0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas3 páginas

Dudas y certezas en Descartes

En su primera meditación, Descartes duda de todo lo que proviene de los sentidos debido a que éstos pueden engañar. Aunque parece cierto que tiene un cuerpo y está sentado junto al fuego, podría estar soñando. Incluso duda de su propia existencia y de si hay un Dios que lo engaña. Sin embargo, concluye que debe existir, pues está pensando y dudando, por lo que la frase "yo pienso, luego existo" resume su argumento fundamental.

Cargado por

Amelia Guevara
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas3 páginas

Dudas y certezas en Descartes

En su primera meditación, Descartes duda de todo lo que proviene de los sentidos debido a que éstos pueden engañar. Aunque parece cierto que tiene un cuerpo y está sentado junto al fuego, podría estar soñando. Incluso duda de su propia existencia y de si hay un Dios que lo engaña. Sin embargo, concluye que debe existir, pues está pensando y dudando, por lo que la frase "yo pienso, luego existo" resume su argumento fundamental.

Cargado por

Amelia Guevara
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LINCOLN INTERNATIONAL ACADEMY

FILOSOFÍA
11th GRADE
2023
Meditaciones metafísicas (extracto)
René Descartes

“Todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente cierto, lo he percibido de los
sentidos o por los sentidos; he descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en cuando y
es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado, aunque sólo haya sido por una
sola vez. Con todo, aunque a veces los sentidos nos engañan en lo pequeño y en lo lejano, quizás
hay otras cosas de las que no se puede dudar, aun cuando las recibamos por medio de los mismos,
como que estoy aquí, que estoy sentado junto al fuego, que estoy vestido con un traje de invierno,
que tengo este papel en las manos y cosas por el estilo. ¿Con qué razón se puede negar que estas
manos y este cuerpo sean míos? […].

Perfectamente, como si yo no fuera un hombre que suele dormir por la noche e imaginar
en sueños las mismas cosas y a veces, incluso, menos verosímiles que esos desgraciados cuando
están despiertos. ¡Cuán frecuentemente me hace creer el reposo nocturno lo más trivial, como
que estoy aquí, que llevo puesto un traje, que estoy sentado junto al fuego, cuando en realidad
estoy echado en mi cama después de desnudarme! Pero ahora veo ese papel con los ojos abiertos,
y no está adormilada esta cabeza que muevo, y consciente y sensiblemente extiendo mi mano,
puesto que un hombre dormido no lo experimentaría con tanta claridad; como si no me acordase
de que he sido ya otras veces engañado en sueños por los mismos pensamientos. Cuando doy más
vueltas a la cuestión, veo sin duda alguna que estar despierto no se distingue con indicio seguro
del estar dormido, y me asombro de manera que el mismo estupor me confirma en la idea de que
duermo.

Pues bien: soñemos, y que no sean, por tanto, verdaderos esos actos particulares; como
que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos; pensemos que quizá ni
tenemos tales manos ni tal cuerpo. Sin embargo, se ha de confesar que han sido vistas durante el
sueño como unas ciertas imágenes pintadas que no pudieron ser ideadas sino a la semejanza de
cosas verdaderas y que, por lo tanto, estos órganos generales (los ojos, la cabeza, las manos y todo
el cuerpo) existen, no como cosas imaginarias, sino verdaderas; puesto que los propios pintores, ni
aun siquiera cuando intentan pintar las sirenas y los sátiros con las formas más extravagantes
posibles, pueden crear una naturaleza nueva en todos los conceptos, sino que entremezclan los
miembros de animales diversos; incluso si piensan algo de tal manera nuevo que nada en absoluto
haya sido visto que se le parezca ciertamente, al menos deberán ser verdaderos los colores con los
que se componga ese cuadro. De la misma manera, aunque estos órganos generales (los ojos, la
cabeza, las manos, etc.) puedan ser imaginarios, se habrá de reconocer al menos otros verdaderos
más simples y universales, de los cuales como de colores verdaderos son creadas esas imágenes
de las cosas que existen en nuestro conocimiento, ya sean falsas, ya sean verdaderas.

A esta clase parece pertenecer la naturaleza corpórea en general en su extensión, al


mismo tiempo que la figura de las cosas extensas. La cantidad o la magnitud y el número de las
mismas, el lugar en que estén, el tiempo que duren, etc.
LINCOLN INTERNATIONAL ACADEMY
FILOSOFÍA
11th GRADE
2023
En consecuencia, deduciremos quizá sin errar de lo anterior que la física, la astronomía, la
medicina y todas las demás disciplinas que dependen de la consideración de las cosas compuestas,
son ciertamente dudosas, mientras que la aritmética, la geometría y otras de este tipo, que tratan
sobre las cosas más simples y absolutamente generales, sin preocuparse de si existen en realidad
en la naturaleza o no, poseen algo cierto e indudable, puesto que, ya esté dormido, ya esté
despierto, dos y tres serán siempre cinco y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados; y no
parece ser posible que unas verdades tan obvias incurran en sospecha de falsedad.

No obstante, está grabada en mi mente una antigua idea; a saber: que existe un Dios que
es omnipotente y que me ha creado tal como soy yo. Pero, ¿cómo puedo saber que Dios no ha
hecho que no exista ni tierra, ni magnitud, ni lugar, creyendo yo saber, sin embargo, que todas
esas cosas no existen de otro modo que como a mí ahora me lo parecen? ¿E incluso que, del
mismo modo que yo juzgo que se equivocan algunos en lo que creen saber perfectamente, así me
induce Dios a errar siempre que sumo dos y dos o numero los lados del cuadrado o realizo
cualquier otra operación si es que se puede imaginar algo más fácil todavía? Pero quizá Dios no ha
querido que yo me engañe de este modo, puesto que de él se dice que es sumamente bueno;
ahora bien, si repugnase a su bondad haberme creado de tal suerte que siempre me equivoque,
también parecería ajeno a la misma permitir que me engañe a veces; y esto último, sin embargo,
no puede ser afirmado […].

Supondré, pues, que no un Dios óptimo, fuente de la verdad, sino algún genio maligno de
extremado poder e inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar; creeré que el cielo, el
aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todo lo externo no son más que engaños de
sueños con los que ha puesto una celada a mi credulidad; consideraré que no tengo manos, ni
ojos, ni carne, ni sangre, sino que lo debo todo a una falsa opinión mía; permaneceré, pues, asido
a esta meditación y de este modo, aunque no me sea permitido conocer algo verdadero,
procuraré al menos con resuelta decisión, puesto que está en mi mano, no dar fe a cosas falsas y
evitar que este engañador, por fuerte y listo que sea, pueda inculcarme nada. Pero este intento
está lleno de trabajo, y cierta pereza me lleva a mi vida ordinaria; como el prisionero que
disfrutaba en sueños de una libertad imaginaria, cuando empieza a sospechar que estaba
durmiendo, teme que se le despierte y sigue cerrando los ojos con estas dulces ilusiones, así me
deslizo voluntariamente a mis antiguas creencias y me aterra el despertar, no sea que tras el
plácido descanso haya de transcurrir la laboriosa velada no en alguna luz, sino entre las tinieblas
inextricables de los problemas suscitados […].

Supongo, por tanto, que todo lo que veo es falso y que nunca ha existido nada de lo que la
engañosa memoria me representa; no tengo ningún sentido absolutamente: el cuerpo, la figura, la
extensión, el movimiento y el lugar son quimeras. ¿Qué es entonces lo cierto? Quizá solamente
que no hay nada seguro.

¿Cómo sé que no hay nada diferente de lo que acabo de mencionar, sobre lo que no haya
ni siquiera ocasión de dudar? ¿No existe algún Dios, o como quiera que le llame, que me introduce
esos pensamientos? Pero, ¿por qué he de creerlo, si yo mismo puedo ser el promotor de aquéllos?
¿Soy, por lo tanto, algo? Pero he negado que yo tenga algún sentido o algún cuerpo; dudo, sin
embargo, porque, ¿qué soy en ese caso? ¿Estoy de tal manera ligado al cuerpo y a los sentidos,
que no puedo existir sin ellos? Me he persuadido, empero, de que no existe nada en el mundo, ni
LINCOLN INTERNATIONAL ACADEMY
FILOSOFÍA
11th GRADE
2023
cielo ni tierra, ni mente ni cuerpo; ¿no significa esto, en resumen, que yo no existo? Ciertamente
existía si me persuadí de algo. Pero hay un no sé quién engañador sumamente poderoso,
sumamente listo, que me hace errar siempre a propósito. Sin duda alguna, pues, existo yo
también, si me engaña a mí; y por más que me engañe, no podrá nunca conseguir que yo no exista
mientras yo siga pensando que soy algo. De manera que, una vez sopesados escrupulosamente
todos los argumentos, se ha de concluir que siempre que digo “Yo soy, yo existo” o lo concibo en
mi mente, necesariamente ha de ser verdad” (Descartes, R. Meditaciones metafísicas. Primera
meditación).

Glosario.

Verosímil: que tiene apariencia de verdadero. Repugnar: no poderse unir y concertar.

Trivial: vulgarizado, común y sabido de todos. Celada: engaño o fraude dispuesto con artificio o
disimulo.
Estupor: asombro, pasmo.
Asir: tomar con la mano.
Sátiro: ser de la mitología grecorromana,
campestre y lascivo, con aspecto de hombre Inculcar: infundir con ahínco en el ánimo de
barbado con patas y orejas cabrunas y cola de alguien una idea, un concepto, etc.
caballo o de chivo.
Inextricable: que no se puede desenredar, muy
Incurrir: caer en una falta, cometerla. intrincado y confuso.

Magnitud: tamaño de un cuerpo // Propiedad física Quimera: aquello que se propone a la imaginación
que puede ser medida. como posible o verdadero, no siéndolo.

También podría gustarte