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Orden Jurídico Espontáneo y Leyes

El documento discute la estructura del orden jurídico espontáneo. Explica que en el sistema anglosajón, la palabra "ley" puede referirse tanto a la legislación como al conjunto del ordenamiento jurídico. También distingue entre leyes positivas, que imponen conductas, y leyes negativas, que prohíben ciertos actos para proteger la libertad individual. Finalmente, señala que un orden espontáneo se organiza sobre la base de normas negativas.

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Orden Jurídico Espontáneo y Leyes

El documento discute la estructura del orden jurídico espontáneo. Explica que en el sistema anglosajón, la palabra "ley" puede referirse tanto a la legislación como al conjunto del ordenamiento jurídico. También distingue entre leyes positivas, que imponen conductas, y leyes negativas, que prohíben ciertos actos para proteger la libertad individual. Finalmente, señala que un orden espontáneo se organiza sobre la base de normas negativas.

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II.

Estructura del orden jurídico espontáneo El estudio de la forma en que se genera

este orden jurídico espontáneo remite, en primer término, a la consideración de dos

cuestiones fundamentales: el concepto de ley y su contenido. El concepto de ley Una

peculiaridad idiomática que diferencia al castellano del inglés debe tenerse en cuenta para

comprender cuál es el significado que se ha dado a las normas que regulan el orden

espontáneo en el sistema anglosajón, porque una mala interpretación de los vocablos puede

mover a error respecto de cómo funciona su sistema legal. La palabra law tiene dos

traducciones distintas en nuestro idioma: puede traducirse tanto como “ley”, en el sentido

técnico de la norma jurídica sancionada por la legislatura, como por “derecho”, en una

acepción más amplia, como el conjunto de todo el ordenamiento jurídico de distintas

fuentes. Por ejemplo, si se habla de criminal law, se estará refiriendo tanto a la legislación

en materia penal como a lo que nosotros llamaríamos el “derecho penal”, que incluye,

además de la legislación, la jurisprudencia y la doctrina. En el idioma inglés fue posible

unir en una palabra ambos sentidos, precisamente por que el “derecho”, en sus comienzos,

no estaba regulado en “leyes”, sino que era el producto de normas consuetudinarias

asentadas a través del tiempo y recogidas por fallos judiciales que resolvían conflictos

individuales. Law, para el antiguo derecho inglés, no era la ley escrita, sino el derecho

aplicable al caso, que muy raras veces estaba plasmado en un texto sancionado por el

Parlamento. Cuando hablo de la organización “legal” del orden espontáneo, entonces, no

me refiero al “sancionado por un Congreso”, sino al conjunto de normas generales que

tienen por finalidad resolver conflictos individuales y se elaboran a partir de la reiterada

resolución judicial de cuestiones similares. La aparición de la codificación, fruto de la

imposición compulsiva de normas de conducta por el poder político, es lo que produjo en

mayor medida la ruptura entre ley y derecho. Mientras rigió la decisión del pretor en Roma
o del juez en Inglaterra, que resolvían conflictos individuales basados en las costumbres

comerciales de la época, elaborando de ese modo pautas de interpretación para futuros

conflictos, esos principios eran el derecho vigente. Una disposición del Parlamento –como

veremos al analizar la historia del common law- no podía ir en contra de tales costumbres y

del consecuente derecho judicial, pues en tal caso carecía de valor. La ley –en el sentido

técnico de norma general sancionada por el Parlamento- tenía un valor secundario y

siempre subordinado a los principios del derecho consuetudinario. Cuando surgió la

potestad coactiva de las leyes por encima de las costumbres, la voluntad de los interesados

y los precedentes judiciales, la ley y el derecho siguieron caminos distintos. En Roma, esa

distinción puede hacerse a partir del primer gran código romano, el Corpus Iuris Civilis de

Justiniano, en el año 533, que fue la base del proceso codificador emprendido en el siglo

XIX. En los Estados Unidos, la legislación del Congreso en materias federales está

originando un resultado similar. En un orden jurídico espontáneo se elimina toda

contradicción entre la legislación y el derecho, al eliminar la intromisión de la ley en el

ejercicio de la libertad contractual, tal como veremos a continuación. El contenido de la ley:

leyes positivas y negativas Las normas jurídicas pueden ser clasificadas en positivas o

negativas, de acuerdo con su finalidad. Aquellas que tienen por objeto imponer la

realización de una conducta determinada, aun en contra de la voluntad del sujeto actuante,

son normas de contenido positivo. Las normas negativas, en cambio, son las que “más que

prescribir, prohíben determinados actos; que pretenden proteger unos marcos específicos

dentro de los cuales el individuo seguirá siendo libre de actuar como mejor le parezca

(...)3 . Las leyes positivas indican lo que se debe hacer obligatoriamente. Las negativas

indican lo que no se debe hacer. Un orden espontáneo se organiza sobre la base de normas

de contenido negativo, que al prohibir la violación de los derechos, permite que la sociedad
se organice siguiendo las decisiones individuales de sus integrantes. Los pensadores de la

escuela escocesa, que dieron gran impulso a la teoría del orden espontáneo durante el siglo

XVIII, remarcaron suficientemente el carácter negativo que debían tener las normas de

organización social. Así, Adam Smith sostuvo: “La sabiduría de cada estado o comunidad

intenta, en la medida de lo posible, aplicar la fuerza de la sociedad para impedir que

quienes están sujetos a su autoridad incidan o perturben la felicidad y bienestar de los

demás. Las reglas establecidas con ese objeto constituyen el derecho civil y criminal de

cada estado o nación”4 . En relación con la justicia, decía Adam Smith:

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