REPORTE DE CHARLAS GRUPALES
(LÍDER JUVENIL)
Nombre del club: CONSTELACIÒN Año: 2023
Nombre del aspirante: ANAHI VELARDE DE LA CRUZ
Título: LA VESTIMENTA
Resumen:
Como usted es un representante autorizado de Jesucristo y de Su Iglesia restaurada, su
apariencia es el primer mensaje que perciben los demás. Debe ser coherente con el mensaje
sagrado al que ha sido llamado a compartir. A lo largo de su misión, asegúrese de que su
apariencia y conducta ayuden a otros a centrarse en ese mensaje. Basado en el libro de 1 corintios
donde dice que: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
La forma que nos ven llama la atención de otros, nosotros como adventista somos una luz en
medio de la oscuridad, debemos ser la diferencia entre este mundo hostil y oscuro y nosotros que
amamos a Dios. Elena g. White menciona en su libro que las mujeres deben usar faldas que no
barran en piso literalmente ya que es antihigiénica, pero tampoco deben usar la falda por encima
de la rodilla. Muchas veces solo con una mirada juzgamos a los demás por la manera de vestir sin
siquiera pensar nosotros si realmente somos buenos, la ropa exterior o la forma de vestir tan
elegante no es sinónimo de estar firmes en la fe, muchas veces al contrario solo muestra la
decadencia espiritual de nuestra vida, ya que somos actores y actuamos de dos maneras, somos
como espada de dos filos. La moda también tiene mucho que ver en estos últimos tiempos, los
jóvenes deben vestir con una ropa incorruptible. También es muy importante vestirte de acuerdo a
la ocasión, es decir, si vas a estar en plataforma, por ejemplo, tampoco vas a ir en bermudas, es
algo claro como lo amerite la situación. También es importante señalar que aunque nos vistamos
bien no debemos mirar de menos a los demás por ser más pobres que uno.
Para una persona que apenas está integrándose a la fe, no podemos exigir el cambio inmediato ,
creo que conforme pasa el tiempo el espíritu santo tocará su corazón y será transformado. Pedro
menciona que: Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de
vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y
apacible, que es de grande estima delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4.
Es muy importante considerar esto en nuestra vida, sabiendo que el enemigo el diablo anda como
un león rugiente buscando aquien devorar.
Hermanas mías, es necesario que hagamos una reforma en nuestra manera de vestir. Hay
muchos errores en el estilo de vestir femenino actual. Es perjudicial para la salud, y por lo tanto un
pecado, el que las mujeres llevan corsés apretados, ballenas o que se comprimen el talle. Esto
ejerce una influencia depresora sobre el corazón, el hígado y los pulmones. La salud de todo el
organismo depende del funcionamiento saludable de los órganos respiratorios. Miles de mujeres
han arruinado su constitución y se han acarreado diversas enfermedades en sus esfuerzos por
convertir una forma saludable y natural en una insalubre y antinatural. Están insatisfechas con los
arreglos de la naturaleza, y en sus esfuerzos más fervorosos por corregir la naturaleza y ponerla
de acuerdo con sus ideas acerca de lo que es la gracia y el encanto, destruyen su obra y la dejan
convertida en una ruina.
Muchas mujeres empujan hacia abajo las vísceras y las caderas al colgar de ellas pesadas faldas.
Estas no fueron formadas para soportar peso. En primer lugar nunca deberían llevarse pesadas
faldas acolchadas. Son innecesarias y constituyen un gran mal. El vestido de la mujer debería
estar suspendido de los hombros. A Dios le agradaría que hubiera más uniformidad en la manera
de vestir de los creyentes. El estilo de vestir adoptado en tiempos pasados por los cuáqueros es el
menos objetable. Muchos de ellos han renegado de esta costumbre, y aunque conservan la
uniformidad de color, han consentido en el orgullo y la extravagancia, y sus vestidos han sido
confeccionados con el material más costoso. Sin embargo, su selección de colores sencillos y la
disposición modesta y pulcra de sus vestidos son dignas de imitación por parte de los cristianos.
Los hijos de Israel, después que fueron sacados de Egipto, recibieron la orden de colocar una
sencilla cinta azul en el borde de sus vestiduras, para distinguirlos de las naciones circundantes y
para dar a entender que eran el pueblo peculiar de Dios. En la actualidad no se requiere que el
pueblo de Dios coloque un distintivo especial sobre sus vestiduras. Pero en el Nuevo Testamento
con frecuencia se nos señala el Israel de la antigüedad como ejemplo. Si Dios dio instrucciones tan
definidas a su pueblo de la antigüedad concernientes a su manera de vestir, ¿no tomará en cuenta
el vestido de su pueblo en esta época? ¿No debería distinguirse del mundo por su manera de
vestir? ¿No debería el pueblo de Dios, que es su especial tesoro, procurar glorificar a Dios aun en
su vestimenta? ¿Y no deberían sus hijos ser ejemplos en lo que concierne a su manera de vestir, y
con su estilo sencillo reprochar el orgullo, la vanidad y la extravagancia de los profesos cristianos
que son mundanos y amantes del placer? Dios requiere esto de su pueblo. El orgullo es censurado
en su Palabra.
Los Diez Mandamientos promulgados por Jehová desde el Sinaí no pueden vivir en los corazones
de personas de hábitos desordenados y sucios. Si el Israel de la antigüedad no podía ni escuchar
la proclamación de esa ley santa, a menos que obedeciera la orden de Jehová y lavará sus
vestidos, ¿cómo puede esa ley santa ser escrita en los corazones de personas que no tienen
limpio el cuerpo, la ropa ni la casa? Es imposible. Su profesión puede ser tan elevada como el
cielo, y sin embargo no tiene nada de valor. Su influencia disgusta a los incrédulos. Y habría sido
mejor que hubieran permanecido siempre fuera de las filas del pueblo leal de Dios. La casa de
Dios es deshonrada por tales profesos cristianos. Todos los que se reúnen el sábado para adorar
a Dios deberían, hasta donde sea posible, tener un traje pulcro que les siente bien y que sea
agradable para llevar a la casa de culto. Es una deshonra para el sábado y para Dios y su casa,
que los que profesan creer que el sábado es el día santo del Señor y digno de honra, lleven en ese
día la misma ropa que han usado durante toda la semana mientras trabajaban en sus granjas,
cuando pueden obtener otras. Si hay personas dignas que desean honrar de todo corazón al
Señor del sábado, y el culto de Dios, que no pueden conseguir otra muda de ropa, que los que
puedan hacerlo les obsequian un traje para el sábado a fin de que se presenten en la casa de Dios
con una vestimenta limpia y adecuada. A Dios le agradaría que hubiese una mayor uniformidad en
el vestir. Los que gastan dinero en vestiduras costosas y en adornos superfluos, con un poco de
abnegación pueden ejemplificar la religión pura, no sólo mediante la sencillez en el vestir sino
también utilizando los recursos que usualmente gastan en cosas innecesarias, para ayudar a algún
hermano o alguna hermana pobre, a quienes Dios ama, a obtener una vestimenta pulcra y
modesta.