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Tema 1 Sucesiones

El documento trata sobre el derecho de sucesiones en España. Explica que cuando una persona fallece, sus bienes, derechos y obligaciones se transmiten a otras personas llamadas sucesores. Esto puede ocurrir mediante testamento (sucesión testamentaria) o por disposición de la ley si no hay testamento (sucesión intestada). También distingue entre sucesión a título universal, en la que el heredero recibe toda la herencia, y sucesión a título particular, en la que el legatario recibe bienes específicos.
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Tema 1 Sucesiones

El documento trata sobre el derecho de sucesiones en España. Explica que cuando una persona fallece, sus bienes, derechos y obligaciones se transmiten a otras personas llamadas sucesores. Esto puede ocurrir mediante testamento (sucesión testamentaria) o por disposición de la ley si no hay testamento (sucesión intestada). También distingue entre sucesión a título universal, en la que el heredero recibe toda la herencia, y sucesión a título particular, en la que el legatario recibe bienes específicos.
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TEMA 6: LA SUCESIÓN GENERAL

1. EL DERECHO DE SUCESIONES

Frente a la muerte de las personas, el Derecho recupera su


capacidad organizativa, las normas jurídicas aparecen como lo
que son: reglas de composició n social y evitació n o finalizació n
de conflictos. Nos referimos, en este caso, al Derecho de
sucesiones.

La muerte de la persona desencadena una serie de efectos. Junto


a la extinció n de la personalidad, sin duda el principal de dichos
efectos, aparece el denominado fenó meno sucesorio.
Efectivamente, la muerte implica el inicio de un proceso por
medio del cual los bienes, los derechos y las obligaciones del
fallecido se transmiten a otras personas, que adquieren de este
modo la condició n de sucesores.

El Derecho de sucesiones forma parte, por tanto, del Derecho


privado y má s concretamente, dentro de este, del Derecho civil
(como sabemos, el Derecho privado comú n).Concretamente, está
contenido en el Título III “De las sucesiones”, del Libro III “De los
diferentes modos de adquirir la propiedad”, artículos 657 a 1087.

2. TIPOS O CLASES DE SUCESIÓN

El fenó meno sucesorio consistente en que un sujeto se coloque


en o adquiera la posició n jurídica de otro, no tiene lugar só lo con
la muerte de este ú ltimo: el traspaso de la posició n jurídica de
una persona a otra puede acaecer entre personas vivientes (inter
vivos) o bien ocupando otra la posició n que una deja al morir
(mortis causa). Tanto una como otra pueden ser sucesió n
universal o sucesió n particular, si bien la primera es menos
probable que suceda inter vivos.

El fenó meno sucesorio mortis causa no tiene porque producirse


de un ú nico modo. En la determinació n de có mo debe ser la
sucesió n, lo señ alá bamos anteriormente, la voluntad del propio
causante es fundamental.

Para diferenciar las clases de sucesió n pueden adoptarse


diversos criterios. Los má s usuales son dos: (1) el origen de la
sucesió n, en concreto que exista testamento o no, y (2) el objeto o
contenido de la sucesió n.

(1) Segú n el primero de los criterios se diferencian la sucesió n


testamentaria y la intestada, así como la denominada sucesió n
contractual.
a) En la sucesió n testamentaria (también denominada En el pá rrafo primero del
voluntaria), el sucesor o los sucesores son designados por artículo 658 CC se establece
voluntad de la persona manifestada mediante testamento .El que “La sucesió n se defiere
por la voluntad del hombre
presupuesto de ésta sucesió n testamentaria hay que localizarlo
manifestada en testamento
en la autonomía de la voluntad, en la facultad para disponer de y, a falta de éste, por
los propios derechos y bienes, que existe tanto inter vivos como disposició n de la ley”. Se
mortis causa. El testamento se convierte de este modo en el trata ademá s de dos
sucesiones compatibles,
vehículo para manifestar esta voluntad.
por lo que no se sigue el
sistema romano en el que si
b) En la sucesió n legal (también llamada intestada o abintestato),
resultaban incompatibles
que opera en defecto de testamento, la designació n del sucesor o ambos tipos de sucesió n.
sucesores y la distribució n de los bienes, derechos u obligaciones
del fallecido viene determinada por ley.

En este punto conviene aclarar a qué se alude exactamente


cuando se habla de sucesió n legítima. Puede incurrirse en el
error —propiciado por el propio CC: cfr. artículo 658, pá rrafo
segundo— de identificar sucesió n intestada o legal con la
sucesió n legitimaria. Los llamados sucesores legitimarios o
forzosos (cfr. arts.806 y 807 CC) vienen establecidos por ley, con
cará cter imperativo, y suponen una limitació n para la libertad de
testar del causante. La ley reserva una porció n de bienes a estos,
otorgá ndoles el llamado derecho a la legítima, lo que opera como
una limitació n a la libertad de testar del causante. Pero estas
legítimas existen tanto cuando hay testamento, es decir cuando
se da la sucesió n testamentaria, como cuando no, en cuyo caso
tiene lugar la sucesió n abintestato. Esta presencia delos
legitimarios en ambos tipos de sucesió n demuestra su
importancia nuclear para nuestro sistema sucesorio,
imponiéndose incluso a la libertad de testar.

c) La sucesió n contractual es la que se articula a través delos


llamados pactos sucesorios, por medio de los cuales el causante
puede organizar, de acuerdo con otros, generalmente familiares
pró ximos, su futura sucesió n. Se trata, no obstante, de una
posibilidad excluida de nuestro sistema sucesorio en el artículo
1271, pá rrafo segundo CC que prevé expresamente que “Sobre la
herencia futura no se podrá , sin embargo, celebrar otros
contratos que aquellos cuyo objeto sea practicar entre vivos la
divisió n de un caudal conforme al artículo1056”.

(2) De acuerdo con el segundo de los criterios mencionados hay


que diferenciar en la sucesió n mortis causa, la sucesió n a título
universal y la sucesió n a título particular. Se trata de una
distinció n que se da en la sucesió n testamentaria, es decir, es el
causante quien decide si el sucesor lo hace a título universal o a
título particular. Bá sicamente consisten:
Esa totalidad ha de
a) La sucesió n a título universal, en aquella en la cual el sucesor,
matizarse, ya que es
denominado heredero, recibe la totalidad de la herencia o una imposible que el heredero
parte de ésta, en el supuesto de que concurra con otros (o un heredero) se
herederos. convierta en titular de
todas las relaciones
b) La sucesió n a título particular, aquella en que un sujeto, jurídicas protagonizadas
por el causante. Por
llamado legatario, recibe un bien o un derecho determinado del
ejemplo, el hecho de que el
patrimonio del causante. Las diferencias entre ambos tipos de testador puede establecer
sucesió n, predeterminados por el legislador, son varias. En sucesores a título
primer lugar, el heredero universal asume no solo las particular(legatarios)
titularidades activas del causante sino también las pasivas, las impide que el heredero
suceda en la totalidad de la
deudas, mientras que el legatario o sucesor a título particular no
herencia a éste.
se hace cargo de éstas. En segundo lugar, los herederos
adquieren automá ticamente (ipso iure) la posesió n civilísima de
los bienes hereditarios, frente a los legatarios que deberá n, en su
caso, solicitarla de los herederos. En tercer lugar, el heredero,
para adquirir tal condició n, hade aceptar la herencia (cfr. art. 988
y ss. CC), mientras que el legado se adquiere inmediatamente.

3. LA ESTRUCTURA DEL FENÓMENO SUCESORIO

3.1. LOS SUJETOS DEL FENÓMENO SUCESORIO: CAUSANTE,


HEREDERO Y LEGATARIO

El artículo 660 CC dispone: “Llá mese heredero al que sucede a


título universal, y legatario al que sucede a título particular. El
nú mero de sujetos intervinientes en el fenó meno sucesorio
puede ser amplio. . En una percepció n, bastante popular, podría
pensarse que estos se reducen al sucedido y al sucesor. Pero El apartado 1 del artículo 5
también pueden actuar varios actores secundarios, aunque con de la Ley de extracció n y
trasplante de ó rganos
distinto grado de importancia.
dispone que “La extracció n
de ó rganos u otras piezas
Pero nuestro interés ahora debe centrarse exclusivamente en los
anató micas de fallecidos
que podemos calificar como sujetos bá sicos y esenciales: podrá hacerse previa
comprobació n de la muerte.
A) El causante Cuando dicha
La condició n de causante la tiene aquél que es sucedido, comprobació n se base en la
se adquiere como consecuencia de la muerte del sujeto. existencia de datos de
irreversibilidad que las
É sta, como sabemos por nuestros estudios de Derecho de
lesiones cerebrales y, por
la persona, supone la extinció n de la personalidad como tanto, incompatibles con la
efecto principal. El artículo 32 CC es categó rico, en el vida, el certificado de
sentido de que “La personalidad civil se extingue por la defunció n será suscrito por
muerte de las personas”. A diferencia de lo que sucede tres Médicos, entre los que
deberá n figurar, un
con el nacimiento, el CC españ ol no se preocupa de
Neuró logo o Neurocirujano
establecer qué muerte o cuá ndo ha de considerarse y el Jefe del Servicio dela
muerta una persona a los efectos de la extinció n de la Unidad médica
personalidad y de la apertura de la sucesió n. Hay que correspondiente, o su
sustituto; ninguno de estos
acudir fuera del CC para saber cuá ndo una persona ha
facultativos podrá formar
fallecido: en concreto, el artículo 5 de la Ley 30/1979, de parte del equipo que va ya a
proceder a la obtenció n del
ó rgano o a efectuar el
trasplante”.
La sucesió n del declarado
fallecido presenta, no
obstante, algunas
27 de octubre, de extracció n y trasplante de ó rganos, peculiaridades,
establece como momento de la muerte de la persona el de determinadas por el
la muerte cerebral. cará cter presunto de la
muerte(por mucha certeza
También puede adquirirse la condició n de causante por
que en algunos casos pueda
otro motivo: la declaració n de fallecimiento. É sta se tenerse de que ésta ha
regula en el Título VIII del Libro I del CC, en los artículos sucedido realmente), como
193 a 197,y supone la declaració n judicial de que un si hubiera que observar
sujeto ha muerto, por el tiempo transcurrido desde su ciertas precauciones
pensando en que el
desaparició n y/o por las circunstancias en que ha tenido
declarado fallecido
lugar ésta. reapareciese: En primer
lugar, los herederos no
B) El heredero podrá n disponer a título
gratuito hasta cinco añ os
Se trata del sucesor mortis causa a título universal.
después de la declaració n
Pueden ser, respecto del causante, uno o varios. Para que de fallecimiento (art.
se entienda mejor, en esta primera aproximació n al 196.2ºCC).En segundo
fenó meno sucesorio, el heredero es llamado a suceder al lugar, “Hasta que
causante respecto de su patrimonio, entendido este como transcurra este mismo
plazo no será n entregados
el conjunto de sus bienes, derechos y obligaciones.
los legados, si los hubiese ni
Las características bá sicas del heredero serían las tendrá n derecho a exigirlos
siguientes: los legatarios, salvo las
En primer lugar, ocupa un lugar central de nuestro mandas piadosas en
sufragio del alma del
sistema sucesorio. La figura del heredero es una de las
testador o los legados en
claves de arco de la sucesió n mortis causa tal y como se favor de Instituciones de
diseñ a en el CC españ ol. De ello, de la ubicació n del beneficencia” (art. 196.3º
heredero en el centro del sistema, es buena prueba el CC).
artículo 912 CC cuando determina los supuestos en que
tiene lugar la llamada sucesió n intestada (es decir, sin
testamento). Ademá s del supuesto previsible, se prevé
este tipo de sucesió n para supuestos en los que aun
existiendo testamento, este no contiene institució n de
heredero, en todo o en parte de los bienes (art. 912.2º
CC), o “Cuando falta la condició n puesta a la institució n de
heredero o éste muere antes que el testador, o repudia la
herencia sin tener sustituto y sin que haya lugar al
derecho acrecer” (art. 912.3º CC),o, cuando, finalmente,
“el heredero instituido es incapaz de suceder” (art. 912.4º
CC).
En segundo lugar, ser heredero significa suceder in bonus
et in ius al causante. Esta expresió n, normalmente se ha
identificado con la idea de que el heredero continú a la
personalidad del causante, percepció n que debe, no
obstante, rechazarse. La muerte supone la extinció n de la
personalidad, lo que no queda contradicho porque
alguien asuma la titularidad de aquellas relaciones
jurídicas que no se extinguen con su muerte.
En tercer lugar, el heredero adquiere los derechos y
obligaciones del causante de una manera global, sin
recurrir a los mecanismos habituales de transmisió n de
los derechos y deudas. Esta peculiaridad del título de
heredero se pone de manifiesto en otras circunstancias,
como, por ejemplo, en la llamada posesió n civilísima (art.
440 CC), que permite considerar poseedor al heredero sin
que concurra ningú n elemento de aprehensió n material,
en el que pueda fundarse la posesió n.
En cuarto lugar, el heredero es siempre heredero
(semelheres, semper heres), es decir, la posició n de
heredero se caracteriza por su intransmisibilidad. Ello no
impide la posibilidad de que el heredero pueda vender la
herencia, considerada como una unidad, lo que no supone
ni la pérdida de cualidad como tal ni la exoneració n de su
responsabilidad respecto de las deudas y cargas de la
herencia (arts. 1531 y1534 CC).
Por ú ltimo, en quinto lugar, el heredero debe tener
capacidad para suceder. La sucesió n requiere que el que
recibe del causante reú na una serie de requisitos, algunos
de los cuales pueden considerarse en sentido negativo
(no incurrir en ningú n tipo de incapacidad). Su
importancia para el heredero y, por añ adidura, para la
sucesió n justifica un tratamiento singular y diferenciado.

C) El legatario
Por contraposició n al heredero, el legatario es el sucesor
a título particular. Dicho de otro modo, el legatario es el
beneficiario de un legado. Como lo define ALBALADEJO,
el legado “es una disposició n mortis causa por la que el
testador deja en concreto alguno (o algunos) de sus
bienes o derechos a una persona, que lo recibe a título
singular, es decir, sucediendo al difunto en él en
particular, y no tomá ndolo, como el heredero, porque
ocupe en general el puesto del causante (lo que no ocurre
al legatario)”.
Algunos de sus rasgos definitorios como sucesor mortis
causa:
En primer lugar, la designació n de un legatario só lo
puede tener lugar mediante testamento. Se trata de un
acto voluntario del testador, no existiendo legados en la
sucesió n intestada ni en la sucesió n forzosa o legitimaria.
En segundo lugar, el legado ha de tener un contenido
necesariamente patrimonial. No pueden considerarse
legados aquellos consejos, recomendaciones o
expresiones de afecto que suelen aparecer en tantos
testamentos. Este contenido patrimonial del legado
puede concretarse de dos modos: bien determinando el
testador que un derecho o bien concreto de su
patrimonio pase al legatario, o bien que con cargo al
caudal relicto se proporcione algo al legatario. En este
supuesto se discute que el legatario suceda al difunto.
En tercer lugar, el legatario es beneficiario de una
liberalidad. No existe para el testador ninguna obligació n
de concederlo sino que lo hace gratuitamente. Puede
existir, no obstante, la excepció n de que el legatario
reciba aquello que tenía derecho a recibir, supuesto en el
que existe un legado sin liberalidad (se trataría del
llamado “legado de deuda”).

3.2. EL OBJETO O CONTENIDO DEL FENÓMENO SUCESORIO:


LA HERENCIA
El objeto o contenido de la sucesió n, en general, sería aquello que
se transmite por el causante y que se recibe por el sucesor o
sucesores (heredero o herederos y, en su caso, legatario o
legatarios). El artículo 659 CC describe la herencia sin precisar
mucho má s, señ alando que ésta “comprende todos los bienes,
derechos y obligaciones de una persona, que no se extingan por
su muerte”. A pesar de su escasez y de que resulta incompetente
para ofrecer una visió n acabada y exacta del caudal relicto o
hereditario no debe despreciarse, aunque só lo sea por su
brevedad y por el hecho de que no comete ninguna imprecisió n.
Si algo debe tenerse en cuenta es que el patrimonio del causante
y el caudal relicto o hereditario no pueden coincidir ya que hay
bienes, derechos y obligaciones del causante que se extinguen
con su muerte o, lo que es lo mismo, que resultan
intransmisibles. Ambos será n similares pero no absolutamente
coincidentes.
Lo importante es determinar qué forma parte de la herencia y
qué no. De manera esquemá tica debe señ alarse:
1º Integran la herencia los bienes y derechos que no se
extinguen como consecuencia de la muerte del causante. Existen,
como se sabe, relaciones jurídico-patrimoniales vitalicias que
siguen al causante y que no son objeto de sucesió n, bien porque
lo prevea su regulació n, bien porque así se haya pactado.

Ejemplo
El derecho real de usufructo, que otorga al usufructuario el derecho a disfrutar
de los bienes ajenos, con la obligació n de conservar su forma y sustancia, a no
ser que el título de su constitució n o la ley autoricen otra cosa (art. 467 CC), se
extingue por la muerte de éste (art. 513 CC). Igual suerte corren el derecho de
uso y el de habitació n con la muerte de sus titulares (art. 529 CC).
2º No se transmiten a los sucesores las facultades de
cará cter personalísimo, especialmente las de naturaleza extra
patrimonial. De este modo, deben quedar excluidas de la
herencia las funciones o cargos familiares (como la patria
potestad) o los derechos inherentes al sujeto (como los derechos
fundamentales).
3º Existen, no obstante, algunas facultades
personalísimas que son transmisibles. Para ello es necesario que
el legislador lo declare expresamente.

Ejemplo

Como ejemplos de acciones personalísimas susceptibles de ser transmitidas a


los herederos estarían: las acciones de filiació n en algunos supuestos (cfr. art.
136 CC); las facultades derivadas del derecho moral de autor, previsto en la Ley
de Propiedad Intelectual (art. 15 TRLPI); o las acciones de protecció n civil del
honor, la intimidad y la propia imagen, transmisibles a los herederos de
acuerdo con lo previsto en el artículo 4.1Ley Orgá nica 1/1982, de 5 de mayo.

4º Tampoco forman parte de la herencia todos aquellos


derechos y facultades que se obtienen, por parte de terceros,
como consecuencia del fallecimiento del sujeto. Estos derechos y
facultades pueden no formar parte estrictamente del patrimonio
del fallecido, aunque sí ser titular de los mismos (por ejemplo, un
título nobiliario). Se trataría de las llamadas sucesiones
especiales o excepcionales, que tienen lugar respecto de los
títulos nobiliarios o la subrogació n mortis causa en los
arrendamientos, rú sticos o urbanos.

5º Integran también la herencia, como puede extraerse


del artículo 659 CC, las deudas del causante (cfr. art. 1003CC).
Debe precisarse, sin embargo, que el causante carece de
facultades de disposició n sobre ellas. Su inclusió n en la masa
hereditaria es independiente de la voluntad del causante. La
razó n de dicha integració n en la herencia hay que cifrarla en el
mismo fundamento de la sucesió n mortis causa que permite que
las deudas no se extingan a la muerte del causante. En obsequio a
la seguridad jurídica debe ser así, ya que no se podría admitir que
los derechos de crédito, las expectativas de los acreedores
quedasen al albur de la supervivencia o no del deudor.

4. LA CAPACIDAD PARA SUCEDER

4.1. LA REGLA GENERAL

Segú n el artículo 744 CC, “Podrá n suceder por testamento o


abintestato los que no estén incapacitados por la ley”. Los
supuestos de incapacitació n (absoluta) para suceder que se
establecen a continuació n en el artículo 745 CC permiten concluir
que, como principio general, cualquiera goza de capacidad
sucesoria.

Esta amplitud con que se establece la capacidad sucesoria se


concreta en que los requisitos exigibles al sucesor son mínimos:
prá cticamente, que tenga personalidad y que pueda ser
identificado (cfr. art. 750 CC), ya que ha de serle deferida la
herencia o el legado, en su caso.

4.2. LAS INCAPACIDADES ABSOLUTAS

El artículo 745 CC delimita esa amplitud con la que se concibe en


nuestro sistema sucesorio quien puede ser sucesor. Lo que
establece no es, desde luego, un elenco muy numeroso, ya que se
reduce a “Las criaturas abortivas, entendiéndose tales las que no
reú nan las circunstancias expresadas en el artículo 30”, y a “Las
asociaciones o corporaciones no permitidas por la ley”. En ambos
supuestos quizá no sea muy correcto hablar de incapaces
absolutos, ya que má s que ante sujetos incapaces nos
encontramos ante realidad eso entes carentes de personalidad.
Es ésta, sin embargo, la terminología usada de forma
generalizada por nuestra doctrina, probablemente para
diferenciarlas de las incapacidades relativas. Veamos estos
supuestos con un poco má s de detalle.

a) El nasciturus como sucesor

Se trata de un supuesto perfectamente admitido. La previsió n del


artículo 29 CC, en el sentido de que al concebido pero no nacido
se le tiene por nacido para todos los efectos que le sean
favorables, permite considerarle como sucesor. Se tratará , desde
luego, de un llamamiento condicionado a que reú na los requisitos
que en el artículo 30 CC se exigen para ser persona.
Estas normas, aunque se
b) El nondum conceptus como sucesor ocupan sobre todo de
arbitrar medidas para
La posibilidad de que sean llamados a la herencia los que ni evitarla suposició n del
parto o el fingimiento de
siquiera han sido concebidos (nondum concepti) ha sido muy
condiciones de viabilidad
debatida en la doctrina, con opositores muy convencidos, si bien del nacido, tendrían el
ha recibido un claro respaldo jurisprudencial. propó sito de proteger los
intereses (los má s
Razones, en una lectura muy estricta y formalista de algunos inmediatos, los de cará cter
preceptos del CC, no faltan para negar esta posibilidad. El artículo hereditario) de un nuevo
sujeto, concebido y aú n no
29 CC es claro en el sentido de que la personalidad existe a partir
nacido.
del nacimiento, algo que só lo se excepciona para el nasciturus
como acabamos de ver, que no deja de tener cierta existencia
(materialmente hablando). A este precepto debe unirse, ya en
sede sucesoria, el artículo 758 CC que presupone la existencia del
sucesor, heredero o legatario, para calificar su capacidad.

No obstante, los argumentos doctrinales y jurisprudenciales a


favor de que el no concebido pueda ser sucesor tampoco carecen
de solidez. Para sus partidarios, en este supuesto existiría un
llamamiento de cará cter condicional, siéndole de aplicació n los
artículos 801 a 804 CC, en los que se confía al resto de herederos
instituidos sin condició n la administració n de los bienes de la
herencia.
Junto a la posibilidad,
c) Las fundaciones testamentarias como sucesoras
tradicional y expresamente
reconocida, de que las
Una prá ctica muy habitual —en determinadas sucesiones, no
fundaciones puedan
quiere decir que sea algo muy extendido— es la previsió n de la constituirse mortis causa
constitució n de una fundació n en un testamento y que ésta figure (art. 9 LF), resulta
en dicho testamento entre los llamados a la herencia. El indiscutible que las
problema que suscita este supuesto es la inexistencia de la fundaciones pueden ser
sucesoras. De ello da cuenta
persona —en este caso, jurídica—, llamada como sucesor en el el artículo22 LF cuando
momento de la apertura de la sucesió n. Esta posibilidad había establece que“1. La
sido admitida por la doctrina y la jurisprudencia, valiéndose de aceptació n de herencias por
argumentos un tanto forzados como considerar que la fundació n las fundaciones se
entenderá hecha siempre a
así constituida nace en el mismo momento de la apertura de la
beneficio de inventario. Los
sucesió n. El argumento má s difundido entre la doctrina patronos será n
(extensible también a asociaciones y sociedades) sería la responsables frente a la
aplicació n por analogía a este supuesto de las normas que fundació n de la pérdida del
beneficio de inventario por
protegen los derechos del concebido pero no nacido, algo que
los actos a que se refiere el
equivaldría a otorgar al llamamiento a la sucesió n de una artículo 1024 del Có digo
fundació n un cará cter condicional. Sea como fuere, siempre se ha Civil. 2. La aceptació n de
sobreentendido la admisibilidad de este supuesto, lo que se legados con cargas o
habría visto confirmado en la nueva regulació n de las donaciones onerosas o
remuneratorias y la
fundaciones de cará cter estatal. Tanto la Ley de Fundaciones de
repudiació n de herencias,
1994 como laque la deroga, la vigente Ley 50/2002, de 26 de donaciones o legados sin
diciembre, de fundaciones, proporcionan argumentos, muy cargas será comunicada por
generales desde luego, pero suficientes para sostener esta el Patronato al
Protectorado en el plazo
posibilidad.
má ximo de los diez días
há biles siguientes,
d) Las asociaciones en fase de constitució n como sucesoras
pudiendo éste ejercer las
acciones de
La Ley Orgá nica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del derecho
responsabilidad que
de asociació n, no se ocupa expresamente de la asociació n en fase correspondan contra los
de constitució n (con independencia de la referencia a la patronos, si los actos del
asociació n no inscrita en su art. 10. 4). No se advierte nada, como Patronato fueran lesivos
para la fundació n, en los
es previsible, sobre la posibilidad de que una asociació n en dicha
términos previstos en esta
fase pueda ser sucesora, como heredera o legataria. No hay nada, Ley”.
debe deducirse, que lo impida.

Como se sabe, la existencia (jurídica) de las asociaciones no depende de su


inscripció n en el registro correspondiente, sino que basta para ello la
manifestació n formal dela voluntad de los promotores de la asociació n
constituyéndola (art. 5 LODA).Desde ese instante, existe la asociació n y
puede ser por tanto sucesora. Obviamente, una asociació n constituida pero
no inscrita no goza delas ventajas que proporciona su inclusió n en el
registro de asociaciones, como puede ser la prueba misma de su existencia.
4.3. LAS INCAPACIDADES RELATIVAS

El CC prevé una serie de prohibiciones de suceder por medio de


testamento que afectan a sujetos que, por su relació n o
vinculació n con el testador, han podido influir en la elaboració n y
sentido de las disposiciones contenidas en ese testamento. Es
opinió n generalmente aceptada que el propó sito del CC ha sido
no dejar abierta la posible impugnació n de testamentos en los
que pueda sospecharse que ha existido una captació n de la
voluntad del causante.

Las características de estas incapacidades serían:

a) Debe insistirse en que estas incapacidades só lo operan en la


sucesió n testamentaria. La existencia de un testamento es
presupuesto para la configuració n de cada uno de estos casos de
incapacidad.

b) Por otro lado, su configuració n legal y objetiva, hace que no


sean susceptibles de ser perdonadas. Entre otras cosas porque el
incapaz de suceder no resulta culpable de una conducta. De lo
que se trata precisamente es de evitar la sospecha de que dicha
conducta haya podido tener lugar.

c) Su cará cter relativo y no general: el incapaz de suceder por


testamento en estos casos lo es relativamente, es decir, respecto
de ese testador, pero no necesariamente respecto de otros.

En concreto, resultan ineficaces las disposiciones testamentarias


adoptadas en favor de los siguientes sujetos, concurriendo las
circunstancias que se describen para cada uno de los supuestos:

a) Los ministros religiosos. Artículo 752 CC: “No producirá n


efecto las disposiciones testamentarias que haga el testador
durante su ú ltima enfermedad en favor del sacerdote que en ella
le hubiese confesado, de los parientes del mismo dentro del
cuarto grado, o de su iglesia, cabildo, comunidad o instituto”.

b) Los tutores o curadores. Artículo 753 CC: “Tampoco surtirá


efecto la disposició n testamentaria en favor de quien sea tutor o
curador del testador, salvo cuando se haya hecho después de
aprobadas definitivamente las cuentas o, en el caso de que no
tuviese que rendir cuentas, después de la extinció n de la tutela o
curatela. Será n, sin embargo, vá lidas las disposiciones hechas en
favor del tutor o curador que sea ascendiente, descendiente,
hermano, hermana o có nyuge del testador”.

c) Los Notarios y testigos. Artículo 754 CC: “El testador no podrá


disponer del todo o parte de su herencia a favor del Notario que
autorice su testamento, o del có nyuge, parientes o afines del
mismo dentro del cuarto grado con la excepció n establecida en el
artículo682. Esta prohibició n será aplicable a los testigos del
testamento abierto, otorgado con o sin Notario. Las disposiciones
de este artículo son también aplicables a los testigos y personas
ante quienes se otorguen los testamentos especiales”.

d) La persona incapaz. Artículo 755 CC: “Será nula la disposició n


testamentaria a favor de un incapaz, aunque se la disfrace bajo la
forma de contrato oneroso o se haga a nombre de persona
interpuesta”.

4.4. LA INDIGNIDAD PARA SUCEDER

Inmediatamente después de las incapacidades relativas, el CC


regula la indignidad para suceder. É sta, tal y como se concibe en
el CC, supone una auténtica eliminació n como sucesores de
aquellos que tendencialmente tendrían derecho a heredar al
causante, pero que cometen contra éste un acto de especial
gravedad.

El artículo 756 CC establece el listado de indignos:

“Son incapaces de suceder por causa de indignidad:

1º. El que fuera condenado por sentencia firme por haber


atentado contra la vida, o a pena grave por haber causado
lesiones o por haber ejercido habitualmente violencia física o
psíquica en el á mbito familiar al causante, su có nyuge, persona a
la que esté unida por aná loga relació n de afectividad o alguno de
sus descendientes o ascendientes.

2º. El que fuera condenado por sentencia firme por delitos contra
la libertad, la integridad moral y la libertad e indemnidad sexual,
si el ofendido es el causante, su có nyuge, la persona a la que esté
unida por aná loga relació n de afectividad o alguno de sus
descendientes o ascendientes. Asimismo el condenado por
sentencia firme a pena grave por haber cometido un delito contra
los derechos y deberes familiares respecto de la herencia de la
persona agraviada. También el privado por resolució n firme de la
patria potestad, o removido del ejercicio de la tutela o
acogimiento familiar de un menor o persona con la capacidad
modificada judicialmente por causa que le sea imputable,
respecto de la herencia del mismo.

3º. El que hubiese acusado al causante de delito para el que la ley


señ ala pena grave, si es condenado por denuncia falsa.

4º. El heredero mayor de edad que, sabedor de la muerte violenta


del testador, no la hubiese denunciado dentro de un mes a la
justicia, cuando ésta no hubiera procedido ya de oficio. Cesará
esta prohibició n en los casos en que, segú n la ley, no hay la
obligació n de acusar.

5º. El que, con amenaza, fraude o violencia, obligare al testador a


hacer testamento o a cambiarlo.

6º. El que por iguales medios impidiere a otro hacer testamento,


o revocar el que tuviese hecho, o suplantare, ocultare o alterare
otro posterior.

7º. Tratá ndose de la sucesió n de una persona con discapacidad,


las personas con derecho a la herencia que no le hubieren
prestado las atenciones debidas, entendiendo portales las
reguladas en los artículos 142 y 146 del Có digo civil”.

La indignidad se concibe como un subtipo de ineficacia relativa.


De ella y de su regulació n en el CC interesa destacar algunos
extremos:

En primer lugar, la indignidad para no afecta só lo a la sucesió n


testamentaria sino a cualquier tipo de sucesió n (legitimaria,
testada o intestada). Expresamente, el artículo 914 CC establece
que “Lo dispuesto sobre la incapacidad para suceder por
testamento es aplicable igualmente a la sucesió n intestada”.

En segundo lugar, la indignidad tiene cará cter relativo, en el


sentido de que el indigno lo es respecto de un causante y nada
impide que pueda heredar a otros.

En tercer lugar, existe la posibilidad de rehabilitar al indigno. El


causante puede perdonar al indigno, tá cita o expresamente, de
acuerdo con lo previsto en el artículo 757 CC:“ Las causas de
indignidad dejan de surtir efectos si el testador las conocía al
tiempo de hacer testamento, o si habiéndolas sabido después, las
remitiere en documento pú blico”.

5. LA DINÁMICA DEL PROCESO SUCESORIO

La sucesió n mortis causa no se desarrolla en un instante sino que


se inserta en todo un proceso, en el que pueden distinguirse una
serie de fases o momentos, identificables y diferenciados
conceptualmente, a pesar de que algunos de ellos puedan
coincidir en el tiempo. Existe bastante acuerdo en la doctrina a la
hora de establecer cuá les sean estas fases del proceso sucesorio,
al menos en términos generales, ya que siempre existirá n
matices de un autor a otro (en algú n caso especialmente
acusado). De este modo suelen diferenciarse como tales: la
apertura de la sucesió n, la vocació n a la herencia, la delació n de
la herencia y la adquisició n de la herencia.
No existe en nuestro CC un
Obviamente esta descripció n es muy generalista. En algunas de precepto que recoja en su
estas fases pueden distinguirse, a su vez, algunos momentos totalidad el proceso
sucesorio tal y como acaba
singulares e identificables de manera diferenciada. Estos se dan
de describirse. Ni siquiera
sobre todo en las dos ú ltimas fases, en la delació n y en la este proceso aparece
adquisició n. Así, hay que referirse a la aceptació n, que se produce descrito en un grupo má s o
(o no: cabe la renuncia) tras la delació n, es decir, tras el menos cerrado de
llamamiento a la herencia, y mediante la cual el llamado preceptos. Por mucho que
siempre se haya dicho que
manifiesta que efectivamente accede a convertirse en heredero. las leyes —especialmente
Mientras esto sucede, en tanto los herederos no se pronuncian a los Có digos— no está n para
favor de la aceptació n de la herencia, ésta se encuentra yacente y ello, hay ocasiones en que
en administració n: es la situació n conocida como herencia se echa de menos —y ésta
sería una de ellas— cierto
yacente. La circunstancia de que exista un heredero o una
afá n o propó sito definitorio.
pluralidad de herederos, es importante ya que en este caso Debe procederse a la
deberá procederse a la partició n o reparto de dichos bienes recomposició n de este
hereditarios. Tras ello, deberá procederse ala adjudicació n de los proceso sucesorio,
bienes hereditarios, a la asignació n de estos al heredero o debiendo para ello localizar
previamente los preceptos
herederos. Esta operació n no es sencilla ni automá tica por lo que dispersos en los que se
durante un periodo existirá lo que se denomina comunidad regulan estas diversas fases
hereditaria. o momentos.

Apertura (Herencia yacente) → Vocación → Delación →→ Aceptación


(Renuncia) → Adquisición → Comunidad hereditaria → Partición →
Adjudicación

5.1. LA APERTURA DE LA SUCESIÓN

La apertura de la sucesió n se produce con la muerte del sujeto de


cuya sucesió n se trata. El artículo 657, el primero que el CC
dedica a las sucesiones, es claro a este respecto: “Los derechos de
una persona se transmiten desde el momento de su muerte”. El
artículo 659 CC se ocupa inmediatamente de delimitar que se
transmite exactamente: los bienes, derechos y obligaciones del
causante que no extinguen por su muerte.

La muerte, que como sabemos supone la extinció n de la


personalidad (art. 32 CC), no es el ú nico hecho determinante de
la apertura de la sucesió n. También la declaració n de
fallecimiento tiene como efecto, entre otros, la apertura de la
sucesió n (art. 196.1º CC), si bien, como hemos visto, ésta no se
desenvuelve exactamente igual que la sucesió n producida por la
muerte. El legislador es consciente de que frente a ésta la
declaració n de fallecimiento es una presunció n de muerte, que
puede ser destruida con la reaparició n del fallecido o por la
simple noticia (probada) de su existencia. Ello aconseja la
adopció n de algunas cautelas, ya indicadas, entre lasque destaca
que los herederos no puedan disponer a título gratuito de lo que LASARTE Á LVAREZ recurre
obtengan de la sucesió n hasta cinco añ os después de la a una conocida admonició n
declaració n de fallecimiento (art. 196.2º CC),o que deba religiosa para ilustrar la
funció n de la vocació n
transcurrir el mismo plazo para que se proceda a la entrega de
hereditaria en el proceso
los legados, no teniendo antes tampoco los legatarios derecho a sucesorio:“muchos son los
exigir su entrega (art. 196.3º CC). llamados, pero pocos los
escogidos”. En efecto, los
5.2. LA VOCACIÓN A LA HERENCIA. DERECHO DE llamados pueden ser má s
REPRESENTACIÓN Y DERECHO DE ACRECER. sujetos que aquellos que
definitivamente se
La vocatio ha de traducirse literalmente como llamada o conviertan en herederos.
Esta posible reducció n del
invitació n. La vocació n a la herencia permite identificar quienes
elenco definitivo de
son las personas llamadas a convertirse en herederos. Quiénes herederos respecto de los
sean exactamente los llamados, es decir, los posibles herederos, que inicialmente son objeto
depende de las disposiciones testamentarias que puedan existir o de llamamiento—todos
aquellos (señ ala este autor)
de las reglas de la sucesió n intestada o, en su caso, de ambas
que por su relació n con el
conjuntamente. Obviamente, el presupuesto para todos ellos es causante pueden tener una
que tengan la capacidad para suceder que, como hemos visto, es expectativa má s o menos
predicable de todos ya quela ley, a la que se remite el artículo lejana de llegar a ser sus
744 CC, no incapacita de modo absoluto a ningú n sujeto. herederos, testamentarios
o abintestato— puede
El proceso sucesorio no está exento —como sería deseable— de deberse a que el testador
haya establecido algú n tipo
ciertas vicisitudes, a las que tal vez resulte exagerado otorgarles
de sustitució n entre ellos o
la consideració n de extraordinarias, calificativo que puede dar a a que haya sometido la
pensar que no son normales cuando no es así. Y es que no debe institució n a condició n.
considerarse anormal el hecho de que siendo varios los llamados, También cabe, en la
sucesió n abintestato, que el
uno de ellos no pueda heredar porque muera con anterioridad al
CC llame como sucesores a
causante o porque sea incapaz para ello. Hay que resolver el diversos parientes que
problema que plantea de qué hacer con la porció n de herencia pueden manifestar de
que deja vacante. Las opciones son dos, bastante contrapuestas forma sucesiva si aceptan o
entre sí: o bien atribuir la porció n que queda vacante al resto de no la herencia.

los herederos (a través del llamado derecho de acrecer), o bien


permitiendo que se subroguen en el lugar del llamado que no
llega a heredar ciertos parientes de éste (por medio del derecho
de representació n).
El art. 983 CC completa el
art. 982 sobre el
A) Derecho de acrecer
llamamiento conjunto al
establecer: “Se entenderá
El derecho de acrecer, de origen romano y regulado en los
hecha la designació n por
artículos 981 a 987 CC, tiene su presupuesto en el hecho de que partes só lo en el caso de
el testador distribuya la herencia entre varios herederos. Si uno que el testador haya
de ellos no llega a adquirir la herencia, la porció n que deja determinado expresamente
vacante, acrece a los demá s, es decir, aumenta sus respectivas una cuota para cada
heredero. La frase «por
porciones hereditarias. Este presupuesto del derecho de acrecer mitad o por partes iguales»
es lo que se denomina llamamiento conjunto(o conjunció n). u otras que, aunque
designen parte alícuota, no
Los requisitos que deben darse para que tenga lugar el derecho fijan ésta numéricamente o
de acrecer son dos, segú n el artículo 982 CC: por señ ales que hagan a
cada uno dueñ o de un
cuerpo de bienes separado,
no excluye el derecho de
acrecer”.
ALBALADEJO denomina a
– Que exista un llamamiento conjunto (art. 982, 1º CC.“Que dos o este llamamiento conjunto,
má s sean llamados a una misma herencia o a una misma porció n sin especial designació n
de ella, sin especial designació n de partes”). departes, que se produce
por voluntad del testador,
– Que quede vacante alguna de las porciones de la herencia, institució n solidaria. El
testador designa a varios
porque uno de los llamados no pueda o no quiera aceptar ésta herederos, de modo que
(art. 982.2º CC: “Que uno de los llamados muera antes que el todos está n llamados
testador, o que renuncie a la herencia, o sea incapaz de (potencialmente)al todo.
recibirla”).

La sucesió n en la que tiene lugar el derecho de acrecer es, como


hemos visto, la sucesió n testamentaria. Lo que se ha discutido — La expresió n del CC —“sin
intensamente, de nuevo— es que este derecho pueda invocarse especial designació n de
partes” (art. 982 CC) o
en la sucesió n intestada, así como respecto de la legítima y de la
cuando debe entenderse
mejora. ésta. “só lo en el caso de que
el testador haya
Con relació n al derecho de acrecer en la sucesió n intestada, el determinado expresamente
planteamiento comú nmente aceptado es la inaplicació n en ésta una cuota para cada
del derecho de acrecer (ya que juega la regla de que el pariente heredero” (art. 983 CC)—
de grado má s pró ximo excluye al má s remoto, salvo que opere el no es desde luego muy
afortunada, especialmente
derecho de representació n). Y esta opinió n se mantiene a pesar cuando se trata de aclarar
de que el artículo 981 CC expresamente se refiere a este tipo de en qué sucesiones puede
sucesió n como escenario del derecho de acrecer: “En las tener lugar el derecho de
sucesiones legítimas la parte del que repudia la herencia acrecerá acrecer. Se trata de saber si
el testador deja a todos los
siempre a sus herederos”. La solució n dada por la generalidad de
herederos un cuerpo ú nico
nuestra doctrina resulta un tanto artificiosa: se entiende que en de bienes o varios cuerpos
la sucesió n intestada má s que derecho de acrecer lo que hay es distintos, uno para cada
acrecimiento, el cual tiene lugar por las reglas propias de este uno de estos. La duda surge
tipo de sucesió n. cuando, por ejemplo, el
testador dispone que sea
Ejemplo de derecho de acrecer en la sucesión intestada para A mi coche, para B mi
piso en la playa y para C el
A fallece. No tiene má s parientes que tres hermanos: B, C y D. Al morir sin testar, dinero de mi cuenta
son llamados sus tres hermanos a sucederle. C repudia la herencia, por lo que su bancaria. En este supuesto,
parte, su tercera parte, se suman a las que recibían B y D. Estos terminan hay quien sostiene
heredando por mitad a A. (ALBALADEJO) que debe
entenderse como una
Por lo que se refiere al derecho de acrecer respecto de la legítima institució n conjunta, sin
especial designació n de
y de la mejora, es una cuestió n que se aborda en el artículo 985
partes. Para buena parte de
CC: “Entre los herederos forzosos el derecho de acrecer só lo
la doctrina se trata en
tendrá lugar cuando la parte de libre disposició n se deje a dos o definitiva de interpretar la
má s de ellos, o a alguno de ellos y a un extrañ o. Si la parte voluntad del testador.
repudiada fuere la legítima, sucederá n en ella los coherederos
por su derecho propio y no por el derecho de acrecer”.

B) Derecho de representació n

El derecho de representació n se regula en los artículos924 a 929


CC. El primero de ellos —algo no muy habitual en nuestro CC— lo
define como “el que tienen los parientes de una persona para
Frente a este
planteamiento, LACRUZ
sucederle en todos los derechos que tendría si viviera o hubiera BERDEJO muestra una
podido heredar”. Esta definició n nos denota el á mbito propio del opinió n distinta y bastante
derecho de representació n como es la sucesió n intestada (sin convincente, en el sentido
olvidar que su regulació n se contiene en el capítulo dedicado a de que si el derecho de
acrecer tiene un origen
este tipo de sucesió n).
legal, la clave está no en la
interpretació n de la
Los presupuestos para la aplicació n del derecho de
voluntad del testador sino
representació n son los siguientes: en la interpretació n de la
norma que lo establece. La
a) Que el llamado a la herencia no pueda heredar por interpretació n de ésta, en
premoriencia o indignidad (arts. 924 y 929 CC). Este presupuesto su opinió n, es claramente
tiene, no obstante, una excepció n, prevista en el artículo 923 CC, desfavorable a que pueda
existir acrecimiento cuando
como es que el llamado repudie la herencia. En este caso entra en
las porciones sucesorias
juego lo previsto en dicho precepto, en el sentido de que heredan son definitivamente
“los de grado siguiente por su propio derecho y sin que puedan distintas (ejemplo: cuando
representar al repudiante”. el testador llama a Julio a la
mitad de la herencia y a
b) Que cumpla alguno (o varios) de los parientes del llamado Pablo a la séptima parte de
ésta).
(que no sucede) los requisitos de parentesco previstos en el
artículo 925 CC, bá sicamente ser descendiente (nunca
ascendiente), o, en la línea colateral, ser hijo de uno de los
hermanos en concurrencia con sus tíos.

c) Que quienes ejercitan el derecho de representació n sobrevivan


al causante y no incurran en causa de indignidad.

Al igual que con respecto al derecho de acrecer, con relació n al de


representació n también se plantea el que pueda operar en otras
sucesiones, en este caso, distintas de la intestada. En concreto, se
valora la existencia del derecho de representació n tanto en la
sucesió n testamentaria como en la sucesió n forzosa.

5.3. LA DELACIÓN DE LA HERENCIA (IUS DELATIONIS). EL


DERECHO DE TRANSMISIÓN (O IUS TRANSMISSIONIS)

Directamente relacionada con la vocació n, hasta el punto que


puede confundirse con ella, existe otra fase del proceso sucesorio
llamada delació n de la herencia o ius delationis. Para que aquél
que ha sido llamado a la herencia, como candidato a convertirse
en heredero, llegue efectivamente a serlo, debe procederse a
realizarle el ofrecimiento concreto de ésta. Será el momento para
que el llamado manifieste si acepta o no la herencia deferida.

Vocació n y delació n no tienen porqué coincidir de forma


obligatoria en el mismo momento. Existen supuestos en los que
necesariamente ambas se desenvuelven en momentos distintos:
primero se produce el llamamiento y posteriormente la delació n,
el ofrecimiento concreto de la herencia para que sea aceptada o
La STS 21 marzo 1968
(Tol4276582) nos ofrece
una buena descripció n de
no. Si lo es, el llamado se convierte en heredero, só lo o en unió n ambos sistemas histó ricos:
de otros. en el Derecho romano, en
sus primeros tiempos, la
Ejemplos de vocación y delación en momentos distintos adquisició n tiene lugar “ope
legis enel momento mismo
Los dos ejemplos que suele citar la doctrina como representativos de una del ó bitodel causante,
vocació n y una delació n que se producen en momentos distintos, no respecto a los herederos sui
coincidentes en el tiempo, son el llamamiento del concebido pero no nacido et necesarii, es decir de
(nasciturus) y el llamamiento de personas jurídicas —suelen citar se los quienes por hallarse
supuestos de la asociació n y la fundació n— en fase de constitució n. La sometidos a la potestad
posibilidad de que estos presujetos (o no sujetos todavía) puedan ser llamados patria o dominical del
a la herencia y ser posteriormente herederos es generalmente admitida por la causante, eran sus
doctrina, como hemos visto. inmediatos continuadores y
no podían rechazar la
Ejemplo: A recibe la terrible noticia de que le restan só lo tres meses de vida. La
herencia, a medida que fue
noticia es má s dramá tica dado que B, su mujer, está esperando otro hijo D, el
posible ya un frecuente
segundo después de su hijo C, nacido dos añ os antes. Con entereza, A realiza
instituir por testamento
testamento en el que instituye herederos a su mujer ya sus dos hijos. Un mes
heredero a un extrañ o,
má s tarde muere. La vocació n de la herencia se produce en B, C y D, todavía
resultó imprescindible
nasciturus. El ejercicio del ius delationis de D —que deberá realizarlo quien
subordinar la adquisició n
legalmente lo represente— só lo podrá tener lugar tras su nacimiento.
del título de heredero y del
derecho hereditario a la
Puede suceder, y no es anormal —otra cosa es que sea un caso
aceptació n del llamado, en
raro o no habitual—, que el llamado a la herencia muera después forma expresa —cretio,
del causante pero antes de manifestarse acerca de ésta, es decir, aditio— o tá cita —pro
antes de expresar si la acepta o no. Para resolver esta cuestió n heredegestio— dadas las
existe el derecho de transmisió n(o ius transmissionis). El ius responsabilidades que ser
heredero podía acarrear
delationis o derecho a aceptar o repudiar la herencia es organizá ndose en el
transmisible a los herederos del llamado. De esta posibilidad da Derecho intermedio como
cuenta el artículo 1006 CC.“Por muerte del heredero sin aceptar ú nico sistema el de los
ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo derecho que llamados heredes extranei
vel voluntarii no
él tenía”.
transmitiéndose la herencia
al heredero mientras no se
El supuesto de hecho —no muy habitual, pero no por ello
efectuaba la
imposible— que se encuentra en el origen del derecho de tradició n”;frente a éste, el
transmisió n queda má s claro si se identifican los sujetos que en el sistema germá nico parte
intervienen: “de que es la sangre, el
parentesco, lo que hace
– El causante de la herencia que se difiere al heredero(que puede heredero y de su
concepció n de la herencia
calificarse como intermedio) y que no es aceptada ni repudiada
como adquisició n del saldo
por éste antes de que fallezca favorable que pudiera
resultar luego de enjugadas
.– El transmitente, es decir, el fallecido sin aceptar ni repudiar la las deudas, prescinde de la
herencia, lo que trae como consecuencia que en su propia necesidad de la aceptació n,
herencia se integre, junto con el resto de su patrimonio, el ius entendiéndose que la
transmisió n de
delationis respecto de la herencia anterior.
titularidades del causante
al heredero se produce en
– El transmisario o heredero del transmitente, que como tal
el instante mismo de la
puede ejercitar el ius delationis del transmitente, aceptando o muerte sin solució n de
repudiando la herencia, lo que aquel no pudo hacer por fallecer continuidad a lo cual
con anterioridad. responden los principios
medievales.
Ejemplo

Juan fallece dejando como heredero a su hijo Eduardo. Poco después, este
muere sin haber llegado aú n a aceptar o a repudiar la herencia de Juan, su
padre. Los herederos de Eduardo son sus dos hijos, Miguel y Encarna. A estos se
les confiere en la herencia de su padre el derecho a aceptar o repudiar (ius
delationis) la herencia de su abuelo y no, como pudiera pensarse, los bienes de
ésta que componen dicha herencia, ya que estos nunca llegaron a ingresar en el
patrimonio de su padre. Sí lo hizo, en cambio, el derecho de éste a repudiarla o a
aceptarla.

El ius transmissionis se aplica tanto a la sucesió n testada como a


la intestada. No rige, en cambio, respecto de los legados. É stos se
adquieren automá ticamente, sin necesidad de aceptació n. El
beneficiario de un legado (o legatario) que fallece ha adquirido ya
del primer causante, por lo que el transmisario no recibe un ius
delationis sino el bien o el derecho que hubiese ingresado en el
patrimonio del transmitente.

5.4. LA ADQUISICIÓN DE LA HERENCIA

La adquisició n de la herencia se produce una vez que el llamado


lleva a cabo, tras la delació n, su aceptació n. De este modo, entre
la delació n y la adquisició n media un lapso de tiempo, má s o
menos largo, en el que tiene lugar esta ú ltima. En esa fase,
caracterizada por la inexistencia de sucesor, la herencia se
encuentra yacente.

Ejemplo

Fallece A teniendo como sucesor a su ú nico hijo B. Posteriormente muere


también B sin haber aceptado ni repudiado la herencia de A. D, hijo y sucesor de
B, será llamado a la herencia de éste (B) y recibe también el derecho que poseía
a aceptar o repudiar la herencia de A. En cambio si el fallecimiento de B se
produce una vez que ha aceptado la herencia de A, los bienes que recibe de este
integran su patrimonio(o el derecho a percibirlos) forman parte de la herencia a
la que es llamado D y sobre la que tendrá que manifestar su aceptació n o
repudiació n.

Hay que aclarar que este sistema de adquisició n de la herencia se


corresponde al modelo existente en el Derecho romano. La
alternativa, planteada en animada polémica por nuestra doctrina
a partir de los añ os cuarenta del siglo pasado, es la llamada tesis
germanista. El sistema del Có digo civil alemá n difiere del sistema
romano en el hecho de quela herencia pasa automá ticamente,
ipso iure, del difunto al heredero con la misma apertura de la
sucesió n, sin que sea necesaria la aceptació n. É sta opera
posteriormente, a modo de confirmació n de la adquisició n ya
realizada, o, desde otra perspectiva, la aceptació n, segú n el
planteamiento germanista, representaría una renuncia del
derecho a repudiar la herencia.
La polémica tiene mucho de artificioso, dada su poca
trascendencia prá ctica. Sea como fuere, la mayoría se adhiere al
planteamiento romanista de que la herencia se adquiere por la
aceptació n. Se cuenta para ello con argumentos contundentes y
suficientes —entre otros, los antecedentes histó ricos— para
rechazar que la aceptació n, como sostienen los germanistas, sea
una simple renuncia del derecho a repudiarla herencia.

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