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Control de Convencionalidad en México

Este documento discute el control de convencionalidad en la jurisprudencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa de México. Explica que la reforma constitucional de 2011 otorgó jerarquía constitucional a los tratados internacionales de derechos humanos y estableció un modelo de control concentrado y difuso. También describe el origen del control de convencionalidad en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y cómo la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha aplicado este concepto. Finalmente, analiza cómo el Tribunal

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Control de Convencionalidad en México

Este documento discute el control de convencionalidad en la jurisprudencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa de México. Explica que la reforma constitucional de 2011 otorgó jerarquía constitucional a los tratados internacionales de derechos humanos y estableció un modelo de control concentrado y difuso. También describe el origen del control de convencionalidad en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y cómo la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha aplicado este concepto. Finalmente, analiza cómo el Tribunal

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El control de convencionalidad en la jurisprudencia del

Tribunal Federal de Justicia Administrativa

Diego Enrique Silva Díaz1

Sumario
I. Introducción II. Reforma Constitucional de 2011 y el nuevo
modelo de control de convencionalidad III. Propuesta IV.
Conclusión V. Fuentes

I. Introducción
El desarrollo de los mecanismos de protección de los derechos humanos ha atravesado un camino largo,
lleno de matices, obstáculos y aciertos. En México, la consolidación de la aplicación de derechos humanos
a casos concretos comienza con la sentencia del Caso Rosendo Radilla Pacheco contra México, donde la
Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabiliza al Estado mexicano por sendas violaciones a la
Convención Americana de Derechos Humanos, como resultado del abuso de poder de las fuerzas
castrenses. Además, la Reforma Constitucional de Derechos Humanos de junio de 2011 ha marcado un
parteaguas en la aplicación de derechos fundamentales en las Cortes y Tribunales de Justicia, toda vez que
otorga jerarquía constitucional a los tratados internacionales de derechos humanos, ampliando, en
consecuencia, el catálogo de derechos en favor de los gobernados.

Por su parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al resolver el expediente Varios 912/2010 y la
Contradicción de Tesis 293/2011 modificó el esquema de control de constitucionalidad y de
convencionalidad de las normas legales conocidas por los Tribunales en las controversias sometidas a
consideración judicial, dando lugar a un modelo de control concentrado y difuso, lo que coadyuva a
enriquecer la justicia constitucional en todos los órganos del Estado Mexicano, incluido, desde luego, el
Tribunal Federal de Justicia Administrativa.

De forma preliminar se discutirá el contenido de la reforma constitucional de 2011, los orígenes del control
de convencionalidad y las tareas específicas que posee el Tribunal en tal sentido. Posteriormente, la presente
ponencia tendrá por analizará la manera en que el Tribunal contencioso ha aplicado, a casos concretos, los

1 Abogado y Profesor de Derecho Internacional Privado en la Universidad del Valle de México. Twitter @diegoenrique_sd

pág. 1
mandatos establecidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y los estándares
desarrollados en las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Se ofrecerá, además, una serie de propuestas con el ánimo de mejorar la tarea del Tribunal Federal de
Justicia Administrativa para culminar con una reflexión final por parte del autor.

II. Reforma Constitucional de 2011 y el nuevo modelo de control de convencionalidad


La Reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos de junio de 2011 ha generado un nuevo
paradigma en el orden jurídico mexicano, toda vez que la apertura de la Constitución al ordenamiento
internacional, como consecuencia de la reforma, supone un cambio mayúsculo: Reconocimiento de
jerarquía constitucional de los tratados internacionales, derechos derivados de los propios tratados y
obligatoriedad de la jurisprudencia desarrollada por los órganos intérpretes de los tratados. (Carbonell,
2014, p. 173)

El control de convencionalidad, por su parte, es uno de los ejes rectores de la reforma de 2011, pues consiste,
en opinión de Carbonell (2014, p. 173), “una manifestación que anuncia un profundo cambio de época para
los juristas mexicanos”; y con justa razón, pues la incorporación del derecho internacional de los derechos
humanos plantea un escenario novedoso en el que los razonamientos jurídicos deben apegarse a los
estándares de la materia, los responsables de garantizar los derechos humanos aumentaron
considerablemente, las obligaciones de protección se han extendido a diversos ámbitos y las técnicas de
interpretar los derechos.

Ahora bien, resulta de suma importancia hacer un par de aclaraciones sobre el control de convencionalidad,
a reserva de explicarlo a detalle. En primer lugar, la firma de un tratado internacional significa que los
Estados signatarios asumen una serie de obligaciones, como lo es la incorporación de normas en el
ordenamiento jurídico que permitan aplicar el tratado internacional; la derogación de normas que se
opongan a los términos del tratado; la realización de diagnósticos sobre el avance de aplicación del tratado
y la reorganización de las competencias de autoridades para que en todos los órdenes de gobierno existan
mecanismos de prevención de violaciones de derechos.

Sobre la incorporación del derecho internacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en lo
sucesivo, la Corte, Corte IDH), a la luz de lo resuelto en el caso “La Cantatuta vs Perú”, determinó que la
obligación general de adecuar el derecho interno a los términos de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (en lo sucesivo, la Convención Americana) implica que las medidas de derecho interno
deben ser efectivas, de manera que permitan tener un efecto útil para la protección de los derechos
contenidos en la Convención. La Corte, además, reconoce que tales medidas no son únicas, pues depende
de la norma que la requiera y las circunstancias de la situación concreta. (Corte IDH, 2006, párr. 171 – 172)

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En este sentido, el control de convencionalidad es el resultado de la obligación de los Estados de tomar las
medidas para hacer efectivo el cumplimiento de los tratados internacionales. Así, por ejemplo, el artículo 1
de la Convención Americana señala que los Estados se comprometen a respetar, pero también a garantizar
su cumplimiento, lo que significa que este deber abarca todas aquellas medidas de carácter jurídico, político
y administrativo, que promuevan la salvaguarda de los derechos humanos y que aseguren que las posibles
violaciones a los mismos sean efectivamente tratadas como un hecho ilícito susceptible de acarrear
sanciones para quien las cometa, así como la obligación de reparar integralmente a las víctimas. (Corte
IDH, 2018, párr. 129)

Bajo este escenario, los Tribunales, como parte del aparato estatal, quedan obligados a ejercer el control de
convencionalidad en las controversias que les sean planteadas, lo que a su vez impone a los jueces el deber
de desarrollar razonamientos encaminados hacia la protección y respeto de los mandatos

a. Origen del control de convencionalidad


El antecedente del “control de convencionalidad” reside en los votos concurrentes del Juez mexicano Sergio
García Ramírez a la luz de los casos Myrna Mack Chang Vs. Guatemala y Tibi Vs. Ecuador, señalando que
la responsabilidad de un Estado en el juicio no puede delegarse a uno o alguno de sus órganos, ya que el
“control de convencionalidad” tiene como propósito adjudicar la responsabilidad al Estado en su conjunto.
(García Ramírez, 2003, párr. 27)

De acuerdo con el criterio del Juez García Ramírez, la tarea de la Corte es equiparable a la que ejercen los
Tribunales Constitucionales, pues mientras estos revisan actos de autoridad bajo la óptica de principios y
mandatos contenidos en las leyes fundamentales, la Corte, por su parte, analiza actos relacionados con la
violación a los valores y principios contenidos en la Convención. De esta manera, mientras los tribunales
constitucionales revisan la “constitucionalidad”, el Tribunal Interamericano se encarga de resolver sobre la
“convencionalidad” de los asuntos sometidos a su consideración. (García Ramírez, 2004, párr. 3)

Esta línea de pensamiento fue acogida en la sentencia del caso Almonacid Arellano Vs. Chile, en donde la
Corte empezó a construir su doctrina sobre control de convencionalidad, señalando que cuando un Estado
ha ratificado un tratado internacional, sus jueces, como parte del aparato estatal, también están sometidos
al tratado, lo que les obliga a velar porque los efectos de sus disposiciones no se vean mermadas por la
aplicación de leyes contrarias a su objeto y fin. (Corte IDH, 2006, párr. 124). Esto significa que el Poder
Judicial debe ejercer una especie de “control de convencionalidad” entre las normas jurídicas internas y la
Convención Americana sobre Derechos Humanos. Para ello, la judicatura debe tener en cuenta no
solamente el tratado, sino también la interpretación que del mismo ha hecho la Corte Interamericana en su
carácter de intérprete autorizado. (Corte IDH, 2006, párr. 124)

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La Corte ha evolucionado en su línea jurisprudencial sobre los sujetos que tienen el deber de realizar el
control de convencionalidad. Así, en un primer momento, el Tribunal Interamericano señaló que esta tarea
estaba encomendada únicamente al Poder Judicial (Caso Almonacid Arellano); en un segundo momento
amplió su perspectiva, señalando a los Órganos del Poder Judicial (Caso Trabajadores Cesados del
Congreso); en una tercera línea la Corte comienza a discutir sobre los Jueces y órganos vinculados a la
administración de justicia en todos los niveles (Caso Cabrera García y Montiel Flores) y, por último, se
establece que el control de convencionalidad recae en “cualquier autoridad y no solamente el Poder
Judicial” (Caso Gelman).

Como puede observarse, la Corte ha mantenido una posición garantista sobre la protección de derechos
humanos en sede interna, lo que le ha llevado a ampliar las categorías de actores involucrados en la tarea
de realizar el control de convencionalidad.

b. El control de convencionalidad en la Suprema Corte de Justicia de la Nación


El control de convencionalidad en México ha sido objeto de un desarrollo jurisprudencial diverso al
sostenido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mismo que, en ciertos pronunciamientos, ha
resultado contradictorio con los compromisos asumidos por el Estado mexicano en materia de Derechos
Humanos. Son diversos los asuntos que ha abordado el Poder Judicial en México en materia de control de
convencionalidad, sin embargo, la resolución recaída al expediente Varios 912/2010 y la sentencia que
resolvió la Contradicción de Tesis 293/2011, constituyen los criterios que actualmente rigen la aplicación
del derecho internacional de los derechos humanos en los tribunales del país.

En primer lugar, la resolución del expediente Varios 912/2010 tiene su origen en la sentencia del caso
Radilla Pacheco Vs. México, respecto a la cual el presidente de la Suprema Corte sometió a consulta al
Máximo Tribunal cuál debería ser el papel del Poder Judicial frente al cumplimiento de la sentencia dictada
por la Corte Interamericana, como consecuencia de la declaratoria de responsabilidad internacional del
Estado mexicano. Sin entrar en las discusiones de fondo que se abordaron en la resolución, la Suprema
Corte fijó aspectos de suma relevancia en materia de control de convencionalidad. Por ejemplo, reconoció
que las sentencias de la Corte Interamericana solo son vinculantes para México cuando éste haya tenido el
carácter de parte en el litigio, adjudicando el carácter de “orientador” a las sentencias en las que México no
estuvo involucrado. (SCJN, 2011, párr. 20)

En la resolución se reconoce, y en el mismo sentido que ha configurado la Corte IDH, que el control de
convencionalidad es una tarea que deben ejercer todos los jueces (SCJN, 2011, párr. 51), lo que en
consecuencia genera un paso fundamental para terminar con el monopolio que ejercían los jueces federales
en temas de aplicación de derechos humanos de tratados internacionales. (Carbonell, 2014, pág. 187)

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En una oportunidad posterior, al resolver la Contradicción de Tesis 293/2011, el Tribunal Pleno de Suprema
Corte modificó el criterio que se había sostenido en el Varios 912/2010 sobre la obligatoriedad de la
jurisprudencia internacional, señalando, en esta decisión, que los criterios contenidos en las sentencias de
la Corte Interamericana son vinculantes para México, independientemente de que haya sido parte en el
litigio.

Sobre el catálogo de derechos humanos, la Suprema Corte, en un acertado ejercicio de reflexión, sostuvo
que si el artículo primero de la Ley fundamental establece que “todas las personas gozarán de los derechos
reconocidos en [la] Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte”,
debe asumirse que el legislador pretendió que no hubiera diferencia jerárquica entre ambas fuentes
normativas. En otras palabras, para la Suprema Corte, al no existir distinción entre los derechos humanos
contenidos en la Constitución y en los tratados, debe asumirse que estos últimos ambos gozan de la jerarquía
constitucional. (SCJN, 2013, pp. 31- 45)

Así las cosas, el desarrollo jurisprudencial en materia de control de convencionalidad ha permitido que, al
día de la fecha, no solamente sean los jueces federales los facultados para aplicar el derecho internacional
de los derechos humanos (control concentrado), sino además, cualquier autoridad dentro del ámbito de sus
respectivas competencia, lo que genera como resultado un modelo de “control difuso de convencionalidad”.
Por ello, es interesante observar la manera en que el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, en su
carácter de tribunal de revisión de los actos de la Administración Pública, puede aplicar los parámetros de
convencionalidad desarrollados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Estas cuestiones serán
abordadas continuación.

c. Control difuso en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa


La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al resolver la Contradicción de Tesis
336/2013, determinó con suma precisión cuáles son los límites de la órbita del Tribunal Federal de Justicia
Administrativa (en lo sucesivo, el Tribunal) en funciones de control difuso de convencionalidad. En tal
decisión, la Segunda Sala se enfocó en precisar a) en qué consiste el control de convencionalidad; b) la
distinción entre el control concentrado y control difuso y c) las consecuencias que derivan de una decisión
del Tribunal al momento de ejercer el control de convencionalidad.

Respecto a lo que interesa en el presente apartado, la Segunda Sala precisó que el control difuso es el que
realizan todas las autoridades del país, mismo que se ejerce de manera oficiosa, solo sí encuentran mérito
para ello, escudándose en el imperio del cual están investidos para juzgar conforme a la Constitución.
(SCJN, 2014, pág. 29) Señaló, además, que la competencia originaria de las autoridades consiste en
dilucidar un conflicto específico en materia de legalidad, por ello, su decisión debe basarse en hechos,

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pruebas y alegatos presentados por las partes, dando cumplimiento a las garantías de audiencia, legalidad,
debido proceso y acceso a la justicia. (SCJN, 2014, pág. 29) En esta labor, los Tribunales ordinarios, pueden
desaplicar normas cuando estimen que resultan contrarias al parámetro de regularidad conformado por la
Constitución, el derecho internacional de los derechos humanos y la jurisprudencia de cada uno de estos
ámbitos normativos.

El control difuso, sin embargo, no constituye la litis natural de un juicio entablado ante la jurisdicción
ordinaria, únicamente consiste en la obligación derivada del criterio interpretativo que la Suprema Corte
realizó sobre el contenido y alcance del artículo 1o. de la ley fundamental. Esto es así, pues el control difuso
realizado por las Cortes de justicia constituye una herramienta para aplicar el derecho conforme a la
Constitución. Esta facultad se ha entendido en el sentido de que el órgano judicial puede ejercerla por razón
de su oficio jurisdiccional y sin que medie petición alguna de parte. (SCJN, 2014, pp. 30 - 31)

Sobre el juicio contencioso administrativo federal, del cual corresponde conocer al Tribunal fiscal, la
Suprema Corte señaló que es posible formular argumentos en los que se solicite al órgano jurisdiccional
que ejerza control difuso respecto de una norma determinada, de lo cual pueden derivar dos escenarios: El
primero, en el que el Tribunal opine de manera coincidente con el demandante y considere que procede
inaplicar la norma y, otro, en el que no coincida con lo solicitado.

En este último supuesto, si el Tribunal estima que la norma no es contraria a la Constitución o a los tratados
internacionales bastará con que mencione que la norma no es violatoria de derechos humanos, para que se
estime que realizó el control difuso; sin estar obligado a desarrollar una justificación jurídica exhaustiva en
ese sentido. Dicho de otra forma, no puede imponerse al Tribunal contencioso la obligación de contestar de
fondo los argumentos de inconvencionalidad que planteados en la demanda, ya que tal proceder implicaría
convertir al control difuso en control concentrado.

De esta manera, la Suprema Corte es puntual al señalar que no debe perderse de vista en que en el juicio
contencioso administrativo, las partes no gozan de la titularidad de la acción para demandar la
inconstitucionalidad de normas; toda vez que en el ejercicio del control difuso, es al propio Tribunal, en la
vía ordinaria, a quien le compete en exclusiva emitir, en su caso, un juicio de inaplicación de una
determinada disposición legal, cuando advierta que es incompatible con el parámetro de regularidad.

Como lo sostuvo el Tribunal Pleno, la inaplicación de leyes por los Jueces ordinarios, no supone el
desconocimiento de la presunción de constitucionalidad de ellas, sino que, precisamente, parte de esta
presunción, permite hacer el contraste previo a su aplicación (SCJN, 2011, párr. 32); por ello, el ejercicio
del control difuso en las contiendas sometidas al Tribunal no implica que en sus sentencias deba desarrollar

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de modo exhaustivo el estudio de la constitucionalidad de las normas que revisen, pues para cumplir con el
principio de exhaustividad basta con que el concepto de nulidad sea declarado inatendible o inoperante.

d. Casos resueltos por el Tribunal Federal de Justicia Administrativa


A lo largo de esta ponencia se ha discutido el alcance del control de convencionalidad, los sujetos obligados
para realizarlo y la postura que deben asumir los tribunales en virtud de la obligación general de respetar
los derechos humanos contenida en el artículo 1º Constitucional. En este sentido, surge la interrogante
respecto a la forma en que la jurisprudencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa ha acogido los
mandatos establecidos por la Convención Americana. Para tal cuestión, se proponen tres casos resueltos
por diversas Sala Regionales del Tribunal como materia de análisis.

1. Juicio Contencioso Administrativo 6518/11-06-01-8,


sobre el derecho fundamental a la seguridad jurídica

En esta decisión, la Primera Sala Regional del Noreste Tribunal Federal de Justicia Administrativa tuvo la
oportunidad de pronunciarse sobre la aplicación del principio de seguridad jurídica en procedimientos de
cancelación de patentes aduanales. La resolución en cita comienza señalando que el artículo 1º de la
Constitución General establece que los tribunales están obligados a realizar la interpretación de normas
relativas a los derechos humanos de conformidad con la Ley Fundamental y con los tratados internacionales
de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia.

El Tribunal, además, pasa revista por lo resuelto por la Suprema Corte en el expediente Varios 912/201,
recordando que si bien los jueces no pueden hacer una declaración general sobre la invalidez o expulsar del
orden jurídico las normas que consideren contrarias a los derechos humanos contenidos en la Constitución
y en los tratados, lo cierto es que poseen la facultad para dejar de aplicar estas normas inferiores, dando
preferencia a los contenidos de la Constitución y de los tratados en esta materia.

En ese contexto, el Tribunal resolvió que el artículo 167 de la Ley Aduanera, al establecer que “[c]uando
se trate de causales de cancelación, las autoridades aduaneras ordenarán desde el inicio del procedimiento
la suspensión provisional en tanto se dicte la resolución correspondiente”, genera como resultado una
violación al derecho fundamental a la seguridad jurídica previsto en el artículo 16 Constitucional. Para
justificar el criterio, el Tribunal sostuvo que si no se establece el plazo para dar a conocer al agente aduanal
los hechos u omisiones que configuren la cancelación de su patente, lo que a su vez resulta necesario para
iniciar el procedimiento de cancelación establecido en los artículos 164 y 165 de la citada legislación, la
Sala debe desaplicarlo por no ajustarse al mandato de seguridad jurídica en materia fiscal, que consiste en
la capacidad de que el contribuyente tenga pleno conocimiento sobre la regulación normativa prevista en
la ley y sobre sus consecuencias. (Amparo en revisión 441/2015)

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2. Juicio Contencioso Administrativo 1949/11-08-01-9,
sobre el derecho de acceso a la justicia en materia fiscal

En otro pronunciamiento, el Tribunal tuvo la oportunidad de pronunciarse sobre el alcance del derecho de
acceso a la justicia, cuya aplicación en materia fiscal puede contrastarse con el recurso de revocación, que
constituye un medio de defensa en favor del contribuyente. Así, pues, en dicha sentencia, el Tribunal
reconoció que en la práctica es común las autoridades fiscales decreten el sobreseimiento o desechamiento
del recurso de revocación previsto en el artículo 175 del Código Fiscal de la Federación, por la falta de
expresión de determinadas frases sacramentales en la designación de perito valuador en la interposición del
recurso por inconformidad con la valuación del bien embargado para hacer efectivo el cobro de un crédito
fiscal vía procedimiento administrativo de ejecución.

El Tribunal, en contraposición a lo que sucede en la práctica, señaló que cuando el nombre del perito,
el documento que lo acredita como tal y su especialidad en valuación se desprendan del escrito de
interposición o sus anexos, la autoridad resolutora debe evaluar si reúne los requisitos del
Reglamento del Código Fiscal de la Federación y, en su caso, proceder al trámite del recurso.

Para arribar a tal conclusión, el Tribunal apeló a lo resuelto en la sentencias de los casos Velásquez
Rodríguez y Godínez Cruz de la Corte Interamericana, en el sentido de que para el garantizar la
protección judicial prevista en el artículo 25 de la Convención Americana, no es suficiente la
existencia formal de recursos, sino que estos deben ser los adecuados y efectivos para resolver la
situación jurídica infringida y, conforme a ello, cualquier norma, práctica o medida que impida usar
el recurso previsto en la legislación interna, constituye una violación del derecho de acceso a la
justicia.

3. Juicio Contencioso Administrativo 10213/11-17-03-4, sobre


las garantías judiciales en los procedimientos sancionadores

Para culminar con esta exposición de casos, resulta ilustrativo pasar revista por los estándares que el
Tribunal Federal de Justicia Administrativa ha construido en materia de responsabilidades
disciplinarias de los servidores públicos. En este sentido, la sentencia recaída al Juicio Contencioso
Administrativo Núm. 10213/11-17-03-4, resuelto por la Tercera Sala Regional Metropolitana del
Tribunal Federal de Justicia Administrativa, constituye un precedente relevante sobre las garantías
que deben observarse en este tipo de procesos.

En tal decisión, el Tribunal observa que el procedimiento disciplinario, del que conocen los Órganos
Internos de Control, guarda una especial similitud con el proceso penal, toda vez que ambos implican
un menoscabo, privación o alteración de los derechos de la persona, como consecuencia de una

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conducta que se tipifica como ilícita sancionar las conductas antijurídicas. Ante tal cuestión, el
Tribunal adoptó el criterio de la Corte Interamericana a la luz de lo resuelto en el caso Leopoldo
López Mendoza Vs. Venezuela, señalando que, en materia de responsabilidades administrativas, los
órganos internos tienen el deber de procurar las garantías procesales propias de un procedimiento de
índole penal, tales como la presunción de inocencia, el derecho a contar con una defensa, ofrecer
pruebas, interrogar testigos y acceder a un recurso judicial sencillo.

Esta decisión del Tribunal, además, coincide con la obligación de observar las garantías judiciales en
cualquier tipo de instancia, pues de acuerdo con la sentencia del caso del Caso del Tribunal
Constitucional Vs. Perú, la Convención Americana se refiere al derecho de toda persona a ser oída
por un “juez o tribunal competente” para la “determinación de sus derechos”. Tal expresión, sin
embargo, se refiere a cualquier autoridad, sea administrativa, legislativa o judicial, que a través de
sus resoluciones determine derechos y obligaciones de las personas. En consecuencia, cualquier
órgano materialmente jurisdiccional tiene la obligación de adoptar resoluciones apegadas a las
garantías del debido proceso legal en los términos del artículo 8 de la Convención Americana. (Corte
IDH, 2001, párr. 71)

III. Propuesta
En atención a lo expuesto en el apartado anterior, es posible observar que el Tribunal ha emitido precedentes
de gran valor, pues su diálogo constante con la Convención Americana y la interpretación que de esta ha
realizado la Corte IDH, dejan en claro su posición garantista de derechos humanos en sede administrativa.
No obstante, existen ciertas cuestiones que no forman parte de la agenda del Tribunal, y sin embargo, resulta
indispensable comenzar su discusión.

Ante tal escenario, el Tribunal, en ejercicio de la discrecionalidad con la que se encuentra investido, debe
comenzar a construir una agenda de temas que le permitan consolidar su doctrina en materia de acceso a la
justicia en materia fiscal; precedente administrativo; obligación de motivar y fundar las resoluciones
administrativas; presunción de inocencia en el derecho administrativo sancionador y responsabilidad
patrimonial de Estado. Estas temáticas, por supuesto, no son exhaustivas, sin embargo, resultan cuestiones
que, a juicio del autor, deben formar parte de la agenda de discusión al seno del Tribunal.

El derecho comparado ofrece perspectivas de gran interés, que si se introducen de forma tal que eviten
desnaturalizar al Juicio contencioso administrativo, podrían ampliar el espectro de protección que ofrece el
Tribunal en sus decisiones. Por ejemplo, en Colombia, el Consejo de Estado, órgano que constituye la
última instancia de la jurisdicción contencioso-administrativa, ha dictado sentencias relevantes que dan
cuenta respecto a los alcances del deber del Estado en materia de reparaciones por violación a derechos

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humanos. Así, en la sentencia de 28 de enero de 1999, la Sección Tercera del Consejo de Estado, determinó
que en los casos de desaparición forzada debe indemnizarse de acuerdo con el principio de reparación
integral que debe guiar la materia de la responsabilidad, además de adoptar medidas necesarias a fin de
retornar la persona desaparecida a los familiares.

IV. Conclusión
La justicia contencioso-administrativa se enfrenta a un nuevo escenario generado por la Reforma
Constitucional de 2011 y los criterios jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a la
luz de lo decidido en el expediente Varios 912/2010 y la Contradicción de Tesis 293/2011. En este tenor,
es de decir que la aplicación de las normas de tratados internacionales no sucede de forma espontánea,
tampoco se da con la celebración de foros multilaterales y discursos retóricos; requiere, por el contrario,
una aplicación práctica a las peticiones que día a día se dilucidan ante los Tribunales y Cortes de Justicia.

El control difuso de la convencionalidad, que deriva de la obligación general de respetar y proteger los
derechos humanos, impone al Tribunal Federal de Justicia Administrativa el reto de consolidar su propia
doctrina sobre derechos humanos aplicada a los ámbitos tributario y administrativo. Si bien se existen
sentencias emblemáticas que dejan en claro su posición garantista al entablar diálogos jurisprudenciales
con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo cierto es que aún existen discusiones pendientes en
la agenda del Tribunal, como lo es el acceso a la justicia en materia fiscal; la obligación de motivar y fundar
las resoluciones administrativas; presunción de inocencia en el derecho administrativo sancionador y
responsabilidad patrimonial de Estado.

Sobre este último tema, la experiencia que ofrece el Consejo de Estado Colombiano en materia de
reparaciones puede erigirse como una propuesta para consolidar al Tribunal Federal de Justicia
Administrativa como un verdadero órgano garante de derechos fundamentales.

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V. Fuentes
Carbonell, M. (2014), El ABC de los Derechos Humanos y del Control de Convencionalidad. México:
Editorial Porrúa

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(2014), Contradicción de Tesis 336/2013, Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la


Nación, Ponente: Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos. Sentencia de 22 de enero

(2014), Amparo en revisión 441/2015. Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
Ponente: Ministro Javier Laynez Potisek. Sentencia de 5 de octubre

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Lucero Espinosa, Sentencia de 3 de febrero.

(2012), Juicio Contencioso Administrativo Núm. 1949/11-08-01-9. Sala Regional del Centro I del
Tribunal Federal de Justicia Administrativa, Ponente: Magistrado Mario de la Huerta Portillo,
Sentencia de 16 de marzo.

(2012), Juicio Contencioso Administrativo Núm. 6518/11-06-01-8. Primera Sala Regional del
Noreste del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. Ponente: Magistrado Raúl Lerma Jasso,
Sentencia de 12 de noviembre.

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