¿QUÉ HACEMOS CON PAPÁ?
(O el drama de la eutanasia)
EUTANASIA.
Dirección y narración: Kevin C. Clemente
Ch. Personajes del drama:
Jesús De la Haza: es un anciano de 80 años. Yace moribundo en un hospital. Los analgésicos han
conseguido reducirle los dolores de su enfermedad. Los médicos le prestan los auxilios normales para
los enfermos que se encuentran en su situación. Prevén que puede morir dentro de una semana... o
de dos meses.
Mamá María: esposa del Sr. De la Haza.
Alexander De la Haza: el hijo mayor. Abogado de profesión.
Joseph De la Haza: segundo hijo.
José De la Haza :Tercer hijo
Dr. Berrios: Médico tratante del Sr. Jesús.
Se quito a Adolfo de la Haza
*La acción se desarrolla en un país en el que está legalizada la eutanasia.
PRIMERA ESCENA
Sala de estar de la casa de Jesús y María. Puerta entreabierta en el foro. Los tres hijos en escena. Es
de noche. Acaban de estar con su padre en el hospital.
Alexander: Bueno, creo que tenemos que plantearnos seriamente qué haremos con papá.
Joseph: Tienes razón. A mí me da muchísima pena verlo así. Apenas puede hablar. Y los dolores,
a veces, son bastante fuertes... Es una situación absurda.
Alexander: Es casi un vegetal.
Joseph: Si todavía fuese un vegetal... Pero siente el dolor. Debe ser duro estar en su lugar. Y lo bueno
es que podemos ahorrarle ese sufrimiento...
José: Supongo que no estarás pensando...
Alexander: En la eutanasia... Sí, ¿por qué no decirlo? A mí me parece la mejor
solución. José: ¡Ni hablar!
Joseph: Por supuesto. Se trata de su bien. Estar como está él es muy lastimoso. A mí me da
mucha pena, me da lástima, no soporto verlo así... Creo que le haríamos un gran bien
ayudándole a morir dignamente. Claro que, por otra parte, es una decisión difícil...
José: Ayudarle a morir dignamente... Hablemos claro: se trata de si debemos matar a nuestro padre.
Eso sí, por compasión... Un tierno sentimiento que justifica un crimen.
Joseph: (Escandalizado) ¡Pero, ¿qué dices?!
Alexander: No seas bruto, José. No consiento que digas eso. Nadie está pensando en matar. ¿O es que
somos una banda de asesinos? Somos personas normales. Todos tenemos nuestra carrera
universitaria y un trabajo digno en la sociedad. A veces hablas sin pensar, y no te das cuenta de que
puedes herir a los demás. Estamos hablando de ayudar a morir a nuestro padre y de evitar que sufra
innecesariamente.
José: Eso es lo curioso. ¿Cómo es que unas personas tan cultas, con estudios universitarios, pueden
ser tan ciegas para no ver que eso es una barbaridad? Nosotros no somos dueños de su vida
para decidir, como si fuésemos Dios, si se la quitamos o se la dejamos.
Alexander: Por supuesto. Tendríamos que hablar con él y preguntarle.
José: ¡Vaya panorama a la hora de la muerte! Es para morirse del susto y de pena: ¡Tus hijos
preguntándote si te parece bien que te quitemos la vida, papá, porque, ¿sabes?, papá, en el fondo nos
molestas!
Joseph: (Irritado) No, papá no nos molesta. No se trata de eso. Se trata de que no sufra. Se trata de
eliminar sus molestias. Si tú estuvieras en su lugar, no sé qué harías. Es muy fácil hablar cuando uno
está perfectamente sano, pero cuando estás sufriendo y no sabes cuánto tiempo te queda
porque puedes pasar así días y días... Dime, ¿de qué le sirve a papá estar así? No tiene ningún
sentido estar sufriendo para nada.
Alexander: (Lo que pasa es que José -lo sabemos todos muy bien, y lo comprendemos-, tiene ciertos
prejuicios religiosos. No, no te molestes, José. Yo también los tuve y sé lo que es eso. Pero, en
fin, ahora me he liberado de esas cosas y veo la vida de modo más objetivo. Tú has seguido con tus
prácticas religiosas y con las ideas que te inculcaron en el colegio parroquial. Y por eso te parece
que la eutanasia es un pecado mortal contra el quinto mandamiento, etc., etc. Amén.
José: Tus creencias... Hablas de mis creencias como si fueran prejuicios o supersticiones. Yo no
rechazo la eutanasia basada en creencias ni en prejuicios, ni mucho menos en supersticiones. Es una
cuestión elemental de justicia. No tenemos ningún derecho a suprimir la vida de nuestro padre.
Tampoco se trata de alargarle la vida poniendo todo tipo de medios. Lo que tenemos que hacer
es poner los medios médicos normales, tratar de reducirle sus sufrimientos, y acompañarle todo lo
que podamos para que vea el cariño que le tenemos.
Joseph: Aunque le den calmantes para el dolor, siempre sufrirá al verse así, inútil, sin poder
hacer nada. Y a mí me parece que eso es injusto. Dejar que siga sufriendo inútilmente es injusto.
Alexander: Mira, José, lo justo y lo injusto lo dicen los códigos de derecho. Y como sabes, desde hace
dos años, es perfectamente justo en este país recurrir a la eutanasia en ciertas condiciones...
José: Puede ser legal, pero no es justo.
Alexander: José, se trata de una ley democrática. Ha habido un referéndum, y la mayoría ha votado
que sí a la eutanasia.
José: No deja de ser una injusticia aunque todo el mundo vote a favor. La justicia en este asunto no
depende del número de votos.
Joseph: Eres poco humilde, José. Los demás siempre estamos equivocados. Eres tú el que siempre
tiene razón. Deberías desconfiar un poco más de tus propias convicciones...
Alexander: Mira, José, piensa un poco. ¿No te parece que es una injusticia dejar así a nuestro padre,
con esos dolores, sólo porque no estás dispuesto a ceder en tus ideas, o por no querer que la
conciencia te remuerda?
Joseph: Eso sí que me parece egoísmo...
José: Me parece muy interesante su planteamiento. Yo defiendo la vida de mi padre porque soy malo,
orgulloso, dictatorial, fanático, religioso y egoísta. Ustedes, en cambio, quieren matarlo porque son
buenos, humildes, cariñosos y, además, democráticos.
Joseph: Bueno, falta mamá. Habría que contar con ella.
Alexander: Será mejor no decirle nada. No es necesario que se entere. Ya sabes que es una mujer
muy chapada a la antigua y es capaz de poner el grito en el cielo.
SEGUNDA ESCENA
Entra María, la esposa de Jesús y madre de los cuatro, que ha escuchado su conversación detrás de la
puerta. Trae una carta en la mano.
María: (Sonriendo cándidamente, como si no hubiese escuchado la conversación de sus hijos). ¡Ah,
perdonen que los interrumpa...! Es que ahora que están aquí los cuatro creo que puede ser el
momento para leeros esto.
Alexander: ¿De qué se trata, mamá?
María: No sé si acuerdan de su tío Carlos, el que está en los Estados Unidos...
Alexander: Sí, claro, ¿cómo no nos vamos a acordar?
María: El pobre está muy mal. Los médicos le dan tres meses de vida. Tiene un cáncer incurable. Me
lo cuenta todo en esta carta, que recibí hace una semana. Entre otras cosas me dice que deja toda su
herencia a su padre. Debe ser una gran fortuna... Como saben, el pobre no ha tenido hijos, y su mujer
murió hace años. Es una gran suerte para ustedes, hijos míos, porque de su padre pasará a ustedes,
claro. Lo único que me advierte es (¡qué tontería!) que su padre heredará si el sobrevive.
¿Comprenden, hijos? (Como si lo estuviese explicando a unos niños pequeños). Es decir, si cuando
muera su tío Carlos, su padre todavía debe vivir. En caso contrario, deja toda su herencia para causas
benéficas. Esperemos que su tío muera antes que su padre, porque si no me parece que se quedaran
sin nada...
Alexander: Eso sí que es una buena noticia...
María: Sí, pero a mí me surge una pequeña duda, queridos. Más bien diría que estoy en un
dilema agobiante. Por una parte deseo que su padre tarde en morir, para que ustedes hereden esa
fortuna. Pero, por otra, me da mucha pena su situación tan lastimosa, sus sufrimientos... Y no
sé si sería
preferible pedir a los médicos que acaben con ellos... Es decir, se trataría de proporcionarle una
muerte digna, una muerte feliz... En fin, que estoy en un mar de dudas y no sé qué hacer. Por
eso, quisiera que me den su opinión. ¿Tú qué opinas, Joseph, hijo?
Joseph: (Perplejo y nervioso) No sé, la verdad. Es una situación tan rara... que no sé qué decir.
María: ¿No te da pena tu padre?
Joseph: Sí, mucha pena.
María: Entonces tú opinas que es mejor...
Joseph: Bueno, no sé...
María: Tú también estás tan perplejo como yo, por lo que veo. ¿Y tú, Alexander, qué piensas tú?
Alexander: (Igualmente perplejo) No sé, mamá... Esto me coge por sorpresa...
María: Sí, realmente esto de las leyes es una cosa muy complicada. ¿Por qué no puede heredar
un muerto? Es una pena... Y tú, Adolfo, ¿tú que piensas? O tal vez será mejor que no me lo digas,
porque eres tan sincero que me vas a decir con toda claridad lo que sientes, no lo que debo hacer. En
fin, veo que no me aclaran mis dudas. De todas formas, si se les ocurre una solución, me llaman, ¿eh,
queridos? Buenas noches y hasta mañana.
TERCERA ESCENA
Posteriormente Alexander devuelve la llamada al hospital y es el Dr. Berrios quien responde
diciéndole que se acerquen lo más antes al nosocomio. La familia llega y el doctor los recibe.
Dr. Berrios: Buenas noches señores, lamento tener que informarles que la situación del Sr. Jesús está
cada vez peor, ya ningún fármaco le hace efecto. Y sinceramente es muy posible que de esta noche no
pase.
María: ¿Puedo ver a mi marido?
Dr. Berrios: Claro que si señora, pasen todos pero recuerden que él está muy grave.
José: Dr. Berrios... ¿Él ahora sufre?
Dr. Berrios: Sí joven y mucho... Lamento decirles eso pero es la verdad. Pasen por favor.
(La familia entra y ve a Jesús respirando lentamente).
Alex: Padre...
Jesús: He aquí mi familia... (Entre sonrisas)
Dr. Berrios: Bueno, los dejo en familia. Buenas noches. (Se retira)
María: Lamento que tengas que pasar por todo esto.
Jesús: (Habla tosiendo) Yo lamento que mi familia se reúna después de mucho solamente para verme
morir, pero en fin.
José: Perdónanos padre, la conveniencia y egoísmo nos albergó a todos.
Alexander: Creo que tu dinero era lo que más nos importó a pesar de que nosotros ya teníamos
suficiente dinero para vivir.
Jesús: Descuiden, sé cómo son mis hijos, de hecho pensé morir solo aquí, pero al menos están aquí.
Cuídalos aún, ellos parecen unos niños muy estúpidos (dirigiéndose a María). Espero y sus hijos no
hagan lo mismo con ustedes al igual que lo están haciendo conmigo...(empieza a toser fuerte
para luego hacer una pausa y sonreír, después mirar a todos y por último morir).
(María abraza muy fuerte a Jesús y lo besa llorando en silencio, sus hijos hacen lo propio).
FIN.
MENSAJE:
A veces, un relato o un drama nos impresionan más que un artículo o un ensayo. Ya que nos va representar
realmente como es que la eutanasia afecta a una familia o una persona, siendo un tema muy polémico y
más en nuestro país.
En conclusión este breve drama familiar ha desarrollado en todos una lúcida reflexión sobre la cuestión de
la eutanasia del propio padre.