EL PERICARDIO
Protege al corazón, evita la fricción durante las contracciones cardíacas, limita la distensión
de las cámaras cardíacas y aumenta la eficiencia del corazón.
Estructura:
Capa Fibrosa - capa externa: evita su distensión excesiva y proporciona protección.
Capa Serosa - capa interna, consta de dos capas:
1. Parietal (se ubica debajo del pericardio fibroso)
2. Visceral (epicardio) (se ubica sobre el corazón)
Cavidad Pericárdica: entre capa parietal y visceral.
El líquido pericárdico: En condiciones normales, el pericardio alberga menos de 50 ml
de líquido claro, poco denso y de color pajizo. Es secretado por células pericárdicas, y
es este líquido el encargado de disminuir la fricción entre las capas parietal y visceral
durante las contracciones cardíacas.
ENFERMEDAD PERICÁRDICA
Las lesiones pericárdicas se asocian típicamente a un proceso patológico en otra
estructura del corazón o vecina o también pueden ser secundarias a un trastorno sistémico.
Entre ellos se encuentran los derrames y los procesos inflamatorios, que en ocasiones
producen una constricción fibrosa.
Pericarditis primaria
La pericarditis primaria es poco frecuente. Se suele deber a una infección vírica (a
menudo cursa con una miocarditis), aunque también puede guardar relación con bacterias,
hongos o parásitos.
Morfofisiopatología: los microorganismos invaden el pericardio, causan procesos
destructivos y activan mediadores inflamatorios. Los vasos sanguíneos se vuelven permeables,
permitiendo la inflamación y posteriormente el aumento del liquido pericárdico.
PERICARDITIS SECUNDARIA
Síndrome de Dressler: En la mayoría de los casos, la pericarditis es secundaria a un IM
agudo o una cirugía cardíaca. La patofisiología específica se desconoce en gran parte, pero se
ha comprobado que es una respuesta inflamatoria exagerada probablemente de tipo
autoinmune, en donde el sistema inmunitario ataca fuertemente al tejido dañado, necrótico
del corazón postinfarto. De modo que, en lugar de depurar el corazón de todo resto no viable
después de un ataque isquémico cardíaco, la maquinaria inmune, por error, se vuelve en
contra del mismo tejido del hospedador. Las pericarditis que ocurren después de una cirugía
cardiaca o de un traumatismo severo del corazón son consideradas formas clínicas de este
síndrome.
Radioterapia mediastínica: la radioterapia produce destrucción del tejido pericárdico,
lo cual produce inflamación y procesos inmunitarios.
Procesos que afectan a otras estructuras torácicas (p. ej., neumonía o pleuritis): la
infección puede llegar hasta el pericardio desde estructuras adyacentes.
Ejemplo: La pericarditis purulenta de etiología neumocócica es una complicación bien
reconocida de la infección pleuropulmonar por este germen.
Uremia: La uremia es el trastorno sistémico que con más frecuencia se asocia a
pericarditis. La uremia es una complicación de la enfermedad renal crónica y la lesión renal
aguda, que afecta la excreción de urea y por lo tanto se acumula en la sangre. La molécula de
urea se deposita en el pericardio, e induce inflamación y la infiltración de células inmunitarias.
Otras causas secundarias menos habituales son la fiebre reumática: Cuando el
organismo percibe la infección estreptocócica, envía anticuerpos para combatirla. A veces,
esos anticuerpos atacan en cambio los tejidos del corazón.
Lupus eritematoso sistémico: el propio sistema inmunitario ataca las células y el tejido
sano del pericardio por error.
Los tumores malignos metastásicos: las células tumorales infiltran el pericardio
causando destrucción.
Evolución
La pericarditis puede:
1) ocasionar complicaciones hemodinámicas inmediatas cuando provoca un derrame
amplio, con el consiguiente taponamiento cardiaco.
2) resolverse sin secuelas importantes.
3) evolucionar a un proceso fibrosante crónico.
Las dos complicaciones más temibles en la evolución de este síndrome son el
taponamiento cardiaco y la pericarditis constrictiva. De no establecerse un tratamiento
adecuado, la pericarditis puede cronificarse y llegar a la fibrosis del pericardio con constricción
del corazón, caída severa del gasto cardiaco, shock y, eventualmente, la muerte.
MORFOLOGÍA
En los pacientes con una pericarditis vírica aguda o uremia. El exudado suele ser
fibrinoso lo que provoca un aspecto irregular y ondulado de la superficie del pericardio (la
denominada pericarditis «en pan y mantequilla»).
Exudado fibrinoso: se produce cuando hay daño severo al endotelio lo que
permite la salida de grandes cantidades de proteínas, incluyendo el
fibrinógeno.
En la pericarditis bacteriana aguda, el exudado es fibrinopurulento (supurativo) a
menudo con áreas de pus franco.
Exudado purulento o supurativo: se forma como respuesta a infecciones por bacterias
cuyos productos estimulan la degranulación de los neutrófilos.
Las enzimas proteolíticas liberadas por los neutrófilos producen necrosis licuefactiva,
formando lo que se conoce como «pus».
En la pericarditis tuberculosa pueden identificarse focos de necrosis caseosa.
Necrosis caseosa: Dicho de un tejido: Que, por necrosis, adquiere una
consistencia semejante a la del queso.
La pericarditis asociada a tumores malignos se suele relacionar con un exudado
fibrinoso exuberante y un derrame hemático.
Derrame hemático: líquido claro ligeramente más viscoso que el agua que
está compuesto de células sanguíneas y líquido seroso
macroscópicamente, las metástasis pueden identificarse como excrecencias irregulares
o no ser reconocibles, como sucede en la leucemia.
La mayor parte de los casos de pericarditis fibrinosa y fibrinopurulenta aguda se
resuelven sin que queden secuelas. Sin embargo, cuando existe una supuración o una necrosis
caseosa extensas, la curación se puede asociar a fibrosis (pericarditis crónica).
La pericarditis crónica puede cursar con delicadas adherencias o con cicatrices densas
fibróticas, que obliteran el espacio pericárdico. En los casos extremos, el corazón queda
atrapado por completo en una fibrosis densa, lo que le impide la expansión normal durante la
diastole y provoca el cuadro conocido como pericarditis constrictiva.
Características clínicas
Clásicamente, la pericarditis se manifiesta como un dolor torácico atípico que no se
relaciona con el esfuerzo. Es de duración prolongada (habitualmente varios días), se localiza en
la región precordial o retrosternal y se puede irradiar al cuello, región supraclavicular, espalda,
hombro y brazo izquierdo.
Posicional: Suele aumentar con la inspiración, con los movimientos torácicos, con el
decúbito y con la tos, y suele mejorar en sedestación con el tronco inclinado hacia delante.
Roce Pericárdico: El signo característico y patognomónico de la pericarditis aguda es el
roce pericárdico, el cual se ausculta aproximadamente en un 60% de los casos. Su presencia
permite establecer con seguridad el diagnóstico de pericarditis aguda, pero su ausencia no lo
descarta.
Taponamiento cardíaco: se reduce el gasto cardíaco y aparece el consiguiente shock.
La pericarditis obstructiva crónica: determina una combinación de distensión venosa
del lado derecho y bajo gasto cardíaco.