Todorelatos
Todorelatos
Doña Florinda se encuentra con una mujer tan decidida como ella.
En la apacible vecindad de la Calle del Cerrojo, donde El Chavo del 8 vivía sus aventuras, había
llegado una nueva vecina: Gloria. Era una mujer de espíritu alegre y corazón lleno de bondad.
Desde el momento en que se mudó Don Ramón quedó prendado de ella.
Una soleada tarde, mientras Gloria regaba sus flores en su jardín, pudo escuchar los clásicos gritos
que provenían del patio vecino. Intrigada y preocupada, se asomó con cuidado para ver qué
ocurría. Para su sorpresa, presenció un episodio desagradable: Doña Florinda había abofeteado a
Don Ramón una vez más. El golpe resonó en el aire, dejando un incómodo silencio en su estela.
Gloria no podía creer lo que sus ojos acababan de presenciar. Sin embargo, lo que le resultaba aún
más incomprensible era la expresión resignada en el rostro del delgado vecino. No se trataba solo
de un golpe físico, sino de una clara muestra de maltrato emocional que estaba soportaba en
silencio. Decidió que no podía quedarse callada.
Con determinación, cruzó hacia donde estaba Doña Florinda, quien mantenía su expresión
soberbia. Don Ramón se frotaba la mejilla, visiblemente afectado.
Doña Florinda la miró con indignación y esbozó una sonrisa burlona al replicar:
—¿Y quién eres tú para meterte, estúpida? ¿Qué se podía esperar de la chusma?"
Las agrias palabras fueron como una chispa que encendió la llama de la rabia. El bello rostro de
Gloria endureció su expresión para responder con idéntico tono despectivo.
—¿Quién te piensas que sos? Tú eres más chusma que cualquiera aquí.
Doña Florinda sintió la estocada y avanzó hacia ella con paso intimidante. Gloria no se amilanó y
ambas acortaron la distancia que las separaba sin dejar de mirarse con una mezcla de rabia y
desafío. Un tenso silencio llenó el patio, solo interrumpido por el viento suave de la tarde. Era un
enfrentamiento entre dos personalidades fuertes.
Comenzaron un intercambio de insultos que fueron elevando la voz para convertir sus rostros en
máscaras enfurecidas.
Doña Florinda empujó a Gloria, quien devolvió el gesto y ambas se encontraron en el centro del
patio, con los pechos en lucha y las manos moviéndose ampulosamente a ambos lados de sus
cuerpos. Los rostros estaban muy juntos y ambas gritaban insultos y amenazas, incapaces de
escuchar a la otra.
Casi se podían advertir las minúsculas gotitas de saliva que volaban de sus bocas entre gritos para
posarse en el otro rostro. Don Ramón intentó separarlas, pero Doña Clotilde lo detuvo.
Las dos enfurecidas vecinas se empujaban con los pechos y, a pesar de gritarse con los alientos
mezclados, ninguna retrocedía.
—¡No te atrevas a hablarme así, zorra insolente! —Espetó Doña Florinda, lanzando fuego desde
sus ojos.
—¡Más insolente eres tú, tratando a la gente como si fueras la dueña del mundo! —Gloria no se
dejó avasallar.
El intercambio de gritos continuó durante varios minutos donde ambas mujeres se enfrentaron con
una intensidad palpable. Las palabras se convirtieron en dagas que se lanzaban una a la otra, cada
vez más afiladas.
Doña Florinda fue la primera en perder el control. Con un rápido movimiento abofeteó a Gloria. El
sonido resonó en el aire y detuvo el tiempo por un instante.
Gloria se llevó una mano a su mejilla, azorada por la fuerza del golpe, pero su sorpresa se
transformó rápidamente en determinación. Sin pensarlo dos veces, levantó su propia mano y
devolvió la bofetada con la misma intensidad. El sonido reverberó en el patio, mientras las mejillas
de las dos mujeres mostraban los dedos marcados.
Ellas se miraron a los ojos, completamente fuera de sí. Respiraban agitadamente por la mezcla de
emociones que les embargaba. Como respondiendo a una señal, se lanzaron una contra la otra en
un feroz intercambio. Se golpearon y arañaron en el inicio de una situación que ya no tenía punto
de retorno. Sus manos y palabras se entrelazaron en una danza de conflicto y el patio se convirtió
en el escenario de su enfrentamiento.
La lucha parecía no tener fin. Ambas rodaron enmarañadas en un torbellino de tirones de cabello,
bofetadas y arañazos. El patio se llenó de gritos, golpes y forcejeos.
Los minutos pasaron sin que ninguna pareciera imponerse. Don Ramón intentó separarlas, pero
Doña Clotilde se interpuso para evitarlo, susurrándole.
La intensidad de la pelea comenzó a menguar. Las dos amargas rivales, agotadas y con los rostros
marcados por la pelea, eran incapaces de detenerse. Los gritos y los golpes continuaron
resonando en el aire para formar una cacofonía que se interponía entre ellas y el mundo a su
alrededor. Sus vestidos también sufrieron el fragor de la lucha, quedando reducidos a jirones para
dejarlas semidesnudas.
Finalmente, después de una arduo y salvaje duelo, Gloria logró tomar el control de la situación.
Con un esfuerzo sobrehumano, logró dominar a Doña Florinda y se le sentó encima, sujetándola
firmemente con las rodillas. Las respiraciones entrecortadas de ambas llenaron el aire, mientras se
miraban con una ferocidad impensada en dos mujeres que no habían discutido hasta ese
momento. En los ojos de ambas se podían leer el desafío y el agotamiento.
Gloria levantó su mano y abofeteó a Doña Florinda una vez, luego otra, y otra más. Cada golpe
resonaba con eco como si rivalizara con el silencio que las rodeaba.
Y aceptó su derrota. Gloria se detuvo, su pecho subía y bajaba con la respiración pesada. Los ojos
de ambas se encontraron para compartir una mirada borrosa, durante un instante.
—¡Basta! ¡Tú ganas, hija de puta! —Chilló Doña Florinda, empezando a romper en llanto.
—¡Dilo más fuerte, hija de puta! —Ordenó Gloria, eufórica, con silenciosas lágrimas de triunfo
deslizándose por su mejilla.
El rostro de la vencedora se iluminó con una ancha sonrisa. Ambas estaban magulladas y arañadas,
pero ella se mostraba triunfal. Le dio un tirón de cabello para ladearle la cabeza y se inclinó para
forzar sus labios en un beso agrio.
Doña Florinda pataleó e intentó resistir, pero al advertir que la fuerza del tirón se incrementaba
comenzó a responder. El giro de los acontecimientos la avasalló. Sus labios comenzaron a ceder y
abrirse para fundirse con los de su rival. Ambas gimieron quedamente al entregarse un beso
rabioso, cargado de odio y humillación.
Las lenguas asomaron tímidas, al principio, para librar su propia lucha con las bocas fundidas.
Ambas se abandonaron durante un par de minutos en un torbellino de emociones dispares y
desencontradas.
No obstante, cuando el ardiente beso llegó a su fin, un fino hilo de saliva permaneció colgando
entre sus labios, mientras respiraban agitadamente. Se miraron a los ojos sin que el odio hubiera
mermado un ápice.
Pero fue Gloria quien, sin mediar palabra, le dio una sonora bofetada. Tan fuerte como las
anteriores, pero esta vez recibió el aplauso de todos los vecinos.
Doña Florinda intentó soltarse, pero Gloria se levantó los restos del vestido para acercar su
entrepierna húmeda, cubierta por un minúsculo tanga. La derrotada lloraba y se sacudía, pero
nada pudo hacer cuando su victimaria la tomó por el cabello y la obligó a frotar la nariz contra su
húmeda prenda íntima. La conflictiva vecina chillaba y suplicaba para deleite de todos los
espectadores. No obstante, la triunfadora se frotó contra su cara hasta que se sintió complacida y
se levantó para recibir los aplausos de toda la vecindad.
Esa misma noche Doña Florinda abandonó su departamento y nunca más se volvió a saber de ella.
A la mañana siguiente, la noticia corrió como pan caliente. Los vecinos se organizaron para hacer
una gran fiesta y agasajar a Gloria con un enorme pastel.
El más feliz de todos era, por supuesto, Don Ramón, mientras todos cantaban a coro: "¡Qué bonita
vecindad!"
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La lista de clientes 2
Riley recibe a un cliente al que no esperaba, y le permite hacer algo que no deja hacer a todos
sus clientes
Riley estaba en la cocina, preparaba el desayuno, pensaba en diferentes cosas, había estado
muy ocupada, sentía que debía de tomar un tiempo libre, distraerse un poco, ver a sus amigas,
tenía mucho tiempo que no se reunía con ellas.
Fue a dejar a su hija a la escuela, cuando ya se iba el director Benson se acercó a su carro.
Cuando Riley llegó al spa, su panocha ya iba muy caliente, necesitaba una verga urgentemente, ver
a Steve la hizo calentarse más de lo que ya estaba. Se metió al privado 3, que era el que siempre le
tocaba, en el pequeño vestidor que tenía se desnudó y mientras esperaba a algún cliente se
masturbó, trató de llegar al orgasmo, pero el que tocar a la puerta, la interrumpió, se puso una
bata y abrió, Georgia le avisó que tenía un cliente.
G -Riley hay un cliente afuera, me pidió una mujer muy tetona y muy puta, y esa eres tú.
R -Sí lo sé, tengo las tetas más deliciosas del estado, además de que también soy la mas puta que
hay.
G -El cliente quiere que uses solo tacones cuando entres al privado.
R -Muy bien.
En el vestidor Riley se puso unos tacones negros de aguja, se puso un poco de perfume y entró al
privado. El cliente la esperaba acostado boca abajo, Riley se puso frente a él.
Siguió con el masaje, después se puso arriba de él y le pasó las tetas por la espalda.
Después le besó las orejas, lo hizo darse vuelta, le quito la toalla que tenía y al ver la verga de su
cliente, la cual era de tamaño promedio, le dijo.
R -Disfrútalas papi.
Él las chupó, después mamó los pezones, Riley no paraba de gemir, le encantaba que sus tetas
fueran devoradas por un macho. El cliente le dio pequeños mordizcos a los pezones.
Riley cada vez estaba más caliente, pasó su mano hacia atrás y masturbó lentamente a su cliente.
Sin tener ganas de dejar de chupar las tetas de Riley, pero sabiendo que solo tenían 50 minutos, le
ordenó.
C -Chúpame la verga.
Ella se bajo de la camilla, tomó la verga ya muy parada y sin pensarlo se la metió toda en la boca,
mamó con muchas ganas, los gemidos tan fuertes de sus cliente le hacían notar que le estaba
dando una buena mamada a su verga.
El cliente la frenó, no quiso acabar aún pues también quería cogérsela por la vagina.
Riley con la boca le puso un condón a su cliente y después se subió sobre él, tomó su verga y la
apuntó a su panocha, se dejó caer y así se la metió toda.
Ella bajaba y subía rápido, él veía como esas tetas grandes brincaban rítmicamente, al verla ahí
brincando sobre su verga se preguntaba como una mujer tan hermosa y con ese cuerpo no era
modelo o algo parecido, pero se sintió feliz al pensar que escogió la actividad que le permitía estar
con ella, ya que solo pagando podía tener a una mujer así.
Ella brincaba y brincaba, sentía como su concha cada vez se abría más, hasta que el placer llego a
todo su cuerpo y finalizó en un orgasmo largo y delicioso.
R -Aaaahhhh me vengo, me vengo, sí mi macho como coges.
Él se sentía todo un semental al haber hecho que una mujer así llegara a un orgasmo. Los líquidos
de la vagina de Riley fueron saliendo, él dejó que ella disfrutara su orgasmo.
Cuando Riley se dio cuenta que su cliente dejó de moverse, se acomodó sobre la verga, pero con
las plantas de sus pies tocando la camilla, con las manos se tomó de la piernas del cliente y se dio
unos sentones que hicieron que él gritara del placer que estaba sintiendo, ella disfrutaba de
escuchar a los hombre gritar cuando les daba sentones.
Después de un rato así y que Riley se empezaba a cansar un poco, el cliente eyaculó, Riley dejó de
moverse.
C -Estuvo delicioso.
Sonó el timbre que indicaba que solo les quedaban cinco minutos. Riley se bajó, le quito el condón
y le limpió el pene con la boca, después se tomó el semen del condón, el cliente veía con agrado
como esa puta se había tomado su leche.
Él se fue y Riley se metió al vestidor. La mañana estuvo muy tranquila. Riley hubiera querido más
cogidas pero solo había llegado es cliente y uno más.
Por la tarde Riley estaba en el vestidor, Georgia le avisó que tenía un cliente, le comentó que era un
hombre muy guapo, que de seguro iba a disfrutar mucho, aunque ella sabía que Riley disfrutaba
con la mayoría de los clientes. Este cliente pedía lenceria negra y botas también de ese color.
Riley salió al privado, vio al cliente acostado boca abajo, su espalda era la de un hombre fuerte,
sabía que iba a disfrutar masajearla. Al pasar a su lado acarició la espalda con las uñas.
Se puso frente a él, al verle la cara, ella se quedo sorprendida, era su cuñado Evan, hermano de su
esposo, a quien solo había visto dos veces en su vida, el día de su boda y cuando fue a conocer a
los hijos de Riley.
Él se paró y se sentó en un sillón que estaba en el privado, le pidió a Riley que se sentara junto a él.
Le platicó que un amigo le dijo que había estado con la mejor puta que había conocido, le describió
lo bien que la pasó. Evan le dijo que se lo describió tan bien que se excitó y deseo conocer a esa
puta. Que unos días después es amigo estuvo en su casa, que vio una foto de ella con su familia, su
amigo la vio un rato, que Evan había pensado que veía la foto por lo guapa que es Riley, pero su
amigo después de preguntar que quien era, y el decir que su cuñada, notó el nerviosismo que se
había adueñado de su amigo, después de preguntarle varias veces y ante la negación de él, su
amigo no tuvo más que decirle que esa mujer que le hizo disfrutar tanto al coger era su cuñada.
Evan le platicó a Riley que se excitó mucho pues el día que la conoció la deseó como nunca había
deseado a nadie. Riley estaba sorprendida y excitada con la narración de su cuñado, pensaba que
cuando ella lo conoció también lo deseó mucho, siempre quiso saber que era ser cogida por él.
Evan le dijo a su cuñada, que tenía que venir a intentar estar con ella, que por favor lo dejara ser su
cliente, ella le sonrió.
E -Sí.
R -No acostumbró besar a los clientes, pero tú me gustas mucho más que tu hermano, además a ti
a diferencia de otros clientes no te voy a pedir que uses condón.
Evan se levantó y se quito la toalla, su verga era mas larga y gruesa que la del esposo de Riley, ella
le dijo.
Ella la tomó y comenzó a pasarle la lengua, lo hacía lento queriendo disfrutar cada parte de ese
pedazo de carne. Evan desde arriba observaba como su cuñada lo llenaba de placer con la lengua.
Después se la metió en la boca, la sacó y metió cinco veces muy lentamente, después la tomó con
la mano, escupió sobre la verga de su cuñado y se la mamó a gran velocidad, los gemidos de Evan
eran muy placenteros para Riley, y fue mejor cuando le habló sucio como a ella le gustaba.
Ella seguía metiendo y sacando esa verga de su boca sin dejar de usar su lengua.
R -Soy la mejor, ya no tenemos mucho tiempo, en platicar se nos fue mucho tiempo, ya cógeme.
Evan desnudó a Riley, le chupó rápidamente las tetas, puso la espalda de Riley sobre la camilla, sus
piernas colgaban, él las tomó y las abrió apuntó su verga a esa panocha que tanto deseaba y se le
metió toda.
La dejó adentro, Riley comenzó a moverse como podía para sentir como entraba y salía esa verga.
Riley se agarraba las tetas mientras sentía como esa verga llegaba muy adentro, los gemidos de su
cuñado eran demasiado fuertes, sabía que en cualquier momento la iba a llenar de su semen, ella
deseaba mucho sentir esa leche caliente dentro de su panocha.
R -Vénte en mi panocha.
Le sacó la verga, la hizo darse vuelta bajando de la camilla, la dobló, sus pies sobre el suelo, sus
tetas sobre la camilla. Su culo quedo muy parado. Con mucha fuerza Evan le dio una nalgada.
R -Aaaahhhh papi.
Riley le indicó donde estaba el lubricante anal, que se pusiera un poco en la verga, que ella ya se
había lubricado el ano, al saber que su cliente pidió sexo anal. Evan acarició el hermoso culo de
Riley, con la punta de su verga.
Evan con fuerza empujó su verga, entró la mitad de la cabeza de su verga, Riley supo que entró lo
más grueso, ahora venía la metida de lo largo, estaba muy excitada, su cuñado le estaba metiendo
la verga en el culo.
Evan siguió empujando hasta que su verga estuvo por completo en el ano de su cuñada. Ella fue la
que empezó a moverse, buscando sentir placer como siempre lo hacía cuando un macho le llenaba
el ano con carne caliente.
Evan se movía lento, queriendo sentir cada centímetro del culo de Riley, acariciaba sus nalgas,
escuchaba los gemidos de ella, eso lo excitaba, su cuñada una mujer hermosa y con un cuerpo
delicioso estaba ensartada por el culo.
Se escuchó el timbre.
Riley se vino.
El orgasmo hizo que su ano se contrajera más dándole un gran placer a Evan quien se vino.
E -Puta me vengo.
Riley sintió la leche caliente dentro de su ano, era una sencación que disfrutaba mucho.
R -Que rico me cogiste, tienes que vestirte y salir.
Evan obedeció. Mientras caminaba a su carro pensaba en lo bueno que sería haber conocido antes
a Riley que su hermano, le hubiera gustado demasiado ser quien se casara con ella y hacer una
vida al lado de esa mujer que tanto le gustaba.
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Lamento la demora, ya estoy de regreso con el último libro de la saga porno de Hogwarts.
Esta vez, estará dividido en cinco partes en lugar de tres, publicados en forma casi
consecutiva, porque había mucho más material yu personajes en HP7 que en los otros.
Disfruten, y muchas gracias por sus comentarios.
(En relación a sus sugerencias de otros relatos, los tendré en consideración, no se preocupen)
—¿Qué van a hacer qué? —preguntó Harry Potter, sorprendido, viendo cómo todo el mundo, allí
en la casa que los Dursley habían abandonado, parecía saber qué hacer y él no. Hagrid, Arthur
Weasley, Ojoloco Moody, Remus Lupin, Nymphadora Tonks, Kingsley Shacklebolt, Bill Weasley,
Fleur Delacour, y desde luego, los gemelos Fred y George, un tal Mundungus algo, además de sus
fieles Ron y Hermione. Ésta última tuvo que explicar una vez más el plan.
—Te llevaremos a la Madriguera, Harry, pero la única forma de zafarnos de los Mortífagos es que
estés disfrazado. O más bien, que todos lo estemos.
—Vamos a usar la Poción Multijugos, cari —dijo Tonks, guiñándole un ojo coquetamente—. Y ya
sabes cómo se obtiene.
—¡No! Yo lo haré —dijo Hermione, adelantándose, mirando de reojo a un Ron con el que todavía
no se había reconciliado después de todo el asunto con Lavender Brown—. Ya he obtenido los, eh,
jugos de Harry antes, así que…
—Lo siento, queguida, pego ya habíamos quedado en un acuegdo —intervino Fleur Delacour,
abrazada del brazo de Bill, con quien se había comprometido después de conocerse poco después
de la muerte de Cedric Diggory—. Soy yo quién lo hagá, y es mi pago pog aceptag convegtigme en
él también. No tienes pgoblema, ¿vegdad, William?
—Para nada, no con todo lo que tú me permites hacer a mí jaja —admitió Bill, siempre tan sereno
y relajado. Harry era el único obtuso ante esa docena de personas, y Ron se acercó a él para
susurrarle al oído lo que iba a ocurrir.
—Bueno, ¡deprisa! —ordenó Ojoloco, instando a Harry a irse a una habitación privada mientras los
demás esperaban y vigilaban por la ventana.
Pero no solo fueron Harry y Fleur, sino que el viejo Rubeus Hagrid también los acompañó a la
habitación. Hagrid había sido un cliente habitual de Fleur desde los tiempos mozos en que ella
trabajaba en el Caldero Chorreante, ofreciendo sus servicios. El medio-gigante se bajó la
cremallera, su inmensa polla saltó hacia afuera, y así fue como Harry recordó la primera vez que
tuvo algún tipo de interacción sexual, cuando vio a Hagrid y Fleur follando frente a él, mientras se
enteraba de que Voldemort había asesinado a sus padres.
—No te preocupes, ya no eres un crío, Harry. Ahora puedes hacer cosas de adulto. Yo solo voy a
calentar los motores de mi francesa favorita.
Fleur llevaba una larga y conservadora falda azul, pero en vez de levantarla, Hagrid simplemente la
rasgó. Además, sabía que no necesitaba ningún tipo de precalentamiento, a pesar de lo que había
dicho. Fleur era una Veela, por lo que calentarse era cosa de cada día, en cada momento. Todos sus
agujeros estaban siempre listos.
Por eso, no fue de extrañar que cuando Hagrid le penetró el ojete con su monumental polla de
medio-gigante, ella ni siquiera se quejara. Al contrario, comenzó a gemir como una perra, a
disfrutar como una vulgar cerca.
—Hay muchas chicas colegialas muy ricas en Hogwarts, con culitos apretaditos y jugositos,
mmmm, grrrr, pero ninguna como el que siempre has tenido tú, Fleur
—Ohhh, me halagas Haggid, siempge me ha gustado cómo me follas como si amagas mi culito,
desde que tengo como tgece agnitos ahhhhh ouiiii —seguía gimiendo Fleur, mientras se tocaba las
tetas por encima de su maltratado vestido, de pie, pero casi levantada por el tamaño de Hagrid.
—¿A esa edad te empecé a follar? Vaya que eras una putita precoz jajaja, ¡mira, Harry! Ahh estas
son las cosas en las que siempre he querido educarte —Hagrid levantó a Fleur del suelo, y con los
brazos le abrió las piernas para que Harry pudiera ver a la francesa en todo su esplendor—. Te
rescaté de Voldemort cuando no eras más grande que una Snitch, y es un orgullo enseñarte todo lo
que sé ahora que eres un hombre.
—Gracias, Hagrid —dijo Harry, levemente emocionado por las palabras de su amigo, a pesar de lo
duro que estaba—. Me enseñaste qué le gustaba a las chicas en la cama. Déjame demostrarte lo
que he aprendido.
Fleur se dejó querer. Harry se quitó la ropa y se ubicó entre las piernas de la chica. Gracias a que
Hagrid la bajó lo suficiente para que su coño quedara a la altura del pene erecto de Harry, éste
pudo penetrarla con toda la dureza que tenía. Los ojos de Fleur se salieron de las órbitas, sonrió
como una boba y se ruborizó hasta el cabello.
Como los lectores saben, esta no era primera vez que Fleur Delacour lo hacía con dos personas.
Ron y Gabrielle, Harry y Krum, Bill y Charlie, Hermione y Cedric, muchos otros habían pasado por
sus agujeros desde que era una adolescente. Pero lo que había deseado desde que tenía catorce,
cuando conoció a Harry, al fin se había cumplido: poder ser penetrada por Harry y su amado
Hagrid al mismo tiempo.
—Ouiiiiiiiiiiiiii —gimió la francesa, recibiendo la doble penetración como la experta que era,
moviendo las caderas y adaptándose rápidamente para recibir de mejor manera la habilidosa polla
de Harry en el coño, y la inmensidad de Hagrid en el culo—. Qué gicoooo, oui, c’est magnifique,
amo sus penes, hace mucho qué deseaba teneglos a ambos.
—¿E-estás segura que Bill estará de acuerdo con esto, Fleur? —preguntó Harry, siempre tan dulce
y sencillo mientras entraba y salía del cuerpo de la muchacha.
—William y yo tenemos una gelación abiegta, y como miembgos de la Ogden del Fénigs, haceglo
con muchas pagejas es nogmal, ahhhh, ahhhhh, ¡me van a pagtig en dos!
—Eso es, Harry, ¡dale duro a nuestra perra! —le incitó Hagrid, y tuvo el efecto deseado.
—¡Voy a…! —Mierda, se dijo Harry. La última vez que se había follado a Fleur, en el laberinto de la
tercera prueba de los Tres Magos, había conseguido resistir sus encantos de Veela, pero ese día
había estado particularmente inspirado. Ahora no lo conseguiría. Estaba follando con un ser
mágico experto en follar—. ¡Voy a correrme!
—¡Espega un momento, cagiño! —dijo Fleur, que en todo caso, ya estaba más que satisfecha. Las
Veelas provocaban rápidos orgasmos en los hombres, pero también eran orgásmicas y de corridas
veloces—. No puedes deggamagte en mi chumino, debes dágmelo a la boca.
—Harry, ¡vamos, campeón! Alimenta de lefa a nuestra golfa francesa, ¡¡¡dale lo que se merece y
haz que esté orgulloso de ti!!!
Harry se separó de Fleur, y ésta se inclinó hacia adelante, aún sodomizada por Hagrid. Se llevó el
pene del Elegido a la boca y comenzó a chuparlo rápidamente, con la habilidad que solo una Veela
tenía, provocando que Harry gimiera rápidamente, su respiración se dificultara, y pronto
comenzara a lanzar cañonazos blancos en la boca de la chica, que acumuló todo en su lengua,
jugando con ella y mezclándolo con su saliva.
Sin poder decir nada, con la boca llena de lefa, Fleur le indicó a Hagrid que la llevara a la sala,
ensartada como estaba. Como si fuera una muñeca, Hagrid la cargó hacia donde estaban los
demás, y Fleur derramó la leche de Harry en la poción que Moody tenía.
—Eso es. Vamos, ¿qué esperas, Fleur? ¿Una petición formal? Recolecta los jugos de los demás para
preparar la poción con lo de Harry —ordenó Moody, y las cinco personas que se convertirían en el
Elegido se quitaron los pantalones y se pusieron en fila sobre la ensartada francesa, que sonrió al
ver las pollas idénticas de Fred y George, el gordo miembro de Ron, el coñito mojado de Hermione,
y a Mundungus, que si bien tenía una polla algo pequeña, una putita nunca discriminaba los penes.
Decidió comenzar con Ron… quien le folló la boca con la fuerza de una locomotora mientras Hagrid
le daba más y más fuerte por el culo. Luego siguió con los gemelos, a quienes les mamó los falos al
mismo tiempo, recibiendo sus idénticos lechazos en la lengua, luchando con todas sus fuerzas de
voluntad para no tragar ese néctar maravilloso. Hermione le siguió, y ésta se corrió fuertemente,
liberando una serie de pequeños chorritos transparentes que le dieron a la mezcla en la boca de la
francesa un sabor impresionante… Y finalmente, Mundungus le dio el toque final.
En todo caso, volando por los cielos de Londres, la Orden del Fénix logró escapar de los
Mortígafos… aunque, lamentablemente, un par de vidas se perdieron…
La Madriguera
Molly Weasley estaba extremadamente nerviosa. Su hijo mayor, el primer orgullo de su vida, el
apuesto Bill Weasley, iba a contraer matrimonio. Claro, la esposa no le gustaba mucho, Fleur
Delacour no se llevaba para nada bien con Molly. Lo peor era que las cosas no estaban bien en el
mundo como para que la celebración saliera bien. Dumbledore había muerto, también la lechuza
de Harry, y Ojoloco, y George había perdido una oreja. Todo al mismo tiempo que Voldemort y sus
Mortífagos estaban cazando a Harry Potter y todos los que estaban relacionados con él. El
matrimonio era la mejor manera para distraerse que tenían… ¡pero Harry había desaparecido!
La preocupación de Molly aumentó. Nadie sabía de Harry, y pensó lo peor: que había ido a
enfrentar a Voldemort por sí solo. Lo amaba y conocía como a un hijo, y sabía que era capaz de
ello. Nadie sabía dónde estaba… Y entonces, Molly Weasley entró a una alcoba abandonada, a
veces usada de almacén, en la parte baja de la enorme casa, usando el Alohomora, esperando
encontrar el cadáver de Harry o algo así. Intuición de madre, llamémoslo.
—Ahh, ahhh, ahhh, oh, Harry, bebé, me encanta cómo me metes la… ¡mamá! —gritó Ginny
Weasley, que estaba apoyada sobre uno de los muros de la alcoba, aplastada por el peso de Harry
detrás de ella. La chica llevaba su vestido más elegante, pero estaba abierto por atrás, mostrando
su tersa espalda, que Harry lamía con lujuria mientras la empotraba.
—Señora Weasley, puedo expli… —intentó explicar Harry, incapaz de sacar la polla del coño de
Ginny, no solo por lo bien que se sentía, sino porque no quería que la mujer lo viera así.
Lo cierto era que ninguno de los dos le había contado a Molly que estaban juntos, para así no
enturbiar la celebración de Bill y Fleur, y también porque los ánimos realmente no estaban para
ese tipo de noticias positivas.
Ginny simplemente había ido hacia Harry para que éste le subiera el cierre del hermoso vestido,
pero su novio no se pudo aguantar, la empujó contra la pared y comenzó a follarla con fuerza y
pasión, como le encantaba. Sí, era cierto que Ginny había esperado que lo hiciera…
—Mamá, estoy saliendo con Harry —dijo la chica, con descaro, aún moviendo la pelvis contra el
cuerpo de su amado—. Ahora que lo sabes, si no te molesta, ¿podrías darnos algo de privacidad?
Por toda respuesta, Molly Weasley se desmayó. Su esposo Arthur Weasley llegó detrás, y también
vio a Harry y Ginny. Suspiró como si hubiese sido algo inevitable, y aunque Ginny no sabía qué se
tramaba, tomó a su hija de un brazo y la arrastró hacia la sala privada del piso más alto. Era una
sala que supuestamente solo ocupaban Arthur y Molly, y Ginny sospechaba que era un aburrido
lugar para guardar recuerdos de los niños o algo así… Se había equivocado.
—Siéntate, Ginny —ordenó Arthur, y la pelirroja, aún con su vestido abierto, mostrando los
puntiagudos senos, se sentó al centro de la circular sala, repleta de cuadros de… muchas, muchas
otras pelirrojas. ¿Dónde diablos estaba?
—¿Papá, qué es todo esto? ¿Estás molesto conmigo por amar a Harry?
—No, no es eso. De hecho, eso es algo que tu madre y yo siempre deseamos… pero, lo que nunca
te dijimos, es que las mujeres de la familia Weasley tienen que pasar por ciertos… ritos especiales,
para que puedan comprometerse.
—¿Compromiso? Papá, Harry y yo solo estamos saliendo, no me ha dado un anillo o algo así, ni
siquiera tenemos edad legal para…
—¿Quieres estar siempre con él? —Arthur esperó a que su hija asintiera—. ¿Ves? Por eso mismo lo
digo. Y el rito de las mujeres Weasley requiere que los hombres que más las amen, les den su
bendición para entregarlas a un hombre. Después de que esto ocurra, debes entregarte en cuerpo
y alma a Harry, solo lo servirás a él, serás completamente suya. ¿Está claro?
La puerta de la sala se abrió y seis pelirrojos entraron. Estaban desnudos, con excepción de unos
ajustados shorts de distintos colores que llevaban. Bill, alto, lleno de cicatrices, con una atractiva
cola de caballo y shorts azules, los lideraba. Luego iba el musculoso y valiente Charlie Weasley con
ropa amarilla. Le seguían los vivos y alegres gemelos Fred y George Weasley, idénticos hasta en los
blancos shorts; luego Ron Weasley, nervioso, incapaz de conciliar lo que estaba a punto de hacer,
vistiendo ropa interior roja… y finalmente, Percy Weasley, el estudioso empollón e insoportable de
la familia, que se había unido al Ministerio, abandonando a su familia hasta que se dio cuenta de
que Voldemort sí había regresado. El joven de anteojos llevaba ropa interior verde, destacable por
el largo miembro que llevaba debajo. Ginny no pudo evitar notar lo bien dotados que eran todos
sus hermanos, y rápidamente se dio cuenta de lo que iba a pasar.
Las mujeres en los cuadros eran sus antepasadas, y todas habían realizado ese “ritual” al
“comprometerse” con un hombre. Ginny, que aún estaba excitada tras la follada con Harry (que
debía estar muy frustrado el pobre, deseó que Hermione anduviera cerca para calmar las ansias de
su hombre), se mojó aún más al verlos. Al igual que sus dos mejores amigas, no tenía remedio, ni
sus hermanos estaban a salvo de su lascivia y calentura desenfrenada.
—Bebé, no queríamos sorprenderte de mala manera, hacemos esto porque te amamos —dijo Bill,
el novio y centro de la fiesta, como siempre genial y galante, acercándose a la hermanita que lo
adoraba con locura.
—Pecas, lo que mi hermano quiere decir es que te vamos a follar como solo nuestra hermanita se
merece —añadió Charlie, sonriente y bonachón, ya con una gran erección de su gorda polla, que
puso a la altura del rostro de la chica, que se sintió en una peli porno.
—Ginevra, ¿me permites? —dijo Percy, poniéndose entre las rodillas de Ginny, abriéndole las
piernas a pesar de la resistencia que ella opuso, y mirando atentamente su ropa interior de encaje,
carmesí y seductora, con sus ojos café detrás de los anteojos de abuela—. Sé que no me he
portado bien contigo y mamá, y que me detestas. Quisiera disculparme.
Ante la atenta mirada de todos los hombres Weasley, Percy tomó la ropa interior de Ginny con los
dientes, con la cabeza debajo del sensual vestido corto, y lo movió a un lado. Se encontró con el
coñito rosadito de su hermana, que se le hizo apetecedor. Aunque no era tan experimentado como
ninguno de sus hermanos, Percy se enorgullecía de su cunnilingus.
—Ahh… P-Percy, ¡n-no te atrevas a tocar mi…! Mmm… ¡¡Ahhh, no pares!! —Era realmente
habilidoso allí. Las piernas de Ginny comenzaron a temblar a medida que su hermano le lamía el
clítoris y los labios menores, así como breves besos en la cara interna de los muslos.
Bill y los demás hermanos, incluso Ron y el señor Weasley, comenzaron a masturbarse ante la
escena, a vista y paciencia de la pequeña pelirroja. Para ellos, era algo cachondo, ver el incesto
tradicional de los Weasley desarrollarse, pero para Percy no era más que estudio. Si bien era capaz
de excitarse, le parecía más interesante descubrir las reacciones de las “hembras”, como les
llamaba, cuando estaban en celo humano.
—No, espera… P-Percy… —La reacción esperada estaba a punto de llegar. Ginny sintió un escalofrío
recorrer todo su cuerpo, y algo acumularse en su entrepierna. La chica era capaz de hacer
“squirts”, incluso más que Hermione y Luna juntas, pero el daba vergüenza estallar así frente a los
demás, en especial en la boca del único hermano que había detestado por tanto tiempo. Por otro
lado, tampoco podía parar, la lengua de Percy se sentía demasiado bien—. No, no, Percy, detente…
—P-Percy, no quiero… ¡¡Ah, ah, ah, ah!! ¡¡¡Ahhhhhhhh!!! —Finalmente no pudo controlarlo.
Aunque su cabeza intentó cerrar las piernas y patear a su hermano, el placer y la líbido
consiguieron la victoria, y Ginny se corrió explosivamente en la boca de Percy, en particular en sus
anteojos, aunque no pareció molestarle. De hecho, sonrió triunfante.
Ginny estaba en el piso con las piernas abiertas, frente a sus hermanos, tras caerse de su silla. Ellos
se estaban masturbando mirando su cuerpo, sus muslos húmedos, sus nalgas sobre una poza de su
propio orgasmo. Las chicas como Ginny y sus amigas eran multiorgásmicas, y siempre necesitaban
más, y más, y más. Tras el sexo oral de Percy ya no había vuelta atrás.
—¿Sí, hija? —dijo Arthur, masturbándose frente a ella con una sonrisa que de alguna manera
mezclaba lo paternal con lo cachondo.
—¿Después de esto tengo que entregarme completamente a Harry?
—Claro. Es tu despedida de soltera, hija, y solo él te usará. Aunque no puedo hablar por él…
—No me importa —dijo Ginny, poniéndose de pie mientras era rodeada por sus hermanos—. Hay
muchas que se quieren acostar con él, y no me importa compartirlo con algunas mientras yo sea su
putita principal, y me de caña como me merezco cuando lo necesite. Voy a celebrarlo a lo grande,
papá. Por favor, chicos, fóllenme bien follada.
La posición que propuso era algo que había pasado por sus fantasías más locas, por muchos años.
Jamás pensó que lo podría llevar a cabo, pero si desde ese día solo Harry podría usar sus agujeros
(y no le molestaba, le encantaba sentirse su golfilla de libre uso), quería despedirse a lo grande de
la soltería con sus hermanos, y llevar a cabo su fantasía más incestuosa a la realidad era la mejor
manera.
Charlie se acostó en el suelo y su gorda, peluda y varonil polla fue como un poste de bandera,
firme y erecto desafiando a los cielos. Ginny se preparó, se abrió de piernas, flexionó las rodillas, y
se dejó penetrar por su hermano, que con sus fuertes brazos de tanto trabajo con dragones, le
tomó de la cintura y le penetró fuertemente con movimientos bruscos de su pelvis.
—Te voy a reventar, Pecas, uff, ¡eh, par de palurdos! ¡Nuestra hermana tiene la boca libre! —gritó
Charlie, llamando a los gemelos, que pusieron sus erecciones a la altura de la boca de Ginny.
—Ohhhhh ahh —gimieron George y Fred cuando Ginny usó sus labios en uno de sus penes, y las
manos en el otro. De un momento a otro, se olvidó de quién era quién. Ambos sabían y lucían
igual, y solo deseaba que su boca y sus dedos estuvieran ocupados.
—¿Puedo tomar tu puerta trasera, bebé? —preguntó Bill, con su habitual cortesía. Era tan mono,
tan adorable, tan viril, tan perfecto, pensó Ginny. Las cicatrices por culpa del hombre-loco que lo
atacó solo lo hacían más apuesto. Era imposible negarse a su adorado hermano mayor.
—Sí, por supuesto, dame por culo, hermanote. —Si no se hubiera enamorado perdidamente de
Harry, probablemente habría intentado conquistar a Bill. Estaba segura de que habría hecho un
mejor trabajo que Fleur en la cama, y lo hubiera protegido de Greyback.
—¡No me digas nada, sólo follame, Bill! ¡¡Oh, dioses, te quiero muchooo!!
Jamás había tenido tantos penes para ella sola. Bill en su culo, Charlie en su coño y, en ese
momento, Fred en su boca y George en su mano… o al revés, poco importaba. Se sentía increíble,
como un sueño hecho realidad. Sus hermanos la estaban follando, era una locura que la tenía
echando humos.
Los penes de los gemelos pasaban por sus dedos y su lengua tan rápido que era como si chupara
ambas. De hecho, decidió que así lo haría, así que se metió ambos capullos a la boca y los lamió
con glotonería. Por otro lado, los falos de sus hermanos mayores parecían tocarse en sus entrañas,
la hacían sentir llena y complacida, y se corrió pocos segundos después de que ambos se
coordinaron, tal como la primera vez que se los folló, en el campamento del Mundial. Una era larga
y la otra gorda, pero ambas duras y habilidosas. Su coño se tragaba la carne de Charlie como si
fueran uno, empapándolo de sus fluidos, y su ano recibía apasionadas embestidas de Bill, que le
acariciaba las tetas y le lamía el cuello como el perfecto amante. Fleur era definitivamente una
mujer con suerte.
—No te preocupes, hija, esperaré mi momento. Percy y yo estamos preparando una buena lechada
para mi niña preciosa —dijo el señor Weasley, haciéndose la paja frenéticamente junto a Percy
(que aún tenía los anteojos y la barbilla manchados de jugos vaginales), acumulando lefa para
alimentarla.
—AMmmm, mmmm, e-está bien… —asintió ella, haciéndosele agua la boca—. ¿Ron?
Hasta el momento, Ron era el único que no había participado en nada. Se mantenía a cierta
distancia, masturbándose con lentitud y timidez, fingiendo desagrado, pero con una erección de
campeonato y sin poder dejar de mirar a su hermanita siendo sodomizada.
—¿Soy el único a quien le parece que esto es una imbecilidad? ¡Es nuestra hermana! ¿No
deberíamos tener algunos límites?
—Ahhhh, ahhh —seguía gimiendo Ginny, haciéndole habilidosamente la paja a los gemelos,
penetrada muy profundamente por los dos mayores, tratando de concentrarse para poder hilar
palabras—. R-Ron, te follas a todo el mundo, ¿por qué soy yo el problema?
—¿Y no eres lo suficientemente hombre para follarte a tu hermana como se lo merece? ¡Ven aquí
y trae ese pollón enorme que tienes, hijoputa! Bill, ¿serías tan amable de darle mi ojete a mi bobo
hermano? Te chuparé la polla hasta dejarte seco.
Sonriente, Bill fue lo suficientemente cortés como para salirse del ano de su hermana, y permitirle
a Ron ocupar ese agujero. Ron se sintió torpe, como si fuera primera vez que follaba, en especial a
su hermana, la novia de su mejor amigo… pero también sumamente excitado por la actitud de la
fogosa pelirroja que le rogaba que le diera por culo.
—Oh, Pecas, ¡te corriste de nuevo jajajaja! —rio Charlie, que con su fuerza hercúlea taladraba el
conejo de su hermana desde abajo—. Vaya que te pone hacer estas guarradas, ¿eh?
—Nuestra hermana es la putita más puta que hemos conocido —dijeron los gemelos.
—Bebé, tu boquita es maravillosa, tu lengua se mueve como la de una profesional, mmm —gimió
Bill, satisfecho con la felación de Ginny, que recibía las embestidas anales de Ron. Éste no podía
más del placer, y progresivamente dejaba más y más de dudar.
—Tu culo… ¡tu culo es increíble, Ginny! ¡Ahh! ¡Pero qué culo!
—Chupchupchup, así es, ¿no te hubiera gustado usarlo desde hace años, tonto? —dijo Ginny,
sonriente, procediendo a volver a mamar a Bill. Ron, desde luego, asintió. Fue un idiota en no
aprovechar la oportunidad cuando básicamente todo el mundo se follaba a su hermana.
Cambiaron de posición, y esta vez, Arthur y Percy decidieron participar. Ginny tuvo que usar su
mente más estratega y cachonda para organizarlos, y su padre y hermanos siguieron sus
instrucciones como buenos y obedientes perritos cuando se le ocurrió una posición. Para ello,
consideró la longitud, los sabores, la habilidad, la flexibilidad, y hasta la textura de los penes que se
agolpaban a su alrededor, deseándola, provocándola, soñando por usarla como la puta barata,
orgullosa y lujuriosa en que se había convertido.
Ron se acostó en el suelo, y Ginny dejó caer su coñito en su gordísima polla erecta, que le abrió
tanto que se corrió poco después, del puro gusto. Se inclinó hacia adelante, y esta vez, Charlie
ocupó su entrada trasera, y lamió la parte de atrás de su cuello, bajo el cabello rojo. Cuando la
quinceañera se acostumbró bien a las dos pollas, su padre apareció delante de su rostro, con un
tronco apetecible, muy venoso, grueso y largo, que le hizo babear.
—Papá, tienes un pene muy grande… —Ginny sonrió, y su lujuria derribó a golpes a su ética y
moral—. Digo… papi. Déjame mamarte la polla, papi.
—¿Te gusta, hija? —preguntó Arthur, más excitado que nunca al cumplir su fantasía personal, que
su hija le llamara “papi” en el tono más sexual posible.
—Mucho. ¿Esta es la polla con la que me hiciste, papi? Quiero atragantarme en ella y que te corras
en toda mi garganta, papi. —Ginny abrió la boca y el pene de su padre se deslizó hacia su garganta,
sobándose con su lengua.
Entre tanto, los gemelos se pusieron a los lados de la chica, por atrás, y pasando bajo sus brazos
comenzaron a lamer sus erectos pezones. Finalmente, Ginny tanteó en el aire hasta que tomó con
sus manos los miembros de Percy y Bill, a quienes les hizo sus pajas más exquisitas.
“Estoy en el cielo”, pensó Ginny, mientras sus gemidos eran acallados por su fálico aperitivo en la
boca. Estaba ensartada, penetrada, tocada, lamida y chupada por un montón de machos que
pertenecían a su familia. La estaban usando como si le pertenecieran, dándole orgasmos sin parar
mientras sus agujeros eran llenados por penes de todos los sabores y formas. Las lenguas de Fred y
George hacían maravillas en sus tetas adolescentes, a la vez que le decían guarradas que la ponían
a cien. Charlie también lo hacía, susurrándole cochinadas al oído mientras le taladraba el ojete con
su agresividad habitual. El pedazo de carne de su padre le follaba la garganta, pero la chica estaba
tan salida que pronto le pidió a Percy y Bill que se unieran. Tomó turnos para lamer los cipotes de
su querido, protector y bien dotado padre, de su amado, dulce y viril hermano mayor, y del otro
hermano, el que había decidido perdonar solo porque le había dado uno de los mejores orgasmos
de su vida. Su coño eyaculaba sin parar, sin descanso sobre la polla de Ron que ya casi alcanzaba su
útero, y en un par de ocasiones soltó chorros tan increíbles que empaparon los cuerpos de sus
hermanos, que le celebraron la gracia como si fuera una profesional a la que habían pagado para
usar su cuerpo.
En general, Hermione era la que disfrutaba más de eso del “free-use”, el sentirse como un pedazo
de carne para ser usada por hombres deseosos, mientras que Ginny era más del tipo “sexo con
pasión en todos lados”, pero por esta vez, vaya que el encantaba que se aprovecharan así de ella.
Por un rato hasta se imaginó que la estaban violando y se corrió como una perra sobre el rostro de
Ron, que se largó a reír, al fin relajado.
—¡MÁS, MÁS, MÁS, MÁS, DENME MÁS POLLA! ¡QUIERO TODAS SUS POLLAS, USEN MIS HOYITOS,
QUIERO QUE ME SUMERJAN EN LEFA CALIENTE! —terminó gritando, antes de intentar meterse los
tres penes de Bill, Percy y su padre a la boca a la vez, aunque se desgarrara la garganta—.
AAAAAAHHHHHHH.
Ginny se separó de sus hermanos con las piernas temblorosas, se sentó en una mesa y se abrió.
Uno de los pelirrojos apuntó y la penetró por unos minutos hasta que el clímax llegó.
—Hija de puta, si lefa quieres, lefa te daré, ughghhhhhh —gimió Charlie, vaciando sus testículos en
el coño de su hermana, que tembló entera cuando sintió la hinchazón en su cervix.
Fred y George volvieron a sorprenderla, y tomaron turnos ocupando el lugar de Charlie, follándole
el coño hasta que también ambos se corrieron allí. La leche de sus tres hermanos comenzó a
desbordarse, cayendo de su vagina, formando grumos cerca de su clítoris, rutas pegajosas y
ardientes en sus muslos.
Bill se unió al “creampie”, pero su corrida fue tan potente que también derramó su leche sobre las
tetas de su hermanita, que se ruborizó de gusto, y chupó la polla de su padre con aún más fuerza.
En su mente, el lechazo de su hermano mayor en su rostro y tetas era una muestra de amor.
La de Arthur fue aún mayor, aunque el patriarca de los Weasley disparó directamente en la
garganta de Ginny, que casi se atraganta de semen, pero de a poco fue bebiéndolo. Aún le era
difícil, pero tenía tiempo. Después de todo, había perdido la virginidad con Harry como a los once,
había tenido sexo anal ya a los trece, y acababa de tener su primer “gangbang” a los quince.
—Ginny, n-no quiero dejarte… —Ron tenía problemas para formar palabras desde que penetró el
coño usado de su hermanita. Estaba follando con demasiada fuerza a su hermana, tenía los ojos
cerrados y todos sus bien formados músculos estaban tensos.
Sus piernas se tambalearon y dejaron de responder cuando la última corrida entró a su cuerpo.
Desbordaba leche por su conchita. Sus hombres le habían dado una despedida de soltera como se
merecía una hembra como ella, aunque se preguntó si el hecho de que técnicamente todavía no se
comprometía con Harry (¡ni siquiera había dejado la escuela!), le permitiría repetirlo.
De no ser posible, definitivamente encontraría una forma para que Harry se multiplicara y le
hiciera un gangbang y creampie como ese. Siete Harrys. Se había perdido el evento, pero no se
había escapado de sus más intensos y cachondos deseos. La fogosa pelirroja se puso de pie y se
dirigió, llena de lefa, a cambiarse de vestido… Esperaba no cruzarse con Fleur y que la viera, y la
envidiara el día de su boda. No había duda de que lo haría.
Al final, el matrimonio, si bien fue hermoso, y tanto Bill como Fleur intercambiaron emocionales
votos, se fue todo al tacho de la basura. Los Mortífagos los encontraron y atacaron, destruyéndolo
todo. Ginny se encontró enfrentando a Bellatrix, y cuando Harry corrió a protegerla, Hermione hizo
lo correcto y se lo llevó lejos junto con Ron. Ni siquiera se planteaba la idea de no volver a verlo.
Era su novio, el amor de su vida. Se reencontrarían pronto, y mientras Harry cumplía su misión
junto a su hermano y su mejor amiga, Ginny defendería Hogwarts de Snape y los Mortífagos, en
nombre de su amado. Lo pondría tan orgulloso que no habría agujero que Harry no quisiera llenar
con su preciosa, caliente y blanca lefa…
Continuará...
Advertencia: el siguiente relato tiene una escena de lluvia dorada (con Luna Lovegood) en su
último párrafo... por si no es lo suyo xD
Bosque de Dean
Los Horcruxes. Eso era lo que Harry, Hermione y Ron estaban buscando a lo largo y ancho de
Inglaterra. Según la investigación que llevaban a cabo, eran objetos en los que Voldemort había
depositado parte de su alma, para conseguir la inmortalidad. Harry había destruido uno antes de
follar con Ginny por primera vez en la Cámara de los Secretos. Dumbledore había destruido otro
antes de morir como un idiota ante Snape. Ahora estaban detrás de algo para destruir el tercero,
un relicario que había ocultado un hermano de Sirius…
Estaban tan ocupados en lo que hacían, tan desesperados escapando de los Mortífagos, que ni
siquiera habían tenido tiempo para follar, y su tensión alcanzaba límites intensos. Por un lado,
Harry pensaba en Ginny todo el tiempo a pesar de que sabía que Hermione Granger se entregaría
a él sin problemas. Ron estaba claramente celoso de Harry y Hermione, y les hacía la vida
imposible a ambos. Hermione tenía la líbido en su estado mínimo, a sabiendas de que Harry
pensaba en Ginny, que Ron la había dejado por Lavender Brown, y que actuaba como un imbécil.
En fin, que todo era un desastre.
El caos alcanzó su clímax cuando, una noche, en el Bosque de Dean, en la tienda que los tres
compartían, Harry se movió en su cama de tal manera que su polla (erecta de manera inconsciente
mientras dormía), se topó con el rostro de Hermione. Ella, en medio de su sueño, pero con su
instinto sexual despierto, abrió la boca y comenzó a lamer el pene de Harry, soñando con ello. Ron
despertó y los vio, y afectado por el poder oscuro del relicario, los insultó sin parar, revelando su
complejo de inferioridad. Tras una pelea con Harry, Ron los abandonó, dejándolos en casi
depresión.
Fue así que, a la noche siguiente, en aras de subirle el ánimo a su amiga, Harry encendió una radio,
subió el volumen de la música, e invitó a Hermione a bailar como dos viejos amigos. Ella aceptó a
regañadientes al principio, pero una vez que se empezó a relajar, se dejó llevar y bailaron con
alegría y calma… Y entonces, la música cambió.
Era una música de jazz muy sexy, casi erótica, y los dos ya estaban abrazados bailando lo que había
sido un pop suave. Su desesperación y miedo constante comenzaron a desvanecerse, y la líbido de
Hermione regresó de golpe. La muchacha se apartó de Harry y lo miró, jadeando de excitación. Él
tenía una erección de campeonato, pero se sentía culpable.
—Hermione, lo siento, solo ocurrió… Ambos estamos tensos por dejar a Ginny, y que Ron se fuera,
y que…
—Harry, ¿podrías callarte? ¡Necesitamos liberar tensiones, maldita sea, o nos vamos a volver
locos! ¿No te das cuenta? Sé que amas a Ginny, y es obvio lo que siento por Ron, pero somos
adolescentes cachondos, Harry. ¡Y con todo lo que está ocurriendo te aseguro que perderemos la
cordura si no hacemos algo! —Había rabia, tristeza, frustración y desesperación en su voz.
—¿Qué propones?
—Solo bailar un poco conmigo te empalmó, y no te voy a mentir, yo tengo las bragas empapadas
desde que me tocaste. De hecho, llevo días intentando reprimirlo, ¡y ya no puedo más!
Hermione volvió a abrazar a Harry, y juntos bailaron un poco más, en silencio, cada vez más
pegados de cuerpo. La tensión podía cortarse con un hilo. La erección de Harry estaba golpeando
contra la ingle de Hermione, y ésta sentía sus pezones erectos contra el pecho de su amigo.
—Hermione… ¿Está bien que hagamos esto? —Harry recordó que no follaban desde el año
anterior. Ginny era su amor, pero Hermione era una de sus parejas de cama, la primera que había
conocido, y la más sexy junto con la pelirroja.
—Sí. Bájate la bragueta —ordenó la muchacha, tocando al joven por encima de los pantalones—.
Me estoy muriendo por comerte la polla, Harry, la necesito taladrando en mi garganta, y quiero
que eches todos los líquidos que tengas en mi boca.
Harry no pudo controlarse. Su pene echaba humos, estaba erecto y venoso, apetecible para la
lengua ninfómana de la muchacha, que ya se movía en círculos alrededor del capullo de Harry,
incluso segundos antes de metérselo a la boca, tan solo con imaginarlo. Pero ya estaba abajo, con
las rodillas flexionadas y las piernas bien abiertas, su posición favorita para mamar, pues le
permitía también tocarse fácilmente.
De hecho, Hermione se desabrochó el botón de los jeans, y empezó a masturbarse con la mano
dentro de su ropa interior, comprobando que, como era usual, estaba mojadísima.
—Hermione, ¿cómo aprendiste a hacerlo tan bien? Ohhh —gimió Harry, sintiendo cómo se
derretía al recibir placer de su mejor amiga, como era lo acostumbrado. No importaba cuántas
veces lo hicieran, para Harry, recibir sexo oral de Hermione era siempre una experiencia casi
religiosa. A veces se hacía la paja solo recordando cuándo hicieron un 69 por primera vez, a una
muy tierna, pero precozmente lujuriosa edad, en las cámaras subterráneas del castillo—. Ese idiota
se está perdiendo de mucho por ser un imbécil.
—Chup, chup, chup, ni siquiera lo menciones, Harry Potter. —Hermione siguió lamiendo, y aunque
se expresión de había vuelto severa, cambió rápidamente a una sonrisa lasciva—. Y sobre tu
pregunta, aprendí contigo, por ejemplo, jiji. Chup, chup, chup, chup, tú me hiciste enamorarme de
los penes y la lefa, y me convertiste en una ninfómana, Harry. Y te lo agradezco, o me habría
pasado la vida entera siendo una aburrida empollona, chup, chup, chup, chup, chupchupchup,
siguiendo los pasos de mi madre o algo así…
Hermione era, ante todo, una chica esforzada y aplicada. Constantemente se desafiaba a sí misma
para ser mejor, y eso incluía el sexo oral. Luna tenía una habilidad bastante interesante para los
“deep throat”, los garganta profunda, y a pesar de ser mucho más inexperta que Hermione y Ginny,
ella les había enseñado con las bananas y los pepinos más largo que pudieron encontrar. Ahora, la
alumna Granger quería llevarlo a la práctica.
Primero, comenzó a meterse el pene de Harry más y más en la garganta, controlando las arcadas,
tal como había aprendido a la tierna edad de trece años. Luego, la idea era dejarlo ahí, dejar que
Harry le embistiera la garganta, y aguantar como una buena puta los golpeteos más allá de su
campanilla. Lo consiguió con cierta facilidad, así que decidió pasar al siguiente nivel. Con las manos
de Harry en su nuca, incapaz de escapar, sacó su varita y apuntó a su cuello. Sin poder decir una
palabra, rezó el hechizo en su mente: Engorgio.
La verga de Harry Potter creció al interior de la garganta de Hermione. Lo que podría haber sido
una actividad más que riesgosa, incluso fatal en algunos casos, se convirtió en la acción más
placentera que Hermione había vivido en mucho tiempo. Se sentía llena, dominada y cachonda, su
coño comenzó a desbordarse, y algunas gotitas de fluidos femeninos comenzaron a atravesar la
tela de sus pantalones.
—Hermione… ahhh, H-Hermione… ummm… —gemía Harry, preocupado por unos instantes en la
salud de su amante al ver como su expresión facial se deformaba, con lágrimas en los ojos, a
medida que su polla crecía en su boca, pero cuando se dio cuenta de que ella estaba bien, y que se
estaba esforzando por mejorar en su destreza, se movió muy lentamente…
“Con gusto”, pensó la chica, sonriente, acostumbrándose a controlar las arcadas y adaptando los
músculos de su garganta para que el monumental pene de su amigo pasara sin problemas. Quería
definitivamente hacerlo para siempre. Había sido honesta con Harry. No lo amaba en el sentido
más romántico de la palabra, como se supone que sentía por Ron… pero sí estaba prendada de él.
Quería ser parte de su vida, incluso si era solo para servirlo sexualmente, y ser follada por él.
Estaba arriesgándose por Harry, su desafío propio era conseguir la meta… y lo logró. Cuando el
muchacho comenzó a lanzar potentes chorros de leche en su garganta, se sintió feliz y orgullosa de
sí misma. Harry ya había sacrificado mucho por todos. Hacerle una mamada era lo menos que
podía hacer, y si además disfrutaba de recibir sus lechazos en la garganta, mejor que mejor.
“Que Ron se vaya a la mierda”, pensó. Hermione quería disfrutar de buen sexo con alguien que
adoraba, sin dramas ni preocupaciones extra.
Tras un rato, Harry se separó de Hermione y le permitió respirar. Ella tosió y se acarició la garganta,
pero sonreía ampliamente con su radiante y triunfante sonrisa, la más atractiva en Hogwarts. Se
había tragado todo rápidamente, había estado desesperada por tragar.
—¡Me encantó! —admitió Harry, notando que gracias al hechizo Engorgio, su pene flácido estaba
tan largo como era usualmente cuando estaba erecto. Y viendo a Hermione en el suelo, con las
piernas flexionadas, una posición tan vulgar, saboreando su semen mientras lo tragaba, no pudo
evitar comenzar a excitarse de nuevo.
—Déjame ayudarte —dijo la chica, y se quitó la chaqueta, el top, los jeans, y las corredoras al son
de la sensual música de jazz que aún cubría la tienda de campaña, quedándose solo en ropa
interior. No eran prendas particularmente sexys, Hermione intentaba pensar lo menos posible en
sexo durante la misión, pero aún así Harry se calentó con la visión de ella. Era una muchacha
sumamente hermosa y excepcionalmente sexy. Se lo dijo.
—Sexy y preciosa. De verdad no sé cómo es que Ron es tan idiota para no darse cuenta.
—En serio, Harry, dejemos de hablar de él, y empecemos a hablar de tú y yo. Por ejemplo… —La
inteligente muchacha de cabello castaño se sentó de rodillas en un sillón, dándole a Harry la
espalda, se inclinó hacia adelante hasta quedar en 90°, y levantó el culo, aún llevando sus
empapadas braguitas—. Por ejemplo, podemos hablar de qué hoyito vas a follarme.
—¡Replere Iaculum! —dijo Harry, y sus testículos se llenaron nuevamente de leche mientras su
polla recobraba fuerzas, y el tamaño impresionante que había tenido tras el hechizo de Hermione.
Harry corrió hacia ella y le bajó las bragas de un tirón, con cierta agresividad que la puso a cien—.
Recuerdo que hace unos meses, en la biblioteca, mientras te cubría el cuerpo de lefa, me dijiste
que serías una de mis putitas personales…
—¡¡¡Ahhhhhh!!! ¡Madre mía! ¿Por qué siempre mi ano, Harry? —exclamó Hermione, fingiendo
molestia. Si bien era cierto que todo el mundo le follaba analmente apenas la veían en cuatro, y
estaban obsesionados con ese agujero, Hermione solo fingía disgusto. La realidad era que le
fascinaba que le sodomizaran el culo, y más aún con un pene tan largo.
—Y como putita personal, tienes que entregar todos tus agujeros a mí, cada vez que quiera, donde
yo lo desee. ¿Vas a hacerlo, Hermione?
—¡Sí! —gritó Hermione, recibiendo los embates de su amigo, presa del placer. “Qué pollón!”,
pensó, con cara de vicio. Pollón que era suyo por esa noche, y múltiples otras. Iba a tener que
hacerle muchos favores a Ginny para que se lo compartiera.
—¡No! …Mmm, yo YA SOY tu golfilla de uso personal, Harry… Ahh, ahhh, ahhh. Puedes usarme
cuando desees, mi ano, mi coño, mis tetas, mi cara y mi lengua te pertenecen, ahhh, ahhhh, ahhh
—Entonces te obligo a que desde ahora en adelante, mientras viajamos juntos buscando los
Horrocruxes, no uses en ningún momento esta ropa interior, ni ninguna otra. ¿Entendiste? —dijo
Harry, tomando a la chica de la garganta mientras le golpeaba el culo con la pelvis, su pene largo
haciéndose paso, formando rutas en el recto de su mejor amiga.
—Síiii, eso haré… no usaré braguitas nunca más, Harry, aaaahhh… Mmm, dame más órdenes.
—Y follaremos todos los días, aunque el mismísimo Voldemort esté a punto de alcanzarnos.
—Ahhh, síii, lo prometo, moriría feliz si es con tu polla en mi chumino o mi culohhhhh, ahhhhhh,
dame más, Harry, más duro, estoy cerca, más fuerte, más fuerte, más duro, ¡estoy a punto de
correrme, Harry! ¡Me corro!
—Voy a hacerlo en el otro lado, Hermione —Harry se salió rápidamente, y aunque sabía que no
duraría mucho, penetró el mojado conejo de su mejor amiga, entrando completamente, dejándose
llevar por sus sensaciones, deslizando su pene más y más adentro, como si con cada centímetro
alcanzado la dominara más.
—¡Cállate y no dejes de follarme! ¡¡Mmmm, mi vagina lo necesitaba!! ¡No puedo vivir sin tu pene,
Harry Potter! Ahhhh, ahhhhh, ahhhhhhhh, ¡estás muy adentro, jamás nadie había llegado tan allá,
siento que me vas a partir en dos y me…! —Hermione llevó los ojos detrás de su cabeza, abrió la
boca y su lengua quedó colgando mientras un nuevo orgasmo la alcanzaba—. ¡Me coorrooo!
Sin embargo, en esta ocasión, Harry aún se siguió moviendo en la vagina de su mejor amiga, y ésta
se sintió amada de una manera que solo ocurría con Harry. No eran sentimientos románticos, pero
sí era algo muy fuerte, conectado al sexo contínuo que habían llevado por ya siete años. Por ello, y
porque le fascinaba, también dejó que él siguiera penetrándola un rato más.
—¿Harry?
—¿Hm?
—Tendré que hablarlo con Ginny, pero te confirmo lo que te dije hace un tiempo: mi cuerpo te
pertenece, es todo tuyo.
Mientras esto ocurría en alguna parte de Inglaterra, Hogwarts seguía funcionando de alguna
manera. Severus Snape era el nuevo y tirano director (aunque al menos no estaba demente, gritón,
errático y senil como el anterior, al que mató), y tenía incluso Mortífagos como profesores. Tanto
los docentes como los alumnos estaban aterrorizados y desesperanzados. Sabían que Harry y sus
dos fieles amigos estaban haciendo “algo”, pero no podían confiar ciegamente que tendrían éxito si
ni siquiera ellos sabían qué estaban haciendo.
Pero no todos estaban aterrados. Tres alumnos aún dirigían el Ejército de Dumbledore en las
sombras, protegiendo a los inocentes de los castigos y torturas. Era la valentía de Neville
Longbottom, la pureza de Luna Lovegood, y la pasión de su líder, Ginny Weasley, lo que mantenía
a Hogwarts a flote.
Era un trabajo agotador, sin embargo, y por ello, los fines de semana, decidieron que no solo iban a
formar nuevas estrategias para entrenar, atacar y defenderse mientras esperaban a Harry y los
otros, sino que se darían algo de tiempo para relajarse. En esta ocasión, ese relajo consistía en que
Luna y Neville se metieron a los baños del tercer piso del castillo, cachondos y desesperados por
liberar tensiones. Lo habían calculado bien. A esa hora, no había muchas clases por esa zona, así
que podían estar tranquilos. ¿Por qué no usaron la Sala de Menesteres? La respuesta era sencilla: a
Luna la ponía cachonda la idea de tener sexo en un lugar en donde podían descubrirla, pero eso no
se lo comunicó al dulce, pero nervioso Neville…
Ambos estaban besándose apasionadamente en uno de los cubículos. El olor a baño, en lugar de
causarles asco, les excitaba. Era prohibido y sucio, y a Luna nada parecía jamás incomodarle.
Sus lenguas mantenían un combate sin tregua, y sus labios se encontraban lo suficiente como para
luego temer separarse. Hubo un par de mordiscos también de parte de la rubia, que a pesar de ser
cada año más salida y golfilla, conservaba aún su pura inocencia sensual…
Neville tomaba de la sensual cintura de su amiga, mientras ésta tiraba de la corbata del chico hacia
ella, para que el beso fuera más profundo. Las manos que tenían libre estaban ocupadas en las
zonas más jugosas: Neville acariciaba el clítoris de Luna, bajo su falda, con suaves movimientos de
dos de sus dedos, y Luna masajeaba el robusto pene de Neville por encima de los pantalones.
Ambos estaban ruborizados, jadeaban intensamente, la caliente transpiración cubría sus cuerpos, y
los dedos de ambos estaban cubiertos de fluidos.
—Mmmm, mmmmmmm, mmmmmm, me gusta mucho, Neville —musitó Luna, con su inocencia
tan adorable y sensual, mientras tomaba un respiro del apasionado beso—. Pero, ¿te apetecería
hacerme el amor? Tengo ganas de sexo.
—C-cl… ¡ejem! Claro, L-Luna… ¿Cómo te gustaría h-hacerlo? —A pesar de la experiencia que
estaba ganando, y de que el rumor de las proezas sexuales de Neville estaba corriendo entre las
chicas de Hogwarts como un tren bala, y que muchas se lanzaban a sus brazos, él seguía siendo
nervioso, tímido, y muy inexperto en materia de seducción y lenguaje sucio.
Neville obedeció, y tras bajarse los pantalones, se sentó y su grueso miembro pareció que
desafiaba a la rubia. Ella sonrió distraídamente, se quitó las bragas, se subió la faldita azul y se
sentó a horcajadas sobre el objeto que deseaba en ella. El pene de Neville entró profundamente
en su interior, cada palpitación causando una oleada de placer a través de su cuerpo, llenándola
por completo, adaptándose a sus paredes vaginales como si perteneciera allí.
—S-sí, sí por favor —respondió Neville, mientras ella daba saltos sobre él, sujetándose de sus
hombros, usando sus rodillas y su cintura para moverse como ella deseaba, controlando el ritmo y
la velocidad de la cogida.
No estaba montándolo rápidamente, sino que prefería la cogida dura y profunda, la que parecía
tocar su útero con su capullo, la que con movimientos lentos y precisos rozaba las paredes internas
de su coño, la que hacía que sus tetas debajo de la blanca y pulcra camisa se movieran
agresivamente, como si fuera un golpeteo en lugar de una borrasca.
—¿L-Luna?
—¿P-podría…? Si es que está bien, claro, ¿podría verte… l-los s-se…? ¿Las tet…? ¿Los…?
—¿Te apetece verme los pechos, Neville? —Luna no esperó a que él asintiera. Sabía que le
gustaban. De hecho, sabía que a muchos otros les gustaban, así que se desabrochó la camisa, y sus
tetas cubiertas por un sexy sujetador blanco de encajes que Cho le había regalado. Se lo levantó, y
Neville pudo sus enormes melones mirándolo, con pezones rojos y erectos que el chico no pudo
resistirse a chupar y lamer.
Durante gran parte de su tiempo en Hogwarts, Luna Lovegood se había vestido con ropas
relativamente conservadoras, falda larga y siempre una capa encima que impedían que se vieran
sus curvas. No porque fuera tímida, sino porque sentía que estaba bien usar el uniforme según las
reglas. Ahora que se vestía con ropas más atrevidas (tal como Ginny le había enseñado), y todos
podían ver que sus senos eran de los más grandes en toda la escuela, percibía las miradas de todos
los chicos en ella. Y honestamente, le estaba empezando a encantar el recibir ese tipo de atención.
Hermione y Ginny tenían toda la razón en que ser presa de las caricias, lamidas, corridas y
penetraciones de los hombres tenía muchísimos beneficios. Le gustaba.
Mientras tanto, una chica no estaba muy contenta con que Luna recibiera ese tipo de atención.
Tenía una misión entregada por Draco, que las había recibido de Bellatrix Lestrange, que a su vez
las había recibido del mismísimo Voldemort. Draco le había dicho que necesitaban raptar a Luna
para que su padre, un conocido investigador, pudiera revelar algunos secretos que el Señor Oscuro
necesitaba. Y por ello, la chica, llamada Pansy Parkinson, estaba acercándose al baño donde Luna y
ese chico regordete y obtuso se habían ido a follar.
¿Por qué una chica tan torpe, insulsa y ridícula como Luna Lovegood estaba recibiendo sexo en ese
momento, además de tantas miradas de los hombres (incluso los Slytherin), cuando Pansy estaba
siendo constantemente rechazada por Draco? Claro, tenía atención de otros chicos que pagaban
por sus servicios sexuales, pero era a Draco a quien deseaba. ¿Solo porque tenía grandes tetas?
Pansy era famosa por tener el mejor culo de Hogwarts, y sus senos no eran tan diferentes de los de
la boba Ravenclaw tampoco…
Draco era famoso por haber asesinado a Dumbledore y permitido a los Mortífagos entrar a
Hogwarts. Pansy le demostraría que también estaba a la altura, raptaría a Luna, Draco estaría feliz,
y tendría su pene para siempre. Ya estaba junto al baño, podía escuchar sus gemidos y jadeos, era
solo cosa de entrar, noquear a los amantes, y llevarse a la rubia con los Mortífagos.
Un rápido duelo mágico se dio a las afueras del baño, sin que Luna o Neville se dieran cuenta. Una
serie de hechizos fueron intercambiados entre dos adolescentes vestidas con sus uniformes, pero
Pansy no fue superior a una chica tan entrenada como Ginny Weasley, que estaba protegiendo a
sus amigos. La chica Slytherin cayó rápidamente, y Ginny se sentó sobre ella y le aferró las
muñecas.
—No. Te he estado observando hace bastante tiempo, putita. Sabía que pronto harías tu jugada,
pero con mis amigos no te metas.
—¿Meterme? No necesitamos hacer esfuerzos, ustedes no son nada contra la magia oscura de
nuestro lado, solo sirven para ser aplastados por nosotros —se defendió Pansy. Los hechizos de
Ginny la habían debilitado seriamente, y era incapaz de moverse como quería.
—¡Y estamos hartos de eso! Tú y tu cretino grupillo de adolescentes han molestado a mis amigos
por años. Tu novio le ha hecho la vida imposible al mío desde que se conocieron.
—¿Novio? Juraría que Harry Potter se había ido con esa putita sangre-sucia, jajaja ¡ah! —gritó
Pansy, cuando Ginny le dio una bofetada. La pelirroja no estaba emocional, ni alterada. Sus ojos
denotaban una frialdad fogosa, y sus labios sonreían levemente.
—A mí no me engañas, sé que estás tan acobardada de Voldemort como el resto, y por eso haces
todas estas tonterías. Pero mi novio, mi hermano, Hermione, Luna, Neville, y todos los demás
miembros del Ejército de Dumbledore están bajo mi protección. No permitiré que les hagas daño a
ninguno de ellos, ni menos que los insultes, y mucho menos a mi novio, cuando Harry ha
demostrado una y otra vez que Draco es una perra cobarde.
—¿Y cómo vas a demostrar algo, sucia zorra? —preguntó Pansy, sin dejarse amedrentar, sintiendo
que tenía el control aún. No se sintió igual después de que los labios de Ginny se unieran a los
suyos cuando le plantó uno de los besos más candentes de su vida.
—Mmmmm… así. Mi cuerpo solo puede ser entregado a un hombre, el que amo con locura, a
quien le pertenezco, pero nadie dijo nada sobre otras chicas… Mmmmmmm…
Por un lado estaba Pansy Parkinson, que no había disfrutado de un buen sexo desde el año
anterior, cuando Draco comenzó a dejarla de lado por su estúpido armario mágico y su trabajo con
Voldemort. Lo necesitaba más que nadie, y los amantes que tenía solían ser egoístas, pues
pagaban para ello. Ginny, con sus manos y su lengua, estaba satisfaciendo esa imperiosa necesidad
de Pansy de que la atendieran a ella en lugar de al revés.
Por otro lado estaba Ginny Weasley, que recordaba perfectamente los detalles que Hermione le
había contado una noche en que ambas habían dormido juntas en la Madriguera, sobre la ocasión
en que las pre-adolescentes Pansy y Hermione habían tenido sexo en los dormitorios de Slytherin,
después de intentar sacar información de Draco. Pansy había tomado el control de la sesión, pero
Hermione había aprendido qué le gustaba. Su orgullo era su trasero. Por eso, cuando ambas chicas
se acostaron de lado, besándose, y Ginny comenzó a acariciar el culo de Pansy y a darle de
nalgadas, supo que la tenía bajo control. Los gemidos de Pansy Parkinson no se hicieron esperar, y
ahí, en los pasillos húmedos del baño de chicas, ambas se empezaron a desnudar.
Mientras tanto, Luna ahora estaba sentada sobre Neville dándole la espalda, apoyándose en la
puerta del cubículo mientras aumentaba la velocidad de sus sentadas. Neville se atrevía cada vez a
más cosas, y ahora, más desinhibido, le manoseaba las tetas sin pudor, pellizcando sus erectos
pezones, el toqueteo perfecto que Luna desesperadamente amaba.
—¡Ahhh, ahh, ahhh, ahhhh, ahh, ah, ahhh! ¿Estás disfrutando del sexo, Neville? ¿Disfrutas de mis
movimientos sobre tus genitales?
—¡Síiii! ¡M-mucho! Tus senos son tan grandes… ufff, uggghhhhh, ¡son enormes! ¡Me gustan
muchísimo, y abajo estás muy mojada! ¡Y t-te mueves tan b-b-bieeeeen!
—Desde luego que estoy húmeda, es natural al tener relaciones sexuales, y sobre mis senos, debo
decir que a mí edad, sí son bastante grandes, y me alegra que a los hombres les apetezca tanto
tocarlos, morderlos y lamerlos como haces tú. Jijiji, es como si estuvieras amasando…
—Mmmm, mmmm, estoy siendo gratamente complacida… No solo eres un gran amigo, Neville,
sino que un amante más que satisfactorio… Mmmmm, mmmm, ¡ah! Oh… he alcanzado el clímax
nuevamente, muchas gracias, ¡ah, ahhh, ahhh, ahhh!
—Ufff, ufff, yo no sé si pueda aguantar mucho tiempo… Te mueves de manera increíble, tu cintura
parece tener… v-vida propia… Uff, Luna, ¿qué hago?
—¿Mmm? Estoy en mis días seguros, Neville… Puedes ¡mmmm!, puedes eyacular en mi vagina.
—¡Aquí va! ¡Ah! ¡¡¡Ahhhhhhhh!!! —exclamó el muchacho, vertiendo su semilla dentro de la chica,
que se retorció involuntariamente de gusto.
—¡Oh! Se siente muy cálido y lechoso, puedo sentir que es muchísimo líquido seminal, eso me
agrada mucho, Neville… Mmmmmm, sí… ¡ahhhh!
Luna se puso de pie delante del agotado Neville, y un líquido cremoso comenzó a escurrir desde
entre sus piernas, cayendo como nieve al piso del baño. Luna sonrió y recogió un poco,
llevándoselo a la boca sin ningún pudor.
—Ufff… ufff, ok, Luna… t-tengo que ocupar el baño, no te quitaré más tiempo… M-muchas gracias
por hacer esto conmigo —dijo el chico, humilde y caballeroso como era usual.
—Ya sabes… ¿h-hacer del uno? —Al ver la cara de incomprensión de la inocente y soñadora Luna,
tuvo que explicárselo más explícitamente—. Tengo que orinar. Suele pasar después de hacer… esto
que acabamos de hacer.
—¡Oh, ya entiendo! Tienes que orinar. Bueno, hay algo que me interesa practicar hace tiempo,
pues se ve algo entretenido. —Luna hizo a Neville ponerse de pie, y luego se inclinó sobre el
retrete, poniendo el rostro sobre el mismo y sacando la lengua—. ¿Te apetecería enseñarme sobre
lluvia dorada? Lavender Brown me habló bastante de ello.
—¿Q-qué…? ¿QUÉ?
Entre tanto, Ginny y Pansy estaban solo en ropa interior, besándose apasionadamente, girando en
el suelo de los corredores del baño en el lado opuesto de Luna y Neville, con las manos metidas
bajo las bragas de la otra. Sus dedos estaban bañados en fluidos femeninos, se habían otorgado ya
un orgasmo mutuamente, y querían más y más.
Ginny utilizaba un sexy brasier de encaje, y bragas tipo pantaleta, todo de color rojo como su
cabello. En tanto, Pansy no solo utilizaba un conjunto verde excepcionalmente revelador y sensual,
escotado y con unas bragas delgadísimas tipo tanga, sino que también llevaba medias y portaligas,
cosas absolutamente prohibidas para una colegiala, pero que encantaba demasiado a la vista como
para no usarlo.
Ambas chicas se detuvieron un momento solo para contemplarse la una a la otra. Siendo ambas
bisexuales, no podían dejar de admirar la belleza y sensualidad de la otra, incluso si se odiaban
entre sí. De hecho, lo que estaban haciendo bien podía llamarse sexo de odio.
Ambas se quitaron mutuamente las bragas, con lascivia y sensualidad, deleitándose en las
deliciosas sensaciones que se estaban causando una a la otra. Contemplaron los coños de la otra,
depilados y sumamente húmedos ambos, pero de distintos tamaños y formas.
Ginny y Pansy cruzaron las piernas entre sí en posición de tijeras, frotándose los chuminos
mutuamente, causándoles un placer indescriptible. Incluso el sonido acuoso de sus coños
rozándose les incrementaba la líbido.
—Mmmmm, mmmmm, ahhhh, no vayas a desmayarse como lo hacía tu novio con los Dementores,
jajaja, ahhhh, ahhhh —se burló Pansy, mientras acariciaba las piernas de Ginny y se pegaba a ella
para que sus genitales se unieran más y más.
—Ahhh, ahhh, ahhh, qué ricoo… mmmm, no digas tanto, o convertiré a Draco en la comadreja que
es, tal como hizo Moody, y será divertido ver cómo te lo follas entonces, ahhh, ahhh, ¡toma, zorra
comepollas! —exclamó Ginny, dándole de nalgadas a Pansy, lo cual hizo que ésta se retorciera de
gusto, y casi se corriera en las piernas de su enemiga.
—Ahhh, aaaal menos lo tengo cerca para follarlo, en lugar de esperarlo mientras la sangre-sucia
Granger se la chupa todos los días, ahhh, ahhh
—Le doy mi permiso a mi mejor amiga para tomar prestado a Harry cuando está cachonda, ¿pero
cómo vas tú? ¿No te pagan lo suficiente para hacerte disfrutar como la perra que eres, y Draco
prefiera las tetas de su madre? En tanto, sé que Harry volverá a mí.
—Eres una cerda, ¿lo sabías? ¿Por qué no empiezas a correrte con mi coño de una vez?
—Estoy muy cerca, pero tú aún más… ¡venga, dame tu lengua, puta!
Cuando ambas volvieron a morrearse, abrazadas apasionadamente, tocándose los clítoris, y con los
chuminos frotándose a máxima velocidad unos contra los otros, no tardaron en alcanzar el clímax.
Ambas intentaron retrasarlo, pero fue algo inevitable. Pansy liberó líquidos que bajaron por las
piernas de Ginny, e incluso su culo del que estaba orgullosa pareció chorrear. En tanto, Ginny ya
era famosa por sus squirts y eyaculaciones femeninas, y esta vez no fue la excepción. El sensual
sujetador verde de Pansy, así como su vientre y piernas, quedaron empapados con los chorros que
la pelirroja disparó desde su empapado chumino. Pero eso no las detuvo.
—Está riquísimo, tu coño está haciendo cosas deliciosas en el mío, ahhhhhhh, ahhhhh
—¡Me encanta tu conejo, me vuelve loca, te odio por eso! ¡Mmmmmm! ¡MMMMÁS!
Volvieron a correrse, esta vez con muchos más fluidos que antes sobre sus cuerpos, y una vez más,
usando los coños y los dedos de la otra en conjunto sobre sus profundos y mojados chochos, y sus
hinchados y sensibles clítoris. Ambas iban a desmayarse, el placer era demasiado. Estaban
descubriendo cosas sobre la otra más allá de la rivalidad que ellas, o sus respectivos novios tenían,
y Pansy estaba empezando a agarrarle el gusto a ser dominado por la fiera capitana de Gryffindor,
líder del Ejército de Dumbledore. Ginny también había comprendido más el miedo que su rival le
tenía a Voldemort a través de sus orgasmos mutuos.
—Oyeee, oye, ¿no quieres…? Ahhh, ahhh, ¿no quieres repetir esto?
—¿Contigo? Mmmm, ahhh, ¡oh, me he corrido de nuevo! ¿Qué decías? No seas boba, yo solo le
pertenezco a… ahhh, a Draco…
—Pero él no te toma en cuenta, y sus conexiones no son las mejores, sé que la vida de puta no es
lo que quieres para ti Ahhhh, ¡yo también me corro! ¡Otra vez! ¡Con tu malnacida concha!
—¿Y qué otra opción tengo? ¿Entregarme a los brazos de tu chico y rezar para que me proteja?
—Mmmmm… ¿sí? ¿Sería tan malo eso? Harry puede con todas nosotras, y es el Elegido por una
razón, además, ahhh, ahhhh, por experiencia te digo que después de conocer su polla no vas a
necesitar la de nadie más, ahhhhh, ¡ahh qué buenooooo!
Cuando las chicas se corrieron y perdieron el conocimiento, una sobre la otra en una poza de sus
fluidos vaginales, otras chicas entraron al baño desprotegido. Chicas que buscaban ser Mortífagas,
sin la compleja moralidad de Pansy.
Neville apuntó su polla al rostro de Luna, que esperaba sumisamente lo que había solicitado con
tanta picardía inocente. Un chorro brillante salió desde la punta de su flácido capullo y golpeó la
lengua afuera de la rubia. Ésta no sintió ningún asco, sino que fue tal como Lavender le había
descrito. Era como ser marcada, como un premio a ser tan buena putita, algo que le ponía feliz y
orgullosa. El líquido dorado se mezcló con sus rubios cabellos antes de caer al retrete, también su
rostro, pero no era suficiente y Luna lo sabía.
—Vamos… Neville, sé que te estás guardando… déjalo fluir. Dámelo todo. —Luna se irguió y esta
vez se sentó sobre el retrete. Con la minifalda maltratada, el cabello empapado, el chumino
goteando semen, la camisa abierta y las tetas descubiertas, se veía incremente sexy incluso si no
estaba al tanto de ello.
El chorro fue más potente. No solo golpeó su rostro y su traviesa lengüita, sino que también su
uniforme escolar. No le molestó en absoluto. De hecho, era tan morboso que la estaba excitando
de sobremanera. Luna se dejó llevar por su líbido y comenzó a restregarse el chorro urinal por su
cuerpo, tomándose el cabello muy sensualmente, haciendo gestos con la lengua mientras recibía
su premio dorado. La lujuria fue tan intensa que pronto comenzó a masturbarse de nuevo a la vez
que era bañada en lluvia dorada.
Estaba caliente como una locomotora, se sentía sucia y decidida a probar más cosas, incluso
después de que Neville terminó y cayó fuera del cubículo. Tardó demasiado en darse cuenta de
que Neville había sido atacado. En la posición en la que estaba, Luna no pudo evitar ser raptada
por las Mortífagas.
Continuará...
Bellatrix tortura a una Hermione muy "receptiva", y se les unen la reina y el príncipe
Malfoy; luego, Hermione satisface las necesidades de un tavernero, y Harry se reencuentra
con Ginny.
Mansión Malfoy
Los Mortífagos habían conseguido atrapar a Harry y Hermione, y fueron llevados a la mansión
Malfoy, donde en ese momento no solo estaban Narcissa Malfoy y Draco Malfoy (que contaba
con permiso especial de Snape), sino también un ejército de Mortífagos, incluyendo a Bellatrix.
También habían traído a Luna Lovegood y su padre consigo. Sin embargo, quien estaba en mayor
peligro era la bruja más inteligente de Hogwarts, a quien los Mortígafos, en especial Bellatrix,
querían sacar rápidamente del tablero.
—Draco, oh bebé, mi cielo, ¿qué te hizo ese tonto Potter? —dijo Narcissa, acariciando el cabello de
su único hijo, que tenía la cabeza en su regazo, y que acababa de tener un combate en que Harry
había logrado desarmarlo antes de ser sometido por una decena de Mortífagos—. Mi pobre Draco,
has hecho todo lo que el Señor Oscuro te ha pedido, estoy orgullosa…
—No quiero seguir haciéndolo —susurró Draco, sollozante, lo suficiente para que solo su madre
pudiera oírlo.
—¡Draco! N-no digas esas cosas —le regañó su hermosa madre, a pesar de que entendía y
compartía el sentimiento—. Vas a ser grande, es todo lo que debes saber.
—Pero… casi mato a Dumbledore y… —Draco había seguido un camino oscuro, y ya sabía que no
era lo que deseaba para sí mismo o su familia.
La sensual MILF se abrió la camisa, a pesar de que una decena de Mortífagos se encontraba allí
presentes. Muchos de ellos eran sumisos a la familia Malfoy, y sabían la clase de cosas tabú que
ocurrían en la mansión. Por lo mismo, varios habían visto ya los apetitosos y redondos senos de
Narcissa, y algunos lo habían hecho a solas con ella.
—No digas nada más, mi cielo. Ya has sufrido mucho. ¿Quieres besar los pechos de mami?
—Por supuesto, bájate los pantalones y te acariciaré todo lo que quieras, pero te daré un premio
aún mejor también —le informó Narcissa, mientras Draco le lamía los endurecidos pezones, y
recibía una paja de su madre—. Bellatrix, ¿estás ahí? ¡Trae a Granger y danos un espectáculo!
—Jijijij, oh vaya, ¿ya dejas que mi sobrino te coma así las tetas? Estoy orgullosa de ti, hermana, lo
celebraré con esto. ¡Sangre-sucia, ven aquí! Harás lo que yo quiera para tus amos, ¿está claro?
—¡No te atrevas a tocarme, malnacida! —gritó Hermione, agotada, cayendo de rodillas ante la
bruja oscura, Bellatrix Lestrange, después de haber sido vencida en combate junto a Harry, que
ahora estaba en el calabozo junto a los otros prisioneros.
—Imperio —rezó la amante de Voldemort, y Hermione cayó a merced del hechizo prohibido—. Jaja
jajajajajaja JAJAJAJAJA, muy bien brujitaaaa, ahora quítate la ropa ante mí… LENTO.
—Sí, ama —asintió Hermione, sumisa y obediente, aunque por dentro estuviera maldiciendo a los
mil diablos por haber sido controlada tan fácilmente. Ante su audiencia, Hermione Granger
comenzó a quitarse las prendas. Sus zapatillas, sus pantalones, su camisa, y luego, con lentitud, su
sujetador. No llevaba nada bajo los pantalones. Estaba completamente desnuda, sexy como
siempre, ante Bellatrix Lestrange, que se relamió los labios.
—Sí, ama.
Y cuando Hermione se puso en cuatro piernas, con las manos y las rodillas en el piso pulcro de la
mansión Malfoy, levantando las nalgas resaltadas por sus ajustados pantalones de jeans, fue
cuando comenzó… su condición. Aquello que la llevó a masturbarse en el tren con solo ver el pene
de Ron por primera vez, cuando ni siquiera había llegado a la adolescencia; lo que la llevó a
bañarse en la lefa de un troll, y mamársela a un semi-gigante ese mismo año; lo que la llevó a follar
con sí misma a los trece años, y tener una orgía con un perro animago, su mejor amigo, y un
hombre-lobo. Lo que le hizo chupársela a un profesor en la biblioteca en segundo, y a unos elfos
domésticos en cuarto. La incapacidad para controlar su líbido cuando algo la calentaba, aunque
fuera la cosa más mínima, era su maldición.
Por eso fue que, cuando percibió a Bellatrix ponerse de rodillas detrás de ella y sintió un chorrito
de jugos vaginales caer desde su coño, supo que estaba en problemas. Sin importar qué cosas
terribles le fuera ahora a hacer Bellatrix Lestrange, Hermione iba a ser incapaz de detenerse, y se
pondría extremadamente cachonda. Ver a Malfoy chupándole las tetas a su propia madre, que le
hacía una lenta, delicada y experta paja, mientras la observaban a punto de ser devorada por la tía
del enemigo de Harry, solo lo hizo peor.
—Tus bragas están empapadas jajajajajhahasajhsaif —rio Bellatrix, com acercándose a olisquear
como una perra la entrepierna de Hermione—. Hueles muy bien, mmmm jijijiji
—¡Aléjate de mí! —gritó Hermione, pero el efecto “Imperio” hizo lo suyo, y cayó rendida ante las
palabras de Bellatrix, sumisa como una perrita—. P-por favor, c-cómame, ama…
—Jjajajaja, haré mucho más que eso jajaja. —Bellatrix le bajó a Hermione los calzones mojados,
oliendo fuertemente el aroma que salía de su intimidad. Cuando tuvo su coño frente a ella, la bruja
oscura comenzó a lamerlo, delicadamente pasando la lengua por su entrada, por sus labios
menores, la cara interna de sus muslos, y cuando la adolescente comenzó a temblar, se atrevió a
poner la boca sobre su duro clítoris.
—Ahhhh, ahhhhhh, ahhhhhh —gimió Hermione, sin poder evitarlo. Por lo que sabía, aunque le
gustaran los hombres y las mujeres, no consideraba a Bellatrix ni siquiera una persona, pero
incluso ahora, ante lo que a todas luces era una psicópata abusando sexualmente de ella, lo estaba
disfrutando de una manera absurda. Era primera vez en muchos años que renegaba de su
condición, que volvía a parecerle una burla de la providencia, o de los dioses, si es que existían.
—¿Lo ves, Draco? Mmmm, ¿te gusta lo que está haciéndole a esa mugrosa sangre-sucia? —dijo
Narcissa, moviendo la mano más rápido, con los dedos presionando más fuerte alrededor del
pollón de Draco mientras éste le chupaba los pezones. —¿Te gusta, bebé? ¿Te hace sentir feliz?
—Sí, me gusta mucho, mamá… Y también cómo me acaricias, ni siquiera Pansy me lo hizo de esta
manera nunca.
—Esa zorra se habrá acostado con toda la escuela, incluyendo muchos de tus enemigos, pero no
tiene la experiencia que tengo yo tras años de complacer a tu padre —dijo Narcissa, tan
físicamente bella a pesar de las palabras horribles que salían de su boca, que los Mortífagos
alrededor no pudieron evitar sufrir una erección, contemplando la curvatura perfecta de sus senos,
su cabelllo plateado y negro como la luna ante la noche, y sus gestos faciales tan eróticos. Algunos
comenzaron a tocarse, sabían que no tenían oportunidad con ella, pero a veces, Narcissa les
permitía correrse cerca de ella, siempre que su semen no tocara su cuerpo a menos que ella
misma lo desease.
—No te merece, bebé. Mmmmm, qué bien lames, eso… mmmm, muerde un poco, síiii… eso es,
succiona mi leche, haz que salga, eres bueno, Draco, muy bueno…. mmmmm, sigue mirando cómo
la perra de mi hermana le come el chochito sucio a esa brujita irritante.
—¡Oye, no me llames perra, hermana! Jajajajaja, no al menos hasta que haga lo que una perra
orgullosa debe hacer.
Bellatrix retiró la lengua del coño de Hermione, dejando un hilillo de fluidos como un puente entre
sus labios y la intimidad de la chica de diecisiete. Cuando ésta pensó que al fin tendría un
momento de tranquilidad que apagara su líbido, dejar que se mente recobrara el control de su
cuerpo en lugar de sus genitales, y pudiera desactivar su ninfomanía crónica, la bruja malvada
volvió a acercarse a ella, dispuesta a sorprenderla. Y vaya que lo hizo.
La lengua afilada de Bellatrix Lestrange se introdujo en su entrada trasera, y sin ningún tipo de asco
o tapujo comenzó a liberar saliva al interior de su ano. Hermione se estremeció completa. Arqueó
la espalda y emitió gemidos que no conocía de sí misma. Jamás le habían hecho algo así,
¿realmente estaba descubriendo juegos anales a esas alturas de su vida escolar, con una criminal
como Bellatrix? La hija de puta era, además, MUY buena con su lengua, que taladraba en su
interior, amenazando con llegar hasta el fondo de sus entrañas, estimulando zonas erógenas que la
volvían loca.
—Dime si te gusta cómo te como el ojete, puta ajajajajaja, slurp, slurp —sonaba la lengua de
Bellatrix, lamiendo y su boca sorbiendo.
—De nuevo, cerda —Bellatrix le dio una fuerte nalgada a la muchacha, la estampó contra el suelo y
siguió lamiendo mientras la fuerza de “Imperio” crecía—. ¡Dime si te gusta!
—¡Me encantaaaa! —gritó Hermione, sin añadir el “ama”, pues bien podía deberse más a su
calentura natural el orgasmo que estaba a punto de tener con la lengua de la psicópata, en lugar
de la maldición imperdonable. Bellatrix pareció notarlo, y sonrió.
—Jajajahehaejejeje, te fascinará esto. ¡Mira bien, Draco! ¡Mira cómo sodomizo a esta yegua!
Hermione miró a Malfoy, en el sofá. Su madre ahora estaba inclinada sobre el regazo de su hijo,
con los labios alrededor del falo de Draco, sorbiendo y mamando ruidosamente, bajando y
subiendo la cabeza rápidamente mientras él continuaba jugando con sus pechos, chupando sus
duros pezones mientras recibía una felación materna y encontraba su mirada de reojo.
Luego miró alrededor. Los Mortífagos (y varios de los mayordomos de la mansión) se estaban
masturbando mientras miraban a las brujas. Hermione contempló sus penes duros, sus diversas
formas, tamaños y colores de piel, y supo que estaban erectos por ella, sintió que le líquido
preseminal que brotaba de sus puntas era para ella.
Detrás estaba Bellatrix, conjurando con sus artes oscuras una polla negra que surgía,
aparentemente, de su hinchado clítoris. Negra como el ébano, la polla era enorme, parecía dura, y
estaba llena de pequeñas motas, como pelotitas a lo largo del tronco que claramente la llevarían al
cielo…, o al infierno, considerando este caso, cuando se hiciera paso por sus entrañas.
Lo que estaba a punto de ocurrir, junto con la extrema estimulación que estaba recibiendo
visualmente con tanta polla alrededor, incluyendo la de uno que era chupada por la madre de su
enemigo, fue demasiado. Jurándose que jamás lo admitiría, Hermione, tirada en el suelo, se separó
las nalgas, revelando su entrada trasera ahora tan lubricada por saliva, no bajo el efecto de una
instrucción de Bellatrix y su maldición imperdonable, sino que su propia maldición, su calentura
crónica que jamás podría eliminar.
Se corrió no mucho después de que Bellatrix y su dildo mágico penetraron su ojete por cinco
minutos. Sintió una multitud de chorros salir disparados de su coño mojado, y eso provocó que
Bellatrix la follara con más fuerza, y aún más, y más a medida que pasaba el tiempo. Claramente, el
falso pene reaccionaba como uno real, pues Bellatrix gemía tal como hacían los demás hombres
que le habían follado el culo, que ya se había vuelto el objetivo principal de todos los hombres con
quienes Hermione se acostaba.
—¡Ven aquí, perra! —Bellatrix tiró de su ondulado cabello castaño hacia atrás, le tomó del cuello
con garras infernales, y después de lamerle el rostro con la misma lengua con que le había comido
el culo, le escupió en las mejillas, y otro cerca de sus ojos antes de susurrarle al oído—: ¿crees que
no noto cómo te corres, sangre-sucia? jajajaja, ¿crees que no me doy cuenta de que te estremeces
cuando entro asíiiiii, ahhhh, ahhhh, al interior de tu ojete, con mi pene creado para estimular tu
ano? ¡Te place jajajaja!
—S-sí… —incluso los escupitajos la pusieron a mil. Todos quienes la conocían íntimamente sabían
que el fetiche de Hermione era ser usada como una vulgar golfa, como un mísero objeto de
disfrute al que podían tratar como, cuando y donde quisieran.
—¡Córrete para mí, cerdita! ¡Cóoooorrete más y más! —exigió Bellatrix, mientras esta vez no solo
le daba nalgadas, le follaba el ojete y derramaba su saliva sobre su rostro, sino que también la
abofeteaba, fuerte y ruidosamente para placer de los Mortífagos presentes que se masturbaban
frenétiucamente, y de Draco, que estaba más excitado que nunca con la porno que estaba viendo
en vivo, y la felación increíble que le daba su madre.
—Adelante, Draco, por hoy te permitiré mezclar tus jugos con una sangre-sucia, te haremos una
limpieza después. Bellatrix, hazle espacio a tu sobrino, ¿quieres?
—Ooooooooook, hermana —Bellatrix puso a Hermione de lado, aún acostada, y se puso entre sus
piernas, mirándola esta vez. Apuntó su pene mágico, negro, enorme y lleno de deliciosas
protuberancias redondas en su entrada delantera esta vez, sin intención de limpiarlo o nada—. Me
ocuparé de tu sucio coñito ahora, ¿sí? Dile a tu ama si quieres el pene de Draco en tu ojete abierto
y usado.
—Lo quiero, ama…. ¡lo necesito! ¡Por favor, fóllenme ambos agujeros!
Draco se puso detrás de ella, que junto con su tía hicieron un sandwich de Hermione, ante la
atenta y maternal, pero cachonda mirada de Narcissa, que se masturbaba ante ellos con las
piernas bien abiertas, usando los dedos de ambas manos para complacerse, incluso llamando a un
par de sirvientes para que acariciaran sus senos.
Cuando el miembro de Draco se hizo paso entre sus nalgas, y luego a lo largo de su recto,
acompasándose rápidamente con Bellatrix del otro lado, Hermione sintió que perdería el
conocimiento. El placer era demasiado, no podría jamás medirlo.
—Maldita Granger, tu culo es increíble, siempre lo desee, ¡y al fin es mío! No podré aguantar
mucho aquí, te voy a llenar las entrañas de lefa y serás honrada por ser usada y dominada por un
Malfoy —dijo Draco, cuya confianza y seguridad en sí mismo habían regresado tras las caricias de
su caliente madre.
—Mi pene funciona como uno real, cerdita, fue creado con magia negra, jajajajjajasas, me voy a
correr en tu coñito y quizás quedes preñada de mí, ¿no sería eso divertidísimo? JAJAJJAHJSA
La mente de Hermione estaba asqueada, pero sus puntos erógenos estallaban continuamente, uno
detrás del otro. Dos enormes penes en su interior era algo que le fascinaba, y ya había olvidado
cuantas veces se había corrido con esta tenebrosa y lasciva tortura. De hecho, ahora su lengua
decía cosas sin sentido mientras derramaba babas sobre el suelo:
—¡Déjeme bien preñada, ama, será un honor! ¡Amo Draco, márqueme como de su pertenencia
con su lefa caliente en mi culo! ¡Ahhh, ahhhhh, ahhhhhhhhhh, AHHHHHH, AHHHHHHHH!
—¡Aquí me vengo jajajajshajhsjaham, qué rico sentirse como un hombre corriéndose en el coño
usado de una putitaaaaahhhhh! ¡AHHHH SÍIIIII!
Al final, ambos estallaron casi al mismo tiempo adentro de ella, y dos ríos de semen inundaron su
coño y su ojete como si se hubieran desbordado. Después de eso, Hermione solo recordaba estar
de espaldas, completamente desnuda en el suelo, mientras una serie de hombres hacían fila para
pararse sobre ella y correrse sobre sus tetas o su rostro, y luego alejarse como si no tuviera más
importancia que ser una vulgar receptora de lefa.
Justo antes de que Harry, Luna y Dobby llegaran para salvarla y sacarla de la mansión (evento
durante el cual el elfo doméstico lamentablemente falleció), Hermione se permitió una sonrisa de
placer. Ya no estaba bajo los efectos de ninguna maldición…. simplemente era una ninfómana
orgullosa, sin control.
Hogsmeade
Y así de ninfómana orgullosa y sin control era también, días después, cuando se la estaba
chupando fuertemente a la polla vieja, pero increíblemente vigorosa aún de Dumbledore. No, no
del viejo senil que se había muerto el año anterior, sino que de su hermano, Aberforth
Dumebledore, detrás del mesón de la sucia taberna que atendía en Hogsmeade, solo para que él
les diera una pista de cómo llegar al castillo.
Antes de eso, Ron había regresado con ellos y hasta había destruido uno de los Horcruxes, el
relicario de Slytherin, pero su relación con Hermione era aún extremadamente tensa después de
todo lo que había ocurrido con Lavender, sus celos por las revistas porno en las que había posado
para Fred y George junto a Ginny, y más recientemente, su pelea con Harry que lo llevó a
abandonarlos. Ron había intentado una noche, después de haber encontrado en el banco
Gringotts otro Horrocrux (una copa que le había pertenecido a Hufflepuff), tener algo de “acción”
con ella, pero Hermione no había permitido que le tocara un solo pelo. En su lugar, se fue a follar
con un muy confundido Harry, directamente ante la mirada de un arrepentidísimo y triste Ron, en
medio del bosque. Por esto mismo, Hermione ni siquiera se lo pensó dos veces luego de ofrecerle
a Aberforth una mamada para que él los ayudara a entrar a Hogwarts a buscar el último Horrocrux
que quedaba, que si destruían, dejaría mucho más vulnerable a Voldemort.
—Mmmmm, oh que buena brujita, mmmm, qué buena boquita tiene la brujita —susurraba el viejo
pero fornido Aberforth, acariciando el cabello de Hermione mientras ella se deleitaba con el sabor
de su gorda polla, tocándose la entrepierna, genuinamente disfrutando.
—Chup, chup, mm, me place que me diga lo que le gusta, señor, mmmm, chup, chup —
dijoHermione, sacándose la polla de la boca solo para hablar con su mejor voz de putita por un
momento antes de volver a la faena.
—¿Dónde aprendiste a usar la boquita así, preciosura? Ufff, no me aburriría jamás de una lengüita
como la tuya, querida.
—Mmmmm, señor, si nos da unas cuantas rondas de cervezas de barril gratis a mí y a mis amigos
gratis cada vez que vengamos aquí, no me importaría pagárselo de esta forma, con mi lengüita
traviesa jiji—. Hermione se irguió, se puso de puntillas, hundió el rostro en la espesa como un
bosque y enmarañada barba gris del anciano e introdujo la lengua en su boca, sin dejar de
complacer su polla con la mano. Sabía a alcohol, olía muy intensamente a cerveza y cigarrillos ...
pero le gustó. Muchísimo. De hecho, Hermione se preguntó fugazmente si debió haber intentado
algo con el tarado gritón de Albus Dumbledore mientras estuvo vivo, a pesar de saber que no le
gustaban precisamente las almejas y prefería frutos más largos. De seguro habría sido capaz de
convencerlo, pero ahora se conformaría con su mucho más viril y apuesto hermano.
—Así lo haré, hermosura, así lo haré, y de hecho, ya llamé a alguien que los guiará hasta Hogwarts,
uffff, grrrr, apenas me corra en tu garganta de cisne los dejaré ir con ella.
—Mmmmm, será un honor tener su lefita caliente y espesita en mi boquita, señor, pero…. ¿ella?
¿A quién se refiere?
En eso, escuchó un intenso ruido venir desde la sala donde habían dejado a Harry y Ron
esperando. Aberforth y Hermione se dirigieron allá, con Hermione sin dejar de soltar su polla en su
mano, y vieron lo que ocurría. Habiendo salido de un pasadizo secreto detrás de un cuadro con
una pintura de la hermana muerta de los Dumbledore, estaba la guía que los llevaría a Hogwarts,
una sensual y enamorada chica pelirroja que ahora estaba encima de Harry, en el suelo, besándolo
apasionadamente ante la mirada de un perplejo Ron, a la vez que le abría desesperadamente la
bragueta con las manos.
—Mmmmm, oh, bebé, cómo te extrañaba cariño —dijo Ginny, ahora prácticamente lamiendo el
rostro y el cuello de su novio como si quisiera impregnarse de su sabor.
—También yo a ti mi amor, ¡oh vaya! ¡estás como loca, y mojada como nunca! —dijo él, entre
asombrado y divertido, palpando la entrepierna de su chica por encima de los mini-shorts que
llevaba, notando su humedad.
—Es que te extrañaba muchísimo, y me encanta ver que estás sano y salvo, y ¡dios mío vaya qué
extrañaba este pedazo de carne! —dijo Ginny, liberando al fin el miembro de Harry de su prisión,
admirándolo con los ojos como platos y la boca haciéndosele agua—. ¡Déjame chupártelo, mi
amor! ¡Por favor, déjame comerte este pene hermoso que tanto extrañaba y necesitaba!
Ginny no esperó una respuesta. Bajó por el cuerpo de Harry, besándolo repetidamente con ternura
y la pasión que la caracterizaba, hasta llegar a su hinchado miembro y metérselo a la boca,
bañándolo en su saliva, mamándolo por casi un minuto hasta que notó la presencia de Aberforth y
Hermione, a quienes saludó con la mano, sin dejar de realizarle sexo oral a su eterno amado.
Hermione se puso de rodillas con su maravillosa sonrisa, y volvió a su juego, chupando la verga de
Aberforth mientras le acariciaba los huevos con la mano.
—¡Eh, que yo también estoy aquí! Hermione, no puedes…. Ginnny, a mí tampoco me ves hace
meses, soy tu hermano y…. ¡Ah, con un demonio! —gritó Ron, que se abrió la cremallera, sacó su
gordísimo pene, y comenzó a masturbarse ante la doble escena.
Hermione y Ginny eran mejores amigas, pero de vez un cuando, un poco de sana rivalidad les venía
en mano. En este caso, ahora estaban compitiendo por quién realizaba mejor sexo oral, quién la
chupaba mejor, a pesar de que no tenían criterio alguno para evaluar a la ganadora. ¿Era quién
hacía acabar primero a Aberforth o Harry? ¿Era quién pasaba más tiempo sin tomar aire? ¿Era
quien usaba más la lengua o los dedos en sus testículos? ¿O quizás quien gemía más fuerte
mientras devoraba un pedazo de carne, o quien se corría primero haciéndolo?
—Ginny, ohhhhh, tu boca… ¡También extrañaba esos labios! —exclamó Harry, con los brazos detrás
de la cabeza, dejándose llevar por el placer.
—¡Todas las noches pensaba en tu pene, amor! Chup, chup, chup. Me encanta, me vuelve loca, ¡no
puedo vivir sin ti ni tu rico pene! Chupchupchup, slurp, me he masturbado cada noche desde que
te fuiste, mmmmmm.
Ginny se deslizó hacia atrás, y con desesperación se sentó a horcajadas en el pene de Harry, que
empezó a montar como la mejor vaquerita. Era lo que necesitaba, Ginny sentía que el pene de su
novio le pertenecía, o más bien, que ella le pertenecía a él. De adelante hacia atrás se comenzó a
mover, disfrutando de cada momento, mientras Harry se complacía con cada movimiento y gemido
de su chica.
Así, en extremo excitado con lo que Ginny le hacía, así como ver a Hermione de rodillas,
chupándosela a un viejo al que acababa de conocer, se dejó llevar por la imaginación.
—Sí, cariño, he sido buena, aunque…. —Ginny agudizó la voz, fingiendo ser unos años menor de lo
que era, como cuando perdió la virginidad con Harry en la Cámara de los Secretos—. Mmmmm,
aunque me divertí un poquito con Luna y con Pansy… ¿Me hace eso una mala niña, mmmm?
—Muy muy mala, tendré que castigarte…. ¡Venga, móntame más rápido la polla!
—Mmmmm, ohhh, yo también he sido mala mala mala, muy mala todos estos años —dijo
Hermione, con voz de gata en celo—. Creo que necesito un castigo, señor Dumbledore. ¿Me daría
un castigo con su pollón, por favor?
—Ponte en cuatro, brujita, te haré lo que el imbécil de mi hermano siempre debió hacer —ordenó
Dumbledore, y Hermione obedeció contenta, poniéndose en cuatro patas delante de Ginny y
Harry. Ron se acercó a ellas, pero solo Ginny permitió que su hermano le tocara la cara con y los
labios con la polla, como castigo por haber tratado mal a su amiga mientras daba saltos fuertes y
movía sensualmente la cintura.
Desde luego, Giny y Hermione también sentían atracción y deseo sexual por la otra, así que no fue
de extrañar que cuando Harry y Aberforth les penetraron mutuamente el coño, ambas chicas
comenzaran a morrearse como les encantaba, sintiendo que ambas recibían ambos penes, por la
manera en que se coordinaban. Las dos conocían perfectamente las zonas erógenas en los labios y
la lengua de la otra, y aunque podían ser rivales en sus juegos sexuales, preferían por mucho follar
y recibir pene juntas, tomadas de la mano y besándose como ahora.
—Ahhhh, ahhh, ay, Harry, castígame más, he sido mala con otras chicas, pero te prometo que solo
me encanta tu pene, Harry ¡me encanta tu pene! ¡ME ENCANTA TU PENEEEEE Y SOLO EL TUYO ME
VUELVE LOCAAA! —exclamaba Ginny, presa de sus deseos sexuales reprimidos tras meses sin la
única polla que le importaba. La chica se lanzó al suelo, se puso en postura de perrita como su
amiga, disfrutando de un rol más pasivo, y juntas siguieron besándose mientras eran penetradas.
—Oh, señor, deme de nalgadas, ¡ay, asíii, así! Castígueme muy fuerte, castigue a su brujita con su
verga deliciosa, deme más fuerte, señoooor —gemía Hermione cada vez que tomaba aire de los
besos con su mejor amiga y recibía las fuertes embestidas que abrían y profundizaban su vagina,
sedienta y liberando jugos y fluidos por litros, que caían entre sus muslos hacia el suelo de la
taverna.
—¡Les exigimos que nos castiguen más fuerte! ¡AHHHH, AHHHH, MÁS FUERTE! ¡CASTIGA MI
CONEJITO MÁS FUERTE, MI AMOR!
—Denos caña como nos merecemos, Harry, usted también señooooor, somos un par de golfas
desesperadas por sus penes duros y ricos y ahhhhhh, ahhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ¡me corroooo!
¡Denos más duro a sus par de putitas, siento que mi coño se derrite!
Las nalgadas de ambos hombres no se hicieron esperar, y hasta Ron se atrevió a golpear la mejilla
de su hermanita con su verga, pues claramente ya no le hacía asco al asunto del incesto tradicional
Weasley, y Ginny estuvo feliz de recibirlos. Hermione estaba tan cachonda que, solo por unos
minutos, se olvidó de su furia con el pelirrojo y junto con Ginny lamieron su robusto y grueso
capullo, deleitándose en el sabor salado de su líquido preseminal.
—¡Oye, chico tonto, sé que el tarado de mi hermano no te enseñó como se hacen las cosas! ¡Pero
supongo que sabes qué es lo que de verdad le gustan a las putitas como estas —gritó el tavernero
a pesar de que Harry estaba a medio metro de él.
—¿Tan rápido ya le echó el ojo a mi ojete? —suspiró Hermione con falso hastío, separándose las
nalgas—. Mmmmm, ahhhh, ahhhhh, bueno, qué le vamos a haceeeeer, ahhh, mmmmm, todo el
mundo siempre se obsesiona con mi culito, deme bien duro, señor, está abierto para usted…
—Nunca me preguntes si me puedes follar el culo, amor, estoy siempre lista y cachonda para ti,
solo tú me puedes hacer cosas ahí, así que ahhhh, ahhh, venga, fóllame, fóllame, sodomízame para
castigarme, mmmmm, ahhhhh
Dos culos se abrieron y fueron penetrados casi al mismo tiempo. Tres hombres gimieron ante la
escena, dos porque la llevaban a cabo, y otro porque tenía un asiento en primera fila mientras se
hacía la paja. Dos hermosas y sensuales chicas suspiraron de placer, estaban en el paraíso.
—Más, más, más, máaaas, ahhhh, ¡es demasiado rico! —gritaba Ginny, con los ojos fuera de las
órbitas, jadeando como una perra en celo—. ¡Mi culo está abierto y tu pene, mi amor, tu largo,
duro y precioso pene está llegando al fondo de mis entrañas, taladrándome, partiéndome en dos!
¡Cómo extrañaba ser sometida por ti y por tu perfecto pene!
—Ahhhhh, ahhhh, no puedo dejar de correrme, ¡nos están haciendo pedazos! —exclamó
Hermione, lamiendo el cuello de su mejor amiga—. ¡Siga, señor, siga, hágame lo que quiera cada
vez que quiera! ¡Soy una putita de libre uso a la que le encanta ser sodomizada y que le partan el
dos el ojete! ¡Siempre vendré a su taverna con minifalda para que lo haga con facilidad, señor!
Harry y Aberforth siguieron con las nalgadas, sodomizando a sus las dos hembras hasta que
llegaron al clímax. No lo anunciaron, no era necesario para nada. Ambas jóvenes sabían cuándo sus
penes se hinchaban, preparándose para la potente eyaculación, y sus cuerpos les avisaban.
Fue Ron el primero en eyacular, y lo hizo sobre el rostro de su hermana, aunque algo de su semen
salpicó al de Hermione también, y ésta no pudo evitar un poco de glotonería, probándolo con la
lengua.
Luego siguieron Harry, y finalmente Aberforth, derramándose al interior de las chicas, que tuvieron
que besarse nuevamente, con un beso francés de los más apasionados entre ellas, para no gritar a
viva voz, y alertar a los posibles Mortífagos que anduvieran en el área. ¡Cómo les encantaba
sentirse llenas de leche!
—Ahhh, ahhh, eso fue increíble… Aberforth, yo los tomo desde aquí. Mi amor, los demás te
esperan —dijo Ginny, jadeando.
—El Ejército de Dumbledore está en la Sala de Menesteres, al que se puede llegar por ese corredor
secreto allí —explicó la pelirroja, mientras recogía los restos de semen en sus nalgas y los
saboreaba—. Están entrenados al máximo posible en los tiempos que estamos, usé tus enseñanzas
para ello. Los dejo a tus órdenes. Acabemos con Snape y el resto de sus bastardos.
Continuará...
Nuestros héroes se separan: Harry y Luna intentan convencer a una sensual fantasma de
entregarles la corona de su madre; y en la húmeda y sucia Cámara de los Secretos, Ron y
Hermione disfrutan una jornada de pasión tras destruir una copa, usando numerosos
juguetes
Torre de Ravenclaw
Efectivamente el Ejército de Dumbledore, con Ginny, Luna y Neville a la cabeza, estaba preparado
para la guerra. Mientras protegían el castillo de los ataques de los Mortífagos de Voldemort,
nuestros protagonistas aún debían encontrar el último de los Horcruxes. Por ello, mientras Ron y
Hermione, a regañadientes, corrían a la Cámara de los Secretos para destruir la Copa de Hufflepuff
con las herramientas de Salazar Slytherin, bañada en sangre de basiliscos, Luna guió a Harry a la
Torre de Ravenclaw, a una habitación secreta, para hallar información. Harry Potter había visto más
que suficientes fantasmas en su vida, pero no había tenido la oportunidad de ver una que luciera…
así.
Para empezar, estaba desnuda. Así estaba cuando murió, debajo del cuerpo del Barón Sangriento
que la asesinó, quedando manchado de su sangre. Tenía el cabello oscuro, largo y lacio; ojos grises,
fríos pero serenos; senos protuberantes, una cintura muy bien definida, un culo redondeado,
delicadas piernas y un monte de venus lleno de vello transparente. Su nombre era Helena
Ravenclaw, la hija de una de las fundadoras de Hogwarts, y la joven más sexualmente deseada de
la época, que nunca se entregó a nadie…
Era, por tanto, una fantasma virgen a quien su amiga, y la única persona que se le acercaba, Luna
Lovegood, le había prometido la mejor follada de su no-vida. Luna le llevó a Harry para que Helena
conociera los placeres de la carne, a cambio de que le dijera dónde estaba la diadema de su
madre, el último Horrocrux.
—¿Que quieres qué? —preguntó Harry, por quinta vez, frente a la desnuda, sensual, pero fría y
enfadada fantasma, que observaba al mucho, sin convencerse.
—Que le hagas el amor, Harry. ¿No te lo dije ya? —dijo Luna, como si sexo con fantasmas fuera
cualquier cosa.
—¿¡Cómo quieres que haga eso!? Además, ¿te olvidaste de que Voldemort está allí afuera
disparándonos hechizos? Los Mortífagos están ya adentro, no tenemos tiempo para…
—Harry potter, cállate de una buena vez —dijo Luna, con una fiereza que probablemente había
tomado de Ginny. Harry se calló en seguida—. Esa es la manera que tenemos ahora, y vas a
tomarla quieras o no. Además, según me contó Myrtle, no eres ajena a este tipo de, eh, ¿cómo le
llaman? ¿Encamadas? Ya sabes, ¿la fantasma del baño de chicas?
—S-sí, algunas veces… a veces junto a Ron y Hermione, y a veces… solo yo, pero es diferente. Ella
quería hacerlo. Mira a esta fantasma, claramente no quiere nada conmigo.
—Se llama Helena, Harry. Y por supuesto que no confía. ¡Mírala, tiene un cuerpo muy sensual!
Muchos hombres han intentando sobrepasarse con ella, no de la manera adecuada, pero si le
mostramos cómo lo haces tú, ella te hablará y luego podrás introducirle tu miembro viril. —Luna
se quitó la camisa y mostró a Harry y Helena el orgullo que no reconocía de sí misma, las tetas más
grandes, redondas e increíbles de su generación.
—¿De qué estás hablando? ¿Quieres… hacerlo aquí? ¿Ahora? ¿Frente a ella? ¿Con Voldemort que
puede entrar en cualquier momento al castillo si la defensa de nuestros amigos falla?
—Síp.
Luna se inclinó hacia adelante, le bajó los pantalones a Harry sin que opusiera resistencia (nunca
oponía resistencia), y puso su polla erecta entre sus melones, procediendo con una rusa que todos
los chicos con quienes se acostaba admiraban. A todos les fascinaba como movía los senos de
arriba hacia abajo, presionando fuertemente para que la estimulación fuera máxima, y haciendo
que los pezones se encontraran por arriba y por debajo.
—¡Mira, Helena! ¿Ves el tamaño de su falo, y el resto de sus genitales? ¿No te parecen apetecibles
sus testículos, por ejemplo? —preguntó Luna, feliz de la vida.
—Sí… sin duda es interesante, pero la forma no lo es todo, por lo que me decía mi madre —dijo
Helena, las primeras y fantasmales palabras que se atrevía a decir frente a Harry.
—L-Luna, eres… ¡ohhh! —gimió Harry, una vez que Luna realizó otro juego, esta vez haciendo
turnos. Cuando su seno derecho iba hacia arriba, el izquierdo iba hacia abajo, y viceversa. El
masaje que el pene de Harry estaba recibiendo lo estaba llevando al cielo de una manera que solo
Luna, por su fisionomía, podía hacer.
—Es cierto que la forma no lo es todo, pero si te fijas, ¿ves, ves, ves? ¿Ese líquido que le sale del
capullo? Es su líquido pre-seminal, ¡y es muy rico! —exclamó Luna, que para probar su punto,
comenzó a darle lametones a la punta del cipote de su amigo—. Slurp, slurp, mmmmm, no me
canso de ese sabor saladito. ¡Te encantará probarlo, Helena! Harry tiene mi pene favorito, y he
estado pensando que me entregaré a él más a menudo. ¡Oh, quizás, de forma exclusiva! Slurp,
slurp, slurp.
—¿Qué? ¿N-no debería tener yo que decir algo en eso? —dijo Harry, incrédulo y asombrado ante
la casualidad y facilidad con la que Luna decía cosas así, de la nada.
Claro que le encantaba la idea. Hermione y Ginny ya habían decidido formar un “harem” para él, y
tener una tercera chica en el club era parte de la fantasía de cualquier hombre, así que, ¿por qué
se estaba quejando? La única respuesta posible era porque era un idiota.
—Se ve apetecible, no hay duda de ello. Siento cosquillas en mi entrepierna —admitió Helena,
llevándose la transparente mano derecha a la zona genital mientras flotaba delante de la pareja. Su
expresión facial se relajó un poco—. Pero muchos hombres se ven apetecibles, ¿no lo crees? Luna,
me prometiste un hombre que me haría bien el amor por primera vez, no uno sumiso que se ve
algo apuesto.
Esta vez, fue Harry el que se sintió ofendido. Era cierto que había tantas chicas detrás de él, que
muchas veces tomaba un rol pasivo. Pero eso no significaba que no podía ser más activo y
agresivo. Para demostrar de lo que era capaz, y salvar su herido ego, Harry sacó su varita y apuntó
a las prendas faltantes de su Luna en sus extremidades inferiores.
Luna cayó de espaldas cuando sus prendas fueron arrancadas, conservando solo sus zapatos, y
Harry se montó encima de ella. Le abrió las piernas, se dejó caer sobre su pecho, le agarró una teta
con una mano, la masajeó, y penetró a la muchacha fuerte y rápidamente, sin preámbulos. Luna,
desde luego, no sintió incomodidad alguna, y mientras gemía, miraba complaciente a Helena, que
seguía tocándose la entrepierna.
—Ah, ahh, ah, ay, siempre es muy bueno cuando me haces el amor, Harry
—Claro, por qué no, mis mejores orgasmos son contigo, así que tiene sentido… De hecho, ahí viene
uno… —Luna cerró los ojos, suspiró, y de pronto los abrió, y Harry estuvo seguro de que vio
corazones en ellos. Sacó la lengua mientras sonreía, su cuerpo se retorció mientras un escalofrío la
recorría, y soltó un único, largo y agudo gemido cuando el orgasmo la alcanzó—. Ahhhh. Síii.
—Te ves muy bien, Luna… um, ¿te importaría… darme afecto? —preguntó la fantasma de cabello
oscuro y una figura curvilínea.
—¡Desde luego! Ven, que siempre me gusta mucho introducir mi lengüita en un conducto vaginal
espectral. ¡Dicen que puede curar la enfermedad de los Glorniks!
Sin que Harry o Helena supieran qué diablos eran los Glorniks, ambos estaban ahora conectados a
través de Luna Lovegood, que recibía el cuerpo de Harry en su interior, apasionadamente
haciéndole el amor, y el coño de la fantasma en su boca, que lamía con tanta entretención. Helena
solo necesitaba descender con las piernas debajo del suelo hasta que su entrepierna quedó a la
altura del rostro de su única amiga viva, y sus ojos se encontraron con los de Harry cuando éste
levantó la cara.
Era realmente muy atractiva, en especial ahora que mostraba una media-sonrisa. Sus gemidos al
recibir las lamidas de Luna eran deliciosos, y Harry hasta podía ver sus pezones erectos. En algún
momento fue imposible resistirse, y el chico se hizo adelante. Sabía que no “pasaría de largo”.
Sabía qué podía hacer.
—Umbra Visible —rezó Harry, y su cuerpo se transfiguró a uno a quien le sería posible follarse a
una figura espectral. En general, los fantasmas solo podían interactuar con agua, y por tanto, les
era posible “hacer contacto” con saliva, fluidos vaginales y cosas así. Era un hechizo creado en
conjunto por el Profesor Flitwick y el Profesor Bins, en secreto, hasta que los gemelos Weasley lo
descubrieron en un libro.
Pero gracias a su hechizo, Harry podía ahora lamer los pezones de la mujer, que soltó un grito de
sorpresa. Luna, entre sus piernas, sonrió satisfecha y volvió a lamer mientras abrazaba a Harry
románticamente. De vez en cuando, le gustaba tener sexo a la manera “linda”, en especial cuando
estaba con dos personas que le importaban tanto.
La manera en que Harry entraba y salía de ella era perfecta, tenía un gran ritmo y profundidad, y
Harry sabía cómo tocarla y besarla mientras la follaba. Podía extenderse por un gran tiempo, era
más que generoso, y su tamaño y forma eran un gran extra. Harry era un gran amante, uno que ya
le estaba provocando otro orgasmo mientras ella lo demostraba con sus lujuriosas, aunque
silenciosas expresiones faciales.
Tras el tercero, Luna apartó a su gran amante y se puso de pie con una sonrisa traviesa y
genuinamente emocionada. Guio a Helena a flotar con las piernas abiertas y las manos arriba, en
posición vertical, como si colgara de un muro. Quizás era algo de las fantasmas, porque era la
posición que más le gustaba a Myrtle, aunque fuera muy rara para los humanos vivos.
Harry se introdujo en ella, a pesar de que perfectamente todos podían ver aún su miembro.
Siempre era una situación algo extraña, pero le causaba cierto morbillo. Aunque Helena era virgen,
su himen no se rompió, sino que el pene de Harry pasó libremente y se acomodó en su interior.
Ella sollozó, y Harry pensó que la había herido.
—No, Harry, no seas bobo jiji. Está emocionada —explicó Luna, mientras acariciaba el rostro de la
mujer, y luego le besaba las mejillas y el cuello—. ¿Cómo se siente?
—Que hubiera deseado hacer esto todos los días mientras estuve viva…
—Harry, creo que Helena quiere decir que puedes moverte ya jiji.
—Así lo haré. ¡Ahí voy, ugghhhh! —exclamó Harry, que empezó el mete-saca en el aire con la más
sensual flotante figura espectral que hubiera conocido, que recibía los envites de una manera algo
torpe, inexperta, pero también bastante grácil y hasta sexy.
—¡Se siente muy bien! Ohhh, ¿cómo es posible que una mujer pueda sentirse así con el miembro
viril de un caballero? Ohhh, ohhhhhh, oh…
—No todos pueden lograr eso. Harry es honestamente un muy buen amante, te lo dije —dijo Luna,
que usaba una mano para masturbarse frenéticamente mientras con la otra acariciaba el torso, la
espalda y el trasero de su amigo.
—Ohhhh, Luna, esto es fabulosooo… ¿podrías preguntarle a este falo si podría visitarme más a
menudo aquí en la torre? Ohh, ohhhhh
—¡Claro, lo haré! De seguro el pene de Harry estará feliz de atenderte cada vez que pueda.
—¿Se dan cuenta de que estoy aquí, verdad? —inquirió Harry, confundido, aunque ninguna de las
dos mujeres le respondió, y se limitaron a compartir una divertida mirada cómplice.
La excitación estaba alcanzando un gran nivel. Helena chupaba uno de sus dedos, simulando que
era una polla, imitando la manera en que su amiga lo había hecho. En tanto, Luna se ubicó detrás
de Harry y le lamió el largo de la espalda, causándole escalofríos desconocidos que le hicieron
aumentar la intensidad de sus embestidas. Todo mientras su mano descendía…
—¡Luna, qué haces! ¿Estás t-tocando m-mi….? —tartamudeó Harry al notar unos dedos en lugares
prohibidos.
—He leído que ayuda bastante a la estimulación. ¿Estás cerca de sufrir una eyaculación?
—Oh, no, ¡no puedo recibir una eyaculación masculina en mi útero! ¿Qué sucede si quedo
embarazada con un semi-fantasma?
—Eso no existe, bobita, jijiji —rio Luna, que esta vez se ubicó detrás de Helena mientras los otros
dos la miraban estupefactos. ¿De verdad existía algo en que Luna Lovegood NO creía? Para más
sorpresa, Luna se inclinó hacia adelante, introdujo la cabeza en el cuerpo translúcido de su amiga,
y en el acto más bizarro que Harry hubiera visto en muchísimo tiempo, Luna abrió la boca, sacó
sonrientemente la lengua, y comenzó a recibir su polla en su garganta. De alguna manera que no
lograba comprender a cabalidad, ¡Harry estaba ahora penetrando el coño de Helena y la boca de
Luna al mismo tiempo!
—Ugh… e-esto es demasiado… A-acabo… ¡ahhhhh! —gritó Harry, mientras expulsaba su semen en
potentes chorros. Entraron al conducto vaginal de Helena, “esfumándose” en su interior, aunque la
mitad fue a parar a la lengua de Luna, que se lo tragó gustosa. El sabor del semen siempre le
fascinaba, y a veces se hacía zumos con ello.
En ese momento, la torre completa tembló. Harry se acercó, con los pantalones abajo, a mirar por
una ventana. La Orden del Fénix, liderada por McGonagall, Flitwick, los Weasley, Remus y Tonks,
Kingsley y otros magos y profesores, había llegado y estaban fortaleciendo el enorme escudo que
rodeaba el castillo. Harry miró a Helena, que había recuperado su serenidad después de su
seguidilla de orgasmos.
—En condiciones normales te daría un acertijo para encontrar la diadema de mi madre… pero
debo admitir que se sintió mucho mejor de lo que esperaba con todo lo que Luna me contaba de
ti. La diadema está en la Sala de Menesteres.
—Harry, ve rápidamente. Iré a proteger el castillo con los demás. Recuerda que, cuando
sobrevivamos, me uniré a tu, um, ¿harem? —Luna se puso de puntillas y besó tiernamente los
labios de Harry, y para sorpresa de éste, pues era primera vez que lo veía en el rostro de la tetona
rubia, se ruborizó—. ¡Vete ya, Harry Potter!
—¡Ya te dije que lo siento! —exclamó Ron, mientras Hermione avanzaba delante de él, a grandes
zancadas, por los vertiginosos caminos y las laberínticas rutas subterráneas que llevaban a la
Cámara de los Secretos, después de que tuvieron que prometerle a Myrtle una súper orgía
estudiantil en su baño para que los dejara pasar.
—¡Tendrás que hacerlo mucho mejor que eso, Ronald Weasley! ¿Seguirás celoso de las revistas en
que posamos Ginny y yo?
—N-no, supongo que ya no, considerando todas las pajas que me hecho con ellas… ¡No me mires
así, estoy tratando de ser honesto!
—¡Te dije que hace mucho que no estamos juntos! De verdad, solo me acostaré contigo ahora,
Hermione, lo prometo.
—¿Incluso si yo… lo hago con otros? —Hermione esperó, pero no hubo respuesta, tal como se lo
imaginaba—. ¿Incluyendo a Harry?
—Vamos, no me digas esas cosas ahora, estamos ocupados en… ¡mira, por allá está la habitación
principal, donde están los juguetes de bondage de Slytherin, los látigos y todo eso!
Hablando de tortura, el calabozo sexual que había pertenecido a Salazar Slytherin estaba tal como
Harry y Ginny les habían contado. Camas con sábanas negras, cadenas, juguetes sexuales,
máscaras, cuero, látigos por doquier. Algunos de ellos estaban bañados en sangre de basilisco,
pues a Slytherin le encantaba hacer cosas así de desagradables. Ron se acercó a una de las fustas,
que aún tenía manchas escarlatas, secas, en su superficie, que según Myrtle nunca iban a
desaparecer. Apreció su forma, y se imaginó un montón de guarradas con Hermione… pero cuando
la miró, solo se encontró con una expresión de disgusto. Suspiró, y le entregó la fusta.
—Venga, es tu turno. Harry destruyó el diario, Dumbledore el anillo, y yo el relicario, tiene sentido
que tú te deshagas de esa malnacida copa.
—¿Esto es solo porque me quieres ver dándole fustazos a algo? —Hermione resopló cuando el
pelirrojo no contestó, y se concentró en el objeto, que depositó sobre una de las camas. Sin un
motivo en particular, se subió también al colchón, de rodillas, y alzó el brazo con el látigo—. Vete al
infierno, Voldemort.
El impacto fue como un trueno, y la cámara tembló. La copa se estremeció, y cuando Ron y
Hermione pensaron que habían fallado, estalló en mil pedazos, causando que las aguas de la
Cámara de los Secretos se alzaran como grandes olas. El agua cubrió a los dos muchachos una y
otra vez, de pies a cabeza, y el grito de sufrimiento de Voldemort se escuchó en toda la estancia.
Cuando las oleadas hubieron cesado, Ron y Hermione, empapados, se quedaron mirando.
El agua había tenido efectos inesperados, como que la camisa de satín de Hermione, así como sus
shorts, eran ahora traslúcidos, por lo que podían verse tanto su sensual sujetador, como su pubis
desnudo (pues había prometido a Harry no usar bragas mientras continuara la búsqueda de los
Horrocruxes), mientras estaba de rodillas con las piernas abiertas sobre la cama, en una postura
muy atrevida. Ron estaba en similares condiciones de humedad, con una zona particularmente
mojada en su ingle, donde una hinchazón de excitación captó la mirada de Hermione, que
finalmente no se aguantó y liberó su molestia y frustración guardadas.
—¿Por qué has tenido que ser tan idiota estos últimos años?
—¡Pero dime por qué, Ronald! Sabes perfectamente lo que siento por ti, ¿por qué me has hecho la
vida tan difícil con tus celos, tu impulsividad, tus enfados…?
—Bueno, es difícil estar a la altura, ¿no lo crees? Harry es literalmente el Elegido, Ginny es la fiera
líder del Ejército de Dumbledore, Luna parece tener una respuesta para todo, Neville es valiente a
pesar de todo lo que ha sufrido, y tú eres la bruja más inteligente y bella de todo Hogwarts. Y yo…
yo soy solo otro Weasley.
—¿Y eso qué? —preguntó Hermione, que estaba haciendo esfuerzos enormes por no mirar la
erección evidente del pelirrojo, o de mirarse su propio cuerpo húmedo y curvilíneo con el agua,
tratando de que su ninfomanía crónica no tomara control de su cuerpo.
—Que mereces algo mejor, ¿no es obvio? No te merezco, Hermione. Es normal que busques a
otros chicos. —Ron no pudo controlarse tampoco, y admiró las curvas de la joven. Su cabello
castaño, sus ojos de chocolate, su sonrisa maravillosa, sus senos perfectos, su cintura apetecible
debajo de la empapada camisa, su… Momento… ¿¡Sonrisa!?
Hermione dejó de luchar contra sí misma, invitó a Ron con una mirada coqueta, y éste, ni tonto ni
perezoso, saltó a la cama y la besó con toda la pasión que guardaba. Ambos se abrazaron
fuertemente mientras sus lenguas jugueteaban, sus manos recorrían el cuerpo del otro como si no
hubiera nada ni nadie más en el mundo.
—Hermione… te deseo mucho —le susurró Ron al oído, justo antes de lamer su cuello, como sabía
que le gustaba.
—Adelante. Tómame —dijo ella, abriéndose la camisa y quitándose los pantalones—. Así como
estoy, no necesito juego previo alguno.
Ron la admiró por unos instantes. La chica de sus sueños estaba de rodillas frente a él, con las
piernas abiertas, mostrando su coño húmedo, rosado y abierto. Como estaba inclinada
ligeramente hacia adelante, y como su camisa no estaba completamente abierta, podía ver un
sensual escote y al curvatura interna de sus senos, con pezones hinchados detrás de la camisa, un
secreto que Ron quería redescubrir. Su cabello mojado, sus ojos cachondos y su sonrisa lasciva
eran una invitación que el pelirrojo no podría nunca rechazar.
Ron se puso entre medio de sus piernas, y tras darle un par de lamidas y besos que ella
honestamente no necesitaba, la penetró con su grueso y venoso pollón, que siempre había sido un
deleite total para ella. Era cierto que Harry le provocaba sensaciones únicas, pero era, al fin y al
cabo, solo sexo salvaje y desenfrenado. Con Ron había algo más, una cosa más sentimental, y por
eso fue que Hermione lo abrazó con los brazos y las piernas alrededor de la cintura mientras él la
hacía suya, la montaba como un semental a su yegua, con fuerza y profundidad de las que solo él
era capaz.
Las manos de Ron recorrían su cuerpo, desde su cabello a su estómago, pasando por sus senos sin
apartar la camisa que ocultaba sus duros pezones, lamiéndole los labios y la lengua, haciendo
pequeños toqueteos en su cintura, sus brazos, caricias en su cuello que la estaban volviendo loca
mientras él la penetraba con fuerza.
No era rápido, sino que la follaba profundo, como a él le gustaba, entrando hasta tocar su cérvix, y
regresando, saliendo de su coño pero dejando solo la punta para que ella le rogara que volviera a
él, cosa que él se tardaba un par de deliciosos segundos en hacer, y cuando la hacía, la golpeaba
con su polla adentro, gimiendo de placer al mismo ritmo que ella.
Fue tanta la dureza del sexo entre ellos, que la cama, la misma donde Harry y Ginny se habían
entregado mutuamente la virginidad, tembló, se trisó, y terminó rompiéndose. Ambos cayeron al
suelo empapado, demasiado cachondos como para sentir dolor, y sus manos se encontraron con
ciertos objetos que habían caído con las oleadas. Ron tenía unos grilletes con cadenas en sus
dedos, mientras que Hermione se había encontrado con un látigo. Los juguetes de Salazar Slytherin
tuvieron un efecto impresionante en ellos, disminuyendo el poder del romance, reemplazándolo
con una calentura inmesurable, unas ganas de probar cosas prohibidas, bizarras y morbosas que
no pudieron controlar. Algo animal, violento, que les ayudaría a emitir los sentimientos y
sensaciones que estaban guardando en favor de una jornada romántica.
Ron tomó a Hermione del cuello, la empujó contra una pared, la estampó con la suficiente fuerza
para mostrarle que estaba a cargo, pero no lo suficiente para hacerle daño. Los grilletes eran
mágicos, y se ataron automáticamente a los tobillos y las muñecas de Hermione.
—¡Oh, Ron! ¿Qué vas a hacerme? —dijo ella, con voz de niña inocente, fingiendo miedo que no
tenía, pues su cerebro era 99% calentura y 1% de razón, tal como siempre que follaba—. ¿Me va a
doler, papi?
—Lo primero que haré será callarte de una buena vez, puta de mierda —se atrevió a Ron, que en
lugar de ofenderla, le aumentó la líbido de una manera que consideró imposible. Estaba
demasiado caliente, más de lo que había estado en mucho tiempo, liberando toda la tensión
sexual guardada que había destinado a Ron.
Ron podía manipular los grilletes con magia, con solo unos movimientos de varita, y así también
controlaba el cuerpo de Hermione. Hizo que ella le diera la espalda, y luego jaló de su cabello hacia
atrás, con las manos y los pies arriba, con lo que quedó colgando del aire, de espaldas, y con la
cabeza a la altura de la ingle.
Como buena perrita que era, Hermione sabía qué hacer, así que abrió la boca. Ron tomó el látigo
de las manos de Hermione, le dio un suave, pero sexy latigazo en las piernas, y la chica se
estremeció, obediente a la instrucción que el pelirrojo le dio. La joven sacó la lengua, y dijo
“aaaahhhh”. Solo entonces, Ron le enterró la gorda polla en la garganta.
El chico jugó un poco con los grilletes mágicos. Arriesgándose a algo que podía ser peligroso
(aunque eso parecía estarle encantando a la muchacha, cosa que jamás esperó, pues no solía
excitarse con el bondage), Ron la giraba de un lado a otro, dándole latigazos en las nalgas o en las
tetas sin que ella pudiera resistirse de la manera en que estaba atada por cadenas mágicas, sin
dejar de tener su garganta penetrada, y su lengua acariciada por el vergón del joven Weasley. La
saliva se derramaba por la comisura de los labios de la castaña, sumamente excitada como estaba.
Como los lectores saben, el fetiche máximo de Hermione era el “libre uso”, ser utilizada como un
pedazo de carne para el placer de otros.
—Chupchupchupchupchupchup, ¡oh por dios! —exclamó Hermione, cuando Ron le dio un espacio
para respirar, sin importarle que con lo inteligente y escéptica que era, volviera a decir “dios” como
cuando Harry la follaba—. ¡Sigue, por favor, Ron! ¡Párteme el cuello en dos, vuelve a penetrarme la
garganta con ese pollón gigante que tie…! ¡MMMM! Gulp, gulp, CHUPCHUPCHUP
—Hablaste demasiado, ¡toma, toma! Vaya… Slytherin, con todo lo racista y xenófobo que era, al
menos sabía divertirse jaja —decía Ron, dándole de latigazos a la chica, girándola como una
brocheta con la boca ocupada, ahogándose deliciosamente en sus babas y el líquido pre-seminal
del muchacho.
Por ello, se puso a mover el culo como una perrita en celo, y Ron entendió el mensaje… pero no
quitó la polla de la boca de la chica.
Lo que hizo fue tomar unas bolas chinas que colgaban de un estante. Las limpió con sus mangas
mojadas (él seguía vestido, poco importaba), y se hizo para adelante para jugar con su chica. Ésta
se estremeció. Había usado juguetes con Luna y Ginny, pero nunca se había metido uno en su
ano… era algo nuevo. Eso le excitó muchísimo.
Primero una cuenta. Se introdujo lentamente en su ano y ella suspiró de placer. Fue algo
incómodo, pero el tipo divertido de incomodidad. Cuando la segunda bola siguió a la primera en el
recóndito escondite trasero de Hermione, ésta soltó una risilla de excitación. Le estaba gustando
más de lo que esperaba, y no perdió tiempo en succionar el pene de Ron con mucha más fuerza,
pasión y sensualidad. Otra más entró, y una más, masajeando su recto.
—Mmmmm, mmmm, gulp, gulp, más… chupchupchupchupchup, qué rico, mmmm, chup, chup,
chup, más, más por favor, gulp, guuulp, máaaaaas… ¡AH!
—Como quieras. Eres una golfa sin remedio, Hermione —dijo Ron, viendo como salían chorros de
squirt del coño de Hermione, golpeando contra las paredes. Ya las siete bolas chinas estaban en su
interior, vibrando mágicamente, enviando oleadas de deleite lascivo por el cuerpo de la joven de
alisados cabellos castaños, y una mirada fuera de órbita.
Una serie de fustas fueron manipuladas por Ron con ayuda de sus encantamientos, que habían
mejorado muchísimo más de lo que Hermione había esperado (cosa que le fascinó más de lo que
quería admitir, ver a Ron tan experto en magia). Hermione quedó en posición vertical, con las
extremidades extendidas, siete bolas chinas en el ano, recibiendo latigazos de todos lados. Sus
tetas, cintura y culo quedaron rojos, marcados por los golpes, y Hermione no podía parar de gemir
y sollozar de una extraña mezcla de dolor y lujuria.
Se corrió casi de inmediato cuando Ron se puso entre sus piernas, le penetró el coño, y una
mordaza apareció en su boca, conteniendo sus babas, que no paraban de derramarse por todos
lados de lo cachonda y salida que estaba.
—¡Ah, ah, ah, ah, ahahhhhh! —exclamaba Ron, que la embestía sin parar.
—¿Te gusta, perra? ¡Toma! ¿Te gusta como te azoto las tetas y ese culo usado que tienes, golfilla?
¡Toma mi polla en tu coño abierto y empapado! ¡Córrete nuevamente para mí, nena!
—Y lo seguirás haciendo. Te voy a coger todas las noches de ahora en adelante, o te compartiré
con Harry, cada uno usaremos uno de tus agujeros, así como todos los hombres que te desean.
Qué importa, eres una puta barata… ¡pero una que es mía!
—Síii… ¡ahhhh, te pertenezco! —admitió Hermione—. ¡Soy tu puta, Ron! ¡Hazme lo que quieras,
parte en dos a tu puta con tu pene maravilloso y delicioso y grande y duro y…! ¡¡¡Mmmmm!!!
—¡Toma, toma, toma, toma!
—¡Oh, por todos los dioses, por las barbaras de Merlín, esos cosos me están rompiendo el culo!
¡Más te vale que me lo uses mucho más! ¡¡¡¡AH, ME CORRO DE NUEVO!!!!
Sí, su cuerpo le pertenecía a Harry, pero su corazón era aún de Ron. Iba a tener que organizarse
bien para complacer a sus dos chicos, pues era claro, desde el momento que los conoció, cuando
tenía once años y una líbido ya tan potente que se bañó en la lefa de un troll, que se iba a entregar
a ellos para que hicieran con ella lo que quisieran. Les pertenecía a ambos, era su juguete sexual,
de los dos, y se enorgullecía de ser así de puta.
—Sí…
—Se me apetece en mi coño, papi, quiero que me rellenes de lefa y que se me escurra incluso
mientras combato con el mismísimo Voldemort, y mostrarle que estoy marcada por ti y tu blanca,
espesa, deliciosa lefa…
—¡Me corro! Recíbelo todo con tu coño, ughhhhhh —gimió Ron, y pronto empezó a expulsar su
semen al interior de la vagina de Hermione, que puso los ojos en blanco cuando sintió los primeros
chorros alcanzar su útero.
Ron cayó rendido sobre otra de las camas de Slytherin, y Hermione encima de él. Poco a poco,
mientras se acurrucaban, Hermione se empezó a quitar las bolas chinas, una a una, con la líbido
aún en aumento… pero también la razón había regresado.
—Claro que sí, y lo mismo tú de mí. Te quiero muchísimo, más de lo que he querido…, no, amado,
nunca a nadie —confesó, diciéndoselo por primera vez.
—Pero te entiendo, Hermione. Eres una ninfómana, no puedes dejar de follar, no es algo que
debería avergonzarte, y la verdad, no me molesta.
—¿Qué? —dijo ella, honestamente sorprendida ante la honestidad genuina que surgía de su
amante—. ¿S-seguro? ¿Estás diciendo que no te molesta si… ya sabes…?
—¿Si te acuestas con otros? Claro que no, en tanto no haya sentimientos involucrados.
—No es nada más que sexo con Harry. Admito que me fascina, no puedo vivir sin las pollas de
ustedes dos, pero solo por ti tengo… ya sabes, sentimientos.
—No puedo decir nada, Hermione, me acuesto con literalmente todas las chicas que me muestran
algo de atención, no puedo controlar mi polla. Fleur, Gabrielle, Lavender, Cho, las gemelas Patil,
Luna, la profesora McGonagall, la profesora Trelawney, la enfermera, Romilda Vane, unas cuantas
chicas cuyos nombres desconozco, hace poco empecé a follar con Tonks y su mamá cuando me
oculté en casa de ellas, e incluso penetré a mi propia hermana hace unos meses, antes de que ella
se entregara de forma exclusiva a Harry.
—Ok, ok, no necesito la lista entera —dijo Hermione, con ciertos celos, recostándose en el pecho
de Ron—. Gracias por comprenderme. Sí, a mí tampoco me molesta que folles con todas esas, e
incluso me podría atrever a participar un par de veces.
—Oh, mmmmm… creo que salieron todas de mi ojete. Ahora ya lo extraño. Bueno… ¿cómo se
llama esto? ¿Relación abierta?
—Creo que sí —dijo Ron, recostando a Hermione de lado, dispuesto a ocupar el lugar que habían
ocupado las esferas verde oscuras de Slytherin.
—Oh, Ron… mmm, qué rico, ¿me vas a follar el culito ahora, amor?
—Desde luego, es mío. Y de Harry, creo. Tendré que hablar de las condiciones del contrato con mi
mejor amigo, jaja. Me pregunto qué estará haciendo ahora.
Continuará...
En la Sala de Menesteres, Harry y Draco intercambian parejas para hacer las paces. Luego,
Snape revela sus memorias de su adolescencia con una persona especial para Harry...
Última parte del séptimo libro. Todo se resolverá aquí. Muchas gracias por haber leído
hasta este punto, y les pido que esperen para un relato final, que publicaré durante esta
semana. Un largo y delicioso epílogo que cerrará la saga.
Sala de Menesteres
Si bien Harry había usado el fuego del fénix y los basiliscos de Tom Riddle para destruir su propio
diario, y Hermione había aprovechado lo mismo para acabar con la copa, Dumbledore y Ron
habían eliminado respectivamente el anillo y el relicario con un objeto mucho más especial: la
espada de Godric Gryffindor. Lamentablemente, cada vez que destruían un Horrocrux, la espada
desaparecía, y volvía a surgir cuando se le necesitaba.
Después de cambiarse sus sudadas ropas, ahora era Ginny Weasley quien poseía la espada,
utilizándola para combatir contra la mismísima Bellatrix Lestrange, hasta que su madre, Molly
Weasley, apareció para asesinar a la bruja psicópata definitivamente, vengando de esa manera a
Sirius Black, acabando con la principal aliada de Voldemort, que combatía en otro sitio. El sable
mágico no desapareció, la chica se encontró con su amado poco después, y juntos se dirigieron a la
Sala de Menesteres para destruir la diadema de Rowena Ravenclaw, el que creían que era el último
Horrocrux.
Sin embargo, en el lugar, se encontraron con Draco Malfoy y sus usuales secuaces, Vincent Crabbe,
Gregory Goyle y Pansy Parkinson. Harry y Ginny se ocultaron detrás de unos estantes, espiando la
curiosa conversación que estaban teniendo. O, más bien, la discusión…
—¿Te atreves a traicionarme, puta miserable? —dijo Draco, con la polla empalmada y los
pantalones abajo, igual que sus dos compañeros, empujando a Pansy de espaldas al suelo, que
cayó sobre unas escobas mágicas.
—¡No te estoy traicionando! Nunca me has echo caso de todos modos, no como deberías, ni
menos con todo lo que te he dedicado —dijo Pansy. Harry y Ginny nunca habían visto tan frágil,
inocente y delicada a la que era la puta oficial de Hogwarts. Tampoco la habían visto jamás usando
su uniforme escolar como ahora… apropiadamente.
—¡Te follaste a la puta Weasley, y todo el mundo que andaba por el baño se enteró que querías
unirte a… San POTTER! —escupió Malfoy al suelo.
Harry miró a Ginny, juicioso, y ésta se encogió de hombros. “Que conste que no me follé a ningún
chico”, susurró antes de darle un beso en la mejilla a su novio.
—Te aseguro que él sería mucho mejor… ¿Sabes? Nunca me ha pagado por sexo, es uno de los
pocos chicos con los que nunca he follado, pero he visto cómo me mira el culo, solo que es un
caballero a diferencia de ti. Lo deseo, ¡quiero unirme a él porque he visto como quedan los que
siguen tus pasos, y ya me harté de ser simplemente la abusona puta!
Draco le dio una bofetada ante las risas de Crabbe y Goyle, y la ira de Harry y Ginny, que estuvieron
a punto de intervenir, con todo y espada, pero no lo hicieron solo porque querían obtener más
información.
—Eres un cobarde que no se atreve a decir lo que piensa… ¡Estás igual que yo! Le tienes miedo al
señor oscuro y no te atreves a hacer nada. —Pansy se puso de pie y le puso un dedo en el pecho—.
Te daré solo una oportunidad más, Draco Malfoy. Haz crecer tus bolas, atrévete a desafiar a tus
amos en lugar de ser un perro cobarde, y me entregaré a ti para siempre. De lo contrario, apenas
vea a Harry Potter aceptaré la propuesta que su putita pelirroja me hizo en ese baño, y me uniré a
sus juegos.
—Ginny… ¿q-qué le propusiste a Pansy? —musitó Harry. Sí, de vez en cuando fantaseaba con
Pansy, en especial después de que Hagrid le hablaba de cómo se la follaba en lugares públicos de la
escuela, lo mismo que Dean o Seamus, que le pagaban para ello…, pero no por eso iba a…
—Venga, no te hagas el bobo, hasta yo he visto como la miras. Solo quise darle una ayudita
ofreciéndole tu polla, y tu ganarás el supuesto “mejor culo de Hogwarts” por primera vez en los
siete años de que la conoces. Y yo puedo tener un buen show, sabes que no me importa
compartirte… tanto. Todos ganan.
—Mátala, Draco —susurró Goyle al oído de su líder—. Acaba con ella, y tendrás la fuerza para
hacerlo lo mismo con Potter y su golfa.
Draco apuntó su varita al pecho de Pansy, y ésta se mantuvo impasible y desafiante. A Harry le
estaba gustando bastante el lado más valiente de la muchacha que solo era conocida por cobrar
por acostarse con todo el mundo.
Draco no se atrevió a disparar. A pesar de todas las cosas que había hecho, aún tenía algo de moral
en su corazón. No fue lo mismo con sus dos amigos, que sí atacaron a Pansy hasta que Ginny surgió
de las sombras con la espada de rubíes. Harry le siguió, y los ojos de la pareja se encontraron con
los de Pansy, que pareció agradecerles en silencio. Un duelo de 3 vs 3 le siguió, pero las habilidades
de Harry y Ginny eran ya superiores a las de cualquier mago de su edad. Crabbe conjuró un fuego
infernal que no pudo controlar, y murió presa de su propio poder, al igual que Goyle. Draco intentó
huir del fuego que estaba consumiendo toda la Sala de Menesteres… hasta que se detuvo.
Encontró la diadema de Ravenclaw y se la arrojó a Ginny, que la cortó en dos en el aire con la
espada de Gryffindor. Eso hizo a Harry darse cuenta que aún quedaba otro Horrocrux, Nagini, la
serpiente de Voldemort… pero ya sus amigos se harían cargo de ello.
Ahora, los 4 magos sobrevivientes estaban en una habitación interna de la Sala de Menesteres,
que se había creado para protegerlos del fuego. Trataban de recuperar el aliento mientras
decidían, en silencio, qué iban a hacer el uno con el otro.
Harry encontró los ojos de Draco. Habían sido enemigos por muchos años, había demasiado odio
entre ellos, pero parecían haber encontrado algo de respeto mutuo. Draco se estaba rebelando
abiertamente contra Voldemort, y si bien no era probable que participara de la batalla, y en su
lugar huyera, Harry quería mostrarle un signo de buena fé. Para eso, le habló a su novia.
—Amor, creo que estamos pensando lo mismo. De hecho, dado que mi cuerpo te pertenece,
quería pedirte permiso para felicitar a Draco por hacer algo bien al fin —dijo Ginny, ante la confusa
mirada de Malfoy.
—Sí, hazlo, creo que esta vez se lo merece. Draco —dijo Harry, dirigiéndose esta vez a su rival—, te
voy a prestar a Ginny, más te vale que la uses como ella se merece. No le tocarás ni un pelo que
ella no quiera, ¿estamos claros?
—¿...Qué? ¿De qué estás hablando, Pott…? —Draco no pudo concluir la oración cuando Ginny lo
jaló hacia ella, le dio un breve beso en los labios, y luego se arrodilló ante él, bajándole la
cremallera—. ¿¡Qué diablos estás haciendo, Weasley!?
—Si solo pudieras mantener la boca callada, disfrutarías más de estas cosas, tarado —dijo Ginny,
sacando el pene de Malfoy, no muy grueso ni largo, pero sin duda apetitoso, poblado de vello
dorado. La pelirroja se dirigió a SU rival esta vez—. Pansy, te concederé tu deseo, te compartiré a
mi novio, pero más te vale que lo trates bien.
Pansy estuvo perpleja por unos segundos, mientras Ginny se metía el rabo de Draco a la boca, y
Harry se bajaba los pantalones, mostrando una inmensa erección que, no tan en secreto, la puta
Slytherin siempre había deseado. Sí, iba a tener que compartirlo con unas cuantas chicas más, pero
si podía jugar con ese gran pedazo de carne, todo lo valía. Tendría su premio tras siete años de salir
con el llorón de su ex-novio, a quien le dedicó una mirada de repudio y una sonrisa arrogante antes
de ponerse en cuatro patas y devorar el miembro de Potter.
Lo único que podía escucharse en esas instancia eran tanto los gruñidos de placer de Draco y
Harry, y los potentes y húmedos sonidos de succión de Ginny y Pansy en sus respectivos penes. Las
dos chicas estaban enamoradas del sexo oral, y ambas admitirían abiertamente que no podían vivir
cómodamente sin al menos comer polla una vez al día, razón por la cual ambas habían sufrido
tanto mientras Harry estaba cazando Horrocruxes y Draco estaba en su mansión comiéndole las
tetas a su madre. Ginny solo se había acostado con chicas durante ese tiempo, y Pansy rechazaba
incluso altas cifras, con lo dolida que estaba. Ahora, ambas podían disfrutar de mamar, lamer,
chupar, comer, succionar y saborear como deseaban. Harry y Draco no querían arruinar el
momento con palabras, en especial cuando no tenían nada que decir más que gemir y otros
sonidos guturales. Ginny y Pansy eran unas expertas, definitivamente.
Ginny llevaba puesto un top blanco de vuelos que dejaba al descubierto sus hombros y su cintura
de una manera casual, pero sensual. Además, llevaba pantalones de jeans negros muy ajustados,
que resaltaban la curvatura de su culito, y llevaba el cabello rojo amarrado en una cola de caballo
que Draco tardó cinco minutos en tomar en su mano para guiar la felación de la muchacha.
Pansy había optado por una minifalda escocesa, ligueros, botas de taco alto, y un top deportivo
verde para sus senos, y una camisa gris encima. Harry acariciaba su cabello negro con intensidad,
casi tirando de su corte bob, cosa que a ella le fascinaba. Le gustaba estar en cuatro para chupar,
pues su culo bajo la minifalda quedaba libre para un manoseo o penetración extra.
Ambas llegaron a coordinarse, realizando movimientos muy similares, chupando un rato, luego
sacándose sus penes para lamerlos a lo largo, dar rápidas lamidas en su punta y beber gustosas las
gotas de líquido preseminal que se les presentaban, para volver a metérselos en las bocas. Sus
coños ardían y derramaban jugos mientras lamían también sus testículos, o cuando se sobaban el
rostro contra sus troncos erectos. “Pene, pene, rico pene”, pensaba Ginny. “Polla, polla, deliciosa
polla”, pensaba Pansy. Era todo lo que había en sus cabezas.
Ginny fue la primera en tomar la iniciativa. Estaba muy caliente, se puso se pie, se inclinó con las
manos en una de las paredes, separó las piernas, y Draco acarició sus nalgas y sus piernas.
—¿Qué estás esperando? Bájame los pantalones —ordenó Ginny, y el rubio accedió. Los dejó a la
altura de sus rodillas, y admiró sus bragas rojas de encaje, sensuales y delicadas, uno de tantos
regalos de la profesora McGonagall para su Campeona de Quidditch.
—No sabes las ganas que te he tenido todos estos años, Weasley —sonrió Draco, y esta vez, sus
palabras no tenían la malicia de antaño. Solo había lujuria en su voz.
—Potter, te necesito —rogó Pansy, apoyando la espalda contra el muro de junto y levantándose la
minifalda para mostrar sus braguitas verdes, mucho más atrevidas y descaradas que las de Ginny,
que ni siquiera cubrían enteramente su monte de venus de lo delgadas que eran—. No me hagas
esperar y fóllame.
—Como quieras. Y cuando lo haga, te convertirás en mía —declaró Harry, dejándose llevar por el
morbo y la lascivia, y Pansy asintió con gusto.
Draco acarició las nalgas de Ginny, bajó también sus bragas escarlata a las rodillas, y la penetró con
agresividad. Harry corrió la ropa interior de Pansy para revelar su jugoso coño, la tomó de la parte
inferior de las rodillas, y también entró en ella.
Draco penetraba a Ginny en posición de perrito de pie, lo cual le permitía ver cómo las ondas de
sus embestidas en sus nalgas enviaban oleadas de placer a la chica. Primero se dejó llevar por sus
instintos primarios, dándole de nalgadas, pero cuando pasaron los primeros minutos y Draco
calmó su líbido, comenzó a jugar con sus manos. Teniéndolas libres, le fue fácil manosear las tetas
de Ginny por sobre la delgada tela de su top, lo cual la hizo gemir más de lo que ella esperaba.
Draco se pegó más a ella, tiró de su cola de caballo con una mano, y ella tuvo muchísimos
problemas para controlar sus gemidos.
—¿Quieres callarte de una buena vez y solo follarme? Mmmm, ohhhh qué bien se siente, tira de
mi cabello, asíii, asíiiiiiiiii.
—Me callaré solo si tú te callas —dijo Draco, que llevó una de sus manos a la boca de Ginny, y ésta
abrió los labios por instinto, comenzando a chupar y lamer sus dedos, imaginándose que eran la
polla de Harry.
—Slurp sluuuuurp, chuuuuup, sí, me gusta, ¿y qué? chup, chuuuup, chupchup, mmmm, fóllame
más, dame de nalgadas, agárrame fuerte las tetas, ahógame con tus dedos, tira de mi cabello,
mmmmm, ahhhhh, ahhhh, méteme mano también en el coño…
—¿Cuántas manos crees que tengo, Weasley? —protestó Draco, aumentando la intensidad de sus
embestidas en el coño de Ginny, disfrutando cómo se movían sus nalgas.
—Toma turnos entonces, Malfoy, ¡pero hazlo, que esta es la única oportunidad que tendrás
conmigo! ¡¡Ahhh, ahhhh, ahhhhhh!!
Mientras tanto, Harry tenía una perspectiva ideal para contemplar cómo entraba su pene entre los
labios mayores abiertos y empapados de Pansy, que besaba a veces su pecho, y otras lamía su
cuello, deleitándose en el aroma que el Elegido despedía. ¿Cómo pudo controlarse tantos años de
pedirle una follada, solo porque Draco lo odiaba? Considerando cómo la penetraba, ¡hasta lo
habría hecho gratis!
—¡¡Ahhh, ahh, ahhh, ahhh qué ricoooo!! Potter, tu pene es increíble, se mueve muy bien, toca mi
punto G y todo lo demás muy rápido y fuerte y rico y ahhhhhhhh
—Ughh uhhh, aahhhh, sí, estoy de acuerdo en que se siente muy bien ohhhhh —gimió Harry,
abriendo la camisa de la muchacha, bajándole el sujetador de putilla y contemplando sus
pequeñas pero hermosas tetas, con sus durísimos pezones que se apresuró a lamer.
—Ahhhhh, ahhhh, cómeme las tetas eso esssss… —Una pizca de inseguridad muy inusual, pero
cada vez más recurrente desde que Draco y ella habían terminado le azotó la mente, en especial
tras ver los pechos de Ginny colgando mientras Malfoy la penetraba—. No te… ¿no te molesta que
sean algo pequeños?
Harry fue golpeado con ternura por aquella chica que tanto se había burlado de él junto con sus
amigos, durante tantos años. ¿Desde cuándo se ruborizaba así, como ahora?
—Con la pasta que gano perfectamente pude haberlos agrandado, pero ahhh, ahhhh, —gimió
Pansy cuando Harry aumentó la intensidad—, mmmmm, no se si habría sido…
—Tienes unos senos increíbles, Pansy, ahhh, ahhh, ohh, ufff, en tu caso no importa el tamaño, te
ves muy sexy… en especial cuando tu fuerte está en otro lado…
Harry bajó a Pansy, y con fuerza la puso a cuatro patas en el suelo. Por instinto, Pansy se levantó un
poco la minifalda y empezó a menear el culo como una buena perrita, mientras su rubor aún crecía
en sus mejillas.
—Si bien encuentro adorable lo que haces, también es cierto que no es como tú. Pansy Parkinson,
te deseo como eres. —Harry se puso detrás de ella y apuntó a su coño, admirando el mejor culo de
Hogwarts. La tomó como si fuera una carretilla antes de penetrarla.
Harry se sentía lleno de energía y seguridad, como si destruir los Horrocruxes, dañar a Voldemort,
y la perspectiva de que su muerte podía avecinarse le dieran un impulso monstruoso a su líbido.
—Te quiero como una golfilla cachonda, una hija de puta atrevida, una putita orgullosa, una zorra
sin escrúpulos que solo desea pollas y bañarse en lefa. ¿Puedes hacerlo?
—¿Por qué no lo descubres tú mismo metiéndome esa polla hasta el fondo de mis entrañas? Elige
el agujero que quieras, lléname de pene y hazme gozar como me merezco, Potter.
Desde luego, Harry eligió su culo, su enviciante ojete, y entró hasta que ella empezó a gritar de
placer mientras él la trataba como una carretilla, entrando y saliendo rápidamente, dándole de
nalgadas como una puta orgullosa como ella necesitaba.
Mientras tanto, Ginny se había recostado de espaldas, y Draco le levantó las piernas hacia arriba.
Cruzó una por delante de la otra, y cuando la penetró, notó lo estrecho que estaba su coño. Ginny,
que estaba acostumbrada al tamaño de Harry, pudo sentirse en el cielo en esa posición de sus pies
en tijeras, mientras Malfoy manoseaba sus tetas por debajo del crop-top, y ella se deleitaba
chupando sus propios dedos como si fueran una piruleta.
—Mmmm, solo cállate un tanto, solo hago esto para que dejes de tratar mal a mi novioohhh,
mmm, mi cuerpo solo le pertenece a él, aaaah, ahhhhhhhhhh
—No creo que sirva que me insultes así, no tengo intenciones de follarme a una Weasley de nuevo,
ughhhh, ohhh, solo te estoy usando ahora para saciar mi curiosidad ahhh
—Ojalá pudieras creerte esas palabras… porque para mí… mmmm, mmm, eres solo una polla.
Ginny le dio una bofetada, y desde abajo, con una habilidad increíble, comenzó a “penetrarse” en
el pene de Malfoy, que se calló de lo impresionado que estaba. Se dio cuenta de que no tenía en el
control, ni nunca más lo haría. Estaba a merced de Ginny Weasley, que gemía como si usara su
pene como un dildo, en lugar de pertenecerle a una persona.
Cuando Malfoy se corrió en un vórtice de placer, y cayó de espaldas, ella siguió montándolo un
buen rato hasta que ella misma se sació, gimiendo de gusto cuando el orgasmo recorrió su cuerpo.
Después, se dirigió a un lado, se sentó en el suelo, y comenzó a masturbarse mirando a Harry follar
el culo de Pansy.
—Eso es, dale duro, amor, ¡dale duro a esa golfa de mierda! ¡Aaaahhhh!
—Debo admitir que tienes mucha suerte, Weasley, tu novio es increíiiible, ahhhh, está haciendo
maravillas en mi ojete —dijo Pansy, con las tetas y el rostro en el suelo, sodomizada por Harry.
—Te dije que te haría ver estrellas, y debo decir que tu ex novio no estuvo nada mal tampoco, me
hizo acabar de gusto, pero no tanto como Harry, mmmm, mmmmmmm —gemía Ginny, salida,
acariciándose rápidamente el clítoris mientras se metía dos dedos en el coño—. Tal como
acordamos, te lo prestaré, pero solo cuando yo, o en su defecto Hermione y Luna, no lo estén
usando… o en caso de que estemos las cuatro juntas, mmmmmm… de solo imaginarlo…
—Sí, qué guarro, cuatro putitas descaradas y zorras baratas para Potter, debe sentirse genial ser
usadas por él como coños, bocas y culos de placer, mmmm, ¡¡¡AHHH, ME CORRO!!!
—Haz que desborde mi amor, quiero ver como le cae la leche desde ese culo usado —dijo Ginny,
que casi al instante comenzó a sufrir sus famosos squirt, lanzando un sinfín de chorros de fluidos
vaginales a todos lados, incluyendo al cuerpo de Pansy, que recibió como una buena puta, junto
con la abundante corrida de Harry en su ojete, tanta que lo sintió en todo su cuerpo, un orgasmo
que la recorrió entera.
Harry tardó un rato en salirse del culo de Pansy, dado lo grande que tenía la polla, y cuando lo hizo,
un abundante chorro lechoso cayó desde sus nalgas hacia el suelo, a pesar de lo mucho que había
entrado a sus entrañas.
Ginny se acercó a Harry, acarició su pecho y le ayudó a vestirse. Aún había que destruir a Nagini,
derrotar a los Mortífagos, salvar a sus amigos, y matar a Voldemort. Harry le preguntó a Ginny
dónde estaba la espada, pero ésta dijo que había desaparecido mientras follaba con Malfoy. Eso
significaba que iba a necesitar, al menos, la Varita de Saúco, la más poderosa varita del mundo,
pero Voldemort la poseía… aunque no le respondía bien. Harry había aprendido que la Varita
cambiaba de dueño constantemente, tras las batallas. Probablemente no le respondía bien a
Voldemort porque al anterior dueño, Dumbledore, lo había asesinado Snape en la Torre de
Astronomía, no Voldemort…
Cuando Harry y sus amigos se reunieron, descubrieron que lamentablemente Fred Weasley,
Nymphadora Tonks y Remus Lupin habían fallecido en batalla, y llegaron a donde Snape estaba,
Voldemort y Nagini lo atacaron fatalmente. Antes de morir, Snape le confió a Harry sus más
preciadas memorias…
Afueras de Hogwarts
En sus recuerdos, un joven Severus Snape de segundo año acababa de ser atacado por James
Potter, Remus Lupin, Sirius Black y otros. Estaba junto al Sauce Boxeador, llorando amargamente,
cuando una figura apareció en el horizonte. Una chica de su edad, máximo trece, de fogoso cabello
rojo y unos verdes hermosos como esmeraldas. A pesar de su edad, tenía curvas marcadas debajo
de su uniforme escolar, con piernas largas bajo la minifalda roja, una corbata del mismo color,
camisa blanca, y una capucha oscura por encima.
—¿James y los otros te estuvieron molestando de nuevo, Severus? —preguntó la niña, con voz
dulce, arrodillándose junto a él.
—Yo no sé cómo puedes ser amiga de ellos, Lily —le reprendió Snape. Lily. Lily Potter, la madre de
Harry, cuando todavía era Lily Evans.
—No lo soy. Somos de la misma Casa, simplemente. Y venga, no son tan malos, tú también jodes
con ellos a veces —dijo ella, risueña. Severus no podía molestarse con ella. Era demasiado
hermosa, adorable y, sí, también sensual para su edad.
—Oh, no te pongas así… —Lily se sentó a horcajadas sobre el regazo de Severus, con las piernas a
los lados de las suyas, y el culito adolescente firmemente sobre su bulto ya erecto—. Si necesitas
que te ponga de mejor ánimo solo tienes que pedirlo.
—Ya te dije que no podemos hacer estas cosas… —rezongó Snape, a pesar de su creciente
erección, que tocaba con a veces con la entrepierna, y otras con las nalgas de Lily—. No tenemos
edad para estas cosas. No tenemos idea.
—Por eso es que debemos aprender. —Lily desabrochó el cinturón de Severus, le abrió la
cremallera, y tocó su dureza con los dedos—. El otro día te gustó cuando te toqué, pero escuché a
James y Sirius hablar de que se sentía muy, muy bien para los hombres cuando se hacía con la
boca. Mmm, me pregunto si será verdad.
—Lily, no es apropiado… —dijo Snape, poco convencido, mientras la muchacha iniciaba sus caricias
usuales a lo largo del tronco serpentino del miembro del Slytherin—. Además, estamos en un lugar
abierto, ¿qué ocurrirá si nos ven?
—Nunca nadie anda por aquí tan cerca del Sauce. Además, nadie va a detenerme. —Lily, como en
ocasiones anteriores, llevó los dedos de Snape a su entrepierna, y tocó el rincón que se sentía más
rico—. ¿Ves? Me estoy mojando mucho. Siempre que me tocas, y que yo te toco, más me
convenzo de que algo así no debería estar prohibido. Mmm… sí, así. Mmmmmmm.
—L-Lily… ughhh… —dijo él, expectante, cuando Lily dejó de masturbarlo, se hizo hacia abajo, se
dobló, y apoyó el rostro contra el bulto de Severus, oliendo intensamente sus genitales—. Mmmm,
huele bien. Siempre he querido probar cómo sabe uno.
—Lick. Lick. Mmmm —gimió Lily, tras darle unas cuantas lamidas a la punta del capullo de su
amigo—. Es salado. Me gusta. Ahora me lo meteré enteramente a la boca, según Sirius es lo mejor
que le puede pasar a los hombres. Slurp. Chup. Chup, chup, chup, chup, chup…
—Chupchupchupchup —se oía la lengua y la boca de Lily subiendo y bajando por el miembro
erecto de Sirius, acostumbrándose poco a poco a su tamaño, disfrutando de la acción,
descubriendo que, a pesar de que el placer se suponía que lo recibía el muchacho, ella también se
estaba excitando mucho—. Mmmm, chupchupchup, chup, chup, no pensé que me divertiría tanto
chupando un pene. Si se siente mejor que con mis dedos, entonces de seguro si tú haces algo
similar con mi cosita, será mejor que con tus dedos.
—P-pero… no quiero que pares —dijo Snape, recostado junto al árbol, a pesar de que sí tenía
ganas de probar el tesoro oculto de su amiga.
—Habrá que hacerlo al mismo tiempo entonces, porque yo tampoco quiero dejar de mamarte la
polla. —Lily sonrió y soltó una risita boba después de hablar—. Jiji, así la llaman los adultos, qué
bien suena. Polla. Pooooolla. Quiero polla, jaja.
Usando la creatividad y el más puro instinto sexual, Severus se recostó en la hierba, y Lily sobre él,
en posición inversa, con su entrepierna a la altura del rostro de Severus, y la polla de éste aún
taladrando la garganta de su amiga. Ambos comenzaron a mover la cabeza con cierta torpeza, y
luego con un poco más de destreza y comodidad. Sin saber que le decían así, los dos adolescentes
estaban realizando un 69, lamiendo los genitales del otro, sin comprender a cabalidad por qué se
sentía tan bien, pero disfrutando cada momento.
Lily trataba el pene de Severus como un juguete. Le gustaba mucho besar y chupar distintas partes
del mismo, o experimentar con distintas maneras de usar los labios y la lengua, para ver cómo
reaccionaba su amante. También comprobó hasta dónde podía llegar el pene de Severus en su
garganta, y aunque le causó arcadas, también le agarró cierto gustillo cuando se “ahogaba”. Su
virgen coñito se mojaba mucho cuando lo hacía.
En tanto, Severus experimentó con muchas zonas de la vagina de la pelirroja. Primero intentó
lamer su entrada vaginal, pero cuando tocó un bultito de carne en la parte superior, y notó lo
mucho que Lily se había estremecido, supo enseguida que se trataba del famoso clítoris. Allí fue
donde apuntó la mayoría de sus caricias, y cuando pequeños hilillos de fluido comenzaron a caer
sobre su nariz ganchuda y su lengua serpentina, supo que estaba haciendo un buen trabajo.
—L-Lily, espera…
—Chupchupchupchupchupchup
Al final ocurrió lo inevitable. Cuando Lily más estaba disfrutando de la actividad, Severus Snape se
corrió con fuertes espasmos en la boca de la niña, que inicialmente se espantó con el líquido
cremoso y caliente que salió del miembro de Snape directo a su garganta. La chica escupió parte
del mismo, por instinto, pero cuando no pudo evitar tragar parte de la leche… sonrió. Algo se abrió
en la mente de Lily Evans, un nuevo mundo contenido en aquel sabor extravagante y fascinante.
Algo prohibido, pero sumamente interesante. Delicioso.
Lamentablemente, el pene de Snape quedó flácido. No tenía más energías para ponerlo en forma
de nuevo, y aunque el muchacho estaba deprimido por la situación, Lily lo reconfortó, le dijo que
lo había disfrutado, y se fue dando saltos de la zona, mientras Severus pensaba que no quería
volver a vivir eso. Iba a hacerla disfrutar, ¡no volvería a quedar como tonto!
Severus practicó con un montón de brujería, creando hechizos y rituales para que sus proezas
sexuales estuvieran al máximo. Durante aquel segundo año de Hogwarts, rechazó cortésmente los
avances y las intenciones de Lily, pues no quería decepcionarla. Practicó y practicó para darle la
mejor experiencia sexual de su vida, ser el amante perfecto (tal como eventualmente sería en el
futuro, como Hermione comprobaría). No le importó sufrir a manos de los abusones de James y
sus amigos, ya obtendría us venganza.
Fue entonces cuando, la primera semana del tercer año de Hogwarts, Severus corrió hacia la Choza
de los Gritos. Sabía que allí encontraría a Lily, a solas, pues sabía de la curiosidad de ésta por
investigarla a pesar de que estaba prohibido. Le demostraría lo que había aprendido. Severus entró
a la cabaña y recorrió los corredores en la oscuridad.
—Mmmmm, mmmmm, ahhh, oh James, qué ricoooooo —escuchó que alguien gemía.
—¿Imagino que ya no te duele, nena? Jajaja, ¡toma entonces, toma! —dijo alguien más. Una voz
masculina que Severus conocía bien. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y los puños de ira.
Dos adolescentes de trece, sin sus uniformes escolares, completamente desnudos, estaban
teniendo sexo al otro extremo del corredor, en la oscuridad, apoyados contra uno de los muros. Él
tenía cabello negro, anteojos, un cuerpo viril y atlético. Ella era pequeña, pelirroja, de piel blanca y
curvas prometedoras. Lily Evans se había entregado al imbécil de James Potter.
—Mmmm, ahhh, ya te dije que no le llames así, James, ¡y claro que no! Es mi amigo, y creo que no
está preparado para estas cosas ahhhh
Severus escuchaba todo eso mientras se masturbaba patéticamente, mirándolos con su brujería en
la oscuridad. Podría haber intervenido y destruir a James, pero eso solo habría arruinado la velada
de Lily, a quien amaba con locura.
Desde ese momento, Severus Snape comenzó su cruzada de acostarse con todas las profesoras,
alumnas y demás mujeres del staff de Hogwarts. Odió todo lo que James hizo, y amó todo lo que
Lily amó. Por ello, protegió a su hijo, Harry Potter, de todos los males que encontró, a pesar de
cuánto lo odiaba también. Por él también sacrificó su honor cuando asesinó a Albus Dumbledore,
por petición de éste, para que Harry tuviera una oportunidad en el futuro para matar a Voldemort.
Así fue que Harry destruyó el Diario de Tom Riddle, Dumbledore el Anillo del padre de Voldemort,
Ron el Relicario de Salazar Slytherin, Hermione la Copa de Helga Hufflepuff, Ginny la Diadema de
Rowena Ravenclaw, Neville decapitó a la serpiente Nagini con la Espada de Gryffindor, y Harry
eventualmente destruyó también a Voldemort, con ayuda de sus amigos, incluyendo al propio
Severus Snape y sus memorias.
Continuará...
En Hogwarts: EPÍLOGO. Protagonizado por las cuatro chicas con más escenas durante la historia:
Hermione (30 escenas), Ginny (15), Luna (7) y Pansy (7), el harem de Harry Potter.
No se lo pierdan.
20 años en el futuro, Hermione, Ginny, Luna y Pansy son el harem de Harry Potter, y
deciden celebrar con él su ascenso en el Ministerio. Pero antes de salir en una cita
múltiple, deciden darle un buen regalo.
Han transcurrido 20 años, y decidí basar el Epílogo en las cuatro mujeres que más escenas
tuvieron a lo largo de la historia.
Hermione Granger tuvo 30 escenas desde la Piedra Filosofal, acostándose con Harry, Ron,
Minerva, Pansy, Ginny, Luna, Fred, George, Sirius, Lupin, Lockhart, Bellatrix, Draco, Krum, y muchos
otros, incluyendo a sí misma del futuro.
Ginny Weasley tuvo 15 escenas desde la Cámara de los Secretos, follando con sus hermanos, su
padre, Luna, Neville, Ginny, Pansy, las gemelas Patil, Cho, y por sobre todo, con Harry, su futuro
esposo.
Pansy Parkinson tuvo 7 escenas desde la Cámara de los Secretos, encamándose con Draco,
Hermione, Hagrid, Ginny, y Harry.
Luna Lovegood tuvo 7 escenas también, desde el Prisionero de Azkaban, teniendo sexo con Lupin,
Hermione, Neville, Ron, Harry, Pansy, Helena, unos cuantos elfos domésticos, las gemelas Patil y
Cho.
El Epílogo es bastante largo, así que decidí dividirlo en dos partes para mejorar la experiencia de
lectura. Espero que disfruten de este final de la saga. ¡Gracias por leer!
—Ohhh… oh, nena, eso estuvo espectacular —gimió Ron Weasley, cayendo de espaldas en la cama
después de que su esposa terminó de montarlo, hasta que todo su semen terminó al fondo de su
coño—. Vaya… puedo descansar bien esta noche, me dejaste seco.
—Me alegro mucho, cari —dijo Hermione, con su habitual radiante sonrisa, saboreando los restos
de semen que resbalaban por sus muslos mientras se dirigía al armario para cambiarse de ropa y
dirigirse a su próximo destino.
—Oh, vamos, ¿ya te vas? —protestó Ron, pero casi divertido, acostumbrado a las andadas de su
esposa, acomodándose en la cama para tomar una siesta.
—Ya sabes cómo son las cosas, cariño. Harry convocó a sus putitas, y por eso debo ir. Además,
quiero felicitarlo por su nombramiento como Cabeza del Departamento de Seguridad Mágica.
—Sí, bueno, pero no lo he felicitado como él se merece. Descansa, cari, y dale mis saludos a
George en la tienda. Si necesitas “acción”, recuerda que nuestra hija está en su habitación.
Hermione se despidió de su marido con un beso, se dirigió al lavabo para arreglarse después de la
apasionada sesión sexual con el lujurioso Ron, y cuando estuvo lista, se dirigió a las habitaciones de
sus hijos. Hermione había aprendido las tradiciones incestuosas de los Weasley, y se despidió
como correspondía de ambos.
Hugo tenía una evidente erección bajo las sábanas, y aunque no quiso despertarlo, Hermione no
pudo evitar darle una felación a su hijo para que durmiera tranquilo, como hacía casi todas las
noches. Cuando el chico se corrió, en medio de ronquidos, en la boca de su madre, ella quedó
contenta, tragó todo, y lo dejó dormir en paz, como el angelito que era.
Rose, la hija mayor de la pareja, no estaba durmiendo, pues había escuchado la maratónica
encamada de sus padres, y ahora estaba masturbándose frenéticamente bajo las sábanas. Cuando
su madre entró, no hizo intento alguno de ocultarse.
—Sí mami, por favor —dijo la pequeña que había heredado la personalidad de Hermione y los
rasgos físicos de Ron, abriéndose de piernas mientras su madre se recogía el cabello y se
acomodaba frente al coño de su hija—. ¿Vas a ir donde la tía Ginny?
—Sí, cariño, voy a felicitar al tío Harry por su ascenso. Quedas a cargo de que tu padre no haga
tonterías mientras no estoy —dijo Hermione mientras apoyaba la lengua en el clítoris de su hija y
comenzaba a lamer—. Lick, lick, slurp.
—Mmmm, mmmmm… con felicitar quieres decir… ¿s-sexo? —Rose esperó hasta que Hermione
asintió—. Mmmmm… mmmmmm, ¿y por qué no puedo ir yo donde la tía Ginny?
—Slurp, lick, lick, slurp, ya te dije que aún no tienes edad para esas cosas, aunque bien podrías
bajar la erección de tu padre cuando despierte. Slurp, lick, sluuuurp, ahora relájate, que mamá
hará que te sientas muy bien.
Un fuerte gemido fue seguido por una rauda liberación de fluidos que fueron a parar a la boca del
famoso Harry Potter, mientras su esposa convulsionaba por el orgasmo que el “Chico que Vivió” le
dio. Ginny Potter-Weasley era una esposa más que satisfecha. Tomó el rostro de su marido, uno de
los magos más famosos de todos los tiempos, y le plantó un beso de lengua profundo y salivoso,
de esos que solo ella sabía dar.
Si bien era cierto que Harry y Ginny eran esposos sexualmente satisfechos, nunca estaba de más
traer más componentes a la relación para que la llama de la pasión se convirtiera en un incendio. A
veces, ese componente extra era la mejor amiga de la pareja, que nunca ignoraba un llamado de
los Potter para ir a divertirse en su cama. Mientras Ginny volvía a besar a su esposo, las sábanas se
movieron y una mata de cabello castaño se asomó. Hermione Granger tenía una sonrisa preciosa
en el rostro lascivo. Apenas había entrado a la casa se metió bajo las sábanas de sus amigos para
chuparle a Harry la polla.
—Para nada, adelante —dijo Harry, reposando su cabeza sobre sus manos con una sonrisa de
satisfacción total, mientras su esposa y su amiga jugaban con su hombría bajo las sábanas. Era feliz.
Más que feliz—. Pero no se diviertan tanto, recuerden que quedamos de salir esta noche, y lo
haremos apenas las otras dos lleguen.
Ginny recibió un mensaje en su teléfono. Miró por la ventana, y vio a una mujer de cabello rubio
descender del cielo, montando algo invisible, un Thestral que solo Harry y ella podían ver. Los tres
salieron de la cama y recibieron calurosamente a su amiga, la Magizóologa Luna Lovegood.
Poco después, llegó la cuarta persona que esperaban, saliendo de la chimenea a través de la red
flu, por un canal que la conectaba directamente con su tienda de pociones en Knockturn Alley.
Pansy Parkinson tenía un rostro malicioso y pícaro, realmente quería divertirse.
—Oigan perras, ya llegué, no hagamos esperar más a Potter, ¿quieren? —dijo la Slytherin.
—Madre mía, Pansy, no arruines la sorpresa. Harry, espéranos aquí, por favor —pidió Hermione.
—Claro que lo haremos, pero primero queremos darte una pre-celebración, mi amor —dijo Ginny,
guiñándole un ojo. Junto a sus tres amigas, con sonrisas cómplices, se dirigieron a la parte de atrás
de la ancestral casa de los Black, mientras Harry esperaba en la sala.
Fue entonces cuando comenzó a sentir un delicioso aroma a fresas, castañas, vainilla y canela. El
aroma de ellas. Sintió una impresionante erección, como no había tenido en muchos años. Harry
miró a un rincón y allí estaba, como no lo había visto hace tiempo, el Cáliz de Fuego. Hermione, en
su calidad de Ministra de Magia, probablemente lo había conseguido. Harry lo vio por primera vez
a los catorce años, cuando el Cáliz manipulado mágicamente por Dumbledore liberó feromonas en
toda la escuela, poniendo a todo el mundo en un constante estado de lujuria.
Harry Potter tenía un harem. Llevaba ya 20 años disfrutando de esas cuatro mujeres, que no solo
se veían, gracias a la magia, casi tan jóvenes como cuando eran colegialas, sino que no se habían
cansado nunca de servirle sexualmente. Más aún, cada año que pasaba lo deseaban más y más,
como si follar con Harry fuera su alimento. Si bien era cierto que no eran las únicas mujeres con
quienes Harry se acostaba (no necesariamente porque él quisiera, las chicas se lanzaban a sus
brazos y Ginny debía estar constantemente haciendo “inventario” y “control de daños”), sí eran sus
principales 4 mujeres. Las cuatro lo dejaron con la boca abierta cuando se presentaron juntas, con
las manos en la cintura de la otra, posando para él usando lencería.
Ginny Weasley era el amor de su vida, su esposa, la madre de sus tres hijos, y la pelirroja más sexy
y apasionada que existía. Tenía ojos café y piel blanca, el cabello atado en una coleta con un
flequillo sobre un ojo, los labios rosados y un cuerpo pequeño pero curvilíneo. Tenía pechos
puntiagudos y poblados de pecas, y piernas largas y sensuales. Vestía una suerte de kimono floral
de satén, rojo pero translúcido, con mangas de mariposa y muy escotado, sin nada para los pechos,
y debajo solo unas braguitas pequeñas, con el mismo orden floral, y de un color escarlata intenso.
Nadie tenía mejores “squirt” que Ginny al correrse, y era capaz de atreverse a todo.
Hermione Granger era su mejor amiga, la bruja más inteligente de todas, y también una ninfómana
crónica detrás de su apariencia de empollona. De piel clara, ojos café y ondulado cabello castaño,
estaba orgullosa de una sonrisa que enamoraba a todos. Sus senos eran prominentes, y su culo tan
llamativo que todo el mundo se obsesionaba por hacer sexo anal con ella después de las primeras
dos encamadas, cosa que ella fingía que le molestaba, cuando en realidad se volvía loca con pollas
en el ojete, que siempre tenía limpio y listo. Llevaba un top en V y unas braguitas de encaje muy
reveladoras, de tipo pantaleta, de color azul y negro intenso, y con ligueros para las medias que
enfatizaban la sensual forma de sus torneadas piernas.
Luna Lovegood era su otra mejor amiga, y quizás la persona que mejor entendía su pasado. De
soñadores ojos azules, distraída y lujuriosa, Luna tenía una curiosidad infinita para el sexo, le
encantaba aprender nuevas cosas. También tenía los senos más grandes en todo Hogwarts,
aunque ella misma no se daba cuenta. Lucía su largo cabello rubio en bucles esta vez, cayendo
sobre sus curvas. Utilizaba un conjunto de una sola pieza, de color blanco y lazos celestes a lo largo
de un corte al medio que mostraba la protuberancia de sus senos, y que llegaba hasta la cintura,
donde solo lucía una tanguita blanca semitransparente.
Pansy Parkinson había sido su enemiga, la novia de Draco, antes de convertirse en su zorra oficial.
Descarada y sin ningún escrúpulo, Pansy era la puta oficial de Hogwarts, la más baja y de senos
más pequeños del harem de Harry, así como la chica con el culo más perfecto y redondeado de
todas. Llevaba un cómodo sujetador color jade, como sus penetrantes y seductores ojos, con
coquetos acabados en negro, con unas diminutas bragas negras debajo, más portaligas y zapatos
de tacón alto. A diferencia de su juventud, con su peinado “bob”, ahora se dejaba su cabello negro
ébano, largo y revoltoso.
Las cuatro se arrodillaron ante Harry, mirándolo siempre a los ojos, abrieron la boca, y sacaron la
lengua mientras decían “aaahhhh” al unísono. La saliva caía provocativamente de sus lenguas, así
como las babas de Harry al verlas y ponerse de pie enseguida. Sabía lo que tenía que hacer.
Introdujo primero la polla erecta que ellas prácticamente idolatraban en la boca de una feliz Luna,
mientras las demás chicas sonreían, esperando su turno, entusiasmadas. Hacían lo que hacían por
Harry, pero ninguna podía evitar disfrutar como las golfillas comepollas que eran.
Y Luna amaba hacerlo. Le encantaba el sabor de un pene en la boca, jugar con saliva y descubrir
nuevas maneras para satisfacer a su amante, incluso 20 años después de su primera vez haciendo
sexo oral, que había sido con el profesor Lupin.
—Mmmmm, mmmmmm, amo tu cosita… —dijo ella con su voz inocente de niña, que sabía que a
Harry le fascinaba—, ¿te apetece que lo haga con mis senos?
Eso era lo mejor que tenía. Las rusas de Luna eran algo sobrenatural, la manera en que veía la
punta de su capullo aparecer y desaparecer entre los senos de la rubia eran tanto divertido como
espeluznantemente erótico.
—Mmmm, siempre me ha gustado cómo luce de brillante tu pene, Harry. ¿Qué conjuros usas para
lavarlo y dejarlo así de pulido?
—¿...Agua?
Luego, Harry se movió a un lado, donde Hermione esperaba con la lengua afuera, como una buena
perrita obediente. Cuando le penetró la garganta, ella de inmediato se empezó a mojar
descontroladamente, y tuvo que meterse una mano en el coño, bajo la tanga azul, para controlar el
volumen de fluidos vaginales que caían. No había nada mejor para ella que chupar una buena
polla, tal como lo había hecho a los once con Hagrid y Ron, y desde allí no había cesado.
—Chup, chup, chup, chup, ¡me encanta tu polla, Harry! Chup, chup, chup, ¡lléname con tu polla!
—¿Cómo puedes ser tan puerca siempre, Hermione? Uffff, qué manera de chupar, Ron debe estar
feliz, mmm —gimió Harry, con las manos detrás de la cabeza.
—Se la chupo al menos una vez al día, o sino me siento perdida… es como mi café mañanero. Si no
se lo hago a él lo hago con Hugo… o con George. O cualquiera que vea en el Ministerio, en
realidad, chup, chup, chup, chup, chup.
Harry le folló la boca hasta que sintió que las arcadas que se venían, a pesar de que en una bruja
experta como Hermione eso era difícil de provocar, en especial cuando ser ahogada por polla le
excitaba tanto. Hermione estaba cerca de correrse de tanto mamar, y Luna le ayudó metiéndole un
dedo atrás, cosa que siempre le ayudaba a llegar el clímax.
Luego, Harry debió decidir entre Ginny y Pansy, pero ellas tenían otros planes. Ambas gatearon
hacia el pene de Harry como si éste las llamara por arte de magia, devorándolo con la mirada,
haciéndoles agua la boca. Ambas chicas, que tanto se habían odiado cuando niñas, tenían desde
los quince o dieciséis un pacto y un respeto mutuo que había crecido a verdadera amistad. Se
conocían perfectamente, incluso para turnarse cuando lamían el pene del Elegido.
—Tu marido siempre sabe tan rico, ¿cómo lo mantienes? —preguntó Pansy, que era soltera,
aunque no pasaba un día en que no follara con alguien distinto.
—Slurp, slurp, lo atiendo todos los días, como debe hacer una buena esposa —dijo Ginny,
aguerrida y sin filtro, una “tomboy” que entregaba su cuerpo solo a un hombre (y a su familia en
ocasiones especiales), y que cumplía con los deberes tradicionales de una dama femenina.
—Es un pene increíble, chup, chup, chup, chuuuuup, siempre pensé que debí habértelo robado
cuando pude, me lo metería todos los días.
—Ni lo sueñes, la verga de Harry es mía para siempre, yo solo se las estoy prestando —bromeó
Ginny, ganándose la mirada confusa que adorada de su esposo.
Las mujeres hicieron que Harry se acostara de espaldas. Ginny se sentó en su boca para que su
esposo le lamiera el coño como solo él sabía hacer, Luna y Pansy se pusieron a sus costados, y
Hermione entre sus piernas. Las cuatro al mismo tiempo se inclinaron hacia adelante, y sus cuatro
lenguas empezaron a jugar con el miembro erecto de Harry, potenciado por el poder del Cáliz.
—Sluuuurp, slurp, qué ricoooo, mmmm, amo cómo me lames ahí, mi amor, ¿cómo no voy a
premiarte con mi lengua?
—Chup, chup, chup, ¡tu cipote me vuelve loca, Harry! Mmmmmm, chup chup chup, tus perritas no
se cansan de él, y jamás lo haremos.
—Este sabor salado es inusualmente erótico, está haciendo que mi entrepierna se ponga muy
caliente y mojada.
—De todas las pollas que me como a diario, ésta es definitivamente mi favorita, slurp, slurp, slurp,
es larga, no se cansa nunca y sabe cómo contentar a una golfa como yo.
—¡Como nosotras! —corrigieron Luna, Ginny y Hermione, y cuando Pansy asintió con una sonrisa
perversa, las cuatro se pusieron a lamer la punta del pene de Harry a la vez. La excitación era
demasiado, Harry llegaría al clímax muy rápidamente con ese tipo de estimulación.
Aunque le gustaba el caos de lenguas que le servían, también le gustaba cerrar los ojos y tratar de
adivinar de quién era quién (lo que, además, le ayudaba a concentrarse y retrasar la eyaculación).
La de Ginny era intensa, le gustaba recoger líquido pre-seminal de su punta; la de Hermione daba
círculos rápidos alrededor del capullo; la de Luna era suave y lánguida, disfrutando de cada sabor y
momento; y la de Pansy prácticamente buscaba devorar su pene entero con intensos lametones.
—Ahhh, ahhhhh, ahhh —gemía Harry, disfrutando de las sensaciones, y las ocasionales miradas a
las cuatro chicas que se turnaban para mostrar su devoción a su polla.
—Miren cómo se hincha, mmmmmm, snif snif —dijo Pansy, oliendo la punta del capullo—, puedo
oler el semen viniendo, qué rico.
—Es imposible oler algo así —le corrigió Hermione, lamiendo con ferocidad las bolas de Harry.
—Es posible con ayuda de los Grawlies que pululan en la nariz —dijo Luna, que se devoró el pene
de Harry completo y empezó a succionar rápida y repetidamente—. Mmmm, mmm, chup chup
chup chup chup chup chup chup chupchupchupchupchup.
—No creo que existan los Grawlies Luna —le dijo Ginny a su amiga, besándole el hombro,
apremiándole para aumentar la velocidad de su felación—. Deprisa, haz que mi marido se corra en
tu boca, mmmm venga, y luego compártelo con nosotras.
—Sí, danos lefa, tengo muchísima hambre —suplicó Hermione, masturbándose frenéticamente
mientras jugaba con los testículos de su mejor amigo.
—No voy a salir a celebrar con el estómago vacío de esperma, voy a necesitar muchas corridas hoy,
Potter —dijo Pansy, metiéndose un dedo travieso en el culo por debajo de la sexy lencería que
llevaba.
—T-tiene razón… voy a acabar —anunció Harry, y Luna puso más empeño, hasta que el cuerpo del
Elegido comenzó a estremecerse, como si un escalofrío lo recorriera de pies a cabeza, y la boca de
Luna se empezó a llenar de leche blanca.
—Mmmmmm que cagenteee —dijo Luna, sonriendo con dulzura y cierta picardía, mirando a sus
amigas, abriendo la boca para que pudieran ver su premio a compartir—. Quen quiegueee
Hermione fue la primera en dirigirse a ella, tomó el rostro de Luna con las manos y le introdujo
forzadamente la lengua en su boca, recogiendo lo que más pudiera, saboreándolo con deleite,
tragando algunos restos que no pudo resistirse a tragar.
Pansy le dio una nalgada lujuriosa a Hermione, y cuándo ésta se volteó a darle una reprimenda,
Pansy le escupió juguetonamente en la cara. Hermione entendió el mensaje, le sonrió a la putita
graduada de Slytherin, y le escupió la lefa de Harry a la boca. Como la zorra que era, Pansy
Parkinson comenzó a jugar con la leche de Harry, haciendo gárgaras y pasándola por sus dedos
mientras Luna y Hermione aún se regodeaban con sus propias porciones.
Finalmente, Ginny se puso de rodillas frente a Pansy, que estaba de pie. La pelirroja abrió la boca,
sacó la lengua, puso las manos en forma de recipiente, y Parkinson comenzó a derramar la leche
de Harry mezclada con su saliva, en un apetitoso aperitivo para Weasley, que sonrió complacida,
como si estuviera en un sueño, tragándose con gusto la esperma de su esposo.
—Nada de eso, Potter. Ahora vamos a salir, y queremos más leche en nuestro pequeño viaje.
—Harry, no solo los Grawlies están en el aire, también están las feromonas del Cáliz de Fuego, ¿no
puedes olerlos? —preguntó Luna, mirando algo en el aire que solo ella podía ver—. Yo tengo mis
braguitas cada vez más húmedas, snif, snif. También las puedo oler.
—Vamos a cambiarnos ropas —anunció Ginny, saboreando aún los restos de lefa como si no
pudiera de tragar—. Y entonces saldremos a dar unas vueltas al mundo muggle. Podrás hacernos
lo que quieras, y el Cáliz te mantendrá activo.
—Más te vale que nos trates bien, Harry —dijo Hermione, guiñándole un ojo, antes de dirigirse con
sus amigas a la habitación.
Continuará...
Harry y su harem (Ginny, Hermione, Luna y Pansy) recorren las calles del Londres muggle, y
se divierten en todos los lugares públicos imaginables, ayudándose de la magia.
Restaurants, ferias, cines, sucios callejones, nada estará a salvo de la varita de Harry, su
esposa y sus amigas.
HOGWARTS: EPÍLOGO
Afueras de Londres
La situación era muy simple. El único trabajo que tenía Harry era follarse todas las veces que
quisiera, absolutamente donde fuera que quisiera, a sus cuatro amantes. Todas se pusieron
atrevidos conjuntos de ropa que le permitían a Harry no solo tener una erección constante, sino
que la posibilidad de follarlas fácilmente cuando se le diera en gana. Y ya no era el adolescente de
antaño, que no se atrevía a hacer cosas sucias…
Hermione con sus ajustados jeans azules debajo, y solo el corpiño negro tipo bralette arriba, se
veía conservadora, y misteriosamente atractiva. Le manoseó las tetas cada vez que pudo, y
Hermione lo deseaba con locura.
Ginny llevaba un top blanco, una camiseta escocesa, y una minifalda cortísima de tela blanca que
no dejaba nada a la imaginación. Harry no pudo evitar meterle mano durante la caminata. En cada
ocasión, la pelirroja deseó que él la penetrara allí mismo, sin importar quien mirase.
Pansy se había puesto un ajustadísimo vestido verde jade, escotadísimo, y con una falda que
apenas cubría las nalgas. Varios hombres se le insinuaron, pero por esta vez, ella solo tenía ojos
para Harry, y el bulto en sus pantalones.
Luna usaba unos shorts cortísimos de gimnasio, y una sudadera azul con capucha dos tallas más
grande que ella, con la intención de que no nadie aparte de Harry le mirara las enormes tetas que
tenía, pero estaba tan cachonda que no sus pezones se notaba a través de la tela.
La primera en rogarle polla fue Hermione, cuando estaban almorzando en el restaurant muggle al
que habían ido. Debido a su condición de ninfomanía, le era imposible aguantarse tras pensar en el
menor pensamiento sexual. Hermione le susurró al oído que necesitaba más semen, que estaba
sedienta, y Harry asumió que se irían a los lavabos, pero la mujer tenía otros planes.
—No lo entiendes, Harry. Tengo ganas de comerme tu polla AHORA. Ups —dijo Hermione, cuando
dejó caer sus cubiertos ante la atenta mirada de Harry y sus tres amigas, que compartieron
miradas cómplices.
Hermione se puso bajo la mesa, fingiendo que recogía su tenedor. Oculta por el mantel, gateó
hasta que se puso entre las piernas de Harry, las separó lo más que pudo y le abrió la cremallera,
liberando su monstruoso miembro viril. Se le hizo agua la boca, y sintió que si se tocaba se correría
en seguida, abierta y ruidosamente. Eso le privaría de la oportunidad de chuparle la polla a Harry
Potter, así que se dedicó exclusivamente a ello.
—H-Hermione, ¿qué estás…? Oh… —trató de protestar Harry mientras las demás chicas se reían, y
la gente alrededor ignoraba lo que ocurría detrás de las blancas sábanas.
—Permíteme darte placer, Harry —susurró Hermione, usando también las manos para acompañar
la felación—, permíteme ser tu recipiente de lefa, chup chup chup, úsame como quieras.
Pocas cosas calentaban más a Hermione Granger que ponerse de rodillas como una perrita, y
complacer a un hombre bien dotado con su lengua y garganta, ser usada para la satisfacción de
otro, convertirse en un objeto sexual para que Harry Potter pudiera liberar tensiones. Tras todos
esos años, ella se había convencido plenamente de que eso era: un objeto de deseo, un
instrumento sexual, ¡y le fascinaba!
—Les traigo sus bebidas —dijo una mesera, que apareció allí de pronto. Las tres chicas recibieron
con cierto nerviosismo, pero mucha más lujuria, los tragos que les sirvieron, mientras Harry tenía
el rostro compungido y ansioso.
—G-gracias… ufff…
—¿Hm? ¿De quién es el zumo de piña? ¿No había una señorita más aquí?
Hermione chupó y chupó, y lamió y lamió, excitada con la idea de que la camarera la descubriera.
Con ambas manos masturbaba a su hombre, con la lengua y los labios se degustaba en dar placer,
nadie sabía hacerlo mejor que ella, y saboreaba los distintos sabores que provenían de la virilidad
de Harry. Cuando sintió que su pene se hinchaba, entonces Hermione no pudo aguantarse más, se
bajó los pantalones a la altura de los muslos, y comenzó a tocarse la empapada entrepierna.
—Eh… Está en el baño —mintió Ginny, tan cachonda como su mejor amiga ante la perspectiva de
lo que podía ocurrir.
—Pero el baño necesita una llave, y la tiene otra señorita. —La camarera entrecerró los ojos,
sospechosa. Los demás clientes miraron hacia ellos, y algunos hasta miraron debajo de la mesa,
mientras Harry trataba con todas sus fuerzas de controlarse y seguir excusándose.
—Venga, córrete en mi cara, márcame una vez más como tu puta, Harry, venga, ¡píntame la cara de
lefa! —suplicó Hermione, haciéndole una intensa paja a su amigo, con la polla apuntando a su
nariz y entre sus ojos, mientras una sonrisa radiante adornaba su rostro.
—Señor, esto es bastante irregular. ¿Qué está sucediendo debajo de la mesa? —exigió la mesera.
Pansy estuvo a punto de sacar su varita, pero Luna la detuvo. Harry no pudo aguantar más, y entre
espasmos comenzó a eyacular con la mano y lengua de su amiga.
Unos segundos pasaron, intensos, donde nadie más que Harry se movió. Ante el asombro de la
mesera, Hermione salió de debajo de la mesa con los pantalones abajo, el coño liberando fluidos
sin parar, y un rostro feliz cubierto de chorros de semen, que la hacían brillar aún más. Las
expresiones de disgusto no se hicieron esperar, así como algunos silbidos de aprobación, mientras
Hermione se pasaba con descaro la lefa por su cara.
—Mmmm, qué caliente está… Miren cómo se pega a mí, su textura es sensacional, cómo me
encantaría bañarme en… Oh, lo lamento dama. Y también ustedes. Me presento, soy la Ministra de
Magia de Reino Unido, Hermione Granger. Aunque creo que no van a recordarlo tampoco, lo siento
mucho. —Hermione sacó su varita—. Obliviate.
Calles de Londres
Hermione no quiso limpiarse el rostro. Hace unos meses le había agarrado un gusto poderoso a lo
que llamaban “cum-walk”, y llevaba la leche de Harry con orgullo por las calles de Londres, a pesar
de las miradas curiosas de los peatones. Seguía cachonda, pero al menos se había podido correr
con los dedos debajo de la mesa. Sus amigas no habían tenido esa posibilidad, y Pansy tuvo poco
freno cuando se encontraron cerca del callejón más estrecho que vieron. Le recordó al Callejón
Knockturn, donde se encontraba ahora su tienda de pociones, y donde solía follar con Draco en su
adolescencia. Tomó a Harry de la mano, lo arrastró hacia allá, y comenzó a morrearse con él,
apoyados contra un muro.
—Mmmm, mmmm, oh tus besos, hijo de puta eres bueno… ¡Eh, puercas! Más les vale cubrirnos
bien y avisarnos en caso de cualquier cosa, mmmmm, mmmm, ¡oh, y ni se les ocurra intervenir!
Por los próximos diez minutos, la verga de Potter es solo mía.
—¿Diez minutos? —repitió Harry, algo ofendido. Sus amigas, risueñas, fingieron que hablaban
casualmente en la entrada del callejón para desviar la atención de la gente.
—Y estoy siendo generosa. Si crees que vas a aguantar más en mi culo estás delirando.
Con lentitud y calentura controlada, Harry comenzó a levantarle el vestido. Tenía dificultades, era
más corto que el culo de Pansy, sumamente apretado, y ella disfrutaba cada momento, mirándolo
de reojo hacia atrás. En especial, quería ver su reacción cuando el elástico aflojara y sus nalgas
salieran a la luz. Cuando ocurrió, la reacción fue tan divertida como esperaba.
—Tienes… wow, tienes un culo tan… —Harry se limpió la saliva de la boca—. Y ni siquiera llevas
pantaletas, esto es…
—Lo sé, cari. Vamos, ¿no quieres tomarlo? No me puse bragas para facilitarte un poco el trabajo,
que sé que no tienes muchas luces. Elige un agujero y úsalo con gusto —dijo Pansy, inclinándose
un poco más, con las piernas firmemente extendidas en el piso.
La primera vez que follaron, en esa misma posición, en la Sala de Menesteres, Harry había elegido
su culo, pero esta vez quería algo distinto. Aquella sensación increíble de su coño mojado, el que
Draco y Hagrid habían usado decenas de veces en la escuela.
—Sí, lo soy, solo sirvo para el sexo, ¡para recibir penes! Mmmmm, más, más
—Zorra descarada, te corriste de nuevo, tu culo enorme está empapado de tus jugos, ¡cómo
puedes ser tan puerca! ¡Toma!
—Ahhh, ahhhhh, no puedo evitarlo, tienes la mejor gran polla, Potter, siempre se lo dije a Draco,
ahhhh, mmmmmmm, aahhhhhhh
Harry la tomó de los muslos y la levantó, abriéndole de piernas, sin dejar de embestir su concha.
Pansy era la más pequeña y liviana de las cuatro, no tomaba ningún esfuerzo realizar distintas
posiciones con una mujer “tamaño bolsillo follable”, como decía ella misma.
Ahora que Pansy miraba hacia arriba, completamente expuesta, con el vestido a la altura de la
cintura, encontró una mirada distinta en una ventana. Un tipo repugnante, algo gordo y sucio, con
una micro-polla, se la cascaba mirando a la pareja follar en el callejón. Pansy sonrió, empezó a
gemir más fuerte, y le realizó gestos faciales como si le lamiera…
Pansy se había pasado toda la vida de colegiala como prostituta, y su éxito se había debido
precisamente a que no le hacía asco a nadie. Todos los penes le gustaban, pues siendo algo
vanidosa, la mera idea de que se pusieran duros por ella le ponía como una moto. Mientras
tuvieran leche, como la que el extraño estaba esparciendo sobre su ventana en ese momento,
poco importaba el tamaño o la forma, o incluso el tiempo de erección. Vivía de pollas, en todos sus
colores y sabores… y si había pasta de por medio, más que mejor.
—¡Eso es, señor! ¡Tírelo todo, imagínese que lo recibo en mi lengüita! Mmmm, uffff, ¡qué
espectáculo, muy buena lechada, señor!
—¡Pansy, deprisa! —exclamó Hermione—. Una mujer está hablando con unos oficiales y están
mirando hacia acá…
—De hecho, vienen ahora hacia acá —confirmó Luna—. Harry, te recomiendo que eyacules.
—Échalo todo adentro de mi chochito, Potter, que luego quiero que todos vean cómo se me
escurre tu leche, bajando por mis muslos. Síii, síiiii, ¡córrete fuerte y duro, Potter! —exigió Pansy
mientras un breve chorrito surgía también de su coño hambriento.
Cuando Harry empezó a liberar su leche, aún tan abundante como esa mañana gracias a los
efectos del Cáliz de Fuego, Pansy lo recibió todo como una campeona, disfrutando de las
sensaciones del líquido pegajoso subiendo por sus cavernas vaginales.
Aún conectados por el pene y el coño, caminando con dificultades, Harry y Pansy se dirigieron a lo
profundo del callejón, acompañados por Luna, Ginny y Hermione. Tras ocultarse en las sombras, el
mago y las cuatro brujas usaron Aparición para desvanecerse en el aire antes de que los muggle
pudieran descubrirlos.
Feria de Winchester
Una simple feria. Luna, que fue la primera en realizar la Aparición, decidió dirigirse allí, y los demás
la siguieron. Había todo tipo de juegos en la feria, y por unos minutos, decidieron divertirse como
cuando eran adolescentes, jugando y riendo como hacían ahora sus hijos. Pero cuando subieron a
la rueda de la fortuna… bueno, fue difícil para la pobre Luna seguir fingiendo que no tenía ganas de
follar. Además, Harry no podía dejar de admirar la forma en que sus shorts marcaban la forma de
sus nalgas cuando caminaba, ni de imaginar los melones que su holgada sudadera ocultaba.
Esta vez, las otras tres tampoco pudieron resistirse a su lujuria y decidieron participar a su manera
mientras la rubia Ravenclaw era el centro de atención del falo de Harry. Mientras en una de las
sillas en la cabina Hermione veía sus tetas lamidas por Ginny y Pansy, que se masturbaban
frenéticamente mientras lo hacían, Luna montaba a Harry con fuertes y descontrolados saltos que
hacían que la cabina entera se moviera. Si esto se notaba desde afuera, iban a tener que esperarse
a que bajaran…
Y es que, no solo no tenían tanto tiempo como en el restaurant o el callejón, sino que Luna no
deseaba tener tiempo tampoco. Su chumino estaba mojadísimo, y sus shorts arruinados por lo
mismo. Cuando se los quitó para poder montar a Harry, notó que quizás no los necesitaría más. La
sudadera bastaría para cubrirse. El caso es que quería algo rápido, porque intentara ocultarlo… no
era la misma que cuando adolescente. Ya había dejado de ser la niña curiosa e inocente que se
dejaba llevar por placenteras sensaciones, sino que buscaba activamente los orgasmos, y las
vergas. Era una golfilla cachonda, sus amigas, que le habían quitado la virginidad, la habían
convertido en eso, y nada le ponía más feliz.
El pene de Harry se acomodó perfectamente en su coño. Sus pezones estaban durísimos, y más
cuando Harry empezó a restregar el rostro entre ellos. Ella suspiró y se subió la sudadera para que
Harry casi gritara de felicidad mientras le devoraba los pezones y le masajeaba los enormes senos
que tenía como si fuera el objetivo de su vida.
—Ahhh, ahhhh, ahhhhh, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah —empezó a gemir rápidamente Luna, que
saltaba con toda la fuerza de sus piernas. Alcanzó un orgasmo, y luego otro, y siguió montando con
los ojos fuera de sus órbitas, mientras la cabina llegaba al cénit de la rueda de la fortuna—. Pene,
pene, pene, ¡me encanta tu pene, Harry!
—No puedo con estas tetas, me vuelven loco, chup, chup… Tendré que compensar… ¡Ginny! —
llamó Harry, y su esposa se les acercó rauda, sabiendo perfectamente lo que su marido deseaba. La
pelirroja apuntó con su varita al pene de Harry, y rezó las palabras mágicas:
—¡Engorgio!
—¿Ginny, qué…? —La boca de Luna se abrió, se agarró las tetas por instinto, sintió que un río de
fluidos empezaban a liberarse de su vagina, y todo porque el pene de Harry creció en su interior a
un tamaño impresionante—. T-tu pene… ¡Tu pene! ¡TU PENE, AH, AH, AH, AH, AH!
Esta vez, Harry empezó a mover la pelvis a juego con los saltos de Luna. Hermione, que se metía
dedo con Pansy, y Ginny que también se masturbaba ante la escena, no perdían detalle de la
fuerza, ferocidad y sensualidad que estaba demostrando la rubia de ojos celestes, convertida en el
más sexy de los ángeles mientras Harry entraba y salía de ella tan velozmente que era imposible
ver su polla. Las tetas de Luna amenazaban con despegarse de su cuerpo con lo fuerte que se
movían, incluso agarradas de los labios y dientes por Harry como estaban.
—Ahhh, ahhhh, ahhhh, me gusta, me gusta mucho, me encanta, ¡me encanta el pene de Harry
Potter! —gritó Luna. Desde otras cabinas los estaban mirando ahora con distintas expresiones, y
probablemente afuera también los estaban escuchando ya. No había vuelta atrás y a Luna poco le
importaba—. ¡Voy a estallar Harry!
—Yo también, no duraré más de un par de minutos, ¡es demasiado bueno, y tus tetas me están
volviendo loco!
Luna sacó su teléfono de su sudadera y comenzó a tomarse selfies mientras montaba a Harry, para
sorpresa de éste. Explicó que se las estaba enviando a su marido, Rufus Scamander, porque le
gustaba cuando se enfadaba por las guarradas que hacía y la follaba hasta desmayarse. Ginny le
ayudó también con algunas fotos desde afuera. Finalmente…
Luna se bajó de Harry, tomó su polla entre sus tetas, debajo de la sudadera, y cuando Harry estalló,
tanto los pechos como parte del rostro de Luna se llenaron de leche, chorros que salieron sin parar
mientras ella reía de placer.
—Hora de escapar —indicó Hermione, tras haberse corrido otra vez con los dedos de Pansy. Sacó
su varita y apuntó hacia afuera de la cabina donde ahora se acercaban los muggles—. ¿Listos?
¡Ahora! ¡Lumos Solem!
Después de que un intenso resplandor solar cegó a todos los muggle presentes, un perro, una
nutria, una liebre, una mariposa y un cuervo salieron y se ocultaron entre la multitud a toda
velocidad antes de volver a tomar forma humana. No muchos sabían que Minerva McGonagall,
durante una orgía con ella, les había enseñado cómo transformarse, y ahora Harry, Hermione,
Luna, Ginny y Pansy eran Animagos registrados…
Cine de Londres
Quedaba solo un paradero, y Harry seguía tan excitado como al principio, buscando activamente
liberar su leche. Por eso, cuando llegaron al cine eligieron la película con menos posibilidades de
que tuviera audiencia, a la hora más improbable, y se sentaron en los asientos de atrás. Mientras
Luna, Pansy y Hermione se masturbaban imaginándose follando con los hombres fornidos de la
película de guerra, Ginny y Harry solo se besaron por cinco minutos antes de ponerse a trabajar.
No había tiempo ni necesidad de preámbulos. Marido y mujer estaban demasiado cachondos ya, y
Ginny quería su culo lleno.
Tras acomodarse la coqueta faldita que llevaba, Ginevra Weasley se sentó en el pene erecto y
enorme de Harry, introduciéndose su cipote hasta el fondo de su ojete, sintiendo que recuperaba
algo perdido. Durante la duración de su matrimonio, follaban al menos una vez por día. No había
noche en que no jugaran el uno con el otro, y sin embargo, siempre descubrían nuevas maneras de
excitarse e interactuar. Por ejemplo, Harry había descubierto hacía poco que cuando le daba por
culo a Ginny, a ésta le encantaba que le lamiera la espalda, e incluso que derramara saliva allí. La
espalda de Ginny se curvaba de gusto, comenzaba a babear ella misma, y con lo cachonda que era,
se restregaba su propia saliva en sus tetas. En otras palabras, le gustaba estar tan sucia y usada
como fuera posible…
—Oh, mi amor, sí, sí, mi ano está feliz, qué rico cómo me metes tu cipote, ahhh, ahhhh, ahhhh
—Ya era mucho rato que no lo hacíamos… ufff, ufff, ¿vas a querer sexo otra vez esta noche?
—¿Cuando estas putitas se vayan? No deberías ni preguntarlo, voy a necesitar un baño de tus
fluidos, tengo muchas ganas, ahhhh, ahhhhh
—Eres tan cachonda y golfa, amor, mírate, te estás bañando en nuestra saliva mientras mi verga se
hace paso en tus entrañas y tus amigas se tocan a tu lado, ¿qué se siente?
—¡Brillante! ¡Ahhh, ahhh, ahhhh, no me canso de que me folles, Harry! Me convertirse en tu putita
obediente desde primer año, cuando me cogiste en la Cámara de los Secretos, y soy tuya para
siempre y por siempre, tu pene es mi vida, lo necesito en todos mis agujeros a diario para respirar,
ahhhha ahhhh ahhhhh, tus besos me dan amor, tu polla me da placer, tus fluidos me dan locura y
pasión, mmmm, siiii, siiiiii, fóllamefóllamefóllame, ¡tu verga en mi culo es todo! ¡Dame por culo, mi
amor, hasta que me partas en dos!
Lo que Ginny acababa de decir habían sido sus votos en la ceremonia secreta que habían tenido,
cuando se casaron, una ceremonia un tanto poco común debido a que se pusieron a follar frente a
sus amigos y familias después de intercambiar votos y anillos.
Harry se emocionó cuando Ginny repitió sus votos, le agarró las tetas, le rasgó la ropa, y la puso en
cuatro patas en el piso de la sala de cine, apoyada sobre la silla, follándole con fuerza el ano
mientras Hermione, Luna y Pansy se corrían repetidamente. Pero ninguna de ellas tenía orgasmos
como los de Ginny Weasley, y lo esperaron con ansias.
—Te voy a llenar el culo, esposa, ahhhh, ¡te voy a llenar el culo!
—¡Lléname toda, hazme tuya, soy tu hembra, soy tu zorra, mi am…! ¡MI….! ¡¡¡AH, MIERDA,
MIERDA, ME CORRO, ME CORROOOOOOOO!!!
Sus tres amigas se pusieron en sus posiciones mientras Harry llenaba el trasero de su esposa de
leche, cuando ésta empezó a disparar sus famosos chorros de squirt a las bocas de las chicas.
Hermione, Luna y Pansy sacaron la lengua y buscaron tragarse todo lo que salía disparado del coño
de su amiga. Como parte del harem de Harry Potter, compartían todo, incluso sus propios fluidos
que también le pertenecían al Elegido, al Mago más famoso de todos los tiempos.
Casa de la Familia Black
Y así, cubiertas de fluidos, fue como esa noche las cuatro mujeres regresaron a la casa de Harry,
acompañadas por éste, antes de desnudarse completamente y volver a follar otra vez. Harry puso a
Hermione en cuatro patas, se tentó como siempre con su culo, y le dio fuerte por atrás, sacándole
una maravillosa sonrisa, pues había sido la única en no tener la polla de Harry aún en sus agujeros
de abajo. Mientras tanto, Pansy conjuró una serie de dildos mágicos y realizó un trío con Luna y
Ginny… hasta que una voz llamó su atención.
—¿Mami? —dijeron unos chicos, y pronto descubrieron que James, Albus y Lily estaban allí,
habiendo despertado con el ruido de la orgía.
—Sí, mami… y ahora estamos también… ya sabes —con ternura, Albus se apuntó a la erección.
James estaba igual, y Lily estaba ruborizada con las piernas cruzadas.
—Mis amores, vengan aquí —dijo Ginny, poniéndose de rodillas frente a ellos—. Hijos, pongan sus
pollitas en mis manos, les haré una buena paja y luego podrán meterlas en mis agujeros, tienen
toda la libertad. Lily, bájate los shortcitos y pon tu coñito en mi lengua. Mami se encargara de
darles amor, ricuras.
Las pollas de sus hijos en sus manos, el coñito de su hija en su boca. Ginny respetaba las
tradiciones Weasley como correspondía, y usar su cuerpo para satisfacer las necesidades sexuales
de sus niños era lo menos que podía hacer.
Mientras tanto, Luna y Pansy usaban un doble dildo mirando a Ginny, convertida en una femenina,
pero cachonda ama de casa incestuosa en ese momento, y sonrieron viendo cómo Harry metía su
verga en el culo y en el coño de Hermione Granger.
—¡Harry, Harry, oh tu polla, tu polla siempre me ha hecho feliz! ¡Ohhhh, ahora está en mi coño!
¡Harry, no hay nadie como tú! —gritaba Hermione, a cuyos agujeros Harry se tomaba turnos en
penetrar, tal como había hecho por años en la escuela. Antes de Luna, Pansy, las gemelas Patil,
Cho, Minerva, incluso su futura esposa… había sido Hermione su amante. La fuente de sus deseos
y sueños más perversos, la chica más sexy que había conocido hasta ese entonces, y la bruja más
puta que podía haber.
—Como tú no hay nadie, gracias por despertar mis deseos sexuales, Hermione, ¡eres la mejor!
—¡Harry, Harry, Harry! ¡Tú y Ron me despertaron a mí! De no ser por sus deliciosas vergaaaaah,
vergas, mmmmm, habría sido siempre una mojigata reprimida, en lugar de vivir mi ninfomanía a lo
grande como ahora, ¡oh ahora está en mi culo de nuevo! ¡Qué rico! ¡Tal como cuando follábamos
en los baños, o en la sala común, o en la biblioteca! ¡¡¡Ahhhh!!! ¡Dame todo tu semen, Harry!
—¡Hazlo, y en una de esas me dejas preñada! Con tu permiso, Ginny, le daré un hijito a Harry, ¿sí?
Ahhhh, ahhhhhh, ahhhhh
—Ni lo sueñes —contestó Ginny, divertida, antes de recibir los orgasmos de sus hijos en su rostro.
—Denme su leche, hijos, mmmmmmm, síiiii, mami está feliz —dijo Ginny, recibiendo los lechazos
de James y Albus en la cara llena de felicidad maternal, mientras lamía rápidamente el clítoris de
Lily.
—Soy tuya Harry Potter —dijo Hermione, con los ojos en blanco y la lengua afuera de lo cachonda
que estaba—, soy tu bolsa de fluidos como siempre he sido y siempre seré, báñame en tu esperma
mientras me... mmmmmmm, síiiii, me corro, qué delicia, ¡ahora lléname, Harry,
aaaaahhhhhhhhhhhhhh!
Así era la vida perfecta y de lujo de Harry Potter, todo por haber vencido a la oscuridad del mundo
de los magos, haber sobrevivido a todo, y ser un gran amante del que cuatro mujeres al menos
estaban absolutamente enamoradas.
Fin.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………….
Snape hace un juramento frente a dos hermanas cachondas; luego, dos hermanos
cachondos convencen a su hermana y su mejor amiga a una sesión de fotografías;
finalmente, una tía psicópata le sube el ánimo a su sobrino, Draco.
Advertencia: el inicio (parte 1) de la sexta parte de la serie está LLENA de incesto. Los que
han leído mis demás relatos saben que es mi fuerte, y no podía dejarlo afuera jaja.
Disfruten!
Mansión Malfoy
Dos mujeres estaban en el suelo, frente a la chimenea. Una tenía caótico y enmarañado cabello
negro, una sonrisa pérfida, ojos demenciales, inmensas tetas rellenas por un cirujano mágico al
que después había asesinado, carecía completamente de marcas de edad, compensadas por las
marcas de la locura, y vestía únicamente su falda sucia y desaliñada. La otra era lo que se llamaba
una MILF, con un cuerpo curvilíneo de supermodelo que usualmente cubría con elegantes ropas de
diseñador, aunque ahora solo vestía sus costosas botas de cuero; tenía el cabello platinado con
algunos mechones oscuros, y sus ojos eran maliciosos y astutos.
Ambas mujeres eran hijas de la misma madre y el mismo padre. Ambas estaban desnudas frente al
fuego. Ambas se frotaban mutuamente la entrepierna, cruzando las piernas y dejando que sus
fluidos vaginales cayeran a la alfombra mientras un par de ojos adustos las observaban.
—Ahhhh, ahhahahaha, aaaaahhhhh, ¿recuerdas cuando hacíamos esto con Andrómeda también?
Uy, qué tiempos, ¡me encantaba ver cómo te comía el culo! Ahhhhhh, ahhhh
—¡No hago esto porque lo desee, Bellatrix! —exclamó la rubia, aumentando la velocidad de sus
roces y movimientos pélvicos, sudando copiosamente mientras su orgasmo se acercaba—. Y ya
deja de recordar a Andrómeda, ya nos abandonó. Además, solo éramos niñas idiotas, mmmm,
mmmmmmm, ¡ahora hay preocupaciones más graveeeehh!
—Eres una puerca, Bellatrix —le espetó Narcissa Malfoy, su hermana menor, antes de mirar a un
lado, donde un hombre enteramente vestido de negro, sentado en el sofá principal, se masturbaba
ante la escena—. Y por eso te necesitamos a ti… Severus… Mmmmm, v-voy a acabar…
—Voy a proteger a Draco hasta que lleve a cabo su misión, no se preocupen —dijo el
Profesor Severus Snape, con la cara sin emociones y una mano en su polla de gran tamaño y
forma.
—¡Eso no es suficiente para mi Narcy jajajajajajskhaja! —rio Bellatrix, que también se acercaba
peligrosamente al clímax gracias a las tijeras incestuosas que hacía con su hermana—. No solo
debes proteger a Draco, ahhhh, ahhhhh, sino que llevarás a cabo su misión si él no es capaz de
hacerlo, ¡¡¡para eso estás aquí!!!
—El Juramento Inquebrantable —musitó Snape, con sequedad y tranquilidad ante la escena
lésbica en sus ojos—. Solo basta con que liberen sus fluidos sobre mi miembro fálico, al mismo
tiempo que yo eyaculo. Cuando estén cerca, más les vale avisarme. No sufro de eyaculaciones
precoces. Si no llevo a cabo mi misión, el Juramento me matará.
—¡Tienes que proteger a mi niño, Severus! Mmmmmm, mmmm —gimió Narcissa, lamiéndose los
labios mirando el pene de Snape—. Con mi marido prisionero, sabes que soy capaz de cualquier
cosa, solo debes pedirlo. Mmm… e-estoy muy cerca.
—Ahhh, yo también… S-Severus, jajajajaasgahahha, pon la polla bien firme y deja que mi
hermanita hermosa te monte… ya está lista para… a-ahhhhahahh… ¡YA VA A CORRERSE COMO LA
GOLFA COME-POLLAS QUE ES!
—Adelante. Ven, Narcissa —dijo él, y apartó la mano. Narcissa, escurriendo jugos vaginales, corrió
hacia Snape, saltó encima, se introdujo fácilmente su verga en su coño, y lo montó lo suficiente
como para alcanzar el orgasmo.
—M-me corro… Hay que ser rápidos. ¡Jura! J-jura p-proteger a mi bebé de todo mal, y llevar a cabo
la misión del Señor Oscuro en caso de que él no sea capaz, mmmm, mmm, ¿lo juras, S-Severus?
—Déjame besarte, hermanita… Hmmmmmm, cómo extraño nuestros besitos triples con
Andrómeda, ¡tendré que hacerlo ahora con su hija antes de matarlas a ambas como hice con
Sirius! —Bellatrix se acercó a Narcissa y le besó en los labios, introduciéndole su lengua ahora que
había terminado su parte del conjuro—. Slurp, slurp, qué rica eres, Narcy… ¡Vamos, Snape, jura de
una puta vez!
—Lo juro —rezó Snape, y un brillo rojo surgió de las varitas de Narcissa y el profesor. Una cadena
transparente se ató alrededor de la vigorosa polla de Snape, mientras estaba adentro de la vagina
de Narcissa, que la montaba rápidamente—. Ughh…
Cuando Snape y Narcissa alcanzaron el orgasmo al mismo tiempo, y la semilla del profesor se
introdujo en la MILF, el contrato quedó hecho. Severus no tendría más opción que cumplir… o
perdería aquello que había sido atado con la cadena roja.
Artilugios Weasley
Fred y George Weasley se habían “auto-expulsado” de Hogwarts el año anterior, lo cual les había
llenado de regocijo ahora que podían cumplir el sueño de abrir su propia tienda de juguetes,
bromas y trucos mágicos, “Artilugios Weasley”. Harry Potter y Hermione Granger se reunieron con
los demás Weasley para la exitosa inauguración de la tienda, pero Harry seguía esforzándose por
ignorar a Ginny Weasley debido a la vergüenza que sentía por no haberse dado cuenta de sus
sentimientos; mientras que, por el contrario, Hermione buscaba la mirada de Ron constantemente.
Las chicas se habían convertido en adolescentes muy sensuales, curvilíneas, deshinibidas y
lujuriosas, pero todavía buscaban el romance. Ambas se habían cansado de “esperar” a Ron y
Harry, y estaban decididas a conquistarlos y convertirse en sus hembras pasara lo que pasase.
Por eso no fue de extrañar que Fred y George las encontraran junto a la fuente que contenía
Poción de Amor, junto a una multitud de otras quinceañeras que deseaban que los chicos de
quienes estaban enamoradas se fijaran en ellas.
—¿Cómo? —se interesó Ginny, mientras Hermione parecía no saber si fingir que no le interesaba,
o si gastar todo su dinero en una botella que estudiaba minuciosamente—. ¿Simplemente se lo das
a un chico y se enamoran de una?
—En general funciona así, sí —explicó Fred—. El efecto es bastante potente, y nuestra particular
mezcla tiene algunos… otros ingredientes, muy interesantes, jeje.
—Pero venga, hay cosas mucho más espectaculares —dijo George, restándole importancia para
convencerlas de comprar—. Por ejemplo, hay una poción llamada Felix Felicis, que te da tanta
suerte por un día que básicamente todo el mundo se te tira encima. Nuestra Poción de Amor es
menos potente… pero mucho más accesible para doncellas hermosas como ustedes.
—¿Y cuáles son esos ingredientes extras en esta fuente que mencionaron? —inquirió Hermione,
desconfiada, pero también algo mareada—. Me siento algo extraña.
Hermione y Ginny abrieron los ojos, y se encontraron en una habitación interna de la juguetería,
completamente desnudas, de rodillas una frente a la otra, rodeadas por un aroma demasiado
estimulante para ignorarlo, y con los brazos elevados, las muñecas atadas por cadenas y esposas
de sex-shop, de esas peluditas y rosadas. Ambas muchachas tuvieron un breve ataque de pánico
inicial, hasta que vieron a un lado a los dos gemelos, ambos desnudos, atractivos y empalmados.
Fue entonces cuando ambas se sonrieron y se tranquilizaron, maldiciendo divertidamente a los dos
Weasley en silencio.
—El área para adultos de nuestro negocio… Sí, sabemos que no son técnicamente adultas, pero
saben a lo que nos referimos —dijo Fred, quien sacó una cámara fotográfica mágica, con la que
apuntó a ambas chicas, que ni siquiera se inmutaron.
—¿Esto es todo? ¿Nos desnudan y encadenan para testear su sex-shop clandestino? —preguntó
Hermione, con mofa, mientras de reojo admiraba no solo el cuerpecito sensual de quien se había
convertido en su mejor amiga, sino que los apetitosos cuerpos de los dos gemelos, que le
humedecían la entrepierna—. Esperaba más de ustedes.
—Ajá. Si querían tener así a su propia hermana, de rodillas frente a sus bonitos penes, era cosa de
que me lo pidieran —dijo Ginny, con una mirada provocativa en su rostro lleno de pecas.
—Jaja, madre mía, hermana —rio George—. Cuando Charlie nos contó lo que hizo contigo hace
dos años, en una borrachera, no lo podía creer… pero eres toda una golfilla incestuosa, ¿eh?
—Toda una guarra —se sumó Fred, arrodillándose para tomarles lujuriosas fotografías a las
entrepiernas de las chicas, que ni siqueira se avergonzaron o intentaron cubrir su desnudez—.
Espero que tu nuevo enamorado sepa de eso y lo tenga como fetiche. ¡Ah, pero claro! Aún tu
cuatro-ojos no se da cuenta de cómo usar ni el cerebro ni la polla.
—No seas así, Fred… —le regañó George, divertido—. Damas, solo queremos divertirnos, a la vez
que hacer algo de pasta. No se preocupen, con el calendario que haremos con vosotras dos, se
ganarán una voluptuosa ración de las ventas, siempre que nos den un buen espectáculo para
vender nuestro producto.
—Con un 20% quedarán conformes, ¿no? —dijo Fred, poniendo la cámara sobre las piernas de
Hermione, que cachonda como estaba (como siempre), las abrió con gusto.
—Queremos 50% —dijo Ginny, aún sin dejarse enteramente llevar por la calentura, haciendo que
sus hermanos abrieran la boca, estupefactos—. Después de todo, seríamos las modelos.
—Hermanita, ¿no crees que la mitad es un poco grosero, cuando son ustedes las atadas?
—Hecho.
Encadenadas como estaban, pero aún muy cerca una de otra, Hermione y Ginny acercaron los
rostros lentamente, con las lenguas fuera de los labios, pero sin dejar de mirar a la cámara. Cuando
sus lenguas se encontraron y empezaron a bailar, ambas chicas sonrieron, y sin haberlo planeado,
le guiñaron un ojo a los gemelos, que continuaban masturbándose frenéticamente ante la escena
lésbica. Era evidente que no era su primera vez.
Con algo más de esfuerzo, ambas chicas se acercaron un poco más, dejando un rastro de jugos
vaginales bajo ellas, y unieron los pezones, sin dejar de besarse. Los pechos de Hermione seguían
tan grandes, redondos y perfectos como desde el momento que superó la pubertad, y los de Ginny,
si bien eran más pequeños, tenían pezones puntiagudos y aureolas rosas y apetitosas. Ambas
jóvenes eran claramente bisexuales, y se aceptaban como tales, pero ahora no estaban teniendo
sexo una con la otra, sino que estaban directamente tocándose y lamiéndose para provocar a los
dos mellizos.
Éstos decidieron tomar cartas en el asunto. Fred y George se acercaron a las chicas y pusieron sus
erecciones a la altura de las bocas de ambas. Éstas, que no podían evitar saborear cualquier pene
que tuvieran así de cerca, dejaron de besarse y comenzaron a repartir dulces lametones a los
capullos de los gemelos, que se estremecían de placer.
De pronto, un par de juguetes se acercaron por arte de magia a las adolescentes. Era un par de
dildos que estaban hechizados para introducirse en los coños más cercanos, silenciosos, por
sorpresa, con la forma de lo que se suponía que era un “pene de dragón”. Los dildos draconianos
se hicieron paso en el interior de las dos muchachas fácilmente, y éstas, a pesar de haber sido
sorprendidas, no se quejaron y procedieron a chupar las vergas de los gemelos: Hermione la de
Fred, y Ginny la de su hermano George.
—Tus deseos son órdenes, hermanita —accedió George, y con un aparato mágico en su bolsillo
subió la velocidad y potencia de los envites al doble. La reacción de Ginny no se hizo esperar.
—¿Puedes hacer lo mismo conmigo, Fred? —preguntó Hermione, que se sentía más sexy que
nunca en esa posición, encadenada de las manos al techo, de rodillas con las piernas abiertas,
dominada por un vibrador mágico, y con una verga larga en su garganta. Como siempre, le
encantaba sentirse como una muñeca a la que usar—. Chup, chup, chup, chup, chup, mmm, la
verdad es que estoy muy cachonda desde la mañana, y nadie me ha dado caña, así que pon ese
aparato más fuerte, y bombea en mi boca con rudeza, ¡no te cortes, Fred! Chupchupchup
—Eres la puta más puta que me he follado, Granger, y tus tetas son honestamente las dueñas de
mis sueños más húmedos.
—Mmmm, chupchup, déjate de galanterías, Weasley, no necesito nada más que tu polla
taladrando en mi boquita de arriba y tu juguetito en la de abajo, ¡fóllame fuerte!
La cámara no dejaba de fotografiar, ahora desde el aire, y tanto Hermione como Ginny se sentían
tan golfas que no podían evitar posar de vez en cuando, abriéndose de piernas, arqueando la
espalda, resaltando las tetas o poniendo caras de viciosa con un buen cipote en la lengua. George y
Fred conjuraron otra cosa en silencio, excitados como estaban. Eran unas pequeñas pinzas de dos
extremos, muy suaves, y con la capacidad de vibrar. Las pinzas se agarraron mágicamente a los
pezones de Ginny, y luego a los de Hermione, uniéndolas y enviando ondas de líbido que las hacía
vibrar al mismo tiempo. Parecían esclavas de placer, y eso les fascinaba.
—Solo servimos para el sexo, ahhh, ahhhhh, ahhhh, Ginny, puedo sentir sus senos, ahhhh, estoy
hambrienta de verga, gracias por sus vergas y los dildos, chicos, ahhhhhh
—Yo también, mmm, somos sirvientas que viven de polla, ¡oh qué ricooooh!, mmmmmm, soy la
hermanita más putita, ¿verdad? ¿Una incestuosa guarrilla?
—Ambas son unas zorras, unas cerdas ninfómanas. Y aún falta lo mejor… —sugirió George.
—Cómanse ambas vergas a la vez, damas, de tal forma que no sepamos quién se está comiendo
cuál —dio las instrucciones Fred, y las guarras obedecieron, muy sumisas.
Repentinamente, las pinzas en sus pezones, los vibradores en sus coños, y hasta las esposas en sus
muñecas, comenzaron a emitir pequeñas descargas eléctricas sumamente sensuales, que las
pusieron a tono. No eran dolorosas, sino que estimulaban deliciosamente cada uno de sus puntos
erógenos a la vez. Ginny y Hermione no podían creerlo, y su concentración plena estaba en chupar
las pollas de los gemelos, mientras que para el resto habían prácticamente perdido el
conocimiento o el uso de la razón, de lo cachondas que estaban.
Eso significó que no tuvieron ninguna posibilidad de evitar el gran final, que de todos modos ya
había estado cerca. No pudieron fingir ni simular otra sensación. El orgasmo las agarró a ambas
algo desprevenidas, y solo sus lenguas fueron reflejos de sus pensamientos.
—¡¡¡HIJOS DE PUTA, ME CORRO!!! ¡SU HERMANITA BEBÉ SE CORRE CON USTEDES! ¡MMMMM,
QUÉ BUENOOOOO!
—YO TAMBIÉN ME CORRO, ¡SOY UNA NINFÓMANA! ¡¡¡COMO UNA GUARRA ABIERTA PARA
USTEDES!!! ¡¡¡AHHHHHHH!!! ¡¡¡AHHHH SÍIIIIIII!!!
Las dos chicas sintieron las pozas de fluidos vaginales sobre las que estaban sentadas, haciéndolas
sentir como putas usadas y satisfechas, colgando aún de los brazos, todavía penetradas lentamente
por los penes mágicos. Los de verdad, en cambio, los de Fred y George, se ubicaron en frente de
Hermione, quien miró ambos miembros con ojos lascivos.
—¿Van a correrse para mí? Mmmm, por favor, alimenten a su perrita —dijo Hermione, abriendo la
boquita muy eróticamente—. Denme ambas lechadas, por favoooor.
—Eso haremos. Pero más te vale compartir —dijeron los dos, masturbándose frenéticamente
hasta llegar al orgasmo. Apuntaron con precisión a la boca abierta de la muchacha de dieciséis
años, que recibió con gusto, casi como si fuera un honor o un premio, las eyaculaciones
coordinadas de ambos chicos.
En ese momento, Fred y George las soltaron, y Hermione estuvo presta a cumplir las instrucciones
que le habían dado. Saltó sobre Ginny, la lanzó al suelo, y se puso encima de ella. Hermione tenía
la boca llena, y no pudo decirle nada verbal a Ginny, pero ésta comprendió en seguida. Jamás lo
había hecho, pero se moría por hacerlo: un “cumswap”.
La pelirroja abrió la boca, y Hermione derramó toda la lefa que tenía en la lengua de Ginny, que
recibió la mezcla con ojos de putita viciosa. Cuando todo el contenido fue vertido en el nuevo
recipiente, Ginny dio vuelta a Hermione y se sentó esta vez ella encima. Repitieron el proceso, y
Hermione casi se corre de nuevo al sentir la leche que había exprimido en su lengüita.
Repitieron el gesto tres veces más, pasándose la leche con saliva de una boca a la otra mientras
Fred y George no dejaban de fotografiarlas. El calendario que harían se volvería el más exitoso del
mundo mágico, sin duda, y ni siquiera necesitaban censurar los rostros.
Sala de Menesteres
Mientras tanto, el nuevo año escolar había dado inicio en Hogwarts, en medio de la guerra contra
el Mago Oscuro que había regresado. Dumbledore no parecía darse cuenta de lo que sucedía, así
que ni siquiera se planteó cerrar la escuela a pesar de lo lógico que eso hubiera sido. Los alumnos
intentaron llevar vidas escolares medianamente normales a pesar de todo lo que ocurría…, pero
uno de ellos no hacía nada normal. Todo lo contrario. Draco Malfoy tenía una misión.
Se encontraba en la Sala de Menesteres, que como siempre, se había abierto a sus necesidades. Su
novia, Pansy Parkinson, lo había acompañado, a pesar de no estar completamente al tanto de
todos los detalles de la misión, que parecían involucrar un misterioso armario en el que Draco, más
taciturno y sepulcral que nunca, parecía dejar y sacar objetos, en silencio.
—Pansy, ya te dije que no molestes —respondió él, cansado, con un nudo formándose en su
garganta—. Es importante…
—Pero vaaaaamos, no me has puesto mucha atención —Pansy le dio la espalda y se inclinó sobre
una mesita, sin quitarle la mirada, haciéndola ver lo que era: la chica más sexy de Slytherin y una
de las más deseable de todo Hogwarts—. ¿Hace cuánto no me follas como me merezco?
—No tengo ánimos. Además, ¿no tienes un montón de opciones para ello? Ya sabes que no me
molesta —dijo Draco, enfocado en lo suyo, trabajando en el armario. Pansy se ganaba buena pasta
trabajando como puta de Slytherin desde segundo año, su fama se había extendido a las demás
Casas y hasta lugares ajenos de Hogwarts, pero ella seguía prefiriéndolo a él.
—Contigo lo hago por gusto, Malfoy —dijo ella, medio disgustada, con la voz profunda y sexy que
sabía que a él le encantaba. Comenzó a menear el culo y percibió con orgullo que los ojos de Draco
se desviaban hacia ella—. Vamos… ¿y si te digo que puedes meterla donde quieras?
—Boca, chumino, entre mis melones…, o mi ojete. Sabes que te lo doy todo gratis, eres el único
que me pone mojada y cachonda perdida todo el tiempo, y lo sabes bien. —Pansy se acercó a él, lo
abrazó por la espalda, tocó sus pectorales con una mano y le bajó la cremallera con la otra—.
Fóllame, por favor, ¿sí? No puedo vivir su tu pene, Draco… Venga, déjame prepararlo para mi
culito, que sé que se te apetece.
Pansy se arrodilló y se metió de un bocado el pene de Malfoy, erecto, duro y venoso, a la garganta.
Sin perder tiempo, le agarró las nalgas y jaló hacia sí misma, logrando que su trozo de carne le
pasara la campanilla y más allá. Le encantaba sentirse ahogada de polla, como si no pudiera
respirar; sentirse utilizada era el mayor morbo y orgullo, en especial porque su habilidad de
“garganta profunda” no la tenía nada en la escuela.
Después de un rato ya no fue necesario que hiciera fuerzas, pues Draco mismo estaba follándole la
boca. Pansy se metió la mano bajo la minifalda escolar, y movió la tercera prenda de ropa interior
que había ya usado en el día. Siempre andaba con bragas de repuesto, pues era muy solicitada y se
le humedecían demasiado. El sonido mojado se duplicó, ya no era solo su garganta dejando pasar
el cipote exquisito de Draco, sino que dos de sus dedos haciendo un desastre acuoso en el coño
donde se habían metido.
—Mmmm, mmmm
—Chup, chup, chup, vamos ¿qué pasa? —Pansy notó que Draco le penetraba la garganta en modo
automático, su mirada estaba aún puesta en el armario—. ¡Draco!
—Pansy, perdona, necesito estar vigilando la… Mira, ¿puedo correrme en tu boca y lo dejamos así?
—preguntó Draco, esquivando la mirada de su novia.
—¿Qué? ¿Estás de broma? ¡No seas imbécil, yo quiero sexo! ¡Quiero sexo anal!
Pansy se puso de pie y le dio una bofetada con la mano que se había llenado de su zumo vaginal.
Estaba furiosa, a pesar de notar que Draco estaba tembloroso, como si algo le preocupara
demasiado, sin ser capaz de hablar de ello. Aún así, no estaba para esa clase de tonterías. Era una
puta profesional, y podía sentirse todo lo mal que quisiera.
—Como quieras, me iré a follar a todo el mundo entonces. Le comeré el coño a la sangre-sucia de
Granger, le chuparé la polla a todos los Weasleys al hilo, y sentaré mi ojete en el gran miembro de
Harry Potter. ¿Es eso lo que quieres? —Intentó desafiarlo por última vez con lo que sabía que lo
pondría como diablo. Verdaderamente no esperó su respuesta:
Una vez que se quedó solo, Draco se lamentó un rato en silencio antes de volver a trabajar en el
armario. Nadie, ni siquiera Pansy, podría comprender por lo que estaba pasando. Si no hacía lo que
le decían, entonces se quedaría sin familia, o mucho peor, podían todos morir. Si Pansy decidía irse
con Potter, entonces bien por ella, pues el cuatro-ojos parecía sobrevivir a todo.
Fue entonces cuando una bruma negra surgió del compartimiento más profundo al interior del
armario, como un corte dimensional. Un rostro se reflejó en la oscuridad, y Draco rápidamente la
reconoció como su tía, por lo que se limpió una solitaria lágrima antes de hablarle.
—Tía Bellatrix, aún no puede pasar, si lo hace puede quedar atrapada en…
—Ya lo sé, sobrinito, jajajajjajaja, solo puedo mostrar parte de mi cuerpo al otro lado, pero vine a
consolarte cariñito ejjejeklaja
—Estoy bien, gracias. —Apenas dijo eso, Draco se fijó en que Bellatrix estaba mirando hacia abajo,
y notó que todavía no se había guardado la polla dentro de los pantalones.
—No parece. Draco, las niñas como esa zorrita que te dejó no valen la pena, son malitas, pero no
malas al nivel de hacer todo por un chico guapo como tú.
—Ella no entiende que el trabajo es más importante. T-todo sea por el Señor Oscuro —dijo él, a
punto de guardarse su “varita” en los pantalones, pero su tía lo detuvo con un gesto.
—Oye, no vayas tan rápido. Sí, todo es por mi amo, y lo que haces es un honor aajajjajaj, pero para
trabajar bien necesitas relajarte. Liberar energías jajskjasaja.
Antes de que Draco pudiera contestar, el rostro de Bellatrix desapareció en las sombras. Luego de
un rato, el rostro fue reemplazado por dos nalgas, la mitad de unos muslos, y un chochete mojado
bajo un ano apetitoso de alguien que estaba inclinada al otro lado del armario.
—No te cortes. Desahógate conmigo, sobrino, entierra esa verga que nada tiene que envidiarle a la
de tu padre, y libera tooooodas tus frustraciones, hummmm, síiiiii
—¿S-segu…? —Se detuvo antes de terminar la pregunta. Era Bellatrix Lestrange, la mano derecha
de Voldemort. No iba a querer montarse a un chiquillo débil y llorón, sino a un hombre real, a un
verdadero Mortífago—. ¡Aquí voy!
Su pene había recobrado fuerzas tan solo con ver el rostro lunático de su tía y escuchar su voz
profunda. Apuntó a la vagina de su tía, cuyos labios parecieron abrirse solos para invitarlo a su
interior. El falo de Malfoy se deslizó entre muros rugosos y húmedos hasta que sus bolas tocaron
su hinchado clítoris, y no pudo avanzar más.
—¿Qué esperas, Draco? —se oyó la voz de Bellatrix al otro lado—. ¡Muévete, y ni se te ocurra ser
suave o cuidadoso! ¡¡¡Brutalízame con tu sucia verga!!!
Obediente, Draco comenzó a moverse potentemente, sin ningún cuidado. Se olvidó de que estaba
follando a su tía, y se imaginó que estaba haciéndolo con una muñeca de trapo que resistiría toda
su brutalidad y violencia. Recordó todas las humillaciones a las que había sido sometido por Harry
Potter y sus amigos, en particular Hermione Granger, la inmunda sangre-sucia. Liberó toda la
tensión que le habían puesto Voldemort y sus Mortífagos, y se imaginó que destruía al Señor
Oscuro para que nadie le diera órdenes.
Se apagó su cerebro. No estaba pensando. Su pelvis se movía sola a una velocidad imparable, y no
le importaba en absoluto qué era lo que estaba golpeando con su polla. Nadie estaba por encima
de él, Draco lo dominaba todo. Comenzó a darle de nalgadas a la que fuera que estuviera delante
de él y tiró fuertemente de su cabello. Podía hacer lo que quisiera, incluyendo ser lo más agresivo
posible, lo más cruel y despiadado mientras tenía sexo…
Desde luego, esto para Bellatrix no era más que una suave y romántica sesión, y gemía y reía
divertida a pesar de la violencia a la que se suponía que estaba siendo sometida. Draco no lo hacía
mal, claro, solo que Bellatrix estaba, por un lado, acostumbrada a las repetidas y brutales
“violaciones consentidas” de los Mortífagos (donde ellos creían que abusaban de ella por sorpresa,
pero casi siempre terminaba con ellos suplicando piedad); y por otro lado, ella estaba más
interesada en recuperar la confianza de Draco, que en su propio placer. El Amo lo necesitaba para
una misión importantísima, la que más, y para ello debía convertirse en un verdadero hombre que
no dudara de nada ni nadie.
—¡¡Ahhh, ahhhhhh!! ¡Nadie está por encima de mí! ¡¡¡Puedo follarme a quien sea!!!
—Sí, Draco, sí, mmmmm, lo que tú quieras será sometido a tu polla, todas las chicas caerán a tus
pies cuando cumplas el deseo de nuestro señor, ahhhh, mmmmm, JAJAJAAHSJAKAA
—Me las follaré a todas cuando quiera, ¡cada vez que lo desee! ¡¡Ahh, ahhhh, ahhhhh!! Granger, la
putita Weasley, la tarada de Lovegood, ¡incluso mi madre! ¡¡nadie más me dirá lo que hacer, ni se
burlarán de mí!!
—¡Draco, ahhhh, qué buenoooo! —empezó a gritar Bellatrix. Estaba empezando a disfrutarlo de
verdad. Se separó de la polla de Draco y guio aquel apetitoso miembro a su otra entrada, y Malfoy
ni siquiera lo pensó antes de penetrar el primer agujero que tuvo cerca—. ¡¡¡MI ANOOOOO!!!
—Noooo, no, mi cielo, mmmmm, las golfas no importan, solo importa que tú ahhhhh aahhjajhajajj,
¡que tú derrames tu semilla por todo el mundo! ¡SOLO DEBES PENSAR EN ACABAR, ACABAR,
ACABAR, CORRERTE, ESO, ESOOOOOO!
Los ruidos de las embestidas de Draco en el ano de su tía, así como los golpes de sus pelotas en el
coño de Bellatrix, se escuchaban en toda la Sala de Menesteres. Acometedor, iracundo, fogoso,
Draco no pensaba en nada más que destruir lo que penetraba con su polla, y con lo cachonda que
estaba Bellatrix (y lo chalada que estaba su cabeza), no le habría importado que él la partiera
literalmente en dos. Habría estado aún más orgullosa de él que ahora.
—¡¡¡AHH, AHHHH, AHHHHHH!!! —gritaba Draco, ignorando las ridiculeces sin sentido que decía su
tía en medio de gemidos. Violentamente comenzó a disparar fuertes chorros de lefa en el interior
de Bellatrix, que reía sin parar.
—Jajajajja, siento tu semen en mi culo, estás estallando jajajajjas, ¡¡SÍI, SÍIII, DESTRÚYEME CON TU
SEMEN, DRACO!! Ohhhh, jijijijijij, ahhhhh, siento cómo se te hincha la polla reventándome el ojete,
marcándome como una más de tus PERRAS. ¡¡¡ERES TODO UN SEÑOR OSCURO!!!
Draco se quedó “enganchado” a Bellatrix por un rato, ordenando sus pensamientos, mientras ella,
que no había dejado ni un momento su postura en 90%, esperó a su sobrino a que terminara de
llenarla con lefa y su gigantesco pene se deshinchara. Luego, se retiraría nuevamente al mueble y
lo dejaría trabajando más.
Ya estaba listo.
Continuará...
En la Madriguera, Ginny y su lengua hacen su movida con Harry; luego, Ron es seducido
por la coqueta Lavender Brown, que lo lleva a su habitación; y la triste Hermione decide
postular para el harem de Harry con su boca traviesa en la biblioteca
Madriguera
A pesar de que Harry Potter evitaba a Ginny como la peste para evitar hablar de sus sentimientos,
llegó el momento en que fue imposible. Primero, comenzaron a aparecer imágenes subidas de
tono de ella y Hermione que corrían entre los alumnos en pequeñas revistas para adultos de
Sortilegios Weasley. En las fotos (animadas como todas las del mundo mágico) se veía a las dos
chicas disfrutando de dos penes como un par de guarras ninfómanas, y Harry no pudo evitar los
celos. Para peor, Harry era ahora el Capitán del equipo de Quidditch, y su vicecapitana no era nada
más ni nada menos que Ginny. Resulta que era la mejor Cazadora que se había visto en décadas en
Hogwarts, y con su nueva fama en la secreta revista (que no parecía molestarle en absoluto), y
como estrella de Quidditch, cada vez caían más miradas masculinas en ella.
Y luego llegó la tragedia máxima. Para Navidad, los Weasley invitaron a Harry a quedarse con ellos
en la Madriguera. Significaba que iba a tener que interactuar con la muchacha quisiera o no. Y
antes de que eso ocurriera, tenía que determinar qué sentía realmente por ella.
Por su parte, Ginny tenía sus propios planes. Después de entregarle su virginidad a Harry en la
Cámara de los Secretos (experiencia que aún consideraba la mejor, más romántica y más
placentera de su corta vida), ambos se alejaron y dejaron de interactuar. Harry comenzó a
interesarse en otras chicas, éstas lo buscaban, y Hermione le recomendó una noche a Ginny que
tuviera paciencia. Que saliera y follara con otros chicos, y que eventualmente Harry caería en sus
garras de nuevo. Ginny así lo hizo, acostándome con muchos chicos (incluyendo casi todos sus
hermanos), y hasta algunas chicas. Y esperó. Y esperó.
Harry estaba sentado frente a la chimenea de la Madriguera, hablando con el señor Weasley,
cuando Ginny se acercó a él. Con descaro se sentó a su lado, dejándolo embobado, admirando la
belleza de la chica, que ya era reconocida como un bombón en toda la escuela. Ginny le había
traído unos cupcakes, y Arthur Weasley se puso de pie, sintiéndose tan ignorado que se atrevió a
hablar en voz alta, presintiendo que no lo oirían.
—Me voy a follar a mi esposa, no se diviertan mucho… ¿No? ¿Ningún comentario?... Ok.
Harry y Ginny se quedaron a solas. Ginny le ofreció uno de los cupcakes que ella misma había
cocinado, sazonados con cierta poción extra solo para su amado.
—Abre la boca. ¿Ya no confías en mí? —dijo ella, sensualmente, jugueteando con sus labios
mientras ponía una mano sobre la pierna de Harry.
—Claro que confío en ti. —Harry abrió la boca, pero antes de comerse el dulce, la cerró—. Solo
que hay otras cosas en las que también pienso.
Harry tomó el cupcake y lo dejó sobre una mesa. Ginny pensó que él estaba molesto con ella, o
que quizás había descubierto lo de la Poción de Amor, pero entonces, Harry le dio un fugaz beso en
los labios. Breve… pero dulce. Sabían a miel. Tan solo un segundo bastó para que el cuerpo entero
de Ginny fuera golpeado por un subidón de líbido increíble. Un simple beso y ya había recuperado
las memorias de aquellas sensaciones, sentimientos y deseos que habían recorrido su cuerpo
durante todo el primer año.
Justo cuando Ginny iba a devolverle a Harry el beso, junto con toda la lujuria incontenible que
había acumulado por cuatro años, Ron apareció como un imbécil, se sentó en medio de ellos, y se
puso a comer y a hablar de Quidditch. Quería ser el nuevo Guardia, y Ginny lo consideraba apto
para el puesto… ¡pero lo que menos le interesaba en ese preciso momento era el tarado de su
hermano! ¿Cómo se atrevía a interrumpirlos?
Llegada la noche, Harry despertó tras escuchar unos ruidos repetidos, incesantes y chirriantes en la
habitación de arriba. Esa era la habitación que, en ese momento, estaban ocupando los miembros
de la Orden del Fénix Remus Lupin y su prometida, Tonks, que también habían ido a pasar las
fiestas con los Weasleys. Atrapado por sus preocupaciones y pesadillas, Harry asumió que los
Mortífagos los habían encontrado y estaban atacando arriba.
Apresurado, solo con su camisa y shorts de pijama (y con una molesta erección nocturna de esas
que aparecen por ninguna razón aparente) Harry subió las escaleras y se detuvo en la puerta. Era
parte del ruido que se oía. Estaba entreabierta, pues era una casa antigua. Harry miró hacia
adentro… y escuchó.
Tonks, que esta vez andaba con el cabello corto y azul, luciendo tan solo sus calcetines, estaba en
cuatro patas sobre la cama, pero con la cara aplastada contra una almohada, mientras Lupin la
follaba. El hombre-lobo (aunque lucía humano estaba actuando como la bestia en ese momento)
tenía una mano sobre la espalda de su joven novia, aplastándola contra la cama, y jadeaba como
un animal mientras movía rápidamente su pelvis, penetrando el coño de Tonks.
Ahora, la erección de Harry tenía razón de existir. Tonks, quien le había realizado sexo oral un par
de veces el año anterior, era la chica más “cool” y divertida que conocía, así como una de las más
sexys. Nada parecía afectarle nunca, y aunque Ron había rumoreado que ella estaba deprimida, así
como estaba, sometida sexualmente por su novio, no lo parecía.
—Me encanta, me encantaaaaaa, ¡mi lobo fiero! Mmmm, ¡mi macho cabrío!
—No te preocupes, cari, yo lo puedo decir, ¡soy tu perrita! ¡soy tu perrita en celo, mi lobo feral!
¡Mi bestia sexual! Mmmmm, ahhhhh, ahhhhh —Tonks arqueó la espalda, se puso en posición de
perrita contenta, y comenzó a mover el culo para aumentar la profundidad de penetración. Ron le
había dicho una vez que se podía ver la experiencia sexual de una chica de acuerdo a cuánto
arqueara la espalda—. Ahhhh, ahhhhhhh, sí mi loboooooohhhh, me corro otra veeeez.
Harry se estaba masturbando ante la apasionada y fogosa escena en vivo, tan concentrado que no
escuchó a la otra persona aparecer junto a él. Una chica vistiendo una delgada bata de baño
blanca, con el rojo cabello mojado cayendo por sus hombros y encima de uno de sus ojos café.
—¡Ginny! —exclamó el chico, alejándose de la puerta y cubriéndose los genitales con las manos.
Ginny se veía espectacular, recién salida de un baño nocturno como una sexy sirena, mientras que
él se veía como un idiota masturbándose detrás de una puerta—. Ehhh, s-sí…
Ginny se acercó a la puerta de la habitación. Miró hacia adentro y sonrió. Los intensos gemidos
continuaban, pues Tonks y Lemus estaban demasiado enfocados en lo que hacían para notar que
había gente afuera. La entrepierna de la pelirroja estaba mojada, y no por el agua de la ducha.
—Es como un lobo con su loba… se ven muy bien, ¿no crees? El culo de ella, el pene de él entrando
en su cuerpo con… guau, tanta fuerza.
—Harry, tú fuiste el primero que me metió una polla, cuando yo era una niña inocente, confundida
y sensible. Un beso está un poco por debajo de todo eso —mintió Ginny, solo para jugar con el
muchacho, que por supuesto, se sintió culpable de nuevo. El beso había sido todo para ella.
—Estoy jugando contigo, bobo. —Ginny se acercó a él y lo besó tal como había querido antes,
mientras los gemidos de Lupin y Tonks se intensificaban. La mujer se acababa de correr otra vez.
Los labios de Ginny tenían un sabor irresistible que parecían tocar todos los puntos sensibles del
cuerpo de Harry como una corriente eléctrica. Había tenido a la chica en la parte de atrás de su
cabeza durante todos esos años, sin querer entender por qué, y ahora todo cobraba sentido.
Ginny introdujo su lengua en la boca de Harry, y él le devolvió el gesto con cierta torpeza a pesar
de tener mucha experiencia en ello. Estaba sumamente nervioso.
Y ella también, solo que sabía fingir mejor. Más atrevida que Harry, Ginny tomó las manos del
muchacho y las metió dentro de su bata para que él pudiera sentir sus pechos. Desde luego, eran
mucho más grandes que cuando los tocó por primera vez, cuatro años atrás. Tenía preciosas pecas,
sus pechos eran suaves pero firmes, y sus pezones eran duros, puntiagudos y atractivos. Harry no
pudo ni quiso resistirse a pellizcarlos, y los receptivos y sensuales gemidos de la chica le ayudaron a
perder el nerviosismo y devolverle el beso francés como correspondía.
—Mmmmm, mmmmmmm, H-Harry… —Ginny se abrió la bata, que cayó por solo uno de sus
hombros, dándole una apariencia extremadamente sexy.
—Ginny… mmm —Harry la admiró por un instante. ¿Cómo podía haber perdido tanto tiempo
mirando a tantas otras, olvidándose de aquel pivón? Se acercó a ella, le tomó del mentón, y
volvieron a morrearse, esta vez sin incomodidad ni incertidumbre.
Ginny se arrodilló frente a él, le apartó las manos, y admiró su pene. Lo extrañaba, Harry no se
imaginaba cuánto. Por un año entero había soñado con aquel miembro, imaginando cómo sería, y
después de que se introdujo en ella, nunca lo pudo olvidar. Fue como reencontrarse con un viejo
amor de infancia… y en cierta forma lo era.
Ginny le dio unos cuantos besos en la punta, justo en la salida, y luego, mientras miraba a Harry a
los ojos con cierto vicio, le lamió con movimientos circulares el capullo.
—Ohhhhh, G-Ginny…
—Slurp… slurp…
—¡¡¡MI LOBO FEROZ, AHHHH, YA NO PUEDO MÁS, POR FAVOR ACABA EN MÍ, DÉJAME PREÑADA!!!
—seguía gritando Tonks al interior de la habitación, casi mordiendo la almohada y perdiendo la
razón.
—Grrrr, grrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaahhhhhh
—¡Preña a tu perra, Remus! ¡Haz que tu perra en celo te de un hijo, cariño! —exclamó Tonks, que
entonces sintió que el pene en su coño se hinchaba, y que unos turbulentos chorros calientes
inundaban su interior—. ¡Remus, tu lefa! ¡LEFAAAAHHH!
Entre tanto, Ginny estuvo entreteniéndose por un par de minutos, tentando a Harry, provocándolo
a que él la obligara a ir más allá, a pesar de cuánto se moría ella de ganas por devorarlo entero.
Ambos deseaban lo mismo. Ambos lo sabían, y sabían que el otro sabía. Era cosa de que uno de
ellos diera el brazo a torcer.
Pero justo cuando Harry iba a suplicarle que le complaciera, Ginny soltó un gemido de
desesperación, demasiado cachonda con todo lo que ocurría, dejó caer completamente su bata,
mostrando su desnudez absoluta, tomó el miembro de Harry de la base con una mano, y se lo
metió de un tirón a la boca, dejando que el capullo bien remojado se deslizara hasta lo más
profundo de su garganta. “Cómo necesitaba este pene en mi boca”; pensó Ginny, feliz de lograrlo
con tanta facilidad, orgullosa de que su experiencia sexual sirviera para complacer al hombre que
tanto amaba desde que tenía diez años.
—Gulp, chup, chup, chup, chup, chup, chup, ¡me encanta!, chup, chup, chup —sonaba la garganta
de Ginny, chupando, disfrutando del momento, fascinada con la textura de las venas del pene de
Harry rozando con sus paredes bucales y su lengua, tratando de memorizar su sabor para cuando
estuviera sola y pudiera hacerse dedo imaginando que lo tenía en la boca.
Poco a poco, a medida que aumentaba la velocidad de sus cabezadas, Ginny comprendió que se
estaba obsesionando con la polla de Harry Potter. Había realizado sexo oral con muchos penes
distintos, claro, pero en esos casos, el sexo oral era solo la fase previa para lo que venía después, o
era una manera de entretener al chico de turno. Con Harry, era ella la que estaba a punto de
correrse, como si su garganta, su lengua y su campanilla se convirtieran en sus máximos puntos
erógenos cuando el cipote de Harry ocupaba ese espacio.
—Ginny, nunca me lo habían… oh, por todos los… —Sentía que iba a acabar. Sentía que sería
intenso. Percibía que sería muchísimo.
—Chupchupchupchup, Harry… mmmm, amo tu pene… ¡amo tu polla! chup, chup, chupchupchup
Cabía perfectamente en su boca, se adaptaba a su garganta como si fuera una pieza faltante,
parecía acariciar su esófago a medida que entraba y salía de su boca. Ginny estaba más feliz que
nunca. Se sentía prisionera de ese pene. Dependiente. Se sentía como su esclava…
Detrás de ellos, ocultos tras la puerta, Tonks y Lupin observaban la escena, masturbándose
mutuamente. La mano hábil de Tonks contentaba la polla aún vigorosa del hombre lobo, mientras
que los dedos expertos de Lupin acariciaban y penetraban el coño lleno de lefa de su novia.
Querían intervenir. Deseaban montar un cuarteto con esos dos adolescentes cachondos, pero no
era el momento… Todos en la Orden del Fénix sabían que ese día llegaría para las dos estrellas del
equipo de Quidditch de Gryffindor.
Harry anunció su corrida con un quejido gutural. Ginny estaba decidida a no desperdiciar ni una
gota, y no recibirlo en la lengua, sino que directamente en su garganta. A costa de saborear un
poco el sabor de su leche, prefería percibir los intensos movimientos de pelvis de Harry, y la primal
intensidad de una corrida cuando nada la detenía.
“Dámelo todo, por favor”, pensaba ella, tomándole de las nalgas para que explotara en su interior.
No le importaba ahogarse, solo quería leche. Ya se venía, ¡podía sentirlo! ¡Al fin podría probar la
leche de Harry Potter!
Una intensa explosión los detuvo. Una risa perturbadora se extendió por el área. Harry y Ginny,
Lupin y Tonks miraron por la ventana… Bellatrix estaba allí, junto a un grupo de Mortífagos. Iban a
destruir la Madriguera. La pasión tendría que esperar. Había que defender ese hogar.
Además, el Profesor Horace Slugghorn le había regalado a Harry una poción Felix Felicis. Sabía que
si la utilizaba, tal como habían explicado Fred y George, básicamente tendría una suerte infinita y
todas las chicas se lanzarían a sus pies. Fingió utilizarla en un trago de Ron Weasley para que éste
se sintiera afortunado en el partido debut contra Hufflepuff, pues estaba muy nervioso. El placebo
funcionó, Gryffindor ganó, y se celebró en la Sala Común… Y entonces…
—¡Ron! —gritó una chica rubia entre el público, clamando el nombre de Weasley que había
defendido hábilmente los aros. Ron se volteó a verla, y la chica saltó a sus brazos.
Ante el shock de Hermione, Lavender Brown, una de sus rivales, y la amante y fan principal de
la Profesora Trelawney, estaba morreándose fogosamente con Ron, con un juego morboso de
lengua que tenía a los presentes tanto cachondos como avergonzados. El beso estaba tomando
tonos adultos, y Hermione no pudo soportarlo. Se había resistido a usar la Poción de Amor que
había comprado, para conquistar a Ron de manera tradicional, y ahora pagaba las consecuencias.
Ante sus ojos lagrimosos, Lavender tomó a Ron de la mano, y ante los aullidos y silbidos de los
presentes, la llevó a la habitación de las chicas de sexto año… que también era de Hermione.
Lavender Brown era una de las jóvenes más deseables de Hogwarts. Quien para algunos era el
estereotipo andante de la rubia tonta, para otros era simplemente la más divertida y coqueta de la
escuela. Su orgullo eran sus senos, naturalmente enormes, atrayendo las miradas babosas de
medio mundo y la envidia de la otra mitad. Incluso con su uniforme escolar siempre llevaba la
camisa lo suficientemente abierta para que su escote resaltara, y los profesores se habían cansado
de intentar que fuera más recatada, o de fingir que le creían que había perdido tanto la corbata
como los botones superiores.
De Lavender corrían rumores desde el principio, como que era una bebedora empedernida que
llevaba alcohol a la habitación. Además, se decía que ni siquiera había llegado virgen a la escuela, y
se había ganado cierta fama que solía sonsacarle a la empollona Hermione. Ahora que Hermione
era la destacada orgullosa y lujuriosa deshinibida, Lavender había quedado un poco atrás… y
decidió tomar venganza robándose al hombre que Hermione siempre había querido
exclusivamente para ella: Ron Weasley. Aunque lo había intentado ocultar, Ron siempre le había
parecido atractivo, y con los años, se había empezado a obsesionar un poco con “obtenerlo”.
Ahora estaban ambos en la habitación. Desde luego, nadie se habría atrevido a follar en el
mismísimo dormitorio, cosa absolutamente prohibida, pero lidiar con el carácter vengativo y
pasional de Lavender era un asunto complejo. Así que no le importó encerrarse con Ron, quitarle
el uniforme de Quidditch hasta dejar su entrenado torso desnudo, y empezar a lamer su pecho y
mordisquear un poco sus tetillas. Su rostro evocaba desenfreno animal, como si quisiera devorar al
pelirrojo y tuviera prisa para ello.
Ron, por su parte, no tenía sentimientos muy diferentes tampoco. Claro que le gustaba Hermione,
era obvio, se la follaba cada vez que podía…, pero no estaba listo para que fuera algo oficial ni
nada, sin contar con el pequeño detalle de que ahora era famosa junto con su pequeña hermanita
por ser una putita de revista erótica con la que todo el mundo fantaseaba y se masturbaba. Él solo
era “uno más” para ella. Hermione siempre lo trataba como poca cosa, burlándose de que no era
tan inteligente como ella; de hecho, el mundo entero lo trataba simplemente como el tonto secuaz
de Harry Potter. Que una chica como Lavender Brown (que siempre había considerado sexy de
todos modos) se fijara en él, y que pareciera tan hambrienta de sexo solo por él, le subía
muchísimo el ego. Le hacía parecer importante.
—Ohhhh, Ron, sabes muy bien, mmmmmmm —dijo ella, lamiendo y oliendo su pecho. La chica
comenzó a subir y se fijó en sus brazos—. Mmmmmmm, snif, snif, sniiiiif.
—¡¡No, no te bañes!! Lo quiero así… Me excita mucho este olor —dijo ella, con toda honestidad,
mientras le desabrochaba el pantalón. Era honesta. Le calentaban mucho todos los fluidos
humanos, cosa que había descubierto unos años atrás con la Profesora Trelawney.
—Bueno, si tú dices…
Lavender admiró la gorda polla de Ron por casi un minuto, tan solo tocándola. Le hizo una increíble
paja mientras la miraba con ojos de zorra, pensando en todas las maneras en que podría meterse
en su agujero. Su coño estaba mojadísimo, y deseaba algo adentro… pero podía esperar. Después
de todo, era Ron el que merecía la celebración tras su gran partido.
—Dime, Won-won… —dijo ella, poniéndole de inmediato un seudónimo adorable que casi, casi
hace a Ron perder la erección—. ¿Qué te gustaría hacer? Estoy completamente dispuesta para ti,
para que pidas lo que quieras y lo haré. ¿Cómo quieres empezar tu premio?
—Tus tetas —respondió Ron, en seguida, admirando los melones de los que se enorgullecía la
rubia—. Házmelo con tus tetas.
—Tus deseos son órdenes. Déjame humedecer este capullo enorme que tienes con salivita.
Lavender tiró a Ron a la cama y se sentó sobre él. Se quitó la camisa escolar fácilmente, y luego el
sujetador, con lo que sus bongos quedaron al descubierto. Redondos, grandes, pero nunca caídos.
Tenía aureolas café y pezones duros. Ron nunca había quedado tan embobado mirando pechos,
estaba alucinando. La chica los puso alrededor del grueso miembro de Ron y derramó un poco de
saliva sobre la punta, hasta que estuvo remojada y brillante. Solo entonces, Lavender comenzó a
mover los pechos. Arriba y abajo, arriba y abajo.
—¿Te gustan mis tetas, dulzura? ¿Te gusta cómo sepultan tu pollón?
—Me gusta mucho, sí… jamás había estado con alguien con tetas así.
—Pues acostúmbrate, guapo, porque yo estoy enamorada de tu pene, así que le haré una rusa
como esta a diario. Ni siquiera me pondré brasier, para que así me las puedas manosear cada vez
que quieras, toooodos los días.
—Tú relájate y deja de pensar, Won-won, deja que mis bubis se encarguen de esta cosa grandota,
¿quieres más saliva? Tengo mucha, me haces mucho babear —dijo ella, sacando la lengua y
dejando que su saliva cayera sobre sus pechos y la polla entre medio, que estaba hinchada y
gruesa al máximo, tanto que Ron estaba dejando de pensar, tal como ella deseaba. Le estaban
ofreciendo sexo gratis y a diario, no era una oferta a la que fuera fácil negarse.
—Absolutamente todo lo que desees, bebé. Cualquier guarrada en que pienses, te lo mereces.
¿Quieres follarme el culo en público? Lo haré. ¿Quieres que ande por la escuela sin bragas? ¡Fácil!
¿Quieres darme una lluvia dorada? La aceptaré con gusto. ¿Quieres que actúe como una
mujerzuela, una bebita o una perrita? Ni siquiera te lo cuestiones.
—Tú dime la posición y haz uso de mí, Won-won. Soy toda tuya.
Ron y Lavender probaron un montón de posiciones. Aún sobre la cama de Lavender lo hicieron de
misionero, y luego Ron volvió a poner la polla entre las tetas de la rubia. Luego, Ron probó una
postura de sumisión y ella lo montó con soltura, una y otra vez, con mucha fuerza, con lo que sus
tetas botaban como si la gravedad fuera su juguete.
—¡Ah ah ah ah ah ah ah ah ah! —gritaba la chica, y con cada gritito venía un saltito sobre el pollón
del pelirrojo, que puso las manos detrás de la cabeza, disfrutando la vida.
Luego, él la penetró con ella en posición fetal, y tras varios minutos que le permitieron manosear
sus tetas, se lanzaron juntos al suelo. Allí, él le realizó sexo oral por un buen rato, y luego le metió
la polla en la boca, follándole la garganta, lo que pareció llenarla de felicidad y algarabía.
De pronto, ya estaban sobre la cama de Parvati Patil, y en su mesita de noche encontraron un dildo
de color negro muy grueso. En la cama de al lado, la de Sophie Roper, Ron buscó y halló
rápidamente el juguetito que había visto hace años, un estimulante de clítoris. Mientras Ron se
ponía en posición inversa, en 69, para seguir penetrando la boca de Lavender, utilizó con una mano
el estimulador en el clítoris hinchado de la chica, y el dildo de Parvati al fondo de su coño.
Antes de darse cuenta, ya estaban en la cama de Hermione, tan ordenada y elegante, repleta de
libros que tiraron al suelo. A Ron ya no le importaba, al fin estaba con alguien que lo valoraba
como el portento sexual que era. Además, si Hermione quería andarse prostituyendo con todos
era problema de ella, él también podía follar con múltiples personas sin compromiso, ¡y se lo
demostraría a todos!
Ron puso el dildo negro sobre la cama y obligó a Lavender a sentarse en él con las rodillas
flexionadas. La chica tomó algunos libros de Hermione y comenzó a restregárselos por las tetas,
poniéndolos entre ellas o pasando sus hojas por sus pezones estimulados. Luego, Ron se puso
detrás de ella y le metió los dedos en la boca, los que ella lamió con glotonería y una enorme
sonrisa. Finalmente, le penetró por el agujero trasero en la misma posición en que ella estaba,
ambos en postura de sentadilla, y comenzaron a moverse.
—Ughh…. —musitó Ron, sin saber si por el placer o por las tonterías que estaba diciendo la chica.
Iba a ser difícil aguantarlo, pero lo haría con tal de tener esas sesiones se sexo salvaje a diario con
Lavender.
—Tu culoooo, voy a correrme en tu culooooo —dijo Ron, diez minutos de intenso sexo anal
después, abrazando a la muchacha, atrayéndola hacia él para eyacular en lo más profundo—. Dime
si lo quieres, nena.
—¡Sí lo quiewo! Síiii, llena mis entrañas de… ahhh, ¡semeeeeeeen! ¡¡¡AAAAAAHHHHH!!! —gritó
Lavender, cuando sintió los primeros chorros en sus entrañas, y luego otros, y otros. Ron eyaculaba
como si no lo hubiera hecho nunca antes, sintiendo cómo se deshinchaba y reventaba el trasero de
la muchacha más satisfecha de Gryffindor.
Biblioteca de Hogwarts
La muchacha más triste de Gryffindor se encontraba llorando en la biblioteca, como era usual. No
muchos estudiantes iban ahí de todos modos, así que Hermione podía estar en paz. Era como ver
una porno depresiva en vivo. Cada día, a cada hora, parecía que se encontraba con Ron y
Lavender… no solo morreándose, sino que a veces tocándose, manoseándose en público, y hasta
un par de veces tuvo que salir de su propia habitación porque estaban los dos tortolitos follando
allí, ¡sobre su puta cama! Ron era un imbécil, y nadie podía consolarla… O más bien, casi nadie.
—¿Estás bien? —le preguntó Harry, su amigo ideal, pasándole el enésimo pañuelo de la tarde.
—Sabes que no, snif… Harry, dime, ¿tú también te enfadas, como Ron, cuando ves a Ginny en esas
fotos que circulan por ahí?
—¿Hm? Oh… No realmente. Lo de Ginny y yo es complicado y aún no logramos concretar nada,
pero lo que hicieron ustedes… Bueno, digamos que me pondría orgulloso. Estar con chicas tan
guapas es algo que yo apreciaría.
—Eso pensé. Eres un buen chico, Harry… —Hermione lo miró desde el otro lado de la mesa donde
habían estado estudiando información sobre el Príncipe Mestizo—. Un… muy buen chico.
—Oye, ¿conoces a la chica de allá? —apuntó Harry, sin notar que Hermione se había levantado un
poco, acercándose a su rostro lentamente—. Me ha estado mirando sin parar. ¿Tengo algo en el
rostro aparte de la puta cicatriz?
—¿Esa? Oh, es Romilda Vane, una chica de tercero. Una de las tantas que quiere usar una Poción
de Amor contigo —explicó Hermione, Romilda era una bella adolescente de trece años que
efectivamente miraba con absoluto deseo a Harry desde una mesa lejana.
—Oh. Bueno, no me importaría si… —Harry no pudo terminar la oración, pues su amiga le dio un
fuerte manotazo en el hombro tras ponerse de pie.
—No seas idiota. Solo te quiere chupar la polla porque cree que eres el Elegido.
—Pero sí soy el Elegido, ¡ouch! —gritó Harry. Otro manotazo—. Ese dolió…
—Ok, Elegido, ¿qué tal si usas esa arrogancia para algo útil esta vez? —Hermione se inclinó, y
frente a Romilda y los pocos presentes de la biblioteca, besó apasionadamente a Harry, con todo y
labios y lengua. La envidia no se hizo esperar—. Mmmmmm, mmmmmmmmmmmmmm.
—¿Te apetece que te chupe la polla, Harry? —preguntó ella, con descaro. Él asintió en seguida.
Se dirigieron a una zona deshabitada, detrás de los estantes de libros de economía mágica. Luego,
se arrodilló frente a Harry con actitud sumisa, las piernas juntas y las manos unidas, con tan solo la
boquita abierta, resaltando la perfecta sonrisa que tenía.
—Estoy lista, Harry. Sabes lo que me gusta. Voy a abrir mi boca, y tú debes penetrarme.
—Eres toda una putita viciosa, ¿eh? Abre la boca entonces. Di “Ahh”.
—Aaaaaaahhhh —dijo ella, obediente, y Harry comenzó a follarle la garganta. La primera vez que
Harry tuvo sexo oral fue precisamente con Hermione, en primer año, en las cámaras subterráneas
bajo Hogwarts, y desde aquella época temprana que la muchacha demostraba cuánto le fascinaba
tener un pene en la boca. En ese tiempo era algo más sencilla y tímida, y sus orgasmos eran
silenciosos… pero ahora…
—Chup, chup, chup, slurp, slurp, gulp, chup, gulp, slurp, ¿cómo no va a gustarme? Slurp, slurp, ¿no
te das cuenta de que existo para hacer esto? Mamar tu pene me vuelve loca, Harry.
—¿No le dices lo mismo a todos los demás? —preguntó él, medio en broma medio en serio, con
las manos en la cintura mientras follaba la boca de su amiga.
—Mmmm, sí… slurp, chupchupchup, pero solo contigo lo siento de verdad… Harry… Ron nunca me
ha sabido valorar como corresponde, chupchupchupchup, guuuulp, tú siempre has estado ahí para
mí, sluuuuuuurp —sorbió ella, como tragándose todo el líquido pre-seminal de su amigo—. Harry…
¿qué dirías si te digo que te deseo más de lo que crees?
Unos chicos pasaron cerca de ellos, pero no los notaron. Hermione, como era común, comenzó a
chorrear sus bragas, cachondísima con la idea de que pudieran descubrirlos.
—Quiero estar contigo por mucho tiempo, Harry, slurp, slurp, sluurp, gulp, quiero que me obligues
a chuparte la polla así todos los días y todas las noches.
—Chup, chup, no te hagas ideas locas, Harry. No es amor, chupchupchup —seguía ella, sin dejar el
chupa que chupa, tan excitada estaba que tuvo que quitarse las bragas y las dejó caer hasta sus
rodillas—. Es solo que quiero ser… tuya. Sexualmente, me refiero. Venga, Ginny va a entender, no
le importará ni un poco compartirte si es solo sexo. Slurp, slurp, ¿qué dices? Mmmm, ¿me
permitirías ser una de tus golfas personales? Te aseguro que no seré solo yo, chup, chup, chup, has
sido tan bueno con tantas chicas durante estos años que estoy segura de que muchas queremos
ser tus esclavas sexuales, abiertitas, cachondas y mojadas para ti…
—¿Me estás preguntando si te quiero como parte de un harem? ¿Cómo podría decir que no? —la
idea le excitó de sobremanera. Estaba bombeando fuertemente en la garganta de Hermione
cuando ésta no hablaba, y cuando lo hacía, restregaba su polla en el rostro de la chica, golpeándole
las mejillas, o sobándose con su lengua.
—Entonces permíteme algo, Harry… —La chica sacó su varita, y para sorpresa de Harry, la puso
entre sus piernas. Frotó un rato allí, con cara de viciosa ninfómana, untando la varita de sus fluidos
vaginales, y luego apuntó la punta brillante de jugos hacia el chico, mientras le hacía una increíble
paja con la otra mano—. ¿Sabes qué es lo que más me gusta desde la época en que solo me
atrevía a realizar sexo oral, a mi tierna edad de once? Lo descubrí con el troll, y luego con Grawp…
Mm, mmmmm… ¡la lefa! ¡Me encanta estar cubierta de lefa caliente! ¡Es mi fetiche!
—¡Replere Iaculum! —dijo Hermione, y una serie de chipas blancas saltaron desde la varita y
tocaron los testículos de Harry—. Quiero que me conviertas en tu chica blanca, Harry… quiero que
no solo me des de beber leche a diario, sino que me marques como tu putita personal desde ese
día hasta el fin. ¡Te estoy pidiendo que me bañes en tu lefa caliente sin parar!
—¡¡¡Ahhhhhhhhhh!!!
Harry se corrió fuertemente con la paja de Hermione, y tres chorros de semen fueron a parar a su
su alisado cabello castaño, bajando goteando hacia sus mejillas y nariz, e incluso un chorro más
débil terminó sobre uno de sus párpados.
—Eso es, cari… Pero no pares —dijo Hermione, volviendo a lamer el cipote de su mejor amigo—.
Sigue, pues tus bolas están llenas de nuevo. ¡No pares hasta que me vea como un recipiente de
lefa, y mi garganta esté tragando sin parar! ¡Aún más que como me dejaron un troll y un gigante!
—Eres una puta de mierda, ¡eso haré contigo! Ginny entenderá, voy a convertirlas a ambas en mis
bolsas de semen, les daré tanto que se atragantarán.
La siguiente lechada de Harry llegó cinco minutos después, con la lengua de Hermione. Los cinco
chorros blancos que salieron bajaron por su garganta, y los pocos que terminaron en su mentón o
sus dedos, se los llevó también a los labios. Le fascinaba su olor, sabor y textura. ¡Le encantaba ser
usada de esa manera!
—¡Sigue, sigue, no pares! ¡Ensucia mi uniforme si quieres, no me importa, soy solo tuya ahora!
La siguiente eyaculación fue a parar a la camisa de Hermione, tal como deseaba, tiñiéndola de un
blanco amarillento, y convirtiendo la corbata roja y dorada en un muro que goteaba fluidos.
Tres estudiantes parecieron advertir los chillidos de los dos amantes, que se habían manteniendo
susurrando hasta ahora. Se acercaron, pero Harry y Hermione se movieron rápidamente detrás de
otro estante, con la chica sin soltar su polla, solo dejando el aroma a semen detrás, que extrañó a
los presentes. Cuando se pudieron ocultar en otra esquina, Hermione volvió a arrodillarse, y a
seguir chupando y lamiendo.
—¡Gulp, gulp, gulp, gulp! Más, Harry, necesito más, ¡más leche, más!
—¡Mi boca! ¡Aún tengo hambre! Pero lanza un poquito también en mi carit… ¡ohh, síiii! Mmmm
Siguieron haciendo lo mismo por quince minutos más. Hermione no podía parar de tragar, chupar,
tragar, volver a chupar, volver a tragar, y grandes cantidades de zumo blanco iba a parar a su rostro,
su cabello, su faldita escolar o su camisa, que ya era transparente.
—¡Más, más, más, más, más! —suplicaba Hermione, en un evidente clímax constante.
Para la última eyaculación, Harry obligó a Hermione a ponerse de pie y comenzó a hacerse la paja
con la polla entre las piernas de su amiga, mientras ambos se liaban fogosamente. Harry se estaba
frotando con los muslos de la castaña, y cuando se corrió, lo hizo en sus bragas, que aún llevaba
puestas a la altura de las rodillas. Eran originalmente negras, pero ahora tenían un bello color albo
que Hermione tuvo el orgullo de unir a su entrepierna, cuando se puso la ropa interior llena de
lefa. Le sonrió y volvió a besarse con él. Ya no podía decirse que eran solo amigos…
Continuará...
Hermione es sometida por Snape y Malfoy; en tanto, Harry y Ginny al fin se entregan
enteramente a su amor y su pasión, guardados años después de separarse en la Cámara de
los Secretos.
El libro del Príncipe Mestizo le estaba enseñando mucho a Harry… tal vez demasiado. Aprendía
cada vez más técnicas sexuales, que llevaba a cabo con Hermione, Cho, Katie Bell, Parvati y Padma
Patil, Luna, e incluso una sesión de sexo anal con Pansy Parkinson en el bosque… Pero
progresivamente disfrutaba menos y menos las folladas. El sexo se volvía repetitivo y cansador, a
pesar de que sus parejas se iban con enormes sonrisas en el rostro. Esa era la principal razón de
que no se atreviera a acostarse con la chica que realmente le interesaba: Ginny Weasley. No quería
sentirse vacío mientras follaban… pero tampoco quería dejar el libro. Estaba atado, y estaba
aprendiendo magia muy peligrosa, como descubrió Draco Malfoy en el baño de chicos.
Sectusempra causó cortes de sable en todo el cuerpo de Draco. Podía ser un bully… pero hacerle
daño así había sido demasiado. Lo había visto sospechosamente corriendo desde la Sala de
Menesteres, y tras un duelo terminó así, con Severus Snape llegando a tiempo para cuidar de su
alumno.
Dado que Ron estaba demasiado ocupado follando con Lavender en todas partes, Hermione
decidió tomar cartas en el asunto por sí sola. Envió a Harry y Ginny a deshacerse de ese libro fuera
como fuese, y ella misma se dirigió a la oficina de Snape para negociar con él y rogarle que no
castigara duramente a Harry, a quien adoraba con locura.
Snape, que ahora era el Profesor de Defensa contra las Artes Oscuras (DCAO), tenía una oficina
lúgubre, oscura y repleta de tubos de ensayo. En la parte más oscura se hallaba el escritorio de
Severus, sentado en una suerte de trono gótico mientras hablaba con Draco, delante de él, débil
pero recuperándose. Hermione entró con el hechizo Alohomora. Nadie iba a detenerla, era su
deber hablar con ellos en nombre de Harry. Algo de compasión debían tener, ¿no?
—Señorita Granger —dijo Snape, con su fría voz de hierro sepulcral—. ¿Qué hace aquí?
—¡Señor Malfoy! —una sola mirada del profesor hizo callar al muchacho rubio. Por un instante,
esa mirada causó un extraño escalofrío en Hermione, que ella no supo explicar—. Señorita
Granger, ¿acaso la pregunta que le hice es la única que no puede responder? ¿Qué hace aquí?
—Profesor Snape… v-vengo que pedirle que no castigue a Harry por lo que sucedió —dijo ella, a
sabiendas de que Malfoy estaba disfrutando lo veía—. Más allá de que Draco se lo merezca o no,
nadie debería sufrir algo así.
—¿Algo así? ¿Así llama utilizar un hechizo prohibido que nadie en la escuela le enseñó? —Snape
cruzó las manos y miró a Hermione como si le penetrara… el alma. Hermione tuvo otro intenso
escalofrío, y le pareció que se enfocó entre su vientre y sus piernas—. Deme una razón por la cual
no pedirle al director que lo expulse de inmediato.
—Yo… —Hermione suavizó y profundizó su voz. Era una técnica de seducción que había servido
con Hagrid, Flitwick, Minerva y Lockhart—. Harry no sabía lo que hacía. Lo leyó en un libro. Es
culpa del Príncipe Mestizo, que es el dueño de ese tonto libro.
—¿El Príncipe… Mestizo? —Cada palabra de Snape estaba clavando una daga en partes muy
sensibles de cuerpo de Hermione. ¿Qué diablos estaba sucediendo?
Hermione nunca había fantaseado con Snape, y era probablemente el único profesor con el que no
se había atrevido a interactuar sexualmente. Incluso con la boba Trelawney terminó en una
discusión tan acalorada una vez que se le mojaron las bragas por alguna razón. Con Snape siempre
lo evitaba. ¿Por qué sentía cosas con la mirada y el vozarrón del Profesor de DCAO? ¿Por qué
sentía la necesidad de abrirse un botón de la camisa o de recortarse la falda escolar?
—Desde luego que sí. Pero no significa nada. Señorita Granger, el señor Potter es tan puerco y
arrogante como su padre, una disculpa en su nombre, y ni siquiera una de él mismo podrían
impedir las consecuencias de sus brutales actos.
—¿Nada? Pero, Profesor… —Hermione notó que había convertido su voz en una sumisa y
suplicante, de un momento para otro—. ¿D-de verdad no hay nada que (¿qué diablos estoy
haciendo? ¡Detente, boba!) pueda hacer para que lo perdone?
—Señor Malfoy. La señorita Granger está ofreciendo sus servicios como compensación a la
estupidez del señor Potter. Dele atención.
—¿Qué? ¡Oiga! Yo no soy una ramera, y menos podría hacerlo con Malf…
Ésta se sintió completamente desnuda. Se sentía bien. Era como si Snape hurgara en su mente y
viera cada uno de sus puntos débiles, haciéndola sentir dependiente, entregada a sus brazos.
Aquel profesor tétrico y cruel se convirtió repentinamente en uno de los más atractivos que
hubiera visto. La conocía como nadie, incluyendo sus fantasías, fetiches y puntos erógenos. Snape
había visto sus memorias más lujuriosas, sus emociones más pervertidas, sus pensamientos e ideas
más atrevidas. Sabía de lo que hacía con Harry y Ron… Lo que hizo en primer año con el troll, y en
el bosque con Grawp el año pasado… Lo que hacía con Luna y Ginny en los baños de chicas… ¡Llo
que hacía con los elfos domésticos de las cocinas!
En medio del hechizo, Snape le susurró unas palabras a Malfoy, que sonrió con complicidad.
—Ahora voy a devolverte todo, sangre-sucia —dijo Draco, que se bajó la cremallera, y su polla salió
a la luz de las bajas antorchas, que crearon una atmósfera sexy e íntima. Hermione vio cómo Draco
se tocaba, y le dieron ganas de hacerlo ella misma. No entendía qué sucedía.
Snape había mirado en su cabeza, y ahora tanto él como Malfoy sabían cómo tocarla, cómo
seducirla. Con tan solo unos gestos sencillos de manos y ojos hicieron que Hermione se pusiera de
rodillas frente a la erección de Malfoy..
—Se ve linda… Slurp —Hermione le dio un lametón a la polla de Malfoy, que se movía como un
péndulo que la hipnotizaba. Estaba a su merced con cada mínimo gesto facial de Snape. Sin
exagerar, él la conocía a la perfección, mejor que nadie, y sabía lo que le gustaba y como guiarla a
hacer lo que él quisiese. Por eso, Hermione ni se sorprendió cuando ya estaba mamándole a
Malfoy la polla—. Chup, chup, chup, chup, chup.
—Ohhhhh, síiiii, sucia… ¡muy bien, perra! —gritó Malfoy, que ahora se había enterado cuánto le
gustaba a Hermione que le hablaran sucio—. Chúpame bien la polla, déjala bien lustrada con tus
babas, puerca.
—Señorita Granger —le llamó Snape, y cuando la chica se volteó, él ya estaba junto a ella, con los
pantalones abajo. Su pene era largo y delgado como una serpiente—. Sabe qué hacer.
Hermione tomó el miembro de Snape con la boca, y continuó haciéndole una paja a Draco. Ni
siquiera lo dudó o lo pensó. Era natural, de alguna manera. Era como si siguiera el guion de una
película que Snape había escrito en cinco segundos de leer su mente. Estaba a su merced… y eso
era justamente lo que le encantaba.
Hermione Granger era una ninfómana fetichista. Uno de sus gustos personales eran que la usaran
como una puta cualquiera, que se aprovecharan de ella y le follaran todos los agujeritos como si le
pertenecieran, cuando quisieran, donde fuera. Había descubierto que el fetiche en cuestión se
llamaba “free use”, y era mucho más intenso que el de cualquiera en la escuela. Le encantaba ser
usada como a los hombres (y a las mujeres) les apeteciera, sentirse como una golfa que solo sirve
para dar placer. ¿Era enfermizo? Tal vez. ¿Enfadaría a sus orgullosos padres el saberlo? Sin duda.
¿Se enorgullecía la propia Hermione? Antes no, pero ahora definitivamente.
Aún así, tenía sus límites. Estaba chupándole la polla a dos de los enemigos enemigos de Harry,
mostrándoles las tetas para que a su amigo no lo castigaran o expulsaran. Debía racionalizar, por
una vez, debía controlar su ninfomanía.
—Ni lo piense, señorita Granger. No se arrepentirá ahora —dijo Snape, que movió la varita hacia
arriba en círculos—. Galaktos Ntous.
El otro fetiche de Hermione era, como le había revelado a Harry recientemente, ser bañada en
semilla masculina. Snape ahora lo sabía, y por eso había conjurado un pequeño baño de una
sustancia que olía y se sentía muy similarmente al semen, y que cayó en círculos a su alrededor,
dominándola, dejándola sumisa y a la merced de las pollas que pajeaba y lamía con vulgares
sonidos de su garganta. Su piel se tornaba blanca, su cabello se ponía pegajoso, tendría que lavar
su uniforme una vez más, y sus bragas eran una poza. No tenía remedio.
Tras un rato, Hermione estaba en cuatro patas sobre el escritorio tétrico, siendo penetrada por
Draco Malfoy mientras le realizaba sexo oral al profesor, que la dominaba con breves frases, sutiles
miradas y breves gestos de sus dedos. Le decía cómo mover la lengua, cómo mover las caderas
ante las embestidas de Malfoy en su coño, cuándo gemir con fuerza, e incluso le instó a ronronear
como una gatita. Su mente le pertenecía a Snape, y él podía hacer lo que quisiera con ella. Malfoy,
por su parte, solo disfrutaba del momento, poniéndola cachonda con su malnacida lengua de
serpiente de élite.
—¡Zorra! ¡Furcia! Ahhhh, ahhhhhhh, mi padre se enterará de que al fin te hice mía como quise, mi
madre estará orgullosa de que me follé a una sirvienta tan poca cosa como tú, hija de puta —le
insultó Draco, que de alguna manera estaba poniendo a Hermione más a tono—. ¡Puta golfa!
Se corrió fuertemente. A pesar de que no era capaz de hacer squirts como los de Ginny, de igual
manera sus chorros orgásmicos eran intensos, e hicieron que Draco retrocediera ante la presión. El
chico se sintió humillado de no haber podido continuar, así que volvió a penetrarla, esta vez con
más ira e intensidad… en su ano.
—¡¡¡AHHHHH!!! Madre mía, ¿por qué siempre en mi culoooo? —Hermione conocía la respuesta. A
los chicos les gustaba mucho la forma de su trasero, sus nalgas parecían tener la curvatura,
suavidad y firmeza perfectas. Y era obvio que a ella le fascinaba.
—¡Toma, toma, toma! ¡Nadie va a vencerme! ¡Nadie estará por sobre mí! ¡¡¡Ahhhh, ahhhh,
ahhhhh!!! ¡¡¡Voy a cumplir con mi misión y nadie se burlará de mí!!!
El docente empujó a Hermione hacia atrás, y ésta quedó sentada en el escritorio, con las piernas
hacia adelante, aún ensartada analmente por Malfoy. Como un gran murciélago, Snape subió al
escritorio, se ubicó entre las piernas de la chica (que le abrió con dos gestos de sus dedos), y le
penetró por su coño recién usado.
Ahora, dos penes estaban en su interior, y Hermione estaba alcanzando el éxtasis. El objetivo de
Snape era evidente: quería que su placer fuera tanto que no pudiera oír las cosas que Malfoy
estaba revelando entre cada embestida y guarrada. Pero podía oír… aún podía oír, y por lo tanto,
Snape en su cabeza podía oír. Debía evitar que él supiera que ella sabía… ¡Y solo le ocurrió una
manera de bloquear la legilimancia de Snape!
Lo besó en los labios como tan solo una mujer en su pasado lo había hecho. Fue pasional, intenso,
húmedo y lleno de ternura y fuego. Hermione había aprendido así a besar a Ron y Harry, y aunque
no tenía ningún sentimiento por Snape más que entrega y sumisión, sabía cómo imitar el gesto a la
perfección.
Severus perdió la concentración. Escapó de la mente de Hermione para disfrutar del momento,
mientras follaba a Hermione por el coño. Y así, pudo escuchar al joven que le taladraba el culo.
—¡Voy a matar al viejo y el Señor Oscuro estará orgulloso de mí! ¡¡Ahhhh, ahhhhh, me voy a
correr! ¡¡Y luego lo mataré a él también!! ¡¡¡Ahhhhhhhhh, ohhh!!!
—¡M-me corro, hijos de puta! ¡L-Legilimens! —gritó Hermione, mientras otro orgasmo le recorría
el cuerpo. Por un gran instante, pudo ver las memorias y emociones de un joven cuyo amor había
sido robado por… el padre de Harry.
¡La madre de Harry era la enamorada de Snape! ¡POR ESO LO ODIABA TANTO! Además, el apellido
de soltera de su madre era Prince, ¡su padre era un muggle! Él había escrito en su libro, él era el
gran experto hechicero y amante… Era el Príncipe Mestizo.
Dos penes comenzaron a explotar en su interior, lo cual llevaría a Hermione al orgasmo más
grande, y su mente se bloquearía. Tenía tan solo unas fracciones de segundo para plantar en la
mente de Snape la idea de que no castigara a Harry… sus piernas temblaban, sus pezones estaban
erectos y su lengua babeaba… pero lo logró. ¡Lo hizo!
—N-no veas más —musitó Snape, eyaculando intensamente en el coño de Hermione, a la vez que
empezaba a notar que hurgaban en su mente. Algo sobre Dumbledore…
Snape la expulsó. Hermione cayó del escritorio y, con sus dos agujeros llenos de leche, salió con las
ropas rasgadas de la oficina y corrió hacia Harry y Ginny. Debía contarles lo que vio.
Sala de Menesteres
Mientras tanto, Harry y Ginny habían ido a la Sala de Menesteres para ocultar el libro del Príncipe
Mestizo. El camino hacia allá fue incómodo y nervioso. Ambos estaban silenciosos y no sabían
cómo reaccionar, completamente solos, después de todo lo que habían vivido, y todo lo que no se
atrevían aún a hacer, a pesar de cuánto se habían acercado en la Madriguera. De alguna manera,
ambos sabían que el momento estaba cerca. Harry y Ginny sabían que al fin sus emociones y
deseos más primales, románticos y lascivos estallarían al mismo tiempo.
La Sala estaba repleta de objetos, herramientas, estatuas, y un montón de basura mágica como si
fuera un gran almacén. Ginny tomó el libro en sus manos. Quedó mirándose con Harry, y ninguno
de los dos era capaz de hablar o sonreír. Ginny decidió hacer por última vez el esfuerzo y tomar la
iniciativa, como era usual entre ellos dos…
—Por las barbas rojas de mis tíos… ¿Vamos a seguir con este tonto baile? Eres especial para mí, y
tú claramente no me ves como una de tus tantas chicas.
—No. E-eres… —No había otro momento mejor. Más valía decir las cosas y ya. ¿Acaso no era un
hombre? Tenía que demostrarlo—. Eres mucho más que eso. Sí, me equivoqué al pensar que
estabas molesta conmigo después de lo de la Cámara, y fue una estupidez evitarte tantos años. Y
sí, mis sentimientos y deseos por ti son… m-muy…
—Intensos, lo sé. Harry, te devolveré el gesto con una cortesía propia, siendo directa y llana
contigo. Por un lado, mi corazón te pertenece, se derrite por ti desde que te vi. Por otro lado, tú
me pones mucho, MUCHO más cachonda que nadie más que he conocido. ¿Estamos claros?
—S-sí… yo también m…
—Y por eso —interrumpió Ginny, alejándose de él con le libro—, terminaré yo misma con esta
tontería. El libro te envenenó, te volviste capaz de follar a todo el mundo, aprendiste técnicas
amatorias increíbles, pero dejaste de disfrutar, blablabla… Asumo que por eso no te acostaste
conmigo, ¿no? ¿Por una tonta razón noble?
—Sí.
—Vas a cerrar los ojos, Harry, y yo ocultaré el libro donde nunca lo encontrará nadie. Mantendrás
los ojos cerrados mientras te bebes tu tonta poción Felix Felicis. Y cuando te la termines, y yo te lo
indique… abrirás los ojos. ¿Está claro, Harry Potter?
Harry asintió, y obedeció. Sacó su botellita regalada por Slughorn, y se la bebió de un sorbo con los
ojos cerrados. Escuchó movimiento a su alrededor, pero no abrió los ojos. En cierta manera, la
situación lo estaba estimulando más de lo que se admitía. Hermione era espectacular en los
asuntos amatorios, la dulzura de Luna era muy atractiva, pero Ginny tenía una fiereza, una pasión,
y un aura caliente que no solo le movía el corazón, sino que le ponía cachondo como moto. Y así
había sido desde segundo año, aunque no se dio cuenta hasta después, porque era un idiota.
Escuchó unos pasos dirigiéndose hacia él, lenta, coquetamente, pero también peligrosamente.
Luego, un aliento muy atrayente cerca de su rostro. Finalmente, unos labios se posaron sobre los
suyos, y tras un contacto breve, pero fogoso, dos lenguas se encontraron. Después les siguieron
dos manos, dedos que se estrecharon, y éstos solo se separaron para acariciar el cuerpo del otro.
Las manos de Ginny alrededor del cuello de Harry, y los dedos de éste en la cintura de la pelirroja…
La temperatura aumentó, y solo entonces Harry se dio cuenta de que había algo raro en la textura
que tocaba.
Harry se apartó de ella y abrió los ojos. Ginny era una fantasía hecha realidad. Su cabello rojo caía
en cascada por un lado, sobre uno de sus pechos, y cubriendo parte de su rostro. Sus labios tenían
un intenso y sugerente tono escarlata, como el símbolo de Gryffindor. En breves segundos, por arte
de magia, se había puesto un conjunto de lencería sexy y sumamente estimulante para todos los
sentidos. ¡Su suerte gracias a la poción estaba dando frutos!
Consistía en un corpiño negro, con mucho encaje floral, un lazo rojo en el centro, y de media copa
en forma de V, lo que enfatizaba tanto la redondez se sus senos como su escote central. Debajo
llevaba unas braguitas tipo culotte que resaltaban la curvatura de sus adolescentes nalgas, pero
que por delante era un diminuto triángulo que apenas cubría su monte de venus, adornado por el
dibujo en el encaje de un león rugiendo. En sus piernas llevaba medias que iban conectadas a las
bragas con portaligas rojas, y usaba zapatos de tacón que la levantaban un par de centímetros.
Ginny tenía las manos en la delgada y curvilínea cintura, con una pierna extendida y la otra
flexionada por encima, mirando a Harry con peligroso deseo, cual femme fatale de película noir.
—¿Seguro? Porque no has dicho una sola palabra. ¿O quizás debería precisamente tomar eso
como un cumplido? —Ginny sonrió, pues sabía que tenía a Harry en la palma de su mano. Al mirar
abajo, pudo notar su sublime erección en los pantalones—. ¿Tú qué crees?
—T-te ves… i-increíble, sanse… sensacional, digo —tartamudeó Harry, cuyos anteojos se
empañaron, y su boca no parecía querer cerrarse—. P-pero, ¿por qué…?
—Porque, como te dije, quiero terminar con esto de una vez. —Ginny se acercó lentamente a
Harry, con cada paso siendo un puñal en su corazón que latía más y más rápido, moviendo la
cintura como la serpiente del mito bíblico, atractiva, llena de riesgos—. Quiero que me hagas el
amor. Desde niña que he deseado entregarme a ti una vez más después de aquella primera vez en
que me hiciste tuya, pues nadie más me ha llevado a las alturas a las que tú me llevaste.
—¡G-Ginny! —exclamó Harry, excitado, cuando ella le tocó los pantalones y comenzó a sobar su
hombría por encima.
—Quiero que me hagas tuya de nuevo, en cuerpo, mente y alma. ¿Podrías hacer eso por mí,
Harry? ¿Serías capaz de hacerme sentir todas esas sensaciones increíbles que viví contigo en la
Cámara de los Secretos?
Diez segundos después, ambos se estaban besando de nuevo mientras exploraban el cuerpo del
otro. Harry pasaba sus manos incendiarias por las curvas de Ginny, acariciando sus pechos,
percibiendo su cintura y sus piernas, manoseando sus nalgas, mientras que Ginny le quitaba con
fogosidad todas las ropas al chico, hasta dejarlo desnudo, solo soltando su apasionado morreo
cuando necesitaba pasar una prenda por la cabeza.
Ginny apartó a Harry momentáneamente. Comenzó a moverse de un lado a otro, y luego alrededor
de una vara metálica que surgió en la Sala de Menesteres exactamente cuando Ginny la necesitó.
Harry comenzó a escuchar una música proveniente de alguna parte, una tonada sexy, intensa,
extremadamente estimulante, mientras Ginny se contoneaba, con impresionantes movimientos de
cintura, inclinándose mientras le daba la espalda para que Harry se quedara embobado mirando su
culo, y luego pasándose las manos por las tetas mientras el Elegido se hacía la paja ante el
espectáculo.
Ginny saltó al palo, se sujetó a éste con las piernas, y comenzó a descender en círculos mientras
sus curvas resaltaban, y la capa semitransparente caía sutilmente al piso. Ginny le miró la polla
erecta y le guiñó un ojo mientras se mordía los labios. La chica siguió bailando, provocando,
fingiendo que iba a quitarse los ligueros, las medias o el culotte, pero nunca haciéndolo, causando
en Harry frustración leve y calentura máxima. Tiempo después, y para sorpresa de Harry, Ginny le
contaría que aunque se notaba confiada estaba sumamente nerviosa, pues era primera vez que
hacía un striptease o un poledance. Había sido justamente para disfrazar su nerviosismo que Ginny
le daba tanto la espalda para bailar.
—Todo…
—Buen chico.
Mientras hacía una sensual danza enfocada en su trasero y su apetitosa espalda, Ginny se desató el
sujetador mientras miraba de reojo a su amado. Cuando sus pecosas tetas salieron a la luz, Harry
se la cascó un poco más fuerte. Luego, semidesnuda, la pelirroja se le acercó.
Ginny tomó a Harry del cabello negro, lo acarició por unos segundos, y luego puso algo de fuerza
para animarlo. Éste fue lo suficientemente listo y comprendió enseguida, por lo que se puso de
rodillas delante de Ginny y comenzó a besarle la entrepierna por encima de las bragas, que eran
diminutas por delante. Tanto que no le costó mucho terminar moviéndola a un lado con la simple
lengua para saborear su tesoro. Se dio cuenta de que era primera vez que probaba a la pelirroja, y
su sabor le enloqueció. Iba a devolverle el favor de la Madriguera, cuando ella lo probó a él.
—H-Harry… ohhh, Harry —Ginny estaba ruborizada como una colegiala mientras la lengua de su
amado hacía su trabajo, y acariciaba su cabello con amor casi devoto—. Oh, Harry, ohhhh,
mmmmm, qué bien lo haces… mmmmm, sí bebé…
—Sluuuurp, slurp, ahora voy a comerme esto —dijo Harry, cachondo como nunca, tomando el
clítoris erecto de la chica con los labios y comenzando a mamar—. Chup, chup, chup.
—Harry, HARRY, ¡HARRY! ¡AHHH! —Ginny se dio cuenta de que él no sabía de sus potentes
orgasmos, de los squirts que lanzaba. Se preguntó si debía advertirle para que no se sorprendiera
demasiado, pero decidió castigarlo solo un poco por haberla dejado abandonada tantos años, así
que siguió gimiendo y gozando como una guarrilla—. Ahhh, ahhhhhh, ahhhhhh, Harry, aahhhh
—Chup, chup, chup, sabe exquisito, ¡sabes delicioso, Ginny! ¡Voy a embriagarme con tus jugos!
—Harry, Harry, ahhh… mmmmmmmme viene… mmme… —Ginny no pudo retrasarlo más, ni
tampoco intentó callar su grito cuando alcanzó el clímax—. Me… ¡Harry! ¡AHHHHHHHH! ¡AHH, ME
CORROOOOOOOOOO! ¡¡HARRYYYYYYYYYYYY!! ¡¡¡AHHHHHH!!!
Harry tuvo un breve momento de perturbación cuando sintió los potentes chorros calientes bajar
por su garganta y estamparse en su rostro. Ninguna de las chicas con las que se había acostado
tenía orgasmos tan fuertes y visibles, y no supo bien cómo reaccionar durante los primeros
segundos. Pero luego, la sensación le ganó, y comenzó a beber y tragar todo lo que salía de la
fuente íntima de su chica.
—Mmmm, rico… Ginny, si haces esto siempre que te haga correr, mi ego va a subir más de lo que
es sano —bromeó Harry, enfatizando el carácter “futuro” de su relación. No se arrepintió, y Ginny
no pareció negarse tampoco. De hecho, le hizo levantarse con desesperación.
—¡Tómame!
—¿Qué? ¿Ahor…?
—¡Fóllame, Harry, por favor! —le suplicó Ginny, y Harry se puso entre sus piernas, la levantó, le
metió la polla en la vagina, y la pelirroja lo abrazó con sus piernas. Las lenguas de ambos volvieron
a encontrarse cuando él profundizó su penetración hasta que sintió que tocó fondo, ella gimió
intensamente, y él la empezó a embestir.
—¡Ahhhh, ahhhh! ¡Ginny, estás muy…! —No podía terminar la oración. Era difícil de creer, pero el
coño de Ginny era tan único que lo extrañaba. Incluso aunque ella tenía quince años ahora, y su
vagina era muy distinta a cuando la desvirgó, podía recordar cada una de las sensaciones en su
interior, el roce, el calor, la textura, la extrema humedad…
—¡Síii, mmmmm! Ahhh, ahhh, ahhh, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ahhh, ¡qué rico, qué rico! Mmmm,
bebé, estás haciéndolo de maravillas —Ginny estaba comprobando de primera mano lo experto
que se había vuelto Harry con los años. Se notaba que sabía lo que hacía, y que Hermione y la
Profesora Minerva le habían educado para saber cómo complacer a una dama. Aquella primera vez
hace años habían tenido a un Harry primerizo; tierno, potente, apasionado y con una polla de la
longitud, grosor y forma perfectas, pero algo rápido e impetuoso. Ahora conservaba los buenos
rasgos, pero era mucho más fuerte, concentrado, cariñoso, delicado y fogoso, todo a la vez, tal
como ella quería que fuera.
En otras palabras, su sueño se estaba volviendo realidad. Felix Felicis era lo mejor que le había
ocurrido, desencadenando los sentimientos ocultos de ambos amantes.
Ginny se desplazó hacia un muro, puso sobre éste las manos con los brazos extendidos, arqueó la
espalda dándole la espalda a Harry, y su culo quedó aún más levantado gracias a los zapatos de
tacón. Ella lo miró hacia atrás mientras su ardiente cabello rojo caía por su hombro, le sonrió
invitándolo a proceder, y él se acercó con la polla en mano.
Harry le bajó las bragas hasta que cayeron en sus tobillos, ubicó su capullo en el chocho de Ginny, y
de un empujón volvió a penetrarla, moviéndose con celeridad, rápidamente, bajando la velocidad
solo cuando sentía que su orgasmo podía llegar. Ginny le pidió que le acariciara los senos, y Harry
fue presto a obedecer, pellizcando sus pezones mientras sus ojos estaban puestos en las ondas que
se formaban en las nalgas desnudas de su chica cuando le follaba.
—Ahhhh, ahhhhh, estás muy adentro, ¡nunca nadie había estado tan adentro!
—Soy tuya de ahora en adelante, Harry, de tu uso exclusivo. Sé que se te apetece mi culo, y es
también tuyo cuando desees.
Harry procedió con una intensa follada anal, pegándose al cuerpo de ella mientras le besaba el
cuello y le recorría las tetas y la cintura con sus expertas manos. Ginny sudaba copiosamente
mientras le entregaba a su amado su cuerpo, dejándose llevar por emociones y sensaciones que, si
bien no eran nuevas para ella, sí eran más intensas que con cualquier otro hombre. Se había
acostado con muchos, como Neville, Dean, varios de sus propios hermanos, pero sabía que nunca
podría correrse tan frecuentemente como con Harry. De hecho, pensando en ello, Ginny volvió a
lanzar un chorro de su boquete delantero, que cayó al piso mientras Harry seguía bombeando en
su entrada trasera.
—¡Ohhhh, jaja, ese estuvo bueno! —rio Ginny, estremeciéndose mientras su orgasmo continuaba y
Harry no dejaba de penetrarla.
—Acostúmbrate, cariño. —Ginny se volteó hacia él, apartando su cabello para enamorarlo con sus
ojos café. No quería ningún tipo de momentos incómodos con él—. Porque esto no va a quedar
aquí, ¿no es así? ¿No deberías preguntarme algo?
—Desde luego que sí… Mmmmm… mmmmmmm, ahhh, ahhhh, ahhhh, t-te amo. —No le costó ni
un poco decir la palabra. Ginny no se iba jamás con rodeos, y eso estimuló a Harry para que la
follara con más fuerza y velocidad—. ¡¡Ahhh, ahhhh, Harryyy, te amooo!!
—¡Te amo! ¡Ginny! ¡¡¡Ahhhhh!!! —No había ningún problema en devolverle las palabras. Harry
siempre había pensado que era estúpido complicarse tanto por una emoción tan natural.
—Ahhh, dame, dameeee, dame por culo, qué rico, ¡me está enculando Harry Potter!
—Ehh, ahhhh, no soy tan famosa, ahhh, ahhhhh, como t…ú, ahhhh, aaaaaahhhhhh —Ginny ya no
podía articular palabras, y se quedó con la lengua afuera. No había nada como una buena cogida
anal tan potente que te dejaba babeando y con los ojos fuera de las órbitas.
—Te aseguro que este culito es más famoso que toda mi historia con Voldemort, ¡toma! ¡Oh, amor,
qué rica estás! ¡Tu culo es de primera! Ahhh, ohhh
—Y tu verga es un tesoro de los dioses, está haciendo maravillas en mi ojete, llénalo y no lo dejes
ir, aaaah, ahhh, mmmmm, mmmmm, sí, aaah, márcalo como de tu propiedad, poséeme hasta que
la noche caiga y ahhhh, ahhhh, y el amanecer nos abrace, ahhhhh
—Yo qué se, se lo escuché decir a Luna una noche mientras Neville se la follaba, ¡tú no pares!
¡Dame más duro, mi amor!
De pronto, se les ocurrió hacer una locura. Ambos tenían muchas cosas en común, pero una muy
particular era su habilidad con las escobas mágicas. El equipo de Quidditch no había tenido un par
de jugadores tan increíbles en décadas, y se les ocurrió hacer una guarrería con ello.
Ginny atrajo una escoba, y ante un Harry que se la cascó otra vez mirando la segunda parte del
show, la pelirroja se pasó el palo por el coño, embadurnándola de jugos íntimos, mirando a su
amado con cara de viciosa, moviendo la cintura de adelante hacia atrás.
Luego, se quitó los portaligas y las medias, quedándose solo con los tacones. Harry se montó en la
escoba flotante, y Ginny sobre él, dejándose caer en su erección, que le llenó el coño que parecía
haber echado de menos la polla que su ano le había robado. Ginny lo abrazó, comenzó a dar
saltitos sobre él, mientras él le comía las tetas. Y así sin más, Harry golpeó el suelo y empezaron a
volar alrededor de la Sala mientras follaban.
—Te mueves como una profesional, como una bailarina o una estrella porno, y tu coño parece una
piscina, ¡me encanta!
—Disfrútalo, bebé, voy a saltar sobre tu enorme pene con forma de rayo hasta que mi coño quede
vacío de fluidos.
—Sí lo tendrá cuando te monte hasta que tome forma, ¡venga! ¡Llévame por allá y dame caña
cerca del techo! ¡Lleva a tu golfilla pelirroja a las estrellas, Harry!
—¿Eres mi golfilla? —Harry la llevó hasta el techo, y empujó a Ginny a recostarse a lo largo de la
escoba, donde la penetró como un poseso, como un oso desesperado, como un amante que no se
podía esperar más de follar más y más—. Dime, ¿eres mi golfa, Ginevra?
—¡Soy tu golfa, tu perra, tu zorra, tu putita! ¡Ahhhh! ¡Me corro otra vez! ¡Dios mío, ya perdí la
cuenta, mi coño está hecho un desastre! ¡¡¡No, no pares, continúa!!! ¡Soy tu hembra, te
pertenezco, Harry! De aquí en adelante… t-te…
—Te declaro amor eterno, Ginny —se adelantó Harry, tomando al fin la iniciativa. Ella le premió
con una sonrisa pícara y un último beso mientras compartían el próximo orgasmo. El décimo (o
más) de Ginny Weasley; el primero, explosivo y abundante, de Harry…
—¡Síiiiiiiiii! ¡Déjame embarazada, Harry! Córrete muy adentro, lléname toda, que tu lefa caiga por
mis piernas, ¡ahhh, ahhhh, me corro otra vez, tu hembga se cogge, Harryyyyyy! —gritó la pelirroja
con los ojos mirando al medio, incapaz de pronunciar bien debido a su lengua afuera.
Harry terminó de eyacular, pero no había terminado. Descendió junto a Ginny sobre una montaña
de libros, la tiró con algo de agresividad allí (cosa que no le molestó en absoluto, a Ginny le ponía
como una moto el sexo fuerte y un hombre viril), y se recostó sobre su espalda, volviendo a
penetrarle el ojete. Ella no se había recuperado de su orgasmo cuando le llegó otro, cada vez se
repetían más, y sus squirts no paraban de escurrir y saltar por todos lados como una manguera
abierta, y a chorro…
—Desde que empecé a fantasear contigo estoy lista, Harry, ahh, ahhh, mmmmmmmmm, toma mi
culo, llénalo de leche caliente, píntalo de blanco para que mi chumino no se ponga celoso, ahh,
ahhhhh, ahhhhhh, ¡fóllame fuerte el culito! ¡Rómpeme en dos, Harry Potter!
Estuvieron así por veinte minutos más, con Harry atravesándole el ano a Ginny, dándole orgasmos
múltiples que no supo contar, y con una eyaculación que abundó en el estrecho agujero trasero
que ahora, tal como el resto del cuerpo y alma de Ginevra Weasley, le pertenecía a Harry. Con esa
follada que habían deseado desde la más tierna edad de ambos, estaban firmando un acuerdo
silencioso (aunque Ginny no habría tenido reparos de hacerlo explícito, de no ser porque estaba
demasiado satisfecha sexualmente como para hablar, con la cabeza dándole vueltas y sus hoyitos
humeando orgasmos).
El acuerdo era que volverían a hacer eso todos los días, todas las noches, hasta el fin de los días. Lo
harían oficial eventualmente, claro, pero por ahora era suficiente, mientras Harry y una Ginny con
los agujeros escurriendo semen, se abrazaban sobre el piso sembrado de pozas de eyaculaciones
femeninas de la fogosa pelirroja, que se encontraba mentalmente en el paraíso. Le había sido
difícil, pero al fin había logrado conquistar completamente y poseer al amor de su vida, al chico
que ocupaba sus fantasías, y que la había rescatado antes de tomar su virginidad como el más
generoso, apasionado y dulce amante.
—¿Quieres que le demos otro round? —preguntó ella, cuando recuperó el aliento y, de cierta
forma, la consciencia.
—Sí… Venga, subámonos a esa… ¡Hermione! —exclamó Harry. Él y Ginny vieron cómo la mejor
amiga de ambos entró a la Sala de Menesteres cuando necesitaba justamente hablar con ellos. La
chica de cabello castaño se quedó mirándolos embobados, con la boca de dos metros, y luego
sonrió con complicidad.
—¡Cierto, lamento haberos interrumpido! ¡Es urgente! Hablé con Snape, y creo que la escuela está
en peligro. Descubrí quién es el Príncipe Mestizo. Y creo que el plan de los Mortífagos es que están
a punto de…
—¡Harry Potter! —gritó una voz de trueno, y un segundo después, Dumbledore caminó a grandes y
furiosas zancadas hacia el semidesnudo Harry ante las miradas atónitas de Ginny y Hermione.
—¿¡Profesor!?
Éste ocurrió horas después. Los Mortífagos entraron a Hogwarts a través del armario secreto de
Draco. Bellatrix lideraba a un ejército que atacó el castillo, y cuando Dumbledore y Harry
regresaron, Snape asesinó al primero, cumpliendo su promesa a Malfoy.
Ahora, era misión de los jóvenes cumplir la delirante misión del anciano director muerto. Debían
recorrer Reino Unido para encontrar los misteriosos Horcruxes que hacían a Voldemort inmortal,
destruirlos para así acabar con la oscuridad, y salvar el mundo mágico.
Continuará en dos semanas. El libro 7, a diferencia de los anteriores, estará dividido en 5 partes en
lugar de 3, pues deseo cubrir muchos eventos.
Sobre un par de comentarios que recibí, sí, podría hacer algunas parodias de animé en el futuro.
De hecho, ya hice unos cuantos en el pasado (no en esta cuenta). De Ben 10 lo dudo pues, en
primer lugar, no es un anime lol, y en segundo lugar, nunca la ha visto. Pero algo quizás se me
ocurra.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Harry conoce la lengua de Nymphad... ejem, Tonks, y es testigo de las orgías secretas de la
Orden del Fénix. Luego, Hermione, Ginny y Luna exploran su bisexualidad, tomando la
virginidad de la última.
Después del breve break, regreso con más contenido, la quinta parte de la serie de
Hogwarts. Como siempre, serán 3 partes, subidas cada día. Disfruten.
—Chup, chup, chup, chup —se escuchaba el sonido acuoso de una lengua alrededor del pene del
quinceañero más famoso del mundo.
—Chup, chup, chup, chup, chup, no te contengas, cariño —dijo una voz profunda y seductora,
instándolo a relajarse.
—M-me corro… —le avisó a la mujer, que comenzó a chupar más rápido, dispuesta a recibir todo lo
que saliera—. Ah… ah… ¡Ahhh!
—¡¡Mmmmm!! Gulp, gulp —tragó la mujer, jugando en su boca con el semen de Harry Potter, que
poco después caería sobre su cama—. Mmmmm. Delicioso, como imaginé. Definitivamente lo
repetiremos —le dijo ella, sonriéndole y guiñándole juguetonamente un ojo, cuando la puerta de
la habitación de Harry sonó.
—¡No me digas Nymphadora, Ojoloco! —protestó la mujer, ofuscada, haciendo que un poco del
semen de Harry cayera por su mentón, que se limpió torpemente después. Su nombre
era Nymphadora Tonks, pero odiaba que la llamaran por su nombre de pila, prefiriendo ser
conocida por su apellido. Era una Aurora, una oficial que atrapaba magos oscuros para llevarlos a
Azkaban.
Era una joven de 22 años que bien podía ser la chica más “cool” que Harry hubiera conocido. Tenía
el cabello rosa, corto y puntiagudo, ojos oscuros y una sonrisa eterna. Vestía ceñidos pantalones
roídos que mostraban su tersa piel blanca, un bralette rosa con una chaqueta de cuero negra que
revelaban sus curvas, y varios piercings en los oídos, labios y nariz. Lo primero que hizo la joven
con Harry al entrar a su habitación fue tropezar torpemente con una mesa, flirtear con Harry, y
poco después ya le estaba chupando la polla. Eso fue suficiente para convencerlo de ir con ella,
Alastor Moody y otros a Grimmauld Place 12…
—¿Qué son quiénes? —preguntó Harry a sus amigos cuando se encontró con ellos en la habitación
que habían dejado a Hermione. No solo ellos estaban allí, sino que también Harry vio de pasada a
los padres de Ron, a Sirius Black, Remus Lupin, Minerva McGonagall, y un par más que no
conocía. Moody se había ido a reportar a Dumbledore.
—Son la Orden del Fénix, Harry —explicó Hermione Granger, que lucía aún más hermosa y sexy
que el año anterior, con tetas ya completamente desarrolladas, una cintura estrecha y firme, un
culo que no tenía nada que envidiar al de Pansy Parkinson o Fleur Delacour, y había crecido
bastante de altura también, además de arreglarse el cabello en rizos, sin ninguna maraña—. Son
una sociedad secreta hecha por Dumbledore hace veinte años para enfrentar a Voldemort.
—Fue reformada ahora que el Señor Oscuro regresó —añadió Ron Weasley—... después de que
asesinara a Cedric Diggory.
—¿Sociedad secreta? ¿Por eso tu mamá no nos deja ver qué están haciendo ahora? —preguntó
Harry, algo molesto por haber sido “enviado a la habitación” por Molly Weasley, justo cuando la
Orden se encerraba en una sala oscura en el sótano.
—Viejo, yo ni siquiera sabía que mamá era parte de la Orden hasta que llegamos acá. Para ser
sincero, me encantaría saber qué están discutie… ¡ahhh! —chilló Ron, cuando los gemelos Fred y
George Weasley aparecieron mágicamente detrás de él—. ¡¿Qué mierda están haciendo?!
Fred y George sacaron sus aparatos mágicos, construidos por ellos mismos para venderlos como
juguetes y travesuras, algunos de los cuales les permitían ver y escuchar a través de las paredes.
Los cinco se dirigieron en silencio al sótano, y usaron las herramientas para saber qué ocurría…
—Nos reunimos aquí no solo para celebrar que Harry está con nosotros, el joven que ha
sobrevivido a Ya-Saben-Quién dos veces, sino para una unión —dijo Kingsley Shacklebolt, un
robusto hombre negro de herencia senegalesa, con la más voz grave que hubieran oído, y que
trabajaba como espía en el corrupto Ministerio de Magia—. Dos de nuestros miembros han
decidido unirse como pareja.
—Santo cielo, Kingsley, ¡qué exageración! Remus y yo solo estamos saliendo, no nos estamos
casando ni nada —dijo divertida Tonks, tomando del brazo a Lupin, que se ruborizaba.
—De todas formas eso también hay que celebrarlo —afirmó Sirius, que lucía mucho más limpio,
ordenado y apuesto que la última vez que Hermione lo vio, follándoselo junto a Lupin y Harry—.
No se si escuchan los gemidos y chirridos de muebles, pero Arthur y Molly ya están “celebrando”
en el piso de arriba, jejeje.
—No seas puerco, Sirius —le espetó Lupin, mientras afuera, Ron, Fred y George ponían cara de
asco—. Sé que son tradiciones de la Orden, pero cada miembro tiene derecho a su privacidad.
—Para ser justos, la tradición no es encerrarse… —dijo la rejuvenecida Minerva, ganándose una
nalgada de Sirius que le divirtió—. Ja, ja, ja, solo digo que la reformación de la Orden, que Harry
esté vivo, y que Remus y Tonks estén juntos es motivo de fiesta al estilo del Fénix.
Para sorpresa de los jóvenes espías, Minerva y Tonks comenzaron a desvestirse ante los silbidos de
alegría de Sirius, el pudor de Remus, un enorme bulto formándose en los pantalones de
Shacklebolt, y la mirada confusa de otra dama alrededor de la mesa.
—Sabía que la Orden celebraba así, ¿pero se les olvida que estoy aquí? —dijo la mujer, madura
pero absolutamente hermosa, luciendo un ceñido y largo vestido gris, elegante y sensual, muy
escotado, y que tenía ojos negros, piel pálida y cabello castaño oscuro cayendo en bucles sobre sus
enormes senos.
—Venga, mamá, relájate, ¡no ves que estamos celebrando mi “unión”? —dijo Tonks, tomándole el
mentón a la mujer y acercándose a su rostro—. Recuerda que hacer este tipo de cosas no solo es
una tradición de la Orden que fortalece nuestros lazos, sino que Dumbledore utilizó el
hechizo Placere Communionem, que incrementa nuestro poder mágico cada vez que lo hacemos.
—Sigh, ese viejo cada vez pierde más el uso de la razón —suspiró la mujer, vencida, antes de que
sus labios conectaran con los de Tonks, su hija, quien se sentó en su regazo mientras Sirius, Lupin y
Kingsley se bajaban los pantalones.
—¿Hija? ¿E-esa es… Andrómeda Black? —dijo Ron, más que sorprendido, mientras manoseaba las
nalgas de Hermione ante la escena que espiaban.
—¿Quién? —preguntó Harry, que se acariciaba sobre la polla con la mano, impactado ante la
escena de incesto que pronto se convertiría, aparentemente, en una orgía.
—La madre de Tonks, así como la prima de Sirius, y la hermana de Bellatrix Lestrange (la psicópata
más peligrosa de Azkaban), y de Narcissa Malfoy… —explicó Fred, que junto a George, tenían las
manos sobre los senos de Hermione, abrazándola sin sutileza por detrás.
—Por todos los cielos, ¿qué tan cachondos pueden estar? —murmuró Hermione, fingiendo
desinterés a pesar de lo mojada que se estaba poniendo mientras Ron y los gemelos la tocaban y le
manoseaban las curvas de las que estaba orgullosa de haber desarrollado.
—¿La madre de Malfoy? —Harry se unió a la acción, metiendo su mano libre, curiosa, bajo los
pantalones y las bragas de Hermione—. ¿Alguien tan genial como Tonks es la prima de… Draco?
—Sí, pero Andrómeda rechazó a su familia y es de los buenos —dijo George, pellizcando los
pezones de Hermione debajo del sujetador, y luego se dirigió a ella—: Oye, tú no te quejes, mira
que no podemos controlarnos viendo lo que estamos viendo… y tú tampoco, jeje.
—Vamos, ábrete, Granger, ¿no me digas que no lo deseas? —se sumó Fred, jugando con el pezón
que sostenía.
—Tienen razón, Hermione, lo necesitamos… y tú estás aquí —dijo Harry, acariciando su clítoris.
—Son unos idiotas todos ustedes… Está bien, úsenme, pero háganlo en silencio, no quiero que nos
descubran —dijo Hermione, bajándose los pantalones y la ropa interior para que Harry, Ron y los
gemelos pudieran jugar con su cuerpo.
En la sala, la Profesora Minerva estaba montando el grueso falo negro de Kingsley sobre una silla,
teniendo dificultades iniciales debido al grosor, pero consiguiéndolo al final. Sirius estaba detrás de
la docente, lamiendo entre sus nalgas como un perro hambriento.
—Mmmm, mmmmm, oh, Sirius, vaya que has aprendido a darle uso a esa lengua, ufff…
—Jejeje, usted me enseñó mucho de eso cuando era su alumno, Profesora, slurp, slurp
—Tenemos la misma edad ahora, así que tutéame, Ahhh, ahhh, y tú, Kingsley, ¿cómo le hacen las
mujeres del Ministerio para soportar este monstruo que cuelga entre tus piernas?
—Ellas saben que deben adaptarse al “Bolt” para saborearlo —dijo Shacklebolt, penetrando el
coño de Minerva con su robusta polla negra, a pesar de estar ella sentada sobre él.
Junto a ellos, Andrómeda y Nymphadora estaban en pleno morreo incestuoso mientras Remus
estaba detrás de la segunda, le había bajado los pantalones, y la estaba follando duramente por
atrás mientras le sobaba las tetas.
—Ahhh, ahhhhh, ahhhhhhh, muy bien bebé, lo haces de maravilla, ¿ves mamá? Ahhh, ahhh, ¿ves
que es bueno para mí? Ahhh —gimió Tonks mientras su madre le lamía el cuello.
—Solo digo que se llevan como veinte años de diferencia de edad, y ni siquiera digo que es un
Hombre-Lobo —dijo Andrómeda, que se frotaba sensualmente una pierna contra la otra a la vez
que acariciaba y besaba a su hija.
—Sabe que estoy aquí, ¿no, suegra? —dijo Lupin, sarcástico, aumentando la velocidad de sus
embestidas sobre su novia.
—Oh, no te pongas así, Remus… Venga, ¿qué tal si me demuestras qué tan buena es tu
herramienta? —le desafió Andrómeda, que tomó la cabeza de su hija y la dobló hasta que Tonks
quedó de rodillas entre sus piernas—. Y tú, ¿qué tal si besas el lugar de donde naciste?
—Sabes que me encanta comerme tu coñito, mamá, jajaja —rio Tonks antes de sepultar su lengua
entre los labios vaginales de su madre, mientras ésta empezaba a chupar y devorar la verga erecta
de Remus, que debió ahogar un aullido de placer—. Mmmm, mmm, slurp, slurp, y me encanta
saber que le estás comiendo la polla a mi novio, mamá, mmmmm.
Mientras tanto, Sirius había arrojado a Minerva sobre un sofá, en posición de perrito, y le estaba
dando fuertemente por el coño a la vez que le ahogaba con una mano en su cuello. A la vez,
Minerva estaba mamando la verga de Shacklebolt, desafiándose a sí misma para poder metérsela
toda a la boca.
—Minerva, déjame decirte que es todo un honor recibir sexo oral de una heminencia como usted,
uhhh, uhhh —dijo Kingsley, con las manos detrás de su nuca.
—Eso eres, Profesora, uf, uf, uf. Te lo dije cuando empecé a follarte en segundo año y te lo digo
ahora. Tienes un culo muy apetecible. —Sirius sacó su miembro del chumino húmedo de Minerva,
lo apuntó esta vez a su otro agujero, y tiró de su cabello—. Permítame demostrárselo.
—Trece años en prisión, y una joven e inteligente brujita me enseñaron mucho, jejeje —rio Sirius,
que miró hacia una de las paredes y le guiñó un ojo a alguien que sabía estaba allí.
Del otro lado, Ron follaba a Hermione, ambos de pie, mientras ella le hacía una paja a Fred y
George con cada mano, y Harry se masturbaba mirando ambas orgías, pero tuvo que reaccionar
rápido para callar la boca de Hermione, sabiendo que ella expulsaría un fuerte gemido cuando se
corriera con Ron, y al saber que Sirius sabía que ella estaba allí espiándolos, hablando de ella.
—V-voy a correrme… ¡qué paja más buena me estás haciendo! —susurró Fred.
—Yo igual… vamos a dejarte las manos blancas, putita —añadió George, y ambos gemelos se
corrieron al mismo tiempo. Hermione decidió recibir ambas eyaculaciones en la palma de las
manos y los dedos, pues no quería que terminara en la puerta… y porque necesitaba probarlo.
Apenas se puso a saborearlo, Ron se salió de Hermione para tomar un respiro, y Harry tomó su
lugar de inmediato tras un saludo amistoso con su amigo.
—Estamos empalmados de nuevo, es que te ves súper sexy—dijeron los gemelos a la vez,
poniendo sus vergas cerca de las manos llenas de lefa de la muchacha—. ¿Nos haces otra paja?
—Ja, ja, ja, chicos bobos… está bien, denme sus pollas, venga. Y Harry, adelante, puedes…
¡Ooohhhh, Harry, qué rico! Ahhh, ahhh, ¡dame caña como me merezco! ¡Ahh, ahhh, ahhh! Ron, no
te vayas a cansar, tú también tienes que acabar en mi chocho, ahhhh, ahhhh
Tras un rato, los tríos se habían separado en duetos. Lupin estaba follando a su suegra,
Andrómeda, en cuatro patas junto a una mesa; Minerva estaba recostada sobre el sofá de
estómago, con Shacklebolt encima de ella, entrando al fondo de su agujero trasero con
agresividad; y Sirius tenía a Tonks abrazada a él, follándola duramente por el coño.
—Ahhh, ahhhhh, ahhhhh, ok, creo que te aceptaré como novio de mi hija, ahhh, ahhh —gemía
Andrómeda, en su posición favorita de perrita, recibiendo oleadas de placer a medida que Lupin
iba dejando su humanidad, adoptando rasgos de lobo—. Ahhhh, ahhh, ¡qué rico!
—Andrómeda, tus hermanas se están perdiendo de esto, uhhhhh, ughhhh —gimió Minerva, con la
boca contra el sofá, recibiendo el pene enorme de ébano de Shacklebolt—, si no fueran tan
racistas y xenófobas ambas podrían unírsenos y disfrutar de un buen negro, ahhh, o un hombre-
lobo, ahhh, ahhhh
—Mmmm, Minerva, dudo que usaría mi Bolt con gente como Bellatrix Lestrange, pero con tu
tremendo culo estoy más que satisfecho, mmmm, Andrómeda, tú sigues, prepárate.
—¡¡¡AHHH, AHHHH, AHHHH, YO TAMBIÉN, PRIMO!!! —exclamaba la mujer, cuyo cabello se tornó
repentinamente rojo escarlata, igual que sus labios—. Tenerte a ti y a Remus, mmmm, ahhh, es
como tener dos perros cachondos a mi disposición, ¡qué ricoooo!
Shacklebolt terminó eyaculando en la boca de Andrómeda, que seguía encantada con la idea de
aprovechar un hombre negro al que sus hermanas nunca tendrían acceso, y compartió esa leche
con la que su hija recibió de Sirius, enganchándose en un delicioso morreo lésbico-incestuoso. Por
su parte, Remus se corrió sobre las tetas de su antigua profesora, que jugó un buen rato con ellas,
orgullosa de lo firmes que eran sus senos juveniles cubiertos de lefa.
Fue entonces cuando Sirius se dirigió a la puerta, la abrió, y vio a cuatro jóvenes semidesnudos,
tres de ellos pelirrojos, corriendo en dirección a las escaleras. Solo una rendida Hermione estaba
allí, chupándose los dedos llenos de doble lefa de gemelos, y con las corridas de Harry y Ron
revolviéndose en su coñito.
—H-hola, Sirius… —dijo ella, ruborizada, y con las piernas demasiado cansadas de tanto follar que
no alcanzó a huir.
—Hola, brujita hermosa. Espero que te haya gustado el espectáculo, es una tradición de la Orden.
—Aún no. Pero, aunque los demás estén en desacuerdo, mi intención es convencerlos para que tú,
mi ahijado y los demás se unan. —Sirius bajó la mano y acarició el sensible clítoris de la
quinceañera, que se retorció de gusto—. Y así podremos seguirnos divirtiendo.
Por instinto, Hermione tomó el pene de Sirius, habiendo echado de menos su textura. Se
humedeció aún más de lo que ya estaba.
Las cosas habían cambiado muchísimo en Hogwarts, como siempre, cuando empezó el quinto año
de Harry, Hermione y Ron allí. El Ministerio de Magia no creía en la resurrección de Voldemort, y
para mantener control de los rebeldes estudiantes, apostó a una de sus integrantes como
Profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, una vieja loca, torturadora y manipuladora llamada
Dolores Umbridge, que poco a poco comenzó a hacerse con la escuela, prohibiendo todo tipo de
actividades que no le gustaban.
Debido a esto, Hermione y Ron decidieron que necesitaban un maestro que les enseñara a
defenderse adecuadamente, y que los guiara ahora que Dumbledore no estaba. Llevaron a Harry a
la Villa Hogsmeade durante un fin de semana, y llamaron a varios estudiantes para que se juntaran
con ellos en secreto, y formar un escuadrón de defensa contra Umbridge. Sin embargo, una
estudiante no había acudido a la hora acordada…
—Ah, Lunática, ¿se podría saber qué es lo que tanto buscas? ¿No ves que este es mi lugar de
trabajo?—preguntó Pansy Parkinson, dueña del trasero más deseable de todo Hogwarts, usando
un cortísimo mini-short que hacía resaltar su curvatura. Era una de las patrulleras de Umbridge,
encontrando a Luna Lovegood curioseando en el bar equivocado. Pansy, en su calidad de “puta
oficial de Slytherin”, acababa de cobrarles a un grupo de magos maduros una chupada de polla
detrás del bar, y aún tenía rastros de semen en los labios mientras se guardaba el pago.
—¿Hm? ¡Oh, hola, Pansy! —saludó Luna, alegremente. La chica de ojos soñadores y cabello rubio
utilizaba su camisa escolar, su corbata azul de Ravenclaw, su corta minifalda negra, y como
siempre, iba descalza—. Solo buscaba un lugar para juntarme con unos amigos, pero creo que,
como siempre, no recibí la dirección verdadera. Es una lástima, ¿verdad? ¿Tienes amigos? ¿Esos
que te pagan son tus amigos?
—Tengo bastantes amigos, boba, muchos de los cuales que se fascinarían divirtiéndose con una
loquita idiota como tú —dijo la sexy Pansy, acercándose a Luna y acariciando su pecho por sobre su
blanca y ceñida camisa—. Serás tonta, pero al menos tienes buen cuerpo. Creo que mis amigos
podrían pagar bastante por usar estas tetitas, y quizás más abajito, ¿qué dices?
—Aún soy virgen —dijo ella, con expresión serena, sin haberse ofendido ni un poco—. Mmm, y no
creo que me guste tener relaciones sexuales por dinero.
—No pedí tu opinión —dijo Pansy, agarrándole el culo con fuerza, y luego metiendo la otra mano
bajo su faldita—. La Profesora Umbridge no las necesita.
—Disculpa, ¿qué haces? Recuerdo decir que soy virgen. Huh. ¿Tal vez no lo dije?
—¡Aléjate de ella! —gritó una voz detrás de Pansy. Al voltearse, la Slytherin y la Ravenclaw
encontraron dos Gryffindor, varitas en alto: Hermione Granger y Ginny Weasley.
Hermione iba vestida con unos jeans ajustados que levantaban su trasero, una camisa de seda rosa
medio abierta, y ropa interior blanca y coqueta, incluyendo un escotado corpiño y unas pantaletas
tipo culotte muy sensual. Por su parte, Ginny se había atado el fogoso cabello rojo en una cola de
caballo, llevaba una faldita escocesa hasta la mitad de los muslos, y una chaqueta corta y verde
que dejaba al descubierto la cintura, y que Tonks le había prestado. De ropa interior llevaba unas
bragas rojas tipo tanga, y un sencillo sujetador negro de bikini.
—Oh. La sangre-sucia y la Weasley muerta de hambre —se burló Pansy, aún manoseando entre las
piernas de la confundida Luna, bajo la minifalda—. ¿Quieren este culito para ustedes acaso, par de
machorras? ¿O quizás quieren lo que la santurrona tonta se guarda?
—Solo lo repetiré una vez más, Pansy —amenazó Hermione—. Largo. Umbridge no tiene poder
aquí, y tú tampoco. E incluso si lo tuviera, Luna no ha hecho nada para que la amenaces.
—Luna, ven detrás de mí —dijo Ginny, y Luna, obediente, se puso detrás de una de las pocas
amigas que tenía—. Tranquila, todo estará bien. Perdona a la zorra esa. No sabe cómo interactuar
con gente si no es intercambiando culo por pasta.
—¿Honestamente crees que me ofende por llevar a cabo el trabajo más antiguo del mundo con
orgullo? Vaya que eres idiota, Weasley.
—Vámonos, chicas. No vale la pena —dijo Hermione, guardando la varita. Juntas, las tres chicas se
fueron al bar donde esperaban Harry y los demás.
De camino, Luna se detuvo varias veces, con la mirada baja, avergonzada, y las piernas muy juntas.
Al principio, decía que no era nada, y Ginny y Hermione lo adjudicaban a las típicas rarezas de la
chica. A Hermione en particular le había empezado a caer bien últimamente a pesar de sus
personalidades opuestas, pero no por eso dejaba de parecerle extraña.
Sin embargo, llegó a un punto en que Luna casi cae de rodillas. Tenía la cara roja y, por primera vez,
la veían con una expresión emocional en el rostro.
—¿¡Qué te hizo esa perra!? —preguntó Ginny, varita en mano, con la intención de seguir a Pansy.
—N-nada… Es que… n-no quería decir nada, creo que hay algo invisible en el aire que…
—No existe nada de lo que sea que digas ahora, Luna —dijo Hermione, con firmeza, tanto
preocupada como ofuscada—. Dinos qué te hizo.
—Estoy… tengo calor entre mis piernas. Me tocó… muy bien. —Fue entonces cuando notaron un
hilillo de líquido semitransparente bajar por la cara interna de uno de sus muslos.
—¿Estás cachonda? Madre mía, Luna, no me asustes así —dijo Ginny, poniendo una mano
reconfortante sobre el hombro de su amiga.
—¿Qué? ¿Te parece normal que se excite con el toque de esa tipa?
—No lo sé, tú dime. ¿No fuiste tú la que se acostó con ella hace unos años?
—¿¡Qué!? E-eso fue diferente, estábamos en la Sala Común de Slytherin buscando información, n-
no para acostarnos con… Y f-fue solo un par de besos y… ¡Deja de reírte, Ginny! ¡T-te recuerdo que
gracias a eso te salvaste! Además, ¿cómo fui que supiste eso?
—Gracias por follarte a Pansy para salvarme, Hermione Granger. Y fuiste tú misma la que me lo
dijo. Te emborrachaste el año pasado cuando fuimos a ver la final del mundial de Quidditch, y
dijiste, cito: “Madre mía cómo extraño los deditos de Pansy en mi chumino”, y luego vomitaste en
las plantas —relató Ginny, haciendo que Hermione se tapara la cara con las manos, avergonzada.
—Pansy Parkinson dijo que me quitaría la virginidad —dijo Luna, como si fuera un tema casual—.
¿Sería bueno eso? ¿Es necesario perderla? Hermione, si me dices que Pansy Parkinson lo hace
bien, tal vez le pida…
—Luna… sigh, no necesitas hacer algo que no quieres hacer aún. Está bien ser virgen —dijo
Hermione, a la vez que Ginny indicaba con su rostro todo lo contrario—. Encontrarás a un chico
adecuado alguna vez. Pansy no es ni chico ni alguien adecuado.
—¿¡QUÉ!? —estalló Hermione, mientras Ginny se largaba a reír—. Luna, ¿no te acabamos de decir
que necesitas a un chico para eso? El placer que necesitas conocer es…
—Oh, yo conozco bastante de placer —contestó Luna, medio ofendida, procediendo a levantarse la
faldita escolar y comenzar a masajearse el clítoris por sobre la ropa interior—. Me masturbo todos
los días, y le he realizado sexo oral al Profesor Lupin, al Profesor Hagrid, al Profesor Flitwick y,
ummm… ¡oh, la Profesora Trelawney me besó una vez! ¡Ella es una chica! ¿Ven?
—Jajaja, ay… jaja —terminaba de reír Ginny, limpiándose las lágrimas—, Luna, lo que Hermione
falla en decir a pesar de su cerebro gigante, es que acostarse con nosotras es un gran salto. Y
deberías perder la virginidad con alguien con experiencia en ello. Yo nunca me he acostado con
alguna chica, ni siquiera he besado a una. ¡Hermione, por otro lado…!
—¡Ginny! —protestó ella, notando la sonrisa perversa de la pelirroja—. Sigh, sí, he tenido… algo de
contacto con mujeres. Además de besarme y tocarme con Pansy, me acosté con la Profesora
McGonagall unas cuantas veces… y… y también me acosté conmigo misma. Una versión del pasado
de mí, quiero decir. Y con otra del futuro, claro…
Los ojos de Ginny y Luna estaban abiertos como platos, llenos de algo similar a la devoción y
admiración, y tanto la rubia como la pelirroja le tomaron una mano.
—¡Enséñanos a comer coño, oh gran maestra! —rogó Ginny, medio bromeando, medio en serio.
—Me gustaría mucho bastante que me quitaras eso que llaman virginidad —dijo Luna,
completamente en serio, con sus ojos soñadores expresando diversas emociones dulces.
—Yo no… —Hermione iba a negarse, pero no solo le parecía muy bueno entablar mejores
relaciones con las poquísimas amigas de verdad que tenía, sino que… bueno, su ninfomanía
crónica estaba entrando en efecto, y sintió un cosquilleo en la entrepierna—. Maldita sea… E-está
bien, haremos algo. De seguro Harry y Ron pueden improvisar. Hay un bar que renta habitaciones
aquí cerca. Les diremos que necesitamos una para estudiar. ¿Cuántos galeones tienen?
20 minutos después, las tres chicas entraron en la habitación que les dieron. Dejaron sus bolsos y
caminaron nerviosa e incómodamente por el lugar, intentando no mirarse, pero claramente
excitadas ante la expectativa. Ninguna de las tres era inexperta, pero cuando se refería a sexo entre
chicas, solo Hermione tenía experiencia, aunque no mucha, y no se atrevía a aceptarlo.
—Detesto estos silencios incómodos —rompió el silencio Ginny—. Venga, ¿qué vamos a hacer?
—Me gustaría perder la virginidad, ¿podemos hacer eso? —preguntó Luna, con cierta inocencia.
—¡No es tan fácil! —protestó Hermione, sentándose en la cama grande que habían pedido para
“estudiar”—. Miren, durante todos estos años no he tenido amigas, ustedes dos son lo más
cercano y… t-tampoco las conozco tanto.
—A mí sí me conoces. ¿Recuerdas cuando esos elfos te hicieron un Bukkake el año pasado? ¡Yo
estuve ahí! —dijo Luna, sintiendo un calor intenso en su intimidad al recordar el baño de semen.
—Y, ¿sabes algo curioso que me contó Bill? —dijo Ginny, sentándose junto a Hermione, muy cerca
de ella, haciéndola ruborizar—. En ese campamento, alguien estuvo espiándome visitar a mis
hermanos mayores. ¿Te gusto lo que viste, Hermione?
—¡Ginny! N-no sabía que sabías que… Yo… —Hermione sintió su excitación crecer. Recordaba
perfectamente ver desde las sombras la sesión incestuosa entre Ginny, Bill y Charlie—. S-sí… fue
extraño al principio, pero luego fue muy morboso verte siendo ensartada por tus hermanos…
—Ajá. ¿Te puso cachonda verme siendo penetrada anal y vaginalmente a la vez? —preguntó la
atrevida Ginny, poniendo una mano sobre el rostro de su amiga.
—Sí… Me encantó. Y cuando Bill te hizo una paja, y tuviste un squirt… cayó dentro de la Capa de
Invisibilidad que llevaba. —Hermione miró los ojos cafés de Ginny, cada vez más cerca de los suyos.
Notó el rubor subir a su rostro—. Y los tragué tus jugos, Ginny. Estaban delic…
No alcanzó a terminar la oración. Ginny atrajo a Hermione hacia sí, y le plantó un fogoso beso. Solo
los labios, unidos, llenos de electricidad. Estuvieron pegadas por diez segundos, y se separaron
para tomar aire. Hermione no aguantó más, retomó el beso, pero esta vez introdujo su lengua en
la boca de Ginny, que la recibió con gusto y empezó a lamerla con su propia lengua.
Luna se acercó a ellas, mirándolas con curiosidad y creciente excitación. Cuando Hermione y Ginny
la notaron, se separaron, y Hermione tomó el rostro de Luna, penetrándola esta vez a ella con su
juguetona lengua, lo que Luna aceptó con ganas. Al mismo tiempo, Ginny le desabotonó la camisa
a Hermione, y se desabrochó su propia chaqueta.
Ginny era más atrevida y agresiva para besar, haciendo bailar la lengua por todos los rincones de su
boca, mientras que Luna era dulce y movía su lengua con cierta timidez, que era igual de sensual.
Hermione era el primer beso lésbico de ambas, y eso le dio cierto orgullo. Sus grandes tetas
cubiertas por el sexy corpiño blanco salieron a la luz cuando Ginny le quitó la camisa, y pudo ver
que el torso desnudo de la pelirroja estaba casi completamente desarrollado, con senos un poco
más pequeños que los suyos, pero con pezones más puntiagudos bajo el bikini negro.
Hermione se separó de ellas y se bajó los pantalones mientras veía a Ginny y Luna besarse
apasionadamente, a la vez que Ginny desabotonaba la camisa de la rubia. Ambas quedaron
sorprendidas, pues los pechos de Luna, a sus catorce años, eran más grandes que los de Hermione,
protegidos por un sujetador celeste tipo buster, con encaje semitransparente. Ésto le encantó, las
dos chicas eran muy sexys, pero diferentes, y su coño le pedía acción.
Ginny y Luna se quitaron mutuamente las faldas que llevaban, y las tres quedaron en ropa interior,
mirándose. El conjunto de Ginny, bikini negro y tanga roja, resaltaba su figura juvenil; el de Luna,
completamente celeste, de busto grande arriba y con un colaless delgadísimo abajo, la hacía ver
más coqueta que nunca; mientras que Hermione utilizaba un sensual y elegante conjunto blanco,
con mucho encaje y un erótico culotte, que la hacían ver como un ángel sexy.
Sin decirse una palabra más allá de las cómplices y picantes sonrisas, las tres adolescentes se
acercaron, se abrazaron por los culos, y se unieron en un triple beso francés que les subió la líbido
hasta el límite. La lengua de Ginny era agresiva y de movimientos rápidos, la de Luna era curiosa y
buscaba constantes caricias, y la de Hermione era sensual, experta, con movimientos profundos a
lo largo de las otras dos. La saliva caía por la comisura de sus labios y salpicaba sobre sus juveniles
y firmes senos, y sus manos acariciaban suavemente los culos de las demás, disfrutando de la
sensualidad que les otorgaba su ropa interior.
—Dios mío… creo que es el morreo más sexy que he tenido, jaja —dijo Ginny cuando tomó aire,
admirando con la mirada las grandes tetas de sus amigas. “Bueno, tal vez el segundo más sexy”; se
dijo, recordando un beso muy sensual en cierta cámara subterránea…
—Mi ropa interior está muy mojada —dijo Luna, mirándose la entrepierna—. ¿A alguna de las dos
le apetecería… p-probarme?
—Yo quiero comerte el chochito, Luna —declaró Hermione, tan caliente con el triple beso que sus
inhibiciones habían desaparecido—. Siempre y cuando tú me hagas lo mismo, Ginny.
—Me muero por probar tu coño, Hermione —admitió ésta—. Venga, acuéstate en la cama. Luna,
siéntate en su boca. Yo soy la más atlética de las tres… Dioses, siempre he soñado con hacer esto
con otras dos chicas.
Con las instrucciones de Ginny, Hermione se acostó en la cama y se quitó el calzoncito. Las otras la
imitaron. Luego, Luna se sentó en su rostro, y Ginny se paró en la cama, inclinándose hacia
adelante, poniendo la entrepierna a la altura de la boca de Luna, a la vez que ella misma se metía
entre los muslos de Hermione. Cuando estuvieron las tres listas en el triángulo lésbico, sacaron la
lengua y comenzaron a saborear el coño que tenían enfrente. Los sonidos salivosos y húmedos no
se hicieron esperar, así como los gemidos de las tres excitadas muchachas.
—Slurp, slurp, y está delicioso, Luna. Ahhh, ahhh, Ginny, qué labios tienes, ¡ay! Mmmm, me
mordiste, hija de puta, jajaja, sigue haciéndolo, suave, aahhh, ahhh
—Chup, chup, chup, siempre he querido comerte el coño, Hermione… Luna, más abajo, donde está
el cl… ¡¡¡OH, SÍ, AHÍ MISMO!! ¡LAME AHÍ, LUNA! AHHHH
Las tres estaban concentradas en lamer el clítoris de la otra, así como sus profundidades. Sentían
los fluidos vaginales de sus amigas caer por su garganta, y el sabor era embriagante, no se
cansaban de ello, así que lamían más, y más, y más, saboreando y tragando, disfrutando de la
humedad de las demás, penetrando sus coños con la lengua, e incluso curioseando en zonas más
cercanas al otro agujero… De hecho, Ginny no se aguantó, y directamente empezó a lamer el culo
de Hermione, que siempre lo tenía limpio para hacer a diario lo que consideraba una de sus
actividades sexuales favoritas desde que Harry y Sirius le estrenaron el ano. La comida de culo de
GInny tuvo sus frutos e hizo a Hermione estremecerse hasta acabar.
Esta vez, las otras dos fueron las que se acostaron en la cama. Luna estaba en cuatro patas, encima
de Ginny, que la abrazaba con las piernas, y con las instrucciones de su amiga, ambas muchachas
se unieron de tal forma que sus chochitos quedaron unidos.
—Qué vaginas tan apetecibles —dijo Hermione con cara de vicio, confirmando su bisexualidad—.
Ahora entiendo por qué los chicos no se aguantan cuando ven dos coños así, mmmm
—¿Qué vas a hacernos, Hermione? —preguntó Luna, mientras Ginny le lamía el cuello.
—Esto. Fructus Expecto —Hermione apuntó a su clítoris con la varita, y una forma de luz surgió de
allí, tomando la figura de una banana abultada, erecta y luminosa—. Un hechizo creado en secreto
por una pareja de brujas hace treinta años. Lo encontré en la biblioteca.
—¿Y qué esperas? ¡Fóllame ya, Hermione! —exigió Ginny, y Hermione sonrió. Primero recogió un
poco de fluidos vaginales de la pelirroja, solo para probar su sabor, y cuando notó lo mucho que le
encantaba, introdujo su dildo mágico en el coño de Ginny. Al estar conectado al clítoris de
Hermione, la frotación de penetración produjo la misma sensación placentera que era follar en los
hombres, y tanto Hermione como Ginny supieron que estaban efectivamente follando.
—¡¡¡Ahhhh, ahhhhh, Ginny, eres maravillosaaaahhhhh!!! Mil diablos, ¿cómo es que Harry no está
encima tuyo cada vez que te ve? —preguntó la castaña, revelando que conocía el secreto más
profundo de Ginny. Ésta, sin embargo, no se sorprendió.
—Eso me pregunto todos los días, Hermione, pero más le vale a ese idiota que se apure en darse
cuenta, o me obsesionaré con tu pene al fondo de mí coñito, ahhhh, me está partiendo en dos,
ahhhh, fóllame, fóllame más, Hermione, ¡me encanta!
—Mmmmm, mmmmmm —Luna, que estaba al centro, era estimulada en sus agujeros por el
movimiento pélvico constante de ambas chicas, con su anhelo de ser penetrada creciendo con
cada embestida de Hermione en Ginny.
—Ahhh, ahhhh, me muero, ¡me siento como un hombre follando! ¿Así es como cuando Harry o
Ron me penetran? ¡Qué ricooooo! Ahhh, voy a dejar que me usen más a menudo, ahh
—Hermione, mira cómo me lame y besa Luna, jajaja, creo que no puede esperar más, ahhh, y yo
ya me corrí en las primeras cinco embestidas jajaja, ¡dale bien duro!
Hermione obedeció, y apuntó esta vez a Luna, que permanecía de perrito, anhelante, casi
desesperada. Ginny besó a la rubia con toda la pasión que podía para facilitar su desvirgación, y
Luna levantó el culo lo más que pudo. Hermione comenzó a penetrarla lentamente, entrando con
suavidad en la vagina de su amiga, sintiendo en su clítoris el rico roce con el interior. No iba a ser
como el tarado de Ron que la desvirgó como un animal. Una chica necesitaba el toque delicado.
—Ay… ay… tu frutita está adentro, Hermione, puedo sentirla —susurró Luna, cuando Ginny dejó de
besarla para que respirara. Unas gotitas de sangre cayeron a la cama.
—Así es. Cuando estés lista, voy a comenzar a mov… ¡Eh, Ginny! ¿Qué haces?
Ginny abrazó a Hermione por la espalda, le agarró las tetas por sobre el sujetador, y la empujó al
interior de Luna, que gritó cuando toda la polla de Hermione golpeó fuertemente en su interior.
Ginny tomó a sus amigas de las cinturas para acelerar el movimiento pélvico, que para Hermione
se sentía tan bien que le costó detenerse.
—A las chicas nos gusta empezar lento… pero no TAN lento, Hermione. Luna puede soportarlo, es
una chica duda, ¡penétrala con fuerza!
—N-no… No pares… No bajes la vel… —respondió la chica en un murmullo, pero de todos modos
fue oído con claridad. Ginny le sonrió a Hermione con un “te lo dije”, y ésta le dio una fuerte
nalgada a la rubia antes de aumentar la potencia de sus embestidas—. ¡Ahh! ¡Ahhh! ¡AHHH!
—Este hechizo es fabuloso, ahhh, puedo sentir el interior de Luna como si mi clítoris estuviera en
su interior, ¿así se sienten los hombres CADA VEZ que follan? ¿Cómo lo hacen para aguantar más
de cinco minutos? Mmmmmm, ahhhh, ahhhh, seré más compasiva con los chicos, ahhh
—Me tienes que enseñar ese truco —dijo Ginny, manoseando las tetas de Hermione y besándole
en el cuello y el lóbulo de la oreja, a la vez que se masturbaba frenéticamente—, o me moriré de
hambre esperando que cierto cuatro-ojos se digne a servirme de plato fuerte como corresponde.
—¿Quieres mi corrida, Luna? —preguntó, y Luna asintió. Ginny se abrió de piernas y puso su
intimidad a la altura del rostro de Luna, que movió suavemente la lengua para poder acariciarle el
coño mientras la pelirroja se masturbaba rápida e intensamente. Lo que su hermano le había
enseñado ahora lo dominaba. Sus dedos golpeaban su clítoris repetidamente, su mano se había
convertido en una borrasca, y su rostro estaba contorsionado en una mueca de gloria.
—Luna, me voy a correr mientras te follo, ¡Luna, me corro! —gritó Hermione, acariciándose el
cabello con ambas manos mientras aceleraba la penetración en el coño de Luna, como un perro a
su perra en celo—. ¡Luna! ¡Ahhhh! ¡Luna, me corro en tu coño! ¡Síii, síiiii…! ¡¡¡SÍIIIIIIIIIIIIIII!!!!
—¡AHHH, AHHHHH, AHHHHHH! —estalló Luna después, y tenía tal expresión de golfa que Ginny
no pudo evitar la extra estimulación.
—¡Toma, mi perrita, bébete todo, mmmmm! —Ginny disparó un intenso chorro de squirt a su
carita, y luego otro, y otro más, como una lluvia vaginal que Luna recibió como una perrita
obediente, meneando el culo a la vez que Hermione sufría espasmos por su orgasmo.
Las tres chicas cayeron rendidas en la cama, agotadísimas. Luego se miraron, se largaron a reír con
complicidad, y decidieron descansar un rato para ir al bar con Harry, Ron y los demás. Ahora
podían decir que no eran solo compañeras o conocidas. Se habían vuelto verdaderas amigas.
Continuará...
Harry consuela a Cho Chang en la Sala de Menesteres. Y después, las chicas del Ejército de
Dumbledore deciden subir el ego de Neville enseñándole el significado de la palabra
"harem".
Sala de Menesteres
—¡Yo encontré un sitio! —había exclamado Neville Longbottom, que había llegado corriendo junto
a Harry, Hermione y Ron. Con los años, el pequeño gordito y ansioso Neville se había convertido en
un joven aún ansioso, pero muy alto, robusto, y hasta atractivo cuando no estaba nervioso o
acobardado—. ¡Luna tenía razón, sí existe! ¡Encontré la Sala de Menesteres!
La Sala de Menesteres era un rumor, un salón secreto cuyas puertas solo se abrían para quien
realmente lo necesitara, y cuyo interior se adaptaba mágicamente a sus necesidades y demandas
con todo lo que fuera de menester. Neville había llegado allí tras escapar de las Inquisidoras Pansy
Parkinson y Daphne Greengrass, y tras masturbarse allí gracias a varias revistas de fotos de ambas
chicas en traje de baño, loción y un par de juguetes, corrió a avisarle a sus amigos que había
encontrado un sitio para que el Ejército de Dumbledore entrenara.
Ejército de Dumbledore. Así fue como Hermione, Ron y los demás llamaron a su pequeño grupo
que tenía por misiones tanto protegerse del equipo de Umbridge, como entrenar y mejorar sus
habilidades mágicas, con la guía del profesor que habían elegido: Harry Potter.
El problema era que, incluso si muchos de sus compañeros eran talentosos y habilidosos, aprender
hechizos avanzados de una sola vez, en tan poco tiempo, no era nada fácil. Harry lo había logrado
sencillamente porque había estado en situaciones críticas, donde la adrenalina había estado en su
límite; además, había tenido maestros ideales.
—Bueno… podríamos hacer lo que hace la Orden —sugirió Ron, medio en serio medio en broma.
—¡Ronald Weasley! —exclamó Hermione, golpeándole el hombro con un libro—. No estamos para
tonterías, esto es serio.
—Oye, pero funciona, ¿no? La Orden del Fénix usa ese hechizo de nuestro senil director, ¿cómo
era? “¿Placer Comelón?”
Parvati y Padma Patil solían entrar antes de cada entrenamiento, juntas, y tras ello eran capaces
de hacer estallar múltiples paredes con poco esfuerzo, gritando Bombarda. Seamus Finnigan había
desarrollado una capacidad aún mayor, con Bombarda Máxima, y solo requería de diez minutos a
solas con una estudiante al azar a la que seducía sin problemas. Luna ingresaba a las habitaciones a
distintas horas, siempre con alumnos distintos (incluyendo a Ron y Hermione), y en dos semanas
ya era capaz de generar un Patronus con forma de liebre. Y Ginny entraba sola después de cada
práctica, sin decirle a nadie qué hacía allí, y poco después aprendió a lanzar el más poderoso
Reducto que cualquiera de ellos hubiera visto. Desde luego, Hermione y Ron también habían
mejorado muchísimo en sus habilidades, entrando juntos, por separado, y con otros estudiantes, y
luego mostrando maestría extraordinaria en las clases con Harry.
Lamentablemente, Harry era el único que no había tenido tiempo de usar las instalaciones
interiores de la Sala de Menesteres. Estaba siempre demasiado ocupado enseñando a mínimo
cinco estudiantes, que iban rotando, y por lo tanto, siendo un muchacho responsable, solo podía
limitarse a escuchar los gemidos lejanos de sus compañeros, o imaginar lo que sus compañeras
hacían adentro cuando salían de las habitaciones con el cabello alborotado y rubor en las mejillas.
Sus erecciones no podían más… Y en la que más se fijaba era en la chica que había intentado
seducir, sin éxito, el año anterior: Cho Chang.
Un día, como muchos otros, Cho se quedó después de clase, llorando junto al retrato de Cedric
Diggory que habían puesto en un muro, en su honor. Harry se acercó a ella, por honesta
compasión, y le puso una mano en la espalda protegida por la capa azul y negra. Solo una chica,
una pelirroja, se quedó más tiempo del debido, mirando a los dos antes de salir de la Sala de
Menesteres con tristeza…
—¿Cómo estás? —preguntó Harry, que notó la presencia de cabello rojo detrás de él, pero algo le
impedía pensar en ello—. Supe que Umbridge casi te atrapa el otro día…
—No fue nada —contestó la chica, sonriendo con tristeza, turnándose entre mirar la foto de Cedric
y a Harry—. Todo esto lo vale. Estoy aprendiendo muchas cosas y es algo hot…, divertido, digo.
—Oh, lo siento —se disculpó la chica, poniendo una mano en el pecho de Harry—. Sé que has
estado muy ocupado enseñándonos y no has podido… um…
—Nah, está bien, solo me importa protegerlos. Cedric pensaba igual. —Inmediatamente después
de decirlo, Harry sintió que su polla lo regañaba. ¿Por qué mierda se pondría a hablar del ex de
Cho cuando se estaba empalmando con estar cerca de ella?
—Claro que sí, fue un gran mago. Apuesto que… um, te divertías mucho con él.
—Sí… muy a menudo —dijo ella, bajando la mano por la camisa de Harry—, pero creo que solo lo
hacía porque tú te demoraste un poco más en llegar a invitarme al baile. No, no pongas esa cara,
claro que te vi allí mientras Cedric y yo... hacíamos cosas. Lo siento, no pude rechazarlo, pero
tampoco te habría rechazado a ti.
—Lo entiendo bien. Lástima que me la pase enseñando. —Harry bajó la mano hacia la cintura de
Cho, y ésta le indicó con la mirada que podía seguir bajando…
—Eres un gran profesor, Harry, se nota que tienes experiencia. Apuesto que puedes enseñarme
muchas más cosas. Me encantaría ayudarte a que uses la Sala de Menesteres como corresponde,
Harry. —Cho miró hacia arriba, donde sorpresivamente una ramita de muérdago estaba bajando
desde el techo—. Mira. Muérdago. ¿Sabes lo que significa?
—¿Qué? Espera, ¿de dónde mierda salió esa pla…? —Harry no pudo completar la oración cuando
Cho se colgó a su cuello y comenzó a devorarle la boca con un hambre y una pasión que solo
podían provenir de una chica desesperada por afecto. Harry sabía eso, pero no por eso iba a
perder la oportunidad de echar un buen polvo.
Mientras tanto, desde cierta distancia, junto a una de las habitaciones internas, Fred y George
Weasley reían en silencio, satisfechos tras haber conjurado el muérdago para darle a su amigo el
relajo que se merecía. Uno de ellos, sin embargo, tenía sus dudas.
—Oye, sé que es un buen morreo y todo, ¡joder!, ¡mira como se tocan, Fred!
—Sí… Esa Cho sí que sabe dónde tocar. Mira como le toca el culo a Harry, George.
—Está bien… pero sabes perfectamente que nuestra hermanita anda detrás de nuestro “profesor
Potter”. ¿No deberíamos haberlos juntado a ellos mejor?
—Ginny está saliendo con Dean Thomas ahora, creo, así que polla no le falta. Además, Georgie,
tienes que dejar que las cosas ocurran con naturalidad. Harry ya se dará cuenta de con quién tiene
que estar. Nuestro trabajo ya está hecho. Por ejemplo, era simple cosa de tiempo para que las
putitas de Parvati y Patil nos chuparan la polla. Cosas de gemelos, venga.
—¿Saben que estamos aquí, verdad? —preguntaron con sarcasmo las dos gemelas, a la vez, que
en ese momento se encontraban de rodillas chupando los penes erectos de los gemelos Weasley
junto a la puerta de la habitación.
—Tienes razón, Fred. Venga, llevemos a estas dos a la cama. Dejemos a los tórtolos solos. Además,
aún tenemos que preparar los explosivos para arruinar la vida de Umbridge.
—Chicos, los van a expulsar —dijo Parvati, desnudándose rápidamente para meterse a la cama con
George. Padma ya estaba empezando a masturbarse para encender motores.
—Y que conste que esa es la principal razón por las que estamos echando un polvo con ustedes,
para que se larguen de la escuela en grande.
Cho saltó sobre Harry y abrazó su cuerpo con sus piernas, y el cuello con sus brazos, besándolo con
más pasión y desenfreno que nadie antes. Harry se bajó los pantalones y Cho se quitó a duras
penas la capa y la camisa, sin desear soltarse del chico. Miró hacia abajo y se encontró con su
erección. La chica asiática sonrió y se relamió los labios.
—No sabía que tenías eso entre las piernas, Harry… Mmm, debí haber hecho mucho antes.
—Así es. Debiste. —Harry había estado haciendo mucho ejercicio durante los años, quisiera o no,
con todos los desafíos físicos que enfrentaba. Le fue fácil tomar a Cho de las piernas y girarla
mientras ella chillaba del susto, poniéndola cabeza abajo.
—¡Dios mío, Harry! ¡Tienes que avisarme de estas cosas! —Cho no discutió más, abrió la boca, y se
metió con ganas la polla del muchacho a la boca. Tenía una habilidad particular para chupar,
pasando la lengua en círculos rápidos alrededor del capullo mientras movía la cabeza lentamente,
parecía una máquina para hacer algodón de azúcar—. Chuuuuuup… chuuuuuuup… chuuup
—Ohhhh, ohhh, Chooo, mmm, nunca me lo habían hecho así… —Harry decidió agradecerle. Le
abrió las piernas y olió sus bragas empapadas—. Sniiif, qué rico… Vale, ¡bragas fuera!
Tras un rato, Harry bajó a Cho, y ésta tuvo que apoyarse con sus manos. Harry la tomó cual
carretilla, le subió la falda negra, y la penetró, adaptándose perfectamente a la apertura vaginal,
que liberó un par de chorritos de excitación, y luego unos cuantos más a medida que Harry la
follaba en esa posición tan salvaje.
—¿Te molesta?
—¡NO! ¡Me encanta! Aaaayyyy, ughhhh, siento como si me estuvieras usando, como si tan solo
fuera una muñeca barata que puedes usar como quieras mientras te deje satisfecho —la voz de
Cho fue poniéndose más aguda a medida que iba hablando, y terminó en un largo chillido—, aay,
aaaaaaaaaaaaaaaaaay, ahhhhhhhh, me encanta que me uses así, Harry, no te preocupes por mí, ni
en qué posición me pongas, solo disfruta y folla a tu putitaaaaaahhhh, aaaahhhhh…
—N-no… Cedric me hacía otras cosas ricas… —dijo Cho, con cierto tono de desafío que no pasó
desapercibido para Harry.
—¡Golfa de mierda!
Harry la obedeció y la bajó aún más, sin dejar de follarla fuertemente. Cho terminó con el cuello
torcido en el suelo, los brazos temblorosos intentando aguantar, las piernas tan abiertas que le
dolían, y aún así, la asiática no podía dejar de correrse, liberando squirts sin parar al ser dominada
por un Harry controlado por los celos que causaba el fantasma de Cedric.
Harry había decidido usarla, divertirse con ella si tanto le gustaba a la zorra. Se había follado a
Cedric múltiples veces frente a él, ¿y ahora venía con que sabía de sus sentimientos? Harry tenía
estima hacia Cedric, pero le demostraría a Cho Chang que era mucho mejor que él. Vaciaría su
esperma en esa puta hasta que se desbordara… De pronto, nuevamente la imagen de una chica de
ojos cafés apareció en su cabeza, haciéndole recordar lo ciego que era.
—¿Eh? E-espera, Harry, ¡s-soy virgen por allí! N-ni siquiera Cedric me…
—S-sigue… oh, no puedo creer que se sienta tan… ¡Dios, es TAN GRANDE Y DURO! E-espera, un
poco más lento… A-así… ¡¡¡ohhhhhh!!! ¡¡¡aaaaayyyy síiiiiiiiiiiiiiiii!!! ¿Ya está todo adentro?
—Aún no todo.
—¿Aún no todo? Dios mío, Harry, vas a partirme en dos con tu verga, so bruto, no voy a poder
levantarme en días… a-a-ahhh… aaaaahhhhhhhhh… tus bolas están tocando mi coño, aay, ughhhh,
ya estás todo adentro, eres enorme, Ced… ¡H-Harry! —se corrigió con un gesto falso de culpa. Era
obvio que se había “equivocado” a propósito, Harry lo sabía, pero no impidió que se tensaran sus
músculos y comenzara el bombeo anal más frenético y violento de su vida.
—N-no… ahhhh, ahhhhhhh —Cho comenzó a babear. No podía admitir cuánto le estaba gustando
por el culo, pero se hacía cada vez más difícil. Jamás había tenido una experiencia tan increíble en
un polvo—. No lo séeeeehhhh
—¡Di mi nombre! —Harry le dio un par de fuertes nalgadas que le dejaron el culo rojo, y luego tiró
de su cabello para poder besarle el cuello. La estaba venciendo en su juego—. ¡Dilo!
—¡H…! ¡Ha…! —No era que no quisiera decirlo. Estaba derrotada, corriéndose una u otra vez como
la ninfómana más cerda, pero era incapaz de articular palabra.
—¡Dilo, zorra!
—Eso quería escuchar, Ginny —dijo Harry, lo cual no fue oído por Cho, que estaba en medio del
orgasmo más intenso de su vida.
El mismo Harry no se dio cuenta del nombre que había pronunciado hasta mucho después, cuando
le llenó a Cho el culo de leche, se vistió, la dejó tirada bajo el muérdago, y salió de la Sala de
Menesteres sintiéndose satisfecho…, pero también culpable.
Había un estudiante al que le estaba resultando particularmente difícil mejorar su destreza para
defenderse de la magia oscura. Por un lado, Neville Longbottom tenía un pasado oscuro, dado que
una bruja llamada Bellatrix Lestrange había torturado a sus padres con la maldición Cruciatus, que
los había dejado en estado vegetativo. Pero, además, no era capaz de aprovechar bien la magia de
la Sala de Menesteres. Si bien las chicas ya lo consideraban algo guapo, él era demasiado tímido e
inseguro para invitarlas a alguna de las habitaciones. Tampoco gustaba masturbarse a solas, pues
sentía que si una chica lo veía, se burlaría de él.
Hermione se reunió con algunas de sus compañeras del Ejército de Dumbledore en la biblioteca.
Junto con Parvati, Padma, Luna, Cho y Ginny, las seis chicas decidieron que era momento de curar
la inseguridad del dulce Neville.
Para ello, una noche, Luna lo llevó sin decir una sola palabra al Invernadero favorito de la Profesora
Sprout, donde se realizaban las clases de Herbología. A esa hora, ya ningún alumno tenía clases, y
no fue difícil entrar incluso a oscuras. Filch tampoco andaba por esos lares, fuera de colegio, era el
lugar perfecto para darle la sorpresa al muchacho.
—Luna, ¿podrías decirme, por favor, qué estamos haciendo aquí? —preguntó por enésima vez.
—Lumos Máxima —rezó Luna, y un montón de luces mágicas se encendieron. Bajas, sensuales,
iluminando lo suficiente el Invernadero para que Neville pudiera ver, pero no lo suficiente para que
algún curioso de afuera supiera que había alguien adentro.
El premio era el siguiente: cinco chicas vestidas al estilo de los “Breastaurants” de Estados Unidos,
como Hooters, solo que… para él. Estaban abrazadas una al lado de la otra en cadena,
moderadamente maquillas, con una pierna doblada en postura sexy, y con miradas que indicaban
perversiones. Todas llevaban zapatillas deportivas, calcetines blancos, y el cabello cayendo en
cascada sobre sus senos. Lucían shorts diminutos, casi calzones, de colores rojos los de Hermione,
Ginny y Parvati, y azules los de Padma y Cho. En las ceñidas camisetas blancas y sin mangas se leía
el nombre “NEVILLE”, junto a una imagen de unos labios y una banana. Después de que Neville
pestañeó 10 veces, sin poder creer lo que veía, Luna se unió a las chicas luciendo el mismo
“uniforme” de las demás, con los mini-shorts azules de Ravenclaw.
—Neville, eres muy tímido, pero también muy lindo —dijo Hermione, acercándose al muchacho,
que hacía lo posible por no mirar el generoso escote de la chica.
—Por esta noche, Neville, somos tuyas —añadió Luna, juntando las manos para que sus brazos
extendidos incrementaran el tamaño de su ya gigantesco busto.
—Así que elige, Neville. ¿Quieres comerte una leona apasionada de Gryffindor que se muere por
comerte…? —preguntó Ginny, que junto a Hermione y Parvati tiraron de su camiseta, mostrando el
asomo de uno de sus senos, todo muy bien ensayado y coordinado.
—¿...O una avecita de Ravenclaw que te llevará al cielo para que veas estrellas? —concluyó Cho la
presentación, y junto con Padma y Luna se acariciaron mutuamente las piernas.
—Y-yo… yo… —Neville intentó concentrarse con todas sus fuerzas. Su cuerpo estaba a punto de
desmayarse, pero debía resistir. Lo más probable era que la situación fuera un sueño febril;
Hermione había dicho que esas seis damas lo consideraban guapo, eso era evidencia más que
suficiente para saber que era un sueño.y los sueños tenían un final inesperado, así que debía
aprovechar la oportunidad. Jamás se volvería a dar algo así, así que sacó pecho e intentó poner su
voz grave—. Quiero una… l-leo… ¡ejem! ¡una leona primero!
—Sus deseos son órdenes, amo —dijeron las tres chicas Gryffindor con una pequeña reverencia, y
corrieron hacia él.
Mientras Parvati y Ginny le tomaban una de cada brazo y le besaban los bíceps, los hombros y el
pecho, Hermione se puso de rodillas, mostrándole al nervioso muchacho una de sus más perfectas
y brillantes sonrisas. Le bajó la cremallera de los pantalones, y se preparó para lo que fuera. Si no
había tenido ni siquiera novia, quizás tampoco tenía mucha confianza en lo que tenía entre las
piernas… Ninguna de las chicas se esperaba lo que había allí.
El miembro fálico de Neville Longbottom era un pene circuncidado excepcionalmente grueso, más
que cualquiera de sus compañeros, y también bastante largo, con dos testículos enormes y un
capullo rosadito y húmedo. Hermione no podía creer lo que veía, y se acercó tanto al pene de
Neville que se lo terminó frotando contra las mejillas.
—Neville… por todos los cielos, Neville, ¿cómo es que te guardaste esto tanto tiempo? Mmmm,
snif, sniiiiif, tiene un olor muy fuerte…
—No te disculpes, cari, me fascina este aroma —dijo Hermione, jugueteando con su verga con los
dedos mientras las otras chicas seguían embobadas mirando el león despierto del tímido niño—.
¿Dónde quieres ponerlo, cariño?
—¿Mis tetas? ¿Quieres que te haga una rusa con mis senos, Neville? —inquirió Hermione,
resaltando sus enormes senos con ayuda de sus brazos y su sensual escote. La muchacha no
esperó respuesta, y guardó el pene de Neville debajo de su top blanco, arropándolo con sus senos,
y comenzando a moverlos lujuriosamente—. Mmmm, Neville… tu pene es enorme, es como si
estuviera hecho para mis tetas, jijiji.
—Ohhh, ohhh, no quiero despertar, Hermione Granger me está haciendo una rusa —susurró
Neville, ganándose unas risitas cómplices de Padma y Cho, que junto con Luna esperaban a un lado
acariciándose las tetas por encima de la camiseta, imaginando que eran ellas las que le hacían la
paja rusa.
Mientras tanto, Ginny y Parvati seguían besando el cuerpo de Neville. De un momento a otro,
Parvati estaba ocupada de su cuello, y Ginny estaba de puntillas chupando el lóbulo de la oreja del
chico, susurrándole guarradas.
—Te veo respirar fuerte… muy acelerado, ¿vas a correrte, chico malo?
—Ohhhh, ohhhhhhhhhhh
—Mmm, Neville, te sientes muy caliente entre mis pechos —dijo Hermione, apretando más sus
manos contra los lados de sus pechos para presionar más el pene entre medio—. Venga, no te
cortes, échalo toooodo aquí en mis gomas, Neville.
—¿Vas a eyacular en las tetas de mi amiga? —continuó susurrando Ginny al oído de Neville, con
Parvati lamiendo libidinosamente el cuello del muchacho—. Mmmmm, qué rico, después quiero
que lo hagas en mi cara, me muero por echarme tu crema facial.
—¡Madre mía, Neville, qué corrida! ¡Mis tetas no pueden contener tanto, jijiji!
Después de unos segundos, sin embargo, las chicas notaron lo raro de todo el asunto. Se habían
acostado con varios hombres y sabían perfectamente el proceso que ocurría tras un orgasmo. El
pene se ponía flácido y requería de un tiempo para volver a prepararse. Las seis chicas estaban
preparadas con juegos y prácticas con las plantas del invernadero mientras esperaban…, pero no
imaginaban que él muchacho iba a continuar empalmado, tal vez incluso más que antes.
—¿N-no necesitas un descanso? —preguntó Luna, confundida. Pensaba haber aprendido bastante
ya del sexo ¡y ahora le cambiaban del libreto!
Ginny se puso de rodillas, impulsada por la lujuria, tomó la verga de Neville y comenzó a
chupársela con ganas, mientras las otras chicas volvían a tocarse por encima de la ropa, en especial
Hermione, que se restregaba la eyaculación de Neville por las tetas.
—Ohhh, ohhhhh, ohhhhhhhh… t-también soñaba porque la hermana de Ron me la chupara… ¡es
una muy sexy pelirroja! ¡Es una diosa fogosa! ¡Me encantan las pelirrojas! —exclamó Neville,
poniendo la mano sobre la cabeza de la muchacha, que estaba excitadísima ante los piropos.
—Chup, chup, chup, chup, chupchupchup, ¿qué esperaaaas? —preguntó Ginny, lamiendo,
chupando y besando el largo y especialmente el ancho de aquel grueso cipote que tan bien sabía.
Hermione tenía razón en que el olor fuerte era cautivador—. Acaba, chup, chup, dame de beber tu
lefa caliente, chupchupchupchupchup…
—Ohhhh, ahhhh, ughhh… —Neville dio unos pequeños golpecitos en la cabeza de la muchacha,
anunciado que iba a llegar al clímax de nuevo, pero ella se negó a dejar ir la polla en su boca.
Quería que disparara en su garganta, y así lo hizo el chico, con cuatro chorros de semen que ella
comenzó a tragar rápidamente, ahogándose en ese líquido delicioso—. ¡SÍIIIIIIII!
—Mmmm, gulp, gulp —se oyó la garganta de Ginny, tragando, mientras sensualmente se limpiaba
los labios con los dedos—. ¡Qué delicia! ¡Qué bien sabe cuándo se están guardando! Ahora sí vas a
descansar N… ¡¡Neville!!
No tenía sentido. Las chicas estaban en shock ante la erección magnánima de Longbottom, que
cerraba los ojos y respiraba como si durmiera. Todas pudieron llegar fácilmente a la conclusión
increíble: Neville estaba tan convencido de que estaba dormido, y que no quería despertar, que
estaba doblando de alguna manera la realidad, siendo capaz de mantenerse perfectamente
empalmado, sin contar cuantas veces eyaculara.
—Necesito saber cómo funciona —dijo Luna, dándole la espalda al chico, inclinándose sobre una
mesita, y corriendo sus shorts a un ladito para que pudiera verse su hermoso coño. Sin ganas de
desaprovecharlo, las otras dos Ravenclaw hicieron lo mismo.
—Elige un coñito, Neville, y usa a tu putita favorita como quieras, estamos todas abiertas para ti, y
solo para ti —dijo Cho, sumisa y guarrilla como siempre. Cho, Luna y Padma estaban entregadas y
cachondas, deseosas de ser elegidas por el monstruo de cabeza rosada de Neville. Éste terminó
eligiendo la de al medio, la única chica que siempre había sido buena con él.
—¡¡Ayyyy, Neville!! —gritó Luna, al ser penetrada por el muchacho. Había sido desvirgada hace
poco por Hermione, pero ya era toda una golfa maestra—. ¡¡Qué bueno!! ¡¡¡Es muy grande y
caliente y precioso, aaaaayyyyyyyyyyy!!!
—¿Así se siente follar? Ohh, ohhhh, ohhhhhhh, ¡cómo deseo hacerlo cuando despierte!
—¿Cuál es tu sueño, Nevilleeeehhhh, ahhh, ahhh, ayy, ayyy, ay, ay? —gemía Luna, con la voz
entrecortada por cada embestida.
—Que Luna Lovegood me despierte con una mamada, y luego se siente en mi pene… C-creo que
me estoy enamorando de ella, ohhh, ahhh
Luna se ruborizó, sonrió misteriosamente, se arregló el sedoso y hermoso cabello rubio hacia
adelante, y permitió que Neville se inclinara sobre ella y le lamiera la curvatura de la espalda. Él
aumentó la velocidad, su verga se convirtió en una borrasca contra el coño de la niña soñadora, y
cuando no pudo aguantar más, Longbottom estalló.
—¡¡¡AHHHH!!! N-Neville, ahhh, ayyy, ¡te estás corriendo dentro mío! —Luna estaba muy excitada,
era primera vez que eyaculaban en su vagina. Luego le pediría ayuda a alguien para evitar un
embarazo… quizás. Tenía cierto morbo el creer que podía pasar la otra opción…
Desde luego, Neville continuaba empalmado, con el capullo de su falo reluciente de esperma y
fluidos vaginales. Esta vez, las gemelas Patil tomaron cartas en el asunto, recostaron a Neville sobre
una mesa tras apartar las plantas, y se ubicaron una a cada lado. Gracias a su excepcional
elasticidad y natural aptitud atlética, no les fue difícil cruzar las piernas abiertas una con la otra, de
tal manera que los coños de ambas hicieron un “emparedado” con la erección de Neville al medio.
Las gemelas se tomaron de la mano y comenzaron a menearse, frotando sus intimidades entre sí, a
la vez que estimulaban al tímido muchacho.
—Jejejeje, ¡eres súper adorable! ¡Ahh, ahh, ahh, ahh! —gemía Parvati con cada movimiento
erótico de su sensual cintura.
—Hacemos tijeras todas las noches cuando estamos en casa, ¡hacerlo con una polla en medio es
algo nuevo y muy bueno! —exclamó Padma, acercándose precozmente al orgasmo, al igual que su
gemela. La polla de Neville tenía poderosas venas que, al rozar con sus chuminos mojados,
generaban una fricción espectacular, que las tenía vueltas locas.
—¡Esto es mucho mejor que masturbarse! ¡¡Ahhhh!! ¡Voy a correrme en gemelas! ¿P-puedo?
—¡Báñanos de lefa caliente! Ahhh, ahhh, ahhh, ¡échalo todo sobre nuestros cuerpecitos!
—¡Cúbrenos con tu crema blanca y pegajosa! Mmm, mmmm, síiii, ¡hasta la última gota!
Con otro sonido gutural, Neville volvió a explotar, y su eyaculación fue como un volcán, cuya lava
se desparramó sobre las piernas y las candentes cinturas de las gemelas, que se frotaron
mutuamente un rato más hasta que ellas también alcanzaron su segundo orgasmo compartido.
Cho subió a la mesa y se apuntó la verga erecta de Neville en su entrada trasera. Desde el
momento en que Harry le estrenó el culo, no había parado de follar analmente, y si no tenía con
quién hacerlo, usaba todo tipo de juguetes e instrumentos. Se había obsesionado con introducirse
cosas en el recto, y Neville no fue la excepción. Cho se dejó caer, sentándose sobre Neville,
comenzando a montarlo casi de inmediato mientras el joven aullaba de placer.
—¡Está en su otro hoyito! ¡¡Esto es el mejor sueño de mi vida!! ¡¡¡UNA CHICA ME ESTÁ
MONTANDO CON SU TRASERO!!!
—D-dime guarradas, Neville, por favor… Inténtalo, bebé, dime todas las guarradas que se te
ocurran —suplicó Cho, que se había vuelto fan del “dirty talking” también.
—Este es tu sueño, Neville, ¿no te acuerdas? No te cortes, dime todo lo sucio que se te ocurra,
trátame como tu… ¡tu sucia perra! ¡tu china puta! ¡¡¡AHhhhh!!! ¡Trátame como tu furcia asiática!
—P-puta… ¡P-perra! —tartamudeó Neville, pero Cho le exigió más a gritos—. ¡Z-zorra! ¡Sucia!
¡Cerda de mierda! ¡Golfa cachonda! ¡¡¡Guarra comepollas, igual que todas ustedes!!!
Las otras chicas escucharon mientras se masturbaban, metiéndose los dedos en la boca, el coño
y/o el culo, alcanzando múltiples orgasmos.
—Somos tu harem, Neville, puedes hacernos lo que quieras cada vez que te pongas cachondo.
—Si tienes ganas, sólo pidenos y con gusto echaremos un polvo. ¡Somos tus putas personales!
—¡Tu harem está siempre empapadas para ti, somos de libre uso, úsanos cuando se te apetezca!
—Me corro, ¡me corro, zorra! ¡¡¡ME CORRO EN EL CULO DE LA PUTITA DE HARRY!!!
Neville se bajó de la mesa, mareado, confundido por no haber aún despertado, a pesar de que
solía terminar antes de la “mejor parte”. Se preguntó si eso aún estaba por llegar, pues Hermione
Granger, Luna Lovegood, Ginny Weasley, Cho Chang, Parvati Patil y Padma Patil estaban todas
frente a él, en posición de perrito en el suelo, meneando los culos hacia él, invitándolo a elegir a
quién penetrar, por el agujero que desease.
Se preguntó si, quizás, no era un sueño. Si era así, entonces podía hacer lo que quisiera. Sacó su
varita, y con facilidad disparó el Expelliarmus que tan difícil había sido, sobre unas herramientas de
Sprout que salieron volando. Neville sonrió. Miró los seis culos y se preparó para elegir.
Continuará...
Bosque Prohibido
Eso lo último que le escucharon decir a la Inquisidora del Ministerio Dolores Umbridge, antes de
que un ejército de centauros la tomara y se la llevara. Umbridge había perdido la paciencia unas
horas antes, cuando Fred y George Weasley se auto-expulsaron de Hogwarts atacando
directamente a la nueva directora; ésta descubrió, por medio de pociones de la verdad de Snape,
la ubicación de la Sala de Menesteres, atacó al Ejército de Dumbledore e interrogó a sus miembros.
Cuando estaba a punto de torturar a Harry con la maldición Cruciatus, Hermione llegó al rescate y
le dijo a Umbridge que el “arma secreta de Dumbledore” estaba en el bosque.
Lo que estaba realmente allí era el medio-hermano de Hagrid, un gigante de diez metros
llamado Grawp. Un poco bobo para estándares humanos, pero dulce y sensible, el gigante se había
encariñado con Harry y Ron, pero mostraba un aprecio especial por Hermione, que iba de vez en
cuando a alimentarlo y hacerle compañía.
En el área de Grawp también se encontraba la manada del centauro Firenze, un aliado y amigo de
Harry y Hagrid. Tras intentar matar a Grawp (una abominación, en sus palabras), Umbridge luchó
con los centauros que llegaron a salvarlo, y éstos vencieron y se la llevaron, con Hermione
deseando nunca volver a verla. Ahora… Harry y Hermione estaban a solas con Grawp, que se había
tenido que defender de los ataques de Umbridge.
—¿Qué crees que van a hacerle los centauros? —preguntó Harry.
—Conociendo la historia de los centauros… algo que solo sería divertido si una chica quiere
hacerlo, lo que dudo en este caso —reflexionó Hermione, dejando confundido a su amigo—. Solo
espero que esto le sirva para abrirse más… de mente, digo.
—Bien. Sirius está en peligro, pude verlo en la cabeza de Voldemort, tengo que ir al Ministerio.
—No tienes que seguir haciendo estas cosas solo, Harry. Los demás se enfadarán si lo haces.
Somos un equipo. Me quedaré aquí con Grawp para consolarlo, y tú ve a informar a Ron y los
demás de esto. Después, iremos juntos al Ministerio.
Harry se fue corriendo, y que Hermione se quedó a solas con el triste y dolorido Grawp, a quien le
abrazó una pierna bajo la luz de la luna del bosque mientras el gigante estaba sentado.
—Sé que estás algo molesto conmigo por haberte traído a esa bruja a tu lugar secreto, a tu casa…
Lo siento mucho, Grawp. Me encantaría saber si hay algo que pueda hacer para… ¿Hm? ¿Grawp?
—Hermione sintió algo golpearse contra su cuerpo, junto a ella. Algo grande se hallaba bajo los
harapos del gigante—. ¿Qué hay ahí? Grawp, ¿es un enemigo?
Hermione levantó las ropas de Grawp, y tuvo que bajarlas de inmediato, ahogando un grito y
retrocediendo. Miró hacia arriba y vio una sonrisa dulce, suplicante, formarse en el rostro del joven
gigante. Hermione retrocedió un poco más, alejándose de Grawp.
—¡Grawp! ¡E-eso no está bien! ¡Santo cielo, n-no puedes tener una… una erección conmigo!
¡MALo GRAWP! —protestó ella. Ni siquiera el tamaño de Hagrid se aproximaba a lo que tenía
Grawp entre las piernas. Hagrid era un medio-gigante, por lo que incluso con su tamaño podía
introducirse con dificultad en el cuerpo de Hermione, pero Grawp era un gigante completo, de
padre y madre de la misma especie.
En otras palabras, su polla, ahora erecta, medía casi un metro de largo, poco más de la estatura
completa de la muchacha, y tenía un grosor impresionante, solo había visto algo similar aquella
noche en primer año con el troll de las montañas que había entrado.
—Hmmm… mmmmmm —murmuró el gigante, bajando la mirada con lágrimas de tristeza en los
ojos al verse rechazado, y que la chica que amaba se alejara de él. Hermione no pudo evitar
compadecerse de aquella hermosa e inocente criatura, y corrió hacia él para volver a abrazar una
de sus piernas, a pesar de la dureza fálica junto a ella.
—¡No, no llores, Grawp! ¡Lo lamento mucho por hablarte así, sé que no tenías ninguna mala
intención! Es solo… —Hermione miró al gigante a los ojos a la vez que quitaba la tela de sus ropas
de encima, de nuevo. Se encontró nuevamente con aquel monstruoso pedazo de carne, venoso y
apuntando firmemente al cielo—. Es solo que me sorprendió, es todo.
—¿Hmmm? —dijo Grawp, indicando con la mirada a su polla, y acariciando el cabello de la chica.
—Sí, eres definitivamente un chico grande, Grawp, jiiji. —Hermione tanteó el terreno y, con mucho
cuidado, acercó la mano hasta tocar la hombría del enorme joven, que estaba caliente y palpitante
al tacto. Hermione sintió un intenso escalofrío recorrer su cuerpo cuando su mano rozó con las
venas que llevaban sangre al pene de Grawp—. ¡Por las barbas de Merlín! Jamás había visto
tamaña cosa, algo tan duro y… y tan, tan grande…
Hermione se mordió los labios, sin quitar los ojos de lo que estaba tocando. Se acercó un poco
más, y el capullo rojo de su verga hizo contacto con la mitad de su cuerpo. Hermione extendió los
brazos y rodeó como pudo el tronco de lo que tenía, y por un momento pensó en que debía
controlarse; que eso no estaba bien. Apenas el pensamiento apareció en su mente, ya se había
acercado a darle un tierno lametón…
“Mierda.”, pensó con una sonrisa pícara, encogiéndose de hombros, a sabiendas de que no
conseguiría jamás vencer su ninfomanía, porque sencillamente no deseaba hacerlo. Le encantaba
tener todo tipo de actividad sexual… y sintió la necesidad de decirlo en voz alta para no volver a
dudar de sí misma:
—¡Me encanta tu polla, Grawp! —Hermione abrazó el pedazo de carne, y frotó su cara contra ella
como si fuera una almohada—. No, no es solo eso… ¡¡¡Amo las pollas!!!
—Ughh… uhmmmmm… —gimió el gigante, recibiendo una deliciosa paja de la chica, que en lugar
de hacerlo con las manos, lo hacía por primera vez con ambos brazos. Si solo se hubiera atrevido
en primer año a hacerlo con el troll en lugar de solo masturbarse junto a él…
—Por todos los cielos, eres enorme, ni con ambos brazos puedo abrazar tu polla entera, mmm,
mmmm —gimió Hermione, masturbando al joven gigante con el uso de sus manos, y repartiendo
sutiles lamidas para excitarlo—. No puedo creer que haya una polla tan grande, quien se convierta
en tu pareja será muy afortunada, Grawp… ¡Me cuesta hasta imaginar una corrida tuya!
Hermione miró entonces debajo de la verga de Grawp, y pasó por debajo de ella hasta encontrarse
con dos inmensas esferas dentro de una bolsa de piel, que la dejaron con la boca abierta. Sintió sus
bragas humedecerse cuando las tocó.
—Una eyaculación tuya, con estas bolas, sería como toda la corrida de los elfos domésticos cuando
me hicieron el bukkake, pero de una sola vez. —Dando rienda suelta a su imaginación, la chica se
puso a besar y lamer su escroto con los ojos cerrados, sonriendo como una boba cachonda,
cautivándose con su fuerte olor masculino—. Mmmmm, me encantaría descubrirlo. ¿Harías eso
por mí, Grawp? ¿Me harías un bukkake de un solo hombre? Quisiera saber si una corrida tuya me
daría una ducha de leche caliente. Por cierto… ¿te gusta mi cuerpo?
Hermione volvió atrás, se desnudó completamente, y se pasó las manos por el cuerpo,
mostrándoselo a Grawp. Éste asintió, complaciéndola con pequeños movimientos de polla, de
alegría ante la modelo que tenía en frente.
La chica, muy feliz, volvió a mostrar su adoración al palo de verga que tenía Grawp, acariciando su
polla, haciéndole una paja con los brazos, y besando su glande gordo y rojo. Su sabor, su olor, su
textura, era todo delicioso para ella, incluso si el gigante se la pasaba viviendo allí, en la tierra y las
hojas del bosque. Comprendió que no le importaba ni un poco dónde estuviera un hombre, ni las
condiciones de su polla, todos los penes la volvían loca.
—Uhhhh, ugh… mmmmmmmmm… mmm, mmm, mmhhm, hmm —gimió Grawp, repetidamente,
a la vez que sentía su placer aumentar. De pronto, se puso de pie, y Hermione se alzó también,
colgando de su polla.
—¡¡¡Ahhhhhh!!! ¡Grawp, por todos los cielos, no me asustes así! Tienes que avisarme antes.
—Mmmm, mmmmm —asintió el gigante. Hermione se recuperó pronto del susto, y se reincorporó
sentándose sobre la verga del joven gigante, específicamente poniendo su coñito mojado sobre el
límite del gigantesco prepucio del hermano de Hagrid.
—Madre mía, vaya que eres grande… jaja, no podría meterme esto en mi chumino travieso ni
aunque hiciera diez años de yoga y tantra… Aunque me gustaría que fuera posible. —Hermione
comenzó a moverse de adelante hacia atrás en la polla de Grawp, montándolo como si fuera un
caballo, rozando su intimidad con el prepucio del hombre a la vez que acariciaba su pene con las
manos, y lo besaba de vez en cuando con los labios y la lengua.
Luego, le indicó con un gesto que pusiera su mano alrededor de su verga, y la moviera de adelante
para atrás, enseñándole a masturbarse. Afortunadamente, era un buen estudiante y aprendió
rápido, lo que aceleraría su clímax.
—Uhh, hmmm, uhhh… —gimió Grawp, cerrando los ojos, dejándose llevar por el placer.
—Me alegra que te guste, cari, a mí me está encantando… mi coñito está feliz frotándose con tu
titánico pollón… mmmmm, ahhh, ahhhh… Ay, qué rico…. Sigue con esa paja, Grawp, ¡sigue!
—MMmmmm, ¿qué es esto que siento? —preguntó Hermione, tras un rato de montura y
masturbación, que estaban haciendo maravillas en Grawp—. Siento cómo se hincha tu pollón. ¿Vas
a correrte, cariño?
No tuvieron que pasar ni diez segundos desde que ella descendió. Completamente desnuda, abrió
los brazos a la vez que el gigante apuntaba su polla hacia ella, masturbándose frenéticamente. Sin
un momento de aviso (que de todos modos ella no esperaba ni deseaba), una cascada blanca,
cálida y viscosa cayó sobre ella, empapándola completamente, sumergiéndola en un mundo de
sensaciones eróticas tan intensas, que bastó con que se tocara el clítoris tan solo un poco para que
empezara a correrse como loca.
—¡¡¡Ahhhh, síiiii!!! ¡Báñame en tu lechada, Grawp! ¡¡¡Qué delicia, ahhhhh!!! ¡¡¡Ahhhh, ahhhh,
ahhhh, siento cómo me marcas entera, no dejes ni un centímetro sin tu esperma!!! ¡Qué rico!
Hermione se miró a sí misma, blanca como una buena puta, orgullosa de sí misma, y luego le
dedicó una hermosa sonrisa a Grawp, que se sentó nuevamente, agotado. Había hecho un muy
buen trabajo, también estaba orgullosa de él.
A la vez que Hermione comenzaba a probar con la lengua los litros de semen que tenía encima,
Firenze y parte de su manada aparecieron, después de haber “acabado” con Umbridge.
—Hermione… mis amigos y yo nos preguntábamos… —titubeó Firenze. Muchos de los centauros
estaban empalmados al ver a la muchacha, y eran literalmente tan dotados como caballos.
Hermione les sonrió alegremente, se encogió de hombros otra vez, y se inclinó en el tronco de un
árbol, con el culo levantado y las nalgas abiertas.
—Venga, chicos, móntenme como les plazca, pero por favor háganlo rápido. ¡Me esperan en el
Ministerio de Magia!
A la vez que Hermione se divertía, lejos del bosque, en la prisión más segura de mundo mágico,
una mujer increíblemente sexy, pero también increíblemente loca, con tetas llenas de relleno
mágico, un culo siempre desnudo, con una sonrisa tétrica en el rostro, cabello negro y jamás
peinado, y una mente llena de ideas turbulentas, se masturbaba en su celda, ante la vista de sus
guardias, un par de Dementores.
—¡Ahhh, qué aburridos! ¿Por qué nunca entran a divertirse conmigo? ¿¿Hmmmm?? ¡Siempre me
tengo que hacer el dedo sola! —les gritó a los Dementores, que la miraban sin decir nada—. Me
van a hacer incluso extrañar a Canuto.
—Yo puedo divertirme contigo, mi querida Bellatrix… —dijo una voz serpenteante en su cabeza,
que podía ser real o no—. Vamos, tienes más agujeros, ¿por qué no los usas para mí?
—Oh, mi señor… mmmmm —Bellatrix se irguió, quedándose de rodillas. Esta vez usó una mano
bajo sus piernas para masturbar su hambriento coño, y se metió dos dedos de la otra mano en su
culo—. Ohhhhh, mi señor, ¿ve cómo se encuentran los dedos de mi coño y de mi culo? ¿Hmmm?
¿Le gusta lo que ve, mi señor Voldemoooooort?
—Me satisface mucho ver lo que hace mi sirvienta, Bellatrix… Continúa. Más fuerte.
—Sí, mi señor, su putita solo existe para servirleeehhh —dijo Bellatrix, imaginando que Voldemort
se masturbaba frente a ella en un calabozo como el de la Cámara de los Secretos—. Soy su putita,
mi amo, mi Lord, mire lo fuerte que me meto los dedos en el coño y el culo.
—¡Sí, mi amo! Mmmmmmmmm, solo para usted y su serpiente entre sus piernas, mmmmm, lo
extraño mucho mi Señor, ¡lo quiero dentro de mí muy pronto!
Diez Dementores se habían reunido allí para ver el espectáculo de Bellatrix. Era lo usual, lo hacía
tres veces cada día, imaginando que Voldemort estaba allí follándola, pero no solía decir tanta
guarrada en voz alta, ni menos se auto-penetraba doblemente. Los Dementores eran criaturas
miserables y sin forma, pero no podían evitar sentir sensaciones oscuras con toda la magia negra
que surgía de la psicópata. Era como si… algo distinto hubiera ocurrido.
—Oh, mi amo, mi señor, ¡mi amoñor! ¿hmmm? ¿Quiere ver como su golfita se corre para usted?
¿Quiere ver como lanzo tooodos mis fluidos al piso? Pero para eso, mmmm, me tiene que dar
permiso para correrme, amo.
—Me complacería mucho ver eso, Bellatrix —dijo la voz siseante en su mente—. Te concederé
permiso especial para que tengas un orgasmo, mi sirvienta… si además matas al Perro.
—¡Muchas gracias, mi señor! Síiiii, lo mataré, jajajaja. Hmmmm, ¡lo mataréeeee!, mmm, ¡creo que
saldrá mucho! ¡me mearé y todo! —gritó Bellatrix, acercándose gateando a los barrotes de la
celda, sin dejar de masturbarse violentamente sus dos agujeros—. Vean de lo que son capaces los
fluidos de la amante del gran Lord Voldemort, ¿sí? ¿Hmmmmm? ¡¡¡JAJAJAJA!!! ¡Tomen toda mi
corridaaaa! ¡¡¡AAAAAJAJAJAJAJAJA!!!
Como prometió, un squirt acompañado de una abundante lluvia dorada surgió del coño de la
maníaca, y fue a parar a los cuerpos oscuros de los veinte Dementores que se habían apostado
fuera de su celda. Ni siquiera ellos sabían del hechizo oscuro que Voldemort había aplicado en la
mujer con la que dormía, y que se activaría cuando ella sintiera que él había regresado.
Los Dementores sintieron que abrieron los ojos por primera vez ante la risa histérica de Bellatrix.
Los guardias fantasmagóricos utilizaron su magia negra para abrir la celda de la bruja, así como la
de múltiples otros Mortífagos que habían sido aprisionados en Azkaban. Luego, la prisión entera
estalló cuando Bellatrix dirigió a sus antiguos compañeros a reunirse con su resucitado amo,
usando escobas que materializaron desde el aire…
—¡Oye, Lucius! ¿A dónde vamos? —le gritó a uno de sus camaradas, que volaba junto a ella.
—Al Ministerio —respondió el padre de Draco, ofuscado de tener que interactuar con su cuñada.
—Jajajajaja, ¡qué bien! Oye, ¡oye, Lucius! ¿mi hermanita adorada sigue siendo una putita
dominante contigo en la cama?
—Sigh… suspiró Lucius, maldiciendo su vida, y volando adelante de la mujer, que no paraba de reír
a carcajadas, con una nueva meta en mente—. ¡Solo encárgate de Black como quiere el Señor
Oscuro, y no vuelvas a hablarme!
—¡Te encontraré, Sirius! ¡¡AJJAJAJAJA!! —gritó la mujer desquiciada, rodeada por más Mortífagos
que solo seguían su amo, y que la conocían perfectamente para no extrañarse de todo lo que decía
—. ¡Te encontraré! ¡Siempre elegiste a la tonta de Andrómeda por sobre mí, y te veía olisqueando
las bragas de Narcissa como el perro que eres! ¡Nunca a mí, hijo de puta, incluso cuando
compartimos aquí en la prisión! ¡¡Primero te obligaré con Imperio a montarme como tu perra
frente a tu amado ahijado, pero en mis términos!! ¡¡¡¡AJAJAJAJA!!!! ¡Y cuando te corras en mi
interior, sin saber qué mierda te pasó, te asesinaré! —El pensamiento hizo a Bellatrix excitarse de
nuevo, quien comenzó a tocarse, frotándose con el palo de la escoba voladora rápidamente con la
imagen del cadáver de su primo frente a ella—. ¡Ahhhh! Síiii, te mataré… ¡¡Te asesinaré, Sirius
Black!!
Sala de Profecías, Ministerio de Magia
La Sala de Profecías se encontraba en el Nivel Nueve del Ministerio de Magia, y era el lugar donde
se reunían todas las profecías realizadas por los videntes de Reino Unido, contenidas en pequeñas
orbes azuladas organizadas en altísimos estantes, en una cámara fría. Allí fueron encerrados Harry
Potter, Hermione Granger, Ron Weasley, Ginny Weasley, Neville Longbottom y Luna Lovegood por
los mortífagos liderados por Lucius Malfoy y Bellatrix Lestrange, mientras esperaban que
Voldemort llegara, pues quería asesinarlos él mismo. Harry y sus compañeros habían dado lo
mejor de sí, pero sencillamente no había sido suficiente.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron, asustado, con algunas heridas en el rostro por culpa de
la batalla, igual que los demás.
—En todas las puertas de acceso de esta sala hay Mortífagos —reflexionó Hermione, apoyándose
en un muro, sin energías tras haber usado tantos hechizos insuficientes. Lucía un suéter rosa de
cuello de tortuga que marcaba muy bien su silueta, zapatos de vestir y unos ajustadísimos
pantalones de jeans grises—. No tenemos la fuerza para romper los muros, y no tenemos medios
de desaparecer. Solo nos queda esperar…
—¡Me niego a eso, Hermione! —exclamó Harry, que había llevado el peso de la batalla—. Ustedes
no deberían estar aquí conmigo, nada de esto es culpa de ustedes…
—¿Quieres dejar de hacer eso, Harry? —le recriminó Ginny, que lucía unos ceñidos shorts rojos,
panties negras, zapatillas de correr, y un crop top también negro con una chaqueta encima—.
Vinimos porque quisimos, no por ti. También nos afecta esto… Aunque estoy de acuerdo contigo
en que debemos seguir peleando.
—No podemos seguir dependiendo de Harry —apuntó Neville, gravemente herido, pero más
determinado que nunca—. Bellatrix torturó a mis padres, y si muero para vengarme, lo vale.
—Suena todo muy bien, y agradezco el apoyo de todos ustedes, pero no somos tan fuertes, y ni
siquiera podemos escapar de aquí.
—Siempre podemos follar —dijo Luna, que usaba una minifalda azul de campana con vuelos,
largas botas, y una camisa blanca y semitransparente. Se ganó una mirada de confusión de todo el
mundo, y se vio en la necesidad de explicar—. Placere Communae. ¿No es eso lo que hace tan
invencibles a los de la Orden del Fénix? A mí me gustaría hacerlo.
—¿Los Mortífagos te golpearon mucho la cabeza, Luna? —protestó Ron, cubriéndose la ingle—.
¿No ves que mi hermanita está aquí?
—¿En serio crees que soy virgen, hermanito? —dijo Ginny, ante las bocas abiertas de los demás,
tirando su chaqueta al suelo, quedándose solo con el crop top, sin dudas en su mente.
—¡No se trata de eso! —gritó Ron, pero Hermione ya estaba sacando su varita con una mano,
mientras con la otra se bajaba la cremallera de los jeans—. ¡Oye, tú!
—Por esta vez estoy de acuerdo con Luna, Ron. No tenemos otra opción. No me mires así, sé que
están al borde de matarnos y ya estamos pensando en follar… ¿pero se te ocurre algo mejor?
—Dumbledore diseñó este hechizo para aumentar nuestro poder mágico, es lo mejor que
podemos hacer ahora. ¡No vamos a fallarle a Dumbledore! —dijo Harry, leal a su mentor aunque el
resto no supiera por qué—. ¡Varitas arriba! Uno, dos…
—Maldita sea mi suerte y eso viejo chiflado —dijo Ron, forzándose a aceptar la realidad, y sacando
su varita mientras ocultaba su erección de su hermana.
—¡¡¡Placere Communae!!! —gritaron todos a la vez, y una capa de luz rosa y celeste los cubrió. De
inmediato supieron qué hacer. El hechizo no solo contenía un gran afrodisíaco para facilitar el
“ritual”, sino que había a los amantes explorar su intimidad sin preocupaciones ajenas. Es decir, se
olvidaron pronto de la presencia de los Mortífagos.
Las tres chicas eligieron a sus parejas. Ginny se arrodilló frente a Neville, Hermione frente a Ron, y
Luna frente a Harry. Los pantalones quedaron abajo, las pollas arriba, y las bocas llenas de carne y
líquido preseminal. Debían ser rápidos, no había tiempo para ternura y ni toqueteos previos. Las
chicas necesitaban que los chicos estuvieran completamente listos.
—¡Luna! N-no sabía que lo hacías así, ohhh —gimió Harry, mirando a la rubiecita de cuarto año.
—Mmmm, he estado practicando muchísimo —explicó Luna, aspirando el aroma de Harry con su
polla en la cara y divirtiéndose con dulces pero sensuales lametones en sus testículos—. Ya sabes,
con bananas, otros frutos, otros chicos, y con Sapos Lunares.
—¿Con… qué? ¡Ohhh, Luna! Mmmm, parece como si me enviaras ondas de calor con cada lamida,
mmm, recuérdame hacerlo más seguido contigo… ¡es muy rico!
—Slurp, slurp, no tengo por qué recordártelo, Harry Potter. Si ocurre está bien, y si no, también, no
hay que planear esas cosas. ¡Oh, por cierto! ¿Podríamos follar todas las noches bajo tu Capa de
Invisibilidad? Podría dejar la ventana de mi torre abierta para que te acerques en tu escoba.
Tooodas las noches.
—¡Esto aún me parece una locura! —exclamó Ron, tratando de moverse en otra posición—. Ya,
¿podemos ir más allá al rincón que me la comas, Hermione? Preferiría no ver a mi hermana menor
practicando felaciones, o yo hacerlo frente a ella.
—¿Por qué? —sonrió Hermione, con extrema picardía—. ¿Acaso te pone ella también?
—¡No seas puerca, Hermione! —Ron puso sus manos en el cabello alisado de la chica, tal como
ésta deseaba, y comenzó a follarle la boca con furiosos embistes pélvicos—. ¡Toma tu castigo,
zorra! ¿Cómo se te ocurre decir eso? ¡Toma, toma, toma mi verga! ¡¡Ahógate en mi lefa!!
—¿N-no te molesta hacer esto con Ron aquí, Ginny? —preguntó Neville, dejándose complacer por
la niña pelirroja.
—Desde luego que no —contestó Ginny, lamiendo el capullo gigantesco de Neville a la vez que le
hacía una paja con ambas manos, incapaz de cubrirlo entero con el tamaño que tenía—, si Ron
supiera qué cosas me atrevería a hacer con un Weasley… presente, digo…, quizás le crecería un par
de bolas como las tuyas y me haría… digo, haría lo que debe hacer un hombre.
—¿Qué? —preguntaron Neville y Ron a la vez, aunque las chicas seguían haciendo de las suyas.
Cuando los tres penes estuvieron listos, las chicas los besaron, se pusieron de pie, y se apoyaron
sobre los estantes llenos de predicciones esféricas. El tiempo era oro, no necesitaban más que un
buen y sexy rapidín para que sus hechizos resultaran como deseaban.
Hermione se bajó los jeans hasta las rodillas y se corrió las bragas eróticamente a un lado,
abriéndose también los labios vaginales. Ginny se quitó solamente los shorts, y se rasgó ella misma
las panties, llevada por la calentura, para mostrar su coñito depilado, ausente de ropa interior.
Luna se subió la minifalda hasta la cintura y se quitó el calzón tipo bikini que llevaba, con un
sensual movimiento de sus dedos.
—¿Ron Weasley? Me gustaría probar tu sabor con mi boquita de abajo, que está muy, muy
hambrienta… ¿Sabías que realmente pueden comer? —le dijo Luna a Ron, lo que en lugar de
aterrarlo como sería lo lógico, de alguna manera le excitó aún más. El muchacho de quince se
acercó a la chica de catorce, apuntó en su entrada vaginal y entró fácilmente en ella, ganándose de
premio un erótico y agudo gemido de la rubia—. Aaaaaaaaaayyyyy… s-sí… R-Ron…
—Neville, ven aquí por favor y tómame —rogó Hermione, moviendo el culito de un lado a otro.
—Elige el agujero que te apetezca más, Neville. Estoy abierta y mojadita para tu descomunal polla.
—Hermione esperó, y Neville la penetró tres segundos después—. ¡Aaaahhhh! ¿Por qué siempre
eligen mi ano los chicos?
—¡No, cariño, me encanta! Mmmm, Neville, sigue dándome por culo que me gustaaaah, de haber
sabido la vergota que te gastabas (y de haber admitido que siempre he sido una ninfómana sin
remedio) te habría entregado mi culo en primer año, ahhhhh
Ginny esperó en posición de perrito con más ansiedad que nadie, disparando chorros de fluidos
vaginales por la expectante excitación. Harry estaba detrás de ella, igual de nervioso. No se habían
visto en todo el año de esa manera. Se habían entregado mutuamente la virginidad en la Cámara
de los Secretos, y desde allí se habían estado evitando como la peste. No porque no lo hubieran
disfrutado, sino porque… ni ellos lo sabían. Quizás era justamente todo lo contrario, pero eran
demasiado idiotas como para aceptar sus sentimientos.
—Venga, Harry, ¿qué estás esperando? Mmmm… —Ginny comenzó a masturbarse frente a él, casi
con lágrimas en los ojos que no quiso mostrarle—. ¿Cuánto crees que YO te voy a seguir
esperando, Harry Potter?
—¿Crees que estos dos irrumpiendo justo ahora es mi culpa, Ginny? ¡Expelliarmus!
—No lo sé, tú dime ¡Protego! —exclamó Ginny, evitando una maldición que casi acaba con Ron,
que seguía follando a Luna, aterrado y excitado a la vez—, ¿o tengo que preguntarle a Cho para
que dejes de ignorarme?
—¿De qué estás hablando? ¿Celos? ¿Ahora? No pensé que tenías problemas, considerando que
has estado “ocupada” con medio Hogwarts. ¡Stupefy! —gritó Harry, logrando deshacerse de uno
de los enemigos, que estaba cerca de un Neville que no solo le daba por culo a Hermione, sino que
también le metía un dedo por el coño, haciéndola gritar de placer a pesar de todo lo que ocurría a
su alrededor.
—¡No seas idiota! No habría estado así de “ocupada” desde el año pasado si no me hubieras
dejado abandonada después de lo de la Cámara, ¡no te iba a esperar toda la
vida! ¡Levicorpus! ¡¡De hecho, fue Hermione la que me dijo que lo hiciera en cuarto año!!
—¡¡¡Ahhh, ahhhh, ahhhhh, no me metan a mí en la discusión, que estoy disfrutando mucho ahora,
chicos!!! ¡¡¡Ah Neville, cariño, me estás partiendo en dos!!! ¡¡¡SE SIENTE SENSACIONAL, DAME
MÁS POR CULO, NEVILLE, DALE ANAL A TU PUTA!!!
—¡Yo no quiero escuchar! —gritaba Ron, embistiendo brutalmente a la pobre Luna, que ya casi
había perdido la consciencia, y cuya expresión facial era la de una putita en constante orgasmo—.
¡Luna, gime más fuerte, no quiero escuchar lo de que mi mejor amigo y mi hermana…! ¡¡Ahhhh!!
¡¡¡No quiero escuchar!!! ¡Toma, toma, toma, toma pollaaaaahhh!
—¿Me estuviste “esperando”? —Harry se sentía como un idiota, y no solo porque estaba luchando
con la polla empalmada, mirando cada cierto tiempo el culito perfecto de la hermana de Ron tras
las panties rasgadas—. Ginny, solo pensé que… No quería que pensaras que me había aprovechado
de ti…
—¡Por eso te digo que eres un imbécil, Harry Potter! ¡Y si sobrevivimos a eso, te juro que te
obligaré a darme caña hasta que tus sesos revienten como compensación por estos tres años sin tu
hermosa y tonta polla! ¡Eh, chicos, necesito algo de ayuda!
Ron advirtió a Luna que estaba a punto de correrse, y lo mismo Neville con Hermione. Ambas
chicas se sonrieron mutuamente con complicidad, y Luna le hizo una paja a Ron… apuntando a la
carita de Ginny, que se arrodilló frente a su hermano con la lengua afuera, como una putita sumisa
y hambrienta. A pesar de cuánto el cerebro de Ron lo intentó evitar, aterrorizado (pero sumamente
excitado por el morbo), su líbido fue más fuerte, y terminó corriéndose en la carita y la lengüita de
su hermana menor, que sonrió de gusto. En ese momento, Lucius y un grupo de diez Mortífagos
más entraron a la Sala de Predicciones.
Hermione masturbó a Neville con una mano, y a sí misma con la otra. La eyaculación del tímido
chico y el squirt de la sabelotodo no se hicieron esperar, y esos fluidos también terminaron en el
cuerpo de la pelirroja, fluyendo hasta su crop top, y luego hasta sus muslos. Con toda esa energía
sexual acumulada, Ginny se puso de pie, le tomó la mano a Harry que se masturbaba
frenéticamente en ese momento, y con la otra mano apuntó con su varita… Cuando Harry se corrió
en el aire, la energía sexual terminó de reunirse…
—¡¡¡REDUCTO!!! —gritó Ginny, con todas sus fuerzas, y la explosión fue tan devastadora que no
solo arrojó volando a todos los Mortífagos, sino que inició una detonación en cadena que hizo
estallar todas las predicciones de la sala, que también comenzó a desmoronarse. Los seis chicos se
vistieron, y corrieron por sus vidas…
Lo demás fue triste. Bellatrix los terminó atrapando, pero la Orden del Fénix apareció tras haber
tenido otra intensa orgía. Lamentablemente, Sirius Black fue asesinado por su prima, tal como ésta
había prometido, y poco después Voldemort apareció. Harry fue rescatado por Dumbledore (que
nuevamente había llegado tarde), y todo el Ministerio, y por tanto, todo el mundo mágico, se
enteró que el Señor Oscuro había regresado.
Las vidas de los seis adolescentes había cambiado para siempre, allí, al final del quinto año, ahora
que el mundo de la magia estaba en guerra. Necesitaban hacerse más fuertes… Así que, no les
quedó de otra que “entrenar” más y más en Sala de Menesteres, que sería su principal destino el
próximo año. Decidieron también recibir “asistencia” de la Orden del Fénix.
Ginny convenció a Harry de ir a quedarse algunos días, el próximo año, con los Weasley en la
Madriguera, para al fin resolver sus “asuntos” y dar rienda suelta a todos sus deseos, necesidades
e instintos primales y salvajes. Pero… eso será materia de próximo capítulo.
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Ginny visita a sus dos amados hermanos mayores para demostrarles cuánto los ha
extrañado; después, Hermione busca calmar los nervios de Harry con su boca, pero es
interrumpida por una audaz y caliente reportera.
ADVERTENCIA: Esta parte 1 (y de hecho, MUCHAS otras escenas de "El Cáliz de Fuego"
también en las partes 2 y 3) contiene escenas de "AMOR FILIAL" entre hermanos. Si no es
lo suyo... lo siento lol
Dartmoor, Inglaterra
El gran evento que todo el mundo mágico había estado esperando había llegado. Harry
Potter y Hermione Granger se habían unido a los Weasleys para presenciar la final a estadio lleno
del Campeonato Mundial de Quidditch entre Irlanda y Bulgaria, y no iban a perdérselo por ningún
motivo.
Durante el evento, Harry conoció a cuatro personas nuevas. Primero estaba Cedric Diggory, uno de
los más apuestos alumnos de Gryffindor, de último año. Era el Buscador de Hufflepuff, y Harry ya lo
había enfrentado muchas veces, pero era primera vez que hablaba realmente con él, descubriendo
lo gran persona que era.
Además, estaba Viktor Krum, reconocido como el Mejor Buscador del Mundo, sobre quien los ojos
de todo el mundo estaban puestos para la final, en especial los ojos de Hermione y Ginny Weasley,
que no podían dejar de admirar los músculos férreos y la actitud ultra-varonil del búlgaro.
Finalmente, Harry al fin había conocido a los hermanos mayores de Ron, que los acompañaron al
campamento que montaron afuera del estadio. El primero era Bill Weasley, un joven apuesto,
gentil, divertido, cool, que bien podía describirse como “perfecto”, y que se hizo muy buen amigo
de Harry. Ginny, por su parte, saltó casi como una enamorada a los hombros de su hermano mayor,
según ella su favorito, llenándolo de besos en el rostro y acariciando con locura la cola de caballo
del muchacho. Charlie Weasley, en cambio, era un tipo algo bruto, poco sociable, con más
músculos y cicatrices que cerebro, obsesionado con los dragones, pero cuando Ginny lo abrazó,
Harry no pudo evitar notar que parecía que Ginny le estaba besando los pectorales…
La noche antes de la final, en la choza de campaña de los Weasleys (que a pesar de lo que
aparentaba por fuera, por dentro era prácticamente una mansión), los jóvenes se fueron a dormir.
Ginny y Hermione compartían una habitación, pero Hermione despertó repentinamente a mitad
de la noche. Escuchaba fuertes gemidos en la cama de junto. Al mirar de reojo, descubrió a Ginny
con las piernas abiertas, la espalda arqueada, y la mano en la mojada entrepierna, que hacía ruidos
acuosos cada vez que Ginny se tocaba.
“Madre mía, Ginny, no te hacía así de cachonda”, pensó Hermione, dispuesta a masturbarse
también con los sonidos que hacía la hermana de su amigo, hasta que escuchó un nombre entre
los gemidos de la pelirroja.
Hermione quedó de piedra. ¿Había escuchado bien? ¿Ginny se estaba tocando mientras pensaba
en Bill y Charlie? Era cierto que eran apuestos, a sus distintas maneras ¡pero también eran sus
hermanos! La sorpresa de Hermione no dejó de aumentar cuando Ginny se paró de la cama y salió
de su habitación. La chica de cabello castaño no pudo disfrazar la curiosidad, y la siguió con ayuda
de la Capa de Invisibilidad de Harry…
Ginny entró en la habitación que compartían sus hermanos mayores, y Hermione entró antes de
que la cerrara. Bill y Charlie estaban allí, uno sentado en una cama y el otro de pie, esperando a su
hermanita, que solo iba vestida con una polerita corta, unos shorts de pijama, y el fiero cabello
rojo atado en una coleta.
—Vaya hermanita, ¡cuánto has crecido, qué muñeca! —celebró Charlie, devorándola con los ojos.
—No seas puerco —le recriminó Bill—, aunque es cierto. Te has vuelto una bella mujer, bebé.
Ginny miraba hacia abajo, sonriendo avergonzadamente, y frotaba sus piernas una contra la otra,
tal como cuando era más niña y Harry andaba cerca. Hermione no podía creer lo que estaba
viendo. Era obvio que Ginny estaba cachonda.
—G-gracias. ¿Por qué se fueron por tanto tiempo? Los extrañé no saben cuánto.
—Bueno, después de que nos enteramos que el tarado de Percy se había unido al Ministerio a
servir de junior, sentimos la responsabilidad de venir a cubrirlo —dijo Charlie, cuyos brazos
parecían troncos de roble, y su sonrisa viril no dejaba rastro alguno de sensibilidad—. Además,
teníamos muuuuchas ganas de verte, Pecas. Muchas, muchas ganas, jeje.
—Lo que Charlie quiere decir es que queríamos hacerte compañía, Ginny. Te has vuelto muy
hermosa. —Billy tenía un arete de colmillo de dragón, y el cabello como una llamarada, Hermione
pocas veces había visto a un chico más guapo—. Cuando eras niña querías casarte con nosotros.
Honestamente, si no fueras nuestra hermana, yo lo consideraría, ja, ja.
—Oye, de matrimonio nada, Bill, y nuestra hermanita no es de ese estilo tampoco. Además, no es
tan mayor para jugar a la camita, jejeje.
—¡Tengo edad suficiente! —se defendió Ginny, dando un paso hacia ellos con el cuerpo
tembloroso, pero no de miedo—. Para que sepan, ya he tenido sexo con chicos.
—¡A Harry Potter! —contestó Ginny con cierto orgullo—. Y he estado con un par más después de
él; para que sepan, soy bastante popular en la escuela…, p-pero nadie como Harry.
—¿Harry? Huh. Creo que lo apruebo, es buen tío. Mamá estará feliz si lo haces permanente.
—Probablemente se están tomando su tiempo, Charlie, no los presiones. —Bill se puso de pie y
puso su mano sobre la cabeza de su hermana con gentileza—. Me alegro por ti, bebé. ¿Quisieras
mostrarnos las cosas que sabes hacer con los demás chicos?
—No saben cuánto tiempo había deseado que me preguntaras eso, Bill —dijo Ginny, poniéndose
de rodillas como tomada por un imán—. Ni tampoco sabes cuánto he soñado con probar esto que
tienes aquí, hermano adorado.
Para el shock de la invisible Hermione, Ginny comenzó a practicarle, sin asco ni remordimientos,
sexo oral a su hermano mayor. La pelirroja parecía amar el larguísimo pene del galante chico tanto
como al propio Bill, besándolo, acariciándolo, lamiéndolo y chupándolo con una devoción que
jamás había visto, tomándose su tiempo con cada centímetro, mientras Bill acariciaba dulcemente
su cabello rojo.
—Sabes bastante… Mmmm, lo haces muy bien, bebé, tienes unos labios habilidosos, ohh…
—Es que te amo, hermano, chup, chup, y amo tu pene, amo su sabor, slurp, chup, slurp.
—Eh, Pequitas, no te vayas a olvidar de mí, ¿eh? —dijo Charley, poniendo una polla vigorosa y
venosa junto a su hermana, que la miró como presa de un ensueño.
—Jamás podría olvidarme de ti, hermanote. —Ginny abrió la boca y comenzó a trabajar en el
miembro de Charlie, a la vez que hacía a Billy una paja.
—¡Pero qué lengua, joder! Madre mía, ¿quién te enseñó esto, hermanita?
—Voldemort —respondió Ginny, como si nada, golpeándose las mejillas con los dos penes que
tenía, mientras sus dueños la miraban con ojos como platos—. No, no elaboraré en lo que dije.
Solo disfruten. Slurp, slurp, sluuuuuuurp, sluuuuuuurp.
Hermione, por su parte, tenía su mano entre sus piernas, dentro de sus pantalones de pijama.
Años atrás, la idea del incesto le habría parecido asquerosa, pero después de todo lo que había
hecho, de que se había convertido en una putita ninfómana, la verdad era que le generaba un
morbillo tremendo. Una adolescente pelirroja sexy desesperada por mamar las vergas de sus
apuestos hermanos mayores, todos gimiendo de placer. Hermione tenía los dedos mojadísimos de
fluidos vaginales.
—Me encanta lo que estás haciendo, Ginny, pero quiero que lo disfrutes también.
Bill tomó a Ginny y la recostó en la cama; luego se puso entre sus piernas y le bajó los empapados
shorts, notando que no llevaba ropa interior debajo. El chico de la coleta sacó la lengua, y comenzó
a lamer el coñito de su hermana.
—Oh, Bill, Biiiiiill, mmmmmmmmm… ahhhh, me estás comiendo el chochito, qué rico, mmm
—Calla, Pecas, no queremos despertar a mamá o papá, ¿no? —Charlie se ubicó sobre el rostro de
Ginny, quien abrió la boca, deseosa, y su hermano deslizó su falo en su interior mientras le
manoseaba las tetas sobre la camisa—. Epa, ¿pero qué son estos? Bill, ¿notaste cuánto le crecieron
las tetitas a nuestra hermanita durante estos años? Madre mía.
—Lo noté, slurp, slurp —dijo Bill, lamiendo el coñito de su hermana con habilidad, gentileza y
lascivia generados en años de experiencia—. Se ha convertido en una jovencita muy sensual y
curvilínea, estoy orgulloso. ¿Te gustan mis besitos, bebé?
—Tomaré eso como un sí. Slurp, slurp, sabes delicioso… Hermano, creo que está lista.
—Jejeje, maravilloso. Oh, Pecas, pero qué buena eres con la boca, voy a disfrutar mucho follarte la
garganta cada vez que nos veamos… pero ahora te vamos a mostrar a los Hermanos Draconianos.
—Cállate y elige un agujero de nuestra hermanita, Bill… No, espera, yo pido el culo.
—Mmmmm, ay, hermanoteeee, ahhh —gimió Ginny, presa del infinito placer.
—¿Estás de acuerdo con eso, bebé? ¿Puede follarte Charlie el culito? ¿Eres virgen allí?
—Mmmm, mmmm, ahhhh, s-sí, pero no importa, siempre y cuando tú me lo hagas por delante,
hermano adorado, mmmm… f-fóllenme entre los dos, por favor, ahhhh
Protegida por la Capa, Hermione estaba de rodillas, desnuda para abajo, masturbándose
frenéticamente, metiéndose un dedo por el coño y otro por el ojete, mirando el trío frente a ella.
Bill y Charlie tenían a Ginny tomada de las piernas, separándolas, y haciendo un “sandwich” con la
treceañera, Bill delante de ella, y Charlie por detrás. Hermione no lo había hecho en esa posición, y
por lo que sabía, Ginny ni siquiera había tenido sexo ni analmente, ni menos con dos hombres a la
vez siquiera.
Los duros y vigorosos penes de los Weasley desaparecían al interior del pequeño cuerpecito de su
hermana, que se dejaba amar. Billy, que penetraba a Ginny por su coñito, le había quitado la
polerita de pijama y ahora lamía los erectos pezones de la pelirroja, mientras Charlie, que le había
desvirgado el culo, devoraba su pecoso cuello como un animal.
Los dos eran muy distintos para follar; uno era gentil, romántico y apasionado, mientras que el otro
era brusco, viril y agresivo. Pero Hermione notaba que los dos tenían en común su experiencia. No
eran adolescentes inexpertos o inmaduros, sino que eran hombres de verdad, experimentados y
conocedores del cuerpo femenino, sabían donde tocar y besar, y se acoplaron sin ningún problema
a la doble penetración de su hermanita, que gemía como poseída. Hermione la envidió sanamente,
y apenas acabaran, sin duda alguna iría a despertar a Harry o Ron para que la follaran, que también
se merecía acción.
—Mmmm, mmmmmm, ahhhh, mmmmmm, qué rico, qué rico, ¡sus dos pollas son riquísimas! ¡Me
encanta por el culo! ¡Y por el coño!
—Pecas, eres toda una putita, ¿eh? ¡Qué guarrilla! Siento cómo se estremece tu culo, corriéndose
con mi polla, jeje
—Lo que eres es una diosa, Ginny. También puedo sentir tus orgasmos en mi pene, pero creo que
te estás aguantando para algo más, ¿no? —Billy retiró su miembro del coñito de su hermana, que
gimió desesperada, sin entender.
—Tranquila, Pequitas, el buen Billy sabe lo que hace, jeje. ¡Dale con fuerza, hermano!
Bill introdujo tres dedos en el coño de Ginny, los dobló para tocar cierto punto, y comenzó a frotar
rápida y profundamente, golpeando con su palma el clítoris de la chica. El rostro de ésta se
comenzó a desfigurar, sus ojos se pusieron blancos, sacó la lengua con expresión libidinosa, y
pocos segundos después, litros y litros de chorros vaginales comenzaron a salir disparados en
todas direcciones, empapando las camas, muebles y el piso. ¡Era su primer squirt!
—Mmmmm, Ginny… —susurró Hermione, que había alcanzado a recoger un poco del squirt de
Ginny con los dedos, y comenzó a chuparlos y tragarlos, teniendo una suerte de epifanía—. Oh,
Ginny, mmmm… no sabía que tenías este sabor tan rico…
Bill y Charlie volvieron a penetrar a Ginny un rato, pero los tres ya estaban al borde del clímax.
Antes de derramar su semilla al interior de las entrañas de Ginny, se acordó de algo:
—Oh, Pecas, lo olvidaba… Cuando veas a Harry, dile que la Primera Prueba es de dragones, y que si
le toca a él, me pida consejos sobre cómo enfrentarlos… Oh, aquí viene, aquí viene…
—Charlie, ya te dije que solo los de diecisiete años participarán en el Torneo de los Tres Magos,
Harry tiene catorce… Mmm, bebé, yo también voy a correrme, mmm, no te preocupes, realizaré
un hechizo anticonceptivo cuando te vayamos a dejar a tu camita…
—Hermanos, no entiendo nada de lo que están diciendo, pero se lo diré… Ahora, por favor,
llénenme de lefa, llenen a su hermanita cachonda de leche caliente, ¡se los suplico!
Bill y Charlie tuvieron su orgasmo simultáneo en los agujeros de su hermanita, que se desmayó
poco después tras la intensa sesión. Charlie, con sus brazos hercúleos, tomó a Ginny en brazos y la
llevó a su habitación. Antes de salir también, Bill miró un punto en un rincón… directo a los ojos de
Hermione, que se estremeció tanto ante sus ojos atractivos y su sonrisa perfecta, que no tardó en
correrse también, debajo de la Capa.
¿Acaso la había visto? No, más importante aún… ¿Qué era eso del Torneo de Tres Magos?
Los de Durmstrang eran un montón de jóvenes masculinos, vigorosos, musculosos y viriles que
más bien parecían vikingos, liderados por el famoso Viktor Krum, que tenía a todas las chicas de
Hogwarts poco menos quitándose las bragas, incluyendo a Hermione y Ginny.
Por otro lado, Beauxbatons se componía de las chicas más sexys que Harry o Ron hubieran visto en
sus vidas. Literalmente todas ellas lucían como súper modelos, actrices porno, damas de
compañía, o todo a la vez, en especial una chica que Harry reconoció en seguida, una Veela
llamada Fleur Delacour que había conocido en primer año, trabajando en el Caldero Chorreante,
follándose a Hagrid y realizándole sexo oral a la Piedra Filosofal…
Elegir a los representantes de cada escuela no fue difícil. Dumbledore utilizó, como según él se
haría en cualquier escuela (aunque tanto profesores como alumnos simplemente pensaron que se
además de violento se estaba poniendo senil) un potente afrodisíaco. Éste estaba contenido en
una enorme copa llamada “Cáliz de Fuego”, y solo los alumnos de diecisiete años podían beber de
éste. Aquellos que lo hicieran, y durante toda una noche se resistieran a sus efectos, mostraran
fuerza de voluntad y se mantuvieran abstinentes y firmes, serían elegidos.
Cedric Diggory fue elegido para Hogwarts, resistiéndose incluso a los encantos de su novia, Cho
Chang. De Durmstrang y Beauxbatons, como no podía ser de otra manera, fueron elegidos Viktor
Krum y Fleur Delacour. Los tres representantes se enfrentarían a peligrosísimos desafíos, y solo uno
alcanzaría la gloria de la Copa del Torneo.
Pero, como siempre, no todo salió como se esperaba. El Cáliz de Fuego siguió emitiendo el
afrodisíaco en toda la escuela, sin que Dumbledore pudiera (o quisiera) frenarlo, con lo que las
clases se volvieron todo un desafío para que los alumnos controlaran sus hormonas.
Lo otro fue que Harry también fue elegido como representante de Hogwarts, a pesar de que no
había bebido ni una gota del Cáliz de Fuego. Y la única razón por la que se “resistió” a sus efectos
fue porque Hermione se pasó toda la noche follando con Ron, Ginny se mantenía lejos de él, la
Profesora Minerva estaba ocupada del nuevo año académico, y las Cazadoras de Quidditch (con las
que se había empezado a acostar el año anterior) estuvieron entrenando hasta tarde. Es decir, no
pudo follar con ninguna de sus usuales amantes…
Desde luego, nadie le creyó la historia. Todo el mundo pensaba que había hecho trampa, y dado
que Dumbledore era un viejo violento y senil, permitió que el chico de catorce años se sometiera a
las terribles Pruebas junto a Cedric, Krum y Fleur. La primera, tal como había predicho Charlie
Weasley, era enfrentar a un dragón y robarle un huevo. Charlie mismo lo entrenó para enfrentar al
dragón, pero eso no le quitó los nervios…
El día de la Prueba, tres de los competidores estaban en una tienda de campaña, al interior del
estadio donde todo el mundo los vería, a la espera de que el primer competidor, Cedric, terminara
su desafío. Harry era el último. De pronto, escuchó un ruido en la carpa, y al poner atención,
escuchó la voz de Hermione del otro lado.
—Lo sé, como sea —contestó ella, que tenía la voz llena de evidente miedo y nerviosismo por su
amigo—. Harry, la clave es la concentración y luego… eh…
—¿Qué? Hermione, dime por favor que conoces un hechizo para que se me pase el miedo.
—No, pero… mmm, Harry, ese miserable Cáliz… d-digamos que las hormonas de todo el mundo
están como locas, y a nadie le importa hacer lo que quieran y que los vean y todo eso… Así que
vine a calmar tu miedo de la mejor forma que se me ocurre.
Esto sí que era nuevo, pensó Hermione. Jamás había hecho algo así de guarro frente a otras
personas, ¡sexo oral en público! ¿En qué clase de golfa se había convertido? Bueno, siempre podía
culpar al Cáliz de Fuego… ¿o era simplemente su excusa?
—Dios mío, Haggy, al fin puedo veg tu miembgo, ¡es hegmoso! —dijo Fleur, relamiéndose los
labios y tocándose los senos ante la escena—. Te lo advegtí hace tiempo, pego segá mío este
mismo año.
—¡Ni lo sueñes, guarra, soy yo la que está preocupada de él! Chup, chup, chup, ¡soy yo la que se la
está…! —Hermione no pudo terminar la oración, cuando vio junto a Fleur a Viktor Krum
masturbándose mientras la observaba.
—¡Ya veo! Cáliz de Fuego sigue afectando británicos. De seguro es buena dama.
El gigantesco pene de Krum era tan viril como él. El corazón de Hermione latió con fuerza, su coño
empezó a chorrear, y sintió la necesidad imperiosa de chuparlo también, pero por ahora, solo le
demostraría lo guarra que era a la vez que ayudaba a su mejor amigo
—Sí… e-eso es, el Cáliz… Mmmmm… oh, por los cielos… ¡Harry, fóllame la boca! ¡No pares hasta
que te relajes y viertas toda tu deliciosa y caliente lechita en mi garganta!
Desde luego, Harry obedeció, tomó la cabeza de Hermione y empezó a embestir. No había nada
mejor que un buen sexo oral para calmar las ansias, relajar la tensión y enfrentar a un dragón de
veinte metros de largo con la sensación de que se puede morir feliz.
Lo que más le gustaba de Hermione era lo mucho que ésta parecía genuinamente disfrutar el
chupar su polla. No solo era hacer sentir bien a su amigo, sino que era que ella misma sentía
oleadas de placer con tener un buen rabo entre los labios, que sus venas tocaran su lengua, que su
cipote rozara con sus dientes y bajara por su garganta. Por eso era que, apenas empezaba,
Hermione casi de inmediato comenzaba a masturbarse, porque su excitación era tan alta cuando
hacía una felación que meterse los dedos en el coño era la única manera de calmar sus ansias y su
potente líbido.
De pie, Krum y Fleur se estaban masturbando ante la escena, embobados ante el despliegue de
energía sexual que despedía la amiga de Harry. Tan concentrados estaban con las manos bajo su
ropa interior, que ninguno de los dos escuchó llegar a la mujer con la cámara fotográfica flotante.
La máquina liberó un intenso flash de luz, y todos los presentes se voltearon.
—Así que esa es la relación que tienen, dos tórtolos enamorados, demostrándose su pasión en
secreto para no causar corazones rotos —dijo una dama muy atractiva de carnosos labios de rubí,
ojos como esmeraldas, cabello corto y dorado, y muy curvilínea. Iba vestida con una camisa rosa
de terciopelo elegante, una minifalda negra muy ajustada, collares de perlas, zapatos de tacón alto
y dos objetos voladores: una cámara fotográfica y una libreta que escribía sola.
—¿Amor? ¿Quién es usted y de qué está hablando? —dijo Hermione, aún de rodillas y con la polla
de Harry en la mano.
—¡Querida, soy Rita Skeeter, desde luego! —contestó la mujer con su voz cantora, mientras una
pluma invisible escribía todo lo que decía en su libreta—. La mejor reportera del periódico El
Profeta. Venía a hacerle algunas preguntas al famoso Harry Potter, el Chico que Vivió, el Joven con
los Ojos Melancólicos.
—¡Señorita Skeeter, este lugar para Campeones, no visitas indeseadas! —intervino Krum,
acercándose a ella, intimidante.
—Mmmm, ¡Víctor Krum! —dijo Rita, mirando a Krum con un hambre sexual que no quiso esconder
ni un poco, prácticamente lo devoró con la mirada, especialmente en la zona que Krum quiso
ocultar con sus manos—. No te preocupes, ya llegará tu turno también. Tengo muchísimas ganas
de, ejem… entrevistarte. Con mi coño, quiero decir. Como sea. ¡Empezaré por Potter!
—Oiga usted —levantó la voz Hermione, prendada del pene de su nervioso mejor amigo—, no se
qué quiere con Harry, pero más le vale que…
—Niña, si no te largas informaré a Albus Dumbledore que una chiquilla de diez años estaba
realizando actividades impropias con uno de los Campeones —amenazó Rita, moviendo una silla
hacia Harry e invitándolo a sentarse allí.
—¡Tengo catorce, no diez! —se defendió Hermione, poniéndose de pie, a sabiendas de que la
amenaza realmente podía causarle problemas con Dumbledore.
—Como sea, ¡ta-ta, que le vaya bien, gracias por preparar al chico para mí! —dijo Rita, empujando
sin pudor a Hermione hasta sacarla de la carpa, y luego, para sorpresa de todo el mundo,
subiéndose la ajustada falda negra y sentándose sobre Harry, introduciéndose su polla hasta el
fondo de su coño, y comenzando a moverse de adelante hacia atrás con toda casualidad.
—Como sea, como sea, empecemos con las preguntas. ¿Es cierto que todas las noches lloras
pensando en los fantasmas de tu pasado? —preguntó Rita, mientras se follaba al muchacho y su
libreta anotaba todo lo que ambos decían por arte de magia.
—¿Que qué? ¿Que yo qué? Ahh, ahhhh —gimió Harry, incapaz de formar palabras o pensar bien.
—Eso imaginé, pobrecito. —Rita empezó a moverse más rápidamente en el pene de Harry, con
movimientos de cintura que incluso Fleur (que seguía masturbándose suavemente ante la escena
junto a Krum) tuvo que admirar—. Por eso te has entregado a los brazos de esa dulce chica que
limpia tus lágrimas cuando el dolor es demasiado… ¿Tienes tristeza ahora? Por lo de tus padres,
quiero decir.
—No estoy… ahhh… pensando en mis padres ahora precisamente… ahhhhhh… ¿Cómo es que
usted se mueve tan…?
—Soy Harry —fue el único pensamiento que logró articular desde que Rita empezó a montarlo.
—¿Es ese dolor y pena lo que te hace querer llamar la atención de todos después de lo del Cáliz de
Fuego? —Rita aumentó aún más la velocidad de sus sentadas, se abrió la camisa y puso las
enormes tetas (claramente con implantes) en la cara del chico—. ¿Cree que aceptarían la decisión
que tomó de beber del Cáliz para que lo alabaran como héroe? ¿Se siente algún tipo de figura
mesiánica?
—¿Cree que la niña de antes sale contigo por genuino amor, o por interés? ¿No tiene ella un novio
o novia? ¿Cómo cree que reaccionará cuando la infidelidad se revele?
—Hermione no es mi… ahhh, ahhhhhh… ¡Mierda, me corro! —gritó Harry, depositando su semen
bruscamente al interior de Rita Skeeter, que se quedó allí casualmente revisando las notas que
tomó su libreta mágica, hasta que Harry terminó de eyacular en su interior.
—No más preguntas, puedes descansar, niño. ¿Quién sigue? —Rita se puso de pie, miró a Krum
directo a su ingle, sonrió, y se inclinó sobre una mesita, levantando las nalgas—. Prosiga, señor
Krum. Señorita Delacour, espere su turno, no vaya a correrse antes de tiempo, que mis dedos aún
no han entrado en calor. Como sea. Señor Krum, venga, penétreme y responda: ¿qué opina de ser
venerado como Campeón a pesar de que la derrota de Bulgaria fue justamente causada por un
error suyo? Ah, y antes de que conteste, ¿qué opina de la amiga de Harry Potter a la que tanto
miraba? ¿Esto ha causado rivalidad entre ustedes dos?
Media hora después, un agotado Harry se las ingenió para escapar del dragón, obtener su Huevo
de Oro y pasar la Primera Prueba, aunque iba en último lograr de la carrera, comparado con Krum,
Fleur y Cedric, que fueron mucho más resistentes y activos en sus respectivas “entrevistas” con la
reportera, y no terminaron tan cansados. De hecho, los tres causaron orgasmos en Rita que la
debilitaron más y más… Hasta en eso Harry era inferior a sus competidores. ¿Qué diablos estaba
haciendo allí participando?
Peor aún, lo que podría ser una oportunidad para distraerse le estaba causando una intensa
ansiedad. Para celebrar el Torneo de los Tres Magos se organizaría un Baile, aprovechando las
Fiestas, donde debían asistir con parejas, y los 4 Campeones serían el centro de atención. En otras
palabras, necesitaba una pareja… Pero en su puta vida había invitado a una chica a salir.
Decidió pedirle consejo a Fred y George. Encontró a ambos en el Gran Salón, comiendo en una de
las mesas largas.
—¡...de todo! ¡Solo pídeselo! —terminó George la exclamación de Fred, como si ambos
compartieran un cerebro.
Fred y George se levantaron, fueron al otro lado de la mesa, y sin decir una palabra se pusieron
atrás de Angelina Johnson y Alicia Spinnet. Fred comenzó a manosear grotescamente las grandes
tetas de Angelina, mientras que George levantó la falda de Alicia y empezó a acariciar sus nalgas.
Los Profesores presentes iban a reaccionar, pero se detuvieron cuando el senil director les hizo un
gesto: no había nada que hacer, era simplemente efecto del afrodisíaco liberado por el Cáliz de
Fuego, que cada día era más intenso. Los Profesores seguían sin comprender a su director.
—¿Qué creen que hacen, hijos de puta? —preguntó Angelina con el ceño fruncido, aunque Harry
podía notar una sombra de sonrisa en su rostro.
—George, no porque el maldito Cáliz me suba un poco la líbido, significa que te voy a entregar mi
coño aquí en público… —se sumó Alicia, con el rostro ruborizado.
—¿Quién dijo algo aquí de coño? —dijo George, ubicando su polla en la otra entrada de la chica.
Para la incredulidad de Harry, Fred estaba acariciando y chupando las tetas de Angelina, cuya ira
dio rápidamente paso a la excitación, mientras que George estaba directamente follando
analmente a Alicia, que estaba sentada, gimiendo una y otra vez, intentando comer sin éxito otro
bocado de su almuerzo.
—Sí, iremos con vosotros, ¡pero no paren, joder, ahhh, ahhh, ahhhh!
Si era así de simple, Harry no perdía nada con intentar. Dejó a los gemelos follando a las Cazadoras
y se dirigió a la Torre de Astronomía. Hermione probablemente iría con Ron, así que no valía la
pena preguntarle (además de que no quería que Rita Skeeter siguiera inventando rumores entre
ellos). La otra Cazadora, Katie Bell, iría con el Profesor Flitwick, cosa que nadie entendía a
cabalidad todavía. La otra opción que le quedaba… era la chica en la que se había estado fijando
desde el año pasado, muchas, muchas veces.
Cho Chang era la Buscadora del Equipo de Ravenclaw, quien le había ganado el torneo de quidditch
el año pasado. Era casi tan inteligente como Hermione, pero mucho más popular, social y
adaptada, y una de las chicas más hermosas del colegio, a pesar de que no se le conocían novios ni
nada parecido, parecía solo dedicarse a estudiar. Tenía etéreos rasgos asiáticos, ojos oscuros y
brillante cabello negro, senos pequeños pero atractivos, una cintura estrecha, un culo llamativo, y
las mejores piernas de toda la generación.
Cho también había mirado a Harry. En el tren tuvieron de esos típicos momentos incómodos pero
calenturientos entre adolescentes, cuando un mal movimiento del vagón les hizo chocar uno
contra el otro, y se estuvieron frotando por tres minutos mutuamente hasta que llegaron las
amigas de Cho. Luego, durante el último partido de Quidditch, Cho distrajo a Harry con unas
miradas coquetas y una sonrisa atrevida, que junto a su destreza natural le dieron la copa.
Siempre estaba en la Torre de Astronomía estudiando los movimientos estelares. Harry subió con
la intención concreta y determinada de pedirle que la acompañara al baile. Pero cuando llegó…
—Chup, chup, chup —sonaba una boca que chupeteaba y succionaba con perfecto ritmo.
—Dioses, qué buena eres para esto, Cho… —dijo una voz en la oscuridad.
—¿De qué otra forma iba a pagarte que me invitaras al baile, Cedric? Chup, chuuup, chuuup, chup,
chup, chup, pensé que nadie lo haría, slurp, slurp.
Harry los vio con claridad. Cedric estaba de pie junto a un muro del solitario observatorio, mientras
Cho, de rodillas frente a él, le realizaba una felación. La destreza que mostraba con la lengua, la
habilidad con sus dedos, la manera en que se metía el pene de Cedric hasta el fondo de su
garganta sin un solo atisbo de arcadas, y su descaro en general, sorprendieron a Harry. No parecía
el tipo de chica tan salida, sino que solo “una Hermione más sociable”...
—¿Y ahora qué diablos hago, joder? —musitó Harry, maldiciendo su suerte.
Continuará...
¡Un Baile para celebrar el torneo! Todas las parejas se divertirán en grande: Harry, Ron y
unas gemelas, Hermione y Krum, Cho y Cedric; y luego, Fleur y Gabrielle Delacour invitarán
a Ron a una piscina en Francia para agradecerle al estilo Veela
Advertencia 2: Es un capítulo algo largo, que espero que les guste tanto leer como yo al escribirlo.
Advertencia 3: un persona habla casi exclusivamente en francés, pero alguien más traduce casi
todo lo que dice, así que no se preocupen lol
—¿Tampoco tienes pareja para el baile? Diablos, viejo… —dijo Ron, golpeándole suavemente la
espalda con camaradería—. No estamos con suerte, ¿eh?
—¡Exacto, es Hermione! —exclamó Harry, declarando lo obvio. Podía haber sido la cerebrito
reservada sin mucho encanto años atrás, pero ya desde el año anterior era evidente que Hermione
estaba poniéndose más que sexy con el entrar a la adolescencia.
—No sé a qué te refieres, Harry… A-además, ella está bastante molesta con todo el mundo, dudo
que asista con alguien.
—¿Harry?
—¿Qué fue lo que le hiciste? —Harry conocía perfectamente a sus dos mejores amigos. Si era
necesario, Hermione misma habría invitado al lerdo pelirrojo al baile, así que era evidente que algo
la había detenido.
—Sigh… La Profesora Minerva me invitó a su oficina para enseñarme a bailar. Las cosas se salieron
de control con ella, y Hermione nos vio cuando fue a dejar una tarea. ¡Pero eso no significa nada!
—De pronto, Ron vio dos figuras idénticas pasar junto a ellos, y se le encendió una luz en la cabeza
—. ¡Eh, Parvati! ¡Padma! ¡Esperen un poco!
Cuando las gemelas aparecieron en el baile luciendo sus exóticos atuendos tradicionales, con
largas faldas semitransparentes que marcaban su silueta y a través de los cuales podían verse sus
largas piernas; petos rojos que dejaban al descubierto sus increíbles y elásticas cinturas; y los
labios teñidos de escarlata, Harry y Ron no pudieron evitar sentirse más que afortunados… a pesar
de lo sensuales que se veían las otras chicas también.
Por ejemplo, Cho Chang llevaba un vestido tradicional chino tan ajustado que hacía resaltar su
impresionante figura de una manera sutil, que le hacía lucir muy sexy. Era plateado, marcado por
un dragón azul que recorría sus curvas. Tenía un corte a un costado que revelaba una de sus
fantásticas piernas, así como otro corte pequeño y vertical en la zona del pecho que le hacía
mostrar la parte interna de sus senos.
Agarrada del brazo de Draco iba Pansy Parkinson, la “puta oficial de Slytherin”, que lucía un vestido
de fiesta negro con serpientes verdes resaltando su generoso escote, con una corona plateada en
el cabello negro, y la minifalda más corta de la fiesta, que sin esfuerzo mostraba la parte inferior de
sus nalgas, que estaba fáclmente en el TOP 3 de Hogwarts.
Lavender Brown usaba un vestido rojo que, para abajo, simulaba pertenecer a alguien de la
realeza, muy elegante y conservador, mientras que para arriba tenía la única función de resaltar el
orgullo de la rubia: sus enormes senos. La parte de arriba eran prácticamente solo dos tirantes
delgados que apenas cubrían sus pezones, y casi nadie pudo mirarla a los ojos.
La Veela, Fleur Delacour, tuvo que guardar las apariencias dado que los ojos estarían puestos en
ella, así que fue conservadora. Llevaba el cabello blanco-dorado en un rodete elegante, se había
pintado los ojos de acuerdo al protocolo de élite, utilizaba un vestido de gala azul y blanco, con
larga falda de princesa, diamantes a lo largo de todo el atuendo, y un escote coqueto, pero
reservado… Y, sin embargo, literalmente nadie podía dejar de mirarla, porque seguía siendo una
Veela, cuyos poderes naturales seguían siendo poner cachondo a quien la mirase. De tanto en
tanto durante la velada, incluso Snape podía verse detrás de ella intentando tocarla…
Pero si Harry juntaba las piernas de Cho, la cintura de las gemelas Patil, los senos de Lavender, el
culo de Pansy, y hasta el atractivo general causado por las feromonas de Fleur, no le prepararía
para lo que pasó después, cuando Hermione Granger bajó las escaleras del Gran Salón para
reunirse con su pareja, Viktor Krum, robándose todos los ojos, los comentarios de envidia y
admiración, las erecciones, y las eventuales bragas mojadas. Hermione se había convertido en una
mujer completamente distinta a la que Harry conocía, y Ron terminó con la barbilla en el suelo
apenas la vio. Su sonrisa radiante ya no era su único atributo perfecto.
Era de color rosa, y tenía un elegante, pero insinuante escote en forma de V que resaltaba unos
senos que Hermione definitivamente no tenía el año pasado: redondos, grandes y firmes, que
causaron más de un babeo entre la audiencia. Su cintura era estrecha como la de una sirena,
iluminada por un cinturón dorado como los brazaletes en sus muñecas. Tenía una falda doble, con
una larguísima que caía desde su espalda y de vez en cuando cubría sus piernas, y la real, debajo,
que era cortísima y sensual, y que de vez en cuando revelaba su ropa interior de encaje, negra y
pícara. Además, utilizaba unos zapatos elegantes de tacón que la levantaban a la altura de Harry, y
resaltaban sus torneadas piernas blancas.
—Solo fuimos demasiado idiotas para darnos cuenta. ¿La has visto desnuda este año?
—No, no hemos tenido tiempo para… ya sabes. ¿Y tú? —preguntó Ron. Harry negó también. Las
gemelas Patil llamaron su atención entonces para que las llevaran al baile, que había dado inicio.
El baile comenzó, incluso los profesores participaron. Muy elegante todo, con los cuatro
Campeones (y sus parejas) al centro, al ritmo del vals. Las miradas estaban puestas en las jóvenes
más hermosas (así como en profesoras como Trelawney o Minerva, que aprovechaba cada vez de
mejor manera su restaurada juventud), incluyendo a Fleur, Cho y… ¿Ginny? Ginny también estaba
allí, aunque Harry la acababa de notar. ¿Por qué diablos no había visto antes a la chica con la que
había tenido sexo por primera vez?
En cualquier caso, a quien Harry y Ron más miraban era a la bella Hermione, a quien Krum hacía
dar saltos y pasos hermosos al ritmo de la música. Fue tanto que las gemelas Patil, hartas de no ser
el centro de atención de sus parejas, les tomaron las manos y los arrastraron al primer salón de
clases que encontraron: la Sala de Pociones.
—Estamos hartas —dijo Parvati, la sexy gemela Gryffindor, sentando a Harry y Ron en los pupitres
centrales frente al pizarrón.
—Han estado mirando a Granger toda la velada, ¿cómo es posible? —preguntó Padma, la erótica
gemela Ravenclaw, sentándose sensualmente sobre el escritorio de Snape.
—No queremos arruinar su velada. Las dejamos libres. Pueden divertirse con quienes gusten.
—¡Oh no, nada de eso! Vinimos a una fiesta y tendremos nuestra fiesta, chicos. Y el programa en
nuestras mentes incluía la participación, digamos, activa de ustedes dos.
—Así es. Les vamos a demostrar que con estos cuerpazos que tenemos, no hay nada que envidiar a
Granger, Cho o la princesita Delacour.
—Subestimarnos será tu perdición, Ronald Weasley —dijo Parvati, sacando su varita para apagar
las luces del salón—. Nox.
—Pónganse cómodos, chicos, mientras ven nuestra pequeña presentación —continuó Padma,
también con la varita en mano—. Musica Potesta.
Una sensual y picante música de la india, con bongos, síndaras y timbales, se incrementó a medida
que las gemelas tomaban sus posiciones frente a los dos muchachos. El erotismo podía sentirse en
el aire. Cada nota era un golpe a los sentidos de Harry y Ron, estimulación de sus mentes y sus
cuerpos. Sus pollas estaban erectas, pero no eran capaces de tocarse, pues sus ojos habían sido
hechizados por el baile de las gemelas.
Padma y Parvati movían la cintura lentamente al son de la sexy melodía, con breves y bruscos
golpes de cadera en perfecta sincronía, que hacían que los penes de los chicos también saltaran en
sus pantalones cada vez que ocurría. Los ojos de ambas jovencitas brillaban de deseo, y sus
sonrisas evidenciaban que tenían dominio sobre Harry y Ron. Ninguno deseaba otra cosa.
Parvati se puso detrás de Padma, se arrodilló y comenzó a acariciar el contorno de las piernas de su
hermana, luego su cintura y finalmente pasó las manos por los senos sobre el top. Padma hizo lo
mismo con Parvati, solo que por adelante, inclinándose frente a los dos muchachos para que
resaltara su trasero mientras marcaba el cuerpo de su gemela.
La música subió su ritmo. Padma y Parvati comenzaron a bailar más agresivamente ante su
audiencia, moviendo las caderas y poniendo los ojos de los chicos exactamente donde deseaban,
desde su cintura a sus piernas, desde su culo a sus senos y luego a sus ojos. A medida que lo
hacían, las chicas iban soltando sus prendas se su cuerpo, sin quitárselas, creando una ilusión de
desnudez que hacía que los jóvenes se desesperaran por ver sus cuerpos.
Las gemelas se tomaron de los brazos mutuamente y se inclinaron hacia adelante lenta,
insinuantemente, haciendo que Ron y Harry se hicieran hacia adelante, expectantes. ¿Realmente
iban a hacer lo que creían que iban a hacer? Los tops de las chicas se deslizaron al suelo y sus tetas
hicieron su flamante aparición en público. Al mismo tiempo, las gemelas se besaron… fue algo
fugaz, rápido, casi inocente.
—No seas bobo, Ron, pueden insinuar todo lo que quieran, pero no te olvides que son hermanas.
Las gemelas sonrieron, sacaron sus lenguas afuera, y sin dejar de mirar a sus parejas, acercaron sus
rostros. Lo que Parvati y Padma estaban haciendo ahora, para los gritos de algarabía y emoción de
Harry y Ron, era un morreo increíble e incestuoso, un jugueteo lujurioso de lenguas entre dos
hermanas gemelas, mientras éstas miraban a los jóvenes, que no tardaron en sacar sus pollas
afuera para hacerse la paja.
—¿Honestamente creen que no he besado a Padma? Miren esta carita de putita que tiene —dijo
Parvati, lamiendo y chupando la lengua de su gemela—, ¿cómo podría resistirme?
—Y eso no es nada, Parvati y yo hemos hecho mucho más que solo besarnos desde que somos
niñas. Acérquense, vean más de cerca, no sean tímidos —invitó Padma.
Parvati se recostó en el suelo y Padma se sentó sobre ella en dirección opuesta. Por arte de magia,
los pañuelos y prendas semitransparentes que cubrían la parte inferior de sus cuerpos cayeron al
piso al son de la música. Harry y Ron se ubicaron junto a las hermosas chicas de cabello negro, que
ahora solo estaban ataviadas por argollas y joyas.
—¿Lista, Padma?
—¡Lista, Parvati!
Las gemelas tomaron las nalgas de la otra, acercaron sus lenguas al interior de sus muslos, y
comenzaron a lamer sus intimidades respectivas, formando un erótico 69 incestuoso-lésbico
mientras los chicos se hacían la paja junto a ellas. Jamás habían imaginado ver algo así, ni sabían
que dos gemelas se atreverían a ello, pero lo que más morbillo les generaba era precisamente que
parecían acostumbradas a tocarse, lamerse y besarse de esa manera.
—Parvati, tu lengua siempre sabe exactamente donde toc… ¡Ay! Mmmm, justo ahí, síii
—Oye, slurp, slurp, gulp, como solo puedo ver tu coño chorreante desde aquí, ¿qué están
haciendo los dos burros?
—Se están pajeando para nosotras, mmmmmm, déjame decirte que no son para nada como
imaginábamos, chup, chup. Mmmmm, ¿Granger te nunca te dijo lo bien dotados que estaban?
—Hermione y yo no hablamos mucho, aunque la he escuchado tocándose en la noche,
imaginándose a estos dos… slurp, ay, tu chocho es riquísimo, hermana.
—El tuyo también, mmmm, estoy muy mojada, Parvati… ¿crees que deberíamos permitirles…?
—Diría que sí, Padma… Chicos, tienen nuestro permiso para darnos caña. ¡No nos decepcionen!
—¡No lo haremos! —Ron se acercó a Harry y le susurró al oído—. Pss, ¿cuál era la mía?
Primero lo hicieron en la misma posición en la que estaban. Harry introdujo su polla al interior de
Parvati, que estaba acostada, mientras Padma le daba tiernos lametones en tanto en el capullo
como en los labios vaginales de su hermana; en tanto, Ron penetró a Padma de perrito, con lo que
su mezcla de fluidos pre-seminales y vaginales caían al rostro de Parvati.
—Ahhhhh, ahhhhhhhhh, ¡qué buenos son! Diablos… no esperaba esto de ti, Ron, Hermione debe
estar feliz, ahhhh, ahhhh, ahhhhh —gemía Padma, mientras Ron la embestía repetidamente.
—Hermana, mmmmm, yo estoy follando con el famoso Harry Potter, y créeme que te lo estás
perdiendo, mmmmm, uhhhhh, uuuuuh, su fama está al nivel de su habilidad… ¡¡¡Ahhh, ahhhh,
uuuuuh, me está partiendo en dos, tiene un pollón!!!
—¡Eh! Yo también podría ser Campeón como Harry, ¡no soy solo su socio!
—Ven y demuéstramelo, Weasley —le desafió Parvati, y con eso, cambiaron de posición.
Las gemelas revelaron que los estereotipos, en ocasiones, estaban en lo correcto. Padma y Parvati
no solo eran unas expertas bailarinas de danza india con cinturas elásticas, sino que parecían
conocer muchas posiciones para dobles folladas, y eran sumamente elásticas.
—Ahhh, ay Harry… pero hemos estado practicándolo mucho de los libros de mmmmamá…
Harry tomó a Padma por la espalda, le abrió las piernas lo más que pudo, sujetándole con las
manos de las rodillas, y la penetró fuertemente; Ron y Parvati, frente a ellos como un espejo,
hicieron lo mismo. Luego, Harry y Ron acercaron a las chicas para que estas pudieran entrelazar sus
piernas. Las hermanas gemelas se abrazaron, para placer de los dos magos, y se besaron no son
con los labios y la lengua, sino que también unieron sus pezones, y parecían no sentir molestia
alguna por la elongación de sus extremidades.
—Ron, eres una bestia, mmmmmm, qué bueeeeno… oh, Padma, bésame más, más, más
—Parvati, usa mi lengua como si fuera una polla, slurp, slurp, mmmmm, qué rico
—Eres una putita, Padma, chupchupchupchup, me fascina… ¡más duro, Ron, asíiii!
—Ver a dos gemelas morreándose mientras las follamos sobre el escritorio de Snape… Ron, creo
que este es el mejor día de mi vida, ¡que se vayan a la mierda los huevos de dragón!
Mientras Ron y Harry se divertían, Hermione no se quedaba atrás. Viktor le robó un dulce y galante
beso en los labios mientras bailaban el vals, pero cuando la elegante velada se convirtió en una
ruidosa y caótica fiesta de luces y música electrónica y bailable, los besos entre ambos se volvieron
algo mucho más apasionado. Hermione jamás pensó poderse besuquear así con el hombre más
guapo de Bulgaria, que parecía una torre hecha de músculos que ella no paraba de manosear con
torpeza, aunque a él eso parecía divertirle.
Agarrados en un abrazo en que parecían tener diez manos, Hermione y Krum salieron a uno de los
patios de Hogwarts. A esa hora, y dado que todo el mundo estaba en plena fiesta, nadie se hallaba
cerca. Aunque, en el camino hacia allá, entre beso y beso, Hermione vio a Pansy montando a Draco
tras una estatua en el vestíbulo. Más allá, en la puerta que llevaba al viaducto, vio a Ginny, de
rodillas y con cara de puta viciosa, siendo manoseada por Dean Thomas y un par de chicos más
que se bajaban los pantalones frente a ella.
¿Quizás alguno podía ver a Hermione? “Nah, poco importa”, pensó. Estaba demasiado cachonda
como para pensar en que los podían descubrir, y no solo por el efecto del Cáliz de Fuego.
—Sí, tócame todo lo que quieras, todas las veces que quieras, por favor…
Krum metió la mano bajo la minifalda interna de Hermione, corriendo a un lado las coquetas
bragas de encaje que llevaba. A pesar de su apariencia viril y masculina, Krum era muy gentil y
caballeroso, y tuvo mucho cuidado al acariciar suavemente su sensible clitoris…
…Pero eso no era lo que Hermione necesitaba en ese momento. Ella estaba cachonda, su cabeza
daba vueltas y el único pensamiento claro en esa vorágine de pasión mental era “sexo”. Deseaba
sexo. La chica tomó el brazo de su amante y jaló, haciendo que sus dedos se sumergieran en la
poza que era su entrepierna. Hermione soltó un intenso gemido de satisfacción cuando al fin
estaban controlando el agua ardiente en su coño, que estaba pronto a desbordarse.
—Tócame, Viktor, qué rico… oh, tócame, hazme un dedo con tus fuertes manos, aaahhhh
—Hermione… ¿Desear?
—Te deseo, Viktor, síiii, mmmmmm… —Hermione se subió a un pequeño muro bajo el estrellado
cielo nocturno, y se abrazó a su amante con brazos y piernas mientras él seguía tocándola. El bulto
en la entrepierna del fuerte joven de diecisiete años golpeó entre los muslos de la adolescente de
catorce.
—¿Aquí mismo?
—Mierda —dijo Cho, que ya tenía la mano bajo los pantalones de Cedric, haciéndole una paja—.
Hola, Hermione… Hola, Víktor.
—Hola, Cho… Cedric… umm… —saludó Hermione, que a pesar de todo, seguía moviendo la pelvis
contra el pene erecto de Krum.
—Vaya, esto es incómodo —dijo Cedric, riendo con nerviosismo—. Cho, está ocupado por aquí,
busquemos otro lugar para, eh… ¿estudiar las constelaciones?
—¡No, no! —dijo el siempre caballeroso Krum—. No ser necesario, nosotros volver al baile y…
—¡Nada de eso, Viktor! —protestó Hermione, que ya no podía de la calentura, meneándose con
cada vez más descaro contra la mole de firmes músculos que era su amante—. Nosotros estamos
bien aquí, mmmmm… pero no hay problema si ustedes quieren, mmmmm, ver las estrellas
también, Cho, mmmmmmm, ahh
—¿Segura? —Cho y Hermione podían ser rivales en cuanto a calificaciones, pero también tenían
un fuerte respeto mutuo, y no podían dejar de imaginar el morbo de lo que podía suceder. Cho
sacó el pene del Hufflepuff y sin pudor se acomodó sobre ella a horcajadas, apenas cubriendo sus
partes íntimas con aquel sensual vestido tradicional que revelaba el largo de sus piernas—. Bueno,
Hermione, si no tienes problema… ¿Cedric, quieres ver las, ejem, estrellas aquí?
—Oh, cof, cof, c-claro… uhhhhh, Cho… —murmuró Cedric cuando la chica asiática se dejó caer
sobre su polla—. Sin duda voy a terminar mirando estrellas, ughhh
Krum también prosiguió en lo suyo. Apuntó su cipote al mojado chumino de su expectante pareja,
y cuando entró en ella, Hermione arqueó la espalda y se retorció de gusto. No imaginaba lo
excitante que podía ser follar frente a otra pareja que también hacía el amor.
—Ahhhh, ahhhhh, C-Cedric… estás muy duro, ahhh —gimió Cho, flexionando las rodillas
rápidamente, con facilidad gracias a su entrenamiento como Buscadora, montando a Diggory como
a su corcel—. E-es como si me taladraras el conejo, ahhh, ahhhh, ahhhh
—Cedric, Cedric, ahhhh, mmmm, ¡qué delicia! ¡Te mueves muy bien, sí que sabes usarla!
Cada vez que Cho gemía fuerte, Hermione la seguía; cada vez que Hermione gritaba el nombre de
su amante, el nombre de Cedric se escuchaba poco después. Tras un rato, se volvió evidente para
Cedric y Krum que las dos chicas estaban compitiendo entre sí, como era lo usual. Solo que aquí no
estaban comparando calificaciones en Transfiguración o Pociones, sino que las proezas sexuales de
sus respectivas parejas, y sus propios orgasmos.
Los dos jóvenes de diecisiete años se miraron entre sí y firmaron un acuerdo silencioso. Ambos se
despegaron de sus parejas y las dejaron donde estaban con expresiones de puchero y confusión.
—Cedric, ¿por qué me…? Cedric, yo aún no, ejem, miro las estrellas…
Krum y Cedric caminaron hacia el otro, se dieron un saludo amistoso, y se irguieron sobre los
cuerpecitos de las adolescentes, que clavaron los ojos en las nuevas pollas que tenían en frente.
—¿Cedric? ¿Qué estás haciendo? —preguntó Hermione, admirando en silencio la forma curvada y
el tamaño del pene de Diggory, mientras éste sacaba su varita de su capa, con una sonrisa confiada
—. No sé qué planeas, pero quiero que sepas no soy una de esas chicas fáciles como las que andan
detrás tuyo.
—Levicorpus —dijo sencillamente Cedric. Hermione se despegó del suelo y volvió a éste dada
vuelta, de rodillas, apoyando las manos sobre el muro y con las pompas en alto. Diggory se puso
detrás de ella y rezó otras palabras mágicas—: Humecto Pulsum.
—Mmmmm, Cedric… ahhh, se me está humedeciendo… todo atrás —dijo Hermione, sonriente,
separando las nalgas por pura, repentina e intensa excitación—. ¿Acaso vas a…?
—Vibrato —fue el tercer hechizo antes de penetrar el culo de Hermione, quien no solo fue recibida
por intensas pulsaciones de humedad en su recto, sino que el pene de Cedric… Jamás había
sentido algo así de poderoso y excitante, con solo tres hechizos. ¡Estaba vibrando!
—¡¡AHHHH, CEDRIC!! ¡AHHHHH! ¡OH, CEDRIC, FÓLLAME ASÍ EL CULO, ES TODO TUYO!
—¿Vas a utilizar tu magia también sobre mí, Viktor Krum? —inquirió Cho, embobada mirando el
cuerpo desnudo de Krum, cubierto de músculos y cicatrices, que parecía esculpido por los dioses
griegos—. ¿Crees que no sé maneras de contrarrestarlos?
—No necesito hechizos —dijo Krum, cayendo encima de una asustada Cho. Ésta intentó resistirse,
solo lo suficiente como para que pareciera que se estaba resistiendo, cuando en realidad tenía
mucha curiosidad, la que fue saciada cinco segundos después.
Krum se introdujo en ella, y Cho jamás había sentido a alguien dilatar tanto su coño. Ahora
entendía perfectamente los gritos de Hermione. Viktor Krum estaba demasiado bien dotado, era
como la de un gigante. La abrazó como un oso mientras entraba en ella, y Cho se amarró a él,
arañándole la espalda, agarrando sus nalgas, desesperada porque entrara más profundo.
—¡No importa! ¡Llega a mi útero! ¡Párteme en dos! Haz lo que quieras con mi cuerpo, ahhh, ahh
—Está bien. Pero queremos no competencia —dijo Krum, mordiendo suavemente el cuello de Cho
a la vez que la embestía con su verga.
—Uhhhh, ugghhhh, ahhhh, Krum… ¡qué monstruo, qué bestia, qué enormeeeee, ahhhh! —gimió
Cho, limpiándose la constante baba que saltaba de sus labios. Presionada, aplastada, sin aire, todo
eso la estaba poniendo a mil.
—Cedric, ahhhh, mi culito está feliz con tu pene, ahhh, mmmmm, haremos lo que digas, ahhhh,
ahhhhh, ahhhhh, pero no dejes de darme por culooooohhhhhh —exclamó Hermione, que ya había
llegado a las estrellas. Y volvió a llegar, una y otra vez, una y otra vez, a medida que Cedric y Krum
tomaban turnos con ella y con Cho. Los orgasmos no dejaban de caer, igual que con las rendidas
gemelas Patil en alguna otra parte de la escuela.
Finalmente, Hermione y Cho cayeron al césped con el coño lleno de leche, y en el caso de
Hermione, también en su culo, que se desbordaba. Ninguna de las dos chicas ganó la competencia,
pero no parecía ser importante en ese momento. Se tomaron de la mano y se largaron a reír
mientras Krum y Diggory se vestían. Pero los Campeones del Torneo de los Tres Magos aún no
terminaban con ellas.
—Gecibí su llamado, chicos… Oh lalá, ¿éstas son? —preguntó una voz, y Hermione vio la silueta de
una princesa quitándose el largo vestido ante ella y Cho. Supieron en seguida que aún tenían que
complacer a una brujita, esta vez una Veela… Habría que trabajar juntas. Hermione y Cho gatearon
hasta la entrepierna de cierta francesa y comenzaron a lamer…
El Baile de los Tres Magos finalizó unas horas después. Todas las chicas más sexys del castillo
tuvieron la acción que merecían, y durmieron satisfechas,contentas y llenas de fluidos. Solo Harry
Potter durmió ansioso, sobre el cuerpo de Parvati, a sabiendas de lo que se venía…
La Segunda Prueba del Torneo de los Tres Magos había sido, a simple vista, menos peligrosa que la
primera. Simplemente se trataba de bajar al Gran Lago, el más oscuro y frío del territorio de
Hogwarts, y rescatar algo “importante”. Harry no podía haber sabido que eso era su mejor amigo,
que había sido encadenado bajo el agua junto a Hermione, Cho y la hermana menor de Fleur, y
que las sirenas que hacían de guardias allí no eran como en las películas, sino que eran criaturas
terroríficas y peligrosas que lo atacaron apenas intentó rescatar a más de una persona. Cedric
rescató a Cho, Krum liberó a Hermione, pero Fleur había quedado fuera de combate bajo el agua…
¡Ahora había tres personas que salvar!
Primero liberó a Ron con un hechizo que conjuró una burbuja sobre su cabeza para que respirara, y
éste pareció despertar de una ensoñación a la vez que su cuerpo flotaba a la superficie y veía a
Fleur Delacour a la deriva. Harry utilizó el hechizo reductor para liberar a Gabrielle Delacour, una
Veela preciosa de casi la misma edad de Ginny, con soñadores ojos grises, curvas en pleno
desarrollo, cabello dorado en un corte coqueto, y labios rosados y atractivos.
Mientras Harry Potter distraía a las monstruosas sirenas, Ron tomó de una mano a Gabrielle, de
otra a Fleur, y Harry los hizo salir con su varita:
—¡Ascensio!
En medio de la batalla campal de Harry contra las sirenas, Fleur y Gabrielle abrieron los ojos y
vieron a Ron, haciendo esfuerzos por despertarlas. Ambas Veelas saltaron a los brazos del pelirrojo
y lo llenaron de besos en la frente y las mejillas, agradeciéndoles por haberlas salvado. Ron estuvo
a punto de explicar que en realidad había sido Harry, cuando Fleur le plantó un fogoso beso en los
labios que casi le hace desmayarse. ¿Cómo podía ser que una chica de diecisiete años supiera
besar así? Era como si sus labios generaran una corriente eléctrica que tocaba con precisión los
puntos erógenos en la boca de Ron, y se expandieran a los demás en todo su cuerpo. Fue tan
estimulante que cuando Fleur sacó la lengua y la introdujo entre los labios de Ron, éste tuvo que
hacerse atrás para perder el uso de razón.
—Pero qué… ¿qué diablos…? —musitó Ron, con una erección de campeonato mientras la cabeza le
daba vueltas y ni siquiera podía escuchar los gritos del público, pues estaba enfocado en la sensual
risilla de la pequeña Gabrielle.
—Oh, es cosa de costumbge, pgecioso peligojo —dijo Fleur, jugueteando con su dedo en sus
dientes mientras lo miraba eróticamente—. Ni siquiega tu amiga pudo aguantag la pgimega vez…
—Mi hegmanita y yo queguemos agadecegte como cogesponde pog salvagnos la vida; así te
acostumbgagás, peligojo bello —dijo Fleur, que tomó una mano de Gabrielle, y ésta tocó una
pierna de Ron—. ¿Nos vamos?
—¿A dónd…? ¡AHHHHHHH! —gritó Ron, cuando su cuerpo fue metido en una suerte de licuadora
gigante que giraba, y giraba, y giraba…
No había nadie más que tres personas en esa piscina. Ron no llevaba más que unos shorts cortos
de nado muy ajustados, por lo que tuvo que cubrirse con las manos.
—Jijijiji, discúlpame pgecioso, fue un extga de mi pagte, quegíamos vegte bien —dijo Fleur con voz
coqueta, mientras nadaba muy cerca de él como las sirenas de las películas.
Afuera de la piscina, Ron vio algo que le hizo voltearse, avergonzado. Gabrielle estaba
completamente desnuda, tenía un cuerpo angelical y sumamente deseable para su edad,
poniéndose también un conjunto de bikini rosa, lista para unirse a su hermana y a Ron.
—Cgeo que está avegonzado de veg a una fille tan hegmosa como tú, Gaby… Te ves muy sexy,
únete a nosotgos.
—Oui, ma seour.
Ron comenzó a escuchar unos sonidos como de risillas coquetas y gemiditos picarones. Con
timidez, se volteó y encontró a las dos Veelas abrazadas, acariciándose mutuamente por encima de
los senos, mirando a Ron como libidinosas pervertidas.
—Por las barbas de Merlín… —musitó Ron, lo que hizo que las hermanas se rieran una vez más,
con una risa que casi provoca que Ron entre al mundo de la locura.
—Món cherie, si vuelvo a besagte cgeo que no aguantagás… Gaby, hazlo tú, paga que avance de a
poco, no queguemos gompeglo, non? Jjijiji, dale las gacias pog el gescate.
—Oui, ma seour. Monsieur Weasley, tú ma’s sauvé, merci beaucoup, merci! —le agradeció
Gabrielle antes de tomar a Ron del mentón y besarlo también. Ron sintió su corazón acelerarse
como loco. La niña era casi de la misma edad que Ginny pero besaba como una profesional, usaba
sus labios como si fueran sus manos, y su lengua se movía de formas irreales.
Pero la Profesora Minerva lo había entrenado, y no podía tomar una actitud pasiva. Le había dicho
muchas veces que los hombres debían tomar acción en el sexo, así que Ron tomó a Gabrielle de la
estrecha cinturita que tenía y le devolvió el beso francés (nunca mejor dicho) con la mayor
destreza y pasión que pudo, a pesar del difícil desafío.
—¡Mmmmmm! —gimió Gabrielle, sonriendo mientras Fleur los miraba orgullosa—. Mmmm,
mmmm, oui, quel un baiser… c’est incroyable!
—Mi hegmana apgueba cómo besas, món cherie, me muego pog sabogeagte…
Ron bajó una mano al agua cálida llena de bálsamo afrodisíaco, y palpó la entrepierna de la chica,
que gimió de gusto al sentir el contacto de sus dedos. Luego, el pelirrojo corrió la delgada tela dele
bikini a un lado, y comenzó a acariciar el clítoris de la pequeña Veela, que de pronto, aumentó aún
más la intensidad de los movimientos de su lengua en su boca, cosa que parecía imposible.
—Mi hegmana dice que está muy caliente, jijiji, y yo también —dijo Fleur, acariciándose los senos
por encima del top de bikini—. Voy a unigme, no dejes de tocagla… Gaby, touche-moi…
Tal como dijo, Fleur Delacour unió su lengua a la de Ron y la de Gabrielle, uniéndose en un triple
morreo que solo fue el inicio. Mientras Ron jugueteaba con la entrepierna de la dulce Gabrielle,
ésta metió una mano bajo el bikini de su mano e introdujo un dedito en el agujerito trasero de su
hermana. Por su parte, Fleur bajó el short de Ron con un solo movimiento, y con un toque gentil
de sus dedos inició una de las mejores pajas que el pelirrojo había recibido en su vida. De hecho, la
única razón por la que no se corrió a los cinco segundos fue porque la misma Fleur lo acariciaba de
tal manera que su placer fuera inmenso, pero que a la vez fuera incapaz de llegar al clímax hasta
que ella lo desease.
Si Hermione había sido presa de esa habilidad, entonces eso explicaba que después del baile, al día
siguiente, estuviera tan atontada, como si hubiera sido derrotada en algo, pero feliz por ello. Fue
entonces que Ron, en medio de su triple beso y toqueteo, recordó que Fleur no solo era una Veela,
que por naturaleza es un ser sexual, sino que también era una joven trabajadora sexual tanto en su
escuela como en el Caldero Chorreante, así se lo habían dicho Harry y Hagrid.
—Ohhhh, ohhhhhh, por Merlín, tus manos fueron hechas por los dioses, ohhhhh
—Mmmmm, mmmmmmm, me hace feliz que mi hégoe disfgute de mi toque…; mmm, Gaby, eso
es, touché ma petite cul, dílatalo paga que mon cher pueda usaglo…
Fleur se dio media vuelta y recostó su cuerpo sobre el de Ron, ambos llevados por el suave
movimiento de las aguas. Ella se bajó la parte baja del bikini hasta los muslos, y guio la polla de un
demasiado aterrado y entusiasmado Ron hasta su entrada trasera. Se sentía muy distinto a las
otras mujeres con las que había tenido sexo anal. Era como si Fleur pudiera succionar su energía
vital, y de alguna manera eso no se sentía mal.
—Ouiiii, ouiiiii, mmmmmm… tienes una buena hegamienta, mon cher, ahhh, ahhhhh, está
haciendo magavillas en mi derriere…
—Es… d-demasiado… —Ron no llevaba ni cinco minutos cuando comenzó a sentir la familiar
sensación de que se aproximaba su clímax. No le quedaba más que ir con todo; estaba follando
con una Veela, después de todo, era normal que su culito pareciera tener vida propia, así que le
empezó a dar de nalgadas para ser lo más intenso posible, dejándole las nalgas rojas y causando
sonidos eróticos—. ¡Toma, toma, toma!
—Ouiiiii, ahhhhh, ¡¡ahhhh!! Oh, peligojo hegmoso, qué delicia… Mmmm, lo has hecho bastante
bien para aguantarme… Vas a acabag en mi ano, non? ¡Magavilloso!
—Non… —intervino Gabrielle, tomando del brazo a Ron, con una mirada de súplica—. Tu ne
préferes pas utiliser ma cul…? Quiego… leche… C’est ma premiere…
—Cgeo que mi hegmanita quiegue divegtigse también, es nueva pog ese agujego —dijo Fleur,
separándose de Ron, que estaba más empalmado que nunca. La muchacha lamió un poco del
líquido preseminal del pelirrojo antes de tomar su polla y dirigirla al culito de Gabrielle, que se
inclinó sobre el borde de la piscina con carita de feliz inocencia—. Llénala de leche, oui?
—Espero no romperla, porque estoy a punto de correrme. —Ron escupió sobre su pene para
lubricarlo aún más, y se ubicó entre las nalgas de la adolescente, mirando el ano virgen de la
doncella. No pudo aguantarse y la penetró con fuerza—. ¡Ohhhhhhh!
—Te acostumbagás pgonto, ma chérie —susurró Fleur, a la vez que las embestidas de Ron en su
hermanita se volvían más fuertes e intensas. Deseaba que ella pudiera disfrutar del sexo anal antes
de que Ron alcanzara el orgasmo, lo que sería pronto… Afortunadamente, ocurrió así.
—No puedo aguantar más… Es casi igual de poderoso que el de su hermana… ughhh —Ron
aumentó la velocidad con ganas de correrse, de disparar todo lo que sus huevos contenían en esa
chiquilla hermosa, sin dejar ni una gota—. Ahhh, ughhhhh, ¡aquí voy!
—Ouiiii, ouiiii, ton quiqui… TON GRAND VERGE, ahhhhh, ma cul… AAAAHHHHHHH!!!
—Muy bien, hegmoso —celebró Fleur, viendo muy de cerca, en el agua, cómo la polla de Ron se
hinchaba, y luego su leche desbordándose entre las nalgas de su hermanita. Se le hizo agua la
boca, y dejó a Ron aún más acabado de lo que ya estaba, cuando Fleur se inclinó detrás de
Gabrielle—. Voy a lameg tu culo y toda la lechita, Gaby.
Fleur recogió la esperma del culo de su hermanita, y antes de que su lengua se tocara con la de
Gabrielle, aparentemente con la intención de compartirla con ella, Ron perdió el conocimiento,
rendido sobre el agua.
Continuará...
El Cáliz de Fuego (y una ayudita de Luna Lovegood) provoca que Hermione se entregue a
sus amados elfos en las cocinas; finalmente, la tercera Prueba da inicio, y tanto Fleur como
Harry dan rienda suelta a sus deseos con ayuda de una Esfinge.
—¿Cuándo vas a entender que no sirve? Nadie está tomando en cuenta tus pedos, Hermione.
—¡No me importa lo que significa! Hermione, ¿no te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo?
Ni siquiera los mismos elfos quieren tu jodida organización.
—¡Eso no tiene sentido! ¿Cómo van a querer seguir siendo esclavos? Solo estás molesto porque
me he estado follando a Krum.
—¡Claro que no es eso!
—¿Pero debo recordarte a la Profesora Minerva? ¿A las gemelas Patil? ¿A FLEUR DELACOUR?
—...y su hermana —dijo Ron con sorna, antes de que Hermione lo expulsara casi a patadas.
Estaba enfurecida. En el fondo sabía que su organización no había funcionado, por más que lo
desease. La había armado para protestar por los derechos de los elfos domésticos que eran
maltratados en Hogwarts y todo el mundo mágico, tratados como esclavos… ¡pero ellos mismos
parecían disfrutar servir así! Hermione no quería ni podía aceptarlo.
—¿Eres Hermione, no? —dijo una vocecita detrás de ella—. ¿Hermione Granger?
Hermione se volteó y se encontró con alguien inesperado. Una chica rubia de ojos soñadores, de la
misma edad de Ginny, con una corta minifalda gris, corbata azul, y delicadas curvas. Nunca había
hablado con la chica, pero sabía de ella. La llamaban Lunática.
—Um, ¿sí? Y tú eres, eh, Luna Lovegood, ¿no es así? —Hermione sabía que jamás se llevaría bien
con alguien como ella. Luna no era alguien que actuara con la razón y la lógica por delante—. ¿Te
puedo ayudar?
—No, no puedes —contestó Luna, con simpleza y honestidad—. Oh, unos elfos me dijeron que
fueras a la cocina. ¿Eres la del pedo, no?
—¡Sígueme! —dijo Luna, ignorando a Hermione enteramente, alejándose a saltitos hacia las
cocinas—. Creo que quieren agradecerte o algo así.
Cocinas de Hogwarts
Hermione y Luna entraron a las cocinas, donde solo los elfos domésticos trabajaban, cocinando los
increíbles platos que los estudiantes y el staff de Hogwarts consumían a diario. El cartel con el
acrónimo de la organización de la que solo Hermione era integrante (pues Ron era un imbécil y
Harry estaba demasiado ocupado con las Pruebas) colgaba del techo. No veía a ninguno de los
elfos, y Luna no daba muestras de saber por qué estaba ella siquiera allí.
—Ama Granger —dijo una voz chirriante, y Dobby, el elfo doméstico que había pertenecido a los
Malfoy y que había “ayudado” a Harry durante segundo año, apareció de pronto frente a ellas—.
¡Ah! Gracias por encontrarla, ama Lovegood.
—Fue un placer —dijo ella, mirando distraídamente varios puntos vacíos en el techo—. Está lleno
de Snarls aquí. ¿Sabían que pululan por el aire con el aroma de las feromonas liberadas por…?
—¡No existen los Snarls, Luna! —protestó Hermione, enfadada, antes de voltearse nuevamente
hacia Dobby con amor en los ojos. Adoraba a los elfos domésticos—. Y a ti te he dicho que no me
digas “ama”. ¿En qué puedo ayudarte, Dobby?
—Solo quería decirle lo que usted probablemente sabe, ama Granger —explicó Dobby, con voz
triste—. No todos mis compañeros han estado de acuerdo con esto de la “libertad”. Funciona para
mí, pero no con todos. Lo siento.
—L-lo sé… No te disculpes, Dobby, no fue tu c…
—Pero convencí a mis compañeros de que sus esfuerzos fueron más que válidos. Usted, más que
nadie más, se preocupó de nosotros. Queremos agradecérselo.
—¡Oh! ¡Yo sé cómo agradecen los elfos domésticos! —anunció Luna, con una sonrisa misteriosa,
alzando una mano casualmente—. Es muy divertido.
—Luna, ¿por qué sigues aquí? ¡Oigan, ustedes! —exclamó Hermione, de pronto, cuando tres elfos
domésticos, completamente desnudos, aparecieron entre sus piernas—. ¡Eh!
Cinco más surgieron del aire, junto a ella, también sin las humildes ropas que llevaban. Luego diez
más frente a ellos, incluyendo al pesado de Kreacher. Después más, y más, todos los elfos
domésticos iban apareciendo por arte de magia élfica, desnudos y mirándola directamente a ella.
Algunos tenían sonrisas perversas, otros no sonreían, pero todos tenían… sus miembros erectos.
Eran similares en forma y tamaño a los de los humanos… ¡solo que los elfos eran muchísimos más
pequeños que los seres humanos!
Hermione intentó voltearse, a sabiendas de los efectos de su ninfomanía crónica, pero a donde
fuese que mirara se encontraba con un elfo con la polla erecta, o unas pocas elfas como Winky que
la devoraban con la mirada. Sintiendo los efectos preliminares, la erección de sus pezones a través
de la ceñida camisa, Hermione trató de escapar, pero Luna cerró la puerta con cerrojo.
—Es que será divertido —dijo la rubia, con una mirada vacía y una sonrisa boba, sentándose en el
suelo, subiéndose la minifalda y abriéndose de piernas—. Ya sabía yo que los Snarls andaban por
aquí por una buena razón. Qué excitante.
—Luna, no me obligues a… —Hermione se preparó para sacar la varita a la vez que sentía que se
humedecían sus bragas.
—¿Cómo fue lo que enseñó el Profesor Moody? ¡Oh, ya recuerdo! ¡Imperio! —Luna fue más
rápida que Hermione, pues ya tenía la varita afuera.
Hermione cayó de rodillas, incapaz de resistirse. “Imperio” era uno de los Tres Hechizos
Imperdonables, pero por culpa del extravagante estilo de enseñanza del nuevo Profesor Alastor
Moody, magos como Luna lo usaban como si no fuera gran cosa. Mientras pensaba en ello, los
elfos domésticos empezaron a rodear a Hermione.
Ella no tenía nada contra los elfos. Todo lo contrario. La razón por la cual no quería dejarse llevar
por sus bajos instintos era porque los amaba de todo corazón, y sentía que usar su cuerpo de
manera sexual con esas criaturas era otra forma de esclavismo. ¿Significaba eso que iba a permitir
que unos extraños le hicieran cosas pervertidas mientras ella era incapaz de resistirse, solo por el
cariño que les tenía?
…Quizás.
Chasqueó los ojos de nuevo, y Hermione ahogó un gritito. Aunque llevaba la falda escolar, sabía
que ahora no llevaba nada debajo. Sus zapatos y calcetines también habían desaparecido. Estaba
expuesta, rodeado por las pollas de los elfos domésticos. Otras habrían protestado sobre el físico
de las criaturas, pero para Hermione, ellos eran hermosos… y también lo eran sus falos…
Los elfos domésticos comenzaron a masturbarse alrededor de ella. Hermione sintió que sus muslos
se humedecían con el fluido que caía de su coño, y que sus pezones estaban tan duros que hasta el
corpiño le incomodaba. Respiraba entrecortadamente mirando a las decenas de elfos domésticos
haciéndose la paja mientras la miraban, y se ruborizó hasta quedar como tomate.
—¡Ah, ah, ah, ahhh! —gritó uno de los sirvientes, que se lanzó a los senos de Hermione, restregó
el rostro entre ellos, y luego se corrió entre espasmos. No habían pasado ni cinco segundos desde
que había empezado.
—Oh, no —musitó ella tras ver la mancha de semen sobre su brasier, fingiendo una cara de asco,
de que no podía resistirse.
—Eso fue muy sexy —dijo Luna, que estaba con las piernas abiertas, apoyada contra la puerta,
tocándose el clítoris y los labios vaginales con la varita mágica, suspirando y gimiendo de placer—,
se corrió sobre sus senos… wow…
Hermione y los elfos comprendieron entonces que Hermione no estaba bajo la maldición Imperio.
Podía moverse perfectamente y no le habría resultado difícil apartar a Luna para escapar. La chica
se miró con los sirvientes, sus ojos se clavaron en sus miembros, y de pronto, otro elfo precoz
eyaculó en su pecho, sobre su seno izquierdo.
Hermione recogió el ADN del elfo con los dedos, sin decir una palabra. Lo olió, y al comprobar que
olía bastante bien, lo probó y saboreó. El efecto constante y afrodisíaco del Cáliz de Fuego hizo lo
suyo. Tras tragar, Hermione le sonrió a los presentes y tomó dos pollas en sus manos, las más
cercanas, y comenzó a pajearlas.
—¿Así que quieren correrme sobre mí? Pues, adelante, y no se peleen jiji
Docenas de elfos domésticos se masturbaban alrededor de Hermione Granger. Aparte de los dos
que ella masturbaba, otro llegó flotando y puso su pene en la boca de la chica, que comenzó a
mamar con destreza y una sonrisa en el rostro. ¿De qué servía mentirse? Ya no era la chiquilla de
primer que se escondía para masturbarse, o se limitaba a realizar sexo oral a los que “lo valieran”.
Tenía la edad suficiente como para saber que era una putita ninfómana. Era una guarrilla a quien le
fascinaba el sexo. Cuando un elfo le levantó la faldita y se puso entre sus piernas, ella las abrió
más, sin siquiera pensarlo, y le permitió la entrada. Si hubiera sido así de honesta consigo misma,
se habría follado tanto al troll que la atacó en los baños, como a Firenze en el bosque.
—Ahhh, ahhh, ahhh, ahhhh, qué rico cómo me follas, ahhh, ahhhh —gemía Hermione, feliz de la
vida, follada, haciendo pajas y chupando polla a la vez. Cuatro a la vez mientras docenas más
esperaban su turno. ¿Cómo no iba a ponerse cachonda con eso?
—¡Aquí voy! —gritó el viejo elfo Kreacher, apuntando su miembro al rostro de la chica.
—¡Y yo! —exclamó otro, y un tercero más le siguió con sonidos guturales.
Una decena de chorros cayó sobre su rostro, cuello, y uno muy potente se estampó contra su
ondulado cabello, cayendo desde un mechón por delante de sus ojos, lo que le pareció
divertidísimo, e intentó alcanzarlo con la lengua.
—Mmmmm, Hermione lo hace muy bien… no puedo esperar por tener mi propio harem —dijo
Luna, imaginándose a sí misma con millones de criaturas imposibles, pero atractivas, tocándola,
besándola, penetrándola... Era muy sexy la idea.
—¡Más, más, más, quiero más leche! ¡Aquí, hay un espacio vacío sobre mi teta derecha! —le dijo
Hermione a un elfo, que se corrió obedientemente en la zona que le indicaban.
—Uhhhh, uhhhh, uhhhhh, ¡me corro! —gritó el elfo que la follaba, y ella lo empujó hacia ella para
que le llenara el coño. Apenas el elfo se despegó de ella, otro rápidamente tomó su turno. Dos más
comenzaron a jugar con sus tetas.
—¡Tetaaaaaaaaaaas! —gritaron los elfos, que Hermione trató de pajear también, tomando turnos
con los otros penes que la necesitaban.
—Mmmmm, mmmm, Dobby, ¿todo este pene es para mí solita? —preguntó Hermione al captar a
Dobby entre la multitud, y éste se le acercó por la espalda, acariciándole las nalgas con expresión
de curiosidad.
—Mmmmm… Dobby, aún tengo un agujero libre —le indicó mientras se ponía de rodillas para
revelar su entrada trasera—. ¡Venga, usen mis tetas, coño, culo, boca, manos, y hasta pueden
hacerse la paja con mis pies! ¡Úsenme como quieran! ¡Ahhh, ahhh, ahhh! ¡Mi cuerpo es todo suyo,
pueden hacer lo que se les apetezca!
Uno de los elfos a los que hacía la paja se corrió sobre su cabello, y ella tanteó con los dedos entre
la audiencia que la rodeaba hasta encontrar otro pene y continuar pajeando. Uno de los que le
manoseaba las tetas cambió con otro y empezó a follarle el coño. Tenía dos miembros en la boca a
la vez, mientras tres más se corrían sobre su faldita escolar, levantada por Dobby que le daba por
culo. Se sentía sucia, usada, como un objeto de deseo y uso propio, cosa que siempre le hacía
hervir la libido. Era una putita, y orgullosa de ello.
—T-tiene mucha… leche… —musitó Luna, masturbándose furiosamente con ambas manos, una en
los labios vaginales y el otro en el clítoris—. Su piel se pone blanca… mmmm, qué sexy… ¿esto es lo
que llaman Bukkake?
—Me encanta la lefa… Venga, tomen sus turnos, tóquenme, lámanme, chúpenme, fóllenme por
cualquiera de mis hoyitos, ahhh, ahhh, ahahhhhh, ¡báñenme en lefa!
—Ama Granger, voy a… eyacular… —anunció Dobby, embistiendo rápidamente entre las nalgas de
la muchacha.
—Dobby, hagan lo que sea conmigo… ¡Chicos, soy su bolsa de fluidos! Mmmmm, mmmm, solo
existo para ser una receptora de lefa, ahhhhhhh, ahhhh ¡qué ricoooohhhh!
Dobby derramó su semilla en Hermione a la vez que ella recibía un lefazo directo a la garganta.
Cuando Kreacher tomó su lugar en el recto de la niña, cinco elfos más lanzaron su orgasmos sobre
el rostro, el cuello, el vientre, la espalda y el hombro izquierdo. La estaban bañando, y todavía
quedaban tantas pollas que atender; uno de ellos incluso se estaba pajeando con un poco de su
cabello castaño… ¡Si el paraíso existía, entonces estaba allí!
Más chorros cayeron sobre su boca. Diez más eyacularon en su boca o su lengua. Dos más usaron
sus pies hasta que sus dedos quedaron cubiertos de cremosa lefa. Su camisa, faldita, y hasta la
corbata se habían teñido de blanco, así que terminó de desnudarse. ¡Y qué bien olía su cuerpo!,
pensó.
—¡SEMEN! ¡SEMEN! ¡BAÑEN A SU PUTITA, CHICOS! —gritaba Hermione, fuera de sí, corriéndose
con las pollas que la rodeaban o que ocupaban sus agujeros—. ¡AHHH, AHHH! ¡MMMMM!
¡AHHHH! ¡MÁRQUENME COMO SUYA! ¡LES PERTENEZCO, SOY SU SIRVIENTA! AHHH, AHHHHH,
MMMM, QUÉ RICO SER UNA RECEPTORA DE LECHE CALIENTE, MÁS LECHE PARA MÍ, ¡SEMEN,
SEM…! ¡¡¡ACABOOOOOO!!!
—¡Yo también! ¡Me viene! —gritó Luna, frotándose agresivamente con la varita, hasta que un
chorrito semitransparente se disparó al rostro de la otra chica, que sacó la lengua para recibirlo
como parte de su bukkake.
Hermione perdió el concepto del tiempo, el mundo se volvió una vorágine, y cayó de espaldas
sobre una poza de lefa, sin dejar de correrse, rellena de la semilla de los elfos domésticos que
tanto amaba… Hermione recogió todo lo que pudo con las manos y empezó a sorber
ruidosamente, determinada a tragarlo todo.
—Gracias por participar del P.E.D.D.O., muchachos —agradeció Hermione, descansando con
fuerza, preparada para dormir sobre el semen de los elfos.
Harry, Viktor, Fleur y Cedric entraron al frondoso laberinto de hojas, ramas y arbustos que
componía la última de las Pruebas de los Tres Magos, dirigidos por el Profesor Alastor Moody. El
objetivo era llegar al centro del laberinto y alcanzar la Copa de los Tres Magos… pero, desde luego,
las cosas nunca podían ser tan fáciles como sonaban.
—Oh, bonne nuit Haggy —saludó Fleur, al final del corredor. A pesar de estar cubierta de ramas y
hojitas de un ataque anterior, la Veela se veía tan sexy como siempre. Sus ojos y su sonrisa eran
cautivantes, su cabello blanco-dorado parecía flotar por sí solo, y lucía un atuendo deportivo muy
ajustado a sus curvas, con un suéter celeste con cremallera, que dejaba al descubierto la cintura;
unas zapatillas deportivas, y unos shorts cortísimos que resaltaban la curvatura de su perfecto
trasero—. Esperaba que pasaras por aquí.
—Fleur, no quiero luchar contigo, pero uno tiene que ganar, así que… —dijo Harry, sacando su
varita para batirse en duelo, pero Fleur lo detuvo con un gesto.
—¿Cómo se te ocugge que quiego luchag contigo, Haggy? —musitó Fleur, jugando con la
cremallera de su suéter, que se bajaba hasta que podía verse la división de sus prominentes senos,
lo subía, lo volvía a bajar, y lo volvía a subir—. Espegaba que pudiégamos divegtignos. Hace tiempo
que me lo debes, desde que nos conocimos en el Caldego Choggeante.
—¿Es una treta? Te lo advierto, no caeré tan fácilmente en tus redes como Hermione o Ron —dijo
Harry, con poca convicción y los ojos clavados en el escote intermitente que Fleur creaba con su
ropa. Bastaba con ese pequeño gesto para seducirlo, y ella lo sabía.
—No es ninguna tgeta, no me ofendas. Pego, paga seg sincega, ya me acosté con Cedgic en los
baños, y fue un buen amante, muy apasionado… ¡oh! y nos acompañó una fantasmita muy
coqueta y sensual que besaba muy bien.
—¿Y Krum?
—Desde luego, me dio muy fuegte pog mi culito hace unas semanas, pego me gustó mucho… De
hecho, luego todos sus amigos tuviegon sus tugnos conmigo a la vez jijiji —Fleur ahora empezó a
jugar con su cabello a la vez que se paraba de tal forma que todas sus curvas resaltaban.
—Si son tan buenos ellos dos, ¿para qué me necesitas? —inquirió Harry, aún desconfiado, con la
varita en alto—. ¿Es esto cosa del Cáliz o…?
—Dos gazones. Una es pogque lo que me ha quedado más que clago, tgas todo lo que he
investigado de divegsas chicas, es que eres un amante incgeíble. He estado con MUCHOS, dada mi,
um, “línea de tgabajo” en el bag, pero tú pagueces seg especial. Y segundo, te puse el ojo desde
hace cuatgo años, y siempre obtengo lo que quiego.
Fleur caminó hacia Harry, lenta y sensualmente, y el chico bajó la varita, dándose cuenta de que
había caído presa del hechizo de la Veela. Había sido seducido por ella, quien se inclinó frente a él
con las piernas extendidas, y le bajó los pantalones. ¿Honestamente? No le importaba.
Harry también deseaba a la joven desde que la vio montando el pene de Hagrid. Además, no era
justo que solo Ron y Hermione se divirtieran con ella. Su polla ya estaba bien erecta cuando la
chica la tomó con sus blancas manos.
—Hmmmm, cuando tegminemos tú y yo, solo uno va a teneg fuegzas paga continuag. Asumo que
ese segá el ganadog —explicó Fleur, abriendo la boca, procediendo a absorber el miembro erecto
de Harry en el agujero negro de su salivosa garganta…
Mientras tanto, Cedric había conseguido llegar al centro del laberinto, tras destruir un montón de
obstáculos. El que tenía en frente era muy diferente. Se trataba de una mujer de piel olivo con
cabello y ojos negros, labios color rojo carmesí, vestida al estilo egipcio con muchas joyas,
brazaletes, cadenas de oro, tops de suave lino blanco, una falda larga con cintura alta del mismo
color, pero semitransparente, revelando el secreto femenino que ocultaba … de hecho, se hubiera
parecido mucho a la idea que la gente tenía de una Cleopatra sexy, de no ser porque tenía garras
de león y alas de águila.
Había escuchado de esas criaturas, tan parecidas, pero no completamente a las mujeres. Era
una Esfinge, una que parecía sacada de un sueño erótico algo tergiversado. La Esfinge caminó
hacia Cedric, y de alguna manera, tras pestañear, ya estaba junto a él acariciándole la barbilla.
—Te haré un acertijo, Cedric Diggory… Si aciertas, podrás pasar bajo mis piernas y encontrarás el
tesoro que buscas. Si fallas, no te auguro un buen destino.
—¿Bajo tus piernas? ¿Me estás seduciendo o es solo la primera parte de un acertijo?
—Madre mía que eres lento, chico… muy lento —lamentó la Esfinge, con un suspiro de decepción
—. Sí, digamos que es un acertijo. Hablemos de mis piernas entonces, como deseas. ¿Qué tienen
las mujeres al medio de las piernas?
—¿Eh? —Cedric bajó la mirada. Podían verse algunos pelitos en el monte de venus de la Esfinge a
través de la falda transparente.
—¿No te atreves a responder? —le desafió la Esfinge. Cedric se envalentonó, sacó el pecho y se
frotó el bulto en sus pantalones para demostrar que sacrificaría todo, incluso su imagen pública
principesca y respetable, por la victoria.
—La respuesta es… el coño. ¡Lo que tienes en medio de las piernas es el coño!
—Huh. Será en medio, pero yo dije “al” medio. La respuesta correcta son las rodillas. Vaya que
tienes una mente pervertida, Cedric Diggory —dijo la Esfinge, que pestañeó gravemente, y con
cada movimiento de sus párpados una prenda de ropa de Cedric desaparecía.
Cuando el muchacho quedó desnudo, asustado y ligeramente excitado, la Esfinge se lanzó encima
de él y lo montó sin miramientos. Su polla entró al fondo de su coño debajo de la larga falda, que
parecía absorber sus pensamientos hasta el sopor. Él apenas se resistió, incluso cuando ella usó las
garras…
—Fleur… oh, qué bien lo haces, qué bien chupas, continúa, ahhhh —gemía Harry en otra zona del
laberinto. Las feromonas liberadas por el Cáliz de Fuego seguían haciendo de las suyas.
—Chup, chup, chup, no puedo cgeeg que aún estés aguantando, Haggy, chup, chup, chup, he usado
mi lengua y labios de todas las manegas más calientes que conozco, y eges el pgimego entre los
cientos con quienes me he acostado que aguanta tanto tiempo —dijo Fleur, encantada en lugar de
defraudada, con el cuerpo doblado en 90 grados chupándole el miembro.
—Me advirtieron sobre ti, Fleur, me estuve preparando solo para ti, no caeré en tus trucos —dijo
Harry, tomando la cabeza de la Veela, y antes de que ella se resistiera, él comenzó a embestir en su
interior, dispuesto a eyacular en su garganta sin avisarle. La vencería en su propio juego.
Harry vislumbró una sombra tras una curva en el laberinto. Estaba demasiado enfocado en
aguantarse de no eyacular con la habilidad bucal de Fleur para defenderse de quien fuera, así que
reaccionó muy tarde cuando la sombra se acercó y le bajó los shorts a la chica hasta las rodillas.
Dos manos muy grandes y firmes agarraron las nalgas de la francesa, y luego un chorro de saliva
cayó entre medio. Fleur trató de mirar hacia atrás para resistirse de quien fuera el intruso, pero las
manos de Harry en su cabeza se lo impidieron. Viktor Krum apuntó, y penetró analmente a la joven
“dama de compañía” del Caldero Chorreante. Harry podía ver como gruñía mientras la follaba, así
como las piernas de Fleur temblar. La Veela estaba ensartada por dos grandes penes, y si bien
había intentado resistirse por instantes, cuando el placer la atrapó, simplemente se dejó llevar.
Fleur Delacour no podía dejar de gemir, y probablemente habría gritado de no haber tenido la
boca ocupada. Y no necesariamente por el efecto del Cáliz de Fuego en el aire.
Sin embargo, había algo extraño. Los ojos de Krum estaban completamente blancos, se movía sin
parar, agresivamente como parecía ser su estilo, pero también con torpeza. Babeaba
abundantemente como una bestia en celo, y cuando Harry lo saludó, Krum ni siquiera hizo de
cuenta que estaba allí. Siempre había sido bastante gentil, honesto y respetuoso con Harry a pesar
de ser rivales; algo no estaba bien.
—Mmmmm, Haggy, mmm, esto… —dijo Fleur, tartamudeante, sacándose la polla de la boca tras
un buen rato de servir como brocheta para ambos hombres. Harry la miró. Aunque la chica
claramente estaba recibiendo mucho placer con una verga en la boca y otra en lo profundo de su
ano, también parecía ser algo incómodo.
—Krum, ¿podrías bajar un poco la velocidad? Creo que quiere acomodarse y descansar las piernas
y… ¿Krum? ¿Viktor? —Algo definitivamente no estaba bien, el búlgaro sencillamente no respondía,
como si estuviera bajo el efecto de un hechizo… lo que precisamente era la respuesta correcta—.
Imperio…
—Viktor está bajo el hechizo Imperio, Fleur. Está dándote por culo porque alguien lo obliga.
—No, no lo es. Si alguien te va a dejar fuera de combate seré yo, Fleur. ¡Stupefy! —gritó Harry, y un
resplandor rojo golpeó a Krum, enviándolo al suelo del laberinto, sin conocimiento.
Después de eso, Harry tomó el lugar del búlgaro detrás de Fleur, que se separó las nalgas con las
manos, invitando con una sonrisa al muchacho para que le penetrara el ojete. Harry lo hizo con
gusto, comenzando de inmediato el mete-saca que había estado esperando por cuatro años desde
que la conoció… y usando los conocimientos que Hermione y Ron habían obtenido de ella, a pesar
de haber sido “vencidos” por la habilidad amatoria de la francesa, así como algunas clases
particulares con la Profesora Minerva.
—Ohhhh, Haggy, ahhhhh, ahhhhhhhh, qué buen pene, mon dieu, aaaahhhhhhh
—Ahh, ahh, ahh, ¿te gusta que te de por culo, zorra de mierda? ¡Dime que te gusta, putita! ¡Dime
que disfrutas de mi verga, golfa sucia! —exigió Harry, comenzando a darle de nalgadas. No había
ningún tipo de amor en lo que hacían. No era necesario ningún tipo de cortejo ni palabras bonitas.
Harry sabía que, si le pedía a Fleur darle su culo porque estaba cachondo, ella lo haría con gusto
porque era una ninfómana guarrilla. Era solo sexo animal, puro y duro entre ellos.
—Je l’adore!! Tu pene es el mejog que ha entgado en mi cul, c’est formidable! Ahhhh, ahhhh,
ahhhh —gritaa la Veela de placer. Muchísimos hombres le habían follado analmente, muchísimos
más lo harían después, pero parecía que Harry sabía exactamente qué puntos de su recto tocar
con su polla, sabía cómo darle de nalgadas, sabía qué guarradas le gustaban (cuando la trataban de
puta, de zorra y todo lo demás, adjetivos que la enorgullecían).
—¡So puta! ¡Perra francesa! ¡Toma, toma pene de castigo por ser una come-pollas!
—¡Me encanta tu pene! Está muy dugooooohhhh, muy ggueso y laggo, ahhh, ahhhh, castígame,
dime más guaggadas, Haggy, ahhhhh
—Eres mía putilla —dijo Harry, de pronto. No perdía nada por ir con todo, ¿no?—. Cada vez que
quiera un buen culo o un coño, vendrás a mí.
—Oui! ¡Todo pog ti, mon amour! Mi cuegpo es tuyo, nunca te cobgagé como a los demás, soy tu
peggita sucia, ahhh, ahhhh
—Dejarás todo lo que estás haciendo, incluso si estás en Francia, y vendrás volando hasta aquí con
tus poderes de Veela… ¡desnuda y cachonda, puta de mierda!
—Me quitagué mi gopita y me mojagé solo con escuchag tu voz, Haggy, ahhhh, ahhhhh
—Y me servirás con todos tus agujeros, ahh, ahhh, y recibirás mi leche… como ahora, ¡voy a
llenarte el ano de lefa!
—Ouiiiii, ouiiiiii, speeeermeeeee, dame mucho semen, ahhhhh
Harry la llenó como un pavo de navidad, embistiendo más y más hasta que sintió que no quedaba
ni una gota. Fleur cayó a la hierba, agotada, satisfecha de haber sido vencida por un humano… Un
humano que aún tenía energías. Había pasado por tantas Pruebas ese año, tantos desafíos en
Hogwarts, incluso cuando nadie creyó en él, que había entrenado más que nunca.
Harry se limpió la polla con un hechizo, y luego insertó el pene en Fleur de nuevo, esta vez en su
húmedo chumino. La folló por cinco minutos, haciéndola gritar y gemir como si estuviera poseída,
y solo cuando acabó definitivamente con ella, se dirigió al centro del laberinto.
Allí encontró a Cedric, desnudo e intentando follar, sin energías, a la Esfinge, que estaba
montándolo con una sonrisa triunfante en el rostro. Ella tenía rastros de semen en el rostro y sobre
el vestido, mientras que él tenía marcas tanto de agotamiento como de garras en su pecho.
—Claro que lo soy, no soy humana. Pero no estarías en esta situación si no hubieras resuelto mi
acertijo. —La Esfinge se puso de pie, dejando a Cedric detrás, y en un segundo después estaba
frente a Harry, tocándole el pecho envalentonado—. Tú estarás igual que él si no respondes bien.
—Bien… Algo rosadito que entra duro, seco y firme, pero sale blandito, mojado y flácido. ¿De qué
se trata, Harry Potter?
—P-polla —musitó Cedric, en el suelo, pero la Esfinge le puso una pata en la cara para callarlo.
—Es fácil —dijo Harry, sonriendo con confianza—. Es goma de mascar de frutilla.
—Madre mía, al fin uno con cerebro, jeje, ¡muy bien, Harry Potter! No te haré nada, podrás pasar
libremente sin que te toque, la Copa de los Tres Magos está un poco más allá por este cor…
Harry no quiso terminar que ella acabara la oración. No estaba para juegos. Se lanzó hacia la
Esfinge y la lanzó contra el suelo. Con el hechizo reductor destruyó su falda ante la sorpresa de la
mujer, que no podía creer lo que veía, y menos aún cuando Harry le penetró el coño,
convirtiéndola en presa del placer. Podía parecerse a la reina del Nilo, pero no era Cleopatra, ni
tampoco era una Veela prostituta…
Harry la folló y la folló mientras Cedric se recuperaba. Se corrió al interior de su coño, y como quien
no quiere la cosa, Harry se levantó, tomó al débil Cedric de un brazo por camaradería de Hogwarts,
y juntos llegaron a la Copa. De ahí las cosas se salieron bastante de control, aunque no es
necesario explicarlo aquí con tanto detalle.
Tan solo basta decir que ocurrió lo usual, solo que más exagerado. Harry y Cedric fueron
transportados a un cementerio, donde estaba Colagusano, que asesinó a Cedric. Luego, Pettigrew
resucitó a Voldemort con ayuda de Harry, pero éste estaba tan confiado y erecto, que con una
mirada sedujo a una de las Mortífafas, seguidoras de Voldemort, y gracias a la distracción, pudo
escapar del cementerio y regresar a Hogwarts. Allí, los profesores descubrieron que el Profesor
Moody era en realidad un mortífago transformado también, así que lo encerraron.
En resumen, las cosas seguían casi normales, solo que ahora el efecto del Cáliz de Fuego había
terminado, y Voldemort andaba suelto, en cuerpo físico y todo. Pero lo que ocurriría con él es cosa
de la siguiente historia…
La Orden del Fénix puede (o no) que tarde dos semanas en lugar de una. Lamento la (posible)
tardanza, de antemano. Espero que las entregas les estén gustando hasta ahora.
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Para la siguiente clase de Pociones Snape pide traer un ingrediente especial: una muestra
de esperma humano. Mientras que Harry y Ron no tienen dificultades para conseguir una,
Hermione tiene que idear un plan para conseguirlo.
Hola, perdí el acceso a mi anterior cuenta, y también a mis relatos y lectores, resubo esto
para empezar todo de nuevo.
—Para vuestro alivio, y sobre todo para el mío, la lección de hoy termina aquí —pronunció Snape
acabando la clase—. Solo me queda comentar una última cosa antes de que os vayáis a vuestras
habitaciones: mañana mismo empezaremos con una nueva poción, la que está descrita en la
página 263 del libro. Esa poción necesita un ingrediente digamos… especial… — Snape miro las
caras de los estudiantes—. Ya supuse que aquí nadie adelanta el trabajo, nadie ha al menos ojeado
esa página, y no sabéis de qué poción os estoy hablando.
Ron y Harry que estaban totalmente agotados después de una clase doble en la que Snape no paró
de gritarlos empezaron a escuchar con mucha atención al oír lo que ha dicho su amiga. No solo
ellos, sino toda la clase ha empezado a mostrar de repente mucho interés en el tema. Era difícil
discernir qué caras mostraban más confusión: si las masculinas o las femeninas.
— Efectivamente señorita Granger. Para la poción que vamos a hacer mañana necesitamos semen
humano. Supongo que los caballeros no tendrán problema para traer a la clase de mañana una
muestra de dicha sustancia. En cuanto a las damas, obviamente no pudo exigirlo, así que podrán
usar unas reservas qué hay en el almacén. Aunque debo decir qué cuanto más fresca es la
muestra, más rápida es la síntesis de la poción, y también más poderoso su efecto. Las reservas
que hay en el almacén llevan ahí más de una década y con ellas la cosa no suele salir muy bien. —
Snape hizo una corta pausa mirando las caras de las chicas. —Así que, si las damas pueden
conseguir dicha sustancia de otra forma, es más que bienvenido. No os tenéis que preocupar, ya
que ni la procedencia, ni la información genética que esa sustancia lleve es importante para la
poción. Lo deseable es que sea fresco. Podéis coger los tubos de ensayo de la gradilla, para traer
mañana en ellos la muestra. —acabó Snape.
Harry y Ron cogieron los tubos de ensayo, y salieron de clase para dirigirse a la sala de estar de
Gryffindor. Hermione les dijo rápidamente que tenía que pasar por la biblioteca y antes de que le
les dice tiempo a responder se alejó a un paso rápido.
— ¿El que?
— Lo de la muestra de semen.
— A ver, es bastante asqueroso, pero a estos niveles no me sorprende nada. Peores cosas hemos
tenido que usar.
— A ver, Ron, todos nos las hacemos. Obviamente es un tema bastante íntimo, pero tampoco nos
engañemos, es algo que hacemos todos a diario, tampoco nos debería dar tanto miedo y en el
mundo de los muggles se toma como algo más natural — hizo una pausa. —Mira, en el pasillo de
ahí hay unos baños al final, que casi no se usan, porque aquí hay poco flujo de gente, si quieres
entramos, conseguimos la muestra, y ya nos olvidamos de ello.
— Venga vale, si tú lo dices… —Ron no parecía muy entusiasmado. — Pero nos ponemos en las
cabinas más alejadas una de la otra eh...
— Obvio, obvio. Aunque hemos pasado por tantas cosas juntas no creo que nos debería dar miedo
o vergüenza precisamente esto. ¿Que por cierto, tú en quién vas a pensar mientras te la vas a estar
haciendo?
— No, obviamente ninguno. Si yo creo que todo el curso se hace pajas pensando en ella.
— ¿Tú también vas a pensar en ella ahora entonces? —dijo ron acercándose al baño y abriendo la
puerta.
— En Ginny.
— Oye, Ron, deja de hacerte un hermano defensor. Si en verano, en tu casa, varias veces te diste
cuenta de que la estaba metiendo mano y no dijiste nada.
— Pero tampoco puedo pasar por alto que me digas cosas así a la cara —dijo Ron poniendo cara
furiosa, pero sin notables ganas de entrar en un conflicto.
— Tranquilo hombre, tu piensa que es un cumplido a tus genes y a tu familia. Además, tío, justo
hoy por la mañana me crucé con ella por las escaleras. Ella estaba subiendo y yo bajando. Justo
cuando estábamos en tramos contiguos me paré un segundo y miré arriba en plan pensativo y
justo le vi las bragas debajo de su falda. Entenderás que tengo que amortizar esa imagen en mi
cabeza.
— Sí, no lo niego. Pues venga —dijo entrando en la última de las cabinas. —Feliz paja pensando en
mi hermana.
— Jajaja, igualmente espero que le des duro a la zorrilla de Hermione en tus fantasías.
— No lo dudes.
Al día siguiente, por la mañana, Harry estaba volviendo solo después de un entrenamiento de
quidditch pasando por casualidad por el mismo pasillo poco transitado en el que estuvieron con
Ron ayer. De repente detrás de unas columnas escucho un “Psst, psst, Harry”.
— Hombre, Hermione, ¿qué haces aquí? ¿No íbamos a quedar ahora para desayunar juntos y con
Ron?
A Harry le hizo bastante gracia esa frase, pero se aguantó las ganas de hacer una broma cutre e
incluso pudo resistir poner una sonrisita estúpida.
— Te refieres para la clase de Pociones, ¿verdad? Ehm, bueno, no hay problema, pero no prefieres
usar el de las reservas de Snape?
— Él mismo dijo que eso estaba super caducado y que cuanto menos fresco era, peor salía la
síntesis —dijo Hermione. —A mí me importa que las cosas salgan bien, así que prefiero tener algo
más fresco.
— Y tanto que más fresco —admitió Harry. — Vale pues después de desayunar paso por el
dormitorio y te lo bajo.
— Espera no hace falta, ya lo cogí yo —con una voz tranquila Hermione sacó de su bolsillo el tubo
de ensayo de Harry con el semen que él se sacó ayer pensando en cómo le hacía amor a Gynni
encima de la cama de Ron.
— Sí, porque antes de preguntaros quería comparar quién de vosotros dos tenía más cantidad. Tú
tienes casi el doble que Ron. Sí se lo pidiese a él se quedaría casi sin nada el pobre, y para mí
probablemente tampoco sería suficiente.
— Ah entiendo. Pues nada, quédate con cuanta quieras, si es que seguro que te saldrá la síntesis
mejor que a mí.
— ¿Vale, te parece que entremos a estos baños y me ayudas a pasar la mitad? No tengo un
embudo ni nada, solo traigo otro tubo de ensayo limpio para trasvasar, así que necesitaré tu ayuda.
— Oye, esto no sale —dijo ella viendo que el líquido blanco era muy espeso y no pensaba caer en
el tubo solo por la fuerza de la gravedad.
Hermione hizo un par de movimientos bruscos con la mano para que bajase más rápido.
— Eyy, espera, cuidado que así va a ser difícil de encestar —dijo Harry preocupado.
— Lo que es difícil es que salga del tubo —dijo Hermione impaciente porque lo único que
conseguía es que el líquido se acumulase en el borde del tubo, pero sin caer.
Apuntó el tubo hacia su cara cerrando un ojo para verlo por dentro desde arriba.
— Qué mal huele en sí — dijo haciendo un último movimiento brusco apuntando el tubo hacia
ella.
Harry no vio cómo pasó, pero en el siguiente instante la cara de Hermione estaba cubierta del
contenido de dicho tubo. Dos chorros blancos estaban en su frente, un hilo en diagonal le cruzaba
toda la cara pasando por encima de la nariz, y otra mancha acabó en sus labios. Un par de gotas
habían terminado en la camisa y la corbata. En su mano sujetaba el tubo de ensayo prácticamente
vacío, solo con pocos pegotes en las paredes.
— Genial, Hermione, nos hemos quedado sin muestra los dos. Te dije que tuvieras cuidado —dijo
Harry con tono de reproche. Al mismo tiempo para sí mismo estaba pensando que la cara de su
amiga cubierta de su propio semen probablemente fuera un espectáculo todavía más morboso
que las bragas de Ginny que consiguió ver ayer en las escaleras.
— Sin pánico —dijo Hermione que parecía estar todavía en shock de notar el espeso líquido en su
cara. Sin embargo, el hecho de quedarse sin el ingrediente más importantes en la práctica de hoy
le hizo recobrar la mente fría muy rápido. — ¿Podrías sacarte más ahora?
— ¿Eh?
— Bueno, eh… sería un poco difícil, ayer ya puse todo el empeño en ello, no sé si hoy me saldrá
mucho.
— Que mal.
— Bueno pues porque la presencia de una chica guapa que me vea hacerme una paja es algo
excitante y podría ayudarme a acabar más rápido y con más cantidad.
— Ah. Por una parte gracias por el cumplido con lo de “chica guapa”, pero por otra yo pensaba que
solo me verías como una amiga, no sabía que podía despertar también en ti un morbo sexual.
— Pues sí, puedes.
— Vale, pues me quedo si eso te ayudará, ¿solo tengo que mirar no?
— Sí.
— Vale, dame un momento. Me limpio, que no quiero que se me seque esto en la piel.
— Esper, Hermione, no te limpies. Quédate así como estas ahora. Me da más morbo que sigas con
mi corrida en la cara.
— Por favor, es tu culpa que estemos en esta situación, al fin y al cabo. Acabo de volver de
quidditch, estoy bastante agotado, si quieres tener una muestra rápido necesito un estímulo visual
bastante fuerte no te pido hacer nada impropio simplemente quédate así.
Se veía que Hermione estaba indecisa y su cara expresaba dudas, pero al final accedió.
— Bueno vale.
Ya sin rechistar Hermione se puso con sus desnudas rodillas encima de las frías baldosas de
mármol de las que estaba hecho el suelo del baño. Harry se acercó a ella. Justo quedaron en el
centro del baño, entre las filas de las cabinas y los lavabos. Harry se desabrocho el cinturón, abrió
la cremallera y sacó su pene. Se empezó a masturbar lentamente.
La cara lefada de Hermione quedó justo a la altura de su polla. Ella lo miraba con sus claros ojos y
con una expresión facial de paciencia tranquila, como la cara que pone cuando un profesor en la
revisión de examen le dice que no tiene nada que comentar porque el examen está perfecto.
Harry masturbaba su polla muy cerca de la cara de Hermione. Un ligero movimiento a la izquierda
y su glande le podría tocar el pómulo derecho. Un movimiento más brusco y podría tocar e incluso
entreabrir un poco los labios de su amiga. Imaginando esto Harry notó que está llegando al
orgasmo.
— Espera —dijo eso asustada Hermione. —¿Y el tubo de ensayo? ¿Dónde está el tubo de ensayo?
Hermione dudó medio segundo, pero no más. En un rápido movimiento introdujo el glande de su
amigo en su boca y dejó que descargará todos los disparos de su semen en ella. Uno tras recibía los
chorros templados dentro de ella sin dejar que escapara nada. Harry estaba con ojos cerrados
moviendo lentamente la polla para sacar las últimas gotas que estaban saliendo de su miembro.
Hermione succionó el glande con sus labios, para dejar seca incluso la punto después de lo cual y
se apartó de Harry y se levantó. Tenía la boca llena y no podía hablar. Con las manos hizo un gesto
interrogativo de tipo: ¿Ya está? ¿Ya has acabado?”.
—Sí, sí —dijo Harry con una voz medio asustada. —Esto es todo.
Entonces Hermione apuntó al bolsillo de Harry e hizo un gesto de “Dame eso.” En el bolsillo Harry
había guardado el tubo de ensayo limpio que había traído Hermione para el trasvase.
— ¿Que? Ah, el tubo. Ostras, perdón, me distraje, se me ha olvidado sacarlo a tiempo —dijo
sacando del bolsillo el tubo limpio y dándoselo a Hermione.
Ella cogió el tubo, lo acercó a la boca y escupió parte del semen de Harry mezclado con su saliva a
él. Luego cogió el tubo de la corrida original y escupió lo que quedaba en su boca en este. Los puso
a la par delante de sus ojos y después de ver que más o menos tenías cantidades iguales puso cara
de satisfacción.
— Ahhh —por fin procesó Harry. —Te lo has tragado para que no se perdiera y pasarlo al tubo.
— Hombre, no crees que habrá sido por placer —dijo Hermione taponando el tubo y guardándolo
en el bolsillo de la capa. Se acercó al lavabo, se enjuagó la boca varias veces escupiendo y empezó
a limpiarse la cara de la corrida del tubo de ensayo original. —¡Oye guarda eso! —dijo girándose y
viendo que Harry seguía con el pantalón desabrochado y su pene por fuera.
— Tranquilo hombre, no te disculpes. Tenías razón, has acabado bastante rápido —aseguró
terminándose de limpiar. —Lo único que me preocupa, que mezclado con saliva pueda tener otros
efectos secundarios en la poción.
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