RONDAS INFANTILES
RONDAS
INFANTILES
A la Víbora de la Mar
A la víbora, víbora, de la mar, de la mar,
por aquí pueden pasar.
Los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán,
tras, tras, tras, traaas.
Una mexicana que frutos vendía,
ciruela, chabacano, melón o sandía.
Una mexicana que frutos vendía,
Ciruela, chabacano, melón o sandía.
Verbena, verbena, jardín de Matatena.
Verbena, verbena, jardín de Matatena.
Campanita de oro, déjame pasar,
con todos mis hijos, menos el de atrás,
tras, tras, tras, tras.
Será melón, será sandia, será la vieja del otro día,
día, día, día, día.
Aserrín Aserrán
Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
piden pan no les dan
piden queso les dan hueso
y se les ¡atora en el pescuezo!
piden vino, si les dan
se marean y se van
Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
piden pan no les dan
piden queso les dan hueso
y se les ¡atora en el pescuezo!
piden vino, si les dan
se marean y se van.
Aserrín, aserrán,
los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso, les dan hueso
piden ají, y los botan así
Los Pollitos dicen
Los pollitos dicen
Pío, pío, pío
Cuando tienen hambre
Cuando tienen frío
Lá Gallina busca
El maíz y el trigo
Les da la comida
Y les presta abrigo
Bajo sus dos alas
Acurrucaditos
Hasta el otro día
Duermen los pollitos
Los pollitos dicen
Pío, pío, pío
Cuando tienen hambre
Cuando tienen frío
Lá Gallina busca
El maíz y el trigo
Les da la comida
Y les presta abrigo
Bajo sus dos alas
Acurrucaditos
Hasta el otro día
Duermen los pollitos
CUENTOS
INFANTILES
Ricitos de Oro
Érase una vez una familia de osos que
vivían en una linda casita en el
bosque. Papá Oso era muy grande,
Mamá Osa era de tamaño mediano y
Osito era pequeño.
Una mañana, Mamá Osa sirvió la más deliciosa avena para el desayuno, pero
como estaba demasiado caliente para comer, los tres osos decidieron ir de
paseo por el bosque mientras se enfriaba. Al cabo de unos minutos, una niña
llamada Ricitos de Oro llegó a la casa de los osos y tocó la puerta. Al no
encontrar respuesta, abrió la puerta y entró en la casa sin permiso.
En la cocina había una mesa con tres tazas de avena: una grande, una mediana y
una pequeña. Ricitos de Oro tenía un gran apetito y la avena se veía deliciosa.
Primero, probó la avena de la taza grande, pero la avena estaba muy fría y no le
gustó. Luego, probó la avena de la taza mediana, pero la avena estaba muy
caliente y tampoco le gustó. Por último, probó la avena de la taza pequeña y
esta vez la avena no estaba ni fría ni caliente, ¡estaba perfecta! La avena
estaba tan deliciosa que se la comió toda sin dejar ni un poquito.
Después de comer el desayuno de los osos, Ricitos de Oro fue a la sala. En la
sala había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero, se sentó
en la silla grande, pero la silla era muy alta y no le gustó. Luego, se sentó en la
silla mediana, pero la silla era muy ancha y tampoco le gustó. Fue entonces que
encontró la silla pequeña y se sentó en ella, pero la silla era frágil y se rompió
bajo su peso.
Buscando un lugar para descansar, Ricitos de Oro subió las escaleras, al final
del pasillo había un cuarto con tres camas: una grande, una mediana y una
pequeña. Primero, se subió a la cama grande, pero estaba demasiado dura y no
le gustó. Después, se subió a la cama mediana, pero estaba demasiado blanda y
tampoco le gustó. Entonces, se acostó en la cama pequeña, la cama no estaba ni
demasiado dura ni demasiado blanda. De hecho, ¡se sentía perfecta! Ricitos de
Oro se quedó profundamente dormida.
Al poco tiempo, los tres osos regresaron del paseo por el bosque. Papá Oso
notó inmediatamente que la puerta se encontraba abierta:
—Alguien ha entrado a nuestra casa sin permiso, se sentó en mi silla y probó mi
avena —dijo Papá Oso con una gran voz de enfado.
—Alguien se ha sentado en mi silla y probó mi avena —dijo Mamá Osa con una
voz medio enojada.
Entonces, dijo Osito con su pequeña voz:
—Alguien se comió toda mi avena y rompió mi silla.
Los tres osos subieron la escalera. Al entrar en la habitación, Papá Oso dijo:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y Mamá Osa exclamó:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y Osito dijo:
—¡Alguien está durmiendo en mi cama! —y se puso a llorar desconsoladamente.
El llanto de Osito despertó a Ricitos de Oro, que muy asustada saltó de la cama
y corrió escaleras abajo hasta llegar al bosque para jamás regresar a la casa
de los osos.
Los Tres Cerditos
En un pueblito no muy lejano, vivía una mamá cerdita
junto con sus tres cerditos. Todos eran muy felices
hasta que un día la mamá cerdita les dijo:
—Hijitos, ustedes ya han crecido, es tiempo de que
sean cerditos adultos y vivan por sí mismos.
Antes de dejarlos ir, les dijo:
—En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, deben aprender a trabajar para
lograr sus sueños.
Mamá cerdita se despidió con un besito en la mejilla y los tres cerditos se
fueron a vivir en el mundo.
El cerdito menor, que era muy, pero muy perezoso, no prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y decidió construir una casita de paja para terminar
temprano y acostarse a descansar.
El cerdito del medio, que era medio perezoso, medio prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y construyó una casita de palos. La casita le quedó
chueca porque como era medio perezoso no quiso leer las instrucciones para
construirla.
La cerdita mayor, que era la más aplicada de todos, prestó mucha atención a las
palabras de mamá cerdita y quiso construir una casita de ladrillos. La
construcción de su casita le tomaría mucho más tiempo. Pero esto no le
importó; su nuevo hogar la albergaría del frío y también del temible lobo
feroz...
Y hablando del temible lobo feroz, este se encontraba merodeando por el
bosque cuando vio al cerdito menor durmiendo tranquilamente a través de su
ventana. Al lobo le entró un enorme apetito y pensó que el cerdito sería un muy
delicioso bocadillo, así que tocó a la puerta y dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito menor se despertó asustado y respondió:
—¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo feroz se enfureció y dijo:
Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de paja se vino al piso.
Afortunadamente, el cerdito menor había escapado hacia la casa del cerdito
del medio mientras el lobo seguía soplando.
El lobo feroz sintiéndose engañado, se dirigió a la casa del cerdito del medio y
al tocar la puerta dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito del medio respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de palo se vino abajo.
Por suerte, los dos cerditos habían corrido hacia la casa de la cerdita mayor
mientras que el lobo feroz seguía soplando y resoplando. Los dos hermanos,
casi sin respiración le contaron toda la historia.
—Hermanitos, hace mucho frío y ustedes la han pasado muy mal, así que
disfrutemos la noche al calor de la fogata —dijo la cerdita mayor y encendió la
chimenea. Justo en ese momento, los tres cerditos escucharon que tocaban la
puerta.
—Cerdita, cerdita, déjame entrar —dijo el lobo feroz.
La cerdita respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y soplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas, pero la casita de ladrillos resistía
sus soplidos y resoplidos. Más enfurecido y hambriento que nunca decidió
trepar el techo para meterse por la chimenea. Al bajar la chimenea, el lobo se
quemó la cola con la fogata.
—¡AY! —gritó el lobo.
Y salió corriendo por el bosque para nunca más ser visto.
Un día cualquiera, mamá cerdita fue a visitar a sus queridos cerditos y
descubrió que todos tres habían construido casitas de ladrillos. Los tres
cerditos habían aprendido la lección:
“En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, debemos trabajar para lograr
nuestros sueños”.
Blanca Nieves y los Siete Enanitos
Érase una vez una joven y bella princesa llamada Blancanieves que vivía en un
reino muy lejano con su padre y madrastra.
Su madrastra, la reina, era también muy hermosa, pero arrogante y orgullosa.
Se pasaba todo el día contemplándose frente al espejo. El espejo era mágico y
cuando se paraba frente a él, le preguntaba:
—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa del reino?
Entonces el espejo respondía:
— Tú eres la más hermosa de todas las mujeres.
La reina quedaba satisfecha, pues sabía que su espejo siempre decía la verdad.
Sin embargo, con el pasar de los años, la belleza y bondad de Blancanieves se
hacían más evidentes. Por todas sus buenas cualidades, superaba mucho la
belleza física de la reina. Y llegó al fin un día en que la reina preguntó de nuevo:
—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa del reino?
El espejo contestó:
—Blancanieves, a quien su bondad la hace ser aún más bella que tú.
La reina se llenó de ira y ordenó la presencia del cazador y le dijo:
—Llévate a la joven princesa al bosque y asegúrate de que las bestias salvajes
se encarguen de ella.
Con engaños, el cazador llevó a Blancanieves al bosque, pero cuando estaba a
punto de cumplir las órdenes de la reina, se apiadó de la bella joven y dijo:
—Corre, vete lejos, pobre muchacha. Busca un lugar seguro donde vivir.
Encontrándose sola en el gran bosque, Blancanieves corrió tan lejos como pudo
hasta la llegada del anochecer. Entonces divisó una pequeña cabaña y entró en
ella para dormir. Todo lo que había en la cabaña era pequeño. Había una mesa
con un mantel blanco y siete platos pequeños, y con cada plato una cucharita.
También, había siete pequeños cuchillos y tenedores, y siete jarritas llenas de
agua. Contra la pared se hallaban siete pequeñas camas, una junto a la otra,
cubiertas con colchas tan blancas como la nieve.
Blancanieves estaba tan hambrienta y sedienta que comió un poquito de
vegetales y pan de cada platito y bebió una gota de cada jarrita. Luego, quiso
acostarse en una de las camas, pero ninguna era de su medida, hasta que
finalmente pudo acomodarse en la séptima.
Cuando ya había oscurecido, regresaron los dueños de la cabaña. Eran siete
enanos que cavaban y extraían oro y piedras preciosas en las montañas. Ellos
encendieron sus siete linternas, y observaron que alguien había estado en la
cabaña, pues las cosas no se encontraban en el mismo lugar.
El primero dijo: —¿Quién se ha sentado en mi silla?
El segundo dijo: —¿Quién comió de mi plato?
El tercero dijo: —¿Quién mordió parte de mi pan?
El cuarto dijo: —¿Quién tomó parte de mis vegetales?
El quinto dijo: —¿Quién usó mi tenedor?
El sexto dijo: —¿Quién usó mi cuchillo?
El séptimo dijo: —¿Quién bebió de mi jarra?
Entonces el primero observó una arruga en su cama y dijo: —Alguien se ha
metido en mi cama.
Y los demás fueron a revisar sus camas, diciendo: —Alguien ha estado en
nuestras camas también.
Pero cuando el séptimo miró su cama, encontró a Blancanieves durmiendo
plácidamente y llamó a los demás:
—¡Oh, cielos! —susurraron—. Qué encantadora muchacha
Cuando llegó el amanecer, Blancanieves se despertó muy asustada al ver a los
siete enanos parados frente a ella. Pero los enanos eran muy amistosos y le
preguntaron su nombre.
—Mi nombre es Blancanieves —respondió—, y les contó todo acerca de su
malvada madrastra.
Los enanos dijeron:
—Si puedes limpiar nuestra casa, cocinar, tender las camas, lavar, coser y
tejer, puedes quedarte todo el tiempo que quieras—. Blancanieves aceptó feliz
y se quedó con ellos.
Pasó el tiempo y un día, la reina decidió consultar a su espejo y descubrió que la
princesa vivía en el bosque. Furiosa, envenenó una manzana y tomó la apariencia
de una anciana.
— Un bocado de esta manzana hará que Blancanieves duerma para siempre —
dijo la malvada reina.
Al día siguiente, los enanos se marcharon a trabajar y Blancanieves se quedó
sola.
Poco después, la reina disfrazada de anciana se acercó a la ventana de la
cocina. La princesa le ofreció un vaso de agua.
—Eres muy bondadosa —dijo la anciana—. Toma esta manzana como gesto de
agradecimiento.
En el momento en que Blancanieves mordió la manzana, cayó desplomada. Los
enanos, alertados por los animales del bosque, llegaron a la cabaña mientras la
reina huía. Con gran tristeza, colocaron a Blancanieves en una urna de cristal.
Todos tenían la esperanza de que la hermosa joven despertase un día.
Y el día llegó cuando un apuesto príncipe que cruzaba el bosque en su caballo,
vio a la hermosa joven en la urna de cristal y maravillado por su belleza, le dio
un beso en la mejilla, la joven despertó al haberse roto el hechizo. Blancanieves
y el príncipe se casaron y vivieron felices para siempre
POEMAS
INFANTILES
La Tarara
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.
Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.
Doña Primavera Rosas de alegría,
rosas de perdón,
Doña Primavera rosas de cariño,
viste que es primor, y de exultación.
viste en limonero
y en naranjo en flor.
Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.
Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!
Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo…
No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?
¿Cómo va a encontrarlas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?
De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.
Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas…
Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:
Era un Niño que Soñaba
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
LEYENDAS
INFANTILES
La leyenda del sol y la luna
Hace mucho tiempo, en un lugar remoto y lejos del alcance de cualquier ser
humano fructificó el amor más bonito y fuerte que jamás se había contemplado: el
romance entre el sol y la luna. Tanto se amaban, que siempre estaban juntos y
nunca se separaban.
Sin embargo, un día la princesa Afrodita, celosa y orgullosa, quiso arruinar su
historia de amor seduciendo al sol. Haciendo gala de toda su hermosura, se
presentó ante el astro rey para seducirlo. El sol alabó su increíble belleza pero le
dijo que su amor por la luna era más preciado que su gran atractivo o cualquier
otra cosa que pudiese ofrecerle.
La leyenda del sol y la luna
Como castigo, Afrodita les separó para siempre, condenando al sol a salir por el
día y a la luna a salir por la noche. Tan tristes y desolados se quedaron, que el
padre de todos los dioses, Zeus, se apiadó de ellos y le dijo el sol que si se
esforzaba al máximo podría iluminar con sus rayos el rostro de su amada luna.
Por eso, algunas veces al atardecer o bien temprano al amanecer, es posible
verlos a los dos juntos, en un intento desesperado del sol por iluminar a su
siempre amada luna para poder verla.
Leyenda de la Flor del Ceibo
Anahí era una joven guaraní que vivía a orillas del Paraná. La joven no tenía una
apariencia muy agraciada, pero en cambio tenía un canto hermoso que cautivaba
a todo aquel que la escuchaba. Cuando los conquistadores llegaron a su pueblo,
ocurrió un enfrentamiento y Anahí fue hecha prisionera junto al resto de
sobrevivientes. Sin embargo, una noche consiguió escaparse. Antes de que
pudiera llegar muy lejos, un centinela la descubrió y ella lo asesinó. Al volver a ser
atrapada, fue condenada a muerte.
La ataron a un árbol para quemarla en una hoguera. Cuando el fuego comenzó a
arder, ella misma parecía una llama roja. Pero en ese momento Anahí comenzó a
cantar. Cuando el fuego terminó de consumirse, por la mañana, en lugar del
cuerpo de la joven había un manojo de flores rojas, que hoy es la flor de ceibo, la
flor nacional argentina.
Los Amantes de Teruel
Al este de España, en la comunidad de Aragón, se encuentra la ciudad de Teruel.
Una de las iglesias más representativas de esta localidad fue reformada en el siglo
XVI. Durante su remodelación se encontraron dos cuerpos momificados y
acompañados de un documento que describía, en palabras del juez Domingo de
Celada, lo siguiente: los cuerpos pertenecían a Isabel Segura y Juan Diego de
Marcilla, cuyo enamoramiento se había visto impedido por sus familias.
Cuenta la leyenda que ambos estaban muy enamorados, pero debido a que
pertenecían a clases sociales diferentes la familia de Isabel le puso una condición
a Diego de Marcilla para estar con su amada: debía salir en busca de fortuna. Así,
Diego emprendió marcha para hacer dinero y después poder regresar a por Isabel.
Sin embargo, el padre de Isabel no cumplió su promesa y le buscó otro esposo a
su hija, con quien la casó el mismo año en que Diego de Marcilla regresaba.
El impacto de este último fue tan grande que cayó muerto al conocer la noticia. En
el funeral, Isabel le dio un último beso, en señal de culpa y reconciliación. Al hacer
esto, cayó muerta en el cadáver de Juan Diego. Ante la sorpresa, los familiares
decidieron enterrarlos juntos como símbolo de una aprobación tardía de su amor.
CANTOS
INFANTILES
Arroz Con Leche
Arroz con leche,
me quiero casar
con una señorita de la capital.
Que sepa coser, que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta para ir a jugar.
Con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo.
Yo soy la viudita del barrio del Rey,
me quiero casar y no sé con quién.
Con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo.
Cucú, cucú, cantaba la rana
Cucú, cucú, cantaba la rana.
Cucú, cucú, debajo del agua.
Cucú, cucú, pasó un caballero.
Cucú, cucú, con capa y sombrero.
Cucú, cucú, pasó una señora.
Cucú, cucú, con traje de cola.
Cucú, cucú, pasó un marinero.
Cucú, cucú, vendiendo romero.
Cucú, cucú, le pidió un ramito.
Cucú, cucú, no le quiso dar.
Cucú, cucú y se echó a llorar.
Pin Pon es un Muñeco
Pin Pon es un muñeco
muy guapo y de cartón,
se lava su carita
con agua y con jabón.
Pin Pon siempre se peina
con peine de marfil,
y aunque se hace tirones
no llora ni hace así.
Pin Pon dame la mano
con un fuerte apretón,
que quiero ser tu amigo
Pin Pon, Pin Pon, Pin Pon.
Pin Pon es un muñeco
muy guapo y de cartón,
se lava su carita
con agua y con jabón.
Pin Pon siempre se peina
con peine de marfil,
y aunque se hace tirones
no llora ni hace así.
Pin Pon dame la mano
con un fuerte apretón,
que quiero ser tu amigo
Pin Pon, Pin Pon, Pin Pon.
ADIVINANZAS
INFANTILES
Adivinanza 1
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato siempre será mi
más temido enemigo. ¿Quién soy?
R// Ratón
Adivinanza 2
Vuelo de noche, duermo en el día y nunca veras plumas en
ala mía.
R// Murciélago
Adivinanza 3
Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordonazo .
R// Los Dedos