otros la asumen como una rutina más
que hay que realizar. Pasado el cumplimiento, la vida sigue con toda su normalidad. La misa no ha
dejado su huella. Los hay también que, si van a celebrar la Misa con gozo, con ilusión. Y sin ella, el
Domingo no tiene sentido. Ni los días de la semana. Ni su trabajo. Ni la convivencia familiar. Cuando, por
algún inconveniente no la celebran, no se sienten bien. ¡Algo les faltó ese Domingo!
La Misa, desde luego que no reporta ninguna ventaja económica. Tampoco nos remedia otros
problemas: la enfermedad, las desavenencias familiares, la injusticia social, etc. Por participar en la Misa,
no se arreglan muchos problemas.
Pero la Misa tiene otro valor extraordinario: experimentamos el gran amor que Dios nos tiene y
nos regala en su Palabra y en su Hijo en la Eucaristía. Y, si lo vamos aceptando y dejándonos cambiar por
este inmenso amor del Señor, entonces nuestra vida cambiará para bien y felicidad nuestra. No
podemos devaluar la excelencia de la Misa, buscando una respuesta material o psicológica a una
pregunta como la del título de esta reflexión. El amor, ¿para qué sirve? ¡para nada y para todo! Lo
mismo la Misa, que nos lleva a la profunda experiencia y transformación desde el amor de Dios.
¿Qué supone para mí la Santa Misa? Los mártires de Abitinia de los primeros tiempos del
cristianismo ante el tirano, que los amenazaba de muerte, decían claramente: “El Domingo no podemos
dejar la Santa Misa”. Y esta les costó la vida. ¿Nos dice algo este testimonio? ¿Pasa algo en nuestra vida
si dejamos la Misa el Domingo?
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El Templo
El templo es el edificio que la Iglesia destina para la celebración de actos del culto público. Es la casa
de Dios que representa la unión mística de Cristo con su Iglesia, en él somos convocados para
alimentarnos, crecer y vivir en Cristo.
Así pues, el templo, por su consagración es una representación de la Iglesia, edificio vivo
formado por los bautizados que están íntimamente unidos a Cristo, su cabeza.
Entre algunas de las partes que integran el Templo, se encuentran las siguientes:
ÁREA CELEBRATIVA
Se le llama así porque es el lugar propio donde desarrollan su función sagrada los presbíteros. Se
construye un poco elevado en relación con el cuerpo del Templo.
ALTAR
Del latín Altus = lugar elevado. Plataforma, mesa, destinados para el sacrificio.
En él se lleva a cabo el Santo Sacrificio de la Misa y es el lugar más sagrado del templo. Simboliza
a Cristo mismo, quien es al mismo tiempo Víctima, Sacerdote, y Altar, ya que, en Él mismo, se llevó a
cabo el sacrificio redentor.
SEDE
AMBÓN
Del griego, borde o lugar elevado. Es también considerado como un “altar de la Palabra”, es el
lugar desde el cual se proclama la Palabra de Dios.
Desde ahí se proclaman las lecturas, se dirige la salmodia, la oración de los fieles y la homilía.
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SAGRARIO
Del latín, lugar sagrado. Urna donde se conserva la Eucaristía para la adoración de los fieles y para
ser llevada a los enfermos. Se recomienda tenerlo en un lugar destacado, digno e inamovible dentro del
templo o en una capilla anexa (Capilla del Santísimo). Se señala el lugar con una lámpara prendida,
llamada tercerilla.
CREDENCIA
Es una mesa en la que se disponen los elementos que se usan en la Misa; el cáliz, el copón, las
vinajeras, el lavamanos, el incienso, etc.
CORO
Es el lugar que ocupa el grupo de cantores, puede estar situado al fondo a un nivel más alto, o a
un lado del área celebrativa.
CONFESIONARIO
SACRISTÏA
Lugar especial, dentro del Templo y cercano al altar. Ahí se guardan los objetos que se utilizan
en la Liturgia (vestimenta, vasos, libros e instrumentos propios del culto).
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Objetivo:
Que el joven, partiendo de su interior, analice, valore, y descubra su realidad como persona:
dónde está situado y hacia dónde va, y así continuemos nuestro proceso de crecimiento y madurez.
Pero, ¿Quién soy? Esta no es una pregunta que nos hacemos con
frecuencia, sin embargo, si es frecuente que se nos pregunte “¿quién
eres?” ¿Cuál es en estos casos, la respuesta? Decimos nuestro nombre, o
profesión, u ocupación, o grado de parentesco o relación con alguien: “el
hijo de tal”, “la amiga de aquel”, “el hermano de ella”, etc. El problema es
que ninguna de estas respuestas acierta con la pregunta. Seguimos sin
decir “Quien soy”, ¿Por qué pasa esto? Porque estamos acostumbrados a
que somos lo que otros ven, o lo que queremos
aparentar, y que nuestra identidad depende de qué tenemos, qué hacemos, dónde estamos, con quién
estamos.
Para ser honestos con uno mismo se debe buscar una mayor consciencia de la forma en que se
procede y acepta la responsabilidad de las decisiones y comportamientos propios.
Se debe tratar de saber quién se es en realidad, en vez de intentar decirnos quién se debería ser.
Preguntarse, ¿por qué se prefiere usar esa “máscara” de sí mismo? Debido a que, por lo general, se
ensaya la actuación todos los días, poco a poco se va perdiendo el contacto con la persona que en
realidad se es. Ya no es fácil saber dónde termina la representación y donde comienza el verdadero yo.
Esto ocurre por la tendencia de creer que “lo que hayo o tengo va a definir y determinar qué es
lo que soy”. Pero la realidad es completamente al revés: “Lo que yo sea, lo que yo crea y entienda que
soy, va a determinar y definir lo que haga e incluso lo que tenga”.
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1. Los sentidos reúnen cada día un millón de bits de información. Parte de la autoconsciencia es
volver al humano más consciente o enterado de estas sensaciones.
2. Después organizar estas sensaciones en percepciones mentales e ideas.
3. De las percepciones devienen las emociones de alegría, gozo, placer, coraje, tristeza, etc.
4. Luego existe la cuestión de los motivos. En psicología se dice que todo lo que se hace es por
alguna razón, pero con frecuencia esa razón se nos oculta a la consciencia.
5. Pero sucede en cada uno, los procesos son diferentes; algunos están más controlados por los
sentimientos; otros por percepciones, motivos intelectuales, por la programación; o por
experiencias del pasado.
6. Finalmente, cada uno prefiere expresar estas decisiones internas de manera diferente. Por
ejemplo: tal vez en mi interior yo decida seguir guardando rencor contra usted. Luego, elijo
expresar esta decisión interna negándome a hablar con usted.
Se trata de un contexto general, conocer las partes que conforman el yo, conociendo el porqué del
cómo se actúa y se siente, permitiendo al ser humano orientarse hacia el desarrollo y hacia una
personalidad más unificada.
No es suficiente ser sinceros, se requiere ser honestos; soy sincero cuando digo y expreso lo que
siento, pero ser honesto significa tomar consciencia de lo que ha originado mi sentimiento; y de ellos,
por lo general, no lo hablamos.
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1. ¿Me gusta ser el eje de todo? 31. ¿Opino que cada quien se rasque con sus uñas?
2. ¿La gente me dice que mi modo de ser es un 32. ¿Calumnio al otro para herirlo?
tanto agrio? 33. ¿Procuro todo lo que me da placer?
3. ¿Me dominan los instintos? 34. ¿A veces me gusta una carrera y a veces otra?
4. ¿Ordinariamente soy inconstante? 35. ¿Mi paz personal está por encima de todo?
5. ¿Me disgusta que me molesten? 36. ¿Dependo económicamente de otros?
6. ¿Mi ley es la del menor esfuerzo? 37. ¿Mantengo amistades por conveniencia?
7. ¿Procuro ocupar lugares estratégicos de 38. ¿Creo que no hay verdaderos amigos?
influencia? 39. ¿Creo que con dinero todo se puede?
8. ¿Creo que esta vida no vale la pena? 40. ¿Siempre opino como los demás?
9. ¿Para mí, lo más importante es el dinero? 41. ¿Sólo me junto con quien puede sobresalir?
10. ¿Me disgusta que me pongan a pensar? 42. ¿Grito fácilmente cuando me enojo?
11. ¿Me gusta que le me alaben? 43. ¿Mi sexualidad está fuera de control?
12. ¿Cuándo menos pienso hiero a los demás? 44. ¿Fácilmente cambio de novio(a)?
13. ¿Me encanta la comodidad? 45. ¿Opino que cada uno resuelva sus problemas?
14. ¿Creo que lo mejor es no meterse con nadie? 46. ¿Anhelo vivir de mis rentas?
15. ¿A mí me importa poco la vida de los demás? 47. ¿Si puedo doy mordida para evitarme problemas
16. ¿Me las averiguo para obtener cosas sin que me y dificultades?
cuesten? 48. ¿Los demás siempre andan viendo
17. Si puedo, ¿manipulo a los demás? cómo perjudicarme?
18. ¿Percibo muy fácilmente lo negativo de todo? 49. ¿Despilfarro en todo lo que me gusta?
19. ¿Sólo le entro a lo que me deja dinero? 50. ¿Creo que soy dependiente de los demás?
20. ¿Pido opinión para todo? 51. ¿Andar a la moda es clave para mí?
21. ¿Me las ingenio para que otros sirvan? 52. ¿Me es más fácil arreglármelas por mis fuerzas?
22. ¿Si es necesario vengarme, lo hago? 53. ¿Acostumbro ver o leer pornografía?
23. ¿Rechazo cualquier sacrificio? 54. ¿Con frecuencia no termino lo que empiezo?
24. ¿Cambio fácilmente de trabajo? 55. ¿Procuro estar “ocupado” para que no me
25. ¿Me disgusta meterme con los demás porque molesten?
luego se meten conmigo? 56. En clase, ¿repito como el perico?
26. ¿Suelo pedir ayuda para hacer o copiar 57. ¿Me considero oportunista?
las tareas? 58. ¿Soy desconfiado de todo?
27. ¿Me gusta siempre quedar bien con los 59. ¿Desconfió de los pobres?
superiores? 60. ¿Rechazo cualquier cargo?
28. ¿Mi vida es muy desgraciada? 61. ¿Me preocupo mucho de mi arreglo personal?
29. ¿Procuro sacar dinero de todo? 62. ¿Soy más bien intransigente?
30. ¿Hago todo lo que me dicen mis superiores? 63. ¿Cuento chistes colorados y vulgares?
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64. ¿Sólo me gusta lo “bonito” de cada situación? 83. ¿Busco más a la persona que me brinda
65. ¿Me gusta más la soledad? sensaciones placenteras?
66. ¿Suelo ser perezoso? 84. ¿Me cuesta apoyar huelgas y cualquier clase
67. ¿Me relaciono con las personas que más me de protesta?
conviene y no con quienes más me convence? 85. ¿Me cuesta mucho pedir ayuda?
68. ¿Recuerdo bien todos los agravios que me 86. ¿Soy bueno para pedir que todo me hagan de
han hecho? favor?
69. ¿La riqueza es el trofeo de la audacia y 87. ¿A veces traiciono a los compañeros para
el trabajo? quedar bien con los jefes?
79. ¿Creo que la pobreza se debe a la ignorancia y 97. ¿Interpreto las leyes a mi conveniencia?
vicios? 98. ¿Pienso cuidadosamente la forma
80. ¿Creo que soy alguien común y corriente? de desquitarme?
81. ¿Puedo seducir al otro sexo, pero me cuesta 99. ¿Sólo me casaría con alguien de dinero?
llegar a amarlo? 100. ¿Mi voto siempre apoya a la mayoría?
82. ¿Soy celoso y posesivo de la persona que quiero?
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Cuenta todas las respuestas en las que respondiste “SÍ”, según el número en que terminen y
grafícalos en las columnas correspondientes. La columna con mayor porcentaje corresponde a tu
proyecto dominante.
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
profesor es de su aprecio si recibe de él halago o adulación. Como el pavo real, de cabeza pequeña y pluma
exuberante, es el prototipo de la vanidad. Su anhelo es lucir. Vive pendiente de su figura, esclavo de la moda,
de las apariencias narcisistas. Dedica grandes ratos a su arreglo personal y todas las mañanas platica
extensamente con su mejor amigo: el espejo, de quien oye complacido los más tiernos piropos. Se arregla
para agradarse a si mismo o por el placer que le despierta una mirada ajena. Guarda la secreta preocupación
de llamar la atención de los demás. En el campo del amor tiene a juzgar y a seducir al otro sexo al que busca
en la medida de sus propias satisfacciones. Es incapaz de entregar el corazón y de
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experimentar la emoción del auténtico amor. Sus raíces son la soledad y la tristeza de no poder amar.
Enamorado de si mismo, su suerte es como la del Joven Narciso: ser víctima de su propia imagen.
Proyecto 2: Tigre
puños o con los gritos. Coloca la personalidad en la fuerza física o en la contundencia de los argumentos.
En el impera la ley de la selva. Intransigente, inflexible, dominante y autoritario se cierra completamente
al dialogo. Celoso, acaparador y posesivo en el campo del amor. Hunde a los otros para sobresalir él.
Competidor y envidioso, se entristece con el bien ajeno. No presta favores, porque los considera como
la ocasión de perder su dominio.
Proyecto 3: Escarabajo
disciplina de ninguna clase. Amigo de la vida de confort. Puede convertir el licor, el juego, el sexo, la
droga o cualquier otro vicio en los recursos ordinarios de su afán de buen servir. Su sexualidad está
desintegrada y descontrolada. Para él el amor se identifica con la sensación placentera o con la
excitación corporal del momento. Busca saciarse enfermizamente en lecturas, conversaciones, chistes,
revistas, películas, bailes, personas. Es el hombre “morbo” y del doble sentido.
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Proyecto 4: Mariposa
comienzos, enseguida cede al esfuerzo, a la rutina o al compromiso, es el hombre que no opina, que no
sale en defensa de los derechos de nadie, que no separa a los que pelean, que no se adhiere a las justas
protestas, que nunca se siente aludido cuando piden colaboración. Para él, todo eso es complicación. Es
el que se lava las manos a la hora de los problemas. Es el que pretende hacer justicia con componendas
inútiles.
Proyecto 5: Caracol
personales están por encima de todo. Es el que dice frecuentemente: “allá cada uno con su problema, a
mí que me dejen en paz”, o el que coloca en la puerta de su habitación el letrero de un eterno
“ocupado”. Su aislamiento lo disimula con la lectura, la música o con alguna otra actividad solitaria.
Cobarde para enfrentar los problemas se envuelve en su caparazón en espera de que estos se alejen.
Dado a todo tipo de evasiones.
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Proyecto 6: Zángano
rentas. El hijo de “papi”, el que se sorprende frecuentemente con este pensamiento: Mis padres
trabajaron tanto, que yo nací cansado. El perezoso, desprogramado y perdedor del tiempo.
Proyecto 7: Pulpo
no es más que un disfraz para alcanzar sus secretos intereses personales. Recurre a la hipocresía, al
soborno y al chantaje de cualquier tipo para lograr sus objetivos. No se sitúa en el grupo que más le
convence, sino en el que más le conviene. Cambia de camisa o de color como el camaleón, según su
conveniencia personal. Es oportunista, “barbero”, “calculador”, “mordelón”, sagaz y amigo de las
influencias y palancas. Celoso de mantener privilegios y defensor acérrimo de las leyes, a las que
interpreta y acomoda a su antojo, aun cuando estas atenten contra los derechos fundamentales de la
mayoría.
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Proyecto 8: Erizo
saca sus espinas como el mejor mecanismo de defender su encastillamiento. Ve enemigos por todas
partes y se siente perseguido y víctima de la maldad ajena. En cada palabra o gesto descubre un doble
sentido que inmediatamente se apropia. Resentido, desconfiado, y misántropo, se aleja
sistemáticamente de sus semejantes. Amargado, con morbosa satisfacción colecciona detalladamente
los agravios recibidos, y con rencor, trama la venganza o el desquite. Su conciencia se ve envuelta en
prejuicios, discriminaciones y barreras que lo separan de los demás. Es dado a la agresividad y a las
explosiones violentes.
capital. Paga salarios de hombre y al trabajador lo trata peor que a un animal o a una máquina. Su corazón
está metalizado y solamente vive y piensa en función del dinero. Otra cara es la del hombre avaro que
maquina la mejor forma de percibir ganancias con la exploración del trabajo ajeno, al que considera como
una mera mercancía. Actúa bajo el convencimiento de que las conciencias, el amor, los hombres o el
prestigio social se compran con dinero. Amigo de los lujos y de los derroches innecesarios, despilfarra en
viajes, actividades sociales o en un estilo de visa suntuoso, que refleja y refuerza su imagen de poderoso
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y de rico. Su conciencia sobre los problemas sociales es sorprendentemente estrecha por una visión
individualista del sistema social.
Para él, la propiedad privada es un derecho divino, absoluto o inalienable. Mira con desconfianza y desprecio
a los empobrecidos, que en cualquier momento podían constituirse en los más peligrosos enemigos de su
fortuna. Con visión ingenua califica a la riqueza como el trofeo de una inteligencia audaz,
de una personalidad trabajadora, y a la pobreza como hija del vicio, la pereza o la mala administración.
personal. Al escoger trabajo, profesión o estado, incluso sigue el gusto de sus padres, de sus amigos o de
la moda. No soporta estar solo un momento. Su ley es seguir a la mayoría, y en rebaño va a donde lo
llevan.
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Los Afanes
Objetivo:
Que los jóvenes tomemos conciencia que no podemos quedarnos contemplando las cosas
terrenas y pasajeras, que debemos buscar nuestro fin último y verdadero, utilizando los medios que
Dios pone siempre a nuestro alcance, para vivir intensamente el don de la existencia.
También nuestro mundo ofrece la imagen de un mar alborotado y muchos se marean, mirar
para arriba es la clave. Hago esta comparación porque muchos de nosotros nos encontramos así, viendo
el amor alborotado en nuestras historias; confusos, con la esperanza perdida y mirando solo lo material.
Y es oportuno “¡mirar hacia arriba!” a aquel hombre que es al mismo tiempo Dios, subiendo sobre el
vaivén de las cosas de la tierra para situarnos en una perspectiva de eternidad ante las cosas que pasan
y desde ahí preguntar al Maestro que llama, y decirle: ¿Qué quieres que haga, en qué puedo servirte?
Más aun, nuestra sociedad del consumo nos conduce al egoísmo, a la ignorancia sobre nuestra
vocación, a la desatención de nuestros hermanos y al olvido de Dios. Hemos volcado hacia nosotros
mismos y hacia las cosas, que nos hemos olvidado de la fraternidad, la solidaridad, la caridad, y de la
eternidad.
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Resulta muy triste que el hombre quiera quedarse solo en lo material y se olvide de lo espiritual,
que se conforme con lo inmediato y que desatienda lo trascendente, que se deje deslumbrar por el
brillo del hedonismo y vaya abandonando el significado del verdadero amor.
Seguros estamos que solo Cristo puede dar sentido a la vida; que él es la fuente de la
trascendencia cristiana.
Trascender es no dejarse aprisionar por la materia, tener la seguridad de que, como hombre,
estoy por encima de todas las cosas que me quieren encadenar; ni la muerte ni la vida, ni el dinero, ni el
poder, ni los halagos, nada puede arrebatarme esta vocación trascendental. Hay algo más allá de la
historia, de la materia y del tiempo, hay algo que por eso se llama trascendente, el más allá, la meta a la
que nos llama Cristo resucitado. Por eso Cristo es camino hacia la trascendencia y nos levanta a ver más
allá de la historia. El camino de la trascendencia solo lo puede recorrer la fuerza del espíritu. Es el triunfo
de Cristo: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra” (Jn 8,28).
Cristo es camino que nos lleva a la trascendencia del Padre y la trascendencia de Cristo no se va
con Él, se queda en la historia para que la Iglesia la siga proclamando y cada bautizado tiene los dones y
los carismas del Espíritu para que siga esa vocación de trascendencia. “Vayan por todo el mundo y
proclamen la buena noticia a toda creatura” (Mc 16,15)
El hombre es un ser trascendente hacia Dios y siempre, hasta en el incrédulo, lo que decía San
Agustín, que también caminó por caminos de incredulidad y no fue feliz hasta llegar a decir lo siguiente:
“Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta descansar en Ti”.
Cristo subiendo a los cielos, su cuerpo nacido de una mujer como el nuestro, nos está diciendo
el verdadero destino trascendente de nuestra vida. El Concilio Vaticano II nos dice: “El misterio de
hombre, solamente puede esclarecerse por el misterio del Dios que se hizo hombre”, si no fuera por
Cristo, el Hijo del hombre, todos los hombres no seriamos más que un absurdo.
busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la
mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida
misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la
dictadura nacional socialista y la guerra, estuvimos por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por
ello, queríamos salir para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en
cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la
cotidianidad regular de un empleo seguro forma parte del ser joven. ¿Se trata solo de un sueño vacío que se
desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el
infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tendría razón: nuestro corazón está inquieto, hasta
que no descanse en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos
su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un mundo único y especial, la persona humana,
hecha a imagen de Dios aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un
contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre
viva”.
No ignoremos que Dios, que creó al hombre, quiso que en su constitución estuviera una
apertura hacia la trascendencia. El hombre tiene necesidades, está sediento, se encuentra en una
ansiosa búsqueda de Dios.
empezar a encontrarlo
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\
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Suma las cantidades afirmativas de cada decena de preguntas. Ejemplo: ¿Cuántas respuestas
afirmativas hubo del uno al diez?; ¿cuántas del once al veinte?; etc. Después, llena la barra de
izquierda a derecha según el número de respuestas obtenidas. Realiza todo este ejercicio de
manera individual y con mayor sinceridad.
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
PODER
TENER
PLACER
SABER
Un afán es trabajar arduamente por lograr algo. Nosotros, en nuestra vida, constantemente
estamos luchando por tener algo, por saber, por conocer, por sentir, todo es para “ser felices”. Todos en
esta vida buscamos la felicidad inclinándonos por el conseguir lo que queremos, nuestros anhelos, ya
sean materiales, morales o espirituales. Esto lo buscamos principalmente en cuatro formas, las cuales
encierran nuestras actitudes negativas.
Es importante que reflexionemos sobre estos caminos falsos para encontrar la felicidad, ya que, en vez
de tenerla, la perdemos por estas actitudes negativas. Tenemos púes el consejo de Jesús nuestro
hermano, y sigamos los siguientes cuatro pasos que contrarrestan cada afán:
Vamos a conocer que consejo nos da Dios y Jesús a través de las Sagradas Escrituras sobre los Afanes.
Lee las citas bíblicas y escribe a continuación que entendiste en cada una.
Lucas 12,22-31
Filipenses 2,1-18
Romanos 8,5-15
Busca las siguientes palabras en el cuadro: Tener, poder, gozo, egoísmo, injusticia, ser, sencillez,
sentir, humildad, dinero, saber, servicio, amor, afán, placer.
F G H E R W L M F S A G E R G H E J S W
T S F K R E U F E K E R Z O G O A B A S
E A L O S E R D H H E R Y S H J R R B S
E R F P L A G T H E Y E V W E R G E E D
R E S A L G Y J E R P J B I D R R G R E
W A R L N R I O Y J D O G N C F E O T A
P I J F O H F R H N C I D J D I E I D A
F E N M P A S E N C I L L E Z P O S A H
D A A J I E T E R G H L M V R E N M P G
E S T A U M P L A C E R O S A Q U O I O
P O K E T S R I B A L E I T Y G J S B Z
T U M E P I T E N E R T X E L E A S U O
E S M U Y H I I R M S O S A E S A M U J
C S U A N D O N C U M J V I V I A L A M
U E S I C A E R J I A M E J O R P E R O
L N O S I L U N M I A N A T I L O M A T
A T R O N P I O R B U T E N A G E N T E
A I V E H U M I L D A D I R S I A C A B
O R P A R A E L V I E R N C D I N E R O
Y A E Y S L M E N H E N O H A Y M I S T
La Familia
Objetivo:
Comprender la importancia de la familia en el crecimiento integral del joven, dándole el valor
y el respeto que merece, tomando el ejemplo de la Sagrada Familia.
La familia es la base de la sociedad, pues la sociedad está constituida por familias, y de cómo vaya la
familia, va la sociedad. Tradicionalmente hablando, la familia tiene su origen en la unión de dos seres
(hombre y mujer) que logran tomar decisiones con respecto a las metas que desean lograr a fin de tener
un proyecto común.
Cada familia tiene un líder, alguien que guie al grupo a seguir sus metas y es
quien va a tener la autoridad sobre los demás. En un caso muy ideal, una familia
debe ser aquella en la que ambos padres permaneces unidos, aquella en que los
hijos corresponden y valoran el cuidado de los padres y los hermanos.
La familia debe ser una institución flexible, con una estructura determinada teniendo en cuenta las
funciones que deben desarrollar cada una de sus partes y las metas que deben alcanzar individualmente
o en conjunto. Toda familia está llamada a establecerse sobre
la base sólida del amor, comprensión, armonía, respeto, y colaboración mutua.
Y como uno no elige la familia que le toca tener, debemos al menos estar agradecidos porque la
tenemos, sin importar el tamaño de esta, sin importar si tenemos solo un padre, si no nos llevamos bien
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con nuestros hermanos. Una familia es una institución de formación. Es un regalo que Dios nos dio
para poder crecer.
¿Hace cuánto no les dices “te quiero” a tus papás? ¿Desde cuándo dejaste de contarle a tu mama lo
que te pasa en la escuela? Aproximadamente, ¿Cuánto tiempo pasas en familia? ¿Cuántas veces a
la semana comen todos juntos?
“El redentor del mundo quiso elegir la familia como lugar donde nacer y crecer, santificando
así esta institución fundamental de toda sociedad” San Juan Pablo II
No todas las familias son iguales. De hecho, existen varias clasificaciones, tales, como:
a) La familia nuclear o elemental: es la unidad familiar básica que se compone de esposo (padre),
esposa (madre), e hijos, ya sean biológicos o adoptados.
b) La familia extensa o consanguínea: se compone de más de una unidad nuclear, se extiende más
allá de dos generaciones (abuelos, tíos, sobrinos, primos y demás).
c) La familia monoparental: es aquella familia que se constituye por uno de los padres y sus hijos.
(Madre soltera, divorciados, fallecimiento).
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¿Cómo es mi familia?
Familia
Familia Sinclair Familia Adams Flanders
Su majestad, el hijo, Creen tener bien Tienen espacios de
hace todo lo que quiere. definido el concepto del comunicación.
El centro de la familia “bien” y el “mal”. Comparten tiempo
son los hijos, no la Buscan a Dios solo juntos.
relación en pareja. cuando lo necesitan. Superan positivamente
Los hijos mandan y Guardan las apariencias las crisis.
exigen. y el “¿Qué dirán?” Se expresan el cariño.
Los papás les sirven y Son supersticiosos y Viven y expresan su
asumen las hacen lo necesario para espiritualidad.
responsabilidades por tener “buena suerte”. Son solidarios entre sí y
ellos. Dios no es prioridad en con los demás.
Justifican la mala sus vidas.
educación y grosería de
sus hijos.
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Los Valores
Objetivo:
Tomar conciencia de los valores personales de cada uno. Discernir nuestros valores personales
a la luz del Evangelio.
Vamos compartiendo lo que Jesús, en cierta ocasión les dijo a los dirigentes del pueblo: “¡Ay de
ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pongáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino,
descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que
practicar, aunque sin descuidar aquello” (Mt 23,23)
Los valores describen el sentido y la orientación que le estamos dando a nuestra vida, a nuestras
actitudes, a nuestros comportamientos. Los valores, por consiguiente son los que dirigen nuestra vida y
guían nuestras acciones.
En nuestra escala de valores personales, estos representan el valor que le hemos puesto a las
diferentes acciones que realizamos o a los bienes que deseamos. En muchas ocasiones estos valores los
hemos enfocado de acuerdo como lo indica la sociedad en la que vivimos, a las personas con quien
convivimos y quienes son nuestros modelos a seguir. Muchos de ellos son positivos y de gran calidad
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humana y otros, están corrompidos porque carecen de sentido común. Lo más recurrente que nos
puede suceder es acostumbrarnos a darle su valor a las personas, a las cosas o los hechos movidos por el
orgullo y la soberbia de no querer cambiar nuestras actitudes y nuestro estilo de vida, nos falta
humildad para reconocer nuestras carencias, nuestras fallas; nos falta humildad para valorar nuestras
acciones positivas, humildad para reconocer que es en Dios donde mejor aprendemos a ser personas. A
reconocer que los valores no nos hacen débiles ante los demás.
Todos nosotros tenemos, porque Dios nuestro Padre nos ha dado, muchos valores: somos
capaces de amar, de comprender, de ayudar, de darnos nosotros mismos a los demás. Jesús nos
muestra otros valores muy importantes para vivir felices: la verdad, la justicia, el amor.
Jesús tuvo que tratar a muchas personas que eran tramposas e injustas, Jesús los trataba con
firmeza y los regañaba para que reaccionaran y reconocieran que eran injustas, para que buscaran la
verdad. Les decía: “Fariseos, hipócritas, que se quieren pasar por buenos ante los demás y todo lo hacen
para que los consideren buenos sin serlo, ustedes buscan engañar a los demás con apariencias y en
realidad no tienen verdadero amor ni a Dios ni a la gente” (Mt 22, 15-18).
Un valor es aquel principio ético, que al llevarlo a cabo se convierte en una virtud que nos ayuda
a alcanzar la plenitud total del ser humano, siempre y cuando se lleve a cabo constantemente, es
aquello que te identifica como persona y que escribe tu historia, es decir, cualquiera que sea tu valor te
va a identificar como ser humano y va a alcanzar tu plenitud, sin embargo existen antivalores aquellos
que no son éticos y que se dirigen por el mal camino y se llega a un defecto del valor.
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Por lo cual es importante tener en cuenta las características del valor y saber que un defecto
como un exceso llega a caer en una insatisfacción y mal estar consigo mismo, a un camino más largo
de alcanzar ese bienestar, y esa plenitud como persona.
Durabilidad: los valores se reflejan en el curso de la vida. Por ejemplo: el valor del placer es más
fugaz que el de la verdad.
Flexibilidad: los valores cambian con las necesidades y experiencias de las personas.
Satisfacción: los valores generan satisfacción en las personas que los practican.
Jerarquía: hay valores que son considerados superiores (dignidad, libertad) y otros como
interiores (los relacionados con las necesidades básicas o vitales).
Antivalores
Así como hay una escala de valores morales: también la hay de valores inmorales o antivalores. Unos
ejemplos de estos son: la deshonestidad, la injusticia, la intransigencia, la intolerancia, la traición, el
egoísmo, la irresponsabilidad, la indiferencia, etc.
Los antivalores son aquellos que rigen la conducta de las personas inmorales. Una persona
inmoral es aquella que se coloca frente a la tabla de los valores en actitud negativa, para rechazarlos o
violarlos. En lo que llamamos una persona sin escrúpulos, fría, calculadora, insensible al contorno social.
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Libres o perdidos
“Es Él, Cristo, quien da la verdadera libertad”
(Jn, 8,36)
Objetivo:
Que los jóvenes reflexionen sobre el sentido cristiano de la verdadera libertad para que
renovemos en nuestro interior el deseo de vivirla según el querer, el ejemplo y el camino que Cristo
nos ofrece.
El precio de la libertad
Un lobo acosado por el hombre dejó el bosque, encontró un perro muy gordo y bien alimentado,
movido por la envidia preguntó: ¿Por qué estás tan gordo?
El perro le explicó: – Es muy sencillo, obedezco a mi dueño: y con solo quererlo tú puedes estar igual,
vente conmigo y verás.
El lobo de nuevo preguntó: – Y ¿Qué es lo
que debo hacer? – Casi nada, le explico el perro,
de día vigilar en el patio y de noche defender la
casa, para que no entren ladrones; con eso tienes
asegurada toda la comida que quieras.
De acuerdo – dijo el lobo – acepto, voy
contigo. En el camino el lobo notó que el cuello del
perro estaba despellejado y le preguntó: – ¿Qué te
pasó ahí en el cuello? – Nada, nada. – ¿Cómo que
nada? Dímelo, por favor. – Tengo el cuello un poco
lastimado porque me ponen una cadena –
¿Qué te ponen una cadena? Preguntó el
lobo horrorizado.
– Sí, a veces me amarran para que descanse en el día y vigile mejor la noche, pero a cambio el
dueño me da sabrosos huesos y los criados me regalan las sobras de los banquetes, tú también podrás
trabajar sin trabajar.
El lobo contestó: – ¡Jamás iré contigo!; más que todos los huesos y manjares del mundo yo
prefiero mi libertad. Y el lobo se fue de nuevo al bosque.
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Una característica peculiar del hombre es la búsqueda de la libertad. La afirma, la canta, la proclama
como un valor fundamental; la considera como un bien maravilloso al que no se puede renunciar.
Esto se traduce en una necesidad personal y colectiva que impulsa al individuo y al grupo a
comprometerse en una lucha incesante contra lo que impida la libertad o la reduzca. Se traduce en
una búsqueda de los medios más aptos para conquistarla, recuperarla y asegurarla.
Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “El derecho al ejercicio de la libertad, especialmente
en materia religiosa o moral, es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio
de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o hacer cualquier cosa”.
A lo largo de toda la historia han existido siempre hombres y pueblos que han luchado y muerto
por defender la libertad de prensa, democracia en la política, alto a las presiones, etc.
Los jóvenes sienten un profundo deseo de libertad. Aman la libertad, quieren ser libres. El ansia de
libertad los lleva, muchas de las veces, a apartarse de lo que aparece como imposición o esclavitud, hasta se
descubren prisioneros de sí mismo, de las modas y modelos impuestos: solos sin saber qué hacer
con su libertad, con la sensación de que, aunque creen haberla conseguido no les alcanza para dar
respuesta a los más íntimos deseos de felicidad que bullen de su corazón.
No permiten que nadie se meta con sus cosas: vestido, habitación, cartas, juegos, amigos,
diversiones.
Expresiones marcadas con tinte de libertad: “Yo tengo derecho a hacer lo que se me antoje”,
“déjenme en paz, es mi vida”, “si no lo siento no lo haré”.
Vivimos en una sociedad manipuladora y despersonalizante que nos esclaviza al promover diversiones
alienantes, favorecer un trabajo con fines materiales y un estudio enfocado al ganar más.
El joven que grita libertad muchas veces es esclavo del sexo, del poder, de la ambición, del
respeto humano, de los medios de comunicación, del egoísmo, de sus instintos, de su “libertad”, etc.
LIBERTAD
Hacer lo que quieras asumiendo
las consecuencias
LIBERTINAJE
Hacer lo que quieras sin hacerse cargo
de las consecuencias
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La impresión que causó Jesús entre sus contemporáneos fue grave. Destaca, sobre todo, su rango;
su soberana libertad. Los recuerdos que de Él nos ha conservado la Iglesia primitiva, los Evangelios,
están llenos de datos que rememoran la libertad de su comportamiento.
Nos lo describe como un hombre libre hasta de las prescripciones y preceptos religiosos tal como
eran interpretados por los escribas y fariseos de su tiempo, y fue acusado por ello de no cumplir la ley de
Dios. No tuvo empacho, a pesar del escándalo que causaba en la gente de bien, de juntarse y alternar con
personas consideradas públicamente pecadoras y de mala vida. A ellos anunció con predilección el Reino de
Dios. Decía: No son los sanos lo que tienen necesidad de médico. Fue tachado de comelón y de bebedor.
Pero tampoco el miedo al insulto impidió que siguiera su camino y dijera su palabra. Los Evangelios nos lo
muestran por encima de todo, moviéndose y actuando con plenitud de libertad.
Las personas decían: Enseña con autoridad, pues su palabra sobrepasa la doctrina aprendida en
las escuelas de Israel. Es más; osaba contraponer su enseñanza a la misma Ley de Dios: “Han oído que se
dijo a los antepasados […], pues yo les digo […]” Y nunca pretendió dar razones o justificar sus dichos. Su
fuerza era la verdad.
Criticó con absoluta libertad las situaciones de su tiempo: llamo zorro al rey Herodes; tuvo las
palabras más duras que se pueden pronunciar contra los dirigentes religiosos de Israel.
Pero fue libre para darse a todos. Anunció el Reino de Dios a los pobre y sencillos. Ayudó a todos
los necesitados que descubrió a su paso, fueran israelitas o paganos despreciados. Fue al encuentro de
los abandonados y marginados por la sociedad de su tiempo y por las personas docentes y respetables.
Pero, sobre todo, se mostró radicalmente libre al ver que su actitud y sus palabras le llevaban a
la muerte. Tampoco temió a la muerte. La perspectiva no le hizo torcer su camino. Marchó con total
clarividencia hacia ella, sin dejar de decir su palabra, palabra de la verdad, ante el mismo tribunal que lo
condenaba.
Juventud
Objetivo:
Que los jóvenes descubramos en las crisis un medio de crecimiento humano y espiritual,
iluminados por el testimonio de personajes bíblicos para madurar en nuestras vidas.
Sabemos que en nuestro tiempo los jóvenes pasamos por muchas crisis y no solo nosotros, sino también
muchas personas en su vida experimentan días de soledad, de sin sentido, de aridez, de derrota, etc.,
ante esta situación, sobre todo nosotros los jóvenes, en ocasiones no sabemos afrontar estos problemas
y buscamos la salida más fácil: el suicidio.
saliéramos de nuestra parroquia y le preguntáramos a todos los jóvenes: ¿usted o alguien cercano a
usted está pasando por una crisis?, la mayoría respondería sí, de acuerdo con su propia definición.
asistencia para estas necesidades importantes. Muchas familias cristianas actúan como si el problema se
fuera por sí solo y no necesitan hablar de él.
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Mitos Verdades
No sabía lo que me iba a pasar. Sabes perfectamente que las adicciones
dañan tu salud.
Todos lo hacen. Mentira, la mayor parte de las personas no
son adictas, se quieren a sí mismos y respetan
su cuerpo y mente.
Quería saber que se sentía. Tus sentimientos se fortalecen con alegría y
seguridad, no esclavizándote a algo.
Me dijeron que se sentía bien. El efecto que te causa es un placer temporal
que con el tiempo te vuelve dependiente
derivado de tus buenas decisiones y
elecciones.
Me dijeron que me iba a sentir mejor conmigo Al contrario, las adicciones perjudican a la
mismo. persona y le dejan gran vacío.
No creo que me pase nada; si en mi familia Alguien tiene que empezar a poner el ejemplo
fuman y toman. ¿Por qué yo no lo puedo y que mejor que seas tú.
hacer?
Era cumpleaños de un amigo. Para divertirte, no necesitas dañar tu cuerpo.
Generosidad – Alegría – Frescura – Sueños – Fuerza – Ímpetu – Lucha – Ética – Carácter – Fraternidad –
Ideales – Amor.
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El año litúrgico
El año litúrgico es el desarrollo de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo, y las
celebraciones de los santos que nos propone la Iglesia a lo largo del año. Es vivir y no sólo recordar la
historia de la salvación. Esto se hace a través de fiestas y celebraciones. Se celebran y actualizan las
etapas más importantes del plan de salvación. Un camino de fe para recorrer y vivir el amor divino que
nos lleva a la salvación.
El año litúrgico está formado por distintos tiempos litúrgicos. Estos son tiempos en los que la
Iglesia nos invita a reflexionar y a vivir de acuerdo con alguno de los misterios de la vida de Cristo.
Comienza por el Adviento, luego viene la Navidad, Epifanía, primer tiempo ordinario y termina con la
fiesta de Cristo Rey.
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Tiempos litúrgicos
ADVIENTO: Es tiempo de espera para el nacimiento de Dios en el mundo, es recordar a Cristo que
nació en Belén y que vendrá nuevamente como Rey al final de los tiempos. Es un tiempo de cambio
y de oración para comprometernos con Cristo y esperarlo con alegría. Es preparar el camino hacia la
Navidad. Este tiempo litúrgico consta de las cuatro semanas que precedan al 25 de diciembre,
abarcando los cuatro domingos de Adviento.
TIEMPO ORDINARIO: El primer tiempo ordinario es el que sigue de la fiesta de la Epifanía hasta inicio de
Cuaresma. En el tiempo litúrgico ordinario, no se celebra ningún aspecto concreto del misterio de Cristo.
En ambos tiempos se profundizan los distintos momentos históricos de la vida de Cristo para
adentrarnos en la historia de la Salvación.
CUARESMA: La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y se prolonga durante cuarenta días
hasta la misa vespertina de la Cena del Señor, el Jueves Santo. Es tiempo de preparación para la Pascua
o Paso del Señor. Es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Es tiempo para la conversión del corazón.
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Resurrección.
TRIDUO PASCUAL: En el Triduo Pascual se recuerda y se vive junto con Cristo su Pasión, Muerte y
Resurrección (Jueves Santo – Vigilia Pascual).
CINCUENTENA PASCUAL: El tiempo de Pascua es tiempo de paz, alegría y esperanza. Dura cincuenta
días, desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés. Este tiempo se vive como si fuera un solo
Domingo, una gran fiesta. Termina con la solemnidad de Pentecostés, en la que la Iglesia se abre a la
acción del Espíritu Santo renovador.
TIEMPO ORDINARIO: Después del tiempo de Pascua, continua la segunda parte del “Tiempo Ordinario”,
que se cortó Domingo antes del Miércoles de Ceniza. Continúa otra vez el Domingo de la Santísima
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Trinidad (Domingo siguiente al de Pentecostés) y acaba con la solemnidad de Cristo Rey, a finales de
noviembre. En total, el tiempo ordinario tiene 34 domingos.
Los colores de los ornamentos litúrgicos son como los “semáforos”; señales ópticas para orientar
nuestra sensibilidad. Siendo tan grande la influencia del color, no podía faltar en la Liturgia. La
diversidad de colores en las vestiduras sagradas tiene su sentido. Por un lado, tratan de expresar lo
característico de los Misterios de la fe que se celebran, y por otro lado exteriorizan con mayor eficacia
externa el sentido progresivo de la vida cristiana a lo largo del Año Litúrgico.
El Papa Inocencio III (1188-1216) redujo a cuatro los colores usados enla Iglesia Romana:
BLANCO:
El blanco simboliza luz, inocencia y pureza. Es, por tanto, el color privilegiado de la fiesta
cristiana, como expresión de la vida que Dios nos comunica.
Se utiliza en la Navidad, la Pascua, en las fiestas del Señor (a no ser que se refieran a la Cruz), en
las fiestas de la santísima Virgen, en muchas fiestas de los santos no mártires y para la administración
del bautismo, comunión, ordenación, matrimonio y funerales de niños.
ROJO:
El rojo es el color más parecido a la sangre y al fuego. Por eso simboliza el heroísmo del martirio
y el amor de la caridad.
Se utiliza el domingo de ramos, el Viernes Santo, en Pentecostés, fiestas de la Santa Cruz (y otras
referidas a la Pasión de Jesús) y para las fiestas de los Apóstoles, evangelistas y santos mártires. También
para administrar el sacramento de la Confirmación.
VERDE:
En la liturgia, el verde es el color del Tiempo Ordinario: esas 34 semanas en las que no se
celebra un misterio concreto de Cristo, sino el conjunto de la Historia de la Salvación y, sobre todo,
la celebración semanal del domingo como “día del Señor”.
MORADO:
La corona de Adviento
La corona de Adviento, con sus cuatro velas, es un símbolo de preparación para celebrar en familia la
navidad. Además, nos habla de Jesucristo luz, vida y camino hacia el Padre y de la presencia del Espíritu
santo en nosotros. Ciertamente, su origen pagano representaba el ruego al dios sol que regresara con su
luz y color durante el invierno, pero cuando los cristianos culturizaron el signo, lo asumimos dándole un
significado más profundo, refiriéndolo a Jesús como luz del mundo. Por lo anterior, en este adviento a
través de este símbolo, podemos, como familia cristiana, expresar nuestra fe y deseo de estar unidos a
Cristo. He aquí una guía fácil y práctica:
Primera semana:
Oremos: Acepta, Señor, con agrado nuestras oraciones y concédenos tu ayuda para que, alentados con
la venida de tu Hijo Jesús, que estamos preparando, sepamos amar a nuestros hermanos como tú nos
amas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos: (De pie, se toman de la mano y rezan el Padre Nuestro y el Ave María)
Segunda semana:
Oremos: Recibe, Señor con agrado nuestras oraciones para que, ya que hemos sido redimidos con
la venida de tu Hijo Jesús, sepamos evitar de aquí en adelante todo lo que ofenda a nuestros
hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Tercera semana:
Oremos: Mira, Señor, a esta nuestra familia que espera con fe el nacimiento de tu Hijo Jesús, y
concédenos celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón puro y con mucha alegría. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Cuarta semana:
Oremos: Concédenos, Señor, que reviva en nosotros la esperanza de la salvación, y haz que, así como
ahora, llenos de alegría estamos preparando la venida de tu Hijo como Salvador, así también cuando
vuelva como juez, lo podamos recibir llenos de confianza y de alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.
La oración
Objetivo:
Ayudar a los jóvenes a que valoren el diálogo con Dios mediante la oración. Mostrar el
significado de la vida de Gracia como camino único hacia la vida eterna.
La oración es a la vez algo fácil y difícil. Fácil porque hablar con Dios es algo que podemos hacer en
cualquier momento, prácticamente en cualquier circunstancia. Y es difícil porque a veces no sabemos
exactamente qué es hacer oración, porque las ocupaciones diarias nos absorben o complemente porque
hay una gran resistencia a sentarse un rato para hablar con Dios. Para poder hacer bien la oración, es
importante entender qué es la oración.
nuestro día tal y como lo haríamos con la gente a la que le tenemos confianza y le queremos. La oración
es un dirigirse a Dios para alabarlo, agradecerle, reconocerlo y pedirle cosas que sean para nuestro bien.
La oración es un diálogo entre el hombre y Dios; es la manera en que Dios permite que sintamos
su presencia. No se necesita ser un gran orador para poder comunicarse con Dios, simplemente
necesitas tener la disposición y la fe suficiente para poder hacerlo. Él siempre escucha y siempre te dará
la respuesta que necesitas por medio de actos en tu vida cotidiana. La oración no solo debe utilizarse en
casos extremos, debe ser una plática constante como la que tienes entre amigos.
Es importante distinguir entre orar y rezar: orar, es un dialogo con Dios, con tus palabras, tus
expresiones, algo muy personal e íntimo; por otro lado, el rezo consiste más bien en recitar, en
expresarnos mecánicamente.
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La oración debe ser humilde y atenta, llena de confianza y perseverante; una y otra y otra vez,
sin cansarnos. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma, en nuestro entendimiento,
nuestra voluntad, para ir adaptando nuestro ser a su Divina Voluntad.
Algunas veces podemos desanimarnos en la oración, porque creemos que estamos orando, pero
lo que hemos hecho no es propiamente oración. Si quieres que una planta tenga vida, debes regarla. Si
deseas mostrar que quieres a una persona, debes decírselo. Si cortas las raíces de un árbol, el árbol se
muere. Eso pasa con la oración. La oración es vida para nuestro espíritu y es el medio para decirle a Dios
“Te amo”.
Quien tiene el hábito de orar, en su vida ve la acción de Dios en los momentos de más
importancia, en las horas difíciles y alegres, etc. En cambio, si no oramos con frecuencia, vamos dejando
morir a Dios en nuestro corazón y vendrán otras cosas a ocupar el lugar que a Dios le corresponde.
Para orar, es necesario querer orar. La oración es buscar a Dios, es ponernos en contacto con
Dios, es encontrarnos con Dios, es acercarnos a Dios. Orar es llamar y responder. Es llamar a Dios y
responder a sus invitaciones. Es un diálogo de amor.
Formas de Oración
Oración vocal
Consiste en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya formuladas y escritas como el
Padrenuestro, el Avemaría, la gloria. Para aprovechar esta forma de oración es necesario pronunciar las
oraciones lentamente, haciendo una pausa en cada palabra o en cada frase con lo que nos sintamos
atraídos. Se trata de profundizar en su sentido y de tomar la actitud interior que las palabras nos
sugieren. Es así como podemos elevar el alma a Dios. Podemos apoyarnos en la oración vocal para
después poder pasar a otra forma de oración.
Meditación
La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el por qué y el cómo de
la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide, hace falta una atención difícil de encauzar.
Habitualmente, se hace con la ayuda de un libro, que, a los cristianos, no les faltan: las Sagradas
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Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del
tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, etc.
Meditas lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo, aquí, se abre otro libro: el
de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los
movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para
llegar a la Luz: “Señor, ¿Qué quieres que haga?”
Contemplación
Se le conoce también como silencio en presencia de Dios. Este es el punto donde culminan todas las
formas de orar de las que hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se interrumpe la lectura, o
se deja la reflexión sobre un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da cuando ya no hay
deseos de seguir lo demás: se ha encontrado al Señor con toda sencillez, después de reconocer un camino,
hemos experimentado interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los demás. Es guardar silencio en
presencia de Dios con un sentimiento de admiración, de confusión, de gratitud, cuando nos sentimos
invadidos por la grandeza de Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a Él.
Tipos de oración
Oración de alabanza
Es aquella que se hace dentro de la asamblea en el cual se alaba a Dios por ser Dios. Diciéndole, “Que
grande eres, maravilloso eres, bendito sea tu nombre, glorificado seas, el rey de reyes y Señor de
Señores”, etc.
Oración de reflexión
Es aquella que se hace a veces después de un tema, o haciendo que la persona reflexione sobre algo
específico. Ejemplo: “Mis hermanos, después de escuchar el tema del pecado, piensa tú y reflexiona, que es
lo que tú tienes que cambiar, el Señor te trajo y preparó esto para ti porque quiere tu conversión”.
Oración de intercesión
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La intercesión es pedirle a Dios por el bien de una persona y para evitarle algún mal a la persona, la
intercesión esta con que yo le pido a Dios por esa persona. Jesús mismo intercede por su pueblo,
estando junto al huerto la noche de ser entregado le dijo a su padre Dios: “te pido por aquellos que tú
me diste”. Aquí vemos la intercesión de Jesús. La intercesión de María estuvo en las bodas de Caná
de Galilea cuando la gente se le acercó a decirle que se había acabado el vino.
Adoración
Por lo tanto, la adoración es una actitud de postrarse ante Dios, como respeto que nace del corazón
enamorado hacia él. La persona que adora tiene actitud más que de gozo es adoración hacia él. Jesús
mismo le dice a la samaritana que el padre “busca adoradores en espíritu y en verdad”.
Exaltación
Es la oración en donde más que una alabanza es aclamar, es proclamar la grandeza, Señorío y todo lo
relacionado con el poder de Dios.
Oración de petición
Es la oración hecha a Jesús por nosotros. Es pedirle algo a Jesús. Esta oración es para mí. “Jesús, necesito
que me ayudes” o “necesito que me des tu espíritu”. En la oración de intercesión también se pide, pero
para otra persona.
Oración de sanación
Es la sanación del alma y corazón, ya sea por un recuerdo o un daño que tengamos nosotros y que
solamente Dios puede penetrar hasta lo más íntimo de nosotros, entonces es Dios mismo el que penetra
a través de su Espíritu Santo y empieza a actuar.
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¡Sopa de letras!
Encuentra las siguientes palabras o frases: Hombre nuevo, oración, amor, santidad, gracia,
contemplación, alabanza, meditación, adorar, petición, sanación.
O R A T S A A M N A C I O N S A N C I O
E R T G A H L F E A D A O R A M I O N A
H U M B R E A N U D E M V O S A S G H D
C O N U N A B M I R I O A D A C O N A U
H N A S O N A R I S G R A C I A A D Y Z
A O S Y A C N A L L N O U Y O M I E E M
P N M A M O Z R E C T D E T I T P E R E
E D I B D A A M A E E N T E N B R E H D
T H O M R E H N O Y M L A A L U C H A I
I E M P I E A E Z A P E S S A E S L A T
C M I S I S N O N O L M E D I T A C I A
I C A N C I O U I N A M I S I A N O N C
O P E N A C A C E I C O N A L O A O D I
N R E N P D A E T V I I C I I O I N A O
T H A E I N K I L L O E R C S C T H E N
M S A T A N B E S T N S A O A N G N O P
E R N S A T E L L E G N A R E L O S I T
O A D O R A R I O N A C O O N E L D O C
S T O O R Y L E D S I C E N O P E R A T
E L R L E G C O N T E M P L A C I O N A
La gracia santificante es un don sobrenatural, interior y permanente, que Dios nos otorga, por medio de
Jesucristo, para nuestra salvación y que nos hace verdaderamente hijos de Dios y herederos del cielo.
Sin ella es imposible alcanzar la salvación, la vida eterna.
Los hombres tienen un solo deber: el de acogerla, aun cuando pueda parecer increíble. A
menudo el hombre no acepta este don maravilloso del amor de Dios. Es un regalo de Dios. Nadie ha
hecho nada para obtenerla por mérito propio.
La amistad con Dios perdida por el pecado original, sólo se puede recuperar por medio de la
gracia que Dios concede para alcanzar la vida eterna, y se recibe, principalmente, en los sacramentos.
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Llevar una vida “en gracia” significa tratar de vencer día con día nuestras limitaciones y dejar
que Dios sea el que conduzca nuestra vida por sus caminos. Esto se traduce en cuidar y mantener
nuestra amistad con Dios, y no dejar que los engaños del demonio nos aparten de la vida divina.
Actividades:
1. ¿Qué es la oración?
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Objetivo:
Que el joven después de conocer la oración como dialogo entre dos amigos sepa que hay una
oración que nos dejó Nuestro Señor, oración en la cual llamados a Dios –Padre- y oración que nos une
como hermanos y miembros de una misma familia.
Jesucristo enseñó a todos los fieles la oración por excelencia, en respuesta a la petición de sus
discípulos: "Señor, enséñanos a orar" (Lc 11, 1). Jesús les entrega la oración cristiana fundamental, el
"Padre Nuestro".
El Señor nos enseña a orar en común por todos nuestros hermanos. Porque él no dice "Padre
mío" que estás en el cielo, sino "Padre nuestro", a fin de que nuestra oración sea de una sola alma para
todo el Cuerpo de la Iglesia (San Juan Crisóstomo).
¡Padre!
Orar al Padre es entrar en su misterio, tal como es Él y como Jesús nos lo ha revelado. Podemos invocar
a Dios como "Padre" porque él nos ha sido revelado por su Hijo hecho hombre y su Espíritu nos lo hace
conocer (1 Jn 5,1).
Orar al padre es estar en comunión con Él y con su Hijo Jesucristo. La primera palabra de la
oración del Señor es una bendición de adoración porque lo reconocemos como Padre, Dios verdadero.
“Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y
de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo,
te has convertido en buen hijo. Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su
Hijo y di: “Padre nuestro” Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que
de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre
nuestro, para merecer ser hijo suyo” (San Ambrosio).
Este don gratuito de la adopción como hijos exige de nuestra parte una conversión continua y
una vida nueva, vivir como un hijo de Dios.
¡Padre Nuestro!
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Al decir “Padre Nuestro", invocamos la nueva Alianza en Jesucristo, la comunión con la Santísima
Trinidad y la caridad divina que se extiende por medio de la Iglesia a lo largo del mundo. Al decir
“Padre Nuestro” la oración de cada bautizado se hace en esta comunión: “la multitud de creyentes
no tenía más que un solo corazón y una sola alma “(Hch 4,32).
El amor de Dios no tiene fronteras, nuestra oración tampoco debe tenerlas. Orar a "nuestro"
Padre nos abre a dimensiones de su Amor manifestado en Cristo: orar con todos los hombres y por
todos los que no le conocen aún para que "estén reunidos en la unidad" (Jn 11, 52).
Esta expresión no significa un lugar, sino una manera de ser, Dios Padre no está “fuera”, sino “más allá
de todo“. Designa la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del
Padre constituye la verdadera Patria hacia donde tendemos y a la que ya pertenecemos.
Después de habernos puesto en presencia de nuestro Dios Padre para adorarle, amarle y bendecirle, el
Espíritu filial hace surgir de nuestros corazones siete peticiones, las primeras tres son más teologales las
cuales nos atraen a la Gloria del Padre; las otras cuatro, como camino hacia Él, ofrecen nuestra miseria a
su gracia.
El termino santificar toma un sentido estimativo. reconocer a Dios como Santo ya que el único que
puede santificar es Dios mismo, la santidad de Dios es el hogar inaccesible de su misterio eterno.
Depende de nuestra vida y de nuestra oración que su Nombre sea Santificado por todas las naciones.
Esta petición es el Marana Tha, el grito del Espíritu y de la Esposa: Ven Señor Jesús.
La voluntad de nuestro Padre es "que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la
verdad" (1 Tm 2, 3-4).
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Por la oración, podemos "discernir cuál es la voluntad de Dios" (Rm 12, 2) y obtener
"constancia para cumplirla" (Hb 10, 36). Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no
mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7, 21).
“Danos “simboliza la confianza que tenemos como hijos que esperamos todo de nuestro Padre, también
es expresión de alianza: nosotros somos de Él y Él de nosotros para nosotros.
El sentido específicamente cristiano de esta cuarta petición se refiere al Pan de Vida: la Palabra
de Dios que se tiene que acoger en la fe, el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (Jn 6,26-58). Se
recibe en el "hoy" de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que
anticipa la Eucaristía
V. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en
nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo.
Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el
combate "entre la carne y el Espíritu". Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza.
"No entrar en la tentación" implica una decisión del corazón: "Porque donde esté tu tesoro, allí también
estará tu corazón” (Mt 6, 21-24).
En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de
todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera
perseverante en el retorno de Cristo.
En la última petición, "y líbranos del mal", el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la
victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el "príncipe de este mundo", sobre Satanás, el ángel que se
opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.
Doxología final
La doxología final "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre Señor" vuelve a tomar,
implícitamente, las tres primeras peticiones del Padrenuestro: la glorificación de su nombre, la
venida de su Reino y el poder de su voluntad salvífica. Pero esta repetición se hace en forma de
adoración y de acción de gracias.
Con el "Amén" final expresamos nuestro "fiat" respecto a las siete peticiones: "Así sea".
La oración es el arma del cristiano para vencer al mal e ir descubriendo los misterios de Dios, y Él mismo
nos lo ha demostrado al enseñarnos el Padre Nuestro por medio de su hijo Jesucristo. De esta manera
nos demuestra su amor incondicional como Padre ya que siempre está al pendiente de lo que en verdad
necesitamos en la vida; con esta oración nos hace entender cuáles son las cosas primordiales que como
cristianos debemos pedir a nuestro Padre Celestial.
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Actividades:
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3. ¿Cuál consideras tú que fue el motivo por el que Jesucristo nos enseñó el Padre Nuestro?
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Objetivo:
Que los jóvenes descubran en María Santísima un modelo de entrega y camino que conduce a
Cristo, para que, bajo su intercesión y protección maternal, valoren y practiquen en su vida ordinaria el
“sí” de María.
La mamá de María se llama Santa Ana y su papá, San Joaquín. María fue concebida el 8 de diciembre y
fue preservada del pecado original. Ella había sido prometida ya a Adán y Eva, para traer al mundo al
Redentor. Nació el 8 de septiembre.
A sus 15 años, el Arcángel Gabriel la saludó con lo que es la primera parte del Ave María: “Dios te
salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”. Y le preguntó si quería ser la Madre del Salvador. Y
ella, sin dudarlo un solo instante, le dijo al Ángel que ella era la esclava del Señor y que se hiciese en ella lo
que Dios pedía. La Virgen no vivía aún con San José cuando concibió a Jesús, que fue un 25 de marzo.
La segunda parte del Ave María; “Bendita tú eres entre todas las
mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre”, es el saludo que hizo Santa
Isabel, llena del Espíritu Santo, cuando San Juan Bautista dio un salto en
su vientre y reconoció al Salvador.
Por María vino Cristo al mundo, ella es el camino más corto y más perfecto para llegar a Él. A
través de María hallamos a Dios; ella es la puerta siempre abierta. Agrada mucho a Dios y a la
bienaventurada Virgen que se rece para evitar pecados y para resguardar el corazón en la humildad.
Dios ama tanto a María que jamás rechaza peticiones.
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María acompañó a Jesús durante su Pasión. Ella sabía claramente que Él, además de ser su Hijo, era
Dios; y se entristeció tanto que se sintió como si una espada le atravesara el corazón con tal dolor. María
es por ello la corredentora, porque desde el principio colaboró para obrar la Redención. Allí, a los pies de
la Cruz de Jesús, su Hijo, señalando al discípulo Juan: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”; y a
Juan le dijo: “Hijo, aquí tienes a tu Madre”. Y así nos dejó a todos a María como Madre, somos sus hijos
adoptivos, hermanos de Jesús y coherederos del Reino. Jesús no solo dio su Vida para nosotros, sino que
nos dejó lo que más amaba en la tierra, su Madre, como madre nuestra. María esperó la resurrección,
ella sabía que Jesús iba a resucitar; nunca dudó de Dios. Además, acompañó a la Iglesia y ahora la
acompaña desde el Cielo, a donde fue llevada por Dios.
Nos dice que la Virgen María es verdadera Madre de Dios, por haber engendrado por obra del
Espíritu Santo y dado a luz a Jesucristo, no en cuanto a su naturaleza divina, sino en cuanto a la
naturaleza humana que había asumido.
La Santísima Virgen María, en razón de su dignidad de Madre de Dios, fue, desde el primer
instante de su concepción, preservada de toda mancha del pecado original, en atención a los méritos de
Jesucristo. Esto supone en María ausencia de pecado, presencia de la gracia santificante, virtudes y
dones y ausencia de inclinación al mal. Por eso también se le llama inmaculada desde su concepción.
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Esta verdad fue proclamada como Dogma de Fe por el Papa Pio IX, el 8 de diciembre de 1854, en
la Bula Ineffabilis Deus.
La Iglesia afirma este Dogma de Fe desde el Credo compuesto por los Apóstoles.
El Dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada
en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este privilegio no fue concedido a María para alejarla de nosotros,
sino, al contrario, para que estuviera más cerca.
Este Dogma fue proclamado por el Papa Pio XII, el primero de noviembre de 1950, en la
Constitución Munificentisimus Deus.
No está claro si la Virgen antes de subir al cielo murió o no murió. Por eso a ese momento se le
llama “Tránsito” o “Dormición”. Y en la definición del dogma de 1950 dice Pio XII que María, muerta o
no, subió al cielo en cuerpo y alma. Unos opinan que subió al cielo sin pasar por la muerte, pues la
muerte es castigo del pecado original, ella no tuvo pecado original.
El “sí” de María le costó dejar su hogar y partir a Belén entre dificultades, para que el Salvador naciera.
El “sí” le hace huir a Egipto para proteger a su Hijo. Ese “sí” le dio la fuerza para guardar y meditar en su
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corazón todas aquellas cosas que no comprendía. Ese “sí” la comprendió cuando Jesús deja el hogar
para comenzar a predicar que el Reino estaba cerca.
Como María había aceptado la voluntad del Padre con aquel “sí”, así también les dirá a los sirvientes en
las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga”. Al enterarse que Jesús sería crucificado, María plenamente
comprendió que aquella espada profetizada por Simeón estaba a punto de atravesar
su alma, debido al “sí” que le había dado a Dios. Al pie de la cruz, en la mañana
gloriosa de la Resurrección, al subir a la gloria que Dios le tenía reservada,
María la mujer del “sí”, la sierva, la esclava del Señor.
La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o “latría” (la adoración solo corresponde a
Dios). Pero si se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama “hiperdulía” que es una
veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de “dulía” o veneración.
Advocaciones Marianas
Existe una sola Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a la que invocamos con distintos
nombres, refiriéndonos a los diferentes lugares de su aparición o a algún rasgo maternal suyo. Estos
nombres los conocemos como “Advocaciones”.
4. Modos de manifestación a favor de los hombres: María Auxiliadora, Perpetuo Socorro, Reina de
la Paz.
Las advocaciones marianas se suelen nombrar con las fórmulas “Santa María de”, “Virgen
de” o “Nuestra Señora de”. Igualmente, las advocaciones suelen dar lugar en muchos casos a
nombres propios femeninos, compuestos del nombre de María y su advocación: María del Carmen,
María de los Dolores, María de Lourdes, etc.
Nuestra Señora de Santa María de Nuestra Señora Nuestra Señora Nuestra Señora de
los Dolores Guadalupe de Lourdes del Carmen Fátima
Nuestra Señora del Nuestra Señora Virgen de la Nuestra Señora Nuestra Señora del
Refugio del Perpetuo Medalla de Aparecida Rosario
Socorro Milagrosa
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Actividades:
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Sagradas Escrituras
Objetivo:
Que los jóvenes conozcamos la importancia de la Biblia como Palabra de Dios viva y actual, y
aprendamos a usarla para que encontremos en ella los valores que nos guíen en nuestro proceder
cotidiano.
Dios quiso dejarnos a los hombres un mensaje escrito y lo hizo en las Sagradas Escrituras. Dios le habla
al hombre en lenguaje de hombre. Esto es una prueba maravillosa de su delicadeza y amor.
¡Cuántas veces hemos oído a políticos, científicos o demagogos que hablan a su público con
términos tan extraños y palabras tan rimbombantes que nadie les entiende! Esa gente, que habla con un
lenguaje tan rebuscado, pretende apantallar, dejar claro lo mucho que sabe, sin importar si el que les
escucha le entiende.
A Jesucristo se le llama “el Verbo”. Pues bien, Verbo significa Palabra. Jesucristo es la Palabra de
Dios que se hizo hombre para salvarnos. Y este mismo Verbo, esta misma Palabra de Dios, el mismo
Jesucristo, es el que está en las Sagradas
Jesucristo está vivo y presente en ella, como lo está en la Eucaristía, y, es Él quien nos habla a través de
ella.
Dios hubiera podido utilizar cualquier cosa, pero quiso utilizar al hombre para dar su mensaje. Así es
Dios; siempre respetuoso con la libertad del hombre; siempre queriendo que sea el hombre mismo el
que, libremente, colabore con Él para lograr su plan de salvación. De esta manera, Dios eligió a unos
cuantos hombres llamados hagiógrafos (escritores de algo santo, sagrado), que le sirvieron de
pluma, prestándole a Dios, libremente, sus manos, sus ojos y su inteligencia para escribir todo y sólo
aquello que Dios les dictaba a través del Espíritu Santo.
La Biblia
Los libros
Antiguo Testamento
La etapa de preparación, que tiene su secreto en la alianza entre Yahvé y el pueblo de Israel (Ex
19,4-6). Aquí se encuentran los distintos acontecimientos que fueron preparando y explicando el camino
de la venida de Cristo, en él se contiene una serie de hechos que comprenden desde la creación del
mundo hasta la venida del Salvador.
Nuevo Testamento
Es la etapa de la realización plena por medio de Jesucristo, que es presentada como la “Nueva
Alianza” que tuvo su cumplimiento con la muerte de Cristo en la cruz (Mt 26, 27-29). Aquí se encuentran
los evangelios, libros en los que los apóstoles escribieron lo que habían visto y aprendido de Jesús, y
también los primeros años de vida de la Iglesia.
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Antiguo Testamento
Pentateuco
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Libros históricos
Hechos de los apóstoles
Cartas del Nuevo Testamento
La división en capítulos y versículos facilita y unifica las citas, es más fácil localizar exactamente un texto.
El nombre de cada libro tiene su propia abreviatura, por ejemplo: Lucas se abrevia con Lc.
Cuando hay varios libros con el mismo nombre se antepone un número, por ejemplo: 2 Re, 1 Jn.
Cada libro está dividido en capítulos. El número correspondiente al capítulo se coloca después
de la abreviatura. Ejemplo: Génesis, capítulo diez, es Gn 10.
Los capítulos se dividen en versículos. Se enumeran poniendo una coma después del capítulo.
Ejemplo: Primera carta de San Juan, capítulo tres, versículo cinco, se escribe 1 Jn 3, 5.
Signos de puntuación
La coma (,) entre dos números indica que el primero se refiere al capítulo y el segundo al versículo: Mt 5,
7.
El punto (.) significa “y”: Ex 15, 5.7 se lee: Éxodo, capítulo quince, versículos cinco y siete.
Actividades:
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Escribe como se leen o se abrevian según corresponda, para las siguientes citas bíblicas:
Jn 4,8 ________________________________________________________________________________
Lc 2,10-15 ____________________________________________________________________________
Ex 8,5.10 _____________________________________________________________________________
Del Evangelio según San Marcos, capítulo seis, versículo once ___________________________________
Deuteronomio, capítulo nueve, versículos del tres al seis, y capítulo once, versículo nueve _____________
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Objetivo:
Que el joven conozca y se adentre al misterio de la Trinidad, misterio central de
nuestra fe, para que pueda dar razón de su creencia ante el mundo secularizado. En el
presente tema verá como esta revelación de Dios al hombre es fundamental para entender
la manifestación de Dios a su pueblo.
La Santísima Trinidad.
Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y el Hijo. Sin embargo, y a pesar de
esta diferencia en cuanto al origen, las Personas son co-eternas y co-iguales: todos semejantes
no creados y omnipotentes. Esto, enseña la Iglesia, es la revelación respecto a la naturaleza de
Dios que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a la tierra a entregarle al mundo, y la que la Iglesia
propone al hombre como el fundamento de todo su sistema dogmático.
Nuevo Testamento
Primero, les enseñó a reconocer en sí mismo al eterno Hijo de Dios. Al final de su ministerio,
prometió que el Padre enviaría en su lugar a otra Persona Divina, el Espíritu Santo. Finalmente
después de su Resurrección, reveló la doctrina en términos explícitos, mandándolos a "ir y
enseñar a todas las naciones, bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo" (Mateo 28,19). La fuerza de este pasaje es decisiva. Que "el Padre" y "el Hijo" son
personas distintas se deduce de los términos mismos, los cuales son mutuamente excluyentes.
La mención del Espíritu Santo en la misma serie, y la conexión de los nombres entre
Verbo, el unigénito del Padre, el que existe con Dios desde toda la eternidad, quien es Dios (Jn
1,1-18). La inmanencia del Hijo en el Padre y del Padre en el Hijo es declarada en las palabras de
Cristo a San Felipe: "No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en Mi? (Jn 14,10) y, en
otros pasajes no menos explícitos (14,7; 16,15;17,21). Se afirma la unicidad de su poder y su
acción: "el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace
El, también lo hace igualmente el Hijo" (5,19, cf. 10,38). Y al Hijo no menos que al Padre le
pertenece el atributo divino de dar la vida a quien desee (5,21). En 10,29-30 Cristo enseña
expresamente su unidad de esencia con el Padre: "El Padre, que me las ha dado, es más grande
que todos, y [...]Yo y el Padre somos uno.” Tomando en cuenta el contexto, las palabras
"aquello que el Padre me ha dado" pueden no tener otro significado que la naturaleza divina,
poseída en su plenitud por el Hijo así como por el Padre.
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Respecto a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, hay pocos pasajes que puedan ser citados
de los Sinópticos que atestigüen su personalidad distinta. Las palabras de Gabriel (Lc 1,35) que
tengan en cuenta el uso del término "el Espíritu" en el Antiguo Testamento, para significar a Dios
como operativo en sus creaturas, apenas puede decirse que contengan una revelación definida de
la doctrina. Por la misma razón, es dudoso si la advertencia de Cristo a los fariseos en relación a la
blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt 12,31) puede ser usada como prueba. Pero en Lc 12,12,
"porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que tengan que decir." (Mt
10,20 y Lc 24,49) se implica claramente su personalidad. Estos pasajes, tomados en conexión con
Mt 28,19, postulan la existencia de tal enseñanza como la encontramos
en los discursos en el Cenáculo, reportada por San Juan (caps. 14-16).
El posee omnisciencia y revela a la Iglesia misterios que sólo Dios conoce (1 Co 2,10);
Es Él quien distribuye los carismas (1 Co 12,11);
Él es el dador de la vida sobrenatural (2 Co 3,8)
Para resumir: los variados elementos de la doctrina Trinitaria están todos expresamente
enseñados en el Nuevo Testamento. La Divinidad de las Tres Personas se afirma o implica en
incontables pasajes. La unidad de esencia no es meramente postulada por el monoteísmo
estricto del hombre nutrido en la religión de Israel, para los cuales, "las deidades subordinadas"
habían sido impensables; pero está, como hemos visto, contenida en la comisión bautismal en
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(Const., "De fide. Cath", IV). En otras palabras, nuestro entendimiento de ella sigue siendo sólo
parcial, incluso después de haberla aceptado como parte del mensaje Divino. A través de
analogías y tipos podemos formarnos un concepto representativo expresivo de lo que se ha
revelado, pero no podemos captar el conocimiento total que supone que los varios elementos
del concepto son claramente entendidos y su compatibilidad recíproca manifiesta. En cuanto a
la vindicación de un misterio, el oficio de la razón natural es solamente mostrar que no
contiene ninguna imposibilidad intrínseca, que es inválida cualquier objeción presentada contra
él con motivo de que viola las leyes del pensamiento. Más que esto no puede hacer.
El Concilio Vaticano también definió que la fe cristiana contiene misterios estrictamente llamados
(can. 4). Todos los teólogos admiten que la Trinidad es uno de ellos. De hecho, de todas las
verdades reveladas ésta es la más impenetrable para la razón. En consecuencia, declarar que este
no es un misterio, sería una virtual negación del canon en cuestión. Por otra parte, las palabras de
Nuestro Señor en Mt 11,27, "Nadie conoce al Hijo sino el Padre", parece declarar expresamente que
la pluralidad de Personas en la Divinidad es una verdad totalmente fuera del alcance de ningún
intelecto creado. Los Padres proveen muchos pasajes en los cuales se afirma la incomprensibilidad
de la naturaleza divina. San Jerónimo dice, en una frase muy conocida: "La
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Misión divina
Que la persona enviada debe, de algún modo, proceder del que la envía, y,
Que la persona enviada debe llegar al lugar indicado.
Sin embargo, la procesión puede darse de varias maneras; por orden, consejo e incluso por origen.
Por lo tanto decimos que un rey envía un mensajero y que un árbol echa capullos. La segunda
condición, también, es satisfecha ya sea si la persona enviada llega a estar en algún lugar donde
previamente no estaba, o si, aunque él ya estaba allí, llega a estar allí de una manera distinta.
Aunque Dios el Hijo ya estaba presente en el mundo por motivo de su Divinidad, la Encarnación lo
hizo presente allí de un modo nuevo. En virtud de su nueva presencia y de su procesión del Padre,
es correcto decir que Él ha sido enviado al mundo. Así también en relación a la misión del Espíritu
Santo. El don de la gracia hace a la Santísima Trinidad presente en el alma de una manera nueva: es
decir, como el objeto de un conocimiento directo aunque incipiente y
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como el objeto de amor experimental. En razón de este nuevo modo de presencia común a
toda la Trinidad, la Segunda y Tercera Personas, dado que cada una recibe la Naturaleza
Divina por medio de procesión, se puede decir que son enviadas al alma.
263 La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo (cf. Jn 14,26) y por el
Hijo "de junto al Padre" (Jn 15,26), revela que él es con ellos el mismo Dios único. "Con el Padre
y el Hijo recibe una misma adoración y gloria".
264 "El Espíritu Santo procede del Padre en cuanto fuente primera y, por el don eterno de este
al Hijo, del Padre y del Hijo en comunión" (S. Agustín, Trin. 15,26,47).
265 Por la gracia del bautismo "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" somos
llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la oscuridad de la
fe y, después de la muerte, en la luz eterna (cf. Pablo VI, SPF 9).
266 "La fe católica es esta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no
confundiendo las personas, ni separando las substancias; una es la persona del Padre, otra la
del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo una es la
divinidad, igual la gloria, coeterna la majestad" (Symbolum "Quicumque").
267 Las personas divinas, inseparables en lo su ser, son también inseparables en su obrar. Pero
en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo
en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.
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Para reflexionar:
La Historia de la Salvación
Objetivo:
Que los jóvenes reconozcamos las diferentes intervenciones salvíficas de Dios en la historia
del hombre y así descubramos su presencia misericordiosa en nuestra propia historia personal y
comunitaria y demos una respuesta de fe y amor a su presencia.
En este encuentro vamos a reflexionar en las etapas de la intervención de Dios a favor del hombre a lo
largo de la historia, que por su intervención se convierte en historia de salvación.
El plan de Dios es que todos los hombres sean salvados y santificados, más no individualmente o
aislados entre sí. Por lo cual determino construir e instituir un pueblo para sí, como protagonista de su
propósito y vehículo de salvación para todas las naciones.
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Los descendientes de los patriarcas tuvieron que emigrar a Egipto, donde cayeron bajo
la esclavitud del faraón.
Dios envía a Moisés para salvarlos (liberarlos de la opresión). Las plagas, mueren los
primogénitos de los egipcios, pero no los de los hebreos, ya que sus casas señaladas por la
sangre del cordero pascual. Después de su paso por el Mar Rojo, los israelitas son conducidos
por el desierto. En su peregrinación hasta la tierra prometida. Dios alimenta con maná y agua.
Los israelitas conmemoraban su liberación con la fiesta anual de Pascua, que significa “paso”.
Cristo es el nuevo Moisés, el verdadero liberador. Nos saca de la esclavitud del pecado y de
la muerte por medio del agua bautismal. La Pascua de Jesús es el paso de la esclavitud a la libertad
definitiva, de la muerte a la vida gloriosa. Cristo es el verdadero cordero pascual por cuya sangre
somos salvados. El vino a enseñarnos el camino del Padre y nos alimenta en la Eucaristía
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con su cuerpo, el maná verdadero, a través de la peregrinación por el desierto de la vida hasta la
tierra prometida del cielo.
(Ex 20, 1-17). La alianza del Sinaí se ratificó con un sacrificio asperjándose la sangre sobre el
pueblo. Pero pronto, y a lo largo de la historia, muchas veces más, los israelitas fueron infieles a
la Alianza.
La Antigua Alianza preparaba y anticipaba lo que Dios quería realizar con todos los
hombres por medio de Jesús (El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, significan
precisamente la Antigua y la Nueva Alianza). Esta nueva alianza fue preanunciada ya por el
profeta Jeremías (Jr 31,31-34). Dios tomó nuevamente la iniciativa convocando a los hombres de
todas las razas en el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, sellando este nuevo pacto de amor con la
sangre de su hijo, Jesucristo. Pero también, muchas veces, somos infieles a nuestro propio
compromiso bautismal.
Después de la larga travesía por el desierto, se encontraban los israelitas bajo el mando
de Josué en Palestina. En el siguiente periodo, por cierto, un periodo difícil, de guerras contra los
pueblos fronterizos y de convulsión interna entre las 12 tribus, surgieron los “jueces” (una
especie de líderes, liberadores, dictadores). Los principales son: Débora, Gadeón, Abimelec,
Jefte, Sansón y Samuel.
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Samuel elige a Saúl como el primer rey. David, el más importante de los reyes del pueblo
de Dios, conquista Jerusalén y la elige como capital. A David, le promete Dios que su realeza
permanecería para siempre. Promesa que se cumple con Jesús, descendiente de David y de la
tribu de Judá. Su hijo Salomón construye el templo e inicia la edad de oro, la época del máximo
brillo real.
Pero ya con su muerte (930) se divide el reino: el Reino del Norte, o Israel, con su capital
Samaria, y el Reino del Sur, o Judá, con su capital Jerusalén. En 722, conquistan los asirios el
Reino del Norte, deportan muchos de sus habitantes a Nínive y envían personas extranjeras a
Samaria, provocando así la formación del pueblo bastardo de los samaritanos, a los que los
judíos todavía en tiempos de Jesús odiaban.
Los jueces y reyes de Israel son una sombra del juez y rey por excelencia: Cristo. Sobre
Él, que predijo el profeta Isaías:
“De Él dirán: Este es el consejero admirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el
Príncipe de Paz. Si imperio no tiene límites, y en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de
David y para su reino. Él lo establece y lo sostiene por el derecho y la justicia, desde ahora y pasa
siempre”.
Los profetas muchas veces no fueron comprendidos, son perseguidos porque, lo que decían
no era del gusto de los poderosos del pueblo. Hoy no ha cambiado la situación. Pero la Iglesia
“proclama la Palabra de Dios, Insiste con ocasión o sin ella, reprende, exhorta con paciencia
incansable y con afán de enseñar. Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán
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más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud
de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas
fantasiosas” (2 Tm 4, 2-4).
Los sufrimientos nos hacen reflexionar y nos acercan a Dios si tenemos una versión de fe.
Pero también hay mil tendencias en el mundo para apartarnos del verdadero Pueblo de Dios, la
Iglesia. Debemos ser del resto espiritual.
6. La Alianza desemboca en que Dios mismo se hace hombre y vive entre nosotros.
Fueron, sobre todo, los habitantes del antiguo Judá quienes retornaron. Por eso se
llaman los cinco siglos siguientes, el periodo del judaísmo. Se reedificó Jerusalén.
Durante estos siglos, vive en este pueblo un gran número de gente sencilla, que
reconoce su propia insuficiencia, y pone toda su esperanza en la llegada del Salvador. Son
llamados “los pobres de Yahvé”. Entre la larga lista de los pobres de Yahvé que preparan la
venida del Señor, encontramos a Jeremías, Juan Bautista, José, el esposo de María, y de manera
preminente a la Virgen María, quien será la madre del Salvador.
Nosotros nos vemos reflejados en cada uno de los personajes que intervienen en el
desarrollo del plan de Dios: tenemos algo de Abraham y de Jesús. Nos parecemos a Moisés, y a
David, Caín y Abel, y forman parte de cada uno. Dentro de cada uno vivimos la esperanza de los
profetas y la soledad del destierro. La historia de la salvación es nuestra propia historia.
Si dividiera mi vida hasta el día de hoy: ¿en cuántas etapas lo haría? Señálalas a
continuación:
1. ___________________________________________________________________________
2. ___________________________________________________________________________
3. ___________________________________________________________________________
4. ___________________________________________________________________________
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¿Qué me hace falta aún para responder a la llamada que Dios me hace?
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Objetivo:
Reflexionar sobre la persona de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre y así
renovemos nuestra fe, esperanza y amor a Él.
El centro de nuestra fe no es una doctrina, una teoría, una ideología, sino una persona, Jesucristo.
Nuestra fe en Jesucristo ante todo acepta la persona misma en Jesucristo, en totalidad, tal como le ha
sido revelada; y por esa persona acepta igualmente aquellas verdades como a su misión.
Dos de las primeras herejías que tuvo que enfrentar la Iglesia con la fuerza de la verdad, herejías
que aun en la actualidad siguen vivas son el Docetismo y el Adopcionismo.
El Adopcionismo:
Según esta tendencia que se encuentra en círculos judeocristianos del siglo I y de principios del
siglo II, Jesús no es Dios, sino un hombre como todos. Había sido adoptado como el hijo de Dios; ya
sea, según algunos, en el bautismo, u otros, en la resurrección. Se excluye la divinidad de Jesús en
nombre de un riguroso monoteísmo. Afirma que Jesús era un hombre elegido por Dios cuya misión
no era la de salvar, sino la de enseñar, era un renovador de la ley, no un salvador; Jesús es el
verdadero profeta, el último de una serie de siete cuerpos que cambian a través de la historia: Adán,
Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Moisés, y Él. Y como todos los personajes del Antiguo Testamento,
también Jesús “empezó” a ser Cristo e hijo de Dios en su bautismo en el Jordán.
El Docetismo:
Los docetas afirmaban que la humanidad de Cristo fue solo aparente, ya que es imposible que
un Dios eterno se haga temporal, que el inmortal se haga mortal. Desde su dualismo de inspiración
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gnóstica, que considera la materia como naturalmente mala y pecaminosa. Por lo mismo también,
aspiraban a una salvación puramente espiritual de alma inmortal. Un Dios encarnado en un cuerpo
pasible, sujeto a la muerte y a la corrupción, contradecía esta perspectiva espiritualista; por ello
concluyen ellos, el cuerpo de Cristo fue solo aparente. Su humanidad no fue real, sino que solo se
manifestó en una cierta figura humana, pero sin embargo no lo era del todo. La divinidad del verbo
deja en penumbra la verdadera encarnación. Su humanidad solo parece, no lo es realmente, así
como un fantasma.
Es una alegría pensar que Dios, Omnipotente y Eterno, haya querido hacerse visible, estar cerca
y compartir su vida con nosotros, por medio de su Hijo Jesús. Con la venida de Jesús al mundo, Dios nos
revela viviendo y compartiendo como un más entre los humanos. Ya no es Dios lejano e inalcanzable,
sino el Emmanuel; Dios con nosotros.
La vida de Jesús es sencilla, común, aprendió a trabajar, observar la ley, etc. Se hizo
verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo, menos en el pecado (Hb 4,15). Creció, jugó,
aprendió, obedeció y rezó como lo puede hacer cualquier otra persona (Mt 2,13-23). También tuvo
tentaciones (Mt 16,22-23), las cuales venció permaneciendo fiel a su padre.
Sufrió dolor y angustia, como nosotros; se conmovió al ver llorar a María y Marta por la muerte
de su hermano Lázaro (Jn 11, 37-42). En el huerto de los olivos padeció angustia y tristeza; pide a sus
amigos que velen junto a él (Mt 26,38).
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Sufre el dolor en carne propia, con todo lo que fue su pasión y crucifixión; como todo hombre
también experimenta y muere realmente sepultado. Pocas páginas de los Evangelios no muestran a
un Jesús tan cercano al sufrimiento de los seres humanos, como lo son la narración de su pasión y
muerte.
Esta es una verdad fundamental que la Iglesia ha anunciado siempre, apoyada en los
testimonios de los profetas y de los apóstoles; sobre todo, porque desde el principio de la fe cristiana
comenzaron a aparecer dudas y errores sobre la humanidad o sobre la divinidad de Jesús como se ha
hablado anteriormente.
Jesús es el Mesías que anunciaron los profetas.
Una virgen dará a luz a un Emmanuel (Isaías 7,14;
Miqueas 5,1).
Jesús es el hijo de Dios reconocido por los
apóstoles. Simón confesó su fe en Jesucristo: “Tú
eres Cristo el hijo de Dios” (Mt 16,16); y los
Apóstoles en la barca exclaman: “¡verdaderamente
tú eres el hijo de Dios!” (Mt 14,33).
Jesús es el hijo de Dios reconocido por los paganos. El capitán de los soldados al ver
morir a Jesús en la cruz decía: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mt 27,54).
Jesús mismo se declara Hijo de Dios; quien lo ve a él, ve al Padre (Jn 14,8-9).
Jesús realiza acciones propias de un Dios: perdona los pecados (Mt 9,6) resucita a los
muertos (Lc 7,13-15).
La fe de la Iglesia siempre ha sido que Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios en la unidad de
su persona divina; por esta razón, Él, es el único mediador entre Dios y los hombres. Esta afirmación
fundamental sobre la persona de Jesucristo ha sido siempre creída y anunciada desde inicios; de modo
sistemático y con lenguaje técnico, dicha verdad quedó plasmada en lo que el concilio de Nicea (año 325)
declaraba: “Creemos en un solo Dios Padre Omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles e
invisibles, y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, nacido Unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del
Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al
padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la
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tierra, que por nosotros los hombre y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo
hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Y
también en el Espíritu Santo”.
unión de las dos naturalezas en Cristo, pero todo lo que se refiere a la persona será único, y es una sola
persona: la del verbo. Por consecuencia, todos los actos de Cristo tienen valor infinito; su humanidad
merece adoración
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Actividades:
Analiza y contesta las siguientes preguntas.
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4. Cada persona es un misterio. Todos tenemos algún secreto. ¿A quién le contarías tus secretos?
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5. Jesús parecía un hombre como los demás. Sin embargo, era un hombre único, distinto. Muchos
de los que le conocieron, e incluso de los que le siguieron, no percibieron esta identidad de
Jesús. Solo unos pocos le reconocieron como Mesías. Y a nosotros, ¿nos atrae esa forma tan
especial, ese darse a los demás sin medida, ese manifestarse siempre como hombre
insobornablemente libre? ¿por qué?
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6. Jesús, con su palabra, el ejemplo de su vida y sus hechos, ¿Qué reacciones provocaba entre la
gente de su tiempo? ¿Y nosotros, qué pensamos de él?
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Los 10 Mandamientos
“Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” (Lc 18,18)
Objetivo:
Que los jóvenes veamos en los mandamientos el amor que Dios nos presenta para que con una
actitud nueva podamos crecer en libertad ante el mundo.
En una sociedad marcada por el pensamiento subjetivo, no tienen cabida los mandamientos, parece que
cada uno inventa o interpreta a su gusto y conveniencia: “lo bueno y lo malo; lo justo y lo injusto; lo
bello y lo desagradable”. El hombre se cree el “legislador” y actúa como tal. Esto va creando una
marcada alegría a los mandatos, leyes y preceptos en general, y claro, también entre los que vienen de
Dios; de modo particular, los mandamientos de Dios son vistos o vividos como obligaciones que aplastan
la libertad en obediencia sumisa al Creador, como algo que supera las fuerzas; y van contrarias a los
deseos y tendencias naturales.
Nuestra realidad contemporánea es cambiante. Nos asisten reglas, las leyes, las normas que
seguimos, por creer que estas nos reprimen, cohíben o aprisionan en el entorno en que nos
desenvolvemos. Llegamos a no tomar en cuenta aquellas que vivimos en casa con la familia, las que se
aplican en los centros de estudios, las normas de nuestro trabajo o la de las instituciones
gubernamentales. Para algunos jóvenes es muy fácil desprenderse de las directrices que marcan la
conducta de la sociedad, distorsionando muchas ocasiones, el sentido de la libertad humana.
En nuestra Iglesia suele suceder esto, lamentablemente para muchos cristianos ya nada es
pecado, este se ha convertido en un punto de vista, en una opinión, en un mismo hecho visto desde
perspectivas diferentes. Y ya los jóvenes y los adolescentes van creciendo con este tipo de mentalidad.
Los Diez Mandamientos nos expresan los deberes y obligaciones más importantes del hombre
hacia Dios, son inalterables y la obligación es cumplirlos, siempre, para todos los creyentes.
Primeramente, Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí los Diez Mandamientos para que los
cumpliera el pueblo de Israel, y así se distinguiera de los demás pueblos.
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Estos mandatos divinos, Jesús los extendió como obligatorios para toda la humanidad y su
cumplimiento lo puso como condición para encontrar la felicidad en la vida eterna con Dios. De ahí
se desprende la importancia de aprenderse y cumplirse estos mandamientos del Señor.
Unas de las cosas que Dios nos pide es cumplir con los mandamientos que Él nos entregó. Los
Mandamientos son un camino para llegar al cielo y ser felices. Cuando los cumplimos, vivimos en paz.
Este mandamiento nos dice que Dios debe ser lo más importante en
nuestras vidas, debemos amarlo, respetarlo y vivir cerca de Él. Esto lo
podemos hacer a través de la oración y los sacramentos.
¿Hago un esfuerzo por estar muy cerca de Dios durante la Misa y escuchar lo que me quiere decir?
5. No matarás
Este mandamiento nos manda respetar nuestra propia vida y la del prójimo, cuidando de la propia
salud, porque la vida humana es sagrada. Se trata de no lastimar ni atentar contra la vida propia o ajena;
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7. No robarás
8. No mentirás
¿He propiciado situaciones que me pongan en peligro para tener pensamientos y deseos impuros?
¿Me pongo feliz por mis amigos cuando consiguen algo que yo no
tengo?
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Actividades:
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2. ¿En nuestra comunidad, cuál o cuáles de los mandamientos de la ley de Dios con mayor
frecuencia se olvidan o no se cumplen?
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3. ¿Con que actitud hemos de recibir y aceptar cada uno de los mandamientos de Dios?
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Cuaresma
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran
fiesta de Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros
para ser mejores y poder vivir más de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza, y termina antes de la Misa de la Cena
del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un
esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de
reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda
la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a
nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con
esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
Cuarenta días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En esta, se habla
de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de
los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto
antes de comenzar su vida pública.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo
de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
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La Iglesia
Objetivo:
Que los jóvenes comprendan y tomen conciencia de que la Iglesia la formamos todos y que
todos estamos llamados a participar en ella; que lo bueno o lo malo que hay en la Iglesia es lo bueno o
lo malo que somos y tenemos cada uno de nosotros.
Jesús vino no solamente para reconciliar a los hombres con Dios, sino también para unirlos entre sí, en
el Reino de Dios. Con Jesucristo empezó este Reino divino entre los hombres. Todos los que aceptan su
mensaje pertenecerán en el futuro a él.
Para mantener viva esta Buena Noticia, también para los hombres de otras naciones y siglos,
Dios volvió a formar su pueblo, esta vez, no solamente de la raza de Abraham como en la Antigua
Alianza, sino de todas las razas y naciones.
Este nuevo pueblo de Dios es la Iglesia. La palabra “Iglesia” significa: convocación, asamblea,
reunión. Designa la asamblea de aquellos a quienes “convoca” la Palabra de Dios para formar el Pueblo
de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo.
Todos los bautizados pertenecemos a este Pueblo, previamente a cualquier distinción interna.
En el único Pueblo de Dios, todos, seamos laicos, religiosos o pastores, tenemos esencialmente la misma
dignidad, y todos compartimos la misma vocación de crecer en santidad y a participar en la misión de la
Iglesia.
La Iglesia la fundó el mismo Jesucristo, Él, que vino a salvar a todos los hombres, no solo los de
su época o nación, sino a todos de todas las razas, de todos los tiempos, fundó la Iglesia para que
continuara su obra, a fin de hacer perenne la obra salvadora de la Redención. Jesús fundó la Iglesia; la
Iglesia nació el día de Pentecostés, que fue el día en que los apóstoles comenzaron a predicar el
Evangelio; a cumplir la misión que Jesús les había encomendado.
Cuando decimos que la Iglesia es “el Pueblo de Dios” expresamos que Dios quiso santificar y
salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino que quiso hacer de ellos
“un pueblo” para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida sana.
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Que es realmente “Pueblo” y “de Dios”. Dios lo ha adquirido para sí. “Vosotros sois linaje escogido,
sacerdocio regio, gente santa, pueblo adquirido para pregonar las excelencias del que os llamó de
las tinieblas a su luz admirable”.
Se entra en el Pueblo de Dios por la fe y el bautismo, o sea, por el nacimiento “del agua y del
Espíritu” (Jn 3,3-5).
(Ef 4,16) en el que todos tienen una parte y una función que está en perfecta armonía con la
unidad de todo el cuerpo. No tienen una vida propia, sino que un único principio encauza sus
actividades al bien común de todo el cuerpo (1 Co 12,12ss).
Este cuerpo dotado de múltiples miembros y unidad de vida, no es un compuesto social cualquiera
sino el Cuerpo de Cristo. “Vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros cada uno por su parte” (1 Co 12,27).
Cristo y la Iglesia son inseparables y se complementan mutuamente. San Pablo concibe a la Iglesia no como
un cuerpo físico en el que las partes no conservan su individualidad, ni como un cuerpo moral en el que los
miembros se unen entre sí por un vínculo puramente externo, sino como un cuerpo místico en el que las
partes, conservando su individualidad, se unen por principio intrínseco sobrenatural, común a todas, el
Espíritu Santo (1 Co 12,4-11). Cristo es la cabeza del cuerpo porque asume en la Iglesia la misma función que
la cabeza en el cuerpo físico, es decir, gobierna e infunde vida (Ef 1,22-23). Cristo es cabeza
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de la Iglesia y esta su complemento que se puede entender en dos sentidos: o la Iglesia perfecciona a
Cristo porque proporciona los miembros cuya cabeza es Él, y sin la cual no podría subsistir; o Cristo
perfecciona a la Iglesia porque siendo su cabeza, le confiere la vida. En los dos casos, Cristo y la Iglesia
son inseparables como la cabeza y el cuerpo. Si Cristo es la cabeza del cuerpo místico porque lo gobierna
y le da vida, el Espíritu Santo es el alma que vivifica el cuerpo. El alma aun siendo independiente del
cuerpo, existe en él y lo informa como principio vital que le confiere unidad y actividad. Es la función
que realiza en la Iglesia el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, al igual que el alma en el cuerpo, es el principio de la unidad y actividad del
cuerpo místico que es la Iglesia. Es en virtud del Espíritu Santo que la Iglesia posee la triple potestad de
enseñar, gobernar, y santificar. Si la Iglesia es infalible en su doctrina lo debe al Espíritu Santo (Jn 16,12-
15). Los miembros que forman parte del cuerpo místico de Cristo pueden ser perfectos o imperfectos.
Son miembros perfectos todos los bautizados, de cualquier raza o condición (1 Co 12,12-13; Ga 3,27-28).
Estar bautizados e incorporados a la Iglesia es idéntico. Pero, así como Dios pone condiciones para
entrar en la Iglesia, las pone también para permanecer en ella. Podemos resolverlas en dos:
2. Obedecer a la legítima autoridad por Él establecida. Jesús dijo que el que no crea se condenará
(Mc 16,16) y confió todo su rebaño a Pedro para que lo defienda y apaciente (Jn 21,15ss).
1. Los catecúmenos.
2. Los bautizados que no poseen integridad de la fe, que no aceptan lo que enseña la Iglesia,
que no admiten la autoridad del Papa.
3. Los no cristianos, especialmente el pueblo judío, que, aunque no aceptó a Cristo, fue
depositario de las promesas mesiánicas y es descendiente de aquellos patriarcas de quienes
los cristianos son hijos espirituales. Por tener fe en el verdadero Dios y el hecho de que un
día, que solo Dios sabe, aceptarán a Cristo, permite decir que los hebreos están también
ordenados al pueblo de Dios.
4. Los paganos: que no han conocido jamás el Evangelio de Dios viviente, pero que lo buscan
todavía, siempre que intentan vivir en armonía con la ley natural grabada en su corazón y en
la que, al menos implícitamente, reconocen la voz de Dios que desea que todos lleguemos al
conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4).
La única Iglesia de Cristo tiene unos rasgos o características esenciales, que le ha dado el mismo
Cristo por el Espíritu Santo, y así lo confesamos en el Credo. Cuatro son las características por las que la
auténtica Iglesia de Cristo es reconocible. Y son ser: Una, Santa, Católica y Apostólica.
Al decir que la Iglesia es una, afirmamos que tiene un solo Señor, una
sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo cuerpo
vivificado por el Espíritu, orientado a una única esperanza, a cuyo
término se superarán todas las divisiones.
Explicamos que dentro de la Santa Iglesia haya pecadores porque, aunque todos los cristianos, de
cualquier estado y condición, están llamados cada uno por su propio camino a la perfección de la santidad,
cuyo modelo es Cristo, en muchos, esta santidad está todavía por alcanzar. Por ello, la Iglesia abrazando
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en su seno a los pecadores, no deja de ser a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y
busca sin cesar la conversión y la renovación.
Católico significa “universal”. Por eso, cuando decimos que la Iglesia es católica, queremos decir
que la Iglesia anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación,
es enviada a todos los pueblos, se dirige a todos los hombres y abarca todos los tiempos.
Cuando afirmamos que la única Iglesia fundada por Jesucristo es apostólica, decimos que Jesús
la fundó sobre Pedro y los demás Apóstoles, como sólidos cimientos de la misma. Y que los sucesores de
ellos son el Papa y los Obispos, y es nota característica de la Iglesia la conexión ininterrumpida en el
tiempo con ellos.
No hay varias Iglesias de Cristo. Hay una sola Iglesia fundad por Jesucristo, como hay un único
Dios. La única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro, el Papa,
Vicario de Cristo en la tierra, y por los Obispos en comunión con él.
Jerarquía de la Iglesia
específica es mantener unida a la Iglesia. Su máximo servicio está en la Iglesia Universal como
animador de la fe y en el trabajo, teniendo apoyo en los obispos del mundo; “cuidad a mis ovejas”
(Jn 21,15). “Pedro tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16,18).
Los obispos, en unión con el Papa, dirigen la Iglesia y cuando se reúnen (los obispos con el Papa)
a tomar decisiones y aclarar cuestiones, a esa reunión se le llama concilio ecuménico.
El Concilio Vaticano II, realizado en Roma, de 1962 a 1966, dispuso normas y cambios muy
importantes sobre la renovación de la Iglesia.
También, el Papa a veces se reúne solo con algunos obispos. Estos son los representantes de las
diferentes conferencias episcopales de cada País. Tal reunión adquiere características de una asamblea
que se llama Sínodo. Allí, se plantean algunos temas de estudio y se toman decisiones que tienen que
ver con la Iglesia. El Papa es elegido por el colegio de cardenales del mundo; para ello se reúnen en
“cónclave” o sea a puerta cerrada, hasta el momento en que es elegido, por votación secreta, el nuevo
sucesor de Pedro. El Papa, a su vez, es quien nombre a los cardenales, arzobispos y obispos, en virtud de
su misión y autoridad en la Iglesia.
Los cardenales
Los presbíteros o sacerdotes: son ministros ordenados, que le colabora al obispo y lo representa
en su parroquia, en la misión de: acompañar, enseñar, celebrar, pastorear, gobernar y guiar al pueblo
santo por medio de la celebración de los sacramentos, la lectura de la Palabra de Dios y el testimonio de
vida. Es el amigo de Dios para los hombres, en virtud de su ordenación sacerdotal.
Los diáconos
Los laicos: no son ni clérigos ni religiosos, tienen una misión distinta, pues se dedican a las
tareas seculares, a la transformación de esta tierra, es decir, la ciudad terrena y su vida está
regulada por las leyes y aspectos comunes de la sociedad civil, como por los derechos canónicos.
Organización de la Iglesia
Diócesis: Iglesia particular que se constituye por determinado número de parroquias y a cuya
cabeza está el obispo.
Prelaturas: Están constituidas por parroquias distantes en tierra de misión y las dirige un obispo.
El conjunto de diócesis del mundo entero conforma la Iglesia Católica, que quiere decir Iglesia
Universal.
P á g i n a | 101
Objetivo:
Que el catecúmeno se interese por conocer nuestra profesión de fe, profesión de fe que ha
llegado a nosotros gracias a la tradición, al magisterio y a la Sagrada Escritura, con el fin de que el
joven pueda dar razón de las verdades de fe contenidas en el Credo.
Las verdades de nuestra religión, de nuestra fe católica se encuentran en el Credo. Si alguien de otra
religión nos pregunta: “¿Qué es lo que creen ustedes los católicos?” podemos contestarle con el Credo.
Podemos decir que es una síntesis de nuestra fe.
mí, mis acciones deberán demostrar esa seguridad y confianza. Si yo creo en la Iglesia, la voy a ayudar.
Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: "Creo" o "Creemos". Antes de exponer la
fe de la Iglesia tal como es confesada en el Credo, celebrada en la Liturgia, vivida en la práctica de los
Mandamientos y en la oración, nos preguntamos qué significa "creer".
El Credo se divide en tres partes: Primero habla de la primera Persona divina y de la obra
admirable de la creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la Redención de
los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación. Estas
tres partes contienen doce artículos que abarcan las principales verdades en las que creemos los
católicos. Estos doce artículos son:
Si nos fijamos bien en todo lo que creemos nos damos cuenta de lo importante que es Dios y de
cómo nos amó tanto que nos entregó a su Hijo Jesús para salvarnos. Se quedó con nosotros en la Iglesia,
nos perdona y nos promete volver a venir.
Al rezar el Credo entramos en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y con toda la Iglesia.
Nuestra profesión de fe comienza por Dios, porque Dios es "el Primero y el Ultimo" (Is 44,6), el
Principio y el Fin de todo. El Credo comienza por Dios Padre, porque el Padre es la Primera Persona de la
Santísima Trinidad; nuestro Credo se inicia con la creación del Cielo y de la tierra, ya que la creación es el
comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios.
El Catecismo de la Iglesia nos explica por qué tenemos un Credo. Desde su origen, la Iglesia apostólica
expresó su fe en formulas breves y normativas para todos, quiso recoger lo esencial de su fe en resúmenes
orgánicos y articulados, destinados sobre todo a los candidatos al bautismo. Esta síntesis de fe no ha sido
hecha según opiniones humanas, sino que se ha tomado de toda la Escritura lo más importante, para dar en
su integridad la única enseñanza de la fe. A esta se le llama "profesión de fe", y también se le llama Credo, ya
que la primera palabra en ella es "Creo". Se les denomina igualmente "símbolos de la fe".
El Credo de los Apóstoles o Símbolo de los Apóstoles, es el corto, es llamado de los apóstoles porque es
considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal
de la Iglesia Romana. Su gran autoridad proviene del hecho de que es el símbolo que guarda la Iglesia
Romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó a la doctrina común.
P á g i n a | 103
El Credo Niceno-Constantinopolitano, es más largo por ser más explícito y lo rezamos todos los
domingos en la Misa. Debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios
ecuménicos, como su nombre lo indica respectivamente Concilio de Nicea (año 325) y el Concilio de
Constantinopla (año 381). Sigue siendo hoy el símbolo común de todas las Iglesias de Oriente y
Occidente.
El Credo es Bíblico
Su único hijo: “Pues Dios amo tanto al mundo, que dio a su Hijo Único, para que todo aquel que crea en
él no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16).
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del
Dios altísimo descansará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e
Hijo de Dios” (Lucas 1,35).
Nació de Santa María Virgen: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por
medio del profeta: ‘la Virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel’
(que significa “Dios con nosotros”)” (Mateo 1,22-23).
P á g i n a | 104
Muerto y sepultado: “Jesús gritó con fuerza y dijo: -¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al
decir esto, murió (Lucas 23,46). Después de bajarlo de la cruz, lo envolvieron en una sábana de lino y lo
pusieron en un sepulcro abierto en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie (Lucas 23,53).
Descendió a los infiernos: “Como hombre, murió; pero como ser espiritual que era, volvió a la vida. Y
como ser espiritual, fue y predicó a los espíritus que estaban presos” (1Pedro 3,18-19).
Al tercer día resucitó de entre los muertos: “Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las
Escrituras, que lo sepultaron y que resucitó al tercer día” (1Corintios 15, 3-4).
Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso: “El Señor Jesús fue llevado
al cielo y se sentó a la derecha de Dios” (Marcos 16,19).
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos: “Él nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha
puesto como juez de los vivos y de los muertos” (Hechos 10, 42).
Creo en el Espíritu Santo: “Porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu
Santo que nos ha dado” (Romanos 5, 5).
Creo en la Iglesia, que es una: “Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. (Jn 17,21; Jn 10, 14; Ef
4, 4-5)
Es santa: “La fe confiesa que la Iglesia… no puede dejar de ser santa (Ef 1, 1). En efecto, Cristo, el Hijo de
Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama ‘el solo santo’, amó a su Iglesia como a su esposa
(Ef 5, 25). Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del
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don del Espíritu Santo para gloria de Dios” (Ef 5, 26-27). La Iglesia es, pues, “el Pueblo santo de
Dios” (1 Pe 2,9), y sus miembros son llamados “santos” (Hch 9, 13; 1 Co 6, 1; 16, 1).
Es católica: “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia; y ni siquiera el
poder de la muerte podrá vencerla” (Mateo 16,18). Posee la plenitud que Cristo le da (Ef 1,22-23).
Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (Mt 28, 19)
Es apostólica: El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la plena
consumación del Reino. Ante todo está la elección de los Doce con Pedro como su Cabeza (Mc 3, 14-15);
puesto que representan a las doce tribus de Israel (Mt 19, 28; Lc 22, 30), ellos son los cimientos de la
nueva Jerusalén (Ap 21, 12-14). Los Doce (Mc6, 7) y los otros discípulos (Lc 10,1-2) participan en la
misión de Cristo, en su poder, y también en su suerte (Mt 10, 25; Jn 15, 20). Con todos estos actos,
Cristo prepara y edifica su Iglesia. 2 Tim 2,2
La comunión de los santos: “Después de esto, miré y vi una gran multitud de todas las naciones, razas,
lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie
podía contarlos” (Apocalipsis 7,9).
El perdón de los pecados: “A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados” (Juan
20,23).
La resurrección de la carne: “Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales” (Romanos 8,11).
Y la vida eterna: “Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lámpara ni luz del sol,
porque Dios el Señor les dará su luz, y ellos reinarán por todos los siglos” (Apocalipsis 22,5).
Actividades:
1. ¿Qué es el Credo?
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Objetivo:
Que los jóvenes comprendamos la importancia de cumplir los mandamientos de la Iglesia,
y que el cumplir con ellos nos ayuda a vivir los mandamientos de Dios.
Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se
alimenta de ella. Tienen por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y
en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los mandamientos son:
Igualmente deben observarse los días de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Epifanía,
Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y
Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos. Además, en México,
también el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe.
2. Confesar los pecados al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar
Garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en relación con el tiempo
de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana.
Asegura los tiempos de mortificación y penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas;
contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón.
Señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, en las necesidades económicas y
materiales de la Iglesia.
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Los Sacramentos
Objetivo:
Mostrar a los jóvenes los signos sensibles que los llevan al encuentro del Señor a través de la
gracia, para que, conociéndolos, los valoren y con fe y disposición, los reciban.
A lo largo de la historia, mediante ritos y fiestas, los hombres han dado importancia especial a los
momentos claves de su vida, como el nacer, desarrollarse, pedir perdón, alimentarse, servir, amarse y
morir. Los cristianos, desde su fe, celebran esos momentos con unos signos expresados en gestos y
palabras, es decir, con los sacramentos. En los sacramentos, Jesús se hace presente y sale a nuestro
encuentro.
Como el amor es algo que no es fácil de demostrar, ya que es invisible e interior, como invisible
es Dios, se necesita descubrirlo por medio de signos, que son realidades que el hombre puede entender
y ver.
Jesucristo, en su amor infinito a los hombres, instituyó los siete sacramentos, por medio de los
cuales llegan hasta nosotros los bienes de la redención.
Los Sacramentos son eficaces en sí mismos, porque en ellos actúa directamente Cristo. En
cuanto signos externos también tiene una finalidad pedagógica: alimenta, fortalecen y expresan la fe.
Cuanto mejor es la disposición de la persona que recibe los sacramentos, más abundantes son
los frutos de la gracia.
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Materia y forma
Se le llama materia a los objetos o gestos que se usan para impartir los sacramentos: el agua que lava, el
pan que se reparte, la copa de vino que va pasando de unos a otros, la unción con aceite, la imposición
de manos, la pronunciación de un sí entre el hombre y la mujer, la petición de perdón y el gesto de
perdonar. Estos gestos van acompañados de palabras que dan un significado especial a las acciones que
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se celebran: “yo te bautizo”, “yo te absuelvo”, “tomad y comed”. Por la fe en Dios estos gestos y
palabras adquieren un sentido nuevo.
1. Tener fe
2. Querer recibirlo
3. Conocerlo
4. Estar en Gracia
Los sacramentales son signos sagrados, muchas veces con materia y forma, por medio de los cuales se
reciben efectos espirituales, y que son actos públicos de culto y santificación. Pueden ser “cosas” o
“acciones”, por la intercesión de la Iglesia.
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Ellos fueron instituidos por la Iglesia, a diferencia de los Sacramentos, que fueron instituidos por
Cristo. Tienen ciertas semejanzas con los Sacramentos. Son signos de la oración de la Iglesia y nos
disponen para recibir la gracia.
Agua bendita
Objetos religiosos (cruces, medallas, rosarios, escapularios, etc.)
Veladoras
Vía Crucis
Danzas religiosas
Funerales
Procesiones y actos de veneración
La bendición
La señal de la cruz
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Actividades:
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4. ¿Qué es un sacramental?
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El Bautismo
Nuestros padres nos dieron la vida natural del cuerpo, pero Dios nos da el alma y nos destina, además, a
una vida sobrenatural; nacemos privados de ella por el pecado original, heredado de Adán y Eva.
Desde los tiempos más antiguos, el Bautismo es dado a los niños, porque es una gracia y un don
de Dios que no suponen méritos humanos; los niños son bautizados en la fe de la Iglesia. La entrada en
la vida cristiana da acceso a la verdadera libertad.
El fruto del Bautismo, o gracia bautismal, es una realidad rica que comprende: el perdón del
pecado original y de todos los pecados personales; el nacimiento a la vida nueva, por la cual el hombre
es hecho hijo adoptivo del Padre, miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo. Por la acción misma del
bautismo, el bautizado es incorporado a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y hecho partícipe del sacerdocio de
Cristo. El Bautismo imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el carácter, que consagra al
bautizado al culto de la religión cristiana. Por razón del carácter, el Bautismo no puede ser reiterado.
Existen dos formas de bautismo: inmersión e Infusión. El modo antiguo y original de bautizar es
la inmersión completa del bautizado en el agua. La palabra misma “bautizar”, sinónimo de “sumergir”,
significa una sumersión completa del cuerpo en el agua. La infusión es aquella en la cual vierte agua por
tres veces en la cabeza del bautizado y se complemente con un interrogatorio.
P á g i n a | 114
La materia del sacramento del bautismo es el agua que se vierte sobre la cabeza del bautizando y el óleo
con que es ungido (santo crisma y óleo de los catecúmenos).
La forma que se emplea son las palabras que el ministro utiliza en el momento central del
sacramento: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
¿Quién lo administra?
a la Iglesia. Esto quiere decir que dentro del alma llevamos como escrito “soy un cristiano”. Este
sello se llama “carácter bautismal” y pase lo que pase, aunque no vivamos como cristianos,
aunque nos cambiemos de religión, ese sello no se borrará, es para siempre.
Nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia. En el bautismo Dios nos adopta como hijos suyos y
por eso podemos decirle, como Jesús: “Padre nuestro”. Y como somos hijos de Dios, somos
también hermanos de Jesús y hermanos entre nosotros. También, por el bautismo entramos a
formar parte de la familia de la Iglesia, que está formada por todos los bautizados. Esto no es
solo un privilegio, sino que es también una tarea, ya que todos tenemos una labor que cumplir
dentro de la Iglesia.
Nos convierte en templos del Espíritu Santo. Esto quiere decir que, desde el día de nuestro bautismo,
el Espíritu Santo entró a vivir en nosotros, y nuestro cuerpo se volvió como un templo,
P á g i n a | 115
esto es, un lugar donde vive Dios. Por eso tenemos que cuidarlo y respetarlo como si fuera una
Iglesia, un templo, porque Dios vive ahí dentro.
Nos borra el pecado original y nos perdona los pecados y las penas merecidas. Nos
purifica de toda manche de pecado y nos hace dignos herederos del Reino.
Nos convierte en sacerdotes, profetas y reyes. Este sacramento nos hace partícipes del
sacerdocio, la profecía y la realeza de Jesucristo.
Marcos 16,15-16
La Eucaristía
Objetivo:
Descubrir a Jesucristo vivo, presente en la Eucaristía con su cuerpo, sangre, alma y divinidad,
para que, al recibirlo dignamente, anticipe su participación en el banquete divino y sea prenda de
salvación para la vida eterna.
Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que nos recordara el sacrificio de su muerte en la cruz. Por
eso, en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía, convirtiendo el pan y vino en su mismo
cuerpo vivo; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en
memoria suya.
Así, la Santa Misa, sacrificio del señor Jesús, es también un acto de amor que debe brotar
naturalmente de cada cristiano, como respuesta agradecida ante el inmenso don que significa que Dios
se haga presente en la Eucaristía.
Los signos esenciales del sacramento son pan de trigo ácimo (sin levadura) y vino de uva puro, sobre los
cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo con las palabras de la consagración dichas por Jesús en
la última cena: “tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por
ustedes”; “tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y
eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en
conmemoración mía”.
¿Quién lo administra?
Para los niños se requiere que tengan uso de razón y hayan recibido alguna catequesis acerca del
sacramento.
Nos adhiere íntimamente con Cristo Jesús, quien nos transmite su gracia.
Nos separa del pecado, siendo este el gran misterio de la redención, pues su Cuerpo y su Sangre
son derramados por el perdón de los pecados.
Fortalece la caridad, que en la vida cotidiana tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra
los pecados veniales.
P á g i n a | 118
Nos preserva de futuros pecados mortales, pues cuanto más participamos en la vida de
Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper nuestro vínculo de
amor
con Él.
Nos une a la Iglesia, pues quienes reciben el Cuerpo de Cristo se unen entre si en un solo
cuerpo: la Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada
ya
por el bautismo.
Nos compromete en favor del prójimo, pues al recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo que son la
Caridad misma, nos hace caritativos.
Es prenda de vida eterna, ya que nos anticipa al sagrado banquete al que estamos invitados en
la casa paterna.
Lucas 22,19-20
La Reconciliación
comienza cuando el que ofendió se arrepiente y sabe que puede ser acogido y perdonado por el que fue
ofendido, como cuando pedimos perdón a alguien. Necesitamos pedir perdón y escuchar el “te
perdono” para recuperar la paz de la conciencia.
Los cristianos estamos llamados a la santidad; para ello hay que vivir en gracia de Dios; pero
podemos perder la gracia bautismal por el pecado mortal, que mata la vida sobrenatural del alma y
rompe la amistad y la comunión con Dios. El pecado, como explicaba el San Juan Pablo II, es un acto
suicida, porque, ante todo, el hombre se daña a sí mismo, destruyendo toda obra buena.
Jesucristo, por ser Dios, tiene poder para perdonar los pecados, y dio
este poder a los Apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio, quienes actúan
“en la persona de Cristo”; o sea que, de hecho, es el mismo Jesucristo el que
perdona por el misterio del sacerdote.
El que calla por vergüenza la confesión de algún pecado mortal comete un grave pecado
llamado sacrilegio, y no se perdonan los otros pecados confesados.
Si se olvida la confesión de un pecado mortal, la confesión vale, pero el pecado olvidado debe
manifestarse en la próxima confesión.
Básicamente este sacramento está constituido por tres actos realizados por el penitente y por la
absolución del sacerdote:
La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo
las gracias de este maravilloso sacramento.
1. Examen de conciencia
Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón
sin engaños.
P á g i n a | 121
Sentir un dolor verdadero por haber lastimado a quien más nos quiere: Dios, a través de nuestros
hermanos.
Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo
que representa nuestra reparación por las faltas que cometimos.
Materia: es el dolor de corazón o contrición, los pecados dichos al confesar de manera sincera e
integra y el cumplimiento de la penitencia o satisfacción.
Forma: son las palabras que pronuncia el sacerdote después de escuchar los pecados y de haber
emitido un juicio, cuando da la absolución: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo”.
Ministro: la Iglesia ejerce el ministerio del sacramento de la reconciliación por medio de los
Obispos y los sacerdotes. Ellos manifiestan y comunican el perdón de los pecados en nombre de Cristo y
por la acción del Espíritu Santo.
Sujeto: es toda persona bautizada que, habiendo cometido algún pecado grave o venial, acuda a
confesarse con las debidas disposiciones, y no tenga ningún impedimento para recibir la absolución.
P á g i n a | 122
Efectos de la Reconciliación
Nos reconcilia con Dios, uniéndonos nuevamente en profunda amistad con Él y dando
como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia.
Nos reconcilia con la Iglesia, pues el pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna. Como la
Iglesia es un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo, el pecado cometido por uno de sus miembros daña
a todo el cuerpo.
Se anticipa en cierta manera el juicio al que seremos sometidos al fin de la vida terrenal. Pues
solo por el camino de la conversión podemos entrar en el Reino de Dios.
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“Jesús convocó a los doce y les dio poder para expulsar toda clase de demonios y para sanar las
enfermedades. Luego les envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos” (Lc 9,1-2)
La Unción de los Enfermos es una preparación para el paso de esta vida a la gloria eterna y son muchos los
efectos y gracias que confiere al enfermo para prepararse para la entrada a la vida eterna. El enfermo que
confía en sus propias fuerzas podría desesperarse, pero Cristo viene a él para reconfortarlo en estos
momentos. Este sacramento es un sacramento de “vivos”, por lo tanto, incrementa la gracia santificante en
el enfermo, se recibe la gracia sacramental propia de la Unión
de los Enfermos, que es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias
del estado de enfermedad grave o de la vejez.
Esta gracia es un don del Espíritu Santo que nos lleva a renovar la confianza y la fe en Dios y
fortalece al alma para vencer las tentaciones de desaliento, de angustia, especialmente. Por la gracia
sacramental es posible que el enfermo obtenga la curación, si es conveniente, la salud corporal. La
asistencia del Espíritu Santo tiene como objeto conducir al enfermo hacia la curación del alma, pero si es
la voluntad de Dios, también puede recuperar la salud.
Por ello es conveniente no esperar hasta el último momento para la administración de este
sacramento. Los sacramentos no tienen como fin hacer milagros. Al dejar hasta el final este sacramento,
se podría estar poniendo obstáculos para su eficacia. La unción de los enfermos puede obtenernos el
perdón de los pecados veniales y la remisión de las penas del purgatorio, pues son obstáculo que
impiden la entrada al cielo. Este efecto depende de la debida disposición que tenga el sujeto que lo
recibe, se necesita un verdadero dolor de corazón, en otras palabras, estar totalmente arrepentidos.
Materia: óleo sagrado con el cual se unge al enfermo en la frente u otra parte del cuerpo.
Forma: “por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia
del Espíritu Santo, para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu
enfermedad. Amen”.
P á g i n a | 124
La vejez no se define solo por los años, sino por las limitaciones
físicas o psíquicas que afectan a la persona. A la medida que se van
acentuando las disminuciones a causa de la edad avanzada, conviene
consagrar a Dios esta etapa de la vida.
enfermedad o la fragilidad de la vejez. Es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la
fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación.
La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su Pasión y
alcanzar los frutos redentores del Salvador.
hacerlo. La Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva, la de la Confirmación nos
fortalece para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de
los últimos combates y entrar
en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a morir, junto con la Eucaristía como un
“viático” para el último viaje del hombre.
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Orden Sacerdotal
La Iglesia confiere el sacramento del orden únicamente a varones bautizados, cuyas aptitudes
para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas.
Los efectos son de carácter indeleble: implica una configuración con Cristo que permite al
ordenado actuar como representante de él en su calidad de cabeza de la Iglesia en las tres
funciones de sacerdote, profeta y rey. Como en los demás sacramentos que implican un
carácter, se trata de una señal indeleble. Por tanto, quienes abandonan el ministerio o son
suspendidos, no pierden su carácter.
Se menciona también una gracia especial del Espíritu Santo en los diversos grados. Para el
obispo se trata de un don especial de fortaleza. El sacerdote recibe la gracia necesaria para
actuar como tal en el lugar de su jurisdicción. Y el diácono para el servicio del Pueblo en la
predicación y la caridad.
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Matrimonio
Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo:
El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola
carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido,
no lo separe el hombre” (Mt 19,4-6)
El matrimonio fue instituido por Dios cuando creó al hombre y a la mujer. Para los cristianos, Jesucristo
lo elevó a la dignidad de sacramento; un sacramento que da a los esposos una gracia especial para ser
fieles uno al otro y santificarse en la vida matrimonial y familiar, ya que el matrimonio cristiano es una
auténtica vocación sobrenatural.
Ministro: los mismos contrayentes son los ministros del sacramento. Son los esposos quienes,
como ministros de la gracia de Cristo, se confieren mutuamente el sacramento del Matrimonio,
expresando ante la Iglesia su consentimiento.
Sujeto: los bautizados que no hayan recibido el Sacramento del Matrimonio con anterioridad y
que no tengan ningún impedimento de carácter eclesial, pueden contraer matrimonio. El acto
P á g i n a | 128
sacramental del matrimonio tiene un carácter público, ya que la comunidad oficia de testigos junto
al celebrante (sacerdote). Esta es una manifestación de un estado de vida que es público en la
Iglesia, de allí su carácter y la necesidad de los testigos.
El Espíritu Santo
“Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! Si no es bajo la acción del Espíritu Santo” (1 Co 12,3)
Objetivo:
Presentar al joven al Espíritu Santo como “Señor y dador de vida”, para que su acción y su
poder orienten su vida hacia el bien y lo santifiquen en la búsqueda de la vida eterna.
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, es Dios verdadero, como lo son el Padre
y el Hijo; es el amor de ambos. Procede del Padre, creador de los cielos y de la tierra y habita en el Hijo,
quien fue enviado del cielo para que nos reconciliáramos con el Padre. Es una persona real, se
manifiesta de diferentes maneras, habla, inspira, nos corrige, nos disciplina, nos exhorta, alegra nuestro
“yo” interior, nos protege de las conspiraciones satánicas, nos anima a continuar luchando y poner
siempre al diablo bajo las plantas de nuestros pies.
Paráclito: Palabra del griego “parakletos”, que literalmente significa “aquel que es invocado”, es por
tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo
diciendo: “El Padre os dará otro Paráclito” (Jn 14,16)
El Espíritu de la Verdad: El Paráclito es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que
actúa el Espíritu Santo son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad
y el error es el primer momento de dicha actuación.
P á g i n a | 130
Señor y dador de vida: El término hebreo utilizado por el Antiguo Testamento para
designar al
Espíritu Santo es “ruah”, este término se utiliza también para hablar de “soplo”, “aliento”,
“respiración”. El soplo de Dios aparece en el Génesis, como la fuerza que hace vivir a las
criaturas, como una realidad íntima de Dios, que obra en la intimidad del hombre.
Santificador: El Espíritu Santo es fuerza que santifica porque Él mismo es “espíritu de santidad”.
En el Bautismo se nos da el Espíritu Santo como “don” o regalo, con su presencia santificadora.
Pentecostés
El Espíritu Santo vino el día de Pentecostés y nunca se ausentará. Cincuenta días después de la Pascua, el
Domingo de Pentecostés, los Apóstoles fueron transformados de hombres débiles y tímidos en valientes
proclamadores de la fe; los necesitaba Cristo para difundir su Evangelio por el mundo.
suyos. Al hombre que le busca en la fe, en la Gracia, en la Oración y los Sacramentos, Dios lo colma con
los Dones del Espíritu Santo para llevarlo a la plenitud de la santidad.
El alma no podría adquirir los dones por sus propias fuerzas ya que trascienden infinitamente
todo el orden puramente natural. Los dones los poseen en algún grado todas las almas en gracia. Son
incompatibles con el pecado mortal. Estos dones son:
1. Sabiduría
Nos permite valorar las cosas, discerniendo lo bueno de lo malo. Implanta en el alma del que lo recibe
un gusto por lo espiritual y las cosas de Dios. Es la capacidad de juzgar según la medida de Dios. El
primero y mayor de los siete dones.
P á g i n a | 131
La sabiduría “es la luz que se recibe de lo alto: es “un cierto sabor de Dios”, por lo que el verdadero
sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive”.
2. Inteligencia (Entendimiento)
Deriva del latín intus legere, que significa leer dentro, comprender a fondo. Nos da un conocimiento más
profundo de las verdades de la fe, para comprender la Palabra de Dios y captar lo verdaderamente real
e importante más allá de las apariencias.
3. Consejo
Ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es correcto para el
alma. Nos ayuda a descubrir cuáles son los proyectos de Dios por encima de los planes humanos. Muy
importante cuando se elige un estado de vida.
Nos ayuda a resolver con criterios cristianos los conflictos de la vida, para saber decidir con
acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.
4. Fortaleza
Para emprender valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las dificultades de la vida.
Este don anima a quien ha descubierto los designios del Padre para llevarlos a buen término a pesar de
las dificultades y obstáculos que puedan surgir.
Despierta en nosotros la audacia que nos impulsa al apostolado y nos ayuda a superar el miedo
de defender los derechos de Dios y de los demás.
5. Ciencia
No se refiere a saber muchas cosas, sino a tener la capacidad de realizar nuestras obras encaminándolas
al bien. Nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas y las cosas terrenas en su relación con el
Creador.
Nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del
bautismo.
6. Piedad
P á g i n a | 132
Nos enseña a relacionarnos con Dios como nuestro Padre y con nuestros hermanos. Sana nuestro
corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los
hermanos como hijos del mismo Padre. Es el afecto filial a Aquel a quien debemos adherirnos en el
amor.
El corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente, el calor de la fe y el cumplimiento del
bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.
7. Temor de Dios
Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de
la gloria eterna. Cuando el Espíritu Santo da sus frutos en el alma, vence las tendencias de la carne.
Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.
Pertenecen en plenitud a Cristo, completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los
reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas. San Pablo nos
menciona doce como resultado de los dones:
El Agua: El simbolismo del agua es propio de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que
el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.
La Nube y la Luz: Así desciende sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. En el Monte
Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.
La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre
Él.
Desesperar de la misericordia de
La envidia de los bienes espirituales
Dios.
del prójimo.
Presunción de salvarse sin La obstinación en el pecado.
ningún mérito.
La impugnación de la verdad
La impenitencia final.
conocida.
P á g i n a | 134
La Confirmación
“Los apóstoles, que estaban en Jerusalén, oyeron que los habitantes de Samaria habían recibido
la Palabra de Dios, y les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que
recibieran el Espíritu Santo, pues aún no había venido sobre ninguno de ellos; solo habían sido
bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el
Espíritu Santo” (Hch 8,14-17)
Objetivo:
Profundizar en el Sacramento de la Confirmación, para que el joven, asistido por el
Espíritu Santo, acepte la misión a la que se compromete y sea en el mundo, testigo de Cristo y
servidor de su Iglesia.
Cuando naces recibes el Bautismo, pero eres tan pequeño que realmente no entiendes lo que está
pasando. Con el sacramento de la Confirmación, la persona acepta voluntariamente la fe de Cristo.
Esto significa que, cuando eres mayor y recibes la Confirmación, aceptas ser católico. La
Confirmación es el sacramento en el que Dios te da su Espíritu Santo.
¿Soldado de Cristo?
Símbolos de la Confirmación
Imposición de manos:
Efectos de la Confirmación
Nos introduce más profundamente en la filiación
divina que nos hace decir “Padre”.
Nos une más firmemente a Cristo.
Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo.
Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia.
Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender a fe mediante la palabra
y las
obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no
sentir jamás vergüenza de la cruz.
P á g i n a | 138
Actividades:
¿Estás listo?
¡Tú puedes!
¡Él confía en ti, no lo defraudes!
Animado con tu divina gracia, propongo Padre nuestro que estás en el cielo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra María, la Virgen, y se hizo hombre; y por
y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa nuestra causa fue crucificado en tiempos
Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, y resucitó al tercer día, según
tercer día resucitó de entre los muertos, sentado a la derecha del Padre; y de
subió a los cielos y está sentado a la nuevo vendrá con gloria para juzgar a,
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe
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