UNIDAD 7.
CONTRATOS ADMINISTRATIVO PARTE GENERAL
CONTRATO ADMINISTRATIVO . CONCEPTO
El contrato administrativo es el acuerdo de voluntades generador de obligaciones y
derechos, celebrado entre un órgano del Estado, en ejercicio de las funciones
administrativas que le competen, con otro órgano administrativo o con un particular o
administrado, para satisfacer finalidades públicas.
El contrato se distingue del acto administrativo complejo y del colectivo. Estos dos últimos
sólo tienen en común con el contrato la pluralidad de voluntades que intervienen en su
formación; pero ellas actúan en forma distinta (en el contrato los intereses son
contrapuestos).
Salvo texto expreso en contrario, los elementos del contrato administrativo son los mismos
que se prevén para el acto administrativo. A falta de texto expreso rige el principio de
libertad de formas.
El contrato administrativo para ser considerado una realidad del mundo jurídico requiere dos
cosas:
⮚ Que las partes expresen y exterioricen su voluntad.
⮚ Que el contrato se perfeccione (fusión de voluntades, depende de la modalidad de
contratación).
Cuando no se requiere que se firme o suscriba un instrumento específico “ad hoc” y el
acuerdo de voluntades se hubiere producido, el contrato podrá acreditarse con un
instrumento o testimonio que contenga o comprenda las piezas respectivas de las cuales
resulte dicha fusión de voluntades. En cambio, cuando la legislación aplicable exigiere la
específica existencia de un contrato escrito, el contrato deberá probarse con dicho
específico documento escrito, pues se trataría de un requisito formal o esencial de su
existencia. Mientras dicho documento escrito no se hubiere concretado, el contrato debe
tenerse por no perfeccionado.
CONSIDERACIONES GENERAL
Para el cumplimiento de sus fines administrativos, el Estado puede actuar –a través de la
Administración Pública en dos formas distintas: ejerce por sí mismo la actividad respectiva o
utiliza al administrado o particular para que colabore con él.
La colaboración que el Estado requiere del administrado puede ser forzosa o voluntaria; la
primera da lugar a la carga pública y la segunda puede dar lugar a los contratos
administrativos.
La Administración Pública puede celebrar dos tipos de contratos: administrativos
propiamente dichos o de derecho común (civil o comercial). La distinción entre estos dos
tipos de contratos es exclusivamente sustancial, material y objetiva.
En ambos tipos de contrato, el órgano emisor es la administración, y por lo tanto ambos se
encuentran regidos por las mismas reglas en cuanto a la expresión de la voluntad y la
competencia.
Hay ciertos contratos de la administración que, por su objeto, son siempre contratos
administrativos propiamente dichos ([Link]. concesión de servicios públicos) puesto que se
trata de figuras insusceptibles de ser utilizadas por los particulares.
DIFERENCIA ENTRE LOS CONTRATOS ADMINISTRATIVO Y DE DERECHO COMÚN
● La presencia de la administración es un presupuesto del contrato administrativo.
● Otro criterio es el de la determinación legislativa, que puede ser directa o indirecta
(estableciendo la competencia de los tribunales contencioso-administrativos).
● Para otros, el contrato se debe considerar administrativo o de derecho común, según
se prescriba que el órgano jurisdiccional habilitado para resolver las controversias
sea el contencioso-administrativo o el ordinario. A este criterio Marienhof contesta
que la jurisdicción competente es consecuencia de la naturaleza del contrato (y no al
revés).
● Según otro criterio sostiene que la simple calificación de las partes es idónea para
atribuirle a un contrato el carácter administrativo, y que todo depende de la índole del
objeto del contrato o de las características que éste ofrezca.
● Se ha sostenido que el carácter administrativo de un contrato deriva de la voluntad
de las partes de someterse a un régimen jurídico especial de derecho público.
● Otra postura afirma que el carácter administrativo de un contrato deriva circunstancia
de que la facultad para llevarlo a cabo surja de una ley lato sensu–administrativa.
● La CSJN dijo que tales normas no alteran el carácter civil de la relación cuando ella
sea efectivamente civil, puesto que su objeto no es más que dar competencia a una
persona ideal para llevar a cabo el acto.
● Otro criterio consiste en considerar contrato administrativo a aquel que involucre
ciertas prerrogativas para la administración, que se manifiestan en las llamadas
cláusulas exorbitantes del derecho privado. Dichas cláusulas pueden ser expresas o
específicas.
● Según otro criterio, el contrato es administrativo cuando su objeto sea el servicio
público o una prestación de utilidad pública. Este criterio no basta por sí solo para
calificar el contrato pues las funciones del Estado susceptibles de ser materia
contractual no se agotan en el servicio público.
● Marienhoff opina que los contratos de la administración pueden ser “administrativos”
stricto sensu por dos razones: por su objeto en cuyo caso aparejan cláusulas
virtuales o implícitas exorbitantes del derecho privado, o cuando, no siendo de
“administrativos” por su objeto, contengan cláusulas expresas exorbitantes del
derecho privado.
………………………….
Criterio subjetivo caracterizado por centrar su atención en el hecho de la sola presencia de
la Administración en el contrato. Sea cual fuere el contenido o la finalidad de éste, la
concurrencia de la Administración es elemento suficiente para que el contrato sea un
contrato administrativo. Como crítica se puede afirmar que este criterio subjetivo resulta
evidentemente insuficiente para la caracterización real de la diferencia que se busca. Es
cierto que el contrato administrativo requiere en todos los casos la presencia de un ente
público entre sus partes, pero no lo es menos que hay contratos donde, estando presente el
ente público entre sus partes, pero no lo es menos que hay contratos donde, estando
presente el ente público por medio de alguno de sus agentes, el acuerdo de voluntades es
evidentemente de aquellos que se rigen por el derecho privado.
También se lo ha intentado caracterizar por el denominado criterio de la jurisdicción, que
señala como de derecho público a todos aquellos contratos en los cuales le compete
entender a la jurisdicción administrativa. No interesa el origen de dicha competencia, es
decir, ya sea que los jueces administrativos conozcan porque lo dispone una ley, o porque
así se pactó en el contrato, o porque así lo resuelva un tribunal debido a alguna causa. No
difiere demasiado la crítica del caso anterior. Resulta insuficiente este criterio, desde el
mismo momento en que no parece sólido sostener que un contrato quedará sujeto a la
jurisdicción del derecho público por simple acuerdo de partes o por así decidirlo los
magistrados.
El criterio formal es aquel que se basa exclusivamente en el hecho de la existencia o no de
un procedimiento establecido por la Administración para su celebración. Se critica que esta
postura es insuficiente y carece de base jurídica. Ello porque la realidad es, precisamente,
inversa: es por el hecho de ser un contrato regido por el derecho público que habrá de ser
necesario un procedimiento específico para su concertación, y cabe agregar como crítica,
por otra parte, que numerosas grandes empresas de derecho privado hoy contienen normas
de procedimiento de contratación casi tan complejas como las de los entes estatales, y no
por ello entran en el campo del derecho público.
Criterio de Marienhoff: El autor sostiene que habrá contrato administrativo en razón del
objeto del contrato, y en ese caso se caracterizará por contener cláusulas exorbitantes al
derecho común (en forma expresa o implícita), y también habrá contrato administrativo
cuando, sin serlo por su objeto, contenga expresamente cláusulas exorbitantes al derecho
privado. Para definir cuáles son los contratos administrativos en razón de su objeto, el autor
distingue dos supuestos:
1) Contratos administrativos de colaboración cuando la prestación se relaciona en
forma directa e inmediata con alguna de las funciones esenciales o específicas del
Estado;
2) Contratos administrativos de atribución cuando la prestaciones imposible que pueda
ser objeto o materia de un contrato entre particulares. Esta conceptualización ha
tenido reflejo en la jurisprudencia de la Cámara Contencioso-administrativa Federal,
que ha sostenido que “el obrar administrativo requiere de la colaboración voluntaria
de los particulares, y así, celebra contratos que constituyen para la moderna doctrina
administrativa una de las técnicas de colaboración de los administrados con la
Administración. Es por ello que quien contrata con la administración no es un
contratista ordinario sino un colaborador que coopera con ella”.
Diferencias en las consecuencias jurídicas de los contratos administrativos y los de
derecho común.
En lo referente al régimen jurídico sustantivo, el contrato de derecho común de la
administración se rige por las normas del derecho privado mientras que el contrato
administrativo se rige por el derecho público.
La jurisdicción competente es la contencioso-administrativa o la civil o comercial según el
contrato sea administrativo o de derecho común.
El recurso jerárquico no procede respecto a actos relacionados con contratos de derecho
común de la administración, pues tal recurso sólo es procedente con relación a actos
administrativos. Con relación a los contratos de derecho común, sólo es admisible la
demanda ordinaria. En cambio con respecto a los contratos administrativos es admisible el
recurso jerárquico, y si la resolución a que da origen es adversa al administrado, queda
habilitada la vía judicial.
Relación de subordinación y definición del contrato administrativo: Las cláusulas
exorbitantes al derecho privado ponen en evidencia con claridad una causa de su existencia,
y es que hay un contrato donde sus partes intervinientes no están en un pie de igualdad.
Una de las partes, el ente público, goza de privilegios y potestades, aceptadas
voluntariamente por el contratante particular, que lo colocan en un nivel de superioridad
jurídica. Esta superioridad tiene su correlativa subordinación en el contratante que es
además administrado. Esta relación de superioridad y subordinación jurídicas ponen de
manifiesto la clara diferencia que existe entre los contratos privados y los públicos.
El primero se caracteriza por ser el campo de las relaciones de subordinación las que
pondrán la nota singular y demostrativa de la presencia de la contratación administrativa.
Para una importante doctrina jurisprudencial de la Corte de los Estados Unidos, esa
subordinación jurídica tiene su origen y fundamento en la diferencia de propósitos que tienen
las partes del contrato público.
Así como el contratante particular persigue un beneficio económico, la Administración
contrata en pos del logro de satisfacer una necesidad pública. Este interés público es de tal
naturaleza que comprende también, en cuanto administrado, al cocontratante que ejecuta el
contrato.
Siguiendo la postura, y en la convicción de que ninguna de las características y criterios
destacados es único y excluyente para la caracterización de los contratos administrativos,
sino que todos aportan una nota a tener en cuenta; se define así a los contratos
administrativos como aquellos celebrados por la Administración Pública con un fin público,
circunstancia por la cual puede conferir al cocontratante derechos y obligaciones frente a
terceros, o que, en su ejecución, pueden afectar la satisfacción de una necesidad pública
colectiva, razón por la cual están sujetos a reglas de derecho público, exorbitantes del
derecho privado, que colocan al cocontratante de la Administración Pública en una situación
de subordinación jurídica.
Se puede decir, también, que son contratos administrativos, aun cuando no por su
naturaleza, aquellos que el legislador ha sometido a reglas de derecho público, exorbitantes
del derecho privado, que colocan al cocontratante de la Administración Pública en una
situación de subordinación jurídica, a pesar de no celebrarse con un fin público, ni afectar su
ejecución la satisfacción de una necesidad colectiva
Duda acerca de la naturaleza de un contrato de la administración.
Los contratos que celebre la administración han de reputarse administrativos, salvo prueba
en contrario, puesto que el que hacer propio y normal de la administración corresponde a
sus funciones específicas. El derecho público constituye el ámbito natural de la
administración y los contratos que ésta celebre en esa esfera jurídica son administrativos.
En cambio, los contratos que la administración celebre fuera de sus funciones específicas
serán, en principio, de derecho común.
Contrato administrativo y principios generales, jurisprudencia de la C.S.J.: la buena fe
y la teoría de los actos propios.
La buena fe significa que el hombre cree y confía en que una determinada declaración de
voluntad surtirá, en un caso concreto, sus efectos usuales; los mismos efectos que ordinaria
y normalmente produjo en casos iguales. El juez, al dirimir una controversia, debe
preguntarse qué significado hubiera asignado a la declaración una persona honorable y
correcta.
De la buena fe surgen reglas interpretativas, entre ellas:
1) el juez no debe ceñirse estricta y ciegamente al significado técnico-jurídico de las
palabras usadas o de la conducta de las partes, pues éstas pueden emplear
impropiamente ciertos términos por ignorancia de su significado jurídico;
2) los usos y costumbres sociales tiene una importancia fundamental en la
interpretación de la declaración de voluntad, porque al emitir una declaración de
voluntad, se le otorga el significado que normalmente tiene en ese medio y en ese
momento;
3) las cláusulas de una declaración de voluntad no deben interpretarse aisladamente,
sino de acuerdo con su contexto general ;
4) el principio impone la obligación de hablar claro
Estas dos últimas pautas pueden ser consideradas “generales”, como lo indica la
jurisprudencia que citaremos seguidamente, que las aplicó con adecuación a las
características y principios propios del derecho administrativo. En cambio, en relación a las
dos primeras reglas, entendemos que su aplicación a los contratos administrativos está
limitada por el principio de legalidad, y en especial por la exigencia de cumplir con
determinados procedimientos previos a la formación del contracto, cuya inobservancia
produce la declaración de inexistencia o nulidad del acuerdo.
Se distinguen la buena fe objetiva (buena fe-creencia o buena fe-confianza) y la buena fe
subjetiva (buena fe-probidad o buena fe lealtad). La primera se refiere a la convicción
razonable y diligente del contratante, que se atiene a lo que surge de la apariencia de lo
externo, pues existe una situación invencible para poner de resalto la verdad jurídica. Es la
impecable conciencia de que se está obrando conforme a derecho.
La buena fe subjetiva indica que los contratantes deben someterse a lo pactado como una
surte de ley privada. Las partes en un contrato deben abstenerse de caer en una falta de
lealtad o probidad en el cumplimiento de las obligaciones asumidas. Esta concepción de la
buena fe-lealtad (o probidad) implica: a) colaboración recíproca; b) abstención de actos
antifuncionales; c) brindar conocimiento al otro contratante de actos dañosas para él y que
pueden evitarse sin detrimento para la contraparte; d) cumplimiento a lo que en forma virtual,
surja de lo pactado; e) comprensión legal y proba de lo contratado (interpretación de buena
fe); f) terminación no intempestiva
Las doctrinas de los actos propios y de la confianza legítima, en la práctica interpretativa de
las cláusulas contractuales, derechos y deberes de las partes, suelen ser confundidas con la
buena fe, principio que es el pilar de la construcción teórica de aquéllas.
Receptado en el derecho privado, esta doctrina dio sentido a la necesidad de que el tráfico
negocial se desarrollara en base a la confianza y la buena fe, con el objeto de evitar que el
cambio de posición de una parte defraude las expectativas a la otra, le genere pérdidas o los
prive de un lucro esperado.
La “doctrina de los actos propios”, tiene fundamento en la grave lesión que se produciría a la
seguridad jurídica la admisión de conductas contradictorias. Es decir, el mismo
ordenamiento jurídico, no puede tolerar que un sujeto pretenda ejercer un derecho en
abierta contradicción con una conducta suya previa que engendra confianza respecto al
comportamiento que se iba a observar en la relación jurídica
Los elementos configurativos, o sea, las condiciones fundamentales para la aplicación de la
doctrina de los propios actos, pueden sintetizarse así:
1) que existan una conducta previa y una pretensión posterior emanadas de la misma
persona (concepto que incluye a sus representantes o sucesores) y que se hayan
producido ambas frente a la misma contraparte y dentro del marco de la misma
relación o situación jurídica. [...]
2) que la conducta previa sea válida (pues la doctrina no impide alegar la nulidad de un
acto propio jurídicamente viciado), y que revista sentido unívoco y cierta entidad, de
modo de poder ser interpretada como una voluntaria tom á de posición de su autor
respecto de las circunstancias de una relación o situación jurídica y despertar así la
confianza de la contraparte.
3) que tal conducta (o sus consecuencias necesarias) y tal pretensión sean
contradictorias, o sea, incompatibles entre sí; y
4) que no haya una norma que autorice la contradicción [...]”
Cuando una persona ha sostenido o admitido, frente a otra, la existencia o inexistencia de
una determinada relación jurídica, no puede luego invocar frente a esa misma persona y en
detrimento de esta última la inexistencia o existencia, respectivamente, de tal relación o la
distinta naturaleza de la misma relación, ni pretender escapar a los efectos de la relación
reconocida”
Al respecto, sostuvo el Alto Tribunal (Corte Suprema de Justicia de la Nación * 06/04/2004 •
Giménez, José L.c. Impercol S.R.L. • ED 29/10/2004,6 - DT 2005 (abril), 468.) que: "Nadie
puede válidamente ponerse en contradicción con sus propios actos ejerciendo una conducta
incompatible con otra anterior, deliberada, jurídicamente relevante y plenamente eficaz" Ello,
tanto en el ámbito de las relaciones jurídicas patrimoniales de carácter privado como en las
existentes entre particulares y organismos estatales, comprendiendo asimismo la coherencia
en el obrar en el marco de actuaciones administrativas y judiciales"
Corte Sup., 18/07/2002 - Agrupación Consultores Técnicos Universitarios Argentinos S.A. y
otros v. Agua y Energía Eléctrica Sociedad del Estado. JA 2003-11-182. Fallos 325:1787
Enumeración no taxativa de los contratos administrativos.
Por su objeto: Concesión de servicios públicos; construcción y concesión de obra pública;
concesión de uso de bienes del dominio público; función pública; suministro; transporte;
empréstito público; locación de servicios; etcétera.
En el derecho administrativo, la generalidad de los contratos no aparece disciplinada
normativa y orgánicamente. Los contratos administrativos no siempre responden a las
especies clásicas, y pueden constituir contratos innominados.
Clasificación de los contratos administrativos.
⮚ Contratos administrativos por razón de su objeto o por contener cláusulas
exorbitantes expresas.
⮚ Contratos de atribución (cuyo objeto es conferir ventajas a los administrados) o de
colaboración (en el cual el administrado se obliga hacia el Estado a realizar una
actividad que directa e inmediatamente tiende a facilitar el cumplimiento de las
funciones específicas o esenciales del Estado).
⮚ Contratos administrativos nominados o innominados.
…..
Los contratos administrativos pueden ser clasificados del modo siguiente:
1. Por las partes que se obligan. Teniendo en cuenta el número de partes que se
obliguen en el contrato administrativo, éstos se dividen en unilaterales y bilaterales.
En los primeros, es una sola la parte que se obliga hacia la otra, sin estar ésta, a su
vez, obligada; en los segundos, al contrario, las partes quedan obligadas,
recíprocamente, la una hacia la otra.
Como ejemplo de contrato administrativo unilateral se suele citar el ofrecimiento de
concurso, mientras que como contrato bilateral o sinalagmático se puede indicar,
entre otros, el de obra pública.
2. Por la relación que existe entre las prestaciones Teniendo en cuenta este aspecto,
los contratos administrativos pueden ser a título oneroso o a título gratuito.
a. Los contratos onerosos se configuran cuando las ventajas que otorgan a una
de las partes le son concedidas a ésta sobre la base de una prestación que
esa parte ha prometido o ha hecho a la otra.
b. Los contratos a título gratuito, en cambio, son aquellos que dan lugar a una
ventaja a favor de una de las partes, con prescindencia de toda prestación de
ésta a la primera. La mayor parte de los contratos administrativos son a título
oneroso. Los contratos a título gratuito son realmente excepcionales,
pudiéndose mencionar, en este sentido, ciertas donaciones, cuando ellas, por
sus características, constituyen un contrato administrativo.
3. Considerando el momento en que los contratos administrativos quedan concluidos,
pueden ser divididos en
a. consensuales, que son aquellos que quedan concertados desde que la partes
manifiestan su consentimiento;
b. o reales, que son los que quedan formalizados desde la tradición de la cosa
sobre la cual versa el contrato.
La mayor parte de los contratos administrativos son consensuales, pudiéndose mencionar
como contrato real el contrato de depósito, cuando éste, por sus propias características, es
un contrato administrativo.
4. Por su clasificación o no por la ley. Los contratos administrativos pueden ser
clasificados, asimismo, en nominados o innominados. Los más importantes contratos
administrativos son contratos nominados, es decir, que están designados por la ley
bajo una denominación especial y regulados por ella en sus caracteres y condiciones
generales. Ejemplo típico de estos contratos es el de obra pública, designado y
reglado por la ley 13.064.
Algunos autores pretenden sostener, al respecto, que en el derecho administrativo no
es posible hablar de la existencia de contratos administrativos innominados, ya que
la actividad administrativa es una actividad reglada por el orden jurídico y
subordinada a él. Este criterio, en verdad, es excesivamente riguroso, y plantea la
cuestión en términos equivocados. Es cierto que muchos contratos administrativos
están nominados y regidos por la ley. Pero no es sostenible, en cambio, que la
administración pública, en el curso de su gestión, no pueda celebrar sino esos
contratos, y solamente ésos. Al contrario, si el interés público lo exige, si la actividad
administrativa lo impone, no puede negársele a la administración la posibilidad de
celebrar otros tipos o clases de contratos, y aun la de crear nuevas figuras
contractuales, si así fuera menester.
La única condición que delimita el accionar de la administración pública y lo restringe
a sus correctos límites, es la de que al celebrar tales contratos innominados, debe
obrar y mantenerse siempre dentro de su competencia, ya que ésta sí –como se
sabe- no puede ser excedida, sin que quede afectada la validez del acto así
concretado.
5. Los contratos administrativos pueden ser, a su vez, conmutativos o aleatorios.
a. Son conmutativos aquellos en que las prestaciones que reportan a las partes
que los celebran son ciertas y pueden ser objeto de apreciación inmediata.
b. Son aleatorios, en cambio, cuando las ventajas o pérdidas que de ellos
resultan para las partes, o al menos para una sola de ellas, dependen de un
acontecimiento incierto.
La gran mayoría de los contratos administrativos son conmutativos, sin que se pueda llegar
a entender que la facultad que en ellos tiene la administración de introducir variaciones en
más o en menos en las prestaciones que debe cumplir su cocontratante altere ese carácter,
ya que el jus variandi, en primer lugar, está restringido a ciertos límites normativamente
establecidos, tratándose, además, de alteraciones del contrato previamente pactadas,
tenidas en cuenta por las partes, y que no impiden la inmediata y continuada apreciación de
las prestaciones.
Dentro de los contratos administrativos aleatorios se suele incluir a los de juegos explotados
directamente por el Estado, como loterías, ruletas, quinielas, pronósticos deportivos, etc.
6. Por su dependencia o no de otro contrato Los contratos administrativos se distinguen
también, en este sentido, en principales y accesorios.
a. Un contrato es principal cuando tiene existencia sin depender para ello de
ningún otro, como ocurre con gran mayoría de los contratos administrativos,
como los de obra pública, suministro, concesión de servicios públicos, etc.
b. Pero la práctica administrativa no desconoce la existencia de contratos
administrativos accesorios, es decir, de contratos cuya existencia depende de
otro principal, como ocurre con el concepto de fianza, cuando es
administrativo, o con ciertas contrataciones innominadas, en las cuales se
celebran varios contratos, subordinados unos a otros en su existencia.
7. Por la duración del cumplimiento de las prestaciones Por su vinculación con los
efectos de la resolución de los contratos, la influencia del caso fortuito y la aplicación
de la teoría de la imprevisión, adquiere importancia la clasificación de los contratos
administrativos en instantáneos, sucesivos o escalonados.
a. El contrato es de ejecución instantánea cuando sus prestaciones se cumplen
en un tiempo único, aun cuando esté sujeto a plazo.
b. Es de ejecución sucesiva, en cambio, cuando las prestaciones se cumplen de
manera continuada, en períodos convenidos por las partes y en un tiempo
determinado o indeterminado.
c. Es de ejecución escalonada, por último, cuando la prestación debe cumplirse
fraccionadamente, en épocas o períodos diferentes.
Régimen jurídico de los contratos de derecho común de la administración.
Dado que entre el contrato administrativo y el de derecho común de la administración la
diferencia es exclusivamente objetiva y no subjetiva, pues en ambos casos el ente
administrativo que actúa es o puede ser el mismo, es lógico que, respecto de ambos tipos
de contratos, el órgano administrativo deba actuar con la competencia pertinente, ya que
siendo la administración una persona jurídica, ésta debe actuar en ejercicio de competencia
adecuada al acto que realiza. La competencia con que, en la especie, debe actuar la
administración, está señalada por el derecho público que es el que regula la actividad
normal y habitual de la administración.
En cuanto a la capacidad del cocontratante, está regida en cada tipo de contrato por las
normas del derecho civil que le son normal y habitualmente aplicables.
En lo referente a los demás aspectos (expresión de la voluntad, elementos), los contratos de
derecho común se rigen por las normas y principios del derecho privado, sea civil o
comercial.
Elementos
Esenciales: Son aquellos que necesariamente deben existir para que haya contrato (no
pueden faltar). Si falta alguno de ellos el contrato es inexistente o no tiene valor:
5) Causa.- La causa o motivo del contrato administrativo es satisfacer un fin público. Cuando
la finalidad no sea cumplir con una necesidad colectiva o servicio público, el contrato será
nulo.
La causa de un contrato de obra puede consistir en la necesidad de construir un centro de
salud en determinado barrio, admitida por la ley de presupuesto, que ha habilitado la partida
para ello. Deberá entonces el contrato reflejar claramente que lo que se construye es ese
centro de salud por un monto y en un lugar determinado por ley y por el procedimiento
administrativo que le sirve de antecedente. \
ARTÍCULO 42.- Los actos administrativos dictados en el procedimiento para la formación de
los contratos en la función administrativa y en la ejecución de éstos, están sujetos a las
disposiciones de la presente Ley
7) La finalidad: La finalidad como elemento del contrato adminsitrativo, consiste en el fin
último que se persigue con él, esto es, el interés público, que no es genérico, ya que varía
de uno a otro contrato según el fun particular a qué responde cada uno, conforme a la ley.
La finalidad del contrato estará definida por la norma legal que otorgó la competencia al
órgano o al ente para celebrar el contrato. De allí que cualquier apartamiento de dicha
finalidad exigida por la norma colocará al contrato en el campo de la ilegalidad viciando en
forma grave y definitiva. Así como la finalidad es un elemento esencial del acto
administrativo.
8) El plazo: En el derecho comparado se detecta una tendencia a considerar el plazo como
un elemento esencial de los contratos administrativos, atendiendo a la importancia que tiene
el cumplimiento en término cuando se trata de la consecución del interés público.
Caracteres del contrato administrativo.
Desigualdad jurídica de las partes: Los contratos administrativos tienen caracteres
específicos que se traducen en se tiende a facilitar el cumplimiento de funciones específicas
del Estado). A raíz de ello el administrado queda en una situación de subordinación frente a
la administración.
Carácter personal de los derechos y obligaciones del cocontratante: El contrato
administrativo crea, según los casos, una obligación personal o un derecho personal a cargo
o a favor del cocontratante, según se trate de un contrato de colaboración o de atribución
respectivamente. Es corolario de este carácter del contrato que el cocontratante no puede
ceder el contrato, introduciendo a un tercero en lugar suyo sin autorización expresa. Lo
mismo rige respecto de la subcontratación y los efecto con respecto a terceros se rige por
las normas del CCyC “Efecto con relacion a terceros”.
También se debe cumplir con las formas para perfeccionar dicho contrato (la manifestación
recíproca de las voluntades, las notificaciones de la aceptación, de la adjudicación, etc.).
Estos contratos se hacen normalmente por escrito.
La Administración no es libre para contratar porque no tiene libertad para elegir con quién
contrata, ni de qué forma contrata, ni puede elegir la finalidad del contrato. Todo ello le viene
impuesto por la norma legal que habilitó su facultad de celebrar el acto bilateral.
La normativa le define a la Administración el procedimiento mediante el cual deberá
determinar con quién contratar. También le definirá con claridad qué forma deberá adoptar la
celebración del acto y con qué finalidad se realiza. Esa normativa puede tener rango
constitucional, que está presente en numerosas constituciones provinciales, que exigen la
licitación pública, legal como es el caso de la LOP, y reglamentario cuando es por medio de
decretos o de pliegos o de normas generales de contratación.
Intuitu personae: Se señala también que como consecuencia de su carácter, la
administración no es libre de elegir con quién contrata sino que se le imponen una serie de
procedimientos y requisitos que el contratista debe cumplir. Por esta razón, el contrato
administrativo es, en principio, “intutitu personae” y, por ello, intransferible.
Cláusulas exorbitantes del derecho privado.- Son cláusulas que en los contratos privados
se consideran cláusulas ilícitas (porque traspasan el ámbito del derecho privado y de la
libertad contractual), pero que se aplican en forma exclusiva a los contratos administrativos
(son admitidas por el derecho público). Basan su validez en las prerrogativas públicas que
tiene la Ádminstración y su limite es no violar la ConstituciónNacional y ser aplicadas con
razonabilidad.
Efectos.- Estos contratos producen efectos jurídicos en forma individual para cada parte (a
diferencia del reglamento que produce efectos generales). Pueden ser opuestos a terceros
(ej: en un contrato de concesión de servicio público, el concesionario puede oponerle a un
tercero el contrato, para expropiarle un bien) e invocados por ellos (ej: un tercero puede
invocar un contrato de servicio público entre la Administración y el concesionario, para
exigirle que le presten el servicio correctamente)
Procedimiento de formación de los contratos administrativos
El contrato administrativo se forma con la concurrencia de dos voluntades y generalmente el
co-contratante se adhiere a cláusulas preredactadas. Se perfecciona con su suscripción y
firma.
2) Etapa contractual o de ejecución: en ella se selecciona al contratista (o co-contratante)
que en general sólo podrá adherirse a un contrato pre-redactado. Una vez que se unen
ambas voluntades queda formado el contrato. Todas las contrataciones deben difundirse en
el sitio de internet de la Oficina Nacional de Contrataciones, dependiente del Ministerio de
Economía.
Procedimiento de selección del contratista
Selección del cocontratante. La administración no siempre puede elegir libremente a su
cocontratante. Por razones éticas, debe darle amplia publicidad a dicha selección y motivar
su decisión.
Las normas que establecen procedimientos especiales para la selección del cocontratante
de la administración tienen una doble finalidad: asegurar la eficiencia en el cumplimiento del
contrato y evitar toda sospecha de inmoralidad en la negociación.
Pueden ser cocontratantes tanto las personas físicas como las personas jurídicas,
nacionales o extranjeras, domiciliadas dentro o fuera de la República, en tanto se hallen
encuadradas o actúen encuadradas en las reglas que disciplinan las contrataciones del
Estado.
Sistemas de selección.
Libre Elección: Consiste en la posibilidad de que la administración elija directa y
discrecionalmente a su cocontratante sólo cumpliendo con 2 requisitos: a) publicidad de la
elección, y b) motivación suficiente del porqué se eligió a esa persona.
En materia de celebración de contratos públicos el principio general es que la administración
puede elegir libre y directamente a su cocontratante. Este sistema se impone en los
negocios o asuntos muy pequeños, de escaso monto. No debe confundirse el sistema de
libre elección con el de contratación directa o privada, que sólo procede cuando, reunidas
las condiciones objetivas exigidas, la administración haya dado cumplimiento a ciertos
requisitos especiales.
En este caso no se aplica un procedimiento de competencia de antecedentes y precios, no
hay puja de oferentes ni hay formas previas.
Contratación Directa: Es la que la administración realiza con una persona determinada,
tratando de llegar con ella a un acuerdo conveniente en trato directo, con exclusión de puja o
concurrencia. La administración tiene gran margen de libertad para seleccionar a su
cocontratante.
Es un sistema específico que procede para casos determinados, siendo muchas veces
subsidiaria y procediendo ante el fracaso de una licitación. Dada la falta de concurrencia
carece del automatismo que caracteriza a la licitación.
Licitación. Consiste en un procedimiento de selección del cocontratante que, sobre la base
de una previa justificación de idoneidad moral, técnica y financiera, tiende a establecer qué
persona o qué entidad es la que ofrece el precio más conveniente para la administración.
Las características técnicas del objeto del contrato son fijadas de antemano por la
administración en el pliego de condiciones (cláusulas particulares). La idoneidad de los
oferentes debe hallarse acreditada a priori. Uno de los presupuestos fundamentales de la
licitación es la igualdad de trato para todos los que intervienen en ella como licitadores u
oferentes.
La licitación sólo procede cuando una norma válida la exija (en nuestro país se exige para
toda compra o venta por cuenta de la Nación, todo contrato de locación o arrendamiento,
empleo o suministro). Especies de Licitación: La doctrina distingue dos especies de
licitación, la pública y la privada. También existe una tercera categoría, la restringida, que es
una subespecie de la licitación pública.
Concurso o Licitación Públicos: son públicos cuando el llamado a participar está dirigido a
una cantidad indeterminada de posibles oferentes con capacidad para obligarse. La licitación
pública se realiza cuando el criterio de selección del cocontratante recae primordialmente en
factores económicos. El concurso público se realiza cuando el criterio de selección del
cocontratante recae primordialmente en factores no económicos, tales como la capacidad
técnico-científica, artística u otras, según corresponda.
Licitación privada: Es aquella en que sólo pueden presentarse como oferentes las
personas expresamente invitadas al efecto por la administración (deben ser como mínimo 6
casas del rubro en cuestión, inscriptas en el Registro de Proveedores del Estado). En este
caso, el llamado a licitación se formula mediante una invitación personal directa efectuada
por la administración.
Su procedencia depende del ordenamiento legal. Generalmente se recurre a ella para
contratos que requieren especial capacitación, o de poco monto, o cuando una licitación
pública anterior hubiera fracasado o se hubiera declarado desierta. En caso de
incomparecencia total, se recurre a la contratación directa.
Licitación restringida:Es aquella en que únicamente pueden intervenir personas o
entidades que reúnan ciertas condiciones de idoneidad especialmente requeridas, o que
respondan a especiales requisitos exigidos por la administración. No hay invitación personal
sino llamado a licitación. Este tipo de licitación es una subespecie de la licitación pública.
Remate Público: Consiste en la venta de bienes en público, al mejor postor. En este caso
no hay selección de concurrentes. La administración puede intervenir en un remate público
como vendedora o compradora. Si actúa como vendedora, el remate debe efectuarse por
oficinas del Estado especializadas en la materia y contar con la autorización de la autoridad
competente. En caso que actúe como compradora, el funcionario que comparezca no puede
ofrecer un precio que exceda a aquél para el cual se lo haya autorizado.
Concurso: Es la oposición que se realiza para determinar la mayor capacidad técnica,
científica, cultural o artística entre dos o más personas.
Es un medio de selección del contratante que tiene especialmente en cuenta las condiciones
personales del mismo. En los contratos intuitu personae el concurso reemplaza a la
licitación. A veces el concurso no es usado directamente para seleccionar al contratante
definitivo de la administración, sino para seleccionar al proyecto, cuya realización se le
confiará ulteriormente a un tercero, quien a su vez será seleccionado por el procedimiento
que corresponda.
La elección de un candidato por concurso puede asimilarse a la adjudicación en la licitación.
El concurso sólo será obligatorio o esencial en los supuestos en que la norma lo requiera.
Cuando se utilice el concurso, debe practicarse el llamado a concurso. Subsidiariamente se
aplican las reglas de la licitación pública.
LICITACIÓN PÚBLICA EN PARTICULAR
El número de oferentes o de licitadores no tiene limitaciones, siendo éste el rasgo típico de
la licitación pública. Cuando el texto legal diga que se debe recurrir a la licitación, sin aclarar
si es pública o privada, debe entenderse que se trata de licitación pública.
La naturaleza jurídica de la licitación pública debe analizarse en relación con 3 aspectos:
la mayoría de la doctrina considera que constituye un procedimiento relativo a la celebración
de ciertos contratos; dentro de la teoría del acto administrativo, se vincula con el elemento
forma, siendo técnicamente una formalidad del acto administrativo; también la licitación
pública es un pedido de ofertas.
Los caracteres de la licitación pública son los siguientes:
⮚ Se trata de un procedimiento automático de selección (por mejor precio).
⮚ Sólo obliga a los oferentes que hicieron las ofertas a mantenerlas, mientras que las
obligaciones de la administración sólo nacen recién con la adjudicación del contrato.
Principios fundamentales de la licitación pública:
Oposición o concurrencia: comparación objetiva de las respectivas ofertas entre quienes
se presenten como oferentes. Si no hay oferentes, la licitación se declara desierta.
Libre concurrencia de todos los oferentes: toda persona que tenga las condiciones
legales para presentar su propuesta, puede hacerlo y es fundamental que se presenten
varios, ya que a mayor cantidad de oferentes, mayor será la posibilidad de que la
Administración obtenga un buen precio.
Es por ello que el Decreto 2284191 de desregulación económica eliminó la inscripción en los
registros de proveedores o de contratistas como requisito previo logrando que sea más
amplia la cantidad de oferentes.
Publicidad: el llamado a licitación debe hacerse público y ostensible mediante una
adecuada publicación, para que los eventuales interesados tomen conocimiento de la
misma. Se publica en diarios y en el Boletín Oficial garantizando así los principios de libre
concurrencia e igualdad entre oferentes.
Igualdad: no puede haber preferencias o ventajas dentro de la licitación, todos los oferentes
se hallan en pie de igualdad, consecuentemente, luego de la adjudicación la formalización
del contrato debe hacerse exactamente sobre las mismas bases. La violación de este
principio apareja la nulidad absoluta del contrato por vicio de forma.
Transparencia: la licitación muestra con claridad la forma en que la Administración usa los
fondos públicos y a quiénes elige como co-contratantes, sin privilegios. La obligación de
exponer la licitación en internet es otra consecuencia de su transparencia.
Etapa del procedimiento licitatorio:
Las etapas de la licitación pública son cuatro y son las siguientes:
1) Interna o de preparación.
2) El llamado a licitación.
3) El perfeccionamiento del contrato.
4) Ejecución del contrato.
Interna o de preparación.- El Estado analiza la necesidad pública de adquirir elementos o
cubrir un servicio público o una obra pública; estudia si tiene los fondos para obtener esa
necesidad y en base a eso, decide seleccionar a un co-contratante particular a través de una
licitación.
Luego, se confecciona y aprueba el pliego de condiciones (que es un documento preparado
unilateralmente por la Administración que contiene las obligaciones de las partes),
especificando el suministro, obra o servicio que se licita y las normas a seguir con todo el
desarrollo de la operaciÓn, elementos y efectos del contrato a celebrarse, el sistema de
pago, el plazo, la garantía, el lugar, día y hora de la apertura de sobres. Sus reglas deben
cumplirse y no pueden ser modificadas una vez presentadas las propuestas.
Pliego de condiciones: es el conjunto de cláusulas redactadas por la administración
especificando qué se licita, estableciendo las condiciones del contrato y determinando el
trámite a seguir. Los pliegos son de dos clases: generales y particulares. El es parte
integrante del contrato.
- General: si contiene las disposiciones aplicables a todos los contratos realizados por
un mismo órgano de la Administración. (Ej: para todos los contratos de Obras
Públicas)
- Particular: si contiene derechos y disposiciones de cada contrato en particular o sus
especificaciones técnicas. (Ej: hacer el puente Avellaneda -obra públicacon
determinados materiales, o la forma de hacer la mezcla, con tanto de arena y tanto
de cal, qué clase de ladrillo usar o cuántas personas deben trabajar, etc.).
Llamado a licitación: es una comunicación o manifiesto dirigido al público con las
indicaciones esenciales acerca del objeto y las modalidades del contrato (Debe contener el
nombre del organismo licitante, objeto de la contratación, lugar donde deben consultarse las
cláusulas, lugar de presentación de la oferta, día y hora de su apertura).
Se publica en forma clara la invitación en diarios de alcance masivo (con las características
y condiciones del objeto del contrato, lugar donde pueden comprarse los pliegos, cuándo
deben presentarse las ofertas y cuándo se abren los sobres). De esta forma los eventuales
oferentes se enteran de lo que está necesitando y buscando el Estado y en base a eso
deciden presentarse o no.
Presentación de propuestas u ofertas: por parte de las personas inscriptas en los
respectivos registros –de contratistas estatales, o de conocida solvencia. La idoneidad moral
se presume, debiendo demostrar el interesado su idoneidad técnica y financiera.
Toda oferta debe ser recibida por la administración, sin perjuicio de que oportunamente sólo
sean consideradas las ofertas realizadas conforme a derecho. Ante la negativa a recibir las
ofertas, el licitador puede deducir recurso administrativo ante el órgano jerárquico superior.
Los oferentes presentan sus propuestas: éstas deben ser secretas, presentarse por escrito,
en idioma nacional y en sobre cerrado (para evitar que los oferentes se pongan de acuerdo
en contra de los interés económicos de la Administración y también para evitar que
funcionarios públicos traten de favorecer a alguno en perjuicio de los demás).
Las ofertas se presentan en el tiempo y forma establecido en el pliego: a partir de esta
presentación el oferente se compromete a mantener su oferta hasta que termine la licitación,
es decir, que no puede retirarla porque si lo hace se le aplicarán las sanciones
administrativas correspondientes (ej: pérdidas de las "garantías de oferta").
Ofertas alternativas: cumplen con las especificaciones técnicas de la prestación previstas en
el pliego de bases y condiciones particulares, y ofrecen distintas soluciones técnicas que
hace que pueda haber distintos precios para el mismo producto o servicio.
Ofertas variantes: modifican las especificaciones técnicas de la prestación previstas en el
pliego de bases y condiciones particulares y ofrecen una solución con una mejora que no
sea posible en caso de cumplimiento estricto del mismo.
Es considerada inadmisible la oferta que:
- no este hada por el oferente o por su representante legal,
- este escrita con lápiz,
- no tenga la garantía o muestras exigidas en el Pliego,
- es hecha por inhabilitados o incapaces para contratar con el Estado,
- que tenga condicionamientos,
- que tenga raspaduras o enmiendas en el precio, cantidad, plazo de entrega, etc., y
no estén salvadas correctamente dichas enmiendas,
- que tenga contradicciones con las normas que rigen la contratación.
Apertura de los sobres: en el lugar, día y hora determinados en los avisos para celebrar el
acto, ante los funcionarios designados por el órgano licitante y los licitadores que deseen
presenciarlo. Las ofertas son leídas y se labra un acta.
La apertura es un acto solemne realizado en presencia de un escribano público y al que
pueden asistir todos los oferentes. Dicha evaluación va desde el momento en que los
actuados son remitidos a la Comisión Evaluadora, hasta la notificación del dictamen de
evaluación.
Se labra acta que debe contener el número de orden asignado a cada oferta, nombre de los
oferentes y montos de las ofertas y de las garantias, y demás observaciones. Se leen en voz
alta todas las ofertas.
Adjudicación: es el acto de la administración en que ésta, previo examen de las ofertas
presentadas decide cuál de ellas es la más conveniente y la acepta, quedando con ello
simultáneamente determinado el contratante para ese caso particular. La adjudicación
definitiva produce efectos inmediatos. Tanto la administración como el adjudicatario quedan
sometidos a todas las consecuencias que se deriven del acuerdo de voluntades (el
adjudicatario entrega una garantía de adjudicación).
La adjudicación debe hacerse dentro del plazo de mantenimiento de las ofertas, vencido el
cual las mismas caducan automáticamente. Puede pedirse una mejora de precios en caso
de empate. En caso de rechazo de las ofertas, la licitación se deja sin efecto (si es luego de
la apertura de sobres, la decisión debe ser fundada).
Si el contrato es complejo, se puede realizar previamente una preadjudicación a través de
una Comisión (quien emite una opinión de carácter técnico que no es vinculante pero suele
coincidir con la futura adjudicación).
Si el contrato es simple se hace en forma directa (ej: cuando las propuestas se evalúan
según el menor precio).
Perfeccionamiento del contrato administrativo: el contrato se perfecciona cuando la
adjudicación es notificada al adjudicatario (sistema de la ley de contrataciones del Estado), o
cuando luego de la notificación se formaliza el contrato ad hoc (sistema de la ley de Obras
Públicas).
Se notifica la aprobación y adjudicación, y se redacta y firma el contrato. Los contratos
quedan perfeccionados en el momento de notificarse la orden de compra o de suscribirse el
instrumento respectivo. Las jurisdicciones o entidades pueden dejar sin efecto el
procedimiento de contratación en cualquier momento anterior al perfeccionamiento del
contrato, sin lugar a indemnización alguna en favor de los interesados u oferentes.
Garantia del cumplimiento del contrato administrativo: La adjudicación de la obra
pública o de la contratación convocada por licitación debe garantizarse por un porcentaje
del valor total de la obra. (importante)
EJECUCIÓN DE LOS CONTRATOS ADMINISTRATIVOS.
Los derechos y prerrogativas de una de las partes constituyen deberes de la otra y
recíprocamente.
Como consecuencia de un contrato administrativo, la administración tiene a su favor no sólo
derechos sino también prerrogativas especiales.
Tratándose de un contrato administrativo por razón de su objeto, los derechos de la
administración derivan de lo que constituye el objeto o contenido del contrato. Las
prerrogativas de la administración resultantes de cláusulas exorbitantes virtuales existen de
pleno derecho por principio, no siendo necesario mencionarlas expresamente en el contrato.
En el supuesto de contratos administrativos por contener cláusulas exorbitantes expresas,
los derechos y las prerrogativas de la administración derivan del objeto del contrato y de las
referidas cláusulas.
Los deberes u obligaciones de la administración para con el cocontratante derivan del objeto
del contrato administrativo, el cual a su vez, depende de que el contratante sea de
colaboración o de atribución. En los contratos de colaboración el deber básico de la
administración consistirá en el pago de un precio al cocontratante. En los contratos de
atribución, el deber de la administración consistirá generalmente en poner alguna cosa a
disposición del cocontratante.
Todas las prerrogativas de que dispone la administración como inherentes a un contrato
administrativo tienden a lograr que el cocontratante cumpla en forma adecuada su obligación
esencial.
La debida observancia de los plazos es una obligación esencial de ambas partes. La
inobservancia de los plazos por circunstancias jurídicamente no imputables a las partes
exime a éstas de responsabilidad (fuerza mayor o caso fortuito, hecho de la administración
que genere una razonable imposibilidad de cumplir y hecho del cocontratante). El retardo
imputable apareja sanciones o puede aparejarlas (convenidas por las partes o no, en cuyo
caso se aplican las reglas generales). La astreintes son inaplicables la ámbito del contrato
administrativo. La exceptio non adimpletti contractus (1201 CC) es, según la mayoría de la
doctrina, invocable en algunos supuestos.
La administración tiene el poder de dirección y control del contrato (cláusula exorbitante
virtual). Al poder de control corresponde, no obstante silencio del contrato, la posibilidad de
imponer sanciones pecuniarias (cláusula penal, multa o daños y perjuicios), medidas
coercitivas provisionales (ejecución directa o por otro, control de suministro) y medidas
represivas definitivas (caducidad y rescisión unilateral).
Las sanciones impuestas por la administración son susceptibles de impugnación judicial
posterior. Si bien la administración puede imponer las sanciones pecuniarias, carece de
imperio para ejecutarlas (debiendo hacerlo por medio de la autoridad judicial).
Una de las prerrogativas de la administración es la de rescindir –unilateral– el contrato.
La rescisión unilateral sólo procede en caso de culpa o falta del particular en el cumplimiento
de sus obligaciones, previa intimación. Puede proceder a pedido del cocontratante a raíz del
comportamiento de la administración. Pero mientras en el primer caso la rescisión es
dispuesta directamente la administración, en el segundo caso debe ser pedida por el
particular ante la autoridad jurisdiccional competente.
Otra prerrogativa de la administración, que constituye una cláusula exorbitante virtual, es la
de modificar el contrato administrativo. El principio de la inmutabilidad del contrato no tiene
imperio en el derecho público donde existe la necesidad de adaptar el contrato.
Las modificaciones pueden incidir sobre diversos aspectos del contrato: su duración; el
volumen de la prestación y sus condiciones de ejecución. Se deben respetar los siguientes
principios básicos: reparación de los quebrantos que sufra el cocontratante; derecho a la
rescisión del contrato por parte del particular cuando se alteren las bases del mismo.
Los límites de la prerrogativa modificatoria se encuentran en la necesidad de mantener el
equilibrio financiero del contrato y la ineludible obligación estatal de respetar las garantías
constitucionales que pudieran ser afectadas (17 y 19 CN). La finalidad alegada para la
modificación debe ser cierta, verdadera y no encubrir una traición al fin legal (desviación del
poder). Los derechos del cocontratante corresponden a dos grandes grupos: lo que el
cocontratante puede exigir a la administración (entrega de aquello a que se obligó,
facilitación de apoyo requerido por la índole del contrato y realización de las prestaciones
previstas en el contrato y sus normas complementarias) y lo que el cocontratante tiene
derecho a no hacer (no cumplir el contrato dentro del término fijado retardo y no ejecutar el
contrato –incumplimiento– en los supuestos de fuerza mayor o caso fortuito).
En cuanto a los deberes del cocontratante, el primero consiste en cumplir el contrato.
…………………
La ley de las partes, y las obliga con idéntica fuerza con que obligan las convenciones
hechas en los contratos de derecho privado.
Pero la diferencia entre unos y otros en este aspecto, radica en que mientras que las
convenciones hechas en un contrato común son inmutables y sus términos inflexibles, las
que conforman el contrato administrativo no tienen esa inmutabilidad e inflexibilidad rigurosa,
sino que admiten cierto grado de mutabilidad o variación, cuando lo impone el interés
público, sin que se llegue a alterar el objeto y el contenido de la convención celebrada.
El principio de la continuidad en la ejecución: Uno de los principios generales que rigen la
ejecución de los contratos administrativos es aquel según el cual la administración pública
tiene el derecho de exigir a su cocontratante particular la continuación, en toda
circunstancia, de la ejecución del contrato, de modo que éste, en principio, no se vea
interrumpido por ninguna causa, y cuyo fundamento reside en la finalidad de interés público
que es propia de estos contratos, y en la posición de subordinación que mantiene el
cocontratante particular en la relación contractual establecida con la administración.
El principio de continuidad en la ejecución aparece con serias pretensiones de validez
absoluta, que sólo cede en los supuestos de excepción que estén expresamente
reconocidos, como son los que se derivan de la existencia de casos de “fuerza mayor” o de
“hechos de la administración”, que impidan o hagan imposible la ejecución del contrato, o
trastornen de manera definitiva la relación contractual.
Si hubiere dudas, siempre se deberá optar por la continuidad de la ejecución, y del mismo
modo, cuando las dudas recaigan sobre la extensión de las convenciones en el sentido más
favorable a la continuidad de la ejecución de las prestaciones que debe cumplir el
cocontratante particular, aun cuando en ambos casos se le puedan irrogar a éste perjuicios.
Fuera de las excepciones ya indicadas, el cocontratante particular no debe interrumpir la
ejecución del contrato, y si lo hace incurrirá en una grave inconducta contractual, que
impedirá que la administración pueda atender cualquier dificultad seria que lo afecte.
Por otro lado, cuando la continuidad es quebrada por el cocontratante particular, la
administración debe hacer uso de los medios que el derecho administrativo y el propio
contrato le suministren para asegurar esa continuidad, teniendo en cuenta que lo que
interesa es siempre el cumplimiento del contrato, y no su rescisión, medida extrema que por
lo común habrá de perjudicar el interés general.
El principio de mutabilidad (ius variandi): Los contratos administrativos presentan la
singularidad de que en ellos una de las partes contratantes –la administración pública- tiene
la posibilidad de modificar unilateralmente sus términos, afectando de ese modo la ejecución
de esos contratos y variando las prestaciones debidas por el contratante particular.
Es que en el derecho administrativo, si bien inicialmente existieron algunas opiniones
autorizadas que se opusieron a esta posibilidad, predomina el principio de que en los
contratos administrativos es admisible la potestad de la administración de variar por sí sola
lo que se haya fijado en las convenciones contractuales, lo que condujo a que el concepto
de la inmutabilidad contractual del derecho privado pierda su trascendencia, para dar lugar
al sistema opuesto, como reserva otorgada a la administración. Esta prerrogativa,
exorbitante del derecho privado, encuentra su fundamento y razón de ser en la exigencia,
que pesa permanentemente sobre la administración, de la necesaria atención del interés
público, confiado a su custodia y gestión.
De tal modo, la administración pública no puede quedar indefinidamente ligada por contratos
que se han convertido en inútiles, o por estipulaciones contractuales que se han tornado
inadecuadas para satisfacer las necesidades que se tuvieron en mira al contratar, por el solo
prurito de mantener una regla del derecho privado, establecida para relaciones de otro tipo y
con otra finalidad (Marienhoff). Las necesidades y el interés público deben prevalecer, deben
ser convenientemente cubiertas, y si para ello se hace necesaria la modificación de las
previsiones del contrato celebrado, éstas deben efectuarse y resultan admisibles.
En primer lugar, toda modificación que introduzca la administración pública debe respetar,
sobre todo, la sustancia del contrato celebrado, su esencia y la de su objeto, ya que una
alteración que afectara esas condiciones implicaría, en realidad, la conformación de un
contrato diferente, no consentido por el cocontratante particular.
En segundo término, al disponerse la modificación de la relación contractual, debe
mantenerse su equilibrio económico-financiero a favor del cocontratante particular, debiendo
compensárselo cuando dicho equilibrio se rompa, o efectuar los reajustes que correspondan
para evitar que obtenga indebidos beneficios. El poder de introducir modificaciones, en
efecto, no supone el sacrificio del cocontratante particular, ni tampoco justifica que éste
obtenga ganancias improcedentes (Sayagués Laso). El incumplimiento de esta limitación,
por parte de la administración pública, podría llevar, asimismo, a la rescisión del contrato,
con sus naturales consecuencias.
Las modificaciones que puede introducir la administración en sus contratos, pueden
traducirse tanto en un aumento como en una disminución de las prestaciones, y pueden ser
tanto modificaciones directas, es decir, dispuestas intencionadamente para que produzcan
ese efecto, como modificaciones indirectas, que son las que resultan de actos que producen
ese resultado, no obstante no buscar la alteración del contrato. La mutabilidad del contrato,
por último, puede recaer sobre su duración, sobre el volumen o cantidad de las prestaciones
y obligaciones del cocontratante particular, o sobre las condiciones, forma y modo de
ejecución de ellas.
La potestad de dirección y control: la administración pública tiene facultades de dirección y
control sobre la forma y modo como dicho contratante cumple las obligaciones a su cargo.
Es que la administración no puede permanecer ajena a la manera como va desarrollándose
un contrato administrativo, a la forma como van cumpliéndose las prestaciones, ya que esas
condiciones y circunstancias, por vincularse con el interés público, son de vital importancia.
Al cocontratante particular, no obstante su rol de colaborador de la administración, lo mueve,
en realidad, un interés privado, es decir, el propio interés que tiene en el cumplimiento de la
contratación, y por ello la administración pública no puede desligarse ni desvincularse de la
marcha del contrato, y de su resultado final, como gestora que es, en todo momento, de
aquél interés público.
Esta posibilidad de la administración de dirigir y controlar la ejecución de los contratos
administrativos no es un derecho, ni menos un derecho que surja del contrato. Al contrario,
es una potestad que le es inherente, y por ello la existencia de esa prerrogativa, que es
exorbitante del derecho privado, no depende de que haya sido prevista expresamente en las
convenciones que constituyan los contratos administrativos, sino que existe, con total
plenitud, aun en ausencia de cláusulas de ese tipo, puesto que reviste el carácter de virtual e
implícita y es mediante ella que la administración ejerce su capacidad para actuar en este
campo.
Los poderes de dirección y control que tiene la administración pública, abarcan cuatro
aspectos o fases distintas, a saber:
a) un aspecto material, respecto de los hechos y actos que constituyen la debida
ejecución del contrato;
b) un aspecto técnico, que se orienta a precisar si esa ejecución se lleva a cabo con
todos los requisitos de ese tipo que debían ser observados;
c) un aspecto financiero, en el cual se verifican todas las operaciones de esa clase,
como las inversiones, las adquisiciones y acopios, la fijación y percepción de las
tarifas, la aplicación de las fórmulas de reajuste de precios, etc.; y
d) un aspecto legal, a fin de precisar si se respetan las condiciones jurídicas impuestas
o resultantes del contrato en ejecución.
La potestad rescisoria: Otra de las singularidades que caracterizan a los contratos
administrativos y a sus modos de ejecución, es la presencia en ellos de otra potestad de la
administración pública, en virtud de la cual ésta tiene la prerrogativa de disponer, en todo
momento y de manera unilateral, la rescisión de esos contratos.
De tal modo, esa facultad no es un derecho de la administración, sino un verdadero poder,
una potestad administrativa, que se impone en todo tipo de contrato administrativo, y que no
requiere, para tener aplicación, que deba estar expresamente inserta en cada uno de ellos,
sino que podrá ser ejercida aun a falta de toda referencia en el contrato, por ser virtual o
implícita.
Es, además, irrenunciable por la administración pública. Conviene hacer presente que al
tratarse de esta potestad rescisoria de la administración, no se debe incluir en su
consideración otros casos de rescisión, como la que es pronunciada a título o con el carácter
de una sanción, y que exige la existencia de una falta o culpa contractual grave; la que se
pronuncia por haberla requerido el propio cocontratante de la administración; y la que tiene
lugar por la desaparición del objeto del contrato, todos los cuales constituyen supuestos
distintos, que serán expuestos a su tiempo.
La potestad rescisoria se aplica en aquellos supuestos en que se la funda en razones de
oportunidad, mérito o conveniencia, o sea, por causas relativas, directamente, al interés
público.
La rescisión puede ser dispuesta unilateralmente por la administración pública, sin
necesidad de que deba verse obligada a recurrir para ello a la instancia judicial. Ello no
importa ningún perjuicio para el cocontratante particular, no sólo porque la rescisión
dispuesta por la administración, si bien es ejecutoria, no hace cosa juzgada, pudiendo ser
impugnada por ante el Poder Judicial, sino porque al pronunciarla, la administración debe
indemnizar a su cocontratante, tanto de los daños causados por la rescisión, como de los
beneficios de que se haya visto privado por ella. La rescisión no puede ni debe constituir un
quebranto para el cocontratante particular, y si el interés público predominara siempre, el
interés particular debe ser respetado, y de ahí la justa indemnización de los daños y
perjuicios a que se ha aludido y que los evita.
La administración pública debe fundar y motivar debidamente el acto por el cual disponga la
rescisión unilateral de un contrato administrativo, señalando expresamente las razones
tenidas en cuenta y los motivos que le imponen. En cuanto a los criterios de oportunidad,
mérito o conveniencia que pueden originarla, serán fijados atendiendo al sentido y alcance
que estos conceptos tienen en el derecho administrativo y que se vinculan, como se sabe,
con la mejor satisfacción del interés público comprometido.
La potestad sancionatoria: potestad de sancionar las faltas en que incurra el cocontratante
particular, ya sea al transgredir lo establecido en el contrato o al no acatar o desatender las
órdenes de servicio e instrucciones que se le impartan, en razón del contrato o de los
poderes o facultades que le son propios dentro de la relación contractual administrativa. En
consecuencia, junto al poder de dirección y control, está el de sancionar, que aparece como
la expresión máxima del estado de subordinación en que se halla, dentro del contrato
administrativo, quien acepta contratar con la administración pública.
Encuentra su fundamento en la necesidad de asegurar, mediante la represión de las faltas
contractuales que cometa el cocontratante particular, la efectiva y debida ejecución de los
contratos administrativos, alcanzando de ese modo la mejor satisfacción del interés público
que constituye la finalidad de tales contratos.
Ese poder de sancionar que tiene la administración pública en la contratación administrativa,
no es un “derecho”, sino una “potestad”, y en virtud de ese carácter no necesita estar
reconocido ni regulado en cada contrato, sino que existe en todo contrato administrativo,
cualquiera que sea su clase, como una facultad virtual e implícita, exorbitante del derecho
privado.
De tal modo, el hecho de que en un contrato administrativo no se haya previsto algún
sistema o régimen de sanciones, no implica que la administración pública esté desarmada
frente a las faltas contractuales de su cocontratante, sino, al contrario, que incluso en ese
caso podrá imponerle las sanciones que correspondan y que sean adecuadas a la índole y
gravedad del incumplimiento contractual. Asimismo, la existencia en un contrato
administrativo de cláusulas que prevén ciertas faltas y determinan las sanciones que les
corresponde, no significa, tampoco, que la administración no pueda sancionar otras faltas no
previstas o aplicar a las faltas contempladas en el contrato otras sanciones diferentes de las
que en él se hayan fijado, si a éstas no se las considera adecuadas o no sirven al propósito
de asegurar el cumplimiento del contrato.
La potestad sancionatoria puede ser ejercida en forma directa y unilateral por la
administración, considerando cada caso en sí mismo, e imponiendo las sanciones que a su
juicio correspondan, sin que deba recurrir en ningún caso a la intervención de la jurisdicción
judicial, salvo cuando el cumplimiento de una sanción impuesta exija actuar sobre el
patrimonio del cocontratante particular.
La potestad sancionatoria, sin embargo, no constituye un poder ilimitado, sino que está
sujeto a ciertos requisitos y restricciones, a saber:
1) como medida previa a toda sanción, se requiere que la administración haya puesto
en mora a su cocontratante, intimándole el correcto cumplimiento de sus
obligaciones, excepto cuando la mora haya sido expresamente dispensada en el
contrato, o cuando las circunstancias la tornen innecesaria;
2) las sanciones impuestas por la administración pública están sujetas al control judicial,
sin perjuicio de que el cocontratante particular haya agotado, además, los recursos
administrativos que sean procedentes. El control judicial se extiende no sólo a los
aspectos relativos a la competencia, a la forma, y en general a la legalidad de la
sanción, sino también a los motivos por los cuales la administración ha hecho uso de
su potestad sancionatoria, pero sin que ello implique que el juez haya se suplir a la
administración en la apreciación de aquellos aspectos relativos al logro del interés
público. De cualquier manera, los derechos del cocontratante particular quedan
salvaguardados, al proceder la completa indemnización de los daños y perjuicios que
una sanción irregular le haya ocasionado;
3) la administración sólo puede imponer sanciones razonables y admitidas, en su
especie, por el derecho administrativo, y no caprichosas o arbitrarias, no cabiendo,
tampoco, reprimir con sanciones penales o contravencionales faltas contractuales
que no sean, al mismo tiempo, delitos o contravenciones.
Las sanciones pueden ser de tres clases:
a) Las sanciones pecuniarias pueden revestir dos modalidades distintas: o bien la de
sanciones fijas y predeterminadas, establecidas por las partes en el propio contrato,
o por las normas generales que le sean aplicables, y para cuya procedencia no es
necesaria la demostración de la existencia de algún perjuicio, sino simplemente la de
la comisión de una falta contractual; o bien los daños y perjuicios, aplicables en los
supuestos en que no se haya previsto la imposición de sanciones fijas y
predeterminadas, cuyo régimen se halla muy próximo al que rige en los contratos de
derecho privado, y para cuya procedencia es indispensable demostrar que la falta
contractual ha ocasionado un perjuicio efectivo a la administración.
b) Las sanciones coercitivas son aquellas que buscando el inmediato y efectivo
cumplimiento regular del contrato, dan lugar a que la administración pública se
sustituya al cocontratante particular, en forma temporal o transitoria, llevando a cabo
por sí misma, o por medio de un tercero, la ejecución de las prestaciones
contractuales incumplidas.
Las sanciones coercitivas sólo proceden ante faltas graves, teniendo en cuenta que
el reemplazo del cocontratante particular se lleva a cabo por cuenta y riesgo de éste,
que debe hacerse cargo de todos los mayores costos y expensas que resulten.
c) Las sanciones rescisorias, por último, son las más graves que puede adoptar la
administración en materia contractual, ya que dan lugar a la extinción del contrato
administrativo y a la conclusión de los vínculos contractuales que existían con el
cocontratante particular. Sólo proceden ante faltas especialmente graves, y cuando
no exista otro medio adecuado para asegurar la ejecución del contrato.
Las sanciones rescisorias, que deben ser distinguidas de aquellos casos en que la
rescisión resulta del ejercicio de la potestad rescisoria de la administración, o de
otras previsiones contractuales que la admitan por motivaciones diferentes, pueden
conducir a una rescisión pura y simple, en la cual el cocontratante particular queda
liberado de las consecuencias resultantes de la celebración de un nuevo contrato
para la prosecución del objeto del contrato rescindido (mayores costos, agravación
de gastos improductivos, variación de precios, etc.); o a una rescisión en que tales
consecuencias onerosas queden a cargo del cocontratante particular, lo cual debe
resultar de expresas previsiones del contrato administrativo o de normas legales,
generales o especiales, que la prevean.
Derechos y obligaciones de la administración pública
Derecho a exigir la debida ejecución del contrato
La administración pública tiene el derecho de exigir a su cocontratante el debido y regular
cumplimiento de todas las obligaciones impuestas a éste por el contrato y por los
documentos complementarios que lo integren.
El cocontratante debe asumir no sólo las obligaciones que estén formalmente expresadas en
el contrato, sino también todas aquellas que puedan ser una consecuencia virtualmente
comprendida en él, el cual deberá ser interpretado, a estos fines, con arreglo al principio de
buena fe que debe imperar entre todos los cocontratantes, debiendo el cocontratante
particular actuar siempre con la debida diligencia, propia de quien es un colaborador de la
administración pública en la realización de un fin de interés público.
El cocontratante debe ejecutar personalmente sus obligaciones, no pudiendo ceder o
transferir el contrato, colocando a otro en su lugar, ni tampoco subcontratar, requiriendo la
colaboración de un tercero en la realización de las prestaciones, excepto cuando estuviere
autorizado para ello por el propio contrato o por la administración. El principio de la ejecución
personal de las prestaciones es ineludible, aun cuando no haya cláusulas expresas que lo
impongan, o prohíban la cesión o transferencia del contrato o la subcontratación.
Cabe acotar que la subcontratación autorizada, a diferencia de la cesión o transferencia del
contrato hecha en iguales condiciones, no implica la sustitución del cocontratante particular
por el subcontratista, ni siquiera en cuanto a la parte subcontratada, ya que aquél
permanece siempre como contratante principal por el subcontratista, que en los casos en
que se llegan a producir, no disminuyen las responsabilidades del cocontratante principal.
Derecho a exigir la ejecución en término
La administración no sólo tiene el derecho de exigir la debida ejecución del contrato
administrativo, sino que además le corresponde el poder reclamar que esa ejecución se
lleve a cabo dentro de los plazos que hayan sido fijados para que tenga lugar, ya se trate de
un plazo general de ejecución, ya de diferentes plazos parciales, o bien mediante ambos
sistemas. Sólo si así ocurre se podrá entender que el contrato se ha ejecutado debidamente.
El incumplimiento de los plazos fijados constituirá una falta contractual imputable al
cocontratante particular, y que dará efecto a que se le impongan las sanciones previstas en
el contrato o que correspondan, de manera general.
La aplicación de sanciones no procederá cuando el incumplimiento de los plazos se deba a
circunstancias que no sean jurídicamente imputables al cocontratante y, por ende, no le
puedan ser reprochadas.
Las causas que eximen la responsabilidad del cocontratante, en estos casos, son la fuerza
mayor y el hecho de la administración.
La fuerza mayor se define como un acontecimiento independiente de la voluntad de los
cocontratantes, imprevisible e inevitable, que impide la ejecución de las obligaciones
contractuales o el cumplimiento del contrato. Para que se considere configurada, la fuerza
mayor debe reunir cuatro elementos básicos: exterioridad, o sea, debe ser totalmente
exterior a los cocontratantes, independiente de su voluntad; imprevisibilidad, no debiendo
consistir en una imprevisibilidad absoluta, sino razonable en el caso de que se trate;
irresistibilidad, en el sentido de llegar a configurar una total imposibilidad de cumplimiento; y
actualidad, no aceptándose que pueda constituirla un evento posible, o un riesgo, por grave
que sea.
La fuerza mayor produce dos efectos distintos. Cuando aparece como una situación
transitoria, temporaria, da lugar a la suspensión o paralización de la ejecución del contrato,
también en forma transitoria, pero dispensando el retardo en que se incurriera. Si el
obstáculo, en cambio, es permanente, la situación sería irreversible, y la fuerza mayor
originaría la rescisión del contrato o, en su caso, de la prestación inejecutable, sin
responsabilidad para el cocontratante por el incumplimiento.
El hecho de la administración, por su parte, consiste en toda conducta o comportamiento de
ésta que torne imposible, para el cocontratante particular, la ejecución del contrato. La
existencia de un hecho de la administración hace excusable el incumplimiento contractual, y
libera al cocontratante de las sanciones y demás responsabilidades que le hubieran podido
corresponder.
Para que se considere configurado un hecho de la administración, con tales consecuencias,
es menester que reúna los cuatro elementos considerados al tratar de la fuerza mayor, es
decir, exterioridad, imprevisibilidad, irresistibilidad y actualidad, lo cual viene a indicar que en
términos generales es asimilado, en su concepto y efectos, a la fuerza mayor, pero con la
particularidad de que proviene de la administración pública, y con la salvedad de que no es
preciso que llegue a crear una imposibilidad absoluta de ejecución, sino que basta con que
produzca la razonable imposibilidad de cumplir, o sea, una imposibilidad que no pueda ser
superada con la diligencia y el esfuerzo que es dable exigir al cocontratante particular, como
colaborador de la administración.
Derechos y obligaciones del cocontratante particular
Derecho a exigir que la administración pública cumpla sus obligaciones
El cocontratante particular tiene el derecho de exigir que la administración pública cumpla
las obligaciones que por el contrato haya contraído, lo cual va más allá del mero hecho de
que la administración ejecute sus obligaciones, sino que implica que las cumpla de manera
correcta, dentro de un plano de buena fe, que es inexcusable.
Dentro de este concepto, la administración debe cumplir sus prestaciones dentro de los
plazos contractualmente aplicables, y a falta de tales plazos, dentro del término razonable
que para cada caso corresponda. Además, la administración debe abstenerse de adoptar
medidas que estén en contradicción con la debida ejecución de sus obligaciones, sin que
esta actitud pueda entenderse como opuesta al ejercicio regular de las potestades
administrativas, fundadas en el interés público.
Si la administración no cumple las obligaciones a su cargo, ese incumplimiento puede
generar diversas medidas a su respecto, que pueden ir desde la justificación de una demora
o retardo en el plazo contractual, o aun a su suspensión, hasta el pago de intereses o la
indemnización de los daños y perjuicios que se hubieran producido por esa causa al
cocontratante particular.
Derecho del cocontratante particular a percibir el precio fijado.
El derecho del cocontratante particular a percibir el precio establecido en su favor por el
contrato administrativo es, tal vez, el más importante de sus derechos. El precio, en este tipo
de contratación, puede adquirir distintas formas y recibir diferentes denominaciones, sin
perder su carácter de tal. También es posible distinguir en el precio dos modalidades, según
sea la persona obligada a su pago.
A veces, es la misma administración pública la que está obligada y debe pagarlo, como
ocurre, por ejemplo, en el contrato de obra pública o de suministro; en otros, en cambio, el
precio va siendo pagado por otras personas que no han sido parte en la relación de un
servicio o de una prestación, que ha sido, justamente, el objeto del contrato administrativo,
como sucede, verbigracia, en el contrato de concesión de servicios públicos.
Uno de los principios que rigen la existencia del precio en la contratación administrativa es el
de su intangibilidad, lo cual significa que no puede ser variado o alterado, si no es por medio
de un nuevo acuerdo de las partes que lo concertaron, sin que tenga cabida, a este
respecto, el principio de mutabilidad existente en favor de la administración.
Pero si el precio es intangible, ello no implica que sea inmutable, puesto que es natural que
pueda sufrir variaciones, cuando éstas resultan de las mismas cláusulas del contrato
celebrado, o cuando se ha producido la alteración de elementos no contractuales de la
remuneración, por ejemplo, por voluntad del legislador. Pero es indudable que aun en estos
casos la intangibilidad del precio se mantiene siempre.
El precio contractual debe ser pagado en el lugar, tiempo, forma y condiciones que hayan
sido estipuladas, y la observancia de estas circunstancias sirve también para mantener su
real intangibilidad.
El retardo de la administración pública en el pago del precio debido, habrá de significarle el
pago de intereses moratorios, siempre que haya mediado interpelación y que el retardo no
sea imputable al propio cocontratante particular, pudiendo ser la interpelación tanto judicial
como extrajudicial, y resultar, en este último caso, incluso de reclamos administrativos, si
son expresos. La interpelación no es necesaria cuando está dispensada en el contrato, o
cuando fuere objetivamente innecesaria.
Derecho a requerir la rescisión del contrato administrativo
El cocontratante particular tiene, asimismo, el derecho a solicitar la rescisión del contrato
administrativo, en los casos en que le otorguen tal facultad las convenciones estipuladas en
él, las disposiciones legales que le sean aplicables, o los principios generales del derecho
administrativo.
Pero cabe tener presente que éste no puede solicitarla sino ante la autoridad judicial
correspondiente, quedando a su cargo, hasta que la rescisión sea pronunciada, el
cumplimiento regular de las prestaciones debidas, excepto cuando corresponda su
suspensión o paralización.
Derecho a ser resarcido por la extinción del contrato
Cuando la administración pública, en ejercicio de su potestad rescisoria, dispone
unilateralmente la rescisión de un contrato administrativo, por razones de mérito,
oportunidad o conveniencia, que a su juicio la hacen procedente, el cocontratante particular
tiene el derecho a ser indemnizado de los daños y perjuicios que le produzca la extinción del
contrato.
Ese resarcimiento comprenderá tanto el daño emergente como el lucro cesante, ya que la
indemnización debe ser completa, poniendo al cocontratante particular en condiciones
semejantes a las que razonablemente hubiera logrado con el cumplimiento completo del
contrato extinguido.
Derecho al mantenimiento de la ecuación económico-financiera del contrato
El contrato administrativo, una vez celebrado, importa para el cocontratante particular una
situación general que es tenida en cuenta por él, y que resulta de cierto equilibrio
económico-financiero, que surge de la idea de considerar el contrato como un todo, y en el
cual los intereses de las partes se condicionan entre sí, intereses que son, por un lado, la
pretensión de la administración pública de satisfacer determinado interés público, y por el
otro la posibilidad para el cocontratante particular de lograr un beneficio inicialmente
calculado.
Sin embargo, ese equilibrio económico-financiero –la ecuación financiera del contrato-
puede resultar afectado por causas imputables a la administración pública o por causas no
imputables a ésta, sobrevinientes, imprevistas, y, por ello mismo, no tenidas en cuenta al
celebrarse el contrato, lo que se traduce, casi siempre, para el cocontratante particular, en
una disminución del beneficio calculado.
Cuando esas situaciones se producen, el cocontratante particular tiene derecho a exigir,
reuniéndose determinadas condiciones, que tal equilibrio sea restablecido, o que los
perjuicios ocasionados sean al menos atemperados. Es que el cocontratante particular, si
bien debe soportar, como en todo contrato, el riesgo normal propio de cualquier negocio, no
debe cargar con un riesgo anormal, que lo privaría de sus ganancias razonables,
encontrando este derecho su fundamento jurídico, sin perjuicio de las disposiciones
constitucionales o legales que le den sustento, en el hecho de que resulta justo que entre los
derechos y las obligaciones correlativas del cocontratante particular exista una equivalencia
honesta, una relación equitativa, de modo que el cocontratante no sea indebidamente
sacrificado, en aras de una finalidad cuya atención corresponde prioritariamente, a la
administración
Extinción de los contratos
Los contratos administrativos pueden terminarse por distintas razones: por cesación de sus
efectos o por extinción. La primera es la terminación normal del contrato, se trata de algo
previsto de antemano. La segunda es la terminación anormal por causas no queridas ab
initio sino por causas surgidas con posterioridad.
Dos modos distintos de conclusión de los contratos administrativos, que agrupan situaciones
diferentes, que hemos de considerar en detalle: a) normal; y b) anormal.
Los modos normales de conclusión implican ese agotamiento del objeto del contrato,
su cumplimiento completo, y lo común es que de ellos no resulten consecuencias para las
partes contratantes, que habrán liquidado sus obligaciones en la forma establecida
originalmente.
Los modos anormales de conclusión, al contrario, no se producen por dicho
agotamiento del objeto del contrato, sino que la relación contractual se ve interrumpida,
produciéndose una liquidación excepcional del contrato, que incluirá indemnizaciones, daños
y perjuicios, penalidades, etc. En los modos anormales de conclusión, los efectos también
son anormales, no son los queridos y previstos por las partes, que no desean la extinción
anticipada del contrato, sino su ejecución.
Modos normales de conclusión de los contratos administrativos
⮚ Cumplimiento del objeto (cesación de los efectos).
Cuando se ha cumplido el objeto propio del contrato administrativo –la realización de una
obra pública, la prestación de un servicio, el suministro de ciertas mercaderías o materiales,
etc.-, lo natural es que la relación contractual establecida a ese fin se extinga, ya que no hay
razón alguna para que se mantenga un vínculo establecido en mira de un resultado que ya
se ha alcanzado.
Como ambas partes han cumplido en la forma debida sus obligaciones, no tendrán nada que
reclamarse, y a lo sumo, sólo restará una liquidación final, que no implica sino el reajuste de
las situaciones existentes entre la administración y su cocontratante particular.
⮚ Vencimiento del término (cesación de los efectos).
El vencimiento del plazo contractualmente previsto como de duración del contrato produce
su conclusión, ya que ésa ha sido la voluntad de las partes al formalizarlo.
Aquí también los contratantes no tendrán nada que reclamarse, por cuanto hasta la
finalización del término contractual ambas habrán cumplido, en la forma debida, las
prestaciones a su cargo y agotado las obligaciones que les correspondían. Se producirá, de
tal modo, la pacífica conclusión del contrato administrativo, al haberse alcanzado el
resultado querido por la administración.
Modos anormales de conclusión de los contratos administrativos
⮚ Revocación: Puede ser de dos especies: por razón de oportunidad, mérito o
conveniencia o por ilegitimidad.
⮚ Desaparición del objeto del contrato: El contrato administrativo también concluye
cuando se produce la desaparición del objeto mismo de la relación contractual. Si el
contrato ha quedado privado de objeto, si éste ya no existe, la subsistencia de aquél
no tiene ningún justificativo, pues se estaría frente a una relación jurídica carente de
todo contenido.
La desaparición del objeto del contrato puede deberse a un hecho exterior, es decir,
totalmente ajeno a la voluntad de los contratantes, o resultar de hechos del hombre
que reúnan ese mismo carácter de irresistibilidad. En estos supuestos, la conclusión
del contrato se producirá de manera pura y simple, quedando el cocontratante
particular liberado de sus obligaciones y responsabilidades y desligada la
administración de la obligación de reconocerle indemnizaciones o compensaciones
por tal causa. Cuando la desaparición del objeto del contrato se debe a una actitud
de la administración pública, se está acorde en admitir que en dichos supuestos la
indemnización del cocontratante particular no puede ser excluida.
⮚ Anulación (extinción).
⮚ Caducidad: Por su naturaleza es una medida represiva que utiliza la administración.
Procede cuando el cocontratante incurre en incumplimiento de las obligaciones a su
cargo, siempre que este incumplimiento le sea imputable.
⮚ Muerte o quiebra del cocontratante son casos especiales de caducidad. La
muerte y la quiebra del cocontratante particular pueden llegar a producir la
conclusión de un contrato administrativo, como resultado de una rescisión dispuesta
por esos motivos. Tiene influencia, en este sentido, la existencia de un principio que
es propio de la contratación administrativa, según el cual el cocontratante particular
tiene, en todos los casos, la obligación de ejecutar “personalmente” las obligaciones
puestas a su cargo por el contrato celebrado. Producida la muerte del cocontratante,
es obvio que ese principio no puede ya observarse.
Pero no se debe dejar de tener presente que si la administración pública lo estima
conveniente necesario, la ejecución del contrato podría continuar, poniéndola a cargo
de los sucesores del fallecido, para quienes la prosecución de la relación contractual
será siempre obligatoria.
⮚ Renuncia del cocontratante: Sólo procede con respecto a algunos contratos de
atribución (no a los de colaboración).
⮚ Rescate: Es la decisión unilateral del Estado en cuyo mérito éste, por razones de
interés público o general, pone fin al contrato entes de la fecha fijada para ello,
asumiendo entonces, en forma directa la ejecución o el cumplimiento del objeto de
ese contrato. Es una medida administrativa de reorganización del servicio. Está
excluido en los contratos de atribución y está limitado a algunos de colaboración
(concesión de servicios públicos y contratos de obra pública), procediendo la
indemnización al particular. El rescate no puede ser parcial. En nuestro país la
facultad de rescatar una concesión se sobreentiende sin necesidad de norma legal
autorizatoria.
⮚ Rescisión: Puede ser unilateral o bilateral. Un contrato disuelto por una vía jurídica
no puede ser nuevamente extinguido por otra. No se acepta la procedencia del
arbitraje en los contratos en que el Estado actúa en el ámbito del derecho público.
Los contratos administrativos pueden concluir, al igual que los de derecho privado, en
virtud de una rescisión convencionalmente acordada por las partes que los
concertaron, o sea, la administración pública y el cocontratante particular. Las
mismas voluntades que dieron nacimiento al contrato, se ponen de acuerdo para
darle fin, sin esperar el cumplimiento del objeto del contrato, o sin aguardar la
expiración del término fijado como de duración de aquél.
En estos supuestos, es también la voluntad acordada de las partes la que
determinará los efectos de la extinción del contrato, los cuales, por lo general, se
limitarán al pago de la parte del precio contractual que corresponde y a la liquidación
definitiva de la situación contractual, según su estado.
EMPLEO PUBLICO LEY I N° 37 MNES. FUNCIÓN DE LA ADMINISTRACION PUBLICA
El art 1: establece que debe haber un acto administrativo que me designe porque?
Porque, a través de la misma se establece cuanto voy a ganar, que jerarquía me van a
otorgar y sobre todo como se configura mi legajo
CAPÍTULO I ÁMBITO DE APLICACIÓN
ARTÍCULO 1.- El presente régimen comprende a las personas que, en virtud de acto
administrativo emanado de autoridad competente, prestan servicios remunerados en
dependencias del Poder Ejecutivo Provincial y organismos descentralizados, autárquicos y
de la Constitución. Asimismo es de aplicación al personal que se encuentre amparado en
regímenes especiales, en todo lo que éstos no previeran.
El art 2 establece a quienes no se aplica la presenta ley
ARTÍCULO 2.- Se exceptúa de lo establecido en el Artículo anterior a:
a) el Gobernador, Vicegobernador, Ministros y Funcionarios de jerarquía equivalente,
Secretario General de la Gobernación, Secretario de Planeamiento, Secretario de
Información Pública, Fiscal de Estado, Presidente y Vocales del Tribunal de Cuentas, los
Subsecretarios, Contador General, Subcontador, Tesorero General, Subtesorero, Escribano
General de Gobierno y los Secretarios Privados de los Funcionarios enumerados;
b) Directores Generales, Directores y Directores de Organismos de la Constitución e
integrantes de Directorios de Organismos Descentralizados, Entes Autárquicos o
Interventores;
c) el personal amparado por el Régimen Docente;
d) el que, en razón de las funciones que cumple, deba estar comprendido en un Régimen
Especial, y el aprobado en Convenios Colectivos de Trabajo;
e) el personal de Fuerzas Regulares de Seguridad y Defensa, tanto en actividad como
retirados, que fueren llamados a prestar servicios de esta naturaleza en el ámbito de la
Administración Pública Provincial
*Cabe hacer referencia, que todo empleo designado a través de un acto administrativo,
goza de permanencia. (art 3), pero dicha permanencia puede ser con estabilidad o sin
estabilidad.
2. PERSONAL NO PERMANENTE- El art 4 esatblece los empleados permanente sin
esatbilidad
ARTÍCULO 4.- EL personal no permanente comprende a:
a) personal contratado;
b) personal jornalizado;
c) personal que habiendo ingresado como permanente, aún no ha logrado la estabilidad
de acuerdo a lo preceptuado por el Artículo 9.
Personal Contratado.
ARTÍCULO 5.- Personal Contratado es aquel cuya relación laboral está regida por un
contrato. Este personal será afectado exclusivamente a la realización de servicios que, por
su naturaleza y transitoriedad no puedan ser cumplidas por personal permanente, no
debiendo desempeñar funciones distintas de las establecidas en el contrato, cuyo plazo
máximo no podrá exceder de un (1) año. La renovación o prórroga del contrato, no da
estabilidad al agente.
Personal Jornalizado o Transitorio.
ARTÍCULO 6.- Este personal será destinado exclusivamente a la ejecución de servicios,
explotaciones, obras o tareas de carácter temporario, eventual o estacional, que no pueden
ser realizados por personal permanente, no debiendo cumplir tareas distintas de aquellas
para las que haya sido designado.
Art 3, establece el empleado publico que goza permanencia con estabilidad
ARTÍCULO 3.- Todos los nombramientos del personal comprendido en el presente régimen,
invisten carácter permanente, salvo que expresamente se señale lo contrario en el acto de
designación. El personal que reviste en tal carácter será organizado conforme a los
principios de estabilidad en el empleo, capacitación y carrera administrativa. El no
permanente, lo será de acuerdo con las características de sus servicios. (vinculado Art 9)
¿Qué es la estabilidad? ¿Cómo se logra?
El art 20 define que es la estabilidad
ARTÍCULO 20.- La estabilidad es el derecho del personal permanente a conservar el empleo
y el nivel escalafonario alcanzado, así como también la permanencia en la zona donde
desempeñare sus funciones, siempre que las necesidades del servicio lo permitan.
El personal que gozara de estabilidad, la retendrá cuando fuera designado para cumplir
funciones sin dicha garantía.
La estabilidad sólo se perderá por las causas establecidas en el presente régimen
El art 9 establece como se logra la estabilidad
ARTÍCULO 9.- Todo nombramiento tendrá carácter provisional durante los seis (6) primero
meses, al término de los cuales, se transformará automáticamente en definitivo, si no
mediare acto expreso de oposición notificado, emanado de Autoridad competente.
Este articulo establece que la estabilidad, se logra automáticamente una vez transcurrido los
6 meses del nombramiento. Pero, en la realidad se precisa de 2 actos para lograr la
estabilidad.
El primero, es el acto mediante el cual me nombran o designan con permanencia. Y el
segundo acto es un acto revocatorio, el cual revocara mi situación laboral y en consecuencia
me otorgue la calidad de empleado permanente con estabilidad.
Derecho del empleado
DERECHOS
ARTÍCULO 19.- El personal tiene derecho a:
a) estabilidad;
b) retribución por sus servicios;
c) igualdad de oportunidades en la carrera administrativa;
d) licencias, justificaciones y franquicias;
e) compensaciones, indemnizaciones y subsidios;
f) asistencia social para sí y su familia;
g) interposición de recursos;
h) jubilación o retiro;
i) renuncia;
j) traslados y permutas.
De los derechos enumerados, sólo alcanzarán al personal no permanente, los incisos b), d),
e), f), g), h) e i), con las salvedades que en cada caso correspondan.
El derecho a la renuncia señalado en el inciso i), no le alcanza al personal contratado, que
se regirá por lo que establezca el contrato respectivo.
ARTÍCULO 25.- El agente que considere vulnerados sus derechos, podrá recurrir ante
la Autoridad Administrativa pertinente, conforme al régimen vigente en materia de
impugnación de los actos administrativos. (ley I n° 89 y 95)
¿HAY DESPIDO EN EL EMPLEO PUBLICO?
No, en la administración publica, no hay despido. Lo que debe haber es un sumario
administrativo que le acredite al empleado publico en la infracción que incurrió. Y depende
de la infracción habrá:
Cesantía: luego de un tiempo puede volver a trabajar en la administración publica
Exoneracion: nunca mas podre volver a la administración publica.
En consecuencia, la única manera de perder la estabilidad en el empleo publico, es a través
de un sumario administrativo. Cabe señalar, que además este le da la posibilidad de defensa
al empleado (art 25, ley I n°37 y Ley I n°89 y 95).
El sumario se sustancia primero por la ley I n°89 y luego de haber pasado por todas las
instancias, se rige por la ley de procedimiento contencioso administrativo I n°95.
EN LA ADMINISTRACION PUBLICA LO IMPORTANTE ES COMO INGRESO, “ACTO
ADMINISTRATIVO”.
Y LA MANERA DE COMO SE EGRESA (SALE) DE LA [Link], lo establece el art 17 Ley I
n°37
EGRESO ARTÍCULO 17.- La relación de empleo del agente en la Administración Pública
Provincial, concluye en los siguientes casos:
1 – renuncia;
2 – cesantía;
3 – exoneración;
4 - baja: a) por supresión de cargo; b) por aplicación del Artículo 9; c) por fallecimiento; d)
por calificación deficiente; e) por quedar comprendido en el régimen de inhabilidades o
incompatibilidades; f) por quedar encuadrado en lo previsto en el 2do. apartado del Artículo
26. 5 - jubilación