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Pentecostés y el Espíritu Santo

El documento describe la venida del Espíritu Santo y su papel en la Iglesia. Explica que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad que asiste a la Iglesia y santifica las almas. Describe que Jesús prometió enviar al Espíritu Santo para guiar a la Iglesia y transformar las almas, y que el Espíritu Santo vino en Pentecostés dando a los apóstoles la fuerza para predicar.

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Pentecostés y el Espíritu Santo

El documento describe la venida del Espíritu Santo y su papel en la Iglesia. Explica que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad que asiste a la Iglesia y santifica las almas. Describe que Jesús prometió enviar al Espíritu Santo para guiar a la Iglesia y transformar las almas, y que el Espíritu Santo vino en Pentecostés dando a los apóstoles la fuerza para predicar.

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LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

El primer prodigio obrado por el Espíritu Santo es el de Pentecostés. San Pedro predicó en su
idioma, le entendieron cuántos le escucharon, a pesar de pertenecer a diversas lenguas. Este
milagro lo repitió San Vicente Ferrer en cuanto que él predicaba
en la lengua materna y le entendían sus oyentes de diversos países. También se refieren cosas
análogas de San Antonio y de San Francisco Javier.

1. El Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del amor del Padre y
del Hijo. Es Dios, igual que el Padre y el Hijo.
El Espíritu Santo asiste a la Iglesia y santifica nuestras almas con la gracia, las virtudes y los dones.
Cada vez que recibimos dignamente un Sacramento, el Espíritu Santo viene a nuestras almas y
transforma nuestra vida espiritual.
Lo recibimos especialmente en el sacramento de la Confirmación.
Sus nombres: Espíritu Santo, pues procede por espiración; Amor, pues es término subsistente del
amor recíproco del Padre y del Hijo; Paráclito, pues es consolador.

[Link] misión del Espíritu Santo.


La venida del Espíritu Santo puso en marcha la Iglesia. Gracias a su ayuda, ella se ve continuamente
guiada e impulsada en su misión de extender el evangelio por toda la tierra.
Sin embargo, la obra del Espíritu Santo no consiste sólo en conducir a la Iglesia en general. El
Espíritu Santo actúa también sobre cada alma en particular. Su influencia en el alma que le ha
recibido y le es fiel, produce en ella una profunda transformación. Una transformación que quizá
no se vea con los ojos del cuerpo, porque es espiritual, pero que tiene un valor incalculable, divino.
El último gran acto fundacional de la Iglesia ya no lo hizo Jesús en su vida terrena, sino desde el
cielo. En la noche de la despedida Jesús promete el Espíritu Santo: «Yo pediré al Padre que les dé
otro Consolador; para que esté con ustedes eternamente: el Espíritu de la Verdad, que el mundo
no puede recibir porque no lo ve ni conoce; ustedes lo conocen porque con ustedes vivirá y estará
en su interior» (Jn 14, 16-17; cf Mt 10, 20).
Jesús les anuncia que un fruto de su mediación ante el Padre será la venida del Pará-clito. El
Espíritu Santo, en efecto, vendrá sobre los discípulos tras la Ascensión del Señor (cf Hch 2, 1-13),
enviado por el Padre y el Hijo. Al prometer Jesús que por medio de él, el padre les enviará el
Espíritu Santo está revelando el misterio de la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo cumple ahora el oficio de guiar, proteger y vivificar a la Iglesia: “El Espíritu Santo
vendrá, nosotros lo conoceremos, estará con nosotros para siempre, permanecerá con nosotros;
nos lo enseñará todo y nos recordará todo lo que Cristo nos ha dicho y dará testimonio de él; nos
conducirá a la verdad completa y glorificará a Cristo” .
Con la venida del Espíritu Santo, los apóstoles han comprendido la doctrina de Jesús y sienten una
gran fortaleza y valentía para ir a predicarla por todo el mundo como el Señor les ha mandado.

3. El Espíritu Santo viene a nosotros en el Bautismo


Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto,
San Pedro declara a la multitud conmovida por su predicación: «Convertíos y que cada uno de
vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; ¡y
recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,38).
Los Apóstoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jesús: judíos, hombres
temerosos de Dios, paganos (cf Hch 2,41; 8, 12-13; 10,48; 16, 15).
El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa»,
declara San Pablo a su carcelero en Filipos. El relato continúa: «el carcelero inmediatamente recibió
el bautismo, él y todos los suyos» (Hch 16, 31-33).

4. El Espíritu Santo nos hace hijos de Dios


Gracias al Espíritu Santo entramos, por el Bautismo, a formar parte de la familia de Dios No sólo
pasamos a ser sus amigos, sino que sucede de algo mucho más grande. Nos convertimos en hijos
de Dios. San Pablo nos lo explica de una forma clarísima en la Epístola a los Romanos: «Porque los
que son movidos por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu
de siervos para caer en el temor sino que habéis recibido el Espíritu de hijos, por el cual clamamos:
¡Padre!» (Rm 8, 14-15).

5. Los carismas
Los carismas son gracias especiales que el Espíritu distribuye libremente entre los fieles de todo
tipo y con los que los capacita y dispone para asumir varias obras y funciones, útiles para la
renovación de la Iglesia y para el desarrollo de su construcción.
Algunos de estos carismas son extraordinarios, otros, por el contrario, sencillos y mucho más
difundidos, pero el juicio sobre su autenticidad corresponde, sin ninguna excepción, a los que
presiden en la Iglesia, a los que compete no extinguir los carismas auténticos.
Aunque el término “carisma” parece ser propiamente paulino, la realidad a que se refiere está ya
claramente operante en el Antiguo Testamento, en numerosos reyes, jueces, profetas y otros
grandes personajes, tanto hombres como mujeres. Estos no solo recibieron de Dios una misión sino
también la efusión del Espíritu Santo para ejercerla mas allá de las fuerzas meramente naturales.

Las listas contienen un total de 20 carismas diferentes, pero estas no pretenden ser exhaustivas.
Hay muchos más carismas. Mientras unos son dones que capacitan para ejercer ciertos oficios,
otros son extraordinarios. Pero todos son fruto de la gracia, es decir de la obra del Espíritu Santo.
TAREA
1. ¿Quién es el Espíritu Santo?
2. ¿Qué prometió Jesucristo al subir a los cielos?
3. ¿Qué efectos produjo el Espíritu Santo en los Apóstoles?
4. ¿Qué oficio cumple ahora el Espíritu Santo?
5. ¿Qué son los carismas?

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