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Creencias en Fantasmas y Folclore

1. Los fantasmas se refieren a supuestos espíritus o almas errantes de seres muertos que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible, principalmente en lugares con los que presentan un vínculo. 2. La creencia en fantasmas se remonta a las primeras culturas y se encuentra en muchas mitologías, religiones, folklore y literatura. Se cree que surge de la necesidad humana de creer en la vida después de la muerte. 3. A lo largo de la historia, se han descrito numerosas apar
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Creencias en Fantasmas y Folclore

1. Los fantasmas se refieren a supuestos espíritus o almas errantes de seres muertos que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible, principalmente en lugares con los que presentan un vínculo. 2. La creencia en fantasmas se remonta a las primeras culturas y se encuentra en muchas mitologías, religiones, folklore y literatura. Se cree que surge de la necesidad humana de creer en la vida después de la muerte. 3. A lo largo de la historia, se han descrito numerosas apar
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Fantasma

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«Fantasmagórico» redirige aquí. Para la serie de anime, véase Fantasmagórico
(anime).
Para otros usos de este término, véase Fantasmas (desambiguación).

Pintura del espectro de Okiku por Yoshitoshi Tsukioka. La historia de fantasmas


Banchō Sarayashiki es una de las más famosas del folklore Edo japonés.
Los fantasmas (del griego φάντασμα, "aparición"), en el folclore de muchas
culturas, son supuestos espíritus o almas errantes o en pena de seres muertos (más
raramente aún vivos), o seres del plano espiritual, que se manifiestan entre los
vivos de forma perceptible (por ejemplo; visual, a través de sonidos, aromas o
desplazando objetos —poltergeist—), principalmente en lugares con los cuales
presentan un vínculo; tales como los que frecuentaban en vida, o en asociación con
sus personas cercanas, en el caso de las almas de los fallecidos. Existen muchos
tipos de fantasmas, y como se ha mencionado antes, de diferentes culturas. Algunos
ejemplos son: Hantu, del Sudeste de Asía. Los Obake, de Japón. Los Espectros, que
son de muchas culturas. Las Banshee, de Irlanda.

Para algunos Espíritu, Fantasma, Espectro, Ente, Aparecido, Etcesera, sean los
mismo, para otros es algo totalmente diferente. Igualmente es segun la creencia y
no hay nada que sea correcto o incorrecto.

Mitología
La creencia en fantasmas que se presentan como aparecidos (muertos que vuelven a
aparecer para encomendar alguna misión) o revenants (lo mismo, en francés),
espectros, ánimas del Purgatorio, almas en pena, o errantes, es muy propia de la
naturaleza humana, tanto que tiene visos de ser o constituir un ente antropológico
abstracto que pervive, como otros tipos de superstición, a través de numerosos
factoides concretos. Ha generado y genera una amplia literatura (novela gótica o de
terror), inspira la cinematografía y el teatro y ha creado innumerables leyendas y
mitos, si es que estos, inversamente, no han creado este bulo; la ciencia considera
creer en fantasmas un tipo de superstición muy asentado en la psicología del ser
humano, porque se alimenta de la necesidad de vida eterna, como la religión, y
sublima una muerte inaceptable y aborrecible por medio del acto apotropaico de
creer que la conciencia pervive más allá del fin de la misma, de forma que la
fantasmogénesis resulta ser un fenómeno o concepto antropológicamente paralelo a la
hierofanía. Estudios recientes indican que muchos occidentales creen en fantasmas;
en sociedades donde la religión tiene mucho predicamento, como los Estados Unidos,
una encuesta demostró que el 32% de sus habitantes cree en fantasmas y en la vida
después de la muerte o más allá, siempre en forma paralela a la religión o de forma
menos regulada por un sistema escatológico como han hecho las religiones más
frecuentes, que se aprovechan de este meme antropológico para crear estructuras
económico-culturales de creencias.

Desde antiguo la mitología, la religión y otras manifestaciones de folklore o


literatura han creído, o pretendido creer, en la existencia de entidades
sobrenaturales, manifestaciones vitales o númenes más o menos inmateriales de
varios tipos, siendo generalmente los siguientes:

1. Abstractos, más o menos alegóricos.


2. Naturales o no humanos: inanimados sin movimiento o cosas, e inanimados con
movimiento o semovientes, como el aire, el agua, el fuego, las plantas, los astros.
3. Naturales animados: animales o animalizados.
4. Antropomórficos.
5. De origen Humano.
Desde el más primitivo animismo, que otorga vida a todo lo semoviente o dotado de
movimiento y evolución, así como a las fuerzas de la naturaleza (el aire, el agua,
el fuego, la vegetación, los astros), muchas de estas categorías pueden asociarse,
formar criaturas mixtas y recibir diferentes denominación o nombres. Sin embargo,
estrictamente un fantasma vendría a ser una entidad espiritual entre el cuarto y
quinto tipo por su origen humano, bien diferenciada de otras creencias tales como
duendes, diaños, demonios, yōkai, genios, elfos, silfos, hadas y longaevi, restos
de religiones desaparecidas a los que Heinrich Heine llamaba "dioses en el exilio".
Para la mentalidad moderna, que ha desvitalizado el cosmos transformándolo en una
cosa o un mecanicismo muerto y absorbiendo toda su vida en el yo y el
antropocentrismo desde el Renacimiento, es más fácil creer por eso en fantasmas que
en esos otros tipos de criaturas, cuyo predicamento estaba más extendido por el
mundo politeísta antiguo y la Edad Media. El pensamiento prelógico y primitivo no
distingue niveles entre lo real y lo imaginario, se revela contra la idea
inaceptable y abstracta de la muerte y considera que lo aparecido en sueños es
indistinto y posee existencia real, justificando sus temores y concretándolos desde
el mundo onírico o del sueño e identificando la imagen de un ser desaparecido por
la muerte que aparece en este con un ser real no afectado por la conclusión, la
desaparición y la muerte. Se cree así en otros grados de existencia, menos patentes
pero considerados reales; es más, se calma así la inquietud existencial que
provocan los sentimientos de culpa, de finitud y de muerte...

Creencias a través de la historia


Una vez que se cree en la existencia de un ente o numen disociado que habita dentro
del cuerpo humano, es fácil concebir su existencia separada y autónoma fuera de él
como un espíritu, alma, ánima, atman; o en forma de entes espirituales tales como
hitodamas, bhutas, pretas..., etc.

Para los pueblos primitivos los fantasmas tenían una vida infinitesimal y
miserable, con energía espiritual (prana, pneuma, qi, etc) normalmente insuficiente
para animar y mover un cuerpo, hacer latir su corazón y darle aliento o
respiración; pero con cierta vida al fin y al cabo, ya que tenían bastante o la
suficiente fuerza para manifestarse en los sueños para atormentar o avisar a los
vivos o como sombras y apenas necesitaban alimento (en las culturas antiguas con
culto a los manes y antepasados había un día anual designado para alimentarlos con
ofrendas de alimentos o sacrificios, que los cristianos han sustituido por flores
en el Día de difuntos o de Todos los Santos). Así se calmaba a los antepasados y se
aseguraba su benéfica influencia. La creencia en fantasmas se testimonia desde los
primeros textos escritos sumerios y egipcios: el fantasma de Enkidú se apareció a
Gilgamesh en la llamada Epopeya de Gilgamesh. También se encuentra extendida en las
epopeyas de otras civilizaciones de muy distinto desarrollo cultural. La Odisea del
griego Homero y la Eneida del latino Virgilio acogen viajes de ultratumba, las
llamadas nekyias. Los romanos ponían un puñado de tierra sobre el cadáver porque si
no el alma erraría por toda la eternidad en la ribera de la Estigia, y era preciso
poner una moneda en la boca para pagar al barquero o el alma no tendría descanso.
Por eso aterraba a los romanos navegar por el mar, ya que los náufragos no
recibirían honras funerarias, y los marineros solían tener un pendiente de oro para
pagar su funeral en caso de que su cuerpo ahogado arribara a la playa. A los
suicidas romanos se los enterraba con la mano cortada y separada del cuerpo, con el
fin de desarmar a su espíritu, que hipotéticamente atormentaría a los vivos. Los
fantasmas buenos para los romanos eran los manes o espíritus de los antepasados;
los malvados eran las larvae, almas de hombres malvados que vagan errantes por las
noche y atormentan a los vivos. Plutarco, en el siglo I, describe unos baños
encantados en su Queronea natal donde aparecía el fantasma de un hombre asesinado.
Otro celebrado fantasma fue descrito en una de las epístolas del historiador romano
Plinio el Joven (VII, 27, 5-11), quien describe una casa encantada en Atenas donde
aparecía un espectro que arrastraba cadenas; los sucesos cesaron cuando el filósofo
Atenodoro alquiló la casa y fue guiado por el fantasma hasta un esqueleto enterrado
y fue vuelto a sepultar con las debidas ceremonias. El texto está dirigido a un tal
Licinio Sura:

La falta de ocupaciones a mí me brinda la oportunidad de aprender y a ti la de


enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas
existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario,
son sombras vacías e irreales que toman imagen por efecto de nuestro propio
miedo...1
Otros escritores, como el romano Plauto (en su comedia Mostellaria) o el sirio
Luciano de Samosata (en su relato Cuentistas o El descreído) también escribieron
sobre fantasmas, aunque el precedente que más cabe citar es la compilación Sobre
los hechos maravillosos de Flegón, liberto del emperador Adriano, origen de la
leyenda de la esposa cadáver que reaparece en Proclo y sirvió de inspiración a
Goethe para su Novia de Corinto y a Washington Irving para El estudiante alemán. En
el siglo XVI, el tratado más influyente y difundido sobre los fantasmas fue el
racionalista del protestante Ludwig Lavater De spectris, lemuribus et magnis atque
insolitis fragoribus (Leiden, 1569) en tres libros, que se sumó a la lucha de Jean
Wier contra la creencia en brujas, encantamientos y otras supersticiones. El
exegeta benedictino Dom Calmet reseñó en el siglo XVIII en su Traité sur les
apparitions (1746) la lista de narraciones de casas encantadas desde la antigüedad
grecolatina a su época.

Una de las teorías que intentan explicar la religión los derivaría de la tendencia
del pensamiento primitivo y prelógico a considerar que el mundo de los sueños forma
también parte del real; por tanto, ver en sueños a personas fallecidas indica que
no han muerto y que pueden interferir en la vida real. El origen de los fantasmas,
pues, no sería distinto al de la religión en general.

En las civilizaciones orientales (como la china e india), muchos creen en la


reencarnación o transmigración de las almas. Agregada a esta visión, por ejemplo
dentro del Budismo, algunos postulan que los fantasmas serían almas o sus energías
que por diversos motivos no transitaron correctamente el estado intermedio del
Bardo de la muerte; ya sean por ejemplo porque se rehúsan a ser "recicladas" en el
curso del Samsara (ciclo de la reencarnación).

En la creencia china e india, además de reencarnar en otro ser humano, un alma


puede también optar o ganarse la "inmortalidad" transformándose en un ser semidiós
y puede a través de su elevación espiritual trascender diversos planos o servir a
los seres humanos, o bien contrariamente puede bajar al infierno y sufrir ciclos
karmáticos. En Japón, la religión shintoísta reconoce la existencia de espíritus de
todo tipo y acepta la creencia en fantasmas como parte de la vida cotidiana, los
cuales pueden incluso llegar a transmutar en otras entidades denominadas yōkai. En
la cultura malaya son prácticamente innumerables las leyendas y clases de
fantasmas.

En diversas religiones a médiums, chamanes y exorcistas, entre otros, se les


atribuyen la capacidad de poder ayudar al fantasma a reencarnarse o hacerlo
desaparecer orientándolos o mandándolos a otra dimensión de existencia.

En Occidente la creencia en fantasmas se fue difuminando desde la creencia


irracional en ellos de la Edad Media al escepticismo de la Ilustración en el siglo
XVIII, cuando el padre Feijoo, embutido en una lucha sin cuartel contra las
supersticiones, llegó a decir que "no hay fantasma ni espectro que no desaparezca
al conjuro de una buena tranca".2 En ese mismo siglo, el doctor Samuel Johnson
llegó a la conclusión de que el fantasma de Cock Lane en Londres era una filfa.

En el siglo XIX la creencia en fantasmas resurgió poderosamente merced a la


tendencia irracionalista del Romanticismo y el desarrollo del Espiritismo, la
Teosofía y pseudociencias como la Parapsicología.

El escéptico ilusionista James Randi prometió una alta suma de dinero a quien
demostrase una evidencia creíble de la existencia de lo paranormal.
El filósofo Arthur Schopenhauer consideró teorías como la de Dietrich Georg
Kieser,3 quien explicaba a los fantasmas en 1822 como formas de un magnetismo
terrestre que Schopenhauer identificaba con la voluntad de la Naturaleza. Sin
embargo se inclina por creerlos algo enteramente subjetivo, intermedio entre el
sueño y la vigilia: "La aparición de un fantasma no es más que una visión en el
cerebro del visionario". Pero para probar su causa interior da por hecho que es un
resultado del sueño, una capacidad que se debe a una forma de intuición de lo que
denomina "órgano de los sueños" que "puede abrirse en la vigilia":

La visión alcanza el grado más elevado de verdad objetiva y real, revelando así una
forma de nuestra relación con el mundo exterior totalmente diferente de la manera
física ordinaria. Es realmente un perfecto sueño en la vigilia.
A. Schopenhauer, Ensayo sobre las visiones de fantasmas, Madrid: Valdemar, 1998
Todavía en el siglo XX y XXI se sigue considerando a los fantasmas como almas en
pena o almas errantes que no pueden encontrar descanso tras su muerte y quedan
atrapados entre este mundo y el otro, a pesar del desarrollo de una corriente
positivista, escéptica y científica, que intenta desacreditar esta superstición y
cuyos representantes más conocidos son ilusionistas como Harry Houdini o James
Randi. La creencia general común supone que el alma de un fallecido no encuentra
descanso, generalmente por una tarea que el difunto ha dejado pendiente o
inconclusa ("promesa"): así, puede tratarse de una víctima que reclama venganza o
un criminal que, por alguna causa, (haber sido enterrado con símbolos sagrados, por
ejemplo) ve diferido su ingreso en el purgatorio o infierno. En la mayoría de las
culturas contemporáneas, las apariciones de fantasmas están asociadas a una
sensación de miedo y son fuente importante de estudio de recién nacidas
pseudociencias, como la parapsicología. Aún es también importante dentro del
estudio de ciertas religiones, como el Islam, el Budismo, Jainismo, Hinduismo,
Shintoismo, Espiritualismo y Cristianismo, aunque cada una lo estudia de modo
diferente. En las creencias de la Nueva Era, se intenta racionalizar la creencia
tradicional afirmando que los fantasmas son cúmulos de energía negativa o que se
trata de imágenes holográficas (almas residuales) de personas que han dejado
impregnado el ambiente con su imagen y sus actividades.

Clases de fantasmas
G. N. M. Tyrrell, autor de un clásico libro sobre el tema, Apparitions
(Apariciones), publicado en 1943, identificaba cuatro grupos principales sobre la
base de la conducta o las acciones adoptada por los presuntos espíritus, más
conocida que su propia naturaleza:

Apariciones que frecuentan habitualmente un lugar determinado. Generalmente no


suscitan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más
de la familia.
Apariciones post-mortem. Suelen tener lugar muy poco tiempo después de la muerte de
la persona reaparecida, y no acostumbran a estar relacionadas con un lugar o
acontecimiento concreto; parecen ser como despedidas.
Apariciones en casos críticos. El aparecido es alguien que está viviendo una
experiencia importante (a menudo desconocida por el testigo de la aparición), como
un accidente, una enfermedad o, por supuesto, la muerte, y se muestra ante una
persona o personas simultáneamente a esa experiencia, no después de la misma.
Aparición inducida. En estos casos, el fantasma es citado a aparecer o puede ser no
el de una persona muerta o moribunda, sino el de alguien vivo que intenta con
deliberación hacer que su imagen se haga visible a otra persona; se habla entonces
de bilocación, si se trata de santos, o en el folclor alemán, de Doppelgänger (en
el irlandés, fetch).
En este tipo de apariciones parecen haberse excluido aquellas en las que la
aparición adopta una actitud comunicativa e interactiva con aquel a quien se
muestra, pudiendo hablar o comunicarse con él, mucho tiempo después de su
fallecimiento.

Clases de fantasmas según las tradiciones y cultura popular


Dentro de las tradiciones y cultura popular destacan los siguientes tipos de
fantasmas (almas de personas o fantasmas que tienen su origen en estas):

Alma en pena
Esta sección es un extracto de Alma en pena.[editar]

Farinata degli Uberti se dirige a Dante. Ilustración de Gustave Doré (La divina
comedia).
Un alma o ánima en pena es una figura recurrente en numerosas leyendas, creencias
religiosas, fenómenos paranormales, creepypastas y temas literarios. Se caracteriza
por ser un espíritu o fantasma del alma de una persona,4 que después de morir, vaga
sin descanso (por ejemplo por haberse suicidado); ya que le fue negado, o no puede
encontrar el camino al más allá. Generalmente el alma continúa deambulando en el
mundo de los vivos sin tener plena conciencia de su muerte, o de como trascender al
otro plano existencial.5 Este tipo de alma debe diferenciarse claramente de las
almas errantes, las cuales permanecen voluntariamente en este plano.
Alma errante
Esta sección es un extracto de Alma errante.[editar]

Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación


acreditada.
Este aviso fue puesto el 17 de julio de 2010.

Dibujo del alma errante Dybbuk.


Un alma, espíritu, o ánima errante es, según algunas tradiciones, folclores y
mitologías, el fantasma de un hombre o mujer que voluntariamente han logrado no
realizar el viaje para trascender al plano existencial después de la muerte,
quedándose así en el mundo de los vivos; generalmente reducidos a una simple
"sombra" espiritual. Este tipo de alma debe diferenciarse claramente de las almas
en pena, las cuales permanecen involuntariamente en este plano.
Alma residual
Artículo principal: Alma residual
Este tipo de alma se suele a veces considerar un subtipo de alma errante. Este tipo
de fantasma está compuesto por la energía espiritual y emociones residuales que en
ocasiones dejaría un alma al morir (no siendo el alma del individuo propiamente
tal); la cual permanente con los deseos y angustias que tuvo la persona en vida;
razón por la cual llegaría a adquirir una forma fantasmal con una conciencia nula,
parcial o total dependiendo de la fuerza de la energía que le dio origen.

Los Tulpas, Doppelgänger, y otras formas de proyecciones astral y fenómenos de


bilocación pueden ser considerados parcialmente dentro de esta categoría si se
manifiestan como fantasmas o espíritus, y/o adquieren conciencia propia.

Alma mensajera
Artículo principal: Alma mensajera
Correspondería a un alma que se le es permitido volver del más allá y aparecer en
el mundo de los vivos con el objetivo de despedirse o de entregar un mensaje a los
vivos; generalmente a parientes o conocidos. Entregarían su mensaje a través de
sueños o en menor medida como una aparición espiritual.

Fantasmas, sociedad y economía

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hispanohablante nativo y no has participado en esta traducción puedes colaborar
revisando y adaptando el estilo de esta u otras traducciones ya acabadas.
Como fuente prístina de curiosidad la creencia en fantasmas es tema goloso que ha
suscitado mucho negocio editorial, teatral, cinematográfico, radiofónico,
televisivo y periodístico, porque se genera habitualmente como un factoide o una
leyenda urbana, y por eso supone con frecuencia una atracción turística notable
para lugares históricos desconocidos. Eso provoca la aparición de grandes intereses
creados en torno a las apariciones de fantasmas y, por tanto, la aparición,
también, de distintos grados de fraude y negocio o ambos y, por consiguiente, del
rechazo y oscurecimiento interesados a toda explicación puramente racional o
científica de este tipo de fenómenos; de ahí la explotación y fomento del miedo y
del ambiente morboso y el lenguaje interminablemente elíptico y oscuro que los
rodea, así como la asfixia consciente de toda verdad que pueda existir en el fondo
del asunto, que se hace terreno de cultivo, mina y asidero de todo tipo de
factoides y leyendas urbanas. La verdad se deja siempre encerrada una ignorancia
que, además, favorece la estafa, la riqueza, el lucro, el crecimiento económico.

De ahí que la desconfianza, el método científico, el empirismo y el escepticismo


sean requisitos imprescindibles para abordar con seriedad un fenómeno como este,
rodeado de engaños y la mayor parte de las veces, si no todas, engaño él mismo.

Fantasmas y parapsicología

Cuadro basado en la descripción del investigador sir William Crookes: la médium


Florence Cook se encuentra en el piso, y Crookes ilumina el ectoplasma de la
fallecida Katie King.
Para no ser pseudociencia, la parapsicología moderna, antaño denominada
metapsíquica, investiga la psicología del engaño y del sesgo cognitivo, procura
documentar físicamente cualquier testimonio de los llamados fantasmas y controlar
rigurosamente las circunstancias en que se producen (fantasmogénesis), incluyendo
los observadores, alejándose de cualquier prejuicio cognitivo. Frederic W. H.
Myers, uno de los fundadores de la Society for Psychical Research (SPR), definió un
fantasma como:

La manifestación de una persistente energía personal, o como una indicación de que


alguna clase de fuerza es ejercida después de la muerte, la cual está de alguna
forma conectada con la persona previamente conocida en vida (Human Personality and
Its Survival of Bodily Death, 1903).
Myers creía, en línea con su teoría del yo subliminal, muy parecida a la del
inconsciente colectivo de Carl Gustav Jung, en quien, por demás, influyó, que los
fantasmas no tenían inteligencia o conciencia propia y que son fragmentos de
energía sin significado alguno que persisten después de la muerte.6 Es una teoría
emparejable a las más discutibles del registro akásico de la teosofía o de los
campos mórficos de la biología, teorías tenidas por pseudocientíficas por su
infalsabilidad y multiplicidad de sesgos cognitivos. Sin embargo, el neurólogo
inglés Henrik Ehrsson y el suizo Olaf Blanke reportaron en Nature cómo habían
podido inducir la creación de fantasmas usando un electrodo implantado que enviaba
corriente a la región del cerebro conocida como gyrus cingulate y las experiencias
del científico canadiense Michael Persinger confirman estos extremos y añaden una
posible explicación conjeturando una posible reflexión de plasmones desde
materiales dieléctricos subterráneos, reactualizando en cierto modo la teoría
decimonónica de Kieser. Richard Wiseman y Susan Clancy han explicado, por otra
parte, cómo los factores ambientales pueden influir decisivamente para sesgar la
mayor parte de este tipo de experiencias, y magos profesionales como Harry Houdini
(A magician among the spirits, 1924) o James Randi han explicado cuán
frecuentemente las apariciones se pueden replicar como simples trucos de
ilusionismo.

El curso histórico de la parapsicología obliga a distinguir, por una parte, las


apariciones de ectoplasmas obtenidas con ciertas medium espiritistas fraudulentas a
comienzos del siglo XX (Eusépia Palladino, Daniel Dunglas Home, Rudi Schneider,
Franek Kluski) de las apariciones investigadas por científicos serios (Charles
Richet, Schrenk-Notzing, Gustave Geley, etc.) que acreditaron los fenómenos con los
instrumentos y condiciones de observación de que podían disponer en su época para
analizar también, por otra parte, fenómenos asociados como el encantamiento o el
poltergeist.

La parapsicología asocia los fantasmas a la percepción de personas y animales vivos


o muertos de forma visual o auditiva (las mal llamadas psicofonías y teleplastias),
e investiga a determinadas personas, los llamados dotados o médiums, quienes,
imbuidos al parecer de una cierta percepción extrasensorial, hacen una o varias de
estas cosas:

1) Notar, sentir, registrar o percibir la presencia de seres ausentes fallecidos (o


no) fuera de los márgenes de una observación discriminable y cuantificable como
normal (clarisintiente o empático)
2) Observarlos (clarividente).
3) Escucharlos (clariaudiente).
4) Obtener información desconocida verificable y cuantificable, a priori o a
posteriori, por lo general falsa en cierto grado, pero también verdadera a veces,
supuestamente de los mismos, e interactuar con ellos (médium).
En cuanto al punto 1, muchos médiums pueden percibir tan sólo sentimientos o
percepciones de los espíritus (empatía), no pensamientos más elaborados y
complejos, distinguen auras de colores de personas vivas o señalan áreas concretas
donde los espíritus se sitúan. Por otra parte, en los puntos 1, 2 y 3 estas
percepciones difieren según el individuo y pueden presentarse de forma más o menos
intensa, continua o discontinua (al parecer en forma de rápidos e incompletos
flashes de información). Respecto al cuarto punto, algunos médiums han conseguido
recabar un alto porcentaje cierto y verificable de información, algunas veces por
procedimientos como la escritura automática o la psicometría. Estos médiums han
logrado recabar información útil para esclarecer desapariciones y crímenes y ayudar
a arqueólogos o a personas desesperadas por dramas familiares, como atestiguan los
casos de John Edward, Chip Coffey, Anne Germain, Rosemarie Kerr, Sally Headding o
Nancy Orlen Weber, entre otros. Curiosamente, unas pocas personas parecen poseer el
don contrario de impedir o desfigurar cualquier inferencia mediúmnica. Este hecho
parece apoyar el argumento de que la mediumnidad es un tipo de talento telepático
que manipula información inconsciente de los cerebros de los sujetos sometidos a
ella para reforzar convicciones que los individuos ya poseen. Muchos médiums dicen
nacer ya con el don, manifiesto desde su infancia, y se ven asediados por espíritus
buenos y malos; algunos de ellos, según interpretan, son los llamados espíritus
guía, que los protegen, informan, acompañan y asesoran durante toda o gran parte de
su vida. El médium no se ve afectado por la distancia ni el tiempo, sino por la
presencia de signos o vestigios de aquello con lo que se comunica, y es un don
innato, se posee (desde la infancia) o no se posee.

Los fantasmas más frecuentes poseen una tipología escindida en cuatro clases:

Fantasmas residuales, o visiones que realizan actos repetitivos y carecen de


actitud comunicativa o interacción con los observadores.
Fantasmas conscientes, que pueden comunicarse e interactuar con los observadores.
Encantamientos duraderos de lugares concretos donde se manifiesta uno o más
fantasmas desde hace mucho tiempo.
Poltergeist o "espíritus burlones", fenómenos de duración más reducida ligados a
una persona, por lo general adolescente o joven (aunque no siempre), en la que se
mueven objetos solos, se escuchan golpes repetitivos o ruidos y se encienden o
apagan luces.
Fantasmas y espiritismo

"Fotografía espiritual" de una mujer y un fantasma (1865, fotomontaje).


Según el espiritismo o "doctrina espírita", como se decía en el siglo XIX desde que
este movimiento fue configurado por Allan Kardec y la teósofa Helena Petrovna
Blavatsky, el alma sobrevive a la muerte del cuerpo material y asciende a un nivel
superior de existencia. Sin embargo algunas almas se desvían de ese camino; no
parecen tener una autoconsciencia completa de su ser; la tienen, pero solo hasta
cierto punto, porque no han logrado todavía resolver sus dudas existenciales. Se
trata de fantasmas: entidades desencarnadas que se torturan y fustigan cruelmente
con asuntos no resueltos en su vida anterior. Puede, por ejemplo,

Que no acepten su propia muerte, que no quieran reconocer que han desencarnado.
Que se sientan culpables por no haber concluido correctamente algún asunto durante
su vida humana.
Que se sientan atados o ligados afectivamente a alguna persona o lugar cuando
estaban con vida.
Que sientan odio o rencor consigo mismos o con alguien de su entorno como humanos.
Que sientan que no merecen estar en ninguna parte y que ya no les queda esperanza.
Un fantasma se construye con algunas de las actitudes no resueltas de un humano
mientras vivía encarnado en su cuerpo físico: padece carencias, obsesiones,
sentimientos de culpabilidad, apegos, miedos o desesperanzas irresistibles. Por no
cuidar esas actitudes, según el Espìritismo, uno se puede transformar en un posible
candidato a fantasma el día de mañana. La labor del médium ha de consistir en
orientar y aconsejar para poder cambiar esas actitudes. Debe ser capaz de sentir
que está a tiempo de rectificar o de perdonar o ser perdonado, ser capaz de sentir
que tiene una segunda oportunidad en la que podrá aprender de sus errores del
pasado y convertirlos en un valioso conocimiento para el futuro. Este cambio de
actitud para el fantasma, que no sería sino una entidad mendiga que pide afecto,
comprensión, y oportunidad para un cambio, debe proporcionárselo el médium. Una vez
el fantasma ha comprendido, espontáneamente sucede aquello largamente ignorado o no
esperado por él, sabe que puede sentirse libre y continuar su camino de evolución
en niveles superiores de conciencia y puede seguir su camino en paz creciendo
existencialmente hacia otros planos, bien en una forma encarnada o bien en una
forma espiritual. Ha comprendido que la capacidad de ordenar sus experiencias le
permiten ser su mejor maestro y enseñar a otras entidades a no repetir su mismo
error.7

En el vocabulario espiritista no se utiliza la palabra fantasma, sino eidolon,


espíritu, ente o entidad. Algunas almas no habrían pasado a otro nivel de
existencia por miedo a quemarse eternamente, por simple obstinación o por poseer
demasiado apego a este nivel de existencia o a algunas cosas y personas de este
nivel de existencia. Otra explicación a este fenómeno va dada por el misticismo
cuántico, que permite una leve unificación entre la física contemporánea y esta
creencia sobrenatural, y que se funda en presuntos experimentos llevados a cabo con
equipo técnico en varias partes del mundo a partir de 1945, sugiere que al momento
de morir, subsiste de algún modo la "información cuántica", el modelo molecular del
ser vivo, la cual, mediante la combinación de factores adecuados, de espacio,
tiempo y energía, (sitios con apropiados niveles de energía del tipo iones
positivos), se manifiesta como si tuviera un cuerpo (forma material difusa
popularmente denominada "ectoplasma" o "periespíritu"), pudiendo realizar acciones
(ruidos, movimiento de objetos, apariciones), lo cual depende en gran medida del
voltaje e intensidad del campo de iones positivos presente en dicho lugar. El
fundamento principal de esta teoría se basa en que toda acción realizada en el
espacio requiere una fuente de energía que es recargada por el espectro en estos
lugares electromágneticamente saturados de cargas electrónicas libres (electrones
sueltos en el aire u otras substancias). Dicho cuerpo difuso le proporcionarìa al
espectro sensaciones similares a las de la persona viva, obviamente con sus
limitaciones, pero sensaciones al fin y al cabo, lo que explicarìa también los
casos en los cuales las psicofonìas y otras anomalías captadas en sesiones de
espiritismo reproducen frases inconclusas o absurdas como "siento frìo" o "yo, qué
estoy haciendo aquí". De cualquier forma, esto no sería más que un reflejo
hologràfico-electrònico de un personaje muerto tiempo atrás.

Fantasmas en las religiones


Fantasmas y la fe cristiana
En la Biblia podemos encontrar mención de espíritus en el Primer Libro de Samuel;
en el cual se describe como Saúl, el primer rey de Israel, solicitó la ayuda de la
Bruja de Endor para convocar el espíritu del profeta Samuel.

En el catolicismo no existe documento magisterial, de los Concilios Ecuménicos o de


los Obispos de Roma que hable o mencione a los fantasmas. Según el Concilio
Vaticano II la revelación acabó con el Mesías y no se debe esperar ninguna otra
manifestación.

En el Protestantismo no se cree en fantasmas ya que no acepta la existencia del


Purgatorio; para esta forma de Cristianismo se trata de fenómenos demoníacos. En el
último Catecismo de la Iglesia Católica no se admite la existencia del limbo,
aunque algunos teólogos la postulan, pero sí la del Purgatorio donde las almas
deben ser purificadas para pasar al más allá.

El uso de la necromancia, la Ouija, el Tarot, y cualquier ceremonia o procedimiento


no religioso de adivinación con el cual se obtenga comunicación con el más allá
puede ser usado por demonios para conectarse con este mundo; según exorcistas y
demonólogos como el padre José Antonio Fortea, recurrir a estos rituales es
extremadamente peligroso desde un punto de vista psicológico, supone dejar puerta
abierta para que entre sin invitación uno cualquiera de la numerosa jerarquía de
espíritus no humanos o demonios que mienten y se disfrazan de fantasmas o almas del
Purgatorio. Por otra parte, según la escatología existe un limbo que literalmente
significa "límite" del infierno al que van las almas. En cuanto a la consulta de
médiums, en Deuteronomio XVIII, 12-14, no se niega la existencia de estas personas,
pero se dice que no se debe recurrir a ellos:

Cuando entres a la tierra que Yahveh tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las
abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo
o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego,
ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.
Porque es abominación para con Yahveh cualquiera que hace estas cosas, y por estas
abominaciones Yahveh tu Dios echa estas naciones de delante de ti.
Los demonios, espíritus no humanos, por el contrario, pueden poseer lugares (la
llamada infestación) o personas (la posesión demoniaca) y, si están ocultos, se
manifiestan al cabo de intensas, prolongadas y duraderas sesiones de oración. Los
demonios sólo poseen el poder de tentar y atacan el lado más débil de la persona
tras un paciente y profundo estudio de la misma. Una vez que uno distingue bien
entre posesión e infestación8Santo Tomás de Aquino dice en el Comentario al libro
de las Sentencias (IV, distinción 21, artículo 1 B/Corpus):
Lo más concorde con los dichos de los santos y la revelación privada hecha a muchos
es que el lugar del Purgatorio es doble. Uno según la ley común (unum secundum
legem comunem). Y el otro es el lugar del Purgatorio según la dispensación (alias
est locus secundum dispensationem) y así se lee de algunos que fueron castigados en
diversos lugares (diversis locis) bien para enseñanza de los vivos al dar a conocer
la pena de esas almas o bien para ayuda de los muertos.
Fantasmas y psicología
La creencia en fantasmas puede ser inducida como alucinación por trastornos como la
parálisis del sueño, el efialtes y otras diversas parasomnias, así como por
síntomas como la disociación y enfermedades mentales como los diversos tipos de
esquizofrenia (oír voces, ver alucinaciones, sufrir delirios) o las distintas
afecciones del lóbulo temporal del cerebro, por ejemplo la Epilepsia; por otra
parte el escotoma obliga a veces al cerebro a crear delirios inconscientes:
fantasea creando imágenes fantasmas en los huecos donde percibe falta de
información visual, como han demostrado en otros casos experimentos empíricos sobre
percepción; a veces también engaña el cerebro creando historias mediante el
síndrome de Korsakov o en condiciones de hipnosis o, más corrientemente, el sueño,
fabulando sobre bases reales (en condiciones de hipnosis, se produce un sensible
aumento de memoria, se decuplica, o más, por lo cual se pueden recuperar datos que
hacen la historia más verosímil). Igualmente, muchas drogas, los llamados
alucinógenos, producen fantasías fantasmagóricas, como el LSD. La Comunicación
después de la muerte inducida (CDMI en español, IADC en inglés) es una técnica
terapéutica basada en la EMDR que ayuda a los deudos a procesar y superar el
sufrimiento por la muerte de un ser querido por medio de la evocación de fantasmas.
La CDMI fue descubierta y desarrollada en 1995 por el psicólogo estadounidense
Allan Botkin, durante su trabajo con veteranos de la guerra de Vietnam. Se
fundamenta en el demostrado valor curativo de las Experiencias cercanas a la
muerte.

Fantasmas en la literatura
Artículo principal: Cuento de fantasmas
Son muchos los escritores que han tratado este tema. Ya se han mencionado ejemplos
antiguos en el apartado "Historia", pero cabe insistir en Sobre los hechos
maravillosos de Flegón, liberto del emperador Adriano, porque fue origen de la
leyenda sobre la esposa difunta que reaparece en Proclo y sirvió de inspiración a
Goethe para su Novia de Corinto y a Washington Irving para El estudiante alemán. En
el siglo XVI Gonzalo Fernández de Oviedo narra un caso real de fantasmas en sus
Batallas y quincuagenas y Antonio de Torquemada menciona muchos casos demasiado
crédulamente en un Jardín de flores curiosas (1570) que irritó tanto como sedujo al
propio Cervantes, quien parece evocar a la estantigua en el episodio del cuerpo
muerto. Hay, por otra parte, leyendas hispánicas de muertos que vuelven a la vida
como vampiros bastante anteriores a las rumanas, como la del Conde Estruch (siglo
XII) en el Ampurdán o la Guajona en Cantabria. En el teatro del siglo XVII aparecen
obras donde los fantasmas tienen un papel destacado: Hamlet, de Shakespeare; El
caballero de Olmedo y El duque de Viseo de Lope de Vega o El burlador de Sevilla de
Tirso de Molina, quien se inspira a su vez en la leyenda de El convidado de piedra.
El tema se desarrolla generalmente dentro del género de la novela gótica o cuento
de terror, un género que empezó con el Romanticismo a finales del siglo XVIII, aun
cuando fue en el XIX cuando encontró su verdadero desarrollo y máximo apogego con
autores como E.T.A. Hoffmann, Edgar Allan Poe, Jean-Charles Emmanuel Nodier y
Sheridan Le Fanu. Escribieron novelas góticas con relatos de fantasmas Horace
Walpole (El castillo de Otranto, 1764), Matthew G. Lewis (El monje, 1794) y Charles
Maturin (Melmoth el errabundo). En 1887 Oscar Wilde escribe El fantasma de
Canterville. Posrománticos son Gustavo Adolfo Bécquer, Guy de Maupassant, M. R.
James, R. L. Stevenson, Lafcadio Hearn, Henry James, Edith Wharton, Algernon
Blackwood, Arthur Machen, M. P. Shiel, etc... Se acercaron al género con mayor o
menor fortuna Emilia Pardo Bazán, Richmal Crompton, E. F. Benson, William F.
Harvey, Richard Middleton, W. Somerset Maugham, Elizabeth Bowen, Robert Aickman,
May Sinclair, Walter de La Mare, Thomas Burke, A. E. Coppard, Charles Williams,
Herbert Russell Wakefield, Alfred McClelland Burrage, A. N. L. Munby, Arthur Gray,
Barry Pain, Christopher Woodforde, E. G. Swain, Hugh Walpole, John Buchan, L. T. C.
Rolt, Simon Raven, Terence H. White, V. S. Pritchett, Omar Pérez Santiago (Allende,
el retorno, 2013) y L. P. Hartley.

Comunicación con fantasmas

Houdini demuestra cómo un fotógrafo puede producir fraudulentamente "fotografías de


espíritus" que documenten la aparición e interacción social con individuos
fallecidos.9
A medida que el hombre moderno ha ido desarrollando nuevas tecnologías de
comunicación, los interesados en obtener información de fantasmas las han usado y
así se habla de psicofonías o grabaciones sonoras en las que supuestamente se oye
la voz o los movimientos de algún difunto, o de psicoimágenes, imágenes estáticas o
en movimiento en las que presuntamente puede distinguirse alguna presencia
fantasmal.

Sin embargo, quienes pretenden justificar la existencia de otro mundo y la posible


comunicación con el mismo deben justificar primero por qué casi todas las
manifestaciones espirituales suelen reducirse a manifestaciones psicológicas de
engaño o autoengaño, o fraudes, como con devastadora frecuencia han demostrado
ilusionistas expertos como Harry Houdini, James Randi o Criss Angel, quienes saben
desde luego que lo que ocurre en nuestra mente es de factura mucho más simple que
lo que ocurre en la realidad fuera de ella. Algunos tipos de alucinación, como la
hipnopómpica o la hipnagógica, la parálisis del sueño, los síntomas de una
esquizofrenia o determinados tipos de epilepsia no diagnosticadas, el fenómeno del
sueño lúcido o falso despertar, la pareidolia, la apofenia, el uso de drogas
enteógenas y sustancias psicotrópicas que creen falsos recuerdos, los fuegos fatuos
pueden explicar la mayoría de los casos, por no hablar del espíritu lúdico de las
bromas y los citados, groseros y mezquinos intereses económicos, que pueden apoyar,
magnificar y converger sobre las anteriores explicaciones, que se acumulan sobre la
necesidad de religión y de fe ultraterrena, un meme antropológico desarrollado en
el ser humano por la selección natural como ventaja para la supervivencia gregaria.

Esto no basta para desanimar, sin embargo, a quienes creen en alguna manifestación
divina o macabra que es una liberación de energía del cuerpo, esto es, una
"evolución" de esta vida terrenal hacia otra en un mundo ultraterreno, y hay caos
desconcertantes de clarividencia y percepción extrasensorial que aún aguardan
explicación satisfactoria.

Algunos intentos no escépticos de resolver racionalmente estos fenómenos han sido


formulados por físicos como Roger Penrose, quienes creen posible la transmisión de
información nerviosa mediante corrientes cuánticas a nivel subatómico que pueden
ser amplificadas mediante los microtúbulos existentes en las neuronas; además, la
insólita lógica cuántica permite distorsiones temporales que pueden causar la
duplicación del presente o bilocación, y esto explicaría muchos de los fenómenos
paranormales de transmisión de información, como expone en su Las sombras de la
mente: hacia una compresión científica de la consciencia (Barcelona: Editorial
Crítica, 1996). Explicaciones científicas concurrentes han sido formuladas por
Stuart Hameroff o recogidas empíricamente por Raymond Moody.

Existencia de fantasmas
En 2003, el psicólogo británico Richard Wiseman (n. 1966) y sus colaboradores
investigaron casas encantadas con sujetos bajo condiciones controladas, y
concluyeron que la reputación de esos lugares juega un papel relevante en la
producción de las experiencias y la existencia de ciertos tipos de campos
electromagnéticos podría influir sobre algunas variables psicológicas, como también
el paso de estancias bien iluminadas a otras oscuras puede provocar percepciones
habituales en situación de privación sensorial. Sin embargo la hipótesis de los
efectos de campos electromagnéticos sobre la generación de fantasmas es puesta en
duda por científicos como Steven Novella por no haber evidencia suficiente.10En
general, las casas no prueban la existencia de fantasmas, sino cómo cierta gente
responde a situaciones triviales bajo el influjo de la publicidad y la
predisposición.11

El ojo humano está formado por humor vítreo el cual es un líquido y como tal, puede
ser sensible a las ondas del infrasonido. Este líquido puede generar imágenes
falsas (como las miodesopsias). El ser humano puede oír sonidos de entre 20 y 20
000 hercios. Los sonidos de menos de 20 Hz se llaman infrasonidos y pueden
atravesar partes sólidas. Así, en 1998, Vic Tandy (investigador de la Universidad
de Coventry) explicó cómo los infrasonidos podrían producir la impresión concreta
de "sitios embrujados". Demostró que los infrasonidos provocaban una percepción de
movimientos a los costados del campo visual. Esta falsa percepción podía ser
provocada por un ventilador. Los ventiladores giran a 300 RPM (revoluciones por
minuto), lo que equivale a 5 revoluciones por segundo o 5 Hz. Incidentalmente, el
extractor de la sala en la cual Tandy notó esos fenómenos era rapidísimo, de 1139
RPM (o 18,98 Hz).12Además, la longitud de la sala en la cual Tandy notó esos
fenómenos era una fracción unitaria de la longitud de onda que provocaba el
ventilador, por lo que provocaría una onda estacionaria y tal onda, al resonar en
el humor vítreo de los ojos humanos, induciría ilusiones ópticas consideradas por
algunos como "fantasmas".13

Investigaciones científicas
En el año 2014, investigadores de la Escuela Politécnica de Lausana, Suiza,
obtuvieron evidencia científica que sustenta una explicación biológica para la
"sensación de una presencia sobrenatural", a la vez que lograron replicarla en un
laboratorio, al utilizar un robot para interferir con las entradas sensoriomotoras
del cerebro de varios voluntarios. Algunos participantes, al ser confrontados con
sensaciones sensoriomotrices contradictorias, reportaron "sentir la presencia hasta
de cuatro fantasmas". Cubriendo los ojos de los participantes, se les pidió que
realizaran movimientos con sus manos frente al cuerpo, mientras un robot reproducía
sus movimientos y al mismo tiempo tocaba sus espaldas. Al introducir un retraso
entre el movimiento y el toque del robot, se creó una percepción espacial
distorsionada, que fue percibida como una presencia fantasmal. Mediante una
resonancia magnética nuclear, se pudo determinar que los cerebros de los sujetos
estaban experimentando una interferencia en regiones asociadas a la autoconsciencia
y la posición espacial. Los investigadores demostraron que la sensación de una
presencia fantasmal es causada por lesiones en tres regiones ubicadas en el cerebro
a nivel de la corteza frontoparietal, las cuales se pueden observar en pacientes
esquizofrénicos, o en pacientes sanos expuestos a situaciones extraordinarias. De
igual forma, el estudio explicó que la ilusión de percibir una presencia fantasmal
es provocada por una propiocepción distorsionada, percibiendo al propio cuerpo como
un "otro" en lugar de "sí mismo".14

Véase también
Tulpa
Festival de los fantasmas
Anexo:Lugares encantados
Parapsicología
Espiritismo
Exorcista
Ser espiritual
Doppelgänger
Hitodama
Ouija
Supernatural
Parálisis del sueño
Notas y referencias
Texto original: Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. igitur
perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod
putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere... (Plin. Ep. VII, 27, 1)
Feijoo, B. J., Teatro crítico universal, tomo tercero, discurso cuarto, Duendes y
Espíritus familiares, 1729.
Dietrich Georg Kieser, System des Tellurismus oder thierischen Magnetismus, ein
Handbuch für Naturforscher und Aerzte, Leipzig: F. S. Herbig, 1822.
«Croyances à propos des âme en peine au village de Bermeo par Anton Erko» (en
francés). Archivado desde el original el 22 de enero de 2015. Consultado el 29 de
noviembre de 2012.
«Chanson de Georges Brassens: Les patriotes, Quant à nos trépassés, s'ils ont tous
l'âme en peine...» (en francés).
[Link]
Cf. Rossana, "Fantasmas de los muertos III", en
[Link] Archivado el 15 de
septiembre de 2011 en Wayback Machine. consultado el 3 de septiembre de 2001,
21:54.
Cf. José Antonio Fortea, Summa daemoniaca, México: Imprenta Gama, 2003, p. 316,
cuestión 138.
En Houdini and the ghost of Abraham Lincoln, Biblioteca del Congreso de
Washington; último acceso 3 de octubre de 2007.
Ben, Radford (junio de 2017). «Los campos electromagnéticos ¿pueden crear
fantasmas?». Skeptical Inquirer. Consultado el 3 de junio.
Richard Wiseman y otros (2003): «An investigation into alleged hauntings»,
artículo publicado en la revista British Journal of Psychology, 94, págs. 195-211;
2003.
La frecuencia de resonancia que afecta al ojo humano es aproximadamente de 18 Hz
según el informe 19770013810 de la NASA.[cita requerida]
«The ghost in the machine» (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el
historial, la primera versión y la última). (‘el fantasma en la máquina’), artículo
en inglés publicado en el sitio web Skeptic Dictionary (‘diccionario escéptico’).
Blanke, Olaf, et al (17 de noviembre de 2014). «Neurological and Robot-Controlled
Induction of an Apparition». Current Biology 24 (22): 2681-2686. ISSN 0960-9822.
Consultado el 1 de mayo de 2016.
Bibliografía
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USA: Prometheus Press, 1997.
Richard Wiseman, & C. Watt, Parapsychology. London, UK: Ashgate International
Library of Psychology, 2005.
G. N. M. Tyrrell, Apariciones, Buenos Aires: Editorial Paidós,1965.
Rainer W. Klein, Espíritus fantasmas y otras apariciones. Buenos Aires: Imaginador,
2004.
Paloma Gómez Borrero, Los fantasmas de Roma, Barcelona: Plaza & Janés.
Arthur Schopenhauer, Ensayo sobre las visiones de fantasmas, Madrid: Valdemar
Ediciones, 1998.
[Link]. "Fantasmas y Poltergeist", Barcelona: Plaza & Janés Editores.
María Isabel Gea Ortigas, Los fantasmas del Palacio de Linares, La Librería.
Rafael Casares y Juan Arcos, 13 historias de fantasmas, casas encantadas y
poltergeist: casos reales de Granada, Granada, Editorial Comares.
Carlos Ros, Los fantasmas del Alcázar de Sevilla, Editorial Castillejo.
[Link]., Brujas, demonios y fantasmas en la literatura fantástica hispánica. Lleida:
Edicions Universitat de Lleida, 1999.
Claude Lecouteux, Fantasmas y aparecidos en la Edad Media, Editorial José J. de
Olañeta.
Pierre Le Loyer, Quatre livres des spectres ou Apparitions et visions d'esprits,
anges et démons se montrant sensiblement aux hommes; París, 1605 ó 1608.
Francisco Contreras Gil, "Fantasmas ¿Hay alguien al otro lado?" (Edaf) y "Casas
Encantadas. Cuando el misterio cobra forma" (Edaf)
Alejandra Guzmán Almagro, Fantasmas, apariciones y regresados del más allá.
Vitoria-Gasteiz / Buenos aires: Sans Soleil Ediciones, 2017.

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