La ausencia prácticamente total de atmósfera en nuestro satélite obliga a los astronautas a
disponer de equipos autónomos de suministro de gases, conocidos como P.L.S.S. en sus
paseos por la superficie. Asimismo, al no existir un manto protector, las radiaciones
ultravioleta y los rayos gamma emitidos por el Sol bombardean la superficie lunar, siendo
necesario contar con trajes protectores especiales que eviten sus efectos nocivos.
Para la tenue atmósfera lunar cualquier pequeño cambio puede ser importante. La sola
presencia de los astronautas altera localmente su presión y su composición al enriquecerla
con los gases espirados por ellos y por los que se escapan del módulo lunar cada vez que se
efectúa una EVA. Existe el temor de que los gases emitidos por las naves que en la década
del setenta alunizaron en la Luna hayan creado una polución o contaminación de igual masa a
la de su atmósfera nativa. Aunque estos gases ya deben haber desaparecido en su mayoría,
aún hay una preocupación de que queden restos que impidan investigar sobre la atmósfera
real de la Luna.
La atmósfera lunar recibe también aportaciones de partículas solares durante el día, que cesa
al llegar la noche. Durante la noche lunar, la presión puede bajar hasta no ser más que de
dos billonésimas partes de la atmósfera terrestre, subiendo durante el día hasta las ocho
billonésimas partes, demostrando así que la atmósfera lunar no es una atmósfera
permanente, sino una concentración de partículas dependiente del medio exolunar.
La ionosfera que rodea a nuestro satélite se diferencia de la terrestre en el escaso número de
partículas ionizadas, así como de la presencia de electrones poco energéticos que,
arrancados del suelo de la Luna, son emitidos al espacio por el impacto de los rayos solares.
Actualmente, se ha podido determinar la existencia de una cola de sodio compuesta por
vapores que se desprenden de nuestro satélite de forma similar a como lo hacen los gases de
los cometas.
La ausencia de aire, y en consecuencia de vientos, impide que se erosione la superficie y que
transporte tierra y arena, alisando y cubriendo sus irregularidades. Debido a la ausencia de
aire no se transmite el sonido. La falta de atmósfera también significa que la superficie de la
Luna no tenga ninguna protección con respecto al bombardeo esporádico
de cometas y asteroides. Además, una vez que se producen los impactos de estos,
los cráteres que resultan prácticamente no se degradan a través del tiempo por la falta de
erosión.
Origen de la Luna[editar]
Escultura «Alegoría de la Luna», parque principal de la
población de Sáchica, Boyacá, Colombia.
Artículos principales: Hipótesis del gran impacto y Geología de la Luna.
Al descubrir que la composición de la Luna era la misma que la de la superficie terrestre se
supuso que su origen tenía que venir de la propia Tierra. Un cuerpo tan grande en relación
con nuestro planeta difícilmente podía haber sido capturado ni tampoco era probable que se
hubiese formado junto a la Tierra. Así, la mejor explicación de la formación de la Luna es que
esta se originó a partir de los pedazos que quedaron tras una cataclísmica colisión con
un protoplaneta del tamaño de Marte en los albores del Sistema Solar (hipótesis del gran
impacto). Esta teoría también explica la gran inclinación axial del eje de rotación terrestre que
habría sido provocada por el impacto. En 2018, un estudio de las universidades de California
Davis y de Harvard ofreció una versión en la que la Luna hubiera surgido en el interior de la
Tierra, cuando nuestro planeta era una hirviente nube de roca vaporizada girando alrededor
de sí misma.46
La enorme energía suministrada por el choque fundió la corteza terrestre al completo y arrojó
gran cantidad de restos incandescentes al espacio. Con el tiempo, se formó un anillo de roca
alrededor de nuestro planeta hasta que, por acreción, se formó la Luna. Su órbita inicial era
mucho más cercana que la actual y el día terrestre era mucho más corto ya que la Tierra
rotaba más deprisa. Durante cientos de millones de años, la Luna ha estado alejándose
lentamente de la Tierra, a la vez que ha disminuido la velocidad de rotación terrestre debido a
la transferencia de momento angular que se da entre los dos astros. Este proceso de
alejamiento continúa actualmente a razón de 38 mm por año.
Tras su formación, la Luna experimentó un periodo cataclísmico, datado en torno a hace
3 800 000 000-4 000 000 000 (tres mil ochocientos millones a cuatro mil millones) de años, en
el que la Luna y los otros cuerpos del Sistema Solar interior sufrieron violentos impactos de
grandes asteroides. Este período, conocido como bombardeo intenso tardío, formó la mayor
parte de los cráteres observados en la Luna, así como en Mercurio. El análisis de la superficie
de la Luna arroja importantes datos sobre este periodo final en la formación del Sistema solar.
Posteriormente se produjo una época de vulcanismo consistente en la emisión de grandes
cantidades de lava, que llenaron las mayores cuencas de impacto formando los mares lunares
y que acabó hace 3 000 000 000 (tres mil millones) de años. Desde entonces, poco más ha
acaecido en la superficie lunar que la formación de nuevos cráteres debido al impacto de
asteroides, si bien no son infrecuentes los informes (tanto históricos como actuales) que dan
noticia de la presencia de fenómenos luminosos ocasionales sobre la luna,
denominados fenómenos lunares transitorios.
Recientemente, sin embargo, los datos enviados por la sonda japonesa SELENE han
mostrado que dicho vulcanismo ha durado más de lo que se pensaba, habiendo acabado en
la cara oculta hace 2 500 000 000 (dos mil quinientos millones) de años.47
Relieve lunar[editar]
La X lunar a través de un telescopio refractor de 60 mm
Artículo principal: Geología de la Luna
Ilustración de Galileo (1616) sobre las fases lunares.
Cuando Galileo Galilei apuntó su telescopio hacia la Luna en 1610 pudo distinguir dos tipos de
regiones superficiales distintas. A las regiones oscuras las denominó «mares», y aunque muy
pronto se supo que no contienen agua, han conservado nombres tales como Mar de la
Serenidad o Mar de la Fecundidad; son planicies con pocos cráteres. El resto de la superficie
lunar es más brillante, y presenta regiones más elevadas con una alta densidad de cráteres,
tales como Tycho y Clavius. En la superficie lunar también existen cadenas de montañas que
llevan nombres como Alpes y Apeninos, igual que en la Tierra.
Como circunstancia particular, cuando la Luna está muy próxima a la fase de cuarto creciente,
el juego de luces y sombras en la zona del terminador hace que se vea una zona iluminada
con forma de X en la Luna.
Pri
ncipales accidentes de la luna sobre proyección cilíndrica de las fotografías de la
misión Clementine ((Clementine Lunar Map 2.0))
Mar Imbrium y el cráter
Cráter Mar de la
Cráter Tycho en la Copérnico, la cordillera en
Tsiolkovski fotografiad Tranquilidad fotografiad
superficie lunar. la parte superior son
o desde el Apolo 15. o desde el Apolo 8.
los montes Cárpatos.
Impactos meteoríticos sobre la superficie lunar
Alrededor de 1830, los principales selenógrafos (como el astrónomo alemán Johann Heinrich
von Mädler) habían llegado a la conclusión de que el satélite no contiene ni atmósfera ni agua,
y de que el relieve de la Luna no cambia. Sin embargo, siendo esto cierto en líneas generales
a corto plazo (por la ausencia actual de fenómenos de vulcanismo, hidrológicos o atmosféricos
en condiciones de modelar la superficie lunar), la falta de atmósfera no mitiga los impactos
meteoríticos, lo que por simple acumulación en espacios de tiempo a escala geológica, implica
un efecto considerable sobre su relieve (prueba de ello son los numerosísimos cráteres de
impacto que cubren su superficie).
De hecho, hay algunas evidencias históricas acerca de impactos meteoríticos sobre la luna:
El 18 de junio de 1178, el monje británico Gervasio de Canterbury observó el
impacto de un asteroide en la luna creciente, hecho que figura reflejado en las
crónicas de la catedral de Canterbury.
En 1866, el astrónomo irlandés John Birmingham escribió un ensayo sobre la
desaparición de un cráter en la superficie de la luna y la subsiguiente aparición de
una vasta nube luminosa en su lugar.
El 17 de marzo de 2013, un meteoroide del tamaño de una roca pequeña impactó
sobre la superficie lunar en el Mare Imbrium y provocó una explosión diez veces
más brillante que las observadas hasta ese momento.48
El 11 de septiembre de 2013, un meteoroide con un diámetro comprendido entre
los 0,6 y los 1,4 metros y un peso de 400 kg colisionó en el Mare Nubium (Mar de
las Nubes) a unos 65 000 km/h, provocando la explosión lunar más brillante
registrada hasta ahora.49
La observación lunar[editar]
Artículos principales: Historia de la observación lunar y Mitología Lunar.
Luna llena vista desde el hemisferio norte el 13 de
julio de 2014, fecha en que la fase llena coincidió con el perigeo.
Luna llena vista desde el hemisferio sur, donde es posible
apreciar que se ve invertida, en comparación con la imagen desde el hemisferio norte.
La Luna en distintos calendarios
La
palabra inglesa para mes, month,
proviene de moonth, una
forma sajona primitiva
para lunación (la
palabra moon significa ‘Luna’, en
inglés), debido al primitivo uso de
un calendario lunar en la cultura
sajona. De forma similar, el
nombre neerlandés de la Luna
es maan, y la palabra
neerlandesa para "mes"
es maand.
En castellano el primer día de la
semana, «lunes», tiene su raíz en
el «día de la Luna» (Dies lunae,
en latín). Esto se puede ver
también en el idioma inglés, en
que monday viene de moon day,
en italiano —Lunedi—, en francés
donde se llama Lundi,
en alemán Montag, en japonés 月
曜日 Getsuyôbi (月 es luna) y
en neerlandés donde se
llama Maandag. (Ver semana.)
En el idioma turco, la
palabra Ay ('mes') también
significa 'luna'. El origen de esta
coincidencia es el hecho de que
el musulmán es un calendario
lunar.
En los
idiomas chino y japonés las
palabras 'luna' y 'mes' se escriben
con el mismo carácter: 月 (lo que
se conoce como kanji en japonés
o hanzi en chino), debido a que
ambas culturas emplean
calendarios lunares.
En el idioma coreano las palabras
'luna' y 'mes' se escriben con el
mismo carácter: 달 (lo que se
conoce como hangul), debido a
que la cultura emplea calendario
lunar.
La primera foto de la Tierra vista desde la Luna se
transmitió el 23 de agosto de 1966 desde el Lunar Orbiter I hasta la estación espacial de
Robledo de Chavela.
Desde tiempos inmemoriales la Luna sorprendió a la humanidad con su gran tamaño, sus
ciclos orbitales y sus fases. Fue uno de los dos cuerpos más importantes junto con el Sol y su
periodicidad sirvió como calendario en muchas culturas. En Irlanda se ha encontrado una roca
de hace 5000 años que parece ser la representación más temprana de la Luna descubierta
hasta la fecha.
En muchas culturas prehistóricas y antiguas, la Luna era una deidad u otro
fenómeno sobrenatural (por ejemplo, los kiliwa creen que la Luna es una potencia masculina,
y según su propia mitología el dios de la Luna Meltí ?ipá jalá(u) fue el creador de todo el
universo).
Una de las primeras veces que se intentó ofrecer una visión racional y científica de lo que era
la luna fue en la Antigua Grecia. La propuso el filósofo Anaxágoras quien razonó que tanto el
Sol como la Luna eran dos cuerpos gigantes, rocosos y esféricos y que la luz emitida por la
Luna no era más que luz reflejada del Sol. Su idea ateísta del cielo fue una de las causas de
su encarcelamiento y posterior exilio.
En la Edad Media, antes de la invención del telescopio, cada vez más gente fue reconociendo
que la Luna era una esfera ya que se creía que tenía que ser «perfectamente lisa».
En 1609, Galileo Galilei observó por primera vez la Luna con telescopio y afirmó, en su
libro Sidereus Nuncius (El mensajero celeste), que no era lisa ya que tenía cráteres. Más
tarde, también en el siglo XVII, Giovanni Battista Riccioli y Francesco Maria Grimaldi trazaron
un mapa de la Luna y dieron nombre a muchos de esos cráteres, nombres que se mantienen
hoy día.
La exploración lunar[editar]
Artículo principal: Exploración de la Luna
Aldrin pone la bandera de Estados Unidos en la
superficie lunar.
El Programa Luna de la antigua Unión Soviética (1959-1976) tuvo por objetivo llegar con
naves no tripuladas a la Luna. El Luna 3 logró fotografiar la cara oculta, Luna 9 logró posarse
suavemente, y Luna 10 orbitó por primera vez la Luna. Dos vehículos Lunojod lograron
posarse y moverse por su superficie y tras el alunizaje del Apolo 11 tripulado, las naves Luna
16, Luna 20 y Luna 24 trajeron unos 300 gramos de polvo lunar a la Tierra.
El programa Ranger estadounidense (1961-1965) lanzó directamente contra la Luna una serie
de naves de reconocimiento fotográfico. Solamente Ranger 7, 8 y 9 lograron su objetivo. El
programa Lunar Orbiter puso cinco naves no tripuladas en órbita lunar entre los años 1966-
1967 para cartografiarla y ayudar al Programa Apolo para poner una persona en la Luna, hito
histórico que se logró con la llegada del Apolo 11 el 20 de julio de 1969 y que se retransmitió a
todo el planeta desde las diferentes instalaciones de la Red del Espacio Profundo.
El MDSCC en Robledo de Chavela (Madrid, España) perteneciente a ella, sirvió de apoyo
durante todo el viaje de ida y vuelta.5051 Al programa Ranger le sucedió el
programa Surveyor que tras el Luna 9 logró alunizajes suaves de naves no tripuladas.
Las naves estadounidenses Clementine y Lunar Prospector, las japonesas Hiten y Selene, la
europea Smart 1, la china Chang'e 1 y la india Chandrayaan-1 representaron una vuelta a la
Luna, abandonada desde 1973. Su misión fue detectar la presencia de vapor de agua
mezclado con polvo lunar y procedente de cometas que se han estrellado cerca de los polos
lunares en cráteres donde nunca son iluminados por el Sol.
En septiembre de 2009, se anunció que la sonda india Chandrayaan-1, que orbitaba la Luna,
detectó finas películas de agua en la superficie.43
Iconografía