El arte (del latín ars, artis, y este calco del griego τέχνη, téchnē)1 es entendido
generalmente como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y
también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una
visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros,
corporales y mixtos.2 El arte es un componente de la cultura, reflejando en su concepción
las bases económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a
cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo. Se suele considerar que con la
aparición del Homo sapiens el arte tuvo en principio una
función ritual, mágica o religiosa (arte paleolítico), pero esa función cambió con la
evolución del ser humano, adquiriendo un componente estético y una función
social, pedagógica, mercantil o simplemente ornamental.
La noción de arte continúa sujeta a profundas disputas, dado que su definición está abierta
a múltiples interpretaciones, que varían según la cultura, la época, el movimiento, o la
sociedad para la cual el término tiene un determinado sentido. El vocablo ‘arte’ tiene una
extensa acepción, pudiendo designar cualquier actividad humana hecha con esmero y
dedicación, o cualquier conjunto de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima
una actividad: se habla así de “arte culinario”, “arte médico”, “artes marciales”, “artes de
arrastre” en la pesca, etc. En ese sentido, arte es sinónimo de capacidad, habilidad,
talento, experiencia. Sin embargo, más comúnmente se suele considerar al arte como una
actividad creadora del ser humano, por la cual produce una serie de objetos (obras de
arte) que son singulares, y cuya finalidad es principalmente estética. En ese contexto, arte
sería la generalización de un concepto expresado desde antaño como “bellas artes”,
actualmente algo en desuso y reducido a ámbitos académicos y administrativos. De igual
forma, el empleo de la palabra arte para designar la realización de otras actividades ha
venido siendo sustituido por términos como ‘técnica’ u ‘oficio’. En este artículo se trata de
arte entendido como un medio de expresión humano de carácter creativo.
Concepto[editar]
Artículo principal: Teoría del arte
Atributos de la pintura, la escultura y la
arquitectura (1769), de Anne Vallayer-Coster.
La definición de arte es abierta, subjetiva y discutible. No existe un acuerdo unánime
entre historiadores, filósofos o artistas. A lo largo del tiempo se han dado numerosas
definiciones de arte, entre ellas: «el arte es el recto ordenamiento de la razón» (Tomás de
Aquino); «el arte es aquello que establece su propia regla» (Schiller); «el arte es el estilo»
(Max Dvořák); «el arte es expresión de la sociedad» (John Ruskin); «el arte es la libertad
del genio» (Adolf Loos); «el arte es la idea» (Marcel Duchamp); «el arte es la novedad»
(Jean Dubuffet); «el arte es la acción, la vida» (Joseph Beuys); «arte es todo aquello que
los hombres llaman arte» (Dino Formaggio); «el arte es la mentira que nos ayuda a ver la
verdad» (Pablo Picasso); «arte es vida, vida es arte» (Wolf Vostell); «Arte es el recurso
natural para la intuición de la elegancia como garantía de supervivencia» Ibo Bonilla.34
El concepto ha ido variando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, solo las artes
liberales eran consideradas arte; la arquitectura, la escultura y la pintura eran consideradas
“manualidades”. El arte ha sido desde siempre uno de los principales medios de expresión
del ser humano, a través del cual manifiesta sus ideas y sentimientos, la forma como se
relaciona con el mundo. Su función puede variar desde la más práctica hasta la más
ornamental, puede tener un contenido religioso o simplemente estético, puede ser
duradero o efímero. En el siglo XX se pierde incluso el sustrato material: decía Beuys que
la vida es un medio de expresión artística, destacando el aspecto vital, la acción. En un
contexto más amplio y contemporáneo, el escultor, arquitecto y matemático Ibo Bonilla,
plantea el concepto como una parte indisoluble de la triada y ecuación: “ ética + estética +
arte = 1”, donde la intuición de la elegancia, como capacidad de elegir, es el ingrediente
natural para la supervivencia.34Así, todo el mundo es capaz y debe ser artista.
El término arte procede del latín ars, y es el equivalente al término griego τέχνη (téchne, de
donde proviene ‘técnica’). Originalmente se aplicaba a toda la producción realizada por el
hombre y a las disciplinas del saber hacer. Así, artistas eran tanto el cocinero,
el jardinero o el constructor, como el pintor o el poeta. Con el tiempo la derivación latina
(ars -> arte) se utilizó para designar a las disciplinas relacionadas con las artes de lo
estético y lo emotivo; y la derivación griega (téchne -> técnica), para aquellas disciplinas
que tienen que ver con las producciones intelectuales y de artículos de uso.5 En la
actualidad es difícil encontrar que ambos términos (arte y técnica) se confundan o utilicen
como sinónimos.
Evolución histórica del concepto de arte[editar]
En la antigüedad clásica grecorromana, una de las principales cunas de
la civilización occidental y primera cultura que reflexionó sobre el arte, se consideraba el
arte como una habilidad del ser humano en cualquier terreno productivo, siendo
prácticamente un sinónimo de ‘destreza’: destreza para construir un objeto, para comandar
un ejército, para convencer al público en un debate, o para efectuar
mediciones agronómicas. En definitiva, cualquier habilidad sujeta a reglas, a preceptos
específicos que la hacen objeto de aprendizaje y de evolución y perfeccionamiento técnico.
En cambio, la poesía, que venía de la inspiración, no estaba catalogada como arte.
Así, Aristóteles, por ejemplo, definió el arte como aquella «permanente disposición a
producir cosas de un modo racional», y Quintiliano estableció que era aquello «que está
basado en un método y un orden» (via et ordine).6 Platón, en el Protágoras, habló del arte,
opinando que es la capacidad de hacer cosas por medio de la inteligencia, a través de un
aprendizaje. Para Platón, el arte tiene un sentido general, es la capacidad creadora del ser
humano.7 Casiodoro destacó en el arte su aspecto productivo, conforme a reglas,
señalando tres objetivos principales del arte: enseñar (doceat), conmover (moveat) y
complacer (delectet).8
Alegoría de la pintura (1666), de Johannes
Vermeer.
Durante el Renacimiento se empezó a gestar un cambio de mentalidad, separando los
oficios y las ciencias de las artes, donde se incluyó por primera vez a la poesía,
considerada hasta entonces un tipo de filosofía o incluso de profecía –para lo que fue
determinante la publicación en 1549 de la traducción italiana de la Poética de Aristóteles–.
En este cambio intervino considerablemente la progresiva mejora en la situación social del
artista, debida al interés que los nobles y ricos prohombres italianos empezaron a mostrar
por la belleza. Los productos del artista adquirieron un nuevo estatus de objetos
destinados al consumo estético y, por ello, el arte se convirtió en un medio de promoción
social, incrementándose el mecenazgo artístico y fomentando el coleccionismo.9 Surgieron
en ese contexto varios tratados teóricos acerca del arte, como los de Leon Battista
Alberti (De Pictura, 1436-1439; De re aedificatoria, 1450; y De Statua, 1460), o Los
Comentarios (1447) de Lorenzo Ghiberti. Alberti recibió la influencia aristotélica,
pretendiendo aportar una base científica al arte. Habló de decorum, el tratamiento del
artista para adecuar los objetos y temas artísticos a un sentido mesurado, perfeccionista.
Ghiberti fue el primero en periodificar la historia del arte, distinguiendo antigüedad clásica,
periodo medieval y lo que llamó “renacer de las artes”.10
Con el manierismo comenzó el arte moderno: las cosas ya no se representan tal como
son, sino tal como las ve el artista. La belleza se relativiza, se pasa de la belleza única
renacentista, basada en la ciencia, a las múltiples bellezas del manierismo, derivadas de
la naturaleza. Apareció en el arte un nuevo componente de imaginación, reflejando tanto lo
fantástico como lo grotesco, como se puede percibir en la obra
de Brueghel o Arcimboldo. Giordano Bruno fue uno de los primeros pensadores que
prefiguró las ideas modernas: decía que la creación es infinita, no hay centro ni límites –
ni Dios ni hombre–, todo es movimiento, dinamismo. Para Bruno, hay tantos artes como
artistas, introduciendo la idea de originalidad del artista. El arte no tiene normas, no se
aprende, sino que viene de la inspiración.11
Los siguientes avances se hicieron en el siglo XVIII con la Ilustración, donde comenzó a
producirse cierta autonomía del hecho artístico: el arte se alejó de la religión y de la
representación del poder para ser fiel reflejo de la voluntad del artista, centrándose más en
las cualidades sensibles de la obra que no en su significado.12 Jean-Baptiste Dubos,
en Reflexiones críticas sobre la poesía y la pintura (1719), abrió el camino hacia la
relatividad del gusto, razonando que la estética no viene dada por la razón, sino por los
sentimientos. Así, para Dubos el arte conmueve, llega al espíritu de una forma más directa
e inmediata que el conocimiento racional. Dubos hizo posible la popularización del gusto,
oponiéndose a la reglamentación académica, e introdujo la figura del ‘genio’, como atributo
dado por la naturaleza, que está más allá de las reglas.
El tribunal de los Uffizi (1772-1778),
de Johann Zoffany.
En el romanticismo, surgido en Alemania a finales del siglo XVIII con el movimiento
denominado Sturm und Drang, triunfó la idea de un arte que surge espontáneamente del
individuo, desarrollando la noción de genio –el arte es la expresión de las emociones del
artista–, que comienza a ser mitificado.13 Autores como Novalis y Friedrich von
Schlegel reflexionaron sobre el arte: en la revista Athenäum, editada por ellos, surgieron
las primeras manifestaciones de la autonomía del arte, ligado a la naturaleza. Para ellos,
en la obra de arte se encuentran el interior del artista y su propio lenguaje natural.14
Arthur Schopenhauer dedicó el tercer libro de El mundo como voluntad y representación a
la teoría del arte: el arte es una vía para escapar del estado de infelicidad propio del
hombre. Identificó conocimiento con creación artística, que es la forma más profunda de
conocimiento. El arte es la reconciliación entre voluntad y conciencia, entre objeto y sujeto,
alcanzando un estado de contemplación, de felicidad. La conciencia estética es un estado
de contemplación desinteresada, donde las cosas se muestran en su pureza más
profunda. El arte habla en el idioma de la intuición, no de la reflexión; es complementario
de la filosofía, la ética y la religión. Influido por la filosofía oriental, manifestó que el hombre
debe liberarse de la voluntad de vivir, del ‘querer’, que es origen de insatisfacción. El arte
es una forma de librarse de la voluntad, de ir más allá del ‘yo’.15
Richard Wagner recogió la ambivalencia entre lo sensible y lo espiritual de Schopenhauer:
en Ópera y drama (1851), Wagner planteó la idea de la “obra de arte total”
(Gesamtkunstwerk), donde se haría una síntesis de la poesía, la palabra –elemento
masculino–, con la música –elemento femenino–. Opinaba que el lenguaje primitivo
sería vocálico, mientras que la consonante fue un elemento racionalizador; así pues, la
introducción de la música en la palabra sería un retorno a la inocencia primitiva del
lenguaje.16
A finales del siglo XIX surgió el esteticismo, que fue una reacción al utilitarismo imperante
en la época y a la fealdad y el materialismo de la era industrial. Frente a ello, surgió una
tendencia que otorgaba al arte y a la belleza una autonomía propia, sintetizada en la
fórmula de Théophile Gautier “el arte por el arte” (l'art pour l'art), llegando incluso a
hablarse de “religión estética”.17 Esta postura pretendía aislar al artista de la sociedad, para
que buscase de forma autónoma su propia inspiración y se dejase llevar únicamente por
una búsqueda individual de la belleza.18 Así, la belleza se aleja de cualquier
componente moral, convirtiéndose en el fin último del artista, que llega a vivir su propia
vida como una obra de arte –como se puede apreciar en la figura del dandi–.19 Uno de los
teóricos del movimiento fue Walter Pater, que influyó sobre el
denominado decadentismo inglés, estableciendo en sus obras que el artista debe vivir la
vida intensamente, siguiendo como ideal a la belleza. Para Pater, el arte es “el círculo
mágico de la existencia”, un mundo aislado y autónomo puesto al servicio del placer,
elaborando una auténtica metafísica de la belleza.20
El taller del pintor (1855), de Gustave Courbet.
Por otro lado, Charles Baudelaire fue uno de los primeros autores que analizaron la
relación del arte con la recién surgida era industrial, prefigurando la noción de “belleza
moderna”: no existe la belleza eterna y absoluta, sino que cada concepto de lo bello tiene
algo de eterno y algo de transitorio, algo de absoluto y algo de particular. La belleza viene
de la pasión y, al tener cada individuo su pasión particular, también tiene su propio
concepto de belleza. En su relación con el arte, la belleza expresa por un lado una idea
“eternamente subsistente”, que sería el “alma del arte”, y por otro un componente relativo y
circunstancial, que es el “cuerpo del arte”. Así, la dualidad del arte es expresión de la
dualidad del hombre, de su aspiración a una felicidad ideal enfrentada a las pasiones que
le mueven hacia ella. Frente a la mitad eterna, anclada en el arte clásico antiguo,
Baudelaire vio en la mitad relativa el arte moderno, cuyos signos distintivos son lo
transitorio, lo fugaz, lo efímero y cambiante –sintetizados en la moda–. Baudelaire tenía un
concepto neoplatónico de belleza, que es la aspiración humana hacia un ideal superior,
accesible a través del arte. El artista es el “héroe de la modernidad”, cuya principal
cualidad es la melancolía, que es el anhelo de la belleza ideal.21
En contraposición al esteticismo, Hippolyte-Adolphe Taine elaboró una
teoría sociológica del arte: en su Filosofía del arte (1865-1869) aplicó al arte
un determinismo basado en la raza, el contexto y la época (race, milieu, moment). Para
Taine, la estética, la “ciencia del arte”, opera como cualquier otra disciplina científica,
basándose en parámetros racionales y empíricos. Igualmente, Jean Marie Guyau, en Los
problemas de la estética contemporánea (1884) y El arte desde el punto de vista
sociológico (1888), planteó una visión evolucionista del arte, afirmando que el arte está en
la vida, y que evoluciona como esta; y, al igual que la vida del ser humano está organizada
socialmente, el arte debe ser reflejo de la sociedad.22
La estética sociológica tuvo una gran vinculación con el realismo pictórico y con
movimientos políticos de izquierdas, especialmente el socialismo utópico: autores
como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon defendieron la
función social del arte, que contribuye al desarrollo de la sociedad, aunando belleza y
utilidad en un conjunto armónico. Por otro lado, en el Reino Unido, la obra de teóricos
como John Ruskin y William Morris aportó una visión funcionalista del arte: en Las piedras
de Venecia (1851-1856) Ruskin denunció la destrucción de la belleza y la vulgarización del
arte llevada a cabo por la sociedad industrial, así como la degradación de la clase obrera,
defendiendo la función social del arte. En El arte del pueblo (1879) pidió cambios radicales
en la economía y la sociedad, reclamando un arte “hecho por el pueblo y para el pueblo”.
Por su parte, Morris –fundador del movimiento Arts & Crafts– defendió un arte funcional,
práctico, que satisfaga necesidades materiales y no solo espirituales. En Escritos
estéticos (1882-1884) y Los fines del arte (1887) planteó un concepto de arte utilitario pero
alejado de sistemas de producción excesivamente tecnificados, próximo a un concepto del
socialismo cercano al corporativismo medieval.23
Representación de El cascanueces, de Piotr Chaikovski.
Por otro lado, la función del arte fue cuestionada por el escritor ruso Lev Tolstoi: en ¿Qué
es el arte? (1898) se planteó la justificación social del arte, argumentando que siendo el
arte una forma de comunicación solo puede ser válido si las emociones que transmite
pueden ser compartidas por todos los hombres. Para Tolstoi, la única justificación válida es
la contribución del arte a la fraternidad humana: una obra de arte solo puede tener valor
social cuando transmite valores de fraternidad, es decir, emociones que impulsen a la
unificación de los pueblos.24
En esa época se empezó a abordar el estudio del arte desde el terreno de
la psicología: Sigmund Freud aplicó el psicoanálisis al arte en Un recuerdo infantil de
Leonardo da Vinci (1910), defendiendo que el arte sería una de las maneras de
representar un deseo, una pulsión reprimida, de forma sublimada. Opinaba que el artista
es una figura narcisista, cercana al niño, que refleja en el arte sus deseos, y afirmó que las
obras artísticas pueden ser estudiadas como los sueños y las enfermedades mentales, con
el psicoanálisis. Su método era semiótico, estudiando los símbolos, y opinaba que una
obra de arte es un símbolo. Pero como el símbolo representa un determinado concepto
simbolizado, hay que estudiar la obra de arte para llegar al origen creativo de la obra.25
Igualmente, Carl Gustav Jung relacionó la psicología con diversas disciplinas como la
filosofía, la sociología, la religión, la mitología, la literatura y el arte. En Contribuciones a la
psicología analítica (1928), sugirió que los elementos simbólicos presentes en el arte son
“imágenes primordiales” o “arquetipos”, que están presentes de forma innata en el
“subconsciente colectivo” del ser humano.26
Wilhelm Dilthey, desde la estética cultural, formuló una teoría acerca de la unidad entre
arte y vida. Prefigurando el arte de vanguardia, Dilthey ya vislumbraba a finales del
siglo XIX cómo el arte se alejaba de las reglas académicas, y cómo cobraba cada vez
mayor importancia la función del público, que tiene el poder de ignorar o ensalzar la obra
de un artista determinado. Encontró en todo ello una “anarquía del gusto”, que achacó a un
cambio social de interpretación de la realidad, pero que percibió como transitorio, siendo
necesario hallar «una relación sana entre el pensamiento estético y el arte». Así, ofreció
como salvación del arte las “ciencias del espíritu”, especialmente la psicología: la creación
artística debe poder analizarse bajo el prisma de la interpretación psicológica de la
fantasía. En Vida y poesía (1905) presentó la poesía como expresión de la vida, como
‘vivencia’ (Erlebnis) que refleja la realidad externa de la vida. La creación artística tiene
pues como función intensificar nuestra visión del mundo exterior, presentándolo como un
conjunto coherente y pleno de sentido.27
Visión actual[editar]
Fuente, de Marcel Duchamp. El siglo XX supone
una pérdida del concepto de belleza clásica para conseguir un mayor efecto en el
diálogo artista-espectador.
El siglo XX ha supuesto una radical transformación del concepto de arte: la superación de
las ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e
individuales, partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores
como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la
belleza clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas:
la subjetividad del tiempo de Bergson, la Teoría de la relatividad de Einstein, la mecánica
cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las
nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función, debido a que la fotografía y
el cine ya se encargan de plasmar la realidad. Todos estos factores producen la génesis
del arte abstracto, el artista ya no intenta reflejar la realidad, sino su mundo interior,
expresar sus sentimientos.28 El arte actual tiene oscilaciones continuas del gusto, cambia
simultáneamente junto a este: así como el arte clásico se sustentaba sobre una metafísica
de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la conciencia social de
placer (cultura de masas). También hay que valorar la progresiva disminución
del analfabetismo, puesto que antiguamente, al no saber leer gran parte de la población, el
arte gráfico era el mejor medio para la transmisión del conocimiento –sobre todo religioso–,
función que ya no es necesaria en el siglo XX.
Una de las primeras formulaciones fue la del marxismo: de la obra de Marx se desprendía
que el arte es una “superestructura” cultural determinada por las condiciones sociales y
económicas del ser humano. Para los marxistas, el arte es reflejo de la realidad social, si
bien el propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y
el arte que produce. Georgi Plejánov, en Arte y vida social (1912), formuló una
estética materialista que rechazaba el “arte por el arte”, así como la individualidad del
artista ajeno a la sociedad que lo envuelve.29 Walter Benjamin incidió de nuevo en el arte
de vanguardia, que para él es «la culminación de la dialéctica de la modernidad», el final
del intento totalizador del arte como expresión del mundo circundante. Intentó dilucidar el
papel del arte en la sociedad moderna, realizando un análisis semiótico en el que el arte se
explica a través de signos que el hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente
satisfactorio. En La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó
la forma cómo las nuevas técnicas de reproducción industrial del arte pueden hacer variar
el concepto de este, al perder su carácter de objeto único y, por tanto, su halo de
reverencia mítica; esto abre nuevas vías de concebir el arte –inexploradas aún para
Benjamin– pero que supondrán una relación más libre y abierta con la obra de arte.30
Theodor W. Adorno, como Benjamin perteneciente a la Escuela de Fráncfort, defendió el
arte de vanguardia como reacción a la excesiva tecnificación de la sociedad moderna. En
su Teoría estética (1970) afirmó que el arte es reflejo de las tendencias culturales de la
sociedad, pero sin llegar a ser fiel reflejo de esta, ya que el arte representa lo inexistente,
lo irreal; o, en todo caso, representa lo que existe pero como posibilidad de ser otra cosa,
de trascender. El arte es la “negación de la cosa”, que a través de esta negación la
trasciende, muestra lo que no hay en ella de forma primigenia. Es apariencia, mentira,
presentando lo inexistente como existente, prometiendo que lo imposible es posible.31
Isla Pagoda en la desembocadura del río
Min (1870), de John Thomson. La fotografía supuso una gran revolución a la hora de
concebir el arte en el siglo XIX y el XX.
Representante del pragmatismo, John Dewey, en Arte como experiencia (1934), definió el
arte como “culminación de la naturaleza”, defendiendo que la base de la estética es la
experiencia sensorial. La actividad artística es una consecuencia más de la actividad
natural del ser humano, cuya forma organizativa depende de los condicionamientos
ambientales en que se desenvuelve. Así, el arte es “expresión”, donde fines y medios se
fusionan en una experiencia agradable. Para Dewey, el arte, como cualquier actividad
humana, implica iniciativa y creatividad, así como una interacción entre sujeto y objeto,
entre el hombre y las condiciones materiales en las que desarrolla su labor.32
José Ortega y Gasset analizó en La deshumanización del arte (1925) el arte de vanguardia
desde el concepto de “sociedad de masas”, donde el carácter minoritario del arte
vanguardista produce una elitización del público consumidor de arte. Ortega aprecia en el
arte una “deshumanización” debida a la pérdida de perspectiva histórica, es decir, de no
poder analizar con suficiente distancia crítica el sustrato sociocultural que conlleva el arte
de vanguardia. La pérdida del elemento realista, imitativo, que Ortega aprecia en el arte de
vanguardia, supone una eliminación del elemento humano que estaba presente en el
arte naturalista. Asimismo, esta pérdida de lo humano hace desaparecer los referentes en
que estaba basado el arte clásico, suponiendo una ruptura entre el arte y el público, y
generando una nueva forma de comprender el arte que solo podrán entender los iniciados.
La percepción estética del arte deshumanizado es la de una nueva sensibilidad basada no
en la afinidad sentimental –como se producía con el arte romántico–, sino en un cierto
distanciamiento, una apreciación de matices. Esa separación entre arte y humanidad
supone un intento de volver al hombre a la vida, de rebajar el concepto de arte como una
actividad secundaria de la experiencia humana.33
En la escuela semiótica, Luigi Pareyson elaboró en Estética. Teoría de la
formatividad (1954) una estética hermenéutica, donde el arte es interpretación de
la verdad. Para Pareyson, el arte es “formativo”, es decir, expresa una forma de hacer que,
«a la vez que hace, inventa el modo de hacer». En otras palabras, no se basa en reglas
fijas, sino que las define conforme se elabora la obra y las proyecta en el momento de
realizarla. Así, en la formatividad la obra de arte no es un “resultado”, sino un “logro”,
donde la obra ha encontrado la regla que la define específicamente. El arte es toda aquella
actividad que busca un fin sin medios específicos, debiendo hallar para su realización un
proceso creativo e innovador que dé resultados originales de carácter inventivo.34
Pareyson influyó en la denominada Escuela de Turín, que desarrollará su
concepto ontológico del arte: Umberto Eco, en Obra abierta (1962), afirmó que la obra de
arte solo existe en su interpretación, en la apertura de múltiples significados que puede
tener para el espectador; Gianni Vattimo, en Poesía y ontología (1968), relacionó el arte
con el ser, y por tanto con la verdad, ya que es en el arte donde la verdad se muestra de
forma más pura y reveladora.35
El cómic ha sido una de las últimas incorporaciones a la
categoría de bellas artes. En la imagen Little Nemo in Slumberland, el primer gran
clásico del cómic publicado en 1905.
Una de las últimas derivaciones de la filosofía y el arte es la postmodernidad, teoría
sociocultural que postula la actual vigencia de un periodo histórico que habría superado el
proyecto moderno, es decir, la raíz cultural, política y económica propia de la Edad
Contemporánea, marcada en lo cultural por la Ilustración, en lo político por la Revolución
francesa y en lo económico por la Revolución industrial. Frente a las propuestas del arte
de vanguardia, los postmodernos no plantean nuevas ideas, ni éticas ni estéticas; tan solo
reinterpretan la realidad que les envuelve, mediante la repetición de imágenes anteriores,
que pierden así su sentido. La repetición encierra el marco del arte en el arte mismo, se
asume el fracaso del compromiso artístico, la incapacidad del arte para transformar la vida
cotidiana. El arte postmoderno vuelve sin pudor al sustrato material, a la obra de arte-
objeto, al “arte por el arte”, sin pretender hacer ninguna evolución, ninguna ruptura.
Algunos de sus más importantes teóricos han sido Jacques Derrida y Michel Foucault.36
Como conclusión, cabría decir que las viejas fórmulas que basaban el arte en la creación
de belleza o en la imitación de la naturaleza han quedado obsoletas, y hoy día el arte es
una cualidad dinámica, en constante transformación, inmersa además en los medios de
comunicación de masas, en los canales de consumo, con un aspecto muchas veces
efímero, de percepción instantánea, presente con igual validez en la idea y en el objeto, en
su génesis conceptual y en su realización material.37 Morris Weitz, representante de
la estética analítica, opinaba en El papel de la teoría en la estética (1957) que «es
imposible establecer cualquier tipo de criterios del arte que sean necesarios y suficientes;
por lo tanto, cualquier teoría del arte es una imposibilidad lógica, y no simplemente algo
que sea difícil de obtener en la práctica». Según Weitz, una cualidad intrínseca de la
creatividad artística es que siempre produce nuevas formas y objetos, por lo que «las
condiciones del arte no pueden establecerse nunca de antemano». Así, «el supuesto
básico de que el arte pueda ser tema de cualquier definición realista o verdadera es
falso».38
En el fondo, la indefinición del arte estriba en su reducción a determinadas categorías –
como imitación, como recreación, como expresión–; el arte es un concepto global, que
incluye todas estas formulaciones y muchas más, un concepto en evolución y abierto a
nuevas interpretaciones, que no se puede fijar de forma convencional, sino que debe
aglutinar todos los intentos de expresarlo y formularlo, siendo una síntesis amplia y
subjetiva de todos ellos.
El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o expresar
una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar,
emocionar o producir un choque.
Władysław Tatarkiewicz, Historia de seis ideas (1976).39
Clasificación[editar]
Las siete artes liberales, imagen del Hortus
deliciarum (siglo XII), de Herrad von Landsberg.
La clasificación del arte, o de las distintas facetas o categorías que pueden considerarse
artísticas, ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte: como se ha visto
anteriormente, durante la antigüedad clásica se consideraba arte todo tipo de habilidad
manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas; así, entraban en esa denominación
tanto las actuales bellas artes como la artesanía y las ciencias, mientras que quedaban
excluidas la música y la poesía. Una de las primeras clasificaciones que se hicieron de las
artes fue la de los filósofos sofistas presocráticos, que distinguieron entre “artes útiles” y
“artes placenteras”, es decir, entre las que producen objetos de cierta utilidad y las que
sirven para el entretenimiento. Plutarco introdujo, junto a estas dos, las “artes perfectas”,
que serían lo que hoy consideramos ciencias. Platón, por su parte, estableció la diferencia
entre “artes productivas” y “artes imitativas”, según si producían objetos nuevos o imitaban
a otros.40
Durante la era romana hubo diversos intentos de clasificar las artes: Quintiliano dividió el
arte en tres esferas: