INTRODUCCIÓN
En este ensayo hablaremos sobre Humanae Vitae, el cual es una encíclica
escrita por Pablo VI en la cual se habla de la importancia de la transmisión de
la vida, las condiciones para que un matrimonio sea considerado verdadero, la
regulación de la natalidad, problemas en ella y demás factores.
En primer lugar tomaremos en cuenta y desarrollaremos la transmisión de la
vida, la fidelidad y de fecundidad, los cuales serán los colaboradores de Dios
en la responsabilidad tan grande que es generar una nueva vida, no obstante
las condiciones de tiempo y de espacio en las que nos encontramos han
generado ciertas dificultades ante las cuales la iglesia se ha pronunciado pues
esto afecta la felicidad de los hombres.
También hablaremos sobre uno de los principales problemas que se plantean,
es el gran desarrollo demográfico, pues varias personas plantean que ante esto
el rápido crecimiento de población también traerá como consecuencia un gran
agotamiento de las reservas y recursos a los cuales podemos acceder, las
personas no le hallarían un sentido a tener hijos si saben que su futuro va a ser
perjudicado, pues las condiciones de trabajo, vivienda, educación con el paso
del tiempo son más demandadas y sus exigencias pertinentes evitan o más
bien hacen difícil el mantenimiento de los hijos.
DESARROLLO
La iglesia ha dado siempre una doctrina coherente sobre el correcto uso de los
derechos y obligaciones de los esposos, por ello el acto conyugal no puede
independizar los dos principios que lo rigen los cuales son el unitivo y
procreativo. La comisión no llegó a una plena concordancia de juicios acerca
de las normas morales que se propondrían.
En los principios morales se encuentra una visión global del hombre mediante
el cual ven el problema de natalidad como cualquier otro concerniente a la vida
humana se debe ver por encima del plano de orden biológico, demográfico o
sociológico a la visión integral del hombre. Por ello la iglesia católica se opone
a todo tipo de anticoncepción, sea cual sea su naturaleza. Esta encíclica hace
lícito el uso de métodos naturales para espaciar por una temporada los
nacimientos.
Es importante saber de transmitir la vida en colaboración con Dios ya que ha
sido el mayor cumplidor deber frente a los problemas en la actual sociedad,
que la iglesia no puede ignorar ni mucho menos minimizar.
NUEVOS ASPECTOS DEL PROBLEMA Y COMPETENCIA DEL MAGISTERIO
El rápido desarrollo demográfico ha creado el temor de que la población se
desarrolle más rápido que las reservas que se dispone, además las
condiciones de trabajo, vivienda lo económico y la educación hacen difícil el
mantenimiento de un número elevado de hijos
También se debe considerar el nuevo puesto en la sociedad que ocupa la
mujer y el valor al que hay que atribuir el amor conyugal y la tarea de
regulación de la natalidad.
PRINCIPIOS DOCTRINALES
El problema de la natalidad hay que considerarlo por encima de las
perspectivas biológicas psicológicas demográficas y sociales a luz de un visión
integral del hombre también hay que ver la dimensión sobrenatural y eterna.
La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revela cuando se
considera la fuente suprema Dios es amor. Es por lo tanto producto de la
evolución de fuerzas inconscientes para realizar el designio de amor que los
reviste de dignidad de signo sacramental en cuanto representa la unión de
cristo y la iglesia
El amor conyugal se caracteriza por:
• Ser sensible y espiritual, de voluntad libre con un solo corazón y una sola
alma dirigidos hacia la perfección humana.
• Es un amor total donde comparten generosamente todo
• Es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte
• Es fecundo que no se agota en la comunión de los esposos
La paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones
biológicas y el dominio necesario sobre las tendencias del instinto donde se
deben ejercer razón y voluntad.
Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad aun solo
parcialmente es contradecir la naturaleza de el hombre y de la mujer en sus
mas intimas relaciones y por lo mismo es contradecir también el plan de Dios y
su voluntad.
DIRECTIVAS PASTORALES
Una sana regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y
poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la
familia y también autodominio mediante la razón y voluntad libre esto les
confiere un valor humano mas sublime a los cónyuges desarrollan
íntegramente su personalidad enriqueciéndose de valores espirituales
favoreciendo la atención hacia el otro cónyuge, los padres adquieren así la
capacidad de un influjo mas profundo y eficaz para educar a sus hijos los que
crecerán con la justa estima de los valores humanos, la castidad es el triunfo
de la libertad sobre el libertinaje mediante el respeto del orden moral.
Los gobernantes son los primeros responsables del bien común y tiene mucho
que hacer para salvaguardar las costumbres morales que no degrade la
moralidad de nuestros pueblos y no afecte a la familia. Somos concientes de
las graves dificultades que atraviesan los poderes públicos sobre todo en vías
de desarrollo pero estas dificultades no se superaran recurriendo a medios y
métodos que son indignos del hombre y cuya explicación esta solo en la
concepción estrechamente materialista del hombre mismo y sus vida.
Limitar el problema de la natalidad a perspectivas parciales de orden biológico,
psicológico, demográfico o sociológico no sería correcto sino que hay que
considerarlo a la luz de una visión integral del hombre y su vocación natural,
terrena, sobrenatural y eterna (cf. HV, 7)
El amor conyugal es ante todo plenamente humano, sensible y espiritual al
mismo tiempo. Es un amor total, una forma singular de amistad personal en la
que los esposos comparten generosamente todo gozosos de poderse
enriquecer con el don de sí.
Dios ha dispuesto con sabiduría leyes y ritmos naturales de fecundidad que por
sí mismos distancian los nacimientos. La Iglesia, exigiendo que los hombres
observen las normas de la ley natural interpretada en su constante doctrina,
enseña que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de
la vida (cf. HV, 11)
Por todo ello, no es vía lícita para la regulación de los nacimientos la
interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto
querido o procurado, aunque sea por razones terapéuticas. Tampoco es vía
lícita la esterilización directa, perpetua o temporal del hombre o de la mujer. No
es lícita toda acción que en previsión del acto conyugal o en su realización o en
el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como
medio hacer imposible la procreación.
Estas enseñanzas, en previsión de Pablo VI, no serán quizá fácilmente
aceptadas por todos, pues la Iglesia a semejanza de su divino Fundador es
“signo de contradicción” (Lucas 2, 34), pero no deja por esto de proclamar con
humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica como su depositaria e
intérprete, sin poder declarar lícito lo que no lo es por su íntima e inmutable
oposición al verdadero bien del hombre.
La Iglesia, como el Redentor, conoce la debilidad y tiene compasión de las
muchedumbres, acoge a los pecadores, pero no puede renunciar a enseñar la
ley que en realidad es la propia de una vida humana llevada a su verdad
originaria y conducida por el Espíritu de Dios.
Con el llamamiento final a los hermanos, hijos y hombres de buena voluntad, a
observar la moral con inteligencia y amor, ya que el hombre no puede hallar la
verdadera felicidad más que en el respeto de las leyes grabadas por Dios en su
naturaleza (cf. HV, 31).
CONCLUSIÓN
En la Humanae Vitae el Papa Pablo VI nos habla de la transmisión de la vida,
las condiciones para que un matrimonio sea considerado verdadero, la
regulación de la natalidad y los problemas que conlleva esta.
En conclusión la verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revela
cuando se considera la fuente suprema Dios es amor. Sin embargo el amor
conyugal es ante todo plenamente humano, sensible y espiritual al mismo
tiempo. Es un amor total, una forma singular de amistad personal en la que los
esposos comparten generosamente todo gozosos de poderse enriquecer con el
don de sí.