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Techo de Cristal, una mirada hacia la discriminación laboral de género en
Colombia.
Ana María Beleño Ibáñez y Loaisy Andrea Sánchez Rodríguez.
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de La Guajira.
515365: Normas APA.
Prof. Tatiana Carolina Blanchar Martínez.
06 de octubre de 2023.
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La discriminación laboral de género es uno de los problemas sociales que ha
trascendido a través de la historia y que, pese a los avances y grandes esfuerzos por controlar
y derribar el muro de la desigualdad de género, la disconformidad en el ámbito laboral sigue
siendo una realidad en la sociedad actual, para muchas personas en todo el mundo,
especialmente para las mujeres. Esta forma de discriminación se puede presentar desde las
diferencias salariales entre hombres y mujeres, hasta la limitación de oportunidades para el
ascenso de puestos para las mujeres en comparación con sus colegas masculinos. Así, la
discriminación laboral de género es uno de los problemas sociales más antiguos que existe,
afectando individuos de todas las edades, razas y culturas en todo el mundo.
A lo largo de la historia, el papel de la mujer se le ha atribuido las tareas básicas del
hogar, contribuyendo la represión de sí misma para explotar su máximo potencial, y con ello, de
lograr desempeñar un cargo importante, gracias a los prejuicios sociales sobre quién debe
representar una empresa, y quién debe convertirla en una institución exitosa. Chávez y Ríos
(2014) afirman que “En el mercado laboral se evidencian diferentes factores de carácter
discriminatorios invisibles, que hacen que, a la hora de asignar un puesto o cargo, el empleador
se sesgue por perjuicios para ofrecer menor salario a las mujeres” (p.3). A esta limitación
imaginaria impuesta a la mujer para lograr alcanzar puestos importantes y representativos se le
llama Techo de Cristal, un tipo de discriminación laboral de género que ha marcado a la mujer
por siglos.
Este fenómeno social se refiere a la práctica de tratar a individuos de manera desigual o
injusta basándose en su género, lo que resulta en la negación de derechos, oportunidades y
acceso equitativo a diferentes elementos. Del mismo modo, a lo largo de la historia, las mujeres
han sido las principales víctimas de este tipo de discriminación, aunque también afecta a
personas de géneros diversos. Para la discriminación hacia la mujer en el ámbito laboral se le
acuñó el nombre de "techo de Cristal", término utilizado para hacer alusión a una barrera
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invisible que obstaculiza a la mujer a alcanzar cierto rango de poder y liderazgo por el simple
hecho de ser mujer, “El techo de cristal es una metáfora que existe para explicar la limitación
que existe en el ascenso laboral en las empresas en todo el mundo en diferentes grupos
demográficos” (Arias, 2018).
Debido a las altas cifras de mujeres con grados universitarios, y especializaciones, este
término nacido en los años ochenta, se ha vuelto un tema controversial dónde se refuta, o se
apoya la idea de si realmente se está atentando contra los derechos de las mujeres para
acceder al mercado laboral, devengar un salario digno y equitativo y posicionarse entre las
figuras representativas de una empresa.
En principio, todos y todas son iguales ante la ley y pueden promocionarse si han
adquirido la preparación necesaria para ejercer un puesto determinado. Si las mujeres
no alcanzan posiciones más relevantes la responsabilidad es suya. Pero, hoy en día,
resulta demasiado incoherente sostener que son poco inteligentes o que no tienen
determinadas habilidades cognitivas. Los éxitos académicos obtenidos por muchas
mujeres en carreras estereotipadamente masculinas han contribuido a romper este
tópico. Las explicaciones alternativas se vuelven contra ellas por el lado de los intereses
y motivaciones personales. Son las actitudes de las mujeres, y no sus aptitudes, las
principales responsables de un desarrollo profesional lento y deficitario (Sarrio et al.
2002, p.4).
En países del primer mundo o desarrollados, puede que la discriminación laboral de
género en la actualidad haya pasado a la historia, no obstante, en países subdesarrollados,
como Colombia, podría existir cierto estigma hacia la mujer y sus capacidades en el mercado
laboral, pues, si bien no existen estudios que describan formalmente el comportamiento de este
fenómeno, existen diversas investigaciones que arrojan conclusiones importantes sobre el
Techo de Cristal en Colombia. Aun cuando en dicho país, las mujeres registran un mejor
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desempeño estudiantil que los hombres, se ha asentado una gran brecha en cuanto a las
oportunidades laborales. Es así como, la investigación de González y Daza (2015) basados en
mujeres y hombres de toda Colombia y con diferentes rangos de edades, valida la siguiente
reflexión:
a) Las mujeres casadas entre 24 y 59 años con hijos menores de 16 años, tienden a
tener 10 veces menos participación laboral que los hombres casados con hijos; b). Las
mujeres de cualquier rango de edad que no tienen una educación superior completa
tienden a tener menor participación en el mercado laboral que los hombres con una
educación secundaria no finalizada; y c). La dependencia no económica de las mujeres
en el hogar hace que las brechas salariales se mantengan y no se expliquen desde
factores diferentes al de la productividad. (Chacón Bejarano y Vanegas Triana, 2019,
P.17)
Este fenómeno social, aún con las múltiples formas de promoción de igualdad que se
hacen alrededor del mundo, incluyendo Colombia, tiene un impacto significativo en la vida de
las personas, así como en la sociedad en su conjunto, y es un desafío que requiere una
atención constante y un esfuerzo colectivo para su erradicación. Además, la necesidad de la
sociedad actual de promover los derechos humanos y de hacer prevalecer la igualdad de
género, conlleva a la necesidad de hacer entender que tiene la mujer debe ser reconocida,
validada y considerada. Que pese a tener, en teoría, un nivel más elevado de sensibilidad y de
manejo de emociones, también es un ser racional, capacitado y con el potencial necesario para
llevar a cabo cualquier tarea que se le presente. Incluso, en Colombia, se ha presentado la
valiosa participación de mujeres en cargos públicos y privados, en todos los sectores
productivos que han reforzado ese pensamiento anticuado los cuales podrían sostener algunos
individuos e incluso comunidades, con respecto al empoderamiento femenino. Así lo destaca el
portal web Portafolio (2021) el cual afirma que, en Colombia, dentro de las cien compañías más
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prósperas y de mayor impacto socioeconómico para la nación, solo existe la participación,
representación y el liderazgo de cuatro mujeres. Siendo la primera Tatiana Mejía quien ocupa
el cargo de presidenta de las franquicias D1 en todo el país, luego, de encuentra Martha Lucia
Henao, gerente de Cencosud Colombia, Claudia Bejarano, quien es la presidenta de la
empresa minera Cerrejón, y por último la gerente general de la EPS Comparta, Mónica
Hernández. Todo esto teniendo en cuenta las políticas laborales de inclusión de género en las
compañías que se han venido implementando en Colombia bajo la ley 1257 de 2008 y 4463 de
2011, dónde se promueve la equidad de género en el marco laboral, en aras de dar fin a las
brechas salariales y ocupacionales existentes.
Según un estudio enlazado con el DANE en un periodo de tiempo de 1984 hasta el
2010, la brecha salarial en Colombia estuvo muy latente entre los hogares del país, pues
muestran que, a pesar del aumento salarial, la mujer seguía siendo quien devengaba un salario
menor al hombre. Siendo que, los hombres en el año 1984 devengaban un salario mínimo de,
aproximadamente, 115.000 pesos colombianos más que la mujer, arrojando un aproximado de
14% por encima del sueldo de las mujeres. Años más tarde, en la década de los noventa, este
desnivel salarial disminuyó un poco su porcentaje, para luego aumentar significativamente en el
año 2004, para luego, disminuir, nuevamente, en el año 2010, manteniendo un comportamiento
voluble con el paso de los años hasta la actualidad (Chávez y Ríos, 2014, p. 8).
El techo de cristal además de obstaculizar el desarrollo de las mujeres a nivel
profesional, podría considerarse que, la empresa, institución u organización, al negar el
crecimiento de una buena empleada, la productividad de esta, iría en detrimento con la
autorrealización de la mujer. En ese sentido, un aspecto importante para tener en cuenta en el
desarrollo económico de una empresa, tendría que ser la consideración del rol femenino como
impulsor. Esto, sin dejar a un lado el hecho de que, toda empresa sea del sector privado o del
sector público, tiene un alto nivel de compromiso para impulsar la igualdad de género,
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aprovechando el potencial de cada mujer, desarrollándolo, mediante recursos adicionales o
formación complementaria según sea los requerimientos y necesidades de la empresa, de
manera tal que mejore las habilidades de sus empleados, quienes, al fin y al cabo, serán
protagonistas en el aumento del nivel de productividad de la empresa.
La discriminación laboral de género es un desafío que persiste en nuestras sociedades
a pesar de los esfuerzos por lograr la igualdad de género. De hecho, se podría definir, incluso,
como un tipo de injusticia que afecta a las personas en su lugar de trabajo, limitando su
desarrollo profesional y económico debido a su género. En la actualidad, aún es frecuente
encontrarse con la idea de que la mujer debe cumplir un rol maternal, de cuidado, de limpieza,
mientras que, el hombre es visto como la autoridad, la máxima y mejor representación, el
directivo, quién tiene fuerza y capacidad de mando. Este es el tipo de mentalidad que se debe
ir transformando, así, desde el trabajo social, se debe trabajar por la reforma de esta ideología,
empoderar a la mujer, sin desmeritar sus esfuerzos. Es imprescindible enriquecer la mentalidad
de la sociedad, apoyar los procesos de conciliación, de autodeterminación y de
empoderamiento que le permitan a la mujer posicionarse como alguien completamente capaz
para asumir una tarea más allá de maternar, del cuidado, de la limpieza, y del asistencialismo.
La apropiación y el empoderamiento femenino tiene una connotación especial para la
mujer de la sociedad actual, quien viene de ser víctima de múltiples formas de maltrato,
violencia y discriminación a través de la historia de la humanidad. Es así, como se debe
respaldar siempre la equidad de género mediante la creación y promoción de políticas públicas
y sociales que permitan erradicar esta problemática, en aras de permitir el nacimiento de una
sociedad más inclusiva, equitativa y justa. Avanzar hacia sociedad más responsable con el ser
humano es esencial, y de forma colectiva, abordar este fenómeno social continuamente, de
manera tal que, no se deje dormir la idea de un mundo mejor para las próximas generaciones,
para las mujeres y los hombres. Esto implica un trabajo arduo, desde el hogar, desde la niñez,
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desde las instituciones educativas, desde las empresas y organizaciones, dónde se concientice
sobre el respeto y el valor hacia la mujer y hacia el hombre por igual. Dónde se le reconozca a
cada quien sus méritos, habilidades y aptitudes como un factor impulsor para la realización de
tareas cotidianas.
Referencias bibliográficas
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[Link]
cristal-en-colombia/
Becerra Elejalde, L. (2021). Solo hay 4 mujeres en los CEO de las 100 empresas más grandes.
[Link]
directivos-en-las-empresas-mas-grandes-de-colombia-553156
Chacón Bejarano, F. D., & Vanegas Triana, S. C. (2019). Efecto techo de cristal en Colombia:
causas, consecuencias y algunas soluciones propuestas.
Chávez, N. M. y Ríos, H. (2014). Discriminación salarial por género “efecto techo de cristal”.
Caso: siete áreas metropolitanas de Colombia. Revista Dimension Empresarial, vol. 12,
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ministerio/grupo-interno-de-trabajo-para-las-victimas-y-la-equidad-laboral-con-enfoque-
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Sarrió, M., Barberá, E., Ramos, A., & Candela, C. (2002). El techo de cristal en la promoción
profesional de las mujeres. Revista de psicología social, 17(2), 167-182.